Die Bedeutung der Universität Göttingen für die Geschichtsforschung am Ausgang des achtzehnten Jahrhunderts 8426902952, 8428505187, 8428803056, 8471291959, 8471511746

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Die Bedeutung der Universität Göttingen für die Geschichtsforschung am Ausgang des achtzehnten Jahrhunderts
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PLEGARIAS DE LA COMUNIDAD CASIANO FLORISTAN LUIS MALDONADO ARTURO PASCUAL

MARÜVA • ED. PAULINAS • P.P.C. REGINA • VERBO DIVINO

Imprimase PrDRO M ' Z w n /\ Pamplona, 3 de m a i / u ele 147^

PRESENTACIÓN 1. El contenido

(P\ 1975 by Casiano Flonstan - Luis Maldonado - Arturo Pascual ^ Ediciones MAROVA Vinato, 55, Madnd-10 Ediciones PAULI ÑAS, Protasio Gómez, 15 Madrid-27 PROPAGANDA POPULAR CATÓLICA Enrique Jardiel Poncela 4 Madnd-16. Edi torial REGINA Mallorca 93-95 Baicelona-]5 Editorial VEFBO DIVINO Estella, Navarra printeü ín Spa'.n Impreso en. Editorial Gráficas Torroba Vi'j'-franca del Bierzo 21-23 Polígono Industrial Cobo Calle), FUENIABRADA (Madrid) IX pósito legal M 8 301-1975 I S B N 84-269-0295-2 (Ediciones Marova) I S B N 84-285-0518-7 (Ediciones Paulinas) I S B . N 84-288-0305-6 (Propaganda Popular Católica i I S B N 84-7129-195-9 (Editorial Regina) I S . B N 84-7151-174-6 (Editorial Verbo Divino)

Este libro puede resultar desconcertante e insólito. Efectivamente, se trata de una publicación en cierto modo «sin precedentes», de algo realmente nuevo, peculiar y difícilmente clasificable o encasillable. Por eso es fundamental dejar bien claro en el prólogo cuáles son sus contenidos, objetivos y finalidades. Desearíamos desde el principio ser bien comprendidos y, desde estas primeras páginas, proveer al lector de una fácil carta de navegación, que le permita transitar por sus páginas sin mayores dificultades. El libro contiene una colección de plegarias eucarísticas; mejor dicho, la colección completa de plegarías eucarísticas correspondientes a todos los domingos y fiestas del año litúrgico en su triple ciclo A, B y C, (más algunas para ocasiones especiales). En total son 198 formularios los aquí publicados. Ahora bien, estas plegarias eucarísticas no son propiamente plegarias litúrgicas, en cuanto que han sido elaboradas y redactadas por autores particulares y no por la Jerarquía eclesiástica, que es la única hábil para tal menester. Desde el principio queremos recordar esta norma del derecho litúrgico actualmente en vigor. La creación de textos litúrgicos es de competencia exclusiva de la Santa Sede. Es una norma que los autores de este libro conocemos y acatamos. Por otro lado, los textos aquí editados no son tampoco unos textos devocionales, fruto de una piedad subjetiva, de una espiritualidad actualizada sí pero dirigida por cauces de expresión completamente libre o discrecional. Siguen la estructura de las oraciones eucarísticas litúrgicas, es decir, oficiales de la Iglesia. ¿Cómo definir entonces nuestros textos y cómo entenderlos? Diríamos que son una realidad intermedia entre la plegaria litúrgico-oficial y la devocional. Son prelitúrticos, por cuanto no han emanado de la Jerarquía y son postdevocionales por cuanto cumplen todos los requisitos de una plegaria eucarística litúrgica, excepto el jurídico. 7

2. La finalidad ¿Cuál es la finalidad que nos mueve al publicar estas plegarias tan peculiares? ¿Para qué sirven? Una primera finalidad es la pedagógica: proveer al lector de un material abundante que le ayude a una iniciación y un avance en la oración cristiana por antonomasia, a saber, la oración eucarística de acción de gracias y de alabanza. Para ello hemos tratado de recopilar un arsenal rico en elementos educacionales, formativos, tradicionales y nuevos, antiguos y modernos. La segunda finalidad, en el fondo igualmente pedagógica, apunta a un futuro más lejano y mediato. Consiste en ofrecer a la Iglesia en España unos posibles textos experimentales que, a modo de diseños o borradores, puedan ser recogidos oportunamente para ser probados y, así, preparar por sus pasos el momento difícil pero necesario en que ella reciba de Roma la responsabilidad de elaborar sus propios formularios. Esta es la razón por la que nuestras plegarias eucarísticas tienen la misma estructura que las oficiales destinadas a la celebración. Por eso preven todas ¡as partes necesarias, incluido, aunque sólo implícita y rejerencialmente, el relato de la institución (parte esta, como las más conectadas con ella, que no tiene razón dé ser en una reunión no eucarística-sacramental de simple oración). 3. El objetivo último Hemos hablado de razones pedagógicas. Pero desearíamos potenciar al máximo este adjetivo. La pedagogía de la oración cristiana es hoy más necesaria que nunca a causa de la crisis profunda que ésta atraviesa. Quizá la oración como método, como silencio, como concentración mental y técnica sicológica vuelve a ser actual. Pero como diálogo positivo, como contenido concreto resulta cada día más difícil a un buen número de creyentes. La causa de la crisis es doble y una a la vez. Reside en otras crisis anteriores y previas, la de la teología y ¡a del lenguaje religioso. Con nuestras plegarias hemos intentado, modestamente, avanzar unos concretos balbuceos de solución: por un lado, construyendo nuestros textos sobre el sustrato de una teología actualizada y, por otro lado, ensayando un nuevo tipo de lenguaje litúrgico, lie aquí ni más ni menos nuestra pretensión. Ambición no le falta: ojalá tampoco le falte éxito. 8

4. La teología subyacente Vayamos por partes. Digamos algo sobre el contenido teológico de nuestras plegarias eucarísticas. Al marcarnos el objetivo de revestir con nueva encarnadura teológica la osamenta de las viejas estructuras oracional-eucarísticas, no hacemos sino recoger ¡a antorcha de una tarea siempre nueva y siempre vieja, replanteada una y otra vez en cada época, a saber: que la «lex credendi» sea realmente la «lex orandi». La norma de la oración es ¡a fe. Ahora bien, por cuanto la fe es, debe ser reinterpretada y reactualizada en cada momento histórico, de ahí que la plegaria en su contenido más medular deba ser también reelaborada, acendrada de nuevo. ¿Cuál es la teología que, como cimiento doctrinal, subyace a nuestros textos? Evidentemente la actual. Pero eso no es decir demasiado. La teología actual es plural. Además, etiquetar una teología es peligroso ... Ciertamente se encontrarán aquí numerosas connotaciones de una teología secular, política o de ¡a liberación. Pero si se mira atentamente también se descubrirán ingredientes de procedencia más lejana, por ejemplo, de la teología patrística-oriental, de la teología espiritual (v.g. de los .clásicos españoles). Hemos procurado recoger todo lo que hoy puede tener vigencia. Más que hablar en abstracto y con etiquetas generalizadoras, preferimos señalar algunas de las líneas maestras de nuestra nervadura teológica. Se podrían enumerar las siguientes: superación tanto de dualismo como de separaciones disociadoras entre lo profano y lo sagrado: conciencia fuerte de la realidad de la Encarnación; recuperación de la escatológica como porvenir de esperanza, pero también de influencia dinámica en el presente; Cristología no sólo de los atributos gloriosos de Jesús sino de su «kénosis» y su dimensión inductiva; revalorización de la realidad trinitaria con la presencia explícita del Padre y el Espíritu; mantenimiento de la dialéctica entre la consideración ética (compromiso cristiano de vida) y estética (la fe como fiesta anticipada respecto de las ultimidades). Como se ve nuestra intención es que el basamento doctrinal tío sea simplemente la plasmación de una moda, aunque sí el exponente de una actualidad (de lo contrario no representaría una hermenéutica real de la fe). Y por supuesto no buscamos el que los textos queden revestidos de una validez de perennidad. Ese es un empeño tan imposible como abocado al fracaso. En fin, creemos haber soslayado otro error. No hemos domes9

ticado la «cruz» de lo horizontal y lo vertical diluyéndola en un círculo perfecto de armonía ilusoria o reduccionista.

5. La palabra bíblica

Por encima y por debajo de todas las posibles teologías, queremos destacar que estas plegarias eucarísticas deben su contenido a la palabra de Dios y, más en particular, a las tres lecturas de cada domingo o fiesta. Basta con que el lector eche una rápida ojeada comparativa y se convencerá en seguida de que los grandes temas de esas lecturas e incluso algunos pasajes, a modo de citas implícitas, están recogidos en las oraciones. Se busca la unidad armónica entre la escucha de la palabra y la respuesta oracional; aunque rehuyendo el «monotematismo», es decir, la reducción monótona y monocolor de los diversos posibles temas de la lectura a uno único. La prueba está en el índice sistemático colocado al final del libro; índice que desborda con mucho la lista de temas que ponemos encabezando cada plegaria, a título meramente indicativo. Esto sí nos ha parecido conveniente, a saber, al hacer que predomine discretamente un determinado motivo central, para dar unidad y coherencia al conjunto. La mayoría de las veces es el Evangelio el que ofrece la tónica dominante. Pero se ha procurado seguir esta orientación con gran flexibilidad, para que la oración no pueda parecer el desarrollo de una tesis ni la exposición de una lección magistral.

6. El lenguaje

También hemos optado expresamente por un pluralismo de lenguaje para permitir que en estos textos se encuentren expresadas diversas personas o comunidades con contextos culturales diferentes. Sin embargo, hay algunas características predominantes. La forma de los textos refleja un modo de hablar realista pero no trivial. Es el modo común, no vulgar, del hablar de las gentes de hoy. junto a esto se ha buscado conservar la peculiaridad de la expresión religiosa y cristiana. ¿Cómo? Por un lado, dejando resonar una cierta evocación de lo misterioso, abriendo resquicios en el discurso, es decir, sembrándolo de connotaciones, 10

alusiones, referencias que de algún modo hacen quede rebasada o rota la trayectoria fluida de lo común. Para ello es imprescindible impregnar el estilo de un cierto aliento poético, de una discreta pero real vibración lírica. Hay que investirlo en símbolos e imágenes... Todo lo cual queda muy facilitado por nuestra dependencia directa de los textos bíblicos. Ellos están revestidos de todas esas características. Además ofrecen las claves necesarias para darle el último toque a la especificidad cristiana, a saber, los términos, vocablos y nombres de la revelación. Es algo que expresamente hemos querido recoger y mantener. De ahí que los formularios tengan una inconfundible coloración bíblica. Luego, la interpretación que va haciendo el discurso, dentro de una voluntad hermenéutica sí pero no reduccionista, soslaya el peligro de incurrir en un lenguaje mitológico de sabor mitologizante. En fin, se notará que, en este ámbito de la forma externa, se ha dedicado una cierta atención a la sonoridad y musicalidad del período (teniendo en cuenta una eventual recitación en voz alta). A veces hay un ritmo de fluidez, más solemne o reposado; otras veces el ritmo es sincopado, propio de un estilo más directo. Algunos formularios discurren por frases amplias, de construcción más compleja, que deben ser bien estudiados y articulados según la puntuación ortográfica para no perderse en la atención, el sentido o la misma respiración. Otros se componen de frases más breves, según un es'uo más cortado y cortante. En fin, en ciertas ocasiones predomina la serenidad sobria y el equilibrio austero del tono didáctico. Creemos buena la alternancia y variedad de modos en el decir o en el recitar. 7. La estructura interna

Sobre la forma interna, es decir, sobre la estructura formal de nuestras plegarias eucarísticas debemos hacer un par de acotaciones. Pensando en la futura reforma litúrgica aún pendiente, a saber, la de una creación de textos eucarísticos a partir de ¡as iglesias locales, hemos hecho una encuesta de los trabajos actualmente en curso por toda Europa, muchos de ellos llevados a cabo por inspiración de la Santa Sede. Efectivamente, en diversos países europeos se han creado, por las Conferencias episcopales respectivas, comisiones especiales, unas oficiales y otras oficiosas. Su objetivo es precisamente éste: estudiar los elementos fundamentales de los que se compone la estructura de ¡a plegaría 11

eucarística según la tradición cristiana. Estos elementos son los que se deben respetar en toda reforma futura por diversificada que sea. Las comisiones litúrgicas de los Episcopados de habla alemana han creado un comité internacional de trabajo, que ha llegado a unas conclusiones. Tales conclusiones no descubren nada nuevo a un ¡iturgista medianamente sabedor de su materia. Pero sí poseen una claridad pedagógica de ordenamiento y exposición. Por eso las reproducimos aquí, amén de que las hemos tenido en cuenta como patrón de nuestros textos. Y por la indudable autoridad que poseen. (El texto original puede verse en «Liturgisches Jahrbuch» 1, 1973, 3-21. La redacción es del Secretario de la Comisión episcopal de Liturgia de los Obispos de la República Federal Alemana, H. Rennings). A. Estructura fundamental de la oración eucarística. 1. Oración al Padre de Jesucristo. 2. Oración ministerial del sacerdote con participación de la comunidad. 3. Oración unitaria desde el punto de vista de la redacción o composición. B. Articulación concreta de la estructura fundamental. 2. Memorial de alabanza y agradecimiento. 2. Súplica. 3. Expresión de la comunidad eclesial. C. Elementos de la articulación estructural. J. Elementos que siempre deben estar contenidos en toda oración eucarística. 1. Expresión desarrollada y motivada de una acción de gracias. 2. Palabras de la Institución de la Eucaristía o relato institucional. 3. Anamnesis. 4. Ofrecimiento. 5. Epiclesis. 11. Elementos que aparecen con frecuencia pero no siempre. Pueden faltar. 1. El «Sanctus». 2. Mención de la comunidad de los Santos. 3. Intercesiones. 12

Conviene añadir una ampliación del punto CU, a saber sobre ¡a expresión desarrollada y motivada de la acción de gracias. ¿Cómo hemos concebido y realizado esa primera parte tan importante de la oración eucarística? También aquí hemos recogido ciertos valores trat nítidos por la tradición. En las creaciones más venerablemente tradicionale la acción de gracias comprende cuatro grandes fases o partes según los cuatro motivos centrales que tiene el cristiano para agradecer y alabar a Dios. Primero, todo ¡o referente a la creació segundo, el comienzo y el primer desarrollo de la historia salvadora-liberadora (Antiguo Testamento); tercero, la plenitud iniciada en Cristo (Nuevo Testamento); cuarto, el tiempo de la Iglesia (la vida de los mártires y santos cristianos... sin excluir antes incluyendo la actualidad). Naturalmente que no siempre es necesario seguir explícitamente las cuatro etapas ni, sobre todo, recorrerlas en la dirección cronológica de la más antigua a la más actual. Resultaría muy monótono y más propio de una clase el empezar siempre «ab ovo» ... Nos ha parecido mejor guardar una libertad de movimientos de acuerdo con el ritmo interno de cada composición; pero manteniendo siempre que era posible la cuádruple perspectiva. Si se piensa que estas partes no son sólo etapas o fases diacrónicas sino también dimensiones coexistentes sincrónicamente (la creación perdura hoy así como el Antiguo y el Nuevo Testamento), se llegará a la conclusión de que aquí tenemos los cuatro puntos cardinales de la oración cristiana. 8. La espiritualidad

No desearíamos que el lector se perdiera en cuestiones «estructurales» y se desapercibiera de lo que podríamos llamar la espiritualidad de una oración eucarística. Creemos que este talante de disponibilidad hacia la acción de gracias es uno de los más necesarios y más ausentes en nuestra sociedad consumista-utilitaria. Estas oraciones son una buena escuela para suscitar actitudes de gratuidad, desinterés, es decir, actitudes auténticamente búdicas y festivas. También para meditar sobre la vida, contemplarla en profundidad y descubrir en ella lo que suele quedar preterido. Abren paso a dimensiones de lo real ordinariamente ocultas y así permiten un nuevo despegue hacia un renovado sentido contemplativo. Ya desde ¡os tiempos de Israel, la acción de gracias va incluida en otra actitud y en otra acción personal más profunda, más depurada: la alabanza. Entre el alabar y el dar gracias existe una 13

distinción. La persona que alaba a alguien prescinde de sí, como que aporta su mirada de sí para mirar hacia otra dirección, a saber, hacía el objeto de su alabanza. En la acción de gracias expresa «su» agradecimiento; parte más de sí misma y se queda más en sí misma. A la naturaleza específica del alabar pertenece la libertad, la espontaneidad. El dar gracias es más bien una obligación; incluso puede tener un matiz contractual. Es algo «obligado». En un caso se usa el giro: te agradezco. En el otro se orienta la comunicación personal por derroteros y giros más libres, más despejados como: tú eres grande, único, santo... He aquí el enfoque típicamente doxológico. Tener capacidad de alabar es tener capacidad de admirar, de maravillarse, de contemplar, de adorar, de olvidarse de sí, de salir del repliegue antropocéntrico en que puede quedar prendida la acción de gracias formal; capacidad, en fin, de reposarse no sólo en la consideración de los «beneficia Dei» sino en los «mirabilia Dei». Como todas las reaalidades y actitudes fundamentales, por ejemplo el amor, la alabanza es mu difícil de definir. Su principio es una estima sin límites por la grandeza de Dios, por su misterio...; estima amorosa que se expresa mediante la palabra y, mejor aún, mediante el canto. Pero no se trata en ella de una constatación objetiva y fría sino de un reconocimiento lleno de entusiasmo y lirismo. Dios no es simplemente una verdad que se impone a nuestra razón. Es el «solo bueno» (Me 10,18), que atrae nuestro aprecio. Y es también el Hermoso, la Hermosura o Belleza que tiene derecho a nuestra admiración total. La teología occidental habla poco de la Belleza de Dios. Lo contrario sucede en la oriental. El atributo predicado de Dios en la Biblia, a saber, «tob» y «kalos» (según los textos hebreo y griego) es traducido ya desde san Jerónimo de modo reduccionista. No significa simplemente bueno sino también bello. Recuérdese el caso del «pastor bonus» del evangelio de Juan cap. 10. Una acción de gracias que no culmina en la alabanza autentica responde a un sentimiento de miedo ante la Divinidad. Ahora bien, el miedo es uno de los estadios de la conciencia religiosa, pero no el de madurez o plenitud. Desde el punto de vista de la fenomenología se pueden distinguir tres estadios de la conciencia religiosa: el pasmo, el miedo y la admiración. El pasmo resulta de la experiencia de lo insólito interpretado como mensaje de alteridad. Si esta alteridad es considerada como potencia intrusa, amenazante, surge el miedo. Pero si es percibida predominantemente como poder providente, salvador, y es reconocida en su alteridad,

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es decir, si no se le quiere forrar ni violentar en su libertad personal, el pasmo se convierte en admiración y en confianza. De ahí brota espontáneamente el homenaje, el elogio, la alabanza. Es un proceso que exige un cierto grado de madurez. El reconocimiento del otro en cuanto otro implica una toma de conciencia de lo que es ser otro y, por tanto, ser yo; es decir, presupone una toma de conciencia de la posibilidad de autonomía, de libertad, que se concreta en la deposición de todo afán de dominio del otro —respeto de su libertad— y de todo complejo de dependencia; dicho positivamente implica la superación del miedo a ser uno mismo y la audacia o valor para ejercer la propia libertad. Por estos caminos se va depurando la imagen de Dios como Dios gratuito pero no superfluo. De ahí la estrecha relación que existe entre la fe realmente cristiana y la oración también específicamente cristiana, la oración eucarística. Señalemos por último un dato fundamental. La admiración y el gozo, característicos de la plegaria eucarística, no son meros sentimientos subjetivos. Nacen de una realidad con la que ha contado siempre la tradición bíblica, a saber, la proclamación de las maravillas realizadas por Dios en su historia santa. Podemos decir que la oración eucarística es una proclamación y un memorial. Ya lo hemos insinuado antes al hablar de la estructura. Toda la primera parte de nuestra estructura oracional (llamada también prefacio) y la parte que sigue inmediatamente a la narración de la Cena no hacen sino evocar la «historia salutis». Por eso se las denomina también con el nombre griego de «anamnesis» o memorial. La plegaria eucarística es un hacer memoria de hechos significativos desde el punto de vista humano-cristiano y un proclamar esa «rememoración» en forma solemne, es decir, en forma de «memorial». Ahora bien, es esencial que el anuncio de la «historia salutis» no dé la impresión de una evocación fabulatoria o mítica ni parezca una simple mirada retrospectiva al pasado. Su contenido central es, debe ser la historia redentora-liberadóra, una historia «patética», una «memoria passionis», que se articula dentro de la historia pública del sufrimiento. Es la rememoración de la pasión de Jesús y de la de toda la humanidad doliente, oprimida, incorporada a El como a su cabeza y hermano mayor (Cristo como segundo Adán). Es la memoria pública del sufrimiento humano. Recordando a Jesús, hacemos presente a todos los olvidados, fracasados, eliminados y vencidos de la historia; esa historia escrita casi siempre por los vencedores. Así, para éstos, la oración eucarística es una memoria turbadora e inquietante. Pero para aquéllos es un inicio de rehabilitación. Y, unida a la memoria 15

de la resurrección, ofrece un fundamento firme a la esperanza de un futuro de liberación plena y total.

9. ¿Cambio o repetición? Una última apostilla nos parece conveniente antes de terminar nuestra presentación. Hay un cabo suelto en todo lo anterior que no quisiéramos quedara en el aire. ¿Conviene variar frecuentemente los formularios oracionales? He aquí una cuestión que se empieza a plantear ahora por primera vez. Hasta hace poco, en el ámbito de la liturgia, imperaba la ley de la repetición (siempre los mismos formularios). Luego ha surgido la «contestación», a veces con caracteres más bien anárquicos (siempre un texto nuevo y de propia creación, cuando no de propia improvisación). Ambas experiencias, muy cercanas en el tiempo, parece que resultan poco gratificantes. Ni satisface la monotonía de una repetición incambiada ni el cambio permanente que se convierte en una nueva monotonía. ¿Qué hacer? ¿Hacia dónde se debe caminar ? Dada la novedad de la pregunta y, sobe todo, de la situación, no es fácil dar una respuesta. Pero la tradición, por un lado, y las ciencias humanas, por otro, pueden ofrecernos alguna pauta orientadora. Es sabido que la historia de la liturgia ha conocido diversas respuestas al problema. O ha cambiado todo el formulario en las grandes fiestas o ha cambiado sólo una parte (v.g. el prefacio) e incluso nada más que un fragmento o pasaje de dos, tres líneas (el llamado embolismo festivo), colocado bien antes de la consagración, bien después, bien antes y después. Una cosa es cierta. La creatividad litúrgica, de la que hoy se experimenta una necesidad urgente, no es nada nuevo en el ámbito de las iglesias locales. Precisamente la antigua Liturgia Española (la llamada Liturgia Mozárabe, creada en los ss. V-VUI), vigente hasta la obligada unificación de la «reforma gregoriana» (s. XI), con sus formularios eucarísticos propios y distintos para cada fiesta, nos ofrece un modelo muy valioso de creatividad litúrgica y de la necesaria adaptación de la plegaria al «genio» de un pueblo, a la manera como ese pueblo vive y expresa su fe históricamente. También la sicología habla de la conveniencia, más, de la necesidad de la repetición. El cambio sólo tiene valor de ciertas constantes y no sólo estructurales. Es la única manera de ahondar 16

en un texto y en su resonancia subjetiva, es decir, en la propia experiencia personal. Sólo la repetición permanente permite conectar con vivencias pasadas, reasumirlas, inteqrarlas y, de ese modo, ir forjando una identidad en expansión, tanto individual como grupal. De ahí la vigencia del Padre Nuestro siempre repetido y nunca gastado; de ahí el gusto con que volvemos a un mismo salmo o, si se prefiere otro plano, la necesidad que sentimos de retornar a una canción, a un poema entrañable. Queremos decir que no propugnamos una movilidad a ultranza en el cambio de textos oracionales sobre todo si se trata de un ritmo diario. El que cada domingo vaya provisto en nuestro libro de un texto distinto de los demás significa, ante todo, el deseo de ofrecer material abundante a esa pedagogía pretendida en nuestra obra y a ese trabajo de acopio de materiales para una posible futura reforma. De todos modos se notará que aquello que más cambia en nuestros formularios es la parte primera. La parte segunda, es decir, la posterior al recuerdo de la Cena, suele variar bastante poco (amén del «Sanctus» y el relato de la Institución —«consagración»— que, si bien aquí no son recogidos por las razones dichas al principio, pueden suponerse siempre idénticos, según la actual disciplina litúrgica). Por tanto, no andamos tan lejos de las pautas de la tradición y las ciencias humanas. En fin, no se debe olvidar que empezamos a encarar tiempos muy nuevos para la fe. Lo que va a suceder en el campo litúrgicooracional y lo que acabará conviniendo al pueblo cristiano es algo que ahora no se puede prever. Falta experiencia. Y la tradición no tiene todas las respuestas. Sólo cuando se hayan explorado diversas alternativas, posibilidades, etc. en un clima de libertad, respeto y sentido crítico, se podrá optar por soluciones acertadas. Para llegar hasta allí, esperamos que puedan ayudar trabajos como el presente. Esa es la ilusión que nos ha sostenido durante su ardua y penosa gestación. Madrid, septiembre de 1974 Los

AUTORES

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CICLO A

PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO - A Promesa

Gracias Señor Dios, Padre Nuestro, porque nos permites oír de nuevo el anuncio esperanzador de tus promesas Como Israel espero y no desfalleció en su marcha por el desierto confiando llegar u n día a la tierra prometida asi nosotros vamos marchando por los caminos del mundo pendientes de un m a ñ a n a liberador Los israelitas ponían todo su afán y toda su fe en alcanzar u n día la tierra prometida donde no hubiera mas desierto ni mas pobreza ni mas soledad Lo que sostenía su esperanza era tú Palabra que les hacia ver en el horizonte la colma soñada y verde del monte de Sion donde se iba a alzar la ciudad santa, el lugar de la morada estable y definitiva el sitio de la reunión de los hermanos de la reconciliación, la paz y la abundancia Tu promesa les mantuvo en pie generación tras generación, porque les garantizaba la consecución de la meta Esa meta se llamaba Jerusalen, la ciudad maravillosa y lejana donde iban a confluir todas las gentes, todos los pueblos a celebrar la fiesta interminable de la alianza universal Allí estaba el palacio esplendente de la justicia verdadera y el templo indestructible de tu presencia Como ellos cantamos nosotros también, llenos de nostalgia, en medio de nuestro caminar esperanzado y decimos con los angeles y los arcángeles SANTO Te bendecimos, Señor, porque vienes a nosotros, porque estas viniendo ya La ciudad santa de Jerusalen que diste a tu pueblo elegido, era solo una etapa de tu venida Era solo sombra y figura del cumplimiento de tu promesa

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Después de Jerusalen te has acercado mas a nosotros en esa morada y templo de tu gloria que es tu Hijo Jesucnsto. Lo mas grande y bello que simboliza una ciudad, la convivencia h u m a n a , numerosa y abundante la reunión pacifica de todos en torno a u n centro en torno a un espíritu un ideal y u n amor común eso es lo que significa, lo que es y realiza la persona de Jesús Jesucristo es el hombre en que habita tu Espíritu divino, espíritu de umon de convocatoria universal de peraon v reconciliación. Con su venida los hombres dieron u n paso decisivo hacia la meta de sus esperanzas y tus promesas Queremos agradecerte que nos lo enviaras como la garantía ultima y definitiva de que el cumplimiento de nuestros anhelos llegara u n día a ser realidad cumplida El recuerdo de su venida de su confianza en Ti, de su esperar contra toda esperanza cuando iba a morir y a asistir al hundimiento de sus planes, nos hace ser fieles al futuro de tu venida final Jesús, la víspera de su muerte reunido con sus discípulos para la cena Hacemos memoria Padre nuestro, de la vida y muerte de Jesús tu unigénito, de su sacrificio total en aras de tu causa y asi confiamos recibir un día la venida de tu gran liberación Entonces se consumara el juicio que tu Hijo empezó a sufrir en la cruz. En la cruz padeció por nosotros Lo que en nosotros debía ser destruido fue destruido en El Las consecuencias de nuestra injusticia y nuestra maldad las pago El en su propio cuerpo Otros, siguiendo sus huellas, han sido también victimas de la crueldad de los propios hermanos Que la sangre de tantos muertos inocentes, fecundada por el Espíritu de tu Hijo, haga llegar pronto tu Reino como un juicio liberador de todo mal, de toda ambigüedad y pecado, como perdón trasformador de cada hombre Que la noche pase pronto y pronto comience a clarear el brillo de la aurora que anuncia el nuevo día, el día glorioso, sin fin, de la victoria

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SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO Conversión

Te bendecimos, Padre, por Jesucristo, por quien todas las cosas fueron hechas desde el principio. Te bendecimos, Dios vivo y verdadero, por los profetas, antiguos y actuales, que nos interpelan continuamente a la conversión, es decir, a la justicia de tu Reino. Tu Hijo y Señor nuestro Jesucristo fue esperado por el pueblo, anunciado por los profetas, temido por los dirigentes, rechazado por los instalados. Se ha manifestado entre nosotros y se manifiesta cuando despertamos del sueño, de la rutina, del egoísmo, de la pereza y nos revestimos de nueva vida. Mientras esperamos su venida y la preparamos celebrando esta Eucaristía cantamos unidos a los ángeles y santos el himno de tu gloria: SANTO... Te bendecimos y te damos gracias, Padre, porque tu Palabra es eficaz a pesar de que nuestros oídos se cierran a su mensaje. Tu Hijo, Padre, sigue viviendo entre nosotros, proclamando un año de gracia y de verdad, precedido de Juan Bautista, profeta en tiempos de transición y de cambio, que nos invita a la conversión. Reconocemos que nos cuesta mucho aplicar el hacha a la raíz, cribar el trigo y la paja para discernir lo superficial de lo profundo, 22

lo gratuito de lo interesado, lo bondadoso de lo malvado. Te damos gracias, porque tu Hijo aceptó la muerte como un indigno. Nos acordamos de su acción de gracias, la víspera de su muerte, cuando se reunió con sus discípulos y amigos. En la cena... Te recordamos, Padre, y rememoramos la pasión de tu Hijo, su resurrección y su advenimiento final, pleno y glorioso. Lo recordamos, porque aumenta nuestra esperanza. Inspíranos hoy vías concretas de conversión en decisiones pequeñas y grandes, de cara a la Iglesia, representada en esta comunidad, de cara al mundo, en nuestra amistad con los amigos, en el amor conyugal o familiar, con los compañeros de estudio o de trabajo, con todos los hombres de buena fe que pretenden instaurar tu Reino. Despierta, Señor, la vigilancia de tu Iglesia, de nuestros Episcopados. Calma nuestras angustias y depresiones y danos alegría de vivir, esperanza en la fe, actitud profunda de conversión. A ti, Padre, juntamente con Jesucristo, vida del Reino, y con tu Espíritu de compromiso, todo honor y gloria por los siglos de los siglos. AMEN.

TERCER DOMINGO DE ADVIENTO - A Entrega

Te damos gracias, Padre, porque en el Adviento de este año, que termina según el calendario de los hombres y que empieza según la tradición cristiana, seguimos esperando. Te bendecimos, porque gracias a tu Espíritu deseamos someternos a la voz de tus profetas, para que en nuestros oídos resuene la Buena Nueva, el anuncio de la liberación. Nos cuesta compartir el pan, hospedar a los pobres, reconocernos hambrientos de luz, ser centinelas de tu aurora. Gracias, Padre, porque siempre que recurrimos a Ti nos dices: «Aquí estoy». Bendito seas por las palabras de los profetas que diste a los hombres, para que las comunicasen a los hermanos, a través de la esperanza de tu Reino y de la buena noticia de tu amor. Por esa palabra hecha carne en Jesucristo, cantamos todos juntos el himno de tu gloria: SANTO... Te bendecimos por Jesucristo, imagen tuya y semejanza nuestra. que tuvo un corazón lleno de dichas y de penas, de alegrías y de angustias. Te damos gracias, porque tu Hijo Jesucristo se unió en el Jordán al pequeño resto de los pobres y compartió con ellos la esperanza. Repartió con el pueblo su túnica; invitado por los ricos a su mesa 24

los interpeló con libertad y con amor; no extorsionó a nadie y aceptó la paga de nuestros pecados. Su bautismo de sangre y de Espíritu, en el agua de su costado, es nuestro bautismo de salvación. La víspera de su comunicación total y de su entrega, para que la muerte no tuviese ya los triunfos en la mano, para que la libertad no fuese meta inalcanzable, para que en una misma mesa se reuniesen los pobres de todos los tiempos, tomo el pan ... Ahora nosotros, Padre, recordamos aquel gesto del Señor, su pasión y glorificación, su advenimiento pleno al final de la historia. Por eso nos hemos congregado en torno a esta mesa y aceptamos, gozosos y llenos de miedo, aquel encargo, dispuestos a comunicarnos, a liberar a los hombres de la esclavitud que tejen los poderosos del dinero o de la política y a sobrepasar los obstáculos que se oponen a nuestra libertad: el miedo y ei orgullo. Acepta, Padre, nuestra buena voluntad como aceptaste el sacrificio de tu Hijo. Que podamos ser llamados por Ti hijos tuyos, porque comulgamos en tu amor; que seamos hermanos unos de otros, para que brille la luz en las tinieblas y la oscuridad se vuelva mediodía con la Buena Noticia del evangelio de Jesucristo. Por El. con El y en El, a Ti, Padre, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria pof los siglos de los siglos. AMEN.

CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO - A Expectación

Te bendecimos, Padre, y te damos gracias porque nos permites vivir la cercanía de la venida de tu Hijo. Adviento y Navidad son los tiempos santos para recordar ese advenimiento del Mesías, de tu Ungido, que empieza con el nacimiento de Jesús, pero que sólo terminará el día de su venida última y gloriosa. Gracias porque nos has enviado al Salvador, porque con su envío alientas en nosotros la esperanza; una esperanza de redención que ya nunca desaparecerá del mundo. Es la persona de Jesús, la historia de su vida y de su muerte la que hace Arme nuestra confianza expectante. No sólo desde el momento de su muerte y su resurección sino desde el instante de su concepción y nacimiento, El es nuestro Mesías, el Mesías de la humanidad, el que nos salva y nos libera. Gracias, Padre nuestro, porque en medio de nuestras luchas y nuestras crisis nos haces descubrir en tu unigénito Jesucristo, el hombre singular que nos inspira una fe firme en el logro último de nuestro destino colectivo e individual. Por eso cantamos gozosos y alegres el himno de los ángeles y los arcángeles, de los querubines y serafines, diciendo con todos ellos: SANTO... Ahora queremos contemplar al que viene en nombre tuyo y poner su vida ante nuestros ojos como el centro de nuestra reunión y nuestra plegaria. Jesús, tu Ungido, nuestro Mesías, es nuestro hermano, hombre como nosotros y, a la vez, tu Hijo, diferente de toda la huí/.anidad. Nacido de María, hijo de José, 26

procede de una vieja familia judía de raíces ancestrales, que se hunden en el pasado de un pueblo milenario. Jesús es el hombre que viene de lejos, en el que culminan largos siglos de anhelos y luchas. Pero su nacimiento virginal nos significa la vertiente más oculta y misteriosa de su persona, siempre sustraída a nuestra mirada inmediata. Jesús no tiene padre terreno, porque te tiene a Ti, Señor, como Padre único y directo. Por eso le llamamos Emanuel, Dios con nosotros; porque a través de su persona te has acercado más que nunca a la familia humana. Dios, Señor nuestro: Tú estás unido a Jesús como el Padre al hijo, de modo entrañable y radical. Cuando Cristo da su vida por los hombres, eres Tú quien en El te nos das y en El te entregas a nosotros, sellando con sangre de la propia estirpe la nueva alianza. En verdad, Jesús, la víspera de su pasión... Haciendo ahora memoria de tu Hijo, de su encarnación en la humanidad, de su muerte y resurrección, te ofrecemos su sacrificio y te pedimos el envío de su Espíritu sobre la Iglesia. Haz que la comunidad de los creyentes sea, como María, una señal, un signo de esperanza redentora para todos, la madre que está encinta y da a luz al Dios con nosotros. Que tu Iglesia sea la mediadora entre los hombres que te buscan y Tú que vienes a ellos en tu Hijo. Por Cristo...

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NATIVIDAD DEL SEÑOR (Noche) - A, B, C Nacimiento

Realmente es justo y necesario, nuestro deber y salvación, bendecirte, Señor, Padre Santo, por Jesucristo, al que has nombrado príncipe de la paz. Nacido de María, envuelto entre pañales y recostado en un pesebre, es el esperado de las naciones, la luz del mundo, el Mesías, el Señor. Se entregó por nosotros para rescatarnos de toda opresión con objeto de preparar un pueblo liberado dedicado a la transformación de la sociedad. Tú eres para nosotros un Padre y la humanidad es para ti un hijo porque tu primogénito se ha hecho nuestro hermano. Por lo cual, con la legión del ejército celestial, que anunció la Buena Nueva a los pastores, te alabamos diciendo: «Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que Dios ama», mientras cantamos el himno de tu gloria: SANTO... Te bendecimos. Padre, porque hoy ha brillado una luz sobre nosotros, porque nos ha nacido el Señor. Los cielos pregonan tu justicia y todos los pueblos cantan tu gloria. Te has revelado a nosotros, 28

y te has entregado al hombre, por tu Hijo, engendrado por el Espíritu Santo en el seno de la Virgen María, nacido de la estirpe de David y hecho carne. Ha venido para dilatar tu reino, con una paz sin límites, con una actitud de entrega sin medida, desde el pesebre a la cruz. El cual, la víspera de su pasión... Por tanto. Señor, celebrando en esta santa noche de Navidad el memorial de la encarnación, muerte y sepultura, resurrección y ascensión, te ofrecemos este sacrificio, que es el misterio del cordero de Dios, que da la paz a los hombres. Te pedimos que envíes el Espíritu Santo sobre nosotros, tus siervos, y sobre los dones presentados, a fin de quien coma de este pan y beba de esta copa reciba el perdón de sus pecados, alcance la vida plena y la esperanza de la resurrección. Por todas estas maravillas queremos bendecirte en medio de tu Iglesia, redimida por la sangre de Cristo, por el cual y en el cual se te debe toda alabanza con el Espíritu Santo ahora y siempre por los siglos de los siglos. AMEN.

NATIVIDAD DEL SEÑOR (Día) - A, B, C Encarnación

En este día tan señalado y memorable queremos, Padre, entonarte el cántico de nuestra acción de gracias. Lo hacemos con la confianza y libertad que nos proporciona el ser hijos tuyos gracias a la encarnación de tu unigénito, que se ha hecho hermano nuestro En el silencio de nuestros corazones hemos ido escuchando y acogiendo esas palabras que nos dirigías y que depositabas en el fondo de nuestra historia. Con estremecimiento emocionado percibíamos que alguien nos hablaba y nos enviaba un mensaje gozoso que venia de muy lejos de nuestras fronteras Cuando hemos descubierto el mundo de la naturaleza, el amanecer y el ocaso, las estrellas y el sol, los paisajes de la montaña, el mar y la llanura hemos sentido la palabra de iu bondad y tu belleza Cuando hemos encontrado a otros hombres, cuando hemos descubierto el amor en la familia, en la amistad, en el enamoramiento, cuando hemos recibido el don de los hijos, hemos barruntado que Tu te revelabas Por eso con los angeles de la Navidad cantamos también: SANTO Viviendo la experiencia de nuestra historia, de nuestras luchas sociales y de nuestras tensiones, hemos descubierto también tu revelación, la revelación del hombre que sufre y espera, que siente una fuerza superior al odio, la fuerza de un perdón, de un amor fraterno Todas estas experiencias son la Palabra santa del dialogo que Tu iniciaste desde el comienzo del mundo, cuando preparabas la Encarnación de tu Hijo, 30

que un día llegaría con el nacimiento de Jesús Desde entonces dejaste reflejada tu imagen en todos los corazones como el Padre refleja en su hijo su ppopia persona, porque le entega lo mas suyo, su vida y su sangre A través de Israel, tu pueblo elegido, seguiste este inefable dialogo que ha culminado en el nacimiento de Cristo. Gracias, Dios Señor nuestro, porque nos has dado lo más tuyo, enviandonos a tu Hijo Con su tenida ha resonado en el mundo la Palabra mas clara y luminosa, la mas diafana y trasparente. Ha florecido un nuevo camino a la esperanza, porque sus pies han marchado sobre nuestra tierra, anunciando con fuerza la venida inminente de tu Reino. Sobre el fondo de nuestro desconsuelo y servidumbre acogemos su profecía de mensajero de la paz Como El siguió confiando en Ti y en tu alianza en medio de su pasión y muerte, confiamos nosotros también y creemos en la alianza que has sellado para siempre con nosotros mediante la encarnación de tu Hijo La víspera de su pasión Hacemos memoria de la encarnación de tu Hijo, de su vida terrena, de su pasión y muerte, de su resurrección y ascensión a los cielos mientras te bendecimos y te alabamos a Ti, Padre. Te ofrecemos el sacrificio de Cristo, consumado en la cruz, al cual unimos el sacrificio de tu Iglesia y de todos los hombres de buena voluntad. Envíanos tu Espíritu, para que la sangre derramada en testimonio de la verdad y del amor se convierta en sello de alianza eterna, de compromiso y entrega a Ti y a los hermanos Que este admirable intercambio navideño de la divinidad que desciende y se da a la humanidad y la humanidad que acoge a la divinidad ascendiendo hacia ella llegue un día a su plenitud con la fiesta sin fin en la casa paterna. Por Cristo

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DOMINGO INFRAOCTAVA DE NAVIDAD LA SAGRADA FAMILIA - A Emancipación Gracias, Señor Dios nuestro, porque has querido ser nuestro Padre y nos has acompañado todos los días de nuestra vida con el calor de tu paternidad entrañable. Nosotros somos y hemos sido ese niño pequeño que Tú llamaste desde Egipto como hijo tuyo. Y al decir nosotros, pensamos también en otros hombres, en toda la humanidad, en tu pueblo elegido que la representaba Israel fue ese pequeño niño que Tú engendraste como hijo cuando lo sacaste de Egipto, donde había sido esclavizado. Egipto es en la historia del pueblo de Dios el símbolo de la servidumbre y del trabajo opresor, el símbolo de la sujeción represora, de la alienación forzada e impuesta. Tras innumerables lances y sufrimientos consiguieron los israelitas escapar de aquel horrible estado y alcanzar la emancipación de hombres libres. Esa historia de coraje y valor, de audacia y arrojo les hizo nacer como pueblo, les dio madurez y les hizo adultos. Así salieron de una infancia inconsciente y abandonaron el estado de niñez. Todo fue la gesta del pueblo elegido, pero todo fue también la obra de tu mano poderosa. Acompañando los pasos de aquel grupo humano todavía tierno, adolescente y sin hacer, estabas Tú con tu presencia paterna y providente, empeñada en emanciparlo de cualquier sombra de servidumbre. A su lado caminaste sin interferir su libertad, sin entrometerte en sus decisiones, sin coartar ni suplir nada de lo que ellos podían hacer; con un inmenso respeto, pero alentando, animando siempre, dando el calor, el soporte decisivo de una presencia fiel y amiga. Tú, Señor, eres un Dios libre, que quieres para tus hijos esa misma libertad que posees.

Por eso nos sentimos llenos de alegría y, transportados de gozo, te cantamos el himno de la alabanza, diciendo con los ángeles y arcángeles: SANTO... Cuando tu Hijo unigénito se hizo hombre, vivió también y repitió en su carne esa historia de servidumbre y emancipación. También El fue privado de su libertad y sometido a la peor de las represiones: la ejecución en la cruz. Descendió al sepulcro, prisionero de la muerte. Pero, gracias también a tu brazo poderoso, resucitó el tercer día naciendo a una vida nueva; inauguró su nuevo estado de glorificación como señor universal de todas las cosas. Antes de morir, nos dejó el sacramento eucarístico como memorial de esta historia de esclavitud vencida. La víspera de su pasión... Sintiéndonos ahora la nueva familia que nace bajo la cruz fecundada por la sangre de Cristo, hacemos memoria, Padre nuestro, de nuestro hermano mayor, que es tu Hijo unigénito. El nos ha precedido en la muerte y la resurrección, en el sacrificio redentor que te ofrecemos. Que nosotros sigamos sus pasos asidos a este memorial salvador. Que tu Iglesia pase de la infancia a la madurez, del sepulcro a la resurrección gloriosa, de la servidumbre a la libertad. Que nuestros obispos, presbíteros y diáconos sean signo eficaz de tu presencia paternal a nuestro lado. Que los padres, las madres de las nuevas generaciones sean un reflejo luminoso de tu paternidad. Que los hijos superen todo resentimiento hacia sus progenitores; sean ministros del perdón y la reconciliación frente a los abusos o errores de quienes los engendraron. Que pase este mundo de hostilidad y llegue pronto la humanidad nueva en que Tú seas todo en todo y todos seamos para todos hermanos verdaderos. Por Cristo... 3^

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SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS - A, B, C Año Nuevo

Te bendecimos, creador del universo, y te damos gracias por el nuevo año amanecido. Un tiempo viejo ha pasado y hoy estrenamos un tiempo nuevo. Sentimos el envejecimiento y deseamos todos la renovación. Tú eres «el que es, el que era, el que vendrá» y tu Hijo Jesús es «el mismo ayer, hoy y por la eternidad». Gracias porque Tú no envejeces, ni sufres las acometidas del tiempo, Ante Ti «un día es como mil años y mil años como un día». Nos alegra el año nuevo, porque se renueva la esperanza. Hoy deseamos regocijarnos en Ti. Te damos gracias, porque nos deparas un año de posibilidades, de proyectos, de deseos renovados. Constantemente queremos pasar de lo viejo a lo nuevo, de lo caduco a lo estable, de lo falso a lo veraz. Nuestra vida es una continua tensión entre el presente ya pasado y el futuro ya presente. Con todos los testigos de Belén damos hoy gloria y alabanza cantando el himno a tu santidad: SANTO... Te damos gracias hoy por aquel momento, año primero de la historia, en el que «se cumplió el tiempo» 34

y enviaste a tu Hijo, «nacido de una mujer«, para rescatar a quienes estaban en la opresión. Te damos gracias por los primeros testigos, los pastores de Belén, para quienes la noche se convirtió en aurora y el año viejo en nueva vida. Bendito seas por la virgen, mujer nueva, portadora del Salvador, «bendita entre las mujeres». Ella nos introdujo secretamente a Jesús y estuvo al pie de la cruz. Su hijo Jesús y Señor nuestro, antes de padecer... Al recordar el sacrificio, la muerte y resurrección de Jesús, esperamos, Padre, su retorno al final de los siglos, cuando aparezca un año nuevo sin envejecimientos, lágrimas y dolores. Envíanos en el año nuevo tu Espíritu renovador, el mismo Espíritu que a María cubrió con su sombra, el mismo Espíritu que desea recrear todas las cosas, inaugurando siempre un tiempo nuevo. Acuérdate de quienes en el pasado año vinieron a este mundo, de quienes pasaron al «siglo futuro», de quienes se comprometieron en tu nombre a quererse mutuamente sin condiciones. A Ti, dueño de los trabajos y de los días, por Jesucristo nacido en medio de la noche, con la iluminación de tu Espíritu, te sea dada toda alabanza en este año y por los años futuros. AMEN.

