La configuración histórica del discurso: nuevas perspectivas en los procesos de gramaticalización, lexicalización y pragmaticalización 9783968692944

Los trabajos reunidos en este volumen se ocupan de diversos aspectos relacionados con el estudio de la construcción del

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La configuración histórica del discurso: nuevas perspectivas en los procesos de gramaticalización, lexicalización y pragmaticalización
 9783968692944

Table of contents :
ÍNDICE
PRESENTACIÓN
LA POLIFUNCIONALIDAD DEL MARCADOR CONVERSACIONAL NADA: METADISCURSO E INTERSUBJETIVIDAD
MAJO COMO MARCADOR CONVERSACIONAL EN EL ESPAÑOL PENINSULAR. HISTORIA, GEOGRAFÍA Y EL MECANISMO DE LA COOPTACIÓN
LAS FORMAS DE TRATAMIENTO PRONOMINALES Y NOMINALES EN CARTAS FAMILIARES CANARIAS (SIGLO XVIII)
ALGUNOS ENLACES FÓRICOS DE REFERENCIA METADISCURSIVA EN LA PROSA MÍSTICO-TEOLÓGICA DEL SIGLO DE ORO: UN ENFOQUE SOCIOLINGÜÍSTICO
CAMPOS SEMÁNTICOS EN UN DICCIONARIO TÉCNICO Y SU ORDENACIÓN ALFABÉTICA
GRAMATICALIZACIÓN Y LEXICALIZACIÓN DE LOCUCIONES CONJUNTIVAS Y CONECTORES ILATIVOS A PARTIR DE CLÁUSULAS CONSECUTIVAS
LOS MICROTEXTOS EN LA CONFIGURACIÓN HISTÓRICA DEL DISCURSO: SERIES ENUMERATIVAS Y CAMPOS LÉXICOS EN EL TRATADO QUE ESCRIBIÓ DE SUS ANDANÇAS E VIAJES POR DIVERSAS PARTES DEL MUNDO AVIDOS, DE PERO TAFUR
“EN SEÑAL DE REVERENCIA PONÍAN EL DEDO EN TIERRA”: LA CONSTRUCCIONALIZACIÓN DE LA LOCUCIÓN EN SEÑAL (DE) (QUE) EN ESPAÑOL
¿QUÉ DIGO FUENTE? UN RÍO. FORMACIÓN Y USOS DE UN MARCADOR DE CORRECCIÓN
EL SUPLEMENTO A LOS SINÓNIMOS DE HUERTA (1825) DE MANUEL PÉREZ RAMAJO COMO HERRAMIENTA LINGÜÍSTICA PARA LA CONSTRUCCIÓN DEL DISCURSO
LOS AUTORES

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F. Javier Herrero Ruiz de Loizaga M. Elena Azofra Sierra Rosario González Pérez (eds.) La configuración histórica del discurso: nuevas perspectivas en los procesos de gramaticalización, lexicalización y pragmaticalización

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L i ngü í st i ca I ber oame rican a V ol . 90 directores: Mario Barra Jover, Université Paris VIII Ignacio Bosque Muñoz, Universidad Complutense de Madrid, Real Academia Española de la Lengua Antonio Briz Gómez, Universitat de València Guiomar Ciapuscio, Universidad de Buenos Aires Concepción Company Company, Universidad Nacional Autónoma de México Steven Dworkin, University of Michigan, Ann Arbor Rolf Eberenz, Université de Lausanne María Teresa Fuentes Morán, Universidad de Salamanca Daniel Jacob, Albert-Ludwigs-Universität, Freiburg im Breisgau Johannes Kabatek, Universität Zürich Eugenio R. Luján, Universidad Complutense de Madrid Ralph Penny, University of London

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F. J a v i e r H e r r e r o R u iz de L oizaga M . E l e n a A z o f ra S ier r a R o s a r i o G o n z á lez P ér ez (eds.)

La c o n f i g u r a c i ó n h is tó rica d e l dis cu r so : n u e v a s p e rs p ec tiv as en los pr o c e so s d e g r a matic a liz a c ió n , lexica l i z a c i ó n y p r a g matic a liz a c ió n

I b e r o a m e r i c a n a · Ve r v u e r t · 2 0 2 2

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La publicación de este volumen se enmarca en el proyecto de investigación Santander-UCM con número de referencia PR108/20‐11, Gramaticalización, lexicalización, pragmática y discurso en la historia del español, dirigido por Francisco Javier Herrero Ruiz de Loizaga. Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47). Reservados todos los derechos © Iberoamericana, 2022 Amor de Dios, 1 – E-28014 Madrid Tel.: +34 91 429 35 22 Fax: +34 91 429 53 97 [email protected] www.iberoamericana-vervuert.es © Vervuert, 2022 Elisabethenstr. 3-9 – D-60594 Frankfurt am Main Tel.: +49 69 597 46 17 Fax: +49 69 597 87 43 [email protected] www.iberoamericana-vervuert.es ISBN 978-84-9192-281-0 (Iberoamericana) ISBN 978-3-96869-293-7 (Vervuert) ISBN 978-3-96869-294-4 (e-book) Depósito Legal: M-16331-2022 Diseño de la cubierta: Carlos Zamora Impreso en España Este libro está impreso íntegramente en papel ecológico blanqueado sin cloro

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ÍNDICE

Francisco Javier Herrero Ruiz de Loizaga, María Elena Azofra Sierra y Rosario González Pérez Presentación ................................................................................................. 9 María Elena Azofra Sierra y Renata Enghels La polifuncionalidad del marcador conversacional nada: metadiscurso e intersubjetividad ........................................................................................... 13 Florencio del Barrio de la Rosa Majo como marcador conversacional en el español peninsular. Historia, geografía y el mecanismo de la cooptación.................................................. 47 Irene Bello Hernández Las formas de tratamiento pronominales y nominales en cartas familiares canarias (siglo xviii)...................................................................................... 79 Patricia Fernández Martín Algunos enlaces fóricos de referencia metadiscursiva en la prosa místico-teológica del Siglo de Oro: un enfoque sociolingüístico......................... 109 María Lourdes García-Macho Alonso de Santamaría Campos semánticos en un diccionario técnico y su ordenación alfabética.. 145 José Luis Girón Alconchel Gramaticalización y lexicalización de locuciones conjuntivas y conectores ilativos a partir de cláusulas consecutivas.................................................... 165 Rosario González Pérez Los microtextos en la configuración histórica del discurso: series enumerativas y campos léxicos en el Tratado que escribió de sus andanças e viajes por diversas partes del mundo avidos, de Pero Tafur................................... 197

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Anton Granvik “En señal de reverencia ponían el dedo en tierra”: la construccionalización de la locución en señal (de) (que) en español............................................... 219 Francisco Javier Herrero Ruiz de Loizaga ¿Qué digo fuente? Un río. Formación y usos de un marcador de corrección................................................................................................................ 257 Daniel M. Sáez Rivera El Suplemento a los sinónimos de Huerta (1825) de Manuel Pérez Ramajo como herramienta lingüística para la construcción del discurso.................. 305 Los autores.................................................................................................... 325

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PRESENTACIÓN Francisco Javier Herrero Ruiz de Loizaga Universidad Complutense de Madrid/Instituto Universitario Menéndez Pidal María Elena Azofra Sierra Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) Rosario González Pérez Universidad Autónoma de Madrid

El presente volumen es fruto de los trabajos realizados dentro del proyecto de investigación Santander-UCM PR108/20‐11 Gramaticalización, lexicalización, pragmática y discurso en la historia del español, dirigido por el profesor Francisco Javier Herrero Ruiz de Loizaga. Este proyecto está relacionado, en sus objetivos investigadores, con los anteriores proyectos PROGRAMES, financiados por el Ministerio de Educación y Ciencia, el Ministerio de Ciencia e Innovación y el Ministerio de Economía y Competitividad, y dirigidos en sus cuatro primeras ediciones por José Luis Girón Alconchel, y en la quinta por Francisco Javier Herrero Ruiz de Loizaga. Los cinco investigadores del proyecto Santander-UCM PR108/20‐11 participan en este volumen con un trabajo que es fruto de su desarrollo, y han sido invitados a colaborar también en él otros investigadores que llevan a cabo su investigación en líneas paralelas a las del proyecto. Los objetivos específicos que nos hemos propuesto desarrollar en ese proyecto son los siguientes: 1. Estudio de los elementos constitutivos de la construcción del discurso y su variación histórica: coherencia, cohesión y progresión informativa. Gramaticalización de conjunciones, locuciones conjuntivas y marcadores; 2. Análisis de la selección léxica en la construcción del discurso. Tendencias arcaizantes e innovadoras en distintos registros y tipos de texto. Léxico especializado, análisis de las conexiones entre selección léxica y lexicalización; 3. Marcas sociopragmáticas del discurso: la variación histórica y discursiva de las formas de tratamiento. Dentro de ellos se enmarcan los distintos trabajos recopilados, pero siempre teniendo en cuenta el papel capital del discurso en la creación de nueva gramática y léxico, en definitiva, en los procesos de gramaticalización y lexicalización y la interacción de las tradiciones discursivas en la difusión de los cambios, así como en la introducción de elementos nuevos que pueden tener un valor gramatical o

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discursivo y que pueden responder a un proceso de apropiación o imitación de elementos de otras lenguas; sin olvidar la posibilidad de que un elemento adquiera, de un modo instantáneo y no gradual, una nueva función o uso discursivo a través de un mecanismo como la cooptación. Con respecto al primero de los objetivos mencionados, y más concretamente con la cohesión discursiva, se encuentran los capítulos de Rosario González Pérez y Patricia Fernández Martín. El trabajo de Rosario González se ocupa del estudio de algunos mecanismos de coherencia y cohesión dentro de una determinada tradición discursiva propia de la distancia comunicativa, como son los libros de viajes, en los que la introducción de microtextos contribuye a la progresión informativa; en este caso, el estudio de la cohesión textual está en relación con la selección léxica, pues se parte del análisis de series enumerativas y de la acumulación en ellas de elementos pertenecientes al mismo campo léxico. Patricia Fernández Martín analiza las construcciones del tipo “como se ha dicho” (y sus variantes morfológicas), como enlaces de referencia metadiscursiva que remiten a otro elemento textual previo (anáfora) o posterior (catáfora) en varios textos del siglo xvi, aplicando un enfoque sociolingüístico a su estudio, centrado en variables sociales de género (san Juan vs. Cecilia del Nacimiento) y tiempo real (primer texto de Cecilia del Nacimiento vs. segundo texto, escrito treinta años después). Vemos así un ejemplo de estudio de mecanismos de cohesión textual junto con la gramaticalización en tres grados, oracional, mixto y parentético, de los elementos cohesivos. Otro bloque temático directamente vinculado con el primer objetivo del proyecto es el de los capítulos que analizan distintos procesos de gramaticalización, lexicalización y construccionalización, así como otras circunstancias de la variación histórica de conectores, marcadores o construcciones específicas. El trabajo de José Luis Girón Alconchel estudia la lexicalización y gramaticalización de locuciones conjuntivas y conectores ilativos en el español actual, para esclarecer si se trata de un proceso aún no concluido, al tiempo que señala las fluidas interrelaciones discurso-gramática y examina la extensión del discurso a la gramática y de la gramática al discurso. La aportación de Francisco Javier Herrero Ruiz de Loizaga se ocupa de la introducción y desarrollo de un marcador de reformulación correctivo, qué digo + término, que, en función de lo que muestran los datos arrojados por los corpus, parece darse en la etapa final de la Edad Media como imitación del giro latino quid dico y no responde por tanto a un proceso de gramaticalización. Se emplea sobre todo en textos retóricos y argumentativos, y es más propio de la lengua escrita que de la lengua hablada; su uso es creciente hasta el siglo xix para luego disminuir en los siglos xx y xxi. El hecho de que un elemento gramaticalizado presente un período de crecimiento seguido de otro de estancamiento o decrecimiento no es algo anómalo, sucede con cierta frecuencia como consecuencia de la existencia de diversos recursos para la expresión de estos o semejantes valores (concepto de estratificación de Hopper). Así vemos tam-

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PRESENTACIÓN

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bién cómo el trabajo de Granvik sobre la locución preposicional en señal de, estudiada desde la perspectiva de la construccionalización, muestra un crecimiento entre los siglos xv y xvii y una disminución de su empleo en siglos posteriores, unida a una mayor limitación en los tipos de textos en que se encuentra y a sus posibilidades de combinatoria léxica. El capítulo de María Elena Azofra Sierra y Renata Enghels se centra en la gramaticalización de nada como marcador conversacional en el español peninsular en una microdiacronía reciente (finales del siglo xx y principios del siglo xxi), mostrando la vinculación entre distintos valores funcionales relacionados con su empleo como atenuador y como organizador del discurso; según estas autoras, la atenuación ha jugado también un papel importante en el proceso de blanqueamiento semántico que lo convierte en simple muletilla, utilizada para mantener ocupado el canal de comunicación mientras el hablante gana tiempo para pensar. Florencio del Barrio estudia otro marcador conversacional, majo, de etimología controvertida y utilizado a partir del siglo xviii como vocativo en el español europeo. Se trata de un elemento que, por sus usos como vocativo dirigido a un determinado tipo de receptor, entra en relación también con las formas de tratamiento y su estudio histórico, aunque el enfoque adoptado en este trabajo es el de la conversión de majo en elemento discursivo, marcador de control de contacto. La conversión de majo en vocativo se produciría a partir de un mecanismo de cooptación (cambio instantáneo, no gradual, como en el caso de la gramaticalización), que lleva al uso de este término como elemento discursivo, seguido de un proceso de gramaticalización que lo convertiría en marcador de control de contacto. Relacionadas directamente con el segundo de los objetivos (análisis de la selección léxica en la construcción del discurso) se encuentran las contribuciones de Daniel Sáez Rivera y María Lourdes García-Macho Alonso de Santamaría, centradas en el estudio del léxico, y específicamente en cuestiones de lexicografía. Daniel Sáez se ocupa del estudio de una obra lexicográfica del siglo xix, el Suplemento a los sinónimos de Huerta (1825) de Manuel Lozano Pérez Ramajo, inserto en la tradición de diccionarios de sinónimos que arranca del siglo xviii. Sáez examina la macroestructura y microestructura de la obra, que se presenta como una herramienta lingüística incardinada en la retórica enfocada a la producción del discurso, en este caso, especializado, pues la contribución se dedica al discurso lexicográfico. Por su parte, María Lourdes García-Macho se centra en la construcción de un diccionario relativo a un tipo de léxico especializado como es el léxico de la navegación en el Siglo de Oro, teniendo en cuenta las diferencias que puede haber entre el empleo de un término en el léxico común y en la lengua especializada usada por los profesionales. El trabajo plantea en gran medida el problema de la ordenación de los lemas para la consulta de un diccionario en línea, que conduce generalmente a una búsqueda independiente de los términos; en este caso, la agrupación de los términos en campos semánticos, aun teniendo en cuenta que determinados elementos pueden pertenecer a más de uno,

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puede resultar más útil, al permitir una definición más homogénea. Por tanto, estamos ante un estudio interesante no solo desde la perspectiva de la selección léxica de los lexemas (léxico especializado en náutica), sino también desde el punto de vista de la producción del discurso lexicográfico, como en el caso del trabajo de Daniel Sáez, ya que la selección léxica afecta directamente a la nomenclatura de los diccionarios y es trabajo fundamental para establecerla. Centrado específicamente en el último objetivo de los citados más arriba (variación histórica y discursiva de las formas de tratamiento), el trabajo de Irene Bello examina las formas de tratamiento pronominales y nominales en el español canario del siglo xviii en un conjunto de cartas de particulares, a través de un acercamiento sociopragmático y el análisis de una particular tradición discursiva: cartas familiares intercambiadas por miembros de la burguesía y aristocracia de las Islas. Es de destacar la novedad del enfoque, pues este tipo de cartas, como señala la autora del trabajo, han sido explotadas desde la perspectiva histórica o cultural, pero no desde el punto de vista filológico o lingüístico. Además, esta contribución aúna distintos abordajes al fenómeno estudiado (formas de tratamiento), con un punto de vista multinivel en el que se aplica a la vez una metodología variacional diatópica, diastrática (cartas familiares) y diacrónica (microdiacronía correspondiente al siglo xviii). Como se puede apreciar, los trabajos reunidos en este volumen presentan un conjunto de investigaciones que permiten conocer mejor diversos aspectos de la diacronía del español, centrados en unos casos en microdiacronías concretas, como el español del siglo xv, el siglo xvi, o en determinados cambios que se fraguan o extienden en el español más moderno, de los siglos xx y xxi, enfoque relevante para el conocimiento detallado de las características y hechos evolutivos propios de cada período, y en ocasiones de las diversas variedades dialectales y sociolectales, y para perfilar la siempre difícil y controvertida tarea de periodizar la historia de una lengua. En otros casos encontramos un enfoque pancrónico que se ocupa del estudio de una determinada construcción a lo largo de la historia de la lengua. Los aspectos estudiados, referidos sobre todo a la selección léxica, el empleo de formas de tratamiento, la creación y desarrollo del uso de determinadas conjunciones y marcadores discursivos, y el estudio de mecanismos de cohesión léxica y progresión informativas, tienen en común la incidencia de un modo u otro en aspectos relacionados con la construcción del discurso o los instrumentos, en este caso lexicográficos, que ayudan a su construcción. Todo ello sin perder nunca de vista uno de los principales objetivos del proyecto: la relación entre lexicalización y gramaticalización y otros aspectos conectados con ellas, puesto que suponen cambios en la gramática o el discurso, pero que o bien no se circunscriben a una única pieza, como sucede en el caso de la construccionalización, no responden a cambios graduales, sino instantáneos, como sucede en el caso de la cooptación, o son resultado de la introducción de elementos de valor gramatical o discursivo tomados o calcados de otras lenguas que han servido como fuente.

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LA POLIFUNCIONALIDAD DEL MARCADOR CONVERSACIONAL NADA: METADISCURSO E INTERSUBJETIVIDAD * María Elena Azofra Sierra y Renata Enghels Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED)/Universiteit Gent

1. Introducción El marcador discursivo nada ha merecido escasa atención no solo en los trabajos sobre marcadores discursivos en general, sino también en los estudios sobre marcadores del grupo de los llamados conversacionales, que el hablante utiliza con diversas funciones como llamar la atención del interlocutor, controlar su reacción o verificar la correcta comprensión (López Serena/Borreguero Zuloaga 2010)1. Un estudio exhaustivo de la literatura sobre esta unidad conduce principalmente a algunas menciones marginales en publicaciones generales sobre marcadores (Llorente Arcocha 1996; Fuentes Rodríguez 2009; Gallardo Paúls 1996; Landone 2009; Santos Río 2003) o sobre el uso del lenguaje coloquial (Beinhauer 1978). Los estudios empíricos de Stenström (2009), Schmer Miranda (2012) Enghels y Tanghe (2019) y Guirado (2019) parecen constituir las únicas excepciones y cubren en parte la laguna de información sobre el marcador conversacional nada en el capítulo canónico sobre el tema en la Gramática descriptiva del español (Martín Zorraquino/Portolés Lázaro 1999). El trabajo de Octavio de Toledo y Huerta (2014) ofrece una visión útil sobre la sintaxis y la semántica de nada como cuantificador y sobre cómo se ha visto envuelto en complejos procesos de grama  Este trabajo se ha desarrollado en el marco de dos proyectos de investigación: proyecto Santander-UCM Gramaticalización, lexicalización, pragmática y discurso en la historia del español (PR108/20‐11) y Procesos de lexicalización y gramaticalización en la historia del español: cambio, variación y pervivencia en la historia discursiva del español (PROLEGRAMES) (PID2020-112605GB-I00). El estudio es asimismo deudor de la investigación desarrollada en el marco del grupo de investigación GLIMS de la Universiteit Gent (Bélgica). 1   Utilizamos en estas páginas los términos marcador o marcador discursivo, sin entrar en el debate terminológico entre conector / marcador / marcador discursivo / marcador pragmático / partícula. Preferimos el término marcador (discursivo) a conector, pues esta última denominación se usa con más frecuencia para las piezas que sirven para hilvanar el discurso, para establecer conexiones entre las ideas, aunque estas conexiones puedan tener valores pragmáticos. *

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ticalización a lo largo de su historia, pero no atiende específicamente a sus valores discursivos y pragmáticos. Por lo que se refiere a la más reciente gramática académica (la Nueva gramática de la lengua española, en adelante NGLE; RAE/ASALE 2009), encontramos dos referencias claras a valores discursivos de nada, en ambos casos como partícula empleada en la lengua conversacional para indicar que se abre un turno discursivo en el que el hablante quiere rebajar o negar la importancia de su intervención, porque considera que el contenido es previsible o poco relevante (RAE/ASALE 2009: §§ 48.13n-ñ). Los ejemplos bajo (1) ilustran estos usos en la NGLE: (1) a. –¿Y qué dice? –Nada, que le saludan (Cela, Alcarria, apud NGLE). b. ¿Qué pasa?, pues nada, que se sublevaron los que estaban dentro y fueron sometidos […] (Cela, San Camilo, apud NGLE).

En cuanto a los repertorios lexicográficos de partículas y marcadores, no aparece el marcador nada en el Diccionario de partículas discursivas de Briz Gómez, Pons Bordería y Portolés Lázaro (2008), y son pocos los datos que pueden extraerse de los diccionarios de partículas más conocidos (Santos Río 2003; Fuentes Rodríguez 2009). Santos Río clasifica nada como palabra fática que “[s]e usa para iniciar un turno de respuesta” (2); sin embargo, a renglón seguido indica que “[a] veces aparece como elemento continuativo en una narración interrumpida” (3) (2003: s. v. NADA). En una entrada diferente, presenta nada más como locución adverbial oracional de cierre discursivo (Santos Río 2003: s. v. NADA MÁS). (2) Nada, que estábamos aburridos y hemos decidido dar un paseíllo (apud Santos Río 2003). (3) Nada (/Pues nada), venga a aplaudir todo el mundo y nosotros, claro, encantados con todo aquel entusiasmo y aquel afecto que nos demostraban (apud Santos Río 2003).

