Memorias de Arqueología de la Región de Murcia [6]

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LA CUEVA NEGRA DEL ESTRECHO DE LA ENCARNACIÓN, CARAVACA DE LA CRUZ, MURCIA: CAMPAÑA DE 1991

Michael J. Walker FSA

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1992

LA CUEVA NEGRA DEL ESTRECHO DE LA ENCARNACIÓN, CARAVACA DE LA CRUZ, MURCIA: CAMPAÑA DE 1991

MICHAEL J. WALKER FSA Laboratorio de Antropología, Facultad de Biología, Universidad de Murcia

Keywords: Pleistoceno Superior, loess, musteriense, fauna, incisivo neandertalense. Resumen: En la campaña que aquí se comenta fueron realizadas diversas operaciones técnicas destinadas a la acomodación de sectores a excavar en el futuro, además de la continuación de la excavación del loess con restos del Pleistoceno Superior antiguo iniciada en el año anterior. Se piensa haber localizado el lugar de origen del material lítico musteriense encontrado en dichos sedimentos. Se comenta el hallazgo en la superficie de un incisivo humano de robustez comparable con la de piezas dentarias neandertalenses correspondientes.

Sumary: The campaign to which this report is dedicated witnessed sundry technical operations destined to facilitate future excavations, as well as continuation of that iniated the previous year in loess containing early Upper Pleistocene remains. A probable source was identified nearby for the Mousterian lithic finds from the loess sediments. A robust human incisor tooth found during the campaign invites comparison with corresponding Neanderthal teeth.

INTRODUCCIÓN

fica en otros sectores debido al ruido y polvo causados por el martillo rompedor (alimentado por una manguera desde un compresor situado abajo en el Estrecho) y la obligada colaboración del equipo científico en llevar afuera los resultantes fragmentos multitudinosos. Además, se perdieron dos días en la instalación y el desmantelamiento de las mangueras, el depósito de agua, y los tres juegos de tamices colgados, amén de la reparación de la malla alambrada suspendida del techo de la cueva, que había sido objeto de vandalismo. Así pues, los 20 días laborables de las cuatro semanas de la campaña se vieron reducidos a tan sólo 14 efectivos para la realización de excavación científica. Huelga comentar que el vandalismo en el abrigo desprotegido se había hecho extenso al corte arqueológico principal de la primera campaña. En la primera campaña se hizo constancia de que el abrigo había sido utilizado hace medio siglo cuando fueron excavados en el loess varios silos ogivales, de boca estrecha y fondo plano, -indudable-

La segunda campaña de excavaciones oficiales en la Cueva Negra del Estrecho de La Encarnación se desarrolló entre el 1 y el 29 de septiembre de 1991. La metodología seguida durante esta campaña fue igual a la descrita en el Informe sobre la primera campaña (de 1990), con la añadidura de un tercer juego de 3 tamices metálicos colgados, de malla graduada en 8, 4, y 2 milímetros de red, y de 45 centímetros de diámetro, para la disgregación y separación del loess compactado bajo agua, subida mediante moto-bomba del río Quípar 35 metros abajo en el Estrecho. Por otra parte, la reducción de algunos enormes bloques de piedra en la boca del abrigo —caídas de la visera—, imprescindible para aumentar la entrada de luz y permitir excavar sectores del loess por ellos tapados, suponía la dedicación de 4 de los 20 días laborables a la destrucción de los mismos y a la limpieza de los sectores en cuestión, con la suspensión de tareas de excavación cientí-

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mente para el almacenamiento de productos agrícolas- que luego habían sido rellenados con piedras y tierra. Sin embargo, estos silos no han escapado de la atención de buscadores de tesoro en tiempos aún más recientes, con la consiguiente destrucción de la zona superior del loess en diversos sectores. El margen de un probable silo se hacía patente en la zona superior de un perfil del corte principal cuya excavación se inició en el sector C2a en la campaña de 1990. Entre las campañas de 1990 y 1991 los excavadores clandestinos abrieron un boquete en el perfil para escarbar en el silo. Los desperfectos así causados no tienen resonancia más allá de la cosmética para el perfil en cuestión ya que el corte superaba el 1.20 m. de la profundidad de los silos. No obstante, lo acaecido pone de relieve la necesidad urgente de la toma de medidas para impedir futuras agresiones al patrimonio enterrado, por lo que el Arquitecto del Servicio Regional del Patrimonio Histórico visitó el yacimiento durante el transcurso de la campaña de 1991 y con él medimos las dimensiones necesarias para una posible valla metálica capaz de cerrar la cueva y su explanada, de manera compatible con la extensión del programa científico desde el interior de la cueva hacia la explanada de la misma. También visitó la cueva el catedrático de Prehistoria, Dr. Jorge J. Eiroa, que coincidió con la necesidad de tomar semejante medida de protección. ASPECTOS GEOCRONOLÓGICOS

La explanada acaba en lo que, a primera vista, parecía ser un cortado rocoso irregular. El estudio detallado de esto en 1.991 nos señaló que lo componen enormes bloques, desprendidos de la ladera de atrás, donde se encuentra el alto y amplio cortado que enmarca la boca de la cueva. Los bloques descansan sobre un paleosuelo amarillo, similar al loess en la cueva, expuesto por la erosión de la ladera cerca del pequeño barranco que baja desde la cueva. Se ofrece un máximo de 8 metros de desnivel entre la superficie del loess en el interior del abrigo y el punto inferior del citado paleosuelo. En la zona de la explanada es probable que la profundidad del sedimento alcance 6 metros. Esto implica una potencia estratigráfica importante y la consiguiente obligatoriedad de incluir la explanada dentro del recinto arqueológico a envallar. Mucho más abajo en la misma ladera del Estrecho se encuentra otro conjunto de bloques, de dimensiones inmensas, también descansando encima de un paleosuelo con algunos cantos fluviales. Cabe la posibilidad de que

esto corresponda al glacis-terraza A, que comenzaba a formarse a partir del pleniglacial inferior, y que el conjunto de la explanada corresponda al glacis-terraza B del Pleistoceno Superior antiguo, de acuerdo con las apreciaciones geocronológicas de dichas entidades en las cuencas del Segura y del Vinalopó, ampliamente publicadas por nosotros (Cuenca Payá y Walker 1986 y bibliografía). En tal caso, los restos excavados hasta la fecha podrían pertenecer a un periodo avanzado del pleniglacial inferior, ya que las excavaciones arqueológicas en la cueva apenas alcanzado la profundidad de 2 metros en el loess. LA CAMPAÑA DE 1991

La campaña de 1991 tenía dos objetivos: seguir profundizando en el sector C2a y examinar un sector del loess en posición de elevación superior al loess de dicho sector, por haber sido protegido de la erosión -causada por el ganado y remociones diversas de época reciente- por los enormes bloques en la entrada, caídos de la visera. Se consideraba que la reducción de los mismos podría arrojar luz figurativa sobre el momento final correspondiente a la deposición del loess, además de luz física para facilitar la profundización del sector C2a en el interior de la cueva. La campaña de 1990 indicó la relativa abundancia del material lítico en el nivel superior del loess (nivel 2a del sector C2a) y hallazgos superficiales, dentro y fuera del abrigo, ofrecen indicios de tipologías del paleolítico superior, por lo que no se puede descartar un periodo avanzado de utilización de la cueva por ejemplo, en el interpleniglacial o pleniglacial superior inicial- (Walker, en prensa). La campaña de 1991 avanzó la profundización del sector C2a en 0,66 metros (de -3,94 a -4,50 metros con respecto a la malla metálica suspendida del techo de la cueva), correspondiente a los niveles 3b, 3c, 3d, 3e, 3f, 3g, 3h, 3i, y 3j, dejando el corte total en 1,86 metros con respecto a la superficie. También fueron rebajados los sectores colindantes de C2b y C2d, en forma de «peldaños», para facilitar la iluminación del sector C2a. En cuanto a los bloques reducidos en la entrada, aquel del sector A3 descansaba en el loess por la cara inferior horizontal, que cubría la cornamenta de un bóvido, cuya punta estaba visible en la superficie del loess, por lo que se efectuó su excavación controlada en un sector de 30 x 30 centímetros para evitar su extracción indebida por agentes clandestinos. La excavación proporcionó un tercer premolar inferior (P4) de bisonte (Bison sp.) además del cuerno -empotrado en el

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loess hasta la profundidad de 20 centímetros- cuyo tamaño coincide con semejante atribución faunística. El premolar no puede ser de Bos primigenius o Bos taurus, a pesar de que el cuerno ofrece ciertos rasgos de tamaño y forma similares a Bos taurus. Sin embargo, la ausencia de tierra oscura del Holoceno alguna bajo el bloque, u otros indicios de época post-Pleistoceno, conducen a la hipótesis de que se trata de un bisonte. La separación de bisontes a nivel de especie es siempre un asunto complicado y en el caso de estos restos imposible. El desprendimiento del bloque podría ser atribuido a procesos de gelifracción o sísmicos. En el sector C3, el inferior de dos bloques inmensos superpuestos, descansaba en el loess hacia el interior del abrigo pero hacia el exterior tapaba el relleno de tierra oscura del Holoceno que cubría la superficie descendiente del loess y que acababa en un pequeño murete de bloques de forma irregular, alineado con la cara externa del bloque justamente bajo la misma. El contenido del relleno incluye vidrio antiguo, indicando una época no anterior a la romana. La hipótesis de que se trate de la fachada de una majada antigua, aplastada por algún sismo, implica una resistencia de los cimientos de la fachada superior a la que se puede intuir de la disposición endeble de los bloques del murete conformado por un solo filo de los mismos. Puesto que éstos se encuentran justo encima de un cortado vertical de los sedimentos subyacentes que baja a la explanada, otra hipótesis a valorar es el de que el murete fue colocado después del recorte intencionado de dichos sedimentos, para completar una pared de mayor altura cuya parte superior correspondía a los inmensos bloques caídos, siendo la tierra oscura sencillamente relleno introducido con o sin particular intencionalidad en la época correspondiente. Esta hipótesis supone otra, obviamente; es decir, la presencia de alguna estructura adosada débil, indicios de la cual podrían encontrarse en futuras excavaciones de la explanada. Según esta posibilidad, la caída de toda la visera en los sectores A3 y C3 bien podría haber sido suceso único. En el sector C2a la campaña de 1990 había señalado el aumento de componentes de granulometría mayor (chinarro de 2 a 5 milímetros), con rasgos de encostramiento, en el nivel 3a, en una profundidad de -1,20 metros bajo la superficie, el cual ha sido confirmado por el análisis granulométrico realizado por D. Artemio Cuenca Payá del Laboratorio de Obras Públicas de la Generalitat de Valencia en Alicante. Se trata del nivel atribuido a una fase interstadial,

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caracterizado por la presencia del óxido ferroso-férrico, con presencia de implementos musterienses de sílex (Martínez et al. 1989). No obstante, de igual modo de que se había puesto de relieve en la campaña de 1990 que implementos de semejante clasificación caracterizaban los niveles (2a a 2i, y 3a) del loess superiores (Walker en prensa), asimismo la campaña de 1991 demostró que se hallan también en los niveles a continuación (3b a 3j). Así se ve contrastada la hipótesis de trabajo planteada por la prospección de 1981, de un único nivel de hábitat paleolítico. También la presencia esporádica de huesos quemados en los niveles excavados atestigua a la intervención del hombre del paleolítico, asimismo fragmentos de huesos y dientes de fauna mayor, difícilmente atribuible a carnívoros, como el de un fragmento de molar de un rinoceronte joven del nivel 3j, y la costilla de un animal mayor, marcada por cortes, del nivel 3c. Probablemente el rinoceronte sería Dicerorhinus hemitoechus pese a la imposibilidad de la atribución específica del fragmento. Conviene recordar que un fragmento puntiagudo pulido de diáfisis, probablemente de lagomorfo, fue encontrado en el nivel 3a en la campaña de 1990. No obstante, el material trabajado es extremadamente infrecuente, sea óseo o lítico. Las principales piezas líticas encontradas en el corte C2a en 1991 son un fragmento de canto cuarcita con características de percutor encontrado en el nivel 3e, un denticulado en una lasca pequeña de sílex blanco del nivel 3f, una lasca pequeña de sílex oscuro con corteza y retoque exiguo en un margen, probablemente un raspador o raedera, del nivel 3j, y un fragmento de un canto pequeño de cuarcita en forma de un denticulado crudo, o quizás raedera cruda, del mismo nivel. También caben mención dos o tres fragmentos pequeños de barro posiblemente cocido del nivel 3g. El desgaste lítico hace acto de presencia testimonial -siempre exigua- en casi todos los niveles, sea sílex, cuarcita o caliza. Parece improbable que los niveles de loess del sector C2a fuesen dedicados a la preparación de implementos. Conviene añadir que a partir del nivel 3d predominaba la granulometría ínfima, característica de loess, hasta el nivel 3j donde otra vez había componentes mayores, pero no angulosos como en el nivel 3a, sino pequeños cantos rodados, a menudo alargados, quizá procedentes del río, y se tenía la sensación de que el paleosuelo del nivel 3j era ligeramente más húmedo respecto a los niveles encima. La mayoría de los elementos faunísticos de inmediata identificación corresponden a micromamíferos (Micromys,

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Apodemus, Microtus, Sorex, lagomorfos, huesos de aves pequeños, fragmentos de cáscara de huevos, un fragmento de mandíbula de un reptil diminuto, y diversos fragmentos de hueso de Testudo (cf. graeca). La fauna mediana se limita, principalmente, a un fragmento de cuerno pequeño del nivel 3b, probablemente de Capra ibex pyrenaica y un apófisis articular suelta de un hueso inmaduro de algún animal de tamaño similar del mismo nivel, y un premolar de carnívoro, quizás lobo, del nivel 3j. El estudio de la fauna menor sigue en vías de elaboración. Su abundancia suscita la hipótesis de que su recogida corresponde en parte a la actividad no humana -por ejemplo, de búhos, linces, u otras especies carnívoras- en tiempos cuando éstas podrían habitar el abrigo. La excavación de los niveles 1c y 1d del sector C3, del nivel 2a del sector C2b, y de los niveles 2b y 2c del sector C2d, reafirmó aquellas características de los niveles superiores del loess puestas de manifiesto en la campaña de 1990 en el sector C2a. HALLAZGOS SUELTOS: UN INCISIVO PROBABLEMENTE NEANDERTALENSE

Los materiales volcados en el sector C2a por los excavadores clandestinos incluyen elementos de fauna mediana y mayor (especialmente de uro y cabra hispánica), pero la procedencia originaria de éstos es incierto puesto que se tratan de materiales que, con toda probabilidad, contribuyeron al relleno del silo moderno en cuestión. Dos piezas sueltas, encontradas al E. del sector C2, en la superficie de la tierra gris removida, merecen una especial mención. Una es un denticulado característicamente musteriense en sílex meloso. La otra es un incisivo inferior de una persona adulta, en estado de fosilización mineral avanzado. La pieza no puede ser un incisivo superior porque el valor de 5,7 milímetros del diámetro mesio-distal -no obstante la atrición presente- es tan inferior al del vestíbulo-lingual a poder ser compatible con las piezas superiores, en las que el valor del primero sería igual o superior al segundo. El filo coronal desciende en dirección mesio-distal, de forma correspondiente a la de un incisivo izquierdo, quizás con un grado de pendiente más característico de un incisivo lateral que central, aunque no conviene hacer una afirmación tajante al respecto. El elevado valor de 7,9 milímetros del diámetro vestíbulolingual es superior al de incisivos inferiores de hombres europeos o de la cuenca mediterránea posteriores a hace

30.000 años (cf. de Lumley-Woodyear 1973, pág. 442, 456) e incluso superior a los valores máximos para poblaciones actuales (ibídem; cf. Olivier 1969, pág. 204), por lo que la pieza podría incluirse entre valores neandertalenses sin ninguna dificultad. El valor del diámetro mesio-distal es menos indicativo, ya que se disminuye al paso del avance de la atrición de la corona con la edad. De Lumley-Woodyear emplea el valor del diámetro vestíbulo-lingual como el hilo conductor de la diferenciación del hombre fósil en las tablas publicadas. En torno a este baremo se pone de relieve la variabilidad tanto del valor del diámetro mesio-distal como del índice de robustez (producto de los dos diámetros), aunque el valor del índice también es homologable con los valores publicados por de Lumley-Woodyear (loc. cit) para el hombre fósil europeo anterior al pleniglacial superior. La atrición considerable del incisivo de la Cueva Negra ha incidido en el valor modesto del diámetro mesio-distal. Habida cuenta la atrición, el valor de 23 milímetros de la altura total es todavía elevado, puesto que el valor medio actual es de 23,5 milímetros para incisivos inferiores laterales y 21,5 milímetros para centrales (Ash 1987, pág. 146, 155; Kraus et al. 1972 pág. 25), aunque el valor medio moderno de la altura de la corona representa 9,5 milímetros de la altura total de los primeros y 9,0 milímetros de los segundos (ibídem). La altura labial de la corona es de 7,7 milímetros en el incisivo de la Cueva Negra, por lo que no se puede descartar una atrición de hasta 1,8 milímetros. El valor de 15,8 milímetros restado para la altura de la raíz supera los valores medios de 14 y 12,5 milímetros para incisivos inferiores laterales y centrales actuales, aunque conviene recordar que valores actuales superiores a los medios pueden haber: por ejemplo, en Dinamarca incisivos inferiores laterales y centrales ofrecen valores medios de 24 y 22 milímetros dentro de gamas de 17 a 26 y 19 a 28 milímetros, respectivamente (Carlsen 1987, pág. 67). Sin embargo, el incisivo de la Cueva Negra puede considerarse homologable a las características típicas de incisivos procedentes de una época anterior al pleniglacial superior, sean neandertalenses u de otra forma de Homo sapiens no reciente. A unos 700 metros en dirección NE. de la cueva, en el camino desde los alrededores del Molino del Estrecho y de la casa vecina, que atraviesa el pie del mismo escarpado donde es situada la cueva hacia el S., se ve un pequeño acantilado de 5 ó 6 metros de altura, formado de algunos metros de roca encima de unos 2 metros de playa fósil del Mioceno, caracterizada por una diversidad petrológica de cantos de sílex de

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varios colores y tipos además de cuarcita. En frente del acantilado se extiende un glacis de erosión en el que hay abundantes fragmentos de los mismos materiales desprendidos de la formación del litoral terciario. El afloramiento fue descubierto durante la campaña de 1991 y opinamos que la variedad de los materiales líticos corresponde a la de los materiales encontrados en los niveles paleolíticos de la cueva, cuya variedad de clasificación nos había sorprendido en 1990 ya que no fue correspondida en abundancia de manera alguna. PERSPECTIVAS PARA EL FUTURO

Es frecuente encontrar esqueletos del tipo neandertalense en niveles ubicados en zonas posteriores de cuevas con niveles musterienses, lo que nos anima a seguir investigando dichas zonas. Por otra parte, la vida cotidiana solía desarrollarse en zonas exteriores, donde se encuentra una mayor abundancia de implementos y restos de la actividad paleoeconómica. El retroceso de la visera, causada por procesos erosivos, a menudo trae la consecuencia de que dichas zonas en la actualidad corresponden a la explanada fuera de la cueva moderna. Además, por razones de la excavación natural del abrigo en cuestión, parece muy probable que la mayor profundidad estratigráfica se encontrará en la zona de la explanada. Consiguientemente, ambas zonas deberán ser excavadas metódicamente en el futuro. Nos encontramos al principio de un programa de investigación que con toda probabilidad reclama un mínimo de diez campañas. Los análisis especializados que se encuentran en proceso de realización, además del estudio microfaunístico, incluye la paleopalinología y la granulometría. Los primeros indicios paleopalinológicos parecen favorecer la posibilidad de que se podrá evaluar la evolución de la cobertura vegetal y su variación según la intensidad de las condiciones glaciales, según informa el Dr. José Sebastián Carrión, del Dpto. de Biología Vegetal de la Facultad de Biología de la Universidad de Murcia. Los primeros resultados granulométricos, correspondientes a niveles excavados en 1990, ponen de relieve el cambio entre la deposición eólica de los niveles del loess de la capa 2 y el aumento de componentes de granulometría mayor en el nivel 3a, según informa D. Artemio Cuenca Payá del Laboratorio de Obras Públicas de la Generalitat de Valencia en Alicante. Dichas investigaciones siguen elaborándose con la inclusión de materiales procedentes de los niveles excavados en 1991 y se espera recibir informes más detallados a la medida de que se desarrollan las investigaciones correspondientes.

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TABLA 1 Dimensiones del incisivo humano en milímetros e índices de proporcionalidad Altura total . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .23,0 Altura labial de la corona . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .7,7 Altura lingual de la corona . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .6,1 Diámetro mesio-distal . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .5,7 Diámetro vestíbulo-lingual . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .7,9 Índice diámetro mesio-distal/diámetro vestíbulo-lingual 72,151% = 72,2 Índice diámetro mesio-distal x diámetro vestíbulo-lingual 45,03 Comentario: El elevado grado de atrición coronal de la pieza habrá incidido negativamente en el diámetro mesio-distal y en la altura total; lo que pone de relieve tanto el significado del elevado diámetro vestíbulo-lingual como de la altura de la raíz. El menor valor del diámetro mesio-distal respecto al del vestíbulo-lingual apoya la asignación del incisivo a la dentición inferior, ya que en la superior sería igual o mayor. La inclinación mesio-distal del filo coronal es similar a la de incisivos inferiores laterales izquierdas, aunque no se descarta la posibilidad de que la pieza sea central izquierda. La atrición coronal es la razón por la que la altura de la corona se queda muy por debajo de los máximos valores modernos para la misma, en torno a 9,5 milímetros (cf. Ash 1987; Kraus et al. 1972). Sin embargo, la altura total es similar a los valores máximos modernos para incisivos inferiores laterales, en torno a los 23,5 milímetros (cf. Kraus et al. 1972), indicando la gran altura de la raíz de la pieza. En las tablas odontométricas de incisivos inferiores del hombre fósil, publicadas por de LumleyWoodyear (1973, pág. 442, 456), el diámetro vestíbulo-lingual en aumento sirve de separar poblaciones posteriores y anteriores de hace unos 30.000 años durante el Pleistoceno Superior (antes del pleniglacial superior) a pesar de cierta variabilidad de los valores para el diámetro mesio-distal o del índice de robustez (producto los valores de los diámetros mesio-distal y vestíbulo-ingual), causada en gran medida por la mayor incidencia de la atrición en el diámetro mesio-distal que en el vestíbulo-lingual. En comparación con los valores en las tablas, los del diámetro vestíbulo-lingual y del índice de robustez de la pieza de la Cueva Negra lo sitúan entre dientes anteriores al pleniglacial superior, sea incisivo inferior lateral o central.

BIBLIOGRAFÍA ASH, M.M., 1987, Anatomía dental, fisiología y oclusión de Wheeler, 6a edición, (México, D.F., Interamericana). CARLSEN, O., 1987, Dental morphology, Copenhague, Munksgaard. CUENCA PAYÁ, A. y WALKER, M.J., 1986, «Paleoclimatological oscillations in continental Upper Pleistocene and Holocene formations in Alicante and Murcia», pág. 365 a 376 en F. López-Vera (ed) Quaternary Climate in Western Mediterranean (Madrid, Universidad Autónoma de Madrid). DE LUMLEY-WOODYEAR, M-A., 1973, Anténéandertaliens et néandertaliens du bassin méditerranéen occidental européen, (Marsella, Université de Provence - Centre Saint-Charles, Éditions du Laboratoire de Paléontologie Humaine et de Préhistoire, «Études quaternaires: geólogie, paléontologie, préhistoire» Mémoire 2). KRAUS, B.S., JORDAN, R.E. y ABRAMS, L., 1972, Anatomía dental y oclusión (México, D.F., Interamericana). MARTÍNEZ ANDREU, M., MONTES BERNÁRDEZ, R., y SAN NICOLÁS DEL TORO, M., 1989, «Avance al estudio del yacimiento musteriense de la Cueva Negra de La Encarnación (Caravaca de la Cruz, Murcia)», pág. 973 a 983 en XIX Congreso Nacional de Arqueología, Castellón de la Plana 1987, Volúmen I, Ponencias y Comunicaciones (Zaragoza, Universidad de Zaragoza). OLIVIER, G., 1969, Practical anthropology. Springfield, Charles Thomas. WALKER,M.J., en prensa, «El yacimiento del Pleistoceno Superior de la Cueva Negra del Estrecho de La Encarnación, Caravaca de la Cruz, Murcia: Campaña de 1990», Prospecciones y excavaciones.

EL YACIMIENTO MUSTERIENSE DE CUEVA ANTÓN (MULA, MURCIA)

Consuelo Martínez Sánchez

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1995

EL YACIMIENTO MUSTERIENSE DE CUEVA ANTÓN (MULA, MURCIA)

CONSUELO MARTÍNEZ SÁNCHEZ

Resumen: Cueva Antón es una conocida cavidad de interés espeleológico que se encontraba semi sumergida en el interior del Pantano de la Cierva (Mula). La recrecida de la presa y con ella la consiguiente elevación del nivel de agua del pantano, motivó la necesidad de realizar una excavación en la mencionada cavidad. Durante el proceso de excavación se distinguieron cuatro niveles estratigráfi-

cos diferenciados por sus características físicas y culturales, divididos a su vez en diferentes subniveles. Sólo uno de ellos reflejó en el registro arqueológico un momento de ocupación durante el Paleolítico Medio, con una industria musteriense sobre diferentes tipos de materia prima, así como zonas localizadas de combustión asociadas a la industria y a restos de fauna.

La intervención arqueológica realizada en Cueva Antón vino determinada por la incidencia que sobre este yacimiento podían tener las obras de recrecimiento en el Pantano de la Cierva (Mula), incluidas dentro del Plan de Defensa de Avenidas de la Cuenca del Segura del M.O.P.T.M.A., y cuya Dirección Técnica corresponde a la Confederación Hidrográfica del Segura. El grado de afección estaba directamente relacionado con la ubicación geográfica del abrigo, situado en las inmediaciones del cauce del río Mula en la cola del pantano. Esta cavidad de amplias dimensiones ya había sido inundada con anterioridad, como pudimos observar en el registro estratigráfico, y tras finalizar los trabajos proyectados, podía quedar, al menos en ocasiones, totalmente sumergido. Una vez definida la incidencia que las obras de remodelación iban a tener sobre el yacimiento, se elaboró un proyecto de actuación, financiado por la Confederación Hidrográfica del Segura, donde se recogían los objetivos preliminares, la características de los trabajos, el área de estudio, las zonas de actuación arqueológica y la metodología de trabajo. El asentamiento responde a las características de un abrigo rocoso de amplias dimensiones, con unos 53 m. de longitud y

unos 16 m. de anchura, aunque durante el proceso de excavación se pudo observar que la pared interna del abrigo variaba su trayectoria, ampliándose la superficie. La entrada presenta unos 30 m. de longitud y una altura aproximada de unos 6 m., desarrollándose a unos 3 m. por encima del curso actual del río. Presenta una amplia sala principal, donde se desarrollaron los trabajos arqueológicos, con algunos grandes bloques desprendidos. Parte de este espacio recibe la luz solar directamente, coincidiendo con la amplia apertura de la entrada, mientras que otra zona, también de amplias dimensiones, está en semipenumbra. De esta última parten dos estrechas galerías, una con una columna caliza en la entrada y de tan sólo 7 m. de longitud por 2 m. de ancho, y la otra, de más interés, con 11 m. de recorrido y una pequeña sala final de 3 m. de diámetro, con depósito de tierra y varios bloques desprendidos. Aunque nos pareció una zona de gran interés, no se llevó a cabo ningún tipo de investigación en ella, y únicamente se realizó su representación topográfica. La primera fase de actuación arqueológica en Cueva Antón, consistió en la documentación planimétrica exhaustiva de toda la cavidad mediante la realización de la planta, altimetría y secciones correspondientes (Fig. 1).

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EL YACIMIENTO MUSTERIENSE DE CUEVA ANTÓN (MULA, MURCIA)

PLANTA DE CUEVA ANTÓN (MULA) ÁREAS DE EXCAVACIÓN

Fig. 1. Cueva Antón. Representación planimétrica.

En una segunda fase, y para la realización directa de los sondeos estratigráficos, se instaló una malla física para poder trabajar en coordenadas cartesianas, dividida en cuadros de 1 m. de lado. Los cuadros así definidos, se denominarán con letras mayúsculas para el eje de las X y con números para el eje de las Y, mientras que la altimetría respecto de Z, se realizó tomando puntos fijos en los vértices de los cuadros, con valores positivos a partir de un punto de referencia general, al que se le asignó el valor de 10 m. Los trabajos arqueológicos se plantearon en dos zonas diferenciadas de la cavidad. En la zona denominada 1, ubicada en la sala principal del abrigo, se abrieron un total de nueve unidades de excavación. En la zona denominada 2, situada en el área más interna de la misma sala principal y donde no llega directamente la luz del sol, se plantearon dos unidades de registro, para intentar correlacionar la secuencia estratigráfica de las dos áreas de excavación. En la zona 2, la secuencia estratigráfica documentada corresponde a un solo nivel de 1,85 m. de potencia, formado por depósitos limo-arenosos procedentes de las inundaciones que ha

sufrido la cavidad. No se documentó material arqueológico y la estratigrafía registrada no ha podido ser relacionada con la documentada en la zona 1 de excavación. En este sentido, hemos de precisar, aunque desconozcamos la topografía original de la base rocosa del abrigo, que existe una diferencia de 3 m. de altitud aproximadamente entre las zonas de la cavidad, y aun después de excavar 1,85 m. en la zona 2, seguía existiendo una diferencia de 1,15 m. con respecto a la superficie de la cavidad en la zona 1. Por lo tanto, la intervención arqueológica se centró en esta última zona. Con respecto a la distribución espacial de los materiales arqueológicos, se tomaron las coordenadas X e Y, además de la profundidad Z y la posición y orientación de cada una de las piezas. El inventario y catalogación del material arqueológico ha sido introducido en una base de datos numérica, para de esta forma tener un acceso más rápido y preciso a la información, además de poder evaluar los índices de frecuencias y porcentajes. Por otra parte, se encuentran en proceso de estudio los análisis de laboratorio de sedimentología, palinología y la identificación de especies faunísticas.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

EL MEDIO NATURAL

Cueva Antón se encuentra situada en la comarca de la Cuenca de Mula, que responde fundamentalmente a una unidad de relieve y a una unidad hidrográfica, la cual comprende una cuenca miocena drenada por el río Mula y su afluente el Pliego. Su posición, en el centro de la Región, va a determinar su carácter de transición entre las comarcas del Este y del Oeste en diversos aspectos, como el climático, botánico, de cultivos y de estructuras agrarias. La cuenca de Mula se aloja entre una serie de alineaciones de estructura compleja y dirección SO-NE, cerrándola por tres de sus lados y quedando abierta sólo por el Este. Estas alineaciones son la Sierra de Ricote y sus prolongaciones que la limitan por el Norte, las primeras estribaciones de las sierras occidentales que lo hacen por el Oeste, mientras que por el Sur lo hacen las sierras de Ponce y Espuña, separándola del Valle del Guadalentín. En dirección al Segura, el río Mula sale por el Este a un paisaje sin solución de continuidad hasta Alguazas. Entre estas alineaciones se acumularon depósitos miocenos, especialmente margosos, en los cuales las arcillas tienen una proporción elevada de carbonato cálcico. En las épocas posteriores del Plioceno y Cuaternario hubo una nueva acumulación de materiales aluviales al Norte de Mula, a la vez que se formaron, junto al cauce de los ríos, varios niveles de terrazas. La vegetación natural apenas se ha conservado, debido a la escasez de lluvias y a la fuerte acción antrópica. Perviven raquíticos matorrales xerófilos de albardín, tomillo y esparto en la mitad oriental de la comarca. Hacia el Oeste de Mula, aparecen ya matorrales de romero y algunos rodales de pinos. En las sierras circundantes, con mayor pluviosidad, se extienden masas de pinares, producto de una acertada y eficaz repoblación (Sánchez Sánchez, 1980). El río Mula, afluente por la margen derecha del río Segura, nace en la confluencia de varias ramblas y arroyos que bajan de las Sierras de Ceperos, Plaza de los Pastores y El Charco, en el término municipal de Bullas. Finalmente, y tras un recorrido de 64 Km., desemboca en el Segura. Su pendiente media es del 13% y su cuenca receptora es de 659 Km2 de superficie. El régimen del río es torrencial, acentuando este carácter la naturaleza margo-arcillosa de su cuenca y la escasez de cobertura vegetal protectora. Sus avenidas son verdaderas avalanchas de agua y arrastres sólidos, dada la fuerte pendiente del cauce. Las oscilaciones del caudal del río son importantes, esta irregularidad lo clasifica como típicamente

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mediterráneo, muy cercano a las ramblas. Al observar la irregularidad interanual absoluta, se manifiesta que junto a un máximo instantáneo de más de un centenar de metros cúbicos, se registran en otras ocasiones una ausencia total de circulación hídrica superficial (López Bermúdez, 1980). En el Km. 26 de su curso se halla el embalse de la Cierva, puesto en servicio el 20 de mayo de 1929 con la finalidad de retener y regular aguas para el regadío (González Castaño, 1991). EL ENCLAVE GEOLÓGICO DE CUEVA ANTÓN. INFORME PRELIMINAR. ARTEMIO CUENCA PAYÁ

La Cueva Antón es un abrigo rocoso abierto en una masa de caliza nummulítica que forma parte del flanco SE de un anticlinal cuyo eje se orienta casi exactamente NESW; otros materiales constitutivos de esta estructura son margas grises, verdes y rojizas que, por erosión diferencial, han sido utilizadas por las aguas para excavar sus cauces creando un relieve de crestas aproximadamente paralelas entre sí y al eje anticlinal. En lo que concierne estrictamente a la cavidad y su entorno es necesario destacar el hecho de que la industria musteriense termine con una zona de incrustación calcárea que, en el exterior, corresponde a unos suelos hidromorfos cementados, característicos de un área palustre, que se superponen a unos aluviones gruesos con granulometría continua, y son seguidos por limos con algunos niveles de raíces fósiles. Esta secuencia queda cortada por una fase erosiva que deja colgada la terraza, de forma que su muro se encuentra a una altura media de unos 5-7 metros sobre el cauce actual. Localmente se observan restos de una terraza a nivel inferior, constituida por limos loéssicos resedimentados con intercalaciones de gravas medias, muy angulosas, arrastradas desde los relieves inmediatos. Es presumible que la neotectónica ha desnivelado la serie de glacis-terrazas local, pues a menos de cinco kilómetros ya aparece la secuencia «normal» detectada desde el río Serpis hasta, al menos, el Guadalentín (Cuenca y Walker, 1986a y 1986b). Aunque todavía no se dispone de datos cronológicos locales, el paralelismo de facies y la constancia de éstas en las diferentes cuencas fluviales estudiadas permite adelantar que la terraza de 5-7 metros es la que se ha denominado, a escala regional, como Glacis-terraza B, con una cronología imprecisa en cuanto a sus comienzos, pero con un final fechado en varias localidades entre 40.000 y 38.000 AP. La interpretación paleoclimática de los depósitos asocia-

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dos a este Glacis-terraza ha permitido estimar que corresponden a un ciclo climático caracterizado por una acentuada sequía, con ralos bosques-isla y bosques-corredor limitados a los ejes de los cauces, casi siempre secos o a fuentes. En los momentos finales se detecta un paso a condiciones más húmedas que originan encostramientos, travertinos y, en las cuevas, coladas estalagmíticas o incrustaciones calcáreas; este hecho se observa en la Cueva del Cochino (Villena) y en la Cova Beneito (Muro del Alcoi), donde los niveles musterienses terminan en un estrato cementado por circulación de aguas incrustantes. El periodo seco, o parte de él, queda representado por los aluviones gruesos, cuya textura indica unas condiciones de arrollada en un medio con laderas limpias de vegetación, mientras que los paleosuelos demuestran una actividad hídrica mucho más regular y, junto a los limos superiores, una mayor protección de las laderas por parte de la cubierta vegetal que ya retiene los materiales gruesos «in situ». A modo de conclusión de este informe preliminar, puede decirse que Cueva Antón es paralela, en cuanto a cronología, con las dos antes citadas, y aunque no es posible en estos momentos precisar la duración en el tiempo del registro sedimentario, sí que puede precisarse que la ocupación termina 40.000-38.000 AP con el cambio climático que lleva al interestadial previo al último pleniglacial. SECUENCIA ESTRATIGRÁFICA

La secuencia documentada en Cueva Antón presenta cuatro niveles estratigráficos divididos en diferentes subniveles (Fig. 2, 3 y 4). La clasificación petrográfica de cada uno de ellos responde a unos criterios puramente descriptivos, ya que los estudios de sedimentología aún no han concluido. Todos los estratos presentan un buzamiento en mayor o menor medida, pero orientado siempre hacia el Norte y hacia el Oeste, es decir, hacia el exterior del abrigo. El Nivel I, que no presentó ningún tipo de evidencia cultural, está formado por limos y arcillas procedentes de los aportes sedimentarios del pantano, en los diferentes momentos que el nivel de embalse ha alcanzado cotas muy altas, permaneciendo la cueva prácticamente inundada. Su potencia estratigráfica máxima es de unos 75 cm., distinguiéndose nueve subniveles. En la secuencia estratigráfica del Nivel I, se intercalan subniveles de matriz arcillosa y otros de matriz arenosa, predominando los de textura fina, suelta o compactada, con tonalidades marrón muy claro o marrón anaranjado para los

estratos arcillosos, a excepción del Ij de color gris oscuro que al romperse en bloques presenta una coloración negruzca y una textura muy compactada. Los de matriz arenosa son uniformemente de color marrón claro y con un tamaño textural fino y homogéneo, pero también grueso en otras ocasiones. Los sedimentos que conforman el nivel II corresponden a un aporte sedimentario propio de la cavidad, producido por mecanismos de erosión, y también es posible que algunos estén formados por aportes fluviales. Aquí también se han podido distinguir 25 subniveles, diferenciados por sus características físicas, ya que tampoco se han documentado evidencias de tipo cultural. No obstante, hemos de señalar la presencia de un subnivel, el IIt de tan sólo entre 4 y 6 cm. de potencia, con gran abundancia de restos faunísticos que suponen con 147 fragmentos el 13,91% del total de la fauna identificada, y que se corresponden principalmente con lagomorfos, aves y roedores; así como el hallazgo aislado de un asta de ciervo en el IIp. La potencia máxima de este segundo nivel es de 1,65 m. Como sucedía con el anterior nivel, se intercalan estratos de matriz limo-arcillosa con otros de matriz arenosa bastante mejor representados en cuanto a su número, en algunos caso muy cementadas, así como algunas costras carbonatadas. Generalmente los estratos de arenas son de grano fino y tonalidades anaranjadas, marrón claro y en algún caso grisáceas. Los estratos arcillosos son de tonalidad marrón oscuro con un alto índice de humedad. En el nivel III se documentó la ocupación musteriense, distinguiéndose también diferentes subniveles durante el proceso de excavación, por sus características físicas y culturales específicas. Se distinguieron un total de 14 subniveles, aunque sólo 7 de ellos presentaron elementos arqueológicos con diferente significación en cuanto a su caracterización cultural. La potencia máxima que alcanza es de 95 cm. Finalmente, y dentro del nivel IV, únicamente se ha documentado un subnivel formado por arcillas de color gris oscuro y de textura muy compactada. En el techo del subnivel aparece una fina capa de oxidación de color rojo oscuro, alternándose con las arcillas grises durante el proceso de excavación. No aportó evidencias de cultura material, aunque sí algunos elementos malacológicos. La potencia alcanzada es de 64 cm., pero no se ha excavado totalmente, dados los condicionamientos técnicos de seguridad de la excavación, aunque nuestra intención era llegar a la base rocosa del abrigo.

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Fig. 2. Cueva Antón. Corte estratigráfico. Perfil Este de las cuadrículas 20-J, 21-J, 22-J.

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Fig. 3. Cueva Antón. Corte estatigráfico. Perfil Norte de las cuadrículas 20-J, 20-K, 20-L.

CARACTERIZACIÓN DEL NIVEL MUSTERIENSE

El momento de ocupación Musteriense corresponde al nivel estratigráfico III, dividido en 14 subniveles durante el proceso de excavación por sus características físicas y culturales específicas. En este nivel se registraron la totalidad de los elementos que forman la industria lítica del yacimiento y el 86,09 % del total de los elementos de fauna, identificados en 7 de los 14 subniveles diferenciados. El primer subnivel identificado durante los trabajos de excavación fue el IIIa, debido a sus características físicas que lo diferenciaban del nivel II, aunque no se registraran evidencias culturales. Se trata de un sedimento de arenas cementadas de color marrón claro, formando una costra de unos 3 cm. de potencia media, aunque en algunas zonas alcanza hasta 10 cm., con piedras de pequeño y mediano

tamaño cementadas junto con las arenas. La mayor potencia estratigráfica se documentó en las unidades de excavación 20J, 20K y 22J, mientras que el resto en ningún caso superó los 2 cm. No obstante, hemos de señalar que este subnivel no se desarrolla en toda la superficie de excavación, puesto que en 22L se une directamente al subnivel IIIc, y, al presentar las mismas características petrográficas, no pueden ser diferenciados el uno del otro. El subnivel IIIb fue documentado en segundo lugar, y se caracteriza por un sedimento de matriz arenosa de grano fino de color marrón claro, de textura suelta y con algunas piedras procedentes de la erosión de la cueva, así como algunos cantos redondeados. Presentó una potencia sedimentaria de 13 cm. como desarrollo máximo y de 4 cm. como mínimo. Aunque su disposición es bastante homogé-

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Fig. 4. Cueva Antón. Corte estratigráfico. Perfil Sur de las cuadrículas 22-J, 22-K, 22-L.

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nea en toda la superficie del área de trabajo, adquiere una mayor potencia estratigráfica en las unidades de registro 20J, 20K, 20L, 21J, 22J y 22K. En el perfil Norte se pudo observar que, en la zona correspondiente a 22L, desaparecía este subnivel, localizándose en 22J y 22K entre los subniveles IIIa y IIIc, puesto que ambos se unían, quedando interrumpido su desarrollo. En este subnivel apenas se localizó material arqueológico, si exceptuamos los hallazgos aislados de un resto de talla en sílex, que supone el 0,28% de los elementos líticos documentados en el registro arqueológico, y algunos huesos de animales, que con 18 fragmentos, suponen el 1,98% del total de la fauna registrada. Las evidencias materiales se localizaron en 20J y 20K, con una profundidad establecida entre 7,22 m. y 7,03 m. El subnivel IIIc, es el primero que presentó las evidencias culturales que definen la ocupación de esta cavidad por el hombre. Se han registrado 31 elementos líticos, lo que supone el 8,83% del total de la industria documentada en la cavidad, y 152 fragmentos de hueso, lo que supone el 16,70% del total de la fauna identificada. Este subnivel aparece representado en toda la superficie de excavación, con una potencia sedimentaria máxima de 9 cm. y de 1 cm. como mínima. En general presenta un escaso desarrollo, predominando en los cuadros 20-J, 21-J, 22-J. 20-K, 21K y 22-K, y disminuyendo progresivamente en el resto de las unidades de excavación, aunque hemos de destacar su desarrollo de 8 cm. en 21-L. En cuanto a las características físicas de este subnivel, nos encontramos con una costra de arenas cementadas muy homogénea que cubre todas las unidades de excavación. El sedimento presenta una textura fina y compactada y es de color marrón claro, con abundantes piedras de mediano tamaño y otras muy pequeñas y abundantes de tipo cuarcítico y calizo procedentes de la erosión de la cueva o de la propia estructura de la matriz de la arena, que se identificaron tras el proceso de criba. En algunas zonas como 22J, la costra fractura en dos planos diferentes, apareciendo el material arqueológico incrustado en ella. Presenta una potencia media de 7 cm. En las zonas donde la potencia es menor, su textura está menos compactada, imbricándose directamente con el techo del subnivel siguiente IIId, esto ocurre especialmente en los cuadros 20-L y 22-L. Por el contrario, la zona más cementada se identificó con una brecha, con piedras angulosas de mediano y pequeño tamaño cementadas que se desarrolla en prácticamente toda la extensión del cuadro 21-J y en una zona reducida de 21-K.

No obstante, el área de mayor interés corresponde a las unidades de excavación 20-K y 21-K, donde se localiza una zona de combustión diferenciada por la textura y la coloración del sedimento, además de por el hallazgo de pequeñas manchas de carbón y por el material arqueológico quemado, con señales de estallamiento por el fuego. La zona de combustión, aunque tiene una forma de tendencia circular, no está delimitada por piedras con señales de fuego, aunque sí existen algunas sin quemar dispersas en las proximidades. Presenta una zona central donde la tierra es de un color gris intenso, con algunas manchas blanquecinas sobre ella que podrían corresponder al sedimento general de IIIc, pues se imbrica dentro de este subnivel. En la zona más externa, la tierra adopta una coloración marrón oscuro, seguramente por la acción del fuego que en este caso sería de menor intensidad. En esta área perimetral, y en especial en la zona Este, es donde se localizan algunas manchas de carbón (Fig. 5). En cuanto a la localización de las evidencias culturales, hemos de señalar que aunque el subnivel se desarrolla en cotas absolutas entre 7,28 m. en 20-K como profundidad mínima y 6,79 m. en 20-L como profundidad máxima, los elementos arqueológicos se ubican entre 7,22 m. y 6,85 m., correspondiendo estas cotas respectivamente a las piezas con menor y mayor profundidad. La mayor parte de los hallazgos se concentran en las unidades de excavación 20-K y 21-K, las mismas donde se localizó la zona de combustión, presentando algunos de los materiales señales de haber estado expuestos al fuego. Entre los elementos identificados destacan tres raederas simple lateral convexa en sílex, una raedera simple lateral recta también en sílex y una raedera transversal simple recta en cuarcita, el único útil realizado sobre una materia prima diferente del sílex, tan poco significativa en la industria del yacimiento. Por lo que respecta al resto del material, destaca el numero de lascas que son nueve, mayoritariamente en sílex, ya que sólo una de ellas está realizada en caliza, localizándose una única lasca laminar en sílex. La proporción está más igualada en los restos de talla, ya que diez son de sílex y cinco de caliza. Finalmente, también se localizó un nódulo de cuarcita con levantamientos (Fig. 6 y 7). En este caso, la materia prima más empleada ha sido el sílex, presentando la caliza y la cuarcita proporciones muy inferiores. También es significativa la proporción elevada de útiles típicos que son cinco, en relación con las nueve lascas o los quince restos de talla. Como veremos más adelante, estas proporciones variarán sustancialmente en los siguientes subniveles.

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Fig. 5. Cueva Antón. Zona de combustión y distribución espacial del material arqueológico en el subnivel IIIc.

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El subnivel IIId, formado por un sedimento de matriz arenosa de grano fino de color marrón claro y textura fina, con piedras calizas y de cuarzo procedentes de la erosión del abrigo, no se desarrolla de forma homogénea por toda la superficie de excavación, pues desaparece en parte del área correspondiente a 20-K y 22-L. Adquiere una potencia máxima de 7 cm. y mínima de 2 cm., alcanzando su profundidad mínima en 22-J con 7,20 m. y la máxima en 20-L con 6,75 m. Los elementos de cultura material, aunque no demasiado abundantes, con un total de 10 elementos líticos que suponen el 2,85% de la industria total registrada en la cavidad, corresponden únicamente a restos de talla y a un percutor. En esta ocasión, los restos de talla son mayoritariamente de caliza, muy por encima de los de sílex o cuarcita. Los elementos de fauna con 75 fragmentos, suponen el 8,24% del total de estos elementos registrados en la cavidad. Las evidencias de cultura material fueron localizadas en una profundidad establecida entre 6,99 m. y 6,90 m. El siguiente subnivel, el IIIe sí se desarrolla de una forma homogénea en toda el área de excavación, con una potencia máxima de 10 cm. y mínima de 3 cm. Está formado por un sedimento de arenas cementadas de color marrón claro, con numerosas piedras de tipo cuarcítico. Por otra parte, y en cotas absolutas de excavación, alcanza su profundidad mínima en 22-J con 7,19 m. y máxima en 22-L con 6,90 m. En este subnivel no se registró ningún tipo de evidencia cultural. El subnivel IIIf, formado por un sedimento de matriz arenosa de grano medio-grueso, con una coloración más intensa marrón claro, fue el que mayor número de elementos de cultura material documentó, ya que con 190 elementos supone el 54,13% del total de la industria registrada en la cavidad. Por otra parte, los restos faunísticos, con 179 fragmentos, suponen el 19,67% en relación con el total documentado en la cavidad. Se desarrolla por toda la superficie de excavación y adquiere una potencia máxima de 14 cm. y mínima de 3 cm., alcanzando su profundidad mínima en 21J con 7,13 m. y máxima en 20-L con 6,74. El material arqueológico se localiza en unas cotas comprendidas entre 7,13 m. y 6,74 m. Dentro de la industria documentada en este subnivel (Fig. 8-14) hemos de destacar la presencia de una raedera simple lateral recta tipo quina, otra simple lateral convexa con retoque alterno, tres raederas simple lateral convexas y una simple lateral interior, todas ellas en sílex (Fig. 8). En el resto de la industria, destaca el alto porcentaje de lascas con

sesenta piezas, cuarenta y nueve en caliza, nueve en sílex y dos en cuarcita; aunque la representación de los restos de talla también es muy elevada con ciento doce, ciento cuatro en caliza y solamente ocho en sílex; superando muy ampliamente la caliza al sílex como materia prima utilizada, mientras que la cuarcita apenas tiene representación. Los núcleos, muchos de ellos fragmentados, también son mayoritariamente de caliza, con seis, mientras que de sílex sólo hay uno (Fig. 9). Los nódulos con algunos levantamientos son escasos, solamente cuatro, tres de caliza y uno de sílex. Finalmente, hemos de destacar la presencia de dos útiles nucleares con talla bifacial en el extremo distal e identificados como cantos trabajados, los únicos elementos de este tipo documentados en el nivel de ocupación musteriense (Fig. 10). Como sucedía entre IIIc y IIIf, los subniveles intermedios entre este último y IIIi, que es el siguiente con elementos tipológicos característicos, o no presentan prácticamente ningún tipo de evidencia, como es el caso de IIIg, con una potencia máxima de 10 cm. y mínima de 2 cm y con tan sólo un resto de talla en caliza, lo que supone el 0,28% de la industria registrada en la cavidad, y 10 fragmentos de hueso, lo que supone el 1,10%; o éstas son escasas y poco representativas, como es el caso de IIIh, con tan sólo cinco elementos que corresponden en su totalidad a restos de talla en sílex, caliza y cuarcita de una forma uniforme, lo que supone el 1,43%. En este último subnivel se identificaron 49 fragmentos de hueso de animal, alcanzando el 5,38% del total de la fauna identificada en la excavación. El subnivel IIIg, formado por arenas cruzadas, alternando unas de grano grueso y otras de matriz más fina, con una coloración marrón claro pero intensa y una textura muy suelta y homogénea, se desarrolla entre 6,98 m. en 22J y 6,79 m. en 22-L como profundidad mínima y máxima respectivamente. El siguiente subnivel, el IIIh, caracterizado por un sedimento de matriz arenoso-arcillosa de grano fino y color marrón claro intenso, con una textura suelta, se documentó prácticamente en toda la superficie de excavación, a excepción de una zona del cuadro 22-J, donde desaparece en parte, tomando contacto directamente los subniveles IIIg y IIIi. Su potencia máxima es de tan sólo 5 cm. y la mínima de apenas 1 cm. Los elementos de cultura material se documentaron entre 6,94 en 22-J y 6,68 en 22-L, como profundidades mínimas y máximas alcanzadas por este subnivel. El subnivel IIIi se documenta en toda la superficie de

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Fig. 6. Cueva Antón. Industria lítica registrada en el subnivel IIIc.

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Fig. 7. Cueva Antón. Industria lítica registrada en el subnivel IIIc.

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Fig. 8. Cueva Antón. Industria lítica registrada en el subnivel IIIf.

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Fig. 9. Cueva Antón. Industria lítica registrada en el subnivel IIIf.

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Fig. 10. Cueva Antón. Industria lítica registrada en el subnivel IIIf.

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Fig. 11. Cueva Antón. Industria lítica registrada en el subnivel IIIf.

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Fig. 12. Cueva Antón. Industria lítica registrada en el subnivel IIIf.

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Fig. 13. Cueva Antón. Industria lítica registrada en el subnivel IIIf.

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excavación y está formado por un sedimento de arenas cementadas con numerosos elementos de cuarzo, como sucede en todas las costras localizadas. Los elementos arqueológicos presentan cierta significatividad en cuanto a su número y fueron localizados en la zona de contacto con IIIh, así como numerosos restos de carbón, especialmente en 20-J y 20-k. Este subnivel presenta un desarrollo muy considerable de 20 cm. en 22-L y por el contrario de apenas 2 cm. en 22-J. Con respecto a las cotas mínimas y máximas alcanzadas, éstas son de 6,96 en 22-J y de 6,65 m. en 22-L. El material arqueológico es relativamente abundante y se localiza en una profundidad desarrollada entre 6,86 m. y 6,62. Se han registrado un total de 32 elementos (Fig. 15 y 16), lo que supone el 9,12% del total de la industria registrada, y entre ellos encontramos una raedera simple lateral convexa y otra transversal simple convexa, ambas en sílex. El resto de la industria está formada por doce lascas, principalmente sobre caliza con siete, mientras que las realizadas sobre sílex con tres y cuarcita con dos, alcanzan porcentajes similares. En cuanto a las lascas laminares, son poco representativas, con tan sólo dos piezas, una sobre sílex y otra sobre cuarcita. Los restos de talla suman un total de trece, con una proporción semejante en cuanto al tipo de materia prima empleada al de las lascas, siete en caliza, cuatro en sílex y dos en cuarcita. Los núcleos están poco representados, solamente uno en sílex, además de un nódulo de caliza. Los elementos de fauna, con 58 fragmentos, suponen el 6,37% del total de los restos identificados. El subnivel IIIj, formado por un sedimento de matriz arenosa de grano fino, es junto con IIIf, el que mayor número de evidencias culturales ha aportado, localizándose entre 6,82 m. y 6,46 m. Se desarrolla de una forma homogénea en casi todas las unidades de excavación, ya que únicamente desaparece en 22-L, insertándose en el subnivel IIIi en los cuadros 22-K y en una zona reducida de 22-L. Su potencia máxima es de 7 cm. y la mínima de 2 cm. Este subnivel se desarrolla entre las cotas 6,89 en 22-J y 6,75 en 22-K. En este subnivel fue donde se localizó otra zona de combustión, de apenas 2 cm. de potencia, ubicada espacialmente en la misma área que la documentada en el subnivel IIIc, concretamente en las unidades de excavación 20-K y 21-K. Es decir, el emplazamiento espacial de estas zonas de combustión es el mismo aunque separado por seis subniveles diferenciados, algunos de ellos, como ya hemos señalado, sin evidencias de ocupación humana. Su identificación también se realizó atendiendo a las características físicas de

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coloración y textura del sedimento. Esta zona de combustión no tiene una forma definida, aunque, como ya hemos señalado, ocupa una zona específica y reducida. Presento diferentes tonalidades, principalmente gris intenso con zonas de pequeños carbones y otras más reducidas de color marrón rojizo, delimitando perimetralmente parte del sedimento gris oscuro. También se observó una pequeña mancha marrón rojizo de forma circular. En esta zona de combustión se documentaron un gran numero de evidencias arqueológicas (Fig. 17), algunas de ellas con señales de haber estado expuestas al fuego y distribuidas espacialmente en torno al área de combustión principalmente, aunque también aparecen elementos aislados en las unidades de excavación 21-J, 22-J, 22-K y 20-L, siendo muy escasos en 22-L. Se han registrado 70 elementos, lo que supone el 19,95% del total de la industria documentada, mientras que los restos de fauna, con 251 fragmentos, suponen el 27,58% del total de estos elementos y además caracterizan a este subnivel como el que ha registrado más evidencias de este tipo. Dentro de la industria lítica, distinguiremos en primer lugar la presencia de tres raederas simple lateral convexa, una transversal simple convexa y otra transversal doble compuesta, todas ellas en sílex (Fig. 18). Las lascas suman un total de 24 piezas, empleándose prácticamente por igual el sílex con 7 piezas, la caliza con 9 y la cuarcita con 8 (Fig. 19). En los restos de talla, con 35 elementos, predomina el empleo de la caliza, ya que 19 son de esta materia, mientras que 11 son de sílex y solamente 5 de cuarcita. Los núcleos son escasos, 2 en sílex y 1 en caliza, mientras que entre los nódulos encontramos 1 con levantamientos en caliza y otro fracturado en cuarcita. Finalmente se ha identificado un posible percutor de caliza. El siguiente subnivel, el IIIk, fue el último que presentó algún tipo de evidencia cultural, aunque muy escasa y localizadas entre 6,60 m. y 6,50 m. de profundidad. Formado por un sedimento de matriz arenosa de grano medio-grueso de color marrón claro, se desarrolla de una forma homogénea en toda la superficie de excavación, con una potencia máxima considerable, de 20 cm y mínima de 8 cm. En cuanto a las cotas absolutas documentadas, son de 6,80 m. en 22-J y 6,46 m. en 22-L. La industria esta formada por tan sólo 3 lascas en caliza, sílex y cuarcita y 7 restos de talla, 6 de caliza y 1 de sílex, lo que supone el 2,85% del total de los elementos registrados en la cavidad. En cuanto a los restos de fauna, con 93 fragmentos, suponen el 10,22% en

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Fig. 15. Cueva Antón. Industria lítica registrada en el subnivel IIIi.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Fig. 16. Cueva Antón. Industria lítica registrada en el subnivel IIIi.

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Fig. 17. Cueva Antón. Zona de combustión y distribución espacial del material arqueológico en el subnivel IIIj.

relación con la totalidad de los registrados en el nivel III. Este fue el último subnivel que se excavó en toda la superficie de excavación, es decir en los nueve cuadros. A partir de aquí se redujo el área en estudio a tan sólo tres cuadros, concretamente a 20-L, 21-L y 22-L. Por lo tanto, los siguientes subniveles únicamente fueron documentados en estas tres unidades de registro. El subnivel IIIl se desarrolla de una forma homogénea y alcanza una potencia máxima de 8 cm. y mínima de 4 cm. No presentó ningún tipo de evidencia cultural, aunque hemos de señalar la presencia de 4 fragmentos de fauna, lo que supone el 0,44% del total de elementos registrados de este tipo. Se desarrolla entre 6,47 m., alcanzados en 22-L y 6,37 m. también en 22-L. Se trata de un sedimento de matriz arenosa de grano muy grueso de color marrón claro, con abundantísimos fragmentos de piedras cuarcíticas de tamaño mediano procedentes de la erosión de la cavidad y

algunos cantos rodados de tamaño muy pequeño. El sedimento está compactado, siendo las arenas de grano más grueso que se han documentado. El siguiente subnivel, el IIIm, tampoco aportó material arqueológico, si exceptuamos un resto de talla en sílex, lo que supone el 0,28%, y 21 fragmentos de hueso de animal, lo que supone el 2,31%. Su potencia máxima es de 15 cm. y la mínima de 9 cm. En cuanto a su desarrollo, queda establecido entre 6,40 m. en 22-L y 6,33 m. también en 22-L. Presenta un sedimento de matriz arcillosa de color marrón claro y textura compacta. Finalmente, dentro del nivel III, se identificó el IIIn, formado por un sedimento de matriz arenosa de grano medio, textura suelta y color marrón grisáceo, con una potencia máxima de 10 cm. y mínima de 4 cm. Se desarrolla entre 6,31 m. en 22-L y 6,17 m. también en 22-L. No aportó ningún tipo de evidencia cultural.

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Fig. 18. Cueva Antón. Industria lítica registrada en el subnivel IIIj.

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EL YACIMIENTO MUSTERIENSE DE CUEVA ANTÓN (MULA, MURCIA)

Fig. 19. Cueva Antón. Industria lítica registrada en el subnivel IIIj.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ANÁLISIS DE LA INDUSTRIA LÍTICA

El análisis global del conjunto lítico registrado en Cueva Antón se ha realizado en función de su tecnología, variabilidad y uso de la materia prima. El estudio estadístico de la industria lítica se realizó partiendo de la codificación numérica del inventario en Dbase IV, para, posteriormente, analizar en cada una de las variables el número de casos y el índice de frecuencia que supone. Se han documentado un total de 351 elementos de cultura material, de los que 18 son útiles típicos, concretamente raederas (5,13%) y por lo tanto objeto de estudio aparte. De los 333 elementos restantes, 114 son lascas (32,48%), 3 son lascas laminares (0,85%), 4 son núcleos (1,14%) y 5 fragmentos de núcleo (1,43%), 192 son subproductos (restos de talla o fragmentos de materia prima sin transformar) (54,70%), 9 son nódulos (2,57%), 3 son posibles percutores (0,85%), 1 es un canto fragmentado (0,28%) y 2 son nódulos trabajados (0,57%). Por lo tanto, nos

Lám. I. Cueva Antón. Vista general del abrigo.

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encontramos con una industria sobre lascas como soporte fundamental, parte de ellas fueron retocadas y convertidas en raederas y el resto está formado por útiles cortantes sin retocar o en muy pocas ocasiones mínimamente retocadas o con señales de uso. La materia prima empleada mayoritariamente es la caliza, con un 65,82%. En segundo lugar, con un 26,50%, está representado el sílex en sus diversas variantes, aunque el más característico es el opaco pues supone el 17,09%, mientras que el traslúcido alcanza el 5,13% y el veteado el 3,42%, el resto formado por el sílex puntiforme traslucido (0,57%) y el tabular (0,28%) apenas tienen representación. Otras materias primas empleadas son la cuarcita que presenta valores muy bajos de apenas un 6,26%. Finalmente, se consideraron otras materias primas que no han podido ser identificadas y que suponen solamente el 1,42%, correspondiendo generalmente a nódulos sin desbastar. Pero lo que destaca con respecto al uso de la materia prima es la alta frecuencia del sílex en la elaboración de las raederas,

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ya que este recurso lítico fue empleado en un 94,44%, mientras que la cuarcita lo fue tan sólo en un 5,56%. La caliza fue se utilizó únicamente en la fabricación de útiles cortantes sin retocar. En un 94,88%, la materia prima empleada, no presenta ningún tipo de alteración. En los pocos casos que sí se aprecia es debido a la acción del fuego (3,14%), que normalmente corresponde a piezas localizadas junto a las zonas de combustión. Las irregularidades en la materia prima son muy escasas, con tan sólo un 1,13%, lo que indica la elección de la más idónea para la fabricación de la industria. También es muy escaso el sílex desilicificado por la acción atmosférica, con tan sólo el 0,85%. Dentro del conjunto lítico, el grupo constituido por los núcleos supone únicamente el 1,14%, con morfologías prismáticas y globular discoide preferentemente y, en la mayor parte de los casos, con la plataforma de percusión preparada. En este sentido, hemos de señalar que los talones de los soportes extraídos son mayoritariamente lisos, con un

45,09%, mientras que los diedros alcanzan valores inferiores, con el 17,09%, los facetados alcanzan una frecuencia del 7,78%, los escamosos el 12,17%, los puntiformes el 9,33% y finalmente, los corticales únicamente suponen el 8,54%. Siguiendo con la tecnología lítica, encontramos que en los soportes extraídos están mayoritariamente representadas las lascas ordinarias, con un índice de frecuencia muy elevado, ya que alcanzan el 52,59%. Con valores inferiores aparecen las lascas iniciales o corticales, con un 18,52%; las lascas de dorso natural, con un 11,85%; las lascas de tercera extracción, con un 14,82%; y las lascas laminares, con tan sólo un 2,22%. La utilización de estos soportes para la fabricación de útiles queda reflejada de la siguiente manera: en el 86,67% se utilizaron para útiles cortantes sin retocar o en muy pocas veces mínimamente retocados o con señales de uso, mientras que en el 13,33% fueron empleados para la confección de útiles retocados.

Lám. II. Cueva Antón. Área 1 de excavación. Perfil Este.

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Lám. III. Cueva Antón. Subnivel IIIj. Zona de combustión.

Estos últimos corresponden en su totalidad a raederas, de las que el 50% están realizadas sobre lascas ordinarias, el 33,32% lo están sobre lascas de tercera extracción, el 5,56 % están fabricadas sobre lascas de dorso natural, al igual que las realizadas sobre lascas iniciales (5,56%) y sobre lasca laminar (5,56%). La materia prima mayoritariamente empleada es el sílex, con el 94,44%, mientras que las raederas sobre cuarcita apenas suponen el 5,56%. En cuanto a los tipos identificados, el 44,44% corresponde a las raederas de tipo simple lateral convexa, a continuación encontramos las raederas de tipo simple lateral recta que alcanzan el 22,22%; con valores inferiores están las raederas de tipo transversal simple convexa que supone el 16,66%. Finalmente, el resto de los tipos representados, raedera simple lateral interior, raederas transversal simple recta y raedera transversal doble compuesta, suponen en cada uno de los tres casos el 5,57%. Las raederas presentan retoque abrupto en el 50%, escaleriforme en el 27,78% y escamoso en el 22,22%. La suma de

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los dos últimos valores alcanza un 50%. La frecuencia de reducción y modificación de estos útiles, tomando como medida el valor medio de la invasión del retoque es de 4,88 mm., lo que implica un aprovechamiento exhaustivo de la materia prima, en este caso del sílex. CONSIDERACIONES FINALES

La investigación del Paleolítico Medio en nuestra región se ha centrado en yacimientos situados en la zona costera, como La Peñica (Montes, 1993), con un Musteriense de tradición Achelense; la Cueva de los Aviones I (Montes, 1987b, 1989 y 1991b) y Cueva Perneras (Montes, 1987a y 1991a) con un Musteriense laquinoide; o Cueva Bermeja, con un Musteriense de denticulados (Montes, 1993). Otros yacimientos como El Palomarico y el Hoyo de los Pescadores, presentan dificultades al intentar adscribirlos a una facies concreta, debido a la escasez de documentación (Montes, 1993). En la actualidad, se están realizado trabajos en el Cabezo Gordo (Torre Pacheco), con el hallazgo de una industria del Paleolítico Medio, restos

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de fauna y fragmentos de mandíbula de Homo sapiens arcaico o neandertalenses (Gibert y Walker, 1994). En el interior de la región, la documentación de los yacimientos es más imprecisa, se trata de hallazgos aislados, como es el caso del Cortijo de Torralba, cuya industria parece similar, según Montes (1992), a la registrada en las cuevas de Los Aviones y Perneras. Por otra parte, en Cueva Negra (Caravaca) los primeros trabajos realizados señalan la presencia de una industria musteriense y numerosos restos de fauna (Martínez et al., 1989), y en la actualidad continúan los trabajos de excavación dirigidos por M. Walker. Finalmente, las recientes prospecciones arqueológicas realizadas en el altiplano de Yecla (López Campuzano, 1994) han supuesto la identificación de cinco nuevos emplazamientos arqueológicos ubicados al aire libre: Cerro de la Fuente, Fuente del Madroño, Rambla de Tobarrillas, Fuente del Pinar y Fuente Pulpillo. De todos ellos destaca el Cerro de la Fuente, con una industria charentiense tipo Quina. Por lo tanto, los trabajos realizados en Cueva Antón, aunque con un carácter preliminar, amplían el área de dispersión de los yacimientos musteriense, al tiempo que nos aproximan al conocimiento de las pautas de comportamiento de una comunidad del Paleolítico Medio, con la selección de un hábitat determinado en función de los recursos naturales que ofrecía un medio geográfico tan concreto como es el sector central de la Región de Murcia. El registro arqueológico de Cueva Antón, señala la presencia de un mayor numero de evidencias culturales en los subniveles IIIc, IIIf, IIIi y IIIj. Los subniveles intermedios, o no presentan evidencias, o son muy escasas y poco significativas tipológicamente, como es el caso de el IIId con 10 elementos, lo que supone el 2,85% de los elementos registrados, correspondiendo todos ellos a subproductos (restos de talla) y a un posible percutor de cuarcita; el IIIh, donde las evidencias son aún más escasas, además de corresponder también, en su totalidad, a 5 restos de talla, lo que nos acerca al 1,43%; y el IIIg con tan sólo un resto de talla que supone el 0,28%. El resto de los subniveles IIIb con tan sólo un subproducto (0,28%), IIIk, con 10 (2,85%) y IIIm con 1 (0,28%), tampoco muestran una representación significativa. Con respecto a los subniveles con elementos bien definidos o tipológicamente característicos, el que presenta un mayor número de evidencias es el IIIf, con 190, lo que supone el 54,13%, y por lo tanto más de la mitad de la industria registrada en Cueva Antón; a continuación está el IIIj, con 70 elementos, lo que supone el 19,95%; y final-

mente, con cantidades muy semejantes el IIIi con 32, alcanzando el 9,12% y el IIIc con 31, lo que supone el 8,83%. Precisamente, en dos de estos subniveles, IIIc y IIIj, se han documentado restos de combustión, aunque de momento no podemos precisar si nos encontramos con posibles hogares bien definidos que pudieran, junto con una densidad mayor de elementos de cultura material, caracterizar posibles suelos intactos de ocupación, o por el contrario, sí nos encontramos ante depósitos posthabitacionales con industrias asociadas cuya formación obedece a procesos naturales. Lo que si queremos resaltar es la presencia en IIIf de una lasca inicial o cortical en caliza de la que posteriormente se extrajo otra de dorso natural, ambas presentaron el mismo registro locacional y se pudo realizar un remontaje (Fig. 14). En este sentido, hemos de tener en cuenta que la superficie excavada es reducida, con respecto al total de la superficie del abrigo, por lo que resulta muy difícil poder precisar las diferentes actividades desarrolladas en la cavidad, aunque la alta frecuencia de raederas, con unas características tecno-morfológicas específicas, podría indicar actividades económicas concretas, que nosotros de momento no podemos precisar. En cuanto al tipo de hábitat, hemos de destacar las amplias dimensiones de la cavidad, aunque su orientación, al Norte, no es la ideal. Sin embargo se encuentra en un valle fluvial, vía de comunicación que sería utilizada por los animales gregarios en sus migraciones estacionales. El emplazamiento fue elegido por su proximidad al agua, y por lo tanto fue también bebedero natural de las especies cinegéticas. La caza debió de tener un carácter selectivo, realizada sobre especies existentes en un espacio físico próximo. Los animales capturados serían pues representativos del ecosistema próximo al asentamiento, aunque de momento desconozcamos las especies concretas debido a que la identificación de la fauna está en proceso de estudio. Los estudios palinológicos, también en proceso de análisis, podrían indicar, junto a la presencia de las especies identificadas, su relación con los distintos biotopos. La industria lítica documentada en Cueva Antón, en la que se aprecia un alto índice de raederas, como los únicos útiles típicos retocados, y la incidencia del retoque escamoso/escaleriforme (50%), nos aproxima a los conjuntos industriales observados en los grupos charentienses (Bordes, 1953 y 1970), y concretamente a los de la variante Quina. A esto hemos de añadir la ausencia de útiles denticulados, de bifaces y de cuchillos de dorso, así como la presencia de técnica de lascado simple y la ausencia de la técnica leva-

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Fig. 14. Cueva Antón. Industria lítica registrada en el subnivel IIIf.

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llois. Por otra parte, también hemos de considerar desde el punto de vista morfológico, la alta frecuencia del retoque Quina y el predominio de raederas laterales y transversales, frente a la escasa proporción de raederas dobles y a la ausencia de útiles convergentes como puntas y raederas. Las pautas económicas que se pueden extraer respecto al uso del recurso lítico reflejan la abundancia de cantos de caliza, procedentes posiblemente de las graveras del río, ya que proporcionaron la materia prima necesaria al menos para la mayor parte de la industria lítica, si concebimos como útiles potenciales las lascas sin retocar, que son mayoritarias, o algunas mínimamente retocadas, y su tipometría que no fue modificada mediante el retoque. Por el contrario, el sílex es posible que proceda de lugares más alejados al emplazamiento, ya que fue utilizado prácticamente en su totalidad para la confección exclusiva de las raederas que presentan una modificación importante del soporte, lo cual queda reflejado en la tipometría, con un valor medio de invasión del retoque elevado (4,88 mm.) y en la longitud media aproximada (Lmax. 5,7 cm. y Lmin. 2,8 cm.) y anchura media (Amax. 3,5 cm. y Amin. 2,7) de los soportes. En esta reducción de los útiles se puede apreciar un mayor uso económico de la materia prima, con un alto índice de raederas y la ausencia de otros productos como denticulados o muescas, aunque hemos de señalar, por el contrario, el alto índice de lascas sin retocar en caliza. Esta modificación de los soportes, podría interpretarse como consecuencia de una mayor estabilidad y permanencia en el asentamiento, aunque de momento, no podamos precisar por los datos del registro arqueológico, si Cueva Antón fue un asentamiento permanente, como hábitat de base, o bien un emplazamiento estacional dedicado a actividades específicas. De todas formas, pensamos que no se trata de un asentamiento ocasional. Finalmente, queremos valorar para la secuencia ocupacional de Cueva Antón, los datos aportados por el estudio geológico de Artemio Cuenca, que junto a la presencia de un conjunto industrial charentiense tipo Quina, nos situaría en un Musteriese Final, con una cronología relativa que podría situar el momento final de ocupación entre el 40.000-38.000 AP, coincidiendo con el cambio climático que lleva al interestadial previo al último pleniglacial. Los resultados obtenidos durante esta primera campaña de excavaciones únicamente constituyen una aproximación al estudio de la comunidad musteriense que habitó Cueva Antón. Estos datos de carácter preliminar, se verán completados con los estudios de sedimentología, palinología y

fauna, al tiempo que próximos trabajos de investigación podrán caracterizar a Cueva Antón como un yacimiento relevante para el conocimiento de los momentos finales del Paleolítico Medio en Murcia. BIBLIOGRAFÍA BORDES, F. (1953): «Essai de clasification des industries «moustériennes», en Bulletin de la Sociéte Préhistorique Française, 50. BORDES, F. (1961): Typologie du Paléolithique Ancien et Moyen. Institut de Préhistoire de L`Université de Bordeaux. Delmas. Burdeos. BORDES, F. y SONNEVILLE-BORDES, D. de (1970):»The sifnificace of Variability in Paleolithic Assemblages», en Word Archaeology, 2. CUENCA PAYA, A. y WALKER, M.J. (1986a): «Palaeoclimatological oscillations in continental Upper Pleistocene and Holocene formations in Alicante and Murcia». Quaternary Climate in Western Mediterranean. Universidad Complutense. Madrid. CUENCA PAYA, A. y WALKER, M.J. (1986b): «Palaeoclimatic, palaeoenvironmen-tal and anthropic interactions in SE Spanish Holocene prehistory. Part 1: Climatic and environmental evolution». En López Bermúdez y Thornes J.B. (Eds.) Estudios sobre geomorfología del Sur de España, Universidad de Murcia. GIBERT, J. y WALKER, M. (1994): «Cabezo Gordo (Torre Pacheco)», en Resumen de las V Jornadas de Arqueología Regional, Programa. Dirección General de Cultura, Imprenta Regional, Murcia. GONZÁLEZ CASTAÑO, J. y LLAMAS RUIZ, P. (1991): El agua en la ciudad de Mula, siglos XVI-XX. Mula. LÓPEZ CAMPUZANO, M. (1994): «El hábitat musteriense de Yecla (Murcia): estrategia del asentamiento al aire libre e intervariabilidad de la industria lítica», Verdolay Nº 6. Murcia. MARTÍNEZ, M.; MONTES, R. y SAN NICOLÁS, M. (1989): «Avance al estudio del yacimiento musteriense en la Cueva Negra de la Encarnación (Caravaca, Murcia)», XIX Congreso Nacional del Arqueología, Castellón, Vol. I, Zaragoza. MONTES BERNÁRDEZ, R. (1987a): «Resumen de la cuarta campaña de excavaciones realizada en 1984 en Cueva Perneras (Lorca)». Excavaciones y Prospecciones Arqueológicas. Servicio Regional de Patrimonio Histórico. Murcia. MONTES BERNÁRDEZ, R. (1987b): «Informe preliminar de las excavaciones realizadas en la Cueva de los Aviones (Cartagena)». Excavaciones y Prospecciones Arqueológicas. Servicio Regional de Patrimonio Histórico. Murcia. MONTES BERNÁRDEZ, R. (1989): «La grotte de Los Aviones, Cartagena (Espagne)». Bull. Societé Préhistorique Française, Tome 86,2, Paris. MONTES BERNÁRDEZ, R. (1991a): «Excavaciones arqueológicas en el yacimiento Paleolítico de Cueva Perneras. Memoria de las campañas IV y V». Memorias de Arqueología 2. Excavaciones y Prospecciones en la Región de Murcia. Servicio Regional de Patrimonio Histórico de Murcia. MONTES BERNÁRDEZ, R. (1991b): «La Cueva de los Aviones. Un yacimiento del Paleolítico medio. Cartagena». Memorias de Arqueología 2. Excavaciones y Prospecciones en la Región de Murcia. Servicio Regional de Patrimonio Histórico de Murcia. MONTES BERNÁRDEZ, R. (1992): «Consideraciones generales sobre el Musteriense en el Sur y Sureste español (Murcia, Albacete y Andalucía)». Verdolay Nº 4, Murcia. SÁNCHEZ SÁNCHEZ, J. (1980): La diversidad del espacio regional. La Cuenca de Mula. Historia de la Región Murciana, Vol. I, Ediciones Mediterráneo, Murcia.

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EL CONJUNTO DE ARTE RUPESTRE DEL ABRIGO DE LA FUENTE, CAÑADA DE LA CRUZ (MORATALLA, MURCIA)

Miguel Ángel Mateo Saura

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1996

EL CONJUNTO DE ARTE RUPESTRE DEL ABRIGO DE LA FUENTE, CAÑADA DE LA CRUZ (MORATALLA, MURCIA)

MIGUEL ÁNGEL MATEO SAURA

Palabras clave: Arte Rupestre, Arte Esquemático, Abrigo de la Fuente, Moratalla, Animismo.

Key words: Rock-Art, Schematic-Style, The ‘Fuente’ Shelther, Moratalla, Animism.

Resumen: Este nuevo conjunto de Arte Prehistórico se localiza en el extenso sistema montañoso de la Sierra Seca, muy próximo al punto de mayor altitud de la misma, Revolcadores (2.027 m). En la cavidad, de reducidas dimensiones, se han representado dos figuras de estilo esquemático, en tinta plana, formadas por trazos verticales y aspecto serpenteante, que hemos interpretado como la plasmación gráfica de la acción natural de brotar agua del interior del covacho, en el que hasta hace poco tiempo existía una fuente, hoy seca. Esta valoración nos ha permitido otorgar al Arte Esquemático un carácter religioso-animista similar al que hallamos en otros pueblos en estadio cultural primitivo, próximo al que debieron tener los autores de ese esquematismo.

Summary: This new site of prehistoric cave painting is placed within the vast mountainous area called Sierra Seca near the peak of the mountain called, Revolcadores (2.027 m). In this reduced cave there are two shapes made of vertical strokes and wrin a twisting aspect that seem to symbolize the graphic representation of a fountain springing up in that inner cavity, where it was discovered that there was a water flow which today has run dry. This conclusion led us to award the Schematic Art a religions and animims nature, resembling the traits of the samples found in other primitive villages.

INTRODUCCIÓN

las proximidades de la población de Cañada de la Cruz, dentro del término municipal de Moratalla (Murcia). Sus coordenadas U.T.M. son 30 WH 641 115 (1). El acceso se realiza a través de la carretera comarcal C-415 hasta la mencionada población de Cañada de la Cruz para desde aquí tomar una pista de tierra que conduce a los depósitos de agua. A partir de este punto es preciso continuar siguiendo por la ladera de la montaña el curso de una rambla que llega hasta el pie del abrigo que contiene las pinturas. La Sierra de Moratalla, que adopta una alineación NESW, alcanzando la máxima altitud de toda la provincia (Revolcadores, 2.027 m), forma en sí misma una unidad homoclimática con entidad propia, con las temperaturas más frías, rondando los 18º C. como valor medio, y las mayores precipitaciones anuales, con más de 500 mm.

El descubrimiento de este nuevo conjunto de Arte Rupestre se inscribe dentro de los trabajos de prospección sistemática que venimos desarrollando en estos últimos años en la Comarca del Noroeste y cuyos resultados, altamente positivos, permiten ir definiendo a la zona, en estrecha relación con los conjuntos albaceteños de Nerpio-Letur, como una de las provincias artísticas más importantes dentro del ámbito general del arte rupestre prehistórico peninsular. SITUACIÓN Y CONTEXTO GEOGRÁFICO

El conjunto del Abrigo de la Fuente se localiza en el sistema montañoso de la Sierra de Moratalla o Sierra Seca, en

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Figura 1. Localización del Abrigo de la Fuente (T.M. de Moratalla).

Geológicamente, encontramos litosuelos calcáreos formados por calizas eocénicas y nummulíticas, con suelo pardo calizo y rendzinas en los sectores de mayor altitud, mientras que por debajo de los 1.300-1.400 m hay un predominio del suelo pardo calizo superficial. A pesar de su naturaleza pétrea coherente, fenómenos de meteorización provocan la formación de grietas y diaclasas por las que circula el aire y el agua, contribuyendo de esta forma a su desmoronamiento. Una consecuencia de ello es también la formación de pequeños covachos cuya morfología es en esta zona muy irregular. La vegetación espontánea dominante es la integrada por el robledal de quejigo (Alianza Quercion valentinae), el pino laricio (Pinus laricio) y la sabina albar (Juniperus thurifera), desarrollandose una vegetación de matorral de alta

montaña mediterránea (Alianza Xero-Acanthion) en las cotas más elevadas, por encima de los 1.800 m.s.n.m. DESCRIPCIÓN DE LAS PINTURAS

La cavidad en la que se ubican las pinturas, elevada 1.600 m.s.n.m., presenta una orientación Sur y unas reducidas dimensiones de apenas 1,45 m de profundidad máxima, una anchura de boca de 2,03 m y una altura de 1,35 m. Asimismo, como rasgo a tener en cuenta hay que destacar que en el fondo del covacho se abre un pequeño orificio por el que hasta hace poco tiempo manaba un hilo continuo de agua del que aún quedan señales evidentes en la roca. Las pictografías se localizan en la parte derecha del abrigo, muy próximas a la boca del mismo y a 0,70 m de altura respecto al suelo.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Figura 2. Vista general del Abrigo de la Fuente (izquierda).

La descripción de motivos, de derecha a izquierda, es la siguiente: Figura 1. Es una representación formada por diez trazos verticales de aspecto ligeramente serpenteante cuyo grosor oscila entre los 0,2-0,4 cm, los cuales están a su vez unidos en la parte superior a un único trazo horizontal. La longitud de las líneas verticales varía entre los 5 y 7 cm, a excepción de las dos centrales que alcanzan un desarrollo considerable, llegando a medir en la parte mejor conservada hasta 14 cm. El color de esta figura es un rojo de tonalidad clara, Pantone 187 U(2). Su estado de conservación, en general, es bueno, si bien se aprecia la pérdida de pigmento en varios puntos concretos de su trazado. Figura 2. Esta representación se ha visto seriamente afectada por un gran desconchado de la roca que ha ocasionado la desaparición de la pintura en la parte superior de la figura. A pesar de ello, los restos conservados permiten interpretarla como un motivo similar al anteriormente descrito, aunque con un número menor de trazos, pero de mayores proporciones que en aquel.

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Lo forman siete líneas verticales, de aspecto también serpenteante, con un grosor que oscila entre los 0,8 y 1,7 cm y una longitud que alcanza los 27 cm en alguno de los trazos conservados. En cambio, la línea horizontal que vemos en la figura 1 se ha perdido en ésta al desprenderse parte del soporte pétreo. Presenta una coloración roja, en una tonalidad oscura, Pantone 209 U. Su estado de conservación es muy deficiente ya que, al descamado ya referido de la pared, se une el hecho de que el pigmento aparece tan difuminado en algunos puntos que el contraste con la roca es escaso, llegando a percibirse de forma muy débil. La técnica empleada en ambas figuras ha sido la tinta plana en la que la pintura es aplicada directamente a la pared rocosa utilizando para ello algún tipo rudimentario de pincel o incluso lo propios dedos de la mano, conformando de esta manera trazos de grosor variable. Se aprecia, sobre todo en la figura 2, el empleo de un pigmento espeso y compacto, que suponemos debió ser

EL CONJUNTO DE ARTE RUPESTRE DEL ABRIGO DE LA FUENTE, CAÑADA DE LA CRUZ (MORATALLA, MURCIA)

COMENTARIO

Figura 3. Abrigo de la Fuente: planta y sección.

común a las dos figuras, achacando en este caso a la acción de los agentes climáticos la degradación de las pinturas, tanto en lo referente al color como a la conservación del pigmento. Hemos de tener presente su localización en la boca misma del abrigo, sometidas por tanto a la acción de la lluvia y el sol. Este último incide directamente en las pinturas durante la mayor parte del día. El tamaño de las figuras, 14 y 27 cm respectivamente, las sitúa dentro de la tónica general que encontramos en las representaciones del Arte Esquemático, que oscilan entre 1 y, excepcionalmente, 100 cm (ACOSTA, 1968).

Intentar adentrarnos en la significación de los diferentes motivos que conforman el repertorio del denominado Arte Esquemático es sin duda una labor compleja puesto que hasta las más sencillas esquematizaciones humanas se ven cargadas de un acusado simbolismo. Para estas pinturas del Abrigo de la Fuente contamos, empero, con dos rasgos que consideramos suficientemente esclarecedores acerca del significado de las figuras representadas. Son, de una parte, la propia tipología de los motivos pintados, y de otra la existencia de una fuente de agua en el mismo covacho, estando ambos hechos íntimamente relacionados. Tomando como punto de partida estas premisas no dudamos en interpretar estas figuras como la plasmación gráfica de la acción natural de brotar agua del interior de la cueva formando una cascada o curso de agua, el cual estaría representado por las líneas serpenteantes, pudiendo incluso haberse aprovechado la presencia de dos pequeños huecos en la pared rocosa para situar bajo los mismos las figuras, de tal forma que éstos emulasen la oquedad de la propia fuente del fondo del abrigo. Esta valoración lleva implícito un carácter religioso para los motivos pintados que serían de esta manera el reflejo de un misticismo en cuya base encontraríamos un culto a los elementos de la naturaleza, o cuanto menos un revestimiento simbólico de los mismos, hecho que parece evidente en estas pinturas del Abrigo de la Fuente. Esta relación que se puede establecer entre pinturafenómenos naturales, más acentuada para determinados motivos como los soliformes, puntiformes y estos meandriformes, y el que algunos de ellos aparezcan formando parte de la decoración en cerámicas impresas neolíticas, algunas cardiales, de distintos yacimientos andaluces (CARRASCO et al., 1982) y valencianos (MARTÍ y HERNÁNDEZ, 1988), nos ha llevado a proponer que la causa que da origen a este Arte Esquemático no se encuentra en la metalurgia, como tradicionalmente se ha venido proponiendo (BELTRÁN, 1983; 1989; RIPOLL, 1983), la cual traería consigo profundos cambios sociales y de pensamiento, sino que ese origen se encuentra en un hecho mucho más determinante en la vida de sus autores como es el paso de un modo de vida predador a otro productor (MATEO, 1991). La dependencia que se establece ahora con esos fenómenos y elementos de la naturaleza, tales como la lluvia, el

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Figura 4. Dibujo del panel pintado (Calco de M.A. Mateo Saura).

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Figura 5. Abrigo de la Fuente. Motivos 1 y 2.

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sol, el agua o la misma tierra, provoca la aparición de una nueva religiosidad, que halla un medio de plasmación idóneo en la pintura rupestre, al ser éste un vehículo de transmisión ya conocido desde atrás, aunque lo fuera en un estilo distinto y con una orientación de diferente matiz, como es la pintura naturalista levantina, la cual hoy por hoy y a tenor de los datos con que contamos (MATEO, 1992; 1994), hemos de relacionar exclusivamente con grupos humanos de economía predadora. Este tipo de religiosidad, de cierto carácter animista, la hallamos en la mayor parte de los pueblos primitivos ya conformada como tal desde sus comienzos como sociedades agrícolas y ganaderas. De otra parte, cada pueblo exteriorizará su religiosidad bajo formas diversas, y desde este prisma, la pintura rupestre esquemática bien pudo servir a este fin. A pesar de que por la significación que le hemos otorgado a estos motivos esquemáticos cabría esperar una mayor profusión de los mismos en los distintos conjuntos de este estilo, lo cierto es que su presencia es más bien escasa. En modo alguno podemos aceptarlos como ramiformes, con los que mantiene notables diferencias formales, sobre todo la ausencia de un eje central organizador del que parten los trazos laterales que definen a aquéllos. Paralelos más o menos próximos podríamos hallarlos en determinados motivos definidos como petroglifoides de conjuntos como Majadilla del Puerto Alonzo (Badajoz) o el Covacho del Morro (Soria), y con algún zig-zag del conjunto gaditano del Barranco del Arca (ACOSTA, 1968). Refiriéndonos a los conjuntos más cercanos a este Abrigo de la Fuente podemos establecer cierto paralelismo con una figura del conjunto albaceteño de la Solana de las Covachas (Nerpio) formada al menos por dieciséis trazos serpenteantes que cuelgan a «modo de cascada» (ALONSO y VIÑAS, 1977) y con una figura del Abrigo IIIº, 3, de la Cañaica del Calar (Moratalla), en donde hay un motivo formado por cinco trazos lineales, que fue descrita por A. Beltrán (1972) como «un signo semejante a una araña o algo parecido», pero que en realidad muestra una morfología muy similar a la de las figuras del Abrigo de la Fuente. En cualquier caso, este nuevo descubrimiento del Abrigo de la Fuente mantiene abierto un campo de estudio en una zona en la que tan sólo conocíamos muy puntualmente la existencia de arte rupestre prehistórico. Las únicas referencias que teníamos en este área eran las proporciona-

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das por el conjunto del Abrigo de Fuente Serrano (Moratalla), de estilo también esquemático, en el que solamente documentamos motivos en forma de barra.

NOTAS (1) Tomado del Mapa Militar de España, editado por el Servicio Geográfico del Ejército. Hoja de Nerpio, 23-36. Escala 1:50.000 (2) La tabla de colores utilizada ha sido la Pantone Color Formula Guide. 18 th Edition, 1986-87. La coloración fue tomada con la roca ligeramente humedecida y bajo condiciones de luz natural. BIBLIOGRAFÍA ACOSTA, P. (1968): «La pintura rupestre esquemática hispana», Memorias del Seminario de Prehistoria y Arqueología, 1, Salamanca. ALONSO TEJADA, A. y VIÑAS VALLVERDÚ, R. (1977): «Los abrigos con pinturas rupestres de Nerpio-Albacete», Información Arqueológica, 25, Barcelona, págs. 195-206. BELTRÁN MARTÍNEZ, A. (1972): «Los abrigos pintados de la Cañaica del Calar y de la Fuente del Sabuco, El Sabinar (Murcia)», Monografías Arqueológicas, IX, Zaragoza. BELTRÁN MARTÍNEZ, A. (1983): «El arte esquemático en la Península Ibérica: orígenes e interrelaciones. Bases para un debate», Zéphyrus, XXXVI, Salamanca, págs. 37-43. BELTRÁN MARTÍNEZ, A. (1989): Ensayo sobre el origen y la significación del arte prehistórico, Zaragoza. CARRASCO, E.; PACHÓN, J.A. y CASTAÑEDA, P. (1982): «Las pinturas rupestres del Cerro del Piorno (Pinos Puente, Granada). Consideraciones sobre el arte rupestre esquemático de las sierras subbéticas andaluzas», Cuadernos de Prehistoria de la Universidad de Granada, 7, Granada, págs. 113-169. MARTÍ OLIVER, B. y HERNÁNDEZ PÉREZ, M.S. (1988): El Neolitic valenciá: art rupestre i cultura material, Valencia. MATEO SAURA, M.A. (1991): «Las pinturas rupestres esquemáticas del Abrigo de la Fuente, Cañada de la Cruz (Moratalla, Murcia)», Caesaraugusta, 68, Zaragoza, págs. 229-239. MATEO SAURA, M.A. (1992): «Reflexiones sobre la representación de actividades de producción en el arte rupestre levantino», Verdolay. Revista del Museo de Murcia, 4, Murcia, págs. 15-20. MATEO SAURA, M.A. (1994): «Formas de vida económica en el arte rupestre naturalista de Murcia», Verdolay. Revista del Museo de Murcia, 6, Murcia, págs. 25-37. RIPOLL PERELLÓ, E. (1983): «Cronología y periodización del esquematismo prehistórico en la Península Ibérica», Zéphyrus, XXXVI, Salamanca, págs. 27-35.

ESTUDIO PRELIMINAR DE LOS RESTOS ÓSEOS DE FAUNA DE LOS ABRIGOS DEL POZO (CALASPARRA, MURCIA)

Miguel Ángel Mateo Saura

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1996

ESTUDIO PRELIMINAR DE LOS RESTOS ÓSEOS DE FAUNA DE LOS ABRIGOS DEL POZO (CALASPARRA, MURCIA)

MIGUEL ÁNGEL MATEO SAURA

Resumen: Estudio de los restos óseos de fauna recuperados en los trabajos de excavación de los Abrigos del Pozo.

INTRODUCCIÓN

Aun a pesar de lo poco representativo que puede resultar el análisis de los restos óseos de fauna recuperados en los trabajos de excavación realizados en los Abrigos del Pozo, concretados en un sondeo estratigráfico, la escasez de cuadros de fauna publicados sobre yacimientos murcianos justifica el estudio de la muestra obtenida en esos trabajos de campo, sobre todo si consideramos que en este yacimiento entran en juego otros factores añadidos, entre los que destaca la existencia de arte rupestre prehistórico, de estilo esquemático, vinculado, sin duda, a una de las etapas documentadas de ocupación de la cueva. Para la determinación de los restos analizados, junto a la consulta de la bibliografía especializada, hemos utilizado también como apoyo la colección comparativa existente en el Departamento de Anatomía y Embriología de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Murcia. El reducido volumen de la muestra analizada obliga en cierto modo a que este estudio preliminar se limite a una mera identificación de especies en virtud a las piezas recuperadas durante los trabajos de excavación, no pudiendo efectuar medición alguna y haciendo inútil cualquier cálculo de biomasa. Con un valor testimonial hemos especifi-

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cado el Número Mínimo de Individuos de cada especie identificada, en función del número de restos hallados. Las abreviaturas utilizadas en las tablas-resumen son las siguientes: P.R.: pequeño rumiante U.: ungulado S.: suidos C.: conejo Ind.: indeterminados ESTUDIO POR ESPECIES SECTOR SURESTE

- NIVELES SUPERFICIAL y 1 (Tardorromano y Altomedieval). Pequeño Rumiante: 1 fragmento de cráneo, 1 fragmento de costilla y 6 fragmentos de diáfisis de radio.

SUPERFICIAL - I NR P.R.

8

%

NMI

100

3

ESTUDIO PRELIMINAR DE LOS RESTOS ÓSEOS DE FAUNA DE LOS ABRIGOS DEL POZO (CALASPARRA, MURCIA)

CUADRO 1 CUADRO 2

CUADRO 3

- NIVELES III-IV (Edad del Bronce-Neolítico) Pequeño Rumiante: 4 fragmentos de costilla, 1 fragmento de diáfisis de húmero 5 fragmentos de radio, 1 fragmento de metacarpiano, 1 fragmento de diáfisis de hueso largo y 10 fragmentos indeterminables. Suido (Sus scropha): 1 canino Conejo (Oryctolagus cuniculus): 1 metacarpiano

- NIVEL VIa (Neolítico) Conejo (Oryctolagus cuniculus): 1 fragmento de diáfisis de tibia Indeterminables: 1 - NIVEL VIc (Neolítico) Ungulado: 1 fragmento de diáfisis de hueso largo Pequeño Rumiante: 1 fragmento de costilla y 1 fragmento de diáfisis de hueso largo. Conejo (Oryctolagus cuniculus): 1 fragmento de maxilar y 1 fragmento de diáfisis de hueso largo. Indeterminables: 8

- NIVEL VIII ( Paleolítico) Conejo (Oryctolagus cuniculus): 1 vértebra torácica, 1 fragmento de coxal izquierdo, 1 metacarpiano y 1 fragmento de diáfisis de hueso largo.

- NIVEL VIIc (Paleolítico) Conejo (Oryctolagus cuniculus): 1 fragmento de cráneo

- NIVEL IX (Paleolítico) Conejo (Oryctolagus cuniculus): 1 incisivo - NIVEL: - 2 m Conejo (Oryctolagus cuniculus): 1 vértebra cervical

CUADRO 2

%

III-IV NR

%

VIII

22 1

91.6 4.1

NMI

NR

IX NMI

%

NR

%

-2m NMI

N

R

NMI P.R. S.

1 1

CUADRO 3

VIa NR P.R. U C Ind

%

NMI

VIc NR

1 1 1

50 50

1 8

% 2 7.6 2 61.5

VIIc NR

NMI 15.3 15.3

%

NMI

1 1 1

100

1

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

CUADRO 4

BIBLIOGRAFÍA

- NIVEL III (Edad del Bronce) Conejo (Oryctolagus cuniculus): 1 fragmento proximal de cúbito y 2 fragmentos indeterminables.

BARONE, R. (1976): Anatomie comparée des mammifères domestiques, T. I: «Ostéologie», Ed. Vigot-Frères, París. BOESSNECK, J. (1980): «Diferencias osteológicas entre la cabra (Capra hircus) y la oveja (Ovis aries)». En D. BROTHWEL-E. HIGGS (Ed.), Ciencia en Arqueología, Madrid, págs. 338-366. LAVOCAT, R. (1966): Atlas de Préhistoire, Vol. III: «Faunes et Flores préhistoriques de l’Europe Occidental», Ed. N. Boubée, París. NICKEL, R.-SCHUMMER, A.-SEIFERLE, E.- WILKENS, H.-WILE, K.H. y FREWEIN, J. (1986): The anatomie of the domestic animals, Vol. I: «The locomotor system of the domestic mammals», Verlay Paul-Parey, Berlín. PALES, L.-LAMBERT, CH. (1976): Atlas osteólogique des mammifères, Centre National de Recherches Scientifiques, París. WEITCHERT, Ch. K. (1979): Elementos de anatomía de los cordados, Ed. Macgraw-Hill, México.

- NIVEL IV (Neolítico) Ungulado: 1 fragmento de diáfisis de metacarpiano (Bos taurus?) Pequeño Rumiante: 1 fragmento de costilla. Suido (Sus scropha): 1 canino Conejo (Oryctolagus cuniculus): 1 fragmento proximal de tibia y 3 fragmentos de diáfisis de tibia. - NIVEL VIb (Neolítico) Pequeño Rumiante (Cervus elaphus?): 1 atlas - NIVEL VId (Neolítico) Pequeño Rumiante: 1 incisivo y 3 fragmentos de costilla. Conejo (Oryctolagus cuniculus): 1 cúbito derecho, 1 fragmento proximal de metacarpiano, 1 fragmento proximal de tibia y 1 fragmento de diáfisis de hueso largo.

CUADRO 4

III NR

IV %

NMI

NR

%

VIb NMI

VId NR

%

1

100

NMI

NR

%

NMI P.R. 50

25

1

1

12.5

1

1 U

60

2

1

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EXCAVACIONES ARQUEOLÓGICAS EN EL POBLADO Y NECRÓPOLIS DE BAGIL (MORATALLA) INFORME DE LA CAMPAÑA DE 1991

Jorge Juan Eiroa García

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1991

EXCAVACIONES ARQUEOLÓGICAS EN EL POBLADO Y NECRÓPOLIS DE BAGIL (MORATALLA) INFORME DE LA CAMPAÑA DE 1991

JORGE JUAN EIROA GARCÍA

Resumen: La II campaña de excavaciones en el poblado y necrópolis de Bagil (Moratalla) ha cumplido los objetivos propuestos. Al respecto, se ha completado la secuencia estratigráfica de los cuadros guía con tres paquetes bien definidos: superficial, niveles antiguo y pleno,

y horizonte calcolítico. Igualmente se ha descubierto un nuevo sepulcro megalítico. Los trabajos han concluido con la consolidación de las estructuras excavadas que así lo han requerido.

Tras desarrollarse la Primera campaña de excavaciones arqueológicas en el poblado y necrópolis de Bagil (Moratalla, Murcia), durante los días 13 de septiembre al 6 de octubre de 1990, y a la vista de sus resultados científicos, se programó la continuación de los trabajos arqueológicos de campo, en una segunda campaña programada para 1991. Dicha campaña se desarrolló, cumpliendo el plan previsto, entre los días 13 de septiembre y 6 de octubre de 1991. El equipo de trabajo estuvo formado por 16 personas : 7 licenciados en Arqueología y estudiantes de la Especialidad, 2 obreros y el director. El alojamiento del equipo fue una casa particular en el pueblo de El Sabinar, a 8 km. del yacimiento. Los desplazamientos hasta el lugar de la excavación se hicieron con 4 vehículos propios. El denominado Cerro de las Víboras de Bagil se encuentra situado en las coordenadas UTM 305WH812329, Hoja MTM 24-25 (889) en un entorno geológico de calizas masivas del Terciario. Según el MTN, Hoja 889 (24-35) Moratalla, su situación la centran las coordenadas 2° 4’ 16’’ LN y 38° 14’ 26’’ LEM. Aunque en la cartografía figura una altitud de 1.320 m. sobre el nivel del mar, nuestra evidencia de altímetro ofrece una cota de 1.352 m.

El poblado se encuentra situado en un lugar muy estratégico, controlando una cañada de tránsito, utilizada históricamente incluso hasta nuestros días, para enlazar el valle del Campo de San Juan y los territorios albaceteños. Los antecedentes arqueológicos son escasos. Además de la primera campaña oficial de 1990, se había realizado allí la excavación del denominado Dolmen de Bagil (San Nicolás y Martínez Andreu, 1980) en campaña oficial de urgencia, aunque se conocen otras intervenciones no autorizadas que, en todo caso, sólo han afectado a zonas superficiales y a dos posibles enterramientos de la ladera Norte del poblado. El lugar de poblamiento ocupa una amplia terraza llana que sobresale unos 70 m. sobre la cañada, con sus laderas bien protegidas por escarpes naturales, excepto en la ladera S, en la que las defensas se ven reforzadas por obras. Otras obras defensivas se aprecian en la ladera N. Para el control del trabajo de campo se ha seguido utilizando el sistema de coordenadas cartesianas iniciado en la campaña anterior, con asignaciones tridimensionales a los hallazgos, y los trabajos de siglado, inventario y dibujo de piezas se hicieron a lo largo de la excavación, así como el de planimetría de cuadros y estructuras.

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EXCAVACIONES ARQUEOLÓGICAS EN EL POBLADO Y NECRÓPOLIS DE BAGIL (MORATALLA)

Fig. 1. Zonas excavadas después de la campaña de 1991.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Fig. 2. Tumba número 2, cuadros 12-13.

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EXCAVACIONES ARQUEOLÓGICAS EN EL POBLADO Y NECRÓPOLIS DE BAGIL (MORATALLA)

Para el inventario de piezas se ha utilizado un sistema de fichas informatizadas, aplicando los programas DBASE III +, OPEN ACCES S.P.I. y HARVARD GRAPHICS para las representaciones gráficas. Todo el proceso de excavación ha sido grabado en Compact Video Cassette EC30 Super HG VHS, con Videocámara Telefunken VM 4400 y fotografiado con películas BN, Color y Diapo. Todos los objetivos programados en el plan de trabajo presentado con la solicitud del permiso correspondiente a la primera campaña se habían cumplido, a saber: 1.- «Identificación de una secuencia estratigráfica en relación con la evolución cultural del poblamiento.» Dicha secuencia había sido identificada en dos zonas del cerro y era más que probable que se tratase de una estratigrafía generalizada en el resto de la zona ocupada, aunque entonces aún no se había llegado al final de la misma. 2.- «Identificación de las áreas habitadas del cabezo, así como de sus habitaciones, en relación con la secuencia estratigráfica». Dichas zonas habían sido identificadas en las dos áreas excavadas, con una clara diferenciación de fases de ocupación que aún no es posible dar por concluida. 3.- «Definición de los sistemas defensivos.» Se habían identificado en 1990 dos tramos de muralla en el sector SW, con un posible torreón formando parte de uno de ellos. 4.- «Prospección de los entornos del poblado con el fin de identificar otros posibles sepulcros megalíticos.» Dicha prospección, realizada simultáneamente a lo largo de los trabajos de excavación, dio como resultado la localización de cuatro nuevos sepulcros megalíticos seguros y uno más probable. 5.- «Elaboración de la planimetría preliminar del área de poblamiento.» Dicha planimetría fue elaborada y sirve en la actualidad de guía para el resto de los trabajos de campo en la zona. 6.- «Elaboración de la planimetría de las zonas excavadas, en el contexto de la planimetría general.» Dicha planimetría fue elaborada, incluso en zonas cuya excavación aún no se había iniciado, como los nuevos sepulcros megalíticos identificados durante la campaña, cuyas plantas fueron dibujadas. La importancia de los hallazgos arqueológicos, sin embargo, desbordó el plan inicial, ya que la zona excavada ofreció una serie de estructuras, de interpretación compleja, al menos mientras no se tuvieran más referencias en áreas inmediatas excavadas. Así, pues, a la inicial búsqueda de una secuencia estratigráfica en profundidad debía suceder en campañas sucesivas la identificación de estructuras en exten-

Poblado de Bagil Fragmentos de cerámica 1990 y 1991

Miles

Fig. 3. Cer. significativa y no significativa.

sión, aunque sin abandonar el objetivo inicial de confirmar la estratigrafía «guía» en varios cuadros de la zona excavada. Aún no conocemos los resultados de los estudios de las muestras obtenidas en 1990 para análisis sedimentológico (Geología, Universidad de Murcia), Carbono-14 (Laboratorio Teledyne Isotopes, New Jersey, USA), Fauna (Anatomía física, Veterinaria, Univ. de Murcia) y Antropología física (C.S.I.C., Madrid). Por todo ello, con miras a una definición más precisa de las fases de ocupación ( bien representadas, por otra parte, por los materiales arqueológicos hallados en la campaña anterior) los trabajos de campo de 1991 fueron programados según los siguientes objetivos : 1.- Completar la secuencia estratigráfica en los cuadros guía, ya que en la primera campaña de 1990, a X-144, aún no se había llegado al final de la secuencia. En la presente campaña se siguió rebajando en el cuadro guía (ver planimetría general) hasta x-270, sin llegar aún al final de la secuencia, ya que los niveles arqueológicos (continuación del paquete B) se suceden sin interrupciones aparentes, aportando materiales arqueológicos abundantes, dentro del horizonte calcolítico, que parece, por el momento, el punto de partida del asentamiento. Sin embargo, las estructuras no aparecen tan claramente definidas como en los niveles superiores, ya que el grado de destrucción que se aprecia es considerable y resulta

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Poblado de Bagil Industria Lítica 1990 y 1991

Fig. 4. Industria lítica tallada y pulimentada

complejo definirlas correctamente, en el reducido espacio de los cuadros guía. En el perfil Sur del cuadro, se definió la secuencia estratigráfica completa con más nitidez que la definida en 1990 en el perfil Norte, donde la inclinación del terreno limitaba la potencia de los niveles. Esta nueva secuencia ofrece, hasta el momento, tres paquetes bien definidos, tanto por los materiales arqueológicos como por las diferencias sedimentológicas, a saber: Paquete r.- Superficial, formado por un único nivel de tierra revuelta y suelta, en el que aparecen abundantes materiales arqueológicos, procedentes en su mayor parte de los niveles correspondientes al paquete A que consideramos del Bronce antiguo y pleno. Paquete A.- Con dos momentos claros, correspondientes a una fase que estimamos del Bronce antiguo y pleno, relacionado con el gran muro definido en los cuadros 6 y 7, sobre todo, y con los enterramientos adosados a dicho muro, de cista en el cuadro 6 y de tinaja en el cuadro 12/13. Contienen abundantes materiales arqueológicos, entre los que destacan los abundantes restos de cerámica y los correspondientes al horizonte campaniforme : brazales de arquero, puntas del tipo Palmela, colgantes óseos y pétreos, botones de marfil con perforación en V, punzones de cobre de sección cuadrada y dos fragmentos del propio vaso campaniforme, del estilo inciso.

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Este paquete está directamente relacionado con las nuevas estructuras descubiertas en los cuadros 17/23 y con las zonas de almacenamiento allí definidas, en las que se han encontrado restos de vasijas de almacenamiento que contenían diversos tipos de semillas carbonizadas, destacando una de ellas con una cantidad considerable de cereal carbonizado. Parece que el edificio fuera destruido por un importante incendio, en un momento impreciso del Bronce pleno. Paquete B.- Con tres niveles definidos hasta el momento, que estimamos ya del horizonte calcolítico, posiblemente relacionado con el grupo de monumentos megalíticos que se sitúan en entorno, ofreciendo materiales arqueológicos abundantes, entre los que destacan las cerámicas, algunas con decoración a la almagra o incisa, elementos líticos pulimentados y tallados y abundantes instrumentos óseos. Aunque aún no se ha llegado al final de la secuencia, estimamos que este Paquete B debe ser el horizonte de base del asentamiento, ya que parece poco probable, según los datos que hoy manejamos, la existencia de una fase anterior. 2.- Excavación en extensión en las áreas limítrofes a las estructuras descubiertas en la campaña de 1990. La áreas seleccionadas fueron los cuadros 17/23, situados al Norte de la zona excavada en la campaña anterior, y los cuadros 12/13, situados al Oeste. Su excavación se desarrolló en extensión, con el fin de ir definiendo el horizonte que estimamos asociado a la fase del Bronce antiguo y pleno, de influencia argárica y meseteña. En los cuadros 17/23 se definió una zona de habitaciones en las que había un lugar de almacenamiento de alimentos. Dado el fuerte nivel de incendio, los granos almacenados aparecieron en el interior de las vasijas, completamente carbonizados y, por eso, en excelente estado de conservación: trigo, cebada, bellotas y una variedad de garbanzos silvestres, que se encuentran hoy en proceso de análisis por un especialista. Se trata, sin duda, de un documento excepcional para la interpretación de los sistemas de explotación agraria. En los cuadros 12/13, también se inició la excavación en extensión, definiéndose en el cuadro 13 un enterramiento infantil en pithos, sin ajuar asociado. La tinaja, con adornos de orejetas, es de forma atípica y no parece corresponder a los tipos más frecuentes en el mundo argárico, sino más bien a los que suelen aparecer en enterramientos semejantes en el ambiente meseteño de La Mancha, en el Bronce antiguo. La contemporaneidad de este pithos y de

EXCAVACIONES ARQUEOLÓGICAS EN EL POBLADO Y NECRÓPOLIS DE BAGIL (MORATALLA)

Poblado de Bagil Materiales arqueológicos 1990 y 1991

Fig. 5. I.O. Industria ósea; M. Marfiles; B. Brazales de arquero; Mo. Molinos; Me. Metal; I. idolos; Mol. Moldes de fundición.

la cista del cuadro 6 es segura, con lo que se confirma la dualidad de formas a la que ya algunos especialistas han hecho mención en otros yacimientos, sobre todo andaluces. 3.- Verificación de la repetición de la secuencia estratigráfica en otras zonas excavadas: Tanto en los nuevos cuadros excavados en el sector Norte como en los del sector Oeste parece confirmarse la generalización del paquete A asociado a una fase del Bronce antiguo y pleno. En el sector de la segunda terraza se ha ampliado la excavación del cuadro 1 hacia el Este, con el fin de completar el conocimiento de las viviendas detectadas en la campaña anterior. Estas viviendas parecen ser las últimas dependencias del poblado en el sector, antes de la zona defensiva que se aprecia en el extremo Sur (tramo de muralla y muro de contención), con un potente nivel de incendio correspondiente a la fase del paquete estratigráfico A, del Bronce antiguo y pleno, por la similitud de los materiales arqueológicos que aparecen en abundancia, algunos muy significativos, especialmente los del horizonte campaniforme, que ya se había definido en la campaña anterior y que en ésta se confirman de forma notable. La presencia de restos de escoria y posibles fragmentos de moldes de fundición en arcilla y piedra hacen pensar en la posible existencia de un taller de fundición en una de las viviendas excavadas en el sector, del que, sin embargo, no hemos encontrado evidencias estructurales claras.

Lám. II. Tramos de los muros de la vivienda C de la segunda terraza.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Lám. I. Tumba n.º 2, cuadros 12-13.

4.- El desarrollo de los trabajos en el poblado no ha permitido dividir el equipo para iniciar la excavación de los sepulcros megalíticos Bagil 3 y 4, que se posponen para la campaña de 1992. 5.- Materiales arqueológicos inventariados. De entre los materiales extraídos en la excavación deben destacarse: Cerámica no significativa.Cerámica significativa.Industria lítica tallada.Industria lítica pulimentada.Industria ósea.Objetos metálicos.Brazales de arquero.Cerámica campaniforme.Idolos.Marfiles.Restos de fauna.-

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10.549 frags. 1.387 frags. 893 32 76 6 6 3 frags. 7 5 4.230 frags.

6.- Recogida de muestras: se han recogido diversas muestras de carbones para datación absoluta por C-14, muestras de semillas para su identificación y estudio de calidad, así como muestras de: sedimentos, adobes, polen y moldes de fundición. 7.- Consolidación de las zonas excavadas que lo requieran: Tal y como se había hecho ya en la campaña de 1990, se ha proseguido la consolidación de los muros excavados en la presenta campaña. Así, se ha consolidado el tramo del muro excavado en el cuadro 8 (continuidad del muro del 7), los tramos de paredes de las viviendas del sector de la segunda terraza y las estructuras del cuadro 13, incluida la sepultura infantil. Los elementos consolidados en 1990 han resistido perfectamente las inclemencias del duro invierno de la zona, por lo que se continuará con el mismo criterio de consolidación. Igualmente, al finalizar la campaña, se protegieron las zonas excavadas, enterrando de nuevo las tumbas, con lo que se asegura su perfecta conservación, y cubriendo los cortes y muros con materiales vegetales y plásticos, tal y como se hizo en la campaña anterior, con resultados muy satisfactorios.

EL POBLADO DE ALTURA «EL CERRO DE LAS VIÑAS» DE COY. LORCA, MURCIA. CAMPAÑA DE EXCAVACIONES DE 1991

María Manuela Ayala Juan Sacramento Jiménez Lorente María Belén Sánchez González

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1997

EL POBLADO DE ALTURA «EL CERRO DE LAS VIÑAS» DE COY. LORCA, MURCIA. CAMPAÑA DE EXCAVACIONES DE 1991

MARÍA MANUELA AYALA JUAN, SACRAMENTO JIMÉNEZ LORENTE, MARÍA BELÉN SÁNCHEZ GONZÁLEZ Departamento de Arqueología, Prehistoria, H.ª Antigua e H.ª Medieval

Palabras claves: Neolítico, cobre, argar, bronce, antropología, fauna. Resumen: Presentamos los útiles cerámicos, líticos y otros útiles correspondientes a las facies neolítica, edad del cobre y bronce (cultura argárica) de este poblado de altura.

Abstract: In this paper we explain the ceramic, lithic and others utensils used by the people of Neolithic, Copper and Bronze Age in this settlement.

I. LOCALIZACIÓN GEOGRÁFICA

marcado carácter endorréico. En las laderas destacan como formas de modelado glacis y conos aluviales y, en la depresión, la litología predominantemente margosa produciendo encharcamientos tras un periodo lluvioso o por surgencias naturales, en Coy existe una fuente al Norte de la población, igualmente nos confirmaron la existencia de una fuente en la ladera del cerro, actualmente inexistente. Son muy frecuentes los manantiales ya localizados, pero que, en la actualidad, la sobreexplotación de acuíferos y los periodos de sequía que se vienen registrando han originado un descenso notable de los niveles piezométricos con la sequía total de algunos de estos manantiales, como el caso anteriormente descrito. Climáticamente destacan las condiciones actuales semiáridas con tendencia a la continentalidad en función de la altura media del sector y su carácter de altiplanicie (AYALA JUAN, 1991). Los suelos existentes son pobres en materia orgánica y de un color claro. Se trata de Litosoles, Cambisoles, Regosoles y Calcisoles, reflejando el marcado carácter de la roca madre a partir de la cual se han desarrollado, presentando acumulaciones de carbonato cálcico a diferentes profundidades (ALÍAS et al., 1984).