SEGUNDO DOMINGO DE NAVIDAD - A, B, C Sabiduría

Recibe hoy Señor nuestra alabanza, que como expresión de agradecimiento, queremos dirigirte desde el seno de nuestra comunidad Cuando meditamos sobre nuestra vida de hombres y de creyentes, cuando volvemos la mirada sobre nuestros pasos descubrimos tu presencia misteriosa junto a nosotros, siempre a nuestro lado siempre haciéndonos compañía Somos el nuevo pueblo de Dios que prosigue la larga interminable marcha a través de la historia. Como Israel vivimos la travesía de un desierto generación tras generación Entonces caminabas con el pueblo israelita durante el día en forma de nube y durante la noche en forma de luminaria Otras veces manifestabas tu cercanía bajo el símbolo del agua milagrosa brotando de la roca o del mana y del alimento Te hacías presente a través de Moisés, la Ley y los Profetas Todo esto eran signos de la eni arnacion admirable que preparabas para el día supremo del nacimiento de tu Hijo como hombre e hijo de hombres El es la sabiduría profunda y clara que brota como agua trasparente de lo mas hondo de tu divinidad, la sabiduría que admira el pueblo y recibe la alabanza de la muchedumbre Gracias Señor, porque has hecho habitar esa sabiduría tuya entre las tiendas de Jacob, en medio de nuestro campamento de pueblo en marcha Aquí esta su morada a nuestro lado Aquí has querido que acampe ella es decir, tu Hijo, que es la sabiduría eterna Aquí ha puesto El su tienda, a ¡a intemperie,

nómada entre los nómadas, trashumante entre los trashumantes expuesto a todos los riesgos del destino, como nosotros que no tenemos segundad ni estabilidad duraderas Por eso te alabamos y te bendecimos y junto con los angeles y arcángeles te cantamos el himno de tu gloria diciendo SANTO Tu HIJO, Padre querido es la Palabra que brota de tu seno, es la palabra hecha carne, que nosotros deseamos escuchar y acoger Tu nos lo has enviado como tu Palabra mas entrañable, como la Palabra definitiva de promesa y alianza como garantía y sello seguro del pacto que has establecido con los hombres, como prenda de que un día harás triunfar tu gloria sobre la tierra y te manifestaras luminoso, sin velos ni sombras, para regalarnos con el don de la eterna liberación Entre tanto son muchos los que rechazan tu Palabra Hoy, como entonces, ella viene a los suyos y los suyos no la reciben Prosigue la pasión de tu Hijo en todos aquellos que buscando la justicia del Reino, son perseguidos y crucificados como lo fue Jesús de Nazaret al fin de su vida terrena. Es lo que ahora recordamos y actualizamos al celebrar el memorial eucanstico Jesús, la víspera de su pasión Haciendo pues memoria de la pasión de tu Hijo, de su muerte y resurrección, te ofrecemos su sacrificio santo, para que venga a nosotros tu Espíritu y su Espíritu El Espíritu Santo es el que nos hace comprender su Palabra y nos llena de su sabiduría Que tu Iglesia sea santificada en la verdad Que todos los hombres descubran la sabiduría verdadera. Por Cristo

EPIFANÍA DEL SEÑOR-A, B, C Epifanía

Te damos gracias, Padre, por Jesucristo, por quien has hecho los cielos y la tierra, las estrellas del firmamento. la luna, los astros y planetas. Tú eres luz verdadera, sol que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. Difundes tu luz en el universo, en el corazón del hombre, en las alegrías y tristezas. Reconocemos que junto a los días hay noches, junto a la luz, sombras y junto a esperanzas, desesperaciones. Pero en lo más profundo de todos los seres te hallas Tú, nuestro Dios y nuestro Padre. Por eso, con los ángeles y santos, con los que han visto y ven tus señales, elevamos nuestro canto de alabanza diciendo todos juntos: SANTO... Tú, Padre, te muestras de una u otra forma a los que te buscan, porque quien te busca, te halla. Te mostraste a los profetas de Israel inaccesible y próximo, misterio y real, insondable y conocido. Especialmente te has mostrado en Jesús de Nazaret, hacia el que caminan los pueblos, aun sin saber'o, porque es aurora, luz del mundo, encarnada en el silencio de la noche.

Nos acordamos hoy que María y José te conocieron sin comprender, después de muchas idas y venidas, de búsquedas e incertidumbres, de sobresaltos y alegrías. Te buscaron y encontraron los pastores y los magos, porque dejaron sus egoísmos y se pusieron en camino, con los dones de sí mismos, siguiendo la ruta de la estrella. Nos acordamos que Jesús, para darnos a entender su voluntad y aquietar nuestras dudas y temores, nos partió el pan de tu sabiduría. El cual, la víspera de su pasión, como memorial de su amor hacia nosotros, tomó pan... Recordamos hoy la encarnación de tu Hijo, su sacrificio, muerte y resurrección y su ascensión a los cielos, morada permanente de todos los que buscan. Nuestra fe sigue siendo frágil y nuestros compromisos renqueantes. Pero así es como quieres que seamos tus testigos. Por eso, Señor, haz que no te confundamos con nuestras seminecesidades y nuestra falsa seguridad; haz que nuestra responsabilidad no paralice nuestra búsqueda; que nuestras convicciones no fiaqueen y que, escuchándonos mutuamente, en espíritu y en verdad, podamos hacer del dominio del mundo y del progreso de la humanidad la verdadera obra de tu Reino. A Ti, Padre, en el Espíritu, por Jesucristo, todo honor y gloria por los siglos de los siglos. AMEN.

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PRIMER DOMINGO DESPUÉS DE EPIFANÍA FIESTA DEL BAUTISMO DEL SEÑOR - A

y nos ofreció el banquete de tu amor. Estando sentado a la mesa ...

Misión Te damos gracias, Padre, porque con el aliento de tu Espíritu brota la vida de la naturaleza y de los hombres. Te agradecemos el agua de la lluvia, de las fuentes y de los ríos, porque apagan la sed, fecundan la tierra y limpian nuestros cuerpos. Te cantamos con el murmullo de las aguas en las cascadas y en las fuentes. Te cantamos con el ruido de las turbinas que convierten el agua embalsada en energía creadora. Te damos gracias, Padre, porque tu Hijo, el amado, el predilecto, descendió a las aguas del Jordán, se solidarizó con los pecadores, se unió al pequeñc resto de los pobres y compartió con ellos la esperanza de tu Reino. Por todo esto cantamos con tus ángeles y santos el himno de tu gloria: SANTO... Santo eres Señor, Padre nuestro, porque enviaste a tu Hijo, abriendo los cielos y entregando la plenitud de tu Espíritu, para reconciliar a los hombres. El ilumina a sus hermanos y los sirve, para que todos podamos vernos libres del mal. Para que la muerte no tuviese reinado absoluto sobre el mundo, para que la libertad no fuese una aspiración inalcanzable, para que se cumpliera toda justicia, se reunió en la última cena con los apóstoles 40

Nosotros ahora prolongamos aquel gesto del Señor bajo la acción de tu Espíritu y alabamos tu nombre. Por eso, Padre, nos hemos congregado aquí para aceptar la vocación que nos regalas y la misión que nos encomiendas. Sabemos que en torno nuestro hay ciegos, cautivos, cojos: hombres manipulados por la sociedad de consumo y por gobernantes que imponen la paz externa con toda clase de poderes coercitivos. Despeja, Padre, los nubarrones que amontonamos en nuestra vida y que nos impiden ver con ojos de fe y aceptar responsabilidades con esperanza cristiana. Haz resonar en nuestros oídos la voz de tu Hijo, para que podamos recordar que somos servidores e hijos amados. Que sepamos cumplir así todo lo que Dios quiere. Por Cristo, con El y en El a Ti, Padre, en la unidad del Espíritu Santo todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. AMEN.

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PRIMER DOMINGO DE CUARESMA Lucha

para que se conviertan en pan de vida y vino de salvación. Jesús, sabiendo que su carrera había terminado, y que iba a pasar de este mundo a Ti. su Padre, quiso quedarse como sustento de nuestro caminar. Sentado a la mesa con sus discípulos, tomó pan ...

Realmente es bueno y justo que te demos gracias, Señor, Dios, creador de todo ser viviente, por Jesucristo, tu Hijo, nuestro hermano. El ha llenado de sentido y esperanza nuestra lucha de cada día entre el bien y el mal. Experimentó en su propia carne la presencia del mal y la seducción de los bienes de este mundo. Al renunciar al triunfo fácil, a la abundancia y al poder, eligió el camino de la confianza en la palabra del Padre, de la adoración humilde, de la igualdad con los pobres de esta tierra. Bendito seas, Padre amoroso, porque con el ejemplo de tu Hijo nos concedes renovarnos cada año en la proximidad de las fiestas pascuales, hasta la Pascua definitiva de tu Reino. Unidos a Jesús glorificado y a todos los que han pasado ya de la muerte a la vida cantamos el himno de tu gloria, diciendo:

Al celebrar ahora el misterio amoroso de la Pascua de Jesús, te damos gracias, Padre, por su victoria sobre el espíritu del mal, por la irrupción del Espíritu Santo en nuestro mundo. Y mientras esperamos su retorno, confiamos en el triunfo de la vida sobre la muerte. En este tiempo de lucha y esperanza escucha, Señor, nuestra oración. Acuérdate de los que. confiados en tu palabra, no ponen su seguridad en la riqueza y el poder de este mundo; de todos los que guiados por su fe han optado por la difícil libertad del Evangelio. Renueva las opciones de las comunidades cristianas. Danos a los creyentes espíritu de conversión y de lucha, para que no caigamos en la tentación de la comodidad o de la huida, de los triunfos aparentes o de los sometimientos tranquilizadores. Acuérdate de los más débiles y de los más tentados. A los que ya han terminado la lucha de esta vida concédeles el reposo de tu paz eterna. Te lo pedimos por Jesucristo, nuestra fuerza y mediador. Por El, con El y en El a ti, Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.

SANTO ...

AMEN.

Santo y bueno eres, Señor, que en Jesucristo nos has devuelto la alegría de tu salvación. Los dones de tu creación, que los hombres convertimos en pecado con nuestras opciones egoístas, convirtió Jesús en gracia con su desprendimiento. Que tu Espíritu de amor y libertad santifique estos frutos de nuestra tierra, 42

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SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA Ponerse en camino

Te damos gracias, Padre, de todo corazón. En la asamblea de los creyentes dispersa por el mundo, peregrina, y reunida hoy en este lugar te alabamos y bendecimos, porque nos has llamado a la tierra prometida de tu remo. Nos has marcado con tu sello y nos has mandado caminar hasta encontrarte. Elegiste un pueblo en Abrahan, que, confiado en tu palabra, se puso en camino A través del desierto y en tierra extraña fuiste conduciendo a tu pueblo. Por medio de los profetas conservaste viva la esperanza de la salvación. Nos enviaste a tu Hijo amado, quien, después de anunciar su muerte a los discípulos, les mostró también el esplendor de su gloria para confortarlos en el camino que lleva a la resurrección. Con todos los santos del cielo y con todos los peregrinos de esta tierra proclamamos tus maravillas, diciendo. SANTO . Bendito seas, Dios de Abrahan y de Jesús, por la fe que nos anima, por la inquietud que has puesto en nuestros corazones. ]es,us, el Hijo predilecto, hijo del hombre, recorrió caminos de sembradores y pescadores apremiado por el anuncio de la Buena Nueva Decidido a cumplir tu voluntad al servicio de los hermanos, su camino de verdad y de vida 44

lo llevo hasta la cruz. Desde allí derramo sobre el mundo su Espíritu, Espíritu que ilumina y transforma como la luz de alta montaña. Que ese mismo Espíritu descienda sobre nosotros y convierta el pan y el vino en la presencia vivificante de tu Hijo El mismo, la noche antes de padecer Celebramos tu paso por la muerte, tu resurrección y ascensión al cielo, iVen, Señor Jesús' Haz que sintamos tu presencia inquietante. Despierta nuestra fe adormecida por tanta palabra hueca, nuestra esperanza, desfigurada por tanta segundad ofrecida; nuestro amor, confundido con tanta aparente buena intención lüh, Señor nuestro Dios' haz que de una vez nos pongamos en marcha como Jesús al bajar del monte, como Abrahan, para que lleguemos renovados y libres a las fiestas de la Pascua. Padre de bondad, acuérdate de tu Iglesia; que no ceda a la tentación de instalarse en este mundo. Acuérdate de los peregrinos y emigrantes, de los hombres sin techo y sin patria. Acoge a los que la muerte sorprende en el camino. Sal al encuentro de los que buscamos una tierra nueva y unos nuevos cielos donde conocerte y glorificarte con Cristo, por el y en el, y en la unidad del Espíritu Santo por los siglos de los siglos AMEN.

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TERCER DOMINGO DE CUARESMA - A Palabra viva

Qué hermoso es, Señor, entrar en tu presencia dándote gracias y aclamarte, porque eres nuestro Dios y estás presente en medio de tu pueblo. Tú eres la roca que nos sustenta, el agua que sacia la sed de todos los desiertos. Tu conoces a cada uno por su nombre, ninguna historia personal te es ajena. Te has manifestado en el Hijo, Jesucristo, como palabra liberadora, como el que tiene para cada hombre la palabra exacta, la palabra de vida. El es el Salvador del mundo. Por él te hemos conocido, y con él te adoramos y bendecimos en cualquier tiempo y lugar. Recogiendo el eco de tu creación unimos ahora nuestras voces para decirte: SANTO... Jesús nos enseñó a buscarte allí donde te encuentras. No en las estatuas que adornan nuestras devociones, ni en los templos solitarios de ladrillo construidos con el precio de nuestras evasiones, sino en el misterioso fondo de cada vida humana, en el latido de todo lo que alienta. Tú lo penetras todo, como el viento. Allí donde se fragua la guerra y la paz, donde se siega el trigo y se hace el pan, donde se administra el sudor de los trabajadores, donde se reparte el agua y la palabra, allí estás tú.

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El mundo es tu templo, cada hombre es tu templo, en ellos quieres ser servido y adorado. Envíanos tu Espíritu, Padre santo, para que en el pan que vamos a comer y en el vino que vamos a compartir descubramos la presencia de tu Hijo, Jesús. El cual, para adelantar la ofrenda de su vida, sentado a la mesa con sus discípulos, tomó pan... Este es el misterio de nuestra fe: la muerte y resurrección de Jesús renovadas para nuestra salvación. Este es el sacrificio de la Nueva Alianza, que te ofrecemos entre acciones de gracias. Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia; que cada Eucaristía de los creyentes sea fuente de salud y de verdad para el mundo. Danos fe en la palabra viva y liberadora de Jesús; que ella sacie la sed de todos los sedientos: los sedientos de verdad y de justicia, de paz y de amistad. Acuérdate de los que no han oído nunca tu voz auténtica, tu palabra inconfundible. Padre de bondad, concédenos a los vivos y a los difuntos saciarnos del agua viva del Espíritu que salta hasta la vida eterna. Para que en el mismo Espíritu te alabemos y bendigamos por Cristo, con El y en El por todos los siglos sin fin. AMEN.

CUARTO DOMINGO DE CUARESMA - A Lucidez

Realmente es justo y necesario, nuestro deber y salvación bendecirte, Señor, Padre Santo, por Jesucristo: por cuya palabra dijiste al principio: «Haya luz» y reconocerte que la luz es buena. Separaste, desde los albores del mundo, la luz de las tinieblas. Con tu luz revelas, iluminas y salvas, porque habitas en una luz inaccesible. Tu luz nos hace ver la luz. Destierras y quieres que desterremos las tinieblas, que son ceguera de rencores, odios y egoísmos. Jesucristo, tu Hijo, es el sol naciente, la luz del mundo que se encarno en las oscuridades de una noche y resucitó en la madrugada del primer día. Es la luz del mundo para todo el que cree en El. Por lo cual, unidos a todos ios iluminados santos y angeles, proclamamos tu gloria cantando: SANTO... Situados los hombres a veces en las espesas nieblas del pecado del orgullo, nos has llamado a vivir a la luz del día. Entrevemos ios fulgores de la madrugada y queremos obtener los frutos de tu luz, que son los írutos del Espíritu. Queremos alejarnos de lo propio de la noche: el sueño y la embriaguez, para acercarnos a lo que exige el día: la sobriedad y la vigilancia, como tu Hijo y Señor nuestro Jesucristo, el cual, la noche en que iba a ser entregado ... Por tanto, nosotros, tu pueblo santo,

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aunque pecador, al hacerle memorial de su muerte en las tinieblas de u n a tarde, y de su resurrección en la aurora de un nuevo te ofrecemos el sacrificio de quien se entrego hasta la muerte. para que caminemos en la luz, en comunión unos con otros. ya que su sangre nos purifica de toda ceguera y de toda injusticia. Dígnate enviarnos al Espirita banto, para que nuestra ciudad h u m a n a no necesite de sol ni de luna que la alumbren, sfcu ]')e sea su lampara el Cordero. N(J - i'" ' ' a noche. porque 1 u nos alumbraras con tu luz eterna. Por Cristo, con H y en t,l, te ofrecemos, P^Jtv, ijue vives con el Espíritu, este sacrificio de alabanza por los siglos de los siglos. AMEN.

QUINTO DOMINGO DE CUARESMA - A Vida

Es justo darte gracias, Padre de Jesucristo y Padre nuestro Si Tu nos acompañas a lo largo de la vida, ¿como vamos a perdernos en la muerte ? Si tu presencia plenifica nuestro ser, ¿como vamos a hundirnos en la nada ? Nos cuesta mucho entender que el fin inevitable es el comienzo de otra cosa en la continuidad de la vida. Te damos gracias, Padre, por dar con tu Hijo Jesús resucitado u n sentido a nuestra vida Por eso queremos proclamar tu gloria diciendo SANTO Señor, Dios nuestro, en plena vida bordeamos constantemente las orillas de la muerte El pan no apaga nuestro hambre mas profundo, ninguna amistad llega hasta nuestra intima soledad y cualquier amor esta amenazado de muerte. Tu Hijo Jesucristo, Padre, planto su tienda entre nosotros para compartir nuestra vida y para que nosotros compartiésemos la tuya. Vivió como vivimos todos, m u ñ o como todos morimos, pero con la certeza de que Tu lo acompañarías hasta el seno de la misma muerte, cuando descendió a sus infiernos Ofrendo su larga noche para vivir su amanecer luminoso Por eso se convirtió en el Viviente

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Quiso destruirse como el pan que partimos en la mesa para hacernos vivir Quiso derramarse como el vino obtenido de la uva que se pisa, para que pudiésemos cantar Estando sentado a la mesa Te ofrecemos, Padre de los vivos nuestra vida humana, provisional y destinada a la muerte, pero única y eterna Te rogamos que llenes cada uno de nuestros días con el cuerpo y la sangre de tu Hijo de vida y eternidad Y ahora, Padre, queremos encomendarte a nuestros muertos, especialmente a los que murieron violentamente a manos de los injustos, porque sabemos que eres fiel y vuelves a dar la vida a los que amas No podemos creer que hayan vivido en vano Te rogamos que su vida continué por largo tiempo en la vida de sus hijos y sus prójimos, en el corazón de cada uno y en nuestras ganas de vivir Por Cristo, con El y en El a Ti, Padre, en la unidad del Espíritu Santo te sea dada gloria eternamente AMEN

DOMINGO DE RAMOS - A Rey sufriente

Realmente es nuestra obligación darte gracias en todo momento, |Señor, rey de la gloria 1 Porque obra tuya es la tierra y cuanto la llena, tu sostienes el mundo en movimiento y orden, tu remas sobre todas las naciones Bendito seas, Dios en Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor En el y para el creaste todas las cosas, el es el principio y el fin del universo El es el rey desconcertante que reina desde la cruz Aclamado por los humildes del pueblo entro en su pasión, condenado por los poderosos y letrados se entrego a la muerte para liberarnos de nuestros pecados Por eso te alaban los cielos y la tierra y nosotros te aclamamos, diciendo SANTO Gloria a ti, Señor, Padre cercano, y a Jesucristo, el rey humilde y servicial. El cual no se agarro a su condición de Hijo de Dios sino que se despojo de todo privilegio y, haciéndose semejante a los hombres mas pobres, se humillo a si mismo, como siervo, hasta morir en la cruz Por lo cual Dios lo exalto y le dio un nombre sobre todos los nombres famosos Su nombre es respetado y admirado en todas partes, por amigos y enemigos, hasta que todos confiesen

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que Cristo Jesús es el Señor Bendito el que viene a nosotros en la humildad del pan y el vino, convertidos en cuerpo y sangre de Jesús por la fuerza del Espíritu Santo La noche antes de su pasión Jesús se sentó a la mesa con sus discípulos Te aclamamos muerto y resucitado, Señor Jesús, y anhelamos tu venida gloriosa Envíanos tu Espíritu para que con su ayuda nuestras vidas sean mas semejantes a la tu va Danos el sentido de la humildad en el servicio. Haznos clarividentes y serenos para no ocultar nuestro rostro a los que se burlan de nuestra debilidad Aumenta el numero de los dispuestos a dar su vida por los demás Ayuda al Papa y a nuestros obispos para que podamos reconocer en ellos la imagen del Maestro, humilde y sufriente Acuérdate de todos los condenados a muerte injustamente y de todos los difuntos Concédenos, Padre de bondad, que todos los hombres, reconciliados en la sangre de tu Hijo, vivamos en paz, en justicia y libertad Asi sera reconocido tu nombre en toda la tierra, asi podremos darte honor y gloria a ti y a Jesucristo el Señor, en la unidad del Espíritu Santo desde ahora y por toda la eternidad AMEN

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JUEVES SANTO - A, B, C Amor fraterno

Es justo y necesario darte gracias siempre y en todo lugar por medio de Jesucristo. El es el Justo por excelencia, el que proclamo bienaventurados a los que «tienen hambre y sed de justicia». revelada por el evangelio y vivida en un servicio de liberación de cautivos y oprimidos con u n a nueva disposición en el amor «Nosotros, por la fe y por el Espíritu. aguardamos la justicia esperada» Tu, Señor, nos has situado en este mundo para que busquemos tu Reino y su justicia A Ti, Padre, debemos la fuerza interior que sentimos para instaurar una convivencia verdadera siendo «esclavos de la justicia» Por todo lo cual, unidos a los que han vivido y viven el amor fraterno, cantamos el himno de tu gloria diciendo SANTO Santo y Justo eres, en verdad, Padre del amor, manifestado en tu Hijo Jesucristo Un Justo fue «contado entre los malhechores», arrestado «con espadas y palos» de parte de las autoridades como vulgar ladrón Conducido a los tribunales religiosos de Anas y de Caifas, lo juzgaron «con falso testimonio», «ló escupieron en el rostro, le dieron puñetazos y lo abofetearon» Trasladado como preso al tribunal militar de Pilato, fue acusado de ambiciones políticas y de «soliviantar al pueblo» Llevado ante el magistrado Herodes,

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fue «tratado con desprecio» Finalmente Pilato, suprema autoridad política, por miedo al alboroto, ordeno su ejecución Con este juicio de los hombres sobre el Justo fue juzgado el pecado del mundo «Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amo hasta el fin» Permítenos, Padre, que recordemos esta noche en que Jesús fue entregado como preso político y religioso Mientras cenaban Por tanto, nosotros, al recordar el memorial de su muerte, resurrección y señorío universal, te ofrecemos el sacrificio de justicia y de amor de quien se entrego por todos. Queremos nosotros cumplir tu palabra ser los servidores de tu pueblo, ya que «el Hijo del hombre no vino a ser servido, sino a servir y a dar su vida como redención por todos». Con el apoyo de la fe y del Espíritu, ^ no obstante nuestra debilidad, queremos decir con Pedro en esta noche «Estoy dispuesto a ir a la cárcel y a la muerte» Queremos revisar nuestras conciencias a la luz de tu palabra Con Santiago sabemos que nuestra riqueza esta podrida y nuestros vestidos apolillados Hemos acumulado riquezas injustamente Condenamos y matamos al Justo Dígnate enviar tu Espíritu a fin de que estos dones sean para nosotros el cuerpo y la sangre de Cristo, para que, al recibirlos con fe, sean para nosotros el compromiso fundamental cristiano. Por Cristo, con El y en El

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VIGILIA PASCUAL-A Nuevo nacimiento

Permítenos, Padre común que en esta santa noche de la Pascua te demos gracias, te alabemos y te bendigamos. Siempre es justo hacerlo, pero especialmente hoy. Maravillados por la esperanza que nos regalas, nuestras miradas se dirigen hacia Ti, iluminados por la luz pascual, como niños atónitos, atentos a las caricias y regalos que reciben de sus padres. Tú eres el creador del mundo, el origen de toda vida. En el firmamento colocaste las estrellas como luminarias de un gran templo cósmico; situaste al sol como luz y fuego de nuestros mediodías y veranos, y a la luna cascabelera, para que irradie ternuras y melancolías a los caminantes y enamorados de la noche. De las noches haces días, auroras en las madrugadas, rocíos en las sequedades. La primera noche del mundo fue convertida por Ti en el primei ¡ : de la creación. La segunda noche del pueblo opn.;>i,!o la trasformaste, por el éxodo, en un día de liberación del pueblo. Te superaste de un modo inaudito en la tercera noche, la de Jesús, cuando de madrugada resucitó de los infiernos de la muerte. Esperamos con temblor y con gozo, mientras vivimos una cuarta noche, la aurora definitiva: la resurrección de toda carne. Gracias, Padre, por estos tránsitos, por estas dolorosas y gozosas «pascuas». Hermanos, esta noche ya no es noche sino día: es el día del Señor. Con la creación entera cantamos el himno de alegría: SANTO... 56

Bendito seas, Padre de nuestro Señor Jesucristo, porque en tu gran misericordia, por la resurrección de Jesús de entre los muertos, nos has hecho nacer de nuevo para una esperanza viva. Te agradecemos el nacimiento, desde nuestra vida a tu vida misma, los bautizados hoy. No es arrogancia nuestra el bautizarlos sino donación tuya. Gracias por todas las gracias. Nos acordamos hoy, en esta noche, de la noche de la entrega de tu Hijo: infunde Espíritu en nuestros modestos dones, para que sean cuerpo y sangre de tu Hijo. El mismo, reunido con los suyos, tomó el pan ... Ahora, Padre, al recordar el memorial de tu Hijo. ' de su entrega en el bautismo de sangre, de su resurrección en la madrugada de un nuevo día, te bendecimos, porque nos renuevas el sentido de la vida, haciéndonos a todos criaturas tuyas. Acuérdate de estos padres felices y de los padres del mundo entero. Dígnate bendecir la responsabilidad que asumen y el apoyo de quienes les ayudarán a mantenerla. Acuérdate de nuestros padres y de quienes nos iniciaron en la vida. Acuérdate de todos los hijos sin padre y de todos los hogares sin hijos. No te olvides de nuestro Papa angustiado por el parto incierto de una Iglesia nueva. Acuérdate de nuestro Übispo. para que sea fiel en su fe y para que confirme la nuestra. Ten presente en tu misericordia a quienes se consagran a Ti y pretenden entregarse a sus hermanos. Muchos son los que han pasado por esta comunidad: haznos dignos de seguir siendo nosotros hermanos de todos. A Ti, Padre de la vida, por Jesús resucitado y mediante el Espíritu liberador, te ofrecemos toda alabanza, para gloria tuya y alegría nuestra hoy y por siempre jamás. AMEN.

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DOM. DE PASCUA DE RESURRECCIÓN - A, B, C Resurrección

Es justo y necesario, Señor, aclamar tu nombre y bendecirte en esta m a ñ a n a del día de resurrección. Aunque todavía vivimos en la penumbra de la fe, vislumbrados, como María Magdalena, que ha sido removida la losa que pesaba sobre nuestras esperanzas. Hemos oído el anuncio gozoso del ángel: Tú has resucitado a tu Hijo de entre los muertos. Y oímos la voz de Jesús trasfigurado que, saliéndonos al encuentro, nos dice: «yo soy el que vive; estaba muerto y, ya veis, vivo por los siglos de los siglos». No sólo has resucitado a tu Hijo, Dios Padre nuestro. Has querido que esa nueva creación, que es su cuerpo glorioso, irrumpa dentro de nuestra vieja tierra, para que los hombres podamos percibir ese nuevo comienzo que has establecido en nuestra historia. La resurrección que has donado a tu Hijo no es u n hecho interior, desencarnado, acaecido en las esferas abstractas de los espacios vacíos o de las almas sin cuerpo. El resucitado es el Jesús terreno, hombre del mundo y ciudadano de nuestra tierra. Lo has resucitado con su corporeidad, con la totalidad de su persona. Ahora también queremos percibir en medio de nuestra reunión, bajo el velo de los signos sacramentales, la voz de Jesús que nos dice: «soy yo, no temáis; tocad mi cuerpo; sacad pan y vino; celebremos la fiesta de la nueva vida». Ante esta revelación sentimos el pasmo y el temor, pero también el gozo y la alegría. Una inmensa esperanza surge en nuestros corazones y rompemos a cantar el himno de los ángeles diciendo: SANTO... 58

Santo eres en verdad, Dios Padre nuestro, porque la resurrección de Jesús se apoya en Ti, n o en la invención de tus discípulos. Ellos no la inventan; sólo trasmiten su noticia de generación en generación. Nosotros ahora, contagiados por el testimonio y la fe de los apóstoles, tenemos la experiencia de que la causa de Jesús sigue. Tenemos fe en Cristo viviente ahora, en su pervivencia dinámica. Sentimos a su persona junto a nosotros, como el hombre real que ha inaugurado y sigue instaurando las primicias de u n futuro inusitado para el mundo. Sabemos que ese futuro de gloria pasa por la prueba de la cruz. El que hoy resucita es el que fue crucificado y pasó tres días bajo tierra. Por eso hacemos memoria en este sacramento no sólo de su resurrección sino también de su pasión y muerte, Jesús, antes de morir, se reunió con sus discípulos, tomó pan ... Hacemos memoria, Señor, de la muerte y resurrección de tu Hijo mientras te ofrecemos su sacrificio vivificante y te alabamos porque en Cristo, surgido de entre los muertos, has desvelado el poder oculto de su cruz: el poder de su amor obediente hasta la muerte, la fuerza de su entrega a los hombres. Ahí nos has revelado tu propio poder y fuerza. Envía tu Espíritu, para que consume la obra iniciada por tu Hijo. El Resucitado ha tomado consigo al mundo, encaminándolo hacia su resurrección y gloria. Que un día resucitemos todos con nuestro cuerpo, con ese trozo de mundo que somos nosotros y, así, se consume la trasfiguración universal. Que tu Iglesia, con sus Obispos a la cabeza, sea la semilla de la nueva tierra y de los nuevos cielos. Por Cristo...

SEGUNDO DOMINGO DE PASCUA - A Comunidad

Hoy elevamos nuestra acción de gracias hacia Ti, Padre, porque una vez más nos hemos reunido en tu nombre, en comunidad, en torno a tu Hijo Jesús. Te damos gracias por todas las fraternidades que a lo largo de la historia y en la faz del mundo actual se reúnen con preocupaciones hondas. Sin que a veces nosotros lo sepamos ni lo sepan los reunidos, Tú convocas al pueblo incesantemente. Tú eres Ja Mamada, Tú promueves la unidad, Tú eres el amor que hermana, el amor que rompe ligaduras de esclavitud. el amor que genera fraternidad. Eres liberación para la libertad y libertad para la salvación. Por eso, con la comunidad de los santos queremos cantar, con el himno de tu gloria, la fuerza de tu amor que nos u n e : SANTO... Te alabamos, Padre, por la unidad que estableces en nosotros, a pesar de nuestras resistencias, agresividades e impaciencias. Tú deseas que la multitud de los seres humanos, nacidos en la unidad de un hombre y una mujer, no se dispersen sino que se reúnan en una sociedad justa, en la que reinen la igualdad, la libertad y la fraternidad. Al encarnarse tu Hijo en la tierra, en nuestra tierra humana,

en nuestros corazones, estableció y establece una comunidad. Nos llama a seguirlo, a identificarnos con El, a convertirnos, a «dejar redes y barca», a promover tu Reino. La Eucaristía establece cada domingo la unidad de las comunidades, hace presente la entrega de tu Hijo, nos anticipa la esperanza y nos invita a la misión. Que el Espíritu Santo, al trasformar nuestro pan y nuestro vino en el cuerpo y la sangre de Cristo, cambie nuestra asamblea humana en comunidad fuertemente unida en Cristo, En la víspera de su muerte, Jesús quiso establecer entre sus hermanos una unidad imperecedera. En la última cena, en la que calmó las discusiones haciéndose el más humilde de todos, tomó pan ... Anunciamos tu muerte reconciliadora, Señor Jesús. Celebremos tu resurrección, que hace de nuestra humanidad un único hombre nuevo. Por la comunión en tu cuerpo y en tu sangre haz que penetre en nosotros tu Espíritu de caridad y estimule nuestro celo a trabajar por el crecimiento intensivo y extensivo, para que nuestra comunidad se realice, por medio de la ayuda fraterna, la corrección cristiana, el perdón y la conversión. Acuérdate de todas las parroquias y comunidades cristianas. Ayuda a todos los grupos de este mundo que militan en la búsqueda de una paz justa, de una amnistía, de una solidaridad, de u n a igualdad. Por Cristo, con El y en El...

TERCER DOMINGO DE PASCUA - A Eucaristía

Padre bueno, Dios creador e infinitamente santo, por medio de tu Hijo Jesucristo nos has revelado tu sabiduría y tu fuerza, tu poder y tu amor. Tú nos reúnes cada domingo para manifestarnos el esplendor de tu salvación, la fuerza de tu luz y la gloria de tu nombre. Te bendecimos. Tú nos acompañas, para que con nuestro trabajo y nuestras penas demos a los nuestros y a los que tienen hambre el pan de cada día. Tú introduces en nuestros corazones la alegría de la comida fraternal en la que cada uno tiene su lugar en el diálogo y en la comunicación. Durante treinta años tu Hijo ha participado en los banquetes de amistad de los discípulos y pecadores, porque El. pan de vida, sacio con pan a las multitudes. Por eso, con los ángeles y bienaventurados cantamos el himno celestial: SANTO... Estamos reunidos para celebrar u n nuevo banquete fraternal. Haz que llegue a nosotros tu Espíritu, que dilate nuestro corazón, para que no rechacemos a nadie. Que estos alimentos de pan y de vino se llenen de tu palabra y de tu presencia. Que nuestros gestos y nuestros actos

recuerden la muerte y resurrección de Jesús. Como anticipo del banquete nupcial y de la alianza nueva beberemos el fruto de tu viña y comeremos el pan de tu cosecha. Para reunimos a todos en un solo cuerpo, Jesús, la noche en que fue entregado... Al recordar la muerte y resurrección gloriosa de tu Hijo, creemos, Señor Dios nuestro, que vino en nuestra carne y en nuestra sangre a entregarnos la vida nueva y a darnos la esperanza de su retorno entre nosotros. Bendito seas por los padres que cada día depositan en la mesa familiar el fruto de su trabajo, ganado trabajosamente por sus hijos. Bendito seas por el pobre que cada m a ñ a n a empieza a mendigar el pan de las lágrimas y de la miseria, cuando lo recibe en abundancia. Bendito seas por los responsables auténticos de la ciencia y la política, cuando están al servicio de los más hambrientos y de las naciones más subdesarrolladas. Bendito seas por los militantes que llaman en nombre de los pobres y son conciencia renovada en nuestra sociedad burguesa. Mira, Señor, nuestra asamblea, que se mantenga en comunión. Que reconozca su debilidad y se apoye en tu misericordia anunciada por Jesucristo, tu Hijo y Señor nuestro. Por El, reunidos en torno a El, unidos en su amor, por el soplo del Espíritu dirigimos a Ti nuestra alabanza y proclamamos tu gloria por los siglos de los siglos. AMEN.

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CUARTO DOMINGO DE PASCUA - A Pastor

Bendito seas, Dios vivo, Pastor de todo el universo, que diriges el cielo y la tierra y guías a los hombres hacia la luz y la verdad. Eres el Pastor de la humanidad a la que señalaste el camino de la vida poniéndola en el Paraíso, lugar de las aguas fecundas y de los pastos abundantes. Bendit.» -.eas, fuente de vida. Hiciste maravillas en tu Hijo Jesucristo Curaste las enfermedades que nuestra carne le hizo contraer; no le negaste tu mano, cuando nosotros le negamos nuestra fe; fstus'iste ,'unto a El en sus combates y en la hora de su triunfo; lo resucitaste de la muerte y le comunicaste tu vida. Por lo cual te damos gracias con la alegría de los que se sienten rescatados y unidos a los ángeles cantamos el himno de alabanza:

da fuerzas a la humanidad, para que encuentre los pastos del progreso y las aguas vivas de la convivencia y la paz. Bendito seas, Señor. Padre de nuestro Señor Jesucristo. El cual, la víspera de su entrega ... Bendito seas, Padre de vida. Tú nos envías tu Espíritu para habernos tus hijos El inspira a todos los que nos hablan de Ti, nos acompaña en nuestros cantos de libertad y recorre con nosotros el camino hacia la unidad; no olvida a los que se pierden en la lucha por u n mundo más justo; vela por el que se desvía y devuelve la vida al que se la entrega. A Ti, Padre, por Jesucristo Buen Pastor y por medio del Espíritu, toda alabanza, bendición y gloria por los siglos de los siglos. AMEN.

SANTO... Tu Hijo Jesús ha sido obediente a tu voluntad, para que fuera Pastor hasta la muerte. Como buen Pastor ha muerto para defender a su rebaño y después de su triunfo pascual nos ofrece de nuevo tu conocimiento, .el camino, la comida verdadera y la vida. Por la resurrección de entre los muertos le has investido del cayado del Pastor, para que marche a la cabeza de la humanidad. El reúne a los hijos dispersos, nos ayuda a comprendernos y a amarnos;

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QUINTO DOMINGO DE PASCUA - A Camino, Verdad y Vida

Realmente es justo que te demos gracias, Dios todopoderoso, porque en Jesucristo nos has salvado El testigo fiel e imagen del Padre, nos anuncio la verdad con su palabra, nos enseño a vivir en ella con su ejemplo. Muerto por todos y resucitado, se convirtió en la vida Presente en la comunidad de los creyentes, es el camino que nos conduce a la casa del Padre Por eso, rebosantes de la esperanza que cada año renuevas en nosotros en este tiempo de Pascua, unimos nuestras voces a los angeles y santos y a toda la creación para alabarte diciendo SANTO

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De tu santidad, Padre, nos has hecho participes a través del Hijo, Jesucristo Quien al resucitar de entre los muertos, reunió la comunidad dispersa de los creyentes y la constituyo en linaje elegido, pueblo santo, sacerdocio real para anunciar tu reino a los hombres y celebrar el sacrificio de la Nueva Alianza. El sacrificio de (esus, que el mismo adelanto en la cena pascual cuando reunido con sus discípulos, tomo el pan 66

Nosotros ahora, mientras celebramos i-,i memoria de la muerte y resuireccion de Jesús y de su ascensión a tu derecha, vivimos con la esperanza de su vuelta Dirige Padre, tu mirada sobre la ofrenda de esta comunidad, y envíanos el Espíritu Santo El Espíritu prometido por Jesús para recordar las verdades escuchadas y reunir a los pueblos dispersos Que el santifique nuestra celebración y nos una en comunidad de amor Que el ilumine a los testigos de la palabra para que tu Iglesia sea luz de las naciones Danos, Padre a todos los creyentes una fe fuerte, para que podamos reconocerte en el Hijo, Jesucristo, para que seamos en el mundo testigos de tu presencia con nuestras obras Acuérdate de los que no han escuchado tu nombre, de los que no confían en la vida, de los que buscan la verdad, de los que no han encontrado el camino Reúne en torno a Jesús resucitado a todos tus hijos dispersos por el mundo Para que, junto con Mana y los apostóles y todos los santos que nos han precedido, podamos ocupar nuestro sitio en la casa que nos tienes preparada. Y allí te demos gracias y te glorifiquemos por Jesucristo, tu Hijo, y en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos AMEN.

SEXTO DOMINGO DE PASCUA - A Mundo nuevo

Te damos gracias, Padre, Dios potente y misericordioso, porque en Jesucristo resucitado has querido renovar todas las cosas. En el comienza un mundo nuevo lleno de esperanza y de futuro; el mundo capaz de recibir al espíritu de la verdad. Por él nos haces hombres nuevos. El ha puesto en nuestros labios tu nombre, tu espíritu en nuestros corazones y en nuestras manos la tarea. De él hemos recibido un mandamiento nuevo: el precepto del amor, que transforma las obras más pequeñas en gracia y alabanza. Llenos de gozo y esperanza unimos nuestras voces en la asamblea de los santos para aclamarte y bendecirte: SANTO... Tu palabra, Señor, es siempre la misma y siempre nueva. Tu espíritu, el espíritu que otorgas a los que creen por la palabra, recrea nuestro pequeño mundo cada día; hace eficaz la voz de los profetas, reconforta a los cansados, defiende a los indefensos. Que este mismo espíritu descienda sobre el pan y el vino de nuestro trabajo y los convierta en cuerpo y sangre de Jesús. Así podremos celebrar la cena 68

que él nos dejó como Alianza eterna. Porque, él mismo, la noche en que iba a ser entregado ... En cada eucaristía recordamos, Señor, tu muerte y resurrección, por las que diste nueva vida al mundo. Danos, a los que nos acercamos a tu mesa, clarividencia para conocer tus mandamientos y fuerza para guardarlos. Haznos sinceros en el amor, para que el mundo crea que existe algo distinto de la competencia sorda y la mentira, de la lucha por el poder. Ten piedad, Padre amoroso, de este viejo mundo, cansado y desconfiado de todo orden nuevo. Renueva el pensar y el quehacer de los hombres. Acuérdate de los que trabajan en la construcción de una nueva sociedad: de los obreros en las fábricas, de los artistas, de los científicos, de los gobernantes y de los padres de familia, de la juventud esperanzada y de los testigos fieles de tu reino. Da a todos amor v libertad, para que nos alegre la convivencia en esta tierra. Por Jesucristo, nuestro hermano y Señor. Por El, con El y en El, a ti, Dios, Padre omnipotente todo honor y toda gloria en la unidad del Espíritu Santo por los siglos de los siglos. AMEN.

