Teoria del Estado

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TEORÍA DEL ESTADO

ARTURO PELLET LASTRA

TEORIA DEL ESTADO

ABELEDO-PERROT BUENOS AIRES

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IMPRESO EN LA REPUBLICA ARGENTINA

A Susana Beatriz, mi mujer, que me acompaña desde los años en que escribí mis primeros ensayos

PREFACIO El libro que tiene entre sus manos, esta Teoría del Estado con la cual describo y analizo a la sociedad política en la historia y en este fin del milenio, es probablemente el trabajo más importante y por eso más meditado y conciso que he tenido la oportunidad de escribir. Lo he escrito cumpliendo una consigna de toda mi vida, que sintetizo con las palabras que Eduardo Mallea utilizó en su ensayo sobre la Argentina de los años treinta: "...Que el hombre vuelva a ser el creador de su vida, el inventor de un mundo nuevo, donde vivir no sea plan de muerte sino empresa de vida, es decir de grandeza sin crimen y de poesía sin ignominia". Al correr de las páginas, comprobaremos que a lo largo de los cinco siglos transcurridos desde que terminaron de armarse en Occidente los grandes Estados nacionales, poderosos de diferentes razas, credos y nacionalidades llevaron adelante diversos planes de muerte concretados en guerras, revoluciones y golpes de Estado, que a veces desembocaron en mejores condiciones de vida para las poblaciones que padecieron estas cíclicas aventuras terrestres, pero otras veces, las más,los llevaron anuevas formas de sometimiento, encrucijadas históricas que protagonizaban los que mandaban y los que obedecían. Por eso, este libro es una historia del poder, de los que mandan y obedecen, de los que lo hicieron antes y de los que ahora integran esta ecuación política inevitable. De eso se trata en estas páginas, de hacer un balance de las teorías y hechos que explican el porqué y el cómo del poder en la aldea global en que hemos terminado viviendo cuando cierra el siglo más violento, cruel y vertiginoso de la aventura del hombre y está por comenzar un nuevo siglo y milenio que seguramente continuará proyectando este dilema en el espacio y el tiempo. No quiero ser escéptico pero tampoco demasiado optimista, lo que me coloca una vez más en el camino de la investigación que revela la realidad histórica. Pero si otras veces, en otros libros, he dado prioridad a la narración de los hechos, aquí me veo forzado a sacar conclusiones a partir de ellos y de las ideas que desde los tiempos de las célebres caminatas de Scícrates, Platón y sus discípulos, han venido nutriendo la especulación filosófica y política sobre cómo gobernar la ciudad terreste, la polis, el Estado en que vivimos.

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Ahora bien, si escribo la historia de los hechos e ideas políticas, no puedo soslayar mi experiencia personal sobre tantos desacuerdos y coincidencias, avances y retrocesos, crímenes de los hombres mezquinos y hazañas de los hombres con grandeza, que los hay aunque no parezca. Es por eso que al referirme a los que mandan debo decir cómo y porqué mandan y sobre todo hasta qué punto mandan, utilizando no sólo los elementos teóricos o prácticos que fui conociendo a lo largo de treinta años de enseñanza en seis universidades de nuestro país, sino también lo que vi7 viví siendo dos veces subsecretario de Estado de gobiernos constitucionales y cinco años asesor en ambas cámaras del Congreso, verdaderos laboratorios experimentales que me han dado material para mis libros El Estado y la Realidad Histórica (1979), El Congreso por Dentro, desde 1930 hasta Nuestros Días (1992) y El Poder Parlamentario, su Orígen, Apogeo y Conflictos (1995). Ahora bien, si ha sido relativamente fácil hacer la radiografía de los que mandan a nivel gubernamental, no lo ha sido tanto describir la operatoria y características de los factores de poder, que como se sabe son los que le ponen 1ímites a los que detentan formalmente ese mando. Son ellos y no nosotros, los que diseñan la sociedad política día a día. La realidad histórica nos demuestra que aquí y en otros casi doscientos países del planeta, los dueños del poder económico y social nos reemplazan en esa tarea. Son ellos y no nosotros los que dicen qué hacer y obran como referentes para los detentadores legales del poder. Sin hacemos demasiadas ilusiones, los pequeños hombres de la democracia, los que sólo mandamos en el instante en que votamos, tal vez podamos influir algo más en el futuro si logramos participar en el debate y en el devenir del Estado y ser así copartícipes en la creación de nuestra vida política, inventores de un mundo sin exclusiones ni ignominias, ideal que no declino desde que apareció mi primer libro de poesías, El Hombre en su Ciclo. La verdadera democracia es la que se ejerce participando y controlando a quienes detentan el mando, debatiendoen todos los foros en que nos sea posible hacer uso del poder precioso de las palabras. ARTURO PELLET LASTRA Navidad de 1998

El fenómeno político, tal como se lo observa en el ámbito del Estado a partir del siglo XVI y tal como se da en nuestros días, es el objeto concreto de este ensayo. No es el mismo que motivaba a Mariano de Vedia y Mitre, uno de los primeros politólogos argentinos y fundador de la primera cátedra de Derecho Político de la Universidad de Buenos Aires, para quien "El objeto de esta disciplina se encuentra en la confluencia de la política y del Derecho", criterio en el que seguía a Adolfo Posada, que en 1880 fundó en la Universidad de Madrid la cátedra de esa asignatura, incluyendo temas de derecho constitucional comparado. No es tampoco mi propósito desplegar en estas páginas una historia de las ideas políticas, ni ocuparme de la Ciencia Política en su conjunto. Mi objetivo es analizar y explicar el funcionamiento de la sociedad política, que en este ensayo va a quedar definida como sinónimo de Estado, con la convicción de que a partir del desmenuzamiento de los procesos, hechos y conflictos políticos de un amplio y decisivo período de la historia de Occidente podamos explicamos y explicar porqué hemos llegado a donde hemos llegado en el umbral del siglo XXI. Cómo se han ido desarrollando las instituciones de esa comunidad política que es el Estado, en cuanto a su gobierno, su población, su territorio, su clase dirigente y la finalidad que debe tener para considerarse y ser considerado como tal. Es decir, nos importa describir como quería Aristóteles la faz agonal y la faz arquitectónica de la política y de la estructura del poder, el evento, la fenomenología de los procesos históricos que nos han ido determinando y definiendo en el curso de estos siglos decisivos de la aventura humana, en este espacio planetario en el cual convivimos en comunión con nuestros ancestros y hacemos o deshacemos nuestra vida comunitaria. Entonces, no es la normativa sino la dinámica del poder lo que nos atrae en este ensayo, porque la normativa importa para describir el "deber ser" de la estructura del poder y lo que nosotros ahora vamos a describir es el ser, el acontecer para ser. Para analizar esta teoría es necesario utilizar los instrumentos que nos proporciona la historia. Decía Georges Burdeau en su Méthode de la Science Po-

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litique: "La historia tiene un sentido social y una fuerza actuante de tal poder que por si sola determina y engendra nuevas doctrinas y realizaciones políticas. Existe en cada época y en cada país una especie de conciencia o impulso histórico que induce a obrar a los contemporáneos en un sentido determinado". O como reflexionabaLeon Tolstoi en La Guerra y la Paz "...Estamos gobernados por la historia, somos empujados por los hechos, el acontecer inevitable y determinante que nos convierte en protagonistas o en espectadores de sucesos que no siempre podemos modificar...". En la misma sintonía, Ambrosio Romero Carranza 1 asegura que: "Por ello la historia es utilizada por las ideologías políticas para fundamentar sus afirmaciones y conseguir adherentes", y agrega "si diversas son las opiniones de los tratadistas sobre el verdadero objeto y real contenido de ... lo político, en cambio todos están de acuerdo sobre cuál es su verdadera base, la historia". Refiriéndose concretamente al Estado, añade: "Se hace necesario conocer el orden histórico vigente en determinadas épocas y en determinados países para poder llegar a comprender las formas de organización política que han existido en el mundo ... Se debe considerar al Estado como forma histórica concreta, que nace en un momento dado y que se encuentra prendido en el acontecer del que representa una estructura política, históricamente aprehendida, desarrollada e individualizada... Debemos conocer las formas históricas concretas y saber de que nacieron en momentos determinados, para poder captar la naturaleza del Estado y las variaciones que sufre su estructura a través de los siglos...". Es por ello que, si bien no incluimos en el ensayo uno o más capítulos específicos sobre la historia de las ideas, al explicar las distintas versiones del Estado, las formas de gobierno o las teorías sobre el poder y, en fin, las características de la clase política, necesariamente hacemos historia de las ideas políticas. Podríamos decir entonces que esta historia del pensamiento es un instrumento indispensable de la Teoría del Estado, tal como la planteamos en este libro. Es así que para poder captar el sentido de lapolis griega debemos conocer la historia de Atenas, y para captar las estructuras del poder medieval y estamental debemos conocer los escenarios en los cuales se sucedieron los hechos y se entretejieron las ideas en el milenio del medioevo.