El yacimiento se localiza al Sur de la población de Coy, en el denominado Cerro de las Viñas (913 m.), relieve en Cuesta que domina una extensa zona neógena-cuaternaria, bastante llana, con ligeras ondulaciones delimitada por una serie de alineaciones de dirección Norte-Noreste entre las que destacan las sierras de Ceperos y de Lavia, al Este se localizan las sierras de Pedro Ponce, Cambrón y Madroño y al Sur-Suroeste los cerros de Don Gonzalo y La Paca, quedando abierto al Noroeste a otras depresiones mucho más amplias como la de Campo Coy. Este cerro presenta una vertiente meridional, abrupta y de fuerte pendiente de 35°, regularizada por un talud y una vertiente septentrional, más suave y de menor pendiente de 20° con una serie de plataformas estructurales. La litología está formada por series calizas y margocalizas en su base, que pasan a series dolomíticas muy diaclasadas en la parte superior donde se ubicó la población prehistórica. Entre las elevaciones mencionadas hay corredores intramontañosos y algunas zonas más llanas por donde discurren ramblas y barrancos, cultivados en su mayor parte, de

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EL POBLADO DE ALTURA «EL CERRO DE LAS VIÑAS» DE COY. LORCA. MURCIA. CAMPAÑA DE EXCAVACIONES DE 1991

Figura 1. Plano de la zona superior del yacimiento.

La vegetación potencial corresponde a un chaparral con espino negro (Rhamno-Quercetum cocciferae) y ejemplares aislados de carrasca (Quercus rotundifolia), relictos de los antiguos carrascales que probablemente poblaron la zona en periodos más húmedos. La acción antrópica ha reducido estos carrascales a un maquis de escasa altura, matorrales y/o espartales. En depresiones y hondonadas, donde actualmente se implanta una escasa huerta, encontramos viejos ejemplares de álamo blanco (Populus alba) y olmo (Ulmus minor), posibles restos de alamedas y olmedas, que evidencian la superficialidad de la capa freática y la existencia, al menos en el pasado, de manantiales. El sector adyacente al yacimiento ofrecía un paisaje diferente con grandes posibilidades desde el punto de vista de las comunicaciones, estrategia en la topografía y unas condiciones menos áridas que las actuales durante el periodo prehistórico. El contraste entre sierras, áreas pobladas por un denso bosque que permitiría condiciones de caza inmejorables y los llanos, de posibilidades agrícolas y, en parte, semiendorréicos, ofrecieron un gran atractivo para un modo de vida en el que se alternaban la caza, agricultura, ganadería y comercio, que requirieron un tipo de asentamiento fijo y bien definido.

II. ESTUDIO ARQUEOLÓGICO

A. Antecedentes

Desde 1979 excavamos sistemáticamente en este cerro hasta 1985. Debido a su emplazamiento geográfico podemos considerar que tenía una función estratégica y viaria. Comunica la zona nororiental de Granada con la zona Norte de la Región Murciana, Bullas, Caravaca, Cehegín, Lorca y Totana, a través de pasos naturales. Igualmente une ambas regiones con la vecina del País Valenciano. La inigualable situación geográfica de esta zona arqueológica explica su perduración cultural desde el Neolítico, en El Cerro de las Viñas, hasta el siglo XII-XIII de forma prácticamente ininterrumpida. Posteriormente las poblaciones medievales se trasladan al cerro próximo de La Encantada. A finales del siglo XVII se constata el poblamiento en el cerro adyacente, donde se documentan restos de poblamiento prehistórico correspondiente al Bronce Final, restos de urbanismo y materiales ergológicos tardorromanos con pervivencias hasta la actualidad. Actualmente se situó en el punto más alto del Cerro de las Viñas un vértice geodésico debido a las indudables condiciones de visibilidad de todo su entorno (AYALA JUAN, 1991).

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Además de sus condiciones naturales, añade las fortificaciones calcolíticas con bastiones semicirculares adosados al exterior de la muralla sitos en la terraza inferior; en la terraza superior se encuentra la muralla correspondiente al ulterior momento argárico con torreones rectangulares adosados a los ángulos, son poco frecuentes en la comarca de Lorca, al igual que en toda la Región de Murcia, donde el porcentaje de poblados fortificados es muy escaso e inferior al cinco por ciento (AYALA JUAN, 1982, 23). Un espacio de 2.125 m2 de la cima que queda encerrado por el lienzo murario construido en época argárica, donde se distribuyen las casas entre las cotas 930 - 910,3. El lienzo defensivo discurre por las vertientes septentrional, oriental y occidental, en los ángulos Noreste y Noroeste presenta bastiones rectangulares adosados al exterior. Un lienzo murario construido en la cota 910,3 de época calcolítica presenta una longitud de unos 125 m. por 2,5 m. de anchura y en ella se puede observar claramente el acceso al poblado por la ladera Noreste, similar al poblado argárico de Zapata estudiado por Siret. Esta muralla debió tener bastiones adosados de los que hasta ahora tan sólo queda uno claramente visible de planta semicircular. Durante las anteriores campañas se practicaron un total de cuarenta y un cortes en la cima, abarcando ampliamente toda la zona interior de la muralla incluyendo el bastión nororiental. En tres de ellos se excavó la zona exterior del lienzo murario (Figura 1). En la terraza inferior se centró el trabajo en cinco cortes que abarcaron el tramo noroccidental de la muralla, quedando incluido el bastión exterior. Documentamos en la mayoría de ellos, el primer estrato corresponde al nivel de abandono y derrumbe de los muros, donde se entremezclan los útiles neolíticos, calcolíticos, argáricos, romanos y medievales. B. Campaña de 1991

Practicamos seis nuevos cortes en la cima del cerro, en el interior de la muralla: los cortes AB, AC, FA, FB, GA, GB (Figura 1). La estratigrafía de estos cortes presenta un estrato superficial con tierra de color gris oscuro, vegetal, materialmente llena de raíces de matorral que puebla el cerro, fundamentalmente tras un invierno lluvioso. Este estrato se ha documentado en los seis cortes. En algunos de ellos, los restos de las estructuras murarias destruidas, afloran sobre este estrato. Se documentaron numerosos fragmentos pétreos, líticos y cerámicos de los periodos neolítico, de la edad del cobre,

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bronce y medievales, siendo más abundantes los menos significativos sobre todo paredes cerámicas. El estrato 1, practicado en todos los cortes, corresponde al nivel de abandono, destrucción y derrumbe de los muros. La tierra es de color gris-amarillo, de textura compacta, aflorando la estructura del alzado de los muros. Es un estrato con abundancia de restos cerámicos, líticos, pétreos, arcilla endurecida con improntas de varas procedentes del derrumbe del tejado, malacológicos, etc. donde se entremezclan los útiles neolíticos, eneolíticos, argáricos y medievales. En el corte AB, aflora la continuación de la estructura muraria que en el corte adyacente a su Oeste, el corte A, delimita cerrando la casa por el Norte. También se observa un muro paralelo que discurre de Este a Oeste del corte, permitiendo un espacio angosto que se asemeja a un pasadizo, que ya se documentó en el corte A de pasadas campañas. Al Norte y adosado a este muro, aparece una estructura pétrea maciza de forma semicircular. En el corte AC continúan ambas estructuras murarias, discurriendo de igual modo, de Este a Oeste. En los cortes FA y FB que presentaban gran cantidad de ripios dispersos por toda su superficie, desde el estrato superficial, aflora, dividiendo a ambos cortes el alzado superior de un muro que ya se documentó en el corte F situado al Oeste del corte FA, que de igual modo los divide claramente en dos zonas, Norte y Sur. Los cortes GA y GB presentan al Norte de ambos el afloramiento del lienzo de la muralla. Entre los restos cerámicos neolíticos hallados abundan paredes y bordes lisos aunque también, hemos localizado fragmentos con decoración acanalada, con pintura a la almagra y otras cubiertas totalmente con almagra en su interior y/o exterior. Fragmentos de cerámica lisa, incisa y correspondientes a la edad del cobre y vaso campaniforme. Bordes, carenas y cerámica pintada argárica. Numerosos fragmentos de cerámica con manganeso y a torno correspondiente al periodo medieval. En cuanto a los restos pétreos hemos documentado un fragmento de pulsera/brazalete de caliza que significativamente podemos paralelizar con poblados andaluces y valencianos del neolítico inicial, siendo así, este cerro es el primer poblado neolítico de altura de la región de Murcia (ARRIBAS Y MOLINA, 1975 y 1976), (ASQUERINO Y LÓPEZ, 1981), (BERNABEU, 1988), (MARTÍ OLIVER Y JUAN CABANILLES, 1987), (MARTÍNEZ, 1988), (MUÑOZ AMILIBIA, 1983), (NAVARRETE, 1976), (OLARIA, 1977, 1980, 1982, 1983), (PELLICER, 1961), (PELLICER Y ACOSTA, 1981).

EL POBLADO DE ALTURA «EL CERRO DE LAS VIÑAS» DE COY. LORCA. MURCIA. CAMPAÑA DE EXCAVACIONES DE 1991

BIBLIOGRAFÍA

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APÉNDICE I LA INDUSTRIA LÍTICA

Sacramento Jiménez Lorente María Manuela Ayala Juan

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1997

APÉNDICE I LA INDUSTRIA LÍTICA

SACRAMENTO JIMÉNEZ LORENTE, MARÍA MANUELA AYALA JUAN. Departamento de Arqueología, Prehistoria, H.ª Antigua e H.ª Medieval

I. INTRODUCCIÓN

Este yacimiento presenta una abundante industria lítica en cada periodo cultural. Se observa, que han sido algunas zonas del cerro las escogidas por los especialistas líticos para efectuar su labor cotidiana, tales zonas son los roquedales próximos a la zona Sur escarpada así como otras afloraciones que incluidas en los lugares de habitación fueron improvisados talleres líticos, donde hemos documentado restos de talla, esquirlas, etc. El yacimiento se encuentra rodeado de abundantes canteras de sílex tanto nodular como tabular y cuyos colores acogen toda la gama desde el blanco de la zona de Avilés hasta el negro de la zona de los Royos. Los materiales líticos en sílex hallados en esta campaña siguen la línea de campañas anteriores, de soporte mayoritariamente laminar fragmentado por flexión en uno o ambos extremos y huellas de uso generalmente en ambos filos. La presencia de lascas también es importante, con al menos un lado afilado y con señales de uso y en algunos casos talón facetado para supuesta acomodación. Las hojitas, más escasas, presentan huellas de uso y son abundantes las fracturas por flexión. La presencia del llamado «lustre de cereales» es escaso y durante esta campaña sólo lo hemos constatado en dos piezas (Figura 2: 14 y 24). Los restos de talla son muy abundantes frente a la prácticamente ausencia de restos de descortezado primario no

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sólo en esta campaña sino también en las anteriores, todo ello no indica que ese trabajo de limpieza del nódulo se haría en la propia cantera en los llamados talleres de sílex al aire libre. II. DESCRIPCIÓN DE LOS MATERIALES

A. Superficial general

1.- Cuchillo argárico sobre lámina con huellas y retoque de uso, presenta escotadura en extremo distal y filo derecho para posible enmangue. Sílex gris del tipo argárico con restos de córtex. B. Corte AB. Nivel I

a. Sector 3 2.- Extremo distal de hojita en sílex melado con huellas de uso. 3.- Extremo proximal de hoja muy estrecha y delgada, presenta filos sinuosos por uso. Sílex anaranjado y rojizo posiblemente por exposición al fuego. 4.- Posible truncadura cóncava sobre fragmento medial de hoja estrecha con r.u. directo en filo derecho. Sílex blanco. 5.- Lasca con señales de exposición al fuego aunque también puede tratarse de una hoja de mala extracción. Sílex rojizo y negro. 6.- Pieza con silueta similar a la de un geométrico, pre-

APENDICE I: LA INDUSTRIA LÍTICA

Figura 2.

senta retoque de uso en lo que supuestamente sería la cuerda. Sílex marrón claro traslúcido. b. Sector 4. 7.- Lasca que conserva poco bulbo de percusión, filo levemente sinuoso que no parece de uso. Sílex marrón traslúcido. 8.- Lasca en sílex granate con talón puntiforme y leves retoques de uso. 9.- Fragmento proximal de hoja estrecha y delgada, fracturada en la misma extracción. Sílex blanco por pátina.

10.- Lasca con talón facetado y retoque de uso directo en filo distal. Sílex gris opaco. 11.- Lasca en sílex muy deteriorado que presenta filo levemente denticulado, posiblemente accidental, en extremo distal. Sílex gris opaco con restos de córtex. C. Corte FA. Nivel I

12.- Fragmento medial de hoja con retoque de uso en ambos filos. Sílex beige traslúcido. 13.- Fragmento medial de hoja con retoque de uso directo en filo derecho y huellas de uso en el izquierdo.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Sílex beige traslúcido. Posiblemente la fractura distal es de la propia extracción y se trataría en este caso de un extremo distal. 14.- Fragmento medial de hoja que presenta leves señales de «lustre de cereales» en ambos filos y retoque de uso inverso en filo derecho. Sílex marrón claro traslúcido.

E. Corte GB. Nivel I

23.- Extremo proximal de hoja con talón puntiforme y retoque de uso directo e inverso en filo izquierdo. Sílex beige opaco. 24.- Diente de hoz que presenta lustre de cereal sobre pieza gruesa y estrecha por posible longitudinal. El denticulado es total y a doble bisel. Sílex violáceo.

D. Corte GA. Nivel I

15.- Extremo proximal y medial de hoja estrecha con retoque de uso directo en filo derecho e inverso en el izquierdo. Sílex blanco traslúcido. 16.- Triángulo que presenta retoque de uso directo parcial e inverso total. Sílex rojo por posible exposición al fuego. 17.- Pieza con clara exposición al fuego y un filo totalmente abatido, presenta aspectos de perforador. Sílex de color gris opaco. 18.- Hojita muy estrecha con huellas de uso en filo derecho desaparecido parcialmente el bulbo de percusión. Sílex melado. 19.- Pieza con retoque de uso directo, parece fragmento de núcleo para extracción de hojas, conserva córtex y su perfil longitudinal es cóncavo-convexo. Sílex gris opaco. 20.- Pieza con retoque de uso, son retoques discontinuos y directos en ambos filos, también presenta retoque de uso en frente distal a manera de raspador. Sílex gris claro traslúcido. 21.- Extracción distal de hoja estrecha y gruesa, retoque de uso directo en ambos filos. Sílex violeta quizás por fuego. 22.- Fragmento medial de lámina deteriorada por el fuego. Sílex negro opaco.

R. de talla Núcleos I. Esquirlas L.des.1º L.des.2º P.des.1º

Como consecuencia de los sucesivos asentamientos prehistóricos anteriormente descritos se observa una alteración de los niveles arqueológicos. Esta situación nos ha planteado problemas a la hora de poder diferenciar estratigráficamente la industria lítica neolítica de la calcolítica. De momento esta cuestión es difícil de solventar dada la pervivencia de los útiles líticos, hemos optado por ello, analizar aquellos que estarían más relacionados con la industria neolítica por pervivencia epipaleolítica de tradición microlítica y otros, como es el caso de los perforadores, raspadores, sierras y puntas de flecha que son habituales en los asentamientos neolíticos. Los restos líticos nos han proporcionado unos datos de gran interés arqueológico tales como, los abundantes restos de talla, esquirlas así como la utilización de lascas para la elaboración de útiles. Asimismo hemos documentado percutores líticos sobre ofitas y el propio sílex; este último es digno de mención dado que presenta unos entalles claros para su fijación a un mango de madera y con claras señales de uso. Las esquirlas son mucho más difíciles de localizar ya que carecemos de agua en el cerro para poder efectuar un cribado perfecto, a pesar de todo, las tenemos representadas en las distintas terrazas, roquedales y cortes excavados en un número considerable.

CORTE 1 N.I N.II

CORTE 2 N.I N.II

CORTE 3 N.I N.II

CORTE 4 N.I N.II

CORTE 6 N.I N.II

10 4

11

24

8

7

14 1

1

1 1

1 3 1 1

Cuadro 1. El Cerro de las Viñas de Coy (Lorca, Murcia). Restos de desecho y núcleos.

78

III. CONCLUSIÓN

1

APENDICE I: LA INDUSTRIA LÍTICA

BIBLIOGRAFÍA ARRIBAS, A y MOLINA, F., 1979, «El poblado de los Castillejos en las Peñas de los Gitanos (Montefrío, Granada), en XIV C.A.N. (Vitoria, 1975), 389-406 pp. Y en el Corte I (Campaña de 1971) C.P.U.GRA. Serie monográfica nº 3, 123-138 pp. ASQUERINO, M, D. y LÓPEZ, P., 1981, «La Cueva del Nacimiento (Pontones), un yacimiento neolítico en la sierra del Segura» «Trabajos de Prehistoria» nº 38, 109-152 pp. Madrid. AYALA JUAN, M. M., NAVARRO HERVAS, F., JIMÉNEZ LORENTE, S. 1985. «Un poblado fortificado: El Cabezo de las Viñas». Ciclo de Temas Lorquinos. 25-48 pp. Alicante. AYALA JUAN, M. M., NAVARRO HERVAS, F., JIMÉNEZ LORENTE, S. 1984, «Un taller de sílex al aire libre en Santomera. Murcia». Rev. Anales de la Universidad de Murcia. XLII nº 3-4. Curso 1983-84. 37-50 pp. Murcia. AYALA JUAN, M. M. 1991, El poblamiento argárico en Lorca. Estado de la cuestión, Ed. Excmo. Ayuntamiento de Lorca/Real Academia Alfonso X El Sabio/C.A.M., 531 pp. Murcia. ALIAS PÉREZ, L.J., ORTIZ SILLA, R., MARTÍNEZ SÁNCHEZ, J. y LÓPEZ CAMBRONERO, B. 1987, Proyecto LUCDEME. Mapa de Suelos, escala 1:100000 (Coy-932). Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, ICONA-Universidad de Murcia, 103 pp. Murcia. BERNABEU, J., 1988, «El Neolítico en las comarcas meridionales del País Valenciano» en Pilar López Coor. «EL neolítico en España», 131-166 pp. Ed. Cátedra. Madrid. BERNABEU, J., «El tercer milenio a. C. en el País Valenciano. Los poblados de Jovades (Cocentaina) y Arenal de la Costa (Onteniente)», Rev. Saguntum, vol. 26, 11-178 pp, Valencia. JUAN CABANILLES, J., 1984, El utillaje neolítico en sílex del litoral mediterráneo peninsular. Estudio tipológico analítico a partir de materiales de la Cova de l’Or y de la Cova de la Sarsa. Rev. Saguntum 18, 30-102 pp. Valencia.

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APÉNDICE II LAS CERÁMICAS PINTADAS DEL CERRO DE LAS VIÑAS

María Carmen Pérez Sirvent Josefa Martínez Sánchez Luz Tudela Serrano

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1997

APÉNDICE II LAS CERÁMICAS PINTADAS DEL CERRO DE LAS VIÑAS

MARÍA CARMEN PÉREZ SIRVENT. JOSEFA MARTÍNEZ SÁNCHEZ. LUZ TUDELA SERRANO. Departamento de Química Agrícola, Geología y Edafología. Universidad de Murcia.

I. INTRODUCCIÓN

Se ha iniciado el estudio de cerámicas neolíticas y argáricas del Cerro de las Viñas, tanto desde el punto de vista de su composición mineralógica y química, como de la técnica de pintura utilizada en la decoración de las piezas. Las cerámicas neolíticas estudiadas, muestras C-1, C-2, C-3 y C-4, presentan una pintura exterior e interior uniforme. Las argáricas C-5, C-6, C-7 y C-8, muestran dibujos de diferentes formas y coloraciones pardo rojizas en la cara externa. A partir de la composición química y mineralógica se tratará de evaluar la temperatura de cocción, así como las posibles variaciones mineralógicas que han podido tener lugar durante el enterramiento. II. MATERIAL Y MÉTODOS

Se estudian cuatro grupos de muestras neolíticas con características externas muy similares, con pintura rojiza en su parte exterior. Asimismo, las muestras argáricas muestran dibujos de diferentes formas en coloraciones pardas y pardo-rojizas en su parte externa. Se trata de cerámicas decoradas por pinturas a base de pigmentos inorgánicos, ocres, óxidos de Fe y Mn, arcillas... Tras la selección de estos grupos de fragmentos de cerámica, fueron molidas y homogeneizadas a tamaño menor de 50 mµ, para análisis químico y mineralógico. Las

82

muestras se metalizaron con oro para su estudio por microscopía de electrónica de barrido y microanálisis. Para la determinación de la composición química de los elementos mayoritarios, se ha usado una disgregación con ácido bórico y carbonato de litio a 1.000°C, y análisis por espectroscopía de absorción atómica, Perkin Elmer 1100B, de hierro, calcio, sodio, potasio y magnesio, y por espectroscopía de inducción de plasma, Jobin Ivon 38 Plus, silicio y aluminio. Los diagramas de difracción de rayos X se han obtenido usando un difractómetro Philips provisto de una unidad de control PW-1712, con registro automático en microprocesador, mediante método de polvo. III. RESULTADOS Y CONCLUSIONES

El análisis químico de los grupos de las muestras estudiadas pertenecientes a la cultura argárica (Tabla 1), nos da unos resultados muy similares para todos ellos, destacando unos porcentajes elevados de sílice y unos contenidos muy bajos de elementos alcalinos. Igualmente el contenido en calcio no es elevado, lo que sugiere un material original pobre en carbonatos cálcico y magnésico, así como el empleo de aditivos como desgrasantes muy ricos en sílice, tales como cuarzo o arenas muy ricas en este componente y pobres en feldespato. El análisis químico de los grupos de las muestras neolíticas estudiadas, nos da unos resultados muy similares, des-

APÉNDICE II: LAS CERÁMICAS PINTADAS DEL CERRO DE LAS VIÑAS

tacando unos porcentajes elevados de sílice y unos contenidos bajos de elementos alcalinos. Igualmente por el contenido en calcio, se sugiere un material original con un contenido en carbonatos cálcico y magnésico que oscilaría entre el 15 y el 20%, así como el empleo de aditivos como desgrasantes muy ricos en sílice, tales como cuarzo o arenas muy ricas en este componente. El grupo C-1, presenta unos valores más elevados en sílice y óxido de hierro, y más bajos en el resto de sus componentes. En la tabla 2 se muestra la composición mineralógica semicuantitativa de las muestras estudiadas por DRX. Se caracterizan por tener una composición muy similar cuyo componente mayoritario es el cuarzo, seguido de filosilicatos (ilita y mica) a 10 Å, y trazas de feldespato y calcita. En otros minerales presentes, podemos incluir hematites, magnetita y granate (almandino). Esta composición es concordante con los datos analíticos anteriormente comentados. Se aprecian, pues, tres grupos mineralógicos, aquellos que formaron parte de la materia prima y no han sufrido ningún cambio en el proceso térmico, entre los que pueden indicarse el cuarzo, los feldespato potásicos, las plagioclasas, las micas y

la ilita; un segundo grupo, los que se forman con la temperatura de cochura de la cerámica, como los óxidos de hierro y la magnetita (ocasionalmente, en una muestra se identifica un piroxeno tipo diópsido); y un tercer grupo, el de los minerales de neoformación (recubrimientos de calcita). Independientemente de ello, también se puede encontrar este último mineral integrado en el primer grupo mencionado, por haber sido utilizados como aditivos y no haberse terminado de descomponer. En cuanto a la existencia del granate, se justifica su presencia tanto por neoformación en el proceso de cocción como aporte del material original. Su origen metamórfico es compatible con la presencia de rocas con grados de esquistosidad variable, ya que tanto en la molienda como en el examen petrográfico de algunas preparaciones se observan estas estructuras. En las cerámicas argáricas, el estudio por microscopía electrónica de barrido nos da una visión totalmente pormenorizada de los procesos de fabricación y decoración. En las zonas de fractura (Figura 1-a) es donde verdaderamente se aprecia una gran diferencia entre la superficie externa de la cerámica y el interior de la masa cerámica, lo que indica la existencia de un baño de engobe anterior al bruñido de la cerámica y posteriormente su cocción (Figura 1-b).

TABLA 1

referencia

%Si2O

%Al2O3

%Fe2O3

%CaO

%MgO

%K2O

%Na2O

C-1

53.53

14.30

5.95

8.16

3.46

3.38

1.53

C-2

45.08

11.27

6.54

8.81

2.22

3.03

1.11

C-3

42.05

8.18

3.90

20.09

1.32

2.44

2.14

C-4

46.90

12.97

5.30

16.32

4.00

2.50

0.85

C-5

61.10

14.67

6.39

0.36

1.45

3.40

0.22

C-6

59.38

15.28

6.54

0.42

1.39

3.28

0.27

C-7

63.98

17.02

6.34

0.46

1.21

3.50

0.43

C-8

59.37

19.67

6.56

0.65

1.27

3.53

0.42

TABLA 2

referencia C-1 C-2 C-3 C-4 C-5 C-6 C-7 C-8

Cuarzo 72 62 35 34 65 79 79 67

Calcita 9 20 58 49 2 3 2 2

Feldespato 13 10 4 12 10 4 3 5

Filos.10Å 6 8 3 5 23 14 16 26

otros anfibol anfibol dolomita Hematites,Magnetita, Granate Hematites,Magnetita, Granate Hematites,Granate Hematites,Granate

83

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Figura 1-a. Microscopía electrónica de barrido de la cerámica neolítica pintada.

Figura 1-b. Microscopía electrónica de barrido de la cerámica pintada argárica estudiada.

En las vasijas existen zonas localizadas que han sido pintadas a posteriori del proceso de cocción, se observan pátinas sobre la superficie engobada, que corresponden a zonas en las que de visu se aparecían unos tonos rojizos muy oscuros, casi negros y avinagrados violáceos y, de cuyos resultados de microanálisis se deduce que tienen un mayor contenido en hierro (8-10% atómico) frente a otras zonas no pintadas a posteriori con contenidos mas bajos (45% atómico). Mineralógicamente corresponden a pigmentos silicatados con abundantes óxidos y oxihidróxidos de hierro como hematites, goetita y lepidocrocita. En las cerámicas neolíticas, pintadas con pigmentos de tonos rojizos, se aprecia en las observaciones realizadas por microscopía electrónica, que la capa de pintura es posterior al proceso de cocción. Los microanálisis realizados en zonas internas, zonas de fractura y superficie externa, confirman este supuesto.

CONCLUSIONES

84

Hay diferencias significativas entre la cerámica pintada neolítica, cuya pintura se daba de forma continua por las dos caras a posteriori de la cocción y la argárica en la que el baño de engobe era anterior a la cocción y posteriormente se decoraba a base de figuras. También se observan diferencias en el tipo de materia prima que se utilizaba en el Neolítico y en el Argar. La arcilla del Neolítico era de dos tipos, una carbonatada y otro sin carbonatos o en muy escasa proporción. Este último tipo es bastante parecido al del Argar, sólo que con más calcio en su composición, lo que implica una temperatura más elevada en la cocción para descomponer parte de la calcita o un aporte de calcio a partir de silicatos (plagioclasa Ca). Al coincidir con una época de expansión del

APÉNDICE II: LAS CERÁMICAS PINTADAS DEL CERRO DE LAS VIÑAS

comercio, quizás existiera la necesidad de obtener una cerámica más resistente al transporte, por tanto menos porosa y, consecuentemente estas ceramistas argáricas debieron utilizar una arcilla descarbonatada para la fabricación de las vasijas. La transformación durante la cocción de CaCO3 en CaO lleva consigo una disminución de volumen y un aumento de la porosidad. Se deduce que las gentes del Neolítico y del Argar conocen perfectamente los yacimientos arcillosos y los aditivos necesarios para la fabricación de la cerámica. Los materiales utilizados corresponde a arcillas rojas, descarbonatadas, según se deduce de su bajo contenido en calcio. En el comportamiento de los hornos utilizados hemos comprobado que fueron capaces de alcanzar más de 1.000°C y controlaban la temperatura de los mismos, ya que éstas eran prefijadas o determinadas de antemano, como se observa en las comprendidas entre los 850°C y 1.000°C de las muestras estudiadas en este trabajo, asimismo como el tipo de atmósfera requerido, oxidante en este caso, pues no se han encontrado compuestos ferrosos en su composición y sí compuestos férricos, obteniendo por ello colores rojizos y claros en las cerámicas. En lo que respecta a la naturaleza de las pinturas son pigmentos silicatados con abundantes óxidos y oxihidróxidos de hierro. En las cerámicas neolíticas estudiadas, la existencia de goetita y lepidocrocita (fases hidratadas) indica que estas cerámicas han sido pintadas posteriormente a la cocción pues en caso contrario, serían fases anhidras las que encontraríamos. La deducción de que la pintura ha sido posterior a la cocción se corrobora por el estudio de SEM y microanálisis.

BIBLIOGRAFÍA AYALA JUAN, M. M. 1991, El poblamiento argárico en Lorca. Estado de la cuestión, Ed. Excmo. Ayuntamiento de Lorca/Real Academia Alfonso X El Sabio/C.A.M., 531 pp. Murcia. ALIAS PÉREZ, L.J., ORTIZ SILLA, R., MARTÍNEZ SÁNCHEZ, J., LÓPEZ CAMBRONERO, B. 1987, Proyecto LUCDEME. Mapa de Suelos, escala:100000 (Coy-932). Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, ICONA-Universidad de Murcia, 103 pp. Murcia. BAENA, J., TORRES, T., GEEL, T., ROEP, B., UBALDO, J., FERNÁNDEZ, C., MARTÍNEZ, C., GRANADOS, F., PAN, T., HERAS, A., 1977, Mapa y memoria explicativa de la Hoja de Vélez-Blanco (952) del Mapa Geológico Nacional a escala 1:50.000, IGME. MUNSELL COLOR COMPANY, I.N.C. 1954, Munsell charts. U.S.A.

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APÉNDICE III ESTUDIO ANTROPOLÓGICO DE LOS INDIVIDUOS ARGÁRICOS DEL CERRO DE LAS VIÑAS DE COY. LORCA, MURCIA

Asunción Malgosa Morera

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1997

APÉNDICE III ESTUDIO ANTROPOLÓGICO DE LOS INDIVIDUOS ARGÁRICOS DEL CERRO DE LAS VIÑAS DE COY. LORCA, MURCIA

ASUNCIÓN MALGOSA MORERA Unidad de Antropología. Departamento de Biología animal, Biología vegetal y Ecología. Universidad Autónoma de Barcelona. Bellaterra.

Se han estudiado los restos humanos de dos individuos procedentes del yacimiento argárico de El Cerro de las Viñas, en Murcia. El individuo Las Viñas 1 se encontró en el interior de la urna nº1 de la casa A, corte D. Los restos de Las Viñas 2 corresponden al enterramiento en fosa hallado en el corte L del mismo yacimiento (Ayala, 1991).

El cráneo presenta las suturas abiertas como es lógico en un individuo infantil, a excepción de la sutura metópica que se oblitera entre los 3 y 6 años (Olivier, 1960). A esta misma edad empiezan a desarrollarse sobre el borde orbitario, las células etmoidades anteriores que se extenderán para formar los senos frontales; a los 8 años tienen ya una altura de 6-7 mm (Testut y Latarjet, 1975). En la radiografía del cráneo se aprecia el recorrido de la sutura metópica y la práctica ausencia de las células etmoidales. También se pueden apreciar un gran número de impresiones digitales en las fosas frontales. Las medidas del cráneo (Tabla 1) no se han podido tomar en su totalidad y en su mayoría están sujetas a la deformación que ha sufrido; por ello varias medidas son solamente aproximadas y no se han calculado los índices. La dentición refleja el desarrollo de un niño de aproximadamente 7 años de edad. Se conservan 12 piezas deciduales y se han podido apreciar 14 piezas definitivas de las que únicamente los primeros molares definitivos han emergido totalmente. El esquema dentario es el siguiente:

Las Viñas 1

La urna nº1 contenía los restos de un individuo infantil prácticamente completo. El estado de conservación era bastante precario por lo que los huesos hubieron de ser consolidados aún antes de haber sido limpiados completamente. El cráneo se conserva completo aunque fragmentado. La reconstrucción no ha sido posible en su totalidad ya que la presión de las tierras agrietó y deformó la bóveda craneal, siendo el lado izquierdo el más dañado. Sin embargo, el relleno interno de tierra de la cavidad craneal ha permitido su relativa buena conservación y ha impedido una deformación mayor.

17 7

88

16 46

55 15 45 85

54 14 44 84

53 13 43 83

12 42 82

41

21 -

22 32

23 33 73

64 24 34 74

65 25 35 75

26 36

27 37

APÉNDICE III. ESTUDIO ANTROPOLÓGICO DE LOS INDIVIDUOS ARGÁRICOS DEL CERRO DE LAS VIÑAS DE COY. LORCA, MURCIA

Longitud máxima Longitud de la base Anchura máxima Anchura frontal mínima Altura basio-bregma Arco sagital frontal Arco sagital parietal Cuerda sagital frontal Cuerda sagital parietal Cuerda sagital occipital Longitud de la cara Altura de la cara super. Anchura de la órbita der Altura de la órbita der. Anchura interorbitaria Anchura biorbiraria Altura nasal Anchura nasal Longitud maxilo-alveolar Anchura maxilo-alveolar Longitud del paladar Anchura del paladar

176* 92* 118* 85* 130 127 116 106 113 94 84* 50* 31* 28* 20 78* 37 18 39 51 31 28

Tabla 1.- Medidas craneales del individuo de Las Viñas 1. (* valor aproximado sujeto a la deformación).

El grado de desarrollo de las coronas y raíces del canino (pieza 33, cuya corona era observable ya que la mandíbula estaba rota) y de los incisivos definitivos (21,22,12) está de acuerdo con una edad dentaria de 6, 5-7 años según las tablas de desarrollo actual (Cretot, 1975; Kronfeld, 1935, en Smith 1991; Ubelaker, 1978). Asimismo, la falta de reabsorción de la raíz de los caninos y molares deciduales lo sitúa en una edad inferior a los 7-8 años, mientras el desarrollo de la corona de los segundos molares correspondería a un niño de 7-8 años. Por lo que se refiere al esqueleto postcraneal, se conservan restos de 24 vértebras, entre las que cabe destacar el atlas y el axis. El atlas se conserva en perfecto estado. Posee el arco posterior soldado, pero mantiene la dehiscencia con el anterior. La apófisis transversa tampoco ha completado su desarrollo ya que el agujero transverso no está totalmente cerrado. Según Testut y Latarjet (1975) la fusión de las tres piezas, las dos que forman el arco posterior y la anterior, tiene lugar entre los 5 y los 6 años. Así pues esta pieza

esquelética lo sitúa en un estadio de desarrollo ligeramente inferior al dental, alrededor de los 7 años. Sus diámetros externo e interno son 63 y 28 mm. respectivamente. El axis está incompleto debido a la ausencia por rotura de la mitad anterior de la apófisis transversa izquierda. Su desarrollo también es incompleto en cuanto que no se ha iniciado la fusión de los 2 puntos complementarios: el de la cara inferior de cuerpo y el de la apófisis odontoides u ossículo de Bergmann. Este último aparece durante el 4º o 5º año y se suelda rápidamente (Testut y Latarjet, 1975). Todavía se observa la línea de soldadura entre el cuerpo y la apófisis odontoides, cierre que tiene lugar al tercer años o a veces mas tarde. Del resto de vértebras cervicales sólo se conservan dos pedículos. Respecto a la vértebras dorsales se conservan el arco neural de las 12, pero el cuerpo sólo de 10. Excepto las dos últimas vértebras, todas adolecen de la fusión entre el cuerpo y el arco, fusión que tiene lugar entre los 5 y 6 años. Contrariamente las lumbares tienen el cuerpo fusionado al arco vertebral, lo que atribuiría a este esqueleto una edad de más de 6 años. Sin embargo la 5ª vértebra lumbar y las tres vértebras sacras que se conservan poseen el cuerpo en avanzado estado de soldadura con el arco, pero éste presenta sus dos mitades separadas. Según Testut y Latarjet (1875) a los 7 años debería haberse terminado la dehiscencia ósea y sería anormal que se hallara abierto. Así pues el desarrollo de las piezas vertebrales indica una edad de 5-6 años. Respecto a la cintura escapular, sólo se conserva la clavícula y el omóplato derechos. La clavícula mide aproximadamente 94 mm y tiene roto el extremo esternal. El omóplato está bastante deteriorado y le faltan el margen medial y el superior. Se conservan fragmentos de casi todas las costillas, preservándose mucho mejor las del lado derecho, ya que, al igual que en el resto de esqueleto, el lado izquierdo ha sufrido más directamente el peso de la tierra. De la extremidad superior se conservan las diáfisis completas del húmero, cúbito y radio derechos, y la mitad distal del húmero, dos fragmentos casi completos pero irreconstruibles del cúbito y la zona proximal del radio izquierdos. De las manos se conservan únicamente un hueso de carpo, posiblemente el piramidal, los 10 metacarpianos y 8 falanges, 7 proximales y 1 distal. Las longitudes máximas de las diáfisis del húmero y del radio (tabla 2) lo sitúan aproximadamente entre los 6 y 7

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

años según las medidas proporcionadas por Stloukal y Hanáková (1978, cit. Ferembach, Schwidetzky y Stloukal, 1980). Si se comparan estas medidas con otras series se observan que coinciden o son ligeramente inferiores a las de individuos infantiles de 7 años, tanto de época talayótica (Alesán, 1990) como medievales (Sundick, 1978), y bastante inferiores a las series americanas (Maresh, 1955). Estas series se han escogido no por considerarlas especialmente apropiadas para esta comparación, sino por su disponibilidad y por ser una buena referencia a falta de poblaciones mas próximas geográfica o biológicamente.

Húmero derecho Radio derecho Cúbito derecho Fémur derecho Fémur izquierdo Tibia derecha Tibia izquierda Peroné derecho Peroné izquierdo

Longitud máxima 167 130 143 244 244 193 195 188 190

Perímetro mínimo 33 22 18 45 45 45 45 21 22

Tabla 2. Medidas de los huesos largos del individuo 1 de las Viñas.

En la cintura pelviana, los dos coxales muestran las tres piezas aisladas, ilión, isquión y pubis. La fusión de estos tres huesos en el acetabulum tiene lugar entre los 15 y 18 años (Ferembach, Schwidetzky y Stloukal, 1980), sin embargo la fusión entre las ramas del isquión y el pubis tiene lugar a los 7-8 años según Bass (1971) a los 10-12 años (Testut y Latarjet, 1975); otros autores concretan según el sexo y sitúan la fusión a los 7 años para el sexo femenino y a los 9 en el masculino (Flecker’s, 1932, cit Krogman y Iscan, 1986). En todo caso el individuo de las Viñas no presentan fusión de estas dos piezas y su edad deberíamos situarla por debajo del límite de 7-8 años. En cuanto a la extremidad inferior, se conservan las diáfisis más o menos completas de los dos fémures, tibias y peronés, y las epífisis distales y proximales de los 4 primeros. De los pies se conservan el astrágalo, calcáneo, segundo cuneiforme, 5 metatarsianos, las 4 primeras falanges proximales y la falange distal del halux de ambos pies; además del primer cuneiforme del pie derecho. Las longitudes máximas de fémures y tibias (tabla 1) lo

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sitúan entre 7 y 8 años. La comparación con las series esqueléticas anteriormente mencionadas muestran que el individuo estudiado tiene un desarrollo igual o ligeramente inferior a los individuos talayóticos y medievales y bastante inferior a las series de americanos recientes. A partir del esqueleto postcraneal se ha realizado una estimación de la estatura del individuo. Para este cálculo se han utilizado los datos de Olivier (1960) extrapolados de las curvas de Stewart. A partir de la longitud del fémur (244 mm) se calcula una estatura de 126 mm para nuestro individuo. Debemos tener en cuenta que estas tablas son tan sólo indicativas y no comportan ninguna diferenciación para el sexo o la edad. Aun así, si se compara este dato con las curvas de crecimientos de niños actuales (Tanner y Whitehouse, 1976) se observa su coincidencia con el valor medio de los niños y niñas de 7 años (126.2 y 125.0 mm respectivamente). En conjunto pues, para determinar la edad se ha tenido en cuenta tanto el desarrollo dental como la fusión de los distintos centros de osificación del esqueleto postcraneal y la longitud diafisaria máxima de los huesos largos. Respecto al desarrollo dental se ha considerado el grado de desarrollo de las piezas dentales (calcificación de la corona y la raíz o bien la reabsorción de esta última) y la erupción oclusal de las piezas. Según estándares actuales, el desarrollo dental correspondería a un niño de unos 7 años. También los restos óseos craneales lo sitúan por debajo de los 8 años, mientras los postcraneales indican 5-6 años para la columna vertebral, 6-7 para la extremidad superior y 7-8 para la inferior. Debemos tener en cuenta que existen grandes variaciones individuales y que los datos hallados dependen de los estándares disponibles. Globalmente se le puede atribuir una edad de aproximadamente 7 años. Respeto a la atribución del sexo de este esqueleto no se ha llegado a ningún diagnóstico fiable. De hecho, los métodos habituales de la determinación del sexo se aplican solamente a ejemplares adultos. Ferembach et al (1980) proponen aplicar estos mismos criterios a subadultos, siempre que pertenezcan a poblaciones esqueléticas en las que el dimorfismo sexual sea bien conocido y definido. En nuestro caso no conocemos como es la población adulta. Sin embargo, algunos autores creen que se puede llegar a un diagnóstico refinando las técnicas y criterios más usuales (Genovés, 1969; Sundick, 1977; Black, 1978). Sobre el esqueleto de las Viñas no se ha practicado el diagnóstico sobre las piezas dentarias debido a la ausencia de una función discriminante que se pueda aplicar sobre esta población u otra afín.

APÉNDICE III. ESTUDIO ANTROPOLÓGICO DE LOS INDIVIDUOS ARGÁRICOS DEL CERRO DE LAS VIÑAS DE COY. LORCA, MURCIA

En cuanto a criterios morfológicos, se ha aplicado la metodología propuesta por Schutkowksi (1993) por presentar un alto grado de fiabilidad (70-80%), a pesar de lo cual no se ha llegado a ningún resultado concluyente en nuestro caso. Las características discriminantes de la mandíbula (protrusión del mentón, forma del arco dental anterior, eversión de la región goníaca) atribuyen a este resto el sexo femenino; sin embargo la forma del ilion (ángulo y profundidad de la escotadura esciática mayor, forma del arco y curvatura de la cresta ilíaca) lo relacionan con el sexo masculino. Así pues, finalmente no se ha logrado un diagnóstico del sexo. También se ha querido comparar los restos infantiles de Las Viñas con datos de otros yacimientos de la misma época en la península. Sin embargo, la bibliografía consultada recoge pocos restos infantiles y en su caso, sólo contienen una descripción somera (Etxeberría, 1989; du Souich, 1974; Garralda y Galera, 1984; Vives, 1980). Por ello no se ha podido establecer una comparación directa con otros individuos de la edad del Bronce; sin embargo, se han contrastado los datos con otras series antiguas, quedando este esqueleto perfectamente encuadrado respecto a otras series antiguas. El estudio comparativo y patológico indica que el individuo infantil de las Viñas 1 tendría un desarrollo normal para un niño de aproximadamente 7 años. Las radiografías de las tibias muestran leves líneas de Harris determinadas por episodios de estrés no específico. También se observa una ligerísima hipoplasia -indicador asimismo de estrés episódico no específico- en el incisivo central superior que se conserva, mientras que pasa prácticamente desapercibido en los primeros molares definitivos y no se observa en absoluto en las piezas deciduales. El techo orbital derecho no muestra evidencias de «cribra orbitalia», tipo leve de hiperostosis osteoporótica utilizada como indicador de estrés específico. Los tres tipos de lesiones citados pueden deberse a múltiples causas pero tienen como denominador común su asociación con la malnutrición o el estrés nutricional. El desarrollo relativamente normal del individuo de las Viñas 1, la leve presencia de líneas de Harris y hipoplasia, y la ausencia de «cribra orbitalia» y de otro tipo de patologías óseas (infecciosas, traumas, etc.) parecen indicar que no estuvo sometido a un estrés nutricional u otros de tipo crónico. Las Viñas 2

El individuo adulto hallado en la inhumación en fosa del corte L, se encuentra en muy mal estado de conserva-

ción; los pocos restos recuperados están muy fragmentados y no han podido ser reconstruidos. Del cráneo se han podido estudiar varios fragmentos de bóveda, concretamente del parietal izquierdo, la apófisis mastoides del mismo lado así como el cóndilo mandibular. Del esqueleto postcraneal han llegado a nosotros fragmentos varios de costillas, vértebras lumbares, coxal, escápula, astrágalos y diversas astillas de las diáfisis de los huesos de las extremidades. Los restos mejor conservados son los húmeros, en su extremo distal, la mitad proximal de los radios, los dos peronés y la rótula izquierda. También se conservan el primero, tercero, cuarto y posiblemente el quinto metacarpianos de la mano derecha; fragmentos del primer y segundo metacarpianos de la mano izquierda; dos primeras falanges, una segunda falange y una tercera. Del pie, solamente se ha preservado el tercer metatarsiano derecho. Todos los huesos corresponden a un individuo adulto en cuanto a su grosor y desarrollo. A pesar de que no se han podido realizar muchas medidas de los huesos largos (tabla 3), ni estimar su índice de robustez, se puede apreciar un gran tamaño tanto de las extremidades como del cráneo, además de fuertes impresiones musculares sobre todo en el peroné izquierdo, el hueso mejor conservado. Ello indicaría una corpulencia mas típica de un individuo masculino que femenino. No se pueden apreciar otras características respecto al sexo o a la edad, ni tampoco respecto a patologías o a la causa de su muerte. Únicamente se aprecian signos artrósicos en los fragmentos de costillas y de vértebras con alteración de sus márgenes y carillas articulares. Este tipo de lesiones pueden ser reacciones a un estrés ocupacional (Kennedy 1989) a acciones especialmente fuertes y a condiciones de vida duras de un individuo relativamente joven, o simplemente a una edad avanzada. Así pues únicamente podemos atribuir estos restos a un individuo adulto, posiblemente de sexo masculino.

Húmero izquierdo Radio derecho Radio izquierdo Peroné derecho Peroné izquierdo

Longitud máxima -

Perímetro mínimo 68 39 40 27 27

Tabla 3. Medidas de los huesos largos del individuo X de las Viñas.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

FAUNA

BIBLIOGRAFÍA

Entre los restos humanos se han hallado diversos fragmentos de huesos de animales, la mayoría de ellos clasificables.

ALESÁN A. (1990) Estudi d’una població subadulta de l’edat del ferro: demografia, antropometria i creixement. Memoria del Master de Especialización Profesional en Biología Humana de la Universidad Autónoma de Barcelona. AYALA JUAN M.M. (1991) El poblamiento argárico de Lorca. Estado de la cuestión. Real Academia Alfonso X el Sabio. Murcia. BASS W.M. (1971) Human Osteology. Missouri Archaeological Society. Special Publication n. 2. Columbia, Missouri. BLACK T.K. (1978) Sexual dimorphism in the toothcrown diameters of the deciduous teeth. Am. J. Phys. Anthrop. 48: 77-82. Cretot M. (1978) L’arcade dentaire humaine (Morphologie). Julien Prélat ed. Paris. ETXEBERRIA F. (1989) Restos humanos de época calcolítica procedentes de la cueva sepulcral de Urtao II (Oñati, Guipúzcoa). Munibe, 41: 63-70. Ferembach D., Schwidetzky I., Stloukal M. (1980) Recommendations for age and sex diagnoses of skeletons (Workshop of European Anthropologists) Journal of Human Evolution 9: 517-549. GARRALDA M.D., GALERA V. (1984) Los restos humanos de los Tolmos de Caracena (Soria). En: Jimeno A. Los Tolmos de Caracena (Soria). Excavaciones Arqueológicas en España. GENOVÉS S. (1969) Determinación sexual en el hombre primitivo en: Ciencia en Arqueología. Brothwell & Higgs compil. Fondo de Cultura Económica, México: 443-453. KROGMAN W.M., ISCAN M.Y. (1986) The human skeleton in forensic medicine. Ch. C. Thomas Publ., Springfield, Illinois. MARESH M.M. (1955) Linear growth of long bones of extremities from infancy through adolescence American Journal of Diseases in Children 89: 125-142. OLIVIER G. (1960) Pratique anthropologique. Vigot Frères, eds. Paris. SCHUTKOWSKI, H. (1993) Sex determination of infant and juvenile skeletons: I. Morphologic features. Am. J. Phys. Anthrop. 90: 199-205. SMITH B. H. (1991) Standards of human tooth formation and dental age assessment. In Kelley MA and Larsen CS: Advances in dental anthropology. Wiley-Liss Inc: 143-168. SOUICH F. DU. (1974) Los restos humanos prehistóricos de la cueva del Turó del Mal Pas (Mura, Barcelona). Ampurias, 36: 41-62. SUNDICK RI. (1977) Age and sex determinations of subadult skeletons. J.Forensic Sciences, 22: 141-144. SUNDICK RI. (1978) Human skeletal growth and age determination. Homo 29: 228-249. TANNER JM., WHITEHOUSE RH. (1976) Clinical longitudinal standards for heigth, weight, height velocity, weight velocity and stages of puberty. Arch. Dis. Childh. 51: 170-179. TESTUT L., LATARJET A. (1975) Tratado de anatomía humana. Ed. Salvat. Barcelona, vol. I UBELAKER DH. (1978) Human skeletal remains. Excavations, analysis, interpretations. Aldine Publishing Co., Chicago, Illionis. VIVES E. (1980) La Cova Verda: estudi del material antropològic. Quaderns de treball, 3: 58-65.

Restos faunísticos de la sepultura infantil (Las Viñas 1): - 2 fragmentos de escápula de macromamífero no determinado. - 5 fragmentos de diáfisis de macromamífero no determinado. - 1 fragmento de costilla de macromamífero no determinado. - 1 fragmento de costilla de macromamífero no identificado. - 1 cabeza de fémur derecho de ovicáprido. - 1 fragmento de diáfisis de metatarso de ovicáprido. - Faceta articular de un calcáneo izquierdo de ovicáprido. - Patella, posiblemente izquierda, de ovicáprido. - Epífisis proximal de la primera falange de ciervo, derechilla. - V metatarso izquierdo de lagomorfo. - Epífisis distal de metápodo de lagomorfo. - Falange de lagomorfo. Restos faunísticos de la sepultura del adulto (Las Viñas 2): - Falange derechilla proximal y distal de cerdo. - Fragmento distal de fémur derecho de lagomorfo. - Escápula izquierda de lagomorfo. - 5 fragmentos de molar de ovicáprido. - Fragmento de costilla de macromamífero no determinable. - Fragmento de cráneo de macromamífero no determinable. - Fémur de micromamífero. - Fragmento no determinable, posiblemente de conejo.

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LA SERRECICA 91: INFORME PRELIMINAR

Joaquín Lomba Maurandi

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1992

LA SERRECICA 91: INFORME PRELIMINAR

JOAQUIN LOMBA MAURANDI

Palabras clave: Totana, Bronce Final, urbanismo, cabaña oval estructuras. Resumen: En esta primera campaña de excavaciones arqueológicas en el lugar, desarrolladas en el mes de noviembre de 1991, los trabajos de campo se han centrado en la prospección minuciosa del área

Durante los dias 1 y 10 de noviembre de 1991 se desarrolló la I Campaña de Excavaciones Arqueológicas en el asentamiento prehistórico denominado La Serrecica, labores que pudieron realizarse gracias al correspondiente Permiso y Subvención (300.000 pts) de la Comunidad Autónoma de Murcia, y a la entrega y dedicación totalmente gratuitas de un grupo de compañeros habituales en este tipo de trabajos(1); a todos ellos, desde aquí, mi más sincero agradecimiento. Tampoco se hubiera podido realizar la excavación sin la colaboración del Excmo. Ayuntamiento de Totana, que como propietario del terreno nos dio todas las facilidades que se podían esperar. I. INTRODUCCIÓN

La zona de excavación se ubica en el paraje que figura en toda la cartografía consultada(2) como Serrecica; en la Agencia para el Medio Ambiente, en cambio, se le denomina como Monte 86 del Catálogo de Utilidad Pública: Cabezo de Tirieza. Se trata de un cerro de grandes dimensiones(3), compuesto por una falda de pendiente bastante pronunciada,

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de hábitat y en la excavación de 3 estructuras de habitación. Fruto de la prospección de la zona ha sido la documentación de al menos 45 zócalos en piedra de cabañas de plata circular y oval. Los materiales y estructuras de esta primera campaña detectan, al menos, un momento de ocupación en el Bronce Final, siendo un asentamiento de características similares a otros de la España meridional (Peñón de la Reina

en la actualidad totalmente aterrazado por el ICONA, a la que sigue en altura un escarpe vertical que rodea en todo su perímetro a una meseta superior, alargada en dirección NW-SE, de más de 1 km de longitud, por hasta 400 m de anchura. El asentamiento excavado se sitúa en la mitad NW de dicha meseta, en una zona con una ligera pendiente hacia el SW, esto es, hacia la cuenca media de Lébor. El yacimiento se emplaza pues en una situación verdaderamente privilegiada, en tanto combina una elevada visibilidad y con un difícil acceso natural. Además de controlar de un modo inmediato la huerta de Aledo y sus manantiales (el Barranco de los Molinos, p.ej.), y la cuenca de Lébor (incluyendo por tanto los yacimientos de La Bastida, Juan Climaco, Campíco de Lébor, Las Anchuras, etc), domina visualmente una parte importante del medio Guadalentín (Totana, Alhama, y Librilla), y todo el corredor que comunica la zona con el mar, hasta Mazarrón. Sin embargo, a pesar de ese dominio visual, con respecto al eje del Guadalentín se dispone en una posición secundaria, no en la primera línea del flanco meridional de La Tercia. Las caracteristicas geomorfológicas del cerro, y sobre todo la gran dificultad que presenta su acceso, han posibili-

LA SERRECICA 1991: INFORME PRELIMINAR

Fig.1. Planta de la Estructura I, una vez efectuado el Rebaje 3. La zona rayada indica la zona de derrumbe. Los puntos, la distribución de fragmentos cerámicos.

tado una excelente conservación de la planta de las estructuras, sólo alteradas por la acción erosiva del agua y del fuerte viento dominante. Tan sólo se detectan 3 pequeños agujeros de clandestinos, que afectan a 3 de las 45 estructuras de habitación documentadas en superficie durante esta Campaña(4). La considerable severidad de la pendiente de acceso al lugar, y la pobreza y nula espectacularidad de los materiales posiblemenete hicieron desistir a los expoliadores de llevar a cabo nuevas incursiones. II. ENTORNO GEOLÓGICO

La Serrecica está constituida por dos grandes conjuntos, desde el punto de vista geológico. En primer lugar, un bloque

central, que conforma toda la meseta superior y todos los escarpes perimetrales, y que consiste en una masa de calcarenitas del Tortoniense Superior e inicios del Andaluciense. Circundando este bloque aparece otro definido por conglomerados poligénicos y de margas rojizas, de formación inmediatamente posterior al bloque anterior, durante el Andaluciense(5). Así, toda La Serrecica está formada por sedimentos post-mantos de fines del Mioceno Superior; en cualquier caso, terrenos no aptos para el cultivo. En cuanto al uso actual del suelo, La Serrecica aparece mayoritariamente cubierto de pino de repoblación y de matorral; en su extremo WNW se documenta, como excepción, una pequeña superficie con repoblación de pino carrasco, y otra con cultivos de almendros(6).

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

III. HISTORIA DE LA INVESTIGACIÓN

El yacimiento en cuestión fue localizado, e identificado como tal, durante la prospección arqueológica sistemática de la Rambla de Lébor, llevada a cabo en 1990(7). La bibliografía especializada que hace referencia a la zona no cita ningún yacimiento emplazado en esta posición; el topónimo mencionado no aparece en ninguno de los casos(8). Siret(9) hace referencia a un yacimiento, Las Anchuras, sito en la zona que nos ocupa, con materiales argáricos y también con 3 fragmentos cerámicos del Bronce Final, además de industria ósea y metálica. La descripción geográfica que hace del lugar concuerda con un paraje de topónimo Las Anchuras, que no puede identificarse con La Serrecica. La descripción hecha por González Simancas en 1905(10) del yacimiento de Las Anchuras podría coincidir con el de La Serrecica. Sin embargo, el paraje de Las Anchuras existe en la zona, y sus características físicas pueden también responder a la descripción mencionada; en lo alto de ese cerro de Las Anchuras existe un yacimiento argárico. Por otra parte, la descripción de González Simancas se basa en la hecha por Siret para Las Anchuras, pero incorpora una serie de observaciones propias que, evidentemente, ya no hacen referencia al yacimiento descubierto por Siret. Por tanto, debemos considerar que Siret claramente no hace referencia a La Serrecica cuando habla de Las Anchuras; más tarde, González Simancas parece confundir el paraje anteriormente citado, identificandolo quizás con nuestro yacimiento(11). IV. PLANTEAMIENTO DE LOS TRABAJOS

El sector de la meseta con evidencias arqueológicas en superficie, y afectado por el proyecto de excavaciones de esta I Campaña, supone una área de escasa pendiente, que ronda los 70.000 metros cuadrados. Su orografía favoreció el establecimiento de dos grandes ejes N-S y E-W, a partir de los cuales se desarrollaron los trabajos de campo. La intersección de ambos marca el «Punto 0», a una altitud de 634 m s.n.m. Una labor previa al planteamiento de los puntos de excavación fue la prospección minuciosa, llevada a cabo mediante transets de 10 m de anchura, de los 70.000 metros cuadrados mencionados. Fruto de ello fue la localización de gran cantidad de estructuras de habitación, de las que más tarde hablaremos; de entre todas ellas, seleccionamos 2

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para su completa excavación, y una tercera para realizar un sondeo estratigráfico de comprobación. Las estructuras de superficie se han denominado con numeración romana, del I al XXXVIII; de ésta a la XLV aún no se ha dado número, aunque existan estructuras, debido a estar pendientes de una comprobación definitiva en una segunda campaña. Las estructuras totalmente excavadas son las denominadas I y II; la primera de ellas ofrece una planta completa de la vivienda; la segunda, tan sólo su mitad meridional. Ambas tienen en común, a nivel macroespacial, dos factores: su proximidad entre ellas, y el estar en el área más elevada del asentamiento. La tercera estructura, XIX, se encuentra en el otro extremo del yacimiento, a más de 300 m de las anteriores, y el sondeo llevado a cabo en ella pretendía comprobar que la dinámica estratigráfica y de procesos deposicionales coincidía con la observada en las otras viviendas. Para la excavación de las estructuras se establecieron áreas de excavación, de tamaño variable, según el de la vivienda, pero encuadradas siempre en una retícula imaginaria basada en los ejes anteriormente comentados. Las áreas se subdividieron con una retícula de cuadros de 1x1 m, para tener perfectamente localizadas las evidencias del registro material de una manera rápida y práctica; gracias a ello, para cada pieza tenemos sus coordenadas x, y, y z. Así, en el caso de la Estructura I se planteó un área de excavación de 10 x 10 m, excavándose en un principio sólo la mitad W (5 x 10 m), con la intención de documentar una posible secuencia estratigráfica, que no apareció, por lo que se procedió a excavar la otra mitad del área, bajando en tallas de 10-15 cm. En la Estructura II se planteó un área de 9 x 5 m, trabajandose del mismo modo: primero 2 tallas en la mitad W, y una vez comprobada la ausencia de seriación estratigráfica, se igualó el número de tallas en toda el área, y se excavó la tercera talla, hasta la roca madre, aunque en este caso manteniendo el derrumbe. III. LAS ESTRUCTURAS

Las 45 estructuras de superficie se distribuyen de una manera aparentemente aleatoria por todo el yacimiento, que por ahora no queda delimitado por ningún tipo de muralla, fosa, o empalizada; la definición del área de habitación, provisionalmente, viene marcada por la presencia/ausencia de estructuras, y por un brusco

LA SERRECICA 1991: INFORME PRELIMINAR

Fig.2. Planta de la Estructura II, y delimitación de su área de excavación. La zona tramada indica afloramientos de la roca madre.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

aumento de la pendiente de la meseta, aumento que se traduce en un escarpe vertical en los flancos meridional y septentrional del yacimiento. Todas, excepto una, se caracterizan por ofrecer plantas ovales, en algún caso circulares. Se asocian a muy escasos fragmentos de cultura material, en su totalidad cerámicos, y sitos al interior de las estructuras. Sus tamaños oscilan entre los 3-4 m de diámetro, las circulares, y los 5-11 m de diámetro mayor, por 4-5 m de diámetro menor, las ovales. La excepción antes comentada la constituye una gran estructura formada por dos largos muros casi rectilíneos, que se unen en una esquina angular, y que aún no nos atrevemos a interpretar. Las que conservan vano de entrada a la vivienda, lo presentan mayoritariamente orientado hacia el SE, con variaciones que siempre se enmarcan en el cuadrante E-S. En cuanto a las técnicas de construcción, las comentaremos en detalle al hablar de las estructuras excavadas, pero en superficie parecen ser homogéneas para todo el asentamiento. Estructura I

La Estructura I consiste en una cabaña de la que se conserva en buen estado toda su planta. Presenta un zócalo de piedra continuo, sólo interrumpido en el vano de acceso, al SE, y que apoya directamente sobre la roca madre. Este zócalo delimita una planta oval, dispuesta en dirección NW-SE. Las dimensiones que presenta son las siguientes: Eje Mayor (NW-SE) Eje Menor (SW-NE) Area Interior Espesor del zócalo

8,25 m 6,75 m 30,50 m2 0,50-0,60 m

La estructura de ese zócalo de planta oval está constituida por una sola hilera, con una fila interior y otra exterior de lajas verticales de entre 25 y 60 cm de altura, y un relleno entre ambas de piedras de 10-25 cm de diámetro, aparentemente no trabadas con barro. Pensamos que el alzado del zócalo no debió sobrepasar la altura de una hilera (que es lo que se conserva en la actualidad), pues no aparecen restos de otra hilada entre los derrumbes de la estructura.

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En el interior de la vivienda se detectan 4 muretes de compartimentación, todos ellos perpendiculares al zócalo: dos aislados, al NW y al SW, y otros dos al N, paralelos, y distantes entre sí en torno a 0,37 m. Además, adosado al tramo NE del zócalo, y también al interior, aparece un banco de 4 m de longitud y 0,40 m de anchura, careado al interior de la vivienda con piedras de unos 20 cm de diámetro, y relleno con piedras de pequeño tamaño (unos 2-6 cm de diámetro). Otro elemento interesante es una especie de «mesa» hecha con varias piedras trabadas que constituyen una superficie plana, en el área central de la cabaña. No se ha documentado ningún tipo de enlucido ni estuco, ni tampoco restos de barro en la estructura del zócalo ni en el suelo de habitación. Tampoco hay restos de agujeros de poste. Toda la cabaña presenta un derrumbe hacia el interior, más potente en su parte septentrional, que define un solo momento de habitación, al menos para esta estructura, sellando bajo el mismo los restos de la cultura material, de la que más tarde hablaremos. La potencia máxima de este derrumbe es de 0,38 m, y está constituido por piedras de pequeño tamaño y tierra, posiblemente del alzado que se emplazaba sobre el zócalo. Estructura II

La Estructura II presenta parecidas características a las descritas para la Estructura I en cuanto a su planta oval, el tipo de zócalo, el apoyo directo sobre la roca madre, la orientación meridional del vano de acceso, y la modalidad del derrumbe. En este caso, sin embargo, ha desaparecido totalmente la mitad septentrional de la estructura, y no es posible identificar muretes internos ni bancos(12). El emplazamiento de la entrada, más al Sur que en la Estructura I, viene en este caso acompañado al exterior por un pequeño murete perpendicular a la estructura y adosado a ella, junto al vano, y que protege la entrada de los vientos dominantes del W y NW. Este caso de vano de acceso asociado a un murete exterior no es único en el yacimiento; en la prospección intensiva del área de excavación se han detectado hasta ahora al menos 6 casos en los que se observa, en superficie, un fenómeno parecido. De todos ellos, sólo en un caso el murete se sitúa en el flanco E de la puerta, y no en el W; esta excepción, sin embargo, puede obedecer a que esa estructura (también oval) se sitúa en un lugar especialmente expuesto al viento y, además, su vano de acceso se orienta (de modo atípico) en dirección E.

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Estructura XIX

La Estructura XIX no presenta novedades con respecto a las anteriores, aunque sí una mayor potencia estratigráfica, y quizás dos momentos diferentes de derrumbe/abandono, extremo que aún no nos atrevemos a asegurar hasta realizar una segunda campaña de excavaciones. Al centrarse las actuaciones en una cata en profundidad, no podemos ofrecer aún datos sobre las dimensiones de la estructura, que presenta también planta oval.

a la zona inmediata al derrumbe, con materiales que en la inmensa mayoría de los casos aparece entre las piedras del mismo, y el Rebaje 3 a la zona inferior de derrumbe, en contacto con la roca madre. La estrecha relación que existe entre la distribución de los materiales y la de los derrumbes también se observa si analizamos la dispersión del registro material por rebajes:

IV. LOS MATERIALES

De los 540 fragmentos cerámicos recuperados, 537 pertenecen a la Estructura I, y sólo 3 a la Estructura II (recordemos que en esta última aún no se ha levantado el derrumbe). Su localización precisa en la planimetría y en sus coordenadas de profundidad nos ha permitido relacionarlos directamente con la dirección del desplome del alzado de la vivienda, así como con la disposición del derrumbe y sus desplazamientos a lo largo del tiempo. Ya que la Estructura I es hasta ahora la única totalmente excavada, sólo nos referiremos a ella a la hora de comentar aspectos de distribución de materiales y características concretas de los mismos. De esos 537 fragmentos cerámicos, el 90,88% aparecen bajo los restos del derrumbe, y el resto siempre en el interior de la cabaña, excepto 3 piezas informes y muy rodadas, localizadas fuera de la cabaña, pero en las proximidades del vano de acceso. La distribución de los materiales por profundidades da una idea bastante exacta de la asociación de los mismos a un único momento de derrumbe:

Superficial Rebaje 1 Rebaje 2 Rebaje 3 Total

Num.frag. 3 21 129 384 570

Rebaje 1: distribución nº fragmentos cerámicos.

% Total 0,6 3,8 24,1 71,5 100,0

Los 3 fragmentos del nivel Superficial se localizaron fuera de la cabaña, aunque en las proximidades del vano de acceso, y dispersas en la misma dirección que la pendiente del terreno, por lo que se puede suponer que pertenecen al conjunto de la cabaña. En cuanto a las tallas o rebajes, su potencia oscila entre 10 y 15 cm, según los sectores, correspondiendo el Rebaje 2

Rebaje 2: distribución nº fragmentos cerámicos.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Rebaje 3: Distribución n.º fragmentos cerámicos.

De los escasos fragmentos significativos, casi todos los fondos aparecen, aunque fragmentados, «in situ», próximos al zócalo septentrional, y también próximos a los dos muretes paralelos, allá donde se observa una mayor densidad de materiales. Excepto un fragmento aislado de borde con decoración incisa, bruñido, y cocción reductora, toda la cerámica está exenta de decoración no plástica, presenta tonos pardos, marrones, y rojizos, malas cocciones, desgrasantes de medios a muy gruesos, y corresponde a vasijas de gran tamaño, con fondos planos, o cóncavos si se trata de fuentes y cuencos. Como elementos plásticos aparecen tetones, lengüetas, y cordones con digitaciones pareadas, siempre en fragmentos de vasijas de gran tamaño. No se ha documentado ni un solo resto de fauna, salvo dos conchas de Cardium edule, una localizada sobre el banco corrido, y la otra hallada durante la prospección superficial del yacimiento, junto a una lasquita retocada de sílex. No se ha encontrado ni industria ósea, ni trazas de actividad metalúrgica. También de superficie es un fragmento de diorita local que puede ser parte de una maza. Tras la observación de la disposición de los materiales y de los derrumbes parece que estamos, al menos en las estructuras excavadas, ante un único nivel de habitación y ante un único momento de abandono, no asociado en ningún caso a niveles de destrucción o de incendio. Parece que sólo quedan piezas de dificil transporte y escasa calidad, que son abandonadas in situ y que se rompen como consecuencia del desplome de los alzados de las cabañas. V. DISCUSIÓN: MATERIALES, ESTRUCTURAS, Y CRONOLOGÍAS

Suma Rebajes: distribución nº fragmentos cerámicos. Los «*» indican la presencia de materiales de superficie.

De los materiales directamente asociados al derrumbe, sólo el 6,56% pertenece al área septentrional del derrumbe, y el tamaño de los mismos indica un índice de fragmentación mayor, además de una dispersión microespacial aparentemente más aleatoria. Además, esos 537 fragmentos no pertenecen a un número de vasijas superior a 10 en ningún caso; la mayoría pertenecen a un margen que oscila entre las 5 y 8 vasijas.

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La escasez y mala calidad de los materiales documentados han constituido un grave problema a la hora de intentar definir cronológicamente el yacimiento. Sin embargo, ciertas formas cerámicas, y la apariencia que han ido tomando las estructuras una vez excavadas en su totalidad nos han llevado a replantearnos aspectos básicos del mismo(13). La totalidad de las cerámicas documentadas están hechas a mano; sus cocciones son realmente deficientes; y sus acabados mayoritariamente toscos. Su apariencia, no obstante, no concuerda con una adscripción calcolítica para los niveles excavados, y ello sólo ha podido verse confirmado una vez analizados los materiales depositados bajo los niveles de derrumbe. Por otra parte, si bien es cierto que existen estructuras claramente circulares en el asentamiento, el estudio minu-

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Figura 3. Cerámica significativa de la Estructura I.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

cioso fruto de la excavación ha revelado un predominio de plantas ovales, y de unas dimensiones que también exceden la norma calcolítica. Otros aspectos del yacimiento, como la dispersión aparentemente aleatoria de las cabañas(14), su posición estratégica, y hasta su entorno, coinciden con los de otros yacimientos de la España meridional con niveles desde el Neolítico hasta el Hierro I. Así, sin poder negar en absoluto la existencia de momentos de ocupación anteriores, lo excavado en esta I Campaña debe encuadrarse en un contexto del Bronce Final. La información que hasta ahora poseemos sobre el registro material de La Serrecica nos impide realizar más precisiones al respecto. Pero este yacimiento se caracteriza, en cambio, por aportar gran cantidad de información en el terreno del urbanismo, para el que sí que tenemos algún que otro paralelo. En el Peñón de la Reina (Alboloduy, Almería)(15) se reconocen en superficie un total de 23 cabañas, de las que se han excavado 4, que presentan características similares a las de La Serrecica(16): plantas ovales, parecidas dimensiones, orientaciones NW-SE, acceso SE o S, zócalos de una hilera con dos filas de lajas verticales apoyados directamente en la roca madre, etc. En la Casa 3 aparece incluso un muro adosado al interior, aunque de barro y cubierto con piedras planas. Estas cabañas de Alboloduy se fechan en el Horizonte III de ocupación del lugar, con 3 fases que rondan el s.VIII a.C.(17). En el Cerro de Los Cabezuelos (Ubeda, Jaén)(18), con una sola fase de habitación, las tres cabañas excavadas ofrecen características similares, aunque aquí las orientaciones varían en cada caso; incluso hay un tramo de muro curvo con 4 muretes perpendiculares y paralelos, dispuestos como los dos de la Estructura I de La Serrecica. En este yacimiento jienense, en cambio, aparecen enlucidos y estucos con decoración acanalada. A diferencia de nuestro yacimiento, aquí documentan adobe sobre los zócalos. Se data a finales del s.VIII a.C. En el Cerro del Real VIII-VII (Galera, Granada)(19) hay también estructuras similares, aunque en este caso totalmente en adobe (incluso hay un banco adosado, también en adobe); sus dimensiones son de 11,5 x 7 m(20). Estos Estratos VIII-VII son considerados por sus excavadores como pertenecientes al Bronce III Pleno(21), documentando un fragmento de cerámica a torno considerada del muno bucchero nero sotile(22). Se define como anterior al 800 a.C.

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En el Cerro de la Encina (Monachil, Granada)(23), los niveles del Bronce Final que nos interesan muestran cabañas con zócalo de piedra constituyendo un «urbanismo disperso»(24) sobre una meseta, y una de ellas presenta un zócalo similar al de La Serrecica. La cronología de la Fase II del Cerro de la Encina se sitúa entre el 1000 y el 700 a.C., cuando el torno sella definitivamente el yacimiento con la llegada de las primeras importaciones de factorías costeras paleopúnicas(25). En el Cerro de Los Infantes(26) (Pinos Puente, Granada), el Nivel 2 ofrece dos zócalos de piedra, ovales, con pavimento a base de pequeños guijarros, y estucos con decoración acanalada con motivos geométricos, idénticos a los hallados en Los Cabezuelos. Cronológicamente de definen como anteriores al s.VII a.C.(27). En este yacimiento es interesante observar que este sistema constructivo es sustituido, a inicios del s.VII a.C., por casas de planta cuadrada o rectangular(28). En la Colina de los Quemados (Córdoba), los estratos 15 y 14 contienen restos de muros ovales(29), aunque de cantos rodados, del s.VIII a.C. La Serrecica plantea en esta I Campaña el grave problema de no presentar aún suficiente cantidad de materiales como para precisar más este momento de ocupación. La cerámica a torno está por ahora ausente, pero en los yacimientos mencionados, y para los niveles y estratos que interesan, ésta tampoco se presenta en porcentajes altos (en el Peñón de la Reina, por ejemplo, constituye el 4,16% del total cerámico). En cuanto a cerámica con decoración bruñida, no se ha documentado hasta el momento el el yacimiento en cuestión. De todo ello, y a tenor de lo hasta ahora descubierto, podemos concluir diciendo que nos encontramos ante un yacimiento de crucial importancia para el estudio del Bronce Final en el SE peninsular, cuando en yacimientos de este tipo, con una claro elemento de sustrato, empieza a impactar el mundo paleopúnico. La situación del asentamiento, en el centro del ámbito del Guadalentín, controlando todo el paso hacia la costa y hacia la vega murciana, próximo al gran yacimiento de La Bastida, y las condiciones de conservación de su urbanismo, pensamos que aconsejan continuar las excavaciones en el lugar, que durante el año que viene se centrarán en realizar una planta detallada del área de hábitat, y en la excavación de varias cabañas para contrastar las diferencias o semejanzas que presentan tanto sus estructuras como la disposición de los materiales.

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NOTAS (1) El equipo de excavaciones ha estado formado por las siguientes personas (por orden alfabético): Manuel Ayllón Domínguez, Álvaro Bañón Pérez, María Cano Gomariz, Asunción Ferrer Martínez, Francisco Galindo Caro, José García Macía, David Garrido Portillo, Inmaculada Gómez Martínez, Florentina Hamilton Carreño, Pilar Hernández Gaspar, Jorge Izquierdo López, Juan Javier Martí Martínez, Antonio Javier Medina Ruiz, Concha Mena Moreno, Francisco Moreno Garre, Esther Muñoz Césaro, Pablo F. Pérez Riaño, Belén Sánchez González, y Maria Jesús Sánchez González. (2) Mapas 1:50.000 del Instituto Geográfico Nacional y del Servicio Geográfico del Ejército y Mapa 1:25.000 del Instituto Geográfico Nacional. (3) Las coordenadas UTM del punto central de la meseta son 6265 y 4181, con una cota máxima de 658 m s.n.m. (4) El número total de estructuras en superficie puede variar aún, pues está pendiente de la realización de una planimetría detallada del yacimiento, tarea prevista dentro de las actuaciones contempladas en el Proyecto de Excavación de 1992 (II Campaña). (5) I.G.M.E.: Mapa Geológico de España, E. 1:50.000, «Lorca», Madrid, 1981. (6) Para más información sobre el entorno de la zona (Rambla de Lébor), remitimos a la bibliografía de las campañas de prospección de Lébor-90 y Lébor/Tercia-91. (7) LOMBA et al.: Prospección Arqueológica Sistemática «Rambla de Lébor 90», en MURCIA ARQUEOLOGICA V (II Jornadas de Arqueología Regional, Murcia, 1991), en prensa. (8) Nos referimos a los trabajos de Inchaurrandieta, Siret, Cuadrado, Martínez Santa-Olalla, Val Caturla, Arribas, y más recientemente García López y Ros Sala. (9) Siret, L.: Las primeras edades del metal en la Península Ibérica (10) GONZALEZ SIMANCAS, M.: Catálogo Monumental de España. Provincia de Murcia, Manuscrito del Instituto Diego Velázquez, Madrid, 1905-1907, vol.I, pp.75-77. (11) Siret realiza excavaciones en Las Anchuras, y nos habla de cerámica en abundancia, puntas de hueso y metal, etc. Nosotros no hemos encontrado en La Serrecica resto alguno de excavación, y las cantidades de materiales de superficie, casi exclusivamente cerámicos, son muy pequeñas. (12) Otra alternativa sería pensar en una estructura semicircular, opción que hemos descartado por varias razones. En primer lugar, por donde debía estar la mitad N en la actualidad pasa una vereda de cazadores, a 2 m escasos del escarpe que delimita la meseta (30 m. de caída en ese punto), que ha debido ir destruyendo la estruc-

tura, cayendo sus restos por el cortado. En segundo lugar, el viento dominante es precisamente de componente N y NW, por lo que una estructura semicircular necesariamente debería disponerse abierta hacia el S, y no al revés. En tercer lugar, el emplazamiento del vano de acceso no hace suponer en una estructura semicircular, sino en una oval o al menos circular. (13) Cuando se solicitó esta I Campaña de excavaciones, los materiales de superfície no aportaban información cronológica (fragmentos informes, a mano, en mal estado de conservación); en cuanto a las evidencias superficiales de estructuras, se observaban tramos de estructuras circulares u ovales. Todo ello nos empujó a valorar el lugar, de manera provisional, como eneolítico, extremo que, sin poder ser descartado aún, no se ha visto confirmado en esta I Campaña. (14) Yacimiento de Los Cabezuelos (Ubeda, Jaén). (15) MARTINEZ,C y BOTELLA,M.C.: «El Peñón de la Reina (Alboloduy, Almería)», en EAE, 112, 1980. (16) Op.cit. Nota 15, pp.176-177. (17) Op.cit. Nota 15, pp.299; el Horizonte III del Peñón de la Reina se subdivide en 3 fases: IIIA (segunda mitad del s.VIII), IIIB (finales del s.VIII-inicios del s.VII), y IIIC (s.VII, ya sin cerámica con decoración bruñida). (18) Op.cit. Nota 14. (19) PELLICER,M. Y SCHÜLE,W.: «El Cerro del Real, Galera (Granada)», en EAE, 52, 1966. (20) PELLICER,M. y SCHÜLE,W.: «El Cerro del Real, Galera (Granada)», en EAE, 12, 1962. (21) Op.cit. Nota 19, pp.28. (22) Op.cit. Nota 19, pp.29. (23) ARRIBAS,A.: «»Excavaciones en el poblado de la Edad del Bronce del Cerro de la Encina, Monachil (Granada) (El corte estratigráfico nº3)», en EAE, 81, 1974. (24) Op.cit. Nota 23, pp.140 y 148; en la Fase III del asentamiento, la disposición de las cabañas es irregular, con una clara ruptura frente a la Fase II argárica, que se repite en otros aspectos del yacimiento: economía, materiales, etc. (25) Op.cit. Nota 23, pp.148. (26) MOLINA,F. et al. (27) Op.cit. Nota 26. (28) Op.cit. Nota 26. (29) LUZON,J.M. y RUIZ MATA,D.: Las raices de Córdoba. Estratigrafía de la Colina de los Quemados, Córdoba, 1973, láms. IV, V, VI, y VII.

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EXCAVACION DE URGENCIA EN EL ENTORNO DEL YACIMIENTO IBÉRICO DE SANTA CATALINA DEL MONTE (MURCIA)

Gonzalo Matilla Séiquer

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1991

EXCAVACION DE URGENCIA EN EL ENTORNO DEL YACIMIENTO IBÉRICO DE SANTA CATALINA DEL MONTE (MURCIA)

GONZALO MATILLA SÉIQUER

Resumen: La demolición y posterior proyecto de nueva construcción de un chalet ubicado en una parcela en la confluencia del camino del Valle con la subida de Sta. Catalina, motivó una actuación arqueológica de urgencia centrada en el sector inmediato a al carretera, dado que el resto se encontraba desfondado hasta la roca de antiguo e

incluso en zonas aterradas mediante desmontes en el substrato de pizarras. La estratigrafía documentada revela la presencia de materiales arqueológicos procedentes de arrastres, marcando un punto próximo al poblado pero posiblemente exterior al mismo.

El espacio en el que se plantea la excavación es un solar situado en la ladera Este del Monte de Santa Catalina, junto a los caminos forestales que se dirigen al Valle y a la Luz, y a espaldas del Convento de Santa Catalina. El interés arqueológico de dicho solar está justificado tanto por su presumible ubicación dentro del poblado Ibérico del Verdolay como por su proximidad a dos Bienes de Interés Cultural: El Castillo Almohade de Santa Catalina y El Palacio del Obispo y Huerto monacal de Santa Catalina del Monte. El solar está dispuesto en 3 terrazas cuyas cotas son, con referencia al camino, de 6’69 m., 4’54 m. y 1’66 m. respectivamente. La actuación arqueológica se limita a las terrazas inferior e intermedia, pues la superior está recortada en la roca, lo que imposibilita la existencia de restos. En la intermedia se plantea una cata de 2 por 3 metros, 2 de profundidad. Sólo aparecen los cimientos de la casa que ocupaba el lugar con anterioridad. Éstos se apoyan sobre el nivel de descomposición natural de la roca del monte y la propia roca. La terraza inferior, única susceptible de contener elementos arqueológicos, está dividida en dos partes, una a

cota 1’66 m. y otra al nivel de la carretera. En principio se plantea un corte de 5 por 5 metros que afecta tanto a la parte alta como a la baja. Al limpiar el perfil que hay entre ambas se observa que la roca aparece a 0’40 m., por lo que se opta por rebajar sólo los extremos de

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Vista general de las terrazas media e inferior y área de actuación arqueológica.

EXCAVACIONES DE URGENCIA EN EL ENTORNO DEL YACIMIENTO IBÉRICO DE SANTA CATALINA DEL MONTE (MURCIA)

Detalle del área de actuación

Estratigrafía.

la parte alta con el motivo de agilizar el trabajo en la certeza de la inexistencia de restos arqueológicos, pues si bien en el citado perfil hay alguna cerámica, no se aprecia ningún tipo de estructura. La parte excavada, con una potencia de un metro presenta 8 estratos: Superficial: Tierra láguena y material moderno I: Tierra marrón muy suelta y con piedras pequeñas. Material romano republicano, islámico, ibérico, y bronce. II: Tierra clara, blanquecina, con abundancia de piedra mediana y cerámica. Material republicano. III: Tierra semejante y gravilla. Material republicano. IV: Limo. Material ibérico, muy escaso. V: Tierra marrón clara compacta, con abundancia de piedras de medio y pequeño tamaño y cerámica. Material ibérico.

VI: Limo. Material ibérico. Muy escaso. VII: Tierra Blanquecina, granulosa y compacta con abundancia de piedrecillas. Material ibérico y bronce. Muy escaso. Roca. Por lo que respecta a la zona inferior de la terraza se amplía el resto del corte hasta 6 metros hacia el NE. En su extremo NE y prolongándolo, se hace una cata de 2 por 1 metro por lo que la longitud máxima de la cuadrícula quedaría en 8 metros. En toda la superficie aparece la roca, bajo una capa de barro y escombro, con pendiente hacia el NE, oscilando de los 0’49 m. en el extremo SW a los -0’70 m. en el extremo Noreste. No se aprecia en la roca ningún recorte. Por los restos hallados resulta evidente que el solar se encuentra fuera del recinto del poblado ibérico, o (cosa improbable), en una zona no utilizada de éste. De hecho, los estratos con material arqueológico están evidenciando la ausencia de hábitat a la vez que argumentan a favor de que su formación se ha debido a la caída natural desde lo alto del monte, desde el poblado, tanto de cerámicas como de restos de estructuras. Por último señalar la abundancia de piedras y cerámicas en los niveles II y V, correspondientes a época republicana y época ibérica plena, y que están indicando dos momentos álgidos en la vida del asentamiento.

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TERCERA CAMPAÑA DE EXCAVACIONES EN LA NECRÓPOLIS IBÉRICA DEL CABECICO DEL TESORO (VERDOLAY, MURCIA)

José Miguel García Cano

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1991

TERCERA CAMPAÑA DE EXCAVACIONES EN LA NECRÓPOLIS IBÉRICA DEL CABECICO DEL TESORO (VERDOLAY, MURCIA)

JOSÉ MIGUEL GARCÍA CANO Museo de Murcia

Resumen: En la tercera campaña de excavación se han localizado dos nuevos enterramientos de incineración ibéricos nº 602 y 603. Este último tenía entre las piedras de protección del nicho un sillar de pie-

dra decorado con ovas en su esquina reutilizado de un pilar-estela. Se han investigado un total de ocho nuevos cuadros de 2 x 2 m.

INTRODUCCIÓN

HISTORIA DE LA INVESTIGACIÓN

Se encuentra situada aproximadamente a cinco kilómetros al Sur de Murcia en las estribaciones de la Sierra de Carrascoy, próxima a la pedanía de La Alberca en el área resitencial de “El Verdolay». El conjunto ibérico está formado por el Poblado, en el cerro de Santa Catalina, limitado al Norte por el Monasterio de los PP. Francicanos y al Oeste por la rambla de San Antonio «El Pobre». Cerca del Poblado y a unos pocos centenares de metros hacia el Noroeste rambla abajo, se encuentra la necrópolis propiamente dicha en una loma de suave pendiente, en la margen izquierda de la rambla, delimitada al Sur por el camino de Carretas. Al Este del Poblado, a menos de un kilómetro, está el Santuario sobre una colina que se denomina el Eremitorio de nuestra Señora de La Luz (García Cano, García Cano y Ruiz, 1989:118). El hecho de conocer el Poblado, la Necrópolis y el Santuario confiere al yacimiento un carácter especialmente significativo en el ámbito del panorama de la Cultura ibérica de Murcia. Únicamente se conocen otras dos estaciones de igual entidad: El Cigarralejo (Mula) y Coimbra del Barranco Ancho (Jumilla).

Los trabajos sistemáticos en la necrópolis se inician de forma oficial en 1935 y dirigidos por D. Augusto Fernández de Avilés, entonces director del Museo Arqueológico de Murcia y D. Cayetano de Mergelina, quien había efectuado en los años veinte sondeos en el Santuario de la Luz (Mergelina, 1926). La segunda campaña de excavación se efectuó en el verano de 1936 y fue interrumpida por el inicio de la Guerra Civil (Fernández de Avilés, 1942: 167). Finalizada la guerra se reemprenden las investigaciones en 1942 bajo la dirección de Gratiniano Nieto Gallo quien había participado como estudiante en las campañas precedentes y realizando excavaciones además de 1942 en 1944 y 1955, (Nieto Gallo, 1943: 1944 y 1947). En total se exhumaron 594 tumbas ibéricas de incineración, cuya cronología oscila entre finales del siglo V y primera mitad del siglo I a C . Aunque la memoria general de excavaciones no ha sido publicada, durante estos cincuenta años se han dado a conocer diversos estudios monográficos sobre determinados materiales: terracotas (Muñoz Amilibia, 1963), ungüentarios (Martín, 1975), Kalathos (Poyato, 1975), cerámicas griegas (García Cano, 1982), fíbulas (Iniesta,

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TERCERA CAMPAÑA DE EXCAVACIONES EN LA NECRÓPOLIS IBÉRICA DEL CABECICO DEL TESORO

Lámina 1. Fragmento de nacela de un pilar-estela aparecido en la cubrición de la tumba 603.

1983), imitaciones ibéricas (Page, 1984), armamento (Quesada, 1989) o cerámica campaniense (García Cano, García Cano y Ruiz, 1989). LAS EXCAVACIONES 1989-1990

La necrópolis se extendía por una suave colina desde la margen izquierda de la rambla de San Antonio «El Pobre» hacia el Suroeste. Esta loma no existe actualmente ya que durante los años cincuenta la parte excavada fue permutada por la administración (ICONA) a un particular a cambio de otros terrenos en la Sierra de Carrascoy. Pocos años después se llevaron a cabo intensos trabajos de desfonde en la parte adquirida por la familia Moreno, que supusieron la total transformación del paisaje ya que se dinamitó la parte central de la colina para igualar el terreno, de forma que la parte más alta del bancal fuera la más próxima a la ermita de San Antonio «El Pobre», es decir, los terrenos más orientales, para facilitar el regadío. Toda la finca se plantó de limoneros que actualmente siguen en producción. Las prospecciones previas al inicio de los trabajos arqueológicos dieron como resultado la localización de un perfil en sentido Oeste-Este que señalaba claramente el final de

las excavaciones de Gratiniano Nieto. Dicho perfil se encuentra dentro de los terrenos de la Agencia Regional del Medio Ambiente y tiene alrededor de 40 metros de largo por 6/8 metros de ancho. Antes del inicio de la excavación se topografió todo el espacio susceptible de intervención arqueológica, mediante un eje de abscisas y ordenadas que proporcionan una retícula de cuadros de 2 x 2 metros. En 1989 se excavaron los cuadros G-10, G-11, G-12, H10, H-11, H-12, I-11 e I-12, localizándose tres enterramientos de incineración ibéricos, tumbas nº 596, 597 y 598. En 1990 se excavaron otros ocho cuadros de 2 x 2 metros: G-14, G-15, H-14, H-15, H-16, I-14, I-15 e I-16, exhumándose otras tres incineraciones ibéricas tumbas nº 599, 600 y 601. Como en años precedentes los cuadros de trabajo se situaron continuando el perfil Sur de las excavaciones de Gratiniano Nieto con dirección Oeste-Este. Se plantearon los cuadros H-17 e I-17 al comprobar que la calle “G” a partir del cuadro G-16 estaba desfondada por excavaciones anteriores. Después de excavar estas cuadrículas se documentaron los cuadros H-18, I-18, H-19 e I19, para proseguir después sólo con la calle H en sus cua-

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

sepulturas ibéricas de incineración nº 602 y 603, ambas de ajuar muy pobre. La tumba 602 se encontró en el cuadro I-18. Su fosa de forma próxima a la circular de 70 x 60 cm. estaba excavada entre el estrato I y la descomposición de la roca de base. No tenía piedras de protección ni ajuar funerario. La tumba nº 603 se localizó entre los cuadros I-17 y H17. Se trataba de una fosa rectangular de 148 x 112 cm. excavada en el estrato I de ambas cuadrículas. La fosa se tapaba con barro y con algunas piedras sueltas hacia la parte central del nicho. Entre ellos junto al lado Este del nicho se recuperó un fragmento de escultura en piedras decorado con una ova, seguramente pertenecería a la nacela de un monumento funerario tipo pilar-estela. El trozo es escultórico se utilizaba en el enterramiento como simple piedra. El ajuar de esta incineración lo formaban únicamente dos pequeñas cuentas de collar de pasta de vidrio. Este año se han podido documentar que mientras en los cuadros H e I de numeral 17 a 19 el espesor medio del depósito arqueológico tiene menos de 50 cm., mientras que en las cuadrículas H-20 y H-21 se ha constatado una potencia de los niveles arqueológicos de hasta 98 cm. La estratigrafía general de la parte excavada puede resumirse en la proporcionada por el perfil H-21/H-20 (figura 1). Superficial: Su potencia oscila entre los 40-50 cm. de tierra blanda y oscura. Está formado en gran parte por la descomposición del humus vegetal muy abundante en el yacimiento, procedente principalmente por agujas de pino, piñas, pequeñas raíces, etc. El material arqueológico es escaso.

Fotografías 1, 2, 3. Vista de la estructura de cubrición de la tumba 603. Obsérvese la utilización como simple piedra de un trozo de nacela, perteneciente muy probablemente a un monumento pilar-estela arruinado. Cuadrícula H-12. Estrato I.

dros 20 y 21. La razón principal además del tiempo y el presupuesto es la existencia encima de los cuadros I-19 e I-23 de una gran escombrera fruto de los trabajos de los años cincuenta. En la superficie excavada, ocho cuadros en 1991 -16 metros cuadrados de superficie- se han documentado dos

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Estrato I: Tiene un espesor de 30-40 cm. Es una capa muy homogénea de tierra marronácea a color beige pálido, extremadamente compacta con cantos de piedra y algunas raices. Los restos arqueológicos aparecen como incrustados en esta capa, se han recuperado algunas piezas que dan el perfil. En este estrato es donde suelen excavarse las fosas para las incineraciones, llegando en algunos casos -nº 596 y 603- a excavarse en la roca de base. Estrato IIa: De tierra rojiza-anaranjada localizado hacia el centro de la cuadrícula. Apenas tiene un espesor de 10 cm. Prácticamente no aparece material arqueológico. Estrato IIb: De tierra grisácea muy blanda. Es discontinuo y se constata perfectamente en el perfil H-21 con I-21. Tiene un grosor aproximado de 10 cm. Es prácticamente estéril arqueológicamente.

TERCERA CAMPAÑA DE EXCAVACIONES EN LA NECRÓPOLIS IBÉRICA DEL CABECICO DEL TESORO

TIPOLOGÍA DE LOS ENTERRAMIENTOS Y CRONOLOGÍA

Los datos proporcionados tras tres campañas de excavación nos permiten esbozar una primera aproximación tipológica de las incineraciones: 1. Hoyo simple sin cubrición de piedra 1.1.- Sin urna cineraria y sin ajuar. Las cenizas han sido colocadas directamente en el hoyo (T.602). 1.2.- Como único ajuar presenta la urna cineraria, en cuyo interior se han depositado las cenizas. Las documentadas hasta la fecha sin tapadera (T.598 y T.600). 2. Fosa de forma rectangular con los ángulos redondeados, tapada con barro y algunas piedras 2.1.- Con urna cineraria en cuyo interior se pone parte del ajuar (T.597), aunque también se depositan cenizas en el nicho (T.601). 2.2.- Sin urna cineraria, con el ajuar puesto directamente dentro de la fosa (T.599). 3. Gran fosa de forma rectangular excavada en la descomposición de la roca de base, es decir, en la parte final de la necrópolis hacia el Suroeste, donde la roca de base empieza a aflorar muy en superficie. Sus dimensiones oscilan entre 160/120 cm. de longitud y 100/60 cm. de anchura. 3.1.- Con urna cineraria en uno de sus ángulos y el resto del ajuar en el interior del nicho con las cenizas (T.596). 3.2.- Sin urna cineraria. El ajuar depositado directamente en la fosa con las cenizas (T.603, entre las piedras de protección tenía un fragmento arquitectónico, posiblemente parte de la nacela de un pilar estela). En estos años, no se han documentado superposiciones en los enterramientos, siendo por tanto, difícil de establecer la cronología de los mismos. Los ajuares del grupo 1, no contenían elementos de datación absoluta. La urna de la T.598, próxima a la F11 de Cuadrado, aunque de perfil más esbelto (CUADRADO, 1972: Tabla VII), tiene una cronología del siglo IV a. C. en el Cigarralejo (CUADRADO y QUESADA, 1989: 55-58). Respecto al grupo 2, la T.597 de la variante 1, contenía una falcata, soliferreum, puntas de lanza y una urna de cerámica ibérica pintada con algunos paralelos en otros enterramientos de esta necrópolis. Examinemos estos casos; la tumba nº 71, cuya urna es algo más pequeña que la

Fotografía 4. Detalle del trozo de nacela en piedra arenisca, documentado en la cubierta de la tumba 603. Véase que lleva decoración de una ova en la esquina. Cuadrícula H-12. Estrato I.

nuestra puede fecharse entre finales del siglo III y los primeros años de la centuria siguiente al poseer entre el ajuar, un plato de pescado de cerámica campaniense A (GARCÍA CANO, 1982: 83, nº 80; GARCÏA CANO, GARCÍA CANO y RUIZ, 1989: 137, nº 64); la tumba nº 100, contiene una pátera de cerámica ática de barniz negro F24L., de la primera mitad del s. IV a C (PAGE, 1985: 122); la nº 400, tiene elementos cronológicos algo más imprecisos, pero la fíbula anual hispánica(INIESTA, 1983: 149, nº 196) y sobre todo los broches de cinturón (QUESADA, 1989: 81) nos hacen pensar en una cronología del siglo IV a C.; la tumba nº 474 también en base a una fíbula anual hispánica de navecilla normal con puente convexo -tipo 4b, variante I- puede situarse en el s. IV a C. (INIESTA, 1983: 135).

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Por tanto, de cuatro casos analizados, tres son de cierta probabilidad del siglo IV a. C. y solamente la tumba 71 se fecha en la transición de los siglos III-II a. C., pero su urna es algo distinta a las restantes. En el Cigarraleio esta forma ha sido clasificada como tipo 2, subtipo 2a 1 por Emeterio Cuadrado, fechándose los catorce ejemplares estudiados en el s. IV a. C (CUADRADO y QUESADA, 1989: 52, figura 2). Pensamos pues que nuestra tumba puede datarse a lo largo del s. IV a. C. La T. 601 contaba con un excelente Kalathos ibérico con decoración tipo Elche-Archena. Pertenece al grupo D-2 de Mª José Conde (1990: 154-157) y tiene un claro paralelo en otra pieza similar aparecida en la tumba 267 de esta necrópolis (CONDE, 1990: 154, nº 8, figura 3) que puede fecharse en el segundo cuarto del s. II a. C., por la presencia de un plato de cerámica campaniese A, F36L. (GARCIA CANO, GARCÍA CANO y RUIZ, 1989: 146, nº 135, fig. 20-4). La T. 599 es la única documentada del tipo 2.2. Como ajuar poseía una terracota en forma de cabeza femenina del tipo A de Ana Mª Muñoz, que puede situarse globalmente en el s. III a. C. (MUÑOZ AMILIBIA, 1963). La T. 596 del tipo 3.1 contenía como ajuar además de la urna de cerámica ibérica común cubierta con un plato de borde recto con decoración geométrica algo erosionado, que hacía la función ds tapadera y dos platos de cerámica campaniense A -F27L. y F36L.- datables en la primera mitad del s. II a. C. La única tumba del tipo 3.2 poseía de ajuar dos cuentas de collar (T.603) Tenemos pues, dos sepulturas adscribibles al s. II a. C. (T.596 y T. 601), a las que podría añadirse la nº 603 por su similitud tipológica con la nº 596. La T. 597 podría llevarse al s. IV a. C. y la T. 599 al s. III a. C. Las restantes carecen de elementos cronológicos -T. 598, 600 y 601-. CONSIDERACIONES FINALES

Puede decirse que en el ritual funerario la cremación del cadáver en un ustrinum, ya que apenas se han documentado carbones en nuestros enterramientos, en todos los casos deben ser considerados como secundarios. Los materiales aparecen bastante completos, como paradigma podría citarse la terracota de la T. 599 que apareció de una pieza y depositada en un ángulo del nicho con la cara hacia la tierra con cierto cuidado. Por los materiales exhumados por G. Nieto, sabemos que la ocupación de la necrópolis cubre desde finales del s.

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V a. C. hasta finales del s. I a. C., con una pujanza durante el s. II a. C., claramente demostrada por la presencia de más de 100 piezas de cerámica campaniense (GARCÍA CANO, Gª CANO y RUIZ, 1989).

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EXCAVACIONES EN EL SANTUARIO DE LA LUZ. CAMPAÑA 1991

Pedro A. Lillo Carpio

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1995

EXCAVACIONES EN EL SANTUARIO DE LA LUZ. CAMPAÑA 1991 (1)

PEDRO A. LILLO CARPIO Universidad de Murcia

Resumen En esta campaña de excavaciones se ha documentado una secuencia estratigráfica desde comienzos del s. IV a. C. hasta inicios

del s. I, con un contexto de tipo cultual en todos los estratos, con una posible relación con rituales de libación y ablución.

I. PRECEDENTES

puestas de cornamentas de ciervo y restos de suidos, en particular defensas de adultos. En el sector noreste del corte P90, en el ángulo de un muro, junto al perfil del corte habían aparecido tres exvotos de bronce con señales de haber estado envueltos en cintas y cubiertos con arcilla del zócalo (veríamos en campañas posteriores que eran cinco los exvotos alineados en este paramento fig.1). Este hecho nos hizo pensar que los exvotos de bronce no se hallaban dispersos en el yacimiento como abandonados o extraviados que es lo que en principio hacían pensar los hallazgos fortuitos o las excavaciones agrícolas y rebuscas de antaño. Por otra parte, la aparición de los exvotos perfectamente envueltos, adosados y cubiertos abría nuevas hipótesis de trabajo a nuestra labor.

Tras las excavaciones de la I Campaña de 1990 llegamos a las siguientes conclusiones provisionales dada la notable extensión del yacimiento y su considerable complejidad: - El sector norte del cerro no había presentado muestras de trazados arquitectónicos, aras, restos de fundición ni vestigio alguno de asentamientos humanos ibéricos ni de otra época. Así lo mostraron los cortes A90, C90, D90, alineados en el eje del cerro. - E90, F90, al pie del mismo, en dirección Oeste y el G90 en plena vertiente y ya en su parte noroccidental. En todos ellos hallamos tan sólo escaso material rodado, caído sin duda por la vertiente norte desde la cumbre. En todos estos sectores excavados observamos también que la roca caliza del sustrato afloraba muy pronto -entre 20 y 40 cm.- bajo una consistente capa de suelo arcilloso de coloración rojiza. Dadas las circunstancias, optamos por concentrar los trabajos en el sector occidental del yacimiento, en donde la Campaña de 1990 había proporcionado una serie de datos que prometían buenas perspectivas: El corte P90 había mostrado un amplio recinto, entre muros, con restos de exvotos, de anillos, pequeños útiles de hierro, huellas de fuego y, sobre todo, ofrendas bien dis-

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II. LA CAMPAÑA 1991

Con la intención de ampliar y confirmar los trabajos habidos en este sector, el denominado LLano del Olivar, planteamos los siguientes cortes: - Hacia el sur, abrimos los sucesivos e inmediatos cortes aA91 y B91, con el propósito de estudiar más a fondo esta zona con estructuras murarias y estrato de ofrendas en su cara este.

EXCAVACIONES EN EL SANTUARIO DE LA LUZ. CAMPAÑA DE 1991

Fig. 1. Plano general de las excavaciones del Santuario de La Luz. En sombreado aparecen los cortes A, B, C, D y E-91, realizados en la campaña descrita.

- En sentido contrario, hacia el norte y siguiendo la misma línea de ordenada, abrimos los cortes C91 y D91 y, en el vértice noroccidental de este último, el corte E91 (ver plano fig.2). - Todas estas tareas quedaban complementadas con las de excavación sobre la roca de los cortes Q90 y R90 que habían presentado extrañas y sólidas estructuras defensivas con vestigios dispersos de restos de hornos de fundición con piedras calcinadas, cenizas y escorias. Una característica general de los cortes de este sector es la actuación en el pasado de intensas labores agrícolas y fosas de plantación de árboles -algarrobos y sobre todo olivos-, actividad que se inicia en el siglo XVII al parecer.(2) Bajo la superficie del suelo de acción agrícola también la estratigrafía está alterada, como ocurre en casi toda la superficie del yacimiento. En gran parte, el área de los

cortes proyectados está afectada por las excavaciones antiguas que remueven la estratigrafía, posiblemente en la busca de los exvotos de bronce exclusivamente. Buena prueba de ello es que en el estrato primero aparecen ya fragmentos de cerámica de barniz negro que podemos encuadrar en los siglos IV-III a.C., junto a fragmentos de vasos de buena factura de ática de figuras rojas. La textura del terreno y las secciones practicadas delatan el tipo de excavación que se llevó a cabo, con derrumbes intencionados, grandes terrones y tierra blanda de relleno sobre extensos agujeros en forma de cráter. En el contexto descrito hay escasas áreas que mantienen una estratigrafía incólume y que se suele corresponder con los estratos superficial, I y II que ya habíamos reconstruido en el corte P90 en la campaña anterior. Bajo este contexto se conservaba, menos afectado, un potente estrato III con la

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Fig. 2. Conjunto de cortes en el sector del yacimiento denominado Llano del Olivar.

característica tierra amarilla-anaranjada que corresponde al momento pleno-reciente del santuario ibérico. III. LA ESTRATIGRAFÍA

La secuencia estratigráfica reconstruida para estos dos cortes, A91 y B91, no presenta paramento constructivo alguno, al contrario de los cortes del sector septentrional y occidental de este contexto. Las alteraciones no parecen delatar el desmantelamiento de muros antiguos dado que, siendo así, la proporción de piedra de construcción hubiera presentado aquí un porcentaje más alto. Las construcciones, pequeñas y muy particulares, aparecen en el estrato III en terreno inalterado y en los estratos X-XI, como veremos a continuación. La estratigrafía se presenta en el perfil común de ambos cortes del siguiente modo:

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S- estrato superficial, de laboreo agrícola persistente, posiblemente desde el siglo XVII para cereal y arbolado. El material es rodado, con fragmentos y detritus procedentes sobre todo de las sucesivas romerías, mezclados con materiales anteriores y considerable proporción de cerámicas de contexto arqueológico de los ss.IV-II a.C., revuelto. Este estrato se halla bajo una costra más consistente de sedimento arcilloso de abandono en los últimos decenios (fig.5). I- sustrato de deposición, duro, arcilloso de color beige claro; contiene cantos rodados y material cerámico muy fragmentado, procedente de las zonas más elevadas del yacimiento. II- estrato más blando, arcilloso, con pizarra meteorizada, lentejones de adobe disuelto y tierra y cantos menudos procedente de encofrados y aglutinante de mampostería. III- Capa de adobes deshechos, formando una plancha relativamente uniforme de arcilla con pizarra violácea, tritu-

EXCAVACIONES EN EL SANTUARIO DE LA LUZ. CAMPAÑA DE 1991

A Exvoto de caballo B Exvoto de guerrero Fig. 3. Secuencia estratigráfica correspondiente a la sección entre los cortes A-91 y B-91.

rada; cubre las estructuras inferiores, tumulares, hechas de piedra trabada con abundante tierra amarilla. IVB- estrato de tierra amarilla pulverulenta con estructuras de base rectangular hechas de piedra trabada con arcilla roja y adobes. Al pie de las estructuras aparecen, encajados en el barro de la parte inferior, restos cerámicos de pequeños vasos de ofrenda y exvotos de bronce y restos de anillos y pequeños objetos de hierro -tránsito de los ss.III-II a.C.-. IV- estrato arcilloso con vestigios de caída de enlucidos o estucos de color blanco amarillento, con restos de adobes y fragmentos teñidos de almagra y gris verdoso. En el sector oeste, caos de piedras de derrumbe o destrucción antigua de un muro. IVB- capa de tierra gris, arcillosa, mezclada con abundante ceniza, oscura y blanda, que se interrumpe al oeste,en la caída de las piedras del IV. V- pavimento de ceniza batida, compacta, plana y bien

apisonada. Sobre ella, y en contexto de cerámicas correspondientes a la segunda mitad del siglo IV a.C., aparecía el exvoto de guerrero de inspiración clásica con casco (nº1). VI- placa de tierra amarilla dura, apisonada y con evidencia de haber sido sometida a altas temperaturas. La parte inferior, no afectada por el fuego, se mezcla, en su parte oriental, con cenizas del estrato inferior. VII- potente estrato de cenizas sueltas, sin apenas material arqueológico. Aflora aquí la roca caliza de base. VIII- plancha de barro rojo, amasado, al parecer, con pequeños cantos de forma intencionada. IX- plancha de arcilla amasada con arena y cenizas que le prestan un color grisáceo y dureza y textura de mortero. Este estrato, arqueológicamente estéril, en su superficie tiene señales de haber sido frecuentemente sometido al fuego. X- roca del sustrato.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

N Fig. 4. Planta del corte A-91 en el estrato 3, en el que se puede ver el emplazamiento de los dos pequeños elementos tumulares y de las ofrendas depositadas.

IV. INTERPRETACIÓN

La secuencia es del mayor interés a nuestro juicio y presenta unos horizontes que son la clave para la interpretación de este sector; bajo unos estratos que resultan ser la lógica consecuencia de la degradación natural y la agresión antrópica, nos hallamos ante el estrato III, sobre el estrato IV, con un complejo que nos remite y evoca la estructura y ordenación del área sagrada del themenos del santuario y que, como en el entorno de los templos greco-itálicos, se van a situar elementos monumentales menores del tipo naiskos y tesauros, construcciones que cubren el territorio próximo al templo y sus aledaños sagrados. En las plantas de los estratos IV, sobre V de los cortes A y B91 se observan los restos de estas estructuras hechas y rodeadas de arcilla roja. En el estrato IV sobre V nos hallamos sobre otra área de deposición ritual de exvotos aunque aquí no podemos determinar la morfología de las estructuras de manera tan

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clara como en las que se levantaban sobre el estrato IV. Aun así, las sucesivas capas de tierra roja -la típica y simbólica tierra roya o almagra que acompaña a los rituales humanos desde los más remotos tiempos- alternantes con capas de cenizas y de tierra amarilla parecen indicar sucesivos y rituales rellenos de remoción y purificación de áreas sagradas. Este hecho se detecta claramente en los estratos inferiores -estratos IX y X- de los cortes A91 y B91 pero también se detectó en los anterior y posteriormente excavados en el área que nos ocupa. Vemos que, sobre la roca de base, denudada intencionadamente de su posible depósito de tierra o derrubios, se amasa, indefectiblemente, un hormigón confeccionado con arena y arcilla con cenizas -lo que nos remite a fórmulas constructivas de claro origen greco-itálico- y, sobre esta consistente capa, amasan y extienden una nueva plancha, esta vez de barro mexclado con tierra roya. Todo esto nos evoca los complejos ritos de lustratio de las áreas sacras en el resto del Mediterráneo. Las sucesivas y gruesas capas de ceniza, a veces acom-

EXCAVACIONES EN EL SANTUARIO DE LA LUZ. CAMPAÑA DE 1991

Fig. 5. Conjunto de vasos cerámicos, imitación de formas greco-itálicas, hallados en los estratos III-II del yacimiento: 1. Apodo tipo mastos (22111 a 1); 2. Cuenco abierto apodo (2143 a 1); 3. Apodo dorde recto (4154 b 1); 4. Plato de labio vuelto (1315 c 1); 5. Ídem (1321 b 1); 6. Pátera de pared cónica (2233 a 2); 7. Pátera de borde curvo reentrante (2258 a 2); 8. Pátera plana de borde en ángulo (2262 a 1); 9. Ídem (2286 a I); 10. Pátera plana, grande, con el borde almendrado (2284 d 1); 11. Cuenco con pared en ángulo (2251 a 1); 12. Cuenco pequeño con borde reentrante en ángulo (2884 f); 13. Cuenco grande, borde reentrante, vertical (2731 a 1); 14. Ungüentario (7111 a 1); 15. Ídem (7111 b 1); 16. Ídem (7111 b 2) con pie convexo; 17. Cubilete de boca ancha (7222 a 4); 18. Cubilete de boca ancha alargado (7224 a I); J.P. Morel. Cerámique campanienne: Les Formes. 1981.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Fig. 6. Exvoto 1, de guerrero en bronce pleno, procedente del estrato IV del corte A-91, el sector del santuario que ha proporcionado materiales más antiguos hasta la fecha. Foto E. Sobrado.

pañadas de pequeños fragmentos de molde de fundición, desafortunadamente de formas muy sumarias y de difícil interpretación, nos inclinan a admitir la presencia inmediata de un área de actividad metalúrgica. Este hecho queda constatado en el sector por la presencia de escorias, carbones y piedras que delatan el sucesivo proceso de construcción y demolición de los pequeños y provisionales hornbos de tiro forzado con los que pudieron fundir los exvotos y demás objetos metálicos de culto que eran acabados y puestos en venta en el mismo santuario. A los dos estratos delimitados como claras fases de ocupación como santuario corresponden sendas fases constructivas. - En la fase más antigua, sobre la roca de base, al parecer totalmente limpia y purificada se trazó en principio todo un conjunto de estructuras de buena factura y considerable solidez que se extienden a los cortes más occidentales de la campaña 1990 (U90 y R90). Se crea así lo que consideramos un posible cinturón defensivo del área más alejada del san-

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tuario. Las estructuras de esta fase, directamente asentadas en la roca, tienen igualmente pavimentos de tierra amasada y batida co los hormigones ya descritos y zócalos delimitados con almagra y arcillas amarillentas. El carácter del santuario de esta fase más antigua es bastante difuso aunque es cierto que hallamos porcentajes significativos de cerámicas áticas y subitálicas y en ella apareció un espectacular exvoto que nos remite a prototipos griegos de notable antigüedad. Aún así, más que un área de santuario ibérico con exvotos, parece remitirnos a un área de carácter religioso más próxima a los antiguos modelos religioso-palaciales del tipo regia.(3) Este contexto estratigráfico nos indica provisionalmente una secuencia cronológica que va desde finales del siglo V a la primera mitad del siglo III a.C. - La fase de ocupación del estrato III es más significativa en este sector excavado. Sus estructuras arquitectónicas son de escasa entidad y relieve; parecen pertenecer a pequeñas estancias de reducidas dimensiones y marcada insonsisten-

EXCAVACIONES EN EL SANTUARIO DE LA LUZ. CAMPAÑA DE 1991

Fig. 7. Exvoto 1, de guerrero en bronce, procedente del estrato IV del corte A-91.

cia. A veces, estas construcciones, de irregular aparejo y desigual factura, se asientan directamente sobre los sólidos y rectilíneos paramentos de los estratos inferiores que parecen responder a un plan más serio y a un trazado urbanístico más ambicioso y general en la zona. También el contexto, como ya hemos hecho referencia nos proporciona datos significativos: - Restos de ofrendas y sacrificios de animales, con una alta proporción de restos óseos de cerdo, ovicápridos y escasa representación de cérvidos y équidos, al parecer restos de consumo humano. También se constata la presencia de restos de suidos inmaduros, de corta edad y que, al parecer, responden a un ritual como el constatado en la fosa del corte D91 en la que un pequeño cerdo fue sacrificado pero no consumido sino inhumado completo, como ofrenda a la divinidad curótrofa y símbolo de la fertilidad y fecundidad agropecuarias en el contexto mediterráneo.

V. LAS OFRENDAS

Los fragmentos de pequeños objetos metálicos nos hacen pensar en ofrendas y útiles litúrgicos que fueron intencionalmente abandonados junto a los pequeños monumentos. Los cuchillos afalcatados y los anillos simples de bronce son las piezas más significativas y frecuentes en este nivel del santuario. Ambos tienen una simbología precisa y significativa: el cuchillo afalcatado es símbolo sacrificial y del trabajo y los anillos, símbolos de los vínculos y compromisos rituales contraídos. Entre los diversos restos de objetos de difícil interpretación son dignos de mención dos ejemplares de hachas pulimentadas, neolíticas o calcolíticas, una de pórfido y otra de pizarra dura que delatan el interés en fases tan posteriores por este tipo de útil funcional milenios después de su caída en desuso. Ambas aparecían en un contexto perfectamente

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Fig. 8. Exvoto 1, estrato VI del corte A-91. Detalles y despiece del casco y proporciones con respecto al cánon clásico.

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EXCAVACIONES EN EL SANTUARIO DE LA LUZ. CAMPAÑA DE 1991

VI. LOS RESTOS DE METAL

Una característica significativa es la abundancia de pequeños restos informes de bronce, plomo y estaño, a veces pequeñas gotitas, que aparecen dispersos en este nivel arqueológico. Una pesa, restos de lañas y planchuelas de reparación por fundido, fragmentos y jarapas de metal delatan la actividad metalúrgica en este sector del santuario pero también la abundancia de los metales dada la proliferación y dispersión de los fragmentos hallados que parece denotar una cierta despreocupación por aprovechar al máximo tan valioso producto como es lo proverbial. El plomo, evidentemente, era generado como metal excedentario en la producción de plata a partir de las galenas argentíferas de la Sierra de Cartagena. Su utilización se detecta en las aleaciones de bronces, como se verá más adelante, y sobre todo va a ser utilizado para la reparación de cerámica, para lañas y grapas que aseguran grietas y también taponan orificios o roturas regulares. Placas, barritas, piezas planas enrolladas y fragmentos informes o de difícil identificación nos inducen a pensar que el plomo era también un elemento subsidiario que, por su difícil adquisición y sus características de blandura y maleabilidad, representaba un elemento importante en el campo de la artesanía funcional. Una veintena de muestras sometidas a recalibración y análisis de plomo son significativas de la pureza y proporción de otros elementos hallados en fragmentos de plomo: Fig. 9. Análisis correspondiente al exvoto n.º 1.

delimitado y un claro carácter amulético y mágico; se habían valorado y llevado allí como algo importante. El hallazgo en contexto ibéricos de hachas pulimentadas, las piedras de rayo, parece aquí, como en tantos otros contextos culturales, vinculada también al carácter sideral que en general se ha dado a este tipo de instrumentos líticos, símbolo y arma de la divinidad celestial, el keraunos de Zeus. Como piedras de rayo, la tradición las ha valorado positivamente como elementos que protegían al hombre de los estragos del rayo pero también por su virtud de atraer a la tormenta y con ella a la lluvia; por eso se les venera en virtud de que facilitan la irrigación y consiguiente fecundidad en los campos. Quizás aquí su especial configuración se pueda relacionar con la figura del omphalos griego o el vetilo semita.

Pb:

cont.max.: 99’9; cont.min.: 95’7;

mediamuestras: 98,162.