ASCENSIÓN DEL SEÑOR - A Ascensión - Amor

Te bendecimos, Dios nuestro, principio de todas las cosas, porque has creado el amor Mejor dicho, no lo creaste el amor eres Tu Te damos gracias por el amor que tienes a los hombres Tu amor es un amor que no vuelve atrás Te bendecimos porque en medio de nuestros egoísmos Cristo nos ha revelado tu amor y candad r Ie damos gracias por habernos invitado a unirnos con El ya desde hoy a pesar de nuestras infidelidades Reconocemos delante de Ti, Padre que nuestro amor es con frecuencia una palabra vacia, porque no nos damos, un erotismo superficial porque no nos entregamos Hoy te agradecemos el amor gratuito, realista, universal y cnstiario que surge en nuestro múñelo, en el que de alguna manera contribuimos Te agradecemos la presencia de todos' aquellos que contribuyen a la liberación del mundo de los oprimidos Al celebrar hoy la Ascensión de tu Hijo • te alabamos y nos unimos a toda la creación para cantar el himno de tu gloria

nos confio su misión, nos recomendó su testimonio y nos prometió su Espíritu. Te bendecimos, porque nos has confiado la promoción y extensión de tu Remo que es nuestro Reino Tu Hijo Jesucristo, la noche de la traición f'or este signo, Dios nuestro, expresamos nuestra fe y nuestra esperanza recordando hoy especialmente la Ascensión de tu Hijo, su presencia en el Espíritu, su ausencia física, Para que sepamos reconocerlo en los hermanos Que tu candad sea fuente de fraternidad y de comunidad, que nos impulse a las entreayudas a los compromisos, que domine todas las relaciones de los cristianos Haz que nuestro amor, Pareciéndose al amor de tu Hijo Pueda ser también amor de Dios Renueva nuestro corazón, Para que preparemos tu venida con nuestras vidas y con nuestras acciones A Ti Padre, con tu Hijo y el Espíritu todo honor y gloria por los siglos de los siglos AMEN

SANTO Te damos gracias porque Jesucristo, poco antes de su Ascensión,

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SÉPTIMO DOMINGO DE PASCUA - A Comunicación social

Bendito seas, Padre, por el don del oído y de la palabra, que nos permite comunicarnos con el mundo y con los hombres, nuestros hermanos; y por todo lo que deleita nuestro oído el murmullo del arroyo, el susurro del viento, el canto de los pájaros, las canciones del mundo joven, las sinfonías compuestas por los genios musicales, los gritos de risa de la persona alegre Bendito seas por todos los medios de la comunicación social, que nos informan y nos notifican hechos vividos en otras latitudes A pesar de las manipulaciones que sobre estos medios ejercen los rectores del poder o del dinero, percibimos, aunque a retazos y confusamente, que en los sufrimientos de la guerra, la tortura, la cárcel o los tribunales, el procesado es tu Hijo Jesucristo, quien a su ve? somete a proceso toda la injusticia de este mundo Percibimos también a través de tanta noticia gestos heroicos entregas generosas, protestas profeticas, voces apaciguadoras En el fondo de este concierto armonioso estas Tu. Bendito seas Unidos a todos los coros del mundo, a las alabanzas de quienes viven en la verdad y a los creyentes que bendicen tu nombre nos unimos para cantar el himno de tu gloria

Bendito seas, Padre, Por Jesucristo quien pregono tu gloria por los caminos de este mundo El nos dio a conocer, con medios sencillos de comunicación, tu existencia como amor, tu sabiduría como creador, tu fidelidad como roca, tu magnanimidad como esperan/a Jesucristo manifestó tu nombre a los suyos, para que lo pregonaran publica y umversalmente a todo el universo • Revelo tu gloria, especialmente, cuando se entrego como rescate y liberación del pueblo, de toda la humanidad El mismo, la noche Al reunimos en asamblea, recordamos la pasión y glorificación de tu Hijo al mismo tiempo que esperamos una muestra de tu gloria en el quehacer de la historia, hasta el final glorioso de la misma Por todos nosotros rogo tu Hijo en el momento de su transito de su «fase» También nosotros queremos rogar por todos los que están en el mundo Envíanos tu Espíritu de libertad frente a las manipulaciones de los medios sociales de comunicación Necesitamos tu Espíritu de verdad porque vivimos muchas mentiras internas y externas Necesitamos tu Espíritu de fortaleza, porque nuestras rodillas vacilan y nuestras voces se ahogan Envíanos tu Espíritu en el Pentecostés de cada día y manifiesta, en el próximo Pentecostés dominical, que Tu eres el Padre de los pobres y de los oprimidos. A Ti, Padre, por medio de tu Hijo y junto con tu Espíritu todo honor y gloria por los siglos de los siglos AMEN

SANTO

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VIGIUA DE PENTECOSTÉS - A, B, C Profesión de fe

Te damos gracias, Dios sabio, amoroso y creador. Toda la creación es obra de tu palabra y esta llena de posibilidades, para que sean desarrolladas por el hombre Te bendecimos, porque nos reconocemos polvo de la creación y aliento de tu boca Reconocemos que el trabajo no es u n castigo, sino una cooperación en la obra de tu Espíritu Nos asemejamos a Ti, hombres y mujeres porque tu Espíritu lo llena todo, como el aire que nos circunda, y respiramos como el aliento que expiramos en la vida diana. Al reconocernos colaboradores tuyos y perfeccionadores de tu creación, no pretendemos desterrarte de nuestro mundo, aunque las serpientes de la vida nos invitan a valorarnos como dioses únicos Nada creamos los hombres de la nada, sino desde la materia, la imaginación, el entendimiento o la afectividad, que son tus huellas impresas por doquier Desde los logros o los fracasos en nuestra vida profesional elevamos hoy nuestra acción de gracias Padre de todos los hombres, nos felicitamos ante Ti por nuestro dominio sobre el mundo, por la eficacia creadora de nuestros trabajadores y sabios, porque todo es un don tuyo, una ocasión para encontrarte, u n servicio de tu amor, un motivo para alabarte. Por eso cantamos todos juntos ahora el himno de tu gloria SANTO

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Bendito seas. Padre, por el mundo que entregas al hombre y por la actividad h u m a n a para dominarlo. Mediante la encarnación de tu Palabra, todos los hombres hemos sido llamados a participar en tu vida con todas las obras de nuestras manos Tu Hijo [esus trabajo en la liberación del hombre desatando todas las ataduras como l u trabajas siempre, ya que te encuentras en toda actividad h u m a n a Cristo, tu Hijo y Señor nuestro, se comprometió en el servicio de los hombres, trabajo en sábado, día de descanso, alterando viejos y caducos ordenes, con el fin de inaugurar un orden nuevo. El, sentado a la mesa con sus discípulos Recordamos ahora la resurrección, ascensión y venida del Espíritu Santo, Espíritu que procede de Ti, Padre, y de tu Hijo, Espíritu creador y santificador Te pedimos que este mismo Espíritu suprima en nuestro mundo laboral los trabajos corporales extenuantes, las jornadas laborales excesivas, las diferencias entre obras serviles y liberales, para que todos seamos hermanos, iguales en dignidad y en oportunidades, cooperadores en el mundo y participantes de tu obra Dígnate aceptar nuestra vigilia en la festividad de Pentecostés Te ofrecemos el pan y el vino de la nueva creación juntamente con todo honor y gloria por medio de tu HIJO

y a través del Espíritu por los siglos de los siglos AMEN

DOMINGO DE PENTECOSTÉS - A, B, C Espíritu

Es en verdad bueno y justo que te demos gracias, Padre, siempre y en todo lugar, por todos los dones que continuamente nos concedes. Pero hoy queremos bendecirte por algo especial: por el don del Espíritu que por tu Hijo haces al mundo. Lo hiciste al principio, cuando incubabas el universo en el calor del Espíritu, para que naciera un mundo de ¡uz y de vida, que pudiera albergar al hombre. Te damos gracias, porque mediante tu Espíritu lo sigues creando, conservando y embelleciendo. Te bendecimos por haber puesto tu Espíritu en el hombre y por el don continuo que de El has hecho en la historia, Espíritu de fuerza en los jueces y gobernantes, Espíritu rector en sus reyes fieles, Espíritu de sabiduría en todos aquellos que mostraban tu Ley y tu camino. Te alabamos por la acción de tu Espíritu en los profetas, que lo anunciaron como don interior y universal, para cuando Tú lo derramaras sobre toda carne, purificándola y dignificándola. Te bendecimos y damos gracias sobre todo por Jesucristo, lo mejor de nuestro mundo, el hombre espiritual por excelencia: lleno de tu Espíritu desde el seno de Mana. Por tu Espíritu lo condujiste al desierto, con su fuerza implantaba el Reino, evangelizando a los pobres, ayudando y fortaleciendo a todos, sirviendo y amando, hasta que El mismo exhaló el Espíritu en la cruz como el don más precioso concedido al mundo. Por ello proclamamos tu bondad y majestad cantando: SANTO... 6

Santo eres en verdad, Señor, y digno de toda alabanza, porque has querido que la plenitud del Espíritu, que llenaba a tu Hijo, se trasmitiera a todo. El la comunicó a sus apóstoles el día de Pascua y la envió a su comunidad reunida para hacerla testigo suyo y trasmisora del Espíritu en todos los lugares y tiempos. Por eso nosotros hoy te pedimos que ese mismo misterio se renueve entre nosotros. Envía tu Espíritu sobre estos dones de pan y vino, para que sean cuerpo y sangre de Cristo y portadores de ese Espíritu. Así nos enseñó tu Hijo a hacerlo. Sentado a la mesa ... Así, Padre, conmemoramos el misterio de tu Hijo, su muerte, su glorificación y el envío de tu Espíritu, en quien nosotros encontramos la vida y la plenitud. Y puesto que renovamos ante Ti este misterio haz de nosotros hombres del Espíritu. Concédenos que como tantos santos —con los que ahora nos sentimos unidos— seamos por el Espíritu testigos de Cristo en todo momento. Que el Espíritu nos dé fuerza para luchar por la verdad, la justicia y el amor, luz para comprender a todos, ayuda para servir, profundidad para amar, paciencia para esperar. Que tu Espíritu de amor consume la unidad de tu Iglesia. Y, finalmente, Padre, haznos sensibles a la acción del Espíritu en el mundo y en la historia. Ayúdanos a descubrirla en la ciencia, en la cultura, en el trabajo y en la técnica, en todo aquello en que el hombre y el Espíritu preparan conjuntamente el parto de los nuevos cielos y la nueva tierra. Por Cristo, con El... 77

SANTÍSIMA TRINIDAD - A Trinidad - Dios

Sin conocerte del todo, oh Dios, sabemos que eres digno de recibir nuestra alabanza y nuestra acción de gracias por siempre. Tu eres más grande que nuestra experiencia y que nuestro corazón. Eres el otro, el Inabarcable, el Trascendente. Pero eres un Dios de los hombres, sostienes el mundo que creaste y peleas en medio de tu pueblo. Tú llamaste a Abrahán de su comodidad para hacerlo padre de los creyentes. Revelaste tu nombre a Moisés, para que el pueblo supiera que estabas con él. Tú has hablado por los profetas de todos los tiempos. Has manifestado tu voluntad de salvación y tu cercanía sobre todo en Jesús de Nazaret, tu palabra viviente, a quien enviaste entre los hombres, nacido de mujer, para que el mundo se salve por él. El es el Hijo de Dios, su imagen visible. Tú derramas el Espíritu Santo en nuestros corazones, el Espíritu anunciado por Jesús en el cual podemos llamarte Padre. Tú eres diálogo permanente, comunidad de amor, activa y desbordante hasta tus criaturas. Sin haberte visto, te amamos con los santos, sin comprenderte, te adoramos con los ángeles y cantamos sin cesar el himno de tu gloria. SANTO...

Los cielos y la tierra proclaman tu gloria. , Y, sin embargo, ¡cuánto nos cuesta reconocer tu presencia! Eres desconcertante, Señor, nuestro Dios. ¿Qué significa tu nombre para los fuertes de este mundo ? Te haces presente en la debilidad, nos hablas con palabras al alcance de todos. En tu justicia y santidad no te alejas de los pecadores; estás siempre dispuesto al perdón y ofreces a los reconciliados el cuerpo de tu Hijo, después de santificar el pan y el vino por la fuerza de tu Espíritu Santo. Jesús, el Señor, en vísperas de pasar de este mundo al Padre reunió a sus discípulos para celebrar la Pascua y, estando a la mesa, tomó pan... Padre, al hacer memoria de la muerte gloriosa de tu Hijo, Jesús, unidos en el único Espíritu, te ofrecemos nuestra Acción de gracias. Que esta eucaristía haga crecer a tu Iglesia en el amor, para que te conozcamos mejor y creamos más. Tú que eres el Dios del amor y de la paz, concede tu paz a todos los pueblos. Que no falte salud, alimento y trabajo a los pobres. Haz que tu nombre recobre su sentido entre nuestras palabras de cada día. Para que en todos los rincones de la tierra sea reconocido y alabado por medio de Jesucristo, el Hijo, y en la comunión del Espíritu Santo por toda la eternidad. AMEN.

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SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO - A Pan vivo

Unidos en torno a la mesa del pan y la palabra, te damos gracias, Señor nuestro Dios, y te bendecimos en este día por Jesucristo, nuestro Salvador. El cual, nacido de María la Virgen, hermano entre los hermanos, se entregó a la muerte por la vida del mundo. Llevado por su amor hasta el final, v para perpetuar su pasión salvadora, celebró la cena con los discípulos V se hizo comida que reúne, bebida que conforta y estimula. -El es nuestra Pascua, él nuestra eucaristía. De la mesa que nos has preparado en tu Hijo desborda la abundancia de tu gracia para todos los hombres. Por eso, Padre, te cantamos un cántico nuevo y aclamamos tu bondad, diciendo: SANTO... Señor Jesús, todos los hombres buscamos el pan y la paz. ¡Cómo nos alegra oír de tus labios esta palabra íntima! Saber que tú eres el pan de vida. Pan amasado con el fruto de la tierra, pan ganado con sudor, pan que da fuerza para andar el camino, pan para el pobre y el peregrino; Eso eres tú: Pan vivo. 80

Tú nos ofreces tu carne en comida y tu sangre en bebida. Cuando llegó la hora se puso a la mesa con los apóstoles; mientras estaban comiendo tomó Jesús pan... En esta comida hacemos memoria de la muerte y resurrección del Señor. Te pedimos humildemente, Padre de bondad, que el Espíritu Santo transforme nuestra ofrenda en pan de vida y cáliz de salvación y nos guarde en la unidad. Que el pan que compartimos nos una a todos en el cuerpo de Cristo; que el cáliz de nuestra acción de gracias nos una a todos en la sangre de Cristo. Renueva, Señor, en este día el corazón de nuestra sociedad, para que el pan de la abundancia sea partido a los pobres. Haz que a nadie le falte su pan: el pan de tu palabra y del espíritu, el pan de un jornal suficiente, el pan de la libertad, el pan de la amistad y del amor fraterno. Acuérdate, oh Dios, de los miembros más necesitados de este cuerpo de Cristo que es el mundo. Ten misericordia de vivos y difuntos, para que, alimentados con el pan de vida, lleguemos a la resurrección del último día. Y así podamos amarte y glorificarte por siempre con Jesucristo, el Señor, y en la unidad del Espíritu Santo. AMEN.

SEGUNDO DOMINGO ORDINARIO - A Reunión

Queremos darte gracias, Señor, en esta hora festiva de nuestra semana, porque nos reúnes a los que confesamos tu nombre Como un solo cuerpo, estamos congregados los que hemos recibido un mismo Espíritu Somos tu Iglesia, la comunidad convocada por tu Palabra aquí y ahora. También nos sentimos invisiblemente unidos a todos los que, en cualquier lugar, invocan el nombre de tu Hijo Jesucristo, señor nuestro y de ellos Todos formamos el pueblo santo que Tu has consagrado con la misión y poder de ser fermento de paz sobre el mundo AI vernos juntos hoy y reconocernos en el signo sacramental que Tu nos dejaste como distintivo, nos llenamos de alegría y sentimos ese gozo de los amigos y familiares que se vuelven a encontrar unidos tras la separación Con los angeles y arcángeles cantamos el himno de tu gloria y decimos SANTO Eres santo de verdad Señor porque nos has enviado a tu Hijo como el siervo paciente y humilde que viene a congregar lo que estaba disperso Fue precedido por Moisés y los profetas que con su palabra y su testimonio reunieron a Israel, forjaron la unidad de las tribus de Jacob Luego llego Jesús, tu Hijo unigénito, el cordero inmaculado que quita el pecado del mundo

Sobre el estaba posado tu espíritu como una paloma mensajera que trae el ramo verde de la paz Desde entonces ha surgido tu Iglesia, la comunidad de los hombres bautizados en el Espíritu, destinada a ser lermento de unión para toda la humanidad Pero ese Espíritu solo pudo volar libremente a partir del día terrible en que Jesús fue sacrificado Broto como agua fecunda del costado del Jesús inmolado en la cruz Ahora hacemos presente su sacrificio, fuente de la efusión salvadora del espíritu vivificante, para que ese mismo Espíritu siga posándose sobre nuestra Iglesia y asi lleve a termino su obra de reconciliar y trasformar todas las cosas Jesús, la víspera de su pasión Recordando la muerte sacrificial de Cristo y su resurrección a los cielos, te pedimos, Padre, nos congregues a todos en la unidad. Que tu Iglesia y, a través de ella, toda la humanidad llegue a ser tu pueblo santo, confirmado en gracia y beatitud Lo mismo que este pan, compuesto de granos de trigo, antes dispersos y desperdigados por los rastrojos, ha sido amasado y aglutinado, de la misma manera tu Iglesia es amasada en la unidad para que todos los hombres, viendo su testimonio, depongan las armas del odio Que el abrazo de paz que ahora nos damos sea testimonio y compromiso de una lucha pacifica en pro de la reconciliación Por Cristo

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TERCER DOMINGO ORDINARIO - A Mensaje

Es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias, Señor, y alabarte, porque nos has dado a tu Hijo como ángel mensajero de tu redención liberadora, como testigo de la misión y del envío. La vida de Jesús estuvo dominada por una constante preocupación misionera. Los años de su actividad pública quiso mostrar que había venido a llamar y a invitar no sólo a los hijos de Israel sino a todos los hombres. Buscó la compañía de los marginados, vivió en la Galilea de los gentiles, es decir, de los paganos. Recorrió aquellas ciudades donde se borraba la frontera entre el pueblo elegido y los pertenecientes a otros pueblos, a otras religiones. Los samaritanos, considerados como herejes en aquellos tiempos, constituyeron el objeto de sus predilecciones. Fue la luz que quiso brillar donde otros pensaban que sólo había tinieblas. Fue el juicio que iluminó a los que tenían ojos puros, mirada trasparente, y cegó a los que creían verlo todo. En fin, El se hizo marginado entre los marginados y fue expulsado de entre los suyos por querer abrir el círculo, empeñado en reunir a todos los hombres. Fue colgado fuera del campamento en que habitaba su pueblo. Fue crucificado fuera de la ciudad, 84

la ciudad santa de Jerusalén, entre dos malhechores. Así nos lo recuerda la Eucaristía que Él nos dejó como memorial de su vida y su muerte. La víspera de su pasión ... Hacemos memoria de tu Hijo, Señor, de su vida y su pasión, de su muerte y resurrección y te ofrecemos su sacrificio al que unimos el sacrificio de tu Iglesia, el de cada uno de nosotros y el de todos los que sufren por el Reino. Envíanos tu Espíritu, para que todos tengamos un sentido misionero para que lleguemos a ser pescadores de hombres; es decir, para que todos sepamos unir a quienes están dispersos. Que en nuestra vida sepamos echar esa red de la unión y la reconciliación, donde estén juntos los que la vida separa. Que tu Iglesia sea la gran reconciliadora, el fermento de unidad, la casa paterna que anticipa a la nueva familia humana. Ayuda al Papa, a los Obispos, al clero y a todo el pueblo de Dios a ser ministros de la reconciliación, servidores y portadores del perdón. Por Cristo...

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CUARTO DOMINGO ORDINARIO - A Bienaventuranzas

Te damos gracias, Dios y Padre nuestro, porque, a través de tu Hijo, has querido compartir las alegrías y los sufrimientos de los hombres. Te damos gracias por Jesús, siervo de Yahvé y siervo de todos nosotros. Durante su vida terrena recorrió las tierras de Palestina, saliendo al encuentro de toda clase de enfermos, aquejados de dolencias y sufrimientos diversos, de endemoniados, lunáticos, leprosos. Le seguía siempre una gran muchedumbre. Así vivió en medio de las masas, en el corazón de las masas, compartiendo ese destino común de todos. No sólo llamó bienaventurados a los pobres, a los que sufren, lloran, padecen hambre y persecución por la justicia a los hombres de buena voluntad, los misericordiosos y limpios de corazón. El también fue pobre, lloró y fue perseguido hasta padecer la muerte en cruz. Por eso le proclamamos bienaventurado entre los bienaventurados y le llamamos a El, junto contigo, tres veces santo, cantando el himno de los ángeles y diciendo: SANTO... Santo eres, Señor, porque has querido que tu Hijo, al hacerse hombre, no quedara prisionero de las minorías de privilegiados que llevan una vida aparte del pueblo, al abrigo de toda incertidumbre y toda indigencia. Él fue solidario de ese pueblo que componen los hombres sin privilegios, sin herencia, sin las posiciones ni las armas de las clases pudientes. Fue también solidario de sus deseos de libertad,

de sus ansias de emancipación; más aún, Él encendió la gran llama de la esperanza mesiánica prometiendo la redención a todos aquellos que luchan por la fraternidad y la destrucción de toda barrera de odio o división. De hecho, con su vida, empezó a realizar ya esa nueva realidad de justicia y reconciliación. Pero las fuerzas del mal se levantaron contra Él, para defender las posiciones adquiridas, ante la amenaza que el Mesías significaba para ellas. Jesús fue condenado a muerte. La víspera de su pasión ... Recordamos ahora, Padre común de todos, la muerte de tu Hijo y su resurrección mientras te ofrecemos su sacrificio santo. Hacemos memoria de sus promesas mesiánicas de bienaventuranza y te damos gracias por la Buena Nueva que nos trae y hoy vuelve a hacer efectiva con este sacramento. Envíanos su Espíritu para que nunca desfallezca nuestro ánimo. Envía tu Espíritu a tu Iglesia para que no sea una comunidad de sabios ni de poderosos ni de aristócratas sino una reunión de gentes humildes, que saben comprender y acoger el don de lo gratuito, el don de la salvación. Que tu promesa de bienaventuranza no la entendamos milagrosamente como si tu gracia fuera una solución de los problemas que hemos de resolver nosotros. Que tu Espíritu nos haga vivir la fe como una confianza en tu presencia y una esperanza en la promesa de tu venida, así como una toma de conciencia de nuestras propias responsabilidades. Te pedimos por el Papa, los Obispos, por el clero, los religiosos, los monjes, en fin por todos los miembros de la Iglesia, para que sean fieles a los carismas recibidos. Por Cristo... 87

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QUINTO DOMINGO ORDINARIO - A Luz

Dios que habitas en la luz eterna, creador de la luz-vida y de la luz-amor antes que apareciesen en el firmamento el sol, la luna y las estrellas. Bendito seas por todas las luces que iluminan nuestras vidas en el conocimiento, la verdad y la vida. Te damos gracias por la luz del sol, por la luz que han inventado los hombres, por todos los iluminados que son hijos de la luz, por el don de la fe. que es un rayo de tu luz en nuestros corazones. Por esto, unidos hoy a la creación entera, nacida de la separación entre la noche y el día. entre las tinieblas y la luz, cantamos el himno de tu gloria: SANTO... Es muy saludable, Padre, que todos juntos te glorifiquemos. Nuestras palabras, Señor, no pueden definirte, porque Tú habitas en una luz que no alcanzamos. Te damos gracias, porque has hecho que nosotros seamos, a través de Jesucristo, sal de la tierra y luz del mundo. A pesar de que con frecuencia desnaturalizamos la sal de la conversión y escondemos la luz de la misión, henos aquí, Padre, en tu presencia. Nuestra confianza y esperanza están puestas en tu Hijo y Señor nuestro Jesús, porque partió su pan - el pan de su cuerpo - con el hambriento, hospedó bajo el techo del firmamento 88

a los hombres sin techo, llamándolos amigos, revistió de humanidad nueva a hombres maltrechos. El es nuestra luz, nuestra aurora. Apareció en medio de la noche, publicó la Buena Nueva a la luz del día y en una noche fue traicionado. A la luz tenue de unas antorchas entregó a sus discípulos la sal y la luz de su personalidad. Estando comiendo... Al recordar hoy la noche del abatimiento y la aurora de la resurrección de Jesús, envíanos tu Espíritu. Que aprendamos a reconocer tu luz en el niño que nace a la vida, en los padres que se inclinan por sus hijos, en los débiles y temerosos, a los que de pronto algo les apasiona por dentro y les hace renacer. Mira, Padre, la sal y la luz que malgastamos en nuestros fallos, desalientos y fracasos: mira cómo intentamos mantenernos unidos, descubrir las nuevas obras de misericordia y de justicia en nuestro mundo para luchar en favor de los hombres con la esperanza puesta en tu Reino. No te olvides de la situación en la que se encontraba tu Hijo crucificado y que ahora goza junto a Ti de gloria y plenitud por los siglos de los siglos. AMEN.

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SEXTO DOMINGO ORDINARIO - A Cambio

Te bendecimos, Padre, creador del mundo, Señor de la vida y del amor. Tu sabiduría es inmensa, tu poder —diametralmente opuesto al poder que nos arrogamos los hombres— es grande. Tú conoces el secreto de los corazones. A través de Jesucristo, tu Hijo, comunicas al mundo una sabiduría, patrimonio de los hombres sencillos. Sabiduría divina, "misteriosa, escondida pero comunicada. Frente a las leyes agobiantes de los hombres, tu Hijo y Señor nuestro Jesucristo vino a liberarlos de las idolatrías que hacemos los rabinos de la sociedad. El nos comunica tu misma interpretación, porque Cristo vino para llamar a pecadores, no a justos, para traer la paz, no la violencia, para servir, no para ser servido. Por eso, hoy, cantamos con tu Espíritu de liberación el himno de tu gloria: SANTO... Te damos gracias por la ley de Cristo, aspiración profunda de los hombres que desean ser personas. Te bendecimos, porque eres vida y no muerte: n o quieres ni la venganza ni el rencor. Te damos gracias, porque el evangelio de Jesucristo, que es nuestro en deseo, nos enseña a ser limpios frente a todo adulterio o adulteración; a vivir de convicciones, no de convencionalismos; a aceptarnos sin repudios farisaicos; 90

a decir sí o n o ; a perdonar, a querer a nuestros propios enemigos. Por haber vivido Jesús con plenitud y madurez su obra y misión en nuestra historia, los príncipes de este mundo — e l poder, la soberbia, el orgullo, la tiranía, la dictadura, la manipulación y la mentira— lo crucificaron. Por eso, sentado a la mesa ... Recordamos hoy la muerte y resurrección gloriosa de tu Hijo. Creemos, Señor, que El ha venido en nuestra carne y sangre para aportar la vida nueva y darnos esperanza de que triunfará con plenitud tu Espíritu. Que ese mismo Espíritu nos revele tu sabiduría, que lo penetre todo. Hoy queremos afirmar nuestra unidad con todos los hombres honrados y veraces, con la Iglesia entera extendida en el universo. Haz que permanezcamos en comunión unos con otros, que a través de cada uno traspase la unidad de tu amor más allá de nuestros pecados. Por Jesucristo, reunidos en torno a El, unidos en su amor, por el soplo de tu Espíritu, te dirigimos nuestra alabanza y proclamamos tu gloria por los siglos de los siglos.

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SÉPTIMO DOMINGO ORDINARIO - A

Como prueba de su amor hasta el fin, la noche antes de padecer, tomó el pan...

Santidad

Te damos gracias, Señor, Padre nuestro, y te bendecimos con todo nuestro ser, porque tú eres el Santo. Eres el modelo de bondad y perfección para nosotros. Tu santidad es amor generoso a toda criatura, comprensión y misericordia para los débiles. Como un reflejo de tu amor creaste el universo; te preocupas de los hombres y las cosas, haces salir el sol sobre malos y buenos y colmas todo de gracia y de ternura. Bendito seas, Padre, por el Hijo que nos has dado, Jesucristo; en él nos has reconciliado, por él has restablecido tu imagen en nosotros. Bendito seas por el Espíritu que habita en nuestras almas y derrama tu amor en nuestros corazones. Llenos de alegría y reconocimiento alabamos tu santo nombre con los ángeles y los santos, y con todos los que experimentan cada día tu amor y tu perdón, proclamamos tu gloria y santidad, diciendo: SANTO... Santo eres, Señor, y santo tu Hijo, Jesucristo, en quien habita la plenitud de la divinidad. Te damos gracias porque en El, nuestro hermano y modelo, has hecho posible la reconciliación de los enemigos, el perdón de las injurias, el amor a los que nos persiguen y calumnian. Jesús nos enseñó a superar el mal con el bien, la enemistad con la fuerza del amor. Para romper las barreras que dividen a los hombres y reconciliarnos a todos con Dios extendió sus brazos en la cruz. 92

Nosotros ahora, al hacer memoria de su muerte gloriosa, y mientras esperamos confiados su vuelta, te pedimos, Padre, que envíes el Espíritu Santo, para que santifique nuestra ofrenda y la haga agradable a ti. Que él purifique nuestra comunidad, para que, libres de rencor y enemistades, participemos en la comida fraternal del cuerpo y la sangre de tu Hijo. Te pedimos también por todo tu pueblo santo; haznos a todos perfectos en el amor, para que, con la santidad que dimana de ti. nuestra tierra adquiera un rostro nuevo. Asiste con tu gracia a los que tienen la misión de custodiar la dignidad y el derecho de los hombres: a los responsables de la sociedad y de la Iglesia. Acuérdate de los que murieron víctimas de la enemistad y el desamor; y de tcfdos los difuntos. Mirafeon bondad a los que estamos reunidos en tu nombre; que santificados por tu perdón y tu gracia podamos amarte y bendecirte con Cristo, por El y en El, y en la unidad del Espíritu Santo. AMEN.

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OCTAVO DOMINGO ORDINARIO Confianza

Con el corazón puesto en ti, te damos gracias, Dios de todos los vivientes, y te bendecimos porque de ti viene nuestra salvación. Has hecho con amor todas las cosas y no te olvidas de ninguna criatura. Mientras buscamos pequeñas seguridades, agobiados, el universo descansa en tu regazo como una barca en el puerto. Tú haces salir el sol soLi-e el hombre y el almendro, envías la lluvia suave, para que los lirios se refresquen y los pájaros laven sus alas. Tú conoces los designios de cada corazón humano y sigues con impaciencia el itinerario de cada alma. Has amado tanto al mundo, Padre Santo, que nos enviaste a tu Hijo, para que nada nos faltara de lo que podías darnos. Por eso, llenos de alegría y confianza, te cantamos con la voz que nos has dado: SANTO... Sólo el que sabe mirar la creación a la luz de la confianza en ti puede descubrir la bondad y la gloria de que está llena cada cosa. Sólo el libre de corazón, el que no claudica ante el oro o el petróleo, ni ante el cheque extendido o el ascenso indebido 94

es capaz de ver este mundo como obra de tus manos, y de percibir tu presencia en el pan y el vestido del pobre. Envíanos tu Espíritu Santo, Dios, que nos haga comprender estas cosas tan sencillas y ocultas. El, que convierte el pan y el vino de la mesa en el cuerpo y la sangre de Jesús. El Señor Jesús quiso dar a los que le seguían la última prueba de su amor antes de morir entregándose en comida y bebida. Estando a la mesa con sus discípulos tomó pan... Este es el sacramento de nuestra íe, en el que Cristo muerto y resucitado se nos da como prenda de salvación hasta que vuelva. Al ofrecerte el sacrificio santo con nuestra acción de gracias, ¿qué podemos pedirte, Señor, si tú conoces las necesidades de todos antes de formularlas ? Acepta nuestra intercesión por la Iglesia y el mundo; haznos a todos dignos de acoger cuanto tú nos puedes dar. Con Cristo, por El y en El a Ti, Dios, Padre omnipotente, todo honor y toda gloria, en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. AMEN.

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NOVENO DOMINGO ORDINARIO - A Hacer

Bendito seas, Padre, porque has hecho el mundo, en el que todos nos movemos, existimos y somos. Lo has dejado en nuestras manos y te damos gracias. Tú estás presente en la construcción de tu Reino, en la evolución de la humanidad entera, en el corazón de todos los hombres, en el amor que todos deseamos y ansiamos. Tú eres, Padre, el único Dios. Tu palabra de vida y de amor se encuentra escondida dentro de nosotros y en boca de los verdaderos profetas, de los testigos de tu justicia, de quienes obran con rectitud. Eres verdaderamente santo. Padre, y nos alegramos de poder cantar todos juntos el himno de tu gloria: SANTO... Benditos son los que caminan en tu nombre en son de paz, los que dicen y hacen, los que todo lo edifican sobre roca. Bendito seas por Jesucristo, fundamento de nuestra esperanza en el Reino de la plenitud y objeto personal de fe. El vive ya con nosotros, porque nos dejó tu Espíritu. Se pone al lado de los oprimidos, de los negros y amarillos, de los pobres y sencillos para dar una esperanza a su opresión. Comparte la humildad y la no-violencia de los pacíficos, 96

viendo en ella un destello de tu amor. Comparte el hambre y la sed de los pobres y pecadores y les promete u n a tierra más digna. Y para que no nos quedasen dudas respecto a su actitud, la víspera de su pasión dio a la comida de unos hombres, pobres e inquietos, u n sentido nuevo, el sentido del amor y la amistad, el sentido de u n a muerte aceptada y destruida. Estando en la mesa con los suyos ... Envíanos, Padre, tu Espíritu de esperanza, de fe en las promesas, de paciencia y de vigilia, mientras recordamos hoy el triunfo de tu Hijo, su ascensión y su glorificación. Nuestros esfuerzos en favor de tu Reino son vacilantes y demasiado equívocos para merecer ser signos de tu amor. Que logremos decir con entereza Señor, Señor, sin mentiras farisaicas, con palabras veraces y obras auténticas. Que estemos atentos a tu Espíritu de santidad, para que nuestro testimonio enlace con el testimonio de quienes nos precedieron y con el testimonio del gran testigo Jesús. Por Ti, Padre de los cielos, en unión de tu Espíritu y a través de tu Hijo Jesucristo, elevamos nuestro pan y nuestra copa para salvación nuestra y gloria tuya por los siglos de los siglos. AMEN.

DÉCIMO DOMINGO ORDINARIO Culto verdadero

De verdad es justo, Dios de poder y santidad, que te demos gracias con nuestra boca y te alabemos con nuestras obras Porque nos has enseñado el camino recto para honrarte y darte culto Tu no te dejas alagar como los falsos dioses, por el incienso y los holocaustos, ni por la pompa exhuberante de nuestras ceremonias festivas Tu conoces el corazón de cada hombre Sabes lo que hay en el de verdad y justicia, de misericordia para el hermano y de conocimiento verdadero de ti En el Hijo Jesucristo, que padeció y murió por nuestro amor y resucito para gloria nuestra nos has dado el sacrificio único de la nueva y eterna Alianza Por todo ello, te damos gracias y bendecimos tu nombre sin cesar diciendo: SANTO Jesús tu Hijo y hermano de los hombres, que vino a este mundo para hacer tu voluntad, nos enseño un culto nuevo, la adoración en espíritu y en verdad El Espíritu que lo guiaba lo acerco a la morada de los pecadores para llevarles el perdón Salió por los caminos y las plazas para anunciar a los pobres tu amor, para proclamar la libertad a los cautivos, 98

dar vista a los ciegos y liberación a los oprimidos Y a fin de que vivamos en la verdad ensenada, resucitado, nos envío el Espíritu desde tu seno, para llevar a plenitud su obra en el mundo Que este mismo Espíritu santifique, Señor, nuestras ofrendas, para que celebremos el sacrificio autentico que el nos dejo como comida fraternal Porque el mismo la noche en que iba a ser entregado Al recordar ahora la vida y la muerte de Jesús queremos hacer realidad su ejemplo en nuestras vidas Por eso te pedimos, Padre que tengas piedad de tu Iglesia, para que sea mas veraz en sus manifestaciones y este mas cerca de los hombres Que los humildes, los pecadores y los pobres no se vean alejados de su seno por la falta de corazón Acuérdate del Papa, de nuestros obispos y presbíteros Haznos a todos comprensivos y misericordiosos, para que el mundo vuelva a experimentar la imagen del Dios que es amor Con Cristo, por El y en El a l i Dios Padre omnipotente todo honor y toda gloria en la unidad del Espíritu Santo por los siglos de los siglos. AMEN

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UNDÉCIMO DOMINGO ORDINARIO Opción

Te bendecimos, Padre, Señor de cielo y tierra, porque nos ha creado diferentes los unos de los otros. Te damos gracias por todos aquellos que escuchan tu voz, aun sin conocerte, y por todos los que guardan tu alianza. No sólo has hecho el universo y la vida desde la nada, sino que deseas crear continuamente un pueblo libre, responsable, justo y santo. Te damos gracias por tu llamada. Reconocemos que es débil nuestra fe y endeble nuestro compromiso, pero hoy te alabamos, porque nos reunimos en tu nombre con la alegría renovada del encuentro. Asociados a todos los profetas, enviados, apóstoles y misioneros, cantamos todos juntos el himno de tu alabanza: SANTO... Bendito seas por Jesucristo, tu enviado en la tierra para reconciliarnos. El se compadeció y se compadece de nuestro pueblo explotado por seudojefes asalariados y mercenarios. El llamó a los Doce y sigue llamando por medio de tu Espíritu a nuevos servidores de tu pueblo, para expulsar los demonios del mundo moderno y para sanar en profundidad a todo hombre quebrado. Te alabamos, porque tu Reino se da entre nosotros, a pesar de las sombras de tensiones, 100

envidias, recelos y miedos. Nos cuesta mucho ponernos en marcha, dejar nuestro rincón, abrirnos al mundo. En definitiva, nos cuesta resucitar. Por eso hoy recordamos todos juntos que la víspera de la pasión... Tú tomaste en serio a tu Hijo al morir y resucitar y tu Hijo tomó en serio su camino hasta la Ascensión. El puso tu confianza en tu amor, no se preocupó por el pasado, dispuesto siempre a cualquier imprevisto del futuro. Por eso su vida y su muerte cambian radicalmente nuestra vida y nuestra muerte. Entregado al amor de una vez por todas, no se volvió atrás en su misión. Al vivir otros recuerdos mediante la fuerza de tu Espíritu, haz que avancemos en nuestro compromiso misionero. A veces nos desconcertamos al tener que ponernos en marcha por unos caminos distintos a los acostumbrados. En vez de correr el riesgo de la fe y las exigencias de la misión, preferimos tranquilizarnos con falsas prudencias y cálculos egoístas. Que tu Espíritu nos enseñe a rebasar y nos mobilice en favor de nuestros hermanos, de nuestro pueblo extenuado. Como homenaje a tu sabiduría escondida, en honor de tu Hijo y para salud de tu pueblo elevamos nuestro pan y nuestra copa de bendición con el deseo de que tu Espíritu nos empuje a entrar en la lucha contra la injusticia y la opresión con la esperanza de una liberación total del reino que tienes prometido. Por los siglos de los siglos. AMEN. 101

DUODÉCIMO DOMINGO ORDINARIO Vida cristiana

Dios y Padre, amor y vida Has querido que todos los hombres por diferentes caminos, se dirijan a Ti y conozcan tu nombre Derramaste en la creación energías infinitas para que todos los seres evolucionasen hacia la perfección. Concediste a los hombres el lenguaje y la inteligencia, el corazón y la voluntad, para que dominasen la tierra, la cultivasen y la convirtiesen en un paraíso Nos regalaste un precioso don el de la libertad, para que te aceptemos por la fe a pesar de las noches y de las tormentas de las espinas y de los llantos Somos pequeños, pero tenemos aspiraciones infinitas No podemos ni queremos estar solos Tampoco Tu quisiste la soledad de Adán ni las rencillas de Caín ni las guerras fratricidas Quisiste un pueblo libre de la esclavitud que se reuniese en asamblea santa en su caminar por el desierto Hoy te alabamos todos juntos con el himno de tu gloria SANTO Del seno de una mujer humilde y santa nació, por tu Espíritu, Jesucristo El busco la compañía de unos amigos, se entrego por entero a su Reino y pacientemente creo una comunidad nueva Porque creemos en tu palabra y en la fuerza de tu Espíritu, el mismo que poseyó tu Hijo y los primeros testigos del evangelio, nos hemos reunido domingo tras domingo en tu nombre A veces semihundidos en el mar embravecido

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y a veces envidiosos, egoístas e infantiles. También te hemos buscado y te hemos confesado Semanalmente, en pequeños grupos, hemos hablado de los hombres, de nosotros mismos, de nuestro pueblo esclavizado Tu estabas presente, aunque no siempre pronunciásemos tu nombre Algunos, los mas fuertes en el Espíritu, han sido testigos tuyos de la justicia del evangelio Otros, débiles en decisiones, se h a n sentido fracasados, instalados, separados Todo lo reconocemos y por todo te damos las gracias Gracias, porque todavía creemos, porque se ha purificado nuestra fe de falsa religiosidad, porque nos sentimos mas libres, mas personales, mas adultos Gracias por las celebraciones eucansticas dominicales, por las reuniones semanales, por las vigilias y por el Triduo Pascual Gracias por los dones, vanados y abundantes, que hemos recibido en estos meses Te alabamos y te glorificamos especialmente por tu Hijo y Señor nuestro, Jesucristo, el cual poco antes de morir por la verdad y la justicia de tu Remo, reunido en comunidad, como nosotros, con sus amigos y discípulos, nos dejo un signo verdadero y misterioso de su presencia y de la acción de su Espíritu Sentado a la mesa, tomo el pan Celebrando asi la muerte y resurrección de tu Hijo, confesamos nuestra fe en tu existencia. Afirmamos que tu Espíritu esta vivo entre nosotros Por todo lo cual, brindamos por tu gloria y señorío con Cristo, por El y en El, en la unidad del Espíritu por los siglos de los siglos AMEN

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DECIMOTERCER DOMINGO ORDINARIO - A Plegaria

Te damos gracias, Padre nuestro, porque eres Padre de todos y todos somos hermanos. Tus promesas son la razón de nuestra esperanza y tu llamada es la voz para vivir siempre en marcha. Eres el Dios del pueblo, el Dios de la vida, el Dios de la liberación. Te damos gracias por todos los hombres que han entregado su vida en rescate y liberación del pueblo. No quieres la condición servil de nadie, ni las esclavitudes y estás siempre en contra de toda opresión. «Yo os libertaré de trabajos forzados —dijiste a tu pueblo esclavo— y os libraré de toda atadura». Muestra, Padre, qae eres nuestro Dios y que sigues anunciando tus promesas. Te damos gracias por la esperanza activa, que reside en todos aquellos que cruzan el desierto del mundo, luchando y esperando contra toda esperanza. Al cantar ahora el himno de tu gloria, proclamando tu santidad, deseamos expresar que Tú eres la salvación del mundo: SANTO... Te damos gracias por Jesús, tu. Hijo, hombre para los demás, cumplimiento de tus promesas. Te damos gracias por el mensaje de liberación que anunció Isaías, proclamó Jesús en la sinagoga de Nazaret y cumplió a lo largo de su vida. 104

Te bendecimos por el aliento de esperanza, consuelo, liberación y justicia que hallamos en el evangelio. Tu Hijo y Señor nuestro. Jesús, defendió a los pobres frente a los ricos, a los débiles frente a los poderosos y a los pecadores frente a los hipócritas. La cruz de Cristo fue el desenlace de esta confrontación y la muestra de una victoria única sobre el pecado. Jesús, tu Hijo, subió la cuesta de la montaña que conduce a la ciudad. No olvidamos que bajó hasta los niveles más incomprensibles. Con los primeros testigos de su vida se reunió por última vez, tomó el pan... Al recordar hoy la muerte y resurrección de Jesús, nos acordamos del sentido que posee la lucha por la liberación total. Te damos gracias por llamarnos a la libertad, incompatible muchas veces con tradiciones y órdenes establecidas. Te damos gracias por tu Reino, en el que se besan la justicia y la paz. Esperamos ser un día «hermanos» y Tú todo en todos. Gracias, Padre. Tu llamada nos invita a obrar, esperar y luchar. No nos dejes encerrarnos en los recintos intimistas de nuestras relaciones estrechas y reducidas. Lanza tu Espíritu ahora y aquí, para que adquiramos compromisos personales, profesionales y políticos. Danos valor, actitud militante, sentido concreto de la praxis, iluminación crítica y profética, decisión y compromiso. ¿No es tu evangelio una opción por el reino de los pobres contra toda clase de pobreza ? Que no se reduzcan las tensiones con paces falsas, sino que se superen, en la Iglesia y en el mundo, on la búsqueda de la paz. / Ti, Padre...

DECIMOCUARTO DOMINGO ORDINARIO - Gente sencilla

,qué confortantes resultan las cosas más normales!: la palabra comprensible del compañero de trabajo, el vaso de vino en la taberna de la esquina, el pan sobre la mesa de madera. Envía, oh Dios, tu Espíritu Santo, el Espíritu vivificante de Jesús, que haga transparentes todas las cosas que encubren tu presencia. Que él nos de a comer el pan de vida y a beber el vino de salvación. El mismo Jesús, la noche en que iba a ser entregado...

Con la pobreza de nuestras palabras h u m a n a s queremos darte gracias, Padre nuestro, y bendecir tu nombre por siempre. Porque, en lugar de alejarnos con tu poder y majestad, te has manifestado cercano a los hombres, bueno con todos, al alcance de los humildes. Has escondido los misterios de tu Reino a los sabios y entendidos y los has revelado a la gente sencilla. Tú no ocupas un puesto importante en nuestra sociedad; ni el pueblo de tus asambleas es u n pueblo de nobles e influyentes. Tienes tu morada y tu trono entre los limpios de corazón, los perseguidos a causa de la verdad, los hambrientos de pan y de justicia. En Jesucristo, tu Hijo, mostraste al mundo la fuerza del amor en la debilidad de la carne; buscado por los pobres y enfermos del pueblo, despreciado y perseguido por los poderosos, extendió sus brazos en la cruz con la suprema libertad del que nada posee. Y así entró en tu reino. Por eso, con los ángeles y los santos, y recogiendo la voz sin palabras de tus criaturas te adoramos, diciendo:

Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección y ascensión, hasta que vuelvas, Señor, d glorificar a los humildes de esta tierra. Acepta, Padre, nuestra acción de gracias y nuestra intercesión humilde. Hoy queremos pedirte por los hombres y las cosas de cada día. Por la familia en la que hemos nacido y crecido, por la comunidad cristiana que alimenta nuestra fe y nos apoya en la lucha, por los vecinos con los que nos toca vivir, por los compañeros con los que trabajamos. Haz que valoremos unos a otros. Acuérdate también de nuestros hermanos que han muerto desconocidos de los hombres y de todos los difuntos. Admite a todos en el reino que has preparado para los que se dejan guiar por el Espíritu de Cristo. Con Cristo y por El te adoramos en la unidad del mismo Espíritu ahora y por los siglos de los siglos.

SANTO...

AMEN.

¡Bendito el que viene en nombre del Señor! Jesús, el rey humilde, la palabra sencilla de Dios. En un mundo tan complicado y engreído

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DECIMOQUINTO DOM. ORDINARIO - A Semilla

Bendito seas, Padre, Dios de la creación. Origen y destino de todo lo que existe. Nuestra acción de gracias sube hacia Ti, porque has depositado en este mundo la semilla de vida, para que todo crezca hasta su plenitud. Obediente a la voz de tu palabra el vacio se llenó de días y de noches, de plantas y animales, de espíritu viviente. Dotaste a la mujer y al hombre con gérmenes de vida, para que tu imagen se multiplique en la humanidad. Tu palabra es semilla sembrada en todos los lugares y en todos los espíritus. Cuando se cumplió el tiempo dispuesto, la palabra se hizo carne y habitó entre los hombres. y murió como el grano sembrado se destruye para dar fruto. Pero resucitó con vida nueva, para que pudiéramos contemplar la gloria a la que están llamadas todas tus criaturas. Recogiendo el gozo y la esperanza de esta creación bendecimos tu amor y te cantamos: SANTO... Bendito seas, Padre, porque hemos llegado a escuchar la palabra de Jesús. Ella nos alegra y nos da miedo. Sabemos que es fecunda, pero exigente; 108

(jue nos compromete y violenta, ue pronto, para que con M ría y todos los juste; que nos hí" i precedido podamos alabarle y darte gv icias por Jesucristo, tu Hijo, y en la unidad : el Espíritu ianto toda la eternidaí'. AMEN.

