Se compraron el modelo: consumo, uva y la dinamica transnacional : Estados Unidos y Chile durante la Guerra Fría
 9563570618, 9789563570618

Table of contents :
SE COMPRARON EL MODELO CONSUMO, UVA Y LA (...)
PÁGINA LEGAL
ÍNDICE
AGRADECIMIENTOS
INTRODUCCIÓN
GIROS TRANSNACIONALES
ANÁLISIS DEL CONSUMO
INCORPORACIÓN DEL GÉNERO A LAS HISTORIAS (...)
MODOS DE INVESTIGACIÓN
CAPÍTULO I EL PROLONGADO MILAGRO: (...)
OLIGARCAS EMPRENDEDORES
LA REFORMA AGRARIA: EL PLAN NACIONAL DE (...)
EL RÉGIMEN MILITAR Y LAS REVOLUCIONES NEOLIBERALES
CAMBIOS EN LA DIVISIÓN DEL TRABAJO
CRISIS ECONÓMICA Y RECUPERACIÓN
EL MILAGRO CHILENO
CAPÍTULO II FÁBULAS DE ABUNDANCIA: (...)
EL CONSUMO
POBREZA Y POSESIONES
PROBLEMAS DE GÉNERO Y FAMILIAS EN EVOLUCIÓN
COMPAÑERAS DE CONSUMO
CONSUMO Y AUTORITARISMO
CAPÍTULO III VENDIENDO LO FRESCO: MARKETING (...)
LA CAMPAÑA DEL “SNACK SALUDABLE” DE LA (...)
MARKETING DE UVA CHILENA
VENDIENDO SOL CHILENO EN INVIERNO
LA DIFERENCIA QUE MARCA CHILE
CAPÍTULO IV BOICOTEO A LA UVA: RETOS POR (...)
EL UNITED FARM WORKERS Y EL BOICOT A LA (...)
EL BOICOT “LA IRA DE LAS UVAS”
PROBLEMAS DE FRONTERAS: LA RESPUESTA DEL (...)
POLÍTICA DEL BOICOTEO Y EL MOVIMIENTO DE (...)
SOLIDARIDAD, SANCIONES POR PARTE DE ESTADOS (...)
EL BOICOT DE CASA CHILE
DESCONEXIONES Y CONEXIONES DEL BOICOT
CAPÍTULO V NO SE LO COMPRAN: LUCHAS POR (...)
VOCES DISIDENTES: IGLESIA, SINDICATOS, (...)
EL PROBLEMA CON EL CONSUMISMO
ACTIVIDADES ORGANIZATIVAS PRO DEMOCRACIA (...)
LAS MUJERES Y EL SINDICATO DE TRABAJADORES (...)
EL CONSUMO Y LAS VICTORIAS DE LA DEMOCRACIA
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Se compraron el modelo Consumo, uva y la dinámica transnacional: Estados Unidos y Chile durante la Guerra Fría

Se compraron el modelo Consumo, uva y la dinámica transnacional: Estados Unidos y Chile durante la Guerra Fría Heidi Tinsman Traducción: Ana María Velasco Ediciones Universidad Alberto Hurtado Alameda 1869– Santiago de Chile [email protected] – 56-228897726 www.uahurtado.cl Impreso en Santiago de Chile Primera edición de 400 ejemplares: abril de 2016 Este texto fue sometido al sistema de referato ciego ISBN libro impreso: 978-956-357-061-8 ISBN libro digital: 978-956-357-062-5 Registro de propiedad intelectual Nº 261700 Impreso por C y C editores Dirección Colección Historia Daniel Palma Dirección editorial Alejandra Stevenson Valdés Editora ejecutiva Beatriz García-Huidobro Diseño de la colección y diagramación Francisca Toral

Con las debidas licencias. Todos los derechos reservados. Bajo las sanciones establecidas en las leyes, queda rigurosamente prohibida, sin autorización escrita de los titulares del copyright, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, así como la distribución de ejemplares mediante alquiler o préstamos públicos.

Se compraron el modelo Consumo, uva y la dinámica transnacional: Estados Unidos y Chile durante la Guerra Fría

Heidi Tinsman

Traducción: Ana María Velasco

Índice

Agradecimientos ..............................................................................11 Introducción ...................................................................................15 Giros transnacionales ....................................................................33 Análisis del consumo .....................................................................38 Incorporación del género a las historias nacionales ............................43 Modos de investigación .................................................................47 Capítulo I El prolongado milagro: colaboraciones en la industria frutícola de Chile, 1900-1990

........................................................55

Oligarcas emprendedores ..............................................................61 La reforma agraria: el Plan Nacional de Desarrollo Frutícola y la cooperación entre Chile y California .......................................76 El régimen militar y las revoluciones neoliberales ...........................91 Cambios en la división del trabajo ..............................................105 Crisis económica y recuperación .................................................112 El milagro chileno .......................................................................117 Capítulo II Fábulas de abundancia: trabajadores vitícolas y consumo en

Chile ...................................123

El consumo .................................................................................133 Pobreza y posesiones ....................................................................152 Problemas de género y familias en evolución ................................160 Compañeras de consumo ............................................................178 Consumo y autoritarismo ............................................................185

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Capítulo III Vendiendo lo fresco: marketing de uva en Estados Unidos .........189 La campaña del “snack saludable” de la California Table Grape Commission ............................................................198 Marketing de uva chilena .............................................................220 Vendiendo sol chileno en invierno ...............................................240 La diferencia que marca Chile .....................................................258 Capítulo IV Boicoteo a la uva: Retos por parte del United Farm Workers y del

Chile Solidarity Movement ..................................................261

El United Farm Workers y el boicot a la uva de los 60 ..................271 El boicot “La ira de las uvas” ........................................................293 Problemas de fronteras: la respuesta del ufw a la uva chilena y a la inmigración mexicana........................309 Política del boicoteo y el movimiento de solidaridad con Chile....................................................318 Solidaridad, sanciones por parte de Estados Unidos y boicots comerciales..........................................................331 El boicot de Casa Chile .....................................................354 Desconexiones y conexiones del boicot .............................363 Capítulo V No se lo compran: luchas por la democracia en Chile .................369 Voces disidentes: Iglesia, sindicatos, ong ....................................385 El problema con el consumismo .................................................402 Actividades organizativas pro democracia en el Valle de Aconcagua..............................................................416

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Las mujeres y el sindicato de trabajadores frutícolas de Santa María..............................................................434 El consumo y las victorias de la democracia..................................446 Epílogo ...........................................................................................455 Bibliografía ....................................................................................477 Archivos ....................................................................................477 Documentos gubernamentales ....................................................477 Impresos .....................................................................................479 Libros y artículos ........................................................................480

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Agradecimientos

Este libro es producto de una larga y extremadamente gratificante relación con Chile, su presente tanto como su pasado. Como ciudadana estadounidense que alcanzó la madurez a fines de los años 80, mi interés en Chile inicialmente surgió de mi deseo de comprender la participación de mi propio país en la violencia de la Guerra Fría en América Latina. Sin embargo, de manera muy rápida se extendió a una profunda apreciación por las complejidades del país y su larga tradición democrática. La primera vez que llegué a Santiago fue en 1991, para trabajar con el sociólogo Gonzalo Falabella en La Casa del Temporero, una ong de Santa María que estaba organizando a los trabajadores vinícolas. Con posterioridad, mi tesis doctoral y mi primer libro se enfocaron en el género y los movimientos laborales campesinos en Chile durante la reforma agraria. En la medida en que Se compraron el modelo es una extensión del primer libro, los dos proyectos están en profunda deuda con los muchos académicos chilenos que trabajaron previamente y junto conmigo, y que con generosidad se ocuparon de mi trabajo. Agradezco en especial a la vigorosa comunidad intelectual chilena que se enfoca en estudios laborales y de género. Muchas gracias a Soledad Zárate, Julio Pinto, Lorena Godoy, Soledad Falabella, Claudio Barrientos, Marcos Fernández, Fernando Purcell, Javier Couso, Consuelo Figueroa, Hillary Hiner, Gonzalo Falabella, Alicia Salomone, Verónica Valdivia, Ximena Valdez, Claudia Mora, Elaine Acosta, Carolina Stefoni, Lucía Stecher, Sol Serrano, Teresa Gatica, Alejandra Brito, Celia Cussen, Silvia Venegas, Mario Garcés, Gonzalo Leiva y Sergio Gómez. Estoy profundamente agradecida de que la Universidad Alberto Hurtado publique mi libro en castellano y me permita así 11

Agradecimientos

compartir mi trabajo con una audiencia más amplia en Chile y América Latina. Un agradecimiento especial a la extremadamente talentosa Ana María Velasco, traductora del original en inglés. Agradezco a Alejandra Stevenson de la Editorial UAH por dirigir la edición de este libro, y a la Facultad de Filosofía y Humanidades de la UAH por haberme invitado a enseñar partes de él en 2014, en un seminario de posgrado sobre la historia del consumo. Muchas gracias a Soledad Zárate, Marcos Fernández y Daniel Palma por los esfuerzos que realizaron en mi nombre en dicha universidad. Como este es un proyecto que se basa en gran medida en historias orales y entrevistas, estoy en deuda con muchas personas que compartieron su tiempo, sus perspectivas y sus historias. Agradezco especialmente a Erika Muñoz, Olga Gutiérrez, Selfa Antimán, María Elena Galdámez, María Tapia, Olivia Herrera, Daniel San Martín, al Sindicato Interempresa de Trabajadores Permanentes y Temporeros de Santa María, y a la Confederación Unidad Obrero Campesina. Agradezco también a Ronald Bown y a Constantino Mustakis de la Asociación de Exportadores de Chile por facilitar mis entrevistas con sus colegas. La oportunidad que tuve de dirigir el Programa de la Universidad de California en la Pontificia Universidad Católica de Chile y en la Universidad de Chile entre 2007 y 2010, fue de enorme beneficio para este proyecto. Muchas gracias a los estudiantes que me empujaron a hacer nuevas preguntas para una generación posterior a la de la Guerra Fría en América Latina. Agradezco en especial a Carmen Gloria Guíñez, cuyo talento administrativo es sin igual, y a Miguel Kaiser, Verónica Pomar, Maricarmen Leyton y Patricia Reyes por su apoyo. Además, estoy muy agradecida de haber podido compartir secciones de este proyecto en la cátedra Norbert Lechner de la Universidad Diego Portales. Se compraron el modelo marca mis esfuerzos como historiadora de América Latina por participar en los debates sobre estudios transnacionales. El libro es producto del enriquecedor ambiente 12

intelectual de la Universidad de California Irvine, cuyo Departamento de Historia hoy desempeña un papel preponderante en la transformación de la historia mundial en un campo de investigaciones y de docencia de gran dinamismo, y en cuyo Departamento de Estudios de Género y Sexualidad se originan inspiradores debates sobre el feminismo y la globalización. Agradezco especialmente a Ken Pomeranz, Laura Kang, Steven Topik, Rachel O’Toole, Jeff Wasserstrom, Emily Rosenberg, Robin Wiegman, Jaime Rodríguez y Vicki Ruiz. Este libro también surge directamente de colaboraciones académicas con otras mujeres. El trabajo que realicé con Sandhya Shukla en la Radical History Review y el libro que coeditamos, Imagining Our Americas, han proporcionado el marco para examinar en conjunto la historia de Chile y la de Estados Unidos, empujándome a ser más interdisciplinaria y a trabajar atravesando los límites de los campos de estudios académicos U.S. Studies y Latin American Studies. Ulrike Strasser y yo dictamos la primera clase magistral sobre el género y la historia mundial, además de haber sido coautoras de varios artículos sobre la masculinidad y las narrativas globales. Strasser me llevó a ver la importancia de estudiar la desconexión tanto como la conexión dentro del contexto transnacional, además de compartir mi compromiso de colocar la economía política en un papel más protagónico dentro del análisis feminista. Si bien el trabajo colaborativo es objeto de palabras más que de reconocimiento en muchas de las disciplinas humanísticas, este libro no existiría si no hubiera sido por la estimulante oportunidad de pensar, escribir y publicar con otras personas. Se compraron el modelo fue posible gracias a los fondos de Fulbright-Hays, National Endowment for the Humanities, American Council of Learned Societies, Social Science Research Council, además del Pacific Rim Research Program, el Institute for Research on Labor and Education y el Humanities Research Institute, todos de la Universidad de California. Agradezco a Jordan Stanton y a Nicole Sanders por su valioso trabajo como ayudantes de investiga13

Agradecimientos

ción y a mis numerosos colegas estadounidenses que comentaron el manuscrito o que me invitaron a presentar mi trabajo en sus instituciones: Elizabeth Hutchison, Tom Klubock, Florencia Mallon, Steve Stern, Barbara Weinstein, Temma Kaplan, Karin Rosemblatt, Ericka Verba, Margaret Power, Peter Winn, Joel Stillerman, Ángela Vergara, Verónica Cortínez, Chuck Walker, Julie Greene, Marian Schlotterbeck, Jolie Olcott y Greg Grandin. Finalmente, agradezco a mi familia por su inquebrantable amor y apoyo. Erik Kongshaug, siempre mi lector más ávido, editó el manuscrito y me tranquilizó en los momentos arduos. Nuestros hijos, Arlo y Noel, acogieron animosamente su temprana educación en Chile y casi siempre me hicieron recordar qué es lo más importante. Dedico este libro a mis padres. Aunque falleció antes de que lo terminara, mi padre lo hubiera valorado. Como exitoso empresario, siempre estuvo notablemente interesado en mis críticas al capitalismo. Su compromiso con la creación de comunidades cívicas fuertes me enseñó mucho de lo que sé sobre la democracia. Mi madre me hizo conocer el feminismo, y a través de su activismo y de su servicio público continúa siendo un modelo de lo mucho que la mujer puede cambiar el mundo.

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Introducción

Mapa 1. Chile: Provincias y ciudades del Valle Central.

Cuando llegó el siglo XXI, el consumidor estadounidense daba por descontado que podía adquirir una gran variedad de frutas y verduras frescas durante todo el año. La sección de estos productos pasó a ocupar un lugar central y a ser la más rentable en los supermercados, donde se ofrecía un sinnúmero de delicias desconocidas en Estados Unidos antes de la década de 1960. Ya fuera en Nueva York o en Iowa, los compradores presupuestaban que encontrarían kiwis, mangos, endivias y radicheta tanto en julio como en enero. La abundancia de frutas y verduras se expandió rápidamente con posterioridad a 1970, impulsada por un interés creciente en los alimentos frescos e integrales como alternativas a una dieta nacional que según los críticos estaba saturada de grasas y azúcares. Asimismo, se vio impulsada por el reingreso masivo de la mujer a la fuerza laboral y por el hecho de que la industria de la publicidad se enfocara en la supuesta aspiración de ella a la comodidad y la autonomía. En los mismos años en que aumentaba la obesidad en Estados Unidos –apodado el país de la comida chatarra por su amor a las hamburguesas y las papas fritas– se produjo una obsesión con los alimentos sanos, y los estadounidenses comenzaron a comer más arándanos y brócoli, y a preocuparse más de las vitaminas y las toxinas1. Los llamamientos a consumir alimentos producidos a nivel local y casero aumentaron de la mano con el tamaño de los supermercados, que vendían cada vez más alimentos producidos en lugares lejanos. La uva desempeñó un papel de especial importancia en el cambio de los gustos en comidas. Las naranjas, las manzanas y los plátanos habían estado disponibles durante todo el año por gran parte

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Schlosser, Fast Food Nation; Fromartz, Organic, Inc.

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Introducción

del siglo XX2. Sin embargo, a partir de 1970, el aumento del gusto por la uva en Estados Unidos fue mayor que por cualquier otra fruta3. Además, la uva llegó a adquirir notoriedad política. Sucesivos boicots a esta fruta por parte de los consumidores, liderados por César Chávez y el sindicato United Farm Workers (ufw), tuvieron por objetivo mejorar el nivel de vida de los trabajadores agrícolas de California, la mayoría de ellos de origen mexicano o inmigrantes. A pesar de que el ufw obtuvo muchas victorias, conseguir que la gente dejara de comer uva por períodos largos de tiempo, no fue una de ellas. Para el año 2000, en Estados Unidos se consumía tres veces más uva que treinta años antes4. La uva había dejado de ser un producto de lujo destinado solamente a ocasiones especiales o al verano, para convertirse en un snack natural que se podía consumir todos los días, en cualquier momento del año. Desde que el presidente socialista Salvador Allende fuera violentamente derrocado por el golpe militar del 11 de septiembre de 1973, casi toda la uva que se consume en Estados Unidos entre enero y abril, proviene de Chile. Entre principios de 1970, cuando los militares tomaron el poder, y fines de la década de 1980, cuando se restauró el gobierno civil, las exportaciones de uva chilena a Estados Unidos se dispararon de 15.000 a más de 350.000 toneladas5. Para el siglo XXI, Chile exportaba más de 500.000 toneladas de uva a todo el mundo6. El auge de las exportaciones frutícolas se desató Pollan, The Botany of Desire; Sackman, Orange Empire; Soluri, Banana Cultures. Según cifras del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, el consumo de uva per cápita casi se cuadruplicó entre 1971 y 1990, elevándose de 1,7 libras [0,77 kg] a 7,6 libras [3,44 kg]. Para 2005, el consumo de uva per cápita era de 8,6 libras [3,9 kg]. El consumo de plátanos per cápita era numéricamente más alto, elevándose de 19,3 libras [8,76 kg] en 1976 a 24,4 libras [11,06 kg] en 1990 y a 25,2 libras [11,43 kg] en 2005. Pero, comparativamente, la tasa de crecimiento en el consumo de plátanos fue inferior a la de la uva. Alston et al., The California Table Grape Commission’s Promotion Program, 11; Susan Pollack and Agnes Perez, Fruit and Tree Nuts: Situation and Outlook; Yearbook 2008, informe del Economic Research Service, U.S. Department of Agriculture, octubre 2008. 4 Alston, et al., The California Table Grape Commission’s Promotion Program, 11. 5 cepal, La cadena de distribución y la competitividad de las exportaciones latinoamericanas, 60. 6 Según la Asociación de Exportadores de Chile, el país exportó 506.188 toneladas métricas de uva de mesa durante la cosecha de 1997-98. Asociación de Exportadores de Chile, Catálogo de la Industria Frutícola Chilena (Santiago: Asociación de Fruta Chilena), 43. 2 3

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Mapa 2. California: valles agrícolas.

a raíz de la radical privatización de la economía chilena llevada a cabo durante los diecisiete años de la dictadura militar del general Augusto Pinochet. Entre 1973 y 1990, Chile se transformó en el primer ejemplo mundial de reestructuración neoliberal, modelo que en las décadas siguientes otras economías en desarrollo adoptaron, o fueron obligadas a adoptar7. A principios de los años 80, en los En otras partes del mundo, fuera de Chile y con anterioridad a Pinochet, existían zonas de libre comercio, especialmente en Puerto Rico, México, Colombia y partes de Asia. Pero Chile fue el primer país en reorganizar toda una economía nacional y sus principales instituciones políticas y sociales, en torno a los principios neoliberales de mercados privatizados, el monetarismo fiscal y el privilegio del comercio internacional. Winn, Victims of the Chilean Miracle?

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Introducción

círculos empresariales internacionales se aclamó a Chile como un milagro económico, y se celebró a la industria de exportaciones frutícolas como un claro ejemplo del éxito del régimen. Sin embargo, la maravilla de las exportaciones también tuvo como fundamento una intensa represión y explotación: persecución de las organizaciones sindicales, horribles abusos de los derechos humanos y el empleo masivo de trabajadores con salarios bajos, entre quienes había un número de mujeres sin precedentes. En la década de 1980, obreras que ganaban menos de US$ 1,50 al día constituían casi la mitad de la fuerza laboral vitícola y el 90 por ciento de la fuerza laboral de las plantas de embalaje. Un claro testimonio de los límites que tienen los milagros fue el alarmante aumento de la desnutrición, de los hogares encabezados por mujeres y de la pobreza8. El espectro de la abundancia en Estados Unidos y el sufrimiento en Chile invoca un escenario familiar. El creciente apetito por la uva de los estadounidenses literalmente se alimentó de los frutos de un coercitivo régimen latinoamericano. Al igual que con productos alimentarios que la precedieron –el azúcar, el café, los plátanos, el chocolate– la circulación de la uva chilena en los supermercados estadounidenses fue impulsada por los salarios miserables y la violencia sistémica que existían al sur de la frontera9. Para 2001, las condiciones laborales que habían prevalecido durante la dictadura de Pinochet eran los tropos usualmente empleados para representar los peligros de la globalización: extrema pobreza, violaciones a los derechos humanos y empleo masivo de mujeres. Los activistas laborales a nivel mundial denunciaron Walter L. Goldfrank, “Fresh Demand: The Consumption of Chilean Produce in the United States”, en Commodity Chains and Global Capitalism, editado por Gary Gereffi y Miguel Koreniewicz, (Westport, Conn.: Greenwood Press, 1994); Goldfrank, “Harvesting Counterrevolution: Agricultural Exports in Pinochet’s Chile”, en Revolution in the World System, editado por Terry Boswell. New York: Greenwood Press, 1989. 9 Por ejemplo: Chomsky, West Indian Workers and the United Fruit Company in Costa Rica; Jiménez, “From Plantation to Cup”; Le Grand, “Living in Macondo”; Minz, Sweetness and Power; Roseberry, et al. Coffee, Society and Power; Soluri, Banana Cultures; Topik, “Coffee”; Topik and Wells, “Coffee Anyone?”. 8

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los talleres explotadores de Haití, Guatemala, India y China, que producían zapatillas y computadoras para satisfacer los deseos del primer mundo. Pero fue durante la Guerra Fría cuando la cuestión del consumo en Estados Unidos y su relación con el tercer mundo se enrareció más. En los cuarenta años que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos celebró su abundancia para el consumidor como el sello distintivo de la primacía moral del capitalismo por sobre el socialismo. En 1959, el Vicepresidente de Estados Unidos, Richard Nixon, alardeó ante al Primer Ministro soviético, Nikita Kruschev, que la cocina típica de una casa de un barrio residencial estadounidense –equipada con sus electrodomésticos de tecnología de punta y productos alimentarios modernos– ejemplificaba la libertad de Estados Unidos10. La insistencia de Nixon en que este espacio doméstico y femenino simbolizaba la extraordinaria capacidad de su país, invocaba la superioridad de la familia nuclear estadounidense, en la que el hombre trabajaba en alguna industria tecnológica avanzada fabricando bienes de consumo que a la vez empoderaban y protegían a la mujer como ama de casa moderna. Durante la pugna de los próximos treinta años entre los súper poderes, Estados Unidos repetidamente sostendría que el capitalismo liberal aseguraba la privacidad y la integridad espiritual de la familia en comparación con el totalitarismo socialista11. Otros países, si llegaran a tener la libertad de hacerlo, naturalmente optarían por el modelo estadounidense. Este intercambio tuvo lugar en la Unión Soviética durante la inauguración de una exposición sobre la cultura estadounidense y pasó a llamarse “el debate de la cocina”. En la exposición se exhibía un modelo del interior de una cocina equipada con refrigerador, lavavajilla y batidora eléctrica, además de productos alimentarios modernos, como comidas congeladas listas para servir y jugo de naranja congelado. Los historiadores por mucho tiempo han hecho hincapié en que esta exposición celebraba la tecnología de los electrodomésticos y de las comidas procesadas en Estados Unidos. Sin embargo, en la cocina también se mostraba un bol grande con fruta, testimonio de la abundancia de la agricultura del país. Richard Nixon, “The ‘Kitchen Debate’ (July 24, 1959)”, en Richard Nixon: Speeches, Writings, Documents, editado por Rick Perlstein (Princeton: Princeton University Press, 2008). 11 Moeller, Protecting Motherhood; Oldenziel and Zachmann, Cold War Kitchen; Tyler May, Homeward Bound. 10

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Introducción

América Latina fue uno de los focos principales de las campañas llevadas a cabo por Estados Unidos con el fin de promover el capitalismo y la democracia como alternativas al comunismo. Este país invirtió miles de millones de dólares en proyectos de desarrollo que prometían acercar el estilo de vida latinoamericano al de sus vecinos del norte. Chile ocupó un lugar privilegiado en estos esfuerzos, recibiendo proporcionalmente más ayuda que cualquier otro país durante la década de 1960. Pero en 1970, los chilenos eligieron a un presidente marxista –Salvador Allende– que estaba comprometido con la construcción del socialismo a través de una vía constitucional. En 1973, la democracia chilena fue destruída por las mismas fuerzas militares que habían jurado defenderla, apoyadas por Estados Unidos. Otros países de la región siguieron un camino similar, y para 1976, en dieciséis países latinoamericanos gobernaban las fuerzas armadas12. A medida que la uva chilena y otros productos provenientes de América Latina comenzaron a aparecer con mayor frecuencia en los supermercados de Estados Unidos, nuevamente surgió la impresión de que la abundancia para el consumidor de esta nación no se basaba en compartir el Sueño Americano sino en explotar a sus vecinos latinoamericanos. Pero los chilenos también eran consumidores. Durante el régimen de Pinochet, los mercados se abrieron a un torrente de artículos importados como prendas de vestir, alimentos, cosméticos, muebles, electrodomésticos y automóviles, provenientes de Asia y del resto de América. Los chilenos de clase alta y media compraban en nuevos centros comerciales que vendían zapatillas Nike, walkmans Sony y whisky Johnnie Walker. Quienes apoyaban el régimen militar alardeaban que los chilenos tenían un estilo de vida En 1976 había gobiernos militares o gobiernos civiles autoritarios dominados por los militares en Chile, Uruguay, Argentina, Paraguay, Bolivia, Brasil, Perú, Ecuador, Honduras, El Salvador, Panamá, Guatemala, Nicaragua, Haití y la República Dominicana. Los gobiernos de Colombia y Venezuela dependían más del poder militar que del constitucional. México y Cuba eran países unipartidistas con diversos niveles de autoritarismo. 12

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estadounidense. Un simpatizante particularmente entusiasta, el economista Joaquín Lavín, se refirió a estos cambios en los consumidores como la “revolución silenciosa”, que había integrado plenamente a Chile a la modernidad global, celebrando el hecho de que los chilenos se vistieran con la última moda internacional en zapatillas de cuero y camisetas, y de que era probable que adquirieran televisores, refrigeradores, hornos de microondas y hasta automóviles. Según se jactaba Lavín, al llegar a los quince años, el adolescente chileno promedio había pasado diez mil horas frente al televisor, “recogiendo información y adquiriendo importantes habilidades didácticas”13. Los chilenos de menos recursos también adquirían bienes de los que nunca antes habían podido disponer. A pesar de sus bajos salarios, muchos hombres y mujeres que trabajaban cosechando uva de exportación pasaron a ser los orgullosos propietarios de televisores, así como también de cocinas a gas, radiocaseteras, juegos de comedor, bicicletas y máquinas de lavar ropa, adquiriendo muchos de estos artículos a través de créditos y, por ende, de una deuda debilitadora. Algunas veces, el objetivo de ser dueño de aparatos modernos era de mayor prioridad que adquirir alimentos adecuados. No obstante, la mayor parte de los trabajadores frutícolas consideraba estas compras como algo positivo, una mejora. Las mujeres se sentían especialmente orgullosas de equipar sus casas con nuevas comodidades –una plancha eléctrica, una batidora, una cocina– al igual que de comprarse de vez en cuando un lápiz labial o un par de jeans. El salario de los hombres se destinaba más bien al arriendo o a la compra de alimentos, los que cada vez abundaban más en los supermercados locales. Ellos también gastaban su dinero en bares y partidos de fútbol, aunque se preocupaban de lo que hacían las mujeres con sus propios ingresos cuando no tenían al lado a un familiar del sexo masculino. Es decir, el nuevo consumo generado por la economía basada en las exportaciones 13

Lavín, La revolución silenciosa, 90 [Nota de la traductora: la cita es traducción del inglés].

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Introducción

frutícolas nunca tuvo lugar exclusivamente en el hemisferio norte o en los barrios de altos recursos de Chile. Se compraron el modelo es una historia de la relación entre la industria chilena de las exportaciones frutícolas y el creciente gusto por la uva en Estados Unidos. El libro sigue el surgimiento del sector comercial de la uva en Chile desde comienzos del siglo XX y las importantes colaboraciones entre los gobiernos de California y de Chile en el desarrollo de las exportaciones de fruta mucho antes de que Pinochet tomara el poder y el neoliberalismo se pusiera de moda. Además, examina las campañas –a menudo paralelas y coordinadas– emprendidas por empresarios tanto californianos como chilenos con posterioridad a 1960 para promover la uva como alimento saludable dentro de Estados Unidos. Los estadounidenses no empezaron a consumir más uva simplemente porque estaba a su alcance. Fue preciso estimular el gusto y desarrollar una pasión por los alimentos teóricamente frescos, labor en la que participaron empresarios de los dos lados del ecuador. Los exportadores frutícolas chilenos fueron especialmente activos dentro de Estados Unidos, creando deseos en el consumidor y prestándoles especial atención a las mujeres como compradoras, ya que pensaban que a ellas les interesaban la comodidad y los alimentos bajos en calorías. Las estrategias de marketing empleadas por californianos y chilenos intencionalmente se ajustaron a las tendencias culturales estadounidenses que cuestionaban de manera radical el valor de los alimentos procesados, forjando alianzas simbólicas con los movimientos de la contracultura que llamaban a “volver al huerto”, así como con las críticas formuladas por la nueva izquierda al sector lácteo y a la industria de la carne. Se compraron el modelo también examina los deseos y las consecuencias en cuanto al consumo por parte de los obreros frutícolas chilenos. La rápida expansión que experimentó la industria de la fruta con posterioridad a 1973, hizo que una gran variedad de bienes supuestamente modernos y urbanos llegaran a comunidades que la mayoría de los chilenos consideraba rurales, tradicio24

nales y campesinas. El estilo de vida rural no desapareció, pero sí sufrió una profunda transformación. Las decisiones sobre qué cosas comprar y quién tenía el derecho a comprarlas, se transformaron en negociaciones diarias entre hombres y mujeres. La mayor parte de las obreras frutícolas insistía en mantener control sobre por lo menos parte de sus ingresos, y regularmente criticaba a los hombres porque ellos no contribuían lo suficiente al presupuesto familiar. Los hombres solían apreciar el poder adquisitivo de la mujer y valoraban las cocinas y los televisores adquiridos con su salario. Pero un gran número de varones –y de mujeres– lamentaban amargamente que el hombre hubiera dejado de ser el sostén de la familia de la forma en que lo había sido hasta hacía poco. Durante los años 60 y principios de los 70, los gobiernos democráticos de Chile, incluso el de Allende, emprendieron importantes proyectos de reforma agraria que expropiaron casi la mitad de las tierras agrícolas del país y distribuyeron grandes cantidades de tierra y de puestos de trabajo a los campesinos que eran jefes de hogar. La reforma agraria en efecto abolió tanto el sistema de latifundios –que tenía siglos de antigüedad– como los arreglos laborales de peonaje, y los reemplazó por sistemas mixtos de predios administrados por el Estado, cooperativas y fundos privados. Los salarios de los obreros del agro se triplicaron, o más, entre 1964 y 1973. Los programas del Estado alentaron a los campesinos a considerarse “sus propios patrones”, el sostén de sus familias y los productores del país, mientras que urgían a las campesinas a transformarse en amas de casa modernas que financiaban la educación de sus hijos y servían como voluntarias al desarrollo comunitario. Todo esto cambió con el golpe de 1973. Los predios administrados por el gobierno fueron desmantelados. Los pequeños agricultores se vieron obligados a vender sus tierras por falta de créditos y de acceso a tecnología. Las estrictas políticas monetarias que adoptaron los militares y la represión de los sindicatos hicieron que los salarios se desplomaran a menos de la mitad de lo que habían sido en 1972. A medida que se expandió la indus25

Introducción

tria de la fruta, las oportunidades laborales de los hombres de la región agrícola más importante de Chile, el Valle Central, se limitaron cada vez más a la calidad de temporeros, con lo que el empleo estacional de la mujer en las plantas de embalaje pasó a ser más crucial para la supervivencia de las familias. Paradójicamente, la mayor vulnerabilidad de la vida diaria le dio a la mujer mayor poder de negociación en sus relaciones con el hombre, lo que supuso cambios en el modo en que los habitantes de las zonas rurales entendían su trabajo y su familia. Se compraron el modelo se enfoca especialmente en la forma en que el consumo opera como terreno de luchas políticas. El consumo en sí no es inherentemente bueno ni malo. Es una relación social entre individuos, mediada por bienes que han sido fabricados, y dotada de significado por los propios individuos. En Chile, las negociaciones de género entre hombres y mujeres sobre quién tenía derecho a comprar qué, siempre fueron políticas ­–negociaciones sobre el poder y la autoridad dentro de familias y comunidades, entre personas y generaciones–. Algunas veces las negociaciones se conectaban con las luchas contra el régimen militar o con las condiciones en las plantas de embalaje, pero con frecuencia este no era el caso. En las decisiones diarias sobre quién debía comprar qué, y lo que esto significaba, en general no se decía nada explícito sobre Pinochet ni el neoliberalismo, ya fuera en favor o en contra. Sin embargo, esto no significa que semejantes actos fueran no políticos. La creciente necesidad que experimentaban las familias de contar con el salario de las mujeres, junto con la determinación de ellas de decidir la forma en que ese dinero se iba a gastar, eran signo de la erosión del control del hombre sobre la mujer, tanto dentro como fuera de la familia. La adquisición de regalos consistentes en ropa o cosméticos pasó a tener importancia para la solidaridad entre las mujeres, especialmente las compañeras de trabajo. La adquisición de un televisor o de una cocina de segunda mano podía ayudar a que una mujer consiguiera mayor cooperación de parte de su esposo– o por lo menos una concesión a regañadientes. Pocas mujeres 26

consideraban que estos cambios eran liberadores, dado que estaban relacionados con una pobreza y una represión intensificadas. No obstante, las nuevas prácticas de consumo representaban una redistribución del poder y constituían una política del diario vivir que tanto hombres como mujeres experimentaban de las maneras más inmediatas y personales. Pero el consumo también operaba como un terreno politizado en las pugnas relacionadas con el gobierno militar. Los participantes en los contundentes movimientos a favor de la democracia que surgieron en la década de 1980 para desafiar a Pinochet, constantemente hablaban del consumo, por lo general en términos negativos. Los críticos del régimen lamentaban la forma en que el neoliberalismo y la cultura del consumo habían destruido la cultura chilena tradicional o anestesiado al pueblo en relación a la acción política. A los activistas les preocupaba que el consumismo fuera un problema que afectara en particular a la mujer, quien supuestamente pasaba más tiempo yendo de compras y mirando televisión. De hecho, los militares legitimaban su poder afirmando que habían hecho llegar a las familias una cantidad de bienes de consumo sin precedentes, y que habían beneficiado a la mujer de manera especial. Los defensores de la democracia respondían que la dictadura neoliberal había hecho de Chile una sociedad profundamente injusta. Además, afirmaban que solo una minoría de los chilenos se había beneficiado del auge del consumo, mientras que a la mayoría le faltaban las cosas que realmente necesitaba o bien había sido inducida a desear bienes que no eran imprescindibles. Muchas de las actividades realizadas por los defensores de la democracia, así como los argumentos que empleaban, giraban en torno al concepto del consumo inadecuado, es decir, la noción de que no había suficientes bienes para todos o de que algunas formas de consumo entrañaran una bancarrota moral. De cualquier modo, la culpa residía en la falta de democracia en Chile. La Iglesia católica, uno de los primeros críticos de los atropellos a los 27

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derechos humanos cometidos por los militares, alzó su voz cada vez más contra los flagelos de la pobreza y la desigualdad social que revestían el capitalismo no regulado y la represión política. Así, exigió sindicatos más fuertes para defender los salarios y la dignidad de los trabajadores, y también patrocinó ollas comunes y cooperativas de consumidores a nivel comunitario para alimentar a la población y reconstruir la comunidad. El movimiento sindical chileno, objeto de una brutal represión luego del golpe de 1973, resurgió en los años 80 y se unió a nuevos movimientos sociales de desempleados, residentes de barrios marginales, feministas y estudiantes. De manera colectiva, el movimiento pro democracia vinculaba la dictadura con la profunda falta de necesidades básicas, tales como alimentos y vivienda. El lema “¡Pan, techo y libertad!” se transformó en la consigna contra Pinochet en las masivas protestas que sacudieron las calles de Santiago durante casi diez años. Incluso los grupos de derechos humanos, que galvanizaron con éxito las críticas internacionales a la tortura y a los fusilamientos clandestinos, expandieron su misión para incluir el derecho humano a un medio de subsistencia justo14. El hecho de que Pinochet se viera obligado a dejar el poder en 1990, obedeció en parte a que su postulado de haber creado abundancia para el consumidor hubiera sido tan desafiado por las críticas de los sectores pro democracia. El consumo también era terreno de lucha en Estados Unidos. La agroindustria de California se empeñó en convencer a los estadounidenses de que alimentos como la uva eran superiores estética y nutricionalmente a los productos congelados y enlatados. La propuesta era que, a diferencia de los llamados alimentos industriales, las frutas y las verduras frescas provenían de la Madre Naturaleza, y la uva llegaba recién cosechada de las parras. De manera algo diferente, las empresas chilenas exportadoras de fruta se empeñaron en que su uva fuera aceptada en los mercados de Estados Unidos 14

Hutchison y Orellana, El movimiento de derechos humanos en Chile.

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como tecnológicamente avanzada, producida por la ultramoderna industria frutícola chilena y tan aséptica que no era necesario considerar que provenía del tercer mundo. El marketing realizado tanto por Chile como por California hacía hincapié en que la uva era saludable, aprovechando las abundantes críticas al procesamiento comercial de los alimentos que circulaban en Estados Unidos en los años 70. Los vegetarianos, los hippies, los radicales urbanos, los residentes de las comunas y otros grupos que formaban parte de la contra cultura, equiparaban los alimentos envasados con lo falso y hasta lo plástico. Los defensores de los derechos del consumidor, como la organización Public Citizen de Ralph Nader, sostenían que la falta de reglamentación de la industria alimentaria tenía por consecuencia que el consumo de muchos productos lácteos y cárnicos fuera peligroso. Incluso el Departamento de Agricultura de Estados Unidos advirtió que el consumo de un exceso de grasa, azúcar o sal incidía en el aumento de las enfermedades cardíacas y los derrames cerebrales15. La agroindustria chilena y la californiana respondieron a estas inquietudes sosteniendo que la uva era fresca y producida sin aditivos ni intervención industrial. La publicidad de la uva se enfocó especialmente en la mujer, quien hacía la mayor parte de las compras de la familia y supuestamente era la más interesada en la salud y la dieta. Para la década de 1980, los comerciales de los supermercados se enfocaban en la “mujer que trabaja hoy”, la cual quería la comodidad de un snack rápido tanto como una figura espigada. Las imágenes de la uva como un alimento que hacía sexy a la mujer se transformaron en mensajes feministas de que la uva era para la mujer independiente. La comercialización de la uva también se dirigía al hombre moderno, quien aceptaba la carrera de su esposa y deseaba hijos inteligentes y afectuosos. La uva era buena para la salud, y esto porque era fresca, llevada directamente al consumidor 15 Belasco, Appetite for Change; Levenstein, Paradox of Plenty; Levenstein, Revolution at the Table.

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como un alimento no procesado y cultivada bajo las mayores condiciones de pureza. Los hombres y las mujeres que laboraban en las viñas de California pensaban de manera diferente. Bajo el liderazgo de César Chávez, el ufw instigó una serie de boicots contra la uva por parte del consumidor, desde fines de los años 60 hasta fines de los 80. El sindicato sostenía que la uva no era buena para nadie, y que tampoco era un regalo de la naturaleza que careciera de intermediarios. Por el contrario, la uva estaba envenenada con pesticidas y era producida con la sangre y el sudor de los obreros agrícolas, cuya gran mayoría era mexicoamericana o inmigrantes provenientes de México. El ufw estaba fuertemente influenciado por las luchas de los derechos civiles dadas por los afroamericanos, como también por las actividades organizativas para combatir la pobreza llevadas a cabo por cristianos progresistas y la nueva izquierda. Los boicots del ufw ligaban de manera explícita la justicia social para los trabajadores mexicoamericanos con el interés personal y la moralidad del consumidor estadounidense, cuya mayoría era de raza blanca. Los activistas aducían que si la uva era tóxica para el obrero del agro en California, también lo era para las familias de todo el país. Solamente a través de sindicatos fuertes que abogaran por condiciones laborales justas, se lograría que la uva se pudiera consumir sin peligro. La conexión entre la justicia social y el consumo en Estados Unidos también fue planteada por los activistas que protestaban la dictadura militar chilena dentro de este país. Con posterioridad al derrocamiento de Allende en 1973, surgió un movimiento informal de solidaridad con Chile a partir de una alianza entre izquierdistas, académicos, instituciones religiosas, sindicatos y refugiados chilenos. “¡Boicot a Chile!” pasó a ser la consigna de las demostraciones de protesta, los conciertos musicales y el lobby político que tenían por objetivo sensibilizar a la población sobre Chile y alterar la política exterior estadounidense. Los activistas urgían a los consumidores a abstenerse de adquirir productos importados de Chile, 30

especialmente uva, pero también vino, madera y pescado. Asimismo, abogaban por un amplio embargo comercial contra Chile por parte de Estados Unidos hasta que el régimen militar dejara de violar los derechos humanos y aceptara un regreso a la democracia. El movimiento de solidaridad con Chile se construyó teniendo como base la fuerte condena al imperialismo estadounidense que había impulsado las protestas en contra de la Guerra de Vietnam, pero el movimiento la aplicó a América Latina, donde Estados Unidos tenía una historia mucho más larga de intervención militar. Los activistas denunciaron el gobierno de Nixon por llevar al poder a Pinochet y por tolerar las atrocidades del régimen. Luego de que Reagan fuera elegido presidente en 1980, el apoyo del gobierno de Estados Unidos a los esfuerzos militares por erradicar el marxismo en Centroamérica se hizo abierto. El movimiento de solidaridad con Chile se convirtió en el modelo de protestas más amplias contra la política estadounidense en Nicaragua, El Salvador y Guatemala16. Los boicots al café y a las prendas de vestir provenientes de Centroamérica imitaron las campañas del “¡Boicot a Chile!”, urgiendo a los consumidores a tener conciencia de que sus decisiones personales estaban ligadas al destino de los latinoamericanos. El concepto del comercio ético, que pasó a ser el foco del activismo contra la globalización en el siglo XXI, surgió con fuerza en los movimientos de solidaridad con Chile y América Central que tenían su base en Estados Unidos. Numerosos habitantes de esta nación respondieron a los llamamientos a concientizarse sobre el origen de sus alimentos y a ser más activos a su respecto. No obstante, consumían más uva –importada y nacional– que nunca antes (ver figuras 1 y 2).

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Gosse, Where the Boys Are; Green, We Cannot Remain Silent; Lekus, “Queer Harvests”.

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libras per cápita

Consumo anual de uva per cápita en EE.UU. 1950-1992

total nac onal mportada

Figura 1. Consumo de uva per cápita por año en los Estados Unidos, 19501992. Compilación de la autora basada en Alston et al., The California Table Grape Commission’s Promotion Program, 11-2.

millones de libras

origen de la uva importada por EE.UU. 1950-1992

total de mportac ones de uva mportada de ch le mportada de méx co

Fuente USDA G ann n Foundat on

Figura 2. Origen de importaciones de uva en los Estados Unidos (libras). Compilación de la autora basada en Alston et al., The California Table Grape Commission’s Promotion Program, 11-2.

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Giros transnacionales Se compraron el modelo contiene historias que van y vienen entre Chile y Estados Unidos. Es un argumento sobre las conexiones –y a veces desconexiones– que estructuraron a estos dos países de manera mutua durante la Guerra Fría, no es una historia comparativa de la forma en que la vida en Chile era similar o diferente de la de Estados Unidos. El libro engrana con debates recientes sobre la historia mundial y con estudios transnacionales que enfatizan la necesidad de ir más allá del marco de naciones consideradas individualmente o de regiones particulares definidas como campos de estudio (Asia, Europa, América Latina, África)17. Además, contribuye especialmente a la nueva escritura sobre América, que desafía la idea de que existe una clara diferencia entre la experiencia de Norteamérica (principalmente historias sobre Estados Unidos) y la de América Latina (supuestamente toda la región)18. Se compraron el modelo examina la forma en que las historias de Chile y Estados Unidos se vincularon y se influenciaron entre sí. La experiencia con la uva, el consumo y la Guerra Fría que tuvieron estos dos países no fue la misma. Más bien, la forma en que la uva transformó la política y el consumo en cada uno se produjo a partir de las dinámicas culturales, económicas y sociales que operaban dentro de las propias fronteras de cada nación, como también a partir las divisiones nítidas entre América del Norte y América del Sur. Este libro busca revertir la perspectiva de cómo se analiza la interacción mutua entre América Latina y Estados Unidos. La larga costumbre ha sido considerar que este último actúa sobre Latinoamérica, ya sea como poder imperialista, benefactor liberal, o las dos cosas. Cuando pensamos acerca de la circulación de productos, es común imaginar que América Latina responde a demandas exManning, Navigating World History; Pomeranz, The Great Divergence. Greene, The Canal Builders; Levander and Levine, Hemispheric American Studies; McGuinness, Path of Empire; Shukla and Tinsman, Imagining Our Americas y Radical History Review: Our Americas Cultural and Political Imaginings, Issue 89 (primavera, 2004). 17 18

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ternas y a modelos culturales que emanan de un Estados Unidos o de una Europa con muchísimo más poder, o bien que son impuestos por estos. Según estas fórmulas, América Latina produce bienes para un Atlántico Norte voraz, e importa o emula gustos que primero fueron desarrollados en el norte. Se compraron el modelo pregunta lo que significa que los chilenos fueran actores dentro de Estados Unidos; empresarios que activamente promocionaban su uva, desarrollaban contactos con la agroindustria californiana, y buscaban atraer compradores con promesas de salud y figuras esbeltas. Del mismo modo, el libro pregunta lo que significa que los campesinos y los obreros del agro chilenos fueran consumidores modernos, del siglo XX, que desarrollaban nuevos gustos y superaban interacciones complejas con máquinas lavadoras y televisores importados. Estas preguntas procuran alterar la lógica automática que sustenta a las jerarquías binarias consistentes en América del Norte versus América del Sur, lo urbano versus lo rural, los consumidores versus los trabajadores, el moderno primer mundo versus el abyecto tercer mundo. Esto no significa que la cancha de juego de los chilenos estuviera nivelada con la de los estadounidenses. El dominio de Estados Unidos en el hemisferio occidental, a nivel económico, cultural, político y militar, siempre ha sido de importancia. Al desarrollar las exportaciones frutícolas, los chilenos se volcaron abiertamente hacia este país, California en especial, en busca de tecnología y de formación universitaria, y se beneficiaron enormemente con la inversión y asistencia que recibieron. El apoyo militar y económico que prestó Estados Unidos a la toma de poder por parte de Pinochet, directamente permitió la radical reforma neoliberal emprendida por Chile. Durante la dictadura, los obreros chilenos fueron blanco de un nuevo tipo de explotación: se alimentaban mal y sufrían de desnutrición, a pesar de que su trabajo permitía que la dieta de los estadounidenses fuera más saludable. Al tener en cuenta esta dinámica, la tarea pasa a ser no solamente revertir la perspectiva, sino también observar en dimensiones múltiples. Se compraron el 34

modelo busca reconocer y descentrar simultáneamente el poder estadounidense mediante la incorporación de Estados Unidos a una historia sobre el impacto que tuvo Chile dentro de las fronteras de su propio país. Se compraron el modelo se basa tanto en las tradiciones como en las nuevas tendencias que se encuentran dentro de los campos de estudios académicos llamados Latin American Studies y U.S. American Studies. En tanto una historia de la industria chilena de la exportación de la uva, el libro recurre a los paradigmas fuertemente materialistas de Latin American Studies para enfocar el comercio de productos, la explotación de los trabajadores, la formación de un Estado, el desarrollo económico y el imperialismo. Como una historia del consumo, Se compraron el modelo aprovecha los amplios debates que existen dentro de U.S. American Studies sobre la cultura popular como locus del poder político, de la resistencia y de la generación de diferencias basadas en género y raza. Esto no significa que Latin American Studies haya ignorado la cultura, como tampoco que U.S. American Studies carezca de una tradición materialista o de interés en el Estado. Más bien, reconoce que como ámbitos académicos creados principalmente por la Guerra Fría, los dos parten de diferentes supuestos sobre sus temas de estudio y hacen preguntas diferentes19. Latin American Studies se ocupa desde hace tiempo de dar cuenta de lo que diferencia a América Latina de Estados Unidos y de Europa, como también del impacto de las desigualdades que existen a nivel global, de las raíces del autoritarismo y de la viabilidad de la democracia. Es decir, este campo de estudios se inició siendo inherentemente comparativo y transnacional, enfocado en las relaciones entre diferentes regiones del mundo, así como entre países más ricos y más pobres. En contraste, una de las grandes innovaciones de U.S. American Studies consistió en ocuparse de la cultura como objeto de análisis, enfocándose en 19

Tinsman and Shukla, “Across the Americas”.

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las formaciones internas de Estados Unidos (el único país dentro del sistema académico estadounidense que constituye su propio campo de estudios). Precisamente debido a la responsabilidad que esta carrera se autoasignó de mapear las especificidades internas de la nación, ella se enfocó vigorosamente en las cuestiones de diferenciación racial, sexual y de género que abordaron los movimientos sociales de los años 60 y posteriores. Dentro de U.S. American Studies, en especial, se originó el giro lingüístico que ha urgido a los académicos a considerar la cultura y el idioma como ámbitos controvertidos de poder político. En años recientes, tanto este campo como Latin American Studies se han movido en distintas direcciones. Una serie de estudios producidos en este último sobre género y raza han hecho que el análisis cultural tenga incidencia en el tema de los compromisos materialistas duraderos con la economía política. U.S. American Studies, por su parte, ahora se enfoca más en el exterior para considerar la manera en que temas como proyectos de imperio, guerras mundiales, zonas fronterizas negociadas y fronteras, han dado forma a la sociedad estadounidense. Se compraron el modelo tiende puentes entre estas distintas perspectivas, pero su objetivo es ir más allá de simplemente mezclar y revolver. Propone que escribir una historia transnacional de Chile y Estados Unidos involucra escribir sobre la forma en que los paradigmas que operan dentro de campos de estudios académicos han construido Estados Unidos y Chile, y replantea esos modelos. Por ejemplo, las sofisticadas tradiciones de Latin American Studies sobre el imperialismo estadounidense han solido eclipsar el papel emprendedor de los hombres de negocios latinoamericanos, o bien, han sugerido que la pasión por el neoliberalismo económico siempre fue impuesta a América Latina desde el extranjero. De modo similar, la forma en que U.S. American Studies examina el impacto de los latinoamericanos dentro de Estados Unidos suele comenzar en la frontera (o en las zonas fronterizas), centrándose en los inmigrantes o en la figura del latino. 36

El argumento de este libro de que los empresarios chilenos desempeñaron un papel clave en el marketing de la uva en Estados Unidos emplea las tradiciones de Latin American Studies y de U.S. American Studies, pero al mismo tiempo critica sus límites. Asimismo, sostiene que los trabajadores frutícolas chilenos tuvieron una interacción compleja con el consumo. En el campo de Latin American Studies se han publicado una cantidad de historias laborales importantes, pero rara vez se ha considerado a los campesinos y a los obreros como consumidores, con lo cual involuntariamente se da a entender que el consumo es un lujo de las clases privilegiadas y del primer mundo20. A la inversa, en los numerosos excelentes estudios publicados en el campo de U.S. American Studies sobre la cultura del consumidor estadounidense, rara vez se consideran los vínculos con las vidas de los trabajadores fuera de Estados Unidos, y casi nunca se aborda la forma en que dichos trabajadores también son consumidores de bienes que provienen del exterior. Como objeto de estudio, Se compraron el modelo se enfoca en una dinámica transnacional de las Américas, sin rechazar las cuestiones analizadas dentro de campos de estudios académicos que se centran en regiones y tienen mayor antigüedad. La propuesta de este libro es que se precisa desarrollar nuevos marcos, y que estos se traducen en historias y argumentos sobre el pasado que son diferentes. Las historias nacionales, así como de estados-nación, de Chile y de Estados Unidos se encuentran muy presentes en este libro. La meta de los estudios transnacionales o de la historia mundial no debería ser declarar que el Estado-nación es irrelevante, como tampoco obligarnos a considerar siempre los elementos comunes, sino subrayar la manera en que la dinámica que se desarrolla a través de las fronteras crea diferencias nacionales y regionales. Se compraron el modelo, como título, constituye una pregunta retórica. El libro sostiene que las luchas laborales y de género que En varios estudios excelentes se considera el consumo como parte de historias laborales más amplias. Ver Grandin, Fordlandia; James, Doña María’s Story; Klubock, Contested Communities; y Putnam, The Company They Kept. 20

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se dieron dentro de Chile fueron inseparables de las formas en que el autoritarismo chileno facilitó la creación de nuevos gustos en el consumidor fuera de Chile, tal como el apetito estadounidense por la uva. Esto, a su vez, puso de relieve el hecho de que los chilenos fueran consumidores de bienes exportados por otros países. La respuesta a “¿quién se compra el modelo?” es banal: todos. Pero el significado de la pregunta, así como a quién se aplica, adquiere una importancia diferente cuando se la hace desde múltiples perspectivas. Análisis del consumo El consumo es importante para replantearse las antiguas maneras de considerar a América Latina y Estados Unidos. Desde hace muchos años, la cultura del consumidor ha sido un tema central en los estudios sobre Estados Unidos y Europa, y también se lo está profundizando en otros ámbitos21. Si bien los historiadores insisten en que los actos de consumo y el significado de este son muy antiguos, examinan con especial atención los bienes que hizo circular el capitalismo con posterioridad al siglo XVI, y los académicos debaten con pasión sobre el momento en que se inició la cultura de masas. Los estudiosos de la historia han hecho una distinción entre el consumo como una categoría analítica y el consumismo como un conjunto particular de significados ligados al consumo en los siglos XIX y XX, abarcando la producción y el uso masivo de bienes. Existen profundos desacuerdos sobre si la cultura del consu21 Existe un gran número de publicaciones sobre el consumo desde el punto de vista histórico. Algunas de importancia son Agnew, “Coming Up for Air”; Auslander, Taste and Power; Bronner, Consuming Visions; Cohen, A Consumers’ Republic; Cohen, Making a New Deal; Cross, An All-Consuming Century; De Grazia and Furlough, The Sex of Things; Enstad, Ladies of Love; Frank, Purchasing Power; Glickman, Buying Power; Glickman, Consumer Society in American History; Glickman, A Living Wage; Lears, Fables of Abundance; Peiss, Hope in a Jar; Schwartz, It’s So French!, Weinbaum et al., The Modern Girl around the World; Wightman Fox and Lears, The Culture of Consumption.

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midor constituye alienación e ilusión, fetichismo y desplazamiento, o auto transformación y creación de comunidad. Estas discusiones en realidad son repercusiones de argumentos más amplios que se relacionan con los méritos del capitalismo en sí22. Independientemente de sus diferencias, las mejores discusiones reconocen el consumo como una relación social que genera jerarquías y diferencias de poder23. Esto hace posible que se considere político al consumo, algo sobre lo cual la gente discute, y que es básico en las experiencias de poder diarias. La historia de América Latina no se había ocupado mayormente del tema del consumo hasta hace poco tiempo24. Más bien, se había enfocado en la producción: el suministro de materias primas a nivel mundial por parte de la región, la resistencia de los obreros latinoamericanos a condiciones de explotación; y cuando se ha tomado en cuenta el consumo, su análisis ha quedado subordinado a otras agendas. Sin embargo, la historia de América Latina ha prestado gran atención a las luchas políticas, la controvertida índole del poder social. Su virtual fijación con las relaciones entre clases y el Estado ha hecho que trabajadores y campesinos sean los protago22 Walter Benjamin, The Arcades Project, editado por Rolf Tiedermann y traducido por Howard Eiland and Kevin McLaughlin (New York: Belknap, 2002); Benjamin, “The Work of Art in the Age of Mechanical Reproduction”; Horkheimer and Adorno, Dialectic of Enlightenment; BuckMorss, The Dialectics of Seeing; and Schwartz, “Walter Benjamin for Historians”. 23 Appadurai, The Social Life of Things; Attfield, Wild Things; Bell and Valentine, Consuming Geographies; Berman, All That Is Solid Melts into Air; Bourdieu, Distinction; Douglas and Isherwood, The World of Goods; D. Horowitz, The Morality of Spending; Jameson, Postmodernism; Lisa Lowe and David Lloyd, Politics and Culture in the Shadow of Capital; Miller, Acknowledging Consumption; Miller, Modernity; Slater, Consumer Culture and Modernity. 24 Baker, The Market and the Masses in Latin America; Barr-Melij, Between Revolution and Reaction; Bauer, Goods, Power, History; Bauer, Goods, Power, History e “Industry and the Missing Bourgeoisie: Consumption and Development in Chile, 1850-1950”; García Canclini, Consumidores y ciudadanos; Elizabeth Eduardo Elena, Dignifying Argentina: Peronism, Citizenship, and Mass Consumption; Jélin, “Las relaciones sociales del consumo: El caso de unidades domésticas de sectores populares-Argentina”, en La mujer en el sector popular urbano: América Latina y el Caribe, 175-98. Santiago de Chile: cepal, 1984; Joseph, Rubenstein, and Zolov, Fragments of a Golden Age; López and Weinstein, The Making of the Middle Class; Ochoa, Feeding Mexico; Orlove, The Allure of the Foreign; Seigel, Uneven Encounters; Stillerman, “Disciplined Workers and Avid Consumers”; Stillerman, “Gender, Class, and Generational Contexts for Consumption in Contemporary Chile”; John Super, Food, Conquest and Colonization in Sixteenth-Century Latin America; Zolov, Refried Elvis.

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nistas de las narrativas nacionales. Por cierto que la historia laboral de Estados Unidos ha hecho lo mismo. Sin embargo, existen muchas historias sobre el consumo en este país que se enfocan en las vidas de la clase media y de las elites, o que discuten la cultura de masas en lugar de las prácticas de consumo de la mayor parte de los estadounidenses. Las investigaciones académicas sobre Estados Unidos en su gran mayoría examinan las dinámicas internas, las luchas por la inclusión, la movilidad, el cambio, la expresión y la opresión dentro de la nación. A excepción de la historia laboral, las historias sobre el consumo de los estadounidenses dicen poco sobre la producción: dónde, cómo y por quiénes se fabrican los bienes que se consumen. Esto reitera la dicotomía entre obreros y una clase ociosa, y estimula la noción de que Estados Unidos consume lo que las personas del resto del mundo meramente producen. Llama la atención que los estudios llevados a cabo sobre los alimentos en Estados Unidos no hayan demostrado interés en los trabajadores25. Las apasionadas críticas al surgimiento de la agricultura corporativa y al procesamiento industrial de alimentos no dicen mucho sobre quienes trabajan en la industria alimentaria, sino que tienden a romantizar la cocina casera y la labor del ama de casa (o de los sirvientes) que precedieron a la corrupción de la comida26. Muy pocos estudios sobre los alimentos que se venden dentro de Estados Unidos se ocupan de los bienes importados desde el extranjero, y la mayoría ignora la tradición de Latin American Studies de seguir el viaje de los productos desde que salen de las colonias o países periféricos hasta que llegan a las cocinas de los centros metropolitanos27. En la práctica, los historiadores que se Daniel Bender and Jeffrey M. Pilcher, “Editor’s Introduction: Radicalizing the History of Food”, Radical History Review Nº 110 (primavera 2011): 1-7. 26 Michael Pollan, In Defense of Food; The Omnivore’s Dilemma; The Botany of Desire. Para una crítica de Pollan y de otros autores que critican los alimentos, consultar Deutsch, “Memories of Mothers in the Kitchen”. 27 Las publicaciones sobre la historia de bienes y trabajo en América Latina son numerosas. Entre las más importantes se encuentran J. Brown, Oil and Revolution in Mexico; Chomsky, Linked Labor Histories; Chomsky, West Indian Workers and the United Fruit Company in Costa Rica; Clarence-Smith and Topik, The Global Coffee Economy in Africa, Asia, and Latin America; 25

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ocupan de los bienes han solido demostrar solo un interés superficial en el consumo, lo que la gente en realidad hace con los bienes que se transportan y lo que ellos significan. Las historias de Chile adolecen de un problema diferente. Muchas de las discusiones sobre los años de Pinochet hacen hincapié en el consumo como un fenómeno enteramente nuevo creado por el régimen militar, y se ocupan primordialmente del impacto que los bienes que circulaban a nivel internacional tuvieron sobre los obreros y las mujeres. Pero, en general, se considera al consumo como “el malo de película” que ayudaba a mantener al dictador en el poder. Los críticos lamentan que los deseos de adquirir bienes como los de los consumidores estadounidenses y estilos de vida de la clase alta que mostraba la televisión, hayan diluido la militancia de la clase trabajadora chilena28. Y se describe a las mujeres chilenas como especialmente susceptibles. Después de todo, eran ellas las que marchaban por las calles de Santiago golpeando ollas vacías para protestar el hecho de que el socialismo no hubiera evitado las colas para comprar alimentos, como tampoco su racionamiento. En la víspera del golpe de 1973, grupos formados por numerosas mujeres visitaron personalmente a líderes militares, los ridiculizaron por ser cobardes y les suplicaron que se pusieran los pantalones para salvar a la patria del marxismo29. Estos momentos básicos de complicidad femenina en contra de la democracia son recurrentes en las investigaciones académicas sobre el gobierno militar, con lo cual es difícil considerar a la mujer chilena excepto como un ama de casa reaccionaria. Por el contrario, los argumentos sobre el obrero chileno (supuestamente hombres en general) presentan excusas por Gootenberg, Andean Cocaine; Grandin, Fordlandia; Klubock, Contested Communities; Mintz, Sweetness and Power; Putman, The Company They Kept; Topik and Wells, The Second Conquest of Latin America; Soluri, Banana Cultures; Weinstein, The Amazon Rubber Boom. 28 Moulian, Chile Actual; Moulian y Marín, El Consumo me consume, P. Silva, “Modernization, Consumerism, and Politics in Chile”; Raúl González Meyer, “Reflexiones sobre el consumo: Más allá de lo privado y más acá de la condena”, Revista de Economía y Trabajo, Nº 11 (2001): 207-34. 29 Baldez, Why Women Protest; y Power, Right-Wing Women in Chile.

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una misión de clase fallida. En un principio, el sindicalismo chileno fue silenciado por la violenta represión, y cuando los sindicatos resurgieron en los años 80 como parte del movimiento pro democracia, nunca recobraron el protagonismo que habían tenido durante la época de Allende. Más fundamentalmente, la mayor parte de los sindicatos aceptó el neoliberalismo como fait accompli para el futuro. La observación de que uno de los grandes triunfos de Pinochet fue identificar el consumo como un terreno de legitimidad desatendido es crucial para comprender el autoritarismo neoliberal y la fuerza de su legado. Igualmente, los argumentos que sostienen que bajo una dictadura la cultura de masas del consumidor puede deslegitimar las pretensiones democráticas, ofrece un contrapunto a las investigaciones sobre el consumo en Estados Unidos, las que a pesar de su diversidad y matización tienden a considerarlo como una forma de participación en la sociedad civil. Conceptualmente, los estudios sobre Chile bajo el régimen militar se basan más en debates marxistas sobre el fascismo europeo precisamente porque la híper modernidad de la que tanto se habló durante el régimen de Pinochet estaba más atada al colapso que a la difusión de la democracia. Pero el consumo, así como la cultura del consumidor en Chile durante el régimen militar, nunca se dio exclusivamente a nivel reaccionario. Los significados que crearon los bienes que circulaban entre la gente no fueron fijados ni creados al por mayor por los militares ni por sus asesores económicos educados en Estados Unidos. Al igual que otras relaciones sociales, el consumo se produce dentro de relaciones especiales de poder y da origen a nuevas relaciones. Es más apropiado considerarlo como un terreno contencioso o un campo de fuerza30. Se puede evaluar si ciertas formas de consumo son buenas o malas para quienes las practican –emancipadoras o explotadoras, generadoras de nuevos significados, productoras de 30 Lo que yo entiendo por el consumo como un terreno de pugna se basa en discusiones sobre hegemonía. Ver Roseberry, Anthropologies and Histories; y Williams, Marxism and Literature.

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continuidad, y así sucesivamente– pero no es posible evaluar si el consumo en abstracto es o no virtuoso. Se compraron el modelo se enfoca en el consumo como una categoría analítica, un terreno donde las relaciones sociales están estructuradas por actos de usar bienes y darles significado. El libro examina de una manera diferente la forma en que la política de la Guerra Fría elaboró ideas sobre el consumismo y la cultura del consumidor que confirieron valores distintos a ciertos artículos en particular, como la uva, los televisores y los cosméticos. Puesto que en Chile el régimen de Pinochet celebró la circulación de bienes importados a nivel masivo como prueba de su legitimidad, los opositores del régimen rápidamente denunciaron el consumismo como un servidor de la tiranía política. El origen foráneo de los bienes del consumidor fue de especial importancia, y dio base para los argumentos sobre si el consumismo hacía que Chile fuera moderno o bien si constituía una nueva forma de victimización del país por parte del imperialismo. En Estados Unidos, por el contrario, los debates sobre la cultura del consumidor en relación a los alimentos con frecuencia presuponían que el suministro cada vez más amplio de frutas y verduras frescas, aunque distribuido de manera desigual, provenía de las dotes naturales del país y de la economía agraria interna. En los ámbitos en que era de importancia que los productos alimentarios fueran extranjeros, el hecho de que estuvieran disponibles en los mercados estadounidenses con frecuencia afirmaba el cosmopolitismo de las alternativas que existían a la hora de comprar. Incorporación del género a las historias nacionales El género constituye una categoría de análisis que tiene una importancia crucial a la hora de escribir historias transnacionales. A pesar de que existe cierto recelo entre los estudios feministas y la historia mundial, hace tiempo que los académicos que se enfocan 43

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en el género y la sexualidad exploran conceptos que son centrales para analizar la dinámica global, entre ellos, la producción social de fronteras, la diferencia, y la desigualdad como hechos naturales31. Las preguntas feministas materialistas sobre el trabajo y las divisiones laborales basadas en el género, tienen mucho que ofrecer a las historias mundiales de los productos básicos, del comercio, de los imperios y de la formación de Estados comparada. Además, el género es clave para replantearse las relaciones entre distintas regiones del mundo y lo que constituye una región o zona para empezar. Las reclamaciones históricas de Estados Unidos sobre América Latina con frecuencia han sido caracterizadas por los actores contemporáneos (y los académicos) como una autoridad masculina (el tío Sam) que alternadamente busca seducir a una América Latina femenina a través del comercio, o disciplinar al revoltoso e infantil hombre latinoamericano mediante la fuerza militar. Las historias transnacionales que desafían los marcos unidireccionales ponen en cuestión estos esquemas binarios. El género tiene especial importancia cuando se analiza el consumo como un fenómeno transnacional. La idea de que la mujer es más susceptible a la seducción del consumo que el hombre, en realidad no se limita exclusivamente a las historias sobre Chile; de hecho, su representación como vulnerable ante el capitalismo del consumidor ha sido común en las narrativas sobre Estados Unidos y Europa32. Los argumentos dicotómicos más antiguos sobre si el trabajo o el capitalismo en sí mismo son liberadores u opresivos para la mujer, abundan en dichas historias. A pesar de que durante décadas los estudios académicos feministas han sostenido que la relación de la mujer con el trabajo y el poder adquisitivo es tan dialéctica y compleja como la del hombre, la categoría “mujer” continúa operando como una evaluación moral simple de regímenes o 31 Strasser and Tinsman, “It’s a Man’s World”; Strasser and Tinsman, “Engendering World History”; Wiesner, “World History and the History of Women, Gender, and Sexuality”; Nadell, et al. Making Women’s Histories. 32 De Grazia and Furlough, The Sex of Things.

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sistemas en su totalidad. Esto coloca a la mujer en la categoría de víctima o de cómplice del poder corruptor. Existe, por ejemplo, una convergencia entre las historias de chilenas que se sintieron atraídas por las promesas de abundancia que hizo Pinochet y las historias sobre el declive de la calidad de los alimentos en Estados Unidos que coincide con la entrada de la mujer a la fuerza laboral y la hostilidad del feminismo hacia las labores hogareñas33. Las feministas han combatido vigorosamente la patología recurrente en las historias tocantes al deseo de la mujer de poseer bienes. Insisten en que el consumo puede conllevar creatividad y resistencia tanto como subordinación, y que el hombre no está menos conformado por las complejidades del consumo que la mujer. Las investigaciones de orden feminista, además, han reformulado la forma en que se entienden las clases sociales y lo que tiene significado para las luchas políticas, insistiendo en que la división del trabajo dentro de la familia –como la responsabilidad que le cabe a la mujer en la compra y uso de bienes, la reproducción y atención a los hijos y al cónyuge– es inseparable de la división laboral entre el trabajador y el empleador, que produce ganancias y estructura las relaciones en una fábrica o en el campo. El consumo, ya sea en la casa o en un bar, un mercado o un teatro, produce valor y una distinción social entre campesinos y obreros urbanos, entre la clase media y la elite, así como también entre el hombre y la mujer dentro y a través de clases. El consumo puede hacer que se genere competencia en las relaciones de género, pero asimismo puede fortalecerlas34. Los estudios feministas sobre el consumo han contribuido a ampliar la visión a la hora de considerar qué es lo que vale la pena analizar. Actualmente, las historias culturales y sociales estiman que Deutsch, “Memories of Mothers in the Kitchen”. Cohen, A Consumers’ Republic; Cohen, Making a New Deal; Cowan, More Work for Mother; Delphy, “Sharing the Same Table”; Enstead, Ladies of Love, Girls of Labor; Frank, Purchasing Power; Lamount, The Dignity of Working Men; Ong, “The Gender and Labor Politics of Postmodernity”; Peiss, Hope in a Jar; Porter Benson, Household Accounts. 33 34

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fenómenos como la moda, el ocio, la comida y los deportes son constitutivos de las relaciones de clase y de género. Los historiadores laborales que se enfocan en el consumo, ya sea como una rutina diaria de la clase trabajadora o un boicot lanzado por un sindicato, de manera sistemática incluyen un número mayor de mujeres en historias que antes se enfocaban en el hombre. Precisamente debido a la responsabilidad histórica que ha tenido dentro de la familia, la mujer figura con mayor frecuencia en los espacios y en los movimientos sociales que incluyen el consumo. Desde otro ángulo, los estudios feministas sobre el imperialismo y el imperio enfatizan la forma en que el género y el consumo dan estructura a proyectos diarios de dominio, y consideran que la circulación de “bienes imperiales”, como el jabón, el tabaco, el café y el azúcar, se tradujo en rígidas jerarquías raciales y de género entre colonizadores y nativos, así como entre la blanca pureza femenina y la obligación del hombre blanco de protegerla35. En relación a esto, las feministas han hecho hincapié en la forma en que la popularización de artículos exóticos dentro de Europa y Estados Unidos “llevó a casa el imperio”, adentrándolo en el espacio doméstico femenino36. Al rastrear la índole inherentemente de género de la manera en que los bienes comerciales se mueven a través del mundo, nos vemos obligados a enfocar las clases en formas diferentes. Se compraron el modelo sostiene que los obreros vitícolas chilenos eran tan consumidores como quienes compraban uva en los supermercados estadounidenses. La división del trabajo basada en el sexo dentro de la familia chilena tenía la misma importancia que en el hogar estadounidense a la hora de determinar quién compraba qué y por qué. Pero los chilenos nunca fueron los únicos trabajadores que contaron Alexander and Mohanty, Feminist Genealogies, Colonial Legacies, Democratic Futures; Briggs, Reproducing Empire; Grewal and Kaplan, Scattered Hegemonies; Hoganson, Fighting for American Manhood; Kaplan and Pease, Cultures of United States Imperialism; McClintock, Imperial Leather; McClintock, Mufti, and Shoat, Dangerous Liaisons; Renda, Taking Haiti; Rosenberg, “U.S. Mass Consumerism in Transnational Perspective”; Seigel, Uneven Encounters; Stoler, Carnal Knowledge. 36 Hoganson, Consumers’ Imperium. 35

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en esta historia. En California, miles de mujeres y de hombres laboraban en viñas, o bien mantenían de otro modo a las familias que cosechaban uva destinada al mercado interno en Estados Unidos. Las campañas publicitarias para promocionar la uva se enfocaban en “la mujer que trabaja hoy” (a la que se imaginaba como profesional u oficinista) tanto como en la ama de casa tradicional, cuyo trabajo había sustentado a la familia desde hacía mucho tiempo. En este ámbito, la tarea de mapear las conexiones transnacionales de la industria vitícola exige vincular las divisiones de trabajo basadas en género en la producción y el consumo, en múltiples lugares. Modos de investigación Este libro yuxtapone metodologías diferentes a fin de poner en juego, una frente a otra, historias nacionales diferentes. En cada uno de los cinco capítulos de Se compraron el modelo se examina la importancia del consumo y de la uva de acuerdo a un conjunto distinto de preguntas. En su totalidad, los capítulos sostienen que el consumo de bienes que circulan a nivel transnacional constituyó un importante terreno de pugna dentro de la política de la Guerra Fría. Las definiciones sobre qué países eran desarrollados o modernos se fundamentan en afirmaciones sobre lo que la gente consumía, y constituyen un marco central para yuxtaponer el capitalismo y el socialismo. Los argumentos sobre el consumo justificaron ciertos proyectos estatales en particular (el régimen militar chileno, la política exterior estadounidense en América Latina), así como también desafiaron dichos proyectos (los movimientos chilenos pro democracia, las campañas de solidaridad en Estados Unidos, los boicots patrocinados por el ufw). La comercialización de la uva implicó que las agroindustrias chilena y californiana apelaran de manera compleja a las ansiedades y fantasías estadounidenses sobre los alimentos. Las campañas por los boicoteos para conseguir que en Estados Unidos se dejara de consumir uva, buscaban ligar la 47

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justicia social a las alternativas que se le presentaban al consumidor, tanto como la protección de este. En la vida diaria, la lucha de los chilenos por consumir lo suficiente, además de los debates sobre quién debía comprar qué, transformaron el equilibrio de poder dentro de la familia y le dieron a la mujer un papel importante en acciones que cuestionaban la legitimidad de Pinochet. Se compraron el modelo es deliberadamente interdisciplinario. Esto obedece en parte a que el libro está organizado en torno a distintos temas, cada uno de los cuales exige un enfoque analítico particular –etnográfico, textual, sociológico, cuantitativo– pero más fundamentalmente a que toma en cuenta las diferentes tradiciones de Latin American Studies y de U.S. American Studies para examinar el poder social y narrar el cambio. El libro pone distintas preguntas frente a frente, no por ánimo de fusionar técnicas, sino más bien de subrayar la forma en que los significados sobre Chile y Estados Unidos han sido un producto histórico. El Capítulo I, “El prolongado milagro”, se enfoca en el desarrollo del sector de exportaciones frutícolas en Chile y su relación con instituciones estadounidenses entre los años 20 y los 80. En este capítulo se emplean técnicas de historia económica y social, incluso modelos feministas-materialistas, para tratar la producción de bienes y la división sexual del trabajo. Se destaca la importancia del papel de la mujer en la agricultura chilena mucho antes de que el golpe de Pinochet derrocara a Allende. Las iniciativas económicas lideradas por el Estado (incluso el socialismo) sentaron una base de gran importancia para el auge de la fruta que se produjo durante el gobierno militar. En este capítulo se desafía la noción de que la transformación neoliberal fue producto de una súbita terapia de shock aplicada por economistas formados en la Universidad de Chicago. Más bien, el capítulo recuenta los vínculos más antiguos entre la agricultura californiana y la chilena, entre ellos, el importante número de agrónomos chilenos que se formaron en la Universidad de California. A la hora de analizar la historia de los alimentos, es posible que los California Boys hayan tenido mayor importancia que los Chicago Boys. 48

El Capítulo II, “Fábulas de abundancia”, examina lo que las nuevas formas de consumo que emergieron durante el régimen militar en Chile significaron para los trabajadores frutícolas. Este capítulo es profundamente etnográfico, y hace extenso uso de historias orales y de perspectivas provenientes de la antropología cultural y la crítica literaria. Sostiene que el consumo se transformó en un terreno en el que la mujer desafió la autoridad masculina en la familia. Con frecuencia, la mujer tomaba decisiones sobre qué comprar sin consultar con el hombre, y así reivindicó privilegios que con anterioridad se asociaban exclusivamente con él. Hombres y mujeres adquirían cosas diferentes con sus ingresos, y los invertían con significados diferentes. Mientras que el hombre aportaba al presupuesto familiar para alimentación y vivienda, el salario de la mujer se empleaba con mayor frecuencia en adquirir aparatos eléctricos, muebles y cosméticos, que se relacionaban con una cultura de consumo importada. Ello llevó a que se asociara a la mujer más estrechamente con la política económica del gobierno, aun cuando la transformación en las relaciones entre hombres y mujeres desafiaba rotundamente la idealización del patriarcado por parte de los militares. En el Capítulo III, “Vendiendo lo fresco”, la atención pasa a Estados Unidos. Se exploran los esfuerzos conjuntos y separados realizados por agroempresas californianas y chilenas para comercializar uva a los consumidores estadounidenses, promoviendo una alimentación saludable, basada en productos frescos. En este capítulo se combina una historia de la publicidad con un análisis feminista de la cultura del consumidor, y se sostiene que el marketing de californianos y chilenos se enfocaba en la mujer, uniendo mensajes casi emancipadores sobre la autonomía de la mujer con ideas más antiguas sobre su preocupación por la familia y su atractivo para los hombres. No obstante, también existían diferencias en las estrategias de chilenos y californianos. Mientras que la agroindustria californiana enfatizaba que la uva era producida por la Madre Naturaleza, sin contaminación industrial ni artificial, los chilenos 49

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destacaban la considerable tecnología y cantidad de trabajo que requería la producción de la fruta. Con su énfasis en la modernidad industrial, buscaban establecer que su uva era esencialmente igual a la californiana y, al mismo tiempo, dejar en claro que era más aséptica que la proveniente de otros lugares de América Latina. Los importadores y distribuidores de fruta chilena en Estados Unidos entusiastamente colaboraron con los chilenos en promover la idea de que la uva chilena era idéntica a la californiana, debido a que el propio país era más similar a California y a Europa que a otras naciones latinoamericanas. La uva chilena circulaba por los mercados estadounidenses como un producto blanqueado, deliberadamente separado de la fruta tropical y de otros productos latinos exóticos. El Capítulo IV, “Boicoteo a la uva”, también se relaciona primordialmente con hechos sucedidos dentro de Estados Unidos, comparando los boicots por parte de los consumidores liderados por el ufw con el movimiento de solidaridad con Chile basado en Estados Unidos, el cual organizaba boicots a la uva y a otros productos chilenos. Este es el capítulo que más recurre a la tradición de la historia comparativa, es decir, la presentación una al lado de la otra de historias aparentemente disímiles, como también a las tradiciones de Latin American Studies y de U.S. American Studies con respecto a los movimientos sociales. Los boicots desafiaron radicalmente el concepto de que la uva era fresca y saludable. Por su parte, los activistas insistían en que el consumidor estadounidense debía asumir responsabilidad por las condiciones bajo las cuales se producían sus alimentos. En este capítulo también se explora la ironía de que los boicots patrocinados por el ufw y por el movimiento de solidaridad con Chile tuvieran tan poco contacto entre sí, a pesar de las amplias conexiones que existían entre la industria frutícola chilena y la californiana. Esta falta de conexión se produjo a causa de las formas en que la Guerra Fría construyó las luchas políticas estadounidenses y latinoamericanas. Mientras que el ufw entendía su misión en términos de los derechos civiles y laborales dentro de Estados Unidos como nación, los activistas de la solida50

ridad con Chile se enfocaban en Estados Unidos como una fuerza imperialista en el exterior. En el Capítulo V, “No se lo compran”, se regresa a Chile para examinar el consumo y los movimientos pro democracia en contra de Pinochet durante la década de 1980. En este capítulo se combinan la etnografía y la investigación de archivos sobre las movilizaciones populares, a fin de desafiar la opinión generalizada de que la cultura del consumidor durante la dictadura militar sirvió mayormente propósitos reaccionarios. Los argumentos sobre el consumo ocuparon un lugar central en las críticas formuladas a la manera en que Pinochet le había fallado a Chile, ya fuera porque la mayoría de los chilenos carecía de lo que realmente necesitaba (como alimentos), o porque lo de que disponía (como televisores) destruía los valores democráticos y la autenticidad de la cultura chilena. El consumo también fue de importancia para llevar a cabo acciones concretas de organización, como la creación de ollas comunes, cooperativas de consumidores, comités de vivienda y sindicatos. Las obreras frutícolas asumieron papeles de liderazgo en las actividades pro democracia, especialmente las relacionadas con la Iglesia católica y el sindicalismo. La organización femenina pasó a formar una base tanto para criticar la discriminación del hombre y la violencia contra la mujer, como para protestar contra el régimen militar. Cada uno de los temas que se tratan en estos capítulos podría constituir el objeto de su propio libro. A veces puede parecer que se pide que tópicos inconmensurables se relacionen entre sí, casi como comparar peras con manzanas. También se presenta la cuestión de lo que se ha dejado fuera. Se compraron el modelo no contiene capítulos sobre lo que el consumo significaba para los trabajadores frutícolas de California, como tampoco el mismo nivel de detalle sobre la industria vitícola californiana. Los obreros de la uva californianos entran en la historia como parte de capítulos más específicos sobre el marketing de la uva o los boicots del ufw. El libro tampoco emplea la misma metodología para enfrentar cuestiones que podrían considerarse similares. Lo que el libro afirma sobre el 51

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significado de la uva para sus compradores estadounidenses no se basa en la etnografía, sino en interpretaciones de material de marketing y en estudios de la conducta del consumidor estadounidense. Como proyecto transnacional, Se compraron el modelo inevitablemente construye nuevas exclusiones. Deja afuera a Canadá, una parte crucial de América que también importó toneladas de uva del Chile de Pinochet y que fue un lugar de importancia para los boicots del ufw. El libro solo hace una breve mención del hecho de que la uva chilena circulaba más allá del hemisferio occidental: en los Emiratos Árabes, Singapur, Hong Kong, Japón y, especialmente, en Europa, continente donde también se dejó sentir con fuerza el activismo contrario a Pinochet. Se compraron el modelo no pretende ser una historia completa. Ninguna historia lo puede ser. Independientemente de su ámbito, todo estudio escoge algunos temas y deja fuera a otros, produciendo un marco acotado. Los silencios y las omisiones de una investigación también producen significados. Aunque sea una cuestión de sentido común, parece necesario repetir esta máxima en el caso de los estudios transnacionales y de los proyectos relacionados con la historia mundial. El punto es que no solo existen límites al alcance razonable que un buen libro puede tener (y los hay), o inmensos impedimentos prácticos para realizar investigaciones en diversos idiomas (también los hay), sino que en los estudios sobre regiones en general o en historias nacionales, e incluso en las historias locales y las microhistorias, estos no constituyen problemas inherentemente menores. El desafío fundamental de un proyecto transnacional es yuxtaponer objetos de estudio pertenecientes a diferentes campos o tradiciones para obtener nuevos ángulos de entendimiento. Se compraron el modelo se enfoca intencionalmente en la relación entre Chile y Estados Unidos (más que en otros lugares) para poner de relieve la manera en que Latin American Studies y U.S. American Studies han generado mutuamente una gama de presunciones sobre el consumo y la producción, sobre el imperialismo y la de52

pendencia, sobre el norte y el sur. El obrero frutícola chileno es el principal consumidor del que trata este libro debido a que, en general, se supone que los trabajadores del tercer mundo están fuera de la cultura mundial del consumidor, o bien que ella los explota. Al consumidor estadounidense se lo presenta más como el blanco de campañas publicitarias, y de los boicots en que los chilenos tuvieron una participación activa, que en términos de sus propias transformaciones y luchas políticas (que han sido estudiadas con más detalle en otros trabajos). No se trata de que otras historias sean menos importantes ni que su contribución sea menor, sino que las decisiones que se han tomado forman parte de la metodología utilizada en este libro. Cuando llegó el siglo XXI, los peligros y los beneficios de la globalización habían reemplazado a la Guerra Fría como marco dominante de reflexión en torno a la política mundial. América Latina había perdido su lugar como foco principal de la intervención militar y de proyectos de construcción de Estados provenientes de Estados Unidos, reemplazada por el Oriente Medio. El fundamentalismo islámico había suplantado al comunismo soviético como la amenaza más grave para la democracia capitalista. La capacidad de India y de China para desarrollar sus propias y exitosas versiones del neoliberalismo habían hecho de Asia un centro manufacturero y tecnológico. Los alimentos, las prendas de vestir y los aparatos electrónicos usados por los consumidores de todas partes del mundo, eran fabricados en países ajenos al propio. El internet y la telefonía celular permitían increíbles transferencias de información, estilos y opinión. Los argumentos sobre si estos cambios eran buenos o malos, moldearon los debates mundiales sobre la libertad, la soberanía, la justicia social y los derechos humanos, y tuvieron gran incidencia en los nuevos movimientos sociales que surgieron en torno a la globalización desde las muchas variaciones de la Primavera Árabe y Occupy Wall Street, a las críticas formuladas contra la Organización Mundial del Comercio y el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. 53

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Se compraron el modelo propone que muchas de las inquietudes sobre la globalización que han surgido en el siglo XXI, se forjaron durante la Guerra Fría y estuvieron conformadas en especial por las relaciones entre Estados Unidos y América Latina. La explosión de alternativas para alimentarse de manera fresca y saludable en Estados Unidos, estuvo ligada al surgimiento de Chile, bajo la dictadura militar, como una de las naciones más neoliberales del mundo. La creación de economías que exportaban a mercados mundiales más amplios fue fundamental para la visión de la modernidad y de la seguridad nacional sustentada tanto por Estados Unidos como por Chile. Las definiciones de la libertad y de la democracia o, alternativamente, de la injusticia y de la tiranía, giraban en torno a los bienes: se producían, circulaban y se consumían.

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Capítulo I El prolongado milagro: colaboraciones en la industria frutícola de Chile, 1900-1990

El año 1970 no fue bueno para los productores de uva ni en Chile ni en Estados Unidos. En el primero, Salvador Allende fue elegido presidente con la promesa de escalar la reforma agraria y construir el socialismo. Bajo el mandato de su predecesor, Eduardo Frei Montalva, ya se habían expropiado cuatro millones de hectáreas y para el momento de la muerte de Allende en 1973, la mitad de las tierras agrícolas del país estaría bajo el control del Estado1. Durante la década de 1960, la producción de fruta aumentó significativamente, pero el panorama para los empresarios del agro permaneció sombrío. El gobierno de la Unidad Popular (UP) impuso controles a las firmas exportadoras, en tanto el boicot de la administración Nixon al gobierno de Allende dificultó las transacciones comerciales estadounidenses e impidió las exportaciones de maquinaria agrícola. Aún más alarmante: los sindicatos de campesinos crecieron considerablemente, llegando a tener 250.000 miembros en 1972. Los salarios agrícolas se triplicaron. Bajo la presión de una oleada de huelgas y de tomas de tierras, las expropiaciones continuaron a un ritmo cada vez más rápido2. Romano Cabrini, productor de uvas del valle de Aconcagua, recuerda conflictos laborales tan intensos que llegaban al absurdo: “A los trabajadores se les pagaba, pero nunca venían a trabajar. La fruta se podría en el campo. Así y todo, llegaron a mi casa a expropiarme mis doce pollos. ¡Hasta los pollos!”3. En Estados Unidos, en 1970, el consumo de frutas y verduras frescas batió un récord por lo bajo a causa de la fascinación de los Barraclough y Fernández, Diagnóstico de la reforma agraria en Chile, 56. Salinas, Trayectoria de la organización campesina; Loveman, Struggle in the Countryside; Tinsman, Partners in Conflict. 3 Entrevista con Romano Cabrini en San Felipe, 13 de junio, 2008. 1 2

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consumidores con las comidas congeladas, enlatadas, y con saborizantes artificiales4. Los productores de alimentos hacían alarde de los platos congelados, que se podían abrir y calentar rápidamente, liberando así a la mujer de la cocina y haciendo llegar las maravillas de la ciencia a las familias. La industria bananera y la de cítricos, gigantes de la fruta fresca desde la década de 1920, enfrentaron graves tropiezos con la baja en la demanda, pero la uva sufrió de manera especial. Desde 1966, el sindicato United Farm Workers había estado organizando huelgas y liderando boicots contra la uva californiana por parte de los consumidores. Las imágenes transmitidas por televisión que mostraban a César Chávez marchando descalzo a Sacramento o recibiendo la comunión junto a Bobby Kennedy luego de un ayuno, centraron la atención nacional de manera dramática en los derechos de los trabajadores del agro. Para 1970, la venta de uva había caído un 22 por ciento en los supermercados más importantes del país. “Esto nos puso de rodillas”, recuerda Jack Pandol, quien con su hermano Matt poseía una de las viñas más grandes ubicada en las afueras de la ciudad de Delano5. En julio de 1970, los hermanos Pandol se unieron a otros veinticinco productores de esa zona y firmaron sus primeros contratos laborales con United Farm Workers. Las perspectivas para los viticultores de ambos lados del ecuador mejoraron luego de que Allende fuera derrocado en 1973. La Junta Militar, encabezada por el general Augusto Pinochet, anunció que su política agraria fomentaría la empresa y el desarrollo de nuevos mercados para la exportación con poca intervención estatal. Los militares pusieron fin a la reforma agraria y reprimieron a los trabajadores. Durante los diecisiete años de gobierno de Pinochet, la superficie destinada a la fruticultura aumentó a más del doble, 4 El consumo de uva per cápita en Estados Unidos disminuyó de seis libras en 1950 a menos de dos libras en 1971, pero aumentó a casi ocho libras hacia 1990. Alston et al., The California Table Grape Commission’s Promotion Program, 11. 5 Chicano! The History of the Mexican-American Civil Rights Movement 2: The Struggle in the Fields, Sylvia Morales and Joan Zapata, (Los Angeles: Galan Productions, National Latino Communications Center, 1996), VHS.

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de 65.630 a 169.685 hectáreas y las exportaciones de uva de mesa subieron más de treinta y seis veces, de 13.000 a 471.923 toneladas6. Las tres cuartas partes de esta fruta llegaron a Estados Unidos importadas por empresas distribuidoras y productoras de tipo familiar, tales como William Kopke y Jac Vandenberg de Nueva York y Pandol Brothers y Giumarra Brothers de California. Además, los empresarios agrícolas estadounidenses realizaron inversiones directas en Chile, construyendo plantas de embalaje y frigoríficos en las afueras de Santiago. Para 1989, grandes multinacionales con base en Estados Unidos, como Dole y Standard Fruit, operaban en Chile y realizaban el 35 de las exportaciones de fruta7. Pero el explosivo crecimiento de la industria frutícola chilena no fue liderado ni dominado por empresas estadounidenses. Las relaciones empresariales del sector agrícola entre Chile y Estados Unidos se pueden describir más bien como una colaboración competitiva, en lugar de una relación de subordinación o dependencia. Los chilenos continuaron siendo propietarios de la gran mayoría de los cultivos de árboles frutales y viñas del país, así como de importantes plantas de embalaje y almacenamiento. Las inversiones estadounidenses empezaron a cobrar mayor importancia a mediados de la década de 1980, bastante tiempo después de que en la industria frutícola se establecieran acuerdos laborales y relativos a la tierra. Las empresas chilenas, como David del Curto, entraron al siglo XXI compitiendo mano a mano con Dole y Chiquita. Estas sociedades no eran iguales, y tampoco nuevas. Los terratenientes chilenos habían seguido el modelo agrícola de California desde los años 20. En las décadas de 1950 y 1960, Estados Unidos financió programas de investigación y desarrollo agrícola en universidades chilenas. Los terratenientes procuraron obtener transferencias directas de tecnología desde Estados Unidos y enviaron a sus hijos a seguir estudios de postgrado en agronomía y negocios en ese país. 6 7

Held, “La fruticultura de exportación de Chile”, 221. cepal, La cadena de distribución y la competitividad de las exportaciones latinoamericanas, 111.

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Esta dinámica pone de manifiesto tanto la determinación con que los chilenos buscaron contactos con Estados Unidos como la penetración en el mercado sudamericano por parte de América del Norte. Es indudable que a partir de 1973, el régimen militar hizo que las inversiones estadounidenses en el agro chileno resultaran más fáciles y fueran más numerosas. La industria frutícola alteró radicalmente el campo en Chile, reorientando la agricultura hacia las exportaciones e integrando de manera masiva a la mujer al trabajo asalariado. Para 1978, esta industria empleaba a alrededor de 150.000 trabajadores, de los cuales casi la mitad eran mujeres, y para 1988 el número total de trabajadores del sector frutícola sería de 250.0008. Las mujeres constituían más del 70 por ciento de la obra de mano empleada en las plantas de embalaje, mientras que igualaban al número de hombres en las plantaciones de frutales y viñas9. Ninguno de estos cambios surgió enteramente de los principios del neoliberalismo ni de las condiciones de la dictadura, sino que fueron resultado de colaboraciones más antiguas entre gobiernos y terratenientes de Chile, así como con universidades, programas estatales y empresas agrícolas de Estados Unidos. Mucho antes de Pinochet, numerosos líderes políticos –de socialistas a oligarcas y de keynesianos a empresarios– consideraban que la expansión del comercio internacional era crucial para el desarrollo nacional. El milagro económico por el que se haría famoso el régimen militar en la década de 1980, realmente fue un proceso de desarrollo gradual.

Por lo general, los censos en Chile no suelen dividir a los trabajadores por cultivo industrial y tampoco proveen una cifra a nivel nacional para el número de trabajadores frutícolas. Las cifras citadas en el presente estudio, así como en otros, se basan en las Encuestas de Empresas que anualmente realiza el Instituto Nacional de Estadísticas. La socióloga Silvia Leiva Venegas estima que en 1988, había 210.000 trabajadores temporales y 40.000 permanentes en la industria frutícola. Asimismo, estima que la fuerza laboral empleada por esta industria creció a la tasa de 10.000 trabajadores por año a través de los 80. Leiva Venegas, Una gota al día, 26. 9 Rodríguez y Venegas, De praderas a parronales, 155. 8

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Oligarcas emprendedores Las primeras uvas que se vieron tanto en Chile como en el resto de América, eran importadas y fueron transportadas al Nuevo Mundo en el siglo XVI por misioneros y conquistadores españoles. Originalmente empleada para fabricar vino, un símbolo de la civilización cristiana, la uva pasó a ser un cultivo usual en los campos chilenos durante la colonia y los principios de la república10. En el siglo XIX, existió una modesta industria vitivinícola, proveedora de mercados de elite en América del Sur y Europa, pero en Chile la verdadera riqueza en materia de exportaciones no provenía del agro, sino que era mineral. Y si bien la fiebre del oro en California y la colonización de Australia generaron un breve auge en la exportación del trigo chileno, la agricultura quedaba opacada por la industria minera extractiva. La creciente necesidad de alimentos experimentada por el mundo en vías de industrialización generó una fuerte demanda de nitratos, minerales con alto contenido de fertilizante, que el desierto chileno poseía en abundancia. Los depósitos de nitratos aumentaron notablemente en 1884, luego de la victoria de Chile sobre Perú y Bolivia en la Guerra del Pacífico. Después de 1920, el cobre reemplazó a los nitratos. Estas dos industrias fueron desarrolladas y dominadas por capitales extranjeros, primero británicos y luego estadounidenses. Sin embargo, la agricultura en Chile tenía importancia política. Hasta los años 30, los gobiernos elegidos en Chile en general estuvieron dominados por grandes familias terratenientes que decidían el destino de los ingresos provenientes de las exportaciones. Estas familias, pertenecientes a la elite, estaban vinculadas con la riqueza minera ya fuera mediante relaciones maritales o comerciales. Incluso después de que en la década de 1940 surgieran las poderosas coaliciones de las clases media y trabajadora, los terratenientes continuaron teniendo gran influencia sobre la política a través de 10

A. Bauer, Goods, Power, History; y Pozo, Historia del vino chileno.

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su control del voto en zonas rurales. Debido a que existía el voto universal masculino y no existía el voto secreto, los terratenientes podían encausar los votos de sus trabajadores hacia sus candidatos preferidos. El poder de los terratenientes estaba concentrado en la zona agrícola más importante de Chile, el Valle Central, que se extiende hacia el norte y el sur de Santiago, la capital, y que incluía las provincias de Aconcagua, Valparaíso, Santiago, O’Higgins, Colchagua, Curicó, Talca, Maule, Linares y Chillán. Hasta la década del 60, la mano de obra en el campo era proporcionada por un grupo estable de peones residentes, llamados inquilinos, y sus familias, quienes trabajaban a cambio de derechos sobre la tierra y otra remuneración en especie. La labor de los inquilinos era suplementada por trabajadores permanentes y estacionales (temporeros), como también migrantes, a quienes no se compensaba de manera monetaria, sino mayormente con alimentos y alojamiento11. Según el censo agropecuario de1964, en todo Chile había 474.748 obreros agrícolas remunerados, un cuarto de los cuales eran inquilinos y menos del diez por ciento, mujeres. La enorme mayoría de la labor de estas se concentraba en pequeños predios y en agricultura de subsistencia, sin remuneración. En los fundos, las mujeres casadas con inquilinos se dedicaban a cultivar la tierra que se les asignaba como compensación al trabajo de los hombres12. Asimismo, durante la cosecha, trabajaban en plantaciones de frutales y cultivos de cereales pertenecientes al Estado; además, muchas de ellas sirvieron como ordeñadoras hasta la mecanización de las lecherías en los años 3013. Las hijas de los inquilinos solían trabajar como sirvientas en las casas patronales o en ciudades cercanas14. No obstante, como sistema de trabajo familiar, el inquilinaje firmemente privilegiaba a hombres sobre mujeres. En la década de Tinsman, Partners in Conflict, 19-54. Según el Censo Agropecuario de 1964-65, el número de trabajadores no remunerados y trabajadores familiares era de 514.982. IV Censo, Cuadro 6.1. 13 X. Valdés, La posición de la mujer en la hacienda. 14 Tinsman, Partners in Conflict, 19-54. 11 12

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1930, el 80 por ciento de los inquilinos y otros obreros agrícolas permanentes era de sexo masculino, proporción que en la década del 50 llegó al 95 por ciento15. Si bien sus remuneraciones no eran altas, los hombres que trabajaban de manera permanente o que tenían derechos de uso sobre la tierra, gozaban de una retribución mucho más alta y mayor seguridad que las mujeres16. Los hombres controlaban el presupuesto familiar, y el acceso de las mujeres a fondos en efectivo se limitaba a lo que habían ganado vendiendo huevos o queso casero en los mercados locales, u ocasionalmente como temporeras durante las cosechas. La mayor parte de las mujeres que vivían en el Valle Central necesitaban casarse o establecer otro tipo de relación estable con un hombre para poder permanecer en el campo, y las que no lo hacían, se iban a las ciudades a trabajar como empleadas domésticas17. A pesar de que los terratenientes chilenos mantenían relaciones claramente patriarcales con sus trabajadores, ellos se consideraban empresarios modernos y líderes políticos. Los miembros de la Sociedad Nacional de Agricultura (sna), organización donde se encontraban representadas las familias oligárquicas más prominentes, dominaban las cámaras de comercio locales, participaban en directorios de numerosas industrias y regularmente formaban parte del personal de ministerios. Además, muchos de los terratenientes o sus familiares también eran comerciantes o se dedicaban a la banca. Ellos hablaban abiertamente sobre el progreso económico y social, X. Valdés, Sinopsis de una realidad ocultada, 32. Según el censo agropecuario de 1936, los temporeros constituían casi dos tercios de los trabajadores masculinos en el agro, e incluían un número importante de solteros migrantes, conocidos como afuerinos. Sin embargo, todas las configuraciones laborales estaban estructuradas sobre la base del inquilinaje, que proveía el núcleo de la fuerza laboral de los fundos. Incluso entre los temporeros era mucho mayor el número de hombres que de mujeres empleados, llegando al 80%. Para la década de 1950, la proporción de trabajadores agrícolas remunerados se había elevado otro diez por ciento. X. Valdés, Sinopsis de una realidad ocultada, 32. 17 Para 1960, el número de hombres en la zona rural del valle Central superaba significativamente al de mujeres, 54 a 46 por ciento. Si bien el 22 por ciento de los hombres mayores de 30 años era soltero, solamente el 14 por ciento de las mujeres lo era. En cuanto a las personas de entre veinte y treinta años, el 70 por ciento de los hombres era soltero, mientras que solo el 38 por ciento de las mujeres lo era. Censo de población, Aconcagua: 1960, tablas 5c y 12. 15 16

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y se referían a la necesidad de que Chile se insertara de manera más amplia en los mercados mundiales. Fueron los terratenientes quienes lideraron los primeros esfuerzos por expandir la producción comercial de la fruta. En la década de 1850, la Sociedad Nacional de Agricultura estableció un terreno de prueba en la zona de Quinta Normal de Santiago para estudiar la uva y las frutas de hueso, como duraznos y ciruelas, y en 1874, creó el Instituto Agrícola en la Universidad de Chile y llevó al país a científicos franceses para que capacitaran a horticultores profesionales18. Estos proyectos, que demostraban una clara preocupación con la diversidad en el agro y con su profesionalización, fueron el origen de pequeñas exportaciones de frutos secos a Gran Bretaña y a Perú a finales del siglo XIX. Pero con la apertura del Canal de Panamá en 1914, subieron las miras de los chilenos. En 1920, Jenaro Prieto Hurtado realizó el primer embarque de uvas y duraznos frescos de que se tenga registro, proveniente de la Hacienda Llay-Llay en el valle de Aconcagua y destinado al distribuidor A. Cohen Company en Nueva York19. En 1929, Andrés Toledo envió 33.000 cajas de manzanas desde Malleco al importador Walter Kraserman de Alemania20. Ciertamente, estos inicios fueron experimentales. La mayor parte de la producción frutícola de Chile estaba destinada al mercado nacional, y la mayor parte de la tierra al cultivo de cereales y fibras. Solamente un grupo muy selecto de terratenientes expandió sus operaciones a plantaciones de frutales y vides. Un estudio de los productores de fruta más importantes realizado en 1930 por el historiador Luis Correa Vergara, lista solamente treinta y seis predios de más de treinta hectáreas plantados con árboles frutales y viñedos orientados a la exportación21. En la mayor parte de estas tierras se cultivaban manzanas, y luego ciruelas, duraznos y damascos. La uva Riquelme Elizondo, “Contribución del Estado, las universidades y el sector privado al desarrollo de la fruticultura en Chile”, 19. 19 Espinoza, Frutas de Chile, 64. 20 Espinoza, Frutas de Chile, 74. 21 Espinoza, Frutas de Chile, 81-82. 18

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de mesa, según el estudio, provenía exclusivamente de las grandes viñas de tres terratenientes de Aconcagua: Jenaro Prieto Hurtado, Adolfo Ibáñez y Santiago Carey. Sin embargo, Correa subestima la producción real de fruta en Chile, puesto que ella se producía mayormente en plantaciones y viñas pequeñas. En el censo agropecuario de 1929, se indica que casi veinte mil hectáreas estaban dedicadas a árboles frutales y ochenta mil a vides, de las cuales el 90 por ciento era para la producción de vino, pero también incluían uva de mesa22. La lista que hace Correa de los grandes productores, indica que entre ellos había liderazgos incipientes y heterogeneidad. Los apellidos alemanes predominaban entre los productores de manzanas del sur, mientras que al norte de Santiago, eran más comunes los apellidos españoles, vascos, franceses e ingleses. El exportador de manzanas Andrés Toledo nació en Olmué, en una familia pobre, pero a través de su trabajo como vendedor de pescado en los muelles de Valparaíso, logró llegar a los círculos empresariales. Prieto, de origen italiano por el lado de su padre, fue pionero de la producción de uva en Aconcagua, formando una sociedad con Manuel Ruano, español que había inmigrado a Argentina y poseía importantes viñas en Mendoza. Ruano se trasladó a Aconcagua para asistir a Prieto, y llevó consigo a numerosas familias de inmigrantes italianos como fuente de trabajadores23. Arturo Lyon Edwards, propietario de importantes viñedos y cultivos de frutales Desde 1929, en Chile se realizan censos agropecuarios casi cada diez años. En algunos de ellos, las cifras para las vides viníferas se combinan en una sola lista con las cifras sobre las vides para consumo fresco. En otros, los datos sobre estas últimas vides se encuentran bajo las cifras de los árboles frutales. En el censo de 1929, figuran 99.797 hectáreas dedicadas al cultivo de árboles frutales y vides. En el censo de 1935, que incluye cifras de otros censos, figuran 82.411 hectáreas de vides para 1929, lo que sugiere que en ese año, alrededor de 18.000 hectáreas estaban dedicadas al cultivo de árboles frutales. Censo agropecuario 1929-1930, cuadro 8; Censo agropecuario 1935-1936, cuadro 1. En su estudio sobre la industria vitivinícola chilena, José del Pozo indica que para1938, en Chile había 91.000 hectáreas de vides. Pozo, Historia del vino chileno, 185. En el censo de1955, la producción de uva se reporta en metros cuadrados: 2.112.851 metros cuadrados de uva vinífera, 224.274 de uva de mesa y 24.422 de uva pasa. III censo nacional agrícola ganadero, cuadro 64. 23 Entre las familias italianas que acompañaron a Ruano se encontraban los Porfiri, Peppi, Gioia, Nicoletti, Olivi, De Blasis, y Gatto; para la década de 1960, todas ellas se habían convertido en importantes productoras de fruta. Ver De Blasis, Pioneros de la vid. 22

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en San Felipe en los años 30, provenía de familias inglesas y francesas que habían llegado a Chile en el siglo XIX. Para principios del siglo XX, a estas familias les había ido lo suficientemente bien como para ser propietarias de El Mercurio, el diario principal de Chile, así como de uno de los bancos más importantes. Ibáñez, el tercer productor de uva de mesa según el estudio de Correa, provenía de españoles llegados a Chile durante la época colonial y que habían hecho fortuna como comerciantes.

Figura 1. Inmigrantes italianos, fundadores de Río Blanco Ltda., Aconcagua, 1931 [Copia de la autora, favor de Río Blanco, S.A. De izquierda a derecha: Alfredo Nicoletti, hijo de Nicoletti, Mariano Peppi, Almiro Porfiri, Juarino Gioia, Americo Gioia, José de Blasis, desconocido, Carlos Gioia].

En la década de 1920, cuando Adolfo Ibáñez era Ministro de Desarrollo Económico durante el gobierno del poderoso militar Carlos Ibáñez (sin parentesco), dirigió una comisión encargada de desarrollar la producción de fruta a nivel nacional. Para esa época, la industria chilena del nitrato estaba en decadencia debido a la invención del nitrato sintético durante la Primera Guerra Mun66

dial. Ibáñez, grandiosamente indicó que la exportación de fruta podía reemplazar al nitrato como la fuente principal de riqueza de Chile24. Con una visión impresionante, individuos como Ibáñez se dieron cuenta de que existía una demanda internacional creciente de fruta en Estados Unidos y Europa, y que Chile estaba posicionado favorablemente para competir en los mercados mundiales. En el informe final presentado por su comisión en 1927, se anticipa gran parte del criterio que llegaría a ser la norma entre los exportadores de fruta cincuenta años más tarde: Chile debe figurar en primera fila entre los productores del mundo, contrarrestándose así la competencia de naciones mucho más grandes o de superior base natural… [Chile] posee condiciones privilegiadas de suelo, clima y riego que le permiten [convertirse] en uno de los primeros países frutícolas del mundo y el primero en el hemisferio sur… El consumo de frutas va en constante aumento … [y Chile tiene] la inmensa ventaja de tener la estación opuesta a la de los países mayores consumidores25.

Los chilenos no solo consideraban a Estados Unidos como un mercado futuro, sino también como un modelo sobre el cual construir su industria frutícola. En 1922, el senador José Pedro Alessandri, presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura, encabezó una comisión financiada por el gobierno que estuvo a cargo de visitar la zona agrícola de California y desarrollar contactos con firmas importadoras en Nueva York. Los integrantes de esta comisión eran cuatro agrónomos, Alessandri entre ellos, así como prominentes terratenientes y productores de fruta. El grupo se embarcó en junio, en Valparaíso, y viajó a Cuba a través del Canal de Panamá. Adolfo Ibáñez fue Ministro de Desarrollo Económico en 1927 y en 1928 encabezó la comisión que diseñó el primer plan nacional para el desarrollo frutícola. Frutas de Chile, 216. 25 La comisión de 1927 sobre el desarrollo frutícola contó con la participación clave de los productores de Aconcagua Jenaro Prieto y Pedro Correa, así como de Salvador Izquierdo. Espinoza. Frutas de Chile, 68. 24

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Desde Cuba, siguió viaje a Nueva Orleans en una nave perteneciente a la United Fruit Company, y de Luisiana viajó por tren a California. La visita de la comisión se enfocó principalmente en las plantaciones de naranjas y limones del Condado de Los Angeles, pero también se hizo extensiva a viñas y cultivos de duraznos en los condados de San Joaquín y Fresno. Su labor consistió en reunir información detallada sobre cosecha, procesamiento y transporte ferroviario refrigerado. La comisión hizo hincapié en el amplio desarrollo de las industrias conservera y de fruta seca en California, y en particular notó la fuerte presencia femenina en el embalaje de fruta, así como la organización similar a la de las fábricas que tenían los hombres que trabajaban en cultivos de frutales. Luego de viajar a la costa este de Estados Unidos, el grupo asistió a remates de fruta y verdura fresca en Nueva York antes de abordar una nave con destino a América del Sur. Tras su regreso a Chile, Alessandri elaboró un informe sobre el viaje que entregó en la forma de una importante conferencia dictada en la Universidad de Chile26. Durante esta, Alessandri manifestó profunda admiración por California y elogió en particular el fuerte papel del gobierno en el desarrollo de la agricultura. En su descripción de la mágica transformación de la aridez salvaje de California a un Edén capitalista, las palabras del orador invocan la maravilla del descubrimiento del Nuevo Mundo: En realidad, no encuentro palabras para describir como lo merece este gran huerto de California con su arboricultura especializada. Valles enteros destinados al cultivo de una sola clase de árboles, como si a los centenares o miles de propietarios que los poseen los hubiese guiado un mismo esfuerzo i un mismo ideal para obtener un fin determinado. Así se ven secciones enormes cubiertas de limoneros; otras de ciruelos, duraznos, higueras, cerezos, etc., etc. Todo esto se debe a que las plantaciones obedecen allí a un plan científico agronómico, ya que 26

Alessandri, Viaje por los EE.UU. de Norteamérica.

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se planta en cada región únicamente los árboles que mejor se adaptan a las condiciones de clima i suelo, o sea aquellos capaces de producir por hectárea, el mayor número de dólares27.