Sn:

«

« : 3’64;

«

« : 0’001;

«

«

: 0’061

Ag:

«

« : 0’242;

«

« : 0’024;

«

«

: 0’124

Cu:

«

« : 0’163;

«

« : 0’038;

«

«

: 0’067

S

«

« : 0’037;

«

« : 0’001;

«

«

: 0’009

As:

«

« : 0’089;

«

« : 0’002;

«

«

: 0’043

Bi:

«

« : 0’155;

«

« : 0’016;

«

«

: 0’073

Provisionalmente podemos destacar la considerable pureza del plomo encontrado, que supera el 98%. En cuanto a los elementos que le acompañan el estaño tiene un alto porcentaje que no debemos considerar relevante ya que se debe sobre todo a la altísima proporción de alguna de sus muestras (3’64%) lo que induce a pensar en una aleación plomo-estaño con intencionalidad precisa de mejorar las propiedades metálicas de una determinada pieza bajando su índice de fusión y logrando su abaratamiento

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ateriores procesos en los que fueron utilizados como fundentes en el caso del bismuto y el arsénico y en el del azufre que los minerales que lo contenían en origen no lo eliminaron totalmente en el momento de sufrir el correspondiente choque térmico para ello.(4) VII. LOS EXVOTOS

Fig. 10. Exvoto 2, de guerrero, en bronce pleno, procedente del estrato III del corte B-91, adosado al encachado tumular de una posible asa cultual. Es significativo el cambio de atuendo de la figura, ya «romanizada». Foto E. Sobrado.

mediante el plomo. El resto de las muestras no llegan a superar el 1%. La plata, a la que debemos hacer obligada referencia por la especial connotación que tiene el plomo de la zona, extraído en gran parte de galenas argentíferas, muestra porcentajes que llegan al 0’24%, cantidad pequeña pero significativa. La presencia de cobre la podríamos relacionar con la utilización de estos plomos como metal fundente en los procesos de liquefacción en la fundición y purificación del cobre que posteriormente se hubo de manipular para las aleaciones de bronce; la media obtenida, 0’067 indica lo perfeccionado que debió estar el proceso de decantación. Otros elementos, el azufre, el arsénico o el bismuto, con sus porcentajes respectivos de 0’009, 0’043 y 0’073 mueven a pensar que su participación como componentes es residual y no están integrados como elemento aleado; es muy posible que su presencia se deba a que son los vestigios de

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Las figuras en bronce halladas en la campaña de 1991, al igual que las de la precedente son de figuras exentas, fundidas y de bronce pleno y vertidas en moldes de arcilla y hechas por el método de la cera perdida. Todas ellas, los tres guerreros y el caballo, distintos en cuanto a su morfología y distantes en su cronología parecen fabricados de una sola pieza a la que se le debió aplicar en su momento una plaquita de bronce batido como peana de sustentación. Solamente la figura del potrillo, la mejor conservada y la única que parece no haber sufrido agresiones rituales previas a su inhumación, es la que conserva este tipo de base. La disposición de los moldes para el vertido del metal fundido debió ser invertida, cabeza abajo; de modo que el bebedero quedaría en la parte inferior de la pieza. La textura y uniformidad del metal, que difiere según sectores, parece reflejar este hecho. Otras figuras, de morfología más peculiar o compleja como los caballos, debieron colocar el molde en la disposición más conveniente al vertido, así como los respiraderos. En general, los exvotos hallados responden en tamaño, técnica y buen arte a los ejemplares que ya se conocían de antiguo procedentes de La Luz. Su tamaño es considerablemente grande, como en el exvoto nº1, que debió medir completo unos 180 mm. Si tenemos en cuenta que el mayor de los exvotos de este yacimiento, en el M.A. de Barcelona, debió medir unos 240 mm. podemos calificarlo de pieza grande. Los exvotos de representaciones humanas, especialmente los que son excesivamente grandes se han de someter a un análisis más pormenorizado. La gran dificultad a la hora de llevar a cabo el fundido de una pieza de tamaño considerable es grande; la proporción de metal que se podía manipular en el crisol ibérico, dado el nivel tecnológico del proceso, debió ser muy limitada.. Además, pese a hacerse los vertidos en moldes muy calientes para retrasar la solidificación rápida, los problemas a este respecto son a veces insalvables. En consecuencia, para evitar el fundido de piezas defectuosas o mutiladas por la imposibilidad de

EXCAVACIONES EN EL SANTUARIO DE LA LUZ. CAMPAÑA DE 1991

Fig. 11. Exvoto 2 de guerrero, en bronce pleno, procedente del estrato IV del corte B-91.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Fig. 12. Análisis correspondiente al guerrero n.º 2.

Fig. 13. Exvoto 3 de guerrero en bronce pleno, procedente del estrato III del corte B-91, adosado al encachado tumular de una posible ara cultual. Foto E. Sobrado.

realizar el vertido al total del molde, en muchos casos las figuras debieron hacerse por piezas que, posteriormente, se imbricaban y retocaban o bien se unían machihembradas con ayuda de la soldadura con aleaciones de bajo punto de fusión. El cuidadoso estudio del lugar de disección de la pieza para el molde y un perfecto ensamblado permitiría que la unión fuese imperceptible en la pieza acabada. Es, por tanto, nuestro propósito inmediato someter a rayos X los exvotos de La Luz objeto de estudio de modo que la apreciación de su estructura interna nos permita detectar las huellas de estas uniones que habrían permitido fabricar piezas complejas y excesivamente grandes para la tecnología de su época, técnica que se haría extensiva a otros exvotos en bronce de excepcional tamaño, como el guerrero de Medina de Las Torres, actualmente en el British Museum que mide 340mm. de altura.(5) La confirmación de esta hipótesis de trabajo nos resolverá la incógnita en torno a muchos de los exvotos de par-

tes anatómicas aisladas, como piezas de cintura para abajo, piernas solas, cabezas, etc. y que, curiosamnte, en su inmensa mayoría aparecen inacabadas, como recién salidas del molde de fusión. Cabe, pues, preguntarse si esas piezas, aún de taller, no son más que partes de figuras para armar en un laborioso proceso de montaje y acabado. En todas las piezas halladas observamos un laborioso trabajo inmediato y posterior al fundido de la pieza. El cortafríos, el cincel, el buril, la sierra, el punzón y la lima delatan sus huellas en distintos puntos. Finalmente fueron sometidos a un pulido, sobre todo las piezas de mayor calidad, Los posteriores procesos de oxidación enmascaran a veces las texturas y calidades de estos procesos de acabado. En cuanto a la composición cuantitativa de las piezas hasta ahora conocidas, están hechas en bronce con plomo cuya composición media es de 88 % de cobre con 6’5 de estaño y 5’5 de plomo. La considerable cantidad de plomo,

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EXCAVACIONES EN EL SANTUARIO DE LA LUZ. CAMPAÑA DE 1991

Fig. 14. Exvoto 3, guerrero en bronce, procedente del estrato IV del corte B-91. Abajo, proporciones del cánon corto ibérico con respecto al cánon blásico.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Fig. 15. Análisis correspondiente al exvoto de guerrero, n.º 3.

si comparamos esta aleación con la de los exvotos procedentes de otros yacimientos, es realmente irregular por su excesiva proporción. La mayor proporción de plomo se suele dar, además, en las piezas de mayor complejidad y más cuidadas. Este hecho puede estar relacionado con que la presencia de plomo hace descender el punto de fusión de la aleación de forma considerable al casi duplicar la presencia de metales de bajo punto de fusión (Sn+Pb) en el crisol. Además, ha sido de utilización generalizada el uso de aleaciones con plomo en la fabricación de figuritas fundidas de bronce hasta nuestros días. La aleación pierde calidad y estabilidad ante los agentes oxidantes pero gana mucho en cuanto a la textura y perfección de detalle de la pieza fundida. En todos los casos, el contexto en que se halla el depósito arqueológico, la presencia de cenizas, restos de materia orgánica, colectores donde se acumule el agua temporalmente o niveles freáticos permanentes y la

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presencia de otros agentes agresivos pueden modificar substancialmente la estructura metálica hasta mineralizarla de forma irreversible. Los exvotos de la campaña 1991, como ya hemos referido, corresponden a dos grupos diferentes, un conjunto de tres, dos guerreros y un potrillo, corresponden al estrato III B, más reciente y a niveles inferiores, estrato IV B, corresponde otra figura, mayor, también de guerrero. 1) Guerrero del estrato IV. En bronce pleno. Altura conservada:153 mm. Altura total calculada:180mm. Por fractura intencionada ha perdido la pierna derecha desde el último cuarto del muslo y la izquierda desde el arranque del tobillo. Como otras muchas piezas de este tipo, el exvoto fue golpeado en el rostro y tiene rota la nariz. Hallado en el corte B91-E.IV, su contexto arqueológico podría corresponder a 325-275 a.C. y por su tamaño y factura podemos encuadrarlo en el grupo de figuras de exvotos de La Luz de mejor estilo, con fuerte influencia clásica de carácter arcaizante. Destaca de manera particular la utilización de un canon largo que estiliza las proporciones de la figura que en la estatuaria ibérica en general y especialmente en los exvotos de bronce es de canon excesivamente corto. La figura apareció sobre el pavimento de arcilla, junto a restos de dos anillos simples de bronce, de sección plana, resctangular y restos de tres pequeños cuchillos afalcatados de dos remaches. Todo ello cubierto por un derrumbe de adobes y cubierto con barro rojo. Su conservación, ralativamente buena, presenta zonas afectadas intensamente por la oxidación en casi toda su superficie pero especialmente activa en el hombro y mano derechos, en donde aparece una amplia mancha de estaño y plomo por defecto del vestido del nivel en el molde. La pieza, de una sencillez espléndida, representa a un guerrero joven, desarmado, con casco y túnica muy corta que por delante cubre apenas el sexo. Su actitud, en marcha, ligeramente inclinado hacia adelante, con los brazos pegados a los costados y las palmas sobre los muslos, en clara disposición de oración o reverencia. En cuanto a su aspecto tipológico y formal se aproxima a los modelos clásicos así como en la composición del rostro, textura de superficies, tratamiento de detalles, cabello, incisiones y drapeado de modo que nos aproxima a los contextos coroplásticos grecoitálicos de evocación anterior. El rostro, modelado en las proporciones clásicas presenta la composición clásica que heredará en versión propia, el arte

EXCAVACIONES EN EL SANTUARIO DE LA LUZ. CAMPAÑA DE 1991

Fig. 16. Exvoto 4, de potrillo, en bronce pleno, procedente del estrato III del corte B-91, en el contexto de los encachados tumulares. Foto E. Sobrado.

ibérico, con ojos almendrados, boca simplificada y amplia y contorno redondo. Su cabeza está cubierta por un curioso casco que parece estar compuesto por tres piezas longitudinales, una superior y dos temporales con carrilleras que dejan al descubierto el pabellón auditivo. La parte posterior, prolongada en un guardanuca queda rematada por un reborde en media caña que a ambos lados, a la altura de las carótidas, se prolonga en dos gruesas trenzas, a modo de paragnátidas protectoras. Los lóbulos de ambas orejas van adornadas con sendos pendientes circulares que parecen evocar rosetas. El modelo de casco, que pudo ser metálico o de cuero grueso denota una gran funcionalidad y posiblemente esté inspirado en un tocado masculino de pelo peinado hacia

atrás en dos trenzas y ceñida la cabeza por una cinta sobre la frente como se observa en los exvotos de Sierra Morena descritos por Nicolini.(6) Es un modelo de casco que vemos íntimamente relacionado con los de ejemplares de guerreros de La Luz estudiados por M. Jorge Aragoneses a propósito del hallazgo del lancero hallado en 1966, en las obras de cimentación del Albergue cuyas ruínas ocupan el centro del yacimiento.(7) El vestido, una túnica corta, responde al tipo convencional, proporcionado y tratado con una notable maestría. La túnica, ceñida por un cinturón de placas, ibérico, es muy corta y termina en un leve pico por delante y por detrás que apenas cubre el sexo y por la parte posterior deja ver el pliegue de los glúteos sobre los muslos. En la parte delantera, las tablas del faldellín han sido decoradas con

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Fig. 17. Exvoto 1, de potrillo, en bronce pleno, procedente del estrato III del corte B, 91.

una fina labor de punteado con buril. En la parte superior, la túnica lleva escote triangular con reborde hacia pecho y espalda y en la parte anterior, en la garganta, lleva una línea incisa que parece indicar un collar o quizás una prenda interior bajo la túnica. Las mangas, largas, al menos hasta el codo, llevan una serie de sucesivas marcas que podrían ser adornos o rebordes del tejido, quizás brazaletes superpuestos que cumbren totalmente los brazos. Son especialmente curiosas las piezas que lleva en ambos codos a modo de coderas protectoras y que resultan singulares en representaciones de este tipo. También en la muñeca izquierda lleva marcados dos brazaletes. En las piernas debió llevar los típicos botines ibéricos por las marcas incisas que conserva en la pierna izquierda, única que conserva a esa altura. En cuanto a los pies, desaparecidos, debieron de estar calzados por el tipo de botas ya referidas. En definitiva, nos hallamos ante un espléndido ejemplar de considerable tamaño y cuidada factura y que sería encuadrable en el grupo de los exvotos del primer buen estilo de La Luz. En cuanto a su cronología, la considera-

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mos como bastante anterior al contexto de fines del s.IV en el que fue hallado. 2) Guerrero de bronce pleno, en actitud de marcha. Altura total, 137mm. Carece de peana que debía ser una placa de bronce a la que estaría unido por solddura. Hallado en el corte A91 estrato III. Contexto arqueológico correspondiente a la primera mitad del siglo II a.C. Fue hallado junto a la figurita de otro guerrero (el descrito a continuación con el número 3) al pie de un pequeño túmulo de arcilla roja y piedra, colocados ambos intencionadamente allí y cubiertos de barro. Junto la túmulo aparecieron restos de anillos de bronce, de cuchillitos afalcatados, fragmentos de candiles de asta de ciervos y colmillos de suido adulto. Por su apariencia formal esta figura se sale de lo que damos en denominar patrones de la coroplastia ibérica en bronce. La influencia inmediata de la presencia de Roma en el sureste de la Península se expresa aquí con un vigor extraordinario. El estado de la pieza es relativamente bueno. Sólo

EXCAVACIONES EN EL SANTUARIO DE LA LUZ. CAMPAÑA DE 1991

Fig. 18. Análisis correspondiente al exvoto de potrillo, n.º 4.

delata la presencia de oxidación activa en dos fallos o vacuolas de fundición una a la altura de la parte superior de la rodilla derecha y otra encima de la cabeza. Como en otros ejemplares, esta figura de guerrero fue intencionalmente golpeada y mutilada antes de colocarla, piadosa y cuidadosamente al pie del túmulo o ara. Así, muestra chafada la nariz, quebrado el brazo derecho -que posiblemente debió ir armado con una lanza, siguiendo la dilatada tradición oriental de los smiting gods- y la pierna izquierda rota por la parte superior del tobillo. La figura, aún correspondiendo a un canon relativamente corto, se ajusta más a los patrones estéticos de la coroplastia romana provincial que a los propiamente ibéricos. La influencia de las piezas de este tipo de origen itálico marcaron de forma decisiva su impronta. Aún así, la pieza parece hecha con molde y técnicas idénticos a los del resto

de exvotos y en el mismo contexto de taller del santuario de La Luz. La estatuilla representa a un personaje vestido como un militar romano de alto rango, tocado de una cortísima capa que evoca el paludamentum de los mandos de las legiones. La cabeza, descubierta, lleva el pelo corto, liso y peinado hacia delante, con un tratamiento de simple y fino burilado. El rostro está igualmente tratado marcando una leve barba a base de punteado de buril. El pecho parece cubierto por una lórica de cuero que marca la anatomía del guerrero como en la estatuaria romana mayor de la época. De la cintura para abajo va cubierto por un faldellín corto sujeto por arriba a la cintura mediante un cingulum de tela retorcida. Cabe pensar en dos tipos de prenda distintos: a) La cintura está ceñida por lo que podría ser un fajín o cíngulo grueso y retorcido, con un nudo en la parte central del vientre, bajo el ombligo. Sujeto por este cíngulo aparece el faldellín, corto pero a la romana, con múltiples pliegues y un galón bordado al frente al lado de donde penden los dos extremos del cíngulo. b) Se puede plantear también la posibilidad de que el personaje lleve el torso desnudo y no cubierto por una lórica ajustada y que la prenda con que se cubría fuese una túnica a modo de chitón jónico, más o menos corto. En este caso, y siguiendo la costumbre tradicional para el trabajo y ciertas ceremonias, se habría desprendido de la parte superior de la túnica poniéndola sujeta a la cintura; quedaría pues recogida y sujeta como se hacía con la imation sobre la cintura para dejar desnudos torso y brazos. Eso podría explicar la cuidadosa y original labor de buril que marca de forma tan minuciosa la gruesa cintura de tela del personaje. Cabe, pues, preguntarse si se trata de alguien que se presenta así a la divinidad por especial prescripción. La otra prenda peculiar que porta el personaje es un manto a modo de sagun muy corto. Va sujeto sobre el hombro derecho mediante una fíbula o quizás un nudo simple. Un pico de la prenda cae por la espalda y llega a la altura de la cintura mientras el otro extremo lo lleva enrollado en el brazo izquierdo de la forma característica que lo hacen los mandos castrenses. En dicha mano lleva un brazalete. En cuanto a las piernas y pies, lleva unas marcas en la pierna izquierda que parecen indicar la presencia de espinilleras y, en el pie conservado aparecen retoques que hacen pensar que el calzado que llevaba eran calligae. La figura, poco cuidada en cuanto al retoque, conserva marcas de limado en varias zonas y tiene huellas de lijado

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

en superficies amplias de piernas y pecho. Se ha cuidado con especial interés el burilado del cabello, el detalle de la cenefa vertical del faldellín y del cinturón así como la cenefa del paludamentum. En definitiva, nos hallamos ante un exvoto de bronce de especial significado por el contexto en que se halla y por su cronología, acordes con la especial fisonomía y atuendo, totalmente exótico y, en consecuencia, fuera del contexto del resto de exvotos de guerreros. En el santuario, en los primeros decenios de la romanización y últimos de la existencia de este conjunto como tal, se nos presenta aquí la imagen de un militar romano de rango en actitud de rendir pleitesía ritual o bien vinculado a la antigua imagen, más o menos desdibujada en su significado del smiting gods de ascendiente semítico. Su cronología, imprecisa, quedaría en el amplio período final de existencia del santuario, que comprende todo el siglo II a.C. 3) Guerrero en bronce pleno, en pie. Altura total 89 mm. Como los ya descritos, carece de base o peana de sustentación, que debió serle arrancada en el momento de su amortización. Fue hallado en el corte B91, estrato III, adosado al pequeño túmulo ya indicado al describir el nº 2. Este exvoto está encuadrado dentro del grupo correspondiente al estilo ibérico de buena época, de canon corto (unas 4’7 cabezas) y marcada síntesis en volúmenes y líneas. Da la impresión de que nos hallamos ante una pieza en serie, artesanal que responde a criterios estéticos y tecnológicos de una habilidad extraordinaria. Como la pieza precedente, su estado de conservación es bueno y su superficie lisa y regular ha facilitado la extraordinaria conservación de su pátina de agua en gran medida de su superficie; sólo un orificio en la parte superior de la cabeza nos hace adivinar el punto del molde en el que se hallaba el bebedero de vertido. La estatuilla, en este caso, está absolutamente completa. Solamente la nariz ha sufrido un golpe por un objeto contundente y con aristas. También se ha visto forzado y deformado el brazo derecho que en su día portó una lanza; dicho brazo ha sido puesto hacia abajo y retorcido hacia fuera de modo que el orificio de su mano cerrada forma ahora ángulo recto con el cuerpo cundo originalmente debió estar alineado con el mismo para poder así mantener la lanza en sentido más o menos vertical. La pieza fue retocada con cincel con el que se indicaron

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las marcas en los extremos de los pies y con buril se marcó el escote triangular por delante y detrás, los brazaletes y final de la manga corta del brazo derecho, retoques en el bajo del faldellín y en el rostro, donde el artesano ha sido bastante desafortunado marcando los ojos torcidos y asimétricos. Para dar sensación de separación en las piernas se ha practicado un orificio entre ambas con un trépano. Parece ir tocado por un sencillo casco de leve reborde o bien con un particular peinado. LLeva pendientes lenticulares o de aro en ambas orejas y el cuerpo lo cubre con la tradicional túnica corta, con galón o bordillo que rebasa sobradamente el vértice del escote formando la típica X. Sólo el brazo derecho lleva indicación del acabado de la manga, con dos incisiones que indican la presencia de sendos brazaletes. El faldellín, termina por encima de la línea de los genitales, bastante destacados y las piernas unidas en la fundición, no han merecido un especial retoque, conservan fuertes marcas de lima en la pierna derecha y en la izquierda hay una línea horizontal incisa que podría indicar la presencia de una calliga alta. Los pies, tratados de una forma original llevan unos retoques que bien podrían ser dedos pero nos inclinamos a pensar que pueden responder a la presencia de un calzado tosco, quizás esparteña. De cronología idéntica a la pieza precedente, por sus proporciones y tipología podríamos encuadrarlo en el tránsito entre los siglos III y II a.C. 4) Potrillo en bronce pleno.Altura máxima 52 mm.Altura con peana 55 mm. Hallado en la excavación del sector oriental del corte A91, en el estrato III, sobre el pavimento de tierra batida roja y, a su vez, en el banco de arcilla y adobes próximo al perfil. Esta singular pieza se halla en el contexto correspondiente al del corte B91-III con la misma facies estratigráfica en que fueron hallados los exvotos 2 y 3. La figura representa un équido macho inmaduro; el tratamiento del animal marca de forma precisa los detalles de su fisonomía y hasta la posición de sus patas, rígidas, con las delanteras adelantadas y las posteriores retrasadas como forzando el mantenimiento del equilibrio. Esta pieza presenta, como las precedentes señales de haber sido golpeada intencionadamente, de modo que sus orejas, especialmente la izquierda, aparecen aplastadas y la cola que originariamente marcaba el característico arco de las representaciones equinas en pintura para caer en vertical entre las patas traseras también aparece rota desde el arranque hasta la jarreta.

EXCAVACIONES EN EL SANTUARIO DE LA LUZ. CAMPAÑA DE 1991

El trabajo de acabado del exvoto es especialmente esmerado así como el burilado de ojos, crines peinadas hacia la derecha, líneas de las orejas, de la quijada, la garganta y músculos de la paletilla y ambas patas. Sexo y cascos están cuidadosamente marcados y proporcionados si bien estos últimos han quedado ligeramente deformados por la presión y el calor de la soldadura en la placa de bronce de la peana. La pieza conserva un buen estado en su pátina en la que se aprecian manchas de estaño sobre todo en el flanco derecho lo que indica el reposado del bronce antes de su vertido en el molde. El exvoto es de un impecable estilo, tanto por su fundido en molde, evidentemente complejo, como por la estructura formal, compositiva y de acabado. Su influencia grecoitálica nos parece evidente hasta el punto de que, si no supiésemos de la excepcional habilidad mimética de la coroplastia ibérica, podríamos pensar que se trata de una pieza suritálica. La elegancia, la finura y la calidad estilística hacen de esta pieza un ejemplar realmente bello y singular. Respecto a la cronología de la figura de nuevo hemos de remitirnos al contexto estratigráfico, que nos lleva al tránsito de los siglos III-II a.C., por lo que podríamos fecharlo entre los años 250 y el 200 a.C. VIII. CONCLUSIONES

Las campañas 1990 y 1991 han supuesto la toma de contacto y la continuación de las tareas iniciadas hace ya más de sesenta años por el Profesor Mergelina Luna y han sincronizado con las hipótesis de trabajo del mismo.(8) Por otra parte se ha abierto una serie de nuevas espectativas y con ello hemos dado paso a una nueva y sugestiva línea de trabajo: - Se ha empezado a constatar una interesante actividad metalúrgica en el yacimiento, tanto primaria, con la aparición de minerales de cobre, galenas, oligistos y las correspondientes escorias, como de metal elaborado en barras o lingotes, chatarreo y refundición de piezas amortizadas. Los restos de jarapa, goterones y conos de vertido en bebederos de moldes a cera perdida indican que la actividad coroplástica en bronce se llevaba a cabo in situ. - En ciertos sectores se detecta un complejo de murallas, cabañas y pequeñas estructuras que indican edificaciones dentro del área del santuario con una clara función de edificios de servicios, todos ellos en el interior de un sólido paramento que parece delimitar y fortificar la zona sagrada.

- Existencia de elementos arquitectónicos que podrían interpretarse como edículos, naiskos, aras tumuliformes, restos de trapeza o betilos relacionables con la presencia de un temenos muy sui generis y sus dependencias. - Los exvotos quedan, en su mayoría, emplazados en lugares precisos y en una disposición especial en depósitos rituales -sacra- al parecer en un momento de abandono o de clausura de los rituales en el santuario. - La presencia de ofrendas de carácter votivo como cornamentas, cuchillos, anillos y sobre todo restos de aves (palomas y tórtolas), colmillos de cerdo y lechones enteros nos evoca y remite claramente a cultos de divinidades femeninas de carácter curótrofo, especialmente a Démeter y claramente influenciada por los misterios eleusinos. Restos de los referidos animales así como de trigo y de ánforas viniarias y olearias apoyan esta teoría. - Las próximas campañas irán abriendo nuevas perspectivas sobre este interesante yacimiento.

NOTAS

(1) La presente campaña de excavaciones arqueológicas de 1991 ha sido realizada por los alumnos universitarios María del Mar Servet, Pedro Fructuoso, Nieves Escudero, Carolina Roos, Adolfo Celdrán, José M. Avilés, Ana Ventosa Beatty, Belén Sánchez, Esther Muñoz Césaro, Antonio Medina Ruíz, Juan J. Martí Martínez, Josefina Mira Ortiz, Carlos Moreno Cano, Fernando Blaya Pallarés, Marina Vidal Muñoz, María Jesús Sánchez, Yolanda Matilla Seiquer, Pedro Carrasco, Felix, Antonia Jaén Agulló y María Dolores García Murcia. Hemos de reiterar también nuestro agradecimiento a los Hermanos Manuel, Matías y Rafael que nos han ofrecido espacio y material necesarios para las instalaciones complementarias. (2) Ver el texto de Lozano en la nota 1 de la Campaña de 1990. (3) Almagro Gorbea, M. Las necrópolis ibéricas. En Congreso de Arqueología ibérica. Madrid, 1991, p.37. (4) Los análisis han sido posibles gracias a la colaboración de D. Ignacio Marcelles. (5) Blanco Freijeiro, A. Un bronce ibérico del Museo Británico. Archivo Español de Arqueología, Madrid, 1949, p.282. (6) Nicolini,G. Les bronzes figurés des sanctuaires iberiques. Paris: PUP, 1969, fig.28 (A O-575), p.124 y fig.73 (A O-2377 (fig.133). (7) Jorge Aragoneses, M. Bronces Ibéricos del Santuario de La Luz (Murcia). ANABA, Madrid, 1973, pp.197-225. (8) Mergelina Luna, G. El santuario hispano de la Sierra de Murcia. Memoria de las Excavaciones en el Eremitorio de Nuestra Señora de La Luz. Memorias de la Junta Superior de Excavaciones y Antigüedades, 77. Madrid, 1926.

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MEMORIA PRELIMINAR DE LA CAMPAÑA DE EXCAVACIONES DE 1991 EN EL POBLADO IBÉRICO DE LA LOMA DEL ESCORIAL (LOS NIETOS, CARTAGENA)

Carlos García Cano

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1996

MEMORIA PRELIMINAR DE LA CAMPAÑA DE EXCAVACIONES DE 1991 EN EL POBLADO IBÉRICO DE LA LOMA DEL ESCORIAL (LOS NIETOS, CARTAGENA)

CARLOS GARCÍA CANO Museo Arqueológico Municipal de Cartagena

Resumen: La campaña de 1991 se ha planteado como continuación de los trabajos realizados durante 1990, en el mismo solar, excavando la mayor superficie posible de la Fase II del poblado; ha permitido especialmente obtener un conocimiento más preciso de esta Fase II tanto en los aspectos cronológicos y comerciales como sobre todo de su desarrollo urbanístico y topográfico. Se han excavado seis nuevos departamentos de planta cuadrangular separados por muros medianeros articulados en torno a dos calles perpendiculares. Todo este sector fue construido

de manera simultánea, con una planificación previa, lo que implica un urbanismo avanzado, con una datación que debe situarse entre los años finales del s.V y los inicios del s.IV a.C. Estos departamentos son abandonados hacia mediados del s.IV a.C.; en la mayoría existe un nivel de destrucción al igual como sucedía en los departamentos A y B excavados en 1990. Por otra parte, se han obtenido nuevos datos cronológicos referentes a la Fase I que confirman la datación avanzada en la campaña anterior que ocupa todo el s.III a.C., con un abandono en los primeros años del

Como consecuencia del interés de los resultados de la campaña de urgencia realizada el año 1990, en 1991 se realizó una nueva campaña, esta vez con cargo al programa de subvenciones de excavaciones arqueológicas de la Dirección General de Cultura. En principio se iba a desarrollar en las zonas verdes de la UA nº 6 de Los Nietos, pero atendiendo el mandato de la Resolución de 27 de mayo de 1991 de esta Dirección General, se realizó en el mismo solar intervenido el año anterior aprovechando el continuado retraso del inicio de las obras. El principal objetivo de la presente actuación era excavar en la mayor extensión posible las estructuras delimitadas en la campaña anterior correspondientes a la Fase II del yacimiento (G.ª Cano e.p.), de la que ya se habían excavado los departamentos A y B, y en parte el departamento K. Los trabajos de excavación se realizaron entre el día tres y el veinte y nueve de junio de 1991 (1).

Los departamentos ya estaban delimitados en planta en el momento de iniciarse la excavación; con objeto de poder excavar varios departamentos simultáneamente asignamos un número de unidades estratigráficas para cada uno de ellos:

LA EXCAVACION

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Departamento C: Departamento D: Departamento E: Departamento F: Departamento G: Departamento I: Calle 1: Calle 2:

UE 6176-6200 UE 6151-6175 UE 6201-6225 UE 6226-6250 UE 6276-6300 UE 6326-6350 UE 6251-6275 UE 6301-6325

DEPARTAMENTO C

Está ubicado en la parte Sur Oeste de la zona excavada, lindando en parte con la cara Oeste del departamento A. Tiene una puerta con umbral de piedras de 0,90 m. de

MEMORIA PRELIMINAR DE LA CAMPAÑA DE EXCAVACIONES DE 1991 EN EL POBLADO IBÉRICO DE LA LOMA DEL ESCORIAL (LOS NIETOS, CARTAGENA)

Plano de situación.

anchura, que se abre en la cara Sur, junto al ángulo Sureste. La estancia tiene forma cuadrangular, mide 5,80 m. de Este a Oeste, por 3,60 m. de Norte a Sur, y un alzado de 1,40 m. de altura. Los muros tienen un grosor medio de 0,50 m., excepto el oriental que alcanza 0,60 m. Están formados por sucesivas hiladas de piedra, generalmente caliza, muy abundante en la zona, de tamaño medio 0,50 por 0,40 por 0,20 m. El resto del alzado debió ser de adobes a juzgar por el número de estos localizados en el interior de la sala. Son de color rojo vivo y tendencia rectangular. En la cara oriental junto al ángulo Sur se observa el tapiado de un vano, lo cual se denuncia claramente en la diferente factura. Nos indica la existencia de una puerta en la cara oriental en un primer momento, que quedaría posteriormente inutilizada, habilitándose el acceso por la cara Sur. La estratigrafía documentada es la siguiente: En primer lugar una capa de tierra revuelta, fuertemente compactada (UE 6176). Al levantarla aparece la unidad 6177 de color marrón claro que se extendía por toda la superficie del departamento, con desigual potencia, siendo más fina próxima a los muros y más gruesa hacia el centro y el Oeste. Quizás se trata de un estrato de colmatación posterior al

derrumbamiento de la sala. A continuación delimitamos un estrato rojo (UE 6178), muy potente arcilloso, correspondiente a la disolución de adobes procedentes con toda probabilidad del alzado de los muros de la habitación. Junto a la base de los muros era más espeso que hacia el interior de la habitación. En él se individualizaron numerosos vasos ibéricos completos (aunque intensamente fragmentados en algunos casos) desde la misma superficie del estrato, en especial en el sector Noreste de la habitación, apoyados a los muros. Debajo se delimitó la UE 6187, estrato de tierra marrón claro anaranjado, compacto, con abundante presencia de carbones, en especial junto al muro Este. En él se localizó gran cantidad de material arqueológico: especialmente vasos de almacenamiento ibéricos, un vaso de doble cuerpo, una píxide de imitación con su tapadera, soportes anulares, ollas de cerámica tosca, escudillas de cerámica ibérica pintada, una lucerna de barniz negro ática y numerosas pesas de telar. Muchos fragmentos de los vasos cerámicos y de las pesas están quemados y astillados. A continuación delimitamos la unidad 6184, que se diferencia del anterior por una menor cantidad de carbones y

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Fig. 1. Planta General de la Fase II, Sector I.

por contener adobes ligeros con improntas vegetales y fragmentos de enlucidos caidos de manera horizontalizada. Sigue aportando gran cantidad de cerámica y de pesas de telar. Pensamos que este estrato, junto con el anterior, debe corresponder a la caída de la techumbre. Les sigue un fino estrato (UE 6188) de color rojo, compacto, depositado directamente sobre el pavimento (UE 6189), formado por arena color gris verdoso muy apisonada. Había dos molinos de piedra sobre el mismo, apoyados contra el muro norte de la sala. La UE 6182 corresponde a una fosa localizada en el sector Oeste del departamento. Esta fosa recorta a los estratos 6177, 6178 y 6187. Está rellenada por arena muy fina de color amarillo con abundantes conchas, caracolas y lapas. Debe corresponder a una fosa vertedero correspondiente al nivel I del poblado. La estratigrafía en general corresponde al derrumbe de la habitación. Las unidades 6187 y 6184 pertenecerían a la caída del techo, y la 6178 a la caída y disolución de los adobes del alzado de los muros. Además hay suficientes muestras de fuego, como son los abundantes troncos carbonizados, y la presencia de muchos vasos parcial o total-

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mente quemados que nos induce a pensar en una destrucción violenta de esta sala, como ya pudo atisbarse en los departamentos A y B. Por otra parte el hecho de encontrar tan elevado número de vasos, la mayoría completos aunque muy fragmentados, abunda en la idea de una destrucción rápida. Que los vasos hayan sido hallados desde la parte superficial del depósito, como sucediera en la habitación A, quizás pueda ser debido a que éstos estuvieran colocados en estanterías o alacenas colgadas de la pared, que al desprenderse rebotaran. Entre el material rescatado destaca en primer término la cerámica. Hay ollitas de cerámica ibérica de cocina, platos, escudillas y vasitos de cerámica ibérica pintada, un vaso de doble cuerpo, varios vasos de almacenamiento, ánforas y soportes anulares así como otro soporte calado. Hay algunas piezas de importación ática de barniz negro, una lucerna, una paterita L.21/25, un plato L.21 y fragmentos de una L.22. También se localizaron ocho fíbulas anulares y una de La Tène Antigua, y varios útiles de hierro muy corrosionados. A ello se añade el hallazgo de unas veinte pesas de telar de forma prismática y varias fusayolas, concentradas en el lado Este

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Fig. 2. Planta y sección de la habitación C. Sector I.

del departamento, donde debía estar el telar. Así pues nos encontramos ante una estancia con un ajuar doméstico ibérico característico, con la presencia de una pequeña actividad artesanal, quizás de carácter familiar, fechable en la primera mitad del s.IV a.C. DEPARTAMENTO D

Está ubicado al Norte del departamento C y al Oeste del departamento A en el sector más al Oeste del área excavada. Tiene forma rectangular, alargada, con 6,5 m de Este a Oeste por 2,5 m de Norte a Sur. Presenta puerta en el lado Oeste, junto al ángulo Noroeste, con un vano de 0,6 m de anchura. Conserva zócalo de cuatro hiladas de piedras en alzado, con 0,60 m de altura. Diferenciamos la siguiente estratigrafía: En primer lugar una capa de capa de tierra revuelta y muy compactada (UE 6151) que equivale a la UE 6152 del sector Oeste del departamento. Debajo de la capa anterior se localizó

una cimentación formada por una sola hilera de piedras gruesas, dirección Norte Sur, en disposición transversal respecto al departamento D. Corresponde a un muro de la Fase I. Reaprovechado en la cimentación hallamos un fragmento de moldura arquitectónica tallada en piedra arenisca. La fosa de fundación recorta a casi todo el sedimento del departamento. Está rellenada por tierra de color marrón oscuro (UE 6156), en la que se encontraba un fondo completo de un cuenco L.26 o 27 de un taller campano, probablemente Campaniense A primitiva, decorado con un rosetón impreso de diez pétalos. La existencia de esta cimentación nos inclinó a diferenciar los estratos a ambos lados de la misma. Luego pudimos comprobar que la estratigrafía era idéntica en los dos sectores. Debajo de la primera capa (UE 6151=6152) en ambos sectores apareció la disolución de adobes rojiza correspondiente al derrumbe de los muros, el cual se extiende por toda la estancia, siendo recortado por la fosa 6156. A esta unidad (6153=6154) se le asociaba un pequeño derrumbe de piedras. Debajo se definió otro estrato general a toda la sala, color marrón claro con tonos grisáceos, de textura muy suelta que denominamos 6155=6158. Estaba cubriendo al pavimento (UE 6161) de tierra apisonada, y a una capa de cenizas negras y carbones que rebosaban de un hogar excavado en el pavimento (6157). Éste está junto al muro Norte del departamento, en su parte media. Está formado por una fosa oval repleta de cenizas ennegrecidas y carbones, con restos óseos y de moluscos. Fue hallado un fragmento de cerámica ática de barniz negro en su interior. Es reseñable el escaso material arqueológico en relación al departamento C. Destaca un ánfora de tipología egea incrustada en el muro del Este, un oinochoe en cerámica ibérica totalmente quemado, casi completo, y restos de comida relativamente abundantes. DEPARTAMENTO E

Está localizada al Norte del solar. Tiene comunicación con el departamento F por una puerta de 0,90 m. abierta en la cara Este, junto al extremo Sureste; los muros Oeste y Sur están mal conservados. Tienen grosor de 0,5 m, y conserva restos de enlucido blanco. Es la habitacón más pequeña de las excavadas con tres metros de Norte a Sur, por 2,10 m. de Este a Oeste. Como todas las demás salas presenta una primera capa revuelta (6201). Tiene la peculiaridad de presentar un

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Fig. 3. Cerámica ibérica del departamento C. 228 Le 6180-37: Plato de cerámica ibérica. 229 LE 6180-38. 230 LE 6180-39: Paterita de cerámica ibérica. 231 LE 6181-42: Paterita de cerámica ibérica. 232 LE 6181-33: Paterita de cerámica ibérica. 233 LE 6180-155: Paterita de cerámica ibérica. 234 LE 6179-45: Plato de cerámica ibérica. 235 LE 6178-35: Plato de cerámica ibérica.

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Fig. 4. 236 LE 6178-222: Imitación de tapadera de una pixis en cerámica gris. 237. LE 6187-217: Vasito caliciforme de cerámica ibérica. 238 Le 6180-667: Vaso acampanado de cerámica ibérica. 239 LE 6178-653: Tapadera de urna de orejetas. 240 LE 6178-223 a: Vaso de doble cuerpo de cerámica ibérica. 241 Le 6180-223 b: Vaso de doble cuerpo de cerámica ibérica.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

basurero correspondiente a una intrusión del nivel I que ocupa la parte central. Su forma es oval, dirección NE-SO (1,5 m por 0,75 m. Fue localizado desde la parte superior del depósito con el número 6203, llegando a perforar el nivel del pavimento. Se caracteriza por tierra negra y marrón oscura con abundantes restos óseos y de moluscos. En su interior se localizó un fragmento de borde de un cuenco L.27 c de Campaniense A, que nos fecha este depósito en la primera mitad del s.II a.C. (pertenece al momento de abandono de la Fase I). Debajo de esta capa removida se localizó una potente disolución de adobe rojo con piedras caídas procedentes del alzado de los muros. Algunos adobes estaban completos, aunque en fase de disgregación. En las esquinas del departamento aparecieron otros tantos vasos de almacenamiento aplastados. Debajo de esta potente disolución identificamos la unidad 6204, con enlucidos caídos, quizás identificable con la caída del techo. Tiene color marrón claro, y en su interior había varios vasos. Bajo éste, el pavimento 6205, con grandes piedras hincadas y un pronuciado buzamiento hacia el Este. Tiene color gris verdoso, textura arenosa, muy apisonada. Al igual que en el departamento anterior, son escasos los elementos del ajuar doméstico rescatados in situ. Sin embargo hay varios vasos aplastados contra el pavimento entre ellos un vaso de perfil quebrado, y dos ánforas ibéricas. Una de éstas estaba cubriendo a un gran hueso, de forma cúbica con doce cm. de lado, posiblemente una vértebra de cetáceo o de elefante (agradecemos esta información al Dr. M. Martínez Andreu y a M. Porti Durán), lo que es un elemento atípico en poblados ibéricos. DEPARTAMENTO F

Está situada al Norte del departamento A con el que tiene un muro medianero de 0,50 m. de grosor. El muro Oeste tiene el mismo grosor, mientras que el del Este mide 0,60 m. Al Norte no pudo ser localizado al prolongarse la departamento por debajo de un edificio moderno. Está comunicada al Oeste con el departamento E mediante una puerta de 0,9 m junto al muro Sur, con la cual debía formar una sola unidad. Sus dimensiones máximas son 3,6 m de Este a Oeste por 4,5 m de Norte a Sur, aunque en este sentido no se determinó el límite final. Su estratigrafía es similar a la que se vio en la departamento E, con una capa removida (6226), bajo ésta se documentó una disolución rojiza de adobes descompuestos con bolsadas de arena amarilla

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(6227). Posteriormente identificamos la UE 6228, caracterizado por color marrón claro y textura suelta (señalar que hacia el lado Norte no aparecía el estrato rojo 6227, documentándose directamente el 6228). Debajo de éste hallamos el 6229, de coloración marrón grisácea y con tendencia a horizontalizarse. Cubre al 6230 de color naranja y escasa potencia (3 cm) arcilloso, depositado sobre el pavimento de tierra apisonada. Presentaba escaso material arqueológico. DEPARTAMENTO G

La excavación de este ámbito resultó particularmente complicada por haber estado expuesto con más intensidad al paso de la pala mecánica que realizó los trabajos de explanación pues se encuentra junto a la salida del solar. Ello ha afectado en gran medida al depósito estratigráfico que ha quedado fuertemente apelmazado hasta el nivel de pavimento. También ha afectado a los muros Oeste, Este y Sur que han sufrido un desmoronamiento casi total. El departamento está situado al Noroeste del área excavada, junto al límite Norte del solar, lo cual impidió localizar el cierre por este lado. Tiene forma cuadrangular. Las dimensiones máximas son 3,6 m de Este a Oeste, y 2,7 m de Norte a Sur. No se ha localizado la puerta en ninguno de los muros exhumados. Éstos tienen un grosor de 0,5 m y conservan un alzado medio de 0,5 m. La estratigrafía identificada es la siguiente: La UE 6276 es una capa alterada por la acción de la pala, semejante a las descritas en los demás ambientes. A continuación un estrato de colmatación posterior a la caida de los muros, formado por tierra color marrón claro. Este estrato no es regular por todo el departamento, llegando a desaparecer junto a los muros. Aquí, y debajo del anterior identificamos una disolución rojiza y arcillosa, muy compactada con fragmentos de enlucido blanco muy horizontalizados. Corresponde al desmoronamiento de los alzados de adobe de los muros. Debajo de esta potente disolución identificamos una capita de tierra limosa, anaranjada, con carbones, depositada sobre el pavimento. La denominamos 6280- 6281. Con el 6279 individualizamos el material arqueológico aparecido entorno a un grupo de pizarras y un molino, caidos muy horizontalmente. El pavimento (UE 6282) es de color gris verdoso, compactado, y tiene una preparación arcillosa de color blanco. Estaba prácticamente perdido en el centro del departamento. La UE 6283 corresponde a un estrato de disolución rojiza caído hacia el exterior del departamento hacia

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el Oeste que rebajamos al delimitar el muro de este lado. Es una clara estratigrafía de derrumbe, con estratos de techumbre sobre el pavimento, y sobre éstos la disolución de adobes y piedras caídas de los muros. Destaca que sólo hallásemos en su interior un molino, un plato ibérico pintado y un vaso de almacenamiento, todos ellos sobre el pavimento. El resto del material es fragmentario. DEPARTAMENTO I

Está ubicado al Este del solar, en el ángulo Sureste. No pudo ser delimitado totalmente al prolongarse más allá de los límites del solar tanto por el Este como por el Sur. Al Oeste limita con la confluencia de las calles 1 y 2. Por el Norte tiene muro medianero con el departamento K, parcialmente excavada en la primera campaña. Presenta el acceso en la cara Oeste, con un pequeño umbra de piedras. Las dimensiones máximas exhumadas son 5,40 m. de Norte a Sur, por 2,25 m. de Este a Oeste. Los muros son más potentes que los descritos en los departamentos precedentes: el Norte tiene 0,75 m. de grosor, y el Oeste 0,96 m. en la parte intacta, habiendo sufrido roturas en su cara interna en dos puntos, en que queda reducido a la mitad. En esta parte se conservaba una pequeña porción del alzado de adobes in situ. El alzado máximo conservado era de 0,60 m. en la cara Norte. El depósito arqueológico estaba estructurado en la siguiente estratigrafía: En primer lugar la UE 6301 = 6302, que corresponde a la tierra removida por acción de la pala mecánica. Bajo ésta individualizamos el estrato 6325=6326, de color marrón claro. Se extendía por todo el departamento I, incluso por encima del muro Oeste hasta la Calle 2. debajo de este estrato se identificó la UE 6328, de color marrón oscuro, con muy abundantes carbones, y muy suelta, que también cubría al muro del Oeste de la estancia. A la misma cota que este estrato se identificó un bloque de adobe rojo adosado a una tabla carbonizada y que resultó ser un poyete de adobe interior del departamento, dirección Este Oeste (UE 6327). Se perdía debajo del perfil Este, dando una ligera curva hacia el Norte. Sus dimensiones máximas son 1,35 m. por 0,30 m. de grosor y por 040 m. de alzado. Junto a este murete de adobe hallamos una bolsada con abundantes carbones y varios fragmentos de una krátera de figuras rojas de pequeño tamaño (UE 6333). Está cubierta por 6328, y apoyada en 6327. Tras delimitar el murete 6327 separamos la estratigrafía

a ambos lados del mismo, sectores Norte y Sur. Así debajo de la UE 6328 localizamos la UE 6329 (al Norte del murete) y 6330 (al Sur) comprobando posteriormente su equivalencia. Este estrato tiene color marrón claro, con varios adobes caídos en bloque. Bajo esta unidad diferenciamos un nuevo estrato (UE 6331), de caracteres similares al anterior, pero que contenía varias lajas de pizarra de color violáceo y un grosor considerable. Estaban volteadas desde el lado Oeste mezcladas con adobes de poco peso e improntas de troncos y tierra heterogénea compuesta por disoluciones rojizas y marrones y cenizas grises muy mezclado. Por su composición, pensamos que se trata de un estrato procedente del derrumbe del techo. Este estrato contiene la mayor parte del ajuar doméstico rescatado. Cubre a su vez a una bolsada de cenizas y carbones que individualizamos con la UE 6335. En ella se incluyen restos de una estera de esparto carbonizada, y un ánfora aplastada contra el suelo, que contenía muy abundantes semillas de uva también carbonizadas. Todo ello estaba dispuesto sobre el suelo, compacto y de color rojizo. Nos encontramos nuevamente ante una estratigrafía de derrumbe con caracteres paralelizables con los descritos en la mayoría de los departamentos anteriores. Tiene la peculiaridad de que los muros están particularmente desmoronados, en especial el del Oeste, y por la presencia de un poyete en el medio de la sala. En cuanto al material arqueológico reseñar la presencia de algunas piezas bastante completas que quizás indique un abandono paralelo a los documentados en los departamentos A, B o C. Destacar numerosos fragmentos de dos nuevas kráteras áticas de figuras rojas de pequeño tamaño; también se localizó un vaso de cerámica ibérica con decoración figurada en muy mal estado de conservación. CALLE 1

Está situada en la parte Sur del área excavada. Corre dirección Este Oeste, por el lado Sur de los departamentos A y B, y Este del departamento C. Tiene su arranque en la confluencia con la calle 2 a la cual es perpendicular. El tramo descubierto mide 11,60 m. de longitud por una anchura máxima de 1,89 m., aunque no se ha podido comprobar la anchura real al quedar bajo el perfil de la calle. Presenta una estratigrafía característica de calle con numerosos estratos muy horizontalizados, varias capas sucesivas de pavimentación y abundante material de dese-

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cho y desperdicios de comida, huesos y moluscos. También presenta derrumbes hacia el exterior de las departamentos colindantes, con disoluciones de adobe que a veces incluyen adobes completos y fragmentos de vasos del ajuar doméstico (entre otros, varios fragmentos de cráteras de figuras rojas del lote hallado en el departamento A). Se detectó en primer lugar la UE 6252, estrato color marrón claro, caracterizado por textura muy suelta casi arenosa, correspondiente a una colmatación posterior al derrumbe de los departamentos A y B. Debajo de ésta se localizó la unidad 6251 una capa de disolución rojiza y arcillosa de adobes muy disgregados, algunos de ellos completos, con restos de quemado y que contenía algunos derrumbes de piedras, un vaso ibérico pintado, y en la proximidad con la puerta del departamento A, una fíbula anular y una plaquita de cobre. Pensamos que corresponde a la caída hacia el exterior del alzado de los muros Sur de los departamentos A y B. A la misma cota que este estrato se localizó la unidad 6253, se trata de una gran fosa que corta la estratigrafía de la calle en sentido longitudinal. Posiblemente corresponde a una remoción realizada desde la Fase I de ocupación del poblado. Debajo de la UE 6251, y cortada también por 6253 identificamos la UE 6254, definida por tierra marrón claro, uniforme, que contiene abundantes restos de animales y minerales. Debajo identificamos la unidad 6256. Tiene características similares a las descritas en la unidad anterior, sólo que bastante más compactado, aunque con el mismo contenido arqueológico. Esta unidad cubría al pavimento 6255, de arena gris verdosa muy compactada, como los vistos en el interior de varias departamentos, con pequeñas plaquitas blancas. Está mejor conservado en la parte Este de la calle. La cerámica está completamente aplastada y horizontalizada contra el suelo. La unidad 6257 se localizó debajo del primer pavimento. Tiene color marrón oscuro, compactada. Se depositó sobre un nuevo pavimento, 6258, de características idénticas al anterior. CALLE 2

Esta calle tiene dirección Norte Sur; está situada en la parte oriental del solar. Su trayectoria nos divide el área excavada en dos sectores, Este con los departamentos I y K, y Oeste con las demás. Tiene la confluencia con la calle 1 en ángulo recto, junto al perfil Sur del área excavada. La anchura es de 1,5 m, mientras la longitud localizada es de 10,50 m.

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La estratigrfía de la calle está parcialmente alterada por la presencia de un gran foso correspondiente a la Fase I del poblado, que también afectó al muro Oeste del departamento I y al muro Este de el departamento B. Distinguimos los siguientes estratos: 6304, de color marrón oscuro en contacto con la capa alterada por la pala (UE 6301). Bajo ésta las capas 6306 y 6307 de color marrón claro y textura bastante suelta que cortan a la disolución rojiza de adobes general a toda la calle (UE 6302). Finalmente el estrato 6309, del mismo color, pero aún más suelta, arenosa muy fina, que llega a recortar y rellenar al pavimento de la calle. La estratigrafía del resto de la calle era muy simple, con la mencionada disolución de adobe rojo y piedras caídas de los alzados de los departamentos colindantes (6302 = 6310) depositado sobre el pavimento, UE 6311, formado por arena gris verdosa compactada, con un tramo de color blanco. CONSIDERACIONES FINALES

La presente campaña ha permitido corroborar muchos aspectos que se apuntaban después de la primera campaña de excavaciones, y ha permitido especialmente obtener un conocimiento mucho más preciso de la Fase II del poblado tanto en los aspectos cronológicos y comerciales como sobre todo de su desarrollo urbanístico y topográfico. En cuanto a la datación tenemos nuevas aportaciones estratigráficas que permiten nuevas precisiones. En relación con la Fase I, el basurero 6203 que cortaba el depósito estratigráfico del departamento E contenía un fragmento de borde L.27c de Campaniense A que confirma la cronología que avanzábamos para el momento de abandono de esta Fase I en los primeros años del s.II a.C. De mayor interés es el hallazgo de un fondo de bol decorado con una roseta impresa con diez pétalos separados por pistilos, localizado en la cimentación de un muro de la habitación 1 de la Fase I, que dividía el departamento D en dos. Sus características técnicas y decorativas permiten encuadrarlo dentro de la Campaniense A primitiva, con fuertes influencias del taller de las Pequeñas Estampillas, datable hacia mediados del s. III a.C. (G.ª Cano e.p.), este dato nos indica por tanto una fecha de construcción para este muro de la Fase I a partir de esta fecha. Respecto a la Fase II del poblado, la excavación de estos nuevos seis departamentos y las dos calles, vuelve a indicar la cronolgía ya apuntada, con una destrucción-abandono a mediados del s. IV a.C., si bien algunas piezas de barniz negro ático de los departamentos C y D pueden lle-

MEMORIA PRELIMINAR DE LA CAMPAÑA DE EXCAVACIONES DE 1991 EN EL POBLADO IBÉRICO DE LA LOMA DEL ESCORIAL (LOS NIETOS, CARTAGENA)

varse a principios de la segunda mitad de este siglo. En general, esta datación también es coincidente con la proporcionada por los contextos cerámicos de los restantes departamentos excavados en 1990; entre ellos destacaríamos el conjunto de ocho cráteras áticas de figuras rojas halladas en el departamento A (C.García Cano, J.M.García Cano 1992, 3 y ss.) así como las ánforas griegas y púnicas de los departamentos A y B (G.ª Cano e.p.). Existe un importante lapso de tiempo entre el abandono de la Fase II y la constatación del inicio de la Fase I; se ha documentado en todos los departamentos excavados la existencia de un estrato de colmatación de tipo arenoso sobre los estratos de derrumbe de las estancias que podría indicar que esta parte del poblado estuvo abandonada durante un margen no determinado de tiempo. Las aportaciones más interesantes de esta campaña son sin duda aquellas que hacen referencia al trazado urbanístico y topográfico de este poblado, gracias a que ha sido posible excavar en extensión una superficie considerable. El urbanismo que empieza a definirse está articulado en base a unidades de planta cuadrangular, relacionadas entre sí mediante muros medianeros. Estos muros se encuentran bien trabados entre sí. Por otra parte los departamentos están encuadrados en calles de trazado rectilíneo, con ejes perfectamente perpendiculares que están definiendo unidades de construcción. Todo esto parece estar indicando la presencia de una planificación previa, y la edificación simultánea de todos los departamentos, en un momento con una intensa actividad constructiva que debemos fechar en la transición de los siglos V al IV a.C. Los departamentos cuentan con un solo acceso situado junto a los ángulos de las salas; se aprecia además que en general no mantienen comunicación directa con los departamentos colindantes sino a través del espacio exterior; en concreto en la parte meridional del área excavada la comunicación se realiza a través de lo que hemos denominado calle 1. Esta tiene una anchura superior a 2,5 m., y su limite Sur aún no es conocido; esta anchura parece excesiva para tratarse de una calle propiamente dicha, si no más bien un patio desde el cual se accedería a los departamentos A, B, C e I (que según parece indicar sus contenidos tendrían funcionalidades diferentes), o bien una plaza situada en la parte central del poblado. Una peculiar característica topográfica ha sido puesta de relieve en la presente campaña. Ésta consiste en que los departamentos se encuentran dispuestos en distintos niveles, siguiendo una suave elevación de Sur a Norte, lo cual

también se identifica en las calles. Así los departamentos más meridionales, C e I, tienen sus pavimentos en torno a 1,70 m sobre el nivel del mar. Los departamentos más centrados en el solar los tienen a 2,15 m s.n.m., al igual que uno de los pavimentos de la calle 1 y de la calle 2. Mientras las demás departamentos (D, G, E y F), situados en la parte norte del área excavada, tienen sus pavimentos entre 2,30 y 2,40 m s.n.m. Esta inclinación debe ser el reflejo de la topografía anterior a la Fase II del poblado, y estaría señalando la existencia de un pequeño promontorio hacia el Norte del solar, que es aún hoy la cota más elevada de toda esta zona, que quizás constituya el germen del poblado. Otro aspecto muy significativo de esta Fase II es la abundancia de importaciones de diferentes ámbitos geográficos; así de procedencia helénica, además de los vasos áticos de barniz negro y figuras rojas, tan frecuentes en los poblados ibéricos del Sureste y Levante en toda la primera mitad del s. IV a.C. hay que añadir un importante conjunto de ánforas griegas halladas en los departamentos A, B, D e I, algunas de adscripción concreta muy complicada (procedencia egea, corintias y al menos tres ejemplares de Corfú (2)). El ambiente púnico también está representado por las ánforas púnico-ebusitanas PE 14, presentes en los departamentos B y C (Ramón 1981); dentro de este ambiente púnico podría encuadrarse también cerámicas comunes (morteros púnico-ebusitanos, platos con cazoleta, jarras...). Otras importantes regiones púnicas están bien representadas en casi todos los departamentos, como es el caso de las ánforas tipo Mañá-Pascual A-4 del área del Estrecho (García Cano, e.p.). En suma, el conjunto de las importaciones estudiadas en Los Nietos en esta fase nos sugiere un ambiente comercial muy similar al que se observa en el pecio del Sec en donde las producciones helénicas y las púnicas aparecen yuxtapuestas: vajilla fina ática, ánforas griegas y púnicas y en menor medida cerámicas comunes púnicas (Arribas et alii 1987); la isla de Ibiza parece haber ejercido un importante papel como intermediario al menos desde los años centrales del s.IV a.C. gracias a su posición intermedia entre el Golfo de Rosas y el Sureste, y en el extremo occidental de la tradicional ruta de las islas. CATÁLOGO DE MATERIALES

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228.LE 6180-37: Plato de cerámica ibérica, completo; el borde vuelto al exterior, pie bajo y macizo. Arcilla rojiza, dura. Superficie con zonas grisáceas quemadas y restos de óxido de hierro. (fig.3).

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

229.LE 6180-46: Paterita de cerámica ibérica, completa; borde vuelto al exterior, pie anular. Arcilla rojiza, con mica. Superficie del mismo color. Presenta una sustancia blanca, arenosa impregnada en el fondo interno (fig.3). 230.LE 6180-39: Paterita de cerámica ibérica, completa; borde reentrante, pie anular, oblicuo, bajo. Arcilla núcleo gris claro, filos marrón oscuro. Superficie muy ennegrecida, en especial el interior. Exterior conserva restos de engobe claro (fig.3). 231.LE 6181-42: Paterita de cerámica ibérica, completa; borde reentrante, pie anular. Arcilla alterada por la acción del fuego, muy astillada. Superficie muy deterioradas, se observan varias tonalidades, grises y marrones (fig.3). 232.LE 6181-33: Paterita de cerámica ibérica, completa; borde reentrante, pie anular, bajo. Arcilla naranja fuerte, dura, con pequeñas partículas blancas. Superficie de color marrón claro. El interior quemado (fig.3). 233.LE 6180-155: Paterita de cerámica ibérica, fragmento de borde. Arcilla marrón oscuro, con filos gris oscuro. Superficie de color gris oscuro, con huellas del torno muy marcadas al exterior (fig.3). 234.LE 6179-45: Plato de cerámica ibérica, completo. Arcilla con núcleo rojizo, y filos amarronados, compacta. Superficie de color amarronado, un poco picado (fig.3). 235.LE 6178-35: Plato de cerámica ibérica, completo. Arcilla muy quemada; se observa el núcleo gris claro, filos rojizos; contiene partículas blancas. Superficie conserva restos de engobe claro, de color gris claro. El fondo interno está muy desgastado por el uso; posible mortero (fig.3). 236.LE 6178-222: Imitación de tapadera completa de una pixis en cerámica gris. Arcilla de color gris claro, compacta; quemada parcialmente. Superficie del mismo color, también quemada (fig.4) 237.LE 6187-217: Vasito caliciforme de cerámica ibérica; completo. Arcilla anaranjada, muy astillada y quemada. Superficie muy quemada, se observan líneas bruñidas verticales en el borde (fig.4). 238.LE 6180-667: Vaso acampanado de cerámica ibérica. Borde exvasado, le falta la base. Arcilla con núcleo gris y filos marrón oscuro, dura. Exterior engobe blanquecino, parcialmente quemado (fig.4). 239.LE 6178-653: Tapadera de urna de orejetas; le falta el pomo. Arcilla rojiza, fina, blanda y exfoliable. Exterior marrón claro, suave brillo de mica (fig.4). 240.LE 6178-223 a: Cinco fragmentos del reborde de un vaso de doble cuerpo de cerámica ibérica. Arcilla marrón

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claro. Superficie con engobe blanco amarillento muy desprendido (fig.4). 241.LE 6180-223 b: Siete fragmentos del reborde de un vaso de doble cuerpo. Arcilla anaranjada. Superficie muy quemada (fig.4).

NOTAS (1). Durante toda la campaña contamos con la colaboración de los arqueólogos Elena Ruiz Valderas, Lorenzo Suárez, Concha Pérez Moñino, Jorge López Amorós, Carmen Marín y Daniel Alonso. También participaron todo este tiempo los alumnos del taller de Museografía de la Escuela-Taller de Mula, y su monitora la arqueóloga Virginia Page. Asimismo recibimos la colaboración de varios alumnos del taller de cerámica de la Escuela-Taller de Cartagena. (2). Agradecemos a nuestro amigo J.-Ch.Sorisseau la identificación de estas últimas. (3). En el número de catálogo hemos respetado la numeración de la Memoria General que estamos elaborando. Todos los materiales que se presentan proceden del departamento C de la Fase II.

BIBLIOGRAFÍA ARRIBAS, A., TRIAS, G., CERDÁ, D., DE HOZ, J.: 1987, El barco de El Sec. Mallorca 1987. BARCELÓ, P.: 1987-88, «Notas sobre la presencia griega en el litoral hispano», Cuadernos de Prehistoria y Arqueología Castellonense 13, 171. DIEHL, E., SCHUBART, H., SAN MARTÍN, P.: 1962, «Los Nietos. Ein Händelplatz des 5 bis 3 Jahrhunderts an der Spanische Levanteküste» Madrider Mitteilungen 3, 1962, 45-84. GARCÍA CANO, C., GARCÍA CANO J.M.: 1992, «Cerámica ática del poblado ibérico de La Loma del Escorial (Los Nietos, Cartagena)», A.E.A. nº65, Madrid 1992, 3-32. GARCÍA CANO, C.: (e.p.) «Informe sobre el poblado ibérico de La Loma del Escorial (Los Nietos, Cartagena)», Segundas Jornadas de Arqueología Regional, Murcia 1991, Memorias de Arqueología 90, nº 5. GARCÍA CANO, C.: (e.p.) «Contextos del s. III a.C. en el conjunto ibérico de Los Nietos (Cartagena): las cerámicas de barniz negro»; XXIII Congreso Nacional de Arqueología, Elche 1995. GARCÍA CANO, C.: (e.p.) «El departamento B de La Loma del Escorial (Los Nietos, Cartagena)»; Verdolay, Homenaje a A.M. Muñoz Amilibia. GARCÍA CANO, C.: (e.p.) «Los inicios de la presencia púnica en el poblado ibérico de Los Nietos (Cartagena)», IV Congreso Internacional de Estudios fenicios y púnicos. Cádiz 1995. LILLO CARPIO, P.: 1981, El poblamiento ibérico en la provincia de Murcia. Murcia 1981. RAMÓN TORRES, J.: 1981, La producción anfórica púnico-ebusitana. Ibiza 1981. SAN MARTÍN MORO, P.: 1964, «Primer informe sobre la excvación de La Loma del Escorial, Los Nietos (Cartagena)»; Noticiario Arqueológico Hispánico nº 6, Madrid 1964; 157-164.

CAMPAÑA DE CUBRICIÓN DEL YACIMIENTO SUBACUÁTICO DE LA PLAYA DE LA ISLA

(MAZARRÓN-MURCIA)

Paloma Cabrera Bonet Juan Pinedo Reyes Blanca Roldán Bernal José Santos Barba Jaime Perera Rodríguez

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1991

CAMPAÑA DE CUBRICIÓN DEL YACIMIENTO SUBACUÁTICO DE LA PLAYA DE LA ISLA

(MAZARRÓN-MURCIA)

PALOMA CABRERA BONET, JUAN PINEDO REYES, BLANCA ROLDÁN BERNAL, J. SANTOS BARBA FRUTOS, JAIME PERERA RODRÍGUEZ

Resumen: Los trabajos arqueológicos en el yacimiento subacuático de la playa de la Isla de Mazarrón se desarrollaron en dos fases: una de sondeo con dos catas que permitieron comprobar la potencia estratigráfica del yacimiento, y otra de cubrición del mismo para su preser-

vación y protección, siendo objeto de esta última la estructura de madera de una nave de carga que embarrancó en el tómbolo existente entre la playa de la Isla y la Isla de Adentro. La cerámica obtenida relacionada con la nave es de filiación fenicia.

I. INTRODUCCIÓN

salientes del litoral próximos, concurriendo en el lugar las pautas propias de las áreas litorales donde se documentan los asentamientos fenicios de las costas del Mediodía Andaluz. El yacimiento de la Playa de la Isla se documentó, por primera vez, con motivo de unas prospecciones arqueológicas subacuáticas llevadas a cabo por el Museo y C.N.I.A.S. de Cartagena en 1988, cuyo objetivo fundamental era el de reafirmar esta zona del litoral murciano como una vía de penetración de elementos colonizantes hacia el interior, Valle del Guadalentín..., donde en los últimos años se han localizado numerosos yacimientos del Bronce Final Reciente o poblados protohistóricos de horizonte orientalizante con significativos materiales de importación fenicia y griega. En las prospecciones realizadas ese año se documentó, este área, una zona de fondeo con materiales de diversa adscripción cultural entre los que destacaban un número importante de contenedores de tipología fenicio occidental, fundamentalmente ánforas R-1 (1). Este hecho, unido a la construcción de un puerto deportivo en la zona occidental de la bahía que forma la Isla de Adentro, que ha originado la casi total desaparición de la Playa de la Isla a causa del cambio de corrientes sufrido en el lugar, motivó un seguimiento de las condicio-

El yacimiento subacuático de la Playa de la Isla se encuentra ubicado entre el Cabezo del Puerto, la Punta de la Rella, la Isla de Adentro y la Playa del mismo nombre en la zona costera del Puerto de Mazarrón (Fig. 1). Sus coordenadas geográficas son: Lat. N. 37º 33’ 39’’ y Long. O. 01º 16´ 03´´. El enclave arqueológico se localiza en una bahía en cuya entrada o bocana se sitúa la isla que le da nombre y que protege esta zona de todos los vientos dominantes, haciendo de este lugar un área idónea para el fondeo de embarcaciones. Hay que indicar que esta playa aislaba el mar de una laguna interior, utilizada como salinas hasta la década de los años sesenta. Por otro lado, la zona costera de Mazarrón, donde se ubica el pecio, es un área provista de grandes recursos naturales debido no sólo a las extensas zonas cubiertas con materiales de aluvión, que la hacen apropiada para la explotación agrícola, sino también a la riqueza metalífera de sus sierras litorales (Sierra de las Moreras, Cantal, Algarrobo y Peñas Blancas). Así pues, el yacimiento se encuentra en una bahía, propia para el fondeo, jalonada por unos islotes peninsulares o

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CAMPAÑA DE CUBRICIÓN DEL YACIMIENTO SUBACUÁTICO DE LA PLAYA DE LA ISLA (MAZARRÓN, MURCIA)

Fig. 1. Situación del pecio de la Playa de la Isla (Mazarrón).

nes de conservación del yacimiento en los años sucesivos. En el transcurso comprendido entre 1998 y 1991 se constató la paulatina desaparición de arena del lecho de la bahía. En una de las visitas se localizó una estructura de madera objeto de esta intervención. II. DESARROLLO DE LOS TRABAJOS

En julio de 1991, se tuvieron noticias orales acerca de la acción de buceadores clandestinos, que estaban expoliando este yacimiento, por lo que el Museo y C.N.I.A S. solicitó el permiso correspondiente para efectuar una cubrición de la estructura de madera perteneciente al yacimiento, que era la zona más afectada por la rebusca de los clandestinos. Igualmente se solicitó permiso para la realización de unos sondeos que permitieran una mejor datación del enclave arqueológico y la constatación de su potencia estratigráfica. Dichos trabajos se llevaron a cabo entre el 19 y 26 de julio de 1991, realizándose una serie de tareas previas antes de la cubrición de la estructura que sintetizamos a continuación: II.1.- Situación del yacimiento: Para ello se trazó un eje de coordenadas, como sistema de referencia, orientado

N-S y E-W, en las cercanías de la estructura de madera conocida. Los extremos de cada eje se boyaron, tomándose la posición de cada una de las cuatro boyas mediante un teodolito desde dos estaciones en tierra, para su posterior ubicación en el plano. Todos los datos tomados durante el desarrollo del trabajo arqueológico (dibujo de la estructura de madera, materiales hallados en el nivel superficial, situación de lo sondeos, etc.) fueron referenciados al mencionado eje (Fig. 2). II.2.- Topografía del fondo: Tras montar el sistema de referencia se realizó un levantamiento topográfico del fondo. Una vez nivelados los dos ejes, se fue anotando, cada dos metros, la medida vertical del eje al fondo, es decir, se efectuó un corte topográfico que nos daba las cotas altimétricas. Todo ello nos permitió conocer la orografía del lecho marino en el que se deposita la estructura, que se encuentra sobreelevada del fondo adyacente. II.3.- Documentación de la estructura de madera: La estructura queda ubicada dentro del cuadrante NW del sistema de referencia establecido sobre el yacimiento. Esta corresponde a la quilla de un navío, de la que se conservan visibles actualmente cuatro metros de longitud, orientada

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

fig. 2. Documentación de los restos de la estructura de madera y situación de los sondeos estratigráficos.

aproximadamente en dirección N-S y en la que se constata su rotura en el extremo S. Tiene una anchura media de 12 cm. y un grosor medio de 10 cm. Unida a la quilla se documenta la existencia de una tablazón, compuesta por cinco tablas medidas que ofrece este conjunto son: 150 cm. de longitud por 70 cm. de anchura. En los laterales, y sobre las referidas tablas, asoman tres piezas de madera de forma cilíndrica que parecen corresponder estructuralmente a las cuadernas de la nave, cuyo grosor oscila entre los 7 u 8 cm. de diámetro. La documentación de los restos arriba descritos se ha realizado por medio de dos procedimientos: Planimetría y dibujos de detalle: realizándose dibujos en planta de los restos de madera visibles en superficie, a escala 1:20 y 1:15. Dibujos de sección de la quilla, mortajas, lengüetas, clavijas y otros elementos de ensamblaje a escala 1:5. Dibujos en sección transversal (E-W) de la quilla, en sentido ortogonal a ésta, y de las partes de tablazón del casco de la nave visibles en superficie a escala 1:10. Documentación fotográfica: Barrido fotométrico en planta del área donde aparecieron restos de madera, a fin de poder confeccionar un fotomosaico de la mencionada estructura, el trabajo se realizó a una distancia de enfoque de 70 cm. sobre un soporte bípedo nivelado, a través de un recorrido de calles de 40 cm. Fotografías en detalle de diversas partes visibles de la estructura.

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II.4.- Sondeos: Se realizaron dos sondeos con el objetivo de comprobar la potencia del yacimiento y la asociación de los restos cerámicos con la estructura de madera. Se realizaron los sondeos en las zonas N y S de la mencionada estructura, organizándose mediante cuadrículas de 1x1 metros. En ambos sondeos se documentó la misma estratigrafía: NIVEL I: Compuesto por arena y fragmentos de material cerámico, con una potencia que oscila entre 8 y 10 cm. NIVEL II: Compuesto por una capa de rizomas muertos de Posidonia Oceánica, de unos 2 cm. de espesor, bajo ellos estrato fértil con maderas, cerámicas y arena de unos 16-20 cm. de espesor bajo el cual vuelve a aparecer una capa rizomas de Posidonia Oceánica. NIVEL III: Compuesto por una sucesión de capas de rizomas de Posidonia Oceánica intercalados por capas de arena muy fina de color gris. Se documentó esta sucesión hasta 150 cm. aproximadamente. II.5. Materiales:

En el transcurso de las prospecciones, efectuadas en el año 1988, se recogió un escaso número de material cerámico, de gran diversidad cronológica y cultural, propio de las zonas utilizadas como fondeaderos en sucesivos periodos históricos. De entre todo el conjunto de materiales cerámicos llamaba particularmente la atención el alto porcentaje de cerámicas fenicias de producción occidental o

CAMPAÑA DE CUBRICIÓN DEL YACIMIENTO SUBACUÁTICO DE LA PLAYA DE LA ISLA (MAZARRÓN, MURCIA)

Fig. 3. Ánforas del tipo R-1 del pecio de la Playa de la Isla.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Fig. 4. Cerámica a mano hallada en el pecio de la Playa de la Isla.

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CAMPAÑA DE CUBRICIÓN DEL YACIMIENTO SUBACUÁTICO DE LA PLAYA DE LA ISLA (MAZARRÓN, MURCIA)

del llamado «Círculo del Estrecho», con respecto a otros tipos cerámicos, y que podemos encuadrar cronológicamente entre los siglos VII-VI a. C. Entre estos materiales se pueden destacar las ánforas fenicias del tipo Vuillemot R-1 (2) (Fig.3), tan frecuentes en los ámbitos fenicios del mediodía andaluz, así como un borde de «pithoi» de claras similitudes con los aparecidos en estos asentamientos (3), y un fragmento de borde de pronunciado engrosamiento en el interior de una olla que tiene, de nuevo, paralelos con los encontrados en las factorías fenicias del sur peninsular como en Toscanos y Morro de Mezquitilla(4) (Fig.4). Igualmente, en la campaña de excavación, cubrición y conservación del pecio realizada en el año 1991, se recuperó de nuevo un alto número de cerámicas de la misma factura, no sólo cerámicas comunes fenicias sino también, y sobre todo ánforas del mencionado tipo Vuillemot R-1, con respecto a otras cerámicas que podríamos incluir en otros ámbitos cronológicos o culturales. Por esto pensamos que es evidente la presencia de un cargamento de ánforas fenicias depositado en este fondeadero. Paralelamente a los numerosos enclaves fenicios y púnicos localizados sobre todo en la franja costera oriental de Andalucía, como los conocidos de Cádiz, Málaga y Granada, se ha venido documentando una auténtica presencia colonial también en yacimientos del Levante y Sudeste Peninsular, donde es frecuente la aparición de cerámicas de importación fenicias. Entre estos yacimientos se encuentra el de Los Saladares, en Orihuela (5), de Peña Negra, en Crevillente, donde recientemente se ha constatado la presencia real de orientales en el poblado (6) o el yacimiento de las Dunas de Guardamar, en la misma desembocadura del Segura, primera factoría fenicia localizada en esta zona del levante peninsular, con un auténtico puerto comercial fenicio, datado en la segunda mitad del siglo VII a. C. (7). Para la provincia de Murcia, estas cerámicas fenicias localizadas en este yacimiento de la Playa de la Isla, evidencian o testimonian un claro exponente de esta presencia colonial fenicia en este litoral y que tenemos que poner en relación con los hallazgos arqueológicos que se han venido produciendo en enclaves o poblados protohistóricos situados en las proximidades del mismo litoral de Mazarrón y muy especialmente con el de Punta de los Gavilanes, a escasos metros de nuestro yacimiento (8), o Fuente Amarga, en la zona prelitoral de Mazarrón (9). En el interior y jalonando el valle del Guadalentín, el Castellar de Librilla (10), el Cabezo de la Rueda (11), o Santa Catalina del Monte en Verdolay (12).

III. CUBRICIÓN DEL YACIMIENTO

Antes de comenzar a tratar este punto queremos dejar claro que la cubrición efectuada en el yacimiento de la Playa de la Isla es una solución temporal debido, fundamentalmente a dos causas: en primer lugar a el furtivismo que soporta el yacimiento, entre otras razones por su fácil acceso y escasa profundidad y, en segundo lugar, por la acción de las corrientes antes citadas, que tarde o temprano, pueden llegar a descubrir y dejar visible el pecio. Ambas razones van unidas, cuanto más actúen las corrientes más visible será el enclave y más peligro correrá de ser visitado por clandestinos. Por tanto, el trabajo que hemos realizado sólo permitirá mantener el yacimiento en su estado actual durante un relativamente corto período de tiempo. La cubrición del yacimiento, que afectó a la estructura de madera, se acometió en varias fases que describimos a continuación: Cubrición del extremo S de la quilla del barco, que se levantaba del entorno, por lo que hubo que calzar la parte inferior mediante arena y grava fina para evitar su posible fractura ante el peso que tendría que soportar. Cubrición de la estructura visible con arena fina, adaptándose al relieve del fondo. Con el fin de sujetar la arena fina y que ésta no fuese arrastrada por la acción del mar, se colocó sobre el yacimiento una fina malla de unas dimensiones aproximadas de 6 metros por 3 metros. Sobre esta red se depositó grava fina tapándola completamente. Asimismo, sobre esta última capa se colocó una malla metálica forrada de plástico (semejante a la tela metálica que se emplea para vallar pistas de tenis), que sirviera de disuasión a posibles expoliadores. Dicha red, cuyas dimensiones son de 8 metros por 4 metros, se sujetó al fondo mediante grapas metálicas en forma de U invertida de unos 40 cm. de largo. -Encima de esta tela metálica se extendió una capa de grava más gruesa por completo. Como punto final se colocaron las piedras del fondo para tratar de «camuflar» el conjunto. Las diferentes fases de cubrición fueron documentadas fotográficamente. VI. CONCLUSIONES

En base a los estudios e informes que sobre este yacimiento hemos realizado hasta ahora, dos eran los objetivos a alcanzar en esta actuación:

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

a) Preservación y conservación del yacimiento

Ello se ha realizado sobre la estructura de madera visible por razones obvias de prioridad. No obstante, el área sobre la que se extiende el yacimiento es bastante más amplia de lo que en principio podía pensarse, debido a la gran dispersión de la carga de la nave por efecto del oleaje y las corrientes. Así, salvo la mencionada zona de la estructura de madera la mayor parte del yacimiento se encuentra sin protección. b) Valoración del yacimiento

A pesar del carácter preliminar de los datos obtenidos durante el desarrollo del trabajo, consideramos satisfactorio el volumen de datos extraídos en esta breve actuación, que sistematizamos globalmente: La estructura de madera, cuya cubrición y protección ha sido el objeto fundamental de esta intervención, podemos identificarla definitivamente como los restos de una nave de carga que embarrancó en el tómbolo existente entre la Playa de la Isla y la Isla de Adentro. Aunque el carácter de los resultados es limitado a la hora de comprender ciertos aspectos estructurales y constructivos de la nave (debido a que una buena parte de la madera se halla enterrada, lo que impidió un estudio exhaustivo de ésta), la información obtenida sobre la técnica de construcción de este barco es muy valiosa y, actualmente, se halla en proceso de estudio. Por otro lado si los restos cerámicos recogidos en superficie son casi en su mayoría de filiación fenicia del área del Círculo del Estrecho, fundamentalmente ánforas tipo R-1 y cerámica común, con alguna intrusión más moderna, sin embargo aquellos recogidos en los sondeos son todos ellos, fragmentos de ánforas tipo R-1 además de algún fragmento de vaso con fondo umbilicado en arcilla gris, ambos tipos de atribución cultural fenicia. Los restos cerámicos hallados parecen corresponder al típico cargamento de una nave fenicia posiblemente del siglo VII a. C. naufragada en la bahía formada entre la Playa de la Isla y la Isla de Adentro, y posiblemente muy en conexión con el inmediato yacimiento de la Punta de los Gavilanes. Sería esta la primera nave de época fenicia, de tal antigüedad, encontrada en el litoral mediterráneo, desde el Levante a la Península Ibérica, hecho que puede ofrecer a la investigación datos inestimables acerca de aspectos tales como rutas comerciales y de navegación, escalas de aprovisionamiento, sistemas de intercambio y procesos de trasmisión económicos y culturales, construcción naval, etc., además de proporcionar, gracias a un conjunto cerrado como es el de un pecio, datos tipológicos en relación con cronologías más exactos que en otros ambientes.

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Todas estas consideraciones deben ser tomadas simplemente como hipótesis de trabajo. Futuras intervenciones arqueológicas en la zona nos ayudarán a confirmar, precisar, o en su caso rectificar, los supuestos aquí planteados.

BIBLIOGRAFÍA (1).- ROLDÁN, B.; PERERA, J.; BARBA, J.S.; PINEDO, J. (en prensa) «El fondeadero de la Playa de la Isla.» Symposium Internacional Sociedad y Cultura Púnica en España. Cartagena, Noviembre 1990. MARTÍN CAMINO, M. (en prensa) «Colonización fenicia y presencia púnica en Murcia.» Symposium Internacional Sociedad y Cultura Púnica en España. Cartagena, Noviembre 1990; GUERRERO, V., ROLDÁN, B. (en prensa) Catálogo de ánforas prerromanas del Museo de Arqueología Marítima de Cartagena. (2).- Los ejemplares de la Playa de la Isla, se pueden encuadrar dentro del tipo 2 de F. Chelbi, datados entre los siglos VII-VI a. C., cfr. CHELBI, F. (1991), «A propos des amphores archaiques de Carthage», Atti II Congresso Internazionale di Studi Fenici e Punici, vol. II, Roma, fig. 3c, p.715-732. Y muy similar a un ejemplar procedente del litoral de Ibiza, cfr. RAMÓN, J. (1981), Ibiza y la circulación de ánforas fenicias y púnicas en el Mediterráneo occidental. Trabajos del Museo Arqueológico de Ibiza, 5, p. 16. 16. (3).- SCHUBART, H., NIEMEYER, H.G. (1976), Trayamar. Los hipogeos fenicios y el asentamiento en la desembocadura del río Algarrobo. EAE, 90, lám. 19 núms. 679 (4).- SCHUBART, H., MAAS LINDEMANN, G. (1984), Toscanos. NAH 127, fig. 18, núms. 755, 756. (5).- ARTEAGA, O. (1982), «Los Saladares 80. Nuevas directrices para el estudio del horizonte protohistórico en el Levante meridional y Sudeste peninsular», Huelva Arqueológica VI, pp. 131-183. (6).- GONZÁLEZ PRATS, A. (1991), «La presencia fenicia en el Levante peninsular y su influencia en las comunidades indígenas», I-IV Jornadas de Arqueología Fenicio-púnica (Ibiza 1986-89). Ibiza, p. 113. GONZÁLEZ PRATS, A. (1982) «Excavaciones en el sector VII de la ciudad orientalizante 1980-81». NAH, 13, pp. 305-418. (7).- GONZÁLEZ PRATS, A., «La presencia fenicia...» o.c.n. 6, p. 111. (8).- ROS SALA, M.M., LÓPEZ PRECIOSO, J. (en prensa), «Avance al estudio del asentamiento costero de Punta de los Gavilanes (Mazarrón, Murcia)», XIX CNA (Castellón, 1987). (9).- ROS SALA, M.M. (1987), «La Fuente Amarga: una aproximación a la entidad del Bronce Final en el entorno prelitoral de Mazarrón (Murcia)». Anales de Prehistoria y Arqueología, 3 (Murcia), p. 85-102. (10).- ROS SALA, M.M., ROLDÁN BERNAL, B., MARTÍN CAMINO, M. (1991), «VI campaña de excavaciones en el Castellar de Librilla (Murcia 1985)». Memorias de Arqueología nº 2. Excavaciones y Prospecciones en la Región de Murcia (1985-6), pp. 115- 129. (11).- GARCÍA CANO, J.M., INIESTA SANMARTÍN, A. (1987), «Excavaciones arqueológicas en el Cabezo de la Rueda (Alcantarilla). Campaña 1981». Excavaciones y Prospecciones Arqueológicas. Memorias de Arqueología nº 1, Murcia, pp. 134-175. (12).- ROS SALA, M.M., (1991), «Excavaciones arqueológicas en el poblado de Santa Catalina del Monte (Verdolay, Murcia). Campaña 1985». Memorias de Arqueología nº2. Excavaciones y Prospecciones en la Región de Murcia (1985-86), pp. 98-114.

LA FUENTE DE LA PINILLA (FUENTE ÁLAMO, MURCIA). I CAMPAÑA DE EXCAVACIONES. AÑO 1991

Miguel Martín Camino Blanca Roldán Bernal

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1995

LA FUENTE DE LA PINILLA (FUENTE ÁLAMO, MURCIA). I CAMPAÑA DE EXCAVACIONES. AÑO 1991

MIGUEL MARTÍN CAMINO, BLANCA ROLDÁN BERNAL

Resumen: Este yacimiento debe asociarse directamente con la ubicación en esta zona de las estribaciones de la Sierra del Algarrobo del trayecto del tramo entre Cartagena y Lorca de la Vía Augusta. Esta pri-

mera campaña ha servido para conceder un mayor margen cronológico al yacimiento. Los materiales identifican distintas fases constructivas, desde el s. II a. C. hasta los ss. X-XI d. C.

I. INTRODUCCIÓN

centaje de producciones de importación procedentes de ambientes púnicos extrapeninsulares. Así entre el material anfórico recogido por el yacimiento y asociados a los sondeos furtivos nos encontramos con ánforas de producción centromediterránea (lám. I, 1-4), de producción suritálica y de la Campania (lám. I, 5-12), ánforas púnicas del área del Estrecho de Gibraltar (lám. I, 13-17 y 19), y un fragmento de pared de ánfora púnico-ebusitana (lám. I, 18). También en la vajilla tanto de cocina como de mesa se documentan materiales púnico-centromediterráneos (lám. II, 1-6), productos de barniz negro (lám. II, 15-17) y de imitación de estos productos algunos de probablemente de origen ebusitano (lám. II, 10-14) y finalmente, varios fragmentos de kalathoi ibéricos (lám. II, 7-9). Con el objetivo de realizar una actuación arqueológica se solicitó a la Dirección General de Cultura, en diciembre de ese mismo año, el permiso de excavación ordinaria para el siguiente año. I Campaña que se realizó en verano de 1991 entre los días 3 y 19 de septiembre, y que contó con la inestimable colaboración de un grupo de licenciados en Historia Antigua y Arqueología.(1)

Nuestras primeras noticias sobre el yacimiento proceden de las informaciones proporcionadas, durante el verano de 1991 por D. Manuel Amante Sánchez y Mª Ángeles Pérez Bonet que, meses antes, por encargo de la Dirección General de Cultura, y conducidos por D. Saturnino Agüera, conocedor de la existencia de este yacimiento, habían visitado este lugar para evaluar oficialmente los daños originados por una actuación clandestina. Las referencias a la presencia en este lugar de material de producción centromediterránea de finales del siglo III a.C. y su posible relación con las fases de este mismo periodo correspondientes a la ciudad de Cartagena, estimularon nuestro interés por este yacimiento lo que nos llevó a realizar una primera visita, el mismo verano de 1990, acompañados de las personas anteriormente citadas. Durante esta visita, además de constatar in situ el alcance de las actuaciones clandestinas, pudimos comprobar la existencia de un importante volumen de material cerámico disperso, procedente de estas actuaciones, que podía encuadrarse en un marco temporal bastante amplio pero con la presencia de materiales de contextos arqueológicos de fines del siglo III a.C. y primera mitad del siglo II a.C. y donde era relevante el por-

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II. LOCALIZACIÓN DEL YACIMIENTO

La pequeña loma donde se ubica el yacimiento está

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Fig. 1. Localización del yacimiento. Mapa Topográfico Nacional. Escala 1:25.000.

situada en las estribaciones noroccidentales de la Sierra del Algarrobo, en el paraje conocido como Majal de Gracia (Fig. 1) y en un paisaje de pequeñas elevaciones que apenas sobrepasan los 300 m. y que constituyen el límite con los depósitos sedimentarios del cuaternario que cubren la paleo-cuenca de Las Cuevas o Fuente Álamo. Las coordenadas geográficas UTM según la hoja 954-IV (52-76), escala 1:25.000 del Mapa Topográfico Nacional de la Dirección General del Instituto Geográfico Nacional, edición de 1989. El yacimiento, perteneciente al término municipal de Fuente Álamo, dentro de un paisaje con una orografía ligeramente accidentada, se sitúa sobre una pequeña loma baja

y alargada, en forma de lengua, justo en el límite con el término de Mazarrón de forma que incluso una mínima parte de éste podría entrar en la parte de Mazarrón. Al Sur, y al pie de la loma hay una pequeña vaguada que desde el Este, o Majal de Gracia -donde se encuentra el acceso más practicable al yacimiento-, viene a unirse al espacioso cauce que, al Oeste de la loma, forman la confluencia de dos importantes ramblas, la Rambla de las Palomas y la Rambla de la Fuente de la Pinilla, procedentes de la Sierra del Algarrobo. A la vez, la curva que configura el encaje del cauce de la última de estas dos ramblas, con una pared casi vertical, constituye el límite Norte del yacimiento.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Lámina I.

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Lámina II.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Fig. 2.

III. ANTECEDENTES

Sobre este yacimiento no teníamos ninguna referencia escrita hasta el momento y, aunque resulta muy seductor, es muy difícil asociarlo con el lugar de procedencia del llamado tesoro de Mazarrón, constituido por un conjunto de monedas cartaginesas de plata, superior a las 90 piezas, descubierto hacia fines del año 1862.(2) Se desconoce el lugar exacto donde fue encontrado este tesorillo aunque procede del paraje que todavía hoy se conoce como El Saladillo y en el que de forma genérica también podría incluirse la zona donde se encuentra el yacimiento de la Fuente de la Pinilla. Sin embargo, como ya hemos dicho, no disponemos de elementos que nos permitan establecer esta coincidencia entre

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ambos lugares. También, muy próximo a nuestro yacimiento, debería de señalarse la presencia de otro yacimiento que se ha denominado como la Fuente Amarga aunque con una ocupación anterior probablemente correspondiente a las fases Plena y Reciente del Bronce Final según delatan algunos materiales depositados en el Museo de Murcia y dados a conocer en un reciente estudio.(3) IV. METODOLOGÍA DE TRABAJO

La planificación de la excavación se realizó en base a los datos que nos había proporcionado un detallado primer análisis del yacimiento con un reconocimiento visual realizado sobre el mismo terreno donde se advierten determina-

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Fig. 3

das particularidades. En primer lugar, destaca el área relativamente reducida sobre la que se extiende esta ocupación. Así, el espacio del yacimiento se encuentra bastante bien delimitado por la presencia del mismo nivel de base, o de roca desnuda, en diversos puntos de su contorno lo que nos permite establecer sus límites y por tanto su extensión con cierta seguridad. Igualmente, en una rápida visión se pueden reconocer con facilidad la orientación de muchas de las estructuras incluso en parte de su alzado, ya que muchas de ellas han quedado al descubierto por los numerosos sondeos clandestinos que se habían realizado con anterioridad a nuestra actuación. Otro extremo que llamaba la atención es la escasa

potencia de la secuencia estratigráfica como, en principio, podría deducirse de las excavaciones clandestinas, aspecto que posteriormente ha quedado confirmado por los propios trabajos de excavación. Con estos presupuestos iniciales, y tratando de dirigir los trabajos a las zonas menos afectadas por las remociones furtivas, inicialmente se decidió actuar en extensión aunque intentando obtener, en determinadas zonas del yacimiento, una secuencia completa del depósito arqueológico. Sobre la totalidad de su superficie se ha trazado una retícula de cuadros de 10 x 10 metros, en base a unos ejes de coordenadas y abcisas; que en todo caso habrían de servirnos como elementos de referencia para la topografía y planimetría del yacimiento más que como unidades de tra-

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

bajo. En este sentido, para el proceso de excavación se ha seguido el criterio de excavar las diferentes unidades constructivas o de habitación que, como ya se ha dicho, eran bien reconocibles sobre el terreno, sobre todo, después de efectuar una primera limpieza y desbroce del lugar que permitió, además, determinar una distribución regular de las diversas habitaciones o estancias del yacimiento, generalmente de forma rectangular o cuadrada, bien alineadas y adosadas entre sí. V. ÁREAS EXCAVADAS

Habitación 2000

Situada casi en el límite oriental del yacimiento, en principio corresponde a un recinto amplio de unas dimensiones de 11’10 x 5’80 metros. Queda delimitada por las UE: 2001 (muro Norte), 2002 (muro Este), 2003 (muro Sur), 2004 (muro Oeste). Por la gran amplitud de este recinto su excavación decidió acometerse dividiendo la habitación en cuatro sectores (I-IV); excavándose únicamente y de forma parcial los sectores I y IV. El sector I con unas dimensiones de 6’10 x 3’60 m., y el sector IV de 5’80 x 3’50 m. El nivel superficial, UE 2005 y 2007 en ambos sectores, corresponde a un estrato de tierra de color marrón oscuro, muy suelta, con escasos restos de cerámica de diversa y amplia cronología: campaniense A, cerámica ibérica, platosmorteros cartagineses, sigillatas sudgálicas, aretinas, africanas A, ánforas grecoitálicas, Dressel I a, Dressel I c y cerámicas tardorromanas toscas, a mano o torno lento, y de los siglos V y VI d.C.(4) Asociados estos materiales con bastantes piedras procedentes del derrumbe de las construcciones. El nivel 2012, que únicamente puede constatarse en el Sector I, localizado preferentemente en el ángulo Noroeste del sector, pertenece a los restos de un suelo arcilloso muy deteriorado, de color rojizo, compacto, contemporáneo y asociado estratigráficamente a la parte superior de las estructuras de la habitación 2000. En las zonas donde no se encontraba el suelo se documenta un nivel de tierra de color gris (UE 2008) muy fina y con abundantes restos de caracoles pero donde la proporción de las cerámicas toscas de los siglos V-VI d.C. es más significativa con respecto a otras producciones residuales de cronología más antigua. El nivel siguiente, UE 2009, de mayor potencia y por debajo de los niveles 2012 y 2008, aparece en ambos sectores y está constituido por una tierra de color amarillento,

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que apoya directamente en el nivel de base. Entre el escaso material cerámico recuperado destacan la presencia de elementos antiguos de finales del siglo III y primera mitad del siglo II a. C., ánforas grecoitálicas, cerámica ibérica, junto con algunas cerámicas romanas de cronología altoimperial (sudgálicas, claras A) y cerámicas toscas tardías. Habitación 1100

Ubicada al Este de la habitación 2000, en principio queda comprendida entre las UE 1101 (muro Norte), 1102 (muro Este), 1103 (muro Sur) y 1104 (muro Oeste). Se excavó únicamente una zona de 3 x 4 metros, en el ángulo Noroeste de la habitación, a partir de uno de los numerosos sondeos clandestinos, tratando de obtener fundamentalmente una visión de la secuencia estratigráfica en este punto que, a la vista de los materiales asociados a este sondeo clandestino, parecía alcanzar las fases más antiguas del yacimiento. En este sentido, el muro 1101, junto al que se efectuó la excavación, presenta unas características constructivas muy diferentes al resto de los elementos constructivos del yacimiento. En esta habitación se excavaron los niveles 1105, nivel superficial, tierra de color marrón-gris oscuro, y el nivel 1106, de tierra compacta, de disolución de adobes y con un derrumbe de piedras. En ambos casos, los materiales ofrecen pocas variaciones con un contexto similar y dentro de un marco temporal bastante amplio, desde fines del siglo III a.C. hasta época altoimperial. En algunas zonas y sobre el mismo nivel de roca aparece un nivel de suelo, 1107, con restos de cal. En la zona excavada de la habitación y casi en el centro de la misma aparecía una canalización paralela al muro 1101, cubierta con lajas de piedras de mediano tamaño, con un pozo o arqueta, 1108, de la que sale una canalización que, por debajo del muro 1101, continúa hacia el exterior de esta habitación, hasta salir fuera de todo el conjunto de las construcciones del yacimiento. Habitación 1200

Al Este de la habitación 1100, y en un espacio aparentemente al exterior de esta misma habitación, se realizó un pequeño sondeo de 2 x 2 m., en lo que, en principio, podría ser un recinto constructivo diferente al de la habitación 1100 aunque probablemente dentro de la misma fase cultural. En este sentido, la estratigrafía de este sondeo tiene una clara correspondencia con la de la habitación 1100. En este

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espacio se excavó un nivel superficial, UE 1205, y el nivel 1206 con las mismas características a la UE 1106 -habitación 1100-, de tierra compacta y dura, correspondiente a un derrumbe de piedras con disolución de adobes. Entre la cerámica encontramos producciones de Campaniense A e imitaciones, cerámicas púnica de cocina y sigillata sudgálica. Por debajo de este nivel, se diferenció otro estrato de tierra anaranjada, 1207, con Campaniense A (F 27 y 28), cerámica ibérica, cerámica turdetana, ánforas grecoitálica. El nivel, 1208, con sólo dos fragmentos de cerámica con forma: un borde de una pátera F 27 de imitación y otro de cerámica púnica de cocina. Esta UE, de 6 a 7 cm. de potencia, descansa directamente sobre un empedrado, UE 1209, formado por grandes losas que cubren, en sentido transversal, la misma canalización que aparecía en la habitación 1100, UE 1108 y que por tanto, prolongándose hacia el Este, nos aparece nuevamente dentro de esta habitación. VI. VALORACIÓN FINAL

La presencia de los numerosos sondeos efectuados por excavadores clandestinos, sin duda, han condicionado de forma determinante el proceso de excavación de esta I Campaña, ya que nuestros trabajos se orientaron inicialmente hacia las zonas, en principio, menos dañadas por estos trabajos y que podrían corresponder grosso modo con el área de la llamada habitación 2000, donde se han centrado gran parte de los trabajos de esta primera campaña y en la que se ha podido constatar una ocupación tardía probablemente de los siglos V-VI d.C. Es únicamente en esta zona más occidental del yacimiento donde por ahora se ha constatado esta ocupación y dentro de un área muy reducida. De esta manera, se ha podido ir comprobando la existencia de un hábitat bastante más amplio de los que inicialmente habíamos conjeturado, ya que nos encontramos con materiales que pueden enmarcarse entre el siglo III a.C. y probablemente los siglos V-VI d. C. como referencias extremas de inicio y final de ocupación del yacimiento. Sin embargo, también se constata la presencia de elementos cerámicos que tienen especial relevancia sobre todo en los que respecta al siglo II a.C. y siglos I y II d.C. y que se asocian a la zona de las llamadas habitaciones 1200 y 1100, la más afectada por las actuaciones furtivas y de donde procede la mayoría de los materiales recogidos en las repetidas visitas efectuadas al yacimiento, con anterioridad a los trabajos arqueológicos, y que nos habían servido para hacer

una valoración inicial del yacimiento. En esta zona se constata la presencia de estructuras de mayor solidez y con características notablemente distintas por ejemplo a las de la habitación 2000, aunque y que aparecen asociadas por estratigrafía a cerámicas de finales del siglo III, principios del siglo II a.C., con la presencia de numerosos elementos de importación púnicos norteafricanos junto a materiales suritálicos e itálicos. Igualmente, por los materiales también se confirma una ocupación de época altoimperial, de los siglos I-II d.C. Sin embargo, salvo en la habitación 2000, no se advierte una superposición de las diversas estructuras que nos estén indicando una secuencia constructiva en el yacimiento, incluso la propia estratigrafía de las zonas excavadas hasta ahora tampoco marcan una desarrollo lógico en este sentido. Si se advierte, sin embargo, una reutilización o redistribución del mismo espacio del yacimiento y, en todo caso, el análisis de las diferentes técnicas empleadas en la construcción de los muros y su relación con los materiales arqueológicos si nos permitirían en un futuro establecer o fijar la evolución del yacimiento en sus diferentes fases constructivas. En definitiva, estos primeros trabajos nos han servido para conceder un mayor margen cronológico al yacimiento. Cuestión que, por otra parte, hay que asociar directamente con las antiguas vías de comunicación. En 1923, según determinados autores,(5) todavía podían verse algunos tramos de calzada al oeste de la población de La Pinilla, en el paraje de la Cuesta de la Pinilla. Vestigios de este antiguo camino, según Sillières, pueden también reconocerse en algunas fotografía áreas verticales realizadas por vuelos militares norteamericanos en 1956 (nº 42-3160).(6) En ambos casos, y siguiendo a Sillières, estos restos hay que relacionarlos con la antigua Vía Augusta cuyo trazado, en el trayecto de Cartagena a Lorca, que se sitúa generalmente en esta zona de las estribaciones de la Sierra del Algarrobo. Se acepta que el trazado desde la población de La Pinilla, de donde procede una inscripción funeraria en verso,(7) y en su salida hacia el Oeste, seguiría por la Vereda de Ganados pasando por el pequeño caserío del Corral del Rubio hasta llegar al Valle del Guadalentín, desde donde paralelo a este Valle se dirigiría en dirección a Lorca. En prospecciones realizadas en el entorno del yacimiento, dentro del paraje conocido como Majal de Gracia, hemos podido constatar restos de un antiguo camino, con marcas de rodadas, y que hemos recorrido desde lo que todavía se conoce como Cuesta de la Pinilla hasta llegar al mismo yaci-

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

miento de la Fuente de la Pinilla. Es muy posible, por tanto, que el yacimiento haya que relacionarlo con el antiguo trazado de la Vía Augusta, con lo que el trayecto de esta misma Vía a su paso por esta zona habría que desplazarlo probablemente algo más al Sur del trazado que suele proponerse de manera habitual. Igualmente, la existencia de este lugar podría indicarnos la presencia de una estación de descanso de los viajeros, mutatio o mansio, y no en la misma población de La Pinilla.(8) La gran distancia existente entre Carthago Nova y Lorca, XLIII m.p., según el Itinerario de Antonino, podría ser un argumento más en favor de esta propuesta. El valor estratégico de esta zona dentro del entramado de las comunicaciones también ha tenido un reconocimiento en etapas posteriores, más modernas,(9) e incluso en los comienzos de este siglo en los diversos proyectos de ferrocarril para conectar el área de Cartagena y su Campo con la zonas occidentales de la provincia: Mazarrón y Águilas.(10) En cualquier caso, parece evidente que el origen o primera ocupación del yacimiento se manifiesta a partir de finales del siglo III a.C. y que de forma casi ininterrumpida, a tenor de los materiales, se prolonga en el tiempo varios siglos más, probablemente hasta llegar a los siglos V-VI d.C., aunque con una manifiesta desigualdad en su evolución histórica, con periodos en los que este lugar llegó a alcanzar un mayor protagonismo que en otros. Resulta significativo, sin embargo, el interés por mantener en época romana una red de comunicaciones que, en este caso concreto, parece tener su origen a partir del momento de la presencia púnico-bárquida en la Península Ibérica lo cual singulariza uno de los principales aspectos de la política desarrollada por los bárquidas durante este periodo, con el establecimiento de una importante red viaria, asociada a una amplia reestructuración urbana(11) como uno de los objetivos primordiales de esta política. De todas maneras, el interés de esta zona como posible paso, o comunicación natural, entre el Campo de Cartagena y la zona de Mazarrón posiblemente ya tuvo que ser valorada en etapas precedentes como parecen justificarlo algunos establecimientos próximos, como el ya mencionado de la Fuente Amarga. Este vasto marco temporal de ocupación del yacimiento, dentro de un espacio físico relativamente limitado, de igual manera queda evidenciado por la amplia reutilización de las estructuras. Con algunas construcciones o muros que alteraron probablemente la distribución originaria, incluso con una ocupación desigual o irregular del espacio, lo que explicaría en ciertos casos la falta de uniformidad en la dispersión de

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los materiales arqueológicos con la concentración de materiales pertenecientes a un determinado periodo dentro de un área o zona concreta del yacimiento como sucede por ejemplo en la zona de la denominada habitación 2000 donde resulta significativa la presencia de materiales tardíos.

NOTAS (1) Queremos dejar constancia de nuestro agradecimiento a Dª. Inmaculada Arellano Gañán, D. Pedro Fructuoso, Dª. Carmen Marín Baño, Dª. Ana Miñano Domínguez, D. Francisco Navarro y a Dª. Milagros Vidal Nieto, Licenciados en Historia Antigua y Arqueología, quienes de forma desinteresado han prestado un valioso apoyo para el buen desarrollo de esta I Campaña. (2) ZOBEL DE ZANGRONIZ, J.: «Über einem bei Cartagena gemachten Fund spanisch-phöinikischer Silbermünzen», Monatsberichte des Kaiserlischen Akademie der Wissenschaften zu Berlin, 1863. (3) ROS SALA, Mª.M.: «La Fuente Amarga: una aproximación a la entidad del Bronce Final en el entorno prelitoral de Mazarrón (Murcia)», Anales de Prehistoria y Arqueología, 3 (1987). Universidad de Murcia, pp. 85-101. La autora no señala con exactitud la ubicación del yacimiento, no obstante, en un terreno plantado de almendros, apenas a 50 m. de nuestro yacimiento, hemos podido recoger diversos fragmentos cerámicos informes que por las características de sus arcillas testimonian la presencia de productos de importación de la zona de Gadir de los siglos VII-VI a.C, lo cual podría ser un indicio de la coincidencia de los dos lugares a los que nos referimos, aunque, de todas maneras, ignoramos la validez de esta correspondencia hipotética. (4) REYNOLDS, P., «Cerámica tardorromana modelada a mano de carácter local, regional y de importación en la provincia de Alicante», Lucentum IV (1985), pp. 245-265. (5) BLÁZQUEZ DELGADO, A. y BLÁZQUEZ JIMÉNEZ, A.: Vías romanas de Sevilla a Córdoba por Antequera; de Córdoba a Cástulo por Epora; de Córdoba a Cástulo por el Carpio; de Fuente de la Higuera a Cartagena y de Cartagena a Cástulo. Memorias de la Junta Superior de Excavaciones y Antigüedades, 6. Madrid, 1923. (6) SILLIÈRES, P., «La Vía Augusta de Carthago-Nova a Accis», en Vías romanas del Sureste, (Actas del symposium celebrado en Murcia del 23 al 24 de octubre de 1986), Murcia, 1988, pp. 17-22. (7) BELDA NAVARRO, C.: El proceso de Romanización de la provincia de Murcia. Academia Alfonso X el Sabio. Murcia, 1975. (8) BROTONS YAGÜE, F. y RAMALLO ASENSIO, S.F.: “La red viaria romana en Murcia”, en Los caminos de la Región de Murcia. Murcia, 1989, pp. 109 y 111. (9) TORRES SUÁREZ, C.: “Los caminos del viajero”, en Los caminos de la Región de Murcia. Murcia, 1989, pp. 301-323. (10) GÓMEZ, A. J.: “Notas históricas sobre el ferrocarril en la Región de Murcia. Del aislamiento a la integración en la red viaria nacional, en Los caminos de la Región de Murcia. Murcia, 1989, pp. 403-432. (11) BENDALA GALÁN, M.; FERNÁNDEZ OCHOA, C.; FUENTES DOMÍNGUEZ, A. y ABAD CASAL, L.: “Aproximación al urbanismo prerromano y a los fenómenos de transición y de potenciación tras la conquista”, en Los Asentamientos ibéricos ante la romanización. Madrid, 1986, pp. 121-140.

TRABAJOS ARQUEOLÓGICOS EN BAÑOS Y CUEVA NEGRA DE FORTUNA

Antonio González Blanco Manuel Amante Sánchez

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1994

TRABAJOS ARQUEOLÓGICOS EN BAÑOS Y CUEVA NEGRA DE FORTUNA

ANTONINO GONZÁLEZ BLANCO, MANUEL AMANTE SÁNCHEZ

Resumen: El área objeto de estudio se localiza en la última de las terrazas del yacimiento, en ella se conservan desde antiguo los restos de dos depósitos para agua, restos de fauna y sobre las cuadrículas F10, E10, G11, F14, E14, H9, G6. Documentándose en ella tres estructuras de habitación. Durante la campaña de estudio epigráfico de la

Cueva Negra, hemos podido descubrir que los campos epigráficos hasta ahora identificados se extienden hasta lugares muy distantes de los conocidos, y su estudio parece muy prometedor debido a su buen estado de conservación.

1. LA CAMPAÑA DE 1990

magnitud como fue el caso de la lucerna con tema balnear (dos ninfas lavándose en una fuente), además de algunos materiales en espléndido estado de conservación como fue el caso de la botella globular de cerámica pintada de tradición indígena y conservada completa. Por obra de estos hallazgos ampliamos la cuadrícula con su colateral E-10 descubriendo así una pared de un edificio cuyas características no se pueden aún vislumbrar aunque sí su interés.

En el mes de junio de 1990, el Prof. Ph. Rathz descubre la existencia de un yacimiento con importantes restos situado en la misma zona de las dos piscinas romanas que se conocían desde siempre en la zona llamada «Los Baños Moros». Y al calor de tal descubrimiento en diciembre de ese mismo año procuramos descubrir la entidad del yacimiento en una campaña de aproximación al mismo de la que hemos dado cuenta en otros lugares.(1) La excavación es de tanteo y por una parte procuramos descubrir la entidad, estructura y manufactura de las dos piscinas; y el contenido de las mismas, que vaciamos cuidadosamente. Teniendo en cuenta el lugar en el que el Prof. Rathz halló los hermosos fragmentos de marmorata, vidrios, moneda y sigillata aretina en el mes de junio abrimos la cuadrícula F-10 y con la intención de estudiar si la elevación del terreno en el que estén excavadas y construidas las piscinas es natural o artificial abrimos la cuadrícula G-6. Mientras se va haciendo luz en todos los frentes la cuadrícula F-10 se muestra fecunda en hallazgos de primera

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2. LA CAMPAÑA DE 1991

Estuvo predeterminada por el desarrollo de la campaña del año anterior.(2) En razón de los hallazgos fortuitos del Prof. Rahtz habíamos excavado en 1990, además del entorno de las piscinas, nos centramos en la zona de tales hallazgos (cuadrículas E-10 y F-10). Habíamos conseguido detectar la existencia de un muro que en dirección NO-SE parecía dividir la zona de las piscinas peraltada respecto del nivel normal de la finca y ponerla de relieve. Era de todo punto necesario establecer la entidad del edificio al que tal muro debió pertenecer y por la estructura del terreno parecía evidente que debía extenderse siguiendo la línea descu-

TRABAJOS ARQUEOLÓGICOS EN BAÑOS Y CUEVA NEGRA DE FORTUNA

Figura 1: Plano de situación de los Baños de Fortuna respecto al pueblo y a la Cueva Negra.

bierta en la campaña anterior y en dirección NO. Y en esa dirección se planteó la cuadrícula siguiente: G-11, además de proseguir los trabajos de la campaña anterior en las cuadrículas ya abiertas.(3) La apertura de esta cuadrícula, la remoción del montón de tierra que la cubría formando un terraplén motivado, sin duda, por la existencia del muro y mantenido por los agricultores con la intención de que sirviera de muralla al agua que en momento de tormenta desciende del monte y amenazaba con inundar el rellano de las piscinas, nos llevó algún tiempo, pero poco a poco levantando los estratos superiores fueron apareciendo estructuras de gran interés que nos dieron pie para una «lectura» del edificio y del montículo del terraplén que pasamos a exponer. 2.1. NIVELES DEL MONTÍCULO (4) EN LA HABITACIÓN Nº 1

trabajadores recogieron tierra para amontonar a la vez que dejaban marcado el arroyo seco o cauce para que el agua corriese sin entrar en el rellano de las piscinas.(5) El estar el montículo terraplenado produce que el estrato no sea uniforme sino que presentase una fuerte inclinación Norte-Sur con una potencia máxima de 0’62 m. al N. y la mínima de 0’24 al S. Este estrato cubre todo lo que es propiamente arqueológico sin remociones, proveniente del estado del yacimiento en los tiempos en los que estuvo habitado. El estrato superficial contiene material muy significativo con fragmentos de borde y pared de T.S.G. -formas Drag. 18, 27, 24/25 y 45-, marmorata -forma Drag. 18-, producciones africanas en A2 -forma Hayes 14A- africanas de cocina forma Hayes 197-, restos de volutas y margos de lucernas de los siglos I y II -tipos Bailey A y P grupo I- , y cerámica común y gris de cocina romana, todo ello mezclado con platos modernos de loza blanca y cerámica vidriada.

2.1.1. NIVEL SUPERFICIAL 2.1.2. LOS MUROS

Estaba constituido por una parte por un nivel de tierra de labor de color marrón, suelta y con abundantes raíces. Procede, sin duda, de la parte SO del terraplén, de la que los

La estructura más significativa que apareció al remover el nivel superficial tanto en esta cuadrícula a la que nos esta-

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Figura 2: Plano general del yacimiento tras la campaña de 1991.

mos refiriendo de manera central como en las E-10; F-10; H11 y H-12 fueron unos muros de factura similar, pertenecientes sin discusión posible a un mismo edificio que en esta sección del yacimiento presentaba una estructura de relativa claridad: por una parte un muro de entidad mayor, ya descubierto en la campaña de 1990 en las cuadrículas E10 y F-10 que está orientado en dirección NO-SE, que se corta en la cuadrícula G-11 formando seguramente un vano para una puerta de acceso desde una parte exterior, patio o zaguán hacia una parte interior del edificio que aquí estaría en el recinto de las piscinas. Este muro sigue en la misma dirección en el ángulo NO de la cuadrícula G-11 y continúa por la H-12 en cuyo ángulo NO parece terminar. La longitud total del edificio a juzgar por este muro que de algún modo es fachada sería de aproximadamente 20 metros.(6) Perpendiculares a este muro principal aparecen paralelos entre sí al menos otros cinco muretes de menor grosor que forman al menos seis cubículos cuya función está aún por definir. Elevados hasta una cota similar al muro principal son más endebles y parecen haber sido construidos simultáneamente con aquél. En la campaña de 1991 creímos poder definir claramente

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hasta tres habitaciones que entonces distinguimos con una numeración correlativa: la habitación n.º 1 que era la comprendida en lo que hemos denominado entrada al edificio por el vano del muro mayor y los dos muretes que constituían el pasillo de entrada; la habitación n. 2 que ya había aparecido en la campaña de 1990, situada al E de la anterior, de gran interés por muchas razones, sobre todo por los materiales que en ella aparecieron en la campaña de 1990 y por las estructuras de reconstrucción del ámbito que está todavía por estudiar. Finalmente la habitación n.3 que es la que ocupa la práctica totalidad de la cuadrícula G-11 y que fue la excavada enteramente en esta campaña de 1991. Los muretes que definen la habitación o pasillo n.1 se definen de este modo: el más oriental que separa esta habitación de la n.º 2 tiene una longitud de 0’70 m. y una anchura de 0’50, presentando restos de una hilada y las piedras de trabazón de la segunda con una altura total de 0’25 m. Su extremo SO. no empalma directamente con el gran muro descrito más arriba sino que justo al llegar a este se rompe en un vano de 1’26 m de ancho y que da acceso a la habitación n.º 2. Este vano ha sido abierto en algún momento ya que debajo del mismo apareció el muro mismo

TRABAJOS ARQUEOLÓGICOS EN BAÑOS Y CUEVA NEGRA DE FORTUNA

Figura 3: Plano pormenorizado de las tres habitaciones a las que hacemos alusiones en el texto.

pero cortado a nivel del suelo. Más tarde esta abertura fue empleada como hogar; pero, repito, todo esto habrá de ser estudiado en ulteriores excavaciones que profundicen en el sitio lo que dejamos empezado en la campaña de 1991. El murete más occidental que separa esta habitación o pasillo con la habitación n.º 3 tiene unas medidas conservadas de 1 x 0’50 m, conserva una única hilada de piedras con una altura máxima de 0’20 m. y al igual que el murete anterior tampoco éste se une con el muro principal sino que también en ese punto se abre un vano de 0’80 m de anchura que comunica con la habitación n.º 3. 2.1.3. LOS RELLENOS DE LAS HABITACIONES 2.1.3.1. HABITACIÓN Nº 1 NIVEL I

Bajo el nivel superficial que hemos descrito más arriba y que cubre todo el conjunto formado por los muros citados y los rellenos de los espacios que estos muros forman ya hay que distinguir dentro de cada uno de estos espacios. En la habitación nº 1 hay un estrato que llamaremos nivel I com-

puesto por una tierra amarilla, arenosa y blanda que llena el recinto de esta habitación o pasillo. Presenta irregularidades en su superficie. Potencia máxima 0’30 m y mínima 0’08 m. El material arqueológico que apareció en este estrato fue muy abundante, destacando producciones gálicas -formas Ritt 5 y 8, Drag. 15/17, 18 y 24/25, tardoitálicas -Drag. 4 -, fragmentos de mangos, volutas y discos de lucernas imperiales -tipos Bailey A y B-, paredes finas -forma Mayet XXXVII-, y abundantes fragmentos de cerámica común y de cocina romana. BOLSA DE TIERRA QUE CORTA ESE NIVEL I

El estrato descrito como NIVEL I tiene una bolsa que rellena un hueco de 1 x 1’10 m. abierto al Noroeste del recinto en la intersección de los perfiles Norte y Oeste de la cuadrícula F-10. Este roto que ya es antiguo estaba relleno por una bolsa de tierra marrón muy blanda que rellena la fractura. Potencia máxima 0’20 m y mínima 0’06 m. El único material aportado por esta unidad estratigráfica es un fragmento de cerámica vidriada moderna con vedrío verde claro al interior y verde oscuro al exterior.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Figura 4: Los tres perfiles de la cuadrícula G-11, habitación número 3.

