Memorias de Arqueología de la Región de Murcia [5]

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EL YACIMIENTO DEL PLEISTOCENO SUPERIOR DE LA CUEVA NEGRA DEL ESTRECHO DE LA ENCARNACIÓN, CARAVACA DE LA CRUZ, MURCIA: CAMPAÑA DE 1990

Michael J. Walker, FSA

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1990

EL YACIMIENTO DEL PLEISTOCENO SUPERIOR DE LA CUEVA NEGRA DEL ESTRECHO DE LA ENCARNACIÓN, CARAVACA DE LA CRUZ, MURCIA: CAMPAÑA DE 1990

MICHAEL J. WALKER, FSA Laboratorio de Antropología, Facultad de Biología, Universidad de Murcia

Abstract: Compacted loess at a southeastern Spanish upland cave was washed through 10 mm., 5 mm., and 2 mm. sieves, thereby permitting retrieval of minuscule faunal remains, including fish otoliths, bones of small birds, teeth of small rodents, lithic chips, charcoal granules, etc.. Soil samples are being analyzed for pollen. Although in some places modern storagepits had been dug in the upper part of the compacted loess, undisturbed areas lie between them. Excavation of a 1 m. square column has commenced in one such area and reached a depth of 1.25 m. Preliminary findings support earlier research at the cave which had suggested a Mousterian assemblage. In sealed, deep situations in the test-pit loess there occurred a small fragment of (perhaps lagomorph) long bone which had been polished to form the tip of a punch or similar artefact (Fig. 3:1), a notched, somewhat awl-like, scraper on a small flint flake (Fig. 3:2), and a transverse scraper on a larger limestone flake (Fig. 3:6). Higher up in the loess there occurred a side-scraper on a small limestone flake (Fig. 3:3), a fragment of a pointed flint flake with three minuscule invasive flake scars on the bulbar surface (Fig. 3:7), and a pointed, retouched fragment of a thick flint flake (Fig. 3:5). In dis-

turbed situations there were found a small denticulate flint flake (Fig. 3:4) and a parrot-beak graver (presumably Magdalenian) on a flint flake-blade (Fig. 3:8). On the surface, just above the cave mouth, there was found a high nosed scraper, reminiscent of Aurignacian forms. Faunal remains from the loess include Hyaena (Crocuta crocuta spelaeus, Aurochs (Bos primigenius), Spanish Ibex (Capra ibex pyrenaica), lagomorphs, small rodents (Arvicola sp.; Micromys sp.; Microtus sp.; Allocricetus sp.), Tortoise (Testudo cf. graeca); amphibian cf. Frog; an unidentified fish jaw and an otolith; a mandible of a small reptile, perhaps a lizard; and innumerable bird bones ranging in size from small birds to others the size of a duck, although unfortunately no bird skulls were found. Bones of small birds are said to accumulate most often in caves used by Spanish Lynx, although no bones of that feline have yet been identified. Some bones from the loess were burnt and occasionally calcined. Waste flakes and chips were uncommon. The cave was perhaps visited infrequently by people and at other times may have been used by carnivorous mammals or birds.

INTRODUCCIÓN

ciones que aquí se comentan. Las excavaciones recibieron una subvención económica de la Dirección General de Cultura de la Consejería de Cultura, Educación y Turismo de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia, además de la donación de tamices metálicos por parte del Vicerrectorado de Investigación de la Universidad de Murcia, y la compra de una motobomba por parte de este Laboratorio. La campaña se desarrollaba entre el 23 de octubre y el 29 de noviembre de 1990, con la participación de diversos licenciados y alumnos de la Universidad de Murcia, entre los cuales destacaron los licenciados Enriqueta Fernández, Abel López, Alfonso Ros, Jesús Ginés Rosique, María Jesús Sánchez, Lorenzo Suá-

La Cueva Negra está situada en la margen derecha del río Quípar donde éste sale del desfiladero denominado el Estrecho de La Encarnación, a 8 km. al S. de Caravaca de la Cruz. La cueva está aproximadamente a 60 m. del río en línea horizontal y a 35 m. encima del mismo que aquí discurre a 700 m. sobre el nivel del mar. Las coordenadas de la cueva son 38 02´ 10´´ N. y 1 48´ 07´´ E (meridiano de Madrid; hoja n.º 910, "Caravaca", de la serie 1:50.000). El entorno inmediato de la cueva es el paraje denominado Los Villaricos, de la finca de D. José Marsilla que amablemente consintió a las investiga-

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rez y Josefina Zapata, y los alumnos José Antonio Marroquí y Ester Muñoz. Se agradece la ayuda científica aportada por el palinólogo Dr. José Sebastián Carrión, de esta Facultad y por el geoquímico D. Artemio Cuenca, de Alicante. También, se agradece la cooperación de los arqueólogos, el Dr. Miguel Martínez, Dr. Ricardo Montes y D. Miguel San Nicolás, responsables de la única prospección anterior en la cueva, que fue realizada en 1981. Se agradece la cooperación de la Confederación Hidrográfica del Segura que permitió la extracción de agua del río Quípar para el lavado del sedimento. METODOLOGÍA

El propósito de la nueva serie de investigaciones en la Cueva Negra es la definición no sólo de los conjuntos paleolíticos y su secuencia, sino también de la Paleoecología y Paleoecono durante el último periodo glacial en una zona de altiplano. Consiguientemente, se consideró de importancia fundamental la separación del loess de restos de dimensiones pequeñas, sin dañar elementos tan frágiles como vértebras de ranas, otolitos de peces, dientes de roedores, o incluso esquirlas diminutas de sílex del "desgaste"; elementos cuyo tamaño puede ser inferior a 5 mm. Desde hace 25 años, la metodología normativa en excavaciones del Paleolítico supone el lavado del sedimento para evitar daños a los elementos microfaunísticos por la disgregación de los pequeños terrones de tierra cementada que siempre quedan por muy cuidadoso que sea el proceso de excavación con paletín. El proceso de lavado se efectúa encima de tamices de acero inoxidable, de 45 cm. de diámetro, encajados uno encima de otro, de modo que los elementos mayores sean retenidos por la malla de alambre más grueso del tamiz superior, de red de 1 cm., después los elementos entre 0,5 y 1 cm. por el tamiz intermedio, de red de 0,5 cm., y finalmente los elementos entre 0,2 y 0,5 cm. por el tamiz inferior, de red de 0,2 cm. Dos juegos de tres tamices encajables fueron suministrados por "Geociencia S.A." al Vicerrectorado de Investigación que los donó a la excavación. Estos juegos fueron suspendidos de dos trípodes en la explanada de la cueva, así facilitando tanto la agitación suave de los mismos como la caída del agua y del lodo fino. El lavado se efectuó mediante mangueras con pitorros de riego cerrables, conectadas al pitorro metálico en la base de un bidón de 200 l., situado en un lugar 2 m. superior al de los tamices, que fue rellenado a través de otra manguera, de 100 m. de longitud,

1. 2. 3. 4.

Área excavada en la campaña de 1990. Área excavada en 1981 y por clandestinos anteriores Pared vertical de la cueva. Contorno de la cueva al nivel de la malla.

5. Contorno de la cueva al nivel de la superficie. 6. Bloques caídos de la visera. 7. Trazado de la olla cuadriculada.

Fig. 1. La Cueva Negra del Estrecho de La Encarnación, Caravaca de la Cruz, Murcia: planimetría.

mediante una motobomba "Campeón H-200" (de motor de 100 cm. de dos tiempos) situada en la orilla del río. Una malla de alambre tensado que formaba una red horizontal de cuadrículas de 3 m. x 3 m., partiendo de la boca de la cueva, fue colocada a unos 3 m. encima del piso. Plomadas fueron suspendidas de la malla y así se consiguió no sólo la delineación de los sectores a excavar y la planimetría del piso, sino también la medición de las desigualdades verticales del mismo y el desnivel de las capas excavadas respecto a la malla. Puesto que la pared occidental se inclina hacia el techo, hubo que extender el trazo cuadriculado desde las plomadas hasta donde el piso llegaba a dicha pared (las líneas quebradas de la Fig. 1). La pared oriental es vertical y continúa en esta dirección, cerrando así la explanada. Puesto que la práctica arqueológica ha puesto de relieve que, en muchas cuevas del Paleolítico, la visera, posteriormente erosionada, solía sobresalir encima de la explanada actual, se estima oportuno que en futuras campañas se excave dicha zona, que sería la antigua boca de la cueva donde se desarrollaba la mayoría de las actividades humanas. Por consiguiente, la enumeración de las cuadrículas de 3 m. x 3 m. arranca de la parte SE de la cueva para permitir la asignación de números desde dentro afuera y de letras mayúsculas con-

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secutivas en la explanada de E a W. La división de las cuadrículas principales en sectores de 1 m. x 1 m. es indicada por letras minúsculas. Los grandes bloques caídos de la visera, señalados en la Fig. 1, tapan y protegen algunos pedimentos vestigiales de sedimentos de loess que yacen a nivel superior al del loess adentro, ya que esto ha sido sometido a procesos de desmantelamiento antrópico, tanto mediante excavaciones intencionadas como por el pisoteo del ganado. Dichos pedimentos probablemente conservan los restos más recientes del Paleolítico en la cueva pero su excavación implica la destrucción previa de los bloques. Uno de los preparativos contemplados para la campaña fue la reducción de los bloques, que se intentó realizar mediante un martillo rompedor alimentado por un grupo electrógeno. Sólo se consiguió la fractura y separación de un gran bloque situado encima de otro aún mayor en la zona W de la boca. La reducción de los dos bloques que quedan necesitará herramientas más potentes, quizás un martillo rompedor alimentado de aire comprimido a través de una manguera desde un compresor convenientemente estacionado al final del carril a 100 m. de la cueva y 25 m. más abajo. La excavación arqueológica procedió por unidades litoestratigráficas (las capas 1, 2 y 3), divididas por letras minúsculas según se estimaba conveniente: por ejemplo, según la percepción de posibles buzamiento o cambio de la consistencia de la tierra, o según el arbitrio de niveles horizontales de tierra homogénea para facilitar tanto la clasificación de materiales como su levantamiento oportuno en el caso de hallazgos demasiado importantes para dejar expuestos de un día para otro. Se empleó el sistema de inventario abierto de la siguiente manera. Cada cuadrícula menor y cada nivel (en círculo) tiene tres series inventariadas: C-01 a C-n para cerámica; M01 a M-n para componentes de mineral (sílex, etc.); H-01 a H-n para materiales de hueso, diente, o concha). Por ejemplo, tres sílex podrían identificarse, respectivamente, como C2a(2g)M-02, C2a(3)M-02, y C2d(1)M-02, así permitiendo la diferenciación inmediata de su procedencia a la vez de su designación de forma única e inconfundible. El sistema ofrece dos ventajas prácticas. En primer lugar, la recolección en los tamices de materiales muy pequeños implica su posterior clasificación en el laboratorio, a veces bajo lupa; lo que presenta problemas de homologación inventarial respecto a otros materiales de clasificación varia de mayor tamaño, identificados e inventariados durante el

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proceso de excavación durante el proceso de excavación manual. El inventario abierto permite la añadidura de elementos, identificados con posterioridad, a cualquier serie de interés. Así pues, pequeñas esquirlas de sílex pueden añadirse a la serie de sílex mayor procedente del mismo sector y nivel. En segundo lugar, determinados tipos de restos, especialmente, en este caso, óseos y microfaunísticos cuyos recuento y separación es tarea de laboratorio, sobrepasan la abundancia de otros tipos por un múltiple de 100, aunque, por otra parte, la diversidad osteológica obliga la enumeración de cada elemento por separado para el inventario final. En estas circunstancias, es aconsejable que la comparación y contrastación tipológicas de niveles o sectores se caractericen por la máxima flexibilidad que sea compatible con la proporción de cierta información sobre la procedencia de los tipos. LA EXCAVACIÓN

Se comenzó por cribar en seco la tierra revuelta superficial de las cuadrículas C2a a C2i y D2a a D2c (véase la Fig. 1). Dicha zona se encuentra entre un gran bloque en la entrada, caldo de la visera, y las excavaciones de 1981. Donde la tierra volcada de éstas estaba encima del sector C2, el espesor de la tierra removida superficial alcanzaba 28 cm, pero en las demás áreas hubo apenas 5 cm de tierra gris polvorienta con piedras angulosos. Dicha tierra formaba la parte superior de la unidad estratigráfica 1, cuyos 2 a 5 cm inferiores era de tierra más oscura, con vegetación descompuesta, cenizas, estiércol, y materia orgánica humificada. Se considera inoportuna la designación, por Martínez et al. (1989), de esta parte como "estrato 2", por valorarla como producto del mismo proceso antrópico pastoril, responsable de la erosión mecánica de la tierra superficial. También desaconsejaba semejante separación el descubrimiento inesperado de dos silos ogivales (uno en la confluencia de las cuadrículas C2d, C2e, C2g y C2h, el otro en las cuadrículas C2b y C2c), totalmente rellenados de tierra, piedras grandes, y restos mayoritariamente modernos, relleno que muestra continuidad con la unidad estratigráfica 1. Con toda seguridad aquellos "pozos de saqueo" que habían llamado la atención de Martínez et al. (1989) e impulsado su campaña de excavación arqueológica de urgencia, fueron estructuras similares, independientemente de si hubiese excavaciones clandestinas más recientes pero anteriores a dicha prospección; efectivamente, todavía se percibe

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1. Unidad estratigráfica superficial de tierra removida con material carbonizado inferior. 2. Unidad estratigráfica de loess compacto. El relleno del material no aportó materiales recientes y sus dos niveles (2a y 2b), separados por una lente de carbón, son continuos con los mismos niveles que siguen al 2c en el resto de la cuadrícula y en el socavón se formó después de la deposición del 2c. Los niveles horizontales arbitrarios fueron designados 2c, 2d, 2e, 2f, 2g, 2h y 2i. 3. Unidad estratigráfica de loess compacto diferenciado del de la unidad 2 por su contenido de pequeños clastos de chinarro diminuto y por su estructura compacta laminar en forma de costras o plaquetas de 1 a 3 cm. de espesor, posiblemente debida al pisoteo paleolítico.

Se eligió la cuadrícula C2a entre los silos donde profundizar en el loess, acompañado por el consiguiente lavado riguroso de todo el sedimento extraído. La Fig. 2 indica que la secuencia comienza con un socavón o depresión en la esquina S, formado a partir del nivel de loess enumerado 2c, ya que los dos niveles de loess del relleno mostraban continuidad con los niveles horizontales 2a y 2b en el resto de la cuadrícula, aunque con la particularidad de que una lente con gránulos de carbón dividió el 2b en la depresión. El relleno también incluía piedras angulosas pero, a diferencia del de los silos, carecía de hallazgos arqueológicos modernos. Los niveles 2a a 2i eran de loess compactado o cementado. A 1,20 m. de profundidad la consistencia muestra cambios hacia mayor contenido de pequeños clastos o chinarro diminuto y hacia una estructura laminar en costras de 1 a 3 cm. de grosor, probablemente causadas por el pisoteo antrópico; los cuales han incidido en la designación de esta capa como la unidad estratigráfica 3. La excavación de esta unidad continuará en la próxima campaña. LOS RESTOS PALEOLÍTICOS Y LA FAUNA

Fig. 2 La Cueva Negra del Estrecho de La Encarnación, Caravaca de la Cruz, Murcia: perfil estratigráfico de la cuadrícula C2a donde linda con B2.

parte del contorno de uno en el perfil W de las excavaciones realizadas por los citados arqueólogos, los cuales cuentan haber visto dos. Parece ser que la cueva está sembrada de silos, excavados a picotazos hace medio siglo en el metro superior del loess del Pleistoceno Superior, y posteriormente rellenados: todos tienen forma ogival, de base plana y mayor que la boca, aunque con ligeras diferencias de dimensiones, desde 1 a 1,2 m. para la boca, y unos 30 cm. más en la base. El relleno fue intencionado y contemporáneo, ya que fueron encontrados fragmentos del mismo recipiente de cerámica en ambos silos vaciados en la campaña actual. Aunque la mayoría de la cerámica y otros materiales (por ejemplo, suelas de zapatos) procedentes de los silos son modernos, algunos hallazgos muestran mayor antigüedad: por ejemplo, un "ex voto" romano de barro cocido, un fragmento de un molino circular de piedra volcánica que recuerda a los molinos romanos de Andernach-am-Rhein u otras canteras, y fragmentos de cerámica a mano con desgrasante mineral grueso. Las bocas de los silos se relucen como manchas negras en la superficie amarillenta de loess de la unidad estratigráfica 2. Fuera de los silos, la unidad estratigráfica 1 proporcionó cerámica moderna con escasos restos líticos o faunísticos arcaicos.

Este informe preliminar no se detendrá en la descripción del contenido de los silos o de la unidad estratigráfica superficial en cuanto éste no sea paleolítico. Tampoco se presentará aquí el desglose estadístico de los materiales excavados ni el inventario completo de los mismos. Se limitará a los aspectos de mayor interés desde los planteamientos de la campaña y de los comentarios de la DISCUSlÓN a continuación. Los implementos clasificables procedentes de esta campaña son aquellos dibujados en la Fig. 3 y su descripción tipológica acompaña la leyenda de la misma. Es interesante notar que un buril "pico de loro" apareció en la tierra revuelta superficial (Fig. 3: 8); este tipo es característico del magdaleniense superior. Probablemente también del Paleolítico Superior es un raspador nucleiforme (Fig. 3: 9) encontrado en la ladera fuera de la cueva, que recuerda un tipo característico del auriñaciense. Dichas piezas no tienen relación con la estratigrafía de la excavación. De las siete piezas restantes, de clasificación provisionalmente del Paleolítico Medio, dos proceden de la unidad estratigráfica superficial, por lo que tampoco pueden considerarse relacionadas de forma determinante con la secuencia estratigráfica: se trata de una pequeña lasca denticulada de sílex encontrado en el relleno de un silo (Fig. 3: 4) y una gruesa lasca puntiaguda de sílex con retoque marginal encontrada en la tierra superficial revuelta (Fig. 3: 5).

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1. Fragmento de punta pulida rota de hueso largo de animal menor, C2a(3)H-120. 2. Raedera puntiaguda o denticulada con retoque marginal en lasca de sílex gris patinado y con corteza, C2a(2a)M01. 3. Raedera denticulada retocada en lasca de caliza gris, C2a(3)M-01 4. Denticulado en lasca de sílex marrón, C2d / C2e / C2g / C2h (1)M-02, procedente del relleno del silo moderno donde las 4 cuadrículas confluyen. La muesca no ha sido producida por retoque marginal, sino por un golpe que causó una fracturación de tipo bisagra. 5. Punta con retoque marginal en lasca gruesa de sílex gris patinado, C2b(1)M-01. 6. Raedera transversa en lasca de caliza. C2a(2e)M-35. 7. Fragmento de punta de caliza con tres desconchados invasivos paralelos pero diminutos en la superficie bulbar C2a(2g)M-01.

Fig. 3 La Cueva Negra del Estrecho de La Encarnación, Caravaca de La Cruz: implementos paleolíticos (escala en cm.). Todos están a la misma escala excepto 3:1 que está a doble escala.

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8. Buril tipo «pico de loro» en sílex gris oscuro patinado y con corteza, C2a(1)M-01. La tipología corresponde a un magdaleniense superior. 9. Raspador nucleiforne en núcleo o lasca gruesa de sílex gris claro, encontrado fuera de la cueva en la ladera encima de la boca, por lo que no tiene un número de inventario de excavación. La tipología se asemeja a la de los raspadores nucleiformes auriñacienses.

Figura 4.

Las cinco piezas que quedan fueron encontradas en situaciones estratigráficas del sector C2a, desde el nivel 2a del loess superior hasta la unidad 3. Una es de hueso, otra de sílex y tres son de caliza. Las de caliza son una raedera en una lasca pequeña con bulbo de percusión propia, procedente de la unidad 3 (Fig. 3: 3); una raedera transversa en una lasca grande, también con bulbo de percusión propia, procedente del nivel 2e (Fig. 3: 6); y la punta rota de una lasca de sílex que muestra tres desconchados paralelos en la superficie bulbar, procedente del nivel 2g (Fig. 3:7). Del nivel 2a procede una pequeña lasca de sílex, con bulbo de percusión propia, con retoque marginal en forma ligerarente puntiaguda o denticulada, quizá se trate de un perforador (Fig. 3:2). Ninguna de las piezas encontradas en el yacimiento muestra una plataforma de percusión de facetas múltiples ("levaloisiense"); las plataformas son siempre sencillas. La forma irregular de las lascas retocadas y la ausencia total de láminas, retocadas o sin retoque, son características del Paleolítico Medio. Algunas lascas sin retoque muestran señales de

desgaste o uso; éstas son señaladas en la Tabla 1 que indica la relación estadística del material lítico, tanto retocado como sin retoque. De singular interés es el fragmento de la punta pulida rota de un punzón fabricado en la diáfisis del hueso largo de un animal nenor, quizás un lagomorfo, procedente de la unidad 3 (FIG 3: 1), cuyo tamaño reducido, de apenas 1,5 cm, fue la causa de que había pasado desapercibido durante el proceso de excavación manual, para ser identificada sólo después, durante el último repaso en el Laboratorio de aquellos fragmentos óseos diafisarios carentes de características osteológicas servibles de la clasificación arqueozoológica. Semejante fragmento insignificante fácilmente podría haber escapado la atención arqueológica por el empleo de una metodología menos rigurosa; su gran importancia radica en la extrema escasez de implementos de hueso pulido en el Paleolítico Medio a escala mundial. El hallazgo proporciona un dato singular sobre el empleo del hueso por el hombre del musteriense.

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Lám. 1 La Cueva Negra del Estrecho de La Encarnación de Caravaca de la Cruz, Murcia: fragmento de mandíbula de Hiena Crocuta crocuta spelaeus excavado en el loess del sector C2a nivel (2b), escala en cm. y mm.

Los restos faunísticos procedentes de las unidades 2 y 3 incluyen una mandíbula con dientes de hiena (Crocuta crocuta spelaeus) (Lam. 1) y otro diente probablemente de la misma; un fragmento distal de radio de uro (Bos primigenius), posiblemente de una hembra; dos fragmentos de escápula de cabra hispánica (Capra ibex pyrenaica), una imadura; abundantes restos de lagomorfos; huesos y dientes de pequeños roedores (Arvicola sp., Micromys sp., Microtus sp., and Allocricetus sp.); tortuga (Testudo cf graeca); huesos de anfibios, quizás de rana; un otolito y una mandíbula inclasificada de pez; otra mandíbula de reptil pequeño, quizás de lagarto; y muchos huesos de aves, desde pajaritos hasta del tamaño de pato, lo que recuerda las colecciones de restos avinos en cubiles de linces a pesar de la ausencia de este félido en los huesos identificados. La clasificación de estos restos está todavía en proceso de elaboración. Algunos huesos procedentes del loess muestran señales de haber sido quemados o, en casos aislados calcinados. Es probable que hubo alternancia de seres humanos y carnívoros, sean mamíferos o aves, en el uso de la cueva. DISCUSIÓN

La campaña ha puesto de relieve que el loess de la Cueva Negra contiene elementos faunísticos y culturales que apun-

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tan hacia el último periodo glacial. Investigaciones anteriores también apuntaron hacia semejante conclusión, pese a que la única pieza lítica clasificable encontrada en el loess fue un raspador, ya que las demás aparecieron en la tierra revuelta superficial: una lasca levallois, una raedera transversa, 3 denticulados y un fragmento de una punta musteriense (Martínez et al. 1989). En la campaña de 1981 se encontró una fauna arcaica de Rinoceronte, Bos primigenius, Equus sp., Cervus elaphus, Capra ibex pyrenaica, Tortuga, Lagomorfos, aves, anfibios, y un fragmento de mandíbula de lobo o hiena. El área y volumen excavados fueron mayores en dicha campaña, porque no se cribó la tierra. De todas formas, la identificación de herbívoros tan grandes como el rinoceronte hace difícil atribuir la reducción de cráneos y dientes de éste a la actividad carroñera de hienas o aves, por lo que se puede inferir la intervención humana. La geocronología del loess está a la espera de la determinación, por la resonancia del "spin" de electrones, de un fragmento de calcreta extraída del perfil de la campaña de 1981 en una situación igual a la de la unidad 3 de la Fig. 2. También se enviarán muestras de carbón de la campaña actual para la determinación del C14 mediante aceleración, proceso que está poniendo yacimientos musterienses al alcance del método del C14. Muestras del loess están en proceso de análisis palinológico por el Dr. J. S. Carrión.

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El loess en sí es indicio de condiciones periglaciales, y si se descarta cualquier relación entre implementos de tipología paleolítica superior y el loess (puesto que todos han sido encontrados fuera del mismo), es de suponer que el loess fue depositado durante la primera mitad del Pleistoceno Superior. Otro dato que podría apoyar dicha hipótesis es la presencia en la margen izquierda del río Quípar, tanto en frente de la Cueva Negra como a la salida del Estrecho, de la superficie del glacisterraza B del sistema fluvial del Segura, en el lugar de costumbre a 35 m. encima del cauce actual. A la salida del Estrecho se puede apreciar, además, el glacis-terraza B, cuya superficie está 15 m. por encima del río actual, y cuyo aluvionamiento comenzó después de un periodo de rejuvenecimiento fluvial considerable durante la fase interpleniglacial, aproximadamente entre hace 40.000 y 30.000 años (Cuenca y Walker 1986). Lógicamente, la fase anterior a la del aluvionamiento, mayoritarianente de loess redepositado en pantanos poco activos (el "diluvialoess" de los cuaternaristas alemanes), no se habría acumulado hasta el nivel de la explanada de la Cueva Negra hasta un periodo avanzado del pleniglacial inferior, aunque, de todas formas, anterior a hace 40.000 años. La lenta acumulación del glacis-terraza B desde los comienzos del último periodo glacial (hace 115.000 años, según las aportaciones de la geocronología de los isótopos O12/O16 en sedimentos oceánicos), habría dejado acceso libre a la Cueva Negra durante el periodo correspondiente a las industrias musterienses. TamTabla 1. Relación estadística del material lítico Columnas: dimensión máxima en milímeteros de piezas líticas, tanto de sílex como de calizas. Líneas: número de piezas por nivel. “r” = implemento con retoque, “d” = señales de desgaste o uso.

A. Piezas recogidas de la tierra superficial revuelta y de los silos (cribada con tamiz de malla grande).

0-5 5-9 10-19 20-29 30-39 40-49 50-59 60-69 70-19 80-89 C2a (1) 1 3 1+1d 1r C2b, c (1) + silo 1d C2d, e, g, h+silo 5 3 1+1r C2f (1) C2i (1) D2a D2b D2c B. Piezas recogidas por el lavado del loess del sector C2a capas (2) a (3) 0-5 5-9 10-19 20-29 30-39 40-49 50-59 60-69 70-79 80-89 C2a (2a) 5 58 1 1r+1d+7 5 5 C2a(2b) 12 1 4 Ir+1 C2a(2c) 5 11 17 3 1 1 C2a(2d) 2 9 1 1 C2a(2e) 8 22 1 C2a(2f) 3 3 5 1 C2a(2g) 3 1r+2 1 C2a(2h) C2a(2i) 1 C2a(3) 1 6 1r+2

bién el acceso habría sido libre durante el último interpleniglacial (entre hace 128.000 y 115.000 años) cuando hubo rejuvenecimiento fluvial. Los glacis-terrazas C y D, de sedimentación anterior, suelen estar en niveles superiores al del B del sistema fluvial del Segura, por lo que la cueva quizás habría sido tapada por éstos durante el penúltimo periodo glacial. Las características de la unidad 3 de la cueva incluyen la presencia de óxido ferroso-férrico (Martínez et al. 1989), la cual, al ser confirmada, podría ser señal de una fase interestadial anterior al pleniglacial inferior. Semejante mejoramiento climático habría favorecido el empleo de la cueva por el hombre. No hay que olvidar que las cercanas Sierras del Gavilán y del Buitre (1.400 m.) y las no muy lejanas montañas, como Revolcadores, superiores a 2.000 m., habrían sido el escenario de condiciones periglaciales intensas durante los estadios pleniglaciales. El interés de una cueva situada a 700 m. en el altiplano debería ser considerado desde el enfoque paleoecológico y paleoeconómico de semejante entorno natural. Todavía no se puede opinar demasiado sobre las características peculiares de los conjuntos paleolíticos o de su disposición espaciotemporal en los estratos. No obstante, la presencia del singular fragmento de un implemento de hueso pulido ofrece el aliciente de continuar el programa de excavaciones arqueológicas en la cueva, para intentar arrojar mayor luz sobre este tipo de implemento, por otra parte tan poco encontrado en yacimientos de semejante antigüedad paleolítica. CONSIDERACIONES FINALES

El estudio científico de la Cueva Negra sigue ofreciendo aportaciones valiosas sobre la actividad humana y la paleoecología del Pleistoceno Superior en el interior de la Región de Murcia. El empleo de una metodología rigurosa ha permitido el refinamiento de la recolección de materiales, entre ellos algunos muy pocas veces encontrados en yacimientos del Paleolítico Medio como son los implementos de hueso pulido.

BIBLIOGRAFÍA MARTÍNEZ Andreu, M., Montes Bernárdez, R., y San Nicolás del Toro, M., 1.989, "Avance al estudio del yacimiento musteriense de la Cueva Negra de La Encarnación (Caravaca de la Cruz, Murcia)", pág. 973 a 873 en XIX Congreso Nacional de Arqueología, Castellón de la Plana 1987, Volumen I, Ponencias y Comunicaciones (Zaragoza, Universidad de Zaragoza). CUENCA Payá, A. y Walker, M. J., 1.986, "Palaeoclimatological oscillations in continental Upper Pleistocene and Holocene formations in Alicante and Murcia", pág. 365 a 376, en F. López-Vera (ed). Quaternary climate in Western Mediterranean (Madrid, Universidad Autónoma de Madrid).

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

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INVESTIGACIONES SOBRE ARTE RUPESTRE EN MORATALLA. II CAMPAÑA

Anna Alonso Tejada y Alexandre Grimal

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1994

INVESTIGACIONES SOBRE ARTE RUPESTRE EN MORATALLA. II CAMPAÑA

ANNA ALONSO TEJADA (1) Y ALEXANDRE GRIMAL (2)

Palabra clave: Benizar, cazadores-recolectores, Epipaleolítico, Arte Levantino, Arte Esquemático, Neolítico. Resumen: Este artículo ofrece los resultados preliminares de la II Campaña de investigaciones en el término municipal de Moratalla (1990) que se propuso un doble objetivo: estudiar las estaciones con Arte Levantino de La Risca III y la Hornacina de la Fuente del Buitre y prospectar otras zonas que han ofrecido como resultado cinco nuevas estaciones, Benizar I, II, III, IV y V, con Arte Levantino y con Arte Esquemático.

Abstract: This article offers the innitial results of the second study on the Moratalla region (1990) in its double feature: research of the rock shelter with Levantine Art of the La Risca III and Hornacina de la Fuente del Buitre and prospecting other zones with a five new station discovery, Benizar I,II,III,IV and V, with a Levantine and Schematic Art.

La importancia que el término municipal de Moratalla representa desde el punto de vista arqueológico y, en especial, en lo referente a las muestras de arte parietal se puso de relieve en los primeros hallazgos realizados en 1967. De manera casual y protagonizado por personas ajenas al sector arqueológico, se descubrieron un interesante núcleo de cavidades pintadas en las proximidades del Sabinar que abría esperanzadoras perspectivas para el hallazgo de este tipo de manifestaciones por las características que aquellos parajes presentaban. Sin embargo, esta potencial riqueza parietal no respondió a los resultados obtenidos en los años siguientes, totalmente estériles, y cuya causa fundamental se debe en buena medida a la falta de proyectos verdaderamente planificados, realizados por especialistas, y con objetivos bien orientados hacia las problemáticas del arte rupestre postpaleolítico en estas latitudes. Los descubrimientos en el Campo de San Juan de La Risca I, en 1979, y La Risca II, en 1982, por el niño Pedro Sánchez García -los únicos desde aquellos pioneros- son evidencias de lo que estamos apuntando.

La realización de la tesis de licenciatura de uno de nosotros (A.A.T.) y de las siguientes investigaciones en el término municipal de Nerpio (Albacete) (Alonso, 1980), nos hizo aproximarnos, necesariamente, al de Moratalla iniciando un proceso de estudio de los yacimientos conocidos y obteniendo informaciones de algún otro cuyas imágenes no habían sido identificadas como prehistóricas; tal fue el caso de la Cueva del Esquilo. En aquellos años, en 1984 concretamente, descubrimos los conjuntos de Andragulla que alcanzaron a incorporarse en el «Informe sobre los yacimientos con Arte Rupestre Prehistórico» que nos fue encargado por la Comunidad (Alonso y López, 1985). El conocimiento de las pinturas del Abrigo de la Muela por mediación de Marcial García (aunque el descubrimiento se remontaba a 1982); los hallazgos de la Fuente del Sabuco II en 1987 por A. Grimal (Alonso y Grimal, 1989 a) y los de la Fuente de Serrano I y II por M. y K. Bader en ese mismo año (Alonso y Grimal, 1989 b), hizo que considerásemos la necesidad de plantearnos un programa de investigación más detenido.

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Figura 1. Fragmento del panel 3.º de La Risca II (Según, Alonso).

El trabajo que a continuación presentamos corresponde a un avance preliminar de los resultados logrados en las investigaciones realizadas en el término de Moratalla en orden al estudio y prospección de estaciones con arte rupestre prehistórico y como continuación del proyecto que iniciáramos en 1989. Para esta labor se ha contado con el permiso y la ayuda económica de la Consejería de Cultura, Educación y Turismo de la Región de Murcia. La primera campaña de estudio en un sector de Moratalla se propuso dos objetivos esenciales: el primero, la investigación exhaustiva del panel pintado de La Risca II cuyo contenido, además de otros factores entre los que no era ajeno el de la conservación, justificaban sobradamente la intervención. El segundo, consistió en iniciar una labor de exploración sistemática para la localización de nuevas muestras parietales. Los resultados de esa tarea, expuestos en las I Jornadas de Arqueología Regional (Alonso, 1993), se resumen en la identificación definitiva de tres paneles pintados, con un total de medio centenar de figuras, en el conjunto de La

Risca II y el descubrimiento de dos nuevos frisos el de La Risca III, próximo al anterior, y el de la Hornacina de la Fuente del Buitre, en la Molata de la Fuensanta, todos ellos pertenecientes al Arte Levantino. El plan de trabajo a realizar en esta II campaña se ha concretado esencialmente en: -Estudio de los yacimientos de la Hornacina de la Fuente del Buitre y La Risca III -Comprobación de los calcos de La Risca II -Ampliación de la zona de prospección iniciada el año precedente con objetivos esencialmente similares. El estudio de las dos primeras estaciones nos ha permitido confirmar las apreciaciones iniciales en lo que respecta a la Hornacina de la Fuente del Buitre matizando que, en efecto, dicho panel está integrado además del caprino, por un cazador provisto de un arco (del que apenas se conservan algunos restos) que situado frente a él configuran una explícita acción cinegética. En lo concerniente a La Risca III se han logrado nuevos datos. Las pinturas se encuentran en

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Fotografía 1. Vista del macizo calizo en que se localizan los conjuntos de Benizar I-V (Foto A. Alonso).

la zona más externa de una cavidad, a una altura entre los 2,5 y 3 m. respecto al suelo actual, sin prácticamente protección y con un soporte extremadamente enmascarado. La instalación de un sistema de acceso idóneo practicado durante la presente campaña nos ha permitido identificar nuevas representaciones. De manera que a los cinco cuadrúpedos, algunos claramente cápridos, identificados en primera instancia hay que añadir la representación de un arquero, un cuadrúpedo más y varios restos de figuras y trazos. Obviamente, aquella interpretación que sugerimos de que estábamos ante una agrupación de animales (escena por lo demás muy recurrente en este arte) debe verse modificada por la posibilidad muy verosímil de que nos hallemos ante una composición -o composiciones- venatorias sin que pueda precisarse otros pormenores pues no poseemos la totalidad de la composición. La segunda fase del trabajo se centró en la comprobación de los calcos de La Risca II, que ocupan cerca de cinco metros lineales, y en los que hemos de indicar no han existido grandes modificaciones respecto a lo ya elaborado lo que nos permite proseguir la siguiente fase del estudio que concluirá con la representación de la memoria final (Figura 1).

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La tercera fase del proyecto consistió en ampliar el territorio de prospección de los lugares inmediatos a los hallazgos de 1989, que habían quedado pendientes y la de otros potencialmente interesantes. Los trabajos previos consistieron en un estudio de los mapas topográficos de la zona y las posibilidades que a priori éstos ofrecían, considerando tanto los farallones rocosos más elevados como aquellos que se localizaban en niveles inferiores. De igual manera se tuvo en cuenta la accesibilidad y la orientación más adecuada. Todos estos datos teóricos, y una vez iniciada la campaña, se iban revisando en función de las posibilidades del resultado, el esfuerzo y el tiempo que había de emplearse. De manera que, en cierta forma, debieron desestimarse aquellos barrancos o lugares en el que el número de cavidades fuese limitado. Por tanto, la campaña de prospección pretendía, prioritariamente, obtener evidencias de la presencia de arte rupestre en una zona lo más amplia posible con lo que se lograría unos puntos de expansión de dichas muestras prehistóricas que permitirían conectar núcleos muy distantes y sentar unas pautas generales para posteriores trabajos de búsqueda más concretos y específicos.

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Fotografía 2. Ciervo al abrigo I de Benizar (Foto A. Alonso)

El primer paraje que exploramos fue el de la Molata de la Fuensanta, en el que se localiza la Hornacina de la Fuente del Buitre. El número abundante de cavidades y refugios no ofreció, sin embargo, resultados positivosOtro de los lugares en los que centramos nuestro interés fue, precisamente, el inmediato al anterior, hacia el Este, en el que se localizan las pinturas de la Cueva del Esquilo y del que no teníamos constancia se hubiese prospectado. La circunstancia de que existieran pictografías, la presencia de cavidades y de numerosas fuentes, aún hoy con caudal, hacían a aquellos parajes especialmente interesantes para el hallazgo de muestras pictóricas, sin olvidar las arqueológicas, como los que se localizan en el Cerro de las Víboras, que se halla tan próximo, y cuyos resultados presenta el Dr. Jorge J. Eiroa en estas mismas Jornadas. Efectivamente se encontraron restos de pinturas unos cientos de metros al Norte de la mencionada cavidad pero éstos resultaron tan sumamente fragmentados que no fue posible determinar formas concretas aunque si confirmar que, tras un análisis puntual, deben corresponder a elementos esquemáticos(3). De forma que parece verosímil sospechar que en todo este barranco existieron muestras de arte

parietal, probablemente Esquemático, pero éstas no han podido mantenerse porque el soporte rocoso de los abrigos y paredes mirados muestran graves problemas de conservación por diversas causalidades. Otra zona elegida, al Sur de la anterior, fue el Barranco de la Fuente. En los momentos iniciales de la prospección se localizó en un espléndido abrigo un motivo pintado; su característica, concreción y color y demás elementos reunían, aparentemente, todas las condiciones, sin embargo, tras un estudio más detallado, ha sido excluido de nuestras investigaciones por considerar que presenta serias dudas sobre su adscripción a una cronología prehistórica. Hemos de añadir que éste no ha sido el único caso, ya que en los recorridos realizados se han encontrado varias pinturas parietales realizadas tanto en color rojo, negro, como en blanco, pero aplicando un criterio riguroso se ha considerado oportuno rechazarlas en una investigación de esta naturaleza. En el transcurso de la campaña y por mediación del Concejal de Cultura de Moratalla, Marcial García, contactamos con Jesús M. Martínez quien nos planteó la posible existencia de pinturas en un lugar próximo a las del Abrigo de la Muela(4). Antes estas informaciones se tomó la decisión de

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Figura 2. Panel del abrigo V de Benízar (Según, Alonso y Grimal).

visitar aquel paraje para la constatación de las supuestas muestras pictóricas. El resultado fue positivo ya que los restos observados corresponden, sin lugar a dudas, a pinturas pero lamentablemente su conservación no permite definir formas concretas. Animados por ello, exploramos la zona estrictamente inmediata, pues el lugar es extraordinariamente amplio y se apartaba de los planes de prospecciones previstos, sin constatar más que alguna muy perdida muestra informe. La búsqueda se trasladó en los días sucesivos hacia el Este. Se partió del Arroyo de Andragulla, con pinturas en

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alguno de sus abrigos como ya hemos apuntado, acabándose de explorar todas las cavidades hasta el río Benamor en el que aquél vierte sus aguas. También se realizó una breve incursión a un grupo de oquedades y paredes cercanas al Cortijo de los Tornos, sin resultados positivos en ninguno de los casos. Una vez en el cauce del mencionado río se hizo un recorrido próximo a los tres kilómetros aguas abajo. Existe en toda esta zona un número muy abundante de paredes y cavidades, algunas con unas proporciones extraordinarias un tanto inhabituales, y especialmente aptas por el grado de

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1. Cueva del Mediodía (Yecla). 2. Cantos de la Visera I. 3. Cantos de la Visera II. 4. Abrigo del Peliciego o de los Morceguillos (Jumilla). 5. Abrigo del Buen Aire I. 6. Abrigo del Buen Aire II. 7. La Calesica. 8. Los Grajos I (Cieza). 9. Los Grajos II. 10. Cueva-sima de la Serreta. 11. Las Enredaderas. 12. La Cueva de Los Pucheros. 13. Abrigo del Pozo (Calasparra). 14. Cueva del Humo (Cehegín). 15. Cueva de las Palomas. 16. Cueva de las Conchas. 17. Cejo Cortado I (Mula). 18. Cejo Cortado II. 19. El Milano. 20. Benizar I (Moratalla). 21. Benizar II. 22. Benizar III. 23. Benizar IV. 24. Benizar V. 25 Hornacina de la Fuente del Buitre. 26. La Risca I. 27. La Risca II. 28. La Risca III. 29. La Muela. 30. Cueva del Esquilo. 31. Andragulla I. 32. Andragulla II. 33. Andragulla III. 34. Molino de Capel. 35. Cañaíca del Calar I. 36. Cañaíca del Calar II. 37. Cañaíca del Calar III. 38. Cañaíca del Calar IV. 39. Fuente del Sabuco I. 40. Fuente del Sabuco II. 41. Fuente de Serrano I. 42. Fuente de Serrano II. 43. Abrigo de la Fuente. 44. Abrigo de El Mojao (Lorca). 45. Abrigo de los Gavilanes. 46. Cueva de los Paradores. 47. Cueva del Tío labrador. 48. Cueva de la Higuera.

Figura 3. Mapa de dispersión de las estaciones con arte rupestre de Murcia (hasta 1990, según Alonso y Grimal).

protección que presentaban, como lo demuestra el hecho de que muchas de ellas se utilizan como redil de ganado, habiéndose realizado para este fin construcciones amplias y sólidas. Esta utilización ha afectado irremediablemente al soporte rocoso que aparece gravemente degradado. Por este factor, y tras infructuosas búsquedas, se abandonó el cauce del Benamor y se trasladaron las prospecciones hacia el Norte, en los enclaves de localización de los tres conjuntos de La Risca. El farallón rocoso en el que éstas se ubican ya fue explorado el pasado año, de manera que se continuó hacia el Norte en donde se apreciaban unas formaciones calizas de

aspecto y orientación muy semejante. Fueron examinados pacientemente un número importante de abrigos y paredes, algunos con soportes aceptablemente conservados pero en los que no encontramos muestra alguna de pintura(5). No obstante estos contratiempos proseguimos nuestra búsqueda aguas abajo del Arroyo de Benizar, inspeccionándose las masas calizas a ambos lados de aquel que se encuentran más cerca de las poblaciones de Benizar y La Tercia (Fotografía 1). No dieron resultados las de la margen derecha(6) pero sí, y muy satisfactorios, las de su izquierda que han aportado cinco nuevos yacimientos con pinturas y

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que, eventualmente, identificaremos como los conjuntos de Benizar (Fotografía 1) diferenciado cada uno con las siglas I a V, aunque insistimos corresponden a cavidades independientes unas de otras. Benizar I, descubierto por A. Grimal al igual que el II y el III. forma parte de un grupo abundante de cavidades continuadas todas ellas de soporte muy alterado. Se sitúa a unos 2 m. del suelo y presenta 1,5 m. de longitud, entre 1,5 y 1,7 m. de altura y 1 m. de profundidad, orientado hacia el Este. Presenta como motivo único un animal, concretamente un ciervo, incompleto en algunos puntos, orientado hacia la derecha. Presenta un color castaño rojizo y ha sido realizado con un técnica muy precisa mediante una línea de siluetado y un relleno interior a trazos longitudinales. Su inclusión en el Levantino es indudable (Fotografía 2). Benizar II, situado no lejos del anterior, está formado por dos pequeñas oquedades contiguas, ubicadas a 2 m. de altura respecto a la base general, y a los que se accede gracias a una repisa. En la primera, se han apreciado manchas informes de pigmento y en el segundo, orientado al E-SE, de 1 m. de longitud y profundidad y apenas 0,50 m. de altura, se observa un motivo esquemático formado por dos trazos que tienden a unirse en el extremo inferior de color castañorojizo oscuro. Benizar III, se trata, en realidad, de un gran farallón rocoso que en el punto en que se localizan las pinturas presenta una altura entre 8 y 10 m. Los motivos se ubican en una pared inclinada y sin ningún tipo de protección lo que ha provocado que el soporte se vea notoriamente alterado por numerosos desconchados; únicamente reducidas zonas de aquél presentan una patinación más intensa denotando así su antigüedad, siendo precisamente sobre estos tramos de pared donde se conserva un interesante grupo de figuras repartidas en tres paneles correspondientes al Arte Levantino. En el panel I identificamos unos finos trazos ondulados de tendencia vertical y restos de un segundo, de color castaño algo violáceo, y situados a 1,80 m. de altura respecto a la base. A unos 2 m. a la derecha, y a una altura de 1,60 m, aparece la representación de un cuadrúpedo de color rojo, conservado en el tercio posterior, cuyas dimensiones habrían de ser notorias a juzgar por el fragmento corporal visible. Siguiendo hacia la derecha encontramos el panel más numeroso de figuras, entre 1,20 m. y 1,50 respecto al suelo actual, Los primeros motivos corresponden a restos ciertamente imprecisos de dos posibles figuras, tal vez esquemáticas. Inmediatos a ellos

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contabilizamos cinco cuadrúpedos que aparecen agrupados aunque mantienen orientaciones diversas. Han perdido fragmentos del cuerpo pese a lo cual es posible afirmar que se trata de cápridos ya que en varios de ellos se conserva total o parcialmente la cornamenta. El tamaño medio de los animales se sitúa entre los 8 y 10 cm. En una zona más alta de este tramo de panel se distinguen varios trazos que, inicialmente, no parecen configurar formas reconocibles. Benizar IV, es una gran cavidad de más de 25 m. de longitud por una altura similar y una profundidad de unos 9 m. aproximadamente. Presenta un muro de cerramiento y las pinturas se localizan en la parte central de la cavidad, a una altura de unos 5,20 m. del suelo del abrigo, aunque es posible a acceder a aquéllas gracias a varias repisas. El lugar exacto en que se ubican las pinturas es una pequeña oquedad, circunstancia que ha permitido una cierta protección, pues la amplitud y la orientación Norte del abrigo lo hace especialmente vulnerable. El panel, adscribible a la Pintura Esquemática, está integrado por un elemento circular con divisiones internas desordenadas, en color rojo anaranjado, y bajo éste, un trazo de tendencia vertical que parece corresponder a una «barra». Benizar V, se localiza próximo al precedente pero en un nivel inferior, hacia el Oeste. Presenta unos 25 m. de longitud, entre 5 y 6 m. de profundidad y una altura próxima a los 7 m., orientado al N-NE. Las pinturas se sitúan en la pared derecha, a unos 2 m. de la base del abrigo, en una zona en que el soporte, sorprendentemente, se ha conservado y los motivos que actualmente presentan una coloración rojanaranjada, son incluibles en el horizonte esquemático (Figura 2). El motivo más significativo corresponde a un «esteliforme» o «soliforme» de seis radios de distintas longitudes (aunque probablemente el factor conservación influye en ello) que surgen de una zona central, Bajo éste, aparece un elemento incompleto del que actualmente distinguimos un trazo vertical, probablemente una «barra» y a su derecha un par de puntos digitales. CONSIDERACIONES FINALES

Las prospecciones realizadas en una zona amplia de las sierras moratallenses nos permiten tener una idea bastante aproximada de las características del terreno y de las posibilidades que éste encierra en la localización de muestras de arte rupestre. Aunque a nivel teórico, a través de los mapas

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topográficos y del conocimiento directo de la geografía, había un número importante de parajes en los que potencialmente era posible encontrar pictografías, se da en estas zonas, como probablemente sucederá en otras muchas, un problema de destrucción natural y antrópica de los soportes más antiguos, poniéndose de manifiesto el extraordinario valor que cualquier hallazgo asume, por modesto que éste pueda parecer en primera instancia. Conviene, como observación preliminar más concreta, hacer la consideración de que a tenor de las cavidades descubiertas hasta 1990(7) el territorio moratallense se convierte con sus 24 estaciones totales en el de mayor concentración de toda la Comunidad murciana (correspondiendo exactamente al 50% de su patrimonio) (Figura 3). De todas aquellas, 8 presentan muestras levantinas (equivalen al 33,33%) a las que habría que incorporar otras 5 (supondrían el 20,83%) que comparten en espacio rocoso con elementos de otro de los horizontes plásticos prehistóricos como es el esquemático aunque, definitivamente, la presencia de sus motivos es minoritaria. Sirva de ejemplo de lo expresado el abrigo de la Cañaíca del Calar II en el que, según nuestro estudio, existen no menos de 37 figuras levantinas frente a dos exclusivas esquemáticas que parecen definitivamente condicionadas en alguno de sus aspectos por el espacio disponible. Este hecho no es exclusivo de esta comarca, ya que, por ejemplo, recordamos haberlo constatado también en la estación del Buen Aire I en la que tan sólo es posible clasificar como esquemáticos la serie de triángulos, frente a un total de motivos levantinos que supera el medio centenar, y cuya ubicación, en este caso más singular que en el precedente, nos sugieren no pocas consideraciones sobre la utilización del espacio en el Esquemático sobre el que no podemos detenernos en esta ocasión. Los tres motivos esenciales del Levantino -animal, individuo masculino en su condición de arquero y mujer (Alonso 1993) -están bien representados en estos enclaves; caprinos y cervinos son los cuadrúpedos más iterados integrados, los primeros, en escenas venatorias individuales (Hornacina de la Fuente del Buitre, Fuente del Sabuco II) o colectivas (Fuente de Sabuco II, Risca III (?)). La presencia de los ciervos formando parte de este tipo de composiciones escénicas está también constatada (Cañaica del Calar II, La Risca II..) pero quisiéramos insistir en esta ocasión en el especial tratamiento que este animal adquiere en el Levantino al poderse constituir en el «único» elemento diseñado en un abrigo -lo que confirmamos, una vez más, en el abrigo de Benizar III- determi-

nando cavidades monotemáticas en el sentido más estricto del término, lo que prácticamente nunca sucede con el herbívoro precedente distinguiéndose, además, en otros varios aspectos. Son ciertamente infrecuentes los equinos (sólo un ejemplo de notable tamaño en la Fuente del Sabuco I); están ausentes los bovinos (tan bien representados en el Torcal de las Bojadillas I y VII, por ejemplo) y son excepcionales y con cierto grado de problemática en su identificación el oso de la Cañaíca del Calar II y el jabalí de la Fuente del Sabuco II. Los arqueros son las figuras humanas más abundantes que aparecen tanto como protagonistas de escenas de caza como integrados en agrupaciones de varios individuos (Fuente del Sabuco II) que llamamos «colectividades» y únicamente en una ocasión la concentración de varios arqueros es susceptible de interpretarse como una escena bélica o de danza (Fuente del Sabuco I). Sin embargo, son quizá las representaciones femeninas de los yacimientos moratallenses las que concentran la atención, por características de distintas índole y por su número relativamente abundante (convendría tener presentes, también, las de Bco. Segovia y Solana de las Covachas VI) si tenemos en cuenta su presencia tan minoritaria -pero añadiríamos que tan contundente y bien definida- en el Levantino respecto al total de individuos masculinos. Siguiendo unas pautas muy precisas (Alonso y Grimal, en prensa a) su inserción en los paneles se establece mediante tres fórmulas de las cuales sólo hemos constatado dos: la primera es aquella en la que se ubica entre las restantes figuras pero sin relación explícita con ellas, es decir aisladas, caso de la mujer de La Risca II y de la Fuente del Sabuco I, o se asocian con otras féminas, tal sucede con La Risca I y II y muy probablemente también en la Fuente del Sabuco I. Desde la perspectiva cronológica existen para el Arte Levantino suficientes datos que permiten atribuir su autoría a grupos de cazadores-recolectores, cultural y cronológicamente epipaleolíticos (Alonso, 1992; 1993; Grimal, 1992;1993; Alonso y Grimal, en prensa b) que frecuentaron las sierras de un sector mediterráneo cada vez mejor perfilado de los que descubrimientos como el de la Fuente del Segura (Jaén) (Carbonell y Grimal, en prensa) y, tal vez, el abrigo de El Milano (Alonso et alii, 1987; en prensa) y el del Mojao representan raras excepciones y, por ello, no hacen más que confirmar la anterior apreciación. Las estaciones con Pintura Esquemática suman un total de 11 (45,83%), a las que habría que incorporar, recordemos, aquellas en que coincidían con motivos levantinos. Este

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total, parecería configurar un panorama, al menos desde el punto de vista cuantitativo, favorable a una riqueza mayor de muestras de este arte y, sin embargo, queremos hacer intervenir el factor cuantitativo referido, en esta ocasión, al número total de manifestaciones para las que, sin ánimo de ofrecer cifras absolutas, hemos contabilizado más de 200 levantinas frente a unas 80 esquemáticas; o dicho con otras palabras, mientras el horizonte levantino muestra «santuarios» con un importante de motivos cuya diversidad permite aceptar una prolongada utilización de los mismos, el Esquemático carece de aquellos paneles abigarrados que tan frecuentemente se presentan en las inmediatas tierras andaluzas o de aquellos que, un poco más modestos, están empezando a configurar un interesante núcleo ciezano -como es el de la Cueva-sima de la Serreta y Las Enredaderas. Es usual que los frisos alberguen unas pocas figuras (Cañaíca del Calar IV, Abrigo de la Muela, Benizar II, IV y V), no siendo extraño que apenas se pintasen un par de elementos, como si de discretas pero visibles «marcas» se tratase (Cañaíca del Calar I y II, Fuente de Serrano I y II.) Estas constataciones determinan que sea prácticamente excepcional el friso de la Cañaíca del Calar el más denso sin duda alguna de esta comarca; en este aspecto muestra las mismas pautas que constatábamos en el núcleo de Nerpio y de Letur. No está exenta de dificultad la tarea de determinar tipologías recurrentes si exceptuamos los elementos más iterados y característicos de este arte, de indudable naturaleza y posicionamiento abstracto, como son los puntos digitales y las barras. Las primeras están presentes en la mitad de las estaciones contabilizadas con formulaciones más significativas en la Cueva del Esquilo y en la Cañaíca del Calar III; y respecto a los segundos, si cabe más representados que los precedentes, pueden aparecer aislados pero lo habitual -y se siguen modelos ya detectadas en otros parajes- es que se combinen con otros elementos: con círculos con divisiones internas, como en Benizar IV; con elementos de tipo «phy», como sucede en el Abrigo de la Muela; o con puntiformes, Abrigo de Benizar V. Los antropomorfos son muy limitados como lo son, también, los cuadrúpedos -reducidos prácticamente a la Cañaíca del Calar y La Risca I- o los «esteliformes» identificados en dos estaciones. Los datos que poseemos confieren la posterioridad de este horizonte respecto al levantino; la estratigrafía cromática, por ejemplo, de La Risca I es una aportación; otra cuestión sin resolver es la que afecta a la datación más específica del Arte Esquemático de estos enclaves e, incluso, de la

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generalidad de las estaciones esquemáticas murcianas si consideramos que para dos de las comunidades con que limitan, Valencia (especialmente Alicante), y Andalucía se están aportando interesantes datos que parecen situar sus orígenes en el Neolítico (Martí y Hernández, 1988; Acosta, 1984). Los resultados de nuestras investigaciones en un sector de Moratalla insisten en apuntar a ese municipio como el más fructífero en cuanto a muestras pictóricas parietales de la Comunidad de Murcia. Pero aunque así sea, no queremos en absoluto afirmar que los parajes que se han prospectado durante nuestras campañas son los únicos que pueden dar resultados positivos; el hallazgo de las pinturas del Mojao y de los Gavilanes (Lorca) ponen de relieve la necesidad de investigar no sólo los enclaves más meridionales de Moratalla sino, especialmente, las sierras del término de Caravaca de la Cruz, en el que como se aprecia en el mapa que incorporamos no se ha encontrado muestra alguna; lo que evidentemente ha de responder a la ausencia de campañas de prospección bien planificadas que constituirían -en la situación actual de la investigación y desde nuestro personal punto de vista- una labor verdaderamente necesaria para determinar cual es la dinámica y la auténtica dimensión del horizonte levantino que empezamos a vislumbrar extraordinariamente interesante y sólido, a la vez que calibrar con más precisión hasta que punto es cierta la hipótesis que sostenemos de que el sector más occidental de la comarca del Noroeste murciano junto al extremo Sur de Albacete, comarcas de Nerpio y Letur, juegan un papel de enclaves «intermedios» y de contacto, más que auténticos focos de implantación, entre los núcleos andaluces y alicantinos. No obstante, las incógnitas sobre el arte rupestre de esta Comunidad no se ciernen exclusivamente sobre las comarcas en las que desarrollamos con más persistencia nuestros estudios pues resta por definir las dinámicas de los artes postpaleolíticas en los enclaves más norteños, por ejemplo los de Yecla y Jumilla, que tan escasas aportaciones han ofrecido y que tan desdibujados permanecen, los cuales consideramos representan unos puntos geográficos claves y de un interés, para la cuestión que nos ocupa, extraordinario.

BIBLIOGRAFÍA REFERENCIAL ACOSTA, P. (1984), «El arte rupestre esquemático ibérico: problemas de cronología preliminares», Scripta Praehistorica, Francisco Jorda, Oblata Salmanticae, Salamanca, pp. 31-61.

INVESTIGACIONES SOBRE ARTE RUPESTRE EN MORATALLA. II CAMPAÑA

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NOTAS (1) Arqueóloga. (2) Pintor. (3) Utilizaremos en este texto la palabra “esquemático para aquellos motivos adscribibles al que convencionalmente conocemos como Pintura Esquemática. (4) Queremos expresar nuestro agradecimiento a don J.M. Martínez y esposa por el interés que mostraron en todo momento por nuestros trabajos y la diligencia con que se prestaron a acompañarnos a la zona en cuestión. (5) En el informe entregado a la Consejería (Alonso Tejada, A., 1990), “Informe de las investigaciones realizadas sobre arte rupestre prehistórico en el término municipal de Moratalla durante la campaña de 1990”, 29 pp., fotos, mapas) se incluye dentro de la parte gráfica un mapa detallado de todos los recorridos efectuados durante la presente campaña. Consideramos que en los estudios de arte rupestre también puede resultar si no fundamental, sí importante el dar cuenta de los trabajos con resultados negativos. (6) En la prospección que se realizó en los covachos que se sitúan bajo las ruinas de La Tercia observamos en alguno de ellos inscripciones y grabados de cronología histórica. (7) Con posterioridad a nuestro proyecto de investigación en el término de Moratalla (Campañas de 1989 y 1990), cuya continuidad tuvimos que posponer, se han publicado dos nuevos yacimientos con pintura parietal en dicho término, el Abrigo de la Fuente y el del Molino de Capel (Mateo, 1991; 1993) que vienen a ratificar, con satisfacción, la importancia que hace años venimos confiriendo a estos enclaves. Los nuevos motivos, aunque modestos, se inscriben en las tipologías generales que hemos establecido para estas zonas; alguna de las cuales, cabe decir, son auténticamente singulares en diversos aspectos (Alonso, 1993, b).

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CAMPO DE PETROGLIFOS DEL ARABILEJO YECLA (MURCIA)

Jerónimo Molina García

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1990

CAMPO DE PETROGLIFOS DEL ARABILEJO (YECLA)

JERÓNIMO MOLINA GARCÍA

Resumen: Los trabajos de investigación tienen como objetivo principal sacar del olvido estos vestigios publicados en los años 20 por J. Cabré y C. de Mergelina, así como exponer globalmente su extensión, conte-

nido y correlación cultural con otros yacimientos europeos. El estudio desarrollado este año se ha centrado en las insculturas del Arabilejo, realizándose un catálogo de los motivos grabados.

MOTIVACIÓN

EL LUGAR

Los grabados sobre roca al aire libre constituyen una de las manifestaciones culturales prehistóricas de tipo mágicoreligioso más extendidas por el mundo, de las que en Europa se encuentran tres de sus centros mejor estudiados, el escandinavo, el alpino y el galaico-portugués. Contando la Región de Murcia con uno de estos enigmáticos conjuntos epipaleolíticos -tan raros como poco conocidos fuera del ámbito gallego en España, como es el del Monte Arabí, de Yecla- nuestro propósito viene siendo, desde varias décadas, sacarlo del olvido a que viene sometido desde sus primeros conocimientos por Cabré Aguiló (CABRÉ, 1915) y estudios posteriores de Cayetano de Mergelina (MERGELINA, 1922), con una exposición global de su extensión y contenido, así como de su correlación cultural con otros yacimientos europeos. Autorizados los trabajos por disposición de la Dirección General de Cultura el 31 de mayo de 1990, éstos dieron comienzo el 20 de octubre, teniendo que ser suspendidos poco después por motivos familiares que obligaron al que suscribe a ausentarse de la localidad hasta bien entrado el año 1991. De tan corto tiempo empleado, y más principalmente de los de años anteriores, el resumen del trabajo obtenido es el siguiente:

El Cerro de los Moros o Arabilejo (913 m. de altitud) es una colina acantilada en parte, separada del gran núcleo montuoso de El Arabí por el Barranco de los Cantos, en el extremo occidental de la terraza bajo la cual corre el cinto rocoso que guarda el abrigo del Mediodía con pinturas rupestres. Al pie del cerro, sobre el que se levantó un poblado fortificado de la Edad del Bronce, se extiende una terraza por su ladera meridional, con ligera pendiente al Sur compacta en la que se ha depositado una capa de detritus arenoso, que en las proximidades del cerro alcanza su espesor máximo hasta casi desaparecer por el extremo contrario. De N. a S. puede considerarse esta terraza dividida en dos sectores bien diferenciados, ya que la zona cercana al Arabilejo está destinada al cultivo de cereales, mientras que la meridional lo es de monte bajo con pinar, entre calveros rocosos. En el contacto entre ambas es donde se extiende el campo de petroglifos, recorrido por un camino de carros en toda su longitud, sobre la cota de los 880 m.s.n.m. (Lámina I, núm. 1 y 2). Coordenadas U.T.M. 492841, Hoja 818, Montealegre del Castillo, del Mapa Militar 1:50.000. (Figura 1). Es propiedad del Dr. Francisco Galán Giner, de Elche.

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CAMPO DE PETROGLIFOS DEL ARABILEJO. (YECLA)

Figura 1. En círculos: 1, Casa de El Arabí. 2, El Arabilejo y Campo de Petroglifos. 3, Cueva del Mediodía. 4, Cantos de la Visera. 5, Barranco de los Muertos y Escutiforme.

Como recursos cuenta con caza menor, a la que se dedican pequeños predios cultivados de cereales, y pastoreo, limitado a ciertas épocas del año. Su carácter semiárido viene marcado por los 300 mm. de precipitación anual, siendo nula la presencia de manantiales. Para el lugar, la Hoja correspondiente del IGME da biocalcarenitas del Serravalliense-Tortoniense, en el Mioceno medio, de carácter detrítico. Tiene su acceso por la local de Yecla a Fuenteálamo con desvío a la derecha por camino vecinal a la Casa del Conde y, de ésta, a la Casa del Guarda, del Arabí. LAS INSCULTURAS

Las insculturas del Arabilejo se extienden sobre una franja rocosa de superficie generalmente lisa y ligera pendiente al Sur, a lo largo de 339 m. y unos 25 de anchura media, en la que se suceden grupos de petroglifos de temas variados conforme se avanza de W. a E. La parte central se encuentra alterada por la formación de charcas de corrosión,

llamadas calderones, capaces de almacenar agua de lluvia, circunstancia a la que atribuimos especial incidencia con los motivos objeto de estudio (MOLINA, 1985. IDEM, 1986). El camino de carros mencionado bordea por el Norte el conjunto epilítico, por lo que ha sido adoptado como eje de referencia y objeto de medición detenida. El recorrido por la zona insculturada muestra una serie de grupos en los que se asocian unas veces, o aparecen aislados otras, distintos motivos grabados, cuyo repertorio puede resumirse así: A) Cazoletas aisladas, desde unos centímetros de diámetro hasta doce o quince las mayores (Lám. II, 1). B) Cazoletas aisladas con doble fondo (Lám. II, 2). C) Cazoletas unidas por uno o dos canalillos (Lám. III, 1). D) Conjuntos de cazoletas unidas entre sí por canalillos (Lám. I, 3). E) Círculos con pequeña cazoleta en el centro (Lám. III, 3). F) Enclos (cercados o recintos) consistentes en un círculo, a veces dos, inciso su contorno o rebajado su interior

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Lámina I. Foto 1: Vista parcial del Campo de Petroglifos. Arriba, derecha, el

Lámina I. Foto 2: Zona con calderones.

Lámina I. Foto 3: Conjunto con cazoletas con canalillos y cercados.

Lámina II. Foto 1: Cazoletas aisladas, las mayores del Campo.

(un centímetro), abiertos los más con prolongación en línea mixta hacia afuera, formando calle (Láms. I, 3, y III, 3,). F) Rectángulos unidos. G) Podomorfos humanos (Lám. IV, 2). En ocasiones, los motivos se aglomeran sin apenas dejar espacios libres, aunque conservando cada uno sus propias características. Sin que hasta ahora hayamos confeccionado un cómputo

de la frecuencia con que cada uno de estos tipos de insculturas aparece en el Arabilejo, salta a la vista la preponderancia de cazoletas sobre el resto del repertorio, en confirmación, una vez más, de que ésta es el petroglifo por antonomasia. Referido especialmente a las de tipo con canalillo, analizamos las siguientes circunstancias: 1.ª, que el canalillo o canalillos están trazados en el mismo sentido de la pen-

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CAMPO DE PETROGLIFOS DEL ARABILEJO. (YECLA)

Lámina II. Foto 2: Cazoletas con doble fondo.

Lámina III. Foto 1: Conjunto.

Lámina III. Foto 2: Calderón con diaclasa. Arriba, cazoleta con canalillo, réplica de los anteriores.

Lámina III. Foto 3: Cercado.

diente de la roca; 2.ª, que la cazoleta se encuentra en la parte inferior o más descendida del canalillo, de modo que recibe el agua de lluvia conducida por aquél (Lám. IV, l); 3.ª, que en las ocasiones más claras de esta disposición, cazoleta y canalillo se encuentran en las inmediaciones de los calderones o charcas de corrosión, y 4.ª, que los calderones constituyen valiosos depósitos de agua de agua de lluvia donde la

caza y el ganado abrevan y el pastor bebe cuando la sed aprieta y no hay otra (Lám. IV, 3). Estas circunstancias, comentadas una y otra vez en los momentos en que con el Pfr. Fortea Pérez calcábamos la asociación canalillos-cazoletas-calderonas, en 1970, fueron las que nos llevaron a considerar que la semejanza entre calderón con su diaclasa y cazoleta con su canalillo no era otra

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Lámina IV. Foto 1: Cazoleta y canalillos en disposición de recogida de agua de lluvia.

Lámina IV. Foto 3: Calderón reservado por el pastor para beber. Encima, losa con la que lo tapa.

cosa que una reproducción en miniatura éstos de aquéllos (Lám. III, 2), y su significado el de impetrar la lluvia: si el agua corriera por el canalillo la cazoleta se llenaría, lo que ocurriría, a su vez, con el calderón vecino... aljibe natural que aseguraría el abastecimiento de agua por una temporada más. Antecedente remoto de las populares rogativas, que han llegado hasta nosotros en tantos lugares de la España seca (CAMPOS NORDMAN, 1967).

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Lámina IV. Foto 2: Podomorfos entre cazoletas.

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INTERVENCIÓN ARQUEOLÓGICA EN SAN GINÉS DE LA JARA

Miguel Martínez Andreu

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1995

INTERVENCIÓN ARQUEOLÓGICA EN SAN GINÉS DE LA JARA

MIGUEL MARTÍNEZ ANDREU

Resumen: Con motivo de la realización del proyecto de autovía que había de cubrir el tramo comprendido entre El Algar y Los Belones, y por afectar a la zona indicada como yacimiento arqueológico frente al monasterio de San Ginés de la Jara, fue requerida una actuación de

emergencia por la Dirección General de Cultura de la Comunidad Autónoma de Murcia que habría de ser concretada fundamentalmente en el área afectada por dicho trazado, desarrollándose los trabajos en mayo de 1990.

EXCAVACIÓN SOBRE EL TRAZADO DE AUTOVÍA EN PROYECTO

reúne las características propias de un depósito de coluvión de relativa antigüedad en el que solamente la porción superior, una escasa capa húmica, contiene materiales arqueológicos rodados. Nivel 1. Corresponde a un horizonte húmico poco desarrollado cuyo espesor oscila entre 10 y 30 cm. En su interior se aprecian restos de vegetación descompuesta así como raíces y rizomas de hierbas anuales de escaso porte. El contenido de materiales cerámicos crece en los cuadros más cercanos al recinto del monasterio, especialmente en el L-97, y disminuye en los más alejados (más próximos a la ladera del monte), sobre todo en O-103.

La zona excavada corresponde a la porción de terreno que se extiende justo al frente del ángulo extremo del recinto del monasterio, el más cercano a la carretera que había de ser sustituida. La prospección superficial realizada permitó documentar la existencia de materiales cerámicos en superficie, fragmentos de ánforas y cerámica común romana cuyo estado evidenciaba una intensa alteración superficial como resultado de un intenso rodaje y una larga exposición a los agentes atmosféricos. La zona indicada fue reticulada en unidades de control de 5 x 4 m. que fueron denominadas atendiendo a una red previamente establecida de números y letras, con una reserva suficiente en caso de ampliaciones futuras. Los cortes abiertos se corresponden con las siguientes unidades: L-97, N-99, O-100, M-100 y O-103. ESTRATIGRAFÍA

La zona excavada, al estar situada al pie del monte Miral, coincidiendo con el tránsito de la pendiente a la llanura,

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CAPAS ESTÉRILES DE PIE DE MONTE

Nivel 2. Se trata de una capa de escaso espesor compuesta por gravas de textura granulosa y revestidas de carbonatos. Arqueológicamente resulta estéril. Nivel 3. Bajo esta denominación se incluye un paquete de sedimentos denso y potente que inicialmente ya ofrecía serias dificultades para ser excavado debido a su extrema dureza. Aunque desde el punto de vista arqueológico tam-

INTERVENCIÓN ARQUEOLÓGICA EN SAN GINÉS DE LA JARA

Figura 1. Situación geográfica de la excavación.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Foto 1. Vista general de la excavación.

bién resultaba estéril, decidimos profundizar con el fin de confirmar esa apreciación y descartar cualquier posibilidad de error en la interpretación. Fueron elegidos los cuadros M-100 y O-103 para sondear las características de esta capa, tarea que requiso el empleo de martillo neumático para disgregarla. Tras comprobar que dicha capa era uniforme y litoestratigráficamente anterior a la datación sugerida por los materiales cerámicos de superficie se elevaron a definitivas las siguientes conclusiones: 1.ª) Que en el trazado de la autovía proyectado, a su paso frente al monasterio de San Ginés de la Jara, se detectan materiales cerámicos en superficie con claras evidencias de rodamiento.

Foto 2. Detalle de una de las cuadrículas arqueológicas.

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2.ª) Que estos materiales parecen encontrarse en posición secundaria, derivada, de un foco de ocupación relativamente próximo que posiblemente se situaría dentro del actual recinto del monasterio, en el lado opuesto de la carretera a suprimir. 3.ª) En términos porcentuales, la mayoría de estos materiales pertenecen a un momento temprano de la romanización, siendo el resto unos escasos fragmentos de cerámicas del siglo XV en adelante. Dentro del grupo más antiguo se han identificado labios, paredes y ápices de ánforas; algunos fragmentos de cerámica campaniense y otros de cerámica común ibérica. La cronología, en lo que a la ocupación romana respecta, se situaría en torno a la primera mitad del siglo II antes de C. 4.ª) Que esta concentración de materiales en superficie se concreta en un área pequeña y liminal. La disminución de la frecuencia de hallazgos conforme se asciende por la ladera (mínima en el corte O-103 ) sugiere que la localización de estructuras se emplazaría posiblemente dentro del recinto monacal. 5.ª) El depósito que existe bajo la capa húmica superficial responde a las características de un depósito de pie de monte con materiales mal clasificados que ponen de manifiesto arroyadas y fenómenos de migración de carbonatos, ascensos por capilaridad y ligeros encostramientos que envuelven los clastos. Por la profundidad alcanzada es fácil descartar la existencia de materiales arqueológicos dentro o bajo este sedimento.

CUEVA-SIMA LA SERRETA (CIEZA) UN YACIMIENTO NEOLÍTICO EN LA VEGA ALTA DEL SEGURA

Consuelo Martínez Sánchez

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1994

CUEVA-SIMA LA SERRETA (CIEZA) UN YACIMIENTO NEOLÍTICO EN LA VEGA ALTA DEL SEGURA

CONSUELO MARTÍNEZ SÁNCHEZ

Palabras clave: Neolítico, hábitat en cueva, arte rupestre. Resumen: Los resultados obtenidos en la primera campaña de excavación de la Cueva-Sima de la Serreta documentan una secuencia estratigráfica alterada, con materiales neolíticos, calcolíticos, romanos y de época medieval islámica. El único momento de ocupación contextualizado en el registro arqueológico, aunque con limitaciones, ha sido el Neolítico. Por ello, este trabajo se centra preferentemente en esta etapa cultural.

Abstract: The results atteined at the first digging period of Cueva-Sima de la Serreta document an altered stratigraphic sequence, with neolithic, calcolithic, roman and islamic medieval material. The only occupation period that has been documented unaltered in the archeological record, though with restrictions, is the Neolithic one. Therefore, this work is essentially focussed on this cultural period.

INTRODUCCIÓN

refiere, a un pequeño sector localizado en el área intermedia de la cueva, debajo de la actual entrada cenital de la misma. Los trabajos se realizaron en octubre de 1990 y contamos con la colaboración del Museo Arqueológico Municipal de Cieza, representado por su Director J. Salmerón que formó parte del equipo de trabajo, junto con M. San Nicolás, P. Martínez, M.ª J. Rubio y F. Montes, además de M.ª A. Andreu en los trabajos de planimetría. A todos ellos agradecemos su colaboración.

La investigación arqueológica realizada en la Cueva-Sima de la Serreta (Cieza), forma parte de las actuaciones previstas dentro del Proyecto para la realización del Parque de Arte Rupestre de Los Almadenes, promovido por los Ayuntamientos de Cieza y Calasparra, junto con la Comunidad Autónoma de Murcia. Concretamente en este yacimiento arqueológico, y dadas las características geológicas de la cavidad, era necesario acondicionar el acceso mediante una escalera metálica que recorriera los 15 m. de desnivel que configuran la sima. La realización de estas obras de infraestructura, motivaron la necesidad de preparar una parte de la cueva para el anclaje de la escalera de acceso, cuyo proyecto fue elaborado y ejecutado por la Dirección General de Cultura, bajo la dirección de Félix Santiuste de Pablos. La excavación arqueológica, por lo tanto, quedaba totalmente condicionada, en lo que a su delimitación espacial se

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II. LOCALIZACIÓN

La Cueva de la Serreta está situada en el paraje denominado Los Almadenes, en la margen izquierda del río Segura, donde una serie de meandros estructurales, ubicados excepcionalmente en rocas carbonatadas del Cretácico superior, originan encajamientos del río, en un paisaje agreste y de grandes paredes verticales que imprimen una gran belleza al lugar. Es aquí donde se abre la entrada más

CUEVA-SIMA LA SERRETA (CIEZA) UN YACIMIENTO NEOLÍTICO EN LA VEGA ALTA DEL SEGURA

Fig. 1. Unidades de excavación, caracterización estratigráfica y planta de la cavidad.

amplia y de más difícil acceso, mientras el río discurre 60 m. por debajo. La entrada cenital habitual, una vez en el exterior, nos sitúa ante un paisaje de montañas bajas y llanuras de relieve moderado, donde la vegetación natural está representada por el tomillar de tomillo sapero y escobilla. La cueva se abre sobre una diaclasa de 12,5 m., dividida en dos tramos, el primero, de 7,5 m., se desarrolla hasta una espaciosa cornisa; y el segundo, de 5 m., presenta un descenso en bóveda hasta alcanzar la sala principal. Ésta tiene unos 35 m. de recorrido lineal longitudinal y unos 5 m. de anchura media, con una pronunciada pendiente. Alrededor de la sala principal se delimitan otras de menores dimensiones y un tubo de erosión ascendente de unos 13 m. de longitud. La otra entrada está situada en la vertical del río, con una apertura considerable e impracticable por medios naturales de acceso.

III. PLANTEAMIENTO DE LOS TRABAJOS

Los primeros trabajos fueron dirigidos a la elaboración de la planimetría del sector a excavar, para ello contamos con un primer plano de la cueva realizado por un equipo de espeleólogos a escala 1:200, donde se recoge la planta y las secciones longitudinales y transversales. Este plano nos permitió, en un principio, poder dimensionar la cueva, si bien la escala empleada impedía su utilización para el desarrollo de los trabajos arqueológicos. Por este motivo, comenzamos por definir una superficie planimétrica de unos 30 metros cuadrados, en cuyo centro se encuentra la zona concreta de excavación. En principio, partimos de alinear los ejes en sentido N-S, pero las grandes dimensiones de la sala y la necesidad de contar con líneas que no inflexionaran, nos aconsejo cambiar la orientación de los ejes en relación con la morfología de la cavidad. Para los

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ejes principales, superiores a los 5 m. de longitud, empleamos cable de acero fino y trenzado, sujeto a las paredes de la cavidad por elementos metálicos que fueron introducidos en la roca. En los extremos de estos cables se colocaron unos tensores que proporcionaron una excelente presión y una escasísima deformación por peso. Las unidades de excavación definidas tienen unas dimensiones de 1 m. de lado y obtienen su denominación mediante un eje de coordenadas cartesianas, donde el eje de las X, en sentido transversal a la cueva, viene definido por números; y el de las Y, en sentido longitudinal, por letras. Al plano de referencia, o punto cero, se le da el valor 10,0 m., con lo que el suelo queda a una profundidad entre 0,3 y 1,3 m., incorporando a la topografía las cotas en los vértices de las cuadrículas, para curvar el suelo con maestras cada 0,5 m. y finas cada 0.1 m. IV. CARACTERIZACIÓN ESTRATIGRÁFICA

Las unidades de excavación definidas durante el proceso de excavación fueron cinco, denominadas 24 J, 24 K, 24 L, 26 K y 29 H. Las cuatro primeras presentan una estratigrafía física y una caracterización cultural semejante, aunque en 24 L únicamente se excavó el primer subnivel. Por el contrario, en 29 H, situada en otra zona de la cueva, el depósito arqueológico responde a características diferentes (Fig. 1). El primer nivel documentado, dividido a su vez en los subniveles Ia, Ib, y Ic por sus características físicas específicas, parece responder a una alteración natural del sedimento de la cueva, donde se mezclan elementos de cultura material de las diferentes fases de ocupación de la cavidad, así como elementos metálicos de la fabricación de la escalera y vidrio actual. Este nivel I fue localizado en las unidades de excavación 24 J, 24 K, 24 L y 26 K, y las características físicas de los diferentes subniveles son las siguientes. El subnivel Ia está formado por un sedimento de color marrón claro y textura suelta, con una gran acumulación de piedras de tamaño grande y mediano, sobre todo en el techo del estrato, procedentes de las alteraciones que han sufrido las paredes y el techo de la cavidad. El subnivel Ib presenta un depósito de tierra marrón oscuro que sigue siendo muy suelta y donde las piedras son más escasas y de menor tamaño. Finalmente, el subnivel Ic presenta una coloración más clara con manchas blancas cenicientas, de textura más compactada y menor cantidad de piedras planas, acumuladas de forma natural en el techo del estrato y delimitándolo claramente del posterior.

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La potencia estratigráfica del subnivel Ia oscila entre 0,22 m. y 0,27 m., como valores mínimos para 24 J y 24 L respectivamente; y 0,36 m. y 0,38 m., como valores máximos para 26 K y 24 K respectivamente. El subnivel Ib no fue excavado en 24 L, pero sí en el resto de las unidades de excavación, presentando una potencia bastante inferior al anterior, si exceptuamos los 0,39 m. de 24 J, pues en los otros los valores son de 1,16 m. para 26 K y 0,10 m. para 24 K. En Ic observamos que se obtenían valores intermedios en 26 K, con 0,26 m.; mientras que en 24 K y 24 J, con 0,38 m. y 0,43, respectivamente, se alcanzaban valores más elevados. Como ya hemos mencionado, este primer nivel presenta una estratigrafía alterada. No obstante, hemos de señalar que se aprecia una mayor frecuencia de los elementos arqueológicos más antiguos en los subniveles superiores, disminuyendo conforme avanzamos en el proceso de excavación y aumentando los que corresponden a época romana, mientras que los islámicos son más abundantes en el subnivel inferior. De todas formas, nunca llegan a desaparecer los de un momento cultural concreto en cualquiera de los tres subniveles. Por lo tanto, pensamos que la sedimentación de estas unidades de excavación podría responder a una estratigrafía invertida, producida por procesos naturales de arrastre y resedimentación dentro de la cueva. El siguiente nivel, común a todas las unidades de excavación, a excepción de 24 L que fue abandonado tras excavar el subnivel Ia, fue denominado III y sus características, tanto físicas como culturales, son totalmente diferentes. Se trata de un sedimento muy compactado de color naranja intenso y estéril en cuanto a hallazgos arqueológicos, si exceptuamos un fragmento medial de lámina de sílex localizada en la zona de contacto con el subnivel Ic, por lo que creemos que se trata de una filtración del nivel superior. En este nivel se han distinguido siete subniveles, documentados en 24 J que fue la única unidad de excavación, junto con 26 K, donde se alcanzó la roca de base de la cueva. En esta última, por las características geomorfológicas de la cavidad, sólo se distinguió un subnivel, ya que la roca natural afloraba a menor profundidad. Estos subniveles presentan características semejantes pero alternantes. A un primer subnivel con un sedimento cementado con cantos angulosos de pequeño y mediano tamaño, le sucede otro formado por limos arcillosos muy decantados, y así sucesivamente. Destaca la mayor potencia de estos últimos, con unos valores máximos de 0,60 m., mientras que los otros sólo alcanzan 0,30 m. como medida más amplia. La potencia total del nivel III es de 1,55 m. en 24J y 0,30 m. en 26K.

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Fig. 2. Material cerámico sin decorar.

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Fig. 3. Material cerámico sin decorar.

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Es difícil precisar las características físicas que lo configuran, ya que los estudios sedimentológicos aún no se han realizado. De todas formas, pensamos que su formación se encuentra íntimamente relacionada con los procesos naturales generales de la cavidad y con oscilaciones de temperatura y humedad. La indefinición contextual que presentaba la estratigrafía desde el punto de vista cultural, motivo el que se planteara una nueva unidad de excavación en otra zona de la cueva, para comprobar si las características estratigráficas documentadas se extendían a otras áreas de la cavidad, o por el contrario y como esperábamos, podíamos documentar cualquiera de los momentos de ocupación de la cueva sin alteraciones naturales o antrópicas. De esta forma se comenzó a excavar la unidad de excavación 29 H y efectivamente, los datos que aportó, aunque no demasiado clarificadores por las reducidas dimensiones del área de excavación, fueron distintos en cuanto a la estratigrafía documentada. En primer lugar se observó un nivel removido por remociones incontroladas que afectaba prácticamente a la totalidad de 29 H, con un sedimento de textura muy suelta y color marrón oscuro, con algunas manchas blancas de la descomposición de una costra carbonatada que afectaba a parte de la unidad de registro, así como piedras grandes y de mediano tamaño. Aunque el depósito de tierra estaba claramente alterado, los materiales arqueológicos eran muy homogéneos y pertenecen a una de las fases de ocupación ya advertidas, concretamente al Neolítico. Este primer nivel fue denominado R y presentó una potencia máxima de unos 0,12 m. El siguiente nivel documentado estaba inalterado y fue denominado nivel II, correspondiente a la ocupación neolítica y subdividido por sus características físicas de textura y coloración en tres subniveles, pero no por el material arqueológico, que aunque escaso, era homogéneo. El subnivel IIa presentó un sedimento de textura suelta y color blanco ceniciento, siendo su potencia máxima de 0,18 m. En IIb, el depósito era de color marrón oscuro con diferentes manchas de coloración en tonos rojizos y textura fina, presentaba algunos fragmentos de carbón y una potencia máxima de 0,30 m. Finalmente, en IIc el sedimento estaba formado por cenizas de color gris oscuro, localizado junto a una piedra y próximo al perfil 29H/30H, con una potencia de 0,14 m. en esta fase de excavación. Quizás este último subnivel pueda estar en relación con un hogar, pero al no haber ampliado la excavación al cuadro contiguo, de momento no se ha podido docu-

mentar claramente. De los tres subniveles estudiados, sólo los dos primeros han aportado material arqueológico, que fue coordenado con medidas X, Y y Z, en previsión de futuros estudios de distribución espacial del material que de momento son irrelevantes por la escasez del mismo. Esta estratigrafía no es extensible a la totalidad del cuadro, pues en el perfil 29H/29G, únicamente se ha documentado la costra carbonatada señalada con anterioridad y el nivel III de formación natural y común a todas las unidades de excavación practicadas en la cueva. V. ANÁLISIS DEL MATERIAL ARQUEOLÓGICO

El análisis del material arqueológico señala una ocupación prolongada de la cavidad que se iniciaría durante el Neolítico, con una fase posterior poco definida correspondiente al Calcolítico, y finalmente, con un hábitat de características imprecisas de época romana y otro medieval islámico. La mayor parte de estos elementos de cultura material fueron registrados en el nivel I, por lo que en ocasiones resulta difícil poder precisar si el material prehistórico corresponde al Neolítico o al Calcolítico. Este problema de adscripción cultural se da especialmente en algunos tipos cerámicos y en algunos elementos de la industria lítica y ósea. En otras ocasiones, como veremos más adelante, sí pueden ser adscritos por presentar una tipología bien definida. De todas formas, el Neolítico es el momento cultural que ha aportado una mayor documentación, tanto por ser la única fase de ocupación de la cavidad contextualizada dentro del registro arqueológico, como por el mayor número de elementos de cultura material documentados. Por lo tanto será de esta fase de la que nos ocupemos más extensamente. El material arqueológico está formado fundamentalmente por elementos cerámicos, con un índice de fragmentación muy elevado. Las formas de las vasijas, en los casos que se ha podido observar, son de tendencia globular con bordes entrantes y rectos, estando también representados los cuencos hemisféricos y otras vasijas con formas abiertas. El tamaño de los recipientes es medio y grande, con paredes de grosor medio y también en una alta proporción finas y gruesas, mientras que las muy gruesas apenas están representadas. Los bordes de labios mayoritariamente redondeados, planos y semiplanos, también presentan en ocasiones formas biseladas y redondeadas-apuntadas. Las paredes suelen presentar perfiles convexos o rectos y en alguna ocasión cóncavos, estos últimos podrían formar parte de vasijas con cuello,

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Fig. 4. Material cerámico decorado correspondiente a la ocupación neolítica de la cavidad.

pero al no presentar el borde y ser de escaso tamaño es difícil de precisar. Entre los elementos de prensión y suspensión encontramos perforaciones, asas de cinta y asas anulares, además de algún mamelón difícil de catalogar como elemento de sujeción o decorativo por las escasas dimensiones de los fragmentos donde se conservan. En cuanto a la factura, generalmente presentan pastas monocromas, aunque también las hay bícromas y con nervio de cocción, siendo su textura compacta y en menor proporción arenosa, con desgrasantes de tamaño fino, medio y en algún caso aislado de tamaño grueso. El tratamiento final de las superficies se realiza mediante acabados alisados de calidad media o fina, además de algunos espatulados, bruñidos y en ocasiones alisados muy finos y alisados toscos. Las cerámicas están mayoritariamente sin decorar (Fig. 2 y 3) y algunas de éstas podrían corresponder a un momento posterior al Neolítico, ya que la mayor parte se han documentado en el nivel I y sus formas perviven hasta el Calcolítico. Por el contrario, también existen otros materiales cerámicos decorados, cuya atribución al Neolítico es clara. éstos presentan decoraciones incisas y acanaladas, impresiones de

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instrumento y ungulaciones, así como decoraciones plásticas de cordones en relieve decorados con digitaciones y ungulaciones, además de algunas decoraciones a la almagra de baja tonalidad. Los diseños ornamentales forman generalmente zig-zags, líneas paralelas verticales y motivos en serie impresos. Estos últimos se disponen fundamentalmente en el labio de las vasijas, e incluso en una ocasión en la zona interna del mismo (Fig. 4, 5, 6, y 7). En cuanto a los elementos líticos en sílex, encontramos una industria sobre lascas descortezadas y otras de segunda y tercera extracción, con secciones transversales trapezoidales, poligonales e irregulares, con talones escamosos, corticales y diedros, y todas ellas con señales de uso. Únicamente dos están retocadas, una con retoque continuo, abrupto, directo y profundo, y otra con retoque discontinuo, simple, inverso y marginal, mientras que en ambos casos la localización del retoque es el extremo distal. Entre los productos de talla sobre lámina destaca un raspador, además de láminas generalmente con señales de uso y en muy pocas ocasiones retocadas con retoque distal o lateral, continuo, abrupto, inverso o directo, y marginal. También se han documentado

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Fig. 5. Material cerámico decorado correspondiente a la ocupación neolítica de la cavidad.

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Fig. 6. Material cerámico decorado correspondiente a la ocupación neolítica de la cavidad.

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Fig. 7. Material cerámico decorado correspondiente a la ocupación neolítica de la cavidad.

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núcleos, uno de ellos de sección poligonal con tres planos de percusión para la extracción de lascas, y restos de talla. La industria lítica en cuarcita está representada por lascas sin retocar, restos de talla, algún núcleo, un alisador y varios percutores. La mayor parte de este material ha sido documentado en el nivel I y los únicos tipos contextualizados dentro del nivel II corresponden fundamentalmente a una industria laminar. Por lo que respecta a los objetos de adorno, el único tipo representado es el brazalete de caliza. Pero lo más interesante de estos elementos es que unos aparecen completamente elaborados y otros en diferentes fases dentro del proceso de elaboración (Fig. 8). Aunque no ha sido documentada un área específica dentro de la cavidad dedicada a la fabricación de estos elementos de adorno, la presencia de estos objetos permite inferir la existencia de un taller y documentan el proceso de trabajo requerido hasta adoptar su forma definitiva. La ocupación Calcolítica no queda bien definida, ya que los únicos elementos que podrían corresponder a la misma son algunos objetos metálicos en cobre, entre los que destacaremos una punta tipo palmela fracturada en su base y otros dos fragmentos de tipología imprecisa, además de algunas formas del material cerámico sin decorar que suelen presentar notables pervivencias. Algo parecido sucede con la industria ósea, muy escasa y poco representativa, ya que sólo se ha documentado un fragmento de punzón y otro de una posible espátula. Ya en época histórica, los materiales arqueológicos que documentan la ocupación romana de la cavidad corresponden en su mayor parte a fragmentos de ollas de cocina de pastas grises con desgrasantes de cuarcita y huellas de hollín en las paredes externas, así como al grupo de las comunes con escasas formas. También están representados algunos fragmentos de terra sigillata sudgálica (D 24/25), hispánica del taller de Andújar en las que no se han identificado tipos concretos, pero con pastas de color siena, textura rugosa y con desgrasante de calcita blanco y amarillento, además de claras C y D. Otros elementos localizados son clavos y anillas de hierro, y algunos fragmentos de vidrio. Los materiales que corresponden a la ocupación islámica se reducen a recipientes cerámicos a mano, marmitas con decoración a peine, jarros decorados con digitaciones al manganeso, jarras con decoración al manganeso en el labio del recipiente, cerámica común de cocina, vasijas de almacenamiento y algunos fragmentos con engobe rojo a la almagra.

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Los hallazgos de fauna, todos ellos fuera de contexto, como sucedía con la mayor parte del material arqueológico, pueden corresponder a cualquiera de las fases de ocupación de la cueva. Sólo queremos señalar, en una primera aproximación al estudio realizado por Miguel Ángel Mateo Saura, que se han estudiado un total de 414 huesos, la mayoría de ellos muy fragmentados, por lo que en muchas ocasiones no se ha podido determinar la especie. De los identificados, una gran parte corresponde a pequeños rumiantes sin especificar, algunos a cápridos, otros a lepóridos, muy abundantes, y en una proporción muy baja a grandes ungulados y suidos. Cuestiones como el número mínimo de individuos, el sexo o la edad, que podrían inferir directamente sobre una economía ganadera y sobre las relaciones mantenidas con la fauna silvestre de la zona, no han sido abordados dada la naturaleza de los hallazgos, totalmente descontextualizados. VI. CONSIDERACIONES FINALES

El análisis descriptivo y el estudio tipológico del material arqueológico ha permitido señalar, aunque no definir claramente, los diferentes momentos culturales en los que fue ocupada la cueva. Las limitaciones con las que nos hemos encontrado radican fundamentalmente en la carencia de un contexto específico dentro del registro arqueológico que relacione los diferentes elementos de cultura material, si exceptuamos los hallazgos del nivel II en 29 H que sí responden a un momento cultural concreto, al Neolítico, pero que dada su escasez, resultan poco significativos al intentar relacionarlos con otros elementos de cronología semejante pero fuera de contexto. En este sentido, hemos de señalar que además nos encontramos con el agravante de que algunas piezas tipológicamente bien definidas, no pueden ser relacionadas con sus elementos contextuales, dada la naturaleza poco significativa de estos últimos. De momento, la fase mejor documentada corresponde a la ocupación neolítica de la cavidad, aunque la información quede limitada al estudio del material arqueológico y principalmente a los elementos cerámicos. La cueva fue ocupada como lugar de habitación y la comunidad que la habitó debió desarrollar actividades subsistenciales relacionadas con la agricultura y la ganadería, pero de ellas el registro arqueológico no ha aportado información, como tampoco lo ha hecho sobre la estructura social o sobre aspectos concretos de su cultura. Lo que sí sabemos es que se desarrollaron otras actividades de tipo artesanal, como la elaboración de brazaletes de

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Fig. 8. Brazaletes de caliza totalmente elaborados y otros en proceso de elaboración correspondientes a la ocupación neolítica de la cavidad.

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caliza para el adorno personal. El resto del material arqueológico, formado por una industria lítica preferentemente laminar, y por cerámicas fundamentalmente incisas, con decoraciones plásticas aplicadas de cordones en relieve y en menor proporción impresas y con decoración a la almagra de baja tonalidad, parece que nos sitúan en un Neolítico medio. En este sentido, hemos de señalar que este tipo de material es el más generalizado en el neolítico de Murcia. Los datos que ha aportado el registro arqueológico de otros yacimientos neolíticos de la vega alta del Segura, son también muy parciales por las características específicas del depósito estratigráfico, como sucede en el Barranco de los Grajos (Cieza): o por la parcialidad de los estudios, limitados a hallazgos de superficie, como es el caso del Peñón de Ricote. La situación geográfica de estos asentamientos es unas veces en áreas abiertas a valles con una potencialidad agrícola importante, como es el caso del poblado del Peñón de Ricote; otras, encajados en cañones de grandes paredes verticales sobre el Segura, pero con extensas zonas llanas próximas al cultivo, como sucede en la Serreta; o bien en profundos barrancos, donde los recursos estarían fundamentalmente relacionadas con la caza, como es el caso del Abrigo Grande II del barranco de los Grajos. Esta diversidad en cuanto al emplazamiento elegido, plantea interesantes cuestiones, difíciles de resolver por el momento dadas las limitaciones del registro arqueológico, sobre los patrones económicos desarrollados, tanto de depredación como de producción de alimentos y sobre las repercusiones culturales que tuvieron sobre las comunidades que los adoptaron. Otro aspecto de gran interés que plantea esta cavidad es el de las relaciones, existentes sin duda, pero difíciles de precisar entre el arte rupestre y el depósito arqueológico. Poder estudiar el arte como una manifestación más, con todo lo que ello implica, del complejo cultural de una comunidad, podría acercarnos a aspectos con importantes repercusiones sociales. En este sentido, queremos destacar la presencia de fragmentos de ocre rojo y de una especie de molino con resto de este tipo de pigmentación. Las pinturas se localizan principalmente en dos zonas: a lo largo de la pared izquierda, que sería la que más directamente recibe la luz solar, y en la zona derecha, hacia el interior, donde la luz llega con menor intensidad. En cuanto al estado de conservación de las pinturas, se observan violentos desconchados que afectan parcialmente a algunas representaciones. También se han detectado grandes coladas de origen hídrico, bajo las que se observan restos de pigmento e incluso figuras casi completas.

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De todas formas, el factor que afecta a un mayor número de figuras son las fuertes concreciones depositadas sobre ellas, que enmascaran su observación, ya que aparecen como veladas. Las representaciones son de estilo esquemático, aunque algunas podrían ser consideradas como semi-esquemáticas, pues el grado de esquematismo varía de unas figuras a otras. Entre los elementos humanos se distinguen polilobulados, arqueros, figuras de brazos en arco y antropomorfos en phy, y entre los zoomorfos cuadrúpedos de morfología dispar (García del Toro, 1985 y San Nicolás del Toro, 1980). La ocupación calcolítica aún plantean cuestiones más concretas, relacionadas con el carácter mismo de la ocupación de la cueva. Generalmente, las cuevas son utilizadas durante esta época como lugar funerario, pero en la Serreta no se han documentado restos antropológicos. En cuanto a su funcionalidad como lugar de habitación, hemos de tener en cuenta que en esta fase de la prehistoria los poblados están totalmente generalizados. Ya en época histórica, la ocupación romana podría corresponder a un momento alto imperial, centrado entre la segunda mitad del siglo I y el siglo II, con una fase posterior a lo largo de los siglos III y IV. A este último momento, siglos III y IV, correspondería una estructura de habitación documentada en la cavidad (Salmerón, 1993). Finalmente, la ocupación medieval islámica se puede centrar en los siglos X-XI. En ambos casos el carácter concreto de la ocupación es difícil de precisar, así como su posible temporalidad como lugar habitación estacional o refugio. Aunque los datos que ha aportado la Cueva de la Serreta, en esta primera campaña, no permiten elaborar interpretaciones culturales que definan las formas de vida de las diferentes comunidades que la usaron como lugar de habitación en tan largo período de tiempo, lo que sí han permitido es el establecer esta secuencia de ocupación por el análisis del material arqueológico. Pero lo más importante es que este yacimiento plantea interesantes líneas de investigación, tanto para nuestra prehistoria, como para momentos ya históricos. BIBLIOGRAFÍA GARCÍA DEL TORO, J. (1985): Las pinturas rupestres del la Cueva-sima de La Serreta, (Cieza-Murcia)./ Congreso Internacional de Arte Rupestre Prehistórico. Zaragoza-Caspe. SALMERÓN JUAN, J. (1993): La Serreta: hábitat cavernícola de época tardorromana. Revista de Arqueología N_ 143. Madrid. SAN NICOLÁS DEL TORO, M.: Aportación al estudio del arte rupestre de Murcia. Memoria de Licenciatura presentada en la Universidad de Murcia. Murcia, 1 980. (Inédita).

EXCAVACIONES ARQUEOLÓGICAS EN EL POBLADO Y LA NECRÓPOLIS MEGALÍTICA DEL «CERRO DE LAS VÍBORAS» DE BAGIL MORATALLA (MURCIA) CAMPAÑA DE 1990

Jorge Juan Eiroa García

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1990

EXCAVACIONES ARQUEOLÓGICAS EN EL POBLADO Y LA NECRÓPOLIS MEGALÍTICA DEL «CERRO DE LAS VÍBORAS» DE BAGIL MORATALLA (MURCIA) CAMPAÑA DE 1990

JORGE JUAN EIROA GARCÍA Universidad de Murcia

Resumen: Los trabajos de la campaña de 1990 pusieron de manifiesto un asentamiento del Calcolítico y Bronce antiguo, de considerable potencia estratigráfica, en el que se aprecia unas complejas estructuras urbanísticas. La presencia argárica se evidencia únicamente por el hallazgo de una cista adosada a la muralla en el nivel superior. El horizonte campaniforme se manifiesta con elementos clásicos: un lote de brazales de arquero, botones con perforación en «v» y puntas Palmela. Un pequeño conjunto de colgantes de marfil decorados reflejan conexiones y posible influencias foráneas. Los materiales cerámicos, óseos y

líticos son muy abundantes. En las laderas del poblado se han detectado varios lugares de enterramiento, algunos de ellos saqueados. Aún no se ha llegado a la base estratigráfica, pese a haberse profundizado hasta 1,60 m. En las cercanías del poblado se han hallado cuatro nuevos sepulcros megalíticos, de tipología semejante al ya conocido anteriormente, de los que ha sido excavado uno (Bagil 2), que pese a estar saqueado desde época antigua, ha proporcionado algunos pocos restos óseos con seriales de cremación, una punta Palmela y varios fragmentos cerámicos.

Uno de los problemas planteados por la actual investigación sobre el Calcolítico es la transición desde este periodo al Bronce antiguo y, por añadidura, los orígenes del mundo argárico, que en Murcia monopoliza la etapa siguiente, hasta el Bronce final. Sabemos cuándo está formado El Argar, en torno al 2.000 a. de J.C., pero no sabemos cómo. Hasta hace bien poco el origen de El Argar se pretendía justificar casi de forma exclusiva por los aportes mediterráneos y europeos, pero, aunque es cierto que cada vez existen más datos que justifican este tipo de relaciones marítimas, es claro que hay que seguir contando con las potentes poblaciones locales establecidas en las costas del Sureste, especialmente en Murcia y Almería, donde el Calcolítico local había alcanzado un elevado nivel de desarrollo, para iniciar una fase de declive a fines del III milenio a.J.C., debido seguramente a la introducción de nuevas corrientes culturales que hicieron obsoleto el modelo socio-económico imperante hasta entonces. Sobre esas poblaciones, debieron incidir, como venía siendo habitual a lo largo del Calcolítico,

corrientes culturales diversas que cambiaron las pautas del comportamiento social, económico y político de las sociedades indígenas, generando una nueva concepción del hábitat, de la explotación del medio, de la estructura social y, en última instancia, de las creencias y de la ideología. La sociedad argárica es bien distinta, en muchos aspectos, de su precedente calcolítica, de tal manera que incluso los poblados se sitúan en lugares diferentes, siguiendo criterios distintos, y, de hecho, son pocos los que habiendo desempeñado un papel de cierta importancia durante el Calcolítico presentan continuidad en el Bronce argárico, como vemos en Bagil. El cambio debió producirse hacia 2.000 a. de J.C., como parecen insinuar las fechas absolutas de Fuente Álamo, incluso algo antes si aceptamos la calibración del C14. Con el fin de profundizar en este problema de la transición del Calcolítico al Bronce antiguo argárico, un equipo de la Universidad de Murcia se planteó en 1989 la excavación del poblado y necrópolis de Bagil (Moratalla, Murcia), situado en una zona alejada de la costa y limítrofe con la provincia de

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EXCAVACIONES ARQUEOLÓGICAS EN EL POBLADO Y LA NECRÓPOLIS MEGALÍTICA DEL «CERRO DE LAS VÍBORAS» DE BAGIL - MORATALLA (MURCIA)

Figura I. Planta y perfil N. de un sector del cuadro guía.

Albacete, donde existían evidencias de un asentamiento calcolítico que parecía perdurar durante la época argárica. El denominado «Cerro de las Víboras» de Bagil se encuentra situado en las coordenadas UTM 305WH812329, Hoja MTM 24-25 (889) en un entorno geológico de calizas masivas del Terciario. Según el MTN, Hoja 889 (24-35) Moratalla, su situación la central las coordenadas 2° 4’ 16’’ LN y 38° 14’ 26’’ LEM. Aunque en la cartografía figura una altitud de 1.320 m. sobre el nivel del mar, nuestra evidencia de altímetro ofrece una cota de 1.352 m. El poblado ocupa un lugar muy estratégico, desde el que se controla una cañada de tránsito, utilizada históricamente incluso hasta nuestros días, para enlazar el valle del Campo de San Juan y los territorios albaceteños. Los antecedentes arqueológicos son escasos. Además de la primera campaña oficial de 1990, se había realizado allí la excavación del denominado dolmen de Bagil en campaña oficial de urgencia, aunque se conocen otras intervenciones no autorizadas que, en todo caso, sólo han afectado a zonas

superficiales y a dos posibles enterramientos de la ladera Norte del poblado. El lugar de poblamiento ocupa una amplia terraza llana que sobresale unos 70 m. sobre la cañada, con sus laderas bien protegidas por escarpes naturales, excepto en la ladera S., en la que las defensas se ven reforzadas por obras. Otras obras defensivas se aprecian en la ladera N. En el Cerro de las Víboras de Bagil se comenzó a excavar en 1990 un gran asentamiento calcolítico al que se superpone una fase del Bronce antiguo y pleno. En las cercanías del poblado se ha detectado una necrópolis megalítica, con seis sepulcros de corredor, de los que se han excavado dos. La I Campaña de excavaciones arqueológicas en Bagil (Moratalla, Murcia), se iniciaron el día 13 de septiembre de 1990 y terminaron el 6 de octubre del mismo año. El equipo de trabajo estuvo formado por 17 personas: 10 licenciados en Arqueología, 3 estudiantes de la Especialidad, 3 obreros y el director. El alojamiento del equipo fue el Cortijo denominado Molino de Rueda, en el Campo de San Juan, a 4 km.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

BAGIL 2 Fecha: 1-10-90

Figura II. Planta del sepulcro megalítico Bagil 2.

del yacimiento. Los desplazamientos hasta el lugar de la excavación se hicieron con vehículos propios y un Land Rover de la Universidad de Murcia. Por noticias proporcionadas por los pastores locales y muy especialmente por el dueño del terreno de Bagil, D.

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Antonio Rodríguez Álvarez, conocimos la existencia de otros posibles monumentos megalíticos. Tras una jornada de prospección organizada se descubren otros 5 sepulcros megalíticos distribuidos en dos grupos. En un grupo situado en un cabezo al Sur del poblado se encuentran dos que denomina-

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Lámina 1. Enterramiento en cista en el nivel A1, de la terraza principal.

mos sepulcros Bagil 2 y 3 (el número 1 se reserva para el conocido desde 1980, ya excavado), y en otra loma al SW del poblado se localizan otros dos más (Bagil 4 y 5). Al otro lado de la cañada, en dirección W. se localiza, finalmente, uno más (Bagil 6), aunque este último plantea algunos problemas de identificación. Todos estos monumentos megalíticos son sepulcros de corredor, con círculo de piedras delimitando lo que sería la estructura tumuliforme, al igual que el dolmen Bagil 1. Todos ellos parecen alterados de antiguo (posiblemente de época romana o medieval), ya que sus cámaras parecen parcialmente removidas, sin cubiertas y sin restos de la estructura tumuliforme. En tales circunstancias, la I Campaña de Bagil se programó en dos frentes: por un lado, en el poblado, en el que se pretendía conocer los pormenores del asentamiento, secuencias estratigráficas y posibles estructuras; y, por otro, en la necrópolis, planificando la excavación de los sepulcros megalíticos. En el poblado se realizó la planimetría del cabezo, se dividió en cuadrículas mediante la aplicación del sistema de

coordenadas cartesianas tras el establecimiento de un Punto Cero, y se diseñaron dos cuadros de 3 x 9 m. en la zona de la terraza principal, definiendo dos amplias zanjas en dirección S-N y E-W, formando ángulo recto, con el fin de poder comprobar las secuencias en cortes transversales. En la segunda terraza y en el lado Sur se diseñó otra zanja de 2 x 9 m., dentro de los cuadros planteados, con el fin de realizar otro corte en la zona de las defensas. Al mismo tiempo, parte del equipo se dedicó a la excavación del sepulcro Bagil 2, utilizando el sistema de cuadrantes y la eliminación de capas de 5 cm. Los trabajos de siglado, inventario y dibujo de piezas se hicieron a lo largo de la excavación, así como el de planimetría de cuadros y estructuras. Para el inventario de piezas se ha utilizado un sistema de fichas informatizadas, para tratamiento con programa DBASE III+, OPEN ACCES S.P.I. y BOEING 3D. Todo el proceso de excavación ha sido grabado en Compact Video Cassette EC30 Super HG VHS, con Videocámara Telefunken VM 4400 y fotografiado con películas BN, Color y Diapo. En la terraza principal del poblado se excavó hasta 1,47 m. de profundidad, sin llegar al final, (Cuadro Guía 1 y 2), apareciendo una secuencia estratigráfica clara que parece confirmarse en el resto de los cuadros, con ligeras variaciones. Las estructuras son muy abundantes, al igual que los materiales arqueológicos, muy variados. En términos generales se aprecian, en principio, dos momentos de ocupación: 1) Calcolítico final (Nivel B, 3,2,1) y 2) Bronce antiguo y pleno (Nivel A, 2 y 1), siendo el Nivel R el del suelo de formación más reciente, revuelto. El último momento de ocupación está documentado, además, con la presencia de una tumba de cista de tipología argárica, con un cadáver juvenil inhumado con un ajuar de cerámica. Esta tumba, con su ajuar funerario y algunos pocos fragmentos de cerámica (el 0,8% del total) son los únicos elementos de filiación argárica del poblado, ya que el resto de la cerámica guarda más relación tipológica con el Bronce manchego que con los yacimientos Argáricos murcianos. Debajo de los niveles A se sitúan los cuatro niveles B, de la fase calcolítica, cuya excavación en profundidad se ha continuado en los cuadros del sector central del poblado, sin haber llegado aún hasta el final de la secuencia estratigráfica (a 2,20 m. de la superficie). Estos niveles B1 a B4, bajo la fase representada por los A1 A2, ofrecen estructuras pétreas de edificios de planta circular u ovoide, cortadas por arriba en algunos

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Lámina 2. Tramo de muro de una casa de la terraza 2.

cuadros por las estructuras rectilíneas de los niveles A. En ellos no aparecen, por ahora, estructuras funerarias ni materiales de filiación argárica, sino abundantes elementos líticos, con algunas puntas de flecha de alerones y de pedúnculo y aletas, industria lítica pulimentada, una rica y abundante industria ósea y cerámicas calcolíticas entre las que destacan los fragmentos con decoración a la almagra, semejantes a las de La Salud de Lorca y algunos con decoración incisa. Debe señalarse que los niveles del paquete B sólo han sido excavados en los dos cuadros guía, en los únicos en los que se sigue excavando en profundidad, con el fin de definir completamente la secuencia estratigráfica. Pese a haberse llegado a P-220 de profundidad, aún no se ha llegado a la base pétrea del cabezo y siguen apareciendo niveles arqueológicamente fértiles que, debido a su interés, deben ser excavados con cierta lentitud, lo que retrasa obviamente la definición de la estratigrafía.

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De gran interés es el horizonte campaniforme, que en el poblado y necrópolis megalíticos de Bagil aparece en el horizonte del Bronce antiguo, tal vez en el momento de la transición desde el Calcolítico, junto a puntas Palmela de tipología tardía, botones con perforación en V (simple o doble), abundantes brazales de arquero e ídolos y punzones-lezna de sección cuadrada, de cobre, aunque la cerámica clásica no fue detectada en esta campaña. En los cuadros de la terraza inferior, junto a la zona defensiva, se aprecia una estratigrafía semejante a la de la terraza superior. Allí se han identificado dos grandes muros, uno de ellos de planta redonda, perteneciente posiblemente a un sistema defensivo. Los materiales arqueológicos son semejantes, aunque allí, la aparición de un silo con abundante cereal carbonizado ha dotado a la secuencia de gran interés documental. También aparecieron varios colgantes de marfil (uno de ellos decorado) bastante deteriorados por

EXCAVACIONES ARQUEOLÓGICAS EN EL POBLADO Y LA NECRÓPOLIS MEGALÍTICA DEL «CERRO DE LAS VÍBORAS» DE BAGIL - MORATALLA (MURCIA)

Lámina 3. Perfil N del cuadro guía, en la terraza principal.

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fuego, conservados gracias a haber estado en el interior de un nivel de cenizas. Al finalizar la campaña no se había llegado al final de la secuencia estratigráfica, en la que es previsible un nivel inicial del Calcolítico antiguo, seguramente relacionado con la necrópolis megalítica. El sepulcro megalítico Bagil 2 se excavó completamente. Los materiales arqueológicos han sido relativamente pobres ya que, como intuíamos, el sepulcro estaba alterado: algunos pocos fragmentos de cerámica lisa, a mano; algunos pocos elementos líticos y restos de huesos humanos, con huellas de cremación parcial. Se ha elaborado la planimetría completa del sepulcro, antes, durante y después de la excavación. El resto de los sepulcros megalíticos descubiertos no se han excavado, aunque se ha completado la planimetría de cada uno de ellos y, a su vez, se ha situado en la cartografía general. La cista, los muros del cuadro 1 de la terraza 2 y el sepulcro megalítico Bagil 2 se consolidaron con cemento mimetizado, con el fin de evitar su posible deterioro en el invierno. La cista y los muros se han vuelto a cubrir para hacer más eficaz su conservación. Para la consolidación del sepulcro Bagil 2 se tuvieron en cuenta las indicaciones del arquitecto de la Dirección General, en lo referente a tipo de mezcla y zonas de posible impacto climatológico. Las grandes piedras de la cámara han sido asentadas sobre un lecho de piedras y cemento, reforzándose sus lados con cemento y mimetizándolo con tierra del propio yacimiento. Los objetos de hueso carbonizado (tres colgantes perforados y dos botones de perforación en V) fueron enviados al Instituto Central de Restauración y Conservación, de Madrid, donde fueron objeto de un tratamiento de urgencia para su conservación. Se enviaron tres muestras de materias orgánicas procedentes de los niveles arqueológicos para su datación por el método del C14 en el Laboratorio de New Jersey (USA). Igualmente se procederá a la analítica de sedimentología, fauna y restos humanos, con el fin de poder contar con los datos precisos antes de iniciar la campaña siguiente. Las primeras dataciones absolutas para el poblado, sobre muestras extraídas en esta primera campaña, han sido calibradas en origen por Teledyne Isotopes, según la tabla de Pearson - Stuiver 1986, y ofrecen las fechas de 1650 a.J.C. para el nivel Al y 2170 a.J.C. para el nivel B3. Estas fechas, que encajan bien en la secuencia estratigráfica y cultural del poblado,

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deben ser entendidas como meramente orientativas, ya que creemos que prevalece, en todo caso, el criterio arqueológico y, mientras no sean ratificadas por una serie más amplia de dataciones, no deberán ser interpretadas de otra forma. Los paralelismos tipológicos observados con el mundo de las motillas y morras de La Mancha, en muchos materiales arqueológicos de Bagil, nos induce a pensar en un ambiente marginal del mundo argárico clásico, situado en tierras más occidentales. Bagil se sitúa en un área en la que el mundo argárico parece desdibujarse un poco y la proximidad de las tierras albaceteñas nos hace pensar en un lugar de encuentro de influencias mutuas, si bien es verdad que El Argar se extiende por distintos ambientes ecológicos, a los que se adapta perfectamente, originando una cierta variedad de asentamientos y una diversidad formal que no debe extrañarnos. No debe olvidarse que, en los inicios del II milenio a. J.C., en La Mancha (igual que en el Sur y Sureste levantinos) se está generando un panorama cultural que no es muy diferente al del mundo argárico, y que un poco después, hacia 1700 a. J.C., va a configurar el ambiente del Bronce manchego. Las similitudes formales son tantas, sobre todo en los poblados de altura, que, en los inicios de la investigación en La Mancha, se creyó estar ante una extensión de la cultura de El Argar y, de hecho, la influencia argárica sigue teniéndose en cuenta a la hora de interpretar los yacimientos de Ciudad Real y Albacete. Algunos elementos arqueológicos (cerámicas, útiles metálicos, ritual funerario...etc) siguen planteando serios problemas de interpretación, aún no resueltos. Es bien cierto, sin embargo, que estamos ante ambientes culturales distintos. La cuestión se centra, creo, en evaluar la posibles influencias, definir las similitudes y las diferencias y, por fin, intentar justificarlas. Es evidente que en este inicio del II milenio a.J.C. se están definiendo los focos del Bronce antiguo en varias zonas del oriente y centro de la Península Ibérica y que, por el momento, la primacía cronológica parece centrarse en los territorios costeros argáricos del Sureste, en las actuales provincias de Murcia y Almería. Allí parece generarse una nueva concepción socio-económica, apoyada en una fuerte ideología, que supera las tradiciones calcolíticas y se difunde después hacia tierras más interiores. En esa expansión hacia el interior pudo irse adaptando a los distintos grupos, de tradiciones culturales variadas y en ambientes diferentes, lo que explicaría la diversidad formal que ofrece el panorama cultural del Bronce el Sureste, Andalucía, Levante y La Mancha.