Alessandri no identificó la misteriosa fuerza que daba impulso a California como la mano invisible del mercado, sino como la enorme presencia de la rama de agricultura del gobierno de Estados Unidos, a la que elogió por ser “una de las mas grandes, completas i admirables del mundo: ocupa en Washington mas de 25 edificios o grandes pabellones con numerosos anexos; tiene 18 mil empleados i 18 subdepartamentos”28. Dejando de lado los detalles más puntuales del federalismo estadounidense, tales como el papel de los gobiernos de los estados en el desarrollo de la agricultura, Alessandri atribuyó innumerables hechos positivos a las autoridades nacionales, entre ellos, la construcción vial, la imposición de estándares a la industria, y la creación de universidades dotadas de tierra destinadas a la investigación y el desarrollo29. En contraste, lamentó lo siguiente: “¡Cuán enorme ha sido la riqueza que Chile ha perdido por falta de una política que debió haber sido incesante i tenaz en el fomento de la producción!”30. Pero Alessandri le aseguró a su audiencia que Chile tenía todo el potencial para reproducir el éxito de California en vista de que poseía prácticamente el mismo clima y la misma tradición de fruticultura. Para llegar a esto, solo hacía falta una importante participación gubernamental. La respuesta fue inmediata. En 1925, Chile creó su propio Ministerio de Agricultura, al que integró un Servicio de Arboricultura y Fruticultura, encargado de “fomentar y desarrollar las plantaciones frutales en forma técnica (y) buscar mercados”31. En 1928, el gobierno de Carlos Ibáñez aprobó la Ley de Fomento de la Fruticultura, basada en las recomendaciones hechas en 1927 por Alessandri, Viaje por los EE.UU. de Norteamérica, 11. Alessandri, Viaje por los EE.UU. de Norteamérica, 42-43. 29 Alessandri, Viaje por los EE.UU. de Norteamérica, 13. 30 Alessandri, Viaje por los EE.UU. de Norteamérica, 8. 31 cepal, El desarrollo frutícola y forestal en Chile y sus derivaciones sociales, 26. 27 28

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Adolfo Ibáñez, en la que asignaba $ 2 millones anuales durante un quinquenio al subsidio de nuevos viñedos y cultivos de frutales, así como a plantas de enlatado y de embalaje. A partir de 1939, la Corporación de Fomento de la Producción (corfo), creada por el gobierno del primer Frente Popular, comenzó a otorgar préstamos especiales a los productores de fruta que formaban cooperativas. A la corfo también se le encargó la elaboración de un plan nacional de desarrollo agrícola dentro del cual las exportaciones de fruta debían ocupar un papel central. En 1938, la Universidad de Chile estableció la Escuela de Agronomía, en la que se incluyeron estudios especializados sobre el cultivo de fruta32. Entre 1930 y 1955, la superficie destinada a árboles frutales y uva de mesa aumentó desde alrededor de treinta mil a más de ochenta mil hectáreas. Las exportaciones de manzanas, peras y uva de mesa llegaron a más del doble, de 4.500 a 9.000 toneladas33. En la emergente industria frutícola trabajaron tanto hombres como mujeres. En el campo chileno, las mujeres e hijas de los inquilinos se habían ocupado de cultivar las viñas y fabricar vino desde la época colonial. En su Hacienda Llay-Llay, de la cual envió las primeras uvas a Nueva York, Prieto contaba por lo menos con doce mujeres dentro de su fuerza laboral en 1920. Cuando Ruano cruzó los Andes desde Mendoza para unirse a Prieto en 1930, lo hizo acompañado tanto de inmigrantes italianos como de mujeres provenientes de Italia y Argentina que venían para trabajar en la fruta. Según entrevistas posteriores, Ruano trajo “una gran cantidad de mujeres (argentinas e italianas) para que junto con trabajar en la selección y embalaje de la fruta les enseñaran a las chilenas que eran muy hábiles pero poco prolijas en el tratamiento de la fruta”34. Las mujeres chilenas llevaban mucho tiempo trabajando con Espinoza, Frutas de Chile, 99. En el censo agropecuario de 1955 aparecen 83.212 hectáreas de árboles frutales y 44.824 hectáreas de vides, que incluyen uva de mesa [III Censo nacional agrícola ganadero, 1955, tabla 52]. Las cifras sobre las exportaciones en 1930 provienen del Censo agropecuario 1935-1936. Las cifras para 1955 provienen del Anuario estadístico de la República de Chile, 1955, 198. 34 Espinoza, Frutas de Chile, 73. 32 33

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fruta, pero quizás las argentinas y las italianas les enseñaron cosas relacionadas con los rigores industriales del embalaje y la limpieza de la fruta destinada a mercados lejanos. Las plantas de embalaje de fruta fresca son un fenómeno del siglo XX; las de los años 30 y 40 parecían pequeñas fábricas donde había filas de mujeres uniformadas que cortaban y limpiaban los racimos de uva y luego los acomodaban sobre aserrín en cajas de madera. También existían otros aspectos del trabajo que eran de tipo industrial. En 1928, el exportador de manzanas Andrés Toledo convenció al gobernador de la provincia de Malleco de que abriera una escuela agrícola donde mujeres adolescentes y adultas pudieran capacitarse formalmente sobre la fruta. Los dueños de los fundos preferían que el embalaje de la fruta fuera realizado por mujeres debido a su supuesta destreza manual y paciencia, el mismo argumento que se empleó para justificar la preferencia por emplear mujeres en fábricas de textiles. Se afirma que Toledo les ofreció “a cada niña y a sus mamás un traje y zapatos nuevos, además de un adecuado salario”35. Si bien esto revela que se dependía de la estructura familiar para encontrar trabajadoras, es notable que tanto madres como hijas recibieran una remuneración monetaria, puesto que en general otros tipos de empleo en el agro eran compensados en especie. Una fotografía de alrededor de 1920 muestra a mujeres limpiando racimos de uva en una planta de embalaje, uniformadas con delantales y cortes de pelo de moda (Figura 2). Si bien ciertamente se trata de una foto publicitaria, la imagen es evidencia de la temprana relación que existió entre el trabajo frutícola y la modernidad chilena.

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Espinoza, Frutas de Chile, 73.

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Figura 2. Obreras de la uva, Región Santiago, 1920. Fuente: Museo Histórico Nacional de Chile.

El Estado chileno prestaba ayuda directa a las firmas importadoras-exportadoras de fruta. En 1921, Toledo fundó una empresa para importar plátanos de Ecuador, a la que llamó South American Fruit Company (safco), emulando el nombre de la estadounidense United Fruit Company, que tenía el imperio de los plátanos en Centroamérica. Los cargamentos enviados por safco al exterior llevaron las primeras exportaciones de uva de mesa y manzanas chilenas a Estados Unidos y a Alemania. En 1930, la firma fue reorganizada como una sociedad anónima abierta, la que unió a diversas empresas comerciales bajo la dirección de los accionistas controladores George Mustakis y Antonio Gianoli en Valparaíso. El Estado le concedió a safco derechos prácticamente monopólicos sobre la importación de plátanos, eliminando además los aranceles de los productos que comerciaba, y frenando intencionalmente las actividades de la United Fruit Company en Chile. Hasta la década de 1960, safco se encargó de más del 90 por ciento de los plátanos que ingresaban a Chile y del 70 por ciento de las exportaciones 72

de uva, manzanas, duraznos, ciruelas, frutos secos y fruta seca36. Para la década del 50, safco tenía amplio alcance internacional, con operaciones comerciales en Ecuador, Panamá, Estados Unidos, Alemania y Gran Bretaña37. safco constituyó una importante base de educación sobre temas empresariales e internacionales para varias personas claves de la industria frutícola de Chile, muchas de las cuales eran inmigrantes. George Mustakis, quien presidió safco durante largo tiempo, nació en Grecia, se educó en instituciones de elite en Egipto y dirigió una pujante importadora de aceite de oliva en Brooklyn, Nueva York, antes de emigrar a Chile en 1924. Su socio en la empresa, el exitoso exportador de cebollas y fruta seca Antonio Gianoli, había emigrado de Italia38. Zvonimir Suric, el gerente general de safco durante los años 50, era un banquero dueño de plantaciones de árboles frutales en la localidad de Rinconada en el valle de Aconcagua, pero provenía de una familia de comerciantes de Croacia. Entre los directores y accionistas de safco figuraban muchos otros importantes terratenientes de Aconcagua, como Jenaro Prieto, Arturo Lyon Edwards, Alfonso del Río y Adolfo Ibáñez, quien también fue presidente de la firma. El fundador de safco, Andrés Toledo, posteriormente creó la Asociación de Productores de Manzanas y Peras en 1938, y le otorgó a safco un contrato exclusivo para que se encargara de todas las exportaciones de frutas y verduras de los miembros de la asociación39. safco, a su vez, celebró un contrato exclusivo con la empresa naviera estadounidense Grace Lines para el transporte a Chile de plátanos ecuatorianos y el envío al exterior de manzanas, fruta seca y otros productos. Para 1966, la compañía importaba más de diecisiete mil toneladas de plátanos de Ecuador Espinoza, Frutas de Chile, 100. Para 1950, safco estaba constituida por la Frutera Sudamericana y Frigoman S.A. en Chile, la Frutera Sudamericana y Agrícola Balao en Ecuador, y Andes Fruit and Produce Corp. en Estados Unidos. Sus operaciones en Ecuador incluían la propiedad de extensas plantaciones de plátanos y plantas de procesamiento. Espinoza, Frutas de Chile, 306. 38 Espinoza, Frutas de Chile, 85. 39 Espinoza, Frutas de Chile, 100. 36 37

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y exportaba diez mil toneladas de fruta. Mientras que las manzanas, junto con una pequeña cantidad de plátanos, eran enviadas principalmente a Europa, la mayor parte de la uva de mesa, ciruelas y duraznos iba a Estados Unidos. Las peras se exportaban casi por igual a Estados Unidos y Perú40. safco unió círculos de terratenientes y exportadores, vinculando los mercados emergentes de la fruta chilena con el comercio internacional de los plátanos. Los integrantes de safco viajaban con frecuencia a Guayaquil, así como a Nueva York y Londres, donde se reunían con clientes extranjeros y competidores más poderosos. Cuando el hijo de Mustakis, Constantino, dejó Chile para seguir estudios de ingeniería química en el Wooster Polytechnic Institute de Massachussetts, se detuvo primero en Ecuador, donde los productores locales de plátanos y la cámara de comercio nacional le ofrecieron un gran banquete. Después de su llegada a Nueva York, la American Food Machinery Coorporation le organizó extensas visitas a cultivos de frutales y viñas en California, Oregon y Washington. El presidente de la Standard Fruit Company, Balzise D’Antoni, invitó al joven Mustakis a visitar las plantaciones de banano en Centroamérica, y la United Fruit Company fue su anfitriona en una visita a La Habana41. Estos viajes les brindaban a los chilenos no solo la oportunidad de aprender técnicas comerciales de los norteamericanos, sino también de evaluar las fortalezas comparativas de sus propias empresas. En un informe que realizó luego de su regreso a Chile después de su visita a la costa oeste de Estados Unidos, Mustakis alabó la práctica californiana de fumigar la uva con dióxido de sulfuro para retardar su descomposición, y sostuvo que debía aplicarse inmediatamente Según los manifiestos de aduana de 1955, el 48 por ciento de las manzanas se exportó a Francia y el 27 por ciento a Suecia. Del total de fruta, el 86 por ciento de las ciruelas, el 97 por ciento de los duraznos, el 59 por ciento de la uva y el 42 por ciento de las peras, se exportaron a Estados Unidos. El 34 por ciento de las peras se exportó a Perú. En los años 30 y 60, Alemania fue el destino principal de las manzanas chilenas. Anuario estadístico de la República de Chile, 1955, 220. 41 Entrevista con Constantino Mustakis en Santiago, 13 de junio, 2008. 40

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en Chile. Pero también destacó con orgullo que las técnicas de espalderas verticales para las vides usadas en California eran inferiores a las de parronales empleadas en Aconcagua42. Mientras estuvo en La Habana como huésped de la United Fruit Company, el joven Mustakis contrató personal de nivel ejecutivo para las operaciones de safco en Ecuador, destacando que las universidades y las organizaciones de la agroindustria en Cuba se encontraban entre las más sofisticadas del mundo43. Si bien safco dominaba en la exportación de fruta, para la década de 1960 otras firmas exportadoras estaban adquiriendo importancia. Pruzzo & Co., una firma creada en los años 30 por el inmigrante italiano Jorge Pruzzo, enviaba peras y manzanas a Europa. Sergio Ruiz-Tagle, miembro de una prominente familia de raíces españolas establecida durante la Colonia, exportaba manzanas producidas por una gran cantidad de pequeños agricultores. Más impresionante fue el éxito de David del Curto, un inmigrante italiano que llegó a Chile después de la Segunda Guerra Mundial para ayudar a un tío que era propietario de una pequeña empresa familiar dedicada a la exportación de frutos secos y cebollas a Argentina. Es claro que del Curto era un comerciante inteligente y talentoso. Después de crear su propia compañía en 1958, comenzó a producir y a exportar manzanas y frutos secos. En la década de 1960 logró grandes ganancias suministrando porotos negros a la Cuba revolucionaria, adonde hacía llegar el producto adquirido en Argentina a través de Bolivia, España y Francia a fin de evadir el boicot a Cuba por parte de Estados Unidos, al que Chile también se adhería44. En 1967, durante la Guerra de los Seis Días entre Espinoza, Frutas de Chile, 308. Espinoza, Frutas de Chile, 305-12. 44 Entrevista con Rick Eastes en Delano, California, 10 de octubre, 2006; entrevista con Aurelio San Nicolás y Luis Peppi en San Felipe, 20 de junio, 2008; entrevista con Constantino Mustakis en Santiago, 13 de junio, 2008. Según Eastes, quien había conocido a del Curto en Chile en los años 60, a pesar de que los porotos originalmente eran producidos en Argentina, del Curto había falsificado documentos aduaneros para indicar que provenían de Bolivia. En España, los recibía alguien que los adquiría en francos franceses. 42 43

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Israel y estados árabes, del Curto hizo otro gran negocio: al saber que un barco cargado de cebollas que iba rumbo a Europa se había quedado detenido en el Canal de Suez, voló a Buenos Aires donde sobornó al capitán de un navío para que redirigiera el rumbo de su nave a través de Valparaíso y el Canal de Panamá, y arribó a Rotterdam con un cargamento de cebollas antes de que el barco que estaba detenido en el canal de Suez pudiera entregar su carga. Se dice que del Curto ganó US$ 500.000 en la operación, dinero que junto con el que había ganado en Cuba invirtió en nuevos cultivos de manzanas y de vides en Chile45. Aunque los negocios de del Curto tuvieron ribetes dramáticos, él compartía varias de las características de otros de los primeros exportadores de fruta en Chile. Muchos eran inmigrantes y quienes no lo eran, destacaban sus raíces en el Viejo Mundo; la mayoría era terrateniente y comerciante a la vez; como hombres de negocios, seguían atentamente los mercados internacionales, y quienes participaron en safco daban todo por el comercio internacional de los plátanos y conocían bien las empresas multinacionales. Los chilenos se comparaban con sus homólogos en Estados Unidos, especialmente California, y tenían confianza en sus perspectivas de poder igualar los modelos norteamericanos y competir con ellos. Además, buscaron insistentemente el apoyo del Estado y esperaban seguir contando con él en el futuro. La reforma agraria: el Plan Nacional de Desarrollo Frutícola y la cooperación entre Chile y California La reforma agraria realizada por el Estado dio gran impulso a la fruticultura. En 1962, durante el gobierno conservador de Jorge Alessandri, se llevaron a cabo las primeras expropiaciones bajo presión del presidente Kennedy y en respuesta directa a la revolución 45

Entrevista con Rick Eastes en Delano, California, 10 de octubre, 2006.

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cubana. La reforma agraria se emprendió con el objetivo de dividir tierras que eran supuestamente feudales y estimular el capitalismo. Para 1960, la idea de que la agricultura en Chile requería de una profunda renovación era compartida ampliamente por diversos actores sociales, entre ellos, la Iglesia católica, la clase media profesional y la izquierda marxista. La productividad del agro había declinado a través del siglo XX, de modo que para la década de 1960, Chile gastaba US$ 200 millones anuales en la importación de alimentos. Los cultivos de productos exportables que rindieran ganancias eran la excepción; la mayor parte de la tierra estaba dedicada a productos de consumo interno como cereales, fibras y ganado, con tasas de retorno cada vez más bajas. El inquilinaje impedía la mecanización y ejercía control sobre los salarios de todos los trabajadores rurales. Las escandalosamente altas tasas de analfabetismo, mortalidad infantil y morbilidad temprana, hacían del campo un notorio ejemplo del atraso del tercer mundo. La reforma agraria se inició con el fin de mejorar la productividad y estuvo focalizada exclusivamente en latifundios que se consideraban subcultivados o ineficientes, pero muy pronto se convirtió en un proyecto masivo para movilizar a la gente de bajos recursos. En 1967, el gobierno demócratacristiano de Frei legalizó la expropiación de fundos de más de ochenta hectáreas, sin tener en cuenta su productividad, y activamente promovió la creación de sindicatos de campesinos. Frei quiso crear predios familiares usando de modelo la zona del oeste medio de Estados Unidos, pero puso un énfasis especial en la incorporación de los sectores vulnerables a la sociedad civil a través de organizaciones sociales. Esto elevó de gran manera las expectativas de los campesinos sobre su acceso a la tierra, lo que provocó una oleada de huelgas y tomas de fundos por parte de los trabajadores rurales. Después de 1970, el gobierno de la Unidad Popular de Allende redefinió la meta de la reforma agraria como socialismo y, en consecuencia, legalizó la expropiación de fundos de menos de cuarenta hectáreas y creó asentamientos más permanentes. Pero la Unidad Popular compartía las metas de modernización económica e 77

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inclusión popular de los democratacristianos46. El resultado final de las distintas fases de la reforma agraria fue contundente: en menos de diez años, el Estado chileno expropió el 45 por ciento de todas las tierras agrícolas y, en efecto, abolió el sistema laboral y los latifundios que habían dominado el campo chileno desde la época colonial47. Los esfuerzos por aumentar la producción frutícola fueron parte integral de la modernización que se perseguía con la reforma agraria. Tanto Frei como Allende favorecieron fuertemente una política agraria basada en dos componentes: (1) aumentar las exportaciones agrícolas, como fruta fresca y vino, a fin de obtener divisas y estimular nuevas tecnologías industriales, y (2) cultivar de manera más intensiva los cereales y la fruta de consumo nacional para reducir la dependencia de productos importados48. En 1965, Frei autorizó a la corfo para que implementara el Plan Nacional de Desarrollo Frutícola, según el cual se aumentaría al doble el número de hectáreas dedicadas al cultivo de árboles frutales y vides en un plazo de diez años y se incrementaría cinco veces la producción de fruta dentro de quince años49. El blanco de la producción frutícola serían los mercados extranjeros, con la salvedad de que la industria exportadora tendría que proveer más fruta dentro el país. En el plan se afirmaba que la tierra plantada con árboles frutales era hasta cinco veces más rentable que la dedicada a cereales, y exigía una fuerza laboral cinco veces más grande. Por lo tanto, incrementar la producción de fruta iba a resolver tanto la baja productividad como el alto desempleo, y al mismo tiempo difundiría nuevas tecnologías 46 María Antonieta Huerta, Otro agro para Chile: La historia de la reforma agraria en el proceso social y político (Santiago: cisec-cesoc, 1989); Loveman, Struggle in the Countryside; y Tinsman, Partners in Conflict. 47 Barraclough y Fernández, Diagnóstico de la reforma agraria en Chile, 71. 48 Entrevista con Jacques Chonchol en Santiago, 2 de julio, 2008. 49 El Plan Nacional de Desarrollo Frutícola fue promulgado en 1968, pero en la práctica se había iniciado varios años antes, a medida que la corfo había comenzado a aumentar los créditos a los productores de fruta. El plan proponía aumentar el número de hectáreas plantadas con árboles frutales de 48.800 a 101.200 entre 1965 y 1975, y afirmaba que la producción total debía subir de 45.000 toneladas en 1965 a 250.000 toneladas para 1980. corfo, Sinopsis del Plan Nacional de Desarrollo Frutícola, 31-38.

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y distintas especies botánicas. Se trataba de lo máximo en materia de modernización. El Plan Nacional de Desarrollo Frutícola fue la culminación de veinte años de estudios realizados por la corfo en relación a las promesas de hacer de la fruta la base de la economía agraria de Chile, y así reflejaba la fuerte fe de mediados del siglo XX en los proyectos económicos dirigidos por el Estado. El argumento del plan era que una industria de exportación frutícola de peso requería de las economías de escala que brinda la centralización del gobierno, aunque también debía incluir sociedades público-privadas. Según el plan, en el plazo de un decenio se gastarían US$ 18 millones –provenientes aproximadamente por igual de fuentes públicas y privadas, entre ellas instituciones internacionales de crédito– que cubrirían incentivos al crédito, apoyo técnico, infraestructura, y comercialización de la fruta en el exterior50. La Junta de Producción y Comercialización de Frutas, estructurada siguiendo el modelo de juntas similares en Holanda, Israel y Sudáfrica, se encargaría de supervisar el marketing y la inversión. Esta junta, creada en efecto en 1968, estaba compuesta de treinta representantes de firmas exportadoras de fruta y cooperativas de productores, seleccionados por el Ministerio de Agricultura y bajo su coordinación. En la práctica, el mayor impacto del Plan Nacional de Desarrollo Frutícola estuvo en el uso de créditos de la corfo y del Banco Central de Chile para aumentar el número de hectáreas destinadas al cultivo de árboles frutales. De hecho, durante la reforma agraria se plantó casi la mitad de los frutales y vides que producían fruta de exportación a principios de la década de 1980 en el valle de Aconcagua y el área metropolitana de Santiago –lo que se ha atribuido al modelo de mercado libre aplicado por el régimen militar–51. Entre 1955, cuando la corfo comenzó a entregar los corfo, Sinopsis del Plan Nacional de Desarrollo Frutícola, 58-59. Según un detallado estudio de 1988 sobre fruticultura en la localidad de Santa María, en Aconcagua, el 53 per ciento de los cultivos de frutales y de vides fue plantado durante la reforma agraria, el 33 per ciento entre 1974 y 1986, y el 13 per ciento antes de 1964. Rodríguez y Venegas, De praderas a parronales, 121. 50 51

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primeros pequeños créditos para la producción de fruta, y en 1975, cuando el régimen militar empezó a desmantelar con ahínco los programas de la reforma agraria, la superficie plantada con frutales y vides aumentó más del 50 por ciento, de 128.036 a 197.427 hectáreas52. Solamente durante los gobiernos de Allende y de Frei, el cultivo de la fruta se elevó en 25 por ciento53. La corfo también patrocinó la construcción de plantas de refrigeración y de fumigación, que eran necesarias para preparar la fruta para su exportación. Comenzando en 1967, se construyeron cinco frigoríficos, en San Felipe, Santiago, Curicó, Talca, Linares y Talcahuano, los que para 1972 constituían el 70% de la capacidad de almacenaje en frío54. Las exportaciones aumentaron a un ritmo continuo, elevándose de 14.200 toneladas en 1962 a 38.300 en 197255. Esto no es mucho en comparación con las más de 300.000 toneladas que Chile exportaba diez años después de instaurado el gobierno militar, pero el crecimiento exponencial alcanzado en la década de 1980 en parte se debió a los árboles frutales y vides que se plantaron a fines de los años 60 y principios de los 70, y que tardaron entre tres y siete años en crecer56. Los laureles fueron cosechados por el gobierno al cual no correspondían. La reforma agraria mejoró de manera notable las condiciones laborales en el campo, tanto para hombres como para mujeres. Las remuneraciones monetarias se hicieron obligatorias, y el ingreso 52 Censo agropecuario, Chile 1955 y V censo agropecuario. Estas cifras incluyen las vides viníferas tanto como las de consumo fresco. Las comparaciones de los censos de 1955 y de 1975-76 ofrecen el panorama más adecuado del impacto de la reforma agraria desde que empezó en 1962, cuando la corfo ya estaba financiando créditos para la fruta en anticipación del Plan Nacional de Desarrollo Frutícola. El fin de la reforma agraria mediante el desmantelamiento de los asentamientos por parte del régimen militar no empezó plenamente hasta 1975-76. 53 Held, “La fruticultura de exportación de Chile”, 221. 54 Riquelme Elizondo, “Contribución del Estado, las universidades, y el sector privado al desarrollo de la fruticultura en Chile”, 36. 55 Según la cepal, las exportaciones de uva de mesa se elevaron de 5.800 toneladas en 1962, a 12.400 en 1970, y a 13,000 toneladas en 1972. cepal, La cadena de distribución y la competitividad de las exportaciones latinoamericanas, 64-66. 56 cepal, La cadena de distribución y la competitividad de las exportaciones latinoamericanas, 6466. La cifra incluye 125.700 toneladas de uva de mesa, así como manzanas y peras.

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Figura 3. Podando vides durante la reforma agraria, 1972. Fuente: Museo Histórico Nacional de Chile.

rural prácticamente se triplicó entre 1964 y 197357. El inquilinaje desapareció con la expropiación masiva de latifundios, así como con la creación de asentamientos y cooperativas bajo administración estatal. El número de empleos permanentes en el agro subió el 60%, añadiendo más de sesenta mil plazas58, y si bien fueron los hombres quienes ocuparon la mayor parte de estos empleos, las mujeres también se beneficiaron. A través del Valle Central, el número de trabajos temporales remunerados en el agro aumentó de 7.500 en 1964 a más de 13.500 en 197559. En las zonas donde Todas las fuentes oficiales y académicas concuerdan en que las remuneraciones reales, así como las condiciones de vida rurales, mejoraron de manera significativa durante la reforma agraria, pero no concuerdan en las cifras exactas, las que van desde una duplicación a una sextuplicación. Ver Barraclough, Reforma agraria y gobierno popular; Estadísticas laborales, 1976, 41; Loveman, Struggle in the Countryside. 58 A nivel nacional, el número de empleos permanentes remunerados en el agro se elevó de 100.005 en 1964 a 162.600 en 1975. IV censo agropecuario, tabla 6; V censo agropecuario, Cuadro 3.01. 59 IV censo agropecuario, cuadro 6; V censo agropecuario, Cuadro 3.01. 57

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se había enfocado el Plan Nacional de Desarrollo Frutícola, como el valle de Aconcagua, el área metropolitana de Santiago y la provincia de O’Higgins, los empleos temporales se cuadruplicaron o más. Las mujeres también recibieron empleo en las nuevas plantas de embalaje y frigoríficos. Fuera de los construidos por la corfo durante el gobierno de la Unidad Popular, del Curto construyó el primer frigorífico privado en Calera de Tango, en el cual empleó a más de trescientas mujeres. A pesar de estas mejoras, la reforma agraria continuó privilegiando el trabajo masculino por sobre el femenino, y de hecho hizo que aumentara la dependencia económica que muchas mujeres tenían de los hombres. Como proyecto de desarrollo, la reforma agraria promovió familias modernas en las que los hombres del agro eran los proveedores y productores, mientras que a las mujeres se las educaba para que fueran esposas y activistas comunitarias. La tierra se distribuyó a los jefes de hogar, entre los cuales más del 90% era de género masculino. Los hombres constituían el 90% de los miembros de los asentamientos y ocupaban la mayor parte de los trabajos permanentes. Los nuevos empleos para las mujeres, especialmente en la industria frutícola, eran estacionales, durando tan solo unos pocos meses, y en general no eran desempeñados por mujeres casadas, sino por adolescentes y solteras. Los hombres constituían el 90% de los miembros de los sindicatos rurales, quienes aumentaron hasta llegar a 250.000 en 1972. A medida que los sindicatos de campesinos lideraban miles de huelgas y tomas de tierras, los hombres pasaron a ser los principales protagonistas de la reforma agraria. Las mujeres también se movilizaron a través de entidades apoyadas por el Estado conocidas como Centros de Madres, los cuales se centraban en fortalecer las industrias de artesanía hogareña de las mujeres y su producción de alimentos. Los Centros de Madres también recaudaban fondos para los sindicatos y proporcionaban apoyo directo a los hombres durante las huelgas y las tomas, además de promover la educación, el cuidado de la salud y la planificación familiar entre las mujeres. Los Centros de Madres 82

buscaron modernizar a las campesinas e integrar a las mujeres a la política nacional60. No obstante, sus objetivos siempre estuvieron supeditados al objetivo de la reforma agraria de empoderar a los hombres, que entrañaba también el beneficio de las mujeres como esposas e hijas. El Plan Nacional de Desarrollo Frutícola favoreció al sector privado del agro desproporcionadamente más que a los asentamientos. Si bien en estos se plantaron nuevos manzanos y duraznos, casi las tres cuartas partes de los frutales se cultivaban en predios de tamaño mediano, de entre veinte y cien mil hectáreas, que en su mayor parte permanecieron en manos privadas61. Las tierras privadas se beneficiaron más porque la corfo prefería otorgar créditos a productores con experiencia en cultivos frutícolas, y como los predios de muchos de ellos en provincias clave como Aconcagua y O’Higgins eran de tamaño mediano, estaban por debajo de las ochenta hectáreas que eran el límite de las expropiaciones62. Los productores y los exportadores más grandes, como David del Curto y Dino Pruzzo, participaron directamente en la implementación del Plan Nacional de Desarrollo Frutícola formando parte del Comité Agroindustrial de corfo, con lo cual podían influir en las deTinsman, Partners in Conflict, 128-70; Teresa Valdés et al., “Centros de madres, 19731989: ¿Sólo disciplinamiento?”, documento de trabajo Nº 416, Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, Santiago, 1989. 61 El censo agropecuario 1975-76 indica que a nivel nacional, el 69 por ciento de las manzanas y el 74 por ciento de los duraznos se cultivaban en predios de menos de cien hectáreas. El área metropolitana de Santiago tenía los porcentajes más bajos de frutales cultivados en predios de menos de cien hectáreas (el 61 por ciento de las manzanas y el 51 por ciento de los duraznos), lo que sugiere que los asentamientos del área metropolitana tenían cultivos comparativamente más altos que cualquier otra zona. En la VII Región (O’Higgins), el 86 por ciento de las manzanas y el 78 por ciento de los duraznos se cultivaban en predios de menos de cien hectáreas. En la V Región (Valparaíso), el 65 por ciento de las manzanas y el 75 por ciento de los duraznos se cultivaban en predios de menos de cien hectáreas [V censo nacional agropecuario, 73]. Un estudio de Ñuble hecho en 1974 muestra que casi toda la nueva producción de fruta se encontraba en el sector privado [Cruces Salazar, “La fruticultura en el área reformada de la provincia de Ñuble”]. 62 Según el agrónomo de la corfo, Ricardo Corssen, los productores de Aconcagua se vieron beneficiados de manera desproporcionada por el Plan Nacional de Desarrollo Frutícola porque ellos fueron los más dispuestos a obtener créditos y a asumir riesgos en base el reconocido éxito de la zona en la producción de fruta. Espinoza, Frutas de Chile, 200-201. 60

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cisiones sobre inversiones y préstamos para su propio beneficio. Su productividad a gran escala con frecuencia los protegió contra las expropiaciones. Pero los productores pequeños también se beneficiaron. El Instituto de Desarrollo Agropecuario (indap), agencia de la reforma agraria, organizó cooperativas para los campesinos con tierras y les proporcionó tanto asistencia técnica como préstamos sin interés provenientes del Banco Interamericano de Desarrollo para que plantaran fruta. Por lo menos un cuarto de la fruta producida durante la reforma agraria provino de predios de menos de veinte hectáreas63. El Plan Nacional de Desarrollo Frutícola se vio apoyado por un gran programa de intercambio educativo y tecnológico entre la Universidad de California y la Universidad de Chile que la Ford Foundation lanzó en ese mismo tiempo. Iniciado en 1965 dentro de la misión más amplia de la Alianza para el Progreso de acelerar la modernización de América Latina y de evitar el comunismo, el Acuerdo de Cooperación entre la Universidad de California y la Universidad de Chile (conocido más comúnmente en Chile como el Convenio Chile-California) tenía por objeto apoyar a la Universidad de Chile como “agente de la reforma progresista de América del Sur” y “aliviar los urgentes problemas de crecimiento económico y las condiciones de vida en un país menos desarrollado”64. El Convenio contemplaba el intercambio de profesores y de estudiantes de posgrado, así como el desarrollo de infraestructura, en diversos campos, con especial énfasis en materias agrarias, entre las cuales destacaba la fruticultura65. El programa ampliaba proyectos previos de la década de 1950, en los cuales la Rockefeller Foundation había proporcionado fondos para que chilenos estudiaran en la Universidad de California y el gobierno estadounidense había Entrevista con Jacques Chonchol en Santiago, 2 de julio, 2008. “The Idea of an International Service Faculty”, University of California, Davis, memorándum de apoyo a la facultad del Convenio, 28 de enero, 1966, 1; Scheuring, Abundant Harvest, 228. 65 “A Proposal for a Cooperative Education and Research Program between the University of Chile and the University of California, presentado a la Ford Foundation por la Universidad de Chile y la Universidad de California, May 28, 1965”, uccha, ar-23, box 107. 63 64

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financiado un departamento de fruticultura dentro de la Escuela de Agronomía de la Universidad de Chile66. Cuando el proyecto finalizó en 1979, la Ford Foundation había aportado un total de US$ 9,75 millones, financiando noventa y dos maestrías, y cincuenta y cuatro doctorados hechos por chilenos en la Universidad de California, además de financiar alrededor de cien intercambios anuales, de una duración de semestres y años, entre académicos y estudiantes. A su vez, alrededor de 285 personas de la Universidad de California, tanto profesores como estudiantes de posgrado, pasaron entre un mes y un año en Chile. Casi un tercio de estos intercambios provino de las escuelas de agronomía y ciencias naturales de la Universidad de California en Davis, cuyos académicos y estudiantes de posgrado trabajaron como profesores visitantes y asesores técnicos67. El Convenio también aportó fondos para programas de posgrado en la Universidad de Chile, como un laboratorio de patología botánica dedicado a estudiar enfermedades de árboles frutales, un programa de cultivo de fresas, y programas de doctorado en química, ingeniería química, agronomía y geología68. El Banco Interamericano de Desarrollo suplementó los fondos de la Ford Foundation con US$ 4 millones para la construcción de un nuevo campus de agronomía y ciencias forestales en la Universidad de Chile69. Un componente de biblioteconomía del Convenio permitió que la Universidad de Chile adquiriera 5.955 revistas y 8.547 libros, así como servicios de catalogación y bibliotecas rodantes, y realizara intercambios de personal bibliotecario. Este intercambio intelectual no dejó de tener cierta fricción. Los estudiantes de la Universidad de California se quejaban de que Riquelme Elizondo, “Contribución del Estado, las universidades, y el sector privado al desarrollo de la fruticultura en Chile”. 67 Scheuring, Abundant Harvest, 228; Scheuring, Science and Service: A History of the Land Grant University and Agriculture in California. Oakland, Calif.: anr Publications, University of California, 1995. 68 Scheuring, Abundant Harvest, 230. 69 “A Report of the Activities of the Convenio, August 1969, Presented to the Ford Foundation by the University of California and University of Chile, August, 1969”, uccha, ar-23, box 107, 8. 66

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las huelgas y las tomas de tierras constantemente interferían con los proyectos de fruticultura, y de que tanto académicos como técnicos gubernamentales chilenos carecían de una formación adecuada. Martin Barnes, jefe de entomología de la Universidad de California en Davis, se expresó de manera todavía más pesimista, afirmando que la meta del Convenio de transformar a la Universidad de Chile en una estación experimental como las universidades estadounidenses con concesiones de tierra, estaba “destinada al fracaso” porque la “sociedad chilena no había evolucionado lo suficiente” como para aceptar procedimientos técnicos modernos. En un memorándum confidencial enviado al subcomité de agricultura del Convenio en 1969, Barnes se quejaba de que los chilenos no comprendían los principios básicos de la experimentación y que se encontraban en una etapa clásica previa del desarrollo del conocimiento, enfocándose en la simple observación y el aprendizaje de memoria70. Lo más que se podía hacer era ayudar a los chilenos a modernizar su metodología o, en las palabras de Barnes en un segundo memorándum: “Debemos retroceder en el tiempo relativo al desarrollo antes de que podamos avanzar con la humanidad”71. A pesar del sesgo paternalista y de las grandes desigualdades de recursos, el Convenio tuvo gran éxito en cuanto a fortalecer los programas de agronomía chilenos y a introducir nuevas prácticas tecnológicas y de cultivo frutícola. Profesores y estudiantes de posgrado de la Universidad de California sirvieron como asesores del Plan Nacional de Desarrollo Frutícola de la corfo y también de proyectos de indap para asentamientos y pequeños agricultores72. Uno de los primeros proyectos del Convenio consistió en una “In Confidence. Statement of Dr. Martin M. Barnes (Dept of Entomology) to Agricultural Sciences Subcommittee uc-uc Program, August 5, 1969”, uccha, box 1. 71 Martin M. Barnes, “Development of the Agricultural Sciences in Developing Nations: We Must Step Back in Developmental Time before We Can Step Forward with Humanity”, memorándum de 1969, uccha, box 1. 72 Claron O. Hesse, “Report on Trip to Chile, January 5, 1967-January 30, 1967”, uccha, ar-14, box 1; F. Gordon Mitchell, “Report on Trip to Chile, Univ. of California-Univ. of Chile Convenio, Feb 16-March 18, 1967”, University of California, Davis, Department of Pathology, uccha, ar-14, box 1. 70

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agenda de tres puntos para Aconcagua, destinada a expandir viveros de árboles frutales, a mejorar la gestión de los suelos en las plantaciones de frutales y a modernizar las plantas de almacenamiento de la fruta73. Los californianos introdujeron nuevas variedades de uva y de duraznos, catalogaron información sobre más de mil insectos chilenos, y comenzaron a fumigar contra la mosca mediterránea de la fruta con bromuro de metilo74. Durante el gobierno de Allende, la Universidad de Chile comenzó a ofrecer una maestría en fruticultura, con clases dictadas por académicos de la Universidad de California y también por profesores chilenos recién graduados de la Universidad de California en Davis75. En 1975, la Universidad Católica de Chile, la otra importante institución de investigación del país, dio inicio a un programa similar. Entre ambas universidades, 885 chilenos se habían recibido de programas de estudios avanzados para 199076. Los exportadores de fruta fueron quienes más se beneficiaron con el Plan Nacional de Desarrollo Frutícola y los intercambios con la Universidad de California. Los gobiernos de Allende y Frei desarrollaron fuertes relaciones con los exportadores de fruta y vino, alabando sus sólidos conocimientos industriales y con frecuencia otorgándoles inmunidad frente a las expropiaciones, incluso en casos de predios extensos. Frei prometió apoyo a los terratenientes eficientes e innovadores. El gobierno de la Unidad Popular favoreció tanto las alianzas tácticas con lo que llamó la burguesía progresista, como una economía mixta en la que los productores “Final Report from Dr. Kay Ryugo, Santiago de Chile, June, 1967”, uccha, box 1; Javier Poblete y Ricardo Rodríguez, “Perspectivas y políticas de desarrollo de la agricultura de exportación en el valle de Aconcagua”, Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, Universidad de Chile, 1972. 74 F. Gordon Mitchell, “Report on Trip to Chile, Univ. of California-Univ. of Chile Convenio, Feb 16-March 18, 1967”, University of California, Davis, Department of Pathology, uccha, ar-14, box 1. 75 “Discussion of the University of Chile Proposal for a Graduate Program in Fruticultura, Nov., 4, 1969”, uccha, box 1; y “Agriculture & Veterinary Medicine Subcommittee Meeting, Feb. 2, 1971”, uccha, box 1. 76 Riquelme Elizondo, “Contribución del Estado, las universidades, y el sector privado al desarrollo de la fruticultura en Chile”, 41. 73

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privados coexistieran con el sector social administrado por el Estado77. Como lo recordara el Ministro de Agricultura de Allende, Jacques Chonchol, en una entrevista: “Tratábamos de no tocar las tierras de los productores de fruta progresistas porque los necesitábamos”78. La Unidad Popular incorporó a miembros prominentes de la Asociación de Exportadores de Chile al Comité de Exportadores de Fruta del Banco Central y al Comité Agroindustrial de la corfo79. Incluso después de que en 1972 decidiera centralizar las exportaciones de fruta y ponerlas bajo jurisdicción estatal, la Unidad Popular expidió doces permisos de exportación a sólidos exportadores privados, entre ellos safco, David del Curto, Pruzzo & Co., la Cooperativa Frutícola Aconcagua y la Compañía Los Leones, que era de propiedad de la familia Lyons Edwards80. La mayor parte de las tierras pertenecientes a estas entidades no fueron expropiadas81, como tampoco lo fueron las tierras de las viñas más destacadas, entre ellas Cousiño Macul y Concha y Toro. De hecho, algunos exportadores de fruta prosperaron bajo el gobierno de la Unidad Popular. En 1972, un año récord en cuanto a huelgas laborales y tomas de tierras, Chile exportó una cantidad también récord de toneladas de fruta, más que en cualquier otro momento de su historia82. En 1971, Pruzzo & Co. realizó el más cuantioso envío de manzanas a Europa83. Ese mismo año, Jorge Covarrubias Lyon, de la Compañía Los Leones, viajó a Estados Unidos para establecer contactos en Chicago y abrir el oeste medio como punto de entrada84. A del Curto le fue lo suficientemente bien durante la Unidad Popular como para construir el primer frigorífico Gilbert, “Chile”. Entrevista con Jacques Chonchol en Santiago, 2 de julio, 2008. 79 Espinoza, Frutas de Chile, 103. 80 “Entrevista con Raimundo del Río Phillips” y “Entrevista con Dino Pruzzo Percivale”, en Espinoza, Frutas de Chile, 207, 316. 81 Entrevista con José Luis Ibáñez en Santiago, 4 de abril, 2009; entrevista con Elena Lyon, Los Lingues, 2 de abril, 2008; entrevista con Constantino Mustakis, Santiago, 13 de junio, 2008. 82 cepal, La cadena de distribución y la competitividad de las exportaciones latinoamericanas. 83 “Entrevista con Dino Pruzzo Percivale”, en Espinoza, Frutas de Chile, 207. 84 “Entrevista con Jorge Covarrubias Lyon”, en Espinoza, Frutas de Chile, 202. 77 78

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privado en Calera de Tango y aumentar la superficie de sus plantaciones de frutales y vides en la provincia centro-sur de Curicó. Esta expansión del sector privado en una época de socialización masiva de fábricas y tierras es sorprendente. Del Curto fue amigo personal de Allende, con quien compartía el gusto por la ropa fina y el buen vino. Chonchol recuerda que del Curto era una persona “especialmente progresista, que se llevaba bien con todos”. De hecho, del Curto también tenía buenas relaciones con Fidel Castro, cuya gratitud se había ganado al venderle porotos negros a Cuba en la década de 1960. A su vez, y como muestra de su gratitud por la compra, del Curto posteriormente le envió un caballo de regalo al líder cubano, y cuando Fidel Castro visitó Chile en 1972, con gran orgullo lo llevó a conocer sus plantaciones de frutales y su frigorífico85. Del Curto salía de lo común en sus vínculos de amistad con la izquierda, pero la Unidad Popular cultivó relaciones laborales con muchos exportadores de fruta. Y si bien ellos fueron lo suficientemente prácticos como para colaborar con el gobierno, casi todos lo rechazaban y sentían profundas sospechas sobre las intenciones de Allende a largo plazo. Constantino Mustakis recuerda que las reuniones del Comité de Exportadores de Fruta del Banco Central eran interminables, llenas de amargas batallas provocadas por lo que él llamó “los ideológicamente poseídos burócratas de la Unidad Popular”, quienes cometían abusos como limitar arbitrariamente el número de distribuidores estadounidenses que podían recibir importaciones de Chile86. Luis Peppi, quien había trabajado en las viñas de la Hacienda Llay-Llay, perteneciente a Jenaro Prieto, y más tarde había sido cofundador de la Exportadora Río Blanco en Aconcagua, recuerda que casi todos los productores y exportadores frutícolas estaban en un constante estado de pánico: “Cualquier día te iba a tocar [la expropiación]; solo era cuestión de tiempo”87. Las tierras de algunos terratenientes que tenían cultivos frutícoEntrevista con Jacques Chonchol en Santiago, 2 de julio, 2008. Entrevista con Constantino Mustakis en Santiago, 13 de junio, 2008. 87 Entrevista con Luis Peppi, San Felipe, 13 de junio, 2008. 85 86

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las orientados a la exportación, en efecto fueron expropiadas. El impulso de la reforma agraria crecientemente provenía de abajo, forzado por los sindicatos de campesinos que se tomaban las tierras antes de consultar con autoridades del gobierno, a las que luego presionaban para que el Estado las expropiara88. En 1971, Chonchol visitó personalmente a Alfonso Prohens, cuya familia exportaba fruta desde la nortina provincia de Copiapó desde la década del 40, con el objeto de felicitarlo por su productividad superior y su liderazgo en el ámbito de las exportaciones, pero dos meses después de la visita la tierra de Prohens fue expropiada luego de sufrir una toma por parte de sus trabajadores y de campesinos vecinos89. La Unidad Popular efectivamente truncó la empresa del exportador Sergio Ruiz-Tagle, basada en Santiago, cuando le negó su solicitud de licencia de exportador, optando por favorecer a entidades más importantes, como safco y del Curto90. E incluso peor, las tierras de la familia Ruiz-Tagle fueron expropiadas en 1972. La reforma agraria de Chile proporcionalmente fue el proyecto de este tipo más extenso y menos violento de los llevados a cabo sin la presencia una revolución armada en toda América y, quizás, en el mundo. Sin duda mejoró la vida de los campesinos y de los trabajadores agrícolas chilenos, pero al mismo tiempo dio origen a conflictos sociales intensos, generó amargura entre los terratenientes y dividió profundamente a las personas de menos recursos de las zonas rurales. Durante el régimen militar, la reforma agraria fue definida, de manera categórica, como un desastre, un período de odio social y de caos económico producto de la tiranía marxista. Incluso después de la transición a la democracia en 1990, se continuó considerando que la reforma agraria había sido un fracaso, tema tabú, sumergido en un sentido de culpabilidad y en conflictos históricos no resueltos. 88 En 1970, hubo 1.580 huelgas agrícolas y 456 tomas de tierra. En 1972, hubo 1.758 huelgas agrícolas y 1.273 tomas de tierra. Barraclough y Fernández, Diagnóstico de la reforma agraria en Chile, 134; Academia de Humanismo Cristiano, Historia del movimiento campesino (Santiago: Grupo de Investigaciones Agrarias, 1983), cuadro 1. 89 “Entrevista con Alfonso Prohens Arias”, en Espinoza, Frutas de Chile, 347. 90 “Entrevista con Sergio Ruiz-Tagle Humeres”, en Espinoza, Frutas de Chile, 249.

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Este análisis, que en sí constituye una victoria para Pinochet, ha silenciado la historia de los éxitos de la reforma agraria como proyecto de modernización y, en particular, su papel fundacional en el desarrollo de la industria de la exportación frutícola. A través del Plan Nacional de Desarrollo Frutícola y sus grandes aportes de recursos estatales al estímulo de la producción, en especial a tierras del sector privado, aumentó considerablemente la superficie dedicada a plantaciones de frutales y vides. De muchas formas, este plan representó precisamente el tipo de participación estatal que Alessandri había propiciado en 1922 y por el cual los terratenientes hicieron lobby a través de gran parte del siglo XX. Además, el Convenio entre la Universidad de California y la Universidad de Chile contribuyó al desarrollo de un alto número de especialistas y de infraestructura significativa para reproducir conocimientos técnicos y mantener diálogos transnacionales. Las expropiaciones de tierra hechas durante la reforma agraria dividieron los latifundios más grandes e ineficientes, mientras que las políticas laborales mejoraron rotundamente los salarios y las condiciones de vida de los trabajadores e integraron a habitantes de zonas rurales al trabajo remunerado. En el lenguaje del desarrollo que se empleaba en los años 60, la reforma agraria implementó los profundos cambios estructurales que eran necesarios para que la industria frutícola despegara en las décadas venideras. El régimen militar y las revoluciones neoliberales Años después del golpe, José Luis Ibáñez, nieto del pionero de la exportación frutícola, Adolfo Ibáñez, recordaba que el derrocamiento de Salvador Allende en 1973 produjo alivio entre los terratenientes, pero no así certeza sobre su futuro. Ibáñez pasó gran parte de los años de la Unidad Popular físicamente defendiendo las plantaciones de árboles frutales de su abuelo en Panquehue (“a veces con palos, a veces con escopetas”) contra intentos de tomas por los 91

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campesinos. El fundo de su padre fue expropiado en 1971 y parecía ser solo cuestión de tiempo antes de que sucediera lo mismo con el resto de las tierras de la familia. El 11 de septiembre, la noticia de que los militares habían bombardeado el palacio de La Moneda y de que Allende había muerto, fue recibida por la mayoría de los terratenientes con vítores y brindis hechos con champaña adquirida en el mercado negro. Pero si el socialismo había caído, no existía mayor certeza sobre lo que vendría después. Los gobiernos militares del resto de América Latina propiciaban Estados fuertes y centralizadores, y en general imponían tributos altos a la agricultura. De hecho, los militares de Perú y de Bolivia habían lanzado reformas agrarias de peso. En septiembre de 1973, los terratenientes chilenos se sintieron tranquilizados por la condenación al marxismo hecha por la junta militar y por su promesa de restaurar la patria, pero preocupados de lo que eso conllevaría91. En realidad, los terratenientes que esperaban un regreso a los antiguos tiempos sufrieron una gran desilusión. Durante el resto de 1973 y de 1974, la junta se preocupó de reducir la inflación y de restaurar el orden por la fuerza. Efectivos militares y policiales ocuparon los asentamientos y se encargaron de silenciar a los sindicatos, para lo que llegaron a ejecutar a más de trescientos líderes campesinos y a encarcelar a miles de otros92. Y aunque los militares devolvieron algunas de las tierras tomadas durante el último año de Allende –que fue especialmente conflictivo– la gran mayoría de las tierras expropiadas permanecieron en manos del Estado. Para 1975, Pinochet claramente dominaba la junta y favorecía las políticas de mercado libre propulsadas por los economistas chilenos que habían estudiado en la Universidad de Chicago93. Los Chicago Boys, como pasaron a llamarse, urgían un monetarismo estricto y fuertes recortes en el gasto público, entre ellos la reducción de Entrevista con José Luis Ibáñez en Santiago, 4 de abril, 2009. Según el informe de la Comisión de Verdad y Reconciliación, 324 fue el número de campesinos víctimas de la violencia política durante el régimen militar. La Tierra, Nº 2 (1991): 1. 93 Valdivia Ortiz de Zárate, El golpe después del golpe. 91 92

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protecciones y subsidios a la agricultura. Además, favorecían una reorientación más exclusiva de la agricultura hacia el comercio internacional. Sergio de Castro, uno de los Chicago Boys de mayor prominencia y Ministro de Hacienda entre 1975 y 1981, habló en términos mesiánicos del inicio de una “revolución para borrar los pecados del pasado”94, lo que no solo se refería al socialismo sino también a todo el modelo de desarrollo centrado en el Estado que imperaba a mediados del siglo XX. El mundo de los latifundistas tradicionales que habían dependido de subsidios a los precios de cereales y productos lácteos, había dejado de ser. La Universidad de Chicago, de manera similar a la Universidad de California, desempeñó un papel de gran importancia en la creación de una nueva clase de intelectuales y tecnócratas, cuyos proyectos dieron impulso al crecimiento de la industria de las exportaciones frutícolas. Entre 1957 y 1970, alrededor de cien chilenos siguieron estudios de posgrado en economía en la Universidad de Chicago bajo un acuerdo especial de intercambio con la Universidad Católica de Chile financiado por la Ford Foundation y el Departamento de Estado de Estados Unidos95. En este programa participaron menos estudiantes de los que habían estudiado agronomía en la Universidad de California bajo el programa entre la Ford Foundation y la Universidad de Chile, pero durante el régimen militar, los chilenos educados en la Universidad de Chicago llegaron a desempeñar un papel más exclusivo y protegido en la renovación de la economía chilena96. Es significativo que la mayoría de los chilenos que estudiaron en California durante los años 60 y principios de los 70 se formó para hacer carrera en el sector público, ya fuera como académicos o asesores de agencias estatales dentro del Plan Nacional de Desarrollo Frutícola del gobierno. Por Fontaine Aldunate, Los economistas y el presidente Pinochet, 24. Klein, The Shock Doctrine; E. Silva, The State and Capital in Chile; y J. Valdés, Pinochet’s Economists. 96 Fontaine Aldunate, Los economistas y el presidente Pinochet, 24; Constable y Valenzuela, Nation of Enemies, 166-97; J. Valdés, Pinochet’s Economists. 94 95

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el contrario, los chilenos que se formaron en Chicago aprendieron sobre los desastres de los proyectos dirigidos por el Estado y la necesidad de minimizar la participación del gobierno en la vida económica. La filosofía de Chicago y la de California coincidían sobre el imperativo de hacer que la agricultura fuera más eficiente y fomentar las exportaciones, pero su visión del Estado era opuesta. Milton Friedman, la estrella del departamento de economía de la Universidad de Chicago, había adquirido fama en la década de 1960 como una voz radicalmente diferente por su dura crítica a la predominante doctrina keynesiana del gasto público conducente a la inflación y de la economía dirigida por el Estado. Si bien la mayor parte de los chilenos que estudiaron en Chicago realmente fueron discípulos del colega de Friedman, Arnold Harberger, el prestigio de la escuela y su filosofía provenían de Friedman. Este hizo un viaje a Chile que fue muy celebrado, durante el cual dictó numerosas conferencias y personalmente urgió a Pinochet para que sometiera a Chile a una terapia económica de shock. Durante los diecisiete años de gobierno militar, alrededor de treinta chilenos con estudios en la Universidad de Chicago sirvieron en puestos clave del gobierno, entre ellos siete ministros de economía, cuatro de hacienda y tres del trabajo, así como cuatro presidentes del Banco Central97. A Pinochet le atraía la audaz promesa de los Chicago Boys de que los principios del neoliberalismo destruirían el antiguo sistema y estarían por encima de la política. El general detestaba en especial a los políticos civiles, incluso a los conservadores, y culpaba a su ineptitud y pequeñez de intereses de no haber protegido a Chile de Allende. Pinochet afirmó tener por misión limpiar a Chile de la política y así encontró en los jóvenes economistas formados en Estados Unidos un fervoroso cuadro carente de obligaciones hacia los intereses empresariales y oligárquicos más antiguos98. El plan de estabilización implementado por los militares entre 1975 y 1981, en realidad consistió en una terapia de shock. El régi97 98

J. Valdés, La Escuela de Chicago. Constable y Valenzuela, Nation of Enemies, 166-98.

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men eliminó los controles de precios, congeló los salarios, unificó el tipo de cambio y redujo el gasto público en la mitad. Vendió quinientas empresas de propiedad del Estado, muchas de ellas expropiadas durante el gobierno de la Unidad Popular y otras creadas a través de intentos previos por industrializar el gobierno99. Redujo primero al 30 por ciento y luego al 10 por ciento el arancel del 90 por ciento empleado durante los años de la Unidad Popular para proteger a la industria nacional. Desreguló la banca y los mercados financieros, lo que permitió que Chile atrajera enormes cantidades de capital extranjero al ofrecer tasas de interés infladas. Estos fondos, a su vez, fueron empleados para otorgar abundantes créditos individuales y comerciales100. En agricultura, las políticas económicas de los militares suscitaron incredulidad e ira en muchos terratenientes. Una acción de 1977 que redujo en 75 por ciento el arancel a la leche importada, y la eliminación de subvenciones a los precios del trigo, causaron tal revuelo en la Sociedad Nacional de Agricultura y en grupos de agricultores del sur, que el gobierno finalmente se vio obligado a moderar su posición. Un prominente propietario de una lechería refunfuñó: “El 11 de septiembre no se hizo para que los economistas jóvenes pusieran sus hipótesis a prueba”101. Sin embargo, los militares de hecho redujeron los subsidios a cultivos tradicionales, al mismo tiempo que sus estrictas políticas monetarias hicieron subir las tasas de interés de los créditos agrícolas de corto plazo en hasta el 70 por ciento102. En 1982, las manifestaciones realizadas por terratenientes de las zonas sur de Temuco y Valdivia contra la política de créditos, condujeron a masivas detenciones y al exilio Constable y Valenzuela, Nation of Enemies, 189. E. Silva, “The Political Economy of Chile’s Regime Transition”; Peter Winn, “The Pinochet Era”, en Winn, ed. Victims of the Chilean Miracle?, 14-70; Lovell Jarvis, Chilean Agriculture under Military Rule: From Reform to Reaction, 1973-1980. Berkeley, Calif.: Institute of International Studies, 1985. 101 Comentario del Director del Consorcio de Sociedades Agrícolas del Sur. Citada en S. Gómez, “Organizaciones empresariales rurales y políticas estatales en Chile”, 29. 102 S. Gómez, “Organizaciones empresariales rurales y políticas estatales en Chile”, 32. 99

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forzado del presidente de la Asociación de Productores de Trigo, Carlos Podlech, un exoficial del ejército. En general, casi todos los terratenientes habían apoyado el golpe, pero no todos se encontraban en una posición que fuera a verse favorecida con los planes de progreso de los militares. La manera en que los militares pusieron fin a la reforma agraria fue causa de inquietud. A pesar de que los críticos de Pinochet sostienen que los militares les devolvieron las tierras a las clases acomodadas, lo que más sorprende de su política agraria es la gran cantidad de tierras que no fueron devueltas. Cuando la junta desmanteló los asentamientos, entre 1975 y 1977, menos de un tercio de esa tierra fue devuelto a sus propietarios originales103. El padre de José Luis Ibáñez, Pedro Ibáñez, senador conservador y uno de los fundadores del Partido Nacional, recibió apenas 30 hectáreas del total de 120 que le habían expropiado. Los militares tomaron más de la mitad de la tierra que había sido objeto de la reforma y la dividieron en predios individuales (de un promedio de diez hectáreas) cuyos títulos legalmente traspasaron a los campesinos104. El 20 por ciento restante se vendió en remates públicos105. Los grandes latifundios no fueron reconstituidos; en su lugar, predios pequeños y medianos, de menos de cien hectáreas, pasaron a ser la forma dominante de la tenencia de la tierra en el Valle Central106.

103 La mayor parte de los predios devueltos eran de tamaño mediano, o bien eran partes de fundos que habían sido objeto de tomas durante el conflictivo último año y medio del gobierno de Allende. 104 La entrega de los títulos de los predios a personas naturales originalmente fue una meta de los democratacristianos, pero se llevó a efecto tanto bajo la presidencia de Frei como la de Allende. El régimen militar por lo general respetó la legalidad de esos títulos, y en su esfuerzo por desmantelar los asentamientos rápidamente, en realidad aceleró la entrega. 105 Según un estudio de cifras del sag y de odena realizado por los sociólogos Sergio Gómez y Jorge Echeñique, del total de 895.752 hectáreas expropiadas durante la reforma agraria, 502.894 hectáreas fueron divididas en 54.366 predios individuales. Un total de 255.516 hectáreas fue devuelto a sus propietarios originales. Las 137.342 hectáreas restantes fueron rematadas o donadas a grupos públicos o sin fines de lucro. S. Gómez y Echeñique, La agricultura chilena, 93-95. 106 Kurtz, Free Market Democracy and the Chilean and Mexican Countryside.

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Pero esto no significa que hubieran terminado los privilegios de los oligarcas, solo que disminuyeron. La crítica de que los latifundios estaban económicamente retrasados y el llamamiento a la creación de una nueva clase de agricultores modernos, que habían sido la base de la reforma agraria, eran ideas que los militares compartían. Así, ellos aprovecharon el hecho de que la reforma agraria hubiera proletarizado a grandes segmentos de la fuerza laboral y dividido los latifundios más grandes pertenecientes a las familias más poderosas de Chile y a la Iglesia católica. Sin embargo, los militares no distribuyeron predios pequeños a los campesinos por el compromiso con una mayor igualdad que tenía la reforma agraria, sino para fomentar la privatización y crear un mercado para la tierra basado en su productividad. Muchas familias oligarcas pudieron adquirir en remates parte de sus antiguos fundos, o comprar tierras que habían pertenecido a familias de menos recursos que no estaban en posición de readquirirlas. Cabe destacar que más de la mitad de los campesinos que recibieron tierra como resultado de la reforma agraria, incluso las tierras distribuidas bajo Pinochet, se vieron obligados a vender sus predios dentro de los primeros diez años del gobierno militar a causa de su endeudamiento. La mitad de estos predios fue adquirida por propietarios agrícolas locales, ya fueran parte de la elite tradicional o agricultores más de clase media que no eran de origen campesino, y un tercio de ellos pasó a manos de profesionales urbanos o empresarios que invertían en agricultura por primera vez107. Quienes tuvieron éxito en el agro durante el gobierno militar abrazaron la prioridad de estimular las exportaciones. En el sur, el impulso estuvo en la industria forestal y en la del salmón. En la zona central, el objetivo fue aumentar el cultivo de la fruta en tierras que históricamente habían estado dedicadas a cereales y a ganado. En un discurso que pronunció en 1976 en la región 107 Solo el diez por ciento de los predios vendidos por particulares que habían recibido tierras durante la reforma agraria fue adquirido por otros campesinos. S. Gómez y Echeñique, La agricultura chilena, 97-100.

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centro-norte de Coquimbo, Pinochet urgió a los agricultores a cubrir el Valle del Elqui con plantaciones de frutales y viñas, acto que comparó por lo heroico con el esfuerzo colonizador y la pacificación final de los mapuche en el siglo XIX. Invocando la lógica de la Escuela de Chicago, Pinochet expresó que en el nuevo Chile no había cabida para quienes carecieran de vigor empresarial o esperaran ayuda del gobierno: Chile necesita que despierte aquel espíritu que regó la Zona Central, que colonizó la Región Austral, y que por ello, no se protegerá jamás la ineficiencia ni el egoísmo ni los pequeños intereses. El débil, el temeroso y el inmóvil, no tienen cabida y deberán apartarse del camino que la hora nos señala. Ojalá que los que no han comprendido la hora presente reaccionen a tiempo antes que sea demasiado tarde108.

A pesar de esta bravata, el régimen militar proporcionó un sólido liderazgo y apoyo financiero a la expansión de la industria frutícola: aumentó las oportunidades de adquirir créditos especiales para inversiones en dicho sector a través del Banco Central, y creó ProChile (Programa de Fomento a las Exportaciones Chilenas), una nueva agencia estatal que se encargaría de coordinar las exportaciones en el extranjero. La corfo continuó haciendo inversiones en infraestructura agrícola, como el riego, y vendió a exportadores privados sus frigoríficos y plantas de embalaje a precios reducidos. Entre 1974 y 1986, el gobierno gastó más de 27 millones de dólares en la expansión de sistemas de riego para la fruta y la modernización de Valparaíso109. La privatización de los derechos de agua en 1981 permitió que los productores de fruta adquirieran ciertos privilegios seguros, además de proporcionar compensación monetaria por el 75 por ciento de cada mejora hecha al sistema de

La Crónica, 11 de abril de 1976, 15. La cifra está basada en el valor del dólar en 1989, cuando el tipo de cambio era 1:270. La agricultura chilena durante el gobierno de las fuerzas armadas y de orden, 27-29. 108 109

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riego y de drenaje110. La desregulación financiera alentó a los bancos a ofrecer créditos altos a la agricultura y a cobrar tasas de interés que estaban por encima del valor del mercado. Un nuevo código laboral promulgado en 1979, restringió estrictamente la creación de sindicatos rurales y declaró ilegales las huelgas agrícolas que se realizaran durante las épocas de siembra y de cosecha. Además, decretos promulgados por los militares que privatizaron casi todos los aspectos de las actividades portuarias, fueron causa de que se redujeran los salarios en los puertos y se paralizara la antiguamente poderosa confederación de trabajadores portuarios. Entre 1974 y 1982, la superficie dedicada a plantaciones de fruta aumentó de 62.905 a 101.900 hectáreas. Para 1985, existían 288 plantas de embalaje solamente para la uva, además de 254 frigoríficos y 34 plantas fumigadoras111. Las exportaciones de uva entre 1974 y 1982 se dispararon, subiendo de 17,8 a 126 millones de toneladas112. El total de fruta exportada en 1982 fue de 360 millones de toneladas113. Las exportaciones siguieron bajo el control de las tres firmas chilenas que habían dominado desde la década de 1960 e incluso durante de los años de la Unidad Popular: David del Curto, Puzzo & Co. y safco114. En 1975, estas firmas se unieron formalmente para crear el grupo El Trefoil, cuyo fin era fletar barcos que transportaran solamente su fruta, lo que les dio a los tres grandes una importante ventaja frente a los exportadores más pequeños, que realizaban sus envíos a través de compañías navieras comerciales que eran más caras y más lentas. No obstante, a media110 Riquelme Elizondo, “Contribución del Estado, las universidades, y el sector privado al desarrollo de la fruticultura en Chile”, 33; C. Bauer, Against the Current. 111 intec chile, “Diagnóstico de la infraestructura de comercialización de fruta”, corfo, Santiago, mayo de 1987, citada en cepal, La cadena de distribución y la competitividad de las exportaciones latinoamericanas, 116. El número de plantas de embalaje a nivel nacional para toda la fruta en 1985 se estima en quinientos. Espinoza, Frutas de Chile, 125. 112 Held, “La fruticultura de exportación de Chile”, 232. 113 Held, “La fruticultura de exportación de Chile”, 232. Datos incluyen exportaciones de manzana, peras y uva. 114 Estas tres firmas en conjunto se conocían como el “Trébol”, y controlaron más del 65 por ciento del mercado de la exportación frutícola de Chile hasta 1981. Espinoza, Frutas de Chile, 312.

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dos de la década de 1970, otras exportadoras frutícolas comenzaron a jugar un papel importante, entre ellas Frupac (Sociedad Exportadora de Frutas Pacífico, Ltda.), encabezada por José Luis Ibáñez, y Aconex (Exportadora Aconcagua, Ltda.), formada por un grupo numeroso de productores medianos y cooperativas creadas bajo la reforma agraria en Aconcagua. Jorge Covarrubias Lyon se asoció con Ed Guzi, quien era estadounidense y había sido gerente de la United Fruit Company, y reorganizó la empresa de la familia Lyon Edwards como Coexport (Compañía Exportadora de Chile, Ltda.), con distribuidores en Chicago y Londres115. También se crearon nuevas empresas conjuntas entre chilenos y californianos. En 1978, Pandol Brothers, con sede en Delano, California, aportó el 51 por ciento del capital de la compañía agro-frio, con base en San Felipe, en la que los otros socios eran tres hermanos chilenos de descendencia palestina –Enrique, Arturo y Ernesto Mansur– y cuatro amigos de estos116. Jack Pandol había estado viajando a Chile desde mediados de los años 60, con la esperanza de expandir el negocio de su familia y transformarlo en una operación de distribución que funcionara durante todo el año. A principios de la década del 70, él y su hermano Matt, fueron anfitriones de numerosas delegaciones chilenas que visitaron Delano, entre ellas una liderada por Radomiro Tomic, un ardiente defensor de la reforma agraria y el candidato presidencial de la democracia cristiana que había sido derrotado por Allende en las elecciones presidenciales de 1970. Después del golpe militar, Pandol le propuso a Covarrubias que formaran una sociedad, pero fue rechazado con el consejo de que se uniera a los Mansur, un grupo de productores más pequeños. Los productores chilenos de raíces oligárquicas, como Covarrubias, estaban ansiosos por terminar sus relaciones con las cooperativas regionales creadas bajo la reforma agraria, las que habían agrupado a productores de distintos tamaEntrevista con Constantino Mustakis en Santiago, 13 de junio, 2008. Los “Siete Amigos” de agro-frio incluían también a Sleman Sabaj, Fernando Jara y Miguel Ángel Trincado. Entrevista con John Pandol en Visalia, California, 10 de octubre, 2006.

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ños y orígenes sociales. Con posterioridad al golpe, Covarrubias dejó la Cooperativa Frutícola de Aconcagua, optando por trabajar por su cuenta con Coexport. Según dijo un sobrino de Jack Pandol, John Pandol, en una entrevista sobre los orígenes de agrofrio, a Covarrubias su tío “le caía bien, pero no consideraba que tuviera suficiente peso como para hacer negocios con él, así que le dio una premio de consuelo. Según mi tío Jack, Covarrubias tenía un grupito de pequeños árabes [los Mansur] que eran pésimos productores y básicamente nos envió a verlos para quitárselos de encima... tuvimos que enseñarles lo más elemental a esos tipos durante años”117. Esta actitud de superioridad refleja las desigualdades y la dinámica racial que existieron en las colaboraciones a diversos niveles realizadas entre californianos y chilenos. Por una parte, la prominente familia chilena Lyon Edwards, la cual enfatizaba sus raíces francesas e inglesas que se remontaban al siglo XIX, no tomó en cuenta a Jack Pandol, cuyo padre había inmigrado a California desde Croacia como jornalero en el siglo XX. Covarrubias consideró que tendría mejores perspectivas comerciales, y tal vez mayor sofisticación a nivel mundial, con Ed Guzi, el exgerente de la United Fruit Company. Lo que recuerda John Pandol de que a su tío se le ofreció un grupito de “pequeños árabes” como consuelo, muestra tanto las jerarquías étnicas de los terratenientes chilenos, como los prejuicios que compartían los chilenos de la elite y los recién llegados de California. No obstante, los Pandol les brindaron a los hermanos Mansur la oportunidad de transformarse en reales exportadores, en lugar de seguir siendo productores que colocaban su fruta mediante las afiliaciones de dependencia que mantenían con las elites regionales, como en el caso de Covarrubias. Pero, a diferencia de las familias oligárquicas, los Mansur carecían de mayor experiencia en el ámbito de las exportaciones. Según recuerda el representante de marketing internacional de Pandol Brothers, Darrel 117

Entrevista con John Pandol en Visalia, California, 10 de octubre, 2006.

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Fulmer, “Realmente daba susto. Ni siquiera sabían lo que era un pallet. Tampoco entendían lo que era un preenfriamiento. O sea, tuvimos que repasar todos los pasos”. Evidentemente, los hermanos Mansur aprendían con facilidad: dentro de un decenio, agro-frio exportaba cuatro millones de cajas anuales118. Si es que la dinámica interna de las asociaciones comerciales entre Chile y California se caracterizaba por una forma de paternalismo o de chauvinismo, ante el mundo externo los californianos sostenían que ellos eran prácticamente indistinguibles de sus pares chilenos. En 1974, la cooperativa Blue Anchor, con sede en Sacramento, empezó a realizar actividades de marketing para la Cooperativa Frutícola de Aconcagua, la misma que previamente había vinculado a los Mansur con Covarrubias. Blue Anchor era de la misma época de la California Fruit Exchange Board, que había consolidado el imperio de los cítricos en California en el siglo XIX. Para 1980, Blue Anchor era propietaria de dos grandes plantas de embalaje en Chile, ambas en Aconcagua. En su boletín mensual, Blue Anchor alardeaba que sus operaciones en Chile empleaban tecnología de punta y que las prácticas comerciales chilenas eran muy similares a las californianas: “La mayor parte de [los productores chilenos] son de familias de hacendados con raíces europeas y estudios en escuelas de agronomía. Aconcagua se parece al valle de Salinas. Cuando uno lo recorre, es difícil creer que uno no está en California”119. Otros vínculos con California también fueron de importancia. Durante el gobierno militar, los chilenos viajaron a California con mayor frecuencia. En 1977, la Cooperativa Frutícola de Aconcagua le solicitó a Antonio Lizama, profesor de agronomía de la Universidad de Chile y exparticipante en los intercambios del Convenio, que organizara una visita al valle de San Joaquin para cuarenta y seis productores. Lizama accedió con entusiasmo y continuó la tra118 119

Entrevista con John Pandol y Darrel Fulmer en Visalia, California, 10 de octubre, 2006. Blue Anchor, February-March 1982, 8.

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dición durante la década siguiente; así, para 1991 había llevado a California a más de quinientos productores frutícolas120. Otros chilenos también viajaron a California, invitados por distribuidores y vendedores. Estos visitantes estaban interesados principalmente en examinar las técnicas de cultivo y de almacenamiento que se empleaban en las plantaciones más importantes, así como en asistir a conferencias en la Universidad de California en Davis, y en visitar supermercados locales121. El convenio entre la Universidad de Chile y la Universidad de California finalizó en 1979, y se enfocó cada vez más en la agronomía después de que la represión que los militares aplicaron a las humanidades y a las ciencias sociales prohibiera los intercambios en estas disciplinas. Pero incluso luego de que el programa finalizara formalmente, académicos de la Universidad de California continuaron viajando a Chile para dictar conferencias sobre pesticidas, prevención de hongos, almacenaje en frío y el sistema aduanero de Estados Unidos122. La Chile Foundation, organismo patrocinado en conjunto por el gobierno militar e ITT (International Telephone and Telegraph), promovió el intercambio tecnológico patrocinando seminarios dictados por agrónomos californianos sobre sistemas de riego e híbridos. Asimismo, la corfo dependía de la experiencia de la Universidad de California para diseminar información sobre diversos termas, desde residuos químicos y el análisis de suelos hasta investigación genética y transporte123. La industria frutícola chilena en gran parte empleó como modelo las prácticas desarrolladas en California. Para 1985, en la mayoría de los frigoríficos de Chile se aplicaba la técnica del aire frío forzado para bajar rápidamente la temperatura ambiente de la fruta “Testimonio de Antonio Lizana Malinconi”, en Espinoza, Frutas de Chile, 268. The Packer menciona con frecuencia detalles de las visitas hechas a California por productores de fruta chilenos. Ver, por ejemple, The Packer, September 9, 1979, 5a. 122 intec y corfo, “Post-cosecha de productos frutícolas frescos”, Santiago: corfo, 1975, 7. 123 corfo, Investigación en la introducción de nuevas especies y variedades frutales, regiones II y IV; intec-Chile, “Deshidratación y secado de frutas” Santiago: corfo, 1975.; intec y corfo, “Post-cosecha de productos frutícolas frescos”. 120 121

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hasta apenas por sobre el punto de congelación, y también para reducir el oxígeno y la humedad, ayudando así a su preservación. En casi todas las plantas de embalaje, se fumigaba la fruta con dióxido de sulfuro para que tardara más en descomponerse y con bromuro de metilo para eliminar la mosca de la fruta. En 1986, se introdujo el empleo de pallets de madera estandarizados para enviar la carga, una innovación importante basada en las prácticas usadas en California. Los pallets se podían cargar con varias cajas de fruta, amontonar y transportar en grandes cantidades. A cada uno se le asignaba un número de seguimiento que consignaba los detalles de la carga, su lugar de origen y de destino. Mediante los pallets, los embarcadores pudieron trasladar la carga refrigerada directamente de los camiones a los barcos, y asimismo de los barcos a los camiones, con lo que se disminuyó de manera significativa el tiempo necesario para que la fruta llegara al mercado. Por último, las propias uvas exportadas por Chile originalmente fueron desarrolladas por agrónomos de la Universidad de California: las Thompson verdes sin pepas, las Flame y las Ruby Red también sin pepas, reemplazaron casi por completo a las variedades con pepas que se cultivaban en Chile antes de 1970124. Años después del régimen militar, comentaristas del auge de la fruta chilena, medio en broma, atribuían a los California Boys o, más específicamente a los UC Davis Boys, el vuelco experimentado por la economía agraria en Chile. Si bien el paralelo con los Chicago Boys resultaba algo anacrónico, reconocía que la larga interacción que tuvo lugar entre Chile y tanto la agroindustria de Estados Unidos como sus instituciones de estudios agrarios, fue clave para la transformación del campo chileno. El boom de la fruta fue más que una consecuencia de la aplicación a la agricultura de los principios de Chicago. Los vínculos entre Chile y la Universidad de California se establecieron en las décadas del 50 y del 60, y se articularon 124 Para un resumen de los cambios técnicos en la industria frutícola, ver cepal, La cadena de distribución y la competitividad de las exportaciones latinoamericanas, 101.

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a través de modelos keynesianos y hasta socialistas. Y aunque la diseminación del empleo de tecnologías agrarias de California en Chile resultó ser especialmente conducente a los modelos de mercado libre, nunca estuvo ligada íntimamente al neoliberalismo ni tampoco a su servicio. Cambios en la división del trabajo El régimen militar asestó un fuerte golpe a la idea de que el hombre era el sostén de la familia, la cual había sido promovida entre los campesinos por la reforma agraria. A medida que se desmantelaron los asentamientos y se reorientó la política agraria hacia las demandas del mercado, los hombres perdieron el acceso a la tierra, a los empleos permanentes y a las remuneraciones más altas, privilegios de los que habían disfrutado durante los años 60 y principios de los 70. Quienes habían recibido tierras a través de la reforma agraria, las vendieron debido a deudas o porque les era difícil conseguir créditos. Los trabajadores de los asentamientos tuvieron que abandonar sus hogares y sus predios de subsistencia cuando las tierras volvieron a manos de sus antiguos propietarios o fueron adquiridas por nuevos inversionistas. Poblaciones callampa (villas miseria) compuestas de carpas y chozas de madera terciada, comenzaron a proliferar en todo el Valle Central, en las afueras de las ciudades y a lo largo de ríos y caminos125. El poder adquisitivo de los campesinos cayó en picada. Para 1986, dos tercios de los trabajos en el agro eran temporales, con menos de seis meses de duración, cuando en 1968 dos tercios habían sido permanentes126. Los militares silenciaron el movimiento laboral rural, inicialmente proscribiendo todas las manifestaciones organizadas y los partidos políticos de izquierda. En el Código 125 126

Bengoa, “Nota”; Cruz y Leiva, La fruticultura en Chile después de 1973. S. Gómez y Echeñique, La agricultura chilena, 58.

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del Trabajo de 1979, se declararon ilegales casi todas las formas de negociación colectiva, especialmente en lo referido a trabajadores temporales y subcontratados. Los congelamientos de sueldos y las devaluaciones de la moneda mantuvieron bajos los salarios, a lo que también contribuyó la rebaja del sueldo mínimo oficial. Para 1979, los salarios reales de los trabajadores agrícolas estaban el 30 por ciento por debajo de lo que habían sido al comienzo de la reforma agraria en 1965, y para 1988, permanecían el 30 por ciento por debajo de lo que habían sido durante el gobierno de Allende127. Omar García, un exlíder sindical de la zona de Putaendo, abiertamente comparó el régimen militar con la infantilización: “La dictadura nos quebró y nos transformó en niños”128. A medida que la industria frutícola se expandió con posterioridad a 1973, las mujeres empezaron a participar masivamente en el trabajo agrícola asalariado. Entre 1976 y 1986, desempeñaron más de la mitad del 30 por ciento del aumento que se había producido en los empleos temporales en el agro129. Para 1988, más de 110.000 mujeres trabajaban en la industria frutícola desde Copiapó a Curicó, del total de una fuerza laboral frutícola estimada en 240.000130. En contraste, en 1964, las mujeres habían constituido menos del 10 por ciento de los trabajadores agrícolas remunerados131. Los hombres continuaron ocupando el resto de los empleos permanentes, entre ellos, los nuevos puestos de supervisores en las plantas de embalaje132. Tanto hombres como mujeres realizaban labores temporales en plantaciones de frutales y de vides, plantando, atando y podando 127 Jarvis, “Small Farmers and Agricultural Workers in Chile”, 73; Ramírez, “Dispersión salarial en Chile”, 7. 128 Omar García, historia oral, Putaendo, 4 de junio, 1993. Durante la reforma agraria, García fue presidente de un sindicato afiliado con el mapu-Obrero Campesino. 129 Según los censos agropecuarios, el número total trabajadores agrícolas aumentó de 355.000 en 1965 a 420.00 en 1986. El número de trabajadores temporales aumentó de 147.000 en 1965 a 198.000 en 1975 y a 300.000 en 1986. S. Gómez and Echeñique, La agricultura chilena, 64. 130 Datos del INE, citados en Venegas Leiva, Una gota al día, 26. 131 IV censo agropecuario, 15. 132 Rodríguez y Venegas, De praderas a parronales, 155.

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livianamente árboles y parras durante la primavera, entre octubre y noviembre, y cosechando la fruta entre diciembre y marzo. En el campo, hombres y mujeres solían trabajar en grupos mixtos en cuanto a género, y normalmente recibían la misma remuneración por la misma tarea. Sin embargo, con frecuencia los hombres trabajaban durante más meses que las mujeres y, además, se los contrataba para realizar las labores que se consideraban más pesadas, como las podas intensas del otoño, arrancar árboles no productivos durante el invierno, o despejar nuevas áreas de cultivo. Por el contrario, en las plantas de embalaje, las mujeres constituían más del 70 por ciento de la fuerza laboral, que estaba organizada en líneas de producción separadas por género133. A pesar de que las labores de embalaje solo duraban entre tres y cuatro meses –de diciembre a marzo– las mujeres podían llegar a ganar hasta más del 50 por ciento de lo que ganaban los hombres diariamente, ya que en las plantas de embalaje se pagaba por pieza, es decir, por cada caja de uva que se limpiaba, mientras que el trabajo en el campo se pagaba por día134. La expansión de la industria frutícola también tuvo repercusiones en las estructuras raciales. Miles de integrantes de las etnias mapuche y pehuenche emigraron del sur de Chile al Valle Central en busca de trabajo. En 1979, el régimen militar privatizó las tierras indígenas comunales, obligando así a muchos particulares indígenas a vender sus predios debido a deudas o a la falta de créditos que les permitieran explotarlos de manera viable. Esto, junto con la crisis financiera de 1981, hizo que en las zonas con mayores números de habitantes indígenas y en regiones rurales, como Temuco y Aysén, el desempleo alcanzara el 50 por ciento. Y aunque la mayoría de los migrantes optó por las ciudades, un número considerable de ellos buscó empleo en el creciente sector de las exportaciones agrícolas. Para mediados de la década de 1980, entre el cinco y el diez por ciento de los trabajadores frutícolas del Valle Central estaba constituido 133 134

Rodríguez y Venegas, De praderas a parronales, 190. Rodríguez y Venegas, De praderas a parronales, 185.

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por mapuche, pehuenches y algunos aimaras que habían migrado del norte. Este influjo tuvo por consecuencia alterar y reforzar a la vez la forma en que el régimen militar refundió las ideas sobre raza y nación. Los terratenientes y exportadores de fruta chilenos subrayaban sus orígenes europeos o destacaban sus similitudes culturales con los comerciantes anglo-californianos. Este ángulo recibió el respaldo del gobierno militar, el que con frecuencia atribuía el ímpetu empresarial de Chile a sus inmigrantes alemanes, ingleses e italianos. Al mismo tiempo, la industria frutícola atrajo a más indígenas al Valle Central, zona que durante mucho tiempo había sido el símbolo de las culturas hispana y criolla. Pinochet solía elogiar a los mapuche por haber aportado su espíritu guerrero a la raza chilena, así como solía hacer hincapié en que la cultura rural era la verdadera alma de Chile. El icónico huaso figuraba abundantemente en sus discursos y también en la pompa estatal. En sus visitas al sur, el general a menudo llevaba puesta una manta de lana como la que usaban los campesinos y los líderes indígenas. Pero dichas invocaciones de la dignidad de las etnias originales dentro de la autenticidad rural, rezumaban nostalgia de las jerarquías sociales que habían existido en los latifundios tradicionales. Los terratenientes oligarcas también usaban ponchos de lana y orgullosamente participaban en rodeos que organizaban para los huasos. Bajo el régimen militar, las celebraciones de la raza chilena y de la chilenidad como elementos esencialmente rurales, funcionaban como un llamado a la unidad nacional dentro de desigualdades que iban profundizándose. Esto contrastaba con la forma en que la reforma agraria había tratado la raza. Bajo Frei, así como bajo Allende, el concepto de raza chilena había invocado una fantasía de solidaridad nacional –armonía entre las clases para los democratacristianos y una clase trabajadora empoderada tanto como un pueblo unido para Allende–. Ambas fórmulas contemplaban pueblos indígenas y no indígenas unidos en un proyecto común de elevación nacional o revolución, dentro del cual la desaparición de los latifundios pondría fin a las asociaciones entre el atraso de las etnias originales y el trabajo servil. En la práctica, la reforma agraria nunca alcanzó esta 108

utopía, y sus ideales, en los que se ignoraba la raza, a menudo subordinaron las reclamaciones de las etnias135. Pero bajo el régimen militar, la industria de la exportación frutícola marcó un regreso a las distinciones entre clases sociales que la reforma agraria había buscado aminorar, si no erradicar. Nuevamente se asoció a los trabajadores agrícolas pobres con la carencia del elemento europeo, en contraposición con los empleadores y exportadores, que se asociaban con la modernidad californiana. La llegada de migrantes mapuches y pehuenches al Valle Central alimentó esperanzas de que el capitalismo exportador asimilara a los indígenas restantes, pero en la práctica profundizó la diferenciación racial entre los trabajadores. Por una parte, la híper modernidad de la industria frutícola suponía que quienes trabajaban en el sector de exportaciones se estaban modernizando, en lugar de estar regresando a su calidad de peones, inquilinos o miembros de etnias indígenas. Al mismo tiempo, los migrantes de las diferentes etnias solían ser desacreditados por los otros trabajadores, acusados de ser borrachos y delincuentes sexuales, y de estar dispuestos a trabajar por remuneraciones más bajas –eran individuos de otra raza, que dejaban en claro que los antiguos residentes del Valle Central no eran indios–, a pesar de los términos que usaran sus empleadores para referirse a ellos. No obstante, la integración de mapuche y pehuenches a barrios y lugares de trabajo donde no había segregación, también generó una solidaridad interétnica. Las mujeres mapuche y pehuenches migraban más que los hombres debido a que entre ellas el desempleo era mayor, y también porque era menos probable que ellas hubieran recibido el título de dominio de un predio recientemente privatizado. Muchas de estas mujeres se casaron con hombres que no pertenecían a grupos étnicos, o formaron parejas estables con ellos; otras mantenían a sus familias por su propia cuenta, pero vivían en barrios étnicamente mezclados y trabajaban en las plantas de embalaje junto a mujeres que no eran indígenas. 135

Mallon, Courage Tastes of Blood.

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En el Valle Central, las familias rurales adquirieron una gran dependencia de las remuneraciones de las mujeres. A medida que el acceso a tierras y a empleos permanentes disminuía, la mayor parte de los trabajadores del agro en el Valle Central empezó a vivir dentro de familias cuya supervivencia estaba basada en la moneda y en las que todo el dinero en efectivo provenía de trabajos temporales que eran desempeñados tanto por hombres como por mujeres. Las familias campesinas que retuvieron tierras producían una cantidad pequeña pero importante de fruta con fines comerciales (alrededor del 15 por ciento), y el mismo porcentaje de campesinos que cultivaban otros productos enviaban a sus mujeres e hijos adolescentes a trabajar a plantaciones de frutales y plantas de embalaje para suplementar los ingresos familiares136. Y aunque la industria frutícola no proletarizó a todo el campesinado, el 70 por ciento de los trabajadores de la fruta vivía enteramente en base a remuneraciones monetarias137. El trabajo de la mujer siempre había sido de importancia para la vida rural, pero por lo general ellas no habían recibido remuneración o su trabajo había sido claramente de importancia secundaria en relación con las remuneraciones de los hombres. Lo que distinguió a las décadas de 1970 y 1980 fue que la remuneración monetaria de la mujer adquirió una importancia crucial para la sobrevivencia en zonas rurales y una importancia financiera similar a la de los hombres. Asimismo cambió la proporción de mujeres casadas que desempeñaban trabajos asalariados. Si bien durante las décadas del 50 y del 60, la mayor parte del trabajo frutícola estacional y de las labores domésticas remuneradas era desempeñada por mujeres jóvenes y solteras, para mediados de la década de 1980, el 60 por ciento de las trabajadoras frutícolas estaba compuesto por mujeres casadas y casi un tercio de ellas era jefa de hogar con niños que mantener138. S. Gómez y Echeñique, “Trabajadoras temporeras de la agricultura moderna en Chile”, 22. Según Rodríguez y Venegas, en 1985-86, el 70 por ciento de los trabajadores agrícolas de la localidad de Santa María vivía solamente de remuneraciones monetarias, y el 60 por ciento de esas familias realizaba solamente labores frutícolas. Rodríguez y Venegas, De praderas a parronales, 191. 138 Venegas, Una gota al día, 102, 110. 136 137

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Figura 4. Planta de embalaje en Nancagua, 1980. Agradecimientos a Fernando Purcell.

Figura 5. Trabajadoras de la uva, frutexport planta de embalaje de Aconcagua, 1990. Foto de la autora.

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Crisis económica y recuperación La industria frutícola sufrió un grave golpe en 1982, cuando la altamente liberalizada economía chilena entró en una profunda crisis. Un peso sobrevaluado y un endeudamiento extraordinario, junto con un alza en los precios internacionales del petróleo y del crédito externo, crearon en Chile una recesión comparable a la Gran Depresión en Estados Unidos. Las tasas de interés a corto plazo se dispararon al 35 por ciento, en tanto se triplicó el número de quiebras comerciales. Paradójicamente, los embargos obligaron al gobierno militar a tomar posesión de numerosas empresas privadas y de la mayoría de los bancos139. El Producto Interno Bruto (PIB) cayó el 14 por ciento y la producción industrial el 21 por ciento140. Para 1983, el desempleo era superior al 30 por ciento, y los salarios, que ya eran bajos, se redujeron otro 10 por ciento141. Se había reventado la burbuja especulativa que propulsara el milagro neoliberal de los Chicago Boys. Dentro del sector de la exportación frutícola, quebraron dos de las tres exportadoras principales, safco y Pruzzo & Co., las que se habían endeudado fuertemente en la década de 1970 para desarrollar infraestructura y cubrir necesidades relativas a almacenamiento de corto plazo y transporte naviero, y que no pudieron cubrir sus préstamos. El fin de la South American Fruit Company, pionera en las rutas de exportación frutícola de Chile con el comercio del plátano en los años 20, realmente marcó el fin de una era. David del Curto fue el único miembro del grupo Trébol que sobrevivió, gracias principalmente al hecho de que su compañía había obtenido préstamos en un banco solamente, y ella era la deudora principal de ese banco142. Además, según se dice, del Curto fue alertado por uno Eduardo Silva sostiene que para 1983 el gobierno estaba en posesión directa o indirecta del 80 por ciento de la banca. Silva, “The Political Economy of Chile’ s Regime Transition”, 110. 140 P. Winn, “The Pinochet Era”, 41. 141 Larraín, “The Economic Challenges of Democratic Development”, 276. 142 Por el contrario, safco y Pruzzo tenían créditos pequeños en más de veinte bancos, los que 139

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de sus contactos en el gobierno militar de que este pensaba devaluar la moneda, con lo cual convirtió a pesos sus deudas en dólares143. Del Curto fue tan hábil en cultivar amistades dentro de la derecha como lo había sido dentro de la izquierda. En 1982, Pinochet le otorgó una medalla nacional de honor por su liderazgo en el desarrollo de la industria frutícola. La quiebra de safco y de Pruzzo & Co., en cuyas manos estaba el 40 por ciento de las exportaciones de fruta, abrió el mercado a numerosas compañías exportadoras chilenas más pequeñas, así como a multinacionales extranjeras. Standard Trading Company, subsidiaria de Castle y Cook y descendiente de la antigua United Fruit Company, adquirió el resto de safco y Pruzzo y Co. y empezó a exportar bajo la marca Dole-Chile en 1982. Además, la United Trading Company, empresa de propiedad saudita, y Unifrutti Traders, compañía italiana, se expandieron para incorporar a Chile en sus operaciones. Al igual que safco, todas las compañías extranjeras se originaron en el comercio del plátano. Los canjes de deuda por capital social que introdujo el régimen militar para enfrentar la crisis económica, facilitaron la inversión multinacional. Dicho mecanismo permitió que se realizaran inversiones extranjeras en bonos chilenos a precio de descuento, los que luego se emplearon para adquirir firmas que estaban endeudadas. Asimismo, fueron de ayuda otras formas de desviarse del neoliberalismo ortodoxo. Los militares rescataron bancos y devaluaron el peso artificialmente en 80 por ciento para resucitar las exportaciones144. La aparición del logo de Dole en las plantas de embalaje en el campo chileno, no significó que los extranjeros hubieran pasado a dominar la industria frutícola. Por el contrario, a través de la década de 1980, se multiplicaron los actores en este sector, el que los bancos cobraron durante la crisis de la banca. Pero el tamaño de la deuda de del Curto hizo difícil que su banco cobrara sus préstamos, situación similar a la de los grandes países deudores en la escena internacional, como Brasil y México. 143 Entrevista con Romano Cabrini en San Felipe, 13 de junio, 2008. 144 P. Winn, “The Pinochet Era”, 41-42.

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también pasó a ser más heterogéneo. Además, aumentó el número de firmas chilenas que desempeñaron importantes papeles en la industria. Para 1980, el 70 por ciento de las exportaciones frutícolas estaba en manos de doce compañías, ocho de ellas chilenas o que tenían socios en Chile. La crisis económica de 1982, les dio a las firmas multinacionales entrada en Chile, pero no el control. A medida que la superficie destinada a cultivos frutícolas aumentó de 101.900 a 169.685 hectáreas entre 1981 y 1990, el 90 por ciento de dicha tierra continuó siendo de propiedad chilena145. Para 1988, un total de doscientas firmas exportadoras se encargaban de casi todas las ventas frutícolas en el exterior146. Las compañías exportadoras chilenas eran notablemente diversas, y su gran mayoría, ya se hubieran originado en la elite o en estratos más cercanos a la clase media, había echado raíces en la industria frutícola con anterioridad al gobierno militar. Firmas como Frupac y coexport estaban encabezadas por nietos y sobrinos de los oligarcas aconcagüinos de principios del siglo XX y de los pioneros de la fruta Adolfo Ibáñez y Arturo Lyon Edwards. David del Curto falleció en 1983, en un accidente de helicóptero ocurrido cuando les mostraba el puerto de Valparaíso a miembros de una compañía francesa, pero su firma continuó operando bajo la dirección de Manuel Sánchez, quien había supervisado el negocio de los porotos negros en Cuba en la década de 1960. La compañía de David del Curto continuó siendo la exportadora más importante hasta los años 90. Río Blanco, una firma creada en medio de la crisis de la banca en 1981, agrupó a productores de uva y de duraznos pertenecientes a las familias italianas que cruzaron la cordillera con Manuel Ruano en la década de 1930 para trabajar en el fundo de Jenaro Prieto. Para los años 60, todos los hijos de la fuerza laboral Held, “La fruticultura de exportación de Chile”, Cuadro 4.1. A pesar de que eran apenas seis las compañías que controlaban el 50 por ciento del mercado chileno, tres de las principales eran chilenas, al igual que la mayor parte de las firmas exportadoras más pequeñas. En 1988, el 70 por ciento de las exportaciones frutícolas estaba en manos chilenas. S. Gómez y Echeñique, La agricultura chilena, 125. 145 146

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de inmigrantes de Prieto –Alfredo Nicoletti, Mariano Peppi, Almiro Porfiri, Carlos Gioia, Juarino y Américo Gioia– se habían establecido como modestos propietarios agrícolas y estaban dedicados a la producción de fruta gracias a créditos de la corfo que habían conseguido durante la reforma agraria147. Sergio Barros, el gerente general de Río Blanco, había sido presidente de safco y como agrónomo había participado intensamente en el Convenio. Los hermanos Mansur, de agro-frio, al igual que las familias italianas de Río Blanco, habían comenzado a producir fruta en la década de 1960 con créditos financiados por la corfo. Su padre había inmigrado a Chile desde Palestina en los años 30. Sus tierras fueron de las primeras en ser expropiadas durante la reforma agraria, lo que se justificó en parte citando su origen extranjero. Coopfrut (Cooperativa Exportadora de Fruta), la sexta exportadora frutícola en importancia en la década del 80, era una cooperativa establecida en 1968 como parte del Plan Nacional de Desarrollo Frutícola. Los particulares productores de fruta –separados de las firmas exportadoras– llegaban a más de once mil para 1986, y eran un grupo aún más diverso148. Casi todos ellos también habían desarrollado actividades frutícolas con anterioridad a 1973 y se habían visto directamente favorecidos por la reforma agraria. Entre los productores se encontraban familias oligarcas tradicionales y también grandes firmas exportadoras de fruta (incluso multinacionales) que eran propietarias de plantaciones de frutales y de viñas. Pero en su totalidad, este grupo de elite era propietario de menos del 20 por ciento de las tierras dedicadas a la producción de fruta. En 1985, la mitad de los productores eran propietarios agrícolas medianos, divididos entre quienes habían comenzado bajo el Plan Nacional de Desarrollo Frutícola y profesionales urbanos que invertían en la producción de fruta por primera vez. Un tercio de los productores eran pequeños propietarios, cultivando menos de veinte 147 Entrevista con Romano Cabrini, Luis Peppi, Aurelio San Nicolás, y Enzo Gioia en San Felipe, 13 de junio, 2008. 148 S. Gómez y Echeñique, La agricultura chilena, 125.

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hectáreas149. Entre ellos, el 60 por ciento eran campesinos a los que el Estado les había entregado tierras durante la reforma agraria150. Desde el punto de vista étnico, los productores de fruta representaban un amplio espectro de la estratificada sociedad chilena. En los escalones más altos y medianos, predominaban familias de origen español enraizadas en la colonia, así como inmigrantes europeos y del medio oriente, mientras que la mayor parte de los campesinos y de los pequeños agricultores estaba conformada por familias mestizas de origen indígena, africano y europeo. El sector de exportaciones frutícolas de Chile se recuperó rápidamente de la crisis económica de 1982. Las exportaciones de uva experimentaron un gran salto entre 1982 y 1989, pasando de 125.700 a 322.522 toneladas151, y las exportaciones totales de fruta aumentaron al doble o más, de modo que Chile superó a Sudáfrica como proveedor de uvas durante la época de invierno en el hemisferio norte152. Además, los mercados para las exportaciones se diversificaron: para 1990, Chile enviaba fruta no solo a los mercados tradicionales, como Estados Unidos, América Latina y Europa, sino también al Medio Oriente, Hong Kong y Singapur153. Las conversaciones con Japón ya se habían entablado. Firmas como Coexport y Frupac tenían oficinas en Filadelfia, Chicago, Rotterdam y Hong Kong. La Asoex (Asociación de Exportadores de Fruta de Chile), que agrupaba a las cincuenta firmas más importantes del país, celebró su alcance inter149 Según S. Gómez y Echeñique, el siete por ciento de la tierra dedicada al cultivo de fruta consistía de predios menores de cinco hectáreas; el 25 por ciento, de predios de entre dos y veinte hectáreas; el 53 por ciento, de predios de entre veinte y cien hectáreas; y el 14 por ciento, de predios de más de cien hectáreas. La mayor parte de los predios de más de cien hectáreas era propiedad de grandes firmas exportadoras, como frupac y coopefrut, y de multinacionales inversionistas, pero constituían menos del 18 por ciento de las tierras dedicadas a cultivos frutícolas. S. Gómez y Echeñique, La agricultura chilena, 113, 202. 150 Venegas estima que el 75 por ciento de los campesinos que producía fruta había recibido tierras durante la reforma agraria. Venegas Leiva, Una gota al día, 48. 151 cepal, La cadena de distribución y la competitividad de las exportaciones latinoamericanas, 65; Banco Central de Chile, Indicadores económicos, 2.410. 152 Held, “La fruticultura de exportación de Chile”, 232. 153 En la estación de 1989-90, Chile exportó el 50 por ciento del total de fruta a Estados Unidos, el 35 por ciento a Europa, el 10 por ciento al Medio Oriente y Asia, y el 5 por ciento a América Latina. Held, “La fruticultura de exportación de Chile”, 238.

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nacional como el inicio de una nueva era. Chile había dejado de ser solo un lugar de extracción por parte del primer mundo de recursos naturales del tercer mundo; el país había pasado a ser una fuerza empresarial que vendía productos a nivel mundial154. El presidente de Frupac, José Luis Ibáñez, recuerda la década de 1980 como una época en que los chilenos competían ardorosamente para encontrar clientes: “Era como el Wild West. Éramos jóvenes, buenos para la aventura, levantando piedras en todas partes del mundo intentando encontrar mercado”155. Darrel Fulmer, de Pandol Brothers, se expresó de manera similar: “Éramos cowboys, implacables y en un juego de azar. Chile era el Wild West”. Así, el Lejano Oeste –la icónica imagen de la colonización de las fronteras estadounidenses, de la anarquía y de las aventuras masculinas– sirvió de metáfora tanto para los empresarios chilenos como los californianos. Pero la ubicación de ese Oeste era otra. Para Fulmer, la oportunidad y la aventura que representaba Chile tal vez era similar a lo que habían encontrado otros hombres de negocios estadounidenses en América Latina desde el siglo XIX. Para Ibáñez, el Oeste era el mundo fuera de Chile: mercados en Europa, Asia y América del Norte. En este caso, los chilenos reivindicaban no solo las mitologías fundacionales estadounidenses de individualismo y oportunidad, sino también, por extensión y muy deliberadamente, el derecho de los empresarios de Estados Unidos a buscar aventura, ganancias y control de los mercados a nivel mundial. El milagro chileno En un revelador estudio sobre la industria frutícola chilena de fines de la década de 1980, los sociólogos Daniel Rodríguez y Sylvia Venegas muestran la gran transformación cultural ocurrida en la corfo, Catálogo frutícola, Santiago: corfo, 1990; Asociación de Exportadores de Fruta, Chile: Paraíso de frutas y hortalizas (Santiago: Editorial Gyllen, 1992), 2-3. 155 Entrevista con José Luis Ibáñez en Santiago, 4 de abril, 2009. 154

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forma de distinguirse de la clase rural privilegiada: “A diferencia de los lujosos viajes en barco que relatan los novelistas de fines de siglo, en que las familias viajaban a París por diversión o como ‘toque de distinción’, ahora el propietario viaja en avión (a veces en charters) al valle de San Joaquín en California para ver nuevas tecnologías (si queda tiempo van a Disneylandia)”156. Rodríguez y Venegas informan que, con la importante excepción de los campesinos, los productores de fruta favorecían la ropa de tipo deportivo de marcas conocidas, como Adidas, y además: “Usaban el pelo corto y se daban aires de ejecutivos”. Más de la mitad de ellos habían hecho estudios universitarios y un tercio tenía un título de posgrado en agronomía157. Eran gerentes agrícolas más que agricultores, y rara vez participaban en labores físicas. Los productores de las familias oligarcas, así como quienes habían obtenido suficiente riqueza a través de las exportaciones, solían vivir en casas patronales remodeladas, a las que habían agregado una piscina y un garaje para sus Mercedes. Los productores más modestos tenían camionetas de marca Chevrolet y perros guardianes de pedigrí158. La observación que hacen Rodríguez y Venegas sobre el cambio ocurrido en los hábitos de los consumidores chilenos, capta el espíritu de las transformaciones por las que pasó el campo en el último siglo. Desapareció el sistema de latifundios –con el inquilinaje y los fundos de grandes extensiones, cuyos propietarios de hecho viajaban a París – desplazado por una reforma agraria que había vinculado la modernización a una reestructuración radical de la propiedad y a la proletarización del trabajo agrícola. Pero el régimen militar puso fin tanto al experimento chileno con el socialismo como al proyecto anterior de crecimiento del capitalismo bajo la administración del Estado. Con posterioridad a 1973, la fuerte privatización de la economía y la orientación más exclusiva hacia los mercados externos, dio origen a una economía agraria exRodríguez y Venegas, De praderas a parronales, 133. Rodríguez y Venegas, De praderas a parronales, 46. 158 Rodríguez y Venegas, De praderas a parronales, 131. 156 157

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tremadamente competitiva en la que ser un buen comerciante tenía la misma importancia que las relaciones de familia. Las evidentes desigualdades persistieron y se profundizaron, especialmente la diferencia entre los campesinos que trabajaban su tierra físicamente y los productores, que contrataban a terceros para esta labor. Asimismo, existía una clara diferencia entre quienes tenían un Mercedes y los que tenían una camioneta Chevrolet. No obstante, los propietarios de los dos tipos de vehículo se enorgullecían de que estos fueran importados y no hechos en Chile, como hubiera sido el caso en los años 60. La idea de que California y Disneylandia reemplazaran a Europa como el destino favorito de los viajes de las elites rurales, señala la enorme importancia que había adquirido Estados Unidos en la economía chilena para fines del siglo XX, como también el predominio global de la cultura popular estadounidense. El hecho de que los chilenos viajaran al Valle de San Joaquín antes de visitar al ratón Mickey y el castillo de la Cenicienta, pone de manifiesto que las elites chilenas comprendían lo importante que era combinar los negocios con el ocio, pero que su prioridad entonces era lo primero. Pero esta caricatura exagera y reafirma la historia vendida por el régimen militar de que este, sin ayuda, lanzó la agricultura chilena a la modernidad del capitalismo. En realidad, los terratenientes, agrónomos y exportadores de fruta chilenos habían estado viajando por barco a California desde principios del siglo XX con el fin de establecer relaciones comerciales. Los ejecutivos de la South American Fruit Company habían combinado los negocios con el ocio mucho antes, en los puertos de Nueva York, Nueva Orleans y La Habana. Los emprendedores acomodados, como del Curto, hicieron fortuna porque entendían la política mundial desde un punto de vista práctico, y desarrollaron vínculos tanto con la izquierda como la derecha. Para la década de 1960, los chilenos jóvenes que habían estudiado en la Universidad de California, o que habían sido alumnos de profesores de esta universidad en Santiago, estaban enfocados en el Valle de San Joaquín 119

El prolongado milagro

por su importancia para Chile, y también preferían un modo de vestir que era menos formal que el de sus padres. Ciertamente, durante el régimen militar existió un increíble auge de la fruta en Chile, el que fue posible por el compromiso de los militares con el neoliberalismo y su abierta represión de la disidencia. Pero en lo más profundo, este auge fue producto de una colaboración de larga data entre terratenientes y el Estado chileno destinada a abrir nuevos mercados para las exportaciones y modernizar la agricultura, con frecuencia en colaboración directa con la agroindustria e instituciones de investigación estadounidenses. El auge de la fruta se debió en gran parte a hechos que ocurrieron con anterioridad al derrocamiento de Salvador Allende, entre ellos la profunda reestructuración de la tenencia de la tierra y de las relaciones laborales durante la reforma agraria, las importantes inversiones del Plan Nacional de Desarrollo Frutícola, así como las transferencias de tecnología que se iniciaron bajo el Acuerdo de Cooperación entre la Universidad de California y la Universidad de Chile. Las firmas exportadoras de fruta que dominaron el sector a fines de la década de 1980, tenían raíces en las tempranas importaciones de plátanos de safco, las exportaciones de uva y de manzanas realizadas en los años 30, y el éxito de los emprendedores inmigrantes en la década del 60. Las lecciones sobre el comercio libre precedieron al año 1973 y no fueron enseñadas exclusivamente por los Chicago Boys. La evocación hecha por Rodríguez y Venegas del nuevo gusto por el estilo californiano como muestra del gran cambio experimentado por la vida rural bajo el gobierno de Pinochet, curiosamente deja fuera todo hecho paralelo en las preferencias de consumo que se hayan producido entre los trabajadores frutícolas y las comunidades campesinas. Las investigaciones realizadas por los sociólogos documentan en gran medida el profundo cambio de permanente a temporal que se produjo en la oferta de trabajo, así como la dependencia por parte de la industria frutícola de los salarios percibidos por las mujeres. Pero explícitamente subrayan que los trabajadores del agro en Chile quedaron excluidos del boom 120

consumidor que vivieron los productores y exportadores frutícolas acomodados. De hecho, durante el régimen militar los trabajadores de la fruta no viajaban a Disneylandia, no compraban camionetas Chevrolet nuevas, ni tampoco tenían piscina. No obstante, eran consumidores. A medida que aumentó su dependencia del trabajo remunerado y que la economía más liberal se abrió a un torrente de productos importados, los trabajadores del agro y los campesinos también adquirieron bienes que nunca antes habían tenido. El régimen de Pinochet repetidamente defendió su política económica neoliberal porque había aumentado el poder adquisitivo de todos los chilenos. La proclamación del milagro chileno entrañó tanto una promesa de beneficios para el consumidor como una declaración sobre el crecimiento económico. Dicha promesa impactaría las vidas de los trabajadores frutícolas de la misma forma en que lo había hecho con sus empleadores.

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Capítulo II Fábulas de abundancia: trabajadores vitícolas y consumo en Chile

En los días posteriores al golpe contra el presidente Salvador Allende, los militares realizaron agresivos allanamientos de morada de trabajadores en busca de alijos de armas que supuestamente había almacenado la izquierda en preparación para una guerra civil. En San Felipe, Aconcagua, donde comandantes del ejército les habían advertido a los pobladores que se aplicaría la pena de muerte a quien desobedeciera la normativa vigente sobre el estado de guerra, una búsqueda de metralletas ilegales realizada el 13 de septiembre arrojó por resultado la detención de dos ladrones que intentaban robarse un televisor Westinghouse desde una tienda local1. En operativos contra sedes de sindicatos y asentamientos, no se descubrieron bombas, sino bodegas con cocinas a gas, máquinas de coser y radios que iban a distribuirse a los afiliados. De vez en cuando, se dio con una bomba molotov, pero con mayor frecuencia, las armas descubiertas fueron antiguos rifles de caza o mosquetes provenientes de la guerra civil del siglo XIX que habían pasado a ser legados de familia. El acaparamiento de mayor importancia que tuvo lugar durante los años de la Unidad Popular, fue el almacenamiento de alimentos y otros bienes de consumo llevado a cabo por comerciantes que se oponían al gobierno de Allende. María Yáñez, una campesina que trabajaba en una planta de embalaje de fruta de propiedad de David del Curto, recuerda que al día siguiente del golpe, las tiendas de la ciudad de Santa María, en Aconcagua, empezaron a vender papel higiénico, cosméticos y conservas, productos que habían sido prácticamente imposibles de conseguir el año anterior2. A través de fines de 1972 y todo 1973, la escasez de pan, carne, aceite 1 2

El Trabajo, 13 de septiembre de1973, 1. María Yáñez Vasco, historia oral, Santa María, 4 de abril de 1993.

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y una cantidad de artículos domésticos obligó a la Unidad Popular a establecer un racionamiento, el que creó largas colas afuera de tiendas y de centros de distribución administrados por el gobierno. La escasez fue resultado, en parte, de una inflación de tres dígitos y de salarios que batían récords por lo altos, junto con rígidos controles de precios. Esta combinación hizo que los comerciantes mantuvieran sus productos en stock, y fomentó el desarrollo de un fuerte mercado negro. Además, la escasez provenía de acciones abiertamente políticas: el boicot al comercio internacional contra Chile liderado por Estados Unidos, y la fuerte oposición nacional al gobierno de Allende por parte de industriales y de asociaciones de pequeñas empresas. En noviembre de 1972, grupos de empresarios de la elite apoyaron una huelga nacional de camioneros que prácticamente paralizó el transporte de bienes a través del país. En Santiago se produjeron masivas manifestaciones callejeras lideradas por mujeres que protestaban por la falta de pañales, lana, insumos de primeros auxilios, huevos y porotos. Las mujeres marchaban por la Alameda, la avenida central de la ciudad, golpeando cacerolas vacías para condenar el asalto marxista a madres y familias. Las marchas eran coordinadas por mujeres de la elite asociadas con partidos políticos de oposición, pero atraían una fuerte participación de las clases media y obrera3. La sensacionalista imagen de mujeres unidas a través de clases sociales para condenar a la Unidad Popular por no poder suministrar alimentos básicos ni artículos domésticos a la población, circulaba repetidamente en los medios, tanto nacionales como internacionales, lo que convirtió la satisfacción de las consumidoras en la prueba de fuego del socialismo. A través de sus diecisiete años de mandato, el régimen militar de manera regular invocó el espectro de la ira femenina contra la escasez que enfrentaron los consumidores bajo Allende como justificación del golpe. En el discurso que Pinochet pronunció al inaugurarse la Secretaría General de la Mujer en 1974, les recordó 3

Baldez, Why Women Protest; y Power, Right-Wing Women in Chile.

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a los chilenos los oscuros días en que el marxismo humillaba a las mujeres con los estantes vacíos y alabó a las que con coraje se habían lanzado a la calle para protestar en contra de Allende “como la guerrilla araucana”: “[La mujer] buscaba el amparo de una autoridad fuerte y severa, que restableciera el orden y la moral pública... si esto no se hace, golpearán a las puertas de los cuarteles de las Fuerzas Armadas para rogarles que salven a la Patria”4. Expresiones como estas se hacían eco de los ideales de género del fascismo europeo, que vinculaban el nacionalismo y el anticomunismo de la mujer con un ideal de resistencia primordial a la tiranía, además de contrastar la heroica defensa de la familia hecha por la mujer con la ineptitud de los políticos civiles. El gobierno militar también organizó a las mujeres tomando el control de los Centros de Madres, que pasaron a llamarse Centros de Madres de Chile (cema-Chile) y a ser liderados por la esposa de Pinochet. cema-Chile contrataba voluntarias de la elite y de la clase media para que realizaran talleres de maternidad y economía doméstica en comunidades pobres. Esta institución –cuyas integrantes principales se distinguían por el uniforme café de tipo paramilitar que usaban– con sus alabanzas a la auto-abnegación maternal, elaboró un misticismo patriótico que definía a la mujer como el alma apolítica de la nación5. Pero el régimen militar chileno distaba del fascismo en muchos aspectos significativos. Al adoptar un neoliberalismo ortodoxo, Pinochet rechazó un papel fuerte del Estado en materias económicas y agresivamente abrió el país a empresas internacionales. Y aunque los militares daban énfasis a una sociedad verticalmente integrada, desalentaban casi toda forma de movilización social y demostraciones de apoyo masivas. Su ideal era una ciudadanía apolítica, conectada a la patria no a través de un partido político ni del Presidencia de la República, Mensaje a la mujer chilena: Texto del discurso pronunciado por el Presidente de la Junta de Gobierno, General Augusto Pinochet, en el acto organizado por la Secretaría Nacional de la Mujer, Santiago de Chile, 24 de abril de 1974 (Santiago: Gobierno de Chile, 1974), 7. 5 cema-Chile: Ocho años de labor femenina a lo largo y ancho del país (Santiago: Gabriela Mistral, 1981); Memoria: Edición aniversario (Santiago: cema-Chile, 1985). 4

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Estado, sino del mercado. Pinochet invocaba imágenes de sacrificio nacional conjunto, como también de la perniciosa amenaza de los enemigos internos (el marxismo). Sin embargo, con la misma frecuencia los militares legitimaban su poder a través de fábulas de abundancia –historias sobre las riquezas de que en ese momento disponían los consumidores chilenos y que llegaban de mercados extranjeros–. Los informes sobre los récords en el crecimiento económico y las robustas nuevas industrias exportadoras iban de la mano con celebraciones de las prolíficas nuevas ofertas de automóviles, televisores, equipos de música, hornos de microondas, whisky y perfumes importados. La integración de Chile a los mercados mundiales, así como su penetración en ellos, se ostentaba como un triunfo nacionalista y evidencia del éxito de los militares en materia de modernización6. El régimen militar ponía énfasis en las mujeres como las interlocutoras clave en su utopía del mercado, dirigiéndose a ellas como madres y dueñas de casa, cuyos gastos en el consumo de bienes para satisfacer las necesidades familiares tenían un significado patriótico y hasta militar. En los momentos inmediatamente posteriores al golpe, cuando los militares congelaron los sueldos y restringieron la oferta monetaria, Pinochet les imploraba a las mujeres que regeneraran la economía nacional arreglándoselas con menos de manera creadora y comprendiendo que los precios altos eran un remedio temporal para el desastre que había dejado la Unidad Popular7. Para fines de los años 70, cuando la reducción de aranceles y el otorgamiento de nuevos créditos habían abierto los mercados chilenos a electrodomésticos y otros bienes durables importados, Pinochet reconoció el entusiasmo de las mujeres por comprar batidoras eléctricas y refrigeradores como un signo de victoria. Moulian, Chile actual. Presidencia de la República, Mensaje a la mujer chilena: Texto del discurso pronunciado por el Presidente de la Junta de Gobierno, General Augusto Pinochet, en el acto organizado por la Secretaría Nacional de la Mujer, Santiago de Chile, 24 de abril de 1974, (Santiago: Gobierno de Chile, 1974), 14.