Por su parte, Fuentes Rodríguez es más explícita en la descripción de nada y distingue dos tipos: NADA 1, que sería “[c]onector ordenador discursivo de inicio” y serviría para atenuar una intervención normalmente de respuesta (Fuentes Rodríguez 2009: s. v. NADA 1); y NADA 2, que clasifica como “[c]onector ordenador discursivo continuativo” y se usaría para marcar un giro enunciativo en el discurso (fin de un tema, mantenimiento del contacto…) (Fuentes Rodríguez 2009: s.  v. NADA 2). Los dos marcadores forman un grupo entonativo independiente, pero se sitúan en una posición diferente en el discurso: NADA 1, al inicio de la intervención y NADA 2, intercalado. En entradas diferentes, la autora explica los usos de algunas locuciones que incluyen la partícula nada:

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nada más, como conector ordenador discursivo de cierre (Fuentes Rodríguez 2009: s.  v. NADA MÁS 1) y pues nada, como conector ordenador discursivo continuativo (Fuentes Rodríguez 2009: s. v. PUES NADA 1) o como conector ordenador discursivo de cierre (Fuentes Rodríguez 2009: s. v. PUES NADA 2), con diversas funciones2. En efecto, nada aparece a menudo en colocaciones fijas, con conjunciones como y o con otros marcadores pragmáticos como pues. En nuestro estudio, estas colocaciones se consideran realizaciones concretas del macro-marcador discursivo nada. Tendremos en cuenta las diferencias entre las colocaciones concretas cuando sea relevante para las funciones, que pueden ser muy variadas. Ya en el trabajo sobre el marcador nada de Enghels y Tanghe (2019) se detallan las diferentes funciones que nada y sus variantes pueden adoptar en diferentes contextos; en otras palabras, se pone allí de manifiesto su polifuncionalidad paradigmática, en los términos de López Serena y Borreguero Zuloaga (2010: 445). Nos interesa aquí, sin embargo, la presencia simultánea de distintos valores en un mismo uso del marcador, es decir, lo que estas autoras denominan polifuncionalidad sintagmática: “los diversos valores funcionales de un marcador en un texto concreto” (López Serena/Borreguero Zuloaga 2010: 445). En el mismo sentido se expresan Ghezzi y Molinelli (2014: 12): “the same element within a given context often indexes several discourse planes at once, thus simultaneously performing different functions”. La polifuncionalidad del marcador nada en determinados contextos también se ha puesto de relieve en estudios anteriores; así, en un trabajo sobre el español pues nada en contraste con el inglés anyway, Strenström (2009: 143) apunta que las funciones interpersonal y discursiva no deben considerarse funciones aisladas, pues ambas pueden operar simultáneamente en ambos marcadores, el español y el inglés. En concreto, nuestro objetivo en este trabajo es precisamente analizar la polifuncionalidad de nada para dos valores pragmáticos que pueden clasificarse dentro de la macrofunción discursiva (como continuación, apertura o cierre de turnos en el marco de la conversación) (4) y dentro de la macrofunción (inter)subjetiva, como elemento de atenuación (5). Quedarían fuera de nuestro estudio, por tanto, ejemplos como los de (6), en los que nada aparece con su valor originario de cuantificador negativo como pronombre (6a) o adverbio (6b)3, así como también los casos en que nada se utiliza para otras funciones que no cabe relacionar con la atenuación sino con un refuerzo de su semántica negativa, como ocurre en la 2   Omitimos los ejemplos de Fuentes Rodríguez, que alargarían innecesariamente el texto y no presentan diferencias importantes con respecto a los de la NGLE y Santos Río. 3   Un caso especial son los usos de nada utilizado como muletilla, con valor fático, de los que nos ocupamos en la sección 3.2.

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combinación para nada ‘en absoluto’ (7)4 o en los casos de nada como marcador de respuesta negativa, equivalente a ‘no’ (8): (4) E: vamos a hacer doblete / I: nada / yo / yo lo llevo fatal lo del atleta // (PRESEEA) (5) MAORE2J02: no buenoo o sea meee metió mano y esto MAORE2J01: sí bueno MAORE2J02: y y y en el baño del garaje tronca MAORE2J01: que guarradas que haces tú tía MAORE2J02: que guarradas hago yo/ MAORE2J01: nada me lo estoy inventando no venga MAORE2J02: ah bueno (COLAm) (6) a. No veo nada sin gafas. b. Es un reto difícil: no lo veo nada fácil. (7) –¿Te parece bien lo que ha hecho? –No, para nada. (8) I: He nacido ahí, que era de mi abuelo, y toda esta fila, hasta la esquina era de mi abuelo. E: ¿De la calle no ha salido usted? De esta calle. I: Nada, yo no. (COSER)

Con el fin de alcanzar nuestro objetivo, el estudio se desarrolla en cuatro fases. En la sección 2 se detalla la constitución del corpus y el método de investigación. La sección 3 se dedica al análisis pormenorizado de los valores de nada como marcador de atenuación, destacando sus usos como atenuador semántico-pragmático y como atenuador pragmático, y relacionando estos usos con las distintas funciones discursivas (inicio de intervención, cierre, etc.). La sección 4 esboza cómo estos valores y sus frecuencias de uso en corpus diferentes pueden entenderse en el marco del proceso de gramaticalización que ha sufrido nada. Finalmente, en la sección 5 se extraen las conclusiones oportunas. 2. Datos y metodología 2.1 Selección de datos El funcionamiento de nada como marcador, así como su desarrollo histórico, solo pueden rastrearse a partir de un corpus de datos orales, dado que tiende a utilizarse casi exclusivamente en el lenguaje conversacional. La base de datos se compiló origi  La NGLE se refiere a para nada como “locución negativa enfática”, que se extiende progresivamente en la lengua conversacional de diversos países y que alterna en este valor con el simple nada (RAE/ASALE 2009: § 48.13p). 4

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nalmente a partir de nueve corpus de lengua hablada existentes para el español peninsular: Habla Culta, CREA (parte oral), CORLEC, Val.Es.Co, COSER, PRESEEA (España), C-Oral-Rom, COLAm y CORPES XXI5. Las ocurrencias se seleccionaron a través de una consulta léxica para el ítem nada, y luego se clasificaron manualmente para descartar los usos de nada como cuantificador pronominal o adverbial. El resultado de este proceso de selección es una gran base de datos de nada en su uso como marcador, que contiene 1820 ocurrencias, como se aprecia en la Tabla 1. corpus

número de ocurrencias

Habla Culta

62

CREA oral

26

CORLEC

142

Val.Es.Co

35

COSER

547

PRESEEA

256

C-Oral-Rom

301

COLAm

347

CORPES XXI

104

Total

1820

Tabla 1. Casos de nada por corpus

Sin embargo, una comparación de las propiedades más detalladas de estos corpus (Tabla 2) muestra que, de hecho, constituyen un conjunto de datos bastante heterogéneo. corpus

década

género discursivo

generación

género

Habla Culta

70

entrevistas semidirigidas

varias

igual m/f

CREA oral

80-90

misceláneo

falta información

falta información

CORLEC

90

conversaciones espontáneas

varias

igual m/f

Val.Es.Co

80-90

conversaciones espontáneas

varias

igual m/f

COSER

90, > 2000

entrevistas semidirigidas

Gen4 (+ 55)

igual m/f

PRESEEA

> 2000

entrevistas semidirigidas

varias

igual m/f

C-Oral-Rom

> 2000

conversaciones espontáneas

varias

igual m/f

COLAm

> 2000

conversaciones espontáneas

Gen2 (12-18)

igual m/f

CORPES XXI

> 2000

misceláneo

información incompleta

igual m/f

Tabla 2. Metadatos de los corpus consultados 5

  Para más detalles sobre cada uno de estos corpus, véase Enghels et al. 2015.

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La Tabla 2 revela que los corpus representan cuatro períodos microdiacrónicos, a saber, los años setenta, ochenta, noventa y las primeras décadas del siglo xxi6. Se puede observar que los datos se distribuyen de forma bastante desigual entre estas fases (la mayoría de los corpus han sido grabados en la época actual), un parámetro que habrá que tener en cuenta durante el análisis de los datos. El segundo criterio de variación se relaciona con el género discursivo. Más en concreto, cuatro corpus son transcripciones de conversaciones espontáneas entre dos o más hablantes (CORLEC, Val.Es.Co, C-Oral-Rom y COLAm), mientras que tres corpus se han construido a partir de entrevistas semidirigidas (Habla Culta, COSER y PRESEEA), y dos contienen diversos tipos de géneros discursivos como llamadas telefónicas, entrevistas televisivas, etc. (CREA Oral y CORPES XXI). El posible impacto del contexto comunicativo en el uso de nada se analizará en las secciones 3 y 4. En cuanto a la variación genolectal, casi todos los corpus se distribuyen por igual entre tres generaciones (adolescentes de Gen2 = 12-25, adultos de Gen3 = 26-55 y ancianos de Gen4 = ≥ 56), excepto COSER, que es un corpus de hablantes exclusivamente ancianos (Gen4), y COLAm que es un corpus de hablantes jóvenes (Gen2). Por último, todos los corpus contienen, al parecer, una distribución equitativa de hablantes masculinos y femeninos. Dado que CREA Oral y CORPES XXI no proporcionan información completa sobre las características externas de los hablantes, incluido el género y la clase generacional a la que pertenecen, no hemos incluido datos de estos corpus en nuestro estudio. Las 1690 ocurrencias restantes de nada como marcador fueron anotadas para estos rasgos sociolingüísticos, así como para una serie de propiedades que se especifican más en la sección 2.2. 2.2. Criterios de análisis Como hemos podido apreciar en la introducción (§ 1), en varias de las descripciones que diversos autores presentan para el marcador nada (solo o en combinación con pues) hay dos valores semántico-pragmáticos que se repiten: el de indicador de intervención o turno en la conversación (apertura, continuación o cierre) y el de atenuador. Además, hemos podido comprobar anteriormente que en el caso de algunos marcadores conversacionales (por ejemplo sabes) la macrofunción es más fácil de delimitar (Azofra Sierra/Enghels 2017), mientras que en otros, como nada, la delimitación de estos valores resulta más problemática. Como hipótesis principal para este comportamiento variable, proponemos que el significado refe  En este y otros trabajos utilizamos el término microdiacronía en el sentido de Pons Bordería (2014), como pequeño período de tiempo que puede ser de especial relevancia en la datación de un cambio lingüístico. 6

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rencial etimológico de los marcadores (y ante todo la oposición entre marcadores deverbales y los de otro origen, como nada) influye ampliamente en el conjunto de significados procedimentales que pueden expresar; así, el marcador nada conservaría el peso de su significado originario (‘poca cosa’ o ‘insignificancia’) en los casos de atenuación, sin perder por ello su capacidad de funcionar como una partícula con valor metadiscursivo, relacionada con la progresión temática y la sucesión de turnos en una conversación. Un ejemplo de esta convergencia de funciones pragmático-discursivas sería (9), donde el marcador nada tiene una función discursiva (abrir turno de palabra, introducir la respuesta a una pregunta del interlocutor) y una función intersubjetiva de atenuación (restar importancia al contenido, indicar la sencillez del procedimiento que se describe en la respuesta)7: (9) E: Y antiguamente, ¿cómo era eso de ir a por leña? I: Antes, nada, cada quien iba cuando le parecía y cada uno tiene su leña (COSER).

En otros casos, el marcador nada desempeña una función pragmática más clara, sin que se superpongan los valores mencionados. Así, puede clasificarse sin duda dentro del nivel discursivo el ejemplo de (10), donde el marcador nada abre un turno de habla. En (11), sin embargo, nada cumple claramente una función ligada a la intersubjetividad: el marcador no tiene en ese caso una función discursiva, sino que es una forma cortés de restar importancia a una circunstancia externa al propio discurso (concretamente, una caída), y puede parafrasearse por ‘no pasa nada’, ‘no es nada importante’. (10) E: Y cuando traíamos la harina del molino luego en casa, ¿cómo, cómo se preparaba y se hacía el pan? I: Nada, pues el pan, pues en una de esas que llamábamos un trozo, un cajón de madera tesa, se llamaba. Allí lo echaban lo que ellos | eso cosa de las mujeres, sabían lo que necesitaban (COSER). (11) I3: Había tres categorías. Ahora da gusto, todos somos iguales. Ay, que se cae. E2: Nada, no se preocupe (COSER).

Como decíamos en la introducción, nuestro objetivo es estudiar el comportamiento del marcador nada (y sus colocaciones pues nada / y nada) con valor de atenuación (macrofunción intersubjetiva), prestando especial atención a los casos en que a esta función se superpone otra, la metadiscursiva8. Esto implica que la   Para una definición más detallada de este concepto, véase § 3.1.   Siguiendo el ejemplo de Azofra Sierra y Enghels (2017), que para el análisis del marcador discursivo sabes distinguen tres macrofunciones que pueden solaparse: subjetiva, intersubjetiva y discursiva. 7 8

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base de datos se restringe a un muestreo de 128 casos, en los que no hemos incluido ejemplos como (12), en que nada funciona puramente como muletilla, sin que quede rastro de su valor atenuador9. (12) MALCC2G01: la que llevo en el bolso MALCC2J01: madre mía la llevas en el bolso MALCC2J01: pues nada ji ji ji que no me das miedo @nombre MALCC2G02: yo nada sí sí sí pues nada pues que pase MALCC2J01: ja ji ji ji (COLAm).

La Tabla 3 detalla el número de casos incluidos en el muestreo por corpus estudiado, y presenta la distribución de las tres variantes formales, nada, pues nada y y nada. corpus

nada

pues nada

y nada

número de ocurrencias

Habla Culta

1

1

0

2

CORLEC

1

0

0

1

Val.Es.Co

2

0

0

2

COSER

25

50

4

79

PRESEEA

7

3

1

11

C-Oral-Rom

3

5

0

8

COLAm

11

14

0

25

total

50

73

5

128

Tabla 3. Selección final del muestreo

Por lo que se refiere a la función de atenuación, que ocupa un lugar central en nuestro análisis, seguiremos en este estudio la propuesta de Briz Gómez (1995) que distingue dos tipos: a) la atenuación del contenido proposicional o del dictum, y b) la atenuación de la fuerza ilocutiva o del modus. Como la atenuación se vincula inevitablemente con el posicionamiento y la imagen de los participantes en el discurso, se define como macrofunción intersubjetiva o subjetiva. Con valor intersubjetivo se orienta ante todo al interlocutor, expresando valores fáticos o apelativos y tratando de preservar su imagen; con valor subjetivo contribuye ante todo a 9   Veremos más abajo (§ 3.2) que los usos de nada como muletilla podrían considerarse también como casos de blanqueamiento extremo de la atenuación, pero no están incluidos en el recuento precisamente por no conservar restos de ella. Solo hemos encontrado tres casos que podríamos considerar como contextos puente, donde el valor de atenuación está muy desdibujado y la utilización de nada se acerca a los casos de muletilla.

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minimizar la responsabilidad o el compromiso del hablante con lo dicho. Ambas funciones, aunque no siempre, pueden reconocerse por la presencia de indicios contextuales, como el uso de otros elementos verbales directamente orientados al hablante (13) o al interlocutor (ver ejemplo 11 arriba). En (13) el hablante se refiere a su propia responsabilidad en el evento (lo gasté), pero la atenúa mediante el nada que aparece al inicio del turno; en (11), el valor intersubjetivo se detecta a través de la forma verbal de cortesía no se preocupe. (13) A: más fea mira si es que yo que no podía gastármelo C: [(RISAS)] A: para mí aquello que en mi casa no tenía ni bata como (a)quel que dice que yo lo vi C: [(RISAS)] B: [((¿y qué hiciste?))]§ A: Nada ¡uh! lo gasté un poco porquee no tieneee (Val.Es.Co).

Además, uno de los temas más discutidos en la literatura sobre la atenuación es precisamente la detección más objetiva de la atenuación en el discurso. A este respecto, Villalba Ibáñez (2018: 312) destaca la “prueba de ausencia”, que consiste en eliminar el elemento atenuante y observar eventuales cambios en la fuerza ilocutiva; en sus palabras, “[s]i la eliminación provoca que la fuerza ilocutiva se incremente o adquiera valores neutros, estaremos ante un elemento atenuante”. La neutralización de la fuerza ilocutiva se observa claramente cuando se suprime nada de los ejemplos (13) y (11) citados arriba. La segunda prueba que aplicamos durante el análisis cualitativo de los ejemplos es la “prueba de solidaridad”, que consiste en observar varios mecanismos atenuantes en el contexto inmediato. En el ejemplo (14a), la frase ¿Qué te iban a hacer? confirma el valor de atenuación de contenido de nada, que sirve para rebajar la importancia del propio castigo; de la misma manera, en (14b) la atenuación de la cantidad de agua se refuerza con el diminutivo un poquito y el adverbio simplemente. (14) a. I: Más que ahora. ¡Madre mía! E1: Y si no obedecía antes ¿qué pasaba? I: Pos nada. Te castigaban a no salir a lo mejor el domingo ¿Qué te iban a hacer? (COSER). b. E1: Y se cuece… con agua, ¿no? I1: [Asent] E1: [Asent] ¿Y…, y.… cuánta agua necesita…, por ejemplo, para hacerse una infusión de…, de una taza? I1: Pues nada, un… | lo que cojas s-, simplemente con…, con los dedos. Un poquito. E1: [Asent] I1: O sea, muy poca cosa (COSER).

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Por último, conviene mencionar que, a lo largo del análisis de los tipos de atenuación, vamos a dedicar atención particular a otros aspectos relacionados con la macrofunción discursiva de nada y su papel en la organización del flujo comunicativo, como su uso para abrir el turno, continuarlo o cerrarlo. En estos casos, será relevante atender a la posición que ocupa el marcador nada o cualquiera de sus colocaciones (pues nada, y nada), tanto en el nivel del turno, como en el nivel del enunciado10; las posiciones destacadas son estas: inicio, medio, final independiente. 3. El marcador nada y su función de atenuación 3.1 El concepto de atenuación El pronombre nada es una creación románica que originalmente tenía un significado positivo. Su etimología (RES) NATA, que significa literalmente ‘cosa nacida’, solía utilizarse como elemento enfático en contextos negativos, de los que fue absorbiendo una semántica negativa (Octavio de Toledo y Huerta 2014: 272). El significado originario de nada como pronombre indefinido es, según el Diccionario de la lengua española (RAE/ASALE 2014: s. v. nada), ‘ninguna cosa’, ‘ninguna cantidad’, ‘cantidad pequeña de alguna magnitud’ o ‘cualquier cosa, especialmente si es poco importante’; como adverbio indefinido, ‘indica el grado mínimo de la cualidad del adjetivo o adverbio al que modifica’. Como vemos, esa referencia originaria a nociones de poco valor o cantidad facilita su función como elemento atenuador, para mitigar la importancia o la relevancia de lo expresado, algo que señala la NGLE: “la presencia de nada sugiere que [el hablante] niega importancia a su respuesta o que la considera intrascendente” (RAE/ASALE 2009: § 48.13n). Así lo vemos en (15), donde la partícula nada introduce como respuesta la descripción de un proceso que el hablante considera simple, de ahí la atenuación. (15) E: No, la masa, ¿pero la masa del pan cómo se hacía? I2: ¿La masa? Nada, hacer la masa y hacer el pan y meterlo en el horno y, hala (COSER).

10   Se destacan varias teorías sobre las diferentes posiciones que pueden ocupar las unidades lingüísticas en el discurso oral, teniendo en cuenta diferentes unidades conversacionales posibles. Sin entrar en detalle, particularmente válido es el modelo del grupo Val.Es.Co (Teoría de las unidades conversacionales, Briz Gómez/Pons Bordería 2010), del que retomamos los dos niveles de análisis, el nivel del turno y el del enunciado.

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Ahora bien, la atenuación es un fenómeno complejo que ha generado discusiones muy extensas en la literatura11. Aunque se han propuesto catálogos de formas concretas para identificarla, no hay consenso sobre su definición, ni, sobre todo, sobre su identificación. No vamos a revisar aquí todas estas discusiones, sino a destacar las aportaciones que consideramos más útiles para el reconocimiento de los valores de atenuación en el marcador nada, que, por otro lado, hasta donde sabemos, no aparece en los catálogos de elementos atenuadores. Con la etiqueta de “atenuación”, nos referimos al conjunto de estrategias comunicativas que los hablantes utilizan para atenuar o mitigar sus actos de habla: tanto la vaguedad del contenido semántico como la modulación y mitigación de la fuerza ilocutiva. Villalba Ibáñez (2018: 306) habla de “desfocalización del papel de los participantes en la interacción”, que puede evidenciarse, por ejemplo, en una reducción del compromiso del hablante con la aserción. Se trata, por tanto, de una función pragmática al servicio de la comunicación, pero que solo puede interpretarse en la interacción y su contexto discursivo; así, vemos que una forma determinada que cumple una función atenuante en algunos contextos no siempre desempeña tal función (Albelda Marco/Cestero Mancera 2011; Villalba Ibánez 2018): en el caso de la partícula nada, podemos apreciarlo en ejemplos como (16), donde la única función es terminar la conversación, sin que se advierta ningún valor de atenuación: (16) I1: Pero bueno, to’l mundo tiene. […] Y antes como teníamos que trabajá mucho no te, no había de na. Y poco de esto [G-Imt]. E1: Bueno, pues muchas gracias, [HS:I1 Pues nada. Mucho gusto de conoceros.] ha sido un placer (COSER).

Briz Gómez y Albelda Marco (2013) hacen una distinción entre el contexto interactivo general (las características generales del registro, a saber, si existe una jerarquía entre los participantes o no, si la comunicación tiene una finalidad interpersonal, si hay mayor o menor grado de planificación del discurso…) y el contexto interactivo concreto (la situación particular en la que se hace necesaria una estrategia de atenuación, cuya finalidad puede señalarse). El registro coloquial se caracteriza por una finalidad interpersonal, y por tanto en él serían frecuentes los mecanismos de atenuación, orientados a evitar el conflicto entre los interlocutores. Para el análisis de nada en nuestro corpus, será necesario atender a las posibles diferencias entre los usos del discurso coloquial espontáneo y las entrevistas semidirigidas (cf. § 2.1), así como aquellos corpus que recogen conversaciones entre interlocutores de la misma jerarquía (caso de Val.Es.Co y COLAm, por ejemplo) o distinta (caso de COSER o de PRESEEA).   Véase, por ejemplo, la bibliografía recogida en la página de Es.Var.Atenuación: o Albelda Marco y Mihatsch (2017). 11

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Por otro lado, como estrategia pragmática en el marco de la conversación, la atenuación “[p]uede afectar a diversos elementos del proceso comunicativo: al mensaje, al hablante, al oyente o a la relación entre ambos”, según Albelda Marco y Cestero Mancera (2011: 15). En un trabajo posterior, Albelda Marco añade la idea de la imagen, proponiendo que esta estrategia pragmática está “originada por necesidades de imagen y dirigida a mitigar y minimizar la intensidad de lo que expresa reduciendo la fuerza ilocutiva del acto de habla” (Albelda Marco 2016: 30). De esta manera, los mecanismos de atenuación pueden contribuir no solo a minimizar el contenido, sino también a suavizar el efecto del mensaje en los interlocutores o a rebajar el compromiso del hablante con la veracidad del enunciado. La necesidad de protección de la imagen (propia o ajena) ha pasado a ser, para Albelda Marco y Cestero Mancera (2020: 940), el origen de la atenuación, hasta el punto de proponer esta definición: La atenuación es una estrategia retórico-pragmática originada por necesidades de protección de la imagen (propia o ajena), para proteger, suavizar y reparar los posibles efectos perjudiciales para el adecuado desarrollo de la comunicación. Se expresa a través de mecanismos de lenguaje vago que difuminan el contenido proposicional, de minimización de la cantidad o cualidad semánticas o directamente reduciendo la fuerza ilocutiva de los actos de habla y formulando un menor compromiso con lo dicho.