EL CERRO DE LA FUENTE DEL MURTAL, ALHAMA DE MURCIA (1.ª CAMPAÑA 1991): POBLADO FORTIFICADO DEL PERIODO DE TRANSICIÓN BRONCE FINAL/HIERRO ANTIGUO EN EL EJE DE POBLAMIENTO SEGURA-GUADALENTÍN (MURCIA)

Luis A. García Blánquez

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1995

EL CERRO DE LA FUENTE DEL MURTAL, ALHAMA DE MURCIA (1.ª CAMPAÑA 1991): POBLADO FORTIFICADO DEL PERIODO DE TRANSICIÓN BRONCE FINAL/HIERRO ANTIGUO EN EL EJE DE POBLAMIENTO SEGURA-GUADALENTÍN (MURCIA) LUIS A. GARCÍA BLÁNQUEZ

Resumen: Con motivo de la construcción de la presa de Algeciras, en Alhama de Murcia (MOPU), se han venido realizando diversos estudios con el fin de documentar arqueológicamente la totalidad del área afectada. Estos estudios han contemplado la prospección sistemática y la excavación arqueológica de aquellos sitios arqueológicos donde se prevé

una alteración directa por las obras constructivas. En este yacimiento se han documentado estructuras de fortificación del sector meridional del poblado formadas por largos paños de muralla defendidos con torreones de planta cuadrangular.

INTRODUCCIÓN

zos de muralla y bastiones cuadrangulares de gran entidad, dentro del cual diversas estructuras de habitación se organizan adosados al mismo. Dicho asentamiento podría datarse, en base a determinados elementos cerámicos y a las estructuras arquitectónicas documentadas, en un momento de transición situado entre el Bronce Final Reciente y el Hierro Antiguo. A pesar de ello, las dificultades que el registro arqueológico ofrece, nos induce a considerar inicialmente un marco cronológico más amplio, encuadrado entre los momentos finales de la Edad del Bronce y el comienzo de la Edad del Hierro. Dado el interés histórico-arqueológico del yacimiento, se propuso necesaria conservación del yacimiento y la continuidad de los trabajos de investigación en el mismo. Tras realizar diversos estudios de viabilidad técnica, atendiendo nuestra propuesta, don Francisco García Ortiz director facultativo de la presa, aprobó la modificación del proyecto con el fin de restaurar e integrar el poblado en el conjunto de la obra hidráulica.

La intervención arqueológica desarrollada en el Cerro de la Fuente del Murtal queda encuadrada dentro del Estudio de Evaluación de Impacto Arqueológico (EEIArq) realizado con motivo del proyecto de construcción de la denominada Presa de la Rambla de Algeciras, promovido por la Confederación Hidrográfica del Segura en el marco regional del Plan de Prevención Contra la Avenidas de dicha cuenca. Dicho estudio tuvo por finalidad, definir el catálogo de los bienes culturales de las zonas de intervención y, con posterioridad, evaluar la incidencia que la actividad constructiva pudiera tener sobre el patrimonio arqueológico documentado. La identificación de impactos arqueológicos de magnitud crítica en el sector meridional del Cerro de la Fuente del Murtal, tuvo como consecuencia la excavación de la zona afectada. La actuación realizada puso en evidencia lo que superficialmente se había detectado: un poblado fortificado dotado de un sistema defensivo integrado por grandes lien-

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EL CERRO DE LA FUENTE DEL MURTAL, ALHAMA DE MURCIA (1.ª CAMPAÑA 1991)

I ANTECEDENTES

A lo largo del mes de noviembre de 1990, se efectuó la prospección arqueológica sistemática sobre una superficie global de 330 Ha. Dado el inminente comienzo de las obras los trabajos de campo se iniciaron en las zonas que iban a ser ocupadas en primer lugar (presa, balsa de regulación, oficinas, laboratorios y demás instalaciones auxiliares). En una segunda fase la prospección se amplió al conjunto del vaso de inundación. Durante la prospección se constataron seis emplazamientos arqueológicos con evidencias superficiales de carácter arquitectónico y material, pertenecientes a distintos periodos culturales que van desde la Edad del Bronce hasta época medieval: Poblado del Cerro de la Fuente del Murtal, Poblado ibérico Cerro de la Fuente del Murtal, Villa romana del Murtal, Cerro de los Moros: poblado del Bronce y poblado/necrópolis islámico y poblado de la Edad del Bronce de la Rambla de Algeciras (GARCÍA-BAÑOS, 1990). De los yacimientos documentados, el Cerro de la Fuente del Murtal, y la estación prehistórica y el poblado islámico, localizados en el Cerro de los Moros, eran ya conocidos y estaban catalogados en la Carta Arqueológica de Murcia. A pesar de ello, se registraron en estos emplazamientos nuevos datos que permitieron delimitar su extensión, y localizar nuevas áreas de ocupación con estructuras arquitectónicas de gran entidad. Definido el catálogo de yacimientos arqueológicos situados en el área de implantación de la presa, y tras el análisis del proyecto (P.R.A., 1992), se procedió a la identificación de aquellas acciones modificadoras del suelo, que pudieran generar directa o indirectamente impactos negativos sobre las estaciones arqueológicas. Los agentes de impacto originados por la actividad constructiva y la posterior explotación de la presa causan alteraciones, sobre todo, en el medio físico: movimiento de tierras, instalación de infraestructuras y efectos inducidos. A partir de esta fase del proceso de EEIArq, se creó una matriz de doble entrada, del tipo causa-efecto, capaz de identificar, prevenir y comunicar los efectos del proyecto, para lo cual se cruzaron los agentes impactantes de la obra (MOPU, 1989) con los factores arqueológicos susceptibles de recibir impacto. Tras la identificación de impactos y un análisis previo adaptado al estudio arqueológico, se realizó una valoración de carácter cualitativo, de la que resultó afecciones de distinta magnitud.

Respecto de Cerro de la Fuente del Murtal, se consideró que las actuaciones que estaban previstas realizar sobre el sector meridional (construcción del aliviadero y del camino de acceso a la presa), iban a causar alteraciones permanentes, espacialmente localizadas, cuya magnitud de impacto alcanzaba valores críticos: pérdida permanente e irrecuperable de las condiciones previas a la ejecución del proyecto, ya que no admitían medidas correctoras para aminorar el efecto del mismo, salvo la modificación parcial del proyecto que contemplara un nuevo emplazamiento del aliviadero de la presa. Así pues, se elaboró un proyecto de intervención para documentar arqueológicamente el sector meridional del poblado, con los siguientes objetivos: localizar con exactitud, delimitar y valorar las estructuras arquitectónicas perimetrales detectadas en superficie, comprobar y documentar la existencia de estructuras arquitectónicas en el área central del sector meridional y extraer la secuencia estratigráfica del área perimetral y central del sector afectado. II PLANTEAMIENTOS GENERALES DE LA EXCAVACIÓN ARQUEOLÓGICA

El proyecto de investigación sobre el yacimiento se planteó en el marco del EEIArq., tras realizar la prospección sistemática de toda la zona que iba a ser afectada por la construcción de la Presa. Durante estos trabajos se advirtió que la construcción de la carretera de acceso a la presa y el aliviadero de la misma, destruirían la zona meridional del Cerro de la Fuente del Murtal. Por este motivo se elaboró un proyecto de intervención para documentar de forma exhaustiva este asentamiento, que prometía ser de un gran interés por la importancia de las estructuras observadas en superficie, si bien los elementos de cultura material eran prácticamente inexistentes y poco diagnósticos. La excavación arqueológica se desarrolló durante el mes de enero de 1991, con la inestimable participación de doña Consuelo Martínez Sánchez como ayudante de dirección y la colaboración un equipo de arqueólogos integrado por don Carlos García Cano, doña María Jesús Sánchez, don José Antonio Egea Sandoval y doña María Cano Gomariz. La delineación de la planimetría ha sido realizada por doña Inmaculada Ruiz Parra. En el yacimiento se observaron ciertos indicios, de carácter topográfico y arqueológico, que dieron lugar a la diferenciación clara de dos áreas distintas en la superficie del cerro. La que denominamos Área Central, corresponde a una zona

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Plano 1. Cabezo de la Fuente del Murtal. Topografía y plan general de excavación.

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EL CERRO DE LA FUENTE DEL MURTAL, ALHAMA DE MURCIA (1.ª CAMPAÑA 1991)

despejada de monte bajo, con suave pendiente que desciende de NE a SW. En superficie no se aprecian estructuras arquitectónicas y el material cerámico en muy escaso. El Área Perimetral es la zona situada en el borde de la cima, que sigue sin interrupciones la configuración topográfica del terreno. Tiene mayor altura que el resto de la planicie que configura el área central, excepto en el flanco SW donde se señala topográficamente menos. Al NE, un promontorio artificial, efecto de la sedimentación arqueológica, cruza transversalmente la cima delimitándolo hacia esa zona. Arqueológicamente se documentaron numerosas estructuras de carácter defensivo, tales como bastiones de planta cuadrangular y lienzos de muralla. Los elementos cerámicos son, también aquí, hallazgos aislados y esporádicos. Establecidas las áreas prioritarias de la intervención, la gran extensión de terreno a sondear, la limitación temporal para realizar los estudios y las características estructurales del yacimiento, hicieron necesario adoptar métodos diferentes para abordar la excavación de cada área. De una parte, era imprescindible un plano del conjunto de las estructuras arquitectónicas detectadas en el área perimetral, por lo que se trabajó en extensión y no en profundidad. De otra y teniendo en cuenta la amplitud del área central, se practicó un sistema de sondeos alineados, alternos y orientados, para confirmar si la zona presentaba o no restos arquitectónicos y niveles arqueológicos de ocupación. Por último, la consecución de la secuencia estratigráfica aconsejó efectuar determinados sondeos en profundidad, en aquellos puntos donde se considerara factible y conveniente, para extraer datos referentes a los momentos de ocupación del poblado, fases constructivas y cronología relativa. No obstante, al ser aceptado en el transcurso de la excavación el traslado del aliviadero a otra zona sin impacto arqueológico (P.R.A.,1992: 8), y teniendo en cuenta la expectativa de realizar nuevas campañas, algunos de los objetivos propuestos no se alcanzaron en su totalidad. Para ello se preparó, un sistema de referencias espaciales (Plano 1) basado en la instalación de ejes orientados cardinalmente y una retícula de localización de cinco metros de lado para situar en el plano los sondeos. Los ejes se dispusieron de tal modo que cruzaran de N a S y de E a W por el centro del sector, haciendo coincidir sus extremos con las zonas perimetrales amuralladas. Para su localización dentro de la retícula general se utilizó un sistema de coordenadas, en el que al eje de abcisas (E-W) se le asignaron letras ordenadas alfabéticamente y al eje de ordenadas (N-S) números, siem-

pre en orden creciente a partir del punto central «0». A los valores negativos de las coordenadas se les asignó la denominación prima (‘). Los sondeos del área central tienen unas dimensiones de 2,5 m de largo por 1 m de ancho y se situaron a lo largo de los ejes principales. Están dispuestos de tal forma que uno de sus lados mayores forma parte de los ejes. En el eje E-W se llevaron acabo 8 sondeos, comenzando por su extremo E, son: S1, S2, S3, S4, S5, S6’, S7 y S8’. En el eje N-S se realizaron 10 sondeos, comenzando por el extremo S, son: S9, S10, S11, S12, S13, S14, S15, S16, S17 y S18. Las unidades de excavación del área perimetral tienen una superficie total cada una de ellas de 25 m2, subdivididas a su vez en 4 sectores (I/IV). El área de actuación se dividió en tres zonas: I (SW), integrada por el bastión n.º 1, y los lienzos de muralla 1 y 2; II (S-SE), con el lienzo de muralla 3 y 4, y los bastiones n.º 2 y 3, y III (N), con estructuras arquitectónicas sin definir. Los trabajos se acometieron en las zonas mencionadas y la excavación se realizó en extensión, con el fin de tener conjuntos estructurales homogéneos. El total de cuadrículas excavadas es de 26, de dimensiones de 5x5 m. Atendiendo a la posición que ocupan en la intersección de los ejes principales, éstas son las siguientes: área I (SW): A 6’, A 7’(sector IV), A’5’, A’6’, A’7’, B6’, B’4’, B’5’, B’6’ y B’7’; área II (S-SE): A3, A4, A5, A’1 (Sectores III y IV), A’2, A’3, A’4, A’5, B’1, B’2, C’1, C’1’, D’1, D’1’, D’2’ (Sectores II y IV); área III (N): G17. III CERRO DE LA FUENTE DEL MURTAL

Localización y descripción

El poblado, ocupa al SW del manantial que dan nombre al paraje, la cima de un cerro amesetado situado en la margen derecha de la Rambla de Algeciras (subsidiaria del río Guadalentín), en el término municipal de Alhama de Murcia. Las coordenadas U.T.M. tomando como punto de referencia la zona de mayor altitud del yacimiento, son: X= 641.880, Y= 4.194.400 y Z= 295 m.s.n.m. (C.M.E., Hoja n.º 933, Alcantarilla. Esc. 1/50.000) Geográficamente, el paraje de La Fuente del Murtal, se ubica en la cuenca de Alhama de Murcia-Alcantarilla. Los materiales que ocupan el área de estudio pertenecen a formaciones neógenas y cuaternarias, depositadas tras el emplazamiento de la grandes unidades estructurales (M.G.E. Hoja n.º 933, Alcantarilla. Esc. 1/50.000) ). El cabezo se caracteriza por la existencia, al NW, SW y SE, de fallas tectó-

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nicas que aislan e individualizan sus materiales del resto de los ambientes geológicos circundantes. Así, en su constitución se distinguen margas gris-azulado en la base y calizas areniscosas más o menos organógenas, en la parte superior. Las formaciones cuaternarias se han distinguido únicamente en el lecho de la Rambla de Algeciras, constituido por aluviones actuales y recientes, derrubios y tierras vegetales. La cima, de forma alargada y estructura amesetada, se encuentra flanqueada al NW y al SE, por sendas cárcavas profundas de laderas abruptas. El extremo Suroccidental está limitado por una pequeña vaguada que da acceso a las cárcavas laterales y a los relieves más bajos de la Sierra de la Muela. La ladera NE, con inclinación fuerte al principio, y luego con un relieve suave en cuesta, desciende a la rambla de Algeciras, hasta alcanzar la ribera derecha del cauce. La documentación de la Carta Arqueológica de Murcia relativa a CFM (C.A.M., 1989), hacía referencia a la existencia de un poblado ibérico que ocupaba las laderas del extremo septentrional del cerro. En dicha zona, se constató la presencia de numerosas estructuras arquitectónicas y abundante material cerámico de filiación ibérica. Realizada la prospección sistemática e intensiva del cabezo en su conjunto, se distinguieron dos estaciones arqueológicas, localizadas en los extremos del promontorio, con elementos estructurales y materiales claramente diferenciados. El poblado ibérico ocupa el extremo Nordeste del cerro, donde se desarrolla un establecimiento que desciende hasta las terrazas altas de la rambla. En la cima una gran estructura tumular aterrazada, con una altura superior a los 4 m, preside una planicie que alberga una serie de muros que ofrecen el aspecto de grandes edificios de planta rectangular. En el flanco Norte de esta ladera, se conservan algunos tramos de muralla, y en el Sur, un posible torreón que conformarían en conjunto el sistema defensivo del poblado. En el resto de la ladera, muros de menor entidad, terrazas y material cerámico común, de almacenaje y pintado, caracterizan el yacimiento. En el extremo opuesto, vertiente Sudoeste, se halló un conjunto de estructuras que forman parte de un recinto fortificado objeto del presente estudio. Las estructuras defensivas están constituidas por amplios paños de muralla y tres bastiones de planta cuadrangular. En su entorno la presencia superficial de elementos materiales es prácticamente inexistente. Apenas se recogieron algunos fragmentos cerámicos de galbo, elaborados a mano y a torno, de difícil adscripción cultural.

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Entre ambos emplazamientos se conservan, inconexos, pequeños lienzos de muro que jalonan la vertiente Norte. En el resto de la cima no se constata, al menos superficialmente, ningún otro indicio. IV LA SEDIMENTACIÓN ARQUEOLÓGICA

Área I (SW)

Hemos tomando como modelo representativo la estratigrafía localizada en los cortes adyacentes A’5’(Lám. 1) y B’5’(Lám. 2). La sección comprende el tramo 2 de la muralla y los paquetes sedimentarios situados al interior y al exterior del asentamiento. Bajo una cubierta de tierra húmica (U.E. 1141) de potencia variable que afecta a la totalidad del área de excavación, se desarrolla un nivel integrado por las unidades estratigráficas correspondientes al derrumbe de las estructuras de fortificación. La unidad superior, distribuida de forma homogénea por la superficie de excavación, esta formada por un sedimento marrón claro y textura compacta que contiene abundante piedra de mediano tamaño. Tanto en el interior del recinto (U.E. 1142) como fuera de él (U.E. 1143), presenta una potencia variable que oscila entre 10 y 40 cm. Este subnivel está formado por el relleno que constituye la masa interna de la muralla (U.E 1144) que ha originado, al caer, una banda de unos 4 m de anchura que sella directamente las estructuras de habitación localizadas en esta zona (U.E. 1162 y 1132) y el subnivel inferior. Éste, igualmente distribuido en torno de la muralla ( U.E. 1151 y 1167), presenta un elevado volumen bloques de piedra de tamaño considerable y se origina, de modo similar, como consecuencia de la caída principalmente hacia el interior del asentamiento, de los paramentos de la muralla. En la unidad de excavación B6’(III), asociado a la cara externa de la muralla, se realizó el único sondeo que alcanzó suelo estéril (Lám. 3). La secuencia estratigráfica documentada presenta un primer estrato (1152) de tierra arcillosa compactada, de color marrón claro, que aparece inmediatamente debajo del derrumbe del relleno interno de la muralla hacia el exterior (U.E. 1143), localizado junto al perfil S y su potencia media es de 14 cm. La siguiente U.E. 1153 está formado por un sedimento de color amarillo intenso de textura suelta, con grava abundante donde se identifican fragmentos de pizarra y cuarzo; se encuentra en la totalidad del sector y presenta una potencia media de 20 cm. A continuación se identificó la unidad 1154, formada por sedimento marrón oscuro de textura suelta y fina; presenta inclinación acusada

EL CERRO DE LA FUENTE DEL MURTAL, ALHAMA DE MURCIA (1.ª CAMPAÑA 1991)

E-W siguiendo la pendiente natural del cerro y un espesor de tan sólo 3 cm. La U.E. 1155 se compone de grava mezclada con algunas piedras de 10 ó 12 cm. de diámetro, cementadas con una tierra muy fina de color blanquecino; su espesor es de unos 15 cm. La U.E. 1156, se caracteriza por un sedimento muy compacto de color marrón oscuro y con algunas piedras de pequeño tamaño; presenta aproximadamente unos 12 cm. de espesor, es muy homogéneo y queda bien diferenciado de forma lineal con respecto al posterior (U.E. 1155) y al anterior (U.E. 1157). Unas características especiales presenta la U.E. 1157, pues parece corresponder a una disolución arcillosa de color amarillento que aparece entre las juntas de las piedras que forman el paramento externo de la muralla, formando un enlucido que recubre dicho paramento. Este estrato vertical, adopta una disposición horizontal siguiendo la pendiente natural del terreno, cuando alcanza la cota de los primeros bloques de piedra de fundación de la muralla. Finalmente se documentaron las unidades sedimentarias 1158 y 1163, de color marrón oscuro y textura compacta que aparecen por debajo de la primera hilada de piedra de la muralla y también debajo de la disolución del revoque externo de la misma (U.E. 1157). Se trata de un nivel natural, posiblemente alterado en parte para la construcción de la muralla, que asienta directamente sobre él. No se ha observado una posible fosa de fundación. Área II (S-SE)

La excavación ha permitido constatar una deposición estratigráfica caracterizada por su homogeneidad. La secuencia obtenida, representada gráficamente en la sección n.º 1 (A’1-B’2) (Lám. 4), se puede sintetizar en tres zonas de estratificación. La primera de ellas, agrupa la sedimentación depositada en el interior del recinto; se caracterizada por los niveles de derrumbe correspondientes a las estructuras de fortificación y de habitación, tras los cuales se formó la capa de humus actual (U.E.1193), presente en toda el área estudiada y de escasa potencia (5-15 cm). Una segunda zona corresponde a la sedimentación arqueológica extramuros; está formada por estratos buzantes cuya orientación viene condicionada por la acusada pendiente del terreno. Y finalmente, la tercera secuencia es la obtenida en la excavación practicada en el espacio intermedio de la muralla (U.E. 1445). A) Área intramuros y sobre estructuras de fortificación. La secuencia sedimentaria registrada en este sector es semejante al nivel de derrumbe de las estructuras defensivas

localizado en el área I. De nuevo, bajo un estrato de tierra húmica (U.E. 1193), que en ocasiones deja al descubierto los restos arquitectónicos, se aprecian los dos subniveles relacionados con el proceso de destrucción de los tramos 3 y 4 de la muralla y los bastiones 2 y 3. La unidad sedimentaria 1194, procedente del núcleo interno que maciza los paños defensivos, está formada por tierra de composición orgánica de color marrón oscuro mezclada con ripio. Su espesor oscila entre los 10 y 20 cm. Debajo y en las unidades de excavación A’1, A’2 y B’1, se localiza un sedimento arcilloso de tonos amarillentos que contiene abundante piedra de tamaño medio (20-40 cm) (U.E. 1195), cuya formación probablemente se debe al desplome del forro pétreo que protege las caras de la muralla. B) Extramuros. En la zona externa del área II, los aterrazamientos para la reforestación de la vertiente SE del cerro han ocasionado la destrucción parcial de las fortificaciones, como ha sucedido con el paño de muralla que discurriría desde el bastión 3 hacia el NE. Por esta razón, los trabajos se orientaron hacia delimitación y limpieza superficial del contorno del sistema defensivo, documentándose un estrato de tierra arenosa de color marrón claro-amarillento y textura compacta (U.E.1420) que, de modo más o menos uniforme, cubre distintas unidades de sedimentarias (1426, 1427, 1433, 1441 y 1443), formadas por pequeños derrumbes cuya diferenciación obedece a su localización y a las alteraciones antrópicas. Por el contrario, la unidad 1440, documentada en los sectores II y III-IV de las cuadrículas A’3 y A’4, respectivamente, con un grosor aproximado de 5 a 10 cm, en el sector II de la cuadrícula A`3, parece corresponder por sus características y localización, a la disolución del revoque de las caras externas de la muralla y refuerzos del bastión. C) Zona intermedia (U.E.1445). Se trata del espacio alargado que separa los muros que constituyen el tramo 4 de la muralla. En la excavación parcial de este espacio en la cuadrícula B’2, se registró una secuencia formada por un sedimento arenoso de color marrón, de textura fina y compacta (U.E. 1418), que se asienta directamente sobre las unidades l421, 1424 (rezarpa) y 1425. La primera, se compone de sedimentos arcillo-arenosos color marrón oscuro de textura compacta y piedra menuda. Se localiza al N, no supera el metro de longitud y rellena el reducido espacio que queda entre la rezarpa y el muro externo de la muralla. Hacia el Sur y en contacto directo con 1418, encontramos un estrato arenoso grisáceo de textura

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Plano 2. Cabezo de la Fuente del Murtal. Unidades estratigráficas de las estructuras de fortificación y habitación.

suelta (U.E. 1425). El escaso espacio de excavación impidió alcanzar la base de la muralla.

por un sedimento amarillento de textura compacta que contiene piedras de pequeño tamaño (10-15 cm). Este derrumbe, aunque no fue excavado, creemos que se relaciona con las unidades similares 1376 y 1377, documentadas en el S-17, donde también aparecen selladas por un sedimento compacto y homogéneo (U.E.1374). En el sondeo 17, el registro material ofrece un volumen muy superior a cualquier otra zona del asentamiento. La unidad 1374, aporta elementos cerámicos fabricados a mano con superficie cuidada y otros de acabado tosco de pasta clara. Completan el registro las cerámicas a torno sin tratamiento de la superficie y los fragmentos de adobe que presentan las caras externas quemadas. El posible derrumbe (U.E. 1376) ofrece, junto a numerosos trozos de adobe, exclusivamente elementos cerámicos de superficie tosca fabricados a mano. Por debajo de las unidades anteriores, en un pequeño espacio situado entre los niveles de derrumbe (U.E. 1376 y 1377), se registró la secuencia estratigráfica hasta la roca de base. Está formada por un nivel (U.E. 1375) de disolución de barro blanco-amarillento. Esta capa, identificada sólo en el sondeo 17, tiene un espesor de 15 cm y sella las unidades estratigráficas inferiores. La otra unidad estratigráfica identificada (1378), presenta un sedimento compacto y duro, de color pardo oscuro, de 35 cm de potencia. Este nivel se distribuye, aparentemente, por debajo de las unidades 1376 y 1377, y se asienta directamente sobre la roca de base (U.E. 1002), aporta algunos trozos irregulares de revoque de adobe quemado.

Área III (N)

Consideramos que la secuencia estratigráfica documentada en el sondeo 17 y cuadrícula G1, refleja una posible zona de habitación no asociada a las estructuras de fortificación, como se ha constatado hasta el momento en otras áreas del asentamiento. No obstante, el trazado de los paños defensivos en este sector del asentamiento no ha sido localizados, por lo que se no descarta una organización semejante. Tras comprobar el interés del registro arqueológico obtenido en el sondeo 17, y a pesar de situarse fuera del área de afección, se planteó la necesidad de ampliar la zona de excavación en G1. Así pues, se documentaron parcialmente varias unidades sedimentarias inclinadas hacia el W, en cuyo sentido disminuye su espesor. Como sucede en el S-17, bajo un manto húmico (U.E. 1373), se acumula un nivel formado por un sedimento homogéneo arcilloso, de color marrón claro y textura compacta (U.E. 1374) de unos 40 cm de espesor. Este cubre, a su vez, un derrumbe (U.E. 1380) formado

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Área central

Los sondeos lineales practicados en el área central del yacimiento presentan dos tipos de estratificación diferente, en función de su localización, del desarrollo arquitectónico de cada zona del asentamiento y su proceso de abandono y destrucción. Las catas realizadas, coincidentes con el área perimetral (S-8, 9, 16, 17 y 18), se registra el mismo sistema deposicional que el documentado en las estructuras de fortificación. Por el contrario, la zona central (S-1, 2, 3, 4, 5, 10, 11, 12, 13, 14 y 15), presenta una estratigrafía similar y homogénea, afectada en gran medida por los procesos naturales de erosión y sedimentación. En la zona central la secuencia estratigráfica está integrada básicamente por una capa de humus (U.E. 1000), un sedimento marrón claro, en proceso de humificación, con algunas piedras de tamaño mediano y pequeño y un espesor que oscila entre 3 y 25 cm. y, finalmente, la roca de base

EL CERRO DE LA FUENTE DEL MURTAL, ALHAMA DE MURCIA (1.ª CAMPAÑA 1991)

Plano 3. Cabezo de la Fuente del Murtal. Planta general de las estructuras de fortificación y habitación.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

(U.E. 1002) constituida por caliza areniscosa de color blancoamarillento, de escasa consistencia, cuya superficie se encuentra muy alterada y fragmentada por la acción de agentes erosivos En la zona perimetral, sondeos 6, 7 y 8, la estratificación ofrece un registro que interpretamos como una probable área de habitación. En ella, las unidades estratigráficas identificadas están directamente relacionadas con las estructuras arquitectónicas, localizadas en el área perimetral y su mecanismo de destrucción. Al mismo tiempo, el material arqueológico recuperado (cerámica y numerosos fragmento de adobe) apoyan esta hipótesis. En el sondeo 8, debajo del nivel de humus se documenta un muro (U.E. 1132) de 115 cm de anchura y orientación NESW. Está situado paralelo al tramo 1 de la muralla, por lo que se interpreta como estructura arquitectónica de carácter no defensivo. Sus caras están construidas con dos paramentos de piedra careada con un relleno de ripios menudos cogidos con barro arcilloso marrón claro-amarillento. A la misma cota se localiza el estrato de desmoronamiento del muro (U.E. 1133). Los sondeos 6 y 7 presentan debajo del nivel superficial un sedimento de color marrón claro-gris compacto con piedra de tamaño mediano. En S-6 este sedimento (U.E. 1112) contiene una bolsada de adobe (1113) de colores rojo y gris que rellenan una oquedad de la roca de base. Este mismo nivel, en S-7 (U.E. 1122) se muestra más compacto y ofrece un registro cerámico que comprende elementos fabricados a mano, con producciones de superficie cuidada y tosca, y a torno, sin tratamiento superficial y un grupo de pasta gris. En los sondeos 9, 16 y 18, se documentan inmediatamente debajo del manto de tierra vegetal, las unidades 1194, 1364 y 1384, que corresponden, respectivamente, a los niveles de derrumbe del relleno interno de muros y muralla compuestos por numerosos ripios de pequeño tamaño y el sedimento arcilloso que los traba; su potencia media es reducida, oscilando entre los 10 y 15 cm. Debajo se constata un sedimento compacto de tierra de color marrón claro (U.E. 1195, 1365 y 1385), mezclado con algunas piedras de pequeño tamaño. Finalmente aparece la roca caliza de base, cuya disposición y apariencia es muy variable según la localización y los efectos de la erosión. V LAS ESTRUCTURAS ARQUITECTÓNICAS

El conjunto de las estructuras arquitectónicas documentadas son, esencialmente, de carácter defensivo. Constituyen

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un recinto fortificado protegido por una muralla de grandes dimensiones en la que se insertan tres bastiones situados en lugares estratégicos. En el interior, adosado a la cara interna del sistema defensivo, se distribuyen perimetralmente algunos muros de menor entidad que delimitan pequeños espacios de difícil interpretación, aunque inicialmente atribuimos a zonas de habitación (Planos 2 y 3). Las fortificaciones: muralla y bastiones

En el área I-SW del sector meridional del asentamiento, se delimitaron dos tramos de muralla (U.E 1144), de 3,30 m. de y longitud en el Tramo 1 con orientación NE-SW, y 8 m. en el Tramo 2 orientado de NW a SE, y 2,5 m. de anchura. Ambos lienzos convergen en el bastión 1, de unos 49 m2 de superficie, delimitando una zona del recinto bien defendida, dada la accesibilidad al asentamiento por este sector (Plano 5). La muralla presenta dos paramentos bien definidos que configuran una cara externa y otra interna. El aparejo de piedra caliza, forma hiladas regulares calzadas con numerosas cuñas de piedra de menor tamaño. Entre ambos paramentos hay un relleno de piedra pequeña y tierra limosa, dispuesto entre muros transversales de refuerzo que unen ambos paramentos, para dar así mayor consistencia a la muralla. En la unidad de registro B6’(III), se constató que la muralla, en esta zona, fue construida directamente sobre un nivel natural de tierra, sin fosa de fundación apreciable, pero con piedra de mayor grosor en las hiladas inferiores y trabadas, todas ellas, presumiblemente con una mezcla arcillosa de color amarillo, que además se empleó como revoque del paramento externo. En el área II (S-SE) se documentaron los tramos 3 y 4 de la muralla (Plano 6). El primero forma con el tramo 2 un paño continuo entre los bastiones 2 y 3, salvo que algún tipo de acceso interrumpa el lienzo. El tramo 4, situado entre los bastiones 2 y 3 y orientación NE-SW, tiene 16 m de longitud y 2,5 de anchura. Este paño de muralla, consta de dos muros diferenciados, uno interior (U.E. 1422) y otro exterior (U.E. 1423), separados por una zona intermedia rellena de tierra apisonada (U.E. 1445). Ambos paramentos presentan idénticas características constructivas; piedras careadas de mayor tamaño al exterior, dispuestas en hiladas, y un relleno de piedra pequeña con tierra, al interior. La anchura de ambos muros es diferente, siendo el interno de 80 cm, mientras que el externo es de 1,40 m. El espacio que separa los dos muros que constituyen el tramo 4 de la muralla, tiene una longitud de 11,5 m y una

EL CERRO DE LA FUENTE DEL MURTAL, ALHAMA DE MURCIA (1.ª CAMPAÑA 1991)

Plano 4. Cabezo de la Fuente del Murtal. Reconstrucción parcial de las estructuras de fortificación y habitación.

anchura media de 30/40 cm. En su interior se ha localizado, bajo el muro interno de la muralla, un rebanco o rezarpa (U.E. 1424). Está formado por un murete de 3,5 m de longitud aparente, cuya anchura, de Norte a Sur oscila entre 45 y 15 cm aproximadamente. Otra característica constructiva la constituyen las denominados muros transversales que afectan a todo el grosor de la muralla. Su función sería la de reforzar y dotar de mayor consistencia las estructuras murales de fortificación. Dicha técnica se documenta tanto en el tramo 2 (A’5’) (?) de muralla junto al bastión 1, como en tramo próximo al bastión n.º 2 (cuadrículas B`1 y C`1). Viene definido por un muro practicado de forma transversal a la muralla, (2,50 m de longitud), confeccionado con piedras de 50 cm de anchura que constituyen las caras de dicho refuerzo, las cuales delimitan un espacio relleno de piedra y tierra. En la unión del tramo 4 de muralla con el bastión n.º 3 (cuadrícula A3), se documenta otra estructura de características similares a la anterior, aunque su función está asociada, en este caso, al refuerzo de la conexión de la muralla con el bastión. De igual forma está definida por dos alineaciones paralelas de piedra que cortan de forma transversal los tra-

mos externo e interno de la muralla, conformando así un espacio rectangular cerrado de 50 cm de anchura y 100 cm de longitud. El bastión n.º 1 (U.E. 1145), está situado en el ángulo SW del recinto defensivo, es de planta cuadrangular y se encuentra trabado, sin solución de continuidad, a la muralla por su lado NW, mientras que su lado SE, se adosa directamente a ella. El interior se ve colmatado por un relleno de mampuesto y tierra. Dos lados del bastión están reforzados por la cara externa de los tramos 1 y 2 de la muralla. Los flancos SW y SE están reforzados con un muro de mampostería, de 1 m de anchura, dispuesto en talud (U.E 1146) y adosado exteriormente al bastión. En conjunto, la construcción del bastión tendría una doble finalidad: el refuerzo arquitectónico de las estructuras y la defensiva. Las dimensiones de sus frentes son: NW, 7,45 m; SW, 7 m; SE, 5,30 m. El bastión n.º 2 (U.E. 1432), se localiza en la ladera Sur, creando junto con el bastión n.º 1 un frente defensivo, que controla una pendiente de fácil acceso. Presenta planta cuadrangular y tres flancos claramente definidos, con las siguientes dimensiones: E, 7,10 m; S, 7,70 m y W, con una longitud parcial de 4,90 m. La técnica constructiva empleada, apreciable en sus caras externas, se caracteriza por la utilización de un aparejo de hiladas de piedra encarada de diverso tamaño, con bloques de gran tamaño reforzando las esquinas. Desconocemos la técnica empleada en el cuerpo interno del bastión, debido a la presencia de un potente derrumbe (U.E. 1444) que cubre la superficie del mismo; motivo que impide documentar la unión del bastión con la muralla, a excepción de su frente E donde la muralla se inserta en el mismo. El bastión n.º 3 (U.E. 1437), es de planta cuadrangular situado en la ladera E, controlando de esta manera el acceso por la misma. Presenta tres flancos claramente definidos, con las siguientes dimensiones: NE, 6 m; SE, 5,20 m y el SW, 5,45 m. La técnica constructiva se caracteriza, de igual forma, por el empleo en sus caras externas de hiladas de piedra encaradas de diferentes tamaños, predominando las de mayor tamaño en su lado SE. Como particularidad, presenta paramentos exteriores de refuerzo (U.E. 1439) en sus tres frentes. Éstos están formados por muros adosados de 80-90 cm de anchura. Estos refuerzos que envuelven el bastión, no se conservan en su totalidad, pues en el flanco SW solo quedan dos tramos, uno en la unión muralla-bastión y otro en la esquina Sureste del mismo, conservando respectivamente

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Plano 5. Cabezo de la Fuente del Murtal. Planta de estructuras de fortificación y habitación. Área I (SW).

una longitud de 1,20 y 1,90 m. En el frente NE, el refuerzo se presenta en toda su longitud, habiéndose perdido solo en la unión con la muralla. Otra rasgo que define al acabado constructivo de muralla y de los bastiones es la posible existencia de un revoque (U.E. 1440), formado por tierra color amarillenta, de textura compacta, que cubriría las caras externas de los mismos. El hábitat

Como se ha señalado anteriormente, en el interior del recinto fortificado se documentan algunas estructuras, si bien su funcionalidad específica queda indeterminada, debido al carácter parcial de registro arqueológico. Aunque en ningún punto se alcanzó, bajo los niveles de derrumbe, los posibles suelos de habitación existentes, se ha constatado que el espacio interior adosado a la muralla puede configurar la zona de habitación mejor conservada del asentamiento. A pesar de ello, los sondeos practicados en el área central ponen de manifiesto la existencia de niveles de ocupación, aunque muy erosionados.

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En el área I (SW) (Plano 5), las probables estructuras de habitación se localizan en el sondeo n.º 8, con niveles de ocupación en S-6 y 7, y en la cuadrícula A’5’. La primera, corresponde a un muro de mampostería de 115 cm de anchura, paralelo a la muralla, fabricado con piedra careada al exterior y relleno de ripio cogido con barro en la parte central. En A’5’ se registra un muro (U.E. 1162), paralelo al lienzo de muralla y a 2,60 m. de ella, del que parte otro perpendicular en dirección NE. Su anchura es de 55 cm. y, hasta la profundidad alcanzada, conserva un alzado de 40 cm. de altura compuesto por dos hiladas de un aparejo de piedra caliza. En el área II (S-SE) los espacios de habitación se materializan en la presencia de cuatro estructuras arquitectónicas: tres de ellas perpendiculares a la muralla y adosadas a la misma (1430, 1419 y 1429), y una cuarta paralela (1436). Todas ellas, hasta el momento, parecen corresponder a una misma fase constructiva (Plano 6). Técnicamente los muros están confeccionados a base de piedra, con cara al exterior, trabada con barro. La descripción de dichas estructuras es la siguiente:

EL CERRO DE LA FUENTE DEL MURTAL, ALHAMA DE MURCIA (1.ª CAMPAÑA 1991)

Plano 6. Cabezo de la Fuente del Murtal. Planta de estructuras de fortificación y habitación. Área II (S-SE)

La U.E. 1430 es un muro orientado NE-SW, de 70 cm de anchura y 1,30 m de longitud conservada. Documentado en la cuadrícula C’1’. El espacio de habitación mejor definido está integrado por dos muros paralelos, con una separación entre ambos de 3,3 m, adosados perpendicularmente a la muralla. El muro septentrional (U.E.1419), tiene orientación NW-SE y una anchura de 60 cm, conservando una longitud de 1,5 m. El muro situado al SW (U.E. 1429), presenta idénticas características. El muro (U.E. 1436) documentado en la cuadrícula A3, cuya continuación se aprecia en superficie en la cuadrícula B3, presenta paralelo a la muralla, con una separación 70 cm. Está fabricado con piedra de tamaño comprendido entre 3050 cm y conserva una longitud de 60 cm. El área III (N), está constituido por un montículo, probablemente producto de la sedimentación arqueológica, que delimita hacia el Norte el asentamiento. Superficialmente se documentaron algunas alineaciones de piedra formando, aparentemente, un gran edificio de planta rectangular. Aun-

que no se realizaron excavaciones en este sector presentamos, a nivel de croquis, su posible reconstrucción (Plano 4). Otros elementos que debieron formar parte de las estructuras arquitectónicas son los fragmentos de barro endurecido, de los que han sido registrados un total de 32. La diversidad de las formas que adoptan deben de estar relacionadas con la ubicación específica de los mismos dentro de la estructura de las viviendas, de las que hasta ahora pocos son los datos que ha ofrecido el registro arqueológico. Unos presentan formas bien definidas, generalmente planas y de sección más o menos rectangular, con un grosor homogéneo de unos 15 a 20 mm., de tonalidades marrones anaranjados y un grueso núcleo central gris oscuro, pudiendo ser identificados con fragmentos de adobe. Otros, de reducido tamaño y mucho más fragmentados, suelen presentar un cara de color marrón y otra de tonalidad gris oscuro, con un grosor aproximado de uno 58 mm. Finalmente, encontramos otros fragmentos de forma irregular, semejante a pellas de barro, de tonalidad marrón anaranjado.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Tabla 1. Inventario del registro material.

La mayor parte de ellos fueron registrados en los sondeos centrales del yacimiento (S-17 U.E. 1374 y 1376; S-7 U.E. 1121 y 1122; y S-6 U.E. 1113), mientras que sólo dos fragmentos fueron localizados en el área perimetral del poblado y asociados a las estructuras defensivas (B6’ U.E. 1141 y B’2 U.E. 1418). Por lo tanto, la mayor parte de estos fragmentos de barro endurecido deben de estar asociados a las estructuras domésticas del poblado, formando parte de los enlucidos de las paredes de tapial, de los suelos de habitación, o de los entramados que formarían las techumbres. VI CULTURA MATERIAL. ANÁLISIS DE LOS MATERIALES CERÁMICOS

El registro arqueológico del Cerro de la Fuente del Murtal no ha aportado una cultura material diversificada, ya que únicamente se ha documentado material cerámico, si exceptuamos los fragmentos de adobe asociados a las técnicas constructivas y a los que ya se ha hecho referencia en relación con las estructuras del asentamiento (ver tabla 1).

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El primer rasgo a destacar es la escasez de material registrado durante el proceso de excavación, pues únicamente se ha constatado la presencia de 373 fragmentos de cerámica, de los que la mayor parte son fragmentos de pared (88,74%), mientras que los elementos que podrían corresponder a partes significativas de las vasijas, como bordes (10,72%), cuellos (0,27%) o bases (0,27%), apenas tienen representación. A la escasa significatividad de las partes de los recipientes conservados, hemos de añadir el índice elevado de fragmentación de las piezas y un alto grado de erosión que han sufrido gran parte de los elementos registrados. Por estos motivos, la mayor parte de la información sobre la producción cerámica la aporta el estudio de su proceso de fabricación, en el que se ha podido observar fundamentalmente su ejecución a mano o a torno; las características de las pastas, con rasgos como su composición, tonalidad, atmósfera de cocción, textura, tipo de desgrasante, al tiempo que también se hace referencia a su tamaño y proporción; y finalmente, el tratamiento de las superficies o acabado de la pieza y las técnicas decorativas empleadas. No obstante, hemos de señalar que algunos de estos rasgos, como la atmósfera de cocción o los tipos de desgrasante, sólo tienen un valor aproximativo, ya que han sido estudiados a nivel macroscópico, sin una identificación analítica. Por lo que respecta a la tipología de las formas que podrían caracterizar a los recipientes cerámicos de este asentamiento, hemos de señalar, como ya hemos mencionado anteriormente, que nos hemos encontrado con serias dificultades, debido principalmente a la escasez de partes significativas de las vasijas y al reducido tamaño de los fragmentos identificados, especialmente en las producciones a torno. Esto implica unas limitaciones importantes para poder extraer conclusiones de tipo evolutivo, cronológico, social y económico. Dentro del análisis del material cerámico hemos de señalar en primer lugar, y como rasgo diagnóstico de la caracterización cultural de este asentamiento, que la mayoría de los fragmentos identificados corresponden a cerámicas a mano (80,70%), mientras que las cerámicas a torno alcanzan valores bastante inferiores (19,30%). Por otra parte, nos parece también de gran significatividad, la identificación de varios grupos cerámicos con características específicas que los diferencian, tanto en las producciones a mano, como en las realizadas a torno. Estos grupos presentan valores porcentuales diferenciados dentro de la producción cerámica general del asentamiento, destacando en primer lugar las cerámicas a

EL CERRO DE LA FUENTE DEL MURTAL, ALHAMA DE MURCIA (1.ª CAMPAÑA 1991)

Lámina 1. Cabezo de la Fuente del Murtal. Perfil estratigráfico interior del recinto defensivo. Cuadrícula A’5’.

mano con superficies toscas o sin tratamiento (75,07%) y en segundo lugar, con índices porcentuales muy inferiores, las cerámicas a torno sin tratamiento superficial (16,62%). Los demás grupos identificados presentan valores notablemente inferiores, como es el caso de las cerámicas a mano con superficies cuidadas (5,63%) o las cerámicas a torno gris (2,41%), mientras que las cerámicas a torno con «barniz rojo o engobe rojo» en superficie (0,27%), apenas tienen representación. Estos grupos cerámicos presentan semejanzas con los grupos II, III, IV y VIII identificados por Ros Sala (1989: 200205) en el análisis de los materiales cerámicos del Castellar. No obstante, también existen ciertas peculiaridades que señalaremos en el análisis detallado del material cerámico del Cerro de la Fuente del Murtal. Dentro de las cerámicas a mano se han identificado dos grupos bien diferenciados, destacando notablemente por el alto porcentaje que representan las cerámicas con superficies toscas o sin tratamiento (93,02%); mientras que las cerámicas con superficies cuidadas (6,98%) tiene un valor bastante

menos representativo, pero por el contrario, representan un grupo muy peculiar, diferenciado en todas sus características del anterior y no únicamente en el tratamiento final de las superficies, y del que hablaremos más adelante. La mayor parte de los fragmentos de cerámica con superficies toscas o sin tratamiento corresponden a las paredes de las vasijas (86,78%), los bordes presentan valores muy inferiores (12,86%), aún así es el grupo cerámico en el que mejor están representados, y finalmente, los fragmentos de base (0,36%) apenas tienen representación, pero también ha sido el único grupo en el que ha sido identificado esta zona de los recipientes. El reducido tamaño de los fragmentos conservados dificulta su clasificación e impide identificar las formas y tipos concretos de las vasijas a las que pertenecieron. No obstante, podemos señalar que los bordes presentan labios mayoritariamente apuntados o redondeados, y en una proporción inferior planos o semiplanos, que corresponden generalmente a vasijas con perfiles entrantes o cerrados, en ocasiones salientes o abiertos, y en algún caso recto. En cuanto a

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Lámina 2. Cabezo de la Fuente del Murtal. Perfil estratigráfico exterior del recinto defensivo. Cuadrícula B’5’.

los elementos de prensión y suspensión, únicamente se ha identificado un mamelón alargado con un tratamiento muy tosco. Los fragmentos de pared presentan generalmente perfiles convexos o rectos y la única base identificada es plana. Aunque los datos que tenemos sobre la tipología de las formas de este grupo cerámico es muy parcial, creemos que existen ciertas semejanzas con algunas de las variantes establecidas por Ros Sala para El Castellar. Algunos fragmentos podrían identificarse con la variante que recoge las tradiciones de los cuencos abiertos (II.E.1/2), aunque en nuestro caso no están decorados; mientras que otros presentan ciertas semejanzas con la variante que agrupa a las orzas y ollas grandes cerradas (II.F.1), o con la variante de orzas y ollas pequeñas con borde de paredes rectas (II.F.5) (Ros Sala, 1989:239,241 y 242). En cuanto a las técnicas decorativas, hemos de señalar que sólo en una ocasión está representada la impresión mediante ungulaciones en el labio de la vasija, la decoración a la almagra en la superficie interna de otro fragmento, y finalmente, la incisión, con un motivo de líneas incisas paralelas, desarrollándose en el espacio intermedio de dos de estas líneas un motivo en serie de pequeñas incisiones, de forma más o menos triangular, realizadas con un instrumento apuntado. Este grupo cerámico suele presentar pastas monocromas de tonalidades marrón claro, cocidas en atmósferas oxidantes, con textura arenosa o desgranable y en alguna ocasión más compactada y desgrasantes gruesos y abundantes. El tratamiento final de las superficies está realizado mediante alisados toscos, en alguna ocasión presentan alisados con

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una calidad media, pero generalmente suelen presentar superficies toscas o sin tratamiento. El segundo grupo cerámico identificado dentro de las cerámicas a mano es el que presenta superficies cuidadas (6,98%), alcanzando valores porcentuales muy inferiores en relación con el grupo anteriormente señalado. En cuanto a la morfología de los fragmentos registrados, también predominan mayoritariamente los que corresponden a las paredes de las vasijas (85,71%), mientras que los fragmentos de borde (14,29%) tienen una escasa representación. En los casos que han podido ser analizados, los bordes presentan labios apuntados y perfiles reentrantes y exvasados. En el primer caso, posiblemente se trate de pequeños cuencos que en una ocasión presenta un pequeño mamelón alargado vertical muy próximo al borde de la vasija, y que dadas sus dimensiones debió de tener un carácter decorativo. En la mayor parte de los casos las pastas presentan nervio de cocción, identificándose una núcleo central gris oscuro y superficies de tonalidades rojizas o marrón oscuro; o en ocasiones presentan pastas bícromas de tonalidades negro-gris oscuro y rojizas, cocidas en atmósferas alternantes (oxidante/reductora). Otros rasgos comunes son la textura compactada y la presencia de desgrasante micaceo de tamaño muy fino, fino y en ocasiones medio, y el cuidado puesto en el tratamiento final de las superficies, que generalmente son bruñidas, espatuladas, o presentan alisados finos y sólo en ocasiones de calidad media. Este grupo cerámico, aunque con una escasa representación en cuanto al número de fragmentos que además son de muy reducido tamaño, presenta aspectos relacionados con la

EL CERRO DE LA FUENTE DEL MURTAL, ALHAMA DE MURCIA (1.ª CAMPAÑA 1991)

Lámina 3. Cabezo de la Fuente del Murtal. Perfil estratigráfico exterior del recinto defensivo. Cuadrícula B&’, sector III.

fabricación y con la tipología de las formas que señalan ciertos rasgos de continuidad con materiales cerámicos del substrato argárico. En cuanto a las cerámicas a torno, se han podido distinguir tres grupos, de los que el más representativo en cuanto a numero de fragmentos es el que no presenta ningún tipo de tratamiento superficial (86,11%), mientras que las cerámicas a torno gris (12,50%) alcanza valores muy inferiores, y finalmente, las cerámicas a torno de «barniz rojo o engobe rojo» (1,39%), con tan solo un fragmento, apenas están representadas. Dentro del primer grupo, la mayor parte de los fragmentos registrados son paredes (96,77%) que no permiten su identificación con ningún tipo determinado, presentando perfiles convexos, rectos y en una ocasión carenado. Únicamente se ha documentado un fragmento de borde que apenas conserva el arranque de la pared, y que presenta ciertas semejanzas con la variante (VIII.P.5) de Ros Sala (1989:286) que recoge las ánforas con bordes o labios simples de perfiles rectos o cóncavos al exterior. Las pastas son generalmente monocromas de tonalidades anaranjadas, rojizas o marrón claro, cocidas en atmósferas

oxidantes, y sólo en alguna ocasión presentan pastas bícromas de tonalidades grises y marrón claro, cocidas posiblemente en atmósferas alternantes (oxidante/reductora). Otros rasgos comunes son la textura compacta y los desgrasantes abundantes de origen micaceo y calizo de tamaño medio, grueso y en ocasiones fino, mientras que las superficies presentan generalmente alisados medios, toscos y en ocasiones finos. El segundo grupo, el de las cerámicas a torno grises, esta formado en su totalidad por fragmentos de pared de perfiles convexos y rectos, por lo que no se ha podido identificar ninguna forma o tipo concreto. Las pastas son monocromas de tonalidades grises, cocidas en atmósferas reductoras, de textura compacta y desgrasantes micaceos de tamaño fino. En el tratamiento final de las superficies se observan alisados finos y en otras ocasiones de calidad media. Finalmente, el tercer grupo dentro de las producciones a torno, estaría representado por las cerámicas de «barniz rojo o engobe rojo» en superficie, de las que únicamente se ha registrado un fragmento de perfil recto que quizás pueda corresponder a un plato. Presenta una pasta monocroma de tonalidad marrón, cocida en atmósfera oxidante, de textura compacto-harinosa y desgrasante calizo de tamaño fino pero abundante. El barniz o engobe rojo, escasamente conservado, afecta a la superficie interna del fragmento, y presenta una tonalidad rojo amarronado. VII CONSIDERACIONES FINALES

Si bien somos conscientes que en el marco de una actuación temporalmente reducía y con unos objetivos orientados hacia la documentación arqueológica, valoración y salvamento del yacimiento que nos ocupa, puede resultar prematuro ofrecer datos concluyentes, no por ello queremos dejar de avanzar a modo de síntesis una serie de hipótesis obtenidas del registro estratigráfico, material y estructural del poblado del Cerro de la Fuente del Murtal. El registro arqueológico pone de manifiesto que no encontramos ante un asentamiento de sumo interés científico para el conocimiento de un periodo cultural de transición que podemos encuadrar entre los momentos finales de la Edad del Bronce y el comienzo de la Edad del Hierro. La entidad cultural del Bronce Final mejor definida de la región de Murcia está constituida por el eje de poblamiento prelitoral denominado Segura-Guadalentín (ROS SALA, 1989:44-ss). En ella se agrupan una serie de emplazamientos

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Lámina 4. Cabezo de la Fuente del Murtal. Sección estratigráfica tramo 4 de la muralla (A’1-b’2).

que jalonan esta vía desde Lorca (Cerro del Castillo), a través de Totana (grupo poblacional de La Bastida, Las Anchuras y Las Cabezuelas), Alhama (Castillo de Alhama), Librilla (El Castellar) y Alcantarilla (Cabezo de la Rueda), hasta su confluencia con el Segura donde se desarrolla el complejo arqueológico de Verdolay, en comunicación con otra serie de emplazamientos localizados en Santomera (Cobatillas) y la provincia alicantina. En este contexto espacial y poblacional se encuentra el Cerro de la Fuente del Murtal. Su patrón de asentamiento, semejante a los poblados de este periodo, tanto en el mencionado eje Segura-Guadalentín como en otras regiones españolas (RUIZ-FERNÁNDEZ, AMORES-TEMIÑO, CHAPA et alli, 1984), obedece a las buenas condiciones de habitabilidad física del emplazamiento, que contempla factores estratégicos de seguridad (AMORES-TEMIÑO, 1984:111), disposición de recursos suficientes para el abastecimiento y proximidad a una vía natural de comunicación. En cuanto a su fundación no parece responder, como sucede en Cobatillas (ROS SALA 1986: 331), a cambios de emplazamiento de un hábitat precedente situado en la misma unidad topográfica. Sin embargo, la localización a varios centenares de metros de un poblado argárico (Cabezo de los Zancarrones) y la presencia de materiales cerámicos de tradición argárica y un fragmento con decoración incisa que refleja influjos meseteños del grupo Cogotas I, nos indica que el substrato indígena poblador se originó en los asentamientos del Bronce Tardío y Final(Antiguo) que jalonan el valle del río Guadalentín: Lorca, La Bastida de Totana, Castillo de Alhama (ROS SALA, 1989:326) y Segura: Verdolay (ROS SALA, 1989:325), Saladares (ARTEAGA-SERNA, 1975).

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Respecto del desarrollo y evolución del Cerro de la Fuente del Murtal, hemos de señalar que la presencia del poblado El Castellar situado en la margen opuesta de la rambla de Algeciras, plantea varias cuestiones, de momento quedan sin respuesta, relativas al poblamiento de esta zona concreta. En principio descartamos que ambos emplazamientos ejerzan algún tipo de control de acceso a esta posible vía de comunicación de carácter secundario, pues este curso fluvial discurre por un terreno impracticable de badlands. Habrá que plantearse si esta probable coexistencia, corresponde a una fase de ocupación determinada, encuadrable en el proceso de sucesivos cambios de emplazamiento que se documentan en El Castellar (ROS SALA, 1989:111). En este mismo sentido, la localización de un hábitat ibérico en el extremo NE del cabezo, podría ponerse en relación con la aparición de nuevas bases económicas, sociales y culturales que dieron paso al desarrollo pleno de la cultura ibérica, que trajo consigo el traslado de los emplazamientos a zonas acordes con las nuevas necesidades. Atendiendo al desarrollo arquitectónico de las estructuras de fortificación del poblado, hemos de señalar que desconocemos, hasta el momento, que existan en Murcia otros asentamientos fortificados anteriores a la consolidación del modelo ibérico. En Andalucía se documentan sistemas defensivos similares, fechados entre finales del siglo VIII e inicios del VII a.C., coincidiendo con los primeros productos a torno, en yacimientos como Tejada la Vieja (Huelva) y Puente Tablas (Jaén) (Ruiz y Molinos, 1992: 199). Las estructuras de fortificación documentadas en la fase más antigua de Puente Tablas (Ruiz Rodríguez y Molinos, 1986 y 1992), podrían relacionarse con la línea de muralla y los bastiones documentados en el Cerro de la Fuente del Murtal.

EL CERRO DE LA FUENTE DEL MURTAL, ALHAMA DE MURCIA (1.ª CAMPAÑA 1991)

Las estructuras documentadas corresponden al sistema defensivo y de habitación del asentamiento. La muralla tienen un espesor de 2,5 m, y presentan dos métodos de construcción: lienzo sencillo y doble muro con relleno de tierra en la parte central. Ambos sistemas emplean muros transversales que atan las caras de la muralla y dan mayor consistencia al conjunto. Las cimentaciones, sin fosa clara de fundación, apoyan directamente sobre el suelo natural estéril empleando bloques de piedra de mayor tamaño que el resto de la obra. Los grandes zócalos están construidos con dos paramentos externos formados por grandes piedra de cara regularizada que contienen con relleno compuesto por un sedimento arcilloso y piedra menuda. Los bastiones, de planta rectangular y muros de refuerzo perimetrales, en ocasiones ataluzados, se sitúan en medio de los paños continuos de la muralla y en los encuentros angulados de la misma. Técnicamente están construidos con bloques de piedra formando la cara externa, a su vez, protegida con un muro similar que la envuelve. El interior de la estructura está macizada con un compuesto similar a la muralla. Los alzados del conjunto defensivo hubieron de ser de tapial, dado el escaso volumen de mampuesto y la escasa potencia de los derrumbes, y presentaría en conjunto un revoco arcilloso de color amarillo documentado al exterior del tramo 1 de la muralla, semejante al sedimento que une la piedra. Las estructuras de habitación están realizadas con zócalos de piedra tomada con barro, de tamaño mediano y cara externa regularizada sobre el que se alzaría un muro de tapial. Los habitáculos identificados responden a edificios de planta cuadrangular que se organizan adosados a la muralla y, en ocasiones, exentos. El interior de los muros estarían enlucidos con gruesas capas de adobe de tono amarillento. Los gruesos fragmentos de barro/adobe, con una cara quemada podrían constituir los pavimentos, aunque este extremo no ha sido constatado in situ. Respecto de la techumbre, carecemos de cualquier evidencia sobre su sistema y materiales constructivos, aunque hemos de considerar que no deben diferir de los modelos basados en un entramado vegetal y recubierto de barro impermeabilizante. En cuanto a la evolución interna del asentamiento hemos de señalar que las estructuras arquitectónicas hasta ahora documentadas, muestran en conjunto sistemas constructivos similares, que parece corresponde a una única fase de ocupación. No obstante, determinadas particularidades como el doble muro que forma el tramo 4 de la muralla y la rezarpa

existente en el espacio intermedio de la misma impone cierta cautela a la hora de plantear esta hipótesis. Desconocemos si la rezarpa obedece al recalce de la muralla en una depresión de la roca de base o, por el contrario, refleja la existencia de un plan urbanístico previo amortizado. De otra parte, las estructuras documentadas superficialmente en el área III (N) y los posibles niveles de ocupación detectados en S-17, sin relación comprobada con el sistema defensivo, dejan abierto este planteamiento para futuras intervenciones. La sedimentación arqueológica registrada en la presente campaña, muestra dos niveles estratigráficos definidos relacionados con los procesos de abandono y destrucción de las estructuras de fortificación y de las posibles zonas de habitación del asentamiento. Dicha identificación se produce en áreas distintas del asentamiento y, en ningún caso, se ha obtenido una seriación completa en la que quede reflejado la relación estratigráfica entre ambos niveles. Las secuencias físicas documentadas muestran características específicas de localización que obedecen a factores culturales del propio yacimiento y a los procesos de sedimentación arqueológica. No obstante, es previsible que el registro completo se pueda obtener en las zonas perimetrales internas del poblado, donde extensos niveles de derrumbe parecen sellar los niveles de habitación inferiores. El registro material que ofrece el Cerro de la Fuente del Murtal se caracteriza por el reducido número de elementos y por el predominio casi absoluto de la cerámica; y ésta, a su vez, por tratarse de fragmentos que impiden atribuciones tipológicas claras. De otra parte, la posición estratigráfica del material arqueológico y su dispersión espacial dentro del asentamiento, pone de manifiesto que en principio no se pueden establecer fases de ocupación datadas en base al registro cerámico, como indicaría la presencia de cerámicas tan alejadas cronológicamente como son las producciones de tradición argárica y los elementos a torno representados por las cerámicas grises y las de barniz o engobe rojo. Su localización estratigráfica constata que ambas se encuentran presentes al mismo tiempo en las distintas unidades sedimentarias que constituyen los niveles de derrumbe y los de probable habitación, al tiempo que no reflejan áreas funcionales de uso diferenciado dentro del poblado. De todas formas, el estudio del material cerámico plantea algunas consideraciones que pueden aproximarnos a la problemática cultural de este asentamiento. En primer lugar señalaremos la presencia del grupo cerámico que mantiene rasgos de continuidad con el substrato argárico, y aunque no

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

es demasiado significativo numéricamente en el contexto general del poblado, si nos parece que tiene cierta relevancia cultural por cuanto señala la presencia de ciertas pervivencias de los componentes cerámicos argáricos en un asentamiento que según los estudios realizados hasta el momento y que afectan a una zona muy reducida del poblado, parece de nueva fundación, y por lo tanto sin una ocupación anterior del Bronce Pleno Argárico. En este sentido, también hemos de señalar la ausencia de los tipos cerámicos esenciales del Bronce Tardío como las cazuelas o fuentes carenadas, con mamelones colgantes o sin ellos, las vasijas globulares con cuello o los cuencos de carena alta y borde recto o ligeramente inclinado al exterior o al interior (Molina González, 1978: 203-205). Por el contrario si se ha documentado un fragmento decorado con incisiones, con un motivo semejante a los de las cerámicas incisas de Cogotas, y en nuestro caso además con un motivo que parece mantener pervivencias campaniformes (Fernández Posse, 1979). Por lo tanto, nos encontramos en el Cerro de la Fuente del Murtal con cerámicas de tradición argárica y con un fragmento aislado de cerámica incisa que parece indicar contactos con el grupo de Cogotas I de la Meseta que mantiene tradiciones de los grupos campaniformes. Estas escasas pero significativas pervivencias, otros elementos de cultura material nuevos, de los que nosotros no hemos podido constatar los tipos más característicos, y los contactos con la Meseta se producen durante el Bronce Tardío entre los siglos XIV y XII a.C., prolongándose durante la fase más antigua del Bronce Final que Molina González (1978) sitúa en el periodo comprendido entre el 1100 y el 850 a.C. La fase más antigua del Bronce Final está representada en el Cerro de la Encina de Monachil (Arribas Palau et alii, 1974) y en sus momentos finales en el Cerro del Real de Orce (Pellicer y Schule, 1966), en el que aparece cerámica a la almagra dentro del grupo de las cerámicas toscas, elemento que aunque representado por un solo fragmento, también ha sido documentado en el Cerro de la Fuente del Murtal. Durante este momento, y junto a materiales que continúan las tradiciones anteriores, aparecen también y junto a las cerámicas de Cogotas I, nuevos tipos como las fuentes de boca amplia saliente y carena de hombro en la zona media, urnas globulares de cuello cilíndrico y bordes abiertos, en algunos casos con decoración incisa (Ros Sala, 1986: 333), que no han sido documentados en la Fuente del Murtal. Dentro del análisis del material cerámico, hemos visto como rasgo diagnóstico de la caracterización cultural de este

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asentamiento, que la mayoría de los fragmentos identificados corresponden a cerámicas a mano, ya que suponen el 80,70%. En este sentido, queremos señalar que en la única unidad de registro en la que se alcanzaron niveles por debajo de la fundación de la muralla, aunque en su zona externa, sólo se han documentado material cerámico a mano y concretamente fragmentos pertenecientes al grupo de las cerámicas de superficies toscas, aunque no tenemos formas que puedan identificar tipos concretos. Durante la plenitud del Bronce Final, situada cronológicamente entre el 850 y el 750 a.C., bien documentada en los yacimientos arqueológicos del Cerro de la Encina, Cerro del Real y en los niveles inferiores de los Saladares de Orihuela, son característicos los vasos con decoración pintada bícroma y monocroma, junto a los de decoración bruñida (Molina García, 1979). Estos tipos, que muestran las fuertes relaciones entre el Sureste y el foco tartésico, no aparecen en el registro arqueológico del Cerro de la Fuente del Murtal. La producción cerámica a torno alcanza valores bastante inferiores (19,30%) en el asentamiento, y entre los grupos identificados, los grupos más diagnósticos son las cerámicas a torno gris y las de «barniz o engobe rojo», aunque presenten valores numéricos muy inferiores a las cerámicas a torno sin tratamiento superficial. En cualquier caso, la cerámica a torno aparece en el Bronce Final Reciente, situado cronológicamente por Molina González (1978) entre el 750 y el 600 a.C., contemporáneo del periodo orientalizante y con fuertes influjos coloniales que marcaran el final de esta fase y el inicio de la Edad del Hierro. Exceptuando los tipos mencionados, están ausente de la Fuente del Murtal, otros tan característicos como los vasos a torno pintados con bandas monocromas y las ánforas pintadas con policromía (Ros Sala, 1986:343). Es en este momento cuando se documentan en el Castellar de Librilla los niveles con las primeras importaciones, fechadas en Librilla Ib durante la segunda mitad del siglo VIII a.C. y en Librilla IIa y IIb en torno a finales del siglo VIII e inicios del VII a.C. (Ros Sala, 1986:343). En este sentido, hemos de señalar la presencia en la Fuente del Murtal de algunas formas dentro de las cerámicas a mano de superficies toscas o sin tratamiento y de las cerámicas a torno sin tratamiento superficial, semejantes a los documentados en Librilla II, así como otros grupos cerámicos que también están representados, como es el caso de las cerámicas a torno gris y de las cerámicas a torno de «barniz o engobe rojo».

EL CERRO DE LA FUENTE DEL MURTAL, ALHAMA DE MURCIA (1.ª CAMPAÑA 1991)

Estas semejanzas en algunas de las producciones cerámicas resultan de gran interés, si contemplamos la situación geográfica de estos dos asentamientos tan próximos, enfrentados y ubicados en la margen derecha de la rambla de Algeciras, en el caso del Cerro de la Fuente del Murtal, y en la margen izquierda de la misma rambla, en el caso del Castellar, y en ambos casos situados estratégicamente en relación al Valle del Guadalentín. Resulta evidente, aunque de momento no podamos abordarlo por las limitaciones del registro arqueológico, que la investigación en la Fuente del Murtal podrá explicar la naturaleza del espacio territorial, económico y social que caracteriza a este asentamiento, su relación con el Castellar y con otros emplazamientos dentro de un proceso cronológico, cultural y espacial. Finalmente, queremos señalar que habrá que plantearse cuestiones como el origen del primer poblamiento en este asentamiento; su caracterización cultural en las distintas fases de su secuencia ocupacional; la configuración y distribución de las estructuras desde una perspectiva espacial atendiendo al espacio físico del cerro , y temporal, definida por las fases constructivas y su origen funcional; las diferentes unidades microespaciales, como estructuras de habitación, de almacenaje, públicas, etc.; el origen de las fortificaciones y la necesidad de las mismas; la relación del Cerro de la Fuente del Murtal con el Castellar como emplazamiento más próximo o con otros yacimientos y, con ello, analizar la significación del valle del Guadalentín en todo este proceso como red de conexión y articulación de un patrón de asentamiento; las causas de abandono y en qué momento se produce; su relación con el análisis procesual del mundo ibérico plenamente formado; y otras muchas cuestiones que sin duda surgirán conforme avance el proceso de investigación en este yacimiento. Por lo tanto, el Cerro de la Fuente del Murtal plantea en esta primera campaña de excavaciones cuestiones de gran interés para la investigación de un proceso que se desarrollaría entre el Bronce Tardío y los últimos momentos del Bronce Final y los inicios de la Edad del Hierro. Pese a las dificultades que plantea el registro arqueológico, debido a la reducida zona del asentamiento en la que se han realizado los trabajos, a la carencia de una secuencia estratigráfica que documente los momentos de ocupación del emplazamiento y a la escasez y poca significación de los elementos de cultura material, la Fuente del Murtal presenta unas prometedoras expectativas para el conocimiento del final de las sociedades prehistóricas y el inicio de la historia de los íberos.

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NOTAS: (1) El equipo de prospección estuvo formado por los arqueólogos D.ª Consuelo Martínez Sánchez, don José Baños y don Wenceslao Estremera.

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EXCAVACIONES EN EL SANTUARIO DE LA LUZ. CAMPAÑA 1990

Pedro A. Lillo Carpio

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1990

EXCAVACIONES EN EL SANTUARIO DE LA LUZ. CAMPAÑA 1990

PEDRO A. LILLO CARPIO Universidad de Murcia

Resumen: Los trabajos de la campaña de 1990 se realizaron con el propósito de reanudar las excavaciones iniciadas hace más de sesenta años por la Universidad de Murcia en este mismo yacimiento. El doble propósito ha sido el de acondicionar, en la medida de lo posible, el lugar, y de llevar a cabo las campañas sistemáticas con alumnos en prácticas. Se han realizado una serie de cortes estratigráficos en distintos sectores del yacimiento para poder comprobar la densidad de los depósitos. El

sector oriental ha presentado una potencia estratigráfica considerable que ha mostrado una cronología desde el s. II a.C. hasta el s. V a.C. De especial interés ha sido la presencia de materiales cerámicos específicamente cultuales, de restos de fundición y exvotos de bronce, colocados en los rincones de un pequeño recinto. Las estructuras murarias exhumadas sugieren posibilidades para próximas campañas.

I. PRECEDENTES

encuentran restos, particularmente exvotos de bronce que conservan con especial interés (5). Un considerable conjunto de los exvotos procedentes de este yacimiento fueron a parar a los grandes museos arqueológicos de Barcelona y Nacional de Madrid. Así, pues, Bosch Gimpera publica en 1924 y 1926 los primeros(6). El conjunto de exvotos del Arqueológico Nacional serán publicados más tarde por Álvarez Ossorio(7). En los años veinte se llevan a cabo las primeras campañas de excavaciones del Profesor Mergelina Luna(8). Estos trabajos sientan las bases para el conocimiento de la religión ibérica y de los materiales broncíneos hallados. Años más tarde, las obras de cimentación llevadas a cabo en el centro del yacimiento para la edificación del albergue, hoy en ruinas, producen nuevos hallazgos publicados por M. Jorge Aragoneses (9). En 1969 publica Nicolini su corpus de bronces en los que se hallan encuadrados los del yacimiento que nos ocupa conocidos hasta entonces (10). Otros trabajos posteriores hacen referencia a piezas inéditas de colecciones privadas y procedentes también del Santuario(11).

El interés por la prospección y reconocimiento de los restos de culturas pasadas en el área de la Sierra de la Fuensanta tiene sus primeros testimonios en el siglo XVIII. En esta época, y por el gran interés que existe por la reconstrucción histórica sobre todo tipo de documentos, se detecta la presencia de restos de asentamiento y se recogen exvotos de bronce. El Canónigo Lozano hace mención a ídolos de bronce en el Yermo de los Ermitaños de La Luz. Califica estas piezas como ya romanas, ya Egipcias, lo que infiere Romanos, y aun Carthagineses (1). Más tarde son los trabajos de P. París, en 1903 (2), y de H. Sandars en 1913 (3), los que van a hacer referencia a estos exvotos de bronce en el contexto general de la cultura ibérica. En 1917, F. Calvo y J. Cabré Aguiló publican sus excavaciones en Sierra Morena (4). Por estas fechas aumenta el interés por el área de La Luz y los frecuentes hallazgos de exvotos en el Yermo o «Llano del Olivar». Allí, los ermitaños, en sus tareas agrícolas,

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Figura 1. Ubicación geográfica de el Santuario de La Luz y distribución de los lugares de culto prerromanos más significativos de la Región.

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nios, un importante sector de tránsito que ha favorecido los posteriores enclaves . III. LA CAMPAÑA 1990

Figura 2. Disposición de los principales cortes practicados en el Santuario Ibérico de La Luz en la campaña de 1990.

II. EL YACIMIENTO

El Santuario Ibérico de La Luz se encuentra en las últimas estribaciones septentrionales de la Sierra de Carrascoy, en el sector dominado en su cima por El Cerrillar y situado en su último eslabón, el Monte del Salent, bajo el Cabezo de La Luz (fig.1). Al Sureste de esta colina está situado el Eremitorio de Nuestra Señora de La Luz y al Oeste una pequeña explanada que acaba en una colina menor; más al Sur, una leve vaguada. Todo este sector es el denominado Llano del Olivar. Es esta la zona de más potente estratigrafía y también en la que de forma más intensa se han llevado a cabo, a lo largo de muchos años, excavaciones irregulares. Más al Norte, en la vertiente septentrional que aboca a la Vega del Segura hallamos las excavaciones y terreras que hace 70 años llevó a cabo el Profesor Mergelina Luna(12). La presencia de una serie de manantiales en el sector inmediato al yacimiento nos induce a plantear que el motivo principal de la ubicación del Santuario es la presencia de manantiales de aguas salutíferas. La existencia de una Cañada Real que, a esta altura, recorre los montes es otra seña inequívoca de que la zona ha sido, a lo largo de mile-

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Las especiales características del yacimiento, su medio físico, su entorno arqueológico y su ubicación próxima a la ciudad de Murcia motivaron la iniciativa de reemprender las excavaciones iniciadas desde la Universidad en los años 20. La particular situación de los terrenos, enclavados en el área del Parque Natural de El Valle, le proporcionan un especial interés ya que se halla en la zona más comunicada y más frecuentada del mismo. Era, pues, interesante y necesario plantear un campo de prácticas Arqueológicas como un primer paso para la consecución de una sistemática estructuración de las actividades científicas del Parque Natural de las cuales la Universidad no se podía evadir y que resultan imprescindibles como colaboración con los entes municipales y regionales implicados en el proyecto de estructuración y desarrollo del mismo. La primera campaña ha tenido como objeto fundamental delimitar, en la medida de lo posible, el perímetro del yacimiento. Igualmente se ha llevado a cabo el reconocimiento del área en que se practicaron las excavaciones del Dr. Mergelina Luna así como la prospección de la acción de furtivos en distintos sectores del yacimiento. Nuestro interés estuvo también centrado en el reconocimiento del área con la constatación de estructuras y de presencia de materiales arqueológicos de superficie. El planteamiento de esta excavación ha tenido como fin primordial el llevar a cabo unos cortes estratigráficos en distintos puntos del yacimiento con la intención de tener una orientación respecto a la potencia estratigráfica y la morfología y disposición de los estratos. Para ello se planteó una topografía elemental que permitiese la ubicación de una serie de cuadrículas al Este del edificio del Albergue (área S.W. de la colina del Salent) e igualmente se hizo en el sector S. W., el área del Llano del Olivar más próxima al camino de acceso al yacimiento. Así, se consideró que estas cuadrículas, de 3 por 4 metros, cuatro en cada uno de los sectores (fig. 2) podrían facilitar datos estratigráficos que permitiesen sucesivas actuaciones, como así ha sido. En el primer sector citado, la vertiente septentrional del cerro, se practicaron cinco cortes que presentan, a grandes rasgos, una secuencia similar de escasa potencia y poco significativa.

EXCAVACIONES EN EL SANTUARIO DE LA LUZ

Figura 3. Planta y estratigrafía del corte P-90. En línea gruesa se destaca la interfacies bajo el estrato III, donde aparecen los exvotos, en el interior de un recinto de débi estructura. S: superficie agrícola removida. I: estrato arcilloso removido. II: sedimentos de arriba, revueltos. III: estrato gris, blando. Cerámica pintada tipo Elche micro dibujada y estapillada impresa. IV: estrato blando ceniciento verdoso, compactado al W con tierra roja. V: estrato arcilloso con cenizas. VI: bancos de cenizas con escorias. VII: estrato arcilloso calcáreo muy compacto, cerámicas muy rodadas, de explanación. VIII: roca de base

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

La primera serie, de 4 cortes, A,B,C,D-90 se llevó a cabo a partir de un eje Norte Sur a 18 metros al este del Albergue, muestra un estrato superficial correspondiente a la dispersión de los escombros de las obras del edificio del Albergue en los 60 y posteriores obras de mediados de los 70. Un segundo estrato, de arcilla roja, es duro y compacto y con cantos rodados; en él hallamos restos cerámicos y muy fragmentados procedentes de áreas más altas. El corte E, practicado a 18 metros del eje de los cortes anteriores, presenta una facies similar, con menos escombros y detritus en superficie y una mayor potencia de depósito sobre la roca de base. El depósito de sedimentos, dada la fuerte inclinación del terreno -unos 30 grados- procede de la parte superior, donde afloran las calizas de la cumbre del cerro y son arcillas rojizas con piedras caídas. La proporción de fragmentos cerámicos y óseos es muy escasa y procedente, posiblemente desde la cumbre. En los cortes practicados en este sector no se detecta la presencia de ningún tipo de estructura arquitectónica y la proporción de piedra de construcción suelta es tan escasa que no permite pensar en la proximidad de estructuras de este tipo o en que se esté ante un área de niveles arrasados. Se observó en distintos puntos la presencia de numerosos hoyos o catas, consecuencia de rebuscas con detector de metales por parte de excavadores furtivos. En el sector S.W., en el Llano del Olivar, se practicó una serie de cortes partiendo de un eje N-S a 33 m. del Albergue. los cortes P,Q y R-90 representan, pues, el segundo y más interesante de los sectores en los que se planificó esta campaña. La distribución no consecutiva ni alineada de estas cuadrículas tenía como fin abrir el porcentaje de probabilidades de dar con estructuras y tener mayor número de datos orientativos que, en posteriores campañas, pueden ser debidamente excavados y constatados. La excavación se inició en este sector con las debidas reservas. Nos constaba, por las apariencias, por los datos anteriores y por comunicación directa de los Hermanos de La Luz, que esta zona había sido intensamente prospectada por ellos mismos en el primer tercio de nuestro siglo, excavaciones en las que habían participado nuestros relatores. El corte p-90, sin embargo, es en el que se presentó la primera secuencia estratigráfica completa y del mayor interés para nosotros. Como vemos en la fig. 3, una secuencia de 8 estratos sucesivos bajo el nivel superficial indican distintos momentos del sector. - El nivel superficial corresponde a la tierra revuelta y

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acarreada. Ocupa la superficie de las sucesivas terrazas de abancalamiento que rectifican la suave pendiente que, progresivamente, aboca al Llano del Olivar hacia la rambla que separa el Santuario por su ladera Oeste del inmediato Cerro del Castillo de La Luz. Los materiales, de acarreo y rebuscados, corresponden a todas las fases. - El estrato I responde en gran medida a la inclinación y disposición del depósito superior. Está integrado sobre todo por arcillas procedentes de la disgregación de adobes y otros materiales de construcción de estructuras inmediatas, con considerable cantidad de cantos rodados, tierra pizarrosa procedentes de techumbres y pavimentos desmantelados y fragmentos cerámicos correspondientes, sobre todo, a la última fase de ocupación -s.II-. - El estrato II muestra, por sectores, estructuras caídas o deshechas que se prestan a una cuidada interpretación. Los materiales constructivos que aparecen están muy deteriorados y presentan el aspecto de haber estado largo tiempo expuestos al efecto de los agentes atmosféricos. Forman una plancha consistente de arcillas compuestas por adobes muy disgregados y mezcladas con materiales de construcción acarreados de zonas próximas, especialmente almagras y pizarras disgregadas -tierra roja- , muy utilizadas tradicionalmente para la cubierta e impermeabilización de los techos planos de las viviendas. - El estrato tercero tiene un especial interés en el contexto general de la zona. Es el que se asienta sobre el suelo del momento más importante conservado del santuario hallado hasta el momento. En la figura antes citada hemos distinguido el estrato III, correspondiente a un área exterior, a modo de témenos. Bajo una densa capa de arcilla, caída y compactada, procedente de sectores más altos del yacimiento, aparecen una pequeñas agrupaciones de objetos, cuernas de ciervo que se depositaron completas, anillos y cuchillitos, dispuestos entre piedras. Todo ello sobre un pavimento de tierra rojo amarillenta. Este tipo de tierra, pulverulenta y singular, traída evidentemente de la parte alta del monte, más al Sur, parece responder a una específica idea de poner un determinado material como pavimento para un área sagrada ya que nos aparece también en otros sectores; este hecho nos aproximaría a ritos similares de purificación del suelo y traída de tierras en la fundación de recintos sagrados en la cuenca oriental y central del Mediterráneo. Hemos distinguido los sectores estratégicos III-a y III-b en este contexto. El III-a responde a un potente depósito de

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tierra roja que en este yacimiento es un material muy abundante y que no sólo se usa para las cubiertas sino que constatamos su utilización como mortero y para la construcción de adobes, hecho insólito en la aplicación de este tipo de material. El sector III-b corresponde a una pequeña área protegida por un reducido murete de subconstrucción. Aquí parece que nos hallamos ante la base de una pared integrante de una serie de modestos recintos de carácter posiblemente religioso que ocupan en sector cercadas de áreas descubiertas. De nuevo aquí hallamos la tierra rojo-anaranjada a la que hemos hecho mención en el sector exterior y, adosados al ángulo que forma ese pavimento con la vertical del pequeño murete aparecieron tres exvotos, dos femeninos y uno masculino, cuidadosamente dispuestos y alineados y que posteriormente decribimos. Las cerámicas aparecidas son escasas y muy fragmentadas, acompañadas de pequeños trozos de plomo cuyo aspecto nos hace pensar que son restos de trabajos de metalistería y fundición. Los materiales encontrados en este nivel estratigráfico nos lleva a pensar que este prometedor contexto se puede ubicar en el tránsito de los siglos III a II a. C. Así lo indican los abundantes restos de materiales anfóricos, (Dressel I Provincial, ánforas massaliotas PE-22 y 25 de Ramón y ánforas grecoitálicas tipo Benoit I, así como de ánforas púnicas tipo Mañá E, entre otras) (fig. 6). El conjunto de restos, desgraciadamente muy fragmentados, dispersos y mezclados, de cerámicas de inspiración greco-itálica es de lo más significativo: grandes páteras de tipo phiale, pequeñas copas tipo cuenco y ungüentarios, entre otros, muestran la especificidad de su función, eminentemente cultual y adscrita a los ritos de ofrenda -grandes bandejas y platos planos- y de libación -copitas y cuencos-. Los estratos inferiores son indicativos de que la presencia del Santuario es más antigua. La presencia de cenizas compactadas y abundantes en los estratos IV, V, VII y VIII se puede interpretar, provisionalmente, en una triple vertiente: - Un lugar tan interesante y tan rico (en el contexto de penuria de las épocas de crisis a lo largo del 3º cuarto del I milenio) debió sufrir repetidas incursiones que debieron ser en más de una ocasión contundentes y devastadoras. - La presencia de lentejones o bancos de cenizas no nos debe extrañar en un contexto ibérico pleno-tardío por ser algo habitual pero, además, hemos de añadir el peculiar contenido cultual y ritual del yacimiento y con ello dar por

Figura 4. Corte Q-90 en el que sobre la roca de base se observa una superposición de estructuras con la consiguiente reutilización.

hecho el conjunto de una serie de ceremonias y actos en que el fuego y la posterior deposición de cenizas tuvo que ser de un especial significado. - En estas cenizas hemos detectado la presencia de escorias de mineral, jarapas de plomo y de bronce así como pequeños fragmentos, recortes y gotas de estos mismos materiales. Este hecho, evidente en algún otro sector del Santuario de los que hemos estudiado, nos induce a pensar que una parte sensible de las cenizas de este sector procede de las actividades de metalurgia y fragua relacionadas especialmente con la fabricación de los exvotos. - Por último no podemos dejar de reseñar que el nivel inferior, y sobre el substrato calizo de la roca de base de la montaña, está especialmente preparado: sobre este substrato natural se dispuso una capa de tierra arenosa, suelta y fina, indudablemente traída de lejos, posiblemente de las áreas bajas, en las zonas inmediatas a los cauces fluviales que la recorren (estrato X) y sobre esta capa arenosa hay otra, compacta y de buena factura, conglomerado de barro rojo y cantos rodados finos. De nuevo, aquí, podemos pensar que se deba esta preparación del suelo a un acto ritual de purificación, previo a la utilización del área como zona sagrada, con

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Figura 5. Corte R-90 en el que podemos observar, directamente asentados sobre la roca de base, los sólidos paramentos que recorren este sector y que nos indican la presencia de estructuras de gran envergadura e importante valor defensivo.

sus estructuras arquitectónicas más o menos sencillas y su recinto sagrado abierto. Sobre este suelo, en el siglo IV, se lleva a cabo la construcción de muros de trazado ortogonal. Los cortes Q-90 y R-90 nos prestan también una serie de datos dignos de tener en cuenta: - El corte Q nos ofrece un complejo sistema de superposición de estructuras de difícil interpretación. Su relación con la secuencia estratigráfica descrita para el corte P-90 es aquí tan sólo aproximativa. Ello se debe a dos factores fundamentales: las estructuras, densas y de trazado nada habitual, reutilizan como cimentación muros de estratos inferiores y, por otra parte, la excavación de este sector es aún tan reducida y parcial que no permite conclusiones a este respecto y que próximas campañas podrán aclarar sin duda alguna (fig. 4). Hemos de añadir que este sector ha sufrido la agresión de las excavaciones clandestinas. Grandes cráteres rebasan aquí el estrato III y, a veces llegan a la roca de base. Este hecho dificulta en gran medida la interpretación estratigráfica de un sector tan complejo como éste, presentando una remoción caótica con rotura parcial de los paramentos. Sí tenemos de este sector datos interesantes respecto a las actividades de tratamiento de metales y posiblemente de

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minerales aunque se han hallado en sectores revueltos de excavaciones irregulares antiguas. Aparecen piedras y adobes calcinados a altas temperaturas y, sobre todo, escorias metálicas y gotas de metales, sobre todo de bronce. Pequeños fragmentos de moldes de barro aparecidos nos hacen pensar en la presencia de moldes para vertido de bronce en ellos, - El corte R-90 tiene también un especial significado. Aquí nos hallamos con un particular tipo de estructura: paramentos de gran grosor, de trazado ortogonal y buena factura, construidos como muros trabados con barro y bien careados. El muro principal de un metro de grosor, aquí con una orientación Este-Oeste nos induce a plantear la presencia de estructuras arquitectónicas de gran porte. O bien nos hallamos ante un sector perimetral al Santuario de gran entidad y carácter defensivo o ante parte de las estructuras de un gran edificio que, por la calidad y potencia de sus muros, podría tener una gran importancia. Ello nos induce a no desestimar la posible presencia de una estructura palacial (fig. 5). Estas estructuras a las que nos referimos corresponden al horizonte de asentamiento más antiguo de este sector del poblado -estratos VII-X-. La regularidad ortogonal de su trazado y su cronología tan temprana abren la posibilidad de plantear la existencia de un edificio principal de tipo palacial en este sector y en torno al cual, en la zona interior, se llevarían a cabo actividades relacionadas con la producción de objetos de uso, consumo y venta relacionados con el Santuario. IV. EXVOTOS

El fin primordial de estas excavaciones es el de lograr una cronología más exacta de las distintas fases de asentamiento y la interpretación del contexto general de lo que fue el Santuario Ibérico de La Luz. Aun así, la presencia de los exvotos de bronce representa un elemento importante en este tipo de excavaciones, más aún sí las piezas son halladas en su ubicación estratégica y el tipo de emplazamiento nos permite hacer deducciones lógicas y fiables. Este es el caso de los tres exvotos hallados en el corte P-90. Fueron hallados estos exvotos todos juntos, alineados junto al zócalo de la pared Norte oriental del pequeño recinto, depositados intencionadamente. Los tres estaban envueltos en una cinta de tejido grueso, de unos 20 mm. de ancha, de la que quedó marcada la impronta sobre la concreción superficial de las piezas y la mezcla arcillosa que llevaban adherida. Todos se hallaban boca abajo y tapados con la arcilla rojiza que ya hemos descrito anteriormente en ese

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Figura 6. Tipología de las ánforas cuyos restos son más frecuentes en los contextos cerámicos procedentes de las excavaciones de la campaña de 1990 en el Santuario de La Luz.

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pequeño recinto que asociamos con un posible naiskos. La parte exterior, la oriental del corte, presentaba un sugestivo contexto de evocación cultual con la presencia de cuatro anillos de bronce, colmillos de suido, huesos de paloma y tórtolas, restos de cuchillos y de tres grandes cuernas de ciervo. El contexto arqueológico comentado al hacer referencia a este estrato III es el de tránsito entre los ss. III-II a.C. El momento más floreciente y último conocido en el Santuario hasta hoy. Respecto a la cronología precisa de cada uno de los exvotos ya habríamos de mantener nuestras reservas dado que, por una parte, los exvotos parecen corresponder a una fase más antigua en cuanto a su aspecto formal y compositivo así que bien pudieron estar vigentes al culto durante un largo periodo de tiempo antes de ser envueltos en la cinta y ocultados en el zócalo de este recinto como objetos de culto ya amortizados. También cabe pensar en la razonable hipótesis de que estas figuras siguiesen una larga tradición de representaciones conforme a unas pautas formales precisas y que esa iconografía arcaizante perdurase a lo largo de decenios. A ello habría que añadir que la simplicidad compositiva facilita que se repitan determinado tipo de imágenes, como en este caso. V. DESCRIPCIÓN

1. Exvoto masculino en bronce pleno. Altura total: 87 mm. Está completo, carece de base y debió estar unido a una peana de placa de bronce mediante calentamiento. El estado de conservación de la pieza es bueno, bajo una gruesa capa de atacamita, paratacamita y cuprita, sobre la que quedó, como ya hemos visto, marcada la impronta de la envoltura de cinta (13) . La humedad, la blandura del terreno y la presencia de cenizas parece haber activado el proceso de oxidación que, en principio, hizo pensar en un intenso deterioro de los exvotos. La calidad del bronce presentó bajo estas capas una superficie en buen estado de conservación. La figura es de una gran sencillez de formas, no porta objeto alguno y posiblemente tiene un carácter itinfálico más que oferente. Desde el punto de vista formal, corresponde a un modelo de modelado muy sencillo. La cabeza, piriforme, no lleva indicios de marcas incisas que insinúen la presencia de pelo, tocado o casco. Las orejas están marcadas por una profunda marca incisa tosca y asimétrica la una con respecto a la otra. El rostro, sin mentón, está marcado por la presencia de una aquilina nariz y la línea incisa de la boca. Los ojos son,

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simplemente, una marca profunda de puntero y las cejas, sendas líneas curvas incisas. El tronco, vestido con túnica sólo está indicado por el borde inferior en faldellín y una línea incisa, horizontal, en la garganta. El sexo resalta por encima del borde inferior del faldellín. Los brazos, tubulares y curvos, no llevan marca alguna que indique la presencia de brazaletes o delimitación de mangas. Ambas manos tienen las palmas abiertas y, posiblemente, debió llevar en la derecha alguna ofrenda adherida que actualmente ha perdido. Esta mano debió estar situada en posición más alta, en ángulo recto con el cuerpo. El brazo izquierdo cae a lo largo del cuerpo, levemente adelantado. Las piernas, como las manos pero más exageradas aún, son simples y toscas, cilíndricas. En su extremo y por aplastamiento se han formado los pies a los que, posteriormente, se han marcado los dedos a cincel. Consideramos que esta pieza, de cronología bastante reciente, está emparentada con los prototipos de buena época si bien la rapidez en la consecución da lugar a lo sumario y tosco de sus formas. Da la impresión de que el original debió ser de cera, sobre una base prismática se modelaron piernas, brazos y cabeza y se soldaron por presión sin apenas retoques posteriores. Cronológicamente podríamos encuadrar este exvoto entre mediados del s.III y mediados del s. II y, tipológicamente entre las piezas más toscas y pesadas si atendemos a su módulo (3´7 cabezas de altura) de la fase tardía del Santuario. 2. Figura femenina con túnica larga, en bronce pleno. Tiene una altura de 85 mm.- y su estado de conservación es bueno. Tiene, como otros muchos exvotos de bronce de la época, un orificio en la parte superior de la cabeza que debe estar relacionado con las burbujas producidas en el vertido del bronce en el molde. La pieza no ha sido afectada por las peculiares roturas que sufren la mayoría de los exvotos depositados en el Santuario de La Luz y que suelen tener fracturas o al menos torceduras de miembros y golpes contundentes en las partes más salientes y en especial en la nariz, al parecer de forma ritual y previa a su amortización. Tampoco la oxidación la ha afectado y los procesos de corrosión no la han dañado apenas pese a haber estado en el contexto de excesiva humedad al que ya hemos hecho referencia. No cabe duda que su forma maciza, lisa y sin oquedades ni estrías es el factor determinante que ha impedido una mayor acción corrosiva como ocurre en piezas de un mayor relieve.

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Figura 7. Conjunto de objetos procedentes del estrato III de los cortes P y Q, en la campaña de 1990. 1-7: cuchillos afalcatados. 8: astrágalo. 9 y 10: fusayolas. 11 y 13: bolitas cerámicas decoradas. 14: hacha pulimentada reutilizada. 15: objeto de plomo indeterminado. 16: lanza de plata. 17: Tintinabulum. 19: asita de bronce. 20-23: anillos de bronce. 24: pulsera o brazalete de bronce. 25: colmillo de suido. 26-27: cinceles. 28: lima de hierro.

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El exvoto es de una extraordinaria simplicidad de formas que delata que procede de un original en cera. Parece haber sido hecho de una barra paralelepípeda sobre la que se ha modelado sumariamente cabeza y sobre ella se ha insinuado el rostro. Se han añadido los brazos y se ha engrosado por chafamiento la base de sustentación. De una sorprendente sencillez de formas y volúmenes, esta figura proporciona un efecto hierático y solemne. Corresponde al canon más corto, con una proporción de 3’5 cabezas, aun contando con el baquetón inferior o pedestal. La cabeza, grande, esferoide y pesada, posee las líneas de robustez y fuerza de los anversos monetales más toscos, con un desarrollo inusitado del maxilar inferior, de poderoso mentón. Las orejas, como en el exvoto anterior, están insinuadas mediante incisión y en la parte inferior parece estar indicando un pendiente mediante tres puntos incisos. Las cejas, boca y velo sobre la frente están indicados con incisión repasada con sierra o lima. Los brazos, a modo de vírgulas, evocan los conos de cera modelados de forma elemental. Su simplicidad y escasez de detalles incisos nos inducen a pensar en la policromía con la que debieron estar decoradas en su momento estas figuras. Eso explicaría su elemental factura y la carencia de preocupación en el acabado ya que, una vez pintados todos los pequeños defectos, marcas de lima o carencias de detalle quedaban subsanados por el pincel en el acabado. La posibilidad de que fuesen pintadas es muy factible si nos atenemos al hecho de que estas piezas son herederas de técnicas y modelos procedentes del Mediterráneo en donde nos consta la aplicación de la policromía en el acabado. Es evidente que, por el momento no hemos podido comprobar la existencia de decoración pintada pero no podemos desestimar la posibilidad y nuevos hallazgos quizás permitan una analítica de superficie capaz de detectar la presencia de pigmentos de forma determinante. Como la figura anteriormente descrita y hallada en el mismo contexto, podemos fecharla en el tránsito de los siglos III-II, con un amplio margen cronológico. 3. Figura femenina con túnica y manto, en bronce pleno. Altura de la figura: 77 mm. Altura con peana y pivote inferior: 84 mm. Su base debió ser de plomo, en el que estaría embutido el pivote inferior hasta la altura de los pies. Es una de las piezas con un tratamiento superficial de más detalle y relieve dentro del conjunto de exvotos conocidos procedentes de La Luz. Se encontró en el mismo lugar y situación que los ante-

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riormente descritos, adosada al zócalo interior del murete del sector Noroeste del corte P-10 y también con señales inequívocas de haber ido envuelta en una cinta de tela. La pieza había sido afectada de forma intensa en superficie pero apenas tiene focos de oxidación activa. Lleva, como es habitual en los exvotos de este yacimiento, la nariz rota por un golpe con un instrumento con bisel, posiblemente de hierro. La descripción formal nos aproxima en un principio a la de la dama anteriormente descrita aunque el tratamiento de formas y volúmenes es diametralmente opuesto. Tienen ambas, eso sí, igual concepción volumétrica de evidente raíz xoánica lo que les presta esa forma prismática y su hierática rigidez. En la pieza que nos ocupa, sin embargo, vemos que un posterior y acertado trabajo ha ido moldurando pliegues, articulando curvas y disponiendo pequeños detalles que enriquecen así la pequeña figura. Tras el fundido la pieza fue sometida a una cuidada labor de retoque, limado, burilado y pulido que le da un carácter preciosista a la vez que decadente y tardío. Su canon es de poco más de 4 cabezas de altura, relativamente corto en la coroplastia ibérica. Hemos de tener en cuenta que piezas como ésta, preparadas para ir sobre una gruesa peana de plomo debieron ganar mucho en esbeltez cuando estaban montadas. El cuidado trabajo de retoque y burilado nos ha proporcionado en esta figura una serie de interesantes detalles en cuanto a vestimenta y adorno que sólo se pueden apreciar en la estatuaria mayor por lo general. Muchos de estos detalles, en efecto, nos aproximan a la composición, vestido y adornos que encontramos en la estatuaria mayor en calcarenita, especialmente de las piezas de mayor tamaño del Cerro de Los Santos (Albacete). La dama aparece vestida con el chiton jonio, apenas visible bajo los pliegues de un amplio y detallado manto de características similares a las del himation. Es evidente aquí el anacronismo en la representación, fruto evidente de un rígido conservadurismo icónico. Esta típica vestimenta arcaizante nos evoca las representaciones ibéricas en la escultura mayor de los siglos V y IV a.C. que a su vez son pervivencia de modelos anteriores jonios transmitidos de un extremo a otro del Mediterráneo. Este manto tipo himation al que hacemos referencia cubre la cabeza y cae a lo largo de la espalda hasta los pies. Hacia la parte izquierda, cae sobre el hombro y deja ver la mano de ese lado, con la palma sobre la manga del chiton, a la altura del muslo. El pico del manto cruza por

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Figura 8. Exvotos procedentes del estrato III del corte P-90, en el Santuario de La Luz. A la izquierda, proporciones con respecto al cánon clásico de 7,5 cabezas de altura.

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Figura 9. Vestimenta de la damita-exvoto n.º 3 con reconstrucción de su posición, joyas, chitón e himatón.

delante, a la altura de la cintura, y lo sujeta con la mano derecha, cubierta por la prenda que cae desde el hombro derecho y acaba en una doble borla a la altura de la rodilla. El cuidado retoque de la figura nos permite analizar la representación de las joyas con las que se adorna esta dama, pectoral y pendientes. Sobre el pecho lleva un aparatoso collar, a modo de pectoral, característico de las figuras femeninas ibéricas que vienen a representar la figura curótrofa de Demeter. Está finamente burilado y se compone de dos hiladas de glóbulos, los inferiores son alargados y bajo ellos, a modo de pinjantes, vemos tres piezas semicirculares, la central mayor y con un cerco concéntrico inciso, al modo de las ovas clásicas. Su cronología, como en las dos piezas anteriores, hemos de encuadrarla en el tránsito de los ss. III y II a.C. Por otra parte, la relación a la que hemos aludido con la figura 2 nos parece próxima y puede que pertenezcan al mismo taller y artesano. Serían los dos modelos extremos de un mismo tipo de figura femenina exenta en bronce: la una, modelo mismo de la simplicidad, de la síntesis de formas y volúmenes y también de la fuerza expresiva; la otra, la quintaesencia del detalle y el preciosismo.

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CONCLUSIONES

La campaña de 1990 ha representado un primer paso para abrir nuevas espectativas con respecto a un yacimiento al que se hacen continuas y obligadas referencias sobre datos obtenidos en breves excavaciones hace setenta años que, en su día aportaron los importantes datos de los que se ha dispuesto hasta hoy. Los actuales trabajos se abren a nuevas perspectivas y nos conducen a sugestivas y esperanzadoras hipótesis de trabajo: - Se ha empezado a comprobar la presencia de una actividad fundidora y de metalistería en el interior del Santuario. Los restos de jarapa metálica, gotas y conos de vertido de fundición junto a fragmentos de posibles moldes así nos lo indican. La presencia de escorias y la proximidad en la Sierra circunvecina de pequeños afloramientos de mineral de cobre apunta a una posible actividad minero-metalúrgica con su foco industrial también en el Santuario. - Se ha descubierto una serie de estructuras: paramentos murarios, paredes y zócalos que nos abren a la hipótesis de

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Figura 10. Exvoto n.º 1 procedente del Santuario de La Luz.

Figura 11. Exvoto n.º 2 procedente del Santuario de La Luz.

hallarnos ante un temenos con la posible presencia de edículos, naiskos u otros elementos estructurales que nos aproximen a los grandes recintos cultuales del Mediterráneo Clásico. - La especial deposición y disposición de los exvotos hallados nos hace pensar en actos rituales de objetos de culto -sacra, porque sean figuras ya amortizadas o, más bien, en un momento final, de clausura del Santuario como tal. - En el contexto general de la aún escasa superficie excavada con estratigrafía fértil y no alterada, detectamos la presencia de objetos que han de ser inequívocamente interpretados como ofrendas de carácter votivo: cuchillitos, anillos, cuernos de ciervo, colmillos de cerdo, restos de aves simbólicas. Todo ello nos lleva a pensar en un culto a divinidades de tipo proveedor, curótrofo. - Los conjuntos cerámicos también son indicativos de un área de carácter cultual, con un considerable y significativo porcentaje de restos de envases de tipo anfórico y origen grecoitálico y una precisa cronología a lo largo de los siglos III-II a.C.

La presencia de cerámicas de barniz negro y de cerámicas finas centromediterráneas son también indicativas de una cronología precisa, coincidente con la de las ánforas, y, sobre todo, representativa de la vajilla ritual en el Santuario como ya hemos apuntado. Aquí, pues, podríamos abrir la hipótesis de trabajo consistente en que el Santuario tenía un trasunto artesanal, industrial y comercial importante, es posible que controlado y regido por una autoridad relevante. Su base fundamental estaría indudablemente en el culto a las aguas salutíferas que surgen en sus inmediaciones y los consiguientes rituales de libación y lustración. Indudablemente, nuevas campañas desvelarán incógnitas y abrirán nuevas perspectivas. NOTAS: La campaña de excavaciones arqueológicas de 1990 ha sido posible gracias al interés y esfuerzo de todas las personas que han colaborado en la misma, particularmente los alumnos integrantes en el curso María Nieves Escudero Navarro, Pedro Fructuoso Martínez, Mónica González

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Figura 12. Exvoto n.º 3 procedente del Santuario de La Luz.

Garre, Juan Javier Martí Martínez, José Enrique Martínez Cifuentes, Antonio Javier Medina Ruiz, María Belén Moreno Ferrer, Francisco Moreno Garre, Esther Muñoz Césaro, Isabel Navarro Garrido, María del Carmen Pérez Ballester, Alejandro Ramos Molina, José Luis Román La Puente, María Belén Sánchez González, María del Mar Servet Heredero, Diana Tenedor Yelo y Francisca Vicente Jiménez, todos ellos de la División de Historia. Especial mención hemos de hacer del afectuoso y generoso trato que nos han dispensado los Hermanos del Eremitorio de Nuestra Señora de La Luz que en todo momento nos han ayudado proporcionándonos todo lo que tenían a su alcance y ofreciéndonos sus espacios y materiales. (1) Lozano, Juan. Bastitania y Contestania del Reino de Murcia. Disertación IV, cap. XVIII, 1794. Ciudad Romana, sobre el Palmar, que parece Todmir. A la distancia de una legua respecto a Murcia, y Tader: Sur algo inclinado al Sudoeste, vemos el Palmar, y al sur de este sobre media legua más, el Puerto. Está defectuoso el mapa Chorográfico sobre situación; este célebre puerto de tierra, su morrón que es una pirámide, obra de la naturaleza; Castillo sobre Monasterio Recoleto Observantes de Sanmta Cathalina del Monte; S. Antonio el Pobre; Hermitaños de La Luz; Fuente Santa, y su vecino Algezares: todo es una línea Sur de Murcia, con vestigios romanos. Monedas, Idolos, urnas, sepulcros, ladrillos, obras arruinadas, no respiran otra cosa, que espíritu Romano. La gran Torre pues formada por la naturaleza en el Puerto, y denominada Morrón, tiene obras arruinadas en su cima. Aquí manan

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Figura 13, 14 y 15. Resultado de los análisis de rayos X en microscopio electrónico con rayo lasser. Proporciones de cobre, estaño y plomo de los estratos 1, 2 y 3 de la campaña de 1990.

las monedas romanas. Estas mismas dan, las excavaciones de la Hermita de San Antonio el Pobre. Estas, el Castillo, y contornos de Santa Catalina Recoletos, ya mencionados. El castillo tiene sus tapias fuertes; sus grandes estanques; sus fosos dilatados; sus muros; pero todo ello es un aspecto morisco. La bobeda de uno de los estanques exteriores, no puede estar más bien trabajada, pero carece de propiedad Romana. ¿Y los cimientos del Castillo serán arábigos por esto? Nada Menos. Sobre todo: los hallazgos de este monte, siempre chocan a la Religión del Coran (o Alcoran segun el abuso comun). ¿Cómo los Musulmanes habían de tolerar monedas con cabeza de Emperador, y otros personages, que sería para ellos, un crimen horrendo de idolatría?. Monedas que al mismo tiempo se manifiestan por aquel sitio? ¿Como habrían de retener urnas, ni quemar los cuerpos para depositar en ellas sus huesos? ¿Urnas (digo) que tengo en mi poder? ¿Como habían de sufrir Idolos de bronce, no de otros metales, cuando el mismo Mahoma, fue en esta parte un justo, implacable enemigo de las figuras del Politeismo?. Las encontradas por aquí

EXCAVACIONES EN EL SANTUARIO DE LA LUZ

ya son Romanas, ya Egipcias, lo que infiere romanos, y aun Carthagineses. ¿Que extraño seria residir estos a la distancia de 7 leguas respecto de Carthagena, su fundación original?. Parte de estos mismo ídolos se decubrieron en las zanjas de la Hermita ya nombrada con título de San Antonio el Pobre. Todos vinieron a la mano antiquaria del Sr. Saurin. Entre ellos un Hércules de bronce armado de su Clava y cuya configuración es del todo buena. Tres Priapos del mismo metal, hallados en San Antonio el Pobre; y en el yermo de los Ermitaños de La Luz, los otros. Parece, quetodo un Dios por esencia Santo, à querido expiar en este monte de las manchas de Priapo, con la inocencia, y el candor de los Siervos, que habitan estas moradas de colección Santa, y verdadera imagen de las Tebaydas. Dexo aparte los sepulcros, que se manifiestan en el recinto del bello templo de la Fuensanta con indicios de cementerio... (2) París, Pierre. Essai sur lárt et l’ndustrie de l’Espagne primitive. París, 1903-1904. (3) Sandars, Horace. The weapons of the iberians. Vol. LXIV. Oxford, 1913. (4) Calvo, F. y Cabré Aguiló, J. Excavaciones en la Cueva y Collado de los Jardines (Santa Elena, Jaén). Memorias de la Junta Superior de Excavaciones y Antigüedades. Madrid, 1917, p. 1-40. (5) Desde la época de la Ilustración las autoridades eclesiásticas, movidas por intereses de reconstrucción histórica tenían particular empeño en recabar datos sobre todos los hallazgos y testimonios relacionados con antigüedades. Eclesiásticos como D. Antonio Josef Salinas y Moñino, Maestrescuela de la Iglesia de Cartagena y Cavallero de la Orden de S. Juan y el propio D. Juan Lozano Santa avalan este interés desde la perspectiva de reconstrucción de los orígenes del cristianismo en la zona. (6) Bosch Gimpera, P. Bronzes iberics de La Luz, San Antonio el pobre. Murcia, al Museu de Barcelona. Gazeta de les Arts, 1, 10, 1924, p. 4-5, 12 figs.; Idem., Troballes del possible santuari iberic de Sant Antoni el Pobre (El Palmar, Murcia) ingresades al Museu de Barcelona. Anuari de l’Institut d’Estudis Catalans, VII, 1921-1926, p.162-171, 23 figs.; Idem., El estado actual de la investigación de la Cultura Ibérica. Separata del Boletín de la Real Academia de la Historia, Madrid, 1929, 108 p., 43 figs. (7) Alvarez Ossorio y Farfán de los Godos, F. La colección de exvotos ibéricos de bronce conservada en el Museo Arqueológico Nacional. Archivo Español de Arqueología, 14, 44, 1941, p. 397-407; Idem., Museo Arqueológico Nacional. Catálogo de exvotos de bronce ibéricos. Madrid, 1941, 2 vols. (texto y láms.). En ambas publicaciones aparecen los exvotos de los Santuarios de Sierra Morena junto a un reducido pero excepcional conjunto de bronzes de La Luz. (8) Mergelina Luna, C. El santuario hispano de la Sierra de Murcia. Memoria de las excavaciones en el eremitorio de Nuestra Señora de La Luz. Madrid: Junta Superior de Excavaciones y Antigüedades, 1926. 19 p., 12 láms. (Memorias de la J. S. de E. y A., 77). (9) Jorge Aragoneses, M. Un exvoto ibérico de La Luz en la colección Palarea de Murcia. Archivo Español de Arqueología, 32, 19-100, 1959, p. 121-122. Idem., La cabezada y la gamarra de la montura ibérica, según un bronce inédito del Santuario de La Luz (Murcia). Anales de la Universidad de Murcia. Filosofía y Letras, 26, 1, 1967-68, p.169-176; Idem., La badila ritual ibérica de La Luz (Murcia) y la topografía arqueológica de aquella zona según los últimos descubrimientos. Anales de la Universidad de Murcia. Filosofía y letras, 26, 1967-68, p.317-365; Idem., Bronces inéditos del Santuario Ibérico de La Luz (Murcia). Asociación Nacional de Bibliotecarios, Archiveros y arqueólogos. Homenaje de Federico Navarro. Madrid, 1973, p. 197-225, 8 láms. (10) Nicolini, Gérard. Les bronzes figurés des sanctuaires iberiques. París: P.U.F., 1969. 295 págs. (11) Lillo Carpio, Pedro A. Lancero ibérico en bronce pleno del Santuario Ibérico de La Luz (Murcia). Actas de la Mesa Redonda sobre la Baja Época de la Cultura Ibérica. Madrid: Asociación Española de Amigos de la Arqueología, 1981, p. 303-310; Idem., Aportación al catálogo de

exvotos de bronce del Santuario Ibérico de La Luz (Murcia). Habis, 13, 1982, p. 239-243; Idem., Los exvotos de bronce del Santuario de La Luz y su contexto arqueológico. Anales de Prehistoria y Arqueología, 8-9, 1994 (en prensa). (12) A media altura y de Oeste a Este el monte es recorrido por la Cañada Real de Santomera que, curiosamente, pasa por el Convento de Santa Catalina, la Ermita de San Antonio el Pobre, el santuario Ibérico, el Eremitorio de Nuestra Señora de La Luz, deja a la derecha a unos centenares de metros el convento de Los Teatinos, pasa por el Santuario y Convento de la Fuensanta y, posteriormente, por la Ermita de San José. La ubicación de todos estos enclaves se sitúa sobre yacimientos protohistóricos, algunos ya constatados por el Canónigo Lozano en el capítulo XVIII de su IV disertación. (13) Estudio por difracción de rayos X. (Datos proporcionados por Dr. Rafael Arana Castillo, de la Facultad de CC. Químicas de la Universidad de Murcia). Para este estudio por DRX, se han seleccionado dos tipos de muestras, uno constituido por escamas separadas de la corteza de alteración exterior y otro formado por virutas metálicas y zona de oxidación interna. El primer tipo de muestra se ha molido y tamizado hasta tamaño inferior a 50 micras las partes metálicas se han homogeneizado en lo posible situándose en un microporta para obtener el correspondiente diagrama de polvo. Resultados: Figura varón (exvoto n.º 1) Parte externa: Fase de Cu Fase de Sn Otras fases Atacamita Sn O2 Paratacamita Sn3 O4 CuCl CuCl2(OH)3 Cuprita Parte interna: Fases de Cu Fase de Sn Otras fases Cobre Coprita ClCu Figura sin pivote (exvoto n.º2) Parte externa: Fases de Cu Fases de Sn Otras fases Atacamita Sn O Cuarzo Paratacamita Sn3 O4 ClCu Cuprita Parte interna: Fases de Cu Fases de Sn Otras fases Cuprita Sn O2 Cobre-estaño Las fases de estaño están en muy baja proporción para la sensibilidad de la técnica utilizada, no siendo muy clara su identificación Figura con pivote (exvoto n.º3) Parte externa: Fase de Cu Fases de Sn Otras fases Atacamita Sn O Cuarzo Paratacamita Mica Cuprita Calcita Cobre Dolomita Parte interna: Fases de Cu Fases de Sn Otras fases Cobre Sn O Cuprita

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INFORME DE LA SEGUNDA CAMPAÑA DE EXCAVACIONES EN LA NECRÓPOLIS IBÉRICA DEL CABECICO DEL TESORO (VERDOLAY - MURCIA)

José Miguel García Cano

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1995

INFORME DE LA SEGUNDA CAMPAÑA DE EXCAVACIONES EN LA NECRÓPOLIS IBÉRICA DEL CABECICO DEL TESORO (VERDOLAY - MURCIA)

JOSÉ MIGUEL GARCÍA CANO Museo de Murcia

Resumen: En la tercera campaña de excavaciones se han continuado los trabajos en dirección SW para intentar definir los límites de la necrópolis en esta área. Se han excavado 8 unidades de 2x2 metros, constatándose que en algunas se extinguen los niveles arqueológicos.

Durante la campaña se han exhumado tres nuevas tumbas de incineración ibéricas. Entre el material recuperado destaca una terracota en forma de cabeza femenina y un kalathos de cerámica ibérica pintada con decoración floral.

Los trabajos de campo se desarrollaron entre los días cinco y doce de noviembre de 1990. El equipo habitual de excavación estuvo integrado además de quien suscribe estas líneas por Carlos García Cano, Julio García Cano, Gonzalo Matilla Séiquer, María Dolores Quijada y José Ángel Marín. Se plantearon tres cuadrículas de dos por dos metros junto al perfil Oeste de los cortes G-13, H-13 e I-13 excavados en la campaña precedente. Durante las investigaciones se pudieron documentar completamente los cuadros G-14 y G-15, H-14, H-15, H-16, así como I-14, I-15 e I-16, con un total de 16 metros cuadrados. En todos ellos se localizó un único nivel de enterramiento en el estrato I. Las cuadrículas «I» prácticamente no contenían depósito arqueológico debido a la pendiente natural del yacimiento, que a partir de esta calle presenta la descomposición de la roca de base casi en superficie. Se han localizado tres nuevos enterramientos ibéricos de incineración que no disponían de cubierta pétrea organizada tipo encachado, cuyo lóculo de forma de tendencia rectangular estaba tapado con barro.

de Norte a Sur. Profundidad media del nicho 30 cm. Estaba tapado con barro. Apenas dio ajuar funerario, unos fragmentos de un vaso de cerámica tosca con desgrasante grueso a torno de color grisáceo -cerámica ibérica de cocina con un ligero baquetón en el cuello-, y un magnífico pebetero en forma de cabeza femenina, tipo Demeter/Core, de muy buen arte, completo y perfecto estado de conservación. El hallazgo de esta pieza formando parte del ajuar funerario de enterramiento es importante ya que se trata del primero encontrado estratigráficamente en la necrópolis. Este tipo de terracotas están documentadas en todo el Mediterráneo Occidental. En España se hallan desde los poblados o campos de silos catalanes hasta la necrópolis de Villaricos. Sin embargo son especialmente abundantes en dos yacimientos ibéricos del Sudeste. En efecto las necrópolis del Cabecico del Tesoro y la cercana de la Albufereta (Alicante), han aportado más de cincuenta ítems de esta clase. Nos detendremos brevemente en el estudio de los pebeteros aparecidos en estas necrópolis para intentar precisar su cronología y por tanto de la incineración objeto de estudio. En la Albufereta se han localizado pebeteros en forma de cabeza femenina en dieciocho ajuares. De éstos, once incineraciones no tienen ningún dato cronológico preciso,

TUMBA 599

(Fig. 1). Cuadros G-14 y H-014. Estrato I. Lóculo rectangular de 134 x 84 cm. orientado

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Figura 1. Tumba 599.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Figura 2. Tumba 600.

siendo en seis deposiciones (n.º L-9bis, L-12, L-71, L-114, L-117 y L-127L) la terracota el único elemento deposicional. Las restantes n.º F-6, F-66, F-103, F-131 y L-127C, solamente contienen cerámicas ibéricas y útiles metálicos o de adorno. Las otras sepulturas pueden datarse en función de ciertos materiales arqueológicos. Así las tumbas n.º F-33, F-100 y L11 pueden fecharse por los ungüentarios del tipo A de Cuadrado a lo largo del siglo IV o inicios del siglo III a. C. (CUADRADO, 1977-78: 399); las n.º F-43 y F-114 se datan con seguridad en la primera mitad del siglo III a. C. por las cerámicas de barniz negro que contienen estos ajuares; la n.º L86 puede datarse en los inicios del siglo II a. C. por el kalathos de cerámica ibérica con decoración floral n.º 5810 (RUBIO GOMIS, 1986: 204, figura 92). Mención especial merece el ajuar n.º L-127a que contiene tres pebeteros. Con ellos aparecen desde kylikes de cerámica ática de figuras rojas de finales del siglo V a. C., hasta un lote de ungüentarios fusiformes, tipo B de Cuadrado, datados a partir del 200 a. C. (CUADRADO, 1977-78: 399). Si realmente se trata de un ajuar no contaminado nos encontramos con un conjunto extraordinario de materiales reunido a lo largo de más de dos centurias, transmitiendo quizás la

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familia o el linaje los objetos de mayor valor de cada generación hasta que finalmente se produjo la deposición en las primeras décadas del siglo II a. C.. Los pebeteros pudieron atesorarse en cualquier momento a partir del siglo IV a. C. (RUBIO GOMIS, 1986, para los ajuares. Las asignaciones cronológicas de los mismos son nuestras). En el Cabecico del Tesoro ocurre algo parecido hay 25 incineraciones con pebeteros, un solo ejemplar por ajuar. Quince tumbas no presentan ítems. que proporcionen datos cronológicos precisos: sepulturas n.º 86 -pebetero de piedra9, 133, 148, 157, 224, 259, 282, 317, 352, 373, 377, 406, 470 y 599. Las n.º 9, 133, 224, 259, 282, 406 y 599 tienen como único ajuar la terracota. Las incineraciones bien datadas son: tumba 468 con un ungüentario del grupo A de Cuadrado se fecharía en el siglo IV aunque podría alcanzar las primeras décadas del siglo III a. C (CUADRADO 1977-78: 399); Tumba 606 datada por un vaso bicónico de cerámica ibérica de barniz rojo forma 4A3 de Cuadrado/G.ª Cano e Iniesta entre el 350 y 200 a.C. (GARCÍA CANO e INIESTA, 1983: 566); Tumba 27 fechable por la presencia de varios platos de barniz negro de talleres occidentales -Pequeñas Estampillas (27/F2784) y taller de

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Figura 3. Ajuar Tumba 601.