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La responsabilidad que les cabía a las mujeres por el consumo familiar se comparó con el dinamismo de una empresa privada, en tanto cema-Chile las urgía a convertir sus hogares en pequeñas empresas. Amiga, la revista mensual de la organización, daba el siguiente consejo: “Imaginemos que cada hogar es, pues, una empresa que proporciona determinados bienes materiales y servicios a un grupo de personas. La tarea de su gerente tiene que ser la de brindar el máximo de esos bienes y servicios con los recursos disponibles… El hogar puede ser más acogedor, más armónico y más agradable si a su administración se le aplican ciertos conceptos empresariales”8. Estos comprendían tanto prudencia financiera (escatimar y ahorrar) como inversiones a largo plazo (adquirir máquinas lavadoras durables), y la satisfacción del cliente (comprar ropa que le gustara al marido, o un televisor para toda la familia). Las pautas de consumo nacional cambiaron drásticamente durante el régimen militar. Cuando se puso fin a la mayor parte de las políticas proteccionistas y la manufactura nacional cayó un 50 por ciento, las importaciones de artículos electrónicos, automóviles, ropa, cosméticos y juguetes alcanzaron proporciones sorprendentes. El gasto en importaciones de productos de consumo se elevó de US$ 245 millones en 1971 a casi US$ 2 mil millones en 19819. Las importaciones de ciertos artículos en particular, como televisores y cosméticos, se multiplicaron por veinte10. El número de automóviles importados en 1973 fue de 14.500; en 1981 llegó a 100.13411. Quienes más se beneficiaron fueron los integrantes de la elite, pero de ninguna manera eran los únicos compradores. Un censo de vivienda realizado en 1982 en la provincia de Valparaíso, el que incluye las zonas agrícolas de Aconcagua y Casablanca, muestra que en el 63 por ciento de los hogares más pobres había un Amiga, septiembre 1976, 17. Banco de Chile, Indicadores económicos y sociales, 1960-1988; Fernández y Rosenbluth, “Transformaciones de las pautas de consumo”; y Ffrench-Davis and Raczynski, “The Impact of Global Recession on Living Standards”, 14. 10 P. Silva, “Modernization, Consumerism, and Politics in Chile”, 24. 11 P. Gómez Villanueva, “Cambios en el consumo en los últimos tiempos”, 75. 8 9

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televisor y en un 14 por ciento, refrigerador12. En 1970, prácticamente ninguna familia de ingresos bajos era propietaria de este tipo de bienes. Asimismo, una encuesta similar realizada en 1983 en el Gran Santiago, que incluye zonas agrícolas, indica que la mitad de las familias de más bajos recursos tenía una máquina de lavar ropa y el 35 por ciento, batidora eléctrica13. Los militares hicieron alarde de que la diseminación de bienes de consumo constituía evidencia de la forma en que la privatización y las nuevas firmas exportadoras creaban modernidad. De manera regular, el diario oficial del gobierno, La Nación, publicaba artículos sobre las regiones agrícolas, como Aconcagua y Curicó, en los que se hablaba sobre la maravilla de los barcos que salían cargados de uva, duraznos y manzanas, y regresaban con cargas de automóviles y camiones14. Este diario también informó que en el departamento de San Felipe, en Aconcagua, se crearon veinte mil empleos nuevos en “veintitrés plantas de embalaje [de fruta] con las más modernas técnicas de fumigación y almacenamiento”15. Igualmente de espectacular era el nuevo centro comercial de San Felipe, un moderno y atractivo edificio de metal que se alzaba por sobre los campanarios de las iglesias coloniales. Y cuando las exportaciones de fruta excedieron los US$ 251 millones en 1981, batiendo récords a pesar de la crisis de la banca, a los vendedores del mercado central y de la plaza de la ciudad les iba muy bien en el comercio de ropa y artículos de cocina16. Las descripciones oficiales de la prosperidad también mencionaban cambios significativos en el trabajo agrícola, especialmente la importante participación de la mujer en la industria frutícola. Fotografías de mujeres sonrientes cosechando fruta o embalando duraznos aparecían con frecuencia en la cubierta de la revista de ne12 XIV censo de población y III de vivienda, 1970, cuadro 16; y XV censo nacional de población y IV de vivienda-Chile, Cuadro 2.09. 13 Schkonlnik, “Transformaciones en las pautas de consumo y políticas neoliberales”. 14 La Nación, 9 de diciembre de 1980, 11c. 15 La Nación, 19 de enero de 1981, 12a. 16 Held, “La fruticultura de exportación de Chile”, 233; La Nación, 8 de abril de 1981, 12a.

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gocios del conservador diario El Mercurio y de la sección nacional de La Nación. El gobierno militar alababa a exportadoras de fruta como la South American Fruit Company y Coexport, la firma de la familia Lyon Edwards, por “abrirles sus puertas a las mujeres”, y La Nación informaba que la nueva planta de embalaje de David del Curto en San Felipe contaba con una sala cuna17. A pesar de que Pinochet celebraba a las mujeres como dueñas de casa, los partidarios del régimen tanto como sus propios medios de comunicación, no dudaban en atribuir a las políticas económicas de los militares el mérito de haber puesto a las mujeres más pobres a trabajar fuera de su casa. Los trabajadores frutícolas, tanto hombres como mujeres, también eran consumidores, y adquirían artículos importados como ropa y cigarrillos, botas de goma y ollas de aluminio, maquillaje y crema para las manos, televisores y refrigeradores. Después de que se desmantelara la reforma agraria, los habitantes de las zonas rurales comenzaron a adquirir cada vez más alimentos en almacenes locales, en lugar de cultivar hortalizas en sus predios de subsistencia o recibir las raciones que les daban sus empleadores. También empezaron a financiar cada vez más servicios que antes les eran proporcionados por el Estado, como atención a la salud, educación, vivienda y pensión al jubilar, servicios que durante la década de 1980 se fueron privatizando u ofreciendo a través del mercado. Para 1988, las personas de bajos ingresos del Valle Central gastaban más del 10 por ciento del presupuesto familiar en transporte en el sistema de buses, que había pasado a manos privadas18. Pero el consumo en el campo de servicios y de bienes producidos de manera masiva, no comenzó con Pinochet. En la década de 1850, los inquilinos de los fundos del Valle Central usaban prendas La Patria, 6 de junio de 1975, 11; La Nación, 19 de enero de 1981, 12a. En 1988, el quinto más pobre de la sociedad chilena gastaba alrededor 12,4 por ciento de sus ingresos en transporte. En 1978, gastaba el 5,7 por ciento. Cabezas Keller, “Transformaciones en las pautas del consumo en las últimas dos décadas”, Documento de Trabajo, Programa de Empleo y Trabajo (PET), Santiago, 1988, 25. 17 18

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de lana provenientes de Gran Bretaña. Para los 1950, las bicicletas y las radios eran artículos altamente codiciados, pero se los encontraba con cierta frecuencia en los hogares campesinos. Durante la reforma agraria, y como parte de su misión de modernizar, el Estado les proporcionó a los habitantes más pobres de las zonas rurales una cantidad de artefactos domésticos, entre ellos cocinas a gas y máquinas de coser. El Estado también expandió ampliamente el acceso a la educación, a la atención a la salud y a viviendas con electricidad y agua potable. En los años 60, la mayor parte de estos bienes y servicios era gratis o bien estaba fuertemente subsidiada a través de sindicatos, asentamientos u otras organizaciones gubernamentales. El gobierno de la Unidad Popular respondía a las acusaciones sobre escasez hechas por la oposición con ejemplos de familias campesinas que usaban ropa nueva, comían carne regularmente, y se mantenían al tanto de las noticias políticas con sus radios recién adquiridas. Durante el régimen militar, lo nuevo en cuanto al consumo por parte de los trabajadores agrícolas fue la gran medida en que ellos dependían tanto del trabajo asalariado como de las transacciones de mercado. La otra novedad fue que las remuneraciones monetarias que recibían las mujeres en el trabajo frutícola adquirieron tanta importancia como las de los hombres a la hora de comprar los artículos que necesitaban las familias. Y también era nuevo el que las mujeres empezaran cada vez más a tomar decisiones financieras sin estar supeditadas al control de los hombres. Sin embargo, las trabajadoras frutícolas no eran las mujeres que Pinochet alababa como patrióticas guerreras del consumo, y aunque los impulsores de la industria las celebraban como símbolo de progreso, con frecuencia solían eludir la cuestión de su vida como consumidoras. La participación de estas trabajadoras en las nuevas relaciones de mercado, así como la propia adquisición de nuevos bienes de consumo, se llevaba a cabo en medio de duras condiciones de pobreza, las que tendieron a ir empeorando. A través de todo el régimen militar, los salarios reales en el agro perma132

necieron por debajo de los que predominaban en la década de 1960 y en los años de la Unidad Popular. Durante la crisis fiscal de principios de la década de 1980, el desempleo rural llegó a rondar el 40 por ciento. Además, dada la índole cíclica de la agricultura, los períodos de cesantía estacionales eran rutinarios para los trabajadores frutícolas, incluso durante los buenos tiempos. Para mediados de los años 80, uno de cada cinco empleos en la industria frutícola duraba menos de seis meses. El trabajo en las plantas de embalaje, donde estaba empleada la mayoría de las mujeres, se extendía por cuatro meses a lo más. Si la industria frutícola erosionó ciertas formas de autoridad masculina, lo hizo dentro del contexto de una adversidad que se profundizaba cada vez más. El consumo María Tapia nació en San Felipe en la década de 1950. Su padre era inquilino y su madre cultivaba el predio de subsistencia de la familia. Como adolescente, durante el gobierno de la Unidad Popular, Tapia trabajaba en una planta de conservas de fruta y le entregaba su salario a su madre. Sus hermanos eran activos miembros del Movimiento de Acción Popular Unitario-Obrero/Campesino (mapu-oc), de tendencia izquierdista. En 1973, ellos les ayudaron a Tapia y a sus compañeros de trabajo a tomarse la planta conservera para exigir su nacionalización. Los dos hermanos esperaban recibir tierras cuando se dividiera el asentamiento en el que trabajaban, pero el golpe militar puso fin a sus esperanzas. Tapia fue despedida de su trabajo, uno de sus hermanos fue encarcelado y el otro se ocultó. Cuando Tapia se casó, en 1978, ella y su marido, José Miguel, empezaron a trabajar de manera temporal en agro-frio, una nueva firma exportadora que habían formado los hermanos Mansur junto con los californianos Jack y Matt Pandol. Según Tapia, ella y su marido tenían constantes peleas por dinero, y José Miguel fue reaccionando de manera cada vez más 133

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celosa y violenta ante lo que ella hacía con su tiempo y sus ingresos. Él se sentía profundamente avergonzado por haber estado cesante de manera repetida y se alejó de la casa en 1984, abandonando a su mujer y a sus dos hijos. Al comentar su matrimonio años después, Tapia reflexionó que la industria frutícola había creado desafíos para los hombres que no habían presentado problema para sus padres: Antes la mujer trabajaba al lado del hombre en el mismo fundo. Ahora trabaja en un grupo grande y aparte en los packings. Eso es lo que le molesta [al hombre]. Porque ahora la mujer se siente distinta, menos aplastada, más independiente. Ella tiene la misma condición [que el hombre]. Puede pasarlo bien, bromear, contar las penas de la casa. Ahora, de vez en cuando, el hombre tiene que quedarse en la casa [porque no puede encontrar trabajo]. El hombre se siente muy mal y a la mujer comienza a gustarle su dinero y a veces gana más que el marido. [A ella] le gusta comprar cositas que eran imposibles antes y el hombre comienza a sentirse desplazado, menos necesario19.

La expansión de la industria frutícola propulsó profundas transformaciones en las relaciones de género, entendidas en términos de ingresos y egresos monetarios. Los hombres perdieron el control del presupuesto familiar. La mayor parte de las mujeres casadas, e incluso las adolescentes que desempeñaban labores frutícolas a fines de los 70 y durante los 80, se quedaban con la mayor parte –o todo– de su salario y tomaban sus propias decisiones sobre lo que iban a adquirir. Si bien casi ningún temporero tenía contrato, los productores de fruta y los propietarios de las plantas de embalaje no les pagaban los salarios a los jefes de hogar, sino directamente a quienes desempeñaban el trabajo. Tapia asocia la capacidad de la mujer de adquirir bienes con el creciente sentido de 19

María Tapia, historia oral, Santa María, 26 de octubre, 1992.

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desplazamiento del hombre. Agustina Herrera, una compañera de trabajo de Tapia, comparte la idea, afirmando: “Por aquí, nadie le da plata al marido”20. Ciertamente, muchos hombres lamentaban el dramático declive en su capacidad de ser el sostén de la familia. En 1992, Juan Álvarez, quien fue obrero agrícola en Santa María durante treinta años, hizo un resumen muy preciso: “Antes yo trabajaba y ganaba para todo, para vestirse, para toda la comida, para todo, después cambió y mi mujer tenía que salir a trabajar”21. A medida que la moneda fue creciendo en importancia para la sobrevivencia, en los hogares campesinos se recurrió a las antiguas divisiones de trabajo según el género para asignar distintos papeles a los ingresos de los hombres y de las mujeres. Por lo general, ellos costeaban las necesidades diarias: comida, combustible, electricidad, transporte, arriendo y visitas al médico. Las mujeres solían correr con inversiones a largo plazo relacionadas con la infraestructura doméstica: muebles, cocinas, techos de zinc, y también con el anticipo de los electrodomésticos como televisores, máquinas de lavar ropa y refrigeradores que se compraban a crédito. Las mujeres además asumían la responsabilidad financiera por la ropa de los hijos, las matrículas en las escuelas y los uniformes y útiles escolares22. Estas divisiones entre los géneros reforzaban la responsabilidad del hombre como el sostén de la familia y el vínculo de la mujer con la casa misma y los hijos. No obstante, estas divisiones también ponen de manifiesto que existía una nueva conexión entre los salarios que percibían las mujeres y el acceso a bienes de consumo modernos, ya que eran ellas las que con mayor frecuencia adquirían electrodomésticos importados y muebles de fábrica. La índole durable de estos bienes era especialmente importante para la mujer Agustina Herrera, historia oral, Santa María, 23 de mayo, 2003. Juan Álvarez, historia oral, Santa María, 12 de octubre, 1992. 22 Estas pautas de consumo basadas en el género fueron reportadas con regularidad en las historias orales provistas para el presente estudio, así como por varios otros investigadores. Ver Barrientos et al., Women and Agribusiness; Derksen, “Santa Sabina”; Lago y Olavarría, “La participación de la mujer en las economías campesinas”; Rodríguez y Venegas, De praderas a parronales; y Venegas, Una gota al día. 20 21

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como un marcador permanente de su trabajo. Según recuerda con tristeza una obrera frutícola sobre los duros momentos de un largo invierno: “Por lo menos [el refrigerador] quedó ahí como recuerdo: lo compré con mi propia plata”23. Los bienes durables adquiridos por las mujeres con frecuencia servían como una especie de ahorro familiar, ya que muy pocos trabajadores del agro utilizaban bancos, prefiriendo adquirir bienes de los que más tarde se pudieran deshacer. Durante los meses especialmente difíciles, las batidoras eléctricas, los televisores o los sofás adquiridos en efectivo (no a crédito) podían venderse a los vecinos o en mercados persas24. Las mujeres también adquirían vestuario en los mercados locales o en tiendas de segunda mano que ofrecían “ropa europea” o “ropa americana”, términos genéricos que se empleaban en la comercialización de ropa usada. Cuando Selfa Antimán migró con sus dos hijos a San Felipe desde Aysén en 1986, llevó solo una cocina a gas de dos quemadores y un televisor en blanco y negro, bienes que le había regalado su padre. Lo primero que adquirió fue ropa y té negro porque sentía que sus vecinos la miraban en menos a ella y a su familia por ser mapuches. Según recuerda diecisiete años después: “Nos miraban en inferioridad, el hecho de verte con ropa más a la antigua diría yo, no tan así a la moda como es la gente de acá del norte. El hecho de que una tomaba mate. Entonces les hace pensar que tú eres más atrasada, que eres más ignorante, que eres mapuchita no más o sureñita”25. Antimán adquirió de segunda mano, en un mercado persa de San Felipe, pantalones, blusas y camisas con el cuello abotonado para facilitar la integración de sus hijos al Valle Central, ropa que era nueva por el estilo y el estatus que confería, no porque los hijos de Antimán fueran sus primeros dueños. Los habitantes pobres de las zonas rurales hacía mucho tiempo que usaban ropa de segunda mano, pero a partir de 1973 las prendas usadas empezaron a ser provistas por un comercio internacional Entrevista, citada en Barrientos et al., Women and Agribusiness, 154. Barrientos et al., Women and Agribusiness; y X. Valdés y Rebolledo, “Mujeres del campo”. 25 Selfa Antimán, historia oral, Santa María, 21 de mayo, 2003. 23 24

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formal. De hecho, la ropa europea y americana experimentó un verdadero auge en Chile: en 1977 se importaron 138 toneladas de ropa usada; en 1987, 3.500 toneladas métricas y en 1989, 6.400 toneladas métricas26. Con esto, pasó a ser posible adquirir ropa de segunda mano a escala masiva en tiendas locales o en mercados persas, sin tener que depender de organizaciones de caridad ni de redes de parientes. Otro aspecto diferente era que la ropa europea o americana no solía ser de fabricación nacional, sino extranjera. La industria textil en Chile decreció más del 50 por ciento durante el régimen militar debido a las reducciones de aranceles y a las disminuciones de los subsidios27. Dentro de las prendas de segunda mano importadas, se encontraba una mezcla de estilos bastante ecléctica. Las favoritas de todos los trabajadores frutícolas, cualquiera fuera su edad o sexo, eran los blue jeans y los trajes de poliéster28, mientras que los muchachos optaban por zapatillas de caña alta y camisetas. Para principios de 1980, las jóvenes favorecían tanto los shorts, las minifaldas y los tops sin espalda ni mangas, que las plantas de embalaje más grandes prohibieron su uso29. Las mujeres, en especial, valorizaban el hecho de poder adquirir ropa, ya fuera usada o, de vez en cuando, nueva. Ana Fuenzaldía, quien embalaba uva en Afrucop (Aconcagua Fruit Cooperative) en los años 70, recuerda haber gastado su primer sueldo en un par de jeans y una blusa “para al fin poder andar de moda”. Fuenzaldía se había criado en un fundo donde a ella y a sus hermanas las vestían con ropa igual, confeccionada por su abuela con una sola pieza de tela que debía durar todo el año. Lo único diferente en sus vestuarios provenía de prendas que la esposa del patrón les regalaba

Boletín de precios y cantidades físicas de principales productos de exportación e importación (Santiago: Banco Central de Chile, diciembre, 1979); Indicadores de comercio exterior (Santiago: Banco Central de Chile, 1989). 27 Winn, Victims of the Chilean Miracle? 28 Pati Muñoz, historia oral, Santa María, 15 de mayo, 1993; Erika Muñoz, historia oral, Santa María, 26 de abril, 1993; Browne, Garib, y Loyola, Tradición y modernidad en Chañaral Alto, 57. 29 Erika Ibacache, historia oral, Santa María, 14 de noviembre, 1992. 26

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para las Fiestas Patrias o la Navidad30. En la década de 1980, Lucía Ovalle, trabajadora frutícola empleada por Jorge Covarrubias, el propietario de Coexport, viajaba a Santiago dos veces al año para adquirir la ropa de su familia en los mercados persas cercanos a la Estación Central o en los de la Calle Franklin, “donde los precios y los estilos eran mejores”31. Según Judith Carreño, obrera frutícola de Santa María, comprar ropa europea estaba de moda, pero recibir de regalo ropa usada de otra persona era vergonzoso: “Tenía que ser muy de confianza, porque si no, se sentían ofendidas. Cuando yo [tenía] un par de zapatos para regalar los envolvía en una bolsa aparte y los ponía en la basura, digo yo alguien los puede necesitar y se los lleva”32. En vista de la pobreza que reinaba, la mayor parte de los trabajadores frutícolas no podía darse el lujo de rechazar ropa usada de regalo, pero lo que recuerda Carreño subraya la distinción que hacían las mujeres entre lo digno que era comprar prendas con dinero propio en comparación con recibirlas a través de un acto de caridad. Asimismo se compraban de segunda mano muchos otros bienes de consumo importados, tales como radios, televisores, máquinas de lavar ropa, ya fuera a los vecinos o a los parientes, o en mercados persas. Puesto que los artefactos eléctricos se podían empeñar en momentos de necesidad, el intercambio de bienes entre los miembros de una familia extendida solía tratarse de dinero o de bienes de valor similar, en lugar de ser simples regalos. En muchos casos, los artefactos eléctricos que habían dejado de funcionar se reparaban utilizando piezas de otros que tampoco funcionaban, y luego se vendían. Este reciclaje contribuye a explicar la discrepancia existente entre los informes oficiales sobre el gasto del consumidor en bienes importados, los que indican que las personas de bajos ingresos raramente tenían acceso a ellos, y los estudios sobre su posesión, que revelan que dichas personas participaron activamente en Ana Fuenzaldía, historia oral, Santa María, 23 de mayo, 2003. Lucía Ovalle Toledo, historia oral, Santa María, 24 de abril, 2003. 32 Judith Carreño, historia oral, Santa María, 19 de mayo, 2003. 30 31

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los nuevos mercados abiertos a los consumidores33. Una encuesta de hogares realizada por el Instituto Nacional de Estadística en 1988 revela que los gastos en cocinas nuevas del quinto de la población de ingresos más bajos del Gran Santiago (incluidas las zonas agrícolas), llegaba al 1,2 por ciento, pero que sus gastos en máquinas de lavar ropa y refrigeradores eran escasos34. Sin embargo, una encuesta sobre posesiones en el hogar realizada al año siguiente, muestra que la mitad del tercio de menores ingresos de la misma población tenía refrigerador y máquina de lavar ropa, y que casi el 90 por ciento tenía televisor35. Incluso antes, el censo oficial de población realizado en 1982, indica que el 10 por ciento de los hogares urbanos de menores ingresos y de los hogares rurales de la V Región (que incluye Aconcagua) tenía máquina de lavar ropa, el 14 por ciento poseía refrigerador y el 69 por ciento, televisor36. Cuando terminó el régimen militar, la población de bajos recursos tenía un número aún más alto de electrodomésticos. En el censo de 1992 se revela que entre las familias de menores ingresos (definidas como las que habitaban en viviendas “semipermanentes”) del Valle Central, más del 70 por ciento tenía cocina a gas y televisor, el 18 por ciento, refrigerador y máquina de lavar ropa, y el 10 por ciento, equipo de música portátil37. Al parecer, la posesión de electrodomésticos era Entre 1973 y 1979, el 10 por ciento de las radios y de los televisores en blanco y negro importados llegó al 20 por ciento de las personas con los ingresos más bajos. Ffrench-Davis, “Liberalización de las importaciones”. 34 Encuestas de presupuestos familiares, 1988. Citada en Cabezas Keller, “Transformaciones en las pautas del consumo en las últimas dos décadas”, 48. 35 Cabezas Keller, “Transformaciones en las pautas del consumo en las últimas dos décadas”, 45. 36 El censo distingue entre viviendas permanentes y semipermanentes, como también entre viviendas “rurales” y “urbanas”. Las viviendas semipermanentes se definen como chozas, rucas y callampas. Bajo el régimen militar, la calificación de rural pasó a asignarse a los lugares con menos de dos mil habitantes. Puesto que la mayoría de los trabajadores frutícolas vivía en ciudades de más de dos mil residentes, o cerca de ellas, la nueva definición de rural técnicamente los calificaba como urbanos aun cuando ellos se consideraran campesinos o rurales. Y aún entre los hogares que oficialmente eran rurales y semipermanentes, el censo de 1982 indica que el 23 por ciento tenía televisor, el 66 por ciento, radio, y el 14 por ciento, máquina de coser. XV censo nacional de población y IV de vivienda-Chile, Cuadro 2.09. 37 Datos para Región Metropolitana, V y VI. XVI censo de población y V de vivienda-Chile, 1992, cuadros 37 y 39. 33

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marcadamente más común entre los trabajadores frutícolas que entre la población chilena de bajos ingresos en general. Una encuesta realizada en 1988 de las obreras que trabajaban en doce plantas de embalaje situadas en San Felipe, Curicó y Calera de Tango, revela que el 50 por ciento de esas familias tenía máquina de lavar ropa, el 60 por ciento, refrigerador, y el 85 por ciento, televisor38. El acceso a versiones de segunda mano de los artefactos domésticos de los que disfrutaban la elite y la clase media de Santiago, marcó un gran aumento en la participación en la cultura del consumo por parte de los trabajadores del agro. Y más allá del acento urbano, la cultura del consumo entre los obreros frutícolas crecientemente se asociaba con un internacionalismo cosmopolita. En este ámbito, los mercados persas y el reciclaje eran cruciales, ya que a través de ellos se suministraban bienes importados a precios reducidos. La forma de manufactura del capitalismo, la que entraña la producción de miles de copias del mismo artículo, es vital para su promesa del acceso universal39. Los trabajadores frutícolas por lo general tenían acceso a televisores y a prendas de vestir que eran copias de copias: copias usadas, copias vueltas a montar. La recirculación de copias en mercados de artículos de segunda mano permitió la participación de los ciudadanos de menores recursos en la modernidad neoliberal. El valor de muchos bienes era especialmente alto por el hecho de que eran importados, o porque se creía que lo eran. A las radios y a los equipos de música o toca casetes re ensamblados se les adherían etiquetas provenientes de otros artículos, de marcas inglesas o japonesas, como RCA o Sony, que claramente indicaban su procedencia extranjera. Los trabajadores frutícolas favorecían la ropa europea o americana (o etiquetas y marcas que así lo decían) afirmando que la calidad de los jeans y de los zapatos hechos en el exterior era superior a la de las prendas manufacturadas en Chile. Irónicamente, la mayor parte de la ropa 38 Dastres Abarca, “El uso de la mano de obra y su manejo en algunas centrales frutícolas de Chile”, 100-101. 39 Benjamin, “The Work of Art in the Age of Mechanical Reproduction”.

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de segunda mano objeto del comercio internacional era fabricada en Asia o en otros países latinoamericanos y reparada en África. Lo que les importaba a los obreros frutícolas era que la ropa tuviera una etiqueta estadounidense o europea. Para ellos, las marcas famosas tenían menos importancia que palabras extranjeras que indicaran la procedencia de un artículo, y así se entusiasmaban con productos que tenían nombres genéricos en inglés, como champú Lady Field o crema facial Lovely Lady. Hombres y mujeres fumaban cigarrillos baratos de marcas como Hilton y Life, pero afirmaban que los de marcas más caras, como Lucky Strike y Kent, eran mejores. Pero todos estos cigarrillos eran distribuidos por la empresa estadounidense Philip Morris. El valor atribuido a lo extranjero marcó un alejamiento del nacionalismo popular de la reforma agraria, durante la cual muchos de los productos nuevos de los que se abastecían los campesinos eran celebrados por ser made in Chile. Y aunque no lo fueran, la política económica de sustituir las importaciones aspiraba a que los productos de fabricación nacional reemplazaran a los importados. Si bien algunas radios físicamente se ensamblaban en Nueva Jersey u Ohio, a los campesinos se les alentaba a tener la experiencia de ser propietarios de una radio en términos de la modernidad nacional más soberana de Chile. Por el contrario, durante el régimen militar, no solo era probable que muchos otros productos de consumo fueran fabricados en el exterior, sino que además se dejó de vincular a los bienes con un nacionalismo popular. El hecho de usar jeans o tener un televisor significaba cierto grado de chilenidad moderna, lo que se afirmaba dentro del contexto de un agresivo rechazo al desarrollo liderado por el Estado y a la solidaridad social. Los militares y sus partidarios hacían alarde de que la modernidad del consumidor significaba una oportunidad individual de participar en mercados internacionalizados que eran neutrales desde el punto de vista político40. 40

García Canclini, Consumidores y ciudadanos.

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El hecho de que para la década de 1980 era más probable que quienes compraran electrodomésticos fueran mujeres en lugar de hombres, representa una inversión de las funciones de género prevalentes en la década de 1960. Durante la época de la reforma agraria, eran los hombres quienes adquirían la cocina a gas o la radio de la familia, con frecuencia a través de sindicatos, partidos políticos, o los asentamientos que las distribuyeran, a precios subsidiados y a crédito contra sus futuras remuneraciones. La distribución de este tipo de bienes era sustancial. Según el censo de 1970, el 35 por ciento de los hogares de Aconcagua tenía cocina a gas, cifra que para el derrocamiento de Allende se había elevado al 60 por ciento41. Es notable que en todas las historias orales en las que se mencionan artefactos domésticos, los campesinos indican que adquirieron su primera cocina a gas durante el gobierno de Allende. Cuarenta años después, Ana Martías todavía recordaba vívidamente el día en que su padre, que era socialista y había trabajado en un asentamiento en Panquehue, le compró a su madre una cocina a gas, y zapatos de cuero para todos sus hijos42. Leontina Cordero recuerda con igual detalle el día en que fue expropiado el fundo en el que trabajaba su marido en San Felipe: “Llegó a la casa con una cocina”, y compara su buena fortuna con la vida de su madre, quien continuaba preparando la comida en una cocina a leña a pesar de llevar muchos años trabajando como cocinera en el convento franciscano43. Lalo Herrera, obrero agrícola que trabajaba en un fundo en Santa María y que había sido opositor a Allende, con orgullo recordó que después de haberse casado, en 1971, cumplió los requisitos para recibir una cocina subsidiada por el gobierno a través

XIV censo de población y III de vivienda, 1970. Según el Instituto Nacional de Estadística, el aumento más alto en la compra de cocinas a gas se produjo entre 1970 y 1973, con un promedio anual de 200.000 unidades. Las cocinas a gas se continuaron vendiendo en grandes cantidades entre 1975 y 1985, pero en un promedio más bajo, de 100.000 al año. Ver P. Gómez Villanueva, “Cambios en el consumo en los últimos tiempos”, 73-74. 42 Ana Martías, historia oral, Santa María, 23 de mayo, 2003. 43 Leontina del Carmen Cordero Rubio, historia oral, Santa María, 24 de abril, 2003. 41

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de su sindicato, que era democratacristiano44. Es posible que las cocinas no se hayan materializado exactamente el día que los trabajadores frutícolas recuerdan, pero lo importante de sus recuerdos es la firme asociación que hacen en sus narrativas entre la adquisición de bienes de consumo y la aceleración de la reforma agraria, sea cual haya sido su tendencia política. Y si las cocinas a gas se asocian con la Unidad Popular, la proliferación de las máquinas de coser se atribuye al presidente Eduardo Frei. De hecho, entre 1964 y 1970 se subsidiaron más de setenta mil de ellas a nivel nacional, una política que continuó bajo Allende45. Las máquinas de coser generalmente se distribuían a través de los Centros de Madres, organizaciones de mujeres patrocinadas por el gobierno, pero puesto que los Centros solían estar asociados con diferentes partidos políticos, sindicatos o asentamientos, las mujeres de todos modos dependían de los contactos que tuvieran sus maridos para acceder a los créditos necesarios. Ocasionalmente, los trabajadores y sus familias miraban eventos deportivos, comedias o noticieros en los televisores en blanco y negro que solía haber en las sedes de los sindicatos y en los asentamientos46. En las historias orales, varios hombres afirman que adquirieron tales lujos, y más, para el uso exclusivo de su esposa47. En 1971, Óscar Valladares, hijo de un inquilino de la localidad de Melipilla, se afilió a un asentamiento donde se producían duraznos con árboles plantados en los años 60 a través de créditos de la corfo. Según afirma cuarenta años después, el gobierno de Allende les daba a los trabajadores una bonificación por cada dólar de fruta exportada: “¡Nos hizo ricos! Le podíamos comprar muchas cosas a nuestra mujer: cocina, refrigerador, televisor, hasta auto. Todos nos envidiaban”48. La madre de Óscar había sido sirvienta, y su abuelo un inquilino que trabajaba María Elena Galdámez, historia oral, Santa María, 16 de abril, 2003. Valdés et al., “Centros de madres, 1973-1989”, 18. 46 Omar García y Raúl Acevedo, historia oral, Putaendo, 14 de junio, 1992. 47 Óscar Valladares, historia oral, Santiago, 1 de mayo, 2003; Miguel Aguilar, historia oral, San Esteban, 7 de septiembre, 1997. 48 Óscar Valladares, historia oral, Santiago, 1 de mayo, 2003. 44 45

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en las plantaciones de cáñamo del patrón y recibía su remuneración en la forma de un vale que solo podía utilizar en la pulpería del fundo. La mujer de Óscar, por el contrario, se dedicaba a sus hijos y a trabajar su huerta. El salario de Óscar no era malo y él esperaba recibir su propia tierra cuando el asentamiento se dividiera en predios para formar una cooperativa. Los hombres como Óscar eran especialmente afortunados. La mayoría de los campesinos nunca formó parte de un asentamiento, pero todos tenían mejores salarios y, en teoría, la promesa de recibir tierras si continuaban las expropiaciones. El ideal de independencia masculina estaba consagrado en el eslogan de la reforma agraria “la tierra para el que la trabaja” y en su promesa de “convertir a cada hombre en su patrón”. Muy pocos campesinos le regalaron un televisor o un auto a su mujer, aunque estos bienes eran adquiridos por los sindicatos y los asentamientos. Con mayor frecuencia, los hombres les regalaban a sus hijos su primer par de zapatos de cuero, se compraban un reloj para ellos y una radio nueva para su señora. En 1997, Bernardo Tapia, quien había sido inquilino en San Esteban, recordó con entusiasmo: “Durante la reforma agraria, los campesinos conocieron la cocina a gas, antes solo había a leña. Conocieron los zapatos, las máquinas de coser, el género de verdad, no ropa hecha de sacos de harina. La juventud campesina iba a la universidad. Había becas. El mío fue a Rusia. Podía realizarse, hasta ser doctor”49. Este poder consumidor simbolizaba el empoderamiento de los hombres de esta clase. Los que trabajaban en asentamientos consideraban que estaban “trabajando por su cuenta”, y los que continuaron en los fundos trabajaban bajo condiciones mucho más provechosas. “Dejamos de sacarle el sombrero [al patrón]”, recuerda Juan Terraza en 1992. “La reforma agraria nos hizo hombres”50.

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Bernardo Tapia, historia oral, San Esteban, 14 de septiembre, 1997. Juan Terraza, historia oral, San Felipe, 20 de octubre, 1992.

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Pero no todos los bienes disponibles durante la reforma agraria eran accesibles solo a través de los hombres. Las mujeres que trabajaban en la cosecha de frutas y verduras, o en plantas de embalaje o de enlatado de conservas, también adquirían bienes. “De verdad, ganábamos plata”, recuerda Marta Galdámez con nostalgia51. Como adolescente, Gloria Fuenzaldía se compró un par de jeans y su propia bolsa escolar de moda, además de una bicicleta. En 1971, ella pertenecía a un club juvenil de San Felipe que recaudó fondos para adquirir una cocina a gas que iban a usar estudiantes universitarios de Santiago, quienes hacían trabajos de verano en el campo. Estas compras comunales invertían notablemente la dinámica de clases paternalista que había prevalecido en el agro durante tanto tiempo, en la que los campesinos eran el blanco de la caridad de personas que eran superiores a ellos en términos de clase social52. Ana Martías, quien durante la reforma agraria trabajó limpiando uvas y pasas, pagaba el consumo de ella y de su madre los domingos en la quinta de recreo Santa Filomena, donde miraban teleseries. Su madre se encariñó tanto con ese televisor, que después del golpe se lo compró usado al establecimiento53. Los recuerdos que hacen los trabajadores de la reforma agraria como una época en la que existía acceso para los consumidores, especialmente durante la Unidad Popular, contrasta con el repetitivo discurso militar sobre el gobierno de Allende como un período de escasez y necesidad. No obstante, los recuerdos de las mujeres sobre su primera cocina a gas o sus primeros zapatos de cuero, coexisten con momentos difíciles. Los alimentos y otros bienes estaban estrictamente controlados bajo la Unidad Popular y las familias con frecuencia dependían de la afiliación política de los maridos. En general, se creía que las Juntas de Abastecimiento Popular (jap, centros de control del consumo administrados por el gobierno) asignaban una mayor cantidad de carne y de pan a las familias cuyos Marta Galdámez, historia oral, Santa María, 22 de noviembre, 1992. Gloria Fuenzaldía, historia oral, Santa María, 23 de mayo, 2003. 53 Ana Martías, historia oral, Santa María, 23 de mayo, 2003. 51 52

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hombres pertenecían a sindicatos pro UP, pero por otra parte, las jap solían estar bajo administración femenina, lo que ponía a una mujer a cargo de decidir el tamaño de las raciones de otra. No es que las familias pasaran hambre –los campesinos consumían considerablemente más carne en la década de 1960 que en la de 1950 y mucha más de la que consumirían en la de 1980–54. Pero la disparidad existente entre el poder adquisitivo y los bienes disponibles, generaba amargura y competencia, especialmente entre las mujeres. En los recuerdos que hacen los hombres de la reforma agraria, en general celebran su empoderamiento como sostenedores de la familia: “Nos sentíamos grandes. Podíamos comprar cosas para la casa”55. Por el contrario, las mujeres suelen recordar lo frustrante de hacer cola: “Yo tenía cajas de dinero, pero no había nada que comprar”56. Con posterioridad a septiembre de 1973, el acceso a bienes por parte de la mujer dejó de depender de los contactos políticos de su marido. Los artefactos domésticos, en especial, pasaron a ser parte reconocida y apreciada de lo que la mujer de trabajo aportaba a su hogar. A fines de la década de 1980, Andrés Gómez, obrero frutícola de Santa Sabina en la IV Región, reveló lo siguiente a unos sociólogos: “Lo que tengo aquí en mi casa lo he comprado con ayuda de mi mujer, porque ella tuvo que trabajar en las manzanas y en la uva. Nos vestimos nosotros mismos, compramos cosas –una cama, un horno, una bicicleta– y ahorramos para los meses en que estamos sin trabajo”57. Algunas trabajadoras frutícolas no adquirían bienes exclusivamente con su salario, sino también de otras formas. Leontina Cordero gastó la asignación prenatal que el gobierno miEn 1970 y 1971, el quinto de la población del Gran Santiago de menores recursos, incluidas las zonas agrícolas más importantes, consumía el 40 por ciento más de carne y el 25 por ciento más de pollo que en 1960. El consumo total de alimentos entre los chilenos de recursos más bajos se elevó en el 10 por ciento. Encuesta de presupuestos familiares, 1972, citada en Machicado Saravia, “La redistribución del ingreso en Chile y su impacto en la estructura de consumo de alimentos esenciales”, 57. 55 Miguel Aguilar, historia oral, San Esteban, 7 de septiembre, 1997. 56 Olivia Herrera, historia oral, Santa María, 12 de abril, 1993. 57 Derksen, “Santa Sabina”, 177. 54

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litar otorgaba a las mujeres embarazadas en un televisor de segunda mano y en el adelanto para un refrigerador nuevo58, y en 1976, Gloria Fuenzaldía gastó la suya en una mesa de comedor y un juego de loza que le compró a un vecino59. El subsidio maternal fue una de las pocas prestaciones financieras que sobrevivió a los dramáticos recortes en gastos sociales que llevaron a cabo los militares. El objetivo que tenía el gobierno de Pinochet con estas prestaciones era proporcionar mejor alimentación y atención médica a las madres y a sus bebés como parte de una agenda pro natalista más amplia, pero algunas mujeres optaron por invertir ese dinero en electrodomésticos y en muebles. Los trabajadores frutícolas también tenían acceso a bienes y servicios a través del mecenazgo de sus empleadores. El paternalismo que había estructurado las relaciones laborales en los fundos se mantuvo dentro de las proletarizadas relaciones que se desarrollaron en el sector de la fruta. Jorge Covarrubias, exportador de uva de Aconcagua, les regalaba anualmente a sus trabajadores un viaje a la playa después de finalizada la cosecha, y su esposa, juguetes a los hijos de los trabajadores para la Navidad. Otros empleadores incluían el financiamiento de las cuentas de luz o de las matrículas escolares dentro de sus paquetes de remuneraciones60. Muchos trabajadores recuerdan que para el fin de año, tenían la opción de elegir entre una bonificación individual para cada familia en la forma de un paquete de licor y alimentos, o una fiesta para todos los trabajadores. Unos pocos empleadores les proporcionaban vivienda a sus obreros permanentes. Estas prácticas eran mucho más comunes entre los empleadores chilenos que entre los extranjeros, así que quienes trabajaban en empresas multinacionales, como Dole y Unifrutti, se quejaban de no recibir “regalos” hechos por su empleador. Asimismo, observaban que los empleadores chilenos solían dar adelantos de los salarios o pagar cuentas de bajo monto, mientras que las Leontina del Carmen Cordero Rubio, historia oral, Santa María, 24 de abril, 2003. Gloria Fuenzaldía, historia oral, Santa María, 23 de mayo, 2003. 60 Rodríguez y Venegas, De praderas a parronales, 87. 58 59

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multinacionales se abstenían por completo de tales prácticas61. De manera similar, los propietarios de pequeños almacenes locales y establecimientos de tipo familiar, solían permitir que los trabajadores adquirieran bienes a crédito, pero gran parte de las nuevas cadenas de supermercados que abrieron sus puertas en muchas ciudades de provincia a principios de la década de 1980, no admitían esta práctica62. Los grandes empleadores chilenos, como Covarrubias y del Curto, de manera regular obtenían líneas de crédito para sus trabajadores en tiendas locales durante los meses de invierno. La Casa Zaba, una tienda de artículos para el hogar y prendas de vestir ubicada en San Felipe, que era propiedad de chilenos de descendencia palestina, era famosa por los generosos términos de los créditos que otorgaba. Además, algunos empleadores les regalaban a sus trabajadores radios y televisores que habían dejado de usar. Los medios de comunicación masivos crecientemente pasaron a formar parte de la vida diaria de los obreros frutícolas. Encuestas realizadas a mediados de la década de 1980 revelan que casi todos poseían una radio y casi tres cuartos, un televisor, por lo general de segunda mano y en blanco y negro63. Pero incluso para quienes carecían de un televisor propio, mirar televisión en la casa de un vecino o familiar era parte de su rutina semanal. De hecho, los chilenos de bajos ingresos tanto en las zonas rurales como en las urbanas, informaron que gastaban más tiempo y dinero en televisión que en cualquier otra actividad de ocio64. Bajo el gobierno militar, la televisión estuvo estrictamente monitoreada y controlada, aunque la mayor parte de los canales era de propiedad privada. Su programación se emitía a un mercado nacional, en el que no había variaciones locales. El programa que lideraba ampliamente en popularidad era Sábados Gigantes, un show de variedades que empezó en Chile en Leontina del Carmen Cordero Rubio, historia oral, Santa María, 24 de abril, 2003. María Elena Galdámez, historia oral, Santa María, 16 de abril, 2003; Lucía Ovalle Toledo, historia oral, Santa María, 24 de abril, 2003. 63 Dastres Abarca, “El uso de la mano de obra y su manejo en algunas centrales frutícolas de Chile”. 64 Encuestas de presupuestos familiares, 1978; Catalán y Sunkel, “Consumo cultural en Chile”. 61 62

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1962, y que en los años 70 y 80 se transmitía por toda América Latina y Estados Unidos. El programa fue creado por su anfitrión, Mario Kreutzberger Blumenfeld, mucho más conocido como Don Francisco. Hijo de inmigrantes alemanes judíos, él se inició como artista en los cabarets de Santiago, pero se enamoró de la programación televisiva de los años 50 en Estados Unidos, cuando trabajó en Nueva York durante un corto tiempo como sastre. Sábados Gigantes se montó como un show para descubrir talentos amateurs, en el que los chilenos comunes y corrientes cantaban y bailaban con la esperanza de que el sonido de una trompeta no los interrumpiera y los obligara a bajarse del escenario antes de terminar su actuación. Los que finalizaban, eran clasificados en cierto orden y recibían premios consistentes en muebles, bicicletas, cocinas y otros artículos domésticos. La promesa de Sábados Gigantes de permitir la movilidad social ascendente de manera individual iba de la mano con la ideología del régimen militar. Los concursantes competían por batidoras eléctricas, televisores y hornos de microondas, bienes que eran emblemáticos de la oportunidad ultramoderna que el nuevo modelo económico les brindaba a los chilenos. Los auspiciadores del programa afirmaban que hasta el 80 por ciento de los propietarios de un televisor lo miraban todos los fines de semana. A principios de la década de 1980, el show se alargó de dos a cuatro horas, y ocasionalmente llegaba a transmitirse hasta por ocho horas. Durante los lluviosos meses del invierno chileno, no era raro que los trabajadores agrícolas desempleados pasaran toda la tarde de los sábados mirando a Don Francisco premiar a los concursantes con equipos de música y de video. Cuando Sábados Gigantes y su anfitrión se trasladaron a Miami, Florida, en 1986, bajo contrato con la cadena de habla hispana Univisión, el show de manera espectacular representó el ascenso cultural de Chile al escenario mundial65. 65 Lee Alan Hill, “Giant of Spanish tv First in U.S. Production”, Television Week, May 30, 2005, 26; Mario Kreutzberger, Entre la espada y la TV: Autobiografía (Ciudad de México: Grijalbo, 2001); Judith W. Rosenthal, “The Story of ‘Don Francisco’”, The Jewish State: The Newspaper for Central New Jersey’s Jewish Communities, August 14, 2009, 2.

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Después de Sábados Gigantes, las preferencias de los trabajadores frutícolas en cuanto a programas televisivos se dividían de acuerdo al género: a los hombres les gustaba el fútbol y a las mujeres las telenovelas66. Dentro de la audiencia femenina, las adolescentes y las mujeres más jóvenes favorecían las telenovelas nacionales y seguían los chismes sobre sus personajes preferidos en la revista TV Grama67, mientras que las mayores preferían las telenovelas mexicanas o venezolanas68. Y aunque las mujeres favorecían las telenovelas latinoamericanas, también miraban programas estadounidenses como Los ángeles de Charlie, Bonanza, Dallas y La familia Adams69. De manera similar a Sábados Gigantes, en las telenovelas se presentaban tanto fantasías como moralejas relacionadas con el trabajo duro y la fidelidad familiar; además, podían ser ocasión de criticar a miembros las clases sociales más altas. Las vidas de las personas de altos ingresos, que casi siempre eran el material de las telenovelas, podían considerarse escandalosas o envidiables, y ver a la niña rica mala castigada al final del show provocaba cierto placer. Pero las mujeres solían identificarse más con tramas sobre disfunción familiar, amor ilícito e intentos de escapar del control de hombres y de padres hechos por heroínas adineradas. Los noticieros se encontraban entre los programas televisivos de menor popularidad para los obreros frutícolas y las personas de bajos ingresos. Si lo ficticio de los dramas que mostraba la televisión era algo que agradaba al público, la sensación de que las noticias, sujetas a una estricta censura, no eran la verdad, o no toda la verdad, provocaba cinismo y falta de interés. Según afirma una campesina a mediados de la década de 1980 al describir sus costumbres a la hora de mirar televisión: “Después de la telenovela Catalán y Sunkel, “Consumo cultural en Chile”, 20. Astorga y Ramírez, “Estudio sobre la identidad de la trabajadora y los proyectos de vida de las temporeras agrícolas”. 68 Agustina Herrera, historia oral, Santa María, 23 de mayo, 2003. 69 El Trabajo, 6 de octubre de 1978. 66 67

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apagamos el televisor y no miramos las noticias porque son puras mentiras”70. La gente joven era especialmente escéptica, como lo comenta otra mujer: “Los mayores creen un poco más, pero los más jóvenes dicen que [el noticiero] es un fotomontaje y se ríen y no creen nada”71. Los hombres solían mirar las noticias con más frecuencia que las mujeres, y ciertamente muchos obreros frutícolas adoptaban la versión de los hechos de actualidad que transmitían los programas. Las imágenes de Pinochet o de su esposa cortando cintas en la inauguración de una nueva escuela u hospital, subrayaban la preocupación del Estado con el bienestar social dentro de los planes de reciente privatización para la educación y la salud. Las tomas que mostraban un nuevo centro comercial o una nueva industria, como la del salmón o el kiwi, celebraban la modernidad chilena y daban legitimidad a los espacios sociales en los que cada vez más se desenvolvían los trabajadores frutícolas. No obstante, los chilenos de menores ingresos podían ser televidentes discriminatorios. El hecho de que tantos fueran adversos a los programas oficiales de noticias, refleja, aunque sea en parte, un rechazo a la historia oficial. El punto de vista del régimen militar sobre la modernidad se encontraba ampliamente validado por el constante flujo de propaganda que acompañaba a los programas de televisión. En los comerciales con modelos rubias y atractivas disfrutando de automóviles franceses, whisky inglés, y sistemas de sonido estadounidenses, se celebraba un estilo de vida cosmopolita, propio de personas de raza blanca, que estaba mucho más allá del alcance de los trabajadores frutícolas, pero que se presentaba como la norma en Chile. En otros comerciales se promocionaban bienes que los grupos de bajos recursos podían adquirir y de hecho lo hacían: detergente Omo, jabón Lux, pasta de dientes Colgate, caldos Maggi, Nescafé, es decir, artículos de uso diario en el hogar, que eran tanto nacionales como “Jornadas de mujeres campesinas efectuadas en Padre Hurtado el jueves 31 de junio de 1984”, Instituto de Pastoral Rural, 1984. 71 Ibíd. 70

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importados. Su promoción en la televisión nacional con el amistoso consejo a los compradores “pídalo en su supermercado”, de manera figurativa vinculaba a los chilenos de las zonas rurales con los de las urbanas dentro de un mismo mercado, el que hacía hincapié en las ventas estandarizadas. Pero los mensajes que se transmitían por televisión durante el régimen militar no eran exclusivamente chilenos. En ellos se usaban patrones de comerciales provenientes de Estados Unidos, y las grandes empresas de publicidad de dicho país, como J. Walter Thompson, pusieron en operación lucrativas filiales en Santiago. El abismo existente entre el alto número de bienes promocionados y la capacidad de la mayor parte de la población para adquirirlos, formaba parte de la modernidad en todo el mundo. Lo importante de la propaganda televisiva durante los años de Pinochet era su contexto político. Los comerciales, ya fueran de automóviles extranjeros o de jabón nacional, ratificaban la visión de los militares sobre la economía neoliberal y supuestamente creaban una abundancia para el consumidor. La fuerte censura de las noticias y de las opiniones contrarias a ese mensaje, junto con una abierta represión de todo lo que significara organización por parte de la oposición, hacían que las fábulas de abundancia del régimen fueran más difíciles de desafiar. Pobreza y posesiones En la década de 1980, Olivia Herrera cosechaba uva en las tierras de Covarrubias, al igual que lo había hecho su padre como inquilino del suegro de Covarrubias, Arturo Lyon Edwards, en la década de 1940. En 1964, Herrera se había casado con Marco Antonio, obrero agrícola, con quien tuvo siete hijos. Durante la reforma agraria, los dos habían trabajado de temporeros en fundos de San Felipe, ganando lo que Herrera consideraba “buena plata”. Con posterioridad al golpe de 1973, el valor de sus salarios se redujo considerablemente, justo cuando aumentaba la variedad de 152

artículos en venta en las tiendas locales. Veinte años después, Herrera recuerda: “Bromeábamos que con Allende teníamos tanta plata que podíamos empapelar la casa, pero no había nada que comprar. Con Pinochet, no había plata y por eso nada que pudiéramos comprar, ni siquiera papel”72. En realidad, Herrera y Antonio adquirieron muchos nuevos bienes durante el régimen de Pinochet, entre ellos, muebles para su sala en 1978, y su primer televisor, comprado de segunda mano, en 1984. Pero eran tiempos difíciles. Durante los invernales meses de julio y agosto, la familia sobrevivía con apenas pan, huevos y té. Antonio abandonó a Herrera en 1985, supuestamente en busca de un empleo mejor, pero luego se mudó a la casa de otra mujer y nunca regresó. Herrera recuerda su humillación mientras les explicaba la situación a sus hijos y también por qué no iban a tener zapatillas ni mochilas nuevas para la escuela. Ella se lamentaba con sus vecinos, pero no culpaba a su marido por el fracaso de su matrimonio, sino a la avaricia de los comerciantes y de los empleadores: “Los ricos escondieron todo durante Allende, y todavía estaban tratando de deshacerse de todo eso cuando [Antonio] se fue”. Según este raciocinio, las opciones que se abrieron al consumidor en los años 80 provenían de superávits acumulados durante la Unidad Popular, y aunque sea una fantasía, constituye un desafío a lo afirmado por Pinochet en cuanto al mundo de abundancia que brindaba su régimen, con lo cual el retrato que él hacía de los años de la Unidad Popular como un tiempo de escasez pasa a transformarse en una acusación política contra los segmentos de ingresos altos. La adquisición de televisores y mesas de comedor por parte de los obreros frutícolas se llevó a cabo en medio de nuevas formas de pobreza. Los salarios reales y los estándares nutricionales cayeron para las tres quintas partes de la población de menores ingresos. Al mismo tiempo, todos los grupos sociales eran 72

Olivia Herrera, historia oral, Santa María, 12 de abril, 1993.

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propietarios de un número de bienes durables mucho mayor que nunca antes73. Este desequilibrio se debió, en parte, a la fuerte baja de los precios de los electrodomésticos importados gracias a la eliminación de aranceles. Entre 1976 y 1985, el precio de los refrigeradores se redujo el 20 por ciento, y el de los televisores en blanco y negro, el 60 por ciento74. Por el contrario, el precio de los alimentos como pan y leche –en gran parte de producción local y por lo tanto más susceptibles a la inflación– se elevó más del 30 por ciento75. Los ingresos de los hogares de los obreros frutícolas eran diversos, pero todos rondaban el límite de la pobreza. En 1986, en el Valle Central, los ingresos mensuales de una familia con un promedio de tres trabajadores, eran de $ 24.182 o US$ 133. Las familias de origen campesino, es decir con cierto acceso a la tierra, compuestas por un promedio de cinco trabajadores, tenían un ingreso mensual de $ 37.136 o US$ 203. Los menos afortunados eran los afuerinos o recién llegados, entre ellos migrantes de Santiago o indígenas del sur, que en promedio tenían dos trabajadores por familia y cuyos ingresos mensuales apenas llegaban a $ 14.240 o US$ 78. En 1986, el consumo diario de pan de un hogar –en promedio, 1,70 kg para una familia de cinco personas– costaba $ 170 o US$ 1. Un televisor en blanco y negro costaba $ 18.250 (US$ 100) y un par de zapatos $ 2.000 (US$ 11)76. Si bien los salarios aumentaron con posterioridad a 1983, según los parámetros de los propios militares, la mayor parte de los traba-

73 En 1979, los obreros frutícolas ganaban casi el 50 por ciento menos de lo que habían ganado en 1971, y el 23 por ciento menos de lo que habían ganado en 1965. A pesar de que los salarios aumentaron con posterioridad a 1983, para 1988 todavía eran el 11 por ciento más bajos de lo que habían sido en 1980. Ver Ffrench-Davis and Raczynski, “The Impact of Global Recession on Living Standards”, 43-44; Jarvis, “Small Farmers and Agricultural Workers in Chile”, 73; Ramírez, “Dispersión salarial en Chile”, 7. 74 P. Gómez Villanueva, “Cambios en el consumo en los últimos tiempos”, cuadro 3. S. 75 Gómez y Echeñique, La agricultura chilena, 175; P. Gómez Villanueva, “Cambios en el consumo en los últimos tiempos”. 76 Rodríguez y Venegas, De praderas a parronales, 198.

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jadores frutícolas vivía en la pobreza o en la pobreza extrema77. En 1989, el 90 por ciento de los obreros de la fruta en el Valle Central carecía de los recursos necesarios para costear una educación o vivienda adecuada78. Más de la mitad de ellos tampoco tenía un plan de jubilación ni de seguridad social79. Durante el régimen militar, los trabajadores frutícolas se alimentaban considerablemente peor que los obreros agrícolas durante la reforma agraria. En la década de 1980, todos los chilenos pobres destinaban proporcionalmente una mayor cantidad de recursos a la alimentación de lo que habían hecho en los años 60, un indicador convencional de la pobreza80. Adquirían una cantidad menor de carne, leche, frutas y verduras, y gastaban más en pan y alcohol81. A pesar de que los estándares nutricionales habían sido peores durante la implementación de las medidas monetarias más extremas en la década de 1970, para 1986 más del 30 por ciento de los chilenos todavía carecía de recursos suficientes para consumir la ingesta calórica mínima recomendada por la FAO (Food and

El régimen militar chileno reconocía las definiciones de pobreza que usan las Naciones Unidas y otras instituciones internacionales, en las que la pobreza extrema es un parámetro relativo igual a no disponer de recursos suficientes para satisfacer las necesidades básicas de una familia en cuanto a alimentación y vivienda, llamadas canasta básica. En la pobreza se vive con menos de dos canastas básicas. 78 Rodríguez y Venegas estiman que el ingreso mensual mínimo para mantener a una familia de cinco personas en 1985 era de $ 18.000. El salario promedio de los trabajadores frutícolas era de $ 11,000. Rodríguez y Venegas, De praderas a parronales, 189. En un estudio posterior sobre los temporeros del Valle Central, realizado en 1989, Venegas estima que el salario mensual de los temporeros promediaba $ 29.951, en tanto que una familia requería $ 27.066 para cubrir las necesidades básicas de 5,5 personas. Venegas, Una gota al día, 182. 79 S. Gómez y Echeñique, “Trabajadores temporeros de la agricultura moderna en Chile”, 48. 80 Fernández y Rosenbluth, “Transformaciones de las pautas de consumo en Chile en una década”, 205; Tapia Herrera, “Encuesta de presupuestos familiares”; Machicado Saravia, “La redistribución del ingreso en Chile y su impacto en la estructura de consumo de alimentos esenciales”. 81 En 1968, el quinto de la población del Santiago de menores ingresos gastaba el 22 por ciento del presupuesto para su alimentación en carne y huevos, en comparación con el 15 por ciento en 1978 y el 12 por ciento en 1988. Los gastos en alcohol se elevaron del 13 por ciento del total de compras de productos alimentarios en 1968, al 27 por ciento en 1988. Machicado Saravia, “La redistribución del ingreso en Chile y su impacto en la estructura de consumo de alimentos esenciales”. 77

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Agricultural Organization) de las Naciones Unidas82. De acuerdo a las cifras del propio régimen militar, el diez por ciento de los niños de la zona central de Chile sufría de desnutrición aguda83. Por otra parte, los trabajadores frutícolas poseían un número mayor de bienes de consumo que la generación anterior. En Aconcagua y en las zonas agrícolas del Gran Santiago, la propiedad de un televisor entre familias que habitaban en las llamadas “viviendas marginales”, se elevó del uno por ciento en 1970 al 63 por ciento en 1982. Respecto de los refrigeradores, la cifra aumentó de prácticamente cero en 1970 al 14 por ciento en 1982. Para dicho año, además, el 15 por ciento de los hogares rurales tenía máquina de lavar ropa y el 26 por ciento, refrigerador84. Se estima que para fines de la década de 1980, la mitad de las familias que dependían de la industria de la fruta era propietaria de una máquina de lavar ropa y el 85 por ciento de un televisor85. Entre los trabajadores frutícolas, la tasa de propiedad de bienes de consumo era ligeramente más alta que entre la mayor parte de la población urbana de bajos recursos. En estudios sobre los barrios marginales de Santiago, se estima que para fines de los años 80, el 25 por ciento carecía de cocina a gas, el 69 por ciento de refrigerador y el 60 de máquina de lavar ropa86. El régimen militar sostenía que la proliferación de bienes de consumo constituía evidencia de que el nivel de vida iba en aumento. Según Ffrench-Davis y Raczynski, en 1967 solamente el 17 por ciento de la población chilena se encontraba por debajo de la ingesta calórica recomendada por la fao. Ffrench-Davis y Raczynski, “The Impact of Global Recession on Living Standards”, 40. Otros estudios de los niveles de consumo de productos específicos per cápita también indican que se deterioró la calidad del consumo de alimentos durante el régimen militar. A nivel nacional, el consumo per cápita de pan, carne y leche disminuyó entre 1976 y 1985, mientras que se elevó el consumo de pollos y huevos. Ver P. Gómez Villanueva, “Cambios en el consumo en los últimos tiempos”, 70. 83 Desnutrición en menores de 6 años por tipo de establecimiento (Santiago: Ministerio de Salud, junio de 1987), 202. 84 En Aconcagua, la propiedad de una radio en hogares económicamente marginales se elevó del 53 por ciento de la población en 1970 al 72 por ciento en 1982, y la de una bicicleta aumentó del 19 al 50 por ciento. XIV censo de población y III de vivienda, 1970, cuadro 16; XV censo nacional de población y IV de vivienda-Chile, Cuadro 2.09. 85 Dastres Abarca, “El uso de la mano de obra y su manejo en algunas centrales frutícolas de Chile”. 86 Jansana, El pan nuestro. 82

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Para el censo de población de 1982, el Instituto Nacional de Estadísticas modificó la forma de medir la pobreza extrema, estableciendo “la posesión de por lo menos un juego de bienes durables” como indicador de que una familia no era indigente o extremadamente pobre. Entre dichos bienes se incluían radios, televisores, máquinas de coser, bicicletas, máquinas de lavar ropa, teléfonos y automóviles. Al aplicarse el nuevo criterio de medición, según estimaciones oficiales la pobreza extrema disminuyó del 21 por ciento en 1970 al 14 por ciento en 198287. Entretanto, la crisis de la banca de 1982 tuvo por consecuencia que el desempleo a nivel nacional alcanzara el 30 por ciento, con lo que el consumo de alimentos per cápita cayó a su nivel más bajo en 20 años88. Y al igual que en el resto del mundo, el hecho de tener un televisor o un par de zapatillas no significaba que los trabajadores chilenos no pasaran hambre ni fueran pobres. Pero el gusto de los obreros frutícolas por gastar en artefactos domésticos también fue resultado de que experimentaran un cambio de percepción sobre sus propias necesidades. Para la década de 1970 consideraban que una cocina a gas era un requisito básico para establecer un hogar89. Los televisores se valoraban como símbolos de la modernidad y del trabajo duro, como fuente de entretención y alivio, y como un tipo de ahorro. Las mujeres, en especial, consideraban que los electrodomésticos les aliviaban mucho trabajo; de hecho, una máquina de lavar ropa reducía en hasta diez horas la cantidad de tiempo que era necesario para lavar ropa a mano. Las batidoras eléctricas aceleraban la preparación de sopas y jugos; los refrigeradores permitían conservar los alimentos por más tiempo, reduciendo así tanto su descomposición como la frecuencia de los viajes al supermercado. Sin embargo, un artefacto Cuatro quintos de la caída en la pobreza extrema se deben a la nueva definición. FfrenchDavis and Raczynski, “The Impact of Global Recession on Living Standards”, 43-44. 88 P. Gómez Villanueva, “Cambios en el consumo en los últimos tiempos”, 71. 89 En 1982, en la V Región, el 67 por ciento de los hogares rurales y el 96 por ciento de los urbanos tenían cocina a gas. XV censo nacional de población y IV de vivienda-Chile. 87

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que aumentó el trabajo doméstico para la mujer fue la plancha eléctrica. Con anterioridad a la década de 1970, se solía planchar la ropa principalmente para ocasiones especiales, y a pesar de que las planchas eléctricas eran más eficientes de lo que eran las que se calentaban sobre la cocina, ellas aumentaron las expectativas de que las prendas de vestir –que eran mucho más numerosas al terminar la década de 1970– debían plancharse de manera regular. La proliferación de los electrodomésticos entre los trabajadores frutícolas también tuvo como base el hecho de que durante la reforma agraria se extendieran las redes de electricidad y de agua potable en el campo. Para 1970, el 50 por ciento de los hogares del Valle Central tenía acceso a luz y a agua, cifra que se elevó al 70 por ciento durante el gobierno de Allende90. Dicho acceso continuó expandiéndose durante el régimen militar, de modo que para 1990, más del 90 por ciento de los hogares del Valle Central tenía electricidad y agua potable91. Incluso hasta las poblaciones callampa solían contar con esos servicios92. Por otra parte, el régimen militar recortó en el 50 por ciento la financiación fiscal directa de nuevas viviendas, promoviendo en su lugar un sistema de hipotecas privadas que muy pocos obreros agrícolas podían costear93. El haEn 1970, una vivienda semipermanente se definía como un rancho, ruca, choza, o mejora, mientras que una permanente era una casa, departamento, o conventillo. En 1970, las viviendas marginales se definían como callampas, pero en 1982 las callampas se incluyeron dentro de las viviendas semipermanentes. XIV censo de población y III de vivienda, 1970. 91 Según el censo de vivienda de 1982, en la V Región el 72 por ciento de todas las viviendas y el 30 por ciento de las semipermanentes, tenían electricidad. La cifras sobre el agua potable eran levemente más altas: el 75 y el 51 por ciento, respectivamente. Según el censo de 1992, realizado dos años después de que Pinochet dejara el poder, el 96 por ciento de todas las viviendas de la V Región tenía electricidad, incluido el 93 por ciento de las estructuras semipermanentes. XV censo nacional de población y IV de vivienda-Chile; y XVI censo nacional de población y V de vivienda-Chile, 1992. 92 Dastres Abarca encontró que en las viviendas del 80 por ciento de los trabajadores de las doce plantas de embalaje que estudió a mediados de la década de 1980, había electricidad, agua potable y alcantarillado. Dastres Abarca, “El uso de la mano de obra y su manejo en algunas centrales frutícolas de Chile”, 34. 93 El desembolso fiscal en “gastos sociales”, que incluían salud, asistencia social, vivienda, pensiones y educación, como porcentaje del BID, en 1975-1988 fue entre el 50 y el 35 por ciento menor de lo que había sido en 1970-1973. Haindl, Budinich, e Irarrázaval, Gasto social efectivo, 35. 90

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cinamiento y la falta de viviendas permanentes continuaron siendo problemas agudos, afectando este último en especial a las zonas de producción frutícola a causa de la migración que fomentaba la oportunidad de encontrar trabajo en dichas zonas. La percepción que existía sobre las necesidades del consumidor se vio afectada por la urbanización de zonas rurales. Provincias como Aconcagua, Melipilla y Curicó experimentaron fuertes aumentos de población en la década de 1980, fenómeno contracorriente a la constante migración desde las zonas rurales hacia Santiago que tuvo lugar durante gran parte del siglo XX. Quienes trabajaban en las zonas de exportación frutícola residían en áreas nominalmente urbanas, ya fuera dentro de ciudades y pueblos, o en sus alrededores. En 1985, un tercio de los temporeros frutícolas provenía de familias que no eran campesinas o cuya última generación no había trabajado en el agro94. Pero la cultura urbana no solo reemplazó a la rural, sino que la reformuló. Ciudades de provincia como Los Andes, Talca y Melipilla, se enorgullecían de sus tradiciones rurales icónicas, entre ellas clubes de huasos, ferias libres en las que se vendía chicha y harina tostada, concursos de belleza entre las campesinas, y peregrinaciones a capillas rurales. En ciudades más pequeñas, algunas familias que vivían en poblaciones callampa tenían un pequeño patio con pollos o cabras. Los afuerinos llegados desde Santiago o Valparaíso para trabajar en el agro solían considerar que llevaban una vida de campo, mientras que los residentes de larga data en Ovalle o Putaendo continuaban considerándose campesinos aunque vivieran en una ciudad, dependieran de un salario monetario y no hubieran trabajado la tierra por una generación. Estas complejas subjetividades se estructuraban dentro de dos mercados en expansión: el laboral y el de bienes de consumo95. La percepción de los trabajadores frutícolas era que tenían una cantidad de nuevas necesidades: no solo el arriendo, la Dastres Abarca, “El uso de la mano de obra y su manejo en algunas centrales frutícolas de Chile”. 95 X. Valdés, “Temporeros y temporeras de la fruta”. 94

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luz y el transporte, que entonces pagaban en efectivo, sino también artefactos de uso doméstico, prendas de vestir y nuevas formas de ocio. Nada de esto se entendía como un estilo de vida urbano, sino como necesidades para los trabajadores del agro que residían en los alrededores de ciudades y pueblos donde la vida se identificaba firmemente con la vida de campo96. Problemas de género y familias en evolución Durante la década de 1980, el diario de San Felipe, El Trabajo, publicó una columna humorística escrita por Madame Elisa (pseudónimo), quien daba consejos sobre amor y sexo. El día de San Valentín de 1986, un desconcertado trabajador agrícola le pidió la siguiente ayuda: Madame Elisa: Soy un campesino de Campos Ahumada, alegre, sin vicios. Me gusta la música ranchera, la cumbia y las cuecas. Ando medio enredando con una niña que está empleada en San Felipe (en una empresa frutícola) y últimamente la encuentro muy cambiada. Escucha pura música gringa y no le gustan los correteados que bailamos en la Quinta de Recreo. Quiere que yo use chores y zapatillas Nortaes y se le ha puesto que use aros, porque el hijo del patrón los lleva y dice que se ve tan re lindo. Me contó que el patrón es muy sencillo, porque juega con ella a las escondidas. Yo no le he aguantado ninguna payasá pero me tiene intrigado eso del juego a las escondidas. ¿Me lo puede explicar? Saludos atentamente, Pelluco97.

Con una estudiada frialdad, Madame Elisa le responde:

96 97

García Canclini, Hybrid Cultures. El Trabajo, 14 de febrero de 1986, 2.

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Mi inocente Pelluco: Antes que nada, por Dios que escribe mal usted. Me costó una hora dejar su carta más o menos publicable. Por lo que pude entender, el patrón de tu prenda debe ser más castizo que gallo ciego: gallina que topa la pisa. Pero el heredero no le salió hijo de tigre. Más parece que le salió mosca, porque nunca se sabe si es macho o hembra. Respecto al jueguito ese, te contaré que el otro día me invitaron a jugar a las escondidas en grupo con luz apagada. Todo iba bien hasta que un perico encendió la luz, diciendo “organicémonos, porque yo ya he perdido cuatro veces”98.

Madame Elisa puede ser igualmente franca con solicitantes de mayores medios económicos, como Soledad, quien se lamenta de lo siguiente: Soy una joven empresaria en exportación de uva, que pudiendo tenerlo todo en la vida, incluso aquello, he tenido la mala ocurrencia de enamorarme de un “temporero”, uno de esos trabajadores que laboran solo durante la temporada de la fruta. Le aclaro esto para que no vaya a creer que se trata de esos raros que tanto abundan en luna llena. Lo malo de este fornido y bien parecido mocetón, me ha hecho pasar bastantes vergüenzas por ahí. Pues abrir la boca y decir cada burrada es todo uno. Para darte un ejemplo, menos mal que estábamos solos, la otra noche durante un encuentro íntimo le pregunté si le gustaba Mozart y este bruto me contestó que no lo había visto jugar (fútbol) nunca. ¿Qué le parece?99.

Madame Elisa responde fríamente: El problema te lo buscaste tú, por enamorarte de un mozo cuyo único mérito es cumplir a satisfacción su papel de “Segundo”, porque además de ignorante, si es obrero agrícola, debe ser más pobre que las ratas. Hay un refrán que dice: 98 99

El Trabajo, 14 de febrero de 1986, 2. El Trabajo, 6 de junio de 1986, 2.

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“¿Qué sabe el burro de alfalfa?” y creo que tú no lo buscaste para que te dijera si sabe o no sabe. Para obviar dificultades como las que mencionas, úsalo solamente para lo único que sabe hacer y búscate otro que te permita guardar las apariencias y te deje bien frente a tus amistades100.

No cabe duda de que los corazones partidos que le escribían a Madame Elisa eran ficticios, probablemente inventados por el creador de la columna, cuya intención no era aconsejar a personas de bajos recursos, sino entretener a los lectores de El Trabajo, en su mayoría profesionales y miembros de la clase media. El humor se basaba en una mofa compartida de los obreros agrícolas. No obstante, Madame Elisa de manera regular hacía comentarios sobre las transformaciones en las normas relativas a la sexualidad y al género que había impulsado la industria frutícola, presentándolas como expresiones de los nuevos gustos adquiridos por el consumidor y del nuevo poder adquisitivo. Y aunque los episodios de la columna fueran fantasía, revelaban ansiedad con respecto a cambios que eran reales. La idea de que la industria de las exportaciones frutícolas había posicionado a la mujer para que fuera sexualmente promiscua y asertiva, algo inverso del privilegio sexual masculino, era el golpe de efecto de las bromas de Madame Elisa, como también lo era la idea de que la mujer deseaba cosas más modernas –rock and roll, ropa de moda, incluso aretes para los varones–. Madame Elisa provocaba a los hombres con la perspectiva de que estuvieran perdiendo la capacidad de satisfacer a las mujeres. Las inquietudes sobre la capacidad sexual del hombre reflejaban una preocupación más amplia, relacionada con la transformación que se estaba produciendo en las relaciones de género. Las nuevas prácticas de consumo generadas por la expansión de la industria frutícola y la reorganización laboral, erosionaban la autoridad del hombre sobre la mujer. La mayoría de las obreras frutícolas controlaba su propio salario y sus compras, en tanto 100

El Trabajo, 6 de junio de 1986, 2.

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disminuyó la capacidad del hombre para controlar físicamente el paradero de su mujer. Los turnos femeninos en las plantas de embalaje comenzaban temprano por la tarde, al llegar el primer embarque de fruta recién cosechada, y podían finalizar alrededor de las 4:00 am. Por el contrario, la mayor parte de los hombres que trabajaban en los cultivos de frutales y en las viñas laboraban durante el día, de 8:00 am a 6:00 pm. Es decir, tanto los horarios como los espacios eran diferentes. El trabajo nocturno de la mujer implicaba peligro sexual y oportunidad de conductas ilícitas, ya que esposas e hijas pasaban la noche trabajando bajo supervisión masculina y luego regresaban a casa solas o en grupos de mujeres caminando por oscuros caminos de campo. Estos horarios también significaban que los padres tenían que hacerse responsables, aunque fuera mínimamente, de cuidar a los niños y de preparar alimentos mientras la mujer estaba ausente101. En las historias orales, la mayor parte de las trabajadoras informa que su esposo ayudaba con las compras, hacía pan y preparaba sándwiches para los hijos en las noches, y en ciertos casos hasta trapeaba el piso y hacía las camas. Según las mujeres, la labor en que los hombres estaban menos dispuestos a ayudar era el lavado de ropa, pero ellos disputan esto102. Las labores domésticas ciertamente no se compartían de manera equitativa y eran causa de constantes disputas, pero las mujeres que trabajaban se sentían con derecho a pedirles a los hombres que colaboraran103. Como se lo expresó claramente 101 Díaz, “Investigación participativa acerca de las trabajadoras temporeras de la fruta”; Falabella, “Trabajo temporal y desorganización social”; X. Valdés, Mujer, trabajo, y medio ambiente. 102 Venegas entrevistó a 120 trabajadoras frutícolas sobre asuntos relacionados con las labores del hogar. La mitad afirmó que su marido le ayudaba con las comidas, las compras y el cuidado de los niños. El diez por ciento dijo que el marido ayudaba con la limpieza, pero más del 50 por ciento afirmó que quienes limpiaban eran los hijos y las hijas. Más del 80 por ciento de las mujeres dijo que ningún hombre (marido o hijos) le ayudaba con el lavado de ropa, y el 30 por ciento contaba con la ayuda de una hija. Lo importante es que los varones tenían una visión muy diferente de las labores domésticas, ya que el 49 por ciento afirmó que ayudaba regularmente a lavar y a doblar ropa. Venegas, Una gota al día, 215-17. 103 En un estudio sobre las trabajadoras frutícolas de la IV Región, el 75 por ciento de las entrevistadas afirmó que regularmente peleaba con su marido sobre las labores del hogar. Díaz, “Investigación participativa acerca de las trabajadoras temporeras de la fruta”, 14.

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una obrera de Buin a la socióloga Silvia Venegas: “El que llegue más temprano debe hacer las cosas”104. La positiva visión que tenían las mujeres sobre sí mismas como obreras constituía un desafío a las antiguas formas de justificar la autoridad que los hombres tenían sobre ellas. Pero rara vez las mujeres consideraban esto como liberador o narraban los cambios en términos de emancipación. Por el contrario, solían vincular las transformaciones que había producido la industria de la fruta con un aumento en la pobreza y con peleas domésticas más frecuentes. En 1993, a los cincuenta años de edad, Selfa Antimán reflexiona con especial cautela sobre las ventajas del acceso de la mujer a salarios monetarios: La mayoría de las mujeres maneja su propia plata… Se sienten más independientes, más seguras porque es su plata y ella no tiene que depender [del marido para que se la dé]. Esto sí que es ventaja. Pero, por otro lado, es una desventaja porque empiezan los problemas con la pareja… Hay muchas separaciones por las peleas violentas, por la plata, porque la mujer ahora es más libre, tiene más contactos, a veces con otras mujeres. Hace sus saliditas, sus fiestecitas, o ve a un amigo en el camino y le da todo. Entonces vienen las separaciones y los niños que nacen fuera del matrimonio. Al hombre no le gusta que la mujer trabaje. Por muy bueno que sea el hombre, no quiere sentirse inferior, y la mujer que trabaja se siente más sociable, más independiente porque puede manejar su propia plata105.

La distinción que hace Antimán entre las buenas y las malas maneras de consumir por parte de la mujer, refleja la conocida dicotomía entre la virtud femenina basada en la familia y el vicio extramarital: la mujer casada que gastaba su salario en su hogar en contraposición a las jóvenes y solteras que hacían fiestas y estaban dispuestas a tener 104 105

Entrevista a “Luisa”, citada en Venegas, Una gota al día, 127. Selfa Antimán, historia oral, Santa María, 15 de mayo, 1993.

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relaciones sexuales. Esta distinción, de por sí carente de solidaridad fraternal, es la que permite que Antimán defienda el control de la mujer sobre sus propios ingresos y critique la autoridad masculina. El rescate de la buena trabajadora como consumidora respetable, da pie para la acusación de que hasta “el hombre más bueno” se oponía a que su mujer trabajara. Esta subjetividad distaba con mucho de la versión oficial proporcionada por el gobierno militar sobre el género. Pinochet alababa a la mujer chilena por su abnegación, como también porque ella deseaba el liderazgo masculino. Durante todo el régimen militar, el general y su señora no solo promocionaron un ideal en el que el hombre trabajaba para sostener a la familia mientras la mujer permanecía en su casa, dedicada al cuidado de los hijos, sino que también actuaron como el modelo de ese ideal. La madre sacrificada era la contraparte femenina del masculino soldado patriótico. Pinochet les afirmaba lo siguiente a las mujeres de cema-Chile: “El trabajo que toda mujer chilena debe hacer es encontrar en la familia su base más sólida, una escuela para la base moral, de sacrificio y generosidad a todos sus miembros, y de amor incansable por la Patria”106. Las obreras de la fruta se definían en términos de su familia, pero no exigían respeto en base a su estatus como madres sino como trabajadoras. Las mujeres como Antimán no defendían el derecho a adquirir bienes para la familia porque el hogar constituyera una esfera especial de jurisdicción y sacrificio femenino, sino porque el hecho de ganar dinero le daba a la mujer el derecho a controlar el destino de ese dinero. Las mujeres como Antimán afirmaban la larga asociación que había existido entre ser el sostén de la familia y ejercer la autoridad en el hogar. Esto fusionaba la ideología de dos momentos políticos muy diferentes: aceptaba la ecuación de los militares de autonomía personal frente a transacciones de mercado, y al mismo tiempo invocaba el énfasis que la reforma agraria había 106

Amiga, diciembre de 1976, 43.

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puesto en la justicia social y en el derecho que tenían los obreros a usufructuar el fruto de su trabajo. Los varones también reconocían que los cambios relativos a quién corría con los gastos habían sido causa de conflictos domésticos. En 1992, Lalo Herrera, trabajador frutícola de Santa María cuya esposa trabajaba desde 1985 empacando fruta para coexport, cavilaba: “Ahora, hombres y mujeres se llevan discutiendo en la casa porque la mujer trabaja en la uva pa’ la mantención [de la familia]. Antes le daba la plata al marido, ahora no, por eso pelean. Pero hay algunos que les gusta que la mujer trabaje y le quitan la plata y se divierten [con trago], y la mujer queda ahí nomás”107. Si Herrera parece algo sentimental sobre los tiempos en que los hombres manejaban las finanzas domésticas y al mismo tiempo reconoce la injusticia de que un hombre usara el salario de su mujer para emborracharse, otros hombres se sentían más abrumados por una sensación de pérdida. Raúl Flores, un antiguo inquilino de Chillán que había sido líder sindical durante la reforma agraria, explica que abandonó a su esposa en 1987 después de una serie de discusiones violentas: “Me humillaba verla salir a trabajar [en las plantas de embalaje]. Antes yo ponía la plata en la mesa y compraba el pan”108. La lucha por el ejercicio de la autoridad en el hogar se hace dolorosamente evidente en el número de demandas judiciales originadas por la violencia intrafamiliar. Entre mediados de la década de 1960 y mediados de la de 1980, en San Felipe, el número de causas entabladas por golpizas a la mujer en familias de obreros agrícolas aumentó casi dos veces más rápido que la población, con lo que dichos procesos judiciales incrementaron más del triple, de un promedio de once a treinta y ocho denuncias anuales109. Numerosos factores contribuyeron a este incremento, entre ellos, el hecho de que la mujer se hubiera acercado más a centros urbanos y de que estuviera más dispuesta a denunciar la violencia. La importancia Eduardo Herrera, historia oral, Santa María, 21 de noviembre, 1992. Raúl Flores, historia oral, Santa María, 15 de noviembre, 1992. 109 “Registro de Crímenes”, Juzgado del Crimen, San Felipe. 107 108

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estadística de estas cifras es menos significativa que los cambios que se advierten en las razones aducidas por los hombres en sus declaraciones formales para explicar por qué habían empleado violencia contra su mujer. Durante la reforma agraria, la gran mayoría de estas agresiones se relacionaba con la insistencia del hombre de que la mujer le debía a su marido una lealtad sexual exclusiva, además de las labores del hogar. Los varones golpeaban a su esposa porque ella supuestamente había coqueteado con otros hombres, porque no había querido o no había podido tener relaciones sexuales, y porque no había cumplido ciertas tareas específicas en el hogar. Otra importante razón que se menciona en las declaraciones hechas en los años 60, es que la mujer objetaba la infidelidad sexual de su marido, es decir, este la golpeaba porque ella se quejaba de sus aventuras extramaritales110. Por el contrario, durante el régimen militar el maltrato de la mujer se relacionó cada vez más con el hecho de que el papel del hombre como el sostén de la familia estaba comprometido, y también con la ansiedad que él sentía porque su esposa trabajaba. Durante fines de los años 70 y todos los 80, en general los conflictos tuvieron que ver con dinero: objeciones del hombre a que su mujer hiciera compras sin su permiso y quejas de ella de que él no ganaba lo suficiente. En segundo lugar, los conflictos se basaban en acusaciones hechas por el esposo de que su mujer tenía una relación extramarital, frecuentemente con un hombre capaz de satisfacer los afanes consumistas de ella mejor que él. También circulaban muchos rumores sobre obreras frutícolas que tenían relaciones sexuales con sus patrones, quienes las sacaban a pasear en automóviles de lujo o les compraban ropa bonita. La violencia del hombre contra la mujer provenía de causas que la dictadura había nutrido y a la vez socavado. El discurso patriarcal del propio régimen militar y su brutalidad contra los civiles, reforzaban la antigua idea de que era apropiado que el marido disciplinara a su mujer. Al mismo tiempo, el hombre que maltrataba 110

Tinsman, “Los patrones del hogar”; y Tinsman, “Household Patrones”.

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a su esposa por motivos de dinero o por sus supuestos devaneos sexuales, respondía a la forma en que la política económica del régimen había erosionado la base de la autoridad material y sexual que el hombre previamente había ejercido sobre la mujer. Por otra parte, el acceso a salarios monetarios por parte de ella y su sensación de que el hombre le debía respeto por su paridad como sostenedora del hogar, habían hecho que la mujer estuviera más dispuesta a entablar una demanda contra su esposo o a criticarlo de manera verbal. Paradójicamente, la propia intensidad de la violencia contra la mujer en la década de 1980, refleja la intensidad con que se estaban desafiando las antiguas reglas. Además, los maridos empezaron a abandonar el hogar con mayor frecuencia. El porcentaje de hogares rurales en que el jefe de familia era una mujer llegó al récord del 30 por ciento a mediados de la década de 1980, tres veces más alto de lo que había sido durante la reforma agraria111. El abandono de la familia por parte del hombre se vio impulsado por el desempleo y los salarios bajos, elementos inseparables de la desesperación masculina frente al asalto de la industria frutícola a su capacidad de sostener a su familia. Pero las mujeres también abandonaban a los hombres, con mayor frecuencia debido al maltrato físico o al alcoholismo. No todas buscaban reemplazar a su pareja, y algunas nunca contrajeron matrimonio. La industria de la fruta permitía que las mujeres se mantuvieran a sí mismas y a sus hijos de maneras que casi no habían existido para la generación previa. Esto por lo general involucraba vivir con miembros de la familia extendida (usualmente, la madre o hermanas) y aunar recursos. Los hogares donde el jefe de familia era una mujer, invariablemente disponían de menores recursos que los encabezados por un hombre, pero para muchas mujeres la ausencia de la autoridad de este compensaba la falta de ingresos. La idea generalizada de que el trabajo femenino en la industria frutícola incitaba la intimidad sexual ilícita, hacía que los hombres vigilaran a su pareja aun cuando dicha vigilancia fuera difícil des111

Venegas, Una gota al día, 76.

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de un punto de vista logístico. En las historias orales, las mujeres se quejan de que el marido o el novio les registraban la cartera y los bolsillos en busca de pruebas de su mal comportamiento. Los hombres solían sentir ira e incredulidad cuando su esposa regresaba del trabajo en la madrugada. En 1993, Elena Medina, una obrera frutícola de treinta y tres años de edad que había estado trabajando en distintas plantas de embalaje en la zona de Melipilla desde comienzos de los años 80, relaciona los celos sexuales de su esposo y la vigilancia a que la sometía, con la incapacidad de ella para mantenerse al día con las labores hogareñas cuando no trabajaba: Cuando estoy en el packing, Ramón empieza a quejarse, “Mira a la hora que vuelves, la gente te mira”. Da a entender que me estoy desentendiendo de mis responsabilidades… Lo que a los hombres les preocupa es que son las cuatro de la mañana y ellos están en la cama y uno no está… En mi caso, Ramón me obliga a tener relaciones [sexuales] con él cuando vuelvo de mi turno… para comprobar dónde he estado… A los hombres les molesta mucho que cuando llegan a la casa la mujer no esté ahí para servirles sus comidas… Los maridos quieren el desayuno servido a su hora; quieren almorzar justo a la 1:00 pm. No entienden que… porque una volvió a la casa a las cuatro de la mañana no puede planchar ni lavar112.

Las mujeres resentían tanto las sospechas de los hombres como su insensibilidad frente a la doble carga de ellas. Su respuesta a las acusaciones de infidelidad era que ellas trabajaban muy duramente y dedicaban todo su dinero y energía a la familia. Otra estrategia común que empleaban las mujeres para defender su respetabilidad consistía en culpar a otras mujeres, especialmente a solteras jóvenes, de echar a correr rumores sobre irresponsabilidad en las relaciones sexuales y en el consumo. Para 1986, alrededor del 15 por ciento de la fuerza laboral de la fruta, estaba 112

Elena Medina, historia oral, Santa María, 12 de junio, 1992.

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compuesta por adolescentes de entre dieciséis y veinte años, la mayoría de las cuales eran estudiantes y trabajaban exclusivamente durante la cosecha del verano, entre enero y marzo113. En 1993, Isabel Vera, una campesina de Putaendo casada, de cuarenta y cinco años de edad, se quejaba de que las jóvenes en los años 80 les pedían favores a los patrones y “andaban bien pintadas”, aludiendo con esto no solo al maquillaje sino también a la prostitución. A pesar de que Vera reconoció que ella también había sido sexualmente activa como adolescente en la década de 1960, se defendió afirmando que su conducta había sido aceptable porque se había casado con su novio. Por el contrario: “Estas niñas van de un hombre a otro. Andan buscando hombres, no maridos hoy día. Buscan a un joven que les dé dinero y de ahí ¿quién sabe lo que hacen”?114. Cuando Antimán se quejaba de que tener hijos fuera del matrimonio era algo de especial peligro para las mujeres que gastaban dinero en sí mismas, ciertamente estaba pensando en su propia hija de dieciséis años que acababa de ser madre soltera115. Mari Herrera, obrera frutícola casada, de treinta y cinco años de edad, recuerda con pesar en 1993 que cuando su hija adolescente se quedó embarazada en 1985, ella y su marido emplearon el dinero que habían ahorrado para una escuela técnica en comprar un amoblado de dormitorio matrimonial116. A nivel nacional, el número de madres solteras adolescentes incrementó considerablemente durante el régimen militar. En 1975, el 36 por ciento de los hijos de mujeres menores de veinte años se consideraba ilegítimo porque sus madres eran solteras. Para 1986, la proporción era del 60 por ciento117. Este cambio se debió principalmente a que habían aumentado tanto las dificultades económicas para formar y mantener un matrimonio, como también la percepción entre algunos padres y jóvenes de que el matrimonio no Venegas, Una gota al día, 76. Isabel Órdenas Vera, historia oral, Putaendo, 4 de junio, 1993. 115 Selfa Antimán, historia oral, Santa María, 21 de mayo, 2003. 116 Mari Herrera, historia oral, Santa María, 10 de mayo, 1993. 117 aprofa, “Porcentaje de hijos ilegítimos en madres menores de 20 años, 1975-1990”, manuscrito no publicado, aprofa, 1993. 113 114

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era necesariamente la mejor opción para una adolescente embarazada. El divorcio y el aborto eran ilegales, y en las zonas donde había empleo, como en el sector de exportaciones frutícolas, una madre joven podía mantener a su niño trabajando como temporera. El incremento de la maternidad entre adolescentes también provino de las dificultades que enfrentaban las solteras jóvenes para acceder a métodos anticonceptivos. En general, el uso de estos aumentó de manera considerable durante el régimen militar a pesar de los objetivos pro natalistas y de la celebración de la maternidad que propulsaba el gobierno. Según estima la Asociación de Promoción de la Familia (aprofa), la rama chilena de International Planned Parenthood, si bien solo el 24 por ciento de las mujeres en edad fértil empleaba métodos anticonceptivos en 1975, en 1989 lo hacía el 35 por ciento118. Pero investigaciones sobre obreras frutícolas en la década de 1980 revelan que más del 60 por ciento de ellas utilizaba anticonceptivos119. El gobierno militar consideraba que la planificación familiar era parte integral de la modernización y aceptaba la relación existente entre el control de la natalidad y la reducción en las tasas de mortalidad infantil y materna; así, aprovechó los programas que habían creado los democratacristianos en los años 60 y que habían sido expandidos por la Unidad Popular120. Sin embargo, al igual que estos programas, el control de la Estadísticas aprofa (Santiago: aprofa, 1993), 10. aprofa estimaba que poco menos del 35 por ciento de todas las chilenas en edad fértil usaba anticonceptivos en la década de 1980, pero otros estudios indican que la tasa de uso era mucho más alta. Una investigación de 125 campesinas en edad fértil de Talca realizada por la fao en 1985, concluye que el 60 por ciento de ellas recurría a métodos anticonceptivos. En entrevistas realizadas a obreras frutícolas menores de cuarenta años de edad en Santa María en 1986, Rodríguez y Venegas llegaron a la conclusión de que el 90 por ciento de ellas utilizaba o había utilizado algún tipo de anticonceptivo. Marisa Weinstein y Marcela Díaz, “Encuesta mujer popular y Estado”, Documento de trabajo, Serie Estudios Sociales Nº 52, 1993, 79; Food and Agriculture Organization (fao), “Informe de avance de la investigación sobre mujer campesina y salud”; Primer Taller Nacional, “Participación de la mujer en la agricultura y la producción”, Apuntes de reunión, Universidad de Talca, octubre de 1985, 11; Rodríguez y Venegas, De praderas a parronales, 60. 120 En 1975, la aprofa firmó un acuerdo de colaboración con el gobierno militar para continuar promoviendo políticas nacionales de planificación familiar. Boletín aprofa, mayo­junio de 1975, 2. 118 119

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natalidad durante el régimen militar no se centraba en las adolescentes sino en las mujeres adultas y casadas, mientras que las menores de edad requerían autorización escrita de los padres o del marido para obtener anticonceptivos. Los métodos de control de la natalidad más ampliamente utilizados en el campo eran los dispositivos intrauterinos (diu) y la esterilización, esta última permitida solo después de que una mujer había dado a luz a un hijo y con la autorización de su esposo121. El incremento en el número tanto de embarazos en la adolescencia como de madres solteras, se produjo en momentos de una creciente toma de conciencia sobre los diferentes tipos de anticonceptivos existentes, y de una mayor autonomía de la mujer frente a los controles familiares. De manera paradójica, se consideraba que el aumento de los embarazos se debía a la disponibilidad de contraceptivos, los que supuestamente fomentaban la promiscuidad pero no así la protección, como también al hecho de que las adolescentes y solteras jóvenes tenían empleos asalariados, lo que al parecer las hacía más independientes y más orientadas hacia el consumo. Las plantas de embalaje de fruta se veían como lugares particularmente licenciosos, ya que en ellos las jóvenes estaban en estrecho contacto con supervisores masculinos y dependían de ellos. En las historias orales, mujeres mayores tanto como casadas se quejan de que en el embalaje había mucho “comportamiento desordenado”: las jóvenes coqueteaban con los patrones y obtenían favores o regalos a cambio de tener relaciones sexuales. A mediados de los 80, una mujer se lamentaba ante líderes sindicales católicos que mientras las mujeres mayores trabajaban para alimentar a sus hijos, las “niñas trabajan para los beneficios del momento, cosas de moda”122. Más precisaEn 1980, la aprofa estimaba que el 77 por ciento de todos los métodos de control de la natalidad eran diu, pero esta cifra no toma en cuenta la esterilización permanente. El estudio realizado por la Food and Agriculture Organization (fao) en 1985, indica que el 51 por ciento de las mujeres rurales que utilizaba anticonceptivos había sido esterilizado y que el 35 por ciento usaba diu. Estadísticas aprofa (Santiago: aprofa, 1993), 1. 122 “Informe Familia Campesina”, documento no publicado, Instituto Nacional de Pastoral Rural, 1984, 15. 121

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mente, cuando a Clotilde Zapia, casada y madre de dos hijos, le preguntaron por qué existía tanta preocupación sobre la moralidad de las adolescentes, su respuesta fue simple: “Las estudiantes nos quitan el trabajo”123. La industria de la fruta dio origen a conflictos generacionales entre mujeres adultas y muchachas, como también entre madres e hijos varones adolescentes. Dichos conflictos por lo general se centraban en cuestiones relativas al consumo y a la búsqueda de mayor autonomía por parte de los jóvenes. A pesar de que según los chismes, las muchachas deseaban artículos de moda o compañeros que gastaran dinero en ellas, la mayor parte de los trabajadores frutícolas adolescentes, ya fueran hombres o mujeres, destinaban sus ingresos a educación o a ayudar a su familia: costeaban la matrícula en colegios católicos, los uniformes y los útiles escolares, y adquirían artefactos eléctricos para su hogar. El hijo mayor de Antimán compró la máquina de lavar ropa de la familia en 1988, y el hijo y la hija de Fidelicia Trujilllo, una obrera de Llay-Llay, adquirieron el televisor de la casa en 1982124. Como lo dijo una chica de dieciséis años con el mismo orgullo de las mujeres casadas que trabajaban: “Con mi plata yo amarro la casa”125. Además, el salario de un hijo varón solía destinarse a inversiones hogareñas en lugar de cubrir el costo de necesidades diarias como la comida y el arriendo, que eran responsabilidad de padres o esposos. Sin embargo, los adolescentes y estudiantes de hecho gastaban algo de dinero en sí mismos: adquirían comida para picar, bebidas gaseosas y cigarrillos, además de pagar la entrada a una discoteca, piscina pública o cine (donde lo hubiera). Las muchachas compraban cosméticos y joyas de fantasía, mientras que los varones adolescentes solían gastar más en transporte y en ocio. Las chicas afirman que si bien algunas veces los muchachos las invitaban a una gaseosa o a una discoteca, cuando ellas trabaClotilde Zapia León, historia oral, San Esteban, 21 de junio, 1993. Fidelicia Trujillo, historia oral, Llay-Llay, 15 de mayo, 2003. 125 Browne, Garib, y Loyola, Tradición y modernidad en Chañaral Alto, 103. 123 124

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jaban generalmente se pagaban sus propios gastos e incluso les prestaban dinero a sus amigos. Un adolescente de Santa María que fue entrevistado en 1987 por Daniel Rodríguez y Silvia Venegas, afirmó que dividía su salario mensual de $ 48.000 (US$ 123) de la siguiente forma: un cuarto para gastos domésticos que le daba a su madre, la mitad para la escuela, y el último cuarto para sí mismo, ya fuera para ropa o entradas al cine. También le prestaba dinero a su padre para cigarrillos o alcohol, el cual casi nunca recobraba. Una muchacha informó gastos semejantes, entre ellos préstamos a su madre para cigarrillos y “vicios” (alcohol), pero expresó gran orgullo sobre una pequeña cómoda con espejo que había adquirido para sí misma126. Las prendas de vestir eran de especial importancia para los adolescentes. Los profesores de las escuelas de la pequeña ciudad de Monte Patria, cerca de Coquimbo, en la IV Región, se quejaron ante los investigadores provenientes de Santiago que los estudiantes que trabajaban en la fruta eran más conscientes de las marcas y tenían opiniones críticas sobre la moda. Con esto estaba de acuerdo un padre que había sido inquilino y en ese momento vivía con sus hijos adolescentes en la ciudad, quien además observó que el concepto de “necesidad” había cambiado: “Antes a uno lo andaban trayendo a pata pelá cuando estaba más chico. Ahora no, un cabro a pata pelá no le anda; tiene que andar bien vestido, si no, no le sale a la calle. Ha cambiado mucho la juventud de ahora”127. La capacidad de los adolescentes para comprarse cosas, contribuir al presupuesto familiar y hasta hacerles préstamos a sus padres para cigarrillos y alcohol, hacía que muchos de ellos consideraran que, a cambio, merecían más autonomía y más respeto por parte de sus padres. En las directas palabras de una joven que trabajaba en la uva en Monte Patria: “No pido tanto permiso para salir, aviso nomás que salgo. Mi mamá se enoja mucho, mi papá hace lo que ella 126 Rodríguez y Venegas, De praderas a parronales, 203-4; Falabella, “Los jóvenes ‘temporeros’ y la reestructuración económica”. 127 Browne, Garib, y Loyola, Tradición y modernidad, 72.

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le dice que haga. Con el trabajo me he puesto más independiente. Mi mamá dice que soy la oveja negra de la familia porque si ellos me dicen algo, yo no me puedo quedar callada”128. Además, era más probable que los adolescentes tuvieran aspiraciones que iban más allá del trabajo agrícola. Erika Ibacache, la mayor de nueve hijos de un antiguo inquilino, empezó empacando uva a los dieciséis años de edad en la planta de David del Curto en San Felipe, pero durante el año escolar estudió secretariado y esperaba encontrar trabajo en alguna empresa129. Aunque la mayoría de los padres apoyaba la movilidad social de sus hijos, también podía sentir cierta ambivalencia en cuanto a los esfuerzos que ellos hacían por ser diferentes. Según afirmó una madre: “La juventud dice: ‘¿Qué crees? ¿Que voy a agarrar un azadón cuando termine la escuela?’. Las niñas son todas unas coquetas. Ahora ni les ayudan a las mamás, llegan a la casa con uñas súper largas”130. Aun cuando los adolescentes exigían mayor independencia, continuaban viviendo con su familia y aunando recursos materiales con ella. Era posible que las muchachas se negaran a hacer labores domésticas (aunque cosechaban y limpiaban uva con las uñas largas), pero existían límites a la desobediencia. Casi ningún adolescente podía mantenerse por sí mismo, y las madres que sostenían a su familia con sus ingresos se sentían con derecho a insistir en que sus hijos tuvieran buen comportamiento. En 1992, Marta Galdámez, obrera frutícola de San Felipe, de cuarenta años, separada y madre de un muchacho adolescente, sostenía que porque ella mantenía a su familia, y además había amoblado la casa y comprado el televisor, ella era tanto madre como padre: “Como la mujer es capaz de llevar una casa, yo hice que mi niño me respete como hombre y mujer aquí en la casa”131. Browne, Garib, y Loyola, Tradición y modernidad, 58. Erika Ibacache, historia oral, Santa María, 14 de noviembre, 1992. 130 “Planteamientos hechos por la comisión de mujeres en la jornada de carta pastoral de Ovalle el día 3 de abril de 1984”, documento interno, Instituto de Pastoral Rural, 1984. 131 Marta Galdámez, historia oral, San Felipe, 22 de noviembre, 1992. 128 129

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Pero las mujeres adultas también se esforzaban por defender su propio trabajo y sus propias compras, haciéndolo en términos de sacrificio por la familia, aunque al fin y al cabo, ellas se compraban cosas para sí mismas, como una blusa, crema para las manos, un cuadro decorativo. Sin embargo, reconocer estos deseos personales con frecuencia podía resultar irritante y las mujeres luchaban por reprimirlos, incorporándolos al discurso sobre la lealtad a los hijos y a la familia. En 1993, Erika Muñoz, una madre soltera de treinta y tres años que había emigrado a Aconcagua desde Santiago en 1988, reflexiona sobre esta materia con especial agudeza: He hablado con muchas mujeres que dicen que les encanta trabajar porque: “Mire, yo estoy a cargo de mi sueldo y con eso atiendo mis propias necesidades. Por supuesto que me preocupo de la casa, pero tengo mis necesidades, así que con mi propia plata lo hago…” Los maridos no entienden. No le prestan atención a lo que necesita la casa… Pero no es que realmente las mujeres se vayan de paseo. Casi todas van a la casa de sus papás… o hay solteras que dicen, “mira, estoy ahorrando para la escuela, pero tengo plata para la piscina, el cine”. Pero esto es una cuestión de las puras niñas. Las mujeres maduras son responsables, tiene responsabilidades, tienen hijos, marido… Solo hablan de atender necesidades básicas, como aprovechar de comprar ropa de invierno, o comprarse un par de zapatos, una blusa, a lo mejor un cuadrito para la casa… Pero, ¿cuáles son sus necesidades? Una vez le pregunté a una mujer que me dijo: “Con mi plata hago lo que quiero, les compro zapatos a los niños, les pago la escuela, compro esto y lo otro para los niños”, o sea, estas son las necesidades de sus hijos, no sus necesidades personales, pero yo creo que ella se siente bien132.

Muñoz reconoce las necesidades propias de las mujeres de dos maneras: primero, retóricamente asume el papel de etnógrafa al dis132

Erika Muñoz, historia oral, Santa María, 26 de abril, 1993.

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cutir las entrevistas y conversaciones que ella ha tenido con mujeres que le hablaron de sus compras y que le expresaron orgullo por poder satisfacer sus propias necesidades; y, segundo, de modo simultáneo, alaba y critica la escena en que las necesidades propias de la mujer resultan ser idénticas a las de su familia. Ella reconoce que los útiles escolares y la ropa de los niños formaban parte de las necesidades de las mujeres y que hacer esas compras les producía satisfacción. Pero inmediatamente señala que estos artículos no son propios de las necesidades personales de una mujer. En las palabras de Muñoz se advierte un ansia implícita de que la mujer tenga más recursos y la libertad para poder ocuparse de sí misma, aun cuando ella contrasta la lealtad a la familia que tiene la mujer con la falta de interés del hombre. Muñoz llama la atención en cuanto a que no emite juicios sobre las muchachas con menos responsabilidades que tienen tiempo y dinero para ir a la piscina y al cine. Si bien las contrasta con mujeres maduras y responsables, no cuestiona su moralidad sexual. Más aún, se muestra ambivalente acerca de por qué las mujeres maduras se sienten responsables en primer lugar. Ellas dicen tener obligaciones hacia los hijos y la familia que les impiden ocuparse de sí mismas. El que las obreras frutícolas estuvieran dispuestas a cuestionar la lógica del sacrificio femenino, suscita la cuestión del derecho que tenía la mujer al placer orientado a ella misma y a la vida social fuera de la familia. Además, desafía la presunción de que la mujer le debe lealtad sexual al hombre en cualquier caso. En otra parte de su historia oral, Muñoz defiende una situación en la que una mujer podría tener una relación extramarital: “Sabe, puede haber un caso en que una mujer buena, que trabaja mucho, a lo mejor está obligada a buscar cariño en el packing porque su marido siempre la está engañando”133. Tal vez pensando en su propia situación, Muñoz sostiene que el trabajo de la mujer en la industria frutícola le da derecho a gozar de cierto respeto sexual por parte del marido, y cuando no es así, se justifica que ella busque otras relaciones. 133

Erika Muñoz, historia oral, Santa María, 26 de abril, 1993.

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Compañeras de consumo El placer con los hombres no era el único peligro que entrañaban las nuevas formas de consumo. La actitud defensiva de las mujeres en cuanto a gastar su salario en la familia también constituía una respuesta a la creciente ansiedad que se iba creando sobre la intimidad entre las mujeres. Las líneas de trabajo en las plantas de embalaje daban lugar a una cultura laboral netamente femenina, en la que las mujeres discutían los problemas que tenían en su hogar y compartían sándwiches y cigarrillos. Competían entre sí, pero al mismo tiempo dependían unas de otras para colocar la uva en las cajas con la mayor rapidez posible y así ganar más, ya que el pago era por caja. Las mujeres se reunían en diversos locales donde vendían sándwiches y en minimarkets destinados a la atención de obreras con dinero en el bolsillo durante la cosecha. Los domingos, las compañeras de trabajo se reunían en la plaza de la ciudad para echarle un vistazo a la mercadería que se vendía localmente y además frecuentaban los puestos de comida y bebida en los partidos de fútbol. En los bailes comunitarios y eventos musicales auspiciados por los bomberos o por clubes de rodeo, las mujeres compartían mesas y se pasaban botellas de cerveza o gaseosas de una a otra. En estas actividades participaban tanto mujeres con marido e hijos, como solteras y adolescentes, pero incluso las casadas tenían oportunidad de salir solas. Las respuestas de los hombres a la camaradería femenina a veces eran hostiles y sexualizadas134. Las mujeres que bailaban entre sí en los festivales locales eran ridiculizadas como machas y muy hombre135. En Santa María, el esposo de Sonia Gutiérrez le dijo que socializar con sus compañeras de trabajo hacía que ella “olvidara el deber de su sexo”136. Y el marido de Rita Galdámez le advirtió que no se acercara a las supervisoras porque le podían 134 María Tapia, historia oral, Santa María, 26 de octubre, 1992; María Elena Galdámez, historia oral, Santa María, 16 de abril, 2003. 135 Norma Cárdanes, historia oral, Santa María, 10 de marzo, 1993. 136 Sonia Gutiérrez, historia oral, Santa María, 14 de junio, 1993.

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pedir algún favor sexual137. A pesar de que los rumores sobre mujeres envueltas en aventuras amorosas con otras mujeres eran mucho menos frecuentes que las denuncias de infidelidad hacia un hombre, el mundo social femenino más abierto y compartido solo entre mujeres, claramente se percibía como una amenaza sexual. Los hombres calificaban la intimidad femenina como grosera, promiscua y carente de femineidad, en yuxtaposición con el supuesto deseo natural de la mujer de estar con su marido e hijos. La preocupación de los hombres sobre las cambiantes proclividades femeninas no dejaba de tener cierta base. Las compañeras de trabajo en realidad pasaban más tiempo entre ellas, y lo disfrutaban. En las historias orales, casi todas las mujeres concuerdan en que algunos de los aspectos más satisfactorios del trabajo en la fruta eran la amistad con otras mujeres y el apartarse de la rutina del hogar. Las obreras frutícolas participaban de una cultura subida de tono, dada por su propio lugar de trabajo, donde los chismes y las bromas de índole sexual eran una forma de criticar la realidad y de pasar el tiempo. Se referían a los supervisores y jefes con sobrenombres sexualmente burlones, como el dedito o el gorrito. Esta retórica por una parte reconoce el poder sexual que los administradores tenían sobre las mujeres, y por otra, lo niega. Las mujeres también hacían bromas diciendo que estaban pololeando (de novias) al referirse a las que trabajaban en la misma línea de embalaje. Algunas, bromeando amenazaban con irse a vivir juntas para abandonar a los maridos molestos138, pero otras detallan de manera más seria enamoramientos y salidas románticas con otras mujeres139. Las obreras, además, empleaban términos sexualizados para desafiar la autoridad de las supervisoras, a quienes con frecuencia tildaban de “lesbianas” a sus espaldas, o bien chismeaban que ellas Rita Galdámez, historia oral, Santa María, 20 de abril, 1993. Erika Muñoz, historia oral, Santa María, 26 de abril, 1993; Olga Gutiérrez, historia oral, Santa María, 6 de abril, 1993. 139 Notas de la autora, “El Primer Encuentro de la Mujer Temporera”, El Canelo de Nos, Santiago, 5-7 de junio, 1993. 137 138

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las habían tocado de manera inapropiada140. A pesar de que la palabra lesbiana se usaba como insulto, las referencias a relaciones sexuales entre mujeres mayormente connotaban una fascinación con el poder femenino. María Elena Galdámez, una obrera frutícola de treinta y cinco años que trabajaba en la planta de agro-frio en Santa María, cuenta que durante su primera cosecha de uva en 1987, recibió una propuesta de parte de su supervisora, “una lesbiana muy guapa”, y rápidamente añade que la rechazó porque “la única manera de salir adelante es trabajar junta con las otras”, no buscar favores sexuales141. Galdámez reitera una moraleja clásica sobre la solidaridad dentro de la clase obrera y la moralidad frente a la corrupción del empleador. Pero el énfasis que pone en lo atractiva que era la supervisora, así como en su propia decisión en el asunto, sugiere que no había razón para dar por sentada esta decisión o que el encuentro mismo no fue del todo desagradable. Sorprende que lo narrado por Galdámez sea idéntico a lo que regularmente cuentan otras mujeres sobre las formas en que rehusaban los avances de sus jefes, un paralelo que subraya cómo las jefas podían ejercer un tipo de autoridad sexual sobre sus subordinadas similar al de los hombres. Los actos de consumo moldeaban, de manera significativa, nuevas formas de intimidad entre compañeras de trabajo. Las que trabajaban en la misma línea solían regalarse caramelos, hebillas para el pelo, cigarrillos y barniz de uñas como muestras de amistad y de compromiso mutuo. Para las navidades organizaban regalos de amigas secretas, es decir, cada una hacía un regalo para otra. Los perfumes, champús, cremas para la cara, espejos de mano y monederos se contaban entre los regalos más populares. “Aunque había que tener cuidado de no ofender a nadie”, afirma Judith Carreño al recordar su trabajo en una planta de embalaje de Dole en la década de 1980. “No querías que alguien pensara que le regalaste colonia porque la encontrabas hedionda”142. María Elena Galdámez, historia oral, Santa María, 8 de abril, 1992. María Elena Galdámez, historia oral, Santa María, 8 de abril, 1992. 142 Judith Carreño, historia oral, Santa María, 19 de mayo, 2003. 140 141

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Las mujeres se celebraban los cumpleaños unas a otras, reuniendo dinero para comprar hot dogs, una torta y gaseosas para pequeñas fiestas que hacían dentro de la planta durante un recreo. Las festividades en el lugar de trabajo inevitablemente eran de corta duración: en la mayoría de las plantas se daba un recreo de quince minutos para comer algo rápido o media hora para la comida de la noche. Pero algunas veces las trabajadoras llegaban a un acuerdo con el empleador para que este les permitiera hacer una celebración rápida después del horario de trabajo, ya fuera a la medianoche o a las dos de la madrugada. La ventaja de esto, según Gloria Fuenzaldía, era que muchos maridos objetaban que sus esposas participaran en eventos sociales fuera del trabajo, especialmente si ellos no estaban invitados, así que estas fiestas solucionaban el problema. En las palabras de Fuenzaldía: Los hombres no tenían por qué saber. Nos decimos, oye mañana salimos temprano, ya, por qué no nos prestan el packing para hacer una convivencia y hacíamos la convivencia en la empresa. Comprábamos bebidas, licor no se podía entrar, pero no todas podíamos tomar [sí todas] podíamos compartir, se compraban bebidas, hacíamos completos entre nosotras, hacíamos [compras], poníamos a unas cuatro y entre nosotras hacíamos todas las cosas y nos servíamos todas, y cantábamos y jugábamos que al corre el anillo, que a la adivinanza, que tú decís un chiste y tú decís el otro. Eran nuestros espacios, y después como agarró que en David del Curto trabajábamos en la mañana en durazno, nos quedábamos a almorzar y en la tarde trabajábamos en la uva, en ese espacio hacíamos las convivencias143.