NIVEL II COMPUESTO POR BOLSA DE TIERRA MARRÓN QUE CUBRE EL HOGAR CITADO ACTO SEGUIDO

Tiene unas dimensiones de 1’60 por 1’12 m. Potencia máxima 0’24 m y mínima 0’10 m. Material significativo: T.S.G. lisa de forma Drag. 15/17 y decorada -Drag. 29-, lucernas de los tipos Bailey B y P; restos de ímbrices; cerámica gris romana; cerámica común romana de los tipos Vegas 37,38.10 y 16.2; huesos de animales HOGAR

Ocupando de la habitación nº 1 solamente el vano que la comunica con la nº 2 hubo un hogar cuya superficie total tiene una forma pentagonal con unas dimensiones de 1’40 por 1’70 y una altura de 0’14 m. Está relleno con una capa

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de cenizas con potencia máxima 0’16 m y mínima 0’10 m. Material significativo: T.S.G. de las formas Ritt. 1 y 8, Drag. 18 y 27; paredes finas: tipo Atlante 2/293; lucernas imperiales: tipos Bailey B grupo I (pieza completa y fragmentos de otra) y Bailey P grupo I; cerámica de cocina romana: ollas de borde vuelto; cerámica común romana: restos de jarras y tapaderas. CAPA DE TIERRA QUE CUBRE EL SUELO DE LA HABITACIÓN N.º 1

Tierra gris con raíces y piedrecillas pequeñas, blanda y húmeda, que está depositada directamente sobre el pavimento de habitación nº 1. Potencia máxima 0’08 m y mínima 0’02 m. Material significativo: T.S.G. formas Drag. 18, 27, 24/25, 29 t Ritt. 8; marmorata de las formas Ritt 8 y Drag. 18; fragmentos de lucernas imperiales de tipo Bailey B; ollas de

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Figura 5: Planta del yacimiento tras la campaña de 1993.

borde vuelto en cerámica gris de cocina romana; huesos de animales. 3. LOS NIVELES DEL MONTÍCULO EN LA HABITACIÓN Nº 3

Al Noroeste de la habitación n.º 1 y con unas dimensiones provisionales de 4’50 por 3’50 está situada la habitación nº 3. Apoyada lo mismo que las otras al gran muro aludido más arriba que sin embargo en esta habitación está muy deteriorado y presenta una rotura de 2 m. de los 4’50 que son el total de longitud de la estancia. El cierre oriental está formado por el murete occidental de la habitación nº 1 de l que ya hemos hablado más arriba. Las estructuras de esta habitación en su zona Oeste están muy destruidas y alteradas como consecuencia de lo superficial que se encuentran aquí los restos.

3.1. NIVEL SUPERFICIAL

Es el mismo que hemos descrito para la habitación nº 1: compuesto por una tierra marrón suelta con abundantes raíces. Tiene una fuerte inclinación en dirección Este-Oeste. Potencia máxima 0’62 m, mínima 0’04 m. El material significativo de este estrato se compone de fragmentos de platos de loza blanca, T.S.G. de la forma Drag. 27 y cerámica común, y gris romana. En la zona este de la cuadrícula y en una extensión de 1’20 por 4 m. se puede distinguir una subestrato de tierra marrón similar a la anterior pero algo más compacta. Potencia máxima 0’30 m, mínima 0’04 m.. El material significativo que contiene esta sección lo forman T.S.G. formas Drag. 27 y 18; producciones africanas en A2 tipo Hayes 23A; cerámica gris romana; restos de ollas en cerámica vidriada de color marrón; fragmentos de huesos de animales.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

3.2. NIVEL I

Está formado en el centro de la habitación y en una superficie de 2’16 m por 4’20 m, por tierra amarilla de la que es típica del terreno procedente de la degradación de la roca de la falda del monte de los Baños. A los lados Este y Oeste tiene estratos del mismo nivel que comentaremos más adelante. El material significativo de este estrato-unidad estratigráfica presenta algunas diferencias con respecto al mismo estrato de la habitación 2. Mientras que esta última las producciones de T.S.G. marmorata y lucernas de los tipos Bailey A y B está profusamente representadas, en la habitación 3 este material es muy escaso (dos fragmentos de T.S.G. formas Drag. 18 y 27, y restos de una voluta y pico de lucerna del tipo Bailey A) siendo, sin embargo, muy abundantes los fragmentos de enlucido de pared de color blanco, restos de pavimento de opus signinum, trozos de metal (clavos), fragmentos de ollas de cocina romanas; fragmentos de huesos de animal, y conchas de moluscos marinos. También se recuperaron tres monedas de módulo grande. Al Este de esta unidad estratigráfica, junto al perfil Este de la cuadrícula y con parecido nivel topográfico hay un depósito triangular de tierra marrón con chinarro muy suelta de 3’20 m de longitud por 1’12 m de base. Potencia máxima 0’16 m al este, mínima 0’06 m al norte. Entre el material recuperado destaca un fragmento de T.S.G. de la forma Drag. 33, cerámica común y de cocina romana. Al Noroeste aparece una bolsa de ceniza. Tiene una dimensiones de 0’62 por 1’30 m. Su potencia máxima es de 0’20 m en su perfil con el estrato de tierra amarilla citado en este mismo punto en primer lugar y la mínima es de 0’06 m.. El material recuperado dentro de esta unidad estratigráfica se compone de algunos fragmentos de ollas de cocina romanas. 3.3. NIVEL II

No se ha rebajado lo suficiente como para poder detectar un nivel del tipo de lo expuesto más arriba en la habitación n.º 1. 4. PERSPECTIVAS DEL YACIMIENTO AL FINALIZAR LA EXCAVACIÓN DE 1991 4.1. EL PERIODO DE UTILIZACIÓN DE ESTE ESTABLECIMIENTO

Los materiales recuperados nos permiten poder afirmar que en la segunda mitad del siglo I de nuestra era los itáli-

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cos ya acudían a nuestro balneario con su utillaje de importación y para ello con un séquito no despreciable.(7) Hay que suponer que los romanos que llegaran a Cartago Nova en los primeros tiempos se buscarían sus curas medicinales en la misma Italia; pero cuando ya la colonia tiene una importancia capital en el dominio de la Península y hace el papel de capital de toda la Hispania Romana, la abundancia de funcionarios y de población itálica, que también se ocupa en la administración y explotación de las minas y de todo el conjunto de la región hace que se asiente más la vida romanizada y todo el territorio se vaya organizando «a la romana». Es a partir de este momento cuando comienza el florecimiento romano del balneario de Fortuna y tras una primera etapa que durará casi un siglo época en la que comenzará también a florecer el culto y la cultura romana en la Cueva Negra, se planteará seriamente la construcción de un nuevo establecimiento termal, que se situada a unos 50 metros al Norte de este que estamos estudiando y que algún día habrá que excavar y estudiar 4.2. LA ESTRUCTURA DEL ASENTAMIENTO

En principio y con los hallazgos aludidos en esta exposición, en 1991 pensábamos que en este lugar debió haber un edificio de un máximo de 20 metros de largo por unos cuatro de anchura, compartimentado en cuatro o cinco habitaciones (la sección más oriental del conjunto está perdida a nivel de estructuras arquitectónicas y por eso es difícil precisar más). Probablemente estas habitaciones en origen servirían para dormir y el edificio serviría de crecimiento por la cara sur de un gran patio en el que están las dos cisternas y que probablemente sería empleado también para hacer en él la cocina con la que se atendería a los visitantes del balneario. No teníamos por entonces ningún dato sobre el lugar concreto donde se realizarían los baños termales y por tanto tampoco podíamos hablar del modo como éstos se llevarían a cabo. No sabíamos si acaso los bañistas se servirían meramente del agua corriente que manaría del nacimiento y a través de unas balsas represadas en el río tomarían sus baños. En esta misma campaña y con el fin de aclarar más el conjunto decidimos hacer un tanteo al Oeste de los hallazgos y excavamos una zanja partiendo del poyo Oeste del nivel de la finca y perpendicular al conjunto arquitectónico ya descubierto. La sorpresa fue que alejado unos

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doce metros del conjunto descubierto y en la cuadrícula F14 apareció un muro, que permitió pensar que el conjunto era más complejo de lo inicialmente sospechado, pero podía tratarse perfectamente de un patio situado en la cara oeste del edificio con el fin de guardar las caballerías o cosa por el estilo. Las campañas sucesivas han ido haciendo cambiar la imagen global y, sobre todo tras la campaña de 1995, abriendo unos horizontes espléndidos, ya que hemos podido comprobar cómo lo que en principio juzgamos el edificio completo ha resultado no ser más que un ala de un espléndido conjunto que cuenta con otra ala de no menores características situada enfrente de ella al oeste, obligándonos a plantear unos problemas de arquitectura termal de gran interés y permitiéndonos esperar importantes descubrimientos también en el tema del modo concreto de llevar a cabo los baños. 4.3. LA DESTRUCCIÓN DEL ESTABLECIMIENTO

Dada la situación de los hallazgos parece claro que el edificio que estamos estudiando fue destruido deliberadamente, después de una utilización relativamente larga (quizá de un siglo). El edificio debía estar construido con paredes de tapial asentadas sobre basamento o podio de piedra. Tras un vaciado más o menos sistemático el edificio debió hundirse, seguramente tras la construcción del nuevo establecimiento balnear cincuenta metros al Norte de este asentamiento, las piedras visibles serían aprovechadas y el resto quedó enterrado bajo la capa de tierra que debía haber estado formando las paredes de tapial. La parte del edificio excavada en estas dos campañas debía quedar ligeramente sobreelevada y por ello protegía de alguna manera la plataforma de las piscinas frente a eventuales torrenteras que bajaran del monte, por ello se respetó y se acomodó para que fuera más funcional. Por la parte Norte se arregló la entrada de agua a las cisternas y el resto se elevó amontonando tierra y formando un montículo-barrera que es lo que nosotros encontramos a la hora de comenzar la excavación. ¿En que momento debió hacerse esta nueva ordenación del terreno? probablemente ya en el momento del abandono; pero sin duda los labradores lo han continuado arreglando y reelaborando con el paso de los siglos. Alguno de estos acomodos puede deducirse del estado de la estratigrafía y de las bolsas de tierra presentes en los estratos, pero por el momento no se puede precisar.

5. LOS ESTUDIOS EPIGRÁFICOS EN LA CUEVA NEGRA

También este año continuamos el estudio de las inscripciones en la pared de la Cueva Negra; pero de estos estudios daremos cuenta globalmente en la publicación que esperamos poder sacar a luz a lo largo de 1996.

NOTAS (1) Los resultados de la zona excavada en las cuadrículas J-9 y K-9 los expusimos en el informe que entregamos para su publicación en las Actas de las Jornadas de Arqueología correspondientes al año 1990. Y un informe más amplio en el que se recogen los resultados globales de las dos primeras campañas de excavación en los años 1990 y 1991 los presentamos en el Congreso sobre Termalismo Romano antiguo celebrado en Madrid en noviembre de 1992 y publicado en "El Balneario de Fortuna y la Cueva Negra (Fortuna, Murcia), «Espacio, Tiempo y Forma. Revista de la Facultad de Geografía e Historia (UNED)», serie II, 5, 1992, 421-454. (2) Redactar un informe sobre la campaña de 1991 a la hora en que aquellos informes van a ir a imprenta, es decir, cuatro años más tarde es de gran interés porque las excavaciones han ido adelante y hoy se puede ver con claridad los caminos que siguen en arqueología las interpretaciones, en razón de los datos con los que se cuenta en cada momento. La interpretación del yacimiento como un establecimiento balnear se ha hecho más evidente con el paso del tiempo, pero la entidad del mismo, su forma y su función han cambiado por completo, del mismo modo que cambiarán con nuevas campañas hasta que se pueda llegar a una "visión" del conjunto cuando todos los datos del lugar hayan sido recuperados. En el curso de este informe iremos exponiendo el estado de nuestras interpretaciones en aquel año de 1991 y la variación de las mismas al quedar integradas en los hallazgos posteriores. (3) La campaña se llevó a cabo en los dias de la Semana Santa, aprovechando tanto la semana grande como la de fiestas de primavera. Se complementó con unas jornadas de lecturas en la Cueva Negra llevadas a cabo en el mes de mayo, en las que conseguimos avanzar en la lectura de los textos de manera significativa. (4) Hacemos la presente exposición en un intento de describir visualmente el yacimiento. Una descripción más técnica por niveles estratigráficos la tenemos publicada en el trabajo citado de la revista «Espacio, Tiempo y Forma», Serie II, 5, Madrid 1992, pp 432ss. (5) Esta afirmación es una deducción que se impone dada la artificialidad del montículo, que no procede evidentemente de derrumbamiento, sino de tierra limpia acumulada. La existencia de la rambla y su artificialidad es patente y por ello la tierra del montículo ha de proceder o de esa rambla o del rellano de las piscinas. De ambos lados puede haber sido recogida y amontonada, pero dada la configuración del terreno parece obvio que es de la parte oeste de donde hubo de ser tomada. (6) No pretendemos definir aquí las medidas con exactitud entre otras razones porque no sabemos aún cual era el extremo oriental del muro y por tanto tiene poco interés una ulterior precisión en el tema. (7) Para la argumentación véase el artículo citado de «Espacio, Tiempo y Forma», Madrid 1992, p. 447 en nota.

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EL COMPLEJO TERMAL DE ALHAMA DE MURCIA. II CAMPAÑA DE EXCAVACIONES (1991-92)

José Baños Serrano Alfonso Chumillas López Juan Antonio Ramírez Águila

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1997

EL COMPLEJO TERMAL DE ALHAMA DE MURCIA. II CAMPAÑA DE EXCAVACIONES (1991-92)

JOSÉ BAÑOS SERRANO, ALFONSO CHUMILLAS LÓPEZ, JUAN ANTONIO RAMÍREZ

Palabras clave: Alhama de Murcia, baños, romano, islámico, maqbara, moderno, termalismo, balneario. Resumen: La presente memoria ofrece un avance de los resultados obtenidos en la segunda campaña de excavaciones llevada a cabo en el sector occidental de los Baños termales de Alhama de Murcia, motivada por la modificación del proyecto de restauración. Los datos arqueológicos se completan con referencias históricas sobre la utilización del edificio hasta los años treinta de nuestro siglo. Esta actuación ha confirmado la existencia de un importante complejo termal romano donde se combinan las salas de uso medicinal y las de baño recreativo con sucesión de ambientes y diferenciadas por sexos. Este sector se mantendrá en uso desde su construcción en el siglo I d. C. hasta su abandono a principios del siglo IV. A principios del siglo XII será utilizado para cementerio islámico, perviviendo unicamente como instalaciones de baños las dos salas medicinales, remodeladas en 184748 con la construcción de un hotel-balneario.

English summary: This paper offers an advance of the results obtained in the second campaign of excavations carried out in the Thermal Baths of Alhama. This second excavation was caused by the modifications in the project of restoration in the west sector. The archaeological data are completed with historic references about the uses of the building until the 30s in the present century. These works have confirmed the existence of an important thermal complex where the rooms for medical use and the recreational ones (with a succession of surroundings and segregated by sex) combined. This part worked from its construction at the beginning of the 1st century AD to its abandonment at the beginning of the 4th century. Early in the 12th century this place was used as an Islamic cemetery. The only parts of the building which went on working as baths were the two rooms for medical use, which were definitively remodelled in 1847-48 with the construction of a spa.

I. INTRODUCCIÓN Y JUSTIFICACIÓN

comprobar cómo su estado estructural y escaso valor arquitectónico aconsejaban la demolición. Al comenzar las obras para las nuevas cimentaciones y durante una visita de seguimiento de estos trabajos, pudimos ver en una de las fosas abiertas la aparición de ladrillos, fragmentos de opus signinum y cerámica romana, lo cual nos confirmó que las estructuras de los Baños se prolongaban hacia este sector occidental y, como comprobaríamos durante la excavación, seguían hacia la calle de Sánchez Vidal y el edificio contiguo. Notificado el hallazgo al Centro Regional de Arqueología, se paralizaron las obras en el sector y se planteó la corres-

La presente actuación arqueológica tuvo lugar en dos períodos, entre los meses de marzo a julio de 1991 y enero de 1992, estando motivada por el derribo del edificio existente junto a Los Baños, conocido como antiguo edificio de Telégrafos o «Casa de la Radio». Dentro del proyecto inicial de restauración, conservación y puesta en valor del conjunto termal de Alhama de Murcia no se había previsto el derribo del citado edificio que quedaba integrado y modificado para diversos fines dentro del uso cultural del conjunto. Sin embargo, al intentar reforzar sus cimentaciones se pudo

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Figura 1. Baños de Alhama de Murcia. Plano de situación.

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Figura 2. Hotel-balneario construido en 1847-48. Plantas.

pondiente actuación de urgencia, que daría comienzo el día 6 de marzo. Los restos arqueológicos descubiertos hasta la fecha confirman la importancia e interés de estos baños, declarados Monumento Histórico-Artístico de carácter nacional desde 1983(1), y en los cuales ya se habían realizado a finales de los años setenta las primeras actuaciones de limpieza.(2) En el año 1989, tras recibir las transferencias en materia de cultura la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia, se iniciaron los primeros planteamientos de estudio, excavación y restauración (BAÑOS, MUNUERA y RAMÍREZ, 1989; BAÑOS, 1996). Con los antecedentes reseñados dieron comienzo las excavaciones arqueológicas dirigidas por Alfonso Chumillas López bajo la coordinación del Centro Regional de Arqueología y la colaboración del Ayuntamiento de Alhama de Murcia, como continuación a la intervención dirigida por José Baños

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Serrano en las dos salas termo-medicinales, los sótanos construidos en 1848 y la parte superior del solar (sector oriental). El presente trabajo se plantea como un primer análisis de conjunto de los resultados obtenidos en las intervenciones realizadas, centrado en el estudio de la documentación recopilada sobre estos baños y la descripción de los últimos hallazgos, así como una primera aproximación cronológica a su dilatado uso. Para una segunda ocasión dejamos un análisis más pormenorizado de los resultados, así como de los materiales recuperados. II. UBICACIÓN Y CONTEXTO ARQUEOLÓGICO DE LOS BAÑOS DE ALHAMA

Las instalaciones termales de Alhama de Murcia se ubican al pie del Cerro del Castillo, sobre una cota de 202 m. de

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Figura 3. Proyecto de fachada del hotel-balneario de 1848.

altitud (fig. 1). En torno a ellos se extiende la población, asentada en la margen izquierda del río Sangonera, al abrigo de las sierras de la Muela y de Espuña. Esta localización queda plenamente justificada por el aprovechamiento de los recursos naturales del entorno y los afloramientos de aguas frías y calientes existentes al pie del cerro, que han sido utilizadas desde la Antigüedad con fines diversos. Los hallazgos arqueológicos, tanto en el casco urbano como en el término municipal, ofrecen interesantes perspectivas para el estudio del período romano y complementan el contexto del edificio objeto del presente trabajo. De esta forma, en la denominada zona de «las paleras» del Cerro del Castillo, durante la realización de obras de alcantarillado en la calle de Sánchez Vidal (antigua calle de los Baños) o con la apertura de una zanja longitudinal en la calle de La Feria, se recuperaron abundantes muestras cerámicas de época romana.(3) De gran interés fueron los resultados de las excavaciones llevadas a cabo en los solares de la calle de la Corredera, nº 5, 7 y 9, donde se documentaron una serie de instalaciones con un contexto cerámico de los siglos I-II d. C., interpretadas como una posible área de servicio en función del complejo termal (URUEÑA y RAMÍREZ, 1995). Asimismo son conocidas a lo largo de todo el Valle de

Sangonera una serie de villae que ponen de manifiesto la ocupación y explotación del territorio en época romana, como son los yacimientos de Finca Trujillo (Librilla), Cabezo de las Manuelas (La Pita), Casas de Martín Rodríguez (BAÑOS, 1992), Casas de Guirao, El Puntal, Venta Aledo, Casa del Malo, todas ellas en el término municipal de Alhama de Murcia y con una cronología que abarca los siglos I-IV d. C. según los materiales cerámicos recogidos en superficie, lo que nos indica una larga ocupación de este espacio comprendido en el ager de Carthago Nova, con una comunicación inmejorable con los asentamientos más importantes de la zona (RAMÍREZ, 1993). III. ANÁLISIS DOCUMENTAL

Las primeras fuentes que hacen mención a la actual localidad de Alhama de Murcia e implícitamente a sus aguas termales, cualidad presente en el topónimo que la designa, corresponden como éste al período de presencia islámica, reflejando en él su origen y la naturaleza de sus aguas. A mediados del siglo XII el geógrafo Al-Idrisi decía que quien quiere ir de Murcia a Almería debe pasar por Qantara Askaba, Hisn Librala, Hisn al-Hamma y Lurqa, ... (AL-IDRISI, 1866: 239), lo que constituye la primera referen-

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Figura 4. Proyecto de planta baja para el balneario.

cia clara al lugar con mención expresa de los dos elementos que en aquel momento definían su poblamiento: el castillo y los baños termales. Poco después, cuando el cronista Ibn Sahib al-Sala narra el enfrentamiento definitivo en el que los almohades derrotaron a Ibn Mardanis en 1165, sitúa la batalla en el camino de Lorca a Murcia, en un lugar conocido por Hamat Bi-lquad (Hamma Bi-Laqwar, según otras transcripciones) o Fahs al-Yallab, a diez millas de Murcia, que tanto por su ubicación como por el topónimo no puede ser otro lugar que las inmediaciones de Alhama de Murcia (IBN SAHIB ALSALA, 1969: 77-78; VALLVÉ, 1972: 156; GUICHARD, 1980: 138). Este dato, a su vez, permite identificar con el territorio dependiente de Alhama uno de los aqalim o distritos agrícolas que en la segunda mitad del siglo XI enumera el almeriense Al-cUdri en la Kura de Tudmir: el de Laqwar, aunque en esta simple mención nada se dice de sus baños, pues

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ni siquiera se le antepone el término al-hamma (AL-`UDRI, 1972: 75; VALLVÉ, 1972: 155-156). Pero la referencia más valiosa de ese período es la del iraní Al-Qazwini, quien en el siglo XIII nos proporciona la descripción más antigua que conocemos de las instalaciones. El autor cita la alquería de B.l.qwar en Tudmir para referirse exclusivamente a su baño, que califica de excelente y saludable, donde hay una sala abovedada para los hombres y otra para las mujeres, y el nacimiento de la fuente está en la sala de los hombres. De ella sale un agua abundante que basta para cubrir las necesidades de las dos salas, y riega los sembrados de la alquería (AL-QAZWINI, 1848: 344; VALLVÉ, 1972: 177; ROLDÁN, 1992: 35-36). Tras la conquista cristiana del reino de Murcia son más abundantes las noticias y datos que se conservan referidos a Alhama, pero no así de sus baños que parecen caer en una larga etapa de olvido, o al menos de silencio. Tan sólo en

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Figura 5. Proyecto de planta principal para el balneario.

1387, cuando Juan II de Castilla otorga el señorío de la villa a Alonso Yáñez Fajardo, vuelve a mencionarse tan valioso recurso, pero únicamente por referirse a ella como la nuestra villa de Alhama de baños con su castillo (CASCALES, 1621: 202). Sabemos que la propia situación económica y política del reino, y la de Alhama en particular (RAMÍREZ y BAÑOS, e.p.), produjo un retroceso de la vida social y posiblemente también del uso de unas instalaciones como las termales. Sin embargo debieron conservarse en relativo buen estado y con una mínima actividad pues, cuando un siglo más tarde, durante los días 14 y 15 de octubre de 1494 Jerónimo Münzer se aloja en la villa, dice en su relato que Alhama tiene unas termas de agua clara (en las que nos bañamos), que curan la hidropesia, el cólico y otras enfermedades, y más adelante añade que en esta región el agua es en las cimas de los montes de excelente calidad, sumamente fria y suficiente para personas y ganados, pero en las

faldas sale caliente y surte las termas de que antes hablé; me bañé en ellas durante una hora y sudé de un modo copioso; mas puedo asegurar que a los ocho días, aún notaba sus efectos de frescura y de vigor. En cuanto a la población la describe como un lugarejo de unas 30 casas, llamado Alhama (MÜNZER, 1952: 346), que comenzaba entonces a despertar del letargo vivido durante los anteriores 250 años. Hacia 1577 los baños seguían en uso aunque necesitados de reparaciones, ya que los alcaldes y regidores del concejo de la villa destinaron dinero de las sanciones municipales para que se gaste en la obra de los dichos baños, y esta es su voluntad.(4) Pronto debió de propagarse nuevamente la fama de estas aguas, ya que a su existencia se debió el establecimiento a partir de 1627 de un hospicio de franciscanos junto a la ermita de la Concepción, para hospedar a los religiosos enfermos que pasaban a tomar los baños, que hay en aquel

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Figura 6. Sótanos del balneario conservados hasta 1991. En uso hasta 1939.

pueblo tan saludables (ORTEGA, 1746: I, X, 23). Sin embargo no aparecen mencionados en el Catálogo de Fuentes y Baños Salutíferos de España que en 1697 publica el Dr. Limón Montero (1697: 318-324), donde sí se recogen otros de la región cuyas descripciones son muy semejantes a las posteriores que conocemos de los de Alhama. El hecho pudo deberse a una momentánea desaparición del manantial, como sabemos que sucedió alguna vez según el relato del boticario de Yecla, D. Antonio Castaño y Ruiz, recogido por Gómez de Bedoya en estos términos: sucediò haver pretendido el govierno de esta Villa en tiempo antiguo, que los que se bañassen en las aguas de esta fuente, pagassen un cierto tributo; pero luego, que este se impuso, dexò de correr el agua, quedando totalmente seco el manantial, perseverando assi por muchos años, y sirviendo su fabrica solo de encerrar paja, hasta que perdida la especie de tal baño, impensadamente volviò a correr el agua por los antiguos conductos (sic) (GÓMEZ DE BEDOYA, 1764: 218-219). Esto mismo pudo haber sucedido también durante el período bajomedieval, al menos durante algún tiempo y quizás

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debido a algún movimiento sísmico, explicación a la que recurre el propio Gómez de Bedoya. De todos modos la conservación del establecimiento debió ser muy precaria, lo que llevará al ayuntamiento a dedicarle su atención en los Capítulos y Autos de Buen Gobierno de 1705. Así en el capítulo XIV se específica la prohibición de escrementar ni hechar ynmundizia alguna assi en el agua como en los sudadores ni lavar ropa alguna, pena de doze reales, y las mugeres solo pueden bañarse en el baño grande y los hombres en el pequeño bajo la dicha pena (sic),(5) reflejando exactamente la misma separación de ambientes por sexos que recogiera Al-Qazwini en el siglo XIII, dado que sabemos que el manantial antiguo se hallaba en la menor de las salas, es decir, en la de los hombres. También a mediados del siglo XVIII el Padre Ortega se refiere a esta separación, así como a unas antiquísimas reformas en el edificio de baños, a raíz de su curiosidad por una antigua campana de la iglesia: tiénese por tradición inmemorial, pero segurísima en aquel pueblo, que dicha campana fue descubierta muchos años hace en el sitio en dónde y

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Figura 7. Complejo termal romano. Estructuras.

cuándo se dispusieron y acomodaron las dos balsas que ahora vemos para tomar los baños, con conveniencia y mayor decencia en dos diferentes cuartos, uno para los hombres y otro para las mujeres. Antes había ponderado las ventajas de los baños de Alhama respecto a otros de la región, diciendo que en la villa de Alhama, distante seis leguas de la ciudad (de Murcia), casi al Suroeste, hay otros muy frecuentados, porque a las buenas cualidades y virtudes de las aguas se le añade la notable circunstancia de estar más acomodados para poderlos tomar los enfermos, por estar dentro de la villa, lo que no se logra en algunos de los otros, reiterándose en la descripción de la localidad sobre sus salutíferas cualidades, a lo que se añade la conveniencia con que se toman por la buena disposición de sus cuartos; cosa que no se logra en ninguno de los muchos que alcanza el suelo de esta provincia (sic) (ORTEGA, 1959: 37 y 265-267). Con anterioridad se había dado una curiosa polémica

entre los doctores Juan Ximénez de Molina por un lado, y Nicolás Valdero y Rafael Fuentes por otro (de Murcia el primero y de Málaga los segundos) sobre las propiedades curativas de las aguas de Alhama respecto a la sífilis o mal francés, provocando la publicación de sucesivas y retóricas obras de respuesta y contrarrespuesta.(6) A propósito de tal polémica el doctor Ximénez cuenta cómo supo por boca de don Lorenço Jurjo, médico de Alhama, que estos años passados vinieron desde Cataluña à usar dichos baños quasi todo un Regimiento de Soldados enfermos, quienes lograron un alivio universal, aviendo entre ellos muchissimos galicados; y que el motivo desto fue aver venido un Soldado de dicho Regimiento muy enfermo, y calado de babas, y aver logrado con el uso destos baños ventajosos alivios, y con esta experiencia aver abocado quasi todo el Regimiento à dichos baños (sic).(7) En 1764, por las mismas fechas en que el Padre Ortega redactaba su inacabada obra, publicaba el Dr. Gómez de

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Figura 8. Instalaciones medievales: Al-Hamma y maqbara.

Bedoya su célebre Historia Universal de las Fuentes Minerales de España en la que sí se recogen las propiedades de las aguas de Alhama de Murcia, como queda dicho. En ella ofrece una sucinta descripción del edificio de baños, que sabemos que no había experimentado grandes cambios desde la Edad Media, redactada en los siguientes términos: en medio de la Población esta la fabrica en que se recoge el agua para el baño, que es un estanque grande semejante a un Algibe, adornado de escaleras para baxar a bañarse, y tendrà de profundidad menos de dos estados; pero el agua nunca sube a mas de una vara (sic) (GÓMEZ DE BEDOYA, 1764: 218). La descripción difiere bien poco del aspecto que presentaban por entonces los demás establecimientos termales de la región (RAMÍREZ, 1990: 109-110). Más concreto es el estudio analítico realizado por D. Agustín Juan y Poveda en 1797, a propósito de la aparición el año anterior de un nuevo manantial dentro del propio edificio denominado «Manantial del Carmen», que producía unas 48 pulgadas de agua y permitía regar diariamente de 8 a 9 tahullas después de haberse utilizado en los Baños (JUAN,

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1794). El autor asegura que la estructura de éstos muestra suficientemente fueron fabricados por los Sarracenos (sic), aunque sospecha que por su espíritu y solidez sean obra romana, como ya lo hiciera el Canónigo Lozano (1794: II, V, 7). De la misma opinión son Miñano y Ceán Bermúdez, aunque sin base documental alguna.(8) Las escasas noticias posteriores hablan de un baño en estado de semiabandono, tal y como refleja el acta de sesiones del ayuntamiento de fecha 18 de julio de 1841, en la que se hace constar que los baños de aquella clase que hay en esta villa están en el mayor descuido y abandono por no reconocer dueño, puesto que los que lo son de las aguas para utilizarlas en el riego no se entrometen en los Baños más que en todo caso para hacer obras de aumento de aguas en utilidad del riego.(9) Así permanecerán hasta unos años después, cuando sea nombrado director de los Baños el doctor José María del Castillo y Espinosa,(10) quien se lamenta en sus escritos de la dejadez en que permanecía tan preciado recurso para pasar a convertirse en el principal impulsor de la construcción de un moderno balneario.

EL COMPLEJO TERMAL DE ALHAMA DE MURCIA. II CAMPAÑA DE EXCAVACIONES (1991-92)

Lámina 1. Balneario de Alhama poco antes de su demolición.

Recién llegado a la población, José María del Castillo publicó una primera Memoria sobre las aguas minerales de la Villa de Alhama de Murcia (CASTILLO, 1845) en la que tuvo el acierto de incluir una descripción del edificio de baños tal y como él lo encontró a su llegada, siendo la más completa y exhaustiva de que disponemos con anterioridad a la edificación del balneario. Dice así: Casi en el centro del pueblo, en una de sus plazas, donde está situado el Templo Parroquial, ..., vénse hácia el Medio día, bajo el peñón llamado del Castillo, dos puertas de escasas dimensiones, que dan entrada á un recibidor o explanada pequeña que conduce á los baños, y que sirve de un medio ó regulador de las temperaturas que existen en aquellos y la que se respira en el exterior; ... Penetrando en lo interior se ven dos extensas y sólidas bovedas, cuya arquitectura parece ser de los Romanos, y que presentan la forma de dos grandes algives aislados perfectamente, tan solo con la servidumbre de sus aguas y de dimensiones diferentes; pues el de la derecha tiene 14 varas de longitud, cuatro de latitud y nueve y media de profundidad: el extanque o balsa, en donde comodamente pueden bañarse ocho perso-

nas, tiene de longitud, cuatro varas, tres de latitud y una de profundidad. La bóveda de la izquierda, presenta de longitud quince varas y media, seis de latitud y nueve y media de profundidad; pudiendo colocarse para tomar el baño, unas once personas en la balsa de este algive, pues es su longitud de ocho varas, la latitud tres y media y su profundidad una. Para bajar á las balsas hay unas escaleras bastante penosas, principalmente para aquellos enfermos paralíticos, que han de ser conducidos por los asistentes. Cada uno de esos algives ó baños, está al cuidado de un bañero, y su destino es procurar la asistencia posible de los enfermos, y el aseo del local, siendo recompensados por una ligera gratificación de estos. Las aguas minerales tienen su nacimiento en la base del peñon del Castillo, recibiendolas inmediatamente el algive de la derecha, por una mina casi horizontal, escavada en la misma piedra, siguiendo las aguas la dirección de oriente á occidente hasta penetrar en el baño de la izquierda, por un conducto de forma cuadrada y de menores dimensiones, dejando aquellas en su tránsito impregnadas las paredes de un vetun color de plomo, bastante resvalaladizo: frente á la

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Lámina 2. Fachada del balneario a principios del siglo XX.

entrada de este algive, y á una vara del fondo de su estanque se vierte por un pequeño conducto, un agua cristalina y á la temperatura ordinaria, la cual se mezcla con la mineral en la balsa de este lado. Las sobrantes son despedidas por una cañería subterránea fuera de la población á una distancia de 114 varas y depositadas en dos grandes estanques; son de dominio particular, y se aprovechan para los riegos. Ese pequeño establecimiento, donde están encerradas las aguas, tiene su orígen en la mas remota antigüedad, pues en las últimas modificaciones hechas en sus balsas para profundizarlas, se han hallado varias monedas que pertenecieron á los Romanos, pues en ellas se ven gravados los nombres y bustos de sus Césares (sic) (CASTILLO, 1845; 13 y 14). Cotejando esta descripción con la más concisa de AlQazwini es evidente que ambas se refieren a un mismo edificio que ha mantenido su estructura y funcionalidad, aunque entre ellas existan seis siglos de diferencia. El doctor José María del Castillo pudo ser el informante de Pascual Madoz, ya que la noticia que éste da de los Baños en el primer tomo de su Diccionario Geográfico-Estadístico-

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Histórico, publicado en 1845, contiene la misma información utilizada por el doctor en su escrito: Además de las fuentes de que se hablará en el término, hay dentro de la villa unos escelentes baños minerales, no tan concurridos como debieran serlo, por el descuido y abandono en que yacen; están situados en la base del peñon del Castillo mirando al S., en una calle pública que toma el nombre de los mismos, cuya acera del frente la forma el templo parroquial y su espacioso átrio. Las aguas, cuyo calor asciende a 36 grados de la escala de Reaumur y se rebajan hasta 28, brotan de la raiz del peñon, y se depositan dentro de unos edificios subterráneos y abovedados á manera de grandes algibes de obra antiquísima, casi pegada al mismo risco, en donde los enfermos toman los baños en común. La estructura, solidez y argamasa con que están construidos, dan indicios para creer que se fabricaron en tiempo de los romanos cuya congetura se eleva casi á un grado de certeza por las monedas que se han encontrado, escavando su fondo, acuñadas en tiempos de los Césares, antes de la venida de Jesu-Cristo, La tradicción vulgar atribuye á los árabes la construcción de estas bóvedas, pero sin señalar fundamento alguno (sic) (MADOZ, 1845; 590-592). Fue el impulso y entusiasmo del doctor José María del Castillo el que llevó a constituir una sociedad para edificar y gestionar un moderno hotel-balneario que hiciese honor a las cualidades terapéuticas de las aguas de Alhama y permitiese una adecuada explotación de las mismas, tal y como declara en un nuevo opúsculo publicado con ocasión de su inauguración (CASTILLO, 1848; 12). En él trataba, además de la descripción de la villa y su entorno, de las instalaciones anteriores para pasar a describir las ventajas de las nuevas y las aplicaciones y análisis de sus aguas. Al proyecto se sumaron D. Anacleto Cela de Andrade, quien había experimentado sus cualidades, el Conde de Torre-Pando y D. Salvador López, vecino y propietario de la villa, quienes constituyeron dicha sociedad apoyada por el propio ayuntamiento.(11) De este modo las obras daban comienzo a principios de 1847 (CASTILLO, 1848; 22-23) para concluirse en 1848, recayendo el encargo de la nueva edificación en el arquitecto José Ramón Berenguer, para quien debió constituir su primera obra importante ya que apenas había obtenido su título oficial en 1846.(12) Afortunadamente nos ha llegado una copia de los proyectos originales (figs. 2, 3, 4 y 5), por lo que sabemos que inicialmente se pensó en un edificio dotado sólo de planta baja, sótano y primer piso (fig. 2), al cual se le añadió un segundo que aumentaba el número de las habitaciones

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Lámina 3. Sector del complejo termal excavado en la campaña de 1991-92.

para huéspedes (lám. 1). Tenía una fachada sencilla de 156 palmos de longitud (unos 32 m.) con 11 balcones y amplios ventanales a la calle de los Baños, aunque en el proyecto original presentaba unas dimensiones más reducidas y con la puerta descentrada (fig. 3), por lo que finalmente se amplió hacia la derecha hasta dejar la puerta simétricamente centrada, y se añadió el cuerpo superior de ventanas correspondientes al segundo piso (lám. 2). La obra quedó culminada con la colocación de una lápida de mármol blanco con la siguiente inscripción, redactada por el cura párroco y cuyo borrador manuscrito hemos visto aún entre la documentación del archivo de la iglesia de San Lázaro: AEGROTANTIUM SALUTI VALENTIVM VOLUPTATI ANNO MDCCCXLVIII El sótano albergaba las instalaciones de baños propia-

mente dichos, ya que la profundidad del manantial y la imposibilidad de elevar el nivel de las aguas, obligaron á situar estos baños subterráneamente en su mayor altura, como estaban los antiguos, practicando para ello una grande y costosa excavación abierta casi toda sobre roca (CASTILLO, 1848: 25). En ellos se integraron las dos bóvedas existentes hasta entonces, aunque la menor fue parcialmente destruida para unirla a los nuevos sótanos.(13) De la bóveda mayor se separó su extremo norte (sin destruirlo) mediante un tabique que incorporaba el manantial del Carmen al balneario, dividiendo la nueva estancia en dos aposentos y dotándola de tres bañeras alimentadas desde el citado manantial, por lo que fue necesario abrir una puerta en el muro que separaba ambas bóvedas para comunicar esta parte con el resto del establecimiento. En el proyecto del nuevo edificio se contemplaba tanto la destrucción de parte de las bóvedas como la construcción del Baño de uso público con toda decencia y mejora.(14) De

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esta forma, el ayuntamiento, dado que estas instalaciones habían sido siempre de uso público y gratuito, obligó a dejar una parte en las mismas condiciones, a cuyo fin se destinó casi toda la bóveda mayor dotada de una pequeña piscina comunal. Esta zona del establecimiento, aunque integrada formalmente en la nueva edificación, era de hecho totalmente independiente con entrada directa desde la calle a través de una pequeña estancia triangular de atemperación, estando atendida por la figura del «bañero» que recibía módicas propinas de los visitantes, por lo que se le conocía popularmente como «baño de los pobres». La parte nueva de los sótanos, que se empotró oblicuamente en los anteriores, ocupaba una planta rectangular estructurada en dos galerías o crujías cubiertas cada una con una bóveda de cañón, lo que proporcionaba una perfecta integración con la obra vieja (figs. 4 y 6). En la crujía norte se instaló la escalera de acceso desde el piso bajo del balneario, sirviendo de distribuidor hacia las antiguas instalaciones, donde estaban los manantiales y se ubicaron los gabinetes hidroterapéuticos, y por otro lado hacia cada una de las cinco nuevas habitaciones de baño que ocupaban la otra crujía, dividida por cuatro tabiques que se alzan hasta enrasar con la parte inferior de la imposta de la bóveda semicircular que cubre esta galería, al tiempo que impiden la vista de unos aposentos á otros, sin que por esto corten la del cañon de dicha bóveda ni interrumpan las luces que reciben por medio de lunetos en que se han practicado ventanas que salen al zocalo de la fachada. Cuatro de los espresados aposentos contienen cada uno una cómoda y magnífica pila de mármol blanco de una sola pieza, que reciben el agua por grandes grifos de bronce: ... El otro cuarto contiene dos pilas iguales en todo á las anteriores con el objeto de que puedan bañarse dos personas á la vez (sic) (CASTILLO, 1848: 25). Estas bañeras se hallaban empotradas en el suelo de cada una de las habitaciones. En cuanto al resto del edificio, el propio José Mª. del Castillo lo describió así: Consta este edificio de tres pisos, entrándose en él por un vestíbulo cubierto de bóvedas por arista y que tiene encentrado su eje con el del patio principal (fig. 4), de tal manera que sirviéndolo este como de fondo aumenta su luz y le dá un vistoso aspecto. Á la derecha de este vestíbulo se encuentra la habitación del portero y la escalera principal, cómoda y espaciosa, que comunica con los tres pisos. Á la izquierda y enfrente de ella está la entrada á los baños, precedida de

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Lámina 4. Frigidarium. Detalle del depósito.

un antebaño cubierto también de bóveda por arista, formando crucero con el vestíbulo. (...). En el piso del plan-terreno (fig. 4) se ha construido un bonito salón de desahogo cubierto con cielo raso á la italiana y alumbrado por ventanas semicirculares, destinado para que los enfermos se atemperen antes de salir á respirar la atmósfera comun, descansando en él sobre un sencillo divan colocado á su derredor: la entrada á esta pieza está cómoda y oportunamente situada al principio de la escalera y dentro de la bóveda misma de los baños. En este piso se halla tambien la habitación ó despacho del director y varios cuartos que teniendo cada uno su cocina particular se destinan á aquellas familias que quieran servirse de su cuenta, y á los cuales presta comunicación el corredor que circuye el patio principal, el que está adornado con una serie de diez arcos de forma semicircular, correspondiendo sobre ellos en el piso principal grandes recuadros que contienen otras tantas ventanas que alumbran el corredor que hay tambien en dicho piso para comunicacion de sus cuartos.

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Lámina 5. Tepidarium II.

En el centro de este patio se ha construido un algibe destinado al servicio de las habitaciones: otro patio separado del anterior por el salon desahogo, contiene las oficinas necesarias y que faltan á algunas habitaciones, y también las de la cocina general, comunicándose con esta que se halla situada en el piso principal, por medio de una escalera escusada. La planta de este piso (fig. 5) está distribuida en su mayor parte en habitaciones cómodas y desahogadas, dando lugar ademas á un espacioso salon de respeto ó sociedad de forma cuadrada cuyo lado tiene 38 palmos; adornado con sencillez y destinado para reunion de los bañistas en las noches de la temporada y en los dias en que el estado de la atmósfera no les permita pasear; por lo cual se procuró colocarlo en el sitio desde donde se disfruta una deliciosa vista del campo. Tambien se ha dispuesto un comedor general ó de fonda en que se pueden servir de 25 á 30 cubiertos; cuadrado como el salon anterior y situado entre los dos patios, de modo que recibe de ellos una clara y abundantísima luz, teniendo además pronta y fácil comu-

nicación con la cocina general, dispuesta con todas sus dependencias de amasador, despensa, cuarto para el cocinero &c., en la crujía de la espalda del edificio. Lo restante de este piso lo ocupan algunos cuartos para criados. El tercero y último piso (ver fig. 2, “PISO SEGUNDO”) está todo distribuido en habitaciones que tienen su cocina por separado, llegando en todo el edificio al número de diez y nueve, todas desahogadas, bien dispuestas y amuebladas con sencilla elegancia. La cubierta general la forma una espaciosa zotea á la cual puede salirse por la escalera principal que se continuó con este objeto, y con el de aumentar la luz hasta este punto. Desde esta azotea se descubre una vasta estensión de campo y varios puntos de paisage en estremo pintorescos que ofrecen una deleitable vista. Por último, hácia la parte de E. del edificio se halla el parador y cuadras, cuya puerta comunica á otra calle de la en que está la entrada principal;(15) evitándose asi que se obstruya esta con los carruages y las caballerías (sic) (CASTILLO, 1848: 26-27).

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Lámina 6. Caldarium II. Detalle de la piscina.

Para facilitar la concurrencia de bañistas se creó una línea de diligencias que unía el establecimiento con Murcia, la cual evolucionaría hasta convertirse en una línea regular de autobuses (empresa Andreo, línea Alhama-Murcia) desaparecida hace poco más de una década. El ferrocarril vendría a completar las magníficas comunicaciones favorecidas por la ubicación de Alhama en la Región. Con el tiempo la distribución interna del edificio experimentaría las lógicas adaptaciones a las necesidades del establecimiento. Así sabemos que a finales del siglo XIX se había construido en la planta baja una nueva galería de baños dotada de varias pilas de mármol, hasta las que se elevaba el agua del manantial mediante una bomba. Otras dos elevaban también el agua caliente y fría hasta unos depósitos colocados a 14 metros de altura para adquirir así la presión necesaria en las duchas ubicadas dentro de la vieja bóveda pequeña, mientras en la planta baja se hallaba un espacioso salón de descanso y espera que daba paso a las tres habita-

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ciones de baños citadas. También allí estaban la administración, portería, gabinete de pulverizaciones y las habitaciones del número 1 al 4, dedicadas principalmente al hospedaje de enfermos impedidos. En el piso principal estaban las habitaciones del director, las número 5 a 19, el departamento de fonda y el salón de reuniones, mientras en el piso tercero se hallaban los departamentos 20 a 30, para las más modestas fortunas (CHINCHILLA, 1889: 50-51). En 1913 se consiguió que el establecimiento permaneciera abierto durante todo el año,(16) y poco después sabemos que el balneario estaba dotado de 12 bañeras de mármol blanco, dos departamentos para duchas de diversas clase, otro para pulverizaciones, duchas nasales, vaginales, oculares, etc., conservando la misma distribución anterior (LORENZO, 1916: 33-34). Se trataba en suma de un hotel-balneario dotado de modernas instalaciones y lujosos salones, en los que se desarrolló una gran vida social hasta mediados de los años 30 de

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Lámina 7. Praefurnium.

nuestro siglo (lám. 2), que contó con cierta fama y que atrajo a ilustres visitantes a la localidad,(17) en manera alguna a tono con la vida que llevaban los alhameños, hasta el punto de que durante las temporadas altas se cerraba al tránsito la calle de los Baños y se prohibía a los vecinos el acceso a las inmediaciones del balneario. Amador de los Ríos afirma que, siendo la localidad humilde, debe en mucha parte su vida á la virtud de las aguas termales en que buscan la salud multitud de enfermos (AMADOR, 1889: 702). Durante la Guerra Civil el edificio sirvió como hospital de sangre, y apenas terminada la contienda, en 1939, unos desafortunados sondeos junto a la casa de los Artero (actual Ayuntamiento), al parecer para construir un nuevo establecimiento de baños privado, provocaron la definitiva desaparición de todos los afloramientos naturales de aguas termales de la localidad, lo que hizo que el ya viejo balneario no volviera a abrir sus puertas hasta su demolición en 1972(18) (lám. 1). Las instalaciones termales actuales, cuyas aguas se

extraen artificialmente, fueron, a la vez que deslucidas herederas del esplendoroso balneario, causa de su ruina y desaparición. IV. CARACTERÍSTICAS Y CUALIDADES TERAPÉUTICAS DE LAS AGUAS TERMALES DE ALHAMA

Para el caso de Alhama de Murcia disponemos de algunos datos referentes a los análisis de sus aguas procedentes de las memorias de los médicos directores del balneario a lo largo del siglo XIX y principio del XX, que aportan una interesante información, aunque en general son coincidentes (JUAN, 1794; CELA, 1848). Cuatro eran los manantiales medicinales que constituían el caudal de este balneario, conocidos con los nombres de Baño, Carmen, Poza y Atalaya. Los dos primeros se localizan en el interior del balneario; el llamado de la Poza en sus proximidades y posiblemente sea una ramificación del principal

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Un reciente análisis de las aguas actualmente usadas para el baño (CERÓN, PULIDO y PADILLA, 1993), muestra una temperatura entre 26 y 41º C. y una salinidad elevada con facies clorurada-sulfatada cálcico-magnésica, manteniendo la mayor parte de los elementos fisico-químicos de las aguas de los manantiales antiguos. Como éstas se siguen indicando para los principales diagnósticos de reumatismo y artrosis, junto a las diversas afecciones óseas, y una vez utilizada en los Baños se emplean en el riego de los cultivos. Diferentes son las del manantial de la Atalaya, que por su temperatura de 19º C corresponden a las llamadas Aguas Frías, con una composición que las incluye dentro de las sulfurado-sódicas (LORENZO, 1916: 28; CHINCHILLA, 1889: 9). Sus aguas eran transportadas al balneario para usarlas allí en bebida, en baño general o pulverizaciones, ya solas o ya asociadas a las termales, que era lo más frecuente.(20) En cuanto a las propiedades curativas de todas ellas, sabido es que las aguas calientes son relajantes, sedantes y combaten la fatiga muscular. Ya en 1764 Gómez de Bedoya señalaba sus indicaciones en los casos médicos de parálisis histéricas, paraplejías y otras parálisis centrales, en artritis y neuralgias diversas, tumores, sarnas, herpes, etc. indicaciones que, en general, serán confirmadas por los médicos posteriores (CASTILLO, 1848: 36 y ss.). V. PLANTEAMIENTO Y DESARROLLO DE LA EXCAVACIÓN Lámina 8. Ara votiva hallada en los Baños de Alhama.

(Baño) y el último, de agua fría, el de la Atalaya, en la margen derecha de la Rambla de Algeciras, a 12 km. de la población. El conocido como del Baño, más antiguo y citado al menos desde el siglo XIII, arrojaba en 1889 nueve pies cúbicos de agua por minuto (CHINCHILLA, 1889: 9) la cual era inodora, cristalina, transparente, de sabor ligeramente amargo y con una temperatura de 45º C. De parecida termalidad y mineralización eran las aguas de los manantiales del Carmen(19) y la Poza, que en 1916 arrojaban 100 y 180 litros por minuto respectivamente, siendo el caudal del agua del Baño, en ese mismo año de 280 litros por minuto (LORENZO, 1916: 13). Todas ellas se incluyen por su temperatura dentro de las denominadas Aguas Calientes (de más de 36º C), y se clasifican entre las sulfatado-cálcicas termales por su composición, semejantes a las sulfatado-cálcicas nitrogenadas termales de Alhama de Granada o a las bicarbonatadas sulfatadas cálcicas sódicas de los balnearios de Alhama de Aragón.

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Esta segunda fase de excavaciones, como ya hemos referido, se centró en el sector occidental del complejo termal, en el solar que ocupaba la antigua casa de Telégrafos. Antes de derribar los muros interiores, como cimentación de su medianería oriental se habían realizado cuatro zapatas de hormigón unidas por una correa en sentido longitudinal que condicionaron y dificultaron la excavación hasta el momento en que fueron demolidas. Sobre el espacio resultante se plantearon dos cuadrículas denominadas A-1 y A-2 en la mitad más occidental del solar, con unas dimensiones de 3´25 por 5 m., dejando un testigo entre ellas de 0´50 m. de anchura, y otro longitudinal dentro de A-1. Posteriormente se abrieron otros dos cortes entre la correa y la mayor de las salas termomedicinales (fig. 7, nº 3), que denominamos B-1 y B´-1, y otra Ampliación de B-1. Aquí, los trabajos tuvieron una mayor dificultad por lo angosto del espacio. La importancia y el interés de los restos arqueológicos que se iban exhumando motivó la modificación del proyecto

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Lámina 9. Enterramiento islámico sobre las estructuras romanas (n.º 1 de la fig. 8.).

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inicial de rehabilitación por parte del Servicio de Patrimonio Histórico de la Comunidad Autónoma, contemplando la conservación de los citados restos, su puesta en valor y su adecuación al carácter museográfico que se pretendía otorgar a la nueva construcción. Una vez realizado el derribo de la fachada de la casa de Telégrafos, fue posible ampliar los cortes A-1 y B-1 hasta la mitad de la acera de la calle de Sánchez Vidal. Por último, señalar que se realizó un corte en un pequeño espacio de 1´80 m. por 2´20 m. circundado por correas de hormigón que denominamos A´-1. En esta cata apareció el praefurnium que impulsaba la circulación del aire en los hipocaustos de este sector. En definitiva, la excavación se fue desarrollando en función de los espacios existentes y la continuación de las obras, lo cual motivó las sucesivas ampliaciones de los cortes que junto con los problemas de personal dificultaron en gran medida su realización. VI. DESCRIPCIÓN DE LOS HALLAZGOS ROMANOS

La intervención de 1991 ha permitido recuperar un conjunto de salas que reproducen el esquema lineal simple de un baño romano como complemento a las instalaciones minero-medicinales, con dos momentos cronológicos bien diferenciados. Ya antes de comenzar la excavación, dentro de la mayor de las salas termo-medicinales (fig. 7, nº 3) y en su paramento occidental, era visible la existencia de una puerta tapiada que podía ser su acceso original, con lo que se preveía la extensión de las instalaciones hacia ese sector. La aparición de los primeros restos durante las obras así lo confirmaron. El nuevo conjunto hallado estaba constituido por una serie de salas cuadrangulares, de reducidas dimensiones (lám. 3), con y sin sistema de hipocausto, que siguiendo el recorrido normal que debía efectuar el bañista para su uso serían las que describimos a continuación: 1. Frigidarium (fig. 7, nº 4). Desde un probable apodyterium que estaría bajo la calle actual, el bañista accedía a un primer espacio rectangular con funciones de atemperador y distribuidor al resto de las salas del sector. Presentaba unas dimensiones de 4 m. de anchura, si bien no conocemos su longitud por exceder los límites de la excavación, aunque presumiblemente debía

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estar próxima a los 8 m. Adosado a su muro occidental existía un pequeño depósito de agua (lám. 4) por cuya presencia y dada la ausencia de hipocausto en esta sala (así como su relación con las demás), la interpretamos como frigidarium. Desde ella el bañista tenía dos opciones: por una parte disfrutar de un baño termal en la mayor de las piscinas medicinales (nº 3), y por otra acceder a las estancias del baño de recreo, como decimos, en las que diferenciamos dos áreas en función de su cronología (nº 5 y 6, ó nº 7 y 8). Su suelo está constituido por un sólido mortero de opus signinum, parcheado en algunas partes con obra similar pero de peor calidad. También sus muros estaban revocados con gruesas capas de mortero blanco. De esta sala documentamos tres comunicaciones con las contiguas. Hacia la estancia nº 5 había una puerta que apareció completamente tapiada, al igual que las demás. Otra, más estrecha permitía el acceso a la nº 7, y una tercera comunicaba con la nº 3, la que decíamos que era visible desde el interior de ésta última sala, con apenas 0’70 m. de luz. En el interior del frigidarium fueron escasos los materiales romanos recuperados, ya que durante la Edad Media fue desfondado y vuelto a colmatar con materiales islámicos de los siglos XII y XIII, momento en que se produce una reactivación del baño, si no su redescubrimiento, y por consiguiente se realizarían reformas y reparaciones en el mismo. Antes de dar comienzo los trabajos arqueológicos, la sala fue afectada por un desfonde mecánico parcial para la construcción de la nueva escalera de acceso a las salas 2 y 3, y a los sótanos del balneario de 1848. 2. Tepidarium I (fig. 7, nº 5). Siguiendo el esquema habitual de baño con gradación de temperaturas, el bañista podía acceder a un tepidarium y desde éste a un caldarium, ninguno de los cuales se pudo excavar en toda su extensión. El tepidarium de unos 3´60 m. de anchura, no conservaba su pavimento aunque sí parte de los pilares (pilae) del hypocaustum realizados en mampuesto. En un momento posterior en su uso, su hipocausto, como el de la sala contigua nº 6, fue colmatado y reutilizadas ambas con otros fines, como muestran los pavimentos de mortero muy deleznable dispuestos sobre sus escombros. Estos suelos se han podido datar con cierta precisión por los materiales recuperados, entre los que destacan como más representativos el hallazgo de una lucerna de producción africana incrustada en el propio suelo, forma Atlante III, y

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otros fragmentos de terra sigillata africana C, formas Lambloglia 40 / Heis 50, fechables en la segunda mitad del siglo III d. C.(21), y que hay que poner en relación con una importante reforma que se concreta en la construcción de un nuevo conjunto de salas de baño adosadas a las descritas y con idéntica disposición lineal (nº 7 y 8). 3. Caldarium I (fig. 7, nº 6). A continuación, una nueva sala de similares características conservaba igualmente parte de su suspensurae de mampostería y una doble comunicación con la sala anterior; por un lado la entrada para los bañistas de 0’90 m., lógicamente situada sobre el nivel del suelo, y una segunda en forma de conducto bajo ésta que permitía la circulación de aire caliente entre sus respectivos hipocaustos, de donde deducimos que se trata de un caldarium, pues la sala anterior recibía de ésta su calor. Resaltar que en su muro norte aparecen unos mechinales alineados, tanto vertical como horizontalmente, cuya función sería la de fijar las tegulae mammatae destinadas a crear una cámara de aire caliente alrededor de la habitación, si bien es cierto que durante el proceso de excavación no apareció ningún ejemplar. En cuanto al praefurnium que daba servicio a las salas anteriores desconocemos por completo su ubicación. 4. Tepidarium II (fig. 7, nº 7). Junto al acceso a la piscina termal (nº 3) se abre un vano, siempre descentrado, de 0´70 m. de luz, que daba paso a una nueva sala de forma cuadrangular con unas dimensiones de 3´30 m. de anchura y 2´70 m. de longitud (nº 7). Estaba dotada de hipocausto y conserva únicamente la suspensurae a lo largo del perímetro de sus muros, mientras el centro de la sala había sido completamente desfondado en época musulmana y vuelto a colmatar en el mismo período (lám. 5). Su suelo estaba realizado en un sólido opus signinum, al igual que sus muros, y la unión entre ambos protegida por una moldura de media caña convexa. En su pared suroccidental se hallaban las dos aberturas de comunicación entre el hipocausto de esta sala y la siguiente (nº 8). Por su parte, junto al muro adosado a la piscina termal apareció un bloque caído de la bóveda de cañón que originalmente cubrió la estancia, la cual interpretamos como un tepidarium por su posición de tránsito entre el frigidarium (nº 4) y la siguiente sala caliente. No obstante, no descartamos que pueda tratarse tal vez de una sudatio.

5. Caldarium II (fig. 7, nº 8). En el ángulo suroeste de la estancia anterior se abre un nuevo vano de 0´70 m. de luz por el cual se accedía a la sala contigua, también de forma cuadrangular, con unas dimensiones de 3´50 m. de anchura y 3 m. de longitud (nº 8). Frente a este acceso y sobre el pavimento existía una moldura de opus signinum que tendría como función la de evitar que el agua pudiera pasar desde esta sala a la anterior, situada a un nivel ligeramente más bajo. En este caso conservaba íntegra toda la estructura del hipocausto, con el esquema clásico conformado por los pilares de ladrillos pedalis sobre los que apoyaban grandes ladrillos bipedalis y el pavimento de opus signinum de unos 0´15 m. de espesor. En el lado Este de la sala se localizan los tres escalones de acceso a la piscina (nº 10), la cual tenía unas dimensiones de 2 m de anchura por 2´50 m de longitud (lám. 6). En las paredes norte y sur de la estancia se documentaron unos estrechos rebancos cuya función debía ser la de ofrecer una mayor comodidad durante la espera para el turno de baño, debido a la escasa capacidad de la piscina. En cuanto a su interpretación, podemos afirmar con seguridad que nos encontramos ante un caldarium con su piscina, conclusión a la que llegamos por su localización junto al tepidarium, y por la presencia del hipocausto en comunicación directa con el praefurnium. Su excavación ofreció una estratigrafía compuesta por materiales de derrumbe, ladrillos, argamasa, piedras de mediano tamaño, fragmentos de pared con enlucido, abundante ceniza y escasas cerámicas (formas Lamboglia 40, Heiss 50 de terra sigillata africana C), recuperadas en un delgado estrato de arenilla sobre el pavimento (2-3 cm.), que nos permiten fijar el abandono de este sector hacia finales del siglo III o principios del IV d.C. 6. Praefurnium (fig. 7, nº 9). El calentamiento de las dos últimas salas se realizaba por el citado praefurnium, adjunto al caldarium y excavado en una pequeña superficie de 3´5 m.2 en la cual lo único que pudimos documentar fue la comunicación abovedada en mampostería, muy deteriorada, con el hipocausto del caldarium II y el conducto del fogón, realizado éste mediante dos muretes paralelos de piedra y ladrillo unidos con mortero (lám. 7). El acceso a este horno se realizaba por un vano existente en el muro Oeste, el cual debía comunicar con otras dependencias para servicio del mismo (depósito de leña, ...). Hay que destacar en esta zona del complejo termal el importante hallazgo de un ara anepígrafa de piedra are-

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nisca y fuera de contexto (lám. 8), pues debería estar situada en otro tipo de dependencia; este descubrimiento permite plantear la tradicional vinculación del culto a las aguas termales en el mundo romano (BLÁZQUEZ y GELABERT, 1991; RODRIGO y HABA, 1991). VII. INTERPRETACIÓN DEL COMPLEJO

La información obtenida durante la campaña de excavaciones objeto de la presente memoria, añadida a los datos ya existentes (campaña de 1989), nos ha permitido ofrecer una visión de conjunto de las instalaciones (BAÑOS, CHUMILLAS y RAMÍREZ, 1997). Estas thermae se extenderían sobre una superficie que podemos calcular en unos 1.500 m2 y que, siguiendo el esquema clásico del baño romano, constarían de una zona de ingreso con espacios abiertos y otras instalaciones auxiliares, todas ellas ubicadas actualmente bajo la calle de Sánchez Vidal y la iglesia parroquial de San Lázaro, en cuyo atrio excavamos varias estructuras (fig. 7, nº 12 y 13) relacionadas por su disposición y cronología con los restos que describimos a continuación.(22) De este amplio conjunto se habían conservado, tan sólo, las dos salas abovedadas destinadas al baño medicinal por brotar en su interior los manantiales salutíferos, quedando integradas en la construcción del balneario de 1848 (fig. 6 y fig. 7, nº 2 y 3). La anterior campaña permitió constatar el origen romano de ambas estancias que, en principio, no podíamos sospechar que formaran parte de un complejo tan amplio, del cual se ha recuperado únicamente una parte del conjunto de instalaciones destinadas al baño propiamente dicho. La disposición de las estancias a ambos lados de las piscinas medicinales muestra la existencia de dos sectores por duplicidad de los ambientes a partir de un eje constituido por su muro medianero, debida posiblemente a un uso diferenciado por sexos (VITRUBIO, 1987: 43), y que responden cada uno de ellos al esquema lineal del baño romano. La sala medicinal del sector descrito (fig. 7, nº 3) tiene unas dimensiones de 5´50 m. de anchura y unos 13 m. de longitud, aunque su cierre meridional ha desaparecido por completo. El acceso desde el frigidarium es de reducidas dimensiones para evitar la pérdida de calor, y dentro debía existir un andén que facilitaría la circulación en torno a la piscina que, a fin de recibir directamente las aguas del manantial, se adosaba a su muro oriental, donde aún se puede reconocer la existencia de dos aberturas cuadrangulares para la entrada de las aguas desde la fuente. Sin embargo, en el inte-

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rior de esta sala no ha sido posible documentar las estructuras de origen romano debido a las transformaciones sufridas por su uso continuado y al desfonde de sus suelos, motivado por las sucesivas disminuciones del manantial a lo largo de los siglos; lo mismo ocurre con la canalización de desagüe (nº 14), difícil de adscribir cronológicamente. Sí fue posible constatar que parte de la bóveda de cañón que cubría la sala correspondía a la originaria construcción romana, dado que en sus arranques aún conservaba su revoque exterior de opus signinum. Durante las obras de restauración en esta misma sala se observaron varios óculos cegados y alineados longitudinalmente que, aunque con seguridad corresponden a una reparación posterior a la construcción, reflejan el sistema de iluminación característico de las termas romanas. En el sector oriental del complejo termal únicamente se ha conservado parte de la otra sala medicinal y una estancia del baño de recreo (BAÑOS, 1996), debido a que, como ya hemos referido anteriormente, fue sobre esta zona donde se ubicaron los sótanos del hotel-balneario de mediados del siglo XIX (área rayada en oblicuo sobre la fig. 7). Tal y como ocurría en el sector occidental, la zona de ingreso a las salas de baño es desconocida ya que debía estar situada bajo la calle de Sánchez Vidal. La sala medicinal de este sector (nº 2) resultó parcialmente destruida durante las obras de 1848 en su parte meridional con el acceso.(23) En su interior se localiza el manantial llamado «del Baño» (nº 1), del que brotaba el agua desde una mina que actualmente tiene unos 18 m. hasta la piscina en que vertía sus aguas. Esta sala responde a las mismas características arquitectónicas de la sala medicinal contigua (cubierta abovedada, revestimiento de opus signinum, piscina colectiva, ...), aunque de menores dimensiones. Durante el proceso de restauración se descubrió en su muro norte una hornacina o pequeña capilla que estaría destinada a albergar la imagen de alguna divinidad de carácter salutífero relacionada con las aguas termales, bajo cuya advocación estarían las instalaciones. Hacia el extremo Suroeste de los sótanos de 1848 se documentó una nueva sala (nº 11) de forma cuadrangular de unos 3´25 m. de longitud y algo más de 3 m. de anchura que constituye uno de los ángulos del edificio, dato importante para el cálculo de las dimensiones de estas thermae. Está dotada de hypocaustum y conserva sobre un pavimento de mortero blanquecino los veinte arranques de las columnillas que formarían las bovedillas o arquillos sobre las que apoyaban los clásicos ladrillos bipedalis y el pavimento de opus signinum. En esta estancia se recuperaron abundantes

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materiales cerámicos que nos sitúan en una cronología que va del siglo I d.C. hasta el II (24) (BAÑOS, 1996). En cuanto a la técnica empleada en la construcción del complejo termal, decir que responde al tipo de aparejo denominado opus incertum, en el que los paramentos se realizan con hiladas de piedras medianas y pequeñas, de forma irregular y trabadas con mortero. Esta mampostería está bien careada y en los interiores se enluce con varias capas superpuestas de fino mortero, de forma que al irse deteriorando se procedía al picado de la capa más antigua con el fin de que la siguiente se adhiriese mejor. El opus signinum se ha utilizado principalmente en los pavimentos de las salas (aunque en las medicinales se constató en el exterior de las bóvedas) y en algunos revestimientos parietales de las que mayores temperaturas y humedad debían soportar (nº 8 y 10) dadas las características impermeabilizantes de este mortero, por lo que también se emplea en las molduras en media caña que aparece en la unión de muros y pavimentos. Sin embargo, en algunas estancias las paredes debían estar revestidas de estuco con decoración pintada, principalmente de colores planos y vivas tonalidades -violáceos, amarillos, verdes, rojos...-, formando motivos geométricos y vegetales; estos enlucidos se han documentado principalmente en la excavación de las salas nº 11 y 5, aunque ninguno de ellos se halló in situ. La presencia del ladrillo se documenta en las columnillas y arquillos de los hipocaustos, y principalmente en las construcciones de la segunda fase (nº 7 y 8), así como en la sala del sector oriental (nº 11). Respecto a las dimensiones de las estancias documentadas en toda su extensión, parecen responder a un módulo que oscila entre los 10 y 12 pies de lado. Las medidas de los muros también se ajustan al módulo romano, de forma que los que debían soportar una mayor carga presentan un grosor de tres pies, reduciéndose a dos en los muros laterales y a uno y medio en el arco de la bóveda; esta cubierta debía ser la predominante en el conjunto termal, conservada casi íntegramente en las dos salas medicinales y un fragmento en la sala nº 7, conclusión a la que llegamos al constatar durante el proceso de excavación la ausencia de tégulas y otros materiales de cubierta. VIII. LOS BAÑOS EN EL PERÍODO MEDIEVAL. LA MAQBARA

El baño en el mundo islámico constituye un elemento esencial e indispensable a menudo ligado a la mezquita, con una funcionalidad social que incluye usos de carácter reli-

gioso, higiénico, lúdico etc., a los que se une en nuestro caso el medicinal (RAMÍREZ, 1990), lo que hace más interesante una intervención que es la primera efectuada sobre unas instalaciones termales documentadas por textos islámicos. Pese a esto, el uso continuado de los baños ha producido las consiguientes modificaciones que dificultan enormemente el estudio de lo conservado, que en su mayor parte es construcción romana. Al comenzar la excavación sobre las salas 5 y 8 de la figura 7, aparecía cerámica de producción islámica, aunque bastante escasa. Pero fue al delimitar y limpiar el grueso muro que separa ambas estancias cuando apareció un inesperado enterramiento humano en pésimo estado de conservación (fig. 8, nº 1), cuya disposición en decúbito lateral derecho con el rostro vuelto hacia el SE y su orientación con cabeza a WSW y pies hacia ENE, mostraban claramente que se trataba de un enterramiento de rito musulmán (lám. 9). Un nuevo hallazgo de la misma índole se produjo poco después sobre el muro S de la piscina del caldarium (fig. 7, nº 10), un nuevo enterramiento con la misma orientación del que sólo se pudo ver la mitad inferior del cuerpo por quedar el resto bajo la medianería contigua. No obstante y pese a lo dañado que quedó por las labores de construcción que se llevaban a cabo, pudimos apreciar en él una curiosa particularidad sobre la que ahora no nos atrevemos a pronunciarnos, como es la disposición del cadáver en decúbito lateral izquierdo, tal y como indican sus rodillas flexionadas mirando al N (fig. 8, nº 2). Restos de un último enterramiento (fig. 8, nº 3), el más dañado de todos y del que apenas quedaban huellas de su cráneo, unas vértebras y algunas costillas, apareció literalmente incrustado en el muro N de la sala nº 5, aunque fue suficiente para identificar su disposición dentro de la ortodoxia malikí. Una vez concluida la excavación hemos sabido que durante los trabajos de derribo de la llamada Casa de Telégrafos, y más exactamente durante el desfonde posterior, las excavadoras extrajeron varios restos humanos más, pues de hecho la conservación de los tres documentados se ha debido a que fueron depositados sobre las estructuras romanas que ofrecían mayor resistencia a las máquinas. Estos hallazgos venían a mostrar que nos encontrábamos ante el extremo oriental de la maqbara de Hamma B.l.qwar, que por excavaciones posteriores en la calle de la Corredera sabemos que se extendía a lo largo de dicha calle.(25) La relación entre baños y cementerios, a la que se une la mezquita,

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está documentada en varios ejemplos de la propia medina murciana y otras localidades del Levante, lo que parece responder a un planteamiento funcional apoyado en las necesidades de una mentalidad popular eminentemente práctica (ROBLES, RAMÍREZ y NAVARRO, 1993) seguramente mezclada con ritos y creencias ancestrales (RAMÍREZ, 1997). En las proximidades de los enterramientos, durante la excavación de la sala 8 del complejo romano, se apreció una delgada capa blanca de apenas 1 cm. de potencia entre los escasos restos de los niveles islámicos que habían quedado, lo que sería indicio de un acondicionamiento del espacio existente entre las sepulturas, si bien no fue posible relacionarlo físicamente con ellas. Respecto al material cerámico recuperado en torno a los enterramientos, fue muy escaso pero nos sitúa cronológicamente a lo largo del siglo XII y primera mitad del XIII. El límite físico del cementerio estuvo constituido por los muros occidentales de las salas romanas 4 y 7 (fig. 7). Ambas aparecieron colmatadas por materiales islámicos, de cuyo análisis preliminar, al que más adelante nos referiremos, deducimos que hacia finales del siglo XI o principios del XII las dos salas fueron completamente vaciadas de escombros, quedando a descubierto sus muros y suelos, e incluso se llegó a extraer la suspensurae de la sala 7, hasta el punto de que la presencia de materiales romanos en estos lugares fue casi excepcional. Los vanos que comunicaban estas salas con las demás e incluso ambas entre sí, estaban tabicados mediante piedras de gran tamaño. De este modo la sala 7, completamente cerrada por sus cuatro lados, aunque carente de cubierta, quedó como depósito para vertido de desechos, mientras que la 4 constituiría una estancia de acceso al interior de la sala femenina del hamma, parece que mediante una rampa que salvaba el desnivel existente para llegar hasta la piscina, regulando al mismo tiempo la transición entre la temperatura exterior y la interior, y posiblemente también con funciones de vestuario. A la sala mayor del hamma se pasaba por una estrecha puerta en su costado SW, la misma utilizada desde el período romano. De la otra sala del hamma, que recibe directamente las aguas del manantial y que según Al-Qazwini estaría destinada a los hombres, conocemos sus dimensiones originales por la descripción citada más arriba de José María del Castillo. Presumiblemente estaría dotada de otra sala de ingreso en su extremo SE, aunque los restos de la misma que pudieran subsistir tras la construcción del balneario de 1848 deben estar bajo la calle. Pero las salas propiamente dichas del

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baño, poco o nada pueden ofrecernos de este período, ya que su interior se encuentra completamente transformado y desfondado hasta sus cimientos, y su estructura es en su mayor parte de construcción romana (BAÑOS, 1996). En cuanto a la única zona de la sala femenina donde había potencia suficiente para haber intentado un estudio de los niveles existentes bajo las escaleras de ingreso, en el cierre de su extremo SE y las posibles estructuras enterradas, fueron destruidas por las excavadoras al comenzar las obras de restauración. Los materiales cerámicos, como hemos dicho, son bastante homogéneos tanto en la sala 4 como en la 7, pertenecientes en su mayoría al siglo XII, como los del cementerio inmediato. En espera de su estudio, un rápido examen nos indica que proporcionalmente los tipos más representados son las jarras, seguidas de las marmitas, jarritas y ataiforesjofainas. El primer grupo está representado por formas de gran tamaño, con cuerpo piriforme y labio baquetonado, decoradas con digitaciones de manganeso y alguna a la almagra. Entre las marmitas la forma más abundante es la de cuerpo de tendencia cilíndrica con borde reentrante y realizada a torneta, con y sin vedrío interior, aunque aparecieron contados fragmentos de marmita globular de paredes finas, fechables ya hacia el siglo XIII, lo mismo que las jarritas también de paredes finas decoradas mediante esgrafiado o técnica mixta de esgrafiado y cuerda seca parcial. También las había decoradas con esta última técnica únicamente, pero las más abundantes lo estaban con digitaciones de manganeso o pintadas a pincel con el mismo material y motivos diversos, siendo frecuentes las dotadas de base discoidal y más raras las de pie anular. Las formas abiertas aparecían en su mayor parte decoradas con manganeso, a menudo formando ovas bajo una capa de vedrío melado o más frecuentemente verde en las jofainas. Destacar un fragmento de ataifor decorado sólo exteriormente con técnica de “cuerda seca total”. Entre los demás tipos cerámicos, muy escasos, destacan alguna tapadera convexa con asidero de botón y una plana con asa de puentecillo. También un candil de cazoleta y otro de piquera, ambos melados, así como un fragmento de alcadafe con apoyo triangular a modo de trípode, aunque sólo conservaba uno. Durante el período bajomedieval siguió haciéndose uso de las instalaciones. La rampa que ocupaba la sala de ingreso (nº 4) presentaba hasta tres sucesivas repavimentaciones en yeso, la primera de las cuales cubrió unos escalones apenas insinuados en el primer tramo del suelo más antiguo. Restos

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de algunos tabiques interpuestos obligaban a un ingreso zigzagueante, sin duda para impedir la visión directa desde la calle. Sobre estas rampas se recogieron algunos fragmentos de producciones bajomedievales típicas de los talleres de Paterna y Manises. Posteriormente la puerta de entrada a la sala del baño femenino fue cegada y la rampa colmatada hasta dejar el terreno nivelado, con materiales tardíos cuya cronología, a falta de estudio, podría rondar entre los siglos XVII y XVIII. Así pudo disponerse sobre este espacio una nueva construcción, ya completamente desligada del uso termal, de la que fue heredera la vivienda existente en el lugar hasta 1990. El ingreso a la sala mayor se trasladó entonces a su extremo SE, junto a la de la otra sala donde quedó como entrada al «baño de los pobres» tras la construcción del balneario (fig. 6), hasta su reciente demolición. CONCLUSIONES PRELIMINARES

La arquitectura termao-medicinal presenta una serie de características que la diferencian del clásico esquema constructivo del baño romano. Esto es bien evidente en el caso de Alhama de Murcia donde se combinan los dos tipos de baños, salutífero y de recreo, dotados ambos de ambientes separados para hombres y mujeres que se mantendrán desde época romana hasta la nueva construcción de 1848. La planta del edificio queda bien reconocida, así como la finalidad de los dos tipos de baños, a excepción de algunas estructuras localizadas en el sector occidental y oriental que mostraban su continuidad hacia la calle de Sánchez Vidal y hacia el edificio contiguo, que pensamos deben corresponder al acceso de las instalaciones y otras estancias auxiliares. Especialmente importante es la aparición de cerámica ibérica, que debido a no estar asociada a ningún tipo de estructura hemos preferido esperar a futuras actuaciones arqueológicas en la zona oriental del solar para poder llegar a establecer unas conclusiones acertadas. En cualquier caso parece probable que los pobladores ibéricos conocieron y aprovecharon, en alguna medida, los manantiales existentes. El conjunto de materiales recuperados de época romana pertenecen a un período cronológico homogéneo entre los siglos I y II d.C., que en algún caso llegan al siglo III, cuando posiblemente a causa de la crisis generalizada del Imperio y de Carthago Nova en particular, dejara de utilizarse la instalación balnearia de recreo, pudiendo prolongarse el uso de las dos salas de baño medicinal.

Un examen global de los resultados nos permite realizar las siguientes consideraciones: 1.- La extensión y complejidad del edifico romano, termo-medicinal y recreativo, induce a considerarlo como de carácter público durante sus aproximadamente dos mil años de utilización, asociado en origen al poblamiento rural de las villae de la zona y los visitantes de Cartago-Nova. En cuanto a la decoración del edificio, solamente podemos aportar, por el momento, el conjunto de estucos de época romana recuperados en el caldarium o tepidarium del sector oriental y algunos fragmentos en el sector occidental. No se han hallado otros elementos suntuosos como mármoles (a excepción de los del siglo XIX), mosaicos o pinturas de tipo figurativo, lo que unido a que todos los revestimientos y pavimentos sean de opus signinum nos hace pensar en unas termas públicas de tipo menor y cuya función principal sería de tipo medicinal, completando el esquema el baño recreativo. 2.- En época islámica el uso de los Baños se reduce a las dos salas abovedadas de baño termo-medicinal, documentándose arqueológicamente el abandono total de los sectores oriental y occidental, reutilizando este último sector como cementerio -maqbara- extendido a lo largo de la calle Corredera. El espacio de hábitat urbano se localiza en la zona de la Plaza Vieja (BAÑOS y BERNABÉ, 1994) junto con otra serie de asentamientos rurales que aprovechan los recursos naturales del medio y que definen una entidad poblacional de tipo medio (BAÑOS, 1993). 3.- Desde mediados del siglo XIV, tenemos referencias sobre la iglesia dedicada a San Lázaro, cuyo culto parece tener relación con los poderes curativos de las aguas termales, constituyendo de esta forma un lugar o centro de peregrinación que recibía gran afluencia de visitantes de todo el reino. El posible culto a San Lázaro, patrón de los leprosos y titular de la principal iglesia de Alhama, puede tener su origen y explicación en este período. Se establece así una estrecha relación entre la iglesia, su advocación y la existencia de baños de aguas «milagrosas», documentada en el ámbito cristiano con la existencia de una asociación generalizada entre las surgencias de agua con poderes bienhechores y las figuras de vírgenes y santos, que en cualquier caso se relacionan claramente con el mundo ibérico y romano y sus cultos paganos, que también pudo transmitirse a través del Islám (RAMÍREZ, 1997). En muchos casos la pervivencia del culto con relación a las termas es patente y sobre los restos romanos de carácter

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votivo aparecen, junto o muy cerca de ellos, una ermita que en algún caso forma cuerpo con el edificio de baños. Ejemplo de ellos son los casos de Baños de San Gregorio en Brozas (Cáceres) o los Baños de Montemayor y Fuentidueñas en Plasencia (RODRIGO y HABA, 1991: 356 y ss.). En general, la arquitectura balnearia medicinal no presenta una tipología perfectamente determinada, ya que debe organizarse frecuentemente en lugares naturales privilegiados por los manantiales de aguas curativas. Otro aspecto son las instalaciones que acompañan al baño medicinal, que sí reproducen fielmente el esquema del baño romano lineal simple de recorrido único, constatado en diversos ejemplos regionales. Junto al elemento arquitectónico cabe resaltar las connotaciones de carácter funcional y social que desde la protohistoria han ido mezclando y aglutinando una serie de aspectos religiosos, curativos, higiénicos, recreativos, lúdicos, etc., que dan a las instalaciones balnearias una participación activa en la vida de la población durante un dilatado período. Asimismo, es de gran interés para un estudio de evolución urbana el impulso que fueron proporcionando los baños, tanto en su propio edificio, realizando continuas transformaciones en sus instalaciones en función de sus necesidades y su época, como en el ámbito urbano, ya que el aumento de población demandaba una serie de servicios, tanto en temporadas de baño como en el resto del año, con lo que se desarrollan las vías de comunicación, accesos a la población, el alumbrado público, ... Es, por tanto, necesario reunir y difundir toda esta serie de elementos que justifican la necesidad de profundizar en el estudio de los manantiales, baños y balnearios para resaltar y reflejar su papel testimonial histórico-arqueológico como elementos clave del desarrollo económico y social que, en el caso de Alhama, abarca desde época romana a nuestros días, así como proceder a la puesta en valor de los restos arqueológicos y arquitectónicos existentes. Señalar, para finalizar, que el proyecto de restauración de las instalaciones realizado por el Servicio de Patrimonio de la Comunidad Autónoma de Murcia, y financiado conjuntamente entre ésta y el Ayuntamiento de Alhama de Murcia, tiene como principal objetivo la recuperación y conservación de los restos arqueológicos y monumentales, y a su vez acondicionar el espacio existente para la instalación definitiva de un Museo Arqueológico Municipal.(26) El excelente estado de conservación de los Baños, motivado por el uso permanente que ha tenido desde época

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romana, le confiere una especial relevancia en el ámbito regional, lo que motivó la modificación del proyecto inicial, considerando de gran interés unificar la zona propiamente arqueológica con la zona monumental y darle a cada una de ellas un uso de carácter museográfico, que es el objetivo del Ayuntamiento. Actualmente y después de 5 años, las obras permanecen paralizadas y por consiguiente todas las estructuras a la intemperie, incluidas las dos salas abovedadas, que a pesar de estar cubiertas van sufriendo un deterioro paulatino que puede llegar a ser preocupante si no se procede a la reanudación de las obras y a la restauración y consolidación de los restos a la mayor brevedad posible.

NOTAS (1) RD 2.172/1983 de 29 de Junio, publicado en el BOE nº 194 de 15 de Agosto de 1983. Ya en 1972 se había tramitado el expediente de expropiación forzosa de los terrenos que ocupaban los Baños Termales, mediante el Decreto 3.395/1972 de 30 de noviembre y posteriores Resoluciones en los años 1973, 1974 y 1975. Véase el diario LINEA de 16 de Julio de 1.975. (2) La Inspección Técnica de Excavaciones Arqueológicas de Bellas Artes envió a la localidad a Santiago Broncano, quien efectuó el desescombro de los restos subterráneos y su cerramiento, emitiendo un informe inédito del que nos ha llegado una copia. Posteriormente, en 1986 la Consejería de Cultura de la Comunidad Autónoma de Murcia y el Ayuntamiento de Alhama realizaron una primera actuación de consolidación bajo la dirección del arquitecto José Mª del Rey Egido, que se centró en una nueva limpieza y la restauración de los sótanos de 1848. (3) Las obras de alcantarillado en la calle de Sánchez Vidal tuvieron lugar en noviembre de 1985 bajo la supervisión de David Munuera Marín, mientras las de la calle de La Feria se realizaron en diciembre de 1991, supervisadas por Juan Antonio Ramírez Aguila. (4) ARCHIVO MUNICIPAL DE ALHAMA DE MURCIA. (A.M.A.M.). Libro de Actas Capitulares (1575-1578), Leg. nº 1. Acta de 14 de noviembre de 1577. Los alcaldes y regidores de la villa condenan a Alonso de la Vallesta a que el dinero que debía restituir al concejo, por haber vendido el aceite a más precio de lo que debía, se invirtiera en obra en los Baños (transcripción de David Munuera Marín). (5) A.M.A.M. Autos de Buen Gobierno de 1705, Cap. XIV. Sin nº de legajo. (6) XIMENEZ MOLINA, Juan (1726). La verdad triunfante de las nieblas de la mas altanera contradicción, que presumió vana falsear los mas verdaderos principios de la Facultad Apolinea, quedando qual mariposa al passo que atrevida, entre los rayos de Apolo sufocada ... en respuesta de una apologia contra una resolución que avia dado à una carta consulta de D. Nicolás Valdero Navarro y D. Rafael Francisco de Fuentes y Cerda, Médicos de la siempre Ilustre Ciudad de Málaga, sobre el uso de los baños de Alhama en un Cavallero enfermo de dicha Ciudad. Murcia; VALDERO NAVARRO, Nicolás y FUENTES Y CERDA, Rafael (1727). Desempeño de la verdad que zeladora de sus merecidos lucimientos se desnuda de las erradas inteligencias, que pretendieron ofuscarla ... contra la simulada

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verdad triunfante, que publicó el Dr. D. Juan Ximenez de Molina Medico en Murcia del Illusmo. Dean y Cabildo de la Santa Iglesia Cathedral de Cartagena. Málaga; XIMENEZ DE MOLINA, Juan (1731). Cartilla Physiológica, Galenico-Espagirica, Mathematico-Medica, que ilustrada con los mas verdaderos principios Philo-Mathematico-Medicos, instruye à los Principiantes de la Apolinea Facultad ... Dasse Noticia en ella de muchas cosas curiosas, pertenecientes à la Caquexia, Aguas thermales, y conocimiento facil de Raros y Densos. Servira assi mismo dicha cartilla de irrevocable Atiapologetica Contra-respuesta al papel, que baxo del titulo impropio de Desempeño de la Verdad, maquinaron contra el de la Verdad Triunfante, D. Nicolàs Valdero Navarro, y D. Rafael de Fuentes y Cerda, Medicos del Ilmo. Sr. Obispo de Malaga. Murcia. (7) XIMÉNEZ DE MOLINA, Juan (1726). p. 29. (8) MIÑANO, S. de (1826). Diccionario geográfico-estadístico de España y Portugal, t. I, s.v. Alhama. Madrid. CEAN BERMÚDEZ, Juan Agustín (1832). Sumario de las Antiguedades Romanas que hay en España, en especial las pertenecientes a las Bellas Artes. Madrid, p. 42. (9) A.M.A.M. Actas Capitulares, libro nº 15. Sesión Ordinaria de 18 de julio de 1841. Sobre el mismo tema se vuelve a incidir en el Acta de la Sesión de 28 de febrero de 1847 “...cuyos algibes no reconocen dueños, pues aunque los alcaldes cuidan de reparar su deterioro a costa de los Fondos Públicos cuando es muy necesario no es bajo el carácter del fondo de Propios, y así es que ninguna retribución tienen, y las aguas son de Propietarios que las tienen tandeadas y se recogen en una Balsa extramuros de la Población de la que parten los riegos...” (10) A.M.A.M. Actas Capìtulares, libro nº 15. Sesión ordinaria de 27 de septiembre de 1846, por la que se nombra al Dr. D. José Mª del Castillo Médico-Director de las aguas minerales de esta Villa. (11) A.M.A.M. Libro de Actas nº 15. Acta de la Sesión del 28 de febrero de 1847. La solicitud de construcción fué presentada por los propietarios D. José Mª del Castillo, D. Salvador López, S.S. Conde de Torrepando y D. Anacleto Cela de Andrade con fecha de 28 de febrero de 1847. (12) Fue también arquitecto del Ayuntamiento de Murcia y del de Albacete, así como arquitecto provincial de Cuenca y Ciudad Real, dejando a su paso numerosas obras de interés. BAQUERO ALMANSA, A. (1913). Catálogo de los profesores de las Bellas Artes Murcianos. Murcia, p. 381385 (2ª Ed. Murcia, 1980). NICOLÁS GÓMEZ, Dora (1993). Arquitectura y arquitectos del siglo XIX en Murcia. Murcia, p. 123-131 y 217-218. (13) La destrucción parcial de la bóveda pequeña se reflejaba en el proyecto original: tienen que destruirse parte de las Bóvedas actuales y desproporcionadas a la solidez, policia, adorno y regularidad del nuevo edificio reforzando la parte que se deje en pie en armonía y consonancia con el resto de la obra, construyendo el Baño Público con toda decencia y mejora. A.M.A.M. Acta de Juntamento de 17 de Mayo de 1847. (14) Ibídem. (15) Ver planta del solar en el plano de situación de la fig. 1, donde se aprecia la existencia anteriormente de un callejón sin salida que separaba el balneario propiamente dicho de estas dependencias. Tras su demolición se modificó el trazado original del solar para facilitar la circulación por las calles adyacentes. (16) Don Alfonso XIII, de acuerdo con lo propuesto por la Inspección General de Sanidad Interior, concede de Real Orden que el Balneario se mantenga abierto durante todo el año. A.M.A.M., escrito de fecha 16 de mayo de 1913, del Gobernador Civil al Ayuntamiento Constitucional de Alhama; Negociado de Secretaría, núm. 388. (17) En diciembre de 1921, D. Santiago Ramón y Cajal se encontraba en los Baños de Alhama acompañando de su esposa, volviendo dos temporadas más. A.M.A. Libro de Actas Capitulares (1921-1924), nº 45; fol. 37. Sesión Supletoria de 15 de diciembre de 1921, en la que se acuerda

nombrar una comisión municipal que pase a saludarle y a ofrecerle los honores y respetos debidos. Ver también: MERCK LUENGO, J. G. (1954). Una presencia de Ramón y Cajal. Madrid, p. 11-16. (18) A principios del año 1972 comenzó la demolición del antiguo balneario de Alhama. Ver diario LINEA de 5 de febrero de 1972. (19) Este manantial se documenta en torno a 1796 y de ello hace referencia Agustín Juan y Poveda (1794: 9). (20) Certificación del Médico de la Villa, de 9 de Agosto de 1821, sobre la curación de D. Francisco de Rivas que aquejado de una enfermedad llamada dolor cardial, con gran debilidad, agitaciones continuas y frecuentes vómitos, y una vez agotados todos los medicamentos se le aplicaron las aguas termales consiguiendo su total restablecimiento. A.M.A.M. Libro de Actas y Acuerdos 1821-1834, legajo nº 11 (21) Agradecemos a Luis E. de Miquel Santed el estudio y conclusiones sobre los materiales romanos hallados en estas excavaciones. (22) En este mismo volúmen ver: RAMÍREZ ÁGUILA, J. A., CHUMILLAS LÓPEZ, A. y BAÑOS SERRANO, J. “Excavaciones en el atrio de la Iglesia de San Lázaro Obispo, de Alhama de Murcia”. (23) No obstante, según la descripción del Dr. José Mª del Castillo, sabemos que antes de su demolición parcial para construir el Hotel-Balneario, la longitud de la sala nº 2 era de 11´69 m. y su anchura de 3´34 m. (24) Destacan las formas de T.S. Gálica Dragendorff 27, 10, 15-17, 35 ... en coexistencia con producciones Africanas A. (25) Entre octubre y noviembre de 1991 se efectuaron catas en el solar nº 9 de dicha calle, y entre enero y marzo de 1992 se excavó el solar nº 5 y 7 de la misma, ambos dirigidos por Juan Antonio Ramírez Águila. Un avance parcial de los resultados obtenidos en esta última actuación puede verse en: URUEÑA y RAMÍREZ (1995). (26) El proyecto de restauración está dirigido por los arquitectos Alberto Ibero Solana y Jesús López López. Una modificación posterior incluyó las instalaciones recuperadas bajo el antiguo edificio de Telégrafos. MEMORIAS DE PATRIMONIO 1986-1991.

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EL YACIMIENTO ROMANO DE «LOS VILLARICOS» (MULA). CAMPAÑA DE EXCAVACIONES DE 1991

Manuel Lechuga Galindo Manuel Amante Sánchez

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1991

EL YACIMIENTO ROMANO DE «LOS VILLARICOS» (MULA). CAMPAÑA DE EXCAVACIONES DE 1991

MANUEL LECHUGA GALINDO, MANUEL AMANTE SÁNCHEZ

Palabras clave: Romano, poblamiento rural, villa, torcularium Resumen: La campaña de excavaciones de 1991 permitió confirmar la identificación de una serie de estructuras excavadas el año anterior como parte de una instalación destinada a la producción de aceite (torcularium). En el presente trabajo se describe y analiza la funcionalidad de las distintas estancias y elementos utilizados en las operaciones de prensado. Así, un posible tabulatum, contiguo a la sala de la prensa, el contrapeso, aún in situ, que facilitaba la subida y bajada del prelum y un gran depósito al que iría a parar, en primera instancia, el líquido

obtenido. La entidad de esta instalación -única excavada de forma sistemática hasta el momento en nuestra región- pone de relieve la importancia de la producción y comercialización del aceite a nivel de consumo local en aquellos establecimientos rurales ubicados fuera de los tradicionales centros de producción del Bajo Guadalquivir. Por otra parte, se han documentado nuevas estructuras pertenecientes a las distintas ocupaciones y remodelaciones que conoció este establecimiento rural a lo largo de su existencia, entre los ss. I al VI d.C.

I. INTRODUCCIÓN

grado por licenciados en Historia Antigua y Arqueología de la Universidad de Murcia, así como el Taller de Museografía de la Escuela-Taller de Restauración del Ayuntamiento de Mula quienes, como en campañas anteriores, llevaron a cabo tareas de consolidación de los restos exhumados.(2)

La campaña de excavaciones de 1991 en el yacimiento de «Los Villaricos» se planteó, básicamente, como continuación de los trabajos iniciados el año anterior. En ellos se había llevado a cabo la excavación y limpieza de una serie de estructuras que ya eran visibles en superficie y que en un principio, tal y como señalábamos en el informe correspondiente a dicha campaña,(1) interpretamos como perteneciente a un establecimiento torculario vinculado a la pars rustica de la villa. En la presente campaña, por tanto, se trataba de confirmar esta atribución y delimitar su planta. Las tareas de excavación se realizaron entre los días 1 al 15 de septiembre, siendo financiadas por la Consejería de Cultura, Educación y Turismo de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia. En ellas participó un equipo inte-

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II. DESARROLLO DE LA CAMPAÑA

En función de lo anteriormente mencionado, decidimos excavar en extensión la superficie ocupada por las cuadrículas C18, D18, D19, E16 y E17, del sector II, y completar así totalmente el perímetro de las habitaciones cuya excavación quedó incompleta en la campaña anterior (figuras 1 a 3). Igualmente, y como complemento a estos trabajos, se llevó a cabo la limpieza, excavación y documentación de una serie de depósitos, ubicados en lo que

EL YACIMIENTO ROMANO DE «LOS VILLARICOS» (MULA). CAMPAÑA DE EXCAVACIONES DE 1991

Fig. 1. Planta general de las estructuras excavadas hasta la fecha. Sector I (termas); sector II (torcularium); sector III (depósitos de decantación).

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Fig. 2. Sector II (torcularium). Planta de las estructuras excavadas con indicación de las secciones longitudinales reflejadas en la fig. 3.

denominamos sector III, a unos 30 m. al NE del área arriba mencionada. II.1. Habitación 1 Con unas dimensiones totales de 6,50 x 7 m., la parte excavada en la presente campaña conservaba en bastante buen estado su pavimento realizado en mortero hidraúlico, a excepción de algunos agujeros provocados por la acción de los clandestinos. Por contra, los rebordes en forma de medias cañas de unión con las paredes habían desaparecido casi en su totalidad. No aportó ninguna novedad en cuanto a su estratigrafía, ya documentada el año anterior (UU.EE. 2004 y 2005). Lo único destacable es la presencia de un posible umbral situado hacia la mitad del muro meridional de cierre, arrasado, como los otros, prácticamente al nivel del pavimento, que comunicaría este ámbito con un espacio ubicado al Sur del mismo (hab. 8). Este acceso se evidencia al exterior por la presencia de una piedra arenisca de 1 X 0,60m. utilizada como escalón, y al interior de la habitación por la terminación a esta altura de

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uno de los escasos fragmentos de medias cañas que se han conservado. Entre el material significativo aportado por las UU.EE. que rellenan esta estancia, destacan producciones africanas en D2 de las formas Hayes 91B, 91C, y 84var, A/D de la forma Hayes 18, C2 de la forma Hayes 50A, A2 de la forma Hayes. 23B y africanas de cocina de la forma Hayes 196, además de fragmentos de lucerna del tipo Bailey S, cerámica común, gris y tosca romana, y varios fragmentos de ánfora del tipo Keay XXVI. II. 2 Habitación 5 Se trata de un gran depósito o lacus de forma rectangular, situado al Norte de la habitación 1, con unas dimensiones interiores de 5 X 3,25 m. y 0,45 m. de profundidad media. A la hora de abordar su excavación, y poder documentar minuciosamente la estratigrafía que lo rellenaba, decidimos plantear una sección en diagonal que unía los ángulos Noroeste y Sureste, actuando en primer lugar sobre la zona que quedaba al Oeste de esa línea (fig. 4).

EL YACIMIENTO ROMANO DE «LOS VILLARICOS» (MULA). CAMPAÑA DE EXCAVACIONES DE 1991

Fig. 3. Secciones longitudinales en el sector del torcularium.

Ya en la campaña anterior, en la que se excavó parte de su esquina Suroccidental, tuvimos ocasión de documentar el hecho de que esta estructura debió atravesar profundas remodelaciones a lo largo de su historia. La última de ellas había provocado incluso su inutilización respecto de su uso original, al haber destruido parte del muro meridional, en su ángulo SO. En dicho ángulo debieron situarse, entonces, dos grandes recipientes cerámicos, una de cuyas bases aún se conserva, mientras que la otra se intuye a través del recorte

semicircular que aparece actualmente en el pavimento del depósito. Ambos recipientes, sin embargo, habían sido destruidos también de antiguo y algunos fragmentos de los mismos aparecían diseminados en las proximidades de las improntas citadas. Todas estas remodelaciones han dejado huella, igualmente, en la escasa homogeneidad del depósito estratigráfico documentado en el interior de este lacus, habiéndose podido individualizar un total de 14 UU.EE. entre intrusio-

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Fig. 4. Habitación nº 5 (depósito) durante su excavación, visto desde el SO.

nes, bolsadas y estratos propiamente dichos. Una de ellas (U.E. 2072) ocupa aproximadamente la mitad Norte del depósito y corta a todas las demás, tratándose sin duda de la última y definitiva alteración sufrida por esta estructura. Debajo de ella el pavimento aparece destruido en una superficie de 2,85 x 1,40 m. En el interior de este depósito, aproximadamente hacia la esquina Sureste del mismo y sobre su pavimento, fueron halladas una serie de grandes piedras, algunas de ellas fragmentadas. Destaca de entre ellas un gran bloque prismático tallado en piedra caliza procedente del Cerro de la Almagra, de 1 x 0,60 x 0,60m., en cuyos lados se aprecian dos entalles de sección cuadrangular. Por lo que respecta a las características constructivas de esta estructura, toda ella aparece realizada a base de argamasa de cal y piedras medianas revestidas por mortero hidraúlico. La unión de suelos y paredes se realiza por medio de cuartos de círculo. El pavimento presenta una inclinación progresiva llegando a alcanzar un desnivel de 0,20m. en la parte baja del muro Este, donde se abren dos orificios de evacuación desiguales, con una luz de 20 y 10 cm., respectivamente (fig. 5). Como detalle significativo hay

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que señalar el recrecimiento interno, de 12 cm. de espesor, que se observa en al menos tres de las cuatro paredes, realizado a base de ladrillos y tejas incrustados en una cal de color blanquecino que habría que considerar consecuencia de un casi seguro deterioro del recubrimiento original. II.3 Habitación 7 Situada al Norte de la hab. 2, donde se ubica la base de la prensa excavada el año anterior, acometimos su excavación parcial con el fin de comprobar si en este espacio se conservaba el contrapeso que vendría alineado con la plataforma mencionada. Este hecho quedó confirmado con el hallazgo, a 1 m. de profundidad con relación al pavimento de la hab. 2 (base de la prensa), de un gran bloque cuadrangular tallado en piedra caliza procedente del Cerro de la Almagra, con dos entalles laterales en forma de cola de milano para su fijación al mecanismo de torno característico de este tipo de instalaciones (fig. 6). El acceso a esta habitación se sitúa en su lado Norte, donde se aprecian restos de un umbral de 1,50 m. de anchura. En la estratigrafía reflejada en la sección Norte-Sur que planteamos a lo largo de las cuadrículas C17 y C18, se observan las siguientes UU.EE.:

EL YACIMIENTO ROMANO DE «LOS VILLARICOS» (MULA). CAMPAÑA DE EXCAVACIONES DE 1991

Fig. 5. El gran depósito, una vez excavado. A la derecha se observan las dos canalizaciones practicadas en su muro oriental.

U.E.-2000.- Se trata de la tierra acumulada en la escombrera resultante de la acción de los furtivos. U.E.2000.- Superficial de labor con raíces y piedras de color marrón. U.E.2066.- Bolsada de tierra amarilla muy potente (0,86m.) y suelta adosada a las UU.EE. 2007 y 2008 (muros Sur y Este). Como material destacable cabe señalar un fragmento de borde y pared de cerámica lucente del tipo Lamboglia I/3B, pared de A2 indeterminada, cerámica común de cocina y tosca a mano romana. U.E.2067.- Intrusiones de tierra gris suelta que va rellenando irregularidades de las UU.EE. 2066 y 2068 y 2069. Aportó algunos fragmentos de A2 (Hayes 23), cerámica común y tosca a torno romana. U.E.2068.- Estrato de tierra amarilla arenosa de 0,60 m. de potencia máxima y 0,40 m. mínima, que cubre a la U.E. 2090 y se adosa a la 2069. De entre el material recuperado, hay que señalar fragmentos de A2 de la forma Hayes 14, cerámica común, gris y tosca a mano romana. U.E.2069.- Estrato de tierra marrón oscura con puntos blancos e inclinación Sur Norte, de 0,70m. de potencia máxima y 0,20m. de mínima. Cubre a la U.E. 2090 y se adosa

a las UU.EE. 2066 y 2068. El material significativo de esta U.E. consta de producciones africanas en A2 -forma Hayes 23-, D1 y D2 -Hayes 61, ánforas del tipo Keay XXVI, cerámica común, gris y tosca a mano romana. U.E.2090.- Estrato de tierra grisácea con manchas blancas y algún carbón (potencia máxima de 0,30m.; mínima de 0,10m). Cubre a las UU.EE. 2082 (contrapeso de la prensa), y 2096 (umbral de entrada de la habitacion 7). Aportó muy poco material, destacando una pared de C2, y cerámicas comunes, grises y tosca a mano romanas. II.4 Habitacion 8 Se trata del espacio situado al Sur de la habitación 1, cuya excavación quedó incompleta. En él se han documentado, al menos, dos momentos de utilización bien diferenciados. Al primero pertenece un pavimento de tierra apisonada (U.E. 2104) de color marrón oscuro, al que se une, en su extremo occidental, bajo el muro Este de la hab.3, los restos del fondo cóncavo de dos piletas cuadrangulares, realizadas a base de piedra arenisca recubierta de mortero de cal y cerámica y delimitadas al exterior por ladrillos colocados verticalmente unidos con argamasa.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Fig. 6. Habitación nº 7, durante su excavación. A la derecha, junto al perfil comienza a aparecer el gran contrapeso de forma cuadrangular. Al fondo, el desnivel existente con respecto a la plataforma de prensado (hab. nº 2).

El segundo momento está representado por un muro realizado a base de piedra de arenisca amarilla de grandes y medianas dimensiones trabadas con tierra (U.E. 2074), y adosado perpendicularmente al muro Sur de la hab.1. Con una longitud de 4,50 m. y una anchura de 0,60 m, supone el límite oriental de lo que hemos denominado en principio habitación 8, si bien el hecho de que sea un añadido posterior al resto de estructuras de esta zona, así como el que su excavación está aún por completar, no nos permite establecer por ahora conclusiones sobre la organización de este área. En lo que respecta a la estratigrafía, las UU.EE. 2075, 2091, 2095 y 2097 corresponden al último momento de los descritos, mientras que las UU.EE. 2098, 2099, 2102, 2103 y 2104 pertenecen al primero. U.E.2075.- Tierra amarilla compacta con carboncillos y trozos de cal, con inclinación Oeste-Este. Como material destacable, señalar la presencia de un borde en D1 de la forma Hayes 61A, junto a cerámica romana tosca a torno y a mano. Esta U.E. corresponde al momento de amortización de las estructuras más tardías a las que cubre. U.E.2091.- Bolsada de tierra gris compacta de escasa potencia (0,06m.), con intrusiones de cal. Material significa-

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tivo: C2 forma Hayes 50A, fragmento de pared de A2, cerámica comun, gris, fragmentos de ímbrices, y una tesela negra. U.E.2095.- Pequeña intrusión en la U.E. 2097, de tierra naranja de textura granulosa y dura con pintas blancas y algo de carboncillos, buza en dirección Este-Oeste. No aportó material significativo. U.E.2097.- Estrato de tierra marrón compacta y depositada de forma bastante uniforme. U.E.2098.- Fina capa de ceniza de 0,02m. de potencia, presenta una inclinación de Oeste a Este. En ella se incrustan restos de tégulas y ladrillos romanos. Cubre a la U.E. 2099 U.E.2099.- Tierra marrón compacta y dura con intrusiones de carboncillos y cal. Cubre a la U.E. 2104. No aportó material arqueológico. U.E.2102.- Bolsada de tierra marrón suelta depositada únicamente sobre la U.E. 2105. Tan solo aportó un fragmento de borde y pared de africana A1 de la forma Hayes 3B. U.E.2103.- Se trata, como en el caso anterior, de una bolsada de tierra que cubre exclusivamente los restos de la U.E. 2106. No aportó material. U.E.2104.- Pavimento de tierra apisonada de color marrón oscuro con una superficie conservada de 1,90 X 3,40m., limi-

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Fig. 7. Habitación nº 9, vista desde el Sur, con el aspecto que presentaba tras las remodelaciones sufridas en época tardía.

tado al Oeste por las piletas mencionadas (UU.EE. 2105 y 2106). Incrustado en su interfacie apareció un fragmento de borde y pared en africana A2 de la forma Hayes 14A. II.5 Habitación 9 Situada al Este de la habitación 5, presenta unas dimensiones internas en lo hasta ahora excavado de 5 X 2,30m. En ella se aprecian dos sistemas constructivos distintos; por un lado, los muros Norte, Noreste y oeste presentan unas características similares a la mayor parte de los paramentos que venimos encuadrando en la fase II del yacimiento. Dicha fase corresponde al momento de construcción del recinto torculario en el que se integran, hasta ahora, por lo que hemos ido señalando, las habitaciones 1, 2, 5 y 7, pero al que sin duda debe estar vinculada también esta estancia por cuanto los canales de desagüe del depósito anexo (hab. 5) atraviesan el muro que divide ambos recintos. Por otra parte, el muro que cierra la habitación por su lado Sur y Sureste se distingue claramente de los anteriores, al haberse realizado con la misma técnica de la estructura ya descrita al hablar de la habitación 8, es decir, piedras de mediano y gran tamaño trabadas con tierra (fig. 7).

Resulta evidente, pues, que nos hallamos ante una modificación de su uso originario, vinculado, como ya hemos señalado, al establecimiento oleario anexo, muy probablemente realizando funciones de decantación o almacenamiento del líquido resultante. Esa reutilización tardía de este ámbito se correspondería, igualmente, con las alteraciones observadas en la hab. 5 En la presente campaña, la excavación del interior de este ámbito no se ha completado, habiéndose identificado en la presente campaña un total de cuatro UU.EE. pertenecientes a ese momento de ocupación tardío, que describimos a continuación: U.E.2052.- Capa dura de tierra blanquecina, que cubre la superficie total de la estructura y el exterior de la misma. El material mas significativo está compuesto por material africano en A2 de la forma Hayes 14, paredes de C2, fragmento de base de Hayes 61, cerámica común y tosca romana a torno. U.E.2053.- Cubierto por el anterior, se trata de un estrato de tierra amarilllenta y compacta. Entre el material recuperado destacan producciones africanas de los tipos C2 (forma Hayes 50B), D1 (forma Hayes 61A), D2 (forma Hayes 62B), paredes de A2, cerámica común, gris y tosca a mano romana,

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

II.6 Habitación 4 En la presente campaña se planteó la ampliación de la excavación de esta habitación, con objeto de delimitar la estructura de cal (U.E. 2032) que se introducía en el perfil Sur de la cuadrícula B16, y que pensamos podría haberse tratado de una posible tumba. Sin embargo, una vez completada su excavación pudimos apreciar que se trataba de la base de algún tipo de estructura desaparecida, sobre la que poco se puede decir en tanto no tengamos un mayor conocimiento acerca de la funcionalidad y características de este sector del yacimiento. La estratigrafía de esta ampliación no aportó novedades en relación a la ya conocida el año anterior. Lo único reseñable fue la presencia de un enterramiento de inhumación (sepultura nº 3), con el cadáver en posición de decúbito supino, y orientado, al igual que los anteriores, en dirección Sureste-Noroeste. Este nuevo hallazgo, junto a los ya documentados el año anterior en esta misma zona, no hace sino confirmar la utilización de las estructuras de la villa como necrópolis por una población de carácter residual, tras el abandono y amortización de las mismas. III. TRABAJOS EN EL SECTOR III

Fig. 8. Vista general y secciones longitudinales de los depósitos de decantación excavados en el sector III.

y un sextercio de Cómodo. Cubre a la U.E. 2076. U.E.2076/2079.- Estrato de tierra de color anaranjado, mezclado con cenizas, que consideramos como nivel de uso de esta habitación, al menos en su última fase de ocupación. A destacar el hallazgo de una lucerna del tipo PavoliniAnselmino XA 1a completa, aunque en muy mal estado de conservación, restos de una hoz de hierro y fragmentos de plato y olla de cerámica común y gris romana.

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Como ya hemos mencionado anteriormente, siguiendo el criterio de documentar aquellos restos que por diversas razones se encuentran al descubierto con grave riesgo para su conservación (excavaciones furtivas, trabajos agrícolas, etc), decidimos acometer la limpieza y excavación parcial de cuatro pequeños tanques que en su día fueron interpretados como depósitos relacionados con las tareas de decantación de aceite,(3) aunque no habían llegado a ser excavados de forma sistemática. Los trabajos, por tanto, consistieron en la limpieza superficial del área ocupada por las cuadrículas D26, D27, y E26, dando como resultado la identificación de un espacio de 7,40 X 3,80 en lo hasta ahora excavado, y delimitado al Norte y al Este por sendos muros de 0,60 m. de ancho, realizados con piedras de medianas dimensiones trabadas con cal, a los que se adosan, a partir del ángulo Noreste, los depósitos mencionados. De forma rectangular, están realizados en opus caementicium recubierto de mortero hidraúlico. Sus dimensiones oscilan entre los 0,75 X 0,50m. del más pequeño y los 0,65 X 0,85 del mayor; los dos centrales tienen idénticas dimensiones (0,75 X 0,70m.). La profundidad conservada en todos ellos está en torno a

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1,50m., uniéndose las paredes y el suelo formando una concavidad, con ausencia de cuartos de círculos. Sus paredes Este y Oeste presentan al interior dos oquedades opuestas, a una altura y disposición variable, realizadas en el mismo tipo de obra, y que tal vez pudieran estar relacionadas con tareas de limpieza de los tanques, entre otros posibles usos (fig. 8). Tres de los depósitos habían sido vaciados ya de antiguo, encontrándose parcialmente rellenos por maleza y materiales modernos. El mayor de ellos, sin embargo, fue el único que proporcionó a partir de su mitad un nivel de interés arqueológico (U.E. 3041) formado por una tierra grisácea compacta que descansaba directamente sobre su fondo. El material que aportó, de variada composición, estaba integrado, entre otros, por un perfil completo de quesera en cerámica común, 43 cuentas tubulares cerámicas de collar, una aguja de bronce, restos de una jarra de vidrio, un fragmento de lucerna tipo Loeschcke VIII, y algunas muestras informes de cerámica romana tosca a torno y a mano. Por lo demás, no existía ningún resto del posible pavimento que pudo acompañar en su día a estas estructuras y a los muros que las delimitan, al haber sido destruidos tal y como debió suceder con la parte superior de los depósitos documentados. La existencia de este conjunto de piletas tiene, a nuestro juicio, dos posibles interpretaciones. Por un lado, podría complementar la instalación olearia localizada en el sector II, como zona de posible decantación y tratamiento del aceite obtenido en la prensa instalada en la habitación 2. Por otra parte, quizás se tratara de una primitiva zona de prensado y tratamiento de aceite vinculada posiblemente a una fase anterior del yacimiento, y que posteriormente quedara fuera de uso al ser sustituida por la instalación torcularia que hemos venido describiendo. Dado el carácter superficial de las estructuras, y el arrasamiento y continuas remociones a las que ha sido sometida esta área, no podemos más que dejar planteadas estas dos hipótesis en espera de que ulteriores trabajos permitan arrojar luz sobre el problema. Hay que hacer notar, sin embargo, la presencia, entre el material removido, de restos de una base de prensa en piedra caliza que podría confirmar, en su caso, nuestro segundo planteamiento. IV. CONSIDERACIONES FINALES

Como hemos podido ver a lo largo de las páginas precedentes, la presente campaña de excavaciones ha confirmado

Fig. 9. Detalle del contrapeso hallado en la hab. nº 7, durante su excavación.

la utilización de las habitaciones 1, 2, 5 y 7 de la fase II como estancias destinadas a la producción de aceite, extremo éste que apuntábamos ya en anteriores trabajos.(4) Básicamente, dicha confirmación ha venido dada por el hallazgo, aún in situ, en la hab. nº 7, del gran contrapeso cuadrangular que actuaría como elemento de sujeción del mecanismo de torno y palanca. En base a esa identificación, y tomando como referencia la abundante bibliografía relativa a los procesos de producción de aceite en la antigüedad, podemos establecer un primer avance acerca de la funcionalidad de las distintas estancias excavadas hasta el momento.(5) Hay que tener en cuenta, no obstante, que la excavación de nuevas estructuras que formen parte de esta instalación o estén situadas en su entorno, deberán matizar y completar los datos aquí expuestos. Así, la gran estancia contigua a la sala de prensado (hab. 1) parece evidente que sirvió para almacenar la aceituna

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

momentos antes de ese prensado. Sus características (suelo de mortero hidraúlico, inclinado hacia una canalización conectada con el gran depósito anexo) nos hacen pensar, pues, en un posible tabulatum de los descritos por Columela o Varrón.(6) Queda por confirmar si una primera molturación del fruto pudo llevarse a cabo en esta misma habitación, por alguno de los medios señalados por los autores latinos,(7) o, por contra, se debía realizar al exterior de este espacio. En ambos casos no existe constancia, hasta el momento, de la existencia de elementos pertenecientes a los dos sistemas de molinos de mayor uso y eficacia: trapeta y molae oleariae. Ello, por otra parte, no es de extrañar si tenemos en cuenta que se trata de piezas que en muchas ocasiones han sido desmontadas, trasladadas o reutilizadas, y que buena parte del entorno de esta instalación permanece sin excavar.(8) Por lo que se refiere a la sala destinada al prensado (hab. nº 2), hay que señalar, una vez más, el hecho de que las lamentables condiciones de conservación en que nos ha llegado (pavimentos parcialmente destrozados, incluyendo parte de la base de la prensa y muros arrasados) nos impiden reconstruir con precisión buena parte de las características de esta instalación. Una primera muestra de ello lo constituye el problema relativo a la fijación de la cabeza del prelum y la existencia o no de arbores y stipites vinculados a esta pieza. Las ya citadas roturas que presenta el pavimento, a ambos lados de la superficie de prensado no permiten extraer conclusiones definitivas, si bien la zona mejor conservada (al Sur de la plataforma de prensado) no presenta ninguna huella que pueda identificarse con los orificios, bien en piedra (lapis pedicinus introducido en el pavimento), bien en obra, en que se insertan las vigas verticales. Habría que descartar, pues, esa posibilidad, y pensar que nos hallamos ante uno de los tipos (A y E de la clasificación de Brun) mencionados por Herón, en los que la cabeza del prelum se introduce en uno de los muros de la habitación, ya sea directamente, a través de un nicho practicado en el mismo, mediante un anclaje realizado en madera y sujeto a un sillar con escotaduras embutido en el propio muro, o finalmente, en los modelos más sofisticados, utilizando arbores de piedra. Este tipo de instalación proporciona sus mejores evidencias en toda la zona del Próximo Oriente y, sobre todo, del Norte de África.(9) Respecto a la existencia o no de stipites u otro tipo de mecanismo que contribuyera a evitar desplazamientos laterales del propio prelum o facilitar la operación de subida y bajada del mismo, poco se puede decir excepto que dicho

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mecanismo estuviera igualmente situado en el muro Norte de la habitación, el cual se halla en este caso arrasado incluso por debajo de nivel de pavimento. Un elemento que, tal y como hemos venido señalando, se ha podido localizar afortunadamente in situ, es el contrapeso que, en este caso, y aún teniendo en cuenta las distintas opiniones sustentadas por diversos autores, nos va a permitir clasificar nuestro ejemplar como prensa de torno con contrapeso, siguiendo la tipología de Brun.(10) Esto es, al menos, lo que cabe deducir de la forma de paralalepípedo y las mortajas laterales, en forma de cola de milano, que presenta el sillar hallado en la hab. nº 7, descartándose su posible adscripción a una prensa de tornillo al no presentar ningún tipo de cavidad central en su cara superior (fig. 9).(11) A falta de un estudio más detallado, una vez se complete la excavación de este ámbito, el contrapeso de Los Villaricos correspondería, pues, al tipo 10 de la clasificación del autor francés. Queda así dibujada una instalación torcularia (habitaciones 2 y 7) con unas dimensiones totales al interior de 9,80 x 5,60 m., lo cual nos permite establecer para el prelum una medida aproximada (desde el centro del contrapeso al muro Sur de la hab. 2) de 7,30 m., muy cercana a la recomendada por Catón. Por lo que respecta al gran depósito anexo a la instalación de prensado, resulta evidente que entraría por sus dimensiones dentro de la categoría de las “cuves” o grandes depósitos citados por Brun, con capacidades que van de los 2.500 a los 5.000 litros de media.(12) Creemos, sin embargo, que resulta aventurado definir su función (¿aceite de segundo prensado?), en tanto no se profundice en la excavación de la estancia contigua, ya que la existencia de esas dos canalizaciones practicadas en la pared oriental de la gran balsa nos hace pensar en la presencia de nuevos depósitos de decantación situados bajo las estructuras tardías que remodelan la hab. nº 9.(13) De hecho, este autor señala la asociación entre grandes y pequeños depósitos evidenciada en diferentes ejemplos del Norte de África. Por otra parte, no nos es posible conocer, dada la destrucción a que ha sido sometido el ángulo(14) SO de este depósito, si llegó a existir algún tipo de recipiente cerámico situado en dicho ángulo, algo que parece haberse instalado posteriormente tras la remodelación de este espacio y la inutilización de buena parte del depósito. En este sentido, tal vez haya que interpretar este hecho como una muestra evidente de la decadencia, hacia la segunda mitad del siglo IV d.C., de la gran producción a que debió destinarse en su origen este establecimiento.