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Rosas (26L/F2762)- en el segundo cuarto del siglo III a. C. (GARCÍA CANO, G.ª CANO Y RUIZ, 1989: 120-123, n.º 1 y 8a a 11); Tumba 453, que se situaría según F. Quesada en el siglo III a. C. (QUESADA, 1989 a (I): 83); T.5, con un vaso plástico de barniz negro fechable en la segunda mitad del siglo III a. C. (GARCÍA CANO, G.ª CANO Y RUIZ, 1989: 131, n.º 39); Tumba 463, posee varias imitaciones ibéricas (PAGE, 1985: 128-129 y 176-179, n.º 150, 281 y 282), pero sobre todo aporta un guttus de cerámica campaniense A (F8151 de Morel) datado entre el 220 y 180 a. C. (GARCÍA CANO, G.ª CANO Y RUIZ, 1989: 138, n.º 73); Tumba 329, fechada a partir del 200 a. C. por un ungüentario fusiforme, tipo B de Cuadrado (1977-78: 399); Tumba 7 ubicable en el primer cuarto del siglo II a. C. por un bol de la forma 27bL. de campaniense A (GARCÍA CANO, GARCÍA CANO y RUIZ, 1989: 140, n.° 80); Tumba 316 con un plato de campaniense A forma 55L. fechada entre 175-125 a. C. (GARCÍA CANO, GARCÍA CANO y RUIZ, 1989: 149, n.º 183); Tumba 102 con un plato 36L- de campaniense A datable en la segunda mitad del siglo II anterior a Cristo (GARCÍA CANO, GARCÍA CANO y RUIZ, 1989: 145, n.º 127). En resumen de 43 incineraciones analizadas solamente 4 (9 3 %) pueden adscribirse de manera global al siglo IV a. C., 6 (13.9 %) son del siglo III a. C. y 7 (16.2 %) se fechan durante el siglo II a. C. La gran mayoría 26 deposiciones (60.4 %) no tienen elementos cronológicos. En trece casos, 30.2 %, los pebeteros eran el único ajuar funerario. A modo de hipótesis creemos que las tumbas de difícil datación pueden colocarse entre los siglos III-II a. C., ya que en estos siglos se sitúan la mayoría de las incineraciones de estas dos necrópolis. Pese a haberse encontrado 52 pebeteros entre las dos necrópolis repartidas entre 43 incineraciones y nueve piezas halladas fuera de contexto, hay que recordar que el número de tumbas recuperados entre los dos yacimientos es de 922 606 Cabecico y 316 Albufereta-, es decir, apenas un 4.6 % de las deposiciones contenían pebeteros -4.1 % Cabecico y 5.6% la Albufereta-. Estos datos podrían explicar la práctica ausencia de pebeteros en la necrópolis del Cigarralejo, cuyo mayor auge deposicional se produce en el siglo IV a. C., solamente se ha hallado un fragmento de la base en el desmonte de tierras (agradecemos la información a D. Emeterio Cuadrado). En otras necrópolis ibéricas del área de cronología antigua siglos V-IV a. C., como Castillejo de los Baños (Fortuna) (agradecemos la información a D.ª Virginia Page) o el Molar

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(MORAVAL SAPIÑA y LÓPEZ PIÑOL, 1984; MORAVAL SAPIÑA, 1992: 126-128) la ausencia de terracotas de este modelo es total. El origen de las terracotas, pebeteros en forma de cabeza femenina, parece seguro que estuvo en Sicilia en el ambiente de los grandes santuarios dedicados a Demeter y a su hija Perséfone, que tuvieron gran aceptación en la isla (PENA, 1990: 57). Los modelos con alto Kalathos decorado con pájaros y frutos, según A. M.ª Bisi, pudieron originarse en Selinunte (BISI, 1986: 292). Su introducción en el mundo semita de occidente se ha considerado tradicionalmente a partir de la derrota del general cartaginés Himilcon ante Siracusa gobernada por Dionisio I el Grande en el año 396 a. de Cristo (BENGTSON 1975: 218-220). Según Diodoro (XIV-77, 4-5) los cartagineses habrían saqueado e incendiado un santuario dedicado a Demeter y Core/Perséfone en las afueras de la ciudad en el barrio de Akradina durante el avance hacia Siracusa. La posterior derrota y la epidemia de peste que asoló al campamento púnico fueron interpretadas como un castigo divino. Para expiar el sacrilegio cuenta Diodoro, que se introdujo el culto de ambas diosas en Cartago. En esta época Cartago empieza a comportarse como una ciudad helenística más y hay que recordar que en una sola favissa de la ciudad se recuperaron cerca de quinientas terracotas en forma de cabeza femenina (DELATTRE, 1924). Por tanto la distribución de los modelos originales en todo el Mediterráneo occidental pudo venir desde Sicilia o desde Cartago, en cualquier caso se trata de piezas de ambiente plenamente helenístico. Ana María Bisi ha propuesto que determinadas terracotas serían importadas directamente desde Sicilia, mientras que otras se fabricarían retocando las matrices importadas por los coroplastas locales (BISI, 1983: 148). Un tercer bloque sería íntegramente fabricado en talleres de la Península (PENA, 1989: 350). Llegando al máximo grado de imitación e imaginación en escultura del ajuar de la tumba 86 del Cabecico del Tesoro que reproduce un pebetero del tipo B de A. M.ª Muñoz en piedra arenisca (MUÑOZ, 1963: 25-26, lámina V). Para M. C. Marín uno de estos talleres de imitación pudo estar ubicado en Villaricos (MARÍN CEBALLOS, 1.987: 52). María José Pena ha señalado recientemente que las terracotas tipo «Demeter» pueden ser incluidas como uno de los productos que circulan dentro del área punizante definida por Jean Paul Morel (1986: 43-45). Su llegada a la España

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ibérica seguiría siendo a través de Sicilia occidental, Cartago y Norte de África o incluso desde ambas zonas según las épocas (PENA, 1990: 58). Siguiendo esta hipótesis creemos que una buena parte de las terracotas, sobre todo las procedentes de las grandes necrópolis surestinas como Cabecico del Tesoro y la Albufereta pueden encuadrarse en este comercio de objetos «punicizantes» propuesto por M. J. Pena y ser introducidas o cobrar especial valor a partir de la llegada física de Amilcar Barca a la Península el año 238/237 a. C. como defendió en su día la doctora Muñoz Amilibia (1968: 130). Este circuito comercial estaría especialmente activo en los años inmediatamente anteriores a la segunda guerra púnica (GARCÍA CANO, G.ª CANO y RUIZ, 1989: 156157 ). A la vista de estos datos creemos que nuestra incineración debe fecharse entre el tercer cuarto del siglo III a. de Cristo las primeras décadas de la centuria siguiente. Finalmente insistir que la figura representada parece claro que en origen es Demeter (MUÑOZ, 1963; PENA 1990: 58). Hay quien piensa que el culto en Cartago pudo transformarse con el paso del tiempo en Tanit por un sincretismo entre ambas diosas (PENA, 1990: 59. En este mismo sentido MARÍN CEBALLOS, 1987). Sin embargo la introducción del culto a Demeter en el mundo cartaginés se produjo sin sincretismo de forma pura. La veneración a cada diosa siempre estuvo diferenciada en Cartago, ya que incluso se han encontrado sus templos (AUBET, 1968: 57. Con esta misma opinión ABAD CASAL 1984: 55-56). Por tanto podemos concluir que estos pebeteros en la Península Ibérica están en relación directa con los cultos a Demeter/Core: Creencias de ultratumba y determinados ritos de incineración que en último lugar pudieron ser introducidos en España por colonos griegos devotos (MUÑOZ, 1963: 40) o elementos semitas fuertemente helenizados (1). TUMBA 600

Figura 4. Tumbas 599 a 601.

(Fig. 2). Cuadro H-15. Estrato I. Incineración practicada en un hoyo simple de unos 70 x 60 cm. y una profundidad media de 40/42 cm., donde se ha introducido la urna cineraria. Se trataba de un gran vaso globular de cerámica ibérica pintada con decoración geométrica compleja. El enterramiento quedó muy alterado por las raíces de un gran pino próximo, cuyas raíces se habían incrustado en el interior del vaso deformando el borde y agrietando las paredes. La urna estaba colocada en posición vertical y se calzó con una gran piedra en la parte Sur, lo que facilitó su permanencia en esta posición.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Al no contener restos de otros objetos, es difícil determinar el tipo de ajuar. En cuanto a la cronología, el hecho de encontrarse en el estrato I, único hasta el momento ocupado con deposiciones no nos permite precisar la datación. Sin embargo el modelo de envase funerario, una tinaja de cuerpo globular, cuyo tipo exacto no es muy común en las necrópolis del SE puede adscribirse a la forma Ib de Emeterio Cuadrado (1972:126), con una cronología general del siglo IV a. C. en el Cigarralejo (CUADRADO, 1987: 108, figura 68. TUMBA 66: CUADRADO y QUESADA, 1989: 52). TUMBA 601

(Fig. 3). Cuadros I-15 e I-16. Estrato I encima de la descomposición de la roca de base. Lóculo rectangular de aproximadamente 80 x 40 cm. orientado de Este a Oeste. Profundidad media 20 cm. El nicho se cubría con algunas piedras que calzaban la urna cineraria y barro desigualmente atribuido a lo largo del lóculo. El ajuar estaba formado por un kalathos de cerámica ibérica bellamente decorado con motivos florales. Apareció tumbado ligeramente inclinado hacia la boca y calzado con algunas piedras de tamaño medio -entre 10/20 cm.-, completaba el ajuar una fusayola britroncocónica de cerámica gris con carena hacia el centro. El kalathos está perfectamente torneado. Labio recto con pequeña pestaña hacia el interior, paredes igualmente rectas bastante perpendiculares a la base. Fondo muy rehundido formando un botón central en el lado interno. Superficie de reposo estrecha. El labio interno del borde lleva un friso de dientes de lobo hacia adentro y a continuación dos líneas enmarcando pequeños rectángulos de pintura roja. La decoración principal, una gran hoja de hiedra en cada cara, se sitúa en el cuerpo del vaso diferenciada superior e inferiormente por una franja y una línea. Ambas escenas se separan mediante frisos de rombos muy adornados. Las hojas son esbeltas y puntiagudas con las palmas abiertas, parecidas a otras de ejemplares exhumados en esta misma necrópolis, casos de los ajuares de las tumbas 213, 267, 291, y 500. Estos motivos se localizan preferentemente en el área surestina de la península, sin querer agotar los paralelos podemos señalar: una jarra de la Escuera; un kalathos de la Alcudia; una tapadera de caja y un kalathos de la Serreta; un plato de pescado, un kalathos y una tinaja de San Miguel de Liria (Pericot, 1979:58-184, figuras 72-280. Para toda la icono-

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grafía de los vasos de Lirica véase Ballester, Fletcher, Pla, Jordá y Alcacer 1954). Los tallos de las hojas, están tan estilizados que han llegado a convertirse en elementos zoomorfos al pintarles en la parte anterior un punto central que hace la función de ojo. Es como una simbiosis entre elementos fitomorfos y zoomorfos, incluso una de las hojas presenta un rayado especial en ambas palmas. Parece tratarse del señalamiento de los atributos de una divinidad, es decir, precisa la importancia de la transformación divina que se está experimentando en la planta, regularmente gracias al ritual funerario ( a este respecto puede verse por ejemplo el pectoral de la diosa de los lobos aparecida en la Umbría de Salchite (Moratalla) Lillo Carpio, 1983, figura 4 ; González Alcalde y Chapa Brunet 1993). En Azaila existe un fragmento de una gran tapadera que lleva este motivo de hojas de hiedra estilizadas con señalamiento en las palmas, aunque en este caso a modo de una reserva con un punto central, quizás ojos, y rayado muy grueso en los tallos (Cabré Aguiló, 1954:50, figura 27, lámina 7-3). Del mismo modo un kalathos de San Miguel de Liria, tiene tallos tan estilizados que se trasforman en motivos zoomorfos (Pericot, 1979:157, lámina 226). En Tossal de Tenalles (Sidamunt, Lérida) encontramos un kalathos que presenta los tallos rayados, como en nuestro caso pero sin llegar a dotarlos de ojos (Pericot, 1979:197, lámina 309). Un segundo ejemplar de este mismo yacimiento. pero con asas de cordón tiene un amplio rayado (Pericot, 1979:198-199, lámina 312-313). Las escenas están separadas por un friso de rombos de idéntica manera a otros Kalathoi de esta producción y yacimiento, ejemplares de las tumbas 213 y 267 ( Colección de Arqueología Museo de Murcia). También aparecen en otros vasos de estaciones próximas como Corral de Saus (Conde, 1990:155, figura 12) o Cerro Lucena (Enguera) ( Pericot, 1979:156, lámina 223). Da la impresión por lo delicado de la ejecución y la limpieza del vaso, que este pudo ser fabricado/usado inmediatamente antes de procederse a la apertura de la fosa, directamente quizás como vaso de ajuar funerario. Este mismo caso puede aplicarse o pensarse para los kalathoi de los ajuares 267 y 500 del Cabecico del Tesoro. Podría tratarse incluso de un vaso de encargo específicamente funerario (a este respecto véase Olmos, 1987). Finalmente analizar la fusayola, que completaba el ajuar, de perfil bitroncocónico con la carena a media altura, dando lugar a dos troncos de cono casi idénticos, adscribible al tipo D de Zaida Castro (1980:136-139).

INFORME DE LA SEGUNDA CAMPAÑA DE EXCAVACIONES EN LA CECRÓPOLIS IBÉRICA DEL CABECICO DEL TESORO (VERDOLAY - MURCIA)

La datación de nuestra incineración es incierta al no tener elementos cronológicos materiales, ni estratigráficos, ya que el nivel I es el más usado como estrato deposicional en el cementerio. Sin embargo este modelo de kalathos adscribible al Grupo D-2 de María José Conde (1990:154), puede datarse por comparación con otros de la misma necrópolis, casos de las tumbas 267 y 291, aparecidos con materiales de importación fechados entre el 175 y 150 a. de Cristo. Ambas con cerámica campaniense A media (García Cano, Gª Cano y Ruiz, 1989:146, figura 20-4 -F 36L.(T.267)- y 149, figura 25-3 -F 68L. (T.291)-). Es pues esta cronología de las décadas centrales del siglo II a. de Cristo en la que podemos inscribir nuestra incineración. Finalmente señalar que en esta campaña se han localizado dos fragmentos escultóricos muy mal conservados hallados en el estrato I, pero sin contexto funerario definido, procedentes de monumentos escultóricos tipo pilar-estela destruidos, como los exhumados en anteriores campañas. Como valoración general destacar lo interesante de los tres enterramientos descubiertos: el n.º 599 por poseer un pebetero en forma de cabeza de Demeter; el n.º 601 al presentar un «sombrero de copa» clásico de gran calidad, típico de los momentos avanzados de la necrópolis, con una sugerente iconografía que pone de manifiesto que nos encontramos en una de las zonas relativamente tardías del área cementerial y por último mencionar también la tumba n.º 600 ya que contenía un gran vaso de cerámica ibérica pintada como urna cineraria. Futuros trabajos de excavación confirmarán o desmentirán estas hipótesis. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS Abad Casal, L.: 1984.- Los orígenes de la ciudad de Alicante. Alicante. Aubet Semmler, Mª E.: 1968.- «La cueva d’ Es Cuyram». PYRENAE 4. Barcelona, pp. 1-66. Ballester Tormo, I., D. Fletcher, E. Pla, F. Jordá y J. Alcacer: 1954.- Cerámica de San Miguel de Liria. CVH. Madrid. Bengtson,H.: 1975.- El mundo mediterráneo en la edad Antigua I.- Griegos y Persas. HISTORIA UNIVERSAL. Siglo XXI, nª5. Madrid (4º edición). Bisi, A. M.: 1983.- «L’ Expansione fenicia in Spagna». FENICI E ARABI NEL MEDITARRANEO. Roma. Bisi, A. M.: 1986.- «La coroplastia fenicia d’ Occidente (con particolare riguardo a quella ibicenca)». LOS FENICIOS EN LA PENÍNSULA IBÉRICA I. Barcelona, pp. 285-294. Cabré Aguiló, J.: 1954.- Cerámica de Azaila. CVH. Madrid. Castro Curel, Z.: 1980.- «Fusayolas ibéricas, antecedentes y empleo». CYPSELA III. Gerona, pp. 127-146. Conde Berdós, Mª J.: 1990.- «Los kalathoi «sombrero de copa» de la necrópolis del Cabecico del Tesoro de Verdolay (Murcia)». VERDOLAY 2. HOMENAJE A E. CUADRADO. Murcia, pp. 149-160.

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NOTAS (1) Estando en imprenta este artículo hemos leído un interesante trabajo de Joaquín Ruiz de Arbulo, donde retoma el estudio de este tipo de terracotas en forma de cabeza femenina, con nuevas y sugerentes ideas sobre la denominación y origen, véase RUIZ DE ARBULO, 1994.

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EXCAVACIONES DE URGENCIA EN EL CASCO URBANO DE ALCANTARILLA

María José Ruiz Sanz

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1995

EXCAVACIONES DE URGENCIA EN EL CASCO URBANO DE ALCANTARILLA

MARÍA JOSÉ RUIZ SANZ

Resumen: Las excavaciones arqueológicas en varios solares de la ciudad de Alcantarilla, mostraron a la luz nuevos datos acerca del poblamiento ibérico y romano en esta zona.

Como consecuencia de comunicar la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Alcantarilla, al Servicio de Patrimonio Histórico de la Comunidad Autónoma, la solicitud de licencia de obras en dos solares ubicados en zona de interés arqueológico, se efectúa una excavación de urgencia en cada uno de ellos bajo el convenio Inem-Comunidad Autónoma. Los solares se encuentran próximos al inmueble núm. 45 de la calle Cura Hurtado Lorente (fig. 1), donde al practicar una zanja de cimentación en octubre de 1964 se recogieron fragmentos pertenecientes a un oinochoe de figuras rojas, fechado entre finales del siglo V a.C. y principios del siglo IV a.C. (1). Tras el hallazgo se realizó una excavación de urgencia llevada a cabo por Manuel Jorge Aragoneses, encontrándose restos de una necrópolis ibérica muy arrasada con una cronología entre el siglo V a.C. y el siglo III a.C. (2). El objetivo de las actuales intervenciones consistía en detectar la mencionada necrópolis y en caso positivo excavar en extensión los solares.

Este con la C/. Cartagena (enfrente del solar, al otro lado de esta calle, se encuentra la Casa de la Inquisición); al Sur con el jardín de las Cayitas que pertenecía a la citada casa y que en la actualidad está sin urbanizar; al Oeste con viviendas que tienen entrada por la C/. Cura Hurtado Lorente, entre las que se encuentra la nº 45 donde fue hallado el oinochoe. Partiendo de dos ejes E-O y N-S, se plantean tres cortes que sondean todo el lateral Oeste del solar. Los denominados 1 y 2 de 4m. x 4m. y el corte 3 de 2m. x 2m. Las dimensiones y la situación de ellos se adecúan a la planta del solar, bastante irregular en esta área, quedando los tres cortes rodeando buena parte de la casa, donde Jorge Aragoneses efectuó la excavación, por su zona posterior (fig. 2). Aproximadamente, las distancias de los cortes con respecto al lugar donde se encontró el oinochoe son las siguientes: corte 1, 20m. al NE; corte 2, 28m. al E; corte 3, 25m. al SE. ESTRATIGRAFÍA CORTE 1 (fig. 3)

C/. CARTAGENA N.º 42, ESQUINA JARDÍN DE LAS CAYITAS

LA EXCAVACIÓN

El solar con una superficie de 708,75 m2 linda al Norte con edificaciones que tienen entrada por la C/ Cartagena; al

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Estrato superficial

Compuesto por un relleno de tierra suelta marrón clara con restos de materiales constructivos, que no pertenecen al escombro procedente del derribo, prácticamente inexistente en esta parte del solar, ya que esta zona ha estado destinada

EXCAVACIONES DE URGENCIA EN EL CASCO URBANO DE ALCANTARILLA

Figura 1. Situación de los solares donde se practica con las excavaciones de urgencia, C/. Cartagena y C/. Diego Riquelme.

Figura 3. C/. Cartagena. Corte 1. Perfil Oeste.

a patio o corral. Los últimos momentos de habitación corresponden a una granja de aves y anteriormente a una almazara. El espesor medio es de 30 cm. Aparece mezclada cerámica romana con cerámica moderna vidriada y bebederos de aves. Estrato I

Figura 2. Solar de la C/. Cartagena n.º 42, esquina Jardín de las Cayitas. Situación de los cortes.

Formado por tierra marrón más oscura y apelmazada que el relleno moderno del estrato superficial. No es uniforme, se reduce su extensión a una mancha con unas dimensiones de 1,10 m. x 1,50 m. y de 4 cm. a 6 cm. de espesor, separada del perfil Este unos 42 cm. El material que ofrece es en su totalidad romano. Este estrato corresponde a los restos de un nivel romano arrasado. Debajo del estrato I se extiende un limo arcilloso anaranjado y compacto sin materiales arqueológicos. A excepción de la pequeña zona donde queda documentado el estrato I, se pasa directamente del estrato superficial al limo natural. Se llega a una profundidad de 2 m. desde la superficie, sin alcanzar la base de este estrato. La única estructura hallada en este corte es un muro de cimentación moderno que corre cercano al perfil Norte atravesando el corte con dirección E-NO. Sólo conserva una hilada de piedras, con un módulo medio de 14 x 10 cm.,

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Figura 4. C/. Cartagena. Corte 2. Perfil Sur.

colocadas sin ninguna disposición especial y trabadas con barro. La anchura del muro oscila entre 20 cm. y 46 cm., la altura máxima conservada es de 14 cm. Se introduce en el limo 6 cm. La piedra con la que está fabricada es cal viva procedente de las cercanías del Cabezo de los Bolos. Este tipo de piedra ha sido empleado para la construcción en Alcantarilla hasta época reciente. CORTE 2 (fig. 4) Un muro de cimentación moderno atraviesa el corte con dirección N-S dando lugar a 2 espacios con estratigrafía ligeramente distinta, a los que llamamos sectores Este y Oeste. El muro es de características semejantes al del corte 1 con una anchura media de 50 cm. y una altura conservada también de 50 cm.

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SECTOR ESTE

Estrato superficial

Compuesto por diferentes capas, tiene una potencia de 24 cm. a) suelo de hormigón. b) solera de cal sobre la que asienta el hormigón. c) carbonilla. Procede de las caleras que existían en la localidad. Su función además de servir de aislante es la de hacer que el hormigón y la cal consoliden bien. Toda la cerámica procedente de este estrato es moderna a excepción de un fragmento informe de T.S.G. Estrato I

Formado por tierra marrón oscura apelmazada. Es el mismo estrato documentado en el corte 1 y al igual que en él

EXCAVACIONES DE URGENCIA EN EL CASCO URBANO DE ALCANTARILLA

Superficial 0

3

Limo

Figura 5. C/. Cartagena. Corte 3. Perfil Oeste.

Figura 6. Material cerámico. C/. Cartagena, Corte 1, estr. superf. T.S.I.

no se da en todo el sector, sólo en una franja de 70 cm. junto a la fosa de fundación del muro moderno y con un espesor que va de 0 a 24 cm. Todos los fragmentos cerámicos son de cronología romana, aunque poco significativos. El limo arcilloso anaranjado aparece en contacto con el superficial C (carbonilla) en el área donde no se da el estrato I. Se llega a una profundidad desde la superficie de 60 cm.

El limo arcilloso anaranjado y compacto se extiende por debajo del estrato I. La profundidad alcanzada es de 1,10 m.

SECTOR OESTE

CORTE 3 (fig. 5) Presenta la misma estratigrafía que el corte 1, a excepción del estrato I que no queda en él documentado, pasando del estrato superficial al limo arcilloso. El estrato superficial alcanza una potencia de 30 cm. La profundidad a la que se llega es de 60 cm. No se ha encontrado ninguna estructura. El material arqueológico obtenido del estrato superficial es una mezcla de cerámicas romanas y modernas.

Estrato superficial

Compuesto por dos tipos diferentes de rellenos modernos: a) Formado por tierra suelta marrón clara con restos de materiales constructivos. Tiene un espesor de 20 cm. Es igual al relleno documentado en el corte 1. b) Relleno de cantos rodados de diferentes tamaños. Su función pudiera ser la de nivelar el terreno. Tiene una potencia entre 10 cm. y 20 cm. Presenta cerámica romana mezclada con loza moderna. Estrato I

Es el mismo estrato documentado en el corte 1 y en el sector Este del corte 2. Se encuentra por todo el sector Oeste y tiene una potencia máxima de 28 cm. Todo el material exhumado es romano.

MATERIALES ARQUEOLÓGICOS - CRONOLOGÍA

A continuación haremos mención del material más significativo situándolo en su estrato y corte correspondiente. CORTE 1

Estrato superficial

Terra sigillata itálica: fragmento de borde, pared y arranque de fondo Atlante II, Forma X, 28. Pucci fecha la variante más antigua de la forma X en edad augustea, llegando a principios del siglo II d.C. la más tardía (3). Nuestro fragmento parece corresponder a una variante bastante evolucionada (fig. 6). Terra sigillata gálica: fragmento de borde y moldura Drag. 24/25. Para Hofmann esta forma desaparece a principios de la dinastía Flavia (4), en Conimbriga está documen-

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Figura 7. Material cerámico. C/. Cartagena, Corte 1, estr. superf., africana de cocina.

tada en época de Claudio-Trajano (5). Oswald y Price tienen documentados ejemplares en contextos claudianos (6). Terra sigillata gálica: fragmento de borde Drag. 37. Según Hofmann hace su aparición en la segunda mitad del siglo I d.C. cuando desaparece la Drag. 29. Es de las más difundidas y populares de la Galia, se extiende sobre todo en los siglos I y II d.C. llegando hasta finales del siglo III incluso al IV y V en talleres de Argonne (7). Africana de cocina: (fig. 7) fragmento de borde Hayes 197. Según Tortorella está documentada desde el siglo I d.C. hasta finales del siglo IV y principios del siglo V d.C. (8). Lucerna: (fig. 12,1) asa de molde horadada y fragmento de disco enmarcadas por el tipo de engobe en la segunda mitad del siglo I d.C. (9). El resto del material se compone de fragmentos de reducido tamaño de cerámica ibérica (1 frag.), T.S.I., T.S.G., T.S.H., paredes finas barnizadas y de cáscara de huevo, ánfora, cerámica común (fig. 8) y de cocina.

banda de estrías entre dos surcos, un tercer surco invade la zona de ruedecilla. Pie alto y esbelto con pequeña superficie de apoyo. Diám. borde, 17 cm., altura, 4,7 cm., diám. pie 9 cm., altura pie, 2 cm. Sello in planta pedis en posición central (l m. 1) correspondiente al alfarero CN. ATEI PLOCAMI (OxComfort n 171). Otros puntos de distribución son: Ampurias, Tarragona y Elche (10). Beltrán Lloris lo incluye entre los alfareros de origen indeterminado (11). Ramallo Asensio recoge un sello de este alfarero en un ejemplar del Museo Arqueológico de Cartagena, n inv. 2273, con origen en Arezzo (12). Morfológicamente este plato se aproxima a las formas servicio IV de Haltern (tipo 5 de Loschckey), Goudineau 36 y 39 o Atlante II forma X, 17. La forma 36 de Goudineau hace su aparición en el 12-16 d.C. y la 39 después del 15 d.C. llegando hasta finales del siglo I d.C. (13). Es también sobre el 15 d.C. cuando hacen su aparición los sellos in planta pedis (14). En Bolsena aparecen dos platos similares en el estrato 2B de la zona C, números 1 y 100 aunque en el primero la deco-

Estrato I

Terra sigillata itálica: (fig. 9) Ocho fragmentos pertenecientes a un mismo plato que dan el perfil completo. Merece especial atención por ser la pieza cerámica más completa de todo el material exhumado. Tiene borde vertical dividido al exterior con labio ligeramente apuntado. Al interior, el borde lleva un pequeño surco próximo al labio. La pared exterior, en su unión con el fondo tiene tendencia al ángulo recto. Presenta una faja decorada con ruedecilla enmarcada entre dos molduras, la superior también decorada con ruedecilla está delimitada por dos surcos. Fondo plano decorado con una

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Figura 8. Material cerámico. C/. Cartagena, Corte 1, estr. superf., cerámica común.

EXCAVACIONES DE URGENCIA EN EL CASCO URBANO DE ALCANTARILLA

Figura 9. Material cerámico. C/. Cartagena, Corte 1, estr. I, T.S.I.

Lámina 1. C/. Cartagena, Corte 1, estr. I. Sello in planta pedis perteneciente al alfarero CN. ATEI PLOCAMI.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Figura 10. Material cerámico. C/. Cartagena, Corte 1, estr. I, T.S.I.

Figura 12. Material cerámico. C/. Cartagena, Corte 1, estr. superf. y estr. I, lucernas.

Figura 11. Material cerámico. C/. Cartagena, Corte, 1, estr. I, paredes finas.

Figura 13. Material cerámico. C/. Cartagena, Corte 1, estr. I, posible antefija.

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EXCAVACIONES DE URGENCIA EN EL CASCO URBANO DE ALCANTARILLA

Figura 14. C/. Cartagena, Corte 1, estr. I. Cucharita de hueso.

Figura 16. Material cerámico. C/. Cartagena, Corte 2, estr. superf. mortero.

Figura 15. Material cerámico. C/. Cartagena, Corte, 1, estr. I, cerámica pintada de tradición ibérica.

Figura 17. Solar de la C/. Diego Riquelme. Situación del corte.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Cucharita de hueso con vástago redondeado incompleto y cazoleta redonda (fig. 14). Se encuentran ejemplares similares en el Museo Nacional de Nápoles (22). Otros fragmentos en general de pequeñas dimensiones corresponde a T.S.G., cerámica pintada de tradición ibérica (fig. 15), cerámica común y de cocina. CORTE 2

Superficial Limo

Figura 18. C/. Diego Riquelme. Corte 1. Perfil Norte.

ración es de relieves aplicados y el segundo no lleva surco en el borde interno. Otro ejemplar semejante procede del estrato 2A de la misma zona, n 45. En esta pieza el borde apenas presenta divisiones. Estos estratos se fechan entre el 30 a.C. y el 35-40 d.C. (15). Terra sigillata gálica: (fig. 10) cuatro fragmentos pertenecientes al borde pared y carena de una misma forma Drag. 29B. Según Hofmann se extingue la forma Drag. 29 a principios de época flavia (16). En conimbriga está documentada entre el 50 d.C. y el 75 d.C. (17). Para Oswald y Price corresponde a época tiberio-claudiana y flavia (18). Paredes finas de «cáscara de huevo» (fig. 11) fragmento de borde Vegas 32, Mayet XXXIV, Atlante II Tipo 2/247. Esta copa está documentada a partir del reinado de Claudio en estratigrafía de Ampurias, Tarragona, Pollentia y en época flavia en Ostia (19). Lucerna: (fig. 12,2) fragmento de margo izquierdo, disco y orejeta con barniz rojo anaranjado, brillante y fino Deneauve VE y Bailey tipo G. Deneauve a una pieza del ágora de Atenas le da una cronología del segundo cuarto del siglo I d.C. (20). Según Bailey aparece este tipo en contextos claudio-neronianos en el campamento romano de Hofheim; once ejemplares italianos procedentes de Raqqada en Túnez han sido datados entre el 20-80 d.C. En la tumba 533 de Tipasa han aparecido asociadas a monedas de Galba (21). Fragmento de cerámica perteneciente posiblemente a una antefija. Parece tener representado un rostro humano (fig. 13).

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SECTOR OESTE Estrato superficial

Mortero: tres fragmentos de borde pertenecientes a un mismo mortero de borde horizontal del tipo Vegas 7C. Mortero: un fragmento de borde correspondiente a un mortero de borde horizontal (fig. 16,1) asimilable al tipo Vegas 7C, Dramont 1. Mortero: pico vertedor (fig. 16,2) probablemente del mismo ejemplar que el fragmento de borde anterior, correspondiente a la forma Dramont 1. Lleva un sello con motivo vegetal enmarcado en un rectángulo. El empleo de los morteros de borde horizontal se generaliza durante el siglo I d.C. En Pompeya se encuentran en la época de su destrucción (23). El resto del material cerámico está formado por fragmentos de pequeño tamaño de T.S.I., ánfora, cerámica común y de cocina. Estrato I

Semis de M. POSTVMIVS ALBINUS y P. TVRVLLIO, emitido en Carthago Nova para conmemorar la inauguración de un templo dedicado a Augusto, CXXXI/14 de Vives (24), 31 de Beltrán. Según este autor estaría acuñado en el año 19 d.C. (25). Acompañaban a la moneda fragmentos con dimensiones reducidas de cerámica ibérica pintada (3 frag.), cerámica pintada de tradición ibérica, ánfora, cerámica común, pondus, plomo. Del sector Este del corte 2 y del corte 3 no señalamos ningún material como significativo por estar muy fragmentado siendo problemático atribuirle la forma exacta a la que corresponde en las tipologías usuales utilizadas para su clasificación. El estrato I en el sector Este del corte 2 ofrece: T.S.I., T.S.H., ánfora, cerámica común y de cocina. En el estrato superficial del corte 3 los fragmentos cerámicos corresponden a: ibérica pintada (7 frag.) T.S.I., T.S.G., T.S.H., africana de cocina, paredes finas, ánfora y cerámica común. A la vista de los materiales arqueológicos exhumados adscribimos cronológicamente el nivel romano documen-

EXCAVACIONES DE URGENCIA EN EL CASCO URBANO DE ALCANTARILLA

Figura 19. Material cerámico. C/. Diego Riquelme, Corte 1, estr. superf., africana A.

tado en el estrato I de los cortes 1 y 2 a la segunda mitad del siglo I d.C. El material romano correspondiente al estrato superficial de los tres cortes, aunque aparece mezclado con cerámicas modernas, es del mismo tipo y cronología que el ofrecido por el estrato I. Debe proceder de la progresiva destrucción del estrato I a causa de las remociones de tierra y cimentaciones modernas. En Alcantarilla son numerosos los lugares en los que se han hallado cerámicas romanas dentro del casco urbano y en sus inmediaciones. Serrano Várez hace una relación de ellos y de los materiales recogidos. En concreto, los procedentes de distintos puntos de la calle Cartagena y alrededores (especialmente los pertenecientes a la Casa de la Inquisición) (26) muestran mayoritariamente cerámicas similares a las obtenidas en nuestra excavación. Todas las zonas donde se han localizado estos materiales y el solar objeto de esta excavación deben pertenecer al mismo enclave dada la proximidad existente entre ellos. C/. DIEGO RIQUELME

LA EXCAVACIÓN

El solar tiene una superficie de 135,49 m.2 Limita al Norte con un huerto de limoneros; al Sur con la C/ Diego Riquelme; al Este con edificaciones anejas que tienen entrada por la C/ Diego Riquelme, y al Oeste, con la que será

C/. Cura Hurtado Lorente cuando se termine de urbanizar esta parte de la ciudad. Se plantea un corte de 3m x 3m. que comprende toda la zona intacta que se conserva. El resto del solar y alrededores se encuentran desfondados de antiguo (fig. 17). ESTRATIGRAFÍA (fig. 18)

Estrato superficial

Formado por tierra de labor marrón oscura sin apelmazar, con una potencia de 30 cm. Aparecen mezclados fragmentos de cerámica ibéricos y romanos con materiales modernos (cerámica vidriada, loza, plásticos, etc.). Debajo de este estrato se extiende un limo arcilloso anaranjado, compacto, completamente estéril (terreno natural de la zona igual al del solar de la C/ Cartagena). Se llega a una profundidad desde la superficie de 80 cm. MATERIALES ARQUEOLÓGICOS

El material cerámico está compuesto por fragmentos de reducidas dimensiones. Los más significativos son: 3 frag. de cerámica ibérica (un frag. pertenece al borde de un Kalathos, los dos restantes son amorfos pintados a bandas, correspondiente uno de ellos a un plato), 3 frag. de T.S.I., 1 frag. de T.S.G., 1 frag. de lucerna (el tipo de engobe marca la segunda mitad del s. I d.C.), 2 frag. de terra sigillata afri-

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

cana A, corresponde uno de ellos a la forma Hayes 27 producida en A2 (fig. 19) y 1 frag. de terra sigillata africana A/D Hayes 31. Estos fragmentos de cerámica deben proceder de otros lugares próximos, siendo desplazados por las labores agrícolas a las que estaba dedicada esta zona hasta poca cercana. La cerámica ibérica puede estar relacionada con la necrópolis detectada por Aragoneses en la calle Cura Hurtado Lorente o con algún establecimiento en llano de tipo agrícola situado por estos contornos. Este solar en la calle Diego Riquelme se encuentra cerca de la calle Cartagena y Casa de la Inquisición, también de la Avenida de Santa Ana y no demasiado lejos del camino de la Voz Negra. De estos dos últimos lugares Serrano Várez recoge material ibero-romano (27). CONSIDERACIONES FINALES

De lo expuesto hasta ahora se deduce que en estos dos solares no se ha documentado ningún resto que se pueda relacionar con la necrópolis ibérica que se viene ubicando en esta zona. Quizás se extiende hacia el otro lado de la calle Cura Hurtado Lorente puesto que el oinochoe se encontró fuera de la vivienda, en la cimentación de la calle. También pudiera ser que esté arrasada como ya apuntaba Aragoneses. El estrato correspondiente a la necrópolis se descubrió a 0,90 m. de profundidad desde la superficie, con un espesor de 0,15 m. a 0,20 m., bajo el cual se extendía el estrato natural (28). Esta circunstancia indica que Aragoneses halló una estratigrafía antes de llegar al limo arcilloso mucho más potente que la nuestra que oscila entre 0,30 m. y 0,50 m. Para seguir intentando detectar la necrópolis ibérica, habrá que dirigir las futuras actuaciones arqueológicas a solares situados al Oeste de la calle Cura Hurtado Lorente. Aunque, al parecer, los terrenos que ocupan parte de las casas con esa orientación como otros espacios cercanos fueron desfondados de antiguo para extraer arcilla (29).

NOTAS (1) JORGE ARAGONESES, M.: «El oinochoe griego de Alcantarilla (Murcia)». Idealidad, Alicante - Murcia, 1964; JORGE ARAGONESES, M.: «Dos nuevas necrópolis ibéricas en la provincia de Murcia». Anales de la Universidad de Murcia XXIII, 1-2, 1964-1965, Murcia, 1965, p. 79-90; TRIAS, G. Cerámicas griegas de la Península Ibérica, 2 vols., Valencia, 1967, p. 393-394, l m. CLXXXII.

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(2) JORGE ARAGONESES, M., 1965, op. cit., p. 84. (3) PUCCI, G., «Terra sigillata itálica», Atlante delle forme ceramiche II, EAA, 1985, pp. 383-385, l m. CXXI, 5. (4) HOFMANN, B., La céramique sigile, París, 1986, p. 59. (5) DELGADO, A., MAYUET, F., MOUTHINO, A., «Les sigilles», Fouilles de Conimbriga, IV, París, 1975, p. 92. (6) OSWALD, F., PRICE, T.D. «Introduction a l’Étude de la céramique sigile», Revue Archeologique SITES, 2 trim., Avignon, 1984, p. 119. (7) HOFMANN, B., op. cit., pp. 64-65. (8) TORTORELLA, S., «Cerámica de cocina», Cerámica Africana, Atlante delle forme ceramiche I, EAA, Roma, 1981, pp. 218-219, l m. CVII, 6. (9) Queremos expresar nuestro agradecimiento a Manuel Amante Sánchez por la información facilitada sobre los fragmentos de lucerna y T.S.G. (10) OXE, A., COMFORT, H., Corpus Vasorum Arretinorum. A Catalogue of the Signatures, Shapes and Chronology of Italian Sigllata, Bonn, 1968, pp. 75-76. (11) BELTRAN LLORIS, M., Guía de la cerámica romana, Zaragoza, 1990, p. 73. (12) RAMALLO ASENSIO, S.F., La documentación arqueológica. Universidad de Murcia, 1989, p.168 y p. 171. (13) GOUDINEAU, Ch., La céramique aretine lisse. Fouilles de Bolsena, IV, París, 1968, p. 377; MAZZEO SARACINO, L. «Terra sigillata nord-itálica», Atlante delle forme ceramiche, II, EAA, Roma, 1985, pp. 201-202. (14) GOUDINEAU, Ch., op. cit., p. 353. (15) GOUDINEAU, Ch., op. cit., pp. 194-195, 210-211 y 224-225. (16) HOFMANN, B., op. cit., p. 63. (17) DELGADO, A.; MAYUET, F.; MOUTHINO, A., op. cit., p. 73. (18) OSWALD, F.; PRICE, T.D.., op. cit., pp. 40-47. (19) RICCI, A., «Ceramica a pareti sottili», Atlante delle forme ceramiche, II, EAA, Roma, 1985, p. 293, l m. XCIII, 12. (20) DENEAUVE, J., Lampes de Carthage, París, 1969, p. 158. (21) BAILEY, D.M., A Catalogue of the lamps in the British Museum 2. Roman lamps made in italy, Londres, 1980, pp. 233-236. (22) DOSI, A.; SCHNELL, F., A tavola con i Romani Antichi, Roma, 1984, p. 105, fig. 49. (23) VEGAS DE WIGG, M., Cerámica común romana del Mediterráneo occidental, PE, 22, Barcelona, 1973, p. 32-34, fig. 8,7 y fig. 9,6; BELTRAN LLORIS, M., op. cit., p. 215 y 219. (24) VIVES ESCUDERO, A., La moneda hispánica, Madrid, 1926, p. 36. (25) BELTRÁN, A., «Las monedas latinas de Cartagena». AUM, curso 1948-1949, (segundo trimestre), pp. 167-171. (26) SERRANO VAREZ, D., «Nuevos yacimientos con cerámica paleocristiana», Boletín de la Asociación Española de Amigos de la Arqueología, n 20, Diciembre, 1984, p. 47; SERRANO VAREZ, D., «Nuevos yacimientos arqueológicos en Alcantarilla (Murcia)», Anales de la Academia de Cultura Valenciana, segunda época, Valencia, 1990, pp. 58-67; SERRANO VAREZ, D., «Yacimientos arqueológicos de Alcantarilla», QANTARIELLA. Actas de las Jornadas de Historia Local, Universidad popular de Alcantarilla, Murcia, 1991, pp. 24-33. Fuera del marco cronológico propuesto quedarían claramente: un brazal de arquero, fragmentos de terra sigillata africana A y D, fragmentos de terra sigillata clara B, un fragmento paleocristiano y varios fragmentos medievales de los siglos XIV-XV. (27) SERRANO VAREZ, D., 1991, op. cit., pp. 28-30 y 33. (28) JORGE ARAGONESES, M., 1965, op. cit., p. 84. (29) Durante el año 1991 el Centro Regional de Arqueología realizó el seguimiento del desfonde de dos solares situados entre las calles Era y Cura Hurtado Lorente, así como de un solar ubicado en la confluencia de la calle Cartagena con la calle S. Sebastián, detectándose en todos bajo los rellenos modernos un nivel de limo estéril sin presencia de material de interés arqueológico.

EXCAVACIONES DE URGENCIA EN EL CASCO URBANO DE ALCANTARILLA

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INFORME SOBRE EL POBLADO IBÉRICO DE LA LOMA DEL ESCORIAL, LOS NIETOS (CARTAGENA)

Carlos García Cano

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1996

INFORME SOBRE EL POBLADO IBÉRICO DE LA LOMA DEL ESCORIAL, LOS NIETOS (CARTAGENA)

CARLOS GARCÍA CANO

Resumen: La campaña de 1990 estuvo condicionada por la puesta en vigor del Plan de Ordenación Urbana de Los Nietos que prevé la total urbanización de este yacimiento. Se ha podido documentar la existencia de tres fases de habitación datable entre el s. V a.C. y los primeros años del s. II a.C.; su fecha de abandono debe relacionarse con el afianzamiento del control romano de la zona. En la Fase II, fechable dentro de la primera mitad del s. IV a.C. se han podido excavar dos habitaciones de planta cuadrangular que conservaban 80 cm. de alzado. Se documenta en ambas una destrucción a mediados de este siglo, conser-

vando las habitaciones sus ajuares domésticos completos. En el interior de la habitación A se localizó un conjunto con ocho kráteras áticas de figuras rojas con escenas dionisíacas, religiosas y mitológicas. Es el más importante lote de este tipo localizado en el interior de un poblado ibérico; junto con las kráteras aparecieron numerosas ánforas ibéricas y de importación (áreas del Egeo, Ibiza, Estrecho y Cartago) junto a vajilla ibérica pintada. La ubicación costera del yacimiento y su proximidad a la Sierra Minera de La Unión le confieren un carácter eminentemente comercial abierto al contacto con agentes coloniales.

El poblado ibérico de La Loma del Escorial está situado al Este de Los Nietos, en parte ocupado por las últimas casas de esta localidad, próximo a la margen izquierda de la desembocadura de la rambla Carrasquilla (fig.1). La acumulación del depósito arqueológico ha constituido un tell artificial de unos cinco metros de altura. Sus límites son imprecisos pero sí se aprecia el promontorio, unos 250-300 m de Este a Oeste por unos 80-100 de Norte a Sur. El yacimiento fue descubierto por P.San Martín quien realizó una campaña de excavaciones el año 1962 (San Martín 1964) en la que pudo documentar dos fases de ocupación, con estructuras cuadrangulares que en algunos casos conservaban dos metros de alzado; entre los materiales recuperados destaca una kylix de barniz rojo coral o intencional, datable en el primer cuarto del s. V a.C., cerámicas áticas de figuras rojas y de barniz negro datables hasta mediados del s. IV a.C. y otros materiales que alcanzan la primera mitad del s. II a.C. No obstante, el área del poblado que aún quedaba libre fue incluido como zona urbanizable en el Plan de Ordena-

ción Urbana de Los Nietos (unidad de actuación A-U n.º6) aprobado por el Ayuntamiento de Cartagena con destino a viviendas de veraneo, ignorando la importancia de los hallazgos allí realizados por P.San Martín y el gran interés que estos trabajos despertaron en la comunidad científica, que desde entonces ha considerado clave la investigación de este yacimiento para una mejor comprensión de la cultura ibérica en el Sureste peninsular. Al ser llevado a la práctica dicho plan, el Servicio Regional de Arqueología planteó la necesidad de realizar la excavación sistemática del área afectada, la cual se llevó a cabo en colaboración con la empresa promotora entre enero y marzo de 1990. El solar objeto de la excavación se encuentra en la calle Boliche; limita con el llamado «bloque amarillo» por el Norte, y con las calles Salmonete y Torrecilla por el Este y Oeste respectivamente. Tiene forma trapezoidal, mide 36 m de longitud y entre 12 y 16 m de anchura. El desarrollo de la excavación se adaptó a las condiciones que imponía el proyecto de construcción, esto es rebajar hasta una cota de

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Figura 1. Localización de los yacimientos ibéricos de Los Nietos.

1,50 m desde la superficie, más un sondeo en profundidad que permitiera conocer la estratigrafía vertical del yacimiento. Posteriormente en junio del mismo año, ante el retraso “sine die” de la construcción del edificio realizamos una segunda intervención que permitió documentar en extensión la Fase II del poblado así como el departamento B. Plateamos 16 cuadrículas de 4 x 4 m, en dos calles siguiendo los ejes principales del solar, dejando cuatro metros de distancia de seguridad en la medianera con el «bloque amarillo»; nombramos un eje con letras (de la A a la H) y el perpendicular con los números 2 y 3. FASES CONSTRUCTIVAS

Todo el solar estaba cubierto por una potente capa de escombros apisonados, grava y yesos con un espesor de 50 cm. Debajo se delimitó otra capa, general a todo el solar, de tierra marrón claro, arcillosa, compacta pero blanda, con materiales modernos que interpretamos como correspondiente a la tierra de labor en cultivo hasta hace pocas décadas. Debajo de esta última comenzaba a delimitarse la estratigrafía fértil del yacimiento. Se han documentado tres fases constructivas sucesivas; la Fase I corresponde al último momento de ocupación del poblado; al ser la fase final y más superficial es la que mayor deterioro ha sufrido desde su colmatación. Las

estructuras detectadas se encuentran en general en mal estado de conservación, habiendo quedado prácticamente arrasadas en la mayor parte del área excavada; tan sólo hemos documentado dos habitaciones. Esta fase tuvo su desarrollo a lo largo del s. III a.C. hasta el inicio del s. II a.C. La Fase II por el contrario ofrece un estado de conservación espléndido, tan sólo afectado por algunas fosas pertenecientes a la Fase I. En esta campaña han podido documentarse seis departamentos de planta cuadrangular, de los cuales han sido excavados los departamentos A y B por completo, y en parte el departamento K en el sondeo vertical. En los dos primeros se detectó un nivel de destrucción con sus ajuares completos chafados contra el suelo. La Fase III, la más antigua documentada hasta ahora, es también la peor conocida pues sólo se ha documentado en el pequeño sondeo vertical, y que debemos poner en relación con los materiales más antiguos detectados por San Martín datable dentro del s. V a.C. LA FASE I

Descripción de las estructuras y estratigrafía (fig.2)

Habitación 1.- Está situada en el ángulo Noreste del solar, en las cuadrículas H2 y G2. No pudo ser excavada en toda su extensión pues sus límites quedaban fuera del solar, tanto

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Figura 2. Fase I. Planta general.

hacia el Norte como hacia el Este, por tanto sólo se han documentado dos de los muros de este espacio. Están formados por ocho hiladas de piedras gruesas y medianas con caras mal alineadas, unidas entre sí por tierra, y piedras pequeñas entre sus huecos. Ambos están montados sobre muros de la fase anterior, con la misma dirección y dimensiones, pero de factura menos cuidada. El muro Sur (UE.0805) está orientado de Este a Oeste mide 6 m. de longitud, por 70 cm. de anchura, y conserva un alzado máximo de 1,10 m.; a lo largo del mismo se documentó la fosa de cimentación que excavaba a un estrato de la fase II (UE.0815), que no aportó materiales significativos. El muro Oeste (UE.0705), hallado en el cuadro G2, tiene dirección Norte Sur, mide 2,50 m. de longitud, 70 cm. de anchura, y alzado conservado de 1 m. Asociado a este muro se localizó un pequeño retazo del pavimento (UE.0712) con una superficie de 0,25 x 0,40 m, a la cota de 2,34 m.; es un suelo de yeso de un centímetro de espesor, sobre el cual aprecieron varios fragmentos de cerámicas totalmente horizontalizadas. Ambos muros no forman esquina pues la posible unión entre ellos está rota. Quizás se trata de una puerta, si tenemos en cuenta que en este lugar en la Fase II está la Calle 2,

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y la situación habitual de las puertas junto a los ángulos. El muro 0805 tiene otro roto en su parte central, así como en su extremo Este, que le afecta a todo el alzado. Así pues no nos es posible determinar ninguna de las dimensiones reales de esta estructura ni su forma exacta, ni su posible función, si no por el análisis de lo materiales asociados, entre los que destaca un molino, y numerosos fragmentos de cerámica ibérica y ánforas muy incompletas. Suponemos que debe tratarse de un espacio doméstico, a pesar de que el grosor de sus muros pueda parecer excesivo para esta función. La estratigrafía refleja el abandono de la habitación y el posterior derrumbe de las estructuras constructivas (fig.3). La UE. 0802 parece corresponder a una fase de colmatación posterior a los derrumbes de los muros. Las unidades 0804, 0807=0810 se pueden interpretar como coladas de adobes disueltos que en origen formaban parte del alzado del muro. La unidad 0812 contendría la caída de los materiales que formaban la techumbre, situado de manera horizontalizada sobre el pavimento de la habitación. Contenía abundante material cerámico, pero no se trata de piezas completas sino de fragmentos muy atomizados. Junto al perfil Norte, se delimitó una fosa de planta circular y de unos sesenta centímetros de radio, que perfora a todas las unidades de la Fase I. Es por tanto posterior al abandono del poblado. Está rellenada por sucesivas capas de tierra, de color gris oscuro o marrón oscuro, y textura muy suelta. Hemos identificado siete unidades que responden a pequeñas diferencias de color o textura, con los números 0803, 0814, 0818, 0821, 0822, 0824, 0828. Habitación 2. Está situada en la parte centro Norte del área excavada. Tiene forma cuadrangular, con una anchura de 2,40 m. de Norte a Sur, por una longitud de 3,90 m. de Este a Oeste. El muro Sur (UE.1104) se encuentra en la parte central del corte C3, y continuaba en el corte B3, donde se forma la esquina con el muro Oeste de la habitación (1005). Está orientado de Este a Oeste, formado por sucesivas hiladas de piedras medianas, de unos 20 cm., unidas con barro. El interior está formado por piedras más pequeñas y tierra. Tiene una longitud total de 3,90 m. por una anchura de 1,10 m. y un alzado máximo conservado de 1,20 m. El muro Este (UE.1116), quedaba parcialmente debajo del perfil Este del cuadro. Es perpendicular al anterior, con la misma técnica constructiva a base de piedras medianas en la cara dispuestas con poco cuidado, y piedras pequeñas y tierra en el interior. Se observa una anchura de un metro, por una longitud

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Figura 3. Sección del sondeo H-2.

total de 2,40 m. y un alzado máximo de ochenta centímetros. Originalmente tenía un vano de un metro en la parte central, que posteriormente es tapiado con un muro de adobe (UE. 1108). El muro Norte (1134) es técnicamente diferente. Se trata de un muro de adobe rojo intenso, muy compacto, con la cara interna enlucida. Se ha documentado una longitud de 2 m. un grosor de 40 cm. y un alzado máximo de 60 cm. El muro Oeste 1005, localizado en el Cuadro B3, sólo se ha documentado en su unión con el muro Sur 1104, con el que está bien trabado, y con la misma técnica constructiva. Los muros 1134, 1104 y 1005 están recreciendo los muros de la habitación D de la Fase II; los muros 1004 y 1005 han sido recrecidos ambos con la misma técnica constructiva, en tanto que en el muro Norte parece haber sido aprovechado el alzado de adobes de la habitación D de la Fase II. Por su parte el muro Este (UE.1116) es de nueva construcción, reduciendo el espacio de la habitación. En la cimentación de este muro (UE.6156) fue hallado un fondo de un bol con una roseta, de un taller campano (campaniense A arcaica), que nos da un cronología para la realización de este muro en la primera mitad del s. III a.C.

La estratigrafía registrada responde igualmente al abandono y posterior derrumbe de la habitación. Cubriendo las disoluciones de adobes, se identificó un estrato uniforme, de color marrón claro, algo anaranjado (1103), que se extiende por encima de las estructuras de la habitación, es por tanto posterior a su colmatación. Los siguientes estratos registrados corresponden a sucesivas coladas de adobes descompuestos, unidos con derrumbes de piedras (U.E. 1107, 1120 y 1113). Finalmente aparecen estratos más heterogéneos, dispuestos sobre el pavimento (unidades 1121=1126, 1129=1131 y 1133=1135 Interpretación y conclusiones

En primer lugar debemos destacar el mal estado de conservación de la mayor parte de las estructuras de la Fase I, en la que sólo se han podido delimitar dos habitaciones, y aún éstas tenían grandes rotos que afectaban a la totalidad del alzado; esta es la razón de que sea muy poco lo que conocemos acerca de la estructura urbana en esta fase. Cabe destacar que la mayoría de los muros se cimentan sobre los muros de la fase anterior, por lo que en cierto modo fosiliza la trama urbana existente; no obstante se han detectado que

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Habitación F

Habitación E

Habitación D

Habitación A

Habitación B

Habitación C

Figura 4: Fase II. Planta general.

son completamente nuevos que compartimentan los espacios, reduciendo a la mitad el espacio de los departamentos; esto se aprecia en la habitación 2, cuyos muros se apoyan en los del departamento D de la Fase II, excepto el muro este (UE.1116), de nueva construcción que divide en dos el citado compartimento. Igualmente sucede con la cimentación 6103 que subdividía en dos la habitación que montaba sobre el departamento B de la Fase II. En cuanto a la función de los dos ambientes excavados pensamos que son lugares de habitación eminentemente domésticos, aunque no podemos precisar si formaban parte de una unidad. Nos conduce a esta idea el hecho de haber encontrado en su interior abundantes cerámicas comunes y también de cocina, junto con restos de comida (huesos y moluscos), algunas pesas de telar, y un molino circular en la habitación 1. Para la datación de esta Fase I contamos, en primer lugar con la superposición de las estructuras de esta fase sobre las de la Fase II, que nos indica una fecha “post quem” a mediados del s. IV a.C. a juzgar por las cerámicas áticas halladas en la colmatación de las mismas. Así pues, el poblado en la Fase I arranca a partir de la segunda mitad del s. IV a.C. o quizás a ini-

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cios del s. III a.C. Esta cronología a caballo entre los s. IV a. C. y III a.C. es corroborada por la presencia de algunos materiales, entre los que destaca el fondo del Taller de las Pequeñas Estampillas, algunas piezas del taller de Rosas, el fondo de bol de Campaniense A arcaica (1) o las ánforas púnico ebusitanas PE 14 y 15, propias del s. IV a.C. y de la primera mitad del s. III a.C. respectivamente (Ramón 1981). Esta fase conoció su apogeo a lo largo de todo el s. III a.C. como queda patente por la presencia de las principales producciones de cerámicas finas y de ánforas en circulación por el Mediterráneo Occidental a lo largo de todo este siglo, como los productos de barniz negro del Taller de Rosas, Campaniense A arcaica y antigua, productos de vajilla fina del área púnica, cerámica común púnica, ánforas tardías del área del Estrecho Mañá-Pascual A-4 evolucionadas, ánforas Ribera G, ánforas púnico ebusitanas PE 15, PE 16, PE 23; ánforas Mañá D2 y D1a. Para la datación del abandono contamos con la cronología que aportan los materiales más recientes aparecidos en los estratos de colmatación de las estructuras. Destacan especialmente los escasos fragmentos de cerámica Campaniense A antigua (L.23 bol con una roseta de siete pétalos n.º 6);

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Figura 5. Fase I, Habitación 2. 6.-LE.0302-11. Bol de Campaniense A. Forma L. 27. 7.-LE.C2-207. Plato de pescado de cerámica ática de barniz negro. 8.-LE.C2-226. Vaso pintado de cerámica ibérica.

9.-LE.1103-75. Vasode cerámica ibérica pintada. 10.-LE.1102-63. Anfora púnico-ebusitana, PE 14. 11.-LE.1102-60. Vaso caliciforme de cerámica ibérica. 12.-LE.1102-58. Soporte de cerámica ibérica.

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Figura 6: fase I, Habitación 2 19.-LE.1120-143.Cuenco de cerámica ática de barniznegro. L.21/25 20.-LE.1126-155. Vaso con perfil en ese de cerámica ibérica. 21.-LE.1126-156. Plato pintado de cerámica ibérica.

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22.-LE.1126-167. Pitorro de cerámica ibérica. 23.-LE.1126-157. Vaso de tocador de cerámica ibérica. 24.LE.1126-173. Olla de cerámica de cocina ibérica. 25.-LE.1120-146. Anfora ibérica.

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Figura 7: Fase II, Departamento K 272.-LE.824-85. Vaso de doble cuerpo de cerámica ibérica pintada.

ánforas púnico ebusitana PE 17 y PE 24; y tres bordes de ánforas greco-itálicas Will d. Todo este conjunto de material se puede fechar entre los últimos años del s. III a.C. y los primeros decenios del s. II a.C. Debemos remarcar una circunstancia muy significativa: se trata de materiales como la Campaniense A, las ánforas púnico- ebusitanas PE-17 o las ánforas greco-itálicas Will d, que serán exportadas masivamente a partir de los primeros años del s. II a.C. con la gran expansión comercial itálica que supuso el final de la segunda guerra púnica. En cambio estos productos en La Loma del Escorial tienen una presencia muy débil, casi testimonial y en el caso de la Campaniense A las formas representadas son propias de los repertorios más antiguos. LA FASE II (fig.4)

Departamento A. Está situado en la parte central del área excavada. Está circundada por los departamentos C y D por el Oeste, el departamento B por el este, y los departamentos E y F por el Norte; con ninguno de ellos mantiene comunicación directa. Por el Sur se abre a la calle 1. Tiene forma casi cuadrada, 4,60 m de Este a Oeste, por 4 m de Norte a Sur; conserva más de un metro de alzado, correspondiente al

273.-LE.827-89. Vaso con cazoleta. Cerámica común púnica. 274.-LE.819-58. Crátera ática de figuras rojas.

zócalo, de piedra caliza en mayor parte, el resto del alzado estaba realizado por medio de adobes, muchos de los cuales fueron localizados casi completos, caídos en el interior del departamento; las dimensiones de estos oscilan entre los 27 cm. de longitud, por 22 de anchura y 7 de grosor. El pavimento fue localizado a la cota 2,15 m. s.n.m.; está formado por una capa uniforme y homogénea de yeso. Las paredes presentan restos de enlucido blanco en el interior de los muros Este y Sur. La puerta se abre en la parte Sur, junto al ángulo Suroeste, con un vano de 0,90 m que la comunica con la calle 1. El departamento estaba completamente colmatado por por los derrumbes de sus muros y techumbres, conteniendo en su interior abundantes objetos pertenecientes al ajuar doméstico. Todo este depósito se encontraba cubierto por una pequeña capa de tierra limosa, muy fina y suelta (UE. 1312), que cubría también la parte superior de los muros. Lo interpretamos como una capa de colmatación posterior al derrumbe de la habitación. Debajo de esta unidad se generaliza una espesa capa formada por la caída en talud de los adobes que conformaban el alzado de los muros (UE. 1313), muchos de ellos se encontraban bastante completos. Además este estrato estaba formado por la disolución de estos adobes, y por el material que los unía, a modo de masa, de color marrón claro, así

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Figura 8: Fase II, Departamento K 275.-LE.819-37. Crátera de columnas de cerámica ibérica pintada. 276.-LE.819-55. Cerámica ibérica pintada.

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277.-LE.819-56. Vaso con con baquetones. 278.-LE.822-70. Base de mortero púnico-ebusitano.

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como restos de cenizas y algunos carbones. En esta unidad se localizó la mayor parte de los materiales: ocho cráteras áticas de figuras rojas (G.ª Cano y G.ª Cano 1992), cuatro ánforas Mañá-Pascual A-4, un ánfora Mañá C1a (2) (G.ª Cano e.p.), un ánfora del Egeo, dos corintias y una de Corfú; junto a ellas numerosos vasos de almacenamiento y ánforas ibéricas. Finalmente, sobre el pavimento se documentó un fino estrato formado por carbones y cenizas de color negro profundo (U.E 1325). Departamento B (3). Se encuentra al Este del anterior, separada por un muro medianero; la única puerta atestiguada se abre también por el Sur a la calle 1, pero en el ángulo contrario, el Sureste. Tiene forma rectangular, casi cuadrada, con 5,30 m de Este a Oeste por por 4,30 de Norte a Sur; el muro Norte del fondo es común a ambos departamentos; el zócalo de piedra conserva una media de 0,80 m. de alzado; está realizado a base de piedras calizas dispuestas en hiladas sucesivas, con numerosas oquedades rellenadas por barro, esta es la razón que en algunas partes el muro se haya desmoronado hasta la base. El pavimento está formado por una capita gris con concha triturada y chinarrillo muy fino que cubren a una capita uniforme de yeso similar a la detectada en el departamento A, a la cota de 2,15 m. s.n.m. Este departamento estaba igualmente colmatado por los materiales procedentes del derrumbe de los adobes que formaban el alzado de los muros y por los materiales que formaban la techumbre que colmataba por completo el zócalo de piedra de los muros. El depósito estaba cubierto por una capa de tierra muy limosa de color amarillento, bastante suelta, que interpretamos como una capa sedimentada posteriormente al derrumbe (UE. 6106). A continuación se delimita un espeso estrato de color rojo que interpretamos como coladas de disolución de adobes que formaban la parte superior de los muros (UE. 6107). Prácticamente no contenía materiales. Este potente estrato cubría a la UE. 6108, que se generaliza por toda la habitación. Constituye una capa más heterogénea, caracterizada por tierra rojiza más suelta, con cenizas y carbones, algunas lajas de pizarra violácea, y adobes con improntas vegetales, que pensamos que corresponde a los materiales caidos del techo. En este estrato se localiza la mayor parte del material arqueológico, con vasos cerámicos fragmentados pero completos, chafados en los lugares donde estaban abandonados cuando se produjo el derrumbe. Destacaremos un vaso de plomo situado junto a una gran mancha de cenizas, y a su

lado un capazo de esparto carbonizado; un ánfora ibérica, muy fragmentada; un vaso de doble cuerpo, dos vasitos caliciformes, y un vasito de perfil quebrado de cerámica ibérica pintada. En el centro de la habitación se hallaba un ánfora de filiación griega (probablemente una Corintia A’). Departamento K. Como ya se ha indicado este departamento sólo ha sido excavado en el sondeo vertical (cuadrícula H-2); su situación en el extremo Noreste del solar no permitía su delimitación completa, sólo se han documentado dos muros, el Sur y el Oeste, ambos fueron posteriormente recrecidos para formar la habitación 1 de la Fase I. Las dimensiones máximas excavadas son 5 m. de Norte a Sur por 5,40 m. de Este a Oeste. El muro Sur tiene un grosor de 0,75 m.; el muro Oeste 0,60 m., linda con la calle 2, con la cual queda comunicado mediante una abertura de 0,70 m. en el ángulo Suroeste de la habitación. Como en los otros dos departamentos de esta fase se constata una estratigrafía típica de derrumbe y abandono posterior (fig.3). Se ha documentado un estrato (UE. 0820) correspondiente a la interfase, que nivela el terreno entre los derrumbes de este departamento de la Fase II y la nuevaconstrucción de la Fase I. Debajo de éste, apareció una potente disolución de adobes rojizos (UE. 0825), correspondiente a la caída del alzado de los muros, dispuesto sobre el pavimento (UE. 0827). Éste está formado por tierra apisonada de color amarillento, a la cota de 1,74 m s.n.m. Finalmente se documentó la fosa de fundación (UE. 0830) correspondiente al muro Sur de la habitación. Como ya hemos indicado más arriba todo el depósito estaba perforado por una profunda fosa que arranca desde la Fase I. Interpretación y conclusiones

El urbanismo que se aprecia en el sector excavado hasta ahora se caracteriza por las unidades cuadrangulares, separadas por muros medianeros, con ejes perpendiculares que denotan una cierta planificación de las construcciones. Abunda en esta idea que los departamentos A y B estén cerrados por el Norte por un mismo muro corrido. Respecto a la funcionalidad, ambos departamentos ofrecen rasgos muy diferentes; el departamento A se caracteriza por la acumulación de grandes vasos de cerámica ibérica, junto con ánforas ibéricas e importadas y el grupo de ocho kráteras áticas de figuras rojas que podemos interpretar como un lugar de almacenamiento; por contra, en el departamento B hallamos una menor cantidad de vasos, donde el predominio lo tienen las cerámicas ibéricas finas (caliciformes, vaso de

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

doble cuerpo), pero también hay un ánfora corintia y una olla de cocina local, que quizás denota un ámbito de carácter doméstico. Para la datación de esta Fase II contamos con pocos elementos cronológicos sobre el momento inicial. Los rasgos constructivos explicados parecen indicar que toda esta parte se construyó simultáneamente. Las cerámicas áticas detectadas en el interior de estos departamentos ayudan a precisar la datación del momento final de esta fase: ocho kráteras áticas de figuras rojas y un cuenco L.24 en el departamento A; un borde de kylix de figuras rojas y plato de pescado, cuenco L.21/25B, y dos páteras L.22 en el departamento B. Ambos conjuntos se pueden fechar en el segundo cuarto avanzado del s. IV a.C. (G.ª Cano e.p.); presumiblemente la destrucción de ambos departamentos se produjo también de manera simultánea. En cuanto a las relaciones comerciales hay que destacar que en el departamento A, junto al importante conjunto de cerámicas de figuras rojas se halló una notable presencia de ánforas importadas de distintas áreas geográficas, estando bien representadas las principales áres comerciales púnicas (ánfora ibicenca PE 14, ánfora cartaginesa Mañá C1a, cuatro ánforas del área del Estrecho Mañá-Pascual A-4) (G.ª Cano e.p.) y otras de ámbito griego (dos ánforas corintias A’, un ánfora de Corfú y otra egea), en definitiva un contexto muy próximo al del pecio del Sec (Arribas et alii 1987). En definitiva, durante este periodo se observa una actividad comercial muy dinámica, con importaciones de variadas procedencias que parece indicar que durante la primera mitad del s. IV a.C. asistimos a un periodo muy abierto, en donde las áreas de influencia de cada potencia comercial están poco definidas. No obstante hallazgos como el del pecio de El Sec hacen restar protagonismo al papel atribuido tradicionalmente a Ampurias en el comercio de las cerámicas áticas y las ánforas greco-orientales a favor de los comerciantes púnicos, al menos hacia mediados del s. IV a.C. LA FASE III

Como ya hemos citado sólo se ha detectado en el sondeo vertical realizado en la cuadrícula H-2 (fig.3); inmediatamente debajo de las estructuras de la Fase II (Dep. K) se documentó un muro (UE.0842) asociado a dos pavimentos de tierra apisonada, gravilla y arena (UE 0831 y 0833). Está orientado de Norte a Sur; el tramo excavado mide 1,50 m. de longitud, por 0,22 m. de anchura y dos hiladas de alzado,

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con 0,40 m. de altura conservada. Fue localizado a la cota 1,58 m. s.n.m. Está formado por piedras medianas y pequeñas bien encaradas. Fue excavado un depósito estratigráfico de 0,50 cm., con estratos poco potentes y muy horizontales, que parecen responder a capas de preparado de los pavimentos y a sus abandonos; estos estratos contienen muy escaso meterial arqueológico, tan sólo paredes de cerámica a torno poco significativos. En una prueba de cimentación realizada por la empresa constructora en la parte situada al Oeste del solar fue localizado otro muro entre las cotas 1,96 m. y 1,56 m. s.n.m., que corresponden con seguridad a esta misma fase, que atestigua su continuidad en todo este solar. Para la datación de esta fase solamente disponemos de elementos de cronología relativa. De esta manera, el principal elemento cronológico es su posición estratigráfica por debajo de las estructuras de la Fase II, cuyo momento inicial fechábamos en base a las cerámicas áticas más antiguas que se le asocian hacia finales del siglo V a.C. Por ello debemos suponer que la amortización de la Fase III debió ocurrir en una fecha inmediatamente anterior, quizás en el último cuarto del s. V a.C. El momento inicial nos resulta aún más difícil de datar. A nivel hipotético podemos apuntar que los materiales áticos más antiguos hallados en las excavaciones de P. San Martín pueden corresponder a este periodo de existencia del poblado. Nos referimos a los fragmentos de kylix del Pintor de Bologna 417, fechable a mediados del s. V a.C., y del kylix de barniz rojo coral o intencional, fechado en el primer cuarto del s.V a.C., que es el valor cronológico más antiguo que encontramos hasta el momento en todo el conjunto de Los Nietos. En cuanto a las razones del origen del poblamiento en Los Nietos, pensamos que se relaciona con el inicio de la explotación de los recursos mineros de la Sierra Minera de La Unión. Hay que destacar que Los Nietos se encuentra en el punto del litoral del Mar Menor con acceso más próximo y fácil a esta sierra, y además está junto a la desembocadura de la rambla Carrasquilla, excelente vía de comunicación terrestre entre los principales yacimientos mineros y el poblado, la cual penetra siete kilómetros en la Sierra. Este afán por comunicar la sierra con la costa se explica por la necesidad de comercializar por vía marítima la producción minera, comercio en el que debían estar implicados desde el mismo origen los agentes coloniales responsables, a nuestro juicio, de la ubicación y de la función principal del poblado.

INFORME SOBRE EL POBLADO IBÉRICO DE LA LOMA DEL ESCORIAL, LOS NIETOS (CARTAGENA)

E. Diehl, ante la calidad y antigüedad de los materiales de importación áticos hallados en esta primera excavación, consideró posible que en La Loma del Escorial estuviera radicada una factoría comercial griega, con presencia de elementos griegos.

periodo Bárquida. La subordinación al poder cartaginés supondrá que tras la conquista de Cartagena, la reorganización del territorio por el nuevo poder romano supuso la desaparición del poblado en los años finales del s.III a.C. o en los iniciales del s. II a.C. y su población diseminada en las nuevas explotaciones (Diehl et alii 1964; Ruiz 1995, 153-182).

CONSIDERACIONES FINALES

Catálogo-Resumen de los materiales más significativos (4)

La campaña de excavaciones de 1990 en el poblado de La Loma del Escorial ha revelado la existencia de al menos tres fases constructivas sucesivas que se pueden relacionar con los hallazgos realizados en la primera intervención de 1962 por P. San Martín. Los datos sobre la Fase inicial del poblado siguen siendo muy escasos, pero se confirma su actividad al menos desde el s. V a.C., con una importante remodelación que podríamos datar en los años finales de este siglo. Ha aportado mayor información referente a la llamada Fase II, donde se documenta un nivel de destrucción a mediados del s.IV a.C. en los dos departamentos excavados; por otra parte cabe reseñar la existencia de una gran cantidad de importaciones cerámicas y la variedad de los centros productores: su acumulación en una sola estancia permite suponer que Los Nietos funcionó como un importante centro redistribuidor de mercancías, hacia el interior de la región, pero también debió servir como punto de escala de la navegación; todo ello conlleva unas relaciones muy estrechas entre los habitantes del poblado y los comerciantes coloniales que debieron tener una presencia muy asidua en el poblado (Barceló 1987-88, 173). Por otra parte la presencia de litergirio (óxido de plomo residual del proceso de copelación de la plata) en el departamento B demuestra la existencia de esta actividad metalúrgica al menos desde mediados del s.IV a.C. y que sin duda debió constituir uno principales de los acicates comerciales en este periodo. En el s.III a.C. en la orientación comercial se hace más patente el predominio púnico; entre las importaciones destaca un importante grupo de ánforas ibicencas (PE 15, 16, 23 y 24) ánforas del área del Estrecho derivadas de la Mañá-Pascual A-4, ánforas Ribera G, ánforas cilíndricas del Mediterráneo Central Mañá D, que cubren toda la centuria sin solución de continuidad; en la vajilla de barniz negro sobre todo predominan los productos del Taller de Rosas y las imitaciones ibicencas, y en el momento final la Campaniense A (GªCano e.p.). Es muy destacable el papel que parece haber jugado Ibiza como agente intermediario a lo largo de esta última fase. El contexto cerámico es paralelizable con los niveles prerromanos de la ciudad de Cartagena, en el

6.-LE.0302-11 (fig.5): Bol de Campaniense A, forma L.27. Fondo completo, anular; Arcilla marrón rojizo, presenta pequeñas partículas negras y mica. Exterior, barniz amarronado, poco brillante. Fondo externo sin barnizar, manchado por derrame; huellas dactilares entorno al pie. En el fondo interno una roseta impresa con siete pétalos y botón central. 7.-LE.C2-207 (fig.5): Plato de cerámica ática de barniz negro. Forma L.23. Arcilla muy depurada, y compacta. Color anaranjado claro. Exterior barniz negro muy amarronado, brillo irregular, muy metálico en el interior. Ranura entorno a la cazoleta en reserva. La unión entre el pie y la pared barnizada. Fondo externo completamente barnizado. 8.-LE.C2-226 (fig.5): Vaso pintado de cerámica ibérica. Fragmento de borde, vuelto al exterior, con pequeña visera. Arcilla amarillenta, levemente vacuolada. Exterior blanquecino. Decorado con bandas en el labio y en la visera y una línea en el interior. 9.-LE.1103-75 (fig.5): Vaso pintado de cerámica ibérica. Fragmento de borde en forma de pico de ánade. Arcilla anaranjada, compacta. Exterior anaranjado, con una banda en el labio y dos líneas entorno al cuello. 10.-LE.1102-63 (fig.5): Anfora ebusitana, PE 14. Fragmento de borde, engrosado. Arcilla anaranjada, compacta, con numerosos puntitos blancos visibles y mica. Exterior idem. 11.-LE.1102-60 (fig.5): Vaso caliciforme de cerámica ibérica. Borde exvasado, carenado. Arcilla anaranjada, exfoliada, con pequeñas partículas blancas. Exterior anaranjado. 12.-LE.1102-58 (fig.5): Soporte de cerámica ibérica. Arcilla gris oscuro, con finos filos de color rojizo, grano muy fino. Abundantes partículas blancas muy pequeñas. Exterior gris amarronado. 19.-LE.1120-143 (fig.6): Cuenco de cerámica ática de barniz negro. Forma L.21/25. Fragmento de borde. Arcilla anaranjada, compacta y depurada. Exterior barniz negro, algo amarronado, muy picado. 20.-LE.1126-155 (fig.6): Vaso con perfil en ese, con asa vertical, de cerámica ibérica. Borde exvasado. Arcilla de color naranja pálido, porosa. Exterior anaranjado pálido.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

21.-LE.1126-156 (fig.6): Plato pintado de cerámica ibérica. Borde entrante. Arcilla gris claro, pequeñas vacuolas y algunas partículas blanco. Exterior marrón claro. Presenta cinco líneas paralelas en la pared media, y otra en la parte inferior. Al interior otras seis líneas. 22.-LE.1126-167 (fig.6): Fragmento de pitorro de cerámica ibérica. Labio vuelto al exterior. Arcilla porosa, de color marrón claro, con partículas blancas y negras. Exterior idem. 23.-LE.1126-157 (fig.6): Vaso de tocador de cerámica ibérica. Le falta el borde. Pie estrecho y bajo, fondo umbilcado. Arcilla compacta y granulosa, de color gris oscuro. Se observan algunas partículas gruesas de color blanco. Exterior muy quemado. 24. LE 1126-173 (fig.6): Olla de cerámica de cocina ibérica. Borde vuelto al exterior. Arcilla rojiza, con filos amarronados. Desgrasantes gruesos y duros de color blanco y oscuros. Exterior marrón claro, alisado, labio ennegrecido. 25.-LE.1120-146 (fig.6): Anfora ibérica. Borde entrante, labio recto y engrosado. Arcilla gris claro, con abundantes partículas negras y blancas. Exterior anaranjado. 272.-LE.824-85 (fig.7): Cerámica ibérica pintada; fragmentos del tercio superior y fondo de un vaso de doble cuerpo. Arcilla gris claro al interior, anaranjado al exterior. Superficie cubierta de un engobe blanquecino. 273.-LE.827-89 (fig.7): Cerámica común importada; fragmento del fondo, con una cazoleta en el interior. Arcilla con núcleo gris claro, filos anaranjados. Exterior anaranjado, con partículas blancas. 274.-LE.819-58 (fig.7): Cerámica ática de figuras rojas; fragmento de borde de una crátera ática de figuras rojas. Arcilla anaranjada. Superficie barniz negro brillante, un poco cuarteado. En el labio externo, hojas de laurel. Acanaladura en reserva. 275.-LE.819-37 (fig.8): Cerámica ibérica pintada; parte superior de una crátera ibérica de columnas. Arcilla gris oscuro, con filos exteriores de color rojizo anaranjado. Presenta mica muy fina. Superficie, en el labio interno semicírculos concéntricos; en el exterior del cuello, dos series de círculos concéntricos, uno encima del otro, formando intersección. En el hombro una gruesa banda y dos líneas; encima semicírculos concéntricos; debajo un friso de pequeños sectores circulares. 276.-LE.819-55 (fig.8): Cerámica ibérica pintada. Arcilla marrón claro, con partículas blancas. Superficie decorado con dos líneas en el interior; en el exterior no conserva pintura.

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277.-LE.819-56 (fig.8): Cuello de un vaso con con baquetones. Arcilla gris, fina y depurada. Superficie amarronada, con zonas muy rojizas. Tiene dos baquetones muy bien acabados. 278.-LE.822-70 (fig.8): Fragmento de base de mortero; con repié; el fondo externo acanalado. Arcilla amarilla, con desgrasantes gruesos de color negro. Piedras abrasivas negras incrustadas en el interior.

NOTAS (1) Las cerámicas campanienses han sido objeto de un trabajo monográfico en XXIII C.N.A. celebrado en Elche en 1995. (2) Los materiales púnicos de la Fase II han sido estudiados en IV Congreso Internacional de Estudios fenicios y púnicos, celebrado en Cádiz en 1995. (3) El departamento B ha sido más ampliamente tratado en el Homenaje de la Revista Verdolay a la Dra. Muñoz Amilibia. (4) En el número de catálogo de los materiales se ha respetado el número asignado en la Memoria general que estamos elaborando.

BIBLIOGRAFÍA ARRIBAS, A., TRIAS, G., CERDA, D., DE HOZ, J.: 1987 El barco de El Sec. Mallorca 1987. BARCELO, P.: 1987-88, «Notas sobre la presencia griega en el litoral hispano», Cuadernos de Prehistoria y Arqueología Castellonense 13, 171. DIEHL, E., SCHUBART, H., SAN MARTIN, P.: 1962, «Los Nietos. Ein Händelplatz des 5 bis 3 Jahrhunderts an der Spanische Levanteküste» Madrider Mitteilungen 3, 1962, 45-84. GARCIA CANO, C. GARCIA CANO J.M.: 1992, «Cerámica ática del poblado ibérico de La Loma del Escorial (Los Nietos, Cartagena)», A.E.A. n.º 65, Madrid 1992, 3-32. GARCIA CANO, C.: (e.p.), «Contextos del s. III a.C. en el conjunto ibérico de Los Nietos (Cartagena): las cerámicas de barniz negro»; XXIII Congreso Nacional de Arqueología, Elche 1995. GARCIA CANO, C.: (e.p.), «El departamento B de La Loma del Escorial (Los Nietos, Cartagena)»; Verdolay, Homenaje a A.M. Muñoz Amilibia. GARCIA CANO, C.: (e.p.), «Los inicios de la presencia púnica en el poblado ibérico de Los Nietos (Cartagena)», IV Congreso Internacional de Estudios fenicios y púnicos. Cádiz 1995. LILLO CARPIO, P.: 1981, El poblamiento ibérico en la provincia de Murcia. Murcia 1981. RAMON TORRES, J.: 1981, La producción anfórica púnico-ebusitana. Ibiza 1981. RUIZ VALDERAS, E.: 1995, «El poblamiento rural romano en el área oriental de Carthago Nova»; Poblamiento Rural Romano en el Sureste de Hispania, Murcia 1995, 153-182. SAN MARTIN MORO, P.: 1964, «Primer informe sobre la excavación de La Loma del Escorial, Los Nietos (Cartagena)»; Noticiario Arqueológico Hispánico n.º 6, 157- 164.

PRIMERA CAMPAÑA DE EXCAVACIONES EN LA VILLA ROMANA DE LA TORRE DE SANCHO MANUEL (LORCA)

Andrés Martínez Rodríguez

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1996

PRIMERA CAMPAÑA DE EXCAVACIONES EN LA VILLA ROMANA DE LA TORRE DE SANCHO MANUEL (LORCA)

ANDRÉS MARTÍNEZ RODRÍGUEZ Museo Arqueológico de Lorca

Resumen: La villa romana está enclavada en el valle del Guadalentín, próxima al Camino Real o al Camino de los Valencianos. La estratégica situación controlando una extensa tierra de labor bien regada por la rambla Viznaga y la vía de comunicación hacia el valle del Almanzora,

favoreció el sucesivo establecimiento de población desde la protohistoria hasta época tardorromana, tal y como se ha podido constatar en las excavaciones arqueológicas.

El nombre con que se conoce el yacimiento de la Torre de Sancho Manuel hace referencia a un torreón mudéjar, construido en el siglo XIV para reforzar y controlar la importante vía de comunicación entre los valles del Guadalentín y del Almanzora. Esta ruta fue posteriormente denominada Camino Real y actualmente es conocida como Camino de los Valencianos. La torre se levantó sobre una importante villa romana conocida desde principios de siglo. González Simancas (1905: 457) se refiere a este yacimiento con el nombre de Torre del Araillo, mencionando el hallazgo de cimentaciones de un edificio romano, restos de los mosaicos que cubrían los suelos, esculturas de mármol blanco hechas pedazos, y tinajas de gran tamaño. Joaquín Espín (1928) vuelve a incidir en los hallazgos de fragmentos de escultura en mármol, entre ellos un pie y una cabeza de niño y un gran mosaico en el sitio llamado Torre del Obispo. Posteriormente se han referido a este significativo yacimiento romano Cristóbal Belda (1975: 292), Ana M.ª Muñoz Amilibia (1980: 54), Sebastián Ramallo (1985: 100) y algunos estudiosos locales.

a unos 8 km. de la ciudad y a 2 km. de la carretera comarcal 3.2ll (Lorca-Águilas), en la pedanía de Cazalla. Sus coordenadas U.T.M. en la hoja 975 de Puerto Lumbreras son 41 64 950 y 6 19 700, y su altura sobre el nivel del mar 290 m. (fig. 1). El yacimiento se extiende por varios bancales propiedad de D. Eusebio Soto, D. Pedro López Abril, D. José Moreno Ruiz, D. Pedro Baenas Pelegrín y Dª. Ana Díaz Alcázar (fig. 2). La terreno donde está enclavada la torre de Sancho Manuel y su entorno inmediato donde se ha practicado la primera campaña de excavaciones arqueológicas pertenecen a D. Eusebio Soto López. La roturación de los bancales donde se extiende el yacimiento permitió su descubrimiento en 1902, su continuada explotación ha producido que en la actualidad estén al descubierto la casi totalidad de la cimentación del torreón, con el peligro de conservación que lleva implícito y la destrucción de las estructuras romanas de este importante yacimiento, como se ha podido comprobar en esta primera campaña de excavaciones.

I. Situación

II. Proceso de excavación

El yacimiento denominado como Torre del Araillo o Torre de Sancho Manuel se localiza al Sureste del municipio de Lorca,

La 1.ª campaña de excavaciones arqueológicas en la Torre de Sancho Manuel se efectuó en el periodo comprendido

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PRIMERA CAMPAÑA DE EXCAVACIONES EN LA VILLA ROMANA DE LA TORRE DE SANCHO MANUEL (LORCA)

dejando un metro de separación entre éstos. La cota +0,00 m. se situó en el centro del muro NW de la torre. II.1. Corte D-1

El corte D-1 se plantea con unas medidas de 5 m. por 5 m. Se ha denominado estrato superficial a una potente capa de tierra marrón de aproximadamente 0.50 m. movida por las sucesivas roturaciones del terreno, conteniendo trozos de plástico negro, piedras y abundantes fragmentos de cerámica romana. El estrato 1 de tierra marrón clara compactada presenta en la superficie de contacto con el estrato superficial las marcas de las rejillas del arado. Asociados a este estrato aparecen cuatro muros de piedra (D.1.1, D.1.2, D.1.3 y D.1.4) paralelos a los perfiles del corte. Los espacios delimitados por estos muros se denominan ámbitos VI, VII, VIII y IX. Ámbito VI

Fig. 1. Situación de la villa en el plano.

entre el 9 de agosto y el 15 de septiembre de 1990. Colaborando en los trabajos de campo, inventario y dibujo los licenciados en Historia Antigua y Arqueología de la Universidad de Murcia, D. José Antonio Egea Sandoval, D.ª. Ginesa Fernández Buendía, D. Felipe González Caballero, D.ª Pilar Hernández Gaspar, D. Juan de Dios Hernández García, D. Joaquín Lomba Maurandi, D.ª M.ª Llanos López Muñoz, D. Gonzalo Matilla Séiquer y D.ª Ana Pujante Martínez, así como los alumnos de la Facultad de Letras, D. Juan Luis Montero Fenollós, D.ª Esther Muñoz Césaro, D. Alfredo Porrua Martínez y D.ª Belén Sánchez González. Los objetivos marcados para esta primera campaña iban dirigidos a documentar la torre y su entorno inmediato, espacio muy castigado por las roturaciones para la agricultura y donde a finales de los años setenta se halló un tesorillo de áureos altoimperiales (Fontela, 1992: 24-26), se puso al descubierto una piscina de opus signinum y un pequeño depósito recubierto de cal o yeso. Al topografiar el yacimiento se crearon cuatro sectores, quedando el área objeto de esta primera campaña en el sector D, con excepción de la torre que quedó englobada en el sector B. Los cinco cortes abiertos están alineados de NW-SE

Los muros D.1.1 y D.1.2 y el ángulo 2-3 delimitan un espacio de 2,50 m. por 2,90 m. Al seguir bajando en el interior de este ámbito nos encontramos con un nuevo muro de grandes piedras asociado al estrato 2 de tierra marrón anaranjada más suelta, con los derrumbes de enlucido de cal, que delimita un espacio menor de 1,16 m. por 3,08 m., revocado y pavimentado por un enlucido de cal. A este espacio asociado al estrato 2 denominamos balsa 1. Ámbito VII

Delimitado por los muros D.1.1, D.1.2, D.1.4 y D.1.6. Estos muros están asociados al estrato 1 de tierra marrón clara, que se deposita sobre restos de un pavimento de tierra roja apisonada. Bajo este pavimento la estratigrafía es la siguiente: -estrato 2 de tierra marrón anaranjada -estrato 3 de tierra marrón con carbones -estrato 3a de muy poca potencia formado por tierra cenicienta -estrato 4 formado por adobe compactado que pudo ser un pavimento. Ámbito VIII

Delimitado por los muros D.1.1, D.1.2, el cierre de la pileta de signinum y el ángulo 1-4. En este ámbito se han podido documentar los estratos 1 y 2 semejantes a los del ámbito VII que se superponen al estrato 3 de tierra marrón muy compactada totalmente estéril. Ámbito IX

Espacio delimitado por los muros D.1.1 y D.1.5 y el

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Fig. 2. Delimitación del yacimiento en el plano de parcelación, polígono 153 del término municipal de Lorca.

ángulo 3-4. La estrato 1 de este departamento es semejante al del espacio VIII. Los muros D.1.1 y D.1.5 aparecen asociados a este estrato 1, quedándose colgados al comenzar el estrato 2 sobre el que aparecen unas manchas cenicientas. II.2. Corte D-5

Este cuadro se plantea con unas medidas de 5 m. por 5 m. El estrato superficial de revuelto en algunas zonas llega a tener 0,60 m. de potencia debido a los movimientos de tierra efectuados por las continuas roturaciones y la excavación clandestina. La cimentación de dos muros adosados (D.5.1 y D.5.5) con dirección NE-SW y conformados por piedra mediana unida con una potente argamasa delimitan los ámbitos I y II. Cerrando el ámbito I por SW se conserva la parte inferior de una piscina de opus signinum perpendicular a los muros (departamento 3), cuya zona oriental se superpone a una estructura cuadrangular (departamento 4) con las paredes enlucidas que se introduce en el perfil 3. Tanto la piscina rectangular como el posible aljibe cuadrangular estaban rellenos por tierra removida, el opus signinum estaba recubierto con un plástico amarillo. El ámbito 2 situado al NW del corte D-5 está delimitado por los muros unidos en ángulo recto D.5.5 y D.5.6., y el perfil 1. La construcción de la piscina de signinum y la cimentación de los potentes muros se realizó perforando los estratos 1, 1b y 2. El estrato 1a estaba formado por una tierra marrón clara con escasos fragmentos de cerámica. Denominamos estrato 1b a una capa de tierra marrón clara de textura más suelta que la del estrato anterior. El

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material asociado a este estrato es escaso con formas elaboradas a mano y cerámicas grises bruñidas. Bajo el estrato 1b se documenta el estrato 2 de tierra marrón anaranjada de textura más suelta que el anterior, con pequeños carbones y mayor proporción de cerámica fundamentalmente fragmentos de ánforas. Asociados a este estrato comienzan a parecer los muros D.5.6 con dirección E-W y el D.5.7 orientado N-S. Ambos muros están formados por dos hiladas de piedra de tamaño medio unidas por piedra y ripios en el centro, conservando en algunas zonas el alzado de adobe. Los derrumbes de este alzado al mezclarse con la tierra conforman el estrato 2. Debajo del estrato 2 empieza a aparecer el estrato 3 compuesto por una tierra marrón oscura con pequeños carbones dispersos que en los ámbitos I y IV se concentran formando manchas. Los muros D.5.6, D.5.7 y D.5.9 permiten aislar cuatro espacios que denominamos I, II, III y IV. Ámbito I (lám. 1)

Espacio delimitado por los muros D.5.6, D.5.7 y D.5.9. Este último muro se interrumpe para formar un acceso de 0,70 m. que comunica los ámbitos I y IV. En el ángulo formado por los muros D.5.6 y D.5.9 aparece la parte superior de una columna cuyo fuste circular ha sido aplanado para señalizar dos caras paralelas, los lados de la parte superior que no están aplanados presentan unos abultamientos a modo de pencas muy toscas y deterioradas y una moldura cóncava labrada en una de las caras comunica las dos pencas. La localización de esta pieza arquitectónica en las inmediaciones de un acceso, unida a las características de la pieza con dos superficies aplanadas, hacen pensar que pudo funcionar como jamba de una entrada y que al derrumbarse quedó volcada. Ámbito II

Habitación delimitada por los muros D.5.6 y D.5.7. En la muro D.5.6 se documentó una abertura que comunicaba los ámbitos I y II. En las inmediaciones de este acceso se documentó un depósito cerámico formado por dos vasos grises de perfil moldurado y pie anular, un plato de pie anular y base cóncava y una ollita de borde vuelto y fondo cóncavo rellena de carbones. Esta habitación estuvo pavimentada por una delgada capa de adobe beige que se conservaba en el ángulo 1-2 y debajo del lote cerámico.

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Fig. 3. Cuencos de cerámica gris con el perfil exterior moldurado (3.1 y 3.2), plato sin labio y pie anular (3.4) y olla con el borde vuelto y base cóncava (fig. 3.3) procedentes del ámbito 1. Olla u orza con mamelones de aprehensión verticales pendientes de la línea del borde (fig. 3.5).

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Ámbito III

Pequeño espacio delimitado por los muros D.5.5, D.5.8 y el perfil 1. Durante el proceso de excavación se pudo comprobar que este pequeño espacio formaba parte de una gran dependencia romana (ámbito X). Ámbito IV

Este espacio delimitado por los muros D.5.6 y D.5.9 fue parcialmente vaciado al construir la balsa 1. Ámbito V

Piscina rectangular de 3.70 m. de longitud y 1 m. de anchura delimitada por muros construidos con piedras pequeñas y medianas unidas por argamasa, el grosor de los lados mayores está entorno a los 0.40 m. y el de los lados menores alrededor de los 0.20 m. El interior se encuentra recubierto por un opus signinum que junto al bocel de cuarto de caña que cubre las aristas, confiere al estanque la impermeabilidad requerida para contener líquidos, cuyo desagüe se vería favorecido por una ligera inclinación del pavimento hacía un agujero situado en el ángulo Oeste.

servada de un horno prerromano, donde se pudieron constatar restos de dos muretes perpendiculares y una columna que debieron formar parte de la suspensura de la parrilla, y restos de las perforaciones de forma trapezoidal por donde circularía el calor, conservadas en el perímetro interno de la cámara. Los escasos elementos conservados en este sector de la cámara de combustión son de un adobe amarillento endurecido por el contacto con el fuego. Sobre el suelo la cámara se conservaban escasas cenizas con algunos elementos de deshecho de alfar y fragmentos de cerámicas entre los que sobresale parte de un plato de borde engrosado. Al retirar el testigo que separaba los cortes D-5 y D-9 se documenta el lado occidental del muro D.5.7. que delimita el ámbito II del corte D-5 y parte del derrumbe de este muro únicamente conservado en el ángulo 3-4. En sector de este corte comprendido entre el muro D.9.1 (continuación del D.5.8) y el horno se constata un estrato 4 de tierra marrón muy suelta y granulosa que se superpone al estrato 5 de tierra marrón muy oscura con abundantes carbones. Ambos estratos se adosan al exterior de la cámara de combustión del horno. La cantidad de carbones del estrato 5 puede indicar la proximidad a la boca del hogar del horno.

II.3. Corte D-9

El corte se planteó como ampliación del corte D-5 por el NW para documentar el cierre del ámbito III. Las dimensiones de 5 m. por 3 m. estuvieron condicionadas por un canal de riego que cerraba el bancal por el Noroeste. Bajo el estrato superficial, alterado por las roturaciones actuales, aparece la preparación a base de piedras pequeñas unidas con cal de un pavimento de opus signinum que se adosa a un recio muro formado por dos muros de menor tamaño adosados (ámbito X). Este muro es la prolongación del muro D.5.8 del corte D-5. El pavimento que aparece perdido en casi su totalidad por los trabajos agrícolas, está asociado a los estratos 1 y 2 de tierra marrón que contienen abundantes fragmentos de tégulas, ímbrices, estucos decorados, pesas de telar y cerámicas. Entre los fragmentos cerámicos se documenta una H. 50 en T.S.C.C. y una H.91 en T.C.C.D. Bajo la preparación del pavimento se empieza a documentar en el ángulo 1-2 un adobe anaranjado. Este adobe delimita una estructura semicircular colmatada en su mayor parte por materiales romanos de revuelto de los estratos superiores (fragmentos ladrillos, tégulas, ímbrices y cerámica romana de los siglos I al III d.C.). La estructura de adobe pertenece a la cámara de combustión (ámbito XI) muy mal con-

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II.4. Corte D-6

El corte D-6 planteado al Suroeste del corte D-5 se abrió únicamente en su mitad nororiental (5 m. por 2,5 m.), para comprobar si las estructuras romanas se conservaban en mejor estado que las documentadas en los otros cortes excavados. Las primeros restos hallados aparecen cubiertos por una tierra marrón muy compactada asociada a la zona inferior del estrato 1. Se trata de parte de la cimentación de dos muros de piedra (D.6.3 y D.6.4) que se introducen en los perfiles 1 y 4, y un tercer muro (D.6.1) perpendicular a los dos anteriores que conserva un agujero de poste. Estos tres muros cuya cimentación se introduce en el estrato 2, cierran un pequeño espacio que se superpone a estructuras de una fase precedente. Ámbito XII

Esta habitación delimitada por los muros D.6.2 y D.6.5 se documentó parcialmente debido a la finalización de la campaña de excavaciones. El muro D.6.2 de piedra mediana presenta un espacio que interpretamos como el umbral de acceso a esta dependencia. Este muro conserva recubriendo su alzado varios enlucidos blancos pintados de rojo que se

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Fig. 4. Fondo plano de plato de cerámica gris (fig. 4.1), fragmento de plato de borde vuelto de cerámica gris (fig. 4.2), ollas u orzas con mamelones de aprehensión verticales pendientes del borde (ff. 4.3 y 4.4), fondo plano de pequeña olla u orza (fig. 4.5), fragmento de cazuela carenada de cerámica gris (fig. 4.6) y fragmento de escudilla carenada de cerámica gris (fig. 4.7).

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

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Fig. 5. Reposadero (fig. 5.1) y parte superior de un ánfora prerromana tipo Ribera G (fig. 5.2) halladas en el interior de la balsa 2.

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PRIMERA CAMPAÑA DE EXCAVACIONES EN LA VILLA ROMANA DE LA TORRE DE SANCHO MANUEL (LORCA)

Fig. 6. Alzados y cimentación de las caras Sureste y Noroeste de la Torre de Sancho Manuel.

Planta general

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Fig. 7. Plano del municipio de Lorca con la ubicación de la villae de la Torre de Sancho Manuel en el contexto del poblamiento del siglo I d.C.

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PRIMERA CAMPAÑA DE EXCAVACIONES EN LA VILLA ROMANA DE LA TORRE DE SANCHO MANUEL (LORCA)

pensaban excavar en la campaña siguiente. El muro D.6.5 perpendicular al D.6.2 presenta otro espacio abierto en la confluencia de ambos muros. Los derrumbes de adobe de estos dos muros están asociados al estrato 3 de tierra marrón clara limosa y suelta con abundantes fragmentos de cerámica. Al finalizar la campaña de excavaciones únicamente se habían empezado a retirar los derrumbres de los alzados de adobe de los muros que delimitan el ángulo Norte, quedando pendiente para la posterior campaña que nunca se realizó por impedimentos del dueño de la finca, la constatación del interior de esta dependencia Ámbito XIII

Únicamente se ha podido excavar una estrecha franja de este espacio delimitado por el perfil Noreste y los muros D.6.2 y D.6.6. La estratigrafía es semejante a la constatada en el ámbito XII, presentando en el estrato 2 manchas de adobe rojizo con cenizas que pueden pertenecer a un pavimento asociado a la fase prerromana, también documentado sobre el ámbito XII. II.5. Corte B-1

El corte B-1 se plantea junto al lado Noroeste de la torre con unas medidas de 2 m. por 5 m., para documentar la totalidad de la cimentación del torreón. El estrato superficial formado por tierra suelta arrojada al muro de la torre por la maquinaría agrícola contiene abundantes fragmentos de cerámica romana. La base de la cimentación de la torre está asociada al estrato 1 de tierra compactada que contiene restos de argamasa de la cimentación. El torreón tiene una potente cimentación de 2.30 m. de la que actualmente sólo hay 0.70 m. bajo tierra. Esto nos puede dar idea del continuado proceso de movimiento de tierras y por lo tanto de destrucción al que se está sometiendo este importante yacimiento desde muchos años atrás. II.6. Interior del torreón

La excavación del interior de la torre se ha planteado compartimentando el espacio en cuatro departamentos. El depósito superior del interior de la torre asociado al alzado conservado de los muros, está totalmente revuelto por basureros actuales. Con anterioridad al depósito de los desperdicios, los habitantes de las inmediaciones del yacimiento practicaron diversos agujeros rompiendo el pavimento del

interior de la torre en busca de los soñados tesoros que se escondían en el subsuelo de estas ruinas. Los agujeros que tenían más de 1.50 m. de profundidad se concentraban en los departamentos 1, 2 y 3. El depósito conservado en el departamento 4 permitió documentar un pavimento de adobe anaranjado endurecido por el fuego, cubierto por dos finas capas de tierra con elementos orgánicos quemados bajo un gran estrato de cenizas. El pavimento está asociado a al muro T.1 (conserva un alzado de 0.60 m.) de piedra situado perpendicularmente al muro Suroeste de la torre. Este muro continúa en el exterior del torreón hasta unirse con otro muro perpendicular (T.4). En el departamento 1 del interior del torreón se documentó un muro (T.2) formado por un zócalo de piedras con alzado de adobe enlucido de blanco dispuesto perpendicular al muro T.1. Paralelo al muro T.2 y perpendicular al muro T.1 se documentó un posible murete o tabique de adobe marrón al que se adosaba una capa de cenizas bajo el pavimento anaranjado. Los muros T.1, T.2 y T.4 delimitarían un gran espacio (ámbito XIV) de planta cuadrangular o rectangular de finales del siglo I d.C. o principios del siglo II d.C. cuya funcionalidad pudo estar relacionada con el almacenamiento de productos agrícolas, hecho que hizo disponer cenizas bajo el pavimento como aislante para los productos guardados. III. Aproximación a la secuencia histórica del yacimiento

El análisis de las sucesivas fases de ocupación documentadas en el yacimiento de la Torre de Sancho Manuel, permite una aproximación a la historia de uno de los pocos establecimientos del valle del Guadalentín, donde se ha podido constatar en excavaciones arqueológicas sistemáticas una larga pervivencia desde los últimos momentos de la Edad del Bronce hasta Bajo Medievo. III.1. Primera fase

La primera ocupación constatada en las excavaciones de este yacimiento se remonta al Bronce Final Reciente perviviendo hasta el Hierro Antiguo. Las estructuras documentadas de esta fase presentan un trazado regular configurado por muros orientados Este-Oeste y Norte-Sur, construidos con un zócalo de piedras de tamaño medio, alzado de adobe en algunos casos revocados con un enlucido blanco pintado de rojo (ámbito XII) y pavimentos de tierra apisonada. La única dependencia (ámbito I) documentada parcialmente, presenta 2.40 m, en su lado Norte y un acceso de 0.60 m. abierto al lado oriental, esta entrada pudo estar flanqueado

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Lám. 1. Ámbito 1. Se aprecia el acceso a este ámbito y el fuste de columna volcado.

en su último momento por dos columnas de caliza coronadas por baquetones de las que únicamente se ha documentado una. Estas estructuras continúan habitadas hasta el siglo VII a.C., momento en el que finaliza la primera fase de ocupación de este asentamiento. El repertorio cerámico hallado es eminentemente de carácter doméstico. La vajilla de mesa esta representada por una gran proporción de cerámicas grises a torno: fuentes carenadas tipo I.A.1. (ROS, 1989: 216-217), cazuelas carenadas tipo IV.B.5 (ROS, 1989: 228) (fig. 4.6), platos con labio vuelto pendiente tipo III.G.10 (ROS, 1989: 257), platos con labio vuelto triangular tipo VI.G.8 (ROS, 1989: 260), platos sin labio tipo III.G.3 (ROS, 1989: 248-250) y vasos carenados tipo I.D.1 (ROS, 1989: 234). Algunos de estos recipientes cerámicos presentan la superficie bruñida. La cerámica de cocina aparece representada en orzas u ollas grandes y pequeñas con mamelones de aprehensión generalmente verticales pendientes de la misma línea del borde (fig. 3.5, 4.3 y 4.4) o muy cerca del borde. Ambos tipos de ollas con el fondo plano (fig. 4.5) y las paredes de cerámica tosca aparecen sistematizados en los tipos II.F.1, II.F.3 y

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II.F.4 del Castellar de Librilla (ROS, 1989: 241-242). Otras formas menos representadas en esta fase son los jarros de cuello cilíndrico tipo IV.J.1 (ROS, 1989: 265-267) y los pequeños vasos de cerámicas toscas con fondo plano. Entre la cerámica a torno pintada destacan los grandes contenedores de tendencia globular similares a los tipos V.K.5. y V.K.6 de Librilla (ROS, 1989: 272) con las paredes pintadas con bandas paralelas de color negro o rojo, y las vasijas de cuello corto con paredes rectas y el labio y la pared interior del cuello pintadas, tipo V.K.3 de Librilla (ROS, 1989: 271). Un lote de cerámicas completas a torno, formado por dos cuencos elaborados en cerámica gris con el perfil exterior moldurado (ff. 3.1 y 3.2), un plato sin labio y pie anular (fig. 3.4) y una olla llena de carbones con el borde vuelto y base cóncava (fig. 3.3) se hallaron junto al muro D.5.7 del ámbito 1. Estas cerámicas pertenecen al momento de amortización de esta dependencia. La mayoría de las formas cerámicas de esta fase de la Torre de Sancho Manuel presentan similitudes con el repertorio formal de Librilla II y III (ROS, 1989). Otros yacimientos del valle

PRIMERA CAMPAÑA DE EXCAVACIONES EN LA VILLA ROMANA DE LA TORRE DE SANCHO MANUEL (LORCA)

Lám. 2. Balsa 1 de planta cuadrangular.

del Guadalentín en que aparecen representadas algunas de estas formas cerámicas son: El Churtal (La Tova), Vilerda (Puerto Lumbreras) y Torrealvilla (Barranco Hondo). En este último poblado se observan en superficie restos de zócalos de muros de piedra que delimitan espacios cuadrados y rectangulares muy alterados por la fuerte erosión, emplazados en la margen derecha de la rambla de Torrealvilla. III.2. Segunda fase

Sobre las estructuras de la fase precedente se documenta parte del sector artesanal de un nuevo establecimiento de época ibérica, formado por dos balsas y un horno alfarero. Balsa 1. Espacio cuadrangular con unas medidas de 1.60 m. de longitud, 1.20 m. de anchura y 0.37 m. de máxima profundidad (lám. 2). La pileta estaba reforzada al exterior con unos muretes de piedra de 0.30 m. La superficie interna presenta una pendiente hacia un depósito circular, interpretado como un decantador. Las paredes presentan tres revoques superpuestos de cal. El material que aparece en su interior está mezclado con plásticos hasta el

fondo de la balsa, debido a que fue vaciada en una intervención clandestina. Balsa 2. Espacio rectangular de 3.10 m. de longitud, 1.16 m. de anchura y 0.70 m. de profundidad, construida con cal que se fija a la tierra por unos resaltes (lám. 3). En el centro de la pileta hay un hueco a modo de decantador de 0.90 m. de diámetro. Se conservan restos de cuatro enlucidos superpuestos en ocasiones recubriendo partes deterioradas. Hemos podido reconstruir el alzado total que sería 0.70 m. La cubrición pudo consistir en unos travesaños de madera que sostenían la cubierta. Las únicas improntas conservadas de esta cubrición corresponden a los maderos que irían sobre el agujero de decantación, donde posiblemente estuvo situada la abertura circular documentada parcialmente, por donde se depositaba y extraía el contenido. La funcionalidad de esta segunda balsa estuvo relacionada con el almacenamiento de algún líquido, cuyas huellas quedaron fijadas en las paredes ennegrecidas de la balsa. Los abundantes fragmentos de ánfora de saco hallados bajo el cercano perfil noroccidental de este corte pudieron ser los contenedores donde se almacenaba el producto extraído de este estanque.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Los únicos fragmentos de cerámica que permiten fechar la amortización de esta segunda pileta a principios del siglo II a.C., corresponden a una Lamboglia 68 y a la parte superior de un ánfora prerromana tipo Ribera G (fig. 5.2). Dentro de esta balsa se documentó un reposadero cilíndrico (fig. 5.1). Horno alfarero. Únicamente se ha podido documentar la cuarta parte de un horno de planta circular que quedaba dentro del cuadro D-9. La cámara inferior o de combustión construida bajo el nivel del suelo, aparece recubierta de un adobe de color amarillento compactado por el calor. Sobre el suelo de esta cámara se han documentado restos de dos muros de adobe y una columna del mismo material que sirvieron para la sustentación de la parrilla, plataforma realizada igualmente en adobe con unas perforaciones rectangulares destinadas a favorecer la circulación del aire hacía el cámara de cocción o laboratorio. Estas aberturas únicamente se conservan en los laterales de la parte del horno excavada. La boca del praefurnium no aparece con claridad pero debió estar orientada al Sur, debido al gran número de carbones que aparecen al exterior de esta zona del horno y a la presencia de una enorme laja de pizarra que pudo servir para cerrar la boca del praefurnium. El interior de la cámara de combustión estaba colmatado en su mayor parte por tierra que contenía abundantes restos de material romano. Directamente encima del pavimento de la cámara de fuego aparecieron restos de cerámica defectuosa que pudieron servir como accesorios para ahornar, escasos fragmentos de pared de ánfora y de cerámica pintada a bandas y parte de un plato con fondo plano, borde reentrante y labio engrosado interior. Este escaso material no permite una adscripción cronológica precisa. La forma circular y el tipo de suspensura con columna central esta documentado en pequeños hornos de la Narbonense fechados en el 121 a.C. (CATALOGO, 1989: 44, fig. 46), en Itálica en el s.II a.C. (BELTRÁN, 1990: 26) y en hornos cerámicos indígenas. III.3. Tercera fase

Las estructuras de los establecimientos ibéricos tras la conquista romana y su posterior implantación en este lugar, se amortizan para la construcción de nuevos establecimientos altoimperial. Los restos documentados de cimentaciones pertenecientes al siglo I d.C. presentan una orientación Noreste-Suroeste y Noroeste-Sureste. Estas estructuras donde mejor se conservaban era en las inmediaciones del torreón mudéjar y en su interior, debido fundamentalmente a que

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Lám. 3. Balsa 2 de planta rectangular.

esta zona no había sido tan afectada por las roturaciones anuales. El torreón sufrió una serie de excavaciones clandestinas a finales del s.XIX por buscadores de tesoros que destrozaron dos terceras partes del depósito interior. Posteriormente estos agujeros fueron empleados como vertedero. El sector Suroeste del interior de la torre se ha mantenido intacto, hallándose restos de dos muros que presentan un zócalo de piedras con alzado de adobe. El muro orientado NoresteSuroeste y un murete de adobe que une perpendicularmente al anterior, delimitan el ángulo de una dependencia pavimentada con tierra apisonada de color anaranjado (lám. 4), sobre la que aparecieron bastantes carbones, restos de ramaje calcinado y un fragmento informe de T.S.C.A. Contrastan estas estructuras romanas con la envergadura y consistencia de los muros hallados en el sector Noroeste (lám. 5) del área excavada (cortes D-5 y D-9), cuya orientación es idéntica a las estructuras realizadas con materiales más pobres. Una de las dependencias romanas excavadas está delimitada por gruesos muros de argamasa posteriormente

PRIMERA CAMPAÑA DE EXCAVACIONES EN LA VILLA ROMANA DE LA TORRE DE SANCHO MANUEL (LORCA)

NERO et alii, 1989), continuidad semejante a la constatada en las excavaciones de la Torre de Sancho Manuel. En las inmediaciones del área excavada apareció a principios de los años ochenta, un tesorillo de aureos ocultado en tiempos del emperador Vespasiano (Fontela, 1992: 25) III.4. Cuarta fase

Lám. 4. Muro y pavimento de época altoimperial documentado en el interior de la Torre de Sancho Manuel.

estucados, y pavimentada con opus signinum dispuesto sobre los restos cegados de la cámara de combustión del horno ibérico. Adosada al muro Suroeste de esta estancia se encuentra la parte inferior de una piscina, estanque o ninfeo, recubierto en su interior por opus signinum. A partir de los fragmentos de T.S.C.D. pertenecientes a las formas H.58 y H.91 podemos afirmar que esta estancia estuvo en uso hasta los primeros años del siglo V d.C., fecha en la que debió abandonarse la villae. La cerámica romana más significativa hallada durante la excavación es la siguiente: Ritt. 9, Drag. 18/31, Drag. 24/25 y Drag. 27 en T.S.subgálica; H.3A, H.3B, H.9A, H.14A y H.14B en T.S.C.A.; H.50A en T.S.C.C.; H.58, H.58B y H.91 en T.S.C.D; H.23A, H.23B y H.196A.B en T.S. de cocina. Esta cerámica permite delimitar el amplio periodo de utilización de esta villae entre el siglo I d.C. y la primera mitad del siglo V d.C. Estamos ante una importante villae que debió presentar una clara distribución entre la zona de servicios y el área residencial. A este sector de la vivienda pertenecerían las estancias con paredes decoradas con estucos y pavimentadas con mosaicos (GONZÁLEZ SIMANCAS, 1905-10907, 437) o con opus signinum (ámbito X), los perístilos y atrios ornamentados con esculturas (ESPIN, 1928: ) y las piscinas o ninfeos como el documentado en la excavación (ámbito V). Este tipo de estanque recubierto de opus signinum presenta similitudes con una piscina de la Casa de Orfeo en Volúbilis, un estanque de Carmona (LINEROS et alii, 1987: 368) y dos piletas de la villae de la Loma de Benagalbón en Málaga (MEDIANERO et alii, 1989: 386, fig. 4). En este último yacimiento malagueño se ha documentado un poblamiento ininterrumpido desde el siglo VII a.C. hasta el siglo V d.C. (MEDIA-

El último momento de utilización de este enclave está vinculado a la torre de Sancho Manuel, recogida por Ginés A. Gálvez de Borgoñoz en 1734 como una de las seis torres situadas en llano que protegían la vega de Lorca. Los alarifes mudéjares construyen una torre pseudocuadrada de 6.60 m. por 6 m. a base del característico encofrado islámico (lám. 6). Actualmente la torre presenta al descubierto parte de su sólida cimentación de 2.20 m., realizada con materiales constructivos reutilizados (sillares escuadrados, fragmentos de opus signinum, etc.) de las estructuras de la villa romana que existió en este lugar (fig. 6). Este tipo de reutilización de materiales de un establecimiento iberoromano en la construcción de un torreón medieval también está constatado en Los Villaricos de Bugarra (MARTÍNEZ y ZANON, 1976: 9). Una vez construida la plataforma cuadrangular de cimentación, se levantan los muros de encofrado que conservan un máximo de l m. de altura en el ángulo Norte. La entrada al torreón se orientó al Noreste. La torre vigía pudo ser mandada construir por Sancho Manuel siendo alcaide de Lorca, tras la victoria contra los musulmanes en el Cabezo de Velillas (1340), junto a la vía de servicio que unía el Camino Real de Vera con Lorca a través de Cazalla. Desde la azotea de esta torre se avisaría de las incursiones desde Vera, para la defensa de la ciudad y de los escasos campos que continuaban cultivándose. En 1340 se documenta que el castillo de Aguaderas (RODRÍGUEZ, 1990), situado a unos 8 km. de la torre, está en poder de Sancho Manuel. Pudo ser su intención que la torre sirviera de comunicación entre este castillo y la ciudad de Lorca, circunstancia que de nada valió, ya que a mediados del siglo XIV, Aguaderas estaba prácticamente abandonada (RODRÍGUEZ, 1990) como la mayor parte del territorio lorquino, debido a la inestabilidad bélica y a la peste de 1348. En el momento de la construcción de la torre los campos del entorno se ven sometidos a un acelerado abandono de los cultivos, a la despoblación y a un retroceso general, incrementado por las correrías de los moros por la huerta de Lorca (TORRES FONTES, 1994: LXXVIII).

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Lám. 5. Estructuras de las diferentes fases poblacionales documentadas en el yacimiento. En el centro muros romanos de gran envergadura.