La palabra política se origina en los vocablos griegos polis, politeia y politike, unos y otros sinónimos de una sola realidad: la que representa la ciudadEstado de Atenas, paradigma del universo político griego del siglo de Pericles.

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ROMEROCARRANZA,A., Historia del Derecho Politico 1, Bibliotecade la Academia Nacional de Derecho y Ciencias Sociales, Buenos Aires. 197 1 , phgs. 15- 16.

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En esa ciudad-Estado se hacía política, o sea se trataban los negocios públicos, en forma más o menos abierta en el ágora o plaza pública ubicada en una planicie debajo de la colina del Partenón, edificio público, valga la redundancia, donde junto con los ritos de la época también se trataban las cosas necesarias para bien gobernar a los atenienses. En sus calles y en sus diversos escenarios públicos y privados el zoom politikon, o sea el animal político de que nos hablaba Aristóteles, iba desarrollando su precaria aventura del poder. Y el zoom politikon era una manera de calificar al ciudadano de esa época que vivía en sociedad, porque como decía el sabio estagirita "sólo los dioses o las bestias, pueden vivir fuera de la sociedad, al margen de la civilización de los hombres. Esta relación entre la ciudad-Estado y el tratar la cosa pública, la polis donde el zoompolitikon considera sus asuntos, se traduce en la civilización romana con la palabra res publica, reipublicae o República, que para Quintiliano será "la civilitas", para Tito Livio "la ars republicae" y para Ulpiano, más preciso que los filósofos por ser un jurista, será el estado de la cosa pública o en su idioma publicum jus est quod ad Statum rei romanae spectat ("el derecho público conviene al Estado de la república"). Y así, semánticarnente, nos acercamos al gran protagonista de este ensayo, el Estado, al que nos vamos a referir en el próximo capítulo en extenso, ya que lo que interesa ahora es precisar el objetivo y los límites de nuestro ensayo y para eso debemos comenzar recordando que la politología deriva de la palabra madre, polis, política y de logos, razón, exposición razonada de un tema. E V O L U C IDE ~ NLOS ESTUDIOS POL~TICOSHASTA EL PRESENTE Para llegar al estado actual de evolución y desarrollode 1aCienciaPolítica en general y de la Teoría del Estado en particular, han debido transcurrir veinticuatro siglos desde los tiempos de la Academia de Sócrates y Platón hasta las sesiones de la International Political Science Association (IPSA) que reúne cada tres años a casi mil politólogos en sus congresos científicos realizados en distintas ciudades del mundo. Los precursores fueron, casi sin excepción, filósofos tales como Platón, Aristóteles y Protágoras, el greco-romano Polibio y Cicerón en la antigüedad clásica, así como santo Tomás y san Agustín en el medioevo cristiano, todos proponían diversas fórmulas sobre cómo debía ser la sociedad política para que sus ciudadanos o súbditos vivieran en forma más justa y feliz. Cambiando el enfoque, a medio camino entre cómo es el poder y el Estado y cómo debe ser uno y otro, operan sus propuestas los renacentistas Althusius, Bodin y Maquiavelo.En una terceragpoca, las doctrinas se van elaborando con una mayor aproximación a la realidad histórica que nos rodea, entrando en esa etapa los contractualistasHobbes, Locke, Rousseau y sus casi contemporáneos Montesquieu, Suárez, Diderot, D'Alambert y Voltaire, entre otros.

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Es decir que, de una manera u otra, hasta fines del siglo XV, en el campo de las ideas políticas, predominaron -por no decir monopolizaron el pensamiento- los filósofos, hasta que con El Principe, de Nicolás Maquiavelo en 1513 se comienza a desarrollar una visión de la cosa política más objetiva, más ubicada en un contexto histórico determinado. Nos dice Marcel Prélot: "La política ocupa prácticamente la cúspide de la jerarquía, porque su objeto -la ciudad-Estado- engloba toda la organización social. La concepción tomista es una formulación detallada de la doctrina aristotélica. En santo Tomás la noción de Estado, pasa de la colectividad popular al gobierno, del gobierno a la persona de quien gobierna, del Estado al reino y del reino al príncipe" 2. Y así podnamos decir que Aristóteles elabora su tesis sobre un buen gobierno, mientras que santo Tomás quiere que se gobierne para el bien común, en tanto que Maquiavelo abandonando la filosofía predominante hasta su época, tiene un objetivo más directo y brutal, ajeno a las preocupaciones de los clásicos. Así del campo de la pura especulación filosófica y de los esbozos que proponía Tomás Moro en la Utopía, pasamos a los intentos de erigir una sociedad más justa y organizada, convenida entre súbditos (como quena Hobbes) o caballeros (tal como proponía Locke) o suizos creyentes en la "voluntad general", al estilo de Rousseau o simplemente ciudadanos que consideran que la soberanía reside en la Nación, que era la propuesta de Sieyks en Qué es el Tercer Estado, editado en Pan's poco antes de la toma de la Bastilla, en 1789. Abandonando el ideal de un acuerdo social o político, Robespierre, Marat y Danton, entre otros, pasan de las palabras a los hechos y hacen rodar las cabezas de príncipes y señores, sean inocentes o culpables, para levantar una ciudad utópica basada en la "diosa de la Razón". De una manera u otra hasta principios del siglo XIX en el pensamiento político siguen predominando los filósofos, que si bien con el avance de los siglos van analizando con más cuidado la realidad y despegándose de las utopías, siguen especulando con una sociedad política que sea un ámbito más acogedor y justo que el de la realidad que los rodea. COMIENZO DE LA ERA CIENTÍFICA Ahora bien, las generaciones de filósofos que se suceden en el tiempo nos han hecho un legado válido para el análisis científico de la política. El legado que nos hace Aristóteles, prolijo cataloguista de ciento cincuenta y ocho constituciones de su época y de la antigüedad, es el método de la observación. Maquiavelo en El Príncipe, introduce en la especulación teórica la regla de oro de la objetividad, actitud que lo hace aparecer como cínico y cruel, cuandoen realidad PRÉLOT, Marcel,

Lo Ciencia Política, Eudeba, Buenos Aires, 1961, @,o. 23.

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es tan sólo objetivo. Su única especulación es obtener un empleo de consejero de la familia ducal de los Médicis o algún otro acomodo burocrático al servicio de un príncipe oportunista. Bodin, habitante del mismo siglo que el florentino, desarrolla al máximo el método de la observación, técnica que se vuelve sistemática en L'Esprit des Lois de Montesquieu. Tocqueville en La Democracia en América, y otros libros de su autoría, profundiza en la observación del fenómeno democrático que comenzaba a desarrollarse a ambos lados del Atlántico norte a mediados del siglo pasado, en tanto que Comte introduce el método positivo y conecta los fenómenos políticos con los fenómenos sociales de su época. Pero el comienzo coherente y sistemático de la politología lo debemos ubicar en la pléyade de científicos alemanes que aparecen a partir de 1820 en Berlín, Heidelberg y otras ciudades. Éstos en general definen a la politología como el estudio del conocimiento sustantivo y ordenado de los fenómenos relativos al Estado. Uno de los primeros de esta generación fue Adam Müller (1779-1829), que escribió Die Elementa der Staatskuns (Los Elementos del Arte Político), en el que definía a la Ciencia Política como el conjunto de conocimientos relativos al Estado-Nación. Robert von Mohl, distinguió lo social de lo político y dentro de lo político a su vez diversas partes, una de las cuales era la política propiamente dicha. Georg Waitz, por su parte, identifica la política y la doctrina del Estado y en sus Fundamentos de la Política, publicado en Kiel en 1861 ve en la política una Teoría del Estado, sin distinguir el ordenamiento estático del Estado y la vida pública en movimiento, o sea, el straatsrecht, en este caso el derecho público y la politik 3 . Estos politólogos alemanes le dan un sentido nuevo al estudio de la cosa política. Si para los helenistas politología significaba conocimiento de lapolis, para estos ensayistas alemanes el objetivo será el Estado, la teoría general del Estado, la ullgemeine staatslehre. J. C. Bluschli en Lehre von Modernem Staat, asegura que "lo esencial de la doctrina del Estado moderno se halla constituido por la teoría general del Estado y del derecho del Estado" 4. Se da así primacía al Estado sobre el fenómeno político, tal como lo entiende Von Holtzendorff en Prizipien Der Politik (Principios de Política), editado en 1879, al reconocer "que ve en la ciencia del derecho el ejercicio de la voluntad del Estado, en tanto que es voluntad general o sea voluntad suprema O soberana".