Los regalos de cosméticos y productos capilares que se hacían las mujeres definían la intimidad femenina de manera muy diferente de lo que había sido en los años 60 y antes, cuando los regalos 143

Gloria Fuenzaldía, historia oral, Santa María, 23 de mayo, 2003.

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solían tener por objeto atender las necesidades de supervivencia de las vecinas, y los vínculos de reciprocidad mediaban en los intercambios de pañales, ropa, alimentos y combustible entre las mujeres en los fundos y en los predios de los campesinos. Los regalos de las trabajadoras frutícolas eran adquiridos con sus propios ingresos y su fin era que otra mujer los disfrutara personalmente. Los regalos a veces estaban codificados en un lenguaje más propio de una cita heterosexual que de buena vecindad: a la mujer que invitaba a otra a beber una cerveza o una Coca-Cola en un puesto de comida, se la agradecía bromeando por ser un buen marido o un buen macho144. Estos intercambios destacan la forma en que las prácticas de consumo de las mujeres reivindicaban tipos de autoridad sexual que previamente eran solo masculinos: el poder de invitar a alguien y esperar lealtad y afecto a cambio. Las mujeres también se vendían cosas entre sí. Solamente las plantas muy grandes, como David del Curto y Dole, disponían de cafeterías formales donde se servían comidas preparadas, y a pesar de que los otros empleadores generalmente proveían sándwiches y café durante los recreos, la mayor parte de las trabajadoras se quejaba de que nunca había suficiente. Las mujeres les vendían empanadas, humitas y pan amasado a sus compañeras de trabajo durante los recreos, como también joyas fabricadas a mano y manteles hechos a crochet. Para mediados de la década de 1980, muchas mujeres vendían cosméticos y artículos para la cocina por catálogo. Los productos Avon y los de Cocina Linda, la versión chilena de Tupperware, gozaban de especial popularidad. Las vendedoras de Avon ganaban una comisión del diez por ciento y premios por ventas múltiples, pero corrían el riesgo de pedir productos que más tarde sus clientas no les pagaran. A pesar de que se suponía que el pago debía ser por adelantado, muchas mujeres accedían a cobrar solo después de que su compañera de trabajo hubiera visto el pro144 Olga Gutiérrez, historia oral, Santa María, 10 de abril, 1993; Erika Muñoz, historia oral, Santa María, 26 de abril, 1993.

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ducto o hubiera recibido su salario a fin de mes. En 1986, Fuenzaldía terminó con una deuda de más de $ 35.000 (US$ 100), casi un mes de sueldo, por pedidos de cremas faciales y corporales que nunca le pagaron145. Las trabajadoras frutícolas también vendían productos por catálogo en sus domicilios, organizando fiestas de Avon o de Cocina Linda, a las que algunas veces asistían agentes de las compañías que iban desde Santiago para supervisar el evento y llevaban materiales de muestra y comida para picar. La anfitriona que prestaba su casa para la reunión recibía puntos por cada participante. Cuando María Elena Galdámez hizo esto por primera vez en 1987 para Cocina Linda, logró que asistieran suficientes compañeras de trabajo de la planta de Río Blanco para ganar una ensaladera de plástico que había ambicionado por mucho tiempo. Con humor, recuerda que muchas mujeres fueron solamente por la comida, sin intenciones de comprar nada: “Pero igual me gané la ensaladera”146. Galdámez, además, les vendía ropa interior a sus compañeras de trabajo a través de otro catálogo y los domingos iba de puerta a puerta llevando muestras de calzones, sostenes y camisas de dormir147. Estas obreras interpretaban los deseos de las consumidoras y relacionaban las industrias internacionales con las posibles clientas. Asimismo, eran los conductos de la publicidad de las versiones chilenas de Avon y Tupperware, y el canal a través del cual las mujeres expresaban una forma de auto cuidado y de indulgencia lograda mediante un arduo esfuerzo. A veces, los catálogos se usaban para decorar las casas más que para vender productos. En las paredes de su sala, María Tapia puso fotos provenientes de un catálogo de Avon con modelos que mostraban joyas, y colocó avisos de lápices labiales en las paredes de su baño. Notablemente, los productos Avon de mayor venta entre las obreras frutícolas eran cremas para la cara y las manos, y barniz de uñas; es decir, productos destinados a Gloria Fuenzaldía, historia oral, Santa María, 23 de mayo, 2003. María Elena Galdámez, historia oral, Santa María, 8 de abril, 1992. 147 María Elena Galdámez, historia oral, Santa María, 16 de abril, 2003. 145 146

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aliviar precisamente las partes del cuerpo que más sufrían a causa de su trabajo. Sin embargo, el champú, el perfume y el talco también tenían gran popularidad. Las mujeres no siempre usaban los productos para los fines indicados por su publicidad. Cuando Leontina Cordero compró un jarro rojo y verde de plástico, lo mantuvo durante largo tiempo adentro de su envoltorio original encima de la mesa de la cocina como artículo decorativo en lugar de usarlo para verter líquido: “Era tan bonito que iluminaba toda la pieza. Yo no quería que perdiera el brillo lavándolo todo el tiempo”148. La vida social relacionada con el trabajo que hacían los hombres, era diferente de la de las mujeres, y se centraba en ir a bares, partidos de fútbol y rodeos, o en jugar ajedrez o juegos de azar en la plaza de la ciudad, fuera del horario de trabajo. Los varones también se compraban cosas unos a otros, especialmente alcohol y comida, pero rara vez se regalaban artículos de higiene personal o se hacían fiestas de cumpleaños, como tampoco se vendían cosas en su lugar de trabajo. Las transacciones financieras entre ellos solían consistir de casos aislados en que se adquiría una herramienta o un artefacto eléctrico. El comercio entre las mujeres, por el contrario, cimentaba compromisos económicos más regulares que con frecuencia eran de importancia para los aportes materiales de la mujer a su hogar. Gloria Fuenzaldía destinó el dinero ganado con la venta de empanadas a la compra de un refrigerador en 1989149, y Galdámez empleó el producto de sus ventas de artículos Avon en el anticipo para un sofá150. Y aunque las ventas por catálogo podían generar resentimiento cuando las compradoras no pagaban, su éxito en el fondo dependía de la intimidad y de la confianza existente entre las mujeres, que además fomentaba.

Leontina del Carmen Cordero Rubio, historia oral, Santa María, 24 de abril, 2003. Gloria Fuenzaldía, historia oral, Santa María, 23 de mayo, 2003. 150 María Elena Galdámez, historia oral, Santa María, 16 de abril, 2003. 148 149

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Consumo y autoritarismo Eloi Ibacache, el sexto hijo de un inquilino, vivió lo heroico de la reforma agraria de primera mano: fue el líder más joven elegido dentro del sindicato comunista de Santa María, el que se tomó uno de los mayores latifundios de Aconcagua. Posteriormente, pasó cinco años preso durante el régimen militar y fue torturado. Tras quedar en libertad, sus esfuerzos por encontrar un empleo permanente en los viñedos o plantaciones de frutales en San Felipe resultaron infructuosos, por lo que se resignó al trabajo de temporero en coexport, la firma perteneciente a Jorge Covarrubias. Lo bajo de su salario hizo que su esposa continuara trabajando en una planta de embalaje local. En 1988, cuando regresaba a su casa a pie tras un día especialmente arduo, Ibacache se encontró con una muchacha amiga de su hija mayor, quien también trabajaba en la fruta, con la que tuvo lo que después recordó como un exasperante intercambio de palabras: La joven me dijo que era gracias a Pinochet que tenía pega y que podía comprarse cosas que necesitaba. Le dije, mira, tú no estabas durante el gobierno [de Allende] cuando las jóvenes estudiaban, no tenían que trabajar por necesidad. Mis hermanas, mi madre, nunca tuvieron que trabajar ni un día, no tuvieron que trabajar ni un turno de noche. Le dije que antes había vacaciones para la juventud. Alcanzaba con el sueldo del jefe del hogar para toda la familia151.

La ira y la sensación de pérdida de Ibacache ofuscaron el hecho de que las mujeres ciertamente habían trabajado durante la reforma agraria, con y sin remuneración. Pero su reproche iba dirigido a refutar la idea de que el régimen militar había mejorado la vida de las mujeres. Desde el punto de vista de la muchacha, sin embargo, el tener empleo y poder comprarse cosas ella misma, en lugar de depender del salario de un padre o de un esposo, representaba algo positivo 151

Eloi Ibacache, historia oral, Santa María, 10 de noviembre, 1992.

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de por sí. No cabe duda de que otras mujeres compartían su opinión, ya que la expansión de la industria frutícola durante el régimen militar produjo cambios que fueron bienvenidos por muchas mujeres. Ellas se integraron más a las relaciones de mercado y deseaban y adquirían bienes que no habían estado disponibles para la generación anterior. Las nuevas prácticas del consumidor posicionaban a la mujer de tal forma que ella validaba el proyecto de modernización de los militares. Las mujeres ávidamente adquirían artefactos domésticos y valoraban el hecho de que ya no dependían de las relaciones políticas de los hombres con los sindicatos o con los asentamientos para poder acceder a bienes. Disfrutaban con las cremas faciales y los barnices de uñas, y eran entusiastas de programas de televisión diseñados específicamente para evitar las críticas a Pinochet. Sin embargo, dicho consumo formaba parte de unos cambios que estaban bastante reñidos con los objetivos que los militares tenían para Chile. Las mujeres reivindicaban los privilegios masculinos y desafiaban la autoridad del hombre en el hogar precisamente a través de sus remuneraciones y del control que ejercían sobre las adquisiciones, en un contexto donde las transacciones de mercado eran cada vez más importantes. Reivindicaban también el legado de la reforma agraria que equiparaba el trabajo duro con el derecho al respeto, a la justicia social, y al fruto del propio trabajo. El salario de las mujeres y el gasto de ellas como consumidoras hicieron más transparentes los vínculos entre el dinero y el sexo, envalentonando a algunas mujeres para desafiar de manera regular el abuso por parte del hombre o para buscar otras relaciones. Dentro del mundo femenino de las plantas de embalaje, los actos de consumo compartidos creaban solidaridades de intimidad y daban lugar a críticas compartidas de las libertades masculinas. El declive de la autoridad masculina en la familia y el aumento del poder negociador de la mujer eran contrarios a la visión de una sociedad bien ordenada que tenían los militares. Además, la industria frutícola no empoderó a las mujeres de una manera muy clara. A pesar de que algunas de ellas, como la adolescente a 186

quien enfrentó Ibacache, atribuían su empleo al régimen militar, muchas también consideraban que la industria frutícola era altamente explotadora y responsable de hacer que la vida fuera más difícil. Las mujeres se enorgullecían de sus compras y defendían su mayor autonomía con respecto al hombre, pero firmemente asociaban el trabajo en la fruta con nuevas manifestaciones de pobreza y de violencia familiar. Y si algunas formas del dominio masculino se debilitaron, otras se fortalecieron. Las plantas de embalaje involucraban nuevas formas de coerción sexual por parte los supervisores. Los hogares cuyos jefes de familia eran mujeres sufrían la mayor pobreza. El hecho de que los militares dependieran de la violencia para mantener el poder legitimaba el empleo de la fuerza por parte del hombre contra la mujer. Los salarios bajos y el desempleo tensionaban las relaciones maritales hasta el punto del quiebre. La erosión del patriarcado familiar no ocurrió a causa de las intenciones del régimen militar, sino a pesar de ellas. Si bien el cambio en las relaciones de género fue conformado por los modos en que las políticas económicas de Pinochet reestructuraron la sociedad rural, dicho cambio fue impulsado por las luchas dialécticas de hombres y mujeres por sobrevivir y por adaptarse a un neoliberalismo autoritario; nunca fue la meta perseguida por el régimen. Las discusiones que mantenían los obreros frutícolas sobre cuáles eran las relaciones justas o apropiadas entre un hombre y una mujer que recibían un salario y lo gastaban, eran problemáticas para un régimen autoritario. Las mujeres cuestionaban el patriarcado, que era la lógica central de la dictadura chilena, y se apoyaban en los principios de justicia social y democracia que había sustentado la reforma agraria, manteniéndolos vigentes. Esto no significaba que quienes trabajaban en la fruta, se tratara de hombres o mujeres, fueran automáticamente opositores del régimen militar. Pero la relación de los obreros con el consumo distaba de ser una de aceptación de las agendas del gobierno; por el contrario, el consumo estaba en el centro de la delicada renegociación del poder dentro de la familia que erosionaba las formas anteriores de dominio. 187

Capítulo III Vendiendo lo fresco: de uva en Estados Unidos

marketing

En 1983, la industria de la uva de mesa en California esperaba tener un año excepcional: a pesar de la persistente recesión, los estadounidenses habían redescubierto la uva y la estaban adquiriendo más que nunca. En 1972, el consumo anual de uva per cápita era poco menos de un kilo, pero diez años más tarde había llegado a poco más de dos kilos1. Según Bruce Obbick, presidente de la California Table Grape Commission [Comisión para la Uva de Mesa de California/la Comisión], este fuerte incremento se debía a intensas campañas publicitarias. A través de la década de 1970, la publicidad hecha por la Comisión se había centrado especialmente en la mujer con el eslogan “uva, el snack natural”2. Los comerciales de la televisión y los avisos a colores en los diarios recalcaban que la uva era una alternativa saludable y no procesada a la comida chatarra, perfecta para las madres muy ocupadas con familias que necesitaban algo rápido para picar entre comidas. Para 1983, Obbink anunciaba un presupuesto de marketing de US$ 5,3 millones destinado a expandir dicho mensaje a través de campañas estacionales. Para el verano se proyectaba un comercial diciendo “refréscate con uva”, que iba a mostrar a una mujer joven saliendo mojada de una piscina (ver Figura 1); para principios de otoño el foco iba a ser “regresa a la escuela con uva”, con imágenes de una mamá poniendo fruta en la colación de los niños o llevando ella misma un racimo al salir de la casa a un curso de capacitación profesional. Para noviembre, el tono iba a estar En1972, el consumo de uva per cápita en Estados Unidos era de 1,8 libras (0,816 kg) versus 8 libras (2.630 kg) en 1983. Estadísticas recopiladas por Market Research Corporation of America, citadas en el boletín mensual de Blue Anchor, The California Fruit Grower 61, Nº 4 (1984): 4. 2 The California Fruit Grower 61, Nº 4 (1984): 4. 1

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dado por las fiestas de fin de año con el eslogan “la uva siempre es de buen gusto”, con sofisticadas imágenes de vinos con frutas y quesos3.

Figura 1. Campaña de marketing, California Table Grape Commission, 1983. Fuente: Blue Anchor 60, Nº 4 (1983): 17B.

Al ser presionado, Obbink reconoció que además de la campaña publicitaria de la Comisión, hubo otros factores que incidieron en el auge de la uva. Los estadounidenses estaban más conscientes de la salud que diez años antes, y en general consumían una mayor cantidad de frutas y verduras; el regreso de la mujer a la fuerza laboral remunerada había hecho que las comidas rápidas y los snacks prácticos adquirieran especial relevancia y, todavía 3

The California Fruit Grower 60, Nº 4 (1983): 17.

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más importante, existía una mayor cantidad de variedades de uva durante todo el año gracias a las importaciones provenientes de Chile4. En sus declaraciones públicas, Obbink restaba peso a la importancia de Chile por deferencia a la labor de la Comisión, que se enfocaba exclusivamente en promover a los productores de California. Sin embargo, una minoría significativa de productores de uva californianos también eran importadores y distribuidores de fruta chilena: Pandol Brothers, Giumarra Vineyards, D’Arrigo Brothers, Sun World y Blue Anchor, entre otros. Estos embarcadores, según se les llama en el rubro, también actuaban como distribuidores de productores californianos más pequeños durante el verano y el otoño en Estados Unidos. Los embarcadores que trabajaban durante todo el año hacían hincapié en que las importaciones provenientes de Chile durante el invierno estadounidense se complementaban perfectamente bien con la industria vitícola californiana, que no producía entre diciembre y marzo. Las importaciones chilenas permitían que el comprador estadounidense adquiriera uva durante todo el año, con lo que esta dejó de ser una moda estacional y pasó a formar parte de la lista usual de compras semanales de los estadounidenses. Según afirmaban los embarcadores, la demanda durante todo el año tenía por consecuencia una mayor demanda de uva californiana durante el verano en Estados Unidos, lo que incentivaba a los supermercados a aumentar su stock de fruta5. Blue Anchor, embarcador con sede en Sacramento, sostenía que la venta de uva chilena había permitido que la sección de frutas y verduras de los supermercados obtuviera ganancias durante el trimestre de invierno por primera vez en la historia. Según llegó a decir un entusiasta: “Los supermercados creen que la fruta chilena es lo mejor que ha sucedido en la industria frutícola y hortícola desde que se introdujeron los ambientes controlados hace casi veinte años”6. The California Fruit Grower 61, Nº 4 (1984): 4. William Friedland, “The Global Fresh Fruit and Vegetable System”; Friedland, “The New Globalization: The Case of Fresh Produce”. 6 Blue Anchor 57, Nº 1 (1980): 17. 4 5

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De hecho, Chile estaba exportando más uva a Estados Unidos y promoviendo activamente su imagen como competidor internacional. La industria frutícola chilena aún no se recuperaba de la crisis de la banca de 1981, pero las exportaciones de uva habían aumentado durante la recesión y mostraban una marcada alza en comparación con diez años antes. En 1975, Chile exportó 84.000 toneladas métricas de fruta fresca, pero en 1984, las exportaciones llegaron a 447.000 toneladas métricas7. Para 1987, el 80 por ciento de toda la uva chilena se destinaba a Estados Unidos, constituyendo el 84 por ciento del total de las importaciones de uva de este país8. A principios de la década de 1980, México también le vendía uva a Estados Unidos, donde además ocasionalmente se recibían cargas provenientes de Sudáfrica, Australia y Nueva Zelanda, los otros países que abastecían a Europa y Asia durante el invierno en el hemisferio norte. Sin embargo, ningún país contribuía tanto como Chile al abastecimiento de uva durante todo el año en Estados Unidos9. Los chilenos podían atribuir el auge de la uva tanto a las reformas económicas de Augusto Pinochet como a la labor que ellos habían realizado desde antes en materia de cultivo frutícola, pero, además, era el resultado del activo marketing internacional de su fruta realizado por Chile. Dentro de Estados Unidos, los chilenos se habían unido a los californianos para promover la uva como un alimento fresco, de beneficio para una vida saludable. Además, los exportadores de fruta chilenos hacían lobby a los supermercados y embarcadores con el mensaje de que la uva chilena era producida Las exportaciones de uva de mesa chilena aumentaron de 25.000 toneladas métricas en 1975 a más de 178.000 toneladas métricas en 1984. cepal, La cadena de distribución y la competitividad de las exportaciones latinoamericanas, 62. 8 cepal, La cadena de distribución y la competitividad de las exportaciones latinoamericanas, 65. 9 En 1987, Estados Unidos importó un total de 207.097 toneladas métricas de uva, de las cuales 174.668 (el 84 por ciento) provinieron de Chile. El número de toneladas métricas exportadas a Estados Unidos por otros países fue considerablemente menor: México, 23.000; Canadá, 7.000; Sudáfrica, 288; Argentina, 215; Japón, 207; Italia, 156; Nueva Zelanda, 119; Groenlandia, 103; y Francia, 64. cepal, La cadena de distribución y la competitividad de las exportaciones latinoamericanas, 65. 7

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por agrónomos profesionales y, por lo tanto, era aséptica, segura y digna del consumidor estadounidense. Asimismo, se habían unido a grupos de lobby de la agroindustria, como la United Fruit and Vegetable Association [Asociación Unida de Fruta y Verdura] y la Produce Marketing Association [Asociación para el marketing de Frutas y Verduras] (pma, por su sigla en inglés), y hacían una intensa publicidad en las revistas de la industria y en los impresos de los supermercados. También se dirigían directamente al consumidor estadounidense a través de la radio, la prensa y la televisión, con publicidad en la que se vinculaba la bondad esencial de la uva con temas de pureza y rayos de sol, prestándole atención especial a la consumidora con el mensaje de que la uva era un alimento liviano y rápido, perfecto para las familias activas y los profesionales conscientes de su físico. Los chilenos comercializaban su uva empleando considerablemente menos recursos que sus homólogos californianos, y así aprovechaban bien las campañas publicitarias de la California Table Grape Commission. Además, formaban cruciales alianzas con embarcadores y productores californianos, siendo a la vez el blanco de sus inversiones. Pero los chilenos no se limitaban simplemente a imitar o a sacar provecho del marketing hecho por los estadounidenses, sino que empleaban una estrategia enfocada en los desafíos que eran propios de Chile. Respondían a las acusaciones de que las frutas y las verduras de América Latina eran inferiores, y calmaban los temores de los californianos en cuanto a que, pese a que las estaciones de cosecha eran opuestas, la competitividad de la uva chilena representaba una amenaza. Pinochet, al comienzo, también constituía un problema para el marketing chileno: ¿estarían los estadounidenses dispuestos a consumir un producto proveniente de un país al cual conocían principalmente por sus violaciones a los derechos humanos? Y, ¿estarían dispuestos a gastar más, ya que la fruta importada era más cara que la nacional? Productores y exportadores chilenos lucharon por convencer a los estadounidenses de que su uva valía la pena. Como argumento 195

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principal sostenían que ella era tan sana y fresca como la californiana, siendo virtualmente imposible distinguir una de otra. Lo aducido sobre la igualdad operaba a distintos niveles. En el primero, los chilenos comercializaban su uva dentro de la industria frutícola y hortícola de Estados Unidos a través de productores de fruta, mayoristas, distribuidores y supermercados. Afirmaban que su uva era higiénica y moderna, producida mediante el empleo de tecnología de punta y de prácticas reconocidas en la agroindustria, muchas de ellas desarrolladas en California. Es decir, la ciencia y las técnicas comerciales hacían que la uva chilena fuera aséptica y equivalente a la de California en su pureza. En el segundo nivel, el marketing de los chilenos iba dirigido al consumidor estadounidense. Inicialmente, el plan fue hacer pasar la uva chilena como un producto genérico en los supermercados, aprovechando el hecho de que la mayor parte de los estadounidenses cree que en California se produce fruta durante todo el año. En la publicidad chilena hecha entre fines de los años 70 y principios de los 80, raramente se presenta a la uva como algo exótico y en general apenas se le presta atención a su origen. Esto permitía que los chilenos se acoplaran a la campaña del “snack natural” de la California Table Grape Commission, aunque ellos ponían más énfasis en la tecnología moderna que en la Madre Naturaleza como fuente de la bondad. También hicieron grandes esfuerzos por destacar su fruta como superior a la proveniente de otros países de América Latina y del tercer mundo, insistiendo en que los conocimientos técnicos empleados en Chile, así como su cultura, eran similares a los de los productores anglo-californianos y a los de sus ancestros europeos. Esta lógica operaba de manera que simbólicamente la uva chilena se asociara con la raza blanca al ser un producto que no provenía del tercer mundo. El aumento en el consumo de uva que se produjo a partir de 1970 formó parte de una tendencia más amplia, la que incorporaba una mayor cantidad de fruta fresca y de verdura a la alimentación. Reflejaba las inquietudes de la década de 1960 con respecto a la salud y a la alimentación, las que originalmente habían sido plan196

teadas por ambientalistas y por la contracultura del momento, pero que habían ido pasando a formar parte de la corriente tradicional durante los años 70. Además, señalaba un cambio en las relaciones de género. Para 1984, el 54 por ciento de las familias estadounidenses con hijos residentes en el hogar estaba constituido por un matrimonio en que ambos cónyuges trabajaban, lo que aumentaba el ingreso familiar y permitía no solo mayores gastos en alimentación sino también la compra de una variedad más amplia de productos10. El regreso de la mujer al mundo laboral profesional y de oficina le dio ímpetu al énfasis que ponían las feministas en la independencia sexual y económica femenina. Si bien todas las industrias alimentarias desde hacía mucho tiempo que consideraban a la mujer como la compradora principal en los supermercados, para fines de 1970 la industria tomó conciencia de que no todas las mujeres eran amas de casa y que tampoco todas se sentían motivadas por mensajes relacionados con la maternidad. Las investigaciones de mercado señalaban que la inquietud principal de la mujer era la salud. Y así se proclamó que los cambios experimentados por la “mujer de hoy” eran el motor que indujo a que el consumo de fruta fresca y verdura aumentara el 20 por ciento entre 1970 y 199411. La tendencia a dicho aumento fue liderada por la uva, la que entre 1973 y 1987 saltó del puesto décimo al cuarto en términos de preferencia entre los estadounidenses, quedando detrás de las manzanas, los plátanos y las naranjas. El aumento proporcional fue mayor que el de cualquier otra fruta12, éxito que se debió al marketing de la agroindustria. Ciertamente que los debates sobre la dieta y la salud, junto con el cambio en la imagen de la mujer y de la familia, tuvieron incidencia, pero estas ideas se desarrollaron dentro del marketing de la industria, más que en oposición a este o al margen del mismo. El mensaje de que comer más fruta fresca y verdura era Business Week, November 21, 1983, 98. Alston et al., The California Table Grape Commission’s Promotion Program, 14. 12 American Demographics, May 1987, 20; The California Fruit Grower 61, Nº 4 (1984): 3; Los Angeles Times, February 19, 1985, 1a. 10 11

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bueno para la salud se transmitió más directamente a los consumidores a través de la publicidad realizada en la televisión, la radio, la prensa y los supermercados con el auspicio de la industria frutícola y hortícola, y en especial, de los productores de uva. La campaña del “snack saludable” de la California Table Grape Commission La California Table Grape Commission fue creada en 1968 por el congreso del Estado bajo el amparo de la California Marketing Act [Ley de marketing de California] de 1937, que autorizaba el desarrollo de estándares de producción y de comercialización de productos agrícolas que el gobierno obligaría a cumplir. Hacía décadas que se buscaba establecer un organismo para la uva a nivel estadual, pero el impulso final se produjo a fines de los años 60 en respuesta a los boicots de la uva realizados por el sindicato United Farm Workers (ufw) [Obreros Agrícolas Unidos], el que urgía a los consumidores a dejar de adquirir uva californiana hasta que los productores negociaran salarios y condiciones de trabajo con los obreros. César Chávez, el líder del movimiento, formulaba sus demandas en términos de derechos civiles, implícitamente acusando a la industria vitícola de racismo contra una fuerza laboral compuesta en su mayoría por obreros de origen mexicano. En público, los productores negaban que los boicots hubieran tenido efecto, pero en privado se mostraban preocupados de que la uva estuviera adquiriendo mala fama. Con la creación de la California Table Grape Commission, los legisladores del Estado le dieron amplios poderes a la industria de la uva para que defendiera sus intereses. El organismo pasó a ser el primero de índole agrícola que exigía la participación a nivel estadual de todos los productores de un bien determinado. Así, todos los productores de uva de California se comprometieron a fijar estándares de producción y a pagar un impuesto sobre cada caja de uva, con cuya recaudación se financiarían las campañas nacionales 198

de marketing13. La Comisión entró en funciones en 1969 con un presupuesto inferior a US$ 400.000, pero para 1990 disponía de US$ 9 millones al año14. Su gasto más cuantioso era la publicidad en radio y televisión durante los meses más importantes para la venta de la uva, es decir, el verano y el otoño en Estados Unidos15. La Comisión hacía lobby en los supermercados, donde colocaba vistosos folletos, afiches y otro material publicitario, distribuía recetas a revistas femeninas y a diarios locales, y luchaba por lograr que la uva se incorporara a los programas de almuerzos escolares y a la creciente industria de restoranes. La promoción de productos frutícolas y hortícolas provenientes de California en realidad no constituía una novedad. La industria cítrica de este Estado había liderado la comercialización masiva de fruta a fines del siglo XIX, y también empleado la estrategia de ligar la salud con la naturaleza. La cooperativa Sunkist construyó un imperio frutícola vendiendo imágenes de mujeres jóvenes que ofrecían cestas de relucientes naranjas provenientes del “Estado Dorado” [California]16. Los productores de uva también habían buscado posicionarse en mercados masivos con anterioridad, ayudando a crear, en 1901, el California Fruit Exchange [Intercambio Frutícola de California], que comercializaba mediante mensajes basados en las campañas de marketing de los cítricos. Pero para fines de la década de 1960, una sensación de especial urgencia permeaba los sectores frutícola y hortícola. A medida que los estadounidenses aumentaban su consumo de productos enlatados y congelados, se sentía que el comercio de los productos frescos se había quedado dormido y así había sido superado por la mayor experiencia Cuando la California Table Grape Commission entró en funciones en 1968, impuso un impuesto de 1,5 centavos por caja de uva. En 1982, el impuesto era de 9,5 centavos. The Packer, August 14, 1982, 17c. 14 Bruce Obbink, “An Overview of the California Table Grape Industry: Past, Present, and Future”, 49th Annual Meeting of the American Society of Enology and Viticulture, Sacramento, California, June 24, 1998, 5; The Packer, February 3, 1990, 10a. 15 The Packer, July 18, 1970, 14a; The Packer, July 19, 1975, 7a; and The Packer, July 11, 1987, 8c. 16 Sackman, Orange Empire, 14-35. 13

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práctica que tenían las firmas de alimentos procesados. En 1970, la pma, una organización nacional de productores y distribuidores frutícolas y hortícolas, se lamentaba de que en ese momento la población de Estados Unidos pensara que cocinar porotos congelados o abrir una lata de fruta picada era más conveniente que pelar un plátano o cocinar porotos frescos y, todavía peor, pensara que los productos congelados o enlatados eran mejor para su salud. En su informe anual, la pma fustiga a sus miembros por no haber educado a la población sobre lo que ella debería desear y por haber olvidado que “en esta gran nación nuestra, las empresas crean la demanda y se la venden al consumidor”17. La California Table Grape Commission tomó esta crítica muy a pecho y en 1970 lanzó una campaña publicitaria a nivel nacional con el eslogan “¡adelante con uva!” y durante los dos próximos años empleó mensajes humorísticos con juegos de palabras que contenían el vocablo “uva” en relación a distintos momentos de la historia mundial18. Finalmente en 1973, la Comisión optó por el eslogan “uva, el snack natural”19. El primer estudio sobre tendencias del consumidor que había realizado dicho organismo en 1972, mostraba que el 78 por ciento de la uva se consumía entre comidas20, de modo que el eslogan combinaba el uso primario del producto, snacks o alimento para picar, con el esfuerzo que realizaba la industria por ligar el concepto de fresco con la naturaleza y la salud, para diferenciarse de los alimentos procesados21. “Uva, el snack natural” anunciaba que la Comisión estaba dispuesta a competir con las papas fritas y las galletas dulces. Los primeros materiales publicitarios que la California Table Grape Commission distribuyó en supermercados, así como sus primeros comerciales en la televisión, iban dirigidos a las amas de Produce Marketing Yearbook, December 1970, 24. The Packer, September 9, 1972, 3c. 19 The Packer, February 3, 1973, 19b; The Packer, July 26, 1975, 7a. 20 The Packer, December 27, 1975, 14. 21 The Packer, July 11, 1987, 23c; The Packer, August 8, 1970, 8b. 17 18

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casa y mostraban imágenes de madres sonrientes distribuyéndoles apetecedores racimos de uva a niños felices22. La campaña de la “uva, el snack natural” hacía hincapié tanto en lo conveniente de esta fruta como en su proximidad a la naturaleza23. La Comisión utilizó el mensaje que empleaban las industrias de alimentos enlatados y congelados en cuanto a que sus productos eran saludables para las familias porque eran modernos, y apropiados para las amas de casa experimentadas porque eran rápidos y fáciles de usar. Al mismo tiempo, la Comisión enfrentaba un creciente escepticismo por parte del consumidor relacionado con la contaminación de los alimentos y con los aditivos dañinos, y así ofrecía la uva como una alternativa natural a los snacks fabricados con tinturas y conservantes. Un comercial de televisión de 1975 contiene una mofa al sabor a uva artificial, mostrando a un sorprendido niño que examina un chicle mientras el narrador exhorta: “Si quieres el verdadero sabor, ¿por qué no comes uva? La uva es un snack natural”24. “Uva, el snack natural” continuó siendo el eslogan principal de la Comisión hasta adentrada la década de 1990 (ver Figura 3.2), pero su significado fue cambiando. Su foco en la mujer permaneció constante; el cambio se produjo en lo que se afirmaba que la mujer deseaba. Para 1980, estando consciente de que más de la mitad de las mujeres estadounidenses laboraban fuera del hogar, la California Table Grape Commission se enfocaba explícitamente en las profesionales, habiéndose comprometido a “centrarse en las mujeres no como amas de casa, sino como personas adultas”25. Puesto que los comerciales televisivos se mostraban en veintisiete mercados metropolitanos diferentes, la Comisión reorientó el 70 En 1975, la California Table Grape Commission gastó US$ 600.000 en comerciales para la televisión. The Packer, July 19, 1975, 7a. 23 Produce Marketing Yearbook, December 1975, 74; Supermarket News, July 19, 1976, 5. 24 The Packer, July 19, 1975, 7a; “Unartificial Snack”, California Table Grape Commission, comercial de treinta segundos para las redes televisivas nbc y cbs, 1983; diapositivas de la autora, cortesía de Bruce Obbink y de la California Table Grape Commission. 25 Blue Anchor 57, Nº 5 (1980): 11. 22

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por ciento de su presupuesto para publicidad en televisión, alejándolo de las telenovelas diurnas para dedicarlo a noticiarios matutinos y programas de horario estelar26. La discusión sobre la forma de llegar a la “mujer de hoy” fue animada. La pma amonestó a los mayoristas y a las cadenas de supermercados para que dejaran de pensar “que la típica compradora de alimentos es una mujer de 25 años, con dos niños, que no sabe ni preparar café, y cuyo cerebro hace juego con su minifalda. Con el aumento en la tasa de divorcios y la cantidad de mujeres que forman parte de la fuerza laboral, la mujer de hoy tiene una educación superior a la de su madre, a la de su abuela y a la de su bisabuela”27. Las revistas de la industria de los supermercados urgían la expansión de la sección de delicatessen y del bufet de ensaladas, donde se ofrecían comidas listas para llevar a las mujeres que estaban demasiado ocupadas como para cocinar28. Un comercial de TV Guide que apareció en Supermarket News en 1980, les prometía a todas las industrias alimentarias acceso directo a las “mujeres más sabias y responsables, quienes se ganan el pan en lugar de hornearlo”29. Un tema similar se advierte en un comercial de la revista Cosmopolitan, en el que una bella joven con un profundo escote se jacta de que podía gastar el 50 por ciento más porque trabajaba: “Compro tanta comida rápida como para deleitar por completo a [la marca] Jolly Green Giant”30. Incluso la revista Good Housekeeping, que continuaba apelando a las mujeres como esposas y madres, insistía en que los supermercados debían comprender que la Mujer de Hoy “no es la chica igual a la chica que se casó con nuestro Buen Papá”31.

The Packer, August 2 1980, 4a; The Packer, August 9, 1980, 28d. Produce Marketing Yearbook, December 1971, 36. 28 Supermarket News, December 8, 1980, 3. 29 Supermarket News, November 17, 1980, 7. 30 Supermarket News, April 4, 1980, 19. 31 Supermarket News, September 13, 1976, 7. 26 27

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Figura 2. Campaña de marketing, “Grapes, the natural snack” (Uva, el snack natural), 1982. Fuente: Produce Marketing Almanac, 1982, 20.

A la compradora le interesaba tanto la salud como la conveniencia, si bien sus ideas sobre lo que constituía una alimentación sana estaban pasando por un proceso de transformación. Desde hacía mucho tiempo que a la mujer se la alentaba a encargarse de la nutrición familiar. A principios del siglo XX, los debates sobre la salud y la alimentación se enfocaban en el concepto de vitaminas y minerales apropiados. Las marcas Quaker Oats y Kellogg les garantizaban a las amas de casa que sus cereales para el desayuno estaban elaborados científicamente y así entregaban el máximo de salud por bocado. En los años 30, las marcas Birds Eye y Green Giant aducían que las verduras enlatadas, así como las ultra congeladas, eran la opción más saludable porque venían empacadas en porciones de tamaño estándar y su contenido de nutrientes había quedado sellado en el momento mismo de la cosecha32. El argumento con el que 32

Levenstein, Paradox of Plenty; Revolution at the Table; y Levenstein, Paradox of Plenty.

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contestaba la industria de los productos frutícolas y hortícolas frescos en los años 70, era que la salud provenía de la Naturaleza, con la menor intervención industrial posible. En 1978, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (usda, por su sigla en inglés) emitió por primera vez en la historia su guía nacional de alimentación, en la que urgía a los estadounidenses a consumir considerablemente menos grasa, azúcar y sal, y más cereales, fruta fresca y verdura. Estas recomendaciones se basaban en las pautas entregadas por la U.S. Senate Select Committee on Nutrition and Human Needs [Comisión Especial del Senado de Estados Unidos para la Nutrición y las Necesidades Humanas], creada en 1968 y presidida por el demócrata George McGovern33, la que había puesto de manifiesto los vínculos existentes entre el colesterol y las enfermedades cardíacas, así como entre los aditivos químicos y el cáncer. Las recomendaciones del usda resultantes, reflejaban a la vez los síntomas y las causas de los cambios en las ideas sobre la alimentación. Si bien la década de 1960 vio el apogeo de los alimentos enlatados y procesados, estos también tuvieron numerosos detractores. En 1962, el socialista Michael Harrington expuso el hambre y la desnutrición existentes en Estados Unidos en su libro The Other America [El otro Estados Unidos], el cual contribuyó a que se crearan los programas estatales de productos alimentarios de la Great Society [Gran Sociedad]34. Los movimientos estudiantiles de la Nueva Izquierda criticaban los alimentos plásticos del mundo empresarial de Estados Unidos; los hippies urgían “comer integral”, como arroz y pan, y regresar a la tierra. En su popular libro Diet for a Small Planet [Alimentación para un planeta pequeño], Francis Lappe sostenía que una dieta vegetariana podía ayudar a resolver el problema del hambre a nivel global y a poner fin al imperialismo35. En la década de 1970, estas críticas pasaron a ser la norma. Quaker Oats comenzó a vender granola etiquetada como “100% Natural”; Belasco, Appetite for Change, 149-50. Harrington, The Other America. 35 Lappé, Diet for a Small Planet. 33 34

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Ralph Nader, el activista de los derechos del consumidor, denunció prácticas antihigiénicas en la industria de la carne estadounidense, y hasta el tradicionalmente conservador American Medical Association [Colegio Médico de Estados Unidos] demostró preocupación pública porque las dietas ricas en grasas permitidas por el procesamiento industrial causaban ataques al corazón. Las recomendaciones sobre la alimentación emitidas por el usda complacieron de gran manera a la California Table Grape Commission, la que inmediatamente desarrolló temas que equiparaban la salud y la nutrición con la dieta baja en grasas y calorías pero rica en vitaminas que proporcionaba la fruta fresca en forma natural, y combinó estos temas con imágenes de una mujer de mayor independencia sexual. En los comerciales para radio y televisión que emitió en la década de 1980, dejó de lado las escenas de amas de casa felices, reemplazándolas por parejas que juguetean en un picnic en el campo, sin rastros de niños. Su más importante comercial para la TV en 1983 muestra a un hombre y a una mujer que después de que cada uno come una uva, se ven transportados desde su caluroso departamento en medio de la ciudad a un muelle en un tranquilo lago. A medida que continúan alimentándose uno a otro con uva, el hombre se pone tan contento que se cae del muelle y salpica mucha agua, mientras un anunciador les asegura a los televidentes que la uva, además de ser refrescante, es baja en calorías y sodio36. Un comercial de1987 muestra una farsa del Jardín del Edén: Eva aleja a Adán de la comida chatarra, pero no logra hacer que él se coma una manzana37: adán: Eva, ¿hay algo para picar por aquí? Como una galletita dulce o salada, algún caramelo, ¿algo así? [Se oye música suave durante toda la escena].

Blue Anchor 57, Nº 5 (1980): 11; “Commercials: California Table Grape Commission”, Scroggin & Fischer Advertising Agency, 1982, University of California, Los Angeles, T.V. and Film Archive. 37 The California Fruit Grower 64, Nº 3 (1987): 13. 36

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eva: Oh, Adán, prueba esto... [Mece un racimo de uvas frente a su cara]. adán: Ummmm. ¿Cómo se llama? eva: Uva. Un snack natural. Es baja en sodio y calorías. adán: Jugosa y cada una es justo un bocado. ¿Te queda más? eva: Sí, claro. Pero esto es tentador.... [Se escucha un mordisco dado a una manzana crujiente y luego el sonido de truenos y relámpagos]. eva: Pruébala. [Aumenta el sonido de truenos y relámpagos; grazna un loro]. adán: Eva, prefiero quedarme con la uva. [Se escucha música de arpa a medida que un logo formado por un racimo de uva va desapareciendo, uva por uva. La imagen final es el texto “Auspiciado por la California Table Grape Commission”]38.

Esta entidad también produjo versiones más largas de sus comerciales con temas románticos, conocidas como tiras de “cine publicitario”, que se exhibían con anterioridad a las películas de fondo. En uno de dichos comerciales, de 1980, aparece una pareja tendida en un campo de flores, con la mujer reclinada sobre el hombre, al que le va poniendo uva en la boca, con un subtítulo destellante que dice “Uva. El snack natural y mucho más” (ver Figura 3)39. Fuera de la evidente alusión al sexo, la promesa de dar “mucho más” se refiere a la uva como nutritiva y liviana, además de ser un regalo de la naturaleza. El foco no es la familia, sino una pareja emancipada. La uva promete liberar a la mujer de la cocina y de los niños para que ella pueda buscar placer con un hombre que aprecia los ardides femeninos40. Este marketing iba dirigido tanto a personas solteras y parejas sin niños, como también a matrimonios. Según el censo de 1980, la mitad de los hogares estadounidenses estaba compuesto por una o dos personas, y en menos de un tercio de ellos residían The Packer, July 11, 1987, 8c. Blue Anchor 57, Nº 5 (1980): 11; Supermarket News, October 20, 1980, 45. 40 Blue Anchor 56, Nº 3 (July 1979): 37. 38 39

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niños41. El porcentaje de mujeres divorciadas había aumentado a su mayor tasa, el 50 por ciento, más del doble que en 196042.

Figura 3. Anuncio de televisión, California Table Grape Commission, 1982. Fuente: copia de la autora, agradecimientos a Bruce Obbink.

La California Table Grape Commission también abordó el cambio que se estaba produciendo en el rol del hombre. Para la década de1980, todas las industrias alimentarias habían descubierto Business Week, November 21, 1983, 98. U.S. Census Bureau, Statistical Abstracts of the U.S.: 2003, 72, table 83, http://www.census. gov/prod/2004pubs/03statab/vitstat.pdf. 41 42

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al comprador masculino y al gourmet del fin de semana. Había un mayor número de hombres viviendo solos que en la generación anterior, al mismo tiempo que en las parejas heterosexuales y en las familias los hombres desarrollaban más actividades en el hogar mientras las mujeres trabajaban. El debate sobre la igualdad de los sexos había llegado a incorporar la división del trabajo dentro de la familia. Un comercial para la televisión de1984 auspiciado por la Comisión contiene una burla de la ingenuidad masculina en temas domésticos y al mismo tiempo afirma que al hombre no le queda sino asumir más responsabilidad en la alimentación de su familia. El popular actor Richard Paul, de la comedia Carter Country de la cadena ABC, hace el papel del bufonesco ceo de la “Dear Old Mom Snack Food, Co.” [Fábrica de Snacks Mamacita Querida] quien regaña a la junta de la empresa por no haber encontrado “un snack perfecto que fabricar” mientras distraídamente se consume todo el bol de uva que está en la mesa de la sala de reuniones. El humor da a entender que la “mamacita querida” ha desaparecido para siempre y reitera que los alimentos más nutritivos no son los fabricados sino los naturales43. En otros comerciales, enfocados en promover la uva para el Día de Acción de Gracias y la Navidad, se muestran sentimentales imágenes de un padre y una hija adornando un pavo con uva y también comiendo uva frente al fogón de una chimenea. Esta visión romántica de la familia moderniza la domesticidad, destaca el papel amoroso del padre y celebra la preparación de la comida como una actividad que se puede desarrollar sin la madre aunque sea solo en parte.

43

The California Fruit Grower 61, Nº 4 (1984): 22.

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Figura 4. Campaña de marketing, “Grapes, the natural snack”, Día de Acción de Gracias, 1980. Fuente: The Packer, 11 octubre, 1980, 3.

Figura 5. Campaña de marketing hacia mujeres profesionales, “Grapes, the natural snack”, 1983. Fuente: California Fruit Grower 61, Nº 4 (1983): 21C.

Los comerciales sobre el esposo cooperador en realidad no iban dirigidos al hombre sino más bien a la mujer, ya que entrañaban tanto la necesidad como el deseo femenino de una mayor colaboración del varón en la casa. El comercial de la Dear Old Mom Snack Food, Co. se emitía en horario diurno en 1984, justo después de la popular teleserie The Edge of Night [Al filo de la noche], pero además aparecía en formato impreso en las revistas femeninas Good Housekeeping y Redbook44. A pesar de que el comercial también salía al aire durante el horario estelar del noticiero vespertino de la red CBS, Evening News, y durante el programa de noticias y variedades matutino The Today Show de NBC, el horario iba enfocado a la mujer de trabajo45. Y aun cuando 44 45

The California Fruit Grower 61, Nº 4 (1984): 22. The California Fruit Grower 61, Nº 4 (1984): 22.

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un número más alto de hombres hacía las compras y cocinaba durante el fin de semana, el rol de la mujer como compradora principal, así como de responsable de casi todas las decisiones con respecto al menú familiar, permanecía sin variaciones. Los cálculos sobre la cantidad de hombres que hacían las compras eran muy diversos, y aunque los estudios de mayor peso indicaban que el número era más alto que anteriormente, menos del diez por ciento asumía la responsabilidad principal en dicha actividad46. En todo caso, una vez en el supermercado, era más probable que la compra de fruta la hiciera la mujer que el hombre47. Durante toda la década de 1980, la California Table Grape Commission continuó considerando a la mujer como su foco principal, tanto así que en una encuesta de consumidores de uva que realizó en 1986 ni siquiera incluyó varones porque daba por supuesto que las mujeres eran quienes decidían lo que los hombres adquirían y comían48. El comprador de uva promedio era una mujer casada, con estudios superiores, de entre veinticuatro y cuarenta y cuatro años de edad, con un ingreso familiar de US$ 30.000 o más, que trabajaba a tiempo parcial o completo49. Según observa Obbink, dicha mujer formaba parte “de la generación nacida con posterioridad a la guerra, que tiene aspiraciones y un estilo de vida que la hace tender hacia lo natural”. Ella respondía de manera positiva a los mensajes que decían que la fruta fresca y las verduras eran 46 “The Working Woman Is Here to Stay”, Bureau of Advertising, New York, April, 1972, 103, J. Walter Thompson Archives (citado de aquí en adelante como jwt), Marketing Vertical File, box 21; “Food-Fast and Easy: A Good Housekeeping Institute Report”, Good Housekeeping Consumer Research Department, March 1987, jwt, Chicago Office Records: nonproprietary research, box 7; “The Male Food Shopper: How Men Are Changing Food Shopping in America”, Lieberman Research, New York, jwt, Marketing Vertical File, box 12; Outlook, March­-April 1985, 14. 47 The Packer, February 3, 1973, 19b; The California Fruit Grower 63, Nº 1 (1986): 32; “Shopping for Health: A Report on Food and Nutrition”, Food Marketing Institute, Emmaus, Penn., 1992, jwt, Chicago Office Records, nonproprietary research, box 7; “New Study of Supermarket Shopping Strategies of Working Couples”, Condé Nast Publications, 1983, jwt, Chicago Office Records, nonproprietary research, box 7. 48 The Packer, July 16, 1988, 20c. 49 The Packer, January 31, 1981, 3a; The Packer, July 16, 1988, 20c.

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saludables, y podía gastar una mayor cantidad dinero en productos frutícolas y hortícolas50. En la encuesta hecha por la Comisión no se menciona raza ni etnicidad en relación a su mujer tipo, pero en otros estudios se revela que la mayor parte de las consumidoras de uva eran blancas, lo que refleja que dentro de la clase media-alta y de la profesional, los blancos tenían un mayor privilegio y mayores ingresos para gastar en alimentos. No obstante, comparando grupos étnicos, los negros, los latinos y los estadounidenses de origen asiático, gastaban en frutas frescas y verduras una proporción más alta del dinero destinado a alimentos que los blancos51. También era más probable que a la hora de escoger algo para picar, los adolescentes negros o latinos prefirieran fruta a caramelos más que los blancos52. Los estadounidenses con estudios universitarios, en su mayoría blancos, consumían más fruta que quienes solo tenían estudios secundarios, pero dentro de cada uno de estos grupos, los negros y los latinos consumían proporcionalmente más fruta que los blancos53. La región geográfica también tenía incidencia. El consumo más alto de uva se daba en California, la zona norte de la costa del Atlántico, la del norte de la costa del Pacífico y Florida, con un 80 por ciento menos en otros estados del oeste y del sur54. En sus comerciales para la televisión, la California Table Grape Commission no se enfocaba específicamente en distintos grupos étnicos como mercados separados: en todos sus comerciales los actores eran blancos. Cuando la Comisión quería dirigirse a The Packer, January 31, 1981, 3a. The Progressive Grocer, July 1977, 99; “Black Consumers Response to Inflation: The Supermarket”, Wellington, Inc., 1980, jwt, Marketing Vertical File, box 22-ethnic. 52 The Progressive Grocer, April 1980, 157. 53 Shari Roan, “Dietary Survey Serves Up a Shocker: Nutrition”, Los Angeles Times, July 11, 1990, 3a; “Black Consumers Response to Inflation: The Supermarket”, Wellington, Inc., 1980, jwt, Marketing Vertical File, box 22-ethnic; American Council on Education, Minorities in Higher Education Annual Statistics Report (Washington, D.C.: American Council on Education, 2001). 54 California Fruit Grower 64, Nº 3 (1987): 14; Barbara G. Shortridge and James R. Shortridge, “Consumption of Fresh Produce in the Metropolitan United States”, Geographical Review 79, Nº 1 (January 1989): 79. 50 51

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consumidores negros o latinos, suponía que valía la publicidad tradicional, es decir, con imágenes de estadounidenses blancos y de clase media. Esto se debía en parte a que la Comisión solía producir solamente un nuevo comercial para la televisión al año. El presupuesto destinado a este tipo de publicidad se concentraba en mercados urbanos de regiones donde el consumo de uva ya era relativamente alto, como San Francisco, Nueva York, Chicago y Orlando, aunque también se invertía en comerciales que se mostraban en mercados nuevos prometedores, como San Antonio y Nashville. La publicidad radial también estaba estandarizada, aunque era más numerosa55. Sin embargo, la radio y la televisión no constituían toda la estrategia. En 1985, la Comisión gastó un cuarto de su presupuesto de US$ 5,2 millones para marketing en avisos comerciales impresos que aparecieron en diarios locales y en material promocional de supermercados, en los que efectivamente había un enfoque de índole racial y étnica56. Se ofrecían descuentos mediante cupones que aparecían en diarios publicados en español y también en periódicos cuyos lectores eran afroamericanos; además, se montaban muestras especiales con folletos sobre nutrición en supermercados con clientela de distintos grupos étnicos. No obstante, estos mensajes publicitarios eran idénticos a los que se distribuían en supermercados donde los clientes eran blancos, celebrando la “uva, el snack natural”. Pero dentro del contexto de segregación de los barrios y por ello de los supermercados, la que tenía por consecuencia que la calidad de la fruta fresca y de la verdura generalmente fuera mejor en supermercados de vecindarios blancos, la promesa que hacía la Comisión de fruta fresca y saludable para las minorías étnicas tenía una resonancia afirmativa desde el punto de vista racial. La industria alimentaria había estado discutiendo el potencial de venderles más productos a los negros y a los latinos desde la década de 1960. La revista nacional de marketing, Advertising Age 55 56

The Packer, July 18, 1970, 14a; The Packer, August 10, 1985, 10c. The Packer, January 28, 1989, 3a; y The Packer, August 10, 1985, 10c.

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[Era de la publicidad], sostenía que en vista de las demandas por mejores empleos y por un acceso igualitario al Sueño Americano que hacían las minorías étnicas, el movimiento Black Power [Poder Negro] podía moldearse para que llegara a ser una revolución del consumidor57. Los supermercados estaban plenamente conscientes de que los negros y los latinos gastaban proporcionalmente más dinero en fruta y verduras que los blancos. En 1978, la cadena Publix, en Florida, aumentó el tamaño de la sección de fruta fresca y hortalizas en los supermercados que quedaban en barrios hispanos y contrató a una empresa de publicidad que trabajaba en castellano58. La cadena Jewel, en la parte sur de Chicago, adquirió popularidad entre los afroamericanos porque en sus supermercados se contrataba a adolescentes negros y se ofrecía la selección más amplia de frutas y verduras de cualquier barrio negro59. En 1968, en el sur de California, la cadena Vons abrió tiendas de productos especiales enfocadas en los latinos, llamadas El Tianguiz, con secciones ampliadas de fruta y verdura, y personal bilingüe60. Ese mismo año, Safeway, la cadena más grande de supermercados de Estados Unidos, auspició un comercial de prensa que mostraba a una mujer negra, de aspecto profesional, con el eslogan “Mi día de trabajo es honesto. Quiero una compra honesta”61. La California Table Grape Commission urgía a los supermercados a prestar atención a la forma en que mostraban los productos frutícolas y hortícolas con respecto a todos los consumidores. Puesto que como casi toda la uva se compraba por impulso, no porque estuviera en la lista de compras, era clave disponerla de manera atractiva y en un lugar central. La Comisión hacía lobby para que los supermercados ofrecieran la uva a granel en lugar de venderla Advertising Age, April 16, 1979, 1; Advertising Age, April 7, 1980, 1; The Marketing Magazine, May 1, 1969, 61; Supermarket News, March 31, 1986, 6. 58 Supermarket News, December 8, 1980, 3. 59 “Jewel Food, Co.”, jwt, Corporation Vertical Files, box 12; The Progressive Grocer, September 1973, 1; Advertising Age, November 11, 1971, 2. 60 Supermarket News, July 21, 1986, 2. 61 Advertising Age, April 28, 1986. 57

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en paquetes con cantidades premedidas62, ya que según sus propios estudios, el consumidor ponía más fruta en su carrito de compras cuando la escogía él mismo. Y, de igual importancia, la uva se veía más natural cuando se la ponía a granel63. La Comisión realizaba talleres para los administradores de la sección de frutas y verduras de los supermercados, y les entregaba folletos que mostraban la forma de disponer la uva como una cascada, usando tres colores diferentes, y espejos para aumentar el tamaño del arreglo64. Asimismo, enfatizaba la importancia de evitar amontonar mucho la uva, de reponer el stock con frecuencia y de minimizar la manipulación de la fruta, y además proveía pequeños letreros, generalmente hechos de madera, que mostraban el contenido de vitaminas y la cantidad de calorías del producto65. Por último, recomendaba el uso de rociadores de agua para ayudar a que la uva se viera más fresca y brillante, como si recién emergiera de un chubasco de verano66. El empuje de la California Table Grape Commission por influir en la forma en que los supermercados presentaban la uva en realidad formaba parte de una tendencia más amplia que se produjo en la década de 1980, cuando a nivel nacional los supermercados empezaron a remodelar la sección de frutas y verduras para que pareciera una feria libre. La fruta a granel, que permitía al comprador escoger sus propias manzanas o papas de un contenedor de madera, o de una pila de fruta, reemplazó al producto envuelto apretujado dentro de una bandeja de espuma de poliestireno de los 1960. En 1979, la cadena Stop & Shop de Boston inauguró una nueva sección de frutas y verduras llamada The Green Scene [La escena verde], que se promovía con el eslogan “Donde puedes escoger lo que es perfecto para ti”, atendida por vendedores vestidos con túnicas verdes que ofrecían amables consejos y distribuían folletos Supermarket News, October 20, 1980, 4. The Packer, August 2, 1980, 12d. 64 Supermarket News, October 20, 1980, 4. 65 Supermarket News, May 12, 1980, 24. 66 The Packer, August 8, 1981, 7c. 62 63

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sobre nutrición67. Los supermercados A&P de la zona de Filadelfia bautizaron como Farm Scenes [Escenas del campo] a su sección de frutas y verduras, la que decoraron con sacos de arpillera en el cielo raso, y donde desplegaban de manera prominente las guías sobre nutrición emitidas por el usda68. En 1980, la cadena Giant Foods de Washington, D.C. y Baltimore emprendió una campaña de un año llamada “Food for Health” [Alimentación para la salud], en la que se gastaron US$ 200.000 para promover secciones más amplias de frutas y verduras69. En los barrios residenciales de California, los supermercados más exclusivos, como Pavilions en Garden Grove y Bon Appetit de Safeway en Marin County, reemplazaron los tradicionales pasillos verticales y dispusieron los productos por grupos separados que buscaban simular las tiendas de una aldea. En una sección llamada “Country Market” [Mercado campesino] ofrecían frutas y verduras dispuestas dentro de canastos de mimbre y regalaban folletos con recetas. Esta sección era el centro del supermercado, y alrededor de ella se organizaban los otros productos por grupo, como los lácteos y las carnes, simulando tienditas separadas70. Pero no todos los supermercados estaban a favor de la temática de la feria libre. Los productos frutícolas y hortícolas envueltos en plástico continuaron siendo populares a través del sur de Estados Unidos y en muchos barrios obreros en todo el país. Esto era reflejo tanto de la diferencia en las condiciones de las distintas regiones –la humedad y el calor, el acceso a aire acondicionado– como de la diferencia en materias de preocupación y prejuicios sobre las condiciones de higiene. Muchos compradores consideraban que las frutas y verduras envueltas eran más asépticas y más seguras porque otras personas no las habían tocado. Además, en algunos supermercados las preocupaciones sobre la salud giraban más en torno a bajar de peso que a la nutrición o a la cocina gourmet. Así, Supermarket News, July 30, 1979, 23. Supermarket News, October 20, 1980, 4. 69 Supermarket News, May 12, 1980, 24. 70 Supermarket Business, August 1986, 31. 67 68

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Kroger, la segunda cadena en popularidad en Estados Unidos, estableció estaciones para pesarse en sus veintiún supermercados de Nashville como parte de un programa para adelgazar71. En 1986, la cadena Winn-Dixie, quinta en importancia, auspició unos comerciales televisivos con el tema “The Changing Woman” [La mujer en transición] que destacaban que la disminución de peso y la buena salud se debían a la ingesta de fruta fresca y otros productos bajos en calorías a la venta en sus supermercados72. La California Table Grape Commission se ocupó en gran detalle de los mensajes para educar al consumidor que proporcionaban los supermercados. Según afirmaba, la venta de uva se había elevado más del 20 por ciento como consecuencia de haber dispuesto folletos en los puntos de venta73. En 1978, seis representantes de la Comisión acudieron a supermercados ubicados en distintas regiones donde colocaron más de 200.000 kits de materiales promocionales, cada uno de los cuales contenía brillantes afiches, comerciales ilustrados impresos en cartón que decían “uva, el snack natural” y folletos sobre nutrición74. Con estos kits se buscaba que los supermercados ofrecieran muestras de uva e instalaran puntos donde exhibirla en los extremos de los pasillos, en distintos lugares de los supermercados. Para 1987, la Comisión gastaba US$ 250.000 al año en seminarios sobre cómo maximizar las posibilidades de exhibición de la uva, los que dictaba a encargados de la sección de frutas y verduras75. Según un comentario sobre los puntos situados en los extremos de los pasillos que apareció en la publicación Supermarket News, “La idea es que la mujer solo piense en frutas y verduras desde el momento en que entra al supermercado”76. La Comisión alentaba a los supermercados a crear arreglos que promocionaran el empleo de la uva junto a otros productos, una técnica de marketing New York Times, April 28, 1986, s11. New York Times, April 28, 1986, s20. 73 Supermarket News, February 24, 1986, 21. 74 The Packer, August 12, 1978, 3c. 75 The Packer, July 11, 1987, 23c. 76 Supermarket News, April 21, 1980, 19. 71 72

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conocida como “tie-in” [asociación], y para esto en sus kits incluía recetas y fotos que mostraban uva con muchos otros productos alimentarios: aderezos para ensalada marca Kraft, paté de jamón, gelatina, crema batida77. Esta técnica no veía incompatibilidad entre sostener que la uva era superior en cuanto a nutrición porque era natural, y combinarla con productos que eran el prototipo de la revolución química. Por el contrario, sugería que la uva hacía que las ensaladas con mayonesa y los malvaviscos fueran saludables. La Comisión también se enfocó en los escolares, motivada por la expansión de los programas de desayunos y almuerzos en los colegios que patrocinaba el gobierno federal, y también por el reconocimiento formal por parte de este de que los estadounidenses debían consumir menos grasa. La campaña que lanzó en 1987, “los niños prefieren uva” afirmaba que esta era la fruta favorita de los chicos y que a la hora de escoger algo para picar las familias conscientes de la salud preferían la fruta a las galletas dulces78. Entre los productos promocionales que la Comisión suplió a los supermercados había “racimos para el almuerzo”, porciones individuales listas para poner en las loncheras de los niños, que se recomendaba fueran incorporados a los arreglos de uva colocados en los extremos de los pasillos79. Además, la Comisión desarrolló planes de clases para la escuela primaria llamadas “la universidad de la uva”, en los que les indicaba a los maestros la forma de discutir la uva como un alimento sano y divertido80. En 1980, envió nueve mil kits sobre el valor nutritivo de la uva y sus usos culinarios a maestros de economía doméstica de educación media81. Los restoranes fueron otra meta de la Comisión, la que estaba consciente de que para 1980, uno de cada tres de los dólares

Supermarket News, July 9, 1979, 3; Supermarket News, April 21, 1980, 19; The Packer, March 8, 1980. 78 The Packer, February 3, 1990, 10a. 79 Outlook, March-April 1985, 25; The Packer, February 3, 1990, 10a. 80 Supermarket News, October 13, 1980, 13; Produce Marketing Almanac, December 1987, 225. 81 The Packer, August 8, 1981, 10c. 77

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destinados a comida se gastaba fuera del hogar82. Entregó historias publicitarias y recetas de cocina a las publicaciones de la industria gastronómica para fomentar la idea de que la uva se podía emplear como un acompañamiento sano en los platos de los menús “light”83. En 1980, la Comisión firmó un contrato promocional con la multitienda Marshall Fields, basada en Chicago, según el cual en los dieciocho restoranes de la tienda se iba a servir un pie hecho con uva verde84. El año siguiente, la Comisión organizó visitas al Valle de San Joaquín para editores y redactores de artículos relacionados con alimentos de las revistas Better Homes and Gardens, Ladies’ Home Journal, Sunset Magazine y Seventeen, e hizo que a los invitados se les sirvieran platos gourmet con su producto, como sopa fría de uva y almendra, sorbete de uva, y codorniz rellena con uva y castañas85. Para 1987, la Comisión contaba con un presupuesto de US$ 321.700 para gastos relacionados con la gastronomía86. La California Table Grape Commission sirvió como inspiración para otras campañas de promoción de frutas y verduras, las que fueron emprendidas por la industria alimentaria en general. La pma se dedicó a alentar el consumo de productos frutícolas y hortícolas en los colegios públicos, y con este fin hizo lobby para que los programas de almuerzos escolares adoptaran formalmente las guías sobre nutrición del usda. También le donó miles de libros de cocina y folletos sobre nutrición a la American Home Economics Association [Asociación Estadounidense de Economía Doméstica]87. Por su parte, la United Fresh Fruit and Vegetable Association –otra organización nacional de productores y comercializadores– lanzó en 1974 una campaña mediática llamada “Fresh Approach” [Enfoque fresco] que promovía la idea de que las frutas y verduras eran productos glamorosos, divertidos y, a la vez, saludables. Puesto que los Ad Day USA August 11, 1977, 1, jwt, Marketing Vertical File, box 12. The Packer, August 8, 1981, 8c; The Packer, July 28, 1989, 3a. 84 The Packer, August 8, 1981, 8c. 85 The Packer, September 2, 1982, 7a. 86 The Packer, July 11, 1987, 8c. 87 The Packer, February 21, 1980, 8c. 82 83

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integrantes de la Comisión también eran importantes miembros de la United Fresh Fruit and Vegetable Association, se inclinaron porque la campaña de esta utilizara su campaña del “snack natural”.88 “Fresh Approach” produjo varios programas cortos de televisión llamados The Wonders of Fresh [Las maravillas de lo fresco] en los que actuaban mujeres atractivas preparando ensaladas de fruta o guisos de verduras mientras daban amables consejos sobre vitaminas y calorías. Asimismo, en la campaña colaboraron personajes famosos como la chef Julia Child, quien en 1979 grabó tres episodios, y Dinah Shore, anfitriona de un popular programa femenino diurno, quien invitó a “Fresh Approach” a hacer demostraciones de cocina en su show junto a amantes de los alimentos frescos, como el actor Anthony Hopkins, la estrella musical Mary Travers, y el protagonista de la serie televisiva M*A*S*H, Jamie Farr89. El presupuesto de “Fresh Approach” no era elevado (menos de US$ 700.000 en 1985) pero tuvo una audiencia masiva gracias a la decisión que tomó la Federal Communications Commission, acogiéndose a la ley de comunicaciones de 1934, de que las redes de radio y televisión debían reservar algunos minutos, sin costo, para la divulgación de temas de interés público. Por ello fue que “The Wonders of Fresh” se produjo en la forma de spots de información pública de 15 minutos dedicados a orientar sobre nutrición y salud, en lugar de comerciales que auspiciaran productos o marcas en especial, y se entregó a las redes nacionales y a las estaciones locales para que saliera al aire de manera gratuita90. La campaña además produjo una serie de spots radiales de sesenta minutos llamados “The Miracle of Fresh” [El milagro de lo fresco], también emitidos sin costo91. Por último, la campaña empleó el humor, como en una pegatina para el parachoques que distribuyó a los Outlook, January­-February 1977, 5. Outlook, July-August 1979, 2. 90 Outlook, March-April 1978, 5; Outlook, January-February 1980, 3; September-October 1980, 3; Outlook, November-December 1985, 13; The Packer, January 26, 1980, 17a; McChesney, Telecommunications, Mass Media, and Democracy. 91 Outlook, January-February 1979, 3. 88 89

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supermercados en 1979, que decía: “Sé un amante fresco: ¡hazlo con frutas y verduras!”, y un folleto con recetas que se llamaba The Joy of Fresh [La alegría de lo fresco], que aludía al título del libro de cocina más popular de Estados Unidos, The Joy of Cooking [La alegría de cocinar], como también al manual de sexo más famoso de los años 70, The Joy of Sex [La alegría del sexo]92. Es decir, consumir frutas y verduras no solo era sano, sino que comer de manera adecuada también estaba de moda y era sexy. El mensaje de que frutas y verduras eran productos frescos estaba cimentado en la idea de que una fruta como la uva provenía directamente de la Madre Naturaleza y por lo tanto no estaba manchada por los procesos manufactureros que cocinaban, preservaban, o añadían otros ingredientes a lo que provenía directamente de las parras. Y si bien la California Table Grape Commission aspiraba a combinar la uva con otros productos e incorporarla a la alimentación regular, nunca cambió su mensaje central de que la uva era saludable de por sí. La Comisión abordó los cambios tanto en el papel como en los deseos de la mujer prometiendo que la uva, debido a su bondad intrínseca, proporcionaba comodidad, salud y sex appeal. Y aunque la Comisión invocaba la experiencia científica para comprobar que la uva era saludable, su emotivo mensaje central en el fondo contrarrestaba la autenticidad pastoral con el artificio industrial. La uva era buena para todos –especialmente para mujeres y escolares– porque en el fondo representaba la prodigalidad de la naturaleza. Marketing de uva chilena En 1982, International Fruit World, una revista del rubro con sede en Suiza, publicó una serie de artículos de fondo sobre los “espectaculares éxitos” de las exportaciones frutícolas de Chile, los que 92

Outlook, January-February 1979, 2; Outlook, May-June 1979, 23.

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atribuye a su “favorable medio natural” y a los “conocimientos técnicos y espíritu empresarial” de sus productores y exportadores. La revista también destaca lo singular del clima del país, “protegido al norte por el desierto de Atacama, al oeste por el Océano Pacífico, al este por la majestuosa cordillera de los Andes”, y publica una cita del exportador David del Curto como representante de la cosmopolita cultura empresarial chilena: “Chile produce uva para su vecino del norte, Estados Unidos, tanto como manzanas para toda Europa [y pronto uva para] Japón… Con nuestros avances tecnológicos [y] nuestra agresiva búsqueda de nuevos mercados, podemos afirmar con plena confianza que ya somos uno de los países exportadores de fruta más progresistas del hemisferio sur”93. Para ilustrar esta experiencia empresarial, la revista publica fotos de frigoríficos chilenos y de inspectores de control de calidad vestidos con batas blancas, e insiste en que los estereotipos que pintan a América Latina como un mundo de soñolientas haciendas y campesinos analfabetos, no se aplican a Chile. Hacia fines de los años 70 y durante los 80, los artículos en que se alababa a Chile eran usuales en publicaciones de la industria frutícola y hortícola de Estados Unidos y Europa, y por ello jugaron un papel clave en el marketing de la uva chilena94. Los mayoristas de fruta y administradores de supermercados leían con atención revistas como International Fruit World, The Packer, The Produce Marketing Almanac y Outlook, cuyos artículos sobre Chile solían basarse directamente en boletines informativos y en catálogos que distribuían el gobierno y los exportadores chilenos con fines proInternational Fruit World 40, Nº 2 (1982): 31. International Fruit World 37, Nº 1 (1979): 10; International Fruit World 40, Nº 2 (1982): 31; International Fruit World 42, Nº 2 (1984): 373; International Fruit World 43, Nº 1 (1985): 287; Outlook, January­-February 1985, 31; Outlook, September-October 1985, 41; Outlook, 13, Nº 4 (1986): 39; Outlook 14, Nº 1 (1987) 35; The Packer, January 19, 1980, 2a; The Packer, January 26, 1980, 2d; The Packer, August 9, 1980, 17b; The Packer, January 11, 1986, 5a; The Packer, January 18, 1986, 12a; Produce Marketing Almanac December, 1982, 219; Produce Marketing Almanac, December 1983, 207 [Outlook dejó de publicarse mensualmente después de 1985 y comenzó a publicarse trimestral o semestralmente, esta es la forma en que la fecha aparece en la revista]. 93 94

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mocionales. De hecho, los argumentos clave que se mencionan en el artículo de 1982 en International Fruit World sobre los “espectaculares éxitos” de Chile, son exactamente iguales a los desarrollados por la asoex (Asociación de Exportadores de Fruta de Chile) y el gobierno chileno. En primer lugar aparece la idea de que la geografía de Chile es única e impoluta porque el país está rodeado de barreras naturales y, en segundo lugar, la noción de que los productores de fruta chilenos emplean prácticas excepcionalmente modernas y científicas. Esto difiere de los mensajes difundidos por la California Table Grape Commission. Si bien los chilenos también mantenían que su uva era fresca y saludable, ellos atribuían estas bondades a la ciencia más que a regalos de la Madre Naturaleza. Comer uva de Chile hacía bien para la salud porque era producida con tecnología de punta y aunque la naturaleza tenía importancia, esta residía precisamente en que ella protegía las asépticas prácticas de la agroindustria chilena. El marketing de la uva chilena dentro de Estados Unidos se realizó en dos niveles. En el primero, los chilenos se esmeraron para que su fruta fuera tomada en serio por los sectores comerciales de los productos frutícolas y hortícolas. Con este fin, hicieron amplia publicidad en las revistas de la industria, montaron stands en exposiciones bianuales y en congresos organizados por la pma y la United Fresh Fruit and Vegetable Association, y distribuyeron gran cantidad de material impreso sobre su industria frutícola entre mayoristas y supermercados. En el segundo nivel, se enfocaron directamente en el consumidor estadounidense, distribuyendo materiales para que los supermercados crearan arreglos de uva, coauspiciando avisos y cupones de descuento que se publicaban en diarios locales y, cuando su presupuesto lo permitía, auspiciando comerciales en radio y, con menos frecuencia, en televisión. La mayor prioridad que se dio al marketing de la uva chilena dentro de los círculos comerciales de la propia industria reflejaba el hecho de que Chile era un exportador nuevo, cuyo acceso a los consumidores dependía tanto de empresas como de organiza222

ciones gubernamentales estadounidenses, desde aprobar las inspecciones de aduana y del usda hasta convencer a mayoristas y supermercados de que la uva chilena era segura y deseable. Estos obstáculos eran aún más difíciles de vencer porque muchos mayoristas, así como funcionarios gubernamentales, solo tenían una idea muy vaga de dónde se ubicaba Chile y sospechaban que la fruta proveniente de América Latina podía estar contaminada, ser falta de asepsia, o de mala calidad. Y aunque los plátanos centroamericanos habían formado parte de la dieta de los estadounidenses desde los años 20, la industria bananera se encontraba mayormente en manos de empresas estadounidenses, las que según se creía mantenían y diseminaban los estándares de su país. La uva chilena, por el contario, era cultivada y comercializada principalmente por chilenos. El marketing de empresa a empresa involucraba no solo influir sobre el gusto, sino también la comercialización directa al consumidor, y, por lo general, los mensajes destinados a lograr estos dos fines estaban vinculados. La noción de que los chilenos eran socios comerciales confiables y que sus productos eran buenos se basaba en una idea que también era importante para el marketing dirigido al consumidor: la fruta chilena era moderna y los chilenos eran latinoamericanos especiales. La uva chilena podía beneficiarse enormemente de las campañas del “snack natural” y de “Fresh Approach”, pero para ello, primero tenía que entrar en los locales de venta estadounidenses. Los esfuerzos formales por comercializar la fruta chilena en Estados Unidos se iniciaron en 1962, cuando la corfo se afilió a la estadounidense United Fresh Fruit and Vegetable Association y elaboró con la firma de publicidad de esta última, Bernard Lewis, con sede en Boston, un plan de promoción que invertiría US$ 30.000 en distribuir información y fotografías de los productos frutícolas y hortícolas de Chile a supermercados y mayoristas estadounidenses. También se contemplaba que en campañas futuras se haría publicidad en revistas femeninas, así como también en radio 223

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y televisión95. Diez años más tarde, durante el gobierno de Salvador Allende, la corfo lamentaba que el marketing de la fruta chilena continuara siendo errático y pedía la creación de una sola entidad estatal que coordinara estrategias públicas y privadas. Irónicamente, fue el gobierno neoliberal de Pinochet el que más se acercó a la implementación de esta participación gubernamental, cuando en 1974 estableció el organismo ProChile (Programa de Fomento a las Exportaciones de Chile) para promover la comercialización de todos los productos de exportación chilenos96. ProChile tenía oficinas en diversas ciudades de Estados Unidos y de Europa, además de en Santiago, donde trabajaba en estrecha colaboración con la Fundación Chile, entidad creada en 1976 con financiación del gobierno chileno y de la empresa IT&T (International Telephone and Telegraph). ProChile y la Fundación Chile regularmente dictaban seminarios para productores y exportadores de uva, a quienes urgían para que emplearan las mismas investigaciones de mercado e intensa publicidad masiva que habían conducido al éxito a la agroindustria de Estados Unidos. Un informe sobre estrategia de ProChile, de 1977, contiene la siguiente norma: “Para vender una libra de uva es necesario tanto trabajo como el que los fabricantes estadounidenses dedican a vender un automóvil o un bote de desodorante”. ProChile señalaba a los plátanos de Chiquita y a las piñas de Dole como productos cuyas historias de popularidad eran especialmente dignas de emular, e insistía en que era preciso vender la uva chilena de manera activa, en lugar de simplemente ponerla en venta97. Asimismo, propiciaba que se enfatizara el origen nacional o chilenidad de la fruta:

corfo, Frutas y hortalizas de Chile en el mercado de los Estados Unidos, Temporada 1962 (Santiago de Chile: corfo, 1962). 96 corfo, Frutas frescas chilenas en el mercado de los Estados Unidos: Informe final, 1970-1971 (Santiago de Chile: corfo, 1971). 97 “Report on the Market for Fresh Fruit from Chile in the United States”, Pro-Chile, New York Office, December 1977, memorándum mecanografiado, Universidad de Chile Biblioteca Central, 31. 95

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Si la industria frutícola chilena adopta el enfoque no dinámico, [entonces] cualquier marketing básicamente solo va a hacer hincapié en que el producto chileno es la única fruta fresca en el mercado. Sin embargo, se podría descubrir que cuando al consumidor estadounidense se le pide que gaste US$ 1,29 en una libra de uva, lo que realmente le importa es la “aventura”… Hipotéticamente, [todo buen] programa de publicidad pondría su énfasis en los exóticos valles andinos donde se cultiva la fruta, el esmerado y cariñoso cuidado que ella recibe, y así sucesivamente98.

La mayor parte de los exportadores de fruta rechazaron de plano la sugerencia de dar énfasis a lo exótico e incluso a lo chileno de su uva, puesto que Chile era más conocido internacionalmente por el régimen militar y por las violaciones a los derechos humanos. Según recuerda Jorge Valenzuela, quien fuera director de marketing de ProChile en Washington, D.C. en los años 70 y posteriormente ejecutivo en del Curto: “Teníamos que enfatizar la calidad de la fruta, no su origen. En la televisión de Estados Unidos, Chile era Pinochet, así que nadie quería vender el concepto de Chile. Nunca tuve una reunión en que se dijera esto, pero era tan claro que no era necesario. Las empresas chilenas no querían figurar como relacionadas al régimen militar”99. Sin embargo, esto no era enteramente válido ya que las compañías navieras estadounidenses que importaban fruta, como William Kopke, Blue Anchor, Pandol Brothers y Jac Vandenberg, lideraban la promoción de las “frutas y verduras de Chile”, con todas sus letras. Pero las firmas chilenas minimizaban su origen a propósito, y una de las razones para ello era la pobre imagen política de su país. En los sofisticados avisos puestos por firmas chilenas, como coexport y David del Curto, en revistas de “Report on the Market for Fresh Fruit from Chile in the United States”, Pro-Chile, New York Office, December 1977, memorándum mecanografiado, Universidad de Chile Biblioteca Central, 37-38. 99 Entrevista con Jorge Valenzuela, Santiago, 22 de abril, 2003. 98

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la industria frutícola en Estados Unidos y en Europa a fines de la década de 1970 y principios de 1980, se solía omitir toda mención de Chile, o se ponía la dirección en Santiago en letras minúsculas, debajo de la de oficinas en Sacramento, Chicago, Filadelfia o Londres, que figuraban de manera destacada100. La principal entidad de marketing para la fruta chilena dentro de Estados Unidos era la Imported Winter Grape Association [Asociación de Uva de Invierno Importada], cuya dirección de contacto era solamente su agencia de publicidad, McClure Associates, con sede en San Francisco101. De igual forma, en los supermercados se identificaba la uva chilena de manera genérica como fruta de invierno. Pero más allá de la mala reputación de Pinochet, existían otras razones para minimizar la chilenidad de la uva. Dada las intensas campañas publicitarias que realizaba la California Table Grape Commission, era beneficioso para los exportadores chilenos que su uva pasara por californiana en los mercados estadounidenses. La ignorancia del consumidor sobre la procedencia de frutas y hortalizas creaba una oportunidad económica. Como recuerda con humor Ronald Bown, un exportador de peso: “Los americanos tienen una vaga idea de que hasta en enero [pleno invierno], la fruta fresca proviene de ‘por allá, del oeste’”102. La Comisión solamente hacía publicidad durante la época de la cosecha en Estados Unidos y consideraba que su misión consistía en representar a los productores californianos exclusivamente. No obstante, promovía la uva de manera genérica a propósito, evitando mencionar marcas o productores específicos, por lo que era fácil para los chilenos aprovechar sus mensajes y reutilizar los temas de salud y conveniencia, los que surtían mayor efecto durante la época de la uva chilena, es decir, entre enero y abril. Además, los exportadores chilenos se beneficiaban de las campañas para fruta genérica que lanzaban la United Fresh Fruit and Vegetable Association y la pma, organizaciones que ellos integraban de manera oficial. El origen del producto tampoco se menciona en Produce Marketing Almanac, 1979, 96; Produce Marketing Almanac, diciembre 1982, 38. Produce Marketing Almanac, December, 1982, 219. 102 Entrevista con Ronald Bown, Santiago, 10 de abril, 2003. 100 101

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la campaña “Fresh Approach” ni en el programa de estudios de la pma, sino que se subraya la importancia de comer una diversidad de frutas y verduras durante todo el año. Si los estadounidenses no se daban cuenta de que las viñas californianas están en barbecho en febrero, los exportadores chilenos no se lo iban a hacer notar. Dentro de los círculos empresariales estadounidenses, en los que se comprendían mejor la geografía y los límites de las estaciones de cultivo en California, los exportadores frutícolas chilenos se esmeraron por distinguirse como hombres de negocios modernos. En 1974, los cincuenta mayores productores de fruta de Chile reconstituyeron la Asociación de Exportadores de Fruta de Chile (asoex), originalmente creada por George Mustakis en los años 30, con el propósito de coordinar la promoción y el marketing a nivel internacional. La asoex empleó como modelo la California Table Grape Commission y, así, les cobraba a sus miembros una cuota por caja de fruta exportada, ingresos que destinaba a publicidad y lobby. También publicaba catálogos y boletines informativos para ser repartidos en supermercados y revistas de la industria en Estados Unidos y, junto con ProChile y la corfo, organizaba visitas a viñas y plantas de embalaje en Chile para funcionarios del usda y personal de compañías navieras. El concepto de la experiencia científica de los chilenos y de su cultura empresarial única surgió dentro de la asoex, la que hacía alarde de que en Chile se empleaba tecnología de punta en los cultivos y en el embalaje, la que incluía amplias cantidades de los fertilizantes y pesticidas químicamente más avanzados103. A mediados de la década de 1980, asoex afirmaba que la calidad de la fruta chilena se debía al “uso de sistemas informáticos integrados que unen las comunicaciones a nivel mundial, lo que permite a los exportadores seguir el movimiento [de la fruta] y ajustar las condiciones climáticas de cada embarque”104. 103 104

International Fruit World 40, Nº 3 (1982): 36. The Packer, 23 January, 1985, 8c.

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Los avisos que publicaban las firmas exportadoras también hacían hincapié en que sus prácticas empresariales eran súper modernas. Frupac, en un aviso a colores de una página completa publicado en Produce Marketing Almanac en 1983, explica en detalle el proceso de llevar la uva al mercado: “El cultivo de fruta sana y deliciosa en los fértiles valles de Chile es el primer paso de un proceso largo y complejo. Frupac cuidadosamente controla y supervisa cada elemento usando un equipo de profesionales bien capacitados, especialistas en agronomía, almacenamiento climatizado, transporte, embarque y distribución. La meta: entregar un producto de la mejor calidad, en la mejor condición, a tiempo, todo el tiempo”105. En otra publicación, los avisos de Frupac entregan el mensaje de manera más simple: “Igual que la última vez, fruta perfecta: nuestro secreto es que nunca perdemos el control”106. Los chilenos exhibían sus conocimientos técnicos en stands que montaban en las reuniones anuales de la pma y de la United Fresh Fruit and Vegetable Association, en los cuales mostraban grandes fotos de fumigación de uva en los frigoríficos e inspecciones realizadas por el sag (Servicio Agrícola y Ganadero), homólogo chileno del usda. Incluso los nombres de las firmas exportadoras –Frupac, Frusan, agrofrio, Coexport– sugerían competencia en el área de la alta tecnología con sus abreviaciones de conceptos como “packing de fruta”, “fruta sana”, “frigoríficos del agro” y “exportaciones corporativas”, respectivamente. Por el contrario, los distribuidores y las marcas de fruta estadounidenses preferían nombres que se relacionaran directamente con una familia de agricultores (Pandol, Giumarra) o bien con la naturaleza (Sun World, Sunkist, Blue Anchor). El material impreso utilizado en el marketing de la fruta chilena solía contener fotos de mujeres trabajando, como símbolo de la modernidad (ver Figura 6). Chile Economic News, el informe comercial difundido por la corfo en Nueva York, de circulación 105 106

Produce Marketing Almanac, diciembre, 1983, 76. The Packer, 26 January, 1985, 3b; The Packer, 5 October, 1985, 72b.

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internacional, publicó numerosos artículos de fondo a fines de los años 70, que incluían imágenes de obreras frutícolas con uniforme y redecilla en el cabello, limpiando uva en una línea de trabajo dentro de una planta de embalaje107. Asimismo, en los avisos patrocinados por la asoex en la década de 1980, se incluyen fotos de mujeres con uniforme envolviendo uva cuidadosamente en celofán y adhiriendo etiquetas de embalaje en las cajas108. Lo de poner en vitrina el trabajo de la mujer era una estrategia que difería ampliamente de la empleada por la California Table Grape Commission. Las imágenes favorecidas por los chilenos servían para subrayar la sofisticación tecnológica de su industria frutícola, mientras que las de la Comisión mostraban consumidoras sin estrés, relacionando así la uva con la naturaleza pastoral y el placer sexual. Esta diferencia se debía en parte a que el foco de los chilenos era el ámbito comercial, mientras que el de la Comisión era el consumidor. Pero los embarcadores californianos y la California Table Grape Commission también hacían publicidad dentro de los círculos comerciales, además de lobby en los supermercados. En los stands que se montaban en los congresos de la pma o en los avisos publicados en The Packer, rara vez se mostraba el proceso de cultivo y embalaje de la fruta californiana, como tampoco aparecían fotos de sus obreros. El marketing hecho en California se centraba en mensajes relacionados con lo fresco, y sus fotografías mostraban primeros planos de uva en la vid o en canastos, lista para ser disfrutada por el consumidor. Con ello se evadía la realidad de la agroindustria, dejándose de lado la figura física de los estadounidenses de ascendencia mexicana o asiática, y de los inmigrantes que recogían y embalaban la uva, cuyas condiciones de trabajo eran consideradas injustas y criticadas por la ufw.

107 108

Chile Economic News, 1978-79. International Fruit World 42, Nº 2 (1984): 14.

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Figura 6. Catálago de promoción de fruta chilena, Asociación de Exportadores de Chile (asoex), Chile: paraíso de frutas y hortalizas, 1990.

Las condiciones laborales de los obreros vitícolas chilenos ciertamente eran igual de malas o peores que las de sus pares californianos, pero el significante del trabajo en la agroindustria y de la figura física del obrero era diferente. En Chile la movilización relacionada con la explotación física de los obreros se hacía difícil, si no imposible, a la escala de la ufw, frente a la manifiesta represión del régimen militar. Pero, más fundamentalmente, gran cantidad de chilenos, representantes de todos los espectros políticos y socioeconómicos, consideraban positiva la modernidad que representaba la industria de la exportación frutícola, la que entrañaba una ruptura con el atrasado sistema de latifundios por el que América Latina era famosa. Después de todo, Allende y Frei habían defendido el desarrollo de la industria frutícola, celebrando la imagen del obrero del agro como emblemática de una reforma agraria exitosa. Para los exportadores de fruta chilenos, ávidos por introducir su uva en el mercado estadounidense durante las décadas de 1970 y 1980, la imagen de la trabajadora subrayaba la eficiencia y la modernidad de la tecnología que se empleaba en la agricultura de su país. Y 230

si bien los californianos preferían evitar ese tipo de imágenes, debían reconocer que las utilizadas por Chile reflejaban sus propios modernos procesos de producción. Las fotografías de las obreras chilenas contradecían el subdesarrollo que los estadounidenses suponían predominaba en Chile. Los exportadores chilenos también destacaban que su industria frutícola era de alcance internacional, no una mera proveedora de Estados Unidos. En los catálogos de la asoex se hablaba de “la tradición centenaria de Chile en el cultivo de fruta” y de sus cincuenta años de historia “exportando fruta a todo el mundo”109. En los logos de David del Curto y de Coopefrut se mostraba fruta delante de un mapamundi, y en un aviso de una página auspiciado por Coexport en The Produce Marketing Almanac en 1979, se anunciaba: “Somos productores, embarcadores, importadores y exportadores de productos alimentarios a Estados Unidos, América del Sur, Europa y el Lejano Oriente”110. Es decir, la misión de la industria frutícola chilena era comparable a la globalidad del espíritu empresarial estadounidense. Los chilenos no suministraban materia prima proveniente del tercer mundo al primer mundo, sino que vendían productos alimentarios a todo el planeta. Y lo que hacía que sus productos fueran puros y dignos del mercado estadounidense era que se asentaban en conocimientos de agronomía y de comercio, no en la naturaleza ni en lo exótico. Cuando los chilenos invocaban la naturaleza era para destacar que su propia geografía le daba al país una asepsia de la que carecían las otras naciones latinoamericanas. asoex, en especial, insistía en el tema de que las barreras naturales de Chile mantenían fuera pestes y plagas, publicando en sus catálogos lustrosas fotografías del desierto de Atacama, de la Cordillera de los Andes, del Océano Pacífico y de la Antártica (ver Figura 7). Estas imágenes se repetían en los materiales de marketing que distribuían corfo, ProChile y 109 110

asoex, Chile: Paraíso de frutas y hortalizas (Santiago: Editorial Gyllen, 1992), 2-3. Produce Marketing Almanac, December, 1979, 96.

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firmas exportadoras111. La idea de que Chile constituía un sistema hortícola sellado colocaba dentro de un nuevo contexto a los temores sobre la degeneración tropical de América Latina –la antigua ansiedad de que su clima y su cultura daban origen a enfermedades y a trastornos sociales–. El concepto de las barreras naturales subrayaba el hecho de que la naturaleza mantenía a Chile impoluto y aislado de los contagios prevalentes en otras zonas del continente, como también de que no era un país tropical, sino único dentro de Latinoamérica. En una edición de 1977, Chile Economic News resume así el argumento: “Las condiciones fitosanitarias de Chile están a la par con las de California e Israel”112. Las comparaciones entre Chile y países desarrollados eran una característica de los materiales promocionales de la industria de exportaciones frutícolas. Los más aludidos como puntos de referencia eran Australia, Nueva Zelanda, Estados Unidos e Israel, países con un robusto sector agrícola que según la fábula había sido creado por colonos europeos. A pesar del persistente antisemitismo que existía en Chile, la comparación con Israel hacía un paralelo entre el milagro chileno y la legendaria capacidad israelí para hacer florecer un desierto en pocas décadas gracias al ingenio de sus inmigrantes europeos. Las comparaciones con Australia y Nueva Zelanda destacaban que Chile y dichos países compartían tanto el mismo clima mediterráneo como las cualidades culturales de las naciones del hemisferio sur productoras de fruta de invierno para los países del norte. En una notable reconfiguración de la geografía de la Guerra Fría, los propulsores de la fruta sostenían que Chile se parecía más a los prósperos integrantes de la Mancomunidad Británica que a los países de su región. Joaquín Lavín, en su libro La revolución silenciosa, expone la forma en que el auge de las exportaciones arrancó al país de las fantasías de inspiración izquierdista sobre la solidaridad International Fruit World 40, Nº 2 (1982): 31; Chile Economic News, May 1977, 7; Catálogo frutícola (Santiago: corfo, 1984); y asoex, Chile: Paraíso de frutas y hortalizas (Santiago: Editorial Gyllen, 1992), 2-3. 112 Chile Economic News, May, 1977, 7. 111

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Figura 7. Catálago de promoción de fruta chilena, Asociación de Exportadores de Chile (asoex), Chile: Paraíso de frutas y hortalizas, 1990.

pan latinoamericana: “Desafiando la geografía y los planes hechos por docenas de economistas quienes, en los años sesenta, soñaban que Chile se integrara con Perú, Bolivia, Ecuador y otras naciones andinas, hoy se parece más a Australia y Nueva Zelanda que a cualquiera de sus vecinos de América Latina. En los últimos dos años, ha surgido un creciente intercambio con estas dos naciones, cuya geografía, clima y ventajas comparativas son complementarias a las nuestras”113. 113

Lavín, La revolución silenciosa, 48.

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Cabe mencionar que uno de los países productores de cantidades importantes de fruta de invierno con el que los chilenos no solían compararse era Sudáfrica, a pesar de que también fue desarrollado por colonos blancos y de que el régimen de Pinochet tenía lazos diplomáticos especialmente estrechos con el gobierno de P. W. Botha114. Pero los paralelos con Sudáfrica no eran útiles para un marketing efectivo. En primer lugar, dicho país representaba la competencia y hasta la década de 1980, cuando fue adelantado por Chile, Sudáfrica había sido el mayor exportador de uva del hemisferio sur y continuaba siendo mucho más importante en los mercados vitícolas mundiales que Australia o Nueva Zelanda115. En segundo lugar, pero más importante, Sudáfrica era problemático para el marketing chileno por sus connotaciones raciales. La conexión de este país con África y su condición de paria resultante de la popularización a nivel internacional de la lucha contra el apartheid, hacían que se lo relacionara con la violencia colonialista y la raza negra, lo que contradecía las aspiraciones de Chile de ser relacionado con la modernidad del primer mundo y con la raza blanca. California siempre fue el referente más importante en cuanto a la idoneidad nacional y racial que afirmaban tener los chilenos; así, su material impreso de marketing aludía de manera idealizada a una igualdad esencial entre Chile y California, tanto física como cultural. Artículos de fondo del Chile Economic News señalaban que Chile y California compartían un clima mediterráneo similar, diferentes estaciones de cultivo, un Valle Central donde se practica la agricultura y la cercanía a puertos marítimos. Los entusiastas de este concepto también hacían hincapié en que tanto Chile como Funcionarios del gobierno y empresarios agrícolas chilenos hicieron varios viajes a Sudáfrica a principios de la década de 1980 con el propósito de estudiar su industria frutícola. El Campesino, agosto 1981, pp. 14-16; El Campesino, octubre 1984, 4. 115 En 1959, Sudáfrica exportaba 26.800 toneladas métricas de uva en comparación con las 6.700 de Chile. A mediados de la década de 1970, la cantidad exportada por cada país era similar (24.000 y 28.000 toneladas métricas respectivamente). Para 1986, Chile exportaba 231.000 toneladas métricas en comparación con las 51.000 de Sudáfrica. Después de Sudáfrica, el mayor exportador de uva del hemisferio sur era Australia con 4.400 toneladas métricas. cepal, La cadena de distribución y la competitividad de las exportaciones latinoamericanas, 60. 114

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California tenían una tradición comercial innovadora que se manifestaba en diversos ámbitos: los chilenos asistían a seminarios sobre comercio y tecnología ofrecidos por la Universidad de California, Davis, donde muchos habían estudiado originalmente como agrónomos; visitaban viñas en el valle de San Joaquín y luego compartían en eventos sociales, como asados celebrados en distintos hogares, con los integrantes de la California Farm Bureau116, viajaban a Filadelfia y a Washington, D.C. para visitar terminales navieras y reunirse con funcionarios del usda117. Los chilenos, además, eran anfitriones de los californianos en Chile, donde alentaban a sus huéspedes a admirar las parras de estilo europeo que se empleaban en el país y que hacían que la poda y la cosecha fueran más eficientes118. Asimismo, destacaban que la uva verde Thompson sin pepas, variedad híbrida desarrollada originalmente en la Universidad de California y la favorita de los consumidores estadounidenses, en proporción constituía una cantidad mayor de la producción total de uva en Chile que en California119; y discutían enviar a Europa y a Asia las variedades Globe y Red Flame, también desarrolladas en California. Es decir, los viticultores de Chile no solo se mantenían al día con las últimas tendencias en horticultura sino que también empleaban sus propias prácticas que eran dignas de imitar, y a veces hasta podían derrotar a California en su propio juego. Los exportadores de fruta chilenos no eran los únicos que subrayaban la modernidad de sus prácticas comerciales. La industria frutícola y hortícola de otros países de América Latina, Asia y el Chile Economic News, September, 1978; The Packer, 8 September, 1979, a5; The Packer, 11 November, 1989, c3. 117 Chile Economic News, March 1978, 7; September 1978, 10-11; El Mercurio, 21 de enero, 1987, c1; The Packer, September 16, 1989, 13a. 118 Con posterioridad a 1979, se invitaba a delegaciones de California anualmente para que asistieran a la Feria Internacional de la Fruta, patrocinada por la Sociedad Nacional de Agricultura y asoex. The Packer, January 26, 1980, 3d; El Mercurio, 25 de enero, 1984, b1; Espinoza, Frutas de Chile, 308; Seminario desarrollo frutícola, Los Andes, 21 de octubre de 1986 (Santiago de Chile: corfo, 1986); corfo, Catálogo frutícola (Santiago: corfo, 1984); asoex, Chile: Paraíso de frutas y hortalizas (Santiago: Editorial Gyllen, 1992). 119 The Packer, March 3, 1979, 1b; The Packer, January 17, 1981, 2b; The Packer, January 28, 1984, 1a; The Packer, February 11, 1984, 3b. 116

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Medio Oriente, también luchaba por derrotar las presunciones estadounidenses sobre la inferioridad o la falta de higiene de sus productos y ansiaba demostrar que sus empresarios eran modernos y empleaban la tecnología más avanzada. La asociación con lo blanco no era la única fórmula del éxito chileno: los exportadores también señalaban los paralelos entre el auge económico de Chile y el de los llamados tigres asiáticos, es decir, Taiwán y Corea del Sur, que también experimentaron un espectacular crecimiento económico en la década de 1980. Pero las comparaciones entre Chile y Asia rara vez subrayaban similitudes climáticas o culturales, y si los chilenos se sentían tigres era para celebrar una habilidad competitiva adquirida con rapidez. Por el contrario, los chilenos invocaban la geografía, las universidades de investigación y las prácticas comerciales de California como cualidades esenciales que Chile compartía plenamente. De la misma forma en que las elites del siglo XIX habían afirmado que eran los ingleses de América del Sur, los exportadores frutícolas proponían que Chile era casi una réplica de California en el hemisferio sur. Al afirmar la semejanza de su país con California, los chilenos evitaban las fórmulas de exotismo tropical regularmente empleadas en el marketing de otros exportadores de fruta a Estados Unidos. Los plátanos, por ejemplo, tenían un largo historial de promoción por mujeres de tez oscura equilibrando un canasto en la cabeza120. En las publicaciones Produce Marketing Almanac e International Fruit World la publicidad de las fresas mexicanas era hecha por jóvenes campesinas con polleras españolas, la de las limas ecuatorianas por campesinas indias y la de las naranjas brasileñas por mujeres negras vestidas con trajes de samba, o por exóticos animales de la selva. De vez en cuando, la publicidad chilena mostraba la silueta de una mujer o una boca alistándose para morder un trozo de fruta, pero en general en las publicaciones promocionales se prefería mostrar obreras frutícolas. Por el contrario, en los avisos de la fruta mexicana 120

Soluri, Banana Cultures.

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o ecuatoriana que aparecían en las publicaciones de la industria, cuando se mostraban obreras frutícolas eran campesinas indias con amplias sonrisas, una especie de romance pastoral que hacía eco de las estrategias originalmente empleadas por los productores de cítricos en California121. Los chilenos insistían en que lo atractivo de su fruta no provenía de mujeres guapas sino de la experiencia tecnológica de empresarios que recorrían el mundo o de científicos que usaban batas de laboratorio. Un comercial de 1982 de la firma exportadora Frutanex muestra un portadocumentos lleno de uvas y manzanas junto a folletos de viajes a Hong Kong y Berlín. Coexport y David del Curto vendían su uva empleando figuras de empresarios vestidos de cuello y corbata en camino a una reunión o de técnicos examinando fruta bajo un microscopio. Esta imaginería, con su enfoque masculino, conducía a una reinterpretación de las jerarquías regionales y raciales, distanciando a Chile de pueblos tropicales o exóticos y recalcando su semejanza con Europa y California (Ver figuras 8 y 9).

Figura 8. Anuncio, International Fruit World, 39, Nº 2 (1981): 90.

121

González, Citriculture and Southern California; Sackman, Orange Empire.

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Figura 9. Anuncio, International Fruit World, 39, Nº 1 (1985): 188.

Las campañas de marketing emprendidas por Chile, además, eran más intensas y mejor coordinadas que las de otros países. Las firmas exportadoras de fruta chilena colocaban en International Fruit World un número mucho mayor de avisos que cualquier otro país latinoamericano y que sus competidores directos de Sudáfrica y Australia. De los cincuenta y un países que pusieron avisos en 1981, Chile, con catorce, ocupó el décimo lugar, después de ocho países europeos y de Estados Unidos, mientras que Brasil, México, Colombia y Ecuador colocaron dos avisos cada uno; Sudáfrica, tres; y Nueva Zelanda, seis122. Para 1985, los exportadores chilenos habían avanzado al séptimo puesto, con veintinueve avisos, detrás de cinco países europeos y Estados Unidos, en tanto que otros países latinoamericanos, así como Sudáfrica, continuaban colocando un número bajo de anuncios comerciales123. La publicidad que hacían los chilenos en revistas de la industria dentro de Estados 122 123

International Fruit World 39, Nº 2 (1981). International Fruit World 43, Nº 2 (1985).

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Unidos, como The Packer Produce Availability and Merchandising Guide y Produce Marketing Almanac, también era desmesurada en comparación a otros exportadores de fruta. Sus avisos se publicaban en el formato de mayor costo: página completa o media página a color brillante, o tapa y contratapa124. Igualmente, los chilenos tenían más éxito que sus competidores y que sus homólogos latinoamericanos a la hora de atraer la atención de los periodistas. A partir de fines de la década de 1970, en todas las publicaciones más importantes del rubro, regularmente aparecían artículos de fondo sobre la expansión del sector económico de las exportaciones frutícolas que se estaba produciendo en Chile, la cual con frecuencia se describía en un tono de sorpresa como tecnológicamente avanzada y espectacular125. Como si señalara la incorporación de Chile al primer mundo, en 1988, Produce Marketing Almanac empezó a listar a los exportadores y distribuidores chilenos bajo su sección general, basada en Estados Unidos, en lugar de hacerlo bajo el subtítulo de países extranjeros o de frutas exóticas, adonde relegaba a otros exportadores latinoamericanos126. La diferencia en la forma de tratar la fruta chilena y la mexicana era especialmente notable. En la década de 1970, México comenzó a exportar una pequeña cantidad de uva a Estados Unidos. En 1982, mediante una ley federal sobre comercialización, se empezó a exigir que la uva mexicana cumpliera con los mismos requisitos que se aplicaban a la californiana en cuanto a tamaño de cada uva y a su contenido de azúcar, algo que jamás se le exigió a The Packer Produce Availability and Merchandising Guide, 1985, b-305; 2; 1987, 4. Produce Marketing Almanac, 1982, 38; Produce Marketing Almanac, December, 1983, 76. 125 International Fruit World 37, Nº 1 (1979); International Fruit World 40, Nº 2 (1982): 31; International Fruit World 42, Nº 2 (1984): 373; International Fruit World 43, Nº 1 (1985); Outlook, January-February, 1985, 31; Outlook, September-October, 1985, 41; Outlook 13, Nº 4 (1986): 39; Outlook 14, Nº 1 (1987); The Packer, January 19, 1980, 2a; The Packer, January 26, 1980, 2d; The Packer, August 9, 1980, 17b; The Packer, January 11, 1986, 5a; January 18, 1986, 12a; Produce Marketing Almanac, 1982, 219; Produce Marketing Almanac, December, 1983, 207. 126 Produce Marketing Almanac, December 1982, 219; Outlook 14, Nº 2 (1987): 77; Outlook 15, Nº 1 (1988): 63. 124

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Chile. Este proteccionismo selectivo se debía en parte a que la uva mexicana competía más directamente con la californiana, dado que llegaba a Estados Unidos en abril y permanecía en venta hasta agosto o septiembre, lo que traslapaba en especial con la uva del valle de Coachella, situado en la parte sur de California. Pero el hecho de que Chile quedara exento de los reglamentos federales de Estados Unidos también se debía a las exitosas alianzas que los exportadores chilenos habían forjado con los productores californianos, como asimismo a su autopromoción en cuanto a su superioridad tecnológica en comparación con los otros países latinoamericanos. Durante las sesiones del Congreso en las que se debatió la ley de comercialización de 1982, productores californianos declararon que era innecesario aplicar medidas restrictivas a Chile porque el país realizaba sus propias inspecciones y fumigaciones, y se podía confiar en que iba a continuar manteniendo los estándares apropiados127. Es decir, supuestamente en este ámbito no se podía confiar en los mexicanos. Vendiendo sol chileno en invierno La agroindustria estadounidense, especialmente la californiana, desempeñó un papel clave en la promoción de la uva chilena. Los embarcadores con base en Nueva York, William Kopke y Vandenberg Brothers, fueron los principales importadores de fruta chilena durante la década de 1970, pero rápidamente se les unieron firmas californianas, como Pandol Brothers, Blue Anchor, Giumarra Vineyards, D’Arrigo Brothers, Granada International, Superior Farming y Sun World. La mayor parte de estas firmas había comenzado con Federal Marketing Act of 1982: Hearing on S.505, on September 24, 1982 Before the Subcommittee on Agricultural Production, Marketing, and Stabilization of Prices of the Committee on Agriculture, Nutrition, and Forestry, 97th Congress (1982); “Table Grape Marketing Orders Report”, United States Congress, Senate Committee on Agriculture, Nutrition, and Forestry, September 24, 1982. 127

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el comercio de cítricos y de lechugas, pero también era productora de uva y embarcadora de otros productos frutícolas y hortícolas de California128. Las multinacionales, como Dole y Del Monte, que pasaron a ser fuertes importadoras de uva chilena a fines de los años 80, tenían sus raíces en el comercio internacional de plátanos y piñas. Pandol Brothers, Superior, Blue Anchor y Dole invirtieron directamente en Chile, donde adquirieron plantas de embalaje, mientras que William Kopke y Vandenberg Brothers se mantuvieron como embarcadoras dentro de Estados Unidos solamente129. Como es bien sabido, las firmas que participaban en “el negocio de Chile”, como lo llamaban los periodistas de la industria, eran un grupo selecto130. En 1984, en California existían solamente veintiséis firmas lo suficientemente grandes como para embarcar uva chilena, aunque para el fin de esa década su número se había duplicado131. Los socios de Chile en Estados Unidos impulsaban de manera vigorosa el mensaje creado por los chilenos de que su país era único en América Latina y fundamentalmente parecido a California. Dichos socios repetían los argumentos de que la calidad de la fruta chilena era del primer mundo porque el clima mediterráneo de Chile y California era casi idéntico, como también lo eran la tecnología que aplicaban en la agricultura y las prácticas comerciales que empleaban. Llamaban a Chile “el Valle de San Joaquín del sur”, en referencia a la zona agrícola más importante de California132. The Packer, January 19, 1980, 2a. En 1979 y 1980, ­la firma William Kopke, con base en Nueva York, era la mayor importadora de fruta chilena en Estados Unidos, seguida por Vandenberg, Inc. The Packer, March 3, 1979 3b; The Packer, January 19, 1980, 2a. 130 The Packer, March 3, 1979, 7b. 131 En 1984, Outlook lista treinta y cuatro compañías con base en Estados Unidos, incluidas ocho de Chile, como importadoras de fruta chilena. En 1986, la revista lista cuarenta y cuatro firmas importadoras, entre ellas algunas chilenas. Outlook, November­ -December 1984; Outlook, November-December, 1986, 26. Para fines de la década de 1980, en Estados Unidos había sesenta y cinco importadoras de fruta chilena, que les adquirían los productos a más de noventa firmas exportadoras basadas en Chile. Held, “La fruticultura de exportación de Chile”, 65. 132 Blue Anchor 54, Nº. 2 (March-April 1977): 21; Blue Anchor 59, Nº 1 (February-March 1982): 8; The Packer, March 17, 1984, 9a. 128 129

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En la década de 1970, en el boletín mensual de Blue Anchor se publicaban artículos largos sobre Chile, junto con fotos a colores de plantas de embalaje y frigoríficos chilenos, destacándose que eran prácticamente una réplica de los californianos133. A principios de la década de 1980, Granada International y D’Arrigo Brothers, ambas embarcadoras de David del Curto, colocaban avisos en los que la excelente calidad de la uva chilena se atribuía al hecho de que Chile y la zona central de California tuvieran un clima semejante134. En 1982, The Packer publica comentarios favorables sobre una reciente visita a la industria frutícola chilena patrocinada por firmas californianas: “La sofisticación de la planta de embalaje chilena que visitamos se compara favorablemente con sus homólogas estadounidenses. La maquinaria que se utiliza en Chile en general es de la misma marca que la empleada en Estados Unidos. Los empresarios del agro se visten de la misma forma. Sus intereses en la industria al parecer son idénticos, al igual que muchos de sus problemas… Los nombres de los chilenos son más difíciles de pronunciar, pero todos los exportadores chilenos hablan inglés, si bien a distintos niveles”135. Darrel Fulmer, vicepresidente de marketing de Pandol Brothers, afirmaba que los empresarios chilenos incluso superaban a los estadounidenses con su vigorosa respuesta al mercado: “Si los chilenos descubren que están cultivando una variedad que ya no se vende, dentro de un año se vuelcan hacia otra, mientras que los productores californianos tardan entre tres y cuatros años en decidir que deben tomar medidas”136. Los socios comerciales que Chile tenía en Estados Unidos subrayaban que la gran idoneidad de Chile se debía al hecho de que sus productores y exportadores de fruta compartían raíces europeas y otras afinidades culturales con los californianos: todos hablaban Blue Anchor 54, Nº 2 (March-April 1977): 1. The Packer, January 19, 1980, 2a; The Packer, January 26, 1980, 6d; The Packer, March 17, 1984, 9a. 135 The Packer, January 30, 1982, 1c. 136 The Packer, January 10, 1987, 5a. 133 134

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inglés, en una medida u otra. Un experto en la industria frutícola y hortícola estadounidense explica la comparación: “Los chilenos son empresarios sofisticados y cultos, [y] la calidad de sus frutas y hortalizas es igual a la estadounidense… Sus prácticas culturales son muy similares a las que se usan en Estados Unidos porque muchos de ellos han estudiado en la Universidad de California o en otras instituciones en distintas partes del mundo. Puede que muchos de ellos sean chilenos, pero sus antepasados provenían de otros países”137. Por su parte, el boletín mensual de Blue Anchor también sostenía que la uva chilena era de alta calidad porque Chile se parecía al Valle de San Joaquín: “poblado de familias de agricultores con ancestros europeos y estudios de agronomía”138. Representantes de Pandol Brothers les aseguraban a los supermercados que la uva chilena era “aséptica e higiénica porque los chilenos la cultivan en parras, como los europeos”139. La idea de que se compartía una tradición similar en cuanto a inmigración europea subrayaba también que los chilenos eran confiables como socios comerciales. De manera similar a la forma en que los exportadores de fruta chilena insistían en hacer paralelos entre Chile y otras comunidades del mundo que habían surgido gracias a sus colonos blancos, los californianos hacían hincapié en que los chilenos eran experimentados pioneros al igual que ellos mismos. Pandol Brothers había sido creada por un inmigrante croata, Vandeberg Brothers por un holandés, y Giumarra y D’Arrigo Brothers, por italianos. Es notable que los californianos mencionaran que los inmigrantes a Chile tuvieran raíces en Yugoslavia, Italia, Grecia y Alemania, pero no en España, el país que históricamente aportó la mayor parte de los inmigrantes europeos a Chile y que fue el primero en llevar uva a América. Tampoco aluden al Oriente Medio, cuna de una importante minoría de productores The Packer, February 28, 1981, 4b. Blue Anchor 54, Nº 2 (March-April 1977): 21; Blue Anchor 59, Nº 1 (February-March 1982): 8. 139 Entrevista con Rick Estes, Delano, California, 10 de octubre, 2006; Blue Anchor 59, Nº 1 (February-March 1982): 5. 137 138

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chilenos de origen libanés y palestino, entre ellos los Mansur, socios comerciales de Pandol Brothers. La ascendencia árabe distaba de ser europea, mientras que la española o hispana estaba demasiado cerca de la mexicana, la que en California tenía connotaciones claramente no blancas y se asociaba con los obreros agrícolas. Los embarcadores estadounidenses realizaron esfuerzos por coordinar las campañas de marketing con los exportadores chilenos desde temprano. En 1975, Jack Pandol comenzó a organizar reuniones entre firmas chilenas y estadounidenses con el fin de discutir la necesidad de crear una organización que promoviera la uva chilena en Estados Unidos. Pandol había participado en la creación de la California Table Grape Commission en los años 60, y había sido miembro de su junta directiva en varias ocasiones. Originalmente propuso que Chile se integrara a la Comisión, pero enfrentó una fuerte oposición por parte de productores de uva pequeños medianos, quienes consideraban que Chile era competencia, a pesar de que las estaciones de cultivo eran opuestas. El presidente de la Comisión, Bruce Obbink, también rechazó esta idea, aduciendo que su organismo era financiado por productores estadounidenses que no estaban mayormente interesados en correr con gastos de publicidad durante los meses en que no tenían fruta que vender140. En el fondo, se produjo una contundente división entre los productores californianos lo suficientemente grandes como para ser embarcadores nacionales e internacionales durante todo el año y la mayoría de los que se ganaban la vida principalmente en base a sus propios productos frutícolas y hortícolas. Es decir, los vendedores de fruta chilena tendrían que encargarse de hacer su propio marketing. La Imported Winter Fruit Association fue establecida formalmente en 1978, con participación tanto chilena como estadounidense. Entre sus miembros originales por parte de Estados Unidos se contaban Pandol Brothers, William Kopke, Joe Vandenberg, Schnell, Granada y Blue Anchor, y por parte de Chile, Coexport, 140

Entrevista con Darrel Fulmer, Visalia, California, 10 de octubre, 2006.