Una fuente fechada el 31 de diciembre de 1482 nombra esta torre y explica su funcionalidad, mandaron al mayº q repare la torre de Sancho Manuel e dieron cargo a Juan García de Alcaraz para que con el mayº avive la obra por quanto es guerra e es necesario mucho la dicha torre (FERNÁNDEZ, 1990: 19). IV. Valoración final

La importancia del yacimiento de la Torre de Sancho Manuel o Torre del Araillo, radica primordialmente en que conserva los restos arqueológicos de los sucesivos poblados que en este mismo lugar habitaron desde la Protohistoria hasta finales del Medievo (fig. ). Este sucesivo establecimiento puede estar relacionado con la bondad las tierras circundantes en épocas de bonanza, así como con la proximidad a la rambla Biznaga y al importante camino que une el valle del Guadalentín con la cuenca del Almanzora. La primera ocupación constatada a mediados del siglo VIII a.C., puede estar relacionada con el aprovechamiento de los recursos agropecuarios y a la cercanía del importante camino que comunicaría el valle del Guadalentín con el lito-

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ral. Los resultados de la excavación constatan la presencia de un poblado indígena de nueva planta emplazado en llano que conviviría con otros puntos de semejantes características (El Churtal, Vilerda, Torrealvilla) distribuidos por la comarca y con el importante poblado emplazado en la ladera del cerro del Castillo de Lorca. Antes de la conquista efectiva de esta comarca por los romanos, estas tierras estuvieron vinculadas a un establecimiento ibérico. De esta ocupación únicamente se ha constatado en la excavación parte del sector artesanal (piletas y horno alfarero). Después de la segunda guerra púnica (206 a.C.) la progresiva penetración romana irá produciendo una transformación gradual en estos núcleos de población, cambio que en este yacimiento no aparece constatado hasta los inicios del siglo I d.C., posiblemente cuando estas tierras pasaron a manos de algún veterano del ejército de Augusto. El establecimiento romano de la Torre de Sancho Manuel presenta las características de la mayoría de las villae del valle del Guadalentín: situación en llano, cercanía a puntos de agua y proximidad a las principales vías de comunicación que permitían crear una infraestructura comercial a lo largo

PRIMERA CAMPAÑA DE EXCAVACIONES EN LA VILLA ROMANA DE LA TORRE DE SANCHO MANUEL (LORCA)

Lám. 6. Al fondo los restos de la Torre de Sancho Manuel durante el proceso de excavación.

de la Vía Augusta y otros caminos secundarios de importancia. Un ejemplo que puede ilustrar la distribución de establecimientos durante el siglo I d.C. lo encontramos a lo largo del Camino Real de Vera (fig. ) donde se han documentado los siguientes yacimientos: la Torre de Sancho Manuel, Altobordo I, Asprodes II, la Ermita de los Carrascos, la Villa de Gales y la Hoya de la Escarihuela. A lo largo del siglo I d.C. es posible que la villae de la Torre de Sancho Manuel adquiera mayor importancia que otras explotaciones de su entorno, hecho que puede derivarse de la concentración de la propiedad en manos de una de las familias más enriquecidas, al igual que ocurre en otras zonas del Sur peninsular como el valle del Guadalquivir (Escacena; Padilla, 1992: 82) o de la Galia Narbonense (Morere, 1989: 353). Puede ser que a partir de estos años se empezara a configurar en una importante villae con la característica distribución entre la zona de servicios y el área residencial. Configurado este último sector estancias ricamente ornamentadas (GONZÁLEZ SIMANCAS, 1905-10907, 437), distribuidas en torno a peristilos y atrios decorados con esculturas (ESPIN, 1928: ) y piscinas o ninfeos como el documentado en la excavación.

A partir del análisis de los restos cerámicos podemos determinar el final de esta villae en la primera mitad del siglo V d.C. Serían necesarias nuevas campañas de excavaciones para ampliar el limitado conocimiento de este importante establecimiento romano, que pudo ser uno de los centros generadores de la romanización del valle del Guadalentín. Después de pasar Lorca a manos cristianas, el corredor del Guadalentín cobra mayor importancia al configurarse como territorio fronterizo con el Reino de Granada. Durante este conflictivo periodo se produjeron gran número de incursiones desde ambas partes de la frontera. Una de las rutas frecuentemente utilizadas para las razzias granadinas fue el Camino Real de Vera. Para la protección de esta calzada a su paso por el campo de Lorca, se levantaron las torres del Obispo, de Sancho Manuel y del Esparragal. El complejo defensivo del valle del Guadalentín y por lo tanto del camino que comunicaba Lorca con Murcia se completaba con una serie de torres de control (Torreblanca, Torre del Lomo, Torre de Comarza y Torre de Inchola) en la zona de Alhama de Murcia (BAÑOS, 1994).

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Al ser este yacimiento un importante enclave para el conocimiento de la Protohistoria e Historia de la Región de Murcia, es fundamental la delimitación del entorno de protección de la Torre de Sancho Manuel (B.I.C.) donde debe incluirse la totalidad del yacimiento, como única forma de preservar este valioso enclave donde se conservan superpuestos los restos de las distintas poblaciones indígena, ibérica y romana, bajo los restos de la torre mudéjar. BIBLIOGRAFÍA:

Lám. 7. Proceso de restauración de las estructuras exhumadas durante la primera campaña de ezcavaciones antes de ser cubiertas.

Los alarifes mudéjares encargados de construir la Torre de Sancho Manuel emplean la típica técnica constructiva musulmana del encofrado, para levantar un torreón cuadrado de 6.40 por 6.40 m., modulación semejante a la empleada en la cercana Torre del Obispo (6.60 por 6.03 m.). Los restos arquitectónicos exhumados durante esta primera campaña de excavaciones fueron consolidados antes de ser tapados de nuevo por tierra (lám. 7). Las estructuras construidas con materiales más perecederos (balsas) fueron cubiertas después de su restauración con una malla fina de fibra de vidrio y colmatadas por una tierra fina cribada. La cimentación de la torre fue consolidada fundamentalmente en la zona donde fue alterada por antiguas remociones. La continua roturación en las inmediaciones de la Torre ha producido que en la actualidad estén fuera la casi totalidad de la cimentación del torreón, con el peligro de conservación que lleva implícito. Debemos resaltar de igual forma que las estructuras de los sucesivos asentamientos ibéricos y romanos siguen siendo dañadas y destruidas por las trabajos de roturación de las tierras.

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EL TEMPLO ROMANO DE LA ERMITA DE LA ENCARNACIÓN (CARAVACA DE LA CRUZ, MURCIA). INFORME PRELIMINAR DE LA PRIMERA CAMPAÑA DE EXCAVACIONES ARQUEOLÓGICAS ORDINARIAS (JULIO DE 1990)

Sebastián F. Ramallo Asensio Francisco Brotóns Yagüe

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1994

EL TEMPLO ROMANO DE LA ERMITA DE LA ENCARNACIÓN (CARAVACA DE LA CRUZ, MURCIA). INFORME PRELIMINAR DE LA PRIMERA CAMPAÑA DE EXCAVACIONES ARQUEOLÓGICAS ORDINARIAS (JULIO DE 1990)

SEBASTIÁN F. RAMALLO ASENSIO*, FRANCISCO BROTÓNS YAGÜE** *(Universidad de Murcia). **(Museo de la Soledad)

Resumen: Con esta campaña se reanudan las excavaciones arqueológicas y la restauración monumental de la Ermita de La Encarnación, bajo una nueva dirección y haciéndose coincidir con los Cursos Inter-

nacionales de Arqueología Clásica. La presente campaña de excavaciones ha permitido determinar la fachada del templo con ocho columnas y la posibilidad de que se trate de un templo períptero.

1. INTRODUCCIÓN:

de los dos yacimientos murcianos que han proporcionado restos fósiles del Hombre de Neanderthal (Homo sapiens neanderthalensis). En este abrigo rocoso de 14x8 m. han sido halladas industrias líticas musterienses (Martínez Andreu et alii, 1987, 973-984), pudiendo haber constituido un refugio ocasional para estos grupos humanos durante las épocas de caza. Tras un considerable hiato de tiempo, el Estrecho aparece de nuevo poblado durante la Edad del Bronce medio, tal y como puede documentarse a través de los hallazgos ocasionales que han venido realizándose en el asentamiento conocido como La Placica de Armas, que prolonga su hábitat hasta el Bronce tardío y final. Protegido por una muralla defensiva, ocupa la planicie superior de una colina con escarpes laterales y rodeada en su flanco izquierdo por el río Quípar. Junto a los hallazgos cerámicos característicos de la actividad doméstica de sus pobladores (cuencos y cazuelas), desde antiguo han sido recogidos muchos otros objetos propios o relacionados con el ritual funerario, entre

El complejo arqueológico de la Encarnación (Caravaca de la Cruz), en el cual se halla inserto el Cerro de la Ermita, constituye uno de los conjuntos arqueológicos más completos e interesantes de los que pueden hallarse en nuestra Región, tanto por la continuidad cultural que nos ofrece desde la Prehistoria, como por la magnitud de los enclaves que en él hallamos. Dispuestos a ambas márgenes del río Quípar y flanqueando el pequeño desfiladero del Estrecho de las Cuevas por el que aquél discurre, trayecto importante e ineludible de un viejo camino protohistórico que comunicaba ancestralmente las tierras de Levante y Andalucía a través de la comarca del NW murciano, encontramos hasta seis yacimientos arqueológicos que nos permiten rastrear las características del hábitat humano desde el paleolítico hasta el Medioevo. Siguiendo la secuencia cronológica de ocupación, hallamos en primer lugar la llamada Cueva Negra, uno

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Lám. 1. Cortes 1.100 y 1.200 tras la excavación del estrato superficial de aterrazamiento.

los que hay que destacar la diadema argárica en oro del M.A.N. denominada de modo equivocado como «de Cehegín». En la siguiente fase, la población aparece desplazada hacia el cerro de mayor altura del contorno: Los Villares. Se trata de un extenso poblado ibérico ubicado en la margen derecha del río Quípar, sobre una amplia meseta protegida por una muralla guarnecida de torres rectangulares a intervalos regulares en los sectores Sur y Este. Su extremo Noroeste aparece individualizado dentro del mismo poblado por otro lienzo de muralla que corta la plataforma en dirección SurOeste-Noreste, determinando un sector ligeramente sobreelevado -a modo de acrópolis- sobre el resto del poblado y cuyos flancos Norte y Oeste se desploman en abruptos cantiles hacia el río. Pudo ser habitado entre fines del s. V y s. III a.C. El establecimiento de un nuevo hábitat urbano en la margen izquierda del río Quípar, en el llamado cerro

de Los Villaricos, quizás incluso anterior al definitivo abandono de Villares y con el objetivo de acentuar el control desde ambos poblados sobre el camino del Estrecho, aseguró la continuidad poblacional. Hasta ahora sólo han sido recuperados restos que proporcionan una cronología entre el s. III a.C. y los ss. IV-V d.C. Ofrece una amplia superficie en pendiente, bien protegida en sus flancos Norte, Noroeste y Oeste -donde se halla la puerta de acceso- por una elevada muralla realizada con un doble muro de mampostería y un relleno central de ripios y tierra, mientras que el profundo tajo del río impide el acceso por el Este. En su interior pueden observarse restos de construcciones y alineaciones de calles y casas, algunas de éstas excavadas parcialmente en la roca del monte. Es el yacimiento arqueológico que quizá pudiera corresponder al municipio romano de Asso mencionado por el geógrafo griego Ptolomeo en el siglo II d.C., dado que con toda seguridad de aquí procede la conocida lápida de Lucio

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Lám. 2.- Cortes 1200 y 1300 adosados a la plataforma del templo tras la excavación del nivel de aterrazamiento moderno. Al fondo muro moderno de contención.

Aemilio Recto (CIL II, 5941), que fue patrono de dicha Res Publica, ubicada actualmente en la puerta de la Iglesia de la Soledad, en la que fue colocada como dintel ya desde su construcción a finales del s. XVI. En estrecha relación con estos dos últimos poblados, al Sur del Complejo y entre los barrancos de la Ermita y de los Canteros, se halla el yacimiento conocido como Cerro de la Ermita de la Encarnación, en él que desde época ibérica clásica hallamos la existencia de un santuario suburbano, monumentalizado en época romana con la construcción de un gran templo de orden jónico. La primera noticia acerca de dicho edificio templario nos es proporcionada en el s. XVII por Robles Corbalán (1619, libro I, cap. II), que menciona la existencia de un templo dedicado a Venus, y de quien es tributario en el s. XVIII el erudito local Cuenca Fernández-Piñero (libro I, cap. V,. 24-25). En el siglo XIX es Ceán Bermúdez (1832) el que nos refiere la presencia de «...las reliquias de un templo, un

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lienzo de pared seca y labrada, zócalos que parece sirvieron en un vestíbulo de columnas, y que ahora, reparados están en la ermita de Nuestra Señora de la Encarnación». Ya en los inicios del s. XX, Jiménez de Cisneros (1903, 311) de nuevo menciona con laconismo el edificio que nos ocupa y González Simancas (1905-1907, 55 ss.), algo más explícito, recoge la existencia de dos «fustes estriados de columnas romanas» y de otros dos que «quedaron empotrados en los contrafuertes de la fachada principal al lado izquierdo de la puerta del templo». Con criterios más arqueológicos, Nieto Gallo (1944-45) sería el primero en describir los restos del templo romano, visibles entre los paramentos modernos de la Ermita, y los elementos arquitectónicos que pudo hallar en sus alrededores. Por último, San Nicolás (1982, 11-14 y 30-39) realizaría una breve síntesis en la que aportó algunos datos inéditos. El conjunto arqueológico se completa con la existencia, en el abrupto cantil de Villares que se des-

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Lám. 3.- Corte 1300. U.Es. 1303, 1304 y 1305. Sobre la roca estratos de nivelación con ripios irregulares procedentes del desbaste de sillares.

Lám. 4.- Fustes estriados reutilizados en el muro de contención de la explanada W. de la ermita.

ploma hacia el río, de un espectacular lienzo de tapial medieval que sella toda la boca de un grandioso abrigo pétreo conocido como la Cueva del Rey Moro; el interior, en origen, presentaba un piso superior hoy desaparecido. Puede interpretarse como un portazgo desde el cual se vigilaría la ruta y se exigirían las exacciones convenidas para poder atravesar el desfiladero.

de 1980, y cuyo expediente fue promovido por él mismo, realiza sendas campañas arqueológicas de urgencia que afectan al crucero de la Ermita y al exterior junto a la pared Oeste reconociendo la existencia de «un primer momento cultural ibérico» al que asocia, junto a la característica cerámica pintada con motivos geométricos y florales, «un conjunto uniforme de pequeños exvotos en arenisca de unos 30 cm. de altura, que muestran guerreros con sus armas personales y cubiertos con túnicas». A una segunda etapa de ocupación romana, que se muestra remiso a datar con precisión a falta de más datos arqueológicos, atribuye los primeros vestigios arquitectónicos del cerro, afirmando acerca del templo que «tiene orientación NorteSur y en su fachada Norte se ha podido diferenciar en planta el arranque de dos columnas, lo que permite suponer que estemos ante un templo próstilo tetrástilo de orden jónico y de unas dimensiones en planta de 7 m. de anchura y una longitud aproximada de 14 m.» (San Nicolás, 1982, 34-36). En 1985, una vez aprobado el expediente de restauración, se procedió al derribo de las estructuras modernas que enmascaraban la planta de la Ermita, con la consiguiente recuperación de la cara interna del paramento de opus quadratum de los muros de la cella, así como a la restitución de la cubierta de la Iglesia y a la consolidación de todos los alzados. En 1989, en el marco del proyecto de investigación denominado «El templo romano de la Encarnación, Caravaca, Murcia. Un modelo para la documentación del patrimonio histórico-artístico», a cargo de Sebastián

2. LAS EXCAVACIONES ARQUEOLÓGICAS

2.1. Antecedentes

En 1974 se llevaron a cabo las primeras excavaciones oficiales en el interior de la Ermita dirigidas por M. Jorge Aragoneses, que afectaron al espacio inmediato a la pared Oeste. Sus resultados permanecen hoy día inéditos, salvo las breves conclusiones de su estudio que nos son conocidas a través de Melgares Guerrero (1981, 134), quien siguiendo al anterior describe el templo como «una edificación próstila tetrástila de orden jónico, provisto de una columna lateral en cada una de las fachadas largas, situadas entre el frontis del pórtico y el muro de los pies de la cella, posiblemente con basas de tipo ático, fustes estriados de 0,74 m. de diámetro y capiteles de amplias volutas. El arquitrabe tuvo trienia lisa de perfil escalonado. El friso por su parte debió carecer de decoración y la cornisa, de dentellones rectangulares adosados al alero prominente, dotado del correspondiente goterón». Seis años más tarde, M. San Nicolás, tras la declaración de la Ermita y su entorno como Monumento Nacional Histórico-Artístico por R.D. de 24 de octubre

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Lám. 5. Plataforma del templo y alzado del muro E de la cella, entre los contrafuertes exteriores de la ermita moderna.

F. Ramallo Asensio y Miguel San Nicolás del Toro, subvencionado por la Dirección General de Educación y Universidad de la Comunidad Autónoma de Murcia (PSH-89-21), se procedió a la elaboración de la topografía del Cerro a escala 1:500, a la restitución fotogramétrica de las paredes de la cella, al levantamiento planimétrico de los restos conservados en planta del templo romano y al inventario y dibujo de los elementos arquitectónicos conservados hasta aquel momento en el Museo Arqueológico de la Soledad y en el mismo yacimiento. Como consecuencia inmediata de estos trabajos de documentación, reiniciamos en el mes de julio de 1990 una nueva campaña de excavaciones arqueológicas en la que participaron un numeroso grupo de estudiantes y licenciados, tanto de la Universidad de Murcia como del resto de las universidades españolas, y que se hizo coincidir con el I Curso de Arqueología Clásica de Caravaca de la Cruz que tuvo como tema monográfico «Los templos romanos de Hispania».

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2.2 La campaña de excavaciones arqueológicas en julio de 1990

Con anterioridad al inicio de los trabajos de excavación se definieron, con el apoyo de la planimetría preexistente, seis áreas abiertas de excavación en el entorno de la Ermita nombradas de la siguiente manera: área 1000 correspondiente al flanco Oeste, 2000 al Este, 3000 al Sur, 4000 al Norte, 5000 a la estructura de planta cuadrangular y muros de sillares inmediata a la Ermita y 6000 a la planta del templo romano (interior de la iglesia y casa aneja); los sondeos estratigráficos se definieron en cada área por la centena y las unidades estratigráficas (UE) por las decenas. Así, cada área de excavación puede contener un máximo de nueve sondeos y cada uno de ellos hasta 100 UE, teniendo en cuenta que el estrato superficial siempre es el 00 de cada sondeo. Los materiales recopilados han sido siglados con las iniciales CE (Cerro de la Ermita), el número de UE -que permite

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Lám. 6.- Plataforma del templo en el lateral E. atravesada por el canal moderno de alimentación del aljibe.

una fácil localización en la planimetría del lugar en que fueron hallados-, un código de tres dígitos que caracteriza cualitativamente el hallazgo y un número correlativo para cada individuo con idénticas características; en aquellas áreas de excavación que han sido afectadas por una limpieza superficial previa a la apertura de catas, el material recogido se ha signado con el número de área correspondiente; Durante esta primera campaña se comenzó a excavar en las áreas 1000, 2000 y 5000, con los objetivos fundamentales de limpiar y delimitar exactamente el perímetro de las estructuras reconocibles en superficie y obtener las correspondientes seriaciones estratigráficas en extensión y en profundidad. Evitando entrar en áridas descripciones estratigráficas, podemos precisar que en los tres sondeos realizados en el área 1000, se constata una permanente sucesión de estratos con materiales de acarreo muy heterogéneos (1102, 1200, 1300 y 1301) y de cronologías dispares, que tienen su origen en la creación en época moderna de una gran explanada en el flanco W de la Ermita y que en ocasiones, particularmente en las inmediaciones de la puerta de la casa que por el N se adosa a la Iglesia, aparece acondicionada con un empedrado ligero (1101) que evitaría la acumulación de barro y tierra en los accesos (lám. 1 y 2). Por debajo de éstos, y aparentemente sin continuidad espacial en el área a causa de las remociones que tuvieron lugar durante el aterrazamiento, se localizó en los sondeos 1200 y 1300 lo que restaba de un potente y compacto estrato de tierra arcillosa beige (1201 y 1303), apoyado

Lám. 7.- Area 2000. Ubicación de los cortes 2100 y 2300.

contra el forro exterior de la plataforma del templo, con un contenido homogéneo de material cerámico alto-imperial que, a falta de un estudio detallado, parece proporcionar una cronología para su formación ante quem mediados del s. II d.C. y que podría constituir el momento final del templo. Inmediatamente por debajo de él, se observó en el sondeo 1300 la existencia de un estrato rocalloso de color amarillo (1305), quizá producto del desbaste de los sillares del templo, que parece nivelar las irregularidades del cerro y crear una superficie regular para el asiento de la plataforma; así pudimos constatarlo tras extraerlo sólo en una pequeña parte, optando por excavarlo en la próxima campaña (lám. 3). En el área 2000 fueron excavados dos pequeños sondeos a ambos extremos de la plataforma del templo, muy afectada en este flanco por las diversas construcciones civiles que se adosaban a la Ermita y por la existencia de un canal, en ocasiones rehecho con las propias losas de la plataforma y en otras excavado

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Lám. 8.- Corte 2100. Plataforma del templo recortada por estructuras modernas. Junto a la pizarra dos sillares que marcan el límite del templo.

Lám. 10.- Cabecera de la ermita de la Encarnación asentada sobre la plataforma del templo, tras la retirada de los escombros procedentes de las demoliciones de 1985.

Lám. 9.- Corte 2300. Cimentaciones modernas con material arquitectónico del templo adosadas a la plataforma del templo en el lado E. En la roca se observan las improntas de los sillares.

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directamente en ella, que conducía el agua de lluvia a un aljibe próximo (lám. 5 y 6). Se trataba de intentar hallar, o poder reconocer de algún modo, los límites exteriores por el flanco E del forro exterior del basamento (lám. 7). Ninguna de las dos catas, 2100 y 2300, proporcionó una sucesión estratigráfica coherente, ya que en la primera de ellas todos los estratos diferenciados hasta la roca (2100, 2101 y 2102) constituyeron rellenos modernos, vertidos de escombros, en los que no era infrecuente el hallazgo de plásticos y latas (lám. 8), en tanto que en la segunda, planteada entre las dos cimentaciones perpendiculares a la plataforma de lo que fue una habitación moderna aneja a la Ermita, presentaba un primer estrato de vertidos heterogéneos modernos (2300) y un segundo estrato de tierra rocallosa de color amarillento (2302), idéntico al 1305, que durante la construcción de esta habitación y el canal debió ser parcialmente extraído; así lo poco que restaba de él no aportó materiales arqueológicos en cantidad suficiente como para considerarlos significativos (lám. 9). Lo que si permitieron ambas catas es conocer con precisión las dimensiones de la plataforma, al haberse hallado en las dos los límites del forro exterior definidos por los recortes de nivelación que se realizaron en la roca madre para recibir los sillares ahora robados. En el área 3000 se ha procedido a retirar de forma manual las escombreras procedentes de demolición de las estructuras más modernas en ruina que, con motivo de la restauración de 1985, se habían acumulado junto a la cabecera de la ermita (lám. 10). Entremezclados con el escombro se han localizado numerosos elementos arquitectónicos del templo romano (cornisas, fustes y algunas volutas de capitel) y fragmentos de lastra de revestimiento de terracota, algunas de ellas con restos de yeso moderno que prueban su reutilización en los muros más modernos. En gran parte, este relleno se disponía directamente sobre la propia roca de base. La actuación en este área se ha acometido fundamentalmente con la ayuda de tres peones procedentes de un Convenio Corporación Local-INEM suscrito por el Ayuntamiento de Caravaca. Unos diez metros más al Sur del ábside y con la misma orientación del templo, aunque algo descentrado en relación al mismo, se han identificado restos de una posible estructura cuadrangular que podría tener cierto paralelismo con la del área 5000.

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Por último, el área 5000 fue desescombrada y extraída la capa de mantillo vegetal acumulada en torno a una estructura cuadrangular de 5 m. de lado realizada con grandes sillares. El interior de este edificio había sido ya vaciado de antiguo, dejando al descubierto una serie de orificios circulares de distinto diámetro excavados en la roca y en parte ocultados por los propios sillares (lám. 11). En la limpieza del entorno se han podido recuperar algunos elementos arquitectónicos procedentes del templo. Se deja para la próxima campaña la excavación de todo el entorno. En el área 6000 se ha realizado un pequeño sondeo aprovechando que el pavimento romano correspondiente a la pronaos había sido parcialmente destruido. Se ha identificado una sucesión de U.E., que corresponden, a grandes rasgos, con un pavimento de signinum liso, una capa de tierra amarillenta, una nueva capa de tierra rojiza que se superpone a otro pavimento de cal y fragmentos cerámicos que a su vez cubre el estrato que nivela la roca de base caracterizado por piedras de grandes dimensiones y forma irregular y abundante material cerámico de filiación ibérica. 2.3. Valoración

Las expectativas inicialmente previstas se han superado ampliamente tras la campaña de excavación de 1990. En primer lugar, se han podido precisar las dimensiones totales del templo y se ha realizado una primera planimetría del edificio. La cella ocupa el eje longitudinal de simetría sobre una plataforma enlosada de 27,30 m. de larga y 17,20 m. de ancha. Se levanta con sillares de 0,60 m. de ancho y entre 0,96/1,18 m. de longitud y tiene una anchura interior de 6,90 m., con un ambulacro exterior entre los muros y el contorno de la plataforma de 4,65 m. Desde el punto de vista cronológico, las placas de terracota con decoración de palmetas y flores de loto muestran sus paralelos más inmediatos en ámbitos etrusco-laciales de los siglos III-II a.C. (Pyrgi, Lanuvium, Ardea, Cività Castellana, Cosa) lo cual nos viene a indicar, al menos, la existencia de un primer templo, o una primera fase, perteneciente a esta cronología. A este mismo territorio remiten otros detalles constructivos y en gran parte los modelos utilizados para los elementos arquitectónicos.

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Lám. 11.- Corte 5000 tras la limpieza superficial de las estructuras.

En cuanto a la planta, en su aspecto final al menos, el templo se configura como un templo octóstilo, pseudodíptero y con ocho columnas de fachada y diez de lado. El orden es jónico y las columnas, estriadas y con 20 aristas muertas, se alzaban sobre basas áticas sin plinto. Todos los elementos arquitectónicos están realizados con piedra local y probablemente fueron estucados para su colocación final en obra. Se documenta por primera vez, un fenómeno de transformación de viejas estructuras ibéricas y sus sustitución por edificios de planta helenístico romana. 3. PERSPECTIVAS DE ACTUACIÓN

El trabajo para la campaña de 1991 se proyecta en una doble dirección. Por una parte, se pretende establecer la posible correlación histórica y cronológica del santuario situado sobre el Cerro de la Ermita y los asentamientos humanos que le circundan, en algún

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caso con características de auténticas ciudades. Para ello, se va a plantear una prospección sistemática y exhaustiva de los distintos cerros que conforman el Complejo Arqueológico de la Encarnación, con vistas a una primera aproximación a la distribución espacial de sus estructuras y a la identificación de los sectores que conforman cada uno de ellos. Para la correcta situación de restos y estructuras documentadas en superficie está previsto realizar una cartografía detallada a escala 1:500. Por otra parte, pretendemos continuar con los trabajos de excavación en el Cerro de la Ermita concretándonos en tres puntos. Así, una vez determinadas las dimensiones exteriores de la plataforma enlosada sobre la que se alza el templo, pretendemos definir la primera fase de ocupación del Cerro rebajando los niveles inferiores indicados en las áreas 1000 y 2000. Al mismo tiempo, es muy importante la excavación de una posible estructura cuadrangular identificada

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Lám. 1.- Sección transversal con expresión de la deposición estratigráfica de los cortes 1300 y 2300 y su relación la las estructuras de la ermita/cella del templo.

superficialmente junto al ábside de la actual ermita (área 3000), que podría corresponder a un posible thesauro de características similares al del área 5000. En este sector es asimismo imprescindible la continuación de la excavación al objeto de delimitar en todas sus dimensiones esta estructura o edificio y determinar su forma. Por último, en la ladera oriental hay que aclarar de una vez la existencia o no de un muro de cierre que delimite todo el conjunto sacro, delimitando un auténtico temenos. En este sector el aspecto irregular del muro que circunda la ladera y que asciende por la cara norte hasta enlazar con las estructuras actuales de la ermita y el hecho de que el templo aparezca descentrado en relación a estas construcciones, nos hacen albergar muchas dudas respecto a su contemporaneidad respecto a los edificios romanos de culto. Se pretende pues dibujar a escala todos estos restos y ensamblarlos en la planimetría general del santuario. Post scriptum: En el periodo transcurrido entre la elaboración de este informe preliminar y su publicación en el volumen V de Memorias de Arqueología, se han publicado algunos estudios donde se han matizado y completado los datos aquí aportados. Los artículos más extensos son: Ramallo Asensio, S.: «Un santuario de época tardo-republicana en la Encarnación (Caravaca, Murcia)», Cuadernos de Arquitectura Romana, 1,

1992, pp. 39-65.; Ramallo Asensio, S.: «Terracotas arquitectónicas del santuario de la Encarnación (Caravaca de la Cruz, Murcia)», AEspA, 66, 1993, pp. 71-98, con un apéndice de análisis mineralógico por Arana Castillo, R., pp. 99-106.

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INFORME SOBRE LAS EXCAVACIONES REALIZADAS EN LA CASA-PALACIO DE LA CONDESA PERALTA. (TEATRO ROMANO DE CARTAGENA)

Lám. 21.- Tramo del frons pulpiti identificado y excavado en la campaña de 1990.

Lám. 22.- Exedra rectangular del frons pulpiti.

Ramallo Asensio, S.F., San MArtín Moro, P.A. y Ruiz Valderas, E.: «Teatro romano de Cartagena. Una aproximación preliminar». Cuadernos de Arquitectura Romana, 2, 1993, pp. 5192. Ramallo Asensio, S.F.: «Capiteles corintios de Cartagena». Colonia Patricia-Corduba. Una reflexión arqueológica. Córdoba, 1993 (e.p)

de once sondeos mecánicos que estratégicamente repartidos en una amplia superficie nos permitieron conocer puntualmente el perfil acotado de la parte alta del graderío y de los alrededores del Teatro. Los sondeos se realizaron con maquinaria especializada, obteniéndose unas columnas de 12 cm. de diámetro. Estas columnas fueron guardadas en cajas especiales, donde se recoge la numeración de cada sondeo y las profundidades relativas de cada uno de ellos. Este material fue depositado en los fondos del Museo Arqueológico Municipal de Cartagena.

APÉNDICE: SONDEOS MECÁNICOS. DICIEMBRE 1990

Elena Ruiz Valderas (Museo Arqueológico Municipal de Cartagena). Tras la campaña de excavación octubre 1989- marzo 1990, quedaron definitivamente identificadas las construcciones monumentales hasta entonces visibles del solar de Condesa Peralta. Una vez conocida la entidad e importancia del edificio, el primer objetivo fue delimitar en planta y en profundidad las estructuras del mismo. Por una parte, determinar el espacio y los límites del Teatro era de suma importancia para iniciar el expediente de protección del monumento. Por otra, las cotas de profundidad permitirían valorar en cierta manera el estado de conservación de los restos y la profundidad a la que éstos se encuentran. Estos datos permitirían igualmente planificar de una forma correcta la recuperación del Teatro. Con este propósito en diciembre de 1990 la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia subvencionó un proyecto

A. SITUACIÓN DE LOS SONDEOS

Sondeo 1: Explanada de entrada a la Catedral Vieja. Rellenos constructivos o roca base disgregada a la cota 22,06 m. respecto al nivel del mar. Roca base de esquistos azulados a la cota de 21,80 m. Sondeo 2: Travesía de Santa María junto al edificio de cuatro pisos. Rellenos medievales entre las cotas 23,43 m. y 21,83 m.. Roca base a la cota de 20,82 m. Sondeo 3: Travesía de Santa María en la unión con la Calle Doctor Tapia. Distintos rellenos, roca base a la cota de 20,95 m.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Lám. 23.- Umbral del aditus occidental con la amortización y colmatación posterior.

Sondeo 4: Travesía de Santa María en la unión con la escalinata de subida a la Catedral Vieja. Rellenos medievales entre las cotas 23,02 m. y 21,06 m.. Roca base a la cota 19,82 m. Sondeo 5: Calle Doctor Tapia esquina calle de la Soledad. Distintas capas de relleno. Roca base a 5.22 m. Sondeo 6: Calle Soledad en la unión con Calle Don Gil. Distintos rellenos entre la cota 10,27 m. y 6,17 m.. Relleno de arenisca entre 6,17 m. y 4,55 m.. Roca base a la cota 0,45 m. Sondeo 7: Calle Don Gil junto al cierre de la plataforma escénica del Teatro. Rellenos medievales entre las cotas 11,62 m. y 8,04 m.. Rellenos contructivos o de abandono entre las cotas 8,84 m. y 6,80 m.. Inicio de la roca base 6,70 m. Sondeo 8: Calle Orcel en la unión con el callejón de Orcel. Opus caementicium del frons scaenae a 12,69 m. Sondeo 9: Cuesta de la Baronesa a la altura de la Calle Soledad. Muro o plataforma de opus caementicium entre las cotas 8,26 m. y 2,66 m.. Roca base a la cota 2,26 m. Sondeo 10: Puerta de la Villa junto a la Plaza. Distintos rellenos y muro o plataforma de opus caementicium entre las cotas 33,92 m. y 32,32 m.. Roca base a 30,42 m. Sondeo 11: Puerta de la Villa. Roca base a 37,07 m. B. VALORACIÓN DE LOS RESULTADOS DE LOS SONDEOS

La lectura de estas columnas estratigráficas ha aportado distintos datos sobre los niveles de relleno, estructuras constructivas y topografía de la roca base. Las primeras conclusiones que se desprenden tras esta prospección inical son diversas; por un lado se ha podido determinar la longitud de la plataforma escénica localizada en las excavaciones del solar de Condesa Peralta, la cual conti-

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núa cruzando la calle Don Gil hasta los límites con la Calle Orcel, donde el sondeo n.º 8 proporcionó bajo un relleno de 1,30 m. el nivel de «opus caementicium» de dicha plataforma. Se confirmó también la existencia de una terraza inferior tras el muro de la escena, la cual se intuía por el fuerte desnivel existente entre la plataforma escénica y el callejón de la Soledad. Esta terraza inferior a su vez debió estar nivelada con rellenos y substrucciones, pues la roca base presenta una fuerte pendiente con buzamiento hacia el Norte, de manera que el nivel base aparece a la cota de 6,70 m. junto al muro de cierre posterior de la escena (sondeo 7), pero en la parte inferior junto a la calle Soledad se encuentra a 0,47 m. (sondeo 6) y en la cuesta de la Baronesa a 2,26 m (sondeo 9). En este sentido debemos ahora reinterpretar con cierta cautela los paramentos conservados bajo la sala de exposiciones de la llamada Muralla Bizantina. También en relación a esta podemos vincular una estructura de opus caementicium de 5,60 m. de espesor, localizada en el sondeo n.º 9, que podría ser una substrucción de nivelación. Poniendo en relación estos puntos se configura un espacio cuadrangular aterrazado donde podría estar situado, como en otros teatros, el porticus post scaenam. Por otro lado los sondeos realizados en la explanada de la Catedral Vieja y en la travesía de Santa María que corresponde a la media cavea del teatro, confirman casi con seguridad que esta parte del graderío se encuentra excavado en la roca base y conservado bajo cuatro metros de relleno de la cota actual de la calle. El sondeo 1, correspondiente a la parte superior de la media cavea, la roca base aparece a la cota de 22,06 m. sobre el nivel del mar, los sondeos 2 y 4, relacionados con la parte inferior de la misma, ofrecen unas cotas inferiores entre 20,08 y 19,82 m. En la parte posterior de la cavea se realizaron dos sondeos con la intención de conocer la topografía de la roca base en esta zona y la posible existencia de alguna estructura que coronara la parte superior de teatro. En el sondeo 10, situado aproximadamente en el eje del teatro y a unos 20 m. del mismo, fue localizada una estructura de opus caementicium de 1,60 m de espesor, que hoy difícilmente podemos interpretar pero cuya existencia debe ser contemplada para futuras intervenciones. En este sondeo la roca base se encuentra a la cota de 30,42 m. Poniendo en relación las distintas profundidades de la roca base, unos 30 m. sobre el nivel del mar en la cavea superior, unos 20 m. en la cavea media y unos 14 m. en la cavea inferior, podemos intuir que buena parte del graderío del teatro debe estar excavado en la propia roca del monte, con lo cual su conservación puede ser excelente.

INFORME SOBRE LAS EXCAVACIONES REALIZADAS EN LA CASA-PALACIO DE LA CONDESA PERALTA. (TEATRO ROMANO DE CARTAGENA)

Plano general con la ubicación de los sondeos realizados.

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INFORME SOBRE LAS EXCAVACIONES ARQUEOLÓGICAS REALIZADAS EN LOS SOLARES DEL ENTORNO DE LA CASAPALACIO DE LA CONDESA DE PERALTA (TEATRO ROMANO DE CARTAGENA). CAMPAÑA DE 1990

Sebastián F. Ramallo Asensio María del Carmen Berrocal Caparrós María Dolores Laiz Reverte

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1994

INFORME SOBRE LAS EXCAVACIONES ARQUEOLÓGICAS REALIZADAS EN LOS SOLARES DEL ENTORNO DE LA CASAPALACIO DE LA CONDESA DE PERALTA (TEATRO ROMANO DE CARTAGENA). CAMPAÑA DE 1990

*SEBASTIÁN F. RAMALLO ASENSIO, **Mª DEL CARMEN BERROCAL CAPARRÓS, ***M.ª DOLORES LAIZ REVERTE *(Universidad de Murcia), **(Museo Arqueológico Municipal), ***(Museo Arqueológico Municipal)

Resumen: En la campaña de 1990 los trabajos se han centrado en la documentación gráfica, y en el cerramiento. Se realizaron también once sondeos mecánicos en toda la zona afectada por la excavación y su entorno más inmediato para delimitar la potencia del depósito estrati-

gráfico, topografía del monte y en general las dimensiones aproximadas del edificio. Estos últimos resultados se incorporan en un anexo al final del presente artículo.

INTRODUCCIÓN

histórica emanada de la propia excavación arqueológica fueron motivos más que suficientes para determinar la paralización del proyecto original de construcción de un Centro Regional de Arqueología y su traslado a otro emplazamiento dentro del casco urbano. Durante la primera fase de excavación se obtuvo una primera aproximación a la deposición estratigráfica existente en el yacimiento a partir de la cual se pudieron establecer siete fases de ocupación que abarcaban desde época prerromana hasta nuestros días (vid. Memorias de Arqueología, 4, pp. 129-137). Durante esta segunda fase, se ampliaron los límites de la excavación a todo el perímetro del solar de propiedad municipal centrándose sobre todo los trabajos en los sectores Sur y Sureste encuadrados en las cuadrículas 7B, 7C, 7D, 7E, y en la banda 8A-8E. Durante el proceso de excavación se han podido identificar sin reservas los restos monumentales con los de un teatro romano, de cuya existencia careciamos hasta entonces de noticia alguna. En este sentido es

La campaña de excavaciones de 1990 se realizó con permiso oficial de la Dirección General de Cultura de fecha de 31 de mayo de 1990. En realidad, la actuación de campo, continuación inmediata de la campaña de 1989, se llevó a cabo entre los meses de enero y marzo de 1990 en el marco de un proyecto de colaboración entre el Ayuntamiento de Cartagena y el INEM, iniciado en octubre de 1989. Sin embargo durante los meses de octubre a diciembre no se pudo intervenir sobre el yacimiento arqueológico al ser ocupado, en gran parte, por los complejos decorados cinematográficos de una compañía americana que solicitó y obtuvo del Ayuntamiento el correspondiente permiso para rodar en ese entorno algunas imágenes de su película. En consecuencia, las excavaciones se reiniciaron en los primeros dias de enero de 1990. La entidad de los restos arquitectónicos, la previsible monumentalidad del edificio allí soterrado y la información

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INFORME SOBRE LAS EXCAVACIONES REALIZADAS EN LA CASA-PALACIO DE LA CONDESA PERALTA. (TEATRO ROMANO DE CARTAGENA)

LA DEPOSICIÓN ESTRATIGRÁFICA

Lám. 1.- Detalle del tramo recto del fons pulpiti situado junto al aditus occidental.

interesante reseñar la ausencia de referencias escritas sobre la existencia de un posible teatro romano en la ciudad en la abundante historiografía de los siglos XVI al XIX; tan sólo existe alguna mención, sin ningún tipo de fundamento, que ha querido identificar el edificio público citado en la inscripción de L. Aemilio Recto con el teatro. Sin embargo, la mera observación de la topografía justifica el emplazamiento de un edificio de estas características. En realidad, la pendiente del Cerro de la Concepción proporciona una base inmejorable para la ubicación de la cavea que aprovecha el desnivel natural y se beneficia a su vez de una excelente acústica. Los elementos que han permitido caracterizar el edificio han sido la identificación del basamento denticulado del frons pulpiti realizado con sillares de arenisca con una moldura de unión con el pavimento del aditus occidental formada por un pequeño plinto, listel, cyma recta inversa y listel (fig. 1), un dintel epigráfico hallado sobre este pavimento y junto al mencionado aditus (fig. 2), y dos arae con inscripción halladas en el relleno de colmatación del hyposcaenium, junto a sillares y elemento arquitectónicos moldurados procedentes del alzado del frons pulpiti (fig. 3). Todos estos elementos aparecen en un nivel de colmatación bastante uniforme sellado por un estrato de nivelación de color amarillento fruto de la disgregación de las areniscas que constituyen el principal material de construcción. Al mismo tiempo se han podido precisar las dimensiones de las estancias que constituyen la estructura esencial del edificio de la segunda mitad del siglo V y que se superponen parcialmente al paramento macizo de la escena (figs. 5 y 6).

En lineas generales las intervenciones realizadas sobre el yacimiento en 1989-1990 han permitido perfilar las características y naturaleza de los distintos niveles que constituyen la deposición estratigráfica. Las figuras 7 y 8 que representan respectivamente el denominado Perfil Suroeste del Solar y Testigo Longitudinal Primario que reproducen de forma gráfica la estratificación de esta campaña de excavaciones, ya que recogen secciones completas de las dos terrazas en las que se compartimentaba el solar. Ambos muestran una serie de rellenos correspondientes en primer lugar al abandono de las estructuras del siglo V, con una deposición muy característica de pequeños estratos alternos de arenas y limos, sobre las que se asientan las estructuras de las vivendas de los siglos VI y VII ( muros B y C), que a su vez están colmatadas con distintos niveles arcillosos de una intensa coloración rojiza (adobes disgregados) junto a bolsadas de tierra cenizosa. Los estratos superiores de la segunda terraza, muy arrasados por las construcciones del siglo XIX, muestran nuevos niveles de relleno con presencia de abundante cerámica islámica, contaminados por abundantes filtraciones verdosas procedentes de pozos ciegos modernos, reproducen de forma gráfica esa estratificación. Bajo estos niveles más heterogéneos, y de forma global, se puede determinar un estrato uniforme de nivelación artificial e intencionada registrado en todo este sector que coincide aproximadamente con el nivel del paramento cementicio de la scaenae frons (fig. 9). En consecuencia oculta todas las estructuras correspondientes al hyposcaenium, pavimentos de los itinera, orchestra, gradas de la proedria, e incluso las gradas inferiores de la ima cavea que aparecen colmatadas por un relleno heterogéneo donde son muy abundantes los sillares del frons pulpiti, columnas de la escena, placas de mármol molduradas, fragmentos de capitel (especialmente hojas de acanto y trozos de abaco), junto a cerámicas muy variadas y de cronologías dispares (fig. 10). En la mayor parte de los cortes este estrato corresponde con el V, aunque en los sectores situados más hacia el Sur, donde existe una mayor depósito estratigráfico, se ha identificado con los estratos XI, XII e incluso IX (Gráfico I). Sobre este estrato asientan a su vez los pavimentos de las distintas estancias del complejo comercial de la segunda mitad del siglo V y el nivel de circulación en uso durante esta fase que corresponde en gran parte al pasillo hipotético situado entre el frons pulpiti y los muros de cierre de la cavea, esto es

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Lám. 2.- Fragmento de inscripción de dintel, y fuste de travertino hallados junto al aditus occidental.

Lám. 3.- Relleno intencionado del hyposcaenium con grandes sillares moldurados del frons pulpiti entre los muros 1 y 3.

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entre los aditi maximi (fig. 11). Paralela esta calle o espacio abierto discurre una atarjea, que se alinea en gran medida sobre el frente del pulpitum, y que desemboca en un profundo pozo, situado en el extremo oriental próximo al aditus oriental, realizado con grandes sillares de arenisca que apoyan directamente sobre la roca de base que, a su vez, está recortada formando parte de las paredes. El mencionado estrato de nivelación presenta una textura grosera y un espesor variable y se caracteriza por el color amarillento procedente de la disgregación de los sillares de arenisca algunas de cuyas esquirlas de tamaño considerable son visibles entre el deposito arenoso (fig. 12). Los indicios cronológicos para determinar la cronología de este proceso de colmatación y posterior nivelación vienen determinados por los materiales cerámicos y monedas halladas entre los estratos definidos como de relleno intencionado. Los materiales más modernos proporcionan un evidente terminus post quem para la construcción de los edificios situados sobre este «pavimento» amarillento. Son especialmente significativos, en este sentido, una moneda de Constancio II (AE 3) con el tipo Fel Temp.Reparatio (351-361

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Lám. 5.- Estancia del complejo comercial de la segunda mitad del siglo V asentado parcialmente sobre la plataforma cementicia de la escena.

Lám. 4.- Detalle de las arae fragmentadas halladas junto a grandes sillares amortizados en el relleno intencionado del hyposcaenium.

d.C.) hallada en el estrato VI del Corte 8B (junto a otros pequeños bronces bajo-imperiales totalmente ilegibles) y sobre todos algunas producciones cerámicas de africana D. Sin embargo, el valor de la moneda es este caso muy relativo al haberse detectado emisiones anteriores asociadas a estructuras o niveles de cronología muy posterior. Los tipos de africana D más característicos hallados en estos estratos de nivelación son: Hayes 61 A y 61 B, 62, 63 73, 80, 81B, 91A, africana de cocina tipo Hayes 197 y ánforas tipo Keay LIII y LIV característicos de la segunda mitad del s. IV o inicios del siglo V procedentes concretamente de los estratos X y Xb del Corte 8B que asienta directamente sobre el pavimento de opus signinum del aditus. En conjunto, todo este material proporciona una datación posterior al primer tercio del siglo V para la construcción del edificio levantado sobre el citado «pavimento amarillo». IDENTIFICACIÓN DEL EDIFICIO Y DATACIÓN

Como ya hemos reseñado más arriba, la campaña de excavación realizada en el primer trimestre de 1990 ha per-

mitido la identificación definitiva de los restos más monumentales hallados en las intervenciones parciales de 1988 y 1989 como los de un teatro construido a finales del siglo I a.C. Los elementos que han permitido esta adscripción han sido las inscripciones y sobre todo la identificación del frons pulpiti que a su vez ha posibilitado la identificación de los restantes vestigios del edificio parcialmente ocultos bajo las remociones y reconstrucciones posteriores. El conjunto epigráfico está constituido por varias placas de mármol blanco fragmentadas con trazas de una o dos letras, dos arae de mármol y un dintel de caliza. Las arae aparecieron amortizadas y fragmentadas en varios trozos en el relleno de la estancia situada entre los muros 1 y 3, el día 13 de marzo de 1990 (fig. 13). Estaban entremezcladas con numerosos sillares de arenisca y entre un nivel de colmatación caracterizado por capas de tierra de color marrón, de textura arenosa y con restos de lágena. Su composición es muy similar a la de los estratos que colmatan el relleno de la estancia situada entre los muros 1-2 excavada en marzo de 1989 (fig. 14). Corresponden a los estratos VII, VIII y IX formados respectivamente por tierras grisáceas o marrones de textura arenosa con esquirlas de tabaire y cenizas. El estrato VIII procuró una moneda de Diocleciano junto a placas de mármol, hojas de acanto, estuco, tegulae e imbrices, fragmentos de cerámica común y T.S.SG. que marcan las destrucción del edificio escénico. Este nivel de destrucción y de colmatación intencionada del foso del hiposcaenium se refleja de forma aún más clara en el estrato X de esta estancia caracterizado por una tierra marrón-rojiza de textura arenosa, con gran cantidad de tegulae e imbrices, ladrillos, fragmentos de opus signinum, 1 fondo de Africana C, placas de mármol blanco, amarillo, gris veteado, molduras, y Africana A, formas Hayes 8 y 23.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Lám. 6.- Complejo de habitaciones alineadas levantadas sobre el hyposcaenium a nivel del paramento del frons scaenae.

Las arae están realizadas en mármol blanco y tienen las siguientes características y dimensiones: Ara 1: Conserva sólo el tercio superior y anterior del ara, que incluyen completos el campo epigráfico, cimacio y pulvino. Mide 58 cm. de ancho, 36 cm. de altura y 21,7 cm. de profundidad. El texto se inscribe en un campo epigráfico de 43 cm. de ancho y 20,6 cm. de altura. La inscripción con letras en capital cuadrada se distribuye en cinco líneas de altura decreciente que miden respectivamente 3,5 cm., 3,15 cm., 2,9 cm. y 2,7 cm. la cuarta; el quinto renglón se halla partido (fig. 15). El texto es el siguiente: C(aii) CAESARIS. AVGVSTI.F(ilii) PONTIF(icis).CO(n)S(ulis).DESIG(nati) PRINCIPIS.IVVENTVTIS [L(ucius).IVNIVS.L(ucii).F(ilius).T(iti) N(epos). PAETVS. [SAC(rum)] [D(onum)].D(edit)

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Lám. 7.- Vista general del Perfil suroeste del solar, con intrusiones de pozos ciegos y construcciones de época bizantina y posterior.

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Lám. 8.- Testigo longitudinal primario, sobre el muro de cierre del complejo comercial de la segunda mitad del siglo V.

En la línea 4 la restitución no es segura. Existe espacio para tres letras y tras el Paetus se aprecia los restos de una interpunción, lo que parece apoyar la restitución de una palabra. Nos hemos planteado varias posibilidades, entre ellas la más sugerente que sería la de Augur, dado que un L. Iunius aparece en las emisiones de la ciudad como IIvir

quinq. pero en este supuesto nos extraña que no se refleje el mismo cargo en la inscripción gemela del ara 2. Otras posibilidades como las de Praef(ectus), nos parecen más forzadas e incluso parecen superar el espacio disponible. De esta forma nos hemos inclinado por sac(rum) tal como aparece en la leyenda de la segunda inscripción. En líneas generales, las dedicaciones a los jóvenes principes Caius y Lucius, hijos de Agrippa y Julia, fueron frecuentes en las distintas ciudades del Imperio y su promoción y exaltación como herederos del Imperio comenzó incluso por su inserción en las emisiones de plata de Augusto acuñadas en Lyon. Sin embargo, en su mayor parte corresponden a epígrafes inscriptos sobre pedestales con dedicaciones en dativo. Podríamos citar como ejemplo más próximo una inscripción sobre pedestal de estatua procedente de Sagunto (CIL, II, 3828), con el texto C(aio) Caesari Augusti f(ilio) / pontif(ici) co(n)s(uli) design(ato) / principi iu{u}entutis, con interpunciones triangulares. Este texto se repite sobre otro pedestal de Roma (CIL, VI, 897) con el texto C(aio) Caesari Augusti f(ilio) / pontifici co(n)s(uli) design(ato) / [pr]incipi

Lám. 9.- Vista de conjunto de las habitaciones alineadas situadas entre el paramento de la escena y el frons pulpiti. Detalle del nivel de circulación exterior.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Lám. 10.- Elementos arquitectónicos y dintel epigráfico desplomados sobre el pavimento junto al aditus occidental.

iuuentutis, basa gemela a otra de su hermano con el texto L(ucio) Caesari augusti f(ilio) / auguri co(n)s(uli) / designato / principi iuuentutis. Asimismo en Augusta Praetoria (CIL, V, 6835) con el desarrollo C(aio) Caesar August[i f(ilio)] / [p]rincipi iuuentut(is) / [p]ontifici co(n)s(uli) desig(nato) /d(onum) d(edit). También con la misma titulación a la que se añade en la filiación d(ivi) n(epoti), al igual que en Cartagena, en una inscripción del agro Viterbiensi (ILS, 106). En cualquier caso, la mención consul designatus y la ausencia del título de Imp(erator) concedido en el año 2/3 d.C., sirven para fechar la citada inscripción entre los años 6/5 a.C. y 1 d.C. año este último en el que Caius Caesar ejercitó el consulado. Posteriores a esta fecha deben ser en consecuencia las inscripciones de Nola (CIL, X, 1239), Sulmo (CIL, IX, 3078), Nimes (CIL, XII, 3155), Agedincum (CIL, XIII, 2942) y Mediolanium (CIL, V, 6416), por citar algunos ejemplos. Esta cronología de los últimos años concuerda bien con el estilo y características de los capiteles reutilizados en las construcciones tardorromanas (vid. Memorias de Arqueolo-

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Lám. 11.- Restos de atarjea contemporánea al nivel de uso y circulación del complejo arquitectónico de la segunda mitad del siglo V.

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Lám. 12.- Detalle del estrato de nivelación que aplana los desniveles provocados por las construcciones del teatro.

gía de 1989) y en general con todo el programa decorativo y monumental del edificio. Ara 2: Se halla prácticamente completa y sólo se ha perdido el ángulo posterior derecho. Mide 64,5 cm. de altura, 50 cm. de anchura y 50,6 cm. de profundidad (fig. 16). La inscripción se desarrolla sobre un campo epigráfico de 46,6 cm. de ancho y 15 cm. de altura en tres renglones que miden respectivamente 3,95, 3,2 y 2,8 cm. de altura. La letra es capital cuadrada. El texto es el siguiente: L(ucius) IUNIUS L(ucii) F(ilius) T(iti) N(epos) PAETUS FORTUNAE SAC(rum) D(onum) D(edit) Zona del aditus y frons pulpiti Mucho más significativa para la interpretación global del edificio ha sido la excavación del sector correspondiente a los cortes 7-8/A y 7-8/B, donde fue localizada una inscrip-

ción grabada sobre el dintel de caliza micrítica que apareció desplomada sobre un pavimento de opus signinum liso, junto a un fuste de travertino rojizo de 63 cm. de diámetro y una basa de mármol blanco del tipo doble ático (fig. 17 y 18). Fue hallada el 30 de enero de 1990 en dos fragmentos y ha perdido aproximadamente un tercio del total. Coronaba el arco de salida del aditus occidental. El texto recuperado es el siguiente (fig. 19): [¿C(aio)?.CAES]ARI.AVGVSTI.F(ilio).DIVI.N(epoti) Proponemos la restitución de Gaius en este dintel por asimilación con el ara n.º 1 aunque esta misma filiación se repite en las inscripciones de Lucius Caesar, el hermano menor de Gaius, e incluso también del mismo Tiberio, patrono de la ciudad. Texto y forma de la inscripción nos recuerdan inmediatamente el epígrafe que corona el arco de salida del aditus maximus del teatro de Mérida, aunque en este caso, el epígrafe de M. Agrippa se halla en nominativo, frente al dativo de nuestro texto.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Lám. 13.- Arae y sillares utilizados en la colmatación del foso del hyposcaenium.

Lám. 14.- Sillares de arenisca moldurados y fragmentos de fuste que rellenan el foso del hyposcaenium entre los muros 1 y 2.

Bajo la inscripción aparece el pavimento de signinum que mediante un reborde semicircular se enlaza al paramento de sillares que constituye el muro de cierre de la cavea o analemma (fig.20) mientras que por el otro lado entroca de manera similar con el denticulado moldurado del frons pulpiti levantado mediante sillares de arenisca que, en un tratamiento posterior estarían revestidos de estuco pintado o de placas de mármol. De este frente se ha podido reconocer un tramo recto (fig.21) y dos exedras de forma rectangular (fig.22). Al mismo tiempo, la excavación de este sector ha puesto al descubierto una losa de mármol blanco que, a modo de peldaño, marca el umbral de acceso al aditus occidental. Este ingreso aparecía a su vez inutilizado por restos de sillares de arenisca, un relleno de naturaleza similar al comentado para el resto del corte e incluso una basa de caliza con arranque del fuste (fig. 23).

una revisión total de los planteamientos y las hipótesis desarrolladas. Es imprescindible determinar el grado de vinculación de las estructuras descubiertas bajo y en el entorno de la Catedral Vieja asi como de los restos identificados en todo el espacio urbano que transcurre entre la calle Cuatro Santos y la excavación de Condesa de Peralta. Por otra parte, la entidad e importancia de los restos impone la elaboración de un Plan de actuación integral para toda la zona que contemple también otros aspectos distintos a los de la mera actuación arqueológica y que establezca una primera aproximación en el costo total de la recuperación del monumento. Es preciso también buscar las fuentes de financiación y en definitiva contemplar la actuación como un paso más en la reabilitación global de uno de los barrios más deteriorados y deprimidos de Cartagena.

PERSPECTIVAS DE ACTUACIÓN

A la luz de los nuevos hallazgos, los restos arqueológicos hasta ahora localizados adquieren un nuevo valor e imponen

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Post scriptum: Con posterioridad a la redacción de este informe se han publicado algunos trabajos que matizan y sobre todo completan los datos aquí aportados. Son los siguientes: Ramallo Asensio, S.F.: «Inscripciones honoríficas del teatro de Carthago Nova», AEspA, 65, 1992, pp. 49-73.

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Lám. 15.- Detalle del ara con inscripción de Cayo César en el momento deL hallazgo.

Lám. 16.- Detalle de un fragmento de la inscripción dedicada a la Fortuna en el momento del hallazgo.

Lám. 17.- Dintel epigráfico desplomado sobre el pavimento en el momento del hallazgo.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Lám. 18.- Inscripción y elementos arquitectónicos hallados sobre el pavimento de signinum, junto al aditus occidental.

Lám. 19.- Fragmento de dintel con inscripción en el momento del hallazgo.

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Lám. 20.- Pavimento de opus signinum con reborde semicircular de unión al muro de cierre de la cavea.

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Lám. 21.- Tramo del frons pulpiti identificado y excavado en la campaña de 1990.

Lám. 22.- Exedra rectangular del frons pulpiti.

Ramallo Asensio, S.F., San MArtín Moro, P.A. y Ruiz Valderas, E.: «Teatro romano de Cartagena. Una aproximación preliminar». Cuadernos de Arquitectura Romana, 2, 1993, pp. 5192. Ramallo Asensio, S.F.: «Capiteles corintios de Cartagena». Colonia Patricia-Corduba. Una reflexión arqueológica. Córdoba, 1993 (e.p)

de once sondeos mecánicos que estratégicamente repartidos en una amplia superficie nos permitieron conocer puntualmente el perfil acotado de la parte alta del graderío y de los alrededores del Teatro. Los sondeos se realizaron con maquinaria especializada, obteniéndose unas columnas de 12 cm. de diámetro. Estas columnas fueron guardadas en cajas especiales, donde se recoge la numeración de cada sondeo y las profundidades relativas de cada uno de ellos. Este material fue depositado en los fondos del Museo Arqueológico Municipal de Cartagena.

APÉNDICE: SONDEOS MECÁNICOS. DICIEMBRE 1990

Elena Ruiz Valderas (Museo Arqueológico Municipal de Cartagena). Tras la campaña de excavación octubre 1989- marzo 1990, quedaron definitivamente identificadas las construcciones monumentales hasta entonces visibles del solar de Condesa Peralta. Una vez conocida la entidad e importancia del edificio, el primer objetivo fue delimitar en planta y en profundidad las estructuras del mismo. Por una parte, determinar el espacio y los límites del Teatro era de suma importancia para iniciar el expediente de protección del monumento. Por otra, las cotas de profundidad permitirían valorar en cierta manera el estado de conservación de los restos y la profundidad a la que éstos se encuentran. Estos datos permitirían igualmente planificar de una forma correcta la recuperación del Teatro. Con este propósito en diciembre de 1990 la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia subvencionó un proyecto

A. SITUACIÓN DE LOS SONDEOS

Sondeo 1: Explanada de entrada a la Catedral Vieja. Rellenos constructivos o roca base disgregada a la cota 22,06 m. respecto al nivel del mar. Roca base de esquistos azulados a la cota de 21,80 m. Sondeo 2: Travesía de Santa María junto al edificio de cuatro pisos. Rellenos medievales entre las cotas 23,43 m. y 21,83 m.. Roca base a la cota de 20,82 m. Sondeo 3: Travesía de Santa María en la unión con la Calle Doctor Tapia. Distintos rellenos, roca base a la cota de 20,95 m.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Lám. 23.- Umbral del aditus occidental con la amortización y colmatación posterior.

Sondeo 4: Travesía de Santa María en la unión con la escalinata de subida a la Catedral Vieja. Rellenos medievales entre las cotas 23,02 m. y 21,06 m.. Roca base a la cota 19,82 m. Sondeo 5: Calle Doctor Tapia esquina calle de la Soledad. Distintas capas de relleno. Roca base a 5.22 m. Sondeo 6: Calle Soledad en la unión con Calle Don Gil. Distintos rellenos entre la cota 10,27 m. y 6,17 m.. Relleno de arenisca entre 6,17 m. y 4,55 m.. Roca base a la cota 0,45 m. Sondeo 7: Calle Don Gil junto al cierre de la plataforma escénica del Teatro. Rellenos medievales entre las cotas 11,62 m. y 8,04 m.. Rellenos contructivos o de abandono entre las cotas 8,84 m. y 6,80 m.. Inicio de la roca base 6,70 m. Sondeo 8: Calle Orcel en la unión con el callejón de Orcel. Opus caementicium del frons scaenae a 12,69 m. Sondeo 9: Cuesta de la Baronesa a la altura de la Calle Soledad. Muro o plataforma de opus caementicium entre las cotas 8,26 m. y 2,66 m.. Roca base a la cota 2,26 m. Sondeo 10: Puerta de la Villa junto a la Plaza. Distintos rellenos y muro o plataforma de opus caementicium entre las cotas 33,92 m. y 32,32 m.. Roca base a 30,42 m. Sondeo 11: Puerta de la Villa. Roca base a 37,07 m. B. VALORACIÓN DE LOS RESULTADOS DE LOS SONDEOS

La lectura de estas columnas estratigráficas ha aportado distintos datos sobre los niveles de relleno, estructuras constructivas y topografía de la roca base. Las primeras conclusiones que se desprenden tras esta prospección inical son diversas; por un lado se ha podido determinar la longitud de la plataforma escénica localizada en las excavaciones del solar de Condesa Peralta, la cual conti-

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núa cruzando la calle Don Gil hasta los límites con la Calle Orcel, donde el sondeo n.º 8 proporcionó bajo un relleno de 1,30 m. el nivel de «opus caementicium» de dicha plataforma. Se confirmó también la existencia de una terraza inferior tras el muro de la escena, la cual se intuía por el fuerte desnivel existente entre la plataforma escénica y el callejón de la Soledad. Esta terraza inferior a su vez debió estar nivelada con rellenos y substrucciones, pues la roca base presenta una fuerte pendiente con buzamiento hacia el Norte, de manera que el nivel base aparece a la cota de 6,70 m. junto al muro de cierre posterior de la escena (sondeo 7), pero en la parte inferior junto a la calle Soledad se encuentra a 0,47 m. (sondeo 6) y en la cuesta de la Baronesa a 2,26 m (sondeo 9). En este sentido debemos ahora reinterpretar con cierta cautela los paramentos conservados bajo la sala de exposiciones de la llamada Muralla Bizantina. También en relación a esta podemos vincular una estructura de opus caementicium de 5,60 m. de espesor, localizada en el sondeo n.º 9, que podría ser una substrucción de nivelación. Poniendo en relación estos puntos se configura un espacio cuadrangular aterrazado donde podría estar situado, como en otros teatros, el porticus post scaenam. Por otro lado los sondeos realizados en la explanada de la Catedral Vieja y en la travesía de Santa María que corresponde a la media cavea del teatro, confirman casi con seguridad que esta parte del graderío se encuentra excavado en la roca base y conservado bajo cuatro metros de relleno de la cota actual de la calle. El sondeo 1, correspondiente a la parte superior de la media cavea, la roca base aparece a la cota de 22,06 m. sobre el nivel del mar, los sondeos 2 y 4, relacionados con la parte inferior de la misma, ofrecen unas cotas inferiores entre 20,08 y 19,82 m. En la parte posterior de la cavea se realizaron dos sondeos con la intención de conocer la topografía de la roca base en esta zona y la posible existencia de alguna estructura que coronara la parte superior de teatro. En el sondeo 10, situado aproximadamente en el eje del teatro y a unos 20 m. del mismo, fue localizada una estructura de opus caementicium de 1,60 m de espesor, que hoy difícilmente podemos interpretar pero cuya existencia debe ser contemplada para futuras intervenciones. En este sondeo la roca base se encuentra a la cota de 30,42 m. Poniendo en relación las distintas profundidades de la roca base, unos 30 m. sobre el nivel del mar en la cavea superior, unos 20 m. en la cavea media y unos 14 m. en la cavea inferior, podemos intuir que buena parte del graderío del teatro debe estar excavado en la propia roca del monte, con lo cual su conservación puede ser excelente.

INFORME SOBRE LAS EXCAVACIONES REALIZADAS EN LA CASA-PALACIO DE LA CONDESA PERALTA. (TEATRO ROMANO DE CARTAGENA)

Plano general con la ubicación de los sondeos realizados.

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PROSPECCIONES GEOFÍSICAS EN EL ANFITEATRO DE CARTAGENA Y EN LA PLAZA DEL HOSPITAL Y LA CAMPAÑA DE EXCAVACIONES DE 1990

José Pérez Ballester M.ª Carmen Berrocal Caparrós

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1994

PROSPECCIONES GEOFÍSICAS EN EL ANFITEATRO DE CARTAGENA Y EN LA PLAZA DEL HOSPITAL Y LA CAMPAÑA DE EXCAVACIONES DE 1990

JOSÉ PÉREZ BALLESTER, M.ª CARMEN BERROCAL CAPARRÓS

Resumen: En el mes de julio de 1989 se realizaron unas prospecciones geofísicas (eléctricas y magnéticas) que se centraron en dos zonas de la

ladera Este de la colina del Castillo de la Concepción: la Plaza de Toros y la Plaza del Hospital.

I. LAS PROSPECCIONES GEOFÍSICAS

Plaza del Hospital o de Antiguones

I.1. Preámbulo

Dentro de los trabajos destinados a la delimitación del área arqueológica del anfiteatro romano de Cartagena, se realizaron en el mes de julio de 1989 prospecciones geofísicas (eléctricas y magnéticas) a cargo de un equipo del Instituto de Geología del C.S.I.C. dirigido por la Dra. Alicia García a través del convenio entonces vigente entre ese organismo y el Ministerio de Cultura, para trabajos de apoyo técnico y científico aplicado a la defensa del Patrimonio Histórico. Las prospecciones se centraron en dos zonas de la ladera Este de la colina del Castillo de la Concepción: La Plaza de Toros y la Plaza del Hospital. Plaza de Toros

Los trabajos se desarrollaron en el Ruedo de la misma, con la intención de confirmar o no la existencia de estructuras correspondientes al anfiteatro romano sobre el que se asienta. Excavaciones muy limitadas efectuadas en ese lugar en 1983 (1), determinaron la presencia, a unos 4 metros bajo el ruedo actual, de la arena del anfiteatro pero no de la fossa bestiaria que podría situarse, al menos, en el eje mayor del monumento.

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Es una explanada contigua a la Plaza de Toros y limitada por ésta, el antiguo Hospital Real de Marina y el Cuartel de Antiguones, ambos edificios contruidos en la segunda mitad del siglo XVIII. Este topónimo, utilizado en nuestros días, lo encontramos ya en actas capitulares y memoriales del siglos XVI, como en la «Descripción de Cartagena» de Fray Gerónimo Hurtado de 1582 cuando hace referencia al lugar: «... allí donde se muestran muchas ruinas de edificios y muelle para el puerto llaman esto los moradores oy los Antiguones...»(2). La presencia de restos monumentales de época romana estaba definida en primer lugar por el anfiteatro, pero debían existir otras edificaciones, como insinúa el autor anterior y como precisa Francisco de Cascales en su « Discurso de la Ciudad de Cartagena» del año 1598 donde cita «... grandíssimos fragmentos de edificios donde estaba la Chancillería o Convento Jurídico de Cartagena y su famoso Coliseo no de menor grandeza que el romano.... y aquellos pedaços por allí derramados llaman ahora Antiguones...»(3). La interpretación de estos restos era problemática, teniendo en cuenta la cartografía conocida de la zona referida a la época de construcción del Arsenal Militar (4) y las referencias a una muralla del siglo XVII con su correspon-

PROSPECCIONES GEOFÍSICAS EN EL ANFITEATRO DE CARTAGENA Y EN LA PLAZA DEL HOSPITAL Y LA CAMPAÑA EXCAVACIONES DE 1990

Lámina 1. Prospección magnética y eléctrica. Situación de las cuadrículas.

diente puerta (a la altura de la calle del Ángel). Todo ello nos animó a plantear aquí también los trabajos de prospección. I.2. La prospección magnética y eléctrica. Resultados

A continuación resumimos el informe de los trabajos desarrollados durante el verano de 1988, que nos fueron remitidos en diciembre del mismo año. Fue elaborado por el Laboratorio de Instrumentación Geofísica del C.S.I.C., con sede en el Museo Nacional de Ciencias Naturales, siendo los técnicos firmantes Vicente Calleja, Mar Astiz y Ascensión Valentín. Los métodos propuestos fueron en principio dos: eléctricos en las dos zonas, y una magnetometría de referencia en el interior de la Plaza de Toros. Se trabajó en el interior de la plaza, concretamente en el albero sobre una cuadrícula de 26 x 26 metros. En la Plaza del Hospital se planteó una cuadrícula en el centro de la explanada con unas dimensiones de 24 x 20 para el estudio magnetométrico, siendo subdividida posteriormente subdividida para el eléctrico, a efectos de una mejor funcionalidad en dos más reducidas: Cuadrícula n.º 1 (15 x 20 m.) y cuadrícula n.º 2 (9 x 20 m.), plante-

ándose con posterioridad una tercera cuadrícula de 13 x 5 m. al Este de las anteriores (Lám. N.º 1). Al efectuarse la toma de datos en poco tiempo, no existieron perturbaciones puntuales debidas a cambios de humedad en el terreno, por lo que se pudo pasar directamente a su procesado informático. Se obtuvieron así, mallas regulares de distribución de anomalías partiendo de las cuadrículas medidas. Tras un primer análisis visual éstas se optimizan para obtener una mejor definición de las mismas agrupándolas en familias en las que se representan con diferente color los máximos y los mínimos. Esto se refleja gráficamente en «mapas de anomalías», cuyo marco se corresponde con los límites de la cuadrícula prospectada y cada una de las separaciones que aparecen en las mismas son los metros en los que se ha distribuido la malla de medidas, que en todos los casos corresponden a perfiles paralelos. Se indica el punto de origen de muestreo (0,0) que se toma como referencia en caso de no existir una prefijada. A/ MAGNETOMETRÍA

Se realizó con un magnetómetro Geometrics G-856 con precisión de décima de gamma. Se configuró una malla de 25

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Lámina 2. Resultados de las prospecciones en el interior del Anfiteatro.

Lámina 3. Resultados de las prospecciones en la Plaza del Hospital.

perfiles con una separación de 1 metro, siendo la densidad de la malla de 4 medidas por m2. Se dispuso el sensor a 2,3 m. del suelo, siempre en dirección vertical y orientación N-S. La situación del yacimiento en pleno casco urbano anuló el empleo de esta técnica, dado que la existencia de grandes perturbaciones supuso una baja relación señal/ ruido.

El ruedo de la Plaza de Toros presenta, para el caso del estudio magnético, una distribución concéntrica de isolíneas que van en gradación positiva desde el borde exterior (límite del ruedo) hacia el interior. En principio parece que el efecto de la estructura metálica de la Plaza ha impedido conseguir una buena resolución, lo que no ha permitido la detección de ningún resto de interés arquelógico. Sin embargo, apare-

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PROSPECCIONES GEOFÍSICAS EN EL ANFITEATRO DE CARTAGENA Y EN LA PLAZA DEL HOSPITAL Y LA CAMPAÑA EXCAVACIONES DE 1990

Lámina 4. Plaza del Hospital. Situación de las cuadrículas excavadas en 1990.

cen dos núcleos claramente diferenciados y cuya interpretación no puede precisarse; es una formación superficial que podría corresponder a algo actual de la propia Plaza de Toros. B/ PROSPECCIÓN ELÉCTRICA

Se realizó por calicateo Menner siguiendo cuadrículas de dimensión variable como hemos indicado con anterioridad. La separación interelectródica fue de un metro en el interior de la Plaza de Toros y de dos metros en la Plaza del Hospital. El mapa de anomalías eléctricas del ruedo presenta características distintas a las explicadas con la prospección magnética; la técnica del calicateo eléctrico no es sensible a la presencia de los mismos elementos pertubadores. Apreciamos en el mapa un máximo en el centro que pudiera asociarse con el sumidero central de la Plaza. Los máximos de la zona lateral derecha también indicarían agujeros o depresiones de similares características que el central, posiblemente asociados a él. Las zonas de mínimos indicaría la presencia de terrenos más consolidados (muros, pilares, etc,..). Así el lateral inferior izquierdo presenta una clara alineación que también puede distinguirse en la zona superior derecha y, aunque menos claramente, en el centro inferior. Si superponemos ambos mapas, la anomalía magnética

antes mencionada corresponde a una zona de mínimos eléctricos coincidiendo parcialmente e indicando la existencia de una estructura superficial (color rojo, coordenadas 10,5 - 5), pudiendo contener algún elemento metálico o bien una acumulación de masa muy superficial. En la Plaza del Hospital el mapa presenta anomalías circulares y alineaciones anómalas. Aquí la distribución de colores indica la profundidad del origen o el foco de la anaomía; es decir los máximos (rojo) indicarían niveles más superficiales que los mínimos (azul). La densidad de la anomalía es muy elevada, complicando la interpretación del mapa ya que se pueden trazar varias alineaciones posibles. La mayor concentración de líneas cerrando circularmente parecen indican la existencia de zonas macizas (¿ pilares ?) que aparecen a menor profundidad en la zona izquierda que en la derecha aunque allí, más cubiertos y en menor cuantía, también se detectan. C/ LA INTERPRETACIÓN DE LOS MAPAS

Las dos prospecciones realizadas en el ruedo (Lám. N.º 2) identifican claramente el sumidero moderno de drenaje del coso, situado sensiblemente a la misma altura que el romano,

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Lámina 5. Plaza Hospital. Zona 1. Sector F-12.

según lo describe un antiguo dibujo del siglos XVIII estudiado por nosotros y por J. M. Rubio Paredes (5). Las otras perturbaciones que se observan sobre todo en el mapa de anomalías eléctricas, aún es pronto para aventurar su interpretación; las más superficiales de la derecha podrían estar efectivamente en relación con el sumidero moderno. Las otras, en todo caso, permiten descartar por su orientación la existencia de fossa bestiaria posiblilidad ya apuntada por nosotros al excavar sobre el eje mayor del anfiteatro en 1983 (6). En la Plaza del Hospital (Lám. N.º 3), las sugestivas alineaciones de curvas que se presentaban en la zona centralizquierda de los mapas de las cuadrículas 1 y 2, y en parte inferior de la 3, con concentraciones de curvas concéntricas muy cerradas que sugerían macizados y pilares, algunos de ellos separados rítmicamente por distancias semejantes, parecían confirmar lo que los autores del s. XVI ya vieron. Los grupos de curvas que se observan a la derecha de los mapas indican también la presencia de estructuras aunque éstas se encuentran a más profundidad. Las excavaciones comenzadas en el área correspondiente

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a la parte derecha de la cuadrícula 2 en el año 1990 y sobre todo las realizadas a partir de 1992, han confirmado la existencia de una zona urbana cuyos muros se hallan entre 2 y 5/6 m. por debajo de la cota actual de la explanada, y que buzan según indica el mapa de anomalías hacia el Este/Sureste, donde la vaguada bajaba hacia el mar. La publicación de los informes relativos a las campañas de 1991 y 1992 con sus correspondientes planimetrías permitirán aclarar en parte estos datos todavía parciales. II. LA CAMPAÑA DE EXCAVACIONES DE 1990

II.1. Introducción

Esta campaña de excavaciones se inició a tenor de los resultados obtenidos por las prospecciones geofísicas realizadas en 1989 en la Plaza del Hospital a cargo del equipo del Instituto de Geología del C.S.I.C., como ya hemos expuesto anteriormente. La excavación que se planteó fue en un primer momento en extensión, dado que los resultados de la prospección eléctrica apuntaban hacia la existencia de restos de

PROSPECCIONES GEOFÍSICAS EN EL ANFITEATRO DE CARTAGENA Y EN LA PLAZA DEL HOSPITAL Y LA CAMPAÑA EXCAVACIONES DE 1990

Lámina 6. Plaza Hospital. Zona 1. Sector F-7.

estructuras de una cierta entidad a poca profundidad bajo el suelo de la Plaza, especialmente en la zona Norte de la misma. Trazamos así una amplia cuadrícula situada sensiblemente sobre la marcada en la prospección, es decir entre las cuatro farolas que iluminaban la explanada y que marcan un espacio rectangular de aproximadamente 30 x 30 m. de lado. Se procedió igualmente, aprovechando el equipo de topografía, a relacionar el área a excavar con el entorno urbano próximo y con los restos monumentales del cercano Anfiteatro, a efectos de poder facilitar la comprensión de los hallazgos como una unidad de actuación sobre el patrimonio arqueológico de la Ciudad, con vistas a su recuperación y conservación. El equipo de trabajo lo compusieron los que suscriben, más los licenciados Ana Moya, Rosario Cebrián y Reyes Borredá, de la Universidad de Valencia; M.ª José Santa Cruz y Amelia Villareal, de la Universidad de Murcia; y los estudiantes Juan José Castellanos, Pilar Segovia, Gema Melchor, Marisa Ramón y Marcos Belmonte. Los trabajos topográficos corrieron a cargo de M.ª Victoria Pazo.

3.2. Principios metodológicos

Trabajamos así sobre una cuadrícula de 30 x 25 m., subdivida en cuadros de 5 x 5 m., numeradas con letras en las ordenadas y números en abscisas, de forma que se permita la ampliación de la numeración hacia los cuatro puntos cardinales, en caso de que fuese preciso. Aplicamos un sistema de excavación por área o extensivo, basado en la metodología iniciada por Harris en Londres y de la que las excavaciones de Carandini en Settefinestre y el equipo de M. Py en Lattes, ya publicadas, son buenos ejemplos. Diseñamos dos tipos de fichas adaptadas a las características de los materiales de este yacimiento en Cartagena: una para definir, encuadrar y relacionar cada Unidad Estratigráfica, y otra tipo La Place coordinada con la primera, que hace las veces de inventario. Esta última se corresponde con otra más reducida que se halla en un archivo informatizado en sistema Apple (Macintosh). 3.3. La Excavación (Lám. N.º 4)

Una vez planteadas las cuadrículas, comenzamos por

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Lámina 7. Plaza Hospital. Zona 1. Sector F-7. Planta U.E. 2007.

realizar cuatro catas-control en los extremos de la misma, cuadros F-7, F-12, K-7 y K-12, con el único fin de comprobar la potencia del relleno que presumiblemente existía sobre los niveles arqueológicos romanos, dado el conocimiento que por diversos autores teníamos de remociones de tierras efectuadas en este lugar, al menos desde mediados del siglo XVIII, con motivo de la construcción del Hospital Real (1749), la del Cuartel de Antiguones (1783) o la construcción de la propia muralla de la ciudad, entre 1770 y 1790. El resultado fue en las cuatro catas el mismo: la existencia de dos niveles de aplanamiento con abundantes escombros y cerámicas, posteriores al siglo XVII, y correspondientes a las unidades estratigráficas (U.E.) n.º 1001, 1002, 2001, 2002, 3001, 3002 y 4001 (cf. siguiente apartado), apareciendo inmediatamente debajo niveles más antiguos, donde los materiales romanos acaban predominando. La potencia de los niveles superiores era bastante uniforme en toda la explanada, oscilando entre 0,50 y 0,60 metros. Una vez comprobado este extremo, procedimos al levantamiento mecánico de esta primera capa superficial que se limitó a un área de 10 x 30 m., extensión que consideramos suficiente para los trabajos de este primer año, y que además

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preservaba más de la mitad del total del sector para una más detallada intervención en los niveles de los siglos XVII y XVIII, si el estudio de los materiales extraídos en las catas lo recomendaban, como parecía indicarse tras un primer análisis de las cerámicas ya inventariadas. Los trabajos en el mes de julio se centraron en los cuadros F-7 y F-12. Están situados en el extemo Norte de la plaza, allí donde presumiblemente el suelo natural del monte -la falda del cerro de Despeñaperros- tenía la cota más alta del área a excavar, y donde ya se realizaron dos de las catas iniciales, de 2,50 x 2,50 metros. Los cuadros K-7 y K-12 de sólo 2 x 2 m., se dejaron de momento sin excavar, una vez comprobada su utilidad en la determinación de los rellenos modernos de la Plaza del Hospital. El cuadro F-7 se amplió a 2,50 x 5 m. en dirección N-S llegándose en toda la superficie a la roca natural, U.E. n.º 2011. El cuadro F-12 se amplió a 2 x 5 m. en dirección EW, no llegando en esta campaña al nivel de roca natural. Se abrieron un total de 30 m2. Pasamos a continuación a describir las distintas Unidades estratigráficas que formaban el relleno o las estructuras en cada una de las zonas en las que se actuó durante el mes de julio de 1990.

PROSPECCIONES GEOFÍSICAS EN EL ANFITEATRO DE CARTAGENA Y EN LA PLAZA DEL HOSPITAL Y LA CAMPAÑA EXCAVACIONES DE 1990

Lámina 8. Estratigrafía sectores K-7 y K-12.

3.4. Descripcion de las Unidades Estratigráficas CUADRO F-12 (Lám. N.º 5)

U.E. 1001.- Nivel de relleno y aplanamiento. Uniforme en todo el cuadro. Color grisáceo azulago (laguenoso), duro y muy compacto, con abundantes esquistos medianos y grandes. Potencia media de 50 cm. Algunos fragmentos de cerámicas vidriadas anteriores al siglo XIX, posiblemente centradas en el siglo XVIII (actualmente en estudio). U.E. 1002.- Nivel de relleno. Uniforme en todo el cuadro. Tierra de color marronáceo, con zonas de láguena, algo más suelta que la U.E. 1001, pero de similar textura. Presenta esquistos medianos y otras piedras, pequeños núcleos de cal y ladrillos macizos. Potencia entre 10 y 40 cm. Gran cantidad de fragmentos cerámicos, predominando los mencionados

para la U.E. 1001, pero también con presencia de materiales de época republicana y altoimperial. Abundantes restos orgánicos óseos, malacológicos y carbones. U.E. 1003.- Nivel de relleno. Aparece por todo el cuadro. Tierra compacta, color marrón amarillento, con abundantes adobes deshechos, así como restos de pavimentos y recubrimientos en mortero revestido. No aparecen cerámicas modernas y sí de época romana: altoimperiales (sigillata sudgállica, paredes finas tipo «cáscara de huevo», lucernas de volutas, etc...) y republicanas- augusteas (campanienses, cerámica de cocina y ánforas itálicas, paredes finas, algunas sigillatas aretinas, etc...), predominando claramente las primeras. Apareción un quadrans de Claudio. U.E. 1004.- Nivel de relleno, de dudosa fiabilidad estratigráfica. Aparece como una bolsada, de color marrón con abundantes adobes descompuestos. Contexto arqueológico similar a la U.E. 1003, pudiéndose tratar del mismo paquete. U.E. 1005.- Nivel de relleno, de potencia variable, aparece por todo el cuadro. Tierra marrón grisácea, con muchas piedras de tamaño mediano. Contexto arquelógico similar a la U.E. 1003. U.E. 1006.- Bolsada de poca entidad y fiabilidad estratigráfica dudosa. Tierra limosa de color verdoso, de apenas 3 ó 4 cm. de potencia. El material cerámico que encierra es similar al de la U.E. 1003. U.E. 1007.- Nivel de relleno. Aparece sólo en el ángulo SW del cuadro, y para su mejor definición habrá que esperar a la ampliación de la excavación. Se trata de una tierra bastante suelta, con núcleos de arenisca y otras piedras descompuestas, así como abundantes restos de materiales constructivos como opus signinum, estucos parietales con motivos geométricos y vegetales en negro, rojo, ocre y verde. La cerámica está escasamente representada, abarcando cronológicamente desde el siglo II a.C. al I d.C. U.E.1008.- Nivel de relleno, de dudosa fiabilidad estratigráfica. Se localiza en el ángulo SE del cuadro, por lo que tenemos aún pocos elementos para su definición. Tierra de color oscuro, que contiene abundantes restos carbonizados. Sería asimilable a la U.E. 1005. Apareció un as casi frustro, probablemente de Claudio. U.E. 1009.- Nivel de relleno. LLega a alcanzar más de 50 cm. de potencia, siendo el predominante en el área excavada al finalizar la campaña. Tierra marrón grisácea, con abundantísimos restos de hábitat: adobes, restos orgánicos carbonizados, restos óseos y malacológicos, etc... En cuanto a la cerámica, encontramos exclusivamente materiales de época republicana de los siglos II y I a.C.

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Lámina 9. Materiales de la fase de actividad 2. (Fase V del Yacimiento): Sigillata sudgálica: N.º 1.- Drag. 18/31. N.º 2.-Drag. 24/25. N.º 3.- Drag. 33. N.º 4.- Frag. decorado T.S.Sudgálica. N.º 5.- Drag. 27. Paredes finas: N.º 6.- Lucente, M-XXXVIII. N.º 7.- Lucente, M-XL. N.º 8.- Lucente con decoración de arenilla, posible producción local. N.º 9.- Decoración a peine. N.º 10.- Decoración de barbotina, posible producción local. N.º 11.- Cáscara de huevo. M-XXXIV. N.º 12.- Lucerna local.

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U.E. 1010.- Nivel de relleno. Es una pequeña bolsada, de fiabilidad estratigráfica dudosa, muy similar en textura y color a la U.E. 1007, igualmente presenta abundantes restos constructivos, pero de mayor tamaño que la U.E. citada. Parece de formación anterior a la U.E. 1009. CUADRO F-7 (Lám. N.º 6)

U.E. 2001.- Nivel de relleno, ocupa toda la superficie del cuadro. De color grisáceo, con láguena y piedras esquistosas de mediano y gran tamaño. Es un nivel fuertemente compactado. Contiene escaso material cerámico, con claro predominio de la cerámica vidriada de época moderna (siglos XVII y XVIII) y algunos fragmentos de época romana. Equivale a la U.E. 1001 del cuadro F-12. U.E. 2002.- Nivel de relleno, ocupa igualmente toda la superficie del cuadro. Tierra color marrón claro, con gran cantidad de piedras de distintos tamaños y núcleos de cal de contrucción. Presenta restos cerámicos, predominando los de épocas modernas, incluidos fragmentos de tejas y losetas, loa materiales antiguos son de época republicana y altoimperial. Equivale a la U.E. 1002 del cuadro F-12. U.E. 2003.- Nivel de relleno. Tierra de color marrón oscuro, de grosor variable y más bien parecido a una bolsada. Contiene materiales de construcción tanto de época moderna como romanos (opus signinum). Entre las cerámicas que aporta predominan las de época romana, estando aún presentes las de momentos más recientes. U.E. 2004.- Nivel de relleno. Potente y uniforme por todo el cuadro. Tierra color marrón rojizo muy compacta, con adobes, algunos de ellos descompuestos. Abundantes restos orgánicos (óseos y malacológicos) y cerámicos, ya únicamente de época romana, desde mediados del siglo II a.C. a finales del I d.C. Posiblemente es equivalente a la U.E. 1004 del cuadro F-12. Es de destacar un semis de Carthago Nova, con cabeza de Augusto o Marco Agrica en anferso y trofeo en reverso, casi frustra. (VIVES 131, 1-4). U.E. 2005.- Nivel de relleno, de potencia variable, entre 60 y 5 cm., se presenta como una gran bolsada que aparece por todo el cuadro. Tierra muy suelta, de textura arenosa y color gris verdoso. Destacan restos constructivos romanos (estucos, signinum) y cerámica, mucho más abundante la de época altoimperial. U.E. 2006.- Pequeña bolsada, pero que no es otra cosa que una zona de contacto entre las U.E. 2002 y 2003. U.E. 2007.- Se trata de una estructura compuesta por piedras medianas y núcleos grandes de argamasa (entre 18 y 15

cm.), reutilizados, colocados en seco, formando dos hileras paralelas que dejan entre ellas una anchura o hueco de 20 cm. Atraviesa el cuadro de Norte a Sur, y tanto su interpretación como murete o como canalización no está clara, en tanto no se amplíe la excavación en extensión (Lám. N.º 7). U.E. 2008.- Nivel de relleno. Se ubica sobre la estructura 2007 y es la misma que la U.E. 2004. U.E. 2009.- Nivel de relleno. Forma una bolsada amplia, al W del cuadro. Tierra marrón grisácea muy suelta, casi arenosa, con abundantes restos orgánicos y cerámicos, éstos de época altoimperial y republicana. Aportó un as de Augusto muy deteriorado. U.E. 2010.- Nivel de relleno. De potencia variable, cubre casi todo el cuadro, buzando claramente hacia el Sur, siguiendo ya la inclinación del suelo natural del monte. De color marrón rojizo, con abundantes piedras esquistosas y adobes. Únicamente presenta materiales arqueológicos de época republicana. U.E. 2011.- Es el suelo natural, formado por esquistos degradados, de color rojizo. Aparece antes en el lado norte del cuadro, buzando hacia el Sur. Material muy escaso, destaca un semis de Carthago Nova de Tiberio. U.E. 2012.- Tierras procedentes de un derrumbe de perfiles, conteniendo materiales de U. E. anteriores a la U.E. 2010. U.E. 2013.- Nivel que rellenaba el hueco central de la estructura 2007. Es parte de la U.E. 2004. Cerámicas sigillatas aretinas y sudgálicas. U.E. 2014.- Nivel de relleno. Colmata el terreno a partir del suelo natural 2011, buza hacia el SW. Está compuesto por tierra de color marrón oscuro, de textura arenosa. Abundante material cerámico del siglo II y primera mitad del siglo I a.C. U.E. 2015.- Nivel de relleno de escasa potencia, debajo de la estructura 2007. Tierra color marrón rojizo, compacta, con restos de adobes descompuestos. Sólo presenta materiales anteriores a época augustea. U.E. 2016.- Nivel de relleno, junto al suelo natural. Tierra marrón muy suelta, con esquistos y piedras de tamaño mediano. Material cerámico sólo de época republicana. U.E. 2017.- Nivel de relleno, aparece como una bolsada en el extremo SE del cuadro. Tierra suelta de color grisáceo con láguena y piedras de pequeño tamaño. Material arqueológico de época republicana. U.E. 2018.- Nivel de relleno. Ocupa una franja arenosa que atraviesa el cuadro de E a W, colmatando un hueco hecho en la roca natural de sección triangular y una profundidad máxima de 8 cm. Materiales de época republicana.

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Lámina 10. Materiales de la fase de actividad 3. (Fase IV del Yacimiento): Cerámicas de barniz negro: Campaniense A: N.º 1 y 2.- Bases. N.º 4 y 5.- Páteras Lamb. 6. N.º 6.Pátera Lamb. 5. Campaniense B etrusca: N.º 7.- F-2653 Campaniense B de Cales: N.º 3.- Estampilla «a cuoricino». Beoides: N.º 8 y 9.- Pátera Lamb. 7. N.º 10.- Tapadera (Beoide?). F-9130. N.º 11.- Base Lamb. 1a.

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Lámina 11.Materiales de la fase de actividad 3. (Fase IV del Yacimiento): Cerámica de cocina itálica: N.º 1.- Cazuela tipo Vegas 14/ Cosa 8, con grafito «ante cocturam». N.º 2.Olla tipo Vegas 1. N.º 3.- Tapadera tipo Vegas 16. Cerámica ibérica decorada: N.º 4, 5, 6, 7 y 8. Anforas: N.º 9.- Borde de ánfora grecoitálica. N.º 10.- borde de ánfora Dr. 1A.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

CUADRO K-7 (Lám. N.º 8)

3.5.- Conclusiones cronoestratigráficas

U.E. 3001.- Nivel de relleno. Se extiende por todo el cuadro. De color grisáceo (con láguena), con abundantes esquistos y muy compactado. Potencia aproximada de unos 50 cm. muy uniforme. Materiales cerámicos predominantemente modernos. Equivales a las U.E. 1001 y 2001. U.E. 3002.- Nivel de relleno. Tierra color marrón claro, bastante compacta, con núcleos de cal, areniscas, ladrillos macizos y piedras medianas. Material cerámico desde el siglo II a.C hasta época moderna. U.E. 3003.- Nivel de relleno. Tierra color marrón,menos compacta que la U.E. 3002, con abundantes fragmentos de areniscas degradadas. Se extiende en todo el cuadro. El material cerámico que contiene está mezclado como la U.E 3002. U.E. 3004.- Nivel de relleno o aplanamiento. Tierra de color marrón claro, de escasa potencia (3 ó 4 cm.), con abundante arenisca disuelta. Materiales mezclados de época moderna y romana. U.E. 3005.- Nivel de arrasamiento o erosión. De color amarillo intenso, está compuesto por arenisca descompuesta, ya sea en forma de arena o en nódulos de distintos tamaños. Evidentemente es el nivel superior de la posible estructura U.E. 3007. No presenta material arqueológico. U.E. 3006.- Nivel de relleno. Tierra de color marrón oscuro, muy suelta, casi arenosa, rellena el hueco dejado en el cuadro por la posible estructura 3007. Aporta materiales de época romana. U.E. 3007.- Gruesa capa de arenisca muy degradada, siendo imposible comprobar su posible constitución en forma de bloques. Dentro del pequeño espacio descubierto por nosotros en este sector de la excavación, parece presentar un entalle en ángulo recto, en cuyo seno se deposita la U.E. 3006. Carece de material arqueológico, pudiéndose considerar por tanto como una estructura degradada o como nivel de relleno estéril.

Como resultado de este análisis que acabamos de presentar, pueden inferirse las siguientes conclusiones: constatamos la existencia de cuatro « fases de actividad « referidas a distintos rellenos o aplanamientos de la Plaza del Hospital, y otras dos estructuras detectadas en el área excavada en esta primera campaña, que describiremos a continuación. 1.- Regularización de la Plaza, a finales del siglo XVII y principios del siglos XVIII, con dos posibles fases: una más moderna que comprende las U.E. 1001, 2001, 3001 y 4001; otra más antigua con las U.E. 1002, 2002, 2003, 2006, 3002, 3003, 3004, 4002. 2.- Fase de relleno y aplanamiento. Tiene una fecha de formación ante quem de mediados del siglos I d.C.. Comprende las siguientes U.E.: 1003, 1004, 1005, 1006, 1007, 1008, 1011, 1012, 1013, 2004, 2005, 2008, 2009, 2012, 2013, 3006. Presenta materiales arqueológicos de habitación y actividad doméstica y comercial (elementos constructivos, orgánicos y cerámicos)(Lámina n.º 9), en algún caso con carácter de basurero, con una cronología que va desde mediados del siglo II. a.C. a mediados del siglo I d.C. Entre la vajilla de mesa encontramos abundantísima terra sigillata sudgálica, donde predominan las formas Drag. 17, Drag. 24/25, Ritt. 9, Drag. 18/31, y Drag. 27; no hay sigillatas africanas, siendo las hispánicas casi inexistentes. En la cerámica de paredes finas aparecen formas augusteas y julioclaudias: M-XXIV con decoración a peine, M-XXXII con hojas de agua, M-XXXIV de cáscara de huevo, M-XXXV y M-XXXVI decoradas con arenilla, M-XXXV a M-XXXIX con retícula a barbotina. Tambien hay numerosa lucernas de volutas antiguas, con decoraciones figuradas en el disco. En cuanto a contenedores anfóricos, predominan los de formas Dr. 2-4, Dr. 7-11 y Haltern-70; urnas, jarras y jarritas de formas corrientes en centros itálicos o hispánicos con importantes niveles altoimperiales (Pompeya, Ostia, Luni, Pollentia, Tarraco, Baetulo), están igualmente presentes. Son en cambio muy escasas las cerámicas de cocina africanas, lo que dice a favor de la temprana cronología altoimperial de esta fase. Los hallazgos numismáticos, aunque escasos, confirman lo dicho pues ninguno sobrepasa la época de Claudio. Los materiales de época republicana existentes en esta fase podrían ser (si dejáramos a un lado la cerámica de cocina itálica, de carácter residual): unos pocos ejemplares de Campaniense A media y tardía, cerámicas beoides, algunas ánforas DR. 1, Mañá C, púnico ebusitana P-16/17, anda-

CUADRO K-12 (Lám. N.º 8)

U.E. 4001.- Nivel de relleno. Tierra muy compacta, de color gris (con láguena) y con abundantes esquistos. Materiales arqueológicos desde época romana a moderna. Equivale a las U.E. 1001, 2001 y 3001. U.E. 4002.- Nivel muy compactado y apisonado, conteniendo predomiantemente materiales modernos, y que presenta su interfase con huellas de uso como pavimento. No se procede a su excavación.

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9 Lámina 12. Materiales de la fase de actividad 4. (Fase II del Yacimiento). Cerámicas de Barniz negro: Campaniense A: N.º 2.- Base. N.º 3.- Pátera forma lamb. 36. N.º 4.- Paterita forma Lamb. 34. N.º 5.- Pátera forma Lamb. 5. Campaniense B etrusca: N.º 6.- Paterita/ soporte forma Lamb. 4. Campaniense B de Cales: N.º 1.- Base de hojitas esquemáticas. Cerámica de cocina púnica: N.º 7.- Borde de olla foma Hayes 194. Anforas: N.º 8.- Borde de ánfora púnica, Mañá C 2b. N.º 9.-Borde y cuello de ánfora grecoitálica.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

luza de los Campamentos Numantinos (CC.NN.), por otro lado parte del panorama habitual de los niveles republicanos del área del Anfiteatro. La cerámica de cocina itálica es sin embargo bastante numerosa, dentro de un fenómeno que hemos analizado recientemente en el marco de una reunión sobre cerámicas comunes celebrado en Ampurias en marzo de 1994, y que por abarcar un horizonte mayor que el que aquí se establece, dejaremos su comentario para mejor ocasión, adelantando que no modifica en nada lo dicho para la cronología de esta fase. 3.- Fase de relleno y aplanamiento. Con materiales arqueológicos únicamente de época republicana, que incluyen, además de los propios de actividades domésticas, otros de carácter artesanal (escorias de hierro) (Láminas 10 y 11). Terminus ante quem, último cuarto del siglo I a.C. Comprende las siguientes U.E. 1009, 1010, 1014, 2010, 2014, 2015. A los materiales de época republicana ya enumerados en el apartado anterior, habría que añadir en la vajilla de mesa, algunas campanienses A antiguas, otras del círculo de las B / Cales, cubiletes de paredes finas M-I, M-II y MIII, lucernas de barniz negro tipo Esquilino y también de barniz rojo, Dr. 2-3; algunas sigillatas orientales antiguas y sobre todo escasas aretinas, ponen el acento más tardío del conjunto. En contenedores anfóricos añadiremos a la Dr. 1A, la presencia de Dr. 1B, Mañá D y C1. Los hallazgos numismáticos no son significativos, al tratarse de monedas frustras. 4.- Posiblemente, las U.E. más profundas pertenecen a un momento de compactación anterior, hacia finales del siglo II o inicios del I a.C., a juzgar por los materiales (Lám. n.º 12). Serían las U.E. 1015, 1016, 2016, 2017, 2018. Éstos no presentan ya ningún tipo de cerámicas con barniz rojo (sigillatas, lucernas), como no sean algunas imitaciones ibicencas de vajilla de mesa. Tampoco entre el barniz negro, encontramos cerámicas beoides, siendo predominante la Campaniense A media y entre las de pasta clara, más escasas, está presente la Campaniense B etrusca y formas calenas, no beoides. No tenemos para este nivel, en esta campaña, hallazgos numismáticos. 5.- Hecho arqueológico construido: Murete M-1 (U.E. 2007). Alzado, al parecer, sobre las U.E. de la fase anterior de época republicana (Lám. 7). 6.- Hecho arqueológico construido: Estructura de tabaire, aún mal conocida identificada por la U.E. 3007, de época no precisada.

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Por último, debemos mencionar la existencia de un «hecho no antrópico»: la presencia de la roca natural del monte, bajo los niveles republicanos de la fase 3, en el cuadro F-7. Corresponde a la U.E. 2011. Las fases de actividad 1, 2, 3 y 4, anteriormente descritas, se corresponden a la luz de los diferentes estudios y excavaciones realizados entre 1990 y 1994 año en que revisamos el presente informe, con otras tantas Fases presentes en todo el área del Anfiteatro y la Plaza del Hospital (Fases VI, V, IV, III respectivamente) y que responden a diferentes momentos de adecuación y urbanización de lo que fue en primera instancia una vaguada, hasta su conversión en un espacio público tanto en época romana como moderna. A las fases que añarecieron en 1990 habría que añadir otras más antiguas, una correspondiente a la primera mitad del siglo II a.C., asociada a la utilización y amortización de un área de habitad ortogonal aún en estudio (Fase II) y otra del último tercio del s. III a.C., asociada a algún resto constructivo de la Plaza del Hospital y a varios depósitos del Anfiteatro (Fase I). En Valencia y Cartagena, a 30 de abril de 1994.

NOTAS: (1) PÉREZ BALLESTER, J. (1987). « Anfiteatro de Cartagena, campaña de 1.983». Excavaciones y Prospecciones Arqueológicas. Murcia. PP. 283 y ss. (2) Véase en RUBIO PAREDES, J.M. (1983). «Historia de la arqueología cartagenera, I. Siglos XVI-XVII». XVI Congreso Nacional de Arqueología. Murcia- Cartagena. (1982). PP. 881-890. (3) CASCALES, F. (1598) Discurso de la ciudad de Cartagena dirigido a la misma y compuesto por F. Cascales. Valencia, capítulo 4, 6-7. (4) BONET CORREA, A. (1991).» Plano de la Plaza de Cartagena, su Arsenal, Puerto y Baterias que lo defienden», del año 1763. Cartografía Militar de Plazas fuertes y Ciudades Españolas del siglo XVII. PL.71. (5) PÉREZ BALLESTER, J., BERROCAL CAPARRÓS, M.C. Y SAN MARTÍN MORO, P.A.. «El Anfiteatro romano de Cartagena (1967-1992)». Coloquio Internacional. El Anfiteatro en la Hispania Romana, Mérida (1992). (En prensa). RUBIO PAREDES, J.M (1993). « Otro dibujo del anfiteatro romano de Cartagena y las notas arqueológicas del P. Juan de Talamanco», Murgetana, 86, Murcia. PP. 29-46. (6) Cf. nota n.º 1.

INFORME DE EXCAVACIONES ARQUEOLÓGICAS REALIZADAS EN EL SOLAR DE LA CALLE JARA N.º 19-23 (CARTAGENA)

M.ª Carmen Berrocal Caparrós M.ª José Conesa Santa Cruz

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1994

INFORME DE EXCAVACIONES ARQUEOLÓGICAS REALIZADAS EN EL SOLAR DE LA CALLE JARA N.º 19-23 (CARTAGENA)

M.ª CARMEN BERROCAL CAPARRÓS, M.ª JOSÉ CONESA SANTA CRUZ

Resumen: En los primeros meses del año 1990 se excavó un solar de la calle Jara, situada en el valle delimitado por los cerros del Molinete y el Castillo de la Concepción, en las cercanías de importantes restos arqueológicos como los del Gran Hotel, Plaza de los Tres Reyes o las Termas de la calle Honda. Pese a la cantidad de pozos ciegos que horadaban gran parte del solar, se documentaron -hasta el nivel freático- estructu-

ras de un posible edificio público de cronología altoimperial, abandonado y colmatado a principios del siglo V d.C., con un relleno homogéneo de materiales de construcción del mismo. Todo a su vez recubierto con un potente nivel de relleno de cronología tardorromana, donde se han podido diferenciar varios vertederos con materiales del siglo V al VII d. C.

I. INTRODUCCIÓN

Topográficamente el solar se ubica en el centro del valle formado por los cerros del Molinete y del Castillo de la Concepción (Lámina 1). El poblamiento romano en esta zona fue muy intenso, prueba de ello es la gran cantidad de restos arqueológicos de carácter monumental documentados en los alrededores 2 (Lámina 2). La abundancia y a la vez parcialidad, de los hallazgos en torno a la calle Jara han provocado una cierta controversia en cuanto a su interpretación. Al respecto Jiménez Cisneros, dada la monumentalidad de los hallazgos del Gran Hotel, situó en esta zona el área del Foro. Dicha hipótesis no era compartida por A. Beltrán que aducía motivos topográficos tales como la excesiva cercanía al mar de estas estructuras, aunque reconoce que se trata de una zona con un importante conjunto monumental de carácter público, provisto de columnatas, pórticos, estatuas y lápidas honoríficas (BELTRÁN MARTÍNEZ. 1952. P. 52). Tras los hallazgos de una serie de tabernae en el año 1985 en la Plaza San Francisco (BERROCAL CAPARRÓS. 1987. P. 137-142), esta discusión sobre la ubicación del foro parece en parte abandonada, pero como indica S. Ramallo: la interpretación definitiva, tras un análisis detallado de

En un contrato temporal dentro de los convenios de INEM con la Corporación Local de Cartagena, y tras el polémico derribo de un edificio catalogado del siglo XVII en la calle Jara n.º 23, esquina con el Callejón de Bretau, las que suscriben el presente artículo, tuvimos oportunidad de realizar en este solar y el contiguo (n.º 21), unas excavaciones arqueológicas con carácter de urgencia durante los meses de octubre de 1989 hasta marzo de 1990. El área en cuestión se encuentra en una de las calles de trazado más antiguo de Cartagena que fue muy tempranamente urbanizada y desde principios del siglo XVI tomó el nombre de Xara « por vivir en ella Don Alonso de Xara, Regidor del Ayuntamiento, Alcaide del Castillo y Fortaleza de la Ciudad « (CASAL MARTÍNEZ. 1989. P.209). Esta calle ha mantenido a lo largo de los siglos una cierta relevancia social por ser lugar de residencia de personajes importantes (1), conservando en su trazado original varias edificaciones catalogadas por su valor histórico-artístico (PÉREZ ROJAS. 1986). Éste era el caso del edificio pre-existente en el solar n.º 23, por lo cual contábamos «a priori» con la inexistencia de remociones recientes y cimentaciones modernas.

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INFORME DE EXCAVACIONES ARQUEOLÓGICAS REALIZADAS EN EL SOLAR DE LA CALLE JARA N.º 19-23 (CARTAGENA)

Lámina 1. Situación del solar.

todos los elementos arqueológicos aparecidos en este sector, es actualmente imposible de adelantar y las hipótesis que se planteen estarán sujetas a modificaciones conforme vayan avanzando las excavaciones (RAMALLO ASENSIO. 1989. P. 91), de todos modos es indudable que estamos en un área de edificios públicos cercana a las instalaciones portuarias. En este contexto arqueológico contamos con un área a excavar de forma aproximadamente trapezoidal, compuesta por los solares números 19, 21 y 23, colindante con dos antiguas excavaciones muy cercanas, la del callejón de Bretau y la de la Plaza de los Tres Reyes y en las inmediaciones de los hallazgos del Gran Hotel, lo que presuponía la existencia de restos romanos. Inicialmente se plantearon tres cuadrículas (Lámina 3), con unas dimensiones de 6 x 6 m. que se vieron posteriormente modificadas por la existencia de un gran aljibe central y de un grueso muro de cimentación que separaba los solares n.º 21-23 del n.º 19 y que se encontraba demasiado cercano al inmueble n.º 17 (en estado de ruina y todavía sin derribar). Por lo cual, debido a motivos de seguridad, proce-

dimos a excavar tan sólo los solares n.º 21 y 23, que se encontraban a su vez horadado por numerosos pozos ciegos que se encontraban distribuidos por todo el solar. La topografía de la excavación fue realizada por M.ª Victoria Pazo, auxiliar de topografía, que referenció las cotas de nivel de la excavación con una alcantarilla determinada de la calle Jara señalada convenientemente en el plano y que se consideró el punto 100. II. FASES CONSTRUCTIVAS:

Analizadas las distintas estructuras aparecidas en estos solares hemos documentado con nitidez dos momentos constructivos: Fase I.-Se trata de los restos de las construcciones modernas existentes en el solar, fechadas desde el siglo XVII hasta principios del XX. Esta fase viene definida por los muros de cimentación de las edificaciones anteriores, que rodean perimetralmente todo el subsuelo de los solares hasta una cota de - 1,70 m.,

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Lámina 2. Hallazgos arqueológicos.

Lámina 3. Planteamiento inicial de cuadrículas.

también se documentaron dos muros (A y B ) correspondientes a las divisiones interiores de las viviendas, son de destacar tres grandes zapatas cuadradas para la sustentación de pilares, realizadas en piedra mediana y mortero de cal de gran dureza. En el cimiento de separación de los inmuebles 23 y 19 se han empleado también grandes sillares de arenisca rectangulares, de uso cotidiano en las paredes medianeras de edificaciones modernas en Cartagena. Correspondiente a este mismo momento constructivo documentamos parte de la infraestructura de las viviendas; por un lado, situado en el centro del solar hallamos un gran aljibe de planta circular, de unos 4 metros de diámetro y 3,50 de profundidad, realizado en ladrillo macizo y mortero de cal, que debido a su funcionalidad se encontraba finamente enlucido por todo el interior. Asimismo se han documentado al menos cuatro pozos ciegos de planta cuadrada o rectangular, de distintos tamaños, delimitados en los laterales por muros de piedra irregular, en ocasiones trabada con mortero de cal. La cubrición se realiza por bóvedas de cañón de ladrillo macizo. También documentamos en el ángulo Sur del corte 1, un pozo de absorbencia realizado en ladrillo macizo, de planta circular con apenas 1,10 m. de diámetro y unos 2 m. de profundidad. Fase II.-El segundo momento constructivo corresponde a los niveles de cronología romana, probablemente siglo I d.C. (Lámina 4).

Se documentaron tres muros (1, 2 y 3 ) de idéntica factura, distribuidos en los cortes 1 y 2, que están situados aproximadamente en ángulo recto unos respecto a otros y dos de ellos (1 y 3) son paralelos, por lo que pertenecen a una misma habitación, ligeramente descuadrada, de grandes dimensiones: con una anchura de 5,50 m. y una longitud - sin precisar - pero con una medida mínima de 8,30 metros. Están realizados con una técnica mixta, que combina un zócalo de piedra mediana trabada con argamasa depurada, con un alzado de unos 70 cm. y 40 cm. de ancho, recrecidos posteriormente con grandes adobes rectangulares de color anaranjado, de 30 x 30 cm., de los que sólo se conservan en perfecto estado dos filas completas en el muro 3. Junto al ángulo formado por los muros 1 y 2, directamente colocado con argamasa sobre este último muro, documentamos un sillar de arenisca de 50 cm de altura, con 40 cm. de anchura que parece un tipo de refuerzo constructivo situado en la proximidad de los ángulos de la edificación. Los tres muros tienen, a su vez, en el nivel de pavimentación unas estructuras rectangulares, realizadas en piedra mediana y láguena, de dimensiones irregulares (la longitud oscila entre 75 y 50 cm. y el ancho entre 60 y 40 cm.), y un alzado de unos 30 cm.. cuya función exacta desconocemos, pero que podrían ser - a modo de zapatas- una especie de cimientos para sustentar la techumbre.

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INFORME DE EXCAVACIONES ARQUEOLÓGICAS REALIZADAS EN EL SOLAR DE LA CALLE JARA N.º 19-23 (CARTAGENA)

En cuanto a la pavimentación correspondiente a la edificación; hemos hallado sobre todo entre los cortes 1 y 2, grandes placas de opus signinum de color blanquecino con abundantes fragmentos cerámicos reutilizados, siendo de destacar un fragmento de T.S. sudgálica decorado con ovas. No parece, por la forma en que aparecen los pavimentos, que éstos estén directamente relacionado con los muros, al menos en los cortes excavados, puesto que las placas se encuentran claramente desplazadas de su lugar original ya que aparecen movidas, desniveladas, muy fragmentadas e incluso en ocasiones volteadas. También hay que tener en cuenta que el estrato de abandono (E. IV) se encuentra tanto por encima, como por debajo de los fragmentos de pavimento. No obstante y a pesar de todo lo expuesto si los pavimentos perteneciesen a esta edificación implicaría una completa e intencionada destrucción de la misma en época tardorromana.

NIVEL I:

Formado por el relleno de escombros procedentes de los derribos y las cimentaciones de las edificaciones allí existentes, fundamentalmente se trata de ladrillos macizos, piedras de tamaño mediano y abundante cal. Cuenta con una escasa potencia y se podría considerar como superficial. Aporta poco material cerámico moderno y algún fragmento de cerámica medieval. NIVEL II:

Los niveles estratigráficos de este solar son bastante uniformes en los tres cortes y presentan gran fiabilidad estratigráfica, aunque contamos con el grave inconveniente de las numerosas contaminaciones de los pozos ciegos (Ver representaciones de los perfiles en láminas 6, 7, 8 y 9). La estratigrafía del solar y los materiales asociados más significativos son los siguientes;

Corresponde a los rellenos de los pozos ciegos de la fase constructiva I, en general se trata de tierras barrosas, con abundante componente orgánico, de tonalidades muy oscuras que producen abundantes filtraciones de color gris-verdoso en los estratos de alrededor y arrasan por completo los niveles romanos. En este nivel aparecieron abundantes lozas y cerámicas vidriadas (tazas de café, bacines, restos de platos...), vidrios (botellas de distintos tamaños), elementos metálicos (un anillo de plata muy mal conservado, una cuchara... ) que abarcan cronológicamente desde el siglo XVII hasta la actualidad. Es de destacar la aparición en el fondo del pozo 1 del corte 1, de una serie de 40 botellitas de vidrio bien tapadas y ordenadas dentro de una caja de madera, que estaban rellenas con sustancias de diversas coloraciones y texturas. Debido al intenso olor que despedían fueron extraídas con ayuda del Cuerpo de Bomberos de Cartagena. Una vez analizados, por los químicos municipales, algunos de los contenidos (alcanfor, aceites de distintas coloraciones, ungüentos,

Lámina 4. Planta general.

Lámina 5.

III. SECUENCIA CRONO-ESTRATIGRÁFICA (Lámina 5)

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Lámina 6. Corte 1, perfil N-O.

Lámina 7. Corte 2, perfil Norte.

etc...) llegamos a la conclusión de que se trataban de productos medicinales que fueron arrojados en un momento determinado, dentro de la misma caja, al interior del pozo por motivos desconocidos.

Es de destacar uno de los vertederos anteriormente citados, denominado ESTRATO III,d, de color gris oscuro cenizoso, delimitado como una bolsada alargada y de poca potencia en el perfil Norte del corte 2, que en planta no tiene forma definida pero se observa como una gran concentración de cerámicas comunes, muy fragmentadas, con signos evidentes de haber sido quemadas in situ. La importancia de este pequeño vertedero se debe a la aparición de un lote de cerámicas pintadas de las cuales no hemos hallado paralelos 3. Con el número de inventario J-90/ 2-IIId/ 179.1 y J-90/ 2-IIId/ 179.2 (láminas 10 y 11 ), individualizamos ocho fragmentos de al menos dos vasos cerámicos de distinta decoración pictórica, pero con unas características morfológicas y tipológicas idénticas: El borde entrante, ligeramente redondeado y de sección triangular, de 9 cm. de diámetro de borde, con una carena muy alta y marcadamente diferenciada. Asimismo localizamos varios fragmentos de galbo de un cuerpo alargado y cilíndrico de unos 23-24 cm. de diámetro. Se trata de un tipo de contenedor cerrado, realizado en cerámica común, de tipología indeterminada. La pasta dura es de color marrón claro y textura granulosa, presenta pequeñas inclusiones oscuras y abundantes fisuras y defectos de cocción. La superficie exterior, en ocasiones ligeramente engobada en color beige-amarillento, presenta abundantes partículas micáceas plateadas muy pequeñas. En la parte exterior del vaso se ubica la zona pintada en tres colores; rojo, blanco/crema y negro, aglutinados tan sólo con agua, de ahí su fragilidad ante el lavado, la pintura es poco espesa y el trazo tiene un grosor medio de 4 mm. que

NIVEL III:

Está compuesto por un estrato de relleno muy uniforme, formado por tierra marrón rojiza, de textura granulosa y suelta, con carbones y pequeñas bolsadas de adobes disueltos, que está horadado frecuentemente por las estructuras y contaminaciones de los niveles I y II. Este nivel es de mayor potencia que los anteriores y aporta numerosos fragmentos cerámicos de un amplio espectro cronológico romano, no obstante son de destacar las cerámicas tardorromanas del tipo T.S. Africanas D, siendo las más significativas las formas 61, 91, 99, 104 de Hayes (HAYES. 1972 ), que nos remiten a un momento cronológico desde mediados del siglo V hasta finales del VI e incluso principios del VII. Dadas las características de los materiales de este estrato y la amplitud cronológica que presentan, podemos relacionarlo directamente con el depósito cerámico exhumado en el solar cercano de la plaza de los Tres Reyes, ampliamente analizadas por R. Méndez (MÉNDEZ ORTIZ. 1988. P. 31-165). También dentro de este nivel III, en el corte 2, destacamos la existencia de dos vertederos tardorromanos, claramente delimitados en planta por su coloración más oscura (negra-grisácea), que horadan el estrato IV y a los cuales denominamos estratos III,d y III,e. Ambos cuentan con un interesante material cerámico de cronología tardía.