PRÉLOT, M., ( p .cir., pigs. 9 y sigs Idem, pág. 39.

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Marcel Prélot 5, por su parte, considera a Georg Jellinek heredero de esta corriente del pensamiento al escribir su Teoría General del Estado, presentando a la polis como sinónimo del Estado. Herman Heller a su vez, al igual que el título de este ensayo, la denomina Teoríadel Estado, sin la calificación de general. A diferencia de lo que sostiene Jellinek, considera que no es posible un estudio general del Estado para todo tiempo y lugar, razón por la cual la teoría debe tener por objefo de conocimiento únicamente al Estado tal como se ha formado en Occidente a partir del Renacimiento.

1. El problema desde la óptica francesa Mientras los politólogos alemanes exponían la Teoría del Estado en esos términos, los franceses estaban haciendo su aporte a la Ciencia Política dentro de andariveles más específicos, dejando de lado la problemática de si debía o no incluirse en una Teoría del Estado, entendido como sociedad política global, al derecho público y10 constitucional. Jean Govine en La Science Politique, publicado en 1844 afirmaba que la política era la ciencia del gobierno en sus relaciones tanto interiores como exteriores, la ciencia del Estado por excelencia. Por su parte Buchez, en Traité de Politique et de Science Social, consideraba que la terminología y las definiciones de Platón y Aristóteles constituyen todavía la base de la Ciencia Política. Luego distingue la ciencia social de la política práctica, insertando entre las dos al derecho constitucional, lo que vuelve a confundir a los lectores de la época que se quedan perplejos sin saber si la política es una ciencia autónoma, o una combinación de filosofía y Derecho. Más cauto, Léon Donnat considera que la simple observación es insuficiente, ya que la experimentación es indispensable. Esta vocación por lo empírico va a ser tomada como punto de partida para el desarrollo de la Ciencia Política en las universidades de la costa este de los Estados Unidos de América, debido a la acción de un pionero, John Burgess.

2. La Ciencia Política en los Estados Unidos de América John Burgess fue uno de los primeros graduados en Ciencias Sociales de una Universidad de la Ivi league que se trasladó a Alemania después de la Guerra Civil norteamericana a estudiar el desarrollo -todavía incipiente- de la Ciencia Política en ese país. Al retomar a Nueva York, emprendió la difícil tarea de fundar y organizar en la Universidad de Columbia en 1880, la primera Escuela de Ciencia Política de los Estados Unidos.

PRÉLOT, M., op. cir., págs. 42 y 43.

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Su modelo fue la escuela de Ciencia Política de la Universidad de Heidelberg. Casi en seguida Herbert Boxler Adams, fundó en 1881 un Departamento de Ciencia Política en la Universidad de Michigan y contribuyó a crear la John Hopkins Historical and Political Science Association. Burgess también fundó la primera revista de la especialidad, Political Science Quaterly, en 1876. En uno y otro ámbito los pioneros de la politología norteamericana, pensaron, investigaron y enseñaron que la política era una ciencia autónoma, que no era un conjunto de ciencias, las ciencias políticas, sobre cuyo contenido nos vamos a ocupar enseguida. Casi simultáneamente, como si se hubieran concertado para ello, inició Lawrence Lowell un centro de estudios para la Ciencia Política y otra revista sobre el tema en Harvard, en tanto que Woodrow Wilson, profesor de Economía Política y Gobierno en la Universidad de Princeton, redactó y entregó a su editor su memorable Congressional Govemment (1885), en el que argumentaba sobre la necesidad de reformar las instituciones políticas norteamericanas, de acuerdo al modelo ofrecido por el sistema político inglés. En su impecable ensayo, el dos veces presidente de los EE.UU., demostraba que en realidad el verdadero poder político no tenía por eje a la Casa Blanca sino al Capitolio y más concretamente al recinto en donde debatían y votaban los senadores de la Unión. Esta Ciencia Política norteamericana, según Erkei Bemdson en su "The evolution of political science. The rise and fa11 of american política1 science7'6, ha tenido cuatro fases de desarrollo, determinadas por el distinto uso y valoración del concepto de democracia: 1") La formación de la democracia representativa (1880-1920). 2") La emergencia en el tratamiento de los problemas de la democracia representativa (1920- 1940). 3") El pluralismo democrático como una solución a los problemas de la democracia (1940- 1965). 4") La crisis del pluralismo democrático. Los temas comunes, en que trabajaban John Burgess, Charles Merriam, David Easton, Woodrow Wilson y los otros pioneros, eran el concepto del poder y sus diferentes formas tales como la soberanía, la autoridad, la influencia, la administración o la decisión a nivel gubernamental. El concepto de poder alcanzaba a conceptualizar las relaciones del gobierno con las organizaciones sociales dentro del sistema democrático, temática que analizó A.F. Bentley, en su libro Process of Government. Ahora bien, si la Universidad de Columbia fue el eje de la investigación de lo político en la primera fase de esta ciencia en los Estados Unidos de América, en los años veinte el eje de la investigación pasó a la Universidad de Chicago.

IPSA Review, vol. 8, 1-1-1987, piígs. 85-87.

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Dice al respecto Donald Slesinger: "En el segundo cuarto de siglo, la capital social y económica de los Estados Unidos de América pasó de Nueva York a Chicago (con el jazz, la ciencia y los gangsters incluidos). En esa Universidad, Charles Merriam era su figura central, ya que en 1923 fue designado presidente del Departamento de CienciaPolítica, al que se vincularon como patrocinadores nada menos que John Rockefeller y Franklin D. Roosevelt. Este proceso de desarrollo de la Ciencia Política, en sjngular, en los Estados Unidos de América culmina en 1935 con la fundación de la American Political Science Association, en la que toman la vanguardia y luego contribuyen a fundar en 1949 la International Political Science Association (IPSA), Karl Deutch, Charles Wrigth Mills, Amold Rose, Charles Merriam, Trevor Hunter, James Burnham, Robert Dahl y David Easton, entre otros. Esta escuela de scholars, valga la redundancia, considera que la Ciencia Política es una ciencia autónoma, perteneciente a las ciencias sociales, no dependiente sino vinculada a la historia, la geografía, la sociología, la [email protected] y el derecho. En esta línea cientificista, los norteamericanos han aplicado preferentemente técnicas estadísticas y matemáticas (encuestas) y variadas técnicas psicológicas. Se buscaba detectar realidades prácticas y no definiciones jurídicas, haciendo investigaciones de campo (entrevistas y recopilación de datos). O sea llegar a generalizaciones, a partir de hechos concretos que se repitan conformando leyes políticas. A ese fin, se procuraba verificar las descripciones cualitativas con referencias cuantitativas que permitieran formular hipótesis, que luego pudieran afirmarse en tesis válidas y demostrables.

LASCIENCIAS POLÍTICAS En su impecable ensayo La Ciencia Política, al que nos referimos en párrafos anteriores, Marcel Prélot sostiene que al crecer la economía, la sociología y el derecho público, lo hicieron en la doctrina en pejuicio de la Ciencia Política, a la que fueron despojando de contenido y se formaron la sociología política, la economía política, la historia política, el derecho político o público, la filosofía política y la geopolítica. Y así, agrega con un dejo de crítica apenas perceptible "lo que constituía la Ciencia Política clásica pasó a pertenecer por razones de prioridad a otras ciencias más evolucionadas y por lo tanto en mejores condiciones de promover el estudio y hacer progresar el conocimiento...". Luego agrega: "a fines del siglo XIX la política desaparece como sustantivo que designa una disciplina autónoma y sólo queda como calificación de otras disciplinas, no existe más la Ciencia Política, sólo subsisten en esa época las ciencias políticas". Esta tesis, que Prélot se limita a exponer, se ajusta a las ideas que al respecto predominaron en Francia y España en las primeras décadas de este siglo y en las últimas del anterior. Todavía influye en 1945, cuando Henry Capitant, luego de contri-