Desde esta perspectiva, diversos autores (Briz Gómez 2007; Briz Gómez/Albelda Marco 2013; Samper Hernández 2017, entre otros) proponen tres funciones de la atenuación, que estarían relacionadas con la repercusión de la imagen y con el momento en que se introduce la estrategia atenuadora: autoprotección (proteger la imagen positiva del hablante; evitar responsabilidad sobre lo dicho), prevención (evitar dañar la imagen del oyente o de otras personas, evitar el desacuerdo) y reparación (resolver los posibles daños a la imagen). En palabras de Albelda Marco y Cestero Mancera (2011: 14), la función del elemento atenuante en el discurso suele ser “reducir el compromiso con lo dicho, reducir su repercusión en el discurso, salvaguardar la autoimagen, mitigar una amenaza a la imagen del oyente, buscar acuerdo, reparar el desacuerdo, evitar imponer el yo”, funciones que pueden identificarse en algunos usos de nada. Como punto de partida, en el análisis de los casos de atenuación que se realizan a través de nuestro marcador nada, resulta útil la tipología funcional que Briz Gómez propone en trabajos anteriores (1995, 2003): 1. reducir el valor significativo de un enunciado: presentar la realidad de forma vaga, imprecisa; el hablante no quiere ser claro o demasiado “directo” al hablar; sería una atenuación del dictum y se ha denominado atenuación semántico-pragmática; minimiza el contenido proposicional, bien de un elemento del contenido proposicional o bien de toda la proposición;

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2. reducir la fuerza ilocutiva; sería una atenuación del modus o del decir, y se ha denominado atenuación pragmática; mitiga los actos de habla, la fuerza o el papel de los participantes en el discurso (por ejemplo, reduciendo el compromiso del hablante con una aseveración). En los casos del marcador nada analizados en nuestro corpus, hemos encontrado ambos tipos de atenuación: atenuación del contenido y atenuación de la fuerza ilocutiva, centrada en los participantes en el diálogo. Detallamos a continuación esta tipología de funciones del marcador nada como estrategia de atenuación (§§ 3.2 y 3.3), relacionando los diferentes usos no solo con su posición prototípica en el turno o en el enunciado, sino también con las diferentes colocaciones del marcador (nada / pues nada / y nada). 3.2 La atenuación semántico-pragmática (atenuación del contenido) El uso del marcador nada puede estar motivado por el deseo de reducir (o incluso negar) la relevancia del contenido proposicional que figura antes o después. En estos casos, nada estaría más cerca de su significado originario (‘[lo que acaba de decirse o va a decirse] no es nada importante / interesante’) y podría haberse producido una evolución de su uso como cuantificador atenuador a estrategia atenuadora (no es nada importante > no es nada > nada). El marcador puede aparecer solo o acompañado de pues o de y: nada / pues nada / y nada. Existen diferencias importantes entre los distintos corpus analizados. En los corpus de entrevistas semidirigidas (Habla Culta, COSER y PRESEEA), es prácticamente general la atenuación semántico-pragmática en las intervenciones de los entrevistados, lo cual podría explicarse por las desiguales relaciones jerárquicas entre el entrevistador y los entrevistados: estos últimos pueden sentirse un tanto incómodos por la situación, piensan que las preguntas sobre aspectos cotidianos carecen de interés especial y, por tanto, tienden a utilizar más elementos atenuantes de la importancia de lo que están relatando. Así, en COSER encontramos atenuación del contenido en todos los casos de pues nada (n = 50) y de y nada (n = 4), así como en 23 de los 25 casos de nada; son también marcadores de atenuación del contenido los 11 casos de PRESEEA (tres de pues nada, siete de nada y uno de y nada) y los dos de Habla Culta (un caso de pues nada y uno de nada). La atenuación semántico-pragmática se observa en los ejemplos de COSER (14a) y (14b) citados más arriba, en que se consideran respectivamente poco graves los castigos impuestos y poco complejo el procedimiento para preparar una infusión. Otro ejemplo interesante sería (17), donde el informante modera las expectativas referidas a su ropa y peinado, como confirma otro identificador de atenuación, el adverbio normalmente.

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(17) Enc. –¿Qué te pusiste, qué peinado tenías? Inf. –Pues nada, como voy normalmente. El tocado era como un turbante de tul, con… o sea así atado con un lacito atrás, o sea, muy de niña de comunión y… a las seis, como te estaba diciendo, vino el coche; entonces…, era muy temprano (Habla Culta).

Por el contrario, la atenuación del contenido es minoritaria en algunos corpus de conversaciones espontáneas, donde tenemos ejemplos de las colocaciones nada y pues nada: no encontramos este tipo de atenuación en CORLEC y su frecuencia es relativamente baja en C-Oral-Rom (tres de ocho ejemplos) y COLAm (10 de 25 casos). Un caso aparte sería Val.Es.Co, corpus en que solo hemos encontrado dos ejemplos de atenuación y son ambos de atenuación del contenido. Se trata de casos como los siguientes: (18) a. A: ¿eh? B: en el bingoΔ allí nos dan luego bocadillos gratis y todo↓ eso tendríais que hacer vosotrosΔ allá a la madrugada↑ entrar↓ y os darían bocadillos gratis… actuación (4’’) C: (CARRASPEO)§A: § ¿jugabais de uno en uno?§ B: § sí(6’’) ¿por qué lo preguntas? A: Nada↓ por saberlo (Val.Es.Co). b. NOSPEAKER: MALCC2J04: si dígame MALCC2J04: bien MALCC2J04: pues nada aquí en casa estudiando MALCC2J04: pues me voy a hacer ahora mismo una tortilla francesa (COLAm)12.

Como se puede apreciar en los ejemplos de esta sección, con frecuencia la atenuación no es la macrofunción dominante, sino que predomina otra función metadiscursiva (inicio de turno, respuesta, cierre discursivo…). Para analizar estas funciones discursivas del marcador, es importante atender a dos factores: por un lado, la posición en el enunciado, en el turno de palabra o en la intervención (posiciones inicial, intermedia o media, final de turno/de enunciado); y, por otro, las colocaciones recurrentes, es decir, la coaparición de otras partículas que funcionan de forma unitaria como marcador (pues nada, nada, y nada). Además, como señalábamos más arriba (§ 2.1), es interesante observar las diferencias entre los corpus, pues hemos encontrado algunos patrones que se repiten. En COSER, pues nada parece estar especializado como marcador de inicio, introductor de respuesta a una pregunta (42 de los 50 casos responden a este patrón), mientras   El hablante responde a una llamada de su padre; es significativo que sea una conversación que no se desarrolla entre iguales. 12

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que en un número menor de casos (n = 8), pues nada sirve como marcador de continuidad discursiva. La especialización de pues nada en la marcación de inicio de turno, en posición inicial de enunciado y de intervención es común a los demás corpus de entrevistas semidirigidas, Habla Culta y PRESEEA. Por el contrario, en los corpus de conversaciones espontáneas, solo encontramos ese esquema en una proporción muy reducida de ejemplos (tres de los 14 casos de COLAm y ninguno de los cinco de C-Oral-Rom); en estos corpus en que la conversación se desarrolla entre iguales, la función discursiva mayoritaria de pues nada será diferente y estará ligada a otro tipo de atenuación, como veremos en § 3.3. Respecto al valor de pues nada como atenuador semántico-pragmático y continuador discursivo (para volver a un tema precedente, para enlazar enunciados), aunque no siga un patrón tan característico, es importante destacar que aparecen ejemplos no solo en COSER –ocho de los 50 casos, del tipo de (19a)–, sino también ocasionalmente en PRESEEA y en C-Oral-Rom –un ejemplo en cada caso: (19b) y (19c)–. (19) a. E1: También se embute igual [HS:I Claro] que… I: pero esas las siguen llenar a mano, esas se cogen, se pone un embudo, se coge la tripa, se van echando cucharada y se, y se [A-PIn: enllena]. Se enllenan y luego, pues nada, se pone una caldera y a cocer las morcillas [HS:E1 [Asent]] y ya está, [R-Inf] hechas (COSER). b. y a las cinco voy a recoger a mi hermano // y ya me quedo toda la tarde con él / hago los deberes con él / luego pues yo o vemos la tele un poco // luego lo ba ño y le doy la cena y lo acuesto // y luego los otros dos días pues voy a una academia / que estoy haciendo educación infantil / para guarderías y esto / y nada / y doy las clases y luego pues nada/ me voy a casa / las paso en casa toas las tardes (PRESEEA). c. pero ha sido increíble //$ o sea / todos hemos roto / menos ellos //$ pero bueno / no ?$ yo / francamente me [/] me alegro por [/] por ellos dos //$ no [/] no lo voy a negar //$ hhh y nada / el resto de las parejas / pues nada/ pasó de todo un poco //$ Maxi / pues Maxi va / de flor en flor //$ más o menos (C-Oral-Rom).

Este funcionamiento del marcador que observamos sobre todo en las entrevistas semidirigidas es el que correspondería con el conector PUES NADA 1 de Fuentes Rodríguez, al que esta autora atribuye las siguientes funciones concretas: continuación mientras se piensa, inicio de intervención de respuesta dentro de un intercambio, cierre de un tema para pasar a otro y, por último, “inicio atenuativo del propio discurso, planteado como si continuara algo anterior” (Fuentes Rodríguez 2009: s. v. PUES NADA 1). El análisis de nuestro corpus corrobora también la información que proporciona la NGLE, cuando indica que la partícula nada (sin

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hacer diferencias con la colocación pues nada, que aparece indistintamente en los ejemplos de la gramática académica) puede también “iniciar un turno discursivo, sea o no de respuesta, en el que se resta importancia a lo que se va a decir o se interpreta como previsible o esperable” (RAE/ASALE 2009: § 48.13n). En su variante más reducida (nada), volvemos a encontrar el marcador con los valores discursivos que ya habíamos señalado en pues nada: (a) marcador de inicio de turno / de enunciado / de intervención, muchas veces en respuesta a una pregunta del interlocutor y siempre en posición inicial (20a y 20b); y (b) marcador de continuidad discursiva, entre enunciados o en medio de una intervención (21). (20) a. I1: Sí, se iba a la casa [A-Inn] del que se había muerto. E2: ¿Cuánto duraba todo…? I1: Nada, pos que… | Por ejemplo, se moría tal que hoy, pues, pues pa’l día siguiente ya le enterraban. [A-Inn] es parecido (COSER). b. MASHE3G02: eh mira mira MASHE3G03: no antes he visto una piba en la ventana tío NOSPEAKER: MASHE3G04: pero un % un poco más y no se cae MASHE3J02: dónde está/ en qué parte/ MASHE3G06: nada por ahí MASHE3G03: por ahí (COLAm). (21) o sea, como queriendo decir que ellos están dispuestos a hacer la matanza si la tierra no lo acepta; entonces, ellos lo único que hacen es que… que nada, que se van dando a conocer poquito a poco y hasta el año mil novecientos ochenta y dos, pues no parecen por aquí… (Habla Culta).

Estas son las funciones discursivas que Fuentes Rodríguez señala para sus conectores NADA 1 y NADA 2: el primero de ellos aparece, según la autora, al inicio de una intervención, normalmente reactiva, bien para responder o bien para iniciar una narración de cierta extensión; añade que “[q]uita fuerza al inicio de la intervención del hablante, como atenuativo o forma de cortesía o inseguridad” (Fuentes Rodríguez 2009: s. v. NADA 1); el segundo, por su parte, puede usarse para marcar “un giro enunciativo: fin de lo anterior, y paso a lo más importante” o como “mantenimiento del contacto mientras el hablante piensa, finaliza lo anterior como poco relevante, divagaciones, etc.”, e incluso “como focalizador informativo de lo que sigue” (Fuentes Rodríguez 2009: s. v. NADA 2). Creemos que el valor atenuador puede ser el nexo de unión que vincula todas estas funciones aparentemente distantes o inconexas: el hablante puede utilizar el marcador para introducir la información más importante, el contenido de la respuesta, que se acompaña con la atenuación de la complejidad o relevancia de la pregunta.

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Nada es marcador de inicio en 18 de los 21 ejemplos de COSER, en todos los ejemplos de Habla Culta (n = 1), Val.Es.Co (n = 2), CORLEC (n = 1) y COLAm (n = 11); también en dos de los cinco casos de PRESEEA (22a) y en uno de los tres de C-Oral-Rom. Conviene destacar que en COLAm no se utiliza pues nada para introducir una respuesta, al principio de un turno, pero esa función la desempeña aquí la variante reducida nada (22b). Nótese que en (22a) la atenuación se confirma por la descripción de la habitación como normal y en (22b), por la presencia de la parentética no sé qué. (22) a. E: ¿cómo es tu habitación? // vi ¿tienes una habitación para ti solo? I: sí ¡no no no no! es compartida con mi hermano / E: ¿de con tu hermano? I: sí // y pues E: ¿cómo es? I: Nada // normal / no sé // normal / ni grande ni pequeña // y nada / pues / dos armarios y / ordenador / una tele una consola // y una mini cadena // (PRESEEA). b. MALCE4G04: y qué te dijo/ MALCE4G03: nada que estaba buenaa no sé quée MALCE4G01: claro yo me acuerdo tío va más perdido ese pibe (COLAm).

En los ejemplos anteriores cabe destacar algo que ya señala la NGLE: “[e]n el habla coloquial se usa nada para introducir respuestas en las que precede inmediatamente (de forma paradójica) a la información que se solicita” (RAE/ASALE 2009: § 48.13n); como hemos explicado más arriba, la atenuación en este caso se proyecta sobre la relevancia o complejidad de la pregunta o de la respuesta. En cuanto a los usos de nada como marcador simultáneamente de atenuación semántico-pragmática y de continuación discursiva, encontramos casos en Habla Culta (n = 1), COSER (n = 2), PRESEEA (n = 3) y C-Oral-Rom (n = 1); en esta función, nada aparece en medio de una intervención y entre enunciados. En el ejemplo (21) más arriba, la atenuación se confirma por la presencia de lo único; en (23), cumple también una función atenuadora del contenido la repetición del diminutivo un poquito. (23) E: ¿qué soléis hacer ahí? / I: cantar ¡pff! / aunque parezca un tópico pues / I: uhum / E: nada / estar un a las ocho de la tarde o así en casa ya // preparando lo último ya que quede // nada// beber un poquito además // después de la cena // cantar un poquito (PRESEEA).

Finalmente, la variante y nada en el corpus es siempre marcador de atenuación semántico-pragmática y de cierre o cambio de tema, uno de los valores que ya

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señala Fuentes Rodríguez en su NADA 2. Sin embargo, los ejemplos de Fuentes Rodríguez no son del mismo tipo que los que hemos encontrado en el corpus, pues en ellos la función del marcador es puramente discursiva, sin rastro del valor de atenuación: por eso la autora etiqueta este NADA 2 como “ordenador discursivo continuativo”, utilizado para marcar un giro enunciativo (“fin de lo anterior, y paso a lo más relevante”)13, aunque no menciona una posible combinación con y de su NADA 2. En sus ejemplos, el marcador nada aparece en medio de un turno, pero en principio de enunciado, así que no son el mismo caso que nuestros ejemplos de y nada, que pueden aparecer entre enunciados o al final de un enunciado y no difieren especialmente de los casos de nada14. Los casos que hemos encontrado con valor de atenuación son cuatro en COSER, del tipo de (24); en PRESEEA, así como en los corpus de conversaciones espontáneas, y nada tiene dos funciones: (a) se utiliza con función discursiva, con valor continuativo, marcando un giro enunciativo o cambio de tema, en ejemplos donde hay restos de la función de atenuación (25a); y (b) y nada puede haberse blanqueado hasta convertirse en una muletilla que alterna con nada, como vemos en (25b). (24) E1: ¿No había bodas? I2: No había bodas. [HS: E1 Ah, ¿no?] Se llamaban a unos tíos o a unos primos, y se hacía una comida en casa, familiarmente y nada, esa era la boda que había antes (COSER). (25) a. E: bien / cuéntanos ¿qué hiciste estas vacaciones pasadas o el fin de semana pasado? I: pues el fin de semana pasado pues no salí // me quedé en casa // Y nada y // las vacaciones pasadas pues trabajando / en la en la cafetería // trabajando todo el todo el verano (PRESEEA). b. lo malo que tiene es que el comedor es en el comedor está el baño pero nada / todo es que toda esa

13   Hay muchos casos similares a sus ejemplos en nuestro corpus amplio, pero entre ellos ya no se aprecia el valor de atenuación, por lo que no están incluidos entre los seleccionados para este trabajo. 14   Hay una dificultad añadida para distinguir los casos en que tenemos la colocación y nada de aquellos en que sería más preciso catalogar como usos de nada detrás de la conjunción y. En el siguiente ejemplo podemos inclinarnos por el segundo análisis debido a la prosodia, porque la anotación del corpus señala un alargamiento de y, es decir, que y nada no se ha pronunciado como una unidad: “está la cocina / que también es grande / es muy grande / la hicimos bueno / la reformamos porque estaba muy mal / era muy vieja / es un piso / que era muy viejo / y lo hemos arreglado / y nada es bastante grande / luego está la habitación de mi madre…” (PRESEEA). Sin embargo, no contamos con esa posibilidad en los casos de corpus que no transcriben pausas ni alargamientos.

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finca da así // y en el también y nada / en el el comedor también es grande // está bien // tenemos nada/ la televisión / un mueble con la televisión / (PRESEEA).

Un caso especial son precisamente los casos de nada utilizado como muletilla, con valor fático. Es posible que este uso de nada haya empezado como un caso de atenuación, para finalmente perder este valor; en otras palabras, es posible que se haya blanqueado el significado de atenuación para dar paso a una partícula semánticamente casi vacía que se puede utilizar como muletilla, en un proceso que hemos analizado en otros marcadores conversacionales como sabes (Azofra Sierra/Enghels 2017) y que también se ha analizado en un estudio general sobre el marcador nada (Enghels/Tanghe 2019). Serían casos como (26a) o (26b), donde se aprecia que no hay restos del valor de atenuación; en (26a), además, nótese que con frecuencia la muletilla nada puede estar precedida o seguida de y sin que constituya una unidad diferente, pues y simplemente refuerza el “relleno” del hueco en el discurso (cf. nota 14 arriba): (26) a. MAORE2J01: no @nombre no es castaño MAORE2J02: ah vale MAORE2J01: @nombre es en plan quee a nadie le gusta y a mí me encanta pues eso estaba guapísimo o sea estaba impresionante y y y nada y y y y y estaba @ nombre MAORE2J02: mira me han quemado MAORE2J01: y en plan me quiero ir MAORE2J02: una ampolla MAORE2J01: que horror (COLAm). b. HEL: pues ya …$ bueno //$ pues eso //$ total / que / me [///] nada //$ le llamo y tal / me dice / no / estoy un poco así deprimidillo / y digo yo / quieres que vayamos a tomar una cocacola / o algo ?$ dice / vale //$ vale //$ hhh bueno / a todo esto +$ (C-Oral-Rom).

Al analizar el corpus, hemos constatado que en ocasiones resulta difícil deslindar los casos de muletilla de aquellos otros en que nada tiene una función de continuador discursivo; solo el carácter repetitivo de nada en boca del hablante o la ausencia de giro temático en su discurso permiten reconocer aquellos que son simples piezas fáticas, como en los ejemplos anteriores. Creemos que el origen de nada muletilla podría estar en casos de nada continuador discursivo, con un significado que empieza a blanquearse más y que puede terminar siendo una pieza que simplemente se encaja en un discurso con función fática, para mantener ocupado el canal de comunicación o dar tiempo al hablante para pensar. Así, el marcador podría haber seguido un proceso que se ha documentado en otros

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marcadores conversacionales: de lo subjetivo e intersubjetivo (atenuación) a lo discursivo (función de continuador discursivo) al blanqueamiento total (función fática) (Azofra Sierra/Enghels 2017). El contexto puente serían casos como (27), en que todavía podemos apreciar restos de atenuación, presente por la referencia a la idea de que el hablante pensaba que “no había sido nada [importante]” y que al principio no tenía mucho dolor (“solo me hice eso”, dice); sin embargo, la recurrencia de alargamientos, vacilaciones y palabras cortadas indica que el hablante encuentra alguna dificultad para encontrar las palabras, lo cual se refleja en el uso repetido de nada / y nada: (27) pensé que no había sido nada pero // se paró un amigo que venía detrás con la moto también // y nada me vio que estaba sangrando fui yo a decir me preguntó ¿estás bien? le iba a decir que sí porque nada/ mm solo me hice eso en principio así que yo notara todo / pues todo lo típico escozor por todo el // donde me había hecho heridas // y ya fui a hablar y noté que había perdido los pi / los dientes y dije pues // pues vamos al hospital // y nada // y ahí fue todo (PRESEEA).

Ya Fuentes Rodríguez, de forma indirecta y sin emplear el término muletilla, incluye en su NADA 2 continuativo (“ordenador discursivo continuativo”) los casos cercanos a muletilla, al hablar de “mantenimiento del contacto mientras el hablante piensa” (Fuentes Rodríguez 2009: s. v. NADA 2). Por su parte, la NGLE, refiriéndose a la partícula nada, indica que puede emplearse “como muletilla o como expresión de relleno, a menudo encabezando una recapitulación ficticia de lo que se ha dicho” (RAE/ASALE 2009: § 48.13ñ), valor representado con este ejemplo: “Pues nada, lo que necesites dímelo” (Pío Baroja, El árbol de la ciencia). Hemos comprobado que la muletilla puede encontrarse con otras variantes de nada (y nada, pues nada), pero no compartimos el análisis de la NGLE en el ejemplo mencionado, donde apreciamos un valor de atenuación pragmática (el hablante se refiere a una posible necesidad por parte del interlocutor y usando el marcador pues nada le ofrece cortésmente su ayuda, atenuando el esfuerzo que le costará); la prueba de ausencia, a la que nos referíamos más arriba (§ 3.1), confirma que la eliminación de pues nada en ese ejemplo de la NGLE rebajaría la fuerza ilocutiva del acto de habla, por lo que se trata de un elemento atenuador y no cabe considerarlo como una pieza con simple valor fático. Sin embargo, pensamos que podrían ser casos de muletilla con la colocación pues nada ejemplos como (28), donde la eliminación de pues nada no cambia la fuerza ilocutiva del enunciado y donde los alargamientos y vacilaciones del hablante indican que está haciendo tiempo mientras busca sus palabras:

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(28) pero vamos es de cara así más ancha tiene los ojos / también así grandes con las pestañas largas verdes / también // y así tiene una carita oso de peluche como yo digo tiene la carita redondita así // y luego pues nada y // es más gordito él es más ancho // de todo (PRESEEA).

3.3 La atenuación pragmática (atenuación de la fuerza ilocutiva) El segundo núcleo funcional lo constituyen estos casos de atenuación pragmática, en los que se usa el marcador nada para restar importancia o responsabilidad a alguno de los protagonistas de la interacción (hablante u oyente); este nada estaría más pragmaticalizado y, por tanto, más lejos de su significado original de cuantificador negativo. En este tipo de atenuación encontramos las variantes nada y pues nada. Casos como los que vamos a comentar son los que Albelda Marco y Cestero Mancera (2020) engloban en la función de “corregir y reparar” (restaurar el orden y minimizar el desacuerdo entre hablantes, o bien salvaguardar la imagen social de uno de los interlocutores), una función que está vinculada al tema de la cortesía verbal y ligada claramente a la interacción. La atenuación pragmática es más frecuente en conversaciones coloquiales entre iguales, por lo que la hemos documentado mucho más en corpus como C-OralRom y COLAm, mientras que en corpus de entrevistas semidirigidas solo se documenta ocasionalmente: solo dos de los 79 casos de COSER y ninguno de los 11 de PRESEEA. Es interesante advertir que los dos casos de atenuación pragmática en COSER se encuentran en intervenciones del entrevistador, precisamente la persona que en ese intercambio se sitúa por encima en la jerarquía; en ambos casos, el marcador nada se orienta a la reparación de un posible daño de la imagen del hablante, como (29) (= ‘no importa, no pasa nada, no hay nada preocupante [en que tenga que sentarme en el suelo]’), o bien del oyente –cf. ejemplo (11) comentado más arriba–: (29) E1: Aquí en el suelo. I1: ¡En el suelo, no, hombre! ¡Cómo en el suelo! E1: Sí, sí, nada, sin ningún problema. [RISAS] (COSER).