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INFORME DE EXCAVACIONES ARQUEOLÓGICAS REALIZADAS EN EL SOLAR DE LA CALLE JARA N.º 19-23 (CARTAGENA)

Junto a los dos bordes antes descritos, hemos documentado otros catorce fragmentos pintados e informes 4 del mismo tipo cerámico, donde se repiten los motivos pictóricos antes descritos (lámina 12 y 13). Destaca el fragmento J-90/2-IIId/179.3 que es un elemento de prensión, una especie de asa en forma de U, adosada totalmente a la superficie del vaso y decorada con intensos trazos negros paralelos y muy anchos. En su lateral tiene bandas en blanco y zigzag en rojo sobre fondo oscuro. A pesar del pequeño tamaño del vertedero, hemos documentado una interesante asociación de distintos tipos de cerámicos significativos, por lo que hemos podido precisar puntualmente la cronología del vertedero IIId, que nos remite a mediados del siglo V d.C.. A continuación dicha documentación material:

Lámina 8. Corte 2, perfil Este.

se estrecha ligeramente cuando hace pequeñas curvas. El color rojo es el dominante, suele estar enmarcado entre líneas blanquecinas y el relleno de fondo puede ser crema o negro, este último más claro que el utilizado en el dibujo de los motivos por lo que parece una especie de engobado previo. Los motivos son de tipo geométrico y en su realización se busca la simetría, básicamente se trata de los siguientes: - Zigzag: líneas quebradas formadas por segmentos lineales que van alternativamente en un sentido y en otro, de 2,5 cm. de anchura están realizados siempre en rojo y enmarcados por bandas color crema. - Dibujos en espiga; compuesto por una línea como eje en color claro y otras laterales paralelas entre sí y oblicuas a aquella en color rojo. -Bandas de 4 mm. radiales y paralelas formando círculos concéntricos respecto a la boca del vaso. Suelen ser siempre en color beige. -Puntos de 7 mm. de diámetro, tanto en el borde como en la carena, en rojo y negro.

N.ºINV. J-90/ 2-IIId/ 127 (Lámina 14): Fragmento de borde rectilíneo, exvasado, ligeramente inclinado, que presenta interiormente una serie de acanaladuras. Fractura irregular, barniz espeso y brillante de buena calidad, perteneciente a un plato de TS.Clara D forma 59 B de Hayes / Lamboglia 51. Cronología y paralelos: Carandini (1981, 82-83) la fecha en Ostia a finales del s. IV inicios del V d.C. Hayes (1972, 96-100) da una cronología similar para esta variante entre los años 320-420 d.C. Tortorella (1980, 136) data esta forma entre el 400-425, documentando algunos fragmentos tardíos hasta el 439 d.C. También está atestiguada en Baetulo (Aquilué, 1987, 163-5) y en el abocador de Vila-roma en Tarraco (TED’A, 1989, 124-5) en contextos de la primera mitad del siglo V. En Cartagena, Méndez (1988,78-82) documenta hasta 18 fragmentos de esta variante en el yacimiento de la Plaza de los Tres Reyes, precisamente junto a la calle Jara. En la provincia de Murcia su presencia es frecuente y está reflejada en numerosos yacimientos (Méndez y Ramallo, 1985, 234-5) como Begastri, Bancal de Tejas, Casa Gallardo, Ifre, Villaricos, etc... N.º INV. J-90/ 2-IIId/ 146 (Lámina 14): Fragmento de margo y lucerna TS Africana, de pasta anaranjada y fractura regular, con barniz anaranjado espeso y brillante. Decoración alterna con círculos concéntricos y flores cuatripétalas. Cronología y paralelos: De similar decoración está la forma n.º 325 del Ágora de Atenas (Perlzweig, 1961,98) datada en el siglo V. Amante (1985,172-3) en su estudio de las lucernas de la provincia de Murcia, ha constatado lucernas de motivos semejantes pertenecientes a lo que deno-

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

aljibe

Lámina 9. Corte 3, perfil Oeste.

mina serie II, asociadas a formas de TS Clara D - como la Hayes 59 B- y encuadrables en el siglo V.d.C. N.º INV. J-90/ 2-IIId/ 154: Cuatro pivotes diferenciados, macizos y de forma cilíndrica, pasta dura, de color beige (entre los tonos anaranjado y blanquecino) con desgrasantes micáceos muy pequeños y esporádicos puntos negros. Los identificamos por su semejanza con el pivote n.º 8.166 de Vila-roma (Ted’a, 1989, fig.157) como pertenecientes a un ánfora piriforme tipo Keay XIX / Almagro 51. Cronología y paralelos: Keay (1984,160) documenta este tipo de ánfora en Cataluña en contextos que oscilan desde finales del siglo III y la primera mitad del s. V d.C., al igual que Bonifay (1987,275) en la Bourse para la variante B. Muy abundante en la Necrópolis Paleocristiana de Tarragona, donde Del Amo (1979,122) la data entre finales del siglo IV principios del V d.C. En el Portus Ilicitanus (1989, 126 ) se

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documentan dos fragmentos en el siglo IV. Tenemos constancia de su presencia en varios pecios franceses como el de la Chrétienne D -St.Raphaël-(AA.VV.,1986,184), Port Vendres (Chevalier y Santamaría, 1971, 10-11) y Dramont F (Joncheray, 1975, 113-114) con una cronología de la segunda mitad del siglo IV d.C.En el abocador de Vila-roma (Ted’a,1989, 293-294) se documenta en la primera mitad del s. V. N.º INV. J-90/ 2-IIId/ 158.1 y 158.2 (Lámina 15): Estos números de inventario corresponden a dos lotes de 14 fragmentos de bordes-cuellos y 12 frag. pivotes-cuerpos, respectivamente, de anforillas de salazón. Envases de cuerpo cilíndrico, fusiforme, con labio exvasado y ligeramente engrosado y diámetro interior de boca entre 3,5 y 5 cm.. De pasta dura, color beige-crema o anaranjada, en ocasiones parece que lleva un engobe blanquecino. Los desgrasantes son en su mayoría micáceos plateados muy pequeños y puntos negros.

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Lámina 10. J-90/2-IIId/179-1.

En cuanto a su origen; Ramallo Asensio (1984, 99-115 y 1982, 435-442) identificó los hornos cerámicos en Águilas (Murcia). Asimismo ha determinado claramente su contenido (Ramallo, 1982,441) debido a la asociación de estas anforillas a piletas de salazones en el puerto de Mazarrón junto a escamas y vértebras de pescado (Scomberesox saurus). Ramallo en base a las TS. Claras D aparecidas fecha estas anforillas entre los siglos IV y primer cuarto del s. V. Paralelos de las mismas hay en toda la costa murciana incluido Cartagena (Ramallo, Laiz y Berrocal, 1990). N.º INV. J-90/ 2-IIId/ 153.1 y 153.2 (Lámina 16): Quince fragmentos de borde exvasado y engrosado, de ánforas de salazón con asas, con diámetro interior de boca de 8 cm. Pastas beige-crema y anaranjadas, desgrasantes micáceos plateados muy pequeños y puntos negros. Su procedencia es por ahora desconocida, pero su abundancia en yacimientos como La Era (Ruiz Valderas,1990, iné-

dito) en Mazarrón y su similitud en la pasta con las anforillas anteriores, nos hace pensar en un probable origen regional. Asimismo respecto a su cronología y paralelos, Ruiz Valderas en La Era las documenta en contextos de la primera mitad del siglo V. N.º INV. J/90/ 2-IIId/ 179.10 (Lámina 14): Siete fragmentos de borde exvasado, de sección triangular y doble línea marcada en su unión con el galbo, de contenedores de cerámica común. Diámetro de boca entre 26 y 28 cm. Pasta dura, granulosa de color beige anaranjado. Desgrasantes micáceos y pequeños puntos negros. Se encuentran documentados en La Era (Mazarrón) en contextos de la primera mitad del s.V. N.º INV. J-90/ 2-IIId/ 159.9 y 172 (Lámina 14): Dos fragmentos de tapaderas una de borde ahumado y pasta grisácea, con abundantes desgrasantes micáceos platea-

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Lámina 11. J-90/2.IIId/179-2.

dos y la segunda de pasta rojiza de la que se conserva el pomo agarrador. La pieza 172, similar al tipo 17 de Vegas (1973,53-4) está documentada en el pecio Dramont F (Joncheray, 1975,1156) en la segunda mitad del s.IV. Asimismo en La Era (Mazarrón) se fecha en la primera mitad del s.V. Fulford (1984,1967, fig.75.4) data este tipo de tapaderas desde el siglo IV hasta el 520-550 d.C. NIVEL IV:

Corresponde al estrato de amortización o colmatación de la edificación romana, tiene una intensa coloración anaranjada debido a la disolución de adobes y la típica textura arcillosa muy compacta. A partir de una cota de - 3,70 m., respecto al nivel de calle moderna, llegamos al nivel freático por lo que la excavación hubo de ser suspendida, aunque seguía documentándose el estrato IV.

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Aportó abundantes fragmentos de materiales de construcción como tégulas, ímbrices, fragmentos de pavimentos de opus signinum - ya sean de tono blanquecino o decorados con crucetas - abundantes planchas de estucos monócromas y polícromas - decoradas a bandas y motivos fitomorfos -, incluso apareció un umbral en caliza gris. A continuación exponemos los materiales cerámicos más significativos que nos han servido para puntualizar el momento de abandono de la edificación: CERÁMICAS FINAS

N.º Inv. J-90/IV-10 (Lámina 17): Fragmento de borde de cuenco de T.S. Africana, producción C2, forma 45 de Hayes, variante C. Descripción: Cuenco ancho de pared cóncava al interior, con borde recto y exvasado, labio afilado no diferen-

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ciado. Pasta color anaranjado de tacto rugoso. Barniz mate. Diámetro: Cronología: Hayes (HAYES.1972.63-65) y Carandini (AA.VV.1981.63-64) para las variantes A y B proponen una cronología temprana entre 230/40 -320 d.C. Para la variante C,que es la que nos ocupa, la sitúan entre principios y mediados del siglo IV. En Cartagena hasta ahora no había sido documentada. N.º Inv. J-90/IV-39: Cuatro fragmentos (tres de la misma pieza) de galbo recto con borde no diferenciado y un fragmento de fondo con pie anular, de T.S. Africana, producción C2, forma 50 de Hayes, variante A. Descripción: Pasta color anaranjado, de fractura recta, barniz fino y de poco brillo. Grosor de la pared: 3 mm. Cronología: según Hayes (HAYES.1972.69-73) y Carandini (AA.VV.1981.65) la variante A, cuenta con una cronología entre el 230/240 y el 325, aunque dentro de esta variante hay un grupo tardío entre el 300 y el 360. En Cartagena en la Plaza de los Tres Reyes se ha documentado este tipo hasta el s. IV (MÉNDEZ.1988.73-76). N.º Inv. J-90/IV-28 (Lámina 17): Plato de T.S. Africana, producción C3, forma 50 de Hayes, variante B. Descripción: Plato ancho y profundo con la pared recta ligeramente exvasada, que termina en un borde afilado indiferenciado. Fondo plano y pie muy pequeño. Pasta depurada de fractura recta. Barniz color naranja oscuro no muy brillante que sólo recubre la parte interior y la superior del borde. Diámetro: 37 cm. Cronología: Tanto Hayes (HAYES.1972.69-73) como Carandini (AA.VV.1981.65) proponen para la variante B, más tardía, el periodo comprendido desde el 350 hasta el 400. En el valle del Ebro esta producción se documenta desde el s. III hasta el V (PAZ PERALTA.1991.181-183). En Cartagena hasta ahora esta producción ha estado mal representada, especialmente en la Plaza de los Tres Reyes donde se ha constatado tan sólo en niveles del s. II hasta el S. IV (MÉNDEZ.1988.71-76). No obstante, la forma más tardía ha sido fechada en la primera mitad del s. V en La Era, Mazarrón (RUIZ.1991.48.LAM.6,3). N.º Inv. J-90/IV-40: Fragmento de borde de plato de T.S.Africana, producción C, forma Hayes 50 B.

Descripción y cronología igual que la pieza anterior. N.º Inv. J-90/IV-21 (Lámina 17): Plato de T.S.Africana, producción D , forma Hayes 59,B/ Lamboglia 51,51A. Descripción: Dos fragmentos de borde rectilíneo, exvasado y ligeramente inclinado hacia arriba que presenta dos acanaladuras interiores. Galbo cóncavo y fondo plano ligeramente entrante con acanaladura en el interior. Pasta color anaranjado, rugosa al tacto. Superficie interior barnizada también en color naranja y el exterior del borde se presenta ahumado. Cronología: Según Hayes 320-400/420 d.C., también se atestigua en contextos del s. IV en la Piazza Armerina y en Ventimiglia. En Ostia (III-IV) esta forma se documenta a fines del s. IV inicios del s.V., apareciendo en contextos de los s. IV-V en Cartago (ATLANTE.1981.83). En Tarraco en el vertedero de Villa-roma se documenta en la primera mitad del s.V (TED’A.1989.124-125). N.º Inv. J-90/IV-35 (Lámina 17): Fragmento de cerámica corintia, decorada con motivos dionisíacos o los trabajos de Hércules (SPITZER.1942. 162-192). Descripción: Pasta depurada de color marrón-rojizo. Barniz rojizo muy deteriorado. Cronología: Segunda mitad s. II d.C. hasta el último tercio del s. III d.C. Material residual. LUCERNAS:

N.º Inv. J-90/IV-32 (Lámina 18): Lucerna completa de T.S. Africana. Tipo Hayes IIA (HAYES, 1972,311)/ Dressel 31, asimismo por sus características pertenece a la Serie II diferenciada por Amante en las lucernas de la Región de Murcia (AMANTE SÁNCHEZ.1986.157-8). Descripción: Pasta depurada y color anaranjado, barniz del mismo color que la pasta. Cuerpo grande ovalado, con canal abierto y restos de combustión en el pico, asa maciza proyectada hacia detrás, la base circular está recorrida por una molduras que son prolongación del asa. Margo plano, ancho, enmarcado por una pequeña moldura y decorada con una alternancia de flores de hexapétalas y motivos coriformes, no muy definidos por las concrecciones sobre la pieza, decoración

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

J-90/2-IIId/179.7

J-90/2-IIId/179.5

J-90/2-IIId/179.6

J-90/2-IIId/179.8

Lámina 12. J-90/2-IIId/179-7; J-90/2-IIId/179-5; J-90/2-IIId/179-6; J-90/2-IIId/179-8.

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J-90/2-IIId/179.3

J-90/2-IIId/179.4

Lámina 13. J-90/2-IIId/179-3; J-90/2-IIId/179-4.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

J-90/2-IIId/179.10

J-90/2-IIId/179.9

J-90/2-IIId/172

J-90/2-IIId/127 J-90/2-IIId/146 Lámina 14. J-90/2-IIId/179-10; J-90/2-IIId/179-9; J-90/2-IIId/146; J-90/2-IIId/127.

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muy similar a otro fragmento aparecido en Peña María (Lorca) (MARTÍNEZ RODRÍGUEZ.1988.561.LAM 7,FIG.3). Disco circular con dos infundíbulos, está decorado con una cruz monogramática hacia la izquierda, este motivo está bien representado en la toda la Región de Murcia, especialmente Cartagena, pero con una variante: la cruz monogramática está hacia la derecha (AMANTE SÁNCHEZ.1988.233). Los paralelos están documentados en prácticamente todo el Mediterráneo, como en Ravenna, el Porto di Classe (BERTI,1983,151165), etc... Cronológicamente este tipo Hayes IIA abarca todo el siglo V d.C. llegando incluso en la variante IIB, hasta comienzos del s. VI d.C. N.º Inv. J-90/IV-33 (Lámina 18): Lucerna de disco, casi completa, tipo Dressel 28 / Deneuve type VIII. Descripción: Pasta depurada color beige y superficie beige-rosada. Cuerpo de forma circular, de 8,7 cm. de diámetro, el pico -desaparecido- con arranque en forma de corazón y sin canal, asa perforada con engrosamiento posterior, el fondo circular está bordeado por una moldura y con restos de un posible sello. Margo decorado con tres círculos de puntos en relieve, disco cóncavo delimitado por dos molduras bien marcadas, se observan restos de dos infundíbulos uno de ellos central y el otro lateral de menor tamaño. La difusión de este tipo de lucerna en el Mediterráneo es muy amplia, pues se produce indistintamente en Italia y Africa. La cronología de estas piezas ha sido tradicionalmente situada en el s. III d.C. (según Lamboglia y Deneuve (DENEUVE.1969) pero Hayes aboga por una datación más tardía, confirmada por Demers (NEURU, DEMERS Y HAYES.1980.198-99) que documenta esta forma en un depósito de Cartago entre los años 425-450. También aparece un muy tipo similar, la forma Deneuve VIII B/ Dressel 30, con cronología tardía en Tarraco, en el abocador de Villa-roma (TED’A.1989.184.FIG.84) en la primera mitad del s. V d.C, y más concretamente en el decenio 440-450. N.º Inv. J-90/IV-20: Fragmento de lucerna de producción y tipología local. Cronología alto-imperial. Material residual. N.º Inv. J-90/IV-34: Fragmento de lucerna de disco, decorada con un cérvido en carrera hacia la derecha. Cronología altoimperial. Material residual.

Lámina 15. J-90/2-IIId/158-1.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

CERÁMICAS COMUNES DE PRODUCCIÓN AFRICANA

N.º Inv. J-90/IV-22 (Lámina 19): Cuenco de cerámica Africana de Cocina, forma Hayes 181,12-13/ Lamboglia 9A/ Ostia I,fig.15. Descripción: Fragmento de pared convexa con borde entrante, no diferenciado y fondo plano. Pasta anaranjada de tacto rugoso, superficie interior barnizada en A 2 con una acanaladura en el fondo. El exterior presenta una banda de 4 cm. de pátina cenicienta. Diámetro de boca 26 cm. Es una forma muy difundida en todo el Mediterráneo, cuenta con una cronología precisa: En Ostia (I, II y IV), se documenta desde la primera mitad del s. II hasta finales del s. IV -inicios del s.V. En Cartago la Misión Italiana la atestigua en contextos de 360-440 (Atlante...p.215) N.º Inv. J-90/IV-3 y J-90/IV-4 (Lámina 19): Dos fragmentos de plato-tapadera de Africana de cocina, forma Ostia IV,fig.59/ Hayes 182. Descripción: Fragmentos de galbo de interior cóncavo y borde con labio engrosado colgante. Pasta color anaranjado, poco depurada y tacto rugoso, con desgrasantes de tamaño medio (principalmente oscuros) visibles y poros en superficie. Ambas piezas están recubiertas por el exterior de pátina cenicienta, aunque en la pieza n.º 3 sólo recubre el borde. Cronología: Atestiguada en Cartago en contextos del 320 al 440 (AA.VV.1981.213) y en Ostia en contextos de finales del s. IV inicios del s. V (AA.VV.1977.fig.59). También se documenta en la primera mitad del s. V en el Abocador de Vila-roma en Tarragona (TED’A.1989.192).

J-90/2-IIId/153.1 Lámina 16. J-90/2-IIId/153-1.

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N.º Inv. J-90/IV-5 y J-90/IV-6: Dos fragmentos de plato-tapadera de Africana de cocina, forma Ostia III,fig.332/ Hayes 196. Descripción: Fragmentos de galbo y borde con labio ligeramente engrosado. Pasta color anaranjado, poco depurada y tacto rugoso, con desgrasantes de tamaño medio (principalmente oscuros) visibles y poros en superficie. La pieza n.º 5 está recubierta de pátina cenicienta. Cronología: Hayes (HAYES.1972.208-209) y Tortorella (AA.VV.1981.212) documentan estas producciones en los s. II y III d.C.. Aparece como material residual en el Abocador de Vila-roma a principios del s.V d.C.(TED’A.1989. 190-192).

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J-90/IV-28

J-90/IV-10

J-90/IV-21

J-90/IV-35

Lámina 17. J-90/IV-28; J-90/IV-10; J-90/IV-21; J-90/IV-35.

CERÁMICAS COMUNES

N.º Inv. J-90/IV-16 (Lámina 20): Fragmento de borde perteneciente a «una gran vasija con borde vuelto hacia fuera», forma 12 de Vegas (VEGAS. 1973.30-41). Descripción: Borde exvasado con labio ligeramente engrosado y redondeado. Pasta poco depurada, de tacto rugoso y color rojizo-anaranjado, con abundantes desgrasantes oscuros de tamaño mediano y algunas micas plateadas muy pequeñas. Superficie interior engobada en beige. Estos grandes vasos cilíndricos de base plana, según Vegas no se usaban para la cocción o el almacenaje de alimentos sino más bien como vasijas para lavar. Cronología: Son numerosos en época tardo imperial y se constatan en Ostia (PALMA Y PANELLA. 1967.97-98.FIG. XXI,419), Albintimilium, y Tarragona en los siglos III y IV d.C.(VEGAS.1973.41). Asimismo aparecen en el s. V en

Cartago (FULFORD Y PEACOCK.1984. 193-195, FIG.73), documentándose en la primera mitad del s. V en Tarragona, con la forma Vila-roma 6.89 (TED’A.1989.218129.FIG.107). N.º Inv. J.90/IV-17 (Lámina 19): Cuenco de pared exterior semiesférica con pie anular. El borde entrante y el labio engrosado al anterior. Diámetro de boca: 14 cm. Descripción: Pasta marrón-anaranjada no muy depurada con abundantes desgrasantes blancos de tamaño mediano y micáceos plateados muy pequeños. Por los aspectos formales esta pieza corresponde a las imitaciones de vajillas finas de mesa que Vegas definió en las formas 20, 21 y 22 (VEGAS.1973.57-61) cuya cronología parece muy amplia, pero están documentadas en niveles tardíos (s.IV-V) en el Portus Illicitanus (SÁNCHEZ. 1983.306. FIG. 17.1) y en Tarragona un ejemplar similar al nuestro,

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

J-90/IV-32

J-90/IV-33

Lámina 18. J-90/IV-32; J-90/IV-33.

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J-90/IV-22

J-90/IV-4

J-90/IV-17

J-90/IV-18

J-90/IV-29

Lámina 19. J-90/IV-22; J-90/IV-4; J-90/IV-17; J-90/IV-18; J-90/IV-29.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

J-90/IV-30

J-90/IV-16

J-90/IV-12

J-90/IV-31

Lámina 20. J-90/IV-30; J-90/IV-16; J-90/IV-12; J-90/IV-31; J-90/IV-19.

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J-90/IV-19

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forma Vila-roma 6.150, tiene una datación de la primera mitad del s. V. d.C (TED’A.1989.225.FIG.112). N.º Inv. J-90/IV-18 (Lámina 19): Fragmento de borde y asa de cuenco de cerámica común de tipo indeterminado. Descripción: Borde engrosado hacia el interior de sección triangular con pared interior cóncava. Pasta depurada color beige anaranjado desgrasantes calizos esporádicos y micáceos plateados muy pequeños. Superficie exterior engobada en color rojizo. Diámetro no determinable. Morfológicamente esta pieza podría estar relacionada con los « cuencos carenados de paredes alisadas» de la forma 9 Vegas (VEGAS.1973.35-37.FIG. 11), con una cronología entre los siglos IV al VI d.C. N.º Inv. J-90/IV-29 (Lámina 19): Fragmento de cuenco globular de cerámica común, con borde vuelto hacia fuera y labio ligeramente engrosado. Descripción: Pasta color rojizo-anaranjado, no muy depurada con tacto rugoso y desgrasantes blancos medianos, esquistos muy escasos y micas plateadas de tamaño muy pequeño. Superficie engobada en color beige-amarillento, más intenso en el exterior. En el interior tiene marcadas estrías. Piezas muy semejantes en aspecto formal con pasta y engobe claro, sin marcas de fuego, aunque con desgrasantes distintos, se han documentado en los niveles I y II del sector norte del Portus Ilicitanus, en las excavaciones de la Casa Tardorromana de «El Palmeral» en Santa Pola (SÁNCHEZ ET ALII. 1989. 58. fig. 34.1/96. FIG. 61,5) (SÁNCHEZ. 1983.306. FIG16.2), donde son definidas como vasijas para guardar provisiones o preparar alimentos sin exposición directa al fuego. Respecto a la cronología: En el nivel I estas piezas están asociadas a un importante lote de claras D datadas entre principios del s.IV y s.V (SÁNCHEZ EL ALII.1989.48). Y en el nivel II se documentan, junto a un lote de T.S. claras A, algunos fragmentos de producción C, Forma Hayes 50 en sus dos tipos (SÁNCHEZ ET ALII.1989.84) lo que nos sitúa entre el s. III y principios del s. V. N.º Inv. J-90/IV-30 (Lámina 20): Fragmento de boca y arranque de asa de jarra de cerámica común. Descripción: Boca moldurada, cóncava al interior, con borde entrante y labio no diferenciado. El asa arranca de la

parte cóncava, tiene sección oval con dos nervaduras superiores. Pasta color beige-rosada, no muy depurada con desgrasantes oscuros medianos y micáceos plateados muy pequeños. Superficie alisada de color beige. Jarras muy semejantes con dos asas y boca moldurada se documentan a mediados del s. V en el yacimiento de la Era en Mazarrón (RUIZ.1991.48.FIG.IX) y en Tarragona en el Abocador de Vila-roma (TED’A.1989.222-223). ÁNFORAS

N.º Inv. J-90/IV-12 (Lámina 20): Fragmento de borde de ánfora de tipo indeterminado y procedencia africana. Descripción: Borde exvasado, engrosado al exterior, presenta una moldura claramente marcada que enlaza con el cuello. Pasta dura, de color marrón rojizo intenso con inclusiones de partículas de cal de tamaño mediano y pequeño, provocando vacuolas y poros, cuenta también con pequeñas partículas micáceas plateadas de tamaño muy pequeño. Superficie exterior de color beige amarillento. Diámetro: 12 cm. La cronología es tardorromana debido al parentesco morfológico con ánforas de procedencia Tripolitana. N.º Inv. J-90/IV-15: Fragmento de borde de ánfora posible imitación de la Dressell 2/4. N.º Inv. J-90/IV-19 (Lámina 20): Fragmento de borde de ánfora de tipo indeterminado. Descripción: Borde exvasado, engrosado al exterior, de sección cuadrangular y apuntado en la parte superior. El cuello diferenciado mediante un estrechamiento del mismo. Diámetro 9 cm. Pasta muy depurada y blanda con pequeñas inclusiones de cuarzo, micáceas plateadas y otras partículas oscuras no identificadas. N.º Inv. J-90/IV-31 (Lámina 20): Fragmento de borde de ánfora asimilable al tipo Almagro 51 C / Lusitana 3. Descripción: Borde ligeramente exvasado, engrosado al exterior y de sección triangular. Diámetro: 9 cm. Pasta color anaranjado, con inclusiones de cal y núcleos de cuarzo de gran tamaño. Presenta un engobe de color amarronado con abundantes micas plateadas de pequeño tamaño en superficie.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

En cuanto a la forma es similar a las producciones portuguesas del horno de Enchurrasqueira en el Valle do Sado (DIAS Y FARIA.1990.185.FIG.52,13) y a las localizadas en el Valle do Tejo (DUARTE.1990.114.N 23-24). El contenido de dicho tipo anfórico está determinado por la existencia de restos orgánicos y espinas de pescado localizadas en el pecio Cabrera III (Mallorca)(ETIENNE.1990.15-19). La cronología de esta producción es bastante amplia, en Ostia aparece en contextos de la primera mitad del siglo III (MANACORDA.1977.142-145) al igual que el Pecio Cabrera III y en Ampurias (ALMAGRO. 1955.306-307). En el siglo IV se documenta en el pecio de Port-Vendres I y en de Planier VII. En Tarragona están datadas en el siglo V (RÜGER.1968.237) y en San Cucufate (Beja) aparece un tipo más pequeño que el anterior hacia mediados del siglo V (MAYET.1990.33). CERÁMICAS TOSCAS

N.º Inv. J-90/IV-26: Fragmento de olla de borde almendrado, realizada a torno lento y de factura tosca. Descripción: Cocción oxidante, pasta marrón de tacto muy rugoso con desgrasantes gruesos blancos, esquistos y micas plateadas. Superficie rojiza con abundantes micas plateadas. Diámetro: 18 cm. Esta cerámica, en aspecto formal semejante al tipo 2 de Vegas, presenta gran similitud de pasta con las documentadas en el Norte de Africa en época tardía, concretamente en Cartago, con la fábrica 1.6-7 de Fulford (FULFORD. 1984. CAP.2), algunas de sus formas han sido constatadas como importaciones en Alicante (REYNOLS.1985.247-251). Producciones oxidantes y de forma similar se han documentado en la primera mitad del s. V en el yacimiento de la Era en Mazarrón (RUIZ.1991.48.LAM.7,5). Esta producción cerámica es, sin duda, el antecedente directo de las cerámicas toscas locales y regionales que se documentan en Cartagena en los s. VI y VII (LAIZ Y RUIZ,1988), al igual que en la provincia de Alicante (REYNOLS,1985). IV. VALORACIONES FINALES

A pesar de la parcialidad de las estructuras halladas en este solar, éstas representan un avance más en el conocimiento general de la urbanística romana de la ciudad de Cartago-Nova, si bien plantean una serie de problemas puntuales

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referidos tanto a la cronología de construcción y abandono del edificio, como a la funcionalidad del mismo. IV.a/ Consideraciones Cronológicas En cuanto a la cronología del momento constructivo romano documentado en este solar, tan sólo decir que el nivel freático coincide con la cimentación de los muros, por lo que no ha sido posible precisar puntualmente el mismo. Sin embargo, una revisión de los abundantes fragmentos cerámicos que han sido reutilizados en las placas de pavimento de opus signinum, nos remiten a una fecha de construcción del mismo hacia el s. I d.c., y que podría estar directamente relacionado con el momento constructivo de los muros con la reserva lógica que hemos expresado en el comentario sobre la Fase II. El nivel IV corresponde al nivel de abandono, o momento de amortización, y cubre totalmente las estructuras romanas aparecidas, por los materiales que aporta analizados en el capítulo anterior - nos remiten a contextos del s. V, concretamente en el primer cuarto de siglo, fecha relacionada con la incursión de los bárbaros en el Sureste peninsular. Esta cronología no se muestra muy acorde con la propuesta por R. Méndez para el cercano yacimiento de la Plaza de los Tres Reyes al que se le da una pervivencia mucho mayor, pero hay que tener en cuenta por un lado que en dicho solar se ubica una vía principal de la ciudad que pudo mantenerse activa durante largo tiempo, y por otro lado el lote de materiales cerámicos de la Plaza de los Tres Reyes fueron exhumados sin metodología arqueológica en al año 1968. Creemos que estos materiales están relacionados con nuestro Nivel III, de amplia cronología y correspondiente al relleno de época tardo-romana. Este relleno se encuentra presente en todos los solares excavados en las cercanías, ubicados extramuros de la Ciudad tardía, donde se documentan los característicos vertederos como los hallados en la c/Palas, c/ Jara, c/ del Duque, etc... y que han sido objeto de estudios detallados. IV.b/ Aspectos funcionales y urbanísticos: La edificación documentada está estrechamente vinculada con los restos arqueológicos hallados bajo el Gran Hotel y la Plaza de los Tres Reyes, ya que los muros 1, 2 y 3 presentan una definida orientación - ya sea en ángulo recto o paralelos - respecto a línea de la calzada constatada en ambos solares. Dicha vía es uno de los grandes ejes principales de la

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ciudad, porticado y con una anchura de 4,50 m., que denominamos decumano máximo (BERROCAL Y DE MIQUEL. 1994) 5, y se puede identificar sin género de dudas como el que uniría la puerta principal de la ciudad (junto a las murallas de La Milagrosa) con la zona portuaria y comercial, ubicada tradicionalmente en torno a la plaza de San Sebastián. Asimismo dicha vinculación, se presenta manifiesta en cuanto a la funcionalidad del habitáculo documentado en nuestra excavación. Si tenemos en cuenta que los primeros restos localizados en el solar del Gran Hotel (esquina entre las calles del Aire y Jara) mostraron una columnata angular que contorneaba a su vez un espacio indeterminado ocupado por grandes estancias rectangulares, según el croquis conservado de los restos, de aproximadamente 9 m. de anchura x 12 m. de longitud (RAMALLO. 1989. PP. 88-89)., estancias que han sido interpretadas generalmente como posibles almacenes o tabernae. Asimismo en el Callejón de Bretau, se constató un muro en ángulo recto (que conocemos tan sólo en planta BELTRÁN.1952.50.FIG.2)), que significativamente se encuentra también a 12 m. de la prolongación del muro de fachada del espacio descrito en el párrafo superior. Este muro localizado en el Callejón de Bretau rodea los muros 1 y 2 documentados en nuestro solar, dejando entre ambos una especie de pasillo de unos 3 - 4 m. de ancho, que podría repetir una especie de porticado. Debido a la similitud de las dimensiones y las estructuras documentadas bajo el Gran Hotel, parece que nos encontramos en una misma manzana, compuesta de grandes estancias rectangulares, porticada hacia el exterior, que según S. Ramallo (RAMALLO.1989) se limitaría por su lado Sureste por los restos de un porticado descubiertos en la calle Medieras n.º 4 (BELTRÁN.1952.53). Es precisamente en este sector definido por unas dimensiones máximas aproximadas de 110 x 120 m. donde se había planteado en un primer momento la existencia del Foro. Sin embargo, nosotros creemos que más bien se trata de un espacio público en cuyo interior se distribuyen más o menos simétricamente una serie de estancias de amplias dimensiones, cuya funcionalidad como lugar de actividad comercial y de almacenaje parece enlazar claramente con la cercanía de las estructuras portuarias que se han ubicado en la zona de la calle Mayor hasta las Puertas de Murcia, que incluso han llevado a pensar a ciertos autores en la existencia de un segundo foro «marítimo» en este sector de la ciudad.

NOTAS (1) Como es el caso de Don Pedro de Bracamonte, capitán de ejército con un brillante currículum militar en el siglo XVII (CASAL MARTÍNEZ. 1989. PP. 210) o el rico carpintero Juan Bretau que dió nombre en el siglo XIX al callejón anexo (CASAL MARTÍNEZ. 1989. 106-107). (2) Los hallazgos arqueológicos cercanos más significativos son los siguientes (BELTRÁN MARTÍNEZ. 1952. PP. 51-53 y SAN MARTÍN MORO, P.A. 1985. PP. 133-140): - Debajo del Gran Hotel situado en la esquina de las calles del Aire y Jara (1907) - Calle del Aire junto al gran Hotel (1962) - Calle Jara n.º 27/ esquina con callejón de Bretau - Calle Jara esquina San Miguel (1969) - Plaza San Francisco n.º 21/ Cine Carlos III (1969) - Calle San Miguel esquina calle del Aire (1971) - Calle San Miguel frente al Colegio (1972) - Plaza San Sebastián (1973) - En la calle del Aire: callejones de la Parra y Estereros (1964) - Calle Medieras n.º 4 (1964) - Plaza de los Tres Reyes (1968) - Calle Honda n.º 11-13 (1980) (3) BERROCAL Y CONESA. (1991) « Cerámicas pintadas de cronología tardía en c/ Jara (Cartagena)». Jornadas Internacionales conmemorativas de los 1.400 años de la Fundación de la Sede de Elo. El Espacio religioso y profano en los territorios urbanos de occidente (siglos V - VII). Elda. (En prensa). (4) Números de inventario: J-90/2-IIId/179. 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7 y 8 (5) El trazado de esta arteria principal queda definitivamente constatado con los descubrimientos de una serie tramos enlosados perfectamente alineados: en 1907 bajo el Gran Hotel (JIMÉNEZ DE CISNEROS 1908), en 1962 en la calle del Aire (SAN MARTÍN 1983), en 1968 en la Plaza de los Tres Reyes (SAN MARTÍN 1983 pp. 345-346), en 1970 en la Plaza de la Merced n.º 10 y en 1973 en la propia Plaza de San Francisco n.º 7 (SAN MARTÍN 1985). (6) Constaba de un pavimento de grandes losas grisáceas asociado a cuatro bases sobre sus respectivos plintos y capiteles toscanos, con un intercolumnio de 3,50 m. BIBLIOGRAFÍA -AA.VV.(1977).Ostia IV. Studi Miscelanei,23. Roma,1977. -AA.VV.(1981). Atlante delle Forme Ceramiche I. Ceramica fine romana nel Bacino Mediterráneo. (Medio e Tardo Imperio). Enciclopedia dell’Arte Antica. Classica e Orientale. Roma. 1981. AA.VV.(1989). Un abocador del siglo V d.C.en el fórum provincial de Tàrraco. Ted’a. Tarragona. ALMAGRO BASCH.(1955). Las necrópolis de Ampurias, II. Barcelona. PP. 306-307 AMANTE SÁNCHEZ, M.(1985) «Lucernas en T.S. Africana de la Región de Murcia».Antigüedad y Cristianismo II, Universidad de Murcia, PP. 153-193. AMANTE SÁNCHEZ, M. (1988), «Representaciones iconográficas en lucernas romanas de la Región de Murcia», Antigüedad y Cristianismo, V. PP. 313-254.

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INFORME PRELIMINAR DE LAS EXCAVACIONES EN EL SOLAR C/. MAYOR, N.º 17, ESQUINA C/. COMEDIAS (CARTAGENA)

M.ª Carmen Berrocal Caparrós M.ª José Conesa Santacruz

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1990

INFORME PRELIMINAR DE LAS EXCAVACIONES EN EL SOLAR C/. MAYOR, N.º 17, ESQUINA C/. COMEDIAS (CARTAGENA)

M.ª CARMEN BERROCAL CAPARRÓS, M.ª JOSÉ CONESA SANTACRUZ

Resumen: Dentro de las excavaciones de urgencia de Cartagena, en el transcurso del mes de junio de 1990 se excavó un solar en la C/. Mayor, esquina C/. Comedias que también comunicaba con el inicio de la calle Bodegones, zona que inicialmente se pensaba estéril excepto la posibilidad que saliese en línea de fachada en la calle Mayor un gran muro de sillares, documentado en otros solares cercano a la misma y relacionado con el puerto de Cartagena. La excavación, sin embargo, aportó

un complejo sistema de estructuras portuarias de finalidad todavía desconocida, con un muro paralelo a la actual calle del que salen otros muros secundarios perpendiculares al primero, rellenos de materiales fuera de uso (cerámicas, vidrios, abundantísimas conchas y restos de erizos de mar). Asimismo, hallamos una zona maciza, amplia, de forma rectangular con materiales reutilizados, a modo de plataforma.

I. INTRODUCCIÓN

Dentro de este trazado la calle Mayor formaría una playa, « ventajosamente situada, junto a la cual se han hallado suntuosos edificios ... pudiendo muy bien ser el puerto y varadero antiguo» (BELTRÁN. 1948.207-208). Al respecto E. Manera, precisa la existencia de un puerto principal debajo del actual Arsenal Militar, ubicando en la calle Mayor «.. un muellecillo de atraque al puerto comercial, con los depósitos y lonjas en el actual Gobierno Militar.» (MANERA.1946.305). Los datos aportados al respecto por las excavaciones eran escasos, tan sólo dos yacimientos en la calle Mayor n.º 35 (1) y n.º 7 (2), parecían definir con claridad el posible cantil del puerto realizado en grandes bloques de arenisca y con cara vista hacia el interior de ambos solares. Partiendo de esta información previa y teniendo en cuenta que la calle Mayor presenta un ángulo central en su trazado, unimos los restos de ambos solares antes citados, siendo la resultante: que nuestro solar, en calle Mayor n.º 17, estaba lindando a duras penas con el borde del eje portuario descrito. Habiendo aparecido unos hallazgos dispersos en la Plaza del Rey (BELTRÁN. 1952.74-75)

La construcción de una edificación con sótano en la calle Mayor n.º 17, esquina con la calle Comedias, llevó a la realización en este solar de excavaciones arqueológicas con carácter de urgencia. La dirección técnica nos fue asignada a las abajo firmantes y los trabajos fueron realizados con un grupo de obreros subvencionados por el mismo dueño del solar, en el periodo comprendido desde el 4 de junio al 9 de julio del año 1990. El solar en cuestión se encuentra situado en las inmediaciones de la antigua línea costera occidental de la península de Carthago-Nova. Este límite tradicionalmente se ha situado desde las actuales Puertas de Murcia a la altura de la Calle Santa Florentina y del Conducto, continuando por la acera izquierda de las Puertas de Murcia, hacia la mitad de Capitanía General, siguiendo por la calle Mayor hasta el morrón donde está hoy edificado el Gobierno Militar. Otros autores han propuesto una ligera desviación de la línea costera hasta el puente del barrio de la Concepción retomando posteriormente el eje Puertas de Murcia - Calle Mayor.

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INFORME PRELIMINAR DE LAS EXCAVACIONES EN EL SOLAR C/. MAYOR, N.º 17, ESQUINA C/. COMEDIAS (CARTAGENA)

Vista general de la excavación en solar C/. Mayor, n.º 17. En el centro testigo longitudinal.

Así pues, con la intención constatar principalmente los niveles de depósito marinos, planteamos dos cortes alineados de N-S y perpendiculares a la línea de fachada de la calle Mayor. Las dimensiones del corte 1 eran de 4,50 x 5,50 m. mientras que el corte 2 era de dimensiones más reducidas (3 x 4 m.) puesto que se veía cieno casi en superficie. Una vez constatados los abundantes restos del corte 1, procedimos a la ampliación de la excavación al resto del solar, abriendo los cortes 3, 4, 5 de iguales dimensiones que el n.º 1. A efectos metodológicos dejamos un testigo longitudinal de 1,5 m. de ancho, entre los cortes 1-3 y 4-5 La topografía del solar fue realizada por M.ª Victoria Pazo y las cotas de nivel están referenciadas desde un punto denominado: punto 100, situado en una alcantarilla de la calle Mayor y relacionado a su vez con todas las edificaciones colindantes. II. ESTRATIGRAFÍA

A pesar de la poca potencia estratigráfica del solar hasta llegar al nivel freático, apenas - 1,40 m., se ha podido constatar una seriación estratigráfica bastante uniforme y asociada a las distintas estructuras documentadas :

RELACIÓN ESTRATIGRÁFICA DEL CORTE 1 NIVEL SUPERFICIAL:

Tras el derribo de las edificaciones preexistentes, el solar quedó cubierto por un suelo de losas de terrazo asentadas sobre una solera de hormigón de una potencia de 20 cm., dada la dureza de estos materiales y para aligerar los trabajos manuales procedimos a la utilización de una pala retro-excavadora para desmontar el enlosado. Retiramos de este modo un nivel de unos 50 cm. que denominamos «superficial», unificado en todos los cortes, conformado por todos los materiales cerámicos provenientes de lo remozado por la pala retro-excavadora. NIVEL I: Entre 35 y 50 cm. de potencia Ia/ Tierra grisácea-amarronada, muy compacta. Materiales procedentes de rellenos anteriores a la edificación de la casa que ocupaba el solar, se documentan desde cerámicas vidriadas, loza dorada, pintada al manganeso, T.S. Clara D, etc... Ib/ Bolsada verdosa, a modo de pozo, junto al perfil NE, los materiales que aporta son junto a la cerámica común, T.S. Clara A y D, conchas de bivalvos principalmente ostras. Ic/ Situado en el ángulo Oeste del corte y reflejado en el perfil NO, es un estrato del mismo color que el Ia, pero de

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Vista general de la excavación. En la parte inferior los muros 1 y 2, a continuación la plataforma de sillares y los pozos negros.

Muros 1 y 2 (Fase I) y enlace con la plataforma de sillares (Fase II) y el encachado de piedra (Fase III).

textura más granulosa y con carbones. El material cerámico es homogéneo, aunque poco representativo, con una referencia cronológica de época hispanomusulmana. NIVEL II: Localizado en la mitad Norte del corte y una potencia variable entre 45 y 70 cm. II,a/ Tierra marrón-rojiza, suelta con textura arenosa, y pequeños núcleos de tabaire, argamasa y carbones. II,b/ Finas vetas grisáceas que atraviesan el estrato II,a. Los materiales de ambos estratos son procedentes de rellenos de cronología muy amplia pero claramente romanos. NIVEL III: Localizado en la zona Oeste del solar, no aparece debajo del estrato II, sino del estrato I. IIIa/ Capa de arenisca disuelta con pequeños núcleos de tabaire, potencia de 7-10 cm. prácticamente estéril. IIIb/ Situado debajo del anterior y está formado por tierra marrón de textura granulosa con núcleos de arenisca. Este estrato cubre un empedrado, irregular, de piedras medianas y pequeñas, localizadas en el ángulo Oeste, cubriendo a su vez unos sillares reutilizados. Los materiales cerámicos de este estrato son homogéneamente tardorromanos, principalmente T.S. Claras C y D, ánforas, así como fragmentos de ímbrices y tégulas, restos óseos y malacológicos.

NIVEL IV: Tierra de color grisáceo, veteada en pequeñas y numerosas capitas en negro y gris más claro que parecen limos y arrastres de aguas, muy consecutivos. Contiene carbones y se documenta muy humedecida, barrosa, hasta llegar al nivel freático. Los materiales de este estrato son muy abundantes; cerámicas T.S. Claras A, D, lucernas, comunes de borde ahumado, ánforas y anforillas, clavos de hierro, abundantes restos óseos (sobre todo quijadas de cápridos y bóvidos) y sobre todo, gran cantidad de restos malacológicos, incluso trozos de caparazón de erizos.

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RELACIÓN ESTRATIGRÁFICA DEL CORTE 2

Estrato único de cieno RELACIÓN ESTRATIGRÁFICA DEL CORTE 3

NIVEL SUPERFICIAL: Removido de pala NIVEL I: Potencia variable, oscila entre 40-90 cm. Ia/ Tierra oscura, marronácea con cal y escombros Ib/ Localizado junto al perfil SE, es un depósito de cenizas vegetales, carbones y troncos a medio quemar entre dos muretes de ladrillo macizo, de factura moderna.

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RELACIÓN ESTRATIGRÁFICA DEL CORTE 4

NIVEL SUPERFICIAL: Removido de pala NIVEL I: Se encuentra localizado en la parte Sur del corte. Ia/ Tierra grisácea-amarronada que coincide con el estrato I del Corte 1 y el estrato II del Corte 3. Ib/ Lecho de arena, con cal abundante, de una tubería que atraviesa el corte en la zona Norte, la cerámica que aporta es muy escasa y es moderna. Ic/ Bolsada de igual color que la Ia, pero de textura más granulosa, coincide con el estrato Ic del Corte 1. NIVEL II: Se localiza en toda la mitad NE de la cuadrícula. Compuesto por tierra marrón-rojiza (IIa) con vetas grisáceas (IIb). Se corresponde con los estratos IIa y IIb del Corte 1. NIVEL III: Estratos de muy poca potencia. IIIa y IIIb/ son equivalentes a los estratos IIIa y IIIb de los Cortes 1 y 3. IIIc/ Tierra rojiza que rellena los intersticios entre los sillares, aporta escasos fragmentos cerámicos poco significativos. NIVEL IV: Estrato grisáceo que coincide con el e. IV del CORTE 1 y e. V del CORTE 3. Igual textura y materiales. Sólo rebajamos unos 30 cm. pues aflora el agua con gran rapidez. RELACIÓN ESTRATIGRÁFICA DEL CORTE 5 Detalle de los muros 1 y 2 (Fase I) y conducción entre ambos.

Ic/ Debajo del estrato Ib, tierra de color gris con cal abundante y cerámica vidriada moderna. NIVEL II: Tierra de color grisáceo-amarronado, localizada en la mitad NO del corte, presenta gran potencia en el ángulo W. Se corresponde al estrato I del Corte 1. NIVEL III: Localizado al Norte del Corte. Los estratos IIIa y IIIb equivalen a los estratos IIIa y IIIb del Corte 1. NIVEL IV: Presenta muy poca potencia, apenas 10 cm. y reducida extensión. IVa/ Bolsada de tierra marrón anaranjada compuesta por adobes disgregados, se encuentra localizada específicamente sobre el muro 1. IVB/ Bolsada compuesta por adobe más disuelto que el anterior y mezclado con tierra. Se localiza también sobre el muro 1 pero es más reducida que el IVa. NIVEL V: Se corresponde totalmente con el estrato IV del CORTE 1 con el mismo tipo de materiales.

Este corte en general sufre profundas alteraciones estratigráficas debido a las construcciones modernas existentes en gran parte de la cuadrícula: muros, 2 pozos negros, y una especie de aljibe de ladrillo macizo junto al perfil Sur. NIVEL SUPERFICIAL: Revuelto de pala. NIVEL I: Compuesto por distintas capas de cal, argamasa y ladrillos pertenecientes a un relleno de escombro moderno. Ib/ Filtraciones verdosas de pozo ciego, localizadas en el ángulo SO. NIVEL II: IIa/ Tierra de color grisácea-amarronada, equivale con el estrato Ia del Corte 1, el e. II del Corte 3 y el e. Ia del Corte 4. IIb/ Estrato que corresponde a la bolsada de medieval del e. Ic y Ib de los Cortes 1 y 4, respectivamente. NIVEL III: Tan sólo presenta 1 metro de extensión de 1 m. porque está cortado por los muros modernos.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Detalle del enlace de los muros 3 y 4 (Fase I) y la plataforma de sillares (Fase II).

Los estratos IIIa y IIIb, equivalen con el IIIa y IIIb de los Cortes 1, 3 y 4. Asimismo, el e. IIIc, de tierra rojiza coincide con el IIIc del Corte 4. IIId/ Pequeña capa de tierra marrón oscura con arenisca disgregada, debajo del estrato IIIc. Tanto el IIIc como el IIId rellenan los intersticios de los sillares, están reflejados en el perfil pero apenas si se observan en planta. NIVEL IV: IVa/ Tierra suelta de color marrón, situada a la altura del la cimentación de los muros modernos por el lado W del corte, los materiales que aporta son de rellenos antiguos, como T.S. Clara A y D, vidrios, etc... IVb/ Filtraciones verdosas de pozo ciego en el ángulo S. del corte. NIVEL V: Localizado al Sur de los sillares documentados en el corte 1, se trata de un paquete de estratos de igual textura pero diferente coloración, que buzan en conjunto hacia el W. En general estos estratos han aportado una gran cantidad de restos malacológicos. Va/ Tierra marrón-rojiza, con carbones y pequeños núcleos de argamasa, corresponde al estrato II del Corte 1 y

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al estrato I del Corte 4, está asociado a T.S. Claras A. Vb/ Bolsada verdosa, que aporta como materiales cerámicos más significativos T.S. Claras A y C. Vc/ Vetas grisáceas, similares al estrato IIb de los Cortes 1 y 4 Vd/ Estrato de adobes disgregados, de intensa coloración anaranjada con pequeños núcleos de argamasa. También aporta fragmentos de T. S. Clara A y D. Ve/ Estrato de color gris-verdoso de idénticas características que los anteriores. Vf/ Pequeño estrato de arenisca disgregada, de apenas 1 cm. de potencia localizado en el ángulo E. del corte. NIVEL VI: Tierra muy barrosa de color gris-oscuro, que coincide con el estrato IV de los Cortes 1 y 4 y con el estrato V del Corte 3. III. FASES CONSTRUCTIVAS FASE I

Estructura no identificada, conformada por cuatro muros. Los muros 1, 2 y 3, orientados NE-S, son paralelos entre sí y a su vez perpendiculares al muro 4.

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piedra, una fila inferior de sillares de arenisca. Este hecho también se constata en el muro 2, en el que debajo de la cuarta fila de piedras hay otra fila completa de sillares que no pudimos visualizar, pues estaban sumergidos. Todo ello nos parece indicar dos hipótesis de trabajo, o bien se trata de una cimentación mixta realizada en su parte inferior por sillares de arenisca recrecidos en piedra mediana en seco, o bien estamos ante dos momentos constructivos distintos y consecutivos. La estratigrafía relacionada con estos muros es muy precisa; los estratos IV (corte 1), e. V (corte 3), e. IV (corte 4) y e. VI (corte 5), son rellenos situados en las partes bajas de los muros, muy homogéneos en todos los cortes, que abarcan cronológicamente un amplio periodo desde el s. II hasta principios de VII d.c.y que se caracterizan principalmente por el gran aporte de restos malacológicos, actualmente en estudio. No hemos constatado estratos de abandono sobre los muros ya que la fase siguiente se apoya directamente sobre ellos. FASE II Detalle del encachado de piedra (Fase III), al fondo los sillares de la Fase II y los muros 1 y 2 (Fase I).

Los muros 1, 2 y 3, de 60 cm. de ancho, conservan principalmente la parte correspondiente a las cimentaciones, realizadas con piedra mediana colocada en seco, con un alzado de unos 50-60 cm. hasta el nivel freático y profundidad no determinable. El muro 1 es el único que conserva alzado visto, presentando unos 25 cm. de un fino enlucido blanquecino en su cara Norte, que podría componer un zócalo de piedra que en su momento estaría recrecido en adobes, ya que sobre este mismo muro 1 se conservan estratos de adobe disgregado (IV,a y IV,b del corte 3), similares a los documentados en otros lugares de la ciudad (3). Los muros 1 y 2 conforman una especie de canal de 1 metro de ancho, separándose del muro 3 por un hueco de 3,70 m. El muro 3, del que se ha conservado muy poco alzado por el relleno de la fase II, y el muro 1 enlazan perpendicularmente con el muro 4, situado al Norte del solar casi en la línea de fachada. El muro 4 está compuesto por dos filas de piedra de mayor tamaño, colocadas en seco, sin embargo ya en el nivel freático se documentan debajo de estas dos capas de

El segundo momento constructivo es el que hemos relacionado con un gran relleno intencionado de grandes sillares reutilizados, que van desde el muro 4, rodeando al muro 3, hasta adosarse al muro 1, este relleno delimita una especie de plataforma rectangular, de 2,50 m, de ancho, bastante irregular y con «cara» a ambos lados ( N y S). Los sillares de arenisca, presentan distintos tamaños y formas, con numerosos casos de huellas de lañas de sujeción. Incluso uno de ellos es semicircular, almohadillado al exterior, similar a los reutilizados en los torreones de la muralla tardía de la Calle Soledad y Calle Nueva. Los huecos entre los sillares se rellenan con piedras medianas que se ajustan a los huecos. La plataforma estaba cubierta por un nivel de arenisca disgregada, de unos 7-10 cm. de potencia, correspondiente al estrato III,a de todos los cortes, que podría representar el nivel de pavimento de esta construcción, y que guarda gran similitud con los pavimentos de arenisca documentados en el área de ocupación tardorromana de la ladera del Castillo de la Concepción en el sector de Condesa Peralta. La estratigrafía relacionada con estas construcciones es muy pobre, por lo superficial de los hallazgos, detectamos un posible nivel de abandono de arenisca, con escasos materiales, entre ellos una T.S. Clara D, forma 108 de Hayes, con una cronología de inicios del s. VII, que nos aporta una precisión cronológica muy interesante.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Situación del solar.

Relacionado con esta fase podrían ser los distintos umbrales de caliza gris reutilizados y apoyados sobre los muros 1 y 2 de la fase anterior. FASE III

No es propiamente una fase constructiva se trata de un encachado, muy uniforme, claramente diferenciado de las demás estructuras. Concretamente al Sur de la plataforma anteriormente descrita y cubriéndola en parte, se documenta un encachado de piedras medianas en su mayoría núcleos de arenisca, que ocupa hacia el Sur gran parte de los Cortes 3 y 5. Este encachado no lo podemos relacionar directamente con las fases anteriores, aunque un momento constructivo posterior al de la fase II. FASE IV

El último momento constructivo constatado en este solar es el relacionado con época moderna y contemporánea. Los

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distintos cortes están horadados por varios pozos negros, conducciones de aguas residuales, así como los muros de cimentación moderna al Norte del solar, esta cimentación realizada sobre estratos muy húmedos fue completada por un sistema de palos de madera clavados en el suelo, típico de terrenos pantanosos y utilizada en otros lugares de Cartagena con estos mismos problemas de cimentación (4). IV. CONCLUSIONES

Una interesante cuestión a plantear es la interpretación funcional de los restos hallados, los cuales se hallaban sin duda muy próximos al mar. La Fase I podría componen algún tipo de conducción de aguas residuales, una cloaca, desde la ciudad hacia el puerto, esta hipótesis puede estar avalada por la ubicación del solar; es la zona más baja de la ciudad y se encuentra en el centro del valle entre los cerros del Castillo de la Concepción y el Molinete (5).

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Localización de los cortes realizados en el solar.

Asimismo a nivel constructivo los muros 1 y 2 presentan en la hilera superior de su cimentación una ligera caída o desnivel hacia el Sur, que sería el sentido por el que discurrirían las aguas hacia el puerto. También hay que tener en cuenta la sucesión de capas de limos que rellenan el hueco entre los muros 1 y 2, que aportan gran cantidad de materiales cerámicos, óseos, malacológicos fragmentados que podrían provenir de los deshechos de una ciudad como Carthago-Nova. Como argumentos en contra de esta interpretación, están los que muestran la propia construcción de los muros, que carecen de las características propias de estas edificaciones, como enlucidos de calidad, argamasas consistentes y la presencia de la piedra en seco (ADAM.1989). Respecto a la funcionalidad del macizo de sillares, de la Fase II; probablemente se trate de una plataforma relacionada con actividades portuarias o de cercanas atarazanas romanas. Lo que sin duda planteamos es un uso concreto, en época tardorromana, entre los siglos V-VII ( sin mayor precisión por ahora hasta que no finalicemos el estudio del material) y con un momento de abandono de principios del s. VII. Una vez esbozada la posible interpretación de las estructuras documentadas, hemos de precisar en la medida de lo posible, los distintos momentos de ocupación del solar: En primer lugar está el relacionado con la Fase constructiva I, con una cronología romana muy amplia debido a su función como colector de aguas residuales y en él se observan, muestra de la larga pervivencia, recrecimientos de los distintos muros. Sus inicios podría estar relacionado con la reestructuración de Carthago-Nova en época augustea. En segundo lugar, relacionado con la Fase II de la plataforma de sillares, está el periodo correspondiente a una cronología tardorromana. El tercer momento sería el relacionado con un pequeño vertedero hispano musulmán de planta circular, documentado en los cortes 1, 4 y 5, correspondiente a los estratos Ic, Ic y IIb respectivamente. El cuarto momento de ocupación es el de las sucesivas construcciones modernas de la Fase constructiva IV, que tienen carácter artesanal ( VELASCO.1989.19), viviendas, templos, etc...(CASAL.1986.243-248). Para finalizar puntualizaremos que al igual que ocurre con la mayoría de excavaciones de urgencia la parcialidad de los hallazgos documentados imposibilita la interpretación y comprensión de los mismos. En este caso la escasez de

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Corte 5. Perfil N-O.

hallazgos cercanos relacionados con los exhumados por nosotros, expuesta con anterioridad en el punto I, agudiza el problema. Sin embargo hemos de decir que este hecho en parte podría haber sido paliado, ya que el solar inmediato al excavado, en calle Mayor n.º 19, fue rápidamente desfon-

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dado en agosto de 1990, teniendo las que suscriben conocimiento de que se sacaron sillares idénticos a los documentados en el n.º 17. Cartagena, 2 de agosto de 1990

INFORME PRELIMINAR DE LAS EXCAVACIONES EN EL SOLAR C/. MAYOR, N.º 17, ESQUINA C/. COMEDIAS (CARTAGENA)

Corte 4. Perfil N-O.

BIBLIOGRAFÍA ADAM, J.P. (1989). La construction Romaine. Paris BELTRÁN, A. (1948). «Topografía de Carthago-Nova». A.E. Arq. n.º XXI, n.º 72. PP. 191-224. BELTRÁN, A. (1952). «El plano arqueológico de Cartagena». A.E. Arq. n.º XXV. PP. 47-82. CASAL MARTÍNEZ, F. (1986) Historia de las calles de Cartagena. Academia Alfonso X El Sabio. Ayuntamiento de Cartagena. MANERA, E. (1946). «Los Arsenales de Cartagena Púnico- Romanos». II Congreso Arqueológico del Sudeste Español. Boletín Arqueológico del Sudeste Español. n.º 4-7. Albacete. PP. 303-305. SAN MARTÍN MORO, P.A. (1985). «Nuevas aportaciones al plano arqueológico de Cartagena». Homenaje a A. Beltrán. Boletín del Museo de Zaragoza, n.º 4. PP. 131-149. VELASCO HERNÁNDEZ, F (1989). Comercio y actividad portuaria

en Cartagena ( 1570-1620). II Concurso de Historia de la Región. Ciudad de Cartagena. 1986. Accesit. Ayuntamiento de Cartagena.

NOTAS (1) «Calle Mayor, n.º 35. 1974: Muro de sillería de arenisca, bajo la línea de fachada con cara vista hacia el solar. Arranque a más de 3,00 m. Posible muelle». (San Martín, 1985, 135). (2) Comunicación verbal de su excavador D. Miguel Martínez Andreu a quien agradecemos la información (1989). (3) Por ejemplo en la calle Jara, n.º 19-23. (4) Es el caso de la construcción a principios de siglo XX del antiguo Ayuntamiento en la Plaza del mismo nombre. (5) Un caso semejante ocurre en el Puerto Romano de Tarragona (Pérez Martín, 1992, 16).

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INFORME ARQUEOLÓGICO SOBRE LA EXCAVACIÓN DE URGENCIA DE LA CALLE PALAS N.º 8 (CARTAGENA, 1990). UN VERTEDERO URBANO DURANTE LA ANTIGÜEDAD TARDÍA

Blanca Roldán Bernal Miguel Martín Camino Manuel López Campuzano Milagros Vidal Nieto

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1994

INFORME ARQUEOLÓGICO SOBRE LA EXCAVACIÓN DE URGENCIA DE LA CALLE PALAS N.º 8 (CARTAGENA, 1990). UN VERTEDERO URBANO DURANTE LA ANTIGÜEDAD TARDÍA

BLANCA ROLDÁN BERNAL, MIGUEL MARTÍN CAMINO, MANUEL LÓPEZ CAMPUZANO, MILAGROS VIDAL NIETO

Palabras clave: Antigüedad tardía, vertedero urbano, cerámicas tardías, T.S. Clara, producciones egipcias tardías. Resumen: Una intervención de urgencia realizada en Cartagena en el año 1990, ha propiciado nueva información sobre las fases tardías de Carthago Nova. Se trata de la excavación de un vertedero urbano, datado entre finales del siglo V y principios del siglo VI d. C., que pre-

senta un conjunto bastante homogéneo con materiales arqueológicos muy uniformes. Aunque en este trabajo se hace hincapié en determinados aspectos históricos que pueden extraerse del contexto material excavado.

I. INTRODUCCIÓN

Las primeras aportaciones, sobre restos arqueológicos de época romano tardía en Cartagena, se deben al Dr. Miguel Martínez Andreu (1), investigaciones pioneras que han sido continuadas en años siguientes por otros autores, entre los que destacan sobre todo nuestro malogrado compañero R. Méndez (2) .

La excavación de este solar se realizó durante el mes de junio de 1990, dentro de las intervenciones de urgencia que, en el casco antiguo de Cartagena, realiza el Museo Arqueológico Municipal en colaboración con el Centro Regional de Arqueología. En dichos trabajos, cuyos resultados sintetizamos en el presente informe, se ha excavado lo que podría haber sido un área utilizada como escombrera urbana durante el periodo tardorromano de la ciudad. La cronología, bastante homogénea, la podemos enmarcar, en base al estudio de los materiales cerámicos, entre finales del siglo V d.C. y el siglo VI d.C. Este hallazgo viene, pues, a sumarse a otros descubrimientos de similares características, cuya cronología oscila entre los siglos V al VII d.C., y que durante los últimos años se han venido sucediendo de forma continuada en el área urbana de Cartagena (Fig. 1), y que comienza a arrojar una información notable de uno de los periodos históricos de la ciudad peor conocidos.

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II. SITUACIÓN Y ANTECEDENTES

El solar se sitúa en las estribaciones de la ladera Norte del monte de la Concepción, en un lugar próximo a la Plaza de San Francisco (Fig. 1, n.º 7). En la misma calle, en los años 1975 y 1977, se excavaron los solares núms. 1-3 y 4-6, respectivamente (3). En el último de ellos, contiguo al nuestro, se puso al descubierto un muro de sillería orientado en dirección N.O.-S.E. Igualmente, en el año 1975, en un solar correspondiente a la calles Palas, núms. 1 y 3 y n.º 19 de la calle Cuatro Santos se descubrieron, a una profundidad de -3’5 metros, unas grandes habitaciones pertenecientes

INFORME ARQUEOLÓGICO SOBRE LA EXCAVACIÓN DE URGENCIA DE LA CALLE PALAS N.º 8 (CARTAGENA, 1990)

1. P/. Tres Reyes 2. C/. Soledad 3. C/. Jara 4. P/. Condesa Peralta 5. C/. San Antonio el Pobre 6. C/. D. Gil 7. C/. Palas

Figura 1. Situación del solar y de otros hallazgo de época tardía en su entorno.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Figura 2. Corte 1. Perfiles A y D.

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INFORME ARQUEOLÓGICO SOBRE LA EXCAVACIÓN DE URGENCIA DE LA CALLE PALAS N.º 8 (CARTAGENA, 1990)

PL 8/IIa/8

PL 8/IIa/9

PL 8/IIa/10

PL 8/IIa/1

PL 8/IIa/13 PL 8/IIa/11

PL 8/IIa/12

PL 8/IIa/19

PL 8/IIa/16

PL 8/IIa/28

PL 8/IIa/33

PL 8/IIa/44

PL 8/IIa/38

PL 8/IIb/11

Figura 3. Sector 2. Estratos IIa y IIb.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

PL 8/IIc/17

PL 8/IIc/1

PL 8/IIc/2

PL 8/IIc/4

PL 8/IIc/36 PL 8/IIc/32

PL 8/IIc/42

PL 8/IIc/40

PL 8/IIc/47

Figura 4. Sector 2. Estrato IIc.

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INFORME ARQUEOLÓGICO SOBRE LA EXCAVACIÓN DE URGENCIA DE LA CALLE PALAS N.º 8 (CARTAGENA, 1990)

a una vivienda de época romana imperial, y bajo ellas, a una cota de -5’00 metros, unas construcciones de sillería de época romano-republicana y, a -7’00 metros, otras de época ibérica (4). A pesar de la cercanía de estos hallazgos con los que analizaremos, éstos no guardan relación alguna con la excavación que se ha realizado en nuestro solar, ya que en esta zona no se ha constatado ningún tipo de estructura ni estratigrafía que puede relacionarse con los hallazgos precedentes. III. EXCAVACIÓN

III.1. Estratigrafía:

Debido a las reducidas dimensiones del solar se planteó una única cuadrícula de 2’5 x 4’5 metros. En su excavación se identificaron los siguientes niveles estratigráficos (Fig. 2) y estructuras: -Nivel superficial: Formado por los pisos o enlosados del inmueble derribado y los rellenos correspondientes a su cimentación o preparación. Se identificó como estrato S, de tierra marrón sin material cerámico y asociado al muro que denominamos 1. -Nivel I: Desde un principio, el muro 3 nos dividió la cuadrícula en dos sectores, que denominamos SECTOR 1, el orientado al Norte, y el SECTOR 2 orientado al Sur. En el SECTOR 1, apareció una tierra de color naranja (estrato Ia), con material cerámico compuesto por Terra sigillata Clara D, cerámica común romana diversa, ánforas romanas del tipo Dressel 1, etc, así como otros materiales revueltos que no aportaron una cronología homogénea. En el SECTOR 2, en una tierra también anaranjada (estrato Ib) aparecía, igualmente, material cerámico romano, pero con una gran amplitud cronológica. Recogiéndose desde ánforas tipo Dressel 1 hasta T.S. Clara, así como un fragmento de Hayes 99 A. En este sector, la excavación se abandonó a este nivel debido a la imposibilidad de proseguir, a causa de las reducidas dimensiones de la zona, con tan sólo 0’60 metros de anchura. -Nivel II: Debajo del nivel anterior apareció una tierra de color verde intenso con abundante material óseo, malacológico y cerámico. Este nivel correspondería al vertedero ya mencionado, al que referiremos casi toda nuestra exposición, y donde pudimos diferenciar tres estratos: Estrato IIa: Estaba formado por una tierra de color verde, con abundante ceniza que le daba una tonalidad grisácea. Tenía bastante potencia, oscilando entre los 0’50 y 0’60 metros.

En cuanto al material proporcionado destacamos: cerámicas comunes, producciones africanas de engobe rojo y materiales procedentes del Mediterráneo Oriental (Asia Menor y Palestina), y Norte de África. Entre las ánforas recogemos las siguientes formas: fragmentos del tipo Keay LXV (Fig. 3, Pl 8/ IIa/ 38), fechadas en el área catalana desde antes de la mitad del siglo VI d.C. hasta el final del mismo siglo y, desde finales del siglo IV d.C. al fin del VI .C., en otros yacimientos del Este del Mediterráneo. Las formas Keay LIV las tenemos representadas en los fragmentos Pl 8/IIa/ 37 y 43 (Fig. 3), fechados desde el siglo IV al fin del VI, en Cataluña, y desde fines del siglo IV al fin del VI d.C. en otros yacimientos de Palestina. Igualmente, tenemos un fragmento del tipo Keay LIV Bis/b, que en la zona catalana se fecha a fines del siglo VI y, entre principios del siglo IV a fin del VI d.C., en otros yacimientos de Palestina (Fig. 3, Pl 8/IIa/28) (5). Entre las producciones de T.S. africana, destacamos una de la forma Hayes 80, fechada entre el 450 y 500 d.C. (6), aunque en Cartago aparece en contextos del 360-440 (7) (Fig. 3, Pl 8/IIa,1). También un fragmento Hayes 100, de producción Clara D, fechada entre la mitad o fin del siglo VI y principios del VII d.C.(8), un borde de la forma Hayes 104 a, fechado entre el 530-580 d.C. (Fig. 3, Pl 8/IIa, 7), un fragmento de borde de la forma Hayes 104 c, fechado entre el 550 y 625 d.C. y en Cartago, incluso en contextos de mitad del siglo VII d.C. (Fig. 3, Pl 8/ IIa/4). Otra producción de T.S.Clara D, la tenemos representada en la forma Hayes 99 (Fig. 3, Pl 8/IIa, 8, 9 y 10), fechadas entre el 510-540 d.C. (9) En este mismo estrato se han identificado, muy recientemente por los investigadores Amante Sánchez y Pérez Bonet (10) una serie de fragmentos de T.S. Egipcia, los primeros ejemplares identificados en la provincia de Murcia. Concretamente, se trata de seis fragmentos, catalogados como T.S. egipcia A (Copta),dos de los cuales aparecen en el estrato IIa: (Fig. 3, Pl 8/ IIa/5 y Pl 8/ IIa/ 12) (11). Se trata de cuencos con carena alta, con el borde recto y labio redondeado y el pie bastante alto. Este tipo comienza a producirse en torno a finales del siglo IV llegando hasta fines del VII a. C. (12). De igual manera, se han catalogado, por estos mismos autores otros seis fragmentos de T.S. egipcia C, de los que dos proceden del estrato IIa, entre ellos el fragmento Pl 8/ IIa/11, (Fig. 3). Son imitaciones de T.S. africana, concretamente de la forma 104. Hayes les concede una cronología en torno al siglo VII d.C (13). Estrato IIb: Este estrato aparece, únicamente, en el ángulo N.O. de la cuadrícula, por lo que se refleja en el Per-

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

fil A. Está compuesto por una tierra color naranja y con poco material arqueológico, entre el que destacamos un fondo de ánfora, que parece pertenecer a la forma Keay LXII (Fig. 3, Pl 8/IIb/11), fechada desde la mitad del siglo V al fin del siglo VI d.C., en Cataluña, y desde el tercer cuarto del siglo V a fin del siglo VI d.C. en otros yacimientos norteafricanos (14).. Entre las producciones de T.S. Clara D, tenemos representada la forma Hayes 104 c (Pl 8/ IIb/2), que en Cartago aparece en contextos de mitad del siglo VII d.C. Estrato IIc: Se trata, igualmente, de un estrato de color verde con cenizas y residuos quemados, aunque en menor proporción que el estrato IIa. Su potencia es algo mayor, con aproximadamente un metro, y queda reflejado en el perfil D. En los estratos IIa y IIb, la textura de la tierra es parecida, muy suelta, con pocas piedras y el contenido similar, sobre todo cerámicas comunes muy fragmentadas y material óseo en abundancia, propio de áreas usadas como vertederos. En cuanto a la cerámica, este estrato contenía ánforas del tipo Keay LIV (Pl 8/ IIc/ 26), como las aparecidas en el estrato IIa, formas Keay LIIIa (Fig. 4, Pl 8/ IIc/ 32), fechadas desde fines del siglo V hasta fines del siglo VI d.C. en Cataluña y, desde la primera mitad del siglo V hasta fines del siglo VII d.C. en otros yacimientos como Siria o Chipre, y formas Keay LVa (Fig. 4, Pl 8/ IIc/ 36), fechada desde fines del siglo V al fin del VI d.C., en el área catalana, y en el siglo VI d.C. en otros yacimientos como los localizados en el Norte de África. Igualmente entre las T.S. Claras, tenemos la forma Hayes 104c, fechada entre los años 550-623 aunque en Cartago podría datarse hacia la mitad del siglo VII d.C. (Fig. 4, Pl 8/ IIc/ 42). También, se han identificado cerámicas del tipo T.S. egipcia A (copta), como los fragmentos Pl 8/ IIc/ 1, Pl 8/ IIc/ 2, Pl 8/IIc/ 4 y Pl 8/ IIc/ 40 (Fig. 4) y cerámicas del tipo T.S. egipcia C como el fragmento inventariado Pl 8/ IIc/ 42 (Fig. 4) Al final del estrato IIc, apareció la roca de base con un pronunciado buzamiento en sentido Oeste-Este (con una cota de -3’20 metros junto al perfil Oeste hasta -3’83 metros en la parte más profunda). Este hecho se debe al un recorte artificial del nivel de roca de base que va conformando una hoya o poceta. Además, en los tres estratos del Nivel II, aparecieron abundantes cerámicas comunes, sobre todo de cocina entre las que destacamos, por su frecuencia, las ollas de borde engrosado y los cuencos, que en su conjunto pueden cronológicamente enmarcarse desde el siglo V al siglo VII d.C. (15).

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III.2. Estructuras:

A pocos centímetros de la superficie, se pusieron al descubierto dos muros de factura moderna, asociados a los estratos S y I respectivamente. A éstos les denominamos muro 1, más próximo al perfil A y muro 3, que nos dividió la cuadrícula en sentido longitudinal, quedando a 1’20 metros del perfil A, formando un pequeño espacio, donde se centró todo el trabajo de excavación; puesto que al otro lado del muro 3, como ya hemos dicho anteriormente, apenas quedaba un espacio de 0’60 metros de anchura, lo que hacía imposible profundizar en este punto. El muro 1, que quedaba colgado a unos 0’70 metros de la superficie, formaba parte de la cimentación del inmueble derribado. Mientras que el muro 3, correspondería a una edificación anterior, ya que se encontraba cubierto por el nivel de enlosado y la preparación correspondiente asociados al anterior muro, por tanto lo podríamos asociar al estrato I, de tierra marrón que aparecía, como ya hemos hecho alusión, con materiales cerámicos de relleno que no permiten concretar su datación. Bajo este muro, que tenía una potencia aproximada de 1’40 metros, aparecía el nivel II, de coloración verdosa, que hemos identificado como perteneciente al vertedero, y con el cual no se han podido asociar estructuras constructivas. IV. VALORACIÓN FINAL

Para este vertedero, y por el material exhumado (16), se puede establecer una cronología bastante precisa, en torno a los últimos años del siglo V d.C. y primeros del VI d.C., momento en el que la evolución socio-económica de Cartagena estuvo íntimamente ligada a las fluctuaciones de los índices de producción agrícola y su canalización hacia un comercio marítimo, que se experimentaron durante los últimos siglos de la Antigüedad Tardía en los diferentes puntos del Mediterráneo. Prueba de lo anterior, creemos que puede estar bien acreditado en el estudio de este vertedero urbano, que ha proporcionado un interesante material cerámico compuesto por tipos procedentes tanto de la zona oriental del Mediterráneo como del Norte de África. Por otro lado, las excavaciones de la necrópolis de San Antón y de la Plaza de los Tres Reyes (17) nos muestran una Carthago Nova receptora de un importante tráfico marítimo y, posiblemente, de usos funerarios expandidos en la cuenca Occidental del Mediterráneo.

INFORME ARQUEOLÓGICO SOBRE LA EXCAVACIÓN DE URGENCIA DE LA CALLE PALAS N.º 8 (CARTAGENA, 1990)

El aporte de este vertedero supone un eco para Cartagena de lo que sucedió en otras ciudades portuarias del Mediterráneo durante esta época. Por otra parte, testimonia también el papel desempeñado por la urbe como centro receptor y redistribuidor de productos de importación provenientes de un importante tráfico comercial. Recientemente, al estudiar el impacto de las cerámicas finas de importación -sigillata Clara D-, en la costa oriental de Hispania durante el siglo VI e inicios del siglo VII d.C., se ha sugerido que su proliferación ha podido ser debida a una comercialización por los negotiatores orientales ya establecidos en las costas hispanas (18). Habida cuenta del componente oriental de nuestro material anfórico, -procedente por ejemplo de Gaza-, se constata que en Cartagena ha habido un claro reflejo de esta actividad oriental en nuestras costas, pero a su vez, Cartagena fue un centro de redistribución de productos manufacturados importados y de producción local, al distribuir productos de sus territorium, como los envases de garum procedentes de la manufactura del producto de Águilas y Mazarrón (19), y excedente de importación como aceite de África y Siria. La gran producción olearia que experimentó el Norte de Siria y la región del predesierto durante los siglos V y VI d.C. fueron distribuidos localmente, y drenados, al mismo tiempo, hacia la cuenca occidental del Mediterráneo, casi seguramente, como nos cuenta Procopio, por comerciantes sirios. Y, muy probablemente, estos negotiatores trajeron junto a los cargamentos de aceite y vino, las producciones orientales cerámicas denominadas Late Roman C, y las comerciaran en Alejandría y Carthago. Reflejo de esta empresa, son los fragmentos hallados en Cartagena, fechados en el siglo VII d.C. en Cartagena (20). Estas exportaciones orientales llegarían a Occidente a partir de la segunda mitad del siglo V d. C. (21), pero su llegada se incrementaría sobre todo a finales del siglo V y principios del siglo VI d.C. NOTAS: (1) MARTÍNEZ ANDREU, M., "La muralla bizantina de Carthago Nova", Antigüedad y Cristianismo V, Murcia 1985, 129-145. (2) MÉNDEZ ORTIZ, R., "El tránsito a la dominación bizantina en Cartagena: las producciones cerámicas de la Plaza de los Tres Reyes", Antigüedad y Cristianismo V, Murcia 1988, pp. 31-163. LAIZ REVERTE, M. D.-BERROCAL CAPARRÓS, M. C. "Un vertedero Tardío en Cartagena, C/ Duque 33", Antigüedad y Cristianismo VIII, Murcia 1991, pp. 321-340. Y sobre este mismo yacimiento véase: ROLDÁN BERNAL, B.-LÓPEZ CAMPUZANO, M.-VIDAL NIETO, M., "Contribución a la historia económica de Carthago Nova durante los

siglos V-VI d. c.: el vertedero urbano de la calle Palas", Antigüedad y Cristianismo VIII, Murcia 1991, pp. 305-319. (3) SAN MARTÍN MORO, P.A., "Nuevas aportaciones al plano arqueológico de Cartagena", Homenaje a Antonio Beltrán, Museo de Zaragoza, Boletín 4, 1985, pp. 131-149. (4) SAN MARTÍN MORO, P.A., op. cit., p. 135. (5) REMOLA I VALLVERDU, J.A.-ABELLO I RILEY, A.: "Les Amfores" en Un abocador del segle V d.C en el forum provincial de Tárraco. Tarragona, pp. 249-320. (6) HAYES, J.W.: Late Roman Pottery, Londres, 1972, p. 128. (7) CARANDINI, A.-TORTORELLA, S.:"Produzione D", en Atlante delle forme ceramiche, I. Ceramiche fine romana bacino Mediterraneo (medioe tardo impero). Roma, 1981, p. 104. (8) HAYES, J.W.: op. cit., p. 156. (9) HAYES, J.W.: A suplementum to late Roman Pottery. London, 1980, p. 516. (10) AMANTE SÁNCHEZ, M.-PÉREZ BONET, M.ª A.: "Cerámicas tardías de producción egipcia en Carthago Nova"(en prensa). (11) Para la descripción, en general, de estas cerámicas véase HAYES, J.W., op. cit., 1972, pp. 387-397 y para éstas piezas, en concreto, aparecidas en la C/ Palas nos remitimos a la obra citada en la nota anterior. (12) CARANDINI, A., "Ceramica Egiziana", en Atlante delle forme ceramiche, I. Ceramiche fine romana nel bacino Mediterraneo (medio e tardo impero), Roma, 1981, p. 243. (13) HAYES, J.W., op. cit., 1972, p. 401. (14) PEACOCK, D.P.S.: "The Amphorae", Excavations at Carthage: The British Mission, volumen I,2. The Avenue du Presidente Habib Bourguiba. The pottery and other ceramic objects from de site. The British Academy. 1984. (15) Sobre este tipo de cerámicas, en contextos de las fases tardías de habitación de Cartagena procedente de conjuntos bastante uniformes, véase LAIZ REVERTE, M.D.-RUIZ VALDERAS, E., "Cerámicas de cocina de los siglos V-VII d.C. en Cartagena (C/ Orcel-C/ D. Gil)", Antigüedad y Cristianismo V, Murcia 1988, pp. 265-303. (16) En este sentido ha sido de gran interés el estudio de las cerámicas T.S. egipcias, obra citada en la nota 5 que ha permitido una mayor precisión cronológica para este vertedero, al que en un primer estudio se le asignó una datación más imprecisa en torno a" finales del siglo IV d.C. hasta época bizantina" (ROLDAN-CAMPUZANOVIDAL, 1991, p. 316) (17) Para la necrópolis de San Antón véase: SAN MARTIN MORO, P.A.P.de PALOL, "Necrópolis paleocristiana de Cartagena", VIII Congreso Internacional de Arqueología Cristiana, (Barcelona 1969), Barcelona 1972, 447-458. y para la Plaza de los Tres Reyes a MENDEZ ORTIZ, obra citada en la nota 1. (18) JARREGA DOMÍNGUEZ, P., "Notas sobre la importación de cerámicas finas norteafricanas (sigillata Clara D) en la costa oriental de Hispania durante el siglo VI e inicios del VII d.C., II Congreso de Arqueología Medieval, Madrid 1987, II, pp. 338-344. (19) RAMALLO ASENSIO, S., "Algunas consideraciones sobre el Bajo Imperio en el litoral murciano: los hallazgos romanos de Aguilas", Anales de Letras XLIII 3-4, 1984, pp. 97-124. (20) MENDEZ ORTIZ, R., "Cerámica L.R.C. en Cartagena", Pyrenae 4, 1983, pp. 19-20. (21) RILEY, J.A., "New Light on relations between the Eastern Mediterranean Near and Carthage in the Vandal and Byzantine periods", Actes du Coll. sur la ceramique antique (Carthage 23-24, Juin, 1980), p. 116.

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INFORME DE LA EXCAVACIÓN DE URGENCIA EN LA PLAZA DE SAN GINÉS, ESQUINA CALLE DEL DUQUE (CARTAGENA) AÑO 1990

Blanca Roldán Bernal Miguel Martín Camino

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1994

INFORME DE LA EXCAVACIÓN DE URGENCIA EN LA PLAZA DE SAN GINÉS, ESQUINA CALLE DEL DUQUE (CARTAGENA) AÑO 1990

BLANCA ROLDÁN BERNAL, MIGUEL MARTÍN CAMINO

Resumen: El interés de los trabajos realizados se centra fundamentalmente en la seriación estratigráfica y en los elementos de cultura mate-

rial encontrados, que se pueden poner en relación con la fase de ocupación bárquida de la ciudad.

I. INTRODUCCIÓN

necieron, sin embargo, detenidas desde esa fecha hasta 1990(1) Esta circunstancia, con el transcurso del tiempo, y por la existencia de algunas edificaciones ruinosas colidantes, ha originado algunas modificaciones en el entorno del solar. Así, concretamente, la demolición de un edificio ubicado en la parte posterior del solar, ha permitido ampliar en esta zona el área excavada durante 1986, casi hasta el límite de su extensión al no tener que afrontar los trabajos arqueológicos con el peligroso inconveniente que, con anterioridad, había representado la presencia de un edificio en estado ruinoso, ahora derruido. La actuación cuyos resultados se analizan en este informe hay que entenderlos pues como continuidad de la excavación que ya se había realizado en este mismo solar cuatro años antes.

Durante el mes de julio de 1990 se excavó una reducida zona de un solar ubicado en la Plaza de San Ginés en el que años antes ya se había efectuado una primera actuación. Lo más significativo ha sido poder documentar un espacio utilizado como vertedero urbano, con un conjunto de materiales homogéneos, que puede datarse en la segunda mitad del siglo III a.C., periodo histórico que corresponde a la presencia púnico-bárquida en Cartagena. Este hallazgo viene a representar una nueva aportación, principalmente, en cuanto a cultura material se refiere sobre este periodo púnico de la ciudad todavía mal conocido en muchos aspectos. II. SITUACIÓN Y ANTECEDENTES

En el callejero urbano el solar se sitúa en la esquina de la Plaza de San Ginés con la calle del Duque y topográficamente se encuentra al pie de la ladera Norte del monte de la Concepción en los inicios de la hondonada que se forma entre este mismo cerro y la colina del Molinete (Fig. 1). Como ya ha quedado dicho, en este mismo lugar se había realizado otra actuación de urgencia en 1986 con motivo de la construcción de un edificio, cuyas obras perma-

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III. EXCAVACIÓN

La presencia de un gran aljibe que ocupaba casi toda la parte Sureste del solar, constatado durante los trabajos de 1986, había condicionado la excavación ya que en ese punto toda la secuencia arqueológica había desaparecido. Por ello en esta actuación se planteó una sola cuadrícula en la zona Suroeste del solar, con unas dimensiones de tres por tres

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Figura 1. Situación del solar.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Figura 2. Perfil W.

metros que denominamos Corte C,(2) al lado de una de las dos cuadrículas excavadas en 1986 y cuyas perspectivas arqueológicas habían empezado a resultar sumamente interesantes en aquella primera intervención. Al mismo conseguíamos también mantener la secuencia estratigráfica que ya habíamos observado en esta zona cuatro años atrás. De esta manera, el perfil Sur de la cuadrícula antigua coincidía parcialmente (con un desplazamiento hacia la zona Oeste del solar) con el perfil Norte de la cuadrícula ahora planteada. III.1. Estratigrafía (Fig. 2)

La estratigrafía arqueológica presentan un pronunciado buzamiento, en dirección Suroeste-Noreste, siguiendo la misma inclinación de la roca de base. De ello se deriva que el perfil Oeste sea el que presente mayor potencia, y donde quedan reflejados la casi totalidad de los estratos excavados mientras que, por el contrario, no ocurre lo mismo con el perfil Este, donde únicamente se reflejan los estratos de ocupación más antiguos, concretamente desde el estrato V en adelante.

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Con el objeto de unificar la estratigrafía de las dos actuaciones, resultaba lógico mantener los criterios seguidos en la secuencia estratigráfica de la primera excavación del año 1986. Así durante el proceso de excavación se han podido documentar los siguientes estratos: Estrato Superficial: Compuesto mayoritariamente por diferentes arrastres modernos originados por la pronunciada inclinación de la ladera del Monte de la Concepción y, también, compuesto por los escombros procedentes de las remociones del terreno efectuada por las máquinas excavadoras así como por los restos de las cimentaciones antiguas. En este estrato de gran potencia -hasta 1’70 metros- se recogió escaso material cerámico con una gran diversidad cronológica y entre los que únicamente destacamos como materiales más antiguos: cuatro fragmentos de ánforas romanas del tipo Dressel 1a, un fragmento de cerámica T.S. Sudgálica, cerámica común cartaginesa como un fragmento de olla de cocina y otro de plato-mortero y, finalmente, un fragmento de ánfora púnica tipo Maña-Pascual A-4. Estrato I: Compuesto por una tierra de color rojo con abundantes piedrecillas o chinarro. Igualmente proporcionó poco material cerámico y como más significativo destacamos un fragmento de un plato de origen cartaginés, un fragmento de jarra gris ampuritana, un fragmento también de pared de barniz negro etc. Este estrato lo consideramos como arrastre antiguo. Estrato II: Formado por una tierra laguenosa y de contextura compacta. Con total ausencia de material cerámico. Estrato IIIa: Con un pronunciado buzamiento en dirección Sur-Norte alcanzaba los 0’60 metros de potencia en el ángulo Noroeste. Está compuesto por una tierra de color rojo y de contextura muy similar al estrato I, con abundancia de pizarras. En cuanto al material cerámico nos encontramos con fragmentos de cerámica ibérica con decoración pintada kalathos-, un fragmento de ánfora grecoitálica, un fragmento de cerámica de barniz negro F. 28, fragmentos de cerámica común púnica: ollas, platos, o de imitación de barniz negro, etc. Igualmente, documentamos cerámica púnicoebusitana como un fragmento de ánfora del tipo PE-16. Este estrato lo consideramos como la colmatación o última fase de uso del vertedero. La diferencia con los estratos anteriores es que a este nivel y los siguientes ya se les puede asignar una cronología precisa. Así, por el estudio de la cerámica, fundamentalmente, las de barniz negro y del material numismático(3) tanto este estrato como los siguientes se pueden encuadrar en la segunda mitad del siglo III a.C.

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Figura 3. Corte C. Planta y sección A-B.

Estrato IIIb: Compuesto por una tierra de color gris verdosa que en algunas zonas presenta tonalidades amarillentas. Únicamente se refleja en el perfil Oeste, ya que no llega a extenderse hasta la zona Sur de la cuadrícula. Ocupa un espacio semicircular, quedando delimitado por un pequeño amontonamiento de piedras que formaban un muro -que denominamos muro 1-, probablemente de contención de las capas o estratos que formaban el vertedero. En este estrato se recogió bastante material arqueológico, donde destacamos las cerámicas cartaginesas, tanto ánforas como vajilla común (fragmentos de ánforas centromediterráneas tipo Maña D 1a, Merlin-Drappier, del «Círculo del Estrecho» o Maña-Pascual A-4, así como platos cartagineses y ollas de cocina). Igualmente, nos encontramos con un número importante de producciones itálicas: cerámica de barniz negro -Campaniense A antigua-, concretamente un fragmento de la forma L-23 así como algún fragmento de ánfora grecoitálica. Las formas púnico-ebusitanas también están representadas en un fragmento de ánfora del tipo PE-22, así como también la cerámica ibérica pintada. En general estos materiales aparecían quemados y acompañados por algunos objetos metálicos de bronce y hierro, restos de ictiofauna, caracoles, huesos y algunos adobes quemados. Este estrato, como el anterior y los siguientes, corresponden a la fase de uso del vertedero. Estrato IIIc: Compuesto por una tierra de tonalidad rojiza a marrón claro bastante suelta y con chinarro, gravilla fina y cal. Este estrato contenía muy poca cerámica, sobre todo cerámica común cartaginesa: fragmentos de platos, ollas, tapaderas, un fragmento de ánfora del tipo Maña D, etc. Igual que el estrato anterior únicamente se refleja en el perfil Oeste y, del mismo modo, va buzando en dirección Norte. Estrato IVa: De color amarillo verdoso con abundantes carbones y cenizas debido a que forma parte de otra capa del vertedero con síntomas de haber estado sometida a altas temperaturas por acción del fuego. Se refleja en el perfil Sur y Oeste. Igualmente, queda delimitado por el muro 1, que a su vez nos divide la cuadrícula en dos sectores: el Sector A, situado en la zona Este, y el Sector B, en el lado Oeste. Por tanto, en el Sector A aparecía ya el estrato V mientras que en el Sector B se excavaron los distintos estratos que formaban parte del vertedero: estrato III b, III c y IV a. En este nivel se han recogido numerosas conchas marinas, huesos de animales, diversos objetos metálicos: clavos de hierro, bronce etc. Cerámicas de barniz negro como un

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

fragmento de la forma L.23, cerámica común cartaginesa: platos, jarras, ollas de cocina etc. Igualmente, ánforas cartaginesas como un fragmento del tipo Maña D, ánforas púnico-ebusitanas como el fragmento de una PE-16, ánforas púnicas centromediterráneas tipo Merlin-Drappier, y fragmentos de ánforas púnicas de la zona gaditana tipo Maña Pascual A-4. Estrato IVb: De color marrón oscuro con muchos carbones y restos de abundante ictiofauna. También queda contenido dentro del muro 1. Aparece sobre todo en el Suroeste. Por tanto, se refleja en parte de los perfiles Sur y Oeste. Entre la cerámica recogida nos encontramos con un fragmento de un ánfora de tipo griego, posiblemente de Cnidos, provista de un sello con las letras beta/omega, ánforas de tipo ibérico, cerámica común cartaginesa, cerámica ibérica pintada etc. Estrato Va: Este estrato aparecía primeramente en el Sector A, unificándose posteriormente en todo el Corte, al levantar los estratos IIIb, IIIc y IVa del Sector B (estratos del vertedero). Estaba formado por una tierra de color rojiza anaranjada con abundantes pizarras y cuarzo, así como numerosas piedras y chinarro. De considerable potencia -alcanza los 0’60 metros-, va asociado a la roca de base recortada, como se refleja en el ángulo de los perfiles Este y Sur. Apenas contenía material cerámico, entre el que destacamos algunos fragmentos de ánforas de producción púnica de la zona de Cádiz del tipo Maña Pascual A-4, de la zona Centromediterránea como las del tipo Maña D 1a y D 1b, ánforas grecoitálicas y púnico-ebusitanas con un fragmento del tipo PE-16. Igualmente, hemos recogido diferentes fragmentos de cerámica común cartaginesa, barniz negro, ibérica, barniz rojo etc. Estrato Vb: Corresponde a una pequeña mancha de tierra de color rojiza carbones y sólo aparece en el Sector A. Se refleja en el perfil Sur. Entre los materiales destacamos algunos fragmentos metálicos, de hierro, bronce, huesos, cerámica de barniz negro, fragmentos de ánforas púnicas de diversas procedencias, cerámica ibérica, común cartaginesa, etc. Estrato VI: De color marrón con abundantes y pequeñas manchas de ceniza y de contextura muy suelta que, en ocasiones, presenta restos de adobes. Aparece en toda la superficie del Corte. En cuanto a la cerámica y otros objetos el material es abundantísimo. Destacan los fragmentos de ánforas de muy diversos tipos: grecoitálicas, púnico-ebusitanas (PE-16, PE-17), centromediterráneas (Maña C, Maña D, Merlin-Drappier ), de la zona del «Círculo del Estrecho» (Maña Pascual A-4), griegas (posiblemente jonias). Igual-

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mente, son numerosos los fragmentos de cerámica común cartaginesa: morteros, ollas, platos, tapaderas, cerámica ibérica pintada, monedas, huesos, conchas, objetos de bronce y hierro. Este estrato corresponde a otro nivel del vertedero. Estrato VII: Compuesto por una tierra roja donde los materiales cerámicos no son tan abundante como en el estrato anterior. Se refleja en el Suroeste del Corte y por tanto en el perfil Oeste y sobre todo en el perfil Sur. Bajo él, aparece la roca de base. Entre los materiales destacamos las ánforas púnicas centromediterráneas, ebusitanas, grecoitálicas, la cerámica ibérica pintada, común cartaginesa, de barniz negro, etc. Estrato VIII: Compuesto por una tierra muy suelta de color gris marrón con abundante chinarro y piedra pequeña. Es un estrato bastante horizontalizado que contiene cerámica en abundancia: ánforas, cerámica común cartaginesa, barniz negro etc. Va asociado al muro 2 y se extiende en dirección Norte, por lo que queda reflejado, sobre todo, en el perfil Oeste. Corresponde al primer momento de utilización del lugar como vertedero durante época cartaginesa. Finalmente, podemos concluir que los estratos descritos, no sólo debido a la naturaleza de éstos, de tierras verdosas o amarillentas y cuya coloración se debe seguramente al proceso de descomposición orgánica, sino también debido a la abundancia de material cerámico muy fragmentado y a la abundante presencia de restos culinarios, constituyen un espacio utilizado de forma continuada como vertedero o basurero dentro del recinto urbano. III.2. Estructuras (Fig. 3)

En cuanto a la aparición de estructuras, apenas significativas, se reducen a dos pequeños muros que asociamos a los niveles del vertedero púnico y que describimos seguidamente: Muro 1: Pensamos que el amontonamiento de piedras que desde el estrato IIIb separaba la secuencia estratigráfica en los dos Sectores A, formaban parte de una estructura muro 1- que tendría como finalidad la delimitación del área del vertedero. Iría asociado a los estratos IIIb, IIIc, IVa y IVb del Sector B, mientras que el estrato IIIa, de tierra roja pasaba por encima del muro. Por otro lado, este muro 1 se puede poner en relación, con otro muro de contención que aparecía en la excavación del año 1986, situado a 2’70 metros hacia el Norte y que se situaba paralelo con una orientación en sentido Este-Oeste.

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Muro 2: Sale del perfil Oeste en dirección NoroesteSureste. Está formado por grandes piedras de cuarzo, caliza y arenisca trabadas con otras más pequeñas y adobes colocados entre ellas. Va asociado al estrato VIII y cubierto posteriormente por el estrato VI. Queda asentado directamente sobre la roca de base, conservando apenas dos hiladas de piedra. Éste formaría parte de otro nivel de vertedero, más antiguo, y de dimensiones algo más amplias que el anterior. Este muro se apoya en una especie de poceta, ya que la roca de base se recortó de forma intencionada con el fin de crear un pequeño habitáculo o pequeña cubeta. IV. MATERIALES (Figs. 4,5,6):

En cuanto a los restos materiales recuperados, muy abundantes si tenemos en cuenta el espacio excavado relativamente reducido, presentan una gran homogeneidad, y como se ha apuntado anteriormente, desde el estrato IIIa hasta el final de la secuencia se pueden datar con una cronología muy precisa de finales del siglo III a.C. Es por ello que únicamente nos centramos en el estrato VI, donde la abundancia de materiales y su variedad resulta más notoria. En conjunto y de forma general podemos agrupar estos materiales en siete apartados teniendo en cuenta su lugar de producción: IV.1. Cerámica de origen cartaginés centromediterráneo:

Dentro de este grupo encontramos vajillas de mesa, algunos de cuyos productos podríamos encuadrar dentro de las producciones de influencia púnica;(4) también, cerámicas comunes de cocina de producción norteafricana(5): grandes platos-morteros o fuentes (fig. 4, núm. 11, 12 y 13), cazuelas, ollas y «baking-pan» (fig. 4. núm. 5, 6, 7, 8 y 10), jarras de producción púnica centromediterránea (fig.4, núm. 15) o vasijas de boca cerrada, cuerpo globular y labio engrosado (fig. 4, núm. 9) así como diversos tipos de envases cerámicos para el transporte y comercialización de productos, básicamente representados por las ánforas tipo Maña C1(6) (SG 90/C6/101, fig. 4, núm. 1 y SG 90/C6/98, fig. 4, núm.2) con los subtipos Maña C1b y ánforas Maña D(7), en sus variantes Maña D1a (SG 90/ C6/ 100 en la Fig. 4, núm.4) y Maña D1b, y por último ánforas del tipo Merlin/Drappier-3(8). IV.2. Cerámicas púnico-ebusitanas:

En este grupo se encuentran algunos productos «pseudocampanienses», como las páteras de borde alto o platos

de pescado(9), imitaciones ebusitanas de las cerámicas de barniz negro(10). Además, se han identificado otros elementos de característicos de la producción ebusitana que corresponden a cerámicas comunes entre las que destacamos las cerámicas de cocina, platos-morteros y jarras principalmente las de la forma Eb. 69 (SG 90/C6/71)(11) así como los grandes contenedores o ánforas pertenecientes a los prototipos tan peculiares de Ibiza como las ánforas PE-16 (SG 90/ C6/ 103; fig. 5, núm. 17)(12). IV.3. Cerámicas de procedencia itálica:

Están representadas en un conjunto bastante homogéneo de cerámicas de barniz negro. En su mayoría se adscriben al grupo de las Campanienses A antiguas, aquí representadas principalmente por las formas L. 23 (F.1122)(SG 90/C6/395, fig 6, núm.30), la forma L. 33a (F.2154) (SG 90/C6/127, fig. 6, núm. 33). Igualmente están representadas en el mismo estrato VI las formas L. 27 (SG 90/C6/179) la L. 28 (SG 90/C6/188, fig. 6, núm. 31), la forma L. 36, pateritas de pequeño tamaño (SG 90/C6/185, fig. 6, núm. 38 y 39), la forma L. 68 (SG 90/C6/317,fig. 6, núm. 37), y finalmente la forma L. 34 (SG 90/C6/187, fig. 6, núm. 32) (13).. También se ha podido documentar en estos niveles algunos fragmentos de cerámica de «Gnathia» (SG 90/C6/223,fig. 6, núm. 28 y 29) y de «Teano», producciones donde es habitual la decoración realizada con pinturas de diversos colores (SG 90/C6/157 fig. 6, núm. 26) (14). Dentro de las producciones itálicas, destaca por otro lado un número importante de ánforas «grecoitálicas» (SG 90/ C6/ 105; Fig. 5, núm. 16)(15), una de las cuales todavía conserva sobre el cuello un «tituli picti» con grafía latina. IV.4. Cerámicas del NE. Peninsular:

En este conjunto se han documentado cerámicas que proceden del área catalana y Golfo de León, entre las que incluimos tres fragmentos de cerámica gris de tipo ampuritana (SG 90/ C6/ 285; fig. 5, núm. 18)(16). IV.5. Cerámicas del Circulo del Estrecho -Zona de Cádiz-:

Aquí encuadramos las grandes ánforas del tipo Maña Pascual A/4 (SG 90/ C6/ 16 y SG 90/C6/ 103; fig. 5, núm. 22 y 23)(17) y algunos fragmentos de vasijas turdetanas, entre las que destacamos unos fragmentos pertenecientes a una vasija (SG 90/C6/360 y 362, fig. 5, núm. 25), con un barniz rojo aplicado sobre un engobe muy líquido de color claro que cubre la arcilla de la vasija(18).

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Figura 4. Materiales arqueológicos. Corte C.

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Figura 5. Materiales arqueológicos. Corte C.

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38 Figura 6. Materiales arqueológicos. Corte C.

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Igualmente, en este yacimiento han sido importantes y numerosos los hallazgos de fragmentos de ánforas turdetanas (fig. 4, núm. 3; fig. 5, núm. 24), que respectivamente se corresponden con las formas D de Pellicer o C1 de A. Muñoz y al tipo E2 de Muñoz.(19).

mente abundantes los objetos metálicos diversos (objetos de hierro y bronce) difíciles de identificar así como numerosos restos óseos y malacológicos, abundantes en depósitos de «detritus» de estas características(25). V. VALORACIÓN FINAL:

IV.6. Cerámicas de origen griego:

Entre estos materiales griegos importados, probablemente a través de un comercio púnico, son representativas en Cartagena las ánforas rodias, de Cnidos, corintias etc...(20). Entre los hallazgos de este solar destacamos dos fragmentos de asas de ánforas que van provistas de sellos con grafía griega (SG 90/ C6/ 360 y 361; fig. 5, núm. 20 y 21)(21). El segundo de ellos pensamos que podría tratarse de un ejemplar procedente seguramente de la zona de Cnidos. υ (SG 90/C6/361; fig. 5, núm. En el sello se puede leer αυδρ_υ 21). Igualmente contamos con un fragmento de galbo de ψ) incisa antes de la cocción (SG ánfora con una letra griega (ψ 90/ C6/ 77). También hemos catalogado un fragmento perteneciente a un ánfora jonia, provista de un pequeño baquetón o resalte bajo el labio exterior (SG 90/ C6/359)(22).. Por otro lado destacamos, por su novedad, el hallazgo de un fragmento perteneciente al pie de una copa de cerámica de barniz negro, que hemos incluido con ciertas reservas dentro de las producciones denominadas «West Slope Ware» (SG 90/C6/264, fig. 6, núm. 27). Esta pieza puede incluirse en la serie «The Bracket Leaf Group» que se ha fechado por Rotroff entre el 280-250 a.C.(23).. IV.7. Cerámicas de producción local:

Lógicamente, también encontramos entre estos materiales una serie de cerámicas de producción local. En este grupo encuadramos parte de las ánforas de tipo ibérico, una serie de cerámicas comunes sin decoración así como también las cerámicas ibéricas pintadas: cuencos (fig. 5, núm. 19), «kalathos», ollas, jarras, etc. IV.8. Otros materiales:

Entre los restantes materiales sobresalen un fragmento de cuenta de pasta vítrea (fig. 4, núm. 14) común en ambientes púnicos, un fragmento de soporte o «carrete» así como un importante lote de monedas al que ya hemos hecho referencia(24), con un total de 24 piezas. De ellas, 13 pertenecen a la serie hispano-cartaginesa, 1 de Cartago-Sicilia y 10 ilegibles. También, en toda la secuencia estratigráfica, son relativa-

De lo visto hasta ahora se deduce que nos encontramos ante un área empleada como vertedero urbano durante un espacio de tiempo muy concreto y que correspondería a los últimos años del siglo III a.C. Así, con este fin parece que se acondicionó el lugar de forma intencionada. En primer momento se realizó una poceta y posteriormente se levantaron unos muros de contención en fases sucesivas.(26). Un hecho a resaltar es el importante volumen de material cerámico que nos ha permitido subrayar el papel desempeñado por la ciudad púnica de Cartagena como importante centro en el que vinieron a confluir gran parte de las producciones que circulaban por los principales circuitos comerciales de esa época. Así, por estos materiales podemos destacar los intensos contactos de la ciudad con la metrópolis norteafricana y con los otros grandes centros púnicos del momento, fundamentalmente con el área púnica occidental o «Círculo del Estrecho» y, por supuesto, con la isla de Ibiza(27), a través de la cual podrían llegar a la ciudad productos del Golfo de León como las cerámicas grises ampuritanas. En cuanto a los materiales itálicos, con una gran cantidad de ánforas greco-itálicas, las cerámicas de barniz negro con producciones de diversos talleres, entre las que se encuentran, entre otras, las de Gnathia, de Teano, etc.. es muy probable que llegaran a la ciudad a través de un comercio directo realizado por mercaderes púnicos(28), que frecuentaban los puertos itálicos(29). Además este planteamiento también podría estar basado en la relativa abundancia de estas cerámicas en Cartagena y entorno durante este periodo bárquida(30). En cualquier caso, por la gran diversidad de los materiales y su variada procedencia, así como por el alto volumen que en algunos casos puede constatarse resulta evidente el auge que alcanza la ciudad durante este periodo, en gran medida en consonancia con el papel de Cartagena como capital de los dominios púnicos en la Península, convirtiéndose en buena lógica en el centro en el que venían a confluir las relaciones con otros establecimiento púnicos peninsulares del momento y por supuesto con la metrópolis.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

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NOTAS: (1) Los resultados de esta actuación de 1986 aún permanecen inéditos, pendientes de la publicación del Servicio Regional de Patrimonio dedicada con carácter monográfico a Cartagena y en la que está prevista incluir las excavaciones urbanas realizadas en esta ciudad desde 1982. No obstante, con respecto a esta actuación del 86 se han publicado algunas noticias al respecto, MARTÍN CAMINO, M.-ROLDÁN BERNAL, M., 1991, pp. 109-149; MARTÍN CAMINO, M.,1991, pp. 359-367. (2) En 1986 excavamos dos corte que se denominaron A y B. (3) Agradecemos a D.ª Elena Ruiz la información del estudio que viene realizando sobre el barniz negro aparecido en este yacimiento, y que a partir del estrato IIIa, en adelante, puede fecharse en torno al 240 a. C. hasta el año 200 a.C., e igualmente agradecer a D. Manuel Lechuga el estudio numismático en el que sobresale su "homogeneidad", compuesto por 24 piezas, de las que 13 ejemplares corresponden a la serie "hispano-cartaginesa",

INFORME DE LA EXCAVACIÓN DE URGENCIA EN LA PLAZA DE SAN GINÉS ESQUINA CALLE DEL DUQUE (CARTAGENA) AÑO 1990

1 de Cartago-Sicilia y 10 ilegibles. El conjunto de las monedas puede fecharse a fines del siglo III a.C. (LECHUGA GALINDO, M., 1993, p. 169). (4) Para este tipo de cerámicas véase MOREL, J.P., 1986. (5) "cooking pot" en las series de ollas de labio moldurado y cazuelas de labio horizontal. Para este tipo de cerámicas se pueden consultar: LANCEL,S., 1979; LANCEL,S., 1982; LANCEL, S., 1987; VEGAS, M., 1985. (6) GUERRERO, V.M. 1986. (7) RAMÓN, J., 1983. (8) RAMÓN, 1981, p. 33 y MARTÍN CAMINO,M.-ROLDÁN BERNAL,B., en prensa. (9)Véase GUERRERO, V.M., 1980. (10)Estas producciones fueron identificadas por M. del Amo. Se inician a mediados del siglo III a.C. y llegan hasta el siglo II a.C.: AMO, A. DEL, 1970. (11) TARRADELL, M.-FONT, M., 1975. (12) RAMÓN, J., 1981 y RAMÓN, J., 1991. (13) MOREL, J.P., 1981 (14) Estas cerámicas de barniz negro son producciones de talleres itálicos del siglo III a.C., MOREL, J.P. 1980, p. 90. Ejemplares similares se han documentado, también dentro del casco antiguo, en el Molinete y en la calle Saura n.º 29-31, GARCÍA CANO, C.-GARCÍA CANO, J.M.-RUIZ VALDERAS, E., 1989, p. 121. (15) Casi la totalidad de las ánforas greco-itálicas aparecidas en estos estratos las podemos encuadrar dentro del tipo b de E. Lyding Will, 1982, p. 345, Pl. 85,c, tipo que se desarrolla durante la última mitad del siglo III a.C. siendo también muy abundantes en los primeros momentos de la romanización. (16) Por el aspecto externo de nuestros ejemplares la encuadramos en la forma 2 A de C. Aranegui, jarrita bicónica con un resalte en el cuello, también su diámetro máximo es mayor que la altura total del vaso, las asas de cinta y la decoración a base de una moldura en relieve situada en el cuello, ARANEGUI GASCO, C., 1987. Su producción se atribuye al hinterland de Ampurias, con una cronología aproximada entre los años 325/300 y el 200 a.C. Aparecen asociadas a cerámicas campanienses A antiguas, con cerámicas del taller de Rosas y con cerámicas áticas tardías. Para una revisión reciente de estas producciones BARBERA I FARRAS,J.-NOLLA I BRUFAU, J. M.-MATA I ENRICH, E., 1993. (17) Este tipo de ánfora fue incluida en un primer momento en la tipología de Maña (MAÑA, J.M., 1951, fig.2), recogida con posterioridad por PASCUAL, R., 1969, pp. 12-19. Con posterioridad J.Ramón ha sido quien mejor ha caracterizado este tipo (RAMÓN, J., 1981, pág. 15). Los ejemplares de Cartagena corresponden a un tipo evolucionado o tardío, caracterizado por un hombro carenado, con la mitad superior del cuerpo estrecha y cilíndrica unida a la mitad inferior, de forma cónica, mediante otra marcada carena. (18) Entre las numerosas publicaciones que recogen este tipo de cerámica, sobre todo del mediodía andaluz, se encuentra el reciente artículo de FIERRO CUBIELLA, J.A., 1.990. Estos mismos tipos también fueron recogidos por ESCACENA CARRASCO, J.L, 1985, p. 52, fig. 4). Se trata de una cerámica a torno, realizada con arcillas claras y generalmente cuerpos globulares, con un acusado estrangulamiento en el cuello. Van decoradas generalmente con líneas paralelas y estrechas, en pinturas mates de color castaño, rojizo o negras sobre un engobe blanquecino que se aplica previamente sobre la arcilla de la vasija.

(19) En cuanto al tipo C1, ver MUÑOZ VICENTE, A, 1987, p. 475, es un ánfora muy difundida por el Sur y Levante peninsular y, sobre todo, muy abundante en el Valle del Guadalquivir. En Galera (Granada) se ha fechado entre el siglo III y II a.C.: PELLICER, M.-SCHULLE, 1966, fig. 6 y 7; y en el cerro Macareno aparece desde mediados del siglo III a.C. hasta el siglo I a.C.: PELLICER, M., 1978, p. 384. En cuanto al tipo E2 de Muñoz, MUÑOZ VICENTE, A., 1987, fig.7, nº 2, también se fecha entre los siglos III al II a.C. (20) Para este tipo de ánforas, en general, se puede consultar el trabajo de WOLFF, S.R., 1986. (21) El ejemplar que se recoge en V. GRACE, 1934, en la fig. 5.8, se trata de un sello rectangular sobre un ánfora de Cnidos con los términos ANDRON ARTEMON (nº 185, pág. 265). (22) Este tipo de ánfora se documenta en el espacio 34 de la casa púnica VI de Cartago (AA.VV., 1991, Lám. 10, fig. 2, p. 35 y en la Lám. 38, fig. 67, p. 184) asociada a un fragmento de ánfora Maña D 1 y cerámica común púnica: ollas, morteros, tapaderas, etc. (23) Se trata de un pie de copa similar al que aparece en ROTROFF, 1991, lám. 16, fig. 11, que incluye en el grupo de The Brackett Leaf Group, p. 65 y ss. Por otro lado, cerámicas de este tipo se han identificado en la colina de Byrsa: LANCEL, S., 1979, p. 139-140, fig. 42, con decoración polícroma en blanco y rojo. (24) Ver nota 3. (25) Agradecemos el análisis de estos materiales realizados por D.ª Mariona Portí Durán. Los restos óseos, en su mayoría, pertenecen a pequeños rumiantes, algunos de ellos con evidentes señales antrópicas de gran profundidad. También se han inventariado algunas costillas y vértebras de macromamíferos y astrágalos de "equus", así como vértebras de pescado. (26) En este sentido, las dos estructuras aparecidas muro 1 y muro 2, así nos lo indican. Además se constata que en un momento determinado hubo que ampliar la zona del vertedero con la construcción del muro 1, para la contención de los estratos IIIb y siguientes- circunstancia que nos indica que esta zona fue utilizada, al menos durante toda la etapa bárquida, para tal fin como ya hemos señalado. (27)Hay que tener en cuenta que a partir del año 350 a.C. se puede hablar de una importante proyección comercial de Ibiza hacia el exterior, sobre todo el levante peninsular, RAMÓN, J., 1991, p. 147. (28) Esto no invalida otras opiniones, que el tiempo se encargará de valorar, como la idea de que estos productos se exportarían al Lacio y Campania y desde aquí pasarían a Ampurias, siendo los comerciantes griegos los que las exportarían a otros lugares ibéricos junto con otro tipo de materiales como por ejemplo las cerámicas del "Taller de Rosas" (GARCÍA CANO, C.-GARCÍA CANO, J.M.-RUIZ VALDERAS, E. 1989, pág. 120). (29) GONZÁLEZ WAGNER, C.: Fenicios y cartagineses en la Península Ibérica: Ensayo de interpretación fundamentado en un análisis de los factores internos, Tesis Doctoral. (Departamento H.ª Antigua, Sección de Historia, Univ. Complutense de Madrid, leída en 1981), Col. Tesis Doctorales, nº 30/ 83, Ed. Univ. Complutense de Madrid, Madrid, 1983, p. 467. (30) En esta zona y alrededores es relativamente frecuente la aparición de estas cerámicas: en Verdolay, Cieza, Archena, y otros hallazgos en la misma ciudad de Cartagena.

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INFORME DE LA EXCAVACIÓN DEL SOLAR DE LA CALLE CUATRO SANTOS N.º 17. CARTAGENA

Carmen Marín Baño

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1991

INFORME DE LA EXCAVACIÓN DEL SOLAR DE LA CALLE CUATRO SANTOS N.º 17. CARTAGENA

CARMEN MARÍN BAÑO

Resumen: Para la excavación se abrieron dos cortes estratigráficos de 4 x 4 m. Se descubrieron una tubería de plomo y tres atarjeas posiblemente relacionadas con una balsa de Opus Hidraulicum, fechadas con

anterioridad al s. I a. C. Un pavimento de Opus Signinum, fechado a partir del s. I d. C.; muros y un vertedero de época tardía.

INTRODUCCIÓN

estado. En dicho espacio (fig. 2) se plantearon dos cortes estratigráficos denominados 1 y 2 respectivamente de 4 x 4 m., reservándose en todos sus lados unos espacios de 50 cm. como testigos. Durante el proceso de excavación se identificaron los siguientes niveles estratigráficos y estructuras:

En octubre de 1990 se iniciaron los trabajos de cimentación de losa armada situado en la C/. Cuatro Santos n.º 17 de Cartagena (fig. 1). Ante el interés que ofrecía por ser colindante con el solar excavado en los años 1974-75 por D. Pedro Sanmartín Moro se propuso a la Comunidad Autónoma (Dirección General de Cultura) la realización de sondeos arqueológicos. Durante los días 3, 4 y 5 del citado mes, se realizaron los trabajos mecánicos bajo supervisión técnica, estos trabajos permitieron acelerar en cierta medida el desarrollo posterior de la excavación. La pala rebajó 1,20 m. de relleno moderno, escombros en su mayoría. Los trabajos mencionados descubrieron un aljibe de principios de siglo y varios pozos ciegos dispersos por la superficie del solar. El día 9 comenzó la excavación de urgencia. Se contó con la ayuda de cuatro obreros de la Empresa Constructora de Gerardo Hernández. Se decidió realizar los cortes en una zona que había sido rebajada por la pala, reduciéndose de esta manera la superficie a excavar al centro del solar, ya que el resto formaba parte de la zona de protección de las medianeras en mal

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ESTRATIGRAFÍA DEL CORTE I

Formado por un relleno moderno de escasa potencia con un revuelto cerámico: Cerámica ibérica (jarras, asas pintadas), una fuente de barniz rojo pompeyano, cerámica de cocina de taller local de los siglos V-VII d. C. entre las que destacan una olla de borde engrosado al exterior con perfil en S, una cazuela de paredes redondeadas (Tipo 12.1 de la clasificación de M.ª D. Láiz y E. Ruiz 1988), cerámica africana tipo Hayes 89, 197, 196, 191. Cerámica de Paterna, góticomudéjar, estilo azul clásico perteneciente a un servicio de mesa del siglo XIV. Nivel IIa:

Debajo del nivel anterior aparecía una tierra marrón con restos de láguena y carboncillos, asociada a cerámicas tardías en su mayor parte. También en este nivel hay cerámicas

INFORME DE LA EXCAVACIÓN DEL SOLAR DE LA CALLE CUATRO SANTOS N.º 17. CARTAGENA

mento forma Hayes 61B del 400-450 d. C. (fig. 6.6), un ánfora tipo Keay XXIV y cerámica tardoitálica Dragendorf 37/32. Vertedero 1:

Comenzó a aparecer en la zona formado por una tierra húmeda con restos de cenizas, carbones, material de construcción, vidrios, huesos y cerámicas entre las que destacan: T. S. marmorata del 40-60 d. C., T. S. Dragendorf 27 del siglo I d. C. (fig. 6.3), un fragmento de ánfora tardía tipo Keay XXXVI B cuya cronología se corresponde con la primera mitad del siglo V y principios del siglo VI. Cerámicas tardías como los tipos: Hayes 61B (IV-VII d. C.) (fig. 6.1), Hayes 50 del 230 al IV d. C. (fig. 6.4), Hayes 99B del 530-580 d. C. (fig. 6.2). Vertedero 2:

Lámina 1: Corte 1, atarjeas 1 y 3.

muy heterogéneas, como materiales del siglo I d. C. destacando un fragmento de pared de T.S.G. Drag. 37, otro de T.S. Goudineau 29, Haltern 10, Pucci 22. Un fragmento de T.S. Rilterling 8, una olla ibérica de cerámica común, una cazuela similar al tipo 12.1 cerámica tosca de los siglos VI-VII d. C. Ollas de borde entrante (V-VII). Un fragmento de cerámica T.S. Clara D Hayes 62 del 350-425 d. C.