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buir a organizar la Fondation Nationale des Sciences Politiques, funda en París la SCIANPO(InstitutdlEtudesPolitiques), donde durante algunos años se sigue sosteniendo que debe entenderse que hay varias ciencias políticas y no sólo una autónoma, como coinciden en sostener -desde el principio- los scholars norteamericanos. Esta tesis pluralista de las Ciencias Políticas es receptada también al fundarse la Academia de Ciencias Morales y Políticas de París y su homónima de Buenos Aires. POLÍTICA EN LA UNESCO Y LA IPSA SE DEFINEN POR LA CIENCIA Pero a partir de 1948, en oportunidad de reunirse en París y en el seno de la UNESCO un grupo de expertos, entre los cuales estaban los líderes de la investigación y enseñanza de la Ciencia Política en EE.UU., Francia, Inglaterra etcétera, y al año siguiente al realizarse el primer Congreso de la International Political Science Association, queda definida la Ciencia Política como una ciencia autónoma, singular, perteneciente a las ciencias sociales, que admite en sus contenidos toda la problemática derivada de la historia de las ideas políticas, la sociología política, la geopolítica, la teoría de la sociedad y por cierto también el análisis de las instituciones (teoría de la Constitución). Esta posición se revela nítidamente en el título y en el contenido de las obras de los dos grandes maestros contemporáneos de la politología francesa. En efecto, Maurice Duverger así se expresa en Le Méthode de la Science Politique (PUF, 1959, pág. 48) y Georges Burdeau en su Traité de Science Politique, Le Pouvoir de 1 'État ( 1943 y 1949). También esta tesis se ratifica en las páginas de Introduction a la Science Politique, de Jean Meynaud y no la contradicen en sus obras Raymond Aron, ni el director de la SCIANPO de París, Alain Lancelot, ni el ex presidente de la IPSA, Jean Leca, director de cursos del célebre ~nstitutd'Études Politiques de París, al que asistí en 1993. El propio Prélot, toma distancia de las Ciencias Políticas en plural y se acerca a la convicción de que se trata de una ciencia autónoma, singular, al titular su libro La Ciencia Política, y afirmar al hacer sus conclusiones que: "...En este pequeño volumen nuestro mayor cuidado ha sido 'volver a centrar' la Ciencia Política, de acuerdo con su concepción tradicional, esforzándonos en impedir su desviación o dislocación...", y agrega "Para que exista una politología es necesario, en efecto, que sea dueña de sí misma, que no sea derivada hacia otra disciplina o dividida en disciplinas diversas que no le dejan nada propio" 7.

PRÉLOT.Marcel, op. cit.. pág. 107

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En fin, otro francés, Jean Dabin en "Sur la Science Politique" 8 resume esta temática al decir: "La Ciencia Política no puede ni debe ser otra cosa que la ciencia del Estado. Tal era el objeto de la política en la antiguedad ... No hay razones para que el objeto de esta ciencia haya desaparecido desde Platón, Aristóteles y Cicerón.

1. La lista tipo de la UNESCO Algunos de estos maestros y otros expertos elaboraron en la mencionada reunión de la UNESCO en París en 1948, la siguiente lista de temas fundamentales de la Ciencia Política. a) Teona política y Teoría del Estado {b) Historia de las ideas políticas

lo) LA

a) La Constitución b) El gobierno central c) El gobiemo regional y local d) La Administración Pública e) Las funciones económicas y sociales del gobierno f) Las instituciones políticas comparadas

a) Los partidos políticos

34 PARTIDOS, GRUPOS

b) Los gruposy asociaciones

Y OPINIÓNPÚBLICA c) La participación del ciudadano en el gobiemo d) La opinión pública 44 LAS RELACIONES INTERNACIONALES

a) La políticainternacional b) La política y las organizacionesinternacionales c) El derecho internacional

En base a esta clasificación, cuando redacté el programa de las cátedras que asumí en 197811981 en la Universidad del Salvador, como profesor titular de Derecho Político, en la Facultad de Ciencias Jurídicas, y de Ciencia Política, en la Facultad de Ciencias Sociales, dividí la temática de la Ciencia Política en cinco partes:

Revue du Droit Publique et de la Science Politique, enero - marzo 1954, Paris.

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'laParte - Teona de la política o del Estado 2" Parte - Teona de la sociedad o sociología política CIENCIA POLÍ'I'ICA 3" Parte - Teona de la Constitución (o de las instituciones) 4" Parte - Relaciones internacionales 5" Parte - Historia de las ideas políticas

Ese programa y esa clasificación revela nítidamente la autonomía temática de esta disciplina. En efecto, si partimos de la premisa de que la Ciencia Política es una rama de las ciencias sociales, en un pie de igualdad con las otras ramas de ese campo de la ciencia, que estudia al hombre en el espacio y en el tiempo en el contexto de su vida social, nos encontraremos en el camino correcto para reconocer que la Teoría del Estado es una parte esencial de la Ciencia Política y que ésta lo es para las ciencias sociales, en el mismo nivel que la historia, la geografía, la antropología, la sociología o la comunicación social. LA TEOR~A DEL ESTADO Llegados a este punto de nuestro análisis debemos identificar entonces a la Teoría del Estado como una rama de la Ciencia Política, con igual jerarquía que la teoría de la Constitución o de las instituciones, la teoría de la sociedad, la historia de las ideas políticas y las relaciones internacionales. Y en este sentido debemos puntualizar que en lugar de haber sido despojada la Ciencia Política por las ciencias que históricamente le preceden en el análisis científico, ella ha terminado por apropiarse de algunos campos de la geografía (al perfilarse la geopolítica); de la historia (al hacer una especialidad de ella a la historia de las ideas políticas); o de la sociología, al tomarle temas de la organización social del Estado o sociedad global. Con el mismo criterio, creo y sostengo en este ensayo, que la Teoría del Estado, debe estar conformada por los elementos de su definición, que en seguida formularemos, teniendo como objetivo el conocimiento del fenómeno político en su relación con el poder y la representación política. Ayudándome a establecer este marco teórico, dice mi maestro en el doctorado y titular de cátedra hace algunos años, Mano Justo López: "Mediante la teoría política se trata de conocer la realidad. Es la que agrupa y explica los fenómenos políticos, constituyendo hipótesis que una vez verificadas se convierten en leyes tales como explicar cómo se gobierna, cómo se presiona y - e n t r e otros temas-cómo se vota y por qué se elige o qué se elige para gobernar ..." 9. Mediante una Teoría del Estado - e n fin- se trata de establecer y averiguar lo que el Estado (o sea la sociedad política) es, no lo que debe ser, aspecto del que se ocupará la normativa constitucional.

"LOPEZ.

hlario Justo, Mnriluil de Derecho Político. Kapelusz, Buenos Aires. 1973, pggs. 55 y sigs.

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Esta teoría ha de ser, entonces, el resultado de la observación y para ello habrá un proceso en el cual primero hemos de informamos, conocer los hechos y comprobarlos, yendo de lo particular a lo general, induciendo. Luego debemos apropiamos del resultado de esta investigación y sacar conclusiones más genéricas para finalmente explicar los hechos, el fenómeno político. Con este fin utilizaremos hipótesis, las que una vez verificadas se convertirán en tesis o leyes políticas, tales como afirmar que bajo-determinadas condiciones un golpe de Estado puede derivar en una revolución (la Revolución de Mayo, deriva del golpe de Estado del 25 de mayo de 18lo), pero bajo otras condiciones derivará en una mera salida electoral presidida por un gobierno defacto, sin cambio institucional alguno (golpes en la Argentina de 1930, 1943, 1955,1962, 1966 y 1976). En fin la Teoría del Estado se corresponderá con el conjunto de los hechos comprobados, ordenados, sistematizados y explicados, que se suceden en la estructura del poder de la sociedad política global o Estado. Heller definía a la Teoría del Estado en oposición a la Ciencia Política, como puramente teórica y no valorativa. "Se ocupa de investigar -decía- la vida estatal que nos rodea y de comprender al Estado en su estructura y función actual, su desarrollo histórico y las tendencias de su evolución", O sea considera a la Teoría del Estado como una parte de la Ciencia Política meramente descriptiva, sin proponer el deber ser del Estado, sino cómo es. Es algo confusa esta definición, ya que no por el hecho de describir la Teoría del Estado se excluye la valoración del fenómeno político. Mariano de Vedia y Mitre, a su vez, consideraba que "la Teoría del Estado se dividía en teoría general del Estado y teoría particular del Estado, consistiendo la primera en la estructura del Estado en sí mismo y en sus elementos constitutivos y no limitándose al estudio de un Estado en particular, sino al conjunto de formas históricas en que se ha manifestado la organización estatal. En cambio -continuaba- la teoría particular del Estado, se propone el análisis de un Estado concreto y particular o bien la comparación de varios de ellos". Esta definición, coincide a través de otro camino metodológico con la división que he hecho en el programa de mi cátedra de Teoría del Estado de la Universidad de Buenos Aires, así la parte general del programa contiene la descripción y el análisis de los seis elementos constitutivos de la sociedad política, a los que me referiré en los últimos párrafos de este capítulo, y la parte especial el estudio de la anatomía de los Estados de Derecho inglés, francés, norteamericano, soviético y corporativo en España y Portugal y de vanos tipos de Estados defacto tales como el nazi y el militar latinoamericano, tratados en ios capítulos que integran mi ensayo sobre El Estado y la Realidad Histórica. Esta temática, por otra parte, coincide con la propuesta por otro maestro, de quien fui adjunto en la cátedra de Derecho Constitucional 11de la UBA, Arturo Sampay, quien sostenía que el Estado tiene como materia el conocimiento

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de la realidad estatal a la que pertenecemos ... el Estado tal como existe y tal como se da en nuestro tiempo y espacio histórico. En fin, el tercero de mis maestros por orden cronológico, Germán Bidart Campos 10, afirma que la Ciencia Política comprende a la Teoría del Estado y como tal ciencia abarca los siguientes aspectos: a) filosóficos, cuyo objeto sería la ciencia del Estado; b) sociológicos, cuyo objeto sería la realidad histórica; c) jurídicos, o sea el estudio de la realidad normativa del Estado; d) históricos, cuyo objeto sería conocer el desarrollo de las ideas y realidades políticas.