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asoex, David del Curto y agro-frio. Para 1983, docenas de otras firmas chilenas y estadounidenses se habían integrado a esta organización141. La Imported Winter Fruit Association realizaba actividades de marketing basadas directamente en las de la California Table Grape Commission, cuyo personal contrató durante la época en que no se vendía uva californiana para que elaborara sus primeras campañas publicitarias. Además, imitó el modo de financiarse, imponiendo una cuota por caja a la uva importada142. La asociación distribuía materiales y folletos con información para el cliente en supermercados, en los que replicaba el mensaje de la Comisión de que la uva era saludable y práctica, y asimismo promovía asociaciones entre uva y postre, y uva y productos para ensaladas, además de enviar historias de interés público y recetas a estaciones de radio, diarios regionales y revistas como McCall’s, Family Circle y Weight Watchers143. Debido a que, a diferencia de la California Table Grape Commission, la participación en la Imported Winter Fruit Association era voluntaria, sus primeros presupuestos fueron extremadamente bajos. Como el costo de la publicidad en radio y televisión era prohibitivo, ella se enfocó en el desarrollo de material impreso para enviar a supermercados o de comerciales que los medios locales pudieran emitir de manera gratis como material de interés público, algo similar a las campañas de “Fresh Approach”. Según cálculos de 141 En 1983, entre los miembros estadounidenses de la Imported Winter Fruit Association estaban Blue Anchor, Castle and Cooke, ml Catania Co., coexport, D’Arrigo, fbi foods, Fisher Bros., frupac international, Granada, Hillcrest, International Multifoods, William Kopke, John Livacich, David Oppenheimer, Pandol Brothers, Prevor Marketing, Seald Sweet Growers, Squillante and Zimmerman, Sun World, Superior Farming, Vandenberg, y Westpac. Entre los miembros chilenos estaban aconex, Agrícola Agrofrío, Andina, bhc, Blue Anchor, coexport, coopefrut, Rafael Correa, Curimón, David del Curto, Distagri, frupac, Exportadora Frutícola de Los Andes, Jorge Laihacar, Exportadora Penguelen, Alejandro Pérez, Río Blanco, Rucaray, Sociedad Exportadora Rubén Cruz Ponce, Standard Trading, E.L. Tattersall, Villasant Exportal [The Packer, March 19, 1983, 15a; The Packer, January 11, 1986, 1b, 2b]. 142 En 1985, la Imported Winter Fruit Association cobraba dos centavos y medio por caja y recibía una subvención del gobierno chileno cuyo monto era igual al recaudado. The Packer, November 23, 1985, 1c; Produce Marketing Almanac, December 1986, 29. 143 Blue Anchor 60, Nº 1 (January 1983): 6.

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The Packer, los chilenos obtuvieron el equivalente a US$ 500.000 en tiempo de emisión radial por gastos de producción que apenas llegaron a US$ 50.000144. En 1984, el gobierno de Chile comenzó a aportarle fondos paralelos a la Imported Winter Fruit Association, con lo que esta no solo aumentó su presupuesto sino que incentivó la afiliación de exportadores chilenos e importadores estadounidenses145. Para 1986, el presupuesto para publicidad de la asociación llegaba a un millón y medio de dólares146. La participación del gobierno militar en la Imported Winter Fruit Association obedeció en parte a presión de la California Table Grape Commission. En 1980, Obbink viajó a Santiago para reunirse personalmente con líderes empresariales y funcionarios del régimen de Pinochet147, a quienes subrayó que un marketing exitoso requiere de una promoción continua y que la Comisión no actuaba ni iba a actuar durante el período de ventas más importante para Chile en Estados Unidos, es decir, entre enero y marzo. En otras palabras, Chile tendría que hacerse cargo de sus propios gastos. El viaje de Obbink a Chile estuvo impulsado por la continua presión que ejercían los embarcadores californianos para que la Comisión permitiera que los chilenos se integraran a ella, como también por las constantes quejas de los productores de uva más pequeños de California, que sostenían que los chilenos estaban recibiendo beneficios gratis. Obbink continuó oponiéndose a que los chilenos formaran parte de la Comisión, pero su visita a Santiago fue una señal de que la industria vitícola de California reconocía que las importaciones de uva chilena habían hecho cambiar de manera notable el mercado de la fruta fresca en Estados Unidos, y que era improbable que ellas se discontinuaran. Así, para los productores de uva en The Packer, January 11, 1986, 11b. En 1985, la Asociación afirmó que el 90 por ciento de las firmas chilenas y estadounidenses involucradas en el “negocio de Chile” participaban en sus actividades. The Packer, January 26, 1985, 1b. 146 The Packer, January 11, 1986, 1b, 2b; The California Fruit Grower 63, Nº 1 (January 1986): 23; The Packer, January 18, 1986, 13a. 147 The Packer, January 11, 1986, 1b. 144 145

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los dos países, era mejor coordinar los esfuerzos de marketing. La misión de Obbink dio un nuevo impulso a los antiguos esfuerzos hechos por asoex y ProChile para lograr el financiamiento de estrategias internacionales de marketing, de modo que ella fue acogida con entusiasmo por ambas organizaciones. En el fondo, la decisión del gobierno de Pinochet de aportar fondos paralelos con respecto a dinero recaudado por una empresa privada, propiciaba un incentivo que era consecuente con los principios económicos del régimen, y a la vez cimentaba el apoyo estatal a la industria frutícola. Luego de que el Estado chileno se involucrara, la Imported Winter Fruit Association cambió su nombre a Chilean Winter Fruit Association [Asociación de Fruta de Invierno Chilena] y las firmas chilenas empezaron a desempeñar un papel más protagónico. “Educadamente se nos hizo a un lado”, recuerda Darrel Fulmer de Pandol Brothers148. Las campañas de marketing empezaron a destacar, en lugar de minimizar, a Chile como lugar de origen de la fruta de invierno, y los supermercados comenzaron a etiquetar la uva como chilena o sudamericana, en lugar de venderla como genérica. Más allá del hecho de que el Estado chileno hubiera empezado a participar formalmente en organizaciones de marketing, el cambio reflejaba una reevaluación por parte de las firmas tanto chilenas como estadounidenses de la forma en que la chilenidad podía pasar a ser una ventaja149. Para mediados de la década de 1980, Chile era menos paria que en los años 70, y pese a que la violación de los derechos humanos continuaba, el régimen militar había empezado a aparecer en las noticias internacionales con mayor frecuencia como representativo de una historia de éxito económico. Ronald Reagan y Margaret Thatcher consideraban que Pinochet era un aliado valioso en la lucha contra el comunismo. Según una encuesta de consumidores a nivel nacional llevada a cabo por la empresa de publicidad de la Chilean Winter Fruit Association, 148 149

Entrevista con Darrel Fulmer, Visalia, California, 10 de octubre, 2006. The Packer, January 11, 1986, 1b.

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Saatchi and Saatchi, con sede en San Francisco, “a los consumidores estadounidenses no les preocupa la situación política de Chile”150. La revista The Packer sostenía con frecuencia que los consumidores estadounidenses nunca les presentaban quejas a los administradores de los supermercados sobre la procedencia de su fruta151. Pero la política no había perdido su importancia, y los chilenos observaban de cerca los cambios en el sentir de la población estadounidense. Después de que, en enero de 1988, el programa de noticias 60 Minutes emitiera un segmento sobre el historial de violaciones a los derechos humanos en Chile, la publicidad sobre la uva chilena inmediatamente dejó de mencionar su país de origen y volvió a promover la fruta de invierno genérica152. La insistencia en que a los consumidores estadounidenses no les importaba la política debía repetirse constantemente ante la evidencia de que para algunos al parecer sí era materia de importancia. A través de toda la década de 1980, The Packer esporádicamente mencionó llamados a boicotear los productos chilenos hechos por organizaciones estadounidenses defensoras de los derechos humanos, y entrevistó a personal de la industria vitivinícola para saber su respuesta, la que invariablemente consistía en que esa visión era aberrante153. Con menos frecuencia, esta revista sostenía que la ética estaba fuera de lugar en las relaciones comerciales a nivel internacional. Apartándose de su usual visión de Chile como similar a Estados Unidos, en 1986, The Packer publicó un editorial con la siguiente racionalización: “Fuera de [Estados Unidos], Canadá, las naciones de Europa Occidental y Japón, no hay países éticos. Chile está mal, pero todos los otros también. Si establecemos estándares de moralidad, habría muy pocos países con los cuales tener relaciones comerciales”154. Y en un contexto político diferente, el hecho de que a mediados de The Packer, January 16, 1988, 4b. The Packer, January 16, 1988, 7b. 152 The Packer, January 16, 1988, 7b. 153 The Packer, January 11, 1986, 1b. 154 The Packer, January 18, 1986, 3a; The Packer, January 10, 1987, 9c; The Packer, January 16, 1988, 7b. 150 151

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los 80 la ufw lanzara su tercer boicot a la uva californiana creó un incentivo paradójico para que los exportadores de fruta chilenos se distanciaran de California. El boicot de la ufw iba dirigido exclusivamente a la uva de California y se centraba en el uso de pesticidas. Esto hizo que la chilenidad de la uva de invierno se convirtiera en una ventaja a la hora de su comercialización: la uva chilena estaba fuera del conflicto laboral de la ufw, aunque se la cultivara con los mismos químicos que se empleaban en California. La razón principal para que la Chilean Winter Fruit Association comenzara a poner énfasis en lo sudamericano o lo chileno de sus productos fue lograr una ventaja de marketing dentro de un comercio de frutas y hortalizas cada vez más competitivo. Para 1985, la sección de fruta y verdura fresca de los supermercados había aventajado a la sección de carne como la más lucrativa, representando más de un tercio de las ganancias de cada local, a pesar de que significaba menos del diez por ciento de las ventas y del espacio que ocupaba dentro de los supermercados155. Es decir, el margen de ganancias de frutas y hortalizas en relación a su valor agregado era sustancialmente más alto que el de otros productos, lo que incentivaba a aumentar su stock cada vez más y con mayor frecuencia. En la sección de frutas y verduras frescas de los supermercados el número promedio de diferentes productos subió a más del triple, pasando de sesenta a doscientos a nivel nacional entre 1975 y 1985156. La fruta chilena contribuyó a liderar este aumento, haciendo que la uva, al igual que nectarines, duraznos y ciruelas, estuvieran en venta por primera vez durante el invierno en Estados Unidos. Pero para mediados de la década de 1980, los encargados de marketing de la uva chilena habían dejado de suponer que bastaba con ser parte de los mensajes de la California Table Grape Commission, ya que para entonces había mucha otra fruta de invierno en los supermercados estadounidenses: kiwis de Nueva Zelanda, tangelos de Brasil y mangos de Jamaica. Además, la uva california155 Los Angeles Times, February 19, 1985, 1; Wall Street Journal, January 14, 1985, 1; Supermarket Business, October 1986, 1. 156 Los Angeles Times, February 19, 1985, 1.

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na se estaba cosechando antes, desde fines de abril, y permaneciendo en venta durante más tiempo. Los embarcadores estadounidenses y los exportadores chilenos adujeron que era importante especificar el origen de la uva chilena, tanto para explicar por qué era más cara que la californiana como para ubicarla dentro una creciente selección de fruta extranjera157. Irónicamente, en el mismo momento en que los supermercados rediseñaban su sección de frutas y verduras frescas para que luciera como una feria libre local, la uva chilena comenzó a identificarse como proveniente del otro extremo del mundo. Esto tuvo por consecuencia que la creación de un fuerte vínculo entre Chile y el concepto de lo fresco pasara a ser de extrema importancia. ¿Cómo podría ser posible que la uva estuviera recién cortada y al mismo tiempo provenir de tan lejos? En un aviso publicado por Dole en The Packer en 1982 se prometía que los medios de transporte modernos entregaban la uva chilena a los supermercados estadounidenses de manera tan veloz que los consumidores podían gozar de la misma calidad en invierno que en verano: “La Primera Uva de la Estación. ¡Estamos transportando la primera uva chilena de la estación por vía aérea para que a mediados de diciembre llegue la más fresca variedad premium de la Thompson sin pepa! Y en enero iniciaremos embarques por barco para que usted disfrute todas las variedades sin parar durante el invierno y la primavera. Confíe en Dole como proveedor de la fruta de mejor calidad”158. La ilusión de que la uva arribara de la noche a la mañana por avión falseaba la realidad de que más del 95 por ciento de la fruta exportada desde Chile se transportaba en barcos de carga que tardaban dos semanas en llegar a América del Norte y en pasar por la aduana, y luego hasta casi otra semana para que los camiones la pusieran en los supermercados. En los William Kopke adujo desde el principio que era necesario etiquetar la fruta de invierno como “de Chile” para explicar por qué su costo era relativamente alto. Los exportadores de fruta chilenos de vez en cuando expresaron esta misma opinión. The Packer, March 3, 1979, 4b; The Packer, February 23, 1980, 14a; The Packer, January 17, 1981, 3b. 158 The Packer, November 27, 1982, 20a. 157

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avisos que Granada International colocaba para promover la uva chilena se omitía toda referencia al transporte, como también a la vasta diferencia existente entre la fruta importada del extranjero y la nacional, y más aún a los productos frutícolas y hortícolas que se vendían en las ferias libres, afirmándose simplemente: “En Granada siempre es la estación de lo fresco”159. La Chilean Winter Fruit Association se esforzó por transformar lo extranjero y lo lejano de Chile en características atractivas, vinculándolas a una imagen de chic internacional. En los kits de materiales que distribuyó a los supermercados en 1984, destacaba la palabra importada puesta junto a un mapamundi rotado hacia América del Sur en el que se habían delineado las fronteras de Chile160. En 1986, distribuyó sesenta mil kits que promocionaban la uva de “La Gran Tierra de Chile” con una ilustración de un amanecer en montañas con picos nevados161. La asociación y los comerciantes del rubro copatrocinaron avisos en los diarios en los cuales se retrataba a los supermercados como abastecedores experimentados de un bazar a nivel mundial. Un aviso de Purity Supreme que apareció en los mercados de la zona de Boston hacía el siguiente alarde: “Recorremos el mundo en busca de fruta de verano donde su sabor significa calor y sol y es tan refrescante que hace agua la boca, ahora a la venta en pleno invierno”162. En un aviso del supermercado Vons que apareció en los diarios Los Angeles Times y Orange County Register en 1989, se prometía a los consumidores del sur de California que la uva chilena ofrecía “El dulce aroma del verano163. Puede que sea invierno en California, pero Vons le trae fruta dulce y jugosa en pleno enero”. El aviso tenía la imagen de un arreglo de uva y duraznos bañado en luz de sol (ver Figura 10)164. La Independent The Packer, February 23, 1980, 14a. Outlook, May-June 1984, 13. 161 The Packer, January 11, 1986, 14b. 162 The Packer, January 11, 1986, 12b. 163 “Vons Sweet Smell of Summer”, Sheldon B. Sosna Papers (ssp), Visual Material Series, slide subseries 1970s-1990s, box 12. CITE: Cortesía del J. Walter Thompson Archive. 164 SSP box 12, July 1989. 159 160

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Grocers Association [Asociación de Vendedores de Comestibles Independientes] colocó un aviso con un niño meciendo un ramo de uva chilena delante de su boca y la leyenda “¡Disfrute el dulce sabor del verano ahora!”165.

Figura 10. Anuncio para uva chilena del supermercado Vons (California). Fuente: J. Walter Thompson Archive, Duke University Libary.

Los mensajes radiales patrocinados por la Chilean Winter Fruit Association eran de tónica similar. La asociación contrató los servicios de la misma empresa de publicidad que empleaba la 165

ssp, Visual Material Series, slide subseries, 1970s­-1990s, box 12, July 1989.

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California Table Grape Commission –Barney McClure, con sede en San Francisco– con el fin de que en febrero y marzo ella creara comerciales de treinta segundos destinados a los diez mejores mercados estadounidenses. En algunos comerciales se emplean frases populares relacionadas con Australia, en los que la uva chilena se presenta románticamente como “proveniente de abajo”, mientras que en otros se celebra “la fruta chilena cultivada bajo condiciones ideales, junto a Los Andes, lo que produce un estupendo sabor”166. En un aviso radial de 1985 aparece una mujer con acento inglés americano cantando sobre “la uva de gran calidad que se cultiva en las ideales condiciones del soleado Chile”167. La firma McClure Associates le explicó a The Packer que la intención era atraer a mujeres cultas y de altos ingresos a las que “les guste la idea de comprar fruta de América del Sur porque es inusual que ella esté en venta”168. Para 1986, los spots radiales de la Chilean Winter Fruit Association se emitían en treinta y cinco mercados de importancia, entre ellos, Nueva York, Boston, Filadelfia, Chicago, Los Angeles, San Francisco, Houston, Dallas, Tampa, Seattle y Cincinnati. La idea de que la uva chilena ofrecía las bondades del verano durante el invierno satisfacía cierto sentido de complacencia en cualquier época del año, así como el deseo de viajar169. El mensaje refundía asociaciones más antiguas relacionadas con la fruta importada, como los plátanos con trópicos soleados, pero en términos de la más reciente moda yuppie de consumir productos internacionales como signo de sofisticación170. Los comerciales de la uva chilena celebraban las delicias de lo extranjero sin subrayar el exotismo latinoamericano: esta uva provenía de otro país, estaba bañada en luz de sol, pero no era producida en el trópico sino bajo unas condiciones de primer mundo ideales. Quienes promocionaban la uva The Packer, January 28, 1984, 1b-2b. The Packer, January 26, 1985, b6. 168 The Packer, January 28, 1984, 1b-2b. 169 The California Fruit Grower 63, Nº 1 (January 1986): 23. 170 Belasco, Appetite for Change; Levenstein, The Paradox of Plenty. 166 167

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al consumidor de Estados Unidos eran mujeres, pero ahora las que cantaban en los comerciales no eran bellezas latinas sino mujeres de su propio país. La imaginería de la uva chilena cultivada junto a los sudamericanos Andes ponía énfasis en una limpieza prístina más que en una maravilla del tercer mundo, y las montañas nevadas subrayaban la pureza alpina, recordando al consumidor que la uva chilena se producía en un ambiente protegido. Rick Eastes, ex ejecutivo de ventas de Granada International, recuerda la colaboración entre la Chilean Winter Fruit Association y los supermercados Vons y Raley’s en uno de sus primeros comerciales para la televisión: “La idea era lograr que el consumidor aceptara la fruta chilena como aséptica e higiénica, pura como los Alpes, y así. Fui a Chile con el equipo de la televisión y sacaron fotos durante una semana. El tema era: ‘Imaginar una montaña cubierta de nieve, la nieve se derrite y se convierte en agua pura, el agua baja a las tierras de cultivo’… La idea es que Raley viaja por todo el mundo para conseguir lo mejor”171. La esperanza de que el consumidor creyera que los Andes eran los Alpes suizos, se hacía eco del mensaje que los exportadores chilenos promovían dentro de la industria frutícola y hortícola: la naturaleza hizo de Chile un país más europeo que latinoamericano. El marketing de la uva chilena durante la década de 1980 fue notable por su intensidad. La Chilean Winter Fruit Association compensaba su falta de medios para financiar comerciales televisivos haciendo un mayor uso de material impreso. Para 1985, estaba distribuyendo un número más alto de kits de presentación del que la California Table Grape Commission había distribuido solo pocos años antes. La revista Supermarket News, de la industria de ventas de productos alimentarios, decía que a los productores de uva de California y a Sunkist les convendría imitar lo que hacían los chilenos de incluir en cada caja de fruta una tarjeta para indicar

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Entrevista con Rick Estes, Delano, California, 10 de octubre, 2006.

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el punto de compra172. Un estudio realizado por Majers Co., en 1986, sobre la publicidad hecha por las cadenas más importantes de supermercados, llega a la conclusión de que entre febrero y abril los avisos de fruta chilena eran más numerosos que los de cualquier otro producto, constituyendo más de un tercio de la propaganda hecha en diarios, lo que se sostenía a través de todo el país173. La Chilean Winter Fruit Association tuvo su mayor éxito promoviendo uva mediante cupones que ofrecían un certificado de descuento, los que aparecían en cuatro de cada cinco avisos colocados en medios impresos174. La abundancia de propaganda impresa de la uva chilena se debió, en gran parte, a que para la década de 1980, los supermercados cofinanciaban o financiaban enteramente cada vez más los avisos sobre sus productos que se publicaban en la prensa. Por cada dólar que gastaba la Chilean Winter Fruit Association, los supermercados contribuían con cuatro dólares175; además, cubrían por completo los descuentos ofrecidos en los cupones176. Para 1988, los supermercados financiaban los primeros comerciales de uva chilena en televisión, que se transmitieron en treinta y cinco mercados urbanos; duraban sesenta segundos y subrayaban que el supermercado se comprometía a mantener un abastecimiento de productos hortícolas y frutícolas de alta calidad durante todo el año. Un comercial de la cadena de supermercados Safeway reiteraba el mensaje de la Chilean Winter Fruit Association: “la uva Supermarket News, October 20, 1980, 47. The Packer, January 11, 1986, 12b. El estudio se basó en 2.300 avisos, de los cuales 805 eran para uva de invierno. 174 Entrevistas con Ronald Bown, Santiago, 10 de abril, 2003; John Pandol, Visalia, California, 10 de octubre, 2006; Bruce Obbink, Monterey, California, 4 de noviembre, 2010. 175 Según cálculos de The Packer, la Chilean Winter Fruit Association recibió el equivalente de hasta US$ 500.000 en publicidad gratis en radio y televisión por cada US$ 50.000 que invirtió en relaciones públicas. The Packer, January 11, 1986, 10a. En entrevistas, los exportadores chilenos y los importadores californianos afirmaron que hasta tres cuartas partes de la publicidad en radio y televisión fueron cubiertas por supermercados o bien transmitidas sin costo. Entrevistas con Ronald Bown, Santiago, 10 de abril, 2003; Rick Estes, Delano, California, 10 de octubre, 2006. 176 Entrevista con Rick Estes, Delano, California, 10 de octubre, 2006. 172 173

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chilena, en venta ahora en Safeway, [brinda] el sabor del verano en invierno”177. La participación de los supermercados en el marketing de frutas y verduras frescas marcó un profundo cambio. Con anterioridad a 1975, la mayor parte de la venta de estos productos era impulsada por la oferta y por ello dependía del marketing emprendido por productores y mayoristas, como Sunkist y Dole. Sin embargo, para la década de 1980, cuando la fruta y la verdura fresca se habían hecho más disponibles y potencialmente más lucrativas, fue el mercado el que empezó a impulsar su venta, y así los supermercados comenzaron a desempeñar un papel directo en un marketing al consumidor que identificaba y a la vez creaba deseos178. Para 1990, más del 65 por ciento de la uva chilena era adquirida por los propios supermercados, en lugar de distribuidores con sede en Estados Unidos179. El uso cada vez más intenso de los códigos de barra para escanear las compras también facilitó este cambio porque permitía llevar un récord de los productos favorecidos por el consumidor. Además, un número cada vez mayor de supermercados optaba por la publicidad a través de cupones para atraer a consumidores y así poder rastrear sus hábitos. Este tipo de marketing tuvo un verdadero boom en los años 80, brincando de alrededor de 36 mil millones de cupones emitidos por supermercados en 1975 a 179 mil millones en 1985180. Los supermercados gastaban más en la publicidad de frutas y verduras frescas que en la de cualquier otro de sus productos181, y en los meses de enero y De manera similar a lo que ocurría con el financiamiento de los avisos en la prensa, los supermercados pagaban de tres a cuatro dólares por cada dólar que la Chilean Winter Fruit Association gastaba en publicidad para la televisión. Entrevista con Ronald Bown, Santiago, 10 de abril, 2003. 178 Outlook, January-February 1985, 1. 179 Held, “La fruticultura de exportación de Chile”, 65. 180 El marketing a través de cupones había comenzado en 1895, cuando C. W. Post ofreció un certificado de un centavo para la compra del cereal marca Grape-Nut. En la década de 1980, entre 1981 y 1985, el número de cupones canjeados se elevó de 4.100 millones a 6.490 millones. “A Special Report: Couponing as a Marketing Tool”, D’Arcy Masius Benton and Bowles, May 1986, jwt, Marketing Vertical Files, box 18. 181 Supermarket Business, February 1986, 21. 177

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febrero, es decir, en el invierno, gastaban más en publicitar la uva chilena que cualquier otra fruta o verdura fresca, con excepción de los plátanos182. La uva chilena tenía tanto éxito que para fines de la década de 1980 ya no se podía negar que a veces competía con la californiana y hasta tenía mayor venta que esta. La estación de la uva chilena y de la californiana comenzó a traslaparse durante la época de festividades de diciembre y comienzos de enero, cuando los productores californianos solían sacar de los frigoríficos la variedad de uva rosada Emperor. Los chilenos en ese momento ofrecían múltiples variedades, entre ellas la popular uva verde Thompson sin pepas. Chile aventajaba a Estados Unidos en el total de exportaciones, y la venta de uva chilena durante los meses de invierno comenzaba a aproximarse a la venta de uva californiana durante los fines del verano y el otoño183. En la reunión anual celebrada por la United Fresh Fruit and Vegetable Association en 1987, se realizaron sesiones especiales sobre “el problema de la competencia chilena”, como también sobre la necesidad de establecer una mejor coordinación entre la uva chilena y los productores californianos en cuanto a volumen y cronogramas184. Darrel Fulmer, de Pandol Brothers, quien solía ser un entusiasta defensor de la pujanza de Chile, advirtió: “Los chilenos son invitados y deberían actuar como tales. Les convendría poner fin a su negocio para el primero de mayo”185. En la revista The California Fruit Grower se comentó secamente que el 182 Según un estudio llevado a cabo por la United Fresh Fruit and Vegetable Association en 1984, el mayor aumento de consumo entre los productos frutícolas y hortícolas desde 1975 se había producido en la uva (con un 117 por ciento de aumento), seguida de la espinaca (con 80 por ciento) y los nectarines (71 por ciento, gracias en parte a las importaciones de fruta de carozo proveniente de Chile). Los Angeles Times, February 19, 1985, 1. 183 Como industria, los productores vitícolas de California comenzaron a buscar mercados internacionales de manera activa a partir de fines de la década de 1970, llegando a exportar 250.000 toneladas métricas para 1988, en comparación con las 340.000 toneladas métricas de uva exportadas por Chile. Alston et al., The California Table Grape Commission’s Promotion Program, 57; cepal, La cadena de distribución y la competitividad de las exportaciones latinoamericanas, 60; The California Fruit Grower 63, Nº 6 (1986): 23. 184 Outlook 14, Nº 1 (1987); Outlook 15, Nº 1 (1988): 39. 185 The Packer, August 10, 1985, 25c; January 10, 1987, 5a.

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previo entusiasmo californiano por la fruta chilena se estaba transformando en “despecho”186. Sin amilanarse, los exportadores frutícolas chilenos aprovecharon la creciente ansiedad para poner de manifiesto sus singulares capacidades, reformulando el temor californiano a la ventaja del tercer mundo al que transformó en una historia inspiradora de Chile como un animoso “pequeño motor que triunfó”. En el International Trade Forum [Foro sobre Comercio Internacional] de la United Fresh Fruit and Vegetable Association celebrado en 1988, la Chilean Fruit Association organizó el panel de fondo, llamado “Chile: Modelo de Desarrollo”, cuyo protagonista fue la tensión reinante en la voz de sus oradores Ronald Bown, presidente de asoex, y Bruce Obbink, presidente de la California Table Grape Commission. El moderador del panel fue Barney McClure, ceo de la principal firma de publicidad empleada por ambas entidades, quien abrió la reunión alabando a Chile como “un resuelto y extraordinario suceso en un país del tercer mundo [que] ha creado competencia para los productores estadounidenses en nuestra nación y en el extranjero, y ha impactado a los mercados mundiales del futuro”187. La diferencia que marca Chile En un estudio realizado en 1997 por la Giannini Foundation of Agricultural Economics de la Universidad de California, el enorme aumento en el consumo de uva en Estados Unidos se atribuye a dos fuerzas: las campañas de marketing de la California Table Grape Commission y la importación de fruta chilena. Asimismo, se reconoce a Chile como “el único factor que empujó el aumento de la cantidad total de uva importada [a Estados Unidos]”, la que 186 187

The California Fruit Grower 63, Nº 6 (1986): 21. Outlook 15, Nº 1 (1988): 39.

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se multiplicó por ocho entre 1984 y 1994. En el estudio también se analizan las campañas publicitarias de la California Table Grape Commission, calificadas como altamente exitosas y eficaces en función de costos, pero no se dice que el marketing realizado por los chilenos haya tenido la misma importancia en cuanto al desarrollo del gusto por la uva que experimentaron los estadounidenses. Esta omisión da a entender que la publicidad de la uva californiana impulsó la demanda de uva chilena188. Sin embargo, la Giannini Foundation también hace hincapié en que la demanda de fruta fresca es especialmente volátil y deriva del impulso, y requiere una publicidad constante pues ella pierde vigencia de un mes a otro. Las campañas de la Comisión eran estrictamente estacionales. Fue el marketing chileno el que contribuyó a desarrollar el apetito por la uva durante todo el año. Los consumidores estadounidenses adquirieron una mayor cantidad de uva en los años 80 que en los 70 no porque la uva chilena hubiera llegado al mercado, sino porque ellos habían llegado a creer que la uva les hacía bien para la salud y que la uva chilena era saludable. Por lo general, los estadounidenses no habían preferido uva u otra fruta fresca a otros manjares, y durante la década de 1960 habían favorecido los alimentos enlatados, congelados y procesados. El papel preponderante que desempeñó la uva en que en Estados Unidos reviviera el consumo de productos frutícolas y hortícolas frescos, se debió en gran parte a la forma en que tanto chilenos como californianos la comercializaron. Las campañas de marketing lanzadas por ambos se crearon en base a la ansiedad sobre la salud y los ingredientes artificiales, prometiendo simultáneamente la misma conveniencia que se asociaba con los alimentos procesados. La California Table Grape Commission marcó el rumbo con su prolongada campaña 188 En un estudio realizado por el Department of Agricultural Economics de la Universidad de California, Davis, se afirma que por cada US$ 1 que la California Table Grape Commission gastó en publicidad, generó US$ 150 en ingresos. Bruce Obbink, “An Overview of the California Table Grape Industry: Past, Present, and Future”, monografía sin publicar presentada en la cuadragésimo novena reunión anual de la American Society of Enology and Viticulture [Sociedad Estadounidense de Enología y Viticultura], Sacramento, California, June 24, 1998, 4.

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del “snack natural”, en la que de manera astuta incorporó elementos de la revolución sexual y la contracultura, equiparando la uva con la emancipación y los alimentos integrales. Los chilenos se esforzaron por hacer que tanto ellos como sus productos resultaran aceptables para distribuidores, vendedores y consumidores estadounidenses, destacando el aislamiento que protegía a Chile, además de su afinidad con la tecnología empleada en la agroindustria californiana y con la cultura europea. Los socios comerciales de Chile en Estados Unidos contribuyeron a este proyecto con entusiasmo, validando las credenciales étnicas y la experiencia empresarial de Chile ante los ojos de otros integrantes de la industria frutícola y hortícola, así como de los propios consumidores de su país. Incluso la publicidad que presentaba a la uva chilena como la ocasión de “disfrutar el verano en invierno” subrayaba la modernidad y se distanciaba de temas exóticos o de romance pastoral. Al consumidor se le aseguraba que la uva chilena era fresca y saludable, no porque estuviera recién cortada, como la californiana, sino porque era producida por expertos chilenos bajo condiciones similares a las de California. La Madre Naturaleza no era la que ofrecía la prístina fruta chilena, sino empresarios y agricultores de origen europeo, y la uva chilena circulaba en los mercados estadounidenses como un producto aséptico, blanco, más europeo que latinoamericano porque Chile se parecía a California. Estas triangulaciones regionales permitieron que los comercializadores de uva chilena accedieran al concepto más amplio de la uva californiana como el snack natural. Una vez llegada a los supermercados, la fruta chilena podía ofrecerse como un rayo de sol especial que hacía posible la compra de uva durante todo el año.

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Capítulo IV Boicoteo a la uva: Retos por parte del United Farm Workers y del Chile Solidarity Movement

En 1986, el sindicato United Farm Workers (ufw) comenzó a distribuir un video llamado The Wrath of Grapes [La ira de las uvas] en el que le advertía al consumidor que la uva californiana estaba envenenada con pesticidas y presentaba un grave peligro para su salud. En el video se intercalan dramáticas figuras de niños de origen latino nacidos sin piernas o brazos (defectos que según el sindicato eran consecuencia de la exposición a pesticidas) con imágenes de obreros vitícolas parados junto a campos que están siendo fumigados por aviones que vuelan bajo. Una mujer, al parecer blanca, expresa ira porque el agua subterránea de su vecina está contaminada, y una dueña de casa de origen mexicano lava uva en su cocina mientras se escucha una música agorera y un narrador advierte: “¡No todos los pesticidas se eliminan con agua y jabón!”. César Chávez, presidente de la ufw y famoso defensor de los derechos civiles de las personas de origen mexicano en Estados Unidos, explica que el sindicato lucha por “poner fin a la locura del mercado” y por proteger la seguridad alimentaria del país. El video hace un llamado a los consumidores para que dejen de comprar uva californiana hasta que sus productores accedan a eliminar cinco pesticidas y herbicidas de uso común, así como a permitir dentro de sus predios elecciones sindicales justas y negociaciones colectivas de buena fe1. Esta era la tercera vez que el ufw hacía un llamamiento a los estadounidenses para que boicotearan la uva. Entre 1965 y 1970, el comité organizador del sindicato había patrocinado un boicot masivo, a nivel internacional, contra la uva californiana, el que condujo a que los productores de California reconocieran al sindicato y 1 The Wrath of Grapes, Lorena Parlee and Lenny Bourin (Keene, Calif.: United Farm Workers of America and afl-cio, 1986), vhs.

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negociaran los primeros contratos laborales con los obreros frutícolas. Un segundo boicot, entre 1973 y 1979, impulsó la promulgación de la California Agricultural Labor Relations Act [Ley de Relaciones Laborales Agrícolas de California] de 1975, la que otorga a los trabajadores del agro los mismos derechos laborales que el New Deal les concediera a los obreros industriales. En 1984, Chávez anunció el lanzamiento de un nuevo boicot a la uva, esta vez para protestar por el hecho de que el recientemente elegido gobernador de California, George Deukmejian, del partido republicano, se estuviera absteniendo de hacer cumplir dicha ley. Al ufw le había preocupado la cuestión de los pesticidas desde los años 60, pero estos no fueron el motivo central de los boicots hasta los 80. Lo aducido por el sindicato en cuanto a que la uva estaba envenenada por químicos constituía un reto al mensaje que había sido propiciado por la industria vitícola de que la uva era un producto natural y saludable. Según el ufw, los consumidores corrían el mismo riesgo que los obreros del agro y solo sindicatos fuertes podían proteger a los estadounidenses contra las toxinas. Pero el ufw no era el único grupo que le decía al consumidor estadounidense que dejara de adquirir uva. En 1985, una organización llamada Casa Chile, de Berkeley, California, comenzó a realizar una campaña llamada “¡A boicotear Chile!”, en la que pedía que no se compraran productos importados de este país, especialmente uva y vino. La lógica central de este boicot se expresaba en folletos y afiches: “Nada para Pinochet - Nada de Pinochet”, es decir, a través de sus compras en supermercados los consumidores podían aislar y ejercer presión sobre el régimen militar de Chile. Los organizadores del boicot señalaban que Chile dependía de sus exportaciones a Estados Unidos y que bajo las políticas de mercado libre de los militares, la fruta fresca había pasado a ser su segunda fuente de divisas, después del cobre. Según afirmó en una reunión en Sacramento el abogado chileno defensor de los derechos humanos, Fernando Zegers: “Todo lo que se boicotee ayuda al pueblo chileno. Hay un pequeño grupo de exportadores a los que la junta llama el sector 264

dinámico de la economía –esto es para la risa–. Todo el resto de los sectores lucrativos de la economía está en las manos del régimen”2. Casa Chile era una de las más de cien organizaciones activistas que se formaron en Estados Unidos en los años 70 y 80 en oposición a la dictadura militar de Chile y que insistían en el regreso a la democracia. El movimiento de solidaridad con Chile, como pasó a llamarse este informal conjunto, surgió inmediatamente después de que Salvador Allende fuera derrocado el 11 de septiembre de 1973. Iglesias, sindicatos, académicos y diversos activistas liberales y de izquierda se movilizaron para dar a conocer las violaciones a los derechos humanos cometidas por los militares y para denunciar la complicidad de Estados Unidos en el golpe militar. A medida de que grandes cantidades de chilenos salían al exilio, proliferaban los grupos de solidaridad en Estados Unidos, y los chilenos se unían a grupos existentes o bien formaban los propios3. Casa Chile fue una organización fundada en 1981 por refugiados chilenos afiliados al Movimiento de Izquierda Revolucionario (mir) –inspirado en la revolución cubana y especialmente perseguido bajo Augusto Pinochet– pero a la cual también pertenecían muchos activistas y estudiantes estadounidenses, y que trabajaba en estrecha colaboración con otros grupos solidarios de la Bay Area. El boicot a Chile hacía hincapié en el continuo Estado de terror existente en el país y subrayaba el impacto internacional del comportamiento del consumidor estadounidense, echando mano de argumentos que habían surgido con anterioridad, en los años 70, sobre la necesidad de aislar económicamente a Pinochet y de asociar las violaciones a los derechos humanos cometidas por el régimen con su política económica neoliberal. Sin embargo, en la década de 1980, ni el nuevo boicot lanzado por el ufw a raíz de los pesticidas ni la campaña “¡A boicotear Chile!” tuvieron éxito en convencer a un alto número de consumi2 3

The Chile Newsletter 3, Nº 6 (julio-agosto 1986): 8. Stern, Reckoning with Pinochet, XXIV.

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dores estadounidenses de que dejaran de comprar uva. De hecho, a nivel nacional, el consumo de uva se disparó de un promedio de 1,8 kilos por persona en 1980 a casi 3,6 kilos en 19904. Por el contrario, el primer boicot contra la uva organizado por el ufw en la década de 1960, había logrado que el consumo a nivel nacional se redujera por algún tiempo en hasta casi el 20 por ciento5. El explosivo ambiente existente en los 60, debido a la lucha por los derechos civiles y a las protestas contra la guerra de Vietnam, había permitido que el ufw movilizara a miles de voluntarios y de trabajadores para que formaran piquetes delante de supermercados e hicieran lobby a consumidores en ciudades clave, pero en la década de 1980 el clima era diferente. El presidente del momento, Ronald Reagan, estaba decidido a refrenar el poder de los sindicatos a nivel nacional y a derrotar el marxismo a nivel internacional. La crisis interna por la que pasaba el ufw con respecto a su estrategia y a su liderazgo tuvo por consecuencia que disminuyera su apoyo externo y que su afiliación se redujera notablemente. Al mismo tiempo, el boicot contra la uva lanzado por Casa Chile en 1985 nunca pasó de ser un fenómeno local, puesto que esta organización carecía de recursos financieros propios y de un número suficiente de miembros como para llegar a consumidores que estuvieran más allá de los supermercados que tenía en la mira en la costa del Pacífico, y de unos pocos establecimientos ubicados en el oeste medio y en la costa del Atlántico. El ataque realizado por el gobierno de Reagan contra la revolución sandinista en Nicaragua y su apoyo a los militares en Guatemala y El Salvador, fueron causa de que incrementara de manera considerable la creación de organizaciones de solidaridad contrarias a la política exterior de Estados Unidos en América Latina. Sin embargo, la índole descentralizada e ideológicamente fragmentada de los movimientos solidarios, tuvo por consecuencia que el boicot lanzado por Casa Chile pasara desaper4 usda, “Fruit and Tree Nuts: Situation and Outlook Yearbook, 2008”, accessed November 2, 2011, www.ers.usda.gov. 5 Los Angeles Times, July 25, 1985, 1a.

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cibido para muchos grupos o que su estrategia no recibiera apoyo político de otras organizaciones. No obstante, los boicots a la uva no dejaron de tener importancia. Al igual que con la mayor parte de los boicots realizados a través de la historia de Estados Unidos, los organizados por el ufw y los de solidaridad con Chile tenían como objetivo primordial “dar a conocer el mensaje” y generar presión para lograr cierto fin, ya fuera justicia para los trabajadores del agro o democracia en Chile. Prácticamente ningún boicot tiene repercusiones económicas significativas, lo que acarrea consecuencias es su impacto político y educativo6. Si bien los boicots solidarios con Chile y los promovidos por el ufw no siempre incidieron en el consumo de uva, con su agresivo reto al fetichismo de que la fruta fresca era un regalo saludable de la Madre Naturaleza, sí consiguieron que se produjera un cambio en la forma en que los estadounidenses pensaban sobre los alimentos y lo que significaba su consumo. A partir de los años 60 y hasta fines de los 80, el ufw destacó que la uva era un alimento altamente procesado, producido por obreros explotados y tratado con químicos industriales. Las viñas no eran lugares idílicos sino fábricas situadas en el campo; la uva envenenada no contribuía a la salud sino que causaba enfermedades. Los boicots a los productos chilenos hacían hincapié en que las políticas comerciales de los Estados Unidos tenían consecuencias morales y políticas. La uva chilena no era un milagro neoliberal, sino un producto de la violación a los derechos humanos y de la pobreza, y adquirirla no ayudaba a los chilenos sino que contribuía a mantener a Pinochet en el poder. Sorprende que casi no existiera traslapo organizacional entre el boicot contra la uva patrocinado por el ufw y el movimiento de solidaridad con Chile. A pesar de que el ufw condenaba el derrocamiento de Allende y con frecuencia expresaba solidaridad con los pueblos latinoamericanos, rara vez se refería a la forma en que Frank, Buy American!; Frank, Purchasing Power; Glickman, Buying Power; Glickman, A Living Wage.

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el modelo económico aplicado por Pinochet había hecho que los estadounidenses dispusieran de uva durante todo el año. En la década de 1980, Chávez apoyó el boicot que promovía Casa Chile, pero nunca formuló un llamamiento para coordinar esfuerzos con esta organización, como tampoco comentó sobre la semejanza en las condiciones bajo las cuales se producía la uva en California y en Chile, ni sobre el hecho de que la uva chilena fuera distribuida en Estados Unidos por firmas que también eran productoras de uva californiana. Del mismo modo, los grupos solidarios con Chile no se refirieron mayormente a las relaciones trabajadores-empresarios que existían en California y sus conexiones con el modelo económico chileno que denunciaban con tanta pasión. Los activistas de la solidaridad elogiaban al ufw como el campeón de los derechos de los chicanos, citándolo a menudo como la inspiración de la campaña “¡A boicotear Chile!”. En las reuniones de sus miembros, muchos de los grupos de solidaridad con Chile expresaban su apoyo a los boicots organizados por el ufw, entre ellos el de “La ira de las uvas” de la década de 1980. Sin embargo, los activistas de la solidaridad no solían ofrecerse como voluntarios para trabajar en los boicots del ufw, como tampoco los promovían en su material impreso ni en sus acciones. Es decir, aunque la industria vitícola vinculaba de manera estrecha a California y a Chile, los activistas de las dos campañas consideraban que en el ámbito organizacional la lucha que daba cada una era algo separado. En este capítulo se examina la forma en que los boicots repercutieron en el consumo, en el trabajo y en la democracia, comenzando con las campañas contra la uva emprendidas por el ufw y continuando con un análisis de los diversos usos que el movimiento de solidaridad con Chile hizo de los boicots, entre ellos, aquel contra la fruta. En muchos aspectos parece tratarse de historias que no van de la mano, pero es precisamente por esto que deben examinarse en conjunto. Al analizar la historia transnacional, es necesario prestar tanta atención a las conexiones como a lo que conduce a desconexiones. ¿Qué hizo que el ufw y el movimiento de solidaridad con Chile 268

imaginaran sus objetivos de manera independiente cuando los ligaba el mismo producto (la uva), el mismo mercado (los consumidores estadounidenses) y, en muchos casos, las mismas empresas (productores, embarcadores y distribuidores, asociaciones de marketing)? Hay estudios académicos que recapitulan esta desconexión. La historia del ufw ha sido contada muchas veces, pero nunca en relación con Chile; tampoco se ha prestado mayor atención al boicot que organizó en los años 80, el que se suele dejar de lado por ser considerado un fracaso7. Las historias del movimiento de solidaridad con Chile o, de manera más amplia, de solidaridad con América Latina, son pocas, y en ellas los boicots organizados por el ufw se mencionan solo como modelos que sirvieron de inspiración8. La política de la Guerra Fría dio forma a la desconexión entre los boicots promovidos por el ufw y los organizados por los grupos solidarios con Chile al agudizar la distinción entre la lucha nacional por la democracia dentro de Estados Unidos y la lucha tercermundista por la liberación en el exterior. El ufw entendía su campaña como una batalla nacional por los derechos civiles y laborales de los mexicoamericanos dentro de Estados Unidos. Y si bien muchos activistas chicanos expresaban su compromiso con la unidad panamericana, las campañas del ufw giraban en torno a la política nacional y con frecuencia servían a la hora de hacer cumplir las disposiciones estadounidenses de inmigración contrarias a los mexicanos indocumentados. Por el contrario, los activistas de la solidaridad se enfocaban en el imperialismo de Estados Unidos y en las violaciones a los derechos humanos como una problemática que se desarrollaba más allá de las fronteras de dicho país. Cuando el movimiento de la solidaridad amplió su visión, fue para tomar en cuenta las conexiones entre Chile y Centroamérica, no entre Chile y California. 7 Gordon, “Poisons in the Fields”; Gottlieb, Forcing the Spring; Shaw, Beyond the Fields; y Wells, Strawberry Fields. 8 Goff, “The Chile Solidarity Movement and Its Media”; Green, We Cannot Remain Silent; Power, “The U.S. Movement in Solidarity with Chile in the 1970s”; y Smith, Resisting Reagan.

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Otro elemento que previno la colaboración entre el ufw y los activistas de la solidaridad con Chile fue que su posición frente el marxismo era diferente. A pesar de que a fines de los años 60 el ufw se había transformado en un movimiento masivo en parte porque había incorporado como voluntarios a izquierdistas y a liberales, a través de la década de 1970, Chávez removió a los miembros que consideraba demasiado independientes o izquierdistas. El progresismo del propio Chávez se encontraba permeado en las tradiciones del catolicismo social de principios del siglo XX y en el movimiento laboral estadounidense, dos ámbitos decididamente anticomunistas9. Por el contrario, muchos de los líderes del movimiento de solidaridad con Chile se identificaban de manera abierta con las ideas marxistas, celebraban el gobierno socialista de Allende como el punto culminante de la democracia en Chile y admiraban tanto la revolución cubana como la nicaragüense. Aun cuando sacerdotes cristianos y rabinos también desempeñaron un papel clave en el movimiento de solidaridad, los activistas religiosos solían inspirarse en la Teología de la liberación desarrollada en América Latina, según la cual muchos aspectos del marxismo eran compatibles con Dios. Es notable que Chávez mostrara escaso interés en la Teología de la liberación pese a su amplio compromiso con las religiones del mundo y con la política basada en la fe10. Sin embargo, a pesar de no estar unidos, los boicots del ufw y del movimiento de solidaridad con Chile tuvieron repercusiones conectadas sobre los debates que se produjeron dentro de Estados Unidos. Ambos consideraron el consumo como el terreno central del activismo político. Ambos lucharon por reformular las ideas sobre la prosperidad estadounidense en términos de justicia social y de su costo en sufrimiento humano. Ambos le pidieron al pueblo estadounidense que tuviera en consideración que actos comunes y corrientes, como comprar o comer, están directamente relacionados 9

Pitti, “Chicano Cold Warriors”. Bardacke, Trampling Out the Vintage, 60-65.

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con la vida de obreros en lugares lejanos, y con el destino de la democracia tanto dentro de su nación como en otras partes del mundo. Imaginar estas conexiones ampliaba de modo considerable la esfera humana que potencialmente podía ser afectada por cada estadounidense11. El ufw y el movimiento de solidaridad con Chile también cuestionaron de manera radical la idea de que la selección de un producto por parte del consumidor se basara en la maximización del placer o de la utilidad, insistiendo en que esa selección fundamentalmente se relaciona con la moral y los resultados políticos. Esto representaba un reto tanto para el principio fundamental de la publicidad que se hacía en Estados Unidos, como también para la aseveración más amplia hecha por este país durante la Guerra Fría de que la abundancia capitalista era lo que lo engrandecía. Pese a que el ufw se enfocaba en lo nacional mientras que los activistas de la solidaridad miraban hacia el exterior, la lógica de uno y otros se reforzaban mutuamente para formular críticas a la agroindustria y al consumo, críticas que fueron precursoras de los debates del siglo XXI sobre la globalización y los méritos de los productos alimentarios cultivados a nivel local y de manera orgánica. El United Farm Workers y el boicot a la uva de los 60 Desde sus mismos comienzos como movimiento laboral, el ufw desafió la idea de que la uva era un producto natural y saludable. Chávez, quien se crió trabajando en los campos de Arizona y California, a menudo hacía hincapié en la paradoja de que las frutas y las verduras de Estados Unidos fueran cultivadas por obreros que morían prematuramente debido a desnutrición o a sus tóxicas condiciones de trabajo. Chávez comenzó a organizar a los trabajadores del agro en el Condado de Delano, California, en 1962, el año en que la bióloga Rachel Carson publicó su libro Silent Spring [Primavera 11

Citado en Glickman, Buying Power, 3.

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silenciosa], una rotunda condena del destructivo y duradero efecto del insecticida ddt sobre los ecosistemas y la reproducción de los animales. Ese mismo año también apareció The Other America, estudio en que Michael Harrington documenta el amplio alcance del hambre en Estados Unidos. El libro de Carson contribuyó a que los pesticidas pasaran rápidamente a ocupar un lugar central en el debate nacional sobre el medioambiente y la salud, mientras que el de Harrington hizo de la pobreza una preocupación nacional. Chávez y el ufw se reivindicaron en ambos libros, insistiendo en que los pesticidas y los alimentos vinculaban la salud del consumidor estadounidense a la justicia social para algunos de los trabajadores más pobres del país. En 1970, el ufw finalmente logró forzar a los productores del Valle de Coachella y a los del Condado de Delano a que celebraran contratos laborales. Dentro de los acuerdos se contemplaba una prohibición sin precedentes del uso de seis de los productos químicos más importantes empleados en agricultura: ddt, aldrina, dieldrina, endrina, paratión y tepp. El espectacular éxito que tuvo el ufw en la década de 1960, se debió a su habilidad para transformar las disputas laborales que se daban a nivel local, en California, en un movimiento nacional en pro de los derechos civiles. Chávez y Dolores Huerta, los cofundadores del ufw, se habían conocido en los años 50 cuando trabajaban como dirigentes de grupos de base en la San Jose Community Service Organization (cso) [Organización de Servicios Comunitarios de San José], una rama de la Industrial Areas Foundation (iaf ) [Fundación de Áreas Industriales] de Saul Alinsky, con base en Chicago. La cso y la iaf subrayaban la importancia de empoderar a la gente pobre a través del lenguaje de la ciudadanía, así como la de construir coaliciones políticas amplias, conceptos que pasaron a ocupar un lugar central en la lucha que libraban los obreros agrícolas. En julio de 1965, los miembros de la primera versión del ufw, la National Farm Workers’ Association [Asociación Nacional de Obreros Agrícolas], quienes en su mayoría eran mexicoamericanos, votaron por plegarse a una huelga contra nueve viticultores 272

del Condado de Delano que era liderada por trabajadores del agro de origen filipino asociados a la federación sindical afl-cio. Para septiembre, se habían declarado en huelga más de dos mil obreros exigiendo elecciones sindicales y un aumento de salario. Chávez y Huerta inmediatamente pidieron ayuda a líderes religiosos, estudiantes universitarios y defensores de los derechos civiles a través de California. Cientos de voluntarios acudieron a Delano para participar en piquetes en los que las pancartas decían “¡Huelga!” (en español)12, en tanto el sindicato United Auto Workers [Obreros Unidos de la Industria Automotriz], liderado por Walter Reuther, rápidamente dispuso donar a la causa US$ 5.000 al mes13. Supuestamente, la idea de recurrir a un boicot para apoyar la huelga contra los viticultores le fue propuesta a Chávez en primera instancia por Jim Drake, uno de los voluntarios pertenecientes al Protestant California Migrant Ministry [Ministerio Protestante Migrante de California]14. Drake le contó a Chávez la historia de unos campesinos irlandeses que en el siglo XIX se negaron a cooperar con el capitán Charles Boycott, cobrador de rentas de los terratenientes británicos. Chávez estaba consciente del éxito político que en ese momento estaban teniendo en el sur de Estados Unidos los boicots organizados por afroamericanos y los blancos que los apoyaban en contra de los restoranes y autobuses donde se practicaba la segregación racial. Siguiendo este ejemplo, en 1966, la National Farm Workers’ Association lanzó un llamamiento a boicotear a dos firmas viticultoras en particular, Schenley y DiGiorgio, pidiéndoles a los consumidores que dejaran de comprar no solo la uva, sino también las bebidas alcohólicas y los alimentos enlatados que ellas producían. Al cabo de un año, ambas firmas accedieron a que se efectuaran elecciones sindicales. Sin embargo, los esfuerzos que se realizaron el año siguiente por incluir en el boicot a una terFerris and Sandoval, The Fight in the Fields, 90; Mooney and Majka, Farmers’ and Farm Workers’ Movements, 155. 13 Bardacke, Trampling Out the Vintage, 175; Ferris and Sandoval, The Fight in the Fields, 114. 14 Bardacke, Trampling Out the Vintage, 168. 12

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cera firma, Giumarra Vineyards, no tuvieron mayor éxito porque ella comenzó a utilizar en sus embarques etiquetas provenientes de sus subsidiarias en Arizona y otros lugares, de modo que en los centros de distribución y en los supermercados se hacía imposible identificar su uva15. Mientras tanto, los agricultores estaban socavando la huelga empleando obreros de reemplazo, por lo general inmigrantes mexicanos a los que transportaban directamente a sus viñas en sus propios autobuses. Fueron Huerta y Fred Ross, mentor de Chávez en la cso, quienes tuvieron la idea de llevar a cabo un boicot genérico contra toda la uva californiana, sosteniendo que esto frustraría la capacidad de los agricultores para cambiar etiquetas y además ampliaría la causa de los obreros agrícolas. El mensaje sería que la injusticia social no prevalecía solo en algunos productores, sino que era endémica en la industria vitícola16. El boicot general a la uva se lanzó en enero de 1968. Chávez quitó de los piquetes a trabajadores y voluntarios que eran líderes clave en la huelga de Delano y los envió a formar comités de ayuda al boicot a centros urbanos de importancia, como Nueva York, Filadelfia, Detroit, Chicago, Atlanta, Toronto y Montreal. Un gran número de obreros del agro se trasladó al este del país con sus familias para trabajar en el boicot y reclutar nuevos voluntarios en las ciudades. El United Automobile Workers of America (uaw), al que se había unido la afl-cio, de mayor importancia, proporcionó nuevos fondos para la campaña17. Iglesias y organizaciones sindicales locales de otros sectores de la industria donaron alojamiento y espacio para oficinas. Alrededor de trescientos trabajadores agrícolas y voluntarios, que ganaban cinco dólares a la semana más alojamiento y comida, se encargaban de la mayor parte de la labor diaria, movilizando a miles de voluntarios que colaboraban a tiempo parcial o de manera ocasional, entre ellos estudiantes, amas de casa, clérigos y laicos, veteranos de la lucha por los derechos civiles Mooney and Majka, Farmers’ and Farm Workers’ Movements, 159. Ferris and Sandoval, The Fight in the Fields, 124-57. 17 Bardacke, Trampling Out the Vintage, 255. 15 16

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y activistas de izquierda18. Quienes trabajaban por el boicot montaban mesas cerca de supermercados para distribuir folletos informativos a los compradores y juntar firmas para respaldar peticiones. Además, se reunían con vendedores de supermercados y políticos, escribían cartas a la prensa, hacían presentaciones en universidades y sinagogas, y periódicamente organizaban marchas y manifestaciones para publicitar su causa. Otras tácticas eran más conflictivas. Los piquetes que circulaban delante de los supermercados provocaban calurosas discusiones entre los defensores del ufw, los administradores de los locales, y los clientes. Una de las formas favoritas de desobediencia civil consistía en un “shop-in” (una innovación del “sit-in” del movimiento pro derechos civiles), cuando decenas de activistas entraban simultáneamente a un supermercado, cada uno llenaba de uva la parte inferior de su carrito de compras, luego colocaba productos enlatados pesados encima de la frágil fruta, y abandonaba el carrito en la caja19. Asimismo, con ayuda de clérigos protestantes y católicos, el ufw realizaba “pray-ins”, cuando religiosos y laicos devotos (o tácticamente voluntarios devotos) se arrodillaban en los pasillos de los supermercados para orar por la paz y la justicia social. Estos eventos siempre eran perturbadores y vergonzosos para los administradores de los locales, y acudir a la policía para que detuviera a monjas y sacerdotes por entrada ilícita daba origen a un escandalo público aún mayor. Numerosos sindicatos de sectores estratégicos también colaboraban en desbaratar el flujo de la uva a los supermercados. El International Longshore Warehouse Union (ilwu) [Sindicato Internacional de Estiba y Almacenaje] desempeñó un importante papel en 1965, a principios del boicot, cuando los estibadores de los puertos de San Francisco y de San Pedro se negaron a descargar la uva marca DiGiorgio (cuyos trabajadores estaban en huelga) de los camiones que la llevaban al muelle para ser embarcada en los barcos que estaban a la espera. En la costa del Bardacke, Trampling Out the Vintage, 309. Gordon, “Politics and Pesticides”, 61; entrevista con Bruce Obbink, Monterrey, 5 de noviembre de 2010. 18 19

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Atlántico, el Seafarers International Union [Sindicato Internacional de Marinos] y algunas ramas del International Teamsters [Camioneros Internacionales] se negaban a descargar productos boicoteados o estratégicamente almacenaban la uva de manera incorrecta en los enormes patios de las bodegas. El boicot contra la uva promovido por el ufw también aprovechó la energía de las organizaciones de derechos civiles, enmarcando la lucha de los obreros agrícolas mexicoamericanos (y de los filipinoamericanos) en términos de la justicia racial o de la solidaridad con el tercer mundo20. Muchos de los voluntarios de planta, entre ellos el hombre de confianza de Chávez y coordinador del boicot a nivel nacional, Marshall Ganz, habían participado en el Student Nonviolent Coordinating Committee (sncc) [Comité No Violento de Coordinación Estudiantil] que organizó a los votantes negros durante la campaña llamada “Freedom Summer” [El Verano de la Libertad] en Mississippi. Estudiantes chicanos y latinos, inspirados por la revolución cubana, eran profundos admiradores de Chávez y consideraban el movimiento de los trabajadores del agro como un ejemplo del “Brown Power” [Poder Moreno o Chicano]. Chávez recelaba de la orientación marxista del emergente movimiento chicano, pero tomó en serio su papel de mentor y de manera estratégica empleó los talentos de muchos jóvenes izquierdistas: Luis Valdez fundó el colectivo de teatro chicano llamado Teatro Campesino durante la huelga contra los viticultores en Delano; Eleazar Risco, editor de La Raza, diario del movimiento chicano basado en Los Angeles, formaba parte del personal del ufw; en Nuevo México, los simpatizantes chicanos de la mesiánica campaña emprendida por Reis Tijerina para recuperar la tierra española que había sido concedida a los colonizadores anglo, se ofrecieron para trabajar como voluntarios del ufw en ciudades del norte21. Ferris and Sandoval, The Fight in the Fields, 147. En la década de 1960, los descendientes de mexicanos en Estados Unidos se referían a sí mismos de diversas maneras, según la región y el contexto. En California, los ciudadanos estadounidenses solían llamarse mexicanos, aunque para los años 70 con frecuencia empleaban 20 21

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La organización The Black Panther Party también apoyó el boicot y se comprometió a no servir uva en su programa de desayunos gratis. En Pittsburgh, un grupo de jóvenes negros de duelo por el asesinato de Martin Luther King Jr. en 1968 (pero en la senda de Malcom X), le dijeron al dirigente del ufw Al Rojas que apoyarían el boicot contra la uva “a toda costa”. Los jóvenes entraron a un supermercado exigiendo que se quitara toda la uva de la estantería y cuando el empleado vaciló, sacaron algo de uva del establecimiento y le prendieron fuego22. Pero la táctica política preferida y más utilizada en el boicot a la uva fue la persuasión moral. Tanto en folletos como en manifestaciones se hacían constantes paralelos entre las luchas no violentas que daban los afroamericanos por los derechos civiles y la dignidad básica de la búsqueda de igualdad como ciudadanos por parte de los mexicoamericanos. Además, con regularidad el ufw hacía hincapié en la pobreza extrema de los trabajadores agrícolas y en sus penurias, apelando directamente a la compasión y hasta a la lástima de los blancos de clase media, una estrategia que los afroamericanos apenas empleaban. En los lugares de reunión como sótanos de iglesias o salas de clases en universidades, los obreros del agro les contaban a los posibles voluntarios sus historias personales sobre los agotadores días de trabajo cosechando frutas y verduras que otras personas consumirían, pero sin ganar lo suficiente como para alimentar a sus propios hijos o llevarlos a un médico. Los oradores lloraban, y el público también, al recordar familias que habían sido el gentilicio mexico-americano con guión, que confirmaba su ciudadanía. En Nuevo México y Arizona, hispano era más común, enfatizando la herencia española. El término chicano se hizo popular entre los estudiantes durante los movimientos pro derechos civiles de los 60 y 70 para referirse a personas de ascendencia azteca o mexicana como una raza históricamente oprimida dentro de Estados Unidos. Latino, con un significado más amplio ya que se refiere a la ascendencia latinoamericana, que incluye a México, tiene una connotación similar. César Chávez se refería a sí mismo como mexicano o mexico-americano, al igual que la mayor parte de los miembros del UFW en la década de 1960. Para los 80, los dirigentes del UFW utilizaban ya fuera chicano, latino o mexicoamericano (sin guión) sin hacer mayor distinción entre los términos. El uso de estos términos en el presente estudio varía según el contexto. 22 Ferris and Sandoval, The Fight in the Fields, 147.

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desalojadas de remolques en mal estado por empleadores insensibles o que se habían visto obligadas a sacar a sus niños de la escuela para ir trasladándose según donde estuvieran las cosechas. La paradoja de que las personas que cultivaban los productos alimentarios de los estadounidenses carecieran de comida, era lo que más airaba a quienes escuchaban, y los organizadores del boicot lo sabían. Uno de los folletos más distribuidos muestra la foto de una niña aparentemente desnutrida, en cama, con una mirada lánguida, con la siguiente leyenda: “Cada uva de California que compras ayuda a que esta niña siga con hambre”23. La lógica era que los estadounidenses podían contribuir a mejorar la vida de la niña si dejaban de consumir un solo producto alimentario. Pero la decisión de Chávez de dejar de consumir todo tipo de alimentos fue lo que generó el mayor interés en el boicot contra la uva dentro de Estados Unidos. En febrero de 1968, Chávez anunció que solo se alimentaría de agua, explicando que su propósito era que los voluntarios y simpatizantes del ufw se volvieran a comprometer con la no violencia en vista de los conflictos cada vez más volátiles y hasta armados que estaban escalando en todas las facciones de las huelgas en Delano. Un trabajador agrícola ya había muerto. A medida que se desenvolvía el ayuno de Chávez, que duró veinticinco días, la imagen de su cuerpo debilitado que mostraban las fotografías pasó a ser el símbolo del sufrimiento de los obreros del agro y de la piedad mexicoamericana. Chávez, católico devoto, siempre había vinculado la organización de actividades políticas con principios religiosos, además de ser un perpetuo estudioso de otras fes. Se inspiró en Mahatma Gandhi y en la forma en que él utilizó ayunos para galvanizar las luchas no violentas que se emprendieron en India contra el colonialismo británico; además, algunos de sus aliados más leales y estratégicos eran clérigos protestantes. En 1968, Chávez explicó su decisión de ayunar como una penitencia cristiana: negar alimento al cuerpo era una forma de expiar los pecados (la violencia generada por la huelga y los sufrimientos diarios 23

El Malcriado, August, 1968, 13.

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de los trabajadores agrícolas). Este arrepentimiento abría espacio a la gracia de Dios (la creación de un movimiento unificado y pacífico en pro de la justicia social). La huelga de hambre de tres semanas transformó la sede del ufw en Delano, Forty Acres, en una popular capilla. Miles de obreros del agro, líderes religiosos, activistas chicanos, políticos y otros simpatizantes realizaron peregrinaciones para estar al lado de Chávez. Cientos de personas que acampaban en la propiedad lo acompañaban diariamente a misa, mientras otras dejaban ofrendas especiales como velas sagradas, cruces de madera, figuras de Cristo e imágenes de la Virgen de Guadalupe, símbolo folklórico en México de la solidaridad de Dios con los pobres, como también una referencia a la revolución mexicana. Cuando Chávez accedió a alimentarse nuevamente el 15 de marzo, atrajo a una multitud de ocho mil simpatizantes, muchos enarbolando banderas estadounidenses, a una misa ecuménica celebrada por clérigos católicos, protestantes y judíos. También recibió el apoyo formal del partido demócrata: Robert Kennedy, senador por el Estado de Nueva York y hermano del presidente asesinado, se sentó al lado de Chávez durante la misa, mientras este tomaba su primer bocado, una hostia hecha de una tortilla mexicana. Kennedy había apoyado a los obreros agrícolas el año anterior como miembro de la U.S. Senate Subcommittee on Migratory Labor [Subcomisión del Senado de Estados Unidos de Trabajo Migratorio] durante las sesiones realizadas en el Condado de Kern, y como candidato a la presidencia en ese momento había hecho del hambre uno de los puntos centrales de su campaña, acercándose al ufw para aliarse con la causa de los derechos civiles. Al compartir la hostia con Chávez en marzo de 1968, Kennedy alabó al líder del ufw como “una de los figuras heroicas de nuestros tiempos” y prometió su pleno apoyo a quienes “estaban comprometidos con César en la lucha por la justicia para los trabajadores agrícolas y por la justicia para los estadounidenses de habla hispana”24. 24

Shaw, Beyond the Fields, 90.

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La huelga de hambre de Chávez se transformó en un poderoso impulso para ampliar el boicot. Su negativa a alimentarse, un acto de renovación espiritual y cívica, enfatizó las demandas éticas de los trabajadores del agro y puso de manifiesto la relación entre el consumo de alimentos y la política en el campo laboral. La atención de los medios a nivel nacional, en especial la electrizante imagen de Kennedy comulgando junto a Chávez, publicitó el boicot contra la uva y atrajo a miles de voluntarios a la causa de los obreros del agro. El ufw desvió casi por completo su foco y sus fondos de las huelgas de Delano y Coachella al boicot, con lo que ellas pasaron a ser más simbólicas y menos efectivas como tales25. Para agosto de 1968, el ufw contaba con comités activos que trabajaban para el boicot con personal voluntario a tiempo completo en más de veintiocho ciudades importantes, entre ellas los diez mercados metropolitanos de mayor importancia para la uva: Nueva York, Filadelfia, Chicago, San Francisco, Los Angeles, Toronto, Montreal, Detroit, Boston y Atlanta26. Para el año siguiente, había comités en cincuenta ciudades. El asesinato de Robert Kennedy en junio de 1968 en Los Angeles fue un golpe devastador para el ufw. Sin embargo, muy pronto recibió el patrocinio de otras personalidades. Eugene McCarthy y Hubert Humphrey, también candidatos presidenciales del partido demócrata, públicamente apoyaron el boicot; el alcalde de Nueva York, John Lindsay, decidió que todos los departamentos de la ciudad suspenderían sus adquisiciones de uva27. El ufw comenzó a centrarse en ciertos supermercados, pidiéndoles a los consumidores que no patrocinaran los establecimientos donde se vendía uva. Estos boicots secundarios eran ilegales según la National Labor Relations Act [Ley Nacional de Relaciones Laborales], pero como cuando se la redactó en los años 30 los trabajadores agrícolas fueron expresamente excluidos, el ufw adujo que la ley no se aplicaba a ellos. Luego de meses de piquetes tumultuosos en Nueva York, Huerta negoció un acuerdo con la cadena de supermercados A&P para que Bardacke, Trampling Out the Vintage. El Malcriado, August 15, 1968, 14-15. 27 El Malcriado, August 15, 1968, 11. 25 26

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dejara de vender uva y regresó a California con el objeto de lanzar una campaña similar en contra de Safeway28. Los voluntarios que trabajaban en el boicot continuaron con el mensaje, subrayando el tema de que las decisiones del consumidor a la hora de hacer las compras en el supermercado podían marcar una diferencia. Los pesticidas pasaron a revestir especial importancia en las críticas del ufw a la industria vitícola y en su búsqueda de la empatía del consumidor. Jessica Govea, miembro del personal del ufw, fue la primera en dar la alarma después de notar que algunos de los obreros que acudían a los Farm Workers Service Centers [Centros de Servicios a los Obreros Agrícolas] del sindicato mostraban graves sarpullidos. El diario del ufw, El Malcriado, publicaba de manera regular artículos sobre trabajadores que se habían enfermado o habían sido hospitalizados después de laborar en campos fumigados con paratión, y también informaba de casos en que el agua subterránea estaba contaminada con nitrato29. Delegaciones de miembros del ufw declararon ante el congreso que habían sufrido vómitos y problemas respiratorios después de trabajar con pesticidas. Chávez afirmó sin rodeos que el control de los pesticidas por parte del gobierno era inadecuado y que se debía prohibir por completo el uso de ciertos químicos. La cuestión de la transparencia llegó a su momento álgido en agosto de 1968, cuando el Comisionado para Agricultura del Condado de Kern le denegó el acceso a documentos públicos sobre la fumigación con pesticidas en Bakersfield a Jerry Cohen, el director jurídico del ufw. Un juez local ratificó esta decisión como algo necesario para proteger la privacidad de la agroindustria. La indignación que causó este hecho saltó al escenario nacional al año siguiente cuando en un estudio realizado por el California Department of Health [Departamento de Salud de California] se descubrió que el 71 por ciento de más de quinientos obreros agrícolas había obtenido resultados positivos en análisis Shaw, Beyond the Fields, 29-30. El Malcriado, January 15, 1969, 3. Nash, “The Fruits of Ill-Health”. Tompkins, “The Wrath of Grapes”. 28 29

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realizados para detectar envenenamiento por pesticidas30. Durante el verano siguiente, el ufw hizo pasar un bochorno a los viticultores californianos y a la fda cuando en una de las sesiones que sostenía la U.S. Senate Subcommittee on Migratory Labor demostró que la uva proveniente de un supermercado Safeway localizado en Washington D.C. estaba contaminada con aldrina, un químico que supuestamente llevaba tres años fuera de uso. El sindicato denunció que se ocultaba la verdad sobre los pesticidas. Lo irónico, sin embargo, era que para fines de los años 60, compuestos como la aldrina y el ddt no presentaban el peligro químico de mayor importancia para los obreros agrícolas. En respuesta a la alarma que suscitara el libro de Rachel Carson, Silent Spring, y a la inmunidad que estaban desarrollando los insectos, la agroindustria de California había ido abandonando los pesticidas a base de hidrocarburos clorados (como el ddt y la aldrina), cuya degradación en la atmósfera tardaba años, en favor de compuestos organofosforados (como el paratión), que se disolvían más rápidamente y dejaban menos residuos en frutas y verduras, pero que eran mucho más tóxicos que el ddt en el momento de ser aplicados. Es decir, los pesticidas organofosforados eran más seguros para los consumidores, pero más peligrosos para los trabajadores del agro31. El ufw minimizó esta diferencia, aduciendo que la falta de verdad en la información relativa a cada uno de los pesticidas era un peligro para todos: los obreros que trabajaban en las viñas recién fumigadas y los consumidores que no comprendían lo peligrosa que era la fruta que adquirían. En 1969, en una declaración ante la U.S. Senate Subcommittee on Migratory Labor, Cohen agriamente resumió el mensaje del ufw: “Comer una uva de Kern County es lo mismo que jugar ruleta rusa con la propia salud”32. Shaw, Beyond the Fields, 132. Gordon, “Poisons in the Fields”, 57. 32 Declaración de Jerry Cohen, director jurídico, United Farm Workers Organizing Committee, ante la U.S. Senate Subcommittee on Migratory Labor, August 1, 1969, Congressional Record 3034. Citada en Shaw, Beyond the Fields, 128 Nº 12. 30 31

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El argumento de que los pesticidas eran un veneno se transformó en una estrategia clave para intensificar el boicot. En el material informativo impreso que los voluntarios del ufw distribuían en supermercados, se advertía lo siguiente a los compradores: “Este mercado vende uva envenenada” y “¡Comer uva puede ser un peligro para tu salud!”. La noción de que los pesticidas constituían un mal para los trabajadores se fusionaba con el llamamiento hecho a los consumidores para que protegieran su propio estado de salud. Las imágenes fotográficas de aviones sobrevolando viñas y fumigando cerca de los obreros, con la leyenda: “Los pesticidas que comes matan o dejan lisiados a los trabajadores vitícolas todos los años”, eran un eco de las imágenes de la guerra de Vietnam33. Otros folletos mostraban uvas en forma de calavera, un símbolo común para el veneno que se pone en etiquetas comerciales, alertando a los compradores tanto en inglés como en español: “¡Peligro de muerte! [en español] ¡Peligro! ¡Mortífero!”34. En algunos folletos se mencionaban las diferencias entre los pesticidas que supuestamente se disuelven de manera lenta y los que son de disolución rápida, pero se afirmaba que ambos son igualmente dañinos: el ddt permanece en el tejido humano por largo tiempo; la Alemania nazi había desarrollado los organofosforados como armas químicas35. Este turbio origen, estratégicamente apareado con imágenes que sugerían que en el campo se gaseaba a los trabajadores, obliteraba toda ventaja del paratión en comparación con el ddt. Los pesticidas eran nocivos y los estadounidenses no tenían fuente alguna de alimentos seguros; productores y supermercados faltaban a la verdad; solo los obreros del agro compartían el deseo de la gente de que se establecieran regulaciones estrictas exigiendo tanto un uso seguro de los pesticidas como la prohibición del empleo de los químicos más dañinos. En “Pesticides: The Poisons We Eat”, volante del United Farm Workers Organizing Committee, 1969, bspc, carrete 79. 34 “Peligro de Muerte! Danger! Deadly!”, folleto del ufw, 1969, Bancroft Library, Social Protest Collection (de aquí en adelante bspc), carrete 79. 35 “Pesticides: The Poisons We Eat”, volante de United Farm Workers Organizing Committee, 1969, bspc, carrete 79. 33

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un volante de 1969, se expone el problema directamente: “Toda la uva californiana se fumiga con pesticidas venenosos. Sus residuos no se eliminan por completo lavándola ni cocinándola. Solamente un contrato sindical puede proteger a trabajadores y consumidores del peligro de los pesticidas venenosos”36. Las advertencias sobre la toxicidad de los pesticidas se enfocaban principalmente en las mujeres ya que, al igual que la California Table Grape Commission, el ufw presumía que eran ellas quienes se encargaban de hacer las compras. Los activistas del boicot les suplicaban a madres y amas de casa que se abstuvieran de alimentar a su familia con veneno y de introducir el peligro en sus hogares. En los volantes se enfatizaba que los pesticidas usados para fumigar la uva estaban ligados al cáncer, causaban esterilidad y pasaban a los bebés a través de la leche materna; en uno de ellos se ilustran gráficamente las propiedades mortíferas de los pesticidas a través de la imagen de una mujer dándole pecho a un pequeño esqueleto (ver Figura 1)37. La mayor parte del personal de voluntarios que trabajaba en las mesas montadas afuera de los supermercados estaba compuesto por mujeres. En unas pocas ciudades, las campañas locales del boicot estaban dirigidas por personal de planta femenino: Dolores Huerta en Nueva York, Hope López en Filadelfia y Jessica Govea en Montreal38. Pero en todas las ciudades con fuerte presencia del ufw, eran las mujeres casadas con obreros agrícolas o que eran trabajadoras del agro ellas mismas, las que se encargaban de prestar el grueso de los servicios de apoyo diarios, desde cocinar y proporcionar alojamiento a los voluntarios, hasta recolectar firmas y hacer letreros39. En las ciudades donde se realizaban actividades de apoyo al boicot, 36 Diversos panfletos del UFW, BSPC, carretes 76-79. It Doesn’t Matter If You’re a Man or a Mouse, United Farm Workers Organizing Committee, November 25, 1969; Pesticides and Grapes, United Farm Workers Organizing Committee, 1969; Pesticides: The Poisons We Eat, United Farm Workers Organizing Committee, 1969; Boycott Safeway, Boycott War!, United Farm Workers Organizing Committee, circa 1971. 37 “Pesticides: The Poisons We Eat”, volante de United Farm Workers Organizing Committee, 1969, bspc, carrete 79. 38 Rose, “Woman Power Will Stop Those Grapes”, 6. 39 Rose, “Traditional and Nontraditional Patterns of Female Activism in the United Farm Workers of America”.

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gran número de mujeres de clase media también prestaba servicios voluntarios al ufw. En general, estas mujeres –estudiantes, amas de casa, trabajadoras a tiempo parcial– en su mayoría blancas, ya habían realizado labores de voluntariado en iglesias o en otros sindicatos que apoyaban el boicot.

Figura 1. Folleto, UFW, 1969. Pesticides: The Poison We Eat (Pesticidas: El veneno que comemos) (Delano: UFW, 1969).

Al igual que las organizaciones defensoras de los derechos civiles y las opositoras a la guerra que existían en ese momento, el ufw privilegiaba el liderazgo masculino aun cuando al mismo tiempo dependía de un intenso trabajo femenino. Las divisiones tradicionales de género y el sexismo eran parte integral del movimiento de los trabajadores agrícolas, sin embargo, dado que el boicot a la uva se enfocaba en el consumo, las mujeres eran protagonistas en los supermercados y reuniones de vecinos. Ellas también eran importantes en las huelgas que realizaba el ufw en los campos de California, aunque en este contexto las confrontaciones más notables entre productores y obreros solían ser protagonizadas por hombres. En el boicot, por el contrario, las protagonistas eran mujeres hablando con mujeres, y la maternidad se invocaba de manera deliberada: el espectro de madres hablando con otras madres sobre pesticidas y 285

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la injusticia social. Conceptualmente, la imagen era la de mujeres rurales, mexicoamericanas, apelando a mujeres urbanas, blancas, de clase media ­–compartiendo intereses comunes como madres que buscan proteger y mejorar la vida de sus niños–. Sin embargo, la organización del día a día solía estar en manos de voluntarias blancas y de clase media, quienes apelaban al propio interés materno de mujeres similares a ellas a través del mensaje “La uva es venenosa y hará que tu familia se enferme”40. La cuestión de los pesticidas intensificó el conflicto –que ya era amargo– entre el ufw y la agroindustria de California. La denuncia de que la uva era venenosa indignó a los productores. La California Farm Bureau [Oficina Agraria de California] junto con la recién creada California Grape Table Commission contrataron a la firma de relaciones públicas Whitaker & Baxter para que montara una contra campaña, la que en avisos en la prensa y en pegatinas para automóviles empezó a urgir al consumidor para que comiera “uva, la fruta prohibida”, mostrando imágenes de uva que eran exóticas y sexy. En un aviso publicado en un periódico aparece una modelo rubia, sueca, de piernas largas, con la leyenda: “Uva californiana: simplemente salvaje, siempre”41. Los productores además formaron una oficina de lobby en Washington D.C., llamada Consumer Rights Committee [Comité de Derechos del Consumidor], financiada por la cadena Safeway, que estaba enfurecida con el boicot del ufw a sus supermercados. Dicha oficina denunció el boicot como una afrenta a la sociedad democrática, postulando que en una sociedad libre “a ningún consumidor se le puede obligar a adquirir algo como tampoco se le puede impedir escoger lo quiera comprar”. Además, instó a los estadounidenses a “defender la libertad” frente a los intentos de inspiración socialista de controlar su capacidad para escoger. En el folleto que publicó en 1969, The Public’s Stake in the Anti-consumer Boycott [Lo que tiene en juego el público en el 40 41

Rose, “Women in the United Farm Workers”, 25. El Malcriado, May 6, 1968, 5.

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boicot anti consumo], pinta al ufw como racista, violento y bajo el control del movimiento New Left [Nueva Izquierda], así como de organizaciones marxistas defensoras de los derechos civiles, además de denunciar las “mentiras sobre los pesticidas” como algo especialmente despreciable puesto que ellos “habían salvado millones de vidas a través de la erradicación de insectos portadores de enfermedades”42. Los productores también hicieron llamamientos a sus aliados políticos del partido republicano. Ronald Reagan, gobernador de California, deliberadamente comió uva en numerosas funciones oficiales y aprobó que, en caso de ser necesario, se empleara a presos como trabajadores agrícolas para poner fin a una huelga que él estimaba era ilegal. Richard Nixon dramatizó sus objeciones al boicot organizado por el ufw cuando comió uva al anunciar, en California, que se presentaría a las elecciones presidenciales43. Pero eventualmente los productores capitularon ante las demandas del ufw. Para 1970, estaba claro que el boicot había tenido un impacto en las ventas y había perjudicado la reputación de la industria. Entre 1966 y 1969, los embarques de uva californiana a los mercados más importantes de Estados Unidos y Canadá habían disminuido en el 22 por ciento, y la venta de uva en ciudades como Nueva York y Atlanta había caído en casi un 50 por ciento44. Los productores entablaron una demanda judicial, sin éxito, contra el ufw alegando que habían sufrido US$ 25 millones en pérdidas45. En abril de 1970, Lionel Steinberg, productor del Valle de Coachella, accedió a reconocer al ufw y a celebrar un contrato; tres meses después, John Giumarra y Jack Pandol anunciaron que veintiséis productores de Delano harían lo mismo. En los contratos resultantes, se reconoce al ufw como un grupo de negociación, se aumenThe Public’s Stake in the Anti-consumer Grape Boycott, panfleto (Washington D.C.: Consumers’ Rights Committee, 1969). 43 Bardacke, Trampling Out the Vintage, 329. 44 Según el U.S. Department of Agriculture, casi el diez por ciento de la población de Estados Unidos se negó a comer o comprar uva en algún momento entre 1966 y 1972. Shaw, Beyond the Fields, 46. 45 Mooney and Majka, Farmers’ and Farm Workers’ Movements, 163. 42

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tan los salarios y se imponen fuertes controles al uso de pesticidas. Además, se establece un comité de supervisión para la salud y la seguridad, con participación del sindicato, encargado de garantizar el acceso del público a información y de aprobar el uso de nuevos organofosforados, y se prohíbe por completo el uso de cinco químicos, entre ellos el ddt. En los contratos también se estipulan límites al uso futuro de sustancias químicas, prohibiendo “todos los otros venenos económicos que sean en extremo peligrosos para los obreros agrícolas, los consumidores y el medio ambiente”, lo que sirvió como precedente de importancia crucial para la promulgación de la Federal Environmental Pesticide Control Act [Ley Federal sobre el Control de Pesticidas Ambientales] de 197246. Para fines de 1970, el ufw contaba con doscientos contratos, que cubrían a setenta mil trabajadores47. Era difícil que los detractores de Chávez sostuvieran que el boicot no había tenido un tremendo éxito. El ufw continuó empleando boicots y argumentos en contra de los pesticidas a través de toda la década de 1970, al mismo tiempo que se expandió para organizar a otros obreros frutícolas y hortícolas. Pero también debió enfrentar nuevos retos, entre ellos la competencia por parte de un poder laboral rival, la Western Conference of International Teamsters [Conferencia Occidental de Camioneros Internacionales]. La decisión táctica de los productores de firmar contratos con los Teamsters, sindicato que ofrecía ventajas como excluir el control de los trabajadores sobre los pesticidas y el salón de empleos sindicales, socavó las campañas del ufw para organizar a los obreros que trabajaban en los campos de lechuga en el Valle de Salinas, cerca de San Francisco. Cuando en 1973 vencieron los contratos de los trabajadores vitícolas celebrados originalmente en Delano y Coachella, solamente doce de ellos fueron renegociados con el ufw48. Chávez volvió a lanzar un boicot nacional, esta vez contra los productores de uva que no habían En los contratos se prohíbe el uso de ddt, aldrina, dieldrina, endrina, y paratión. Shaw, Beyond the Fields, 46; Mooney and Majka, Farmer’s and Farm Workers’ Movement, 164. 48 Gordon, “Politics and Pesticides”, 101. 46 47

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celebrado contratos sindicales, en el que incluyó a Gallo Wine, un importante productor vitícola. El ufw también boicoteó la lechuga escarola y los plátanos marca Chiquita, el producto más famoso de la firma United Brands –que había formado parte de la United Fruit Company y en ese momento era la propietaria de Inter-Harvest, la mayor productora de lechuga del Valle de Salinas–. Al igual que en los años 60, los boicots estaban unidos a huelgas y a otras acciones emprendidas en el campo por trabajadores agrícolas, las que proliferaron a través de la década de 1970 en zonas organizadas por el ufw y en muchos lugares donde los obreros actuaban por su propia cuenta. Chávez inició un segundo ayuno en 1972 en apoyo de los obreros de la lechuga de Arizona y su huelga. La propaganda impresa de este boicot reiteraba los mensajes sobre las brutalmente injustas condiciones laborales y los peligros de los pesticidas, haciendo paralelos entre el uso de sustancias químicas en los campos de California y el empleo de napalm para desforestar las junglas vietnamitas por parte del ejército de Estados Unidos. Si bien el ufw no se opuso a la guerra de Vietnam hasta 1969, para principios de 1970, y en la impopular secuela de la guerra, el sindicato invocó la solidaridad entre los trabajadores agrícolas estadounidenses y los campesinos vietnamitas. La combinación de las distintas presiones ejercidas por las campañas del ufw contribuyó a que en 1974, Jerry Brown, liberal del partido demócrata, fuera elegido gobernador de California. Su primer acto de importancia fue la firma de la California Agricultural Labor Relations Act [Ley de Relaciones Laborales Agrícolas de California], en la que se reconoce el derecho de los trabajadores agrícolas a formar sindicatos y además se crea una junta estadual a cargo de examinar quejas y violaciones. Aclamada como la ley más favorable para el trabajador de la historia de Estados Unidos, fue directamente estructurada por el personal del ufw que participó en las primeras etapas de su redacción49. Si bien la ley alentaba a los 49

Bardacke, Trampling Out the Vintage, 422.

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sindicatos a canalizar una mayor cantidad de recursos en demandas judiciales y lobby político, brindaba una protección sin precedentes a las actividades de organización de los trabajadores agrícolas. Para fines de la década de 1970, los revitalizados esfuerzos del ufw por sindicalizar a los trabajadores de la lechuga en los valles de Salinas e Imperial, llevaron a una huelga masiva y a un boicot contra la lechuga, acciones con las que en 1979 lograron obtener 125 nuevos contratos que cubrían a treinta mil obreros agrícolas50. No obstante, la década de 1970 también fue una de crisis interna para el ufw, ya que se profundizó la tensión existente entre la dependencia de los boicots por parte del sindicato como una forma privilegiada de activismo, y su misión de organizar a los trabajadores agrícolas. Y a pesar de que estas dos estrategias no eran inherentemente contradictorias, obligaban a tomar decisiones divisorias sobre energía y finanzas. Una de ellas priorizaba la movilización política urbana entre consumidores mayormente blancos y de clase media, en tanto la otra requería lograr la alianza de la clase trabajadora rural dentro de una población de inmigrantes cada vez más dominada por mexicanos, así como resolver las antiguas divisiones entre mexicoamericanos y filipino americanos. Chávez dejó muy en claro que favorecía, con mucho, a los boicots51. Las huelgas agrícolas podían derrotarse fácilmente porque los productores contrataban rompehuelgas, especialmente inmigrantes indocumentados, y además creaban condiciones que socavaban las pretensiones del ufw de ser un movimiento pacífico que defendía los derechos civiles. Durante las huelgas de la lechuga de los años 70, se produjeron frecuentes enfrentamientos violentos entre productores y trabajadores, los que fueron más agudos cuando los enfrentados pertenecían a diferentes facciones de obreros: el ufw versus los Teamsters, los huelguistas versus los rompehuelgas, los ciudadanos estadounidenses y los “trabajadores legales” versus los 50 51

Gordon, “Politics and Pesticides”, 124. Bardacke, Trampling Out the Vintage, 466.

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“inmigrantes ilegales”. Chávez sostenía que solamente a través de boicots masivos se podía generar suficiente presión política a nivel nacional para obligar a los productores o a las autoridades gubernamentales a emprender acción. Pero un número cada vez mayor de empleados y voluntarios del ufw pensaba lo contrario. Según ellos, precisamente a causa de la escalada de los conflictos en el campo, el sindicato debía dar prioridad a organizar un número mayor de trabajadores del agro y a resolver los problemas que se estaban suscitando tanto con la pensión médica que proporcionaba el sindicato, como con sus salones de contratación. La respuesta de Chávez ante las diferencias existentes dentro del ufw fue tornarse más autoritario, acusando de comunistas o de enemigos internos a quienes estaban en desacuerdo con él. Tanto en el ufw como en otros sindicatos, las denuncias de simpatizar con el comunismo y las acusaciones de deslealtad, habían sido formas comunes de enfrentar la disensión interna. Chávez compartía la paranoia de muchos de los movimientos sociales de los años 70 de que su organización estuviera infiltrada, a pesar de que en general el temor (y la realidad) era acerca de una penetración por parte del FBI o de la derecha, y anteriormente él había acogido con beneplácito la participación de izquierdistas en el ufw siempre que compartieran su ideología. Sin embargo, al producirse importantes diferencias de opinión, su tolerancia se esfumó. En 1976, se obligó a Nick Jones, el coordinador nacional del boicot, a presentar su renuncia por ser demasiado cercano al partido comunista de Estados Unidos y por haber permitido que operaran “espías con motivos ulteriores”52. Asimismo, Joe Smith, uno de los editores clave de El Malcriado, fue apartado de su cargo por publicar historias que Chávez consideró como herramientas de grupos marxistas disidentes. Además, se hostigó o se despidió a docenas de voluntarios por ser “imbéciles izquierdistas” cuando Chávez empezó a exigir que el personal participara en un tipo de terapia grupal de ataque 52

Bardacke, Trampling Out the Vintage, 535-536.

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llamada The Game [El Juego], una herramienta para desarrollar la unidad que había sido creada por el fundador de Synanon, Chuck Dederich53. En 1977, Chávez causó gran revuelo entre miembros del ufw y activistas religiosos de los derechos humanos cuando visitó Filipinas en calidad de invitado oficial de Ferdinand Marcos, cuyo régimen había impuesto la ley marcial y había detenido a numerosos líderes laborales de izquierda y a políticos marxistas. Chávez defendió el trato que el gobierno filipino había dado a los trabajadores agrícolas e invitó al ministro del trabajo de Marcos, Blas Ople, a pronunciar un discurso durante la tercera convención reglamentaria del ufw. Irónicamente, Chávez había tenido la intención de que su viaje fuera un gesto de paz hacia los muchos filipino americanos que consideraban que el ufw era una organización “mexicana” y que estaban airados por la violencia de que recientemente habían sido blanco los obreros filipinos que no se habían unido a una huelga, pero su acción de inmediato provocó más hostigamiento hacia supuestos comunistas y nuevas renuncias forzadas. Cuando Philip Vera Cruz, uno de los dos filipinoamericanos integrantes del directorio ejecutivo del ufw expresó su indignación con el acercamiento de Chávez a Marcos, su esposa fue acusada de simpatizar con el comunismo y de tratar de dañar la reputación de Chávez. Vera Cruz dramáticamente renunció, afirmando que la intervención de Ople en la convención del ufw había sido “el día más triste de la historia del movimiento laboral agrario”54. Para principios de la década de 1980, un gran número de los activistas más brillantes del sindicato había sido despedido o se había alejado para prestar sus servicios en otras organizaciones. La negativa de Chávez a que el equipo jurídico del ufw recibiera una remuneración permanente hizo que la gran mayoría de sus abogados renunciara, entre ellos, Cohen. En 1981, Chávez acusó a los 53 54

Bardacke, Trampling Out the Vintage, 541-576. Scharlin and Villanueva, Phillip Vera Cruz, 134.

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organizadores que habían liderado la exitosa huelga de la lechuga en Salinas de permitir que “fuerzas malignas” diseminaran disensión y división dentro del sindicato. Cuando representantes de ranchos de Salinas que habían sido elegidos por votación intentaron llevar una lista independiente de candidatos al directorio ejecutivo del ufw, fueron despedidos en el marco de amargas confrontaciones relacionadas con acusaciones de simpatizar con el marxismo y de complots maestros por parte de los judíos para controlar a los trabajadores55. El resultado de esto fue otra oleada de renuncias, entre ellas, las de Marshall Ganz y de Jessica Govea, quienes habían estado entre los primeros líderes de las actividades de organización. Incluso Gilbert Padilla, cofundador del ufw con Chávez y Huerta hacía veinte años, renunció molesto y disgustado ante la efectiva purga de activistas comprometidos. El boicot “La ira de las uvas” El ufw inició su tercer boicot contra la uva en 1984, con la esperanza de re galvanizar su menoscabada energía interna a través del mismo producto que originalmente lo había lanzado a la prominencia a nivel nacional. Esta campaña, denominada “La ira de las uvas” en clara referencia al crítico libro de John Steinbeck sobre la era de la depresión en California, tuvo lugar en un ámbito mucho más conservador desde el punto de vista político56. En 1981, Ronald Reagan había empezado su primer período presidencial desmantelando el sindicato de controladores de tráfico aéreo, con lo que sentó un ambiente paralizador para las actividades sindicales. En California, el gobernador republicano George Deukmejian había recortado los fondos de la Agricultural Labor Relations Board, a la que además había nombrado a conservadores quienes de manera abrumadora 55 56

Bardacke, Trampling Out the Vintage, 713-714; Pawel, The Union of Their Dreams, 300-302. Steinbeck, The Grapes of Wrath.

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interpretaban la California Agricultural Labor Relations Act a favor de los productores. En California se había duplicado la producción de uva en comparación con el decenio anterior gracias al éxito de la campaña de marketing de la California Table Grape Commission. Pero para 1983, casi toda la uva de California era producida por trabajadores que no habían formado un sindicato57. Además, la uva chilena estaba llegando en cantidades abundantes, y se la podía consumir a través de todo el año gracias a trabajadores que habitaban en el otro extremo del planeta. Y más de dos tercios de los obreros vitícolas de California a principios de la década de 1980, eran inmigrantes recientes, la mayor parte de ellos nacidos y criados en México, y muchos indocumentados, mientras que por el contrario, durante la década de 1960, dos tercios de los trabajadores de Delano y Coachella habían sido ciudadanos mexicoamericanos o residentes permanentes58. El boicot a la uva de la década de 1980 se adaptó al conservadurismo de su tiempo. Comenzó como una protesta contra el hecho de que Deukmejian no se ocupaba del cumplimiento de las leyes laborales de California, pero en poco tiempo abandonó el énfasis en los derechos laborales para enfocarse en los pesticidas, tema que atañía al interés personal de los consumidores. El ufw bajó el tono de las fuertes críticas a la pobreza y al racismo que habían sido el tema central de sus campañas de los años 60 y 70, y Chávez manifestó que su misión en ese momento era ocuparse de la seguridad de los alimentos59. El boicot volvió a emplear el tema de que lo que era peligroso para la salud del consumidor también lo era para los obreros del agro. Según lo explicaba de manera retórica en uno de sus volantes:

Food and Justice, December 1984, 3. Bardacke, Trampling Out the Vintage, 728. 59 The Wrath of Grapes, Lorena Parlee and Lenny Bourin (Keene, Calif.: United Farm Workers of America and afl-cio, 1986), vhs. 57 58

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¿Qué tienes tú en común con un trabajador agrícola? ¡La exposición a químicos peligrosos! Todos Los Días, en tus alimentos, estás expuesto a los residuos químicos de los millones de kilos de pesticidas venenosos que se emplean en Estados Unidos al año. Todos Los Días, quienes trabajan para producir tus alimentos se exponen a químicos que no han sido testeados. ¡Más de 300.000 personas al año se envenenan por causa de los pesticidas! ¡Ahora tú puedes ayudar a detener el uso de venenos en tus alimentos!60.

Otro volante urgía: “¡Por Tu Salud… Y La Nuestra, No Comas Uva! Todos los años a la uva de California se le aplican más de 100 pesticidas diferentes, con un total de más de 3,6 millones de kilos. No se eliminan con agua y jabón”61. Es decir, lo que el boicot les exigía específicamente a los productores de California apelaba más bien al interés personal del consumidor que a la ética o a la solidaridad. Chávez le pidió a la ciudadanía que se abstuviera de comprar uva hasta que sus productores accedieran a prohibir el uso de cinco pesticidas especialmente tóxicos y a aceptar los análisis periódicos de la uva para evaluar la cantidad de residuos de pesticidas que ella pudiera tener. A pesar de que el ufw también exigía elecciones sindicales justas y una negociación colectiva basada en la buena fe, no hizo que el boicot estuviera supeditado al aumento de remuneraciones ni a la mejora de las condiciones de trabajo, a excepción de la cuestión crucial de los pesticidas. Chávez insistía en que el boicot no era para que los trabajadores recibieran más dinero, sino para proteger los alimentos y la salud de los estadounidenses. Las estrategias organizacionales del boicot “La ira de las uvas” tampoco fueron las mismas de las campañas emprendidas por la ufw en los años 60 y 70. En primer lugar, no hubo huelgas ni otras actividades laborales relacionadas con el boicot por parte de What Do You and a Farmworker Have in Common?, panfleto (La Paz, CA: ufw, circa 1986), University of California Library colección de panfletos United Farm Workers (de aquí en adelante ufwpc). 61 For Your Health . . . And Ours, Don’t Eat Grapes!, panfleto (La Paz: UFW, 1986), ufwpc. 60

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los obreros vitícolas. En los boicots a la uva y a la lechuga realizados previamente, las huelgas habían dramatizado las quejas de los trabajadores y habían constituido momentos clave para reclutar a obreros agrícolas como miembros del ufw. En los 60 y 70, algunos de los trabajadores que participaban en las huelgas se habían dirigido al público en eventos relativos a los boicots realizados en Chicago y Cleveland para dar vívidos testimonios de las penurias de la vida del trabajador del agro. La decisión del sindicato de no recurrir a huelgas durante el boicot “La ira de las uvas” obedeció tanto a las consecuencias de recientes desacuerdos entre Chávez y el personal del ufw como a lo debilitada que estaba la presencia del sindicato entre los trabajadores activos en la década de 1980. La segunda y profunda diferencia entre la campaña “La ira de las uvas” y las anteriores fue que, para dar a conocer su mensaje, esta no dependió de la movilización de un alto número de voluntarios, sino del servicio de correos y de los medios de comunicación de masas. Esta campaña de alta tecnología, como se la denominaba, fue promovida por Richie Ross, un exvoluntario del ufw y asesor político basado en Sacramento, quien urgía el uso de programas informáticos para analizar patrones de compras y de votaciones que permitieran dar con los centros demográficos que apoyaban a los sindicatos y así poder enfocarse en dichos centros62. Según afirmaba Ross, aunque en los primeros boicots alrededor de diecisiete millones de personas habían dejado de consumir uva en Estados Unidos, se podía obtener una victoria similar en el ámbito de las relaciones públicas con solo tres millones de consumidores63. Para 1986, el ufw enviaba cinco millones de panfletos a simpatizantes potenciales, pidiéndoles que se abstuvieran de comprar uva y solicitando contribuciones64. El video La ira de las uvas se distribuyó a más de 45.000 iglesias, escuelas, canales de televisión, sindicatos y grupo ambientalistas. Se continuó montando mesas delante de supermercados, pero a una escala menor Bardacke, Trampling Out the Vintage, 733. Los Angeles Times, July 25, 1985, 1a. 64 “The Wrath of Grapes: An Interview with Chris Hartmire”, Fundraising Management 19, Nº 2 (April 1988): 51-55. 62 63

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y más esporádica. En 1988, el ufw tenía menos de diez oficinas dedicadas al boicot a través de todo el país, en comparación con las más de cincuenta que había tenido a fines de los años 6065. En las oficinas en terreno, el personal era apenas una fracción del antiguo número de organizadores y en las ciudades donde el boicot era activo, el sindicato no llegó a reclutar el mismo número de activistas voluntarios con el que había contado anteriormente66. No obstante, el mensaje del ufw sobre los pesticidas se hizo escuchar. Los aportes financieros fueron abundantes, llegando casi a US$ 1,4 millones en 198767. Chávez viajaba incesantemente por el país, apareciendo en público y logrando que concejos municipales, políticos de renombre, líderes del movimiento de los derechos civiles y actores famosos respaldaran el boicot68. En la década de 1980, la propia fama de Chávez como líder mexicoamericano y símbolo de la causa de los trabajadores agrícolas hacía que él fuera blanco de la atención de los medios dondequiera que se dirigiera al público. Asimismo, la búsqueda por parte del ufw del apoyo de celebridades, como Coretta Scott King y el presidenciable Michael Dukakis, recababa publicidad nacional para el boicot en la prensa y la televisión a nivel nacional. Chávez explicó la campaña de “La ira de las uvas” en el programa News Watch de la cadena televisiva CBS y en Crossfire de CNN, además de viajar a Washington D.C. para emitir comunicados de prensa especiales junto con el Environmental Defense Fund [Fondo de Defensa Ambiental] y Ralph Nader69. El boicot dependía en gran medida de potenciar actos simbólicos, como lograr que el presidente del distrito de Manhattan, David Dinkins, permitiera al ufw desplegar su bandera roja con Food and Justice, May 1988, 2; National Farmworker Ministry Newsletter, Summer 1987, 1; What Do You and a Farmworker Have in Common?, panfleto (La Paz, CA: ufw, circa 1986), ufwpc. 66 Bardacke, Trampling Out the Vintage, 446. 67 Bardacke, Trampling Out the Vintage, 733. 68 Food and Justice, April-May 1985, 3; Food and Justice, June 1986, 8; Food and Justice, July 1986, 3; Food and Justice, December 1986, 14; Los Angeles Times, October 14, 1988, 32a. 69 New York Times, December 23, 1987, a10. 65

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un águila negra en los edificios municipales de la Ciudad de Nueva York, mientras que en San Francisco, el voto del concejo por prohibir la uva en todas las agencias municipales fue recibido con bombos y platillos70. En 1988, para atraer atención nacional al boicot, Chávez declaró una tercera huelga de hambre, la que con una duración de treinta y seis días fue la más larga71. Cuando accedió a alimentarse nuevamente, Ethel Kennedy, la viuda del asesinado Robert Kennedy, fue quien le alcanzó su primer trozo de pan. Jesse Jackson, el aclamado líder de los derechos civiles, quien en ese momento era candidato presidencial y que también estaba presente, inició el primer día de una huelga de hambre de relevos en la que distintas celebridades y personajes famosos del partido demócrata seguían el ejemplo de Chávez y se negaban a alimentarse durante uno a tres días para que luego siguiera otro.

Figura 2. César Chávez discute la campaña “La ira de la Uva,” Los Angeles, California, 1989. Foto de Lonny Shavelson.

Los Angeles Times, October 21, 1988, 1a; Los Angeles Times, October 25, 1988, 1d; Los Angeles Times, December 14, 1988, 40a. 71 Los Angeles Times, August 14, 1988, 2b; Los Angeles Times, August 23, 1988, 1b; New York Times, August 7, 1988, a23; New York Times, August 16, 1988, a18; New York Times, August 19, 1988, a13; New York Times, August 22, 1988, a12. 70

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Más allá del sacrificio físico de Chávez, el boicot contra la uva de los 80 volvió a desplegar argumentos científicos para sostener el mensaje de que los pesticidas eran físicamente tóxicos para todos lo estadounidenses. En los panfletos y videos del boicot se publicaba el testimonio de la experta en medicina del ufw, Marion Moses, doctora e investigadora química que se había unido a las actividades de organización del sindicato a principios de los 70, cuando aún era enfermera. En los materiales del ufw, así como en diarios y televisión, Moses solía aparecer vestida con una bata blanca de laboratorio o con una probeta en la mano al explicar la forma en que fungicidas tales como el captano causan cáncer y defectos de nacimiento. Ella reiteró la denuncia formulada por el ufw de que los resultados de los análisis de los pesticidas practicados por el gobierno eran profundamente inexactos porque dependían de datos suministrados por laboratorios cuyos clientes principales eran compañías productoras de químicos y, además, en algunos casos, los datos habían sido falsificados descaradamente72. Todavía más, los análisis medían la toxicidad de químicos aislados en un momento dado en un laboratorio, en lugar de medir el impacto provocado en la vida real por la exposición a largo plazo a múltiples químicos al mismo tiempo73. En 1986, dos estudios realizados por la General Accounting Office reivindicaron las advertencias hechas por el ufw, llegando a la conclusión de que la exposición a pesticidas aumentaba dramáticamente la probabilidad de contraer enfermedades y que la fda no tenía forma de llevar a cabo análisis del efecto de la exposición a múltiples químicos para más del 60 por ciento de los pesticidas de mayor uso74. En 1987, el National Research Council, una rama de la National Academy of Sciences, incluyó a la uva en una lista de quince alimentos con residuos cuyo potencial de ser carcinógenos era elevado, mencionando como especialmente tóxicos al captano y al bromuro de metilo, dos de los cinco comFood and Justice, April 1986, 5-6. Food and Justice, May 1986, 12-14. 74 Food and Justice, February 1987, 3. 72 73

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puestos que el boicot tenía en la mira75. Oscureciendo la línea entre el reconocimiento por parte del gobierno de que aún había muchos elementos desconocidos en relación a los pesticidas y las pruebas científicas de que los pesticidas representaban un peligro para la salud humana, el ufw calificó de sospechosos a todos los pesticidas con el fin de vincular a los trabajadores agrícolas con el público. En un folleto de 1987 titulado Boycott Pesticides for Your Sake and Ours [Boicotea los pesticidas por tu bien y el de nosotros], se entona: “No hay nada más importante dentro de lo que el ufw comparte con los consumidores de América del Norte que la seguridad del abastecimiento de alimentos del que todos dependemos”76. El video La ira de las uvas planteó el mensaje del boicot de manera especialmente dramática. Producido por simpatizantes hollywoodenses, el video de dieciséis minutos rodado en 1986, pinta un cuadro alarmante de viñas empapadas en veneno y filtraciones tóxicas que penetran en hogares estadounidenses, desafiando directamente el marketing de la uva como un producto natural y saludable que hacía la California Table Grape Commission. En cámara, Chávez explica: “Mientras los productores continúan su campaña de avisos televisivos para convencer a los consumidores de que la uva fresca es un ‘snack natural’, nuestra campaña ‘La ira de las uvas’ les mostrará a los estadounidenses la verdad sobre lo que los pesticidas están haciendo”. La escena inicial del video, que muestra campos que están siendo fumigados, subraya que la uva no es un producto de la Madre Naturaleza, sino de la agroindustria. De modo similar a la campaña del “snack natural”, La ira de las uvas se enfoca especialmente en la mujer. El video relata los impresionantes descubrimientos de un estudio sobre cáncer realizado en la pequeña localidad agrícola de McFarland, en California, donde doce niños fueron víctimas de cáncer entre 1983 y 1988, cinco de ellos dentro de la misma cuadra residencial. Apelando a las mujeres Food and Justice, July 1987, 11. ufw, Boycott Grapes, for Your Sake and Ours: United Farm Workers 25th Anniversary Celebration (Delano, Calif.: ufw), 1987. 75 76

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como madres, invierte la imagen de la consumidora blanca, profesional, sexy y de clase media producida por la California Table Grape Commission. La uva no ha sido recién cortada, sino que ha sido cubierta de veneno y es peligrosa para todas las mujeres y todas las familias. “Los pesticidas no salen con el lavado”, advierte el narrador a medida que la cámara sigue a una mujer y a su infante a lo largo de un pasillo donde hay fruta y verdura fresca en un supermercado. Otra ama de casa protesta: “Los niños se están muriendo… La gente siente temor del agua, de otra fruta, de jugar en la calle”. La etnia de las mujeres que desempeñan los papeles de madre es intencionalmente vaga con el fin de representar a familias blancas y latinas por igual, aunque las imágenes de los trabajadores hacen una referencia más abierta a la opresión de los obreros mexicoamericanos en particular. El video finaliza con la desconsoladora imagen de un niño que carece de brazos y piernas, con la leyenda: “Tu comida esconde un peligro, un peligro que solo puede abordarse con un fuerte mensaje a los productores de que el riesgo es inaceptable”77. La acusación de que la uva causaba cáncer y defectos de nacimiento indignó profundamente a los viticultores. Bruce Obbink, de la California Table Grape Commission, se refirió al boicot como a un “intento intolerable de someter a toda una industria mediante una táctica que emplea el miedo [y que es] totalmente falsa”78. Además, adujo que el ufw era hipócrita, puesto que “si la cuestión es la seguridad de los alimentos, entonces Chávez debería decir ‘prohíban los químicos’ [para todos los productos agrícolas] en lugar de ‘no compres uva’”79. Darrell Fulmer, de Pandol Brothers, condenó el boicot como una treta de relaciones públicas cuyo único fin era aumentar el poder político del ufw80. Lael Lee, presidente The Wrath of Grapes, Lorena Parlee and Lenny Bourin (Keene, Calif.: United Farm Workers of America y afl-cio, 1986), vhs. 78 The Packer, August 17, 1985, 1a. 79 San Jose Mercury News, January 20, 1988, 1. 80 The Packer, August 10, 1985, 25c. 77

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del Growers Exchange de Salinas, arremetió contra el ufw por ser “un movimiento racial” que manipulaba a los trabajadores en base a una nostalgia de los años 6081. Los productores inflexiblemente negaban que el ufw estuviera teniendo efecto en las compras de los consumidores, y a pesar de que los viticultores de Delano reconocieron haber perdido dinero en 1985, Ed Thomas, líder del South-Central Farmers Committee, insistió en que esto no se debió al boicot sino a un exceso de oferta y a la caída de los precios82. No obstante, los productores de uva de California tomaron el boicot de manera muy seria. La década de 1960 había enseñado la amarga lección de que el daño a la imagen pública de la industria podía causar estragos políticos a largo plazo, independientemente de su posible detrimento económico inmediato. La California Table Grape Commission solicitó al Departamento de Justicia, a la fda y al usda que investigaran al ufw por el uso intencional de información falsa con el propósito de perjudicar un producto83. La Comisión entabló una demanda contra el ufw ante tribunales estaduales por infringir la prohibición de realizar actividades secundarias relacionadas con el boicot, como organizar piquetes delante de supermercados. Además, se dio la molestia de conseguir que se dictara una orden judicial para detener la distribución del video La ira de las uvas debido a que sus productores no habían obtenido permiso escrito de las personas entrevistadas para usar sus historias en una campaña del sindicato84. Este intento no fue especialmente fructuoso, ya que el video había sido distribuido de manera muy amplia previo a que la orden judicial entrara en efecto, y ya partes de él se habían transmitido en numerosos canales de televisión satelitales y de cable, así como en programas locales85. Sin arredrarse, la Comisión duplicó el presupuesto de la campaña del “snack natural” The Packer, February 2, 1980, 1c-2c. Los Angeles Times, September 4, 1985, section 4, 1. 83 The Packer, August 19, 1989, 4a. 84 Entrevista con Irv Hershenbaum, Dinuba, California, 4 de octubre, 2009. 85 Food and Justice, July 1988, 5. 81 82

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y dedicó US$ 250.000 al año exclusivamente a hacer publicidad contraria al boicot. Según explicó Obbink a The Packer: “No voy a permitir que un mentiroso [Chávez] ande recorriendo el país y siga mintiendo sin cejar. Ya nos está hartando”86. En un aviso de una página completa que la Comisión colocó en el diario Los Angeles Times en 1988, reitera los mensajes anteriores de la industria en los que yuxtapone la libertad de los consumidores y empresarios estadounidenses a la tiranía de las regulaciones estatales y a la intimidación por parte de izquierdistas. El aviso propone que el verdadero peligro para el pueblo no son los pesticidas, sino la política: “Se supone que los boicots son para protegernos. Pero, ¿quién nos protege de los boicots? Como agricultores y trabajadores del agro, esperamos que la gente se dé cuenta de que el boicot no está protegiendo a los consumidores. Ciertamente no está protegiendo a los obreros de la uva ni a los viticultores. Lo único que motiva el boicot es la política. Y mientras se siga impulsando el boicot, se pone en peligro la manera de ganarse la vida de los trabajadores y de los agricultores”87. Los supermercados también le prestaron atención al boicot “La ira de las uvas”. En Nueva York, seis cadenas de supermercados, entre ellas Red Apple y Sloan Supermarket, dejaron de vender uva por una semana durante la época de Navidad de 1988 en apoyo al ufw88. En la cadena D’Agostino se continuó vendiendo uva, aunque se puso un letrero que informaba a los consumidores que el ufw les pedía que no la compraran89. Estas acciones eran sobre todo simbólicas, pero captaron la atención de la industria frutícola y hortícola. Publicaciones como The Packer y Supermarket News acusaron a Dinkins, quien había apoyado al ufw durante mucho tiempo y aspiraba a ser candidato a alcalde de la Ciudad de Nueva York, de haber usado tácticas de intimidación para lograr la partiThe Packer, August 19, 1989, 4a. The Packer, September17, 1988, 3a. 88 Supermarket News, December 12, 1988, 4. 89 Supermarket News, November 14, 1988, 42. 86 87

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cipación de los supermercados. En Austin, Texas, el recientemente abierto supermercado de productos naturales, Whole Foods, llamó a la policía para que detuviera a los integrantes de un piquete del ufw que estaban al lado fuera de su establecimiento. Los activistas del sindicato acusaron a Whole Foods de hipocresía al no apoyar el boicot contra la uva cuando su campaña de relaciones públicas hacía alarde de que el supermercado tenía un alto estándar de ética, como por ejemplo, vender exclusivamente atún en cuya pesca no se había dado muerte a otras formas de vida salvaje. “¿Por qué les importan más los delfines que están en medio del océano que los trabajadores agrícolas que están en medio del campo?”, preguntaba un manifestante. La respuesta del establecimiento a los reporteros locales fue: “Nosotros no tomamos partido en asuntos políticos. Nuestra actividad es la venta de alimentos”90. Los supermercados de California rápidamente les aseguraron a sus clientes que la uva era segura. La cadena Ralphs contrató al laboratorio Nutri-Clean, con sede en Oakland, para que inspeccionara y analizara muestras de la uva que se vendía en sus locales y certificara que “no contiene residuos detectables de pesticidas”91. Otras cadenas, como Raley’s, Lucky, Petrini y Safeway, hicieron lo mismo92. En otros siete Estados, los supermercados también empezaron a contratar laboratorios externos para que analizaran la uva y en la sección de frutas de todos los establecimientos se pusieron letreros diciendo que su uva estaba “libre de pesticidas”. La cadena Von’s empezó a hacer publicidad de la uva orgánica. La respuesta de la California Table Grape Commission fue que dichas tácticas caían en el juego de la campaña del temor emprendida por el ufw, pero los vendedores no iban a arriesgarse: si los consumidores necesitaban tranquilidad, se la darían. El ceo de Ralphs, Byron Allumbaugh, afirmó que las ventas habían aumentado el 17 por ciento 90 Jamin B. Rasin, “Does Whole Foods Market Lack Moral Fiber?” En These Times, November 13-19, 1991, 1. 91 Los Angeles Times, 23 de agosto, 1988, 1b; New York Times, November 27, 1988, 30. 92 New York Times, November 27, 1988, 30.