Ocupa especialmente el centro del corte, presentando numerosos restos óseos, cáscara de huevo, varias monedas en mal estado de conservación, un fragmento trabajado de calcoarenita y cerámicas como: T.S. Clara D Hayes 108 correspondiente a la primera mitad del siglo VII d. C., una cazuela de cerámica tosca, cuya cronología corresponde a los siglos V-VII d. C. También destaca un fragmento de cerámica de barniz negro de origen etrusco del siglo III a. C. Morel 5520. Una vez vaciado el vertedero 2 se vio la estratigrafía que había cortado (fig. 5). En la zona Este se visualizó: Una veta de láguena discontinua de 1 cm. de espesor estéril. Nivel IIIa:

Bajo esta veta se rebajó una tierra naranja muy húmeda con escasos restos de cerámica tardía, destacando un fragmento de T. S. Clara A. A continuación aparecieron arrastres arenosos correspondientes a los siglos I-II d. C.

Nivel IIa estancia I:

Nivel IIIb:

Se individualizó este estrato por encontrarse en el interior de dos muros que parecían formar parte de una estancia. Compuesto por una tierra marrón con restos de carbones y láguena, la tierra era de textura ligera, apareciendo abundantes restos de láguena en el interior de la estancia, aunque en el exterior de ésta también se encontraron pero en menor cantidad. Puede que la láguena procediese de restos de la techumbre, ya que ésta se utilizaba para impermeabilizar. En cuanto a los materiales destacan: un fragmento de cerámica africana Hayes 91 D del siglo V d. C. (fig. 6.5), otro frag-

Tierra de coloración naranja (no húmeda) muy compacta si se relaciona con la tierra del estrato IIIa. Este nivel está asociado a cerámicas tardías, destacando un frag. de T. S. Clara D es un fragmento de fondo con decoración a ruedecilla, podría corresponder a los tipos 59A, 61A, 64, y 67, oscilando entre los siglos IV y primera mitad del siglo V. El nivel IIIa y el nivel IIIb están separados físicamente por los arrastres arenosos. El nivel IIIb se asentaba directamente sobre un pavimento de «opus signinum».

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Lámina 2: Corte 1, pavimento de Opus Signinum.

Nivel IIIc:

En la zona SW bajo el nivel IIIa y las vetas diminutas de arena se encontró una bolsada grisácea de escasas potencia que contenía cenizas, muchos restos óseos de animales y escasas cerámicas destacando una T. S. Clara D de los siglos IV-VII d. C. y un mortero. Dicha bolsada contenía filtraciones de los niveles Ia y del vertedero 2. Nivel IIb:

Junto al perfil Oeste la estratigrafía era diferente al resto del corte porque en este lugar había un derrumbe de piedras que fue apareciendo a lo largo de toda la excavación; este nivel estaba asociado a una tierra marrón con láguena y cenizas. Destacan un fragmento de T. S. Clara A y una pared de T. S. Gálica. Nivel IIIc-I:

Entre el muro 2 y el derrumbe de piedras del perfil W, apareció una veta de tierra gris con cenizas, carboncillos y restos óseos, cuyos materiales son entre otros: una moneda

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en mal estado de conservación, un frag. de fondo de T. S. Clara D y un frag. de T. S. Hayes 91. Nivel IIIb-I:

En la zona Norte bajo el vertedero 1 y zona Oeste bajo el nivel IIIc-1, apareció un estrato de tierra naranja mezclado con láguena, carboncillos, huesos, fragmentos de vidrio y metal, destacando las siguientes cerámicas: una olla de cerámica tosca cuya cronología corresponde a los siglos VI-VII d. C. (fig. 7.1), un frag. de cerámica de cocina africana Hayes 197 de mitad del siglo III d.C., un fragmento de T. S. Goudineau 37 del 12-16 d. C. El nivel descrito presenta filtraciones del vertedero 1, esa característica lo diferenciaba del nivel IIIb, muy similar a éste. Nivel IIId:

Una vez rebajado el nivel IIIb-I, se excavó en la zona W un estrato muy potente de tierra anaranjada, suelta con materiales de construcción y escasa cerámica, destacan un frag. de pared de T. S. Clara A, un frag. de T. S. G. Dech. 67 correspondiente al siglo 60-98 d. C.

INFORME DE LA EXCAVACIÓN DEL SOLAR DE LA CALLE CUATRO SANTOS N.º 17. CARTAGENA

Nivel IVc:

Era un estrato con tierra grisácea verdosa de textura ligera y arenosa, muy suelta con restos de masilla blanca, argamasa, adobes, caracoles, restos malacológicos y escasa cerámica entre las que destaca un frag. de barniz negro Lamboglia 33a del siglo III a. C. ESTRUCTURAS DEL CORTE 1

Lámina 3: Corte 1, tubería de plomo apoyada sobre atarjea 1.

Se continuó rebajando en una zanja que se planteó a 30 cm. del perfil este. Las dimensiones de dicha zanja eran de 3 x 1 m. Una vez levantando el pavimento en parte: se encontró bajo este otro nivel: Nivel IVa:

Compuesto por una tierra de coloración rojiza, textura ligera y adobes que a veces la compactaban. Destacan los siguientes materiales: un frag. de pared de cerámica ibérica decorado (fig. 7.2), un frag. de Camp. A, frag. de T.S.G. Dragendorf 17a, T, s. I y un frag. de fondo de fuente de barniz rojo pompeyano. Nivel IVb:

Junto al nivel IVa apareció un relleno de escombros antiguo con tierra suelta, argamasa, abundantes materiales de construcción: sectores de círculo, estucos decorados, destacaba un cuenco del siglo III a. C.

A 5,94 m. del punto tomado en la calle Cuatro Santos sobre el nivel del mar (cota 7,60), en la zona W del corte se descubrieron dos muros (Norte y Sur) que parecen formar parte de una estancia, asociada al nivel IIa estancia I. El muro Norte cuyas dimensiones son 2,20 m. de largo, 70 c. de alto y 60 c. de ancho; presentaba cuatro hiladas de piedras irregulares puestas y trabadas en barro. En cambio el muro Sur apenas se conservaba. (Fig.3). Es posible que en el muro sur existiese un umbral o puerta de acceso a la estancia, pero al encontrarse en mal estado de conservación no se pudo confirmar. El suelo de la estancia sería de tierra apisonada, aunque no se logró ver. El muro Norte se encontró asentado sobre un vertedero de época tardía que inicialmente se denominó vertedero 1, para diferenciarlo de otro que apareció en el centro del corte y que se denominó vertedero 2, aunque posteriormente se ha podido comprobar que se trata del mismo. Bajo el nivel IIIb, se descubrió un pavimento similar al «opus signinum» cuyo espesor era de 18 cm., apareció roto en la zona W del corte, donde en su lugar se encontró un sillar de caliza que estaba cubierto por el nivel IIIc introduciéndose en los perfiles S y W. Las dimensiones eran 90 cm. de largo, 90 cm. de ancho y 50 cm. de alto. El centro del sillar estaba trabajado y presentaba un agujero. Se desconoce la función de esta estructura de argamasa rodeada y asentada en una cimentación de piedras irregulares unidas con argamasa. En la base del sillar se encontró una torta de argamasa, con restos de huella de otro posible sillar. En la zona Norte del corte junto a los perfiles Oeste y Norte y asociado al nivel IIIb se halló sobre el pavimento un muro de mala calidad con dos hiladas de piedras irregulares trabadas en barro. El pavimento se encontró en buen estado de conservación en la zona Este, no se puede decir lo mismo del sector Oeste, aunque esta falta proporcionó el hallazgo de una tubería de plomo («Fistulis Plumbeis») en buen estado de conser-

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Lámina 4: Corte 2, pavimento de Opus Signinum.

vación, cuyas dimensiones eran de 8,3 cm. de alto, por 7 cm. de ancho, de sección elipsoidal. La tubería presentaba dos puntos de fricción. El fragmento de tubería observado media 2,70 m. de longitud y se adentraba en los perfiles oeste y norte de la cuadrícula; tenía una pendiente de 19 cm. La tubería estaba apoyada en una atarjea 1 de 32 cm. de altura, cubierta por ladrillos de 35 cm. x 15 cm. y un grosor de 4,5 cm. Discurría del perfil Oeste al Noreste, sus dimensiones eran de 22 cm. de altura y 22 de anchura. Se vació comprobando que contenía tierra anaranjada y ladrillos rotos, mármol, cuarzo, elementos malacológicos, vidrio y escasísima cerámica poco significativa. Del perfil Este al perfil Sur discurría otra atarjea 2 que se encontró destruida, los muretes de dicha atarjea presentaban un mortero distinto al de la atarjea 1. Apareció únicamente un frag. de pared de T.S.G. en el interior de lo que quedaba de dicha estructura. Bajo la atarjea 2 aparecieron unas piedras unidas con adobe que podrían haber formado parte de un muro, algu-

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nas piedras parecían estar caídas como si se tratase de un derrumbe, para comprobarlo se decidió ampliar un metro más la zanja y se descubrió una nueva atarjea 3. Cubría a esta estructura el estrato IVc. La atarjea 3 fue construida con losas cuadradas de 31 x 31 cm. (algunas de las cuales llevaban huellas de alfarero), orientada igual que la atarjea 1 se introducía en los perfiles Oeste y Este. Contenía caracoles, restos óseos, vidrio, elementos malacológicos y un fragmento de lucerna republicana. Todas las estructuras anteriormente descritas limitaban el espacio a excavar y a falta de tiempo se decidió tapar el corte con tierra fina. ESTRATIGRAFÍA DEL CORTE 2

Nivel Ia:

Estrato bastante potente de tierra marrón con infiltraciones de pozo ciego. Presentaba un conjunto de cerámicas heterogéneo. Destacan cerámica islámica del siglo XIII, T.S. africana Hayes 93B, Hayes 108 de inicios del VII.

INFORME DE LA EXCAVACIÓN DEL SOLAR DE LA CALLE CUATRO SANTOS N.º 17. CARTAGENA

En la zona Sur del corte cubierto por el vertedero 1 se localizó una acumulación de pizarras que se correspondían con el preparado del pavimento. El pavimento de «opus signinum» estaba destruido en la zona Sur del corte a causa de un pozo o basurero que se denominó vertedero 2 para diferenciarlo del vertedero 1 y también destruido por el aljibe de principios de siglo localizado en la zona NW de la cuadrícula. Vertedero 2:

Formado por tierra de color verde-caqui muy suelta mezclado con masilla blanca muy húmeda. Destacan los siguientes materiales: frag. de ánfora tipo Mañá D-2 del siglo IV-III a. C.; un ánfora grecoitálica del siglo III a. C.; un frag. de T.S.G. Dragendorf 30 del siglo I. d. C. y cerámicas tardías en su mayoría como un frag. de T.S. Hayes 91C del 600-650 d. C., una cazuela de paredes redondeadas de cerámica tosca de los siglos V-VI d.C. (fig. 8.3). En la zona Norte del corte se planteó una zanja donde se levantó una pequeña parte del pavimento, comprobando que el preparado de este suelo estaba compuesto por una tierra anaranjada estéril, muy compacta de 30 cm. de espesor. Nivel IVd: Lámina 5: Corte 2, balsa de Opus Hidraulicum.

Pozo ciego:

Se localizó al Norte del corte, al vaciarlo se encontraron cerámicas vidriadas modernas, cerámicas de época góticomudéjar, medievales y algún fragmento de cerámica de época romana. La tierra era gris verdosa con láguena, húmeda y pegajosa. Vertedero 1:

En el sector SE del corte se encontró un área o zona de vertedero o basurero en que aparecieron huesos de animales, caracoles, restos de material de construcción, vidrio y cerámicas: una olla de paredes onduladas del último cuarto del siglo VI o primera mitad del siglo VII d. C. (Fig. 8.2), cerámicas tipos Hayes 99A del 510-540, Hayes 108 de inicios del VII, un frag. de T.S. cuyo centro de producción es Arezzo. Nivel IIb:

Estrato de tierra anaranjada, con láguena, cenizas, de textura ligera, aunque a veces aparecía apelmazado por las infiltraciones del pozo ciego y del vertedero 1.

Localizado bajo el preparado del pavimento, el nivel IVd estaba compuesto por una tierra marrón suelta con escasos restos de láguena, cal y adobes. Materiales destacan un Kalathos ibérico del siglo II-I a. C. forma IB Nordstrüm (fig. 7.5); Camp. A (fondos). Nivel IVe:

El nivel IVd cubría a un estrato formado por una tierra grisácea muy húmeda y pegajosa ya que estaba contaminada por las filtraciones del vertedero 2. Tanto el nivel IVd como éste, están cortados por el vertedero 2. Materiales: Camp. A (fondo con cuatro palmetas en relieve ovaladas); un frag. de pared de T.S.G. del siglo I. d. C. ESTRUCTURAS DEL CORTE 2

Se descubrieron varias estructuras muy interesantes relacionadas con el corte 1. Al comenzar a excavar se visualizó una zapata en el centro del corte de época reciente y un aljibe en la zona NW de principios de siglo. Se decidió destruir la zapata, pero no el aljibe, ya que apareció en una esquina y ocupaba sólo una pequeña parte de la cuadrícula. Ambas estructuras están relacionadas con el nivel Ia y el pozo ciego.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Figura 1. Situación del solar.

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INFORME DE LA EXCAVACIÓN DEL SOLAR DE LA CALLE CUATRO SANTOS N.º 17. CARTAGENA

Figura 2. Situación de los cortes excavados.

Figura 3. Corte 1. Planta.

En el centro del corte a una cota de 5,05 m., se halló un muro de mala calidad, formado por piedras irregulares, se conservaba ligeramente inclinado hacia la zona Este. Este muro, estaba asentado sobre el nivel IIb cuyos materiales corresponden a época tardía, destacando un frag. de T.S. Clara Hayes 108 de inicios del siglo VII, un fondo de mortero de cerámica común Vegas tipo 7 del siglo II a. C. al siglo V d. C., una lucerna paleocristiana tipo Hayes II, Dressell 31, Palol 15 (fig. 8.1) y un fragmento de cerámica ibérica decorado tipo A 10.4 (1). En el ángulo SW del corte a una cota de 4,36 m. se descubrió una estructura de argamasa de planta cuadrada cuyo cimiento estaba formado por piedras irregulares y mortero, apoyada directamente sobre el suelo de la balsa de «opus hidraulicum» que se halló bajo el pavimento roto. Esta estructura se adentraba en el ángulo SW, presentando un anillo de argamasa. El pavimento de «opus signinum» estaba destruido en la zona Sur a causa de un vertedero que se denominó vertedero 2, y que se diferenció del vertedero 1 por encontrarse en el interior de otra estructura (la balsa). En la zona SW del corte se encontró una balsa («opus hidraulicum») bajo el «opus signinum». Sólo se pudieron

documentar parcialmente dos muros que formaban un ángulo de 90º. La base del muro sur se presentaba rematada por una media caña de 9 cm. de altura. La balsa medía 1,37 m. de altura, las dimensiones completas no se pudieron documentar al excavar sólo una pequeña parte del solar. Los muros de la balsa estaban destruidos por el aljibe moderno y por la estructura de argamasa del ángulo SW del corte, ya que ambas estructuras se apoyaban directamente en esta piscina. INTERPRETACIÓN Y CONCLUSIONES

La incompleta estratigrafía obtenida en estas dos cuadrículas documentaron a lo largo de cinco metros varias fases de ocupación humana; comprendiendo diversas construcciones urbanas de diferentes épocas. En el corte 2 se descubrió una balsa cuyas dimensiones completas se ignoran. En relación con este corte se halló en el corte contiguo, una tubería de plomo. Ambas estructuras están separadas por un testigo de un metro. La parte más alta de la tubería correspondía a una cota de 4,21 m. y el desagüe de la balsa a una cota de 4,02 m.; la

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Figura 4. Cortes 1 y 2. Planta.

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Figura 5. Corte 1. Perfil Este.

diferencia es de 19 cm., por lo que se deduce que la tubería canaliza agua potable a la balsa, además hay que subrayar que la dirección de la tubería venía orientada hacia el muro sur de la balsa. En el interior de la balsa se rebajaron dos rellenos cortados por un vertedero de época tardía. El primer relleno denominado nivel IVd estaba asociado a cerámicas correspondientes a los siglos II-I a. C. Bajo ese relleno hay otro cuya cronología corresponde al siglo I d. C. (TPQ) y al siglo II a. C. (TPQ). La tierra de estos rellenos colmató parte de la balsa una vez abandonada ésta, por lo que se deduce que posiblemente fuese utilizada antes de Cristo, pero se desconoce el periodo exacto de su aprovechamiento, aunque se podría pensar que fue construida en fecha anterior al siglo I d.C. La datación de esta estructura no se puede precisar más, puesto que no se pudo excavar el solar totalmente. Quizás se podría relacionar con restos de una casa y pavimentos romanos de los siglos II-I a. C. descubiertos en el solar colindante n.º 19 de la calle Cuatro Santos, en los años 1974-1975 (2). Por otro lado, sería muy interesante poder calcular la capacidad de la balsa descubierta, pero no lo podemos averiguar puesto que se desconocen las dimensiones de dicha estructura. Se piensa que el abastecimiento principal de agua se realizaría de forma individual a través de un aljibe o depósitos

situados en las viviendas cuyos restos han sido reconocidos en la ciudad, concretamente en la C/. Duque-Esquina Montanaro se localizó una cisterna romana. También es posible que la distribución del agua comenzase a la salida del depósito terminal de donde arrancarían una serie de tuberías principales que se irían ramificando disminuyendo en importancia hasta llegar a los ramales ínfimos de las casas particulares como pudo ocurrir en la C/. Jara n.º 6 donde se descubrió en 1977 un amplio conjunto de construcciones romanas: «al fondo de la habitación con pavimento de «Opus sectile». En la parte anterior, gran balsa o piscina, con basas en su perímetro y conducciones de agua en tubo de plomo» (3). Este hallazgo queda situado muy cerca del solar n.º 17 de la C/. Cuatro Santos, pero no se puede conocer con exactitud que relación tienen ambos, aunque los dos tienen en común la tubería de plomo (de mayores dimensiones en el solar de la C/. Cuatro Santos) y la balsa. Por otra parte, en el corte 1 se descubrieron tres atarjeas en un espacio de 3 x 3 m. Desafortunadamente desconocemos su procedencia y a dónde podrían dirigirse. Las atarjeas 1 y 3 presentaban la misma dirección que la tubería de plomo. Se conservaban únicamente restos de esta estructura junto a los perfiles anteriormente mencionados. Al recorrido referido de la atarjea 2, entiéndase: dentro de la zona excavada, puesto, que se desconoce el origen y procedencia de las atarjeas citadas, y por consiguiente su recorrido. Se podría intuir que estas atarjeas conducirían las aguas de las laderas del Monte de la Concepción, atravesando este solar, situado en las estribaciones de la ladera Norte, pero no se puede afirmar por ahora dicha hipótesis. Probablemente estas estructuras estén relacionadas con la balsa y por lo tanto correspondan al mismo momento cronológico, la duda queda planteada. Otro importante hallazgo fue el descubrimiento de un pavimento «Opus Signinum», localizado en ambos cortes a 4,46 m. de profundidad, cota relacionada con un punto de la C/. Cuatro Santos sobre el nivel del mar. Cota: 7,60 m. Bajo el pavimento, en el corte 1, los estratos a y c del nivel IV, nos proporcionaron cerámicas correspondientes al siglo I d. C. (TPQ) y al siglo II a. C. (TAQ). Se comprobó la ausencia de cerámicas tardías, por lo cual podría fecharse este suelo a partir probablemente esté en relación con «dos estancias de grandes dimensiones correspondientes a una extensa casa, una de las cuales incluía un pavimento de tessellas blancas y negras... «, en el solar colindante excavado en 1975 por Don Pedro Sanmartín Moro (4).

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Figura 6. Materiales arqueológicos. Cortes 1 y 2.

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Figura 7. Materiales arqueológicos. Corte 1 y 2.

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3 Figura 8. Materiales arqueológicos. Cortes 1 y 2.

Asentado sobre el pavimento se localizó en el corte 1, a una cota de 4,70 m. restos de un muro en mal estado de conservación, cronológicamente posterior al «Opus signinum», y anterior al vertedero. No se puede precisar exactamente su datación, puesto que el estrato asociado IIIb-1 a este muro estaba contaminado por filtraciones del vertedero. A una cota de 4,37 m. en el corte 1 y 4,36 m. en el corte 2 se localizaron dos estructuras cuya cronología y funcionalidad ignoradas quedan. Quizás ambas sustentasen a su vez a otras mayores, ya que éstas presentaban una cimentación muy potente, construida en ambos casos a base de piedras irregulares unidas con argamasa, esto parece indicar la posibilidad de que sostuviesen algo realmente pesado. La cimentación de la estructura de argamasa del corte 2 estaba asentada en la base de la balsa, rompiendo parte de sus muros, por lo que se puede afirmar que esta estructura es posterior al siglo I a. C. Por otra parte, se desconoce qué relación podrían tener con el pavimento, ya que éste se encontraba destruido en la zona donde se localizaron. En el corte 1, a 30 cm. del perfil Este, se abrió una pequeña zanja, para obtener mayor documentación sobre éstas. Estos trabajos no clarificaron los objetivos, por el contrario, contribuyeron a descubrir nuevos hallazgos como el muro construido con piedras unidas con adobe posiblemente anterior a las atarjeas y asociado presumiblemente a época ibérica.

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Por otro lado, estudiados los materiales de los vertederos 1 y 2 del corte 1 y los vertederos l y 2 del corte 2, se ha llegado a la conclusión que éstos forman parte de un único vertedero encuadrado dentro de la antigüedad tardía, oscilando cronológicamente entre los siglos V-VII d. C. Este hallazgo viene a unirse a descubrimientos similares en diversas zonas de la ciudad: Plaza de los Tres Reyes, C/. Soledad, C/. Jara, Plaza de Condesa Peralta, San Antonio el Pobre, C/. Don Gil, C/. Palas. El vertedero destruyó posiblemente parte del pavimento en el corte 2 (fig. 4) y colmató parte de la balsa, es posible que también destruyese parte de un muro localizado en el corte 2, ya que se descubrió un derrumbe de piedras en el interior de este basurero. El muro hallado se visualizó a una cota de 5,05 m. siendo su cronología imprecisa, aunque anterior a la del basurero y posterior al pavimento, se asociaba al estrato IIb. En cuanto al corte 1, se localizó casi al comienzo de la excavación a 6,06 m. restos de una posible estancia de cronología posterior a vertedero, puesto que parte de éste se encontró bajo uno de los muros de la supuesta estancia. De época medieval no se encontraron estructuras, aunque sí aparecieron restos cerámicos correspondientes a ese periodo. Por último finaliza la secuencia con el hallazgo de un aljibe moderno, que causó en parte la destrucción de la balsa, junto a la estructura de argamasa. Este aljibe también participó en la destrucción del «Opus Signinum». Hay que tener en cuenta que los vertederos, el pozo ciego y las variadas estructuras eliminaron parte de la secuencia estratigráfica, obteniendo a veces estratos incompletos, con escasos materiales, si además se considera la escasísima zona excavada para un solar tan rico en valiosos restos arqueológicos, se comprendería que la interpretación se hace más dificultosa.

NOTAS (1) ROS SALA, M. La Pervivencia del elemento indígena. La cerámica ibérica. Murcia 1989. pp. 37. (2) BELTRÁN MARTÍNEZ, A. (1982) «Cartagena en la Antigüedad: Estado de la Cuestión». C. Nacional Arqu. XVI. Museo Arqueológico Municipal. pp. 867-881. (3) SANMARTÍN MORO, P. Museo de Zaragoza. Boletín Homenaje a Antonio Beltrán. n.º 4. 1985. pp. 131-149. (4) SANMARTIN MORO, P. Museo de Zaragoza. Boletín Homenaje a Antonio Beltrán. n.º 4. 1985. pp. 135.

ACTUACIONES ARQUEOLÓGICAS EN ÁGUILAS

Juan de Dios Hernández García

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1994

ACTUACIONES ARQUEOLÓGICAS EN ÁGUILAS

JUAN DE DIOS HERNÁNDEZ GARCÍA Centro Regional de Arqueología

Palabras clave: Bajo-Imperio, salazones, domus, vertedero Resumen: Se han comprobado niveles de ocupación romanos que abarcan desde el siglo I a.C. hasta principios del siglo VI d.C. Estas intervenciones aunque en la mayoría de los casos muy parciales van completando la evolución del enclave romano de Águilas. Destacamos la exhumación de parte de una vivienda en la calle Balart, fechada en el

siglo IV d.C. También es interesante el nivel de vertedero documentado en la confluencia de las calles Canalejas y Quintana con sucesivas deposiciones de material anfórico y restos de espinas y escamas de pescado, datado en los siglos IV y V d.c., que reflejan una actividad pesquera industrial (salazones) importante.

Durante el año 1990, se efectuaron, dentro del programa de excavaciones de urgencia de la Dirección General de Cultura de la Comunidad Autónoma, una serie de sondeos arqueológicos previos a los trabajos de edificación dentro del casco urbano de Águilas. Recientemente, acometimos la labor de delimitar las zonas de protección arqueológica en el casco urbano, basándonos fundamentalmente en las intervenciones efectuadas anteriormente, así como en los innumerables hallazgos fortuitos, en gran medida recopilados por Felipe Palacios en su libro «Águilas desde la Prehistoria». Este trabajo se ha incluido en la revisión y adaptación del Plan General de Ordenación Urbana que actualmente se está llevando a cabo en el municipio. En este trabajo exponemos escuetamente los resultados obtenidos en las cinco intervenciones de urgencia que nos ocuparon durante 1990; haciendo constar que éstos provienen de un estudio preliminar, así como de los datos cronológicos obtenidos de un inventario parcial de material selectivo.

CALLE CANALEJAS CONFLUENCIA CALLE QUINTANA

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La excavación del solar situado en la confluencia de la calles Canalejas y Quintana se realizó entre los días 25 de marzo y 5 de abril. Su ubicación, distante unos 20 m. del solar, donde se hallaron las termas y restos de un alfar, excavado por Sebastián Ramallo en 1981, provocó la intervención arqueológica. El estado en que se encontraba el solar era deficiente por el planteamiento de los trabajos de una nueva edificación. Aprovechando al máximo la superficie que aún permanecía intacta, logramos plantear un corte de 2’50 x 3 m. Documentamos niveles de ocupación desde finales del siglo XVIII hasta nuestros días constatados por sucesivos pavimentos y materiales de esta época. Bajo estos niveles hallamos un potente estrato de 90 cm. de espesor formado por capas alternantes de cenizas con otras de arenas y arcillas donde aparecen acumulaciones de espinas y escamas de pescado y abundantes restos materia-

ACTUACIONES ARQUEOLÓGICAS EN ÁGUILAS

Plano de situación.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Lámina 1. C/. Canalejas-C/. Quintana. Perfil Este.

les. Lo interpretamos como un nivel de vertedero con sucesivas deposiciones de material de desecho. (Lám.1) El material arqueológico recuperado lo forman numerosos fragmentos cerámicos, huesos, agujas y anzuelos metálicos y contrapesas para red de barro circulares con orificio central. Proliferan fragmentos de anforillas para salazones de producción local similares al tipo XXVI de (Keay) asociadas a producciones en Sigillata Clara D (formas de Hayes 59, 61 A y B, 67, 81, 91 y 92) y producciones en Terra Sigillata gris paleocristiana (formas Rigoir 2 y 18).

Foto 8. C/. Balart, 1. Corte A. Estructura 8.

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Foto 2. C/.Canalejas-Quintana. Pavimento de tierra compactada. S. IV. d. C.

ACTUACIONES ARQUEOLÓGICAS EN ÁGUILAS

Foto 5: C/Castelar-Plaza de España. Habitación I

Foto 6: C/Castelar-Plaza de España. Habitación I. Muro Este Restos de estucos pintados.

Foto 7: C/Castelar-Plaza de España. Habitación I. Muros Este y Sur.

Foto 8 (a): Castelar-Plaza de España. Interior habitación I. Muros Sur y Oeste.

Este material data el basurero entre 2.ª mitad del siglo IV y comienzos del siglo VI d.C. Bajo el vertedero e instalado sobre la roca base de arenisca, a una profundidad de 1’60 m., apareció un retazo de pavimento de arcilla compactada de 3 cm. de grosor asociado a materiales del siglo IV d.c. Estos hallazgos hacen pensar que nos encontramos en la proximidades de un complejo pesquero-industrial destinado a la fabricación y envasado de salazones para su posterior comercialización.

realizándose en 3/4 partes del área de la parcela. Tras comprobar estratigráficamente la presencia de niveles arqueológicos, planteamos un corte de 7 x 3’50 m. en el sector Sur del solar que aún permanezca intacto. El conjunto de la estratigrafía desvela la existencia de niveles de ocupación desde finales del siglo XVIII hasta la actualidad que se superponen a niveles romanos alterados por factores puramente naturales. Éstos son capas de arrastre producidas por salidas esporádicas de agua. El nivel freático situado a una cota de 2’30 m. de profundidad supuso la paralización del proceso de excavación. Entre el material recuperado en los estratos IV y V hallamos cerámica, restos óseos y malacológicos, metal, fragmentos de cal y estucos y acumulaciones de desecho de pescado. Estos materiales abarcan una cronología amplia, si bien, un tanto por ciento elevado corresponde a producciones africanas bajo-imperiales.

SOLAR CALLE ISABEL LA CATÓLICA CONFLUENCIA PLAZA DE ABASTOS

Durante septiembre se realizó la excavación del solar ubicado en la confluencia de las calles Isabel la Católica y Plaza de Abastos. Las obras de nueva construcción estaban

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Lámina 3. Plaza de Abastos, 3. Corte A. Perfil Oeste.

Destacamos fragmentos de Sigillata Clara A (formas Hayes 8, 9 y 33), Sigillata Clara C (forma Hayes 50), Late Roman C, Sigillata Lucente (forma Lamboglia 14/16) y Sigillata Clara D (Hayes 59 B, 61 A y B 67 y 91). En menor proporción aparecen fragmentos de Sigillatas itálicas, sudgálicas e hispánicas. PLAZA DE ABASTOS 3

La excavación del solar ubicado en el número 3 de la calle Plaza de Abastos, permitió comprobar si el istmo que une el centro de la población con el monte donde de halla el castillo de San Juan, proporcionaba niveles de ocupación de la época romana. Este supuesto se corroboró tras verificar los resultados de la intervención arqueológica llevada a cabo entre los días 2 y 11 de mayo de 1990. La parcela, de tendencia rectangular, tiene un área de 170 m2 y está orientada Norte-Sur. La intervención consistió en la apertura de un corte de 3 x 3 m. en el sector Suroeste.

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Tras una lectura total de la excavación registramos las siguientes fases de ocupación: en el nivel superficial aparecen dos pavimentaciones correspondientes al edificio derribado. En el segundo nivel se incluye un consistente pavimento de cal y arena que pertenece a unas caballerizas instaladas en este lugar a mediados del siglo XIX. En el tercer nivel aparecen restos de una vivienda de finales del siglo XVIII, constatado por restos de un suelo de ladrillos y estructuras. Sellada por estos niveles documentamos una fase de ocupación romana, con una potencia de 80 cm. de sedimento. El estrato inferior se superpone a restos de un pavimento de opus signinum liso en muy mal estado de conservación y un corto tramo de una estructura de mampostería. Basándonos en el estudio del material dotamos el inicio para este nivel de habitación en el periodo Augusteo y Julio-Claudio. En la Unidad Estratigráfica 1007, sobre el pavimento hallamos varios fragmentos de cerámicas de paredes finas y Sigillatas itálicas (formas Goudineau 20A, 25, 32 y 40). Mientras, los materiales recuperados en los estratos superiores de este nivel, abarcan

ACTUACIONES ARQUEOLÓGICAS EN ÁGUILAS

una amplitud cronológica entre los siglos I y III d.c.. Están representadas producciones de barniz rojo pompeyano, marmorata, paredes finas (forma Mayet XXXVII) Sigillata itálica (formas Goudineau 37 y 38) y un fragmento de esta misma producción con sigillum «in planta pedis» con lectura «POCI». Más numerosos son los fragmentos de Sigillata sudgálica ( formas lisas Drag. 15/17, 24/25 y 27 y la forma decorada Dr. 29B). En menor proporción hallamos la producciones africanas de Sigillata Clara A (Hayes 9) y varios fragmentos de Clara C (forma Hayes 50 A) típica del siglo III que supone el material más moderno recuperado en este nivel. (Lám.2) SOLAR CALLE CASTELAR CONFLUENCIA CON LA PLAZA DE ESPAÑA

La excavación del solar ubicado en la confluencia de las calles Castelar y la Plaza de España se efectuó en los días 22, 23 y 24 de marzo. Se decidió intervenir en este solar a raíz de un sondeo estratigráfico de 1 m2 realizado por la empresa constructora que sacó al descubierto restos romanos cuando ya habían obtenido el permiso para los trabajos de una nueva edificación. Planteamos un corte de 3 x 3 m. en el centro del solar; dada la premura de esta intervención los 80 cm. superficiales fueron extraídos por medios mecánicos. ESTRATIGRAFÍA

Unidad estratigráfica 1001. Nivel superficial. Consta de 40-50 cm de potencia. Documentado en los perfiles, ya que este nivel se extrajo por medios mecánicos, se compone de los restos de cascotes del edificio derribado, una solera de cemento y una capa de escorias de mineral y escombros bajo esta última. Unidad estratigráfica 1003. Estrato bastante homogéneo de limos con algunas piedras. Su excavación fue dificultosa por las abundantes raíces de un gran ficus situado en la Plaza de España. Su potencia es de 80 cm. Unidad estratigráfica 1004. Limos muy húmedos con matices rojizos debido a la disolución de adobes que conformaban los alzados de las estructuras documentadas. Posee 20 cm. de potencia.

Lámina 4. Castelar-P. España. Corte A. Perfil Norte.

Unidad estratigráfica 1007. Estrato arenoso con algunos cantos rodados. Situado bajo el nivel de pavimentación de la construcción exhumada. (Lám.3)

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Lámina 5. Castelar-P. España. Corte A.

una longitud mínima de 2 m. ya que se prolongan bajo el perfil Norte. Se conservan restos de un pavimento de cal de 4 cm. de potencia. De los dos otros espacios situados al Sureste y al Suroeste del descrito anteriormente tenemos una visión mucho más parcial. Los interiores de estos habitáculos poseen un revestimiento de cal de 2 cm. sobre el que se disponen estucos pintados. En la zona inferior del zócalo de la habitación Norte se conservan «in situ» restos de pinturas donde se aprecian manchas rojas sobre fondo blanco. Mayor información obtenemos de los fragmentos de estuco recogidos en el estrato que colmata estas estructuras. Estos fragmentos muestran impresiones en negativo de cañas o madera que formarían el entramado de sujeción para quedar adheridos al tapial. Se aprecian líneas sinuosas en rojo y algunas manchas verdes y amarillas de trazo grueso, sobre fondo blanco. También recuperamos algunos fragmentos de cornisa y rodapié totalmente rojos. (Lám.4) Los materiales recuperados en la unidad estratigráfica 1004, constituida por el derrumbe de la vivienda, ofrecen una cronología de los siglos II y III d.C. Destacan fragmentos sudgálicos, entre ellos un sello de lectura «OFCRE», posiblemente Crestio o Crestus, un fragmento de Sigillata Clara A ( Hayes 27) y varios fragmentos de Sigillata Clara C (Hayes 50). Bajo el pavimento de cal, entre el poco material recuperado aparecen dos fragmentos de Sigillata Clara A (formas de Hayes 3C y 9).

NIVELES DE OCUPACIÓN SOLAR CALLE BALART, 1

Atendiendo a las características de sedimentación de la estratigrafía y a los materiales recogidos, diferenciamos las siguientes fases de ocupación: un primer nivel formado por las ocupaciones habidas desde el siglo XIX. Debajo un nivel formado por capas de arrastre con una potencia de 80 cm. donde se documenta material romano (Sigillatas africanas y sudgálicas). Por último un nivel de habitación romano. Aunque parcialmente, debido a la escasa superficie excavada, documentamos restos de una vivienda. El sistema constructivo consiste en un zócalo de mampuestos trabados con mortero de cal y arena con un alzado de adobes o tapial. Los interiores quedan revestidos por estucos con pinturas. Todo el conjunto tiene un cimiento de 30 cm. de potencia compuesto por piedras y tierra compactada sobre el que se asienta el zócalo con 40 cm. de potencia máxima, y 75 cm. de anchura. Estas estructuras se instalan sobre un eje con orientación Sureste-Noroeste. Se diferencian 3 espacios, el mejor documentado se sitúa en el sector Norte del corte con una anchura de 1’20 m. y

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Entre los meses de noviembre de 1990 y enero de 1991, efectuamos la excavación con carácter de urgencia en el solar ubicado en la calle Balart 1, incentivada por su proximidad a la línea de la costa del siglo XVIII. Tras excavar un primer corte en el sector Oeste del solar decidimos plantear una excavación en extensión abarcando la máxima superficie posible. Al trabajar en función de las cimentaciones modernas quedaron 4 unidades de excavación con desiguales dimensiones. ESTRATIGRAFÍA

La estratigrafía no es muy complicada con estratos fundamentalmente arcillosos y una disposición generalmente horizontalizada. Diferenciamos un total de 9 estratos, registrándose la secuencia estratigráfica completa en el corte D. El corte C se

ACTUACIONES ARQUEOLÓGICAS EN ÁGUILAS

Lámina 6. C/. Balart. Planta.

encuentra alterado por una fosa que se rellenó recientemente. Estrato I.- Subdividido en 4 unidades diferentes. Estrato IA.- Depósito de grava y arena para igualar la superficie. Estrato IB.- Cascotes y escombros del edificio demolido. Estrato IC.- Capa de escorias de mineral de hierro con 20 cm. de espesor. Estrato ID.- Relleno heterogéneo formado por piedras, fragmentos de teja, ladrillos y restos de cal. Pavimento A.- Suelo de cal y arena con la superficie cenicienta con un grosor de 7/8 cm. Estrato II.- Su potencia es de 40 cm. Diferenciamos dos capas diferentes. Estrato IA.- Base del pavimento A, formada por una capa de escorias de hierro con 25 cm. de potencia. En algunas zonas las escorias se sustituyen por un empedrado muy compacto. Estrato IB.- Tierra marrón-parduzca compactada. Contiene algunas piedras, fragmentos de ladrillos y tejas. En algunas zonas hay acumulaciones de tierra láguena y greda. Pavimento B.- Suelo de tierra batida amarillenta con la superficie cenicienta. Estrato III.- Tierra compactada de grano fino marrónclaro. Su potencia máxima es de 20 cm. Estrato IIIB.-(corte D).- Tierra compactada rojiza con manchas de cal. Estrato IV.- Tierra arcillosa con textura suelta y granulometría muy fina. Estrato IVA.- Arcilloso con coloración marrón-grisáceo con carbones vegetales diseminados. Estrato IVB.- Arcilloso grisáceo con restos cenicientos. Estrato IVC.- (corte A).- Se documenta en el sector Norte de este corte. Arcilloso con coloración rojiza por la disolución de adobes.

Estrato V.- Arenoso-arcilloso muy compactado con vetas verdosas. Contiene numerosos carbones y huesos de animales. Estrato VI.- Tierra arcillosa suelta marrón-rojiza con restos de cal y escorias. Su potencia oscila entre 10 y 20 cm. Estrato VIB.- (corte D).- Separado del estrato VIA por una capa de cal. La tierra es más clara, anaranjada. Estrato VII.- Tierra arcillosa con matiz verdoso muy húmeda. Su potencia oscila entre 10 y 20 cm. Estrato VIII.- Tierra cenicienta grisácea muy compactada. Su grosor es de 10/20 cm. Estrato IX.- Limos compactados anaranjados. Tiene 20 cm. de potencia y es estéril en material arqueológico. Bajo este nivel aparecen arenas de playa. (Lám.5) ESTRUCTURAS. APROXIMACIÓN CRONOLÓGICA

Tras una lectura total de la excavación podemos considerar que la superficie excavada se encuentra alterada por cimentaciones modernas, afectando en profundidad hasta el estrato IV, en el que se insertan las estructuras exhumadas. Los restos murarios documentados los incluimos en el campo de la arquitectura doméstica, considerando los materiales a que se asocian; esencialmente vajilla de lujo y cerámica común de mesa. La estructura 1 pirametral con dirección Noroeste-Sureste delimita esta «domus» de la cual tenemos una visión muy parcial. Su fábrica consiste en mampuestos de irregular tamaño y de diversa naturaleza trabados con argamasa de cal. En el corte C documentamos un umbral de caliza moldurado del que parte un corredor que da acceso a las distintas habitaciones del conjunto. En el corte B documentamos parcialmente la habitación I con suelo de tierra y revoque interno de cal, delimitada por la estructura 2. Al Este del corredor,

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Lámina 10. Balart,1. Corte A. Muro de tapial. Alzado Este. Nivel III.

Lámina 9. Balart, 1. Corte D. Perfil Oeste.

donde la estratigrafía está alterada prácticamente en su totalidad hasta el nivel de base se documenta la habitación II. En el sector Noreste de este espacio con una estratigrafía clara registramos restos de ánforas fundamentalmente, que indican su utilización como pequeño almacén dentro del conjunto. En el corte D encontramos la habitación III, a la cual se accede por el oeste mediante un vano de 30 cm. de anchura. Esta habitación rectangular con dimensiones de 3 por 2’20 m. posee doble revoque interior y pavimento de cal. Su fábrica es distinta, formada por tapial con algunas piedras. En el corte A (sector Oeste del conjunto), desde la estructura 1 parte un muro (8) formado por 4 hiladas de piedras calizas que delimita parcialmente la habitación IV con suelo de tierra. En el corte A, en un nivel inferior y cortado por las estructuras descritas, se conservan restos de una construcción de tapial. Su orientación es prácticamente Norte-Sur. Posee una longitud visible de 1’40 m. y una anchura de 20 cm. Tiene un revoque de cal de 2 cm. de grosor con decoración mural en su cara este. El esquema compositivo consiste en un zócalo de 5 cm. de color rojo que haría las funciones de rodapié del que parte una franja vertical también roja de 6 cm. de anchura. Esta franja delimitaría unidades rectangulares a modo de metopas, donde sobre fondo blanco aparecen líneas sinuosas amarillas. Tanto en el corte A como en el D exhumamos a 2’60 m. de profundidad un potente pavimento de cal con algún fragmento cerámico macerado que no se asocia a ninguna estructura. Tal vez, constituya una explanación del terreno en una zona próxima a instalaciones portuarias. (Lám.6)

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Sobre el pavimento descrito, en el corte D, se documentan 4 capas de cal entre 1 y 2 cm. de grosor que tampoco se asocian a ninguna estructura y cuya función puede ser compactar y horizontalizar el terreno. Realizado un estudio previo de los materiales distinguimos las siguientes fases de ocupación: Fase I.- Nivel de ocupación desde finales del siglo XVIII hasta nuestros días. Fase II.- Nivel de ocupación romano. A este nivel pertenecen las construcciones exhumadas. Se asocian a producciones africanas datables a partir del siglo IV. Destacamos una jarra del tipo Vegas 41 y una Lucerna de Canal Africana, con decoración de roseta sobre el disco del tipo Atlante D2, datada en la segunda mitad del siglo V. Este nivel abarca desde el siglo IV hasta principios del siglo VI d.c. aproximadamente. Fase III.- A este nivel pertenecen los restos del muro de tapial, y lo constituye el estrato V. Aparecieron abundantes restos óseos de animales y cornamentas de cápridos. Los restos cerámicos se corresponden con fragmentos Sigillatas sudgálicas, Clara A y en mayor proporción Sigillatas Claras C del tipo Hayes 50. Se puede datar entre los siglos II y III d.c. Fase IV.- En este nivel incluimos las ocupaciones desde el primer momento hasta el siglo II d.c.. La cronología más baja la ofrecen los fragmentos campanienses del estrato VIII. El pavimento instalado sobre el estrato mencionado, lo datamos en el periodo Augusteo, bajo él aparecen fragmentos aretinos (Forma Goudineau 28 datada en el 10 a.c.) y encima, en el estrato VII otros fragmentos aretinos (Forma Goudineau 38 y 39 fechados sobre el año 15 d.c.). El estrato VI ofrece materiales de los siglos I y II d.c. CONSIDERACIONES PROVISIONALES

Podemos hacer una valoración de todos estos hallazgos, ya que suponen nuevas aportaciones para el conocimiento

ACTUACIONES ARQUEOLÓGICAS EN ÁGUILAS

Foto 9. C/. Balart, 1. Pavimento de época augustea.

de la distribución de la población en época romana en el Sureste peninsular. Una serie de arcos montañosos aislan Águilas y su entorno de las zonas próximas. Este condicionante orográfico parece favorecer las proyección de esta zona hacia el exterior por vía marítima; constatamos como las producciones del interior peninsular como la Terra Sigillata Hispánica están muy mal representadas en las excavaciones realizadas. Los orígenes de la romanización en esta zona están muy mal conocidos. En Cope, los yacimientos de la Galera y Pocico Huertas, delatan la explotación minera de las sierras de Almenara y Lomo de Bas. Estos yacimientos situados en la costa, con embarcaderos naturales serían los puntos desde donde se exportaría el mineral. Los materiales recogidos en superficie, los datamos en época republicana con un abandono en el siglo I d.c., que iría paralelo al cese de la actividad minera de estas sierras (1).

En el interior, diseminados por el resto del territorio conocemos una serie de enclaves con una actividad básicamente agropecuaria. Así, por ejemplo, en los valles fértiles de Tebar, el Cocón y Peña Rubia, se distribuyen una serie de «Villae» que parecen tener vigencia desde un momento altoimperial hasta la época tardoantigua. Mejor conocido es el desarrollo a lo largo de toda la costa levantina, de una importante actividad vinculada a la pesca y a la elaboración de salazones, constatada desde la época alto-imperial. En la Isla del Fraile hubo una factoría de este tipo (2). En este contexto debemos ubicar los hallazgos romano en el casco urbano de Águilas. En principio, aparecen bastante difusos los factores que condicionaron el asentamiento en este enclave. Documentamos un primer momento tardorepublicano. En diversos puntos hemos documentado restos de pavimentaciones y construcciones datados sobre el cambio de era. Parece pues, que en el periodo Augusteo toma carácter

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Foto 10. C/. Balart, 1. Corte A. Estructura 1 cortada por las cimentaciones recientes. En segundo término, muro de tapial del nivel III.

este asentamiento que constaría de instalaciones portuarias para dar salida a los productos de Águilas y su Hinterland. A partir del periodo Augusteo y hasta el siglo III se estabiliza este enclave. Documentamos restos de habitación de esta época. Tal vez, la actividad principal en estos momentos fuese pesquera y elaboración de salazones pero con un desarrollo agropecuario paralelo. Reseñaré que estos niveles se caracterizan por el registro de abundantes restos óseos de animales sobre todo cápridos. Mejor documentado aparece el nivel de ocupación bajo-imperial que abarca desde el siglo IV hasta comienzos del VI d.c. El mayor volumen de los materiales recuperados y restos arquitectónicos pertenecen a este periodo. Se aprecia una reactivación y un desarrollo en este asentamiento que parece ser una nota común a los enclaves costeros de la costa surestina en este momento (3). Efectivamente, a la luz de los resultados obtenidos, comprobamos una especialización económica basada en las pesquerías y en la fabri-

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cación de salazones de pescado. La población parece adquirir una nueva fisonomía a partir del siglo IV. Se reconocen restos de una factoría de salazones con un alfar que fabricó ánforas para su envasado y una zona de basurero próxima, donde aparecen materiales de desecho y residuos de esta actividad (4). Así, también restos de construcción de unos posibles almacenes exhumados en el solar de la calle Rey Carlos III, 1, excavado en 1989, donde prolifera el material anfórico, con un establecimiento termal que cubriría las necesidades de sus habitantes y restos de viviendas más o menos sólidas. Conocemos una necrópolis en el Bol de la Virgen, pero ésta queda alejada del casco urbano, algunos hallazgos fortuitos parecen indicar la situación de dos lugares de enterramiento próximos, al Norte de la calle Gloria y al Oeste en la salida hacia Almería (5). Los restos de construcción del momento bajo-imperial, parecen tener una disposición similar a la de las Termas.

ACTUACIONES ARQUEOLÓGICAS EN ÁGUILAS

Foto 11. C/. BAlart, 1. Corte C. Umbral y corredor de acceso.

Son aún pocos los restos arquitectónicos recuperados pero, tal vez, se dispongan en un trazado urbano premeditado. La visión que aportan estos hallazgos es muy parcial. La continuación de los trabajos arqueológicos en Águilas y su entorno irán resolviendo poco a poco las cuestiones planteadas.

NOTAS: (1) Los datos de los yacimientos del término municipal están recogidos en la Carta Arqueológica del Término Municipal de Águilas (Murcia), realizada por Arqueotec C.B. con mi colaboración para la Dirección General de Cultura en mayo de 1992. En el gráfico de yacimientos observamos que el mayor porcentaje corresponde a la etapa romanoimperial con un 31% del total, mientras que los romanos-republicanos están representados por un 5%.

(2) En las laderas Norte y Oeste de la Isla del Fraile, se observan una serie de construcciones escalonadas (balsas y piletas) con revestimiento de cal y moldura de cuarto de cículo en sus juntas. Al Norte de la isla, en la denominada punta del Cigarro, también aparecen unas posibles piletas excavadas en la roca. En superficie recuperamos numerosos fragmentos de anforillas de salazón junto a material (TSCD) datable en los siglos IV y V, lo cual refleja una actividad pesquera-industrial importante en este momento. (3) En el trabajo de Ponsich y Tarradell. Garum et industrias antiques de salaison dans la Méditerranée Occidentale, París 1965, se estudian los establecimientos norteafricanos con instalaciones destinadas a la industria de salazón, así como otros centros de la península, aunque los datos han aumentado considerablemente desde su publicación. (4) Los resultados de la excavación del horno de anforillas de salazón similares al tipo XXVI de Keay y de parte de las termas, realizada por S. Ramallo Asensio, se pueden consultar en «Algunas consideraciones sobre el bajo Imperio en el litoral murciano: Los hallazgos romanos en Aguilas». A.U.M. Volumen XLII, Nums 3-4. Murcia, 1984, págs 97-124. (5) Todos los datos sobre hallazgos fortuitos en el casco urbano de Águilas, los recoge F. Palacios Morales. «Águilas desde la Prehistoria». Editora Regional Murciana. Murcia, 1982, págs 70-108.

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DRAGADOS EN EL PUERTO DE MAZARRÓN Y PROSPECCIONES SUBACUÁTICAS EN ÁGUILAS

Enriqueta Fernández Fernández Fernando Pérez Rebollo

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1991

DRAGADOS EN EL PUERTO DE MAZARRÓN Y PROSPECCIONES SUBACUÁTICAS EN ÁGUILAS

ENRIQUETA FERNÁNDEZ FERNÁNDEZ, FERNANDO PÉREZ REBOLLO

Resumen: Los trabajos se realizaron durante los meses de febrero a diciembre. La Dársena de La Pescadería se dragó en su totalidad con unas profundidades variables dependiendo de la zona (-2 m. y -2,5 m.). Los materiales aparecidos cubren una amplia cronología que podemos encuadrar entre el s. II a.C. y el momento actual, si bien hay un gran predominio del material romano sobre todo correspondiente a los ss. IV-VI d.C. En la Dársena de la Ribera sólo se trazaron dos calles paralelas a los muelles de descarga (profundidad -5,5 m.). El material refleja

una cronología semejante, siendo más abundante el correspondiente a los ss. II-III d.C. También este mismo equipo, durante el año 1990 ha llevado a cabo la prospección subacuática en el término de Águilas, concretamente en la zona de la Isla del Fraile. Parte de este área fue utilizada como fondeadero, relacionándose con estructuras industriales ya conocidas, en tierra firme, como canteras y producción de salazones. Se ha documentado un material anfórico de muy diversa procedencia y cronología, que abarca desde el siglo II a. C. hasta el s. V d. C.

ACTUACIÓN EN EL PUERTO DE MAZARRÓN

dante, y que podemos clasificar en tres apartados: envase y transporte, cerámica de mesa y cerámica de cocina. Entre los materiales más antiguos contamos con varios fragmentos de Campaniense (A y B), ánforas del tipo Mañá C, Dresel I, grecoitálicas..., si bien, el material más abundante, entre el muestreo que hemos estudiado, corresponde a los siglos IV - VI d. C. tanto en el material anfórico como en la cerámica de mesa y cocina. En principio, esto parece indicar que, durante estos siglos, la actividad en el Puerto fue más intensa, aunque todavía no hemos revisado todo el material, y tampoco el dragado ha alcanzado su cota máxima de profundidad (aquella en que aparecen estratos no fértiles). La zona donde el material fue más abundante corresponde a los sectores: B-6.7.8. C-6.7.8.9. D-7. En realidad, podemos observar que corresponden a casi toda la zona de dragado controlado, exceptuando aquellos

El dragado en el Puerto de Mazarrón comenzó el 22-2-90 en la Dársena de la Pescadería. La supervisión y recuperación del material arqueológico se llevó a cabo desde el comienzo de las obras hasta el 28-6-90. El dragado continuó en la misma Dársena durante todo el verano. Con el fin de llevar un control preciso, dentro de las posibilidades que este sistema de dragado permite, sectorizamos la Dársena teniendo en cuenta el ancho de la pontona, y por tanto, el ancho de las calles que iba trazando en sucesivos desplazamientos. Sectores de la Dársena de la Pescadería: A-1.2.3.4.5.6.7.8.9. B-1.2.3.4.5.6.7.8.9. C-1.2.3.4.5.6.7.8.9. D-1.2.3.4.5.6.7.8.9. El material recuperado abarca una amplia cronología que podemos encuadrar entre los siglos II a. C. al momento actual, siendo la cerámica romana el material más abun-

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DRAGADOS EN EL PUERTO DE MAZARRÓN Y PROSPECCIONES SUBACUÁTICAS EN ÁGUILAS

P. MAZ. 1-90 DR.

Lámina 1. P. MAZ. 1.90.DR.

puntos, en que por motivos de obras o asentamientos de bloques ya habían sido dragadas hasta cotas más profundas. Las cotas alcanzadas son varias dependiendo de la zona. La profundidad máxima corresponde a la bocana, donde se ha alcanzado la cota de -5,5 m. La calle paralela al muelle de la Pescadería y que se corresponde con los sectores A- 6.7 y parte de los B-4.5.6.7.8.9. la profundidad fue de -5 m. La calle siguiente, con una anchura de 36 m., se dragó a una cota de -4 m. esta calle se corresponde con parte de los sectores B- 4.5.6.7.8.9. y todos los sectores C. La menor profundidad corresponde a los sectores D, que es además variable por estar condicionada por el fondo, oscilando entre los -3 m. y -2 m. llegando a la roca madre en algunos puntos próximos al espigón del paseo. DÁRSENA DE LA RIBERA

Con posterioridad a la actuación en la Dársena de la Pescadería, y ya en el mes de diciembre de 1990, se decidió ahondar la zona de descarga en la Dársena de La Ribera. Fueron trazadas solamente dos calles en forma de «L», o sea, paralelas cada una de ellas a los muelles de descarga,

dejando entre espigón y calle una separación de 10 m. en la paralela al espigón de la Pescadería y 12 m. en la perpendicular al citado espigón. La profundidad fue uniforme -5,5 m. sólo 0,5 m. por debajo de la cota alcanzada en el anterior dragado. El material, bastante abundante en algunos puntos concretos, aparece asociado a arenas de cuarzo y basalto. Este material, aunque todavía no ha sido objeto de estudio, responde a una cronología semejante a la de la anterior Dársena, predominando aquí la cerámica de mesa sobre la de envase y transporte que en la Dársena anterior era mayoritaria. Ante la observación de la mínima recuperación del material, aproximadamente un 30%, debido al sistema de dragado utilizado, lo escaso del personal y la rapidez del movimiento de la draga que imposibilita la total recuperación de las piezas, adoptamos la medida de balizar la zona de vertido. Esta zona, fue asignada por la Comandancia de Marina, y se encuentra en mar abierta, no lejos del Puerto, donde las corrientes dominantes facilitan la diseminación del material vertido que en principio ocupaba un radio de unos 1.000 m. La profundidad aquí es de -25 m. Para la localización de la zona de vertido adoptamos el sistema de triangulación y la delimitamos con tres balizas submarinas fijas, situadas: una a -8 m. y dos a -13 m. de profundidad. MATERIALES

Dada la ingente cantidad de material arqueológico recuperado, nos hemos visto obligados a presentar sólo un muestreo. P. MAZ. -1-90-DR.

Fragmento de copa de T.S.Sg. Pasta marrón claro, bien depurada. Barniz marrón oscuro. Decoración narrativa de ofrenda enmarcada entre ovas. Tipología Drag. 37. Cronología s. I d. C. P. MAZ. -8-90-DR.

Fragmento de plato de T.S.C.D. con borde escalonado y labio engrosado al exterior. Pared curva. Pasta anaranjada. Barniz exterior e interior naranja. Tipología Hayes 67. Cronología siglo V d. C. P. MAZ. -11-90-DR.

Fragmento de cuenco hemisférico en T.S.C.D. Labio redondeado, reborde curvado y colgante pequeño pie anular.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

P. MAZ. 12-90 DR.

P. MAZ. 13-90. DR.

Lámina 2. P. MAZ. 12-90. DR. y P. MAZ. 13-90. DR.

Pasta color rojo ladrillo. El barniz ha desaparecido. Como decoración, presenta dos acanaladuras en la parte superior de la pared interna y decoración a ruedecilla en el fondo y parte de la pared. Tipología Hayes 91 A. Cronología ss. V - VI d. C. P. MAZ. -12-90-DR.

Fragmento de plato en T.S.C.D. Borde escalonado y labio engrosado. Tipología Hayes 67. Cronología siglo V d. C.

P. MAZ. -15-90-DR.

Fragmento de plato en T.S.C.D. Borde horizontal y labio engrosado de sección triangular con marcadas incisiones continuas. Pared curva y fondo plano. Pasta anaranjada. Barniz en el interior y del mismo color que la pasta. Tipología Hayes 76. Cronología finales del siglo IV al s. V d. C. P. MAZ. -22-90-DR.

P. MAZ. -13-90-DR.

Fragmento de cuenco en T.S.C.D. Borde horizontal y labio engrosado de sección triangular con marcadas incisiones discontinuas. Pasta rosada. El barniz ha desaparecido. Tipología Hayes 73 A / Lamboglia 57. Cronología siglo V d. C.

Fragmento de plato en T.S.C.D. Borde horizontal inclinado y labio engrosado. Pared curva y fondo plano. Pasta rosada. El barniz ha desaparecido. Tipología Hayes 76. Cronología finales del s. IV al V d. C. P. MAZ. -24-90-DR.

P. MAZ. -14-90-DR.

Fragmento de plato de T.S.C.D. Borde ligeramente inclinado al interior. Una acanaladura interior marca la diferencia de la pared con el fondo plano. Pasta de color claro. El barniz ha desaparecido. Tipología Hayes 61 A / Lamboglia 54. Cronología segunda mitad del siglo IV hasta mediados del siglo V d. C.

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Fragmento de plato en T.S.C.D. Labio redondeado indistinto de la pared. Fondo plano diferenciado de la pared por un ligero engrosamiento. Pasta anaranjada. Barniz interior naranja. Decoración a estampilla rodeada de acanaladuras. Tipología Hayes 62. Cronología segunda mitad del siglo V a principios del siglo V d. C.

DRAGADOS EN EL PUERTO DE MAZARRÓN Y PROSPECCIONES SUBACUÁTICAS EN ÁGUILAS

P. MAZ. 14-90 DR.

Lámina 3. P. MAZ. 14-90. DR.

P. MAZ. -37-90-DR.

P. MAZ. -46-90-DR.

Fragmento de plato en T.S.C.D. Borde de sección triangular. Pared curva. Pasta marrón, cuyo exterior e interior está totalmente ennegrecido debido al contacto de la pieza con el lodo. Tipología Hayes 61. Cronología siglo IV al V d. C.

Fragmento de plato con borde escalonado. Pared curva. Pasta anaranjada y porosa. El barniz ha desaparecido. Tipología Hayes 67. Cronología siglo V d. C. P. MAZ. -48-90-DR.

P. MAZ. -39-90-DR.

Cuello de jarrita bastante estrecho de cerámica común. Diámetro 2,5 cm. Presenta moldura en la parte superior del cuello de donde arranca un asa de sección aplastada. Pasta superior de color gris oscuro.

Fragmento de plato de T.S.C.A. Borde indiferenciado de la pared, ligeramente inclinado al interior. El barniz ha desaparecido. Pasta rosácea. Tipología Hayes 27. Cronología finales del siglo II - III d. C. P. MAZ. -50-90-DR.

P. MAZ. -40-90-DR.

Fragmento de plato de T.S.C.D. Borde inclinado al interior y perfil de sección triangular. Pared curva. Base plana. Tipología Hayes 61. Cronología segunda mitad del siglo IV - V d. C.

Fragmento de plato de T.S.C.D. con labio redondeado y reborde colgante. Pasta marrón. Barniz interior marrón rojizo. Tipología Hayes 91. Siglo V d. C. P. MAZ. -51-90-DR.

P. MAZ. -45-90-DR.

Fragmento cerámico de T.S.C.A. Borde indiferenciado de la pared, ligeramente inclinada al interior. El barniz ha desaparecido. Pasta rosácea. Tipología Hayes 27. Cronología siglo II - III d. C.

Fragmento de plato de T.D.C.D. con borde plano y labio redondeado. El barniz ha desaparecido. Pasta de color anaranjado con desgrasante visible de tamaño medio. Tipología Hayes 58. Cronología s. IV d. C.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

P. MAZ. -56-90-DR.

P. MAZ. -89-90-DR.

Pequeño fragmento de fondo plano en T.S.C.D. Decoración a estampilla alternando palmetas y soles. Cronología s. IV a V d. C.

Pequeño fragmento de borde de plato de T.S.C.D. Barniz interior de color naranja brillante. Decoración a base de soles rodeados de acanaladuras. Tipología Hayes 61. Cronología finales del siglo IV al V d. C.

P. MAZ. -66-90-DR.

Fragmento cerámico en T.S.C.C. Copa hemisférica. Labio redondeado indistinto de la pared. Muy degradado. Tipología Lamboglia 43. Cronología primera mitad del siglo III d. C.

P. MAZ. -93-90-DR.

P. MAZ. -76-90-DR.

P. MAZ. -95-90-DR.

Fragmento de plato de T.S.C.D. Labio de sección triangular con acanaladura en el interior. Pared curvada, aumentando de grosor hacia el fondo del plato. Barniz interior y exterior marrón. Tipología Hayes 104. Cronología siglo VI d. C.

Fragmento de fondo plano de plato en T.S.C.D. Presenta tres grupos de acanaladuras que rodean la decoración a estampilla a base de tréboles de tres hojas y círculos alternándose. Tipología Hayes 61. Cronología siglo V d. C.

P. MAZ. -84-90-DR.

P. MAZ. -105-90-DR.

Fragmento cerámico. Borde almendrado. Pasta de color rojo ladrillo con pátina al exterior. Tipo Vegas 3.2. Cronología Tardorrepublicana.

Fragmento de fondo y pared en T.S.C.D. con pie anular. Pasta de color naranja. El barniz ha desaparecido. Tipología Hayes 105. Cronología siglo VI a principios del siglo VII d. C.

Fragmento de fondo de cuenco hemisférico en T.S.C.D. con pie pequeño y decoración interior a ruedecilla en el fondo y parte baja de la pared. Cronología siglo V al VI d. C.

P. MAZ. 23-90 DR.

Lámina 4. P. MAZ. 23-90. DR.

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DRAGADOS EN EL PUERTO DE MAZARRÓN Y PROSPECCIONES SUBACUÁTICAS EN ÁGUILAS

P. MAZ. 24-90 DR.

Lámina 5. P. MAZ. 24-90. DR.

P. MAZ. -128-90-DR.

P. MAZ. -153-90-DR.

Fragmento de fondo de plato en T.S.C.D. Decoración a estampilla con motivos geométricos y fitomorfos alternados. Tipología Hayes 61. Cronología siglos IV-V d. C.

Fragmento de borde de cuenco de T.S.C.D. con reborde curvado y colgante. Textura rugosa. Barniz interior y exterior naranja. Fractura fina. Pasta monocroma de 0,5 cm. de grosor. Color naranja oscuro. Desgrasante fino. Tipología Hayes 91. Cronología siglo V d. C.

P. MAZ. -142-90-DR.

Fragmento de tapadera. Textura dura. Fractura media. Pasta monocroma de 1,3 cm. de grosor en el centro, disminuyendo hacia el borde hasta llegar a 0,6 cm. Color marrón rojizo. Desgrasante fino y muy abundante. Cocción oxidante. Medidas 12,5 x 9 cm. En el exterior presenta color grisáceo, sin que podamos precisar si se trata de pátina cenicienta o de una alteración de color provocada por el lodo.

Fragmento de cuenco en T.S.C.D. Borde plano vuelto al exterior. Pasta anaranjada. Barniz naranja brillante en la parte superior externa y ennegrecido por el lodo en la parte interior. Tipología Hayes 93 A. Cronología finales del s. V a principios del siglo VI d. C.

P. MAZ. -152-90-DR.

P. MAZ. -168-90-DR.

Fragmento cerámico con borde y asa. Textura dura. Vidriado interior verde. Fractura media. Pasta monocroma de 0,6 cm. de grosor. Color marrón grisáceo. Desgrasante medio y muy abundante. Cocción oxidante. Presenta dactilación en el asa. Medidas 9 x 8 cm.

Fragmento de tubo en cerámica común. Empleado en la construcción de las bóvedas con el fin de aligerar las masas. Cronología en Pompeya siglo II d. C. Pecio Escolletes siglo III. Norte de África. Bajo imperio.

P. MAZ. -167-90-DR.

297

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

P. MAZ. -169-90-DR.

P. MAZ. -192-90-DR.

Fragmento de copa en T.S.C.A. Imitación de la forma 37 en cerámica gálica. Labio indistinto de la pared, resaltado por dos acanaladuras en la parte exterior, entre las cuales lleva decoración a ruedecilla. También lleva decoración a ruedecilla la parte inferior de la pared. Tipología Hayes 9. Cronología II d. C.

Fragmento de pared cerámica. Textura tosca. Engobe exterior e interior blanquecino. Fractura media. Pasta monocroma de 0,7 cm. de grosor. Desgrasante medio. Cocción reductora. Presenta acanaladuras en la panza y en el cuello. Medidas 16,5 x 14 cm. P. MAZ. -195-90-DR.

P. MAZ. -170-90-DR.

Fragmento de fondo plano de plato de T.S.C.D. Presenta como decoración dos pequeñas acanaladuras y, a ambos lados, incisiones continuas formando espiguillas. Tipología Hayes 61. Cronología siglo V d. C.

Fragmento de pared de cuenco de T.S.C. Textura harinosa. Fractura media. Pasta monocroma de 0,5 cm. de grosor. Color naranja. Decoración a ruedecilla apenas visible por estar muy rodada. Tipología Hayes 53. P. MAZ. -215-90-DR.

P. MAZ. -171-90-DR.

Fragmento de plato de T.S.C.D. Fondo plano indistinto de la pared. El interior está muy alterado, apreciándose una decoración a espiguilla. El exterior aparece cubierto de concreciones marinas. Tipología Hayes 61. Cronología Hayes 61.

Fragmento de cazuela cerámica (borde, pared y fondo) de T.S.A. con fondo estriado. Grosor del labio 0,8 cm. Textura harinosa. Barniz exterior e interior anaranjado. Fractura media. Pasta monocroma de 0,6 cm. de grosor. Color naranja. Desgrasante fino. Tipología Hayes 23. Altura conservada 6,5 cm.

P. MAZ. -175-90-DR.

P. MAZ. -216-90-DR.

Boca y parte de cuello de jarrita romana. La boca está formada por una moldura decorada con cuatro pequeños baquetones. La moldura mide 3,5 cm. de altura y tiene un diámetro exterior de 6 cm. disminuyendo en el cuello a 3 cm. Grosor de labio 0,6 cm. Textura dura. Engobe exterior marrón claro. Fractura fina. Pasta monocroma de 0,4 cm. de grosor. Color gris. Desgrasante imperceptible. Cocción reductora. Altura máxima conservada 8 cm. Se observa el arranque de un asa (ahora inexistente), situado en la moldura de la boca o parte superior del cuello.

Fragmento de jarra (cuello y panza). Textura harinosa. Pasta monocroma de 0,6 cm. de grosor. Color rosado. Desgrasante medio y bastante deteriorado. Cocción oxidante. Altura máxima conservada 8,5 cm.

P. MAZ. -184-90-DR.

Fragmento de tapadera de cerámica común con el borde ligeramente engrosado. Grosor del labio 1,2 cm. Textura rugosa. Fractura media. Pasta monocroma de 0,9 cm. de grosor junto al borde y disminuyendo hacia el centro hasta 0,5 cm. en el fragmento conservado. Color marrón rojizo. Desgrasante fino. Cocción oxidante. Presenta dos pequeñas acanaladuras concéntricas en el interior. Tipología Vegas 16/5. P. MAZ. -185 y -186-90-DR.

Fragmento de olla carenada de cerámica tosca. Desgrasante grueso y abundante. Medidas 13 x 8,5 cm. Asa de mamelón. Tardorromana.

298

P. MAZ. -218-90-DR.

Fragmento de pared cerámica de jarrita. Textura harinosa. Engobe exterior e interior gris blanquecino. Fractura fina. Pasta monocroma de 0,5 cm. de grosor. Color gris. Desgrasante fino. Cocción reductora. Presenta siete líneas incisas paralelas horizontales en la panza, de donde parten en dirección al cuello dos cordones a modo de relieve aplicado con incisiones transversales. Medidas 8,5 x 5,5 cm. P. MAZ. -221 y -222-90-DR.

Dos fragmentos de borde de cuenco de T.S.C.D.; pared de perfil rectilíneo y borde ligeramente engrosado. Grosor del labio 1,1 cm. Textura rugosa. Pérdida de engobe. Fractura media. Pasta monocroma de 0,5 cm. de grosor. Color naranja-rojizo. Desgrasante fino. Tipología Hayes 80. Diámetro 26 cm. Altura conservada 5 cm. P. MAZ. -292-90-DR.

Fragmento de plato de T.S.C.D. Borde escalonado y labio engrosado. Grosor del labio 1,2 cm. Textura dura. Engobe

DRAGADOS EN EL PUERTO DE MAZARRÓN Y PROSPECCIONES SUBACUÁTICAS EN ÁGUILAS

P. MAZ. 27-90 DR.

P. MAZ. 152-90 DR.

Lámina 6. P. MAZ. 27-90. DR. y P. MAZ. 152-90. DR.

299

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

P. MAZ 42-90 DR.

P. MAZ 40-90 DR.

P. MAZ. 41-90 DR.

Lámina 7. P. MAZ. 42-90 DR.; P. MAZ. 40-90 DR. y P. MAZ. 41-90 DR.

interior y exterior a manchas marrones. Fractura media. Pasta monocroma de 0,7 cm. de grosor. Color rosáceo. Desgrasante fino. Diámetro exterior 28 cm. Altura conservada 4 cm. Tipología Hayes 67. Cronología segunda mitad del siglo IV al V d. C. P. MAZ. -294-90-DR.

Fragmento de tapadera de cerámica común romana con borde ahumado y labio ligeramente engrosado, con estrías de torno marcadas en la parte interior. Grosor del labio 1 cm. Textura rugosa. Fractura media. Pasta monocroma, desde 1 cm. en el labio disminuyendo hasta 0,5 cm. en el fragmento conservado. Color rojo ladrillo. Desgrasante medio. Cocción oxidante. Tipología Vegas tipo 16/5. Diámetro exterior 25 cm. P. MAZ. -296-90-DR.

Fragmento de plato de T.S.C.D. Borde ancho, plano y escalonado. Labio biselado al exterior forma un perfil triangular. Textura dura. Barniz interior y exterior naranja. Fractura media. Pasta monocroma de 0,8 cm. de grosor. Color naranja desgrasante fino. Una acanaladura separa cada uno de los escalones del borde. Diámetro exterior 40 cm. Tipología Hayes 68. Cronología 37-425 d. C.

300

P. MAZ. -297-90-DR.

Fragmento de fondo plano y arranque de pared de T.S.C.D. Textura harinosa. Barniz interior naranja y exterior alisado. Fractura media. Pasta monocroma de 0,8 cm. de grosor. Color naranja desgrasante medio. Presenta una acanaladura interna que marca la separación del pie y la pared. En el fondo del plato hay dos series de dos acanaladuras que enmarcan la decoración a estampilla con motivo de soles. Tipología Hayes 62. Cronología siglo V d. C. P. MAZ. -298-90-DR.

Fragmento de plato de T.S.C.D. Borde de sección triangular. Textura dura. Barniz interior y exterior a manchas de color marrón oscuro. Fractura media. Pasta monocroma de 0,6 cm. de grosor. Color marrón. Desgrasante fino. Diámetro 30 cm. Tipología Hayes 104 B. Cronología segunda mitad del siglo V d. C. P. MAZ. -299-90-DR.

Fragmento de borde de cazuela con pátina cenicienta en el exterior que penetra profundamente en el color de la pasta. Tiene el borde aplicado en forma de bastoncillo y una profunda estría en el labio marca la unión del borde a la

DRAGADOS EN EL PUERTO DE MAZARRÓN Y PROSPECCIONES SUBACUÁTICAS EN ÁGUILAS

Desgrasante medio. Altura máxima conservada 2 cm. Medidas 8,5 cm. x 6 cm. Tipología Hayes 70. P. MAZ. -303-90-DR.

P. MAZ. 117-90 DR. P. MAZ. 118-90 DR.

Pequeño fragmento de plato de T.S.C.D. Borde escalonado y labio engrosado. Grosor del labio 1,2 cm. Textura dura. Barniz interior y exterior marrón claro. Fractura media. Pasta monocroma de 0,7 cm. de grosor. Color marrón claro. Desgrasante fino. Medidas 4 x 2 cm. Tipología Hayes 67. Cronología finales del siglo IV-V d. C. P. MAZ. -2001-90-DR.

P. MAZ. 294-90 DR.

Ánfora completa a excepción de la boca. Asas de sección circular. Textura harinosa. Engobe exterior blanquecino. Fractura media. Pasta monocroma. Color grisáceo. Desgrasante medio. Cocción reductora. Presenta acanaladuras en el cuello. Altura conservada 51 cm.

Lámina 8. P. MAZ. 117-90 DR.; P. MAZ. 118-90 DR. y P. MAZ. 294-90 DR.

P. MAZ. -2002-90-DR.

pared inicial. Grosor del labio 0,9 cm. Textura dura. Pátina cenicienta en el exterior. Fractura fina. Pasta monocroma de 0,4 cm de grosor. Color rojo ladrillo. Desgrasante fino. Cocción oxidante. Diámetro exterior 30 cm. Tipología Vegas 5. Cronología siglo II-III d. C.

Spatheion casi completo a falta de pivote. Altura conservada 53 cm. Grosor del labio 1,3 cm. Altura de la orla 1,2 cm. Textura harinosa. Engobe blanquecino. Fractura media. Pasta monocroma de 1,3 cm. de grosor. Color rojizo. Desgrasante medio. Cocción oxidante. Tipología Agüera.

P. MAZ. -300-90-DR.

P. MAZ. -2003-90-DR.

Fragmento de borde de plato de T.S.C.A. Borde de sección triangular. Textura harinosa. Barniz exterior con restos anaranjados. Fractura media. Pasta monocroma de 0,6 cm. de grosor. Color naranja. Desgrasante fino. Diámetro 33 cm. Tipología Hayes 87 A. Cronología segunda mitad del siglo V d. C.

Ánfora casi completa a falta de pivote. Altura conservada 69 cm. Grosor del labio 1,7 cm. Asa de sección ovalada y de 2,3 cm. de grosor. Textura dura. Engobe exterior blanquecino. Fractura fina. Pasta monocroma de 1,8 cm. de grosor. Color rojizo. Desgrasante fino. Cocción oxidante. Tipología Mañá C. P. MAZ. -2004-90-DR.

P. MAZ. -301-90-DR.

Fragmento de borde de plato de T.S.C.D. Labio de perfil triangular con una acanaladura al interior. Textura harinosa. Barniz interior y exterior naranja. Fractura media. Pasta monocroma de 0,8 cm. de grosor. Color naranja. Desgrasante fino. Acanaladura interior en el borde del plato. Diámetro 22 cm. Tipología Hayes 105. Cronología siglo VI d. C. P. MAZ. -302-90-DR.

Fragmento de pared e inicio de pie por T.S.C.D. Textura harinosa. Barniz interior y exterior marrón claro. Fractura media. Pasta monocroma de 0,7 cm. de grosor. Color marrón.

Ánfora casi completa a falta de pivote. Altura conservada 64 cm. Grosor del labio 2,1 cm. Altura de la orla 2,9 cm. Asa de sección ovalada de 2,9 cm. Textura dura. Engobe exterior blanquecino. Fractura media. Pasta monocroma. Color blanquecino. Desgrasante medio con chamota. Cocción reductora. P. MAZ. -2005-90-DR.

Fragmento de ánfora con panza completa y pivote. Textura harinosa. Engobe exterior beige claro. Fractura media. Pasta monocroma de 1 cm. de grosor. Color rojo. Desgrasante fino. Cocción oxidante. Altura conservada 38 cm. Presenta acanaladura pre-cocción para sujeción.

301

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

P. MAZ. -2006-90-DR.

P. MAZ. -2008-90-DR.

Ánfora casi completa a falta de pivote. Altura conservada 79 cm. Grosor del labio 1,8 cm. Altura de la orla 1,8 cm. Asas de sección oval y 3,2 cm. de grosor. Textura dura. Engobe exterior blanquecino amarillento. Fractura media. Pasta monocroma de 1,7 cm. de grosor. Color marrón claro. Desgrasante fino. Cocción oxidante.

Ánfora casi completa a falta de boca, un asa y pivote. Altura conservada 51 cm. Asa de sección oval y de 1,9 cm. de grosor. Textura harinosa. Engobe exterior gris claro. Fractura media. Pasta monocroma. Color gris oscuro. Desgrasante fino. Cocción reductora. Presenta acanaladuras en el cuerpo. Tipología La Graciosa.

P. MAZ. -2007-90-DR.

P. MAZ. -2009-90-DR.

Fragmento de ánfora fragmentada (a falta de pivote y fragmento de un asa). Grosor del labio 2,9 cm. Altura de la orla 4,8 cm. Asas de sección circular de 3,8 cm. de grosor. Textura media. Engobe exterior amarillento. Fractura fina. Pasta monocroma de 1,7 cm. de grosor. Color blanco amarillento. Desgrasante fino. Cocción reductora. Presenta sello en la orla. Tipología Lamboglia 2. Altura conservada 77 cm.

Fragmento de ánfora, con cuello, asas y parte del labio. Altura conservada 25 cm. Grosor del labio 1,3 cm. Asas de sección oval y de 3,1 cm. de grosor. Textura dura. Fractura media. Pasta bícroma de 1,1 cm. de grosor. Color rojo vinoso en el interior y grisáceo al exterior. Desgrasante fino y abundante. Cocción mixta. Presenta una incisión profunda separando la orla del cuello. Tipología Escolletes 2.

P. MAZ. 242-90 DR.

P. MAZ. 121-90 DR.

P. MAZ. 221-90 DR.

P. MAZ. 166-90 DR.

P. MAZ. 142-90 DR.

Lámina 9. P. MAZ. 242-90 DR.; P. MAZ. 121-90 DR; P. MAZ. 221-90 DR; P. MAZ. 166-90 DR. y P. MAZ. 142-90 DR.

302

DRAGADOS EN EL PUERTO DE MAZARRÓN Y PROSPECCIONES SUBACUÁTICAS EN ÁGUILAS

P. MAZ. 153-90 DR.

P. MAZ. 155-90 DR.

P. MAZ. 156-90 DR.

Lámina 10. P. MAZ. 153-90 DR.; P. MAZ. 155-90 DR. y P. MAZ. 156-90 DR.

P. MAZ. -2010-90-DR.

P. MAZ. -2012-90-DR.

Ánfora completa, a falta de pivote. Altura conservada 77,5 cm. Grosor del labio 2,3 cm. Altura de la orla 7,4 cm. Asas geminadas. Grosor del asa 3,2 cm. Textura dura. Fractura fina. Pasta monocroma de 1 cm. de grosor. Color amarillento grisáceo. Desgrasante medio con esquistos pizarrosos. Cocción oxidante. Presenta la orla muy poco diferenciada del cuello. Tipología Pascual 1. Diámetro máximo de la panza 101 cm. Presenta defectos de cocción y un asa más alta que la otra.

Fragmento de ánfora correspondiente a la panza. Altura conservada 72,2 cm. Asas de sección oval. Textura dura. Engobe exterior blanquecino. Fractura media. Pasta monocroma de 1,8 cm. de grosor a la altura del remate del cuello. Color rosáceo. Desgrasante fino con fragmentos de chamota. Cocción oxidante. Tipología Dressel 2/4. Diámetro máximo de la panza 94 cm. Presenta abundante concreción marina.

P. MAZ. -2011-90-DR.

Fragmento de ánfora con remates de asas y panza. Altura conservada 62 cm. Asas de sección ovalada. Textura harinosa. Fractura media. Pasta monocroma de 1,6 cm. de grosor. Color anaranjado. Desgrasante medio con chamota. Cocción oxidante. Presenta una incisión profunda en sentido horizontal en mitad de la panza. Tipología Lamboglia 2. Diámetro máximo de la panza 114 cm.

P. MAZ. -2013-90-DR.

Fragmento de ánfora correspondiente a la panza y parte del pivote. Altura conservada 67 cm. Textura dura. Fractura fina. Pasta monocroma de 1,4 cm. de grosor. Color rojo vinoso. Desgrasante fino y muy abundante. Cocción oxidante. Tipología Dressel 1. Diámetro máximo de la panza 91 cm. Presenta abundante concreción marina. P. MAZ. -2014-90-DR.

Fragmento de ánfora correspondiente a la panza y el

303

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

P. MAZ. 175-90 DR. P. MAZ. 189-90 DR.

P. MAZ. 170-80 DR.

Lámina 11. P. MAZ. 175-90 DR.; P. MAZ. 189-90 DR. y P. MAZ. 170-80 DR.

304

DRAGADOS EN EL PUERTO DE MAZARRÓN Y PROSPECCIONES SUBACUÁTICAS EN ÁGUILAS

P. MAZ. 175-90 DR.

P. MAZ. 189-90 DR. y

P. MAZ. 170-80 DR.

Lámina 12. P. MAZ. 184-90 DR.; P. MAZ. 188-90 DR. y P. MAZ. 292-90 DR.

pivote fragmentado. Altura conservada 58 cm. Textura harinosa. Engobe exterior blanquecino. Fractura media. pasta monocroma de 1,1 cm. de grosor. Color anaranjado. Desgrasante fino. Cocción oxidante. Tipología greco-itálica de transición. Diámetro máximo de la panza 115 cm.

cuello, panza y pivote. Altura conservada 78 cm. Textura harinosa. Fractura media. Pasta monocroma de 1,2 cm. de grosor. Color anaranjado. Desgrasante medio y muy abundante con chamota. Cocción oxidante. Tipología Dressel 2/4. Diámetro máximo de la panza 89,5 cm. Cocción defectuosa.

P. MAZ. -2015-90-DR.

P. MAZ. -2017-90-DR.

Fragmento de ánfora correspondiente a la panza y al pivote. Textura dura. Engobe exterior blanquecino. Fractura media. Pasta monocroma de 1,8 cm. de grosor en el remate del cuello. Color rojizo. Desgrasante fino y abundante. Cocción oxidante. Tipología Dressel 2/4.

Ánfora completa a falta del pivote. Altura conservada 76,5 cm. Grosor del labio 1,3 cm. Altura de la orla 2,1 cm. Asas de sección oval. Textura harinosa. Engobe exterior blanquecino. Fractura media. Pasta monocroma y de 0,9 cm. de grosor en el arranque del pivote. Color anaranjado. Desgrasante fino y abundante. Cocción oxidante. El cuello presenta incisiones horizontales. Tipología Dressel 27. Diámetro máximo de la panza 57 cm.

P. MAZ. -2016-90-DR.

Fragmento de cuello de ánfora perteneciente a mitad del

305

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

P. MAZ. -2018-90-DR.

Fragmento de ánfora con boca, cuello, asas y parte de la panza. Altura conservada 48,5 cm. Grosor del labio 1,1 cm. Altura de la orla 1,4 cm. Asas de sección aplastada. Textura harinosa. Engobe exterior blanquecino. Fractura fina. Pasta monocroma de 0,6 cm. de grosor. Color anaranjado. Desgrasante fino y muy abundante. Cocción oxidante. El cuello presenta dos incisiones sobre las asas y debajo de éstas. Diámetro máximo de la panza 45 cm. P. MAZ. -2019-90-DR. P. MAZ. 192-90 DR.

Fragmento de ánfora con boca, cuello, asas y arranque de panza. Altura conservada 41,5 cm. Grosor del labio 4,2 cm. Altura del labio 3,2 cm. Asas de sección circular. Textura dura. Fractura media. Pasta monocroma de 2,1 cm. de grosor en la panza. Color grisáceo. Desgrasante fino. Cocción reductora. Tipología Dressel 20. P. MAZ. -2020-90-DR.

P. MAZ. 198-90 DR.

Fragmento de ánfora con boca, cuello, asas y arranque de panza. Grosor del labio 2,1 cm. Altura de la orla 2,6 cm. Fractura media. Pasta monocroma. Color rojizo. Desgrasante muy fino. Cocción oxidante. Tipología africana.

Lámina 13. P. MAZ. 192-90 DR.; P. MAZ. 198-90 DR.

P. MAZ. 299-90 DR.

P. MAZ. 215-90 DR.

Lámina 14. P. MAZ. 215-90 DR. y P. MAZ. 299-90 DR.

306

DRAGADOS EN EL PUERTO DE MAZARRÓN Y PROSPECCIONES SUBACUÁTICAS EN ÁGUILAS

P. MAZ. 216-90 DR.

P. MAZ. 218-90 DR.

Lámina 15. P. MAZ. 216-90 DR. y P. MAZ. 218-90 DR.

307

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

P. MAZ. 292-90 DR.

P. MAZ. 300-90 DR.

P. MAZ. 301-90 DR.

P. MAZ. 302-90 DR.

Lámina 16. P. MAZ. 292-90 DR.; P. MAZ. 300-90 DR.; P. MAZ. 301-90 DR. y P. MAZ. 302-90 DR.

P. MAZ. 296-90 DR.

P. MAZ. 303-90 DR.

P. MAZ. 298-90 DR.

P. MAZ. 295-90 DR.

Lámina 17. P. MAZ. 296-90 DR.; P. MAZ. 303-90 DR.; P. MAZ. 298-90 DR. y P. MAZ 295-90 DR.

308

DRAGADOS EN EL PUERTO DE MAZARRÓN Y PROSPECCIONES SUBACUÁTICAS EN ÁGUILAS

P. MAZ. 297-90 DR.

Lámina 18. P. MAZ. 297-90 DR.

Lámina 19. Gráfico con las formas de Hayes aparecidas, frecuencias y cronología.

309

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

A - Sigilata Sudgálica B - Sigillata Clara A C - Sigillata Clara C D - Sigillata Clara D

Lámina 20. Diagrama de Sectores. Sigillatas.

Lámina 21. Histograma de frecuencias. Sigillatas.

A - Sigillatas B - C. Africana de Cocina C - C. Tosea D - C. Campaniense E - C. Vidriada F - C. Musulmana H - Resto Lámina 22. Diagrama de Sectores sobre muestreo de 1.000 piezas.

310

Lámina 23. Historama de frecuencias. Cerámica.

DRAGADOS EN EL PUERTO DE MAZARRÓN Y PROSPECCIONES SUBACUÁTICAS EN ÁGUILAS

Figura 1. Situación de los dragados.

Figura 2. Sectorización.

Figura 3. Estado final tras finalizas las obras.

Figura 4. Zonas de Concentración de hallazgos.

311

EL COMPLEJO ROMANO DEL ALAMILLO (PUERTO DE MAZARRÓN) (MURCIA)

Manuel Amante Sánchez M.ª de los Ángeles Pérez Bonet M.ª de los Ángeles Martínez Villa

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1995

EL COMPLEJO ROMANO DEL ALAMILLO (PUERTO DE MAZARRÓN) (MURCIA)

MANUEL AMANTE SÁNCHEZ, M.ª DE LOS ÁNGELES PÉREZ BONET, M.ª DE LOS ÁNGELES MARTÍNEZ VILLA

Resumen: Frente a la Playa del Alamillo (Pto. de Mazarrón, Murcia), se extiende un interesante conjunto de restos romanos compuestos por un establecimiento en altura con pinturas parietales (Loma del Alamillo), un acueducto con su correspondiente balsa distribuidora, y una villa ya en la playa con parte residencial (la más alejada del mar) de la cual des-

taca la presencia de unas interesantes termas, y parte industrial (junto al mar) con varias piletas para la fabricación de salazón. La cronología de todo el conjunto es muy amplia abarcando desde el último 1/4 del siglo II a.C. hasta inicios del III d.C.

El complejo romano del Alamillo ocupa una amplia extensión de terreno, que comprende la últimas estribaciones de la sierra del Algarrobo y la playa de dicho nombre. El yacimiento comprende los restos de un establecimiento romano-republicano, una balsa de distribución de agua, con su correspondiente acueducto de entrada y salida y los de una villa romano-imperial(1), todos ellos excavados de urgencia por nosotros entre los años 1987 y 1990.

1.1. Zona Noreste (Fig. 6.3). Habitación 1

I. El establecimiento romano-republicano (Fig. 6.1).

Sobre un pequeño cabezo localizado al Norte de la carretera que une el Puerto de Mazarrón con Cartagena (N. 332) y a unos 150 m. del mar, se sitúan los restos de un establecimiento romano-republicano excavado parcialmente por nosotros en 1987. Los trabajos pusieron al descubierto al Noreste restos de cinco habitaciones, y al Sureste un amplio espacio destinado a hacer funciones de almacén (fig. 6.2). Las dos zonas se articulan en torno a un patio central cuyo pavimento es la roca del monte.

314

Con unas dimensiones de 5,32 x 4,50, ocupa el centro del área Noreste. Está pavimentada con opus signinum rojo de excelente calidad. Las paredes están decoradas con enlucido pintado de azul celeste simulando placas rectangulares de 0’85 m. de longitud y 0’45 m. de altura, separadas unas de otras por incisiones verticales pintadas de rojo. En la cabecera de este espacio y adosada al centro del muro Noroeste se encuentran los resto de un ara de 1 x 0’55 m. y 0’50 m., cuyas paredes se están decoradas con enlucido pintado posiblemente de amarillo. La unión del altar con el pavimento se efectúa por medio de dos molduras de 0’06 y 0’10 m. pintadas de rojo y negro respectivamente. La presencia del ara mencionada hace pensar en un uso cultual para este espacio. Habitación 2

Al Noreste de la anterior. Tiene unas dimensiones provisionales de 5,32 x 2,40 m. al Noroeste donde se localizan vestigios de un hogar, conserva restos de pavimento a base

EL COMPLEJO ROMANO DEL ALAMILLO (PUERTO DE MAZARRÓN)

Figura 6.1 de una

fina capa de adobe amarillo (0’02 m.), estando el resto ocupado por la roca de base. No parece que exista comunicación entre esta habitación y la número 1. Habitación 3

Se trata de un pasillo de 0’88 x 3 m., pavimentado con lágena y ceniza que por medio de un vano de 0’60 m. abierto en su extremo Noroeste comunica las habitaciones 4 y 5. Las paredes están recubiertas con enlucido pintado en azul. Habitación 4

Figura 6.2

Al Sureste de la 3, conserva unas dimensiones de 2,32 x 3,20 m. Como en el caso anterior, las paredes están enlucidas y pintadas de azul. El pavimento, de lágena y ceniza, se encuentra decorado a base de líneas paralelas realizadas con pequeños cantos rodados (fig. 6.4). Habitación 5

Comunicada con la anterior por la puerta mencionada, la mayor parte de la misma se había despeñado de antiguo,

315

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Figura 6.3.

316

EL COMPLEJO ROMANO DEL ALAMILLO (PUERTO DE MAZARRÓN)

habitación 1. Conserva una longitud de 10’98 m. con 0’60 m. de altura y 1,05 m de anchura. Delimita un espacio provisional de 10’98 x 3,5 m. en el que se aprecian restos de muros perpendiculares en muy mal estado de conservación, donde se exhumaron abundantes fragmentos de ánforas de los tipos Mañá C2b y Dressel 1 (U.E. 6). En alguna zonas se conservan restos de pavimento, que en esta ocasión está construido a base de tierra compactada de color rosáceo. I.3. La decoración pictórica parietal

Figura 6.4.

quedando tan sólo una superficie de 5 x 1,30 m. Las paredes presentan idéntico acabo que en la número 4, y el pavimento es de las mismas características, pero en este caso no está decorado. Nota a destacar de esta estancia es la presencia junto al muro Suroeste en el extremo más alejado de la puerta, de un rodapié de piedra asociado a una pavimentación del mismo tipo que la anterior pero algo más elevada a modo de triclinum. El sistema constructivo empleado hace alarde de una gran funcionalidad. Cabe destacar el uso de la roca recortada como cimentación de las estancias del ala Este (3, 4, y 5). Los muros están realizados a base de tierra compactada, entre la que se incrustan piedras de medianas y grandes dimensiones con objeto de dar mayor consistencia a la obra. Los pavimentos de las habitaciones 1, 3, 4 y 5, se asientan sobre un rudus de cantos rodados unidos con argamasa de cal. I.2. Zona Sureste (Fig. 6.5).

En ella destaca la presencia de un gran muro realizado con piedras de grandes dimensiones paralelo al cierre de la

Todos los restos de pintura aparecieron en el estrato 1. La mayor parte de ellos corresponden a la caída del muro Norte de la habitación 1, apareciendo in situ en los muros Este y Oeste parte del zócalo. También contamos con dos fragmentos de distinta decoración que, posiblemente, correspondiesen a un hipotético friso, con lo cual el esquema compositivo podría constar al menos de tres partes, zócalo, parte media y friso. Por tanto nos encontraríamos con una división tripartita de la pared, característica de las casas particulares romanas. Es posible que la decoración se repitiera en las cuatro paredes de la estancia. El zócalo arranca directamente desde el pavimento. De color azul celeste, presenta una decoración a base de paneles rectangulares de 85 cm. de longitud y 45 cm. de altura, delimitados por medio de líneas incisas verticales, pintadas en color rojo de 0,5 cm. de anchura (fig. 6.6). La parte superior del mismo no se conserva, por tanto no podemos determinar como sería la unión entre este y la parte media. A pesar del gran número de fragmentos pertenecientes a la parte media de la pared que recuperamos durante el proceso de excavación, sólo hemos podido emplear en la reconstrucción ideal de esta zona un número reducido, debido a la fragmentación y deterioro de la mayor parte de ellos. Sin embargo es probable que el esquema compositivo se solucione a base de paneles, cuyas dimensiones son imposibles de determinar, de color ocre separados entre sí por líneas incisas horizontales y verticales pintadas en rojo, que como en el zócalo tienen una anchura de 0,5 cm. Extraña, sin embargo, la ligera inclinación que se observa en la única incisión vertical de los fragmentos conservados. Del posible friso se han identificado sólo dos fragmentos. De color blanco, recuerda los ortostatos característicos del primer estilo pompeyano. Líneas incisas de 0,5 cm., que forman cuadrados, enmarcan una superficie rugosa posiblemente rectangular, también del mismo color. Las paredes del ara (fig. 6.7) adosada al centro del muro Noroeste de la habita-

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Figura 6.5.

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EL COMPLEJO ROMANO DEL ALAMILLO (PUERTO DE MAZARRÓN)

Figura 6.6.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Figura 6.7.

ción 1 son de color amarillo. Las molduras que la unen al pavimento, como ya hemos visto, están pintadas en rojo y negro respectivamente. Completarían el conjunto un techo blanco liso, en el que no se ha podido identificar resto alguno de decoración. Las habitaciones 3, 4 y 5 conservan in situ parte del zócalo, que repite la decoración de la habitación 1. En el interior de la 3 sólo aparecieron dos fragmentos de color rojo, el primero de ellos de 6 x 6 cm. y el segundo, que forma un ángulo agudo, de 9’5 x 5’5 cm. Ambos se encuentran en muy mal estado de conservación. Lo exiguo de estos restos no permite mayores precisiones. El estudio de las capas de preparación revela una relativa homogeneidad en todos los fragmentos, mostrando una estructura en dos cubiertas de mortero, excluyendo la película pictórica. La primera de ellas -Trullisatio- tiene 1 cm. de grosor. De naturaleza bastante porosa, está formada principalmente por cal, arena en menor proporción y algo de esquisto. La segunda -directione- tiene 0’5 cm. de grosor y es también de naturaleza porosa, pero algo más depurada que la anterior, mostrando restos más abundantes de cal. La pintura va aplicada directamente sobre la superficie de la segunda capa, que ha sido fuertemente alisada para servirle de soporte. El sistema de trabazón se ha podido constatar en los fragmentos de pared que conservan la trullisatio completa. Se realizado por medio de una serie de ranuras invertidas en forma de V (fig. 6.6.1), que recuerdan por su forma el opus spicatum, realizadas bien a mano, o presionando con una placa de madera o terracota sobre la superficie del muro cuando todavía ésta no ha alcanzado su dureza definitiva, tal

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como apunta L. Abad (ABAD CASAL, 1982a, 274; 1982b, 143). La superficie de la segunda capa -primera de las directiones- se deja rugosa con el fin de conseguir una perfecta adherencia con la trullisatio. En cuanto al techo, hemos podido constatar en los escasos fragmentos recogidos una única capa bastante grosera, compuesta de cal, menor proporción de arena y abundantes esquistos de tamaño fino-medio, que ha sido fuertemente alisada para recibir la película pictórica. El sistema de trabazón empleado en este caso consiste en medias cañas que dejan una impronta en relieve de 0,5 cm., confirmando lo apuntado por L. Abad. para Tréveris (ABAD CASAL ,1982b, 145). El trazado previo, en todos las partes de la pared, se realiza por medio de líneas incisas paralelas, que delimitan las partes constitutivas de la decoración, en este caso a base de paneles rectangulares. La pintura que conservan los fragmentos estudiados forma un clara unidad con el mortero, lo que a falta de los análisis físico químicos pertinentes nos inclina a considerar el fresco como la técnica utilizada en la ejecución de la misma. I.4. Caracterización del yacimiento

En la superficie del yacimiento, que había sido removida por una pala mecánica, se apreciaron restos de gacha, fragmentos de plomo y tortas de mineral, lo que induce a relacionar el asentamiento con la actividad minera, y puede identificarse quizás con un posible escorial de fundición. Si bien por la parcialidad misma de los trabajos no se han podido detectar la existencia de hornos, en la zona que queda a espaldas de la habitación 1, donde se rebajó el

EL COMPLEJO ROMANO DEL ALAMILLO (PUERTO DE MAZARRÓN)

estrato superficial, aparecieron grandes acumulaciones de adobes quemados y manchas de cenizas, correspondientes posiblemente a la destrucción de estas instalaciones. Los materiales recuperados en el estrato de amortización (UU.EE. 1, 2 y 5, fig. 6.8), integrados fundamentalmente por contenedores del tipo Dressel 1A y C(2), Mañá C2b(3), y Lam-

boglia 2(4), a los que se unen dos ases, uno de Saitabi y otro de Sagunto, un margo de lucerna del tipo Dressel 2, campaniense A de la forma Lamboglia 5 y fragmentos de paredes finas del tipos Mayet III (LÓPEZ MULLOR, 1990, 208-209), sitúan el momento final del yacimiento en torno al último cuarto del siglo II a.C. Esta propuesta cronológica se soporta revisando las dataciones de los objetos muebles arriba mencionados. Así, la moneda de la ceca de Arse es un as cuya fecha de emisión gira en torno a la mitad del siglo II a. C. El As de Saiti es una emisión posterior al 133 a. C. (LECHUGA GALINDO, 1989, 454). La forma 5 de campaniense A se data en la segunda mitad del siglo II a. C. Con esta cronología se conocen ejemplares en el pecio de Punta Scaletta (LAMBOGLIA, 1964, 243), en la necrópolis de Castiglioncello (LAMBOGLIA, 1954, 121), en Roma y Cerveteri (MOREL 1981, 154), en Cartago -antes del 146 a.C.- y en los estratos B -180/160-140 a.C.-, C -190/180140 a.C.- y D -150/130-70/60- de las excavaciones de Cosa (MOREL, 1978, 200). Así, dejando aparte la larga duración del estrato D de Cosa, en ningún yacimiento esta forma llega al siglo I a. C. En áreas geográficas más próximas a nosotros, en concreto en la necrópolis ibérica del Cabecico del Tesoro Verdolay, Murcia-, el ejemplar procedente de la tumba 97 parece datarse unos decenios antes del 140/129 a. C. (GARCÍA

Figura 6.8.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Figura 7.2.

Figura 7.1.

CANO-GARCÍA CANO-RUIZ VALDERAS, 1989,139). El resto proporciona cronologías más amplias: la lucerna de la forma Dressel 2 se data entre los siglos II y I a. C. (LAMBOGLIA, 1979, 64, 91-97; FERNÁNDEZ AVILÉS, 1942, 135; FERNÁNDEZ CHICARRO, 1952-53, 64 y 66; RAMOS FOLQUÉ, 1970, 22, 34 y 35; AMANTE SÁNCHEZ, 1993, 69). Mejores dataciones ofrecen las ánforas del tipo Dressel 1: la fecha inicial de la variante A se sitúa entre el 145-135 a.C.; la variante C tiene una vida más corta, cubriendo los años finales del siglo II a. C. y los primeros del I a. C. La variante B se comienza a producir en torno a los inicios del siglo I a. C., y

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parece afianzarse en los mercados mediterráneos en los años centrales del siglo (TCHERNIA, 1986, 42; SANMARTÍN GRECO, 1987, 130-161; PÉREZ BONET, 1993, 19-27); en este momento la proporción de ambas se invierte en los yacimientos, aunque la 1A se mantiene en escasa proporción hasta el fin del siglo I a.C.; la ausencia de la variante B podría indicar una datación anterior al siglo I a. C., hipótesis que viene reforzada por el conjunto cerámico asociado a las ánforas, y por la datación de las monedas. Los ejemplares de Lamboglia 2 más antiguos que se conocen se datan en el último cuarto del siglo II a.C., aunque los mayores índices de producción parecen darse en el siglo I a.C. La desaparición de la forma se puede situar en torno a la mitad del siglo I a.C. (TCHERNIA, 1986, 51 ss). Los contenedores africanos del tipo Mañá C2b se extienden a lo largo del siglo I a.C., aunque la asociación de estas piezas en este yacimiento a los materiales ya mencionados podría retraer la cronología unos años, situándola a partir del último tercio del siglo II a. C., lo cual podría ratificar la posibilidad apuntada por V. Guerrero de su comercialización ya en el último cuarto del siglo II a. C.

EL COMPLEJO ROMANO DEL ALAMILLO (PUERTO DE MAZARRÓN)

(GUERRERO AYUSO-ROLDÁN BERNAL, 1992, 53). II. Complejo romano-imperial del Alamillo (Fig. 7.1)

El complejo romano imperial del Alamillo ocupa una amplia extensión de terreno, que comprende las últimas estribaciones de la sierra del Algarrobo y la playa de dicho nombre(5). El yacimiento comprende los restos de una balsa de distribución de agua, con su correspondiente acueducto de entrada y salida, y los de una villa romana. II.1. La balsa (6) (Fig. 7.2)

A unos 350 m. al Noroeste de la denominada Loma del Alamillo, ocupando una de las parcelas situadas entre las calles 13 y 14 de la urbanización de dicho nombre y a 37 m.s.n. del mar, se hallan los restos de una gran balsa romana, cuya excavación de urgencia fue llevada a cabo por nosotros a finales de 1989. El depósito (fig. 7.3) es de forma rectangular, con unas dimensiones de 15’30 por 12’30 m., y una altura de 1’35 m. Los muros están construidos con piedras grandes y media-

nas más piedrecillas de rambla trabadas con cal. Los muros Sur (U.E. 102) y Este (U.E. 101) son macizos, con un grosor de 1 m, mientras que los Norte (100) y Oeste (103) tienen una anchura de 0’60 m. y a ellos se les añade, por el exterior, un saledizo de 0’40 m., hecho con el mismo sistema constructivo y sobre el cual se asienta el acueducto de entrada. Sobre el muro Sur (U.E. 102) se aprecia un recrecimiento de 0’34 m. de altura por 11’55 de longitud, realizado con la misma técnica constructiva, enlucido al interior con un excelente opus signinum rojo. En las esquinas interiores de los paramentos se aprecian restos de medias cañas hechas con diferentes técnicas: las que unen el muro Norte con los muros Este y Oeste están realizados con la misma técnica que los paramentos. Sin embargo la que une la esquina Suroeste de los muros Norte y Oeste presenta un buen opus signinum rojo fruto de una reparación posterior conservando 1’20 m. de altura, y la que une la esquina Sureste de los muros Este y Oeste está realizada también con opus signinum, que además ha sido pintado de rojo. El pavimento de la balsa (U.E. 104) se asienta sobre un

Figura 7.3.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Figura 7.4.

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EL COMPLEJO ROMANO DEL ALAMILLO (PUERTO DE MAZARRÓN)

rudus de 0’20 m. de espesor (104 A), y está alisado con cal hidráulica. Este pavimento se une a las paredes por medio de medias cañas realizadas con piedrecillas de rambla trabadas con cal(7). Gracias a una rotura de este primer pavimento, se aprecia otro más antiguo (U.E. 104 B) realizado con la misma técnica, en el que no parecen existir restos de medias cañas. Sobre el segundo pavimento y adosado al muro Oeste, se ven los restos del desagüe (U.E. 121), y la base de una escalera de limpieza. El basamento de la escalera de 2’10 x 0’70 m. y 0’22 m. de altura, está realizado con piedras de medianas dimensiones enlucidas con cal hidráulica, y conserva un escalón rectangular de 0’25 x 0’60 m. El desagüe está formado por un sillar de caliza de 0’51 x 0’18 m. con una luz de 0’14 m. Al exterior de este mismo muro se puede apreciar el canal exterior de desagüe (U.E. 130) de sección en «U» que con dirección Norte-Sur se dirige hacia los establecimientos romanos situados a la orilla de la playa del Alamillo. Está realizado con la misma técnica constructiva que la balsa. Tiene una profundidad de 0’58 m., y una anchura de entre 0’28 y 0’40 m. No parece haber estado cubierto. La salida del agua desde la balsa está marcada por una piedra de caliza horadada de 0’54 x 0’36 m. y una luz de sección en «U» invertida de 0’24 m. Sobre la esquina Noreste del depósito, se aprecian los restos del acueducto de traída de aguas (U.E. 122, fig. 7.4). Conserva cuatro hiladas de piedras medianas trabadas con mortero de cal en su cara Oeste con un alzado de 0’50 m., mientras que en la Este sólo mantiene una hilada. El pavimento del canal es de teja, con una luz de 0’19 m., de las cuales conserva una de 0’375 x 0’19 m. Al llegar al punto indicado arriba, el canal desagua, pero la obra sigue a lo largo de los muros Norte y Oeste, saliendo por la esquina Suroeste. La construcción del canal se cimenta sobre una capa de tierra gris que apoya directamente sobre la roca de base. Los muros Este y Sur están reforzados en el exterior por una serie de contrafuertes: seis en el Este (UU.EE. 118, 118 B, 105, 106, 107 y 108) y ocho en el Sur (UU.EE. 109, 110, 111, 112, 113, 114, 115 y 116), construidos con piedras de medianas dimensiones trabadas con cal, enlucidos con el mismo tipo de material, y dispuestos a distancias irregulares que oscilan entre los 0’80 y los 2 m. La anchura media de estos elementos es de 0’60 m., dependiendo su altura del estado de conservación en que se encuentra. Los muros Norte y Oeste están construidos contra terreno careciendo por lo tanto de contrafuertes.

Figura 7.5.

Para construir el depósito se realiza un vaciado de la roca de unos dos metros de profundidad de forma rectangular. Una vez hecho esto se uniformiza todo el fondo por medio de una capa de relleno formada por una tierra marrón (U.E. 128) que se nivela. Sobre ella se echa una torta de cal y piedrecillas de rambla formando una plataforma de cimentación (U.E.129), a partir de la cual se levantan los muros y contrafuertes, cuya parte exterior queda apoyada contra el terreno natural y rellenada en parte por la roca que ha sido extraída al cavar el foso. La excavación del interior de la balsa ha proporcionado un total de cinco unidades estratigráficas agrupadas en tres niveles: Nivel I - Momento de construcción y utilización del depósito en época romana. Se distinguen dos subniveles: IA - Construcción originaria de la balsa con todos sus elementos estructurales (muros, primer pavimento desagüe y escalera). IB - Repavimentación del depósito (U.E. 104B). Nivel II - Corresponde al momento en que el depósito romano queda fuera de uso en época indeterminada, relle-

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

nándose con cerámica y fragmentos de la misma construcción (U.E. 121)(8). Nivel III - Relleno moderno intencionado para propiciar el uso de la misma como campo de labor agrícola (UU.EE. 119 y 120)(9). En el exterior estos mismos niveles se completan con una serie de UU.EE. nuevas: Nivel IA - A las UU.EE. anteriores se añaden las correspondientes a los catorce contrafuertes exteriores y el canal de desagüe del tanque. Nivel II - Comprende además los estratos horizontales que colmatan el canal de desagüe (UU.EE. 133 y 134)(10) Nivel III - Relleno moderno con las UU.EE. 131 -tierra de labor- y 132(11). Los estratos horizontales documentados, tanto en el interior como en el exterior de la balsa, no han aportado material que pudiera fechar la construcción de la misma -cerá-

mica común moderna, vedrío y algunas tégulas-. No obstante hemos podido determinar un momento de uso, gracias a que en el opus signinum del realzado del muro Sur (U.E. 102 A) hemos detectado algunos fragmentos de paredes informes de terra sigillata gálica, lo cual señala un periodo histórico al menos para esta estructura en torno a la segunda mitad del siglo I d.C. Este dato y la presencia clara de reparaciones y añadidos plantea dos posibilidades: A - Que el momento de fundación de la balsa y su primera pavimentación correspondan a la fecha propuesta para el recrecimiento citado, siendo las medias cañas añadidas en las esquinas de los muros Este-Sur y Sur-Oeste, y el segundo pavimento, reformas posteriores. B - Que la construcción originaria del depósito sea anterior a la segunda mitad del siglo I d.C., fecha a la que corresponderían los añadidos de signinum y la segunda pavimentación. II.2. El acueducto (12) (Fig. 7.5)

El agua que vertía en el depósito arriba descrito procedía de un manantial, hoy seco, ubicado a 5 Km. al Norte del

mismo, en la vecina población de las Balsicas. La traída se llevaba a efecto por medio de un acueducto de obra cuya construcción se acoplaba perfectamente a las irregularidades de las últimas estribaciones de la sierra del Algarrobo. La técnica constructiva de esta canalización es similar a la de la balsa (fig. 7.6): piedras de medianas y grandes dimensiones trabadas con cal. El interior del mismo está enlucido con cal hidráulica. Su sección es del tipo VII de Biernacka Lubanska (FERNÁNDEZ CASADO, 1983, 358), con una luz de 0’20 m. Durante la prospección que llevamos a cabo en 1986 se localizaron cuatro tramos de llegada y uno de salida en el ángulo Suroeste de la balsa en relativo buen estado cuyas dimensiones oscilan entre 90 y 40 m. de longitud por 0’60 m. de anchura. Durante su trazado la canalización tiene que sal-

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EL COMPLEJO ROMANO DEL ALAMILLO (PUERTO DE MAZARRÓN)

permitido realizar un estudio completo de este interesante establecimiento(13). La villa que se escalona siguiendo las irregularidades del terreno, pertenece tipológicamente al grupo denominado por Gorges como de bloque simple (GORGES 1979, 125126). Durante los trabajos de excavación se han podido diferenciar claramente dos zonas en torno a un gran patio central: una residencial en el lado Norte de la carretera, con sus correspondientes termas, y otra de servicio e industrial en el lado Sur de la misma. II.3.1. Lado Norte de la N. 332 II.3.1. Casa de Segundo (Fig. 7.8) Habitaciones 1 a 8

Figura 7.6.Detalles de la canalización.

var varios desniveles, pero no advertimos la presencia de arcadas u otro sistema que permitiera el paso de la conducción. Actualmente, para detener su destrucción, el acueducto se encuentra soterrado bajo algunas parcelas y viales -Avenida 1, C/ nº 14, C/ nº 22,- de la urbanización del Alamillo, situados al Noreste de la balsa. El único elemento de juicio para establecer una cronología para esta conducción lo constituye la presencia de la balsa a la que abastece, por lo tanto es obvio que es contemporánea a la misma. II.3. Villa alto imperial del Alamillo (Fig 7.7).

La villa del Alamillo se encuentra ubicada a ambos lados de la carretera nacional 332 entre el Puerto de Mazarrón y Cartagena, ocupando parte de la playa de la que toma el nombre. Con motivo de la construcción de edificios pertenecientes a diversas urbanizaciones, desde 1988 se han llevado a cabo en el lugar tres campañas de excavaciones que han

Se conservan ocho habitaciones cuyas dimensiones oscilan entre 3’50 x 3’30 m. y 3’30 x 1’70 m. Se aprecian varios momentos de uso, que se corresponden con reestructuraciones arquitectónicas. Así, de las ocho estancias documentadas, la 3 y la 4 B se forman en un segundo momento mediante la construcción de sendos muros, que dividen en dos espacios las habitaciones 4 y 6. Por desgracia, como más adelante veremos, la fuerte alteración antrópica que han sufrido los depósitos arqueológicos en esta zona, a causa de la construcción de casas de campo justo encima, impiden la datación concreta de cada reforma. La planta original, que comprende las habitaciones 1, 2, 6, 7 y 8, y la balsa, presenta una gran regularidad: los paramentos tienen 0’60 m. de anchura y una altura máxima de 0’40 m. Están realizados con piedras de medianas dimensiones trabadas con cal, y revestidos con enlucido pintado a base de motivos geométricos y vegetales(14) en colores rojo, amarillo, verde y gris. Por desgracia, todos los enlucidos de pared se encuentran caídos y extremadamente fragmentados, por lo que intentar su reconstrucción es, cuanto menos, muy arriesgado. Se conservan, también, restos de enlucido de techo, en este caso blanco, en los que se aprecia claramente la estructura de cañas del techo. Los pavimentos están construidos con argamasa y cerámica, incluyendo además gran cantidad de pequeños cantos rodados, visibles claramente a través del alisado. Las uniones de los muros con los pavimentos se resuelven de forma redondeada y cóncava. Las habitaciones 1, 2 y 6 conservan la impronta del umbral, cuya longitud es la misma del vano de la puerta, y la anchura igual a la de los muros. Los umbrales, en todos estos casos, se han localizado a partir de los huecos regulares que dejaban los pavimentos en las zonas de paso.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Figura 7.7.