DEFINAMOS AHORA AL ESTADO Para cerrar este análisis debemos formular nuestra definición del Estado, ya insinuada en distintos párrafos de este capítulo, extrayendo luego de sus elementos el contenido de nuestra teorética, a la que hemos de agregar unos pocos elementos más vinculados con la dinámica del poder. Es un hecho históricamente incuestionable que sin un territorio en donde asentarse, el grupo humano que va a constituir o ya constituye una Nación es imposible que estructure un Estado y obviamente sin un grupo humano que de una u otra forma se asiente en un territorio, con voluntad de permanecer en él, tampoco es posible que se constituya una sociedad política. Tanto una Nación como fue el caso de la judía, hasta la creación del Estado de Israel en 1948como la Palestina, hasta tanto no se le reconoció una base territorial mínima, carecieron de un espacio propio para erigir un Estado. Es que un grupo humano, sin soporte territorial, si está unido por enlaces étnicos, religiosos, culturales, lingüísticos e históricos será una Nación, pero no le alcanza para llegar a ser un Estado, ya que no tiene un ámbito espacial para desarrollar su poder y para que sus leyes tengan validez y se puedan aplicar. Asimismo una isla oceánica, poblada sólo por pingüinos y pájaros, un espacio territorial deshabitado, nunca puede llegar a ser un Estado porque carece de los dos términos de la ecuación del poder: no hay quien mande y por cierto tampoco quien obedezca en un espacio terrestre en el que está ausente el hombre. En consecuencia, territorio y población han sido y sin duda seguirán siendo los dos elementos constitutivos del Estado. Pero no les sería posible a los integrantes de una colectividad humana asentada en un territorio vivir asociados sin que se organicen jurídicamente y establezcan una estructura de poder. De allí que el poder, o sea la relación de mando y obediencia y el Derecho son elementos indispensables para la formación de Estados y Gobiernos, desde que se detectó la presencia de jefes tribales que mandaban y poblaciones más o menos rudimentarias que obedecían en las aldeas de los pueblos más antiguos de este lo

BIDARTCAMPOS,Gerrnán, Derecho Político, Riienos Aires, 1961, pág. 55.

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planeta, hasta estos años en que la aldea global está recorrida por cohetes espaciales y satélites de comunicaciones. Todos estos elementos se dieron en las ciudades-Estado griegas y se reiteraron en la República y el Imperio Romano, tal como consignaremos en el próximo capítulo al referirnos a la evolución de las sociedades políticas, desde la antigüedad hasta el umbral del tercer milenio que estamos por franquear. Y en Roma, en Atenas, en todos los tiempos, siemprc hubo una clase dirigente, el elemento de mando de la ecuación, ocupando la estructura del poder o sea el Gobierno, que necesariamente debemos distinguir del Estado como una parte se diferencia del todo. Ahora bien, de qué serviría esa voluntad de mandar, esa asociación para convivir, si no tuviera una finalidad y por ello, es la finalidad, el último pero no el menos importante (last but not least) de los elementos del Estado. Creo entonces que todo Estado, cualquiera que sea su forma de gobierno y características, tiene como finalidad realizar el bien común de su población y para ejercer su soberanía ha de proyectarse con identidad propia en la comunidad internacional. Con esta convicción esbozamos hace treinta años un concepto de Estado con el ya desaparecido y entrañable amigo Nerio Norberto Bonifati, colega de cátedra en ese entonces en la Universidad de Belgrano y luego en las Universidades de Buenos Aires, Católica de La Plata y del Salvador. Decíamos entonces y repito hoy que el Estado es una sociedad conformada por un grupo humano que vive en comunidad sobre un territorio determinado, cuya estructura de poder está ocupada por una clase dirigente y reglada por normas constitucionales. Tiene porfinalidad lograr el bien común y proyectarse con identidad propia en la comunidad internacional 11. LA OPINIÓN DE LOS MAESTROS Esta definición la habíamos elaborado siguiendo a algunos otros autores, en especial a Jellinek. Este maestro de la Ciencia Política nos enseña que en la investigación del Estado debemos atender a dos órdenes de fenómenos. Por un lado el Estado como construcción social y por el otro el Estado como institución jurídica. En el contexto sociológico Jellinek define al Estado como la unidad de asociación dotada originariamente de poder de dominación y formada por hombres asentados en un territorio. En cambio en el orden jurídico el Estado se muestra como un sujeto de derecho y es susceptible de ser incluido en la categoría de corporación. En el mismo orden le atribuye al Estado el carácter de persona jurídica de existencia ideal y lo conceptúa como la corporación o so" PELLET LASTRA, A., El Esfado y la Realidad Histórica, Buenos Aires, 1979, pág. 25

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ciedad formada por un pueblo, dotado de un poder de mando originario y asentado en un territorio determinado. Manifestaba también Jellinek que el Estado era unacomunidad con un poder originario y medios coactivos para dominar sobre sus miembros y sobre su territorio, conforme a un orden que le es propio. El Estado, agregaba, tiene algunas características tales como el poder, que lo distingue de cualquier otra institución cuerpo. O sea que de acuerdo con este autor son tres los elementos constitutivos del Estado, ya que agrega a los clásicos (territorio y población), el poder, tesitura que comparte la mayoría de la doctrina. Duguit también influyó en nosotros dentro de la línea sociológica al decir: "El Estado es un grupo humano, asentado en un territorio determinado, donde los más fuertes imponen su voluntad a los más débiles". Duguit era un positivista y como tal veía el hecho desnudo de la dominación, la detentación del poder por el grupo más fuerte, que sólo tiene como límite el hecho de la solidaridad social o dependencia recíproca de los hombres. Completando su definición nos dice este politólogo francés que "En su sentido más general la palabra Estado designa a toda sociedad humana en que existe una diferencia política entre gobernantes y gobernados, o sea según la expresión consagrada, una autoridad política". Con el convencimiento de que el Estado no es sólo un hecho político sino a la vez social, que es sinónimo de la sociedad política global en que convivimos unos y otros y de que el gobierno es sólo un elemento del todo social que es el Estado, también podemos graficar esta realidad histórica y actual comparando a la sociedad Estado con una sociedad anónima comercial y así decir que si en ia sociedad anónima los dueños son los accionistas, en el Estado, aunque no parezca, los dueños somos los ciudadanos. Y decir también que si la sociedad anónima tiene un directorio que la administra, en la sociedad Estado tenemos al gobierno para esa tarea. En fin, si en las sociedades anónimas se eligen periódicamente a los directores en asambleas anuales, en la sociedad Estado lo hacemos en los turnos electorales cada dos o cuatro años. ALGUNAS CONCLUSIONES PROVISORIAS

De lo expuesto en los párrafos anteriores se concluye en forma preliminar, que la Teoría del Estado, tal como la expongo en este ensayo abarca el estudio y la especulación científica sobre cinco de los seis elementos del Estado, o sea el territorio, la población, el poder, la clase dirigente que lo ocupa o presiona a la que lo ocupa y su finalidad, dejando la normativa constitucional a cargo de los especialistas de esa materia. Ahora bien, para el análisis e investigación de la Teoría del Estado, creo esencial ocuparme también de algunos de los fenómenos propios de su vida y dinámica ya que el origen, el desarrollo y el funcionamiento actual de otros sujetos esenciales de la politología son inescindibles de los elementos específicos

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del Estado, a punto tal que sin un análisis conjunto de unos y otros entiendo que nos sería imposible formular conclusiones válidas sobre el fenómeno político del Estado y tener una visión integral de la sociedad global. Es que siendo la estructura del poder y la clase dirigente que lo ocupa el núcleo de la fenomenología del Estado, no es suficiente analizar en sendos capítulos y uno específico sobre las formas de gobierno, esta problemática. Debemos conocer y desmenuzar asimismo por qué el pueblo les da mandato a los detentadores formales del poder (teoría de la representación); cómo les da ese mandato (sufragio y sistemas electorales); cómo se originaron y cómo funcionan las organizaciones específicas que nuclean a la clase política que gobierna o se opone en el Parlamento (los partidos políticos) y, en fin, tal vez uno de los procesos más interesante de todos los tiempos: quiénes y cómo presionan desde adentro y afuera a los mandatarios del pueblo. De esta manera es inevitable hacer una descripción y un análisis profundizado del escenario completo en que juegan sus diferentes roles los actores y espectadores de la sociedad política global. Es así, entonces, que por lógica esta teoría coincida casi totalmente con la teoría de la política que se hace en el escenario de la sociedad global, el Estado.