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DECIMOCTAVO DOM. ORDINARIO - A Hambre

Hoy también te damos gracias Padre santo y confesamos que es lo justo y bueno Pero no por el hambre y la pobreza que no son obra tuya Te bendecimos porque te cuidas de los pobres porque sufres en la carne de los que tienen hambre y sed, y te damos gracias porque nos has ensenado el camino para que todos coman pan hasta saciarse Tu no eres el Dios de la resignación Tu liberas al pueblo y no lo engañas das de comer y beber en el desierto vengas el salario no pagado Tu invitas a comer y beber gratis en Ja mesa de todo lo creado porque el hambre no se mide por dinero y amas la vida de cada criatura Gracias oh Dios por la asombrosa claridad de tu palabra dicha y por el ejemplo vivo de tu palabra hecha hombre, Jesús de Nazaret Con el te bendecimos y adoramos y con los angeles y santos te cantamos SANTO iBendito el que viene en nombre del Señor Jesús que se manifestó santo en sus obras' Sin ocultarse de la gente que le apremia Jesús siente que el pueblo tiene hambre hambre de Dios y Hambre de pan y pt c es para el cuerpo Por eso lo dio todo y se dio todo Se hizo pan para todos los he mbnentos y vino para todos los sedientos

Nosotros reunidos en la mesa del pan y la palabra recordamos su invitación a repartir y escuchamos el encargo a sus discípulos «dadles vosotros de comer» iOh Padre de Jesús y Padre nuestro' como nos pesan el hambre y la pobreza de este mundo y las cosas que nosotros nos guardamos a la hora de pronunciar la bendición sobre el cuerpo y la sangre de Jesús Envíanos tu Espíritu que al transformar los dones ofrecidos convierta el corazón de esta comunidad Solo asi nos atrevemos a compartir la cena del Señor Jtsus la noche antes de padecer tomo pan Al recordar la entrega de Jesús hasta la muerte y su resurrección esperamos que vuelva para sentar a ¡os pobres en Ja mesa de tu Remo iüh Señor Dios nuestro i Hoy se nos hace difícil la oración cfcs honrado pedir que soluciones lo que nosotros no hemos empezado a remediar? No es sincero pedir que den los otros lo que uno mismo no ha empezado a dar Solo pensando en el Señor Jesús nos atrevemos a pedirte lo mas fundamental Padre da a todos los hombres el pan de cada día perdona la injusticia de esta sociedad cambia el corazón de piedra de tu pueblo ensénanos a compartir el sueldo y la vivienda Porque solo asi podremos compartir aquella Mesa donde nadie tendrá hambre ni sed porque el Cordero apacentara a los pobres y enjugara las lagrimas de sus ojos Allí recibirás gloria y honor con el Hijo y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos AMEN

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DECIMONOVENO DOM. ORDINARIO Signos de Dios

Hoy, Señor, te damos gracias porque existes. Porque existes aquí, en medio de nosotros sin hacerte notar; porque estás, calladamente, en todas partes, en el último fondo de todo ser viviente dando sentido a cada vida, a cada cosa. Te damos gracias, Dios nuestro, porque has querido además comunicarte con los hombres y nos has dado signos de tu presencia; signos humildes y desconcertantes, pero signos de tu poder y de tu amor. Tú no eres la fuerza aplastante, ni la publicidad. Te revelas en. la voz interior que se oye etv el silencio, en la pregunta del hermano, en la palabra del profeta inesperado, en el canto y el llanto del pueblo que busca redención. Tú estás más cerca y más lejos que donde te ponemos. Te damos gracias, sobre todo, Padre, por el signo más cierto de tu presencia en nuestra tierra: Jesús de Nazaret, hijo de Dios e hijo de los hombres. Por él te bendecimos, y con todos los hombres que han creído proclamamos tu bondad y tu gloria: SANTO... Nosotros creemos que este mundo es reflejo de tu gloria; confesamos la presencia de Jesús resucitado y de tu Espíritu. Pero nos falta confianza y nos da miedo. Preferiríamos a veces que fueras u n fantasma; otros quisiéramos más «pruebas», «nuestras» pruebas. No sabemos leer «tus» signos,

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los signos del tiempo y de la gente. Ni siquiera los que Jesús nos ha dejado: sus palabras humanas, pero llenas de vida, sus gestos de cuidado por los pobres, su cuerpo cansado y entregado por todos, la comida fraterna, el agua y el aceite. Envíanos tu Espíritu, oh Dios, que nos abra los ojos de la fe, para que recibamos la presencia de Jesús en el pan y el vino de la eucaristía. Porque él mismo, la noche en que iba a ser entregado ... Este es el sacramento de nuestra fe, el signo de nuestra participación en la Pascua de Jesús crucificado. Acepta, Padre, el sacrificio de tu Hijo. que queremos repetir hasta que él vuelva. Mientras tanto. en este tiempo de lucha y esperanza, te pedimos por las comunidades de tu Iglesia. Aumenta la fe de todos los creyentes y quítanos el miedo. Haz que sepamos ver los signos de tu Espíritu en los hechos y en los hombres; en la voz de los hombres que salen al encuentro pidiendo u n orden nuevo. Acuérdate, Señor, del Papa y los obispos; que confíen en la mano tendida de Jesús más que en la barca. Haz que tu Iglesia vuelva a ser signo de vida y esperanza, el signo de Jesús resucitado en medio de este mundo. Por Cristo, con El y en El a Ti, Padre, honor y gloria en la unidad del Espíritu Santo por los siglos de los siglos. AMEN.

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VIGÉSIMO DOMINGO ORDINARIO - A Sin fronteras

En verdad es justo y bueno, Señor, Dios, Padre de los hombres, que te demos gracias los que te conocemos y que todos los pueblos te alaben Porque tu eres el Dios de todos, tu amor no excluye a nadie Elegiste un pueblo, para que revelase tu nombre a las naciones Hiciste tu Alianza con la humanidad entera, no hay extranjeros en tu Reino Tu casa de oración no tiene puertas, es el lugar de encuentro de todos los que aman el derecho y la justicia. En el Hijo Jesús has derribado los muros y barreras que nos dividen a los hombres, para crear un único hombre nuevo en la sangre de su cruz Con los creyentes de todas las naciones y con los hombres de todas las edades y colores queremos alabarte y proclamar tu gloria SANTO Bendito seas, Dios, por Jesucristo, que viene en tu nombre a reunir un pueblo nuevo, sin fronteras Nacido de mujer hebrea, de la estirpe de Abrahan y de David, se hizo ciudadano del mundo para abarcar a todos en su misericordia El curo las dolencias de los hombres en todos los caminos En el tenemos acceso al Padre judíos y sinos 118

blancos, negros, amarillos y mestizos por la fe y el Espíritu que nos ha sido dado. El preparo para todos la mesa de su cuerpo y de su sangre, mesa de reconciliación y de unidad La noche antes de ser entregado La memoria de tu muerte, Señor, nos fortalece, con tu resurrección nos alegramos. Sabemos que estamos celebrando el gran misterio de perdón y de amor en medio de un mundo dividido (Ven, Señor Jesús' Envía tu Espíritu, que de calor al corazón helado de esta sociedad Nos han hecho creer que hay enemigos, que los nacidos mas alia de una linea marcada son extraños Nos hemos hecho unos para otros extranjeros No somos todos igual de ciudadanos lOh Padre de bondad, haz que nos convirtamos' Que tus Iglesias superen los orgullos y prejuicios y sean morada acogedora para los marginados y emigrantes, para todos los que se sientan extranjeros en este mundo fríamente calculado Que nuestras comunidades y nuestras casas sean lugar de encuentro entre personas, lugar abierto a la esperanza de los pobres Este sera el signo de tu presencia entre nosotros' u n mundo sin clases ni fronteras, en el que a nadie se despida sin curar Acuérdate de todos los difuntos y admítelos en la unidad fraterna de tu Reino Por Cristo, con El y en El te alaben y bendigan las naciones en la unidad del Espíritu Santo ahora y por los siglos de los siglos AMEN

VIGESIMOPRIMER D JM. ORDINARIO - A Profesar la fe

Te damos gracias, Dios Padre santo, porque, en el abismo de tu generosidad, nos has dado acce' J al misterio de tu vida por la fe que recibimos n nuestro corazón y profesamos ;on la boca. Tú eres el o> .gen, el camino y la meta de todo lo r eado. Eres el Dior de Abrahán, de Moisés y los profetas, y el Dios d Jesucristo. Jesús, nací lo de mujer como nosotros, era el Hijc de Dios, el enviado y salvador. Su amor ¡< Padre y su voluntad de liberar a los hombres hermanos lo llevó hír.ta la muerte y resurrección. Por él se 1 i transformado nuestra condición h u m a n a . iin el Espíi tu Santo, que él env ) de junto al Padre, ha congrej ido a los hombres en la Iglesia fundada so re la fe de los apóstoles. Bendito sea , Dios y Padre nuestro, por esta gra i historia de amor y salvación. A ti la glori; por los siglos de los siglos. A ti nuestra labanza y nuestro canto en esta hora: SANTO... Nosotros conft amos que Jesús es el Señor, y te damos gra ias por los hombres que al creer en -1 hicieron posible a comunidad de los creyentes, Dios de nuestra e, y compartimos t pan y la palabra

al celebrar la El Espíritu qu él santifica n i y la convierte Así recordam cuando, senté

-ena del Señor. tú env as es luz y guía de la comunidad; ;stra of enda en el ci erpo y la sangre de Jesús. s lo qu él hizo lo a la nesa con sus discípulos, tomó p e a . . .

Este es el sacr imento de nuestra fe. En él proclam 'mos tu muerte, Señor Jesús, y anunciamo: al mun lo tu resurrección. Por él vivimo! la espe. inza de tu vuel*-->, cuando vendr s a devi lver al P a ^ i ' la creación pu. iflcada. Nuestra eucar tía es *';is reconocer, Dios, nuestra vida. ¿Dcpues de tantas eucaristías e icontraras fe de verdad sobre la tierra ? No sabemos decir a los hombres quién eres, no sabemos profesar la fe con nuestras obras. Señor, Dios nuestro, haznos verdaderos creyentes en ti y en las posibilidades de los hombres. Acuérdate del Papa y los obispos en la Iglesia, que acierten a confesar a Jesús, para que puedan confortar la fe de los hermanos. Bendice a las comunidades cristianas que tratan de revivir las obras de la fe; que no les falte la fuerza de tu Espíritu. No te olvides tu de aquellos hombres que, defraudados por la contradicción de tus Iglesias, han salido a buscarte en otra parte; que te encuentren, Señor. Haz que nunca falten testigos verdaderos, para que el mundo crea en Jesús, el enviado. Con María, la que creyó, con los apóstoles, testigos de la fe, queremos confesarte y glorificarte siempre por Cristo, nuestro Salvador, y en la unidad del Espíritu Santo. AMEN

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VIGESIMOSEGUNDO DOM. ORDINARIO - A La cruz de cada día

No siempre es fácil, Dios nuestro, acertar a darte gracias, aunque queremos hacerlo, porque es justo Los caminos de tu bondad no te los dejas trazar; nuestra vida es un misterio de cruz y gloria cada día Hoy, Padre, te damos gracias por Jesucristo, tu Hijo, nuestro hermano y por su verdad Porque no quiso ganar los seguidores con halagos y promesas, como los líderes según el mundo No prometió a sus discípulos mas riquezas que las persecuciones y calumnias de los acomodados, ni mas honor que el de perder su vida por los otros, ni mas poder que el de la cruz El mismo, despreciando la prudencia de los prudentes, asumió la dura realidad de su destino como fuente de esperanza Perseguido por senadores, sacerdotes y letrados, fue ejecutado legalmente Ofreció el sacrificio de su vida como umco culto razonable Y asi entro en la gloria de su Padre, la gloria que pasa por la crus, de la que participan los que lo siguen Bendito seas, Dios, por Jesucristo, que nos ha clarificado el misterio de la vida. Con los angeles y los santos aceptamos tu voluntad y proclamamos SANTO Santo eres realmente, Señor, y de tu santidad sacamos fuerzas para llevar la cruz de cada día La cruz de nuestras prudencias y egoísmos, 122

la cruz de tener que renovarnos en la mente, la cruz de no ver claro, la cruz de la realidad que nos rodea la cruz de no poder hablar — c o m o el Profeta—, aunque las palabras nos quemen las entrañas, la cruz de la ignorancia y la pobreza, la cruz de tantos ídolos ofreciendo una vida que no pueden dar, la cruz del compartir y el perdonar Padre de Jesús y de los hombres envíanos tu Espíritu de ciencia y santidad, que transforme la vulgaridad de nuestras vidas en una ofrenda agradable a ti, el que transforma el pan y el vino en el cuerpo y la sangre de Jesús El Señor mismo, la noche antes de ser entregado..., Al recordar en esta eucaristía la cruz de Jesús, su muerte y su resurrección, quisiéramos vencer el miedo a nuestra cruz de cada día; aprender a perder para ganar, a morir para resucitar Dios de bondad desconcertante, tu, que eres capaz de seducir y de dar fuerza, escucha nuestra oración Te pedimos por los que están dispuestos a seguir a Jesús a costa de su vida, por los otros, a quienes la vida se les hace insoportable a causa de la injusticia de los hombres, y por aquellos que escogen el camino de la evasión prudente Acuérdate de los vivos, para que sigamos el ejemplo de Jesús, y acuérdate de nuestros hermanos difuntos que sus vidas no hayan pasado en vano A ti, Dios de la muerte y de la vida, queremos bendecirte y darte gloria, con Jesús, el Señor resucitado, y en la unidad del Espíritu Santo por los siglos de los siglos. AMEN 123

VIGESIMOTERCER DOM. ORDINARIO - A Cuidar del hermano

En la comunidad de los reunidos en tu nombre levantamos el corazón a ti, Señor, Padre santo, y te ofrecemos nuestra acción de gracias. Tú eres digno de nuestra alabanza porque te cuidas de los hombres con amor; porque nos has hecho a tu imagen, unos con otros y unos para otros: a imagen de tu amor comunitario. Tú que haces fiesta por el malvado que deja de serlo y no quieres la muerte del hombre en su pecado, has encomendado a cada uno el cuidado de su prójimo. Bendito seas, Dios, porque nos haces instrumentos de tu misericordia. Bendito seas, Dios, por Jesucristo, el que ha sido capaz de amar a los hermanos más que a sí mismo, hasta entregar su vida por el perdón de todos. En nombre de todos los redimidos por su amor y con todos los hombres de buena voluntad aclamamos tu bondad y tu gloria, diciendo: SANTO... Tú eres santo, Señor, y santo tu Hijo, Jesucristo, pero nosotros no. Necesitamos la ayuda del hermano, su mano tendida y su perdón, su ¿corrección fraterna. Estamos acostumbrados a acusar y condenar, sabemos más juzgar que corregir, herir más que curar. O nos hacemos indiferentes 124

como si el prójimo no fuera obligación. Por eso nos alegra y conforta el ejemplo de Jesús. El supo amar y corregir, hablar al pecador para salvarlo. El hizo de los hombres dispersos u n a comunidad de reconciliación. Te rogamos, Padre, que el Espíritu de Jesús santifique el pan y el vino preparados, para que su presencia en la comunidad nos una a todos en u n cuerpo. El mismo Jesús reunió a sus discípulos para la cena pascual y estando con ellos a la mesa, tomó pan ... En esta eucaristía, Señor Jesús, celebramos el misterio de nuestra redención y proclamamos tu presencia entre nosotros hasta que vuelvas en tu gloria. Al ofrecer al Padre el sacrificio santo, rogamos que intercedas por la comunidad de los creyentes, paca q u e sepamos llevar a plenitud el mandamiento del amor a los hermanos. Que no tergiversemos las exigencias del amor; que sepamos hablar cuando no es justo callar, que encontremos la palabra adecuada y el perdón a su tiempo. Que todos sepamos aceptar la corrección de los otros. Concede, Señor, a las Iglesias que se reúnen en tu nombre sentido del cuidado y la responsabilidad por los más necesitados. Que sean para el mundo modelo de ayuda fraternal, de respeto al h e r m a n o : a su libertad y a su debilidad. Oh Dios de la misericordia y la justicia, haz que esta sociedad en que vivimos llegue a confiar en el amor más que en la fuerza, en el diálogo más que en la condena. Que la presencia del Espíritu nos una, para que al experimentar tu bondad en los hermanos podamos bendecirte y darte gracias en la asamblea de los santos por Jesucristo, con El y en El ahora y siempre. AMEN.

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VIGESIMOCUARTO DOM. ORDINARIO - A Compasión

Siempre y en todo lugar sera bueno y sera justo darte gracias, Dios nuestro, Padre misericordioso, por Jesucristo, nuestro hermano y Señor Porque el ha conocido el corazón del hombre — s u dureza y su bondad inagotablesmejor que nadie de todos los humanos Su mensaje llena de contenido nuevo y noble palabras despreciadas en la sociedad de «los fuertes», pero necesarias como el agua y el calor de cada día. De su humanidad hemos aprendido que el hombre no sena imagen tuya si suprimiera el perdón y la paciencia la compasión y la ternura , que solo el que perdona las ofensas al hermano puede invocar el perdón de sus pecados y experimentar la reconciliación dentro de si Por esto m u ñ o y resucito, porque tuvo compasión de los humanos y se entrego para pagar la deuda de los otros Llenos de reconocimiento bendecimos tu nombre, Padre santo, y humildemente te aclamamos SANTO Tu santidad, oh Dios, es diferente El rencor, la venganza, la fuerza y el castigo son inventos de los hombres, son posesión del pecador. Tuyos son el perdón y la espera, la compasión sin limites y la justicia final Tu santidad se revela en la debilidad En la debilidad del que no sabe enojarse con su prójimo, del que sabe compadecerse de si mismo con ternura, 126

en la debilidad de la carne h u m a n a de Jesús y de los caminos ocultos del Espíritu Tu Espíritu Santo, que nosotros invocamos ahora, para que transforme estos frutos de la tierra en pan de vida y bebida de salvación y haga de nuestra eucaristía una mesa de reconciliación. Asi lo quiso el Señor Jesús, en el extremo de su vida y de su amor, reunido con sus discípulos, tomo pan Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz anunciamos la muerte redentora de Jesús y celebramos su misterio de amor hasta que vuelva. Por eso nos da miedo, Dios santo, presentar nuestra ofrenda, nos da miedo acercarnos al altar sin estar reconciliados Somos parte de u n mundo en el que no se perdona fácilmente y se alimentan divisiones y rencores, en el que cada uno es duro con su h e r m a n o , en el que no se paga lo que se debe de justicia, mientras «se ajustan cuentas» al pobre que no puede pagar. Nuestra vida no esta guiada por la compasión y la misericordia con el débil. ¿Como acercarnos a la mesa que nos reúne a todos en un cuerpo ? Perdónanos, Dios nuestro Padre, como nosotros queremos perdonar y ser instrumentos de reconciliación Haznos comprensivos y justos con nuestros compañeros Ten compasión de tus Iglesias, para que se viva en ellas el amor y el perdón Acuérdate, Señor, de las victimas del dinero y la ira en nuestra sociedad, Por Jesucristo, nuestro Señor, el justo y compasivo entre los hombres En el nos atrevemos a acercarnos a ti, por el queremos darte todo honor y toda glona... AMEN. 127

VIGESIMOQUINTO DOM. ORDINARIO - A Trabajo

En este día y esta hora, descanso de nuestro trabajo cotidiano, levantamos el corazón a ti, Dios del universo, y te damos gracias por este mundo tuyo y nuestro. Por esta tierra en que sufrimos y gozamos, en la que somos hombres. Te damos gracias porque no has creado un mundo completo y acabado en donde el hombre fuera adorno innecesario; nos has encomendado llenar la tierra y someterla, poner nombre a los animales y a las cosas. Nos has dado participación en tu trabajo creador, nos has hecho jornaleros de tu Reino. Es tu voluntad que nadie viva sin trabajo todo el día y que todos reciban la retribución de su jornada. Gracias, Dios, porque eres justo y bueno con todos, por la absoluta libertad con que repartes tu gracia entre los pobres. Unidos a todos los hombres que no saben alabarte más que con su trabajo, y recogiendo el eco de la creación entera, cantamos el himno de tu gloria. SANTO... Tus caminos, Señor, no son nuestros caminos. Tú pensaste el trabajo de los hombres como una fuente de igualdad, pero vivimos una desigualdad legalizada. ¿Quién quiere comprender en este mundo que los últimos son igual a los primeros ? La justicia del débil, que es la tuya, no coincide con la «justicia de los fuertes». 128

Jesús de Nazaret ha iluminado nuestra vida. El, el hijo del carpintero, compartió la fatiga de los cansados y regó nuestra tierra con el sudor de su cuerpo y con su sangre. El puso para todos una mesa de igualdad, y escogió como alimento que da vida el fruto de la tierra y del trabajo santificado por la presencia del Espíritu. La noche antes de ser entregado, reunido con sus discípulos, tomó pan... Con tu muerte en la cruz, Señor Jesús, has redimido el trabajo de los hombres; con tu resurrección comienza un mundo nuevo en el que cada esfuerzo y cada pena tendrá su recompensa y su lugar cuando tú vuelvas. Que por tu Espíritu, presente entre nosotros, se convierta nuestro quehacer de cada día en una eucaristía de la vida: sacrificio agradable para el Padre, alimento y liberación para el hermano. Hoy, Señor, nos acordamos ante ti de todos los hombres cuya vida depende de un sueldo cada mes y cada hora; de los que no tienen trabajo, de los que trabajan sin recompensa justa; de los que han muerto trabajando. Tú que eres capaz de convertir los corazones, haz que nuestro recuerdo no se quede en palabras. Danos unión y solidaridad, para lograr que a todos los hombres y mujeres de la tierra llegue su parte de trabajo y la retribución a su tiempo. Que todos juntos, cada uno a su hora y en su puesto, construyamos un mundo renovado, limpio de abusos y de envidia, en el que tú serás la recompensa. Por Cristo, con El y en El... AMEN. 129

VIGESIMOSEXTO DOM. ORDINARIO Veracidad

Con los sentimientos de Cristo Jesús, que queremos hacer nuestros, te bendecimos, Padre santo, Dios cercano, presente en nuestras vidas. Te damos gracias porque tu proceder es justo con todos, porque eres fiel a los hombres que caminan con lealtad; porque con tu palabra revelada nos enseñas la justicia y la verdad. Te damos gracias porque conoces a cada uno por su nombre y por su vida; y no te dejas engañar de las etiquetas que nos colgamos de la boca. Tú conoces los pecados ocultos de los «justos» y la disposición interior de los «pecadores». Te damos gracias por Jesucristo, maestro y salvador. Su vida y su palabra iban acordes; con la vida y con la muerte confirmó su mensaje. El es nuestra verdad. Por eso, fiados de su palabra, nos dirigimos a ti, Padre, para adorarte en espíritu y en verdad y aclamarte, diciendo: SANTO... Santo y misericordioso eres, Señor, y no rechazas la sinceridad del corazón. Si reconocemos nuestro pecado, nuestros miedos y nuestras cobardías, tú nos ayudas a caminar; porque prefieres la verdad de los humildes que buscan el derecho y la justicia a las declaraciones correctas de «los buenos». La verdad de Jesús es la humildad,

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la verdad de Jesús son los demás: lo que buscan y esperan, lo que les hace falta. Envíanos, oh Dios, tu Espíritu Santo, que nos ayude a convertirnos y a creer. Que él santifique nuestra ofrenda y nuestra vida, para que en una y otra celebremos la Pascua del Señor. Jesús, la noche antes de padecer, llevando el amor de su vida hasta el extremo, tomó p a n . . . Anunciamos, Jesús, tu humillación hasta la muerte, proclamamos tu glorificación sobre todo nombre. ¡Tú eres el Señor! |Por ti la gloria de Dios, el Padre! Queremos que cada eucaristía celebrada responda a la verdad de nuestras vidas. Por eso te pedimos por todos los creyentes. El mundo está cansado de liturgias y palabras vacías, tú mismo juzgas a cada uno por el trabajo hecho. Ayuda a las comunidades cristianas de la Iglesia y a sus obispos y sacerdotes, para que todos seamos veraces. Que no ofrezcamos a los hombres falsas seguridades, que sepamos anunciar el Evangelio con las obras, con el servicio humilde que Jesús vino a hacer a todos los hombres. Danos fe y fuerza para ser honrados y leales con nuestros compañeros de trabajo y de lucha. Te pedimos por los que dirigen la opinión de los hombres, para que se dejen guiar por la verdad. Acuérdate de todos los que necesitamos tu perdón. No te olvides de nuestros hermanos difuntos, que confiaron en tu misericordia. Haznos a todos u n lugar en tu Reino, junto a los convertidos por la fe en la palabra de Jesús. En tu Reino de verdad y justicia, de amor y de paz. Para que con Cristo, la verdad y la vida, y unidos a los que creyeron con sus obras, podamos bendecirte y darte gracias en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. AMEN.

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VIGESIMOSEPTIMO DOM. ORDINARIO Viña

Te damos gracias, Padre, Señor de la viña de este mundo y dueño de las viñas que a cada uno nos entregas. Tú plantaste en los comienzos del cosmos un árbol de la vida como vid fecunda. Tu pueblo, nuestro pueblo, nosotros somos tu viña. Ha sido plantada por Ti en fértil collado: rodeada de montañas, surcada por los ríos, alimentada por los manantiales, alumbrada por el sol de cada día. Entrecavaste la parcela, alejaste de la misma todo canto y la plantaste con buenas cepas. Te damos gracias por nuestros padres, nuestros talentos, nuestra cultura, nuestras oportunidades. Sabemos, Padre, que esperas de nosotros, los hombres, buenos frutos. Y nos damos cuenta de que abundan en nuestra viña los agrazones. No obstante, nos asociamos hoy con nuestro canto a todos los que participan en tu alabanza, expresando nuestra alegría y tu santidad:

y que Tú hiciste vigorosa». Tu viña es el Reino, confiado a la Iglesia. En realidad Cristo es la verdadera viña, plantada de nuevo. El es la vid y nosotros, los sarmientos. El vino nuevo, fruto de tu viña, Padre, es la sangre de Jesucristo. Por eso, cuando Jesucristo iba a ser entregado... Recordamos hoy, Padre, la muerte, la resurrección y ascensión de tu Hijo, mientras esperamos su venida gloriosa. Padre nuestro, danos a tu Hijo. Haznos participar en su cuerpo y en su sangre, en todo lo que dijo e hizo entre nosotros. Enséñanos a ser laboriosos en la viña, a escuchar a todo mensajero, a producir frutos de verdad y de caridad. A Ti, Padre...

SANTO... Reconocemos hoy que tu viña sigue plantada, aunque oculta, en un fértil recuesto. Con el salmista te decimos: «Vuélvete, mira desde los cielos, fíjate, ven a visitar tu viña, la cepa que tu diestra plantó 132

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VIGESIMOCTAVO DOM. ORDINARIO Banquete universal

Reunidos en torno a la mesa de la palabra y la fraternidad, te damos gracias, Padre santo, por Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro. En él has preparado a los pueblos la fiesta gozosa de esta creación, para que todos los hombres coman y se alegren. Por él has revelado tu nombre y tu bondad a las naciones y has convocado toda lengua y toda raza a la comunidad universal de la nueva Alianza. Con su muerte y resurrección se ha inaugurado el banquete del Reino, donde todos los pueblos de la tierra podrán ver la salvación de nuestro Dios. Gracias, Señor, porque de mil maneras sigues saliendo a los caminos de los hombres, y convidando al banquete de la esperanza y del amor. Gracias, porque hemos creído en el Hijo enviado. Con todos los invitados a tu Reino y con los ángeles y los santos cantamos el himno de tu gloria: SANTO... Bendito sea el Señor Jesús, que ha preparado en la comunidad de los creyentes una mesa de perdón y de gracia para este tiempo de espera y esperanza. Un banquete familiar y sencillo hecho de pan y vino, de amor y confianza. Padre, envíanos el Espíritu Santo, que nos prepare a la fiesta de tu Hijo

con el vestido de la respuesta a su llamada: el traje de la humildad y el arrepentimiento, de la pobreza acogedora; el traje de una actitud agradecida, de la verdad y la unidad; el traje de la fe sin excusas. Así, la cena del cuerpo y la sangre de Jesús será para nosotros primicia de tu Reino. Jesús, el Señor, la noche antes de ser entregado, sentado a la mesa, tomó pan ... Con este gesto de entrega y hermandad anunció Jesús su muerte salvadora, y su presencia entre los hombres hasta que vuelva en gloria. Padre, en este mundo nuestro de tierras y negocios, de corazones poseídos por las riquezas u oprimidos por la miseria, no es fácil escuchar profetas ni parábolas que nos hablen de un Reino futuro de amor y de banquetes gratis, para todos igual. Por eso te pedimos que abras primero los oídos de los hombres y cambies la disposición del corazón para escuchar la invitación del Hijo. Te pedimos por la Iglesia, que sea morada abierta de todos los llamados, que cada uno en ella merezcamos el puesto que ocupamos. Te pedimos por todos los hambrientos de la tierra, para que tengan parte en la mesa abundante de este mundo y del otro. Padre del cielo, haz que venga tu Reino para los vivos y los difuntos. Que todos los que compartimos la tribulación de este mundo nos encontremos en la fiesta de tu Reino, donde Jesús resucitado será la mesa y el manjar para los elegidos. Por El, con El y en El... AMEN. 135

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VIGESIMONOVENO DOM. ORDINARIO - A Nuestra historia

Bendito seas, Padre, Dios del universo. Con todos los pueblos de la tierra queremos cantarte un cántico nuevo, un canto de alabanza y gratitud y de esperanza. Porque eres nuestro Dios, el Señor de la historia. Al revelarte como el único Señor y Dios nos has liberado de los dioses alienantes. De los dioses construidos por los hombres, que se venden y se compran; de los dioses humanos, que se hacen a sí mismos y dominan los pueblos con poder absoluto. Te damos gracias porque no eres ajeno a la suerte de los hombres. Nuestra historia es tu historia. En esta historia humana, de la que tú eres el principio y la meta, ha resonado la palabra del Hijo, clara y liberadora, y ha irrumpido el poder del Espíritu. Te damos gracias porque has hecho de nuestra historia humana una historia de salvación. Con los santos del cielo y de la tierra proclamamos tu bondad y tu gloria: SANTO... Santo eres, Señor, y de tu santidad se nutre la bondad de los hombres y sus hechos. Jesús iluminó con su palabra y con sus obras la situación humana. El no quiso ser arbitro entre las naciones, pero pronunció la palabra sincera y el juicio recto sin importarle nadie. 136

Descubrió la malicia de las trampas tendidas e hizo justicia al pueblo cansado y agobiado. El era el justo. Su verdad lo llevó hasta la cruz, pero pasó a través de la muerte a la resurrección. Porque el Espíritu de Dios estaba con él. Que este mismo Espíritu se haga presente entre nosotros, y transforme el pan y el vino en cuerpo y sangre de Jesús. El mismo, en vísperas de ser entregado para cumplir la justicia del Padre, tomó pan... Así pues, al celebrar la eucaristía, hacemos memoria de la muerte y resurrección de Jesús, por las que sigue transformando este mundo, hasta que vuelva para dar cumplimiento a nuestra historia. Nosotros, Señor, los que celebramos el sacrificio redentor, queremos ser instrumentos de tu amor para la liberación y la unidad de los hombres. Que no nos falte la luz de tu palabra y la fuerza del Espíritu. Te pedimos por las comunidades de tu Iglesia, para que anuncien sin miedo ni compromisos humanos la palabra liberadora de Jesús. Te pedimos por los que gobiernan las naciones; que sepan escuchar la voz del pueblo y conducir la historia según tus designios. Acuérdate también de los pueblos menos desarrollados y de los esclavos de un poder absoluto o del dinero. Que se respete al hombre en todas partes, para que con la participación libre de todos surja una sociedad menos cruel, más justa y más amante. Y tu plan salvador dirija nuestra historia. Te lo pedimos por Jesucristo, el Señor. Por El, con El y en El te alaben y bendigan las naciones reunidas en una tierra nueva, y en la unidad del Espíritu Santo te den gloria y honor todos los pueblos por los siglos de los siglos. AMEN. 137

TRIGÉSIMO DOMINGO ORDINARIO Actitud

Te bendecimos, Padre, por medio de Jesucristo. Es justo que todos juntos te demos gracias, Señor, porque Tú te apasionas por la vida de los hombres. Y porque eres bueno y nos has hecho a unos para otros. Has creado el amor, más todavía, el amor eres Tú mismo. Has dado al amor rostro humano, único, y que en nuestra carne y nuestra sangre revela su fuerza y su verdad. Unidos hoy a todos los que aman al prójimo, a quienes poseen ternura y cariño cantamos el himno de tu alabanza: SANTO... Te damos gracias por todos los que nos ayudan y acompañan, por todo lo que somos capaces de hacer con nuestro trabajo en favor de los demás. Dios de los hombres, te alabamos por medio de tu Hijo Jesucristo. El nos ha enseñado cómo debemos vivir y morir y nos ha dado a conocer la bondad, la fidelidad, el valor, la obediencia y la amistad. Padre, Tú permaneces más allá de toda luz, nadie te ha visto; creemos que eres el Dios del amor humano, que convives con nosotros, que estás a nuestro lado como el corazón del amigo está junto a su amigo. Así fue como te mostraste en Jesús, tu Hijo. 138

El nos dice que eres la bondad y la abundancia, que eres la plenitud del amor. El nos ha reunido ahora alrededor de esta mesa como a hermanos de una misma familia. Nosotros recordamos la noche en que fue entregado, cuando dio a sus amigos el signo de un amor sin límites. Sentado a la mesa ... Al recordar hoy la muerte, resurrección y ascensión de tu Hijo y Señor nuestro, te ofrecemos su amor y nuestro amor. El amor que vivimos los hombres, a veces fuente de agresiones y de odios, es portador de muerte. Arde sin calentar, arrebata, arranca y destruye sin construir. Vemos que quienes dicen que aman sólo aman por sí mismos esperando que se les dé. Nuestro amor con frecuencia es secreto, replegado, tenebroso. Está lejos de tu luz y de tu amor. Tiene nuestro amor, con todo, sed de eternidad, hambre de verdad. Que tu Espíritu, Señor, nos una a todos en nuestro pequeño o gran mundo. En unión con la Iglesia esparcida por el mundo, en unión con los hombres que consagraron su vida en el empeño de un mundo más justo, en unión de los que dan sin calcular y reparten sus bienes, los superfluos y los necesarios. De esta forma, esta tierra endurecida empezará a ser más habitable por todos y Jesucristo vivirá con cada uno de los hombres. A Ti, Padre común, te ofrecemos toda gloria y honor para alabanza tuya y salud nuestra ahora y siempre por los siglos de los siglos. AMEN.

TRIGESIMOPRIMER DOM. ORDINARIO - A Fariseísmo

Bendito seas, Padre de Jesucristo, por la palabra que has puesto en nuestros labios. Gracias a ella nuestrD pensamiento toma forma y el mundo cobra su dinamismo. Eres, Padre nuestro, Señor del mundo. Reconocemos hoy que todos te tenemos a Ti como un solo Padre. Tu palabra asumió nuestro tono de voz en Jesucristo, tu Hijo. No se anduvo con rodeos en sus discursos y fue derecho al corazón, porque es Buena Noticia. Fue más subversiva que la de los rabinos y más verdadera que la de los filósofos. Desenmascaró la mentira farisaica, porque es el Verbo, que da sentido a toda frase. Todos juntos te alabamos cantando el himno de tu gloria : SANTO...

Por eso nuestro pan puede ser cuerpo de Cristo y nuestro vino, su sangre y alianza. Jesús, la víspera ... Por eso, hoy al recordar a nuestro Maestro y Señor, humillado en su pasión y muerte y enaltecido en su resurrección y ascensión, nos reconocemos hermanos unos de otros. Hombres y mujeres pueden escuchar tu palabra en el silencio de su corazón. Los sucesos de la vida pueden convertirse en palabras que nos interpelan y hacernos salir de nuestras posturas cómodas. Los hombres pueden hablarse unos con otros, no de «élite» a masa sino de corazón a corazón, de pueblo a pueblo con una profundidad siempre nueva, aunque su lenguaje sea vacilante y las respuestas sigan siendo preguntas. Que al compás de estas palabras, múltiples y armoniosas, pueda la humanidad entera un día enderezarse y dirigirse a Ti como Padre común proclamándote todo honor y gloria en cada una de las cosas y en cada uno de los hombres por los siglos de los siglos. AMEN.

No cesamos de dar gracias, con san Pablo, porque, al recibir tu palabra, la queremos acoger no como palabra de hombre sino como palabra de verdad, que permanece en los creyentes. Tu palabra prosiguió su camino a través de nuestras medio-verdades. Se dejo llevar a la muerte por los casuistas y falsos sabios, pero desde el seno mismo de la muerte brotó con mucha más fuerza. Ahora no cesa de llevar a cabo su misión dando a todas las cosas un nombre y un sentido. 140

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TRIGESIMOSEGUNDO DOM. ORDINARIO - A Vigilia

Bendito seas, Dios nuestro. Toda la creación nació de tu bendición. En la primera noche de la historia creaste las lumbreras del día y de la noche. Eres el creador de la luz. Te alabamos por tu revelación y tu palabra, escuchada en el interior oscuro de nuestros corazones. A pesar de que nos conduce tu ángel, nos da miedo atravesar el mar, cruzar el desierto, repartir el pan. Te bendecimos, porque en toda madrugada Tú te presentas luminoso. AI término de nuestra noche de miedos y de angustias, el alba, sin embargo, no aparece, ni brilla la luz en las tinieblas de nuestro egoísmo. Por eso nuestra fe se tambalea. Tú nos alientas hoy en la esperanza recobrando nueva actitud de vigilia. Nos unimos a tus santos, a todos los sensatos que llevan luz y esperanza a los hombres cantando todos juntos: SANTO... Aspiramos a tener cad vez más seguridad y firmeza y nos hundimos con nuestras verdades y riquezas. A veces desafiamos tu poder. Nuestros cohetes estremecen el orbe, y, bajo el peso de nuestras bombas, ciudades enteras desaparecen mucho más devastadas que Jerusalén. Te damos gracias,

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porque nos invitas a formar parte del cortejo que prepara la venida de tu Hijo, Jesucristo. El, la víspera de su pasión ... Recordamos hoy la muerte, resurrección y ascensión de tu Hijo y en nuestras vigilias y esperas queremos estar atentos a su vuelta gloriosa. Envía tu Espíritu de paciencia y de gozo a toda la Iglesia, a nuestros pastores y a todos los hombres que sólo ven oscuridad. A Ti, Padre, todo honor y gloria por Jesucristo y tu Espíritu ahora y siempre por los siglos de los siglos. AMEN.

TRIGESIMOTERCER DOM. ORDINARIO - A Talentos

En verdad es justo y bueno darte gracias siempre y en todo lugar a Ti, Padre santo, por Cristo nuestro Señor. Bendito seas, Padre, porque hay hombres en el mundo que sirven a su prójimo con los talentos que Tú les diste. Hay hombres que no se cansan de luchar por la paz, a pesar de que escuchan sólo ruidos de guerra. Hay hombres dispuestos a querer y a amar, aunque ven desuniones, envidias y rencores. Hay hombres que comparten siempre lo que tienen, porque sólo poseen un talento precioso: lo que son. Gracias, Señor. Gracias porque Jesucristo se hizo pobre siendo rico, esclavo siendo señor, pecado siendo santo. Antes de volver a tu derecha, trasmitió todos sus talentos, que Tú le confiaste. Por todo esto proclamamos tu gloria cantando todos juntos el himno de tu santidad: SANTO... Te damos gracias, porque diste a Jesús, nuestro hermano, un rostro humano, una existencia histórica, para que reconozcamos en cada hombre la ob,ra de tus manos, la figura de tu ser. Te bendecimos, porque nada puede desfigurar al hombre de raíz: ni el sufrimiento ni la enfermedad, ni la opresión ni la cárcel, ni siquiera la misma muerte. 144

Sencillamente porque la muerte no desfiguró el rostro de Jesús. Tú lo acogiste en tu vida y prolongaste su existencia entre nosotros. Henos aquí, Padre, en tu presencia, cargados de recuerdos, con la memoria puesta en aquel que con talento profundo nos liberó. Jesús, sentado a la mesa ... Padre de bondad, al recordar hoy la muerte y resurrección de tu Hijo, no nos dejes solos con nuestros pobres talentos. Que el Espíritu de Jesús permanezca en nosotros. A cada hombre le das una parte de tu vida, aunque nos desconcierta la aparente desproporción de tu reparto. Haz que tengamos la mínima honestidad para no apropiarnos de los talentos ajenos en beneficio propio. Que sepamos saber apreciar el talento de los demás. ¿Por qué minimizamos nuestras capacidades o las que posee el prójimo ? ¿Por qué sobrevaloramos nuestros talentos desestimando los que poseen los otros? Esperamos tu Espíritu: haz que nos dispongamos a la esperanza del próximo Adviento. Necesitamos tu Espíritu: haz que negociemos de verdad con nuestros talentos. Tememos toda rendición de cuentas: haz que no enterremos nuestras capacidades. A Ti, Padre, te sean dadas las gracias, el honor y la bendición, ahora y siempre por los siglos de los siglos. AMEN.

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SOLEMNIDAD DE CRISTO REY - A Juicio

Es justo que todos juntos te demos gracias, Señor, porque eres bueno y nos has hecho a unos para otros. Tú eres y te manifiestas como pastor bueno, que sigue las huellas de las ovejas dispersas a través de los nubarrones de la vida llenos de oscuridad. Tú nos buscas siempre, aunque huyamos; vendas nuestras heridas, curas nuestras enfermedades y nos apacientas. Te damos gracias por los que nos ayudan y consuelan, por los que nos guían en la vida y nos perdonan, por los que nos acompañan en las horas de tristeza y de dolor. Te damos gracias por todo lo que somos capaces de hacer con nuestro trabajo en favor de los demás. Dios de los hombres: Te alabamos por medio de tu Hijo Jesucristo. El nos ha enseñado cómo debemos vivir y morir y nos ha dado a conocer la bondad, la fidelidad, el valor, la obediencia y la amistad. Unidos a la Iglesia extendida por el mundo no tenemos más que nuestra pobre voz para cantarte: SANTO... Padre desconcertante y bueno, que nos juzgas según nuestra conducta con el prójimo. Te damos gracias por todos los hombres que saben dar de comer y de beber, por las madres que amamantan a sus hijos, por los padres que trabajan hasta el agotamiento por sus seres queridos. Te damos gracias por los que intentan construir una ciudad humanizada.

sin guerras y sin cárceles, sin violencias y sin atentados, sin poderes abusivos. Tú eres juez y Tú nos juzgas y juzgarás. Gracias por tu bondad, misericordia y comprensión. Así fue como te mostraste en Jesús, tu Hijo. El nos dijo que eres nuestro Padre, que eres la bondad y la abundancia, que eres la plenitud del amor. El nos ha reunido ahora alrededor de esta mesa, como a hijos de una misma familia. Nosotros recordamos la noche en que fue entregado, cuando dio a sus amigos el signo de un amor sin límites. Sentado a la mesa... Te damos gracias, porque Cristo ha resucitado, primicia de todos los que han muerto, porque El se manifestará en tu gloria para reunir a los hijos de las naciones. Nos falta amor y todavía, Padre, te tememos, porque huimos del hambriento, del desnudo, del enfermo, del forastero, del encarcelado. No somos del todo hijos tuyos ni hermanos de nuestros hermanos. Que tu Espíritu nos una a todos los que, en el mundo, quieren ser testigos de tu amor. / En unión con el obispo de Roma y con nuestro obispo, en unión de los que trabajan para convencer a las naciones ricas que den sin esperar nada a cambio, en unión con todos los que dan sin calcular y reparten sus bienes, su tiempo y lo que son. De esta forma, esta tierra endurecida empezará a ser más habitable para todos y Jesucristo vivirá con cada uno de los hombres. Por El, con El y en El, a Ti, Padre, en unidad con el Espíritu todo honor y gloria por los siglos de los siglos. AMEN. 147

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CICLO B

PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO - B Iglesia

Es justo y necesario darte gracias, Padre de Jesucristo, porque has creado al hombre a tu imagen y semejanza. Dios del universo, tú eres el Señor de todas las naciones de la tierra. Tú llamas a cada uno por su nombre. En la vida de cada ser estás Tú. Especialmente te encuentras cuando los hombres se reúnen porque se quieren; cuando se encuentran para bendecirte, cuando expresan en comunión cantos de alabanza. Con nuestras pobres voces, hoy, procedentes de diversos grupos y comunidades entonamos el himno de tu gloria: SANTO... ¿Quién eres Tú, Dios de los hombres, al nombrarte como Vida y Amor ? ¿Quién es el hombre, para que te acuerdes de él ? Te damos gracias, porque creemos en tu Hijo Jesucristo, en tu Espíritu comunicado a los hombres, en tu Iglesia, que es el pueblo peregrino. Nos hemos reunido hoy, primer domingo de Adviento, porque creemos en la esperanza, porque esperamos la plena liberación. Tú eres el Dios de las promesas. Tú nos empujas hacia lo que se añora, hacia el futuro, hacia lo porvenir. Y el futuro absoluto eres Tú. Te damos gracias, porque somos tu pueblo.

porque somos llamados por Ti a formar parte de la Iglesia de Jesucristo. Mucha confianza debes tener en el hombre cuando en nuestras manos te entregas como misterio absoluto: cuando nos has dado el encargo de reunimos para celebrar el recuerdo de tu Hijo. El cual... Recordamos hoy, tiempo de la esperanza, la llegada de una humanización adulta, transida de Espíritu y reconciliación con el mundo transformado, con la tierra nueva. Recordamos que el fundamento de nuestra esperanza es la visita que Tú nos hiciste en la historia a través de tu Hijo. Recordamos su muerte, resurrección y ascensión a tu diestra. Envíanos tu Espíritu, para que sepamos vivir la nueva Iglesia, comprometidos en nuestro mundo familiar, profesional y político. Envíanos tu Espíritu, para que vivamos en tensión en relación con los problemas del mundo en comunión fraternal con todos. A Ti, Padre, que habitas en la vida y en el amor, por medio de Jesucristo el gran Esperado y a través de tu Espíritu elevamos nuestras gracias, el honor y la gloria para alabanza tuya y salud de todo el pueblo, disperso o reunido, ahora y siempre por los siglos de los siglos. AMEN.