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EL COMPLEJO ROMANO DEL ALAMILLO (PUERTO DE MAZARRÓN)

Es por ello por lo que suponemos que éstos debían ser de piedra, y debieron ser arrancadas con posterioridad a su amortización. En el caso del paso entre la habitación 6 y la 2 el pavimento se eleva un poco, de forma que la habitación 6 dibuja una pequeña rampa para acceder a la habitación 2. La construcción de un muro paralelo al muro Noroeste de la habitación 6, a 1’70 m. de separación, modifica en un momento impreciso la planta de esta habitación, creando un ambiente que puede ser interpretado como pasillo, y que se denominó habitación 3. La habitación 5, localizada al Noroeste del bloque de habitaciones, puede ser interpretada como patio. En efecto, no existe comunicación entre ésta y las restantes, y su pavimentación es de tierra apisonada. En el lado Este, adosada a la habitación 4, se encuentra una balsa que, debido a su utilización hasta tiempos recientes, se encuentra en perfecto estado de conservación, como indica el hecho de que los muros están revestidos de opus signinum también en su cara superior. Sus dimensiones totales son 3’5 x 4’5 m. al exterior, y 2’40 x 3’40 m. al interior, y una profundidad de 1’50 m. Sus muros miden 0’55 m. de anchura, y están construidos con piedras de medianas y grandes dimensiones trabadas con cal, y enlucidas tanto al interior como al exterior por un magnífico opus signinum rojo. Las esquinas interiores, así como la unión de las paredes con el fondo, presentan las medias cañas características de este tipo de construcciones, también en opus signinum. La habitación 4 se construye cuando se realizan las reformas del segundo momento. Este ambiente es el resultado de la ocupación del espacio que media entra la balsa y el cierre del bloque primitivo de habitaciones, que como se aprecia en la planta, queda perfectamente cerrado al Noreste y al Noroeste. Se pavimenta con opus signinum liso, y la unión del pavimento con la pared se realiza por medio de medias cañas. Este ambiente está destinado a recoger las aguas procedentes de la balsa situada al Noroeste -1.3.1.-, que son conducidas a un pequeño depósito de fondo curvo que realiza las funciones de aclarador, y está separado de esta construcción por un murete de pequeñas dimensiones - 0’20 m. de anchura y 1’50 m. de longitud-. En él, a 0’12 m. de altura sobre el pavimento, se abre un orificio circular de 0’10 m. de luz, que permite la circulación del agua. Bajo el pavimento de la habitación 4 se localiza un canal de sección rectangular, que se dirige al aclarador, y llega a él por otro orificio situado bajo el primero, en el murete, a media altura. Desagua por su lado opuesto, hacia el establecimiento termal-II.3.2- situado

un poco más abajo. La finalidad de toda esta estructura, concebida y construida en un segundo momento, parece estar relacionada con una serie de canalizaciones que aparecieron en la zona termal y que corresponde al momento de amortización de la misma. La estratigrafía, como ya apuntábamos, está muy alterada en la totalidad de las habitaciones de esta zona. De hecho, sólo las habitaciones 2, 3, 4 A y 5 conservan depósito estratigráfico. Éste es homogéneo en todas ellas. Las diferentes unidades estratigráficas se agrupan en dos niveles: Nivel I.- Está formado por rellenos acumulados para nivelar el terreno tras arrasar la estructura romana hasta los 0’40 m. de altura de muros que se conservan. Este nivel está formado por: el estrato 1 de la habitación 2 y, los estratos 1, 2, 3 y 4 de la habitación 3, compuestos por tierra marrón con escombros y lozas modernas; el estrato 2 de la habitación 2, el estrato 1 de la habitación 5, el estrato 2 de la habitación 6 y el estrato 1 de la habitación 4 B, formado en todos los casos por restos de enlucido de pares de color rojo, amarillo, verde y gris, en algunos casos decorado con motivos vegetales o geométricos; el estrato 3 de la habitación 2, formado por enlucidos de techo con impronta de cañas; y los estratos 4 de la habitación 2,y 2 de la habitación 4 B, formado por tierra con cerámicas diversas, y elementos tales como fragmentos de red de nylon. El nivel II que corresponde ya al periodo de ocupación romano de la estructuras se subdivide a su vez en dos subniveles: II B.- Se corresponde con las remodelaciones que dan origen a las habitaciones 3 y 4, y al aclarador. II A.- Corresponde a la construcción originaria de las estructuras de la villa en esta zona del yacimiento, es decir, a las habitaciones 1, 2, 6, 7, 8 y la balsa. II.3.2. Termas (Fig. 7.9)

Están situadas al Sureste de las habitaciones antes mencionadas, en un nivel inferior a las mismas de aproximada-

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

mente -2 m. La mayor parte de ellas se encuentran bajo el actual trazado de la N. 332. No obstante la excavación que llevamos a cabo durante el verano de 1987 puso al descubierto la mayor parte del caldarium y el tepidarium del edificio termal en un excelente estado de conservación. El caldarium (fig. 7.11) es un espacio rectangular de 3’10 x 2’50 m. cuyos muros están realizados a base de piedras de medianas dimensiones trabadas con cal, enlucidos al interior con argamasa blanca (15), y unidos al pavimento de opus signinum rojo por medias cañas del mismo material. El muro Norte, de 4’80 m. de longitud y 0’60 de anchura, cierra el conjunto, conservando una altura mínima de 1 m. y máxima de hasta 1’60 m. El paramento Oeste, en cuyo exterior se localiza el praefurnium, y el Sur, están muy arrasados, quedando apenas unos 0’20 m. de altura. Esta habitación presenta un hipocausto de 0’60 m. de profundidad sostenido por doce columnillas circulares de piedra arenisca(16), en cuya parte superior se colocan piedras calizas planas, sobre las que descansan grandes ladrillos sesquipedalis que sirven de cama al rudus del pavimento. El muro medianero entre el caladarium y el tepidarium, de 3’30 m. de longitud, 0’70 de anchura y un altura que oscila entre los 0’76 y los 0’46 m. conserva in situ 25 tubos de calefacción en dos filas superpuestas, que conectan directamente bajo el pavimento con el hipocausto. Estos tubos rectangulares, de 0’40 m. de longitud y 0’10 m. de anchura, estaban cubiertos con enlucido de argamasa blanca, como el resto de las pare-

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des de estas estancias (fig. 7.12). La comunicación con el tepidarium se efectúa por medio de una puerta de 0’80 m. de anchura, cuyo umbral esta ocupado por una piedra caliza de 0’80 x 0’31 m. Esta última habitación es un espacio rectangular de 3’20 x 1’70 m. pavimentada también con opus signinum rojo; el muro Este, del que restan 2’10 m. de longitud, está parcialmente destruido por la construcción de dos sifones modernos, conservando una anchura de 0’50 m. y una altura de 1’20 m. en su unión con el muro Norte, y 0’70 m. en el lado opuesto; en la pared Sur se abre otra puerta que comunica con el resto de las instalaciones termales, pero por desgracia quedan sepultadas bajo la actual carretera nacional que une Cartagena con el Puerto de Mazarrón. Las paredes del tepidarium, enlucidas con argamasa blanca, se unen directamente con el pavimento sin medias cañas. El tepidarium de las termas estaba colmatado con fragmentos de opus signinum hasta alcanzar la cota máxima de los muros (U.E. 1), sobre los cuales discurrían en dirección N-S hacia la playa tres canalizaciones cerámicas romanas (fig. 7.10). La primera con 1’40 m. de longitud, constaba de 5 ímbrices con una luz de 0’17 cm. La segunda formada por tres ímbrices tenía una luz de 0’20 m. La última con 1’65 m. de longitud estaba compuesta por tres piezas de sección en «U» de 0’55 x 0’11 m., con una altura de caja de 0’07 m. Al Oeste del caldarium, separado de éste por los restos de praefurnium, y en posición oblicua a aparecen los restos de otra habitación completamente destruida de antiguo, de la

EL COMPLEJO ROMANO DEL ALAMILLO (PUERTO DE MAZARRÓN)

Figura 7.8.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Figura 7.9.

que se conservan dos muros haciendo esquina de 1’90 x 0’60 m., y 2’62 x 0’52 m. respectivamente, siendo la altura de ambos de 1’50. Están construidos con piedras de grandes dimensiones trabadas con cal. Al Suroeste de las termas, se localizan los restos de una canalización romana de 2 x 0’70 m. realizada con piedras de medianas dimensiones trabadas con cal, que atraviesa la carretera hacia la playa. El interior del canal tiene una altura de 0’14 m., y una luz de 0’10 cm. La sección de este canal es del tipo III de Biernacka Lubanska (FERNÁNDEZ CASADO, 1983, 358). En la actualidad, los restos de las habitaciones 1 a 8 y la balsa que está junto a ellas, se encuentran soterradas bajo los cimientos de unas construcciones modernas. Las termas y

332

canalizaciones se encuentran cubiertas bajo el terraplén de tierra existente junto a la carretera. La excavación de las termas ha proporcionado dos niveles de ocupación (Fig. 7.12): Nivel I - Uso moderno de la finca en la que se había construido una casa de campo sobre los restos romanos. A ella pertenecen el superficial general del yacimiento y la rampa de acceso a la casa moderna. Nivel II - Ya perteneciente a época romana se subdivide a su vez en cuatro subniveles: II A - Cegamiento de las estructuras y construcción de las canalizaciones cerámicas que atraviesan la carretera en dirección a las habitaciones del lado Sur (UU.EE. C1, C2, C3 y 1 del tepidarium).

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II B - Derrumbe de las paredes y techos (UU.EE., 2 y 3 del caldarium). II C - Abandono de las estructuras exhumadas (UU.EE. 4 del caldarium, 2 y 3 del tepidarium y 11 y 12 del praefurnium). II D - Uso de las termas (UU.EE. 5, 6, 7, 8 y 9 del caldarium y 4 y 5 del tepidarium Cronológicamente, y en función de los escasos materiales con valor cronológico relativo aportados por la U.E. 2 del caldarium, (terra sigillata hispánica de la forma Drag. 33),

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

del yacimiento más codiciada por las empresas promotoras, sufriendo como consecuencia diversas agresiones, algunas de los cuales han infringido daños irreparables al yacimiento(17). Las estructuras de la zona Noreste se han conservado en mejor estado. Por fortuna, la entrada en vigor de la ley de costas, que prohíbe construir a menos de 100 m. de la orilla del mar, ha contribuido a conservar lo poco que queda de la villa a este lado de la carretera. Los trabajos de excavación que hemos llevado a cabo durante el invierno de 1989-90 han permitido completar la planta general del establecimiento, así como determinar el marco económico en el que se debe incluir el mismo. Sector Noreste (Fig. 7.13) Figura 7.10.

podemos establecer una fecha para el abandono y derrumbe de las termas como tales (niveles IIB y IIC) alrededor del último cuarto del siglo I d.C. o primeros años del II d.C. Los fragmentos informes de terra sigillata gálica incrustados en el alisado del pavimento del tepidarium y en la argamasa que une los tubos parietales de calefacción del caldarium proporcionan una cronología relativa para el nivel IID de la segunda mitad del siglo I d.C. La falta de material significativo en el estrato 1 del tepidarium sobre el que se asientan las conducciones cerámicas no permiten establecer una cronología fiable para este momento (nivel IIA). A pesar de ello, en base a las fechas establecidas para los niveles IIB y IIC es indudable que estas canalizaciones se construirían en una fecha imprecisa posterior a los primeros años del siglo II d.C. II.4. Lado Sur de la nacional 332 Área de servicio

Por su buena situación junto al mar, ésta ha sido el área

334

Este sector ofrece, como hemos indicado más arriba, las mejores condiciones de toda esta parte del yacimiento, ya que a pesar del desfonde llevado a cabo para aplanar la pequeña loma bajo la que se encuentra el mismo -completamente horizontalizada en el momento de comenzar la excavación-, el encontrarse en una zona de mínima pendiente lo protegió de forma más efectiva que en el sector Noroeste, que ocupaba la cima del montículo. Así y todo, tanto los muros como los pavimentos se encuentran seriamente afectados, apreciándose las marcas de la máquina desfondadora por toda la superficie. Las habitaciones se ordenan en torno a un patio, del que se exhumaron parcialmente dos paramentos, haciendo esquina, de 0’60 m. de anchura: a) muro Sur (U.E. 1095) con una sola hilada de piedras medianas trabadas con tierra; conserva una longitud de 8’5 m., y una altura de 0’30 m., b) muro este (UU.EE. 1001, 1038, 1101 y 1089) con tres hiladas de piedras medianas de 0’40 m. de altura total, realizado con la misma técnica constructiva, que atraviesa la carretera y del

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Figura 7.11. El Alamillo. Puerto de Mazarrón (Murcia). Plano Planta cuadrículas 2.3 y ampliación Este.

que pudimos excavar una longitud de 14’50 m. El pavimento de este patio es de tierra apisonada. Habitación 9 (Fig. 7.14)

Con unas dimensiones de 8’5 x 4 m. es, con mucho, la que más datos ha aportado sobre la actividad económica que desarrolló este establecimiento. Pavimentada con un suelo de cantos rodados y argamasa gris impermeable, en su interior se distribuyen seis piletas cuadrangulares para la fabricación de salsas de pescado, de las que dos -nºs 1 (U.E. 1022) y 2 (U.E. 1023)-, presentan unas dimensiones inusualmente pequeñas -0’55 x 0’55 m.-, con una profundidad de 0’50 m. Al exterior de ellas, por sus lados Sur y Este, el opus signinum de las piletas se prolonga formando unos canales de sección cóncava y poca profundidad (UU.EE: 1026 y 1026 A), casi inapreciables, que reconducirían el agua rebosada hacia el pavimento de la habitación (U.E. 1024), en el que no se aprecia sin embargo ningún canal o rebosadero que desaguara hacia el exterior de la misma. Las otras cuatro piletas UU.EE. 1020, 1021, 1060 y 1061, (fig. 7.15)-, situadas en per-

pendicular a ellas y alineadas entre sí, miden 1’50 x 1’50 m., con una profundidad de 0’90 m. tienen en el fondo una cubeta circular en tres de los casos -UU.EE. 1020, 1021 y 1060-, y cuadrangular en el cuarto -U.E. 1061- para facilitar las tareas de limpieza, ausentes en las dos pequeñas. Por lo demás la técnica constructiva es similar en todas ellas: excavadas en el terreno natural, van revestidas por un doble opus signinum rojo de excelente calidad. En la unión de paredes y suelo, y en los ángulos de las paredes, unas medias cañas de sección circular sirven para reforzar las uniones de los paramentos. El paso entre las piletas no está definido por ningún tipo pasillo, realizándose por los escasos 0’40 m. que separan una de otras, pavimentados, como ellas, con opus signinum rojo. Los muros que delimitan esta habitación, de 0,60 m. de anchura, están realizados con piedras de medianas dimensiones trabadas con tierra, muy deteriorados. Se conserva parte del Oeste (U.E.1001), Norte (U.E. 1030) y Sur (U.E. 1019), habiendo desaparecido por completo el muro Este. Al Sureste se abre una puerta de 1’20 m. de anchura.

335

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Figura 7.12.

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EL COMPLEJO ROMANO DEL ALAMILLO (PUERTO DE MAZARRÓN)

Figura 7.13.

Habitaciones 10, 11 y 12 (Fig. 7.14)

Se encuentran al Oeste de la anterior, separadas de esta por un muro medianero de 9 x 0’60 m. (U.E. 1001), realizado con piedras de medianas dimensiones trabadas con cal, cuyo alzado sólo conserva 0’25 m. En su lado Este -cara que da a la habitación 9- se advierten restos de enlucido amarillo, y hay que notar la ausencia de puertas de comunicación. La habitación 11, de 3’50 x 3’50 m., centra el conjunto, al que se accede desde el exterior a través de una puerta de 0’70 m. de anchura, colocada en la intersección con la estancia 10. Flanqueándola por el Norte y por el Sur las habitaciones 10 y 12, de 3’50 x 2 m., se comunican con ésta a través de sendas puertas de 0’60 m. de anchura. Los muros divisorios de estos espacios (UU.EE. 1018 y 1019) están realizados con piedras de medianas dimensiones trabadas con tierra. Los pavimentos (U.E. 1025, 1025 A y 1025 B) son iguales en las tres, realizados con argamasa gris y piedrecillas de rambla, sobre un rudus de cantos rodados y argamasa U.E. 1025 C). La unión de los muros con el suelo se realiza mediante

Figura 7.14.

unas medias cañas de cuarto de círculo de 0’10 m. de radio, que recorren todo el perímetro de la habitación, incluidas las puertas. Sobre estos pavimentos, y separados de los mismos por un estrato formado por ladrillos quemados (U.E. 1014), que cubre igualmente los muros medianeros, se advierten restos de una segunda pavimentación (U.E. 1099) formada por una capa de cal blanquecina alisada, que se une directamente al muro que las separa de la habitación 9 en las habitaciones 10 y 11. En la parte Este de la habitación 12, este segundo suelo se une a un enlosado de ladrillos bipedalis (U.E. 1099 B) alisados con una capa de cal blanca (U.E. 1099 A) que ocupan una superficie de 2 x 1 m., uniéndose con el muro Este por medio de una pequeña moldura cóncava hecha con cal. Este conjunto se cierra al exterior por los muros Sur, que aquí conserva dos hiladas, Oeste, con una hilada, y Norte, con una sola hilada. Habitación 13

Se encuentra situada al Este de las anteriores. Es un gran espacio de 7’5 x 6 m. al que se accede desde el patio a través

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

de una puerta abierta en el muro Oeste de 0’80 m. de anchura, cuyo umbral está enlucido con cal blanca. El interior de esta estancia está pavimentado con tierra apisonada (U.E. 1083). Todos los paramentos presentan la misma técnica constructiva: asentados directamente sobre los aportes de rambla que constituyen el terreno virgen en esta zona, se realizan con piedras de mediano tamaño trabadas con tierra y ripios. El estado de conservación de estas estructuras es considerablemente mejor que las del resto del yacimiento: el muro Sur (U.E. 1090) conserva una altura media de 0’56 m. -5 hiladas-, el muro Este (U.E. 1068) tiene una potencia máxima de 0’50 m. -4 hiladas-, y por último el muro Oeste (U.E.1089) presenta una altura de 0’40 m. -3 hiladas-. La existencia de una pedriza moderna ha cortado parte de los muros Oeste y Este, destruyendo por completo el muro Norte que cerraría el conjunto. En el centro de la habitación se encuentra la base de una pilastra de caliza (U.E. 1097) estructurada en dos volúmenes: una base cúbica de 0’47 m. de lado rematada por un módulo cilíndrico de 0’37 m. de diámetro, tallado todo ello en un mismo bloque. Esta pilastra está asentada sobre una plataforma circular de 0’90 m. de diámetro construida con cal y cantos rodados (U.E.1097 A). La situación de esta estructura hace pensar en un elemento de sostén de techumbre cuyo alzado debió ser de madera. En la parte distal del muro Este y adosado a la cara interna de la misma se encuentran los restos de un horno (U.E. 1098) de 1’70 x 1’30 m., construido con adobes rojos y reforzado al interior con ladrillos de 0’20 x 0’20 m. con un grosor de 0’02 m., en cuyo fondo aparecieron algunos fragmentos de cerámica común de cocina romana. Habitaciones 14 y 14 A

Adosadas a la pared Sur del patio y a continuación de las habitaciones 9 a 12, se exhumaron una serie de muros que delimitan un espacio -14 y 14 A- muy transformado y en mal estado de conservación. La habitación 14, es de reducidas dimensiones 1’5 x 3’5 m. Los muros que la delimitan (UU.EE. 1103, 1092, 1093 y 1094) están realizados con piedras de medianas dimensiones trabadas con ripios y tierra, a excepción del muro Norte que está realizado con piedras de mediano tamaño trabadas con cal (1103). El estado de conservación de estos paramentos es variable oscilando entre tres hiladas -muros Este (U.E. 1094) y Oeste (U.E. 1092)- y una hilada -muro Sur (U.E. 1093)-. El pavimento (U.E. 1065) es de tierra apisonada de color rojiza

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con un fuerte buzamiento en dirección Sur-Norte. La 14 A es un pequeño espacio de 2 x 1 m. adosado al muro Sur del patio. El interior de esta estancia está relleno por un estrato de ladrillos quemados (1064 A). Habitaciones 15, 16 y 17

Situadas entre la 9 y 13, las dos primeras forman prácticamente un solo espacio rectangular de 5 x 3,20 m. delimitado por las UU.EE. 1030, 1038, 1048 y 1049, que constituyen las cimentaciones de los muros que en su día cerraban este espacio. Con 0,60 m. de anchura, los dos primeros están realizados con piedras de medianas dimensiones trabadas con tierra, mientras que los dos últimos son de argamasa y piedras. La separación entre las habitaciones 15 y 16 se efectúa gracias a un murete de 2,40 m. de longitud perpendicular al 1049 del que se conserva una sola hilada, comunicándose ambos compartimentos a través de un vano de 1 m. de anchura. El interior de estas habitaciones se encontraba completamente desfondado de antiguo. Adosada a las anteriores y a la habitación 13 tenemos un espacio rectangular de 5’20 x 2’40 m. (habitación 17) cerrado por las UU.EE. 1101, 1049, 1079 y 1090. Como en el caso anterior la estratigrafía aquí se encontraba alterada por desfondes modernos de nivelación del terreno. Sector Noroeste (Fig. 7.4)

En este sector las estructuras han desaparecido casi en su totalidad, quedando apenas las cimentaciones de algunas habitaciones. Por su estado de conservación, destaca la presencia de un muro de 12 m. (U.E. 1082) que discurre en dirección Suroeste-Noreste, cuyas características arquitectónicas apuntan a un posible cierre. El muro está construido con piedras de mediano y gran tamaño trabadas con mortero de cal y ripios de trabazón; su anchura oscila entre los 0’55 y 0’60 m., mientras que su alzado en la parte mejor conservada llega hasta los 0’70 m. correspondientes a 4 hiladas de piedra. A partir de este lienzo de muro principal se disponen una serie de habitáculos de diferentes dimensiones que no forman una unidad constructiva, aunque sí espacial. La habitación 18, ubicada en la cara Suroeste del muro principal, de 4 x 4 m., no conserva restos de pavimento, y es la única que podría relacionarse constructivamente con él. Dispuesta casi simétricamente a la anterior, pero en la cara Norte del gran muro, se encuentra la habitación 19, de la cual queda tan sólo una hilada del muro Norte con 4 m. de longitud y 0’50 m. de anchura; su pavimento es de tierra api-

EL COMPLEJO ROMANO DEL ALAMILLO (PUERTO DE MAZARRÓN)

Figura 7.15.

sonada (U.E. 1116). De las restantes habitaciones sólo se conservan restos de los muros perpendiculares al muro principal, los cuales tampoco presentan unidad constructiva respecto al citado paramento, puesto que no solamente están realizados con piedras de medianas dimensiones unidas a hueso, sino que además se disponen espacialmente como compartimentaciones de posterior reaprovechamiento. Las dimensiones de sus muros oscilan entre los 1’50 y 2 m. de longitud, y los 0’40 a 0’50 m. de anchura, conservando en su mejor parte hasta tres hiladas de piedras. Al Este de este conjunto se disponen los restos de otra habitación de 5 x 5 m., de cuyos muros (U.E. 1034, 1035 y 1035 b) sólo restan algunas piedras correspondientes a su cimentación. Su sistema constructivo es similar al de las anteriores, es decir, piedra a hueso sin escuadrar. Conserva restos de un pavimento de cal (1031). Al Oeste de esta última estancia destaca por su interés la presencia de un vertedero romano, formado por cinco grandes oquedades excavadas en el terreno natural, de 0’60 m. de profundidad (UU.EE. 1124, 1125, 1126, 1127 y 1128), que estaba completamente relleno de cenizas y abundante material cerámico (U.E. 1070). Durante la excavación de esta zona hemos distinguido tres niveles de utilización del yacimiento: Nivel I. - Superficial general del yacimiento. Incluye las UU.EE. 1000 (tierra marrón de labor con escombros producidos por el destrozo producido por los repetidos trabajos modernos de nivelación del terreno) y 100A (tierra marrón compacta con raíces).

Nivel II.- Amortización del establecimiento, comprende las UU.EE. 1020 A, 1020 B, 1020 C y 1020 D -rellenos pileta 1020-, 1021 A -relleno pileta 1021- 1022 A -relleno pileta 1022-, 1023 A -relleno pileta 1023-, 1060 A -relleno pileta 1060-, 1061 A -relleno pileta 1061-, 1002 -colmatación habitaciones 10, 11 y 12 -, 1098 A -relleno horno 1098) y 1083 -colmatación habitación 13-. Nivel III.- Momento de uso del complejo, se divide a su vez en dos subniveles: III B.- Corresponde al momento en que se efectúan una serie de reformas, tales como el nuevo enlucido de las piletas de la habitación 9 (UU.EE. 1020 E, 1021 B, 1022 B, 10203 B, 1060 B, y 1061 B), la repavimentación de las habitaciones 10, 11, y 12 y la reestructuración de las 14, 15 y 16; comprende las UU.EE. 1014, 1048, 1049, 1064 A, 1079, 1082, 1094, 1099, 1099 A, y 1106. III A.- Señala el inicio de la vida de este establecimiento. A él pertenecen las UU.EE. 1001, 1018, 1019 , 1020, 1021, 1022, 1023, 1024, 1025, 1025 A, 1025 B, 1025 C, 1026, 1026 A, 1030, 1031, 1034, 1035, 1035 B, 1038, 1058, 1060, 1061, 1065, 1092, 1093, 1095, 1097, 1097 A, 1098. 1105 y 1108. Los materiales recuperados en la UU.EE. 1023 A -colmatación de la pileta 1023 de la habitación 9- compuestos por cerámica africana de engobe rojo producida en A2 -formas Hayes 16 y 27-, señalan una fecha para el nivel II del yacimiento a este lado de la carretera en torno a la segunda mitad-finales del siglo II d.C., con una posible prolongación en los primeros años del III d.C. El nivel III B, al que corresponden las modificaciones

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

señaladas, queda fijado alrededor del último cuarto del siglo I d.C., en función de los fragmentos cerámicos recuperados en la U.E. 1014 que colmataba la primera pavimentación de las habitaciones 10, 11 y 12, entre lo que se encuentran producciones gálicas -forma Drag. 24/25-, africanas de engobe rojo en A1, A1/2 -formas Hayes 3A y 3B- y africanas de cocina -formas Hayes 23A y 197-. El nivel III A, correspondiente a la fundación de la villa, podemos situarlo en la segunda mitad del siglo I d.C., como demuestran los fragmentos de terra sigillata gálica incrustados en el signinum del primer enlucido de las piletas de la habitación 9. La cronología propuesta para el periodo de ocupación de la villa queda confirmada por el depósito estratigráfico que rellenaba el vertedero del sector Noroeste del lado Sur de la carretera (U.E. 1070), que aportó fragmentos de terra sigillata gálica -formas Drag. 24/25, 27, 15/17, 18 y 37- junto a producciones africanas tempranas de engobe rojo en A1 -formas Hayes 3A, 8A y 9A- y fragmentos de lucernas del tipo Bailey P grupo I Para las copas 24/25 se proponen una cronología claramente Julio-Claudias (HOFMANN, 1986, 59; CONIMBRIGA IV, 1975, 92), aunque en algunos casos, como el de Culip IV, pueden llegar a época de Vespasiano (NIETO, 1986, 89). Las características formales y técnicas de los fragmentos de copas del tipo 27 halladas en este contexto arrojan una cronología similar a la forma anterior. Los platos 15/17 y 18 confirman este extremo, con una gran difusión a partir de la segunda mitad del siglo I y hasta finales del mismo (OSWALD-PRICE, 1984, 114-117, 120-121; CONIMBRIGA IV, 1975, 93; BOURGEOIS-MAYET, 1991, 101; FICHES-GUYPONCIN, 1978 190;Nieto, 1986, 88). El vaso decorado Drag. 37, si bien se encuentra ya constituido formalmente en la segunda mitad del siglo I d.C., presenta un floruit en los reinados de los emperadores Vespasiano y Trajano (HERMET, 1934, 6). La lucerna del tipo Bailey P, grupo I, se data en el primer cuarto del siglo II d.C. (BAILEY, 1980, 314-335; AMANTE SÁNCHEZ, 1993, 97). Los vasos africanos de engobe rojo de las formas Hayes 3A, 8A y 9A, se encuentran ya en pleno siglo II (HAYES, 1972, 35 y 37; CARANDINI-TORTORELLA, 1981, 27) aunque alguna de ellas, como la·3A, pueda remontarse a los años finales de los reinados de Nerón y Domiciano (HAYES, 1972, 35). El último momento de uso del complejo (nivel II) se

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documenta como hemos visto por los depósitos de colmatación del interior de las piletas, entre los que el más fructífero es la U.E. 1023A, que constituye la colmatación de la pileta 1023. De esta U. E. proceden cerámicas africanas de engobe rojo producida en A2 de las formas 16 y 27 de Hayes. El tipo Hayes 16 aparece a partir de la segunda mitad del siglo II, pudiendo llegar sin dificultad hasta la primera mitad del III (LAMBOGLIA, 1941, 13, 3a; HAYES, 1972, 42; CARANDINI-TORTORELLA, 1981, 32), coincidiendo en el tiempo con la forma 27 (HAYES, 1972, 51; CARANDINI-TORTORELLA, 1981, 32; BOURGEOIS-MAYET, 1991, 238). Ello proporciona unas fechas para el nivel IIIB, momento en que se abandona el establecimiento, de la segunda mitad-finales del siglo II d. C., con una posible prolongación en los primeros años del III d. C. La presencia de la balsa de riego con sus canalizaciones, así como las piletas de salazón de la habitación 9, nos llevan a asignar a este establecimiento una doble actividad

económica: por un lado parece clara la explotación agrícola de la zona situada al Norte de la actual carretera CartagenaMazarrón, posiblemente dedicada a cultivos de regadío favorecidos por el conjunto hidráulico arriba estudiado. Una segunda actividad, en este caso relacionada con la pesca, sería la fabricación de garum a pequeña escala, bien para su comercialización, bien para un uso mucho más limitado. Esta doble dedicación es frecuente en establecimientos costeros de similares características y cronología (LEVEAU 1984, 254 y ss).

EL COMPLEJO ROMANO DEL ALAMILLO (PUERTO DE MAZARRÓN)

El Alamillo. Habitación 9. Selcuencia estratigráfica.

El Alamillo. Habitaciónes 10 a 12. Secuencia estratigráfica.

El Alamimllo. Habitación 13. Selcuencia estratigráfica

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

El Alamillo. Habitación 14 y 14A. Selcuencia estratigráfica

BIBLIOGRAFÍA

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EL COMPLEJO ROMANO DEL ALAMILLO (PUERTO DE MAZARRÓN)

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NOTAS

(1) Coordenadas UTM hoja 976 del MME (Mazarrón): Loma del Alamillo: 30-SXG547-602; Complejo romanoimperial: 30-SX-G5-42-6-06. (2) Siete ejemplares, cuatro del tipo 1A y tres del tipo 1C. (3) Siete ejemplares. (4) Nueve ejemplares. (5) La ocupación romana de esta zona puede llevarse a época bajorepublicana, como lo documentan la Villa de la Loma del Alamillo excavada por nosotros durante el invierno y primavera de 1987, y la cercana villa del Rihuete excavada por P. San Martín en 1977. (6) Durante el invierno de 1989, llevamos a cabo la excavación completa de la balsa. La memoria correspondientes a estos trabajos se encuentra en preparación. (7) Sólo se conservan bien a lo largo del muro Sur, apreciándose resto al pie del muro Este. En las demás uniones se pueden apreciar las improntas de las medias cañas. (8) El escaso material de esta interfacie de estrato se compone de 50 fragmentos de cerámica entre los que se encuentran paredes informes de cerámica común romana y moderna, junto a loza vedrío y restos de elementos constructivos .tégulas, ímbrices, tejas y ladrillos. (9) La primera de ellas (U.E. 119) aportó tan sólo un fragmento indeterminado de cerámica común romana, mientras que la segunda (U.E. 120) proporcionó un fragmento de cerámica común romana, una pared de loza y una pared de cerámica común moderna. (10) No proporcionaron material arqueológico. (11) Ambas arqueologicamente estériles. (12) El acueducto fue topografiado y documentado por nosotros en el verano de 1986, contando con la colaboración del arqueólogo José Manzano Martínez, y del topógrafo José Luis Montero. (13) La primera campaña dirigida por nosotros en el verano de 1987 puso al descubierto en la parte Norte de la carretera parte de las termas de la villa, y en el lado Sur restos de conducciones de agua. La segunda campaña dirigida por M. Pérez Bonet durante el invierno de 1988 en lado Norte aporto un grupo de 8 habitaciones junto con instalaciones hidráulicas. Por último durante el invierno de 1990 y contando con la colaboración de M. Pérez Bonet, abordamos la excavación completa de la zona Sur de la carretera, donde se pusieron de manifiesto restos de instalaciones industriales. Todos estos trabajos fueron auspiciados por el Centro regional de Arqueología dependiente del Servicio Regional de Patrimonio de la Comunidad Autónoma de Murcia. (14) En la actualidad estas pinturas están siendo estudiadas por M.ª de los Ángeles Martínez Villa, que las incluye en su Tesis de licenciatura. (15) El enlucido de las paredes solamente se conserva a unos 10 cm. del pavimento, habiendo desaparecido en el resto de la superficie de los muros. (16) Su diámetro es relativamente pequeño no excediendo de los 0'20 m. (17) Con anterioridad a 1986 esta parte del yacimiento sufrió una primera agresión con medios mecánicos que destrozó gran parte del mismo. En septiembre de 1986 se llevó a cabo por parte de una empresa urbanizadora otro desfonde siendo parado el mismo por la Dirección Regional de Patrimonio de Murcia.

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EXCAVACIÓN ARQUEOLÓGICA DE URGENCIA EN «LOS DIEGOS» (URBANIZACIÓN EUROPA) LOS ALCÁZARES

José Antonio Egea Sandoval

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1991

EXCAVACIÓN ARQUEOLÓGICA DE URGENCIA EN «LOS DIEGOS» (URBANIZACIÓN EUROPA) LOS ALCÁZARES

JOSÉ ANTONIO EGEA SANDOVAL

Resumen: La excavación sacó a la luz una pequeña balsa de 7,45 x 13,70 m. que, mediante un corto canal se une con otra balsa menor (posiblemente de decantación), de 4,20 m. de lado, de cronología romana con posible

fecha de construcción en el s. I d. C. En el entorno pudo delimitarse un yacimiento con materiales arqueológicos datables desde época tardorrepublicana hasta el s. III d.C.

I. MOTIVO DE LA ACTUACIÓN

II. SITUACIÓN GEOGRÁFICA, LOCALIZACIÓN, CARACTERÍSTICAS

ARQUEOLÓGICA

DEL ENCLAVE Y SU COMUNICACIÓN

En el paraje denominado «Los Diegos», próximo a Los Narejos, en el municipio de Los Alcázares, un vecino presentó un aviso al Excelentísimo Ayuntamiento de dicha localidad, de la existencia de unas balsas soterradas situadas en los terrenos propiedad de la Urbanización Europa, que van a ser urbanizados próximamente (acción prevista por la Concejalía de Urbanismo, dentro del Plan Parcial urbanístico de dicho municipio). A raíz de este descubrimiento, se procedió a la excavación arqueológica de la zona, con procedimiento de urgencia. Los trabajos arqueológicos comenzaron el día 15 de mayo de 1990, prolongándose hasta el día 4 de junio del mismo año. En las labores arqueológicas figuran como participantes: - José Antonio Egea Sandoval, Director de la Excavación. - María Jesús Sánchez González, Dibujante (Licenciada en Arqueología e Historia Antigua). - Dos peones, cedidos por la concejalía de Urbanismo del Excelentísimo Ayuntamiento de Los Alcázares. .- Colaboración de un grupo de estudiantes de la especialidad de Arqueología e Historia Antigua.

Este yacimiento se halla situado a unos 2 km, del actual municipio de Los Alcázares, en dirección N.E. y a unos 100 m de la carretera local que comunica dicha población con la de Santiago de la Ribera, concretamente en el paraje denominado «Los Diegos» (fig. n.º 1). Su localización es de 37 grados 45 minutos 42 segundos de Latitud Norte y a 2 grados 51 minutos 10 segundos de Longitud Este, según el Servicio Geográfico del Ejército, carta correspondiente a San Javier. Con una altitud de 8’5 m. sobre el nivel del mar, sobre una llanura costera, que dista unos 900 m. de la actual línea de costa del Mar Menor, concretamente de Punta Galera. En su entorno, hacia el Noreste, aún quedan tierras de laboreo agrícola, mientras que hacia el Sur y el Oeste, la actual población de Los Narejos en su expansión ha llegado a insertar este yacimiento en el contexto urbano. Hacia el Sureste, encontramos una zona de Salinas próxima al Mar Menor, hoy día desecadas para su próxima urbanización. Al establecer la situación exacta dentro del Plan Parcial Urbanístico de Los Alcázares, correspondería al solar n.º 19

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EXCAVACIÓN ARQUEOLÓGICA DE URGENCIA EN «LOS DIEGOS» (URBANIZACIÓN EUROPA), LOS ALCÁZARES

La noticia también queda reflejada en C. Belda, Proceso, pp. 146-147, lám. 3. En base a la estructura arquitectónica, parecen situar su momento de esplendor a partir del s. III d. C. Esta Villa fue declarada monumento nacional por decreto del 3 de junio de 1931, aunque fue destruida en fecha imprecisa. Por el contrario, al intentar encontrar una documentación escrita y gráfica referentes al yacimiento que a nosotros nos ocupa, por el momento, los resultados han sida infructuosos. Sin embargo, esperamos aportar datos al respecto, al finalizar la elaboración de la memoria definitiva. IV. PLANTEAMIENTOS ARQUEOLÓGICOS O METODOLOGÍA DE ACTUACIÓN. PROBLEMÁTICA

Figura 1. Localización geográfica del yacimiento.

de la Urbanización Europa en la confluencia de las calles: .-Avenida de Europa .-Calle Atenas .-Vía Parque III. ANTECEDENTES HISTÓRICOS

Aunque los antecedentes históricos son muy escasos, en este apartado incluimos un breve repaso a las investigaciones llevadas a cabo, con anterioridad a nuestra intervención. La estratégica situación geográfica de nuestra región, unida a la explotación de sus fuentes de riqueza ocasionaron su rápida ocupación desde muy antiguo, constatada en la existencia de diversos enclaves romanos a lo largo del litoral murciano. Centrándonos en el área de Los Alcázares, la existencia de una Villa romana en la zona situada en tierras del Marqués de Orduño y situada directamente frente al mar queda reflejada por González Simancas, en su Catálogo Monumental, pp. 394-396, donde recoge la noticia original publicada en la Gaceta del Constructor, suplemento de la Revista de Arquitectura, n.º 15 del año XIV, 10 de abril de 1887. Esta Villa fue excavada por el arquitecto D. José Ramón Berenguer entre los años 1858 y 1860.

Nuestra actuación se inició con el establecimiento de dos áreas de estudio: 1.- Delimitación, limpieza y vaciado de las estructuras o balsas soterradas. 2.- Prospección sistemática del entorno o área circundante. El objetivo de la excavación, en un principio, fue documentar cronológicamente el momento de construcción de las balsas, así como una delimitación exacta de los terrenos del área circundante (en los cuales aparecen restos materiales), para un posterior estudio. Por otra parte, el trabajo se centró en el estudio escrito y gráfico de las estructuras soterradas, a través de la recuperación de materiales, pues, la documentación estratigráfica no fue posible debido a la colmatación de las balsas con material de relleno. Para subsanar dicho vacío, decidimos el planteamiento de un corte, situado entre ambas estructuras, que nos aportara la conexión de éstas, así como la posible documentación estratigráfica. El punto 0 (cero), se situó en una tapa de alcantarillado, situada en la confluencia de las calles: Calle Atenas - Calle La Haya - Avenida Europa, a 8,5 m. sobre el nivel del mar y a unos 25 m. de la zona excavada. Área de estudio n.º 1:

Una vez establecido el eje de coordenadas en sentido longitudinal a las estructuras, para facilitar el estudio, dibujo y apertura de cortes, se procedió a la limpieza general de la zona a excavar. Las labores de vaciado de las balsas se realizaron con

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

medios mecánicos, aunque la limpieza de paredes y fondo hubo que realizarla manualmente. En primer lugar la actuación se centró en la estructura n.º 1, que tenía una colmatación de sedimentos aproximadamente a la mitad de su capacidad. Una vez retirada la tierra de su interior, la actividad se centró en la apertura de un corte en la zona contigua al alzado Sur de la estructura n.º 1, con unas dimensiones de 3 x 3 metros, profundizando unos 30 - 40 cm. aproximadamente, dejando al descubierto la totalidad del canal que une ambas estructuras al que llamaremos estructura n.º 3. Una vez limpiado el nivel superficial, al extraer el nivel I, la tierra de coloración rojiza aportó escasos restos materiales. Posteriormente, delimitamos la estructura n.º 2 confirmando su forma rectangular, así rebajamos en su interior una capa de 60 cm. aproximadamente, aportando escasos fragmento de cerámica común y vasijas de almacenamiento, así como un ladrillo cuadrado de 22,5 x 22,5 cm. A continuación establecimos un sector de actuación en la zona Norte de dicha estructura, con unas dimensiones aproximadas de 3 x 7 m.; vaciando éste hasta una profundidad de 2,60 m. tocando fondo donde se comprobó su enlucido de Opus Signinum. La limpieza total de este sector no fue posible a causa de la aparición del nivel freático así como el peligro que suponían las paredes desplazadas de dicha estructura.

- un fragmento de ladrillo circular. Basándonos en el material recogido y en el estudio del terreno, decidimos establecer tres áreas de actuación arqueológica (figuras 2 y 3): - Área n.º 1. Comprende la zona abandonada de roturación agrícola, posiblemente por la dificultad de cultivo. En ella el material es abundante con posibilidad de estructuras soterradas. - Área n.º 2. Correspondería a la zona contigua a la anterior, actualmente roturada y cultivada, en donde el material de superficie es abundante pero la posibilidad de estructuras soterradas es menor. - Área n.º 3. Zona roturada y cultivada en su totalidad, de gran amplitud y donde el material arqueológico de superficie es escaso y muy disperso, desplazado posiblemente por las labores de roturación efectuadas en los terrenos.

Área de estudio n.º 2:

Las labores de prospección comenzaron examinando la información previa, que existe sobre la zona de interés. Así los datos necesarios los recogimos a través de mapas topográficos y fotografías aéreas facilitadas por el Ayuntamiento. La prospección intensiva de la zona la comenzamos mediante una inspección directa y exhaustiva de la superficie del terreno, a través de un equipo formado por 5 personas, separadas a intervalos regulares y recogiendo el material de superficie significativo. Dicho material ofrece una variedad de fragmentos que exponemos a continuación: -fragmentos de cerámica común. - fragmentos de cerámica Campaniense B. - fragmentos de cerámica Terra Sigillata Hispánica. - fragmentos de cerámica Terra Sigillata Clara A. - fragmentos de vasijas de almacenamiento (Dolias y ánforas). - fragmentos de cerámica Terra Sigillata Sudgálica. - fragmentos de Tegulae. - fragmentos de pavimento de Opus Signinum. - fragmentos de mortero de cal.

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Figura 2. Planimetría de la zona.

EXCAVACIÓN ARQUEOLÓGICA DE URGENCIA EN «LOS DIEGOS» (URBANIZACIÓN EUROPA), LOS ALCÁZARES

Figura 3. Fotografía aérea realizada en agosto de 1971, a 800 m. de altitud.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

V. DESCRIPCIÓN O REGISTRO DE ESTRUCTURAS. (FIGURAS 4 y 5) ESTRUCTURA N.º 1

Esta estructura posee una forma cuadrada con las siguientes dimensiones: - Interiores: 3 x 3 m. - Exteriores: 4,20 x 4,20 m. - Profundidad: 1,60 m. El grosor de sus muros es de unos 60 cm. aproximadamente, realizados en argamasa de cal, trabada con piedras de tamaño pequeño y mediano, fauna malacológica y pequeños fragmentos de cerámica. Realizada mediante la técnica constructiva del encofrado, presentando en su interior las marcas o improntas de cañas o ramas que formarían los paneles de encofrado y que posteriormente facilitarían el enlucido (hoy desaparecido en su totalidad). El fondo de dicha estructura está enlucido de Opus Signinum con una media caña alrededor para asegurar su unión a las paredes. Este enlucido se encuentra en perfecto estado de conservación, y entre sus fragmentos de cerámica, encontramos un fragmento de pared de Terra Sigillata Sudgálica. La balsa presenta dos orificios, uno de entrada de agua o posiblemente un aliviadero situado en el alzado Norte de unos 60 cm. de ancho y 12 cm. de profundidad. El otro orificio está situado en el alzado Sur y es el que se comunica con la estructura n.º 2 a través de un canal o estructura n.º 3. Este orificio presenta un enlucido de Opus Signinum de 1,5 cm. de grosor y terminado en media caña a ambos lados del interior de la pared sur de la estructura. Posee unas medidas de 35 cm. de ancho por unos 20 cm. de profundidad. ESTRUCTURA N.º 2

De forma rectangular, realizada al igual que la estructura n.º 1 en argamasa de cal, trabada con piedra de tamaño pequeño y mediano, fauna malacológica y pequeños fragmentos de cerámica. Sus medidas aproximadas son de 13,70 m. de longitud por 7,45 m. de anchura. Las paredes tienen un grosor aproximado de 60 cm., y se encuentran desplazadas de su posición original hacia el interior en su totalidad, lo cual hace muy peligrosa la acción de trabajar en ella. Está realizada también mediante la técnica constructiva del encofrado, presentando las improntas de cañas o pequeñas ramas para facilitar su posterior enlucido (desaparecido en su totalidad). Por otra parte su profundidad es de 2,60 m. y su fondo, al igual que la estructura n.º 1 está enlucido de Opus Signinum.

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En el ángulo Noroeste, la esquina presenta una especie de contrafuerte, realizado en argamasa y piedras de poca consistencia, de ejecución posterior a la fabricación original de la balsa. En el alzado Norte posee un orificio, que hace posible la comunicación con la estructura n.º 1 a través del canal o estructura n.º 3. Las dimensiones de éste es de 35 cm. de ancho por unos 20 cm. de profundidad, aunque al estar desplazado no presenta su forma original. ESTRUCTURA N.º 3

Canal que une las estructuras n.º 1 y n.º 2, en sentido longitudinal y con dirección Norte-Sur. Sus dimensiones son de unos 35 cm. de ancho por unos 2,90 m. de largo. En cuanto a su sistema constructivo, está realizado en argamasa de cal, descansa sobre una base de piedras de un tamaño medio y una anchura de 70 cm aproximadamente, con unas paredes de 20 cm. de grosor y 20 cm. de profundidad, enlucidas de Opus Signinum, así como el fondo de dicho canal. Conserva en su totalidad la base y el enlucido de ésta, mientras que las paredes y su enlucido solamente se conservan en la zona Sur, en la unión con la estructura n.º 2. VI. DATOS ARQUEOLÓGICOS

Al aportar unos datos cronológicos sin un exhaustivo estudio de los materiales, éstos quedan sujetos a ser revisados posteriormente. No obstante el material cerámico recogido de la prospección del área circundante a las estructuras van perfilando la cronología del yacimiento. Los fragmentos hallados, pueden establecer una cronología que se remontaría a finales de la República, a juzgar por dos fragmentos de Campaniense B, mientras que el material cerámico más tardío que hemos recogido nos establecería una fecha tope del siglo III d. C., dicho material corresponde a fragmentos de Terra Sigillata Hispánica, Terra Sigillata Sudgálica y Terra Sigillata Clara A, que abarcarían una etapa cronológica desde el Siglo I d. C. hasta el siglo III d. C. VII. SITUACIÓN ACTUAL DEL YACIMIENTO

Al finalizar el periodo de excavación que tuvo una duración de 15 días, la situación actual del yacimiento es la siguiente: falta aún por excavar prácticamente la totalidad de la estructura n.º 2, la cual, podría aportarnos nuevos datos de interés científico, como podría ser la exacta funcionalidad de

EXCAVACIÓN ARQUEOLÓGICA DE URGENCIA EN «LOS DIEGOS» (URBANIZACIÓN EUROPA), LOS ALCÁZARES

Figura 4.

dichas balsas y su relación con el entorno. Sin embargo han sido cubiertas de nuevo con tierra, debido a la dificultad de continuar su vaciado y el elevado coste presupuestario que supondría la consolidación de los muros desplazados y el peligro que lleva consigo algún posible desplazamiento de los muros hacia el interior. Por otra parte, los posibles accidentes fortuitos de los veraneantes residentes en la zona. VIII. CONSIDERACIONES PRELIMINARES

La primera campaña de excavaciones arqueológicas en

«Los Diegos», en el municipio de Los Alcázares», permite establecer una serie de conclusiones provisionales de gran interés no sólo para un mejor conocimiento de la historia de Los Alcázares sino también, para favorecer un estudio cada vez más completo acerca de las construcciones hidráulicas romanas existentes en la región de Murcia. Estas conclusiones poseen un carácter estrictamente provisional, que los posteriores estudios confirmarán o modificarán en su caso. 1.- A través de los trabajos arqueológicos, se confirma la existencia en el municipio de Los Alcázares, de enclaves romanos en un área costera propicia para el asentamiento y explotación industrial. 2.- Las estructuras excavadas y realizadas en argamasa de cal, con un enlucido de Opus Signinum, confirman su adscripción cronológica a una etapa de la historia, netamente romana. 3.- Por el momento, la relación que tienen dichas estructuras, con el yacimiento que circunda a éstas nos es desconocida por completo, de ahí la necesidad de realizar sondeos en este sector, a fin de determinar la extensión e importancia de las posibles estructuras en esta parte del yacimiento. 4.- Una vez determinadas las dimensiones máximas del yacimiento existente, es preciso evitar con los medios oportunos, las posibles destrucciones que puedan ocasionarse en el avance urbanístico de la zona.

Figura 5.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

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LOS BAÑOS TERMINALES MINEROMEDICINALES DE ALHAMA DE MURCIA

José Baños Serrano

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1995

LOS BAÑOS TERMINALES MINEROMEDICINALES DE ALHAMA DE MURCIA

JOSÉ BAÑOS SERRANO Ayuntamiento de Alhama de Murcia

Palabras clave: Alhama de Murcia, Baños, romano, islámico, moderno Resumen: El presente artículo analiza las complejas instalaciones de los Baños Termales de Alhama de Murcia desde una perspectiva histórica y arqueológica, mostrando la evolución arquitectónica que ha sufrido el edificio en sus más de dos mil años de utilización. Su construcción en época romana (Siglo I d. C.), diferenciando un baño termalmedicinal y otro de tipo recreativo, ha dejado paso a importantes modificaciones y reutilizaciones en el periodo islámico y cristiano que culminarán con la edificación de un hotel-balneario en el año 1848

Sumary: This paper analyses the complex facilities of the Thermal Baths of Alhama de Murcia from a historic and archeological point of view, showing the archeological development of the building throghout its over 2,000 years of history: its construction in the Roman period (first century A.D.) consisting of two different baths (a medical-thermal one and a recreational one); the important modifications and reuses of then in the Islamic and christian periods and, finally, the construction of a spa in1848.

I. INTRODUCCIÓN

a la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia. Esta primera excavación arqueológica se llevó a cabo en los meses de noviembre de 1989 a marzo de 1990(3) bajo la coordinación del Centro Regional de Arqueología y la colaboración del Ayuntamiento de Alhama de Murcia.

Dentro de la actual Región de Murcia, y hacia el centro del Valle del Guadalentín; se localizan los Baños Termales de Alhama, que son, junto con el castillo, los dos restos arquitectónicos que constituyen las señas de identidad de este municipio. La utilización de sus instalaciones durante más de dos mil años, nos ofrecen la posibilidad de estudiar parte de la historia de esta localidad cuyo origen está ligado a los afloramientos de aguas termales, sin duda uno de los factores que mayor importancia han tenido a la hora de justificar la ocupación del lugar desde la antigüedad hasta nuestros días. El reconocimiento del interés de tales restos arqueológicos se logró con la declaración de Monumento Histórico-Artístico de carácter nacional en 1983(1), continuando en 1986 con las primeras actuaciones de restauración(2) y posteriormente con los primeros planteamientos de estudio, excavación y restauración en 1989 tras las transferencias de cultura

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II. SITUACIÓN Y ENTORNO (Lám. 1, Fig. 1)

El emplazamiento es al pie del Cerro del Castillo, a unos 202 m. de altitud, en la hoja 933 (26-37) del MME, con coordenadas UTM 30SXG387908. En torno a los Baños, se extiende la población de Alhama de Murcia en la margen izquierda del río Guadalentín, y al abrigo de las sierras de la Muela y de Espuña. Queda plenamente justificada la ubicación debido al aprovechamiento de los afloramientos naturales de agua caliente, que llegan al pie del cerro procedentes de la sierra de la Muela y que han sido utilizadas desde la antigüedad con diversos fines.Desde el punto de vista geoló-

LOS BAÑOS TERMALES MINERO-MEDICINALES DE ALHAMA DE MURCIA

Figura 1. Plano de situación.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

La zona alicantino-murciana, que se halla en relación con las áreas sísmicas de fuerte intensidad, con fallas y contactos entre el zócalo y la cobertera, sobre todo en los bordes de zonas axiales de cordilleras, son las de mayor potencial geotécnico y por lo tanto, las que provocan las altas temperaturas de las aguas, como en el caso de Alhama. Por otro lado, la proximidad de Alhama a la Sierra de Espuña y los caracteres propios del clima mediterráneo en que se halla inmersa, propiciaron una mayor afluencia de visitantes al balneario, que además de tomar baños podían disfrutar de sano ambiente y aire puro.

Lámina 1. Baños Termales de Alhama. Situación al pie del Cerro del Castillo y junto a la Iglesia de San Lázaro.

III. LOS BAÑOS TERMALES DE ALHAMA

Breve Historia de la Investigación

gico, los Baños se sitúan sobre materiales de las zonas internas de las Cordilleras Béticas (Dolomías, filitas y cuarcitas). Sobre ellos aparecen conglomerados, areniscas y margas del Tortoniense Inferior y Medio que se encuentran en el Castillo y en la sierra de la Muela(4). Por último, los conglomerados, arenas, limos y arcillas forman parte del relleno pliocuaternario de la depresión del Bajo Guadalentín. La citada sierra de la Muela, presenta una composición geológica ideal para la captación de aguas de lluvia, con una base de margas y limos cubiertos por un potente estrato de areniscas, conglomerados y calizas. Todo el conjunto está afectado por una red de fracturas asociadas a la falla de Alhama, de dirección NE-SO y que ha jugado como falla inversa y de salto en dirección, una de las cuales ha desgajado de los estratos superiores un gran bloque, compuesto esencialmente por conglomerados rojizos y areniscas, que forma el denominado Cerro del Castillo, lo que indica que las emisiones de agua en este lugar tienen un origen relacionado con toda probabilidad con este accidente. Sus medidas de fracturación muestran que las orientaciones dominantes quedan comprendidas en el intervalo N 40º E a N 60º E, coincidiendo con la dirección del accidente de Alhama de Murcia(5). En la Región de Murcia, dos accidentes relevantes conforman la explicación geológica. Por un lado, el conocido como «accidente de Cádiz a Alicante» que penetra en territorio de Murcia por el Este y continúa al Oeste por los Baños de Fortuna, Lorquí, Baños de Mula, Avilés-El Pardo, Pericay, Culebrina, ... y entra en la provincia de Almería. El otro gran accidente es la «falla del Guadalentín», que desde el Bajo Segura continúa hacia el SW por Murcia, Librilla, Alhama, Totana, Puerto Lumbreras y Huércal-Overa, ya en Almería, causante de los manantiales de Alhama de Murcia

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Como un primer planteamiento a las actuaciones arqueológicas iniciamos la recopilación de todos los datos documentales y arqueológicos que nos pudiesen servir de antecedentes al tema. Resulta evidente la importancia del baño en el mundo romano como ha quedado reflejado en las fuentes documentales y en el gran número de instalaciones balnearias con restos que han llegado hasta nosotros. De la misma manera sucede con los baños minero-medicinales que aprovechando la presencia de manantiales(6) de aguas curativas, han ido creando una serie de instalaciones como es el caso de los conocidos en nuestra Región. Aunque nuestra zona surestina es importante en cuanto a manifestaciones termales, como Fortuna(7), Archena, Mula o Alhama, son todavía escasos los estudios referidos al tema, siendo en este momento cuando comienza a plantearse la necesidad de investigar los yacimientos de aguas termales y su evolución arqueológica e histórica a lo largo del tiempo, teniendo en cuenta la significación cívica y social que en todos los periodos históricos han tenido dentro de las poblaciones. Recientemente se ha celebrado en Madrid una mesa redonda con el título de «Aguas mineromedicinales, termas curativas y culto a las aguas en la Península Ibérica», que ha enriquecido de forma importante el tema. A. Contexto arqueológico romano

Las primeras noticias conocidas sobre el origen romano de los restos arqueológicos existentes en los Baños de Alhama, serían mencionados por el canónigo Lozano en 1794 En cuanto a las referencias toponímicas, son indicativas

LOS BAÑOS TERMALES MINERO-MEDICINALES DE ALHAMA DE MURCIA

las citas de Miñano y Cean Bermúdez a la voz latina Aquae, que en su acepción de termas, la identifican con Alhama de Murcia(8). Otros escritos posteriores, influidos tal vez por sus predecesores, ofrecen las mismas líneas argumentales sobre los restos romanos, como las referencias de los médicos directores del Balneario(9) y las noticias de Madoz en 1850 sobre «las últimas modificaciones hechas en sus balsas para profundizarlas, se han hallado varias monedas que pertenecian a los romanos, pues en ellas se ven gravados los nombres y bustos de los Césares»(10). Por último, el informe de D. Santiago Broncano presenta una serie de dibujos de los restos arquitectónicos conservados, tras su limpieza, estableciendo un origen romano para los mismos aunque, si bien es cierto, sin ninguna base arqueológica. Por otra parte, los hallazgos arqueológicos, tanto en el casco urbano como en el término municipal, ofrecían interesantes perspectivas para el estudio del periodo romano y complementaban el contexto del edificio objeto del presente trabajo. De esta forma, durante el transcurso de obras de alcantarillado en la calle Sánchez Vidal, (antigua calle de los Baños), en el denominado Cerro de las Paleras, en el mismo Cerro del Castillo y durante la apertura de una zanja longitudinal en la calle La Feria se recuperaron abundantes muestras cerámicas de época romana(11). Asimismo eran conocidas en todo el valle del Guadalentín una serie de villae que demuestran una ocupación y explotación del territorio en época romana, como son los casos de Finca Trujillo (Librilla), Cabezo de las Manuelas (La Pita), Casas de Martín Rodríguez(12), Casas de Guirao, Venta Aledo...en el término municipal de Alhama de Murcia, todas ellas ubicadas sobre una cota de 150-200 mt. y con una cronología que oscila entre los siglos I-IV d. C. según los materiales cerámicos de superficie(13). B. El contexto islámico-cristiano y su pervivencia hasta mediados del siglo XIX

Para la elaboración del presente apartado hemos utilizado todas las fuentes escritas de que disponemos, incorporando tambien todas las reseñas y memorias de diversos autores o eruditos de los siglos XV al XX. Las primeras referencias documentales que conocemos sobre Alhama de Murcia, y posiblemente de sus aguas termales, hacen referencia al topónimo Ayn Saytan -Fuente del Diablo-, situada entre la capital y Aledo, por cuyas cercanías pasó en el año 896 la expedición cordobesa que había

venido a sofocar una rebelión en Tudmir y se retiró por el Valle del Guadalentín(14). En la segunda mitad del siglo XI, el geógrafo Al-Udri enumera los distritos o iqlins que formaban parte de la Kura de Tudmir y entre centros conocidos como Lorca, Murcia, ..., se incluyen otros más dudosos como Laqwar(15), que debe corresponder a Alhama de Murcia, conocida en fuentes árabes posteriores como Hamma Bi-Laqwar. Más exacta es la cita de Al-Idrisi en la primera mitad del siglo XII que en su descripción del itinerario de Murcia a Almería nos habla de Hisn al-Hamma -Castillo del Baño- en clara alusión a sus aguas termales y a su fortificación(16). Se completan las referencias en textos árabes con la descripción de Al-Qazwini, que en el siglo XIII, describe las instalaciones de baños como «las termas de Hamma Bi-Laqwar a 10 millas de la capital (30 kilómetros); se llamaban así por estar en la alquería de Bi-Laqwar o Laqwar; en ella había recintos abovedados para hombres y mujeres, y el manantial nacía en el de aquellos con tanta agua que después de cubrir las necesidades de los bañistas podía regar los campos de la alquería» (Fig. 2). Esta descripción coincide exactamente con los restos arquitectónicos que han llegado hasta nuestros días y que estuvieron en uso hasta la década de los años treinta(17). En 1387, cuando el Rey, Juan II de Castilla, concede en señorío la villa de Alhama a Alonso Yáñez Fajardo, se hace referencia a sus baños: «... damos vos e facemos vos merced de la nuestra villa de Alhama de baños con su castillo ...»(18)., aunque sabemos que la propia situación económica y política en general(19), llevaría implícito un deterioro de la vida social y por tanto de las instalaciones de los baños. Tanto estas referencias, como las posteriores de Jerónimo Münzer en 1494, no mencionan datos sobre el edificio de baños y en su descripción de la villa se refiere a «un lugarejo de unas 30 casas, llamado Alhama, que tiene un castillo en lo alto de un monte; unas termas de agua clara y una buena fábrica de vidrio... En esta región el agua es en las cimas de los montes de excelente calidad, sumamente fría y suficientes para personas y ganados, pero en las faldas sale caliente y surte las termas de que antes hablé; me bañé en ellas durante una hora y sudé de un modo copioso; mas puedo asegurar que a los ocho días, aún notaba sus efectos de frescura y vigor»(20). La escasez de población continúa durante el siglo XVI, contándose en 1530 un total de 96 vecinos, es decir, unos 384 habitantes; en 1591 había ya 241 vecinos(21). Ese lento crecimiento se verá detenido a mediados de la centuria

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Lámina 2. Salas Termales-medicinales. Detalle de la Sala II, tras la demolición de las estructuras modernas.

siguiente, en 1648, cuando de 400 vecinos se reduce a 160 a causa del contagio(22). A pesar de ello, los baños serán visitados incluso por religiosos franciscanos enfermos, que ante la necesidad de hospedarse en la población deciden fundar un hospicio junto a la ermita de la Concepción «...para hospedar a los religiosos enfermos que pasaban a tomar los baños, que hay en aquel pueblo tan saludables», según ordenó el Padre General, Fr. Bernardino de Sena en 1627, durante el capítulo celebrado en la villa de Alcázar de San Juan(23). Los Baños de Alhama, tampoco son mencionados en 1697 en el Catálogo de Fuentes y Baños Salutíferos de España, del Dr. Limón Montero(24), pero sí los de Archena y Fortuna, cuyas descripciones son muy semejantes a la que haría posteriomente de Alhama, Gómez de Bedoya, y asi se refiere a ellos mencionando la existencia de aljibe y de bóvedas cubiertas respectivamente. Existe la posibilidad de que a causa de algún movimiento sísmico pudieran dejar de brotar las aguas, tal y como sucedió hacia 1552, según refiere el citado Gómez de Bedoya(25) en 1764, y por ello fuesen omitidas.

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Durante los siglos XVII y XVIII, las instalaciones balnearias parecen conservarse en precarias condiciones y en un estado de semiabandono que obligará al Ayuntamiento de la villa a dedicarles unas normas dentro de los Capítulos y Autos de buen gobierno de 1705. En el capítulo XIV se especifica la prohibición de: «escrementar ni hechar ynmundizia alguna assi en el agua como en los sudadores ni lavar ropa alguna Pena de doze reales y las mugeres solo pueden bañarse en el baño grande y los hombres en el pequeño bajo la dicha Pena..(26)». Noticias posteriores informan de los efectos terapéuticos de las aguas medicinales de Alhama, como observamos en los escritos y contestaciones del Dr. Ximénez de Molina y el Dr. Valdero(27), aunque no aportan nuevos datos sobre las características del edificio de Baños. A mediados del siglo XVIII, el Padre Ortega(28) señala la existencia de dos salas de baño, masculino y femenino y el Dr. Gómez de Bedoya(29) en 1764 describe el establecimiento de baño de la forma siguiente: «En medio de la población está la fábrica en que se recoje el agua para el Baño, que es un estanque grande

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NACIMIENTO DEL AGUA: NIVELES FREÁTICOS (Registrados en roca) 1. Máximo –4,655 2 –4,715 3 –4,965

igura 2. Baño Medicinal. Reconstrucción del espacio del baño con los datos de 1848. Dibujo de A. Martinez Ortega.

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Lámina 3. Salas Termales-medicinales. Vista general del interior.

semejante a un aljibe, adornado de escaleras para bajar a bañarse, y tendrá la profundidad de 2 estados; pero el agua nunca sube a más de una vara ..»(Lám. 2). En el estudio analítico realizado por D. Agustín Juan y Poveda(30) en 1797, se hace referencia al aprovechamiento de un nuevo manantial, el denominado «Manantial del Carmen», realizado por medio de excavación y producía unas 48 pulgadas de agua y regando diariamente de 8 a 9 tahúllas de tierra, después de haberse utilizado en los baños. La importancia de este dato radica en la pervivencia de la utilización de las aguas para el regadío de la huerta de Alhama, tal y como sucedía desde el siglo XIII, según nos relataba Al-Qazwini. El problema del agua, tan vigente en nuestros días, representaba una importante riqueza para el mundo musulmán y cristiano, de cuyo periodo tenemos la referencia, ya citada de Al-Qazwini, y tambien sabemos que en el siglo XV, entre las propiedades de la familia Fajardo(31), eran de gran importancia los días de agua en las diversas corrientes de la Villa. Escasas noticias posteriores nos hablan de un baño en estado de semiabandono, hasta mediados del siglo XIX

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cuando es nombrado director de los baños el médico D. José María del Castillo(32), el cual se lamenta en sus escritos de la dejadez en que permanecían tan preciados recursos, siendo uno de los impulsores de la nueva construcción. Pero la mejor descripción del antiguo edificio del Baño (Lám. 3), se debe al citado doctor, quien en 1845 escribe el folleto titulado «Memoria sobre las aguas minerales de la villa de Alhama de Murcia», en el que nos describe el edificio de la siguiente forma: «Casi en el centro del pueblo, en una de sus plazas, donde está situado el templo parroquial, cuya construcción y adornos son bastante grandiosos para una población limitada, veense hacia el mediodía, bajo del peñón llamado del Castillo, dos puertas de escasas dimensiones, que dan entrada a un recibidor o explanada pequeña que conduce a los baños y que sirve de un medio o regulador de las temperaturas que existen en aquellos y la que se respira en el exterior; inmediatamente que cualquiera se coloca en uno de los pequeños espacios que forman la entrada de las bóvedas, nótase un vapor caliente, que dificulta la respiración,

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produciendo una ligera disnea; pero cesa pronto ésta para ser reemplazada por una copiosa transpiración. Penetrando en lo interior se ven dos extensas y sólidas bóvedas, cuya arquitectura parece ser de los romanos, y que presenta la forma de dos grandes algives aislados perfectamente, tan solo con la servidumbre de sus aguas y de dimensiones diferentes; pues el de la derecha tiene 14 varas de longitud, cuatro de latitud y nueve y media de profundidad: el estanque o balsa, en donde comodamente pueden bañarse ocho personas, tiene de longitud cuatro varas, tres de latitud y una de profundidad. La bóveda de la izquierda, presenta de longitud quince varas y media, seis de latitud y nueve y media de profundidad; pudiendo colocarse para tomar el baño, unas once personas en la balsa de este algive, pues es su longitud de ocho varas, la latitud tres y media y su profundidad una. (...). Las aguas minerales tienen su nacimiento en la base del peñón del Castillo, recibiéndolas inmediatamente el algive de la derecha, por una mina casi horizontal, excavada en la misma piedra (...). Las sobrantes son despedidas por una cañería subterránea fuera de la población a una distancia de 114 varas y depositadas en dos grandes estanques; son de dominio particular, y se aprovechan para los riegos (...)(33)». El Hotel-Balneario de 1848. (Lám. 4)

El auge de los Balnearios en el siglo XIX puso de manifiesto que la higiene personal de las clases medias había quedado definitivamente relegada al ámbito de lo privado, y por tanto aquellas familias acudían a los balnearios, en la mayoría de los casos, a un lugar adecuado a sus aspiraciones y a sus gustos; eran el escenario preferente del estilo de vida que se fijaban a sí mismos las opulentas clases medias del siglo pasado. En nuestra localidad esta afluencia de visitantes va a quedar reflejado en una serie de grandes casonas residenciales dispersas por la huerta de Alhama, que ocupaban, en principio, durante la temporada de baños y posteriormente durante casi todo el año. Ejemplo de ello son las casas de finales del siglo pasado o principios de este como la casa de los Saavedra, casa de la Algodonera, casa de los Artero (actual Ayuntamiento), etc. Para un mejor aprovechamiento medicinal de las aguas, se construyó en 1847 un hotel-balneario(34) que reutilizaba las antiguas bóvedas y a las que se adosa un edificio de tres plantas, dotado de modernas instalaciones de baño y lujosos salones en los cuales se desarrolló una gran vida social hasta mediados de los años 30 de nuestro siglo (láms. 1 y 2). Este

Lámina 4. Fachada del Hotel-Balneario construido en 1848.

edificio tenía una fachada de 32 mt. de longitud y 12 metros de altura, con una lápida de mármol blanco en el centro que tenía la siguiente inscripción: AGROTANTIUM SALUTI VALENTIVM VOLUPTATI ANNO MDCCCXLVIII El Hotel-Balneario estaba distribuido en tres plantas y los sótanos, donde en un primer momento se ubicaban las habitaciones de baños, y a los cuales se descendía por una escalera de sillería que comunica tanto las salas antiguas reacondicionadas para los gabinetes hidroterápicos con un zócalo de mármol de más de 1 mt. de altura y cuatro salas de baños individuales y una doble que eran los cinco gabinetes con pilas de mármol ubicadas en los sótanos (Lám. 5). Posteriormente en 1911, se realiza la nueva galería de baños con varias pilas de mármol en habitaciones de la planta baja del edificio. Estas bañeras eran servidas desde el manantial con una bomba eléctrica hasta la planta baja; éste había sido el motivo de

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Lámina 5. Baneario de 1848. Habitaciones de baño en el sótano del edificio.

excavar en 1848 la zona de baños en sótano, buscando el nivel de las aguas del manantial. En resumen, el balneario contaba con 12 pilas de mármol blanco, dos departamentos para duchas de diversas clase, otro para pulverizaciones, duchas nasales, oculares, etc. En la planta baja se hallan la administración y las habitaciones del número uno al cuatro, destinadas a enfermos impedidos; la planta primera alberga la Dirección Facultativa, varias habitaciones y el salón de reuniones y comedor y la última planta tiene otra serie de habitaciones para las fortunas más modestas. Junto a este Hotel-Balneario y habiendo sido los baños un bien gratuito para la población, el Ayuntamiento exigió que una parte de las instalaciones antiguas permanecieran de uso público, por lo que la sala I quedó dividida en dos mitades desiguales, la mayor vinculada al nuevo edificio mediante una puerta practicada al efecto en el muro transversal, y la menor con entrada directa desde la calle y sin relación con el nuevo edificio, sería la denominada popularmente como «Baño de los pobres», y al cual se accedía por una módica propina al bañero(35).(Lám. 6 y 7).

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En 1848, tras la construcción del nuevo edificio, se efectuó otro análisis de las aguas por D. Anacleto Cela de Andrade(36), a instancia del Dr. D. José M.ª del Castillo, médico-director de las nuevas instalaciones. Con la Guerra Civil, el edificio se transformó en hospital de sangre, para, tras la contienda, quedar definitivamente cerrado y entrar en ruina, hasta su demolición en 1972(37). Tanto las referencias de Pascual Madoz en su Diccionario, como en las memorias posteriores de los médicos directores del balneario se repiten los mismos datos sobre el edificio termal (ya expuestos aquí) y se extienden principalmente en los análisis y virtudes de las aguas. Los datos más recientes de tipo arquitectónico fueron aportados por D. Santiago Broncano, quien realizó un informe completo sobre los restos existentes. IV. LAS AGUAS TERMOMEDICINALES DE ALHAMA

En el catálogo de aguas minero-medicinales de la Península Ibérica, conocidas por su relación con yacimientos

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Lámina 6. Baño Público. Entrada a la piscina general de uso colectivo.

arqueológicos durante la Antigüedad, sólo recoge en la Región de Murcia las aguas de Archena. Muy conocidas son también las aguas termales de Mula, Fortuna y Alhama y sobre estas últimas queremos aportar algunos datos referentes a los análisis de sus aguas. Para ello hemos utilizado algunas memorias de los médicos directores del balneario a lo largo del siglo XIX y principio del XX, que aportan una interesante información, aunque en general son coincidentes en sus concluisones. Cuatro eran los manantiales medicinales que constituían el caudal de este balneario, conocidos con los nombres de Baño, Carmen, Poza y Atalaya. Los dos primeros se localizan en el interior del balneario; el llamado Poza en sus proximidades y posiblemente sea una ramificación del principal (Baño) y el último, el de la Atalaya, a 12 Km. de la población, en la margen derecha de la Rambla de Algeciras. El conocido como Baño, más antiguo y citado al menos desde el siglo XIII(38), arrojaba en 1889 nueve pies cúbicos de agua por minuto la cual era inodora, cristalina, transparente, de sabor ligeramente amargo y con una temperatura

de 45º C. De parecida termalidad y mineralización eran las aguas de los manantiales del Carmen y la Poza, que en 1916 arrojaban 100 y 180 litros de agua por minuto respectivamente, siendo el caudal del agua del Baño, en este año, de 280 litros por minuto. Todas ellas se incluyen dentro de las denominadas Aguas Calientes (de más de 36º C) por su temperatura, y se clasifican entre las Sulfatado-Cálcicas termales por su composición, semejantes a las sulfatado cálcicas nitrogenadas termales de Alhama de Granada, a las bicarbonatadas sulfatadas cálcicas, sódicas de los Balnearios de Alhama de Aragón, no documentadas de este tipo en otro yacimiento por el momento(39). La decadencia del balneario en los años treinta se vería acentuada con la función de hospital de sangre durante la guerra civil, y permitió que algunos propietarios realizaran sondeos artesianos que provocaron la pérdida total del manantial de los baños. Es el caso del sondeo realizado por la familia Artero en el huerto de su propiedad (actual Ayuntamiento y entorno), que en 1921 profundizaron un pozo existente e hicieron disminuir el caudal del agua de los

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Lámina 7. Baño Público. Piscina general en el denominado popularmente «Baño de los pobres»

Baños y de las Minas; ello trajo consigo la correspondiente protesta de los dueños de los heredamientos citados y se procedió a efectuar la denuncia para efectuar las comprobaciones oportunas; Posteriormente la familia Mena realizó otro sondeo más profundo (actuales Baños de Alhama) que provocó el desvío del caudal de agua hacia esta última perforación de mayor profundidad. Un análisis de estas aguas, publicado en 1993(40), usadas para el baño actualmente, nos muestra una temperatura entre 26 y 41º C. y muestra unas aguas de salinidad elevada con facies clorurada-sulfatada cálcico-magnésica, manteniendo la mayor parte de los elementos fisico-químicos de las aguas de los manantiales antiguos; de igual forma se siguen indicando para los principales diagnósticos de reumatismo y artrosis, junto a las diversas afecciones óseas. Diferentes son las del manantial de la Atalaya, que por su temperatura de 19º C corresponden a las llamadas Aguas Frías, con una composición diferente que las incluye dentro de las Sulfurado-Sódicas. Sus aguas son transportadas al balneario para usarlas allí en bebida, en baño general o pulveri-

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zaciones, ya solas o ya asociadas a las termales, que es lo más frecuente. En cuanto a las propiedades curativas de todas ellas, sabido es que las aguas calientes son relajantes, sedantes y combaten la fatiga muscular. Ya en 1764, Gómez de Bedoya señalaba sus indicaciones en los casos médicos de parálisis histéricas, paraplejias y otras parálisis centrales, en artritis y neuralgias diversas, tumores, sarnas, herpes, etc. indicaciones que, en general, serán confirmadas por los médicos posteriores(41). IV. PLANTEAMIENTOS GENERALES Y DESARROLLO DE LA EXCAVACIÓN. (FIG. 3)

Ante el próximo comienzo de las obras de restauración del edificio y su conservación, según un proyecto financiado por la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia y el Ayuntamiento de Alhama, se realizó un planteamiento general del espacio, para llevar a cabo las excavaciones arqueológicas y delimitar con exactitud las diferentes estructuras

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BAÑOS ROMANOS DE ALHAMA

Estructuras romanas

Estructuras del balneario de 1848: conservadas/desaparecidas Manantiales y conduccioines de agua

Dibujo: A. M. Martínez Ortega - 1990 J. A. Ramírez Águila - 1992

Figura 3. Baños Termomedicinales de Alhama de Murcia. Planta General.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

modernos que demuestran su utilización hasta el comienzo de la guerra civil. Nuestros objetivos eran comprobar estratigráfica y arquitectónicamente la construcción original romana y sus permanentes reutilizaciones en los diversos periodos culturales. Para ello planteamos una cuadrícula en cada sala, adaptadas al espacio disponible y tratando de conservar los restos arquitectónicos de otras épocas, la mayor parte del siglo XIX (mármoles de solería, bañeras, enlucidos ...). 1. Sala II - Cuadrícula B-1 (Lám. 8)

Lámina 8. Sala II. Cuadrícula B-1 y restos arquitectónicos de 1848.

arquitectónicas y poder incluirlas en el proyecto con las medidas oportunas de protección y conservación, una vez que se estudiaran todos los restos. Por ello, dentro del solar que ocupan los baños, comenzamos delimitando tres sectores: 1 - Las dos salas abovedadas, consideradas como el edifico principal y más antiguo, en el que se encuentran los manantiales subterráneos y la canalización de desagüe general, también subterránea. 2 - Sótanos del Hotel-Balneario de 1848, construidos de ladrillo y cuyas paredes enlucidas de yeso, conservan la división en habitaciones de baño con sus bañeras correspondientes y otra canalización de desagüe que se une a la anterior. 3 - Espacio superior en el solar que ocupaba el HotelBalneario derribado en 1972, y sobre el que se plantearon una serie de cuadrículas. A. Sector 1. Las dos salas abovedadas (Figs. 2 y 3)

Este sector presenta la estructura arquitectónica más interesante, con sus alzados completos y revestimientos

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Con unas dimensiones de 2’30 x 180 m., se traza esta cuadrícula en el ángulo derecho de la entrada actual, lugar donde las estructuras aparecen totalmente destruidas. Esta habitación presenta una serie de tabiquillos de ladrillo macizo, separados entre sí 40 cm., que sustentan las placas de mármol blanco del suelo, de 56 x 56 cm.; sin duda obra de 1848. Bajo estos tabiquillos aparece una primera pavimentación de ladrillos anaranjados cuadrados de 25 x 25 cm. colocados sobre una capa de cal y arena de color violáceo, bajo la cual hay una capa de piedras uniforme y unidas con cal por su parte superior. Esta capa parece superpuesta a otra de piedras más gruesas, también unidas por argamasa. No aparece ningún tipo de material arqueológico, a excepción de tres fragmentos de ladrillo vidriado con decoraciones distintas a las empleadas en 1848 de tonos azules. Finalmente y tras la potente capa de piedras de unos 40 cm. llegamos a una serie de piedras planas unidas entre sí que parecen formar una solera parcialmente destruida. Bajo ésta, ya solamente encontramos arcilla de color rojizo casi húmeda y que se mete debajo del muro sin existir ningún tipo de cimentación. Esta arcilla nos indicó la presencia de un estrato estéril sin alteración. 2. Sala II - Manantial del Carmen (Lám. 9)

El manantial del Carmen posiblemente utilizado a partir de 1796 por la disminución del caudal en el manantial del Baño, lo que hizo necesario realizar nuevas excavaciones. A través de una abertura de 37 cm. de anchura y una altura de 65 cm. que había tenido una puerta de hierro hasta el derribo del edificio, se penetra en su interior, de forma elíptica, que muestra la roca propia del cerro (conglomerados no muy duros). Efectuamos la correspondiente intervención observando restos de diversas salidas de agua y materiales modernos. Estas salidas de agua eran tuberías de plomo que

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Lámina 10. Sala I. Vista interior general.

Junto a la bañera ampliamos la cuadrícula, encontrando abundante material de relleno (ladrillos, cerámica reciente, ...) y delimitamos un desagüe construido de ladrillo desde la citada bañera, cuya evacuación se realizaba a través de la Sala IIb. 4. Sala I - El manantial del Baño (Lám. 11)

Lámina 9.-Sala II. Vista interior y situación del manantial del Carmen.

se dirigían hacia la sala donde se ubicaba el manantial del Baño. 3. Sala I - Cuadrícula C-1 (Lám. 10)

Esta sala aparece muy transformada por diversas construcciones en el siglo XIX y XX fundamentalmente, por lo que en principio sólo pudimos estudiar el funcionamiento de la misma en este último periodo de su uso. La ubicación de la cuadrícula es a la derecha del manantial del Baño, con unas dimensiones de 2’30 x 1’70 m. Aparece un primer pavimento de ladrillo macizo de 25 x 25 cm. colocado sobre argamasa de yeso y arena muy degradable, que deja paso a un suelo muy duro de cal y arena uniforme en toda la cuadrícula, excepto en la parte donde está situada la bañera de 1848. Esta rotura se practicó para la instalación de dicha bañera excavándola en el suelo. No apareció ningún tipo de material indicativo de cronología, por lo que continuamos bajando hasta llegar a la roca natural del Cerro del Castillo que afloraba tras levantar la capa de cal y arena.

Dentro de la Sala I se encuentra el manantial más antiguo y verdadero origen del edificio, llamado del Baño. Su galería subterránea alcanza unos 18 m. de longitud y una altura y anchura variable según las zonas. Si en su origen debió ser una pequeña cavidad por donde brotaba el agua, con el paso del tiempo se fue excavando en el conglomerado propio del terreno para aumentar así su caudal. Nosotros realizamos una limpieza del total de su recorrido, pudiendo observar en sus paredes la coloración rojiza de los diversos niveles que el agua había alcanzado en las diversas fases de utilización.

Lámina 11. Sala I. Interior del manantial del Baño.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

B. Sector 2: Sótanos del edificio de 1848 (Lám. 5)

En la construcción del Balneario-Hotel de 1848, la Sala I fue parcialmente destruida en su mitad Sur para adosar los sótanos del edificio moderno; En ellos se diferencian dos partes: la primera está subdividida en cinco habitaciones con bañeras de mármol individuales y una doble y la otra parte ocupa la escalera desde la planta baja y el pasillo de entrada a las habitaciones de baño. La cubierta de este sótano es de bóveda de cañón de ladrillo y dispuesta en sentido oblicuo a las antiguas salas. 1. Cuadrícula S-1.

La cuadrícula S-1 tiene unas dimensiones de 2’95 x 1’80 m. siendo un tanto irregular por su ubicación (fig. 3), tenía como objetivo comprobar la existencia de estructuras romanas en esta zona y delimitar el cierre de la Sala II, que sabemos fue destruida en parte para adosar los sótanos. Tras quitar el último suelo del edificio con losas de 20 x 20 cm. de color verde oscuro, colocadas sobre una capa de argamasa de cal y arena muy deleznable, se dejan ver grandes losas de piedra plana de tipo calizo y de dimensiones variables, aunque bien «escuadradas». Bajo ellas, el relleno de tierra, cal, yeso, ... producto de reutilizaciones, no ofrece ningún indicativo cronológico, así como ningún tipo de material arqueológico. Se sigue profundizando junto al muro divisorio de las salas I y II buscando la cimentación original, quizás de época romana, que no aparece muy definida a 1’05 m. de profundidad. 2. Cuadrícula S-2

En la construcción del nuevo edificio, en 1848, fue necesario realizar una serie de canalizaciones de entrada de agua desde el manantial y de evacuación de la misma para las nuevas instalaciones. Primeramente para conducir el agua utilizada en las bañeras hasta el desagüe-galería 2 y cuyo trazado observamos en el plano general. La excavación de esta cuadrícula se limitó a conocer la redes de alimentación y desague, y dió comienzo retirando el suelo de losas verde oscuro de 25 x 25 cm. que pavimenta la sala, directamente apoyado sobre una capa de argamasa de cal y arena. Bajo ésta encontramos la misma capa de grandes piedras calizas que en S-1, bien trabajadas y que servían de soporte al suelo propiamente dicho. 3. Las canalizaciones de desagüe. (Fig. 2)

Hemos hablado anteriormente de las canalizaciones de desagüe de cada sala, es decir las correspondientes a la

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bañera ubicada en la Sala II, la bañera ubicada en la Sala I y las que recogen el agua de todas las bañeras ubicadas en el edificio de 1848; pues bien, todas estas canalizaciones van a depositar el agua a un conducto subterráneo general que parte de la Sala I y desciende por la actual calle de la Feria hasta la llamada Balsa del Baño, situada en el subsuelo del actual Jardín de los Patos. Esta conducción, conservada actualmente en unos 18 m. de longitud, es en parte la primitiva construcción romana de sillares que puede reconocerse en su inicio. Más adelante, hacia los siete y ocho metros de longitud, se observan revoques de yeso y añadidos de piedras y ladrillos que indican la utilización constante de tales desagües, con lucernarios al exterior para facilitar su limpieza. C. Resto del solar del balneario, sin construcciones (fig.3)

Tras efectuar el trabajo arqueológico en el interior de los restos conservados (Salas abovedas I y II, Sótanos de 1848 y Canalizaciones), hemos de considerar el hecho de la no aparición de restos significativos de interés arqueológico. La razón de ello hay que buscarla en los diferentes descensos del nivel del suelo realizados cada vez que el caudal del manantial disminuía. De esta forma comenzamos la apertura de una serie de cuadrículas en el resto del solar. El planteamiento de las mismas se hace sobre los ejes que forman los muros de los sótanos de 1848, conservando unas dimensiones de 3 x 4 m. Así queda todo el solar dentro de los ejes de coordenadas. Para esta zona contábamos con el plano de la planta baja del Hotel-Balneario de 1848, siendo de gran utilidad para el reconocimiento de las estructuras correspondientes al mismo. 1. Corte C-3

La situación de este corte es la más cercana a las estructuras que suponíamos romanas, a falta de otra información, por lo cual, tras abrir el corte, procedimos a efectuar una cata sobre la propia cubierta de la Sala II cuyos resultados fueron los siguientes. Comenzamos a picar con sumo cuidado la cubierta de la bóveda desde el arranque de la misma, extrayendo una capa de argamasa de cal blancuzca de 2 cm. de espesor aproximadamente (en algunos sitios menor), bajo la cual aparecía claramente un revestimiento de opus signinun que demostraba la construcción original romana como veníamos sospechando, cubierta por revestimientos posteriores.

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Lámina 12. Corte G-5. Sala de Baño con hipocausto, Caldarium ?

Volviendo al Corte C-3, éste había venido a coincidir .con un patio secundario del balneario, al cual se accedía desde el corredor, por lo que no aparecían estructuras arquitectónicas. Un estrato superficial se componía de rellenos de piedras y ladrillos, cerámica moderna, ..., con un potencia de 80 a 90 cm. Bajo éste, aparecía ya un nivel de tierra marrón anaranjada, poco compacta y muy abundante en material cerámico ibérico exclusivamente (platos de borde entrante, de borde alado, vasijas globulares, fragmentos de kalathos, etc.). Este estrato, denominado I, alcanzó un espesor de 50 cm., bajo el cual ya aparecía una capa de limos y arenas completamente estériles. 2. Corte E-3

La Cuadrícula E-3 vino a coincidir con el comedor del Hotel-Balneario, con lo cual nada más comenzar a excavar su estrato superficial aparecieron estructuras y cerámica moderna mezcladas con algunos fragmentos ibéricos e islámicos. La necesidad de realizar una buena cimentación en 1848, ocasionó que los estratos estuviesen totalmente altera-

dos y una profundidad de 1’10 m. dejamos de trabajar por el escaso tiempo de que disponíamos. 3. Corte G-5 (láms. 12, fig. 3)

Era necesario efectuar diversos cortes alrededor de las estructuras arquitectónicas y esta zona sería la otra elegida. El Corte G-5 se comenzó a excavar con un estrato superficial de rellenos, cerámica moderna y algunas intrusiones islámicas. Tras este relleno con un espesor de 1 a 1’10 m. bastante homogéneo, diferenciamos un estrato I con varios niveles. En el nivel C aparecieron algunos elementos significativos, como un fragmento figurado de lucerna de volutas y otros fragmentos de cazuelas y ollas de cerámica común, tipos Vegas 6 y Vegas 1 respectivamente. En esta cuadrícula, junto con la siguiente, localizamos la habitación de época romana que identificamos como Caldarium y que describimos en el apartado correspondiente. 4.Corte G-6 (lám.12; fig. 3)

Si la cuadrícula anterior nos habia mostrado la existencia del muro de una sala romana con restos de hipocausto, era

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necesario realizar la excavación de la cuadrícula G-6 para intentar delimitar la sala en su totalidad. El trazado de este corte fue cuadrado debido a que en su lado Sur llegaba hasta el muro de cierre del solar, resultando unas dimensiones de 3 x 3 mt. La estratigrafía es la misma que la obtenida en el Corte anterior G-5, puesto que se trata de la excavación de la sala romana. Tras excavar el estrato superficial de abundante material moderno procedente en su mayor parte del derribo del edificio de 1848, en el estrato I diferenciamos tres niveles. El primero A, considerado de enlace entre los depósitos modernos y el material romano; el segundo nivel B, mostraba una delgada capa de cenizas con material cerámico romano significativo, formas de terra sigillata Dragendorff 27, 18, otros fragmentos de cerámica común, formas Vegas 5 y platos tapaderas, Vegas 17 etc. En el tercer nivel C, se recuperó el conjunto de pilotes de ladrillo de las arquerías que sustentaron en su momento los pavimentos (suspensurae). En total, una vez excavada la extensión de la sala en las cuadrículas G-5 y G-6, se documentaron 20 arranques de arquillos de ladrillo delimitados por tres muros laterales; sólo faltaba el muro de cierre del lado Oeste, que estaría situado en la zona de los sótanos de 1848 y destruido por éstos. 5. Corte H-5

Tras la aparición de la sala romana en los cortes descritos, se planteó la necesidad de abrir las cuadrículas contiguas para comprobar si las estructuras romanas se extendían alrededor de dicha sala. Una primera capa de tierra -que denominamos estrato superficial- deja paso a la cimentación corrida de 1848, perfectamente delimitada en los planos del edificio que poseíamos. Esta circunstancia ocasionó la división del corte en dos partes, denominada lado A y lado B. En este último aparece a los 30 cm. una capa muy dura de tierra y gravilla (de la comúnmente llamada zahorra) que tenía por objeto servir de base a la escalera para subir al piso superior, según el plano de 1848. Bajo este estrato I aparece una capa de tierra marrón oscuro-rojiza más blanda y con restos cerámicos islámicos y romanos mezclados con materiales modernos. El lado A muestra una estratigrafía totalmente distinta al B, ya que coincide con los cortes G-5 y G-6, es decir, con un estrato superficial de un relleno moderno, bajo el cual ya aparece la tierra más compacta de color marrón-anaranjado que es el mismo estrato I de los cortes anteriores. Es impor-

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tante el hallazgo de material romano como fragmentos de T.S. Sudgálica, lucernas y cerámicas de paredes finas, todo ello estudiado en el apartado correspondiente. Perpendicular al muro del balneario de 1848 y en el mismo lado A, documentamos otro muro de 1 m. de anchura y con una cimentación a partir de los 65 cm. de alzado, con abundante piedra mediana y pequeña correspondiente a los derrumbes del mismo. Al alcanzar una profundidad de 1’35 cm. el muro queda sin cimentación, aunque sí continúa la cimentación moderna de 1848 que alcanza una profundidad de 1’80 m. Sobre la profundidad de 1’60 m. aparece una tierra arenosa y sin material que tras bajar 20 cm. más nos hace abandonar la excavación en esta cuadrícula. 6. Corte H-6

Para delimitar las estructuras recuperadas se procedió a la excavación de la cuadrícula contigua, para de esta forma conocer las dimensiones de la sala -caldarium-. Junto al Corte G-6 continúa la misma estratigrafía y en el lado opuesto tras bajar un nivel de tierra grisácea con abundante grava y algunas piedras hasta la cota de 1´40 m. el muro se queda sin cimentación. A una profundidad de 2´45 m. no apareciendo material arqueológico deducimos que nos encontramos fuera de las instalaciones de Baños. Futuras excavaciones en la zona nos darán información sobre el uso del espacio en esta zona. V. ANÁLISIS DE LOS RESTOS ARQUEOLÓGICOS

Es muy conocida la importancia del baño en el mundo romano que, a su vez, habían heredado del mundo griego, lo que ha quedado reflejado en los textos y en la gran cantidad de instalaciones balnearias conservadas en todo el imperio. La propiedad podía ser privada, municipal o imperial y según sus dimensiones podían ser establecimientos mayores (grandes termas imperiales) y menores (propios de pequeñas poblaciones y zonas rurales). Estas construcciones balnearias romanas presentan una mayor problemática cuando hablamos de arquitectura termal medicinal, vinculada siempre a un manantial de agua caliente sobre el que se construye el edificio principal, en torno al cual se organiza el resto del espacio. Así sucede en nuestro caso y como él existen muchos ejemplos tanto en nuestra región: Archena, Fortuna, Mula, etc., como en el resto de España(42). Las referencias historiográficas sobre el origen romano de los restos arqueológicos que ya hemos

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Lámina 13. Sala I. Interior de la bóveda y pared frontal.

enumerado en el apartado de historia de la investigación, confirma, en todo caso, las hipótesis previas sobre la construcción del edificio en época romana «por su estructura, solidez y argamasa con que están construidos», como señala Pascual Madoz, y los hallazgos arqueológicos, que más adelante apunta con la aparición de monedas del «tiempo de los césares»(43). 5.1. Las excavaciones arqueológicas. El Baño romano

Con los antecedentes reseñados se inician las excavaciones arqueológicas que nos han permitido realizar un estudio completo de las estructuras conservadas y una valoración que adecuase los restos al proyecto de restauración. Cuando en 1972 realiza el informe arqueológico D. Santiago Broncano Rodríguez, ya hacía importantes valoraciones sobre la construcción romana e incluía planos de todo lo existente, que nosotros utilizamos para una primera aproximación al estudio e investigación de los Baños. El edificio de Baños se ubica al pie del Cerro del Castillo y de forma perpendicular al manantial del Baño, se levanta un edificio de planta rectangular con orientación SE-NW, que se divide en dos salas longitudinales de diferentes dimensiones y con una cubierta de bóveda de cañón. A esta construcción se le añaden una serie de habitaciones o estancias localizadas en el sector oriental, que debía responder al tipo de baño romano lineal de sucesión de ambientes. A.-El edificio termal-medicinal (Lám. 2, 3, 10 y 13; Fig. 3)

Los materiales empleados en su construcción es el opus incertum, en el que los paramentos se realizan con hiladas de piedra irregular trabadas con mortero de cal y arena. Esta mampostería, al interior y exterior, está bien careada e inte-

riormente está recubierta de varias capas de fino mortero de cal, de dificil adscripción cronológica. También hemos localizado sillares en el inicio de la conducción subterránea principal y el ladrillo se emplea en el interior de las salas de baño, en los hipocaustos, bien formando los arquillos de la suspensurae, en pilares y en los conductos de aire caliente. La planta del edificio (fig. 3) consta de dos salas longitudinales, la primera situada en el lugar donde aflora el manantial del Baño, que sufrió la destrucción de su zona de entrada en 1848, debido a la ubicación de los sótanos del hotel-balneario, realizados con un trazado arquitectónico rectilíneo con respecto a la calle de los Baños. En cuanto a las dimensiones, según José María del Castillo(44), cuya referencia hemos citado textualmente en otro apartado y que corresponden al edificio antes de realizar las obras de 1848, coinciden, en general, con las realizadas por nosotros y que son para la Sala I (Lám. 12) de una longitud de 13´30 mt. y de una anchura de 3´10 mt. (11´69 mt de long., 3´34 de anchura y 7´51 de altura para J. Mª del Castillo); la sala II tiene la misma longitud, 13´30 mt., y una mayor anchura de 5´30 mt.(12´94 mt. de long., 5´01 mt. de anchura y 8´35 de altura). Ambas salas disponían de una piscina o balsa para el baño que en la Sala I tenía unas dimensiones de 3´34 mt. de long., 2´41 de anchura y 0´835 de profundidad; la piscina de la sala II era más grande y tenía unas dimensiones de 6´64 mt. de long.; 2´92 mt. de anchura y 0´835 mt. de profundidad(45). En los muros de unos 90 cm. de grosor parece emplearse el pie romano, con lo cual serían de tres pies romanos; éstos disminuyen en el arranque de la bóveda a unos 45-50 cm., variables, que muy bien podría ajustarse al pie y medio romano. Examinando la parte exterior de las bóvedas pudimos documentar, bajo los revestimientos impermeabilizantes de cubierta más modernos, un revestimiento de opus signinum localizado en la sala I, sobre el manantial, y que alcanzaba una altura de 95 cm desde el arranque de la bóveda exterior. Este hallazgo, ha sido el único elemento característico de la arquitectura romana, que pudimos documentar durante los trabajos llevados a cabo en la cubiertas exteriores de las bóvedas y en el interior del edificio. En ambas salas existía una entrada pequeña o recibidor que daba paso a las piscinas, dotadas de escalones para bajar a bañarse, en las que cabían ocho personas en la pequeña y once en la grande, según nos señala el citado José M.ª del Castillo.

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El agua del manantial penetraba en la piscina de la Sala I, a través de una mina horizontal de unos 18 metros de longitud excavada en los conglomerados del Cerro del Castillo. Desde la misma salida del manantial existía otra conducción para la piscina de la Sala II y el agua, una vez utilizada para el baño, salía por una canalización subterránea de aparente construcción romana en su trazado inicial de sillares, e iba a parar a una balsa o depósito fuera de la población. Este conjunto termal, con separación de ambientes para cada sexo, tiene una cubierta de bóveda de cañón de opus incertum, compuesto por mortero de cal y piedras de mediano tamaño, al igual que la fábrica del resto del edificio, sin ningún tipo de cimentación previa tal y como hemos podido documentar en el corte A-1, donde el muro apoya directamente sobre la arcilla roja compacta, totalmente virgen. En las bóvedas, y para conseguir el ambiente termal más idóneo, se localizan unos óculos con tapadera superior que permitiría abrir o cerrarlos para graduar la temperatura. Si bien en la actualidad podemos distinguir dos óculos en la sala más grande, sabemos que no son los de época romana, pues éstos aparecieron «cegados» con ladrillo, en número de cuatro y con una distribución precisa, al quitar el enlucido moderno de la bóveda interior. Además de los huecos de la bóveda existían también unas pequeñas aberturas de comunicación entre las dos salas que servirían para disfrutar de un mismo ambiente salutífero dentro de este espacio subterráneo situado al nivel del manantial constructivo de época romana aparecido durante los trabajos llevados a cabo en las dos salas abovedadas, el manantial del Baño y la canalización de desagüe. Debemos añadir que el uso del edificio durante 2.000 años, de forma ininterrumpida, ha debido favorecer la pérdida de enlucidos, suelos y otros elementos de época romana. La distribución de salas abovedadas, semejantes a aljibes, con separación de ambientes para cada sexo y con una sola piscina de grandes dimensiones en cada una podemos documentarlo en Fortuna, Archena, Alhama de Granada Los ejemplos de piscinas termales de grandes dimensiones son abundantes. Así en San Roque (Lugo)(46), en Alange (Badajoz)(47) con piscinas circulares y oculus de cierre en su parte superior, grandes piscinas de opus signinum en S. Pedro do Sul(48), Baños de Ledesma (Salamanca)(49), todos ellos con una sala cubierta con bóveda y piscina central. Estas construcciones en torno a aguas con propiedades cura-

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Lámina 14. Sala I. Hornacina en la pared frontal junto al manantial del baño.

tivas y «milagrosas» suelen adscribirse o dedicarse, en el mundo romano, a alguna divinidad relacionada con las aguas, con la salud, con la fecundidad, etc. En la región de Murcia tenemos el ejemplo ya citado de Fortuna y, sin duda, Alhama de Murcia, que en futuras intervenciones debe proporcionar más información y elementos de juicio sobre el tema. Ocasionalmente y durante el proceso de restauración de la sala I se descubrió, en la pared frontal cerca del manantial, una hornacina que debía corresponder al lugar reservado a la divinidad salutífera de las aguas, lo que nos confirma la hipótesis planteada, aunque por el momento no disponemos de más datos al respecto (Lám. 14). B. El Baño romano anexo al edificio termal A. Sector oriental (Fig. 3)

Al comienzo de la descripción general, hemos indicado que la construcción se organiza funcionalemente en un cuerpo central de planta rectangular y perfectamente definido y salas anexas, de las cuales sólo hemos localizado una de ellas.

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En el entorno del conjunto termal, parcialmente destruido por los sótanos construidos en 1848, debía existir un baño de tipo lineal simple con las tres estancias características del baño romano, del cual sólo hemos podido localizar el caldarium (lám. 12). La ausencia del resto de estructuras y salas se debe a la ubicación de los sótanos del Hotel-Balneario que se excavaron hasta el nivel de salida de agua del manantial, y por lo tanto se arrasaron todas las estructuras existentes a una cota más alta e incluso se llega a destruir parte de la entrada a la sala termal, con el fin de cuadrar el edificio con respecto a la línea de calle. Con este hallazgo se plantea la existencia de un baño de recreo citado que completaría las instalaciones balnearias de Alhama de Murcia a modo del complejo termal romano de La Nava (Cabeza del Buey, Badajoz)(50) o en Fortuna (Murcia)(51) donde sus autores creen que deben existir otras instalaciones. Se trata de una habitación, quizá de forma cuadrada de 3’25 metros de anchura y cuya longitud total desconocemos al estar cortada por el muro del sótano de 1848, pero que debía superar los 3 metros. Al igual que los muros del edificio termal su fábrica es de opus incertum conservados en una altura de 1´60 metros hasta el pavimento de cal desde donde arrancan los pilares del hipocausto. Sobre este pavimento, de color blanquecino con manchas negruzcas, aparece el característico sistema de calefacción utilizado en gran parte de los conjuntos termales, urbanos y rurales, donde estos hipocaustos se suelen combinar con los tubuli de las paredes laterales para mantener la temperatura de la habitación, aunque este no es nuestro caso. Las columnillas de ladrillo formando bovedillas realizadas por aproximación de hiladas, con el tipo de ladrillo bessales de 22 cm unidos con argamasa de cal, habiéndose recuperado un total de 20 arranques a diferentes alturas, sobre las cuales y en su parte superior se colocarían los ladrillos bipedales y el suelo (suspensurae) de opus signinum, del que han aparecido abundantes fragmentos entre el derrumbe de los pilares. Este sistema de bovedillas realizadas por aproximación de hiladas se emplea en las Termas de Caputa (Mula, Murcia)(52), en Casa Basílica de Emérita (Mérida, Badajoz), en Herdade da Fonte do Prior (Monteno-o-Novo, Ébora), en Casais Velhos (Areia, Cascais, Lisboa), en Vale do Junto (Ortiga, Castelo Branco), en Torreblanca del Sol (Fuengirola, Málaga), en Carteia (Cádiz), en Mirobriga (Santiago do Cacem, dist. de Beja)(53). La sucesión estratigrafía de esta sala -caldarium- es la siguiente:

1.- Estrato superficial: es un relleno compuesto por piedras, ladrillos, azulejos.... procedentes del derribo del HotelBalneario de 1848, con una potencia de 90-100 cms. 2.- Estrato I: hemos diferenciado tres niveles. Nivel A: tierra marrón clara mezclada con algunas piedras de tamaño mediano, con cerámica romana escasa y una potencia de 58-60 cms. Nivel B: tierra de color oscuro con abundancia de carbón y una potencia de 12-15 cms y con algunos fragmentos de cerámica y estucos romanos. Nivel C: tierra marrón oscura con una potencia de 12-20 cms que contiene un elevado índice de cerámica romana y abundantes estucos. También aparecen ladrillos y fragmentos de opus signinum procedentes del suelo (suspensurae) sobre el hipocausto de la habitación. 5.2. El Baño islámico (Fig. 2)

El Baño en el mundo islámico constituye un elemento esencial e indispensable dotándolo de un carácter religioso ligado íntimamente a la mezquita y añadiéndole otra serie de funciones higiénicas, lúdicas y sociales que junto con las de carácter medicinal se podrían dar en nuestro caso de Alhama de Murcia, En este periodo parece clara una organización de los espacios dentro del casco urbano, en función de su uso(54). En primer lugar, un espacio político-militar con el Hisn como elemento aglutinador y que además de su función defensiva, debía servir tanto de hábitat permanente como de refugio de la población cercana(53) . En segundo lugar, como espacio cultual y religioso, los Baños ubicados junto a la Iglesia de San Lázaro, documentada desde 1366 (55) y que debe estar reedificada sobre los restos de una mezquita u oratorio, centro público por excelencia en el mundo islámico, aunque sobre el particular no podamos ofrecer datos histórico-arqueológicos que así lo confirmen. No existe, por el momento, ningún hallazgo que nos permita pensar en el culto a las aguas de alguna advocación pagana que se transformaría, con el paso del tiempo, en un lugar de culto cristiano relacionado, en nuestro caso, con el culto a S. Lázaro Obispo, patrón de Alhama y del que toma su nombre la principal iglesia parroquial de la localidad situada junto al edificio de los Baños y que, curiosamente, es el patrón de los leprosos y enfermedades de la piel, las mismas para las que están especialmente indicadas las aguas medicinales de los Baños de Alhama.

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ha correspondido a las cerámicas denominadas «comunes» y «de cocina». Se han seleccionado un total de 86 fragmentos, aunque 31 de ellos corresponden a restos informes (5 con huellas de empleo en cocina). Otros dos casos corresponden a fondos groseros de pie anular alto (ALH-310) o bajo (ALH605), para los que no podemos adelantar su identificación con un tipo cerámico determinado. Los ejemplares catalogados, han sido clasificados en grandes categorías de vajilla doméstica: A.1. Platos-Tapaderas:

Figura 4. Selección de cerámicas de los Baños de Alhama. Cerámica común: Platos, cuencos, ollas, cazuelas y lucernas.

Otra parte fundamental de este espacio religioso es el cementerio musulmán que se extiende a lo largo de la calle Corredera y que aparece vinculado a los Baños e Iglesia como parte del esquema social en el mundo islámico(56). La descripción del edificio y su funcionamiento, con la correspondiente separación de ambientes, coinciden con la realizada por Al-Qazwini en el siglo XIII, la cual manifiesta claramente que a partir del periodo islámico y, quizás desde época tardoantigua, sólo se mantuvieron en uso las dos salas de carácter medicinal del edificio. Véase la reconstrucción del espacio arquitectónico según los datos de Al-Qazwini. 5.3. Estudio de los materiales: cerámica, vidrio y estucos 57

Sobre los aspectos cronológicos, resulta especialmente valorable la aportación de los materiales cerámicos recuperados en su mayor parte en el sector oriental y especialmente en la sala - caldarium- anteriormente descrita. A. Cerámicas comunes (Fig. 4)

El conjunto cerámico más amplio aparecido en esta primera fase de excavaciones de los baños romanos de Alhama,

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Se han recogido 5 muestras de bordes exvasados-redondeados y de bordes apuntados, correspondientes a platostapaderas en cerámica común. Los primeros (ALH-412 y ALH-702/703) muestran asimismo la zona del borde ahumada, por lo que pueden identificarse con seguridad con las producciones de platos de borde annerito (Vegas 16). Los ejemplares ALH-205 (informe) y ALH-309 (borde apuntado) se encuadran de manera más genérica en el tipo Vegas 17. Su procedencia es variada en los diferentes cortes estratigráficos, observándose únicamente una mayor concentración en el corte G-6 (niveles B y C) y su aparición en H-5 y H-6. A.2. Vasos:

En este apartado contamos únicamente con un fragmento de borde redondeado recto de un pequeño recipiente tipo Vegas 22 (ALH-409) procedente del nivel C del corte H-6. A.3. Cuencos:

Otros 4 ejemplares se clasifican como cuencos en cerámica común. En este grupo se observa una gran variedad en el tipo de borde característico del recipiente: a) borde recto redondeado, ligeramente entrante (ALH-408). Puede tratarse de una imitación de vajillas de mesa más lujosas (Vegas 21.5), procedente del nivel C del corte H-6. b) borde engrosado trapezoidal (ALH-701). Otra posible imitación (Vegas 21.2) de un cuenco carenado alto (forma Morel 92 de cerámica de barniz negro), procedente del nivel C del corte G-6. c) borde engrosado esférico (ALH-306). Perteneciente a un cuenco-cazuela con borde aplicado (Vegas 5), procedente del mismo nivel que la pieza anterior.

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d) borde aplicado cuadrangular de labio bífido (ALH-710). Es otro claro ejemplo de los cuencos-cazuelas Vegas 5 y procede asimismo del corte G-6.

La procedencia de estas muestras es muy variada, predominando el corte G-5 (nivel C) y G-6 (niveles B y C) y el corte H-5.

A.4. Cazuelas:

A.7. Ollas:

Hemos podido clasificar otras cinco vasijas en el apartado de cazuelas en cerámica común y de cocina. Casi todas corresponden a piezas ahumadas con bordes engrosados interiores y paredes exvasadas (ALH-411, ALH415 y ALH-604). El ejemplar más completo es el ALH-401, que muestra no sólo la embocadura del recipiente sino también su cuerpo hasta la carena media aguda, resaltada por un baquetón, y el arranque del fondo estriado exteriormente. Todo ello permite identificar estos ejemplares con las cazuelas de fondo estriado Vegas 6. Su procedencia es muy homogénea, pues corresponden al nivel C del corte H-6 y, en un caso, al mismo nivel del corte G-5. Finalmente, se ha incluido en este capítulo de cazuelas de cocina un fragmento de borde aplicado almendrado y ahumado (ALH-414), procedente del mismo contexto estratigráfico que los anteriores y de muy difícil catalogación tipológica.

Hemos dejado para el final el grupo más numeroso, documentado en el lote de cerámicas comunes y de cocina: las ollas y orzas. Se trata de 23 fragmentos de, al menos, 14 grandes recipientes de cocina y mesa. Se trata de los típicos recipientes globulares Vegas 1, aunque ninguno nos ha permitido recomponer la silueta de su cuerpo, con bordes exvasados vueltos (ALH-307, ALH-706 y ALH-709), exvasados oblicuos (ALH-312 y ALH-705) u horizontales simples (ALH-508) o aplicados (ALH-311, ALH-509, ALH-603 Y ALH-707/708). En otros casos únicamente se han conservado sus fondos y bases macizas rehundidas (ALH-313) o anulares (ALH-510). Un caso especial es el recipiente fino ALH-704, con borde exvasado vuelto y labio apuntado, que se sitúa a medio camino entre los grandes cuencos y las ollitas más livianas. Buena parte de ellos muestra restos de ahumado que denotan su empleo en la elaboración de alimentos cocinados al fuego. Su procedencia, aunque dispar, muestra cierta predilección por el corte G-6 (siete fragmentos en su nivel B y otros trece en el C) y H-5 (tres muestras) frente a una sola del nivel C del corte G-5.

A.5. Morteros:

Dos muestras, muy fragmentarias, han sido identificadas con restos de morteros, caracterizados por sus bordes exvasados pendientes (ALH-308) u horizontales trapezoidales (ALH-410). Se trata de tipos que se incluyen, de forma convencional, en el grupo 7 de Vegas, de cerámica común, y proceden respectivamente del nivel B del corte G-6 y del nivel C del corte H-6. A.6. Jarras:

Aunque disponemos de 6 muestras asimilables a jarras en cerámica común, la gran mayoría de ellas (ALH-315, ALH-511, ALH-606/607 y ALH-711) no son clasificables tipológicamente por tratarse de restos de asas verticales de secciones circulares o aplanadas y con una acanaladura central. Únicamente el ejemplar ALH-305 permite mayores precisiones por mostrar la embocadura entrante oblicua y un labio engrosado y el arranque de asas bajo el mismo borde y sobre un cuello relativamente estrecho y cilíndrico, rasgos todos ellos que apuntan hacia el tipo 39 de la clasificación de M. Vegas.

B. Ánforas:

Como grandes recipientes de contención y transporte de víveres y líquidos contamos, únicamente, con un fragmento de borde de ánfora vinaria itálica Dressel 1A, procedente del nivel B del corte G-6 (ALH-314), que no permite mayores precisiones cronológicas. C. Terra sigillata (Fig. 5)

Contamos, únicamente, con diez muestras de recipientes en terra sigillata. En su mayoría se trata de restos de bordes y arranques del cuerpo, aunque disponemos también de un fondo de cuenco Drag. 27 (ALH-202) con pie anular moldurado alto y dos informes (ALH-104). Entre los tipos identificados tenemos: a) Cuencos Dragendorff 27: ALH-301: embocadura baquetada y parte del cuerpo agallonado doble, procedente del corte G-6, nivel B, estrato I.

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b) Páteras Dragendorff 18: ALH-302: pequeño borde de baquetón, procedente del corte G-6, nivel B, estrato I. c) Platos Dragendorff 15-17: ALH-101: fragmento de boca con labio engrosado y pared multiranurada, procedente del corte G-6, nivel C, estrato I. d) Platos Dragendorff 18: ALH-501: pequeño borde procedente del corte H-5, estrato I. e) Cuencos Dragendorff 33: ALH-502: pequeño borde procedente del corte H-5, estrato I. f) Cuencos Dragendorff 35: ALH-503: fragmento de labio con restos de su típica decoración a base de tallos y hojas de agua a barbotina. g) Cuenco-crátera decorada Dragendorff 37: ALH-201: borde y arranque de cuerpo. Lamentablemente se conserva sólo el reborde de baquetón, una franja en reserva, entre moldura, bajo el borde, y el inicio de la zona decorada, sin que podamos determinar la iconografía que adornaría las paredes del vaso. En resumen podemos destacar que, a pesar de lo reducido del lote cerámico recuperado, se han podido identificar los principales tipos de las vajillas gálicas. LLama la atención la variedad de formas, no repitiéndose ninguna a excepción del fondo y boca de cuencos Dragendorff 27. Con todo ello se constituye un precioso contexto cerámico fechable, claramente, en el siglo I d.C. La coexistencia, en varios estratos, con cerámicas africanas del tipo A podría sugerir la llegada de estos productos en época flavia e incluso en el siglo II d.C. La ausencia de vajillas africanas en el corte H-5 (uno de los más ricos, por el contrario, en terra sigillata) y la falta de cerámicas gallicas en el corte H6, más tardío, parece indicar que el intervalo de comercio con los alfares franceses se circunscribe al periodo julioclaudio.

ficarse con un vasito tipo Miquel T-1250, procedente del corte G-5, nivel C, y varios fragmentos informes. El primero (ALH-712), procedente del corte G-6, nivel C, presenta una decoración de haces de líneas incisas verticales «a peine» característico de los cubiletes ovoides monoansados augusteos Mayet XXIV (Miquel T-1234). Podría corresponderse, incluso, este resto informe con la embocadura ALH-712, anteriormente descrita. Otros tres fragmentos informes (ALH-505), decorados con series de incisiones finas a ruedecilla, pertenecen a una vasija globular contemporánea y se recuperaron en el corte H-5. Finalmente tenemos, como dijimos al principio, seis muestras, dos de ellas con pequeños bordes de baquetón, de tacitas carenadas béticas con decoración de rejilla reticulada a barbotina (ALH-504) tipo Mayet XXXVIII, procedentes también del corte H-5. Incluimos asimismo en este apartado, aunque no se trate propiamente de una producción de cerámicas de paredes finas, la embocadura de una jarrita en cerámica vidriada romana (ALH-406). Se trata de un borde vertical ligeramente convexo, de labio apuntado, remarcado por una gruesa moldura que refuerza la boca y la distingue del cuello-hombro. El fragmento es demasiado reducido pero puede paralelizarse con el tipo López V de época tiberio-claudia. La mayoría de los ejemplares corresponden a cubiletes y vasos tardorrepublicanos y augusteos, aunque se han documentado asimismo vasitos de Asta julio-claudios. La gran variedad de tipos y producciones es lo más significativo del lote. Debemos destacar también el hallazgo de un ejemplar de cerámica vidriada, pues resulta poco frecuente en nuestras tierras. E. Cerámicas Africanas Claras:

D. Vasos de paredes finas (Fig. 5)

Una docena de muestras constituye el conjunto de vasitos de paredes finas recuperado hasta el momento en el yacimiento. El lote tiene un gran interés, más por la variedad de producciones que manifiesta que por su número. El resto más antiguo corresponde a un pequeño borde exvasado oblicuo (ALH-203) de un fino cubilete Mayet II, localizado en el corte H-5, que se puede fechar desde finales del siglo II a.C. pero especialmente a lo largo de toda la primera mitad del siglo I a.C. Con datas de la segunda mitad de dicha centuria localizamos un pequeño borde vuelto (ALH-602), que puede identi-

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El conjunto más amplio entre las producciones cerámicas de semi-lujo corresponde a las vajillas africanas de pastas claras engobadas. De ellas, la mayoría corresponde al tipo A, datado desde finales del siglo I hasta el siglo III d.C. Cuatro casos corresponden al restos informes (ALH-403 y ALH-609) y una base informe (ALH-404), los restantes han permitido identificar las forma genérica a la que pertenecen: a) Cuenco carenado tipo Lamboglia 3A; Hayes 14, del que disponemos del resto de borde engrosado ALH-102, procedente del nivel C del corte G-6. b) Cuencos ovalados tipo Lamboglia 8; Hayes 17, identificados en los fragmentos de bordes redondeados ALH-103 y

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Figura 5. Selección de cerámicas de los Baños de Alhama. TSG y Paredes finas.

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ALH-402, procedentes respectivamente de los cortes G-6 y H-6. c) Cuenco-fuente carenado de fondo estriado externo, tipo Lamboglia 10; Hayes 23. Este último tipo se puede reconocer en la base con estrias concéntricas y con carena aguda ALH-303, recuperado en el nivel B del corte G-6. Vemos, en resumen, que las cerámicas africanas claras de tipo A se concentran en los cortes G-6 y H-6, aunque también hay un resto informe en G-5 (ALH-609). Disponemos, asimismo, de nueve fragmentos de cerámicas africanas identificadas con el tipo C, característicos del siglo III d.C., pero todos ellos informes (ALH-105 y ALH405), recogidos también en los cortes G-6 y H-6. Tenemos, por último, una muestra de borde engrosado exterior (ALH-407), inclasificable tipológicamente, pero cuya pasta, acabado y morfología del labio señalan su pertenencia a las vajillas africanas claras más tardías, tipo D. F. Lucernas:

Las vajillas de mesa se completan con el hallazgo de tres restos de lucernas contemporáneas. El más completo es el resto de piquera de una lucerna de volutas, tipo Dressel 3 (ALH-506), y otra muestra con asa y arranque del cuerpo y el disco decorado, pero inidentificable, de un ejemplar similar (ALH-507). Ambos proceden del corte H-5. Se recuperó, además, en el nivel C del corte G-5 un ejemplar, muy interesante, de disco decorado a molde de otra lucerna de volutas julio-claudia (ALH-601). La escena representa una figura femenina sentada que puede interpretarse como una escena erótica o, más probablemente, la representación mitológica tipo rapto de Europa, Ariadna en su carro o alguna divinidad marina sobre hipocampos o tritones. La falta de buena parte de la escena nos impide determinar exactamente el significado de la figura recuperada. G Vidrios y varios:

A la vajilla cerámica se añaden tres fragmentos de vidrio muy fragmentados. Corresponden, seguramente, a piezas vítreas del mismo ajuar de mesa que las cerámicas. En el corte G-6, nivel B, se recuperaron un pequeño borde engrosado exterior (ALH-318) de un posible plato Ising 47 y un resto informe de cuerpo de un cuenco-bol profundo con suave moldura media y una fina, pero pronunciada, molduravisera superior (ALH-319), asimilable al tipo Ising 69b.