Dentro de la atenuación pragmática se puede distinguir dos grupos: la atenuación orientada al hablante (§ 3.3.1) o la orientada al oyente (§ 3.3.2). En los siguientes apartados explicamos cada una de ellas y analizamos su posición dentro del turno y del enunciado, algo que depende de las funciones concretas: en principio, podría esperarse que su posición estuviera más fijada, a la izquierda o al principio (como ocurre en otros procesos de gramaticalización de marcadores

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discursivos; véase, por ejemplo, Azofra Sierra/Enghels 2017), pero no siempre ocurre así: por ejemplo, pues nada con el valor concreto que veremos en § 3.3.1 puede encabezar enunciado o turno, pero también puede cerrarlos o constituir un enunciado independiente. 3.3.1. Atenuación pragmática orientada al hablante En este caso, el marcador nada tiene una función dentro del campo de lo subjetivo y se utiliza para rebajar el grado de responsabilidad del hablante con el contenido de su intervención o para proteger su propia imagen; así lo vemos en el ejemplo (30), donde el hablante acepta como inevitable un precio que le parece excesivo, para evitar una discusión sobre el pago que podría dañar su imagen: (30) MAESB2J01: porque se ceban mazo o sea a a se supone ayer lo que miré en la página eran treinta euros por or or por la habitación doble y noche no/ y luego o o cuando llamé me dijeron que era cuarenta euros por persona y noche y yo hostia digo bueno pues nada (COLAm).

En el corpus, encontramos atenuación pragmática con mucha frecuencia para expresar una actitud muy concreta del hablante, la de resignación: el hablante se conforma (con lo dicho o hecho por el oyente) aunque no está de acuerdo; parece una forma de proteger la relación o evitar hacer manifiesto el desacuerdo, como se ha sugerido para otros elementos atenuadores (Briz Gómez/Albelda Marco 2013; Albelda Marco 2016). Este valor que hemos llamado “de resignación” lo encontramos sobre todo en la colocación pues nada y en los corpus C-Oral-Rom (cuatro de los cinco casos de pues nada) y COLAm (10 de los 14 casos de pues nada). En el contexto puede aparecer el marcador de modalidad deóntica de aceptación bueno > bueno pues nada, que refuerza la función pragmática de atenuación y hace más evidente el deseo de evitar el desacuerdo, como vemos en (31); como señalan Albelda Marco y Cestero Mancera (2020), en la conversación pueden aparecer marcadores del discurso atenuantes correctores, destinados a minimizar la disconformidad dialógica o a atenuar y proteger la propia imagen (las autoras se refieren a bueno, pues u hombre, pero es también el caso de nada y sus variantes): (31) MAORE2J02: apagamos la tele/ o da igual la tele/ MAORE2J01: no pasa nada o sea toda nuestra conversación sobre las profesoras sobre a quién odias y a quién admiras/ MAORE2J02: ja ja MAORE2J01: se ha ido al garete MAORE2J02: 1[bueno pues nada casi mejor] MAORE2J01: 1[me da igual ehmm sabes/] (COLAm).

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Respecto a la concurrencia de valores metadiscursivos, esta función de aceptación resignada de pues nada, por su propia naturaleza, se relaciona con la función discursiva de cierre (cierre o cesión de turno, cierre o conclusión de tema, cierre de intervención), pero eso no implica que se sitúe siempre en posición final; a veces aparece en una réplica independiente y a veces en otras posiciones: al principio de un turno que cierra intervención, o antes de una intervención en la que hay un cambio de tema. Estos casos de pues nada en conversaciones espontáneas corresponderían a la tercera acepción del conector PUES NADA 2 de Fuentes Rodríguez: “En otras ocasiones pone fin a una discusión” (2009: s. v. PUES NADA 2); recordemos que PUES NADA 2 es, en general, una entrada para el marcador pues nada con valor de cierre discursivo. Sin embargo, pensamos que la acepción de Fuentes Rodríguez no recoge el valor de pues nada como “cierre con resignación” que es tan frecuente en las conversaciones espontáneas de COLAm y C-Oral-Rom. En efecto, como se comprueba en los ejemplos (30) y (31) que hemos presentado, pues nada pone fin a una discusión, efectivamente, y es un conector de cierre discursivo, pero además, tiene un mayor valor pragmático: ese cierre lo decide el hablante para proteger la relación con el interlocutor, aceptando algo con resignación para no seguir discutiendo. En algún caso, también encontramos el valor de resignación con el simple nada, aunque no es tan frecuente; así en (32), donde el hablante acepta prestar el abrigo, a pesar de que no le gusta la idea, y lo hace para evitar la discusión: (32) MALCE2G04: fuera coño eh/ MALCE2G01: eh/ va MALCE2G05: 1[mañana] MALCE2G01: 1[no quieto quieto quieto] MALCE2G05: seguro/ MALCE2G01: sííí MALCE2G05: me tienes que dejar algo por si acaso MALCE2G01: no no no esto no sí que no te lo puedo dejar que te lo juro que te lo traigo. porque es del instituto MALCE2G04: 2[nada el abrigo.. pues el abrigo] MALCE2G05: 2[seguro/] MALCE2G01: que tampoco tronco que no. que te juro que te lo traigo. @nombre MALCE2G05: seguro/ MALCE2G01: sí (COLAm).

3.3.2. Atenuación pragmática orientada al oyente La atenuación pragmática también se puede orientar al oyente, al que el hablante descarga de responsabilidad o preocupación, constituyendo así una forma de cortesía. En el corpus, este tipo de atenuación se produce con la variante simple nada y

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la encontramos también mayoritariamente en los corpus de conversaciones espontáneas, sobre todo en COLAm. Sin embargo, vemos que es menos frecuente que la atenuación orientada al hablante: solo cuatro de los 11 ejemplos de nada en COLAm y uno de los dos ejemplos de nada en C-Oral-Rom presentan esta función. En (33a), nada se utiliza para tranquilizar al interlocutor, para evitar que continúe, pero sin ofenderle, restando importancia a lo que dice; en (33b), el hablante resta importancia a la inexperiencia o torpeza del oyente antes de ofrecer su ayuda; en ambos ejemplos, por tanto, se previene una posible amenaza a la imagen del interlocutor. (33) a. MALCC2J01: 1[tío eres un plasta pero plasta] MALCC2G02: 1[está pesadito con lo de que se ha puesto malo] MALCC2J01: 2[pero mazo de plasta chaval] MALCC2G02: 2[ji ji ji y se queda en casa] MALCC2G01: es que no quiere que venga nadie MALCC2J01: te vas a poner malo tú peroooo MALCC2J01: 1[nada déjalo] MALCC2G01: 1[pero si esto se cae al suelo y no pasa nada] MALCC2G02: si je je je s s s se va a caer (COLAm). b. ALV: vale //$ cuando / acabe de hacer la página web +$ es que tengo muy poca imaginación //$ y me cuesta mucho hacerla / tío //$ JOA: Nada / yo te ayudo //$ ALV: incluso con el programa ese es [/] es muy / jodida //$ (C-Oral-Rom).

Como vemos en los ejemplos anteriores, la posición de nada está más fijada: al principio del turno, en el margen izquierdo, en la posición habitual para las expresiones de cortesía (formas como perdón, gracias, lo siento…). Por último, dentro de la atenuación pragmática orientada al oyente podríamos incluir determinados usos del marcador nada (solo o en la colocación pues nada) que encabeza turno y tiene la función de atenuar la orden que le sigue inmediatamente, como vemos en (34): (34) Me tengo que pintar los labios, aunque esté muy feo, pero es que los tengo sequísimos. Nada, límpiate. ¿Qué dices? Píntate, digo. (CORLEC).

La función de este nada imperativo o apelativo estaría en principio vinculada con la protección de la imagen del interlocutor, al que se va preparando para recibir una orden, para que una expresión demasiado directa no se perciba como una amenaza. También se atenúa en este caso todo el contexto situacional, las circunstancias que rodean la interacción, los propios deseos del hablante y del oyente.

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Sin embargo, una vez rutinizado como marcador, se produce un blanqueamiento de la atenuación y llega a convertirse en una especie de interjección de estímulo, con un significado cercano a venga: (35) ¡Pues nada / Nada, a trabajar todo el mundo! ~ ¡Venga, a trabajar todo el mundo!

4. La gramaticalización de nada como marcador Este último apartado tiene el objetivo de revisar dos interesantes hipótesis sobre la gramaticalización de nada como marcador. La primera es la de Stenström (2009: 138), que define el uso típico del marcador (pues) nada como característico del lenguaje juvenil. En una línea de ideas similar, Schmer Miranda (2012: 7) sostiene que el uso de nada como marcador es bastante nuevo, que no está generalizado y que se usa sobre todo en las generaciones más jóvenes (entre 12 y 30 años aproximadamente). Ambas autoras, aunque centrándose en el uso de nada en diferentes dialectos (Stenström en Madrid vs. Schmer en Buenos Aires), concluyen así que la recategorización del cuantificador indefinido negativo en un marcador discursivo, y principalmente la extensión de su uso, hay que situarlo en una época bastante reciente. Esto contrasta con las conclusiones de Beinhauer, que ya en 1930 documenta diversos usos de nada, como su uso de relleno o su frecuente aparición al final de una conversación. Además, una revisión general en el CORDE, realizada por Enghels y Tanghe (2019: 142), muestra que nada como marcador aparece ya en obras de finales del siglo xix, como La Regenta (36a), así como en varias obras a lo largo del siglo xx (36b). Es interesante observar que en ambos casos se detecta claramente la función de atenuación del contenido de lo dicho. (36) a. Sí, a usted; Ana es otra. ¡Qué alegría, qué salud, qué apetito! Se acabaron las cavilaciones, la devoción exagerada, las aprensiones, los nervios… las locuras… como aquella de la procesión… Oh, cada vez que me acuerdo se me crispan los… pues nada, ya no hay nada de aquello (CORDE: Clarín, La Regenta, 1884-1885). b. ¡Ah, es verdad! Si te sale a abrir otra persona, pues nada, dices que te has equivocado; le preguntas: ¿vive aquí el señor Pérez?, y como te dirán que no, te largas y en paz. ¿Está claro? (CORDE: Cela, La Colmena, 1951).

En la misma línea de ideas, el análisis presentado en este artículo demuestra que su uso no es principalmente un fenómeno de habla joven, sino que está también extendido entre generaciones mayores. Resulta interesante investigar el origen de la percepción de nada como marcador reciente y ante todo juvenil. ¿Será que su uso ha cambiado bastante en las últimas décadas, y que las nuevas genera-

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ciones lo usan más frecuentemente con una función diferente? Ese cambio es lo que parece deducirse del análisis del corpus, pues las colocaciones recurrentes y las funciones más destacadas son diferentes en la microdiacronía estudiada, como hemos visto en la sección 3. Ante todo, conviene estudiar la evolución de la frecuencia de uso general del marcador15, calculada por 10 000 palabras en diferentes corpus que representan microdiacronías diferentes. corpus

década

Habla Culta

70

número nada marcador extensión corpus 62

150 000

frec. normalizada (/10 000) 4,13

CORLEC

80-90

142

269 500

5,26

Val.Es.Co

80-90

35

268 900

1,3

COSER

90-> 2000

547

950 000

5,76

PRESEEA

> 2000

256

216 000

11,85

C-Oral-Rom

> 2000

301

300 000

10,03

COLAm

> 2000

347

456 000

7,6

total

1820 Tabla 4. Frecuencia normalizada de nada por corpus

La Tabla 4 muestra un aumento considerable de la frecuencia de uso de nada como marcador discursivo, tanto en los corpus de datos conversacionales (CORLEC vs. C-Oral-Rom) como en las entrevistas semidirigidas (COSER vs. PRESEEA). La extensión de su uso puede considerarse como un reflejo del grado de gramaticalización más elevado de la partícula nada, que va aumentando sus posibilidades de aparecer en contextos diferentes y, por tanto, su frecuencia. Sin embargo, esta tendencia no se confirma por los datos del corpus más reciente incluido en el muestreo, a saber, el corpus COLAm, que además representa el habla de la generación más joven. En este corpus, la falta de correspondencia entre el uso más extendido de nada y su grado de gramaticalización más avanzado podría explicarse por el auge de marcadores pragmáticos con funciones muy parecidas pero que se consideran como más emblemáticos de la identidad juvenil. Es bien sabido que los hablantes jóvenes tienden a preservar la identidad del ‘in group’ distanciándose de elementos lingüísticos difundidos en el habla general (Lorenz 2002; Roels/Enghels 2020 entre otros). En las dos primeras décadas del siglo xxi un marcador en concreto se ha desarrollado ampliamente en el habla juvenil, en plan (Borreguero Zuloaga 2020); según Jørgensen (2009), en plan ha ido inva  No limitado, por tanto, a los casos en que funciones atenuadoras y discursivas se combinan.

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diendo el campo operativo de otras partículas, como el de nada (véanse ejemplos 37a y 37b, más abajo). Por tanto, parece que, contrariamente a las expectativas, nada no está ganando terreno en términos de productividad, debido a la competencia con otros marcadores; queda por investigar si se hace más productivo en otras generaciones. En segundo lugar, volviendo a los casos que hemos estudiado en este capítulo, conviene analizar hasta qué punto nada se ha gramaticalizado con respecto a su valor de atenuación. Postulamos que la atenuación semántico-pragmática del contenido está más próxima a la semántica original de nada que la atenuación pragmática. La comparación de la ocurrencia de varios tipos de atenuación y sobre todo de la atenuación pragmática, presentada en la Tabla 5, muestra que este segundo tipo es más productivo en los corpus de datos espontáneos del siglo xxi, a saber, C-Oral-Rom y COLAm. corpus

década

atenuación semánticopragmática

atenuación pragmática (hablante)

atenuación pragmática (oyente)

número de ocurrencias

Habla Culta

70

2

0

0

2

CORLEC

80-90

0

0

1

1

Val.Es.Co

80-90

2

0

0

2

COSER

90-> 2000

77

1

1

79

PRESEEA

> 2000

11

0

0

11

C-Oral-Rom

> 2000

3

4

1

8

COLAm

> 2000

10

11

4

25

105

16

7

128

Total

Tabla 5. Frecuencias absolutas de los tipos de atenuación por corpus

Estos datos muestran de nuevo la particularidad del uso de nada en el lenguaje juvenil. No solo se usa menos que antes, sino que también se trata con frecuencia de un uso atenuador de la propia imagen del hablante o del interlocutor. Esta tendencia tampoco es sorprendente, dadas las características particulares del lenguaje juvenil y la importancia de proteger la imagen de los participantes en la interacción. En concreto, como afirma Jørgensen (2009), mediante esta función de “hedging”, el hablante joven se distancia lingüísticamente de lo que está diciendo para salvar su propia imagen y evitar ser descortés con el oyente. Este aspecto es particularmente importante en las conversaciones entre jóvenes, dado su alto grado de inseguridad y su continua preocupación por la opinión de los demás miembros del grupo interno. Mitigando el compromiso con una afirmación, el adolescente indica que su contenido es solo aproximado o incierto, para proteger-

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se así de posibles críticas u otras reacciones negativas por parte del interlocutor. Los ejemplos (37a) y (37b) demuestran claramente cómo los hablantes utilizan intensamente los marcadores discursivos para alcanzar tal propósito; en esta conversación, Mónica tiene muchas ganas de salir con un chico en particular, pero mitiga su entusiasmo incorporando varios marcadores atenuadores pragmáticos como sabes, en plan y nada. (37) a. Mónica: entonces nada, nos vamos fuera, por ahí ¿sabes? nos fuimos como hace un frío que te cagas/ a la diez de la mañana estaba super bien con él allí tal y en plan todo el tiempo él diciéndole a Juancho en plan y tengo posibilidades con ella y no sé qué y bueno como… (COLAm, apud Jørgensen 2009). b. Mónica: nada se puso a sonreír aquel tío y yo en plan yo en plan emocionadísima no ah porque el tío está pero buenísimo pero buenísimo super simpático sabes que me cae fenomenal entonces nada que… (COLAm, apud Jørgensen 2009).

5. Conclusiones El análisis detallado de los casos de nada y sus variantes (pues nada / y nada) con valor de atenuación en varios corpus de conversaciones coloquiales nos ha permitido comprobar que el proceso de gramaticalización de este marcador discursivo no es tan lineal como el de otros marcadores conversacionales, en los que se puede trazar un patrón que va desde los valores subjetivos a los intersubjetivos para terminar el proceso en valores asociados con lo metadiscursivo (por ejemplo, ese sería el caso del marcador conversacional sabes, analizado en Azofra Sierra y Enghels 2017). En el caso del marcador nada y sus variantes, sin embargo, es frecuente la polifuncionalidad sintagmática, es decir, la coaparición de valores (inter)subjetivos y metadiscursivos, como hemos visto al analizar las funciones de nada relacionadas con su uso como elemento de atenuación, que sería el más cercano a su semántica original de cuantificador negativo ‘nada’, ‘poca cosa’ o ‘insignificancia’. Los marcadores pragmáticos suelen caracterizarse como elementos altamente multifuncionales capaces de operar en varios niveles del discurso. Repasando la escasa bibliografía sobre el marcador nada y los repertorios lexicográficos de partículas existentes, hemos detectado que se describen las funciones de nada y sus variantes (especialmente pues nada, que recibe una atención especial en varios casos) como un listado de funciones poco conectadas y aparentemente dispares: indicar un cambio de tema o reanudación del tema (Fuentes Rodríguez 2009; Stenström 2009), señalar el final de un tema del discurso o ceder un turno (Llorente Arcocha 1996; Stenström 2009), introducir el cierre de la conversación o la unidad discursiva (Llorente Arcocha 1996; Stenström 2009),

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iniciar una respuesta o simular una apertura (Fuentes Rodríguez 2009; Santos Río 2003; NGLE 2009; Guirado 2019), apoyar la continuación del discurso (Santos Río 2003; Fuentes Rodríguez 2009; Schmer Miranda 2012), introducir una reformulación (Schmer Miranda 2012) o indicar una consecuencia (Schmer Miranda 2012). Frente a ese tipo de descripciones que ponen de manifiesto la polifuncionalidad paradigmática del marcador, hemos intentado encontrar una vinculación entre los distintos valores, atendiendo a la polifuncionalidad sintagmática, es decir, a los diversos valores funcionales que el marcador muestra en un mismo contexto, como adelantábamos en la introducción. Concretamente, nos hemos centrado en los valores simultáneos de nada atenuador y metadiscursivo, tratando de reconstruir el proceso de gramaticalización seguido por nada y sus variantes para poder desempeñar las funciones descritas en la bibliografía. Así, en el gráfico siguiente hemos intentado mostrar la naturaleza radial y no lineal de los valores de nada, a partir del núcleo más cercano al significado original, que es la atenuación:

En definitiva, los análisis del marcador nada y sus colocaciones pues nada / y nada en nuestro corpus confirman la información que proporcionan las fuentes mencionadas; sin embargo, se diferencian de los estudios previos en que se ha intentado establecer un nexo entre las distintas macrofunciones, las particularidades de un marcador cuya semántica originaria facilita su uso como elemento atenuador. Por otro lado, nada es un elemento que en su significado original puede funcionar con distinto alcance (sobre una entidad, sobre un adjetivo, sobre un adverbio) y esa polifuncionalidad lo habilita para proyectar su alcance sobre diferentes elementos del discurso en su uso como marcador.

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En cuanto a las funciones concretas, a lo largo de este trabajo se han analizado algunos valores de nada que no estaban suficientemente estudiados en la literatura: es el caso de nada con el valor que hemos llamado “de resignación” (muy presente en los corpus de conversaciones espontáneas, especialmente COLAm) y el nada que precede a una orden, convertido casi en una interjección (en un proceso similar al de otros marcadores conversacionales como venga). Ambos valores, como se ha explicado en la sección 3, estarían relacionados con la protección de la imagen; en el caso de pues nada de resignación, el hablante intenta evitar el desacuerdo, la confrontación, de ahí que acepte y dé por terminada una discusión que podría ser problemática; en el caso de nada ante una orden, la función pragmática es también mitigar el efecto que una orden demasiado directa podría causar en el receptor. Todo ello, como hemos destacado en este trabajo, está en línea con la caracterización general del discurso juvenil, en que los intervinientes suelen mostrar inseguridad y quieren ante todo preservar el sentimiento del ‘in group’, de ahí que los valores atenuadores más pragmáticos se observen con mayor frecuencia en el discurso de las generaciones más jóvenes. Las estrategias atenuadoras, entre las que se encuentra el marcador nada, a pesar de que no ha sido incluido en las listas de elementos atenuadores de los autores que se han ocupado de la atenuación, contribuyen a preservar la imagen positiva del hablante y evitar el desacuerdo en la relación. Finalmente, nos hemos ocupado en estas páginas de un caso especial, el de nada/pues nada muletilla, que hemos explicado como un caso de blanqueamiento extremo de nada atenuador del contenido y continuador discursivo; la existencia de contextos puente en nuestro corpus, con un débil valor atenuador, muestran que la atenuación ha jugado un papel importante en su uso final con una función únicamente metadiscursiva, como “relleno” en una conversación mientras el hablante piensa cómo continuar su discurso o comprueba que el canal está abierto. Referencias bibliográficas Albelda Marco, Marta (2016): “Sobre la incidencia de la imagen en la atenuación pragmática”, en Revista Internacional de Lingüística Iberoamericana, 14(1), pp. 19-32. Albelda Marco, Marta/Cestero Mancera, Ana María (2011): “De nuevo, sobre los procedimientos de atenuación lingüística”, en Español Actual, 96, pp. 9-40. — (2020): “Estudio de variación en el uso de atenuación II: Microanálisis de secuencias discursivas, actos de habla y recursos atenuantes”, en Revista Signos, 53, pp. 962-987. Albelda Marco, Marta/Mihatsch, Wiltrud (2017): “Introducción”, en Marta Albelda y Wiltrud Mihatsch (eds.): Atenuación e intensificación en géneros discursivos. Madrid/ Frankfurt: Iberoamericana/Vervuert, pp. 9-22.

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MAJO COMO MARCADOR CONVERSACIONAL EN EL ESPAÑOL PENINSULAR. HISTORIA, GEOGRAFÍA Y EL MECANISMO DE LA COOPTACIÓN Florencio del Barrio de la Rosa Università Ca’ Foscari-Venezia

1. Introducción En algunas variedades del español peninsular el término majo destaca por su empleo como vocativo, además de los más habituales de adjetivo. El uso alocutivo se localiza en las hablas vernáculas del español peninsular (1a), si bien no está ausente de los sociolectos urbanos (1b), y se reproduce en novelas y relatos de corte realista y de ambientación rural (1c). Por lo general, el papel de majo como vocativo no consiste en identificar al oyente, cuya identidad ya está establecida en el contexto de la conversación; en efecto, su uso sobrepasa la mera apelación al oyente y tiende a reforzar las relaciones interpersonales. En (1a), por ejemplo, majo enfatiza la aserción, mientras que en (1c) mitiga el acto de habla directivo. En última instancia, puede actuar como relleno conversacional (1b). Este comportamiento justifica la catalogación del elemento majo dentro de la clase de los marcadores conversacionales. (1) a. E: ¿Y qué dice, que el agua no había aquí entonces, qué…? I: Al río íbamos, maja, con un borriquito, unos aguaderos que eso también, de esos aguaderos antiguos y a por agua, y a llenar orzas grandes que tenemos de ocho cántaros cada orza (COSER 959, Burgos, Villaverde-Mogina, mujer, 61 años, 1994). b. E: ¿y eso es también propio de tu marido? I: sí, sí, y bueno, pues eeh, maja, maja, vamos ahora pues tiene una edad difícil, difícil de llevar, para la madre sobre todo que es la que más pelea con ellos, perooo es maja o sea, se amolda bien a las circunstancias yyy, y bien (PRESEEA, Madrid, Alcalá de Henares, mujer, 40 años, 1998). c. Porque lo que yo digo, a él, pobrecito, nada le va a quitar ni poner el que los mozos bailen o los hombres vayan a la taberna. ¡Mire esa! Asun, maja, ¿no harías unas pocas de visiones para que te vean estos señores? La de ayer, anda, échatela. ¡Jesús, que pasmarote! ¡Anda a casa! (CORDE, Miguel Delibes, La Mortaja, 1948-1963).