EL YACIMIENTO ROMANO DE «LOS VILLARICOS» (MULA). CAMPAÑA DE EXCAVACIONES DE 1991

Por lo demás, en lo que respecta al resto de las fases que hasta el momento hemos podido documentar en este yacimietno, nuevas estructuras pertenecientes a la fase I o de fundación se han localizado en la habitación 8. Éstas, aunque muy arrasadas, parecen corresponder a una zona de trabajo en base a los fondos de posibles piletas ya descritas, lo que nos indicaría en principio que la remodelación efectuada con posterioridad no modificó el carácter de pars rustica que debió tener este área. Las habitaciones 8 y 9 han proporcionado, en cambio, estructuras de la fase III, que modifican los usos a que en origen estaban destinadas, mediante el cierre y la compartimentación de estos espacios, cuya finalidad queda aún por determinar al no haberse concluido su excavación. Los materiales exhumados en el nivel de ocupación correspondiente a esta fase en la habitación 9, vienen a precisar una fecha en torno a la segunda mitad del siglo V d.C para este momento, que consideramos como de ocupación residual del establecimiento como tal. Finalmente, cabe añadir a la fase IV una nueva sepultura de inhumación, situada como las otras dos en el entorno de la habitación 4, al Oeste de la zona excavada, lo que parece confirmar la ya apuntada existencia de un poblamiento residual aún más tardío que el documentado en la fase III, establecido tal vez en una parte del yacimiento, y que reutiliza las estructuras de la villa como necrópolis. La ausencia de elementos cronológicos en las tumbas hasta ahora excavadas impide precisar acerca de la fecha de las mismas, si bien teniendo en cuenta el momento de ocupación atribuido a la fase III y el hecho de que las tumbas aparecen rompiendo los estratos de colmatación de las estructuras de la fase II, podríamos establecer un término ante quem al menos de finales del siglo V d.C.- comienzos del s. VI d.C.

NOTAS (1) «Informe de la II campaña de excavaciones en el yacimiento romano de Los Villaricos (Mula)». Comunicación presentada a las II Jornadas de Arqueología Regional (Murcia 1991); LECHUGA GALINDO, M. y AMANTE SANCHEZ,M. «El yacimiento romano de Los Villaricos (Mula, Murcia). Aproximación al estudio de un establecimiento rural de época romana en la región de Murcia», en Antigüedad y Cristianismo, VIII. Murcia 1991, pp. 363-389. (2) Queremos dejar constancia de nuestro agradecimiento a todos aquellos que participaron en los trabajos, y, de forma especial, a la directora de la Escuela-Taller de Restauración de Mula,

Dª Teresa Arnao Jiménez, por el interés puesto en el desarrollo de los mismos. Los dibujos que aquí presentamos han sido realizados por D. Jose A. Gil Abellán. (3) GONZALEZ BLANCO, A. ET AL.: «La industria del aceite en la actual provincia de Murcia durante la época romana (primera aproximación al tema)». II congreso internacional sobre producción y comercio del aceite en la Antigüedad, Madrid 1983, pp. 608-610. (4) Para la cronología e interpretación de las fases establecidas ver: LECHUGA GALINDO, M -AMANTE SANCHEZ, M. op.cit., pp. 374-379. (5) Para la extensa bibliografía que tanto a nivel arqueológico como etnológico se ha ocupado del tema en nuestra Península, nos remitimos a la síntesis recogida por GONZÁLEZ BLANCO, A.: “Pressoirs à huile d´époque romaine dans la Peninsule Iberique”, en AMOURETTI, M. C. y BRUN, J. P. (eds.): La production du vin et de l´huile en Mediterranée. Bulletin de Correspondance Hellénique. Suppl. XXVI. École Française d´Athénes. Paris, 1993, pp. 397-411. Igualmente, al más reciente artículo de CARRILLO DÍAZ-PINÉS, J. R.: “Testimonios sobre la producción de aceite en época romana en la Subbética cordobesa”. Antiquitas, V, nº 6 (1996), pp. 53-91. A nivel general, hay que destacar el ya clásico trabajo de BRUN, J. P.: L´oleiculture antique en Provence. Les huileries du départment du Var. Revue Archéologique de Narbonnaise. Suppl. 15. Paris, 1986, con una amplia bibliografía. (6) Estancias de este tipo han sido identificadas, por ejemplo, en Volubilis (BRUN, op. cit., p. 104, citando a AKERRAZ-LENOIR) y la villa de El Gallumbar (ROMERO PÉREZ, M.: “El Gallumbar: una villa romana dedicada a la producción de aceite”. Anuario Arqueológico de Andalucía, 1987, III, pp. 500-508). (7) BRUN, op. cit. pp. 68-80, recoge un total de ocho tipos de sistemas, basándose en los testimonios literarios y arqueológicos. (8) CARRILLO, J. R., op. cit., p. 59, señala cómo de las 55 factorías documentadas en Volubilis, únicamente 23 conservaban restos de instrumentos de molturación. En el mismo sentido, PERDIGUERO, M.: “Excavaciones arqueológicas efectuadas en Cauche el Viejo (Antequera - Málaga)”. Anuario Arqueológico de Andalucía, 1986, III, p. 420. (9) BRUN, J. P., op. cit. pp. 96-99 y 105-109; CARRILLO, J.R., op. cit., p. 62 y nota 29. Numerosos paralelos de este tipo aparecen recogidos por LEVEAU, Ph.: Caesarea de Maurétaine, une ville romaine et ses campagnes. Roma, 1984. (10) BRUN, J. P., op. cit., p. 84 ss. (11) Un resumen de las opiniones a favor y en contra de la adscripción de este tipo de contrapesos a un sistema u otro puede verse en CARRILLO, J. R., op. cit., pp. 62-64. (12) BRUN, op. cit., p. 134. (13) En otros casos, la decantación se producía mediante su trasvase a recipientes cerámicos, bien fijos, bien móviles. Hay que recordar, a este respecto, las indicaciones de Catón, en el sentido de conducir el líquido primero a un depósito o lacus, de ahí a un recipiente y finalmente a una tinaja (CARRILLO, J. R., op. cit., p. 66). Un buen ejemplo de decantación mediante dolia alineadas en pendiente se ha documentado en la instalación oleícola de la villa de El Gallumbar (ROMERO PÉREZ, M., op. cit., p. 504). (14) Este dispositivo cumpliría las funciones que Catón asigna al vaso de plomo que en muchos casos se situaba dentro del depósito (CARRILLO, J. R., op. cit., p. 66).

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EXCAVACIÓN ARQUEOLÓGICA EN EL CAMINO DEL PEDREGAL (JUMILLA): CAMPAÑA 1991-92

Baltasar Muñoz Tomás Emiliano Hernández Carrión M.ª Isabel Urueña Gómez

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1997

EXCAVACIÓN ARQUEOLÓGICA EN EL CAMINO DEL PEDREGAL (JUMILLA): CAMPAÑA 1991-92

BALTASAR MUÑOZ TOMÁS, EMILIANO HERNÁNDEZ CARRIÓN, Mª ISABEL URUEÑA GÓMEZ

Resumen: Continuación de las tareas de excavación con las campañas de 1991 y 1992, en una villa romana de carácter agrícola con varios

momentos de ocupación, fechados hasta el siglo III d.C.

1. INTRODUCCIÓN

última fase del asentamiento y por otra a la definición de cada uno de los periodos cronológicos detectados en la campaña de 1988, algunos de los cuales (siglos III-I a.C.) permanecían difusos. Con esta finalidad se planteó uno de los cortes en el punto conocido donde el yacimiento presentaba una mayor potencia estratigráfica y superposición de estructuras.

Los trabajos de excavación efectuados en el yacimiento del Camino del Pedregal se desarrollaron a lo largo de los periodos comprendidos entre el 16 y 30 de septiembre de 1991 y el 18 de septiembre y 2 de octubre de 1992, con la colaboración de un equipo formado por estudiantes y licenciados de la Universidad de Murcia y las Universidades Autónoma y Complutense de Madrid. Los resultados obtenidos durante la actuación arqueológica de urgencia realizada en 1988 situaban el interés de este yacimiento en la amplia secuencia estratigráfica constatada. Su conocimiento exhaustivo nos permitiría acercarnos a determinados aspectos del mundo ibérico, por ejemplo los asentamientos de llanura, así como a la configuración de las unidades de poblamiento altoimperiales y a una mejor comprensión del lento proceso de implantación y evolución de la cultura romana en las comarcas interiores del Sureste de España (Muñoz, Hernández y Urueña, 1988:25). Por otra parte, la ubicación y funcionalidad del llamado Busto romano de Jumilla, hallado en el Camino del Pedregal en 1934, permanecía todavía sin desvelar. Todas estas consideraciones nos obligaron a plantearnos unos determinados objetivos a corto y medio plazo, orientados por una parte hacia la excavación en extensión de la

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2. SITUACIÓN Y PLANTEAMIENTOS

Situado a 38º 28’ 5’’ Lat. N y 2º 21’ 40’’ Long. E. (Hoja 968Jumilla 1:50.000 I.G.C. 1948) y 500 m sobre el nivel del mar, el yacimiento del Camino del Pedregal se emplaza en el borde N de la llanura de Jumilla, al inicio del piedemonte del cerro del Castillo, en terrenos llanos y fértiles que descienden en suave pendiente hacia el fondo de la cuenca. Esta ubicación lo relaciona estrechamente con pequeños cauces fósiles o ramblizos descendentes del cerro del Castillo que, como veremos, llegaron a integrarse estructuralmente en el asentamiento. Por otra parte, la provisión de agua queda asegurada por medio de un manantial, actualmente agotado, en función del cual se construiría el estanque de almacenamiento excavado en la campaña de urgencia de 1988 (Muñoz, Hernández y Urueña, 1988). El asentamiento ocupa actualmente y de una manera parcial tres parcelas de cultivo, numeradas 1269, 1276b y 1270

EXCAVACIÓN ARQUEOLÓGICA EN EL CAMINO DEL PEDREGAL (JUMILLA): CAMPAÑA 1991-92

Fig. 1. Localización geográfica.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Fig. 2. Área 2/Corte 1. Planta.

(Plano del IRYDA, Sociedad de Regantes de Miraflores), división que nos ha servido de base en el momento de planificar los trabajos de excavación. Así, siguiendo esta distribución se dividió la superficie en tres áreas que se corresponden con las parcelas citadas.

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A continuación, se trazó un eje, con dirección SW-NE que afectaba a la parcela 1276b o Área 2 y a la 1276. A lo largo de este eje se marcaron siete puntos a intervalos de seis metros, los cuales nos permiten dividir la zona arqueológica en seis grandes secciones rectangulares a partir de la cual se

EXCAVACIÓN ARQUEOLÓGICA EN EL CAMINO DEL PEDREGAL (JUMILLA): CAMPAÑA 1991-92

plantearon los cortes y en las que queda englobado todo el yacimiento. 3. TRABAJOS DE EXCAVACIÓN

Los trabajos para las campañas 91-92 afectaron exclusivamente al área 2, superficie donde se detectó una alta densidad de estructuras correspondientes a la última fase del asentamiento, así como la mayor potencia estratigráfica. 3.1. Área 2/Corte 1 Se planteó un gran corte de 13 x 11 m, subdivido a su vez en seis sectores de dimensiones variables (fig. 2) con el objetivo de excavar en extensión la planta final del asentamiento. No obstante, los trabajos se limitaron a cinco de estos sectores. Tras la extracción del estrato superficial (U.E. 0), de 3240 cm de espesor y material mezclado de amplio espectro cronológico, comenzaron a apreciarse varios cambios de coloración en el terreno, individualizados como U.E. independientes. Éstas se asocian a los diferentes ambientes localizados, apareciendo las estructuras que los delimitan a 32-45 cm. De entre los restos recogidos en la U.E. 0 cabe destacar un conjunto de seis terracotas, posiblemente relacionadas con cultos agrícolas, también halladas en ocasiones en contextos de necrópolis (Lillo, 1990:221; Muñoz Tomás, 1993:306-321). Las estructuras exhumadas nos definen ocho ambientes que se hallan conectados entre sí, excepto el 8, y presentan una orientación común SE-NW. No obstante, los trabajos se limitaron a los ambientes 1 a 4, 6 y 8. Los ambientes 1 y 2, excavados parcialmente y separados por una estructura (U.E. 5) se hallaban cubiertos por un estrato gris verdoso, compacto, formado por arcillas, limos y escasa piedra pequeña (U.E. 1) que contenía un material muy escaso, compuesto por dos fragmentos de T.S. Hispánica (Drag. 15/17) y cerámica común. Después de extraer este estrato, se constató la presencia de un pavimento formado por gravas y arena rojiza anaranjada, muy compactado (U.E. 8). Consultados los perfiles estratigráficos de la campaña de 1988 se comprobó que la U.E. 8 se encontraba en la misma dirección, al N, que uno de los paleocanales o ramblizos fósiles detectados, por lo que se procedió a realizar un pequeño sondeo (1-1), con el que se pretendía determinar sus características, así como precisar de que manera se relaciona con las estructuras en él insertas.

Se extrajo parcialmente hasta una profundidad de 30 cm, comprobándose que en realidad se trataba del paleocanal citado, posiblemente aprovechado como pavimento de los ambientes 1 y 2, el cual fue excavado unos 4 cm para encajar las estructuras (U.E. 4 y 5) que delimitaban dichos ámbitos. No obstante, se constató la existencia de una pequeña fosa (U.E. 9), excavada en el paleocanal y cubierta por un fino estrato (1-2 cm) de gravas, en la cual se insertaba a 10 cm de profundidad una estructura curvada (U.E. 10), a base de piedra mediana, que conservaba una hilada de 30-40 cm de espesor, y bajo la cual continuaba la U.E. 9 o fosa. Carecía totalmente de material arqueológico. Anexa a los dos ambientes descritos y separada de los mismos por una estructura (U.E. 4) en la que no se detectó ningún vano de comunicación, se excavó una construcción formada por dos ambientes (3 y 4) conectados entre sí, que ocupaban una superficie de 22’80 m. El ambiente 4 presentaba un rebanco de adobe sobre un basamento de piedra pequeña, adosado al ángulo SE, así como una estructura (U.E. 6) que, partiendo del citado rebanco y en ángulo recto, iba a insertarse en la estructura (U.E. 4) que separa los ambientes 1-2 y 3-4 (Fig. 2). Tiene un grosor de unos 25 cm y se halla separada de la U. E. 4 unos 40 cm. El acceso a esta construcción descrita se sitúa al N, desde una gran espacio, denominado ambiente 9 y excavado parcialmente, que presenta el mismo sistema de pavimentación ya expuesto en la descripción de los ambientes 1 y 2, posiblemente una reutilización del paleocanal citado. El depósito estratigráfico de los ámbitos 3 y 4 estaba compuesto por un estrato (U.E. 2), compacto, duro, con grumos anaranjados, correspondientes a restos de adobe, localizado en la zona S-SE de la construcción, que contenía un reducido conjunto cerámico integrado por fragmentos de tegulae e imbrices, grandes vasijas de almacenamiento, y cerámica común (fig. 3.3). Este estrato montaba parcialmente sobre otro (U.E. 3) muy compactado, formado por la disolución de adobes tras el derrumbe de los muros y concentrado especialmente en el sector N-NW, en el que recogieron fragmentos de bordes y galbos de, al menos, tres grandes vasijas de almacenamiento, más próximos a perfiles indígenas que a dolia romanos, así como restos de tegulae e imbrices, fragmentos de vástagos de hierro, posiblemente grandes clavos, cerámica común, terra sigillata Hispánica (Drag. 15/17) y Africana de Cocina (Lamb. 9a) (fig. 3.1), cuya producción se sitúa entre fines del siglo II/inicios del III d.C. a fines del IV/inicios del V d.C.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Fig. 3 (a). Área 2/Corte 1. Materiales.

(Carandini, 1981:215 Tav. CVI), así como fragmentos de un pequeño recipiente de vidrio. Estos restos cerámicos expuestos brevemente se concentran sobre todo en el ambiente 4, inmediato al acceso a la construcción. En la zona de contacto entre el muro N de la construcción bipartita (ambientes 3 y 4) y el gran espacio (ambiente 9) al que ésta se abre se localizó la fosa de fundación del edificio, cuyo depósito (U.E. 20) contenía fragmentos de cerámica

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común, pintada de tradición indígena, una cuenta de collar de pasta vítrea y un fragmento de marca de alfarero de T.S. Sudgálica (fig. 3.5 y 6)). La excavación de esta fosa, cuya línea estaba marcada por el paleocanal citado (U.E. 8), parece demostrar que éste fue rebajado al menos unos 10 cm para encajar, si no todas, parte de las construcciones exhumadas. En conjunto, las características constructivas de este modulo arquitectónico nos muestran un basamento com-

EXCAVACIÓN ARQUEOLÓGICA EN EL CAMINO DEL PEDREGAL (JUMILLA): CAMPAÑA 1991-92

puesto, en los ambientes 3 y 4, por dos hiladas de piedras grandes y medianas, dispuestas horizontalmente y trabadas con arcilla anaranjada, de 50-60 cm de anchura. En cambio, la estructura divisoria (U.E. 5) entre los ambientes 1 y 2 sólo conservaba una hilada con los caracteres ya descritos. Sobre estos basamentos se alzarían los muros de adobe. Respecto al sistema de cobertura, mientras que en los ambientes 1 y 2 la ausencia de restos relacionados con la techumbre en su depósito estratigráfico y el sistema de pavimentación apuntan hacia espacios abiertos, en la construcción bipartita (ambientes 3 y 4) la mayor solidez de sus basamentos, la presencia de algunos restos de tegulae e imbrices e incluso de vástagos de hierro se podrían relacionar con una cobertura típicamente romana. Situada al E del conjunto anterior, se excavó un ambiente (nº 8) definido por dos estructuras en ángulo recto, muy deterioradas, compuestas por una hilada de piedras grandes y medianas, trabadas con barro, de 35 cm de espesor. En el único ángulo de la construcción localizamos un espacio cuadrado, remarcado por una hilada de piedra mediana y relleno de una tierra grisácea, compacta, escasa en restos orgánicos (carbones y huesos) y cerámica (U.E. 18). El espacio restante se hallaba colmatado por un estrato (U.E. 24) gris- anaranjado, con restos de adobe y piedras de diferente grosor, que contenía fragmentos de al menos dos recipientes de almacenamiento, uno de ellos de tradición indígena, con bandas pintadas en rojo vinoso y el otro perteneciente a un dolio romano. Aunque, en un principio, las características de este espacio nos incitaron a considerarlo como un hogar exento, la escasez de restos orgánicos en la U.E. 18 obliga a contemplar esta hipótesis con una cierta reserva. Por último, se procedió a excavar el ambiente 6, ubicado al S de la construcción bipartita (ambientes 3 y 4), con la que comparte su estructura de cierre (U.E. 14). No obstante, el sistema constructivo del resto de las estructuras resulta algo diferente, especialmente en lo que se refiere a su grosor, 35-40 cm. Al comienzo de su excavación se delimitaron tres estratos, uno de ellos (U.E. 17), excavado parcialmente, se componía de una tierra gris anaranjado, con fragmentos de cerámica común y terra sigillata, y correspondía al relleno del ambiente. Inserto en él, se encajó una fosa (U.E. 31) de época reciente que contenía los restos de un ovicáprido. Tras su vaciado, se comprobó que ésta había afectado parcialmente a otra fosa (U.E. 30), excavada en la U.E. 17 en la

que se halló un enterramiento de inhumación (fig. 2), alterando la parte superior derecha de los restos humanos de un adulto. Este enterramiento presentaba la misma orientación que la de las estructuras en las que se encaja. Los restos, rodeados de algunos clavos de hierro, posiblemente pertenecientes a un ataúd de madera, se hallaban en posición decúbito supino, con el brazo derecho sobre la región púbica y el izquierdo sobre el pecho. En el lateral derecho de la inhumación se ubicaba el ajuar funerario, compuesto por tres piezas de cerámica común (fig. 3.2 y 4) de amplia datación. No obstante, el cuenco con pitorro, aunque presente en la vajilla romana de diversas épocas, se generaliza en el período tardo-imperial (Vegas, 1973:39 fig. 12). Por otra parte, el hallazgo de un fragmento de lucerna altoimperial, Dressel 20, datable en el siglo II d.C., más bien formaría parte del relleno de la fosa, que del ajuar de la inhumación. La excavación de la inhumación nos permitió llegar al nivel de pavimentación de la estancia, del que solamente se constató la presencia de un gran ladrillo en el ángulo NE (fig. 2), que posiblemente correspondería a restos de un enlosado. Por último, aunque los ambientes 5 y 7 no se excavaron, se debe destacar que en la zona de contacto entre el estrato superficial (U.E. 0) y el relleno del ambiente 5 (U.E. 16) se detectó la presencia de una relativa abundancia de piezas metálicas, entre ellas un cuchillo completo y una moneda de bronce ilegible. 3.1. Área 2/Corte 2 Dentro del Área 2 se delimitó una superficie de 6 x 3’5 m, con la finalidad de completar la información aportada por la cata contigua, efectuada durante la campaña de 1988. En este punto es donde se detectó la mayor potencia estratigráfica y superposición de hábitats. Dado el espacio relativamente reducido en el que se han efectuado los trabajos, no se ha excavado ningún ambiente completo, aunque se han definido cronológicamente tres de las fases sucesivas del asentamiento. Aportó la siguiente secuencia estratigráfica y distribución de ambientes: La U.E. 0 corresponde al estrato superficial, con una potencia de 20-35 cm, que estaba formado por tierra de cultivo, coloración marrón clara, compacto y sin piedras. Material mezclado. La U.E. 1, es un estrato de tierra marrón oscura, dura y compacta, con unos 25 cm de potencia, pintas y grandes

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

fragmentos anaranjados, que corresponden a la caída de adobes, reflejada en la sección 1. Esta caída corresponde a estructuras que comienzan a aflorar a partir de unos 15 cm después de comenzar la extracción del estrato. El material es plenamente romano, con T.S. Hispánica, Africana A y de Cocina (fig. 4.1) y escasa Sudgálica, cerámica común, escasos fragmentos de pintada de tradición indígena, fragmentos de molino de cereal fabricados en piedra volcánica y dos pesas de telar dentro del ambiente 1, tegulae e imbrices, ladrillos fragmentados y restos de revestimiento parietal en blanco y rojo. Este material se comienza a diferenciar por ambientes una vez definidos. Se debe destacar que dentro del llamado ambiente 1 se localizaron un fragmento de molino de cereal y un pondus. Se individualizaron tres ambientes, de los cuales el nº 2 se adscribió provisionalmente a un espacio abierto. El nº 1 corresponde a parte de una estancia delimitada por dos estructuras (U.E. 2 y 5), separadas por un vano de entrada de 80 cm de anchura, donde se localizó un ladrillo prácticamente in situ, perteneciente quizás al antiguo pavimento. Estas estructuras conservaban una hilada de piedras grandes y medianas, dispuestas en sentido vertical las externas y horizontal las internas, trabadas con barro. La cara interna de la U.E. 5 presentaba in situ restos del estucado blanco, cuya unión con el pavimento, desaparecido, se localizaba a 10 cm de altura desde la parte más baja del basamento. Este ambiente presenta una subdivisión interna, mediante una estructura de 10-12 cm de espesor (U.E. 11), paralela y a 80 cm del vano de acceso. En este punto se conservaba prácticamente in situ un ladrillo, resto de un enlosado que constituiría el pavimento desaparecido. Con el nº 3 se denomina un espacio reducido que permaneció sin excavar. Todas estas construcciones acusan la misma orientación que las excavadas en el Corte 1, SE-NW. Tras delimitar un sondeo (2-1) de 3 x 3’5 cm, los trabajos se limitaron al ambiente 1 y a parte del 2 o espacio abierto. Las U.E. 3 y 4 corresponden a grandes masas de adobe disuelto, originadas por el derrumbe de los muros, que aportaron muy escaso material. Se sitúan en la zona de contacto entre las U.E. 1 y 9, y limitadas al ambiente 2, adosándose a la estructura de separación entre éste y el nº 1 (fig. 2). La U.E. 9, limitada al ambiente 2, es un estrato de 10-12 cm, compuesto por una tierra marrón oscura, compacta, con pintas de adobe. El material se reduce a tejas, cerámica común y restos de estuco blanco y rojo.

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La U.E. 10, con 10-12 cm de espesor, es un estrato marrón claro, poroso, que contenía T.S. Sudgálica, cerámica común, restos de estuco, vidrio de ventana y teja. Comenzaba justo debajo de la línea marcada por el estucado, quedando limitada al ambiente 1. A 5-7 cm de comenzar su extracción, afloraron las primeras piedras correspondientes a estructuras subyacentes, ya inmersas en la U.E. 12. La U.E. 12 corresponde a un estrato de 12-20 cm de espesor, marrón claro, compacto, que contenía algún fragmento de T.S. Sudgálica, cerámica común, abundancia de adobe, estuco blanco y rojo y teja. A este estrato se deben asociar dos estructuras (U.E. 16 y 17) de unos 30 cm de anchura, construidos con piedra mediana y grande, dispuestas horizontalmente y trabadas con arcilla anaranjada, que conservaban una o dos hiladas. Acusan la misma orientación que las estructuras ya descritas, NW-SE la U.E. 16 y perpendicular a esta la U.E. 17, delimitándonos otros tres ambientes: nº 4, 5 y 6. La cara E de la U.E. 16 conservaba in situ parte del estucado en blanco. La U.E. 14 es un estrato de tierra marrón oscura, compacta, de 20-25 cm de espesor, que se constató en toda la superficie del sondeo. Se asociaría a la cimentación de las estructuras descritas. El conjunto cerámico se caracteriza por un predominio de formas y decoraciones geométricas de tradición indígena. La U.E. 15, excavada parcialmente, se trata de un estrato gris anaranjado, compacto, con gran abundancia de adobe quemado y material cerámico, en el que ya son exclusivas las formas y decoración geométrica de tradición indígena, imitaciones de formas campaniense, como Lamb. 36 (fig. 4.3) y Lamb. 1 y un fragmento de pequeño recipiente cerrado de Campaniense A. Dentro de este estrato se insertaban dos estructuras de adobe (U.E. 18 y 19), paralelas y con la misma orientación que el resto de las construcciones halladas en el sondeo. El espacio delimitado por estas estructuras se hallaba relleno de una arcilla anaranjada intensa (U.E. 20) que aportó escaso material. 4. INTERPRETACIÓN Y PERIODIZACIÓN

Los trabajos desarrollados en la campaña 91-92 han hecho posible la realización de determinadas precisiones cronológicas para tres de las fases ya detectadas en la campaña de 1988, al mismo tiempo que nos ha permitido constatar la existencia de otra fase de reocupación del sitio tras el abandono de los espacios habitados.

EXCAVACIÓN ARQUEOLÓGICA EN EL CAMINO DEL PEDREGAL (JUMILLA): CAMPAÑA 1991-92

Fig. 4. Área 2/Corte 2. Materiales.

Por otra parte, la excavación en extensión documenta parcialmente la planta final del asentamiento, correspondiente a una fase escasamente documentada en los establecimientos rurales del SE, en especial para las comarcas interiores. Fase 1 Si bien la campaña de 1988 (Muñoz, Hernández y

Urueña, 1988) nos permitió constatar la existencia de al menos dos fases anteriores a ésta, la más antigua de las cuales nos llevaría al Iberismo pleno, los resultados de los trabajos realizados en los años 91-92 aportan determinadas precisiones cronológicas para un momento mal conocido no sólo en los asentamientos rurales del Sureste, sino de toda la Península Ibérica.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Fig. 5.

La presencia de cerámica campaniense A, así como de imitaciones en cerámica común del plato Lamb. 36, perteneciente a estas últimas producciones, o de la forma Lamb. 2, copia de piezas similares de campaniense B (fig. 4.3), nos situaría este horizonte cronológico, correspondiente a la U.E. 13, entre mediados/fines del siglo II a.C. y las últimas décadas del I a.C. o incluso el Cambio de Era. No obstante, esta última fecha adolece de una cierta provisionalidad, dada la ausencia de cerámicas importadas fechables en este periodo. Las construcciones adscribibles a este periodo se caracterizan por un zócalo o basamento de piedra trabada con arcilla anaranjada, que conserva dos hiladas, alzado de adobe, que en este caso aparecían quemados, y ausencia de restos de tegulae e imbrices. Si tenemos en cuenta la pequeña superficie excavada, no es posible asignarle una funcionalidad a la estructura curvada de adobe hallada en el sondeo 2-1. Otras edificaciones englobables dentro de esta fase, se hallaron en el Corte 1/1988.

constructivo que se extendería desde las últimas décadas del siglo I a.C./Cambio de Era a finales del I d.C. Esta fase, y sin prejuicio de su aparición en otros puntos del asentamiento, se ha constatado únicamente en el citado sondeo. Así, mientras las U.E. 9, 10 y 12 se relacionarían con el arrasamiento de las estructuras correspondientes a esta fase, la cimentación ya se inserta en la U.E. 14, estrato que se debe relacionar con el Nivel IId del corte 1/1988 (Muñoz, Hernández y Urueña, 1988), con presencia de T.S. Itálica y piezas de formas y decoraciones de tradición indígena. Las edificaciones de esta fase ya acusan ciertas diferencias respecto a las del periodo anterior. Si bien los basamentos siguen construyéndose a base de piedra trabada con barro y los alzados de adobe, la presencia de revestimiento parietal en blanco y rojo, vidrio de ventana y cobertura romana hace suponer que nos hallamos ante espacios algo más confortables.

Fase 2 Dentro del sondeo 2-1 y sin aparente solución de continuidad con el periodo anterior, se documenta un momento

Fase 3 El tercer momento cronológico documentado abarca un intervalo temporal que se extendería desde las últimas déca-

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EXCAVACIÓN ARQUEOLÓGICA EN EL CAMINO DEL PEDREGAL (JUMILLA): CAMPAÑA 1991-92

das del siglo I d.C. hasta finales del II d.C./primeras décadas del siglo III d.C. En los primeros momentos de este periodo asistimos a profundas remodelaciones que afectan, y dentro de lo conocido, al conjunto del asentamiento. De hecho, la práctica totalidad de todos los espacios excavados hasta el momento son construidos ex novo en las últimas décadas del siglo I d.C., aunque conservando la orientación marcada por las construcciones preexistentes. El abandono de los espacios habitados del Camino del Pedregal, alrededor de fines del siglo II/primeras décadas del III d.C., se debería inscribir en una corriente general de reestructuración del paisaje rural que afecta a amplias zonas del Occidente romano. Se trata de un fenómeno complejo que generó profundas transformaciones en la trama poblacional rural, reflejadas a un primer nivel en el abandono de asentamientos, nuevas fundaciones y amplias remodelaciones en muchos de los que presentan continuidad. Si nos centramos en el SE de Hispania, esta corriente incide de manera un poco variable según las diferentes áreas, análisis que requeriría una mayor profundidad que la que podemos dedicarle en este apartado. En resumen, mientras que en zonas como el entorno rural de Carthago Nova (Ruiz Valderas, 1995:176), el valle medio del Segura (López y Salmerón, 1993:120-121; González Caballero, 1995:318-320) o el sur del Altiplano (Muñoz Tomás, 1993:426-434; Muñoz Tomás, 1995:124-126) asistimos al abandono de buena parte de los asentamiento rurales altoimperiales, este proceso se presenta más atenuado para el valle del Guadalentín (Martínez Rodríguez, 1995:212-216), el valle del Quípar, en Caravaca (Brotons Yagüe, 1995:256269) o el Norte del Altiplano (Ruiz Molina, 1995:133-152), donde se mantiene con una cierta estabilidad la trama poblacional del siglo II d.C., sin prejuicio de una reestructuración en las relaciones inter-asentamiento. Todas las edificaciones excavadas presentan unas características arquitectónicas similares. Así, sobre un basamento o zócalo, compuesto por una o dos hiladas de piedra trabada con arcilla, se alzaron los muros de adobe, que sólo en el caso de la construcción excavada en el Corte 2 se decoraron con revestimiento parietal en blanco y rojo. En consonancia con la fase anterior, el sistema de cobertura es el típicamente romano, a base de tegulae e imbrices, posiblemente sobre un armazón de madera ensamblado mediante clavos de hierro, de los cuales se hallaron varios fragmentos en el relleno de los ambientes 3 y 4 del Corte 1. Los sistemas de pavimen-

tación detectados se limitan a gravas apelmazadas y a enlosados de ladrillo. El primero correspondería a la capa superior reutilizada del paleocanal que atraviesa el yacimiento de N a S y que sirvió para pavimentar el ambiente 9 y los ambientes 1 y 2 (Corte 1). El segundo se limita a escasos restos in situ de sendos enlosados de ladrillo, localizados en los ambientes 6/Corte 1 y 1/Corte 2. La causa de la relativa escasez de materiales constructivos debería atribuirse a su posible reutilización en construcciones próximas que continúan su actividad, procedimiento bastante frecuente que incluso llegó a ser objeto de legislación (Carandini, 1988:221-222). La casi total ausencia de vestigios relacionados con una cobertura, la acentuada escasez de restos de cultura material e incluso el sistema de pavimentación tienden a relacionar los ambientes 1, 2 y 9/Corte 1 con espacios abiertos o zonas de patio. Con ambos espacios se relacionaría estrechamente la construcción bipartita constituida por los ambientes 3 y 4/Corte 1. Pese a que en la actualidad no es posible determinar de qué manera se integraría en un plan constructivo más complejo, este sencillo esquema arquitectónico se rastrea en contextos diferentes, como la vivienda de tradición ibérica del Cerro del Mingillar, en Córdoba (Muñoz Amilibia, 1987:63-68), determinadas construcciones de vici de la Galia (Grenier, 1934 T.I:722-725 Figs. 246-249), Britannia (Rodwell y Rowley, 1975:177 Figs. 1 y 4) o Siria (Tchalenko, 1953 Pl. CXVI), integradas o no en un plan constructivo y dedicadas a vivienda, almacenes o con funcionalidad indeterminada. Dentro del Sureste de Hispania este esquema se detecta en construcciones aisladas de la Alberca de Román, Jumilla, catalogado como aglomeración rural o vicus (Muñoz Tomás, 1993:92-93 fig. 13; Muñoz Tomás, 1995:115-119 fig. 3) o en el posible almacén de la aglomeración rural de los Baños de Gilico, Calasparra (López y García, 1995:280-282 fig. 2). Esta información se completa con la aportada por los restos de cultura material recogidos, entre los que se detecta una especial incidencia de fragmentos de vasijas de almacenamiento, correspondientes al menos a cuatro ejemplares, a lo que debemos añadir determinados objetos de ajuar doméstico, como vajilla importada, un recipiente de vidrio y un fragmento de lucerna. Si realmente el ambiente 8/Corte 1 correspondiese a un hogar exento, asociado a dos grandes vasijas de almacenamiento, podríamos hallarnos ante espacios domésticos, destinados a viviendas humildes.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Pese a su excavación parcial, esta misma funcionalidad podría atribuirse al ambiente 1/Corte 2, hacia lo que apunta una decoración inmueble algo más cuidada y determinados elementos de cultura material, como los pondera o un fragmento de molino de cereal, además de vajilla de cocina o mesa. Todos los datos expuestos parecen indicar que nos hallamos ante un sector del asentamiento ocupado por viviendas humildes o en todo caso edificaciones destinadas a almacenamiento u otros servicios, que tanto en su plan constructivo (edificación bipartita), como en determinados artefactos (perfiles y decoraciones cerámicas) conserva, aún en el siglo II d.C., unos determinados rasgos culturales de tradición indígena. Fase 4 El último periodo de utilización del sitio documentado correspondería a momentos posteriores al abandono de los espacios excavados hasta el momento. Éstos, tras el derrumbamiento de las construcciones, fueron reocupados por un número indeterminado de enterramientos, de los cuales se ha excavado uno. Se trata de una inhumación en ataúd de madera, cuya cronología queda imprecisa, aunque en todo caso posterior a las primeras décadas del siglo III d.C. El único elemento de datación lo aporta una de las piezas cerámicas del ajuar funerario, un cuenco con pitorro que se generaliza en época tardoimperial. La presencia de esta inhumación obliga a recordar la problemática existente alrededor de la ubicación en un contexto doméstico o funerario del busto de joven hallado en un punto impreciso del Camino del Pedregal y datado en la segunda mitad del siglo II d.C. (Noguera, 1993:483-491, lams. 206-210; Koppel, 1995:40). A este nivel, se debe incluir la referencia al reciente hallazgo de elementos arquitectónicos y un fragmento de inscripción, complementario de otro ya conocido (Lozano Santa, 1800:53-54; Muñoz Tomás, 1993:248-251, fig. 57), reutilizados en una horma muy próxima y que posiblemente formaron parte de algún tipo de monumento funerario de tipología y cronología hoy por hoy incierta. Los últimos datos respecto a la ocupación del sitio nos retrotraen a la campaña de 1988, y más concretamente al estanque del Área 2/Corte 1, donde se recogieron algunos fragmentos de Africana D, lo que aboga por una utilización prolongada tras el abandono de los espacios habitados.

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MEMORIA DE

LOS TRABAJOS

ARQUEOLÓGICOS REALIZADOS EN EL YACIMIENTO ROMANO DEL “CABEZO ROENAS” (CEHEGIN, MURCIA) DURANTE EL AÑO 1991

Antonino González Blanco Manuel Amante Sánchez

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1991

MEMORIA DE

LOS TRABAJOS

ARQUEOLÓGICOS REALIZADOS EN EL YACIMIENTO ROMANO DEL “CABEZO ROENAS” (CEHEGIN, MURCIA) DURANTE EL AÑO 1991

ANTONINO GONZÁLEZ BLANCO, MANUEL AMANTE SÁNCHEZ

I. INTRODUCCIÓN Y PLANTEAMIENTOS

II. METODOLOGÍA

La XIII campaña de excavaciones en el yacimiento del “Cabezo Roenas” se planteó, básicamente, como continuación de los trabajos iniciados el año anterior. En ellos, se había llevado a cabo la excavación parcial y limpieza de las cuadrículas T35 y T36, situadas extramuros al Sur del yacimiento y en las cuales la continuidad de la muralla desaparecía abriéndose un vano aparente de 4 m de anchura. La existencia de este espacio sugirió la posibilidad de que en esta zona existiese una nueva puerta que se añadiese a la ya existente en ángulo Este de la ciudadela superior. La presente campaña, por tanto, se planteó con el principal objetivo de confirmar o desmentir en su caso la existencia de este posible acceso, para lo cual se decidió trabajar sobre las cuadrículas S35 y S36 situadas intramuros y completar la excavación de las T35 y T36. La tareas de excavación dirigidas por el Dr. González Blanco, se realizaron entre los días 23 de septiembre al 12 de octubre, siendo financiadas por la Consejería de Cultura, Educación y Cultura de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia. En ellas participó un equipo integrado por licenciados y estudiantes en Historia Antigua y Arqueología de la Universidad de Murcia.

La necesidad de una consulta rápida, cómoda y eficaz de los resultados de las distintas campañas de excavación, nos ha llevado a adoptar como sistema de registro un conjunto normalizado de fichas de campo e inventario, que una vez rellenadas pueden ser introducidas fácilmente en cualquier tipo de base de datos. La ficha de campo empleada por nosotros, se articula en 24 casillas que incluyen tres tipos de datos: A) De identidad.- Comprende el nombre del yacimiento completo y abreviado, localidad donde se encuentra y término municipal al que pertenece. B) Técnico.- Recogen el número de unidad estratigráfica y su relación con la anterior y posterior, cuadrícula, sector, definición de unidad estratigráfica, fiabilidad de la misma, datación, descripción, secuencia física, secuencia temporal, interpretación y criterio de datación. C) Complementarios.- Incluyen archivo gráfico, observaciones, espacio para croquis, firma de quien elabora la ficha y firma de quien la revisa. La fichas de inventario recogen los datos de identidad del yacimiento, corte y unidad estratigráfica, a continuación de los cuales y en las once columnas siguientes se consignan

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MEMORIA DE LOS TRABAJOS ARQUEOLÓGICOS REALIZADOS EN EL YACIMIENTO ROMANO DEL «CABEZO ROENAS» (CEHEGÍN, MURCIA)

los datos de cada elemento inventariado. El siglado del material sigue el sistema de recogida de datos en campo. Así las siglas BE91/ corresponden a la nomenclatura del yacimiento; las siguientes en orden S35/, S36/, o S35.36/, indican las cuadrículas sobre las que se ha intervenido. A continuación se inserta una cifra de cinco dígitos en la que las decenas de millar se reservan para el sector del yacimiento en el que se desarrollan los trabajos: en este caso, el 1 corresponde a la parte alta del cerro; la unidad de millar y la centena se reservan para las posibles habitaciones o compartimentos que se puedan individualizar; las decenas y las unidades se reservan a los estratos y estructuras. Tras esta cifra y separándolo por una barra se coloca el número de orden correlativo que corresponde a cada pieza. De esta manera las siglas BE91/S35/10101/1 corresponde a una pieza encontrada en el sector 1, habitación 1, estrato 1, del corte S35. LA inclusión de UU.EE. negativas se debe a un criterio empleado por algunos investigadores(1) y que nosotros hemos creído conveniente adoptar para Begastri, mediante el cual se individualizan intrusiones y facies culturales ajenas a la cultura predominante del yacimiento, una vez que este está amortizado. II. EXCAVACIÓN EN LAS CUADRICULAS S35 Y S36

Tras retirar la U.E. 10000 en ambas cuadrículas, se realizó una primera planta de la superficie excavada, continuando la excavación en la S36. Se han documentado un total de 19 UU.EE. agrupadas en ocho niveles: II.1. Nivel Superficial.- Está formado por las UU.EE. 10000, 10001 y 10002: U.E. 10000.- Tierra marrón con abundantes raíces de palera muy suelta y piedrecillas pequeñas, que cubre unas placas de argamasa de cal (U.E. -10102) que aparecen en la intersección de ambos cortes, y junto a la esquina Sur del perfil Oeste. Potencia máxima 0,26m., mínima 0,06. Cotas desde el punto cero ideal +2,45 y 2,46m. Este estrato cubre a las UU.EE. 10001, 10003, 10006, 10015 y -10102. Entre el material aportado por esta U.E. destacan fragmentos de T.S.G. de la forma Drag. 27, producciones africanas en A2 (Hayes 23A), en D1 (Hayes 67 y 76), en D2 (Hayes 61B, 81A y 94), cerámica común y gris romana, restos de contenedores, cerámica romana tosca a mano (Reynolds 7.6), cerámica medieval (jarras, marmitas y tapaderas), medieval vidriada (marmita) y vidriado y loza moderna.

U.E. 10001.- Tierra marrón clara más compacta que la anterior con menos raíces. Potencia máxima 0,22m., mínima 0,08m. Cota desde el punto cero ideal +2,24m. Se adosa a la U.E. 10102, y cubre a la U.E. 10002 en la esquina SW. El material significativo se compone de fragmentos de cerámica común y coción romana, cerámica medieval vidriada, fragmentos de hueso y elementos constructivos (teja curva moderna). U.E: 10002.- Bolsada de tierra gris suelta que aparece en el extremo Sur del perfil Oeste de la cuadrícula S36 como resultado de la descomposición de las raíces de las numerosas paleras que ocupan la superficie del yacimiento. Potencia máxima 0,20m., mínima 0,02. Cotas desde el punto cero ideal +2,40 y +2,23m. II.2. Nivel I Remoción de tierras producida por las tareas agrícolas comprende un total de dos UU.EE: U.E.10003.- Tierra amarillenta compacta con raíces que aparece cubierta por la U.E. 10000, además de las raíces tiene algunas piedrecillas. Aparece en aquellas zonas donde no se documenta el nivel II. Potencia máxima 0,50m., mínima 0,20. Cota desde el punto cero +2,31m. Cubre a la U.E. 1007. El material significativo de esta U.E. se compone de fragmentos de cerámica común, gris y de coción romana, cerámica ibérica, vidriada y medieval vidriada (jarra). U.E. 10007.- Bolsa de tierra naranja granulosa y muy suelta con una superficie de 1,50 x 0,22, que se delimita en la parte sw de la cuadrícula S36. Potencia máxima 0,22m., mínima 0,08m. Cotas desde el punto cero ideal entre +1,93 y +1,75m. Cubre a la U.E. 10008. Se recuperaron fragmentos de producciones africanas en D2 (Hayes 61B), contenedores de la forma Keay XLI, cerámica común, gris y tosca a torno romana, así como resto de ímbrices y huesos de animales. II.3. Nivel II Corresponde al momento de abandono de una construcción realizada a base de cal ubicada en este lugar una vez amortizada la facies tardo antigua del yacimiento. Esta formado por las UU.EE. -10102, -10103, -10101 y 10004: U.E. -10102.- Restos de enlucido de pared de argamasa del cal de forma irregular con unas dimensiones de 1,70 X 1,20 m., situada al Oeste de cuadrícula S36. Su potencia oscila entre los 0,05 y los 0,14m. Cota desde el punto cero ideal +2,51m. Cubre a la U.E. -10103. Tras documentarla se levantó aportando como material resto de elemento constructivos consistentes en fragmentos de teja curva no romana.

233

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

U.E. 10004.- Bolsa de tierra naranja sobre la cual se asienta la U.E. -10101, ocupando la misma superficie que este. Potencia máxima 0,30m., mínima 0,10m. Cota desde el punto cero ideal +2,35m. Cubre a la U.E 10008. Su excavación no proporcionó material significativo (base de vaso cerrado de cerámica de tradición ibérica, fragmento de cerámica común y dos esquirlas de hueso de animal). La estratigrafía de este nivel está perdida casi su totalidad por efecto de tareas agrícolas, y la destrucción realizada en tan endebles construcciones por las raíces de oliveras y paleras, quedando tan sólo los exiguos restos descritos.

Diagrama estratigráfico.

U.E. -10103.- Estrato de tierra gris oscura suelta que cubre exclusivamente los restos de un pavimento de argamasa de cal (U.E. -10101). Potencia máxima 0,06m. Cota desde el punto cero ideal +2,37m. Los escasos restos materiales de esta U.E: se componen de fragmentos de borde recto y pared de cazuela en cerámica tosca a mano, pared de cerámica gris, pared de cerámica medieval y seis esquirlas de hueso de animales. U.E. 10101.- Pavimento realizado a base de argamasa de cal alisada en su parte superior. Se conserva en una superficie de 3,60m. de longitud, con una anchura variable que oscila entre los 1,26m. y los 0,56m. Cota desde el punto cero ideal +2,46m. Cubre a la U.E. 1004. Tras ser dibujado y fotografiado, se levantó machacando bien la cal con objeto de buscar restos muebles que nos dieran la fecha de construcción de dicho suelo, el único material recuperado en él consiste en un fragmento de pared de cuenco vidriado de color azul oscuro, un metacarpo trabajado de animal y dos fragmentos más de esquirlas de hueso de animal.

234

III.4. Nivel III Nivel de relleno antiguo, lo componen las UU.EE. 10008, 10201, 10202 y 10013 que colmatan el espacio central de la habitación 2 (U.E. 10200) de la que hablaremos más adelante. U.E. 10008.- Estrato de tierra marrón suelta con abundantes piedras medianas y grandes. Tienen un fuerte buzamiento en dirección N-S con una potencia máxima en el centro de 0,84m. y mínima al Sur de 0,20m. Cotas desde el punto cero entre +2,25 y +1,61m. Cubre a las UU.EE. 10013 y 10201. Junto a barniz negro del tipo B, T.S.G. (formas Drag. 18), africanas en C2 (Hayes 50A), D1 y D2 informes, y cerámica común gris, tosca a torno y tosca mano romana aparecen fragmentos de cerámica común medieval (jarras y marmitas). U.E. 10201.- Tierra gris dura con carboncillos que presenta una ligera inclinación en dirección S-N. Potencia máxima 0,24m., mínima 0,04m. Cotas desde el punto cero ideal entre +1,41 y +1,35 m. Cubre a la U.E. 10202. El material significativo de este estrato se compone de barniz negro del tipo A, T.S.G. (forma Drag. 18), producciones africanas en A1, D1 (Hayes 59B) y D2 (Hayes 81 y 91), junto a cerámica tosca a mano, común y contenedores romanos, y cerámica ibérica de tradición, a los que hay que añadir fragmentos de cerámica medieval (jarras y marmitas). U.E. 10202.- Tierra naranja con carboncillos que aparece bajo la anterior, compacta y muy dura con leve buzamiento en dirección Sur-Norte. Potencia máxima 0,22m., mínima 0,04m. Cotas desde el punto cero ideal entre +1,29 y +1,25m. Entre el material recuperado destacan fragmentos de T.S.G. (Drag. 18) africanas en A2 (Hayes 9A), C2 y D1 informes, cerámica común, gris y tosca a mano romana, pesas de telar y cerámica medieval (jarritas) a los que hay que añadir 28 fragmentos de hueso de animal. U.E. 10013.- Bolsa de tierra verde oscura estéril que forma una franja de 1,40 x 0,34m. junto al exterior de la

MEMORIA DE LOS TRABAJOS ARQUEOLÓGICOS REALIZADOS EN EL YACIMIENTO ROMANO DEL «CABEZO ROENAS» (CEHEGÍN, MURCIA)

Figura1. Cerámica africana D2. Begastri 1991. % atendiendo a la producción.

Figura 2. Formas africanas. Números reales. Begastri 1991.

pared Norte de la habitación 2. Potencia 0,44m. Cotas desde el punto cero +1,75m.

III.6. Nivel V Está constituido por una sola unidad estratigráfica (U.E. 10015) formada por una gran placa circular de argamasa rosácea con unas dimensiones de 1,52 x 1,34 m. y una cota desde el punto cero ideal de +2,35m. Estaba cubierta por la U.E. 10000. Tras ser documentada procedimos a su excavación, pudiendo apreciar que se trataba de los restos de la cubierta de alguna construcción desaparecida, en la que se habían empleado para aligerar el peso fragmento de ánforas de los tipos Keay XXIII y LIIII, así como un embudo completo y una tapadera en cerámica común romana. Estaba depositada sobre la U.E. 10006.

III.5. Nivel IV Momento de ocupación tardía. Está formado por las UU.EE. 10100 (habitación 1), 10101 y 10200 (habitación 2). U.E: 10100.- Espacio de forma oval formado por la interfacie interna de la U.E. 10006 al Norte de la cuadrícula S36. Sus dimensiones son de 2,30 x 1,26m. y una profundidad de 0,70m. Cota desde el punto cero ideal entre +1,83 y +1,84m. En su interior la parte Este está relleno por la U.E. 10003, mientras que en la Oeste aparece relleno por una mancha de ceniza (U.E. 10101). U.E. 10101.- Tierra cenicienta con carboncillos que se extiende en una superficie de 0,90 x 1,34m. con una potencia de 0,30m. Cota desde el punto cero ideal +1,21m. Esta unidad estratigráfica que podría ser el suelo de uso de la habitación 1, aportó como material significativo 14 fragmentos de cerámica tosca romana a mano (jarra, cuencos y cazuelas) sin ningún tipo de contaminación. U.E. 10200.- Espacio de forma cuadrangular formado por la interfacie interna de la U.E. 10006 al Sur, Este y oeste de la cuadrícula S36. Tiene unas dimensiones en la zona excavada de 2,74 x 2,70m. Cota desde el punto cero ideal entre +2,05 y +1,83m.

III.7. Nivel VI Lo forma la U.E. 10006, que es una tierra amarilla muy dura y compacta que se extiende por toda la superficie del corte. En ella es donde se excavan las habitaciones 1 y 2 ya descritas. La potencia apreciada de este estrato es de 0,70m. Cota desde el punto cero entre 2,05 y 1,47m. Tras ser documentado, procedimos a rebajar 0,25m. en su lado Norte y una superficie de 1,5 x 1,5m. por 1,68m. de profundidad en su lado Sur. Cubre a la U.E. 10014 de la que hablaremos al tratar la excavación de las cuadrículas T35 y T36. El material proporcionado por este estrato está formado por T.S.G. (formas Dra. 18/31, 33 y 37 decorada), africanas en C2 (Hayes

235

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Figura 3. Tipos anfóricos. Begastri 1991.

Figura 4. Cerámica medieval y moderna. Números reales. Begastri 1991.

50A), cerámica, común gris y tosca a mano romana, y dos pesas de telar troncocónicas completas.

ción de la zona objeto de excavación, los componen las UU.EE. 10014 y 10012. U.E. 10014.- Estructura formada por tierra naranja muy compacta y dura que traba piedras de mediano y gran tamaño a modo de muro. Tiene una altura conservada de 1m. y unas cotas de entre -0,13 y -0,15m. Se asienta sobre la U.E. 10012. Esta estructura cierra el hueco abierto en la muralla del que hablamos en las páginas 1 y 2. U.E. 10012.- Estrato de tierra anaranjada muy dura y compacta que se asienta directamente sobre la roca de base siguiendo la caída de la misma dirección N-S. En su interfacie se aprecian gran cantidad de cerámica incrustada. Solamente se rebajó en una extensión de 1,90 X 0,30m. en la base del muro anteriormente citado como material un fragmento de olla de almacenamiento de cerámica ibérica pintada.

III. EXCAVACIÓN EN LAS CUADRICULAS T35 Y T36

Los trabajos en esta zona dieron como resultado la adición de dos niveles más a los ya propuestos. Uno de ellos de relleno moderno que podemos considerar como un superficial 2 con tres unidades estratigráficas, y el segundo (Nivel VII) formado por dos U.E. III.1. Superficial 2 U.E. 10009.- Tierra marrón de textura granulosa muy suelta y uniforme con inclinación Noroeste Suroeste. Potencia media 0,06m. Cotas desde el punto cero ideal entre -0,14 y 0,17,. Cubre a la U.E. 10010. El material de este estrato se compone de barniz negro del tipo A, cerámica ibérica pintada y de tradición, cerámica gris y común romana, y cerámica vidriada, medieval y fragmentos de hueso. U.E. 10010.- Estrato de tierra gris granuloso y suelta con abundantes raíces y chinarro. Potencia media 0,48m. Cota desde el punto cero ideal -0,24m. Cubre a la U.E. 10011. Aportó tan sólo dos fragmentos de cerámica vidriada moderna. U.E: 10011.- Tierra naranja granulosa muy suelta. Potencia máxima 0,60m., mínima 0,10m. Cota desde el punto cero ideal -0,64m. Cubre a la U.E. 10012. No proporcionó material significativo. III.2. Nivel VII Parece corresponder al momento más antiguo de ocupa-

236

IV. VALORACIÓN DEL MATERIAL EXHUMADO

Por UU.EE. de las 1446 piezas recuperadas el mayor número corresponde, con diferencia, a las aportadas por la U.E. 10008 [fi=0,3554], seguida por las UU.EE. 10000 [fi=0,2558], 10003 [fi=0,892] y 10202 [fi=0,0705] constituyendo el resto de las piezas proporcionadas por las demás UU.EE: el 0,2291 que completa el conjunto. En el cómputo general de las distintas producciones identificadas excluyendo los fragmentos de hueso, la cerámica común romana (jarras, platos, embudos, ollas, etc.) arrojan una altísima frecuencia relativa [fi=0,05044], a la que se unen los vasos grises de cocina [fi=0,0850], y la cerámica romana tosca a mano [fi=0,0749]. La cerámica de tradición ibérica supone un número poco representativo [fi=0,0111],

MEMORIA DE LOS TRABAJOS ARQUEOLÓGICOS REALIZADOS EN EL YACIMIENTO ROMANO DEL «CABEZO ROENAS» (CEHEGÍN, MURCIA)

siendo aún menor la frecuencia relativa aportada por la cerámica ibérica no de tradición [fi=0,0044]. La cerámica medieval, vidriada y loza proporcionan en conjunto una frecuencia relativa significativa que debemos tener en cuenta [fi=0,1521] (fig.4). En cuanto a la cerámica de importación cabe señalar la escasa representatividad de los vasos itálicos [fi=0,0011], al que siguen en orden creciente el barniz negro de los tipos A y B [fi=0,0033], los perfiles gálicos [fi=0,0156], y las producciones africanas [fi=0,0425]. Entre estas últimas destacan por este orden las formas Hayes 67, 81, 91 y 94 en D2 (fig.1), a las que siguen perfiles de los tipos Hayes 76, 67, 59B y 81 en D1 (fig.2), Hayes 23A en A2, Hayes 9 en A1 y Hayes 50A en C2 (fig. 2). Los contenedores están presentes con diez piezas de las cuales dos pertenecen a modelos lusitanos para salazón del tipo Keay XXIII, y 4 ánforas cuyos centros de producción se localizan en el Mediterráneo oriental de la forma Keay LIII y de la que hablaremos en el último apartado de este informe (fig. 3).

TABLA II. FRECUENCIAS DE LAS CERÁMICAS NO FINAS ROMANAS POR Nº DE PIEZAS

PRODUCCIÓN CCR CRTM

UU.EE.

ni

Ni

10000

370

370

fi

451

0,5044

67

0,0749

CRTT

7

0,0078

CRG

76

0,0850

CIP

2

0,0022

CIT

7

0,0078

CIPT

3

0,0035

CIR

2

0,0022

CCOR ANFORAS

4

0,0044

10

0,0111

TABLA III. FRECUENCIAS RELATIVAS POR Nº DE PIEZAS. CERÁMICAS DE IMPORTACIÓN

PRODUCCIONES

TABLA I. FRECUENCIA DE PIEZAS POR UU.EE.

ni

ni

fi

A1

4

0,0044

A2

6

0,0067

C2

5

0,0055

D

1

0,0011

D1

8

0,0089

0,2558

D2

14

0,0156

14

0,0156

fi

10001

44

414

0,0304

TSG

10002

19

433

0,0131

TSI

1

0,0011

2

0,0022

1

10011

10003

129

562

0,0892

CAMPANA A

10004

6

568

0,0041

CAMPANA B

10006

45

613

0,0311

10007

40

653

0,0276

10008

514

1167

0,3554

10009

14

1181

0,0096

10010

2

1183

0,0013

TABLA IV. FRECUENCIA RELATIVA POR Nº DE PIEZAS.

10011

1

1184

0,0006

MEDIEVAL Y MODERNA

10012

1

1185

0,0006

10015

26

1211

0,0179

PRODUCCIONES

10101

16

1227

0,0110

10201

97

1324

0,0670

10202

102

1426

-10101

5

1431

-10102

4

-10103

11

ni

fi

CMV

108

0,1208

CMVI

24

0,0268

0,0705

CVD

11

0,0123

0,0034

CVDI

1

0,0011

1435

0,0027

CVDMO

1

0,0011

1446

0,0076

LOZA

3

0,0033

237

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

TABLA V. FRECUENCIA RELATIVA RESTO PRODUCCIONES EXCEPTO HUESOS

OTRAS PRODUCCIONES

ni

fi

MONEDAS

2

0,0022

METAL

7

0,0078

E. CONSTRUCTIVO

50

0,0559

USO DOMESTICO

6

0,0067

VIDRIO

6

0,0067

CONCHA

2

0,0022

V. INTERPRETACIÓN Y CRONOLOGÍA

En base a lo excavado y en función de los elementos estructurales, y muebles asociados a los depósitos estratigráficos descritos, hemos podido individualizar cinco fases de ocupación del yacimiento en esta zona, que avanzamos como una hipótesis de trabajo, siempre sujeta a las modificaciones que posteriores campañas pueden introducir. Fase I En ella se incluyen las UU.EE. que forman el nivel II, correspondientes a unas estructuras de habitación realizadas como hemos visto con argamasa de cal, levantadas una vez colmadas y abandonadas las construcciones que hemos identificado como tardías. La cronología de esta fase es aún difícil de precisar, puesto que el materia no es suficientemente significativo, no obstante la presencia de cerámica vidriada (actualmente en estudio) y los materiales empleados en la edificación de esta habitación, nos inclinan a situar esta fase al menos en un periodo aún impreciso de época medieval. Fase II. Corresponde por el momento, al último periodo de ocupación tardoantigua de la zona que nos ocupa. La integran las UU.EE. del nivel IV, que forman parte de un establecimiento del que hemos excavado hasta ahora parcialmente dos habitaciones (UU.EE. 10100 y 10200). La técnica empleada en la construcción de estos espacios es simple, se aprovecha un estrato de abandono anterior (Nivel VI=U.E. 100006) compuesto por una tierra amarilla compacta y dura pero fácil de trabajar en la que se excavan las habitaciones. Cronológicamente los materiales aportados por la U.E. 10101 de esta fase consisten exclusivamente en cerámica romana tosca a mano, entre los que se encuentran perfiles adscribibles al grupo 7 de Reynolds(2) cuyas formas aparecen al ini-

238

ciarse el siglo VI, y que según el autor se encuentran bien representadas en los yacimientos en altura del valle del Vinalopó, estando menos presente en establecimientos en llano(3). Fase III Está representada por la U.E. 10015 del nivel V, a la que corresponden los restos del techo desplazados de alguna gran construcción, y en cuya argamasa se encuentra incrustados con el fin de disminuir el peso de éste restos de ánforas de los tipos Keay XXIII y Keay LIII. A pesar de lo exigua representatividad de esta fase, es quizás la mejor datada y la más interesante de las hasta ahora documentadas. El tipo Keay LIII es un contenedor posiblemente oleario que según este autor tiene como centro de producción principal el área de Antioquía, aunque también pueden fabricarse en Lesbos, Chipre, Eubea y Norte de Siria(4). Su presencia en nuestro yacimiento con el Mediterráneo oriental que se añaden a los ya conocidos con el Norte de África, cuya frecuencia e importancia se irán haciendo patentes en futuras campañas de excavación. Se comienza a producir en el Norte de África según Keay en la segunda mitad del siglo V, proponiendo una fecha para los ejemplares hispanos de finales del siglo V y siglo VI d.C.(5). En Marsella aparecen entre el 425-450, llegando incluso hasta la primera mitad del siglo VII(6). Recientes excavaciones realizadas en Tarragona han modificado la fecha de llegada de estas ánforas a la península, situándola en un momento impreciso de la primera mitad del siglo V d.C.(7). En Cartagena se han encontrado en la calle Duque en contextos de mediados del siglo VI y comienzos del VII(8), y calle Palas con materiales de los siglos V al VII d.C.(9). En nuestro caso la asociación de estas ánforas con envases lusitanos para salazón del tipo Keay XXIII cuya cronología abarca desde el segundo cuarto del siglo III, hasta la mitad del V d.C., hace que sea este último periodo en el que conviven ambas formas, el momento que consideramos como fecha probable para la fase III(10). Fase IV Corresponde al abandono y derrumbe de posibles viviendas situadas en la parte alta del cerro, y de la que únicamente queda como vestigio un potente estrato de tierra anaranjada dura que conforma lo que hemos denominado nivel VI (U.E. 10006), y en el cual se excavan las habitaciones de la fase II. Su carácter doméstico viene dado por el tipo de material recuperado durante su excavación, que

MEMORIA DE LOS TRABAJOS ARQUEOLÓGICOS REALIZADOS EN EL YACIMIENTO ROMANO DEL «CABEZO ROENAS» (CEHEGÍN, MURCIA)

comprende dos pesas de telar completas y fragmentos de jarras, platos y ollas de cerámica común. La cerámica de importación proporciona una fecha para esta fase de entre mediados del siglo II y mediados del siglo III llegando posiblemente hasta inicios del siglo IV d.C. (11). Fase V Es la última de las documentadas. La conforman las UU.EE. del nivel VII, que incluyen, como hemos visto un posible muro de piedras trabadas con tierra muy compacta y dura (U.E. 10014), y un pequeño estrato del mismo tipo de tierra (U.E. 10012) que descansa sobre la roca y sobre el que se asienta el anterior. La funcionalidad originaria y posible reutilización en su caso de esta estructura, está aún por determinar. En cuanto a su cronología, queda a la espera de que se excave completamente la U.E. 10012 en cuya interfacie se aprecian incrustados numerosos fragmentos de cerámica. No obstante la fase IV marca un techo para el fin de la vida de la V en torno a la mitad del siglo II. d.C.

NOTAS (1) M. BATS-C.A. CHAZELLES-J.L. FICHES-P. POUPET. M. PY ouillle Programmee a Lattes (Hèrault). Lattes 1984. (2) REYNOLDS, P. “Cerámica tardorromana modelada a mano de carácter local, regional y de importación de la provincia de Alicante” en LUCENTUM IV, Alicante 1095, pp. 254-257. (3) REYNOLDS, P. op. cit. pp. 261-262. (4) KEAY, S, J. Late Roman Amphorae in the Western Mediterranean. A typology and ecoonomic study: the Catalan evidence. Oxford 1984, pág. 271. (5).KEAY, S. J. op. cit. pp. 271-278. (6) BONIFARY, M. “Observations sur les amphores tardives à Marseille d`apres les fouilles de la Bourse (1980-1984)” Revue d àrchéologie de Narbonnaise, 19, París 1987, pp. 269-305. (7) TED’A. Un abocador del segle V d.c. en el Forum provincial de Tàrraco, Tarragona 1989, pp. 280-283. (8) LAIZ REVERTE, Mª, D. - BERROCAL CAPARROS, Mª, C. “Un vertedero tardío en C/. Duque, 33” Antigüedad y Cristianismo VIII, Murcia 1991, pp. 336-337. (9) ROLDAN BERNAL, B. - LÓPEZ CAMPUZANO, M. - VIDAL NIETO, M. “Contribución a la historia económica de Carthago-Nova durante los siglos V y VI d.C.: el vertedero urbano de la calle Palas” Antigüedad y Cristianismo VIII, Murcia 1991, pág. 314. (10) Para la cronología de la forma Keay XXIII ver PÉREZ BONET, Mª A. “La economía tardorromana del sureste peninsular: el ejemplo del Puerto de Mazarrón (Murcia)” Antigüedad y Cristianismo V, Murcia 1988, pp. 476-477. (11) Con respecto a las formas gálicas Drag. 18/31, 33 y 37 ver HOFMANN, B. La ceramique sigillée, París 1986, pp. 57, 59 y 64-65.; OSWALD, F. - PRECE, D.T. Introduction a L’etude de la ceramique sigillé Avignon, 1984, pp. 120-123, 130-131 y 58-61. En cuanto al material africano véase Hayes, J.W- Late Roman Pottery, Londres 1972, pp. 69-73.; CARANDINI, A. - SAGUI, L. “Produzione C.” en Atlante delle forme ceramiche, I. Cerámica fine romana nel bacino Mediterraneo (Medio e Tardo Impero), Roma 1981, pp. 65-66.

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EL VERTEDERO Y LA NECRÓPOLIS TARDÍOS DE LA C/. SAN VICENTE (PUERTO DE MAZARRÓN, MURCIA)

María de los Ángeles Pérez Bonet

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1995

EL VERTEDERO Y LA NECRÓPOLIS TARDÍOS DE LA C/. SAN VICENTE (PUERTO DE MAZARRÓN, MURCIA)

MARÍA DE LOS ANGELES PÉREZ BONET Museo Nacional de Arqueología Marítima

Resumen: Durante la excavación se documentó un área de necrópolis con un total de 7 sepulturas que puede ponerse en relación por su proximidad con la ya conocida de La Molineta, con la que concuerda también en tipología de sepulturas y rito funerario. Con posterioridad al

abandono del lugar como necrópolis se utilizó como vertedero. En este se han documentado varios estratos de utilización, llegando a una potencia máxima de 2 metros.

I. ANTECEDENTES

rebajado una parte del vertedero, dejando al descubierto en gran parte la roca de base donde se excavaron las fosas, cuyo buzamiento, en dirección E-W, permitió que las zonas más bajas fueran rellenadas con desechos orgánicos y cerámicos, formando el vertedero. La excavación se planteó, por tanto, con estas premisas y el procedimiento habitual: un eje de coordenadas que ordene la superficie a excavar y cuadrículas de 5x5 m. que situaran los hallazgos que se fueran produciendo.

La construcción de una Iglesia de nueva planta en el Puerto de Mazarrón, en la pequeña colina donde hasta hace pocos meses se levantaba la Parroquia de San José, y las necesarias remociones de tierra que reflejaba el Proyecto de su construcción, así como la proximidad de la misma a áreas concretas del casco urbano ocupadas por una extensa Necrópolis -la de La Molineta, parcialmente excavada-, motivaron que el Servicio de Patrimonio Histórico de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia decidiera la realización de una actuación de urgencia. Estos trabajos comprendían la limpieza y, en su caso, la excavación del solar. Los trabajos de limpieza pusieron al descubierto la existencia de algunas tumbas excavadas en la roca y, en la parte baja del solar, un inmenso vertedero, ambos de cronología tardorromana.

III. ESTRATIGRAFÍA Y PROCESO DE EXCAVACIÓN

La dualidad de carácter de los restos encontrados ha obligado a la excavación independiente de ambos; así, en una primera fase se excavó la zona de Necrópolis y, posteriormente, el área de vertedero. Lo expondremos, también, de forma independiente: III.1. VERTEDERO

II. PLANTEAMIENTO DE LA EXCAVACION

La limpieza exhaustiva que ya se había realizado había dejado al descubierto a la mayoría de las tumbas, y había

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El vertedero ocupa, en su longitud mayor, 21 m. de los 36 m. de longitud total del solar, y una anchura máxima en su parte más baja de 9 m. Se extiende por toda la parte baja

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Planta General de la Necrópolis.

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del mismo, esto es, la mitad NW, rellenando la pendiente que constituye la ladera de la pequeña colina sobre la que se extiende la necrópolis. Comienza ya sobre las sepulturas 70, 71 y 74, que están cubiertas por los últimos estratos de deposición del vertedero, y adquiere su máxima potencia en la parte final del solar, por lo que previsiblemente rebasará por el Oeste los límites del mismo. Su potencia máxima se sitúa en torno a los 4 m. El vertedero está formado por las UU.EE. 1000, 2000, 2001, 2002, 2003, 2004, 2007, 3001, 3002 y 4003, que indican diferencias en la textura o color de la tierra de la que está formada cada unidad, pero no diferencias detectables en los abundantes restos cerámicos y óseos depositados en el mismo. A falta de un estudio en profundidad de las cerámicas recuperadas, haremos mención de las más significativas, que puedan posibilitar la datación del mismo y, por tanto, el periodo en el que ya la necrópolis está amortizada. El contexto cerámico viene dado por la presencia de ánforas de producción local del tipo spatheia, africanas de los tipos Keay XXV, XXVII, XXXV, LV y LXII, lusitanos del tipo Almagro 51 C y orientales del tipo LR4. Es notable la presencia de T. S. Africana de las formas Hayes 59, 61 A y B, 62A, 76, 80 B, 81 A y B, 87 A, 91 B, 99 A y B, 104 A, Atlante tav. XLVI,6, y una jarra de la forma Boninu 1971-72, fig. 39. Junto a todo ello, son numerosos los fragmentos de cerámica de cocina común y tosca. Varias monedas de módulo pequeño completan el conjunto material del vertedero. La única forma producida en T. S. Africana A es la forma Boninu, 1971-72, fig. 39, cuya datación es del siglo II-III (CARANDINI-TORTORELLA, 1981a, 46). De todas ellas, las formas de T. S. Africana D más tempranas son las Hayes 59 B, 61 A y B, 76, 91 B y 62 A. Las cuatro primeras se encuentran en uso ya en el segundo cuarto del siglo IV, y todas están en uso en pleno siglo V, excepto la forma 62, que parece dejar de fabricarse hacia el 425. Los contextos más tempranos para la forma Hayes 91 se fechan en las excavaciones llevadas a cabo en la Misión Italiana en Cartago en los años 320-360 (CARANDINI-TORTORELLA, 1981b, 83, 106). La forma Hayes 62 A se data desde mitad del siglo IV (HAYES, 1972, 109; CARANDINI-SAGUÍ, 1981, 6162). La desaparición de la forma Hayes 62 se data en el 425 (HAYES, 1972, 109; CARANDINI-SAGUI, 1981, 61-61). Para la forma Hayes 61 se daba una datación final de 400/425 (HAYES, 1972, 107). Sin embargo, Fulford sitúa el floruit de la forma entre los años 475-500 (FULFORD, 1984, 49), y en

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general se puede aceptar que se encuentra en uso durante el siglo V (CARANDINI-TORTORELLA, 1981, 84). La datación más tardía para la variante B la proporciona la fase 9.2 del Teatro romano de Cartagena, donde se data entre los años 525-535 (RAMALLO ASENSIO et alii, e. p., 37). La forma Hayes 59 se produce, según Hayes y Carandini-Tortorella hasta los primeros años del siglo V (HAYES, 1972, 100; CARANDINI-TORTORELLA, 1981b, 83). Sin embargo, se encuentran en Conimbriga en estratos datados entre los años 465/468 (CONIMBRIGA IV, 1975, 270). Por último, para la forma Hayes 91B se propone una datación final de los primeros años del siglo VI (HAYES, 1972, 144; FULFORD, 1984, 65; CONIMBRIGA IV, 1975, 270). Las excavaciones de la Misión Italiana en Cartago proporcionan las fechas más tempranas para la forma Hayes 76, entre 360-440 (CARANDINI-TORTORELLA, 1981b, 90). Por estas mismas fechas (360-450) se están fabricando en el horno de El Mahrine (MACKENSEN, 1985, 29-39). En pleno siglo V se datan en otros contextos: 400/425 hasta 475/500 en Cartago (FULFORD, 1984, 57); 465/468 en Conimbriga (CONIMBRIGA IV, 1975, 265, nª 92-96); Hayes propone también una datación del siglo V, 425-275 (HAYES, 1972, 125). La misma fecha de inicio se ha propuesto para la forma Hayes 80, que aparece en las excavaciones de la Misión Italiana en Cartago en las mismas fechas que la forma 76, 360-440 (CARANDINI-TORTORELLA, 1981b, 104). De forma similar, los investigadores de la Misión Británica en Cartago las datan entre 400/425-475/500. Para Hayes esta forma debe datarse a inicios del siglo V (HAYES, 1977, 283). Las fechas más tardías para esta forma en un contexto cercano la proporciona la fase 8.1. del Teatro romano de Cartagena, datada entre 475-525 (RAMALLO et alii, 1995, e. p.). Otro tanto sucede con la forma Hayes 81, cuyas dataciones son similares en todos los casos, con la excepción de Hayes, que la lleva hasta la segunda mitad del siglo V (CARANDINITORTORELLA, 1981b, 104; FULFORD, 1984, 57, HAYES, 1972, 128). Las demás formas -Hayes 87 A, 99 A y 104 A- comienzan a producirse ya en el siglo V, y perduran hasta el siglo VI. Así, la forma 87 A se data en Cartago en los años finales del siglo V o poco después, según los datos de la Misión Británica (FULFORD, 1984, 63), y en la segunda mitad del siglo V según Hayes (1972, 136) Y Carandini-Tortorella (1981b, 94). En el Palatino se documenta en contextos del 430-440 (WHITEHOUSE et alii, 1982, 61), dando la datación más temprana. A partir de la segunda mitad del siglo V se data tam-

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bién la forma Hayes 99 A y B. Así en Tarragona (AQUILUE I ABADIAS, 1989, 139), en Porto Torres, donde en general son posteriores al periodo 400-460 (VILLEDIEU, 1984, 128), en Conimbriga, donde aparecen en los contextos datados en 465/468 (CONIMBRIGA IV, 1975, 270-271), o en Cartago, donde se datan entre 475/500-575 (FULFORD, 1984, 71). En el Teatro Romano de Cartagena aparece en un contexto datado entre 475-525 (RAMALLO et alii, e. p.) La forma 104 A se data en Cartago entre 530-600/625 (FULFORD, 1984, 7374); Hayes le da una cronología de 530-580 (1972, 166). Sin embargo, en el alfar de El Mahrine se producen entre 460-489 (MACKENSEN, 1985, 32), y en Conimbriga se encuentran en los contextos datados entre 465-468 (CONIMBRIGA IV, 1975, 270). La forma más tardía es la Atlante XLVI, 6, documentada en Cartago entre fines del V-inicios del VI y el 550 (CARANDINI-TORTORELLA, 1981b, 100). Las producciones anfóricas más tempranas son las ánforas béticas de la forma Almagro 51c, las africanas de las formas Keay XXV y XXVII, y la oriental de la forma L. R. 4. El ejemplar más temprano de la forma Almagro 51c se documenta en Tipasa, y se data en el siglo II d. C. En Cataluña la mayoría de los ejemplares, procedentes del Cementerio Paleocristiano de Tarragona, se encuadran entre principios del siglo IV y mitad del siglo V d. C.(S. J. KEAY, 1984, 178). En Ostia se documentan hacia el segundo cuarto del siglo III d. C. (MANACORDA, 1977, 142-145). Los ejemplares de Cabrera III se datan, como el pecio, en el siglo III d.C. (GUERRERO-COLLS-MAYET, 1987, 24), y los de L’Anse Gerbal en el siglo IV (CHEVALIERSANTAMARÍA, 1971, 7). En Sao Cucufate (Beja) un ejemplar de dimensiones pequeñas se data a mitad del siglo V d. C. (MAYET, 1990, 33). Así, esta forma parece comenzar a fabricarse hacia mitad del siglo III, manteniéndose en los mercados hasta mitad del siglo V d. C. El ánfora del tipo Keay XXV está claramente documentada formando parte de las producciones del Sahel, en la zona central de Túnez, en un período de tiempo comprendido entre los siglos III-V d. C. Así, se fabrican en El Hri 1 desde finales del III o principios del IV hasta quizá mitad del V (PEACOCK-BEJAOUNI-BEN LAZREG, 1989, 190-191, fig. 22, y 1990, 61-84), en Salakta se fabrica en poca proporción, pero calificada como significativa, ya que concreta su fabricación desde el siglo IV hasta posiblemente mitad del V (PEACOCK-BEJAOUNI-BEN LAZREG, 1989, 192-194, y fig. 28). Las ánforas de la forma Keay XXVII aparecen asociadas generalmente a ejemplares del tipo XXV en muchos yacimientos, lo que proporciona una datación similar para

ambos contenedores. En Cataluña se han documentado bajo un pavimento fechado antes del siglo VI, y se encuentran datadas entre principios del siglo IV y mitad del V en el cementerio paleocristiano de Tarragona (KEAY, 1984, 224). En Marsella se encuentran en estratos de la primera mitad del siglo V (BONIFAY, 1986, 269-305). En Cartago se documenta como una forma importante en contextos fechados entre 450-525 (PEACOCK, 1984, 130). Las ánforas de la forma L. R. 4 se encuentran en el vertedero de Villa-Roma, de los años finales de la primera mitad del siglo V (REMOLÁ-ABELLÓ, 1989, 284-287), y en Cartago (PEACOCK, 1984, 121 y fig. 33), si bien es minoritaria. Su importación alcanza los valores más altos en los contextos del grupo 2, datados c. 550 d. C.. En la Cripta Balbi se encuentra en contextos datados entre los años 410-480 y en el templo de la Magna Mater entre los años 390-480, con proporciones similares en todos los periodos (CARIGNANIPACETTI, 1989, 12 y fig. 2). En Marsella se encuentran en los periodos 1, 2B y 3, cubriendo los siglos V-VII, si bien en este último es francamente minoritaria (BONIFAY, 1987, fig. 3, 10, 14). Sin embargo, a Francia comienzan a llegar, según los ejemplares de Lión, a finales del siglo IV e inicios del V d. C. (BONIFAY-VILLEDIEU, 1989, fig. 1). Desde mitad del siglo V se encuentran en los mercados mediterráneos las formas Keay XXXV y LXII. Así, la cronología de la primera viene propuesta por Keay en base a los hallazgos catalanes y tunecinos. En el primer caso, el cementerio paleocristiano de Tarragona proporciona dataciones entre mitad del siglo V y finales del VI. Posteriores a esta fecha son los hallazgos de Cartago, que se interpretan como residuales (KEAY, 1984, 233-240). Está presente tambien en Vila.roma, cuya cronología es de finales de la primera mitad del siglo V (REMOLA-ABELLO, 1989, 261-263). Los trabajos sobre el Sahel, en el área central de Túnez, han permitido identificar algunos de los hornos que las fabricaban, constituyendo posiblemente uno de las últimas producciones de éstos, que se abandonan, como muy tarde, a fines del V (PEACOCK-BEJAOUNI-BEN LAZREG, 1989,179-222, y 1990, 61-84). A ello hay que añadir los ejemplares de Marsella, donde constituyen uno de los grupos más numerosos en los contextos datados en la primera mitad del siglo V d. C. (BONIFAY, 1986, 269-305). La forma Keay LXII comienza a producirse en la segunda mitad del siglo IV, como han puesto de manifiesto las prospecciones realizadas en el área del Sahel. El resultado es la localización de bastantes talleres, que fabrican diferentes

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variantes: así, entre el segundo cuarto del siglo IV y principios del VI las variantes LXII A y LXII G se fabrican en Henchir Krechem (PEACOCK, BEJAOUI, BEZLAZREG, 1989, 183-184 y fig. 7); en el área 1 de Kenchir ech Chekaf se fabrican las variantes A y B, datadas entre el segundo cuarto del siglo V y principios del VI, y entre mitad del V y el VI respectivamente; en el área 2 del mismo alfar se producen las variantes A y O, con dataciones similares (ID. 1989, 184-186, fig. 9). En Cataluña los primeros ejemplares datados proporcionan una cronología del segundo cuarto avanzado del siglo V, y proceden del vertedero de Villa-roma y de la necrópolis del Parque de la Ciudad, ambos en Tarragona (REMOLÀ-ABELLÓ, 1989, 267), rebajando así la datación de inicio de las importaciones en este área propuesta por Keay, que la situaba entre los inicios y la mitad del siglo VI (KEAY, 1984, 348). También entre el 450-475 se datan los ejemplares de Cartago (PEACOCK, 1984, 133 y Fig. 40, 68-70). También en Cartago los excavaciones italianas han fechado esta forma entre el segundo cuarto del siglo V y los inicios del VI (Keay, 1984, 349). Entre el 430-440 se datan los de la Schola Praeconum de Roma (WHITEHOUSE et alii, 1982, 76, fig. 10, 129). En Cartagena se documentan en las fases 8.2, 9.2, 10.5, 10.4, 10.3 y 10.2 del teatro romano, datadas entre 400/450 y 590/625 donde se datan en la primera mitad del siglo V (RAMALLO ASENSIO et alii, e.p. 37), y en el vertedero tardío de la C/ Duque, 33 (LAIZ REVERTE-BERROCAL CAPARRÓS, 1991, 321-340), cuya datación se debe centrar en la segunda mitad del siglo VI d. C. Los numerosos ejemplos de spatheia recuperados lo hacen el envase mejor representado de todos los que aquí tratamos, como suele ser habitual en todo el Puerto de Mazarrón, ya que se produce en el mismo yacimiento (RAMALLO ASENSIO, 1985, 435-442). La datación de los spatheia en el conjunto del Mediterráneo abarca una cronología amplia, entre los siglos IV-VII d. C. Así, los ejemplares de Cartago, de producción africana, se documentan en contextos desde el 400-425 hasta el 550 (PEACOCK, 1984, 135 y fig. 42, 100103). En Cataluña la cronología depende de la variante de Keay de que se trate. La variante C se documenta en la Torre de La Audiencia, en Tarragona, en un contexto en el que la datación más tardía es de finales del siglo VI. La datación del resto de las variantes es similar, si bien hay pocos elementos concretos para su datación (KEAY, 1984, 215-219). Los ejemplares documentados en Marsella, de tamaño mayor que los producidos en Mazarrón -su diámetro de boca oscila entre 10-12 cm.- se recuperan en estratos datados entre el segundo

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cuarto o mitad del siglo V d. C. y el periodo 3, datado posiblemente en el siglo VII d. C. (BONIFAY, 1986, 270-271). En Classe, como aquí, constituyen uno de los grupos más numerosos, y está claramente documentada la producción local a partir de piezas con defectos de cocción. Están presentes en todos los estratos del horno, entre el siglo V y el VII d. C. (STOPPIONI, 1983, 133). En todo caso están en uso hasta la segunda mitad del siglo V y los primeros años del VI. Por todo lo visto, proponemos una cronología para la formación del vertedero entre la segunda mitad del siglo V e inicios del VI. Es posible que haya que llevar la fecha final de las ánforas Keay XXV y XXVII hasta la segunda mitad del siglo V, así como la de la Almagro 51 C. Por lo que respecta a las cerámicas africanas de engobe rojo, excepto el ejemplar de la forma Boninu 1971-1972, fig. 39, cuya datación hace que debamos considerarla residual, y los de la forma Hayes 62A, los demás elementos se encuentran en pleno uso en la segunda mitad avanzada del siglo V, y en algunos casos no aparecen en los mercados hasta inicios del siglo VI, como es el caso del ánfora de la forma Keay LV y la T. S. Africana de la forma Atlante XLVI, 6. El contexto cerámico de este vertedero es bastante similar al del vertedero del Cine Serrano, muy próximo a él, y podemos considerarlo el paralelo más próximo, si bien el que estudiamos aquí presenta menos variedad formal tanto en lo que se refiere a T. S. Africana como en lo que respecta a las ánforas. Así, se encuentran en el Cine Serrano T. S. Africana de las formas Hayes 59 B, 62 A, 63, 61 B, 67, 80 A y B, 91 B y C, 93 B, 99 A, 103 B y 104 A, y ánforas de las formas Keay XXIII, XXXV, XXVI, XIX, LV y XXV, además de abundantes ejemplares de spatheia de producción local, por lo que se dató la formación del basurero en el siglo V d. C. (AMANTE SÁNCHEZ, 1994, 226-227). III.2. NECRÓPOLIS

El área de necrópolis se sitúa en la zona rocosa más alta, al Noreste, albergando seis sepulturas y restos de una séptima. Éstas se numeran, siguiendo un orden correlativo con las ya excavadas en la Necrópolis de La Molineta, con los números 69 a 75. Todas ellas presentan una tipología ya conocida en áreas diversas de la necrópolis de La Molineta: son simples fosas de planta ovalada excavadas en la roca, donde el cadáver se sitúa en decúbito supino. Además de ellas, es de destacar la presencia de un posible panteón. La excavación de las mismas dio los siguientes resultados:

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- Sepultura 69 Es una fosa simple excavada en la roca, de forma oval, que alberga un solo esqueleto adulto, bien conservado. Está orientada exactamente en dirección N-S, con la cabeza hacia el Sur. La cubierta está formada por grandes lajas de piedra sobre las que se sitúa una capa de piedras de menor tamaño trabadas con argamasa (U.E. 1002). El espacio que queda desde ésta a la superficie de la roca se rellena con roca disuelta procedente de la excavación de la fosa en la roca, que da una tierra amarillenta con gran abundancia de chinarro (U.E. 1001). Inmediatamente bajo las lajas que forman la parte baja de la cubierta se sitúa el esqueleto. Esta parte de la fosa está rellena con el mismo tipo de tierra que cubría la cubierta (U.E 1003). Los materiales recuperados de la excavación de esta fosa son los que siguen: - U.E. 1001: tres fragmentos de borde de la misma olla de cerámica común. Uno de ellos conserva un asa horizontal. - U.E. 1002: Un fondo de T. S. Sudgálica con un sello en el que se puede leer FELIX/ R. ASINI, en dos líneas, encerrado en una cartela cuadrangular. La pieza parece estar recortada con el fin de aislar sólo el sello y su leyenda.

en el terreno natural. La cubierta se realiza por medio de un encachado de piedras de pequeño tamaño trabadas con tierra (U.E 3002), que cubre no sólo la fosa sino una parte del suelo de la sepultura situado al E de la misma. Cubriendo la zona donde se sitúa el encachado se localiza un estrato de tierra marrón clara (U.E 3001), restos del vertedero que cubrió la necrópolis tras su abandono. Los materiales recuperados de la excavación de esta sepultura fueron únicamente los huesos quemados de la U.E. 3003

- Sepultura 70 Se encontró en muy mal estado de conservación, pero los restos recuperados podrían interpretarse como un panteón. En efecto, es de planta rectangular de 2’70 m. de lado, delimitada por cuatro recortes de la roca sobre los que se levantan los muros que la formaban, y de los que sólo se conserva parte del alzado en dos. La inhumación se deposita en una fosa de forma oval y orientación N-S realizada junto a la cara interna del muro Este, que albergaba un solo esqueleto removido de antiguo, cuyos huesos se amontonaban en la parte N de la misma, dejando espacio para un segundo esqueleto, que no llegó a depositarse. Los muros están realizados a base de piedras medianas y pequeñas trabadas con tierra. Su cubierta está realizada a base de un encachado de piedras de pequeño tamaño trabadas con tierra, que cubre no sólo la fosa, sino también el espacio que resta hasta el muro este del panteón. En el área Norte se localizan los restos de un fuego -tierra quemada con huesos y cenizas, U.E. 3003- que podrían interpretarse como los restos de un banquete funerario. Está rellena de una tierra amarillenta con abundancia de chinarros (U.E. 3004), producto de la excavación de la fosa

- Sepultura 72 De las mismas características que las anteriores, se encuentra muy deteriorada debido a su situación bajo uno de los muros que constituían la antigua parroquia. De ella sólo se ha recuperado un cráneo infantil, localizado al N, que constituye el único resto del esqueleto depositado en la misma.

- Sepultura 71 Es una fosa simple excavada en la roca, con dirección N-S, que alberga dos esqueletos adultos, uno removido y amontonado en el extremo S, y el otro en decúbito supino, con la orientación normal y rodeado por los clavos de la caja que lo contenía. Está rellena por una tierra marrón clara y arenosa, donde se depositan los esqueletos (U.E 4002). No conserva cubierta. De la excavación de esta fosa no se recupera ningún tipo de material, a excepción de los clavos de hierro, indicadores de la inhumación del cadaver en un ataud.

- Sepultura 73 Como la anterior se encuentra muy deteriorada, conservando sólo las huellas de su trazado por el recorte de la roca, que constituía el fondo de la fosa. No ha aportado restos humanos ni materiales, ya que está situada, como la anterior, bajo uno de los muros de la Parroquia, que la toca más de lleno. - Sepultura 74 Se encuentra situada en una de las zonas de caída de la roca. Está constituida por una fosa simple excavada en la roca, con la misma orientación que las anteriores, y alberga un solo esqueleto depositado en decúbito supino, con la cabeza al S.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Está rellena de una tierra amarillenta intensa con chinarro, que constituye la roca disuelta procedente de la excavación de la fosa (U.E. 7000), donde se deposita el esqueleto. No conserva cubierta. Los materiales recuperados de la excavación de esta sepultura son: - U.E. 7000: clavos de hierro procedentes del ataúd, y un collar de cuentas de pasta vítrea y hueso, compuesto por cien cuentas circulares y tres ovaladas de pasta vítrea, y dos cilíndricas y finas de hueso, que se disponían alrededor del cuello del esqueleto, y constituyen el único ajuar de la tumba. - Sepultura 75 Se localiza en la zona más baja de la roca, bastante alejada de las demás hacia el NW. Está orientada de forma diversa a las otras, en dirección SE-NW. Se excava, como las demás, en el terreno natural y alberga un solo enterramiento en decúbito supino, en muy mal estado de conservación, debido al peso soportado por la entrada en el solar de una pala mecánica de grandes dimensiones. No conserva cubierta. En su interior se localiza un estrato de chinarro blanquecino (U.E. 8000), correspondiente a la roca disuelta donde se excava la fosa. Bajo él, un segundo estrato, formado por el mismo tipo de tierra, de color marrón rojizo muy intenso (U.E. 8001), deja al descubierto el esqueleto. Los materiales recuperados de la excavación de esta fosa pertenecen en su totalidad a la U.E. 8001 y constituyen el ajuar con que se enterró al cadáver: un alfiler de hueso con cabeza ovalada, localizado al lado del cráneo, y una taza monoansada y un cuenco, depositados a los pies, de cerámica común, muy fragmentados. Por otra parte, en diferentes lugares, y en el espacio rocoso que queda entre las sepulturas se han individualizado restos de hasta cuatro fogatas, y algunos agujeros circulares en la roca, en ocasiones rellenos de huesos quemados y cenizas. Por último, una fogata del tipo descrito se ha excavado en el interior de la sepultura 70, al exterior de la fosa. Por lo que llevamos expuesto, una de las primeras consideraciones a exponer sobre la necrópolis es la ausencia de restos claramente datables, que pudieran definir un espacio temporal de uso claro del área como cementerio. La datación vendrá, por tanto, relativizada por la cronología de formación del vertedero, formado entre la segunda mitad del siglo V e inicios del VI, con posterioridad al uso de este espacio como necrópolis.

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El rito de enterramiento es la inhumación, constatándose en algunos casos -sepulturas 71 y 74- el uso de ataudes de madera, de los que se han conservado los clavos. En los demás casos es posible que la inhumación se produjera envolviendo al cadáver en un sudario. Es más frecuente el uso de inhumaciones simples, y sólo se ha constatado una doble. El ritual funerario se completa posiblemente con la práctica de un banquete, testimonio del cual podrían ser las distintas fogatas localizadas entre las tumbas y en el interior del panteón que hemos llamado tumba 70. Los ajuares son tambien escasos: sólo se constatan en las sepulturas 69, 74 y 75. En la primera se enterró al cadáver con un sello encuadrado en una cartela rectangular recortado de un T. S. Sudgálica en el que se lee FELIX/R. ASINI. No creemos que se pueda dar valor cronológico a esta pieza, toda vez que las demás características -e incluso los demás ajuares- parecen definirla claramente como bajoimperial. De la sepultura 74 se recuperó un collar de cuentas paralelizable con otros ejemplares conocidos en la región, procedentes de las necrópolis tardías de El Corralón (Los Belones, Cartagena), el Cerro de La Almagra (Mula), o La Mezquita (Mazarrón) (RAMALLO ASENSIO, 1986, 143-147). La orientación de las fosas, excepto en la número 75, es exacta N-S, situándose el esqueleto con la cabeza al Sur y los pies al Norte. La número 75 se orienta en dirección SE-NW, y el esqueleto con la cabeza al SE. Ninguna de ellas presenta recubrimientos interiores, y, excepto las sepulturas 69 y 70, ninguna conserva cubierta. Por todo lo expuesto, los elementos concordantes con la necrópolis de La Molineta, a escasa distancia de este área funeraria, son abundantes, tanto por el rito de enterramiento como por los ajuares y los tipos de tumbas, lo que podría permitirnos asimilar este espacio a esta necrópolis. La datación, además, concuerda claramente con ella: si bien no hay elementos claros para fechar el periodo de uso de La Molineta como espacio funerario, sí hay elementos que sitúan el periodo de amortización del mismo en pleno siglo V, en concreto en la c/ Pedro Pérez (AMANTE SANCHEZ, 1994, pp. 248-249). La única diferencia clara con La Molineta se refiere al ritual funerario del banquete, que no se ha documentado claramente en ella. Por todo ello, y a falta de realizar más intervenciones en el área que separa ambos espacios funerarios, podríamos admitir con las debidas reservas que el espacio funerario de la C/. San Vicente forma parte de la necrópolis de La Molineta.

EL VERTEDERO Y LA NECRÓPOLIS TARDÍOS DE LA C/. SAN VICENTE (PUERTO DE MAZARRÓN, MURCIA)

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INFORME PRELIMINAR DE LA EXCAVACIÓN REALIZADA EN EL SOLAR DE LA C/. CORREDERA Nº 65-67 DEL PUERTO DE MAZARRÓN

Manuel Amante Sánchez

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1991

INFORME PRELIMINAR DE LA EXCAVACIÓN REALIZADA EN EL SOLAR DE LA C/. CORREDERA Nº 65-67 DEL PUERTO DE MAZARRÓN

MANUEL AMANTE SÁNCHEZ

Resumen: Durante la excavación se identificaron una serie de estructuras que se articulan en cuatro fases, entre mediados del s. I d.C. y el primer cuarto del s. V d.C. La fase III parece relacionarse con la vecina

factoría de salazones conservada en los bajos del edificio Insignia, tal vez un edificio de almacenes dependiente de aquélla.

ANTECEDENTES

tado Norte Sur en cuadrados de 5 x 5 m. Al eje «X» se le dieron números positivos desde el punto de la intersección de ambos ejes hacia el Sur, y números negativos desde el mismo punto hasta el Norte, y al eje «Y» se le asignaron letras positivas desde la intersección de ambos ejes hacia el Este y negativas desde este punto hacia el Oeste. Una vez realizado este trabajo comenzamos la excavación del solar que se centró en las cuadrículas: -1B, -2B, -3B, -1C, -2C, -1-A y +1C. El resultado de estos trabajos han puesto a la luz un total de cuatro espacios delimitados por sus correspondientes muros, que hemos denominado habitaciones 1 a 4, y los restos de una canalización excavada en la roca. La cronología de estos restos como se verá en el apartado de interpretación y cronología pertenecen a tres fases de ocupación diferentes.

La construcción de un edificio con aparcamientos en la finca sita en la C/Corredera nºs 65-67 del Puerto de Mazarrón (Fig. 9.7), enclavado en un área de alto interés arqueológico, en la que sucesivas excavaciones en las calles Fábrica, Pedreño, Era, San Ginés y aledaños han permitido documentar una zona en la que se distinguen con claridad edificios destinados a usos industriales relacionados con la transformación de productos derivados de la pesca -factoría del edificio Insignia, parte de cuyas instalaciones se excavaron en las calles Pedreño y San Ginés-, estructuras de habitación y necrópolis -Calles Era y Fábrica-, datables fundamentalmente en época tardorromana, motivó por parte de la Dirección Regional de Patrimonio de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia, la correspondiente actuación arqueológica de emergencia bajo nuestra dirección, que se desarrolló entre los días 11 de febrero al 27 de marzo de 1991. PROCESO DE EXCAVACIÓN

En primer lugar se procedió a levantar un plano del solar, cuya superficie de 800 metros cuadrados, fue reticulada por medio de un eje de coordenadas cartesianas orien-

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Habitación 1 (Fig. 9.7.1) De 3’5 x 4’5 m. en su superficie excavada, está formada por tres paramentos -UU.EE. 1033, 1033A y 1033B- realizados con piedras de medianas y grandes dimensiones trabadas con tierra. El muro 1033 que es común a las habitaciones 1 y 2, presenta la peculiaridad de emplear en su construcción tambores de columnas como material reutilizado. En esta estancia no se localizó ningún tipo de pavimento, conser-

INFORME PRELIMINAR DE LA EXCAVACIÓN REALIZADA EN EL SOLAR DE LA C/. CORREDERA, 65-67 DEL PUERTO DE MAZARRÓN

cido su cierre noroeste de antiguo. Como las anteriores se encuentra desfondada de antiguo. Los muros están realizados a base de piedras de medianas dimensiones y elementos constructivos reutilizados -tambores de columnas de calizatrabadas con cal. El muro 1033A -paramento Noroestemonta sobre una construcción anterior U.E. 1025C, que no tiene ninguna relación con este primer grupo de habitaciones -HH. 1,2,3-. que forman entre sí una unidad planimétrica evidente, con una altura de muros que oscila entre los 0´80 m. y los 0’25 m. Habitación 4 (Fig. 9.7.1) Se encuentra al Sur del conjunto arriba descrito, sin relación planimétrica con él mismo. Tiene unas dimensiones totales de 3´64 x 3’70. Sus muros están realizados con piedras de grandes dimensiones trabadas con tierra -UU.EE. 1025, 1025A, 1025B, 1025C-. Sobre el muro Noroeste de esta estancia -U.E. 1025C- puede apreciarse claramente la reutilización sufrida por el mismo en cuya parte superior se coloca una capa de tierra apisonada de 0’10 m. sobre la cual se colocan las piedras de la U.E. 1033C correspondientes al muro Suroeste de la habitación 2. La altura de los paramentos que componen esta habitación oscila entre los 0´33 y los 0´62 m. Se encontraba desfondada de antiguo, encontrándose algunos fragmentos de opus signinum rojo entre el material que rellenaba. Ubicación de la zona de excavación.

vándose sólo en la esquina de intersección de la intersección de las UU.EE. 1033 y 1033A restos de un rebanco de argamasa de cal, estando el resto desfondado de antiguo. Habitación 2 (Fig. 9.7.1) Se encuentra situada al Noreste de la anterior, conserva un total de 3’10 x 1’40 m. Esta formada por las UU.EE. 1033 y 1033B. No se pudo excavar en su totalidad dado que gran parte de la misma se sitúa bajo la cimentación del edificio que limita el solar por su lado Este. En ella tampoco se documentaron restos de pavimentación. Su sistema constructivo es idéntico al de la habitación anterior. Habitación 3 (Fig. 9.7.1) Al Noroeste de la H.1, es la mayor de todas las excavadas, tiene unas dimensiones de 4’60 x 3’30 m. Está limitada por las UU.EE. 1033, y 1033A, y 1033C, habiendo desapare-

La canalización (Fig. 9.7.1) Con dirección Sureste-Noroeste y con una longitud excavada de 7 m. discurría bajo las habitaciones descritas una canalización excavada en la roca de sección en «U» con una inclinación SE-NW, cuya solera estaba enlucida con cal hidráulica. Su profundidad y anchura oscilaba entre los 0’30 x 0’50 y los 0’60 x 0’36 m. respectivamente. Esta conducción se encontraba en gran parte rota por la construcción de las habitaciones 1 a 4, pero al excavar el corte -3B, se localizó una parte del mismo intacta, pudiéndose apreciar que la cubierta de este canal estaba realizada a base de grandes piedras como suele ser habitual en este tipo de obras. Estructuras asociadas a la canalización (Fig. 9.7.1) A la canalización se pueden asociar dos paños de muro cuya técnica constructiva a base de mortero de cal y piedras medianas, muestra claramente su disociación con los que hasta ahora hemos venido describiendo. El primero de estos muros se localiza al Suroeste de la conducción -cuadrícula -

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Figura 9.7.1.

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INFORME PRELIMINAR DE LA EXCAVACIÓN REALIZADA EN EL SOLAR DE LA C/. CORREDERA, 65-67 DEL PUERTO DE MAZARRÓN

Figura 9.7.2.

1B- con unas dimensiones conservadas de 3 x 0’50 m., conserva dos hiladas con 0’40 m, de altura; su cimentación arranca directamente de la roca de base donde se levanta una rebaba de cal y piedrecillas de entre 0´08 y 0´10 m. de altura; este muro sigue la misma dirección que la U.E. 1025c -muro Noroeste de la H.4-. El segundo se sitúa a 7´26 m. del anterior y paralelo a él -cuadrículas -2 y -3B-, está construido con la misma técnica, sus dimensiones conservadas son 0´50 m. con una altura máxima de 0’60 m.; se levanta sobre la cubierta de la canalización en donde se abre una puerta de 1 m. de

anchura que da acceso a una habitación situada en el lado Este del canal, en la cual se han conservado restos in situ de un pavimento de argamasa de cal construido directamente sobre la roca de base de 1 x 1’30 m. Otras estructuras (Fig. 9.7.1) Además de los restos descritos se exhumaron una serie de fragmentos de muros sin conexión física con los hasta ahora explicados, si bien por su orientación, sistema constructivo y cimentación algunos de ellos -UU.EE 1016, 1017 y

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

1044- creemos están relacionados con el edificio al que pertenecen las habitaciones 1 a 3. 15 m. al Este de este conjunto en la cuadrícula -1-A se exhumaron los restos de otro muro sólo se conservaba una hilada- de piedras medianas y grandes trabadas con tierra, cuya cara Norte se encontraba cubierta por un enlucido de cal, que creemos tiene relación con la construcción de la habitación 4. CRONOLOGÍA E INTERPRETACIÓN (Fig. 9.7.2.1, 2 y 3) Dado lo fragmentario de los restos exhumados, es difícil asignar un uso determinado a los mismos, no obstante dada su proximidad -30 m.- a la factoría de salazón del edificio Insignia, y el tipo de planta que dibujan las habitaciones 1, 2, y 3, podría pensarse que este grupo de estancias formasen parte de un edificio destinado a almacenes dependiente de dicha factoría. Del resto de las estructuras -H.4 canal y muros asociados- no se puede decir nada en concreto dado su estado de conservación y las reutilizaciones de que han sido objeto por parte de las primeras. Si la interpretación de los hallazgos ha resultado poco productiva, sin embargo la estratigrafía nos ha permitido identificar cuatro fases claras de ocupación del yacimiento en este punto (1), a las que se asocian un grupo determinado de habitaciones y estructuras: Fase I: A ella pertenecen la canalización y los muros que se le asocian. Al cimentar directamente sobre la roca, y estar reaprovechadas posteriormente no hemos podido determinar con exactitud al momento de su construcción, sin embargo la destrucción del canal por la construcción de la habitación 4, y los materiales aportados por la U.E. 1022 correspondientes a la cimentación de la misma nos marcan un momento ante quem para esta fase de mitad finales del siglo II y comienzos del III d.C., lo que nos llevaría a considerar a la mitad del siglo I d.C. como el momento de uso de estas instalaciones. Fase II: A esta fase se asigna el espacio que hemos denominado habitación 4. Como hemos apuntado al hablar de la fase anterior la A.R.S. proporcionada por la U.E. 1022 -producciones en A1 de la forma Hayes 6C, 8A, A2 Hayes 14A, 23A y 27- unido al material africano de cocina -Hayes 137, Ostia III,267, y Ostia I,2b1- y restos de contenedores -Dressel 20 y Keay III-, marcan para esta fase una fecha en torno a la segunda mitad del siglo II e inicios del III d. C. (2) Fase III: Corresponde al momento de construcción de las habitaciones 1,2 y 3, que podrían relacionarse con la fac-

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toría de salazón conservada bajo el edificio Insignia dando también si esto es así la fecha de puesta en explotación de esta importante instalación industrial. El material fino aportado por la tierra sobre la que cimentan estos compartimentos -U.E. 1012- consiste fundamentalmente en A.R.S. en C2 de la forma Hayes 50A y B, algunos fragmentos de la misma producción de la forma Hayes 49, lo que marca para esta fase una cronología que va desde el tercer cuarto del siglo III a inicios del IV d.C. (3). Fase IV: Corresponde al momento en que las estructuras de la fase anterior se abandonan convirtiéndose en un vertedero de época. Las UU. EE. 1000 y 1001 que colmataban los muros y rellenaban las habitaciones una vez estas desfondadas, han proporcionado gran cantidad de A.R.S. en D1 de las formas Hayes 59A y B, 61A y 76, en D2 de las formas Hayes 61B, 69 y 91A, en C4 Hayes 73 A, y fragmentos de lucernas del tipo Pavolini-Anselmino VIIIA 1a, que sitúan esta fase al primer cuarto del siglo V d.C. (4).

NOTAS

(1).- Con la palabra yacimiento designamos a todo el Puerto de Mazarrón, y con la palabra punto al solar en cuestión. (2).- Para la cronología de estos materiales véase Hayes, J.W. Late Roman Pottery, London 1972, pp. 33-35, 39-41, 45-48, 49-51, 209-210; Carandini, A. y Tortorella, S. Atlante delle forme ceramiche I. Ceramica fine romana nel bacino Mediterraneo (medio e tardo Impero), Roma 1981, pp. 25, 26-27, 32, 217; 31-32, 218; 212-213; Vázquez de la Cueva, A. Sigillata Africana en Augusta Emerita, Mérida 1985, pp. 32-33, 33, 77-78; Méndez Ortiz, R. «El tránsito a la dominación bizantina en Cartagena: Las producciones cerámicas de la Plaza de los Tres Reyes» en Antigüedad y Cristianismo V, Murcia 1988, pp. 65-66, 67-68, 68-69; Martin-Kilcher, S. «Les amphores romaines à huile de Betique (Dressel 20 et 23) d´Augst (Colonia Augusta Rauricorum) en Producción y Comercio del Aceite en la Antigüedad. Segundo Congreso Internacional, Madrid 1983, pp. 337-347; Keay, S.J. Late Roman Amphorae in the Western Mediterranean. A tipology economic study: the Catalan evidence, Part i. BAR International series 196(i) 1984, pp. 100-109; Pérez Bonet, M.A. «La economía tardorromana del Sureste peninsular: el ejemplo del Puerto de Mazarrón (Murcia)» en Antigüedad y Cristianismo V, Murcia 1988, pág. 478. (3).- Respecto a la cronología de este material puede verse: Hayes, J.W. op. cit. pp. 67-69, 69-73; Carandini, A. y Tortorella, S. op. cit. pp. 61-62, 65-66; Vázquez de la Cueva, A. op. cit. pp. 41, 42; Méndez Ortiz, R. op. cit. pp. 73-76. (4).- Respecto a la cronología de este material véase: Hayes, J.W. op. cit. pp. 96-100, 100-107, 117-119, 121-124, 124-125, 140-144; Carandini, A. y Tortorella, S. op. cit. pp. 82-83, 83-84, 89, 72-73, 89-90, 105-107; Anselmino, L. y Pavolini, C. Atlante delle forme ceramiche, I. Ceramica fine romana nel bacino Mediterraneo (medio e tardo Impero), Roma 1981. pp. 194-198.

ESTUDIO OSTEOLÓGICO DE LA NECRÓPOLIS DE LA CALLE DE LA ERA (PUERTO DE MAZARRÓN)

Michael J. Walker FSA Josefina Zapata Crespo

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1992

ESTUDIO OSTEOLÓGICO DE LA NECRÓPOLIS DE LA CALLE DE LA ERA (PUERTO DE MAZARRÓN)

MICHAEL J. WALKER FSA, JOSEFINA ZAPATA CRESPO Laboratorio de Antropología, Facultad de Biología, Universidad de Murcia

Keywords: Bioantropología, número mínimo de individuos, edad biológica de defunción, paleopatología. Resumen: Se ofrece un análisis bioantropológico preliminar de los restos humanos tardorromanos excavados en la Calle de la Era del Puerto de Mazarrón. Se presentan datos del número mínimo de individuos desglosado por edad y, donde sea posible, por sexo. Se ofrecen datos de la talla y se comentan aspectos métricos y radiológicos del ciclo del crecimiento juvenil. Se indica la presencia de indicios paleopatológicos y se comenta el estado de salud de la comunidad.

Summary: A preliminary bioanthropological analysis is presented of the late Roman human remains excavated in Calle de la Era, Puerto de Mazarrón. Minimum number of individuals and age classes are given, together with sex identification where possible. Metrical data regarding stature are considered, as are radiological aspects of the juvenile growth cycle. Presence of palaeopathological signs is indicated and the state of health of the community is discussed.

INTRODUCCIÓN

Los datos preliminares obtenidos son muy prometedores, aunque para gozar de una muestra de robustez estadística habrá que completarlos con el estudio de la próxima fase, de la que nos esperan los esqueletos procedentes de unas 56 tumbas excavadas en la Molineta del Puerto de Mazarrón. Huelga añadir que la meta prioritaria de toda ciencia es la contrastación de hipótesis de trabajo con los datos; por consiguiente, el significado futuro del proyecto dependerá de comparaciones tanto con datos tomados en otras comunidades, como con las fuentes de la Historia Antigua: esta labor constituirá, evidentemente, la fase final del proyecto. De la relativa escasez del ajuar, y la nula suntuosidad arquitectónica de las tumbas, se intuye la ausencia de una disparidad significativa de los estratos socio-económicos representados por nuestros sujetos, y de la posición poco elevada de los mismos. Concuerdan con esta inferencia las deficiencias en la alimentación de los indivi-

Todo ensayo bioantropológico sobre salud, bienestar, y crecimiento de sujetos mayores y menores en comunidades pretéritas, depende, de forma incondicional, de la disponibilidad de abundancia — adecuada para la determinación de la incidencia estadística de las observaciones — de esqueletos procedentes del mismo lugar, período, y estrato socio-económico. Habida cuenta de la infrecuencia con la que se reúnen estas características, es de celebrar esta oportunidad de abarcar semejante proyecto bioantropológico, brindada por las excavaciones arqueológicas oficiales efectuadas en el conjunto de necrópolis tardorromanas del Puerto de Mazarrón, la primera fase del cual, posibilitada en el Laboratorio de Antropología por la Dirección General de Cultura, corresponde a las 51 tumbas excavadas por Da. Elena Ruiz Valderas.