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SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO - B Profetas

Queremos hoy, Señor, manifestarte nuestro agradecimiento y nuestro gozo, tras haber escuchado la Buena Nueva de tu venida. También hoy nos llegan tus mensajeros y tus heraldos que nos dicen: reparad los caminos del Señor, allanad sus senderos. Nos llegan por todas partes noticias de tu Reino, que se acerca y que seguimos esperando. Tus profetas nos muestran tus caminos, los caminos por los que vienes a nosotros y los caminos por los que nos haces vayamos hacia Ti, saliéndote al encuentro. La justicia marcha contigo acompañándote, la salvación sigue tus pasos. La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se abrazan. Gracias a esos mensajeros y a esos testigos de tu Palabra, tu pueblo ve la luz y asume sus responsabilidades. Israel tuvo sus profetas, que Tú le enviaste, para que no desfalleciera en el desierto ni perdiera la esperanza cuando vivía en el exilio, desterrado de su patria. Se llamaban Moisés, Elias, Isaías, Daniel... Cuando el pueblo volvió del destierro y, en medio de la vida ajetreada o fácil de la ciudad, en medio de sus fincas y posesiones se olvidó de tus promesas, le enviaste al Bautista, el hombre del desierto, para despertarlo y llamarlo a la conversión. Hoy nosotros, al volver también a encontrar el camino, cuando nos creímos perdidos, sentimos el gozo y el agradecimiento. Por eso te cantamos con todos los santos que nos han precedido el himno de los ángeles: SANTO... 152

Cuando llegó la plenitud de los tiempos. Tú, Padre nuestro, Dios y Señor del tiempo y la eternidad, nos enviaste al último y definitivo mensajero, el ángel de la paz y del perdón, el emisario de la reconciliación y la nueva justicia, tu Hijo unigénito, Nuestro Señor Jesucristo. No sólo nos ha marcado el camino sino que Él mismo es el camino, porque Él es la verdad y la vida. Él es la puerta de la casa paterna, del aprisco cálido y entrañable, donde, gracias a su muerte en favor nuestro, esperamos entrar todos un día y hallar el cobijo que otros nos negaron. La noche en que iba a ser entregado ... Ahora, Señor, queremos hacer todos memoria de tu Hijo, de su muerte y su pasión, de su exaltación y ascensión a los cielos, de su sacrificio cruento y terrible, que te presentamos como ofrenda inmaculada. Glorifícalo, lleva a su término la obra que has empezado el día de la resurrección. Glorifícalo haciendo que nosotros, que somos los miembros de su cuerpo, sigamos también sus pasos. Que podamos pasar de la muerte a la vida, de la pasión de nuestros sufrimientos a la alegría de la vida plena. Sabemos que debemos seguir aguardando la llegada de tu día. Pero mientras aguardamos en espera paciente envíanos tu Espíritu, que nos convierta. Envía tu Espíritu sobre todo hombre y coda natura, para que todos vivan como tu Hijo vivió y ..os enseñó a vivir, y así tu Hijo vaya siendo glorificado a través de toda la humanidad. Que el Espíritu de Jesús venza toda resistencia y sea aceptado por todos. Por Cristo...

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TERCER DOMINGO DE ADVIENTO - B Testimonio

Es justo y necesario, es tu voluntad. Señor, y tu deseo que estemos siempre alegres, orando en tu presencia, con la acción de gracias continuamente en nuestros labios. Nuestro gozo y nuestra alabanza surgen al descubrir al Enviado, que trae la Buena Noticia a los que sufren, que venda las heridas de los corazones desgarrados, proclama la anhelada amnistía para los cautivos y concede la libertad a los prisioneros. Ante esa redención tan ansiada, lejana aún, pero garantizada por tu Palabra y por la vida de todos los hombres de buena voluntad, la comunidad desborda de gozo y se alegra como una esposa vestida de gala, como un novio preparado para la fiesta. Con todos los ángeles y arcángeles, con todos los bienaventurados cantamos el himno de tu gloria diciendo: SANTO... Gracias, Señor, porque nos has enviado a tus testigos, que han iluminado nuestra búsqueda. Ellos no son la luz. pero dan testimonio de la luz y así han hecho posible que no desesperemos aguardando tu venida. Gracias, en fin, Padre, pirque nos has enviado a tu Hijo, que es la luz verdadera, aunque sólo la percibimos en forma de humildad y ocultamiento. En medio de nosotros está y muchos no lo conocen. Nosotros mismos tenemos dificultad en reconocer su rostro desfigurado por esa nube de heridas y afrentas 154

que le ha arrojado la maldad humana en el rechazo de su mensaje. Vino a los suyos, pero lossuyos no lo recibieron y lo convirtieron en víctima de una pasión sangrienta, mortal. La noche de su despedida... Hacemos memoria de tu Hijo, de su pasión y muerte, de su resurrección gloriosa, poniendo delante de Ti su sacrificio y, junto a él, el sacrificio de tu Iglesia, de todos nosotros y de todos los que siguen sus pasos. Haz que su mensaje de salvación sea aceptado y acogido por todos los hombres. Que su luz irrumpa victoriosa sobre la tierra y las tinieblas sean vencidas de una vez para siempre. Que Tú seas glorificado en Él y que Él, tu Mesías, tu Ungido, sea también liberado de ese ocultamiento en que aún está para muchos que no lo descubren por la ceguera de su corazón. Que todos sepamos convertir el corazón para desear y aceptar no al Mesías terrible de nuestros sueños de omnipotencia y violencia sino al Mesías humilde, hermano de todos, respetuoso y promotor de todos. Envía tu Espíritu sobre tu Iglesia, para que ella sea reflejo de la luz mesiánica, nunca pantalla ni obstáculo. Por Cristo...

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CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO - B Anuncio

Nos alegramos, Señor, y te damos gracias como María la Virgen, que se sintió llena de alegría y agradecimiento cuando recibió el anuncio del ángel Gabriel. Ella experimentó en su seno el misterio asombroso de la encarnación de tu Hijo. En su propio vientre albergó la presencia de Dios-hecho-carne. Con sus entrañas lo alimentó y así preparó su nacimiento a este mundo. Hoy tu Iglesia sigue en expectación gestando el alumbramiento de la venida final, del advenimiento glorioso de Cristo. Entonces todas las cosas serán transformadas y nacerá la nueva tierra, la nueva humanidad. La Navidad de entonces, que María vivió en la humildad, y la Navidad de ahora, que nosotros vivimos también humildemente, son un memorial para reavivar tu promesa y nuestra esperanza en la plenitud de su cumplimiento. Al contemplar animosos e ilusionados este mañana que nos aguarda, el mañana natal de la gloria de Dios y la salvación del mundo, prorrumpimos en el himno de los ángeles y exclamamos con todos los coros celestiales: SANTO...

de aquellos que, sintiéndose envejecer sin haber visto ni pisado la tierra de sus anhelos, la realización de sus ideas, siguieron esperando sin desanimarse. Es el caso admirable de aquellas mujeres al parecer estériles, que durante años se vieron privadas del hijo ansiado y no desesperaron; como Isabel, prima de María, madre del Bautista, o como Sara, madre de Isaac, y Ana, madre de Samuel. Sobre todo es el caso de Jesús, tu Hijo, que al cabo de tres años de vida apostólica se vio perseguido y fracasado Sin embargo, nos dejó el memorial de la eucaristía confiando en que Tú, su Dios y nuestro Dios, proseguirías su obra redentora en nosotros. La víspera de su pasión y muerte... Recordamos él sacrificio de la muerte de Cristo y te pedimos, Padre, que envíes tu Espíritu, para que su fuerza cubra tu Iglesia y, bajo su sombra, sean engendrados nuevos hijos, que lleven la Buena Nueva a toda la creación. Recuérdate también de todos los que tienen responsabilidades en la comunidad; del Papa, de nuestro Obispo, de todos los Obispos y de todo tu pueblo santo. Por Cristo... Natividad del Señor (Es única, pág. 30).

Queremos también recordar y agradecer a todas aquellas mujeres y hombres que han sabido engendrar algo nuevo en la vida, dar a luz proyectos, sugestiones y ocurrencias para seguir avanzando en medio de nuestro caminar. En ellos estabas Tú, actuando y animando para preparar la venida de tu Reino. Especialmente te agradecemos la fe y la constancia 156

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DOMINGO INFRAOCTAVA DE NAVIDAD LA SAGRADA FAMILIA - B Consolación Es verdaderamente lo propio de este día darte gracias, Señor Dios nuestro, y, como hizo aquella anciana mujer de Jerusalén, llamada Ana, hablar de Jesús-Niño a todos los que aguardan la liberación. Con el nacimiento de Cristo todos hemos recibido la mejor prenda y garantía de que un día seremos realmente consolados; de que un día seremos dichosos, felices, si sabemos esperar, ser pobres, justos y puros, como nos lo prometen las Bienaventuranzas. Ana y Simeón son ejemplo de esa humanidad oprimida o marginada, que supo mantener encendida la lámpara frágil de la esperanza a través de muchos años de tribulaciones y sufrimientos. Las arrugas de sus rostros ancianos son surcos por los que han corrido muchas lágrimas, que luego han fructificado en ese árbol verde que es el Cristo viniendo al mundo a resucitar de entre los muertos y llenar la tierra de frutos de vida eterna. Gracias, Señor, por el envío de tu Hijo a ser hombre como nosotros, niño como nuestros niños, pobre y desamparado como nuestros justos. En medio de nuestra oscuridad surge el brillo de tu luz. Del sepulcro de todas nuestras muertes y desengaños brota el fuego de la aurora. Ahora confiamos sin desfallecimiento en que un día vendrá al fin para traer la paz y la gloria a todas las naciones. Por eso llenos de alegría serena, del gozo reposado del atardecer de una humanidad milenaria, que todavía sabe aguardar, 158

entonamos el himno de los ángeles diciendo: SANTO... Santo eres en verdad, Señor, porque con el envío de tu Hijo has inaugurado la etapa decisiva de la historia de nuestra redención. Estuviste al lado de Jesús toda su vida desde e) primer día de su existencia sobre Ja tierra hasta su último momento en la hora de la muerte. Ibas sosteniendo sus pasos, para que no tropezara, y alentando su ánimo, para que no desfalleciera. Así pudo llegar a la cruz y ofrecer su vida como sacrificio redentor, como sacramento salvífico para nosotros. La noche en que iba a ser entregado ... Recordamos, Padre, la muerte de tu Hijo, pero también su vida terrena, su fe, su confianza filial en Ti; hacemos memoria de cómo le abriste un camino por en medio del mar de sus sufrimientos para sacarlo del abismo mortal. Hacemos presente su oblación perfecta, para que prosigas en nosotros tu obra y podamos seguir sus huellas saliendo de nuestro sepulcro como Él. Envía tu Espíritu sobre esta comunidad, que more en nosotros como en Simeón, que nos llene de sabiduría y fortaleza, que forje entre todos los que forman tu Iglesia ¿a unidad de ía fe y del amor. Acuérdate de todas las familias; hazlas un reflejo de la comunidad eclesial y un fermento de la gran familia humana que un día llegará. Por Cristo... Santa María, Madre de Dios (Es única, pág. 34). Segundo Domingo de Navidad (Es única, pág. 36). Epifanía del Señor (Es única, pág. 38). 159

PRIMER DOMINGO DESPUÉS DE EPIFANÍA FIESTA DEL BAUTISMO DEL SEÑOR - B Respeto Es justo y es bueno que te demos gracias, Padre común. Bendito seas por el Espíritu, que bulle en cada hombre y en la creación entera. Tú eres la vida y el amor. Te has revelado a través de tus Epifanías como brisa refrescante en los ardores del bochorno, como calor reconfortante en las heladas invernales. Abres tus cielos para comunicar tu voz a través de nuestras conciencias y corazones. Regalas tu Espíritu a quien de veras te escucha. Te bendecimos por tu Hijo Jesucristo, el amado, el predilecto, en quien pones tus complacencias. Con el mismo Espíritu que con toda plenitud derramaste sobre él, cuando fue concebido en el seno de María, te adoramos con el canto de la vieja y la nueva creación junto con todos los ángeles diciendo: SANTO... A Ti, pues, Padre misericordioso, nos dirigimos hoy los bautizados en Cristo, tu Hijo, con el agua de la creación y el Espíritu de los nuevos cielos y la nueva tierra. Jesús, Nuestro Señor, hombre pleno e hijo tuyo, vino a cumplir toda justicia, se confundió en el Jordán con los pecadores, y se entregó al bautismo de sangre en la cruz para darnos esperanza de resurrección. Respetó a todo hombre y a toda criatura. No gritó, no clamó ni voceó por las calles. No pisó ni tiró al suelo la caña quebrada.

Del árbol caído no hizo leña. La llama vacilante no la apagó. Porque vino a salvar a los débiles, a infundir u n a fuerza nueva en el pecho de los pobres y humillados. Por eso los poderosos se alarmaron y se pusieron en movimiento contra Él hasta destruirlo. La víspera de su pasión... Padre bueno, este pueblo tuyo en expectación reconoce tu voz y tu palabra. Ante nuestros ojos está la vida de tu Hijo amado y predilecto, su bautismo de sangre en la cruz, su sacrificio santo, el triunfo de su resurrección y glorificación junto a Ti, mientras esperamos la apertura definitiva de los nuevos cielos. Te suplicamos que envíes tu Espíritu, como en otro tiempo a orillas del Jordán, para que con su fuego encendido nos arrebate a todos; que, unos junto a otros, como pueblo cristiano de bautizados, encontremos el camino de la justicia y la paz. Te pedimos por tu Iglesia en la tierra. Ayúdala a que dialogue en el amor con tu palabra, que profese u n a fe común, actual, apostólica, comprometida. Acuérdate hoy de nuestros familiares y amigos que hemos dejado en sus hogares; de todos los que ocupan u n lugar en nuestro corazón. No olvides a quienes la muerte ha separado recientemente de nosotros. Inclinados ante tu grandeza, lejana y oculta u n a s veces y otras íntima y revelada en tus epifanías, te damos gracias por Jesucristo tu Hijo. Por Él...

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PRIMER DOMINGO DE CUARESMA - B Pruebas

Te damos gracias, Padre, por el mundo, la vida y el amor. Te alabamos por la creación y la alianza; por todas las sendas de salvación que a lo largo de la historia nos conducen siempre a una nueva tierra. Tú comunicastes al hombre tu propia vida, para que pudiese ver en sí mismo reflejada la profundidad de tu misterio y pudiese reconocer en cada instante cuál es tu voluntad. Hoy nos unimos a todos los arco-iris de paz a todos los seres vivos que pueblan la tierra y a todos los que cruzan las aguas del mundo, entonando el himno de tu gloria: SANTO... Te damos gracias por Jesucristo, nuestro Señor, que murió por los pecados u n a vez para siempre. El es el inocente por los culpables para conducirnos a Ti. Tu Espíritu le condujo al desierto, al encuentro de los hombres para conocer las pruebas de la vida. Tú no eres u n dios retirado en el olimpo, sino el Dios Padre que se da en la vida. Te damos gracias, porque tu Hijo no recurrió en las pruebas al milagro que le hubiera dado gloria y poder sometiéndose a la muerte. No cayó en la tentación de idolatrarse, sino que vino a servir y a pacificar.

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Te damos gracias por la presencia de tu Hijo ahora entre nosotros, tentados por el abandono, el egoísmo y la debilidad. Al celebrar su recuerdo, que el Espíritu nos mantenga en el desierto de la vida, en proceso de comunión y de fe en la Buena Noticia La víspera de su pasión... En el nombre del Señor, paciente y resucitado, queremos ofrecerte hoy, Padre, nuestra voluntad de conversión, y el deseo de serte fieles. Intentamos purificar a tu pueblo de nuestro egoísmo de clan y de poder, de nuestro gusto por el confort y la seguridad. Hemos probado ya el árbol del bien y del mal. Invertimos abundantemente nuestro dinero o nuestros deseos de poseer en pólizas de seguro, bien garantizadas, y nos hacemos la ilusión de que nuevos ángeles nos llevarán sin tropiezo a u n futuro sin riesgo. Divinizamos nuestro afán de bienestar, cerramos los ojos a la opresión de los pobres, nos dan miedo los poderes estatales. Pero henos aquí de nuevo en el desierto, con deseos de afrontar la tentación. en marcha cuaresmal hacia la vida, en proceso de conversión y de confianza. A Ti...

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SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA Bendición

Verdaderamente es nuestro deber y salvación levantar el corazón a ti, Padre todopoderoso, y darte gracias siempre y en todo lugar por Jesucristo, tu Hijo amado. En él has bendecido todas las naciones de la tierra. Él, fiel a tu voluntad hasta el ofrecimiento de sí mismo, sacrificado en el altar de la cruz, se convirtió en salvación para todos los que creen. En él nos has dado todo; él es el justificador de los elegidos, la fuerza de los angustiados por la duda. Gracias a él nadie nos condenará, porque su muerte nos ha asegurado la vida. Por eso, con los ángeles y los santos cantamos sin cesar el himno de tu gloria: SANTO... Santo y misericordioso eres, Señor, que confirmaste la misión de Jesús en su bautismo y nos invitaste a escucharle cuando manifestó su divinidad. Para escuchar su palabra de vida y participar en el sacrificio de su cuerpo entregado nos reunimos de todas partes y celebramos la cena de la Nueva Alianza como él nos mandó hacer en la proximidad de su pasión. Jesús, reunido a la mesa con sus discípulos, tomó pan ... 164

Unidos en una misma fe hacemos memoria de la muerte y resurrección de Jesús hasta que vuelva, y te ofrecemos, Padre, nuestra acción de gracias. Envía el Espíritu Santo a nuestra asamblea; que él santifique nuestros dones y convierta en ofrenda agradable nuestras vidas. Que esta eucaristía atraiga tu bendición sobre el mundo entero. Bendice, Señor, a todos los hombres y sus obras, para que todas las naciones participen de la promesa hecha a Abrahán, el creyente, y de la alianza sellada en Jesús, el justo. Bendice, Señor, a los que anuncian la palabra del Evangelio sin desvirtuarla. Bendice al Papa, a nuestro obispo y a todo tu pueblo santo. Acuérdate de los pobres y enfermos y de los que están en prisión. Ten misericordia de nosotros, para que salgamos renovados de este tiempo de conversión. Por Jesucristo, nuestro Señor. Por Él y con Él te bendecimos, y unidos en el Espíritu queremos glorificarte y darte gracias ahora y por siempre. AMEN.

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TERCER DOMINGO DE CUARESMA - B Intemperie

Te damos gracias. Señor Dios, Padre nuestro, porque en el tiempo santo de Cuaresma nos sacas al desierto de la fe verdadera para ofrecernos el don de la conversión. Nos llevas a la intemperie de una vida sin falsos apoyos, sin fáciles consuelos. Destruyes todos los ídolos que hemos construido a nuestro alrededor, todos los absolutos engañosos, todas las mitiflcaciones de lo que es relativo y pasajero. También echas por tierra los falsos templos, convertidos en lugares de superstición, en ocasiones de explotación o fanatismo. Y en medio de este vasto campo de ruinas de lo que fueron nuestras falsas ilusiones, haces surgir la ciudad nueva de la nueva humanidad. En lugar de los ídolos aparece tu imagen, como misterio inabarcable En lugar del templo de piedras nace el templo de tu Hijo, lugar donde habita tu divinidad y en el que Tú te acercas a nosotros, convives con nosotros. A través de tu hijo compartes nuestra vida, nuestro dolor; caminas junto a nosotros en la marcha a través de la historia como una fuerza inagotable de avance y perseverancia. Junto a ese templo único de la persona de Cristo, construido con el cuerpo humano y la naturaleza divina, surgen los otros templos de cada persona, de cada hombre donde habita tu imagen santa. Esa es la revelación que nos has donado a través de la fe y de la conversión. Así nos has liberado de la esclavitud a que nos sometían los falsos dioses. Nos has liberado de los absolutismos, de la dictadura de las ideologías, de la opresión de todo lo que, diciéndose dios, 166

nos quiere imponer una ley absoluta, castradora de nuestra libertad. Por eso nos sentimos llenos de gozo y cantamos: SANTO... Santo eres en verdad, Señor, porque has perdonado nuestro pecado de construir templos falsos, ídolos aberrantes y destruir el único templo verdadero, la única imagen trasparente de tu bienaventurada divinidad. Nosotros hemos rechazado a Jesucristo. No hemos sabido acogerlo. Al final de su vida histórica, fue perseguido por sus contemporáneos. Sus compatriotas y familiares lo hostigaron, lo denunciaron y lo llevaron a los tribunales de la autoridad romana, sojuzgadora del país. La víspera... Ahora recogemos su herencia, Señor, y efectuamos el mandato que nos legó. Celebramos el memorial de su muerte, de su sacrificio cruento, y de su resurrección gloriosa. Te presentamos, Padre, este memorial como un retablo que queremos contemples. No es un retablo hecho de madera sino de historia humana. Acuérdate de tu Hijo, que aún sufre en sus miembros. Acuérdate del Cristo místico que es tu Iglesia. Haz sentir tu presencia poderosa junto a su caminar, que aun no ha terminado. En medio de pruebas y oscuridades prosigue su largo vía-crucis en pos de las huellas de su Señor. Envía el Espíritu Santo sobre nosotros, para que nuestros corazones de piedra se trasformen en corazones de carne y, unidos indisolublemente a nuestra Cabeza, formemos el único templo digno de Ti: el de la gran comunidad humana, la gran Jerusalén. Por Cristo... 167

CUARTO DOMINGO DE CUARESMA - B Repatriación

porque nos sentimos cerca de la casa paterna, la senda segur¿a, el camino del Reino. Entonamos el canto de los redimidos, el himno de los ángeles y, con nuevos ánimos, decimos: SANTO...

Te dirigimos hoy, Señor, nuestra alabanza y nuestra oración de agradecimiento, porque nos sentimos tu pueblo elegido. Como él, hemos sido sacados del cautiverio, gracias a la fe que has suscitado en nuestros corazones. Lo mismo que Israel fue repatriado, tras setenta años de cautiverio en Babilonia, así nosotros hemos sido liberados de un destierro: el destierro de nuestro pecado y nuestra dispersión. La Cuaresma nos pone en camino de la patria querida, verdadera; ese lugar, ese momento inefable del encuentro con nuestras raíces, con la tierra que nos nutre, con nuestra identidad personal más íntima, contigo, Señor, que eres nuestro Padre único, nuestro Dios verdadero. Como los judíos hemos vivido alejados, perdidos en el exilio de la alienación pecadora. Allí, a la orilla de un río de dolor y nostalgia, nos sentamos a llorar, añorando la casa paterna. Como hijos pródigos vivimos en la soledad, con el corazón enmudecido. No podíamos hablar ni cantar al sentirnos en tierra extranjera. Pero en ese destierro apareció un signo, se alzó la figura salvadora de tu Hijo como un estandarte de salvación. En el horizonte ha aparecido la cruz como un árbol verde, fecundo, signo de la promesa de frutos estivales de perdón. Gracias, Padre, porque nos has entregado a tu Hijo, para que no perezca ninguno de los que confían en El. Ahora ya podemos cantar, 168

Santo eres en verdad, Señor, porque has enviado a tu Hijo no a condenar al mundo sino a salvarlo: porque a aquel que realiza la verdad lo acercas a la luz, para que resplandezcan sus obras, como hechas según tu voluntad. La condenación la ha experimentado tu Hijo en su propia carne. porque Él cargó sobre sus espaldas con las consecuencias del pecado. Cuando vino como luz del mundo, fue rechazado. Los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Fue exterminado y liquidado físicamente. La víspera de su muerte... Hacemos memoria de su muerte gloriosa, de su resurrección pascual y de su gloriiicación, mientras te ofrecemos el sacrificio santo. Que del árbol de la cruz brote el fruto del Espíritu para toda la humanidad. Surja del costado del Cristo crucificado el río del Espíritu que perdona y vivifica, que hace nacer la Iglesia, la nueva humanidad. Que con su presencia dinámica nos pongamos todos a la obra, construyendo la nueva ciudad, la Jerusalén celeste, morada de tu gloria, donde seas todo en todo y todos alcancemos la dicha del amor perfecto. Por Cristo...

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QUINTO DOMINGO DE CUARESMA Ley nueva

Te damos gracias, Señor Dios nuestro, porque han llegado los días en que has hecho con nosotros una alianza nueva. Nos has dado tu ley, no escrita ya sobre códigos ni tablas sino sobre el corazón de un hombre llamado Jesús, que quiere decir salvador. Él ha sido para todos la encarnación de la Ley Nueva, la ley del amor y de la entrega en la libertad al servicio de los hermanos. Jesús es nuestra salvación, porque ha sido el servidor obediente, el hijo unido a su Padre en la tarea común de redimir al mundo. Durante los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, luchó y suplicó por alcanzar la salvación para Él y para los hermanos. No sucumbió a la angustia ni Tú lo abandonaste en los momentos de peor soledad, cuando luchaba con la muerte. Por eso te alabamos y te aclamamos con el canto de los ángeles diciendo: SANTO... Santo eres en verdad, Señor, porque eres u n Dios de vida. Tu voluntad es que todos los seres y todos los hombres vivan intensamente y sean felices. Cuando llega como irremediable la muerte, tu voluntad vivificante vence a la destrucción y, el grano de trigo hundido en tierra, lo trasforma en fruto fecundo. 170

A tu Hijo querido, sepultado bajo la losa, caído bajo los golpes de sus enemigos, lo has levantado y-elevado a lo alto, sentándolo sobre tu trono, a tu diestra. Así has convertido la humillación en hora de gloria; así has glorificado a nuestro Salvador y, con Él, nos has dejado la prenda de la glorificación a todos sus seguidores. Tu voluntad de vida y de logro personal no ignora nuestra situación concreta, en el proceso de redención. Por eso tu Hijo enviado por Ti a nosotros no sólo compartió nuestra vida sino también nuestra muerte, bebiendo el cáliz de su amargura. Él es el Hombre-Dios, pero no el Superhombre, porque no pasa por encima de nuestro destino humano sino que comulga con él, convertido en varón de dolores. La víspera... Haciendo ahora memoria de su muerte y resurrección, te ofrecemos su sacrificio. Padre, glorifica a tu Hijo, para que el mundo lo conozca y, viviendo según su Espíritu, glorifique tu nombre, te reconozca como Dios único y verdadero de todo lo creado. Envía tu Espíritu sobre nosotros, para que se realice el juicio iniciado ya en la cruz. Que el príncipe de las tinieblas sea expulsado del mundo y todas las cosas sean atraídas a Ti, el centro de cielos y tierra. Por Cristo...

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DOMINGO DE RAMOS - B Traición

Realmente es digno y justo, es nuestro deber y salvación bendecirte, Padre santo, por medio de Jesucristo. Tú, Señor, creaste al hombre a tu imagen y semejanza, para que dominara el universo. Hiciste una alianza con tu pueblo, rota frecuentemente por nuestra culpa. Y nos prometiste una alianza nueva, la de tu siervo doliente y abandonado, que vino a servir y no a ser servido. Por lo cual con toda la fuerza de nuestra voluntad cantamos tu gloria en unión de los ángeles diciendo: SANTO... Bendecimos tu nombre, Padre, contemplando cómo tu Hijo, al hacerse hombre, cargó sobre sí la flaqueza, el dolor, la muerte, en fin, todas las consecuencias de nuestro pecado. Fue perseguido, acorralado, traicionado. Lo entregó uno de los suyos, Judas, dándole el beso de la falsa amistad. Fue interrogado, en medio de calumnias, flagelado y torturado entre burlas. Al fin lo crucificaron ante la indiferencia de su pueblo y las injurias de los soldados. Cuando lo contemplamos en la cruz, descubrimos la fuerza de tu amor por nosotros. Porque no has abandonado al Hijo crucificado; antes al contrario, lo has exaltado en la resurrección dándole un nombre-sobre-todo-nombre, para que el mundo crea que lo has enviado y nuestras lenguas proclamen:

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Jesucristo es el Señor. Humildemente te pedimos envíes tu Espíritu sobre estos dones y sobre tu comunidad, para que el pan y el vino sean el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y nosotros permanezcamos reunidos en el amor. Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor, el cual, la víspera de su pasión, tomó pan... Por lo cual, hacemos memoria de su muerte reconociendo que es Hijo de Dios, de su resurrección, ascensión y glorificación. Y mientras esperamos su retorno glorioso te ofrecemos el sacrificio de su obediencia, soledad y abandono, sufridos por nuestro pecado. Recibe el sacrificio de la Iglesia que camina tras su Señor con la cruz a cuestas. Dale fe y fortaleza para soportar las persecuciones, las incomprensiones, las divisiones internas. Que el sufrimiento de los cristianos y de los hombres de buena voluntad haga vencer el bien sobre el mal. Que los hombres lleguen a aclamar al Cristo que viene humildemente sentado sobre el animal más humilde. Que todos acepten la paz y la no-violencia en vez de la fuerza. Que desaparezca la división entre poderosos y débiles. Que llegue en fin tu Reino reconciliador. Jueves Santo (Es única, pág.

54).

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VIGILIA PASCUAL-B Pascua

Es realmente justo y necesario, Padre, darte gracias en esta noche en que has resucitado a tu. Hijo. En nuestro mundo hay todavía caos informes, / tinieblas de guerras, muertes, iras, odios. Tu aliento, Padre inmenso y bueno, se cierne sobre la faz de nuestra tierra, porque Tú eres luz y el creador de toda luz. Te damos gracias por el firmamento, por las aguas, la hierba verde, las semillas, las flores y los árboles frutales. Nos cuesta reconocer que el hombre es imagen de Dios, porque lo vemos y nos vemos desfigurados. Esta es la noche, Padre, en que trasformas nuestro miedo en audacia y valentía, noche en que despiertas en nosotros deseos de liberación y de gozo, al reconocer que Jesús venció el peor de los enemigos: la muerte. Son muchos aún los enfermos, los marginados, los cobardes, los débiles, los perseguidos y procesados. Pero no faltan hoy quienes se entregan por la justicia, quienes redimen a sus hermanos como nuevos Cristo anónimos. Tú eres un Dios de libertad y de liberación, como lo mostraste cuando caminó tu pueblo por lo seco en medio del mar. Esperamos continuamente el amanecer, el camino limpio que nos lleve a la ribera de la vida. En esta noche, Padre, palpamos muy cercana la presencia del Resucitado, la realidad de su Espíritu. Por todo lo cual nos asociamos a toda la creación para cantar con los ángeles el himno de tu gloria:

la tercera gran noche de su historia después de las noches de la creación y del éxodo. La primera noche fue aquella en que te manifestaste sobre el mundo El mundo estaba desierto y vacío [para crearlo. y las tinieblas se esparcían sobre la faz del abismo. Pero llegó tu Palabra, Señor, y surgió la luz como iluminaría que dio La segunda noche fue cuando salvaste [forma al caos. a los primogénitos israelitas del ángel exterminador que pasó por medio de los egipcios. Entonces preparaste el gran prodigio de esta tercera noche que ahora celebramos: la resurrección luminosa y esplendente de tu Hijo Unigénito, Jesús, sacándolo de la oscuridad del sepulcro y del seno estéril de la muerte. Apoyándonos en este memorial de la historia salvífica, esperamos llegue un día la cuarta y última noche; cuando el mundo cumpla su fin para ser trasfigurado. Los yugos de hierro serán quebrados y las generaciones impías, convertidas. Entre tanto celebramos la cena pascual como prenda de esperanza. Ella recorre y unifica todas estas etapas. Jesús, la víspera de su pasión ...

SANTO...

Tu cuerpo glorificado, Señor, conserva aún la huella de las heridas de los hombres; y de tu corazón, abierto por la lanza, no cesa de manar la sangre y el agua del Espíritu. Derrama la luz de tu Espíritu, para que en ella nos encontremos todos los hombres. Comunica, Padre, tu Espíritu a todos los hombres, para que la vida tenga sentido y todos compartamos tu felicidad. Que llegue el día en que te veamos cara a cara, cuando nadie tenga necesidad de decirnos quién eres. A Ti, Padre, con el Espíritu del Resucitado te brindamos el pan y el vino de tu Hijo Jesús. Esta copa la levantamos como brindis por nuestra salvación, por'la de nuestras familias y amigos y por la salud de todo el mundo dada hoy en el Señor. Por los siglos de los siglos ...

Eres santo, Dios Padre nuestro, porque ahora has hecho conocer al mundo

Domingo de Pascua de Resurrección (Es única, pág. 58).

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SEGUNDO DOMINGO DE PASCUA - B Piedra angular

Te damos gracias, Señor, porque eres bueno; te alabamos, porque es eterna tu misericordia. Tu diestra es poderosa y excelsa. No has dejado a tu Hijo abandonado en la muerte. Le has hecho renacer a una vida nueva y mejor, que la que poseía antes de ser crucificado. La piedra que los arquitectos desecharon, Tú la has convertido en piedra angular. Gracias, Padre, porque has arrebatado a tu Hijo al reino de la muerte y lo has establecido Señor de todo lo creado. Aunque nosotros, como Tomás, no estábamos allí, cuando se apareció el Señor por primera vez, sin embargo hemos recibido el testimonio de los apóstoles. No le vimos, pero hemos oído la Buena Nueva y hemos percibido los signos que la acompañan. Por eso sentimos la dicha que Jesús prometió a los que creyeren sin ver. Llenos de alegría y de esperanza cantamos el himno de los ángeles diciendo: SANTO... Eres santo, Señor, porque nos has dado un Cristo glorificado, que, tras su resurrección, derrama victorioso su Espíritu sobre la creación. A Jesús viviente lo percibimos hoy en los hombres portadores de ese Espíritu irresistible, en los que viven las Bienaventuranzas siendo portadores de paz, pacificadores, perdonadores; en los que se reconcilian con el hermano ofendido, en los que se sienten impelidos a dejar su mundo familiar para ir a los que están lejos, distantes, 176

a comunicarles lo más entrañable suyo. Son los misioneros, los trasmisores de la noticia única, del hecho estelar de la resurrección de tu Hijo. Gracias, Padre, por este don de los discípulos, de los cristianos, de la Iglesia, que, con su vida desbordante y fecunda, son la epifanía del Jesús viviente presente en nuestro tiempo. Nosotros ahora, reunidos en su nombre, celebramos su memoria para ser también, ante el mundo, revelación y anuncio de Cristo; manifestación efectiva de su resurrección y de su victoria sobre la muerte. Jesús, la víspera de su pasión... Siguiendo su mandato, hacemos memoria de la pasión y glorificación de Jesús, mientras te ofrecemos, Padre, el sacrificio de su muerte. Envía tu Espíritu sobre tus comunidades eclesiales, para que el anuncio pascual de la Iglesia suscite una radical esperanza en medio del mundo. Lo que el mundo busca oscura pero tenazmente, la comunidad cristiana lo proclama con certidumbre de futuro: el último y peor enemigo del hombre, la muerte, va a ser también vencido, porque Cristo, nuestro hermano mayor, ha resucitado como primicia de la humanidad. Y todas las servidumbres que son muerte, que conducen a la muerte o provienen de la muerte, van a ser también conculcadas; como nos lo muestra el Jesús glorificado, trasfigurado en su cuerpo mortal, hermano universal de todos, fuente inagotable de espíritu, de fuerza, de verdad y justicia sin tacha. Por Cristo...

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TERCER DOMINGO DE PASCUA - B Resurrección

Realmente es digno y justo, nuestro deber y salvación bendecirte, Padre Santo, siempre y en todo lugar, pero más que nunca en estos días, en que Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado. El es el verdadero Cordero pascual, que quita el pecado del mundo; con su muerte destruyó nuestra muerte y por su resurrección tenemos parte en la vida. Su triunfo sobre la muerte ha llenado de victoria el mundo y todos los que tenemos fe participamos en su paz y alegría, de su Espíritu y de la bienaventuranza; pues sin ver lo que otros vieron, creemos en lo que otros no creyeron. Por lo cual, unidos al gozo de la creación y al de los ángeles y santos, cantamos, sin cesar, el himno de tu gloria:

Es Cristo Señor. Al contemplarlo, admiramos tu gloria y tu amor hacia nosotros. Dígnate enviar el Espíritu Santo sobre este pan y este vino y sobre esta comunidad, a fin de que en el banquete cristiano sepamos reconocer al Resucitado. El cual, la víspera de su pasión ... Por tanto, Señor, siguiendo el precepto de tu Hijo, realizamos el memorial de la muerte, resurrección y ascensión mientras esperamos la venida gloriosa. Te ofrecemos el sacrificio de su obediencia hasta la muerte en remisión de los pecados. Por todo lo cual, te ofrecemos todo honor, gloria y alabanza por los siglos de los siglos. AMEN.

SANTO... Tú eres santo, Padre de los cielos, porque nos enviaste a tu Hijo como Mesías para que padeciera, resucitara de entre los muertos y en su nombre se predicara la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos. Por medio del Señor has traído al mundo el Espíritu como cabeza de la humanidad. Es el Hombre Nuevo como cabeza de la Iglesia. 178

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CUARTO DOMINGO DE PASCUA - B Compartir

Te damos gracias, Señor Padrs nuestro, porque nos has escuchado y lias sido nuestra salvación. Tú eres nuestro Dios. Te damos gracias y te ensalzamos. porque tu misericordia es eterna. Bendito Tú, Señor, y bendito el que viene en tu nombre, enviado por Ti. Tras su resurrección ha vuelto Muchos vinieron antes de Hl, unos como profetas auténticos, otros como mercenarios y explotadores del pueblo. Muchos supieron dar la vida por sus ovejas, otros, en cambio, se alimentaron de ellas, despojándolas de todo. Padre, Tú nos has dado en Jesús, tu Mesías, tu Ungido, al verdadero Pastor, que da la vida por su rebaño, que conoce a sus ovejas una por una y las quiere como ningúr otro pastor, porque las trata con el amor y la comprensión de su propio Padre, que eres Tú, Señor, Dios eterno y verdadero. Por eso te alabamos y bendecimos con el canto de los ángeles, diciendo a una sola voz: SANTO... Santo eres en verdad, Señor, porque nos has dado en Jesús tu Unigénito, un guía que conduce nuestras vidas siendo uno más del ¿Tupo, compartiendo nuestra vida en solidaridad perfecta. Nos dirige no desde fuera ni desde la altura, no desde la suflciení ia o el desdén sino desde el interior de la Jiumildad y el amor. Su identificación con la grey llega al extremo 180

de ser ignorado o confundido por muchos. Muchos no lo reconocen ni lo aceptan. Aquellos que desean jefes duros y superiores encumbrados a quien someterse, para no tener que hacer uso de la libertad propia, lo rechazan y lo persiguen, porque amenaza su cómoda condición de esclavos voluntarios e irresponsables. Por eso, Jesús, al final de su vida terrena, fue tratado como un cordero indefenso, que es llevado al matadero. Antes de morir, en la cena de despedida, tomó pan... Así pues, al celebrar ahora el memorial de la muerte y resurrección de tu Hijo, te ofrecemos, Padre, el pan de vida y el cáliz de eterna salvación. Que tu Espíritu, viniendo sobre la Iglesia, suscite pastores buenos de voluntad decidida y bien templada, de ánimo prudente y audaz; para que ellos y con ellos la grey de tu comunidad caminen en pos de Cristo, marchando hacia el encuentro de tu Reino. Que los Obispos y los presbíteros, como Cabeza de tu I ^ V a , levanten el ánimo del pueblo encendiendo la esperanza en su corazón; le vayan ayudando a interpretar los acontecimientos como signos del Reino venidero. Que todo el pueblo de Dios sepa promover a los hermanos según tu Espíritu, que es un espíritu de respeto, de libertad y tolerancia. Que el pastoreo de unos con otros sea siempre el signo de tu amor y de tu comprensión. Por Cristo...

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QUINTO DOMINGO DE PASCUA Vid y sarmientos

Te damos gracias, Padre, por la vida recibida, por todos los frutos existentes en el mundo de la naturaleza o de la técnica. Muchos han sido los justos que a lo largo de la historia han plantado con abundantes esfuerzos una viña Nos llena de temor tu palabra exigente frente a la inutilidad de muchos sarmientos y a la esterilidad de innumerables viñas. No obstante, esperamos un fruto universal, un rescate, una liberación. Y porque esperamos te damos gracias. Tú nunca te cansas de esperar, siempre prometes nuevas viñas. Gracias, Señor. Todos nosotros queremos ser cultivadores honestos en tu campo de trabajo. Nos damos cuenta de que hay plantaciones enfermas sarmientos estériles que viven del trabajo ajeno, dueños injustos que explotan a pobres viñadores. Nos da miedo la poda: el hacha en la raíz, la tijera en las ramas secas, el fuego en los sarmientos cortados. Nuestra esperanza está puesta en el fruto de tu viña, en la sangre del justo Jesús, vida y espíritu nuevos. Nos unimos a los ángeles y santos cantando todos juntos el himno de tu gloria:

sino con obras y según la verdad. Perdona nuestras excusas para quedarnos en los soportales de la plaza sin trabajar en la viña del mundo. Expresamos hoy nuestra fe en el nombre de tu Hijo Jesucristo. El es la vid, nosotros los sarmientos. Tú eres el invisible labrador. Por eso... Te damos gracias por invitarnos una vez más a unirnos a Jesús, savia y fruto de tu vid. Al recordar su muerte, resurrección y glorificación, acuérdate de nuestra pasión en el mundo. Envía tu Espíritu: que haga nuestra acción más clarividente y más fraterna, para que el mundo se parezca a la viña que Tú deseas como paraíso. Ayuda a nuestros hermanos cristianos, de una u otra tendencia, para que no cedan a los gritos de última moda, para que descubran la novedad del nombre vivo de Dios. para que realicen la unidad de la Iglesia que Jesús te pedía con tan ardiente plegaria. Acuérdate del pueblo sencillo, que es manejado con banderas falseadas y estandartes desorientadores. Acuérdate de quienes luchan por una sociedad mejor, hartos de injusticias, cárceles y torturas. A Ti, Padre...

SANTO... Por boca de tu Hijo Jesús nos dices que no amemos de palabra ni de boca 182

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SEXTO DOMINGO DE PASCUA - B Fraternidad

Realmente es justo y necesario, nuestro deber y salvación bendecirte, Señor, Padre santo, por medio de Jesucristo, enviado al mundo para servir a los hombres y no ser servido, para amarlos hasta el extremo y para proclamar entre los suyos un mandamiento nuevo: el del amor. Hemos descubierto en Cristo tu paternidad con todos los pueblos negros, blancos y amarillos; tu solicitud con los más humildes a quienes consciente o inconscientemente aplastamos con nuestro poder, cultura o dinero. Te bendecimos, porque nos llamas a tu amor, porque nos reconocemos egoístas. Nuestra vida, tan oscura, tiene una luz; nuestro dolor, un sentido; nuestro esfuerzo, una esperanza. Por lo cual, unidos a las ansias de amor, alegría .y paz que poseen los hombres de buena voluntad que nos han precedido y que existen en este mundo proclamamos, sin cesar, el himno de tu gloria:

como sobre aquella primera apostólica, en la que Jesús, la víspera de su pasión... Por tanto, Señor, haciendo memorial de la muerte, sepultura, resurrección y glorificación de tu Hijo, te ofrecemos este sacrificio de tu amor, sabiendo que Tú eres florificado y esta fraternidad santificada. Haz que nos amemos de verdad los aquí reunidos; que nos aproximemos a los que padecen hambre y sed de justicia; que nos alejemos de los fariseos, que dicen pero no hacen; que nos sintamos hermanos en la fraternidad de todos los hombres. Mientras esperamos la reunión amorosa de todos en la fraternidad final, te damos gracias a Ti, Padre, y al Espíritu, juntamente con la bendición, el honor y la gloria por los siglos de los siglos. AMEN.

SANTO... Tú, Señor, eres amor y por medio del Espíritu derramas amor a todos los hombres a los desheredados y a todas las fraternidades cristianas. Haz que este mismo Espíritu, que descendió en las entrañas de una mujer amante y que llevó a Jesús hasta la cruz, descienda sobre el pan y el vino y sobre esta fraternidad 184

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ASCENSIÓN DEL SEÑOR - B Culminación

Siempre es bueno, Padre, darte gracias por tu misericordia y bendecirte en el templo de tu comunidad. Te agradecemos la creación del mundo y la aparición de los hombres a imagen y semejanza tuyas, para que, libres y responsables, compartan contigo el trabajo creador. Alabamos tu plenitud y tu bondad. Tú has introducido en el fondo de nuestro ser un germen de vida indestructible, para que nuestro cuerpo mortal y nuestra alma humana se llenen de plenitud, de vida y de gloria. Te damos gracias por el destino final, insospechado e insuperable que nos has reservado: a partir de nuestra vida y más allá de la muerte poseemos la comunión de vida contigo, la gloria y la plenitud, escondidos en nuestra existencia como una semilla sumergida en la tierra. Con todo el universo y en nombre de todo lo que vive y respira cantamos el himno de tu gloria diciendo: SANTO... Te bendecimos, Padre, porque la plenitud de la vida la has realizado ya en uno de nosotros: Él, verdadero Dios, es hombre auténtico y perfecto. Sencillo y grande, servidor y libre, exigente y misericordioso. Al subirlo a los cielos y sentarlo a tu diestra, 186

lo has llenado de vida y lo has inundado de poder. Has puesto en sus manos la creación entera: los cielos y la tierra, lo visible y lo invisible. Le has sometido todo espíritu maligno, para que pierda su fuerza sobre nosotros. Expulsa los demonios, arrebata las serpientes que se enroscan sobre nuestros cuellos oprimidos. Deseca nuestras heridas extrayendo el veneno que supuraban. Pero para conseguir la victoria ha debido beber hasta las heces la copa del dolor y el sufrimiento. La víspera... Celebramos pues el memorial de tu Hijo, de su pasión y muerte así como de su resurrección y ascensión al cielo, mientras te ofrecemos su sacrificio en favor de toda la creación. Esperamos que vuelva un día, al final de la historia, como le vieron marchar sus discípulos. Haz, Padre, que todos los creyentes veamos el rostro del Señor. Que nuestros pastores, el Papa y los Obispos, estén en el mundo «con gran alegría», como los primeros discípulos de Jesús. Que nuestras comunidades no se queden fijas, mirando al cielo, sino que testimonien en la ciudad de los hombres la soberanía de tu gloria. Acepta nuestros dones y haz que este pan y este vino hagan en nosotros su obra de unión, de amor y de nueva creación. Por Cristo...

SÉPTIMO DOMINGO DE PASCUA - B Signos cristianos

Te damos gracias, Padre amoroso, por todo el amor que haces descender hasta nosotros. Nadie te ha visto, pero te sienten y te sentimos cuando nos amamos unos a otros, porque Tú eres amor. Te damos gracias por tu generosidad, porque nos has dado tu Espíritu, porque nos has entregado a tu Hijo. (Bendito seas, Dios santo! Ningún concepto puede contenerte y, sin embargo, has hecho del universo tu morada y tu pueblo. "Por eso, con toda la comunidad de los bienaventurados, a la que haces saltar de gozo, cantamos tu alabanza: SANTO... Te bendecimos, porque estás con nosotros, aunque no nos demos cuenta. Tu Espíritu es más sutil que el soplo y el viento, no se sabe de dónde viene ni a dónde va. Pero penetra en el corazón de los hombres, familiarizándolos, y los reúne, para que se amen y se comprendan. Tú aceptas nuestra hospitalidad y tu paso familiar resuena en nuestra casa. Te hemos vendido por treinta monedas mil veces, hemos huido de tu servicio, pero Tú nos has echado en suerte, nos has elegido. Tú mismo dispones la mesa para comer, llenas nuestras copas y te sientas con nosotros. 188

Tú, Dios fuerte, cerca de nosotros, y nosotros, Dios misterioso, muy cerca de Ti. Por eso hoy recordamos la noche ... Este es el misterio del amor. En la muerte heroica del Señor, Jesús, en su triunfante resurrección, en su venida en medio de nosotros, recibimos tu amor sin límites. Tú nos resguardas del mundo, pero no nos separas de Él; nos dice que te amemos, pero el único rostro que de Ti disponemos es el rostro de nuestros hermanos. Dígnate aceptar a estos comensales, portadores vacilantes de tu luz, testigos fugaces de tu vida. Aumenta su fe, a fin de que el destino que les espera, cualquiera que sea, lleve el nombre de tu amor y el de la verdad. A Ti, Padre... Vigilia de Pentecostés (Es única, pág. 74). Domingo de Pentecostés (Es única, pág. 76).