En los días en que Nicolás Maquiavelo estaba escribiendo su breve pero histórico compendio de sabiduría política, que él y sus editores publicaron en 1513 con el título de El Príncipe, el universo conocido estaba centrado en el Mediterráneo y dividido en una constelación de reinos, principados, ducados, marcas, condados, baronías y repúblicas, más o menos poderosas y armadas para atacarse o defenderse entre sí y contra piratas, turcos y otras potencias extrañas a ese mundo cristiano, casi feudal. En estos territonos gobernaba el más fuerte o el más astuto, o bien, como lo diría el genial florentino una combinación de ambos, sumando a ese perfil del príncipe una refinada crueldad propia dela psicología de los todopoderosos de esa época. Esos gobernantes habían obtenido el poder por su talento y crueldad para guerrear, como los Sforza en Milán, o por el buen uso de su fortuna, como los Médicis en Florencia o bien por herencia, como es el caso de Carlos 1de España y V de Alemania, príncipe heredero de las casas de Habsburgo, de Castilla y de Aragón. Por eso dice con exactitud Maquiavelo en las primeras líneas de su ópera prima ... "Todos los Estados y todas las dominacioiies que ejercieron y ejercen todavía una autoridad soberana sobre los hombres, fueron y son principados o repúblicas", y de inmediato aclara: "Los principados se dividen en hereditarios y nuevos". Eran obviamente principados todos los territorios dominados y gobernados por reyes tales como Fernando 1 de España, Enrique VI11 de Inglaterra y Francisco 1de Francia, y en términos genéricos los ducados, marcas, condados y baronías que contenían ésos y los otros reinos de Europa. En cuanto a las repúblicas, su número era muy reducido y se erigían sin excepción en ciudades afirmadas en sus derechos comunales tales como Venecia, Florencia, antes y después de ser dominada por la familia Médicis, Génova y por cierto las existentes sobre el mar Báltico y en la Confederación Helvética, que retendrían su autonomía en un contexto de protesta religiosa como fue el caso de Ginebra, tiranizada por Calvino. Estas escasas repúblicas, emergentes del medioevo, desarrollaban su aventura del poder mediante gobiernos cole-

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giados elegidos por electores calificados por sus rentas o propiedades, o por ambas a la vez. El resto del mundo conocido, estaba imprecisamente descripto y delimitado en mapamundis que eran apenas esbozos de lo que serían con el tiempo mapas como el que diseñó Américo Vespucio para describir el continente que lleva su nombre. Y bien, en esos primeros años del siglo del renacimiento por excelencia de las artes, las ciencias y el poder concentrado, Nicolás Maquiavelo, primero secretario de la segunda cancillería rlei governi della Signoria florentina, y luego empeñoso agente diplomático del gobierno republicano de Savonarola, había logrado acumular una experiencia que le permitió sobresalir en la estructura de poder de la época. Esa experiencia, cargada de astucia y escepticismo respecto del espíritu y accionar de sus contemporáneos. lo lleva a elaborar su célebre Manual de Ideas Políticas, sin lugar a dudas la obra más preciosa y completa sobre la política de aquel tiempo, pletórico de disimulos, venenos varios y aventuras caballerescas.

LASIDEAS DE MAQL'IAVELO El Príncipe, es el libro que inicia la politología moderna y obra como precursor de los trabajos posteriores de los más importantes pensadores de los siglos XVI y X V I I , tales como Bodin, Hobbes, Locke, Rousseau y Montesquieu, entre otros. Marca sin duda, el comienzo de la etapa fundacional de la especulación política escrita con aliento científico, pero en rigor de verdad no es más que un continuador de los pensadores de la antigua Grecia, tales como Platón y Arístóteles, o del medioevo, como lo fueron los padres de la iglesia san Agustín y santo Tomás y esa rareza del cuatroccento italiano que fue Dante Alighieri, autor de un ensayo sobre la Monarquía, aunque pasó a la historia como el inolvidable poeta de La Divina Comedia. Tal como asegura Jean Touchard 1, la filiación aristotélica de Maquiavelo es indudable, y su admiración por el estagirita la adquiere leyendo La Politeia en laedición publicada en 1435 y luego reeditada seis veces según la traducción del erudito y helenista Leonardo Bruni. Sin embargo, el conjunto de ideas que desarrolla el florentino no continúan la línea de pensamiento de su maestrq, ya que mientras éste dirige sus investigaciones hacia el buen gobierno que asegura una vida buena a sus buenos ciudadanos, Maquiavelo apartándose de tanta bondad e ideal por la justicia, pragmáticamente tiene en mira un objetivo más concreto y brutal: Él cree que lo mejor en su tiempo es lograr un gobierno eficaz para una Italia unida y "desclencalizada", no importando los medios que deban usarse para alcanzar esta finalidad. En suma, para el florentino la política es el arte del Estado dirigido menos a la felicidad de los miembros de la ciudad que a la obtención de su obediencia,

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TOUCHARD, Jean. Hisrorio de lns Ideas Políticos. Tecnos. Madrid. 1964. pag. 202

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cruel ideología que se resume en uno de los más discutibles consejos de este príncipe del pensamiento que fue el plebeyo Maquiavelo: Más vale ser temido que amado.

Pero de qué Estado nos está hablando el trotamundos florentino, que dedicó los mejores años de su vida a cabalgar junto a príncipes tan malvados como César Borgia o a aconsejar a monjes tan tremendistas como Giacomo Savonarola, al legamos su formidable síntesis de consejos para gobernar con eficacia a la variopinta cantidad de vasallos de su época, menos romántica de lo que suponían novelistas como Stendhal o poetas como Shakespeare. Sin duda nos está hablando de los gobiernos de su tiempo y tal confusión, si se la puede llamar confusión, se reitera en casi todos los pensadores y filósofos de la política hasta hace menos de cien años y aun en autores contemporáneos. Es que Maquiavelo, sus predecesores y sucesores, a veces afinan sus conceptos y diferencian a la sociedad política, o sea al Estado propiamente dicho de la estructura del poder que lo gobierna. Otras veces se confunden ambos términos y no podemos quejamos, yaque la Ciencia Política como tal recién se comienza a desarrollar en las universidades de la Ivi league norteamericana, y en universidades europeas como la Sorbona de París, Oxford, Cambridge, Heidelberg y Berlín a fines del siglo XIX, tal como leemos en el capítulo anterior. Recién en los primeros años de este siglo, los scholars norteamericanos logran escíndir en sus laboratorios de politología el concepto de Estado del correspondiente a gobierno y llegan a esclarecer, sin lugar a duda alguna, que la estructura del govemment es un elemento del State en la sociedad contemporánea. La palabra Estado, entonces, no aparece en el vocabulario científico como sinónimo de organización política hasta que Maquiavelo la utiliza en el primer párrafo de El Príncipe. Ahora bien, como hemos visto en el capítulo anterior, los griegos utilizaron el términopolis para referirse a sus ciudades-Estado, en tanto que los romanos acuñaron por cierto una terminología más rica al llamar civitas a la ciudad política, res publica a todos los negocios o acciones políticas que se ejecutaban en el espacio público estatal, tales como los forums o el Senado e imperium a la entidad o cualidad de mando, con competencia y jurisdicción en los ámbitos administrativo, judicial o militar. La Edad Media hereda fundamentalmente la palabra república o cosa pública, pero se vale también de expresiones tales como terra o land, concepto anglosajón en el que prevalece el elemento territorial. Es Bodin uno de los primeros que usa la palabra república como equivalente a Estado y así su libro se titula Los Seis Libros de la República. Obviamente a partir del siglo XVIII, el vocablo república sólo será utilizado para la

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forma de gobierno en la cual el poder lo ejercen ciudadanos electos por un período limitado de tiempo. En tal sentido ya hemos visto que la primera república que alcanza dimensión universal, la romana, será gobernada primero por cónsules electos, pero limitados temporalmente en su mandato y luego por emperadores, también electos pero no limitados en la periodicidad de su mando. Esos emperadores irán acrecentando su poder y transformarán la república, primero en una monarquía aristocrática que será el imperio propiamente dicho y luego en tiranía, una y otra forma de gobierno caracterizadas por la no renovación en el poder de sus clases dirigentes.