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ESTUDIO OSTEOLÓGICO DE LA NECRÓPOLIS DE LA CALLE DE LA ERA (PUERTO DE MAZARRON)

TABLA 1: NUMERO MÍNIMO DE INDIVIDUOS POR TUMBA

TABLA 2: INCIDENCIA POR EDAD

(basado en el análisis esquelético global)

(basada en la dentición en maxilas o mandíbulas, y en el estado de la sutura esfenoideo-occipital)

Tumba (capas) 3 5(1-2) 11 12(1-2) 15 16 17 24(1-5) 25(1-3) 48 52 Totales

17 años 2 4 1 1 1 1 1 29 1 1

Total 2 8 1 2 2 1 1 38 6 1 1

n = 42

n = 63

Edad aprox. en años En todas las tumbas En la tumba 24 (osario)

45

3

3

n = 42

n = 35

Totales

duos, sobre todo durante el ciclo del crecimiento, reflejadas tanto en la talla como en radiografías de los huesos, además de una gama de patologías desde la caries dental y abscesos periodontales hasta la degeneración articular, la escoliosis de la columna vertebral, y procesos infecciosos. En una comunidad dedicada en parte a actividades pesquera o derivadas, como serían los salazones o la confección de garum, cabría esperar una alimentación juvenil adecuada en proteínas -a diferencia de comunidades campesinas o urbanas del interior -por lo que cabe dudar si algunos adultos con indicios de haber padecido de desnutrición durante el ciclo del crecimiento, fuesen nativos del Puerto. Aspectos metodológicos de enterramientos múltiples: NMI y edad

Once tumbas -entre ellas un osario con restos de 38 individuos -proporcionaban huesos pertenecientes a 63 esqueletos: suficientes para su estudio bioantropológico (Tabla 1). Otras cuarenta tumbas de la serie estaban vacías o contenían restos demasiado exiguos y fragmentados para ser útiles. La identificación de 38 individuos en un osario, y otros 25 repartidos entre diez tumbas, fue realizada mediante una metodología trabajosa pero eficaz e imprescindible, puesto que los individuos no habían sido encontrados aislados en enterramientos sencillos. Para cada enterramiento múltiple, la metodología exige la contrastación de los elementos, correspondientes a cada tipo

1

12-18

de hueso y diente por separado, antes de poder desprender el número mínimo de individuos (NMI) allí representados. Esto da un número de diferentes individuos cuya representación en los huesos está fuera de toda duda, aunque cabe la posibilidad de que hubiese más. La metodología del cómputo del NMI implica esa inventariación previa -una vez lavados todos los huesos- que facilite la enumeración de piezas de la misma clasificación osteológica, a la vez de que proporcione ciertos datos que contribuyen al desglose del NMI: lado izquierdo o derecho, madurez o inmadurez esquelética, y número de capa, tumba, y bolsa de la excavación, además del sexo de aquellos huesos que permiten su determinación, y, en caso de un fragmento, sobre la parte del hueso o diente a la que corresponde, amén de observaciones sobre color, textura, o estado de preservación. El predominio de enterramientos múltiples, en las tumbas de mejor representación ósea, complica la determinación sexual cuando no se ofrezcan huesos coxales más o menos completos -los cuales son el indicador más fiel del sexo esquelético-. Se declarará el sexo de sólo aquellos sujetos que muestran las condiciones adecuadas para su identificación con precisión, aunque más adelante se comentará el reparto bimodal de ciertos valores métricos de algunos huesos desde la hipótesis de su diferenciación sexual. Es importante subrayar que el paso previo de la siglación de los huesos a manejar es insoslayable porque

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Tabla 3: Estimación de la talla en función del fémur.

facilita la devolución de esos componentes a contrastar -correspondientes a una clasificación ósea determinada- a las bolsas correspondientes a capa y tumba de origen, una vez realizado el «careo» entre los mismos. El caso del osario (tumba 24) fue especialmente complicado ya que ofreció cinco capas estratigráficas, aunque pronto aparecieron pruebas de que diferentes fragmentos del mismo hueso procedían de estratos separados. La consideración inicial del NMI se arrancó de los datos correspondientes a cada estrato por separado, los cuales fueron contrastados con datos sobre la madurez ósea y el desplazamiento vertical de fragmentos- o incluso de huesos enteros en estratos con desequilibrios numéricos de huesos derechos e izquierdos-. En cuanto a los individuos adultos, las 29 mandíbulas corresponden a un número mínimo insuperable por los demás elementos con el supuesto de que los desequili-

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brios deberían ser compensados por procesos de desplazamiento vertical. Para los individuos inmaduros, el cómputo del NMI de 9 fue desprendido mediante la separación por edades, en gran medida apoyándose en observaciones sobre las piezas dentarias decíduas y permanentes. Además del osario, otras cuatro tumbas contenían más de un sujeto enterrado. En dos de ellas la diferenciación estratigráfica atestigua a su reutilización. En la tumba 5, el nivel inferior fue ocupado por el esqueleto completo de un varón adulto además de un calcáneo derecho adulto supernumerario, y el nivel superior por dos individuos adultos (uno probablemente el dueño del mencionado calcáneo) y cuatro niños: uno de entre los 7,5 y 9,5 años de edad y tres de entre los 3 y 5 años de edad. Tres niveles fueron identificados en la tumba 25, apareciendo en todos ellos, especialmente en el

ESTUDIO OSTEOLÓGICO DE LA NECRÓPOLIS DE LA CALLE DE LA ERA (PUERTO DE MAZARRON)

Tabla 4: Estimación de la talla en función de la tibia.

intermedio, restos de un adulto y 5 menores: un joven de 16 a 18 años de edad, un niño de entre los 6 y 8 años, otro de entre 3 y 4 años, y dos bebés (uno quizás feto). En la tumba 15 fueron encontrados restos de un adulto y un niño de entre 3 y 4,5 años de edad. También la tumba 12 ofrecía un adulto y un niño. La tumba 3 fue ocupada por dos adultos. La tumba 48 proporcionaba sólo un menor. Las tumbas 11, 16, 17, y 52 eran de enterramientos sencillos de mayores (la 52 de un varón). Es de subrayar que el gran valor del empleo insustituible de la metodología laboriosa de la determinación de los NMI de 42 mayores y 21 menores de la necrópolis de la Calle de la Era se arranca de la imposibilidad de resolver sin ella un rompecabezas conformado por la ausencia de una multitud de piezas, máxime en el aspecto de los niños pequeños cuyos huesos, diminu-

tos y frágiles, son susceptibles a procesos erosivos, o de remoción, causantes de su desaparición, con la consiguiente repercusión en el «puzzle» a resolver. Una vez determinados los NMI de mayores y menores, el desglose procede por el análisis del reparto de éstos según grupos conformados por indicadores esqueléticos más precisos de la edad biológica de la defunción. Estos se basan en la secuencia de la erupción dentaria y la sustitución de piezas decíduas por permanentes, hasta la erupción del tercer molar, y en el grado de atrición oclusal de muelas y premolares permanentes (según la metodología de Brothwell 1981, pág. 72), además de la visibilidad u obliteración de la sutura esfenoideo-occipital, del grado de obliteración menos fiable- de las demás suturas craneales (desgraciadamente, la mayoría de los cráneos fue excavada en estado de demasiada fragmentación para permitir

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Tabla 5: Patología dental y periodontal (encontrada en maxilares y mandíbulas pertenecientes al mismo individuo). i: izquierda; d: derecha. Los números entre paréntesis indican el grado de atrición según la clasificación de Brothwell 1987, pág. 108.

observaciones suturales extensas), y del estado de la fusión epifisaria en los huesos largos de menores. El reparto por tumba de los dos principales grupos de los difuntos, mayor y menor de unos 17 años, se ofrece en la Tabla 1 y para los casos en los que las maxilas y mandíbulas permiten la mayor definición de la edad se presenta el reparto entre todas las tumbas, además de en el osario por separado, en la Tabla 2. La diferencia entre los 63 sujetos de la Tabla 1 y los 42 de la Tabla 1 representa aquellos restos tan incompletos que fue imposible atribuirlos a ningún período de edad biológica en concreto -tal como sucede, por ejemplo, con fragmentos diafisarios de algunos huesos largos, o algunos huesos tarsianos, que tanto pudieran pertenecer a un mozo de 17 años como a una abuelita de 60en total, 21 sujetos que sólo pueden clasificarse de «mayores de unos 17 años», sin más precisión. Lo que ocurre es que la asignación de edad biológica de restos esqueléticos incompletos, procedentes de varios individuos mezclados mayores de unos 17 años, depende principalmente del análisis de la atrición oclusal diferenciada de muelas y premolares. Esto fue posible en 28 sujetos del osario y 4 de las demás tumbas -32 en total (véase Tabla 2)- de las que había una persona adulta entre los 25 y 35 años en la tumba 12, edad igual, en toda probabilidad, a la del varón de la tumba 5 a pesar de la ausencia congénita de éste de las 4 muelas del juicio, además de un sujeto entre los 17 y 25

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años de la tumba 11 y otro de la tumba 52 (en el que aún no habían terminado de salir las muelas del juicio y cuya sutura esfenoideo-occipital estaba abierta). Sólo tres individuos presentan rasgos dentarios correspondientes a una edad mayor de los 45 años, según los criterios de Brothwell basados en diversas poblaciones antiguas. El grupo mayor representado es el que recoge los adultos entre los 25 y 35 años, seguido por los de los niños y jóvenes entre 17 a 25 años. Sin entrar en detalles, basta con comentar que, a grandes rasgos, estas proporciones se asemejan a las de algunas otras poblaciones estudiadas de época romana. Esta consideración plantea interrogantes sobre la debilitación de niños y jóvenes, quizás auspiciada por una alimentación deficiente -especialmente en proteínas-, y sobre la paleopatología, detectable por huellas osteológicas o estomatológicas: ambos aspectos podrían haber incidido en el cuadro de la mortalidad encontrada. Aspectos del crecimiento

El deficiente crecimiento de los sujetos se ha podido comprobar por diversas técnicas bioantropológicas. Afortunadamente, los esqueletos de los dos varones de las tumbas 5 y 52 permiten la más precisa determinación de la talla por el método de sumar la altura del talón, pierna, columna vertebral, y cráneo (Olivier 1969, pág. 284). Las tallas resultantes, de 1654 y 1589 milímetros respectivamente, ofrecen un contraste nota-

ESTUDIO OSTEOLÓGICO DE LA NECRÓPOLIS DE LA CALLE DE LA ERA (PUERTO DE MAZARRON)

Tabla 6: Patología dental y periodontal (encontrada en maxilares y mandíbulas sueltas). i: izquierda; d: derecha. Los números entre paréntesis indican el grado de atrición según la clasificación de Brothwell 1987, pag. 108.

ble con los valores para talla desprendidos mediante la inserción de valores de longitud de determinados huesos largos en las tablas para la estimación de la talla de la Antropología clásica (Tablas 3, 4, y 5). Sin entrar en argumentos detallados, son aquellas tablas publicadas hace ya un siglo, por Manouvrier o Pearson, las que más se aproximan -aunque los superan ligeramente- a los citados valores de la talla de los dos varones de la Calle de la Era. Por otra parte, las modificaciones introducidas posteriormente en las tablas de Manouvrier, y las tablas publicadas por Trotter y Gleser, o Telkkä, superan con creces a aquellos. Consideramos que las tablas más recientes, basadas en el cómputo por técnicas de regresión estadística,

podrían reflejar el aumento secular de la talla durante el siglo XX, recogido en los cadáveres diseccionados para proporcionar los huesos empleados para contrastar con su talla en vida. Esto suscita la posibilidad de que algunos huesos largos sufriesen interrupciones de alargamiento metafisario durante el ciclo del crecimiento, especialmente la tibia, que es el hueso que proporcionalmente más se alarga durante el mismo. Semejante interrupción, causada por la insuficiencia de alimentación de proteínas en niños y jóvenes, es a menudo detectable en radiografías por la presencia en las diáfisis tibiales de líneas transversales («líneas de Harris»). El estudio de una muestra preliminar de tibias, efectuado por el Departamento de Radiología de la Facultad de

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Tabla 7: Patología craneal y dental en cráneos y mandíbulas (con inclusión de dientes sueltos). I: Incisivo; C: Canino; P: Premolar; M: Molar. La posición de los números hace referencia a la lateralidad de la pieza 3 (M: tercer molar izquierdo).

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ESTUDIO OSTEOLÓGICO DE LA NECRÓPOLIS DE LA CALLE DE LA ERA (PUERTO DE MAZARRON)

Tabla 7: (continuación) Patología craneal y dental en cráneos y mandíbulas (con inclusión de dientes sueltos). I: Incisivo; C: Canino; P: Premolar; M: Molar. La posición de los números hace referencia a la lateralidad de la pieza 3 (M: tercer molar izquierdo).

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Tabla 7: (continuación) Patología craneal y dental en cráneos y mandíbulas (con inclusión de dientes sueltos).

Medicina de la Universidad de Murcia, cuya colaboración agradecemos, pone de manifiesto que éstas existen en algunas tibias de la Calle de la Era, por lo que hay un buen motivo para ampliar el estudio radiológico. En las Tablas 3, 4, y 5 se han puesto de relieve esos valores para la talla, desprendidos de los huesos largos útiles de la necrópolis, que corresponden a las tablas de mayor antigüedad, ya que consideramos dichos valores más verosímiles por aproximarse mejor a los mencionados esqueletos varoniles completos. El reparto entre posibles mujeres y varones de los huesos procedentes del osario se apoya en cierta disparidad entre dos agrupaciones vislumbradas en los valores. Merece reflexionar que son los valores desprendidos del empleo de la tibia y del húmero aquellos que parecen ajustarse mejor a la talla más verosímil, respecto a aquellos desprendidos del fémur. Esta diferencia reclama un estudio más extenso y profundo, oportunidad que podría ser brindada con la inclusión de los esqueletos de las necrópolis la Molineta. El análisis osteométrico de los cráneos y mandíbulas ha sido efectuado, asimismo el estudio de rasgos epigenéticos de los mismos, pero el estado incompleto de la mayoría de los cráneos no permite conclusiones de valor estadístico. Por esta razón, es conveniente guardar los datos hasta que se puedan juntar con los que corresponderán a los cráneos de l sector de la Molineta. Paleopatología

Los aspectos singulares de los huesos post-craneales se resumen en la Tabla 6 y de la patología maxilar,

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mandibular y dentaria en la Tabla 7. Como ya se ha mencionado, las líneas transversales — «de Harris» — radiológicas reflejan períodos de la interrupción de la tasa del alargamiento óseo, atribuible a la desnutrición, muy especialmente de proteínas. Las tibias sabliformes izquierda y derecha, de robustez considerable, probablemente corresponden a un solo sujeto varonil. La principal característica patológica es la hiperóstosis periosteal de la tuberosidad y cresta anterior, que sobresale como el filo de un sable, dando la impresión falsa de curvatura vertical. La causación es problemática, aunque la opinión mayoritaria considera que el exceso anormal de osificación responde a inflamación en la superficie del hueso, la cual podría ser provocada por diversas circunstancias: por ejemplo, lesiones traumáticas, estancamiento vascular en la musculatura de la pantorrilla, trastornos (como la osteomalacia) de la fisiología de la calcificación, e infecciones del periósteo causadas por diversos agentes microbianos -entre estos últimos se citan con frecuencia la especies de Treponema pallidum, que causa la sífilis (no diagnosticable en la Calle de la Era, debido a la falta de la caries sicca u otros indicios específicos en cráneos y dientes), y Treponema pertenue que causa la framboesia, enfermedad endémica en la muy cercana Africa. De la tumba 3, que contenía dos sujetos adultos, hay un caso de escoliosis torácica (desviación lateral de la columna vertebral producida por vértebras desiguales con forma de cuña) y otro de la parcial fusión con el sacro («sacralización») de la también deformada quinta vértebra lumbar (con forma de cuña), y cabe preguntar

ESTUDIO OSTEOLÓGICO DE LA NECRÓPOLIS DE LA CALLE DE LA ERA (PUERTO DE MAZARRON)

si pertenecían al mismo individuo, sin poder saberlo. La sacralización de la última vértebra lumbar es una anomalía congénita relativamente frecuente, a veces asociada con desigualdad de las partes derecha e izquierda de la vértebra. Semejante desigualdad congénita quizás podría haber favorecido una deficiencia de osificación -por ejemplo, la raquítica, la osteomalacia, o la osteoporosis- que hubiese incidido en la escoliosis de vértebras torácicas. Sin embargo, otros factores también influyen la formación de una escoliosis, tanto posturales, o de ejercicio desmesurado, de piernas o brazos, y lesiones traumáticas, como de procesos infecciosos, o patologías de órganos internos en situación próxima a la columna vertebral torácica. Sería oportuno tomar radiografías de las vértebras en cuestión. Por otra parte, la ausencia de otros posibles indicios de la raquítica en la necrópolis (por ejemplo, en los muy abundantes huesos largos de mayores o menores) sugiere que los minerales, la vitamina D, y el sol -tan necesarios para la formación normal de los huesos- estaban disponibles en cantidad suficiente, como sería de esperar en una comunidad pesquera del Sureste español. Tampoco hay otros posibles indicios osteoporóticos ni de la bóveda craneal ni orbitarios (cribra orbitalia) de los 12 cráneos con órbitas inspeccionables (11 adultos y 1 infantil). Las facetas de acuclillamiento, así designadas en la Paleopatología por su probable causación, se encuentran en la cara anterior del extremo inferior de la tibia, en el mismo borde de la superficie que articula con el astrágalo. Se encuentran con frecuencia en comunidades modernas en las que la postura acuclillada es adoptada más que la sentada. Se trata de una postura que propicia la extensión de la superficie articular astrágalo-tibial sin dañarla con la provocación de rebordes u osteofitos, por otra parte tan característicos de procesos degenerativos consiguientes a lesiones traumáticas o posturales, amén de la degeneración articular de la osteoartrosis o cambios asociados con la artrosis reumatoide. La rugosidad indicativa de procesos degenerativos hace acto de presencia en relación con la articulación acetábulofemoral y de la rodilla: cuatro fémures con rugosidad alrededor de la fosa en la cabeza para el ligamento redondo son de «posibles varones» de la Tabla 3, y los dos coxales con la correspondiente rugosidad en el

acetábulo son de un varón. Otro fémur ofrece rebordes rugosos en el aspecto lateral condílea, quizás indicativos de ejercicio desmesurado de la rodilla (por ejemplo, pisando una noria). Huesos falangeales, tarsianos, y metatarsianos a veces muestran rasgos de patología articular. También cabe mencionar la deformación degenerativa del extremo distal de un cúbito. Semejante degeneración podría acompañar la inutilización de la muñeca, quizás causada por fracturas no reducidas del escafoides y radio, las cuales, por otra parte, son muy frecuentes por caídas en las que el impacto sea recibido en el talón del pulgar con la mano abierta («fractura de Colles»): un fragmento diafisario de radio muestra una fractura mal unida. En otra radiografía tibial pueden detectarse indicios de otra posible fractura unida, en forma de espiral. Cuando los huesos ya están maduros, las huellas de fracturas sufridas en la niñez sólo pueden ser detectadas en radiografías, porque la remodelación ósea a menudo las enmascara. Esto da motivo para hacer extenso la investigación radiológica. En la Tabla 7 se pone de relieve la patología estomatológica. La primera parte de la tabla indica aspectos congénitos de la patología dentaria y a continuación se ofrecen los casos de ausencia congénita de las muelas del juicio -para hacer constar los casos en los que la falta de la pieza no deja cabida para inferir la resorpción alveolar como consecuencia de su pérdida-. La resorpción alveolar es muy frecuente, y en algunos casos muy extensa, es consecuencia indudable de la pérdida de piezas afectadas por procesos de la patología periodontal o por la caries avanzada. Hay piezas en las que la corona ha desaparecido, o ha sido reducida casi en su totalidad, por una caries que ahora sólo puede ser percatada en el cuello o la raíz: casos designados aquí como «caries cervical». Los casos en los que la corona está más o menos intacta pero la cavidad de la caries invade el cuello, se denominan aquí «caries corono-cervical». La mayoría muestran caries en las caras interproximales, que indica la deficiente higiene bucal. Por «caries coronal» se refiere en la Tabla 7 a la penetración de la cara oclusal de las piezas. Hoy en día es muy común pero en épocas antiguas lo era menos que la caries interproximal, como indican muchos autores. También hay varios ejemplos de inflamaciones supurativas alrededor de las raíces dentarias, con la for-

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

mación de abscesos que destrozaron el margen óseo del alveolo en situación radical. En muchas maxilas y mandíbulas se destaca cierta reducción por resorpción de la altura del margen alveolar alrededor de las piezas dentarias, que podría ser achacada también a procesos de la patología periodontal. La pérdida de piezas a menudo habrá sido causada por semejantes procesos. El estado del esmalte merece una breve mención. No se han detectado hipoplasia ni sarro. En algunos maxilares, piezas molares y premolares desgastadas, con exposición considerable de la dentina, no están marcadas por las huellas de la caries: en la Tabla 8 se compara la presencia de caries con el grado de atrición. Igual a la de otros autores, nuestra opinión es que la caries no muestra especial propensidad para las piezas más desgastadas. Por otra parte, la incidencia de caries merece una reflexión en relación con la esperanza de vida en la comunidad. Es decir, si la caries es respuesta a deficiencias de la higiene personal, cabe preguntar cuántas más enfermedades, que no dejan huellas en los restos, pudieron hacer estragos con la población. Por otra parte, muchísimas piezas dentarias ofrecen un aspecto de atrición desolador. El régimen, sin duda de alimentos fibrosos o con contenido de componentes duros, debe ser la causa de la rápida desaparición del esmalte en muchísimas piezas dentarias, con la siguiente masiva exposición de la dentina subyacente, e incluso con la erosión de gran parte de la corona -a veces reducida de forma horizontal, a veces fuertemente inclinada, o, especialmente en la dentición anterior, de manera vertical que ha dejado piezas, a veces anormalmente estrechas, separadas una de otra por espacios interproximales notables-. Por otra parte, la dentición anterior anormalmente protuberante también muestra separación de consideración entre las piezas, grandes y sin atrición, en uno de los dos casos citados en la Tabla 7. Cabe preguntar si actividades que implicaran el empleo de la boca para suplir el de las dos manos incidiesen en la separación y abrasión de dientes, como pudiera ser la fabricación y remienda de redes e hilos para la pesca -actividades con tendencia causar inflamación de las encías, soltar dientes, e introducir agentes patogénicos-. Por otra parte, semejantes deformaciones mecánicas no muestran correlación especial con maxilas y mandíbulas caracterizadas por la mala oclusión (salvo en casos especiales como el de una oclu-

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sión cruzada, contribuyente a la erosión -unilateral- de la corona de cierto primer molar maxilar en forma de bisel alineado en dirección mesio-distal: 001006 de la tumba 24 ), por lo que la abrasión mecánica y la masticación fuerte deben ser consideradas como factores principales. Finalmente, cabe hacer mención de diversos huesos con áreas de descolorización, erosión, o perforación, a veces de consideración o múltiples; por ejemplo, casi todos los huesos del esqueleto de la tumba 17, y de la tumba 24 diversos huesos largos notablemente, dos húmeros (005006 y 005033), un radio (007006), un fémur (009002) y una tibia (011007), además de un cráneo (001006) con una gama de rasgos desde áreas oscuros delimitado por una línea más oscuro, erosiones que produjeron la desaparición ósea alrededor de ambos asteriones, y una erosión frontal, de unos 10 mm en diámetro, con aspecto granular. Sin embargo, se considera que todos estos fenómenos corresponden a efectos erosivos destructivos en la tumba, tal vez causados por hongos o raíces. Son muy pocos los huesos que muestran señales de haber sido roídos por animales. Conclusiones generales

La comunidad representada por los esqueletos de la Calle de la Era ofrece la representación de todas las edades, desde recién nacidos hasta sujetos de edad avanzada, y su presencia en tumbas de enterramiento múltiple sugiere la residencia en el lugar durante cierto tiempo -sea perenne o estacional- y la reutilización de algunas tumbas -sea por familiares o por otras agrupaciones sociales -con memoria de la ubicación y significación de las mismas. Sin descartar la posibilidad de una población heterogénea, conformada por personas exógenas, tanto forasteros o esclavos como campesinos del interior empleados en determinadas estaciones del año en actividades relacionadas con la confección de conservas de pescado, semejante conjetura es imposible de determinar. Por otra parte, la hipótesis más económica de una población mayoritariamente homogénea y nativa del lugar está lejos de ser una afirmación basada en observaciones concretas. Puede ser que la ampliación de la serie craneológica, por la inclusión de los cráneos del sector de la Molineta, permita un análisis de rasgos epigenéticos capaces de arrojar luz sobre esta cuestión.

ESTUDIO OSTEOLÓGICO DE LA NECRÓPOLIS DE LA CALLE DE LA ERA (PUERTO DE MAZARRON)

La posición socio-económica de los difuntos era pobre. La talla baja debe ser considerada como reflejo de una alimentación con deficiencia de proteínas durante el ciclo del crecimiento en niños y jóvenes, con períodos de interrupción del alargamiento de la pantorrilla, probablemente en ambos sexos. Por otra parte, no hay indicios de carencias generalizadas de los elementos minerales y vitamínicas responsables de la calcificación de huesos y dientes. Alimentos a menudo duros y fibrosos pueden ser inferidos del panorama dentario desgastado, sin descartar la contribución de ciertas actividades profesionales, quizás relacionadas con redes e hilos de pescar. La falta de higiene bucal sin duda provocaba infecciones periodontales y la caries, con la pérdida de muchos dientes, amén de las actividades profesionales conjeturales. El estado degenerado de diversos huesos y articulaciones del esqueleto pone de relieve el estrés mecánico a que estaban sometidos en la vida cotidiana. En este sentido cabe la reflexión de que el trabajo físico duro de niños y jóvenes de crecimiento esquelético inacabado puede desviar para alimentar la energía, componentes del régimen nutritivo necesarios para el máximo desarrollo de los huesos. La debilitación de niños y jóvenes puede ser reflejada en la proporción de que sus restos muestren su defunción en edad temprana.

Perspectivas para el futuro

La primera fase del estudio bioantropológico de las necrópolis tardorromanas del Puerto Mazarrón aporta datos interesantes sobre el estado de bienestar, crecimiento, y salud de la comunidad, los cuales deberían hacerse más extensos por la inclusión de las demás necrópolis del lugar, así facilitando una base de datos de utilidad estadístico. La ampliación de la investigación radiológica podría proporcionar información importante sobre el estado de alimentación durante el ciclo del crecimiento y sobre fracturas unidas. Sería interesante realizar estudios analíticos del material óseo para indagar sobre aspectos de la alimentación, además de investigaciones microscópicas, especialmente sobre las piezas dentarias que podrían arrojar luz sobre algunas de las hipótesis planteadas.

BIBLIOGRAFÍA Brothwell, D.R., 1981, Digging up bones (Londres, British Museum (Natural History) y Oxford, Oxford University Press). Olivier, G., 1969, Practical anthropology (Springfield, Charles Thomas).

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INFORME DE LA EXCAVACIÓN REALIZADA EN EL SOLAR DE LA CALLE DEL DUQUE NÚMEROS 25/27 (CARTAGENA)

Miguel Martín Camino Milagros Vidal Nieto

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1997

INFORME DE LA EXCAVACIÓN REALIZADA EN EL SOLAR DE LA CALLE DEL DUQUE NÚMEROS 25/27 (CARTAGENA)

MIGUEL MARTÍN CAMINO, MILAGROS VIDAL NIETO Museo Arqueológico Municipal, Cartagena

Resumen: Durante la excavación arqueológica realizada en el solar de la calle del Duque núms. 25/27 se pudieron documentar una serie de construcciones romano-imperiales como pavimentos, materiales cerá-

micos y monedas, ofreciendo todo el conjunto un contexto cronológico muy homogéneo y bien datado entre comienzos del siglo I d.C y finales del siglo II d.C.

I. INTRODUCCIÓN

tuye un simple avance o una primera fase de los trabajos ahora realizados, hasta que en una actuación complementaria posterior se llegue a la excavación de la totalidad de la superficie del solar, lo cual se haría una vez que los restos estuviesen protegidos en un sótano. Esta actuación, entendida como una primera fase, y aceptando de antemano la futura conservación de los restos se planificó, únicamente, con el objetivo de llegar conocer, en superficie y en extensión, la distribución de las estructuras arqueológicas, sin llegar a excavarlas en la totalidad de su alzado, con el fin de obtener una planimetría general y de detalle de las estructuras existentes. Por tanto, el propósito que se perseguía era doble, en primer lugar, adecuar las cimentaciones del futuro inmueble a las características del conjunto de los restos, ya que en una fase avanzada de la excavación se efectuó la excavación de algunos de los pilares (según el plano de cimentaciones del proyecto) para comprobar si estos pilares afectaban a elementos de especial interés y proponer su cambio de ubicación. En segundo lugar, al no excavar en profundidad los restos y descubrir su alzado, tratábamos de que llegasen en las mejores condiciones posibles de conservación y de esta manera protegerlos, especialmente los muros con un importante alzado de adobe, hasta su completa excavación y conservación definitiva bajo el sótano del nuevo edificio.

En agosto de 1990 se había comenzado el derribo del inmueble correspondiente a los núms. 25-27 de la Calle del Duque, propiedad de D.ª Carmen Copete. Con los precedentes de una importante actuación arqueológica realizada en un solar colindante en 1971 por Pedro A. San Martín Moro, donde se descubrieron parte de una calzada romana asociada a diversas viviendas de la misma época, con pavimentos de opus signinum con decoraciones geométricas y que, actualmente, se conservan en los sótanos de una entidad bancaria,(1) el Museo Arqueológico Municipal solicitó a la Dirección General de Cultura una intervención arqueológica en el solar en el que, lógicamente, era previsible la continuación de los restos constructivos ya excavados en 1971 aunque en el proyecto de la nueva edificación no se contemplaba la ejecución de sótano. La excavación se realizó entre octubre de 1990 y marzo de 1991 contando con la participación de técnicos y obreros contratados por un Convenio INEM-Ayuntamiento. La actuación, desde un principio, se planificó en dos fases teniendo en cuenta el interés de su posible conservación para, en su caso, llegar a conectarlos con los restos ya conservados en el sótano contiguo. De esta manera, el presente informe consti-

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INFORME DE LA EXCAVACIÓN REALIZADA EN EL SOLAR DE LA CALLE DEL DUQUE NÚMS. 25/27 (CARTAGENA)

Fig. 1. Situación del solar y entorno urbano. Escala 1:2000.

Al inicio de la excavación fue necesario recurrir a medios mecánicos para romper y extraer una placa de hormigón de gran espesor que ocupaba una parte importante del solar -probablemente, esta placa constituía un refuerzo de la cimentación del edificio demolido y que, al parecer, había cedido en algunos puntos en un momento impreciso-. Además de poder constar una importante alteración de la secuencia arqueológica provocada por esta gran placa de hormigón, su extracción originó un considerable rebaje de la superficie del solar. Teniendo en cuenta que las dimensiones del solar no eran excesivamente grandes, planteamos su excavación en extensión a partir de una única cuadrícula de 10x10 mts., que casi comprendía la totalidad de la superficie del solar. Este propósito también venía bien a la estrategia inicial de la excavación que ya hemos apuntado, en el sentido de tratar de delimitar las estructuras para obtener una disposición o visión del conjunto.

Así desde el principio de la excavación, sobre todo a partir de la zona del rebaje inicial previo nos encontramos con una serie de construcciones que, de alguna forma, ya nos venían marcando una continuidad con los restos ya conocidos desde 1971, debajo de las oficinas de la Caja de Ahorros del Mediterráneo, ya que incluso en algunos lugares la placa de hormigón llegaba a asentarse directamente sobre las estructuras antiguas, sin dejar rastro de la estratigrafía. Las cotas de la excavación están referidas sobre el nivel del mar, a partir de una estación situada a 8’15 sobre el nivel del mar. II. LA EXCAVACIÓN

La potencia estratigráfica del solar a partir sobre todo de los trabajos realizados en zonas próximas y también en el mismo sótano del edificio contiguo podía preverse de ante-

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Fig. 2. C/. Duque 25/27. 1990. Planta del solar en relación con los restos encontrados en 1971 y conservados en el sótano de las oficinas de la CAM.

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INFORME DE LA EXCAVACIÓN REALIZADA EN EL SOLAR DE LA CALLE DEL DUQUE NÚMS. 25/27 (CARTAGENA)

Fig. 3. C/. Duque 25/27. 1990. Habitación 6. Detalle de los motivos decorativos (y reconstrucción) del pavimento encontrado en los sondeos de los pilares 4 y 6.

mano con un bastante fiabilidad, incluso en lo que se refiere a la potencia de los diferentes niveles, por lo que en este aspecto era de suponer que la excavación no planteara ninguna complicación salvo la alteración originada por la presencia de la ya mencionada estructura de hormigón. Sin embargo, en las zonas en las que la estratigrafía no se había modificado por remociones posteriores la secuencia documentada puede sintetizarse casi en tres estratos, siempre teniendo en cuenta que salvo casos concretos no se llegó a alcanzar el nivel de suelo de las siete estancias que documentamos en el solar o incluso se llegó a sobrepasar como en la Habitación 1. En cualquier caso, y como ya se ha dicho la estratigrafía puede resumirse como sigue: 1) Nivel Superficial: tierra oscura, negruzca, suelta, con piedras medianas y donde ya nos aparecen cerámicas romanas mezcladas con cerámicas más modernas. 2) Nivel I: aunque correspondientes a un mismo contexto cronológico, que nos viene dado por el material cerámico, lo subdividimos en tres estratos con características diferenciales que probablemente están manifestando el proceso de derrumbe de las estructuras tras su abandono. De esta forma diferenciamos:

Estrato Ia: bolsadas de tierra algo más clara que la anterior, suelta, no uniforme por toda la extensión del corte, con abundantes restos de estuco decorado. Y como elementos cerámicos más significativos disponemos de producciones de T.S. Africana A Hayes 23b, H. 16, H. 8, T.S.Sudgálica Dragendorff 27, algún fragmento de Rojo pompeyano, cerámica africana de cocina H.197 y tapaderas de borde ahumado H. 196. Estrato Ib: de tierra de color naranja, de adobes, muy limpia y con pocas piedras, es un nivel muy uniforme y de gran potencia. También aparecen estucos pintados, además de un número importante de punzones de hueso. Entre el material cerámico encontramos paredes finas augusteas Mayet 20, Barniz rojo pompeyano Goudinau 41, restos de lucernas, cerámica africana de cocina Hayes 197, tapaderas Hayes 196, Hayes 182, y T.S. Africana A, Hayes 23a y b, Hayes 16, Hayes 9, Hayes 3c. Estrato Ic: de características similares con el estrato Ib de color anaranjado, aunque ya sin adobes, y sí con gran cantidad de chinarro y grandes trozos de signinum roto, es una tierra más suelta. Entre el material cerámico destacamos una cabecita correspondiente a fragmento de una ampolla olearia

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Lámina I.

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INFORME DE LA EXCAVACIÓN REALIZADA EN EL SOLAR DE LA CALLE DEL DUQUE NÚMS. 25/27 (CARTAGENA)

Lámina II.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Lámina III.

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INFORME DE LA EXCAVACIÓN REALIZADA EN EL SOLAR DE LA CALLE DEL DUQUE NÚMS. 25/27 (CARTAGENA)

antropomorfa realizada a molde y de producción africana; T.S.Sudgálica Dragendorff 37, 35, 27, T.S. Africana Hayes 23a, H. 15, H. 14; tapaderas de borde ahumado, H. 182, H. 196; cerámicas africanas de cocina, Hayes 197; Barniz rojo pompeyano Goudinau 28; Paredes finas, Mayet 38; ánforas Dressel 2/5, y cerámica común. Dentro de este nivel por su significación como elemento cronológico para fechar el abandono de las estructuras destacamos el hallazgo de tres monedas: un Sextercio de Faustina Madre (mujer de Antonino Pío), otro de Trajano, y un As de Marco Aurelio, monedas que vienen a corroborar con el conjunto del material cerámico el contexto general de abandono de mediados del siglo II a.C. Concluida la primera fase de excavación, dirigida exclusivamente, como ya hemos insistido, a tratar de delimitar las estructuras en superficie, la segunda fase se desarrolló orientada a la excavación de una serie de pilares. El primer sondeo o Pilar 1, se realizó dentro de la Habitación 1, y por debajo de un nivel de ocupación formado por un pavimento de tierra, y en el que en su parte central nos encontramos un opus sectile, de baja calidad - realizado con elementos reutilizados: ladrillos, un fragmento de opus signinum, y varias piezas de mármol: una loseta octogonal, y parte de una cornisa o pilastra- y que aunque probablemente debió ocupar toda esta estancia, únicamente quedaban restos en una pequeña zona de la habitación. En este sondeo se documenta un muro y un suelo perteneciente ambos a una fase de ocupación republicana, también en directa relación con los niveles republicanos excavados en las oficinas de la CAM. En cualquier caso, por las reducidas dimensiones del sondeo, únicamente confirmar su existencia, con la presencia de un muro de aparejo irregular, así como un nivel con materiales pertenecientes a un contexto de la segunda mitad del siglo II o inicios del I a.C., con algunas cerámicas ibéricas pintadas, un fragmento de khalatos; barniz negro, Campaniense A: Lamboglia 5 y Lamboglia 36, 27; Campaniense B/oïde, así como algún fragmento de ánfora Mañá C 2a, y Dressel 1. En la Habitación 5 se realizaron dos sondeos de pilares, en los que se documenta un pavimento de tipo opus signinum con una composición lineal con el característico motivo decorativo, muy frecuente en nuestra ciudad, de hileras de crucetas formadas por cuatro teselas blancas entorno a una negra en el centro y colocadas a espacios fijos. Igual que en el caso del sondeo anterior, sólo confirmar la existencia del mosaico. Además en este sondeo destacamos la presencia de una jarra completa pintada de tradición indígena, forma Abascal 19 (s.I-II d.C).

En otros pilares (4 y 6), que corresponden a una misma habitación, aparece bajo una gran caída de estucos pintados de distintos colores (amarillo, rojo, azul) y motivos decorativos geométricos y vegetales, un nuevo pavimento de opus signinum aparentemente en excelente estado de conservación, y en el que, en principio, según los dos sondeos realizados, podrían diferenciarse dos sectores de decoración. El primero de ellos presenta una cenefa o hilera de teselas alternas blancas y negras, que enmarca motivos geométricos de meandros de esvásticas de teselas blancas y cuadrados de teselas blancas y negras alternas, cada uno de los cuadrados con motivo central de una cruceta con cuatro teselas blancas y una negra en el centro. El segundo sector, enmarcado por una hilera o cenefa de teselas alternas blancas y negras que al mismo tiempo sirve para marcar el paso, o diferenciar el otro esquema decorativo, que está formado por una composición a modo lineal donde sobre un fondo uniforme se salpican de forma organizada y a intervalos regulares crucetas de cuatro teselas blancas con una tesela negra en el centro. La simpleza o aparente pobreza de este esquema decorativo en relación a la complejidad decorativa del sector precedente, nos hace pensar que esta decoración de crucetas sirviese para enmarcar un motivo decorativo central, en clara correspondencia con los dos pavimentos de la calle del Duque. En cualquier caso, es una cuestión que está por comprobar hasta que no se realice la excavación total del solar. Sin embargo, insistir que, en general, son motivos típicos de época augustea, periodo al que también se asocian, como ya se ha podido destacar, buena parte de los materiales cerámicos, aunque por otro lado, el abandono de estas construcciones se produciría entre mediados y finales del siglo II d.C. También, hemos observado que en general, en estos pequeños sondeos donde la cerámica es bastante escasa, abundan sin embargo los restos de decoración mural apoyados casi directamente sobre el mismo nivel de los pavimentos. Lo cual nos viene a confirmar que estos muros estarían decorados con un enlucido de estucos donde se alternan distintos colores (granate, azul, blanco, verde, marrón...) formando distintos motivos vegetales y geométricos como en algunos casos se ha podido constatar. VALORACIÓN FINAL

Hay que advertir que la valoración que podemos hacer de estos trabajos es siempre provisional, e insistir que está

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

condicionada a la continuación y terminación de los trabajos, cuestión que por ahora no se ve clara. Cronológicamente, sin embargo, poco más pueden aportar la continuación de los trabajos a no ser que las nuevas informaciones nos permitan establecer o determinar una posible funcionalidad en las distintas habitaciones. En cualquier caso, resulta evidente que era lógico pensar desde un principio que estas construcciones eran la prolongación o continuación de las estructuras conservadas en el sótano contiguo de la CAM. No obstante, como ya se ha hecho referencia, la excavación del solar se realizó en extensión, tratando de delimitar o dejar claro desde un principio las estructuras con el propósito de la conservación e integración de las construcciones en el futuro proyecto de edificación, antes que obtener una secuencia estratigráfica completa del yacimiento con la finalidad última de que una visión del conjunto de las estructuras y su orientación permitiría adecuar las cimentaciones de la nueva edificación a los restos, con un menor deterioro y sobre todo planificar el espacio visitable de la manera más apropiada. De esta manera, los trabajos de excavación nos han permitido definir siete habitaciones o estancias, delimitadas por muros de adobe con zócalos de piedras. Muros que en su mayoría se encuentran descubiertos únicamente en su parte más alta, y de donde proceden los restos o placas de decoración mural que hemos recogido, así como algunos fragmentos de frisos realizados en mortero de cal, decorados a molde. En este sentido, hay que pensar que quizás la decoración mural esté mejor conservada en la zona inferior de los muros que todavía se encuentran sin excavar, de forma que la continuación de los trabajos nos permitiría la posibilidad de poder reconstruir de forma bastante aproximada gran parte de la decoración de la paredes de las diferentes estancias. Por otra parte, el buen estado de conservación de los restos, haría necesaria una importante labor de consolidación y restauración, una vez que hayan quedado integrados en un sótano o bajo, realizada de forma paralela a la prosecución de los trabajos de excavación. En cuanto a la funcionalidad de estas estructuras, y a partir de su directa relación con las construcciones ya conservadas en el sótano de la CAM parece deducirse un carácter unitario para todo el conjunto de las habitaciones, pertenecientes a una posible vivienda o cualquier otra edificación de uso desconocido. Lo que llamamos habitaciones 4, 5, 6 y 7 sí parecen estar en una evidente asociación con las estancias más occidentales descubiertas en 1971. Sin

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embargo, en nuestra excavación las tres estancias más próximas a la calle del Duque podrían corresponder a un ambiente diferente al del resto de las estancias descubiertas incluso en algún momento nos hemos llegado a plantear la posibilidad de posibles tabernae que comunicarían directamente con una zona pública o vía hacia la parte sur del solar. Por otro lado, otro punto interesante sería el sondeo del último pilar de cimentación, el n.º 7, próximo ya a la Plaza del Risueño (la parte más opuesta a la calle del Duque), realizado junto a uno de los muros, que pensamos podría corresponder a uno de los muros de cierre de la casa o de todo el conjunto. Este hecho parece confirmarse a tenor del importante desnivel que se aprecia entre el interior de la estancia, y lo que pensamos podría ser una zona pública, de paso, más baja, y en la que este muro tiene un importante alzado, de 2’10 mts., realizado a base de hiladas de aparejo regular de cara vista y sin enlucir. Zona de paso que perfectamente podría corresponder a una callejuela o callejón (angiportus) entre las manzanas de viviendas y que bien podría comunicar dos cardos secundarios o incluso ser un callejón sin salida. En cuanto al análisis de todos los elementos arqueológicos descubiertos: pavimentos - a partir de los esquemas decorativos de los distintos opus signinum, así como por los materiales cerámicos y monedas-, nos proporcionan para todo este conjunto un contexto cronológico muy homogéneo y bien datado entre los comienzos del siglo I d.C, como fecha inicial o momento de construcción de estas construcciones hasta a finales del siglo II d.C., en que son amortizadas o abandonadas y que grosso modo viene a ser la tónica general que se repite en toda el área urbana oriental de Cartagena, es decir, a partir del eje Norte-Sur que en la actualidad marcan las calles Serreta y Caridad. En esta zona, se produce un abandono generalizado y que prácticamente no vuelve a ocuparse a partir del siglo XVIII, mientras que en la zona occidental si se refleja cierta continuidad de ocupación, sobre todo ya desde los siglos IV-V d.C., aunque con una reocupación de espacios anteriormente habitados, en muchos casos con una finalidad distinta y con una amplia reutilización de los elementos constructivos altoimperiales. NOTAS

(1) San Martín Moro, P.A.: «Cartagena: conservación de yacimientos arqueológicos en el casco urbano», Arqueología de las ciudades modernas superpuestas a las antiguas. Madrid, 1985, pp. 346-48; San Martín Moro, P.A.: «Nuevas aportaciones al plano arqueológico de Cartagena», Museo de Zaragoza. Boletín 4 (1985). Homenaje a Antonio Beltrán. Zaragoza, pp. 134-135.

INFORME PRELIMINAR DE LA EXCAVACIÓN DE URGENCIA EN C/. CARIDAD Nº 12, ESQUINA CON C/. SAN CRISTÓBAL LA CORTA

M.ª José Conesa Santacruz

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1996

INFORME PRELIMINAR DE LA EXCAVACIÓN DE URGENCIA EN C/. CARIDAD Nº 12, ESQUINA CON C/. SAN CRISTÓBAL LA CORTA

Mª JOSÉ CONESA SANTA CRUZ

Resumen: Durante los meses de diciembre de 1990 a marzo de 1991, se realizó la excavación de un solar situado en la esquina de las calles Caridad 12 y San Cristóbal la Corta, próximo a las faldas del Monte

Sacro, donde se puso al descubierto el interior de una habitación de construcción romana (de época augustea y colmatada durante los ss. II y III d. C.). Esta vivienda está apoyada sobre unos muros anteriores.

LOCALIZACIÓN DEL SOLAR

de la cuadrícula por dos factores: Uno, debido a las condiciones del edificio colindante a este solar declarado por el Ayuntamiento como ruina inminente, por lo que se deja un amplio margen de seguridad, unos 3 m. aproximadamente entre la medianera del edificio y el corte. Otro, es la existencia de restos arqueológicos cercanos, ya constatados en una anterior excavación de urgencia, realizada en el año 1987 bajo la dirección técnica de D. Miguel Martín Camino y D. Blanca Roldán Bernal en el solar contiguo al que nos ocupa en la calle Caridad nº 10 esquina con calle San Cristóbal la Corta, donde apareció una calzada paralela a la calle Caridad y restos de una habitación. Por todo ello, se plantea una única cuadrícula de 6 x 3,5 m. paralela a la linea de fachada de la calle Caridad y perpendicular a la línea de fachada de la calle San Cristóbal la Corta. La topografía del solar y las cotas están tomadas desde el centro de una boca de alcantarilla situada en la bifurcación de las calle Caridad y calle San Cristóbal la Corta, con una cota de 7,14 m. sobre el nivel del mar.

Dentro del sistema de excavaciones de urgencia del casco antiguo de Cartagena, tuvimos la oportunidad de excavar un solar situado en la calle Caridad n.º 12, esquina con la C/. San Cristóbal la Corta, entre los meses de diciembre de 1990 a marzo de 1991, aunque el tiempo propiamente de excavación fuera de tan sólo 1 mes, pero interrumpido por las frecuentes lluvias torrenciales acaecidas que dificultaron las tareas de excavación y por consiguiente, los perfiles reflejan los destrozos ocasionados por éstas. La excavación fue realizada por obreros cedidos de un convenio entre Ayuntamiento - Inem. El solar se encuentra situado en la ladera W del monte Sacro, en cuya zona se han constatado varios yacimientos arqueológicos, baste recordar el inmueble contiguo en la calle Caridad n.º 10 donde se documentaron restos de una calzada de 3’5 m. de anchura, paralela a otra documentada en la C/ Duque n.º 29, que conformarían los principales ejes perpendiculares NoroesteSureste o posibles «cardos», junto a esta calzada también se documentaron restos de habitación de una vivienda. METODOLOGÍA

La excavación de este solar determina el planteamiento

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ESTRATIGRAFÍA

La secuencia estratigráfica del corte único es bastante uniforme, con una buena seriación estratigráfica y perfecta-

INFORME PRELIMINAR DE LA EXCAVACIÓN DE URGENCIA EN C/. CARIDAD N.º 12, ESQUINA CON C/. SAN CRISTÓBAL LA CORTA

Fig. 1. Perfil Oeste

mente asociada a las estructuras aparecidas. NIVEL I: Se trata de un relleno de escombros y cimentación procedente del derribo de la edificación allí existente. Dentro de este nivel aparecen una serie de estratos formados por: ESTRATO IB: - Un suelo formado de losas ya documentado anteriormente en otros solares cercanos, del siglo XII, apareciendo en todo el corte excepto en el ángulo NW, que se encuentra roto por la presencia de un pozo ciego.

ESTRATO IC: - Un pozo ciego en el ángulo NW formado de ladrillo macizo, que rompe con las estructuras llegando hasta el pavimento. ESTRATO ID: - Filtraciones de dicho pozo ciego que abarca también la zona NW. El material cerámico que encontramos en este nivel es todo moderno y medieval pero en escasa cantidad. NIVEL II: Está formado por una tierra arcillosa de color marrón

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Fig. 2. C/. Caridad 12. 1991. Planta de las estructuras excavadas.

claro de poca potencia, apareciendo uniforme por todo el corte excepto en el perfil W. Este nivel no presenta material cerámico, y corresponde al abandono urbanístico de la zona, que no se vuelve a ocupar desde época Imperial hasta el siglo XVII. NIVEL III: Está formado por una bolsada de tierra gris-rojiza, localizada en el perfil W, cubriendo gran parte de este perfil, por su forma, se trata de un pozo con materiales de desecho, una vez que ya se había abandonado y colmatado el edificio. Los materiales cerámicos van del siglo II al III d.C. NIVEL IV : Formado por una tierra de intensa coloración anaranjada, debido a la disolución de adobes, presentando abundantes fragmentos de materiales de construcción, como tegulas, pavimentos de opus signinum, planchas de estucos decorados a bandas y con motivos vegetales. Es un nivel con gran potencia, corresponde a la amortización de las estructuras halladas. (Fig. 1). Entre el material cerámico significativo que nos aporta

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este nivel aparecen principalmente T.S. Clara A, formas 23, 17, 9, 14, 2/3 B etc. que nos remiten cronológicamente al siglo II d.C. ESTRUCTURAS

Se distinguen varios momentos constructivos. A/ Así, en un primer momento, aparece una serie de construcciones modernas, como: - un pozo ciego en el ángulo NW construido en ladrillo macizo y cal, que rompe las demás estructuras. - un muro de ladrillo del edificio moderno en el centro del corte. - un muro de cimentación en la línea de fachada de la c/San Cristóbal la Corta, en el ángulo NW. B/ un segundo momento que corresponde ya con los niveles romanos, formado por: - 3 muros ( nº 1,2 y 3 ) de época augustea con zócalo de piedra y argamasa de unos 50 cm. de altura, y recrecidos en adobe,conservándose en el muro nº 1 un alzado de adobe de unos 70 cm. aproximadamente y reflejándose también en este muro la marca de la hilera de adobes.(Fig. 2).

INFORME PRELIMINAR DE LA EXCAVACIÓN DE URGENCIA EN C/. CARIDAD N.º 12, ESQUINA CON C/. SAN CRISTÓBAL LA CORTA

Fig. 3.

- y una reparación adosada al muro nº 1 que corresponde al mismo tiempo constructivo. En estos muros se observa dos momentos de utilización, ya que aparecen los zócalos revestidos con una capa formada de cenizas, cal y laguena, a modo de aislante de humedad, esta capa parece alisada con las manos, ya que se observa los surcos dejados por éstas para su alisamiento. - un pavimento de opus signinum que cubre todo el corte, apareciendo roto en la zona del pozo ciego, y no pudiéndose constatar en la zona comprendida entre el muro nº 1 y el preparado ( muro n.º 4 ). C/. Un tercer momento constructivo , sería los muros A y B que aparecen al mismo nivel de pavimento, asi en el muro A se observa que la parte del muro, formado por piedras medianas, han sido arrasadas para nivelar con el pavimento.(Fig. 3). Este tercer momento constructivo sería de cronología anterior a la fase B, probablemente republicana. CONCLUSIONES

Dado lo reducido del solar que pudimos excavar las

conclusiones que aportamos tampoco son muy extensas, nos encontramos ante una habitación de una vivienda privada. En la topografia de la ciudad romana, las viviendas se distribuyen sobre todo al pie de los montes Sacro y San José, hasta las calles de la Serreta por el Oeste, y la Plaza de la Merced por el Sur, y sobre todo en la falda septentrional del castillo de la Concepción, en torno a las actuales calles Jara, Palas, Montanaro y Faquineto. Se observa así claramente una especialización funcional de los distintos sectores de la ciudad (Ramallo Asensio 1.989, pág. 103). En cuanto a la cronología, se ha observado en diferentes solares que se han ido excavando, que a finales del siglo II e inicios del III hay un abandono generalizado, de lo que en época Alto Imperial era la ciudad romana. Las excavaciones de la C/. Cuatro Santos nº 40 , C/. Jara n.º 19, 21, 23 o las recientes de la C/ Caballero han confirmado este hecho, también la que hemos realizado en la C/ Caridad continúa en esta línea. No obstante, todavía queda por perfilar exactamente los limites de la reducción de la ciudad a partir del siglo III d.C., datos que sólo podrán completarse con una excavación sistemática del casco antiguo de la actual ciudad.

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INFORME DE LAS EXCAVACIONES EN LA EXPLANADA DEL HOSPITAL DE MARINA. CARTAGENA. 1990/91

José Pérez Ballester M.ª Carmen Berrocal Caparrós

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1991

INFORME DE LAS EXCAVACIONES EN LA EXPLANADA DEL HOSPITAL DE MARINA. CARTAGENA. 1990/91

JOSÉ PÉREZ BALLESTER, M.ª CARMEN BERROCAL CAPARRÓS

I. INTRODUCCIÓN

Entre noviembre del año 1990 y marzo de 1991 se realiza en Cartagena, mediante un convenio de INEM -Corporaciones locales, una intervención arqueológica en la explanada trasera del Hospital de Marina, área conocida tradicionalmente desde el siglo XVI con el topónimo de Antiguones, por la cantidad de restos antiguos visibles. Para tal actuación arqueológica se contrataron tres técnicos arqueólogos -Luis de Miquel, Carmen Marín y Diego Ortiz - así como 12 peones no cualificados. La Plaza del Hospital de Marina es un gran espacio rectangular de unos 2.500 m2 , sensiblemente horizontalizado que se formó con aportes antrópicos de tierras de varias épocas que colmataron una zona de vaguada existente entre las laderas del Cerro de la Concepción y el promontorio de Despeñaperros. Esta explanada se encuentra delimitada por la Plaza de Toros, el Real Hospital de Marina y el Cuartel de Antiguones por el SW, SE y NE, respectivamente, y por el lateral NW con el extremo de las calles del Ángel y del Alto. II. ANTECEDENTES

En este área delimitada se recogen desde antiguo noticias

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sobre la existencia de ruinas de época romana, si bién el monumento más notorio y conocido sería el Anfiteatro -actualmente debajo de la Plaza de Toros- se menciona la existencia de restos de otras estructuras citados por Francisco de Cascales y Gerónimo Hurtado a finales del siglo XVI. La presencia de otras edificaciones se vé avalada por un plano de la ciudad del siglo XVIII, datable entre 1750 y 1789, reproducido en el volumen de A. Bonet sobre cartografía militar española (BONET, 1991, lám. 72), en el que se observa al Norte del Hospital y en el solar donde más adelante se construirá el Cuartel de Antiguones, una estructura rectangular abierta dibujada con el mismo tipo de trazo que distingue otras ruinas antiguas de la zona como el óvalo del Anfiteatro. El conocimiento de la documentación antigua nos hizo plantear en 1988 un Proyecto de Prospección Geofísica en la explanada del Hospital de Marina, la prospección eléctrica se realizó sobre una superficie de 900 m2 en una gran cuadrícula de 30 m. de lado, localizada entre las cuatro farolas existentes. Los gráficos resultantes nos indicaron la posible existencia de estructuras de disposición ortogonal o alineadas, más claras en el Sector N-NW donde el relleno se suponía menor. También había trazas más débiles en la mitad S-SE de la prospección donde sabíamos por las excavaciones del Corte R que habían al menos 7-8 m. de potencia de rellenos sobre el sustrato rocoso del cerro.

INFORME DE LAS EXCAVACIONES EN LA EXPLANADA DEL HOSPITAL DE MARINA. CARTAGENA. 1990/91

Figura 1. Plaza Hospital de Marina. Planteamiento general de la excavación. Ampliación área excavada.

A partir de estos datos previos, en julio del año 1990 se inicia el proceso de investigación arqueológica de la explanada efectuando una primera fase de excavación en la que se trazó una amplia cuadrícula coincidente con la utilizada en la prospección eléctrica, delimitando 25 cortes de 5 x 5 m., cuya nomenclatura se realizaba por letras en coordenadas y númerós en abcisas de forma que permitiesen, en caso necesario, la ampliación de las catas y su correspondiente denominación hacia cualquiera de los cuatro puntos cardinales. En esta campaña ordinaria, además del planteamiento previo metodológico de todo el sector, se realizaron cuatro catas-control, de 2 x 2 m. en los extremos de la zona delimitada, donde se documentó la presencia de varias compactaciones modernas, debajo de las cuales se extienden unifor-

mes en toda la explanada, otros rellenos de época romana que cubren a su vez otros rellenos también romanos pero de cronología anterior (cf. informe intervención en julio 1990). Los cuadros-control F-7, F.12, K-7 y K-12 constataron la presencia de dos niveles de aplanamiento sin presencia de material moderno, ello nos permitió rebajar por medios mecánicos, unos 40 - 50 cm. de esta primera capa superficial excepcionalmente dura, con una extensión de 10 x 30 m. de la gran cuadrícula planteada. Asimismo, se detectó hacia la parte central de la plaza, debajo de los niveles modernos compactados, una amplia fosa de ladrillo macizo anterior al siglo XVIII que podría estar en relación con una gran fosa común de la epidemia de peste que asoló Cartagena en 1648.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Figura 2. Cuadrículas F-9 y F-8. Perfil Norte.

III. METODOLOGÍA

Cuando se inicia la excavación en noviembre de 1990, se encontraba - como hemos indicado anteriormente- planteada una gran cuadrícula en la que se habían rebajado los niveles superficiales junto a los perfiles W, N y S., formando una gran trinchera en forma de U. Las dimensiones de los cortes eran de 5 x 5 m., sin embargo, dado el gran tamaño de los mismos y la considerable potencia estratigráfica del lugar, optamos por abrir tan sólo la mitad de las cuadrículas, con unas dimensiones de 2,5 x 5 m, con la intención de excavar la mayor extensión posible para conseguir un perfil estratigráfico continuo de la Explanada. Los cortes excavados serán diez en total y según la denominación alfanumérica aplicada por ejes de coordenadas son los siguientes: H-12, G-12, F-12, F-11, F-10, F-9, F-8, G-8, H-8 y I-8. En el proceso de excavación se sigue la estratigrafía natural, aplicando el método Harris. La nomenclatura de los estratos es numérica, variando las unidades de millar en cada cuadrante de la gran cuadrícula inicial y en cada corte cambian las centenas, de este modo el corte F-12 inicia su deno-

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minación en el 1000, G-12 en el 1100, el corte F-8 es el 2000, K-8 el 3000 y el cuadrante del corte K-12 es el 4000. IV. LISTADO DE CUADRÍCULAS

Las diez cuadrículas excavadas son las siguientes: Corte H-12.- Zona: subsector Este Unidades estratigráficas excavadas: 1201- 1209 Corte G-12.- Zona: subsector Este Unidades estratigráficas excavadas: 1101- 1113 Corte F-12.- Ampliación cata-control de 1990, F-12 Unidades estratigráficas excavadas: 1101- 1023 Corte F-11.- Zona: subsector Norte Unidades estratigráficas excavadas: 1301- 1313 Corte F-10.- Zona: subsector Norte Unidades estratigráficas excavadas: 1601- 1614 Corte F-9.- Zona: subsector Norte Unidades estratigráficas excavadas: 2301- 2319 Corte F-8.- Ampliación cata-control de 1990, K-7 Unidades estratigráficas excavadas: 2001- 2019 Corte G-8.- Zona: subsector Este Unidades estratigráficas excavadas: 2101- 2119

INFORME DE LAS EXCAVACIONES EN LA EXPLANADA DEL HOSPITAL DE MARINA. CARTAGENA. 1990/91

Corte H-8.-Zona: subsector Este Unidades estratigraficas excavadas: 2201- 2242 Corte I-8.-Zona: subsector Este Unidades estratigráficas excavadas : 3201- 3225 V. ESTRATIGRAFÍA

Debido a que descripción de la estratigrafía de todos los cortes excavados puede resultar demasiado tediosa, presentamos tan sólo la estratigrafía de tres cortes consecutivos, denominados F-11, F-10 y F-9, en los cuales a través de sus relaciones estratigráficas se puede observar la dinámica general de las deposiciones antiguas y modernas en la plaza. CORTE F-11 Ue. 1301.-Tierras muy compactadas y endurecidas de color grisáceo con abundantes láguenas y esquistos. Nivel de relleno moderno. Ue. 1302.-Tierra color marrón con fragmentos de láguena, más suelta que la anterior pero similar en textura. Nivel de relleno moderno. Ue. 1303.-Estrato de coloración rojiza y textura arcillosa. Nivel de relleno moderno. Ue. 1304.-Fina capa grisácea con abundantes carbones. Potencia 3 cm. Ue. 1305.-Estrato con abundantes restos de construcción ya sean estucos, enlucidos, pavimentos, argamasa, etc... localizado en el perfil W, junto al corte F-10. Nivel de relleno romano, s. I d. C. Ue. 1306.-Estrato de escasa potencia, compuesto por tierra rojiza-anaranjada procedente de disolución de adobes que presenta textura arcillosa. Ue. 1307.-Finas capas de cenizas, con cerámicas del siglo I d. C. Ue. 1308.-Potente estrato de relleno de tierra rojiza, con un coloración poco uniforme ya que se distinguen pequeñas vetas más o menos oscuras. Nivel de relleno s. I d. C. Ue. 1309.-Fina bolsada de argamasa disgregada de coloración beige, localizada en el ángulo SE, entre las ues. 1306 y 1308. Ue. 1310.-Estrato de tierra marrón rojiza. Ue. 1311.-Estrato de tierra anaranjada con cenizas, carboncillos y vetas de arena. Nivel de relleno del s. I a. C. Muy similar a la ue. 1308 pero de textura más suelta y ligera. Ue. 1312.-Relleno de piedras pequeñas con esquistos desgregados.

Ue. 1313.-Fina capa de argamasa asociada al la ue. 1312. CORTE F-10 Ue. 1601.-Tierras muy compactadas y endurecidas de color grisáceo con abundantes láguenas y esquistos. Nivel de relleno moderno. Ue. 1602.-Tierra color marrón con fragmentos de láguena, más suelta que la anterior pero similar en textura. Nivel de relleno moderno. Ue. 1603.-Estrato de tierra marrón oscura de textura suelta. Nivel de relleno moderno. Ue. 1604.-Fina capa grisácea con abundantes carbones en el ángulo NE. Ue. 1605.-Estrato de tierra de color anaranjado, suelta y de textura arcillosa. Nivel del relleno, s. I d. C. Ue. 1606.-Bolsada de tierra grisácea, con una potencia entre 10-15 cm., localizada en el perfil sur del corte con cerámica del siglo I d. C. Ue. 1607.-Estrato de 40 cm. de potencia compuesto por tierra de coloración anaranjada y textura arcillosa. Nivel del relleno s. I d. C. Ue. 1608.-Fina capa de cal y piedras medianas que sólo se localiza en la zona sur del corte. Nivel de relleno. Ue. 1609.-Estrato de tierra marrón oscura de textura muy suelta. Nivel del relleno, s. I d. C. Ue. 1610.-Estrato de relleno compuesto por cal disgregada, en pequeños nódulos y por estucos de diversas coloraciones (amarillos, blancos, rojos negros y verdes). Nivel del relleno, s. I d. C. Ue. 1611.-Estrato de tierra amarillenta muy suelta con restos de cal, localizada entre los estratos 1607 y 1609. Nivel del relleno. Ue. 1612.-Estrato de tierra marrón rojiza localizado debajo del 1609 con una potencia que oscila entre los 20 y 30 cm., aporta gran cantidad de cerámicas. Nivel del relleno, s. I d. C. Ue. 1613.-Estrato de tierra marrón oscura con restos de ceniza en la mitad W del corte. Nivel del relleno, s. I a. C. Ue. 1614.-Estrato de tierra marrón oscura localizado debajo del 1612, muy similar a la ue. 1613 aunque los materiales son más modernos. Nivel del relleno, s. I d. C. CORTE F-9 Ue. 2301.-Relleno moderno y contemporáneo, muy compactado compuesto por tierras de color grisáceo con láguena y esquistos.

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Ue. 2302.-Estrato de tierra marrón oscura de textura suelta. Nivel de relleno moderno. Ue. 2303.-Estrato de tierra color marrón- rojiza de textura arcillosa . Nivel del relleno, s. I d. C. Ue. 2304.-Estrato grisáceo de gran potencia con abundantes carbones, aporta gran cantidad de cerámicas. Nivel del relleno, s. I d. C. Ue. 2305.-Estrato de tierra anaranjada arcillosa con gran cantidad de nódulos esquistosos y adobes disgregados, aporta poco material cerámico. Nivel del relleno, s. I d. C. Ue. 2306.-Fosa rellenada por la tierra gris con cenizas y carbones de la ue. 2.304. Ue. 2307.-Es la misma fosa que la ue. 2306 pero individualiza en la zona que está cortada por la ue. 2305. Ue. 2308.-Fosa rellenada por estrato el de cenizas y huesos (ue. 2309) localizada en el centro del corte. Ue. 2309.-Estrato de relleno de tierra grisácea con cenizas, carbones y huesos. Ue. 2310.-Estrato de 15 cm. de potencia compuesto por material de construción, únicamente cal disgregada y en nódulos y sobre todo gran cantidad de estucos decorados con tema vegetal. Esta bolsada está situada cerca del perfil Oeste. Ue. 2311.-Estrato arcilloso bastante compacto de coloración marrón oscura que aporta abundante material cerámico especialmente T. Sigillata Gállica forma Dragendorf 24 / 25. Nivel del relleno, s. I d. C. Ue. 2312.-Fosa rellenada con la tierra cenizosa de la ue. 2313 y cortada por el estrato 2311. Ue. 2313.-Relleno de cenizas de la fosa 2312, tan sólo áporta un fragmento de cerámica y otro de hueso. Ue. 2314.-Estrato de color rojizo con gran cantidad de nódulos esquistosos procedentes de la roca original. Aporta escaso material cerámico republicano mezclado con altoimperial. Ue. 2315.-Estrato estéril de intenso color rojizo formado por esquistos disgregados, corresponde a al terreno rocoso natural que ha sido nivelado para construir el muro 2317. Ue. 2316.-Bloque de arenisca en forma de U invertida sobre la ue. 2315 y cubierto por la ue. 2314. Ue. 2317.-Muro de piedra mediada colocada en seco, dirección E- W. Está situado sobre el estrato 2315 y cubierto por la ue. 2311. Ue. 2318.-Estrato de tierra marrón oscura arcillosa con esquistos disgregados, situado entre el muro 2317 y el perfil W. Datado a mediados del siglo I d. C.

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Ue. 2319.-Estrato grisáceo con abundantes carbones de textura muy suelta. Rellena las hendiduras del terreno natural ue. 2315. Ue. 2320.-Estrato de tierra grisácea con abundantes carbones localizado sobre el terreno natural (2315) y gran cantidad de material cerámico entre el que destaca la cerámicas de Gnatia. Nivel del relleno, s. II a. C. Ue. 2321.-Estrato de color ocre-amarillento con cerámicas de barniz negro, aporta poca fiabilidad estratigráfica con injerencias altoimperiales. VI. CONCLUSIONES CRONOESTRATIGRÁFICAS

Las distintas campañas arqueológicas realizadas en la explanada del Hospital del Marina entre los años 1990 y 1992, nos han aportado un importante volumen de documentación junto a una gran cantidad de material arqueológico, el análisis pormenorizado de la estratigrafía del conjunto nos indica la presencia de seis fases en el yacimento que abarcan desde la 2.ª mitad del siglo III a. C. hasta el siglo XIX. A continuación vamos a exponer de un modo resumido las distintas fases y sus características, si bien hemos de tener en cuenta que en la presente campaña de 1990-91 tan sólo rebajamos en extensión las fases VI y V de los cortes anteriormente indicados, quedándonos al finalizar la intervención arqueológica sobre los estratos de la fase IV del yacimento con adscripción republicana. Preveyendo en la siguiente campaña arqueológica de 1991-92 la excavación en extensión de los niveles republicanos hasta la roca natural, en la misma zona excavada en 1990-1991. FASE VI.- Cronología: siglo XVIII Capas muy endurecidas con intención de relleno y nivelación, vertidas a partir del siglo XVII y sobre todo en el siglo XVIII al configurarse la plaza tras la construcción del Real Hospital de Marina y el Cuartel de Antiguones. FASE V.- Cronología: años 60-70 d. C. Potente paquete de estratos claramente horizontalizados que cubren todo el área excavada. Se trata de vertidos puntuales y variados con potencias muy variables procedentes de la amortización de un área urbana, como así lo indican los numerosos fragmentos de recubrimientos parietales, muchos de ellos pintados con policromía y motivos no sólo geométricos, sino también vegetales. Hay que añadir la presencia de restos de pavimentos de opus signinum. Las cerámicas, como en otras zonas del yacimento, se

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caracterizan, junto a una débil representación de materiales republicanos, por la abundancia de sigillatas sudgálicas, presencia de ánforas Dr. 2-4 y Haltern 70, paredes finas de época altoimperial (especialmente Mayet XXXIV y cáscara de huevo), mientras que entre las monedas halladas las más modernas corresponden a época de Claudio. FASES IV Y III.- Cronología: siglo I a. C. Se trata de rellenos horizontalizados por debajo de los anteriores, que sólo contienen materiales de época republicana, los encontramos en todos los cortes y corresponde al nivel dejado tras la campaña de 1990/91. FASE II b.- Cronología: 2.ª mitad del siglo II a. C. Niveles de abandono y colmatación de estructuras documentadas en 1992. FASE II a.- Cronología: 1.ª mitad del siglo II a. C. Estructuras de disposición ortogonal aparecidas en 1992. FASE I - Cronología: 2.ª mitad del siglo III a. C. Corresponde a la fase más antigua de la contrucción y ocupación de algunas habitaciones de la fase anterior.

BIBLIOGRAFÍA -PÉREZ BALLESTER, J. (1987). «Anfiteatro de Cartagena, campaña de 1.983». Excavaciones y Prospecciones Arqueológicas. Murcia. PP. 283 y ss. -PÉREZ BALLESTER, J. Y BERROCAL CAPARRÓS, M.C. (1997). “Prospección Geogísica del Anfiteatro Romano y Plaza del Real Hospital de Marina de Cartagena ( 1989). Primera campaña de excavaciones en la Plaza del Hospital”. Memorias de Arqueologia , nº 5. Murcia. -PÉREZ BALLESTER, J., Y SAN MARTÍN MORO, P. A., BERROCAL CAPARROS, M.C. (1995) . «El Anfiteatro romano de Cartagena (19671992)». Coloquio Internacional. El Anfiteatro en la Hispania Romana, Mérida 1992. P. 91-118. -CASCALES, F. (1598) Discurso de la ciudad de Cartagena dirigido a la misma y compuesto por F. Cascales. Valencia, capítulo 4, 6-7. -BONET CORREA, A. (1991). «Plano de la Plaza de Cartagena, su Arsenal, Puerto y Baterias que lo defienden», del año 1763. Cartografía Militar de Plazas fuertes y Ciudades Españolas del siglo XVII. PL.71.

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INFORME PRELIMINAR DE LA PROSPECCIÓN ARQUEOLÓGICA SUBACUÁTICA REALIZADA EN LOS ACCESOS AL PUERTO DE CARTAGENA Y PUERTO E ISLA DE ESCOMBRERAS

Inmaculada Arellano Gañán Mercedes Gómez Bravo Ana Isabel Miñano Domínguez Juan Pinedo Reyes

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1992

INFORME PRELIMINAR DE LA PROSPECCIÓN ARQUEOLÓGICA SUBACUÁTICA REALIZADA EN LOS ACCESOS AL PUERTO DE CARTAGENA Y PUERTO E ISLA DE ESCOMBRERAS

INMACULADA ARELLANO GAÑÁN, MERCEDES GÓMEZ BRAVO, ANA ISABEL MIÑANO DOMÍNGUEZ, JUAN PINEDO REYES Centro Nacional de Investigaciones Arqueológicas Submarinas, Cartagena

Resumen: La prospección subacuática realizada en la zona de Accesos al Puerto de Cartagena e isla de Escombreras, se ha realizado con carácter de urgencia debido al intenso expolio que sufre esta zona. Se ha realizado una prospección geofísica en los Accesos del puerto de Carta-

gena cubriendo aquellas zonas inaccesibles para los buceadores debido a la alta cota de profundidad, contaminación y falta de visibilidad fundamentalmente.

Hay que dejar constancia de que los trabajos conocidos(1) efectuados en las aguas del puerto de Cartagena hasta la actualidad han sido muy parciales, limitándose, en muchos casos, a la recuperación de piezas arqueológicas (procedentes en su mayoría de dragados) para su posterior estudio.(2) No obstante hay que destacar la validez de estos trabajos en su momento dadas las limitaciones técnicas y de personal especializado en esa época. La falta de un estudio completo de estos materiales, nos indujo a plantear la necesidad de dotarles de contexto mediante la realización de una prospección arqueológica subacuática, que además pretendía documentar exhaustivamente los accesos a dicho puerto. El comienzo del proyecto de Inventario de Yacimientos Arqueológicos Subacuáticos (IYAS) en la Región de Murcia (Carta Arqueológica) se remonta al año 1989, en que se inició, dentro de los proyectos del Centro Nacional de Investigaciones Arqueológicas Submarinas, una primera fase de trabajo documental. Ésta consistió en la recogida sistemática de bibliografía, cartografía, información oral ...etc. y de documentación referente a intervenciones arqueológicas y hallazgos casuales realizados en el mar y la zona litoral de la costa, así como en aguas interiores, cuevas inundadas etc.

Durante el año 1991, una urgencia planteada por la Consejería de Cultura referente a la construcción de un emisario perteneciente a la Compañía General Electric, que se construiría en la Dársena de Escombreras, junto al continuado expolio detectado en la zona de los accesos al Puerto de Cartagena, motivaron el que los directores del proyecto de Inventario de Yacimientos Arqueológicos Subacuáticos del Litoral Murciano plantearan a esta Comunidad una prospección de urgencia en los accesos al Puerto de Cartagena y Puerto e Isla de Escombreras, con el fin de documentar esta importante zona para prevenir y proteger-preservar en lo posible el Patrimonio Histórico allí depositado. Esta campaña de prospecciones arqueológicas se completó con dos fases más: un corte estratigráfico en la zona interior del Puerto de Cartagena(3) y una prospección geofísica (sonar de barrido lateral) en aquellas zonas que no pudieron ser cubiertas por los buceadores. Esta primera fase del trabajo se desarrolló entre los días 27 de mayo y 6 de julio de 1991, abarcando la zona Este de los accesos al Puerto de Cartagena y la zona limítrofe a la Ensenada e Isla de Escombreras. Fue llevada a cabo por un equipo interdisciplinar formado por arqueólogos, restauradores, dibujantes y fotógrafos subacuáticos, así como el patrón de las

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INFORME PRELIMINAR DE LA PROSPECCIÓN ARQUEOLÓGICA SUBACUÁTICA REALIZADA EN LOS ACCESOS AL PUERTO DE CARTAGENA Y

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Lámina I. Plano de Situación de las áreas prospectadas.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Lámina II. Planimetría de la concentración de restos arqueológicos hallados frente a la punta de San Antonio.

embarcaciones y mecánicos encargados del mantenimiento del material de buceo(4), todos ellos especialistas vinculados al C.N.I.A.S.. Este organismo nos facilitó la infraestructura necesaria cediendo, del mismo modo, sus instalaciones (laboratorio fotográfico y de restauración, gabinete de dibujo, biblioteca...) durante el desarrollo de la campaña. METODOLOGÍA

La elección de la metodología, utilizada directamente en el agua, ha estado determinada por los condicionantes físicos (corrientes, visibilidad, profundidad...), en resumen, todo aquello ligado al medio marino. Para la realización de cualquier labor de prospección subacuática es imprescindible acotar la zona de trabajo. En nuestro caso, dada la amplitud de la superficie a cubrir, se hizo necesario dividirla en diversas zonas definidas en función de las condiciones del medio y las hipótesis de trabajo planteadas. Como resultado quedaron delimitadas las siguientes áreas: - Del dique de La Curra al bajo de Santa Ana. - Del bajo de Santa Ana a Cala Cortina. - De Cala Cortina a la punta de El Gate.

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- Del muelle de Bastarreche a la Punta del Borracho y Boca Chica. - Isla y bajo de Escombreras. Estas superficies fueron, a su vez, compartimentadas en pequeñas parcelas donde se aplicaron directamente los métodos de prospección elegidos. Aun así, durante el desarrollo de la campaña hubo que incidir en determinadas zonas en función de los hallazgos arqueológicos. Los métodos de prospección empleados fueron los siguientes: 1- Recorridos orográficos: Por ello entendemos todos aquellos reconocimientos visuales en que los buceadores siguen los accidentes submarinos, bien sea con torpedos, bien al modo clásico. La mayoría de las veces que se ha empleado dicho método se ha debido, sobre todo, a la imposibilidad de aplicar otro, ya que podría perderse información (en lugares donde el terreno es muy accidentado y el material puede aparecer encajado entre rocas y muy mimetizado con el medio). Es más lento pero con él aseguramos la cubrición total en determinadas zonas. 2- Recorridos lineales o calles: Es uno de los sistemas más habituales. Consiste en la subdivisión del área elegida

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ESCOMBRERAS

Lámina III. Planimetría de la concentración de restos arqueológicos hallados en Cala Cortina.

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Lámina IV. Planimetría de los restos arqueológicos hallados en Trincabotijas.

mediante líneas paralelas que siguen un rumbo predefinido y cuya longitud y anchura viene determinada por la visibilidad, el tipo de fondo y el número de buceadores disponible. Dicho método se utilizó en fondos planos o poco accidentados. En algunos recorridos, orográficos o lineales, se hizo uso de torpedos, dando como resultado una mayor rentabilidad en la relación tiempo-espacio recorrido. 3- Recorridos circulares o concéntricos: Fue aplicado en aquellos lugares donde se halló una concentración de material arqueológico con suficiente entidad. Con este método se registra gráficamente la dispersión y extensión de un hallazgo, permitiendo la diferenciación in situ del material y la recogida de otro tipo de datos tales como características del fondo, etc. Simultáneamente se ubican los hallazgos con respecto a un punto conocido, a partir del cual se realizan círculos concéntricos cuyo radio aumenta paulatinamente, hasta completar la cubrición de la zona fértil. Durante toda la campaña, los materiales arqueológicos localizados se situaron tomando referencias a tierra para su posterior ubicación en el plano y se documentaron gráficamente bien a través de fotografías o dibujos, bien conjugando ambas técnicas.

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Se extrajeron algunas muestras representativas de los conjuntos homogéneos o aquellas piezas que, bien por la acción de los expoliadores o bien por el efecto del medio, corrían peligro de desaparecer. Dichos materiales, al ser en su mayoría de pequeño tamaño, no requirieron ningún método específico de extracción. Una vez en superficie, fueron sometidos a un tratamiento de desalación y limpieza en el laboratorio de restauración del C.N.I.A.S., donde permanecen en la actualidad.(5) ÁREAS DE TRABAJO

Como se ha indicado anteriormente, la zona prospectada ha sido la comprendida entre el muelle de La Curra y la punta del Borracho, así como Boca Chica, la cara Norte de la isla de Escombreras y el bajo de Escombreras. Este espacio queda recogido en la hoja 3612 del Instituto Hidrográfico de la Marina de Cádiz. Dentro de este área, la superficie cubierta fue la situada, salvo excepciones, entre las cotas de 0 y 25 m. de profundidad. A continuación pasamos a detallar sucintamente el desa-

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rrollo y los resultados preliminares en los distintos sectores que se cubrieron a lo largo de este trabajo. ÁREA 1: Del muelle de La Curra al bajo de Santa Ana.

Este sector, al encontrarse en la entrada al puerto de Cartagena, tuvo que restringirse a causa del tráfico marítimo existente. La línea de demarcación del área no pudo, por ello, ir paralela a la costa en la cota de los 25 m. de profundidad, sino que el límite de la superficie a cubrir se iba estrechando a medida que se acercaba al bajo de Santa Ana. Ésta fue la razón por la que la profundidad máxima alcanzada no superó los 18 mts. La orografía del terreno determinó la diferenciación de dos espacios, condicionantes del método de prospección a usar. Por un lado, el bajo de Santa Ana, caracterizado por un fondo de rocas y piedras, fue reconocido mediante círculos concéntricos que seguían el relieve del fondo marino. El resto del sector, caracterizado por un fondo llano compuesto principalmente por arena y cascajo, fue cubierto por calles paralelas a la línea de costa, separadas entre sí unos 10 mts., cubriendo las calles siguiendo rumbos prefijados. Frente a la punta de San Antonio se localizó a 18 mts. de profundidad, un pequeño conjunto de material arqueológico. Éste fue documentado mediante fotografías y un croquis de dispersión de material de 10 mts. de radio, lo cual nos permitió reconocer que el conjunto estaba compuesto por materiales de diversa atribución cronológica, abarcando desde época romana hasta el siglo XVIII. Además de los restos citados, en las cercanías, se halló material cerámico aislado, muy rodado y fragmentado que no fue posible identificar. En el bajo de Santa Ana, únicamente se localizaron una arandela de plomo, un fragmento de metal de forma rectangular y material cerámico no identificable debido a su lamentable estado de conservación. ÁREA 2: Del bajo de Santa Ana al bajo de Trincabotijas.

La cobertura se realizó mediante recorridos con brújula, siguiendo líneas paralelas a la costa, empleando indistintamente los torpedos según las necesidades del trabajo. La separación entre las calles fue, en este caso, de 15 mts. debido a la buena visibilidad con que se contó. El tipo de fondo se caracteriza por pequeñas rocas, piedras, cascajo y rodales de arena. A 13 mts. de profundidad, y junto a la entrada de Cala Cortina, se localizó una extensa superficie con restos arqueo-

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lógicos, que se documentó mediante dibujos y fotografías. Tras estas labores se constató que se trataba de un conjunto homogéneo compuesto por cerámicas en su mayoría vidriadas, material constructivo (ladrillos y tégulas), restos de un ancla metálica y clavos, todo ello de atribución moderna; hay que señalar que aparecieron un fragmento de Dressel 1B y otro de cerámica campaniense como elementos discordantes en este conjunto, y cuya presencia puede deberse al efecto de las corrientes. ÁREA 3: Del bajo de Trincabotijas a la punta del Gate.

En esta zona el método de prospección utilizado fue, fundamentalmente, el recorrido en líneas paralelas a la costa, siguiendo un rumbo prefijado. Únicamente en las zonas del bajo de Las Losas e islote del Gate se empleó el método de círculos concéntricos siguiendo el perfil del fondo marino. La visibilidad fue buena ( 15-20 mts.), caracterizándose el tipo de fondo por arena y cascajo. Aquí se localizaron varias concentraciones de restos arqueológicos: El primer punto de interés lo constituye un área situada entre la punta de Trincabotijas y el bajo de Las Losas, a una cota de profundidad que oscila entre los 18 y los 23 mts. Se documentó la existencia de un importante conjunto de ánforas Keay V junto a otros materiales de cronología, igualmente, tardorromana. Próximo al bajo de Las Losas, entre el mismo y la costa, se localizó un conjunto homogéneo de cronología moderna a una cota de profundidad entre los 8 y 12 mts. El tercer punto lo constituye otra concentración ubicada también cerca del bajo de las Losas, en dirección a la punta de Trincabotijas y a una profundidad de 17 y 27 mts.. Esta zona, fértil arqueológicamente, está compuesta por restos que se adscriben al mundo romano (Dressel I, Dressel 20, tégulas, restos de plomo...), a excepción de un ancla de cronología indeterminada y un fragmento de jarrita de época medieval. Hay que hacer una observación acerca de la presencia de una mancha oscura sobre el lecho marino, en la que estaban depositados los restos. Podemos aventurar la hipótesis de que ésta pueda deberse a la descomposición de materiales orgánicos procedentes del enterramiento de un navío. En esta zona se registraron varios hallazgos desprovistos de contexto: En primer lugar, próximo a la punta Trincabotijas, se halló un sillar y algunos restos cerámicos que se documenta-

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ron fotográficamente. En las cercanías se visualizó una posible ancla metálica muy deteriorada. En el bajo de Las Losas, cuyo fondo es fundamentalmente de piedras y arena, se hallaron cerámicas muy rodadas, fragmentos de ánforas indeterminadas y de planchas de plomo. Estos materiales aparecen muy diseminados. El último sector prospectado dentro de este área es la zona correspondiente al islote y la punta del Gate, que se cubrió siguiendo la orografía del terreno y cuyos resultados fueron prácticamente nulos. Tan sólo se hallaron, de forma aislada, un pivote de Dressel 1A y un borde de Beltrán 2A. ÁREA 4: del muelle de Bastarreche a la punta del Borracho.

La metodología seguida fue de recorridos en calles paralelas a la línea de costa y en círculos concéntricos. Estos últimos se usaron únicamente en un caso, con el fin de determinar la dispersión de restos cerámicos aparecidos junto al muelle de Bastarreche. La visibilidad en este área fue muy buena, caracterizándose su fondo por ser de arena, roca y cascajo. Junto al muelle de Bastarreche se encontraron, de forma escasa, fragmentos de ánforas indeterminadas muy rodados y deteriorados, a una profundidad de 14 mts. Frente a la cueva de Los Aguilones se localizaron, a una cota de 13 mts., galbos y cuellos de ánfora Dressel 7-11 y otros restos indeterminados, mimetizados con el fondo y encajados en las rocas. Asimismo, se hallaron fragmentos de ánforas depositados por la mano humana en pequeños montones. A partir del muelle de Bastarreche tan sólo se llevó a cabo una calle, ya que, debido a la fuerte corriente existente en la zona y la gran profundidad que se alcanza, no fue posible cubrir la zona de forma exhaustiva, para lo cual se aplicaron métodos de prospección geofísica(6). Dicha calle se realizó en dirección al embarcadero de la isla de Escombreras. En esta zona sólo se localizaron dos ánforas Beltrán III, prácticamente íntegras, también fuera de contexto, por lo que únicamente se documentaron mediante fotografías. ÁREA 5: Bajo e isla de Escombreras.

En este lugar se distinguieron tres sectores a la hora de realizar la prospección: Punta este de la isla, fachada Norte de la misma y bajo de Escombreras. En general, la cobertura de este sector fue realizada por medio de recorridos orográficos, a excepción de una búsqueda circular realizada en el yacimiento Escombreras-88 (punta Este de la isla). Los fondos aquí son de arena, roca y cascajo y la

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visibilidad media de la zona se puede considerar buena. En la punta Este de la isla y en las inmediaciones del yacimiento Escombreras-88 se halló, a 15 mts. de profundidad, un importante conjunto de material cerámico (fragmentos de ánforas -fundamentalmente Dressel 1B-, fragmentos de cerámica campaniense) además de un cepo metálico de probable adscripción romana. Durante la prospección de la fachada Norte de la isla, cuyas cotas de profundidad oscilaban entre los 19 y 24 mts., se localizaron diversos materiales aislados: Una rueda de molino, panzas y asas de ánforas Dressel 1B, galbos y pivotes de ánforas romanas indeterminadas, un cepo metálico y otros restos cerámicos. En el tercer y último sector, el bajo de Escombreras, los resultados fueron nulos, pues el lugar no se pudo prospectar mediante buceadores debido a la gran profundidad a que se encuentra el fondo. Únicamente se realizó la cobertura hasta una cota de 30 mts., sin resultados arqueológicos. Todos los materiales, procedentes de esta actuación arqueológica, se hallan en proceso de estudio y serán publicados, en breve, en un estudio conjunto de todos los trabajos de arqueología subacuática realizados recientemente en el Puerto de Cartagena y sus accesos. NOTAS

(1) JÁUREGUI, J.J. (1948).»Exploraciones submarinas en Cartagena y San Pedro del Pinatar.» A.E.A., T. XXI. Madrid. Pp. 38-48. MAS, J. (1977). «La Arqueología Submarina en 1973. Jornadas de estudio sobre su orientación futura. Excavaciones en la costa de Cartagena.» N.A.Hisp., nº 5. Madrid. Pp. 275-288. MAS, J. (1979).El Puerto de Cartagena. Rasgos geográficos e históricos. Su tráfico marítimo en la Antigüedad. Cartagena. (2) Dichos trabajos se desarrollaron en el interior del puerto (Mar de Mandarache) y en sitios puntuales (Bajo de Santa Ana, Trincabotijas e isla de Escombreras), de los cuales hay depositado material arqueológico en el Museo Nacional de Arqueología Marítima. (3) Ver el informe preliminar del corte estratigráfico de El Espalmador Grande que aparece en las páginas siguientes. (4) Agradecemos desde estas líneas su colaboración a L.C. Zambrano, J.Pérez-Guerra, P.Ortiz, A.López, A.Martínez, F.J.Fernández, F.J.Sánchez, M.Alarcón y E. Peñuelas, sin cuya ayuda no hubiera sido posible llevar a buen término esta campaña. (5) Ver el Informe sobre los trabajos de conservación realizados en las actuaciones realizadas en los accesos al Puerto de Cartagena presentado en estas mismas Jornadas. (6) Dicha prospección constituye la III Fase de la I Campaña de la Carta Arqueológica Subacuática del Litoral de Murcia. Se ha realizado durante el mes de abril de 1992 y hasta el momento no pueden presentarse sus resultados, dado que las sonografías obtenidas se encuentran en proceso de estudio.

INFORME PRELIMINAR DEL CORTE ESTRATIGRÁFICO DE EL ESPALMADOR GRANDE (PUERTO DE CARTAGENA)

Inmaculada Arellano Gañán Mercedes Gómez Bravo Ana Isabel Miñano Domínguez Juan Pinedo Reyes

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1992

INFORME PRELIMINAR DEL CORTE ESTRATIGRÁFICO DE EL ESPALMADOR GRANDE (PUERTO DE CARTAGENA)

INMACULADA ARELLANO GAÑÁN, MERCEDES GÓMEZ BRAVO, ANA ISABEL MIÑANO DOMÍNGUEZ, JUAN PINEDO REYES Centro Nacional de Investigaciones Arqueológicas Submarinas, Cartagena

Resumen: Además de los trabajos de prospección, se realizó un corte estratigráfico en la ensenada del Espalmador Grande (Pto. de Cartagena) debido al intenso expolio que sufre esta zona. El continuado uso

del puerto de Cartagena y sus áreas marginales queda atestiguado, tanto en el corte estratigráfico como en la prospección de los accesos, para cronologías medievales, modernas y contemporáneas.

Como complemento a las labores de prospección en los accesos al Puerto de Cartagena realizadas en los meses de mayo-julio de 1991 (cuyo informe figura en otras páginas de estas mismas Jornadas) se planteó la realización de un corte en el interior del mismo puerto con el fin de obtener una estratigrafía del mismo. A pesar de que nuestro planteamiento inicial era extraer una secuencia estratigráfica de la zona donde las fuentes clásicas sitúan el puerto púnico y romano, esta idea hubo de descartarse debido a que éste es, en la actualidad, un puerto militar donde, por razones obvias, era imposible plantear un trabajo arqueológico. Se decidió entonces que la actuación se centrara en el límite Este de la ensenada de El Espalmador Grande, en el borde del canal de acceso al puerto. La ensenada, protegida de todos los vientos, ofrece un refugio natural muy seguro a los barcos, lo que ha propiciado su utilización, hasta nuestros días, como fondeadero de embarcaciones de pequeña envergadura. Frente a dicha ensenada se localizaba, hasta fechas recientes, una piedra (la laja del puerto de Cartagena) sobre la que se sitúa actualmente el faro de Curra que, debido a su ubicación en el centro del puerto así como a su escasa profundidad, ha supuesto un grave peligro para la navegación a lo largo de los siglos. Ambos factores, unidos al evidente

expolio constatado en la citada área de El Espalmador por parte de buceadores clandestinos, indujeron a la realización de una actuación arqueológica de urgencia en este área; esta actividad quedó incluida dentro de la I Campaña de la Carta Arqueológica Subacuática del Litoral de Murcia. Esta intervención, consistente en un corte estratigráfico, se llevaron a cabo durante los meses de septiembre a diciembre de 1991, y para ellos se contó con el apoyo técnico y humano del Centro Nacional de Investigaciones Arqueológicas Submarinas(1).

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ACTUACIONES ARQUEOLÓGICAS

Durante el año 1986 se llevó a cabo el dragado del canal de acceso al puerto de Cartagena, por parte de la empresa Dragados y Construcciones S.A., en el transcurso del cual se recuperó un importante volumen de materiales arqueológicos sin ningún tipo de control científico. Asimismo, se encuentran depositados en el Museo Nacional de Arqueología Marítima otros restos extraídos en anteriores dragados. Estos hechos, junto al reiterado expolio, y el conocimiento que teniamos de la existencia de materiales visibles, marcaron el inicio de una actuación metodológica a través del reconocimiento, por parte de arqueólogos, de la zona. Con

INFORME PRELIMINAR DEL CORTE ESTRATIGRÁFICO DE EL ESPALMADOR GRANDE (PUERTO DE CARTAGENA)

Lámina I. Ubicación del lugar donde se realizó el sondeo estratigráfico (*).

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Lámina II. Plano de situación de la cuadrícula.

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INFORME PRELIMINAR DEL CORTE ESTRATIGRÁFICO DE EL ESPALMADOR GRANDE (PUERTO DE CARTAGENA)

Lámina III. Croquis de la cuadrícula

ello, se pretendía obtener una visión de conjunto, a la vez que determinar el área de mayor potencia arqueológica en superficie. Sería en este punto donde se situaría la cuadrícula, con el fin de registrar una secuencia estratigráfica puntual de los accesos al puerto. Tras un primer contacto, se comprobó una mayor presencia de material en el cantil dejado por la draga de 1986. Ante ello, se decidió documentar gráficamente, por medio de dibujos y fotografías, los lugares en los que se localizaban las concentraciones más significativas. En primer término, se boyaron tres puntos (de Este o Oeste puntos 1, 2 y 3) a partir de los que se realizaron dos planimetrías de 15 m. de radio, abarcando la totalidad de la extensión de dichas concentraciones. Asimismo, se documentaron materiales con un amplio espectro cronológico, desde época romano-republicana

hasta el presente siglo. Entre ellos podemos destacar el alto porcentaje de restos arqueológicos de atribución cultural moderna, fundamentalmente pipas de fumar y vajilla cerámica, y tardorromana, de los que sobresalen por su número los restos anfóricos de procedencia norteafricana y las cerámicas comunes. Una vez concluida la fase de documentación gráfica, se eligió el punto 3, entre los arriba señalados, como punto cero y vértice de la cuadrícula que se situó perpendicular al corte de la draga. Sus dimensiones, de 2 x 6 m., se determinaron con la finalidad de incluir en ella toda la caída del perfil de la draga de 1986. Por un lado el tipo de fondo, caracterizado por la sucesión de estratos de fango fino muy compacto y, por otro, la orografía que presentaba el corte provocado por la draga, un desnivel de 4 m. aproximadamente, suavizado por el

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

derrumbe paulatino de la zona superior con un perfil no rectilíneo, fueron las causas que posibilitaron este trabajo. Habitualmente no es posible la realización de un corte estratigráfico en fondos marinos debido a su composición, por lo general de piedra y arena suelta que dificulta el mantenimiento de perfiles. Estas características, que facilitaron el trabajo, también mediatizaron el método de excavación a seguir junto con el volumen de terreno que había que remover. El corte fue realizado por medio de terrazas, que disminuían la superficie a excavar a la vez que mantenían una visión continuada de la secuencia estratigráfica. De esta forma, se realizaron cuatro escalones sucesivos despreciándose, por sistema, la zona externa de cada terraza, ya que se encontraba contaminada por los derrubios procedentes de la parte superior, mientras se conservaba una parte en reserva. En el perfil 1, desde el inicio de la cata hasta el primer escalón, quedan comprendidas las unidades estratigráficas O, I, II, III y IV; a partir de este punto se comienza a bajar reservando la zona interna (0,80 m.) hasta la unidad estratigráfica VII, quedando delimitado el perfil 2. En el estrato VIII se repite el mismo sistema, formándose la tercera terraza y, por tanto, el perfil 3. La última unidad es la IX, en la que se realiza la terraza final conformándose el perfil 4. El desarrollo de la excavación no difiere mucho de los pasos seguidos en una intervención en tierra (excavación, dibujo-fotografía, extracción...). En nuestro caso, se ha bajado la cata siguiendo los estratos definidos por restos materiales hasta el nivel IV, marcados por la aparición de sucesivos suelos correspondientes a distintos momentos del puerto de Cartagena. De todos ellos reseñamos la aparición de un fondo compuesto por piedras y caparazones de diversos animales marinos en descomposición, sobre el que se deposita el nivel superficial, y otros dos, a un nivel más bajo, de posidonia oceánica, en los que se encuentran los niveles con materiales de adscripción romana. A partir de la unidad estratigráfica V se cambió el sistema, bajándose por niveles artificiales de 50 cm de potencia, con la finalidad de agilizar la excavación y debido a la menor frecuencia de aparición de material arqueológico. A los 4 m., aproximadamente, de profundidad, con respecto al punto 0, se llegó a un nivel estéril tras el que se dio por finalizado el trabajo, al hallarnos ante el lecho natural del puerto. Para el registro de la estratigrafía se optó por la aplicación de técnicas fotográficas, con el fin de rentabilizar los trabajos y ganar en la precisión de la toma de datos. Se realizó

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un fotomosaico, que tenía como sistema de referencia un reticulado a base de cintas elásticas. A partir de las fotografías se restituyen los perfiles; para ello, se está empleando un programa informático en el que se introducen los datos obtenidos - medidas - extraídos del fotomosaico. Tan sólo queremos hacer una última observación, acerca del desarrollo de la excavación, sobre el riguroso control que se ha seguido en la extracción de los materiales, condicionada en todo momento por el proceso de restauración-conservación que precisan los restos de procedencia subacuática(2). NIVELES

- NIVEL 0: Con una potencia de 20 cm. constituye un nivel de revuelto en el que se documentan materiales de atribución cultural muy heterogénea. Se compone de fango. - NIVEL I: Caracterizado también por su heterogeneidad, tiene una potencia de 32 cm. y está compuesto por fango, restos fragmentados de conchas marinas y cascajo. - NIVEL II: Con 27 cm. de potencia, se compone de restos anfóricos, cerámica común, T.Sigillata Clara D, de una cronología aproximada s.IV-V d.C., restos de una plancha de plomo y algún fragmento de madera. En este nivel el color del fango varía, haciéndose más claro, desaparecen las piedras y el cascajo. - NIVEL III: Con una potencia de 22 cm. se caracteriza por materiales arqueológicos de adscripción tardorromana, en la zona más cercana al lado Sur de la cata, y por algunas intrusiones de material moderno en la parte exterior de la misma. La composición del estrato varía con la presencia de un fango más oscuro, debido a la descomposición de materia orgánica, probablemente de algas. - NIVEL IV: Estrato compuesto por limos, conchas y pequeños cantos, su potencia es de 43 cm.. Los restos arqueológicos son romano-imperiales, apareciendo numerosos fragmentos de madera de pequeño tamaño; así mismo, se detectan intrusiones de material medieval-moderno, en la zona externa. - NIVEL V: Con una potencia de 50 cm. se compone de limos compactos de color gris oscuro, rizomas muertos de posidonia oceánica y abundantes restos de conchas. No se documentan restos arqueológicos. - NIVEL VD(3): Se documentan escasos restos, todos ellos de atribución cronológica romana sin determinar. El estrato tiene las mismas características que el anterior. - NIVEL VI: Sin restos arqueológicos.

INFORME PRELIMINAR DEL CORTE ESTRATIGRÁFICO DE EL ESPALMADOR GRANDE (PUERTO DE CARTAGENA)

- NIVEL VID: Caracterizado por la heterogeneidad de sus restos tiene una potencia estratigráfica de 50 cm. En este estrato comienza a disminuir la presencia de posidonias aumentando las conchas y manteniéndose el tipo de fango. - NIVEL VII: Con una potencia de 50 cm. se caracteriza por fango, posidonia muerta y abundantes conchas. Los materiales arqueológicos son escasos, un fragmento de pared de ánfora y tres de cerámica común. - NIVEL VIID: Con las mismas características. Presenta un fragmento de borde de cerámica vidriada, posiblemente medieval, como elemento intrusivo. - NIVEL VIII: Sin restos arqueológicos. Fango. - NIVEL VIIID: Fango. Con una potencia de 50 cm. sólo se documentó la presencia de un fragmento de borde exvasado de ollita de cerámica común. - NIVEL IX: Sin restos arqueológicos y con una potencia de 50 cm. Fango, se llega al suelo del puerto. - NIVEL IXD: Corresponde a la parte baja del perfil de la draga, se caracteriza por ser la continuación del nivel superficial o Nivel 0, con las mismas características que éste, hay que reseñar la presencia de abundante cascajo procedente de los derrumbes. CONCLUSIONES PREVIAS

Por el momento, al encontrarse los materiales arqueológicos procedentes de las diversas actuaciones realizadas en el puerto en proceso de estudio, no podemos ofrecer unos resultados definitivos. Sin embargo, la información arrojada por dichos materiales ha sido lo suficientemente significativa como para aventurar hipótesis que esbozaremos mas adelante. Creemos conveniente puntualizar el carácter parcial de los trabajos, prospección en una sola vertiente de los accesos y carácter puntual del corte estratigráfico, así como el hecho de no haberse podido realizar un reconocimiento del área portuaria propiamente dicha. Hasta ahora, la conocida importancia que jugó la ciudad de Cartagena desde la Antigüedad, como catalizador de entrada y salida de productos objeto de intercambio, así como de un importante número de población, en las costas del Sureste peninsular, no ha sido documentada por contextos arqueológicos subacuáticos. Podemos intuir que la incidencia del tráfico marítimo (siempre haciendo referencia a las zonas sobre las que hemos trabajado), para cronologías anteriores al siglo II a.C. es escasa y que éste se incrementará en época romano-republicana e imperial, hecho que hemos

podido constatar a través de los trabajos de prospección: numerosos hallazgos aislados de material anfórico -Dressel 1B en su mayoría- y un pecio de esta adscripción cultural en la parte Norte de la isla de Escombreras, para los siglos anteriores a nuestra era, y restos de ánforas Dressel 2-4, Dressel 7-11 y Dressel 20 para el momento imperial. Sin embargo, en la zona de fondeo de El Espalmador, el nivel republicano existente presenta poca potencia estratigráfica, confundiéndose en algunos lugares con el nivel imperial. Los restos arqueológicos en estos niveles son muy escasos (algunos fragmentos de Dressel 1B, Dressel 2-4, paredes finas, dos fragmentos de barniz negro, etc.); de ello puede deducirse la escasa utilización de esta zona entre los siglos II a.C. y II d.C.. A partir del siglo IV d.C. se constata una mayor presencia de material arqueológico en este área, documentándose un nivel tardorromano claramente definido por material anfórico procedente de centros económicos de diversas áreas del Mediterráneo, junto a la presencia de Terra Sigillata Clara D. Asimismo, en los trabajos de prospección se localizó un yacimiento cuyo cargamento principal son ánforas Keay V (siglos IV-V d.C.). El continuado uso del puerto de Cartagena y sus áreas marginales queda atestiguado, tanto en el corte estratigráfico como en la prospección de los accesos, para cronologías medievales, modernas y contemporáneas. Una vez concluido el estudio de los materiales se realizará un análisis conjunto de estos datos que, junto a la información procedente de la revisión de antiguas intervenciones, estudio de los materiales depositados en el C.N.I.A.S., fuentes escritas, un estudio paleogeográfico, etc., esperamos ayude a clarificar más las diferentes etapas del puerto de Cartagena, detallando sus momentos de mayor actividad y declive, así como el tipo de productos que fueron objeto de comercio desde la Antigüedad.

NOTAS (1) Agradecemos desde estas líneas la colaboración de los arqueólogos D.Alonso, N.Ramón, J.Perera, G.Pascual, C.Martínez, E.Arnau, R.Castillo, B.Domingo; los restauradores L.C.Zambrano y J.L.Sierra; los fotógrafos P.Ortiz y A.López; el dibujante A.Martínez; el mecánico M.Alarcón y el patrón de embarcaciones E.Peñuelas. Sin la colaboración de todos ellos no hubiera sido posible realizar estos trabajos. (2) Ver informe sobre los trabajos de conservación realizados en las actuaciones desarrolladas en los accesos al puerto de Cartagena. (3) A partir de esta unidad estratigráfica denominamos con la letra D la zona correspondiente a la parte externa del corte, donde las intrusiones de pisos superiores, generalmente del nivel superficial, contaminan el estrato.

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INFORME SOBRE LOS TRABAJOS DE CONSERVACIÓN REALIZADOS DURANTE LAS ACTUACIONES ARQUEOLÓGICAS DESARROLLADAS EN LOS ACCESOS AL PUERTO DE CARTAGENA

Luis Carlos Zambrano Valdivia

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1992

INFORME SOBRE LOS TRABAJOS DE CONSERVACIÓN REALIZADOS DURANTE LAS ACTUACIONES ARQUEOLÓGICAS DESARROLLADAS EN LOS ACCESOS AL PUERTO DE CARTAGENA

LUIS CARLOS ZAMBRANO VALDIVIA Centro Nacional de Investigaciones Arqueológicas Submarinas, Cartagena

Resumen: En el transcurso de las actuaciones arqueológicas incluidas en la carta arqueológica del litoral de Murcia se han desarrollado una

serie de labores destinadas a la conservación del material arqueológico extraído durante las mismas.

Las tareas de conservación dan comienzo, antes incluso de producirse el hallazgo arqueológico, con la creación de las condiciones oportunas que minimicen los riesgos de deterioro tanto en la extracción como durante el traslado de la pieza al laboratorio de conservación. Debido a la cercanía entre los puntos de actuación arqueológica y el laboratorio de conservación del C.N.I.A.S., los problemas de traslado no ofrecen una especial problemática limitándose la actuación únicamente a mantener la pieza en medio húmedo a salvo de golpes dentro de un recipiente adecuado. Una vez que los materiales arqueológicos se han trasladado a los laboratorios del C.N.I.A.S. se procede a su inmediata clasificación según la naturaleza del material y en función del estado de conservación. Los objetos cerámicos constituyen el material de más frecuente aparición. Los tratamientos de conservación comienzan invariablemente con la inmersión de la pieza en baños de agua desmineralizada para eliminar las sales solubles en disolución contenidas en la pieza. Medidas periódicas de salinidad determinan la finalización del tratamiento cuando se alcanza un nivel estable. Para la eliminación de carbonatos y silicatos adheridos

superficialmente en la mayoría de las piezas se combinan medios químicos -agentes quelantes- y mecánicos -limpieza manual con instrumental diverso-. Debido al gran volumen de piezas se ha optado por el empleo de la estufa de aire caliente para el secado de este tipo de material. Algunas piezas cerámicas que presentan un acusado estado de alteración han exigido la aplicación de tratamientos de consolidación o fijación superficial. El estado de conservación de los objetos metálicos difiere notablemente según la naturaleza del mismo, contándose el hierro como el metal más alterado. Mediante el tratamiento electrolítico se consigue la estabilización del objeto al tiempo que eliminamos los productos de corrosión adheridos al núcleo metálico. Este método de limpieza y decloruración concluye con la neutralización de los reactivos empleados en el tratamiento y la aplicación de productos inhibidores de la corrosión específicos para cada metal. Los restos óseos constituyen el principal y casi único exponente de material orgánico extraído durante la mencionada campaña de prospección. Estas piezas presentan un aceptable estado de conservación que hace innecesario cualquier tratamiento de consolidación.

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EXCAVACIONES DE URGENCIA EN LA CALLE CARRIL DE CALDEREROS, EDIFICIO PLAZA REAL, Nº1 (LORCA)

Andrés Martínez Rodríguez

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1997

EXCAVACIONES DE URGENCIA EN LA CALLE CARRIL DE CALDEREROS, EDIFICIO PLAZA REAL, Nº1 (LORCA)

ANDRÉS MARTÍNEZ RODRÍGUEZ Museo Arqueológico de Lorca

Palabras clave: Romano, tardorrepublicano, castrum, comercio, campaniense, megara byrsa, ánfora. Resumen: La intervención arqueológica ha permitido documentar un sector del asentamiento romano del siglo II a.C. emplazado en las inmediaciones del valle del Guadalentín y cuyo origen pudo estar relacionado con un establecimiento militar. Este lugar a lo largo del

siglo II a.C. fue adquiriendo la función de lugar de control y distribución de los productos locales y las mercancías de otros lugares del Mediterráneo que llegan a través de los puertos de Carthago-Nova y Villaricos.

I. INTRODUCCIÓN

zona periférica de la ciudad en época moderna, se conformaba fundamentalmente por caserones con extensos y ricos huertos, que son el trasunto de la explotación continuada de unas tierras con envidiable situación por su proximidad a los recursos aportados por el río Guadalentín, tanto en agua como en excelentes limos. Estas características fueron ya explotadas por los sucesivos pobladores desde la Prehistoria hasta época reciente. La actual dinámica de nuevas construcciones que se están llevando a cabo en esta zona, a la vez que modifica la fisonomía de la ciudad está permitiendo documentar la utilización de este terreno en época romana (siglos II y I a.C.) a unas cotas por debajo de cuatro metros de limos. Esta amplia potencia de tierra se fue depositando por los sucesivos aportes del río, durante los siglos XIII al XVI, amplio período de tiempo en el que la huerta y el campo lorquino estuvieron abandonados y despoblados al ser territorio fronterizo entre Castilla y el reino de Granada.

La excavación de urgencia realizada en el solar del edificio Plaza Real nº 1, ubicado en la calle Carril de Caldereros en Lorca, fue motivada por el hallazgo de restos arqueológicos en las tierras procedentes de los desfondes para la realización de la cimentación de la primera fase de construcción del proyecto de edificación denominado Plaza Real II. LOCALIZACIÓN DEL SOLAR

El solar está situado a la derecha de la calle Carril de Caldereros (fig. 1), zona con una ligera pendiente hacia el valle del Guadalentín, debido a su emplazamiento al pie de la ladera más oriental del cerro del Castillo. Esta zona de la ciudad se denomina La Alberca, clara referencia a un lugar receptor de aguas desde época musulmana, abastecedor de la ciudad y de las tierras de las inmediaciones. La

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EXCAVACIONES DE URGENCIA EN LA CALLE CARRIL DE CALDEREROS, EDIFICIO PLAZA REAL, N.º 1 (LORCA)

Una vez estudiado el depósito pudimos comprobar que los restos iberorromanos y romanos estaban situados a partir de 3.50 metros de profundidad, en dos estratos (3 y 4) que contenían abundante material cerámico sin asociación a estructura alguna. Por lo tanto, no se disponía de información complementaria para poder afirmar que tipo de yacimiento arqueológico estábamos documentando, ¿se trataba de un asentamiento desarrollado en extensión o estábamos ante un simple depósito (bolsada) de materiales?. Al no poder relacionar los materiales con estructuras, ni apreciar su distribución se acordó el acometer una segunda fase. IV.2. Segunda fase

Fig. 1. Localización del solar excavado en la trama urbana.

III. METODOLOGIA

Tras la constatación en octubre de 1991 de la presencia de material arqueológico (ibérico y romano) en las tierras extraídas por la maquinaria de la empresa constructora Cursa, se elaboró un proyecto de actuación cuyo principal objetivo era la localización estratigráfica de los restos arqueológicos y su documentación. La intervención arqueológica se desarrolló en tres fases que tuvieron que ir adaptandose a la dinámica de construcción de las viviendas. Una vez finalizada la labor de campo se procedió al lavado del material y al trabajo de estudio. La clasificación e inventario del material extraído ha permitido una aproximación al tipo de asentamiento, su funcionalidad y el período cronológico en el que estuvo funcionando, aspectos que irán desarrollándose a lo largo de la exposición e interpretados en la valoración final. IV. PROCESO DE EXCAVACIÓN

IV.1. Primera fase

El objetivo de la primera intervención era el análisis del depósito arqueológico en la zona inmediata donde se había extraído la tierra que contenía el material arqueológico. Se planteó la excavación de un perfil estratigráfico de 4 metros de anchura por 4 metros de altura y 0.50 metros de grosor (fig.2). Las características del depósito, formado por limos arcillosos muy compactos y semejantes en color, dificultó el análisis.

El objetivo de esta segunda intevención era poder excavar un cuadro que permitiera obtener alguna referencia sobre las características del yacimiento arqueológico. En primer lugar se procedió a la retirada con medios mecánicos de la tierra estéril que cubría el primer estrato arqueológico en una zona junto al perfil estratigráfico realizado con anterioridad. Al realizar el desfonde la maquinaria retiró un metro más de lo previsto, haciendo desaparecer el nivel altoimperial y parte del iberorromano. Por lo tanto el corte estratigráfico hubo que plantearlo a una cota de 3.20 metros y con unas medidas de 5 metros por 4 metros. IV.2.1. Corte A

La excavación se comenzó directamente en el estrato 3 documentado en el perfil estratigráfico. Este estrato está configurado por tierra marrón muy compacta y endurecida, que contiene gran número de carbones y abundante cerámica. A la cota de 3.90 m. comienzan a distinguirse diferentes piedras de tamaño mediano y grande alineadas Norte-Sur, una vez limpiadas se comprobó que se trataba de un muro al que denominamos A1. El estrato 3 se subdividió en 3a la zona sobre el muro y 3b la parte relacionada con la estructura muraria. Bajo el estrato 3b se documentó el estrato 4 de tierra endurecida que contenía una capa de adobe de color anaranjado en el contacto con el muro A1 y manchas del mismo adobe dipersas por todo el corte. El estrato 4 contiene menor cantidad de restos cerámicos, todos ellos asignables al mismo periodo cultural. Los estratos 5 y 6 que se documentaron a continuación son totalmente estériles, únicamente se halló en el estrato 5 un fragmento de cerámica calcolítica, procedente posiblemente de los arrastres de la ladera. El muro A1 con una anchura de 0.60 metros atravesaba todo el corte A en sentido Norte-Sur y su estado de conser-

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

vación era bastante malo (lám. 1). La cara Este del muro tenía adosado restos de un pavimento de poco grosor de color anaranjado. IV.2.2. Materiales más significativos hallados en el corte A. A. Numismáticos.

Las dos únicas monedas documentadas proceden del estrato 3a y fueron halladas a una profundidad entre los 3.30 m. y los 3.50 m. - Denario encuadrado cronológicamente entre finales del siglo III a.C. y principios del siglo II a.C. Anverso con la representación de la cabeza de Roma a la derecha y reverso con los Dioscuros a caballo a la derecha (Peso 4.04 gramos). - As de inicios del siglo II a.C. acuñado en Roma con la representación en el anverso de la cabeza de Jano bifronte y en el reverso la proa de nave a la derecha (Peso 38.09 gramos). B. Cerámicos

El mayor porcentaje pertenece a fragmentos de cerámica común (escudillas, ollas de borde vuelto, fragmentos de pared de ánfora, etc.). La cerámica pintada y la cerámica de cocina están escasamente representadas. Entre los fragmentos de cerámica pintada podemos destacar uno que presenta dos estampillas semejantes a las procedentes del solar de la Zona (Lorca) y a las del Chuche(1) (Almería). En el estrato 3b apareció un depósito con ocho fichas recortadas(2) cuyos diámetros van decreciendo desde 4.5 cm. a 2.5 cm. (lám. 2). La cerámica de barniz negro más representada es la campaniense A media, las formas documentadas son: vaso L.28, cuenco L.34 y copas L.27 y L.68, cuya cronología se enmarca en la primera mitad del siglo II a.C. Es importante señalar el hallazgo en los estratos 3a y 3b de algunos fragmentos de cerámica ática (plato L. 23, kylix, fragmento de pitorro vertedor), producto de las remociones del terreno en época republicana para realizar la cimentación de los muros. C. Metálicos

Abundantes desechos de copelación de plata(3) y una varilla cilíndrica de bronce que se curva en uno de sus extremos. D. Hueso trabajado Un fragmento de marfil decorado con motivos vegetales que conserva un remache de cobre (fig. 3). Pudo pertenecer a la decoración del enmangue de algún objeto(4) o formar parte de las placas ornamentales de alguna pequeña caja o arqueta.

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Fig. 2. Perfil estratigráfico que sirvió de guía en el momento de planificar la intervención arqueológica.

IV.3. Tercera fase

Una vez confirmada la existencia de un yacimiento con estructuras, se decidió la excavación de toda la zona donde se iban a practicar las correas de cimentación de la 2ª fase de construcción del edificio Plaza Real, salvo las perimetrales por las supuestas circunstancias de peligro que implicaba su vaciado en relación con las viviendas adyacentes. La tercera fase de la intervención arqueológica se comenzó el 16 de enero de 199l, debido al retraso con que se realizaron los trabajos de desfonde por parte de la constructora.(5) En el momento de situar el punto cero para realizar los trabajos de replanteo de cortes y toma de datos topográficos, nos encontramos con la sorpresa de que al desfondar mecánicamente habían profundizado 0.5 metros más de lo indicado, destruyendo el estrato 2 (altoimperial) y parte del estrato 3 (iberorromano).