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SANTÍSIMA TRINIDAD - B Trinidad

Dios, Señor nuestro, rey del universo. Tú te revelas a nuestra experiencia religiosa como una fuerza y un poder que nos envuelve, como una presencia que nos cobija y nos acoge entrañable y a la vez respetuosamente; como u n mar misterioso que nos circunda y nos anega, no para ahogar nuestra propia personalidad sino para fecundarla, rejuvenecerla y fortalecerla perennemente. Eres como un mar invisible, nocturno, cuyo rumor, sin embargo, nos acompaña siempre y resuena sin cesar en la concha de nuestra conciencia más profunda. Nos sales al encuentro en el recodo más inesperado de nuestro vivir cotidiano bajo la forma de misterio, que nos acosa silenciosamente. Un sentimiento oceánico crece en nosotros al experimentarte. Y en medio de las olas alternantes del miedo y el amor, cantamos con los ángeles: SANTO... Santo eres, Señor, porque de ese abismo de tu misterio has hecho surgir la revelación de Jesús, que ha iluminado tu realidad última como vida trinitaria. Y a lo que parecía oscuridad trascendente le ha devuelto su figura familiar, cercana, de una comunidad divina compuesta por el Padre, el Hijo y el Espíritu; tres personas distintas, pero unidas de manera perfecta. Gracias a la luz de tu gracia podemos desenterrar en nosotros tu imagen trinitaria. La paternidad junto a la maternidad y la filiación, nuestro yo junto al tú sintonizando en la congenialidad del nosotros...

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son ecos diversos de que somos un calco de tu Trinidad eterna. Nosotros somos el reflejo de Ti, Dios trino y verdadero, pues somos tus hijos nacidos con la marca de u n a misma familia. Lo que registramos en nuestra experiencia h u m a n a no es sino el desdoblamiento pálido y remoto de lo que acaece en el interior de la naturaleza divina. Tu vida es u n a vida también y, en primer lugar, compartida, comunicada. Tu vida es diálogo permanente, enajenación amorosa con el Hijo y en el Hijo dentro de la identidad más perfecta del mismo y único Espíritu. Cuando Jesús, en su vida mortal, se vio perseguido y fue crucificado. invocó tu nombre y te encomendó su espíritu. Entonces se reveló al mundo del modo más sorprendente e inesperado, lo indestructible de tu unión de Padre con el Hijo y el Espíritu Santo. Tú, por medio de tu Espíritu, lo resucitaste y trasfiguraste la humanidad de Cristo, introduciéndola en la plenitud de tu vida trinitaria. Como prenda de que a tus hijos adoptivos preparas el mismo destino de resucitados, Jesús, el Hijo, el Enviado tuyo, nos dejó este memorial eucarístico. La noche de su pasión ... Así pues, al celebrar ahora el memorial de la muerte y resurrección de tu Hijo, te ofrecemos, Padre, el pan de "ida y el cáliz de salvación. Envía tu Espíritu sobre nosotros, para que seamos adoptados como hijos de la comunidad trinitaria. Que tu Iglesia sea el reflejo de una familia de miembros unidos en la diversidad. Que todos los hombres sigan de cerca este camino de respeto y de amor. Por Cristo...

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SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO - B Comunión

Es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, alabarte siempre, Señor, pero más que nunca en este día consagrado a celebrar el misterio del cuerpo de tu Hijo; ese cuerpo que él nos entregó a la largo de una vida de amor servicial, de generosidad sin límites, de efusión gozosa en la amistad, en el trabajo y en la fiesta. Llegado al final de sus fuerzas, exhausto por los sufrimientos que le costó la fidelidad a la alianza, derramó hasta la última gota de su sangre. Y para después de su muerte nos dejó también el don de su cuerpo bajo los símbolos del pan y el vino, comida y bebida de salvación. Nos legó la cena santa, el banquete festivo como fuente inagotable de vida y de unidad fraterna. Ante este gran misterio de comunión, ante esta entrega corporal que sella un amor más fuerte que la muerte, nosotros alzamos la copa de la bendición y cantamos el himno de las nupcias de la esposa y el cordero en medio del coro de los ángeles que nos rodean y que dicen: SANTO... Santo eres en verdad, Señor, que has sellado tu alianza con el pueblo mediante esta comida fraterna 192

en que tu Hijo es el alimento y la bebida. Tú has inspirado a Jesús el espíritu de comunión que le hizo llamar a sentarse a la misma mesa a todos los separados por la vida En torno a un mismo plato, a un mismo manjar y a una misma copa congrega a la humanidad dividida, para que perdonándose unos a otros se den el abrazo de la paz verdadera. La llamada de tu Hijo, Señor, no es una palabra que se lleva el viento. Es un ejemplo, un testimonio y un mandato. Por eso convirtió el vino en su sangre y el pan partido en su carne desgarrada, pendiendo de la cruz. La comida se hizo sacrificio y así el misterio de su alianza se convirtió en más profundo y abismal. Es lo que queremos recordar y actualizar al celebrar este sacramento que Él, la víspera de su muerte, instituyó como legado para su pueblo. En la última cena, Jesús, reunido con sus discípulos, tomó el pan... Cumpliendo su mandato, celebramos este memorial de la cena, signo de su entrega en la vida y en la muerte, sacramento de resurrección, prenda de trasformación gloriosa, mientras te ofrecemos el sacrificio de la alabanza. Envía tu Espíritu sobre la Iglesia, para que todos entreguemos nuestros cuerpos en señal de amor auténtico, de homenaje mutuo, de sincero servicio. Con tu Espíritu podremos poner en común todas nuestras cosas de modo que la comunión eucarística sea símbolo eficaz de conversión. Que el pan de los ángeles ablande nuestros corazones de piedra y los trasforme en corazones de carne. Por Cristo... 193

SEGUNDO DOMINGO ORDINARIO - B Llamada

Tú pones, Señor, un cántico nuevo en nuestra boca, un himno a tu grandeza y a tus designios salvadores. Nosotros queremos hacerlo nuestro y convertirnos en un eco amplificado de alabanza que resuene en honor de tu nombre. Te bendecimos, Padre, porque nos haces percibir la vibración de tu Palabra santa. Nos despiertas en medio de la noche, como a Samuel, para que podamos acoger tu mensaje redentor. Tu voz llama a las puertas de nuestra conciencia y no cesa de insistir en sus urgencias. Ella nos despierta de nuestro sueño pesado. No somos nosotros los que buscamos tu Palabra, que apenas conocemos. Es ella la que nos busca incansablemente y nos convierte en hombres abiertos, vigilantes, receptivos. Por eso sentimos alegría, nos llenamos de esperanza y cantamos junto con los ángeles el himno de tu santidad diciendo: SANTO... Santo eres en verdad, Señor, porque nos has enviado cerno Palabra definitiva de alianza a tu Hijo, Cordero de Dios, que quita los pecados del mundo. Él ha puesto su tienda entre nosotros y nos ha invitado a su morada. Sabemos que vive entre los pobres, los inocentes, los pecadores arrepentidos, los hombres de buena voluntad, 194

los que sufren por la justicia. Allí está Él y allí nos invita a estar con Él, compartiendo el mismo pan de lágrimas y de gozos. Gracias, Dios nuestro, Señor de las promesas santas, porque nos haces encontrar al Mesías esperando en tu Hijo, morador de nuestra tierra. Aquel por el que suspiramos, el objeto de nuestros anhelos, está en medio de los hombres, desconocido y anónimo, como uno más de los pobres de la humanidad, uniendo su sacrificio al sacrificio de sus hermanos. Tú, Dios Padre de las misericordias, no quieres sacrificios ni destrucciones. Sólo quieres hombres libres, dispuestos a entregarse a tu voluntad de reconciliación, de perdón y de amor. Es lo que hizo tu Hijo querido al final de su vida terrena. Pues la víspera de su pasión ... Recordando y haciendo presente la muerte de tu Hijo, que se ofreció a hacer tu voluntad, la voluntad de salvar a los hombres, queremos unir a su sacrificio el nuestro, el sacrificio de tu Iglesia y de la humanidad que sufre. Que todos seamos resucitados y trasformados en un cuerpo glorioso como ya lo ha sido Él sostenido por tu mano creadora. Envía tu Espíritu sobre la comunidad, sobre nuestros pastores y sobre toda la Iglesia. Que seamos un cuerpo puro, libre de toda contaminación pecadora, de toda explotación o corrupción. Que seamos templo viviente del Espíritu Santo para poder estar siempre vigilantes hasta la venida gloriosa de tu Mesías. Por Cristo...

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TERCER DOMINGO ORDINARIO - B Seguimiento

Realmente es justo y necesario, nuestro deber y salvación bendecirte Señor, Padre Santo, que por medio de tus profetas llamas a los hombres a la conversión y a la nueva creación de u n mundo más justo. Cuando arrestaron a Juan Bautista por decir la verdad ante los poderosos y el pueblo, se manifestó públicamente tu Hijo y Señor nuestro Jesucristo diciendo: «Convertios y creed en la Buena Noticia». Impulsado por tu Espíritu llamó a Simón y Andrés, Santiago y Juan como primeros discípulos diciéndoles: «Venid conmigo». Los llamó e-inmediatamente, en lo más profundo de sus corazones, aceptaron las exigencias de la vocación cristiana. Reconocemos que Jesús es nuestro Señor, que nos llama constantemente, que nos cuesta dejar las barcas y las redes. Confiando, no obstante, en tu benignidad nos unimos al coro de los convocados al festín celestial, cantando todos juntos: SANTO... Tú, Señor, eres Santo, porque eres el camino, la verdad, la vida. Haz que el Espíritu de Jesucristo, lleno de veracidad y de justicia, descienda sobre estos dones de pan y vino, para que esta pobre comunidad aquí reunida sea morada de verdad y de amor. Esa verdad y amor que Jesucristo, tu Hijo, nos mostró. Cumplido el plazo,

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nos dejó el memorial peremne de su entrega. Entonces tomó pan... Por tanto, nosotros, tu pueblo convocado, al hacer el memorial de la muerte de Cristo, de su resurrección, ascensión y venida gloriosa, te ofrecemos el sacrificio de justicia que entregó a los hombres. Junto con El, te ofrecemos el esfuerzo de todos los que buscan u n reino de verdad, queriendo vivir en el amor. A Ti, Padre común, con Cristo, tu Hijo y Señor nuestro, en la unidad del Santo Espíritu todo honor y toda gloria por los siglos. AMEN.

CUARTO DOMINGO ORDINARIO - B Revelación

Es justo y necesario, es nuestro deber y salvación rendirte homenaje de gratitud, Dios Padre nuestro, porque has traído el final de los tiempos enviándonos a tu Hijo como hombre y como Mesías. No sólo nos has hablado por los profetas. Al final, nos has hablado por medio de Jesús, el Ungido del Espíritu. Él es el Santo de Dios y, por eso, ahuyenta los malos espíritus, expulsa al espíritu del mal, vence las fuerzas diabólicas que amenazan con dominar nuestra sociedad y nuestro corazón. Ea Ja terrible lucha entabfada entre el bien y el maf, que toma cuerpo en el enfrentamiento entre los diversos grupos humanos, entre las clases sociales y entre nuestros propios instintos internos —los instintos de muerte y los instintos de vida—, se ha decidido la victoria del lado de uno de los bandos, gracias a la venida de tu Hijo Jesucristo. El día de la victoria final no ha llegado aún porque la guerra todavía continúa. Pero la batalla decisiva ha sido ya ganada. Jesús, expulsando a los demonios, nos muestra que el brazo de Dios está con Él, a favor de lo que es amor, vida, justicia, libertad y gozo. Llenos de esperanza en que un día terminará la guerra y aparecerá radiante la victoria de Dios, entonamos el canto del homenaje y con todos los coros angélicos decimos:

Santo eres, Señor, porque en esta lucha no empleas las armas del poder y la violencia sino de la humildad y la mansedumbre. Gracias, porque nos has enseñado a afrontar las amenazas de la destrucción con prudencia, sí, y con cautela, pero, también, con la ingenuidad inerme de la paloma y del cordero inocentes; con la sencillez y el candor del niño, con el amor solidario del hermano. Eso es lo que nos enseña el ejemplo de tu Hijo, que es para nosotros signo, testimonio y sacramento. La víspera de su pasión ... Cumpliendo su mandato, hacemos memoria de su muerte, de su resurrección y ascensión a los cielos mientras te ofrecemos su sacrificio. Envía, Padre, tu Espíritu sobre nosotros, el Espíritu de Jesús, para que nosotros expulsemos también los demonios de nuestras tentaciones. Que empecemos a vivir tu Reino aquí y ahora. Que no nos conformemos con esperar pasiva, indolentemente un reino lejano y remoto. Que ya ahora vivamos la alegría y el gozo de la fiesta, el amor, la justicia y la paz de la gran reconciliación. Que tu Iglesia con sus Obispos y presbíteros, laicos, religiosos y monjes, sea ya ahora un espacio auténtico de libertad, el lugar donde empieza a aflorar esa ciudad santa, la nueva Jerusalén; donde empiezan a brillar los rayos matinales del sol de justicia. Por Cristo...

SANTO... 198 199

QUINTO DOMINGO ORDINARIO Curación

Realmente es justo y necesario, nuestro deber y salvación bendecirte, Señor, Padre nuestro, por medio de Jesucristo, quien desde el principio existe junto a Ti, por quien has creado el universo. El, con la fuerza de su palabra y de sus gestos, dominó la enfermedad y la muerte, restauró el sábado, día de liberación. Vino a todas las aldeas del mundo para conjurar la fiebre de los hombres, levantarlos desde sus lechos y ayudarlos a que se dispusieran a servir con la fuerza de tu evangelio. Revuelto el corazón del hombre por el pecado y el egoísmo, su mundo interior y toda la creación padecen misteriosamente una fiebre extraña; la injusticia, el odio y la mentira, la guerra, la alienación y la esclavitud han sido y son el pan que el hombre come cada día. Tú, sin embargo, Padre, enviaste a tu Hijo, para que dominara las tinieblas demoníacas y curase a los enfermos de diversos males. En medio de las dificultades aún existentes, proclamamos la fe en el Salvador, y como muestra de obediencia te ofrecemos el sacrificio de nuestra alabanza cantando con todos los santos del cielo y de la tierra el himno de tu gloria: SANTO... 200

Te bendecimos, Padre, porque, a pesar del pecado, de las fiebres egoístas y de la ingratitud del corazón humano, ha aparecido tu bondad entre nosotros para destruir la muerte e irradiar la luz de la vida y de la inmortalidad por medio del evangelio. Por medio de los profetas has traído la palabra de vida y de curación, pero en esta etapa final es tu Hijo Jesucristo nuestra esperanza total. El mismo, la noche ... Al recordar la muerte y resurrección liberadoras de tu Hijo, te ofrecemos su cuerpo y sangre. Que esta celebración avive en nosotros el fuego de una sana contestación frente al dominio de la comodidad, el placer, el poder y el dinero. Acuérdate de todos los cristianos en dificultad; acuérdate de nuestros hermanos que están en las cárceles o en el destierro; de los que están sin trabajo, marginados o desorientados. Y de todos los pobres y enfermos. Acuérdate también de los que murieron luchando por los derechos humanos y por una sociedad más justa y fraternal. Y de todos los difuntos. Da a tu Iglesia luz y fortaleza para saber presentar al mundo la verdadera imagen de tu Hijo, Jesucristo. Por Él, con Él y en Él queremos dar toda gloria y alabanza a tu nombre ahora y siempre. AMEN.

SEXTO DOMINGO ORDINARIO - B Don

Queremos expresarte, Señor, nuestro agradecimiento y nuestra alabanza por los dones que nos ofreces a lo largo de nuestra vida en cada una de nuestras jornadas. Cada día, cada semana experimentamos tu presencia salvadora en el fondo de nosotros mismos y en medio de nuestros contactos sociales. En el campo y en la ciudad, en la naturaleza y en la técnica, en la convivencia con los otros y en la soledad de nuestro interior sentimos tu voz, rastreamos tus huellas, percibimos tu imagen. Desde la revelación de tu Hijo, en la Palabra y en la Iglesia, podemos interpretar esos signos como un sentido esperanzador para toda nuestra existencia. Ante estas continuas revelaciones tuyas, ante estas señales iluminadoras que, en medio de la oscuridad, nos alumbran un camino, sentimos el gozo íntimo de estar acompañados. Por eso prorrumpimos en el canto alegre de los ángeles del cielo y entonamos con todos los coros celestiales el himno de tu gloria:

a restañar las heridas de la humanidad dividida. Tu Hijo ha sido la levadura que ha hecho que comience a pujar una masa nueva donde estemos amasados todos en el pan de la unidad fraterna. Los leprosos, los segregados, los marginados han sido liberados de su excomunión, han sido curados y pueden volver a la casa paterna a sentarse a la mesa con los hermanos. Él ha hecho surgir la Iglesia y el sacramento de la Eucaristía como una garantía y un signo que ya hacen ahora presente la gran reconciliación futura. La víspera... Siguiendo el mandato de tu Hijo, hacemos memoria. Padre nuestro, de su pasión y resurrección, mientras te ofrecemos el sacrificio de su muerte. Envía tu Espíritu sobre tu Iglesia, para que sea limpia de toda lepra, de toda hipocresía. Que luche hasta el fin contra toda segregación. Que sus pastores la guíen animosamente hacia el encuentro misionero con todos los que están lejos y en contra. Que en vez de la condena, lleve al mundo el abrazo de paz. Por Cristo...

SANTO... Santo eres en verdad, Señor, porque, enviando a tu Hijo a ser hombre entre los hombres, has convocado a todos 202 20!

SÉPTIMO DOMINGO ORDINARIO - B Gozo festivo

Es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias, Señor, y bendecirte en medio del gozo de nuestra fiesta. Hoy, el primer día de la semana, celebramos la resurrección de tu Hijo. La alegría llena nuestro corazón de creyentes. Dedicamos esta hora a contemplar tu gloria y tu poder. La consagramos al ocio de admirar tus maravillas y entonar el canto de los ángeles, el himno de todos los que viven ya en la paz de Cristo, libres de todo cuidado y de toda indigencia. Unidos a ellos decimos nosotros también: SANTO... Santo eres, Señor, Padre nuestro, porque, al enviar a tu Hijo al mundo a perdonar los pecados y reconciliarnos contigo y con los hermanos, quisiste que empezara la fiesta verdadera, la dicha sin fin sobre la tierra. Tú has cuidado de tu pueblo, has cuidado del hombre pobre y desvalido; en el día aciago lo pusiste a salvo, para que fuera dichoso en el mundo, haciendo nuevas todas las cosas, abriendo un camino por el desierto, convirtiéndolo en vergel. Tu Hijo es el sí a las promesas, es el amén de tu Alianza. Es la Palabra tuya que nos dice: así es, aquí y ahora el gozo que os ofrezco. Tú no quieres el sacrificio de nuestra vida ni la demora de nuestra felicidad 204

para un futuro tan incierto como lejano. No quieres que sacrifiquemos a nadie en beneficio de nadie como si la persona fuera un instrumento al servicio de un fin. No quieres que sacrifiquemos el presente en aras del futuro. Tu voluntad es instaurar tu Reino con la venida de tu Hijo al mundo y convertir la interminable historia de nuestros sufrimientos en un ahora sin fin. Fuimos los hombres los que, al rechazar a tu Hijo, aplazamos la realización de la promesa a un mañana lejano. Es nuestra falta de madurez, la necesidad de hacernos responsables como colectividad y colaborar nosotros personal y libremente a la realización de tus designios, lo que demora la felicidad de una plenitud definitiva. Ahora, al recordar, nostálgicamente, la dicha que nos arrebatan nuestras culpas o nuestras deficiencias, hacemos memoria de Jesús, rechazado por nosotros, pero resucitado por Ti, como garantía de una victoria final. La víspera... Siguiendo su mandato, hacemos ahora memoria de la muerte y resurrección de tu Hijo y te presentamos, Padre, su sacrificio. del que somos responsables los hombres. Que este sacrificio nunca sea estéril. Que el Espíritu vivificante lo convierta en prenda y garantía de la llegada del día final, de la vuelta victoriosa y triunfal de Jesús, cuando venga a inaugurar la fiesta sin fin. Que entretanto tu Iglesia y todos los hombres vayan preparando esa fiesta eterna, anticipándola ahora, viviendo intensamente sus celebraciones y sus trabajos, extrayendo de ambos la esperanza y la madurez que gestarán el advenimiento feliz. Por Cristo ... 205

OCTAVO DOMINGO ORDINARIO - B Nupcias

Es justo y necesario darte gracias, Señor, y bendecir tu nombre, recordando tus acciones admirables realizadas en favor de nosotros, tu pueblo. Tú has perdonado nuestras culpas, has curado nuestras enfermedades, has rescatado nuestra vida de la fosa de la muerte; en fin, nos has colmado de gracia y de ternura. Contemplando la historia de nuestra fe, sentimos el deseo de expresar nuestro agradecimiento y nuestra admiración por Ti. Eres el Dios compasivo y entrañable, libre de ira y rico en misericordia. No te vengas de nuestros pecados o faltas. Cada día nos muestras los sentimientos más desinteresados. En Ti está la fuente del amor exquisito del padre, del esposo, de la madre, de la novia. Porque efectivamente te has portado con nosotros como padre, como madre, como esposo. Cuando Israel habitó en el desierto Tú lo cuidaste y lo acompañaste. Lo cortejaste y le hablaste de corazón a corazón. Sellaste un pacto de alianza perpetua, indisoluble. Ahora, con tu nuevo pueblo, vuelves a renovar ese pacto. Vuelve a florecer la misericordia en la compasión que Tú infundes en nosotros como el mejor regalo de bodas. Por eso, gozosos y alegres, cantamos el himno de los ángeles y decimos jubilosos a una sola voz: SANTO... Santo eres en verdad, Señor, porque al llegar la plenitud de los tiempos has enviado a tu Hijo a la tierra para consumar las bodas 206

de tu divinidad con nuestra humanidad. El ha realizado en su persona la unión perfecta de la naturaleza divina y la naturaleza humana. Él ha sido igual que nosotros sin dejar de ser igual que Tú, Dios vivo y verdadero. Y quieres que nosotros participemos en las mismas bodas, invitándonos a recibir como hermanos suyos adoptivos la herencia de los hijos de Dios. Por eso ha irrumpido en nuestra vida de trabajos la fiesta más fascinante y maravillosa que nunca podíamos soñar; una fiesta que ya no acabará nunca, antes al contrario, que cada día tendrá más vida y ofrecerá más gozo, más felicidad, más dicha. Es verdad que, mientras llega el día glorioso de la venida última de Cristo, todavía tenemos que pasar días de oscuridad, y penalidades. Por un poco de tiempo ha desaparecido el esposo de nuestra experiencia inmediata. La celebración de las bodas sufre una interrupción. También la vida de Cristo padeció este eclipse pasajero de una oscuridad profunda y una ausencia del ser querido: de Ti, su Padre y nuestro Padre. Pero El no perdió sus ánimos sino que creyó y confio hasta el fin. La víspera de su pasión ... Nosotros, ahora, celebramos la memoria de Cristo, recordando su pasión y muerte, su resurrección y ascensión mientras te ofrecemos su sacrificio y, a la vez, hacemos presente la promesa de su retorno, de su vuelta a nosotros como Señor glorificado para reanudar la fiesta de las bodas y llevarla a su plenitud. Entre tanto te pedimos, Padre, nos envíes su Espíritu, para que mantenga en nosotros los ánimos templados, los corazones alegres y esperanzados, luchando siempre y, a la vez, anticipando ya el gozo festivo que un día será completo y desbordante. Por Cristo... 207

NOVENO DOMINGO ORDINARIO - B La fiesta

Realmente es justo y necesario, nuestro deber y salvación bendecirte, Señor, Padre Santo, por medio de Jesucristo, tu Hijo, por quien has creado el universo y el tiempo: has señalado en el universo estaciones, los días, los meses y las se-nanas; has llamado al hombre para un trabajo criador, jalonado de fiestas y uc ucscansos. * Tú has sembrado en el, corazón del hoi»b»e el deseo -tu dominar el mundí y de llegar a una fiesta sinjímites. Al señalar las fiestas, nos proporcionas descanso de'fatigas, oportunidad de amistades y de diálogos, mesa común de fraternidad con los amigos, cante y diversión, sosiego y paz. Por lo cual te bendecimos, uniendo nuestra alegría festiva a la de todos los ángeles y.santos cantando sin cesar el himno de tu gloria: SANTO... Te bendecimos, Padre, porque eres el libertador de esclavitudes; sacaste a tu pueblo de la servidumbre para que conociese la alegría de la libertad, celebrando asamblea santa, reunión cultural cada siete días. Convertido el sábado en un yugo insoportable por legisladores sin espíritu, los profetas, nuestros profetas, clamaron por un culto en espíritu y en verdad, por una justicia festiva 208

que fuese siempre liberación de esclavos, igualdad de hombres libres, en una ciudad nueva, inundada de alegría. En la plenitud de los tiempos enviaste al mundo la gran noticia festiva, Jesucristo, gran profeta, Señor del sábado. El cual, después de trabajar durante seis días curando enfermedades, especialmente en sábado, descansó cuando comenzaba la gran fiesta pascual, un sábado definitivo. Descansó durante este día en el sepulcro y se levantó al amanecer, resucitado, en la alborada del domingo, como estrella de la mañana, como aurora sin ocaso, como luz eterna. El se ocupó de preparar la primera fiesta cristiana, cuando en el atardecer de aquella noche turbulenta y serena, reunió en asamblea a sus amigos y les dijo:... Por tanto, Señor, siguiendo el precepto de tu hijo, conmemoramos el memorial de la fiesta cristiana, que es la resurrección, ascensión y espectación gloriosas de un domingo definitivo. Día de descanso del trabajo fatigoso, primer día de una nueva creación. Envíanos tu Espíritu, para que sepamos descansar de nuestras fatigas, para que encontremos en el domingo la alegría y la libertad, la comunión y la plenitud. A Ti, Padre de los cielos, por medio de Cristo nuestro Señor, te ofrecemos el honor, el poder y la gloria por los siglos de los siglos. AMEN. 209

DÉCIMO DOMINGO ORDINARIO - B Purificación

Es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias y bendecir tu nombre, Señor, porque desde siempre hasta ahora has herido de muerte todas las serpientes que se han arrastrado sobre nuestro suelo Desde el reptil del paraíso hasta la víbora escondida entre aquellos compatriotas de Cristo que lo llevaron a la cruz, y esas otras que, en nuestros días, siembran la traición o el engaño, Tú has estado presente siempre y vigilante, para que tu Espíritu nunca fuera vencido. Por eso cantamos tu fuerza y celebramos el triunfo final, anticipando ahora tu victoria, uniéndonos al himno de los ángeles y diciendo: SANTO... Meditando sobre nuestra historia y nuestra experiencia, nos damos cuenta de que existe el mal entre nosotros. No somos puros ni inocentes. No fuera, sino dentro de nuestro corazón está ese nido de serpientes que es lo más temible de todo. De nuestro interior salen las intenciones malas, los asesinatos, los adulterios, las fornicaciones, los robos, los falsos testimonios, las injurias. Aquí está el peor de los demonios, porque esto es lo que nos hace impuros. Pero Tú, Padre nuestro, eres el Señor de todas las cosas y de todos los hombres. Tú eres la fuente del bien, de la justicia y del amor. Por eso no permites que el mal consiga el triunfo sino que le declaras la lucha frente a frente. En esa lucha quieres participemos nosotros con las fuerzas y la libertad que nos has dado. 210

La línea del frente entre las dos fuerzas pasa por el interior de nosotros mismos, atraviesa todas las familias, todos los grupos y sociedades, todas las iglesias. Nadie se libra de este enfrentamiento que tantas veces llega a ser mortal. Tampoco tu Hijo, al hacerse hombre, estuvo libre de él. No vivió en una posición neutra sino que se halló envuelto en la refriega. Lo calumniaron y lo insultaron, tergiversaron sus mejores intenciones. Lo tomaron por un demonio, por un espíritu satánico, considerándolo como del bando enemigo. Otros le llamaron loco y demente, burlándose de él. Hasta que cayó víctima de esa lucha tremenda iniciada en los primeros días del Paraíso. La víspera de su pasión... Siguiendo su mandato, celebramos, Padre, el memorial de tu Hijo, de su muerte y resurrección y te ofrecemos su sacrificio santo. Te pedimos su Espíritu para todos, también para nosotros. Creemos y esperamos que tu Espíritu nos librará del pecado imperdonable de desconfiar de tu Hijo Jesucristo. Él nos salvará de la blasfemia de confundir a Jesús con el demonio. Ilumine tu Espíritu a la Iglesia, para que tenga el don del discernimiento y no vea el mal donde está el bien ni el bien donde reside realmente el mal. Ayuda a tu comunidad, para que no divida el mundo en buenos y malos. Que ningún grupo, ningún hombre sea demonizado; es decir, que no sea considerado demonio. Antes bien, reconozcamos la división dentro de nosotros mismos, en cada corazón y en cada hombre. Reconozcamos, en fin, en toda persona el Espíritu de Dios, el bien, sus valores positivos como más fuertes que su pecado y su culpa. Por Cristo... 211

UNDÉCIMO DOMINGO ORDINARIO - B Germinación

Te damos gracias, Señor, y te bendecimos, porque con la venida de tu Hijo Jesús ha empezado a llegar tu Reino. Por mediación suya has suscitado un movimiento misterioso de germinación, de gestación y de crecimiento. Jesús es la verdadera semilla del Reino que, hundiéndose en la tierra profunda, va pujando, abriendo caminos de luz y de vida. Mirando a nuestro alrededor, podemos percibir un movimiento que todavía parece tenue y débil, pero que nos hace presentir la crecida de una marea irresistible. Te damos gracias, Padre, porque en Jesús nos revelas la gran paradoja de la fe: sólo lo exiguo y parvo tiene posibilidad de comulgar con la dinámica de tu Reino; no, en cambio, lo que ha crecido, lo que ha triunfado. Tus acciones admirables las realizas no a través de Goliat sino de David. El milagro del banquete que nos prometes no se prepara mediante la abundancia sino por la modestia de los dos panes y los cinco peces. A pesar de todo, creemos en la fuerza de tu futuro y confesamos nuestra fe en el porvenir de la promesa. Por eso, con los ángeles y arcángeles, cantamos el himno de tu gloria, diciendo: SANTO...

sino en lo que padece contradicción y burla, considerado por los más como cosa de locos. Así sucedió con tu Hijo, durante su vida terrena, que hubo de padecer afrentas y quebranto por ser fiel a la esperanza mesiánica. Ni entonces había llegado aún el tiempo de la recolección, de la siega. ni ahora han llegado todavía. Nuestro ahora pertenece al tiempo de la roturación y la siembra, de la penosa germinación, porque ahora vivimos aún bajo el signo de la cruz. Por eso hacemos memoria de la pasión de tu Hijo, de su crucifixión y muerte. Y este memorial es el viático que nos reconforta mientras prosigue nuestro caminar de peregrinos. Jesús, la noche de la despedida ... Siguiendo su mandato. recordamos, Padre, su muerte y su resurrección haciendo presente su sacrificio. Y te pedimos que envíes tu Espíritu para iluminar nuestros pasos y descubrir ese tesoro que yace oculto bajo la tierra. Que Él dé claridad a nuestros ojos, alumbre nuestros corazones para superar las apariencias de lo superficial y penetrar hasta las raíces de lo que tiene futuro y garantía de eternidad. Asiste a los pastores de tu Iglesia, para que orienten a los fieles al verdadero centro de todo. Por Cristo...

Santo eres en verdad, Señor, porque nos muestras los gérmenes de lo que será un día la tierra prometida, no en aquello que goza del favor de los poderosos ni de los honores de la institución o de la ley 212

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DUODÉCIMO DOMINGO ORDINARIO - B Tempestad

Te alabamos, Señor, Padre nuestro, y ensalzamos tu nombre, porque hemos contemplado las maravillas que has realizado con tu pueblo. Cuando Israel se encontró ante el mar Rojo, Tú le abriste un camino entre las olas embravecidas, para que pudiera alcanzar la orilla de bonanza y, así, conseguir la liberación esperada. Tu Palabra levantó u n viento poderoso, que alzaba las aguas hasta los cielos precipitándolas luego en los abismos. Pero a los tuyos los arrancaste del naufragio apaciguando la tormenta en suave brisa y acallando el fragor del oleaje. Así llegaron al puerto seguro y se empezaron a cumplir tus promesas. A lo largo de tu historia y nuestra historia santa has proseguido tu acción salvadora. Por lo cual, te damos gracias con toda la alegría de quienes se sienten rescatados y te entonamos un himno de victoria con los ángeles y arcángeles, diciendo: SANTO... Santo eres en verdad, Señor, porque a tu Hijo Jesucristo lo salvaste de las aguas amargas del dolor y del seno de la tierra, donde pasó tres días bajo la sepultura. Tú has enviado a tu Hijo, para que vaya con nosotros en la misma barca, compartiendo las mismas tormentas, las mismas borrascas y naufragios. Y quieres que, con Él, seamos salvados,

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compartiendo también su resurrección y gloria. La vida que asumió tu Hijo, lo mismo que la que nosotros asumimos es semejante a u n a barquichuela inerme arrojada en un mar proceloso, zarandeada por galernas y vendavales. Cómo Él hemos sido bautizados en u n bautismo de riesgos y sufrimientos, en u n misterio pascual de muerte y de vida. Aunque saboreando muchas veces el amargor salobre de la angustia, no nos sentimos perdidos, gracias a Ti, Dios Padre, que estás junto a nosotros siempre en la figura invisible pero real de Jesús resucitado. Gracias, Padre, porque nos das la fe en la presencia de Jesús, la fe en que Jesús va con nosotros. Jesús, acompañándonos, nos libra de la soledad, el peor enemigo. A veces parece que duerme o que se ha ido. ]esús h a pasado tres áías en ei sepu'icro, oculto bajo la tierra. Pero Tú le has resucitado. Tras el eclipse de su presencia Tú nos lo devuelves, fortaleciendo nuestra fe. La víspera de su pasión, cenando con sus discípulos, Jesús tomó el pan... Así, pues, celebramos el memorial de tu Hijo, de su muerte y resurrección y te ofrecemos su sacrificio. Envía su Espíritu sobre tu Iglesia, para que sea ejemplo de fortaleza. Sea un faro en medio de la oscuridad, que ayuda a todos los navegantes a encontrar el puerto de bonanza. Que cada obispo y cada presbítero sea un timonel de pulso seguro. Asiste a todos tus creyentes a mantener incólume la fe en medio de todas las dudas. Por Cristo... 215

DECIMOTERCER DOMINGO ORDINARIO - B Tránsito

Queremos ensalzarte, Señor, alabarte y bendecir tu nombre, porque nos has librado, sacándonos del abismo, arrancándonos de la fosa, haciéndonos revivir. Por la tarde nos visita el llanto, pero a la mañana irrumpe el júbilo de tu venida viviflcante. Te aclamamos como Señor de la vida, porque has resucitado a tu Hijo. Él preparó la revelación de este hecho inefable devolviendo a la vida terrena a quienes, prisioneros ya de la muerte, encontró en medio de su camino. Desde entonces nos enseñó a interpretar y a arrostrar las desgracias que nos sobrevienen, como un tránsito, como un paso a la plenitud. Después de Jesús, sabemos que Tú, Dios Señor nuestro, nos encaminas hacia la vida y no hacia la muerte. Jesús es la presencia tuya, Padre, en nuestra existencia; una presencia dinámica y salvadora, que lucha por arrancarnos del aniquilamiento, del caer en el vacío de la destrucción. Tu intervención no es mágica ni alienante, porque no nos exime de nuestra responsabilidad. A través de la fe y la gracia que tu Hijo nos concede somos nosotros los que superamos la muerte, los que sobrevivimos a nuestro tránsito por la caducidad y'el fallecimiento. Pero tras esta autolibracion nuestra y la misión redentora de tu Hijo estás Tú, Dios único y verdadero, que «no has hecho la muerte ni te recreas en la aniquilación de los vivientes, antes al contrario lo creaste todo,

para que sobreviviera». Por eso rompemos a cantar el cántico de la alegría que entonan los ángeles desde siempre, aclamándote y diciendo: SANTO ... Santo eres en verdad, Señor, y generoso con nosotros hasta el último extremo. Nos has dado a tu Hijo. Y éste, siendo rico, se hizo pobre por nuestra causa, para que nosotros, pobres a causa del pecado, acopiásemos la riqueza de los tesoros eternos, que ni la polilla ni el orín corroen o destruyen. Nos ha dado su cuerpo y su sangre, su vida hasta el último aliento. La víspera de su pasión ... Así, pues, al celebrar ahora el memorial de la pasión y resurrección de tu Hijo, te ofrecemos, Padre, el pan de vida y el cáliz de salvación. Te pedimos en la comunidad de la Iglesia: envía tu Espíritu viviflcante, para que trasforme nuestra carne mortal en cuerpo glorioso, resucitado. Concede a todos tus discípulos la fe en la vida eterna. Que ellos sean un germen de esperanza en la reconstrucción de este mundo demolido, desarticulado por las divisiones y las luchas destructoras. Por Cristo...

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DECIMOCUARTO DOMINGO ORDINARIO Saber

y tu Palabra hecha carne, que ha plantado su tienda entre los hombres, para habitar en medio de nosotros. Por eso te alabamos con cantos de alegría diciendo: SANTO...

Queremos darte gracias, Señor, y bendecir tu nombre, porque nos has regalado con el don más precioso de todos, el don de tu sabiduría; tu sabiduría que no es un saber frío, abstracto ni una cultura erudita ni una técnica utilitaria sino que es una experiencia total de las realidades más auténticas de nuestra vida: de las personas, los hombres, la historia, la comunidad, el amor. Ese saber sabroso, vivido se lo concediste primero a unos pocos hombres, los sabios que cada pueblo tenía como pedagogos y consejeros. Después nos enviaste a los profetas de Israel, los autores de los libros santos del Antiguo Testamento, Moisés y los que elaboraron la ley del pueblo elegido, bajo tu inspiración. En fin, tu sabiduría se nos manifestó como Palabra divina. iluminadora y vivificante. Ya entonces tu pueblo tuvo el presentimiento de que esa sabiduría regalada por Ti era algo muy personal tuyo, algo nacido muy directamente de tus propias entrañas. Era como una persona misteriosa que descendía entre los hombres para darles luz y calor. En medio de la noche bajaba como un guerrero poderoso dispuesto a combatir a los hijos de las tinieblas. Cuando llegó la plenitud de los tiempos, supimos que esa sabiduría y esa Palabra tuya eran tu propio Hijo unigénito. Él es la personificación de la sabiduría divina

Te llamamos santo, Señor, y te alabamos, porque Cristo, que es tu Palabra eterna, ha usado las armas de la verdad y la pobreza, de la mansedumbre y la humildad, para dar esa batalla de la luz contra las tinieblas. Su vida estuvo impregnada de un saber arcano. Se mostró débil e inerme frente a los ricos en el poder de las armas, el dinero y las leyes, para que resaltara más la fuerza de la verdad. Fue un carpintero, un trabajador artesano, hijo de María y de José, que todos conocían y trataban; fue un hombre del pueblo. Por eso los sabios de este mundo no lo aceptaron. Y el pueblo mismo, manipulado por ellos, lo rechazó también. El pueblo engañado por el espejismo de los éxitos y los triunfos fáciles, que les prometían sus dirigentes, pidió a gritos la muerte de Aquel que sólo ofrecía la verdad. Jesús, la víspera de su pasión... Padre nuestro, hacemos memoria de la muerte y resurrección de tu Hijo y te ofrecemos su sacrificio. Danos su Espíritu, para que nos llenemos de sabiduría. Que Él mantenga encendida la Palabra de Jesús en medio de tu Iglesia. Que Él nos mueva cada día a recordar lo que Cristo hizo y dijo; a mantener viva su memoria para tenerlo presente aquí y hacerlo presente en medio del mundo. Y que esa memoria de lo que Él sufrió y padeció, por la incomprensión de sus hermanos, sea un acicate continuo, para que nosotros ahora realicemos el futuro que nos prometió. Por Cristo... 219

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DECIMOQUINTO DOMINGO ORDINARIO - B Ungido de Dios

descubrir la gloria luminosa de su origen divino. Queremos percibir el canto de los ángeles que invisiblemente lo rodean y, uniéndonos a sus himnos, decimos todos a una sola voz: SANTO...

Es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias, Señor, y bendecir tu nombre. Tú nos acompañas en nuestras opciones y responsabilidades por medio de la Palabra inspirada que hacen presente tus profetas interpretándola y actualizándola. Con sus vidas nos muestran que tu Palabra es eficaz y no un sonido que se lleva el viento. La Palabra que anuncian tus profetas son hechos, acciones, gestos, vida auténtica amasada con sacrificio y orientada por la sabiduría de la oración contemplativa. No sólo actúan, meditan también sobre el pasado de nuestra historia de pueblo creyente. Y de ahí extraen luz, energía para el presente y para el futuro. Los unges con tu Espíritu, que los hace fuertes para resistir toda tentación. Sobre todo los haces libres, independientes, inflexibles ante el soberano, inasequibles a los halagos de quienes con dinero o amenazas los quieren comprar villanamente. Tú nos has enviado en la plenitud de los tiempos al Profeta único y principal, el mayor de los profetas, pero el más humilde de todos: Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro. Pasó su vida caminando, sin llevar alforjas ni dinero, sólo con lo puesto, quedándose en ¡as casas que lo acogían. Nosotros queremos recibirlo y, bajo la humildad de su apariencia,

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Santo eres en verdad, Señor, porque has sido fiel a tu promesa de no abandonarnos nunca a pesar de nuestras infidelidades. Cuando Jesús, tu Profeta, tu Ungido, fue rechazado por los suyos, estableciste una nueva alianza con tu pueblo. Jesús vino y los suyos no lo recibieron. Hubo de sacudir el polvo de sus pies ante muchas ciudades y pueblos y marchar a otros lugares en espera de mejor acogida. Pero no condenó a nadie. Sólo quiso hacerles ver su culpa, su ceguera y cerrazón. La víspera de su pasión ... Así, pues, al celebrar ahora el memorial de la muerte y resurrección de tu Hijo, te ofrecemos, Padre, el pan de vida y el cáliz de salvación. Envía tu Espíritu sobre esta comunidad y sobre tu Iglesia, para que todos recibamos la redención, el perdón de los pecados. Que ensanche nuestro corazón, para que sea capaz de acoger el tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia, ese derroche con nosotros que nos permite conocer el misterio de su voluntad. Que tu Iglesia, guiada por sus pastores, sea un pueblo profético en medio del mundo, que, como impulso animador y como instancia crítica. sirve al movimiento de la humanidad en camino hacia su plenitud. Por Cristo... 221

DECIMOSEXTO DOMINGO ORDINARIO - B Gratuidad

Es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias, Señor, elogiarte y ensalzar tu nombre, porque has pastoreado siempre a tu pueblo con sabiduría, amor y respeto. A través de los profetas, reyes y sacerdotes del Antiguo Testamento ; luego, a través de Jesús tu Hijo Unigénito, has estado siempre en medio de los tuyos guardándolos, animándolos, promoviéndolos. Siempre luchaste por mantener vigilante la conciencia del pueblo, para que pudiese defenderse de los malos pastores, que pretenden dividirlo, dispersarlo con vistas a poder explotarlo mejor. Tu Hijo Jesús, nuestro Hermano mayor, más que jefe o «leader», nuestro servidor y amigo, fue gastando su vida en la tarea de reunimos de todas las regiones donde estábamos desperdigados. Él nos mostró el valor y la alegría de la vida comunitaria, de la armonía y la convivencia fraterna, iniciándonos al misterio de su unión contigo y con el Espíritu Santo en el seno de la Trinidad. Además de la necesidad de la acción, nos mostró lo inapreciable de la contemplación, el sentido del estar juntos todos de modo gratuito y desinteresado; el tesoro de saber celebrar la vida y la fe, el presentt, el pasado y el futuro con la fiesta de la alegría y la memoria, que evoca los hechos pasados, y nos los propone a nuestra contemplación sosegada; 222

así nos despierta una fuente de energías ocultas para ser ciudadanos del Reino. Ahora queremos vivir una hora festiva, un momento de convivencia y contemplación en que demos rienda suelta a nuestra esperanza de creyentes, a nuestro deseo de comunicarnos en la fe y en el amor. Por eso abrimos los oídos del alma para escuchar el canto de los ángeles, que, como signo de presencia divina, se ciernen sobre nuestras cabezas. Nos unimos a su fiesta celeste entonando con ellos el himno tres veces santo y diciendo a una sola voz: SANTO... Santo eres en verdad, Señor, porque has tenido lástima de la multitud sin alma, de las muchedumbres que marchan por este mundo en medio de la más profunda soledad y desunión. Tu Hijo se sacrificó por los muchos para darles una salvación que los librara de las garras de la desesperación eterna. La víspera de su pasión ... Cumpliendo su mandato, hacemos memoria de tu Hijo, de su pasión y muerte, de su sacrificio redentor. Y en la paz y calma de nuestra reunión de Iglesia contemplamos su enseñanza, que es vida y promesa de futuro. Envía tu Espíritu sobre los pastores de hoy, para que nunca se amedrenten ni sean víctimas del miedo; para que nos recuerden siempre el camino recto y, así, ninguno se pierda, desviándose. Suscita, entre nosotros, vastagos legítimos de la estirpe de David, tu siervo, para que sean ejemplo de justicia y rectitud. Por Cristo...