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Los denominados marcadores de control de contacto (Briz Gómez 1998: 224229), enfocadores de alteridad (Portolés Lázaro 1998: 144-145; Martín Zorraquino/Portolés Lázaro 1999: 4171-4190), conectores ordenadores del discurso interactivos (y continuativos) (Fuentes Rodríguez 2009) o marcadores apelativos (Llopis Cardona/Montañez Mesas 2019) son expresiones –originalmente– apelativas cuya tarea principal estriba en establecer y controlar la relación entre los participantes de la conversación y han merecido un buen número de estudios monográficos, de carácter global o concentrados en variedades sociales o dialectales del español, sobre unidades como hombre (y mujer), hijo, chico, tío, huevón o güey (Portolés Lázaro/Vázquez Orta 2000; Cuenca/Torres Vilatarsana 2008; Briz Gómez 2012; Fuentes Rodríguez 2009; Jørgensen 2008; Gaviño Rodríguez 2011; De Latte/Enghels 2019; Helinks 2015; Kleinknecht 2013). La génesis y diacronía de estas partículas no ha concitado, en cambio, el mismo interés. El estudio reciente de Kleinknecht y Souza (2017) identifica las expresiones vocativas como fuente para esta categoría de partículas pragmáticas (vocative-based markers). De acuerdo con estos autores, la gramaticalización determina la desemantización de estos elementos nominales y explota sus propiedades deícticas en cuanto alocutivos con fines interaccionales. Por su significado (“que gusta por su simpatía, belleza o gracia”), majo encaja bien en el grupo de las clases nominales –familiarizadores (Leech 1999), quality nouns (Schaden 2009) o little words (Alba Juez 2009)– que proporcionan la cantera principal de este tipo de marcadores discursivos. Por su génesis, nuestro término comparte con guapo y otras unidades semejantes (Schuchardt 1904) una misma historia de cambio semántico; sin embargo, mientras los repertorios académicos sancionan el empleo afectuoso de estos, se limitan a describir los sentidos nominales de aquel (DLE s. v.). Por su estatuto variacional, finalmente, pertenece a modalidades registrales no canónicas. El que los diccionarios de uso (DUE, DEA) –estos sí– incluyan majo como “apelativo o vocativo cariñoso” confirma, en efecto, la necesidad de alejarse del foco normativo para indagar en el espacio histórico que recorre nuestra expresión hasta convertirse en un marcador conversacional. A ello dedicaremos las páginas que siguen. Los datos que analizaremos están extraídos principalmente de dos grandes conjuntos textuales. Por una parte, se han buscado las ocurrencias de majo en el Corpus diacrónico del español (CORDE) con el fin de localizar las primeras apariciones de majo como vocativo y rastrear su diacronía. Las búsquedas se complementan con incursiones en otros corpus históricos de menor tamaño como el Postscriptum y el Corpus de Documentos Españoles Anteriores a 1800 (CODEA). Con el objetivo de delimitar la geografía de majo y fijar su foco de expansión, recurrimos, por otra parte, a las muestras del Corpus Oral y Sonoro del Español Rural (COSER). Las entrevistas del COSER se han realizado a lo

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largo de los últimos 30 años (1990-2020) a informantes de ámbito rural nacidos mayoritariamente en las décadas iniciales del siglo xx y, por tanto, con una media de edad de 74 años. Este corpus nos brinda la oportunidad de asomarnos al registro subestándar. Con el objetivo de evaluar el estatuto variacional de majo, las muestras rurales se han contrastado con los sociolectos urbanos compilados en el corpus para el Proyecto para el estudio sociolingüístico del español de España y de América (PRESEEA). En total, las formas de majo recuperadas alcanzan casi el millar de casos (984). El guion del trabajo es el siguiente. Además de esta breve introducción, en los dos siguientes apartados presentamos, respectivamente, los rasgos característicos de los vocativos como constituyentes sintácticos y una síntesis acerca de los cambios léxico-semánticos de majo. En la sección 4 se analizan las primeras apariciones del término en la segunda mitad del siglo xviii, mientras que el epígrafe 5 se dedica, fundamentalmente, a estudiar sus funciones sintácticas y pragmáticas, así como su distribución dialectal, en las variedades rurales del español europeo. Nuestra propuesta explicativa acerca de la génesis de este elemento como marcador fático se desarrolla en el apartado 6. Las conclusiones y las referencias bibliográficas cierran el trabajo. 2. Caracterización sintáctica de las expresiones vocativas El vocativo es la expresión gramatical de la función fática del lenguaje y se caracteriza por una combinación de propiedades sintácticas, amén de una multiplicidad de finalidades comunicativas1. En su trabajo clásico sobre los vocativos, Zwicky (1974) diferencia las expresiones vocativas que reclaman la atención del interlocutor (calls o appellativi en Lorenzetti 2010), por ejemplo jefe en ¡Jefe, un café!, de las que tienen como finalidad principal la de mantener o reforzar la relación con el destinatario (adresses o –en Lorenzetti 2010– allocutivi), tal y como sucede con corazón en ¿Qué me estabas diciendo, corazón? En su análisis, Schaden (2009) se hace eco de esta clasificación básica para discriminar los identificational vocatives y los predicational vocatives. Ambas tipologías cumplen la función apelativa, pero solo la segunda proporciona, además, una representación del interlocutor: no solo reclaman su atención, sino que, a través de un acto performativo, lo describen. A la vez que ejercen de Appell, los vocativos predicativos comportan una determinada Darstellung del destinatario y, a medida que sus propiedades referenciales y, finalmente, deícti  “El vocativo, además de llamar la atención de alguien, sirve también para llamar la atención sobre algo de lo dicho o sobre el acto mismo de decir” (Bañón Hernández 1993: 27). 1

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cas ceden ante la carga afectiva (Heyd 2014; Kleinknecht/Souza 2017), acaban siendo Ausdruck del emisor2, al realizar tareas pragmáticas, incluso de relleno o filler conversacional. a. Categoría nominal b. Unidad extrapredicativa c. Libertad de movimiento d. Contorno entonativo propio e. Carácter opcional Cuadro 1. Propiedades sintácticas de los vocativos

Las principales propiedades sintácticas de estas expresiones vocativas se listan en el cuadro 1 y se explican a continuación3: a) El vocativo es una categoría nominal. Como es sabido, solo una serie cerrada de clases nominales puede llevar a cabo la función apelativa: nombres propios, patronímicos, gentilicios, nombres de parentesco, nombres que denotan la edad (joven, viejo), apodos, nombres que connotan un trato íntimo (paisano) y términos afectivos (vida, tesoro), apodos, títulos honoríficos o profesionales (Alonso-Cortés Manteca 1999: 4044-4045). El vocativo se apoya en el contenido referencial de estos sustantivos para materializar sus distintos valores. Así, los nombres propios, los apodos, los títulos honoríficos (señora) o profesionales (camarero) y los términos de parentesco, entre otros, pueden cumplir la función apelativa pura (calls), distinguiendo al destinatario entre un grupo de potenciales interlocutores. Por su parte, las labores de mantenimiento del contacto o modalización de los actos de habla recaen sobre los adjetivos de persona (joven, viejo) o los “nombres que connotan un trato íntimo” como paisano (Alonso-Cortés Manteca 1999: 4044). No sorprende, de hecho, que la fuente principal de los marcadores de control de contacto sean nombres comunes (y no los nombres propios, por ejemplo). Por supuesto, puede producirse un trasvase entre tipos de sustantivos y funciones vocativas, cuando, por citar algunos fenómenos conocidos, se hace uso de los términos de parentesco (el caso de tío/-a es notorio) o de profesiones (tal vez jefe sea un buen exponente de esta transformación) como fórmulas de tratamiento (Barrio de la Rosa 2004) o, más en general, pragmáticas.   Loporcaro y Faraoni (2021: 580) ponen en juego estos términos del órganon de Bühler.   Para esta caracterización seguimos principalmente a Bañón Hernández (1993), Alonso-Cortés Manteca (1999), Mazzoleni (1995, 2011), Cuenca (2004), Edeso Natalías (2005), NGLE (§ 32.5), Kleinknecht (2013), Moreno Benítez (2019) y González López (2020). 2 3

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b) El vocativo es una unidad extrapredicativa. La frase vocativa no cumple una función sintáctica dentro de la oración (Leech 1999: 107). Al no tener función intraoracional, no suelen aparecer con determinantes, hasta el punto de que la presencia del determinante modifica el valor del sustantivo –¡Jefe, pase! vs. ¡Pase el jefe!–4. No es un argumento del predicado principal, por lo que no puede retomarse mediante la anáfora –¡Pepe, mañana (tú) vas a recoger el coche!–, no pueden restringirse –*¡Solo Pepe, siéntate!– y tampoco focalizarse –*¡Sobre todo Pedro, ayúdame a recoger la mesa!– (Schaden 2009: 178). Estas restricciones confirman la naturaleza extraoracional del grupo vocativo y lo separan de manera crucial del sujeto de los imperativos que, efectivamente, puede manifestarse en un pronombre personal concordante con la flexión verbal –¡Pepe [vocativo], recoge tú [sujeto] la mesa!–, admite determinantes –¡Señora [vocativo], pase! ~ ¡Pase la señora [sujeto]!– y es susceptible de focalización –¡Chicos [vocativo], ayudadme a recoger la mesa, sobre todo Pedro y Juan [sujeto]!–. c) Las frases vocativas se caracterizan por la movilidad posicional. Aparecen al inicio del enunciado –¡Pepe, creo que mañana iré a Barcelona!–, al final –¡Creo que mañana iré a Barcelona, Pepe!– o en posición intermedia –¡Creo (Pepe) que mañana (Pepe) iré a Barcelona!– (Alonso-Cortés Manteca 1999: 4046). A pesar de la libertad de movimiento, los estudios anteriores han determinado que existe una tendencia a correlacionar la posición con los valores del vocativo (Bañón Hernández 1993: 32-40; Leech 1999: 114-115; Cuenca 2004: 53-55). Los vocativos iniciales sirven, por lo general, para llamar la atención del interlocutor e individualizar al destinatario, mientras que los mediales y finales mantienen el contacto interpersonal y refuerzan aspectos informativos o ilocutivos del enunciado. Esta movilidad posicional los asemeja a otros elementos extraoracionales como los adverbios enunciativos, a modo de ejemplo, francamente o lamentablemente (Francamente, el partido ha sido un desastre o Lamentablemente, los jugadores han jugado mal). Al igual que estos adverbios, los vocativos muestran autonomía sintáctica y se colocan en un plano distinto al oracional. d) Las expresiones vocativas tienen un contorno entonativo propio y van encerrados entre pausas. Esto hace que puedan aparecer aislados (stand-alone vocatives) y ocupar incluso por sí solos un turno conversacional (Haverkate 1978). e) Los vocativos poseen carácter opcional (¡María, siéntate! > ¡Siéntate!), en la medida en que su significado no afecta a las condiciones de verdad del enunciado y es de índole procedimental, al aportar indicios al interlocutor para interpretar   Acerca de la posibilidad de que los vocativos admitan posesivos, remito a González López (2020). 4

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el enunciado. Esto no implica que la elección de un término dado en detrimento de otro no conlleve cambios en la interpretación del acto de habla, debido a las propiedades designativas del sustantivo escogido y, por supuesto, que no haya consecuencias en el nivel de mayor espontaneidad o formalidad del intercambio. 3. Apuntes sobre la etimología de majo El término majo es voz popular de origen incierto. Aunque la resolución de su etimología –aún por esclarecer– no se incluye entre los objetivos del presente estudio, en este breve apartado intentaré sintetizar las posibles explicaciones acerca de su génesis y esbozar los cambios léxico-semánticos que sufre el sustantivo en las fases sucesivas. Las propuestas explicativas se reducen a dos hipótesis principales5. La primera de ellas se refiere al sentido erótico (‘miembro viril’) de majo, mientras que la segunda lo vincula al mes de mayo y a las celebraciones que tradicionalmente se llevan a cabo al inicio de la primavera. Las dos hipótesis se discuten respectivamente en los puntos siguientes. 1. El DCECH concede particular relevancia a la primera hipótesis concerniente al contenido sexual de majo en su acepción de ‘amante arrufianado’ por metonimia del sentido de ‘miembro viril’ y por los empleos eufemísticos de majar como designación del acto sexual en la Edad Media. Este empleo, en paralelo con el desarrollo semántico de porra, surgiría por semejanza de la acepción de majo ‘mano de almirez’ (derivado posverbal de majar). En los mapas dialectales6, las voces generales para designar el instrumento que sirve para machacar en el mortero corresponden a mano, mango, mazo o maza. Localizamos derivados de malleus (‘mazo de herrero’) con solución en /x/ en los enclaves cántabros de Herrera de Ibio (majo) y de Hazas de Cesto (majón)7. El matiz de ‘erecto, erguido’ justificaría las extensiones semánticas hacia ‘hombre achulado, arrogante, fanfarrón’, evolución paralela por la que, a partir de la metáfora de ‘pene’, atravesaría pijo/-a8.   Para un repaso, insuperado, de las propuestas etimológicas de esta voz, se sugiere la lectura de la entrada en el DCECH. 6   He consultado los mapas 607 del ALECMan, 746 del ALEA, 845 del ALEANR y las notas al mapa 728 del ALECant. 7   En el enclave manchego de Alcolea de Calatrava (mapa 607 ‘mano del almirez’) se encuentra machote (de macho ‘maza, martillo grande’). Se podría especular, sobre la base de la alternancia /x/ y /ʧ/, acerca de dos series de pares léxicos: pija ~ picha (voces onomatopéyicas a partir del árabe hispánico píšša) y majo ~ macho. Sin embargo, como veremos, la metonimia sexual no parece confirmarse. 8   Una razón añadida contra la hipótesis sexual en el origen de majo se encuentra –otra vez– en la dialectología. Si bien de los atlas regionales solo el ALECMan cartografía las denomina5

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2. La segunda hipótesis relaciona nuestro término con mayo en la acepción de ‘árbol o palo adornado con cintas, frutas y otras cosas que se colocaba en el centro del pueblo durante el mes de mayo para que los mozos y las mozas bailaran alrededor’ (DLE s. v. majo) en el contexto de los festejos populares que celebraban el final de la preparación de los campos para el cultivo y la llegada de la primavera. Esta etimología está sugerida en el Diccionario enciclopédico de la lengua castellana de Elías Zerolo (París, 1895) y reafirmada por el Diccionario general y técnico hispano-americano de Manuel Rodríguez Navas y Carrasco (Madrid, 1918)9. Se empleaba maya para designar a la muchacha “que presidía” los festejos y majo indicaría al mozo que la acompañaba10. Los jóvenes encargados de levantar o pingar el mayo, normalmente un olmo o un pino, adquirirían por metonimia esta denominación. El componente erótico del cortejo, implícito en estas celebraciones, conectaría esta acepción –representado el elemento fálico por el mayo– con la metáfora elaborada en el DCECH. El prolongamiento o rehilamiento del momento fricativo de la mediopalatal (/ʝ/), localizado en distintas áreas del español peninsular (Hualde 2005: 162-163), daría lugar a pronunciaciones más o menos estridentes y, en último caso, a una pronunciación ensordecida (/ʃ/), que terminaría por retrasarse hasta producir la velar (/x/). Este refuerzo articulatorio condice bien con el énfasis expresivo que adquiere la palabra majo. Tradicionalmente, el majo sería, por lo tanto, uno de los mozos encargados de plantar el mayo y de acompañar a las majas o mozas de su edad en bailes y festejos. El mecanismo de cambio semántico corresponde al de metonimia por contigüidad. De esta manera, el término forma parte de los términos designativos del estereotipo de hombre bravucón y granuja, preocupado en exceso por el vestir y embaucador de mujeres y doncellas, pero no carente de un fuerte encanto también entre otros varones. Con este sentido entra en el lemario del Diccionario de Autoridades (1734): “El hombre que afecta guapeza y valentía en las acciones ciones del pene (mapa 310), no se encuentra, entre la variopinta nomenclatura (destacamos, como botón de muestra, la de Tomelloso: el señor alcalde), la palabra majo. Cabe añadir que los equivalentes de pene y otras denominaciones vulgares sirven de apelativo injurioso en muchas lenguas (baste recordar el inglés dickhead, el italiano testa di cazzo o el éuscaro zakil) frente a las connotaciones positivas que adquiere majo (‘simpático’) en español. 9   Estos diccionarios generales, así como los académicos, han sido consultados a través de la herramienta electrónica del Nuevo tesoro lexicográfica de la lengua española (NTLLE). 10   En su ensayo sobre las costumbres amorosas del siglo xviii, Carmen Martín Gaite acepta esta etimología (2017 [1972]: 54). La celebración de los mayos está extendida por toda la Península, así como por otras partes de Europa, si bien en Extremadura y Andalucía se realiza mediante las cruces (Martínez Laseca 1991; Fernández Cano 2019), por lo que el término majo no alcanzaría una gran difusión al sur de Despeñaperros.

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o palabras”. Estas cualidades anímicas, entre las que destaca la simpatía, propias del sustantivo majo, permitirían categorizar un varón joven dentro de esta clase de personas o “Menschentypus” (Schuchardt 1904). A partir de la versión usual del diccionario académico de 1884, majo se marca también como adjetivo y, como tal, designa las propiedades estereotípicas asociadas con el sustantivo. Si bien esta transposición gramatical sustantivo > adjetivo es un mecanismo fluido en español (Bosque 1989: 104-105), podría considerarse un primer paso en el proceso gramaticalizador de majo como categoría funcional. El nuevo adjetivo majo se va desprendiendo de su contenido referencial referido al modo de vestir (‘ataviado, lujoso’) y generaliza significados cada vez más abstractos como ‘lindo’ en 1925, todavía ligado al aspecto exterior, o, desde las últimas décadas del siglo pasado, el moderno de ‘que gusta por su simpatía o gracia’. Los repertorios lexicográficos, en especial en las primeras décadas de 1900, certifican el progresivo desprendimiento de propiedades nominales de la voz majo y su transposición gramatical como adjetivo para describir una determinada tipología de persona11. 4. Caracterización semántica y pragmática de los usos de majo en la historia del español La primera documentación de majo se encuentra en la Historia del famoso predicador fray Gerundio de Campazas (1758) en alusión a la figura caricaturizada de este nuevo tipo de personaje similar a los petimetres y habitual en la literatura costumbrista y popular del siglo xviii. Los sainetes de Ramón de la Cruz están poblados de majos y majas ya desde el título (El careo de los majos, Las majas vengativas) y cuentan el modo de vivir de estos personajes de los arrabales madrileños. El sustantivo crea locuciones adjetivas (a lo majo, de majo) para describir un determinado modo de vestir y de comportarse. La aparición de majo en una carta privada fechada cuatro años antes de la obra del Padre Isla para referirse a hombres y mujeres jóvenes (2b) procedentes del pueblo y destacados por su desenvoltura y guapeza12 demuestra que el término se empleaba en la lengua   En 1918, Rodríguez Navas ya incluye las equivalencias de ‘valentón, guapo, perdonavidas’ en la definición de nuestra voz. 12   El lugar de emisión de la carta de (2b), Cádiz, muestra la extensión del sustantivo en el siglo xviii y podría apoyar la nota con la que en su Diccionario Nacional (Madrid, 18535) Ramón Joaquín Domínguez destaca que el uso de majo se da “especialmente en Andalucía”. La geografía de majo en los dialectos actuales del español peninsular no parece corroborar, sin embargo, esta observación. 11

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cotidiana con un matiz ligeramente distinto al transmitido por el registro literario del Setecientos13. (2) a. Y venía montado en una bizarra mula con su gualdrapa muy cumplida de paño negro con grandes fluecos y caireles, sirviéndole de mozo de espoleta uno muy gallardo, asaz bien apuesto y con toda la gala de los majos y petimetres del oficio: zapatillas blancas, medias del mismo color, calzón de ante, una gran faja de seda encarnada a la cintura, armador de cotonía capotillo de paño fino de Segovia de color amusco… (CORDE, José Francisco de Isla, Historia del famoso predicador fray Gerundio de Campazas alias Zotes, 1758). b. Y dará usted muchas memorias a el señor Fernando y la señora Mariana y a el padre de las canoas y a la maja y sus majos y a la hermana del amo y a el señor don Manuel Ramírez (PSCR 6643, “Carta de Salvador de Barrionuevo para Fernando del Campo, velero, para darle algunas noticias y recados”, Cádiz, 22 de abril de 1754). (3) a. Consta, no obstante, por un manuscrito auténtico y curioso, que quien finalmente acabó por determinarle fue la tía Catania, la cual abría la puerta trasera para que entrasen los cerdos puntualmente cuando estaban los tres altercando, uno sobre que se había de volver, y los dos sobre que se había de quedar. Cuando ella vio un mocito tan galán, tan majo y tan bien agestado, que venía con su hijo y que le trataba al parecer con amistad y confianza, como era mujer tan bondadosa, luego le cobró cariño (CORDE, José Francisco de Isla, Historia del famoso predicador fray Gerundio de Campazas alias Zotes, 1758). b. Yo no la tengo [= novedad] a Dios gracias, y los ojos se ban conponiendo. Es cierto que se escapó una monja con el sacristán, y es del combento de Santa Catalina donde una tía de Vuestra Merced. Los pillaron en Ayerbe y ella iba bestida de estudiante muy majo, y ya pareze se les abía escapado otra vez (CODEA 2108, “Carta particular de Pepe a su tío sobre varios asuntos”, Zaragoza, 2 de agosto de 1774).