EXCAVACIONES DE URGENCIA EN LA CALLE CARRIL DE CALDEREROS, EDIFICIO PLAZA REAL, N.º 1 (LORCA)

de adobe que tiene asociado. El muro B-3.2 de 0.60 metros de anchura, está realizado con una técnica distinta, se sitúan piedras de mediano tamaño en los lados y en el interior se rellena con piedras menores unidas con adobe. Relacionado con el muro B3.2 se hallaron los restos de un pavimento de tierra muy compactada de color marrón anaranjado. El estrato 1 de este corte es el mismo que el estrato 3 del corte A. Materiales más significativos hallados en el corte B-3. A. Material cerámico.

fig. 3. Fragmento de marfil decorado con motivos vegetales.

Las correas de cimentación estaban proyectadas con un ancho de 2.20 metros, por lo que se decidió dividirlas en cuadros de 2.50 metros que en algunas ocasiones se ampliaron o disminuyeron de tamaño adaptándose a la dinámica de la excavación. Los cuadros que se abrieron por correa son los siguientes: - Correa B. Un solo cuadro que denominamos B-3 de 3.50 metros de longitud. No se pudieron abrir más cuadros al tratarse de una correa perimetral. - Correa C. Cuadros C-1, C-2, C-3 y C-4. Todos los cuadros tenían una longitud de 2.50 metros con excepción del C-1 al que se le añadió 1 metro hacia el Oeste. - Correa D. Cuadros D-4, D-5, D-6 y D-7. Los dos primeros con una longitud de 2.50 metros y los restantes con 2 metros. IV.3.1. Corte B-3. Estratigrafía documentada:

- Estrato superficial de tierra marrón clara de textura compacta con abundante material cerámico. Se ha diferenciado este estrato para separar el material que ha podido ser removido por la maquinaria que ha efectuado el desfonde. - Estrato 1 de tierra marrón oscura con abundantes pintas de carbón y numerosos fragmentos cerámicos. Este estrato cubre los muros B3.1 y B3.2, ambos orientados Norte-Sur. Descripción de las estructuras:

El muro B-3.1 tiene 0.50 metros de grosor y esta construido por piedras grandes y medianas unidas con tierra, tuvo un alzado de adobe como parece testimoniarlo el derrumbe

El mayor porcentaje de fragmentos de cerámica pertenece a cerámica común (escudillas, ollas de borde vuelto, fragmentos de pared de ánfora, etc.), al igual que sucede en el corte A. Otras formas cerámicas representadas minoritariamente son: mortero, vasito de paredes finas, copa, reposadero, vasito carenado, plato y jarra/o. La cerámica pintada y la cerámica de cocina están escasamente representadas. Es de resaltar la presencia de un gran número de fichas recortadas de diferentes tamaños. Aparece un tipo de cerámica con la pasta marrón clara y al exterior con un engobe anaranjado en las ánforas y en las formas cerámicas de vajilla fina (platos, formas cerradas) con un barniz anaranjado. Los tipos de ánfora representados son: ibérica de saco, greco-itálica, Dressel 1A y 2-4, L.2 y CC.NN. La cerámica de barniz negro más representada es la campaniense A media (L.36). Sobre el pavimento de adobe se halló un fondo con pie anular y arranque de pared perteneciente a un plato de Campaniense A(6) que presenta un grafito en la parte exterior del fondo. Esta inscripción presenta una letra ibérica seguida de dos latinas uN. Otras cerámicas de barniz negro documentadas corresponden a dos fragmentos de cerámica ática y un fragmento de bols L.25(7) fechado en el último cuarto del siglo III a.C. o primeros años del siglo II a.C. B. Probables deshechos de actividad artesanal.

En las inmediaciones del muro B-3.2 y asociado al estrato 1 se hallaron unas pellas de material muy poroso, poco pesado y de color gris-azulado que parecen corresponder a deshechos de una actividad artesanal, posiblemente relacionada con la metalurgía o con la elaboración del vidrio. Con esta segunda posibilidad se puede relacionar un fragmento de vidrio defectuoso. Junto a estos elementos de deshecho se halló un fragmento de adobe plano endurecido por el fuego, que tiene

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Fig. 4. Fragmentos significativos de cerámica campaniense y helenística.

adosada en una de sus caras una capa oscura. Este fragmento aislado y sin analizar únicamente permite apuntar algunas preguntas: ¿a que tipo de actividad artesanal puede estar relacionada esta pieza?, ¿tendrá alguna relación con los deshechos?. Las respuestas deben partir de las oportunas análiticas de todos estos elementos. IV.3.2. Corte C-1 (medidas de 3.50 metros por 2.20 metros). Estratigrafía:

Estrato superficial que se adosa al muro C-1.1 que en algunas zonas se encuentra por encima de la cota desfondada.

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Estrato 1 de tierra marrón oscura ennegrecida de textura compacta con abundantes pintas de carbón y numeroso material cerámico (campaniense A), hueso trabajado, fauna y tres monedas. Estructuras:

En el sector oriental del corte, junto al perfil 2, aparecen algunas piedras que se introducen en el corte C-2, formando un muro muy derruido de aproximadamente 0.50 metros de grosor. Este muro (C-1.1) conserva algunas piedras del alzado por encima de la cota superficial. Debajo de este muro y del estrato 1 aparece un pavimento formado por una

EXCAVACIONES DE URGENCIA EN LA CALLE CARRIL DE CALDEREROS, EDIFICIO PLAZA REAL, N.º 1 (LORCA)

A.2. Cerámica de barniz negro. Varios fragmentos de campaniense A y campaniense Boide (L. 5), un fragmento de cerámica helenística tipo «megara» con decoración exterior a base de hojas de loto imbricadas (GARCÍA CANO et alii, 1989: 153) y dos fragmentos de cerámica de barniz negro cartaginés -clase Byrsa 661documentada en la necrópolis del Cabecico de Tesoro (GARCÍA CANO et alii, 1989: 132-133) A.3. Cerámica con engobe naranja. Se documentan algunos fragmentos cerámicos de platos y paredes de grandes recipientes pertenecientes a ánforas y ollas con borde vuelto, que presentan decorada la superficie exterior y en el caso de los platos interior y exterior, con un barniz o engobe anaranjado. Este tipo de ánfora aparece igualmente en contextos de principios del siglo II a.C. en la 2ª fase del yacimento de la Torre de Sancho Manuel (MARTINEZ, 1996: 153-154). B. Entre el escaso material lítico se halla un diente de hoz de sílex.(8) C. Hueso trabajado: punzón de hueso(9) y un fragmento de aguja.(10)

Lámina 1. Muro A1 que atravesaba todo el corte A en sentido Este-Oeste.

tierra compactada de color anaranjado con cenizas en su superficie.

E. Numismático: tres ases con la representación en el anverso de la cabeza de Jano bifronte y en el reverso la proa de nave a la derecha.(11) Estas monedas son semejantes a la hallada en el estrato 3a del corte A. F. Metálicos: algunos fragmentos de elementos de hie-

Materiales más significativos hallados: A. Cerámicos

A.1. Cerámica común. El porcentaje mayor pertenece a fragmentos de ánfora (22.5 %) entre los que podemos destacar los tipos Dressel 1A y 1B, CC. NN. y un tipo de ánfora con la superficie exterior con un engobe anaranjado (gráficos 1 y 2). Otros tipos cerámicos representados en menor medida son: escudillas, ollas de borde vuelto, vasos carenados, platos y cubiletes de paredes finas (gráfico 2). Escasa presencia de cerámica pintada preferentemente con motivos de bandas paralelas pintadas de color rojo vinoso, en algunos casos alternando con bandas pintadas en blanco o marrón-grisáceo.

rro. IV.3.3. Corte C-2. Estratigrafía

La estratigrafía de este corte es semejante a la del C-1, formada por un solo estrato de tierra muy compactada marrón oscura ennegrecida con abundantes pintas de carbón, numerosos fragmentos cerámicos y huesos de animal. Estructuras

El muro C-1.1 se continúa en el corte C-2 introduciéndose en el perfil 3. Aparece un nuevo muro de 0.60 metros de grosor con semejante orientación (E-W) que el muro C1.1, formado por piedras grandes en los laterales y medianas y pequeñas en el centro. Este segundo muro cerraría por el

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Lámina 2. Ocho fichas de diferentes tamaños recortadas de fragmentos de pared de ánfora. Formaban un pequeño depósito sobre el pavimento que se adosaba al muro A!.

este un gran espacio pavimentado con tierra apisonada de color anaranjada. Materiales más significativos hallados. A.1. Cerámica común. El porcentaje mayor pertenece a fragmentos de ánfora (22.5 %) entre los que podemos destacar los tipos Dressel 1A y 1B y la típica ánfora ibérica de saco. Otros tipos cerámicos representados en menor medida son: escudillas, ollas de borde vuelto, vasos carenados, platos y cubiletes de paredes finas. Escasa presencia de cerámica pintada preferentemente decorada con bandas paralelas de color rojo vinoso; aparece escasamente la decoración a base tirabuzones, círculos concéntricos y segmentos de círculo. A.2. Cerámica de barniz negro. Varios fragmentos de campaniense A, un fragmento de campaniense B-oide (L. 5) y un fragmento de cerámica de «megara» decorado con un motivo vegetal. B. Metálicos

Se documentaron tres fragmentos informes de plomo.

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IV.3.4. Corte C-3.

La estratigrafía documentada es semejante a la hallado en los cortes C-1 y C-2. Estructuras

El muro C-3.1 se extiende en todo el corte introduciendose en el perfil 3 (lám. 3). Perpendicular a este muro en dirección norte sale un nuevo muro C-3.2 del que unicamente se conserva la cara este de piedras y un derrumbe hacia el sureste sobre varios fragmentos de escudillas. La proyección de este muro hacia el norte parece corresponder con el muro B-3.2. Materiales más significativos hallados.

A.1. Cerámica común. El mayor porcentaje pertenece a fragmentos de ánfora, entre las escasas formas que se pueden distinguir están los tipos Dressel 1A y 1B. Un fragmento de plato pintado con barniz marrón interior y exterior conserva la decoración de una estampilla. Entre los escasos fragmentos de cerámica gris de cocina se distinguen ollas de borde vuelto de diferentes tamaños y platos/tapadera.

EXCAVACIONES DE URGENCIA EN LA CALLE CARRIL DE CALDEREROS, EDIFICIO PLAZA REAL, N.º 1 (LORCA)

IV.3.5. Corte C-4. Estratigrafía

Semejante a documentada en los cortes C-1, C-2 y C-3. Entre la tierra del estrato 1 se encuentran bolsadas de adobe de color marrón que pertenecen al alzado del muro C-4.1. Sobre el pavimento la tierra que configura el estrato 1 aparece con mayor porcentaje de carbones y cenizas, esta tierra se ha denominado estrato 2. Estructuras

Se documenta un muro de adobe (C-4.1) de 0.50 m. de anchura con dirección Este-Oeste, cuyos derrumbes aparecen sobre un pavimento de tierra apisonada de color anaranjado cubierto en varias zonas por cenizas. Materiales más significativos hallados

Lámina 3. Muro C-3.1 que se extiende en todo el corte introduciéndose en el perfil 3. Perpendicular a este muro en dirección Norte está el muro C-3.2 del que únicamente se conserva la cara Este.

A.2. Cerámica de barniz negro. La mayoría de los fragmentos de barniz negro hallados en este corte pertenecen a piezas de campaniense A media, salvo un fragmento de campaniense B-oide. B. Fauna.

Está representada fundamentalmente la macrofauna, pudiéndose distinguir las especies de jabalí, bóvido, ovicáprido y algunos carnívoros. La mayoría de los huesos presentan pequeñas señales incisas realizadas por instrumentos cortantes. C. Otros

Sobre el muro C-3.1 se hallaron algunos fragmentos de material muy poroso, poco pesado y de color gris-azulado semejantes a los documentados en el corte B-3 y que parecen corresponder a deshechos de actividad artesanal.

A.1. Cerámica común Se documenta un porcentaje mayor de ánforas (32%) en el estrato 1 que sobre el pavimento (26%). Entre las ánforas hay un alto porcentaje de fragmentos de ánforas greco-itálicas y Dressel 1A (19%). Se documentan varios bordes de ánforas de saco. Otros tipos cerámicos representados en menor medida son: escudillas, ollas de borde vuelto, vasos carenados, platos, jarras y cubiletes de paredes finas (gráficos 3 y 4) A.2. Cerámica de barniz negro. La cerámica mayormente representada en el estrato 1 es la campaniense A media en las formas: L. 68 y L. 36. Pero es importante señalar que sobre el pavimento el mayor porcentaje de barniz negro es campaniense B-oide en las formas L.1 y L.2. Se documenta un fragmento de borde con arranque de pared decorada con relieve helenístico en forma de ovas del último cuarto del s.II a.C. (GARCÍA CANO et alii, 1989:153) y un fragmento de cerámica ática. B. Restos metálicos

En el estrato 1 aparecen abundantes desechos de copelación de plata,(12) así como un proyectil de honda de plomo. IV.3.6. Corte D-4. Estratigrafía y materiales

La estratigrafía y los materiales son semejantes a los referidos en los cortes B y C.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Estructuras

En este corte se ha documentado un lienzo de muro (U.E. 26) muy alterado construido con grandes piedras en los lados y pequeñas y medianas en el interior unidas por tierra, orientado Este-Oeste. IV.3.7. Corte D-5. Estratigrafía y materiales

La estratigrafía y los materiales son semejantes a los referidos en los cortes B y C. Entre los fragmentos de barniz negro destaca un fragmento de píxide L.3 de campaniense Boide etrusca, cuya cronología se enmarca entre el final del siglo II a.C. y los principios del siglo I a.C. (GARCIA CANO et alii, 1989: 152). En el estrato 1 aparecen abundantes desechos de copelación de plata semejantes a los documentados en los otros cortes. Estructuras

En este corte se ha documentado la continuación del lienzo de murario D-5.1 (U.E. 26) hallado en el corte D-4, que tiene un grosor de 0.50 metros y orientación Este-Oeste. IV.3.8. Corte D-6. Estratigrafía y materiales

La estratigrafía y los materiales son semejante a los documentados en los cortes B, C y D. El único fragmento de barniz negro hallado pertenece a un plato L. 36 elaborado en campaniense A antigua que pudo ser elaborado entre los últimos años del siglo III a.C. y el primer cuarto del siglo II a.C. (GARCÍA CANO et alii, 1989: 137).

Lámina 4. Muro C-3.1 característico de la fase I del yacimiento.

Estructuras

En este corte se continúa el lienzo del muro D-6.1 (U.E. 33) hallado en el corte D-6. En el ángulo 1-2 de este corte aparece una fina línea de adobe anaranjado que puede pertenecer al derrumbe del enlucido de la cara oriental de este muro.

Estructuras

En este corte se ha documentado un nuevo muro D-6.1 (U.E. 33) de 0.60 metros de grosor, formado por piedras grandes en los lados y un relleno de ripios unidos por adobe marrón y orientado Este-Oeste. Las pocas piedras y el adobe que parecen configurar el derrumbe de este muro (U.E. 34) aparecen junto a la cara occidental. Este muro parece la continuación del muro del C-3.1. IV.3.9. Corte D-7. Estratigrafía y materiales

La estratigrafía y los materiales son semejantes a los documentados en los cortes B, C y D.

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V. Valoración final

La excavación de urgencia en el solar de la calle Carril de Caldereros ha permitido documentar por primera vez en el casco urbano de Lorca niveles ibero-romanos vinculados a estructuras de poblado. La intervención arqueológica viene a confirmar las noticias orales de la aparición de restos ibéricos y púnicos en varios solares de la parte baja de la ciudad (actuales edificios Goya, Puerta Nueva, Lizcano), el hallazgo de dos ánforas Mañá D en la calle Alameda de Menchirón (MARTÍNEZ, 1990: 80-81), un ánfora tripolitana en el edificio Ciudad del Sol (MARTÍNEZ, 1995: 208) y la recogida en 1984 de un importante depósito de cerámicas comunes ibéricas

EXCAVACIONES DE URGENCIA EN LA CALLE CARRIL DE CALDEREROS, EDIFICIO PLAZA REAL, N.º 1 (LORCA)

Gráfico 1. Fragmentos informes y significativos de ánforas hallados en el estrato 1 del corte C-1.

Gráfico 2. Diferentes tipos de ánforas hallados en el estrato 1 del corte C-1.

en el solar de La Zona (MARTINEZ, 1990: 78). El hallazgo en la excavación de ocho fragmentos de cerámica ática,(13) permite apuntar el aprovechamiento de este espacio por la población indígena en una época previa al inicio de la ocupación romana. El asentamiento tardorepublicano se ubicó muy cerca del oppidum ibérico,(14) sobre una superficie esencialmente llana con una ligera pendiente hacia el cercano cauce del Guadalentín. Los restos exhumados pertenecen a cimentaciones y escasos alzados de largos muros conservados en muy mal estado y orientados Este-Oeste y Norte-Sur, que parecen indicar la existencia de un trazado preconcebido. La diferente profundidad a la que aparecen alguna de estas estructuras y algunas de sus cualidades técnicas, sirven de referencia para señalar la existencia de dos fases constructivas en el poblado realizadas en un escaso lapsus temporal. A la primera fase enmarcada cronológicamente en la primera mitad del siglo II a.C., pertenecen los lienzos de muros de mayor anchura (0.60 metros) construidos con piedras de tamaño mediano y grande que delimitan un espacio central relleno de ripios (lám. 4) y con un alzado de adobe anaranjado en base a los derrumbes. Estos muros delimitan grandes espacios pavimentados con tierra apisonada de color anaranjado. De la segunda fase caracterizada por la presencia de varios fragmentos de pátera L.5 elaborada en campaniense B-oide, tipo cerámico muy frecuente en los yacimientos peninsulares de principios del siglo I a.C, únicamente se ha

podido constatar un largo muro (C-1.1 orientado Norte-Sur, cuya anchura es de 0.50 metros que se superpone sobre un pavimento de la fase anterior, un muro de adobe paralelo al anterior (C-4.1) y otro lienzo de muro (B-3.1) orientado Norte-Sur. Los escasos restos exhumados hacen difícil la aproximación a la funcionalidad de este núcleo habitado. En un primer momento teníamos la impresión de haber localizado una explotación agropecuaria emplazada cerca de las tierras más aptas para el cultivo de las tierras. La enorme proporción de cerámicas comunes así parecía confirmarlo. Una vez realizado el estudio de los materiales empezamos a poder precisar algunos datos: 1. La gran proporción de materiales significativos, fundamentalmente la cerámica y las piezas numismáticas, corresponden a la primera mitad del siglo II a.C. 2. Gran proporción de fragmentos de ánfora, con un alto porcentaje procedente de importaciones (ánforas greco-itálicas, Dressel 1A y CC. NN.). 3. Baja presencia de fragmentos de cerámica tosca de cocina. Los restos de las típicas ollas de pastas grises con el borde vuelto hacia afuera están escasamente representadas. 4. Restos de fundición fundamentalmente de copelación de plata. 5. Proporción alta de restos óseos de animal, básicamente de macrofauna entre la que es fácil distinguir ovicápridos y bóvidos.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Gráfico 3. Tipos de cerámica común hallados en el estrato 1 del corte C-4.

Gráfico 4. Tipos de cerámica común hallados en el estrato 2 del corte C-4.

Algunos de estos datos parecen indicar que pudiéramos estar ante la utilidad de unas dependencias muy espaciadas pavimentadas con tierra apisonada, para el acopio de recipientes empleados en el transporte y almacenamiento de mercancias. Las ánforas de saco podian almacenar los productos locales producto de una agricultura cerealista, junto a las ánforas denominadas de CC. NN. que guardarían posiblemente salazones y a las ánforas vinarias (Dressel 1A) llegadas de Italia. Asociado al material cerámico de tradición ibérica (escudillas, ollas de borde vuelto de cerámica común, ánforas de saco) destaca la escasa representación de cerámicas ibéricas pintadas y de cerámica gris de cocina (gráficos 3 y 4), frente a una amplia masa de importaciones itálicas (ánforas vinarias, vajillas de barniz negro campaniense, cubiletes de paredes finas). La presencia del material itálico puede indicarnos el gusto de los habitantes del sector excavado por estos productos importados o el carácter foráneo de los residentes. Entre la cerámica importada que llega a este núcleo se puede destacar (gráfico 5): 1. Campaniense A media en las formas L. 27, L.28, L. 34, L. 36 y L.68 (fig. 4) 2. Campanienses B o B-oides en las formas L.1, L.2 y fundamentalmente L.5. 3. Dos fragmentos de la clase Byrsa 661 que aparecen con relativa frecuencia en los yacimientos pertenecientes a la denominada «área punicizante» (GARCÍA CANO et alii, 1989: 132)

4. Cuatro fragmentos de cerámica helenística (fig. 4) cuya cronología en otros yacimientos como la necrópolis del Cabecico del Tesoro se lleva al último cuarto del siglo II a.C. (GARCÍA CANO et alii, 1989: 153) La especial situación de este enclave en las inmediaciones de la vía de comunicación que conforma el valle del Guadalentín al amparo del estratégico Cerro del Castillo, hizo que los romanos desde el primer momento de su dominio en este valle, dispusieran aquí un núcleo que ejerciera el control de la zona. Puede ser muy sugerente relacionar este primer emplazamiento romano con una instalación militar establecida desde los inicios del siglo II a.C. frente la la ciudad ibérica, castrum destinado a garantizar el control militar y comercial sobre una zona de gran importancia estratégica que permitía el paso entre Levante y Andalucía y la penetración hacia el Norte por el propio cauce del río. El establecimiento de Lorca a lo largo del siglo II a.C. fué adquiriendo la función de lugar de control y distribución de los productos locales y las mercancías importadas de otros lugares del Mediterráneo que llegan a través de los puertos de Carthago-Nova y Villaricos. Los deshechos de fundición de mineral de plomo pueden reafirmar esta hipótesis, es probable que el mineral extraído en Mazarrón llegara al enclave de Lorca sin ser sometido a ningún proceso, realizándose la actividad metalúrgica de obtención de la plata(15) para el uso propio y para la distribución desde este centro hacia sus zonas de influencia.

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EXCAVACIONES DE URGENCIA EN LA CALLE CARRIL DE CALDEREROS, EDIFICIO PLAZA REAL, N.º 1 (LORCA)

MARTÍNEZ RODRÍGUEZ, Andrés (1996): «Primera campaña de excavaciones en la villa romana de la Torre de Sancho Manuel (Lorca», Memorias de Arqueología. Murcia, nº 5, pp. 141-158. MARTÍNEZ RODRÍGUEZ, Andrés (1995): «El poblamiento rural romano en el valle del Guadalentín (Lorca, Murcia)», Actas de las Jornadas sobre poblamiento rural romano en el sureste de Hispania. Murcia, pp. 203-225. RAMALLO ASENSIO, Sebastián (1989): La ciudad romana de Carthago Nova: la documentación arqueológica. Universidad de Murcia. Murcia. SCIALLANO, Martine; SIBELLA, Patricia (1991): Amphores. Comment identifier?. Aix-en-Provence.

Gráfico 5. Cerámicas importadas de barniz negro y helenísticas.

Las dos fases constructivas reflejadas en las estructuras exhumadas enmarcan un período cronológico entre primera mitad del siglo II a.C. y el primer cuarto del siglo I a.C. Es probable que este establecimiento quedara amortizado a partir de la segunda mitad del s.I a.C, una vez disminuida su función estratégica y comercial. Debido al carácter de los restos hallados en esta intervención y en otras posteriores llevadas a cabo en solares de las calles Carril de Caldereros y Eugenio Ubeda, se procedió a delimitar una amplia zona denominada PERI de la Alberca cuya normativa arqueológica obliga a la excavación arqueológica antes de que se realice la cimentación de las futuras viviendas. ABREVIATURAS:

CC. NN.: Campos numantinos L.: Lamboglia BIBLIOGRAFÍA: BROTONS YAGÜE, Francisco (1995): «El poblamiento romano en el Valle del Alto Quipar (Rambla de Tarragoya), Caravaca de la Cruz-Murcia», Actas de las Jornadas sobre poblamiento rural romano en el sureste de Hispania. Murcia, pp. 247-274. GARCÍA CANO, Carlos; GARCÍA CANO, José Miguel; RUIZ VALDERAS, Elena (1989): «Las cerámicas campanienses de la necrópolis ibérica del Cabecico del Tesoro (Verdolay, Murcia)», VERDOLAY 1. Murcia, pp. 117-187. MARTÍNEZ RODRÍGUEZ, Andrés (1990): «Aportaciones a la secuencia histórica de la ciudad de Lorca», Lorca. Pasado y Presente. Murcia, Vol. I, pp. 71-86.

NOTAS (1) La vasija decorada con estampillas procedente de El Chuche estaba expuesta en una de las vitrinas del Museo Arqueológico de Almería antes de su cierre. (2) Estas piezas cerámicas se conservan en el Museo Arqueológico Municipal de Lorca con los números de inventario 1559-1566. (3) Información facilitada por D. Salvador Robira a Dª. Juana Ponce García en el Primer Curso de Verano de Arqueometalurgia, organizado por la Cofradia Internacional de Investigadores de San Francisco Borja en el Palacio del Santo Duque. Gandía, julio de 1996. (4) Esta pieza se conserva en el Museo Arqueológico Municipal de Lorca con el número de inventario 1568. (5) Es oportuno señalar las dificultades que en distintos momentos de la excavación tuvimos con los promotores de la obra, sobre todo en cuestiones de plazos de tiempo, sin que en ningún momento pusieran mano de obra para agilizar los trabajos arqueológicos. A estas dificultades se sumaron las climatológicas; las fuertes lluvias caídas en enero y febrero paralizaron en varias ocasiones el trabajo, produciendo un encharcamiento y posterior barrizal en los limos que conforman el terreno. (6) Esta cerámica está registrada en el inventario del Museo Arqueológico Municipal de Lorca con el número 1555. (7) Este tipo puede ser considerado como campaniense A, aunque J.P. Morel lo considera como característico del área noroccidental (GARCÍA CANO et alii, 1990: 128). (8) Esta pieza está registrada en el inventario del Museo Arqueológico Municipal de Lorca con el número 1557. (9) Esta pieza está registrada en el inventario del Museo Arqueológico Municipal de Lorca con el número 1558. (10) Esta pieza está registrada en el inventario del Museo Arqueológico Municipal de Lorca con el número 1569. (11) Las monedas están registradas en el inventario del Museo Arqueológico Municipal de Lorca con los números 1573-1575. (12) Ver nota 4. (13) Procedentes de las remociones de fundación republicanas. (14) Restos ibéricos del siglo IV a.C. en las excavaciones del Colegio de la Purísima y hallazgos superficiales en el cerro del Castillo. (15) Ver nota 4.

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EXCAVACIONES EN EL CEMENTERIO ISLÁMICO Y NECRÓPOLIS IBÉRICA DE C/. RUBIRA, Nº12 (LORCA, MURCIA)

Juana Ponce García

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1997

EXCAVACIONES EN EL CEMENTERIO ISLÁMICO Y NECRÓPOLIS IBÉRICA DE C/. RUBIRA, Nº12 (LORCA, MURCIA)

JUANA PONCE GARCÍA

Palabras clave: islamic burials, iberic tombs, Bronce Age and Copper Age. Resumen: Esta intervención arqueológica fue realizada en un solar del casco antiguo de la ciudad de Lorca, donde se han documentado casi un centenar de enterramientos islámicos (s. XII-XIII), catorce tumbas ibéricas (fines del siglo V-IV a.C), y niveles del asentamiento prehistórico de Lorca).

Abstract: This excavation was realized in a street of the town Lorca, and it has showed almost a hundred islamic burials (s. XII-XIII), fourteen iberic tombs (ss.V-IV a.C), and the prehistoric settlement of Lorca.

1. SITUACIÓN

Esta excavación arqueológica ha aportado una secuencia estratigráfica amplia, definiendo momentos en que estuvo ocupada por estructuras de habitación y otros en que su funcionalidad se restringió a un uso funerario. Desde finales del siglo XVII hasta la actualidad esta zona de Lorca mantuvo un poblamiento continuado, definido por la constatación de diferentes estructuras (cimentaciones, fosas sépticas) y abundante material cerámico. Las estructuras de estas viviendas alteraron algunos de los enterramientos islámicos se que se constatan en toda la extensión del solar. Asociados a los niveles del cementerio islámico se han constatado escasos restos de materiales fechables, aunque los datos recogidos y la tipología de las tumbas apuntan a un intervalo de utilización de los siglos XII-XIII. Destacable es la localización de una zona de la necrópolis ibérica de Lorca, con la localización de catorce tumbas de incineración, algunas de ellas parcialmente alteradas por sepulturas islámicas y cimentaciones posteriores. Finalmente, en el corte 5 y en una zona muy reducida que no

En el periodo comprendido desde el 5 de junio hasta el 9 de octubre de 1991 se efectuó una intervención arqueológica de urgencia en un solar enclavado en el casco antiguo de Lorca, situado en la confluencia de las calles Rubira y Alburquerque (fig. 1). Para el desarrollo de la excavación se contó con el permiso de la Dirección General de Cultura de la Comunidad Autónoma de Murcia y dos obreros cedidos por el Ayuntamiento de Lorca. La construcción de un edificio con sótano, para el que se necesitaba rebajar el nivel de superficie unos tres metros planteó inicialmente la intervención arqueológica con el objetivo primordial de documentar una de las zonas del cementerio islámico de Lorca, contando con los antecedentes aportados por otras excavaciones realizadas anteriormente en la calle Rojo nº 2 (MARTÍNEZ 1996), calle Cava nº 11 (MARTÍNEZ y MONTERO 1996) y C/. Núñez de Arce, nº 9 (MARTÍNEZ 1992: 22), intervenciones donde se localizaron gran número de enterramientos islámicos.

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EXCAVACIONES EN EL CEMENTERIO ISLÁMICO Y NECRÓPOLIS IBÉRICA DE C/. RUBIRA, N.º 12 (LORCA, MURCIA)

tar la excavación de algunas tumbas ibéricas. El total de la superficie excavada fue de 136 m2. Para realizar la planimetría se estableció el P.0. en la tapa de alcantarillado próxima al cruce entre la calle Rubira y calle Alburquerque. 3. SECUENCIA ESTRATIGRÁFICA

La estratigrafía aportada por algunos cortes como el 1, 3, y 5 en las zonas no alteradas por construcciones modernas ha sido de gran interés, ya que ha aportado una secuencia que engloba niveles desde finales del III milenio a.C. hasta el siglo XIX, con algunos períodos culturales sin representación arqueológica. 3.1. Cortes 1-3 (Fig. 3) Figura 1. Plano de situación del solar.

había sido afectada por otras construcciones, fue posible documentar niveles de habitación calcolíticos. 2. METODOLOGÍA

El solar tiene unas dimensiones de 23.50 m. de longitud y 14.70 m. de anchura en sus lados mayores y 16.30 m. de longitud por 8.80 m. de anchura en sus lados menores, formando una esquina adaptada a las dos calles que lo bordean. La topografía del terreno que guarda una suave pendiente descendente hacia el Sur-Suroeste, condicionó en principio el planteamiento de dos cortes de 5 m. por 5 m. El corte 1 se situó en la zona donde se apreciaba un mayor depósito arqueológico con el objetivo de contar con una estratigrafía guía de esta zona, mientras que el corte 2 se estableció en la parte del solar donde se presuponía una menor potencia estratigráfica. Los cortes 1 y 2 quedaron separados por un testigo de 1 m., y a una distancia de seguridad de 2 m. hacia la calle Alburquerque y de 1.5 m. hacia la calle Rubira. Posteriormente, y ante los resultados aportados por ambos cortes se decidió ampliar la excavación a la totalidad del solar. Con esta finalidad se plantearon tres nuevos cortes, numerados del 3 al 5, con unas dimensiones de 6 por 5 m., excepto el corte 3 que al quedar emplazado entre los cortes 1 y 5, quedó reducido a 2.40 m. de longitud por 6 m. de ancho. Durante el proceso de los trabajos fue necesario ampliar el corte 1 hacia el Norte, con el objetivo de comple-

Estrato I. Corresponde al nivel superficial y estaba formado por escombros que aparecían directamente sobre un pavimento de ladrillos macizos fechado a principios del siglo XIX, superpuesto a otro suelo de mármol blanco muy deteriorado, que pertenecía al momento de construcción de esta vivienda a finales del siglo XVIII. Estrato II. Identificado con la pavimentación formada por losas de mármol blanco de la vivienda fechada en la segunda mitad del siglo XVIII, y la colmatación a base de gravas, piedras y arenas realizada con la finalidad de nivelar el terreno. Estrato III. Está relacionado con el nivel asociado a las fosas sépticas, cimentaciones y remodelaciones de las mismas, llevadas a cabo en dos períodos concretos: finales del siglo XVII y finales del siglo XVIII. Estrato IIIa. Conformado por una tierra compacta con adobe anaranjado utilizada para colmatar una fosa (ss. XV-XVI), que presenta fragmentos cerámicos de loza dorada y escorias de fundición de hierro. En su base se constataron abundantes restos óseos humanos sin articular, ya que había alterado algunos enterramientos islámicos. Estrato IV. Formado por tierra marrón oscura de textura suelta, con abundantes piedras y aljezones. Entre este nivel era frecuente la localización de huesos humanos sin conexión, que indicaba un nivel de colmatación con la alteración de sepulturas islámicas, posiblemente relacionado con el estrato IIIa.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Figura 2. Localización de excavaciones arqueológicas en las que se han documentado niveles del cementerio islámico.

Estrato V. Compuesto por una tierra marrón compacta, de textura limosa que se presenta asociado al nivel II de enterramientos. Estrato VI. Tierra limosa compacta que fue horadado por las tumbas ibéricas. Entre esta tierra se documentaron algunos fragmentos de adobes endurecido por el fuego y escasos fragmentos de cerámica a mano de la Edad del Bronce. No estaba asociado a estructuras. 3.2. Corte 5 (Fig. 4)

Estrato I. Pertenece al estrato superficial formado por una colmatación de escombros, piedras y tierra suelta. Estrato Ia. Corresponde a una pavimentación de yeso perteneciente a la vivienda fechada en la segunda mitad del siglo XVIII. Estrato Ib. Fosa realizada en el siglo XX que altera los estratos I, Ia, II y III. Los restos constatados se pueden relacionar con la destrucción de los niveles mencionados. Estrato II. Relleno formado por piedras medianas y aljezones. Posiblemente se puede relacionar con la nivelación que se llevó a cabo para la pavimentación de la vivienda aquí emplazada en el siglo XVIII.

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Estrato III. Pavimento de cantos rodados dispuesto sobre una lechada de yeso, que posteriormente fue amortizado superponiéndole un pavimento de yeso. Este pavimento está relacionado con las estructuras de habitación del siglo XVII. Estrato IV. Formado por arenas y tierra suelta anaranjada que corresponde a la nivelación realizada durante el siglo XVII. Estrato V. Tierra de color marrón claro y textura compacta, donde se documentan fragmentos de cerámica a mano. Estrato VI. Pavimento de tierra compacta de tonalidades oscuras y con algunos carbones sobre el mismo. Estrato VII. Tierra de textura compacta y tonalidad oscura. Estrato VIII. Formado por una acumulación de cenizas de textura muy suelta y tonalidades grisáceas, dispuestas cerca de una mano de molino. En este estrato se localizaron nueve pesas de telar rectangulares con cuatro perforaciones y apenas cocidas. Estrato IX. Tierra endurecida bajo las cenizas, quizás por efecto del calor. Estrato X. Corresponde a las fosas de los enterramientos islámicos que se realizaron perforando desde el estrato V al X. La tierra que rellenaba estas sepulturas tenía tonalidades oscuras, textura suelta y presentaba manchas de cal y pequeños carbones. Estrato XI. Formado por una tierra de textura compacta en donde era abundante la presencia de restos de fauna y fragmentos de cerámica a mano. Estrato XII. Formado por una tierra anaranjada compacta con restos de adobe endurecido y acumulaciones de carbones. De este estrato contamos con una datación radiocarbónica (UtC3437) realizada por IRPA-KIK, que ha aportado una fecha calibrada de 2166 a.C. (VAN STRYDONCK et alii 1995: 29-30; MARTINEZ et alii 1996: 12). Estrato XIII. Compuesto por limos muy compactos separado de los estratos superior e inferior por finas capas de carbones. Estrato XIV. Tierra semicompacta de color marrón claro, con abundantes restos de fauna.

EXCAVACIONES EN EL CEMENTERIO ISLÁMICO Y NECRÓPOLIS IBÉRICA DE C/. RUBIRA, N.º 12 (LORCA, MURCIA)

Figura 3. Perfil Este de los cortes 1-3.

Estrato XV. Tierra suelta marrón grisácea con cenizas, carboncillos, restos de fauna y fragmentos de cerámica con almagras. Estrato XVI. Tierra limosa gris compacta con presencia de cenizas. Estrato XVIa. Bolsada de limos compactos de tonalidades verdosas. Estrato XVII. Limos amarillos mezclados piedras y fragmentos de adobe. 4. SECUENCIA CRONOLÓGICA. FASES

4.1. Fase I. Pavimentos, cimentaciones y fosas sépticas de la vivienda fechada en la segunda mitad del siglo XVIII.

En contacto con el estrato II se localizaron las estructuras de cimentación que alcanzan una anchura de 1.5 m. y una profundidad de casi dos metros. La técnica constructiva es la empleada normalmente en los edificios de esta época, realizando zanjas que son rellenadas a base de piedras de grandes dimensiones unidas por un mortero rico en cal. Asociadas a esta vivienda se localizaron dos fosas sépticas, una de ellas en el corte 5 (ff. 11 y 12), donde se localizaron abundantes restos de fauna y fragmentos de cerámica de finales del siglo XVIII y XIX, que pertenecían a jarras de picos, escudillas, cuencos y platos. Otra fosa séptica se halló en el corte 3 (fig. 5), con planta circular delimitada por un murete de piedra seca extraída de las canteras de Murviedro. En el interior se constató un nivel

de tierra marrón oscura de textura suelta con restos de cal. No contenía cerámica ni restos de fauna. Relacionado con estas estructuras se localizaron dos pavimentos, uno de losas de mármol y otro de ladrillo macizo. 4.2. Fase II. Cimentación, pilares de sillería, pavimentos y fosa séptica de la vivienda fechada en la segunda mitad del siglo XVII

En contacto con el estrato III, se documentaron estructuras de cimentación, restos de pavimentaciones de yeso y un muro con un umbral de un edificio fechado en la segunda mitad del siglo XVII. Esta vivienda contaba con un patio localizado en el corte 4, del que se han constatado dos sillares cuadrados con unas dimensiones de 44 por 44 cm. cada uno, tallados en piedra extraída de las canteras de Murviedro. Estos sillares, junto a otro conformado por piedra y cal, posiblemente sirvieron de base a los postes de madera que sostenían la techumbre. Tanto en el corte 2 como en el 5 se constataron restos de un pavimento de yeso asociado a un umbral también revestido de yeso. En el corte 4 se localizó una fosa séptica, con gran cantidad de restos cerámicos y de fauna, que alteró parte de la sepultura islámica 79. Los restos cerámicos constatados en el interior son fundamentalmente cuencos vidriados en gris con apéndice escalonado y pastas granates (tipo XVI Matilla), jarras con decoración pintada al manganeso (tipo XXX Matilla), bacines vidriados y ollas de borde vuelto de cocina, fechables en la segunda mitad del siglo XVII.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Figura 4. Perfil Norte del corte 5.

4.3. Fase III. Estructuras del siglo XV-XIV

Una cimentación de mampostería y ladrillos, que definía un espacio rectangular, fue localizado en el corte 5 bajo las estructuras del siglo XVII. Este muro alteró algunos de los enterramientos islámicos y quizás deba relacionarse con la primera ocupación de esta zona de Lorca despúes de quedar abandonado el uso funerario de este espacio. 4.4. Fase IV. Cementerio islámico. ss. XII-XII

Uno de los cementerios islámicos de la ciudad de Lorca constatado arqueológicamente es el vinculado a la Puerta Gil de Ricla. Hasta el momento no es posible establecer sus límites, aunque podemos intuir su extensión a tenor de las excavaciones arqueológicas donde se han documentado enterramientos islámicos, como en calle Cava nº 11, solar en el que se localizó además un morabito o qubba del s. XII (MARTÍNEZ y MONTERO 1996), en la calle Rojo nº 2 (MARTÍNEZ 1996), Palacio de Villaescusa, calle Nuñez de Arce nº 9 (MARTINEZ 1992) y Plaza de España nº 2 (MARTÍNEZ y PONCE 1995) (fig. 2). Uno de sus límites en época almohade lo conformaría la muralla documentada en las excavaciones del Colegio de la Purísima (MARTÍNEZ 1992), Iglesia de las Madres Mercedarias (MARTÍNEZ y PONCE 1996) y calle Cava nº 35 (MARTÍNEZ y PONCE 1997). Posiblemente el cementerio islámico ocupara

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una mayor extensión hacia el Norte antes de la construcción del circuito murado, dado que se constataron dos enterramientos islámicos en el interior del recinto fortificado (MARTÍNEZ 1995: 46). Otro dato aportado por la intervención mencionada fue su posible vinculación con una de las puertas de entrada a la madina, citada por los eruditos locales como la Puerta de Gil de Ricla. Desde la muralla, el cementerio islámico se extendía ocupando una gran extensión de la ladera, hecho confirmado por las intervenciones en calle Rojo nº 2, calle Cava nº 11 y nº 20-22, Palacio de Villaescusa y calle Nuñez de Arce nº 9. El límite occidental podría relacionarse con la existencia de una rambla que partía del Castillo y que seguía el trazado actual de la calle del Álamo. Este dato fue verificado a partir de las intervenciones arqueológicas en Plaza de España nº 2 (MARTÍNEZ y PONCE 1995) y calle Selgas-Ayuntamiento de Lorca (MARTÍNEZ 1992). Estas intervenciones se realizaron en ambos márgenes de la citada rambla, constándose enterramientos islámicos únicamente en la margen izquierda (MARTÍNEZ y PONCE 1995). Desconocemos el límite oriental, aunque quizás se encuentre próximo a la Plaza del Libreño, dato aún por confirmar arqueológicamente.

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Figura 5. Enterramientos islámicos pertenecientes al nivel I de los cortes 1 y 3.

Contamos con los datos proporcionados por testimonios orales sobre los desfondes hechos hace algunos años en las labores de alcantarillado de la C/. Nuñez de Arce y en la construcción del edificio enclavado en el solar que ocupaba la antigua Falange, donde aparecieron abundantes restos humanos, y que debían pertenecer a enterramientos islámicos, por los que se supone que el cementerio no se ensancharía más allá de la calle Corredera, que como su propio nombre indica debía ser un camino de paso y un impedimento para extenderse, aunque es una hipótesis que tendrá que confirmarse por las futuras excavaciones arqueológicas. En esta intervención se han documentado noventa y siete enterramientos islámicos asociados a los estratos IV y V, cuyo estado de conservación dependió en su mayor parte de las alteraciones producidas por cimentaciones y construcciones posteriores. Los enterramientos asociados al nivel IV se encontraban más alterados por las causas anteriormente mencionadas, y fue frecuente la localización de conjuntos óseos sin conexión, sobre todo próximos a las estructuras de cimentación modernas y contemporáneas. La excavación ha proporcionado hasta tres niveles de

tumbas diferenciados, únicamente constatados en el corte 2, zona donde se han producido menores alteraciones. En un caso se aprecia perfectamente como se han enterrado dos individuos en el mismo momento, uno sobre otro, incluso con orientaciones diferentes, hecho que puede confirmar el máximo aprovechamiento del espacio del cementerio, otro hecho que confirma esta hipótesis es el hallazgo de un zanja-fosa que albergó tres individuos dispuestos con la cabeza apoyada sobre las extremidades del siguiente, formando un alineamiento. La superpoblación de los cementerios es un hecho al que ya se refiere Ibn Abdun que resalta que en el cementerio de Sevilla «se entierran los cadáveres unos encima de otros, por lo estrecho que ha quedado» (GARCÍA GÓMEZ y LEVI-PROVENÇAL 1948: 95). Las características generales de los enterramientos islámicos de calle Rubira son las siguientes: A. Los cadáveres se colocaban directamente en el interior de fosas excavadas en la tierra, de cúbito lateral derecho, extendidos y con las extremidades inferiores a veces ligéramente flexionadas.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Figura 6. Enterramientos islámicos pertenecientes al nivel II de los cortes 1 y 3.

B. La orientación de los inhumados cumplía los preceptos de los enterramientos islámicos, con el rostro vuelto hacia el Sureste y los cuerpos orientados Suroeste-Noreste. Se han documentado excepciones en los que la orientación de los cuerpos variaba sensiblemente con respecto a la totalidad, aunque la posición de la cabeza cumplía con los preceptos coránicos. C. No se ha localizado signo alguno que sirviera de señalización de las sepulturas, con la excepción del enterramiento 34, en el que se documenta una piedra de grandes dimensiones en la cabecera de la tumba y que quizás pueda relacionarse con su señalización. D. No aparecen objetos en el interior de las fosas, salvo en dos casos (sepulturas 46 y 98). E. Realizado el inventario de los enterramientos islámicos se han establecido cinco tipos de sepulturas en esta zona del cementerio islámico: E.1. Fosas simples, directamente excavadas en la tierra, en cuyo interior únicamente se localiza el cádaver. En algunos casos se han constatado sus dimensiones, la anchura generalmente es uniforme y varía de los 20 a 35 cm. mientras

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que la longitud oscila sensiblemente, relacionándose con la del cadáver. E.2. Fosas directamente excavadas en la tierra, al igual que las anteriores, con la diferencia de que algunos de los cadáveres tenían restos de adobe en la zona de las vísceras, pies o cabeza, este hecho se documenta tanto en enterramientos adultos como infantiles. Este tipo de enterramiento había sido constatado en excavaciones anteriores en Lorca, concretamente en los enterramientos localizados en los sótanos del Colegio de la Purísima (MARTÍNEZ, 1992). E.3. Fosas-zanjas directamente excavadas en la tierra, que albergaban hasta tres enterramientos parcialmente yuxtapuestos. Este tipo de enterramiento está constatado en la calle Rojo nº 2 en donde se localizaron los enterramientos 20 y 60 dispuestos en fosa-zanja (MARTÍNEZ 1996: 649). Resulta interesante comprobar el aprovechamiento máximo del espacio funerario. E.4. Fosas excavadas en la tierra con tapadera formada por adobes de grandes dimensiones. De este tipo se han documentado cuatro tumbas, localizadas tanto en la capa

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Figura 7. Entetrramientos islámicos pertencientes al nivel I del corte 2.

más profunda (nivel III) e intermedia (nivel II) de enterramientos, así como también en las etapas más antiguas de utilización del cementerio. E.5. Tumba realizada con ladrillos revestidos con yeso. Sólo se ha constatado en una sepultura infantil, situada en el nivel I, que cronológicamente corresponde a la última etapa de utilización del cementerio. La sepultura se encontró muy alterada, por lo que desconocemos sus dimensiones totales, así como la cubierta utilizada. Este tipo de enterramiento está presente también en el cementerio de Santa Eulalia en Murcia (ARAGONESES 1966:105) y según Torres Balbás, las fosas de la rauda de la Alhambra de Granada presentaban el mismo esquema de ladrillos unidos con barro o yeso (TORRES BALBAS 1981). E.6. Fosa delimitada con piedras de tamaño mediano y grande. Sólo se ha constatado un ejemplo de este tipo, perte-

nece a una sepultura infantil que en el listado aparece con el número 38. Las sepulturas 14, 19 y 46 de calle Rojo presentaban patrones de construcción similares (MARTÍNEZ 1996: 653). F. En todos los tipos de enterramientos se localizan piedras a modo de cuñas puestas sobre todo entre la cabeza y el costado del cadáver y la fosa para evitar los desplazamientos y cambio de orientación del inhumado. Los restos de cultura material han sido escasos, como es común en los cementerios, localizándose únicamente fragmentos de cerámica decorada a cuerda seca y vidriada. Destaca un fragmento de braserillo vidriado en verde, de factura similar al hallado en las excavaciones de la Plaza Cardenal Belluga (NAVARRO 1981). En una de las sepulturas cubierta con tapadera de adobes, se documentó un anillo de plata colocado en el dedo

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Figura 8. Enterramientos islámicos pertenecientes al nivel II del corte 2.

corazón de la mano derecha de un individuo adulto joven (lám. 2). El anillo debido a la oxidación de la plata conservaba restos de tejido adheridos, que debía pertenecer al sudario utilizado en el amortajamiento. Según Malic ben Anas, sabio de Medina, la doctrina aconsejaba que las prendas usadas en el rito religioso fueran limpias y blancas, normalmente eran piezas de algodón, permitiéndose en las mujeres la seda. Como mínimo se utilizaba una sabana que cubriera el cuerpo a modo de envoltura. Por el grosor del tejido documentado posiblemente pertenezca a una pieza de algodón. El enterramiento 98 efectuado en fosa y que contenía un individuo adulto, tenía en el costado una llave de hierro. Un objeto metálico de características semejantes se constató en la excavación en calle Rojo nº 2 de Lorca asociado a otro enterramiento islámico (MARTÍNEZ 1996: 644).

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En los estratos IV y V, no conectados directamente a ninguna sepultura, se documentaron tres cuernos, que no presentaban decoración como sucede con el cuerno del cementerio islámico de San Nicolas de Murcia; precedentes de la localización de estos objetos en contextos funerarios los tenemos en el cementerio de Sta. Eulalia donde se aparecieron una docena y que según D. Manuel Jorge Aragonés se relacionan con el banquete funerario (JORGE ARAGONESES); en Cartagena se exhumó un ejemplar junto a un enterramiento, y varios se constataron en calle Rojo nº 2 de Lorca (MARTÍNEZ, 1996); desconocemos su finalidad, aunque aparecen frecuentemente asociados a los cementerios. Dos de los enterramientos (23 y 25) relacionados con el último momento de utilización del cementerio islámico se encuentran dispuestos decúbito supino. Posiblemente sea reflejo de una cierta relajación en el cumplimiento de las

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Figura 9. Enterramientos islámicos pertenecientes al nivel III del corte 2.

normas de enterramiento en los momentos finales de utilización de este cementerio (siglo XIII). En el corte 2 se constató un muro de encofrado de cal, alterado parcialmente por estructuras posteriores (fig. 7). Esta estructura está relacionada directamente con el momento de utilización de este espacio funerario, aunque no asociado con algún tipo de cerca del cementerio, ya que se han constatado enterramientos en la calle Nuñez de Arce, paralela a calle Rubira. En Almería, se han hallado muros de características similares que delimitaban recintos de enterramiento posiblemente de carácter privado (MARTÍNEZ 1990: 79). En este caso ante excavación la imposibilidad de establecer el trazado completo de esta estructura es aventurado afirmar esta finalidad. A continuación se va a realizar una breve descripción de cada sepultura islámica, en la que se ha obviado hacer

referencia a la orientación ya que es igual en la mayoría de las sepulturas, y sólo se registra cuando hay un cambio significativo. Hay que incidir en que durante el proceso de excavación fue frecuente la localización de conjuntos óseos humanos sin articular, alterados por construcciones posteriores, por lo que se decidió individualizar y numerar como enterramientos solamente los cráneos, intentando no inducir a error en el registro de individuos 1 . Se han establecido tres niveles de enterramientos diferenciados en la mayoría de los casos por las superposiciones existentes. El nivel I engloba los enterramientos asociados al último momento de utilización del cementerio (siglo XIII), el nivel II se relaciona con el momento intermedio y la fase más antigua de utilización queda reflejada en el nivel III (siglo XII).

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Figura 10. Enterramientos islámicos pertenecientes a los niveles I y II del corte 4.

Enterramiento 1. Localización: Corte 1. Tipo: Fosa excavada en la tierra. Cota: 0.90 m. Descripción: Pertenece a un individuo adulto, muy alterado por las estructuras de cimentación de la vivienda del siglo XVIII. Sólo conservaba el cráneo mirando al Sureste y algunas cervicales y costillas articuladas (fig. 5). Nivel I. Enterramiento 2. Localización: Corte 1. Tipo: Fosa excavada en la tierra Cota: 0.95 m. Descripción: Sólo se constató el cráneo mirando al Sureste de un individuo adulto. Esta sepultura estaba alte-

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rada por una cimentación del siglo XVIII (fig. 5). Nivel I. Enterramiento 3. Localización: Corte 1. Tipo: Fosa excavada en la tierra. Cota: 1.23 m. Descripción: Unicamente documentamos un cráneo y un húmero de un individuo adulto alterado por las cimentaciones modernas (fig. 5). Nivel I. Enterramiento 4. Localización: Corte 1. Tipo: Fosa excavada en la tierra. Cota: 1.16 m.

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Figura 11. Enterramientos islámicos pertenecientes al nivel I del corte 5.

Descripción: Cráneo mirando al Sur-Sureste de un individuo adulto. El resto del esqueleto estaba alterado por la cimentación de la vivienda del siglo XVIII (fig. 5). Nivel I. Enterramiento 5. Localización: Corte 1. Tipo: Fosa de planta rectángular excavada en la tierra. Dimensiones de la fosa: L. máx. conservada: 0.40 m; A.: 0. 20 m. Cota: 1.21 m. Descripción: Sólo se han podido documentar los restos óseos de las extremidades inferiores pertenecientes a un individuo adulto. El resto del esqueleto se había alterado en el siglo XVIII con la construcción de una cimentación (fig. 5). Observaciones: Este enterramiento estaba colocado para-

lelo a la cubierta de adobes del enterramiento 34, aunque a una cota superior. Nivel I. Enterramiento 6. Localización: Corte 1. Tipo: Fosa excavada en la tierra. Cota: 0.83 m. Descripción: Pertenece a un individuo adulto dispuesto decúbito lateral derecho, del que sólo se han constatado las extremidades inferiores y parte de la cadera, el resto fue alterado por estructuras modernas. Tenía un ladrillo entre la cadera y la fosa para evitar el desplazamiento del cuerpo, además de algunas piedras que lo separaban del enterramiento 7, en la zona donde se encontraban más próximos (fig. 5).

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Figura 12. Enterramientos islámicos pertenecientes al nivel II del corte 5.

Nivel I. Enterramiento 7. Localización: Corte 1. Tipo: Fosa excavada en la tierra. Cota: 0.91 m. Descripción: Pertenece a un enterramiento de un adulto dispuesto decúbito lateral derecho, del que sólo se conservaron las extremidades inferiores y las primeras vértebras articuladas (fig. 5). Nivel I. Enterramiento 8. Localización: Corte 1 Tipo: Fosa excavada en la tierra. Cota: 1.09 m.

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Descripción: Pertenece a un individuo adulto del que se han constatado las extremidades inferiores (restos óseos de los pies y parte de las tibias y perones). La mitad superior del esqueleto había sido alterada por la cimentación del siglo XVIII (fig. 5). Nivel I. Enterramiento 9. Localización: Corte 1. Tipo: Fosa excavada en la tierra. Cota: 1.00 m. Descripción: Los restos óseos, en mal estado de conservación, pertenecen a un individuo adulto dispuesto decúbito lateral derecho, con la cabeza mirando al Sureste. Las extremidades inferiores se introducen bajo el perfil Sur del corte 1.

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Figura 13. Localización de las tumbas ibéricas.

Observaciones: Se colocaron dos piedras entre el cráneo del individuo y la piernas del enterramiento 11 para evitar el contacto y la pérdida de orientación de la cabeza (fig. 5). Nivel I. Enterramiento 10. Localización: Corte 1. Tipo: Fosa excavada en la tierra. Cota: 1.01 m. Descripción: Corresponde a los restos óseos de los pies de un individuo adulto, localizados sobre el enterramiento 13 (fig. 5). Nivel I. Enterramiento 11. Localización: Corte 1.

Tipo: Fosa excavada en la tierra. Cota: 1.02 m. Descripción: Pertenece a un individuo adulto, dispuesto decúbito lateral derecho, con la cabeza mirando al Sureste y las manos descansando delante de la pelvis (fig. 5). Observaciones: Para evitar el contacto entre este individuo y el enterramiento 9 se colocaron dos piedras que los separaban. Nivel I. Enterramiento 12. Localización: Corte 1. Tipo: Fosa excavada en la tierra. Cota: 1.38 m. Descripción: Pertenece a un individuo infantil del que se ha conservado el costado derecho y la parte inferior del crá-

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Figura 14. Plantas de las tumbas ibéricas.

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Figura 15. Secciones de las tumbas ibéricas.

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Enterramiento 14. Localización: Corte 1. Tipo: Fosa excavada en la tierra. Cota: 1.16 m. Descripción: Corresponde a un individuo adulto en buen estado de conservación, dispuesto decúbito lateral derecho con los brazos extendidos (fig. 5). Observaciones: Le colocaron una piedra pequeña en la nuca para evitar la perdida de orientación del cráneo. Nivel I. Enterramiento 15. Localización: Corte 1. Tipo: Fosa excavada en la tierra, con adobe en la zona de los pies. Cota: 1.21 m. Descripción: Enterramiento de un adulto dispuesto decúbito lateral derecho con los brazos extendidos delante del cuerpo y las piernas ligeramente flexionadas (fig. 6). Observaciones: Altera parcialmente el enterramiento 13. Nivel II.

Figura 16. Anillo-sello del enterramiento islámico 46.

neo. Las extremidades inferiores y la cadera habían sido alteradas por la construcción de la sepultura 13 (fig. 6). Nivel II. Enterramiento 13. Localización: Corte 1. Tipo: Fosa excavada en la tierra con el ángulo Sureste conformado por un murete de adobe de unos 20 cm. de ancho. Cota: 1.40 m. Descripción: Pertenece a un individuo adulto, que sólo conservaba las extremidades inferiores ligeramente flexionadas, y algunas vertebras y costillas articuladas. Los restos óseos de la mitad superior del cuerpo estaban alterados por la fosa del enterramiento 15 (fig. 6). Observaciones: La zona que corresponde a la mitad superior estaba ocupada por dos cráneos, posiblemente uno de ellos corresponda a este enterramiento. Nivel II.

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Enterramiento 16. Localización: Corte 1. Tipo: Fosa excavada en la tierra. Cota: 1.29 m. Descripción: Enterramiento de un adulto del que sólo se ha conservado los restos óseos de las extremidades inferiores. Las cimentaciones del siglo XVIII había alterado casi toda la sepultura (fig. 6). Nivel II. Enterramiento 17. Localización: Corte 1. Tipo: Fosa excavada en la tierra. Cota: 1.31 m. Descripción: Restos óseos de las extremidades inferiores de un individuo adulto (fig. 6). Alteraciones similares a las ocurridas al enterramiento 16. Nivel II. Enterramiento 18. Localización: Corte 2. Tipo: Fosa excavada en la tierra. Cota: 1.79 m. Descripción: Enterramiento de un individuo adulto, que no conservaba el cráneo y las cervicales, alterados por una

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Lámina 1. Enterramientos islámicos del corte 2.

cimentación moderna. El individuo se dispuso en la fosa casi de bruces (fig. 8). Nivel II. Enterramiento 19. Localización: Corte 2. Tipo: Enterramiento en fosa, con delimitación del lado Sur por un murete de adobe. Dimensiones del murete de adobe: L. máx. conservada: 0.46 m.; A: 0.12 m. Cota: 1.90 m. Descripción: Enterramiento de un adulto, que sólo conserva parte de las extremidades inferiores (fig. 8). Observaciones: Se encuentra en el mismo nivel y paralelo al enterramiento 20. Nivel II. Enterramiento 20. Localización: Corte 2. Tipo: Enterramiento en fosa, con un adobe (20 cm. de longitud por 8 cm. de anchura) en el lado Sur de la fosa.

Cota: 1.91 m. Descripción: Enterramiento de un adulto que conserva los mismos restos óseos que el enterramiento 19 (fig. 8). Observaciones: Estaba alterado por una zanja de cimentación. Nivel II. Enterramiento 21. Localización: Corte 2. Tipo: Fosa excavada en la tierra. Cota: 1.97 m. Descripción: Pertenece a un individuo adulto dispuesto decúbito lateral derecho con el cráneo apoyado sobre el brazo izquierdo del enterramiento 27 (fig. 8). Observaciones: Las extremidades inferiores se introducen bajo el perfil Oeste del corte 2. Se localizó bajo un pavimento de yeso del siglo XVII. Nivel II. Enterramiento 22. Localización: Corte 2.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Nivel I. Enterramiento 24. Localización: Corte 2. Tipo: Fosa excavada en la tierra. Cota: 1.83 m. Descripción: Individuo adulto dispuesto decúbito lateral derecho, que no conservaba los restos óseos de la zona de las caderas al estar alterado por remociones posteriores (fig. 7). Nivel I. Enterramiento 25. Localización: Corte 2. Tipo: Fosa excavada en la tierra. Cota: 1.84 m. Descripción: Pertenece a un individuo adulto dispuesto decúbito supino, que no presenta la cabeza orientada según los preceptos coránicos (fig. 7). Observaciones: Pertenece a la última fase cronológica de enterramientos y que su fosa alteró otros enterramientos, ya que se localizaron un cráneo y un fémur cerca del húmero izquierdo. Nivel I.

Lámina 2. Tumbas ibéricas.

Tipo: Fosa excavada en la tierra. Cota: 1.94 m. Descripción: Enterramiento infantil dispuesto decúbito lateral derecho y con las manos a la altura de la pelvis. Nivel II. Enterramiento 23. Localización: Corte 2. Tipo: Fosa excavada en la tierra. Cota: 1.91 m. Descripción: Individuo adulto dispuesto decúbito supino, del que no se ha conservado la mitad superior del esqueleto, alterado por obras posteriores (fig. 7). Observaciones: A pesar de no contar con el cráneo, la disposicion de este enterramiento no cumple con los preceptos coránicos, al igual que sucede con el enterramiento 25, próximo a este.

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Enterramiento 26. Localización: Corte 2. Tipo: Fosa excavada en la tierra. Cota: 1.92 m. Descripción: Pertenece a un individuo adulto, dispuesto decúbito lateral derecho, del que se ha conservado su costado derecho y parte del cráneo; el costado izquierdo estaba alterado por obras de cimentación posteriores (fig. 9). Nivel III. Enterramiento 27. Localización: Corte 2. Tipo: Enterramiento en fosa-zanja. Cota: 1.92 m. Descripción: Enterramiento adulto con la mitad superior apoyada sobre el enterramiento 41 (fig 8). Observaciones: Sobre la mano izquierda se apoya el cráneo del enterramiento 21. Debajo se localizó el enterramiento 42. Nivel II. Enterramiento 28. Localización: Corte 2.

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Tipo: Fosa excavada en la tierra. Cota: 1.94 m. Descripción: Se constataron los restos óseos de los pies de un individuo adulto, el resto había sido alterado en épocas posteriores. Nivel II. Enterramiento 29. Localización: Corte 2. Tipo: Fosa excavada en la tierra. Cota: 1.86 m. Descripción: Unicamente se localizaron los restos óseos de un neonato (fig. 8). Observaciones: Se encontraban sobre el enterramiento 22. Nivel II. Enterramiento 30. Localización: Corte 2. Tipo: Fosa excavada en la tierra. Cota: 1.97 m. Descripción: Individuo adulto dispuesto decúbito lateral derecho con las extremidades superiores extendidas y las manos entrelazadas delante de las caderas (fig. 8). Observaciones: La orientación del cuerpo varía ligeramente del resto de individuos, aunque el rostro se encuentra mirando al Sur-Sureste. Observaciones: Se localiza sobre el enterramiento 32. Nivel II.

Lámina 3. Pesas de telar.

Nivel III. Enterramiento 31. Localización: Corte 2. Tipo: Fosa de planta rectangular excavada en la tierra. Cota: 1.89 m. Descripción: Sólo se han conservado los restos óseos pertenecientes a los pies de un individuo adulto (fig. 8). Nivel II. Enterramiento 32. Localización: Corte 2. Tipo: Fosa excavada en la tierra. Cota: 2.06 m. Descripción: Enterramiento de un adulto dispuesto decúbito lateral derecho con las extremidades superiores extendidas y las manos delante de la cadera (fig. 9). Observaciones: Bajo enterramientos 30 y 23.

Enterramiento 33. Localización: Corte 1-4. Tipo: Fosa excavada en la tierra con cubierta de adobe. Cota: 1.20 m. Descripción: Enterramiento de un adulto, del que se han conservado las extremidades inferiores ligeramente flexionadas (fig. 10). Nivel I. Enterramiento 34. Localización: Cortes 1-4. Tipo: Enterramiento en fosa con cubierta formada por cinco adobes y una piedra de gran tamaño en la cabecera de la sepultura, que quizás originariamente sirviera para la señalización de esta tumba.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Cota: 1.41 m. Descripción: Pertenece a un individuo adulto dispuesto decúbito lateral derecho (fig. 10). Observaciones: La fosa de este enterramiento alteraba parcialmente el depósito de incineración ibérico I. Nivel II. Enterramiento 35. Localización: Cortes 1-4. Tipo: Fosa excavada en la tierra. Cota: 1.40 m. Descripción: Contenía los restos óseos de un individuo adulto, con los brazos flexionados y las manos a la altura del pecho Observaciones: Al igual que sucedía con la sepultura anterior, la fosa alteraba parcialmente el depósito de incineración ibérico I (fig. 10). Nivel II. Enterramiento 36. Localización: Corte 1. Tipo: Enterramiento en fosa. Cota: 1.20 m. Descripción: Sólo se ha podido constatar que pertenecía a un individuo infantil con el cráneo mirando al Sureste. El resto del esqueleto se introducía bajo los perfiles 3 y 4 del corte 1 (fig. 5). Nivel I. Enterramiento 37. Localización: Corte 1. Tipo: Fosa excavada en la tierra. Cota: 0. 70 m. Descripción: Pertenece a un individuo adulto del que se conservaba el tercio superior del cuerpo, dispuesto decúbito lateral derecho. Nivel I. Enterramiento 38 Localización: Corte 1. Tipo: Fosa delimitada por piedras de tamaño mediano, excepto en el lado Sureste donde aparece una piedra de tamaño mayor. Dimensiones: L.: 0.50 m.; A.: 0.30 m. Cota: 1.10 m. Descripción: Pertenece a un individuo infantil, dispuesto decubito supino con la cabeza mirando al sureste (fig. 5). La

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parte superior del esqueleto se introduce bajo el perfil 2, ocupado por la cimentación de la vivienda del siglo XVIII. Nivel I. Enterramiento 39. Localización: Corte 2. Tipo: Desconocido. Cota: 1.91 m. Descripción: Cráneo de un individuo adulto alterado por la fosa de cimentación de la vivienda del siglo XVIII (fig. 8). Enterramiento 40. Localización: Corte 2. Tipo: Enterramiento en fosa-zanja. Cota: 2.04 m. Descripción: Enterramiento de un individuo adulto dispuesto decúbito lateral derecho, con los brazos extendidos y las manos a la altura de la pelvis, las piernas se localizaron levemente flexionadas (fig. 8). Observaciones: El tercio superior del enterramiento 41 está directamente apoyado sobre las piernas de este individuo. Nivel II. Enterramiento 41. Localización: Corte 2. Tipo: Enterramiento en fosa-zanja. Cota: 1.97 m. Descripción: Pertenece a un individuo adulto dispuesto decúbito lateral derecho, con el tercio superior del cuerpo apoyado directamente sobre el enterramiento 40, a la vez que sobre su mitad inferior se instaló el enterramiento 42 (fig. 8). Nivel II. Enterramiento 42. Localización: Corte 2 Tipo: Enterramiento en fosa. Cota: 2.09 m. Descripción: Pertenece a un individuo adulto que presenta un ligero cambio de orientación respecto a los demás enterramientos, aunque el cráneo se colocó siguiendo los preceptos coránicos, mirando al Sureste (fig. 9). Observaciones: Se localizó bajo el enterramiento 27. Nivel III. Enterramiento 43. Localización: Corte 2.

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Tipo: Enterramiento en fosa. Cota: 2.13 m. Descripción: Pertenece a un neonato localizado próximo al enterramiento 32 (fig. 9). Nivel I. Enterramiento 44. Localización: Corte 2. Tipo: Fosa de planta rectangular excavada en la tierra con cubierta de adobes. Dimensiones de la fosa: L. máx. conservada 1.22 m.; A. 0.30 m. Dimensiones de la cubierta: L. máx. conservada 1.01 m.; A. 0.30 m. Cota: 2.17 m. Descripción: Sólo conserva las extremidades inferiores de un individuo adulto con la pierna derecha delante de la izquierda (fig. 9). Observaciones: Se encontraba bajo el enterramiento 19. Nivel III. Enterramiento 45. Localización: Corte 2 Tipo: Fosa de planta rectangular excavada en la tierra, con cubierta de adobes. Dimensiones de la fosa: L. máx. conservada 1.22 m.; A. 0.28 m. Dimensiones de la cubierta: L. máx. conservada 1.00 m.; A. 0.30 m. Cota: 2.23 m. Descripción: Sólo conserva las extremidades inferiores de un individuo adulto, con la pierna izquierda ligéramente flexionada y dispuesta sobre la derecha que se colocó extendida (fig. 9). Observaciones: Se encontraba bajo el enterramiento 31. Nivel III. Enterramiento 46. Localización: Corte 2. Tipo: Fosa excavada en la tierra con cubierta de adobes (fig. 6). Dimensiones de la cubierta: L. máx. conservada: 1.30 m.; A.: 0.36 m. Cota: 2.32 m. Descripción: Pertenece a un individuo adulto dispuesto decúbito lateral derecho, con los brazos extendidos y las

manos situadas en la zona pélvica (fig. 9). Las extremidades inferiores se introducían bajo una cimentación moderna, que había alterado parcialmente la cubierta de adobes de esta sepultura (fig. 6). Observaciones: En el dedo corazón de la mano derecha se localizó un sello de plata con restos de tejido adheridos. Nivel III. Enterramiento 47. Localización: Corte 2 Tipo: Fosa excavada en la tierra. Cota: 2.27 m. Descripción: Individuo adulto, dispuesto casi decúbito supino con las manos entrelazadas a la altura de la pelvis. El cráneo no se localizó, ya que estaba alterado por las cimentaciones modernas (fig. 9). Nivel III. Enterramiento 48. Localización: Corte 3. Tipo: Desconocido. Cota: 1.36 m. Descripción: Cráneo alterado por una fosa colmatada con tierra anaranjada. Observaciones: La construcción de esta fosa alteró varios enterramientos islámicos del corte 3.

Enterramiento 49. Localización: Corte 3. Tipo: Desconocido. Cota: 1.30 m. Descripción: Cráneo alterado por una fosa colmatada con tierra anaranjada. Observaciones: La construcción de esta fosa alteró al menos dos enterramientos islámicos del corte 3. Enterramiento 50. Localización: Corte 3. Tipo: Fosa delimitada en su lado Noroeste por un murete formado por ladrillos unidos por yeso. Cota: 0.76 m. Descripción: Enterramiento infantil dispuesto decúbito lateral derecho con las extremidades inferiores flexionadas y las manos delante de la pelvis (fig. 5). Nivel I.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Enterramiento 51. Localización: Corte 3. Tipo: Enterramiento en fosa. Cota: 1.04 m. Descripción: Enterramiento completo de un individuo adulto, con los brazos ligeramente flexionados y las manos situadas en la zona pélvica (fig. 5). Nivel I. Enterramiento 52. Localización: Corte 3. Tipo: Fosa excavada en la tierra. Cota: 1.01 m. Descripción: Sólo se han constatado las extremidades inferiores de un individuo adulto, dispuestas una sobre otra. La mitad superior del esqueleto estaba alterada por una fosa séptica del siglo XVIII (fig. 5). Nivel I. Enterramiento 53. Localización: Corte 3. Tipo: Fosa excavada en la tierra. Cota: 0.76 m. Descripción: Pertenece a un individuo adulto, con las extremidades inferiores ligeramente flexionadas y las manos situadas a la altura de la pelvis (fig. 5). Observaciones: El costado derecho se introducía bajo el perfil Norte del corte 3. Nivel I. Enterramiento 54. Localización: Corte 3. Tipo: Fosa excavada en la tierra con cubierta de adobe. Dimensiones de la cubierta: L. máx. conservada: 0.54 m.; A.: 0.30 m. Cota: 0.87 m. Descripción: Se ha constatado el tercio superior del esqueleto de un individuo adulto, dispuesto decúbito lateral derecho, el resto estaba alterado por las cimentaciones del siglo XVIII (fig. 5). Observaciones: La fosa de este enterramiento alteró parcialmente el depósito de incineración ibérico VI. Nivel I. Enterramiento 55. Localización: Corte 3.

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Tipo: Fosa excavada en la tierra. Cota: 1.08 m. Descripción: Pertenece a un individuo adulto dispuesto decúbito lateral derecho con el brazo derecho ligeramente flexionado y dispuesto bajo el costado. No conservaban el cráneo, los restos óseos del brazo izquierdo y parte de las extremidades inferiores, alterados por cimentaciones del siglo XVIII (fig. 6). Nivel II. Enterramiento 56. Localización: Corte 3. Tipo: Fosa excavada en la tierra. Cota: 1.00 m. Descripción: Cráneo de un individuo adulto con el rostro orientado al Sureste, el resto del esqueleto estaba alterado por las cimentaciones modernas (fig. 5). Nivel I. Enterramiento 57. Localización: Corte 3. Tipo: Fosa excavada en la tierra. Cota: 1.17 m. Descripción: Pertenece a un individuo adulto, del que se ha conservado la mitad superior del esqueleto dispuesto decúbito lateral derecho, el resto fue alterado por la cimentación de la vivienda del siglo XVIII (fig. 6). Nivel II. Enterramiento 58. Localización: Corte 1 Tipo: Fosa excavada en la tierra. Cota: 1.46 m. Descripción: Pertenece a un individuo adulto, dispuesto decúbito lateral derecho con las manos a la altura de la pelvis. No se ha conservado la mitad inferior del esqueleto, alterado por las cimentaciones posteriores. Observaciones: Se localizó en el perfil este del corte 1 (fig. 3). Nivel II. Enterramiento 59. Localización: Corte 1. Tipo: Fosa excavada en la tierra. Cota: 1.57 m. Descripción: Pertenece a un individuo adulto, dispuesto

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decúbito lateral derecho con las manos en la zona pélvica. El esqueleto presentaba zonas con adobe (fig. 6). Observaciones: Las extremidades inferiores a partir de las rótulas estaban alteradas por una cimentación del siglo XVIII. Nivel II. Enterramiento 60. Localización: Corte 4. Tipo: Fosa excavada en la tierra. Cota: 1.41 m. Descripción: Sólo se ha constatado el fémur, tibia y peroné izquierdos y las falanges de una mano de un individuo adulto. A la altura de las rodillas tenía un cráneo bien orientado perteneciente al enterramiento nº 38 (fig. 10). Observaciones: Está alterado por una cimentación moderna. Nivel II. Enterramiento 61. Localización: Corte 4. Tipo: Fosa excavada en la tierra. Cota: 1.36 m. Descripción: Pertenece a un individuo adulto que conservaba los restos óseos del costado y brazo izquierdos, mientras que el cráneo y las extremidades inferiores habían desaparecido como consecuencia de la construcción de una cimentación. El brazo aparece levemente flexionado y es posible que las manos estuvieran situadas en la zona pélvica (fig. 10). Observaciones: Estaba próximo al enterramiento 60. Nivel II. Enterramiento 62. Localización: Corte 4. Tipo: Fosa excavada en la tierra. Cota: 1.47 m. Descripción: Enterramiento infantil, dispuesto decúbito lateral derecho, cubierto parcialmente con adobe y con dos piedras sujetando el cráneo, colocadas posiblemente con la finalidad de conservar la orientación (fig. 10). Observaciones: Entre el adobe se constató un fragmento de cerámica argárica. Nivel II. Enterramiento 63. Localización: Corte 4. Tipo: Fosa excavada en la tierra. Cota: 1.49 m.

Descripción: Individuo adulto dispuesto decúbito lateral derecho con las piernas ligeramente flexionadas. Tenía dos piedras colocadas entre su espalda y la fosa de enterramiento. La zona de la pelvis estaba alterada por las cimentaciones modernas (fig. 10). Observaciones: Durante el proceso de excavación se le asignó el número 76 a las extremidades inferiores de este individuo, que más tarde se comprobó que pertenecían al mismo enterramiento, por lo que este número desaparece del listado de enterramientos. Nivel II. Enterramiento 64. Localización: Corte 4. Tipo: Fosa excavada en la tierra con cubierta de adobes. Dimensiones de la fosa: L.: 2.04 m.; A: 0.34 m. Cota: 1.53 m. Descripción: Pertenece a un individuo dispuesto decúbito lateral derecho, con los brazos flexionados y las manos a la altura de la pelvis (fig. 10). Nivel II. Enterramiento 65. Localización: Corte 3. Tipo: Fosa excavada en la tierra delimitada por dos ladrillos con yeso colocados delante del costado del individuo. Cota: 1.35 m. Descripción: Enterramiento infantil dispuesto decúbito lateral derecho. Observaciones: Tenía una piedra colocada entre la fosa y el cráneo, quizás con la intención de que este último conservara la orientación correcta. Nivel II. Enterramiento 66. Localización: Corte 5. Tipo: Fosa excavada en la tierra. Cota: 0.60 m. Características generales: Sólo se han conservado las extremidades inferiores de un adulto dispuestas decúbito lateral derecho (fig. 11). Observaciones: Se localizaban sobre el enterramiento 83. Nivel I. Enterramiento 67. Localización: Corte 3.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Tipo: Fosa excavada en la tierra. Cota: 1.01 m. Descripción: Pertenece a un individuo adulto del que no se han conservado los restos óseos de las extremidades inferiores. Observaciones: Estaba alterado por las obras de cimentación del siglo XVIII. Nivel I. Enterramiento 68. Localización: Corte 3. Tipo: Fosa excavada en la tierra. Cota: 0.85 m. Descripción: Unicamente se documentaron los restos óseos pertenecientes a los pies de un individuo adulto. Las obras de cimentación posteriores habían alterado los demás huesos (fig. 5). Nivel I. Enterramiento 69. Localización: Corte 5. Tipo: Fosa excavada en la tierra. Cota: 0.45 m. Descripción: Pertenece a un individuo adulto dispuesto decúbito lateral derecho con el cráneo mirando al SurSureste. Sólo conservaba la mitad superior del esqueleto, el resto había sido alterado por las remociones posteriores del terreno (fig. 11). Observaciones: Localizado entre los enterramientos 70 y 82. Nivel I. Enterramiento 70. Localización: Corte 5. Tipo: Fosa excavada en la tierra. Cota: 0.55 m. Descripción: Pertenece a un individuo infantil dispuesto decúbito lateral derecho con las piernas ligeramente flexionadas. Tenía algunas piedras alrededor, una en los pies, dos en la nuca y un aljezón de yeso en las costillas (fig. 11). Nivel I. Enterramiento 71 Localización: Corte 4. Tipo: Fosa excavada en la tierra, que se diferencia claramente gracias al cambio de coloración de la tierra.

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Dimensiones de la fosa: L. máx. conservada 1.50 m.; A: 0.30 m. y P: 0.17 m. Cota: 1.36 m. Descripción: Pertenece a un individuo adulto, del que únicamente se han documentado las extremidades inferiores, dispuestas levemente flexionadas. El resto estaba alterado por la cimentación del siglo XVII (fig. 10). Observaciones: Próxima a este enterramiento hay una zona de tierra cenicienta, aunque sin carbones, de textura suelta, en la que no se ha localizado material óseo o cerámico, junto a un adobe (21 cm. por 20 cm.) endurecido por el calor y roto por la fosa de este enterramiento. Este nivel quizás se encuentre relacionado con los depósitos de incineración ibérica, a pesar de la falta de material significativo. Nivel II. Enterramiento 72. Localización: Corte 4. Tipo: Fosa excavada en la tierra. Dimensiones: L. máx. conservada: 1.42 m.; A: 0.30 m. Cota: 1.62 m. Descripción: Pertenece a un individuo adulto, dispuesto casi decúbito inferior, con las manos entrelazadas delante de la pelvis y el rostro orientado al Sur-Sureste. Las extremidades inferiores se introducen bajo una cimentación del siglo XVIII (fig. 10). Observaciones: El cráneo y parte del cuerpo están localizados sobre una zanja colmatada de arenas y piedras. Nivel II. Enterramiento 73. Localización: Corte 4. Tipo: Fosa excavada en la tierra. Cota: 1.58 m. Descripción: Pertenece a un individuo adulto con la disposición que ordenan los preceptos coránicos y parcialmente alterado en varias zonas por los muros de cimentación (fig. 10). Observaciones: Restos óseos en mal estado de conservación. Nivel II. Enterramiento 74. Localización: Corte 5. Tipo: Fosa excavada en la tierra. Cota: 0.58 m.

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Descripción: Pertenece a un individuo adulto dispuesto decúbito lateral derecho con las manos a la altura de la pelvis. Estaba cubierto en algunas zonas con adobe muy compacto y a la altura de la rodilla está cubierto con una capa de yeso. Este enterramiento se encontraba muy superficial, por lo que la parte superior del cráneo y el húmero derecho habían desaparecido (fig. 11). Nivel I. Enterramiento 75. Localización: Corte 5. Tipo: Fosa excavada en la tierra. Cota: 0.57 m. Descripción: Pertenece a un individuo adulto con la orientación correcta según las disposiciones coránicas. Se localizó en el nivel más superficial por lo que no ha conservado los restos óseos del brazo izquierdo, ni las extremidades inferiores, el cráneo también presentaba alteraciones; sobre este enterramiento se localizaron un radio y una vertebra que debían pertenecer a otro enterramiento alterado por obras posteriores (fig. 11). Nivel I. Enterramiento 76. Corresponde al enterramiento 63. Enterramiento 77. Localización: Corte 1. Tipo: Fosa excavada en la tierra. Cota: 1.68 m. Descripción: Pertenece a un individuo infantil dispuesto decúbito lateral derecho, con los brazos ligeramente flexionados y las manos sobre la pelvis. No conservaba el cráneo alterado por las cimentaciones modernas (fig. 6). Observaciones: Se encuentra próximo al enterramiento 78. Nivel II. Enterramiento 78. Localización: Corte 1. Tipo: Fosa excavada en la tierra. Cota: 1.62 m. Descripción: Pertenece a un individuo adulto del que únicamente se constató el cráneo y parte de la pelvis, el resto del cuerpo se introducía bajo el perfil Sur del corte 1 (fig. 6). Nivel II.

Enterramiento 79. Localización: Corte 4. Tipo: Fosa excavada en la tierra. Dimensiones de la fosa: L. máx. conservada: 0.64 m.; A: 0.24 m. Cota: 1.77 m. Descripción: Enterramiento infantil dispuesto decúbito supino, con la cara mirando al Sur-Sureste. Una fosa séptica del siglo XVII alteró la mitad inferior del enterramiento que no se ha conservado (fig. 10). Nivel II. Enterramiento 80. Localización: Corte 3. Tipo: Fosa excavada en la tierra Cota: 0.98 m. Descripción: Pertenece a un individuo infantil dispuesto decúbito lateral derecho, que sólo conserva las extremidades inferiores y la cadera (fig. 5). Estaba alterado por los niveles posteriores. Nivel I. Enterramiento 81. Localización: Corte 5. Próximo al perfil Sur. Tipo: Fosa excavada en la tierra Cota: 0.60 m. Descripción: Pertenece a un individuo adulto, dispuesto decúbito lateral derecho, del que solamente se han constatado parcialmente los restos óseos de las extremidades inferiores. Esta sepultura se encontraba alterada por una cimentación moderna y por la esquina de un muro formado por piedras unidas por tierra (siglo XV-XVI) (fig. 16). Observaciones: A la altura de las vísceras tenía un adobe cuadrado de color amarillo. Nivel II. Enterramiento 82. Localización: Corte 5. Tipo: Fosa excavada en la tierra. Cota: 0.66 m. Descripción: Pertenece a un individuo adulto, dispuesto decúbito lateral derecho, con las manos a la altura de la pelvis. Detrás del cráneo tenía una piedra pequeña quizás para que no perdiera la orientación (fig. 12). Bajo éste apareció otro enterramiento con orientación ligeramente diferente al que hemos dado el número 83.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Observaciones: La fosa se diferenciaba claramente y al hacerla rompieron un nivel de cenizas y adobes endurecidos. Es posible que los enterramientos 83 y 82 sean contemporáneos ya que el 83 tenía la cadera y el brazo del 82 estaban directamente pegados. Nivel II.

del costado derecho y el cráneo. Estaba dispuesto decúbito lateral derecho, con la cabeza al Suroeste mirando al Sureste (fig. 10). Observaciones: Se localizó próximo al enterramiento 86 y sobre el 88. Nivel I.

Enterramiento 83 Localización: Corte 5. Tipo: Fosa de planta rectangular excavada en la tierra. Dimensiones de la fosa: L.: 1.74 m.; A.: 0.32 m.; P. aprox.: 20 cm. Cota: 0.78 m. Descripción: Pertenecía a un individuo adulto en buen estado de conservación, dispuesto decúbito lateral derecho, con las manos colocadas en la región pélvica y la cabeza mirando al Sureste (fig. 12). Observaciones: Los restos óseos se encontraban directamente bajo el enterramiento 82. Posiblemente ambos enterramientos fueron coétaneos, ya que ambos esqueletos estaban bien articulados y no presentaban alteraciones. Nivel II.

Enterramiento 86. Localización: Corte 5. Tipo: Fosa excavada en la tierra. No se apreciaban las dimensiones. Cota: 0.65 m. Descripción: Enterramiento infantil dispuesto decúbito lateral derecho que se introduce bajo el perfil Sur del corte 5 (fig. 11). Observaciones: Se encuentra próximo al enterramiento 85. Nivel I.

Enterramiento 84 Localización: Corte 5. Tipo: Fosa excavada en la tierra parcialmente alterada por una zanja moderna. Dimensiones de la fosa: L. máx. conservada: 1.70 m.; A.: 0.20 m.; P. aprox.: 20 cm. Cota: 0.78 m. Descripción: Los restos óseos pertenecen a un individuo adulto, bien articulado, dispuesto decúbito lateral derecho, con los brazos ligeramente flexionados y las manos a la altura de la pelvis. Al esqueleto le faltaba el cráneo y el fémur derecho debido a la construcción de una zanja de cimentación de piedras de tamaño mediano, ladrillo macizo y tierra (fig. 12). Nivel II. Enterramiento 85 Localización: Corte 5. Tipo: Fosa excavada en la tierra. No se apreciaban las dimensiones. Cota: 0.68 m. Descripción: Pertenece a un individuo adulto, alterado por un muro de piedras y que conservaba los restos óseos

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Enterramiento 87 Localización: Corte 5. Tipo: Fosa excavada en la tierra con el lado Noroeste delimitado por un murete de adobe. Dimensiones del murete de adobe: L. máx. conservada: 0.70 m.; A.: 0.16 m. Los otros tres lados de la sepultura estaban alterados por una estructura de cimentación posterior, por lo que no se puede asegurar que la delimitación de la tumba se realizara con estos muretes de adobe. Cota: 0.86 m. Descripción: Pertenecía a un individuo adulto dispuesto decúbito lateral derecho, alterado parcialmente por la cimentación mencionada, que sólo conservaba los huesos articulados del costado derecho y la mandíbula (fig. 12). Observaciones: Las extremidades inferiores se introducían bajo el perfil Este del corte 5. Nivel II. Enterramiento 88. Localización: Corte 5. Tipo: Fosa excavada en la tierra. Cota: 0.91 m. Descripción: Pertenece a un individuo adulto, dispuesto decúbito lateral derecho, con los brazos ligeramente flexionados y las manos a la altura de la pelvis. Las extremidades inferiores se introducen bajo el perfil Este del corte 5 (fig. 12).

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Observaciones: A la altura de las vísceras tenía un adobe cuadrado de color amarillo. Nivel II. Enterramiento 89. Localización: Corte 5. Tipo: Fosa excavada en la tierra. Cota: 0.80 m. Descripción: Unicamente se han documentado los restos óseos de los pies de un individuo adulto. Nivel I. Enterramiento 90. Localización: Corte 5. Tipo: Fosa de planta rectangular excavada en la tierra. El lado Noroeste de la fosa estaba parcialmente alterado por una estructura de cimentación moderna. Dimensiones: L.: 1.76 m.; A.: 0.42 m.; P. aprox.: 18 cm. Cota: 0.88 m. Descripción: Los restos óseos articulados pertenecen a un individuo adulto, dispuesto decúbito lateral derecho, con los brazos ligeramente flexionados, las manos a colocadas en la región pélvica y la cabeza apoyada sobre un adobe de 28 cm. de longitud por 24 cm. de anchura (fig. 12). Nivel II. Enterramiento 91. Localización: Corte 5. Tipo: Fosa excavada en la tierra. Cota: 1.02 m. Descripción: Pertenece a un enterramiento infantil, dispuesto decúbito lateral derecho que introduce las extremidades inferiores bajo el perfil este del corte 5. Nivel II. Enterramiento 92. Localización: Corte 1. Tipo: Fosa excavada en la tierra. Cota: 1.46 m. Descripción: Pertenece a un individuo infantil, dispuesto decúbito lateral derecho, con las manos en la zona pélvica y las extremidades inferiores levemente flexionadas (fig. 6). Observaciones: Próximo al enterramiento 93. Nivel II.

Enterramiento 93. Localización: Corte 1. Tipo: Fosa excavada en la tierra. Cota: 1.51 m. Descripción: Se constataron las extremidades inferiores de un individuo adulto (fig. 6). El resto había sido alterado por obras posteriores. Observaciones: Se localiza entre los enterramientos 92 y 94. Nivel II. Enterramiento 94. Localización: Corte 1. Tipo: Fosa excavada en la tierra. Cota: 1.50 m. Descripción: Corresponde a un individuo adulto dispuesto decúbito lateral derecho que no conservaba el cráneo (fig. 6). Observaciones: Localizado sobre el enterramiento 96. Nivel II. Enterramiento 95. Localización: Corte 1. Perfil Sur. Tipo: Fosa excavada en la tierra. Cota: 1.28 m. Descripción: Pertenecía a un individuo infantil del que se documentaron las extremidades inferiores. Este enterramiento se constató únicamente en el perfil Sur del corte 1, directamente bajo el nivel de escombros. Observaciones: Se localiza sobre el depósito de incineración XII. Nivel I. Enterramiento 96. Localización: Corte 5. Tipo: Fosa excavada en la tierra. Cota: 0.75 m. Descripción: Restos óseos de los pies de un individuo adulto, dispuestos izquierdo sobre el derecho (fig. 11). Nivel I. Enterramiento 97. Localización: Corte 3. Tipo: Fosa excavada en la tierra. Cota: 1.71 m. Descripción: Individuo adulto dispuesto decúbito lateral derecho con las extremidades superiores e inferiores levemente flexionadas y las manos situadas delante de la pelvis (fig. 6).

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Observaciones: La fosa de este enterramiento altera parte del depósito de incineración XII. Nivel II. Enterramiento 98. Localización: Corte 1. Tipo: Fosa excavada en la tierra. Cota: 1.77 m. Descripción: Individuo adulto dispuesto decúbito lateral derecho con los pies y brazos ligeramente flexionados y las manos delante de la región pélvica (fig. 6). Observaciones: Altera parte de la pared del depósito de incineración V. La característica principal de esta tumba contenía una llave de hierro de unos 10 cm. de longitud colocada en la espalda del cadáver, este hecho cuenta con un precedente en el enterramiento 68 perteneciente a las excavaciones de calle Rojo, 2 (MARTÍNEZ 1996: 644). Nivel II. 4.5. Necrópolis ibérica (siglos V-IV a.C.). El poblado ibérico de Lorca se extendería desde el Castillo de Lorca donde son frecuentes los hallazgos de fragmentos de cerámica ibérica en la zona Noroeste, hacia la ladera de la Sierra del Caño. Los restos localizados en excavaciones arqueológicas que reducen a estructuras de habitación fragmentarias alteradas por construcciones posteriores. Unicamente se han documentado tramos de muros ibéricos realizados en mampostería en las excavaciones de los sótanos de Colegio de la Purísima (MARTÍNEZ 1992) y en calle Cava, 20-22 (PONCE 1993: 28). Los primeros restos que conocemos de la necrópolis asociada al poblado ibérico de Lorca aparecieron a principios de los años setenta al hacer los cimientos de un edificio localizado en el solar que anteriormente ocupaba el Convento de las Claras en la calle Corredera. Se localizaron vasijas ovoides, kalathos y vasos globulares que habían servido para contener los restos humanos incinerados, junto a fragmentos de algunos objetos de metal, anillos de bronce, armas y un braserillo votivo (MARTÍNEZ 1995). Estos materiales se conservan actualmente en el Museo Arqueológico Municipal de Lorca. Aún no es posible delimitar la extensión de la necrópolis ibérica de Lorca, como tampoco el periodo de utilización, aunque en base a los hallazgos mencionados se puede apuntar que ya se encontraba en uso a finales del siglo V a.C. y posiblemente pervivió hasta época altoimperial.

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Durante el transcurso de esta excavación se localizaron 14 tumbas (fig. 13), todas ellas siguiendo el rito común de incineración, distribuidas en los cortes 1, 3 y 4 y algunas de ellas en estado fragmentario por alteraciones producidas tanto por otras tumbas como por las construcciones posteriores. Las características generales de los depósitos funerarios ibéricos de la calle Rubira son las siguientes: .Tipológicamente todas las tumbas localizadas tienen características similares, son fosas corrientes, formadas por simples hoyos o nichos de planta rectangular con las esquinas redondeadas y tapadas con tierra. Se presentaban mayoritariamente enlucidas con barro que se había endurecido y adquirido un color anaranjado-rojizo debido a los efectos del calor derivados de verter en el interior las brasas y los restos humeantes de la hoguera crematoria, hecho similar al constatado en las tumbas de la Necrópolis del Poblado (Jumilla) (GARCÍA 1992: 323-324). Tumbas de características tipológicas similares se han constatado en la necrópolis del Cabecico del Tesoro, que en el caso de la tumba 599 presenta una fosa rectangular con los ángulos redondeados sin urna cineraria (GARCÍA 1992: 316), y en la necropolis de Baza (PRESEDO 1982). .Los restos óseos se localizaban en la base de las tumbas, mezclados con los carbones. En ningún caso han aparecido asociados a urnas funerarias ni a encachados tumulares, como es frecuente en las necrópolis ibéricas del Sudeste. Todas las tumbas tienen una orientación Este-Oeste, igual a la que presentan las áreas de cremación excavadas en la roca de la necrópolis del Cabezo Lucero (Guardamar del Segura, Alicante). . En el interior de algunos depósitos se localizaron adobes colocados directamente sobre las cenizas y carbones. En el caso de la tumba XII, se localizaron 4 adobes (8-8.5 cm. de grosor). La tumba VII también incluía un adobe de 15 cm. de anchura por 27 cm. de longitud, en el depósito V se documentó un adobe de color amarillo de 16 cm. de anchura por 24 cm. de longitud relacionado con objetos tales como pesas de telar y una fíbula anular hispánica. . Los escasos objetos documentados en el interior de estas tumbas así como su carácter denotan una extrema pobreza. Algunas de las fosas únicamente contenían cenizas, restos de carbones y fragmentos de huesos incinerados, con ausencia de ajuares, como sucede con los depósitos III, VII, VIII, XI, XII y XIV. Hipotéticamente las seis tumbas que no contienen ofrendas se podrían asociar a incineraciones de

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mujeres y niños, aunque no podemos confirmar este dato hasta que se disponga del estudio antropológico. . Los materiales incluidos en las tumbas corresponden fundamentalmente a objetos de adorno y de uso doméstico. Es destacable que entre las tumbas que contenían ajuar, todos los objetos encontrados son asociados generalmente al carácter femenino de la incineración, así en el depósito I se documentaron restos de un anillo de bronce fragmentado, en la tumba II cuyo depósito estaba muy alterado, únicamente se localizó una pequeña hacha de bronce. El depósito IV contenía un pondus con dos perforaciones en buen estado de conservación, la tumba V ha sido la que ha aportado más material significativo con tres pesas de telar troncocónicas con dos perforaciones, un fragmento de kylix ático de barniz negro, una pequeña fíbula anular hispánica de bronce, una anilla de hierro y dos trozos del mismo metal bastante oxidados, en mal estado de conservación y aún no identificados. En la tumba VI, se localizó un anillo de bronce de pequeñas dimensiones. En la tumba VI se constató una fíbula anular hispánica de gran tamaño de bronce, junto a un cuenco hecho a mano con omphalos. En la tumba X aparecieron siete contrapesos circulares de diferentes tamaños, posiblemente utilizados en los trabajos del telar, para tensar los hilos de la trama. Objetos de las mismas características se siguen empleando actualmente en los telares del Próximo Oriente. Los contrapesos se hacían de barro secado al sol, posteriormente se han endurecido y quemado al contacto con las brasas de las incineraciones. No contamos con los análisis antropológicos de los restos óseos por lo que no se pueden aportar datos seguros sobre el carácter de incineraciones simples o múltiples, como tampoco de sexo y edad. Los elementos fechables que han aportado una cronología aproximada de la primera fase de utilización de la necrópolis han sido un fragmento de kylix ático de barniz negro de borde engrosado, fechado a finales del siglo V-principios del siglo IV a.C. documentado entre la tierra que rellenaba la tumba V, y una fíbula anular hispánica de 6.5 cm de diámetro localizada en la tumba IX, similar a la 164 de Iniesta (INIESTA 1983: 136, 230) procedente El Cigarralejo (Mula, Murcia), considerada del 400-375 a.C. Es precisamente a finales del siglo V- principios del siglo IV a.C. cuando se produce una verdadera eclosión de los asentamientos y de la cultura ibérica en general. Otro dato que aporta una cronología relativa es la superposición de los depósitos, así la tumba V es posterior a la

XIV, ya que la rompe en parte, y a su vez la tumba XIV es posterior a la IV. El orden cronológico de la más moderna a la más antigua es el siguiente: V-XIV-IV, por lo tanto si el elemento fechado tiene una cronología aproximada de finales del siglo V-principios del IV a.C. (aunque aparece en la tierra que colmataba la tumba V), tanto la tumba XIV como la IV son más antiguas, lamentablemente éstas últimas no contenían restos de ajuar en su interior. En el perfil quedó reflejado otro conjunto de tres tumbas superpuestas y otras dos alteradas, que continuando con el orden de más moderna a más antigua, el árbol cronológico formado sería el siguiente: IX-VII-X-XI-XII (fig. 3). De estas tumbas únicamente en la más moderna se documentó una fíbula anular hispánica relacionada con un cuenco, con una cronología aproximada encuadrada en el último cuarto del siglo IV a.C., por lo que las cuatro tumbas restantes que no contenían ajuar son más antiguas. 4.4.1. Tumba I (fig. 7 y 8). Localización: Corte 1. Dimensiones: L.: 1.52 m.; A. 1.14 m.; P.T.: 27 cm. Cota base: 1.56 m. Características: Esta tumba apareció bajo una cimentación moderna que había arrasado en algunas zonas parte del alzado de sus paredes. Depósito interior: En la base de la tumba se constató la presencia de abundantes carbones, cenizas y restos de huesos incinerados. Ajuar: Anillo de bronce fragmentado. 4.4.2. Tumba II (fig. 7 y 8). Localización: Corte 1. Dimensiones: L. máx. conservada: 0.70 m.; A. máx. conservada 0.20 m.; P.T. 4 cm.: Cota base: 1.47 m. Características: De esta tumba únicamente se ha documentado un pequeño tramo de pared enlucida con barro y de color anaranjado, y un zona próxima donde se concentraban algunos carbones y restos óseos. Las construcciones posteriores habían arrasado casi la totalidad del depósito. Ajuar: Pequeña hacha de bronce. 4.4.3. Tumba III (fig. 7 y 8). Localización: Corte 1. Dimensiones: L. máx. conservada: 0.17 m.; A. máx. conservada 0.10 m.; P.T. 3 cm.

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Cota base: 1.30 m. Características: Al igual que sucedió con la tumba II, este depósito se encontraba tan alterado que los datos extraídos son escasos. Presentaba un pequeño tramo de pared junto a carbones y escasos fragmentos óseos. Ajuar: No contenía. 4.4.4. Tumba IV (fig. 7 y 8). Localización: Corte 1. Dimensiones: L.: 1.76 m.; A. 1.66 m.; P.T.: 34 cm. Cota base: 1.80 m. Características: Esta tumba se introducía bajo el perfil Sur del corte 1, al igual que la tumba V, por lo que se procedió realizar una ampliación para completar su documentación. Presenta una planta de tendencia rectangular con los ángulos redondeados. Depósito interior: En la base de la tumba aparecían fragmentos de huesos humanos calcinados y carbones. Las paredes de la fosa estaban enlucidas con barro y sometidas a altas temperaturas ya que se mostraban alisadas, con gran dureza y tonalidades anaranjadas. Ajuar: Contenía un pondus con dos perforaciones. Observaciones: La realización de la tumba V rompió parte de este depósito, por lo que cronológicamente es anterior. 4.4.5. Tumba V (fig. 7 y 8). Localización: Corte 1. Dimensiones: L.: 1.80 m.; A. 1.35 m.; P.T.: 43 cm. Cota base: 1.91 m. Características: Esta tumba se introducía bajo el perfil Sur del corte 1, al igual que la tumba V. Presenta una planta de tendencia rectangular con los ángulos orientales redondeados. La pared Sur apareció parcialmente rota por el enterramiento islámico 98. Cerca del ángulo Suroeste se constata un adobe de tonalidades ocres (24 cm. de largo, 16 cm. de ancho y 8 cm. de grosor) depositado sobre los carbones. Las paredes de la fosa tenían un color anaranjado, estaban enlucidas con barro y compactadas por efecto del calor. Depósito interior: Colmatando esta tumba se constató un nivel de tierra de textura suelta con unas pequeñas piedras que cubría un adobe depositado sobre un nivel de unos 4 cm. de espesor máximo, donde se concentraban los restos óseos humanos incinerados, entre ellos dos dientes y un fragmento de escápula, y abundantes carbones. Entre el nivel de tierra que cubría los carbones y los restos óseos se constató un fragmento de kilyx ático, de borde engrosado,

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un fragmento de asa de sección circular de ánfora, abundantes fragmentos de cerámica común ibérica y un fragmento de cerámica a mano aguada a la almagra. Ajuar: En contacto con los carbones y restos óseos localizamos fragmentos de tres pesas de telar troncocónicas con dos perforaciones, todos agrietados por la acción del calor, una pequeña fíbula anular de bronce, una anilla y una especie de clavo de hierro, y dos objetos indeterminados del mismo material en mal estado de conservación. Observaciones: La realización de la tumba V rompió parte del depósito IV, dato que revela su modernidad respecto a la que altera, a pesar de que su base se encuentre a mayor profundidad. 4.4.6. Tumba VI (fig. 7 y 8). Localización: Corte 3. Dimensiones: L. máx. conservada: 0.60 m.; A. máx. conservada 1.14 m.; P.T. 29 cm.: Cota base: 1.11 m. Características: Fosa de tendencia rectangular con los ángulos redondeados, alterada por las cimentaciones de finales del siglo XVIII, y por el enterramiento islámico 54. Presentaba las paredes enlucidas con barro y endurecidas por los efectos del calor al introducir los carbones incandescentes. Depósito interior: Sólo se pudo constatar una pequeña zona libre de alteraciones posteriores, en esta parte intacta los carbones y restos óseos se encontraban situados en la base del depósito, alcanzando dos centímetros de potencia. Ajuar: Se localizó un anillo de bronce de pequeñas dimensiones en contacto con los carbones. 4.4.7. Tumba VII (ff. 14 y 15). Localización: Cortes 1-3. Dimensiones: L. máx. conservada: 1.01 m.; A. 1.34 m.; P.T.: 22 cm. Cota base: 1.50 m. Características: Los restos conservados parecen indicar una planta de tendencia rectangular. Al igual que en los casos anteriores tenía las paredes enlucidas con barro y endurecidas. Depósito interior: Entre la tierra que rellenaba la fosa se han localizado escasos fragmentos de cerámica ibérica, huesos calcinados y pocos carbones. También contenía un adobe de 15 cm. de ancho por 27 cm. de longitud. Sobre este hoyo había una piedra de arenisca de grandes dimensiones,

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en el que no se apreciaban restos de tallado. Ajuar: No contenía. 4.4.8. Tumba VIII (ff. 14 y 15). Localización: Cortes 1-3. Dimensiones: L.: 1.30 m.; A. máx. conservada: 0.70 m.; P.T.: 22 cm. Cota base: 1.06 m. Características: Se conservan los ángulos Sureste y Suroeste que parecen definir una planta rectangular con extremos redondeados y las paredes alisadas con barro y endurecidas. Depósito interior: La tierra que rellenaba la fosa tenía una textura compacta limosa y cubría un nivel de carbones y restos de huesos incinerados que ocupaban toda la base del depósito. Observaciones: Esta tumba se introducía bajo la calle Rubira. Ajuar: No contenía. 4.4.9. Tumba IX (ff. 14 y 15). Localización: Cortes 1-3. Dimensiones: L. máx. conservada: 1.46 m.; A. máx. conservada: 1.24 m.; P.T.: 22 cm. Cota base: 1.53 m. Características: Presenta una planta de tendencia rectangular con el ángulo Noreste marcadamente redondeado. En el sector Sureste el límite del depósito XI altera parcialmente la pared de esta tumba lo que refleja su posterioridad. Depósito interior: La fosa se encontraba colmatada de tierra compacta donde se constataron dos fragmentos de cerámica a mano. Ajuar: Fíbula anular hispánica de gran tamaño de bronce, junto a un cuenco hecho a mano con omphalos. 4.4.10. Tumba X (ff. 14 y 15). Localización: Corte 1. Dimensiones: L. máx. conservada: 1.30 m.; A. máx. conservada 0.62 m.; P.T.: 30 cm. Cota base: 1.60 m. Características: Sólo se ha podido constatar parte de esta estructura, deja intuir una planta de tendencia rectangular, de la que conserva el ángulo Sureste. Las paredes de este depósito no estaban claramente diferenciadas como sucede en el resto de las tumbas, ya que no se presentaban endurecidas por el efecto del calor. Depósito interior: Rellenando esta tumba se constató un

nivel de tierra de textura semicompacta con gravas y piedras pequeñas que cubría un nivel de unos 2 cm. de carbones y restos óseos incinerados. Entre la tierra que colmataba esta estructura se documentaron algunos fragmentos informes de cerámica común ibérica. Ajuar: Siete contrapesos circulares de diferentes tamaños y un fragmento indeterminado de hierro. Observaciones: El hecho de que las paredes de esta tumba no muestren signos de haber estado sometidas al calor, podría indicar que había transcurrido un tiempo entre la cremación y el traslado de las cenizas a la tumba, que hizo que se enfriaran los carbones. Esta tumba se localiza sobre la tumba XII y bajo la tumba VII (fig. 3). 4.4.11. Tumba XI (ff. 14 y 15). Localización: Corte 3. Dimensiones: L. máx. conservada: 0.94 m.; A. máx. conservada: 0.94 m.; P.T. 32 cm.: Cota base: 1.63 m. Características: Planta de tendencia rectangular de la que sólo se han conservado los ángulos Noreste y Noroeste, los restantes estaban alterados por una cimentación y por la tumba XII, más moderna. El depósito IX altera levemente una de las paredes del depósito IX, y por lo tanto refleja su posterioridad a ésta. Depósito interior: Entre el material encontrado sólo hay que destacar huesos humanos calcinados y carbones de grandes dimensiones (fig. 3). Ajuar: No contenía. 4.4.12. Tumba XII (ff. 14 y 15). Localización: Corte 3. Dimensiones: L.: 1.90 m.; A.: 1.08 m.; P.T.: 43 cm. Cota base: 1.79 m. Características: Es una de las pocas tumbas que se presenta casi completa en planta, de tendencia rectángular con los ángulos redondeados y con ligeras similitudes con las plantas denominadas de lingote chipriota localizadas en la necrópolis del Castillejo de los Baños (Fortuna) que presentaban las cenizas, carbones y ajuar en el fondo de la misma (GARCIA 1992: 321). Deposito interior: Al comenzar a extraer el nivel de colmatación formado por tierra de textura semicompacta se localizaron cuatro adobes de grandes dimensiones, con un grosor aproximado de 8 cm., dos de ellos apoyados directamente sobre el nivel de cenizas y carbones del depósito. A la

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misma profundidad se localizó el enterramiento islámico 97, cuya fosa había alterado parcialmente un ángulo de esta tumba ibérica. Ajuar: No contenía. Observaciones: Se constata una superposición de tumbas ibéricas reutilizando el mismo espacio funerario (fig. 3). 4.4.13. Tumba XIII (ff. 14 y 15). Localización: Corte 4. Dimensiones: L. máx. conservada: 0.80 m.; A. máx. conservada 0.40 m.; P.T.: 4 cm. Cota base: 1.60 m. Características: Se localizó bajo la cimentación del siglo XVIII que había dejado sin alterar un espacio mínimo de la tumba. No se pudieron documentar las paredes de la tumba. Depósito interior: El nivel constatado estaba formado por carbones, restos óseos incinerados y cenizas. Ajuar: No contenía. 4.4.14. Tumba XIV (ff. 14 y 15). Localización: Corte 1. Dimensiones: L. máx. conservada: 0.54 m.; A.: 1.26 m.; P.T.: 44 cm. Cota base: 1.87 m. Características: Este depósito se encuentra localizado entre las tumbas IV y V; el depósito V rompe una gran parte de su perímetro mientras que la tumba XIV altera el depósito IV. Siguiendo la estratigrafía y la equivalencia temporal de las alteraciones, el orden de realización de las mismas de más antigua a más moderna sería el siguiente: IV-XIV-V. Depósito interior: Se han constatado unos pocos huesos humanos calcinados y escasos carbones. Entre la tierra que colmataba la fosa se localizaron fragmentos de cerámica común ibérica y argárica. Ajuar: No contenía. Otros objetos localizados fuera de contexto pero asociables a este periodo son algunos fragmentos de soliferrum localizados en la fosa de cimentación de la vivienda del siglo XVIII y un conjunto de doce tabas, algunas quemadas, halladas en la base de una fosa del siglo XV que altera casi totalmente las tumbas II-III. En el corte 4 se localiza una zanja de cronología incierta, pero que ya se encontraba colmatada en el momento en que este espacio se utiliza como cementerio islámico, ya que el enterramiento 72 aparece parcialmente dispuesto sobre las

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piedras que conformaban el relleno de la misma. El interior de esta zanja se había colmatado de cantos rodados de pequeño tamaño y en la base se halló una fina capa de arena de granulometría muy fina depositadas en microcapas. Es posible que la utilidad de esta zanja pueda relacionarse con una canalización de agua. El material constatado entre los rellenos son fragmentos de cerámica argárica muy rodada y algún fragmento de cerámica ibérica. Quizás pueda estar relacionada con la necrópolis ibérica, con la intención de evitar que el agua alterase las estructuras que señalizaban las tumbas. 4.5. Niveles prehistóricos (fig. 4). En un sector del corte 5, no alterado por una fosa séptica de grandes dimensiones perteneciente a la última edificación, se documentaron niveles del Bronce Medio y Antiguo de habitación. Los restos materiales asociados a esta fase se encuentran en proceso de estudio. En el estrato VIII (fig. 4) se constataron un conjunto de pesas rectangulares agrupadas, de barro secado al sol con cuatro perforaciones y próximas a un hogar (lám. 4), también se hallaron dos piedras de molino relacionadas con este nivel. Sobre estas estructuras aparecieron abundantes restos de adobes con improntas vegetales pertenecientes al alzado de las estructuras y a la techumbre. La cerámica asociada a este momento, aunque en proceso de estudio, presenta mayoritariamente formas abiertas con una cocción reductora. En el estrato XI (fig. 4) se constataron abundantes restos de fauna y fragmentos cerámicos donde predominan las formas abiertas y exvasadas con acabados alisados y cocciones reductoras. Del estrato XII, que parece asociarse con el lugar donde se encontraría el hogar de una vivienda por la profusión de carbones localizados así como fragmentos óseos y cerámicos sometidos al calor, se cuenta con una datación radiocarbónica (UtC-3437) realizada por IRPA-KIK, que ha aportado una fecha calibrada de 2166 a.C. (VAN STRYDONCK et alii 1995: 29-30; MARTÍNEZ et alii 1996: 12). A partir del estrato XV la presencia de fragmentos cerámicos pertenecientes a cuencos y formas ovoides con pastas amarillas y una terminación a la almagra, sitúan una fase de este poblado paralelizable a otros poblados del municipio como La Salud con materiales similares (EIROA, 1990) y el Capitán (SAN NICOLAS,) VALORACIÓN FINAL Esta intervención arqueológica ha aportado nuevos datos sobre el poblamiento instalado en las laderas de Lorca desde

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principios del III milenio a.C., posteriormente confirmados por otras excavaciones en el casco urbano con resultados similares (calle Zapatería, Iglesia de las Madres Mercedarias y calle Cava 35). El yacimiento de Lorca se nos presenta como un poblado de larga continuidad, basado en su magnífica situación estratégica, la cercania a los recursos hídricos, agrícolas y mineralógicos, que ha hecho que las diferentes culturas se establezcan en esta zona. Otro dato de gran interés ha sido la localización de parte de la necrópolis ibérica, y la constatación de un tipo de tumba ibérica, encuadrado en una cronología de finales del siglo V-siglo IV a.C. Las tumbas ibéricas aparecen concentradas en una zona determinada, por lo que hay que suponer que en épocas posteriores sufrió diferentes desfondes que las han hecho desaparecer. La superposición de tumbas y yuxtaposición indican un aprovechamiento máximo del terreno de la necrópolis, no preocupándoles la alteración de otras tumbas anteriores. La documentación de una zona del cementerio islámico ha venido a corroborar los datos aportados por otras excavaciones arqueológicas anteriores y referidas con anterioridad, con la constatación de hasta tres niveles de enterramientos en el corte 2. Todas las fases mencionadas se hallaron parcialmente alteradas por estructuras de los siglos XVII-XVIII, momento en el que se produce la expansión urbana de Lorca.

NOTAS 1. En el listado no aparece reflejado el enterramiento 76, ya que durante el proceso de excavación, se le asignaron erróneamente dos números al enterramiento 63, debido a que sus extremidades inferiores se encontraban seccionadas y separadas del tercio superior del esqueleto por una cimentación moderna.

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UN ARRABAL ALMOHADE EN LORCA. EXCAVACIONES DE URGENCIA EN EL EDIFICIO DEL AYUNTAMIENTO DE LORCA

Andrés Martínez Rodríguez Juana Ponce García

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1997

UN ARRABAL ALMOHADE EN LORCA. EXCAVACIONES DE URGENCIA EN EL EDIFICIO DEL AYUNTAMIENTO DE LORCA

ANDRÉS MARTÍNEZ RODRÍGUEZ, JUANA PONCE GARCÍA Museo Arqueológico Municipal de Lorca

Palabras clave: arrabal, almohade, almudí, cerámica, estampillado, esgrafiado, maravedí. Resumen: La intervención arqueológica realizada en el Ayuntamiento de Lorca confirmó el origen como dependencia carcelaria de este edificio, así como niveles almohades que aportan documentación sobre un

arrabal que se mantuvo habitado extramuros del perímetro murado de la madina hasta los últimos momentos de dominio musulmán y los primeros años del poder cristiano.

1. INTRODUCCIÓN

habían afectado casi en su totalidad un nivel islámico del siglo XIII, pudiéndose recuperar en el ángulo occidental del cuadro de cimentación de la grúa, la mitad de una espléndida tinaja cuya superficie exterior estaba decorada con la combinación de las técnicas del estampillado y esgrafiado (fig. 10). Esta tinaja guardaba su posición original empotrada en un nicho delimitado por un muro de cal enlucido y un murete de ladrillos. En la parte posterior del amplio vestíbulo del Ayuntamiento se plantearon dos cuadros de 3 metros de lado, dejando entre ambos cortes un testigo de 1.5 metros.

Con motivo de la remodelación del edificio del Ayuntamiento de Lorca (fig. 1), la Dirección General de Cultura propuso la realización de excavaciones arqueológicas de urgencia en el subsuelo del recinto interior del Concejo, donde se conservaba el depósito que iba a ser afectado por las obras de cimentación. Los dos únicos cuadros que se pudieron abrir se ubicaron a las espaldas de la logia izquierda del Ayuntamiento. El restante terreno presentaba amplios sótanos procedentes de remodelaciones de los años setenta o había sido afectado por la maquinaria en el momento del derribo. La excavación se desarrolló durante la última quincena de mayo de 1.991. Los 3 obreros que participaron en los trabajos fueron cedidos por el Ayuntamiento de Lorca y el dibujante por la Dirección General de Cultura.