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La tercera muestra vítrea proviene del corte H-5 (ALH204) y no permite ninguna identificación por ser totalmente informe. Se localizó, también, un fragmento informe de estucado parietal en tonalidades pardo-rojiza (ALH-417) que no añade documentación adicional a la aportada por las vajillas cerámica y vítrea. 5.1.3. Estucos

Gran importancia ha tenido el elevado número de fragmentos de estucos recuperados durante la excavación, por lo que pensamos que las paredes y el techo de la sala donde aparecieron (caldarium) debían estar enlucidos y sobre estos últimos, aún húmedos, se desarrollarían los motivos geométricos pintados (bandas de diferente color, predominando los tonos violáceos, verdes, amarillos, rojos y blancos, círculos y elementos vegetales). En algunos fragmentos de estuco hemos observado que la pintura aparece cuarteada y «desconchada», debido a que pudo haberse realizado un «repintado» en seco de alguna pared de la sala que se habría deteriorado por la humedad u otros motivos no conocidos por el momento. Paralelos conocidos se dan en las termas de Santa Margarida de Montbuí (Anoia), donde se han encontrado estucos con motivos geométricos(55) o los aparecidos en Can Tarrés (La Garriga) con un zócalo de color rojo y el resto de color azul intenso(56), o en Belo (Bolonia, Cádiz), donde aparecen en una sala central estucos pintados de rojo, verde y amarillo.(57) IV. CONCLUSIONES Y PERSPECTIVAS

A modo de conclusión hemos de señalar que la arquitectura termal-medicinal presenta una serie de características que la diferencian del clásico esquema constructivo del Baño romano. Esto es bien evidente en el caso de Alhama de Murcia, donde se combinan los dos tipos de baños, medicinal-salutífero y de recreo. El excelente estado de conservación del primer tipo de baño le confiere un especial relevancia en el ámbito regional, lo que ha motivado sucesivas fases de restauración, por parte de la administración desde 1986. El conjunto de materiales recuperados de época romana abarcan un periodo entre los siglos I y III d.C. cuando, posiblemente y a causa de la crisis generalizada del Imperio, dejara de utilizarse la instalación balnearia de recreo, conti-

LOS BAÑOS TERMALES MINERO-MEDICINALES DE ALHAMA DE MURCIA

nuando en uso las dos salas de baño medicinal, quizás en precarias condiciones. En la región de Murcia los Baños de Archena, Águilas, Caravaca, Torres de Cotillas.... presentan una cronología semejante. Es especialmente importante la aparición de cerámica ibérica que, debido a no estar asociada a ningún tipo de estructura, hemos preferido esperar a futuras actuaciones arqueológicas en la zona para poder llegar a establecer unas conclusiones acertadas. En cualquier caso, parece probable que los pobladores ibéricos conocieran y aprovecharan, en alguna medida, los manantiales existentes. La arqueología ha demostrado que estos complejos termo-medicinales llevaban asociado un carácter cultual y religioso, que se manifiesta en la aparición de esculturas, aras, inscripciones.... relacionadas con los diferentes dioses de la salud, la fecundidad, etc. Aunque hasta el momento no disponemos de este tipo de materiales, a excepción de la hornacina citada, que nos permitan establecer conclusiones definitivas sobre el tema, no descartamos que futuras intervenciones arqueológicas en el sector oriental, puedan ofrecer una mayor información. Una valoración global de los hallazgos nos permiten establecer una serie de conclusiones provisionales: 1.- El edificio termal-medicinal hemos de considerarlo como el cuerpo principal, en torno al cual se organizaría el espacio. La sala recuperada en el sector oriental y que debía estar unida a otras estancias contiguas forma parte de un baño de esquema lineal y sucesión de ambientes. El resto de las estancias que se extendería hacia la Sala I medicinal, debió destruirse en 1848 durante la excavación para ubicar los sótanos del nuevo edificio. 2.- Si en época romana se utilizan ambos sectores, en el periodo islámico el uso se reduce a las dos salas abovedadas de carácter medicinal, permaneciendo el resto en estado de abandono quizá desde el mismo siglo III d. C. a tenor de los materiales cerámicos hallados. 3.- La aparición de una hornacina en la pared frontal de la Sala I nos plantea la posibilidad de existencia de un culto a las aguas con alguna advocación religiosa. Podría ser una explicación para el culto a san Lázaro actualmente en la contigua Iglesia del mismo nombre. 4.- Por último, señalar que estamos ante un gran complejo termal de especial conservación y que representa unos restos arqueológicos de gran interés, tanto a nivel local como regional. Por ello instamos a las distintas administraciones a que continuen con las siguientes fases de protección y con-

servación y que pronto pueda ser una realidad la idea final del proyecto para hacer visitables los restos in situ y reacondicionar los espacios para ubicar un museo arqueológico de Alhama NOTAS (1) RD 2.172/1983 de 29 de junio, publicado en el BOE n.º 194 de 15 de agosto de 1983. Ya en 1972 se había tramitado el expediente de expropiación forzosa de los terrenos que ocupaban los Baños Termales, mediante el Decreto 3.395/1972 de 30 de noviembre y posteriores Resoluciones en los años 191, 1974 y 1975. Veáse el diario LINEA, de 16 de julio de 1975. (2) Intervención de la Dirección General de Bellas Artes bajo la dirección del arquitecto D. José M.ª del Rey. Esta intervención se realizó después de la demolición del hotel-balneario de tres plantas y consistió, por una parte, en retirar todos los escombros que colmataban los restos arquitectónicos antiguos y modernos y posteriormente se procedió a la restauración de ladrillo en los restos de los sótanos de 1848; concretamente en la escalera de acceso a los sótanos y en las jambas de las puertas de las habitaciones de baño tambien de la misma época. Toda esta zona se protegió con una cubierta aterrazada sostenida por pilares metálicos. Asismismo se realizaron obras de consolidación en el interior de las bóvedas para reparar las grietas y fisuras que el derrumbre y la antigüedad habían producido. Previamente a esta actuación, visitó y elaboró un informe sobre los restos D. Santiago Broncano Rodriguez, Técnico Arqueólogo al servicio de la Inspección Técnica de Excavaciones Arqueológicas del Ministerio de Bellas Artes, titulado «Informe sobre el yacimiento histórico-arqueológico de los Baños Termales de Alhama de Murcia». (Inédito) (3) Previamente a las excavaciones se realizó un informe sobre la necesidad de realizar una actuación arqueológica en los Baños Termales de Alhama, realizado por el Técnico que suscribe este artículo, en septiembre de 1989. Una primera aproximación al estudio de las instalaciones y su uso en: BAÑOS SERRANO, J., MUNUERA MARÍN, D. y RAMÍREZ ÁGUILA, J. A. (1989). «Aprovechamiento agrícola de aguas termales en Alhama de Murcia. Captación, transporte y almacenaje.» El agua en zonas áridas: Arqueología e Historia. I Coloquio de Historia y Medio Físico, Vol. II. Almería, p. 521-542. (4.-STRINATI, Pierre. (1953). «Une grotte chaude près d´Alhama de Murcia». En: Speleon IV, n.º 2. Oviedo, pp. 95-104. (5) MARTÍNEZ DIAZ, J.J. y HERNÁNDEZ ENRILE, J.L. (1991). «Reactivación de la falla de Alhama de Murcia (sector de Lorca -Totana): cinemática y campos de esfuerzos desde el Messiniense hasta la actualidad.» Geogaceta, 9, pp. 38-42. (EGELER, C. G., KAMPSSCHUUR, W., LANGENBERG, C.W., MONTENAT, CH., PIGNATELLI, R. Y RONDEEL, H.E.. (1974). Mapa y memoria explicativa de la hoja 933 (26-37) de Alcantarilla del Mapa Geológico Nacional a escala 1:50.000. IGME. LÓPEZ BERMÚDEZ, F., CALVO GARCÍA-TORNEL, F. Y MORALES GIL, a. (1986). Geografía de la Región de Murcia. Barcelona , pp. 15 y ss.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

(6) MARTÍN ESCORZA, C. (1991). «La estructura geológica de la Península Ibérica y sus aguas termales.» En: Actas de la Mesa Redonda: Aguas minero-medicinales, termas curativas y culto a las aguas en la Península Ibérica. Madrid, pp. 231-254. (7) GONZÁLEZ BLANCO, A., AMANTE SÁNCHEZ, M., RAHTZ, Ph. y WATTS, L. (1991). «El balneario de Fortuna y la Cueva Negra (FortunaMurcia). Termalismo antiguo». En: Actas de la mesa redonda: Aguas minero-medicinales...... Madrid, pp. 421-454. Ver notas 3 a 10. (8) LOZANO SANTA Juan (1794). Bastitania y Contestania del Reino de Murcia. Murcia, Reimp. Acad. Alfonso X El Sabio, 1980; Biblioteca Murciana de Bolsillo, n.º 26. Libro I, p. 92 y ss. CEAN BERMÚDEZ, Juan Agustín (1832) Sumario de las Antiguedades Romanas que hay en España, en especial las pertenecientes a las Bellas Artes. Madrid, p. 42. ; MIÑANO, S. de. (1826-1829). Diccionario geográfico-estadístico de España y Portugal. Madrid, Voz Alhama. (9) CASTILLO Y ESPINOSA, José M.ª (1845). Memoria sobre las aguas minerales de la Villa de Alhama de Murcia. Murcia, p. 15 y (1848). Memoria acerca de las aguas y baños Termo-minero-medicinales de Alhama de Murcia. Murcia, p.22; LORENZO LÓPEZ, Joaquín (1916). Memoria de las Aguas Termales, Minero-medicinales. Totana, p. 35. (10) MADOZ IBÁÑEZ, Pascual (1850). Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de ultramar. Madrid, tomo I, págs. .590-592. (Ed. de la Consejería de Economía, Industria y Comercio de la Región de Murcia. Murcia, 1989, p. 55 (11) Obras de alcantarillado llevadas a cabo en 1989 en la calle Sánchez Vidal y cuya supervisión realizó David Munuera Marín e igualmente en la calle La Feria, las cuales fueron supervisadas por Juan Antonio Ramírez Águila. (12) BAÑOS SERRANO, J.; (1992). «Un olpe romano de tradición ibérica en Alhama de Murcia». Anales de Prehistoria y Arqueologia, n.º 7-8. Murcia, pp. 163-172 (13) MARTÍNEZ RODRÍGUEZ, A.; BAÑOS SERRANO, J. y DE MIQUEL SANTED, L.(en prensa). «Rasgos del poblamiento romano en la Vega del Guadalentín». Congreso Nacional de Arqueología. Elche, 1995 (14) VALLVÉ BERMEJO, J. (1972). «La división territorial de la España Musulmana. La cora de Todmir (Murcia)». En: Al-Andalus, XXXIII. Madrid, Granada, p. 177 (15) Opus Cit. n.º 14 , p. 156 y GUICHARD, P. (1980). «Murcia Musulmana. Siglos XI-XIII». En: H.ª de la Región de Murcia, Vol. 3; Murcia, p. 138 (16) AL-IDRISI: Nuzhat al-Mustaq. Edición y traducción al francés de Dozy, R. y Goeje,. M:J. de (1866): Descriptión de l´Afrique et de l´Espagne. Leiden, (2ª ed. en 1968) p. 239. Traducción al español del 5º clima por E. SAAVEDRA. Madrid, 1881. Traducción parcial al español por A. Blázquez. Madrid, 1901. (17) Opus Cit. ver nota 14, pág. 177 (18) CASCALES, F. (1621). Discursos históricos de la muy Noble y muy Leal ciudad de Murcia y su Reino. Imp. Luis Berós. Murcia, (Ed. Facsimil 1980). p. 202 (19) RAMÍREZ AGUILA, J. A. y BAÑOS SERRANO, J. (En prensa). «La despoblación como fenómeno de frontera en el Valle del Guadalentín/Sangonera». Congreso «La frontera oriental nazarí como sujeto his-

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tórico. S. XIII-XVI. Lorca, Noviembre, 1994 . (20) MÜNZER Jerónimo. (1494). «Relato de viaje por España.» En: GARCÍA DE MERCADAL, J. (1952) Viajes de extranjeros por España y Portugal. Madrid, p. 346. (21) PÉREZ PICAZO, Mª Teresa y LEMEUNIER, Guy (1982). «Nota sobre la evolución de la población murciana a través de los censos nacionales (1530-1970).» Cuadernos de Investigación Histórica, n.º 6, p. 21. (22) Archivo Municipal de Alhama de Murcia, Libro Capitular n.º 2. Hoja suelta dentro del libro. (23) ORTEGA ARAQUE, R. P. FR. Pablo Manuel. (1746). Crónica de la Santa Provincia de Cartagena de la Regular Observancia de N.P. S. Francisco. II Parte, Libro I, cap. X, p. 23. (Reimp. facsimilar, Madrid, 1981 (24) LIMÓN MONTERO, Alfonso (1697). Espejo cristalino de las aguas de España y guarnecido, con el marco de variedad de Fuentes, y Baños, cuyas virtudes, excelencias y propiedades se examinan, disputan y acomodan a la salud, provecho y conveniencias de la vida humana. Alcalá, Cap. XII y XIII (25) GÓMEZ DE BEDOYA Y PAREDES, P. (1764). Historia Universal de las Fuentes Minerales de España, sitios en que se hallan,...; descripción de los lugares de su situación, con una buena parte de la Historia natural del termino de cada Pueblo, y explicación de las curiosidades que contiene.. T. I (A-B). Santiago de Compostela, págs. 218-219 (26) ARCHIVO MUNICIPAL DE ALHAMA DE MURCIA. Autos de Buen Gobierno de 1705. Sin n.º de legajo. (27) XIMÉNEZ MOLINA, Juan (1726). La verdad triunfante de las nieblas de la mas altanera contradicción....; VALDERO NAVARRO, Nicolás (1727). Desempeño de la verdad que zeladora de sus merecidos lucimientos...; XIMÉNEZ MOLINA, Juan (1731). Cartilla physiológica, galenico-espagirica.. (28) ORTEGA ARAQUE, R. P. FR. Pablo M. (1740) Descripción chorográfica del sitio que ocupa la Provincia Regular de Carthagena de mi P. S. Francisco. Pág. 265. Ed. de ORTEGA LORCA, J., Edición crítica de la Descripción Chorográfica del sitio que ocupa la Provincia Regular de Carthagena de mi P. S. Francisco, 1959, págs. 262-267 (29) Opus cit. nota 26. Pág. 218 (30) JUAN Y POVEDA, Juan, (1794). Disertación Fisico-Química y Análisis de las aguas minerales de la Villa de Alhama en el Reyno de Murcia. Cartagena (31) FRANCO SILVA, Alfonso (1981). «El patrimonio señorial de los adelantados de Murcia en la Baja Edad Media.» Gades, n.º 7, Cádiz, pp. 4748 (32) Archivo Municipal de Alhama de Murcia. Libro de Actas Capìtulares n.º 15. Sesión ordinaria de 27 de septiembre de 1846, por la que se nombra al Dr. D. José Mª del Castillo, «Médico-Director de las aguas minerales de esta Villa». (33) CASTILLO Y ESPINOSA, José M.ª, (1845). Opus cit. nota 9. (34) La construcción del Balneario-Hotel de 1848 fue dirigida por el arquitecto D. José Ramón Berenguer, siendo ésta su primera obra importante. Tambien fue arquitecto del Ayuntamiento de Murcia y del de Albacete, así como arquitecto provincial de Cuenca y Ciudad Real,

LOS BAÑOS TERMALES MINERO-MEDICINALES DE ALHAMA DE MURCIA

dejando a su paso nuevas obras de interés. (35) LORENZO LÓPEZ , Joaquín (1916). Memoria de las aguas termales minero-medicinales de Alhama de Murcia. Totana, pp. 33 y 34. (36) CELA DE ANDRADE, Anacleto, (1848). Análisis de las aguas Termo-minerales de Alhama de Murcia y consideraciones sobre su formación y composición. Murcia (37) A principios del año 1972 se procedió al demolición del edificio del Hotel-Balneario. En el periódico LINEA (Día 5 de febrero de 1972), apareció un pequeño artículo firmado por Mateo García Martinez. (38) Opus cit. nota 14. p. 177 (39) MOLTÓ, L. (1991). «Tipos de aguas minero-medicinales en yacimientos arqueológicos de la Península Ibérica.» En: Actas de la Mesa Redonda: Aguas minero-medicinales, termas curativas y culto a las aguas en la Península Ibérica. pp. 211-230 (40) Muestra de aguas del actual Balneario ubicado junto al Parque Municipal La Cubana, y publicado por CERÓN GARCÍA, J. C., PULIDO BOSCH, A. Y PADILLA BENÍTEZ, A. (1993). «Caracterización hidroquímica y análisis de los estados de equilibrio termodinámico en aguas termominerales de Alhama de Murcia (Murcia-España).» Estudios Geológicos, 49; pp. 49-61 (41) Certificación del Médico de la Villa, de fecha 9 de agosto de 1821, sobre la curación de D. Francisco de Rivas que aquejado de una enfermedad llamada dolor cardial, con gran debilidad, agitaciones continuas y frecuentes vómitos, y una vez agotados todos los medicamentos se le aplicaron las aguas termales consiguiendo su total restablecimiento. Archivo Municipal de Alhama, Libro de Actas y Acuerdos 1821-1834, Legajo n.º 11 (42) MORA Gloria, (1981). Las termas romanas en España. A.E.A., n.º 54, pp. 37-89. (43) Opus cit. nota n.º 10, p. 54 (44) Esta medida corresponde a la longitud de la sala II, ya que esta zona fue destruida en 1848 para ubicar los sótanos (Ver Fig. 2), y no se pudo efectuar las mediciones exactas. (45.-Para las medidas en varas de D. José M.ª del Castillo hemos utilizado la vara castellana equivalente a 83´5 cm. (46) RODRÍGUEZ COLMENERO, A. (1991) «Culto a las aguas y divinidades orientales en el Lugo romano: los posibles santuarios de San Roque y Bóveda» En: Actas de la mesa redonda: Aguas minero-medicinales, termas curativas y culto a las aguas en la Península Ibérica. Madrid, pp. 309-336. (47) RODRIGO, V. y HABA, S. (1991). «Culto a las aguas y divinidades orientales en el Lugo romano: los posibles santuarios de San Roque y Bóveda.» En: Actas de la mesa redonda: Aguas minero-medicinales, termas curativas y culto a las aguas en la Península Ibérica. Madrid, pp. 309-335; P. 371. (48) FRADE, Helena y BELEZA José (1991). «A arquitectura das termas romanas de Sao Pedro do Sul.» En: Actas de la mesa redonda: Aguas minero-medicinales, termas curativas y culto a las aguas en la Península Ibérica. Madrid, pp. 515-144., p. 528. (49.-VELÁZQUEZ SORIANO, Isabel y RIPOLL LOPEZ, Gisela (1991). «Pervivencias del termalismo y el culto a las aguas en época visigoda hispánica». En Actas de la mesa redonda: Aguas minero-medicinales, ter-

mas curativas y culto a las aguas en la Península Ibérica. Madrid, p. 559 (50) CALERO CARRETERO, J. A. (1991) «El complejo termal romano de «La Nava» (Cabeza del Buey, Badajoz). Cuatro campañas de excavaciones (1979-1983)». Extremadura Arqueológica, 1. Salamanca, pp. 155166 (51) GONZÁLEZ BLANCO, A., AMANTE SÁNCHEZ, M., RAHTZ, Ph., y WATTS, L. (1991). Opus cit. nota 7 (52) RAMALLO ASENSIO, S. F. (1990). «Termas romanas de CarthagoNova y alrededores». Anales de Prehistoria y Arqueología , 5-6, Murcia, p. 161-178. Lám. 1 (53) MORA, Gloria (1981). Opus cit. nota 42 (54.-EPALZA, M. de (1991). «Espacio y funciones en la ciudad árabe». La ciudad islámica, Zaragoza, p. 9-30 (55) BAÑOS SERRANO, José (1993). «El castillo de Alhama en la Edad Media. Datos para su estudio». IV Congreso de Arqueología Medieval, Tomo II, p. 423-433. (56) Las primeras noticias sobre una Iglesia en Alhama en FUNDAMENTUM ECCLESIAE. Constituciones de la Santa Iglesia de Carthagena, hechas por el ilustrísimo Señor Don Nicolás de Aguilar, Obispo que fue de dicha Iglesia, año de 1366. Documento impreso por ROXAS CONTRERAS, Diego de (1756). Diferentes instrumentos, Bulas y otros documentos pertenecientes a la Dignidad Episcopal, y Sta. Yglesia de Carthagena, y a todo su obispado...Madrid, f. 3v.; VEAS ARTESEROS, F. ed. (1990). Documentos del siglo XIV, 3. Colección de Documentos para la Historia del Reino de Murcia, v. XII, n.º CCXVII, p. 397 y398; TORRES FONTES, J. (1987). «El castillo de Alhama en la Edad Media». Homenaje a Justo Garcia Morales, Madrid, Anabad, 853-873. (56) Teníamos referencias orales sobre la existencia en esta zona del cementerio musulmán, que se vieron confirmadas por las excavaciones realizadas en los Baños (1991), dirigidas por Alfonso Chumillas López y las dos actuaciones arqueológicas en los solares de C/ Corredera, n.º 57 y n.º 9 , dirigidas por Juan A. Ramírez Águila en 1992, en las cuales se documentó la maqbara con dos momentos diferenciados en los siglos XII y XIII. (57) Este estudio, al igual que los dibujos cerámicos que lo acompañan, ha sido realizado por Luis Enrique de Miquel Santed.

BIBLIOGRAFÍA BAÑOS SERRANO, J., MUNUERA MARÍN, D. y RAMÍREZ ÁGUILA, J. A. «Aprovechamiento agrícola de aguas termales en Alhama de Murcia. Captación, transporte y almacenaje». El agua en zonas áridas: Arqueología e Historia. Almería, 1989, 1989. p. 523-542 CASTILLO Y ESPINOSA, José M.ª. Memoria sobre las aguas minerales de la villa de Alhama de Murcia. Murcia, 1845. MORA, Gloria : «Las termas romanas en Hispania». Archivo Español de Arqueología, 54. Madrid, 1981. p. 37-89 RAMALLO ASENSIO, S. F. : «Termas romanas de Carthago-Nova y alrededores». Anales de Prehistoria y Arqueología, 5-6, Murcia, p. 161-178. SÁNCHEZ Y FERRE, José.: Guía de Establecimientos Balnearios de España. MOPT, 1992.

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EXCAVACIONES ARQUEOLÓGICAS EN FORTUNA. DICIEMBRE 1990

Ph. Rahts L. Watts M. Amante Sánchez A. González Blanco

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1994

EXCAVACIONES ARQUEOLÓGICAS EN FORTUNA. DICIEMBRE 1990

PH. RAHTS, L. WATTS, M. AMANTE SÁNCHEZ, A. GONZÁLEZ BLANCO

Resumen: Unas cisternas romanas ya conocidas desde hacía tiempo se convirtieron en centro de nuestra atención cuando en un perfil creado por el agua de arrastre de la lluvia pudimos recoger varios fragmentos de cerámica marmorata, sigillata, vidrio y alguna moneda. La campaña se centró en la investigación del entorno de los recipientes y en el perfil aludido. El resultado de la excavación fue la constatación de un lugar de habitación con abundante material de calidad que se extiende a lo largo de todo el siglo primero de nuestra era y comienzos del segundo, abandonándose el lugar en ese momento. El inventario del material recuperado da un total de 2.089 fragmentos inventariados pertenecientes a 604 piezas diversas, algunas de ellas en excelente estado de conservación. Subsidiariamente hemos investigado en la historia del Balneario habiendo sabido del traslado del mismo a comienzos del s. XIX a su

actual emplazamiento, desde un lugar cercano a nuestra excavación, lugar en el que muy probablemente se levantó el gran balneario romano y en el que tenemos intención de investigar en campañas sucesivas. Por lo que se refiere a la Cueva Negra, la campaña de este año ha tenido dos dimensiones: la prospección meticulosa de la pared de la cueva, que nos ha permitido descubrir al menos tres nuevos paños llenos de escritura y la dedicación de cuatro días al estudio de una sección que dejamos empezada en la campaña anterior, y que ha dado como resultado la lectura de algunas nuevas inscripciones, la corrección de algunas otras interpretadas no correctamente en otras lecturas y el análisis de nuevos problemas sobre procedimientos de escritura y caligrafía de las letras. La contemplación de los nuevos calcos realizados en esta campaña y su comparación con los anteriores permite captar los avances realizados.

I. LA CUEVA NEGRA Y SUS EXIGENCIAS

Watts paseando por las cercanías de los dos depósitos romanos del balneario descubrieron un estrato en el que se vislumbraban materiales romanos de época julio-claudia (2). Y allí comenzó la historia de las excavaciones cuya primera campaña pasamos a reseñar.

Los estudios epigráficos en la Cueva Negra habían comenzado en 1980; pero esa maravilla paleográfica no parecía tener contexto arqueológico en el que apoyarse. Durante casi diez años buscamos incesantemente, excavamos, imaginamos y con frecuencia la imagen de un balneario romano con una fuerte entidad nos vinos a la menta como solución. Lamentablemente las noticias vagas y desdibujadas por el paso del tiempo de hallazgos arqueológicos en el siglo pasado, no eran base suficiente para construir una teoría sólidamente asentada en ellas. Por ello el libro que compusimos en 1987 (1) seguía siendo un punto de referencia y un mar de dudas y de anhelos. Todo cambió el día del invierno de 1989-90 en el que el matrimonio Ph. Rahtz / L.

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II. DESCUBRIMIENTO DEL NIVEL ROMANO DEL BALNEARIO

Hasta aquel momento del invierno de 1989 era sabido que en el ámbito geográfico del balneario se decía que habían aparecido materiales romanos (3); pero no había datos concretos que permitieran conocer el lugar preciso del asentamiento romano ni menos aún la entidad del mismo. Eran conocidos los dos depósitos de los «Baños Moros», cuyo origen romano parecía poder asegurarse por la estructura

EXCAVACIONES ARQUEOLÓGICAS EN FORTUNA. DICIEMBRE 1990

Baños romanos de Fortuna. Cuadrantes J y K. Diagrama estratigráfico. Tanque Sur.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Baños romanos de Fortuna. 1990. Cuadrantes J y K.

misma y el opus signinum de su construcción, pero sin mayores precisiones (4) a pesar de que aparecían por los alrededores materiales romanos salpicados. Pero ahora ya los materiales romanos no aparecían salpicados, sino formando un estrato y había razón para esperar concreción en la imagen de la romanidad del lugar. Pedimos el permiso y comenzamos los trabajos arqueológicos. El resultado fue espléndido como puede comprobarse si se estudia la relación que llevamos en 1991 (5) al Congreso sobre Termalismo Antiguo que bajo los auspicios de la U.N.E.D. se celebró en Madrid en noviembre de 1991, pero la formulación de aquella panorámica exigió previamente la campaña de 1990, que fue sumamente interesante, pero también estuvo llena de tanteos, de vacilaciones y de hipótesis. Lo que exponemos aquí es el estudio de los bordes de los dos depósitos tal y como se recoge en el plano adjunto. La excavación se llevó a cabo en el mes de diciembre precisamente porque era el único momento en el que el equipo de excavación, compuesto por los Prof. Ph. Rahtz, Lorna Watts, de la Universidad de York y los Prof. A. González

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Blanco y M. Amante, de la Universidad de Murcia, pudo reunirse para comenzar los trabajos. La zona elegida estaba determinada por los dos depósitos romanos aún conservados y por el punto en el que los prof. Rahtz y Watts habían encontrado el año anterior, en el invierno de 1989-90, una clara estratigrafía con excelentes materiales romanos de comienzos del Imperio (6) y ello nos llevo a solicitar el permiso de excavación y la subvención con la que hacer frente a los trabajos. III. LA ZONA DE LOS RESTOS RECIENTEMENTE DESCUBIERTOS

En el punto en que habían aparecido los materiales romanos pronto se llegó a descubrir que quedaban restos de construcciones y de ellas hemos hablado largamente en el trabajo citado más arriba. Los hallazgos de numerosos objetos romanos, principalmente lucernas, una de ellas con decoración balnerar en el margo apareció completa (7) y todo el conjunto constituyó una espléndida confirmación de los indicios que nos habían llevado a excavar allí y sobre esta

EXCAVACIONES ARQUEOLÓGICAS EN FORTUNA. DICIEMBRE 1990

Baños romanos de Fortuna. Cuadrantes J y K. Diagrama estratigráfico. Tanque Norte.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Lámina 4.

Mientras que la cisterna meridional está plenamente embutida en la plataforma, la cisterna NO se debió construir fuera de la superficie sobreelevada y de hecho, en la actualidad, constituye una especie de borde o de estructura externa de apoyo de esa misma terraza. Da la impresión de que originariamente, y en época romana, la plataforma descendía ligeramente desde el ángulo NO hacia el SE, dado que una cata abierta en este segundo lugar dejó ver ese estrato inferior barroso a unos 90 cm de profundidad. Ello lleva a pensar que la nivelación que actualmente existe ha podido originarse en los trabajos de preparación para cultivo o recreo en tiempos relativamente recientes, pero no puede excluirse que la nivelación ocurriera en la antigüedad. IV. 2. ESTRATO SUPERIOR

zona hemos de volver repetidamente. Por ello aquí nos vamos a centrar en la zona de las dos piscinas. IV. LA ESTRATIGRAFÍA DEL ENTORNO DE LOS DEPÓSITOS

Los dos depósitos, que sin duda eran romanas por su factura de «opus signinum», no parecían piscinas de baño ya que no tenían escala para entrar y además al menos una de las dos (8) presenta indicios suficientes para creer que en su día estuvo cubierta, por lo que más bien se nos antojaba que debían ser aljibes. Era por tanto de gran interés el tratar de identificar su entorno, por la luz que ello pudiera aportar. IV. 1. LA CONTEXTURA DEL TERRENO

El suelo y subsuelo está compuesto por una delgada capa de humus que recubre una arcilla muy diferente de las rocas que forman los declives de la Sierra del Baño que se sumerge profundamente justo debajo de los edificios romanos. La arcilla amarillenta con piedras areniscas y guijarros tiene una potencia de hasta unos 30 cm de profundidad respecto de la actual superficie y a partir de esa profundidad hay barro. El área en la que están construidas las cisternas está sobreelevada en relación con el terreno circundante y la impresión primera es que tal elevación debe ser algo artificial porque no parece haber razón geológica para una configuración semejante del terreno. Y si ello es así había que pensar que la razón era histórica y había de estar en conexión con las aguas termales y su uso medicinal.

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En superficie había, entre las dos cisternas una especie de dique, canal o estructura de piedras colocadas verticalmente muy poco embutidos en tierra, orientada O-E. Se excavó sólo parcialmente pero quedo bien definido el perfil de su parte oriental, en el punto en que se interrumpía por obra de la cisterna oriental. Tenía una anchura de 1’75 m. en la parte alta y 1’25 en la parte más profunda; su profundidad máxima era de 0’75 m. y el material era muy compacto por obra de los guijarros y grava incluidos en la arcilla. Se recogieron sólo unos pocos fragmentos de cerámica romana en el área excavada, los cuales sin duda habían caído desde arriba mezclándose con la tierra. Resulta difícil asignar una fecha al estrato si bien se puede asegurar que no ha sido producto de sedimentación natural, sino de relleno deliberado. La función y razón de ser de esta aparente estructura no es evidente. Su perfil parece no ser el propio de un dique ordinario para drenaje, ni ser unas piedras clavadas para delimitar una propiedad, ni menos aún ser el resultado casual del trastorno de tierras producido por una tormenta. Pueden haber sido piedras para apoyar una pared de maderas o algo parecido, pero es difícil precisar si ello sirvió para tiempos antiguos o recientes. Pero también cabe la posibilidad de que sean estructuras para organizar el curso del agua (9) para el caso de que las cisternas ya estuvieran llenas o para dirigir el agua hacia otra parte en el caso de que no se quisiera que entrara en los depósitos. Como el estrato puede ser antiguo el problema de la interpretación de estas estructuras debe quedar abierto, siendo claro que es algo artificial y hecho deliberadamente.

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IV. 3. ESTRATO II

En una pequeña área al Sur y al Este de la cisterna Norte, apareció un nivel variopinto a unos 30-40 cm. de profundidad debajo de la actual superficie. Constaba de estratos de arcilla coloreada y suelo también coloreado y de láminas de cenizas rojizas y blancas, con dos o más subfases. Este estrato había sido abancalado y probablemente asociado con algunas grandes piedras colocadas allí, cuyas superficies estaban enrojecidas por el fuego y laminadas por el calor. Este complejo habrá de ser definido más pormenorizadamente. En un punto, cercano al ángulo Norte de la plataforma podía verse la mitad inferior de un gran cuenco que debió servir para almacenamiento. Este parecía haber sido colocado deliberadamente inmerso unos pocos centímetros en el suelo del nivel que tenía la superficie cuando el cuenco se colocó allí, nivel que estaba unos pocos centímetros por debajo del nivel variopinto del que hemos hablado. Entre ambas cisternas el nivel éste coloreado se extendía por encima de la superficie de la estructura lineal de la fase o estrato I. No hallamos pruebas de si este nivel tenía algo que ver con algún uso «doméstico» o bien era producto de alguna actividad «ritual». Los hallazgos de esta fase II fueron exclusivamente romanos y aparentemente también del siglo I d.C. Incluían dos fragmentos de sigillata sudgálica, un fragmento de lucerna, unos fragmentos de vidrio y algunos huesos de animales. La importancia de este II nivel es que demuestra el uso del lugar en época romana, tan claramente documentado en los hallazgos de las cuadrículas F/10, G/11 etc., y que también se acreditan en puntos relativamente alejados como es esta ángulo Norte de la plataforma (10). IV. 4. ESTRATO III

Llamamos así a las dos cisternas. Aunque no idénticas en forma, orientación o construcción, es razonable pensar que pertenecen a la misma fase de construcción del yacimiento, si bien es posible que una de ellas (quizá la mas septentrional) puede haber sido construida en lugar de otra existente precisamente o en adición a la más meridional. El opus signinum, el opus cementicium de las paredes y la moldura de cuarto de caña que rodea todo el ángulo que forma el suelo de las cisternas con las paredes laterales (añadido después de estar los depósitos construidos), así como el rehundimiento para depósito de sedimentos que existe en

ambas piscinas justo en la parte del desagüe los acreditan indudablemente como construcciones de época romana. No hay una unión estratigráfica entre las dos cisternas y el nivel coloreado que hemos llamado fase o nivel II. Ello se debe a que las piscinas fueron construidas por el procedimiento de «construcción en trinchera», trabajando desde el interior y apoyándose en el perfil de arcilla excavada para tal operación, empleándose para apoyo interno un encofrado construido dentro del hueco excavado. Marcas verticales de este encofrado pueden verse detrás del opus signinum que cubre las paredes. No hay pruebas de encofrado alguno exterior: de haber existido habría dejado huella de una ruptura de los estratos que sería hoy perceptible. Así pues no hay trinchera de construcción al exterior de las cisternas que pudiera haber suministrado pruebas decisivas de la relación entre estas moles de cemento el nivel de fuego de la fase II, que sin embargo permite sospechar que las cisternas son posteriores, como puede deducirse de lo que sigue. El exterior de los muros de las cisternas está sin revocar y es áspero. En particular el exterior de la cisterna Norte muestra bandas horizontales producidas porque los sucesivos niveles del conglomerado han sido vertidos entre el hueco de los estratos del agujero y el encofrado interior. La faz externa que presenta es así similar a la faz que presenta en la actualidad en nivel del suelo. Estamos convencidos de que el nivel romano que existía asociado con esta fase III estaba al mismo nivel que presenta el yacimiento en la actualidad o incluso por encima del mismo; y que estaba separado del de la fase II por un estrato considerable de suelo marrón-amarillento y de piedras (J9 / K9 /8008 + J9 / 8031 y J9 / 8033), que sella el nivel variopinto descrito más arriba. En la cisterna meridional hay indicios de que en los bordes interiores de la parte alta comenzada una cubierta de cúpula o con bóveda; y ello unido a la no existencia de orificio de salida nos lleva a pensar que estamos ante una cisterna para agua potable (11). La planta de la cisterna Sur es pentagonal, lo que puede ser más bien simbólico que funcional. En el ángulo Norte del pentágono y en el centro de la pared opuesta hay sendas rupturas (J9 /8046) (12). Y deben haber sido hechas para la entrada y salida del agua. También la piscina Norte está junto a un canal (J9/8047) que puede ser algo antiguo pero que también puede ser moderno. La piscina Sur había sido destrozada por buscadores de tesoros ya que la mayor parte del suelo había sido levantada.

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Tal destrucción consiguió que la cisterna ya no fuera útil como contenedor de agua, y la dejó convertida en basurero. La limpiamos y todo el material de su interior era de nuestro siglo XX. Es muy probable que también la cisterna Norte fuera vaciada a la vez que la anterior, pero su suelo y su estructura quedaron intactos y así pudo seguir utilizándose como tanque para el agua, seguramente para riegos en los trabajos agrícolas. Creemos que el agujero de desagüe también en moderno. Sólo ulteriores excavaciones podrán determinar la relación de estas cisternas con las estructuras romanas aparecidas al Sur y Oeste de los depósitos y con las que subyacen a toda la plataforma en la que están construidos estos depósitos. Si estuvieron asociadas a una actividad cultual pudieron ser empleadas para suministro de agua fría ya sea en una actividad estacional o regular y ordinaria, más bien que para funciones meramente domésticas. IV. 5. FASE IV

En la zona NE de la cisterna más meridional se excavó un agujero /J9/8037), cortando el nivel de fuego de la fase II. Dos fragmentos del relleno (J9/8036) resultaron distintivos, ya que presentan características postmedievales. La importancia de este agujero es que está situado debajo de un complejo de piedras (J9/1025) (véase la fase V más abajo), que así debe ser datado en tiempos más recientes IV. 6. FASE V

Comprende estructuras modernas y estratos de relleno, principalmente asociados con el uso antiguo y el uso agrícola subsiguiente de las cisternas, si bien no sea fácil separar fácilmente esas dos fases. La exploración antigua (13), como ya hemos indicado vació todo lo que contenían previamente las cisternas; y destruyó la mayor parte del suelo de la cisterna meridional. También se cebó en la sección exterior de los muros de la cisterna norte y sus ángulos NE y SE que dejó descubiertos hasta una determinada profundidad. La ulterior excavación (marcada por los ángulos J9 / K9/ 8011 + 8021 y J9 /8030) fue rellenada con piedras y tierra (J9 /8012); y este relleno incluía un trozo del opus signinum del suelo de la piscina meridional, lo que demuestra la contemporaneidad de la exploración de ambas cisternas. Subsecuentemente se realizó un amplio trabajo, dejando al descubierto (o redescubriendo) un amplio lienzo del muro, con

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el fin de construir un canal (K9 / 8007) que corre y desagua hacia el NE. Este trabajo al exterior que alcanza una profundidad hasta igualar el nivel interior del suelo de opus signinum. A la vez el interior de los muros fue preparado y revocado con cemento seco. Se horadó un orificio (K9 / 8049) al nivel de la base de la cisterna en el centro de su pared oriental, cercano al recipiente construido para la limpieza en el opus signinum del suelo de la cisterna, del que hemos hablando más arriba. Para hacerlo hubo que romper la moldura de cuarto de escocia que recorre todo el ángulo a lo largo de las cuatro paredes y su conjunción con el suelo. Por el contrario al exterior la zona del orificio ha sido ampliamente reconstruida con cemento, con lo que la salida forma en la actualidad una protuberancia de este material de relativa entidad. En este punto se hallaron diversos objetos modernos, incluidos algunos plásticos. Las partes de las paredes de la cisterna Norte que, por razón del cultivo de los campos adyacentes situados a más bajo nivel, quedaron exentas y descarnadas, han padecido una cierta inestabilidad lo que ha producido algunas grietas en las mismas, las cuales han sido cogidas con cemento en tiempos recientes. El mismo fenómeno ha sido potenciado por la apertura del orificio de desagüe al que nos hemos referido más arriba y que fue abierto desde el interior, pero cuya apertura produjo efectos destructivos en la parte exterior de salida, lo que hizo necesaria una reparación en ese punto, que se potenció con el fortalecimiento de toda la zona de salida incluida la tierra arcillosa frente al agujero de salida (K9 / 8048). Cuando se comenzó la excavación no teníamos ideas claras sobre la razón de ser del depósito de agua. Y pensábamos que quizá el desagüe pudiera ser romano. El problema es muy relevante para determinar la función de aquella cisterna (aljibe o del eventual estanque para almacenamiento de agua de riego). Era por ello importante que se pudiera demostrar que el desagüe era moderno. Un modo de hacerlo era remover el cemento exterior y examinar el estado del agujero en la estructura del muro; pero no fue necesario ya que creemos que es suficiente apoyarnos en el hecho de la destrucción de la moldura del borde interno inferior, de la que ya hemos hablado más arriba. Si el orificio hubiera sido de época romana, habría debido esperarse que la moldura estuviera debidamente acabada y definida en relación al mismo, cosa que no ocurre, sino que pueda constatarse una ruptura violenta de la misma. Desde el agujero de salida, el agua es conducida hacia los campos por un canal (k9 /8007). Éste ha sido excavado

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en la arcilla natural del terreno en dirección NE, Tal canal estaba relleno con tierra y varios objetos modernos relacionados con la agricultura. En el extremo NE de la excavación encontramos otro canal o dique (K9/ 8016) que cortaba al K9 /8007 en ángulo recto. Éste estaba definido por piedras muy grandes, y en él no encontramos material moderno, pero sí un fragmento de tégula romana, por lo que pensamos que podría ser romano, pero sería necesaria una investigación más fondo del problema: parece correr en dirección NO y habría que estudiar su relación con el lado Oeste de la plataforma. En tiempos recientes la cisterna Norte debía alimentarse con agua que llegaba a ella por canales superficiales que estaban trazados por la superficie de la plataforma. Huellas de tales canales son las piedras de revestimiento de los mismos (incluyendo las que hemos referido arriba al hablar de la fase IV J9 /8025) y J9 /8026). Parte de estos canales o estructura de conducción de agua eran los restos de construcción de ladrillo y yeso que hemos descrito en la parte superior del muro O. de la cisterna septentrional. El agua que llegaba aquí debía ser agua recogida en la superficie en épocas de lluvia abundante, que así quedaba recogida en la cisterna, ahora estanque, para su uso para irrigación vía el desagüe y canal descritos. En relación con el uso y función de las cisternas en época romana será importante determinar, excavando a lo largo del lado Oeste de la plataforma si hay canales o conducciones que traigan el agua desde fuentes termales o frías que nazcan en la Sierra del Baño. Finalmente la excavación definió los bordes precisos en el campo del nivel inferior a la plataforma, siempre en la zona del desagüe de la cisterna Norte. Dos bordes en la parte norte de la plataforma (K9 / 8014 y K9 / 8022) fueron cortados en forma de pendiente ya en época romana. Esos cortes iniciales se rellenaron hasta formar un fuerte estrato (k9 /8013). Y los trabajos agrícolas subsiguientes (K9 / 8017) lejos de desfigurar, más bien contribuyeron a limpiar y definir mejor los bordes iniciales. V. CONCLUSIÓN

Los resultados del trabajo en esta área han sido útiles para aclarar la estratigrafía y la historia estructural del lugar. Ulteriores resultados útiles pueden esperarse si se continúan las excavaciones alrededor de la cisterna meridional y al E de la cisterna septentrional.

NOTAS (1) La

Cueva Negra de Fortuna (Murcia) y sus TITVLI PICTI. Un santuario de época romana, Antigüedad y Cristianismo IV (1987). (2) El Prof. Rahtz, catedrático de la Universidad de York, y su esposa eran propietarios de una casita en los alrededores del balneario. Desde que le conocimos le hicimos partícipe de todos nuestros problemas en la zona del yacimiento y de cuanto hasta el momento se había publicado sobre el tema. Ellos se convirtieron en investigadores de campo en la zona de su casa y al poco tiempo hallaron, en un punto al Sur-Este de la más oriental de las cisternas, en el que las torrenteras invernales habían erosionado el terreno, una secuencia estratigráfica clara y con materiales espléndidos entre los que destacaban un par de copas de cerámica marmorata, amen de aretinas, vidrio e incluso una moneda. Ello nos movió a pedir el permiso de excavaciones con la esperanza de poder precisar mejor el contexto arqueológico de la Cueva Negra, tema en el que llevábamos empeñados ya varios años. (3) A. Lacort, Estudio monográfico razonado del agua minero-medicinal de Fortuna, 1 ed. Barcelona 1886 (reimpresión Fortuna 1991, pp. 20-21. (4) G. Matilla Séiquer e I. Pelegrín, «Contexto arqueológico de la Cueva Negra de Fortuna», La Cueva Negra de Fortuna (Murcia) y sus títuli picti. Un santuario de época romana, Antigüedad y Cristianismo IV, 1987, pp. 113-115. (5) A. González Blanco, M. Amante Sánchez, Ph. Rahtz y L. Watts, «El balneario de Fortuna y la Cueva Negra (Fortuna,Murcia)», Espacio, Tiempo y Forma, Serie II, H. Antigua, t. V, 1992, 421-454, a completar con el trabajo en el mismo lugar y publicación de I. Genovés Cardona y M. Senent Alonso, «Génesis geológica e hidrogeológica de la surgencia de aguas termales en los Baños de Fortuna», Espacio, Tiempo y Forma, Serie II, H. Antigua, t. V., 1992, 455-481. (6) Los hallazgos consistían en finas cerámicas sudgálicas, alguna aretina, dos copas con forma completa de marmorata, amen de fragmentos de vasijas de vidrio indudablemente romanas. (7) Ha sido publicada, como portada, en la edición del folleto de A. Lacort, Estudio monográfico razonado del agua minero-medicinal de Fortuna, 2. ed., Murcia 1991. (8) Seguramente lo estuvieron las dos, sólo que en una , las más meridional, aún se pueden distinguir los arranques de la cúpula, mientras que la septentrional ha sido modificada en su borde superior probablemente para facilitar su uso como almacén de agua para regadío, en tiempos recientes. (9) Hay evidencia de que obras de este tipo han sido realizadas recientemente con fines de este tipo, por ejemplo, sobre el borde la cisterna noroccidental precisamente en el punto por el que debía venirle el agua de lluvia en su lado estrecho occidental, donde todavía se podían ver antes de comenzar las excavaciones estructuras de piedras areniscas cogidas con yeso para crear un cauce para el agua. (10) La extensión de los hallazgos romanos también quedó acreditada tanto en ésta como en las sucesivas campañas en el ángulo SE de la plataforma y por tanto hay que concluir que en toda esta elevación artificial del terreno que por ello ha de ser atribuida al siglo I de nuestra era. (11) También la cisterna Norte debió estar abovedada, pero no es tan claro en el actual estado de conservación. (12) Algunas piedras del ángulo Este aparecen haber estado integradas en la construcción de la piscina, lo que exigirá una ulterior explicación. (13) Sobre el tema véase Antigüedad y Cristianismo IV, 1987, 113-114.

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BEGASTRI 1990. LOS PRIMEROS INDICIOS DE LO QUE PODRÍA SER LA PUERTA PRINCIPAL DE LA CIUDAD

Antonino González Blanco

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1994

BEGASTRI 1990. LOS PRIMEROS INDICIOS DE LO QUE PODRÍA SER LA PUERTA PRINCIPAL DE LA CIUDAD

ANTONINO GONZÁLEZ BLANCO

Resumen: El objetivo de la campaña era tratar de estudiar el punto de la fortificación superior del cerro en el que parecía haberse perdido la muralla, y que por datos de campañas anteriores parecía hacer suponer la existencia de una puerta de la ciudad en aquel punto. La excavación fue particularmente larga y dura porque la parte de muralla que desde la cara Este del yacimiento llegaba al punto a estudiar había sido sometida a una depredación sistemática y estaba en situación particularmente difícil de interpretar. Trabajamos cinco semanas, las dos ultimas

con peones del Excmo. Ayuntamiento y los licenciados en arqueología de la villa de Cehegín que realizaron un trabajo soberbio, limpiando la muralla y dejando el yacimiento en perfecto estado. Todos los indicios captados en la excavación parecen apoyar la hipótesis de la que partíamos y parece que en efecto allí hubo otra puerta de la ciudad, pero la confirmación definitiva esta por demostrar y esperamos hacerlo en la campaña de 1991.

I. LOS PLANTEAMIENTOS DE LA CAMPAÑA

baba: que doblaba hacia el interior de la ciudad, pero de una manera peculiar. En efecto de la muralla no quedaban más que piedras menudas, nada de sillares. Todo el material estaba cuidadosamente amontonado formando una especie de pared sin argamasa y sin consistencia, dejando bien claro que la zona desde allí hasta la muralla restaurada en la campaña de 1986 había un hueco sin muralla. Las razones podrían ser dos: o bien allí nunca había habido muralla o bien con alguna ocasión o motivo se había vaciado aquel fragmento de muralla para dejar el terreno limpio, ya fuera con ocasión de la construcción de la vía del ferrocarril, ya fuera antes por algún otro motivo (Fig. I, con la planta del espacio a que nos estamos refiriendo).

El comienzo de la campaña fue modesto en intenciones. Pretendiamos únicamente limpiar de derrubios la zona que faltaba por descubrir hasta llegar a la parte de muralla restaurada en 1986 el lado Sur del yacimiento, sobre el borde de la vía de ferrocarril que, en su día, había unido Murcia con Caravaca, y, de paso, limpiar de terreras el yacimiento. II. LA PRIMERA SORPRESA

Ya en la campaña de 1889 habiamos podido comprobar que en la última parte descubierta de muralla siguiendo el lienzo que venía desde la cara Este del yacimiento, tras de doblar por la cara Sur en dirección Oeste, se perdía la cara exterior; que al ir limpiando el foso de cenizas parecía aparecer allí un alineamiento de piedras que no era imposible que fuesen los cimientos de una ampliación de la base de la muralla en lo que muy bien podría haber sido una torre. La primera sorpresa de la limpieza fue que la muralla se aca-

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III. EL ESTADO DE LOS ESTRATOS

Al avanzar la excavación pudimos comprobar dos cosas. Primera que en algún momento a base de adobes y de tapial se había clausurado el hueco que quedaba sin muralla formando un cerramiento por la línea aproximada de la cara

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interior de la muralla(1). Segunda, que junto a la cara exterior de ese cerramiento había una estratigrafía bien visible de materiales acumulados por sedimentación natural de tierra que buzaban desde el lienzo Este de muralla hacia el interior; pero sólo hasta la mitad del hueco ya que en ese centro aproximado había una clara señal de cambio de situación, como si allí se hubiera levantado un muro o amontonamiento de piedras puesto para contener la caída de los materiales que iban formando esa estratigrafía buzante. Al lado izquierdo del espectador que contemplara el hueco desde la vía del ferrocarril, los estratos presentan otra imagen. Más que de buzamiento se puede hablar aquí de amontonamiento; en cualquier caso la línea de separación entre ambas partes viene marcada por el quicio derecho (siempre desde la perspectiva del observador que tomamos como punto de referencia) de una posible abertura que hubo en el lugar y de la que pasamos a hablar. IV. EL MURO DE ADOBES Y TAPIAL QUE SIRVIÓ PARA CERRAR EL HUECO

Parece evidente que la sección que media entre los estratos de acumulamiento que llenan el hueco a que nos venimos refiriendo y el relleno del interior de la ciudad es un muro construido deliberadamente. En efecto en la parte izquierda del espectador junto a la muralla restaurada en 1986, pudimos comprobar que se trata de adobes de lo que aquella parte está compuesta. La parte derecha no pudimos ver adobes, pero si no eran adobes degradados, era al menos tapial. Una cosa se puede ver en las fotografías: la contextura del relleno del interior así como la del exterior, difieren absolutamente de la de esa zona, probable muro, al menos aparente, que estamos tratando de identificar. Que el interior de esa línea diferenciadora es relleno no sólo en la zona delimitada por esos sillares reempleados que se ven en la fotografía sino en toda la sección detrás de ese tapiado, lo pudimos comprobar en las campañas de 19911992(2). Hay otra razón: la parte de la muralla restaurada en 1986, precisamente en la cara interior donde no se hizo nada para restaurar presenta un borde que se conserva y que parece haber sido cara seguramente para adosar un quicio, una pared o algo similar. Es posible que sea la cara de un muro transversal a la muralla en aquel punto, pero aún así podría entenderse como la confirmación de que allí hay un corte en el yacimiento y por tanto de que el hueco en la muralla estuvo desde el principio y deliberadamente.

Y finalmente hemos de advertir que en la campaña de 1992 pudimos comprobar la existencia de un camino que ascendía al nivel superior del yacimiento, con lo que la teoría de la existencia de una puerta en el hueco de la muralla al que nos estamos refiriendo alcanzó niveles de certeza moral. V. EL SUELO DEL HUECO DE LA MURALLA

Es importante prestar un poco de atención al suelo que fuimos descubriendo al ir desescombrando el hueco sin muralla. No apareció pavimentado, pero sí liso de suerte que, incluso suponiendo que con el yeso caído de la destrucción de muralla se formara esa especie de pavimento que pudimos constatar, habrá que admitir que tal estratigrafía no es fácil de formar sin algún problema del tipo del que estamos intentando formular. Hay más. Debajo de esa especie de pavimentación de yeso justamente en el centro del hueco aparecían unas piedras que parecían pertenecer a un camino que saliera de la ciudad y que doblara hacia el Oeste como para ir descendiendo por la pendiente del cerro. Como con la apertura del foso para hacer pasar por allí la vía del ferrocarril de Murcia a Caravaca todo el conjunto fue gravemente dañado lo único que hemos podido constatar hasta ahora son indicios de muy difícil comprobación, pero que formulamos en espera de que la excavación de todo el conjunto pueda permitir captarlos con mayor precisión y visión de conjunto. VI. LA ABERTURA QUE PUEDE VERSE EN LA FOTOGRAFÍA QUE ADJUNTAMOS ¿UNA PUERTA? (Fig. II)

En la fotografía puede verse una abertura que al ir realizando la excavación nos fue señalada por la existencia de una serie de sillares que parecían indicar el hueco tapiado de una puerta. Tuvimos que cortar el muro de adobes para abrir ese boquete por lo que no estamos seguros de que ahí haya habido nunca puerta. Es posible que los constructores del muro pensaran en un principio poner allí una puerta y que luego se arrepintieran y tapiaran todo el hueco. Desde luego se compagina mal la existencia de ese hueco con el suelo de yeso que aparece en la parte superior del yacimiento en ese punto, a menos que tal suelo no lo fuera sino que fuera el resultado del hundimiento de una techumbre que una vez caída haya podido dar la impresión de suelo por efecto de las humedades y apisonamiento(3), cosa que juzgamos

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Figura II: Fotografía del estado en que quedó la excavación tras la campaña de 1990, con un esquema realizado sobre la misma fotografía e indicación del muro y de los estratos buzantes de que hablamos en el texto.

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BEGASTRI 1990. LOS PRIMEROS INDICIOS DE LO QUE PODRÍA SER LA PUERTA PRINCIPAL DE LA CIUDAD

Figura I: Planta general de la zona en la que suponemos la existencia de una puerta, la principal de la ciudad en época visigótica en el yacimiento de Begastri. La línea sombreada sería el muro de adobes y tapial.

improbable si no imposible. Y si tal suelo fue eso no podemos, hoy por hoy, aceptar la realidad de ese hueco como una puerta que haya sido utilizada alguna vez. En cualquier caso lo hemos respetado para excavarlo cuando tengamos las ideas más claras al respecto. VII. TRATANDO DE RECOMPONER LA HISTORIA DEL YACIMIENTO

Una hipótesis para que sea útil ha de ser coherente y debe ser confirmada en sus pormenores. Por ello hemos de preguntarnos: ¿Por qué y cuándo pudo levantarse ese cerramiento de tierra y adobes? Es un problema al que sólo podemos responder conjeturalmente. Si suponemos, con toda serie de apoyos monumentales, que la ciudad fue des-

truida en algún momento después de incoada la dominación árabe(4), lo más probable es que una de las partes que más sufrieran fuese precisamente la puerta monumental. Si, como hemos indicado en otro lugar, hay abundantes testimonios de una población residual en la ciudad tras de la liquidación de sus murallas(5), hay que pensar que también en esta zona pudo y debió haber tal población residual; pero el tipo de material que aparece supone que previamente, una vez destruida la puerta monumental sus materiales debieron ser empleados y por tanto removidos de allí, quizá para la construcción del castillo de Cehegín u otra edificación importante en algún otro lugar (¿Alquipir?). Una vez quitado el material de gran tamaño y prestancia, los habitantes de Begastri debieron amontonar las piedras menores

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que allí quedaban y probablemente construyeron el muro de adobes y tapial para emplear la parte del paso de la puerta como habitación y en la parte del nivel superior también construyeron, habiendo constatado la existencia de suelo de yeso en la campaña de excavaciones de este mismo año, que por lo demás es visible en la fotografía que adjuntamos (fig. I)(6). Por razones arqueológicas hemos de pensar que el hueco de la puerta fue ocupado por dos chozas distintas, una junto a cada borde de la muralla. Cuando las construcciones adosadas al borde Este de la muralla se hundieron todo el conjunto fue rellenándose con la tierra caída desde los laterales, de donde los estratos de la parte derecha que buzan en hacia abajo en dirección EsteOeste. Más tarde se abandonaría la choza adosada al borde Oeste, de donde la distinta configuración estratigráfica de ambas mitades. VIII. EL FOSO DE CREMACIÓN LOCALIZADO EN LA PARTE AFUERA DEL HUECO Y A UNO DE SUS LADOS (Fig. I)

En la campaña de 1989 pudimos comprobar la existencia de un lugar en el que se realizó la cremación de cadáveres humanos con su ajuar respectivo. Del hecho hemos hablado en otro lugar(7), pero aquí queremos recordarlo porque un lugar muy apropiado para ubicar un lugar así es en la parte afuera de la puerta de una ciudad, por lo que su localización precisamente en el lugar en que lo está podría entenderse como una confirmación de que el hueco de la muralla hubiera sido puerta. IX. ¿UNA CIUDAD CON DOS PUERTAS?

Es difícil de entender cómo una ciudad que se organiza con unas murallas tan descomunales pueda luego haber tenido más de una puerta por aquello de «casa con dos puertas, mala es de guardar»; pero por otra parte la puerta de la cara Este resulta difícil de admitir para puerta principal de una ciudad, por la dificultad de hacer entrar por ella un tráfico rodado que en una ciudad como Begastri parece que hubo de existir al menos en época romano-visigoda. Y más difícil todavía cuando la puerta de la cara Este se fortificó con una estructura de puerta de codo. En todo este conjunto de problemas es esencial la cronología de los acontecimientos que hablando en propiedad desconoce-

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mos. De cualquier modo no hay dos ciudades iguales ni podemos trazar una historia apriorística de todas las ciudades. Aquí hemos tratado de exponer los problemas que la arqueología del yacimiento nos ha planteado al descubrir los datos que la historia del lugar ha dejado impresos en sus restos derrumbados y sepultados. Lo más importante de nuestra exposición son los datos. Las interpretaciones que hemos dado son todas susceptibles de ser revisadas y la historia de la ciudad de Begastri está por escribir.

NOTAS (1) Lamentablemente todavía no podemos precisar si ese muro de adobes y tapial surge desde la base misma de la muralla o es solamente un murete situado en la parte superior de los estratos para dar consistencia a la parte superior del yacimiento a la parte del interior de la muralla, sobre la que en su día parece que se construyó sobre una base de yeso de la que hablaremos luego. (2) A. González Blanco, M. Amante Sánchez y M.A. Martínez Villa, «Begastri: Comienza a aparecer la ciudad visigoda (campañas de excavaciones de 1991 y 1992)», Alquipir. Revista de Historia 3, 1993, 11-27, donde confesamos que tras las dos campañas quedó claro que la contextura de toda la zona excavada era un relleno visible además desde el corte de la cuadrícula S-35/36, que se excavó el año 1991. (3) Al realizar la excavación también aparecieron algunos indicios que harían posible tal hipótesis y fueron en concreto la aparición de un fragmento de yeso con fragmentos de ánforas aprisionadas por el yeso como si hubieran formado parte de una estructura construida para aliviar el peso de la misma, con vistas por tal motivo a realizar un cubrimiento, pero si fue así, pudo haber habido además del suelo una cobertura del edificio construido en la parte superior, pero la apariencia del yeso que puede verse en la fotografía era de un suelo perfectamente compactado y amasado para tal fin. (4) A. Yelo Templado, «La campaña de Tudmir», Antigüedad y Cristianismo V, 1988, 613-617 nos ofrece una coyuntura en la que cabe muy bien localizar cronológicamente una tal destrucción. Pudo haber otras. (5) A. González Blanco, «Begastri 1988», Memorias de Arqueología 1988. Murcia, Consejería de Cultura ( en prensa) (6) Naturalmente que esta «historia» que hemos imaginado no pasa de ser una imaginación y que hay mil posibilidades de ofrecer historias alternativas para explicar los datos que tenemos que explicar, pero alguna hipótesis hay que hacer y la que hemos formulado lo ha sido para que queden más claros los datos que hemos podido comprobar en la excavación y que aquí tratamos de exponer. (7) A. González Blanco, «Begastri. Nuevas aproximaciones a la historia de la ciudad», Memorias de Arqueología 1989, Murcia 1993, pp. 205-210; A. González Blanco, A. Morales Muñiz y J. de Miguel Agreda, «El foso con cenizas, huesos y materiales aparecido en Begastri en la campaña de 1989», Memorias de Arqueología 1989, Murcia 1993, pp.211-215.

INFORME PRELIMINAR DE LA EXCAVACIÓN: C/. SAN PEDRO C/. ADUANA

Loreto Castillo Meseguer

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1991

INFORME PRELIMINAR DE LA EXCAVACIÓN: C/. SAN PEDRO C/. ADUANA

LORETO CASTILLO MESEGUER

Resumen: La excavación dió como resultado el hallazgo de un cementerio cristiano-medieval relacionado con el camposanto de la iglesia de San Pedro, con una vigencia desde el s. XIV al s. XVIII. Bajo él, había un cementerio islámico, probablemente relacionado con la mezquita que se ubicaba bajo la actual iglesia de San Pedro; este cementerio pertenece a los ss. XII-XIII, y presenta una gran potencia estratigráfica. Los

cadáveres tienen una disposición decúbito lateral derecho, con las piernas algo flexionadas y mirando al Levante. Bajo el cementerio, y rotos por intrusiones del mismo, aparecieron varios niveles de ocupación anterior; un nivel con una atarjea y un pequeño aljibe cuadrangular, así como los restos de un posible taller cerámico y un nivel de ocupación con un pozo de agua muy bien conservado.

Con motivo del derrumbe de un edificio sito en dicha plaza de S. Pedro, esquina con C/. Aduana,y presentado el informe para hacer una vivienda con sótano, se procede a la excavación del solar ubicado en dicha calle. El solar cuenta con una superficie de unos 45 metros cuadrados, y se plantea una sola cuadrícula de 4 x 7 metros, respetando 1 m. de los cimientos de las casas colindantes. La excavación se realiza sólo con dos obreros por lo reducido del solar; los trabajos se iniciaron el 27 de marzo de 1990, paralizándose el 1 de junio, para retomarlos el 18 de Junio, hasta el 27 de Julio de 1990 en que se terminó definitivamente la excavación. Aun sin completar el estudio del material resulta evidente nos hallamos ante un cementerio islámico, sobre el que se ubicó posteriormente un cementerio cristiano, posiblemente del s. XVII-XVIII, que a su vez se dejó de utilizar hacia 1811. A su vez, el cementerio islámico se interna en estratos más antiguos, rompiendo niveles de ocupación anteriores, y provocando ciertos problemas de estratigrafía. Concretamente el cementerio se inicia en el estrato II, prolongándose

hasta el estrato VII en el cual aparece un pavimento de un nivel anterior roto por un cadáver islámico. Los cadáveres del cementerio islámico presentan una disposición decúbito lateral derecho, con las piernas algo flexionadas, la cabecera al NW y los pies al SE mirando al Levante, y con los brazos situados sobre el pubis o bajo la cadera. Los enterramientos son individuales y aparecen tanto personas adultas como niños pequeños, el cadáver más pequeño no medía más de 45 cm. Se han constatado varias formas de enterramiento, aunque no parecen estar asociadas a una etapa determinada, sino que son más o menos coetáneas. La más abundante es el tipo de enterramiento en fosa de adobe, que en algunos casos presenta también restos de la caja de madera; ocasionalmente aparecen también enterramientos en fosa de tierra simple, con o sin caja de madera. En total a lo largo de toda la excavación se han descubierto 80 grupos entre cadáveres y osarios, de los cuales 89 son del cementerio islámico y el resto pertenecen al cementerio cristiano de los primeros estratos.

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INFORME PRELIMINAR DE LA EXCAVACIÓN: C/. SAN PEDRO - C/. ADUANA

Foto 1: Cadáver Nº 10, del cementerio cristiano; Sector D: entre fosa de piedras y muro.

ESTRATIGRAFÍA :

La estratigrafía resulta muy irregular, en el sector A de la cuadrícula apenas se distinguen los estratos por la contaminación del pozo ciego de la casa. Estrato I:

Estrato superficial de revuelto, donde salen los cadáveres cristianos, es una tierra marrón muy suelta, mezclada con piedras, yesos cerámicas de distintas épocas y restos de escombro de la obra; los cadáveres suelen aparecer revueltos o agrupados en osarios. Estrato II:

Tierra marrón de color claro muy fina y suelta, con restos de cal dispersos, en este estrato aparecen ya los primeros cadáveres islámicos, todavía mezclándose con algunos de época cristiana. A partir de este estrato continúa internándose el cementerio islámico, que cronológicamente podría situarse en el s. XII-XIII. Este cementerio que tiene una gran potencia atraviesa los estratos más inferiores de época anterior provocando ciertos problemas de estratigrafía.

IIb:

La misma tierra pero un poco más oscura y con puntos negros de ceniza, como de restos de fuego. Todo el estrato presenta adobes anaranjado-verdosos, que van delimitando los cadáveres. Se corresponde a un nivel de ocupación del que se han documentado restos de una atarjea muy deteriorada así como una estructura de ladrillos haciendo ángulo que podría tratarse de un aljibe por su relación con la atarjea. Aparecen también un par de estructuras de ladrillo formando pilares en los sectores C y E a ambos lados de la fosa de piedras que también se empieza a documentar en este estrato, así como los dos muros de ladrillos que forman una puerta en el perfil W. Estrato III:

Tierra marrón muy fina sin piedras, con adobes amarillento verdosos y beiges, sin apenas restos de cal, pero con algunas manchas grisáceas. En este estrato se documenta una pequeña solera de tierra y piedras rosáceas, y un pavimento de cal con una solera muy fina de tierra amarilla oscura debajo, y por encima una zona de piedras y argamasa. Todo

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Foto 2: Línea de las cajas del cementerio cristiano.

ello asociado a un pozo de agua aparece al mismo nivel metiéndose en el perfil S. IIIb:

Por encima del pavimento de cal salió una capa muy fina de tierra negra como de un incendio, y centrada solamente en la zona del ángulo SW.

Estrato VII:

Tierra negra como de un horizonte quemado con algunos adobes naranjas y salmón que siguen delimitando los cadáveres islámicos. Aparecen algunos restos de cal asociados a los cadáveres: situados debajo de ellos como soporte de las tumbas. Estrato VIII:

Estrato IV:

Tierra gris verdosa y fina con algunos puntos negros, es un estrato de muy poca potencia. Estrato V:

Tierra amarilla muy fina, corresponde a un nivel de inundación del río.

Tierra grisácea con restos de ceniza y algunos puntos de cal. Aparece un pavimento de cal y restos de una pared enlucida de rojo; debajo del pavimento y por toda la cuadrícula al mismo nivel hay una gran abundancia de cerámica muy rota, es un estrato eminentemente cerámico, donde han salido muchas copas. Aparece también una estructura de yeso de forma alargada y semicircular por el Norte, que se interna en el perfil S y hacia abajo.

Estrato VI:

Tierra verdosa muy húmeda con puntos amarillos de tierra como la del estrato III, y con manchas bastantes grandes de ceniza; en este estrato han aparecido restos de animales, concretamente varias mandíbulas y un par de cuernos quemados. A partir de este estrato se inicia otra fosa de piedras ubicada debajo de la anterior.

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Estrato IX:

Tierra estéril beige clara, se corresponde a otro nivel de inundación del río. Estrato X:

Vuelve a aparecer la tierra marrón del estrato cerámico,

INFORME PRELIMINAR DE LA EXCAVACIÓN: C/. SAN PEDRO - C/. ADUANA

Foto 3: Cadáver islámico, 1ª capa del cementerio islámico en el estrato II.

Foto 4: Vista general de la cuadrícula, con el muro del perfil Norte y la fosa de piedras.

con restos de cerámica y un par de suelos de tierra apisonada uno encima de otro separados por 8 cm.

También han aparecido un cuchillo, y un objeto de hueso de forma circular hueca, que parece la boquilla de un pito.

MATERIALES

ESTRUCTURAS

En cuanto a los materiales han aparecido cerámicas islámicas desde el S. X-XI hasta el XIII, y otras medievales posteriores y con una cronología de hasta el s. XVIII. Es destacable la presencia y abundancia de una forma cerámica aún sin determinar, que consta de una base o pie de unos 5 ó 6 cm., un poco de cuello y un cuerpo con acanaladuras al interior y algo menos visibles al exterior, que se abre hasta el borde, donde disminuye el grosor de la pieza. Son piezas muy bastas, hechas a mano en varios tipos de pasta, que a veces aparecen pintadas de blanco en el interior. Dada su presencia en todos los estratos, tanto asociados a enterramientos como individualmente es difícil precisar si tenían alguna finalidad ritual o si se corresponden a alguna otra función. La mayoría de la cerámica ha aparecido en muy mal estado, muy fragmentado, prácticamente podría decirse que la única pieza que ha aparecido más o menos entera es ésta.

Aparte de la atarjea y la estructura de yeso ya mencionada es de destacar: un muro que se inició en los primeros niveles y se continuó hasta los últimos estratos, de una gran solidez, está formado en su parte superior por grandes piedras unidas con argamasa y en el resto de ladrillos y tierra, probablemente se trate del muro de cierre del cementerio. También han aparecido dos fosas de piedras con una orientación NW-SE, una sobre la otra, estando la inferior mejor definida por grandes piedras blancas cuadrangulares y unas dimensiones de 1,20 m. de ancho x 1,84 m. de largo, siendo la fosa de encima un poco más grande y no tan bien delimitada. En ambas estructuras no aparecieron intrusiones de huesos, y al desmontarlas resultó que estaban vacías. A ambos lados de la fosa, en el perfil W apareció una especie de puerta de ladrillos dispuestos en líneas horizontales y verticales alternativamente.

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UNA APORTACIÓN AL ESTUDIO DE LA ALFARERÍA ANDALUSÍ EN EL ARRABAL DE LA ARRIXACA: LA EXCAVACIÓN REALIZADA EN LA CALLE MUÑOZ DE LA PEÑA (MURCIA)

Elvira Navarro Santa-Cruz Alfonso Robles Fernández

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1995

UNA APORTACIÓN AL ESTUDIO DE LA ALFARERÍA ANDALUSÍ EN EL ARRABAL DE LA ARRIXACA: LA EXCAVACIÓN REALIZADA EN LA CALLE MUÑOZ DE LA PEÑA (MURCIA)

ELVIRA NAVARRO SANTA-CRUZ, ALFONSO ROBLES FERNÁNDEZ

Planimetría: José Antonio Egea Sandoval. Palabras clave: Arrabal, Arrixaca occidental, instalación alfarera. RESUMEN: El solar excavado se sitúa en un área periurbana, concretamente en el sector más occidental del arrabal de la Arrixaca. El análisis estratigráfico y el hallazgo de estructuras y útiles alfareros, datables en el siglo XIII, confirman el desplazamiento hacia el exterior que, desde el siglo XII sufrieron este tipo de instalaciones, consecuencia de la paulatina urbanización del arrabal como barrio residencial.

ABSTRACT: The ground excavated is situated in an outskirts urban area excacly in the most western sector of the suburb of the Arrixaca. The stratigraphical analysis and the finding of structures and the pottery tools, which date from the 13th century, corroborate the displacement towards the exterior which, from the 12th century, suffered this type of installations because of the gradual urbanization of the suburb as a residential district.

I. PRELIMINARES

Con toda probabilidad fueron los propios ciudadanos murcianos los que, de forma progresiva, terminan adoptando el topónimo -Traición- a medida que transitaban por una puerta muy próxima que, con el mismo nombre, se abría en la cerca exterior o «adarbe viejo» de la Arrixaca. Este fenómeno de asimilación toponímica, como consecuencia de la proximidad física de estos dos elementos, también se detecta en la «calle de la Puerta de Vidrieros», que no es más que la prolongación natural de la anterior; arranca ésta desde la intersección con el antiguo «Carrer de la Arrixaca» (actual calle de García Alix) para finalizar su recorrido bajo la Puerta de Vidrieros, la misma que durante el periodo islámico fuera conocida como «Bab Xecura», ubicada cerca de donde se eleva la ermita del Pilar. En lo que se refiere a la génesis de la Puerta de la Traición, carecemos de cualquier referencia acerca de una hipotética fundación por parte de las autoridades cristianas, lo que acaso podría interpretarse como un testimonio ex silen-

1.1. Ubicación espacial

El solar que fue objeto de nuestra intervención se sitúa en el sector más occidental del casco antiguo de la ciudad (fig. 1). Esta zona, en la actualidad (y es previsible que también en época bajomedieval) se encuentra plenamente integrada en la parroquia de San Antolín (fig. 2). En concreto comprende los números 8 y 10 de la «Calle Muñoz de la Peña», que describe un trazado rectilíneo con una orientación Este-Oeste. Sabemos que al menos desde principios del siglo dieciocho y hasta comienzos del veinte, esta vía urbana se dividía en dos tramos: uno de ellos partía de la iglesia de San Antolín y se denominaba «Calle del Rosario», mientras que su prolongación hacia occidente era conocida como la «Calle de la Traición», siendo este último el nombre más antiguo documentado. La nomenclatura viaria a la que nos acabamos de referir, en un capítulo poco afortunado de nuestra historia más reciente, sería modificada de forma un tanto caprichosa por su antónimo «Calle de la Lealtad»(1).

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UNA APORTACIÓN AL ESTUDIO DE LA ALFARERÍA ANDALUSÍ EN EL ARRABAL DE LA ARRIXACA: EXCAVACIÓN REALIZADA EN LA C/. MUÑOZ DE LA PEÑA

Figura 1. Localización del solar (sobre plano de V.M. Roselló y G.M. Cano).

tio a favor de un posible origen islámico. De su existencia se tiene constancia por vez primera hacia el año 1474 con motivo de la cesión por parte del Concejo a Juan Riquelme, vecino de la ciudad, de «...un solar para era ques del conçejo a la Puerta de la Trayçion en el Raual de San Antolin, en par de una torre ochauada» (GARCÍA ANTÓN, 1993: p. 255). Aunque nos movemos en el terreno de la hipótesis, es bastante factible que tras la conquista castellana los nuevos pobladores que en ese momento entraban en contacto con los mudéjares murcianos afincados en la morería, adoptaran la traducción literal al castellano del término árabe empleado mucho antes de la caída de la ciudad. Fenómenos de esta índole no parecen haber sido extraños en este periodo transicional, tal como parece ocurrir con la Puerta del Nogal, abierta también en el tramo Noroeste de la cerca del arrabal, que se corresponde con la «Bab al-Yawza» mencionada en la Qasida Maqsura del autor árabe murciano alQartayanni (POCKLINGTON, 1989: p. 228). En cuanto a su funcionalidad, el medievalista Juan Torres Fontes, basándose en el autor francés Robert Ricard ha planteado la idea de que podría tratarse de una «puerta de escape, que facilita la huida hacia el campo cuando el enemigo penetra en la ciudad, o puerta de entrada en la ciudadela para

recibir refuerzos o abastecimiento, cuando la ciudad fortificada se ha rebelado o ha sido ocupada por el enemigo (sic) estas puertas, (sic) eran simples portillos de la ciudadela o en la muralla de la ciudad» (TORRES FONTES, 1971: p. 88)(2). En el esquema orgánico de Mursiya esta función sería lógica dada la cercana presencia de un puente sobre el Segura que debió conectar el camino procedente de Andalucía -a través de Alcantarilla- con aquel que se dirige hacia la meseta castellana (la antigua vía romana Cartago-Complutum), cuyos principales mojones enumerara el geógrafo al`Udri (MOLINA, 1972: pp. 51-52). De esta manera los viajeros continuaban su trayecto sin necesidad de tener que atravesar la ciudad, al mismo tiempo que sus propios defensores en caso de asedio disfrutaban de una mayor operatividad en su huida desde la alcazaba. 1.2. Fenomenología que influyó en la configuración urbana del área

No debemos olvidar que el sector donde se inscribe el solar, como consecuencia de su ubicación periférica respecto al resto de la trama urbana, estuvo permanentemente condicionado por varios factores atemporales, que la dotaron de una fisonomía peculiar que, casi sin solución de con-

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

das con frágiles muros de adobe, se extendían por las áreas periurbanas y su presencia también debió constituir un freno considerable para la urbanización del arrabal. II. EL PROCESO DE EXCAVACIÓN: PLANTEAMIENTOS Y CONDICIONANTES

Figura 2: Ubicación del solar en el contexto del barrio de San Antolín.

tinuidad, ha perdurado hasta tiempos recientes. Se pueden sistematizar en los siguientes apartados: - El carácter periurbano de esta área conlleva una mayor exposición a las avenidas fluviales, factor que tuvo que jugar un papel crucial en su configuración al retardar considerablemente la formación de un arrabal residencial, o lo que es lo mismo, la expansión de la ciudad paleoandalusí. Aunque carecemos de noticias de época islámica (a no ser que se intenten extrapolar las numerosas referencias existentes sobre las inundaciones de Córdoba por el Guadalquivir, río que comparte cabecera con el Segura), tenemos constancia de las periódicas crecidas que precisamente afectaron con especial virulencia a las barriadas de San Antolín y de San Andrés a partir de 1424 (TORRES FONTES, 1988: pp. 412-413); en el transcurso de esta centuria llegaron a registrarse hasta una decena de avenidas fluviales (TORRES FONTES, 1984: p. 241)(3). - Desde la fundación de la madina occidental este sector fue uno de los más propicios a la hora de albergar actividades artesanales de carácter polucionante, que estaban rigurosamente prohibidas en el interior de la ciudad islámica. También es lógico que entre todas ellas predominaran las alfareras, puesto que sus obradores disponían de buena parte de las materias primas empleadas en su labor: agua en abundancia, ya fuera la procedente del río o la extraída del subsuelo tras la apertura de pozos artesianos, o/y arcilla limosa que se empleaba en el modelado de las piezas de pasta más grosera y factura burda. Sin embargo, una de las ventajas más evidentes fue la disponibilidad de amplios espacios no urbanizados donde era factible una progresiva acumulación de verdaderos vertederos de piezas defectuosas o testares. Instalaciones preindustriales de este tipo como la que va a ser tratada-, a pesar de haber sido edifica-

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El solar excavado ocupa una superficie total de 480 metros cuadrados y su perímetro describe una silueta irregular, con un sensible predominio de la forma rectangular y una marcada orientación Norte-Sur (fig. 3). Previamente a nuestra intervención, se había practicado una zanja longitudinal, abierta en la mitad noroccidental, que trajo consigo una reducción considerable del área susceptible de ser excavada y una alteración del depósito arqueológico original (4). La propuesta de actuación de urgencia fue formulada tras la identificación de algunos fragmentos cerámicos de época islámica entre los materiales extraídos de la zanja, y como consecuencia del afloramiento de diversas estructuras arquitectónicas adscribibles al menos a dos fases de ocupación anteriores a la vivienda que acababa de ser derruida. A pesar del extraordinario interés que para nosotros tiene el conocimiento de la seriación estratigráfica de esta área periférica de la madina murciana, solamente nos fue concedido un mes para llevar a cabo la intervención. Esta limitación de tiempo condicionó en gran medida el desarrollo de nuestra labor y la obtención de los resultados que se exponen a continuación (5). Con el fin de avanzar los trabajos, se realizó un desfonde controlado del terreno de cincuenta centímetros de profundidad y fueron trazados dos cortes desiguales: uno septentrional de 8 x 5 metros (Corte A), en el que quedó integrada la zanja, y el meridional que sólo alcanzaba los 4 x 5 metros (Corte B). Por motivos de seguridad, nos vimos obligados a dejar unos testigos de 2,20 y 3,50 metros junto a las medianeras de los edificios colindantes, que carecían de garaje subterráneo. 2.1. La instalación alfarera islámica

A esta serie de inconvenientes hemos de añadir los destrozos ocasionados por las fosas intrusivas procedentes de infraestructuras de cimentación y saneamiento de fases de ocupación bajomedievales, modernas y contemporáneas que hicieron imposible una documentación completa de la planta de una instalación, cuyas estructuras se localizan al Sur del área excavada (fig. 4).

UNA APORTACIÓN AL ESTUDIO DE LA ALFARERÍA ANDALUSÍ EN EL ARRABAL DE LA ARRIXACA: EXCAVACIÓN REALIZADA EN LA C/. MUÑOZ DE LA PEÑA

Actividades alfareras residuales.- En la fase previa a la construcción del taller y sobre los niveles de limos aluviales estériles, los alfareros andalusíes practicaron unas fosas intrusivas que constituyen los testares con una producción cerámica datable en el último cuarto del siglo XII. Entre los materiales que formaban parte de esta bolsada de cerámica abundan los útiles de alfar empleados para apilar la vajilla en el interior del horno, como las barras de ahornar con impresiones dactilares y goterones de vedrío, los atifles o trébedes y algunas lengüetas con improntas digitales en una de sus caras; también encontramos una serie de piezas complementarias a estas labores: varios fragmentos de crisoles empleados en las tareas de preparación de los vedríos. En estas fosas son igualmente numerosas las piezas desechadas por haber sufrido algún defecto en uno de los procesos seguidos en su producción. Abundan las piezas que quedaron pegadas al ser mal apiladas en la hornada, pero sobre todo son frecuentes los agrietamientos y deformaciones de la superficies y la degradación del vedrío producidos por un exceso de temperatura en el interior del horno. Primeras actividades alfareras.- Un cambio cualitativo del terreno marca la fase más antigua de la instalación de la que no ha sido posible documentar estructuras de entidad, sólo algunos restos de adobe muy fragmentados. A pesar de todo, hallamos en el extremo Suroeste dos alcadafes in situ que deben tratarse de los albañales o recipientes donde los alfareros remojaban sus manos después de modelar en el torno con el fin de recoger los restos de arcilla que más tarde pueden volver a ser utilizados; este proceso se sigue realizando en las alfarerías tradicionales (CARRETERO et allii, 1984; LIZARAZU, 1983: p. 353, fig. 27,1). Junto a estas piezas aparecía una lechada de arcilla semicocida en la que se apreciaba la existencia de numerosas improntas de poste que podrían haber sostenido alguna techumbre de cañizo. El taller alfarero.- Aunque no hemos tenido la oportunidad de identificar el vano de acceso, en buena lógica, la entrada al taller debió realizarse desde la referida calle de Muñoz de la Peña. Este vano daría paso a una estancia en la que se advierte la presencia de unos simples suelos de tierra apisonada y de una pareja de hogares de forma ovalada que podría tratarse de hornos o crisoles de fundición de óxido. Crisoles de parecidas características han aparecido en el obrador del alfar mudéjar excavado recientemente en la Plaza Yesqueros-Calle Toro (ROBLES; NAVARRO SANTACRUZ, e.p., b).

Figura 3: Área excavada y planteamiento inicial de las cuadrículas.

Desde esta primera estancia se accedía a una crujía oriental a través de un vano de 1,10 metros de luz, del que se ha conservado in situ el quicio tallado sobre un ladrillo; su posición junto a la esquina Noroeste de la jamba demuestra que la puerta, posiblemente de hoja única, se abría hacia la primera estancia, lo que constituye un indicio adicional de que nos encontramos ante un espacio de cierta amplitud respecto al resto de las estancias (fig. 5). Los muros medianeros, donde se abre este vano, presentan una orientación de Norte a Sur y por desgracia apenas han conservado alzado alguno. La técnica constructiva empleada es análoga a la que caracteriza aquellas remociones y reparaciones de los muros de tapial de los edificios islámicos, realizadas durante la primera mitad del siglo XIII. Es en este momento cuando aparece una técnica mixta con un tapial donde se sustituyen las caras de cal por los ladrillos, en muchos casos reutilizados. Los muros se conforman a partir de dos hiladas de ladrillos de 24 x 12 x 4 y 5 centímetros de módulo y un relleno interior de tierra, cascotes de cal, restos de ladrillos y tejas fragmentadas; como es habitual, las dos jambas aparecen claramente diferenciadas con unos ladrillos transversales de cierre que le confieren una mayor consistencia.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Figura 4: Vista aérea del solar excavado.

Figura 5: Vista de la cimentación del muro medianero sobre un testar perteneciente a una fase previa a la edificación del taller.

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UNA APORTACIÓN AL ESTUDIO DE LA ALFARERÍA ANDALUSÍ EN EL ARRABAL DE LA ARRIXACA: EXCAVACIÓN REALIZADA EN LA C/. MUÑOZ DE LA PEÑA

En lo que se refiere al sistema de cimentación utilizado, los albañiles islámicos tuvieron que abrir una zanja longitudinal de 50 centímetros de profundidad que afectó sensiblemente al testar antiguo que fue amortizado definitivamente por la nueva instalación. La zanja de cimentación fue colmatada por varias tongadas de ladrillos fragmentados a modo de correa, excepto en el centro de la misma, donde fue posible apreciar un tramo de ladrillos dispuestos en sardinel, con el objeto de dar una mayor solidez a los paramentos. III. LA ALFARERÍA Y LA EVOLUCIÓN URBANÍSTICA DEL ARRABAL

A pesar de la fragmentariedad de los restos exhumados, el análisis de la estratigrafía nos permite llevar a cabo una reflexión sobre las diferentes etapas que marcan la evolución del urbanismo de uno de los sectores periféricos de la urbe (fig. 6). 3.1. El sector periurbano occidental durante los siglos X y XI

En una fase previa a la urbanización de este sector, se aprecia la existencia de varios aportes de limos aluviales no fértiles. En este momento la cerca murada de los siglos X y XI, de la que hasta ahora se desconocen restos materiales, debió constituir una barrera artificial muy eficaz contra las inundaciones; su presencia provocó el desplazamiento progresivo del meandro hacia el Suroeste, dejando tras de sí una amplia extensión de terreno urbanizable y una potente acumulación de limos muy preciados por los alfareros. Aunque en este momento, la ciudad todavía carece de arrabales residenciales, comienzan a proliferar las primeras actividades alfareras. Hasta ahora, los hallazgos de instalaciones con una cronología más antigua se sitúan a Levante y Poniente de la Calle San Nicolás (1, 2 y 3) y en la Calle de Capitán Cortés (4). Otros hallazgos con una cronología más tardía tienen unos emplazamiento más lejanos, como en la Plaza de Yesqueros-Calle Toro (5), en las calles Ceferinos (9) y Pedro de la Flor (6). 3.2. La formación del arrabal residencial de la Arrixaca (siglos XII y XIII).

En los últimos años del siglo XI -periodo almorávide- se inicia una profunda reestructuración de este sector; la madina se amplía, integrando los cementerios fundados en la centuria anterior y se erige la muralla que sigue el trazado de la actual Calle Sagasta. Una presión demográfica insostenible debió ser el origen del arrabal residencial de la Arrixaca que fuera descrito por al-Idrisi.(6)

Las nuevas viviendas andalusíes se superponen a las instalaciones preindustriales -como la que tratamos- que fueron desplazadas, ubicándose ahora intramuros, junto a la muralla que protege el arrabal (ROBLES; NAVARRO SANTACRUZ, e.p., b). Carecemos de documentación textual sobre la ubicación de los alfareros en época islámica, pero la arqueología nos permite definir dos áreas de dispersión: la primera en torno a la calle Cadenas, con salida hacia la «Puerta de Molina», y la segunda en el extremo Suroeste, relacionada con las puertas de Belchí y de la Traición. En el sector septentrional, contamos con un horno de vedrío (11) y con testares en la Calle de la Manga (12). En el extremo Suroeste, encontramos los restos del taller que aquí tratamos (10), y los hornos y crisoles excavados por Jorge Aragoneses cerca de la iglesia de San Antolín (8). 3.3. Configuración de la «Arrixaca Vieja» tras la conquista castellana

Tras la conquista castellana la política alfonsí de repartimientos en el interior de la ciudad potencia la concentración de gremios en determinadas calles, algunas de las cuales han pervivido en el callejero murciano (Trapería, Frenería,...). Sin embargo, poco o nada sabemos de cómo se organiza el reparto del caserío entre los musulmanes. A tenor de los acontecimientos posteriores, es razonable pensar que se formara un núcleo residencial homogéneo que habría sido el origen de la morería, junto con unas áreas periféricas de trabajo en común, donde acuden también los artesanos cristianos. Esta situación parece intuirse en el privilegio alfonsí de 1267 donde se establecen los impuestos que deben satisfacer los vidrieros, alfareros y esparteros mudéjares, labores que hasta ese momento monopoliza en precario esta población, mientras se conceden ciertas ventajas fiscales a los artesanos cristianos del mismo ramo: «...aquellos que de quien fueren las tiendas o se vendieren las obras del esparto e de tierra e del vidrio, que nos den vn morauedi alfonsi en oro cada anno,... mas retenemos pora nos que los maestros christianos que labraren la obra del esparto e de tierra e del vidrio, que nos den nuestro derecho asy como en Seuilla. E por fazerles merced, si en Seuilla o en Toledo nos dan el diezmo, queremos que nos den en Murçia el quinzeno» (VALLS TABERNER, 1923: p. 45; TORRES FONTES, 1963: p. 47). Los datos arqueológicos, textuales y toponímicos hasta ahora recogidos, conducen a pensar que posiblemente los artesanos mudéjares conservaron los lugares de trabajo que ocuparan en la primera mitad del siglo XIII, lo que de algún

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Figura 6: Cuadro diacrónico de dispersión de los restos de alfares de la Arrixaca.

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UNA APORTACIÓN AL ESTUDIO DE LA ALFARERÍA ANDALUSÍ EN EL ARRABAL DE LA ARRIXACA: EXCAVACIÓN REALIZADA EN LA C/. MUÑOZ DE LA PEÑA

modo explicaría la mención que años antes hiciera Ibn Sa`id al-maghribi sobre dos de estas actividades(7). 3.4. La Arrixaca de los siglos XIV-XV

En los últimos años del siglo XIII y durante todo el siglo XIV se aprecia un importante retroceso urbano, convirtiéndose este zona en un área desolada, semidesierta, que con frecuencia se utilizada como una auténtica cantera de arcilla, dando lugar al fenómeno de los «barreros» o grandes fosas de captación de los limos arcillosos en los patios de las viviendas semiderruidas. La crisis demográfica y socioeconómica provoca una regresión urbanística sin precedentes que tuvo una especial incidencia en áreas periféricas como la que tratamos. La morería se ha convertido en un barrio desolado donde el caserío se reparte en «alfabas», medida agraria de superficie, y en los edificios semiderruidos se aprovechan los materiales de construcción y se practican grandes «barreros» o fosas para captar los limos aluviales empleados en las alfarerías. Los dos alfares excavados hasta el momento se localizan en la Plaza de Yesqueros-Calle Toro (14) y en la Calle de la Manga (13), mientras que los testares se desplazan hasta la Plaza San Agustín (15 y 16). Resulta muy significativo el hecho de que las instalaciones alfareras mudéjares aparezcan ahora en pleno centro de lo que antes fuera el caserío del arrabal islámico lo que marca un claro retroceso del urbanismo de este sector. Además, el progresivo abandono de las áreas de trabajo en común por parte del artesanado mudéjar (vidrieros y esparteros) habría permitido la expansión de la colación de San Antolín que poco a poco fue ganando terreno a la morería. Algo parecido pudo ocurrir con los alfareros en el sector septentrional, cuya superficie sería ganada por la colación de San Andrés. Estas parroquias dominan las principales vías que comunican los arrabales con la ciudad, mientras que la morería queda rodeada de propiedades cristianas (ROBLES; NAVARRO SANTA-CRUZ, e.p., a).

NOTAS .(1)

Este último nombre le fue otorgado en 1911 a petición del concejal don José Martínez Hilla al que le disgustaba el anterior por ser «tan repugnante». Tres años después de la victoria nacional en nuestra Guerra Civil, esta denominación volvió a ser sustituida por la del actual Muñoz de la Peña, que fue el fundador de la falange en Murcia (TORRES FONTES, 1971: p. 88; ORTEGA; ORTEGA, 1973: pp. 233-234). .(2) Otro fenómeno que permite pensar en un origen islámico es que esta misma terminología sea frecuente en puertas medievales de algunas ciudades peninsulares y magrebíes (RICARD, 1948: pp. 472-474). .(3) En la siguiente centuria son conocidos los efectos devastadores de las ria-

das de los años 1528 y 1545, así como las del siglo dieciocho: la de «San Calixto» en 1651 y la de «San Severo» en 1653 (ROSELLÓ; CANO: 1975, p. 14). .(4) La zanja con unas dimensiones de 8 x 2 mt. de extensión y 3 metros de profundidad, fue realizada con medios mecánicos por parte del propietario del solar, sin la necesaria supervisión de un técnico arqueólogo del Servicio Regional de Patrimonio Histórico, incumpliendo la resolución expuesta por la Dirección General de Cultura. .(5) La excavación se inició el 29 de enero de 1990 y se da por finalizada el 28 de febrero del mismo año. (6) Este autor comenta que, de Murcia «...depende un arrabal floreciente y bien poblado que, así como la villa, está rodeado de murallas y de fortificaciones muy sólidas» (AL-IDRISI: Geografía de España. Colección: Textos Medievales, nº 34, Valencia, 1974). (7) Recogido por al-Maqqari en su Nafh al-tib, en Dozy, R. et alliii (editores): Analectes sur l´histoire et la littérature des arabes d´Espagne. Volumen I, Leiden, 1855-1861 (reimpresión en Amsterdam, 1967).

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Inmaculada Ruiz Parra

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1995

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INMACULADA RUIZ PARRA

Resumen: Este informe constituye un avance de las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en el solar de la C/ Conde Valle de San Juan en su confluencia con la C/ Pascual, realizado únicamente en base

a los restos arquitectónicos descubiertos, ya que el material cerámico se encuentra pendiente de estudio.

Los trabajos se realizaron dentro del Plan de Excavaciones de Urgencia de la Consejería de Cultura de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia, en dos fases: la primera, realizada del 18 de enero al 15 de marzo de 1989 en los n.º 4 y 6 de la C/. Pascual y la segunda, del 18 de Diciembre de 1989 al 8 de junio de 1990 en el n.º 6 de la C/. Conde Valle de San Juan. El solar, que ocupaba una superficie aproximada de 300 m2, se sitúa en el interior del recinto amurallado de la madina islámica (fig. 1), concretamente en el sector suroriental de la misma, próximo a los desaparecidos Baños de la C/. Madre de Dios. Éste se localiza en una zona que se ha venido considerando por diferentes autores parte integrante de la alcazaba, como un extenso reducto que ocuparía gran parte del flanco meridional del recinto murado, con una superficie de unos 100.000 m2 (TORRES FONTES, 1963; ROSELLÓ y CANO, 1975). Sin embargo, estudios recientes sobre la alcazaba murciana rechazan este amplio espacio fortificado y plantean la hipótesis de unos límites mucho más modestos (NAVARRO y JIMÉNEZ, 1994 b). Las recientes excavaciones realizadas en la Escuela S. de Arte Dramático y Danza, antiguo Seminario de S. Fulgencio, han permitido establecer unas dimensiones más precisas de este recinto, con la localización del tramo de muro que lo cerraba por su costado

occidental. De este modo, la alcazaba, situada en el ángulo SE de la ciudad, vendría a ocupar una superficie de 15.000 m2 (BERNABÉ et al., inédito), quedando, en cualquier caso, nuestro solar situado extramuros. Éste colindaba al S. con la calle Frenería, que formaba parte de uno de los ejes viales principales que atravesaban la ciudad en sentido E-O, uniendo las puertas del recinto murado: la Puerta de Orihuela, en el extremo oriental, con la de Vidrieros, en el occidental, cruzando el centro de la medina (NAVARRO y JIMÉNEZ, 1994 a: 172), donde se desarrollaba la vida pública. Y al O. con otro posible eje N-S; este enlace, menos claro que otros, ha pervivido en el callejero urbano actual, partiendo de la C/. Jara Carrillo, por la C/. Pascual, Plaza de Santa Catalina y C/. Santa Isabel, subdividiéndose, por una parte, en la C/. de los Baños y, por otra, en la C/. San Judas, probable salida del recinto. Estas calles principales eran las que aglutinaban en su entorno el comercio (ROSELLÓ y CANO, 1975: 25). El edificio se prolongaba hacia el N. y E., introduciéndose bajo las fincas colindantes, lo cual supone que ocuparía una superficie mayor a la documentada. Su delimitación al E. podría estar en un callejón privado que da acceso al edificio actual colindante, que en época islámica habría sido un adarve acodado paralelo a Frenería, que fue cerrado hacia

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Fig. 1. Plano de situación.

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Lám. I. Vista general de la excavación.

1839, denominado callejón de la Tahona (ROSELLÓ y CANO, 1975: 111). Los límites al N., por las proporciones de los restos excavados, bien podrían estar en la C/. Madre de Dios de origen islámico. Los trabajos arqueológicos pusieron al descubierto el cuadrante suroccidental de un edificio de grandes proporciones y complejidad (Lám. I). Éste aparece delimitado por un potente muro perimetral (de unos 80 cm de ancho, cuya cimentación superaba la cota de los -4’00 m de profundidad, con respecto al nivel de calle actual, que fue nuestro punto 0’00), formando un ángulo de 108º, que coincide con la traza de las actuales C/. Pascual (antigua calle del Contraste) y C/. Conde Valle de San Juan (prolongación C/. Frenería), lo que refleja la pervivencia del callejero islámico en esta zona. Durante el proceso de excavación ha sido posible identificar, al menos, cuatro fases constructivas diferentes, de las

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cuales las tres últimas corresponderían al mencionado edificio, siendo la primera anterior al mismo. En este trabajo nos centraremos en la última fase del edificio, describiendo el aspecto que éste presentaba en ese momento. Éste se componía básicamente de cuatro crujías acodadas paralelas (yuxtapuestas), delimitadas por potentes muros de tapial (de 60 cm de ancho, cuya cimentación alcanzaba una cota de -2’70 m), de una sólida argamasa de cal y piedras, que circundaban un área central cuadrangular (fig. 2). La crujía exterior (1) se hallaba compartimentada en ocho espacios rectangulares yuxtapuestos (de 4,16 m x 2,90 m, aproximadamente, cada uno), por muros análogos a los perimetrales, de unos 53 cm de ancho (Lám. II). La segunda (2) se divide, a su vez, en tres partes desiguales por muros de argamasa de cal (50 cm de ancho) de menor potencia. La tercera crujía (3) aparece corrida, sin divisiones. Adosada al muro que la delimita por el S. encontramos una gran

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Lám. II. Detalle de dos de las salas de la crujía exterior hacia la calle Pascual.

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atarjea orientada E-O, con base de mortero de cal y piedras y recrecido de ladrillo, que presentaba pendiente hacia la C/. Pascual, donde posiblemente desaguaría, tras introducirse en la crujía 1 (Lám. II). Por último, la crujía interior (4) aparece delimitada al N. y E. por dos muros de similares características a los anteriores, coincidiendo con la medianería de los edificios colindantes, subdividiéndose, a su vez, en varios espacios irregulares (posiblemente cuatro si prolongamos el muro meridional, que aparecía roto por una arqueta moderna, hasta el Oeste, como sucede con el septentrional) por tres muros de unos 50 cm de ancho, de fábrica análoga a los perimetrales pero de potencia inferior, quedando volados a -2’00 m de profundidad. Los escasos restos de pavimentación y de alzados exhumados, indican que las estructuras anteriormente descritas constituirían, en su mayor parte, la cimentación del edificio, lo que dificulta enormemente su interpretación, saber la función de cada espacio identificado. Sin embargo, aparecen algunos restos significativos en alzado: se han documentado grandes vanos en dos de las salas en que se divide la crujía 1 (localizados al SO), que se abrían hacia la calle Frenería por lo que pensamos que estos espacios podrían haber sido utilizados como tiendas (fig. 2). Es probable que todas las salas que se localizan en esta calle estuvieran también abiertas a ella, aunque no fue posible constatarlo, debido al mal estado de conservación que presentaban las estructuras en esta zona. Los alzados conservados en su esquina suroccidental señalan que al exterior la construcción era de sillares de arenisca y al interior de muros de 50 cm de ancho de mortero de cal y piedras, construidos mediante la técnica del encofrado, pudiéndose apreciar los mechinales, recubiertos con enlucido de yeso. Resulta difícil hacer una adscripción cronológica más precisa de los restos constructivos, estando el material arqueológico pendiente de inventario. Sin embargo, podemos adelantar que, tras un primer acercamiento al material cerámico, el momento primigenio de construcción del edificio se podría situar en el s. XI. Éste fue recuperado en zonas selladas por los escasos restos de pavimento (capa de mortero de cal) localizados a -1,35 m en algunos de los espacios en los que se divide la crujía exterior (1) y especialmente bajo el suelo de mortero de cal que aparecía por toda la crujía 2, a -1’60 m por debajo del pavimento de la crujía 1 (cota: -1’36 m), por lo que pensamos que esta nave fue utilizado como sótano en un primer momento. Se trata de jarritas con deco-

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ración de cuerda seca parcial, materiales de cocina sin vidriar, con marmitas de base plana y decoración ondulada a peine, candiles de piquera, ataifores con decoración de tipo Medina Azahara y ataifores con vedrío melado y repié anular bajo o de base plana, así como de alcadafes y jarritas decoradas con engobe rojo y tapaderas planas con digitaciones de almagra. A continuación, ha sido posible documentar una segunda fase constructiva, fechada por los materiales cerámicos (jarras con digitaciones de almagra y manganeso, jarritas con decoración de cuerda seca parcial y materiales de cocina sin vidriar con base plana y decoración a peine y ataifores con repié anular bajo, junto a ataifores con repié anular desarrollado y jofainas con vedrío blanco) en torno a los ss. XI-XII. En esta fase se producen reformas puntuales: una sobreelevación del nivel de suelo, identificada en una pequeña zona del sector occidental de la crujía 4 y se compartimenta la crujía 2. El pavimento, consistente en una compacta capa de mortero de cal, aparece a -1’00 m de profundidad. También hemos podido identificar una fase de ocupación en torno al primer tercio del s. XIII. De este momento

Lám. III. Detalle de la fosa del s. XIII con los materiales in situ.

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Fig. 2. Planta y sección del edificio.

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data el relleno que aparece en el interior de un muro construido mediante dos forros exteriores de mortero de cal y relleno de tierra y piedras de gran tamaño, que aparecía compartimentando uno de los espacios que dividían la crujía 1 (Lám. II). Por otra parte, en el interior de uno de los espacios rectangulares que dividían esa misma crujía apareció una fosa circular rellena de abundante material cerámico (Lám. III), entre el que destacan dos maquetas arquitectónicas, de las que dimos noticia en anteriores trabajos (RUIZ PARRA, 1991), junto con candiles de pie alto, candiles de cazoleta y grandes jarras con digitaciones de manganeso. Además, han sido documentados una serie de restos constructivos de época anterior dispersos por la superficie del solar. Se trata de muros de tapial de tierra apisonada y pavimentos de gravilla, cuyo estado de conservación estaba muy deteriorado, debido fundamentalmente a la construcción de nuestro edificio, que en posteriores trabajos intentaremos concretar. Estas estructuras podrían fecharse en época califal, en base a los materiales cerámicos recuperados, entre los que destaca una cazuela de paredes rectas, ligeramente exvasadas, con asa de lengüeta baja, junto con cerámicas de engobe rojo, con ausencia de restos vidriados. Este tipo de edificio de planta cuadrangular formado por un espacio central en torno al cual se disponían galerías a las que se abrían las habitaciones en las que quedaban divididas las naves que cerraban el patio, responde a un modelo antiguo importado de Oriente, repetido con características muy semejantes por todo el mundo islámico, desde Persia y Siria hasta España. Este tipo arquitectónico adoptado y desarrollado por el Islam, que ha permanecido casi inalterable a través de los siglos, ha resultado flexible, siendo aplicado a diferentes propósitos, tanto civiles como religiosos: palacios rurales fortificados, ribats, caravansares, jans y qaysariyyas (alcaicerías), hospitales (bimaristan), madrasah, etc. (TORRES BALBÁS, 1982: 427; GRABAR, 1990: 162; SIMS, E., 1985: 111). Este extenso grupo de monumentos compartía la misma distribución formal, utilizando los mismos diseños y técnicas decorativas para edificios totalmente diferentes; las diferencias de finalidad y utilización no eran establecidas por los monumentos en sí, si no por las actividades que tenían lugar en ellos (GRABAR, 1990). Este fenómeno se produce en el mundo islámico en época antigua, ya en el s. VIII las diferencias formales entre los distintos tipos arquitectónicos estaban perdiendo nitidez (SIMS, E, 1985: 109).

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Los hospitales aparecen en el Occidente islámico en el s. XII, como importación oriental, llegando finalmente la institución a la corte granadina como última etapa en su marcha hacia occidente, en la segunda mitad del s. XIV (TORRES BALBÁS, 1982 a: 415). Las escuelas coránicas, llamadas madrasah, son de origen antiguo, ya en el siglo IX se construyen en Irán (GRABAR; 1990: 140), sin embargo, se desarrollan en el mundo islámico occidental en época tardía, las de Marruecos son levantadas casi todas también en el s. XIV (TORRES BALBÁS, 1982 a: 428). Por su parte, los ribats son unas construcciones fortificadas con una función específicamente islámica, destinadas a acoger a una élite de voluntarios monásticos y misioneros de la fe. Esta institución de origen antiguo (s. VIII), es característica de la frontera del territorio musulmán (GRABAR; 1990: 140; CRESWELL, 1979) que probablemente dejó pronto de tener un valor militar de importancia, cumpliendo también funciones de alojamiento para viajeros (MARIN, M., 1989: 202). Un hecho evidente en el mundo musulmán es el gran desarrollo de una arquitectura monumental relacionada con el comercio, debido a la importancia del mercado, que constituye uno de los componentes básicos que definen la ciudad, el «espinazo» del tejido urbano, que une entre sí mezquitas, hammams y jans. Los fondos públicos y privados se gastaban pródigamente en la construcción de caravansares, mercados y zonas comerciales (GRABAR, 1990: 206; SIMS, 1985). Es interesante observar que, aunque su carácter monumental varía, su forma es similar. Los caravansares se construyeron a lo largo de todas las rutas comerciales principales, como lugares donde los comerciantes y peregrinos pudieran cobijarse, descansar y encontrar provisiones y agua, en zonas que se encontraban alejadas de ciudades y pueblos (SIMS, 1985: 80). Por sus características específicas, los tipos de edificios descritos hasta ahora son descartados en nuestro caso, por diferentes motivos: en el caso de los primeros (hospitales y madrasah) sería debido a su cronología tardía (s. XIV) y los ribats y caravansares por su ubicación concreta, en las afueras de las ciudades. Por su parte, la qaysariyya, designa una institución comercial y edificio o conjunto de edificios que albergaba. Era unas veces un amplio y público establecimiento comercial, con pórticos o galerías en torno a un gran patio y tiendas, talleres y almacenes, además de alojamientos, a modo de funduq privilegiado, y otras una calle cubierta o no, con pórticos y tiendas abiertos a ellas. En ocasiones, podía ser un

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pequeño barrio comercial de callejuelas angostas, pudiendo contener varios zocos, o una pequeña plaza rodeada de establecimientos mercantiles. De cualquier modo, se caracterizaba por ser una construcción cerrada, con acceso por una o varias puertas que sólo se abrían en horas comerciales. Se trata de una institución de estado destinada a la venta y almacenamiento de productos de lujo y su emplazamiento tenía lugar junto a la mezquita aljama (TORRES BALBÁS, 1949). En Murcia islámica hay constancia documental de la presencia de alcaicería (TORRES FONTES, 1960), sin embargo las referencias sobre su ubicación, distribución y tipo de productos en ella vendidos son muy vagas. El equivalente urbano del caravansar es el jan (del persa) o funduq, palabra árabe, utilizada sobre todo en el N. de África, de la que procede la castellana alhóndiga. Constituye, después de los zocos y la alcaicería, el tercer elemento básico del mercado islámico. Era el lugar favorito de las transacciones urbanas, aquel tipo de edificio que le era propio, si no por creado, sí por asimilado, hasta el punto de que parece indisoluble del mundo islámico (CHALMETA, 1973: 163-165; SIMS, 1985). Los productos llevados a la ciudad por gentes forasteras se vendían en las alhóndigas, quedando la mercancía aquí depositada para su despacho al menudeo en los zocos. Los compradores nunca eran particulares, sino otros mercaderes, detallistas, etc. Estos edificios públicos servían a la vez de almacén de mercancías y para hospedaje de sus propietarios, la parte inferior era destinada a almacenes, establos y tiendas, y las altas (generalmente tenían dos o tres pisos) a alojamiento (TORRES BALBÁS, 1982 b). Su emplazamiento era en la parte central de la ciudad, destinada a las actividades comerciales, junto a la mezquita aljama o en las vías principales (TORRES BALBÁS, 1982 b: 222), aunque también se localizaban en los barrios de las ciudades principales, los cuales tenían los mismos elementos cardinales de una ciudad a pequeña escala. Se trata de una forma especialmente adaptada a la agrupación por oficios tan históricamente ligada a la cultura musulmana, cuya denominación respondía, a menudo, al tipo de mercancía que en éstos se vendía, aunque también era empleado el nombre del propietario o constructor. (TORRES BALBÁS, 1982 b: 220; SERJEANT, 1980). Las dotaciones de jans construidos en una ciudad en un determinado momento proporcionaban un buen diagnóstico de su prosperidad comercial (SIMS, 1985: 88). Éstas eran abundantes en las ciudades hispanomusulmanas, sobre

todo en las de gran tráfico comercial, según L. Torres Balbás (1982 b) Almería contaba con 970 anotadas en el censo del impuesto. Los jans podían ser construidos por el soberano o gobernador, por funcionarios o particulares ricos, como obras pías, o bien, como ocurría con frecuencia, estar en manos de particulares. Sin embargo, a pesar de estar sujetos a una administración particular, dependían del cadí, por ser bienes de manos muertas (waqfs o habices), como casi todos los organismos colectivos de la vida económica (TORRES BALBÁS, 1985: 111; SIMS, 1985: 101). Por todo ello, pensamos nuestra construcción podría reunir las características del jan o funduq, como expondremos más adelante. En España sólo se ha conservado el funduq Yadid, llamado Corral del Carbón, el cual se localizaba en el centro de Granada, a poca distancia de la mezquita aljama, la Alcaicería y el Zacatín (fig. 3). Éste, construido en la primera mitad del s. XIV, estuvo destinado en los últimos tiempos de presencia islámica a la guarda y contratación del trigo. Es una construcción de planta cuadrada (28,05 x 29,60 m), formada por cuatro naves de una anchura media de 2,70 m, dispuestas en torno a un gran patio. Tienen tres pisos de altura cada una y están divididas en pequeñas habitaciones independientes (21 en planta baja y 22 en cada uno de los otros dos pisos), con unas dimensiones de unos 2,50 x 3,50 m aproximadamente (dimensiones similares a las de nuestro edificio, aunque algo inferiores), con acceso desde galerías de 2 m. de ancho sobre pilares. Las galerías limitan el patio central, de 16,80 x 15,60 m (TORRES BALBÁS, 1982 b). En Murcia no contábamos hasta ahora con paralelos de construcciones similares, sin embargo recientemente han sido exhumados en nuestra ciudad los restos de un edificio análogo al nuestro, precisamente localizado en otro solar de la C/. Frenería, concretamente en su confluencia con la Plaza de Belluga(1). Se trata de una construcción de planta cuadrangular, que se distribuye en torno a un espacio central cuadrado al que se abren directamente las habitaciones de las naves que rodean el mismo por sus costados Oeste, Sur y Este, excepto por el Norte, donde presenta una mayor complejidad, con la presencia de dos naves paralelas. Éste ha sido interpretado por sus excavadores como funduq, junto al que también se identificaron una serie de tiendas independientes con acceso directo a la calle. Esto refuerza la idea de que la calle Frenería era una de las arterias principales de la ciudad, que eran las que atraían el comercio.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Fig. 3. Sección y planta del Corral del Carbón. (Ars Hispaniae, IV, pág. 158).

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Algunas de las alhóndigas de nuestra ciudad han dejado constancia en los archivos. A pesar de la escasez documental, sabemos de la existencia del «almudí viejo», de origen musulmán, donde se almacenaba y vendía el grano (trigo, cebada y harina), el cual estaba situado en la colación de San Lorenzo, concretamente en la C/. Granero (TORRES FONTES, 1963; 97). También conocemos un documento por el cual Bartolomé Boanach reconoce la compra de una alhóndiga hecha a Bernardo Colomer y que cede al rey con todos sus derechos, sin más referencias topográficas ni de otro tipo (TORRES F., 1969: 134). Además, se menciona la existencia en Murcia del denominado Alfondico del Aliatzem en un documento de 1266 en el que Jaime I concede a un súbdito valenciano unas propiedades que estaban situadas junto a ésta, de la que desconocemos su localización exacta (TORRES F. 1969: 25). Según texto de la Quinta Partición (TORRES F., 1960: 244), el alfolí o alhóndiga de la sal se ubicaba en la colación de S. Pedro, donde Berenguer Salamón tenía unas casas derribadas que amplió para posada a expensas de la misma, siendo entonces trasladada por Alfonso X a la Arrixaca. De ésta perdemos el rastro en siglos posteriores. Debido a la proximidad de nuestro solar con S. Pedro nos sentimos tentados a identificar nuestro edificio con la

denominada por los textos cristianos alfondega de la sal, como J. Navarro y P. Jiménez proponen en un reciente trabajo (1994: 193). Sin embargo, nuestro solar aparece situado en la calle Frenería, la cual, según parece, formaba parte de la colación de Santa María y no de la de San Pedro, por lo tanto, aunque no podemos descartar esta atractiva hipótesis, nos vemos obligados a cuestionarla. Según V. Roselló los límites de las colaciones o parroquias, fijados documentalmente en el Repartimiento, mantendrían una previa división de la ciudad realizada en época islámica (1975: 75). Como valoración final, queremos indicar que, a pesar de no contar con paralelos idénticos, que nos impiden por el momento determinar con exactitud el tipo de edificio al que corresponden los restos hallados, sí encontramos analogías apreciables con el Funduq Yadid de Granada. La reconstrucción que proponemos de la planta del edificio sería similar, en cuanto a su tamaño en conjunto (si consideramos válida la delimitación propuesta con anterioridad), y a su distribución externa: largas naves divididas en espacios rectangulares yuxtapuestos (el tamaño de las nuestras es similar al de las habitaciones del Corral del Carbón). Las diferencias más notables radican en que nuestra planta no es completamente cuadrada y, especialmente, en su parte interna que cuenta con una nave

Fig. 4. Un caravanserrallo de Carsu. (El Señor del Zoco en España, pág. 167).

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comienzo de la calle Frenería, y sus características arquitectónicas, pensamos que podría tratarse de un edificio público, de gran tamaño y quizás con varias plantas, probablemente de carácter comercial, que en posteriores trabajos intentaremos concretar. BIBLIOGRAFÍA

Fig. 5. Dos jans mamelucos: el de Jayr Bey y el de Abrak. (El Señor del Zoco en España, pág. 138).

más que el edificio granadino. A pesar de ello, el que hayan aparecido restos arquitectónicos anteriores a la construcción de nuestro edificio podría indicar que el edificio hubo de adaptarse a las condiciones de un terreno urbanizado con anterioridad, de ahí que su forma no sea totalmente regular. Esta hipótesis aparece reforzada por las referencias de P. Chalmeta (1973: 163-165), el cual indica que las alhóndigas responden a un tipo arquitectónico, con ampliaciones, correcciones de planta y mayor o menor complejidad local. Su forma, igual que su función fueron continuamente modificados por el marco urbano de su estructura y su fin específico (SIMS, 1989: 101), muestra de ello es la variedad de plantas que presentan algunos jans, como los mamelucos de Jayr Bey y de Abrak y el de Carsu, que no responden fielmente al modelo tradicional de funduq (CHALMETA, 1973: 138 y 167) (figs. 4 y 5). Por todo ello, además de por su ubicación en una de las arterias principales de la ciudad que eran las que aglutinaban el comercio, como viene a confirmar la presencia de tiendas y el posible funduq recientemente documentados al

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BERNABÉ, M.; MANZANO, J.; RUIZ, I.; SÁNCHEZ, J.: (inédito). Dirección y ejecución de documentación científica de la excavación arqueológica de la Escuela Superior de Arte Dramático y Danza de Murcia. Memoria científica, Vol. I. CHALMETA GENDRÓN, P.: (1973). El señor del zoco en España: edades media y moderna, contribución al estudio de la historia del mercado, Madrid. CRESWELL, K.A.C.: (1979) Ed. cast. Compendio de arquitectura paleoislámica, Cádiz. GRABAR, O.: (1990) 6.ª Edic. La formación del Arte islámico, Madrid. NAVARRO, J. Y JIMÉNEZ, P.: (1994 a). Una nueva propuesta de investigación y gestión de yacimientos urbanos: la ciudad de Murcia. Paisajes rurales y paisajes urbanos: métodos de análisis en historia medieval. Aragón en la Edad Media, Zaragoza. - (1994 b)). El alcázar (al-Qasr al-Kabir) de Murcia. Anale