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después de que los 129 establecimientos de su cadena comenzaran a utilizar los servicios del laboratorio Nutri-Clean para analizar los residuos: “En la primera semana [que se puso en el mercado la uva analizada] se produjo la venta más alta de fruta de la historia de la compañía”93. Resulta irónico que los esfuerzos de los supermercados por publicitar que la higiene de su uva estaba científicamente comprobada recalcara el mensaje del ufw de que era necesario supervisar el empleo de pesticidas en la uva. Asimismo, el entusiasmo de los consumidores por la “uva testeada” sugiere que se sentían más seguros con productos garantizados de estar “libres de pesticidas”, es decir, estaban de acuerdo con los objetivos del ufw aún sin participar en el boicot. El boicot a la uva promovido por el ufw contribuyó a que se desarrollara una inquietud cada vez más profunda a nivel nacional sobre la seguridad de los alimentos y la capacidad del gobierno para proteger a los consumidores. Las preocupaciones sobre los pesticidas aumentaron a medida que en el país se consumía una mayor cantidad de frutas y verduras, y en las revistas femeninas así como en la sección de casa y jardín de los diarios, se empezaron a publicar artículos sobre la fruta tóxica y la guerra de los alimentos94. En 1985, se vivió una alarma nacional cuando alrededor de mil personas se enfermaron de manera grave luego de haber ingerido sandía que había sido tratada con el pesticida aldicarb95. Tres años después, el grupo de consumidores llamado Mothers Against Pesticides [Madres Contra Pesticidas], liderado por la actriz Meryl Streep, boicoteó las manzanas tratadas con el conservante Alar96. En la campaña del ufw, Chávez hizo un paralelo entre las muertes Los Angeles Times, August 25, 1988, 2a. William Mueller, “Who’s Afraid of Food?”, American Demographics 12, Nº 9 (September 1990): 40-43; Good Housekeeping, March 1970, 82, 160-70; Glamour, September 1979, 298; Better Homes and Gardens, June 1971, 29-30, 106; Better Homes and Gardens, September 1981, 105; Mademoiselle, August 1989, 134. 95 Tompkins, “The Wrath of Grapes”, 10; Los Angeles Times, July 6, 1986, a3. 96 William Mueller, “Who’s Afraid of Food?”, American Demographics 12, Nº 9 (September 1990). 93 94

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causadas por el analgésico Tylenol mezclado con cianuro en 1982 y el uso del pesticida captan en la uva97. A pesar de que había aumentado el consumo de frutas y verduras frescas en respuesta a las recomendaciones alimentarias del usda, en una encuesta realizada por el Food Marketing Institute en 1987, se descubrió que el 75 por ciento de quienes participaron en dicha encuesta estaba inquieto porque los químicos agrarios utilizados en los alimentos presentaban un “grave peligro para la salud”98. En una encuesta Harris llevada a cabo en 1988, se llegó a la conclusión de que la mitad de los estadounidenses decía estar dispuesto a gastar más para adquirir “alimentos libres de químicos”99. Incluso The Packer reconoció que era claro que la mayoría de los estadounidenses estaba cambiando sus patrones de consumo de alimentos en respuesta a las preocupaciones sobre las toxinas100; deseaba ingerir más frutas y verduras frescas, pero al mismo tiempo quería mayores garantías sobre la seguridad de los alimentos. El boicot “La ira de las uvas” se dejó sentir especialmente en California, donde el ufw lanzó campañas enfocadas en las cadenas de supermercados más importantes –Vons, Safeway y Lucky, con más de trescientos locales cada una– formando piquetes y montando mesas con información al lado fuera de establecimientos clave101. La mayor parte de los voluntarios que trabajaban en el boicot eran estudiantes, casi todos provenientes de organizaciones universitarias chicanas, como el Movimiento Estudiantil Chicano de Aztlán, que en los años 80 tenía secciones en la mayoría de las universidades y de los community colleges de California. A pesar de las permanentes diferencias entre Chávez y los activistas chicanos en cuanto a la inmigración y al marxismo, en la década de 1980 Food and Justice, December 1986, 3. Los Angeles Times, August 25, 1988, 2a. 99 William Mueller, “Who’s Afraid of Food?”, American Demographics 12, Nº 9 (September 1990): 42. 100 William Mueller, “Who’s Afraid of Food?”, American Demographics 12, Nº 9 (September 1990): 40. 101 Irv Hershenbaum, entrevista. 97 98

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más que en campañas anteriores el ufw buscó la cooperación de organizaciones chicanas y latinas, y también con mayor frecuencia se refirió a la causa de los trabajadores agrícolas como un movimiento chicano. En los vecindarios de California con gran población de inmigrantes de origen mexicano o latinoamericano, existía un especial apoyo al ufw. Entre 1989 y 1992, frente a los establecimientos Tianguis, de propiedad de Vons, que vendían productos típicos y se enfocaban en consumidores hispanos, se realizaron piquetes y campañas para repartir volantes de manera regular durante los fines de semana. En el curso de una ceremonia para colocar la primera piedra de un local de Tianguis realizada en 1990 en el Valle de San Fernando, los manifestantes abuchearon a las autoridades gubernamentales mientras agitaban banderas del ufw y letreros que decían “¡Deja de envenenar a los niños, boicotea la uva!”102. El año siguiente, Chávez fue detenido afuera de un establecimiento de Tianguis en la ciudad de Montebello por quebrantar una orden judicial que prohibía participar en piquetes103. Esta detención, cuidadosamente orquestada por el ufw, despertó la atención de los medios de comunicación, pero los cargos fueron desestimados rápidamente. Más tarde, durante ese mismo año, los supermercados Tianguis dejaron de vender uva por completo104. Pero no eran solamente los mexicoamericanos y los latinos quienes apoyaron el boicot en California105. Vons reconoció haber sufrido una leve disminución de la venta de uva en general106. En 1988, los productores vitícolas y los corredores de frutas y hortalizas se quejaLos Angeles Times, July 28, 1990, b13. Irv Hershenbaum, entrevista. 104 Los Angeles Times, November 6, 1993, 1. 105 En la década de 1980, quienes eran originarios de América Latina o de ascendencia latinoamericana, empleaban varios vocablos para referirse a su etnicidad, entre ellos hispano, latino, chicano, o bien términos relacionados con países en particular, como mexicano, salvadoreño o cubano seguido de americano, a veces con guión, para denotar que eran ciudadanos estadounidenses. Para los 80, la prensa tradicional y los políticos empleaban el término latino, a pesar de que en documentos gubernamentales y en la publicidad comercial el término estándar continuó siendo hispano. 106 New York Times, November 27, 1988, 30. 102 103

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ron de que los pedidos de uva fina comercializada en supermercados suburbanos con clientela blanca habían bajado casi el 14 por ciento, y que, además, los pedidos de las variedades vendidas en mercados hispanos habían disminuido casi el 50 por ciento107. En un artículo de Los Angeles Times sobre el bastión del partido republicano que era el Condado de Orange, se informa que había zonas de apoyo al boicot por parte de blancos de clase media y de altos ingresos en las ciudades de Irvine, Laguna Beach y Newport Beach108. En San Francisco, el ufw juntó más de 150.000 firmas en apoyo al boicot entre los clientes de Safeway109. En todos los barrios el énfasis del mensaje del boicot estaba en que tanto trabajadores agrícolas como consumidores compartían las mismas preocupaciones sobre la salud. En unos volantes repartidos en Pavilions, un supermercado de elite de propiedad de Vons, se muestra a Chávez con los padres de un niño que ha muerto de leucemia, supuestamente causada por su exposición a pesticidas. En los volantes se lee: “La uva ha sido mortal para nuestros obreros y sus hijos. Nuestras vidas y las de los niños están en peligro. La salud de tu familia también está en peligro. ¡Los pesticidas no salen con agua y jabón! ¡No compres aquí!”110. En abril de 1991, Vons llegó a un acuerdo con el ufw según el cual dejaría de publicitar la uva en sus otros supermercados a cambio de que se suspendiera el boicot111. Este acuerdo tuvo solo dos meses de duración, aunque se renegociaron pausas similares por períodos cortos en 1992 y 1993112. Lucky, Ralphs y Giant también periódicamente llegaban a un acuerdo para detener o reducir su publicidad a cambio de que el ufw no organizara piquetes delante de sus establecimientos113. Estas negociaciones esporádicas subrayaban la susceptibilidad de los supermercados ante los boicots y su deseo New York Times, November 27, 1988, 30. Los Angeles Times, January 11, 1991, b6. 109 Food and Justice, January 1990, 13-14. 110 “Please Don’t Shop at Vons, Tianguis, or Pavilions”, volante del ufw, 1991, ufwpc. 111 Food and Justice, September 1989, 12; Los Angeles Times, April 25, 1991. 112 The Progressive Grocer, July 1992, 14. 113 Food and Justice, September 1989, 12; Irv Hershenbaum, entrevista. 107 108

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de evitarlos, sin embargo su respuesta primordial al ufw no fue la de poner fin a la venta o a la publicidad de la uva, sino contratar laboratorios externos para que verificaran si la uva tenía residuos de pesticidas, o reasegurar a los consumidores anunciando a través de avisos especiales que su uva era inocua. Los vendedores protegerían a los consumidores, insistían los supermercados, mediante su “obsesión con la calidad”, como lo afirmaba un aviso de Vons114. Esta táctica no disminuyó el abastecimiento de uva ni el gusto del consumidor por esta fruta, sino que más bien reiteró el argumento que hacía el ufw en cuanto a que los pesticidas representaban un peligro para la salud humana y a que la industria vitícola de California necesitaba ser regulada, ya fuera por supermercados, laboratorios externos, el gobierno o un sindicato. El empleo de análisis científicos para comprobar que la uva estaba libre de toxinas afirmaba el derecho del consumidor a optar por comprar uva pese al boicot, pero también intensificaba en lugar de disipar el imperativo de que un tercero garantizara que la fruta era realmente segura y salubre. Problemas de fronteras: la respuesta del ufw a la uva chilena y a la inmigración mexicana Para fines de la década de 1980, la uva chilena representaba casi un tercio del mercado vitícola en Estados Unidos. El hecho de que desde no hacía mucho la uva se pudiera adquirir durante todo el año, la había hecho más barata y más popular. Es sorprendente entonces que el ufw haya dicho muy poco sobre Chile. No hubo mención alguna del país, ni siquiera como tema de menor importancia, en la correspondencia que enviaba por correo en apoyo al boicot ni en sus panfletos, como tampoco en sus materiales mediáticos como La ira de las uvas. Chávez no mantuvo ningún tipo de relación regular con los activistas laborales chilenos exiliados en Estados Unidos, y 114

Los Angeles Times, August 25, 1988, 2.

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en sus discursos nunca mencionó las condiciones de explotación de los trabajadores vitícolas chilenos ni las formas en que el régimen de Pinochet perjudicaba a los obreros agrícolas estadounidenses. A veces, el ufw parecía desconocer por completo las conexiones comerciales entre Chile y California. La publicación mensual del sindicato, Food and Justice, solamente expresó indignación sobre el hecho de que “productores de California y algunos gerentes de productos hortícolas y frutícolas supuestamente embalan y venden uva chilena y uva californiana”115. Pero esta práctica duraba desde hacía más de diez años y, además, varios de los adversarios más empedernidos del ufw, como Pandol Brothers y Giumarra Company, tenían lazos comerciales con firmas chilenas y habían sido pioneros en la proliferación de la uva chilena en el mercado estadounidense. Según el sindicato, el declive en el margen de ganancias de la uva californiana obedecía a su boicot, pero es mucho más probable que la causa de esto haya sido el creciente abastecimiento de uva chilena. Para mediados de los años 80, en la promoción de la uva de invierno los supermercados destacaban que su origen era el “soleado Chile”, no California, lo que causaba confusión entre muchos de los simpatizantes del boicot porque no sabían si este solo se aplicaba a la uva californiana o también a la importada. En la tendencia del ufw a ignorar Chile, hubo ciertas excepciones. En febrero de 1987, Food and Justice publicó un largo artículo en el que sostenía que la uva chilena era igual de tóxica que la californiana porque se cultivaba empleando los mismos pesticidas y que como el boicot “La ira de las uvas” regía durante todo el año, los consumidores debían abstenerse de comprar toda uva, cualquiera fuera su origen: “Lo que vale para la uva de mesa californiana en el verano, vale también para la uva de mesa chilena en el invierno. En los dos casos, el consumidor adquiere más de lo que cree –más veneno– en la forma de residuos invisibles de pesticidas que están dentro y fuera de las deliciosas, cosméticamente 115

Food and Justice, February 1987, 7.

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manipuladas uvas de mesa… chilenas o californianas ¡atención, consumidor!”116. Al responder alguna pregunta ocasional, los dirigentes del ufw mantenían que la uva chilena era más toxica que la californiana porque en ella se usaban pesticidas más peligrosos o en mayor cantidad. En 1986, la fda encontró residuos de procimidona, un fungicida que era ilegal en Estados Unidos. Además, el nivel de bromuro de metilo usado para fumigar en Chile era mayor que el empleado en California117. Según el artículo que Food and Justice publicó en 1987: “Los pesticidas que se aplican a la uva en Chile son tan peligrosos que los trabajadores deben usar equipo de seguridad para medir los residuos que quedan en las frutas y hortalizas que se envían a Estados Unidos”118. La inquietante noticia se enfatiza con una foto, tomada en el puerto de Valparaíso, de un inspector frutícola que lleva máscara y un uniforme especial. Irónicamente, habría sido muy raro que un trabajador vitícola chileno hubiera tenido acceso a este tipo de equipo en los años 80. También es interesante notar que la imagen es idéntica a la que usaban los exportadores de uva para comercializar su producto aduciendo que cumplía con los estándares más altos de calidad y salubridad119. Pero en general, el ufw nunca sustentó de manera sólida su denuncia de que la uva chilena era tan peligrosa como la californiana –o aún más– ya que concentró sus fondos en los envíos por correo y en los esfuerzos por montar piquetes y distribuir volantes en los supermercados durante los meses de cosecha y de marketing en California, es decir, julio hasta fines de diciembre120. No es que a los activistas del ufw no les importaran las vicisitudes de Chile o que no estuvieran conscientes de ellas, pues abundaron los gestos de solidaridad política. El ufw estuvo entre los primeros sindicatos estadounidenses que condenó el golpe militar en contra de Allende Food and Justice, February 1987, 7. Irv Hershenbaum, entrevista. 118 Food and Justice, February 1987, 7. 119 Food and Justice, February 1987, 7. 120 Irv Hershenbaum, entrevista. 116 117

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y, más aún, durante su primera convención reglamentaria, alabó la reforma agraria del gobierno de la Unidad Popular por haber mejorado el nivel de vida de los trabajadores agrícolas chilenos. A través de toda la década de 1980, el ufw condenó a los regímenes militares de América del Sur y de Centroamérica, y respaldó los movimientos pro democracia. Huerta comparó a Pinochet con Hitler. En un folleto conmemorativo que se publicó en 1987 para el vigésimo quinto aniversario del ufw, llamado Boycott Grapes, for Your Sake and Ours, se publica una foto de Huerta con la viuda de Allende, Hortensia Bussi121. El ufw directamente inspiraba actos internacionales de solidaridad como este. Fred Ross Jr., hijo del mentor de Chávez, empleó la experiencia que había adquirido trabajando con el ufw para crear el grupo Neighbor to Neighbor [Vecino a Vecino], dedicado a organizar un boicot a nivel nacional contra Folgers Coffee en los años 80 como protesta a la relación entre esta compañía y la violencia militar en El Salvador122. Chávez apoyó el boicot contra la fruta chilena dirigido por Casa Chile a mediados de los años 80, y en una ocasión celebró su cumpleaños en La Peña, un restorán y recinto de espectáculos en Berkeley vinculado con los movimientos chilenos pro democracia. No obstante, pese a esta solidaridad, no se realizaron verdaderos esfuerzos para relacionar el boicot liderado por el ufw con la uva chilena a nivel organizacional. Una de las razones para esto fue de orden estratégico. La campaña “La ira de las uvas” se enfocaba en los pesticidas para establecer un vínculo entre los consumidores y los trabajadores estadounidenses. El mensaje calculado no era la injusticia social en sí misma ni tampoco la explotación del trabajador, sino el hecho de que todos los estadounidenses en general compartían los mismos peligros para su salud. Además, los objetivos a largo plazo del boicot atañían específicamente a la política del gobierno estadouni121 Ruth Carranza, “From the Fields into the History Books”, Intercambios Femeniles (Winter 1989): 11-12; ufw, Boycott Grapes, for Your Sake and Ours: United Farm Workers 25th Anniversary Celebration (Delano, Calif.: ufw, 1987). 122 Shaw, Beyond the Fields, 55-60.

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dense, incluso a la política del Estado de California: prohibición del uso de químicos peligrosos en la agroindustria y presión a los productores para que participaran en negociaciones colectivas de acuerdo a la legislación vigente en California. Expandir el boicot para incluir la dictadura y la explotación del trabajador en Chile significaba una distracción, además de ser un tema potencialmente divisivo en términos políticos. Y si bien el ufw adoptó ciertas posiciones sobre una serie de cuestiones relativas a la justicia social y criticó la política exterior de Estados Unidos, sobre todo en América Latina, el boicot contra la uva de los años 80 fue intencionadamente apolítico. A diferencia de lo practicado en los 60, el boicot de los 80 se enfocó en el interés del consumidor en su propia salud, sin apelar a la ética ni a la solidaridad política. La minimización de la política supuestamente se acomodaba mejor a tiempos más reaccionarios. El hecho de que en el análisis llevado a cabo por el ufw en “La ira de las uvas” no se mencionara a Chile también obedeció a que su misión tenía un enfoque interno, llegando incluso a ser nacionalista. Al igual que casi todos los sindicatos a mediados del siglo XX, el ufw entendía que sus afiliados eran de orden nacional: trabajadores agrícolas de ciudadanía estadounidense o residentes permanentes de Estados Unidos, o bien inmigrantes con intenciones de convertirse en uno o lo otro. Y del mismo modo que otros sindicatos, percibía que el marco para los cambios estaba dado por la legislación nacional y estadual, la opinión pública interna y los votantes, además de la respuesta del empresariado estadounidense. Aún más, el ufw siempre fue un movimiento social a favor de los derechos civiles tanto como un sindicato laboral. En la imaginación del pueblo, y en la suya propia, el ufw defendía la igualdad racial y el empoderamiento de los mexicoamericanos y de los latinos dentro de Estados Unidos como ciudadanos o como individuos que pronto lo serían. La solidaridad con las luchas internacionales a favor de la justicia social nunca faltó, pero el ufw no estimaba que su propia lucha fuera internacional. 313

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Esto fue algo decidor en la respuesta del ufw ante la inmigración proveniente de México. Chávez siempre consideró que los trabajadores indocumentados y el hecho de que el gobierno estadounidense no hiciera cumplir las leyes de inmigración, permitían que los productores californianos contrataran rompehuelgas y así socavaran los esfuerzos por organizar movimientos sindicales. Los trabajadores indocumentados, quienes vacilaban mucho más que los ciudadanos o los residentes legales a la hora de afiliarse a un sindicato, se encontraban más directamente controlados por los productores. En la década de 1950, Chávez se había opuesto al programa de braceros, el que permitía que los productores contrataran trabajadores provenientes de México de manera temporal. El despegue del ufw se atribuía en gran parte a que este programa hubiera llegado a su fin en 1964. No obstante, durante las huelgas de los años 60 y 70 contra los productores de uva y de lechuga, estos rutinariamente contrataban inmigrantes indocumentados para romper las huelgas y mantener los campos cultivados. Ante ello, la respuesta del ufw fue cooperar activamente con el Servicio de Inmigración y Naturalización (ins por su sigla en inglés) para que este detuviera y deportara a los rompehuelgas, urgiendo a sus miembros a que llamaran por teléfono al ins para delatar a los ilegales o wetbacks. Un primo de Chávez, Manuel Chávez, organizó a voluntarios del ufw para que actuaran de manera más agresiva en la frontera de Arizona con México, creando patrullas que físicamente interceptaban a las personas que entraban a Estados Unidos de manera ilegal, llegando a veces a abusar de ellas con violencia. Estas tácticas alienaron a muchos mexicanos y mexicoamericanos que, aunque fervientes opositores de los rompehuelgas, solían tener historias personales de horror en relación a la migra (Servicio de Inmigración) o bien familiares que eran indocumentados123. Además, creaban tensión entre el sindicato y muchos grupos activistas chicanos que estaban a favor de las fronteras abiertas. 123

Griswold del Castillo and Garcia, Cesar Chavez, 165-67.

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El ufw insistía en que su oposición era a los rompehuelgas, no a los indocumentados. Y aunque según sus estatutos el sindicato incluía a todos los obreros agrícolas, cualquiera fuera su nacionalidad o su condición de residencia, en la práctica el ufw estuvo en contra de los trabajadores ilegales. Chávez, al igual que la mayoría de los líderes sindicales del momento, consideraba que la ciudadanía era la base del poder político de los trabajadores. Y al mismo tiempo que el ufw activamente ayudaba a los inmigrantes a solicitar la residencia y la nacionalización, hacía un llamamiento al ins para que cumpliera sus labores de manera más estricta. En algunos momentos, el ufw incluso buscó acercamientos con sindicatos mexicanos: Chávez viajó varias veces a México para reunirse con líderes sindicales locales, a quienes solicitó que instaran a sus trabajadores a abstenerse de actuar como rompehuelgas124. Durante huelgas que se produjeron a principios de la década de 1970 en el valle Imperial, el sindicato mexicano de mayor importancia, la Confederación de Trabajadores de México (ctm), organizó piquetes de solidaridad en su lado de la frontera para evitar que los mexicanos trabajaran de rompehuelgas en Estados Unidos125. En 1983, Chávez ayudó a negociar un acuerdo con el gobierno mexicano mediante el cual los familiares de trabajadores indocumentados que eran miembros del ufw en Estados Unidos podrían recibir prestaciones médicas a través del Instituto Mexicano del Seguro Social126. Los patrones de inmigración de la década de 1980, fuertemente determinados por la Guerra Fría, plantearon dificultades abrumadoras para el ufw. El colapso del peso mexicano durante la crisis económica internacional de 1982 hizo que miles de mexicanos dejaran su país. Las guerras civiles de El Salvador y Guatemala impulsaron la inmigración proveniente de América Central. Para fines de los años 80, casi el 80 por ciento de los obreros del agro en California estaba compuesto por inmigrantes, en contraste con el Ferris and Sandoval, Fight in the Fields, 243. Griswold del Castillo and Garcia, Cesar Chavez, 160-63. 126 Griswold del Castillo and Garcia, Cesar Chavez, 159. 124 125

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30 por ciento de los años 60, cuando nació el ufw –y más de la mitad de ellos eran indocumentados–127. La política de inmigración del gobierno de Reagan y la Immigration Reform and Control Act [Ley de Reforma y Control de la Inmigración], complicaron aún más el panorama. Esta ley, promulgada en 1986, permitió que se legalizara la situación de cientos de miles de trabajadores que ya vivían en Estados Unidos y, por primera vez, impuso sanciones a los empleadores que contrataran a trabajadores indocumentados –medidas que apoyaba el ufw–. Pero la ley también contenía disposiciones que permitían a los trabajadores visitantes solicitar una residencia temporal tras permanecer apenas tres meses en el país. Esto creaba un incentivo para que los inmigrantes entraran a Estados Unidos como obreros agrícolas indocumentados y no realizaran actividades de índole sindical hasta que obtuvieran la residencia permanente o la ciudadanía, lo que podía llevar hasta diez años. El boicot “La ira de las uvas” evidentemente careció de éxito como instrumento para las actividades sindicales. No se celebró ningún contrato en que se prohibiera el uso de pesticidas, y el número de trabajadores cubierto por un contrato del ufw cayó notablemente de alrededor de sesenta mil a principios de los años 80, a cinco mil a principios de los 90128. Cuando Chávez falleció inesperadamente en 1993 y se suspendió el boicot, no existía ningún contrato vigente entre el ufw y los productores vitícolas de California. Esto obedeció a diversos factores: la decisión de Chávez de alejarse de la organización de movimientos de base, la masiva inmigración que el sindicato no estaba preparado para enfrentar, y un clima político más conservador. La uva chilena también desempeñó un papel: el suministro de esta fruta durante todo el año, junto al agresivo marketing que llevaron a cabo tanto chilenos como californianos, incentivó la demanda por parte del consumidor e hizo que la uva fuera más lucrativa para los supermercados. La incapacidad del ufw para enfrentar la índole internacional tanto del 127 128

Irv Hershenbaum, entrevista. Mooney and Majka, Farmers’ and Farmworkers’ Movements, 184.

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trabajo agrícola como de la industria vitícola, socavó la coherencia y la efectividad del mensaje del boicot. La uva chilena había pasado a ser esencial para las ganancias de los más poderosos productores y distribuidores de uva en California, y había hecho que disminuyera aún más el incentivo que los productores californianos hubieran podido tener para negociar. No obstante, el boicot “La ira de las uvas” en efecto transmitió el mensaje de que los pesticidas representaban un peligro para la salud de los estadounidenses, y su impacto fue duradero en el ámbito cultural tanto como en el ideológico. Las imágenes del funeral de Chávez realizado en el Condado de Kern en abril de 1993, circularon a nivel internacional: un sencillo ataúd de pino cubierto por la bandera roja con un águila azteca negra del ufw en la que estaba bordada la frase: “Nuestra misión es una provisión de alimentos segura y justa”129. Los alimentos saludables solamente eran posibles si se los producía bajo condiciones que fueran buenas para los trabajadores –había sido el credo del ufw desde sus embriagadores comienzos en la década de 1960–. Y a pesar de que el boicot de la década de 1980 no se enfocó en la justicia social sino en el interés del propio consumidor, de todos modos constituyó un reto al fetichismo de que la uva era un producto fresco y natural. El consumidor no podía ignorar el hecho de que los alimentos se producían de manera industrial a través del empleo de productos químicos sintéticos y de grandes cantidades de trabajo humano. Los estadounidenses continuaron consumiendo uva a través de la década de 1980, pero también expresaron una creciente preocupación sobre las toxinas. Los supermercados y los productores rápidamente aseguraron de que sus frutas y verduras eran saludables. El ufw no fue el único crítico de los pesticidas en los años 80, pero su voz era famosa y su peso desproporcionadamente alto. A diferencia de la gran mayoría de los sindicatos, el ufw hizo de las cuestiones ambientales el foco central de sus campañas en defensa de los tra129

The Phoenix Gazette, April 26, 1996, b2.

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bajadores, y su insistencia en que las compras de los consumidores tenían consecuencias políticas habría de servir como poderoso modelo para futuras luchas130. Política del boicoteo y el movimiento de solidaridad con Chile Pocos días después del golpe de las fuerzas armadas chilenas en contra de Salvador Allende en septiembre de 1973, el ufw aprobó una fuerte condena durante su primera convención anual, la que se llevó a cabo en Fresno, California: “Hacemos notar el violento derrocamiento de un gobierno constitucional cuya base eran los trabajadores de Chile y cuyo programa alentaba a los obreros agrícolas chilenos a organizarse. Sabemos que los grandes terratenientes chilenos, al igual que los californianos, favorecían la represión de las organizaciones de trabajadores”131. El ufw exigió que Estados Unidos suspendiera de inmediato toda ayuda económica y militar a Chile, y que Chile pusiera en libertad a todos los presos políticos. La resolución del ufw fue una entre cientos de protestas igualmente airadas que surgieron de organizaciones estadounidenses en los días y meses posteriores a la sangrienta destitución de Allende. Grupos tan diversos como United Auto Workers, Black Panther Party, Quakers y American Anthropological Association exigieron que se implementaran inmediatas sanciones económicas y militares en contra de Chile y que se pusiera fin a la represión política132. Chomsky, Linked Labor Histories; Glickman, Buying Power; Shaw, Beyond the Fields. Solidarity with the Unions of Chile (Chicago: afl-cio, 1978), 7. 132 Por ejemplo, ver la carta denunciando el régimen militar chileno publicada por el San Francisco Chronicle el 10 de octubre de 1973, y firmada por representantes de ilwu, seiu, la American Federation of Teachers, afl-cio, Black Panther Party, y la facultad de la Universidad de California, California State University, y de California Community Colleges. San Francisco Chronicle, October 10, 1973, 10a, nacla Archive on Latinamericana-Chile (de aquí en adelante nalc), roll 23. Ver también “October 28, 1973, Letter from nacla Editor to The Los Angeles Times” sobre la resolución de la Pacific Latin American Studies Association para poner fin al acuerdo entre Chile y la Universidad de California, nalc, roll 23; “Resolution of the American Anthropological Association, Chicago, Fall, 1973”, nalc, roll 24; y “Regional Meeting: Chile Groups, October 28, 1973”, nalc, roll 24. 130 131

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Aunque el gobierno de Nixon había apoyado la caída de Allende de manera activa, la opinión pública en Estados Unidos simpatizaba considerablemente más con el gobierno de la Unidad Popular, o por lo menos reconocía sus credenciales democráticas. La Guerra de Vietnam había generado escepticismo en cuanto a la ética y a la eficacia de oponerse a proyectos marxistas con amplio apoyo popular desarrollados en el exterior. Incluso gran parte de los medios de comunicación dentro de Estados Unidos que habían sido críticos de Allende cuando él estaba en el poder, rápidamente denunciaron la espiral de violencia en Chile y cuestionaron el papel que había desempeñado Estados Unidos en el golpe. En los años 70 y 80, los boicots desempeñaron un papel muy importante en los esfuerzos que se hicieron en Estados Unidos para presionar por una vuelta a la democracia en Chile. Llamamientos hechos por sindicatos, grupos religiosos y organizaciones académicas a aislar el país, una y otra vez insistían en que Estados Unidos pusiera fin a su ayuda económica y militar al gobierno de Pinochet y suspendiera sus relaciones comerciales con Chile. Estas demandas eran formuladas en detalle por un gran número de organizaciones activistas que surgieron después del 11 de septiembre como campeonas de la solidaridad con el pueblo chileno en oposición al régimen militar. El movimiento de solidaridad con Chile empleó el concepto del boicoteo en diversas formas, desde llamados a poner fin a toda relación comercial y ayuda a Chile hasta realizar manifestaciones durante las intervenciones de representantes del régimen militar en Estados Unidos, y emprender campañas específicas para lograr que los consumidores estadounidenses dejaran de adquirir productos chilenos. Estos boicots carecieron de consecuencias económicas de importancia, siendo esporádicos y disparejos en su implementación, pero tuvieron éxito en términos pedagógicos y políticos. Las actividades relacionadas con los boicots –o los llamamientos a boicots– se combinaban con otras actividades de solidaridad, tales como defensa de los derechos humanos, lobby político, eventos culturales y acción directa. El objetivo principal de todas estas actividades era “decir la verdad” sobre lo que sucedía en Chile y ejercer presión 319

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sobre el gobierno estadounidense para que aislara a Pinochet como un paria, más que desacelerar de manera significativa la economía chilena. Los llamamientos a boicotear a Chile hacían hincapié en la no cooperación con un régimen ilegítimo e insistían en la conexión entre el destino de la democracia en Chile y el comercio internacional. Asimismo, construyeron formas de solidaridad a larga distancia entre ciudadanos estadounidenses y latinoamericanos, proponiendo que los primeros tenían la obligación moral de comprender y de rechazar los vínculos entre su bienestar personal y los productos provenientes de una dictadura militar que su propio país había contribuido a instalar133. Boicotear a Chile era una manera en que los particulares en Estados Unidos podían intervenir a favor del cambio en lugares lejanos. El movimiento de solidaridad con Chile fue extremadamente diverso, abarcando desde grupos cristianos que hacían lobby contra los abusos de los derechos humanos hasta organizaciones marxistas que abogaban por la lucha armada contra Pinochet. A fines de la década de 1970, en su momento de culminación, existieron unos cien grupos de solidaridad con Chile a través de todo Estados Unidos134. Sin embargo no hubo un ente coordinador a nivel nacional. En una zona metropolitana determinada como Nueva York o la Bay Area, podía existir más de una docena de grupos diferentes con diversas metas ideológicas y estratégicas. La gran mayoría de las organizaciones solidarias con Chile operaban desde sótanos de iglesias o campus universitarios, y se enfocaban en acciones determinadas. El Common Front for Latin America (coffla) [Frente Común para América Latina], un grupo con base en Washington D.C., hacía lobby en el Congreso buscando apoyo a las sanciones económicas y políticas en contra de Chile. El Citizens’ Committee to Save Lives in Chile [Comité de Ciudadanos para Salvar Vidas en Chile], 133 134

Glickman, Buying Power. Goff, “The Chile Solidarity Movement and Its Media”, 95-125.

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con sede en Chicago, contaba con amplia cooperación de iglesias luteranas y de líderes sindicales locales principalmente para documentar violaciones a los derechos humanos y para patrocinar refugiados chilenos135. En San Francisco, el Chilean Refugee Support Committee [Comité de Apoyo a Refugiados Chilenos] realizaba una labor ecuménica similar bajo la guía del sacerdote católico Cuchulain Moriarty136. A otros grupos les concernía la política latinoamericana en su conjunto, pero trataban el caso de Chile con especial urgencia. La Community Action on Latin America [Acción Comunitaria para América Latina], basada en Madison, Wisconsin, y el Los Angeles Group in Solidarity with Latin America [Grupo de Los Angeles en Solidaridad con América Latina], compuestos mayormente por académicos y estudiantes universitarios, se dedicaban a publicar boletines noticiosos y a organizar eventos culturales y educativos137. Organizaciones feministas tales como Action for Women in Chile [Acción para la Mujer en Chile] en Nueva York y Women in Solidarity with Chile [Mujeres en Solidaridad con Chile] en San Francisco, se preocupaban de la tortura y de las presas políticas138. El movimiento de solidaridad además incluía a un sinnúmero de sindicatos, asociaciones académicas, iglesias, sinagogas y concejos municipales, los cuales apoyaban acciones de solidaridad de manera formal, escribían cartas y participaban en manifestaciones. Unos pocos grupos tenían alcance nacional. El North American Congress on Latin America (nacla) [Congreso Norteamericano para Latinoamérica] publicaba un boletín mensual de amplia difusión llamado Latin America and Empire Report [Informe América Latina e Imperio], que posteriormente se llamó el nacla Report on Latin America [Informe nacla sobre América Power, “The U.S. Movement in Solidarity with Chile in the 1970s”, 46-66. Power, “The U.S. Movement in Solidarity with Chile in the 1970s”, 46-66. 137 Entrevista telefónica con Tim Harding, 31 de agosto, 2010. 138 Entrevista telefónica con Dolores Schaefer, 12 de octubre, 2010; entrevista telefónica con Steve Volk, 13 de septiembre, 2010. 135 136

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Latina], el cual contenía artículos sobre Chile de manera periódica. El nacla surgió del activismo político contra la invasión de la República Dominicana por parte de Estados Unidos a mediados de los años 60 y se fundó con la financiación del National Council of Churches [Consejo Nacional de Iglesias]139. Aunque nunca se enfocó exclusivamente en Chile, el nacla constituía la fuente primaria de información para activistas de la solidaridad con Chile de distintas proveniencias, y además gran parte de su personal estaba directamente envuelto en organizaciones pertenecientes al movimiento. El grupo llamado Non-Intervention in Chile (nich) [No Intervención en Chile], basado en Berkeley, contaba con quince filiales en ciudades tan diversas como Atlanta, Seattle, Austin, Buffalo, Houston, Albuquerque, Baltimore y Denver140. El nich fue formado un año antes del golpe que derrocó a Allende por activistas estadounidenses residentes en Chile que eran simpatizantes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (mir), pero el grupo disfrutaba de apoyo especial en campus universitarios en Estados Unidos. Otro organismo de importancia, el National Coordinating Center in Solidarity with Chile [Centro Nacional de Coordinación en Solidaridad con Chile] o Chile Solidarity Center como se le llamaba con mayor frecuencia, fue creado en 1974 con la participación de treinta grupos más pequeños con sede en diversas partes del país, que se reunieron en Chicago pocos meses después del derrocamiento de Allende. El Chile Solidarity Center tenía vínculos con el partido comunista de Estados Unidos, pero trabajaba con una diversidad de grupos religiosos y laborales141. El nich y el Chile 139 Steven S. Volk, “The Chile Solidarity Movement: What Did it Do? What Did We Accomplish?”, documento no publicado preparado para un discurso pronunciado en la conferencia llamada “Desempacando Memoria” realizada en Nueva York, el 10 de octubre de 2008, en posesión de su autor. 140 En 1976, el nich informó que tenía filiales activas en Atlanta, Berkeley, Cambridge, Seattle, Austin, Buffalo, San Francisco, and Washington, así como afiliados en Houston, Albuquerque, Baltimore, Denver, Los Angeles, Phoenix, San Diego, Binghamton, New York y Toronto. 141 Steven S. Volk, “The Chile Solidarity Movement”.

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Solidarity Center colaboraban de manera esporádica en acciones nacionales, pero solían tener diferencias en cuanto a tácticas y mensaje: el primero hacía hincapié en el antiimperialismo y en el apoyo a los movimientos de resistencia dentro de Chile, mientras que el segundo favorecía la construcción de una alianza amplia en contra del fascismo, tanto como el trabajo con los sindicatos dentro de Estados Unidos. En los primeros llamamientos a un boicot se exigía la interrupción del comercio de Estados Unidos con Chile. En octubre de 1973, tan solo un mes después del golpe, el nich, el nacla, el coffla y varios grupos de New Brunswick, Boston y Filadelfia, participaron en una reunión de planificación efectuada en Nueva York para personas interesadas en lo que sucedía en Chile. Los activistas propusieron la organización de boicots contra empresas estadounidenses que habían contribuido a debilitar el gobierno de Allende, como la ITT, y plantearon la necesidad de reclutar a estibadores en puertos estadounidenses para boicotear a los barcos que transportaban cobre desde Chile142. Unas pocas semanas después, el 3 de noviembre de 1973, el Local 10 del International Longshore and Warehouse Union (ilwu) [Sindicato Internacional de Estibadores y Bodegas] de la Bay Area votó por dejar de cargar y descargar productos chilenos “hasta el momento en que la Junta o el gobierno de Chile restablezca todos los derechos de los sindicatos, sus miembros y sus líderes”143. Pero este boicot fue mayormente simbólico. A través de la década de 1970, los trabajadores del ilwu en los puertos de Oakland, San Francisco, Long Beach, Portland y Seattle postergaban, desde unas pocas horas hasta unos pocos días, la descarga de ciertos barcos chilenos. Las fechas importantes, como el 11 de septiembre o el 18 de septiembre (el aniversario de la independencia de Chile), eran causa para que se produjeran negativas a abordar por cuarenta y ocho horas los barcos que llegaran de 142 143

“Regional Meeting: Chile Groups, October 28, 1973”, nalc, roll 24. The Chile Newsletter 1, Nº 2 (December 1973), 2.

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Chile o salieran en su dirección144. El comercio nunca se interrumpió de manera significativa, pero la resolución del ilwu ciertamente se notó en Chile. El gobierno de Pinochet arremetió en su contra afirmando que el sindicato era de inspiración comunista, en tanto que a los empresarios chilenos, especialmente a los exportadores frutícolas, les preocupaba el daño que incluso pequeñas demoras causaban a los productos. Dentro de Estados Unidos, la postura del ilwu en cuanto al boicot se convirtió en un punto de unión para el emergente movimiento de solidaridad con Chile, así como también en su tema central. En reuniones nacionales organizadas por el nich y el Chile Solidarity Center en Chicago en 1974 y 1975, y después en Nueva York en 1979, se aprobaron resoluciones para organizar boicots por parte de consumidores y de sindicatos145. En el Report on Latin America del nacla tanto como en el boletín del nich, The Chile Newsletter, se publicaban regularmente artículos en los que se denunciaban las inversiones hechas en Chile por empresas petroleras y bancos estadounidenses146. Lo mismo hacían publicaciones de grupos de solidaridad más pequeños con sede en Madison, Eugene, Chicago y Lawrence147. Los grupos formados por exiliados chilenos prestaban un especial apoyo. Desde Roma, el ruego a los países que hacía Chile Demo144 Por ejemplo, el 18 y el 19 de septiembre de 1974, los trabajadores del ilwu en los tres puertos del Pacífico realizaron un boicot de cuarenta y ocho horas a los barcos que transportaban carga chilena, y lo mismo hicieron miembros del International Longshoremen’s Association (aflcio) en Nueva York. “Labor Protests cia Role in Chile”, Guardian, October 9, 1974, nalc, roll 23. Boicots de dos días en puertos estadounidenses también ocurrieron en septiembre de 1978 y 1979, en apoyo al boicot internacional al comercio con Chile que planeaba la orit. 145 “National Coordinating Committee Meeting, August 3-4, 1979”, National Chile Center memo, nala, roll 24; Power, “The U.S. Movement in Solidarity with Chile in the 1970s”; Steven S. Volk, “The Chile Solidarity Movement: What Did it Do? What Did We Accomplish?”. 146 The Chile Newsletter 2, Nº 3 (1975) 1; The Chile Newsletter 5, Nº 5 (Fall 1978) 1; “Eugene Committee for a Free Chile: Bulletin”, Eugene, 1979, nalc, roll 23; nacla Report on Latin America 7, Nº 3 (May-June 1978): 41; y Report on Latin America and Empire 7, Nº 8 (October 1973): 1. 147 cala Newsletter 4, Nº 3 (January 1975) 1; cala Newsletter 6, Nº 7 (December 1977) 1; Eugene Committee for a Free Chile Bulletin, September 1979, nalc, roll 23; and Venceremos Brigade Newsletter (New York), 1977, nalc, roll 23. Ver también Goff, “The Chile Solidarity Movement and Its Media”.

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crático, agrupación de líderes de la Unidad Popular en el exilio, era “boicoteen a Chile, especialmente a los exportadores de cobre, de ser posible”148. Desde París, la cúpula de la confederación de sindicatos llamada Central Única de Trabajadores (cut), que había sido declarada ilegal, apoyaba medidas similares, y aunque reconocía la improbabilidad de un boicot total, suscribía la idea de boicots emblemáticos o con un blanco específico, en distintos países, como forma poderosa de ejercer presión sobre el régimen149. Los llamamientos que se hacían en Estados Unidos a boicotear Chile funcionaban más como fuertes críticas éticas y políticas al régimen de Pinochet que como estrategias para influir en la economía del país. En las demandas para implementar sanciones y boicots se denunciaban especialmente los graves abusos a los derechos humanos que se estaban cometiendo en Chile. Inmediatamente después del golpe, información sobre las detenciones masivas, ejecuciones y desapariciones de personas a manos de las fuerzas armadas, comenzó a circular en las noticias en Estados Unidos enviadas por estadounidenses residentes en Chile, por embajadas y agencias internacionales de noticias. La Iglesia católica y Amnistía Internacional documentaron el amplio uso de métodos violentos y crueles de tortura. Numerosos grupos de solidaridad se enfocaron directamente en ayudar a chilenos para que salieran al exilio y en solicitar la libertad de presos políticos. Pero la mayor parte de los grupos aunó esfuerzos para publicitar los abusos a los derechos humanos con llamados a represalias, como boicots, que subrayaban el imperativo de la no cooperación con un régimen inmoral e ilegítimo. Un boicot conllevaba la aspiración de que se interrumpieran los vínculos económicos entre Chile y Estados Unidos y, además, el concepto más amplio de que dentro de Estados Unidos se debía protestar contra el régimen de Pinochet dondequiera que aparecieran sus representantes. 148 149

Chile Democrático, “Aislamiento internacional”, 1979, nalc, roll 24. Chile Democrático, “Aislamiento internacional”, 1979, nalc, roll 24.

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Como un acto de protesta o de interrupción de actividades oficiales del gobierno chileno en Estados Unidos, los boicots podían tener profundos efectos mediáticos. En junio de 1974, el nich organizó un boicot del buque escuela Esmeralda, que debía atracar en San Francisco como parte de una misión diplomática de la Armada de Chile. Esta nave, construida y bautizada siguiendo el modelo de la protagonista de la batalla naval en que Perú venció a Chile durante la Guerra del Pacífico (o guerra de 1979 entre Chile y Perú y Bolivia), fue recibida en California con acusaciones de asesinatos y crímenes contra la democracia. Los manifestantes denunciaron el importante papel de la Armada de Chile en el golpe de 1973 y afirmaron que la Esmeralda había sido un centro de tortura para marinos y comandantes militares que se habían opuesto a la acción de la marina, lo que posteriormente fue confirmado a través de las investigaciones que se realizaron sobre los abusos de los derechos humanos. La Esmeralda intentó atracar en San Francisco primero y luego en Oakland, para posteriormente ocultarse de la vista del público en el U.S. Navy Yard en Alameda150. Los activistas de la solidaridad habían dado a conocer la campaña contra la Esmeralda un mes antes de su llegada, y habían conseguido el apoyo de sindicatos y de numerosos grupos cívicos. Entre ellos, contaban con el respaldo de un sindicato de trabajadoras en sexo de San Francisco, llamado coyote (Call Off Your Old Tired Ethics) [Olvídate de tu Antigua Gastada Ética], el cual urgió a las prostitutas de la Bay Area a “boicotear a los marineros chilenos”. La líder de coyote, Margo St. James, anunció: “Las integrantes del sindicato seguirán el ejemplo de Lysistrata [heroína de la antigua Grecia], quien alentó a las mujeres de Atenas a abandonar el lecho conyugal en un esfuerzo por poner fin a una violencia brutal”.151 Si bien no queda claro que los tripulantes de la Esmeralda intentaran contratar servicios femeninos en la Bay Area, los activistas de la solidaridad aclamaron el Power, “The U.S. Movement in Solidarity with Chile in the 1970s”, 2. Eric Leenson, “United Committee to Stop the Esmeralda”, volante de nich, June 1974. nalc, roll 23. 150 151

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impacto del boicot sexual de coyote como un elemento clave para generar la atención de los medios152. Durante el año siguiente, 1975, activistas del grupo Action for Women in Chile, del Chile Solidarity Center y del nich, lograron que se suspendiera un concierto en el que actuaban Los Huasos Quincheros, un grupo de música folklórica auspiciado por la embajada chilena en Washington D.C., que se realizaba en el Town Hall Center en Nueva York. Primero, afuera del teatro, un cuantioso grupo de manifestantes urgía a los asistentes a boicotear el show, portando letreros que aludían a las atrocidades cometidas contra los derechos humanos. Luego, una vez iniciado el espectáculo, el público se alarmó debido a que empezó a salir humo y un olor fétido. Las activistas habían introducido subrepticiamente al teatro bombas caseras de hedor, que hicieron funcionar en el mismo momento en que un conspirador dejaba salir una docena de ratas de laboratorio de su mochila. Según Dolores Schaefer, una de las participantes en el acto: “Fue el pandemonio. Las mujeres del público se subían a los asientos gritando [por las ratas]. La mayor parte de la gente se dirigió a la puerta porque el hedor era horrible. Había más gente afuera del concierto que adentro”153. El evento se canceló rápidamente154. En 1976 y 1978, en San Francisco y en Washington D.C., fueron interrumpidos y cancelados de modo similar actos en los que iban a tomar la palabra representantes de la Junta de Gobierno de Chile. En cada uno de estos eventos, los manifestantes inundaron la sala de conferencias, aplaudiendo y cantando slogans sobre el “régimen asesino” de Pinochet. En 1979, en Portland y Seattle, 152 Un activismo similar en la costa del Atlántico logró evitar que la Esmeralda atracara en el Puerto de Nueva York en 1976 para la celebración del bicentenario de Estados Unidos, y posteriormente en 1978. Steven S. Volk, “The Chile Solidarity Movement: What Did it Do? What Did We Accomplish?”. 153 Dolores Schaefer, entrevista. 154 En 1984, protestas menos dramáticas contra Los Huasos Quincheros lograron interrumpir conciertos que se realizaban en el Daughters of the American Revolution Hall en San Francisco. Casa Chile Human Rights Bulletin, Berkeley, 1984, nalc, roll 24.

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alborotadores de la solidaridad interrumpieron presentaciones que hacía la empresa Chilean Wood Products Industry en una visita a la zona norte de la costa del Pacífico en busca de inversiones por parte de firmas madereras estadounidenses, con letreros que decían “¡No al comercio con asesinos!”155. En protestas realizadas frente a la sede las Naciones Unidas en Manhattan y frente a la Embajada de Chile en Washington D.C., los manifestantes llevaban pancartas con fotos de chilenos torturados o ejecutados y letreros que exigían sanciones económicas: “Nada para Pinochet - Nada de Pinochet”156. Este slogan, acuñado por el nich pero ampliamente utilizado en todo el movimiento de la solidaridad, hacía hincapié en la lógica ética de la no cooperación económica. El comercio se movía en dos direcciones, abarcando tanto los bienes importados desde Chile como los bienes y fondos que iban de Estados Unidos a Chile. Y mientras los actos en que participaba el gobierno Chileno atraían protestas, las actuaciones que hacían chilenos exiliados y artistas que se oponían al régimen de Pinochet eran motivo de celebraciones que daban publicidad al movimiento de solidaridad. A través de los años 70 y 80, los grupos solidarios organizaron una diversidad de conciertos musicales, espectáculos de danza, estrenos de películas y ferias de arte con el objeto de dar a conocer lo que realmente estaba sucediendo en Chile. Los cantantes Bob Dylan, Joan Baez y Pete Seeger hicieron conciertos de beneficio para Chile en Nueva York, Los Angeles, Washington y San Francisco. Los grupos de solidaridad auspiciaron a grupos musicales de chilenos exiliados relacionados con el movimiento de tendencia izquierdista llamado “la nueva canción”, tales como Inti-Illimani y Quilapayún, para que dieran conciertos en lugares tan diversos como Portland, Fort Collins, Iowa City y Detroit, además de ciudades de importancia en ambas costas del país157. En 1974, en Berkeley, el cofundador del National Chile Center Bulletin, July 16, 1979, nalc, roll 23; The Chile Newsletter 1, Nº 2 (December 1973) 1; The Chile Newsletter 5, Nº 2 (March-April 1978), 1. 156 Steve Volk, entrevista; Dolores Schaefer, entrevista. 157 Chile Vencerá (New York) 2, Nº 1 (February-March 1976), nalc, roll 25; The Chile Newsletter 1 (June 1984), University of Texas Library. 155

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nich, Eric Leenson, abrió un pequeño teatro y restaurante llamado La Peña, siguiendo el modelo de un espacio artístico que en los años 60 fundaron en Santiago los hijos de la cantante folklórica chilena Violeta Parra, de tendencia izquierdista158. En La Peña se presentaban artistas chilenos exiliados y también bandas nuevas con base en Estados Unidos, como Sabiá y el Grupo Raíz, que hicieron una gira nacional con música de la nueva canción visitando campus universitarios y ciudades de importancia159. Wallflower, un conjunto de danza basado en Nueva York, que realizaba acciones activistas, también se presentaba regularmente en La Peña. Los grupos de solidaridad además organizaban estrenos de películas sobre Chile. El documental del cineasta chileno Patricio Guzmán sobre el duro conflicto social que existió durante el último año del gobierno de Allende, La batalla de Chile, pasó a ser obligatorio de ver para la mayor parte de los integrantes del movimiento de solidaridad. Este filme fue sacado de Chile de manera subrepticia en 1973, editado en Cuba, y lanzado en tres partes a través de la década de 1970. Filmes más cortos, llamadas películas panfleto, como Chile: With Poems and Guns [Chile: con poemas y pistolas], producidos por artistas y académicos asociados con laglas, Los Angeles Group in Solidarity with Latin America [Grupo de Los Angeles en Solidaridad con América Latina], denunciaban el papel que había tenido Estados Unidos en el golpe160. El inesperado hit comercial de la película Missing, de 1982, dirigida por Costa-Gavras y en la que actúan Jack Lemmon y Sissy Spacek, hizo que las preocupaciones sobre la solidaridad se extendieran para llegar al público en general en los cines de todo el país161. Basada en la ejecución de los ciudadanos estadounidenses Frank Teruggi y Charles Horman The Chile Newsletter 1, Nº 8 (June-July 1974) 1; Steven S. Volk, “The Chile Solidarity Movement: What Did it Do? What Did We Accomplish?”. 159 The Chile Newsletter 1, Nº 3 (September 1984), nalc, roll 24; Goff, “The Chile Solidarity Movement and Its Media”. 160 Goff, “The Chile Solidarity Movement and Its Media”. 161 “Chile: Beyond the Darkest Decade”, nacla Report on Latin America 17, Nº 5 (SeptemberOctober 1983): 28. 158

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llevada a cabo por las fuerzas militares chilenas después del golpe, Missing muestra la odisea de un padre patriota, proveniente del Medio Oeste de Estados Unidos, empeñado en averiguar la verdad sobre la desaparición de su hijo en Chile, la que finalmente lo hace darse cuenta de la complicidad de su país con el régimen militar. Los eventos culturales se contaron entre los logros más importantes del movimiento de solidaridad con Chile162. Los conciertos musicales y los estrenos de películas atraían a mucho más público que la mayor parte de las demostraciones políticas y de las acciones directas. Dichos eventos servían para educar al sector del público que no era activista, hacer publicidad sobre las demostraciones planeadas para el futuro, distribuir información impresa sobre el movimiento, recoger firmas para cartas y solicitudes relacionadas con problemas de derechos humanos, y dar a conocer acciones como boicots y sanciones163. Además, con frecuencia propiciaban la presentación de exiliados chilenos prominentes, como la hermana de Allende, Laura Allende, y su viuda, Hortensia Bussi, quienes solían dar discursos testimoniales164. En la mayor parte de los eventos también se recaudaban fondos para la causa. Con este fin, en 1978, se celebró una rifa en La Peña en la que había unos cuarenta premios que iban desde “un fin de semana para dos en una cabaña en Russian River, en el Condado de Sonoma” hasta “un combo de un viaje en taxi y una botella de pisco”165. Grupos afiliados con iglesias recaudaban fondos para comedores populares que operaban en Santiago exhibiendo “arpilleras”, historias que formaban un tapiz bordadas en arpillera por mujeres que eran familiares de presos políticos chilenos166. Sin embargo, de mayor importancia que los fon162 “Summary of National Chile Center-Chile Democrático Coordinating Conference, 10/2526”, November 4, 1980, nalc. roll 23. 163 Minutas y volantes del National Coordinating Center in Solidarity with Chile, 1974-76, nalc, roll 23; Sebastian Acevedo Bulletin (New York), 1986-87, nalc, roll 25. 164 Minutas del nich, 16 de noviembre, 1975, nalc, roll 23; Northwest Committee to Free Chilean Political Prisoners: Bulletin (Seattle), agosto 1975, nalc, roll 23. 165 Chile: Five Years of Resistance and Solidarity (Berkeley: Resistance Publications, Fall 1978), nalc, roll 23. 166 The Chile Newsletter (July 1985): 11, nalc, roll 24; “The Bay Area Ecumenical Committee of Concern for Chile”, volante, 1985, nalc, roll 23.

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dos, era el hecho de que los eventos culturales generaban el mensaje de que Chile debía ser aislado en términos políticos y económicos a fin de lograr que virara hacia la democracia. Solidaridad, sanciones por parte de Estados Unidos y boicots comerciales La presión del movimiento de solidaridad para aislar y boicotear a Chile logró ganar terreno en los debates sobre política exterior en Washington. A pesar de que el gobierno de Nixon había apoyado el derrocamiento de Allende, gran parte de los miembros del Congreso de Estados Unidos rápidamente denunciaron la toma del poder por parte de los militares. Tan solo diecisiete días después del golpe, el senador Ted Kennedy, del partido demócrata y hermano menor de John y Robert Kennedy, dio inicio a sesiones sobre la complicidad de Estados Unidos en el derrocamiento “del gobierno democráticamente elegido en Chile”, y a principios de 1974 añadió una estipulación a la Foreign Assistance Act [Ley de Ayuda al Extranjero] que buscaba limitar la ayuda militar y económica a Chile. La crítica de Kennedy a los acontecimientos en este país llevó a que, por primera vez en la historia, el Senado de Estados Unidos realizara una investigación sobre las acciones encubiertas emprendidas por su propia nación en el extranjero. A través de la llamada Comisión Church –por el apellido de su presidente, el senador republicano Frank Church– la investigación realizada por el Senado culminó en diciembre de 1975, con un incisivo informe que detalla los esfuerzos llevados a cabo por la CIA durante diez años, primero para evitar que Allende llegara al poder y luego, tras que fuera elegido presidente, para socavar su gobierno167. La indignación que causaron las conclusiones a las que llegó la comisión Church impulsó el apoyo a legislación más permanente, también patrocinada por Kennedy, para prohibir la ayuda militar, los 167

Kornbluh, The Pinochet File, 222-23.

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créditos y las ventas al contado de armas a Chile. En la Cámara de Representantes, el congresista del partido demócrata Tim Harding presentó una enmienda a la International Development and Food Assistance Act [Ley de Ayuda Alimentaria y al Desarrollo Internacional] que prohibía la ayuda económica a países donde se cometían graves abusos de los derechos humanos. En su conjunto, las acciones legislativas de Kennedy y Harkin hicieron que Chile se transformara en el primer país para el cual la ayuda externa y la venta de armas por parte de Estados Unidos quedaran supeditadas a su historial en materia de derechos humanos168. No obstante, la ayuda a Chile continuó. El gobierno de Ford (1974-1977) ignoró los límites que inicialmente había fijado Kennedy, y su interpretación de la enmienda de Harkin fue que no se aplicaba a Chile. Entre 1974 y 1976, Chile recibió US$ 132 millones en créditos para productos alimentarios a través del programa llamado Food for Peace [Alimentos para la Paz], mucho más que cualquier otro país latinoamericano. Los préstamos otorgados por el Banco Internacional de Desarrollo y El Banco Mundial llegaron a un total de más de US$ 300 millones durante los primeros tres años del régimen de Pinochet, en circunstancias de que prácticamente habían cesado durante el gobierno de Allende169. Con posterioridad a 1978, el gobierno de Carter anunció que la política exterior de Estados Unidos se guiaría por un compromiso con los derechos humanos y en consecuencia restringió la ayuda a Chile, imponiendo condiciones más duras y nuevas sanciones170. Sin embargo, Carter no hizo mucho por reducir los préstamos cada vez más cuantiosos provenientes de bancos estadounidenses e instituciones internacionales de crédito. Las organizaciones de solidaridad de Washington jugaron un importante papel a la hora de generar presión interna para efectuar 168 “Chile: Beyond the Darkest Decade”, nacla Report on Latin America 17, Nº 5 (SeptemberOctober 1983); Kornbluh, The Pinochet File, 205-23. 169 Kornbluh, The Pinochet File, 204-5. 170 Kornbluh, The Pinochet File, 407.

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cambios en la política exterior de Estados Unidos. El coffla hacía un lobby agresivo a los miembros del Congreso buscando su apoyo a las enmiendas de Kennedy y Harkin, para lo que organizaba visitas de particulares a oficinas de políticos y asimismo campañas para escribir cartas171. El Institute for Policy Studies, un think tank progresista, y el Committee for the Defense of Human Rights in Chile, un grupo liderado por chilenos exiliados, emitían informes regulares sobre los abusos a los derechos humanos y la represión sindical en Chile, los que hacían circular en el Congreso172. El Working Group for Democracy in Chile, una red de académicos, dictaba seminarios sobre la banca y el nocivo impacto de la política económica liberal. El momento de mayor importancia para que las autoridades de Washington y los activistas de la solidaridad hicieran causa común se produjo luego del estallido de un coche bomba, que ocurrió el 21 de septiembre de 1976, en Sheridan Circle, en Washington D.C., y que acabó con la vida de Orlando Letelier, un exdiplomático chileno, y su colega de veintiséis años, Ronnie Karpen Moffit. Letelier, un antiguo miembro del partido socialista, había sido embajador de Allende en Washington, y posteriormente ministro de defensa de la Unidad Popular. Cuando fue asesinado, era uno de los líderes más importantes entre los exiliados chilenos que pedían el aislamiento internacional de Pinochet, y ocupaba un cargo de investigador en el Institute for Policy Studies. Los activistas de la solidaridad inmediatamente atribuyeron el asesinato a las fuerzas de Pinochet. En Capitol Hill, Kennedy y Harkin denunciaron el crimen de uno de los más importantes defensores de la democracia en Chile. James Abourezk, del partido demócrata, senador de South Dakota, afirmó: “La tiranía de la dictadura ahora se ha ex-

The Chile Newsletter 1, Nº 6 (April 1974) 1; minutas del coffla, 1974, nalc, roll 23. “Getting Tough, Gently with Pinochet”, Washington Post, August 3, 1986, nalc, roll 23; “The Right Message to Pinochet”, New York Times, August 2, 1986, 22a, nalc, roll 23; “Working Group for Democracy in Chile”, minutas y volantes, nalc, roll 23. 171 172

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tendido… a Estados Unidos”173. Una semana más tarde, en un cable clasificado, el FBI informaba que el asesinato probablemente se debía a la participación de Chile en la Operación Cóndor, un plan encubierto en el que colaboraban servicios secretos de los regímenes militares del Cono Sur con el propósito de dar muerte a líderes de la oposición en el extranjero174. Letelier había sido una persona muy conocida y respetada dentro del establishment político de Washington. Su asesinato en la capital de Estados Unidos a través de un acto de terrorismo internacional hizo imposible que las autoridades estadounidenses ignoraran los abusos a los derechos humanos que cometía el régimen de Pinochet. Los esfuerzos que realizó el gobierno de Estados Unidos durante la década siguiente para investigar el asesinato y llevar a la justicia a los oficiales de las fuerzas armadas chilenas que estaban implicados, mantuvo el protagonismo de Chile a nivel nacional y dio legitimidad a los llamamientos a sanciones en contra de Pinochet. También constituyó un motivo para que los activistas de la solidaridad hicieran causa común con los más fuertes críticos del régimen militar chileno en Washington. Pocas semanas después del crimen, el nich y el National Chile Center organizaron una manifestación en Washington a la que asistieron diez mil personas, siendo esta la más masiva de todas las protestas organizadas por el movimiento de solidaridad. Harkin, Kennedy y otros senadores y representantes hicieron uso de la palabra. Las sugerencias iniciales de que el bombazo no había sido obra del régimen de Pinochet provocaron indignación y acusaciones de que existía un encubrimiento por parte de Estados Unidos, además de complicidad con la junta militar. Con posterioridad a que Jimmy Carter asumiera el poder en 1977, las investigaciones llevadas a cabo por el Departamento de Justicia claramente señalaban al servicio secreto del régimen, la dina (Dirección de Inteligencia Nacional), como autor 173 174

Congressional Record, September 21, 1976, 31464, citado en Kornbluh, The Pinochet File, 344. Ibíd.

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del asesinato e indicaban que era probable que Pinochet lo hubiera ordenado directamente. En 1978, Chile denegó la extradición a Estados Unidos de uno de los principales colaboradores de Pinochet, el coronel Manuel Contreras, y de otros dos oficiales de la dina175. Frente a esto, la respuesta del gobierno de Carter fue prometer mayores sanciones en contra de Chile. En 1977, después de haber ratificado las enmiendas de Kennedy y Harkin, Carter firmó una ley que obligaba a los representantes de Estados Unidos en instituciones internacionales de crédito, como El Banco Mundial, a votar en contra de préstamos a gobiernos que practicaran graves violaciones a los derechos humanos176. A medida que se hizo evidente de que Pinochet no tenía ninguna intención de cooperar en la solución del caso Letelier-Moffit, varios miembros del Congreso y el Departamento de Estado propusieron cortar la fuente más importante de créditos a Chile, los préstamos hechos por bancos estadounidenses privados, que llegaban a mil millones de dólares al año177. Las sanciones que efectivamente se impusieron a fines de 1979 no incluyeron a la banca privada, con gran decepción de los activistas de la solidaridad. No obstante, a través de dichas sanciones, Chile ya no iba a poder cumplir los requisitos para recibir créditos del Export-Import Bank ni para que los estadounidenses que quisieran invertir en Chile de manera privada pudieran acogerse al seguro federal. Pero, todavía más importante, el paquete de sanciones quedó claramente definido como consecuencia de los abusos a los derechos humanos en Chile, en este caso, haberse abstenido de llevar a cabo una investigación completa y justa sobre el asesinato de Letelier y de Moffitt178. Algunos activistas consideraron que las sanciones impuestas 175 Kornbluh, The Pinochet File, 341-45; John Dinges and Saul Landau, Assassination on Embassy Row (West Sussex: Littlehampton Book Services, 1981); Taylor Branch and Eugene Propper, Labyrinth (New York: Penguin Books, 1983). 176 La ley fue la International Financial Institutions Act de 1977. 177 Kornbluh, The Pinochet File, 405. 178 Kornbluh, The Pinochet File, 405-7.

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a Chile por el gobierno de Carter eran débiles, pero el debate que suscitaron subrayó el vínculo entre la dictadura militar y el ámbito comercial y financiero de Estados Unidos –vínculo que ya había sido identificado por el movimiento de la solidaridad–. El momento fue aprovechado por las organizaciones del movimiento, que llevaron a cabo numerosas acciones relacionadas con la banca y la inversión. En Washington, el coffla y el Working Group on Democracy organizaron foros públicos sobre el rol de bancos estadounidenses en la política económica de Pinochet e hicieron circular peticiones en las que se protestaba contra la Manufacturers Hanover Trust Company por los préstamos que le hacía a Chile. El Ecumenical Committee of Concern for Chile, que representaba a 1.400 iglesias, envió una carta al Congreso protestando contra los incentivos a las inversiones empresariales en Chile que proporcionaba el Overseas Private Investment Corporation179. Grupos de solidaridad en la costa del Pacífico boicotearon a Wells Fargo, el banco estadounidense que había otorgado el mayor número de préstamos en Chile180, mientras que en Nueva York y Boston se emprendieron boicots similares contra el Bank of America. En la primavera de 1979, una docena de grupos defensores de los derechos humanos, en coordinación con el concejo municipal, lanzaron en Washington un boicot a Riggs Bank por los préstamos que les hacía a Chile y a Sudáfrica181. Los activistas de los boicots formaban piquetes semanalmente en las sucursales principales de los bancos, distribuían panfletos y portaban letreros acusando al Wells Fargo, el Riggs y el Bank of America de financiar un régimen que torturaba y hacía desaparecer a sus ciudadanos, y les pedían a los clientes que trasladaran sus “Letter to Marshall Mays, President of the Overseas Private Investment Corporation” enviada por Charles Briody del Bay Area Ecumenical Committee of Concern for Chile al Congreso, February 6, 1976, nalc, roll 23. 180 Según informes de los activistas, en 1978 y principios de 1979, los préstamos de Wells Fargo a Chile llegaron a más de US$ 155 millones. Eugene Committee for a Free Chile: Bulletin, Fall 1979, nalca, roll 23. 181 Washington Post, June 16, 1979, 1b. 179

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cuentas a otros sitios. Estas acciones realmente no llegaban a cambiar el banco elegido por los clientes ni tampoco las políticas de crédito de las instituciones bancarias, pero ponían de manifiesto la magnitud de las inversiones estadounidenses en Chile, además de dar publicidad a los abusos de los derechos humanos cometidos por el régimen. En 1979, Isabel Letelier, la viuda de Orlando Letelier, creó un revuelo cuando compró acciones simbólicas de Wells Fargo para poder asistir a la reunión anual de su directorio, durante la cual denunció las inversiones del banco en un “Estado criminal y terrorista”182. El debate sobre las sanciones también impulsó a sindicatos estadounidenses a emprender acción para boicotear al comercio con Chile. De hecho, muchos de ellos, siguiendo el ejemplo del ilwu, ya habían expresado su condena al régimen militar183. Pero, fuera de tener impacto simbólico, sus esfuerzos habían carecido de coordinación y efectividad hasta septiembre de 1978, el segundo aniversario del asesinato de Letelier y Moffitt, cuando los dirigentes máximos de la afl-cio anunciaron que pensaban participar en un boicot internacional a productos chilenos, especialmente frutas, hortalizas y vino, con el fin de ejercer presión sobre Pinochet para que restaurara los derechos laborales y pusiera fin a las violaciones de los derechos humanos184. Dos meses más tarde, la orit (Organización Regional Interamericana de Trabajadores), un grupo formado por veintidós países y dominado por la afl-cio, durante una reunión realizada en Perú, votó formalmente por protestar contra la represión de los derechos de los trabajadores que existía en Chile mediante el lanzamiento de un boicot, a nivel hemisférico, Eugene Committee for a Free Chile: Bulletin, Fall 1979, nalc, roll 23. En 1975, setenta y cinco sindicatos locales en California crearon la Trade Union Conference in Solidarity with Chile, la que hizo un llamado a boicotear “todos los bienes que ahora se envían a Chile”, comenzando con los químicos fabricados por Chevron y Dow que se usaban en la manufactura del cobre. Chile Vencerá 1, Nº 1 (August 1975), Benson Library Special Collections, University of Texas, Austin. 184 “US Labor to Join International Boycott of Pinochet Regime, US Congress Informed”, comunicado de prensa, Chile Legislative Center, September 21, 1978, Chile Legislative Center (Washington, DC): Documents; 1976-79, nalc, roll 25. 182 183

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contra todo el tráfico terrestre, marítimo y aéreo con Chile185. Este boicot también exigía la suspensión del comercio con Nicaragua, donde el régimen de Somoza tenía conflictos a diario con los sindicatos y los movimientos sociales y, en un gesto simbólico, con Cuba, país con el que Estados Unidos no había mantenido relaciones comerciales durante veinte años186. El gobierno de Carter acogió con beneplácito el boicot propuesto por la orit y la afl-cio, ya que consideraba que los boicots eran congruentes con su preocupación por los derechos humanos y con su presión por obligar a Pinochet a cooperar en la resolución del caso Letelier-Moffit. Y lo que hizo resaltar de manera dramática los argumentos éticos del boicot fue el descubrimiento, hecho en diciembre de 1978 dentro de una mina en la zona central de Chile, de quince cuerpos mutilados que aparentemente habían sido fusilados luego de ser víctimas de torturas187. La idea de un boicot a Chile coordinado a nivel internacional inicialmente fue propuesta por la International Transportation Workers Federation [Federación Internacional de Trabajadores del Transporte], de tendencia izquierdista, como medida para coordinar los boicots que implementaban distintos sindicatos de Europa, Canadá, Australia y Estados Unidos de manera separada. En su calidad de organización nacional, la afl-cio no fue proactiva contra Pinochet en un principio, aunque de manera individual algunos de sus sindicatos afiliados sí lo fueron. Durante el gobierno de Allende, la afl-cio trabajó agresivamente por socavar la Unidad Popular organizando y financiando sindicatos anti marxistas a través del American Institute for Free Labor Development (aifld) [Instituto para el Desarrollo del Trabajo Libre]. Sin embargo, la abierta represión de todos los movimientos sindicales por parte del gobierno de Pinochet, incluso de muchos democratacristianos afiliados a la afl-cio, eventualmente hizo que la federación pasara a ser una New York Times, December 3, 1978, a13. New York Times, November 27, 1978, a2. 187 Washington Post, December 9, 1978, a24. 185 186

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fuerte opositora. En 1977, su presidente, George Meany, le escribió una dura carta al ministro del trabajo de Pinochet, Sergio Fernández, condenando el encarcelamiento y la ejecución de que habían sido víctimas líderes sindicales a manos del régimen. Contrario a su historial anti marxista dentro del movimiento sindical en Estados Unidos, en su carta Meany acusa al gobierno chileno de “emplear el anticomunismo como una estratagema” para cometer crímenes contra el sindicalismo “que son típicos de los regímenes fascistas más tiranos de nuestro siglo”188. El objetivo del boicot impulsado por la orit era presionar al régimen para que restaurara los derechos de los trabajadores. En diciembre de 1978, Meany anunció que el boicot se lanzaría en enero, lo que coincidía con la época del año de mayor importancia en Chile para el embarque de sus exportaciones frutícolas y madereras189. Sin embargo, el boicot propiciado por la orit nunca tuvo lugar. Mientras se lo planificaba, la reacción pública del gobierno de Pinochet fue de ira, afirmando que los boicots eran un chantaje internacional perpetrado por traidores, imperialistas y “elementos desesperados”190. Pero tras bambalinas, el régimen se movió rápidamente para apaciguar a sus críticos estadounidenses. Pinochet envió a su ministro de hacienda, Sergio de Castro, a reunirse con Meaney y accedió a que se realizaran negociaciones con la mediación de Peter Grace, presidente del aifld y ceo de Grace Company, y antiguo paladín de las metas de la afl-cio de neutralizar las tendencias marxistas dentro del movimiento sindical y de promover alianzas entre sindicatos y empresas. Dejándose persuadir por Grace, Pinochet reemplazó a su ministro del trabajo por un civil, José Piñera, economista educado en Harvard y amigo personal de Grace. El 3 de enero de 1979, Piñera anunció que a los sindicatos “Letter to Sergio Fernández Fernández, Minister of Labor, Government of Chile, from George Meany, President of the afl-cio”, February 9, 1977, nalc, roll 14. 189 New York Times, December 22, 1978, a5. 190 New York Times, December 3, 1978, 1978, a13; New York Times, December 7, 1978, a11; El Mercurio, 6 de diciembre de 1978, a3; y El Mercurio, 7 de diciembre de 1978, a5. 188

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chilenos de inmediato se les otorgaría el derecho a reunión y prometió que en junio se reconocerían el derecho a negociación colectiva y a huelga mediante una ley. Los cambios prometidos eran prácticamente idénticos a los que le había propuesto a Pinochet una delegación de la afl-cio que había visitado Chile en mayo de 1978191. La afl-cio dio marcha atrás con el boicot. El 15 de enero, Meany sostuvo una reunión privada con los dirigentes de la orit, y miembros de los sindicatos chilenos no marxistas representados por una coalición llamada el Group of Ten acordaron posponer el voto sobre la fecha de inicio del boicot. En teoría, la orit y la afl-cio continuaban listas para emprender el boicot a Chile, pero la postergación de la fecha efectivamente le dio tiempo a Pinochet para cumplir sus promesas192. Los activistas del movimiento de solidaridad con Chile se indignaron. Desde noviembre, distintos grupos a través de todo el país se habían estado organizando para apoyar la acción de la orit y de la afl-cio, encabezando un boicot complementario a la fruta, al vino y a las hortalizas de Chile, que se suponía iba a comenzar en enero de 1979 e iba a ser llevado a cabo por los consumidores. Susan Borenstein del National Chile Center en Nueva York y el reverendo Charles Briody del Chile Legislative Center en Washington, le escribieron a Meany para insistir que la afl-cio apoyara el boicot que ya estaba en camino como forma de recordarle a Chile que un boicot comercial a nivel internacional continuaba representando una seria amenaza. Los activistas hacían hincapié en que el boicot contra los productos alimentarios provenientes de Chile tenía consecuencias de importancia en los ámbitos humanitario y político, ya que no solo contribuiría a “restaurar plenos derechos humanos y sindicales en Chile” sino que también impulsaría el fin de “la política de hambre de Pinochet… manteniendo los alimentos en Chile donde les pueden servir a gente que desespera191 192

The Chile Newsletter 4, Nº 1 (Spring 1979): 1. New York Times, January 16, 1979, a2.

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damente los necesita”193. Es decir, la carta de Borenstein y Briody ligaba las acusaciones de abuso tanto a los derechos humanos como a los laborales con el modelo económico neoliberal implementado en Chile. La lógica de esta crítica era considerablemente más amplia que la de la afl-cio: al enfocarse en las industrias de exportación y en mercados no regulados, además de violar los derechos laborales, Chile causaba hambre y una miseria de proporciones. En una incisiva carta que los activistas de la solidaridad Mary Ann Mahaffey, del Concejo Municipal de Detroit, y John Coastworth, historiador de la Universidad de Chicago, enviaron a Meany en febrero de 1979, hacen una crítica de orden económico similar. Exhortan a la afl-cio a endosar el boicot de parte del consumidor y a hacer más que promesas vacías. Los autores de la carta prestan atención especial a la política sobre alimentos del neoliberalismo: 300.000 toneladas de frutas y verduras chilenas actualmente inundan este hemisferio… De acuerdo al plan económico de Pinochet, Chile ahora es un exportador neto de alimentos. Sin embargo, fuentes eclesiásticas chilenas informan que cunden la pobreza y la desnutrición, y que la ingesta diaria es deficiente en calorías y en proteínas. Por lo tanto, el boicot por parte de los consumidores que se está organizando en este momento ayuda al pueblo chileno (al mantener los alimentos en Chile) no solamente presionando a Pinochet para que restaure plenos derechos humanos, laborales y democráticos en Chile194.

La afl-cio de Meany nunca dio su apoyo al boicot por parte de los consumidores organizado por el movimiento de solidaridad. Haberlo hecho hubiera conllevado una contradicción a su decisión de suspender el boicot de la orit a cambio de que Pinochet pro193 “Meany’s help sought for nationwide consumer boycott of Chilean food products”, comunicado de prensa del Chile Legislative Center, January 19, 1979, “Chile Legislative Center (Washington, DC): documents: 1976-79”, nalc, roll 25. 194 “Letter to the afl-cio Executive Council”, February 14, 1979, nalc, roll 23.

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metiera mejorar los derechos de los trabajadores. A través de todo el 1979, en Chile de hecho se promulgaron nuevas leyes laborales. Se aprobó levantar la prohibición de que los sindicatos se reunieran sin contar con permiso de los militares, la que tenía cinco años de duración, y se dictaron disposiciones para legalizar nuevos sindicatos, la negociación colectiva y las huelgas. El gobierno de Carter dio su beneplácito a estos cambios, los que en conjunto pasaron a ser el Código del Trabajo de 1979, como un paso hacia la democracia, y asimismo elogió el boicot con el que habían amenazado la orit y la afl-cio por haberle doblado la mano a Chile. Pero los activistas de la solidaridad condenaron el Código del Trabajo de manera rotunda, enfatizando que las nuevas leyes restringían de tal manera las actividades de organización que institucionalizaban la subordinación del trabajo. Además, dejaron en claro que el régimen continuaba considerando ilegales a los partidos de izquierda y manteniendo encarcelados a numerosos líderes sindicales. Dentro de Chile, la mayor parte de los grupos laborales y de las organizaciones pro democracia, entre ellas la Iglesia católica, rechazaron el Código Laboral. El boicot de 1979 por parte de los consumidores tuvo un impacto mínimo en la venta de frutas y hortalizas chilenas. Sus activistas repartían folletos y volantes sobre el boicot de manera esporádica en supermercados de Nueva York, Boston, Chicago, Berkeley, Detroit, Washington y otras ciudades. Grupos de iglesias simpatizantes le pedían a su congregación que no adquiriera fruta ni vino chilenos. El boicot también recibió el apoyo de sindicatos clave, como el United Auto Workers [Trabajadores Automotrices Unidos], el Amalgamated Meat Cutters and Butcher Workmen of North America [Cortadores de Carne y Carniceros Unidos de Norteamérica] y el ilwu. Pero este apoyo no consistió en organizar a voluntarios para que trabajaran en el boicot, como tampoco en una negativa a transportar o reabastecer fruta y vino, sino en un llamamiento a sus propios miembros para que se abstuvieran de comprar productos chilenos. La venta de fruta chilena a Estados 342

Unidos se elevó a través de 1979 y 1980. En las revistas de la industria frutícola y hortícola, como The Packer e International Fruit World, no se hizo mención del boicot como asunto que pudiera ser de preocupación para los productores, importadores o exportadores de fruta. En comparación con los boicots a la uva y a la lechuga organizados por el ufw en los años 60 y 70, el boicot patrocinado por el movimiento de solidaridad parece muy pequeño e ineficaz. Irónicamente, aunque el boicot a Chile fue modelado siguiendo los que habían sido lanzados por el ufw, este decidió suspender sus propios boicots luego de que se resolviera la huelga de la lechuga en Salinas en 1979, y llamó a los consumidores volver a sus antiguos patrones de compras. A pesar de que el ufw repetidamente condenó el régimen de Pinochet, se abstuvo de apoyar el boicot de la solidaridad de manera oficial porque le preocupaba que este gesto causara confusión entre los consumidores sobre la posición del sindicato con respecto a la uva californiana. El antiguo activista del nich, Steve Volk, recuerda esta paradoja: “Justo cuando el ufw decía que estaba bien comer uva, nosotros decíamos: ‘¡No a la uva de Pinochet!’. No comimos uva durante mucho tiempo”195. Si bien el boicot de la solidaridad de 1979 tuvo escasas consecuencias económicas, reveló que se habían producido importantes cambios políticos dentro de Estados Unidos. En primer lugar, el boicot hizo que la crítica al modelo económico neoliberal de Chile pasara a ocupar un papel más central en la condena moral del régimen militar. Y aunque se había criticado la economía del país desde el derrocamiento de Allende, la agenda del movimiento de la solidaridad durante los años 70 había estado casi totalmente dominada por las violaciones a los derechos humanos. La lógica era que puesto que Pinochet cometía abusos contra estos derechos, se justificaban las sanciones económicas, pero a partir de 1979, por el contrario, las condenas al régimen militar se enfocaron cada vez más en su modelo económico, que causaba estragos al exponer a Chile 195

Steven Volk, entrevista.

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a los extremos del capitalismo internacional. En la década de 1980, el vínculo entre la injusticia social y la globalización económica provocó críticas al autoritarismo en otros lugares de América Latina, especialmente Argentina, Brasil y los países centroamericanos. Esto se inició con el movimiento de solidaridad con Chile, cuyas organizaciones, sin excepción, criticaron la política económica de Pinochet por causar hambre y miseria. El Chile Newsletter periódicamente publicaba el precio del pan y del aceite en comparación con el sueldo mínimo196. En informes del coffla y del Chilean Solidarity Center se citaban estudios económicos según los cuales más de un tercio de los chilenos no podían costear las necesidades alimentarias mínimas. El nacla Report on Latin America publicó artículos de fondo ligando el desempleo masivo y la persistente represión de los trabajadores existentes en Chile con las políticas de estabilización de los Chicago Boys y el dramático viraje de Chile hacia las industrias de exportación197. En segundo lugar, el boicot por parte de los consumidores de 1979, que fue organizado en apoyo a la fallida acción de la orit y de la afl-cio, reveló que dentro del movimiento sindical estadounidenses existían diferencias en cuanto a política exterior. Tras el derrocamiento de Allende, en contraposición con la política nacional de la afl-cio, muchos sindicatos endurecieron su postura en relación a Chile. Entre ellos, el ilwu, que no estaba afiliado a la afl-cio, tomó el liderazgo inicialmente, pero además, otros sindicatos integrantes de la afl-cio, como el Amalgamated Clothing Workers [Trabajadores del Vestuario Unidos] y el Amalgamated Meat Cutters and Butcher Workmen of North America, adoptaron The Chile Newsletter 1, Nº 1 (November 1973); The Chile Newsletter 1, Nº 4 (February 1974) 1-2. 197 “Chile: Recycling the Capitalist Crisis”, nacla Report on Latin America 10, Nº 9 (November 1976); “Time of Reckoning: The U.S. and Chile”, nacla Report on Latin America 10, Nº 10 (December 1976). A través de toda la década de 1970, el nacla publicó numerosos artículos sobre el impacto de la fuga de capitales desde Estados Unidos hacia México y América Central, destinados a las industrias electrónica, textil y agrícola. Ver nacla Report on Latin America 9, Nº 3 (March 1977); nacla Report on Latin America 11, Nº 4 (April 1977); nacla Report on Latin America 11, Nº 8 (November-December 1977). 196

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fuertes posiciones contrarias a Pinochet desde el principio e hicieron llamamientos a coordinar acciones sindicales198. Mediante las actividades que realizaba el aifld, los sindicatos Communications Workers of America [Trabajadores en Comunicaciones de Estados Unidos] y United Association of Plumbers and Fitters [Asociación Unida de Fontaneros e Instaladores] criticaron abiertamente a la dirigencia de la afl-cio por haber contribuido al derrocamiento de Allende199. Durante toda la década de 1970, sindicatos locales pertenecientes a estas agrupaciones y a otras, trabajaron estrechamente con las organizaciones de solidaridad con Chile en Nueva York, San Francisco, Detroit y Chicago, apoyando tanto manifestaciones como campañas para escribir cartas y boicots esporádicos. En mayo de 1978, representantes del uaw y del International Ladies’ Garments Union [Sindicato Internacional de Vestuario de Dama] viajaron a Chile encabezando una comisión para determinar los hechos, lo que generó el impulso que llevó a Meany a exigir que la orit liderara un boicot. Dos meses después, Ted Kennedy organizó una importante reunión de congresistas y dirigentes sindicales para discutir el futuro de las relaciones entre Estados Unidos y Chile. Leo Suslow, del uaw, se basó directamente en las demandas del movimiento de la solidaridad para proponer “un boicot comercial a nivel mundial al vino, la fruta y las hortalizas de Chile”, así como una prohibición federal al apoyo a los créditos internacionales a Chile, boicots a los bancos privados que le hacían préstamos a Chile y el retiro de los representantes militares estadounidenses que permanecían en el país200. Tras que en la primavera de 1979 se pospusiera el boicot propuesto por la orit, el uaw y el Amalgamated Meat Cutters and Butcher Workmen of North America continuaEntre otros integrantes de la afl-cio que adoptaron vigorosas posiciones en contra del golpe en Chile estaban el Oil, Chemical and Atomic Workers International Union y la International Association of Machinists and Aerospace Workers. Solidarity with the Unions of Chile (Chicago: afl-cio, 1978), 1. 199 Chomsky, Linked Labor Histories, 240-48. 200 “Conference on the Future of U.S.-Chile Relations”, memorándum, National Chile Center, July 24, 1978, nacla, roll 24. 198

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ron apoyando el boicot por parte de los consumidores patrocinado por el movimiento de solidaridad. En septiembre de 1979, algunos sindicatos locales de la afl-cio respaldaron el boicot que planeaba el ilwu a productos y barcos chilenos que coincidía con el aniversario del golpe, el 11 de septiembre, y la fiesta de la independencia de Chile, el 18 del mismo mes201. La oposición de los sindicatos al régimen militar chileno representaba una importante divergencia del contundente respaldo que le habían brindado a la agenda de Washington durante la Guerra Fría, en los años 50 y 60. El sólido apoyo de la afl-cio y de gran parte de sus miembros a la Guerra de Vietnam, en especial, había enfrentado a los sindicatos con los críticos del militarismo estadounidense que colaboraba con regímenes despóticos. Por el contrario, el golpe contra Allende provocó una protesta inmediata por parte de los sindicatos en contra de la complicidad del gobierno de Nixon en el derrocamiento de un gobierno que había sido elegido democráticamente y que favorecía a los trabajadores, aunque fuera de orientación marxista. El trabajo de los sindicatos con las organizaciones de la solidaridad con Chile y su apoyo a los boicots contra Pinochet, entre los cuales hubo varios que no contaban con la aprobación de la dirigencia nacional de la afl-cio, dieron a entender que se estaba debilitando la capacidad de esta federación para representar y hacer cumplir, entre los trabajadores de Estados Unidos, el consenso de oposición al comunismo en el exterior al precio que fuere. Con posterioridad a la elección de Reagan como presidente en 1980, las fisuras que existían dentro del movimiento sindical en cuanto a la política exterior de Estados Unidos en América Central, se transformaron en una amplia división. Reagan reanudó una activa política de orden militar en contra de movimientos y gobiernos de izquierda en el hemisferio occidental. Su primera prioridad pasó a ser Centroamérica, donde en Nicaragua, la revolución sandinista de 1979 había declarado su compromiso con el socialismo, 201

The Chile Newsletter 6, Nº 1 (Spring 1979), 1.

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mientras que tanto en El Salvador como en Guatemala, gobiernos apoyados por los militares libraban una guerra civil contra una diversidad de grupos guerrilleros marxistas y de movimientos sociales reformistas. Para mediados de la década de 1980, el gobierno de Estados Unidos gastaba US$ 9.500 millones al año en apoyar los esfuerzos de la contrainsurgencia en guerras que dejarían alrededor de 400.000 fallecidos202. En un inicio, el gobierno de Reagan adoptó una postura amistosa hacia el régimen de Pinochet203. En 1981, levantó las sanciones que había impuesto Carter, reanudó el apoyo a los préstamos internacionales a Chile y, en efecto, revocó las enmiendas de Kennedy y Harkin que prohibían la ayuda militar y económica a países donde se cometían graves abusos a los derechos humanos204. La embajadora de Reagan ante las Naciones Unidas, Jean Kirkpatrick, elogió a Pinochet como un autócrata moderado y modernista que acogía los intereses de Estados Unidos, y se negó a apoyar una resolución de las Naciones Unidas condenando el récord de Chile en cuestión de derechos humanos205. Pero la afl-cio ya no le podía entregar a Washington un apoyo sólido en materia de política exterior. El año en que Reagan asumió el poder, más de cien sindicatos locales a través de todo el país aprobaron resoluciones en contra de la financiación por parte de Estados Unidos de los regímenes que con apoyo militar existían en El Salvador y en Guatemala. En 1982, los líderes del uaw, del Amalgamated Clothing and Textile Workers Union [Sindicato Unido de Trabajadores de Textiles y Vestuario] y la International Association of Machinists [Asociación Internacional de Maquinistas], colaboraron en la creación del National Labor Committee in Support of Democracy and Human Rights (nlc) [Comité Nacional del Trabajo en Apoyo a la Democracia y los Derechos Humanos] al criticar abiertamente C. Smith, Resisting Reagan, 38. New York Times, February 21, 1981, 3a. 204 “Pinochet’s Plebiscite: Choice with No Options”, nacla Report on Latin America 22, Nº 2 (March-April 1988), 1. 205 Kornbluh, The Pinochet File, 409. 202 203

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el respaldo que la afl-cio y el aifld le proporcionaban a la ayuda militar a El Salvador. Para 1983, el nlc incluía a doce dirigentes de importantes sindicatos locales pertenecientes a la afl-cio, entre ellos el ufw y grandes sindicatos de empleados públicos y de personal de servicios, como la afscme (American Federation of State, County and Municipal Employees) [Federación Americana de Empleados Estaduales, Condales y Municipales] y el seiu (Service Employees International Union) [Sindicato Internacional de Empleados en Servicios], así como también a dirigentes de sindicatos que no pertenecían a la afl-cio, como el ilwu y el United Electrical Workers [Trabajadores en Electricidad Unidos]206. Técnicamente, los integrantes del nlc no actuaban como representantes de sindicatos locales sino como particulares, pero en la práctica influían sobre la política de la afl-cio por ser líderes sindicales que habían sido elegidos para su cargo. Los miembros del nlc desafiaron la posición del presidente de la afl-cio, Lane Kirkland, quien afirmaba que en El Salvador y en Guatemala existían los sindicatos libres, y así en 1983 y 1985 enviaron a dichos países sus propias comisiones para determinar los hechos. Las diferencias sobre América Central llegaron a un punto crítico durante la convención anual que sostuvo la afl-cio en Anaheim, California, en 1985. Los miembros del nlc forzaron una resolución en la que se condenaba la ayuda a los contra por ser incompatible con un acuerdo negociado de paz. En 1987, el 50 por ciento de los delegados a la convención nacional votaron por apoyar una resolución que se oponía a la política estadounidense en América Central y pedía el retiro de la ayuda militar207. En abril de 1987, el nlc colaboró en la organización de una marcha masiva llamada Justice Los miembros del nlc incluían a líderes de la American Federation of Government Employees, la American Federation of State, County, and Municipal Employees, el National Union of Hospital and Healthcare Employees, el Communication Workers of America, el seiu y el uaw. A fines de la década de 1980, John Sweeney, presidente del seiu, jugó un importante papel como portavoz de la oposición del nlc a la política de Reagan. Chomsky, Linked Labor Histories, 248. 207 Chomsky, Linked Labor Histories, 248. 206

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and Peace in Central America and South Africa, que se realizó en Washington, y en el período previo a las elecciones generales de 1988, recaudó fondos para los miembros del congreso que con su voto se habían opuesto a la ayuda a los contra. Por su parte, el presidente del Seafarers International Union, el del Union of Bricklayers and Allied Craftworkers [Sindicato de Albañiles y Artesanos] y el de la American Federation of Teachers [Federación Estadounidense de Profesores] firmaron cartas a favor de la ayuda a los contra208. Las movilizaciones de los trabajadores continuaron en Chile durante la década de 1980 y su ejemplo fue de gran importancia en los argumentos que el nlc formuló sobre por qué la afl-cio debía poner fin a su colaboración con el gobierno de Reagan en cuanto a América Central. En 1982, Tucapel Jiménez, sindicalista chileno del partido democratacristiano, fue brutalmente asesinado y decapitado por los servicios de seguridad chilenos, lo que impulsó a la afl-cio a condenar la falta de progreso en Chile en el ámbito de los derechos humanos y de los trabajadores. Otros asesinatos notorios y detenciones masivas de alto perfil que ocurrieron en Chile entre 1983 y 1986, impulsaron a la federación a hacer lobby, con éxito, ante el gobierno de Reagan para que este suspendiera el estatus preferencial de Chile en las relaciones comerciales y limitara la ayuda directa al gobierno a montos mínimos209. Para 1984, la posición del gobierno de Reagan con respecto a Chile también estaba experimentando un cambio, ya que cada vez más consideraba a este país como un obstáculo frente a su objetivo más central de contener el marxismo en América Central. Para Reagan era problemático solicitar al Congreso millones de dólares para los contra, y para los gobiernos de El Salvador y Guatemala, aduciendo que eran para la defensa de la democracia, en circunstancias de que se abstenía de tomar medidas activas para presionar Report on Latin America (May-June 1988), 1. Kornbluh, The Pinochet File, 416; “Pinochet’s Plebiscite: Choice with No Options”, nacla Report on Latin America 22, Nº 2 (March-April 1988) 1. 208

nacla

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por la democracia en Chile. Reagan había logrado que el Congreso apoyara la derogación de la enmienda de Kennedy en 1981 solo tras que él accediera a que, antes de que Estados Unidos le prestara ayuda militar a cualquier país, el Congreso debía certificar oficialmente que el país en cuestión respetaba los derechos humanos básicos. La total negativa del gobierno de Pinochet a cooperar en la resolución del caso Letelier-Moffitt y los nuevos asesinatos políticos llevados a cabo en Chile, contradecían las afirmaciones iniciales del gobierno de Reagan en cuanto a que Chile mostraba progreso en el respeto a los derechos humanos, cualquiera fuera el valor que Pinochet pudiera tener como guerrero anticomunista. De mayor importancia, para que se permitiera la ayuda militar, el gobierno de Reagan necesitaba que se certificara que El Salvador y Guatemala eran países donde los derechos humanos se defendían de buena fe. Informes de que escuadrones de la muerte operaban con la financiación o con el permiso de su propio gobierno en El Salvador y en Guatemala, provocaron un escandalo público e hicieron que el Congreso estuviera a punto de negar ayuda económica a El Salvador en 1982 y 1983. En un intercambio calculado, cuyo objetivo era lograr apoyo para las guerras en América Central, el gobierno de Reagan se apartó de Pinochet y, para fines de 1984, abiertamente llamó a que Chile optara por la transición a un gobierno civil. Los funcionarios del Departamento de Justicia y del Departamento de Estado estuvieron de acuerdo en que Chile no había cumplido con el criterio establecido por Estados Unidos en materia del tratamiento de los derechos humanos, y tanto en El Banco Mundial como en el Fondo Monetario Internacional, los representantes de Estados Unidos empezaron a abstenerse en las votaciones sobre el otorgamiento de préstamos a Chile210. En 1986, cuando tanto el gobierno de Haití como el de Filipinas, que habían contado con el apoyo de Estados Unidos, cayeron a manos de movimientos populares, el Secretario de Estado, George 210

Kornbluh, The Pinochet File, 412.

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Schultz, dijo que Pinochet era “una excepción”. Reagan anunció que se “opondría a la tiranía, en cualquiera forma, ya fuera de la derecha o de la izquierda”211. Durante la presidencia de Reagan, los movimientos de solidaridad con Chile cambiaron en su forma y su tamaño disminuyó, pero esto no se debió a que sus activistas consideraran que el apoyo de Washington a una transición en Chile era suficiente, o siquiera que de hecho dicho apoyo existiera. Por el contrario, los activistas de la solidaridad con Chile criticaban la escalada de las guerras civiles en América Central por parte de Reagan, la que pensaban era una extensión directa de la política estadounidense de la Guerra Fría que había respaldado a Pinochet. La conexión entre Chile y Centroamérica impulsó a muchos activistas de la solidaridad a participar en luchas centradas en El Salvador, Guatemala y Nicaragua. Es decir, los movimientos de solidaridad con Chile no desaparecieron, sino que se transformaron en campañas más amplias, en las que América Central pasó a ser el foco principal212. En la Bay Area, La Peña Cultural Center –creado por activistas del nich– se convirtió en el lugar principal de reuniones del Nicaraguan Information Center y del Committee in Solidarity with the People of El Salvador213. En Nueva York, dos tercios de las personas involucradas en el trabajo de solidaridad con Nicaragua a principios de los años 80, tenían experiencia previa con el Chile Solidarity Center, el nich, la afwic o algún otro grupo relacionado con Chile214. En Los Angeles y Madison, grupos como laglas y cala, que habían desarrollado importantes actividades de organización en relación con Chile en la década de 1970, se fragmentaron para pasar a formar grupos de trabajo dedicados a diferentes luchas nacionales, con frecuencia a petición de distintas comunidades de exiliados215. Citado en Kornbluh, The Pinochet File, 418. Gosse, “El Salvador Is Spanish for Vietnam”. 213 Entrevista telefónica con Paul Chin, 29 de septiembre, 2010. 214 Dolores Schaefer, entrevista. 215 Tim Harding, entrevista. 211 212

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Dolores Schaefer, activista para el nich en Nueva York, recuerda que representantes nicaragüenses del gobierno sandinista acudieron a las oficinas del nich en el nacla para reclutar voluntarios de manera directa. Fernando Torres, activista chileno quien trabajaba para La Peña en Berkeley, recuerda una visita similar hecha por salvadoreños que realizaban actividades de organización para el grupo New El Salvador Today: “Querían saber cómo hacíamos manifestaciones, eventos, recaudaciones de fondos, boletines informativos. Les dimos [copias de] todas nuestras cosas”216. Los conflictos en América Central eran guerras abiertas con miles de muertos y heridos al mes. Para muchos estadounidenses, El Salvador y Guatemala adquirieron mayor urgencia como objetos de activismo que Chile, donde el régimen militar se había institucionalizado y los asesinatos políticos, a pesar de seguir siendo sistemáticos, no eran a la misma escala que las masacres de América Central. Todavía más, para la década de 1980, el protagonismo que Centroamérica les permitía tener a los activistas estadounidenses al interior de una crisis internacional era más notorio del que Chile les hubiera dado: una mayor responsabilidad personal, ética y política por la guerra que su gobierno libraba contra quienes luchaban por la justicia social. Si bien el movimiento de solidaridad con Chile había pasado la década de 1970 haciendo hincapié en el papel encubierto desempeñado por Estados Unidos en el derrocamiento de Allende, las políticas estadounidenses con respecto a América Central llegaron a una nueva dimensión en los años 80. El gobierno de Reagan financiaba sin tapujos las matanzas en Centroamérica y era agresivo sobre el compromiso de Estados Unidos con la ayuda a los contra –supuestos soldados de la libertad– para derribar el marxismo-leninismo de los sandinistas. Varios asesinatos de alto perfil de ciudadanos estadounidenses, entre ellos tres monjas de Maryknoll en el Salvador en 1980 y un voluntario que trabajaba para los sandinistas en un ataque de los contra en 1987, ilustraron 216

Entrevista telefónica con Fernando Torres, 29 de septiembre, 2010.

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de manera gráfica la forma en que ciudadanos estadounidenses (y por lo tanto activistas estadounidenses dentro de su propio país) estaban implicados de manera directa en la crisis de América Central. El trabajo de solidaridad con Chile continuó a través de la década de 1980, pero con mayor frecuencia los grupos pasaron a ser liderados o mayormente integrados por exiliados chilenos, para quienes Chile continuaba siendo la preocupación principal. Su trabajo se enfocaba especialmente en apoyar y publicitar el masivo movimiento pro democracia que empezó a surgir dentro Chile con posterioridad a 1983. El nacla Report publicó reportajes sobre manifestaciones a gran escala y huelgas en Santiago, y sobre la nueva cooperación entre partidos políticos pro democracia que presionaban al régimen para que llevara a cabo elecciones. El Chilean Committee for Human Rights en Washington, dirigido por Isabel Letelier y que incluía a Ariel Dorfman y Marcelo Montecinos, así como a varios estadounidenses, organizó diversos eventos para dar a conocer lo que estaba sucediendo en Chile, incluidas las visitas de los representantes del uaw a Santiago, las campañas para escribir cartas en apoyo a personas detenidas por realizar actividades pro democracia, y varias marchas de solidaridad de alto perfil en Washington para conmemorar las protestas masivas en Chile217. El Institute for Policy Studies y el coffla activamente impulsaron al Congreso a eliminar el estatus preferencial de Chile en las relaciones comerciales y a bloquear los préstamos internacionales. El Working Group for Democracy en Washington organizó actividades destinadas a recaudar fondos para los grupos pro democracia dentro de Chile y estrenó el filme Somos Más, sobre la movilización de la mujer chilena a favor de la democracia.

Chile Solidarity Bulletin, Chile Committee for Human Rights, Washington, D.C , July-August 1983, October-November 1983, January-February 1983-84; “Chile: For the Restoration of Democracy and Human Rights”, Working Group for Democracy in Chile, Washington, D.C., September 1986, nalc, roll 23.

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El boicot de Casa Chile Una de las acciones de solidaridad especialmente notables durante la década de 1980, fue la organizada por el grupo Casa Chile, con base en Berkeley, el que entre 1985 y 1988, les pidió a los consumidores que no adquirieran uva, nectarines, ciruelas ni duraznos, como tampoco vino, pescado ni productos de madera provenientes de Chile. En los supermercados de su zona, los activistas montaban mesas con volantes que tenían el slogan de la solidaridad “Nada para Pinochet - Nada de Pinochet”; mantenían piquetes en el puerto de Oakland, donde se descargaban los barcos que llegaban de Chile, y en la cadena de supermercados Safeway, en San Francisco, emprendían acciones tipo guerrilleros, irrumpiendo en los establecimientos para colocar pegatinas en la uva chilena diciendo “¡Boicotea a Chile!”. A la larga, entre supermercados y cooperativas, seis locales en Berkeley accedieron a dejar de vender productos chilenos, y el Berkeley Bowl, uno de los establecimientos más grandes de productos alimentarios de la zona, empezó a proporcionarles información sobre el boicot a sus clientes. En 1986, el Concejo Municipal de Berkeley, al igual que el Local 535 del seiu, endosaron el boicot de manera formal218. Fuera de la Bay Area, más de veinte grupos de solidaridad de la costa del Pacífico, entre ellos los basados en Portland, Eugene, San José, San Diego, Irvine, Riverside y Vancouver, participaron en el boicot. En Seattle, también se adhirieron como voluntarios activistas latinos que trabajaban en la agrupación Rainbow Coalition. En Sacramento, líderes religiosos coordinaron campañas para escribir cartas urgiendo a los supermercados a no vender fruta ni vino de Chile. El boicot también recibió el apoyo de líderes políticos locales, tales como la alcaldesa Anne Rudin, el integrante de la asamblea legislativa Lloyd Connelly y el supervisor del condado Illa Collin219. Grupos de solidaridad en el Oeste Medio, como los de 218 Fernando Torres, entrevista; Jaime Salazar, entrevista telefónica, 12 de septiembre de 2010; The Chile Newsletter (July-August 1986): 11. 219 The Chile Newsletter (July-August 1986): 11.

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Minneapolis, Chicago, St. Louis, Madison y Cleveland, también promovieron el boicot220. Más hacia el este, activistas en New Haven y Filadelfia lograron hacer lobby con éxito en pequeños supermercados y cooperativas para distribuir información en el interior de los establecimientos221. Noticias acerca de Chile aparecieron en el National Boycott Newsletter, y en los diarios Sacramento Bee, Los Angeles Times y San Francisco Chronicle, como también en numerosas publicaciones de movimientos de base222. La labor más importante que llevó a cabo el boicot fue de tipo educativo. Si bien el consumo de uva y otros productos chilenos en Estados Unidos no disminuyó de manera significativa, y la acción recibió escasa atención por parte de importadores y exportadores de fruta chilena, los argumentos esgrimidos por el movimiento de solidaridad con Chile en la década de 1970, que relacionaban a Estados Unidos con el autoritarismo en América Latina, adquirieron nueva agudeza a través del boicot. En particular, el boicot de Casa Chile propuso que la justicia social en Chile estaba ligada a los productos de los cuales los estadounidenses disfrutaban en su vida diaria, e instó a los compradores a conocer el origen de la uva y del vino que consumían para darse cuenta de que sus compras tenían consecuencias políticas. La alimentación no era neutral. Los activistas pusieron gran énfasis en que existía un vínculo directo entre el boicoteo a frutas y hortalizas chilenas y el apoyo a los movimientos pro democracia que habían surgido con fuerza dentro de Chile. La idea de la solidaridad basada principalmente en denuncias de orden ético y en llamamientos a aislar el régimen, se expandió para incluir mayor énfasis en la capacidad de Chile como actor dentro sus propias luchas. Casa Chile fue creada en 1981 por chilenos exiliados que habían sido simpatizantes del mir, la mayoría de los cuales había estado en prisión o había sufrido torturas en los años posteriores The Chile Newsletter 3, Nº 5 (May-June 1986) 1. The Chile Newsletter 3, Nº 5 (May-June 1986), 1-2. 222 The Chile Newsletter 3, Nº 6 (July-August 1986), 1. 220 221

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al golpe. Pero entre los veinticinco activistas que constituían el núcleo de su liderazgo, también se encontraban varios estadounidenses. A pesar de su nombre, Casa Chile nunca tuvo su propia casa, sino que funcionaba en La Peña Cultural Center. Casa Chile se encargó de continuar con muchas de las actividades que había organizado el nich –mayormente integrado por estadounidenses– antes de que este se uniera a las campañas relacionadas con Nicaragua y El Salvador. Además, asumió responsabilidad por la publicación de The Chile Newsletter y por la organización de los principales eventos culturales y políticos sobre Chile que se realizaban en La Peña223. Es decir, a medida que los movimientos de solidaridad con América Latina proliferaban y se concentraban cada vez más en Centroamérica, Casa Chile se encargó de mantener un foco de atención en Chile. El boicot organizado por Casa Chile hizo hincapié en la conexión directa que existía entre el modelo económico del régimen de Pinochet y su represión de la democracia. En un panfleto de 1986, aparece una caricatura de Pinochet con un racimo de uva en una mano y cadáveres humanos en la otra. Sin embargo, la gran mayoría de la información que daba Casa Chile estaba destinada a educar a los consumidores sobre la diversidad de productos chilenos que en ese momento se ofrecían en supermercados estadounidenses, gracias a la política económica de Pinochet, y la época del año en que se vendían. Un panfleto contiene una detallada gráfica que muestra los meses de invierno en Estados Unidos en que aparecen la uva, los nectarines, las ciruelas y los duraznos chilenos, enfatizando que “el 90% de la uva que se vende entre enero y marzo proviene de Chile”. El vino, así como pescados y mariscos chilenos, se podía comprar durante todo el año. El panfleto urgía a los consumidores: “Pregúntale a tu supermercado [de dónde es el producto]. Si no sabes, ¡no compres!”224. The Chile Newsletter solía publicar artículos en los que criticaba la economía basada en las The Chile Newsletter 1, Nº 3 (September 1984), University of Texas Benson Library. Boycott Chilean Goods!, panfleto (Berkeley: Casa Chile, 1987), Wisconsin State Historical Association Archive.

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exportaciones frutícolas que se había implementado en Chile por tener remuneraciones de pobreza y haber creado concentraciones de riqueza inmorales. Según un número de esta publicación distribuido en supermercados en diciembre de 1986: Fruta de verano en pleno invierno ¿Cómo es posible? Lo más probable es que esa uva, duraznos, nectarines, ciruelas y manzanas Granny Smith provengan de Chile, donde la estación de la cosecha es opuesta a la nuestra. La dictadura militar de Chile, encabezada por el Gen. Augusto Pinochet, está en medio de una campaña para promover sus exportaciones de fruta al hemisferio norte, especialmente Estados Unidos. Doce mega empresas de la agroindustria (en las que tienen intereses altas autoridades gubernamentales) controlan el 76 por ciento del total de las exportaciones frutícolas chilenas… El salario promedio diario de un trabajador agrícola durante el momento más activo de la estación es de alrededor de US$ 1,50… La política agraria de Pinochet se basa fundamentalmente en “la represión de los trabajadores rurales y de los campesinos225.

Es interesante que The Chile Newsletter recurriera al slogan “Fruta de verano en invierno”, acuñado por la Chilean Winter Fruit Association, pero para invertir su significado. El artículo citado pone de manifiesto que el aumento de opciones que tiene el consumidor estadounidense para adquirir productos de verano durante el invierno depende de un modelo económico que beneficia a los monopolios empresariales y reprime a los obreros del agro. Esta crítica constituía el centro de la indignación moral del boicot. La tortura y el asesinato de disidentes continuaban siendo un tema, representado en la caricatura de Pinochet con cadáveres en una mano, pero el boicot enfatizaba de manera más profunda la inmoralidad de los salarios de hambre y la paradoja moral consistente 225

The Chile Newsletter 3, Nº 7 (November-December 1986): 4.

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Boicoteo a la uva

Figura 3. Afiche de la Casa Chile, Berkeley, California, 1986. Cortesía de Lincoln Cushing.

en el aumento de opciones para los consumidores estadounidenses y el hambre en Chile. Kathy Mohoney, la coordinadora principal del boicot de Casa Chile, escribió numerosos artículos sobre la industria frutícola chilena que se publicaron en The Chile Newsletter, con títulos como “Harvest of Hunger: Who Benefits?” [Cosecha de hambre: ¿Quién se beneficia?] y “Forbidden Fruit from Chile” [Fruta prohibida de Chile]. Mahoney detalla la forma en que los bajos aranceles impuestos por Pinochet junto con el desmantelamiento de la reforma agraria, habían dejado sin trabajo a los pequeños agricultores, creando un ejército de 350.000 obreros frutícolas que ganaban menos de dieciocho centavos por cada caja de uva que se vendía por dieciocho dólares en Estados Unidos226. Mahoney 226

The Chile Newsletter 3, Nº 4 (March-April 1986), 1.