En sintagmas como una maja muy maja o unas seguidillas majas el sustantivo se emplea con valor adjetivo para designar las propiedades tipificadas en este personaje literario. Las primeras apariciones de majo como adjetivo están ligadas a   Las ocurrencias de majo por categoría gramatical en el corpus histórico académico (1758-1974) son las siguientes: sustantivo (442, de las cuales 100 en locuciones), adjetivo (191) y vocativo (50, de los cuales 48 en el siglo xx). Los empleos nominales de majo bien como sustantivo, bien en locuciones se concentran (48%) en la segunda mitad del siglo xviii; la misma proporción que los usos adjetivales en el siglo xx. De los empleos nominales de majo no considero los 38 casos presentes en el ensayo Usos amorosos en el dieciocho en España de Carmen Martín Gaite, publicado por primera vez en 1972, pues no reflejan el uso del tercer cuarto del siglo xx. Del mismo modo, cabe subrayar que 21 del casi medio centenar de empleos vocativos de majo se encuentran en la novela El gran momento de Mary Tribune del madrileño Juan García Hortelano (1972). 13

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la acepción recogida en los diccionarios desde el de Domínguez en 1853 (“vestido con lujo, lleno de adornos”) y en la versión manual del Académico desde finales del siglo xix (“ataviado, compuesto, arreglado, bien puesto”). Los ejemplos de (3), tomados del Fray Gerundio –asimismo, la primera aparición de majo como adjetivo en nuestro corpus– y de una carta privada dada en Zaragoza, demuestran que el término ya estaba disponible en la segunda mitad del siglo xviii para referirse al aspecto exterior de una persona. En las obras de autores del siglo xix y principios del xx como Ramón de la Cruz, Mesonero Romanos, Pérez Galdós, Pardo Bazán o Valle-Inclán el adjetivo sirve para calificar prendas de ropa (cofia, ropa, librea, vestidos, gabán, chapines, bastón, delantal, esparragatas, flux, uniforme, pañuelo, entre otros) y hasta el siglo xx no aparece calificando a otro tipo de objetos (una cesta en Díaz-Cañabate, un pedazo de tierra en Pereda o un zócalo o la aguanieve en Delibes). La posibilidad de predicar el adjetivo majo de objetos, en especial fuera del ámbito de la vestimenta, da una idea de la generalización de sus propiedades. Con el significado de ‘ataviado o arreglado en el vestir’, el adjetivo majo se combina principalmente con construcciones predicativas –poner(se) majo, vestir majo o ir majo– o atributivas con estar, mientras que con las designaciones de cualidades morales prefiere el verbo ser. Las primeras apariciones de majo como vocativo se localizan en obras en verso y tonadillas populares. En sus primeras apariciones, el vocativo majo cumple una función de llamada de atención del interlocutor. Su empleo como vocativo se basa en las propiedades designativas del sustantivo; en efecto, los alocutarios de los enunciados de (4a-b) encajan en la descripción correspondiente a un muchacho o muchacha joven de extracción popular; las tareas apelativas están, por tanto, ancladas en el contenido descriptivo del sustantivo. Como frase vocativa, majo no vuelve a aparecer hasta principios del siglo xx, en la obra, de interés etnográfico y ambientación rural, del arqueólogo palentino Hermilio Alcalde del Río (4c). Con un amplio despliegue de funciones pragmáticas y discursivas, el majo vocativo se prodiga en las novelas encuadradas dentro del realismo de la “Generación del 50” (Alfonso Grosso, Carmen Martín Gaite, Alfonso Sastre, Juan Goytisolo, Juan García Hortelano) tendentes a la “mímesis de la oralidad” (López Serena 2007), así como en obras costumbristas y relacionadas con el ámbito familiar y cotidiano (Borita Casas). (4) a. ¿Oyes, majita? / Digo, salero, / ¿dónde está tu posada? Ramilletera (CORDE, Anónimo, La parmesana y las majas. Tonadilla a cuatro, 1765). b. Tú, pues, ¡oh majo!, a quien a tal paraje / condujo ya mi verso, si movido / en ti se halla el espíritu encendido, / si estás bien enterado que mandarle / a un joven bueno y sano continencia / es lo mismo que darle la sentencia (CORDE, Nicolás Fernández de Moratín, El arte de putear, c. 1771-1777).

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c. –Si quieres que te quiera, / ya yo te he querido; / que te quiera hoy la madre / que te ha parido. / ¡Ole! majo, ¡ole! / la suerte te tocó / de servir al rey / dentro la nación. / No me dejes sola (CORDE, Hermilio Alcalde del Río, Escenas cántabras [apuntes del natural], 1914).

Frente a la función apelativa de los primeros ejemplos de majo como vocativo (4), a mediados del siglo xx este término exhibe su carácter multifuncional y, más allá de la identificación del interlocutor, lo caracteriza. Esto explica que aparezca con frecuencia acompañando, ante una “rutina conversacional” a modo de saludo (¿qué hay?), a un nombre propio (5a). Este ejemplo es equiparable a (1c) de arriba y a otras construcciones frecuentes en este género de novelas. Así, se encuentran enunciados como Adiós, Yoni, majo (Martín Gaite, 1958), Gloria, maja, ¿quién conoces tú que hable claro a alguien? o Merceditas, maja, no seas cerril (García Hortelano, 1972). En estos fragmentos, el nombre propio actúa como verdadero vocativo, mientras que majo (“falso vocativo”, González López 2020) precisa el tipo de relación entre los participantes de la comunicación. Además, sirve para suavizar la contrariedad suscitada en el interlocutor (5b) o atenúa, junto a otras estrategias mitigadoras como el movimiento concesivo, el daño potencial a la imagen del interlocutor debido a un acto de habla amenazador (5c). (5) a. Las manos sacuden sobre su espalda vengativas protecciones. –¿Qué hay, Joselín, majo? ¿Qué cuentas? –Naa… Joselín sabe que todo vuelve, hasta las golondrinas…, y espera. Mientras, devora con una fruición enfermiza los periódicos (CORDE, Juan Antonio de Zunzunegui, El Chiplichandle. Acción picaresca, 1940). b. El capitán, cuando salía por la puerta, que Gertrudis lo vio y lo oyó muy bien, le dijo a la tía Clara: “¡Ay, capitana mía! ¡Y que no vengas con nosotros tú, reina!” “Otra vez será, majo”, dijo la tía, muy riojana, dicen, con las manos en las caderas (CORDE, Rafael Sánchez Mazas, La nueva vida de Pedrito Andía, 1956). c. Retornó a su cocina solitaria, donde la luz acompasaría la tristeza, y me dejó agujereado de remordimientos, por poco tiempo, porque oí su voz en respuesta a la de Bert y al instante recibí nuevamente su visita. –Que ya está bien de esperarlo. –No te enfades, maja, pero desearía que les dijeses que, por mí, se larguen a hacer puñetas. –Ahora mismito (CORDE, Juan García Hortelano, El gran momento de Mary Tribune, 1972).

Además de las funciones relacionales ilustradas en (5), la voz majo se emplea en este registro literario para reforzar la fuerza ilocutiva de una aserción (6a) introducida además por el que enunciativo o para transmitir énfasis informativo

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junto a una anteposición focal (6b). Este último ejemplo está tomado de Eduardo Barriobero y Herrán, nacido en Torrecilla de Cameros a finales del siglo xix y uno de los primeros autores en reflejar por escrito nuestra expresión. La vinculación con La Rioja se muestra a las claras en el ejemplo anterior de (5b). En el corpus literario del siglo xx no faltan ejemplos en los que majo ejerce como mecanismo de appello (Mazzoleni 1995: 377) a un participante externo a la situación comunicativa (6c). Los fragmentos de (6) muestran el carácter multifuncional que exhibe majo, en tanto en cuanto, junto al papel reforzador de la fuerza elocutiva, se desempeña en funciones fáticas de contacto con el interlocutor. (6) a. Asienta la chorla, que ya es hora; que luego viene el tío Paco con la rebaja; que ya no te quedan herencias, majo (CORDE, Alfonso Grosso, La zanja, 1961). b. Llegaron al juzgado municipal. La multitud quiso irrumpir para regocijarse con el suplicio del inculpado, pero los guardias la rechazaron a culatazos. –Mala idea t’ha dao, majo –le dijo el juez municipal cuando los beneméritos entornaron la puerta. –¿También usted, señor Marceliano? –repuso Eutiquio, y rompió a llorar estrepitosamente–. ¡Ladrón yo! –gritaba cuando podía dominar los sollozos–. ¡No habrá quien me lo haga bueno! (CORDE, Eduardo Barriobero y Hernán, Las ánimas benditas, 1932). c. El del bigote había dejado caer al suelo el cabo de su cigarro e, inopinadamente, cambió la orientación de la silla. –Eh tú, majo –se dirigía a él–: ¿Te gustan los toros? (CORDE, Juan Goytisolo, Señas de Identidad, 1966).

5. Distribución dialectal de majo en el español rural europeo En las variedades rurales del español europeo se emplea majo en calidad de adjetivo calificativo y de vocativo. La dialectología nos permite fijar el foco originario de la innovación (el paso del ámbito nominal al discursivo) y nos muestra, en definitiva, una visión estática y horizontal de la historia lingüística (Fernández-Ordóñez 2011a)14. Si las primeras apariciones de majo en la segunda mitad del siglo xviii y en la primera del xix corresponden a la categoría de sustantivo, en los dialectos actuales se contabilizan dos ocurrencias nominales de majo funcionando como anáfora léxica, tal y como se observa en (7a). En la mitad de las apariciones el vocablo ejerce de adjetivo. Con el sentido originario de ‘ataviado, 14   En las muestras extraídas del COSER simplifico los signos de transcripción. Además del código y la localización, proporciono el sexo del informante, su edad y el año en que se llevó a cabo la entrevista. Para estos y otros aspectos del corpus, remito a Fernández-Ordóñez (2011b).

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bien vestido’ (7b), actúa de complemento predicativo (ponerse majo) o de atributo de estar15. De forma mayoritaria, sin embargo, el significado de majo se ajusta a la definición actual de ‘que gusta por su belleza o simpatía’ y se aplica tanto a personas (7c) como a cosas (7d). La combinación con referentes de objeto estaba disponible desde los primeros ejemplos setecentistas, si bien restringida, en gran parte, al campo léxico de la ropa; en los dialectos rurales contemporáneos, majo puede describir, en cambio, una prenda (pañuelo, mantelería, vestido), un edificio o construcción (casa, iglesia, piso, plaza, puente), objetos (barco, bote, panes, palo, reclinatorios), eventos y períodos de tiempo (días, fiesta, juego, misas, procesión), animales (perro), la labranza o, en general, el pueblo. En prácticamente la mitad de los casos (52 de 109) el adjetivo majo es el atributo del verbo ser, lo que indica su alejamiento del significado original asociado al aspecto exterior. (7) a. No, eso se lo llamamos nosotros a uno…, a uno que…, que no es de aquí y era electricista y le decimos nombre propio. Es mu majo el majo… se casó. La abuela de esta chica ascendía de aquí, de este nombre propio que te digo, pero… nada, yo a mis hijos no sé cómo les apodarán, no lo sé porque… (COSER 3924, Soria, Beratón, mujer, 77 años, 2008). b. Porque le dije un día, dice, digo: “¡Coño qué majo baja usté!” “Majo y estoy más contento que unas Pascuas”, dice. Digo: “¿Qué hace usté?” Dice: “Mira, el primer jersey que estreno en toa mi vida”, dice, porque la mujer y un chico, pues se conoce que sabía… hacer punto, y no tenía mucho que hacer (COSER 2915, Madrid, Valdilecha, varón, 75 años, 1995). c. Pero ahora ya la Semana Santa, lo que os digo, no es más que pa ir de vacaciones por ahí. Aparte que nosotros tenemos un cura majísimo, porque vale para estar con personas mayores, vale para estar con personas jóvenes, bueno, es, es que como nombre propio, no creas que hay muchos (COSER934, Burgos, Pedruzo, Condado de Treviño, mujer, 71 años, 2000). d. Sí, ahí arriba está. Hay una iglesia muy majita, pequeñita, muy majita. Lo que pasa que el tejao no… está un poquejo, que ya no tiene casi tejao, y el año pasao ¿sabes lo que hicieron los… por ahí por fuera, por ahí por fuera pa arreglarla? (COSER 1901, Guadalajara, Alboreca, Sigüenza, mujer, 81 años, 1990).

Para obtener las muestras dialectales, los investigadores del COSER recurren a entrevistas semidirigidas de acuerdo con la metodología propia de la sociolingüística urbana. A pesar de la formalidad que impone este método, es habitual que en el curso de la entrevista el intercambio entre los encuestadores y los informantes adquiera el tono en algunos casos de una conversación casual (Moreno Fernández

  “Mira, mira, ¿ves? Aquí estoy más maja, cariño” (COSER 2512, La Rioja, Nestares, mujer, 87 años, 1997). 15

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1990: 96-97). Los encuestadores son estudiantes y profesores universitarios, por lo general jóvenes, que entablan una conversación con personas mayores. Estos informantes, por su edad y su situación, merecen el respeto de los encuestadores y poseen un estatuto de superioridad social. En los términos clásicos de poder y solidaridad (Brown/Gilman 1968), el empleo de majo respondería a un mayor poder (+), pero, a pesar de la asimetría entre oyente y hablante condicionada por la diferencia de edad, también índice de solidaridad (+). En las variedades rurales, la voz majo cumple con una amplia gama de funciones, que a veces se superponen como prueba de su multifuncionalidad. Con el objetivo de establecer la relación interpersonal (Cuenca 2004: 54-55; Kleinknecht 2013: 151), es frecuente su empleo, al inicio de la conversación, como primera toma de contacto (Bueno, majas, ¿de dónde sois?) o con fórmulas de cortesía (Muchísimas gracias, majas; bueno, majas, pues tanto gusto). Obsérvese que en estas tareas el vocativo tiende a ocupar los márgenes iniciales del enunciado –“vocativo (pre)marginal inicial” en términos de Bañón Hernández (1993)–. Por lo común, se usa para compensar una respuesta contraria a las expectativas del encuestador como en (8a), de cuya insistencia se lamenta la informante. La conformación de esta expresión encaja en los usos expresivo-interjectivos (Kleinknecht 2013: 158). En este tipo de funciones, el vocativo majo define la relación que se va a instaurar entre ambos interlocutores (McCarthy/O’Keefe 2003) (8b). (8) a. Oy, majo, cuántas cosas preguntas. Luego me vas a tener que hacer hasta la comida, ¿eh? Ya verás mi marido luego. En las tortas de pan, se coge harina, una masa, la masa del pan, le pides al panadero te trae, luego, con anís y azúcar, y algún huevo si le quieres echar, mezclas esa masa, mezclas las chinchortas esas, y luego a cocer en el horno (COSER 106, Álava, Leza, mujer, 69 años, 2000). b. Bueno, majas, con que sos venís a reír de los viejos de… (COSER 4613, Zamora, Villamor de los Escuderos, mujer, 81 años, 1991).

En las entrevistas del corpus rural, majo asume la tarea de organizador de los turnos de palabra (Shiina 2007; Kleinknecht 2013: 154). En (9a) la informante apela directamente a las encuestadoras una vez que ha terminado de contestar a la pregunta y las insta a retomar el turno de palabra para continuar. La hablante recurre a maja en (9d) para mantener el contacto, a la vez que enfatiza la fuerza del acto de habla introducido por ten en cuenta para corroborar la argumentación sobre la poca funcionalidad de los bancos en la “vida de antes”. El mantenimiento del contacto se lleva a cabo también a través del marcador en el enunciado de (9b) en el que la encuestada muestra su disponibilidad a continuar la conversación, finalidad a la que señalan asimismo la suspensión final o la conjunción disyuntiva. Con un objetivo opuesto, es decir, como cierre de la conversación y como estra-

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tegia de atenuación del rechazo a seguir conversando frente a las expectativas de las encuestadoras, se recurre a maja en (9c). Los ejemplos de (9) subrayan la multifuncionalidad de majo, que además de mecanismo controlador del contacto sirve para compensar un acto amenazante para el interlocutor o para enfatizar la fuerza ilocutiva de los enunciados (McCarthy/O’Keefe 2003; Edelso Natalías 2005). Esta estrategia compensatoria o valorizadora es propia de los marcadores de control como hombre (Portolés Lázaro/Vázquez Orta 2000; Briz Gómez 2012). (9) a. Yo voy a la tienda y digo: “Tengo cien kilos de, de lomo”. Y sobre esos cien kilos te dan. Es distinto el jamón, que ya lo elaboro yo sin falt-, pero vamos, lo elaboro, y los chorizos los elaboro y todo, pero vaya, no… No sé. ¿A ver, qué más, majas? (COSER 2506, La Rioja, Huércanos, mujer, 63 años, 1997). b. Así que, majas, yo no sé si vais satisfechas o… (COSER 607, El Barco de Ávila, Ávila, mujer, 76 años, 1994). c. Bueno maja, yo me marcho, eh, ya no hay más. Vamos a poner la comida… (COSER 107, Álava, Luzuriaga, San Millán/Donemiliaga, mujer, 66 años, 2000). d. Entonces se reservaban un poco más el dinero en casa, no iban a los bancos. Pero a mí, ten en cuenta, maja, que la que me ha hecho subir en casa, esta casa ha sido el banco (COSER 2506, La Rioja, Huércanos, mujer, 63 años, 1997).

La alocución directa al tú del destinatario se realiza con frecuencia cuando el hablante reproduce un diálogo imaginado (10), bien para llamar la atención del interlocutor o para reforzar la cortesía implícita de un acto lingüístico. El empleo de estos vocativos es habitual en las conversaciones evocadas en estilo directo (Rendle-Short 2010 para el empleo de mate del inglés australiano en discurso reproducido). Los casos de vocativos aislados (stand-alone vocatives) ocupan un turno de palabra y se producen como reacción a una intervención del interlocutor (11). (10) a. Y en la plaza está la escuela, estaban las escuelas, y entonces los chavales cuando salían del recreo o por allí se metían con nosotros a vernos meter la paja y le decían: “Majo, tú no aprendas este oficio” (COSER-959, Burgos, Villaverde-Mogina, mujer, 61 años, 1994). b. Ahora se va un chico a la mili, y yo, si se va el de una vecina, pues voy y le digo, “Toma mil pesetas, majo, pa que te las gastes”. O un sobrino que se va, también le doy la propina, pero sólo es entre gente conocida. Pero antes iban a pedir los quintos que se van (COSER-3712, Segovia, Santiuste de San Juan Bautista, mujer, 62 años, 1994). (11) E: ¿Pero cómo eran de pequeñas cuando las…, cuando las dejaba solas? I2: Uy, maja. [I1 Pequeñas,] Pues… I1: de tres o cuatro años (COSER-3916, Soria, Tarancueña, Retortillo de Soria, mujeres, 79 y 74 años, 1992).

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En el español rural, majo conlleva una fuerte carga de expresividad, de la que el hablante se aprovecha para conceder énfasis a los actos de habla (Kleinknecht 2013: 154-156). En estos casos, aparece junto con otros elementos intensificadores, en concreto, con un (12a), estructuras exclamativas (12b), el pero enfático (Acín Villa 1993-1994) (12c) o adjetivos elativos (12d). Con esta función, el vocativo tiende a aparecer en posición final (absoluta), si bien no faltan casos de colocación inicial, como (12d), para introducir un enunciado resuntivo de lo anterior. Aunque comienza el enunciado, el vocativo se posiciona conectando una serie discursiva anterior con el miembro conclusivo. Con funciones expresivas y enfáticas, el vocativo tiende a ocupar la posición medial. En (12e) esta expresión ejerce de estructurador de la información, posicionándose entre un complemento dislocado y el verbo principal. Los ejemplos de “vocativos axiales” como los de (13) (Bañón Hernández 1993: 39-40) conllevan asimismo carga expresiva: aquí no, maja, aquí no; de todo, maja, de todo. Este tipo de vocativo, interpuesto, sirve de perno en una estructura “acumulativo-repetitiva” con una clara finalidad enfática. (12) a. Pues aquello fue célebre, porque hubo, mi marido decía, bueno, que menos dinero, claro, y entonces: “Ésta no la soltamos hasta que no des…” Lo que pedían ellos. Y me acuerdo que no sé si fueron mil pesetas. [E1: Uff.] Que en aquellos tiempos ya era un dinero, maja (COSER 4403, Valladolid, Casasola de Arión, mujer, 64 años, 1991). b. La voy a dejar aquí. Qué mala cosa es llegar a mayores, maja. Me cago en diez, con lo que he andao yo. Que yo con sesenta años, aún he andao sesenta kilómetros andando a pie. Con sesenta años, ir y venir a Logroño, a pie, con sesenta años, a una feria. Ir y venir en el mismo día. Ir a la feria, ver el ferial como estaba, no poder vender o lo que sería (COSER 2501, La Rioja, Ausejo, varón, 87 años, 1997). c. Hombre, ¿por qué no? Un traje pero muy elegante, majo. Antes se usaba el talle bajo, ya sabes talle bajo. Bueno, pues [G-Mst] aquí dos tablones, un tablón y otro tablón, y aquí otro tablón y otro tablón. Bien, y aquí garganterillas puestas (COSER 3901, Soria, Almajano, mujer, 88 años, 1997). d. La paja la va quedando allí, ¿sabes?, y coge el trigo, el grano, vamos. Y luego lo traen con tractores a las paneras, o a las eras. El polvo le hacen, lo echan y están una temporada en, en la era. Pero antes era un pueblo por eso, porque hacían… máquinas que… tenían que segar y trillar con un trillo, ¿eh?, y mu-, y mulas. Maja, aquello era terrible. Ahora te, ahora te dices […] (COSER 4403, Valladolid, Casasola de Arión, mujer, 64 años, 1991). e. Sesenta y seis [años], maja, ponme (COSER 924, Burgos, La Horra, mujer, 66 años, 1995). (13) a. No, aquí no, maja, aquí en Muñoveros no, no, no llegó a… hacerse eso. […], en Aranda y todo eso, ahí sí, ahí ya… era más, era gente que vivía más de la, de, de la uva, ¿sabes? De la vendimia, y por lo tanto, pues sí, había… (COSER 3707, Segovia, Muñoveros).

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b. Venía con un, a lo mejor de… Zamora, de un pueblo de Zamora pues, por ejemplo, con cosas de galletas y azúcar, todo eso. Y claro si te encajaba y era más baratito que lo de aquí porque aquí siempre había tiendas, aquí siempre hubo dos o tres tiendas, sí. Pero ahora tenemos un supermercao aquí al lao, fabuloso. Y tiene de todo ahí, maja, de todo (COSER 4403, Valladolid, Casasola de Arión).

El Mapa 1 cartografía el empleo de majo como adjetivo (solo), como vocativo (solo) o como adjetivo y vocativo. La ausencia de majo vocativo en territorios donde únicamente se localiza en calidad de adjetivo en el COSER no ha de tenerse por definitiva, pero sí es indicativa de una baja frecuencia y de una regresión en la competencia lingüística de estos hablantes. El adjetivo majo se extiende por toda la franja oriental de la Península desde el Pirineo aragonés hasta Murcia, penetrando hacia el oeste por las provincias manchegas (en el enclave albaceteño de Povedilla se documenta el término como expresión vocativa, lo que podría indicar la posibilidad latente de este uso en las áreas de majo adjetivo). Como extensión de este empleo léxico se introduce hacia el oeste por la Castilla primitiva y se va extendiendo hacia el sur. Se encuentra en territorios del Antiguo Reino de León, pero siempre al sur del Duero (hasta Cáceres, con un único ejemplo). La intensidad con la que majo aparece en Burgos, La Rioja y Soria, tanto por frecuencia como por extensión (se localiza en casi todos los enclaves de estas provincias) y por funcionalidad (asume funciones de adjetivo y de vocativo) apuntaría a estos territorios como foco principal del majo apelativo. Se transmite a los territorios colindantes como Valladolid y de aquí, pero con menor intensidad, al sur de Zamora y Salamanca. El empleo como solo vocativo se registra, alrededor del área principal, en las provincias de Álava (por el norte) y Segovia y Ávila (por el sur). La ausencia del vocativo majo en Palencia y Cantabria puede deberse a una defectividad de los datos (sobre todo para Palencia). Está completamente ausente de los territorios asturleoneses (Asturias, León y mitad norte de Zamora)16, de la mitad occidental de La Mancha, del sur de Extremadura y de Andalucía. Esto certifica que majo es una forma del castellano nororiental. 16   Sería interesante comprobar si el uso vocativo de guapo ocupa territorios complementarios a los de majo. En el COSER cuento 22 ocurrencias de este adjetivo con valor apelativo en enclaves de Asturias (COSER 523), del occidente de Ávila (COSER 607) y de Toledo (COSER 4214), de Ciudad Real (COSER 1414), de Fuerteventura (COSER 5214), así como de Granada (COSER 1823 y 1834) y Castellón (COSER 1319). Este vocativo aparece también en territorios de majo adjetivo (Palencia, COSER 3421; Madrid, COSER 2910; Guadalajara, COSER 1921) y de majo vocativo (Álava, COSER 103; Burgos, COSER 934; La Rioja, COSER 2515; Soria, COSER 3901; Valladolid, COSER 4403). Los datos no permiten corroborar esta complementariedad, por lo que habría que posponer las conclusiones a una investigación futura.