Etimológicamente Estado deriva de status, que era la palabra que se empleaba en Roma para caracterizar la situación jurídica en que se encontraba una persona. Era así el conjunto de sus derechos y obligaciones, sea con respecto a la ciudad política (status civitatis), a la libertad (status libertatis), y a su familia (statusfamiliae). En un sentido técnicamente aproximado se la utiliza actualmente en sociología, empleando la palabra latina original stutus, para describir la posición que una persona ocupa en el contexto social. En el bajo imperio, juristas como Ulpiano la usaban como status reipublicae, en lugar de reipublicae al referirse a la posición de la gente en el contexto de los negocios públicos o de derecho público. En fin ni en Roma, ni en el medioevo la palabra Estado llegó a utilizarse con el sentido con que hoy la usamos como sinónimo de sociedad política. En cambio se la utilizaba con referencia a los estamentos o clases políticas, tal como surge de la expresión état généraux, es evidente aquí que la palabra es usada para describir a cada uno de los estarnentos que componían el universo social francés: nobleza, clero y estado llano, al reunirse estas asambleas nacionales del reino de Francia, con una periodicidad irregular, a convocatoria del rey y para resolver la creación de nuevos impuestos y gabelas o autorizar otras fuentes de recursos para la corona, tal como ocurrió en 1614 y 1789. Posteriormente JeIlinek nos aclara que la expresión stato (en italiano) comenzó a ser usada en el siglo XIV por los embajadores para referirse a los delegados y autoridades de cada comunidad y por derivación en el uso, para referirse al territorio sometido al domiiiio de esas autoridades, ya fueran príncipes o consejeros electivos, como "los diez" en Venecia. EL ESTADOSEGÚN LOS GRIEGOS En el universo político de los griegos, en sus ciudades-Estado, en las que convivían más o menos pacíficamente las clases dirigentes que deliberaban en el ágora, o no tan pacíficamente los que mandaban y obedecían en la sociedad

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política jerarquizada de Esparta, fue elaborándose el concepto político de Estado o mejor dicho de la sociedad política, ya que aquel término aún no había sido acuñado. Comenzando con Platón, que elaboró y reelaboró su pensamiento a partir de las enseñanzas recibidas de su maestro Sócrates en los años dorados en que gobernaban en Atenas Pericles y sus sucesores y continuando con Protágoras y Aristóteles. Platón se esmeraba en describir cómo debía organizarse lapolis para ser más perfecta y en este filosófico intento tenía como ideal una ciudad donde la justicia fuera el valor esencial y los justos sus gobernantes. Como enseña Touchard 2, su ciudad justa "no está formada por una población homogénea, sino por tres clases netamente distintas y cuya cohabitación realizará una especie de perfección. La primera clase es la de los jefes y tiene como virtud propia la sabiduría; la segunda es la de los auxiliares o guerreros, dotados de valor y la tercera es la de los artesanos o labradores, tanto patronos como obreros, que necesitan la templanza y deben saber resistir a los apetitos. Dicho de otra forma, cada clase representa un aspecto del alma y el conjunto de la ciudad representa el alma entera. De esta forma la ciudad es justa porque cada parte cumple su función en ella y los ciudadanos son justos en la medida de su participación justa en una ciudad justa". Tanta justicia nos revela que Platón piensa y escribe sobre el debe ser, porque ninguno de los regímenes existentes, ninguna de las doctrinas predominantes en su época le satisfacía. La democracia era para él el reino de los sofistas, que en lugar de ilustrar al pueblo se contentaban con estudiar su comportamiento. Para Aristóteles (LaPoliteia su libro clave, 384-322 su estadía terrestre) esta polis, la sociedad política de los griegos, es el punto culminante de un desarrollo de las asociaciones humanas cuyos estadios anteriores han sido la familia, la tribu, la aldea, el pueblo y por último la ciudad. Esta ciudad se organiza mediante una Constitución, que crea lapolis, hasta el punto de que si la Constitución cambia, lapolis o Estado se recrea, se transforma en forma más o menos radical o revolucionaria. La consecuencia será el surgimiento de una nueva polis 3. Aristóteles reconoce la diversidad de lapoliteia y cataloga constituciones de ciudades-Estado, reinos y principados de la antigüedad, que le permiten formular la clasificación de formas de gobierno que vamos a ver en el Capítulo VI. El Estado ideal para Aristóteles es diferente al que propone Platón en Las Leyes. Para él es inhumana e impracticable la república platoniana y especialmente la comunidad de bienes y mujeres; la estricta división de clases y los sacrificios exigidos a cada persona. El principio fundamental del gobierno democrático es la libertad, ya que es el único régimen, en el que a su criterio se puede gozar de ella y agrega "Uno de los principios esenciales de esta sociedad política es que todos los ciudadaTOUCHARD, Jean, "p. cit., págs. 41.43 y sigs. Idem.

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nos por turno manden y obedezcan". Con clarividencia sostiene este aspecto esencial de las democracias de todos los tiempos en una época en que la esclavitud era una institución natural, la división de clases estaba muy marcada y sólo votaban los propietarios y jerarcas. En esa sociedad jerarquizada, no obstante, Aristóteles percibió que una manera de resguardar el respeto mutuo y el derecho a la oposición consistía en la renovación periódica de quienes ocupaban el poder. En otro adelanto a las ideas y costumbres de su época, considera como sostén natural de las democracias a las clases medias. Y dice al respecto, donde quiera que las clases medias sean numerosas, hay menos disensiones, menos trastornos. Es esto lo que asegura a la democracia una estabilidad y una duración que jamás ha tenido la oligarquía en el poder. Coincidiendo parcialmente con Platón, concede que la función suprema de la sociedad política, de lapolis, es la de administrar justicia. En definitiva Aristóteles propone una ciudad feliz en lugar de la ciudad justa de su maestro. Esta felicidad consiste en el uso perfecto de la virtud. Deberá tener un tamaño a escala humana (5.000a 10.000habitantes), territorio reducido y fácil de defender. El ideal será que esté, como Atenas, posesionada sobre el mar. En fin, en ese mundo en el que coexistían los ciudadanos que debatían y votaban en el ágora (propietarios, terratenientes, armadores, jerarcas del ejército y funcionarios), con los excluidos del debate y del poder, o sea los metecos (extranjeros), ilotas (esclavos) y pobres en general (soldados, campesinos y artesanos) se hablaba de las cualidades para gobernar, se filosofaba sobre el poder y las formas de gobierno, pero ni Platón, ni Aristóteles, ni Protágoras, y mucho menos los sofistas y otros pensadores del Peloponeso hablaban o definían al Estado como la sociedad política global, estaban en lo conceptual mucho más cerca de nosotros que los pensadores del medioevo y del Renacimiento en cuanto a la definición del Estado, pero aún lejos de la concepción global que hoy tenemos del mismo. EL PODER SE ATOMIZA EN EL MEDIOEVO Es históricamente indiscutible que los romanos concibieron en forma integral a la sociedad política en los cinco siglos que van desde el advenimiento de Julio César en el año 59 a.C, hasta la caída del Imperio bajo la furia guerrera de los bárbaros provenientes de las tierras ubicadas más allá del Rin y del Danubio, en el año 453 d.C. En efecto, en su ámbito de poder había territorios propios (en la actual Italia) y ocupados (en las Galias, España, Islas Británicas, Rélgica, Alemania, Austria, Africa del norte y Medio Oriente), en los cuales se asentaban grupos humanos provenientes de distintas naciones. Sobre unos y otros funcionaba una estructura de poder, conducida por una clase dirigente que gobernaba el