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también cita a economistas chilenos que informaban que un tercio de la población no podía costear una canasta básica de alimentos, o estándar mínimo, lo que reconocía el propio gobierno, aun cuando las multinacionales ganaban millones y habían convertido el Valle Central de Chile en el segundo sector exportador después del cobre227. La agroindustria internacional, en el contexto de la dictadura, equivalía a la negación de una alimentación adecuada y de una subsistencia básica. El hambre destacaba la paradoja de la abundancia en Estados Unidos y la necesidad en Chile, y asimismo enfatizaba la urgencia de apoyar a los movimientos existentes dentro de Chile para ponerle fin. En diciembre de 1986, en Berkeley, el cofundador de Casa Chile, Fernando Peña, dio inicio a una huelga de hambre de diez días al lado fuera de la Iglesia católica St. Joseph’s, en solidaridad con 430 presos políticos que en Chile se estaban absteniendo de ingerir alimentos como protesta a la ejecución de compañeros de prisión que planeaban los militares228. A Peña se unieron otros tres expresos políticos chilenos y cuatro estadounidenses, entre ellos el sacerdote católico Bill O’Donnell. La huelga de hambre de la solidaridad dio una notable publicidad al boicot contra los productos chilenos que se encontraba en marcha en ese momento, especialmente porque diciembre marcaba el comienzo de la estación de la fruta chilena de invierno. En el exterior de la iglesia se colgaron banderas pidiéndoles a los transeúntes “detener el hambre y la muerte” mediante el boicot a Chile. En supermercados se distribuyeron volantes en los que se daban a conocer las dos huelgas de hambre, la chilena tanto como la de St. Joseph’s, y se urgía a los compradores a demostrar su apoyo prescindiendo de la fruta y del vino provenientes de Chile. Si quienes sostenían la huelga de hambre estaban dispuestos a abstenerse de toda alimentación para protestar contra un régimen injusto, los The Chile Newsletter 5, Nº 2 (February-March 1988): 5. Daily Californian (Berkeley), December 10, 1986, 1; West Coast Times, December 12, 1986, 1, nalc, reel 23. 227 228

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estadounidenses también podían protestar contra el régimen renunciando a ciertos alimentos en particular. El tema del hambre en Chile invocaba también la necesidad de poner fin a la tremenda desigualdad social y a la falta de derechos de manera más amplia. Casa Chile distribuyó a sus grupos afiliados un kit para la campaña del boicot a Chile que incluía afiches, pegatinas para parachoques y chapitas con el eslogan “Chile: Hungry for Democracy” [Chile: hambriento por la democracia]229. The Chile Newsletter publicó anuncios del boicot contra la fruta y el vino junto con artículos noticiosos sobre las masivas marchas en Santiago, en las que mujeres y trabajadores protestaban contra los salarios de miseria y la falta de trabajo, pan y libertad230. En 1985, la misma publicación había cubierto una huelga de dos meses declarada por los obreros portuarios de San Antonio y Valparaíso en noviembre y diciembre, tan solo semanas antes del inicio de la época de exportación de fruta. En otro número publicó una entrevista a líderes de trabajadores rurales de Aconcagua sobre los esfuerzos que se estaban realizando por sindicalizar a los obreros frutícolas y por promover una petición nacional exigiendo derechos laborales básicos231. En The Chile Newsletter y en otro material impreso utilizado para el boicot se explicaba que negarse a comprar productos chilenos no perjudicaba a los obreros: “En Chile se explota terriblemente a los trabajadores y la mejor manera de apoyarlos es deshaciéndose de Pinochet”232. El boicot de Casa Chile se proyectó además como un acto de solidaridad con otras luchas por la democracia, especialmente en América Central y Sudáfrica. En uno de sus panfletos de 1987, le informa al consumidor que una parte muy pequeña de la uva que se vendía en Estados Unidos entre enero y marzo y que no The Chile Newsletter 3, Nº 5 (May-June 1986): 1. The Chile Newsletter 5, Nº 2 (February-March 1988): 5. 231 The Chile Newsletter 2, Nº 3 (March-April 1986): 1-4. 232 Boycott Chilean Goods!, panfleto (Berkeley: Casa Chile, 1987), Wisconsin State Historical Association Archive. 229 230

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era chilena, provenía de la Sudáfrica del apartheid y por lo tanto también se la debía boicotear (en el panfleto se reconoce que una mínima cantidad de la uva de invierno se originaba en Nueva Zelanda, una democracia libre de lo nuclear. El consumidor supuestamente podía adquirir esta uva, pero se le pero advierte “¡Si no sabes, no compres!”)233. La mayor parte de los grupos de solidaridad con Centroamérica respaldaban el boicot de Casa Chile, entre ellos el Committee in Solidarity with the People of El Salvador, el Nicaraguan Information Center, Witness for Peace y el movimiento Sanctuary. Las marchas y los eventos culturales en favor de las luchas en El Salvador y Nicaragua pasaron a ser ocasiones para distribuir folletos sobre el boicot y para reclutar voluntarios234. Los activistas de la solidaridad con Chile no enfatizaban solamente la causa común de luchar por la democracia, sino también las conexiones concretas que tenía el régimen militar chileno con las guerras civiles de América Central. En un artículo publicado en 1987 por The Chile Newsletter se informa sobre una fábrica de armas localizada en Iquique, de propiedad de Carlos Cardoen, empresario chileno partidario de Pinochet, que exportaba armas de fuego a El Salvador, Honduras, Irak e Irán235. De manera un tanto inusual dado que el enfoque primordial del movimiento de solidaridad con Chile eran eventos que tenían lugar en el exterior, Casa Chile relacionó explícitamente su boicot con la lucha del ufw en California. En sus panfletos destaca de manera prominente a César Chávez y al ufw como patrocinadores de la campaña en contra de los productos importados desde Chile. Asimismo, The Chile Newsletter recuerda a sus lectores que el movimiento de solidaridad con Chile apoyó la campaña anti pesticidas que sostuvo el ufw y el boicot contra la uva californiana. El boicot de Casa Chile se valió directamente de los argumentos en contra de Boycott Chilean Goods!, panfleto (Berkeley: Casa Chile, 1987), Wisconsin State Historical Association Archive. 234 Fernando Torres, entrevista; Jaime Salazar, entrevista. 235 Chile Economic News 3, Nº 4 (March-April 1986), 1. 233

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los pesticidas esgrimidos por el ufw para reafirmar la razón por la cual los consumidores debían evitar la fruta chilena. En varios de sus panfletos emula los del ufw, advirtiendo: “En Chile, [la uva y los nectarines] se cultivan con pesticidas nocivos, entre ellos algunos que están prohibidos en Estados Unidos. Se conservan con el peligroso gas de sulfuro y se fumigan con bromuro de metilo”236. Según señalaban los panfletos, dichas toxinas presentaban un peligro tanto para los consumidores estadounidenses como para los trabajadores agrícolas chilenos. En 1987, The Chile Newsletter publicó un artículo proveniente de Food and Justice, la publicación del ufw, en el que se alerta: “Lo que vale para la uva de mesa californiana en el verano, vale también para la uva de mesa chilena en el invierno… veneno en la forma de residuos invisibles de pesticidas que están dentro y fuera de las deliciosas, cosméticamente manipuladas uvas de mesa… chilenas o californianas ¡atención, consumidor!”237. Reproduce, además, la caricatura que salió junto con el original mostrando la figura de América del Sur en la forma de un puño vuelto hacia arriba, y adicionalmente una de Pinochet con un racimo de uva, con lo que da un nuevo significado al artículo. Es decir, subraya algo que el ufw hizo escasas veces: la uva chilena era problemática no solo porque se la cultivaba empleando pesticidas sino también porque se la producía bajo una dictadura militar. Y mientras que en el boicot realizado en los años 80 el ufw tomó la decisión táctica de minimizar los argumentos políticos, en el boicot a Chile se fusionó el uso de pesticidas con las injusticias políticas y económicas del neoliberalismo y del régimen militar. El boicot logró hacer esto mediante el reciclaje de múltiples imágenes y mensajes empleados en campañas anteriores emprendidas por el ufw. Fundamentalmente, la lógica del boicot se basaba en Boycott Chilean Goods!, panfleto (Berkeley: Casa Chile, 1987), Wisconsin State Historical Association Archive; Boycott Chilean Goods! Support the Struggle for Democracy in Chile!, panfleto (Madison: Community Action on Latin America, circa 1986-87), Wisconsin State Historical Association Archive. 237 “Chilean Winter Grapes, Beware!”, The Chile Newsletter 4, Nº 2 (March-April 1987): 5-6. 236

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la contradicción ética, señalada en primera instancia en los años 60 por el ufw, de que mientras el consumidor estadounidense disfrutaba de una gran variedad de productos alimentarios, los trabajadores del agro que cosechaban la uva eran pobres y no podían siquiera satisfacer sus necesidades básicas en cuanto a alimentación. La imagen que se usó con mayor frecuencia durante el boicot a Chile –uva y la bandera chilena dentro de un círculo rojo atravesado por una línea diagonal negra– era un símbolo tomado directamente de los boicots a la uva organizados por el ufw. Además, las conexiones entre la uva chilena y cadáveres de personas (las violaciones a los derechos humanos) son eco de imágenes y eslóganes acuñados por Dolores Huerta durante las huelgas más conflictivas de principios de los años 70, las que afirmaban que la uva de California estaba manchada de sangre. El eslogan de Casa Chile de que Chile estaba hambriento por la democracia invoca directamente el argumento de Chávez de que los trabajadores agrícolas de California estaban hambrientos por la justicia social. Cuando ocho activistas iniciaron una huelga de hambre en la iglesia St. Joseph’s de Berkeley en solidaridad con Chile, su acción no hacía referencia exclusivamente a los 430 presos que rehusaban alimentarse en Santiago. En su propia patria, la acción hacía referencia a los numerosos ayunos que llevó a cabo Chávez en defensa de los trabajadores agrícolas. Desconexiones y conexiones del boicot Es tentador considerar la década de 1980 como el momento en que el movimiento de solidaridad con Chile y el United Farm Workers finalmente se unieron. El sindicato reconoció que la uva chilena representaba un problema para su propia causa y endosó las metas del boicot emprendido por Casa Chile. A su vez, los activistas del movimiento se apropiaron de las imágenes y eslóganes del ufw y conectaron la lucha de los trabajadores del agro estadounidenses con la de sus homólogos chilenos. Ambos grupos sostuvieron que 363

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la uva chilena y la californiana eran igualmente venenosas y que consumirlas no era correcto, convergencia que llevó a los consumidores más perspicaces y políticamente comprometidos a dejar de comprar uva por completo. Sin embargo, en la práctica, estos gestos de solidaridad entre activistas no se tradujeron en una cooperación significativa en lo organizacional, ni en el ámbito programático. El ufw no reclutó voluntarios del movimiento de solidaridad con Chile para que trabajaran en su campaña durante el verano, y Casa Chile tampoco buscó voluntarios del ufw para su campaña de invierno. Los panfletos del boicot a Chile no le decían al consumidor que se abstuviera de comprar uva californiana durante el verano, y el ufw tampoco decía qué hacer con respecto a la uva chilena en invierno. Cada boicot enfocaba todas sus energías exclusivamente en “su propia uva” y desarrollaba gran actividad durante estaciones opuestas. Si bien la yuxtaposición de la estación de la fruta en Chile y en California podría haber facilitado la colaboración en términos de voluntarios, no fue así. Esto obedeció en parte a lo limitado de los recursos de los activistas, como también a la reducción que durante la década de 1980 experimentaron tanto el movimiento de solidaridad con Chile como el ufw. El hecho de que Chávez se hubiera alejado de la movilización de masas, optando por los envíos directos por correo y las campañas políticas, hizo que fuera menos probable que reclutara voluntarios dentro de organizaciones de base. La orientación marxista de Casa Chile y de otros líderes del movimiento de solidaridad con Chile, potencialmente chocaba con el catolicismo confesional del ufw y su historial de hostigamiento a los comunistas. No obstante, lo que mantuvo mayormente separados a los boicots fueron ideas relativas a la nación y a la región: el concepto de que Estados Unidos y Chile eran países pertenecientes a partes del mundo muy distintas, con luchas muy diferentes. El primer mundo versus el tercer mundo; un poder imperial versus un objeto del imperio. Para los activistas de la solidaridad con Chile, su lucha 364

era contra el autoritarismo respaldado por la política exterior de Estados Unidos y por el capitalismo neoliberal, mientras que el ufw consideraba que la suya era por los derechos civiles y laborales dentro de la democracia capitalista reinante en Estados Unidos. La solidaridad entre ambos movimientos fue un gesto de apoyo moral mutuo entre la lucha pro trabajadores y la pro democracia, más que el reconocimiento de que existía un continuo entre la lucha que daba California y la que daba Chile. Por el contrario, la solidaridad de los activistas de Chile con El Salvador y Nicaragua invocaba historias compartidas contra el imperialismo estadounidense y la idea de que los regímenes militares de América Latina habían surgido de desigualdades socioeconómicas similares, que requerían de soluciones que eran igualmente radicales para llegar a la democracia. Del mismo modo, la solidaridad que el ufw solía invocar con mayor frecuencia era la que enfatizaba los vínculos entre otras comunidades étnicas y la historia sindical dentro de Estados Unidos. El ufw hacía paralelos entre las demandas de los afroamericanos y de los mexicoamericanos con respecto a los derechos civiles, y presentaba a los boicots como parte de la larga lucha del movimiento sindical dentro de Estados Unidos por lograr el Sueño Americano. Sin embargo, estas luchas mayormente separadas que comprendían los boicots, tuvieron repercusiones conectadas sobre los debates relativos a la política y al consumo. Este último constituyó el terreno central sobre el cual se enfocó el activismo tanto del ufw como del movimiento de solidaridad con Chile, pidiéndole al consumidor estadounidense que considerara que actos de la vida diaria, como comprar o comer, estaban directamente relacionados con el destino de la democracia, ya fuera dentro de su nación o en el exterior. Las dos campañas se valieron de la abstinencia al consumo para cuestionar el costo humano de la abundancia en Estados Unidos. Y las dos campañas recurrieron al tema del hambre para hacer una crítica más amplia del capitalismo. El ufw desafiaba la premisa central de la revolución verde de que la química moderna en la forma de fertilizantes sintéticos, 365

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herbicidas y pesticidas hacía posible que se alimentara a todo el mundo de manera enteramente beneficiosa, y se aliaba con grupos ambientalistas para acusar a la agroindustria de dar origen a contaminación y a calamidades relativas a la salud pública. Asimismo, criticaba la estrecha relación entre las empresas químicas y el gobierno, insistiendo en que solo una fuerte alianza entre trabajadores y consumidores podía obligar a que se regulara a los pesticidas de manera transparente. El ufw aprovechó, y a la vez estimuló activamente, el creciente escepticismo en Estados Unidos sobre la seguridad de los alimentos y el riesgo que implicaba la aplicación de productos químicos a las frutas y verduras. No insistió en que lo único saludable eran los cultivos orgánicos, pero su posición anticipó los movimientos sobre alimentos que se producirían en las próximas décadas y que sí lo proclamarían. El movimiento de solidaridad con Chile formuló una de las primeras críticas al neoliberalismo y a lo que en la década de 1990 se llamaría globalización. El movimiento achacaba el aumento de la pobreza a la reorientación de la economía chilena hacia las exportaciones y a la privatización del sector público. Los activistas sostenían que milagros económicos como el de la industria vitícola chilena eran consecuencia de salarios de hambre y de la riqueza basada en monopolios. El celebrado crecimiento de Chile producía hambre. El movimiento de solidaridad con Chile también relacionaba directamente el neoliberalismo con las violaciones a los derechos humanos cometidas por el régimen de Pinochet. La transformación económica de Chile había sido posible solo mediante la abierta represión de los trabajadores y el brutal silenciamiento de la oposición política. El asesinato y la tortura patrocinados por el Estado, junto con el estrangulamiento de los sindicatos, permitieron que los Chicago Boys reestructuraran el mercado chileno a su gusto. Los boicoteos organizados por el movimiento de solidaridad con Chile –o sus llamamientos a realizar boicots– pusieron en evidencia la complicidad entre Estados Unidos y Chile, y a pesar de que su impacto económico fue mínimo, establecieron de manera efectiva 366

la relación que la asistencia y los lazos comerciales estadounidenses tenían con el poder represivo de Pinochet. Esta lógica también fue fundamental para los movimientos de solidaridad con América Central y Sudáfrica que surgieron en Estados Unidos en la década de 1980, los que hicieron lobby a favor de sanciones y de la desinversión. Los boicots patrocinados por el ufw, así como los de solidaridad con Chile, insistieron en el consumo como el terreno crucial para la organización política y la construcción de la democracia. Pusieron en duda que la normalidad y el sentido común en las relaciones de poder no tuvieran repercusión más allá de la vida diaria del ciudadano de a pie. Según el boicoteo, el pueblo podía decir “no” a las prácticas laborales inmorales y a los regímenes opresivos. Por otro lado, los boicots implicaban que quienes se abstenían de decir “no”, fuera o no sabiendas, eran cómplices de dichos regímenes y prácticas. No existía forma alguna de ser un consumidor o un ciudadano neutral.

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Capítulo V No se lo compran: luchas por la democracia en Chile

El 2 de marzo de 1989, la embajada de Estados Unidos en Santiago recibió un llamado telefónico anónimo. Hablando en castellano, un hombre dijo que la fruta que se exportaba a Estados Unidos iba a ser envenenada. Cuatro días más tarde, en el puerto de Filadelfia, autoridades de la Food and Drug Administration (fda) encontraron dos uvas rosadas sin pepas, embarcadas originalmente en Valparaíso, que contenían cianuro. De inmediato, la fda incautó toda la uva chilena que ya estaba dentro de Estados Unidos e impuso un embargo a toda nueva importación, no solo de uva, sino también de nectarines, duraznos y ciruelas provenientes de Chile1. Los supermercados rápidamente sacaron la fruta chilena que tenían en venta y la colocaron en cámaras refrigeradas, furtivamente esperando que no se descompusiera antes de que se levantara el embargo. La uva desapareció de los programas de almuerzos escolares. Para mediados de marzo, la fruta chilena también se había prohibido en Canadá, Japón, Alemania Occidental, Dinamarca y Hong Kong2. Los importadores frutícolas basados en California, como Pandol Brothers y Giumarra Vineyards, airadamente afirmaban que el envenenamiento era una estratagema, mientras calculaban que las pérdidas de la industria se elevarían a miles de millones de dólares3. Algunos comerciantes pensaron introducir fruta y verdura chilena a través de México o hacer pasar la uva como californiana4. Michael Sakamoto, gerente de frutas y verduras de Hub Mart en Los Angeles, mostró más resignación frente a las complejidades del mercado mundial y a los riesgos asociados con la venta y el consumo de Wall Street Journal, March 14, 1989, 1c. Los Angeles Times, March 14, 1989, 1a. 3 Entrevista con Darrell Fulmer y Rick Estes, Visalia, 8 de octubre, 2006. 4 Los Angeles Times, March 15, 1989, 1a. 1 2

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fruta. Según le afirmó a un periodista de Los Angeles Times: “Mucha gente está frita. La venta de manzanas ya estaba baja [debido a las campañas de los consumidores contra el pesticida alar]. Menos mal que mis hijos no comen mucha fruta. A los niños de hoy solo les gusta la comida chatarra”5. Augusto Pinochet les achacó el envenenamiento con cianuro a terroristas comunistas que intentaban sabotear el crecimiento económico de Chile. Otros miembros de su gobierno militar denunciaron el incidente como imperialismo estadounidense. Según el almirante José Merino, el embargo dictado por la fda era “uno de los muchos actos despreciables que Estados Unidos ha llevado a cabo contra nuestro país desde la independencia”6. De manera más prudente, Ronald Bown, presidente de asoex, pidió que se realizara una investigación a fondo y les afirmó a los consumidores estadounidenses que Chile garantizaba la seguridad de sus productos. Privadamente, sin embargo, los empresarios chilenos estaban indignados y consideraban el embargo poco más que un proteccionismo hipócrita. En la zona agrícola de Curacaví, el exportador Andrés Undurraga adoptó una postura moralista: “Ahora que todos los chilenos quieren volver a la democracia, [Estados Unidos] quiere destruir esta posibilidad. Lo que ha hecho Estados Unidos es ayudar al terrorismo mundial. Al reaccionar de manera tan drástica, está fomentando que el terrorismo vuelva a ocurrir. Es como los secuestros aéreos. Si uno cede, fomenta otros”7. No solo los empresarios estaban indignados. La cut (Central Unitaria de Trabajadores), denunció los despidos en masa de miles de trabajadores frutícolas luego de que se detuviera el comercio de fruta con Estados Unidos. La cut había estado regresando con gran dificultad a la política chilena en medio de la continua persecución a los sindicatos por parte del régimen militar, y de la implementación de leyes laborales extremadamente restrictivas. En reacción al Los Angeles Times, March 16, 1989, 1a. Los Angeles Times, March 16, 1989, 1a. 7 Los Angeles Times, March 16, 1989, 1a. 5 6

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incidente del cianuro, la cut arremetió en contra del Código del Trabajo de 1979, que les permitía a los empleadores despedir a los trabajadores sin previo aviso ni pago de indemnización en situaciones que nominalmente estaban fuera de su control. La organización denunció que las ganancias del sector frutícola nunca llegaban a los obreros, la mayoría de los cuales trabajaba dieciséis horas al día con una remuneración muy baja y sin seguridad laboral8. La Iglesia católica chilena también mostró preocupación por los trabajadores. La Conferencia Episcopal extendió una invitación a obispos estadounidenses a reunirse para calmar la histeria y salvar empleos9. En Santiago, estudiantes y políticos simpatizantes del movimiento pro democracia hicieron un llamamiento a los estadounidenses para que se opusieran a la prohibición de importar uva y duraznos chilenos porque ella perjudicaba los esfuerzos para acabar con el régimen militar. Las organizaciones de mujeres fueron las más expresivas con respecto a esto. La Coalición de Mujeres por la Democracia realizó una conferencia de prensa en la que apeló directamente a las estadounidenses como consumidoras, suplicándoles que reconocieran que el embargo perjudicaba no solo a las chilenas, sino también a las mujeres de todo el mundo. La vocera subrayó que la prohibición de importar fruta de Chile constituía “una grave amenaza a un sector laboral dominado por la mujer” y que además era injusta para las madres y las amas de casa: “Nosotras somos las que hacemos casi todas las compras para nuestras familias. A las dueñas de casa de América del Norte, Japón y la Comunidad Europea les garantizamos que la uva chilena está en buenas condiciones”10. La indignación que produjo en Chile el embargo implementado por Estados Unidos dio lugar a muestras poco comunes de solidaridad entre clases sociales. En Santiago, la asoex distribuyó miles de cajas de uva y de duraznos en barrios marginales como prueba de que la fruta chilena se podía consumir de manera segura. En Unidos, abril 1989, 2-3. El Mercurio, 17 de marzo, 1989, c6. 10 Citada en Baldez, Why Women Protest, 176. 8 9

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Valparaíso, los obreros frutícolas marcharon junto a productores de fruta y a propietarios de plantas de embalaje, portando letreros que denunciaban el embargo estadounidense como injustificado, mientras defendían la fruta chilena afirmando que era saludable11. Estas escenas eran radicalmente diferentes de las imágenes que circulaban dentro de Estados Unidos del United Farm Workers (ufw) acusando a los viticultores de California de usar veneno (pesticidas) de manera intencional como parte de las prácticas de la agricultura comercial. Los trabajadores chilenos –junto con mujeres y empresarios– insistían en que la uva chilena estaba libre de veneno. Su posición era contraria a que se hubiera colocado cianuro en la uva de manera ilegal, pero no así al uso regular, tanto en Chile como en California, de paratión y bromuro de metilo. Los obreros chilenos estaban de acuerdo con los exportadores en que si había existido la intención de hacer daño, el delito tendría que haber ocurrido en la Oficina de Aduanas de Estados Unidos o en un laboratorio de la fda, no en una viña chilena. Esta unidad subrayaba la vulnerabilidad que ligaba a trabajadores, productores y exportadores dentro del modelo económico neoliberal imperante en Chile. Aunque los riesgos y los costos variaban enormemente entre estos grupos, los embargos internacionales en contra de Chile eran devastadores para todos. En el caso del ufw, el sindicato les pedía a los consumidores que se abstuvieran de comprar uva como medio para ejercer presión sobre los empleadores a fin de que ellos mejoraran las condiciones de trabajo. Por el contrario, ningún sindicato chileno apoyaba el embargo de la uva chilena. Para fines de la década de 1980, los obreros frutícolas empezaban a sindicalizarse en el Valle Central de Chile y los líderes del movimiento ya habían dejado de hacer los llamamientos a boicots internacionales a los productos chilenos que habían hecho anteriormente; además, estaban en desacuerdo con los esfuerzos que llevaban a cabo los grupos de la solidaridad para que se 11

Noticiero de la Realidad 67 (April 1989).

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boicoteara la fruta chilena. Ante la pregunta hecha por un periodista estadounidense si acaso no era posible que los trabajadores hubieran envenenado las uvas ellos mismos, la incrédula respuesta de un obrero fue: “¿Por qué nos íbamos a negar trabajo?”12. No obstante, los chilenos no se encontraban unidos. Solo unos meses antes del incidente de las dos uvas, en octubre de 1988, Pinochet había sido derrotado en un plebiscito nacional que, de haber ganado, le hubiera permitido seguir en el poder por otros ocho años. Manifestaciones masivas en las calles de Santiago y un realineamiento de los partidos políticos opositores al régimen para formar la Concertación de Partidos por la Democracia, estaban obligando a los militares a efectuar elecciones presidenciales en diciembre de 1989, las primeras desde el derrocamiento de Allende. Este enorme cambio se traducía en la suspensión de los boicots a productos chilenos por parte del sindicalismo, el que urgía a los trabajadores y a sus simpatizantes a abocarse a las campañas electorales, dando paso atrás con respecto a tácticas que hubieran podido interpretarse como sabotaje. Además, los militares se encontraban bajo presión internacional. Airadas denuncias hechas tanto por empresarios como por algunos uniformados de que el imperialismo estadounidense apoyaba el terrorismo, reflejaban amargura frente al hecho de que Estados Unidos ya no respaldaba a Pinochet. En 1973 dicho país había apoyado el golpe militar con fervor, y el gobierno de Ronald Reagan inicialmente había aclamado a Pinochet como un aliado incondicional contra el marxismo. Pero desde 1986, Washington exigía de manera activa que se realizaran elecciones en Chile y cada vez más trataba a Pinochet como a un dictador a quien le había llegado la hora de dejar el poder. La división entre los chilenos en cuanto al general era todavía más profunda. En el plebiscito, el 55 por ciento del electorado votó por el “No”, o sea, en contra de Pinochet, y el 43 por ciento por el Eventualmente se descubrió que las uvas envenenadas se habían originado en el fundo de Andrés Undurraga Saavedra en Curacaví, cuyos obreros recientemente habían formado un sindicato. Los Angeles Times, March 16, 1989, 1a. 12

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“Sí”, o a favor de que él permaneciera en el poder. Es decir, aunque una fuerte mayoría apoyaba el regreso a la democracia en Chile, el régimen militar aún contaba con un respaldo considerable13. A pesar de que el temor a represalias sin duda influyó en la decisión de muchos, el gran número de votos que recibió Pinochet obedeció a las victorias concretas que había logrado su gobierno. Muchos chilenos, más allá de los ricos, consideraban que el régimen militar había creado estabilidad política y crecimiento económico, y además aceptaban el argumento de los militares de que la democracia significaba un regreso al conflicto de clases y a la escasez de bienes de consumo (lo que Pinochet denominaba “el caos del marxismo”). El régimen militar era el precio que Chile había pagado por su modernidad. Pero los trabajadores agrícolas y otros votantes de la zona frutícola del Valle Central no se compraron este argumento y una sólida mayoría del 55 por ciento votó por el “No”: la misma proporción de votantes que lo hizo a nivel nacional. Sorprende aún más que el voto por el “No” en las regiones frutícolas haya sido proporcionalmente mucho más alto que en las zonas rurales a nivel nacional, donde, por lo general, los votantes favorecieron a Pinochet14. Su derrota se debió de manera más directa al alto número de votos por el “No” que se produjo en los barrios urbanos de la clase trabajaEl dos por ciento de los votos fue nulo o en blanco. “Plebiscito Presidente de la República, 5 de octubre de 1988: Escrutinio General Definitivo”, 5 de octubre de 1988, Santiago, Servicio Electoral, Chile. 14 En las zonas exportadoras de fruta de Copiapó, Huasco, Quillota, San Felipe-Los Andes, Talagante, Colchagua, Curicó y Talca, el 55 por ciento de los electores votó por el “No” y el 43 por ciento por el “Sí”. Citado en Unidos por la liberación del campesinado (Santiago: Comisión Nacional Campesina, diciembre de 1988), 1. Según un estudio del gia, el “Sí” ganó en 125 de 162 zonas rurales (definidas como de menos de dos mil personas) y en zonas dominadas por la agricultura de subsistencia, el ganado y la horticultura. En las zonas donde la reforma agraria había sido especialmente fuerte, el “No” ganó con el 68 por ciento. Noticiero de la Realidad 64 (diciembre de 1988): 2. Según las estadísticas del Servicio Electoral, en las comunas donde predominaba la industria de exportaciones frutícolas, el voto contra Pinochet fue mayor que el promedio nacional. Por ejemplo, en la comuna de Los Andes, el 57 por ciento de los votantes optó por el “No”, entre ellos el 53 por ciento de las mujeres y el 61 por ciento de los hombres. En las comunas de Catemu y Putaendo, el voto por el “No” obtuvo el 57 por ciento, con el 62 por ciento de los votos masculinos y el 52 por ciento de los femeninos. “Plebiscito Presidente de la República, 5 de octubre de 1988: Escrutinio General Definitivo”, 5 de octubre de 1988, Santiago, Servicio Electoral, Chile. 13

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dora en Santiago, que se habían visto especialmente devastados por la reestructuración neoliberal y habían sido un blanco regular de la violencia del régimen. Pero en las zonas que habían prosperado gracias a las exportaciones frutícolas el voto también fue en contra de la dictadura, es decir, precisamente los trabajadores que eran parte del milagro económico de los militares también rechazaban el régimen. El apoyo a la democracia por parte de los obreros frutícolas obedecía al hecho de que durante la década de 1980 se habían incorporado –o por lo menos habían estado expuestos– a diversas actividades y organizaciones que criticaban duramente al gobierno militar. Entre los críticos más importantes se encontraba la Iglesia católica chilena, la que a pesar de haber apoyado el derrocamiento de Allende, rápidamente había denunciado la violencia de los militares. La Iglesia pasó a ser la organización central que amparaba a los grupos defensores de los derechos humanos y de la democracia que empezaban a surgir. Puesto que con frecuencia la Iglesia era la única organización social presente en las zonas agrícolas, su papel en la reactivación del movimiento sindical fue de especial importancia. Ella contribuyó a que se creara la Comisión Nacional Campesina (cnc), bajo cuyos auspicios para mediados de los años 80, la representación de los pequeños agricultores y de los trabajadores asalariados de los sectores frutícola y forestal se encontraba en manos de un conjunto de comunistas, socialistas y democratacristianos, tanto como católicos independientes. La cnc logró que marxistas y católicos, que amargamente se habían enfrentado sobre el socialismo de la Unidad Popular, superaran profundas diferencias. La consolidación de este organismo fue un elemento crucial en el desarrollo de una oposición unida a Pinochet. Durante el régimen militar, la afiliación de los sindicatos agrícolas fue extremadamente baja en comparación con la década de 1960, y muy rara vez ellos lograron que los empleadores participaran en negociaciones colectivas. No obstante, dentro de las comunidades locales generaban importantes demandas políticas 377

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relativas a la democracia, y además conectaban a los trabajadores con organizaciones más amplias, de nivel nacional, identificadas con el movimiento pro democracia. Dada la amplia presencia de mujeres entre los trabajadores frutícolas, el movimiento sindical de las zonas rurales se transformó en un importante foro para la discusión de la desigualdad de género. Por primera vez en la historia de Chile, en los sindicatos agrícolas se producía un fuerte liderazgo femenino. Y a pesar de que los sindicatos tenían muy poca influencia sobre las operaciones diarias de las exportaciones frutícolas, el hecho de que afirmaran la igualdad de género como principio reflejaba los profundos cambios que se habían producido en la vida y en las aspiraciones de la clase trabajadora. De manera similar a la influencia que dentro de Estados Unidos ejercieran el ufw y los grupos de solidaridad con Chile, la influencia de los sindicatos agrícolas bajo el régimen de Pinochet no provenía del poder económico, sino de un impacto duradero en ámbitos ideológicos y culturales. En el sector de exportaciones frutícolas no fueron solamente los sindicatos los que generaron el apoyo popular a la democracia y al liderazgo femenino. Con el objeto de suplir las necesidades básicas durante los largos meses de desempleo del invierno, en el Valle Central surgieron las llamadas ollas comunes que, en general bajo el patrocinio de la Iglesia católica, estaban casi totalmente en manos de mujeres y solían inducir a sus participantes a colaborar en la organización de otros grupos relacionados con vivienda, agua potable y transporte. Estas actividades surgieron por motivos prácticos, pero dieron lugar a espacios en los que las mujeres empezaron a elaborar críticas a la injusticia social que atribuían al régimen militar15. De manera similar, la Iglesia católica auspició la formación de cientos de Comunidades Eclesiales de Base (ceb) y de grupos catequistas en barrios populares con el objeto de profundizar la fe cristiana y también de propiciar foros de discusión sobre los derechos humanos y la democracia. 15

Kaplan, “Female Consciousness and Collective Action”.

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Otros activistas que defendían la democracia se unieron a la labor de la Iglesia, especialmente feministas y defensores del sindicalismo de orientación izquierdista, basados en Santiago y asociados con organizaciones no gubernamentales (ong). Estas proliferaron en Chile durante el régimen militar como recintos de investigación alternativos a las universidades, que eran objeto de fuerte censura, además de constituir sitios de organización política que auspiciaban la ejecución de proyectos de desarrollo comunitario. Las ong dedicadas a la investigación agraria se enfocaron especialmente en los cambios que se habían producido en las zonas del Valle Central dedicadas a la exportación de uva. Los movimientos feministas chilenos resurgieron en torno a la lucha por la democracia, inspirando nuevas investigaciones sobre el empleo masivo de las mujeres como obreras frutícolas. Las investigaciones de tipo académico solían ir de la mano con la organización a nivel de base. Sociólogos del Grupo de Investigaciones Agrarias (gia) instruían a las trabajadoras de la fruta sobre derechos laborales y procedimientos para solicitar vivienda, mientras historiadores y antropólogos del Círculo de Estudios de la Mujer (cem) les ofrecían talleres sobre educación sexual, violencia intrafamiliar y el cambiante papel de la mujer en la familia. Las feministas tuvieron gran influencia en los debates llevados a cabo dentro del movimiento sindical y de la Iglesia. Su posición explícita era que la democracia política “en el país” estaba ligada a la democracia de género “en la casa”16. Si bien la izquierda en Chile llevaba mucho tiempo luchando por el principio de la emancipación de las trabajadoras, las feministas ampliaron el marco marxista de la injusticia económica, incorporando la división del trabajo dentro del hogar y las relaciones sexuales como elementos centrales al tema de la opresión de las obreras. La Iglesia católica resultó ser sorprendemente receptiva a los argumentos feministas y, aunque Alicia Frohman and Teresa Valdés, “Democracy in the Country and in the Home. The Women’s Movement in Chile, 1973-1981”, Documento de Trabajo Nº 55, Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, 1993, 1. 16

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continuó promoviendo el matrimonio y la familia, apoyó a las mujeres como trabajadoras, exigiendo un mayor liderazgo femenino en los sindicatos y criticando a los maridos abusadores, a quienes llamó tiranos. Estas conversaciones nunca eran exclusivamente sobre Chile, donde su Iglesia, movimientos feministas, organizaciones no gubernamentales y sindicatos dependían de financiamiento internacional y se ocupaban de las ideas que circulaban en otras partes del mundo. El concepto de los derechos humanos que tenía el movimiento pro democracia chileno, así como su crítica a la violencia por parte del Estado, incorporaban debates recientes sobre el holocausto y el fascismo durante la segunda guerra mundial. Entre 1962 y 1965, en las reuniones del Concilio Vaticano II sostenido en Roma, se hicieron llamamientos explícitos a los católicos para que se comprometieran con el mundo contemporáneo, oponiéndose a la injusticia social y ayudando a combatir la pobreza. La Conferencia del Episcopado Latinoamericano realizada en Medellín, Colombia, en 1968, llevó estas directrices varios pasos más allá, definiendo la violencia institucional y la pobreza como pecados. En 1979, los obispos latinoamericanos declararon la existencia de una “opción para los pobres” y se comprometieron con el apoyo a la “iglesia del pueblo”. Desde fines del siglo XIX, la doctrina social de la Iglesia católica había criticado la polarización de la riqueza y respaldado la organización de movimientos para luchar contra la pobreza, a fin de crear una alternativa al capitalismo descontrolado y al comunismo. No obstante, la politización de la iglesia latinoamericana con posterioridad a la década de 1960, con frecuencia había tenido más puntos de encuentro con los marxistas, o por lo menos había considerado que el papel de la Iglesia consistía en defender la justicia social y la democracia de manera proactiva. La Teología de la liberación abogaba por el uso del Evangelio para criticar los pecados sociales como la violencia, la pobreza y el subdesarrollo, y para movilizar al pueblo a fin de que emprendiera acción dentro de sus propias comunidades. En Chile, estas ideas sustentaban la 380

organización a nivel de base, así como la defensa de los derechos humanos por parte de la Iglesia como institución17. Los movimientos feministas de la década de 1980 en Chile también incorporaron una segunda ola de este tipo de movimientos que se había producido en Estados Unidos y Europa, la que se enfocaba en la violencia sexual y en la falta de derechos sobre la reproducción como los elementos centrales de la opresión de la mujer18. El Decenio de las Naciones Unidas para la Mujer, que comenzó en 1975, hizo especial hincapié en dignificar a las mujeres a través de todo el tercer mundo mediante el trabajo basado en el género, la tierra y los derechos de la familia. El feminismo chileno se había originado a fines del siglo XIX, y había sido especialmente fuerte en la década de 1940, cuando se centró en los ámbitos del trabajo y del sufragio femenino19. Pero durante el régimen militar, tanto el activismo como los movimientos femeninos en Chile se enfocaron de manera más explícita en los vínculos entre la violencia practicada por el Estado y la violencia intrafamiliar. Este tema era eco de los conflictos de la Guerra Fría en otros lugares de América Latina, entre ellos los regímenes autoritarios de Brasil, Uruguay y Argentina, además de las guerras civiles de Centroamérica. Las chilenas desempeñaron papeles de importancia en las reuniones a nivel de hemisferio occidental de feministas de América Latina y el Caribe que se llevaron a efecto en Bogotá, Colombia, en 1981, Amorós, “La iglesia que nace del pueblo”; Berryman, Liberation Theology; B. Smith, The Church and Politics in Chile. 18 Para el involucramiento de los movimientos feministas chilenos en los debates que se llevaban a cabo en Estados Unidos y Europa sobre violación y violencia intrafamiliar, ver Hiner, “Historizar la violencia puertas adentro;” Kaplan, Taking Back the Streets. 19 Para el feminismo y el trabajo de la mujer a principios y mediados del siglo XX en Chile, ver Antezana-Pernet, “Mobilizing Women in the Popular Front Era”; Edda Gaviola Artigas et al., Queremos votar en las próximas elecciones: Historias del movimiento femenino chileno, 1913-1952 (Santiago de Chile: Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, 1986); Lorena Godoy, Elizabeth Hutchison, Karin Rosemblatt, y M. Soledad Zárate, eds. Disciplina y desacato: Construcción de identidad en Chile, siglos XIX y XX. Santiago de Chile: sur/cedem, 1995; Elizabeth Hutchison, Labors According to Their Sex; Rosemblatt, Gendered Compromises; Asunción Lavrin, Women, Feminism, and Social Change in Argentina, Chile, and Uruguay, 1890-1940 (Lincoln: University of Nebraska Press, 1995); Verba, Catholic Feminism and the Social Question in Chile. 17

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y en Lima, Perú, en 1983. La feminista chilena Julieta Kirkwood sostuvo que el patriarcado era fundamental en la dictadura militar, lo cual fortaleció lo aducido en otros países latinoamericanos en cuanto a que las luchas por la democracia exigían combatir el machismo, tanto en ideología como en la práctica20. Los llamamientos de las feministas latinoamericanas a la “democracia en el país y en la casa” reflejaban lo que mantenían las feministas estadounidenses en los años 60 de que “lo personal es político”, aunque las latinoamericanas enmarcaban las luchas de género más directamente en términos de la democratización del Estado y de la liberación nacional. El sector de exportaciones frutícolas nunca fue un foco importante de resistencia al régimen militar chileno. En comparación con las masivas protestas lideradas por los obreros del cobre o los enfrentamientos diarios que se producían en Santiago entre la policía y estudiantes universitarios, habitantes de poblaciones marginales y grupos de derechos humanos, la resistencia en el Valle Central fue esporádica y atomizada. Pero la índole menos dramática del cambio político en las zonas agrícolas muestra precisamente la gran importancia que tuvieron los movimientos pro democracia. La creación de una olla común o el hecho de informar a la arquidiócesis sobre el arresto de un familiar, eran actos que incorporaban a los trabajadores frutícolas a las redes nacionales de activistas y a discusiones más amplias sobre la pobreza y la injusticia social. Los esfuerzos por crear sindicatos revivían el antiguo discurso de la reforma agraria sobre la igualdad y su nuevo análisis en vista de la evolución que se estaba dando en la relación hombre-mujer. La transformación en la subjetividad del trabajador tuvo importancia política21. Ella fue la que motivó el sólido voto mayoritario en contra de Pinochet en La discusión más completa hecha por Julieta Kirkwood sobre el patriarcado y el autoritarismo se encuentra en su libro Ser política en Chile, publicado póstumamente. Sin embargo, como lo señala Hiner, la participación de Kirkwood en las reuniones de feministas de América Latina y el Caribe en los años 80, y en la reunión de la Asociación de Estudios Latinoamericanos realizada México en 1983, fue crucial para la circulación de sus ideas. Hiner, “Historizar la violencia puertas adentro”, 198-207. 21 Schild, “Recasting Popular Movements”. 20

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el plebiscito de 1988 y la que hizo posible que la mujer alcanzara nuevas posiciones de liderazgo social y un mayor poder de negociación con los hombres. Las críticas al régimen militar y a la desigualdad de género estaban íntimamente ligadas a los debates acerca del consumo. Tanto la Iglesia católica como el movimiento sindical criticaban de manera muy aguda la escasez de carne, leche, pan, aceite, electricidad, gas, transporte público, vivienda y atención médica a precios asequibles. Las organizaciones de base, como las ollas comunes y los comités de vivienda, giraban por completo en torno al tema de la necesidad del consumidor. Los sindicatos y los grupos catequistas criticaban la pobreza y el neoliberalismo subrayando el bajo nivel de vida de los trabajadores, medido en términos de falta de alimentos y de otros bienes de primera necesidad. El concepto del consumo necesario se yuxtaponía al espectro del consumo innecesario o consumismo, es decir, la adquisición o el uso de bienes que eran superfluos y corrosivos para las comunidades de la clase trabajadora. Esta distinción estimulaba las críticas que los grupos pro democracia formulaban en contra del modelo económico neoliberal de Pinochet, en contraposición a lo sostenido por él en cuanto a haber creado un mundo de abundancia para el consumidor. En especial, se ridiculizaba a productos como televisores y vestuario de marca como símbolos del desperdicio y de la corrupción del consumismo, mientras que de manera más general los defensores de la democracia censuraban la cultura del consumismo, la que había atraído a los chilenos al sueño de un estilo de vida estadounidense a costa de un endeudamiento debilitador. Los obreros frutícolas solían estar en desacuerdo con sus defensores pro democracia sobre los peligros del consumismo. Tanto hombres como mujeres valoraban el hecho de poseer un televisor o adquirir vestuario de moda cada vez que les era posible. Las trabajadoras de la fruta se enorgullecían de las batidoras eléctricas, las máquinas de lavar ropa y las mesas de comedor que habían comprado con sus propios salarios o con facilidades de pago. El mayor 383

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poder de negociación que tenían las mujeres con los hombres de las familias con frecuencia se relacionaba con el derecho que se atribuían ellas a comprar tales bienes. Sin embargo, la mayor parte de los obreros frutícolas estaba de acuerdo con los activistas pro democracia en que su remuneración no alcanzaba para comprar una cantidad suficiente de lo que necesitaban para sobrevivir de manera adecuada. Era posible que una familia tuviera un televisor, pero de todos modos podía pasar hambre durante el invierno. Este descontento no condujo a todos los trabajadores frutícolas a oponerse al régimen militar, sin embargo, hizo que acogieran de manera favorable tanto las críticas a la industria exportadora de fruta formuladas por el movimiento pro democracia, como la idea de que el trabajo asalariado de la mujer era una necesidad. De manera contraria a la ecuación que hacían los activistas entre el consumismo y la dictadura, las luchas en torno al consumo y a lo correcto o incorrecto fueron la base de prácticamente todas las instancias de protestas formales por parte de los obreros frutícolas en contra del régimen militar. El consumo también constituyó la base de los profundos cambios en la política del día a día entre hombres y mujeres. El núcleo de la lógica de los argumentos contra Pinochet y de las esperanzas de democracia residía en lo que se decía sobre el consumo. Los trabajadores cuestionaban las disparidades entre las promesas y las realidades de la economía de mercado, discutían las relaciones entre los bienes materiales y la dignidad personal, y debatían la contradicción de trabajar en una industria de exportación de productos alimentarios y no disponer de alimentos suficientes. Asimismo, discutían sobre lo que significaba que las mujeres mantuvieran a su familia o compraran la cocina a gas de la casa. Pero en lugar de rechazar el consumismo, aspiraban a ser propietarios de muchos de los artículos de los cuales disponían otros chilenos. La mayor parte de los trabajadores frutícolas tampoco rechazaba la economía basada en la exportación de fruta como tal, sino que criticaba la falta de trabajo bien remunerado y la consecuente falta de acceso a suficientes bienes de consumo, 384

situación que solía atribuir al régimen militar. Y una importante mayoría rechazaba el argumento de Pinochet de que el regreso a la democracia conllevaría un desastre político y económico. Voces disidentes: Iglesia, sindicatos, ong La Iglesia católica fue una de las primeras voces en denunciar explícitamente los abusos a los derechos humanos después del golpe, y la miseria que estaban causando las políticas económicas de los militares, con lo que se transformó rápidamente en un espacio organizacional crucial para los opositores de Pinochet; además, fomentó los debates sobre la justicia social, la democracia y la desigualdad económica. En general, la Iglesia como institución siempre había sido fuertemente antimarxista, pero en la práctica había existido una profunda división entre los católicos laicos y hasta en la jerarquía eclesiástica en cuanto a la Unidad Popular y sus proyectos. Si bien casi todos los obispos regionales habían aplaudido abiertamente el derrocamiento de Allende o lo habían considerado un mal necesario, el Cardenal Raúl Silva Henríquez, la autoridad máxima de la Iglesia, quien era de tendencia política moderada, se había esforzado por evitar el golpe y había urgido a los democratacristianos a buscar soluciones constitucionales. En la década de 1960, el Cardenal Silva Henríquez había liderado el entusiasta apoyo de la Iglesia a las versiones democratacristianas de la reforma agraria, al empoderamiento de los sindicatos y a la creación de grupos de jóvenes y organizaciones femeninas, lo que tuvo por consecuencia que miles de párrocos y de católicos devotos se involucraran con pasión en los movimientos que buscaban el cambio social en los años 60 y principios de los 70. Y a pesar de que la Iglesia rechazaba el socialismo, con frecuencia ella misma o sus miembros se encontraban compartiendo críticas y tácticas con marxistas. De hecho, uno de los partidos políticos más importantes de la coalición de Allende fue el Movimiento de Acción Popular Unitario (mapu), 385

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que se había separado de la democracia cristiana y sostenía que el cristianismo y el socialismo eran compatibles. La Izquierda Cristiana, un partido más pequeño dentro de la Unidad Popular, defendía una social democracia de inspiración cristiana. E incluso la mayoría de los comunistas y socialistas se consideraban católicos en términos culturales. El legado de compromiso social de la Iglesia junto con su compleja intimidad y competencia con la izquierda chilena encendió una rápida respuesta al 11 de septiembre. Las iglesias se transformaron en refugios instantáneos para autoridades de la Unidad Popular, líderes sindicales, estudiantes radicales y otros que buscaban evadir ser arrestados por los militares. En octubre de 1973, Silva Henríquez creó el Comité Pro Paz, una organización ecuménica que incluía a importantes líderes judíos y protestantes que denunciaban el derramamiento de sangre. A medida que miles de chilenos empezaron a desaparecer o a aparecer muertos, el Comité Pro Paz logró que algunas embajadas sacaran a chilenos vulnerables y a extranjeros del país, además de presentar más de dos mil recursos de habeas corpus a nombre de personas que estaban detenidas o desaparecidas22. La organización fue cerrada en 1975 debido a presión de los militares. En su reemplazo la Iglesia creó la Vicaría de la Solidaridad, supuestamente más apolítica y desapasionada, que evitó los desafíos directos al régimen y se enfocó más bien en documentar los abusos y facilitar los esfuerzos de los parientes por encontrar a sus seres queridos desaparecidos. Sin embargo, esta labor nunca dejó de ser política, aspecto que se intensificó aún más a medida que la Vicaría expandió sus actividades para incluir la organización a nivel comunitario. La Iglesia fue particularmente crucial para lo que restaba del movimiento sindical. En 1975, la Vicaría creó un departamento laboral y otro campesino, ambos destinados a documentar los 22 Hutchinson y Orellana, El movimiento de derechos humanos en Chile; Stern, Remembering Pinochet’s Chile; Battling for Hearts and Minds; Reckoning with Pinochet.

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abusos llevados a cabo en los lugares de trabajo, como también a desarrollar material educativo para los trabajadores frutícolas y los pequeños campesinos23. Los militares suprimieron los partidos políticos marxistas, así como otros de tendencia izquierdista, además de prohibir las huelgas y las reuniones públicas. De este modo, las iglesias pasaron a ser unos de los pocos espacios donde activistas y trabajadores se podían reunir para discutir sus condiciones24. La Conferencia Episcopal criticó duramente el Código del Trabajo de 1979, promulgado por los militares con posterioridad al boicot con el que habían amenazado la afl-cio y la orit, aduciendo que las restricciones a las negociaciones colectivas y a la creación de sindicatos que imponían la ley violaban principios democráticos básicos. Cuando la Iglesia trabajaba por reparar las profundas animosidades que habían quebrantado el sindicalismo durante los años 60 y principios de los 70, Pinochet logró que a través del plebiscito de 1980 se aprobara públicamente una nueva constitución, con lo que quedó claro que sus intenciones eran permanecer en el poder e institucionalizar los cambios. La crisis de la banca se produjo el año siguiente y el desempleo superó el 20 por ciento. La Conferencia Episcopal difundió una carta pastoral proclamando que las dificultades económicas hacían necesaria la inmediata atención de los cristianos y exigiendo que se restablecieran los sindicatos para defender los intereses de los trabajadores y democratizar el país25. Las políticas agropecuarias del régimen militar fueron objeto de duras críticas por parte de la Iglesia. Como una de las principales defensoras de la reforma agraria, incluso de la sindicalización “Sindicato y sociedad”, memorándum sin publicar, distribuido en la reunión de Punta de Tralca, octubre 8-12, 1982, archivo del Instituto Pastoral Rural, Santiago de Chile (de aquí en adelante inpru). 24 Las confederaciones de tendencia comunista, socialista y mapu (Ranquíl y uoc) fueron abiertamente reprimidas por los militares luego del golpe y formalmente disueltas en 1978 mediante el Decreto 2.346. En consecuencia, en 1981, las federaciones agrícolas afiliadas a la Unión de Derechos del Trabajador, udt, y la Comisión Nacional Sindical redactaron un “Pliego Nacional” exigiendo derechos laborales. 25 Abrir surcos para sembrar esperanzas: Carta pastoral a los campesinos (Santiago: Pastoral Rural, 1984). 23

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masiva de los trabajadores, la Iglesia condenó la expansión de la industria frutícola a costa de los pequeños agricultores y sostuvo que las políticas de libre mercado deterioraban de manera grave el nivel de vida de los obreros. En agosto de 1982, la Vicaría organizó una reunión para tratar el futuro de la vida rural. Bajo la dirección de Silva Henríquez, en el evento realizado en el retiro eclesiástico de Punta de Tralca, cerca de Valparaíso, participaron los líderes de las cinco principales confederaciones de trabajadores y afiliaciones políticas de la reforma agraria. Casi todas tenían un nuevo nombre para aminorar su asociación con los partidos políticos que habían sido declarados ilegales o suspendidos. Entre las participantes se contaban la Confederación Nacional Campesina, que combinaba las confederaciones El Triunfo y Libertad, lideradas por democratacristianos y católicos independientes; la Confederación Nehuén, facción socialista de la ex Confederación Ranquíl; la Confederación El Surco, facción comunista de la ex Confederación Ranquíl; y la Unidad Obrero-Campesino (uoc), una facción pro Unidad Popular que se había separado de la confederación democratacristiana El Triunfo en 196926. Durante la reunión, los participantes acordaron subordinar sus diferencias políticas a la prioridad de recuperar la democracia, y crearon una organización central llamada Comisión Nacional Campesina (cnc) con el fin de coordinar estrategias27. La cnc prácticamente carecía de poder para presentar demandas a los empleadores o para ejercer influencia sobre la política económica. Los militares se negaban a reunirse con sus representantes y de manera regular les creaban problemas. A pesar de que como organización comunitaria era técnicamente legal, el Código del Trabajo de 1979 no le reconocía poder alguno, y les daba derechos La confederación uoc se había separado de la confederación democratacristiana Triunfo en 1970 para apoyar a Allende. La uoc primero se afilió con el mapu (que también se había separado de los democratacristianos), y luego con una segunda facción, el mapu-ObreroCampesino (mapu-oc). En 1972, la uoc afirmaba que tenía 39.000 afiliados. 27 “Simposio nacional sobre sindicalismo campesino: Acción solidaria por la justicia social, Punta de Tralca 8 al 12 de octubre, 1982”, Departamento Campesino, Vicaría de la Solidaridad, Punta de Tralca, octubre 8-12, 1982. 26

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de negociación solo a sindicatos específicos dentro ciertas empresas. A nivel nacional, la afiliación de los sindicatos agrarios se desplomó de 241.000 miembros en 1972, momento culminante de la reforma agraria, a solo 24.000 en 198428. La verdadera importancia de la cnc fue como espacio organizacional para el debate político, el compromiso y el desarrollo de estrategias entre activistas sindicales y líderes políticos que anteriormente habían luchado entre sí de manera vigorosa. Y aunque no habían desaparecido las importantes diferencias de fondo entre marxistas y católicos respecto del significado de la propiedad privada en comparación con la propiedad socializada, por lo menos este había pasado a ser tema de discusión dentro una sola organización. Bajo muchos aspectos, la capacidad de las distintas facciones para llegar a acuerdos sobre las resoluciones de la plataforma de la cnc reflejaba lo debilitada que se encontraba la posición de la izquierda chilena y su dependencia estructural de la Iglesia. El régimen militar fue especialmente brutal y efectivo en la neutralización de los partidos políticos marxistas y de los sindicatos. La mayor parte de las personas detenidas, torturadas, exiliadas y asesinadas durante la dictadura fueron líderes políticos y activistas laborales simpatizantes de los partidos comunista y socialista, así como del mapu y del mir. La indignación de los terratenientes sobre la reforma agraria colocó a los dirigentes sindicales rurales en una situación especialmente vulnerable29. La importancia de la dirigencia católica al interior del movimiento laboral rural durante la década de 1980 Las cifras relativas a 1972 se citan en Salinas, Trayectoria de la organización campesina, 12. Las de 1984 se citan en Estadísticas sindicales (Santiago: Ministerio de Trabajo, 1984). 29 Según la cnc, la Comisión Rettig documenta que 324 dirigentes sindicales campesinos activos durante la reforma agraria fueron fusilados o desaparecieron durante el régimen militar. A pesar de que numéricamente la cifra es bastante menor que la de las personas muertas en zonas urbanas, es más alta en proporción a las poblaciones envueltas en los procesos políticos. La cnc destaca que la Comisión Rettig solo informa sobre los casos documentados por testigos dispuestos a proporcionar pruebas sobre una muerte. La cna sostiene que debido a que los campesinos estaban más aislados y tenían menos educación que otros chilenos, su temor a declarar como testigos era mayor, y por lo tanto la cifra de 324 muertes es considerablemente menor que la de muertes reales. Tierra 2, Nº 1 (1991): 1. 28

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recuerda lo sucedido durante los años 50, cuando los católicos también asumieron el liderazgo luego de que en Chile se proscribiera al partido comunista cediendo a la presión del Departamento de Estado de Estados Unidos. De manera similar, en la época de mayor violencia de Pinochet, los líderes católicos defendieron vigorosamente los derechos de los trabajadores del agro a formar sindicatos y a negociar para mejorar su nivel de vida, aunque rechazando tanto la condena generalizada al capitalismo como la perspectiva marxista del conflicto de clases. La declaración de principios de la cnc establecía que los sindicatos agrarios debían abstenerse de la actividad política, un ideal largamente propugnado por los católicos. El financiamiento del sindicalismo rural en la década de 1980 era débil, y los marxistas se encontraban subordinados a los católicos, pero la cnc de todos modos entrañaba un espacio para el debate político y la autocrítica. Líderes que representaban a todo el espectro político sostenían dolorosas discusiones sobre los problemas que había tenido la reforma agraria y reconocían de manera franca la forma en que la dictadura militar había alterado profundamente las opciones políticas. En las cuestiones concernientes a la mujer existía un especial acuerdo. Todas las tendencias políticas que formaban parte de la cnc lamentaban que en el movimiento sindical de los años 60 se hubiera excluido a la mujer rural y a los trabajadores que eran temporeros afuerinos. Si bien la plataforma de 1982 de la cnc insistía en un retorno a la reforma agraria, sus estatutos, que eran más prescriptivos y realistas, exigían la “creación de sindicatos de obreros frutícolas temporeros” y la “organización de la mujer en todos los niveles”30. En la reunión de Punta de Tralca, los participantes en el panel que discutía estrategia lamentaban lo siguiente: “Por años, la mujer ha sido relegada al hogar, limitada al trabajo hogareño y en la ciudad a la familia, por medio de un machismo que ella misma transmite a sus hijos a través de la cultura tradicional… [y] el 30

Tierra 1 (septiembre 1983): 5.

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hombre, que ha participado más activamente en las luchas sindicales, ha cometido el error de mantener a la mujer al margen”31. Una monografía sobre la mujer presentada por la confederación izquierdista uoc empieza con una larga cita a la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas sobre la importancia de abolir la discriminación sexual y racial, y luego explícitamente se refiere a los privilegios del hombre a costa de la mujer, definiendo las responsabilidades femeninas dentro de la familia como trabajo no remunerado, el que constituía una doble explotación de las mujeres que además mantenían un empleo asalariado32. Es sorprendente que muchas entidades católicas compartieran plenamente las críticas mencionadas arriba. A principios de la década de 1980, el Instituto Pastoral Rural (inpru), una de las principales organizaciones de divulgación de la Iglesia católica en zonas agrícolas, empezó a impartir cursos de capacitación en liderazgo para las campesinas, en los cuales se criticaba duramente a los hombres que no ayudaban a sus esposas en las labores hogareñas33. En sus panfletos mensuales para el campesinado, llamados Cartillas campesinas, la Vicaría de manera regular presentaba cómics e historietas en que se mezclaba la doctrina social católica más antigua sobre los papeles separados pero mutuamente compatibles del hombre y de la mujer, con una nueva y fuerte defensa de la igualdad de esta última y su derecho a trabajar fuera del hogar34. En uno de los panfletos sobre la participación de la mujer se declara lo siguiente: Queremos mostrarles a ustedes [mujeres] todas las posibilidades que tienen de salir de la jaula que a veces es la casa y “Simposio nacional sobre sindicalismo campesino: Acción solidaria por la justicia social, Punta de Tralca 8 al 12 de octubre, 1982”, Departamento Campesino, Vicaría de la Solidaridad, Punta de Tralca, 8-12 de octubre, 1982 [Nota de la traductora: la cita es traducción del inglés]. 32 “Conclusiones ampliado nacional, Comisión Nacional Campesina”, Punta de Tralca, marzo de 1986, inpru. 33 Temas de reflexión del grupo #4: Recordemos la vida familiar, panfleto, Santiago: inpru, 1983, inpru. 34 Las Cartillas campesinas eran redactadas por el departamento campesino de la Vicaría de Solidaridad y publicadas por el Instituto Chileno de Educación. 31

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de entrar al mundo para el beneficio de sus familias y de su comunidad. Pero también queremos ayudarles a ser mejores esposas y madres, un papel protagonista que apenas pueden dejar de lado. Entre un hombre y una mujer solamente hay diferencias físicas, quizás también psicológicas, pero esto es el resultado de la educación, no algo que venga amarrado al sexo. Alégrense cuando tengan una niña. Ustedes son iguales al hombre35.

El panfleto continúa con una lista de diversos derechos de la mujer, entre ellos, a tener un puesto de trabajo con igual remuneración, a estudiar, a participar en política y a esperar que el hombre le ayude en la casa. La Conferencia Episcopal reiteró estos derechos de manera más formal en su Carta Pastoral a los Campesinos de 1984. Distribuida ampliamente en forma de panfleto y en las homilías dominicales, la carta recuerda a los fieles que “las mujeres también están creadas a la imagen de dios” y “deberían tener la posibilidad de desarrollarse y asumir responsabilidades iguales a las de los hombres”. Los obispos criticaban a los esposos y a los hijos por la doble carga de la mujer, expresando directamente: “La vida familiar exige compartir todas las responsabilidades domésticas”36. El vigoroso discurso de la Iglesia y del sindicalismo sobre la igualdad de oportunidades para la mujer y la sorprendente crítica a la división del trabajo dentro del hogar, obedecían a la influencia de numerosas ong y de profesionales feministas que trabajaban en estrecha unión con organizaciones laborales católicas. Dos grupos clave de investigaciones agrarias basados en Santiago –el Grupo de Investigaciones Agrarias (gia) y el Grupo de Estudios Agrarios (gea) –incluían a numerosos académicos dedicados a estudiar el trabajo de la mujer y la desigualdad de género. Ninguno de los dos “Participación de la mujer”, Cartillas campesinas, (Santiago: Vicaría de Solidaridad, 1980). El texto de este panfleto fue escrito por Lidia Maltra, asistente judicial del departamento campesino de la Vicaría de la Solidaridad [Nota de la traductora: la cita es traducción del inglés]. 36 Abrir surcos para sembrar esperanzas: Carta pastoral a los campesinos (Santiago: Pastoral Rural, 1984). 35

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grupos se definía como organización feminista, pero muchos investigadores lo hacían privadamente o mantenían vínculos estrechos con movimientos a favor de la mujer. Los estudios realizados por las ong sobre la mujer rural con frecuencia incluían un componente pedagógico. La recopilación de datos o de historias orales a través de talleres educativos fomentaba la toma de conciencia y los intercambios de ideas sobre soluciones a problemas. Un estudio llevado a cabo por el gia en 1981 sobre las trabajadoras frutícolas surgió de los talleres impartidos por las investigadoras María Soledad Lago y Carlota Olavarría, quienes emplearon un lenguaje feminista de corte marxista clásico para describir las labores del hogar, urgiendo a las participantes a comprender que los empleadores tendrían que aumentar el salario de sus esposos de manera sustancial si las familias campesinas hubieran de adquirir servicios domésticos en el mercado. Según concluye el estudio, si los maridos recompensaran de manera justa las labores hogareñas, las mujeres ganarían más que los hombres37. A raíz de otro taller realizado por el gia, se publicó un artículo proponiendo que las amas de casa, al igual que las empleadas domésticas y todos los otros trabajadores, se acogieran al horario laboral legal de ocho horas al día38. En el curso de la reunión de 1982 en Punta de Tralca, investigadores del gia, como la historiadora Ximena Aranda, presidieron grupos de reunión especiales sobre la mujer rural y ayudaron a redactar monografías en las que se daba prioridad a la organización de las mujeres y se definía a las labores del hogar como trabajo no remunerado39. Otras ong que se ocupaban de las obreras frutícolas eran expresamente feministas. El cem, una organización fundada en 1977 por Kirkwood y otras académicas de su tendencia con el fin de estuLago y Olavarría, “La participación de la mujer en las economías campesinas”. Gabriela Pischedda y Cretina Larraín, “Crecer juntas: Una experiencia de educación popular con mujeres campesinas”, Agricultura y Sociedad: Organizaciones Femeninas del Campo; Problemas y Perspectivas, Nº 5 (1987): 73-83. 39 “Para la mujer campesina como trabajadora”, memorándum sin publicar, Tercera Jornada: Grupos de apoyo campesino, Temuco, 1982; Amanecer Campesino: Boletín Informativo de la Confederación Unidad Obrero Campesino de Chile, Nº 5 (julio 1984). 37 38

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diar la relación entre el patriarcado y el autoritarismo, mantenía Escuelas de la Mujer o Talleres de la Mujer sobre sexualidad, derechos laborales y los cambiantes roles dentro de la familia. Dichas escuelas solían consistir en pequeños talleres impartidos en diferentes regiones del Valle Central, a los cuales asistían entre cinco y veinte mujeres durante seis a ocho semanas, en los que se combinaban autorreflexiones prácticas sobre los cambios experimentados por la agricultura en Chile con enseñanzas feministas proactivas. En las Escuelas de la Mujer realizadas en Rengo y Aconcagua en 1986 sobre el tema de las cargas dobles, se alentó a las mujeres a que les enseñaran a sus hijos varones a desempeñar trabajos hogareños40. En sesiones llamadas “El cuerpo femenino” se instruía a las mujeres sobre sexualidad y control de la natalidad, y se defendía con pasión el derecho de las parejas a disponer de suficiente tiempo de ocio para desarrollar una relación sexual placentera y saludable41. El gia también impartió numerosos talleres para campesinas y obreras frutícolas sobre el cuerpo femenino y el placer sexual42. Incluso organizaciones explícitamente afiliadas a la Iglesia, tales como el inpru y el departamento campesino de la Vicaría, defendían la educación sexual, el placer sexual dentro del matrimonio y el derecho de la mujer a decidir el número de hijos a los que daría a luz43. Los enfoques sobre la mujer que adoptó la Iglesia católica se vieron conformados por corrientes internacionales. El Decenio de las Naciones Unidas para la Mujer hizo hincapié en el empoderamiento femenino a través de la superación de la desigualdad. En especial, el discurso sobre ayudar a la mujer del mundo en desarrollo, El Copihue 9 (agosto 1987); Noticiero de la Realidad Agraria, Nº 40 (junio 1986). Hiner, “Historizar la violencia puertas adentro”. 42 Noticiero de la Realidad Agraria, Nº 4 (1983). 43 De manera formal, la Iglesia católica chilena apoyaba el control de la natalidad mediante “métodos naturales”, como períodos de abstinencia, pero evitaba condenar como pecadores los métodos anticonceptivos médicos. De manera informal, muchas organizaciones católicas de base no se oponían al control de la natalidad o estaban dispuestas a educar a las mujeres sobre las maneras de obtenerlo. Ver “Informe Carta Pastoral”, documento interno, inpru, 1984, archivo inpru; “Participación de la mujer”, Cartillas campesinas, (Santiago: Vicaría de Solidaridad, 1980). 40 41

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“la que realiza dos tercios del trabajo y recibe un décimo del ingreso y posee menos de un centésimo de su propiedad”, respondía a las preocupaciones católicas sobre la injusticia pero sin ser explícitamente feminista44. La Teología de la liberación también formó parte de la agenda católica chilena. En la Conferencia del Episcopado Latinoamericano celebrada en Puebla, México, en 1979, se declaró que la opción de defender a los pobres era la preferida por la Iglesia y se reiteró el compromiso de luchar contra la pobreza. Sin embargo, de forma más directa, los obispos adoptaron la propuesta de la Teología de la liberación según la cual la Iglesia debería empoderar a los pobres de manera proactiva para crear el Reino de Dios en la Tierra. Parece significativo destacar que ninguno de los teólogos más importantes de la liberación se ocupara de la opresión de género como una forma de pecado45. Los supuestos eran que las diferencias de género entre hombres y mujeres eran parte de la creación divina, y que los problemas femeninos no se generaban a partir de los hombres de la familia sino de la pobreza. No obstante, los círculos religiosos femeninos de monjas y laicas devotas con frecuencia recurrían a los principios de la liberación para sustentar la praxis femenina, llegando a formular algunos llamamientos a la incorporación de la mujer al sacerdocio y a la revisión de las posturas de la Iglesia en contra del divorcio y del control de la natalidad. La mayor parte de estas mujeres se enfocó en lograr que la desigualdad de género ocupara un lugar más central en la forma en que los activis-

“United Nations Decade for Women 1976-1985: ‘Really Only a Beginning’” United Nations Chronicle 22 (July-August 1985): 1. 45 Por ejemplo, consultar los escritos del teólogo de la liberación de origen peruano Gustavo Gutiérrez, A Theology of Liberation: History, Politics and Salvation (Maryknoll, N.Y.: Orbis Books, 1973); del teólogo de la liberación Leonardo Boff, de Brasil, Church, Charism, and Power: Liberation Theology and the Institutional Church (New York: Crossroads, 1985); del sacerdote nicaragüense y ministro de cultura sandinista Ernesto Cardenal, The Gospel in Solentiname (Maryknoll, N.Y.: Orbis Books, 1976); y el trabajo teológico de Jon Sobrino en El Salvador en The True Church and the Poor (Maryknoll, N.Y.: Obris Books, 1984). Para una perspectiva general de las cuestiones más importantes de la teología de la liberación, ver Gilbert, Bourdeau, and Hayden, Liberation Theology and Class Struggle in Latin America; Burdick and Hewitt, The Church and the Grassroots in Latin America. 44

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tas de la Iglesia enfrentaban la pobreza y la violencia46. La jerarquía de la Iglesia católica se opuso de manera explícita a las posiciones feministas sobre teología y censuró a las mujeres que las defendían. Sin embargo, no rechazó la idea de que la vida de la mujer requería de mejoras sustanciales, como tampoco que ella soportaba cargas especiales no compartidas por el hombre. Incluso muchos de los católicos que consideraban el feminismo como un chauvinismo al revés, adoptaron como principio cristiano la noción de igualdad entre hombres y mujeres. En Chile, la Iglesia se basó en el discurso del cristianismo liberacionista para legitimar su lucha contra la desigualdad, incluso la desigualdad de género. En su Carta pastoral a los campesinos, los obispos chilenos abren con una descripción de Cristo como un humilde trabajador frutícola, con manos encallecidas, y un recordatorio de la profecía de que los mansos heredarán la tierra. En un tono más militante, los obispos declaran: “Ha llegado la hora de asumir la lucha por la liberación de uno mismo”, y de forma explícita urgen a mujeres y hombres a crear sindicatos y a participar en la vida política47. En los materiales educativos de la Vicaría se define la exclusión de la mujer de empleos decentes y su marginalización de las organizaciones sociales como una situación moralmente injusta, que además contribuía a los problemas de desarrollo económico. En las Cartillas campesinas se denuncia la legislación chilena sobre el matrimonio como una violación a la Declaración Universal de Derechos Humanos de las Naciones Unidas debido a que permitía que los hombres decidieran si su esposa podía trabajar y prohibía

Sobre las mujeres y la teoría de la liberación en América Latina, consultar María Pilar Aquino, Our Cry for Life: Feminist Theology from Latin America (Maryknoll, N.Y.: Orbis Books, 1983); John R. Connolly, “Approaches to a Theology of Women’s Liberation in Latin America”, monografía preparada para la reunión de la Latin American Studies Association, Guadalajara, México, abril 17-19, 1997; Joan F. Corcoran, “Gender Roles in Latin American Liberation Theology”, tesis, Wheaton College, 1989; Elsa Tamez, Through Her Eyes: Women’s Theology from Latin America (Maryknoll, N.Y.: Orbis Books, 1989). 47 Abrir surcos para sembrar esperanzas: Carta pastoral a los campesinos (Santiago: Pastoral Rural, 1984). 46

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a las mujeres casadas firmar sus propios contratos48. Si bien dicha legislación ciertamente promovía el matrimonio, la Iglesia sostenía que ella debía promover la igualdad de derechos entre hombres y mujeres. De manera similar, en el boletín mensual del inpru, Evangelio, ética, y política, regularmente se define el matrimonio como una relación de igualdad entre un hombre y una mujer. En varios de sus números se publican fragmentos de las resoluciones de Puebla de 1979 en los que específicamente se critica el machismo por impedir la plena realización de la mujer. A fin de que esto no se confundiera con apoyo al feminismo, el inpru también menciona que en las resoluciones de Puebla se lamentan “los aspectos negativos de la liberación de la mujer” en las jóvenes, en especial debido a que causan “confusión”49. Al mismo tiempo, activistas católicas impartían clases de educación sexual como parte de su labor para combatir la pobreza y empoderar a las bases. En la provincia de Maule, monjas de la orden estadounidense Maryknoll realizaban talleres sobre el cuerpo femenino en un refugio para mujeres que huían de situaciones de violencia intrafamiliar50. En San Felipe, voluntarias del departamento de acción social de la diócesis realizaban talleres sobre sexualidad y control de la natalidad para obreras frutícolas integrantes de los nuevos sindicatos51. A pesar de que la Iglesia se oponía formalmente a los anticonceptivos, importantes miembros del clero habían apoyado la educación sobre la planificación familiar desde la década de 1960, como medio para reducir el índice de mortalidad materno-infantil, la pobreza y el aborto. El gobierno democratacristiano de Eduardo Frei patrocinó el primer programa nacional “Participación de la mujer”, Cartillas campesinas, panfleto (Santiago: Vicaría de la Solidaridad, 1980). 49 Evangelio, ética, y política: Conferencia episcopal de Chile, inpru, especialmente números 3, 7, 9, 10 (1983-85). 50 Ver la discusión de Hiner sobre la influencia de la orden Maryknoll en el refugio para mujeres víctimas de violencia intrafamiliar Casa Yela en Talca. Hiner, “Historizar la violencia puertas adentro”. 51 Entrevista con María Angélica Saá y Marcela Dinamarka, Departamento de Acción Social, San Felipe Casa Pastoral, San Felipe, 19 de noviembre, 1992. 48

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de control de la natalidad en 1964, con la aprobación tácita del Cardenal Silva Henríquez52. El régimen militar expandió el acceso público a los contraceptivos como parte de su compromiso con la modernización53. Sin embargo, impuso penas más altas al aborto, y definió la maternidad como la forma suprema de patriotismo femenino. Por el contrario, en los talleres sobre el cuerpo femenino y educación sexual que impartían activistas católicos pro democracia, las necesidades de la mujer se enmarcaban de manera explícita. A pesar de que en las enseñanzas se enfatizaba que el matrimonio era el espacio adecuado para las relaciones sexuales, con un claro tono feminista también se afirmaba que el placer sexual era algo que la mujer merecía tanto como el hombre y que el autoconocimiento por parte de la mujer era crucial para su autonomía. En un taller sobre matrimonio y relaciones sexuales realizado por el inpru se recordó a las mujeres que el mandato de San Pablo según el cual la mujer debe someterse al hombre, se aplica de igual forma a los esposos. Además, se sugirió que las relaciones sexuales post menopausia pueden ser del mayor placer para la mujer porque entonces no tiene que preocuparse de embarazos indeseados54. Las discusiones sin tapujos sobre contraceptivos y el aborto eran frecuentes en 52 Jiles Moreno, De la miel a los implantes; Pieper Mooney, The Politics of Motherhood; Tinsman, Partners in Conflict. 53 Según informes del Servicio Nacional de Salud, el número de chilenas que usaba algún tipo de anticonceptivo médico, en general pastillas o un dispositivo intrauterino, aumentó de manera constante entre1964 y 1988. En 1964, el Servicio Nacional de Saludo indicó que 59.231 mujeres empleaban anticonceptivos médicos, mientras que en 1970, la cifra fue de 296.931; en 1980, de 697.756; y en 1988, de 895.503. Memoria anual (Santiago: Servicio Nacional de Salud, 1988); Atenciones y recursos (Santiago: Servicio Nacional de Salud, 1988). De acuerdo a la afiliada chilena de International Planned Parenthood, la Asociación Chilena de Promoción de la Familia, aprofa, en 1990, de todas las chilenas entre quince y cuarenta y cuatro años de edad, el 30 por ciento empleaba anticonceptivos médicos, cifra superior al 25 por ciento de 1980, al 13 por ciento de 1970, y al 5 por ciento de 1965. Estadísticas aprofa (Santiago: Asociación para la Promoción de la Familia, 1991). Sin embargo, en estudios de menor envergadura sobre la mujer realizados en diferentes localidades, se revela una incidencia notablemente más alta del uso de anticonceptivos, incluso dentro la población rural de bajos recursos. Por ejemplo, en un estudio de 237 campesinas en la provincia de Maule llevado a cabo en 1985 se descubrió que el 60 por ciento empleaba anticonceptivos médicos. Informe de avance de la investigación sobre mujer campesina y salud (Talca: Universidad de Talca y fao, 1985). 54 Taller inpru “Etapas de la vida familiar”, junio 1991, inpru.

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estos talleres, al igual que conversaciones sobre violencia sexual e incesto. Como espacios que solo incluían a mujeres, las clases católicas sobre relaciones sexuales dieron origen a una conciencia del género y crearon una solidaridad femenina comparable a la de las Escuelas de la Mujer, a pesar de que estas eran más explícitamente feministas. Los cursos sobre relaciones sexuales solían ser el aspecto más valorizado de todos los programas educativos para mujeres. Según una trabajadora frutícola describe su participación en uno de ellos: “Nos enseñaron a prestarle atención a nuestro cuerpo, a saber lo que hay dentro del cuerpo. Lo que tenemos. Yo no sabía mucho de todo esto. Si le hubiera dicho a mi marido [lo que nos estaban enseñando], no me habría dejado volver”55. Los activistas católicos también compartían las agudas críticas que las feministas formulaban a la histórica exclusión de que había sido objeto la mujer por parte del sindicalismo rural. En estudios llevados a cabo por sociólogos de distintas ong, como el gia, el gea y la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (flacso), se culpaba a la reforma agraria por haber eliminado el trabajo femenino en los fundos y haber convertido a las mujeres en amas de casa aisladas. La historiadora Ximena Valdés, cofundadora del cem, sostenía que las obreras frutícolas podían crear sus propias organizaciones, separadas de los sindicatos. Sin embargo, el objetivo primordial de estas críticas no era apartarse del movimiento laboral, sino transformarlo, y el impacto que tuvieron a nivel programático fue considerable. Los veteranos líderes sindicales sentían ansiedad con respecto a las mujeres, las que para 1980 constituían la mitad de la fuerza laboral frutícola. La autoreflexión sobre las causas del golpe llevó a muchos activistas a la conclusión de que el hecho de no haber incluido plenamente a la mujer campesina había debilitado su compromiso con la reforma agraria. Las críticas de las feministas coincidían con las ideas de muchos de los proyectos de la Citada en Ximena Valdés, Noticiero 40, julio 1986, 2 [Nota de la traductora: la cita es traducción del inglés]. 55

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Iglesia que defendían el principio de que maridos y mujeres podían trabajar juntos. Para los años 80, los activistas católicos estaban dispuestos a reconocer que la mujer estaba sujeta a abuso por parte del hombre y, además, a su explotación dentro de la familia, y a denunciar esto como una situación pecaminosa. Para 1983, las cinco facciones políticas de la cnc contaban con departamentos femeninos especiales destinados a reclutar mujeres y a generar demandas de especial interés para las obreras asalariadas y las que trabajaban en el campo56. En abril de 1986, la Vicaría y la cnc, en conjunto, patrocinaron el Primer Encuentro Nacional de la Mujer Rural, realizado en Punta de Tralca, que contó con alrededor de tres mil participantes, 120 delegadas en su reunión central y 320 en reuniones regionales57. Representantes del cem, gea, gia, flacso e inpru presidieron talleres sobre temas tales como la mujer y la democracia, la mujer y la identidad, la mujer y los sindicatos. El encuentro dio origen a la formación del departamento femenino de la propia cnc, con representantes de cada una de las cinco confederaciones. Además, la cnc emitió una lista de resoluciones finales destinadas tanto al hombre dentro del sindicalismo, como también al empleador y al gobierno militar. Las demandas sobre prestaciones para la maternidad, igualdad de remuneración, oportunidades de trabajo, y plena participación y liderazgo dentro de los sindicatos, reiteraban principios no materializados de la izquierda y de algunos católicos en Chile. En contraposición con declaraciones anteriores, en el Primer Encuentro Nacional de la Mujer Rural se criticó directamente el sexismo dentro de la cultura campesina y de las familias de la clase trabajadora, en lugar de culpar tan solo a los empleadores y a la sociedad burguesa. En una de las resoluciones finales del encuentro se define a las labores del hogar como trabajo Algunas confederaciones laborales, como el uoc en 1977, habían creado departamentos femeninos con anterioridad. 57 Departamento Femenino, Comisión Nacional Campesina, “Las Trabajadoras del campo en la historia y la acción del departamento femenino de la cnc”, documento Nº 1, memorándum sin publicar, Santiago, mayo de 1993, copia en posesión de la autora. 56

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no remunerado y se exige que el hombre comparta las tareas domésticas, en tanto que en otras se denuncia la legislación chilena sobre el matrimonio por darle al hombre el control de su esposa y se critica a los hombres que objetaban la participación femenina en actividades laborales y políticas fuera del hogar. Finalmente, en el encuentro se relaciona de manera directa la violencia masculina en contra de la mujer dentro de la familia con formas más amplias de violencia política. Entre las resoluciones finales se exige el fin “a todo tipo de violencia doméstica o sexual contra la mujer” y se urge a hombres y mujeres a trabajar juntos con el fin de crear “una familia democrática, igualitaria y respetuosa, para así asegurar una sociedad democrática y solidaria”58. El vínculo entre la creación de una familia democrática y la creación de una democracia a nivel nacional obedeció directamente al movimiento defensor de la mujer con base en Santiago, donde feministas y ong hicieron del llamamiento a la “democracia en la patria y en la casa” el principio central de la lucha a favor de la democracia. Esta frase era reflejo de las pronunciadas en Estados Unidos y Europa, exigiendo “democracia en casa y en la calle” e insistiendo en que “lo personal es político”. Pero en Chile, la ecuación se refería específicamente al paralelo entre la violencia del Estado en contra de sus ciudadanos y la violencia del hombre en contra de la mujer dentro de la familia. Las feministas afirmaban que la dictadura de Pinochet era semejante al autoritarismo del marido frente a su mujer, y destacaban la forma sistemáticamente sexualizada en que se hostigaba y torturaba a las mujeres detenidas por los militares. La violencia política tanto como la violencia sexual e intrafamiliar, tenían base en la lógica del patriarcado59. “Primer Encuentro Nacional de la Mujer Rural”, Tierra, Nº 34 (1986); Francisca Rodríguez, “Sembradoras del mañana: Vital fuerza en la organización sindical”, Agricultura y Sociedad: Organizaciones Femeninas del Campo; Problemas y Perspectivas, Nº 5 (1987): 71. 59 Para la importancia de la violencia sexual e intrafamiliar en el resurgimiento del feminismo en Chile, consultar Baldez, Why Women Protest; Frohmann and Valdés, Democracy in the Country and in the Home”; Hiner, “Historizar la violencia puertas adentro”; T. Kaplan, Taking Back the Streets; y Ríos Tobar, Godoy, y Guerrero, ¿Un nuevo silencio feminista?. 58

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Era imposible construir una democracia verdadera sin poner fin a la violencia de género y a la desigualdad dentro de la familia. Es interesante notar que la insistencia del feminismo en transformar las relaciones familiares facilitó alianzas con la Iglesia, la que hacía mucho tiempo se enfocaba en la familia como la piedra angular de la sociedad. Si bien la Iglesia rechazaba el feminismo de manera formal, al mismo tiempo condenaba vigorosamente la violencia, incluso la intrafamiliar, con lo cual facilitaba la crítica por parte de los activistas católicos que simpatizaban con el feminismo contra el dominio masculino sobre la mujer como el obstáculo central para la construcción de la democracia. El problema con el consumismo En una de las más importantes protestas realizadas por trabajadores frutícolas y campesinos durante el régimen militar, se vinculó de manera explícita el sindicalismo con los movimientos femeninos y la democratización. En 1986, durante el Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo, un grupo compuesto por cuatrocientas personas se reunió en la aldea rural de Rinconada, en el Valle de Aconcagua, para celebrar a las trabajadoras60. El evento fue organizado por la Vicaría de la Solidaridad junto con los departamentos femeninos de las distintas tendencias políticas de la cnc –socialista, comunista, democratacristiana, mapu y católicos independientes– y su oradora principal fue Olga Poblete, experimentada feminista y antigua líder del Movimiento de Emancipación de la Mujer Chilena (memch). Durante los gobiernos del frente popular en los años 40, el memch había abogado por la igualdad de la mujer a través de un compromiso estratégico con las agendas de los partidos socialista, comunista y radical, liderando campañas a favor de los derechos laborales y el sufragio femenino. En 1986, Poblete denunció 60

Noticiero de la Realidad Agraria, Nº 37 (abril 1986).

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la profunda pobreza que afligía a la mujer rural, en especial a las obreras frutícolas, quienes trabajaban en un sector que el gobierno militar consideraba como uno de sus logros de mayor importancia. Además, urgió a las mujeres en especial a asistir al Primer Encuentro Nacional de la Mujer Rural próximo a realizarse, y a todos los asistentes en general a participar en la lucha por la democracia: “Solamente a través de una organización consciente, activa, la mujer puede mejorarse a sí misma y a su país”61. La reunión política de hombres y mujeres del sector de exportaciones frutícolas en un evento copatrocinado por la Iglesia, feministas y confederaciones de trabajadores marxistas y católicas, refleja el amplio alcance del movimiento pro democracia, además de su activo apoyo a la cuestión de la mujer. La manifestación del 8 de mayo, Día Internacional de la Mujer, constituyó un acto con fuerte carga política. La fecha tenía nexos históricos con el sindicalismo en Estados Unidos a principios del siglo XX y con el socialismo internacional, que asociaban con firmeza a la izquierda política con el Día Internacional de la Mujer62. En 1975, el 8 de marzo adquirió un significado más explícitamente feminista cuando Naciones Unidas designó esa fecha como un día para comprometerse con la lucha mundial en contra de la desigualdad de género. En el Día Internacional de la Mujer de 1983, las mujeres de los muchos partidos políticos que se oponían a Pinochet –democratacristiano, comunista, socialista, mapu y varios otros de ideología socialdemócrata y cristiana– llevaron a cabo una manifestación conjunta llamada “¡Hoy y no mañana, por la vida!”, que se realizó en el Teatro Caupolicán de Santiago. El masivo encuentro reunió a más de diez mil mujeres dispuestas a demostrar su voluntad de trascender las animosidades que habían conducido al golpe de Estado. De ahí en adelante, el 8 Noticiero de la Realidad Agraria, Nº 37 (abril 1986). El Día Internacional de la Mujer fue celebrado por primera vez en 1919 por el partido socialista de Estados Unidos con el objeto de rendirles homenaje a las obreras fabriles. Después de la revolución rusa, el día pasó a ser un feriado oficial soviético. Ver Temma Kaplan, “On the Socialist Origins of International Women’s Day”, Feminist Studies 11 (Spring 1985): 163-71. 61 62

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de marzo pasó a ser una fecha de profusas manifestaciones públicas en Chile llevadas a cabo por grupos defensores de los derechos humanos, con una preponderante presencia femenina, así como de protestas masivas en contra de Pinochet realizadas por trabajadores, estudiantes y habitantes de los barrios periféricos. En 1986, durante el Día Internacional de la Mujer, cuando Poblete pronunciaba su discurso ante los trabajadores frutícolas en Aconcagua, miles de manifestantes contrarios al régimen militar marchaban en Santiago. Este evento había sido organizado por los grupos feministas Mujeres por la Vida y memch-83, que distribuyeron a los asistentes volantes y banderines diciendo “¡No Más! Porque Somos Más!”63. Grupos femeninos de barrios marginales, como el Movimiento de Mujeres Pobladoras y el Comité para los Derechos de la Mujer, asociado al mir, dirigían los cantos más bulliciosos y enarbolaban letreros diciendo “¡Pan, Techo y Libertad!”. De manera análoga a la crítica hecha por Poblete a la pobreza reinante en la próspera zona de las exportaciones frutícolas, los manifestantes explícitamente vinculaban la falta de alimentos y vivienda con la falta de democracia64. Las organizaciones que abogaban por la democracia solían condenar las nuevas formas de la cultura consumista como representativas de la manera en que el neoliberalismo y la dictadura oprimían al pueblo. Las críticas una y otra vez ligaban el desempleo y la privatización del sector público con quejas de que los chilenos no tenían alimentos suficientes y, además, de que eran objeto de manipulación por parte de los medios de comunicación para que gastaran sus preciados ingresos en bienes que los alienaban de su sentido de comunidad. Los males del consumismo –la compra de artículos innecesarios y alienantes– se yuxtaponían al hecho de que no se dispusiera de suficientes cosas realmente necesarias, como alimentos, combustible, vivienda, transporte y atención médica. La distinción entre formas de consumo buenas y malas era eco de la resolución de Puebla, de la Conferencia Episcopal, que acusaba al “consumismo 63 “8 de marzo: día internacional de la mujer”, isis Internacional, consultado el 10 de marzo de 2009, www.isis.cl/publicaciones/mira/esp2.htm. 64 Schneider, Shantytown Protest in Pinochet’s Chile.

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alienante y a los medios de comunicación” de ser causa del aumento de la pobreza y de la violencia política, y exigía la “reafirmación de la cultura popular” como parte de la “lucha liberadora”65. A los activistas pro democracia les preocupaba especialmente que el consumismo entre los trabajadores del agro erosionara la autenticidad de la cultura campesina. Cuando en su Carta pastoral a los campesinos los obispos chilenos defendían “el trabajo y el pan” como derechos de origen divino, también denunciaban la radio y la televisión por fomentar el individualismo, el egoísmo, la pereza y la infiltración de normas urbanas66. En su programa comunitario para los trabajadores, Pastoral Obrera, la Vicaría distinguía entre “formas necesarias” de consumo, tales como alimentos básicos, vivienda y necesidades educativas, y el “consumo superfluo” de bienes que significaban un gusto personal o un placer socialmente destructivo. Entre estos últimos se identificaba en particular a las crecientes importaciones de whiskey, perfumes, tabaco, electrodomésticos, muebles, radios y, sobre todo, televisores67. Los organizadores que colaboraban con el inpru se quejaban de que la radio y la televisión hacían que los campesinos perdieran su “sentido de identidad”, se identificaran con “imágenes de felicidad que no son reales”, y lo quisieran “todo”68. La cnc definía a los medios de comunicación como un importante obstáculo para la sindicalización porque hacía que los campesinos se interesaran en cosas “sin valor” y daba origen “Ciclo de reflexiones: Puebla y los trabajadores”, Arzobispado de Santiago, Vicaría de Pastoral Obrera, Santiago, circa 1980, 6, documento interno, inpru. 66 Temas de reflexión de grupos, (Santiago: inpru, 1984-1988). inpru produjo estos panfletos con el fin de fomentar la discusión de Abrir surcos para sembrar esperanzas: Carta pastoral a los campesinos (Santiago: Pastoral Rural, Santiago, 1984). 67 Dialogando 49 (agosto 1981). 68 “Prioridad familia: Situación de la familia en nuestra sociedad”, documento interno circa 1985, Departamento de Acción Social, Obispado de San Felipe, San Felipe, Chile, Archivo del Obispado de San Felipe (das); Patricia González, “Situación de la familia campesina en la diócesis de Aconcagua”, en “Documento final del seminario de diagnóstico de la zona rural de la diócesis de San Felipe, realizado entre el 28 y 30 de noviembre de 1984”, documento interno 1984, das; Ana María Campos, “Opiniones sobre la situación actual de la juventud campesina: Apuntes discusión de grupo”, en “Documento final del seminario de diagnóstico de la zona rural de la diócesis de San Felipe, realizado entre el 28 y 30 de noviembre de 1984”, documento interno 1985, das. 65

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a la competencia entre individuos69. Los sindicalistas se comprometieron con luchar por una sociedad que diera “respeto a los valores, costumbres y a la cultura campesina, rechazando la intromisión de culturas extranjerizantes, especialmente a través de la televisión”70. La lista de derechos básicos postulados por la cnc incluía el derecho al ocio, al esparcimiento y a la cultura “con medios de comunicación que proyecten una información verídica de la situación actual”71. En 1986, la cnc se unió a la Comisión Nacional para el Derecho a Comunicaciones Libres, creada por el Colegio de Periodistas de Chile, para protestar contra un decreto del gobierno militar que privatizaba las estaciones de radio y canales de televisión. Cabe destacar que los grupos mediáticos se reunieron en la sede de la Comisión Chilena de Derechos Humanos en Santiago, donde los participantes denunciaron la copiosa publicidad que se hacía en televisión y criticaron los noticieros por transmitir mentiras sobre la realidad chilena72. La comisión reconoció que la televisión puede jugar un papel positivo en la vida moderna dependiendo de quién controle su programación, pero al mismo tiempo sostuvo que, en una democracia, la publicidad comercial tendría que estar fuertemente reglamentada para reflejar de manera más exacta la realidad de la vida de la gente en lugar de vender fantasías en que la buena vida es equivalente a ser rico o a vivir en una ciudad. Los activistas pro democracia consideraban que la juventud era especialmente vulnerable a las mentiras de los medios sobre el consumismo. La cnc criticó la falta de esparcimiento sano y de oportunidades laborales para los jóvenes, lamentando que ellos “se valoran no por lo que son, sino por lo que tienen, lo que usan, cómo se ven”73. Además, creó una Comisión para la Juventud y los Medios 69 “Simposio nacional sobre sindicalismo campesino: Acción solidaria por la justicia social”, Departamento Campesino, Vicaría de la Solidaridad, Punta de Tralca, 8-12 de octubre, 1982. 70 El Copihue, 10 (octubre 1987). 71 Noticiero de la Realidad Agraria, Nº 42 (septiembre 1986). 72 Noticiero de la Realidad Agraria, Nº 40 (julio 1986): 12-13. 73 “Sindicalismo campesino es también un desafío femenino y juvenil”, documento interno acerca del “Simposio Nacional Sobre Sindicalismo Campesino”, Vicaría de la Solidaridad, Punta de Tralca, 8-12 de octubre, 1982.

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de Comunicación con el fin de que esta alentara a la gente joven a examinar la forma en que la dictadura militar se servía de culturas foráneas que empujaban a la mujer a mirar telenovelas y promovían no solo drogas entre los jóvenes, sino también cigarrillos de marcas conocidas, vino, cerveza y fútbol, con el resultado de que “con todo esto nos olvidamos de la cultura de nuestro pueblo”74. Claudio Alfaro, trabajador frutícola de diecinueve años que participó en una reunión sobre los medios organizada por la cnc, describe el problema en términos similares: “El consumismo es el problema más grave de los jóvenes. Muchos solo trabajan por comprarse la chaqueta amasada, el pantalón Wrangler. No hay conciencia ni siquiera de lo que pasa en el país... no terminan la escuela por la mentalidad consumista... se apuran por llegar a los parronales y en vacaciones trabajan en la cosecha [porque] les queda gustando la plata”75. En una tira cómica publicada en el boletín informativo Unidad Sindical, dirigido a los trabajadores agrícolas, el protagonista es un hombre sin trabajo que contempla la idea de darle gusto a su hijo y comprarle una tortuga Ninja, a pesar de que la familia no tiene suficiente comida76. Se consideraba que la mujer era aún más susceptible al atractivo del consumismo y de los medios de comunicación. Según lamentaba el Obispo Manuel Camilo Vial, máxima autoridad del inpru: “La televisión es lo peor que hay. La campesina ahora pasa todo su tiempo mirando teleseries en vez de cultivar la huerta y hacer conservas. La televisión y la radio la tienen identificada con el ideal de la ciudad”77. Otro organizador católico expresaba: “Hoy día, la mujer joven no quiere tener nada que ver con la tierra ni las costumbres del campo… Antes, las chiquillas estudiaban costura y Unidad Sindical 25 (junio 1989): 3. Tierra 47 (octubre 1987): 8. 76 Unidad Sindical 35 (1991): 6. 77 Camilo Vial, Eduardo Olmos, Patricio Asejo, Raimundo García-Huidobro, y Antonio Yaksic, documento interno del Obispado de San Felipe, Obispado San Felipe, 1984, das. La izquierda política expresaba la misma preocupación sobre la relación entre la mujer y la televisión. Por ejemplo, ver la discusión sobre la mujer y los medios de comunicación del uoc en el quinto Congreso Nacional de la Confederación Unida Obrero Campesino de Chile, agosto 26, 27, 28, 1986 (Santiago: uoc, 1986) [Nota de la traductora: la cita es traducción del inglés]. 74 75

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cosían y vendían cosas para ganar más plata. Ahora todos esos negocios llegan al campo vendiendo ropa hecha y las chiquillas la ven en la televisión y la compran a crédito. Ya no quieren ser modistas”78. Tanto hombres como mujeres de las zonas rurales solían estar de acuerdo con estos comentarios. Durante un encuentro realizado en 1984 sobre los cambios en la vida del campo, una campesina de Ovalle manifestó lo siguiente: “Los jóvenes dicen, ¿crees que voy a agarrar un azadón cuando termine la escuela? Las chiquillas son todas unas coquetas. No le ayudan a su mamá. Llegan a la casa con las uñas súper largas”79. En las críticas a la mujer y al consumismo formuladas por los defensores de la democracia, con frecuencia se daba el supuesto de que la mayor necesidad de disponer de dinero junto con las nuevas tendencias urbanas, estaban aumentando la prostitución. Los organizadores que colaboraban con el inpru lamentaban que las adolescentes campesinas, de manera regular, fueran “victimizadas por la prostitución para ayudar con la situación económica de su familia” y “para obtener los beneficios del momento, las cosas de moda”80. Los dirigentes de la confederación sindical comunista El Surco sostenían que las obreras frutícolas jóvenes eran vulnerables a las proposiciones sexuales por parte de sus jefes porque tenían “interés en ganar dinero para darse gustos –fumar, pintarse y comprar ropa nueva”81. Dentro de la uoc, la queja era que la cultura del consumo y los valores de la ciudad fomentaban el “desorden sexual”82.

78 “Jornada de mujeres campesinas efectuada en Padre Hurtado el jueves 31 de junio de 1984”, documento interno, 31 de junio, 1984, inpru [Nota de la traductora: la cita es traducción del inglés]. 79 “Planteamientos hechos por la comisión de mujeres en la jornada de carta pastoral de Ovalle el día 3 de abril de 1984”, documento interno, 3 de abril, 1984, inpru [Nota de la traductora: la cita es traducción del inglés]. 80 “Informe familia campesina”, documento interno inpru, 1984, inpru [Nota de la traductora: las citas son traducción del inglés]. 81 Cita de Pancha Rodríguez, coordinadora del Departamento Femenino de El Surco, apuntes de la autora tomados durante “El Primer Encuentro de la Mujer Temporera”, Canelo de Nos, Santiago, 5-7 de junio, 1993. 82 Entrevista con Daniel San Martín, Santiago, 15 de noviembre, 1992.

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Estas conocidas ansiedades sobre los peligros de la incorporación de la mujer a la producción industrial, reiteraban la antigua coincidencia entre las críticas al materialismo capitalista hechas por el catolicismo tanto como por el marxismo. A los católicos les inquietaban más los matrimonios deshechos y los embarazos indeseados, mientras que los izquierdistas denunciaban la hipocresía burguesa y los salarios bajos. Ninguna de las organizaciones pro democracia afirmaba que la mujer debía trabajar –en contraste con posiciones adoptadas previamente en el mismo siglo– como tampoco se condenaba por igual a todos los bienes de consumo. Más bien, el melodrama sobre la prostitución servía para advertir que el acceso a un salario por parte de la mujer y su participación en la cultura del consumo, podían hacer que ella fuera susceptible a la corrupción personal de un modo en que el hombre no lo era. Las historias sobre el aumento de la prostitución también constituían una amplia denuncia de los valores de la ciudad y hacían una distinción entre formas de consumo buenas y malas –el consumismo corrosivo en contraposición con las necesidades legítimas–. El interés de las mujeres en la televisión, la ropa y los cigarrillos era visto como desencaminado e impulsado por los medios, algo que desviaba preciados ingresos de los gastos en alimentos, vivienda y educación. Los grupos defensores de la democracia también criticaban la relación del hombre con el consumismo, especialmente sus gastos en alcohol, y el consumo de marihuana y otras drogas por parte de los varones adolescentes. Pero los reproches a la ebriedad y el consiguiente descuido a la familia por parte de los hombres no eran nuevos ni para la Iglesia ni para la izquierda política. A través de todo el siglo habían surgido movimientos reformistas que buscaban impedir que el hombre gastara en alcohol todos los ingresos de su familia. Sin culpar explícitamente a la mujer por los males del consumismo, los activistas pro democracia ligaban los nuevos deseos corruptores a los cambios económicos que habían puesto dinero en manos femeninas, y lo que más les preocupaba era la televisión y la 409

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publicidad comercial. La presencia de nuevos bienes en los hogares de los obreros frutícolas –como lavadoras de ropa y batidoras– era símbolo de estos cambios y, en cuanto ellos eran prueba del trabajo asalariado de la mujer y de su control sobre los gastos, también simbolizaban la erosión del patriarcado. De acuerdo a lo que expresó la cnc durante el Primer Encuentro Nacional de la Mujer Rural, efectuado en 1986, “la salida de la mujer de la casa, el desempleo entre varones y jóvenes, y la penetración de diversos valores que son foráneos para el modo de vida campesino, contribuyen a crear problemas dentro del círculo íntimo de la familia y han ocasionado cambios culturales en el campo”83. El que se lamentara el empleo de la mujer a costa del empleo del hombre, la ligaba a ella de manera más estrecha que a él a la penetración del cambio cultural y a los valores corrosivos del neoliberalismo. Es revelador que Monseñor Vial, quien criticaba de manera tan aguda el interés de las campesinas en las telenovelas, hiciera una reflexión más matizada sobre el efecto de la televisión en el hombre: “Algo bueno de [la televisión] es que la familia se reúne a su alrededor en las noches en vez de que los hombres salgan a tomar”84. En el día a día y a nivel de lo práctico, la mayoría de los trabajadores frutícolas y de los campesinos rechazaba la distinción entre formas de consumo buenas y malas que hacían sus defensores dentro de las organizaciones pro democracia. La radio y la televisión satisfacían las necesidades diarias de recreación y de conexión con el mundo más externo. Las mujeres, en particular, consideraban que los electrodomésticos, como lavadoras de ropa y batidoras, les ahorraban horas de trabajo en lavar y cocinar, y no parecían estar mayormente preocupadas de que la adquisición de dichos bienes erosionara la integridad de la cultura campesina. Pero tanto a hombres “Conclusiones ampliado nacional, Comisión Nacional Campesina”. Punta de Tralca, marzo 1986, inpru [Nota de la traductora: la cita es traducción del inglés]. 84 Camilo Vial, Eduardo Olmos, Patricio Asejo, Raimundo García-Huidobro y Antonio Yaksic, documento interno del Obispado de San Felipe, Obispado San Felipe, 1984, das [Nota de la traductora: la cita es traducción del inglés]. 83

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como a mujeres les preocupaban sus deudas de consumo y el hecho de que adolescentes fumaran marihuana e inhalaran pegamento85. Sin embargo, solían defender los gastos que hacían en cosméticos (las mujeres), alcohol (los hombres) y cigarrillos (todos) como gustos que bien se merecían dar por ser producto de su propio trabajo. Por lo general, hombres y mujeres gastaban sus salarios en la familia, pero no siempre siguiendo las prioridades establecidas por la Iglesia o el sindicalismo. En 1981, Edith, una trabajadora frutícola de Melipilla de cuarenta y cinco años, con orgullo les informó a investigadores del gia que, a pesar de que en su casa no había agua potable ni baño, ella miraba televisión en su propio aparato, que había adquirido a plazos y conectado con un alargador a un enchufe eléctrico de la casa vecina. También acababa de comprar un reloj despertador y un juego de ollas86. Puesto que los ingresos de los varones solían destinarse a alimentos y los de las mujeres a bienes durables, la división de los gastos basada en el género hacía que las compras hechas por las mujeres fueran peor vistas por quienes juzgaban lo que era consumo necesario e innecesario desde un punto de vista moral. No obstante, los trabajadores frutícolas estaban enteramente de acuerdo con las críticas formuladas por los grupos pro democracia en cuanto a que los salarios bajos y la inestabilidad laboral entrañaban la imposibilidad de que gran parte de los chilenos pudiera adquirir una cantidad suficiente de lo que realmente necesitaba. Los activistas pro democracia expresaban esta denuncia, en general, en términos del consumo insuficiente de necesidades básicas, especialmente alimentos, y ligaban de manera explícita los problemas de hambre y de pobreza con el régimen militar y la falta de libertad política. Una de las primeras protestas callejeras a gran escala en contra de Pinochet fue la Marcha del Hambre de agosto de 1982. Miles de pobladores marginales, estudiantes y 85 86

Noticiero de la Realidad Agraria 77 (junio 1990). Lago y Olavarría, “La participación de la mujer en las economías campesinas”, 63-64.

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activistas de los derechos humanos inundaron la avenida principal de Santiago denunciando la falta de alimentos y de libertad87. A través de toda la década de 1980 se produjeron protestas similares, las que expandieron su ámbito para incluir problemas de vivienda o la detención de presos políticos, pero en cuyo centro siempre estaba el vínculo entre el hambre (falta de alimentos) y la falta de democracia (violaciones a los derechos humanos, falta de libertad)88. En 1984, durante diez meses el gia publicó una serie de panfletos con una tira cómica destinada a campesinos y trabajadores agrícolas llamada Historia de los Alimentos, que narraba la evolución de la alimentación empezando con la creación de la agricultura, diez mil años antes, pasando por la revolución verde y la reforma agraria del siglo veinte y terminando con el modelo neoliberal de exportaciones del momento. Haciendo paralelos entre la índole explotadora tanto del colonialismo como del capitalismo moderno, la serie criticaba el hecho de que la fuerte dependencia de los supermercados que existía en ese momento les restara valor a los campesinos e hiciera que el acceso a alimentos fuera ferozmente desigual89. Las organizaciones católicas definían el acceso desigual a productos alimentarios como un pecado. Un memorándum del inpru manifiesta lo siguiente sobre la persistencia del hambre y de la desnutrición que plagaban a campesinos y obreros frutícolas: “Chile es un país con muchos pecados” y “realizar el reino de Dios significa crear mejores condiciones socioeconómicas en la tierra”90. Cuando el Papa Juan Pablo II visitó Chile en 1987, el departamento femenino de la cnc le envió una carta en la que le advertía que la verdadera realidad sobre la El Copihue, Nº 15; Solidaridad Campesina (septiembre 1988). Schneider, Shantytown Protest in Pinochet’s Chile; Ton Salman, “The Diffident Movement: Generation and Gender in the Vicissitudes of the Chilean Shantytown Organizations, 19731990”, Latin American Perspectives 21, Nº 3 (Summer 1994): 8-31. 89 “Historia de los Alimentos”, Noticiero 14-23 (enero-octubre 1984). 90 “Quiero vivir mi bautismo: Una catequesis permanente para las comunidades cristianas campesinas”, documento interno, circa 1980, inpru [Nota de la traductora: las citas son traducción del inglés]. 87 88

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desnutrición en Chile se ocultaba, puesto que el sueldo mínimo era dos tercios menos que el costo estimado de las necesidades de alimentación básicas para una familia de cinco personas91. La misma denuncia proliferaba en publicaciones de ong y grupos defensores de la democracia: los trabajadores sufrían hambre en un país que exportaba productos alimentarios y estaba inundado de artículos de lujo92. En 1984, en el boletín noticioso mensual del gia, Noticiero de la realidad agraria, se estimaba que los obreros frutícolas gastaban en comida el 80 por ciento del total de los ingresos de toda la familia. Además, se afirmaba que en las comunidades agrícolas existía un déficit de casi 250.00 viviendas93. En su boletín Tierra, la cnc regularmente publicaba presupuestos familiares que destacaban el hecho de que quienes recibían el salario mínimo no podían cubrir ni siquiera la mitad de las necesidades de alimentación de su familia. Un artículo que ejemplifica esto, publicado en 1983, se refiere al dilema de José Godoy, obrero agrícola de El Monte: su salario diario es de $ 200, pero su familia, compuesta de cinco personas, consume más de CL$ 600 al día: dos kilos de pan ($ 160), un kilo de arroz ($ 68), un kilo de porotos ($ 100) y un kilo en total de aceite, azúcar y té ($ 100)94. Un presupuesto como este revela no solo la deficiencia de una dieta basada en altos niveles de almidón, sino también la imposibilidad de realizar los sueños de la reforma agraria: un hombre que mantiene a su familia mediante su propio trabajo95.

Noticiero de la Realidad Agraria, Nº 47 (abril 1987). “Visión de la realidad: Inquietudes y aspiraciones”, inpru documento interno, octubre 1976, inpru; Dialogando 91 (junio 1985). 93 Noticiero de la Realidad Agraria 25 (enero 1985); Noticiero de la realidad Agraria 53 (noviembre 1987). 94 Tierra 13 (octubre 1984). 95 Otros presupuestos familiares publicados en Tierra se enfocan en los salarios de las mujeres y en las dificultades para financiar la educación de los hijos. En el verano de 1986, el salario promedio de las obreras de las plantas de embalaje era de $ 10.000 al mes, en tanto el costo de un uniforme y de útiles escolares llegaba a $ 9.000. Tierra 29 (marzo 1986). 91 92

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Activistas de la Iglesia tanto como sindicalistas censuraban la distancia moral entre la reforma agraria y la economía basada en las exportaciones frutícolas, denunciando en especial que Chile importara tantos alimentos, cuya gran mayoría estaba lejos del poder adquisitivo de los trabajadores, mientras que al mismo tiempo el país enviaba frutas y verduras frescas al exterior96. Esta denuncia no era del todo válida. Durante el régimen militar, Chile importó “nuevos” productos alimentarios, pero proporcionalmente las importaciones de alimentos no fueron mayores que en la década de 1960. De hecho, estas importaciones se redujeron de manera significativa a partir de fines de los años 8097. No obstante, el acceso a alimentos se tornó especialmente más desigual y difícil con posterioridad a 1973. El hambre pasó a ser una manera real y conceptual de comprender la desigualdad extrema. El que en Chile se pasara hambre porque el país exportaba sus alimentos se transformó en una denuncia de las políticas económicas neoliberales. En una protesta para conmemorar el vigésimo aniversario de la promulgación de la ley de reforma agraria de 1967, la cnc denunció el hambre y la desnutrición generalizadas en Chile y exigió un “retorno a la producción agrícola orientada hacia el consumo interno, no el consumo externo”98. Tierra cita un informe de 1986 de la Organización Mundial de la Salud según el cual los chilenos consumían menos alimentos de lo que habían hecho en 1965, y su ingesta calórica y proteínica era el 24 por ciento más baja que en 197299. En una tira cómica que distribuyó la confederación El Surco, una mujer le explica a su niño que la familia solo tiene tallarines para comer: “Ahora no producimos alimentos, solo uva de exportación”100. La Vicaría publicaba imágenes similares En 1983 la cnc denunció que Chile importaba el 70 por ciento de la proteína que consumía, en comparación con diez años antes, bajo el gobierno de Allende, cuando solo se importaba el 30 por ciento de los alimentos. Tierra, Nº 1 (septiembre 1983): 5. 97 Según Gómez y Echeñique, Chile redujo sus gastos en importaciones de alimentos de US$ 764 millones en 1981 a US$ 177 millones en 1987. Gómez y Echeñique, La agricultura chilena, 174. 98 Tierra 46 (septiembre 1987). 99 Tierra 46 (septiembre 1987). 100 Nosotros los Temporeros 3 (1988) [Nota de la traductora: la cita es traducción del inglés]. 96

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(ver Figura 2), como una mujer y un niño que con pesadumbre miran fruta y verdura camino al mercado con la siguiente pregunta retórica como leyenda: “Los campesinos alimentan al país, ¿quién alimenta a los campesinos?”101.

Figura 1. Folleto, Noticiero, marzo, 1988.

Figura 2. Folleto, Nosostros los temporeros, noviembre, 1987.

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El Copihue, 7 (marzo 1985) [Nota de la traductora: la cita es traducción del inglés].

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Actividades organizativas pro democracia en el Valle de Aconcagua A nivel de base, las labores de organización en defensa de la democracia entre campesinos y trabajadores del agro se enfocaban en aliviar la pobreza y en crear conciencia sobre la democracia, lo cual casi siempre se relacionaba con cuestiones de consumo. Como principal productor de frutas de exportación, el Valle del Aconcagua era un escenario de especial importancia. Monseñor Vial, la máxima autoridad del inpru, el programa de la Iglesia católica a nivel nacional, pasó a ser Obispo de San Felipe en 1983, cuando aún se desempeñaba dentro del mismo. Un fuerte defensor de los derechos laborales en el agro, contribuyó a organizar las primeras reuniones de la cnc, además de abogar por el activismo de la Iglesia en la denuncia a las violaciones de los derechos humanos y en la ayuda a quienes habían sobrevivido la tortura. Con frecuencia invocaba los compromisos de dar prioridad a los pobres y de hacer del reino de dios una realidad en la tierra, que los obispos latinoamericanos habían adquirido en Puebla102. En el mensaje de año nuevo que envió en 1986 y que fue publicado en los diarios de la zona, hace una conexión explícita entre la democracia, la justicia social y la fe cristiana: “Que sea un año para luchar por un mundo más justo donde podamos vivir con mayor dignidad y libertad... donde todos compartan la riqueza material y espiritual para aliviar el sufrimiento de los demás... Juntos en reconciliación forjaremos la lucha por la verdad, la justicia, el ser más libre y conquistar una democracia en la que cada uno pueda entregar su aporte”103. En San Felipe, Monseñor Vial creó el Departamento de Acción Social (das), cuyo fin era enfocarse en los derechos humanos y en la justicia socioeconómica. El das coordinó numerosas actividades con el inpru, entre ellas la realización de talleres mensuales 102 “Documento final del seminario de diagnóstico de la zona rural de la diócesis de San Felipe, realizado entre el 28 y 30 de noviembre de 1984”, documento interno, das. 103 El Trabajo, 1 de enero, 1986, 1.