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Mapa 1. Distribución de majo en el español rural como adjetivo (gris), como vocativo (negro) y como ambos (rayado)17

17   Adjetivo/Vocativo – Albacete (Povedilla: 0/1); Álava (Leza 1/5, Luzuriaga, San Millán/ Donemiliaga: 0/1, Menagara/Ayala: 0/1), Burgos (La Horra: 3/8, Pedruzo-Condado de Treviño: 2/4, Villaverde-Mogina: 1/22); Cáceres (Navalmoral de la Mata: 1/0); Castellón (Jérica: 2/0, La Vilavella: 1/0; Puebla de Arenoso: 1/0); Cuenca (Cardenete: 5/0); Guadalajara (Alboreca-Sigüenza: 6/0; Yebra: 3/0); Ávila (El Barco de Ávila: 0/5, Madrigal de las Altas Torres: 0/2, Narros del Puerto: 0/1); Cantabria (Castrillo de Valdelomar-Valderredible: 1/0), La Rioja (Ausejo: 3/3, Huércanos: 5/5, Nestares: 6/1), Navarra (Azocan-Valle de Yerri: 4/0; Leitza: 2/0; Mélida: 0/1); Guipúzcoa (Zarimutz-Ekzoriatza: 1/0); Huesca (Banastón, Aínsa-Sobrarbe: 1/0; Bandaliés-Loporzano: 7/0; Oliván-Biescas: 1/0; Tramaced: 3/0); Madrid (Humanes de Madrid: 2/0; Valdilecha: 2/0); Murcia (Fuente del Pino-Jumilla: 1/0); Palencia (Astudillo: 2/0); Salamanca (Alaraz: 1/2; Palencia de Negrilla: 3/0; Peralejos de Abajo: 1/2; Puebla de Yeltes: 2/0); Segovia (Anaya: 0/4; Muñoveros: 0/1; Santiuste de San Juan Bautista: 0/3); Soria (Almajano: 0/7; Beratón: 5/0; Tarancueña-Retortillo de Soria: 1/2); Tarragona (Garcia: 2/0; Tivissa: 2/0); Teruel (Alcalá de la Selva: 2/0; Fuentes Claras: 1/0; Perales de Alfambra: 9/0); Valencia (Mas de los Mudos-Castielfadib: 5/0); Valladolid (Casasola de Arión: 1/15; Rábano: 0/2; Velascálvaro: 1/1); Zamora (Cotanes del Monte: 1/0; Villamor de los Escuderos: 2/5); Zaragoza (Almonacid de la Cuba: 1/0; Urriés: 1/0).

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Frente a los dos centenares de majo, adjetivo y vocativo, en el español rural, en el corpus sociolingüístico del PRESEEA aparece 45 veces18, de las cuales solo tres como vocativo, exclusivamente en España (14a). Este término aparece en Santiago de Compostela (2), Santander (15), Madrid (5), Alcalá de Henares (adjetivo: 14; vocativo: 3), Valencia (2) y Granada (4). Solo siete ocurrencias están producidas por hablantes de la 1.ª generación (entre 20 y 34 años) en las ciudades de Santander, Madrid y Alcalá de Henares; el resto de producciones están en boca de mayores de 35 años (16 de 42) y, en especial, de los 55 años (19 de 42). Se confirma de nuevo el centro norte peninsular como territorio de majo, así como su carácter rural. Como vocativo, se emplea en especial con función expresiva (14b-c), pero también puede emplearse como continuador conversacional como se vio en el ejemplo (1c). (14) a. [hablando del Papa] sí que parece más majo ¿no? perooo bueno no no deja de ser el líder deee, de la iglesia, que me da igual, al final uno que otro (PRESEEA, Santander, mujer, 22 años, 2014). b. Me decía “qué pesado eres, ¿que estás nervioso?”, digo “puesss, nooo”, “jobar majo pues no has hecho…, me has llamado hace cinco minutos y ahora otra vez ya es la tercera vez que me llamas” (PRESEEA, Alcalá de Henares, varón, 33 años, 1998). c. Es que ahora él está empezando a meternos lo de las fracciones, y mira nos emmmpieza a poner lo de las letras, y es que no nos enteramos de nada maja, nos cuesta uuun montón (PRESEEA, Alcalá de Henares, mujer, 32 años, 1991).

En conclusión, se observa el uso del vocativo majo como un elemento rural, en regresión en las ciudades (nótese que las grabaciones de las entrevistas de Alcalá de Henares son de los años noventa del siglo pasado). El foco más intenso se coloca en el corazón de la Castilla norteña (Burgos) y La Rioja, donde majo (sinónimo de guapo, bien puesto) funciona como adjetivo y vocativo, y desde donde se extiende a territorios colindantes. El vocativo majo, empleado en situaciones asimétricas condicionadas por una diferencia de estatuto (como se ve en las muestras sacadas de las novelas realistas de los años cincuenta) o de edad (como en las entrevistas del COSER de mayor a menor, en cuanto el sustantivo ya está marcado para la denotación de jóvenes), pero es un marcador de solidaridad19. Solidaridad alimentada por la afectividad de la que se carga el término majo (simpatía, belleza, agrado). 18   Proporciono la ciudad, el sexo del informante y su edad, así como el año en que se realizó la entrevista. Simplifico los signos de transcripción del corpus. 19   Cuando majo se emplea en una relación simétrica (entre iguales), pierde ese carácter solidario para adquirir un matiz de recriminación.

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6. Majo como marcador conversacional y el mecanismo de la cooptación Por su naturaleza extrapredicativa, su movilidad posicional, su contorno entonativo propio y su carácter opcional, las expresiones vocativas se caracterizan como elementos parentéticos (Moreno Benítez 2019) y se incluyen dentro de las “unidades téticas”. Este tipo de unidades –“syntactically unattached pieces of discourse” (Heine et al. 2017: 817)– actúan, desgajadas del entorno oracional originario, en el nivel discursivo o tético20. Cada característica de los vocativos resulta de cambios sintácticos, semánticos y pragmáticos, pero el salto del nivel oracional al discursivo se produce de manera espontánea en cualquier momento del intercambio comunicativo (Heine 2013: 1740) a través del mecanismo de la cooptación (cooptation)21. El mecanismo de la cooptación es, por tanto, instantáneo, mientras la gramaticalización se define por su gradualidad. En consonancia con la propuesta de Heine (2018), el surgimiento de los marcadores pragmáticos22 requiere de dos procesos diferenciados, el de gramaticalización y el de la cooptación, y no necesita de la introducción de nuevos términos, como, por ejemplo, los de rutinización sugerido por Kleinknecht (2013) o pragmaticalización aplicado por Heyd (2014). El proceso de gramaticalización (“grammaticalization in a narrow sense”, Heine 2018) actúa antes y después del mecanismo de cooptación (gramaticalización 1 > cooptación > gramaticalización 2), de tal modo que la evolución continúa una vez que sus funciones se hacen comunes en el plano discursivo. El sustantivo majo (con probabilidad, resultado de la modificación fonológica del nombre del mes mayo) sufre un cambio semántico de índole metafórica para designar a los mozos y mozas que bailan en torno al tronco adornado de un árbol para celebrar la llegada de la primavera. Las propiedades estereotípicas asociadas a estos jóvenes se extienden para calificar su modo de vestir y se generalizan para referirse

  El modificador tético de gramática tética (thetical grammar) remite al marco teórico de S. C. Dik (1997). La distinción puede hacerse equiparable a la de “sintaxis” y “macrosintaxis” en la gramática española (baste citar el volumen reciente de Fuentes Rodríguez y Gutiérrez Ordóñez 2019). 21   “Cooptation is a cognitive-communicative operation whereby some fragment of linguistic discourse is transferred from one domain of discourse to another” o “a strategy employed for the transfer of pieces of discourse from one domain of discourse to another for specific purposes of discourse processing” (Heine et al. 2017: 813, 842; ver también Heine 2013). 22   La evolución de los marcadores discursivos ha supuesto un desafío para la teoría de la gramaticalización. Remito al lector a trabajos –por limitarme a los más representativos de las opciones abiertas por la historia de estos elementos– como los de Wischer (2000), Traugott (2010), Diewald (2011), Degang y Evers-Vermeul (2015) y, por todos, Heine (2018) y Heine et al. (2021). Para el español, véanse Company Company (2004a, 200b, 2016) y Garachana (2015). 20

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a su belleza y su simpatía. En este proceso de conversión categorial, la fluidez entre las categorías de los sustantivos y los adjetivos se explica por la posibilidad de que el término que sirve para delimitar una clase en función de una serie de propiedades pase a denotar esas propiedades (Bosque 1989: 104-105): estudiante muy majo, pobres muy majos. La adjetivación de majo, conversión bien conocida, es susceptible de explicación en el marco de la teoría de la gramaticalización, si bien el paso de nombres comunes de persona (como los equivalentes de hombre, niño o padre en las lenguas del mundo) hacia categorías funcionales (partículas exclamativas, afijos derivativos, clasificadores, entre otras) es un proceso poco conocido (Heine/Kuteva 2002: en especial 133)23. Estos cambios tienen lugar en los límites de la sintaxis oracional. En cualquier momento, el sustantivo majo puede emplearse como vocativo para apelar a uno de los participantes en la situación comunicativa. Esta unidad tética instantánea (instantaneous thetical) se convierte en una fórmula tética (formulaic thetical) (Kaltenböck et al. 2011; Heine 2013; Heine et al. 2017) o partícula discursiva. Una vez como elemento del discurso, este término sigue su evolución hacia la categoría de los marcadores de control. Las fases de este proceso se resumen en el Cuadro 2 y representan un buen testimonio de estratificación o layering (Hopper 1991; Hopper/Traugott 2003 [1993]: 124), pues las nuevas funciones de majo coexisten –o pueden hacerlo– durante un mismo período de tiempo. Nivel oracional Nivel discursivo

mayo [N] > majo [N] [metáfora]

majo [N] > majo [A] [adjetivación]

majo [A] > majo [A] [generalización semántica]

majo [N] > majo [V] [cooptación]

majo [V] > majo [MC] [gramaticalización]

Cuadro 2. Fases y tipos de cambio en la evolución de majo24

La conversión de majo en un marcador conversacional fático se manifiesta a través de cuatro índices principales relacionados –al menos dos de ellos, de manera directa– con los subprocesos de la gramaticalización tradicional (Hopper 1991; Hopper/Traugott 2003 [1993]; Lehmann 2015; Benito Moreno 2021): a) la generalización gradual de majo a nuevos contextos (extensión); b) la pérdida de significado descriptivo en favor de significados discursivos y pragmáticos (desemantización); c) la libertad posicional; y d) la autonomía prosódica. Pasamos a ocuparnos someramente de cada uno de estos subprocesos. 23   “An instance of a more general process whereby human nouns, on account of some salient semantic characteristic, give rise to grammatical markers highlighting that characteristic” (Heine/Kuteva 2002: 65-67, 133, 207-210). 24   N = sustantivo; A = adjetivo; V = vocativo; MC = marcador conversacional.

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a) El término majo va adquiriendo nuevos contextos de uso tanto en su funcionamiento dentro de la oración como en el nivel discursivo. A medida que majo se desprende de sus propiedades referenciales propias de las categorías léxicas nominales, adquiere valores pragmáticos en el discurso, simultáneos incluso en un mismo enunciado, y puede desempeñar, además de las apelativas, funciones bien relacionales, en concreto como atenuador de actos de habla amenazadores o mecanismo organizador de los turnos de palabra, bien expresivas como estructurador de la información, reforzando la fuerza ilocutiva de los enunciados o enfatizando partes del discurso. La progresiva adquisición de estas funciones metadiscursivas se funda en el cambio meliorativo por el que atraviesa el sustantivo majo a lo largo de su evolución semántica. La connotación positiva de majo persiste (cf. Hopper 1991; Hopper/Traugott 2003 [1993]: 94-98) en sus empleos como marcador de solidaridad en un tipo de intercambio, por lo general, asimétrico (de más a menos poder en la relación entre los interlocutores). Por la persistencia de estas propiedades referenciales del sustantivo cuando se comporta como expresión vocativa, no extraña que los familiarizadores y, en general, los términos afectivos (endearment terms) constituyan la fuente principal para los enfocadores de alteridad.

Gráfico 1. Posición de majo en CORDE y COSER (%)

La comparabilidad de los datos del CORDE y del COSER ha de tomarse con cautela, pues, si bien podrían contemplarse como dos fases cronológicas sucesivas (los tres primeros cuartos del siglo xx frente a sus últimas décadas y las iniciales del siglo xxi), se extraen de tipologías textuales alejadas25: las del CORDE   El estudio de marcadores discursivos propios de la conversación oral supone un reto metodológico a la hora de configurar el corpus histórico, en especial, con anterioridad a 1970. 25

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se obtienen de novelas y relatos escritos, por más que intenten remedar el español coloquial, mientras que el corpus rural se basa en muestras orales26. No obstante, y aunque sea de manera orientativa, las frecuencias del gráfico reproducido (Gráfico 1) permiten apreciar la preferencia de majo por la posición final en los datos de los dos corpus. Esta preferencia puede considerarse un síntoma estructural de la adquisición de nuevos valores como marcador conversacional por parte de esta voz. Este elemento puede ocupar la posición final del primer miembro discursivo dentro de movimientos justificativos (15a) o concesivos (15b). La tendencia a ocupar esta posición final manifiesta la naturaleza extrapredicativa del vocativo majo y apunta a la adquisición de contenidos pragmáticos y conversacionales. (15) a. No a mí no me graben porque si eso, tengo, tengo una historia y si que te la voy a contar, maja, porque yo mira, mí nombre propio, dice mi madre: “Ay”. Digo: “Madre, qué mala estoy, madre, qué mala estoy, madre”. Bueno, me metí a la cama Madrecita de mi Corazón, me meto a la cama, que digo a mi marido: […] (COSER-924, Burgos, La Horra, mujer, 66 años, 1995). b. Retornó a su cocina solitaria, donde la luz acompasaría la tristeza, y me dejó agujereado de remordimientos, por poco tiempo, porque oí su voz en respuesta a la de Bert y al instante recibí nuevamente su visita. –Que ya está bien de esperarlo. –No te enfades, maja, pero desearía que les dijeses que, por mí, se larguen a hacer puñetas. –Ahora mismito (CORDE, Juan García Hortelano, El gran momento de Mary Tribune, 1972).

b) El sustantivo majo pierde su contenido referencial. Este proceso de desemantización se pone de manifiesto a través de dos cambios, el primero de tipo léxico-semántico; el segundo, de naturaleza sintáctica. En primer lugar, se produce un cambio categorial, por el que majo se asienta como adjetivo. En cuanto tal, majo no se limita a emplearse con referentes humanos; se aplica también a objetos para describir su adecuación o funcionalidad. Esta posibilidad, limitada al léxico de las prendas de vestir en las primeras fases, se extiende a otro tipo de objetos precisamente en las variedades rurales donde el papel vocativo de majo está más generalizado. Al designar cualidades morales, se produce, en segundo lugar, un cambio en las restricciones combinatorias del adjetivo. En los primeros ejemplos, majo aparece, de acuerdo con su estatuto de sustantivo, en estructuras Para el difícil encaje de textos escritos y muestras orales, remito al lector al artículo de Enghels y Azofra Sierra (2018). 26   Tal vez estas diferencias textuales podrían explicar la distinta proporción de vocativos mediales y finales entre los dos corpus.

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apositivas (arcediano majo) y, como adjetivo, prefiere las construcciones predicativas o la combinación con estar: las atributivas con ser representan apenas uno de cada cinco casos de majo (19 %, 36 de 188) en los ejemplos del CORDE. En el COSER, la construcción con ser alcanza, por su parte, la mitad de los ejemplos del adjetivo majo (48 %, 52 de 109). Como unidad tética, majo no contribuye al contenido proposicional de la oración, sino que aporta un significado pragmático y discursivo. El ámbito de majo como marcador afecta a todo el enunciado y puede combinarse con distintas modalidades oracionales, como directivas (majo, deja ya a mi marido), interrogativas (¿qué pueblo, maja?) o asertivas (íbamos a pelar a mano, maja). En calidad de vocativo, establece la identidad de los participantes en la situación comunicativa y mantiene la atención de los interlocutores durante el desarrollo de la conversación; además, por su naturaleza multifuncional, participa en el manejo de la toma de la palabra y, más importante aún, en las estrategias compensatorias como atenuador de la fuerza de actos amenazadores (16a) o impositivos (16b). Estas funciones pragmáticas son típicas de los enfocadores de alteridad. (16) a. Ya me has preguntao bastante, maja (COSER 924, Burgos, La Horra, mujer, 66 años, 1995). b. Mira a ver qué pone aquí, maja (COSER 959, Burgos, Villaverde-Mogina, mujer, 61 años, 1994).

Como en el proceso de evolución de los marcadores discursivos, la pérdida de propiedades referenciales del sustantivo fuente y su generalización semántica conllevan el aumento de las posibilidades discursivas. c) La extensión a nuevos contextos y el enriquecimiento pragmático hacen que majo aumente sus frecuencias de uso. La frecuencia con que este vocablo se repite en los diálogos de la novela El gran momento de Mary Tribune o su recurrencia en el habla de los informantes rurales en algunos enclaves del corpus como, por ejemplo, Villaverde-Mogina (Burgos), Casasola de Arión (Valladolid) o Villamor de los Escuderos (Zamora) dan una idea de que nuestro término se utiliza como continuador conversacional para rellenar los huecos de la conversación. Esta sobreexplotación (overuse) (Waltereit 2006) es característica de las partículas modales y condición necesaria del proceso de rutinización propuesto por Kleinknecht y Souza (2017) en el proceso transformador de los vocativos en marcadores conversacionales. Sin duda, este empleo abusivo es índice de los valores pragmáticos y subjetivos (Traugott 1982, 1989) que ha adquirido majo. En el relato La Mortaja de Miguel Delibes, aparecen dos enunciados similares en los que la expresión maja ocupa posiciones diferentes (17). Esta movilidad posicional en el enunciado confirma, además del carácter opcional de esta unidad,

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que su contribución no se refiere al ámbito del significado proposicional. Esta libertad de movimiento es contraria a los parámetros de la gramaticalización tradicional, pero distingue la gramaticalización de los marcadores discursivos (para las características excepcionales de la gramaticalización de estos elementos, remito a Heine et al. 2021: 47-54). (17) a. Anda, haz unas visiones, maja, que te vean estos señores (CORDE, Miguel Delibes, La mortaja, 1948-1963). b. Anda, maja, haz unas visiones delante de estos señores, que luego te dan la propina (CORDE, Miguel Delibes, La mortaja, 1948-1963).

d) El vocativo se caracteriza por presentar un contorno entonativo propio. Esta autonomía prosódica subraya la no integración del vocativo en la sintaxis oracional, así como su carácter periférico y prescindible (cf. Cuenca 2004: 42). Los vocativos aparecen delimitados entre pausas. Esta separabilidad se observa con claridad en los vocativos exclamativos, que no por casualidad constituyen uno de los primeros ejemplos de majo como vocativo en el siglo xviii (4b), y en los vocativos solitarios, como el de (11). 7. Conclusiones En las páginas anteriores hemos indagado en la historia y geografía del término majo como expresión vocativa en el español europeo, poniendo el foco de atención en su desarrollo desde el ámbito nominal hasta la categoría de los marcadores de control de contacto, a través de su función apelativa y alocutiva. Sobre estas funciones propias de las frases vocativas, se forja el marcador conversacional (Kleinknecht/Souza 2017). A pesar de las investigaciones recientes en este campo, el proceso de creación de este tipo de operadores pragmáticos sigue siendo poco conocido, por lo que la presente contribución tal vez haya podido aportar nuevos elementos para la comprensión del fenómeno. El debilitamiento del contenido referencial de majo no impide el mantenimiento residual de las connotaciones positivas del término, sobre las que se apoya su funcionamiento como estrategia compensatoria de mitigación o intensificación de los actos de habla. Como otros familiarizadores, nuestro término encaja en la caracterización de vocativo predicativo. Los rasgos sintácticos de los grupos vocativos se adaptan a las características de las “unidades téticas”. En su desarrollo, la voz majo reafirma su naturaleza extrapredicativa, afianzando la posición final concorde con la de los operadores pragmáticos modalizadores, adquiere significados de tipo pragmático, lo que

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comporta un aumento de su libertad posicional y su prescindibilidad, y exhibe –como los grupos vocativos– contorno prosódico autónomo. Por este motivo, no hemos considerado necesario recurrir a términos como los de pragmatización o rutinazión y hemos optado, en líneas con la investigación más reciente en el surgimiento de los marcadores discursivos, por aplicar el mecanismo de la cooptación con el concurso de algunos procesos típicos de la gramaticalización (en concreto, extensión y generalización semántica). La literatura costumbrista del siglo xviii está poblada de majos y majas. En los corpus históricos, las apariciones del término se refieren a estos personajes tipificados y a las características y propiedades con las que se asocia, por lo que concurre en construcciones apositivas (unas seguidillas majas) y predicativas (vestir majo). Los dos primeros casos de majo en calidad de vocativo cumplen una función apelativa e identificativa, pero a partir del siglo xx se desarrolla una amplia gama de valores que sobrepasan las tareas identificativas y asume funciones interpersonales para mantener el contacto con el interlocutor, mitigar la fuerza ilocutiva de lo dicho y estructurar, enfatizándolas, partes del enunciado. Estas funciones metadiscursivas y textuales se explotan en las entrevistas del corpus rural en las décadas a caballo entre el segundo y el tercer milenio, donde se produce una comunicación asimétrica entre los encuestadores y los informantes. El corpus rural nos ha permitido delinear las áreas de mayor intensidad de majo en la categoría adjetiva y vocativa. Si en algún momento de su historia el sustantivo majo estuvo más difundido por el territorio peninsular, en las hablas rurales modernas muestra una honda penetración en los territorios nororientales (Burgos y La Rioja), con poca o nula presencia en las franjas laterales y en la mitad meridional de la Península. La escasez de majo en el sociolecto urbano y, en concreto, entre los hablantes más jóvenes confirman su estado regresivo. Considerando que las fechas de nacimiento de los informantes del corpus rural se enmarcan en las primeras décadas del siglo xx, será interesante comprobar, en investigaciones futuras, si majo corresponde a las fases iniciales del ciclo de cambios semántico-pragmáticos que, sucesivamente, afectarán a macho en los años cincuenta y, ya en el último tercio del siglo pasado, al más moderno tío (Llopis Cardona/Pons Bordería 2020). Referencias bibliográficas Acín Villa, Esperanza (1993-1994): “Sobre pero enfático”, en Cuadernos de investigación filológica, 19-20, pp. 219-233. Alba Juez, Laura (2009): “‘Little words’ in Small Talk: Some Considerations on the Use of the Pragmatic Markers Man in English and Macho/Tío in Peninsular Spanish”, en Ronald P. Leow et al. (eds.): In Little Words: Their History, Phonology, Syntax, Semantics, Pragmatics, and Acquisition. Washington: Georgetown University Press, pp. 171-181.