DECIMOSÉPTIMO DOMINGO ORDINARIO - B Alimento

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias, Señor, y proclamar la gloria de tu Reino manifestada en las maravillas que obras con tus manos. Tú sacias de favores a todo viviente. Los ojos de todos están pendientes de Ti y Tú les abres tu mano pródiga, para colmar la creación de frutos abundantes. Delante de nosotros preparas una mesa con los manjares de la paz y la fiesta y haces rebosar las copas con que brindamos por el Reino venidero en medio de una alegría expectante. En este banquete de la abundancia y del consuelo desde el que vislumbramos tu venida última a invitarnos al festín de las bodas, de la alianza nupcial, damos rienda suelta a nuestro gozo, a nuestras lenguas para cantar el himno de los ángeles. En medio de esta compañía entrañable de los hermanos reunidos en torno a la misma mesa, al mismo pan y el mismo vino, mientras entrevemos el flnal victorioso de nuestras luchas, entonamos el canto tres veces santo y decimos: SANTO... Santo eres en verdad, Señor, por haber alimentado a tu pueblo en medio del desierto; por haber colocado en el camino de Elias, cuando marchaba hacia tu monte santo, el alimento y la bebida suficientes para no desfallecer; por haber sostenido a tu Hijo durante su ayuno de cuarenta días. Has enviado a tu Hijo, para que, haciéndose hombre, 224

participe de la angustia del hambre y de la satisfacción del estar saciado. Compartió con nosotros el pan duro de la pobreza y el reparto equitativo de la justicia. Pero sobre todo nos anunció el Reino venidero como un Reino de abundancia y de igualdad en que todos tendrían acceso a las mesas bien provistas, donde sentarse como hermanos a vivir y celebrar la comunidad fraternal. Lo hizo mediante los signos elocuentes de la multiplicación de panes y peces, de la conversión del agua en vino, de su aceptación a sentarse con los fariseos, publícanos y pecadoras para tomar la misma comida. En fin, instituyó la cena eucarística como el gran signo de la alianza, del amor y de los tiempos futuros. La víspera... Siguiendo su mandato, Señor, recordamos la pasión y muerte de tu Hijo, así como su resurrección gloriosa, sus apariciones a los discípulos y sus comidas con ellos como resucitado en medio de la alegría esperanzada de los tiempos finales. Te ofrecemos su sacrificio y te pedimos el envío del Espíritu a fin de que vivamos nuestro banquete pascual como prenda segura de perseverancia por nuestra parte —y de fidelidad por la hayaante la cita que tenemos con tu Hijo glorificado para el flnal de los tiempos. Por Cristo...

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DECIMOCTAVO DOMINGO ORDINARIO - B Felicidad

Queremos, Señor, cantar tus maravillas y proclamarlas en medio de nuestra asamblea a iodos los hombres. Tú nos llenas de dones y nos destinas a una vocación de dicha y felicidad. Haces fructifique la tierra sus frutos, que luego nosotros, con la técnica, elaboramos y trasformamos. Quieres que nuestro cuerpo tenga alimento suficiente, para que se sacie y crezca. Deseas la salud para todos sus órganos y el gozo que produce el ejercicio de sus funciones. Nuestro cuerpo animado por el espíritu que nos has infundido desde la creación posee el brillo de su belleza, el atractivo de su sexualidad, la fuerza y la delicadeza de sus músculos. En fin, nos has concedido el último y supremo don: la resurrección de la carne. Así has liberado nuestra persona de la corrupción y ia desintegración. Sintiendo vibrar en nuestras venas esa corriente de vida que nos trasmites cantamos llenos de alegría el himno de la alabanza: SANTO... Santo eres en verdad, Señor, porque nos has destinado a una vocación de seres históricos, que, en medio de su mundo material, deben tender a preparar la venida del Reino. Toda la gloria de nuestro cuerpo y de nuestro mundo en torno es un signo que nos habla de algo todavía más grande y más perfecto que aún está por llegar. En el rumor de nuestro mundo material y corporal

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oímos la voz del futuro, de las promesas aún por cumplir. A través de esa mediación del presente, intensamente vivido, escuchamos la llamada no a abandonar nuestra vida de hombres, corporal y espiritual, sino a profundizarla más para poder alcanzar metas más insospechadas. Ahí se oculta el alimento que no perece, la vida eterna que nos prepara tu Hijo. al que Tú, Padre, has ungido como nuestro Mesías. El es el pan de vida. Él y Tú por Él no queréis pasemos hambre ni dolor ni ahora ni nunca. Tampoco queréis sacrifiquemos el presente al futuro, sino que vivamos el cada día de nuestra vida abriéndolo al m a ñ a n a del Reino venidero. Entretanto asumimos nuestras limitaciones y pasividades, también cotidianas —nuestra cruz de cada día—, nuestros fracasos y desviaciones, en compañía de tu Hijo que sufrió y padeció igualmente y nos dejó el memorial de su entrega. Jesús, la víspera de su pasión ... Haciendo memoria de su pasión y resurrección, mientras te ofrecemos su sacrificio santo, esperamos su vuelta gloriosa Cuando venga a restaurar todas las cosas perecidas. Envía, Padre, sobre nosotros el Espíritu vivificante. Regálanos con el don de su alegría y de su paciencia. Ayuda a los pastores de la Iglesia a vencer la tentación de maniqueísmo, de huida o condenación del mundo así como de su divinización o de la instalación en él. Por Cristo...

DECIMONOVENO DOMINGO ORDINARIO - B Realización personal

Te alabamos y te bendecimos, Señor, porque nos das el pan de la vida con el que podemos vivir y alegrarnos. Nos das el alimento, la salud, la presencia de los seres queridos, de los amigos y compañeros, para que podamos cubrir cada día el trozo de camino que nos invitas a recorrer Sobre todo nos das el pan y el vino de la presencia de tu Hijo, para que podamos caminar sin desfallecer, disfrutando, a la vez, de las alegrías de la marcha. No sabemos bien la meta de nuestra ruta; porque aún no te hemos visto a Ti. Pero tu Hijo nos la desvela cada jornada, ya que Tú eres la meta final y Él te ha conocido desde el principio. Recibe, Padre, los cantos de nuestra marcha, los himnos de esperanza y gozo, de homenaje y agradecimiento que entonamos uniéndonos a toda la creación, a los ángeles y arcángeles del cielo mientras decimos: SANTO... Santo eres en verdad, Señor, porque eres Padre de todos y quieres para todos, sin excepción, el pan, la alegría, la esperanza y la consecución de la meta. Tu santa voluntad es que nadie se malogre ni nadie sirva de instrumento de nadie. Para todos deseas la dicha, la realización, la plenitud personales aquí, ahora y, de modo definitivo, 228

cuando instaures el final de los tiempos. Nos has dado a tu Hijo para mostrarnos cómo nos debemos respetar y querer. Deseas que cada hombre sea un fin (y no un medio), que se realice a sí mismo y en sí mismo, no que se sacrifique en aras de nada ni de nadie como si fuera una cosa o un instrumento. La imagen de hijos tuyos. que has impreso en nuestro espíritu, exige ese respeto que todos debemos tenernos. Tu Hijo ha venido a devolvernos esa conciencia de hijos y no de esclavos. Tu amor y nuestra propia personalidad nos llaman a entregarnos unos a otros para poder lograr la propia realización. Pero Tú no quieres que la entrega sea un sacrificio, Sólo el pecado nuestro ha introducido la violencia destructora en nuestras relaciones personales. Tu propio Hijo fue víctima inocente de este desorden dramático. Cuando ofreció su amistad, su servicio fraterno a la humanidad dividida, fue exterminado violentamente mediante el suplicio de la crucifixión. La víspera de su pasión ... Cumpliendo su mandato, recordamos, Padre, la muerte y resurrección de tu Hijo y te ofrecemos su sacrificio. Danos su Espíritu vivificante, para que borre en nosotros la conciencia de siervos y haga renacer la conciencia de hijos y de hermanos. Que tu Iglesia sea el lugar de la fraternidad serena, del respeto y la entrega en la alegría, la confianza y la paz. Por Cristo ...

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VIGÉSIMO DOMINGO ORDINARIO - B Otro alimento

Es nuestra grandeza y nuestro gozo ser admitidos a bendecirte y darte gracias, Padre Santo, Dios vivo y verdadero, porque tu, que eres la fuente de la vida, has hecho todas las cosas con sabiduría y con amor No te has limitado a ponernos en el mundo y proveer al hombre de alimento para el cuerpo Nos has comunicado tu espíritu, nos has dirigido tu palabra y nos has dado a comer otro alimento el pan de la sabiduría y del conocimiento de ti, el pan de la bondad y la belleza, el pan de la fe y de la gracia, el pan de la inmortalidad El pan de la esperanza Todo nos lo has dado en el Hijo, Jesús c, •• e' oan de vida Por eso, cc v " -.-nos al Señor con toda el alma, y en umon de los a.z¿< V c v santos proclamamos tu gloria, dicienao SANTO Bendito seas Padre, porque nos has enviado u n alimento que permanece hasta la vida eterna. Nosotros creemos en Jesús El se entrego en comida y bebida para vida del mundo No comprendemos todo con nuestra inteligencia, pero nos fiamos de su palabra. Por eso celebramos la cena del Señor, para tener vida en nosotros y resucitar en el ultimo día Padre santifica por medio del Espíritu

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este pan de los campos y este vino trabajado por los hombres, que sean cuerpo y sangre de Jesús para los que participamos de su mesa Asi cumplimos su mandato Porque, el mismo, la noche en que iba a ser entregado, tomo p a n . . . Celda vez que comemos de este pan y bebemos de este cali7 anunciamos tu muerte, Señor, y tu resurrección hasta que vuelvas Porque este es el misterio que celebramos y el sacrificio que ofrecemos para vida del mundo Nosotros confesamos, Señor, que andamos preocupados por el alimento perecedero, nos preocupa el sustento diario Nos preocupa la fatiga y el hambre de la gente. Nos preocupa el alimento que n o llega para todos los hombres, y el alimento que sobra, pero no se reparte Jesús multiplico el pan para los pobres e hizo repartir entre todos lo que había Si unos pasan hambre, mientras otros se hartan, eso ya no es comer la cena del Señor Ayúdanos, Dios, con tu Espíritu, para que el amor de Jesús viva en nosotros y nosotros en el. Danos desprendimiento y fuerza de compartir, que seamos unos para los otros como pan que alimenta y alegra, para que al celebrar la eucaristía no sea nuestro egoísmo desprecio de los otros, ni avergoncemos a los que no tienen. Padre del cielo, danos a todos el pan de la vida y el alimento de cada día Asi celebraremos constantemente la acción de gracias a tu bondad en nombre de Nuestro Señor Jesucristo y en la unidad del Espíritu Santo AMEN

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VIGESIMOPRIMER DOMINGO ORDINARIO - B Decisión

Te bendecimos, Señor, en todo momento, queremos que tu alabanza esté siempre en nuestra boca y en nuestro corazón, Dios, Padre Santo; porque tú eres el origen de la justicia y la bondad. Tú te adelantas a nuestras decisiones, tú eres el que llamas y el que salvas. Antes de que nadie te conociera hiciste al hombre capaz de conocerte. Elegiste un pueblo para llevar tu nombre a las naciones y te comprometiste a ser su Dios liberador. Por los profetas mantuviste la esperanza en la salvación que t ú mismo habías prometido. Y enviaste, por fin, al Salvador, que habló a los hombres con palabras de vida, para que se salven todos a quienes tú concedes llegar a Él. Bendito seas, nuest-o Dios y Señor, que permaneces inmutable y fiel en medio de nuestra pobreza y nuestras dudas. Ayudados por tu Espíritu creemos en ti, y confesamos tu bondad y tu gloria: SANTO... Te damos gracias, Señor, por el don de la fe. Porque nos has elegido antes de que nosotros pudiéramos elegirte. Nosotros queremos creer en Jesús, aunque su modo de hablar resulte inaceptable a nuestra comodidad, a nuestro miedo, a nuestro deseo de dominio y bienestar. Pero necesitamos tu ayuda también para creer. Envíanos, Padre, el Espíritu que da vida, para que ilumine nuestras decisiones y nos mantenga fieles.

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Que él santifique el pan y el vino de la eucaristía y confirme nuestra fe en el cuerpo y la sangre de Jesús. Así la cena que celebramos en su nombre será luz y alimento en nuestro caminar. Jesús, antes de pasar de este mundo al Padre, en prueba de su fidelidad y amor, sentado a la mesa, tomó pan ... Este es él memorial del gran misterio que decide la fe de los discípulos. Anunciamos tu muerte salvadora, Señor Jesús, creemos que has subido adonde estabas antes y que vendrás a dar la vida a todos los que han creído en tu palabra. Padre, te ofrecemos de los mismos dones que nos das el pan de vida y el cáliz de salvación, la confianza y el amor. Acepta la fe vacilante de esta comunidad; haz que no nos volvamos atrás ante los criterios opuestos del mundo en que vivimos. Confirma a tu Iglesia en la fe y en la unidad. Te pedimos por aquellos cristianos que, ante la exigencia de la palabra liberadora de Jesús, renuncian a seguirlo: ayúdalos. Por todos los que siguen luchando con sus dudas. Por los que buscan palabras de verdad y de vida en medio de tanta palabra de mentira. Acuérdate de los que guiados por la fe h a n hecho opciones comprometidas en su vida; que no les falte la luz y la fuerza de tu Espíritu. Acuérdate de los que, creyentes o no, viven y mueren por la redención de los humildes. Padre de todos, que tu Hijo, cuando vuelva, encuentre fe y amor en este mundo. Con él empezará una nueva tierra, donde podremos alabarte y darte gracias en la comunidad de todos los salvados y en la unidad del Espíritu de amor por los siglos de los siglos. AMEN.

VIGESIMOSEGUNDO DOMINGO ORDINARIO - B Ley de Dios

En verdad es justo y agradable darte gracias, Señor, Padre de todo don perfecto, por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor. En él has revelado para siempre la palabra veraz y liberadora, que da vida y es justa más que todas las leyes de los hombres. Por él has devuelto la alegría a tus mandamientos, prisioneros de la estrechez humana. Jesús nos ha mostrado la religión pura y sencilla del amor, la del pobre y el huérfano; y el culto verdadero, el que él mismo ofreció cuando, para cumplir la voluntad del Padre, extendió sus brazos en la cruz por la liberación de los hermanos. Por eso nosotros queremos honrarte en espíritu y verdad, y unimos la alabanza de nuestro corazón a la voz de los justos para cantar el himno de tu gloria: SANTO... Santo eres realmente, Señor; tú eres la fuente de la santidad verdadera: la del que procede honradamente y practica la justicia, la del que no calumnia ni hace mal al vecino, la del que no soborna al inocente ni oprime al desvr lido. La ley del Señor ilumina a los pueblos y salva a los hombres; 234

el Espíritu Santo, que nos ha sido dado, ha escrito sus preceptos en nuestros corazones y ha puesto en el interior de cada uno el sentido del bien y del hermano. Que este mismo Espíritu santifique ahora nuestros dones humanos, para que podamos ofrecerte, Padre, el sacrificio único de la Nueva Alianza en el cuerpo y la sangre de Jesús. El Señor, la noche antes de ser entregado, tomó pan... Por tu muerte, Señor, nos has salvado; por tu resurrección nos has reengendrado para ser hombres nuevos; y nos has enviado tu Espíritu, que nos conduce a la verdad, para que viviendo en la verdad seamos libres. Al celebrar hoy nuestra acción de gracias, queremos unir al sacrificio de Jesús el gemido de los hombres y los pueblos que sufren oprimidos bajo leyes injustas, y el gozo de los que cumpliendo tus preceptos viven la libertad de los hijos de Dios. Padre, ten misericordia de tu Iglesia, pues nos aterran las palabras de Jesús: «Este pueblo me honra con los labios, el culto que me dan está vacío». Que la celebración del misterio redentor transforme el interior de nuestras vidas, allí de donde sale la bondad y la maldad. Haz que en las comunidades de creyentes resplandezca la palabra limpia y liberadora de Jesús; que sean hogares de amor y libertad, y no abrumen a los hombres con preceptos humanos. Tu ley, oh Dios, es ley de vida; que el cumplimiento de tus mandatos vuelva a ser alegría de los pueblos y esperanza de todos los humildes. Te lo pedimos por Cristo, la verdad y el camino. Por Él, con Él y en Él... 235

VIGESIMOTERCER DOMINGO ORDINARIO - B Dios salva

Te damos gracias, Padre Santo, Dios justo y misericordioso, porque la esperanza que en ti ponen los pobres no ha sido ni será defraudada. Tú eres la fuerza de los débiles, eres el Dios liberador, el Dios que salva. Cuando tu pueblo estaba esclavizado enviaste a Moisés para liberarlo en tu nombre; tú doblegaste el orgullo de los faraones, y fuiste delante del pueblo peregrino hasta la tierra prometida. Te damos gracias por tu Hijo y hermano nuestro, Jesucristo, que puso su vida al servicio de los cansados y angustiados. En él se cumplieron tus promesas; él abrió los ojos ciegos y los oídos sordos, proclamó liberación a los cautivos y oprimidos en este tiempo de gracia del Señor. El es el signo visible de tu Reino. Al pasar de este mundo a ti, a través de una muerte injusta, venció a la misma muerte en su dominio y consiguió la liberación total. Por todo ello, unimos nuestras voces al pueblo que tú amas para cantarte el himno de tu gloria: SANTO... Dios nuestro, Padre de los pobres, de los reducidos al silencio, de los que no pueden oír palabras de esperanza, de los que caminan buscando la luz y nunca llegan a los primeros puestos; envía tu Espíritu en medio de nosotros, 236

el Espíritu que condujo a Jesús. Que él transforme la pobreza de nuestros dones en pan de vida y vino de salvación, para que celebremos la Pascua del Señor. El cual, la noche en que iba a ser entregado, tomó pan ... Al recordar la muerte de Jesús y su resurrección liberadoras, anunciamos al mundo la esperanza segura en la salvación de nuestro Dios. Acepta, Padre, con el cuerpo entregado y la sangre derramada de Jesús, nuestro deseo de superar el mal, y nuestra solidaridad con los necesitados de pan, de libertad y de palabra. Acuérdate de todos los cristianos en dificultad. Acuérdate de nuestros hermanos, los hombres que están en las cárceles o en el destierro, de los marginados por el miedo o la ignorancia y de todos los pobres y enfermos. Da fuerza a los débiles y confianza a los desesperados. Acuérdate de los que ya murieron ofreciendo su vida por un mundo más humano y más justo; admite a todos los difuntos en tu reino de amor. Da a tu Iglesia luz y fortaleza para no doblegarse ante los fuertes y llevar su salvación a los humildes; que sepa presentar a los hombres la verdadera imagen de tu Hijo, Jesucristo. Por El, con El y en El queremos darte gracias y alabarte, y en la unidad del Espíritu Santo celebrar la alegría de tu salvación por los siglos de los siglos. AMEN.

VIGESIMOCUARTO DOMINGO ORDINARIO - B El Mesías

Es nuestro deber y nuestro gozo darte gracias siempre y en cualquier parte, Padre Santo, Dios de los hombres, por Jesucristo, nuestro Señor. El es el Mesías esperado, el Salvador; el único capaz de redimir la dolencia y pecado de este mundo, porque, siendo Hijo de Dios, aceptó la condición h u m a n a con lucidez y amor. El no se reveló, ni se echó atrás; cargó sobre su espalda el sufrimiento, miró de frente el insulto y la injusticia, nada rehuyó de lo plenamente h u m a n o ; ni la cruz ni la gloria. Pero confió en Dios y Dios salió por él. Así, el que murió ajusticiado se ha convertido en justicia de los pueblos, el que acabó solo y abandonado es hoy la esperanza de los hombres. Bendito seas, Dios, Padre de Jesús y Padre nuestro; en unión de todos los redimidos, de todos los que esperan salvación, aclamamos tu bondad y tu gloria: SANTO... Oh Dios, andamos cargados de preguntas sin respuesta. Nos llenan los oídos de planes y palabras que no salvan la historia porque faltan las obras. Te damos gracias por Jesús,

que nos amó con hechos de verdad hasta comprometerlo todo, hasta entregar su vida. El es la respuesta del hombre. Para llevar a plenitud su obra envió, Padre, desde tu seno al Espíritu Santo; él santifica el dolor y la alegría de los hombres. Que este mismo Espíritu transforme el pan y el vino preparados en el cuerpo y la sangre de Jesús, entregados como pacto de amor. La noche antes de entrar en su pasión, que aceptaba voluntariamente, tomó pan... Al hacer memoria entre nosotros de la cruz redentora de Jesús, proclamamos que él es el salvador, el único Mesías. Acepta, Padre, la esperanza de todos los creyentes puesta en el sacrificio de Jesús hasta que vuelva. Ilumina con la luz de tu Espíritu los caminos de este querido mundo, que busca redenciones y mesías urgentes. Fortalece la fe de tus Iglesias, que no sabemos dar la respuesta esperada; nuestra fe está repleta de prudencias y miedos, de palabras sin obras. Pero existen los hombres que crecen en el hombre, y los que arriesgan su vida por el Evangelio. Oh Dios, no estamos solos: Tú estás y esté tu Hijo sosteniendo la cruz de todos los que sufren. El es la resurrección y la vida. Por El y con El te alabaremos en la nueva humanidad, y en la unidad del Espíritu Santo te daremos todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. AMEN.

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VIGESIMOQUINTO DOMINGO ORDINARIO - B Contradicción

Bendito seas, Dios, luz verdadera de los hombres. Te damos gracias. Padre Santo, por Jesucristo, tu Hijo, nuestro hermano. El ha iluminado con su palabra y con su ejemplo las contradicciones de nuestra vida humana. Al anteponer la verdad al halago, el servicio al poder, la justicia divina a las leyes humanas, la renuncia al dinero y el amor a la fuerza, ha cambiado en raíz los valores del mundo. El mismo, Hijo de Dios, condenado por los hombres, muerto y resucitado, es signo de contradicción para los pueblos. Su cruz es el juicio de los fuertes y la esperanza de los humildes. En él has puesto la recompensa de los justos. Llenos de admiración y gratitud, unimos nuestras voces a los santos del cielo y de la tierra para cantar el himno de tu gloria: SANTO... Tu santidad, Señor, es poco comprensible para la sabiduría de este mundo. Tus testigos resultan incómodos. Vivimos en un mundo de fuerza y competencia; en un orden no hecho de misericordia y comprensión, de paz y de justicia, sino de violencia. 240

Seguimos codiciando los puestos importantes. Pero Jesús está en medio de nosotros como el que sirve y lo da todo. Su presencia es reproche y es estímulo. La eucaristía nos recuerda su actitud de servicio y entrega hasta la muerte. Padre, envíanos tu Espíritu, que nos ayude a salvar la contradicción de nuestra vida, para que podamos acercarnos a la mesa de la fraternidad. Que él santifique el pan y el vino y nos dé a comer el cuerpo de Jesús. El Señor mismo, la noche en que iba a ser entregado, tomó pan ... Este es el sacramento de nuestra fe. Aquí recordamos el misterio del amor, que es muerte al hombre de pecado y resurrección del hombre nuevo. Hasta que vuelvas, Señor, seguimos ofreciendo el sacrificio, para que crezca tu amor en esta tierra. Que él traiga la unidad a tu Iglesia, Ja paz y reconciliación al mundo entero. Confirma en la fe y en la verdad al Papa, a nuestro obispo y a todos los creyentes en tu nombre. panos la sabiduría de lo alto; que sepamos valorar y acoger a los hermanos, haznos sencillos y sinceros con todos, accesibles a los pequeños, comprensivos y serviciales. Bendice a todos los hombres, para que se mantengan abiertos a los valores de tu Reino. Acuérdate de los enfermos y necesitados, de los que más sufren la dureza de esta sociedad. Acuérdate de los que han compartido ya la muerte de los pobres con Cristo; que compartan también la gloria de la resurrección. Por el mismo Cristo, con El y en El... 241

VIGESIMOSEXTO DOMINGO ORDINARIO - B Espíritu e institución

Realmente es digno y justo, nuestro deber y salvación bendecirte, Señor, Padre nuestro, que has derramado tu Espíritu sobre el caos primitivo, para que emergiera un primer mundo. Tú infundiste tu aliento en la tierra y apareció, a lo largo de tus días, que son nuestros tiempos, la maravillosa escala de los seres vivientes, culminados por el hombre. Tú depositaste el Espíritu en los ancianos de tu pueblo, para que todos fueran profetas de Dios. En la plenitud de los tiempos, Jesús, tu Hijo y Señor nuestro, recibió, como ningún otro, la plenitud del Espíritu. El, frente a las instituciones judías del sábado, del templo, de la circuncisión y de Jerusalén, proclamó la soberanía del hombre, que es soberanía de tu Reino. Confesamos la fe en tu señorío por Jesucristo, aceptamos el banquete fraternal eucarístico y deseamos participar en el ministerio apostólico, al mismo tiempo que con los ángeles y santos, en el nombre del Señor, cantamos el himno de tu gloria: SANTO... Te bendecimos, Padre, porque nos has mostrado en la pobreza de tu H;¡o la riqueza de tu Espíritu. Nuestra riqueza está corrompida y nuestros vestidos apolilladcs Amontonamos riquezas fakas, oro y plata,

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obtenidas injustamente, defraudando a los obreros su jornal y a los segadores su cosecha. Vivimos en u n mundo de lujo y de placer. El evangelio de tu Hijo, sin embargo, nos invita a ser de los tuyos, a dar un vaso de agua al sediento y a no escandalizar farisaicamente a los pequeños. Te pedimos que envíes tu Espíritu, para que el pan y el vino sean trasformados en el cuerpo y sangre de tu Hijo, el cual... Por todo lo cual, recordando la muerte, resurrección, ascensión y retorno del Señor, te suplicamos que envíes el Espíritu de Jesucristo ahora que estamos reunidos para celebrar su cena, la cena que es alimento de paz y de unidad. Envíanos su Espíritu, para que tengamos universalismo frente a los que son distintos, comprensión de los que consideramos rivales y misericordia para que no nos separemos de nadie. Haz que lleguemos a formar u n a comunidad comprometida en tu Reino, dentro de un mundo en el que no se escandalice a nadie, donde la justicia laboral se imponga y en el que todos seamos iguales. Por El te honramos, Padre nuestro; por El te damos gracias, Dios nuestro; por El recibimos la plenitud del Espíritu ahora y siempre por toda la eternidad. AMEN.

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VIGESIMOSEPTIMO DOMINGO ORDINARIO - B Matrimonio

Te damos gracias, Señor Dios nuestro, por la llamada que has dirigido siempre a los tuyos para que, abandonando el mundo estrecho de sus seguridades y ataduras personales, se pongan en camino hacía la patria prometida. Tú le dijiste a Abrahán que dejara su tierra y la casa de sus padres para dirigirse hacia una tierra desconocida, donde se encontraría con una descendencia incontable como incontables son las estrellas del cielo y las arenas del mar. Ese mandato era un anticipo de la invitación que hiciste a tu Hijo para que, desde tu seno paterno, viniera a poner su tienda entre los hombres y a compartir las incertidumbres del destino humano. Gracias, Padre, porque esa misma llamada la escuchamos cada uno de nosotros a través de nuestros instintos y quereres más profundos. Cuando vivimos la experiencia del amor humano a través de la amistad o el enamoramiento sentimos un impulso irresistible a dejar el pequeño mundo familiar donde nacimos, a perforar los horizontes cortos y estrechos de nuestro yo y a salir al encuentro de ese «otro» misterioso que emerge en nuestra vida inesperadamente como una promesa de fecundidad. El «otro», el ser querido, es siempre una tierra prometida, tierra misteriosa, pletórica de fertilidad y riqueza que produce o acoge la semilla de la vida. Pero es también opacidad inquietante, resistencia y oscuridad que nos amedrenta. Por eso muchos, como viajeros timoratos, ante la prueba de lo desconocido, ante la dificultad del verdadero amor, vuelven la vista atrás y se convierten en estatuas de sal como la en personas frías, regresivas, [mujer de Lot, salobres y estériles para el hermano o la hermana. 244

Tu Hijo pasó la prueba y nos quiso tal como éramos; nos guardó fidelidad en el amor a pesar de nuestras infidelidades. Por eso te alabamos y te bendecimos con el canto de los ángeles, diciendo: SANTO... Santo eres, en verdad, Señor, porque santo es el Mesías que nos mandas para liberar al viejo mundo creado de todas sus usuras y decrepitudes, instaurando el mundo nuevo del amor verdadero. Un nuevo paraíso se nos abre y, en medio de él, están el hombre y la mujer, que se tienden los brazos con la fuerza nueva de los redimidos. Tú nos brindas, Señor, esta experiencia única, inefable que nos desborda, nos trasciende y nos traslada como a un mundo distinto, enajenándonos. Por aquí nos permites sentir la brisa embriagadora de lo divino. Nos das el rastrear las huellas y las trazas del paraíso. Nos concedes degustar el saboreo del amor tuyo. Todo el universo se estremece cuando un hombre y una mujer se encuentran. Y todas las fuerzas cósmicas palpitan en la sangre de nuestras venas cuando nuestros cuerpos se entregan al abrazo de la efusión amorosa. Gracias por este sacramento único, por este signo admirable del amor de Cristo a todos y cada uno de los hombres a través de su Iglesia. El entregó también su cuerpo en donación perfecta, como oblación y como alimento. La víspera de su pasión ... Haciendo memoria de su muerte y resurrección, te ofrecemos, Padre, el sacrificio del cuerpo de tu Hijo y.te pedimos nos otorgues su Espíritu para que rejuvenezca nuestro corazón. Que tu Iglesia sea siempre la esposa joven, esbelta y bella, madre de hijos incontables para la vida eterna.

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VIGESIMOCTAVO DOMINGO ORDINARIO - B Salvación

Realmente es justo y necesario, nuestro deber y salvación bendecirte, Padre nuestro, por Jesucristo Bendito seas por tu palabra de salvación, viva y eficaz, penetrante y enjuiciadora de nuestros deseos e intenciones Bendito seas, Dios de la sabiduría, creador de todas las riquezas del mundo, para que fueran sometidas, con justicia y amor, a los hombres Sin embargo, no respetamos la dignidad de la persona humana ni consideramos al prójimo como otro yo Las situaciones sociales, culturales y económicas son injustas Tus bienes, creados al servicio de todos, están en manos de los ricos, quienes ponen su confianza en el dinero Hoy nos unimos a todos los hombres de buena voluntad, a todos los justos y santos, cantando el himno de tu gloria SANTO Tu, Padre, enviaste a tu Hijo, para que invitara a los hombres a la conversión, al desprendimiento y al seguimiento del evangelio. El nos ha marcado el camino de la salvación, que no se compra con oro o plata, ni con ritos mágicos, sino con amor autentico, pleno y armonioso, con apertura a los demás a imitación de tu Hijo Jesucristo, el cual, la víspera de su pasión Actualizando en nosotros el memorial de la muerte,

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resurrección y ascensión de tu Hijo, que es memoria y profecía de salvación, te pedimos, Padre de bondad, recibas la bendición y acción de gracias de esta comunidad y de todas las comunidades que peregrinan por la tierra, en unión con Mana, la Virgen pobre, con los apostóles y santos de todos los lugares y tiempos Descienda sobre nosotros tu sabiduría, superior con creces al dinero, a la salud del cuerpo y a la belleza, porque es espíritu de amor, de desprendimiento, de vida definitiva Por Cristo, con El y en El, a Ti, Dios Padre omnipotente

VIGESIMONOVENO DOMINGO ORDINARIO - B El Siervo

Aleccionados por Jesús nos presentamos ante ti humildemente, sin más pretensiones que ser admitidos a bendecirte y darte gracias, Padre Santo, por Jesucristo, nuestro salvador. A la luz de su vida y de su muerte la vida humana cambia de sentido. El vino para servir y dar su vida. Se hizo el siervo de Dios y de los hombres. Transmitió todo el amor del Padre en forma de servicio a los hermanos. Comprometió su vida y su muerte al servicio de los necesitados. Porque había descendido hasta el fondo del desprecio y la humillación pudo elevar a los despreciados y humillados. Porque había cargado con muchas injusticias pudo justificar a muchos. Porque se había dado a todos pudo salvar a todos. Murió en la cruz de los esclavos aceptando la muerte como último servicio. Por eso el Padre le devolvió la vida, le dio la libertad suprema y lo sentó a su derecha en el trono de la misericordia y de la gracia. Bendito seas, Dios, por todo ello. Desde el fondo de nuestro corazón agradecido te aclamamos, diciendo: SANTO... Bendito Jesús, el Hijo del Hombre. El nos ha revelado con su vida que llega a ser hombre en plenitud el que se hace servidor de Dios y de los hombres. El fue consecuente hasta el final. 248

hasta el extremo del amor y la entrega. Cuando llegó la hora de dejar este mundo dio su cuerpo como pan compartido y su sangre como bebida de salvación. La noche antes de ser entregado, sentado a la mesa con sus discípulos, tomó pan... Anunciamos la muerte de Jesús como servicio de amor a los hombres, proclamamos su resurrección por la que ofrece al mundo una vida nueva. Nos ha dado ejemplo para que lo sigamos. Nosotros, oh Dios, quisiéramos imitar a Jesús y hacer de nuestras vidas una ofrenda agradable a ti y útil a los hermanos. Pero necesitamos la fuerza de tu Espíritu Santo que nos convierta de raíz, porque somos hombres con ansia de «señores». Vivimos en un mundo en que lo normal es tiranizar y oprimir los grandes a los pequeños, cada uno a su prójimo. Nosotros mismos buscamos puestos de influencias, tenemos por honor el ser servidos. Dios nuestro, apiádate de tu Iglesia tan henchida de títulos y de poderes. Que las comunidades cristianas seamos un lugar de servicio a este mundo, que los pastores comprendan el misterio del siervo. ¿Cómo reunimos si no a beber el cáliz, la eucaristía del servicio y la entrega? Acuérdate de tantos hombres ignorados que dedican su vida al bien de los demás. Y de todos los que sufren privados de derechos. No te olvides de los que ya han pasado por la muerte. Que con María, la esclava del Señor, y con todos los hombres sencillamente buenos podamos seguir al siervo glorificado, y en la comunión del Espíritu de amor adorarte y darte gracias por los siglos de los siglos. AMEN.

TRIGÉSIMO DOMINGO ORDINARIO - B Iniciación en la fe

Realmente es digno y justo, nuestro deber y salvación bendecirte, Señor, Padre Santo, por medio de Jesucristo, por quien nos has hecho capaces de participar en el reino de la luz. Tú nos libraste del poder de las tinieblas y nos trasladaste al Reino del Hijo, reino del amor. Tú hiciste, Padre, los cielos y la tierra y nos anuncias otros nuevos cielos y otra nueva tierra. Separaste las tinieblas de la luz e introdujiste la iluminación en el mundo. El sol no será nuestra lumbrera ni la luna un espejo nocturno de luz. Tú eres la eterna lumbrera. Tú serás la eterna luz. Por eso con los ángeles e iluminados aclamamos el himno de tu gloria cantando todos juntos: SANTO... Te bendecimos por Jesucristo, nacido en las tinieblas de la noche, luz del mundo. El dio la vista a los ciegos situados al borde de su camino. Te alabamos, porque tu Hijo, al hacerse hombre y servidor de todos, nos invitó con palabras y hechos a seguirlo con la lámpara encendida y a esperarlo en la vigilia de la noche hasta la llegada de la aurora. Humildemente te pedimos 250

que envíes tu Espíritu de luz sobre estos dones y estos hermanos aquí reunidos, para que el pan y el vino sean el cuerpo y la sangre de tu Hijo, el cual, la víspera de su pasión, a la caída de la tarde, tomó el pan... Por tanto, Señor, haciendo el memorial de la muerte de Cristo en la tarde oscura del viernes y de su resurrección al levantar un nuevo día te ofrecemos este sacrificio de liberación, para que los sordos, mudos y ciegos podamos oír tus palabras, confesar nuestra fe y nuestra acción de gracias y contemplar la visión esperanzadora de unos nuevos cielos y nueva tierra. Mientras esperamos una nueva luz Por Cristo, con El y en El te damos a Ti, Padre, y ••! Espíritu todo honor y gloria por los siglos de los siglos. AMEN.

TRIGESIMOPRIMER DOMINGO ORDINARIO Primer Mandamiento

Te damos gracias, Padre Santo, Dios que penetras el mundo con tu amor. Tú eres nuestro Dios, el único, y Jesucristo nuestro Señor. Aunque creemos en ti, no acertamos a amarte con todas nuestras fuerzas, porque te colocamos fuera de lo que compromete nuestro amor Te buscamos en las leyes cumplidas y en las definiciones, en los huecos que deja nuestra vida diaria o allá «en el cielo». Pero tú estás muy cerca de esta tierra, que puede amar nuestro corazón. Te amamos cuando amamos la vida. Tú te dejas amar en casa, en la mina, en la mujer que cose y en el hombre del campo, en el anciano y en el niño, en el que tiene miedo y en el que pasa hambre. Tu amor acoge nuestros gozos y penas. ¡Bendito seas! Te damos gracias por Jesús, tu Hijo, a quien diste un cuerpo para ofrecerse a sí mismo por los otros y enseñarnos a amar. En él te amamos y adoramos, y con las palabras que tu Espíritu pone en nuestra boca cantamos un himno de alabanza: SANTO... Santo eres realmente, Señor; tú eres la fuente de la vida, del conocimiento y del amor. El que ama vive cerca de ti y te conoce, porque tú eres amor. 252

A Dios nadie lo ha visto, pero estamos los hombres, creados a su imagen. Si nos amamos unos a otros, él permanece entre nosotros, y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud. Padre, no te hemos visto nunca, pero nos has dado tu Espíritu por el que confesamos que Jesús es el Hijo enviado. El nos amó primero con tu mismo amor y nos dejó el memorial perenne de su entrega en el pan y el vino de la eucaristía. Santifica, Señor, estos dones por medio de tu Espíritu Santo, para que se conviertan en cuerpo y sangre de Jesús. El cual, mientras cenaba con sus discípulos, como última prueba de su amor, tomó pan ... Hemos conocido lo que es amor en que Jesús dio su vida por todos. Al recordar su muerte y resurrección, celebramos la salvación del mundo entero. También nosotros debemos dar la vida, porque, si viendo al hermano sufrir necesidad cerramos nuestro corazón, el amor de Dios está lejos de nosotros. Oh Dios, ayúdanos, para que no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras. Porque éste es el mandamiento de Jesús: que quien ame a Dios, ame también a su hermano. Lo demás es mentira. Padre, hoy te ofrecemos nuestra alabanza y hacemos nuestra oración por todo el mundo. Acuérdate de la Iglesia llamada a ser testigo del amor. Acuérdate de los que más sufren la falta de amor. Y no te olvides de los que ya nos han dejado, que confiamos a tu misericordia. Que nadie quede lejos de tu Reino. Acoge nuestra oración por Jesucristo, el Hijo amado. Con El, y en la unidad del Espíritu Santo... 253

TRIGESIMOSEGUNDO DOMINGO ORDINARIO - B Donación

Realmente es digno y justo bendecirte, Señor, Padre santo, por medio de Jesucristo: por El, imagen tuya de la vida y del amor, nos hiciste a tu imagen y semejanza. Bendito seas por el don del oído y de la palabra, que nos permite comunicarnos con el mundo y con los hombres, nuestros hermanos. Bendito seas por los bienes que has puesto en este mundo y dentro de nosotros. Por lo cual, unidos a todos aquellos que han vivido la comunicación cristiana de sí mismos y de sus bienes, cantamos el himno de tu gloria: SANTO... Santo eres en verdad, Padre; tu amor se nos ha manifestado por tu Hijo Jesucristo, hombre para los hombres, lleno de tu Espíritu, que se comunicó plenamente en el mundo. El amor del hombre y de la mujer, la ternura del padre y de la madre y el deseo de querernos todos mutuamente son manifestaciones tuyas. Vivimos, no obstante, en un mundo en el que «muchísimos tienen viva conciencia de que la carencia de bienes que sufren se debe a la injusticia o a u n a no equitativa distribución». Reconocemos, como hombres y como cristianos, «la excelsa dignidad de la persona humana», «la igualdad fundamental entre todos los hombres» y que esta dignidad e igualdad «exigen

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que se llegue a u n a situación social h u m a n a más justa». Te damos gracias por los que nos ayudan, por los que nos guían en la vida y nos perdonan, por los que permanecen con nosotros en las horas amargas de soledad y abandono. Dios de los hombres, te alabamos por el hombre pleno, Jesucristo, tu Hijo. El nos ha mostrado cómo debemos vivir y morir. Porque El, en la noche en que fue traicionado, se entregó por todos hasta el fin. Estando celebrando la noche del adiós, sentado a la mesa con sus discípulos y amigos, tomó el pan... Unidos a la Iglesia y al mundo entero y recordando la muerte, resurrección y vuelta gloriosa de tu Hijo al final de la historia, pedimos que tu Espíritu nos reúna en torno a esta mesa con todos los testigos de tu amor. En unión con el obispo de Roma, que preside la caridad de las Iglesias, y en unión de los que trabajan en favor de la justicia en la tierra elevamos hacia Ti, Padre nuestro, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. AMEN.

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TRIGESIMOTERCER DOMINGO ORDINARIO - B El futuro

Nuestra acción de gracias se eleva a ti, Señor, Padre Santo, Dios que superas el tiempo y el espacio, por Jesucristo, nuestro Señor. En él has puesto el futuro y la esperanza de este mundo que busca plenitud. Con la alianza renovada en su sangre se ha llenado de sentido nuestra historia. Tus promesas se cumplen, son la meta del pueblo peregrino. Tú eres el paraíso y la tierra prometida, eres la nueva vida y el banquete del Reino. En. Jesús, el Rijo pcosaetido, has pronunciado la palabra final. El es la resurrección y la vida, la presencia segura del futuro esperado. Es el primer hermano de la nueva humanidad. Llenos de alegría, unimos nuestras voces al canto del pueblo redimido y aclamamos tu gloria, diciendo: SANTO... Los hombres y las cosas son ya reflejo de tu gloria: el Reino de los cielos está ya entre nosotros. Pero entretanto, Señor, hombres de carne y hueso estamos de camino. Vivimos la tribulación de nuestros días, la caída de muchos mundos viejos que parecían fijos. Y también percibimos la luz del pueblo nuevo, los que enseñan y cumplen la justicia. 256

Son signos de tu Espíritu, que sopla donde quiere. Concédenos, Padre, su ayuda en esta hora; que él haga crecer en nosotros tu Reino, que, por su intercesión, este pan y este vino se conviertan en el cuerpo y la sangre de Jesús entregados para la vida del mundo. La noche antes de padecer Jesús tomó pan ... Este es el misterio de nuestra fe, donde se juntan el pasado y la esperanza. Recordamos la muerte de Jesús; con él ha muerto un mundo viejo por el pecado. Proclamamos su glorificación; su cuerpo resucitado de la tumba es la semilla viva de la nueva existencia que está brotando ya. CeAeteE&KwyB. su •presencia libesadOTa, que alimenta la esperanza de los pobres hasta el día de su vuelta. Tú que estás sentado a la derecha del Padre acelera la llegada del Reino, porque estamos sedientos de amor y de justicia, de paz y libertad. Padre de bondad, purifica esta tierra, para que pueda surgir el hombre nuevo humano y fraternal. Vivimos del futuro; haz que no falte la esperanza entre los hombres que luchan y mueren por un mundo mejor. Que las comunidades de creyentes seamos germen vivo de una comunidad universal. Tú que eres*ei futuro esperado de los vivos y muertos, haz que todos lleguemos donde tú nos esperas, donde serás el gozo de los justos por los siglos sin fin. AMEN.

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SOLEMNIDAD DE CRISTO REY - B Proceso

Realmente es digno y justo, nuestro deber y salvación bendecirte, Padre, por medio de Jesucristo, nuestro Señor. El es tu imagen en la tierra, primer nacido de todos los vivientes, porque en El fueron creadas todas las cosas, todo fue creado por El y para El: el amor humano entre hombre y mujer, el nacimiento de todos los hombres de cualquier raza, lengua y nación, el crecimiento de los niños hasta llegar a participar en la mesa de los adultos. Confesamos hoy también en esta comunidad que Cristo es nuestra cabeza, porque fue el testigo fiel. Acepta hoy, Padre de los cielos, nuestras acciones de gracias de estos hermanos nuestros felices porque se quieren y desean prometerse, porque son padres de una nueva criatura, porque sienten la responsabilidad de iniciar en tus misterios salvadores a sus hijos. Nos unimos a los santos y ángeles y te cantamos diciendo:

porque tenemos miedo a la verdad, a tu verdad. Hoy te bendecimos, porque Jesucristo dio un testimonio definitivo y confesó ante Poncio Pilato, quien lo entregó, para que fuera crucificado. La víspera de esta condenación, reunido con los suyos, proclamó el verdadero amor, cuyo signo auténtico es dar la vida por los que se ama. Estando cenando con ellos ... Por tanto, Señor, haciendo el memorial del señorío de tu Hijo, muerto, resucitado y glorioso, te ofrecemos este sacrificio de amor. Infunde tu Espíritu en nuestro mundo, para que se manifieste tu Reino. Haz que todos nos -namos en la causa por la que murió Cristo. Que en medio de una Iglesia renovada ríos ayudemos unos con otros a testimoniar la verdad y a confesarla ante los hombres. A Ti, que eres vida y amor, todo honor y toda gloria por Cristo, con El y en El por los siglos de los siglos. AMEN.

SANTO... Te damos gracias, Padre, por tu reino de amor, justicia, libertad y paz. Reconocemos en Cristo a nuestro Señor, tu Hijo. Aceptamos su señorío, su palabra, su juicio, para que nuestras tinieblas se iluminen. Reconocemos nuestras cobardías ante las injusticias concretas de nuestros ambientes; con frecuencia nos lavamos las manos,

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CICLO C

PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO - C Esperanza

Te damos gracias, Padre, por las promesas que hiciste a tu pueblo de llevar a cabo con los tuyos la «justicia y el derecho en la tierra». Te damos gracias por el regalo de la esperanza en la liberación: esperanza de vivir en paz, esperanza de verificar tu amor, esperanza de combatir el odio, esperanza de libertad. Tú eres, Señor, «nuestra justicia». Reconocemos nuestras impotencias, debilidades, miedos e incertidumbres. Sabemos que vienes y que vendrás acompañado de los justos, de los hombres veraces y honrados, que se entregan y entregarán por el pueblo. Nos cuesta reconocer tus señales, los signos de los tiempos. Nos es difícil entrever tu presencia en medio de los estruendos del mar y de los oleajes de la vida, representados por las amenazas de los poderosos. Sabemos por la fe que nuestra liberación se acerca e intentamos alzar nuestras cabezas. Deseamos mantenernos «en pie ante el Hijo del Hombre». Gracias por tu ayuda. Con todos los hombres que creen y esperan en TU con todos los que se mantienen «despiertos», gracias a la fortaleza que les infundes, cantamos juntos el himno de tu gloria: SANTO... 262

Eres un Dios callado y pregonador, ausente y presente, lejano y cercano, débil y poderoso. Te damos gracias por la esperanza que nos das en tu Hijo, muerto y resucitado a causa de la justicia. Gracias a Jesús la esperanza no se desvanece. Con su encarnación entre los hombres has inaugurado un continuo nacimiento. Su palabra ilumina las oscuridades, su persona alimenta nuestras vidas, su pasión es senda de resurrección y su resurrección anticipo de gozo pleno. Antes de morir «exhaló su aliento» y resucitado nos comunicó su Espíritu. Que este mismo Espíritu, tuyo y de Jesús, descienda ahora sobre nosotros y sobre estos alimentos de pan y de vino, para que los trasforme. La víspera de su pasión ...