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de capacitación en liderazgo, dirigidos a hombres y mujeres, que trataban sobre los derechos laborales y la organización a nivel comunitario. El das realizaba un grupo de discusión semanal para familias que habían sido víctimas de abusos de los derechos humanos, además de trabajar con el inpru para fomentar la creación de Comunidades Eclesiales de Base (ceb), las que tenían por objetivo desarrollar conciencia de los problemas locales y construir liderazgos también locales a fin de poder resolverlos. El inpru había estado trabajando en el desarrollo de estas comunidades en el Valle Central desde fines de los años 70, pero en los 80 se comprometió más directamente con los principios cristianos articulados en Puebla sobre la necesidad de empoderar a los pobres. Así, el inpru reafirmó las enseñanzas del alfabetizador brasileño Paulo Freire, quien mantenía que la autoemancipación solo ocurre cuando los desposeídos participan activamente en el diagnóstico de sus necesidades y en la definición e implementación de sus soluciones104. Para los católicos, el propósito de las ceb era promover la palabra de dios al mismo tiempo que se ocupaban de necesidades básicas en cuanto a alimentación, vivienda y transporte, pero especialmente de resolver problemas familiares. En Aconcagua, por lo general un sacerdote o un activista católico laico del das o del inpru dirigía o daba inicio a las reuniones. Los líderes se enfocaban en las conexiones entre lo que ellos llamaban “la formación personal, la formación de la familia y las visiones de la sociedad”105. Aunque aparentemente apolítica, esta vinculación invitaba tanto a hombres y mujeres, como a jóvenes y adultos, a discutir la coyuntura del momento de manera pública. En ciertas ocasiones, se explicitaban las relaciones entre los problemas familiares y los problemas políticos. Los temas relativos a la violencia intrafamiliar, el alcoholismo, la separación de un “Proyecto de desarrollo local”, documento interno, Parroquia de Santa María, 1988. Según sus datos, entre 1975 y 1977, el inpru llevó a cabo veintitrés cursos en zonas rurales con seiscientos participantes, además de formar 1.500 líderes campesinos cristianos. “inpru: Su rol, sus objetivos, y sus líneas de acción”, documento interno inpru, 1977, inpru. El inpru también informa cifras semejantes para 1983. “inpru: Actividades, 1983”, documento interno inpru, 1983, inpru. 104 105

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matrimonio y la delincuencia juvenil, con frecuencia conducían a que se reflexionara sobre la forma en que la disfunción familiar obedecía a la falta de dinero en un sistema económico injusto. La participación en las ceb era muy marcadamente femenina. En 1985, en la zona de San Felipe había veinte de estas organizaciones, mientras que en Santa María había por lo menos seis, con un total aproximado de cuatrocientos miembros entre estas dos comunidades, de los cuales dos tercios eran mujeres106. El hecho de que el foco de las ceb fuera el matrimonio y las necesidades prácticas de las familias, atraía a gran número de participantes, al igual que su mensaje evangélico de redención y cambio. De acuerdo a Robinson Lira, el director nacional del inpru, los organizadores de las ceb se enfocaban en las mujeres porque con mayor frecuencia los hombres eran víctimas de la represión del régimen, o bien estaban desmoralizados a causa de los largos períodos de desempleo. “Reconocimos que la mujer era la clave de la resistencia comunitaria, pero necesitaba formación en liderazgo. Así que las mujeres llegaban a una ceb diciendo que solo querían aprender sobre Dios, nada de política, pero se les daba una educación política que les enseñaba cómo los laicos deben promover la voluntad de Dios en la tierra”107. Las mujeres eran especialmente receptivas a las discusiones francas sobre la relación entre el dinero y la violencia intrafamiliar. En Santa María, en los programas de catequesis sobre el matrimonio se asignaban tareas a las parejas participantes (fueran casadas o convivientes), las que debían presentar un informe al grupo sobre la forma en que la industria de exportaciones frutícolas había alterado las responsabilidades financieras y laborales dentro de la familia, presentando una lista de cinco maneras en que esposos y esposas podían colaborar mejor en el diseño del presupuesto familiar108. Las 106 En el estudio de las respuestas a la carta pastoral de 1984, el inpru informa que veinte CEB respondieron desde San Felipe. “Informe para la carta pastoral rural”, documento interno inpru, 1984, inpru. 107 Entrevista con Robinson Lira, Santiago, 14 de julio, 1992 [Nota de la traductora: la cita es traducción del inglés]. 108 Entrevista con el Padre Pedro Vera, San Felipe, 10 de noviembre, 1992.

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discusiones sobre la violencia intrafamiliar que se llevaron a cabo en las ceb de San Felipe condujeron a talleres formales impartidos por el das sobre temas como “conoce tu cuerpo”, “parejas y relaciones” y “paternidad responsable”109. Según explica Marcela Dinamarka, organizadora del das: “La idea era que la mujer reflexionara sobre las conexiones entre ‘mis derechos en la calle, en la casa, en la comunidad, en el trabajo y en la cama’”110. Esta pedagogía colocaba claramente a la lucha que libraba la mujer en el seno de la familia y con el hombre, dentro de los parámetros de la búsqueda de la democracia, incluso en lo tocante a las relaciones sexuales. Isabel Vera, obrera frutícola de la zona de Putaendo y miembro de una de sus ceb, recuerda que las discusiones sostenidas en la Iglesia sobre el matrimonio fortalecieron su decisión de dejar a su marido por un tiempo debido a que era mujeriego y además la maltrataba físicamente: “Ya teníamos problemas con Pinochet y yo no necesitaba a un dictador en mi casa”111. Además de formular criticas éticas a la falta de democracia, la Iglesia prestó su apoyo a instituciones cuyo fin era suplir las necesidades básicas de alimentación y vivienda. Inmediatamente después del golpe, creó los “comedores populares” para alimentar a las familias que se habían visto afectadas por las masivas detenciones112. En 1975, cuando se había triplicado el precio de la leche y del pan, la Vicaría comenzó a subsidiar las ollas comunes, en las que familias de un vecindario unían diariamente sus recursos alimentarios para proporcionar comidas en forma colectiva113. Las ollas comunes se remontaban a los movimientos sindicales del siglo XIX, cuando las mujeres se ocupaban de cocinar para todo un grupo durante Talleres Desarrollo personal para la mujer, panfleto fotocopiado (San Felipe: das, 1988), das [Nota de la traductora: las citas son traducción del inglés]. 110 Entrevista con María Angélica Saá y Marcela Dinamarka, Santa María, 10 de abril, 1993 [Nota de la traductora: la cita es traducción del inglés]. 111 Historia oral, Isabel Vera, Putaendo, 8 de junio, 1992 [Nota de la traductora: la cita es traducción del inglés]. 112 Fernández y Allen, Mujer y organizaciones de consumo en América Latina, 120. 113 Jansana, El Pan Nuestro. Para informes sobre las ollas comunes en San Felipe, ver El Trabajo, 14 de marzo, 1975, 1; El Trabajo, 15 de marzo, 1977, 1. 109

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las huelgas que se sostuvieron en las zonas mineras del norte, así como también en Valparaíso y Santiago. En la época de la reforma agraria, las ollas comunes constituyeron una demostración de solidaridad de clase, tanto en las huelgas como en las miles tomas de tierras. Durante el régimen militar, las ollas comunes adquirieron mayor permanencia, a veces con una duración de meses en los períodos de desempleo invernal, o incluso años en el caso de los barrios marginales. La Iglesia encauzaba las donaciones recibidas a través de Caritas, la organización internacional de socorro católica, y de grupos humanitarios como Oxfam, hacia los gastos de las ollas comunes en suministros básicos como combustible, aceite de cocina, arroz, harina, azúcar y legumbres114. Las familias aportaban lo que podían cada día en términos de verduras, huevos, productos lácteos y, de vez en cuando, carne. Se estima que en 1986, en la zona metropolitana de Santiago, incluidas sus zonas rurales, había doscientas ollas comunes, cifra que se duplicó el año siguiente. En el Valle de Aconcagua, a través de la década de 1980, funcionaron entre dos y seis ollas comunes en cada una de sus diez comunas, sirviendo cada olla a un promedio de cien personas115. Aunque las ollas comunes surgieron para suplir las carencias inmediatas en cuanto a alimentación, pasaron a ser espacios para la crítica política116. Los trabajadores agrícolas discutían sobre los empleadores problemáticos, el destino de sus seres queridos que estaban detenidos, y la dificultad compartida de sobrevivir con salarios bajos y durante la época de desempleo del invierno. Las ollas comunes solían funcionar en espacios públicos –plazas, callejones o cruces camineros– donde el espectro de mujeres preparando alimentos de pobreza para las familias era una condena visible a la industria frutícola y, por conclusión al régimen militar, por no 114 Entre 1974 y 1979, la Iglesia católica de Estados Unidos y la de Europa le dieron a Chile más de US$ 67 millones. B. Smith, The Church and Politics in Chile, 325. 115 Jansana, El Pan Nuestro. 116 Valeria Redondo, “Los significados de la participación de mujeres dirigentas en organizaciones de Comprando Juntos”, en Fernández y Allen, Mujer y organizaciones de consumo en América Latina, 207-25.

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proveer las necesidades básicas de consumo. No existía una relación automática entre la participación en una olla común y la resistencia política; de hecho, en las historias orales, la mayoría de los obreros agrícolas informan haberse sentido profundamente avergonzados de que la necesidad los hubiera hecho participar en una olla. Las esposas, en especial, aborrecían caminar por la calle con la comida de su familia puesta dentro del revelador balde que permitía a los vecinos darse cuenta de su desgracia. Muchas de ellas trataban de mantener en secreto su participación en una olla común o bien de hacerla lo menos notoria posible117. Sin embargo, las ollas comunes hicieron que se forjara una colaboración práctica entre vecinos, además de corroborar la condición que compartían. Fueron mayormente las mujeres quienes adquirieron experiencia concreta en el ámbito de la organización, ya que los participantes en cada olla común debían inscribirse y elegir a sus dirigentes, más del 85 por ciento de los cuales eran mujeres. Una división del trabajo rotatoria asignaba miembros a las labores de cocina, limpieza, distribución de comida y búsqueda de donaciones entre comerciantes locales y productores de frutas y verduras118. Para la mayor parte de las mujeres, la participación en una olla común fue su primer compromiso con la organización formal a nivel comunitario119. Las de escasos recursos interactuaban con profesionales de clase media y con activistas pro democracia de Santiago, así como también con otras comunidades de In Women’s Hands, Americas Series Nº 5, producido y dirigido por Rachel Field y Juan Mendelbaum (South Burlington, Vt.: Public Broadcasting Service and WGBS, Boston, 1993), vhs. 118 Las estimaciones sobre el número de ollas comunes varía. En 1987, la Vicaría de la Solidaridad afirmó que en el Gran Santiago había más de cuatrocientas ollas, las que servían a 28.000 personas. Según la ONG Programa de Empleo y Trabajo, en 1986 funcionaban 219 ollas que servían a 14.900 personas, y en 1989, 279 ollas que servían a 29.574 personas en el Gran Santiago. Dialogando Boletín Informativo de la Vicaría de Pastoral Obrera de Santiago 112 (Junio 1987); Fernández y Allen, Mujer y organizaciones de consumo en América Latina, 121; Jansana, El Pan Nuestro. Las historias orales del Valle de Aconcagua indican que por lo menos dos ollas operaron de manera regular en cada comuna a través de la década de 1980. 119 Según lo revela un estudio, menos del 15 por ciento de las mujeres que fueron elegidas a puestos de liderazgo había tenido experiencia previa en política de manera formal. Jansana, El Pan Nuestro. 117

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clase trabajadora. Selfa Antimán recuerda que cuando el sacerdote de Santa María primero propuso organizar una olla común en su vecindario, investigadores del gia la invitaron a ella y a otras mujeres a visitar ollas en Santiago donde aprendieron los principios básicos para coordinar las actividades diarias de la preparación de la comida destinada a grupos numerosos, y también para solicitar ayuda financiera a la Iglesia y a organizaciones no gubernamentales120. Además, se enteraron de que muchas de las ollas comunes de Santiago participaban directamente en actividades políticas, como la coordinación de protestas callejeras con grupos de barrios periféricos. Las mujeres valoraban el papel práctico que desempeñaban las ollas en proporcionar comida y en crear un espacio social donde podían discutir sus problemas con otras mujeres, especialmente sus dificultades con los hombres. Según recuerda una participante: Para mí, la organización como social, para mí ha sido importante y la vi siempre durante los años que duró la dictadura, la vi como un espacio que no había que perder… era una organización netamente de mujeres. Entonces, para mí es importante el estar así con otras mujeres que a veces son más, tienen más problemas con los maridos que uno, en cuanto al machismo propio… tienen un montón de problemas. Sin embargo, cuando la ven a una que como que las empuja, como que las tira, entonces, yo pienso que yo tiro a la gente, no es falsa modestia121.

La olla común marcó una profunda inversión de género en el ámbito de la acción colectiva rural. Durante la reforma agraria, con sus ollas comunes las mujeres habían apoyado las huelgas y las tomas de tierras que llevaban a cabo los hombres, pero durante el régimen militar, cuando el sindicalismo era objeto de una fuerte Selfa Antimán, historia oral, 23 de mayo, 2003. Citada en Valeria Redondo, “Los significados de la participación de mujeres dirigentas en organizaciones de Comprando Juntos”, en Fernández y Allen, Mujer y organizaciones de consumo en América Latina, 207. 120 121

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represión, las ollas comunes ocuparon un papel protagónico. En lugar de apoyar la acción colectiva masculina, ellas mismas constituían la acción colectiva, a veces en su única forma. Las ollas comunes de los años 80 tampoco buscaban un mayor control sobre los medios de producción, como lo habían exigido los hombres en los años 60, sino que se enfocaban en suplir las necesidades alimentarias básicas y así conllevaban un desafío implícito a lo aducido por Pinochet de haber hecho de Chile un mundo de abundancia para el consumidor. Durante el régimen militar proliferaron también los comités de vivienda. En 1983, el gobierno reemplazó el programa habitacional para las personas de pocos recursos financiado por el Estado por un sistema basado en el mercado. Si una familia de bajos ingresos podía financiar al contado el equivalente al 35 por ciento del valor de una vivienda construida en una urbanización financiada con fondos privados, cumplía las condiciones para recibir una hipoteca con tipos de interés bajo122. La Iglesia organizó los comités de vivienda para ayudar a las personas de pocos recursos a reunir de manera colectiva el dinero necesario para esta cuota inicial, realizando festivales comunitarios y eventos deportivos cuya recaudación se depositaba en cuentas de ahorro individuales. De manera similar a lo que hacían con las ollas comunes, la Iglesia u otras instituciones internacionales suministraban los alimentos básicos y las materias primas para fabricar artículos que se pudieran vender. Según sus propias declaraciones, en Aconcagua, la oficina de Monseñor Vial y el das ayudaron a diversos comités a financiar un total de ochenta y seis casas nuevas entre 1985 y 1986123. Durante este mismo período, la Vicaría ayudó además en la construcción de 1.500 casas nuevas en el Valle Central124. Sin embargo, estas cifras son más bien 122 Bajo el programa de subsidios habitacionales, el estado proveía un subsidio de hasta 165 Unidades de Fomento para casas cuyo valor fuera de hasta 260 Unidades de Fomento. A los postulantes se les exigía ser de la tercera edad o adultos casados y con empleo. 123 El Trabajo, 17 de marzo, 1986, 2; Noticiero de la Realidad Agraria 28 (mayo 1985); Entrevista con Pedro Vera, San Felipe, 20 de abril, 1992. 124 Noticiero de la Realidad Agraria 56 (febrero-marzo 1988).

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insignificantes dado que el déficit habitacional en las zonas rurales se estimaba en doscientas cincuenta mil viviendas125. La mayor parte de las personas de bajos recursos tenía dificultades para cubrir sus gastos diarios y además daba prioridad a la compra de bienes durables, como televisores y máquinas de lavar ropa, de modo que no era realista esperar que pudiera adquirir una vivienda bajo el plan de hipotecas del gobierno militar. En 1985, un terremoto destruyó un gran número de las edificaciones del Valle Central, lo que junto con la migración mapuche, exacerbó la crisis habitacional. En 1986, según informes del das, en San Felipe, los migrantes mapuche en masa vivían debajo de puentes o acampando en tierras sin cultivar, albergados apenas bajo toldos de plástico126. De gran importancia fue el hecho de que los comités de vivienda reunieran a vecinos y proporcionaran experiencia en liderazgo a las mujeres. La mayoría de los comités trabajaba a diario en solucionar las necesidades de servicios básicos que se producían dentro de las poblaciones marginales surgidas espontáneamente, donde cada día habitaba un mayor número de trabajadores agrícolas. Algunas de ellas, como la Villa República de España en Santa María, se remontaban a tomas de tierras que habían tenido lugar durante la reforma agraria, pero la gran mayoría obedecía a desalojos más recientes, ya fuera de trabajadores que habitaban en tierras privadas, de antiguos asentamientos de la unidad popular, o de viviendas urbanas que los trabajadores no habían podido financiar. Las familias construían chozas en las afueras de las ciudades, empleando madera desechada, cartón, láminas de plástico y, cuando tenían suerte, una plancha de zinc para el techo. Con frecuencia, estas viviendas se construían en laderas de cerros o en barrancos, es decir, en tierras marginales donde no cabía la producción y que habían revertido al Estado como resultado de la reforma agraria. Noticiero de la Realidad Agraria 25 (enero 1985); Noticiero de la Realidad Agraria 53 (noviembre 1987). 126 Entrevista con Juana Tapia, Departamento de Trabajo Social de Santa María, 10 de noviembre, 1992. 125

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Y si bien las poblaciones eran ilegales, el gobierno no tenía mayor incentivo para desalojarlas dada la mala calidad del suelo donde se encontraban y su necesidad de aliviar la crisis habitacional. De manera similar a las ollas comunes, los comités de vivienda elegían a sus líderes, cuya mayoría eran mujeres. Las campesinas habían sido participantes activas en las luchas en el sector habitacional durante la reforma agraria, especialmente en la toma de tierras que tenía por objeto expandir las urbanizaciones financiadas por el Estado127. Durante el régimen militar, las mujeres concentraron sus energías en obtener servicios como agua potable y electricidad para convertir las precarias poblaciones de los ocupantes ilegales en viviendas más permanentes, para lo cual recurrían a contactos con la Iglesia. Por ejemplo, el comité de vivienda de la población Nieto Sur de Santa María surgió de una Comunidad Eclesial de Base que fue iniciada por el das en 1984. Según Nena Galdámez, tesorera del comité de vivienda, el grupo primero obtuvo la ayuda del sacerdote local Pedro Vera, proponente de la Teología de la liberación, para convencer a los pocos residentes que contaban con electricidad de que permitieran a quienes carecían de ella conectarse a su suministro con alargadores, pagando lo que fuera apropiado. Posteriormente, el comité recaudó fondos a través de cuotas, los que fueron igualados por la municipalidad, con el fin de extender el alambrado eléctrico hacia arriba por las laderas de los cerros y de instalar un segundo grifo para suministrar agua de manera pública128. Los comités de vivienda movilizaban a los vecinos para que cavaran letrinas, organizaran la remoción de los desechos, y fabricaran ladrillos de adobe para las muchas casas que carecían de paredes permanentes y, además, solicitaban de las autoridades derechos formales que permitieran la ocupación permanente de las Sobre las tomas de terrenos con el objeto de crear viviendas en el Gran Santiago durante la década de 1960, consultar Garcés, Tomando su sitio. 128 Leontina Cordero y María Elena Galdámez, historia oral, Santa María, 20 de mayo, 1993. El comité recaudó dinero para la instalación de la infraestructura a través de platos únicos, que los hombres también contribuían a preparar. 127

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tierras donde se habían construido casas. En cierta forma, los comités de vivienda complementaban la agenda del gobierno militar en la medida en que fomentaban la auto-ayuda, la formalización de los derechos individuales de uso de la tierra, y el ahorro personal. Pero al mismo tiempo fomentaban la acción colectiva militante, así como las discusiones sobre la pobreza y el desposeimiento. Además, de manera regular ponían en contacto a personas de bajos recursos, especialmente mujeres, con activistas que defendían la democracia, subrayando la conexión directa entre el régimen militar y la falta de bienes y servicios necesarios. Los comités de vivienda, así como las ollas comunes, hicieron que reviviera de manera profunda el sindicalismo rural a nivel de base y promovieron el papel central de la mujer dentro del mismo. En el Valle de Aconcagua, por lo menos doce sindicatos sobrevivieron el desmantelamiento de la reforma agraria, entre ellos algunos afiliados con los proscritos partidos comunista, socialista y mapu, como también con la democracia cristiana129. Teniendo afiliaciones muy pequeñas, la mayor parte de los sindicatos se enfocó en abogar por mejores condiciones de crédito y por el alivio de la deuda para los pequeños campesinos que habían recibido tierras durante la reforma agraria. Pero en 1985, la cnc comenzó a tratar de organizar a los obreros de la fruta, para lo que redactó un documento formal llamado “Pliego del trabajador frutícola”, el cual distribuyó a grupos eclesiásticos y sindicales, talleres realizadas por ong y organizaciones de base, como las ollas comunes y los comités de vivienda130. 129 Según datos oficiales, en 1986 había solamente sesenta y un sindicatos agrarios en toda la V Región, con una afiliación total de apenas 4.023 obreros. Estadísticas sindicales (Santiago: Ministerio de Trabajo, 1986). En otras publicaciones se indica que existían varios sindicatos en el Valle de Aconcagua, entre cuyos afiliados se contaban pequeños agricultores tanto como trabajadores agrícolas. Esta autora encontró que para 1986 se hace mención a doce sindicatos, con una afiliación total de 980 personas. Recogido de El Copihue Nº 16, (noviembre 1988); Amanecer Campesino: Boletín Informativo de la Confederación Unidad Obrero Campesina de Chile, Nº 8, (junio 1986); Nosotros los Temporeros 17, (marzo 1989); Tierra 29 (marzo 1986); Raimundo García-Huidobro Villalón y Antonio Yaksic Soule, “Documento final del seminario de diagnóstico de la zona rural de la diócesis de San Felipe, realizado entre el 28 y 30 de noviembre de 1984”, documento interno 1984, das. 130 Noticiero 35, enero 1986, 1.

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En el Valle de Aconcagua, representantes de las confederaciones El Surco (comunista) y Libertad (católica, apolítica) presentaron formalmente a los empleadores la versión final del pliego de peticiones de la cnc en la Cámara de Comercio de San Felipe el 1 de marzo de 1986131. El documento incluía demandas nuevas que reflejaban las críticas a la pobreza formuladas por las mujeres, así como demandas laborales de larga data, entre ellas duplicación del salario mínimo, jornada laboral de ocho horas, pago por horas extraordinarias de trabajo, contratos por escrito, cuatro días de descanso pagados al mes, derecho a presentar demandas a los empleadores y distribución del 25 por ciento de las ganancias a los obreros en forma de bonos. En cuanto a las numerosas peticiones específicamente relacionadas con las trabajadoras frutícolas, el pliego incluía la igualdad salarial (sin tener en cuenta género ni edad), guarderías infantiles en los lugares de trabajo, cafeterías y duchas en las plantas de embalaje, contribuciones a pensiones y subsidios familiares por parte de los empleadores, además de raciones semanales de leche para las obreras madres de niños pequeños132. En el pliego también se mencionaba a los pesticidas, en relación a los cuales se pedía indumentaria de protección, controles médicos y un 30 por ciento de aumento salarial para los obreros que trabajaran en contacto directo con químicos tóxicos133. A pesar de que la cnc y la Iglesia parecían desconocer la campaña anti-pesticidas que en Estados Unidos realizaba el ufw de manera simultánea durante la década de 1980, las críticas que se hacían en Chile a los peligros para la salud que presentaban los productos químicos eran extraordinariamente semejantes a las que desde los años 60 estuviera formulando el ufw134. A partir de su creación en El Trabajo, 1 de marzo, 1986, 1; El Trabajo, 3 de marzo, 1986, 8. El Trabajo, 3 de marzo, 1986, 8. 133 El Trabajo, 1 de marzo, 1986, 1; El Trabajo, 3 de marzo, 1986, 8. 134 En los panfletos, revistas e investigaciones publicados en Chile en relación a la industria frutícola, no hay mención a la campaña contra los pesticidas llevada a cabo por el UFW. En entrevistas y en las historias orales, muchos líderes sindicales, trabajadores y otros activistas, demostraron estar conscientes del éxito que había tenido el UFW en la organización de los 131 132

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1982, la cnc había mencionado una y otra vez el envenenamiento causado por los pesticidas como un problema para la salud de los trabajadores, tanto en el terreno como en las plantas de embalaje135. Los obreros realizaban sus labores en campos aledaños a las viñas y a los cultivos de frutales, que rutinariamente se fumigaban con paratión y otros pesticidas y herbicidas136. Quienes aplicaban los químicos rara vez usaban indumentaria de protección, en tanto a otros obreros se les enviaba a trabajar a los campos inmediatamente después de su fumigación, sin tiempo de espera. En las plantas de embalaje se empleaba bromuro de metilo para fumigar la uva y los duraznos contra los hongos, lo que a menudo se hacía al aire libre junto a las líneas de obreras que limpiaban y empacaban la fruta. En los talleres impartidos a trabajadoras frutícolas por la Iglesia y por sindicalistas, ellas solían quejarse de sufrir graves urticarias, desmayos, vómitos, y de una incidencia mayor de cáncer, como consecuencia de estar expuestas a productos químicos, además de reportar tasas elevadas de abortos espontáneos y defectos de nacimiento que atribuían a los pesticidas y a las largas horas de trabajo. Los panfletos publicados por distintas confederaciones de sindicatos y por la cnc hacían llamamientos a los empleadores para que implementaran protocolos de seguridad, tales como poner avisos, mantener un tiempo de espera entre la fumigación y la reanudación de las labores en el campo, y proporcionar indumentaria de protección137. Una y otra vez, se vinculaban las críticas a los peligros que conllevaba el uso de pesticidas con las demandas de una mejor trabajadores del agro en California y del hecho que había lanzado boicots a la uva, pero la mayor parte no tenía claro cuándo habían ocurrido estos hechos, como tampoco conocía la campaña contra los pesticidas llevada a cabo por el UFW en la década de 1980. 135 “Conclusiones ampliado nacional, Comisión Nacional Campesina”, Punta de Tralca, marzo de 1986, inpru. 136 En un estudio realizado por el Centro de Estudios de la Mujer se descubrió que el 20 por ciento de las obreras de las plantas de embalaje afirmaba haber tenido vómitos y urticaria, y el 60 por ciento dolores de cabeza de manera regular estando en su lugar de trabajo. Las autoras del estudio también notan que las mujeres atribuían a los pesticidas muchos abortos espontáneos y problemas de infertilidad. Medel y Riquelme, La salud ignorada. 137 Nosotros los Temporeros 5, 1984.

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atención a la salud en las zonas agrícolas formuladas por la Iglesia, grupos feministas y sindicatos138. A gran diferencia del ufw, en las críticas a los pesticidas que surgían en Chile rara vez se relacionaba a los químicos con problemas de salud para el consumidor. Por el contrario, un artículo publicado por Tierra lamenta que con los fungicidas y otros pesticidas se produjera fruta perfecta para los extranjeros, aunque se envenenaba a los obreros frutícolas: “Todos estos cuidados amparan al consumidor extranjero: consume uva y fruta sanísima. Pero el trabajador chileno que bombeó el veneno lo hace sin protección alguna, en turnos de ocho horas”139. Cabe argumentar que los fosfatos orgánicos empleados en la década de1980 por la mayoría de los productores vitivinícolas tanto chilenos como californianos, de hecho eran más peligrosos para los trabajadores que para los consumidores, dada su potencia al momento de ser aplicados y su rápida descomposición previo a su llegada a supermercados. Pero los activistas chilenos principalmente daban énfasis al problema que los pesticidas significaban para los trabajadores debido a que los consumidores de uva chilena habitaban en lugares distantes –Estados Unidos, Europa, el Lejano Oriente– y no se los imaginaba como aliados naturales de la causa del trabajador. Si los sindicalistas chilenos sabían de los esfuerzos realizados en favor del boicot por Casa Chile en Berkeley, no consideraron que enfocarse en la salud del consumidor estadounidense fuera una táctica efectiva o una prioridad viable en su país. El empleo de pesticidas en Chile se enmarcaba estrictamente en términos de la salud de los trabajadores porque el movimiento sindical estaba luchando por recuperar el derecho básico de los sindicatos a presentar demandas ante los empleadores. Aunque es evidente que esto también era de importancia para el ufw, la legislación californiana (California Labor Relations Act) amparaba a los obreros del agro con un mayor número de 138 139

Nosotros los Temporeros 20, 1989. Tierra 19 (abril-mayo 1985): 1.

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derechos y protecciones que los contenidos en el Código del Trabajo de Pinochet de 1979. El significado del “Pliego del trabajador frutícola” introducido por la cnc fue principalmente simbólico. Ninguna confederación de sindicatos, como tampoco ningún sindicato individual, tenía mayor poder para lograr sus reivindicaciones. Más allá del clima de temor y represión, el Código del Trabajo de 1979 prohibía casi todas las formas de acción colectiva y específicamente restringía la organización de los temporeros, el estatus de la mayor parte de los obreros frutícolas140. Los sindicatos tuvieron algo de éxito en conseguir ciertas concesiones por parte de los empleadores tales como bonos de fin de año (aunque no ciertamente equivalentes al 25 por ciento de las ganancias), así como asignaciones para alimentos y enseres domésticos. En 1986, Daniel Rodríguez y Silvia Venegas descubrieron que más de la mitad de los empleadores de Santa María efectuaban pagos en especie, cuyo valor era casi un tercio más alto en las plantas de embalaje y en los cultivos de frutales que contaban con sindicatos formales141. En la práctica diaria, los sindicatos tenían poder principalmente para informar a los trabajadores sobre los limitados derechos contractuales que poseían, así como para ayudar a procesar reclamos sobre remuneraciones presentados individualmente en la oficina local de la inspección del trabajo. El Código del Trabajo de 1979 realmente es una serie de decretos dictados entre 1978 y 1979. El cambio que mayor impacto tuvo sobre los trabajadores agrícolas fue el que estipulaba que el derecho a negociaciones colectivas correspondía solamente a los sindicatos que tuvieran un solo empleador, lo que rompía el precedente establecido durante la reforma agraria de permitir que los sindicatos representaran a obreros de toda una comuna dentro de un sector industrial. Además, el código solo permitía que trabajadores permanentes formaran sindicatos y negociaran de manera activa con los empleadores. Los temporeros podían afiliarse a un sindicato formado por obreros permanentes, pero debían depender de ellos para que representaran sus intereses en las negociaciones. El código permitía a los empleadores declarar un paro patronal, prohibía las huelgas durante la temporada de siembra y de la cosecha, además de exigir un arbitraje vinculante en las huelgas de más de sesenta días. 141 Rodríguez y Venegas informan que el 52 por ciento de los empleadores practicaba algún tipo de remuneración en especie, como bonos de fin de año equivalentes a un mes de sueldo. El pago de estos bonos era más probable en las plantas de embalaje y plantaciones de frutales que tenían sindicatos (cinco de treinta empresas) que entre las que no los tenían. Rodríguez y Venegas, De praderas a parronales, 161. 140

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No obstante, el pliego de peticiones de los obreros frutícolas marcó un giro en el foco del movimiento sindical, el que se apartó del de los hombres como beneficiarios que había formado parte de la reforma agraria, para pasar a las mujeres (y hombres) que trabajaban en la industria de las exportaciones frutícolas. En 1986, por lo menos doce sindicatos en el Valle de Aconcagua reclutaban trabajadores de la fruta, con una afiliación que oscilaba entre quince y cien miembros, de los cuales más de la mitad eran mujeres. El Surco tenía un sindicato en Los Andes, en el que los puestos de tesorero y secretario eran ocupados por mujeres142. La confederación católica Libertad afirmaba contar con unos seiscientos trabajadores frutícolas entre el total de cinco sindicatos que tenía en San Esteban, Los Andes, Santa María, San Felipe y Panquehue143. Por su parte, las obreras frutícolas que trabajaban en las plantas de embalaje llevaban años organizándose de manera espontánea144. En 1980, realizaron una serie de paros laborales relámpagos en la planta de agro-frio en Santa María, que era de propiedad de la familia Mansur, a nivel local, y de Pandol Brothers, en California. Estas pequeñas huelgas fueron para protestar por la falta de alimentos ofrecidos a las obreras durante sus largos turnos, o bien para insistir en que se elevara en varios pesos el precio por caja cuando la uva llegaba del campo de manera muy lenta145. En San Felipe, a principios de los años 80, en la planta de Río Blanco y en la de David del Curto ocurrieron conflictos similares, según informaron sus gerentes. Los paros podían durar desde quince minutos hasta varias horas, y requerían que las mujeres que trabajaban en la misma línea cooperaran entre sí, negándose a trabajar hasta que los administradores se reunían con ellas para discutir sus quejas. En los mejores casos, varias líneas de embalaje dejaban de trabajar al 142 Entre los sindicatos afiliados a El Surco en Los Andes se encontraban Despertar de Patagual, Despertar de Aconcagua, Sol y Esperanza. Unidad Sindical: Boletín de la Federación de Trabajadores de Aconcagua Unidos 7 (enero 1986). 143 García-Huidobro Villalón y Yaksic Soule, “Análisis del sector rural”. 144 Falabella, “Reestructuración y respuesta sindical”, 6. 145 María Tapia, historia oral, Santa María, 26 de octubre, 1992.

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mismo tiempo, pero en general en estos pequeños conflictos laborales solo participaba una línea y de manera parcial. El éxito dependía de la urgencia con que los productos tuvieran que llegar al mercado. En plena época de cosecha, a los empleadores les interesaba que la producción se mantuviera a un ritmo constante, aunque ello significara acceder a las demandas de las obreras. A pesar de que era posible despedir a quienes causaban conflictos, llevaba tiempo reemplazar a trabajadoras eficientes y debido a que las huelgas solían realizarse de noche, en los momentos cúlmines del empaque, no se podía encontrar reemplazantas hasta el día siguiente. La fruta que no se embalaba ni se colocaba en frío inmediatamente, perdía su valor. En general, las represalias que tomaban los empleadores consistían en colocar a las obreras en una lista negra y negarse a contratarlas durante el año siguiente. Los paros relámpago tenían por objeto que se aumentara el pago por pieza, es decir, por caja, y se mejoraran las condiciones de trabajo. En 1984, en la planta de David del Curto, se realizaron algunos paros para protestar la prohibición de que las mujeres conversaran durante sus turnos, y otros para exigir que la gerencia tocara música bailable en el equipo de la planta para entretener a las trabajadoras mientras desempeñaban sus labores146. Los paros realizados en Río Blanco en 1985, fueron para protestar porque en la planta no había una cafetería con comida adecuada; a las mujeres se les asignaba solamente un sándwich durante cada turno, que podía ser de doce a catorce horas.147 En otras plantas se efectuaron paros para que se permitiera fumar durante los recreos, celebrar pequeñas fiestas de cumpleaños o distribuir catálogos de cosméticos durante las frecuentemente largas esperas de la llegada de los camiones con

146 Ana Fuenzaldía, historia oral, Santa María, 23 de mayo, 2003. Esta dinámica también se discute en Tanya Korovkin”, Neo-liberal Counter-reform: Peasant Differentiation and Organization in Tártaro, Central Chile”, en Neo-liberal Agriculture in Rural Chile, editado por David Hojman (New York: St. Martin’s Press, 1990). 147 Erika Muñoz, historia oral, Santa María, 31 de mayo, 1993; Olivia Herrera, historia oral, Santa María, 4 de octubre, 1992.

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fruta a la planta de embalaje148. Estas demandas se relacionaban con cuestiones de consumo, pero sin distinguir entre las buenas y las malas formas de consumir. Además, vinculaban el sentido del derecho a consumir que los obreros creían tener, con un mínimo de poder en cuanto a las condiciones de su lugar de trabajo. La planta de embalaje además constituía un espacio donde organizarse en relación a intereses que estaban fuera del ámbito del lugar de trabajo149. Las mujeres recaudaban fondos entre sus compañeras para financiar funerales y bautizos, lo que se asemejaba a las prácticas de las mancomunales creadas por los obreros del salitre a fines del siglo XIX150. Sindicatos afiliados con El Surco en San Esteban, organizaron comités de vivienda entre las obreras de Los Andes, liderados por mujeres elegidas a sus puestos, con el fin de reunir dinero para financiar servicios en sus vecindarios y cuotas iniciales para hipotecas. Las actividades que les permitían lograr estos fines, tales como los “platos únicos”, eran planificadas por las mujeres durante sus turnos151. Algo más espectacular ocurrió en 1989, cuando unas veinticuatro mujeres que trabajaban en la planta de David del Curto usaron contactos laborales para coordinar una ocupación de tierras en la que sesenta familias se tomaron un predio sin cultivar en las afueras de San Felipe y erigieron ahí carpas y chozas de madera.152 Las mujeres planificaron la fecha y la hora precisa de la acción mientras limpiaban y pesaban uva, y distribuyeron listas de labores, así como informaciones de contacto personal. Durante la toma misma, las mujeres continuaron trabajando en la planta mientras los miembros de sus familias, en muchos casos maridos sin empleo, permanecían en los terrenos ocupados.

Falabella, “Reestructuración y respuesta sindical”; Valdés, “Una experiencia de organización autónoma de mujeres del campo”. 149 Una dinámica similar se analiza en Spirits of Resistance and Capitalist Discipline: Factory Women in Malaysia, (Albany: suny Press, 1987). 150 Judith Carreño, historia oral, Santa María, 19 de mayo, 2003. 151 Ana Matría y Gloria Fuenzaldía, historia oral, Santa María, 23 de mayo, 2003. 152 Ana Matría y Gloria Fuenzaldía, historia oral, Santa María, 23 de mayo, 2003. 148

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Las tomas de tierra con el objetivo presionar al gobierno para que este legalizara la permanencia en ellas y aumentara las opciones de vivienda, acciones frecuentes durante la reforma agraria, solían ser objeto de represión violenta bajo el régimen militar. El hecho de que esta estrategia resurgiera a fines de la década de 1980 obedecía a los cambios que se habían producido en la esfera política. Mientras se preparaba el plebiscito de 1988 sobre la continuidad de Pinochet en el poder, y con posterioridad a su derrota, activistas pro democracia y personas vulnerables emplearon la toma de tierras como una forma de ejercer aún mayor presión sobre el régimen. La escasez de viviendas adecuadas pasó a ser un claro ejemplo del fracaso de la política de libre mercado. Precisamente debido a que el gobierno afirmaba que su programa habitacional basado en el espíritu emprendedor del sector privado era exitoso, no podía ignorar fácilmente ni tampoco reprimir las acciones que publicitaban dicho fracaso. En el caso de la toma organizada por las obreras de la planta de David del Curto, no se produjo un desalojo por parte de la policía, a pesar de que la acción era técnicamente ilegal, sino que trabajadoras sociales del gobierno se apersonaron en los terrenos tomados para inscribir a sus ocupantes e iniciar los trámites judiciales mediante los cuales ellos podrían gestionar títulos y créditos para construir en las tierras que ocupaban. Las mujeres y el sindicato de trabajadores frutícolas de Santa María El Sindicato Interempresa de Trabajadores Temporeros y Permanentes, el de mayor importancia entre los obreros frutícolas, surgió en la comuna de Santa María, en el Valle de Aconcagua, casi al final del régimen militar. Como lo implica su largo nombre, este sindicato representaba a trabajadores de diferentes plantas de embalaje, tanto como de distintos cultivos de frutales y viñas, reproduciendo de manera intencional la estructura de los sindica434

tos de la época de la reforma agraria, que aglutinaban a diferentes plantas procesadoras y fundos localizados dentro de una misma comuna. A pesar de que este sindicato carecía de derechos de negociación colectiva según el Código del Trabajo de 1979, su misma conformación constituía un rechazo a la legislación laboral dictada bajo el régimen militar. La creación del sindicato fue una respuesta directa a una crisis del modelo neoliberal en Chile, es decir, al envenenamiento con cianuro de dos uvas en marzo de 1989, que produjo un embargo a la fruta chilena por parte de Estados Unidos. Al mismo tiempo que en el Valle Central se despedía a alrededor de doce mil trabajadores, el sindicato de Santa María distribuía solicitudes y organizaba protestas exigiendo que los empleadores respetaran los contratos que cubrían toda una estación o pagaran una indemnización153. Estas demandas se tornaron más categóricas luego de que el gobierno anunciara planes para indemnizar económicamente a los productores y exportadores frutícolas por sus pérdidas. Mientras los medios de comunicación mostraban imágenes de trabajadores marchando junto a productores y exportadores para reafirmar la calidad de las frutas y verduras chilenas, el sindicato de Santa María sostenía que no era propio que fueran solo los trabajadores los que debían cargar con el costo del fiasco. La mitad de los quinientos miembros inscritos del sindicato eran mujeres, al igual que tres de los cinco miembros de su dirigencia elegidos por votación, una presencia femenina masiva, sin precedentes en la historia chilena de los sindicatos agrícolas. El Sindicato Interempresa recibió un vital apoyo institucional por parte de la ong llamada la Casa del Temporero, un centro comunitario creado el año anterior con el fin proveer programas educativos y servicios a los trabajadores frutícolas. Con oficinas en una elegante casa de campo cerca de la plaza de Santa María, el financiamiento de la Casa provenía tanto del Obispado de San 153

Unidos, (abril 1989) 3.

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Felipe, encabezado por Monseñor Vial, como de una beca otorgada al sociólogo Gonzalo Falabella por la Inter-American Foundation de Washington D.C. Este último, el director ejecutivo de la Casa, era un respetado académico especializado en los movimientos sindicales de América Latina y estaba afiliado con el grupo de investigaciones de orientación izquierdista sur Profesionales, con base en Santiago. Durante la reforma agraria, Falabella había sido activo en el mapu. Luego del golpe, se exilió en Turquía y en Estados Unidos, donde enseñó en la Universidad de Maryland, regresando a Chile a mediados de la década de 1980, cuando el movimiento pro democracia se estaba fortaleciendo. Falabella concebía la Casa del Temporero como “un nuevo espacio de encuentro” para los obreros de la fruta, donde se buscaba trascender el aislamiento individual y las divisiones vecinales fomentadas por la competencia comercial y el temor político154. Falabella le había propuesto a Monseñor Vial que colaboraran en un proyecto semejante en 1987, con el fin de complementar la labor que realizaba la Iglesia en favor de la democracia. La entidad abrió sus puertas de manera formal en agosto de 1988, tan solo pocos meses antes del plebiscito sobre la continuidad del gobierno Pinochet. La Casa del Temporero, de hecho, pasó a ser un lugar de encuentro, especialmente para las mujeres. Su primera iniciativa, y la más popular, fue la creación en su propio establecimiento de una guardería infantil donde los hijos de las obreras frutícolas podían permanecer, de manera gratuita, desde las 9:00 am hasta las 6:00 pm, lo que suplió una gran necesidad. Si bien la ley obligaba a los empleadores chilenos a mantener una guardería en empresas en las que trabajaban más de veinte mujeres, esta legislación rara vez se hacía cumplir. Las obreras de las plantas de embalaje trabajaban principalmente de noche, pero sus turnos comenzaban entre la 1:00 pm y las 3:00 pm, cuando los hombres todavía no habían terminado sus labores diurnas en el campo, de modo que 154

Falabella, “Reestructuración y respuesta sindical”, 3.

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la falta de guarderías infantiles era un problema crónico. En su primer año de funcionamiento, más de cincuenta familias participaron en la guardería de la Casa del Temporero, lo que hizo que las mujeres acudieran a ella de manera regular. Durante la época de desempleo del invierno, en la institución funcionaba una olla común que servía a alrededor de doscientas familias, con una participación mayoritariamente femenina. En vista de esta fuerte participación, la Casa instituyó una escuela de invierno en la que se impartían talleres sobre temas como “la mujer y el liderazgo comunitario” y “la mujer y los cambiantes roles en la familia”. En las clases de Ximena Valdés y Estella Díaz, feministas del cem y el gia, se alentaba explícitamente la discusión sobre la paridad dentro del matrimonio y la importancia del trabajo de la mujer, en tanto en los talleres impartidos por activistas de la cnc se enseñaba sobre derecho laboral. A hombres y mujeres se les recordaba que los empleadores tenían la obligación de pagar el salario y las regalías directamente a cada trabajador, nunca a un cónyuge o jefe de familia nominal. El sindicato de Santa María surgió directamente del espacio institucional creado por la Casa del Temporero y de las actividades organizativas auspiciadas por la Iglesia. Todos sus dirigentes elegidos por votación, así como sus delegados, asistían tanto a las actividades que realizaba la Casa como a los programas de la Iglesia. El sindicato sostenía sus reuniones en los jardines de esta institución. El lenguaje empleado en la declaración de principios suscrita cuando se creó el sindicato claramente refleja las prioridades laborales de la Iglesia católica, condenando con vigor la extrema pobreza de los trabajadores, pero esquivando el discurso marxista del conflicto de clases. En lugar de exigir que se revirtieran las políticas neoliberales y se regresara a la reforma agraria, la declaración de principios del sindicato manifiesta un claro orgullo de que Aconcagua fuera el centro de la exportación de fruta al mundo. Haciendo un paralelo entre la fruta y el cobre (lejos la fuente principal de divisas para Chile), el sindicato enfatiza que los obreros frutícolas desempeñan 437

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un papel de gran importancia en la economía nacional y que deben ser tratados de manera acorde. Los trabajadores frutícolas han prestado una contribución fundamental al crecimiento económico de Chile, pero su empeño no ha sido reconocido debidamente. Los temporeros de la fruta han ayudado al país tanto como lo han hecho los obreros de Chuquicamata [del cobre], pero viven en condiciones miserables en barrios marginales, como Conchalí [en las afueras de Santiago]. La responsabilidad de garantizar la calidad de los productos que se envían a mercados internacionales recae en manos de los temporeros, por lo tanto, es legítimo que aspiren a mejorar sus salarios155. El valiente reconocimiento que se hace en la declaración de principios en cuanto a la responsabilidad que les cabe a los trabajadores por la calidad de la fruta chilena en los mercados externos, alude directamente al incidente del cianuro de marzo de 1989. El contenido de dicha declaración es sorprendentemente similar a lo aducido por el ufw de que solamente sindicatos fuertes podían garantizar la seguridad y salubridad de los alimentos en Estados Unidos. La gran mayoría de los miembros del sindicato de Santa María no eran trabajadores frutícolas permanentes sino temporeros y debido a esto, constituía un tipo de sindicato nuevo, muy distinto de los compuestos principalmente por pequeños agricultores y trabajadores permanentes que fueron creados durante la reforma agraria. Reflejando la insistencia de la Iglesia en que los sindicatos debían ser independientes de los partidos políticos, el de Santa María, en sus inicios, no se afilió con ninguna de las confederaciones nacionales de sindicatos, las cuales tenían claras identidades partidistas. El sindicato incluyó a activistas con experiencia que cruzaban distintas líneas políticas, como también a antiguos 155 Sindicato Interempresa de Temporeros y Permanentes de Santa María: Salarios justos y condiciones dignas para los temporeros, documento interno 1990, Casa del Temporero, Santa María. El sindicato de Santa María se afilió a la uoc en 1993 luego de una serie de conflictos con la Casa del Temporero. Esta cerró sus programas en 1994 luego de perder su financiación.

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miembros de sindicatos de orientación comunista, socialista, mapu y democratacristiana156. Muchos de los dirigentes clave del sindicato habían participado en distintas actividades de organización durante la reforma agraria. Eloi Ibacatche, delegado de Las Cabras, había sido elegido para ocupar un puesto en la dirigencia de los sindicatos de Ranquíl, de afiliación comunista y socialista, en los años 60, y había participado en numerosas tomas de tierras. Rosa Tolmo, directora de la olla común del sindicato, había pertenecido a un sindicato comunista en la zona salitrera, en el norte de Chile, donde también había dirigido ollas comunes. La tesorera, María Tapia, había pertenecido a un sindicato de la uoc durante el gobierno de Allende y había colaborado en una famosa toma de una fábrica de conservas en San Felipe. Olivia Herrera, otra delegada, había participado en los centros de madres comunistas y en las jap (Juntas de Abastecimiento Popular) de la Unidad Popular, las que distribuyeron alimentos y controlaron los precios durante el gobierno de Allende157. Sin embargo, los principales organizadores y dirigentes elegidos por votación del sindicato de Santa María eran jóvenes o habían tenido sus primeras experiencias políticas durante el régimen militar. Jaime Muñoz, su primer presidente, había colaborado en la creación de una ceb y de un comité de vivienda en la población ilegal Nieto Sur. Erika Muñoz, migrante de Santiago, inició su participación en política a través de un comité de vivienda patrocinado por la Iglesia. Olga Gutiérrez, miembro que posteriormente sería 156 Entre otros miembros activos del sindicato que tenían experiencia política previa se encontraba María Elena Saá Rosa, quien había organizado campañas para obtener agua y electricidad durante las tomas de terrenos para erigir viviendas en la época de la reforma agraria; Marta Galdámez y Leontina Cordero, quienes habían tenido experiencia en la toma de tierras para erigir viviendas en Santa María en la década de 1960; Lalo Herrera, quien pertenecía a la confederación El Triunfo, afiliada a la democracia cristiana, y su padre, quien había sido presidente de un sindicato local; Carlos Orolla y Pedro Reyes, quienes tenían experiencia en sindicatos afiliados al partido comunista en las minas de Aconcagua. 157 Eloi Ibacache informó que los clubes deportivos eran importantes para la continuidad del liderazgo masculino y las actividades sindicales durante la dictadura. Erika Muñoz aprovechaba la experiencia de su madre en la organización a nivel urbano durante la Unidad Popular. Rosa Tolmo administraba un almacén de abarrotes en un campamento minero en el norte.

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elegida para ocupar varios puestos sindicales a nivel nacional, provenía de una familia partidaria del golpe, y había empezado a participar en la Casa del Temporero a los diecinueve años, como madre soltera, cuando llegó allí en busca de un lugar donde dejar a su hija mientras trabajaba. La secretaria, Selfa Antimán, pertenecía a una ceb y había sido elegida a la dirigencia de una olla común, además de haber sido cofundadora, en 1990, de un grupo pehuenche-mapuche en Aconcagua, que tenía por fin promover y representar los derechos culturales de los indígenas en el Valle Central158.

Figura 3. Directiva y miembros del Sindicato Interempresa de Trabajadores Permanentes y Temporeros de Santa María, 1991. Foto de la autora.

El impacto político más potente del sindicato de Santa María no se produjo al interior de los lugares de trabajo, sino en el ámbito externo. No obstante, de hecho el sindicato logró presionar a unos 158 La Agrupación Pehuenche-Mapuche fue creada en 1990, luego del regreso a la democracia. En 1993, contaba con 83 miembros adultos y 103 miembros infantiles. Selfa Antimán, historia oral, Santa María, 21 de mayo, 2003; “Historia del pueblo Mapuche”, documento interno, Comunidad Mapuche Pewenche de Santa María, 1992.

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pocos empleadores para que construyeran cafeterías y subsidiaran el transporte de los obreros a su lugar de trabajo. Asimismo, alentó y ayudó a trabajadores individuales a presentar denuncias en las oficinas locales de la inspección del trabajo sobre el atraso en el pago de remuneraciones o sobre contratos finiquitados unilateralmente159. Pero el sindicato carecía de poder efectivo para generar mejores contratos a través de negociaciones colectivas o para asegurar el cumplimiento de las leyes laborales vigentes por parte de los empleadores. El Código del Trabajo de 1979 expresamente prohibía las negociaciones colectivas, con excepción de las que se pudieran llevar a cabo dentro de una empresa en particular (es decir, las prohibía dentro de todo un sector industrial) y además limitaba la creación de un sindicato, al igual que la participación en negociaciones formales, a los obreros permanentes solamente. Aunque los temporeros podían pertenecer a un sindicato, incluso constituir la mayoría de sus afiliados, no podían negociar ni firmar contratos en su propio nombre. En vista de estas restricciones, el sindicato de Santa María centró sus esfuerzos en la educación, así como en aumentar el acceso de sus miembros a bienes y servicios. Impartía talleres sobre derechos laborales y distribuía información sobre el pliego de peticiones presentado por la cnc a favor de los trabajadores frutícolas; organizaba comités de vivienda con el fin de iniciar los trámites de solicitud para los subsidios habitacionales rurales y de recaudar fondos para acceder a dichos subsidios. Durante el invierno, organizaba ollas comunes para ayudar a alimentar a sus miembros. En colaboración con la Casa del Temporero, organizó un gran número de eventos culturales a fin de fomentar la creación de espacios sociales nuevos y la solidaridad entre sus miembros: bailes para la celebración del día de la independencia, el 18 de septiembre, fiestas infantiles para la Navidad y el Día Internacional 159 El número de denuncias presentadas por obreros agrícolas en la inspección del trabajo en San Felipe aumentó de 485 en 1989 a 840 en 1992, casi todas relacionadas con disputas sobre el pago salarios. “Listado de Pliegos, Departamento de San Felipe”, Dirección de Trabajo, San Felipe.

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del Niño, y un evento de dos días destinado a descubrir nuevos talentos, llamado Festival del Temporero, en el que se presentaron shows de poesía, canto y baile protagonizados por los trabajadores locales160. El hecho de que el sindicato se enfocara en acciones externas al lugar de trabajo obedecía a una necesidad política, pero al mismo tiempo brotaba de las experiencias de los obreros frutícolas en actividades de organización relacionadas con los problemas enfrentados por el consumidor en los años 70 y 80. En el ámbito del consumo, los trabajadores tenían cierto espacio para cuestionar la legitimidad de la agenda del régimen militar. El sindicato no desafiaba principalmente las condiciones de la industria sino que, al vincular a los obreros frutícolas de Santa María con movimientos pro democracia más amplios en otros lugares de Chile, producía una crítica a la dictadura. La declaración de principios del sindicato achacaba las brutales desigualdades y penurias que sufrían los trabajadores a la falta de democracia, exigiendo así un cambio de régimen. De manera más significativa, las actividades diarias del sindicato hacían que los obreros participaran en proyectos educativos y contra la pobreza que estaban directamente ligados a la Iglesia y a diversas ong defensoras de la democracia. En los meses previos al plebiscito de 1988, la Casa del Temporero realizó foros públicos para apoyar el No y activamente reclutó a trabajadores para que acudieran a las urnas. El No obtuvo el 55 por ciento de los votos en Santa María161. De igual forma, durante la campaña presidencial de 1989 que siguió a la derrota de Pinochet en el plebiscito, el sindicato de Santa María organizó marchas y charlas en apoyo de candidatos de la Concertación. El 56 por ciento de los votos emitidos en Santa María fue por Patricio Aylwin, el can“Programa encuentro de la mujer temporera, 17-18 y 19 de abril, 1991, Canela de Nos” agenda de programa, copia de la autora. 161 En Santa María, el sesenta y uno por ciento de los varones y el 49 por ciento de las mujeres votaron por el “No”. Plebiscito presidente de la república, 5 de octubre de 1988: Escrutinio general definitivo (Santiago: Servicio Electoral, Chile, 1988). 160

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didato de la Concertación; es decir, un poco más que el promedio nacional162. El impacto político más importante del sindicato de Santa María se produjo no solo porque abogó por profundos cambios en la autoridad de género, sino porque fue reflejo de ellos. Por primera vez se dio una fuerte presencia femenina entre los miembros y los dirigentes de un sindicato agrario, la que hizo que una serie de preocupaciones relativas al género pasaran a ser centrales en el movimiento sindical de un modo inédito hasta entonces. Las demandas relativas al establecimiento de guarderías infantiles y a que se pusiera fin a las pruebas de embarazo obligatorias, pasaron a ser temas centrales de discusión. En su declaración de principios, el sindicato se compromete a luchar por la “completa igualdad entre hombre y mujer en todos los niveles de organización”163. En noviembre de 1989, durante el Segundo Encuentro Nacional de la Mujer Rural organizado por la cnc, las delegadas de Santa María estuvieron a favor de una propuesta para “discriminar positivamente” con el objeto de promover un aumento en el número de mujeres en la dirigencia164. Las integrantes del sindicato solían citar la oposición de 162 En las elecciones presidenciales de 1989 se presentaron tres candidatos: Patricio Aylwin (por la Concertación de Partidos por la Democracia), Hernán Buchi (candidato oficial de la campaña por el Sí), y Francisco Errázuriz (candidato de una coalición independiente dominada por el empresariado que afirmaba ser de centro). Aylwin ganó con una sólida mayoría del 55 por ciento de los votos. A nivel nacional, el 50 por ciento de las mujeres votó por Aylwin, el 32 por ciento por Buchi, y el 15 por ciento por Errázuriz. Entre los hombres, el 58 por ciento votó por Aylwin, el 25 por ciento por Buchi, y el 15 por ciento por Errázuriz. En Santa María, la proporción del voto femenino por Aylwin fue la misma que a nivel nacional (el 50 por ciento), mientras que los hombres votaron por Aylwin en una proporción mayor (el 62 por ciento en comparación con el 58 por ciento a nivel nacional). No obstante, el voto femenino en Santa María refleja un aumento en el apoyo a la coalición pro democracia que era la Concertación. En el plebiscito de 1988, el número de votos femeninos por el No en Santa María fue menor que a nivel nacional (el 49 por ciento en comparación con el 51 por ciento). El 50 por ciento de los votos a favor de Aylwin en 1989, a pesar de que postulaban tres candidatos, representa un aumento en el apoyo a la coalición pro democracia. Escrutinio general elección presidente de la república, 14 de diciembre, 1989 (Santiago: Servicio Electoral, Chile, 1989). 163 Sindicato Interempresa de Temporeros y Permanentes de Santa María: Salarios justos y condiciones dignas para los temporeros, documento interno, Casa del Temporero, Santa María, 1990, copia de la autora. 164 Noticiero de la Realidad Agraria 79 (agosto 1990).

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los maridos a que sus mujeres participaran en actividades fuera del hogar como el impedimento principal para que se lograran dichas metas, mientras que la situación de la mujer dentro del machismo se consideraba un problema secundario165. Según María Tapia, a pesar de que los estatutos sobre la igualdad de género no eran especialmente polémicos, el debate sobre cómo lograr sus metas era considerable: “Nosotras las mujeres teníamos que pasar molestando a los hombres para que entendieran lo que se necesitaba para que más mujeres realmente participaran en el sindicato. El hombre a veces tendría que quedarse en la casa y cuidar a los niños o lavar la ropa. Tendría que haber dónde dejar a los niños en las reuniones. Pero la mujer también tendría que hacer su parte. Tendría que dejar de criar a los hijos como si fueran reyes”166. Estas discusiones hacían que las relaciones de poder dentro de la familia pasaran a ser centrales para las estrategias y las metas del sindicalismo: construir la democracia en el país conllevaba lograr más democracia en el hogar. Pero esto no significaba que el sindicato siempre achacara las desigualdades domésticas al hombre, ni que considerara que la democracia en el hogar beneficiaba solamente a la mujer. La crítica al rol de esta dentro del machismo también hacía que la responsabilidad por lograr cambios recayera directamente sobre la mujer. Las referencias al empeño de los trabajadores frutícolas por tener relaciones saludables con sus parejas y con sus hijos, ponían de manifiesto las formas en que una dinámica equitativa dentro de la familia beneficiaba al hombre. El sindicato culpaba sobre todo a las explotadoras condiciones de la industria frutícola por las penurias de las familias. Durante la campaña presidencial de 1989, el sindicato de Santa María se reunió formalmente con la esposa de Aylwin para darle a conocer sus preocupaciones. Apelando específicamente a la condición de mujer y esposa de Leonor Oyarzún Ivanovic, las delegadas hicieron hincapié en que los bajos 165 166

Noticiero de la Realidad Agraria 79 (agosto 1990). María Tapia, historia oral, Santa María, 26 de octubre 1992.

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salarios y los largos períodos de desempleo estacional hacían difícil alimentar y vestir a los niños; además, señalaron que la violencia intrafamiliar y otros problemas maritales se producían como resultado de las largas horas de trabajo de maridos y esposas, y de la disparidad de sus turnos, lo que les daba poca oportunidad para comunicarse o para disponer de momentos de intimidad. Esto reformulaba las demandas laborales previas que pedían un día de trabajo de ocho horas, ahora en términos de la paridad de género y la felicidad sexual. Como lo expresó una delegada de manera sucinta: “Los trabajadores de la fruta deben tener el derecho a tener relaciones sexuales dignas”167. La asertividad de la mujer dentro del sindicalismo no se generó simplemente a partir del aumento del empleo femenino en la industria frutícola: la mujer chilena siempre había trabajado en labores agrícolas, ya fuera o no de manera remunerada. El nuevo protagonismo de la mujer obedeció más bien a la renegociación de la autoridad dentro de la familia en peleas diarias entre esposos sobre la división del trabajo, la capacidad para obtener ingresos, y el derecho a decidir cómo gastar el dinero ganado. Asimismo, brotó del liderazgo femenino durante el régimen militar en actividades organizativas relacionadas con el consumo, especialmente alimentación y vivienda. La demanda de un incremento en los salarios derivaba de las críticas a la falta de bienes necesarios. Los llamamientos a una escala salarial y a condiciones laborales más equitativas en cuanto a género –a diferencia de una mejor remuneración para los hombres como beneficio para la familia– implicaban una mayor paridad en el hogar.

167

Citado en Falabella, “Organizarse y sobrevivir”, 2.

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El consumo y las victorias de la democracia En junio de 1988 –cuatro meses antes del plebiscito– el jefe de la campaña por el Sí (a favor de Pinochet) en San Felipe, Lucio Orellana, formuló una entusiasta defensa del régimen militar señalando el progreso material que había generado la industria de exportación frutícola: Todo lo que ustedes tienen que hacer para convencerse de votar por el Sí es mirar el nuevo puente de San Felipe, el camino de dos pistas, los teléfonos, el agua potable en todos los sectores, la erradicación de las poblaciones callampa, la excelente electricidad en todas partes. Y no se les olvide que en 1970, Chile exportaba 800.000 mil cajas de fruta al año y que en 1988 exportó 32 millones de cajas... Es una lástima que nuestra juventud nunca viera [la vida bajo Allende]. Yo fui jefe de mi jap y así y todo tuve que rebuscármelas para encontrar pollo... Mucha gente protestaba y preguntaba ¿cómo se puede llegar a esto? Pero era mi deber como chileno, y como jefe de familia, buscar mi pobre pollito racionado168.

En su discurso, Orellana reitera uno de los argumentos centrales de la campaña por el Sí a nivel nacional: Pinochet había modernizado a Chile y votar en su contra significaba correr el riesgo de volver a la escasez y al estancamiento económico de los años de la Unidad Popular. A este temor, los partidarios de Pinochet agregaban que votar por el No haría que Chile fuera vulnerable al conflicto de clases, a la demagogia izquierdista y al terrorismo. Una autoridad de la comuna de Maipú, en Santiago, advirtió que el regreso a la democracia volvería a traer “noches negras de violaciones en masa”169. En las cuestiones relativas al consumo, la campaña por el Sí se enfocaba especialmente en la mujer, reciclando imágenes de 1972 que mostraban largas colas de mujeres a la espera de comprar 168 169

El Trabajo, 8 de junio, 1988, 7. Citado en Unidos, abril 1988, 2.

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alimentos. Los militares, recordaba la campaña, habían restaurado la dignidad de las madres y de las familias chilenas. La publicidad que se hacía en radio y televisión comparaba crudamente los recuerdos de las mujeres de la época de la Unidad Popular, cuando carecían de pañales y de carne, con la satisfacción ante los supermercados bien abastecidos de la mujer de ese momento. Además, la campaña por el Sí explícitamente vinculaba la proliferación de electrodomésticos modernos con el éxito económico del gobierno militar. En avisos aparecidos en el diario El Mercurio se deletreaba la palabra sí utilizando pequeñas imágenes de televisores, cámaras y automóviles, mientras que en otros se hacía una referencia directa al auge de las exportaciones frutícolas como fuente de prosperidad, trazando las letras s e í con manzanas. Como refutación, la campaña del No se enfocaba más en cuestiones relativas a la democracia y a la ética, advirtiendo que no había que dejarse seducir por la nueva autopromoción de Pinochet como político de cuello y corbata, que había pasado a estar interesado en el proceso democrático. “Lobo una vez, lobo siempre”, sostenían los activistas170. El régimen militar nunca podría ser democrático; solo recuperando la democracia civil, Chile podría unirse de nuevo al mundo de las naciones modernas. La campaña por el No contradecía directamente lo aducido por los militares de que el fin de su gobierno haría peligrar el crecimiento económico de Chile, argumentando que solo un gobierno democrático aseguraría un juego verdaderamente justo en una economía de mercado y una distribución de la riqueza más equitativa desde el punto de vista social. Crucialmente, esta posición conllevaba la aceptación de facto por parte de los activistas pro democracia de la economía capitalista en Chile y de su fuerte dependencia del comercio internacional. Los líderes de la Concertación para la Democracia, el conjunto de partidos políticos que encabezaba la campaña por el No, tenían divisiones internas sobre los méritos de las políticas neoliberales del 170 C. Max Káron, El cuento del lobo: Adaptación y democracia (Santiago de Chile: Seamos Humanos Editorial, 1988).

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régimen militar. Sin embargo, dirigentes clave del partido socialista y de la izquierda cristiana reconocían que el futuro del socialismo en Chile sería más semejante al de Europa Occidental, incorporando los principios del libre mercado. La democracia cristiana llevaba mucho tiempo defendiendo el capitalismo, aunque con un fuerte Estado de bienestar. El partido comunista y otros partidos marxistas más pequeños, que no eran parte de la Concertación pero que apoyaban el No, insistían en que una verdadera democracia nunca podría basarse en el capitalismo neoliberal. Pero la posición de los principales dirigentes de la campaña por el No era la opuesta. La Concertación sostenía que la economía de mercado debía ponerse al servicio de la democracia, y que un gobierno militar que la había reprimido durante tanto tiempo jamás podría liderar este cambio, argumento que se enfocaba en la moralidad del régimen de Pinochet más que en su política económica. Ni la Concertación ni otros activistas del No disputaban el alarde que hacía el gobierno de que la expansión del sector de exportaciones, especialmente la industria frutícola, ejemplificaba la modernidad y generaba un crecimiento económico favorable. Lo que andaba mal, afirmaban, era la falta de democracia que impedía que la mayor parte de los chilenos compartieran los beneficios materiales de dicho progreso. En un aviso de una página especialmente notable publicado en el popular diario vespertino La Segunda, se subraya que el movimiento pro democracia apoya el capitalismo de las exportaciones (ver Figura 4): mostrando imágenes de kiwis, cultivo originario de Nueva Zelanda que en ese momento se exportaba desde Aconcagua, se celebra el ingenio de la industria frutícola chilena al mismo tiempo que se insiste en que solo el regreso a la democracia puede hacer de Chile un país verdaderamente moderno: ¿Kiwis o democracia? Ambos. La democracia no se opone al progreso ni a la iniciativa privada. Al contrario. Solo la democracia es una base sólida para construir el crecimiento de un país. Recuerde cuáles son las naciones más desarrolladas del

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mundo. Todas tienen gobiernos democráticos, realmente democráticos. Este país ha alcanzado logros económicos, pero hay que crecer mucho más y hacer que todos participen del progreso. Eso solo lo permite una democracia verdadera. ¡No más falsos dilemas!171.

Figura 4. Anuncio de la campaña del No, La Segunda, 1988.

La campaña por el No se preocupó especialmente de abordar el voto femenino. Actuando con precaución frente a la repetida afirmación de los militares de que la mujer chilena había apoyado el golpe y temía un regreso a los años de la Unidad Popular, la campaña del No reaccionó ante el uso de fotografías de la época de 171

La Segunda, 5 de agosto, 1988, 5.

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Allende de mujeres haciendo cola para comprar alimentos, publicando fotos de niños y mujeres en decrépitas poblaciones marginales y de madres con bebés esperando en cola para ver a un médico en consultorios escasos de personal. Las imágenes de mujeres organizando una olla común, asimismo subrayaban el argumento de que el régimen militar no había creado abundancia sino pobreza para la mayoría de las mujeres de Chile. En un desafío particularmente electrizante a la pretensión de los militares de defender la maternidad, los grupos de derechos humanos que hacían campaña por el No distribuyeron fotos de personas fusiladas o que habían desaparecido durante el régimen, haciendo hincapié en las madres que buscaban a sus hijos. La cnc objetó la ideología doméstica de los centros de madres instaurados por los militares enfatizando el modelo económico del régimen, que les negaba a las madres de la clase trabajadora la opción de enfocar sus energías en los hijos y la familia172. A su vez, las feministas activistas crearon una maternidad alternativa y pro democracia, afirmando que la mujer chilena estaba “contra la violencia” y “a favor de la vida”173. Ciertamente que el apoyo femenino a Pinochet continuaba siendo fuerte, y en proporción mucho más fuerte que el de los hombres. A nivel nacional, el 46 por ciento de las mujeres votó por el Sí, es decir, mantener a los militares en el poder, en comparación con solo el 40 por ciento de los hombres. La proporción de votos masculinos por el No fue mucho mayor que la votación femenina (el 59 versus el 51 por ciento), aunque notablemente en el plebiscito votaron muchas más mujeres que hombres174. Pinochet tuvo especial arrastre entre las mujeres de la elite, que votaron en una Unidos, abril 1988, 2. Frohmann and Valdés, “Democracy in the Country and in the Home”. 174 A nivel nacional, el 56 por ciento de todos los votos por el Sí fue femenino. Del total de votos, el femenino fue el 7 por ciento más alto que el de los varones, lo que marcó un profundo vuelco con respecto a las elecciones durante la época de la democracia, en los años 60 y principios de los 70, cuando los hombres votaron en proporción mayor que las mujeres. Plebiscito presidente de la república, 5 de octubre de 1988: Escrutinio general definitivo (Santiago: Servicio Electoral, Chile, 1988). 172 173

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proporción de casi el 30 por ciento más que los hombres175. Sin embargo, la mayoría de las mujeres chilenas votaron en contra de la permanencia del régimen militar. Las mujeres de escasos recursos, entre ellas las obreras frutícolas, votaron por el No en proporciones vastamente mayores que las de las clases superiores176. El triunfo del No obedeció en especial a la votación en los barrios de la clase trabajadora de Santiago, donde casi el 60 por ciento de las mujeres y el 70 por ciento de los hombres votaron a su favor177. Estos votantes no se dejaron convencer por la campaña del Sí, o bien tenían sus propias razones para deshacerse del general. Gran parte rechazaba la idea de que la prosperidad que había creado el modelo económico del régimen militar se había traducido en un futuro mejor. En las zonas agrarias, el nivel de vida de los trabajadores –medido en términos de salario, estabilidad laboral y acceso a la tierra– no había mejorado sino empeorado con el fin de la reforma agraria y la expansión de 175 En las comunas de Las Condes y Providencia, de altos recursos, la proporción en la votación por el Sí fue la misma entre hombres y mujeres: el 58 por ciento. Pero en cada una de estas comunas, votaron dieciocho mil mujeres más que varones, o el 30 por ciento. Plebiscito presidente de la república, 5 de octubre de 1988: Escrutinio general definitivo (Santiago: Servicio Electoral, Chile, 1988). 176 En los sectores de exportación frutícola de Copiapó, Huasco, Quillota, San Felipe-Los Andes, Talagante, Colchagua, Curicó y Talca, el 55 por ciento del electorado votó por el No y el 43 por ciento por el Sí. Citado en Unidos por la liberación del campesinado, (Santiago: Comisión Nacional Campesina, diciembre 1988), 1. Según un estudio realizado por el gia, el Sí ganó en la mayoría de las comunas rurales (de menos de dos mil habitantes), y en zonas dominadas por agricultura de subsistencia, horticultura y cría de ganado, mientras que el No obtuvo el 68 por ciento de los votos en zonas donde la reforma agraria había sido especialmente fuerte. Noticiero de la Realidad Agraria, 64, diciembre 1988, 2. Según las estadísticas del Servicio Electoral, en algunas comunas dominadas por la industria de exportación frutícola, la proporción de votos por el No fue mayor que a nivel nacional. Por ejemplo, en la comuna de Los Andes, el 57 por ciento del total de votos favoreció el No, desglosado en el 53 por ciento de votos femeninos y el 61 por ciento de votos masculinos. En las comunas de Catemu y Putaendo, el No obtuvo el 57 por ciento de los votos, desglosado en 62 por centro de votos masculinos y 52 por ciento de votos femeninos. Plebiscito presidente de la república, 5 de octubre de 1988: Departamento de San Felipe (Santiago: Servicio Electoral, Chile, 1988). 177 En barrios de clase obrera, como Estación Central, el 68 por ciento de los hombres y el 59 por ciento de las mujeres votaron por el No. Asimismo, en Maipú, el 65 por ciento de los hombres y el 58 por ciento de las mujeres votaron por el No, y en La Pintana, el 71 por ciento de los hombres y el 61 por ciento de las mujeres votaron por el No. Plebiscito presidente de la república, 5 de octubre de 1988: Región Metropolitana (Santiago: Servicio Electoral, Chile, 1988).

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la industria de exportación frutícola. No obstante, los obreros de la fruta ahora eran propietarios de muchos de los electrodomésticos que los simpatizantes de Pinochet esgrimían como prueba del progreso, y estaban más plenamente integrados a los mercados de consumo nacional e internacional de lo que habían estado antes de 1973. No obstante, seguían luchando por adquirir cantidades suficientes de alimentos, así como por cubrir los gastos de consultas médicas y de enviar los niños a la escuela. Tampoco tenían los medios para financiar las viviendas disponibles bajo el sistema de hipotecas privadas y, por lo general, habitaban en las poblaciones marginales ilegales que proliferaban por el Valle Central. Según las estadísticas y definiciones del propio gobierno militar, en 1990, casi el 40 por ciento de los chilenos vivía en la “extrema pobreza”178. Sin embargo, los chilenos no votaron en contra de Pinochet simplemente porque muchos eran pobres. De hecho, una minoría significativa de personas de escasos recursos apoyaba la continuidad del régimen militar por diversas razones, entra ellas, gratitud por lo que percibían como estabilidad política y progreso económico, aun cuando no lo experimentaran en sus propias vidas. El importante voto por el Sí nunca se trató solamente de cuestiones de dinero o del temor a represalias, en tanto que el apoyo al No tampoco surgió exclusivamente de la pobreza, sino que provino del éxito que tuvo el movimiento pro democracia en desacreditar el régimen militar en los ámbitos ideológico y organizacional. Las movilizaciones relacionadas con los derechos humanos y la represión policial dieron fuerza al argumento de que el gobierno militar era ilegítimo porque aterrorizaba y asesinaba a su propio pueblo. La otra denuncia crucial del régimen se basaba en la injusticia socioeconómica: la reestructuración dictada por el neoliberalismo, en conjunto con la falta de democracia, hacía que Chile fuera un país donde la mayoría de los ciudadanos no compartía la creciente riqueza y sufría condiciones de vida cada vez más duras. Aunque algunos activistas 178 La cifra dada a conocer por el gobierno militar para 1990 fue 38,6 por ciento. Indicadores sociales, 1990-2007 (Santiago: cepal, 2008).

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pro democracia sostenían que esta nuevamente podría utilizarse para crear el socialismo, la mayoría afirmaba que con la democracia habría una mejor distribución de la riqueza, así como un mejor manejo de las oportunidades que creaba el capitalismo. El movimiento defensor de la democracia hizo de las cuestiones de consumo el elemento central de su campaña contra Pinochet, generando un potente contrapeso a lo aducido por los militares en cuanto a la prosperidad del consumidor. Por una parte, los activistas denunciaban el corrosivo impacto del materialismo desenfrenado, así como también del individualismo que entraña el consumismo, y, por otra, señalaban el incremento de la pobreza y la falta de acceso adecuado a bienes de consumo como ejemplos de las fallas del régimen. La distinción moral entre las formas de consumo buenas y malas no era necesariamente aceptada por los trabajadores frutícolas ni muchos otros chilenos, sin embargo, un gran número estaba de acuerdo en que la cultura del consumo había cambiado la vida de una manera perturbadora. Los obreros de la fruta estuvieron especialmente dispuestos a escuchar –y contribuyeron a generar– las fuertes críticas sobre el insuficiente acceso a los bienes y la enorme desigualdad. El consumo fue la base de la organización para combatir la pobreza, así como también del renacimiento del sindicalismo. La mujer desempeñó un papel de especial preponderancia en estos procesos, e hizo que las cuestiones sobre la igualdad de género pasaran a formar parte de los debates sobre la democracia. La mayoría de las organizaciones de base y un número importante de los nuevos sindicatos agrarios pasaron a estar compuestos por mujeres. Las negociaciones que ellas sostenían a diario con los hombres y entre ellas mismas sobre qué cosas comprar y quién lo iba a hacer, creó subjetividades nuevas y erosionó ciertas formas de control masculino, para abrazar el liderazgo de la mujer y su capacidad para ganarse la vida fuera del hogar. Las nuevas formas de consumo que se generaron bajo el régimen militar nunca funcionaron exclusivamente en su propio favor, sino que pasaron a ser términos según los cuales los chilenos se imaginaban un futuro diferente. 453

Epílogo

A fines de noviembre y comienzos de diciembre de 1999, en las calles de Seattle, Washington, estallaron vivas manifestaciones en contra de la globalización. Activistas de una amplia coalición organizaron una semana de protestas, conferencias informales y acciones directas con el fin de denunciar el capitalismo internacional por una diversidad de graves problemas: la destrucción de los bosques y de los océanos a nivel mundial, el envenenamiento de los alimentos y del aire, la devastación de los pequeños agricultores y de las comunidades indígenas, el reemplazo de empleos de la clase media por talleres de explotación, la discriminación contra la mujer y las minorías étnicas, y permitir que las grandes empresas destruyeran las culturas tradicionales y diseminaran un consumismo homogéneo. El motivo de las protestas fue una reunión de la Organización Mundial del Comercio (omc), la institución con base en Ginebra encargada de regir los acuerdos de comercio internacional entre sus 135 países miembros. La omc es una continuación del gatt (sigla de General Agreement on Tariffs and Trade, Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio) establecido en 1948, y su propósito es el de fortalecer el cumplimiento de acuerdos multilaterales. Simbólicamente, la omc representó el fin de la Guerra Fría y la consolidación de una economía global más unificada, al incluir numerosos países asiáticos y africanos, así como naciones del antiguo bloque soviético, que no pertenecían al gatt de manera formal. En 1999, dignatarios y representantes de la omc provenientes de todo el mundo, se dirigieron a los hoteles del centro de Seattle para sostener seis días de negociaciones sobre el libre comercio. En las calles aledañas, se reunieron más de cincuenta mil manifestantes para protestar contra la institución, también representando diversas procedencias, entre ellas, sindicatos, grupos ambientalistas y femi457

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nistas, comunidades indígenas, redes de gays y lesbianas, cooperativas de pequeños agricultores, grupos estudiantiles e institutos de políticas públicas. Dentro de lo que con frecuencia fue un animado espíritu carnavalesco, activistas disfrazados de tortugas verdes y mariposas monarcas marchaban junto a obreros automotrices y siderúrgicos; un grupo feminista llamado Raging Grannies [Abuelitas Coléricas] caminaba al lado de líderes indígenas de Brasil, México y Montana; miembros de la Canadian Library Association [Asociación Canadiense de Bibliotecarios] y de la Memphis Audobon Society se mezclaban con anarquistas que llevaban máscaras de esquí negras1. Los manifestantes anti omcs carecían de una plataforma unificada, como también de un plan de acción común. Por el contrario, los organizadores de los eventos intencionalmente procuraron emplear un modelo de grupos afines, el cual permitía que los simpatizantes de diferentes causas o ámbitos relacionados con el comercio mundial se afiliaran de manera estratégica durante la semana, sin necesidad de ponerse de acuerdo sobre metas ni dirigentes definidos2. Proporcionalmente, el grupo más numeroso de manifestantes estuvo formado por alrededor de veinte mil obreros estadounidenses pertenecientes a la federación de sindicatos aflcio, entre ellos, representantes del United Farm Workers (ufw). Bajo el reciente liderazgo de John Sweeney, la afl-cio se había comprometido a centrar sus energías en la organización de bases y en la construcción de alianzas globales con sindicatos de América Latina y de Asia. En las protestas también se dejó sentir la presencia del sindicato International Longshore Warehouse Union (ilwu) [Sindicato Internacional de Estiba y Almacenaje], que demoró las operaciones en los puertos de Seattle-Tacoma y otros de la costa del Pacífico, igual como lo había hecho durante las acciones de solida-

Wall Street Journal, November 30, 1999, a2; New York Times, December 1, 1999, a1. Susan Foster Leigh, “Choreographies of Protest”, Theater Journal 55, Nº 3 (October 2003): 395-412.

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ridad con el ufw y Chile durante los años 60 y 703. Sin embargo, en las manifestaciones de 1999, los sindicatos estadounidenses insistieron en que no protestaban contra el comercio internacional en su conjunto, señalando que la mayor parte de los empleos de su país dependía de este. Lo que sostenían era que se debía exigir que todos los acuerdos internacionales, estuvieran o no amparados por la omc, incluyeran protecciones laborales y ambientales. A los líderes sindicales estadounidenses les irritaba especialmente que los derechos laborales se hubieran excluido del nafta [North American Free Trade Agreement - Tratado de Libre Comercio de América del Norte], firmado con México y Canadá en 1994, y les preocupaba que pasara lo mismo cuando el acuerdo se ampliara para incorporar al resto de las Américas. Los dirigentes sindicales enfatizaban que no rechazaban la omc en principio –la regulación del comercio era crucial para la justicia social– pero que en la forma que tenía en ese momento, la institución solamente servía los intereses de los bancos y de las empresas multinacionales. Aunque el capital estaba cada vez más libre para circular por el mundo, a los obreros, que estaban legal y físicamente atrapados dentro de las fronteras nacionales, se les prohibía toda solidaridad de peso con los trabajadores del resto del mundo4. En el curso de la semana de protestas en Seattle, decenas de miles de otros críticos de la globalización se unieron a los obreros estadounidenses, entre ellos, delegaciones de casi cien naciones más. Global Exchange y Direct Action Network organizaron un foro independiente, de tres días de duración, sobre temas tales como el trabajo y el ambiente, la mujer y el desarrollo, y los alimentos y la agricultura. En un distrito comercial alternativo llamado Fair Trade Market [Mercado del Comercio Justo], se vendían productos alimentarios y artículos de vestir manufacturados por agricultores y productores locales, o bien por cooperativas internacionales que Journal of Commerce, November 22, 1999, 1. Kate Cook, “Solidarity as a Basis for Human Rights, art Two: Practical Solidarity”, manuscrito de artículo sin publicar, Matrix Law, London, 2010, copia de la autora.

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contaban con políticas certificadas respecto al trabajo y a la justicia ambiental. En foros y marchas, se destacaron especialmente las delegaciones de México, Sudáfrica y Canadá. José Bové, un productor lechero francés que había inspirado protestas en contra de McDonald’s en su país, dio numerosas charlas sobre los peligros de los organismos genéticamente modificados (ogm) y la necesidad de definir la soberanía alimentaria como un derecho humano5. Los eventos de Seattle se volvieron violentos. Las masivas protestas del 30 de noviembre y el 1 de diciembre, hicieron que se suspendiera la ceremonia de apertura de la reunión de la omc y que se postergaran numerosas sesiones. A pesar de que la mayoría de las marchas callejeras y de que las distintas acciones fueron pacíficas y hasta festivas, algunos manifestantes estratégicamente vandalizaron tiendas del centro de la ciudad y quebraron los vidrios de Starbucks, Nordstrom, Planet Hollywood y Niketown. Filiales de bancos y edificios de oficinas también fueron blancos, pero la ira pareció estar dirigida principalmente contra los símbolos de la cultura de consumo internacional. La policía de la ciudad de Seattle respondió con fuerza, y sin hacer mayor distinción entre la desobediencia civil sin violencia, los manifestantes autorizados, y los grupos mucho más pequeños que causaban daños a la propiedad, empleó una cantidad enorme de gases lacrimógenos y de pimienta para dispersar las marchas pacíficas, envenenando el aire a tal extremo que los participantes en la reunión de la omc tuvieron que permanecer en sus habitaciones en los hoteles. Kofi Annan, Secretario General de las Naciones Unidas, suspendió el discurso que tenía planeado, en tanto el presidente Bill Clinton reprendió la violencia de unos pocos, la que había arruinado una importante expresión de la libertad de palabra. Más de seiscientas personas fueron detenidas. El alcalde de Seattle, Paul Schell, declaró estado de emergencia, e impuso un toque de queda en el centro de la ciudad desde las 19:00 horas 5 Financial Times, November 10, 1999, 26; USA Today, December 1, 1999, 3b; The Nation, February 21, 2000, 8; Agence France-Presse, November 23, 1999; Reuters News, November 30, 1999.

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hasta el amanecer. El gobernador del Estado de Washington, Gary Locke, envió a miembros de la National Guard para que suplementaran la dotación de 1.200 miembros de la policía en sus patrullajes nocturnos de las calles6. En Seattle no se había impuesto un toque de queda desde las protestas contra la Guerra de Vietnam de la década de 1960, y tampoco se había empleado una fuerza policial tan masiva desde la huelga general declarada por los estibadores de la costa del Pacífico en 1934. Pero lo más notable de lo sucedido en Seattle en 1999 no fue el choque entre los manifestantes y la policía con sus equipos anti disturbios, sino la amplísima gama de personas que acudieron a presentar apasionadas demandas ante la omc, un tipo de burocracia institucional que generalmente opera por debajo del radar político. Aun cuando los manifestantes no concordaran mayormente en cuestiones específicas, compartían la fuerte creencia de que las decisiones sobre el comercio internacional eran de importancia y que sus consecuencias (y soluciones) no eran meramente de orden local ni nacional, sino transnacional. Las demostraciones de solidaridad entre obreros y ambientalistas, agricultores y feministas, latino y norteamericanos, europeos y africanos, históricamente inusuales en la práctica, no llamaban la atención en el momento. A pesar de que los anarquistas exigían que se pusiera fin a la globalización, la mayoría de los manifestantes estaba más interesada en incidir sobre las reglas del juego y así pedía que la omc fuera más democrática, diera fuerza a los derechos laborales y ambientales, y luchara por la justicia social y el desarrollo sostenible tanto como por el crecimiento económico. A pesar de que los manifestantes criticaban el hecho de que la cultura estuviera controlada por las grandes empresas, no se oponían rotundamente al consumismo. Durante las marchas, la mayoría de ellos bebía café (incluso de Starbucks), llevaba zapatillas, era propietaria de un televisor y tenía un automó6 Associated Press, December 1, 1999; New York Times, December 1, 1999, a1; The Nation, February 2, 2000, 8; Showdown in Seattle: Five Days That Shook the wto (Seattle: Independent Media Center and Big Noise Films, 2000), vhs.

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vil. En el fondo, los manifestantes plantearon más preguntas de las que contestaron. ¿Cómo era el comercio democrático? ¿Qué era el consumo ético? ¿Era posible que organizaciones que promovían la empresa privada también defendieran los derechos laborales y humanos? ¿Era la omc una nueva forma de imperialismo o un foro en el que los países en desarrollo tenían voz? ¿Había alternativa para el capitalismo mundial? ¿Había posibilidad de organizar movimientos sociales a través de fronteras nacionales? Estas preguntas no eran nuevas, pero sí lo era que fueran hechas al mismo tiempo y por tan vasta gama de personas. Se compraron el modelo sostiene que muchas de las cuestiones que preocupaban a los críticos de la globalización eran consecuencia de las luchas políticas y de los cambios que habían tenido lugar durante la Guerra Fría . Este libro sugiere los desafíos que enfrentan los activistas que luchan por un mundo más democrático en el milenio venidero. Entre los manifestantes anti omc que marchaban por las calles de Seattle, se encontraban muchos estadounidenses que consumían uva y que daban especial valor al hecho de poder adquirir frutas y verduras frescas durante todo el año. Algunos de ellos eran vegetarianos y veganos de corazón, y representaban la cúspide de las críticas contra la industria cárnica y la láctea. Otros eran entusiastas de las nuevas tendencias gourmet que giraban en torno a alimentos integrales y crudos. Y a pesar de que muchos de los manifestantes también consumían comida chatarra, se vilipendiaba de manera especial a instituciones como McDonald’s por haber enfermado al mundo con alimentos procesados, altos en grasas, y empresariales. Estos argumentos les hubieran producido gran agrado a la California Table Grape Commission y a la Chilean Fruit Exporters Association, puesto que eran los mismos de los que la agroindustria se había adueñado con éxito durante treinta años para comercializar la uva como un alimento sano. La agroindustria resultó ser igualmente hábil en la producción y venta de frutas y verduras orgánicas en respuesta a la preocupación cada vez mayor del consumidor con respecto a los pesticidas. En la década de 1990, 462

en todo Estados Unidos proliferaron supermercados especializados en alimentos supuestamente saludables y cuyos nombres prometían un toque más natural o humano: Whole Foods [Alimentos Integrales], Wild Oats [Avena Salvaje], Mother’s Market [Mercado de Mamá], Henry’s Market [Mercado de Henry], Fairway [Vía Justa] y Trader Joe’s [Comercio de Joe]. De manera simultánea, megatiendas como Walmart, Costco, Target y Kmart se transformaron en los vendedores principales, con mucha ventaja, de todas las frutas y verduras frescas, incluso las orgánicas, vendiendo uva en establecimientos de enormes dimensiones, junto a productos de ferretería, electrodomésticos, prendas de vestir y armas de fuego. Entre los manifestantes contra la omc, se encontraban miembros del ufw, tanto antiguos como del momento. Con posterioridad al fallecimiento de César Chávez, el ufw había dado un giro similar al de la afl-cio, volviendo a comprometerse con la organización de los trabajadores más que con la participación en campañas mediáticas y elecciones políticas. En 1995, el ufw comenzó a organizar a los obreros de la frutilla en las afueras de Watsonville, en California, y al año siguiente reanudó los esfuerzos por sindicalizar a los trabajadores vitícolas de Giumarra Vineyards, uno de los principales importadores de uva chilena. Significativamente, la nueva campaña de la uva se propuso investigar las operaciones de Giumarra en Chile, como también las de otros embarcadores de California. Invirtiendo notablemente sus prácticas de los años 70, en las campañas de los 90, el ufw participó en el creciente movimiento a favor de los derechos de los inmigrantes en Estados Unidos, abogando por la amnistía para las personas indocumentadas y la reforma a las políticas de deportación del gobierno federal, así como a sus normas con respecto a las fronteras. En otro ámbito, antiguos organizadores del ufw forjaron poderosas alianzas entre activistas de la inmigración latina y sindicatos estadounidenses como el seiu y Unite Here. Los chilenos también se dejaron ver en las protestas en contra de la omc en Seattle, entonando la consigna creada por los sim463

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patizantes de Allende durante el gobierno de la Unidad Popular: “El pueblo unido, jamás será vencido”7. Sara Larraín, ambientalista y candidata independiente a la presidencia ese año, dejó su campaña momentáneamente para viajar a Seattle y hablar sobre la forma en que el neoliberalismo estaba agotando los recursos naturales de Chile. Varios sindicatos y ong chilenos firmaron peticiones que circularon con anterioridad a la reunión de noviembre. Pero el grupo laboral de mayor importancia que se presentó en el foro sobre alimentos y agricultura fue Vía Campesina, una organización creada en Nicaragua para representar a los pequeños agricultores de América Latina y África. De Chile, a este grupo pertenecían la Asociación Nacional de la Mujer Rural e Indígena (anamuri) y la confederación sindical de orientación comunista El Surco. En otros aspectos, durante la semana en Seattle, chilenos que residían permanentemente en Estados Unidos o Canadá a consecuencia del exilio bajo la dictadura de Augusto Pinochet, se ofrecieron como voluntarios para crear títeres gigantes y pancartas para las marchas callejeras, y actuaron como intérpretes para las delegaciones de América Central y del Sur en las clases informales8. Pero al interior de las conversaciones de la omc se encontraban otros chilenos, como representantes de la restaurada democracia de su país. En 1999, el gobierno de Chile continuaba estando en manos de la Concertación, la coalición de centro-izquierda que había reemplazado a Pinochet en 1990. El presidente en ejercicio, Eduardo Frei, hijo de Eduardo Frei Montalva y también democratacristiano, quien había sucedido a Patricio Aylwin en 1994, estaba finalizando su mandato y Chile se preparaba para realizar elecciones el 12 de diciembre, días después de que finalizara la reunión de la omc. El candidato de la Concertación era Ricardo Lagos, del partido socialista, quien había participado en el gobierno de Salvador Allende. No obstante, independientemente de cualquier afiliación Alexander Cockburn, Jeffrey St. Clair, and Allan Sekula, eds., 5 Days That Shook the World: Seattle and Beyond (London: Verso, 2000). 8 Wall Street Journal, November 30, 1999, a2. 7

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política, en 1999 la dirigencia de la centro-izquierda apoyaba con firmeza el modelo de mercado libre liderado por las exportaciones que había sido elaborado durante el régimen miliar. Chile era un miembro de la omc particularmente entusiasta, habiéndose integrado a la organización inmediatamente después de que ella fuera creada en 1995. Si bien Chile era signatario del gatt, participaba más en los asuntos de la omc, donde formaba parte de los diez países miembros más activos en relación a la presentación de peticiones y mociones9. Entre 1990 y 1997, el crecimiento económico de Chile llegó a un robusto 7,7 por ciento al año, con casi el 50 por ciento del PIB proveniente del comercio exterior10. En un esfuerzo por extender la riqueza, los gobiernos de la Concertación duplicaron el salario mínimo y el gasto fiscal en servicios sociales. A medida que los ricos se enriquecieron aún más, lo mismo sucedió con otros. La tasa de pobreza cayó agudamente del 45 al 20 por ciento durante los primeros diez años de la democracia11. Pero para 1999, estos avances se veían amenazados por la crisis económica de Asia, la que hizo que la tasa de crecimiento en Chile se redujera el cincuenta por ciento. Dentro de los encuentros de la omc en Seattle, los delegados chilenos ejercían presión a fin de expandir el comercio, procurando reducir los aranceles para el cobre, el pescado, la madera, la uva y el vino, y encontrar nuevos mercados para productos como los arándanos y las frambuesas. Poco antes de que comenzara la reunión de Seattle, Chile se había transformado en el primer país latinoamericano en celebrar un acuerdo bilateral de comercio con China, lo que indicaba que este país tenía interés en 9 Hakan Nordstrom, Participation of Developing Countries in the wto-New Evidence Based on 2003 Official Records (Stockholm: National Board of Trade, 2004). 10 Metal Bulletin, October 28, 1999, 1. 11 Para 2000, se estimaba que solo el 5,7 por ciento de los chilenos era “indigente” (o de tan bajos recursos que no podía cubrir sus necesidades básicas). Entre 1987 y 1998, los tres segmentos más bajos de la sociedad chilena aumentaron su participación en el gasto total en artículos de consumo, revirtiendo el agudo declive experimentado por estos sectores durante el régimen militar. En el 20 por ciento más alto de Chile, la participación decreció levemente, del 56 al 50 por ciento. Fernández y Rosenbluth, “Transformaciones en la pauta del consumo en Chile en una década”, 171-72.

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unirse a la omc de manera formal12 (muchos de los manifestantes anti omc marchaban en contra de la inclusión de China debido a sus malas condiciones laborales y ambientales, sin embargo, esta nación asistió a los encuentros y en 2001 se unió formalmente a la omc). Chile también aprovechó la reunión de la omc para imponer estrictos protocolos sanitarios a las frutas y verduras importadas de Perú y Brasil, y además para defender los aranceles proteccionistas de su pisco. Los sindicatos chilenos estuvieron más bien ausentes en las manifestaciones de Seattle, lo cual obedeció en parte a la realidad de que las elecciones presidenciales en Chile estaban a punto de celebrarse. Chile no permitía el voto a distancia y los líderes sindicales estaban muy ocupados participando en la campaña electoral. Lagos se enfrentaba en una estrecha carrera con Joaquín Lavín, el economista famoso por haber bautizado a la cultura del consumo chilena como la “revolución silenciosa”. La confederación sindical más importante de Chile, la cut, junto con la mayor parte de los sindicatos agrícolas, firmemente apoyaba a Lagos y a la continuación del gobierno de la Concertación. Los líderes sindicales criticaban agudamente las persistentes desigualdades económicas y exigían reformas a la legislación laboral, la que continuaba restringiendo el poder de los sindicatos. Sin embargo, con la importante excepción de los comunistas, la mayor parte de la dirigencia sindical no rechazaba el modelo chileno orientado a la exportación, y firmemente subordinaba sus llamamientos reformistas a la prioridad de mantener a la Concertación en el poder. Los líderes laborales chilenos estaban de acuerdo con los manifestantes de Seattle en que era necesario incluir protecciones ambientales y laborales en los acuerdos de comercio internacional, pero no consideraban que esto fuera una prioridad en momentos previos a las elecciones presidenciales. La posibilidad de que los conservadores, la mayoría de los cuales había apoyado la dictadura de Pinochet o participado en el 12

Metal Bulletin, October 28, 1999, 1.

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gobierno militar, volvieran nuevamente al poder, era muy real. De hecho, el 12 de diciembre, Lagos superó a Lavín por un estrechísimo margen de menos del 0,5 por ciento. Puesto que ninguno de los dos candidatos obtuvo la mayoría de los votos, se enfrentaron en una segunda vuelta el 6 de enero de 2000, cuando Lagos triunfó de manera más decisiva. Más allá de la política electoral, la ausencia de una delegación sindical chilena de peso en las manifestaciones en contra de la omc en Seattle, se debió al hecho de que numerosos trabajadores chilenos consideraran que las emergentes protestas contra la globalización eran problemáticas. Si bien la afl-cio insistía en que sus críticas al libre comercio no constituían un proteccionismo nacional, la propia revigorización sindical en Estados Unidos en torno al internacionalismo, en gran medida era producto del masivo flujo de empleos de este país hacia México y otras naciones de América Latina y de Asia que se produjo durante las décadas de 1970 y1980. Aunque los líderes sindicales chilenos comprendían que el deber de todo sindicato es proteger los empleos de sus miembros, no quedaba claro lo que la nueva apertura hacia la solidaridad global por parte del sindicalismo estadounidense entrañaba para el empleo en Chile. Entre los izquierdistas, la sospecha se veía exacerbada por los recuerdos del activo papel que la afl-cio había desempeñado durante los años 60 y principios de los 70 en el financiamiento de sindicatos anti marxistas y en el derrocamiento de Allende. En el fondo, la crítica a la globalización conllevaba significados muy diferentes para Chile y Estados Unidos. Precisamente debido a la forma en que el modelo económico de Pinochet había reestructurado la economía, el empleo en Chile dependía, de manera desproporcionada, de la exportación de productos primarios a mercados extranjeros, en lugar de depender de la manufactura para consumo nacional, como todavía era el caso con gran número de los puestos de trabajo en Estados Unidos, cuyo mercado interno alcanzaba la colosal dimensión de 300 millones de personas, en contraposición a los escasos 15 millones de Chile. Es decir, los urgentes llamados a 467

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la acción por parte de activistas contra la globalización que pedían consumir y producir a nivel local, tenían implicaciones radicalmente diferentes para chilenos y estadounidenses13. Cuando Olga Gutiérrez, cofundadora del sindicato de trabajadores frutícolas de Santa María y directora en ejercicio del departamento femenino de la Comisión Nacional Campesina, se enteró de las protestas en Seattle, respondió con entusiasmo: “¡Esto es muy bueno! Los trabajadores tienen que unirse para que los escuchen. Pero espero que los americanos sigan pensando comer uva chilena”14. Si ella hubiera estado presente en el foro alternativo sobre alimentos y agricultura que se desarrolló en Seattle, habría estado de acuerdo con los argumentos de que el capitalismo corporativo no debe devastar a los pequeños agricultores ni a las comunidades indígenas. Las presentaciones sobre la soberanía de los alimentos y los organismos genéticamente modificados, pudieron haber constituido temas con los cuales ella hubiera regresado para ser discutidos en Chile. Pero probablemente se hubiera preguntado por qué los manifestantes contra la omc en Seattle no le prestaban mayor atención a organizar a los trabajadores agrícolas cuya sobrevivencia ya dependía de la agricultura comercial a gran escala. La creación de un mundo de pequeños agricultores o cooperativas independientes distaba de ser una solución realista para la gran mayoría de los obreros frutícolas chilenos. A pesar de que los salarios agrícolas y los medios de vida en el sector de exportaciones de fruta habían mejorado desde el retorno de la democracia, Chile continuaba siendo uno de los países más desiguales del mundo. De manera intencional se había mantenido débiles a los sindicatos, a pesar de que la agroindustria chilena había aumentado el número de trabajadores al desarrollar nuevas exportaciones de bayas y expandir de manera masiva el cultivo de viñas viníferas15. Pero, en Seattle, las discusiones sobre los alimenChomsky, Linked Labor Histories, 7. Entrevista con Olga Gutiérrez, Santiago de Chile, 6 de noviembre, 2002 [Nota de la traductora: la cita es traducción del inglés]. 15 Kurtz, Free Market Democracy and the Chilean and Mexican Countryside. 13 14

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tos y la agricultura en el mundo en desarrollo se enfocaron en las difíciles condiciones de los pequeños agricultores. Incluso dentro de las discusiones sobre la agricultura en Estados Unidos, se yuxtapusieron los problemas de los agricultores independientes de Vermont y de Oregón con los de las llamadas haciendas corporativas en otros lugares del país. En el alternativo Fair Trade Market no se vendían manzanas de California ni de Chile, sino solamente las producidas a nivel local en el propio Estado de Washington. Las protestas contra la omc en Seattle marcaron un momento clave para el sindicalismo en Estados Unidos. A través de ellas un amplio grupo de líderes se dio cuenta de que la organización en el futuro tenía que ser de orden internacionalista y que para influir sobre la toma de decisiones de alcance global, los movimientos sociales requerían que los trabajadores crearan alianzas con otros activistas, tales como ambientalistas y organizaciones de derechos humanos, tanto a nivel nacional como internacional. Lo de Seattle no constituyó evidencia de que estos proyectos estuvieran en acción, sino que fue un punto de inicio para proyectarlos. Durante los primeros diez años del siglo XXI, los sindicatos estadounidenses lucharon por definir lo que significaba organizar a nivel internacional o a través de grupos afines. Para algunos, significó adoptar la causa de los trabajadores indocumentados, especialmente los inmigrantes mexicanos, ampliando el apoyo a la organización de personal de aseo, camareras de hoteles, empleados en casinos, y otros tipos de trabajadores relacionados con servicios. Para otros, significó enviar organizadores –y financiamiento– a trabajar por sindicatos de pares en otros países16. La afl-cio desmanteló su American Institute for Free Labor (aifld), de la época de la Guerra Fría, y lo reemplazó con un Solidarity Center que definió el internacionalismo en términos de un amplio apoyo a los derechos humanos17. En 2001 y 2002, 16 17

Stillerman, “Transnational Activists Networks and the Emergence of Labor”. Chomsky, Linked Labor Histories, 249-52.

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sindicatos estadounidenses participaron en el primer y segundo Foro Social Mundial, que se realizaron en Brasil. Estos foros se inspiraron, en gran medida, en las protestas de Seattle, y reunieron a una amplia gama de activistas internacionales y de ong para que propusieran alternativas o reformas a la globalización neoliberal. El giro en el paradigma que se dio en torno a la globalización y que fue aclamado en 1999, quedó eclipsado por el ataque de Al-Qaeda a las Torres Gemelas y al Pentágono, el 11 de septiembre de 2001. Las guerras de Afganistán y de Iraq que subsecuentemente lanzó Estados Unidos, hicieron que el debate público en esta nación desviara su foco de atención, el que pasó de los trabajadores y el medio ambiente como las cuestiones principales a la hora de abordar la dinámica mundial, a los problemas del terrorismo y el fundamentalismo islámico como representaciones de que la globalización había fallado rotundamente. La organización a nivel sindical y ambiental continuó, pero dentro de Estados Unidos el clima de guerra y de temor sobre la seguridad nacional hizo que se revigorizaran el nacionalismo y la xenofobia. La antigua ecuación del radicalismo comunista con el antiamericanismo se transpuso al nuevo enemigo, los radicales religiosos musulmanes. En el ámbito nacional, gran parte de la energía activista que había convergido en torno a los derechos de los trabajadores en 1999, se canalizó hacia movimientos opuestos a la guerra, especialmente la de Iraq, y hacia un activismo anti racista en representación de los inmigrantes. Esto no impidió que continuara el debate sobre la economía neoliberal o la cultura consumista global, pero la organización comenzó a llevarse a cabo de una manera muy diferente a lo que había sido con anterioridad a lo que en Estados Unidos pasó a llamarse ritualmente el “9/11”. En Chile, el 11 de septiembre es la fecha que firmemente se asocia con el derrocamiento de Allende en 1973, y el comienzo de la dictadura militar. Los chilenos de todo el espectro político expresaron sus condolencias y condenaron el ataque perpetrado por Al-Qaeda dentro de los Estados Unidos. Además, comentaron so470

bre la ironía de la fecha y el hecho de que en ambos eventos del 11 de septiembre se hubieran realizado ataque aéreos a edificios simbólicos y que hubiera habido un número similar de muertos. No obstante, el once, como se le dice en Chile, continúa enfatizando las polarizaciones de la Guerra Fría y, dependiendo del punto de vista, la traición, salvación, o ruptura interna de Chile. En la comuna de clase alta de Providencia, se rindió abiertamente homenaje a Pinochet al bautizar la calle principal de su sector comercial Avenida 11 de septiembre, nombre que no fue cambiado luego de los ataques de Al-Qaeda dentro de Estados Unidos. Para otros chilenos, el 11 de septiembre ha continuado siendo un día de duelo, que se conmemora con una marcha anual al Cementerio General para poner flores en la tumba de Allende, o al nuevo monumento a las víctimas de las atropellos a los derechos humanos. Algunos chilenos han subrayado el papel de Estados Unidos en el golpe, o por el contrario, han sostenido que Allende había puesto a Chile bajo el control de la Unión Soviética y de Cuba. Pero para 2001, la mayoría de los chilenos no consideraba el 11 de septiembre como el día de un ataque por parte de poderes externos, sino primordialmente como una crisis nacional18. Para los chilenos, el momento clave para el nuevo milenio no fue el 11 de septiembre, sino el 16 de octubre de 1998, un año antes de las protestas de Seattle, cuando Pinochet fue detenido en Londres, donde se encontraba debido a motivos de salud, por graves violaciones a los derechos humanos. Scotland Yard lo detuvo afuera de una clínica en respuesta a una solicitud de extradición emitida por España a causa de la tortura y asesinato de ciudadanos españoles durante su gobierno. La detención impactó a los chilenos, emocionando a algunos y enfureciendo a otros. Obligó al gobierno de la Concertación a negociar con el Reino Unido para que Pinochet regresara y fuera sometido a juicio en Chile. Hasta 1998, Pinochet había parecido intocable. La transición de Chile 18

Stern, Remembering Pinochet’s Chile.

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a la democracia tuvo lugar de acuerdo a la propia constitución de Pinochet de 1980, la que le permitía servir como jefe de las fuerzas armadas hasta 1998 y luego como senador designado. A pesar de que en 1990, el gobierno recientemente instaurado había creado la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación para documentar los asesinatos políticos y las desapariciones, las leyes de amnistía y el poder real que continuaban teniendo los militares, junto con los simpatizantes políticos de Pinochet, habían impedido que los casos de violaciones a los derechos humanos se llevaran a juicio a gran escala19. Pero esto cambió con la detención del general en un escenario internacional. Pinochet estuvo detenido en una mansión suburbana en Gran Bretaña hasta marzo de 2000, con lo que la historia de la dictadura en Chile y la aplicabilidad de la legislación internacional sobre derechos humanos, pasaron a ser temas regulares de las noticias alrededor del mundo. Tras su regreso a Chile, Pinochet fue acusado de una serie de delitos contra los derechos humanos y nuevamente quedó bajo arresto domiciliario. A pesar de que murió en 2006, antes de que se celebrara ningún juicio, las constantes batallas jurídicas que se produjeron sobre su capacidad mental para ser sometido a juicio y su continua detención, en efecto le quitaron su impunidad. En el ámbito político, esto se tradujo en que los derechos humanos y el legado de la dictadura volvieran a ocupar el centro del debate público sobre la democracia del momento en Chile. En 2003, bajo el gobierno del socialista Ricardo Lagos, se formó una nueva Comisión de la Verdad, la cual documentó el uso masivo de la tortura durante el régimen de Pinochet, la que afectó a alrededor de 100.000 personas20. Se sometió a juicio y se encarceló a numerosos oficiales militares de alto rango, así como también a oficiales de carabineros. En marzo de 2006, poco antes de la muerte de Pinochet, prestó juramento la primera presidenta de Chile, Michelle Bachelet, quien pertenecía al partido socialista de Allen19 20

Stern, Reckoning with Pinochet, 155-57. Stern, Reckoning with Pinochet, xxiii, 294.

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de. Su padre, Alberto Bachelet, había sido un general de la Fuerza Aérea quien durante el gobierno de la Unidad Popular estuvo a cargo de la Dirección Nacional de Abastecimiento y Comercialización, la cual supervisaba el control de precios y el racionamiento de alimentos. Alberto Bachelet se opuso al derrocamiento de Allende y murió en 1974 en una prisión militar. Su hija, estudiante de medicina al producirse el golpe, también fue encarcelada y torturada por el régimen militar antes de salir al exilio. La elección de Michelle Bachelet como presidenta significó mucho más que el cuarto período presidencial consecutivo para el gobierno de la Concertación. El hecho de que los chilenos no pusieran a un conservador en el poder durante los veinte años que siguieron al gobierno militar, constituye una dura crítica a Pinochet. También es de importancia el hecho de que ella fuera mujer. Bachelet había participado de manera activa en los movimientos pro democracia de los años 80 y en la transformación del socialismo chileno a una forma de social democracia compatible con el capitalismo. Aunque no fue protagonista de los movimientos femeninos, su política era explícitamente feminista. La disposición de los chilenos a imaginar la presidencia con rostro de mujer, obedecía en gran parte a la movilización en torno a la igualdad de género que se produjo durante la dictadura. Bachelet ya había superado barreras al servir como la primera Ministra de Defensa bajo el gobierno de Lagos. Como presidenta, inicialmente insistió en que el número de ministros se dividiera por igual entre hombre y mujeres; incrementó de manera sustancial los fondos públicos destinados a jardines infantiles y a albergues para mujeres objeto de violencia intrafamiliar; lanzó una campaña nacional para promover la prevención del sida, la educación sexual y el acceso comercial a la píldora del día después. Pero los cambios de mayor envergadura que se produjeron en Chile durante el primer gobierno de Bachelet, tuvieron relación con las renovadas protestas populares en contra de la desigualdad social, la que persistía a pesar del crecimiento económico y del 473

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mejoramiento del nivel de vida. En 2006, los escolares realizaron masivas demostraciones callejeras contra las profundas desigualdades a las que habían dado origen la privatización de la educación pública por parte de los militares y la decisión de los gobiernos democráticos posteriores de continuar la misma política. Decenas de miles de estudiantes se declararon en huelga y realizaron protestas a diario, exigiendo reformas que hicieran la educación más igual y asequible. La huelga nacional del 26 de mayo cerró las escuelas a través del país, con el apoyo de cientos de miles de participantes (casi el tres por ciento de la población). Las protestas estudiantiles de la llamada Revolución Pingüina (por el azul marino y el blanco, colores del uniforme de las escuelas públicas chilenas) nunca fue una cuestión exclusivamente santiaguina. En las zonas de exportaciones frutícolas de Aconcagua, Maule y Coquimbo, los estudiantes de las ciudades y de las zonas rurales tuvieron una fuerte participación, al igual que en las provincias del norte y del sur de Chile. Las movilizaciones en torno a la educación desencadenaron otras volátiles protestas contra las desigualdades sociales. En 2007 y 2008 se declararon en huelga miles de obreros del cobre para protestar contra el empleo cada vez mayor de obreros temporales y de empresas privadas de gestión para que administraran la cuprífera supuestamente estatal, la Corporación Nacional del Cobre de Chile, única industria nacionalizada bajo el gobierno del Allende que los militares no devolvieron a los privados. En el sector forestal, los activistas mapuche protestaban contra la privatización y la usurpación de tierras indígenas por parte de empresas madereras, realizando actos de desobediencia civil especialmente militantes y huelgas de hambre para protestar por la aplicación de leyes anti terrorismo por parte del gobierno dictadas durante la dictadura, para encarcelar y someter a juicio a los activistas indígenas. Bachelet terminó su mandato en 2010 con el nivel de popularidad más alto de todo presidente de la historia de Chile. Sin embargo, los chilenos distaban de estar satisfechos con el statu quo. Y aunque los manifestantes reconocían que gran parte de la injusticia social 474

predominante en ese momento tenía sus raíces en las políticas de los años de Pinochet, culpar al régimen militar había dejado de ser suficiente. La profunda desigualdad constituía un problema para la democracia.

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