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LAS FORMAS DE TRATAMIENTO PRONOMINALES Y NOMINALES EN CARTAS FAMILIARES CANARIAS (SIGLO XVIII)* Irene Bello Hernández Universidad Complutense de Madrid

1. Introducción Es lugar común en cualquier estudio dedicado a las formas de tratamiento aludir a la ingente cantidad de trabajos dedicados a este asunto en el mundo hispánico. Tanto su evolución e inserción en el sistema de la lengua como su distribución sociopragmática han sido descritas en profundidad en gran parte de los territorios hispanohablantes, especialmente en su vertiente sincrónica, pero también en la diacrónica. Canarias, sin embargo, es un territorio en el que, si bien existe abundantísima literatura1 dedicada a la descripción de las formas de tratamiento en el español actual de la zona, la bibliografía acerca de la configuración de la cortesía en el Archipiélago a lo largo de su historia es bastante exigua. Uno de los pocos estudios que existen en el ámbito histórico es el de García Rivero (2017), que analiza las formas de tratamiento nominales y pronominales en una novela de la primera década del siglo xx. También Morera Pérez (2004), en un amplio artículo acerca de las características del español canario del siglo xviii, dedica un breve apartado a las formas de tratamiento nominal. Además, Elena Padrón se encuentra ahora mismo elaborando una tesis (cuya defensa, si no ha sido ya, está próxima) *   Este trabajo se inserta dentro del proyecto de investigación Procesos de lexicalización y gramaticalización en la historia del español: cambio, variación y pervivencia en la historia discursiva del español (PID2020-112605 GB-I00) financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación. 1   Sirva la siguiente lista, no exhaustiva pero sí detallada, para hacerse una idea del panorama actual de los estudios de formas de tratamiento pronominales en el español canario actual: Almeida Suárez/Mendoza (2005, 2006), Almeida Suárez/Rodríguez Suárez/Morín Rodríguez (2006), Déniz Hernández (2004), Medina López (1989, 1989-1990, 1991, 1992, 1993a, 1993b, 2004, 2010), Morín Rodríguez (1988, 1999, 2001), Morín Rodríguez/Almeida Suárez (2000-2001), Morín Rodríguez/Almeida Suárez/Rodríguez Suárez (2010), Rodríguez Mendoza (1993, 2003), y Ruiz González (2016). Sobre formas nominales, Morera Pérez (1991) y Lorenzo Ramos/Ortega Ojeda (2014).

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en la que se basa en cartas y declaraciones de testigos en juicios para el estudio de la historia y evolución de los pronombres de tratamiento en el español de las Islas. En un plano más general, el uso de la correspondencia como fuente para el estudio filológico tampoco parece haber arraigado en este territorio de la misma manera en que lo ha hecho en otros puntos de la Península y América. Con la excepción de la edición de una serie de cartas de medianeros de la isla de Tenerife de la mano de José Manuel Hernández (2003), edición, por otra parte, no acompañada por un estudio lingüístico profundo; un trabajo sobre la mitigación en cartas de Viera y Clavijo, célebre ilustrado nacido en Tenerife, desde la perspectiva de la Teoría de la Relevancia (Navarro Benítez 2015); y un trabajo propio (Bello Hernández 2020) sobre saludos y despedidas en cartas del xviii y principios del xix, la mayor parte de estos documentos han sido rescatados de los archivos y explotados por historiadores, quienes, interesados sobre todo en el contenido de las cartas, utilizan unos criterios de transcripción que no siempre reflejan de forma fidedigna el documento original, criterios que, en muchas ocasiones, ni siquiera explicitan en la introducción de sus trabajos. Estas ediciones de cartas, aunque útiles para el historiador, no lo son para el filólogo, que necesita transcripciones fieles que muestren el estado de lengua del momento en el que el documento fue producido. De lo dicho se deriva la necesidad de contribuir al conocimiento acerca de los mecanismos de cortesía en el Archipiélago a lo largo de su historia, y de hacerlo mediante la edición de documentación con criterios que conviertan el texto de origen en una fuente de datos válida para el lingüista. Ese es, fundamentalmente, el objetivo de este trabajo: la aproximación a la distribución sociopragmática de las formas de tratamiento pronominales y nominales en el español canario del siglo xviii a través de cartas de particulares. Dada la amplitud del tema, se ha optado en este caso por limitar el objeto de estudio a las relaciones familiares, con el fin de ofrecer una visión detallada de cómo operaban las normas de cortesía en un ambiente tan reducido y con una jerarquía tan definida como es el núcleo familiar. 2. El corpus Las cartas particulares han demostrado su idoneidad como fuente tanto en las ramas de Historia e Historia del Arte (en las que sirven como medio para la reconstrucción de redes sociales, el rastreo de movimientos comerciales y militares, etc.) (Gutiérrez de Armas 2017: 10) como para la Lingüística Histórica. Para Koch y Oesterreicher (2001, 2007), estas, aunque en su vertiente medial pertenecen a lo escrito, concepcionalmente forman parte de la inmediatez comunicativa, que se caracteriza por el carácter privado de la comunicación, la familiaridad entre los interlocutores, un fuerte grado de emocionalidad, un alto grado de cooperación

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comunicativa, un nivel muy bajo de planificación, etc.; rasgos todos ellos que las acercan a la comunicación espontánea de carácter oral. En relación con esta caracterización, en los estudios de tipo diacrónico puede observarse un creciente interés por las posibilidades de investigación que esta tipología documental proporciona, dado que permite un acercamiento a un material “as close to actual speech as posible, only in written form” (Elspass 2012: 158). La principal dificultad con la que se encuentra el investigador que pretende emplear correspondencia como base para su estudio es su conservación en los archivos. Esta dificultad se acentúa cuanto más nos alejamos de los siglos xix y xx: salvo contadas excepciones, las colecciones de cartas privadas en los archivos familiares se vuelven más y más escasas cuanto más nos alejamos de los siglos citados. No parece que se le haya dado a este fenómeno una explicación satisfactoria. Lo primero que se viene a la mente es el estado de conservación de los materiales. Señala Gutiérrez de Armas (2018: 666) que la correspondencia solía escribirse en papeles baratos y de baja calidad, y no solía guardarse en los mismos lugares que otros documentos de mayor importancia para la familia, lo que podría haber conducido a su rápido deterioro y a ser desechada en una de las muchas intervenciones que sufrieron estos archivos a lo largo de su historia. Sin embargo, al menos en los archivos que he visitado, la correspondencia de negocios se conserva de manera sistemática desde principios del xviii e incluso desde finales de la centuria anterior. Los materiales también son malos, y el estado de la tinta no siempre garantiza su legibilidad, pero el hecho es que se conservan. Ello demuestra que en ningún caso podemos hablar del deterioro de materiales como causa de la escasez de testimonios, y que la explicación de este vacío debemos buscarla en otro sitio. El deterioro del soporte material tampoco explica la repentina explosión de cartas que, en apenas dos o tres décadas, se da en los archivos de particulares. Según he podido observar, la tónica general es que, hasta finales del xviii, se conserven poquísimas cartas personales y familiares, y las pocas que sí se conservan suelen proceder bien de Europa, bien de América. Esto cambia drásticamente con la llegada de la siguiente centuria, en la que de repente se comienza a guardar e incluso clasificar gran parte de la correspondencia íntima de la familia: se multiplican las cartas entre hermanos y entre padres e hijos, aparecen casi por primera vez cartas entre marido y mujer, e incluso es posible encontrar cartas de amor, totalmente ausentes en épocas anteriores. Tal vez sea posible entender esto si se comprende que el acto de archivar no es, en ningún caso, un ejercicio neutro (Gutiérrez de Armas 2017: 4). No es aleatorio, por ejemplo, que se conserven sistemáticamente todas las cartas de negocios, pues en el momento sirven como prueba de transacciones realizadas, y con el paso del tiempo, como testimonio de la riqueza de una familia o la larga vida de una empresa. El archivo familiar tiene

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una función social fundamental, que es ser espejo de la familia que lo custodia, y justificar su estatus frente a sus iguales y ante el Estado. Pero, además, sostiene Gutiérrez de Armas (2018: 666) que, junto a esta función social, el archivo familiar sirve para reforzar las dinámicas de poder intrafamiliar y asegurar la cohesión y la clara jerarquización de sus individuos. Tal vez en esto último pueda aventurarse el porqué del repentino interés, a partir de las primeras décadas del xix, por conservar especialmente la correspondencia familiar: no solo para que actúe como evidencia de la pertenencia a un linaje concreto en un momento en que la nobleza comienza a perder fuerza en favor de una aristocracia cada vez más rica y poderosa, sino para que sirva como refuerzo de unas relaciones intrafamiliares jerárquicas cuya importancia comenzará a difuminarse a lo largo de todo el xix, en un proceso que demostró ser lento pero inexorable (Bustos Gisbert/Iglesias Recuero 2000: 291). 2.1 La construcción del corpus. Archivos de procedencia de la documentación Sea cual sea la causa de esta escasez documental, lo cierto es que dificulta la obtención de testimonios que permitan la creación de un corpus amplio en fechas anteriores a 1800. Para este trabajo se ha rescatado correspondencia de hasta seis archivos de las islas de Tenerife y La Palma. Todos ellos contenían uno o más fondos producidos por las familias más importantes del Archipiélago, y de ellos se han extraído cartas que los miembros de estas grandes familias intercambiaban entre sí. De lo dicho se deriva que toda la correspondencia analizada fue producida por la élite social de las islas, los únicos con capacidad suficiente para almacenar y mantener un archivo propio2. Debe notarse que se han analizado de manera conjunta las misivas producidas bien por la nobleza de las Islas, bien por los grandes empresarios y terratenientes que, tras enriquecerse a lo largo de los siglos xvii y xviii, obtuvieron a lo largo de este último (por compra o matrimonio) un título nobiliario3.   Sobre las dificultades a la hora de encontrar correspondencia producida por las capas medias y bajas de la sociedad en archivos familiares, véase Castillo Gómez (2014) o Gutiérrez de Armas (2019). Ante este panorama, algunos estudios han optado por buscar estas fuentes en procesos judiciales, pues las cartas suelen esgrimirse en estos contextos como pruebas de delitos de adulterio, bigamia, etc. El caso más notable a este respecto es el de PostScriptum, un corpus compuesto enteramente por cartas encontradas en procesos judiciales, en español y portugués. Este proyecto se encuentra descrito con detalle en Vaamonde (2015), y puede consultarse en . 3   No es este el momento de adentrarse en una descripción detallada de la sociedad canaria del siglo xviii, descripción que puede encontrarse en Arbelo García (1991: 474 y ss.). Pero sí es necesario matizar que, según afirman los historiadores, la progresiva desaparición de la socie2

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Dado que este es un estudio preliminar, de las 253 cartas familiares encontradas se ha optado por analizar 92. En la Tabla 1 pueden encontrarse los archivos y fondos visitados, así como las misivas extraídas de cada uno de ellos. Archivo

Número de cartas

Fondo

Archivo de la Casa Fuerte de Adeje Archivo General de La Palma Archivo Histórico Provincial de Tenerife Archivo Municipal de La Laguna Archivo privado casa Cullen Biblioteca de la Universidad de La Laguna

1 Fondo Familia Lugo-Viña y Massieu

36

Fondo Lercaro

2

Archivo Zárate-Cólogan

33

Fondo Montañés

8

Fondo Ossuna

4

Archivo Cullen

5

Archivo Herederos Betancourt y Castro

1

Fondo Álvarez Rixo Total cartas

2 92

Tabla 1. Número de cartas analizadas y archivos y fondos de procedencia

El fondo que más documentación aporta, especialmente a partir de la segunda mitad del xviii, es el Fondo Familia Lugo-Viña y Massieu, custodiado en el Archivo General de La Palma. El fondo perteneció a dos grandes familias: los Massieu, establecidos en La Palma a comienzos del xvii, el grupo más poderoso de la historia de la isla hasta el siglo xix; y los Lugo-Viña, que tenían propiedades en La Palma y Tenerife. El fondo, que se encuentra parcialmente catalogado, contiene alrededor de dieciséis cajas de correspondencia, toda ella fechada entre finales del xvii y el siglo xx (Arvelo Gil 2004: 1382; Poggio Capote 2013: 159-160). El segundo fondo más productivo es el llamado Archivo Zárate-Cólogan, del que se ha extraído casi toda la correspondencia de antes de 1735. Los Zárate-Códad estamental a lo largo de la Edad Moderna es un proceso que se dio de manera mucho más rápida y sutil en las Islas. Con la llegada del siglo xviii se consolida en ese territorio una burguesía agraria y comercial (formada fundamentalmente por extranjeros, en su mayoría irlandeses, que se instalaron en las Islas a finales del xvii) que poco a poco acabaría comprando tierras, ocupando cargos militares y políticos de importancia y emparentándose con la nobleza a través de matrimonios, llegando así a formar parte efectiva de una élite social a la que no solo se podía pertenecer ya por derecho de nacimiento, sino por los motivos aquí descritos. Esta rápida asimilación, la pronta aceptación por parte de la nobleza de una burguesía que cada vez cobraba más fuerza y la clara aparición de redes sociales muy fuertes entre los individuos que conforman estos grupos (Arbelo García 1991: 480) justifican que en este trabajo se hayan tomado las cartas de ambos grupos como pertenecientes a un mismo estamento-clase social.

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logan son una familia de origen irlandés que llegó a Canarias a principios del xvii, se enriqueció a través del comercio con Europa, y emparentó pronto con la nobleza de las Islas a través del matrimonio (Viña Brito 2018: 64). El inmenso fondo de correspondencia, que cuenta ya con más de 90 000 cartas catalogadas (y sigue en proceso de catalogación), reúne también cartas de los Franchi, una de las familias de la nobleza de la isla de Tenerife con la que los Cólogan tuvieron mucha relación, y cuyo archivo particular acabó fusionándose con el de estos tras el matrimonio de dos de sus miembros. También custodiado en el Archivo Histórico Provincial de Tenerife, aunque mucho menor en extensión, está parte del Fondo Lercaro, producido por una familia que se estableció en Gran Canaria poco después de la conquista de la isla y que con el tiempo se trasladó a Tenerife, donde obtuvo un título nobiliario, de nuevo, a través de un enlace matrimonial. Este fondo, que consta de 20 unidades de instalación con documentación fechada entre 1568 y 1914, se encuentra totalmente catalogado (González Zalacain/Núñez Pestano 2021: 61-62), aunque la correspondencia del xviii es muy escasa. Del Archivo Municipal de La Laguna, en la isla de Tenerife, se han consultado dos fondos: el Fondo Montañés y el Fondo Ossuna. Este último cuenta con documentación desde el siglo xvi hasta mediados del xx, está catalogado, y el fondo de documental no es desdeñable (Viña Brito 2018: 68-69). El Montañés se conserva en su mayor parte en el Instituto de Estudios Canarios, en la isla de Tenerife, aunque parte del fondo también acabó en el Municipal de La Laguna (Viña Brito 2018: 69-70). La parte del fondo custodiada en esta última institución se encuentra inventariada y en un relativo buen estado de conservación; por diversas circunstancias, la parte del fondo del Instituto, al menos por lo que respecta a la correspondencia, está tan deteriorada que resulta prácticamente ilegible. Uno de los archivos más interesantes, y el único privado de todos los visitados, es el custodiado en la casa de Juan Cullen4, en La Orotava, Tenerife. Este archivo, modesto en tamaño pero rico en información y muy bien conservado, contiene la documentación de la familia Betancourt, una de las familias más prominentes del Puerto de la Cruz, en Tenerife, uno de cuyos miembros, Agustín de Betancourt, fundó la primera Escuela de Ingenieros de Caminos y Canales en España, y llegó a trabajar como ingeniero del zar Alejandro I de Rusia (Lorenzo Lima 2018: 14-15). Las cartas contenidas en este archivo fueron editadas por el propio Juan Cullen en 2008, el cual admitió haberse tomado bastantes libertades en las transcripciones: de ahí que optase por acudir al archivo y realizar mis propias versiones.   A quien agradezco profundamente las facilidades que me dio para consultar los dos fondos, así como agradezco a Juan Alejandro Lorenzo Lima la ayuda que me proporcionó para navegar por ellos con éxito. 4

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También muy interesante es el Fondo Álvarez Rixo, de la biblioteca de la Universidad de La Laguna. Este fondo, notable por sus dibujos y grabados, contiene un conjunto de documentos pertenecientes a la familia de José Agustín Álvarez Rixo, un estudioso y político tinerfeño del siglo xix. Se conserva parte de la correspondencia de la familia, que se remonta a la segunda mitad del siglo xviii, aunque no es demasiado abundante (Viña Brito 2018: 87). Por último, el Archivo Adeje resguarda la documentación de los marqueses de la Casa Fuerte de Adeje, en el sur de Tenerife. Por diversas circunstancias, la documentación de esta familia se encuentra dispersa en varios archivos (Corbella 2019: 31-32). Para este trabajo se ha consultado la que se halla en el Museo Canario de Gran Canaria, la única de todo el corpus que se ha digitalizado5 y está disponible en línea6. 2.2 El tratamiento digital de las cartas y el CORDICan En las últimas décadas se ha comenzado a apostar por una lingüística histórica que ya no concibe la transcripción y utilización de textos como un acto individual. En estos años se ha observado en España y América una explosión de corpus en línea cuyo objetivo es no solo agrupar un conjunto de textos de un territorio para un estudio concreto, sino ofrecer a investigadores de todo el mundo la posibilidad de acceder a estos mismos textos sin que sea necesario desplazarse a los archivos de origen7. En Canarias, esta voluntad se ha concretado en la aparición del Corpus Documental de las Islas Canarias (CORDICan), un proyecto de la Universidad de La Laguna dirigido por las doctoras Dolores Corbella y Ana Viña Brito. Este recurso, nacido de la colaboración entre filólogos e historiadores, pretende, según se explica en su propia página web, superar la lejanía de los archivos canarios (de difícil acceso a los investi5   La documentación puede consultarse en el siguiente enlace: . La digitalización es muy buena, pero el fondo no se encuentra catalogado, de manera que la búsqueda y recuperación de documentos es un proceso complejo y lento. 6   Parte de las cartas del Archivo Zárate-Cólogan se encuentran digitalizadas, en concreto las contenidas entre las cajas 501 y la 713, aproximadamente, pero hasta donde yo sé es necesario acudir al archivo a consultarlas. 7   De esta explosión es testimonio el Portal de Corpus Históricos Iberorrománicos, creado en 2018 por Joan Torruella y Johannes Kabatek. Esta web () recoge todos los corpus históricos en lenguas de la Península y en judeoespañol que se encuentran en abierto para su consulta en línea. La cantidad de webs recogidas en el portal evidencia el trabajo que, como digo, se ha venido haciendo en estos últimos años en el ámbito de la creación de corpus en España, Portugal y América.

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gadores) ofreciendo una serie de documentación antes inédita fechada entre los siglos xv y xix. Las distintas tipologías documentales recogidas (inventarios y testamentos, documentos de compra-venta, libros de cuentas, poderes, cartas, etc.) permiten aproximaciones de distinta naturaleza a estos testimonios, tanto desde la lingüística como desde la historia; y la extensa lista de metadatos que acompaña a cada documento y lo sitúa en su contexto facilita, además, llevar a cabo búsquedas de gran complejidad dentro de la propia plataforma que recoge el corpus. Con este proyecto, que se encuentra descrito por extenso en Viña Brito y Corbella (2018), y cuyos primeros resultados ya están disponibles para consulta8, pretende paliarse la dispersión y poca presencia de la documentación canaria en los estudios de corte diacrónico. Las cartas analizadas en este trabajo formarán (algunas de ellas ya forman) parte del conjunto de textos recogidos en el CORDICan. De ahí que la transcripción se haya llevado a cabo en el lenguaje de marcación XML (Extensible Markup Language) y haya adoptado, en la línea de las prácticas actuales en el campo de las Humanidades Digitales, el estándar de codificación propuesto por la Text Encoding Initiative (TEI). Los criterios de transcripción y edición de la documentación son los mismos que se siguen para el resto del corpus, y pueden encontrarse desglosados en Viña Brito y Corbella (2018: 11-12). Una vez incorporadas al CORDICan, se ofrecen tres ediciones de las cartas: la facsimilar, con una fotografía que reproduce el documento original; la transcripción, lo más fiel posible al texto de origen; y la normalización, que supone una adaptación ortográfica del texto al español actual. La edición facsimilar pretende subsanar uno de los mayores problemas de la transmisión de datos a corpus electrónicos, descrito por Kabatek (2013: 12): los errores de interpretación en las transcripciones (mala lectura, mala segmentación, confusión de letras, especialmente de los finales de palabra), que se incorporan al corpus y que son imposibles de detectar si el investigador no cuenta con el original para contrastar el texto transcrito. La normalización, por su parte, pretende facilitar el acceso al texto a aquellas personas más interesadas en su contenido que en su estado de lengua. Además de los que acompañan al resto de los documentos (archivo de origen, signatura, fecha y lugar de producción del documento, etc.), las cartas cuentan con una serie de metadatos propios que facilitan llevar a cabo búsquedas cruzadas. Así, a la información acerca del productor del documento (nombre, sexo, profesión) se suma idéntica información sobre el receptor, cuando se conoce. Y al lugar de emisión de la carta se añade además el lugar de recepción.   La documentación puede consultarse en el siguiente enlace: . 8

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2.3 La distribución del corpus Las 92 cartas del corpus se han distribuido en tres períodos: 1700-1735, 17361770 y 1771-1800. La bibliografía actual coincide en situar en las últimas décadas del xviii el inicio de los cambios en las formas de tratamiento, tanto pronominales como nominales, que se irán afianzando y extendiendo a todas las capas de la sociedad a lo largo del siglo xix y principios del xx. Con esta división temporal se pretendía observar si, efectivamente, este es el caso para el español de Canarias, y se quería además comprobar si existía un gran contraste entre el primer y el tercer período, y qué pasaba en el segundo para que se diera tal contraste. Una vez hecha esta distribución temporal, las cartas se dividieron en dos grandes grupos: aquellas que mostraban un intercambio simétrico y las que mostraban un intercambio asimétrico. Esta noción de simetría-asimetría se basa en la propuesta de Brown y Gilman (1960: 255-257). Como es de sobra conocido, los autores hablan de asimetría cuando en una relación entre dos personas existe una clara diferencia de poder, diferencia que puede residir en una dispar fuerza física, riqueza, edad, profesión, rol familiar, etc. Por el contrario, describen una relación simétrica como aquella en la que no existe tal diferencia de poder. Dentro del núcleo familiar existe una clara jerarquización de los roles. Gancedo Ruiz (2020: 50) habla de cómo los tratados sociológicos evidencian que todavía a finales del xix se veía al padre de familia como la representación de la máxima autoridad, y cómo su relación con los hijos se basaba en el respeto, el poder y la obediencia. El componente afectivo, según la autora, podía existir, pero estaba supeditado a su autoridad. A la madre, según la autora, s