2.1. SECUENCIA ESTRATIGRÁFICA DEL CORTE 1

2. PROCESO DE EXCAVACIÓN

Tras rebajar el estrato superficial de derrumbes y tierra suelta quedaron al descubierto 4 muros de la cimentación del edificio carcelario. El vaciado del área acotada por estos muros aportó la siguiente estratigrafía:

Al iniciar la intervención arqueológica se documentó que las obras para la instalación de la grúa en la calle Selgas

- Estrato 1 formado por una capa uniforme de tierra laguena.

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UN ARRABAL ALMOHADE EN LORCA. EXCAVACIONES DE URGENCIA EN EL EDIFICIO DEL AYUNTAMIENTO DE LORCA

Figura 1. Situación de la intervención arqueológica en la ciudad.

Figura 2. Murete del siglo XVII que se superpone al pavimento del patio.

- Estrato 2 compuesto por tierra marrón oscura vinculada a un murete con dirección noreste-suroeste de factura muy tosca que individualizaba dos sectores (fig. 2). Este estrato y el murete se superponen a un pavimento de cal asociado a un estrecho andén o acera formada por dos hiladas de ladrillos macizos unidas con yeso que lo delimitan en tres de sus lados (lám. 1). En el lado suroeste del patio se disponía un rebanco o poyo de ladrillos. La entrada a este espacio posiblemente abierto se localizaría junto al ángulo oeste, alterada con posterioridad tras las obras de la cimentación del edificio carcelario. Al levantar los andenes de ladrillos se pudo comprobar que en la unión del pavimento de cal con los muros había una moldura cóncava. El pavimento del patio presentaba en el centro una perforación circular para su desagüe. La cerámica aparece en mayor proporción en el contacto entre el estrato 2 y el pavimento. -Estrato 3 localizado al levantar el pavimento del patio. Es una capa delgada de tierra que separa de otro pavimento de yeso que está vinculado a los muros del supuesto patio. -Estrato 4 vinculado a un nuevo pavimento de yeso que se introduce debajo de las estructuras quedando los muros colgados.

por una bóveda, inutilizada al cegar estas dependencias con escombros.

2.2. Secuencia estratigráfica del corte 2.

El corte estaba colmatado desde la superficie con un estrato de relleno que alcanza una potencia de 2.50 metros, bajo el cual se localizan restos de un pavimento con algunos cantos. Al intentar levantar el pavimento comprobamos que estaba formado por una plancha de argamasa de cal y piedras que se extiende por todo el sótano que estuvo cubierto

4. Material significativo: cerámico y numismático. 4.1. Fase 1. Siglos XVIII-XIX.

Los escasos restos cerámicos pertenecen a jarras de picos y cerámica vidriada de cocina. 4.2. Fase 2. Primera mitad del siglo XVII (lám. ).

La cerámica está representada: A. Platos con escalón interior y cuencos vidriados en blanco, ambos tipos con pastas claras (ff. 4.1-4.3 y 5.3-5.5). B. Platos (Tipo XXa Matilla) (fig. 5.3 y 6.2) y escudillas carenadas vidriadas en gris (Tipos II y XXIIIb Matilla) (ff. 5.4 y 5.5) con pastas rosadas. C. Cuencos carenados vidriados en melado y pastas rosadas (fig. ). D. Plato vidriado en azul con motivos vegetales vidriados en azul oscuro y claro (fig. 6.4). E. Ollas de borde exvasado engrosado exterior y vidriado exterior verdoso (fig. ). F. Ollas de borde exvasado y vidriado interior melado (fig. 6.3). G. Cazuelas abiertas vidriadas en verde y con pico vertedor (fig. 6.1). H. Jarra/jarrita con decoración incisa formando un reticulado (fig. 6.6). I. Jarras pintadas con manganeso formando bandas y líneas onduladas horizontales y verticales (Tipo VI Matilla).

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

5. Marmitas de superficie gris al exterior y roja al interior (fig. 8.3). Presentan cuatro asas y abundante mica como desgrasante. 6. Tinajas con fondo plano y decoración de refuerzos (ff. 8.4-8.6). La única moneda hallada es un cornado de vellón de un rey Alfonso de entre 1312 y 1350. 4.4. Fase 4. Primer tercio del siglo XIII (Estrato 4).

Figura 3. Planta del patio que se amortiza en los inicios del siglo XVII.

J. Tinaja. K. Pipas vidriadas en verde azulado con banda decorada con pequeñas aplicaciones (fig. 7.1) y varilla de espuma de mar para insertar en la pipa (fig. 7.2). El material numismático1 de la fase II es el siguiente: - 2 maravedís de Felipe III (1603). Ceca Granada. - 4 maravedís de Felipe III (1605). Ceca Segovia. - 4 maravedís de Felipe III (1605). Ceca Burgos. - Sobre 2 cuartos de Felipe II resellos de 4 maravedís (1641-42) y 8 maravedis (1651-52). Cecas Cuenca y Burgos. - Sobre 8 maravedis de Felipe III (1599-1626) resellos de 8 maravedís (1651-52) y 4 maravedís (1658-59), ambos de Felipe IV. - 16 maravedís de Felipe IV (1664). Ceca Toledo. - 8 maravedís con resellos de 1641, 1651-52 y 1658. - Blanca de vellón (¿Enrique III?) de 1454-1474. Sevilla. Las monedas nos enmarcan un período cronológico entre la segunda mitad del siglo XV (blanca de vellón) y los inicios del tercer tercio del siglo XVII, momento en el que se construye el edificio carcelario. 4.3. Fase 3. Inicios del siglo siglo XIV (Estratos 3 y 3a).

1. Ataifores vidriados en melado (ff. 8.1 y 8.2). 2. Braserillo vidriado en melado con una decoración calada formando flores cuadripétalas inscritas en cuadrados (fig. 8.7). 3. Candil de cazoleta. 4. Alcadafe con engobe rosado.

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1. Cuencos vidriados en verde y en melado (ff. 9.4 y 9.5). 2. Tapaderas planas (fig. 9.10) y de asidero central (fig. 9.9) 3. Jarras y jarritas con decoración digital en manganeso y almagra (ff. 9.1-9.3). 4. Jarritas esgrafiadas (ff. 9.7 y 9.8) 5. Tinaja con decoración mixta: estampillada en el cuerpo y esgrafiada en el cuello (fig. 10). 5. Consideraciones históricas extraídas a partir de la intervención arqueológica.

La excavación ha permitido documentar parte de la cimentación del antiguo edificio de la Cárcel de Lorca edificado en 1678 y algunas de las reformas llevadas a cabo en 1870, que fortalecieron parte de la cimentación y sellaron los sótanos abovedados soterrándolos con los escombros extraídos en las obras de renovación. En una fecha incierta entre 1678 y 18702, el edificio necesitó que se fortaleciera la cimentación debido a la humedad producida por aguas que discurrían incontroladas por el subsuelo, por lo que los sótanos abovedados tuvieron que reforzarse con unas planchas de más de 0.75 metros de mortero de cal y piedra. El edificio carcelario se levantó en el lugar ocupado anteriormente por las llamadas casas del Almaidí, propiedad de los Padres Mercedarios que las cedieron libremente (SEGADO, 1990: 84). Del momento anterior a la construcción de la cárcel es un murete sobre el patio documentado en el corte 1, espacio interior inutilizado en los inicios del siglo XVII. Es importante señalar que la moneda más moderna hallada en el depósito de colmatación del patio, son 16 maravedís de Felipe IV, acuñados en 1664, únicamente siete años antes de que se concluyera la nueva Cárcel (lám. 1 ). Al levantar el suelo del XVI apareció un nuevo pavimento unido a los muros de la habitación por una moldura, el material cerámico es de clara impronta islámica que puede pervivir hasta la primera mitad del siglo XIV (13121350) cronología de la única moneda que se halló. Debajo

UN ARRABAL ALMOHADE EN LORCA. EXCAVACIONES DE URGENCIA EN EL EDIFICIO DEL AYUNTAMIENTO DE LORCA

Figura 4. Cerámica en la tierra que colmata el patio (Estrato 2). 4.1. Plato vidriado en blanco con escalón interior. 4.2 y 4.3. Cuencos vidriados en blanco con pie anular.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Figura 5. Cerámica sobre pavimento del patio (Estrato 2). 5.1. Cuello de jarra con decoración pintada al manganeso (Tipo VI Matilla). 5.2. Cuello de jarra con arranque de asa. 5.3. Borde de plato con vidriado interior gris claro. 5.4. Escudilla carenada vidriada en gris claro (Tipo XXIIIb Matilla). 5.5. Fondo de escudilla con vidriado interior gris (Tipo II Matilla).

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UN ARRABAL ALMOHADE EN LORCA. EXCAVACIONES DE URGENCIA EN EL EDIFICIO DEL AYUNTAMIENTO DE LORCA

Figura 6. Cerámica dentro del murete (Estrato 2). 6.1. Cazuela vidriada en verde al interior con arranque de vertedor. 6.2. Plato vidriado en gris claro (Tipo XXa Matilla). 6.3. Olla vidriada en melado al interior. 6.4. Plato vidriado en azul con motivos vegetales vidriados en azul oscuro y claro. 6.5. Cuenco ligeramente carenado y vidriado en blanco. 6.6. Fragmento de pared con decoración reticulada incisa en banda. 6.7. Fondo plano de cerámica común.

de este segundo pavimento apareció un tercer pavimento de yeso vinculado a materiales almohades del primer tercio del siglo XIII. Un dato más que confirma la existencia de niveles islámicos de habitación en esta zona extramuros de la ciudad, fue el hallazgo de una tinaja con el cuerpo estampillada y el cuello esgrafiado (ff. 10 y 11), en el cuadro que se abrió en la calle Selgas para la instalación de la grúa. Nuevas excavaciones arqueológicas en esta zona de la ciudad actual deben confirmar la existencia de un arrabal islámico del siglo XIII vinculado a una de las puertas de la cerca. Noticias de hallazgos ocasionales de restos almohades en las proximidades del lugar excavado (Ollería, Padre Morote, Terrer Leo-

nes, Corredera) y las intervenciones arqueológicas en las calles Galdo (MARTÍNEZ y MONTERO, 1990), Palmera de Uceta y Granero nº 1 bis (MARTÍNEZ y PONCE, 1997:50) permiten ir delimitando dos importantes espacios de época almohade situados extramuros de la madina: el barrio de los alfareros y un arrabal. Tras la capitulación de la ciudad en 1244 esta zona pervivió posiblemente vinculada al granero, de ahí el nombre de casas del Almaidí con el que se conocen en el siglo XVII. No se ha podido documentar la pervivencia de esta zona entre la segunda mitad del siglo XIV hasta el siglo XVI. Posiblemente a partir de los inicios del siglo XIV esta zona extramuros de la ciudad se despobló, hasta que a principios del siglo

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Figura 7. Cerámica que colmata el patio (Estrato 2). 7.1. Pipa vidriada en verde con banda decorada con pequeñas aplicaciones. 7.2. Fragmento de varilla de espuma de mar que iría insertada en la pipa.

XVI, una vez pasado a poder cristiano el Reino de Granada, la ciudad comenzó a abrirse en las proximidades de las murallas. BIBLIOGRAFÍA CAYON, J.R.; CASTAN, C. (1991): Monedas españolas desde los visigodos hasta el V Centenario del Descubrimiento de América. Madrid. MARTÍNEZ RODRÍGUEZ, Andrés (1993): La madina de Lorca a partir de las últimas intervenciones arqueológicas, IV CAME. Alicante, tomo II, pp. 177-183. MARTÍNEZ RODRÍGUEZ, Andrés; MONTERO FENOLLÓS, Juan Luis (1990): Testar islámico en la calle Galdo (Lorca). Memorias de Arqueología, 4. Murcia, pp. 455-469.

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MARTÍNEZ RODRÍGUEZ, Andrés; PONCE GARCÍA, Juana (1997): Actuaciones arqueológicas en el casco urbano de Lorca: Una necrópolis tardoantigua en la calle Granero nº 1 bis (Lorca, Murcia), Resumen de las VIII Jornadas de Arqueología Regional. Murcia. p. 50. SEGADO BRAVO, Pedro (1990): Arquitectura en Lorca durante los siglos XVII y XVIII. La cárcel-concejo: un ejemplo representativo, Lorca. Pasado y Presente. Murcia, pp. 81-92.

NOTAS (1) La clasificación del material monetario ha sido realizado por D. Gonzalo Matilla Seiquer. (2) Quizás en el año 1750, momento en que el segundo piso de este edificio pasa a ser utilizado como salas del Concejo.

UN ARRABAL ALMOHADE EN LORCA. EXCAVACIONES DE URGENCIA EN EL EDIFICIO DEL AYUNTAMIENTO DE LORCA

Figura 8. Cerámica de tradición almohade (siglo XIII - inicios del siglo XIV), (Estratos 3 y 3a).8.1. Ataifor vidriado en melado interior y marrón oscuro exterior.8.2. Ataifor vidriado en melado interior y exterior. 8.3. Marmita con cuatro asas. 8.4. y 8.5. Bordes de tinajas. 8.6. Base plana de tinaja. 8.7. Braserillo vidriado en melado con una decoración calada formando flores cuadripétalas inscritas en cuadrados.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Figura 9. Cerámica tardoalmohade (siglo XIII), (Estrato 4). 9.1 - 9.3 Cuellos de jarras con los bordes decorados con una banda pintada al manganeso. 9.4. Cuenco vidriado en verde. 9.5. Cuenco vidriado en melado. 9.6. Base plana de jarra o jarro. 9.7. y 9.8. Fragmentos de paredes de jarritas esgrafiadas. 9.9. Tapadera con asidero central. 9.10. Tapadera plana para grandes reci-

Lámina 1. Patio con andenes y rebanco (siglo XVI).

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UN ARRABAL ALMOHADE EN LORCA. EXCAVACIONES DE URGENCIA EN EL EDIFICIO DEL AYUNTAMIENTO DE LORCA

Figura 10. Decoración estampillada de tinaja almohade.10.1. Tinaja. 10.2. Bandas con motivos estampillados.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Lámina 2. Composición de piezas cerámicas de la primera mitad del siglo XVII halladas en la tierra que rellenaba el patio.

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UN ARRABAL ALMOHADE EN LORCA. EXCAVACIONES DE URGENCIA EN EL EDIFICIO DEL AYUNTAMIENTO DE LORCA

Figura 11. Cuello de tinaja con decoración esgrafiada.

Lámina 3. Lápida fundacional de la nueva Cárcel, 1677.

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APORTACIONES AL CEMENTERIO ISLÁMICO DE LORCA. EXCAVACIONES EN LA CALLE NÚÑEZ DE ARCE, Nº 9 (LORCA)

Andrés Martínez Rodríguez

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1997

APORTACIONES AL CEMENTERIO ISLÁMICO DE LORCA. EXCAVACIONES EN LA CALLE NÚÑEZ DE ARCE, Nº 9 (LORCA)

ANDRÉS MARTÍNEZ RODRÍGUEZ Museo Arqueológico de Lorca

Palabras clave: Enterramiento, islámico, mudéjar, adobe, romano. Resumen: La intervención arqueológica ha permitido documentar en un pequeño solar de la calle Núñez de Arce (Lorca) un nivel de habitación de época romana y 13 enterramientos mudéjares del último momento de

uso del gran cementerio de la madina de Lorca, desarrollado entre los caminos de los Vélez y Murcia que respectivamente en las puertas de San Antonio y de los Santos.

1. INTRODUCCIÓN

colindante por la izquierda con el solar objeto de la excavación de urgencia, también se hallaron abundantes restos de osamentas humanas(2). Igualmente se hallaron cadáveres en las obras de alcantarillado efectuadas en la propia calle Núñez de Arce y al realizar las cimentaciones del nº 13 de la calle Núñez de Arce y del edificio de Telefónica en la calle Alburquerque(3). Todos estos datos permitían disponer con antelación al inicio de la intervención arqueológica de información sobre una zona con superposición de niveles arqueológicos vinculados a un cementerio.

La excavación de urgencias en el nº 9 de la calle Núñez de Arce se realizó entre febrero y marzo de 1991, con motivo de la construcción de un nuevo edificio que sustituiría la casa unifamiliar derribada en 1990 tras ser declarada en ruina. El solar estaba situado dentro del Conjunto HistóricoArtístico de la Ciudad, colindante con dos casas y con un gran solar abierto a las calles Rubira y Alburquerque (fig. 1) posteriormente excavado(1). Con anterioridad al inicio de la intervención arqueológica se reunieron los antecedentes sobre el hallazgo de restos arqueológicos en las inmediaciones del solar a excavar. Testimonios de vecinos del entorno nos pusieron en conocimiento del hallazgo de abundantes inhumaciones al efectuar el desfonde para la cimentación del edificio que iba a sustituir al inmueble de la antigua Falange cuya parte posterior daba a la calle Núñez de Arce. En las reformas efectuadas en el caserón

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2. PROCESO DE EXCAVACIÓN.

Las reducidas dimensiones del solar, la existencia de un profundo sótano relleno de escombros en las inmediaciones de la fachada y las correspondientes distancias de seguridad a las casas colindantes, únicamente permitieron plantear un cuadro de 4 metros por 4,50 metros.

APORTACIONES AL CEMENTERIO ISLÁMICO DE LORCA. EXCAVACIONES

EN LA CALLE NÚÑEZ DE ARCE, N.º 9 (LORCA)

Figura 1. Localización de la intervención arqueológica en el casco urbano y señalización de otros hallazgos del cementerio islámico de Lorca efectuados a través de excavaciones sistemáticas.

El punto cero desde donde se tomaron las cotas de profundidad se situó sobre la tapa del alcantarillado de la calle.

2.1. Estratigrafía (fig. 2)

Los diferentes estratos documentados guardaban una ligera inclinación hacia el Sureste siguiendo la pendiente natural de la ladera de la sierra del Caño.

Figura 2. Perfil estratigráfico noreste.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Figura 3. Planta del primer nivel de enterramientos.

- Estrato 1: depositado sobre la cimentación de la casa del siglo XIX estaba configurado por tierra marrón, escombros, piedras y fragmentos cerámicos. El basamento de la casa estaba formado por recios muros (1 y 2) orientados Noroeste-Sureste de 0,90 metros de anchura, construidos con un aparejo de piedras y mortero de cal. Estas estructuras se superponen a un muro (nº 3) de menor grosor (0,60 metros) formado por piedras unidas por tierra, que debe pertenecer a la cimentación de una casa anterior edificada a finales del siglo XVI o en el siglo XVII. La cerámica asociada al estrato 1 está formada por frag-

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mentos de grandes jarras, jarras de picos, jarras con pie y decoración a la barbotina, lebrillos vidriados en melado con goterones en verde y moldura cerca del borde, cuencos carenados vidriados en melado verdoso, cuencos de pie anular vidriados en blanco con goterones de verde y manganeso (cerámica de Nijar), cazuelas con visera muy marcada y vidriado melado interior y platos vidriados en blanco con o sin escalón interior. - Estrato 2: formado por tierra marrón rojiza con cerámica de tradición islámica (siglo XIV): marmita, fragmentos de paredes vidriadas y fragmentos de paredes de jarra. Un

APORTACIONES AL CEMENTERIO ISLÁMICO DE LORCA. EXCAVACIONES

EN LA CALLE NÚÑEZ DE ARCE, N.º 9 (LORCA)

Figura 4. Planta del segundo nivel de enterramientos.

pequeño colgante con una cuenta moldurada de madera y otras cuentas más pequeñas de vidrio verde completa el escaso material hallado. En este estrato 2 se practicaron las fosas de los enterramientos islámicos 3, 4, 6, 7, 8, 9, 10 y 13. - Estrato 3: compuesto por tierra marrón oscura compacta con fragmentos de cerámica común romana y de cerámica prehistórica. En este estrato se practican las fosas de los enterramientos islámicos 1, 2, 5, 11 y 12. El estrato 3 presenta dos bolsadas, una pegada al muro 1

formada por piedrecitas y otra bolsada de tierra marrón rojiza sin ningún fragmento cerámico que se extiende en el Oeste. Esta bolsada totalmente estéril pudo realizarse para nivelar pequeños sectores de esta parte del cementerio. - Estrato 4: formado por una tierra marrón de textura suelta con abundantes piedras y fragmentos de cerámica iberorromana. Este estrato se depositó sobre un pavimento endurecido de color marrón formado por tierra apisonada. La cerámica relacionada con el estrato 4 está formada por fragmentos de ánforas de saco, escudillas, fichas recortadas, ollas de borde vuelto, vasos, fragmen-

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Lámina 1. Enterramiento 12.

tos de cerámica pintada con bandas en rojo vinoso (4) . El único fragmento que permite una mayor aproximación cronológica es una forma Draguendorff 15/17 de terra sigillata tardoitálica de mediados del siglo I d.C. (BELTRÁN, 1990: 64-65). 3. ESTUDIO DE LOS ENTERRAMIENTOS ISLÁMICOS

Los 13 enterramientos documentados estaban distribuidos en dos niveles distintos. Los cadáveres introducidos directamente en estrechas fosas sobre el terreno, presentan la cabeza orientada al Suroeste y los pies al Noreste, salvo el número 12 que está orientado con la cabeza al Sur y los pies al norte. La identificación de las fosas es muy complicada ya que el sedimento de colmatación de éstas es semejante a la tierra donde se practican, únicamente existe alguna diferencia en las sepulturas cubiertas por adobes donde la tierra del interior es de textura más fina.

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3.1. Primer nivel de enterramientos (fig. 3)

Únicamente se documentaron cinco enterramientos, tres adultos y dos niños. Enterramiento 1. Fosa practicada en la tierra que contiene los restos de un niño en posición decúbito lateral derecho, con las piernas ligeramente flexionadas y las manos unidas sobre la zona púbica. Orientado con la cabeza al suroeste, los pies al Noreste y el rostro al Sureste. Enterramiento 2. Fosa practicada en la tierra que contiene los restos de un adulto en posición decúbito lateral derecho, con las piernas ligeramente flexionadas y las manos unidas a la altura de la zona púbica. Orientado con la cabeza Suroeste y las piernas al Noreste, habían desaparecido los pies. Presentaba unas piedras a modo de cuñas bajo la mandíbula. Enterramiento 5. Fosa practicada en la tierra que contiene los restos de un adulto. Únicamente conserva in situ las piernas totalmente rectas y los pies orientados al Noreste. El

APORTACIONES AL CEMENTERIO ISLÁMICO DE LORCA. EXCAVACIONES

EN LA CALLE NÚÑEZ DE ARCE, N.º 9 (LORCA)

serie de piedras a modo de cuñas bajo la espalda y la cabeza. Faltan los pies. 3.2. Segunda fase de utilización de esta zona de la maqbara (fig. 4)

Lámina 2. Redoma del siglo XIV.

resto del cuerpo está removido o desapareció al realizar la fosa de cimentación del muro 3. Enterramiento 11. Únicamente se ha podido excavar la parte de la fosa donde estaba la cabeza de un niño, orientada al Suroeste con el rostro el Sureste. El resto de la fosa quedó bajo el perfil 2. Enterramiento 12. Fosa practicada en la tierra que contiene los restos de un adulto en posición decúbito lateral derecho (lám. 1), con las pierna izquierda flexionada y la derecha recta, los brazos cruzados con las manos separadas a la altura de la zona púbica. Orientado con la cabeza al Sur, los pies al Norte y el rostro al Sureste. La zona sur de la fosa rellena de piedras junto a la cabeza. La parte central del enterramiento cubierto con adobes y sobre las piernas un adobe de grandes dimensiones. Los adobes de la cubierta descansaban sobre piedras que rodean el cadáver. Presenta una

Una vez soterradas las sepulturas del primer momento por aportes de tierras rojizas procedentes de los arrastres originados por las escasas pero potentes lluvias que caracterizan este clima, se continuaron realizando enterramientos en esta zona. Durante el proceso de excavación se documentaron ocho enterramientos, seis adultos y dos niños. Enterramiento 3. Fosa practicada en la tierra que contiene los restos de niño en posición decúbito lateral derecho. Las piernas totalmente movidas. Orientado con la cabeza al suroeste con el rostro al Sureste. Presenta sobre la cabeza un adobe. Enterramiento 4. Fosa practicada en la tierra que contiene los restos de un adulto en posición decúbito lateral derecho, con las piernas rectas y los brazos flexionados con las manos a la altura de la zona púbica. Orientado con la cabeza al Suroeste y los pies al Noreste. Presenta la cabeza rodeada de piedras y la parte del cuello y los hombros alterada. Enterramiento 6. Fosa practicada en la tierra que contiene los restos de un adulto. Esta sepultura fue muy alterado al realizar la zanja para la cimentación del muro 1. Enterramiento 7. Fosa practicada en la tierra que contiene los restos de un adulto con las piernas rectas. Los pies orientados al Noreste, el resto del cuerpo desapareció al construir la caja del muro 1. Enterramiento 8. Fosa practicada en la tierra que contiene los restos muy alterados de un adulto en posición decúbito lateral derecho. Únicamente conservaba el brazo derecho, parte del izquierdo y la pelvis. Supuestamente orientado con los pies al noreste y la cabeza al suroeste. Enterramiento 9. Fosa practicada en la tierra que contiene los restos de un adulto orientado con la cabeza al Suroeste y la cara al Sureste. Únicamente se ha podido excavar la parte superior del cuerpo ya que se introduce en el perfil 2. Enterramiento 10. Fosa practicada en la tierra que contiene los restos de un adulto orientado con la cabeza al Suroeste y la cara al Sureste. En el cráneo conserva a la altura de las oreja derecha los restos de las oxidaciones de cobre de un posible pendiente o alfiler. Únicamente se ha podido excavar la parte superior del cuerpo ya que el resto del cadáver se introduce en el perfil 2. Enterramiento 13. Fosa practicada en la tierra que contiene los restos de un niño en posición decúbito lateral dere-

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

cho, con las piernas ligeramente flexionadas y los brazos rectos. Orientado con la cabeza al Suroeste y los pies al Noreste. La parte inferior del cuerpo cubierta con un adobe. 4. VALORACIÓN FINAL

La excavación arqueológica ha permitido avanzar en la documentación de la evolución poblacional en esta zona del casco urbano de Lorca, desde época iberoromana hasta la actualidad . La primera fase perteneciente a época romana está formada por un pavimento de tierra endurecida asociado a restos de un muro. Entre el material cerámico aparecen fragmentos de tradición ibérica junto a otros de clara filiación republicana y un solo fragmento de terra sigillata tardoitálica perteneciente a la época del emperador Claudio. La siguiente utilización de este espacio fue para la ampliación hacia el Sur del cementerio islámico en época mudéjar. Las sepulturas se instalan sobre los depósitos que colmatan las estructuras de época romana asociadas a dos niveles superpuestos. Estas sepulturas islámicas son las localizadas más al Sureste del cementerio, lo que permite aproximarnos a las grandes dimensiones que llegó a tener el cementerio islámico en los momentos finales de la estancia de los musulmanes en la ciudad de Lorca (fig. 1). El empleo del ladrillo crudo (labin) fue constatado en las sepulturas 3, 12 y 13. Este tipo de material se ha documentado en varias sepulturas (13, 15, 43, 59 y 60) de la calle Rojo (MARTÍNEZ 1996) y en algunos de la calle Rubira (PONCE e.p.). Al igual que en Lorca la utilización del adobe se continúo empleando en las sepulturas mudéjares, un buen ejemplo lo encontramos el Valladolid (BALADO et alii, 1991: 45). Un dato más que confirma la cronología tardía de estas sepulturas fue el hallazgo en la fosa del enterramiento 12 de una redoma(5) (lám. 2) del siglo XIV (MARTÍNEZ; PONCE, 1994: 33). Un jarro de la misma cronología se constató a los pies del enterramiento número 3 del cementerio de Callosa del Segura (GARCÍA; ALFOSEA, 1997: 447-448). En los enterramientos 2 y 12 se emplearon piedras a modo de cuñas para mantener la orientación hacia el Sureste del rostro de los difuntos. Todos los cadáveres están orientados con la cabeza al Sudoeste y los pies el Noreste, salvo el número 12 que presenta la cabeza al Sur y los pies al Norte. A partir del siglo XVII las sepulturas islámicas comienzan a ser alteradas o destruidas por las sucesivas cimentaciones y sótanos de la casa que pervivió hasta su derribo definitivo en 1990.

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ABREVIATURAS C.A.M.E.: Congreso de Arqueología Medieval Española. C.N.A.: Congreso Nacional de Arqueología. e.p.: en prensa. M.A.M.L.: Museo Arqueológico Municipal de Lorca.

BIBLIOGRAFÍA BALADO PACON, Arturo; ESCRIBANO VELASCO, Consuelo; HERRÁN MARTÍNEZ, J. Ignacio; SANTAMARÍA GONZÁLEZ, J. Enrique (1991): «La maqbara de Valladolid. Un interesante cementerio mudéjar», Rv. Arqueología 127. Madrid, pp. 38-45. BELTRÁN LLOPIS, Miguel (1990): Guía de la cerámica romana. Zaragoza. GARCÍA MACIÁ, José; ALFONSEA SÁEZ, Emilia (1997): «Un cementerio islámico en Callosa de Segura», XIII C.N.A. Elche, pp. 445-454. MARTÍNEZ RODRÍGUEZ, Andrés (1993): «El horno califal de la calle Rojo, Lorca», Verdolay 5. Murcia, pp. 143-155. MARTÍNEZ RODRÍGUEZ, Andrés (1994): «La madina de Lorca a partir de las últimas intervenciones arqueológicas», IV CAME, T. II. Alicante, pp. 177-183. MARTÍNEZ RODRÍGUEZ, Andrés (1996): «Excavaciones de urgencia en la calle Rojo 2, Lorca», Memorias de Arqueología 5. Murcia, pp. 629-656. MARTÍNEZ RODRÍGUEZ, Andrés; PONCE GARCÍA, Juana (1992): «Intervenciones arqueológicas en el casco urbano de Lorca», Terceras Jornadas de Arqueología Regional. Murcia, pp. 21-22. MARTÍNEZ RODRÍGUEZ, Andrés; PONCE GARCÍA, Juana (1994): «Objetos de la vida cotidiana medieval cristiana», Catálogo de la exposición La Frontera. Lorca, p. 33-39 MARTÍNEZ RODRÍGUEZ, Andrés; MONTERO FENOLLÓS, Juan Luis (1996): «La qubba islámica de la calle Cava, 11. Lorca», Memorias de Arqueología 5. Murcia, pp. 615-628. PONCE GARCÍA, Juana (e.p.): «El cementerio islámico y la necrópolis ibérica de calle Rubira nº 12, Lorca», Memorias de Arqueología 6. Murcia.

NOTAS 1. La excavación de urgencia dirigida por D.ª. Juana Ponce García vino a corroborar los datos sobre el cementerio islámico, ampliando la documentación sobre la necrópolis ibérica y aportando una importante estratigrafía de los períodos prehistóricos calcolítico y argárico. 2. Noticia transmitida por el dueño de la casa D. Joaquín Ruíz Castillo. 3. Obreros que participaron en la obra de Telefónica recuerdan el hallazgo de abundantes osamentas humanas depositadas sobre capas de cenizas entre los que se encontraron algunas espadas dobladas. Preguntados sobre qué pasó con estas armas, comentan que se las quedó el ingeniero que venía desde Madrid. Esta información es de enorme interés ya que viene a aportar datos sobre la superposición de un sector de la maqbara islámica sobre la necrópolis ibérica. 4. Entre el material pintado aparece excepcionalmente un asa decorada con una línea quebrada igualmente en color rojo vinoso. 5. Esta pieza está inventariada en el M.A.M.L. con el número 1873 y sus dimensiones son: 14 cm. de altura, 4,65 cm. de diámetro máximo de la boca y 4,85 cm. de diámetro de la base.

RESTOS DE VIVIENDAS ISLÁMICAS EN LA CALLE POLO DE MEDINA DE MURCIA

María Ascensión Andreu Martínez

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1995

RESTOS DE VIVIENDAS ISLÁMICAS EN LA CALLE POLO DE MEDINA DE MURCIA

MARÍA ASCENSIÓN ANDREU MARTÍNEZ

Palabras clave: Murcia, Islámico, Vivienda. Resumen: Los trabajos arqueológicos tuvieron dos fases de actuación dirigidos a dos sectores distintos. En los cuales se documentaron tres

momentos de ocupación, cuyo periodo abarca una amplia cronología enmarcada entre los siglos X al XIII.

Los trabajos realizados se inscriben dentro del plan de actuación de excavaciones de urgencia que con motivo de la presentación del proyecto de ejecución de seis viviendas, despachos para profesiones liberales, locales comerciales y garajes en el solar sito en la plaza de S. Bartolomé, C/. de la Sociedad y C/. Polo de Medina, la Dirección General de Cultura, sección de Patrimonio Histórico, resolvió conceder con fecha y salida de 18 de diciembre de 1990. La actuación arqueológica se inició el 19 de diciembre de 1990 y se prolongó hasta el 19 de abril de 1991. Dada la situación en la que se encontraba el solar, en su mayoría desfondado para la cimentación del nuevo edificio, los trabajos arqueológicos se centraron en un sector del mismo lindante con la calle Polo de Medina. Así, dentro del trazado axial estaría situado muy cerca de uno de los ejes urbanos principales que en sentido N-S atravesaban la madina islámica, auténtico eje de simetría representado por una sucesión de calles, en parte modificada, PuxmarinaSociedad-San Bartolomé-Jabonerías-Ángel Guirao (Roselló y Cano, 1975) (Fig. 1).

Las labores arqueológicas tuvieron dos fases de actuación dirigidas a dos sectores distintos. La primera fase se centró en el sector NE del solar, contiguo a un posible adarve de época islámica. La segunda fase se encontraba colindante con el llamado Horno del Paso, entre la calle Sociedad y Polo de Medina, conservado desde la Murcia ochocentista como reminiscencia de los pasadizos de la ciudad musulmana, es decir, servidumbres de paso por el interior de las manzanas como rasgo característico en los sectores centrales de las ciudades islámicas (Roselló y Cano, 1975).

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PRIMERA FASE DE LA EXCAVACIÓN. (Fig. 2)

Situada en la mitad Norte del inmueble, se realizó entre los días 19 de diciembre de 1990 y 27 de febrero de 1991. Planteamos dos cuadrículas de 4 x 4 m., separadas por un testigo de 1 m. y orientadas al Norte geográfico. Con el desarrollo de los trabajos, estas cuadrículas se vieron ampliadas hacia el Norte en 3,50 m. Se han distinguido restos de estructuras constructivas pertenecientes a una vivienda islámica que responde al

RESTOS DE VIVIENDAS ISLÁMICAS EN LA CALLE POLO DE MEDINA DE MURCIA

Fig. 1. Situación del solar excavado en la trama urbana.

esquema tradicional de casa con patio central, distribuidor de las habitaciones (Fig. 3). Dicha vivienda se organiza en torno a un patio de pequeñas dimensiones (3 x 3 m.), pieza principal de la casa, que distribuye y organiza el espacio. Tipológicamente simple, no presenta los elementos característicos de los patios con arriate, como canalillos, fuentes y alberca, lo que no implica que no cumpliera algunas de las características funciones como lugar de esparcimiento, ventilación, iluminación. Esta estancia presenta un nivel de pavimentación homogéneo en toda su superficie, formado por mortero de cal y reforzado en algunos sectores con lajas de piedra. En uno de sus extremos (NW), así como en el muro situado al Este, de acceso a la letrina, se localizaron dos pozos realizados mediante el sucesivo ensamblaje de anillos cerámicos, constatando la abundancia de agua en Murcia, no sólo por la proximidad del río y de las acequias, sino también por la existencia de un nivel freático próximo a la superficie que permitía la excavación de estos pozos poco profundos para su aprovechamiento hidráulico (Navarro Palazón y Jimenez Castillo, 1994). Al Norte, se documenta la sala principal o rectangular (6 x 2,50 m.), orientada a Mediodía y con un nivel de pavimentación homogéneo formado por mortero de cal. Provista de

una alcoba en su extremo Oeste (2,20 x 1,60 m.), cuyo vano fue tapiado con ladrillos en la remodelación posterior de la vivienda. En este caso, no se ha constatado ningún desnivel o sobreelevación del suelo de la alcoba en relación con el cuerpo central de la sala. El acceso desde el patio se realiza mediante vano geminado con pilar central y umbral remarcado, conservándose las quicialeras y restos de decoración parietal con motivos geométricos tallados (rombos) y un motivo de lazo pintado en rojo enmarcando un vano (Fig. 4). La presencia de este tipo de elementos decorativos en la arquitectura doméstica musulmana es un hecho constatado en el ámbito urbano de Murcia. En Polo de Medina-Azucaque se documentaron restos de enlucido anteriores al siglo XII con motivo ajedrezado en rojo. En la sala rectangular de la calle Raimundo de los Reyes 4-6, apareció in situ parte de un zócalo decorado con motivos geométricos de lazo, dibujados a punzón sobre el yeso y pintados en rojo sobre fondo blanco. Lazos similares, pero en blanco sobre fondo rojo, han aparecido también en la calle San Antonio; en esta misma casa se encontraron placas de yeso estucadas y policromadas con motivos geométricos y vegetales. Restos muy deteriorados de zócalo decorado en rojo aparecieron en la calle Frenería (Guillamón et alii, 1989). El que reciba un tratamiento diferenciado de suelos y

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Fig. 2. Fase I. Planta general.

paredes, justifica la función de esta dependencia como lugar especialmente destinado a las reuniones familiares y a la acogida de invitados. Al Este del patio se documenta un acceso que conduce a la letrina, dicho acceso aparece tapiado con ladrillo lo que nos ayuda a considerar la reutilización posterior de la vivienda, junto con la puerta tabicada de la alcoba de la sala principal. Presenta una estructura de ladrillos con abertura

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rectangular sobreelevada de donde parte una atarjea para alejamiento de aguas sucias, que normalamente comunicaba con una red general de canalizaciones que iría a desaguar en pozos ciegos localizados en la calle. Con esta misma orientación aparece otro acceso profundamente alterado por las construcciones contemporáneas que comunica con un pasillo acodado, el cual no ha sido documentado en su totalidad por imposibilidad de espacio

RESTOS DE VIVIENDAS ISLÁMICAS EN LA CALLE POLO DE MEDINA DE MURCIA

Fig. 3. Vivienda islámica. Patio central y sala Norte.

para continuar los trabajos de excavación y cuya prolongación quedaría oculta bajo la calle contigua, que de ser un adarve conservado de época islámica podría ser el zaguán de la vivienda respondiendo así a la solución habitual de zaguán acodado, cuya función aisladora es clara, evitar siempre que el patio pueda ser visto desde la calle e intentar que las puertas no queden en el mismo eje con el fin de proteger el interior de la vivienda. Al Oeste, un último acceso simple con umbral remarcado con ladrillos daría paso a una estancia rectangular que aparece profundamente alterada, pero la presencia de otra habitación hace suponer una cierta especialización del espacio, probablemente como cocina, a pesar de no encontrar indicios de algunos de sus elementos morfológicos, se puede considerar como una prueba más del carácter plurifuncional que también la caracteriza. SEGUNDA FASE DE LA EXCAVACIÓN. (Fig. 5).

Esta segunda fase se realizó entre el 18 de febrero y el 19 de abril de 1991, centrándonos en el sector contiguo al anterior, al Oeste del mismo.

Las cuadrículas se plantearon en función de la superficie a excavar, la mayor posible hasta llegar a la zona ya alterada por el relleno de escombro y zahorra, por lo que sus dimensiones resultaron irregulares (2’30 x 4 m., y 7 x 4’75 m.), separadas por un testigo de 1 m. Los trabajos arqueológicos se vieron dificultados por la existencia de tres estructuras de pozo modernas, presentes tanto en las dos cuadrículas como en el testigo, que alteraron en su mayor parte hasta los niveles más antiguos. Los restos arqueológicos documentados corresponden a momentos diferentes de ocupación, reflejados en restos de estructuras y pavimentos. Un primer momento cronológico viene definido por otra vivienda, independiente de la documentada en la primera fase y situada a una cota inferior. Caracterizada por un patio central documentado parcialmente, con pavimento de losas irregulares y un acceso con restos de dos pilares que comunican con una estancia en la cual se ha documentado una alcoba sobreelevada con pavimento pintado en rojo que podría pertenecer a la sala Norte. Restos de un muro de tierra con enlucido y cimentación formada por hiladas de piedra trabadas con cal formarían la sala Este de dicha vivienda.

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

Fig. 4. Detalle del motivo pintado (lazo) en uno de los vanos.

En un segundo momento cronológico han sido documentados niveles más antiguos, en dos pavimentos de yeso y muros de cimentación no adscritos hasta el momento a ningún conjunto de vivienda, dada su aparición aislada. VALORACIÓN FINAL

El conocimiento de la arquitectura doméstica islámica en Murcia se basa en las excavaciones sistemáticas de numerosos solares en el casco antiguo de la ciudad como en la calle Freneria, Cubos, Montijo, Pinares, Polo de Medina, Raimundo de los Reyes, Saavedra Fajardo (garaje Villar), San Antonio, San Nicolás y Selgas. Este trabajo arqueológico constata, una vez más, esa ocupación continuada durante todo el periodo de presencia islámica en nuestra ciudad. En el conjunto excavado, tanto el estudio de los elementos decorativos, materiales y técnicas constructivas empleadas, así como la estratigrafía y el material cerámico, nos revelan al menos tres momentos de ocupación. Un primer momento, encuadrado en la primera fase de excavación, viene datado por las cerámicas, consideradas

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como fósiles tipo del siglo XIII, que nos remiten a un momento inicial de la construcción en torno a la primera mitad de dicho siglo. Un segundo y tercer momento, detectados en la segunda fase de excavación, han quedado en evidencia. El primero de ellos en el siglo XII y el segundo a los siglos X y XI. A esta amplia banda cronológica nos remite la existencia de candiles de disco, jarritas de cuerda seca parcial, o los ataifores, en los que predomina el vedrío melado. Los imperativos de orden administrativo han incidido forzosamente y de manera negativa en la interpretación global de la superficie excavada. La imposibilidad de relacionar ambos sectores, al vernos obligados a cubrir el primero de ellos antes de comenzar el segundo, no nos permite mayores precisiones. La vertebración del espacio nos sugiere al menos intuir la existencia de tres unidades domésticas. La más moderna contiene los elementos característicos de la vivienda islámica, mientras que las otras dos, sesgadas en nuestra visión por las intrusiones de pozos modernos y la configuración misma del solar, tampoco parecen apartarse demasiado de ese esquema común de organización espacial.

RESTOS DE VIVIENDAS ISLÁMICAS EN LA CALLE POLO DE MEDINA DE MURCIA

Fig. 5. Fase II. Planta general.

BIBLIOGRAFÍA

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NAVARRO PALAZÓN, J.: (1990) «La casa andalusí en Siyasa: ensayo para una clasificación tipológica». La casa Hispano-musulmana. Aportaciones de la Arqueología. Pp. 177-198, Granada. PUERTAS TRICAS, R.: (1990) «El barrio de viviendas de la Alcazaba de Málaga». La casa Hispano-musulmana. Aportaciones de la Arqueología. Pp. 319-40. Granada. ROSELLÓ, V.M. y CANO, G.M.: (1975) Evolución urbana de la ciudad de Murcia. Murcia. TORRES FONTES, J.: (1963) «El recinto urbano de la Murcia musulmana». CODOM I. Documentos de Alfonso X el Sabio. Pp. 151-197. Murcia.

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INTERVENCIÓN EN LA MURALLA ISLÁMICA DE MURCIA: EL TRAMO DEL ANTIGUO CONVENTO DE VERÓNICAS. PRIMERA CAMPAÑA (1990-1991)

José Antonio Martínez López

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1995

INTERVENCIÓN EN LA MURALLA ISLÁMICA DE MURCIA: EL TRAMO DEL ANTIGUO CONVENTO DE VERÓNICAS. PRIMERA CAMPAÑA (1990-1991)

JOSÉ ANTONIO MARTÍNEZ LÓPEZ

Palabras clave: Conquista castellana, muralla, abandono, alhóndiga, convento, urbanismo. Resumen: En 1985 se produjo la demolición del antiguo convento de Verónicas. Durante las obras se descubrió un considerable tramo de la muralla islámica de Murcia. La excavación se desarrolla en lo que fue el exterior del recinto murado y ha constado de dos fases, la primera de noviembre de 1990 a septiembre de 1991 y la segunda de mayo a septiembre de 1993. Se presenta en este trabajo los resultados de la primera campaña, que se corresponde con los niveles de ocupación tras la conquista castellana y que podemos agrupar en dos etapas: la primera, uso y abandono de las muralla; la segunda, la reutilización del espacio defensivo con la construcción de un conjunto de almacenes y la ampliación del convento de Verónicas.

Symmary: In 1985, a demolitión was produced in the ancient convent of Verónicas. During the constructions a considerable section of the Islamic Wall was discovered in Murcia. The excavation was developed outside of the wall and it has consisted of two phases: The first one, from November 1990 to September 1991 and the second one, from May to September 1993. In this work, we show the outcomes about the first phase, corresponding to the diferrent grades of occupation after the Castilliant Conquest that we can group into two phases: the first one, the use and desertion of this wall; and the second one, the reuse of the defensive place with the building of some stores and the enlargement of the Veronicas convent.

I. PREÁMBULO

informó favorablemente a la declaración de Monumento Histórico Artístico para el conjunto, a propuesta de la Asociación Pro Defensa del Patrimonio, se excluye la zona reedificada tras la Guerra Civil. La incoación del expediente impidió legalmente la ejecución de derribo, hasta que en 1985 la Consejería de Cultura, a través de la Comisión Regional de Patrimonio, autorizaba demoler el antiguo convento, tras llegar a un acuerdo con las partes implicadas. En éste se contemplaba la posible aparición de restos arqueológicos, hecho que obligaría a la inmediata paralización de las obras. No había la menor duda de que las defensas medievales de la ciudad discurrían por esta propiedad, ahora bien, quedaba por saber si,

En septiembre de 1981 el antiguo convento de Santa Verónica era declarado en ruina por la Corporación Municipal. Los informes realizados señalaban que el conjunto monumental no presentaba ningún valor histórico-artístico, a excepción de la capilla, coro y columnas del claustro que debían de ser conservadas; con el resto se podía proceder a la demolición. Esta decisión fue recurrida por vía contencioso- administrativa por los inquilinos que ocupaban varios locales comerciales integrados en la planta baja del convento.(1) En 1982 la Comisión Provincial de Patrimonio

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INTERVENCIÓN EN LA MURALLA ISLÁMICA DE MURCIA: EL TRAMO DEL ANTIGUO CONVENTO DE VERÓNICAS. PRIMERA CAMPAÑA (1990-1991)

SECCIÓN ESTRATIGRÁFICA: 1. Ampliación convento de Verónicas 2. Parte de la muralla seccionada 3. Ruina de la casa n.º 2 de la Carretería 4. Preparado y pavimento de la casa n.º 2 5. Muro de cierre Sur de la casa n.º 2 7. Abandono de las defensas (vertedero) 8. Abandono de las defensas (inundación) 9. Último nivel islámico Figura 1: Sección estratigráfica asociada a las defensas tras la conquista castellana.

como en otros casos, la muralla quedó integrada en la estructura del convento o por el contrario, una vez concedida «Gracia de muralla» había sido arrasada. Una inspección, antes de que fuera ejecutada la demolición, comprobó que uno de los muros conservaba un grosor inusual, confirmándose durante las obras la presencia de un tramo de la estructura defensiva medieval de la ciudad. El proyecto del nuevo edificio, que preveía la construcción de un total de veinticuatro viviendas en tres plantas, además de bajo y garaje, tuvo que paralizarse. La aprobación en 1986 de la Carta Arqueológica Municipal, en donde se contempla la compensación a los propietarios en cuyo solar se descubran restos arqueológicos susceptibles de ser conservados, hizo posible la redacción de un Plan Especial de Reforma Interior (P.E.R.I.) para el solar del antiguo convento de Santa Verónica. La solución fue que la obra proyectada se retranquease, así la muralla quedaba fuera de la parte que en un principio iba a ser construida, pasando al Ayuntamiento casi la mitad de la superficie del solar. En compensación se autorizó una

reorganización volumétrica por la que el nuevo edificio ganaba en altura la superficie perdida.(2) Concluida la nueva finca y restaurada la iglesia, se pudo iniciar la excavación tras la cual, las estructuras defensivas han quedado conservadas y acondicionadas en el marco de un espacio público, integrándose en la zona monumental que forman la Iglesia de Verónicas, Mercado, Almudí y edificios colindantes. En noviembre de 1990 se iniciaron los trabajos arqueológicos,(3) y tras una primera fase, que se prolongó hasta septiembre de 1991, quedaron documentados los niveles posteriores a la conquista castellana. En una segunda campaña, desde mayo a septiembre de 1995, se excavaron los momentos de ocupación islámica, documentándose en esta fase una interesante y compleja evolución constructiva de las defensas. Abordamos en este trabajo la secuencia estratigráfica que abarca desde la conquista castellana hasta nuestros días. Se ha podido precisar una sucesión de niveles que agrupamos en dos etapas: la primera se corresponde con el momento de uso,

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

EL ESPACIO URBANO: SIGLOS XIII - XV 1. Puerta del Puente 2. Alcázar de Enrique III 3. Almudí 4. Puerta de la Aduana 5. Convento de San Francisco 6. Solar objeto de estudio 7. Puerta de la Arrixaca Figura 2: El espacio urbano: Siglos XIII-XV

mantenimiento y abandono del conjunto defensivo bajo dominio cristiano, entre los siglos XIII al XV; la segunda, con una fase de reutilización del espacio defensivo con dos momentos: la Casa de las Carreterías (siglos XVI- XVII) y por último la ampliación del Convento de Verónicas (siglos XVIII-XX) (fig. 1). II. EL MARCO URBANO Y SU PROCESO EVOLUTIVO

El solar que nos ocupa se localiza en la zona meridional, frente al río (fig. 2). Este sector, tras la conquista castellana y la partición de la ciudad entre musulmanes, cristianos y judíos, se convirtió en un lugar idóneo para el desarrollo de cualquier actividad económica. Así Alfonso X el 19 de mayo de 1266, otorgaba >, ubicando el mercado y esta feria .(4)

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Para facilitar, entre otras cosas, el acceso a la otra orilla del río donde estaban parte de sus heredamientos, el 5 de junio del mismo año cedía el uso de un «puente viejo» a la población musulmana de la Arrexaca.(5) Mientras, el 22 de Enero de 1277 concede a los cristianos un privilegio para la construcción de un puente, ya edificado en 1285 y que pudo venir a sustituir a otro de época islámica. El documento fechado el 17 de Junio de 1290, por el que se donan terrenos a la orden de San Francisco, sitúa este nuevo puente a oriente del Convento y lo vincula con una puerta, a la que da su nombre.(6) Desde época islámica(7) el espacio urbano adyacente estuvo articulado por esta puerta y puente, convirtiéndose en uno de los puntos principales de la ciudad para comunicarse con el exterior, perviviendo tras la conquista.(8) A lo largo del siglo XIV, confluyen determinados factores que avocan en una profunda crisis, repercutiendo en la actividad constructiva. A finales de la centuria se agudiza la situación como consecuencia de los enfrentamientos entre Manueles y Fajardos, que trajeron consigo la devastación de la huerta y la consecuente carencia de alimentos, desencade-

INTERVENCIÓN EN LA MURALLA ISLÁMICA DE MURCIA: EL TRAMO DEL ANTIGUO CONVENTO DE VERÓNICAS. PRIMERA CAMPAÑA (1990-1991)

Figura 3: Vista general del conjunto defensivo asociado al último momento de ocupación islámica.

nando una grave epidemia de peste con una importante merma en la población. Coincidiendo con el cambio de siglo y el reinado de Enrique III, se produce la pacificación del Reino a manos del Condestable Ruy López Dávalos, dando paso a una recuperación en múltiples facetas. Demográficamente la población, muy afectada por la epidemia de peste de 1395-96, vuelve a experimentar un desarrollo significativo. A su vez, la actividad económica crece empujada por el incremento en la producción sedera y en la superficie de labor. Estos factores incidieron de forma positiva en la trama urbana al posibilitar un resurgimiento en la actividad constructiva. Junto a la Catedral, la otra obra más significativa que se abordó en este momento fue la fábrica de un nuevo alcázar, junto a la Puerta del Puente, en 1407 (Menjot D., 1980, pp. 9 ss.). La obra de esta fortificación supuso la reorganización espacial de todo el sector que nos ocupa, obligando al derribo de las casas «acensadas» pertenecientes al obispo y al cabildo, así como las edificaciones donde estaba el Porche y el Peso del Almudí.(9) Las obras y el acarreo de materiales dejaron en muy mal estado el puente, limitando el paso de

personas y mercancías; asimismo se « > por lo que los vecinos que querían salir al otro lado del río habían de dar un gran rodeo».(10) Para solucionar estas incidencias se adoptaron diversas soluciones. El Concejo abrió en las proximidades un portillo en la muralla, que pronto quedó obsoleto por el tráfico que debía soportar, por lo que en 1406 se amplió y pasó a ser conocida como la Puerta de la Aduana, por estar próxima a la Aduana Mayor del Almojarifazgo Real. En 1405, una vez finalizadas las obras del Alcázar, Enrique III ordenaba a su corregidor mayor en el Reino, D. Juan Rodríguez de Salamanca, que pagara, en compensación por las casas derribadas, los diezmos que les hubieran correspondido a la Iglesia y al Cabildo,(11) y en 1406 el Concejo mandó hacer otra casa y porche para ubicar en ella el Peso de la Harina (Torres Fontes J., 1968, pp. 20-23). El diecisiete de febrero de 1405, el rey dispuso que se rehiciera la Puerta del Puente,(12) que en 1410 ya estaba repuesta, puesto que cuando Antón de Roda derribó un trozo de muralla sin autorización, ésta se encontraba frente a la Puerta Nueva del Puente.(13) El puente se restituyó unos años más tarde, el 17

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

EL ESPACIO URBANO: SIGLOS XII - XIX 1. Ampliación del Almudí 2. Herrería 3. Matadero 4. Casas de la Carretería 5. Convento de Verónicas y ampliación 6. Mercado de Verónicas 7. Malecón 8. Convento de San Francisco Figura 4: El espacio urbano: Siglos XVI- XIX

de mayo de 1416 el Concejo indica que se había comenzado a hacer un > (García Antón J., 1993, p. 172). En la centuria siguiente se generaliza un desarrollo sostenido, a pesar de factores negativos puntuales como son las epidemias de peste de 1577 o 1584, la guerra de las Alpujarras, las inundaciones periódicas o las malas cosechas. Es a partir de la segunda mitad de siglo cuando esta zona sufre una profunda transformación urbanística; las defensas empiezan a amortizarse y su espacio se reutiliza en nuevas construcciones, de esta forma se comenzó a rebasar en algunos puntos el antiguo perímetro de la ciudad medieval.(14) III. LAS DEFENSAS: USO Y ABANDONO

III.1. Mantenimiento

Tras la conquista castellana, el Reino de Murcia queda como cuña entre los reinos de Granada y Aragón,(15) circunstancia que obligó al mantenimiento de su sistema defensivo, llevando a duros sacrificios presupuestarios para poder cubrir los gastos de conservación, insuficientes ya

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que incluso se llegó al descuido de determinados espacios defensivos como se ha podido documentar en este solar y en el tramo excavado en la Glorieta, en donde el abandono de una parte del conjunto se efectuó tras la Conquista(16) (Fig. 3). Esta escasez de recursos humanos y económicos trajo el progresivo deterioro de las defensas, obligando al Concejo a invertir una buena parte de sus escasos recursos en obras de mantenimiento y reparación. Para poder hacer frente a los gastos se dispuso de varias soluciones, la más extendida era la cesión a particulares, con la premisa de que en caso de necesidad los tramos entregados volverían a manos de la ciudad, igualmente estaban obligados a comprometerse en su mantenimiento. Por otra parte desde el poder, tanto Concejil como Real, también hubo inversiones. En este momento situamos las reparaciones presentes en la muralla a base de hiladas intercaladas de piedra y ladrillo. Esta forma de reparar puede observarse en la mayor parte de los tramos hasta ahora excavados y es fiel reflejo del interés de la ciudad por mantenerlas en pie; para ello el Concejo contaba con el Obrero de los Adarves, quién informaba de los lugares donde era necesario repararlas y vigilaba que las obras se ejecutasen de la forma adecuada.

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Figura 5: Planta de la casa nº 2 de la Carretería.

Aunque existía toda una normativa en la que se ordenaba limpiarlas periódicamente, las defensas se fueron abandonando y colmatando con todo tipo de vertidos. En el solar que nos ocupa hemos comprobado este particular, ya que en los niveles correspondientes a este momento se alternan sucesivas limpiezas con nuevos vertidos, especialmente en la zona central, donde se localizó la presencia de uno de los albellones que desde la, vertía las aguas residuales de la ciudad al río(17) (fig. 1). III.2. Amortización

A finales de la Edad Media, con la unificación peninsular bajo el poder político de los Reyes Católicos, los enfrentamientos con Aragón acabarán, y Granada capituló en 1492, así los peligros externos que largamente se habían cernido sobre el Reino de Murcia se atenúan. Las defensas debían presentar un aspecto lamentable, el paso del tiempo y las riadas habían dejado tramos maltrechos. Existía un abandono generalizado en el mantenimiento de todo el sistema defensivo.(18) La amortización de una parte de las defensas va a posibilitar por un lado, que la ciudad disponga de amplios espacios donde edificar; y por otro,

del dinero necesario procedente, en parte, del ahorro en su conservación y del desarrollo de la actividad artesanal. Nos preguntamos ahora cómo es posible que se abandonen las defensas próximas al río, y que su espacio sea reutilizado por nuevas edificaciones, en una ciudad sometida a continuas avenidas y en donde aquellas desempeñaban, entre otras, la función de verdaderos muros de contención. La explicación pudo estar en una serie de actuaciones que sobre el cauce del río se abordan en este período; son la reconstrucción, refuerzo y ampliación del malecón hacia 1554.(19) Con estas obras se pensó que quedarían paliados o por lo menos se atenuarían los efectos de las riadas y por tanto se aseguraban futuras construcciones fuera de las murallas.(20) IV. REUTILIZACIÓN DEL ESPACIO DEFENSIVO: LA CASA Nº 2 DE LA CARRETERÍA

Que sepamos, una de las primeras obras en sobrepasar la línea defensiva fue la ampliación del Almudí, al costado occidental del Alcázar de Enrique III (Fig. 4). La insuficiente producción de cereales, que generalmente no cubría el consumo de la ciudad, hacía indispensable abastecerse en otras

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Figura 6: Vista general durante la excavación de la casa nº 2 de la Carretería.

regiones. El 7 de Julio de 1554 se exponía la necesidad que la ciudad tenía de un nueva casa de Almudí para almacenar los granos, aprobándose la construcción del edificio en el lugar que hoy ocupa.(21) Como se ha podido comprobar recientemente, su fábrica reutilizó parte de las estructuras defensivas, en concreto un torreón fue vaciado en su interior, sirviendo como hueco de la escalera que comunicaba las dos plantas con las que contaba. Junto a este edificio, a occidente, se construyeron el Peso de la Harina y el Pósito. Siguiendo al Oeste y limítrofe a estas edificaciones, se encontraba el Matadero, vinculado a las Carnicerías de la Plaza de Santa Catalina. Se construyó cuando el Concejo decidió prohibir el sacrificio de las reses en los mismos lugares donde se vendía la carne por los problemas de salubridad que ocasionaba. En 1493 se decide fabricar un matadero a extramuros en las proximidades del convento de San Francisco.(22) Las protestas de los frailes, quejándose de que los

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carniceros arrojaban los despojos en las proximidades del convento dieron lugar a una nueva ordenanza por la que se obligaba a tirar los desechos en el límite oriental de la ciudad, junto a la Torre Caramajul. No obstante, los problemas de salubridad continuaron y el Matadero se trasladó años después a la otra orilla del río. Junto a éste, otro edificio a destacar fue la Herrería. Su ubicación respondía al continuo trasiego de carretas y bestias que transitaban hacia la Aduana, los molinos o el Almudí, a través de la Puerta del Puente y de la Aduana. Llegamos así hasta la actual calle Arco de Verónicas, donde tradicionalmente se ubica la Puerta de la Aduana.(23) Al otro lado, en su costado occidental, se levantó un conjunto de almacenes que se extendían a lo largo de la plaza de la Carretería.(24) Uno de ellos ha sido excavado en el solar que nos ocupa. La Carretería se había configurado como una plaza situada frente al convento de San Francisco, donde se construyeron unos edificios que estaban > (García Antón J., 1993, p. 152). Como indica Hermosino Parrilla, eran diecisiete casas de especial hermosura y simetría, dos de ellas de piedra, y situadas frente a la Plaza de la Carretería, fabricadas en tiempo del Corregidor Pedro de Ribera en 1577, «para entregarlas sin interés alguno a varios maestros menestrales y a sus hijos, para revertir al Ayuntamiento y arrendarlas» (De La Peña Velasco C., 1992, p. 217). Fray Pablo Manuel Ortega añade: «También tiene la ciudad otras diecisiete casas, labradas de una misma manera, sin que diferenciense unas de las otras; saca de ellas mucha renta. En la décima hay un escudo con las armas de la ciudad, y un rótulo al pie que dice así: >» (Fray P. Manuel Ortega, 1994, pág.102). Su edificación llevó a la reordenación espacial de todo el área: . Incluso se planteó, por parte del Corregidor, la posibilidad de trasladar el mercado, situado tradicio-

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Figura 7: Planta de los pilares y cimientos de la casa nº 2 de la Carretería.

nalmente en la Plaza de Santo Domingo, a la de San Francisco, basó tal decisión « (...) en que se obtendría un gran provecho por el dinero que se sacaría por el arrendamiento de las casas que hay en la plaza y también porque está cerca de la puerta de la Aduana, de la Alhóndiga y de la Carretería. Se acuerda que los carros, los ganados y las mulas, caballos, etc, se coloquen en la parte de la Alhóndiga a espaldas del Convento de San Francisco, y en la Plaza que está junto a San Francisco en las casas de la ciudad los tratantes, mercaderes y demás gentes. Las protestas no se hacen esperar y el 30 de Septiembre varios regidores y jurados argumentan que es necesario la licencia real para cambiar de emplazamiento el mercado.»(Chacón Jiménez F., 1979, pp. 90 ss.). Uno de esos bodegones, en concreto el número dos, ha sido documentado en el área excavada. Conocemos este dato gracias a una anotación en el Cuaderno de Censos con fecha 21 de Enero de 1586, en el que se indica cómo están «frente a la portería del convento de San Francisco, junto al convento de Verónicas, la ciudad, en este lugar, poseía las casas del 2 al 13, las cuales eran fronteras al convento de San Francisco y ermita de la Concepción.» (García Antón J., 1993, p. 159).

IV.1. Descripción arquitectónica

Como ya hemos señalado, el edificio que nos ocupa surge del abandono de las defensas, de las que reutiliza la muralla, los laterales de dos torreones y el espacio entre muros. En este último lugar, previamente a la construcción del edificio, fue necesario nivelar los vertidos acopiados a lo largo del tiempo, y rellenarlo para poder salvar el alzado del antemuro y así ganar superficie de construcción(25) (fig. 1). El edificio se configuró como un espacio de planta rectangular, perimetralmente delimitado al Oeste y Este por los laterales de los torreones, completándose hasta el cierre Sur por un muro de ladrillo (fig. 6). En cuanto a los muros longitudinales, el Norte se corresponde con la cara externa de la propia muralla, mientras que el muro Sur se construyó >, salvando el antemuro por su cara externa. Para la fábrica se realizó un sólido cimiento con dos rezarpas de argamasa, la primera de superficie irregular con presencia de fragmentos de ladrillo y la segunda más estrecha, realizada mediante un encofrado. El limite occidental de este muro se encuentra a la altura del torreón II, pero no sucede lo mismo en el otro extremo de la pared que se prolonga bajo el testigo Oeste, junto a la iglesia. Este dato, unido a que en los

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Figura 8: Sección A - A` de los alzados conservados y de las cimentaciones de la casa nº 2 de la Carretería.

laterales no se documentó ningún vano, confirma que los edificios se construyeron en un mismo momento aunque independientes. El interior estaba compartimentado longitudinalmente por una alineación central de cinco pilares equidistantes, cimentados sobre fosas de 1’80 metros rellenas por sucesivas capas de ladrillos fragmentados y de tierra compactada; encima se asentaban los cimientos realizados con un mortero de piedra y cal. De aquí arrancaba el alzado de los pilares, cuya sección era octogonal, realizados en ladrillo y recubiertos por un enlucido de yeso(26) (Figs. 7, 8 y 9). Transversalmente un tabique dividía, a su vez, el edificio en dos estancias. La de mayor tamaño se situaba al Oeste de esta pared, presentando un elaborado pavimento a base de ladrillos dispuestos en sardinel y enmarcados en registros geométricos, con un preparado formado por una mezcla de tierra «láguena» o «roya», ceniza, arcilla y grava,(27) en su etapa final, todo el pavimento fue cubierto por una fina capa de cal. La segunda estancia, de menores dimensiones, se ubicaba al Este, estaba pavimentada con losas cuadradas y al fondo, junto a la muralla, había un pequeño muro perpendicular al tabique, dividido por otros dos muros que generaban tres espacios. Ambas salas se comunicaban a través de un pequeño vano (Fig. 5). El acceso al edificio, aunque no ha podido ser localizado, por lógica debió estar situado en el muro Sur, el que da a la Plaza de la Carretería, ya que junto a dicho muro y en el mismo lugar donde debió estar la puerta, había una reparación realizada con grandes lajas de piedra que reforzaría el pavimento, en la zona que registraría mayor tráfico y por tanto mayor desgaste.(28) IV.2. Funcionalidad

Adentrarse en la funcionalidad de estos edificios es intro-

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ducirnos en la propia evolución de la estructura económica de la ciudad, poniéndose de manifiesto la pervivencia de las instituciones comerciales de época islámica y su peculiar adaptación, tras la conquista castellana, a las necesidades de la nueva sociedad cristiana. Por los documentos sabemos que estos bodegones se construyeron para depositar las mercancías foráneas que llegaban a la ciudad, era el lugar a donde acudían los comerciantes para abastecerse(29) y al mismo tiempo quedaban sujetas a la política tributaria, centralizada en la Aduana Mayor del Almojarifazgo Real. Nos encontramos pues, frente a una instiución de origen remoto, cuyas funciones son bien conocidas en el mediterráneo: el «funduq norteafricano», el «caravanserail» o «jank oriental» de época islámica, y que en el período cristiano lo conocemos como «alhóndiga» o «fonda». Cada uno de estos edificios presentaban unas características propias, que respondían a las particularidades del comercio en el ámbito territorial donde se encontraban asentados y al marco cronológico al que se vincula, pero sin duda, todos son fruto de la necesidad de los lugares por dotarse de infraestructuras que garantizasen y fomentasen el abastecimiento. Los Fundaka islámicos Los «fundaqa» presentan un esquema tipo: « En torno a un patio, cuadrado o rectangular, disponíanse galerías sobre pilares, en los que descansaban arcos o dinteles. A ellas abrían las puertas de las habitaciones, en las que quedaban divididas las cuatro naves que cerraban el patio. La planta baja se destinaba a almacenes y cuadras; las altas, a alojamiento « (Torres Balbás L., 1946, pp. 458-459). Una serie de normas regulaban su funcionamiento, siendo varios los servicios que ofrecía, el principal, almacén de mercancías y hospedaje para sus propietarios, aunque otra función esporádica, era la de ser el lugar donde permanecían los deteni-

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Figura 9: Vista general de la excavación de las cimentaciones de la casa nº 2 de la Carretería.

dos nocturnos.(30) La administración siempre estaba a cargo de un varón.(31) Como todas las medinas, Murcia contó con varias; así, sabemos que en las proximidades al solar que nos ocupa se conoce la presencia, al menos, de una alhóndiga, la de la sal, en la Colación de San Pedro (Torres Fontes J., 1960, p. 244). Las Alhóndigas cristianas Con posterioridad a la conquista cristiana estas edificaciones continuarán dentro de la estructura económica de las ciudades, aunque con cambios significativos.(32) Perdieron el destino de hospedería para quedarse con el exclusivo de almacén. Para suplir los servicios que dejaba de prestar se hizo necesaria la construcción de posadas y mesones, con la prohibición expresa a los dueños o arrendadores de tener relación alguna con la compra y venta de mercancías.(33) Esta diseminación en las funciones está bien documentada en Murcia donde determinadas ordenanzas regulaban los servicios que debían ofrecer cada uno de estos edificios. En las posadas no se podía dar de comer y en los mesones se prohibía el hospedaje. De esta forma se generó en las inme-

diaciones de las alhóndigas varias de estas edificaciones, localizadas en la antigua calle Mesones. En cuanto al edificio que tratamos, la planta documentada sería fiel reflejo de las funciones que desempeñaba. La primera estancia sería el lugar donde los carros descargaban las mercancías, el pavimento con ladrillos dispuestos en sardinel ofrecería mayor resistencia al peso de las carretas; en la otra sala, una vez pesados y registrados, los productos quedarían depositados y bajo custodia. Respecto a su organización, en Murcia contamos con unas Ordenanzas que regulan el funcionamiento de una alhóndiga que, aunque están fechadas años después, bien nos puede valer para conocer como la ciudad organizó estos edificios (Serra Ruiz R., 1981, pp. 307-337). Eran propiedad Real o del Concejo, esta última institución nombraba al personal a él adscrito: el Fiel y los mozos de carga y descarga. La responsabilidad recaía en el Fiel que tenía la obligación de llevar la contabilidad en dos libros; en uno anotaba las mercancías y sus propietarios, en el otro, lo que se debía de tributar, a saber, derechos por razón de alhóndiga, de peso y por el alquiler de los almacenes. Una vez depositadas las mercancías quedaban bajo su exclusiva responsabilidad

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Figura 10: Planta de la ampliación del convento de Verónicas.

hasta que eran retiradas por sus dueños; así era el único que poseía llaves del edificio y por tanto el responsable de la apertura y cierre en el horario previamente establecido por las Ordenanzas. Por otra parte, él mismo debía de velar por que no entrasen personas ajenas a la actividad allí realizada y que en los alrededores no se alterase el orden, todo ello con el fin de no perturbar a los forasteros que venían a comerciar a la ciudad. Igualmente las obligaciones de los mozos de carga y descarga estaban reguladas por las Ordenanzas, así sabemos que no tenían salario, dependiendo sus ingresos exclusivamente de lo que acordasen con los vendedores, que en muchas ocasiones traían a sus propios sirvientes, por lo que prescindían del servicio de éstos. Por último, y en lo que respecta a su funcionalidad, sería destacable hacer hincapié de su relación con el espacio urbano. Así podemos hablar de una estrecha conexión de las alhóndigas de la Carretería con la Aduana Mayor, y ambos edificios con los ejes viarios, tanto internos como externos. En Murcia y desde época islámica sabemos que los tributos

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se recaudaban en la Puerta del Puente, y que tras la conquista esta vinculación con la fiscalidad debió de continuar hasta que la construcción del Alcázar de Enrique III anuló sus funciones. Por eso fue necesario abrir una nueva puerta precisamente denominada de la Aduana, y que se ubica en un lugar próximo a la anterior posibilitando su relación con la Aduana Mayor, que se encontraba en las inmediaciones de la actual Plaza de San Pedro. En 1403 Enrique III establece en Murcia una de las tres aduanas del Reino, señalando la ruta obligatoria que debían seguir los mercaderes, tanto para la entrada como la salida, siendo la Puerta de la Aduana obligatoria en todos los trayectos.(35) IV.3. Amortización

Por lo que respecta a la amortización definitiva de estos edificios, aún a finales del siglo XVII hay constancia de que algunos seguían en uso. En las Ordenanzas de Carlos II varios mandatos obligaban a utilizar la Carretería para depósito y venta de mercancías, y en concreto vino.

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podía cederlas al monasterio por ser de propiedad real, dio lugar a que dos años más tarde fuese anulado el contrato, ordenándose desalojar los almacenes (Riquelme Oliva P., 1994, p.30 y 35). Con toda probabilidad se optó ahora por reconstruirlos, ya que a principios del siglo XVIII estos edificios eran referidos como «Casas Nuevas de la Carretería». Es a partir del primer cuarto del siglo XVIII cuando se inicia la amortización definitiva de estas casas, por la necesidad que presentaba el convento de Verónicas de ampliar sus dependencias. V. LA AMPLIACIÓN DEL CONVENTO DE SANTA MARÍA VERÓNICA

Figura 11: Vista general durante la excavación de la ampliación del convento de Verónicas.

La casa que nos ocupa, con anterioridad a esas fechas había sufrido una serie de modificaciones consistentes en la incorporación de tres nuevos pilares más occidentales unidos por un muro, formando una planta en T. Lo mismo sucede al segundo pilar oriental, al que se le adosa otro pilar, también en relación con el tabique que divide la planta transversalmente. Estas reparaciones se realizaron sin duda para reforzar la estructura que debió de ceder por los efectos de alguna riada, fenómeno corriente en Murcia.(36) Teniendo en cuenta que la de San Calixto en 1651 tiró el Convento, pese a que estaba protegido por la muralla, no es de extrañar que de igual forma afectase a estos edificios, menos protegidos por estar ubicados a extramuros y directamente frente al río.(37) En efecto sabemos que en 1562 la comunidad de Verónicas obtiene a censo de 50 ducados de renta anual de los almacenes y casas situadas en la calle de la Carretería, continuos a la medianera del monasterio y que estaban arruinados por dicha inundación. La intención era repararlas para los servicios conventuales; no obstante, la protesta de algunos miembros del Cabildo al entender que el Concejo no

El 7 de mayo de 1529, por voluntad testamentaria, Doña Isabel de Alarcón dispuso que donaría, tras su muerte, sus casas y un patrimonio de 14.000 ducados en propiedades rústicas e inmobiliarias para la fundación de un convento. En dicho testamento se recogían las condiciones por las que se debía regir el futuro establecimiento: las religiosas no pasarían de doce y a ser posible de la familia Alarcón, y que la comunidad siguiese la observancia de la regla de la Tercera Orden de San Francisco de la Penitencia, con el título de Santa Verónica. Entre 1529 y 1533 se realizan las reformas necesarias para adecuar las casas a la nuevas necesidades. En un primer momento, las dependencias fueron adaptándose para ser beaterio en donde sus moradoras no estaban sujetas a clausura; así se habilita un oratorio y parte de las casas como viviendas. La muralla por su cara interna, fue el eje sobre el que se originó el nuevo edificio. A lo largo de los años siguientes se van incorporando las torres vecinas. En 1563 se comienza a observar la regla de clausura, de esta forma el beaterio pasa a ser monasterio. Tres años más tarde se une con el convento de Santa Brígida; el mal estado de éste último y la escasez de religiosas en Verónicas fue el motivo de esta decisión. Tras la incorporación de las Brígidas se abordó la reforma del establecimiento, adaptándose la nueva planta a las necesidades conventuales de la clausura. La primera iglesia y claustro son de este momento. Los siguientes años estuvieron marcados por una penuria económica, a lo que hay que añadir los efectos de las riadas, la más importante la citada de San Calixto el 14 de Octubre de 1651. El convento quedó prácticamente arruinado, iniciándose su reconstrucción en la medida que las posibilidades permitian. Así se fue ampliando la sacristía y el dormitorio común, y se levanta un nuevo locutorio y portería,

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emplazados hacia el Plano de San Francisco, entre la Sacristía y las casas de la ciudad. Las obras estuvieron muy condicionadas por el espacio y el dinero disponible, siendo ésta la tónica general hasta el siglo XVIII. En esta centuria se produce una recuperación en múltiples facetas de la vida, sobre todo de la económica, que se tradujo en un amplio desarrollo de la arquitectura religiosa. La necesidad de ampliar el convento hace que la abadesa solicite los terrenos ocupados por cinco casas en la Carretería para la construcción de la nueva iglesia. Una Real Provisión del Rey Felipe V, fechada el 12 de julio de 1727, autoriza a vendérselas en vista de información de utilidad a precios que convenga, y que se destinase su beneficio a la fabrica de bodega de aceite y otras oficinas precisas en unas casas próximas al Ayuntamiento, propiedad de Don Pedro Álvarez de Perea, quien se niega a vender.(38) Ante esta situación, el 31 de Octubre de 1738 una Real Provisión informa sobre la posibilidad de construir en otro lugar la bodega de aceite, en la Puerta del Mercado. De la casa nº 2 sabemos que el 1 de enero de 1735 « el Regidor dio cuenta de que la abadesa pedía la gracia de un sitio sobre la muralla de dos varas de cuadro en forma de torreoncillo antiguo o chimenea morisca en la casa nº 2 de las que la ciudad tenía fronteras a San Francisco, porque la clausura estaba expuesta a ser violada por qualquiera o las religiosas podían introducirse fácilmente en dicha casa, y querían incorporar en la clausura, y cerrarían la puerta que daba a la muralla y la abrirían en el sitio mas conveniente. Se hizo la gracia, pero que interviniera el Sr. Zarzosa en toda la obra» (Riquelme Oliva P., 1994, p. 45). Definitivamente, es el 21 de enero de 1741 cuando el Concejo, a través de una Real Provisión, da autorización para la venta de « las 12 casas que en línea recta posee la Ciudad frente a San Francisco y las 4 escribanías de número, a condición de que se valoren, saquen a pregón, se rematen en el mejor postor y se compren las diez casas del Colegio de la Purísima al derrame del Puente nuevo de Piedra» (Ibíd., 1994, p. 47). El 13 de mayo la comunidad de Verónicas compra seis casas en vez de las cinco iniciales, pagando por ellas 20.000 reales de vellón. El monasterio y la iglesia se realizaron entre el 19 de marzo de 1746 y el 9 de Noviembre de 1755. La iglesia presenta una sola nave con tres capillas claustradas a cada lado, articuladas por cuatro arcadas; tribunas y crucero a las que se accede por un lateral, coincidiendo la entrada con la segunda capilla de la izquierda. El nuevo edificio monacal constaba de cuatro plantas, estando estructurado alrededor

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de un claustro porticado con dieciséis arcos de medio punto, sostenidos por columnas y cuatro pilares en los vértices.(39) Los agitados avatares políticos que se fueron sucediendo a lo largo del siglo XIX (Guerra de la Independencia, Trienio Constitucional y Política Liberal) con las respectivas desamortizaciones, incidieron de forma negativa en la comunidad de Verónicas. Así, fue el único convento femenino incendiado en las revueltas de 1835; poco después se decreta su exclaustración y se trasladan al Real monasterio de Santa Clara. Una parte del convento se dedicó a espectáculos teatrales y circenses (Rosselló y Cano, 1975, p. 114), otra la ocupó D. Robustiano Delgado desde 1839.(40) Por Real Orden 10 de Abril de 1847 sería devuelto el edificio a la comunidad, volviendo las religiosas a sus propiedades. Una segunda desamortización en 1868 hizo pensar a las monjas que el convento podía ser demolido, así que deciden retirar algunos objetos de culto y decoración (Fuentes y Ponte Murcia, 1872, p. 431). La tranquilidad vuelve en el último cuarto de siglo y se extiende hasta bien entrada la nueva centuria, en concreto hasta la instauración de la II República en 1931, cuando se produce la quema de edificios religiosos. En 1936 estalla la Guerra Civil, las religiosas vuelven a abandonar el convento para refugiarse en casas de amigos y familiares. El edificio se convirtió en albergue para refugiados, la iglesia en almacén de chatarra y en el huerto se construyeron casas. Una vez finaliza la guerra las monjas vuelven y emprenden una serie de obras de mejora, la más importante y la última fue la reconstrucción total, precisamente de la zona que nos ocupa. En 1976, la comunidad se plantea el traslado a otro lugar más apartado, iniciándose las gestiones necesarias para la venta de las antiguas edificaciones y la construcción de un nuevo monasterio en las inmediaciones del Santuario de la Fuensanta, que inauguran el 20 de Julio de 1985. El espacio en el que se realiza la excavación de 1990-91, se corresponde con el que recogía la ampliación efectuada en el siglo XVIII (Fig. 10). Las nuevas dependencias se organizan alrededor de un doble patio por dos de sus lados, siendo una torre y la muralla los otros dos lados, accediéndose al solar a través del muro Sur, frente al convento de San Francisco. La obra se asentó sobre los muros perimetrales del anterior edificio público, utilizando también varios de sus pilares, por ello la división horizontal básica es en buena parte coincidente en ambos edificios, así como el recurso de apoyo en la muralla, que fue seccionada longitudinalmente, perforada transversalmente por cinco vanos que comunicaban las antiguas depen-

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dencias con los terrenos recientemente adquiridos, y recrecida por numerosos añadidos. Hemos podido comprobar que los pavimentos apenas sufren reformas, hasta el punto de que pensamos que en muchas estancias se conservaron los suelos del convento del siglo XVIII hasta la Guerra Civil (Fig. 11). Con el estudio del convento completamos los resultados correspondientes al análisis de los niveles de ocupación tras la conquista castellana en este tramo de las defensas medievales de Murcia. Queda pendiente, para completar la evolución estratigráfica de la excavación, el estudio de los momentos de fundación y desarrollo de las defensas en época islámica, y del que esperamos pueda ver pronto la luz.

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NOTAS (1) Esta información es recogida por el Diario La Verdad de Murcia con fecha 20 de septiembre de 1981. La evolución de los acontecimientos fue seguida por él por este periódico en diversas noticias: 30 de diciembre de 1984; 3 de enero de 1985; 8 de enero de 1985 y 4 de agosto de 1985. (2) Diario La Verdad de Murcia del 26 de marzo de 1986. (3) La excavación ha sido cofinanciada por el Ayuntamiento de Murcia y la Dirección General de Cultura de la Comunidad Autónoma. La dirección de los trabajos ha recaído en Francisco Muñoz López, Julio Navarro Palazón y en quien suscribe el presente. La planimetría de campo correspondió a Elvira Navarro Santa Cruz y José Antonio Egea Sandoval. Los originales de las láminas presentadas se encuentran depositadas en el archivo fotográfico del Servicio Municipal de Arqueología. A lo largo de los últimos años han visto la luz una serie de trabajos sobre diversos aspectos de la excavación que abordamos: Martínez López J.A., (1991): «La muralla de Murcia: el ejemplo de Verónicas», en Diario La Opinión de Murcia, Revista Dominical, Diciembre. Murcia. Martínez López J. A. y Muñoz López F., (1994): « Evolución de un espacio urbano tras la conquista Castellana: La muralla medieval de Murcia en el antiguo convento de Verónicas «, en IV Congreso de Arqueología Medieval Española, p. 167-175. Alicante. López Martínez F. J. y Martínez López J. A.,(e.p.): « La muralla islámica de Murcia. Una construcción de tapial: El tramo de Verónicas.» en VIII Encuentro Internacional de Trabajo. Navapalos. 1992. (4) Torres Fontes J. 1963, , doc. XIV, p. 24, y doc. XXXI, p. 45. Este último documento se fecha el 18 de mayo de 1267. (5) > Torres Fontes J. 1963, , doc. XVIII, p. 30. (6) > Torres Fontes J. 1963, , doc. LXXIV, pp. 94 - 95. Al confirmar Sancho IV a Murcia sus privilegios señala que: . Torres Fontes J., 1977, , doc. XXXII, p. 26. (7) En un primer momento los Franciscanos se ubicaron en la zona Norte de la ciudad, en la Plaza de Santo Domingo y junto a la acequia mayor: > Torres Fontes J. 1969, , doc. CIV, p. 99. Con posterioridad, en 1290 Sancho IV concedió un solar en la zona meridional, > Torres Fontes J. 1977,

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

, doc. C, p. 92. Puesto que conocemos el lugar donde se edificó dicho convento, y aunque a lo largo del tiempo los límites de sus posesiones pudieron variar, la iglesia debió permanecer en el mismo lugar desde su fundación. Esta, se encontraba ubicada frente al solar que nos ocupa, por tanto tomando este punto como referencia, la puerta de la Arrexaca estaría ubicada, como máximo, en las proximidades del límite occidental del convento, y la puerta del Puente estaba situada a oriente. (8) La construcción de este puente pudo venir a sustituir a alguno de barcas que existían en época islámica >. Idrisi 1974: Geografía de España, en Textos Medievales, 37. Valencia. p. 185. (9) Frutos Baeza J., 1988 ed., p. 86. Estos edificios estaban en estrecha relación con los molinos harineros que se encontraban en las márgenes del rió. Su proximidad facilitaba el ahorro de tiempo en el transporte. (10) Martínez Carrillo Mª Ll, 1980, p. 92. Frutos Baeza J., 1988 ed., p. 85 - 88. Torres Fontes J., 1989, p. 158, nota 9. (11) Este documento se fecha el 17 de febrero de 1405. A. Cap. 1405. Sesión de 29- VIII-1405 (12) >. Act cap. 14o5- Sesión 29- VIII- 1405 fol.32. Este documento, que sepamos inédito, confirma la presencia de la Puerta del Puente, antigua Bab Alcántara, en este lugar antes de 1405. Se ha venido apuntando que con anterioridad a este momento nunca existió una puerta en este lugar. La confusión creada tiene su origen en que una vez rehecha los documentos pasan a denominarla como «Puerta nueva del Puente» y es esta definición la que ha hecho que diversos autores la interpreten como un acceso de nueva apertura. Es el caso del Plano Arqueológico de Murcia en el siglo XIII, publicado por Navarro Palazón en García Antón J. 1993, donde se ubica la Bab Alcántara y posterior Puerta del Puente al Oeste del lugar que siempre ocupó. (13) , Martínez Carrillo M. Ll., 1980, p. 93. (14) No obstante en otras zonas de la ciudad se mantuvieron exentas, e incluso en el siglo XVIII, las ordenanzas prohibían la extracción de tierra y ladrillos de las murallas de la ciudad, vid. Ordenanzas de Carlos II, 1981 ed, pp. 55 - 56. Los últimos resto visibles desaparecieron en el siglo XIX, bien por ocultación en otros edificios, bien por demolición. (15) En 1243, el Reino de Murcia pasaba a ser un territorio de gran importancia estratégica para Castilla, los monarcas estuvieron preocupados de mantener las defensas al día, . (16) Entre los acuerdos alcanzados en Alcaraz, se señalaba que los musulmanes entregarían los castillos y defensas de la ciudad a los castellanos; aquí podría estar la explicación a los niveles de vertido sobre los pavimentos islámicos, con materiales que se pueden fechar en el siglo XIII, y que ponen de manifiesto este abandono. Véase Ramírez Águila J. A., Robles Fernández A. y Martínez López J. A., (ep.): «Excava-

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ciones en la Muralla Islámica de Murcia: El Tramo de la Glorieta», en Memorias de Arqueología nº 5. Murcia. Esta evidencia arqueológica es confirmada por varias actas, de las que destacamos ésta por hacer referencia directa al solar que nos ocupa: «Junto a la puerta de la aduana Francisco Fernández había formado un estercolero que no se llevó a tierras de su propiedad a pesar de la orden concejil para que dejara expedita la circulación de la puerta y no atufara al convento de Franciscanos, cuyos frailes habían perdido su paciencia después de dos años, y estaban dispuestos a prenderle fuego». Acta Capitular 1407-1408, folio 7 rev. (9-7-1407), en Martínez Carrillo Mª Ll, 1980, p. 88. (17) Sobre el origen, evolución y abandono de la red de abastecimiento y saneamiento de la ciudad en época medieval: Ramírez Águila J. A y Martínez López J. A. (e.p.): «Agua y saneamiento urbano en Murcia (S. XI-XIII)», en XXXIII Congreso Nacional de Arqueología. Elche. 1995, y Ramírez Águila J. A y Martínez López J. A. (e.p.): «Hidráulica urbana de una madina agrícola Murcia, Siglos XI-XIII», en Coloquio Historia y Medio Físico. Almería. 1995. (18) > A. M. M., A. C. 2 de diciembre de 1567, en Riquelme Oliva P., 1984, p.28. (19) Parece ser que en 1420, tras una riada que destruyó parte de la Arrexaca, se decidió efectuar un muro de contención, Torres Fontes J., 1971, pág. 84. Una acta capitular fechada en 1477, se refiere a esa obra indicando que > Roselló V., y Cano G., 1975. pág. 61. En 1545 se produce una nueva riada que ocasiona graves daños en la ciudad por lo que se ve conveniente ampliar el malecón ya existente, ahora desde el Puente hasta la torre Caramaxul y desde el arrabal de San Juan hasta la Merced. Chacón Jiménez F., 1979, p. 43. (20) De esta opinión era Antonelli, a quien el Concejo encargó la redacción de un estudio sobre esta cuestión en el que se señalaban las mediadas a tomar para la realizar de las obras. Chacón Jiménez F., 1979, pp. 43-44. (21) El 9 de abril de 1272 Alfonso X situaba el Almudí en un antiguo granero musulmán de la Parroquia de San Lorenzo, que más tarde, el 19 de abril de 1278 fue donado a la Iglesia de Cartagena y se traslada junto a la Puerta del Puente, próximo a la Aduana. Como se ha indicado, las obras del Alcázar afectaron al Pósito y al Peso. El 20 de Marzo de 1397, por las deficiencias que presentaba el Pósito existente se planteaba la

INTERVENCIÓN EN LA MURALLA ISLÁMICA DE MURCIA: EL TRAMO DEL ANTIGUO CONVENTO DE VERÓNICAS. PRIMERA CAMPAÑA (1990-1991)

posibilidad de ubicar el almudí en la Plaza de San Julián : >. Carbonell Arroyo D., 1992, p. 20. Sobre el Almudí véase también Torres Fontes J., 1968. (22) > A. M. M. Act. Cap. 1480 fol. 112 v., en Marín García Mª A., 1987-88, p. 61. (23) En Junio de 1569 se efectúa la reparación de una serie de Puertas, entre ellas la de la Aduana, detallándose en el documento sus medidas: de alto 24 palmos y 18 de ancho ( alto 5,05 metros; ancho 3,78 metros). Chacón Jiménez F., 1979, p. 76. (24) No hemos de confundir estas casas de la Carretería con aquella Casa de los Carros ubicada en la zona Norte, junto a la Plaza del Mercado, de similares funciones, pero con una cronología diferente, esta última se fecha a lo largo del siglo XV. (25) Como vemos la antemuralla no fue reaprovechada como cimiento del nuevo edificio, lo que en principio hubiera parecido lógico, pero la inestabilidad del terreno formado por grandes capas de limo lo desaconsejaba, debido al diferente asentamiento que sufrirían los otros cimientos del edificio; esta situación la constatamos en la alteración de nivel que sufrió el pavimento que estaba rehundido. Se ha venido comprobando como los edificios que habían reutilizado las defensas como cimientos presentaban problemas de estabilidad. Igualmente el trazado zigzagueante del antemuro, obligó a construir ese nuevo muro salvándolo por su cara externa. (26) Pilares de similar factura los encontramos en el ala Norte del claustro de Santa Clara la Real. (27) Los materiales documentados en este nivel eran empleados en los preparados tanto para la impermeabilización de cubiertas como de pavimentos. Un acta fechada el 18 de Julio de 1440, señalan cómo debían de ser utilizados, en este caso para una techumbre: >. Torres Fontes J., 1968, p. 21. (28) El Convento reutilizó esta sólida estructura como muro de cierre, eliminando todo indicio de la entrada. (29) > Ordenanzas de Carlos II, 1981 ed., p.106. (30) «A los detenidos de noche no se les cambiará de aspecto ni se les despegará de sus vestidos, para que puedan comparecer ante el Zalmedina en la misma forma en que se les encontró, pues los de la patrulla

les suelen quitar los vestidos y desfigurarlos y aterrorizarlos; y si han de ser encarcelados, lo serán en una alhóndiga, donde quedarán, bajo la responsabilidad de los que en ella paren, hasta por la mañana». García Gómez E., y Levi-Provençal E., 1981, p. 73. (31) «La recaudación de las alhóndigas para comerciantes y forasteros no estará a cargo de una mujer, porque eso sería la fornicación misma». García Gómez E. y Levi-Provençál E., 1981, pág. 151. (32) > Serra Ruiz R., 1971, p. 331. (33) > Serra Ruiz R., 1971, p.333. (34) Un texto fechado en la segunda mitad del siglo XII recoge este dato: , Epalza M de. y Rubiera Mata, Mª J, 1986, p. 35. (35) > Act. Cap. 1403, fol. 95 (9-11-1403), en Martínez Carrillo Mª Ll, 1980, pp. 276-277. (36) Sobre el pavimento se localizó una capa de limo de inundación mezclado con escombro. (37) Sobre la Riada de San Calixto véase Merino Alvarez, 1915, p. 357. Chacón Jiménez señala que « (...) en las parroquias de San Miguel y San Andrés están las casas hundidas por causa de las distintas inundaciones; igual sucede con las casas que hay en la Plaza de la Carretería y San Agustín (...) «. 1979, p. 97. (38) Cartas Antiguas y Modernas. V-29 (272-280) Libro de Reales Provisiones Sig. 787. Serie 4ª. (39) De la iglesia y de una parte del convento, el locutorio y de la portería, tenemos una detallada descripción realizada por Fuentes y Ponte J. 1882, pp. 115-126. (40) A. H. M nº 1059. «Administrador de fincas urbanas de los conventos de religiosas 1842: Monjas de Verónicas: Edificio convento de Verónicas. Robustiano Delgado ocupa una parte de este edificio desde el 19 de Marzo de 1839, según disposición de la junta de enajenación 20 de Febrero del mismo, en la cantidad de 70 rs al mes».

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AVANCE SOBRE LA EXCAVACIÓN ARQUEOLÓGICA DE URGENCIA DE LA MURALLA ISLÁMICA DE LA CALLE DEL PILAR, N.º 9 DE MURCIA

Ana Pujante Martínez

MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

ENTREGADO: 1996

AVANCE SOBRE LA EXCAVACIÓN ARQUEOLÓGICA DE URGENCIA DE LA MURALLA ISLÁMICA DE LA CALLE DEL PILAR, N.º 9 DE MURCIA

ANA PUJANTE MARTÍNEZ

Palabras clave: Murcia, islámica, muralla, antemuralla. Resumen: Los restos arqueológicos descubiertos en la C/ del Pilar (Murcia), forman parte del complejo defensivo que protegía la ciudad en el s. XII: un tramo de antemuralla y dos lienzos de muralla entre los que se sitúan tres torreones.

Summary: The archeological remains discovered in the C/ del Pilar (Murcia), correspon to the defense complex wihch protected the town in the XIIth century: a stretch of the exterior wall and two streches of wall among which theree turrets are placed.

1. SITUACIÓN

atravesando a continuación el solar objeto de este estudio, hasta unir con el tramo Este - Oeste documentado en la excavación realizada por la Doctora Muñoz Amilibia, en el callejón de la Faz ( MUÑOZ AMILIBIA, 1987).

El solar está situado en el casco urbano de Murcia en el sector Suroeste de la antigua ciudad medieval. Las estructuras exhumadas forman parte del recinto amurallado que protegía la “madina” islámica del s. XII. La documentación escrita y las diversas intervenciones arqueológicas realizadas en las calles de Sagasta, Julián Calvo, (Capilla del Pilar), o en el callejón de la Faz, han proporcionado datos de gran interés para la reconstrucción del trazado y características del circuito fortificado del Suroeste de la ciudad, que ahora vienen a completarse con los resultados del estudio arqueológico efectuado en este solar. El circuito fortificado, en este sector de la ciudad, sigue una orientación general Norte - Sur, que se inicia en el entronque de la calle Santa Teresa - Sagasta, pasando a la derecha de la calle Sagasta, y continuando en la misma dirección de las calles Brujera y Julián Calvo (Capilla del Pilar);

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2. PLANIFICACIÓN DE LOS TRABAJOS ARQUEOLÓGICOS

La excavación arqueológica de urgencias del solar de la C/ Pilar nº. 9, se llevó a cabo en dos fases de actuación. La primera intervención arqueológica, se efectuó durante los meses de Octubre a Enero de 1991, mediante convenio Inem- C. A. R. M. Los objetivos se centraron en la documentación del trazado general de la doble cerca medieval, y en la obtención de una secuencia estratigráfica guía del solar. En esta fase, se excavó el 30% del solar, que tiene una planta irregular con una longitud de fondo de 32m por una anchura máxima de 9, 5m, realizándose una cuadrícula de 9,5m por 5m, además de pequeños sondeos en zonas puntuales.

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Plano de situación

La segunda fase de excavación se realizó en los meses de Mayo a Agosto , a cargo del Servicio Regional de Patrimonio y el propietario del inmueble (1). Los trabajos arqueológicos se llevaron a cabo mediante el sistema de excavación en extensión y registro de unidades estratigráficas. 3. DESCRIPCIÓN ARQUEOLÓGICA Y DISCUSIÓN

Teniendo en cuenta los datos de la documentación escrita y partiendo del análisis de los restos arqueológicos exhumados en el solar, hemos establecido unos resultados que esperamos matizar y puntualizar cronológicamente, cuando obtengamos los datos del estudio cerámico asociados a la secuencia estratigráfica. 3. A. LA MURALLA ISLÁMICA Y SU EVOLUCIÓN

La fase mas antigua documentada en la excavación, la constituyen los restos arqueológicos de fortificación que for-

man parte del recinto amurallado de la ciudad islámica del siglo XII. En primer lugar, vamos a describir las características generales de la fortificación pasando a continuación a discutir sus fases de construcción. Las estructuras de la doble cerca medieval, se hallan en los lados largos del perímetro del solar, ubicándose en el lado E, la muralla, y en el lado Oeste, la antemuralla. Ambas estructuras están reutilizadas como cimentación de las casas que delimitan el solar, de tal forma, que de la primera, sólo conocemos el paramento exterior y de la segunda, su cara interna. 3. A.1. LA MURALLA

Se han documentado dos lienzos de muralla inscritos entre tres torreones. La muralla atraviesa todo el solar siguiendo una orientación general N-S, su trazado no es totalmente rectilíneo, pues

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

limoso y va acompañada de fragmentos cerámicos bastante rodados que forman un conjunto de características homogéneas. La profundidad máxima excavada del relleno de la muralla es de 1,60m. El paramento interior no se ha documentado en el solar, no obstante el ancho total de la muralla en este tramo según las excavaciones del callejón de la Faz (MUÑOZ AMILIBIA, 1987:1173), es de 2,50m que corresponden a 5 codos. El alzado máximo documentado de la muralla es de 3,22m, está elevada con el sistema de encofrado típicamente musulmán, del que se conservan hasta tres cajones superpuestos en altura, pudiéndose advertir la posición de las hormas de las cajas de encofrado, por las hileras de mechinales u orificios de sujeción de las agujas que perforaban el muro y sujetaban las tablas. La distancia entre mechinales es de 11,10m de altura por 45 - 50 cm. de anchura. La cimentación está construida mediante zanja, la cual fue colmatada con mortero de cal en seco. En el tramo S, la cimentación a quedado totalmente exhumada, su profundidad máxima es de 2,20m. En el tramo N, la cimentación solo ha sido exhumada en la zona próxima al torreón II, la profundidad máxima que alcanza es de 2,40m aproximadamente. La separación entre el alzado y la cimentación queda claramente diferenciada por una rezarpa que sobresale de la cara externa del muro de 20 a 40 cm. 3. A.2. TORREONES Fig. 1. Vista general de planta del solar

se observa una ligera desviación a partir del torreón central. La muralla, según se ha documentado en las excavaciones arqueológicas realizadas en Murcia, está constituida por dos subestructuras diferenciadas, o muros paralelos, construidos mediante encofrado de argamasa de cal y piedra, en el interior un relleno de tierra compactada. Para el estudio de la muralla hemos diferenciado dos tramos, N y S. El primero, tiene una longitud de 12,50m. Del muro sólo hemos podido documentar el paramento externo que tiene un espesor máximo de 80 cm. el resto de la estructura se encuentra bajo la medianera E, por lo que desconocemos su espesor total. El segundo tramo de muralla, tiene una longitud de 10,50m. En él , se ha podido excavar el relleno interior de la muralla que está formado por tierra compactada dispuesta en tongadas de un grosor irregular de 6 a 10 cm., e intercaladas por finas capas de cal cada 70-80 cm. La tierra es de tipo

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TORREÓN Y. El torreón Y, se ubica en el fondo del solar. Se conserva parcialmente, ya que, se encuentra seccionado por el patio de la vivienda S, y empotrado en la vivienda E. El lado Sur mide 6m y sobresale de la cara exterior de la muralla 3m. No se ha podido documentar la longitud de su frente por lo que desconocemos si era cuadrado o rectangular. En el solar es la estructura que conserva mas alzado, elevándose hasta una cota de 4,40m sobre el punto 0. El interior, está formado por un relleno de tierra compactada, semejante al relleno de la muralla, que fue vaciado de antiguo, en sus cuerpos superiores. Parece que fue acondicionado como vivienda, por el recorte de sus muros y los restos de pavimento de ladrillo que se observan en su interior. El exterior, está formado por tres basamentos escalonados, cada uno de ellos dispuesto sobre una hilada de ladrillo. De arriba a abajo, el primer basamento sobresale del segundo 30 cm. y el segundo del tercero 50 cm. Al último

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basamento se adosan los restos de un pavimento de cal que tiene una inclinación descendente hacia la antemuralla. La cimentación, se inicia en el último basamento a partir del pavimento, alcanza una profundidad máxima de un 1,10m. Hay que destacar que el torreón, se ubica sobre los restos de otra estructura preexistente, construida de mortero de cal. Por otro lado, haya que decir que en la excavación del callejón de la Faz, se documentó parte de un torreón con las mismas características que el definido, también constituido por basamentos escalonados (MUÑOZ,1987:1173s). El torreón que menciona la doctora Muñoz, es el mismo que acabamos de describir, ya que, revisando los informes de los permisos de construcción colindantes al solar, facilitados por el Servicio de Patrimonio, encontramos una referencia del torreón que se encuentra actualmente en el límite de tres propiedades como de hecho ocurre. TORREÓN II. El torreón II está situado en el centro del solar. De su alzado se conservan dos cajones superpuestos de 1,10m de altura. Los mechinales horizontales distan entre sí, 40 cm. Tiene unas dimensiones de 2m de lado por 4m de frente. La cimentación tiene una profundidad de 2,20m. Tipológicamente corresponde con el tipo de torreón de pequeñas dimensiones o torreón-cubo. TORREÓN III. El torreón III, es de la misma tipología que el torreón II, está situado al N, en la entrada al solar. Solo se ha documentado su ángulo SO, ya que el resto se encuentra empotrado entre una vivienda y la calle del Pilar. La longitud conocida de su frente es de 3m y tiene 2m de lado. 3. A.3. LA ANTEMURALLA O BARBACANA

La antemuralla, constituye una segunda línea defensiva que se situa, salvando un espacio entre muros denominado liza, delante de la muralla. El trazado de ambos muros defensivos es paralelo y sigue una orientación general de N -S. En la antemuralla hemos diferenciado tres estructuras que se superponen en altura, que describimos a continuación, de abajo a arriba. ESTRUCTURA Y. La primera estructura y más antigua está constituida por los restos de un muro del que solo conocemos su cara interior y parte de su relleno interior de tierra. Está construida con tierra apisonada y revestido de cal mediante encofrado. El lienzo que se conserva constructivamente es bastante irre-

Fig. 2. Líneas de fortificación reutilizadas parcialmente en las construcciones actuales. A la izquierda muralla y torreones y a la derecha antemuralla. En el centro del solar se observa un muro que divide la liza en época cristiana.

gular, presenta la impronta de las tablas del encofrado que tienen, una anchura de 28 - 30 cm., y una longitud variable de 1,60m a 2m. No presenta muestras de mechinales y el acabado horizontal de los cajones es en cuña. Por el contrario a como ocurre con la muralla, esta estructura no ha podido ser totalmente exhumada, dado el elevado nivel freático que impidió continuar los trabajos de excavación, por lo que solo quedó documentada en el tramo S, hasta una cota de 4,40m bajo el punto 0. La estructura Y, en el tramo N, ha desaparecido parcialmente y de ella, solo queda parte del relleno de tierra. ESTRUCTURA II. Constituye un revestimiento de cal situado entre la estructura Y III, solo se aprecia en el tramo N, y tiene mal estado de conservación. La función de esta estructura parece ser la de paliar las irregularidades que presenta la unión de

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MEMORIAS DE ARQUEOLOGÍA

El tramo S, presenta una serie de saeteras que se abren en el antemuro. La saetera Y, está muy bien conservada, sus dimensiones en la cara interna del muro son de 1m por 1m pasando a reducirse al exterior hasta dejar una abertura de 30 cm. de luz. La antemuralla, en el tramo S, tiene una longitud de 12m y en ella se han documentado 4 saeteras que distan entre sí 2m. A ambos lados de cada una de las saeteras, se han registrado dos orificios circulares de 20 cm. de diámetro, atraviesan oblicuamente el espesor del muro, con una inclinación descendente. En otras excavaciones de muralla se han documentado orificios similares que se han interpretado como puntos de sujeción de una estructura o plataforma de madera levantada sobre las saeteras, para desde ella reforzar la acción defensiva de las mismas. Se trataría de un cadalso, baluarte de madera o balcón volado sobre el alto de la antemuralla, que proporcionaría una mayor visibilidad de los atacante y de sus posibles trabajos de zapa, y al mismo tiempo la posibilidad de utilizar piedras junto a todo tipo de armas arrojadizas (MUÑOZ AMILIBIA, 1976: 1172 s; TORRES BALBAS, 1953: 599). Otros autores, siguiendo los datos de la documentación medieval cristiana, interpretan estos orificios como lanceras (MARTÍNEZ, 1993: 187). 3. A.4. EL FOSO O CÁRCAVA Fig. 3. Detalle del torreón I con basamento escalonado y estructuras anteriores a su construcción parcialmente conservadas bajo su cimentación.

la estructura Y III, ya que, la cara interior de la estructura Y, no se ciñe totalmente a la III, sobresaliendo horizontalmente de 90 a 20 cm. hasta acabar en cuña. ESTRUCTURA III. El muro que constituye la antemuralla se encuentra en el lado O del solar, situado bajo el muro medianero del patio de las viviendas colindantes, del que sobresale un máximo de 80 cm. Según las mediciones realizadas en el interior de la saetera Y, el espesor total del muro es de 1,65m aproximadamente. El tramo N, se encuentra prácticamente arrasado, sin embargo el tramo S, conserva una altura de 2,55m, a partir de la estructura Y. Es una estructura maciza, construida con mortero de cal y piedras, y elevada con la técnica de encofrado. De su alzado se han documentado tres cajas superpuestas de una altura de 82 cm. cada una, y separadas por hileras de mechinales que distan entre sí, de 55 cm. a 65 cm.

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El foso no se ha documentado arqueológicamente en el solar sabemos por las fuentes escritas (ROSELLO, 1975: 36), que se acondicionó, pasando a constituir el val que posteriormente se llamaría de San Antolín. Las viviendas situadas al Oeste del solar, tienen una serie de patios que se ubican precisamente al exterior de la antemuralla en el lugar donde se localizaría el foso. 3. A.5. LA LIZA

La liza es el espacio comprendido entre la muralla y la antemuralla. Su anchura oscila entre 6m y 7,10m, reduciéndose a 3,60m frente a los torreones. El último nivel documentado, es el de cronología más antigua. Está formado por estratos de limos arcillosos de tierra anaranjada. En este nivel se han encontrado diversas estructuras inconexas. En primer lugar, la cimentación y parte del alzado de dos muros construidos con mortero de cal situados bajo el

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torreón Y. Los restos exhumados tienen una orientación general de N - S. La anchura de los muros es de 38 cm. y 48 cm., respectivamente, separados entre sí 80 cm., aunque relacionados por finas capas de cal y tierra, podrían considerarse como una única estructura, por su técnica constructiva similar a la de la muralla. Asociados a estos muros se han encontrado candiles de piquera de una cronología de los S. X y XI. En segundo lugar, se ha documentado una atarjea construida con piedras de arenisca escuadradas, cubierta con lajas, esta se encuentra próxima a la cimentación de la muralla (tramo S). En tercer lugar, los restos de un muro construido con cal y piedras, de orientación E - W, de 1m de espesor, situado bajo el tramo N de la antemuralla (estructura Y). Además de estas estructuras inconexas, se han documentado dos atarjeas que tienen relación física con ambas líneas defensivas, su misión era la de evacuar las aguas residuales extramuros de la ciudad. Atarjea Y. Está situada al Sur del solar, se inicia en la cimentación de la muralla, está construida de cal y piedras y tiene unas dimensiones de 40 cm. de altura por 24 cm. de ancho. Desde la muralla recorre la liza con una inclinación descendente de 97 cm. hasta la antemuralla. La abertura en la muralla es la mejor conservada, presenta restos de madera de las tablas que se emplearon en la construcción de la base y la impronta de las que formaron sus paredes laterales. Hay que destacar que la atarjea atraviesa la estructura Y, de la antemuralla, y para su instalación se observa que rompe esta estructura recortando el relleno de tierra, por lo que se ha de considerar que la atarjea se construyó posteriormente. Atarjea II, se situa en el sector Norte del solar. Está construida en la cimentación de la muralla y atraviesa la liza hasta introducirse por los niveles de tierra, que hemos considerado como parte de la estructura Y, sobre la que se apoyan los restos de la antemuralla. Tiene las mismas dimensiones que la atarjea Y, y una pendiente descendente a partir de la muralla de 50 cm. En la liza se han conservado parcialmente tres niveles de pavimentación: El pavimento mas antiguo es de cal y se adosa a la estructura II del antemuro. El siguiente pavimento, está formado por pequeñas piedras y en otras zonas solo se observa tierra compactada, tiene una inclinación descendente hacia el centro de la liza.

Fig. 4. Detalle de la muralla y de la atarjea sur para evacuación de aguas hacia el exterior de la madina.

El pavimento mas moderno que se constata en la liza está mal conservado, es de cal dispuesta en capas muy finas. Tienen pendiente descendente hacia el antemuro. Los tres niveles de pavimentación forman parte del conjunto fortificado, y por el momento es difícil adscribirles una cronología precisa sin haber realizado el inventario pormenorizado de los materiales cerámicos asociados al mismo. 3. A.6. DISCUSIÓN

Las estructuras de fortificación que se han documentado en el estudio arqueológico, presentan una problemática amplia respecto a su secuencia temporal que vamos a tratar de discutir a continuación. En primer lugar, la antemuralla (estructura III), presenta una alzado que se asienta sobre la estructura Y, ya preexistente, que obviamente utiliza como cimentación, ya que se

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Fig. 5. Detalle de la antemuralla, saeteras y atarjea sur.

instala cortando el relleno de tierra de la misma. No parece lógico, que esta estructura sea la cimentación original de la estructura III, por varias razones: En primer lugar, dado que la cara interna de ambas estructuras no sigue la misma orientación. En segundo lugar, porque la técnica empleada en su construcción, fundamentalmente a base de tierra, es poco consistente para considerarla como un proyecto constructivo original de un cimiento que ha de soportar el peso de una estructura como es la antemuralla (estructura III), que además de funcionar como muro defensivo contra el enemigo, sirve también de defensa de otro agente en potencia mas peligroso, el río. Por otro lado, hay que tener en cuenta que las atarjeas de evacuación de aguas hacia el exterior de la ciudad que parten de la cimentación de la muralla donde se encuentran perfectamente construidas, atraviesan la estructura Y, cortándola. Por ello pensamos, que la antemuralla, (estructura III), se asienta sobre los restos de una antigua barbacana ya preexistente. En la estructura III del antemuro, la separación de los mechinales da unas dimensiones constantes de 82 cm. de

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altura por 65 cm. de anchura, medidas que coinciden con las documentadas por Aragoneses en la puerta de Santa Eulalia (JORGE ARAGONESES, 1966), y con las del antemuro documentado en el solar contiguo, excavado por la doctora Muñoz (MUÑOZ AMILIBIA, 1985) que fecha por su tipología a partir de mediados del s. XII. En base a estos datos, podemos decir que la estructura III de la antemuralla, es una prolongación de la compleja puerta en recodo que se documentó en la antemuralla del solar contiguo. El problema que se planteó en el callejón de la Faz es que no pudo determinarse el vano de la puerta en la muralla y la doctora Muñoz, sugirió que la puerta que franqueaba la muralla se encontraba al otro lado de la torre (torreón Y ), donde desembocaría hacia la calle del Pilar, o sea en la parte Sur del solar objeto de este estudio. En este sentido, hay que resaltar que la antemuralla del sector Sur del solar conserva una sucesión de saeteras, que escasamente distan entre sí 2m, y que responde claramente a las necesidades de defender las inmediaciones de la puerta islámica que la doctora Muñoz identifica con la de Bab - Xecura.

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Fig. 6. Pavimentaciones correspondientes a los patios de las viviendas instaladas entre las antiguas líneas de fortificación islámicas.

Con respecto, a la muralla y las torres III y II, podemos decir que las medidas de las huellas del encofrado no coinciden con las de la antemuralla encontrándose los mechinales situados a una distancia vertical de 1,10m y a una distancia horizontal de 40 cm.. Esto al parecer ocurre en Murcia, en la mayoría de excavaciones de muralla, como se documentó en las excavaciones del Pasaje Zabalburu (BERNABÉ, 1993) o la calle Cánovas del Castillo (Manzano, 1993). El hecho de que no coincidan las medidas del encofrado en las dos líneas de fortificación constituidas por la muralla y la antemuralla, podría corresponder tanto a cuestiones cronológicas como técnicas. Respecto al Torreón Y, situado en el fondo del solar, ya hemos expuesto anteriormente que coincide con el mencionado por la doctora Muñoz (MUÑOZ AMILIBIA, 1987). La muralla precisamente donde se ubica el torreón cambia de sentido pasando de orientación N - S a O -E. Se distingue de los otros torreones documentados por su mayor tamaño, morfología y técnica constructiva. Un rasgo que nos parece interesante resaltar es, la escasez de su cimentación comparada con la de la muralla y los

torreones II y III, no va en consonancia con su posición en un ángulo del circuito amurallado, ni con el tamaño que se supone tenía. Por otro lado, hemos podido comprobar que parte del último basamento se adosa a la muralla, por lo que técnicamente, al menos, se construye después de esta, lo que no ocurre con los otros dos torreones quedando la muralla adosada a sus laterales. La presencia de restos de estructuras preexistentes bajo el torreón Y, pueden justificar su escasa cimentación, pero también se puede pensar que el torreón, cerrara el vano de acceso de la muralla, correspondiente a la puerta en recodo documentada en la antemuralla, que también se cegó posteriormente según consta arqueológicamente. El por qué se cierra esta puerta en un momento dado, quedando inutilizado el sistema defensivo, es una cuestión difícil de determinar. Relacionando los datos arqueológicos con las fuentes escritas se ha de considerar el documento de 1266, “Privilegio de Alfonso X”, en el que se disponía que los moros mudéjares de Murcia pasasen a habitar en la Arrixaca, haciendo, según dice textualmente: “muro allende de la cár-

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de las ciudades mas importantes del Al - Andalus, conocida según las descripciones literarias de los escritores árabes, por sus fuertes murallas. Si bien, el trazado y características de los restos exhumados de la fortificación no se limitan a un modelo urbanístico unitario sino en continua evolución en función tanto de las circunstancias históricas que lo acompañan como de los agentes naturales. 3. B. EL PROCESO DE AMORTIZACIÓN DE LA MURALLA

Fig. 7. Pavimentaciones correspondientes a los patios de las viviendas instaladas entre las antiguas líneas de fortificación islámicas.

cava, que es entre la Almedina e la Arrijaca” (TORRES FONTES, 1987). Por otro lado, la puerta islámica de Bab- Xecura, tradicionalmente se ha identificado por casi todos los autores (ROSELLO - CANO, 1975), con la puerta de Vidrieros situada en el cruce de la calle del Pilar y Julián Calvo. Resolló y Cano señalan que nadie hace notar la flagrante anomalía de llamarse del Segura en un momento en que el río se denominaba de otro modo y en todo caso solo justificaba el apelativo si describía el meandro occidental (ROSSELLÓ - CANO, 1975:34). En nuestra opinión el cierre de la puerta de Bab- Xecura y la apertura de la puerta de Vidrieros no tienen por que ir necesariamente ligados, pudiéndose relacionar, el cierre con el documento alfonsino dándose la apertura de Vidrieros con posterioridad y una vez superada la situación que llevaba a la incomunicación entre Arrixaca y ciudad. Es indiscutible que en el período de gobierno de Ibn Mardenix (1147 - 1172), Murcia habría de convertirse en una

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En los inicios de la dominación cristiana las murallas continuaron siendo efectivas, pasando progresivamente y una vez superada la inestabilidad política, sobre todo con la conquista granadina, a ir perdiendo paulatinamente su función defensiva. Este lento proceso se deja ver en las fuentes escritas, en las que se hacen continuas referencias sobre cesiones de tramos de muralla o habilitación de torreones, a particulares. El proceso de amortización de las defensas, en el solar objeto de este estudio presenta sus particularidades al constituir un espacio de uso público, entre las dos líneas defensivas. En él se instalan además, importantes arterias de comunicación como la puerta de Vidrieros que pu