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Con este sacramento de la esperanza celebramos la muerte y resurrección de tu Hijo, y te ofrecemos su sacrificio hasta que Cristo aparezca resplandeciente «en una nube, con gran poder y gloria». Envíanos tu Espíritu para mantenernos vigilantes, sin miedos infantiles, dispuestos al servicio fraternal. Acuérdate, Padre, de nuestros obispos, sacerdotes y militantes. No te olvides de los que están enfermos, encarcelados o lejos de sus hogares. Por medio de tus santos te ofrecemos a Ti, Padre, en la unidad del Espíritu, a través de Jesucristo, toda alabanza y gloria ahora y siempre por los siglos de los siglos. AMEN. 263

SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO - C Profetismo

Realmente es nuestro deber y salvación, bendecirte. Padre, por medio de Jesucristo: por El, desde la creación del mundo y de los hombres, has enviado tu Espíritu a los profetas, para que en las horas críticas de la historia denuncien las injusticias, el desprecio a los pobres y la opresión del pueblo y anuncien los signos de la esperanza. En la plenitud de los tiempos, Juan Bautista, hijo de una estéril y de un mudo, proclama un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. Jesús, tu Hijo y Señor nuestro, es el supremo y perfecto revelador tuyo. Hoy y aquí, al reunimos en comunidad, y reconocer que todo creyente, al recibir el Espíritu, confesar su fe y comunicar a los hermanos su propia palabra, es un profeta, queremos darte gracias por el don de la profecía. Te bendecimos, Padre, por los profetas que saben discernir los signos de los tiempos, por los que edifican, exhortan y consuelan, y a) mismo tiempo denuncian «la injusticia y la opresión, la tolerancia y el absolutismo». Con los profetas anteriores a Juan, con el Bautista, el mayor de los profetas nacidos de mujer, y con todo el pueblo profético de Dios, cantamos el himno de tu gloria: SANTO... Reconocemos, Señor, que tenemos miedo de ser profetas. 264

de ejercer hoy este carisma cristiano; preferimos no ver para no hablar. Y esto nos atormenta. Te bendecimos, porque en el interior de nuestras conciencias, y gracias a tu Espíritu y a tu Palabra, tenemos una conciencia viva de la dignidad de la persona humana. Jesucristo, tu Hijo y Señor nuestro, anunció en el imperio romano de Tiberio, en Judea y Galilea un reino de perdón, salud, gracia, alegría y caridad. Acusado de traidor, de político rebelde, de glotón, embustero y endemoniado, fue sometido a un juicio sumarísimo; pero antes de ser condenado a muerte, libre de todo odio, proclamó el amor, rechazó toda violencia y nos recomendó que como muestra de su amor y del amor fraterno celebrásemos esta comida. Sentándose El con los suyos ... Por tanto nosotros, tu pueblo cristiano, al recordar el memorial de Cristo con fe y esperanza, te ofrecemos su sacrificio así como el esfuerzo que todos hacemos, a tientas y a ciegas, con esperanza y desesperación, con indignación y con ternura, para que hoy podamos decir: Queremos preparar tus caminos, Señor; allanar los senderos, enderezar lo torcido e igualar lo escabroso. Para que todos veamos en Cristo y con tu Espíritu tu salvación, Señor, a quien sean dados todo honor y gloria por los siglos de los siglos. AMEN.

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TERCER DOMINGO DE ADVIENTO - C Compromiso

Realmente es digno y justo, nuestro deber y salvación, bendecirte, Señor, Padre Santo, por Jesucristo, tu HIJO, por quien has creado al hombre, haciéndolo a tu imagen y semejanza Tu nos has dado el mundo y las riquezas de la tierra para el servicio común de todos Bendito seas por la vida que nos das, por el amor que se encierra en nuestros corazones, por las aspiraciones a una sociedad mas justa, que todos deseamos Tus profetas, llenos de tu Espíritu, anuncian tu gloria en medio de catástrofes iluminan con esperanza toda situación Reconocemos ante Ti que nuestras manos son débiles y vacilantes las rodillas Sabemos que Tu vienes siempre, que has venido y que vendrás Por eso con los angeles y santos cantamos juntos el himno de tu gloria: SANTO Te damos gracias por tu palabra, por el testimonio de los profetas actuales y por el deseo de servir a los hombres y de servirte a Ti Bendito seas, Padre, por Jesucristo tu Hijo, que ha proclamado un reino nuevo, que se comprometió hasta la muerte Estuvo al servicio del bien común, repartió su túnica y su comida, no exigió mas que lo justo, jamas extorsiono a nadie, 266

denuncio las injusticias y siendo rico se hizo pobre para enriquecer a los miserables A pesar del mal, el pecado, la enfermedad, la enemistad, el odio y la mentira, te alabamos desde nuestra debilidad Te bendecimos, porque en Jesucristo y por su evangelio das pleno sentido a nuestras vidas Dígnate enviar el Espíritu Santo, para que con su fuerza santifique estos dones y a nosotros, tus siervos; a fin de que este pan y vino sean Cuerpo y Sangre de tu Hijo, y esta comunidad, reunida en tu nombre, permanezca en la esperanza Te bendecimos, alabamos y damos gracias unidos a tu Hijo, Jesucristo, el cual, la víspera de su pasión, tomo pan en sus manos Por tanto, Señor, nosotros, tu comunidad, celebrando el memorial de la muerte, resurrección y ascensión de tu Hijo, te ofrecemos el sacrificio del pan que nos da la vida y de la sangre, bebida de resurrección. Haz que tu Espíritu nos mueva a un compromiso con los hermanos en el mundo en especial con los desamparados, con los oprimidos, para que con fortaleza, pero con amor, rompamos las cadenas internas y externas que nos atan al pecado y podamos vivir en la esperanza de un reino mejor Unidos a Jesucristo y por El te damos a Ti, Padre, que vives en la unión del Espíritu Santo, todo honor y gloria por los siglos de los siglos. AMEN

CUARTO DOMINGO DE ADVIENTOS Visita

Te damos gracias, Padre escondido, por las veces que has visitado y que visitas a tu pueblo. Tus intervenciones, á través de los hechos humanos, son muestras de tu presencia. Visitas a las estériles para hacerlas fecundas, a los mudos para que hablen, a los oprimidos para liberarlos. Nos visitas en las alegrías y tristezas, en nuestras cerrazones y aperturas, en nuestras reuniones y asambleas. Sales al encuentro de los hombres en las fábricas y en las barriadas, en las cocinas y en los tajos. JVOS visitas cuando sonamos despiertos y cuando dormidos tenemos un sueño. Gracias, Señor. Nos anuncias constantemente u n día de visitación que llega como un fulgor y que tarda en manifestarse. Con todos aquellos que dejaron sus casas, se pusieron en camino y fueron aprisa a la montaña, cantamos hoy el himno de tu gloría: SANTO... Bendito eres Señor, Dios de los hombres, porque has visitado y liberado a tu pueblo. Bendito sea el fruto concebido por María, benditas sean sus entrañas. Bendito sea el que lleva a cabo tu palabra, el que hace el bien. Bendito seas, Padre, por Jesucristo, quien vino a los suyos, aunque los suyos no lo recibieron.

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Queremos reconocer hoy el «tiempo de la visita». Gracias por no tener nada que guardar porque todo lo esperamos de Ti. Gracias por el alumbramiento de María, la madre del Señor. Gracias por todos los hombres que visitan a sus hermanos que visitan a sus hermanos con entrañas de gracia y misericordia. «Aquí estamos, Dios nuestro, para hacer tu voluntad», es decir, la voluntad de tu enviado Jesucristo, el cual, antes de padecer ... No quieres ni aceptas, Padre, «sacrificios ni ofrendas, holocaustos ni víctimas expiatorias». Por eso recordamos la entrega personal de tu Hijo, su muerte y resurrección. Ven y no tardes. Haz que toóos seamos hermanos «con la fuerza del Señor». Que nadie nos manipule como muñecos; que la prensa, radio y televisión no nos engañen con noticias tergiversadas o mentirosas, que seamos visitados por tus mensajeros de paz. Aquí estamos, llenos de miedo y de recelos ante tantos visitadores falaces, que nos venden mercancías podridas, telas apolilladas y bebidas corrompidas. Tú nos comprendes. Acuérdate hoy de nuestras madres, hermanas e hijas, de todas las mujeres que desean concebir hijos inocentes llenos de alegría y salud. Acuérdate de nuestros padres, hermanos e hijos que desean concebir un mundo nuevo, u n a humanidad justa, u n a sociedad sin clases. A Ti, Padre y origen de todas las visitas, te ofrecemos por medio de Jesucristo todo honor y gloria por los siglos de los siglos. AMEN. Natividad del Señor (Es única, pág.

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DOMINGO INFRAOCTAVA DE NAVIDAD LA SAGRADA FAMILIA - C Familia Te damos gracias, Padre nuestro, porque nos has engendrado a la vida y nos vistes y alimentas con los tejidos y manjares entresacados de tu propia creación. A todos nos hiciste iguales y hermanos, dueños y responsables comunes del universo con la misión de cultivar la misma tierra y de participar juntos en la reconstrucción del mundo. Muchos hombres se han erigido en padres arrogantes, dueños de sus hermanos esclavizados, con una función usurpadora de dominio. A pesar de sentirnos esclavos y esclavizados, queremos romper toda dependencia paternal, no reconociendo más padre que a Ti. Tú te identificas con la plebe, con el pueblo, con los «pobres diablos», con los «pordioseros», quienes piden un pedazo de pan por amor tuyo. La familia que Tú quieres no es la nuestra, origen de dependencias y de dominios, de amenazas y de castigos, de incitaciones a ser propietarios a costa del prójimo. Tú deseas una sola familia humana, un pueblo libre y liberado de esclavitudes, lleno de «misericordia ntrañable, bondad, humildad, dulzura y comprensión». Gracias a Ti, Padre único. No olvidamos a los padres que nos han engendrado a la vida en tu nombre, ni deseamos estar lejos de los hijos que nuestras mujeres nos han dado a luz. Gracias a Ti, Padre, por todos los alumbramientos. Por eso cantamos hoy hermanados: SANTO...

Te damos gracias por Jesucristo, fin de un mundo y comienzo de otro. Siendo hijo, el Hijo unigénito, se identificó contigo, único Padre. No quedó oprimido por los lazos de la sangre, sino que se hizo hermano de todos. Todos nosotros, apegados a nuestras propiedades, en búsqueda continua de lo que consideramos nuestro, nos quedamos «asombrados» y «atónitos» ante la sabiduría y el talento de Jesús. Buscamos lo que no necesitamos y estamos en necesidad de buscar algo diametralmente distinto. Tu palabra, Padre nuestro, nos desconcierta, nos desgarra, nos separa, y al mismo tiempo nos une. Bendito seas. Vivimos en familias divididas, porque no resistimos el hogar de Nazaret. Solo, sin amigos ni hermanos, sin padre ni madre, abandonado hasta por Ti mismo, Jesús se entregó hasta el fin. Por eso, la víspera de su pasión... Al recordar ahora al resucitado y ascendido a tu diestra, mientras suspiramos por su retorno te ofrecemos su sacrificio. Somos hoy y aquí, gracias a tu gracia, sagrada familia, hermanos iguales, «convocados en un solo cuerpo». Deseamos ser agradecidos para que tu Palabra habite en todos nosotros. Envíanos tu Espíritu, para que nadie se erija en amo, para que no haya pobres ni clases sociales, ni esclavos sumisos. En nombre de Jesús te ofrecemos la acción de gracias a Ti, Padre, a quien te debemos todo honor y gloria por los siglos de los siglos. AMEN. Santa María, Madre de Dios (Es única, pág. 34), Segundo Domingo de Navidad (Es única, pág. 36). Epifanía del Señor (Es única, pág. 38). 271

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PRIMER DOMINGO DESPUÉS DE EPIFANÍA FIESTA DEL BAUTISMO DEL SEÑOR - C Bautismo Es justo y es bueno que te demos gracias, Padre común. Bendito seas por el Espíritu, que bulle en cada hombre y en la creación entera. Tú eres la vida y el amor. Te has revelado en tus epifanías como brisa refrescante en los ardores del bochorno; como calor reconfortante en las heladas invernales. Abres los cielos para comunicar tu voz Regalas tu Espíritu a quien de veras te escucha. Te bendecimos por tu Hijo Jesucristo, el amado, el predilecto, en quien pones tus complacencias. Con el mismo Espíritu, que con toda plenitud derramaste sobre El, cuando fue concebido en el seno de María, te adoramos con el canto de la vieja y de la nueva creación, junto con todos los ángeles diciendo: SANTO... A Ti, pues, Padre misericordioso, nos dirigimos ho"y los bautizados en Cristo, tu Hijo, con el agua de la creación y el Espíritu de los nuevos cielos y de la nueva tierra. Jesús, Nuestro Señor, hombre pleno e hijo tuyo, vino a cumplir toda justicia, se confundió en el Jordán con los pecadores y se entregó al bautismo de sangre en la cruz para darnos esperanza de resurrección. 272

El mismo, en la noche en que iba a ser entregado... Padre bueno, este pueblo tuyo en expectación reconoce tu voz y tu palabra. Ante nuestros ojos está la vida de tu Hijo amado y predilecto, su bautismo de sangre en la cruz, el triunfo de su resurrección y glorificación junto a Ti, mientras esperamos la apertura definitiva de tus cielos nuevos. Te suplicamos que envíes tu Espíritu, como en otro tiempo en las orillas del Jordán, para que con su fuego encendido nos arrebate a todos; que, unos junto a otros, como pueblo cristiano de bautizados, te pedimos por tu Iglesia en la tierra. Ayúdala a que dialogue en el amor con tu palabra, que profese una fe común, actual, apostólica, comprometida. Acuérdate hoy de nuestros familiares y amigos que hemos dejado en sus hogares; de todos los que ocupan un lugar en nuestro corazón. No olvides a quienes la muerte ha separado recientemente de nosotros. Inclinados ante tu grandeza, lejana y oculta unas veces y otras íntima y revelada en tus epifanías, te damos gracias por Jesucristo tu Hijo. Por El, con El y en El, a Ti, Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y gloria por los siglos de los siglos. AMEN.

PRIMER DOMINGO DE CUARESMA - C Tentación

Te bendecimos, creador del universo, Padre común de todos los hombres. Nos sentimos cercanos unos de otros y próximos a las tristezas y alegrías del mundo. Te bendecimos por la creación de todas las cosas. Te damos gracias por la alianza que has sellado en nuestra carne, por tu palabra profética, que nos invita a mejorar de conducta y de obras, porque resides con nosotros, aunque a veces no nos demos cuenta. Sólo sabemos dirigirnos a Ti en nombre de Jesucristo, tu Hijo y Señor nuestro. Tú depositaste en El la plenitud del Espíritu y por medio de su palabra y de su obra nos has revelado tus designios escondidos. El es el primer hombre en quien tu imagen fue fiel y perfecta. No quiso, sin embargo, recurrir al milagro. que le hubiera dado gloria y poder; permaneció fiel a su condición de hombre, sometiéndose hasta la muerte. Jesucristo, tu Hijo, nos entregó su Espíritu, para que vivamos el gran mandamiento de la caridad, sin el cual nos es imposible ser libres y vivir. Sentimos que tu Espíritu nos impele a luchar contra las fuerzas tenebrosas de nuestro mundo. Nosotros ahora marchamos en pos de El proclamando tu amor, cantando con todos los que escuchan su palabra: SANTO... 274

Tu Iglesia y tus miembros, Padre, se encuentran aún en el desierto de la tentación y de la prueba. A veces sucumben tratando de poner la eficacia de su acción en la riqueza de sus medios; olvidan su condición humana y absolutizan sus instituciones y sus verdades; se ponen al lado de los satisfechos y de los grandes y abandonan a los pobres y oprimidos. En su nombre, Señor, queremos ofrecerte hoy su voluntad de conversión y su deseo de serte fiel. Queremos purificar a tu pueblo de nuestro espíritu de clan y de poder, de nuestro gusto por el confort y la seguridad. Dígnate aceptar benigno, Padre, nuestra actitud; la inscribimos en esa comida fraterna, que Jesús instituyó como signo de victoria sobre la tentación y sobre sí mismo. Porque Jesús, la víspera ... Recordando el sacrificio, la muerte, resurrección y ascensión de Jesucristo, reconocemos que estás presente, por medio del Señor donde dos o tres se hallan reunidos en tu nombre. Nos hemos reunido hoy en tu nombre los que deseamos convertirnos a las exigencias del evangelio y del mundo. Haznos más creyentes y más presentes en el mundo. Aléjanos de los dioses falsos de nuestro mundo: del poder bastardo y del dinero injusto, de las estructuras corrompidas y del sectarismo. Inúndanos frente a la ley de amor y de Espíritu, líbranos de la hipocresía en nuestras relaciones exteriores. Permítenos escanciar nuestras copas ' con la sangre de la vida de tu Hijo y partir el pan de su cuerpo, para que se acreciente nuestra vida y caridad. A Ti, por el Hijo y el Espíritu, todo honor...

SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA - C Transfiguración

Realmente es justo y necesario, nuestro deber y salvación, bendecirte, Señor, Padre Santo, por Jesucristo: al que proclamaste en la Transfiguración Hijo escogido, por quien diste fuerza a los apóstoles, para que descendiesen de la montaña gloriosa al llano de la vida, en donde se encuentra la ruta dolorosa que conduce a la resurrección, transfiguración final. El es nuestro Señor, quien se entregó por Ti a la muerte, y por la justicia del reino murió por nosotros, resucitó y fue glorificado. Ante la transfiguración del hombre y el mundo, según la medida de Jesucristo, te alabamos y bendecimos, Padre, en unión de los ángeles y santos cantando el himno de tu gloria: SANTO... Tú, Señor Todopoderoso, has creado todo para la gloria de tu nombre y has dado a los creyentes un banquete gozoso de inmortalidad. Enviaste a tu Hijo al mundo, oculto bajo los velos de la encarnación y desfigurado luego en la cruz. La noche en que fue entregado como un malhechor y vendido como un esclavo, 276

tomó pan... Por tanto, siguiendo el precepto de tu Hijo, realizamos el memorial de su muerte, resurrección y glorificación, mientras te ofrecemos su sacrificio y esperamos la transfiguración ya comenzada en la tierra, pero todavía no en su plenitud. Tu Hijo Jesucristo nos invita diariamente a rehacer nuestra vida, bajo tu obediencia en virtud de la fe. Haz que tu Espíritu habite en nosotros, para que aceptemos el misterio de la cruz camino de la resurrección; para que no plantemos egoístamente nuestras tiendas sin dar cobijo a los desamparados; para que no mutilemos el evangelio. Por medio de tu Espíritu pascual quieres que hagamos un mundo nuevo, una ciudad más humana; que caminemos por el llano sin olvidar la gloria de la montaña; que ascendamos en nuestras fiestas a tu monte sin alejarnos de las miserias del valle. Dígnate, Padre, aceptar nuestra ofrenda. A Ti toda bendición y gloria por el Hijo y el Espíritu por los siglos de los siglos. AMEN.

TERCER DOMINGO DE CUARESMA - C Muerte - Vida

Verdaderamente es justo darte gracias, Padre de Jesucristo. Si Tú nos acompañas a lo largo de la vida, ¿cómo vamos a perdernos en la muerte? Si tu presencia pleniflca nuestro ser, ¿cómo vamos a hundirnos en la nada ? Señor Dios nuestro, reconocemos que al final de nuestra vida, tan difícil de comprender, atisbamos el fondo de nuestra humanidad. ¿Cómo comprender que este inevitable fin es el comienzo de otra cosa en la continuidad de la vida? ¿Cómo admitir que esta disgregación es un momento de unidad ? ¿Cómo aceptar que la hora de nuestra muerte es la hora de un encuentro pleno con el único amor? Tú solo eres, Señor, la respuesta a esta angustia. Te damos gracias, Padre, porque tu Hijo Jesús resucitado da sentido a nuestra vida. Por eso, queremos proclamar tu gloria y tu poder, cantando todos juntos: SANTO... Tu Hijo Jesucristo, Padre, puso su tienda entre nosotros para compartir nuestra vida y para que nosotros compartiésemos ia tuya. Vivió como vivimos nosotros, murió como todos morimos, pero con la certeza de que Tú le acompañabas hasta el seno mismo de la muerte. Ofrendó su larga noche para vivir tu amanecer luminoso. Por eso se convirtió en el viviente. Quiso entregarse y lo destruyeron y lo destrozamos como el pan que partimos en la mesa para hacernos vivir. 278

Quiso darse y derramarse como el vino salido de la uva, que se pisa en el lagar, para que pudiésemos vivir. Por eso, la noche de la traición ... Te bendecimos, Padre, porque Jesús, nuestra vida, vive resucitado y glorioso, junto a Ti y junto a nosotros. El nos hace renacer continuamente de una muerte que nos quiere aprisionar. Te ofrecemos, Padre de los vivientes, el sacrificio en Cristo junto con nuestra vida humana, provisional y destinada a la muerte, pero única y eterna. Te rogamos que llenes cada uno de nuestros días, con el cuerpo y la sangre de tu Hijo, de vida y de eternidad. Hoy, Padre, queremos encomendarte nuestros difuntos, los que mueren en las rebeliones o en los accidentes, porque sabemos que eres fiel y vuelves a dar la vida a los que amas. No podemos creer que hayan vivido en vano. Te rogamos que su vida continúe por largo tiempo en la vida de sus hijos y sus prójimos, en el corazón de cada uno, y en nuestras ganas de vivirlo. Te confiamos, al compartir sus penas, a todos los que sufren. Te rogamos que no esterilice esa prueba su confianza en la vida. Te encomendamos, Señor, a todos los que aquí están presentes. Te rogamos que les conserves el corazón abierto al amor y a la esperanza. Te rogamos que no rehusemos la muerte, que la aceptemos como semilla de vida, como la aceptó tu Hijo Jesucristo. Por El, con El y en El...

CUARTO DOMINGO DE CUARESMA - C Reconciliación

Te bendecimos, Padre misericordioso, y te damos gracias por tu amor hacia los hombres. Eres un Dios santo y exiges santidad. Eres un Dios justo y pides justicia. Siempre has hablado a los hombres, buscando el diálogo con ellos y esperando una respuesta. Pero no siempre la has recibido de ellos. Sin embargo, has sabido ser paciente y misericordioso. Has sabido ser, tras el oído cerrado y la boca muda del hombre, su debilidad y le has perdonado. Has buscado al hombre en los rincones más apartados y te has introducido en sus entresijos más recónditos. Gracias por tu paciencia y por tu bondad. Con todos los hombres reconciliados y con todos los justos que han promovido el perdón cantamos el himno de tu santidad: SANTO... Te damos gracias por Jesucristo, nueva criatura, por cuya mediación nos has reconciliado y nos has encargado «el servicio de reconciliar». Tú estabas y estás con El. Jesús, tu Hijo, acogió a los pecadores y comió con ellos. Tú, Padre de todos, has repartido tu hacienda entre tus hijos pródigos, quienes derrochan la fortuna de tus dones 280

«viviendo perdidamente». No te cansas de esperar, perdonas siempre sin sombra de rencor y permites que celebremos la fiesta del retorno cuando pedimos perdón. Al recordar hoy el ministerio de tu Hijo y su mensaje de reconciliación nos acordamos de su entrega por el perdón de todos. Antes de su prendimiento... «Al que no había pecado», Tú le hiciste «expiar nuestros pecados», para que nosotros, unidos a El, recibamos la salvación. Nos acordamos de la muerte de Jesús, de su sacriflcio, así como de su triunfo y de su retorno cuando Tú seas todo en nosotros. Embriagados con nuestra propia fuerza, y con los bienes usurpados al hermano, vivimos en «países lejanos» como hijos pródigos. Perdónanos, Señor. Danos tu Espíritu de reconciliación, para que sepamos «recapacitar». Muchas veces somos suficientes, duros con nuestros hermanos, rencorosos y envidiosos, al creernos hijos tuyos primogénitos de tu herencia. Envíanos tu Espíritu de alegría y de fiesta, cambíanos de traje y de vestido, cálzanos con sandalias nuevas, entréganos la alianza de tu amor para saber participar en tu festín. A Ti, Padre, por medio de Jesucristo, nuestra paz y nuestro perdón, te elevamos nuestro honor y gloria por los siglos de los siglos. AMEN. 281

QUINTO DOMINGO DE CUARESMA - C Perdón

Te damos gracias, Padre, porque eres el amor, la misericordia, el perdón. A tu imagen y semejanza has creado al hombre, para que en nuestra vida . se manifestase siempre tu perdón. La historia de Ja humanidad y de tu pueblo elegido es como toda historia personal: una historia de egoísmos propios, de endiosamientos humanos, pero también una historia de reconciliación, ya que Tú eres el Dios de los perdones y el Dios de las misericordias. Nuestra esperanza reside en que Tú eres amor y en que perdonas nuestras deudas. Por eso hoy cantamos el himno de tu gloria unidos a todos los que han sido perdonados y han perdonado confesando todos juntos que eres santo: SANTO...

la historia de la salvación. Con el acto supremo de la entrega de tu Hijo en la cruz vemos manifestado tu perdón. El mismo, la noche en que ... Al recordar hoy la muerte sacrificial de tu Hijo, su ascensión a tu diestra y su glorificación, acéptanos, Padre, a todos nosotros, pues tenemos ante Ti un abogado; y si su muerte no nos ahuyentó tu amor, que nuestro pecado no frene tu perdón. Sabemos que nos aceptas cualquiera que sea el estado en que nos encontremos. Por eso te damos gracias, felices de que un gesto de tu parte pueda restituirnos la identidad perdida. Envía, pues, tu Espíritu a nuestros corazones, que nos enseñe a aceptarnos y a no esconder nuestra miseria; que nos enseñe a renunciar a las artimañas que empleamos para borrar nuestras faltas; que su fuerza nos habitúe a tu luz, para que nos veamos como Tú nos ves. A Ti, Padre, juntamente con tu Hijo y el Espíritu de amor y de perdón, todo honor y gloria por los siglos de los siglos. AMEN.

Te bendecimos, Padre, porque tu Hijo Jesús vino a este mundo a convivir con los hom'ires a comer con los pecadores, a perdonar a las prostitutas y adúlteras. El es la manifestación plena de tu amor, la plena comunicación del perdón de los pecados. Reconocemos hoy que la historia del perdón cristiano, comenzada por Jesucristo, es la historia del verdadero amor, 282

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DOMINGO DE RAMOS - C Pasión

Realmente es digno y justo, nuestro deber y salvación bendecirte, Señor, Padre Santo, por medio de Jesucristo. Tú, Señor, creaste al hombre a tu imagen y semejanza, para que dominara el universo. Hiciste una alianza con tu pueblo, rota frecuentemente por nuestra culpa, y nos prometiste una nueva, la de tu Siervo, doliente y abandonado, que vino a servir y no a ser servido. Por todo lo cual, con toda la fuerza de nuestra voluntad cantamos tu gloria en unión de ángeles y santos diciendo: SANTO... Te alabamos, porque, al hacerse tu Hijo hombre, cargó sobre sí la flaqueza, el desengaño y la muerte de la humanidad, deshecha por el pecado. Cuando lo contemplamos en la cruz, descubrimos la fuerza de tu amor por nosotros. Hecho varón de dolores, ofreció la espalda a sus verdugos y la mejilla a quienes lo insultaban. Encarcelado por jaeces injustos, se entregó hasta la muerte y muerte de cruz. Por lo cual, Tú, Padre, 284

le has exaltado en la resurrección, dándole un nombre-sobre-todo-nombre, para que el mundo crea que lo has enviado y nuestras lenguas proclamen: Jesucristo es Señor. Humildemente te pedimos envíes tu Espíritu sobre estos dones y sobre tus siervos: para que el pan y el vino sean el cuerpo y la sangre de tu Hijo y nosotros permanezcamos reunidos en el amor. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, el cual la víspera de su pasión tomó pan... Por lo cual hacemos memoria de su muerte reconociendo que es Hijo de Dios; de su resurrección, ascensión y glorificación; y mientras esperamos su glorioso retorno, te ofrecemos el sacrificio de su obediencia, soledad y abandono sufridos por nuestros pecados. Por todo lo cual, unimos nuestra alabanza a la que El te dirige desde toda la eternidad, y te ofrecemos el honor, el poder y la gloria por los siglos de los siglos. AMEN. Jueves Santo (Es única, pág. 54).

VIGILIA PASCUAL-C Vida nueva

Es realmente justo y necesario darte gracias, Padre de Nuestro Señor. Y de modo especial en esta noche, en que has resucitado a tu Hijo. En nuestro mundo hay todavía caos informes, tinieblas de guerras, muertes, iras, odios. Tu aliento, Padre inmenso y bueno, se cierne sobre la faz de nuestra tierra, porque Tú eres luz y el creador de toda luz. Nos cuesta reconocer que el hombre es imagen y semejanza de Dios, porque lo vemos y nos vemos desfigurados, agresivos, violentos. Esta es la noche, Padre, en que transformas nuestro miedo en audacia y valentía. Noche en que despiertas en nosotros deseos de liberación y de alegría, al reconocer que Jesús venció a la muerte. Son muchos los procesados, los enfermos, los subnormales, los marginados. Pero no faltan hoy quienes se entregan por la justicia, quienes redimen a sus hermanos como nuevos Cristos anónimos. Tú eres un Dios de libertad y de liberación, como lo mostraste cuando caminó tu pueblo por lo seco en medio del mar. Esperamos continuamente el amanecer, la división de las aguas amargas, el camino limpio que nos lleve a la libertad. Esta es la noche en que palpamos muy cercana la presencia del Resucitado, la realidad de su Espíritu. Por todo lo cual nos asociamos a los ángeles cantando: SANTO...

Padre de los cielos y de la tierra: Tu Hijo Jesucristo vive entre nosotros y tu presencia hace que nuestra certeza no sea una ilusión. Te bendecimos, porque Jesucristo vive en todo deseo de vida y de amor, porque su servicio, siempre actual, es tan modesto y tan pequeño, tan necesario y tan indispensable como el pan y como el vino. Cuando los hombres compartimos el pan, la mesa y la alegría, nos hacemos hermanos. En medio de nosotros está entonces Cristo y está Dios. En nombre de Jesús, Padre, nos hemos reunido los de lejos y los de cerca, porque nos ha congregado tu Espíritu. En la noche que Jesús fue traicionado conoció el mundo la tercera gran noche de la historia, después de las noches de la creación y del éxodo. Jesucristo, la víspera de su pasión, como memorial de su amor hacia nosotros y como anticipo de esperanza en la resurrección, tomó pan ... Tu cuerpo glorificado, Señor, conserva aún la huella de las heridas de los hombres; y de tu corazón, abierto por la lanza, no cesa de manar la sangre y el agua del Espíritu, la vida y la alegría. Derrama, Padre, sobre la Iglesia la luz de tu Espíritu, para que sea el lugar donde todos los hombres nos encontremos. Comunica, Padre, tu vida y tu Espíritu a todos los hombres, para que la vida tenga sentido y para que todos compartamos tu felicidad. Que llegue. Padre, el día en que te veamos cara a cara, cuando nadie tenga necesidad de decirnos quién eres. A Ti, Padre, en la unidad del Espíritu ... Domingo de Pascua de Resurrección (Es única, pág. 58).

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SEGUNDO DOMINGO DE PASCUA - C Fe personal

Te alabamos, Padre común, porque de Ti proceden todos los bienes que poseemos los hombres, aunque por nuestros egoísmos están mal repartidos. Te agradecemos los conocimientos y enseñanzas que proceden de Ti y que revelas incesantemente a los sencillos de corazón. Gracias por todas las puestas en común de nuestros grupos y asambleas cuando nos reunimos en la fracción del pan y en la oración. Son muchos los hombres que, por sus palabras veraces y por el testimonio de sus vidas, son desterrados como Juan, en islas apartadas, y que en el exilio escuchan «una voz potente»: la voz de tu hijo muerto resucitado, que vive eternamente y que posee las llaves de la Vida. Con todos los testigos de la realidad profunda, que eres Tú, cantamos el himno de tu gloria: SANTO... Te damos gracias, Padre, porque de Ti recibió Jesús una nueva vida. Hoy confesamos que Jesús resucitó, que esté presente entre nosotros, que se cuela en nuestras casas «con las puertas cerradas» y se hace presente en medio de los suyos.

Creemos en tu Espíritu, soplo y aliento de Jesús resucitado, entregado a la Iglesia para reconciliación del mundo. Envía tu Espíritu sobre nosotros y sobre los dones de pan y de vino, puestos sobre la mesa, para que sean signos y sacramentos de vida. Jesús, tu Hijo, la víspera de su entrega, reunido con los suyos, tomó el pan... Recordamos hoy al «que estaba muerto y vive por los siglos», con fe de creyentes y con la esperanza de resurrección total, hasta que El vuelva definitivamente. Te rogamos, Padre, que nuestros ojos vean en profundidad, con todos los que intentan penetrar en el sentido y significado de la vida, del mundo y de la historia. Tenemos miedo de ser incrédulos; haznos creyentes. Acuérdate de nuestros pastores, de todas las comunidades cristianas, de la Iglesia entera, para que los cristianos sean en todas partes testigos de la transfiguración de tu Hijo. Acuérdate de los que no ven, a pesar de tener los ojos abiertos, y de los que contemplan al Resucitado sin haber visto. Acuérdate de los hombres que palpan con sus manos las llagas de los hombres y sus heridas, para que sus corazones no se endurezcan Acoge, Padre, nuestro «amén» como respuesta de nuestra fe. A Ti sean dadas las gracias, la alabanza y el honor... 289

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TERCER DOMINGO DE PASCUA - C Fe pascual

Te damos gracias, Padre nuestro y padre de nuestros padres en la fe, por el amor gratuito y el conocimiento que a través de tu Hijo Jesucristo tenemos de Ti. Te expresamos nuestro agradecimiento, porque a lo largo de la vida, llena de incertidumbres, miedos y claudicaciones, Tú nos acompañas. Nuestra vida humana es tuya; es un don que procede de Ti, mediante la fe que nos regalas reconocemos y profesamos que la vida del Resucitado es la plena vida en la esperanza. Gracias, Señor. Unidos a todos los creyentes del mundo entero y acogidos a la llamada de Jesús, permítenos que cantemos todos juntos con el hosanna el himno de tu gloria: SANTO... Tu Hijo Jesús desplegó tu sabiduría en la ciudad de los hombres, identificado con tu voluntad, que es la plena libertad de los mortales. Fue colgado en un madero, pero Tú lo resucitaste «haciéndole jefe y salvador», para otorgar al pueblo la conversión con el perdón de los pecados creemos en Jesús resucitado y creemos en Ti. Gracias, Padre. Envíanos tu Espíritu de amor y de fortaleza

y derrámalo sobre estos dones de pan y de vino, para que simbolicen sacramentalmente la presencia gozosa del Señor. Porque Jesús, antes de la noche de los ultrajes, obediente hasta la muerte, se reunió con los apóstoles, sus amigos, tomó el pan... Recordamos hoy la entrega de tu Hijo, su resurrección y manifestaciones pascuales hasta su vuelta definitiva, en una madrugada, cuando se acerque definitivamente a compartir su resurrección con todos los hombres. Nos aterroriza la noche de este mundo y sus fantasmas: el trabajo inútil, la soledad, el desconocimiento del hermano, el rencor, la desconfianza. Tú no sales a la orilla, por medio de Jesús, a quien deseamos obedecer. Pregúntanos si te queremos: no te canses; pregúntanos tres veces. Que el sucesor de Pedro y los obispos de nuestra Iglesia te amen de verdad, para que sean dignos de pastorear a sus comunidades. Aumenta nuestra fe pascual, renueva nuestra vida bautismal y acrecienta nuestra capacidad de acogida. A Ti, Padre común, y a Jesucristo, Cordero del mundo, por medio de tu Espíritu, «eJ poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza» por los siglos de los siglos. AMEN. 291

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CUARTO DOMINGO DE PASCUA - C Búsqueda

Te damos gracias, Padre, porque eres el amor y la vida, el Buen Pastor. Sin nombrarte o reconociendo tu nombre, todos los hombres te buscan. También te buscamos nosotros, cuando escuchamos tu voz y te seguimos. Te bendecimos, porque el Espíritu, que todos llevamos dentro, nos impulsa a reconocer tu palabra y tu obra en las encrucijadas de la vida, allí donde se encuentran las «gentes». Nuestros conocimientos y deseos más profundos nos llevan a reconocer a Cristo, con inseguridad pero con confianza, como Buen Pastor. El nos conducirá «hacia fuentes de aguas vivas». Por eso, con «una muchedumbre inmensa, que nadie podrá contar», delante de Ti y del Cordero cantamos con gozo el himno de tu gloria: SANTO... Nosotros, Padre, queremos creer con esperanza cristiana que Jesucristo ha vencido el mundo, para curarnos del pecado; líbranos de toda atadura y anuncíanos la paz. Gracias, Padre, porque todos somos hijos tuyos, por la fe en Jesús, a pesar de nuestras divergencias y diferencias personales. 292

Nos cuesta reconocer que estamos revestidos de Cristo, que somos imágenes de tu ser. Te bendecimos porque tu Hijo y Señor nuestro padeció, fue desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y letrados, ya que se enfrentó con la comparsa de los poderosos, y se entregó a los humildes. Por eso la noche de la traición, sentado a la mesa con sus apóstoles, tomó el pan... Por todo lo cual, recordamos hoy la ejecución de Cristo por la justicia y su resurrección al tercer día. Sabemos por el evangelio que el que quiera seguir el camino de tu Hijo deberá negarse a sí mismo, servir abnegadamente a los demás, aceptar su propia cruz y cargarla a cuestas y ser fiel a sus compromisos. ¡Cuanto nos cuesta, Padre, renunciar a nuestra vida cómoda y burguesa para alcanzar la promesa de tu nueva vida I Aumenta, Padre, la fe de nuestros pastores y condúcela hacia la madurez. Da a nuestra fe la confianza en tu amor. Hazla alegre, testimonial, contagiosa. Apártanos de las críticas cotidianas y estériles. • Comunícanos tu amor y tu vida. Mientras tanto, y como homenaje a tu luz y a tu paz, te brindamos el pan y el vino cristianos, en honor tuyo, de tu Hijo y del Santo Espíritu por los siglos de los siglos. AMEN.

QUINTO DOMINGO DE PASCUA - C Comunicación de bienes

Te bendecimos, Dios nuestro, principio de todas las cosas, porque has creado el amor. Mejor dicho, no lo creaste, el amor eres Tú. Te damos gracias, Padre, por el amor que tienes a los hombres. Tu amor es un amor que no se vuelve atrás. Tu amor, con rostro humano, es fuente de vida, participación, comunicación de bienes, don que se ofrece, luz. Te bendecimos porque, en medio de nuestros egoísmos, Cristo nos ha revelado tu amor y caridad. El anunció tu amor y lo vivió. Sin embargo, y ahora lo reconocemos delante de Ti en asamblea reunida, el amor que vivimos es con frecuencia una palabra vacía, porque no nos damos; un erotismo superficial, porque no nos entregamos. Nuestro amor es secreto, replegado, calculador y tenebroso, porque está lejos de tu luz. Hoy al celebrar una vez más la caridad fraternal, reconociendo las limitaciones de nuestro amor, y alabándote a Ti, fuente del amor y amor pleno, queremos unirnos a toda la creación para cantar el himno de tu gloria: SANTO... Te damos gracias, porque Jesucristo, tu Hijo y Nuestro Señor, nos legó el mandamiento nuevo: «que os améis unos a otros

como yo os he amado». ün amor que arranca de Ti, se manifiesta entre los hermanos y a Ti vuelve. Te bendecimos, porque en el nuevo rostro de la Iglesia, extendida en comunidades, hemos reconocido que el cristiano de verdad es un «amado» y «amante», que la caridad es el criterio y la condición de la vida cristiana. Lo sabemos por los anhelos de todos los hombres, por el deseo del pueblo; pero también lo sabemos por la fe, ya que tu Hijo Jesucristo, la noche de la traición, después de proclamado el nuevo amor, sentado a la mesa con los discípulos, tomó el pan ... Por este signo, Señor Dios nuestro, expresamos nuestra fe y nuestra esperanza; por este signo recordamos la pasión y muerte de tu Hijo, su resurrección, su entrada en la gloria y la elevación de tu derecha. El intercede por todos. Te suplicamos que envíes tu Espíritu para que se purifique el amor de nuestros responsables en la Iglesia. Que tu caridad, . sea fuente de fraternidad y de comunidad; que nos impulse a la entreayuda y al compromiso; que domine todas las relaciones de los cristianos. Haz que nuestro amor, pareciéndose al amor de tu Hijo, pueda ser también amor de Dios. Renueva nuestro corazón, para que, a pesar de nuestras diferencias, preparemos tu venida con nuestra vida y con nuestras acciones. A Ti, Padre, con tu Hijo y el Espíritu ...

294 2r)

SEXTO DOMINGO DE PASCUA Dinamismo del espíritu

Te damos gracias, Padre, porque de Ti procede el Espíritu pleno, creador y redentor, conciliador y pacificador. Todos los acontecimientos de la historia poseen un sentido y un significado, cuando se inscriben en tu Espíritu renovador. Reconocemos, sin embargo, nuestras responsabilidades en el mundo y nuestras oposiciones a tu Espíritu, manifiestas en los intereses de las clases dominantes, en la rivalidad de algunos grupos, en la miseria y pasividad de muchas personas. Tu sabiduría y tu Espíritu, Padre, no se oponen a las explicaciones de las ciencias humanas, porque en el origen de todo estás Tú.. Gracias, Padre. Hoy nos unimos a todos aquellos, ángeles, santos y hombres de buena fe, dóciles a tu Espíritu, para entonar juntos el himno de tu alabanza: SANTO... Tu Espíritu, Padre, es el mismo Espíritu de Jesús y de quienes guardan tu palabra y la llevan a cabo. Tu Espíritu nos conduce a confrontar nuestras diferencias, a reconciliarnos en las tareas, a reconstruir tu Reino. Te alabamos por el Espíritu de Jesús, entregado a la Iglesia, como soplo vivificante para iluminar y alumbrar 296

la verdad de los hombres. Te agradecemos ese Espíritu que nos une, nos renueva, nos reforma y nos impulsa a la misión. Con tu pleno Espíritu Jesús subió al monte, descendió al llano, penetró en Jerusalén y se entregó a la muerte de cruz. Reunido con sus discípulos por última vez, les anunció su marcha y les prometió el Espíritu. Estando cenando con ellos, tomó el pan... Recordamos hoy la muerte, resurrección y acción de Cristo, obra de tu Espíritu, mientras esperamos la plena manifestación de tu reconciliación final. Suscita entre nuestros pastores carismas renovadores y creadores. Sin tu Espíritu de poco sirve la Iglesia. Transpórtanos «en espíritu» a una ciudad santa, más humana, que «no necesite sol ninguno que la alumbre», para que tu gloria la ilumine y su lámpara sea Jesucristo. Haz que nos pongamos en marcha para reunimos en asamblea de conciliación y de reconciliación. A Ti, Padre en la Sabiduría, por Jesucristo tu testigo y el Espíritu creador, te ofrecemos el pan y la sangre de Cristo para homenaje tuyo y bendición nuestra por los siglos de los siglos. AMEN.

ASCENSIÓN DEL SEÑOR Plenitud

Siempre es bueno, Padre, darte gracias por tu bondad. Te agradecemos la creación del mundo y aparición de los hombres, a imagen y semejanza tuya, para que libres y responsables compartan contigo el trabajo creador. Alabamos tu plenitud y tu bondad: Tú has introducido en el fondo de nuestro ser un germen de vida indestructible, para que nuestro cuerpo mortal y nuestra palabra humana se llenen de plenitud de vida y de gloria. Te damos gracias por el destino final, insospechado e insuperable, que nos has reservado: a partir de nuestra vida e incluso más allá de la muerte, poseemos la comunión de vida contigo, la gloria y la plenitud, escondidos en nuestra existencia como una semilla sumergida en la tierra. Con todo el universo y en nombre de todo lo que vive y respira cantamos el himno de tu gloria: SANTO... Te bendecimos, Padre. porque la plenitud de la vida la has logrado en uno de nosotros: en Jesús de Nazaret, hijo tuyo, ascendido a tu diestra. El es hombre auténtico y perfecto. Sencillo y grande, servidor y libre, 298

exigente y misericordioso. Tú lo llenaste de vida plena y de la plenitud de Espíritu. Habiendo aceptado su entrega total en la cruz, lo inundaste de gloria y poder, que llegaron al último fondo de su humanidad. Tú has puesto en sus manos todo: cielos y tierra, lo visible e invisible, las naciones y los pueblos, la ciencia y la técnica, el progreso y la historia, la muerte y la vida. Por ello te alabamos, te bendecimos y damos gracias. Ahora recordemos lo mismo que hizo El la víspera de su Pascua: Tomó pan... Tu Hijo Jesús resucitó de entre los muertos y así está contigo como hombre glorioso compartiendo tu señorío. Suyo es el poder, la fuerza y la gloria. Volverá como lo vieron marcharse sus discípulos. Haz que todos los creyentes veamos el rostro del Señor. Que nuestros pastores, el Papa y los obispos estén en el mundo «con gran alegría». Que nuestras comunidades no se queden Ajas, mirando al cielo, sino que testimonien en la ciudad de los hombres la soberanía de tu Reino. Acepta nuestros dones y haz que este pan y este vino santos hagan en nosotros su obra de unión, de amor y de nueva creación. Por Cristo, con El y en El...

2 Y SARMIENTOS VIDA VIDA CRISTIANA VIDA NUEVA

vida plena vigilancia

240 158 250 98,

130

72, 140, 2 1 8 224, 330 198 50, 286,

182 366 102 322

230 .222

VIGILIA VIÑA VIOLENCIA PACÍFICA

142 132 328

VISITA

268

viviente, el vivificación VOCACIÓN

50 2 1 6 , 322 310

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