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Imperio con una finalidad de bien común -o paic romana- y proyectando su identidad en el ámbito internacional de la época. A todos, ciudadanos y no ciudadanos del imperio, se los gobernaba de acuerdo a las leyes que sancionaba el Senado y a los diktucts que emitían el emperador y los procónsules. Al respecto decía Cicerón: "La República -luego será el Imperio- es cosa del pueblo, que no es una reunión de hombres congregados de cualquier manera, sino la sociedad formada bajo la garantía de las leyes y para la utilidad común" 4. Este gran Estado que forjaron los patricios romanos con sus instituciones del Consulado, el Senado y los distintos tribunos, cuestores y demás funcionarios, debatiendo en la ciudad y cabalgando por el Imperio, se va desvaneciendo y ya en el siglo v parece una sombra de lo que fue en sus tiempos de esplendor. En medio de esa atomización del poder y gradual desaparición del Estado romano centralizador, el poder de los cónsules y procónsules del Imperio vapasando a los señores feudales, que gobernarán en el limitado ámbito de sus señoríos, y en forma más o menos coactiva, sobre sus vasallos. Y así el Estado de la pux romana se va desintegrando. El todo imperial se divide en infinitas baronías semiindependientes, sobre las cuales los reyes tenían un poder limitado, dado que los señores feudales, los barones soberbios que gobernaban condados, marcas, ducados y principados, eran sus vasallos y pagaban tributo por ello. A su vez estos todopoderosos feudatarios tenían un poder absoluto, incontrastable, que les permitía gobernar la hacienda, legislar y hasta dirimir, como jueces ad plenum, los conflictos que se suscitaban entre sus temerosos súbditos. No existía una autoridad central. El rey merovingio, por ejemplo, no lo era de todo el perímetro que en el Renacimiento constituiría el primer Estado nacional francés, pero los nobles que señoreaban en las baronías se constituyeron poco a poco en sus vasallos directos y los súbditos de éstos, en sus vasallos indirectos. En realidad, los plebeyos de los señonos feudales no sentían otra autoridad que la que en forma inmediata y casi siempre despótica ejercía el conde o marqués que los gobernaba. Estos señores ejercían, entre otros, el derecho de pemada, tétrico ejercicio del poder que les permitía poseer a sus súbditas plebeyas en la primera noche de casadas. Eran ellos -si querían y podían- los que defloraban a las novias y no el novio, que debía dar sío sí su consentimiento bajo la amenaza de ser colocado en el cepo o sometido a otros vejámenes si se negaba a ceder la primacía sexual a su señor. O sea que la sumisión del siervo o vasallo no era al rey, sino al gobernante directo del territorio en que vivía. Éste podía también reclutarlo, voluntaria o coactivamente para el ejército, cobrarle gabelas y limitar su entrada o salida del feudo.

' C I C E R ~Tratado N, de la República, Obrns Completas, T . 111, Madrid, 1956, p6g. 549.

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Jellinek ha denominado a este estado de cosas "atomización del poder público", Es decir que el fenómeno político que caracteriza al medioevo es el desmembramiento del poder legado por los emperadores, en forma m5s o menos inorgánica a los cónsules y procónsules del Imperio. La unidad política resultará así prácticamente imposible de alcanzar al disolverse el poder imperial delegado, ya que el proceso, dinámico como todo proceso histórico, es en este caso centrífugo no centnpeto, razón por la cual siguiendo con el casodeFrancia, a los jefes, tribunos, cuestores y procónsules romanos los sucedieron primero jefes tribales y luego barones, condes, etcétera, en territorios que heredan o quitan a otros, que a su vez antes habían heredado o quitado a sus dueños originales, en tiempos remotos.

ELORIGEN DEL ESTADO La tesis de Maquiavelo, es históricamente comprobable y por cierto razonable: los principados -hablando en términos genéricos de los feudos- podían ser originarios o derivados, pero los Estados nacionales que comienzan a desarrollarse en esa escala y aescala imperial en el Renacimiento, serán los que organicen jundicamente la Nación en tomo a un príncipe exitoso como lo fue Francisco 1en el siglo XvI. Su corte será el centro del nuevo reino y la formarán los señores feudales en la capital que eligi6para asentar su formidable poder centralizador. Linares Quintana 5 lo denominaba Estado de estamentos, que es el formado por la concentración estamental de la alta nobleza, baja nobleza, clero y burguesíadelas ciúdades. O sea, el Estado basado en pactos elaborados y suscriptos por los miembros de múltiples clases, que se juran lealtad entre sí y obediencia a sus príncipes o reyes. Era, entonces, un conglomerado de derechos adquiridos y privilegios, no una Constitución lo que le daba forma jundicaaeste protoestado medieval, que al concluir su proceso de desarrollo histórico constituirá el Estado nacional típico del mundo mediterráneo europeo occidental. Eran pactos a veces escritos, a veces fruto del uso y la costumbre que limitaban y controlaban el poder del príncipe centralizador,que detentaba yael título de rey. Así se conformaron entre el siglo xrv y el siglo XV los reinos de Inglaterra, Francia, España, Portugal, Suecia, etcétera. En los quinientos se añaden aestos pactos entre el rey y los señores feudales otros dos elementos que van a dar nacimiento - e n definitivaa los grandes Estados nacionales del único universo político existente en el mundo conocido de la época, cual era Europa central y meridional. El primer elemento, a que me refiero como fundacional de estos Estados nacionales, es la formación de cortes que se establecen a partir de la residencia

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LJNARESQUINTANA. Segundo V.. Trnrado cle la Ciencia del Derecho Corisrirircionnl. T . I, Plus Ultra. Buenos Aires, 1977.pbgs. 40 y sigs.

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definitiva y permanente de un número significativo de nobles que permanecerán junto al rey. en forma en algunos casos permanente y otros transitoria. En esas cortes se van concentrando en forma progresiva tribunales estamentales, ministerios y con el tiempo - e n algunos países- asambleas de representantes de la nobleza y la burguesía, tal como ilustran los casos del Parlamento británico y de los parlamentos de los países nórdicos. Se da así un poder limitado del rey, centralizado en la capital del reino y un poder descentralizado en las ciudades cabeceras de los ducados, condados y marcas. El otro elemento será lo que José Antonio Primo de Rivera denominó la unidad de destino en lo universal. Me refiero al destino universal que le dan a sus reinos los reyes pioneros de la navegación hacia otros mundos, tal como fueron el rey Enrique el Navegante de Portugal, Isabel y Fernando de España, Enrique VI11 e Isabel 1de Inglaterra, etcétera. El proceso histórico del descubrimiento, conquista Y colonización de América en ese siglo y posteriormente de Oceanía, Asia y Afnca en los siglos XVII a XIX, convertirá a los centros del poder europeo en los centros del poder mundial, y reconvertirá a los Estados nacionales en Estados imperiales, dueños de todo el mundo conocido. Uno de los primeros señores imperiales será el nieto de los reyes Católicos, Carlos 1de España y V de Alemania, que hereda casi simultáneamenteun reino en vías de transformarse en imperio y el Sacro Imperio Romano Germánico, que le lega su abuelo el emperador Maximiliano, primacía que lo hace señor al que sirven reyes, príncipes, en fin una constelación de personajes regios que gobernaban en lo que hoy son los temtonos de España, los Países Bajos, Nápoles, Alemania, Austria Hunp'a, Checoslovaquia, Rumania y Bulgaria, que lo eligen emperador y le rinden su pleitesía. Este imperio europeo se irá convirtiendo entre 1516-año de su coronación- y 1556-año de su abdicación- en un imperio mundial, en forma contemporánea y paralela a los procesos de conversión de reinos en imperios en Francia e Inglaterra. Así España se constituye primero en reino y luego en imperio centralizado en su nueva capital, Madrid, que pasa de villorio ignoto a capital imperial, en la cual Felipe 11continuará el esfuerzo conquistador y colonizador de su predecesor, coronado por los continuos éxitos logrados al someter a los imperios americanos erigidos por los incas. mayas y aztecas. Para administrar las nuevas capitanías generales, gobernaciones y virreinatos erigidos en territorio americano se crearán Consejos como el de Indias, y una estructura de poder burocrática tanto en la capital del gran Estado español, como en las capitales de sus posesiones en Ainérica. Toda esta nueva estructura de poder, como ocuma simultáneamenteen Londres y París, era administrada por una nueva clase de nobles de toga y puntillosos burócratas, rápidamente ascendidos para atender los requerimientos del poder colonial. En suma, la empresa imperial de los antiguos reinos europeos coadyiivará decisivamente en la construcción de un poder estatal centralizado, al que cada

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vez se subordinarán más los señores feudales, devenidos cortesanos sin perder el dominio de sus territorios heredados. De allí que a la desintegración del Imperio Romano en el siglo V. le sigue un período histórico de casi diez siglos de territorios divididos en tantos poderes como señores feudales había en Europa y a este largo interregno, le sucede un renacer -valga la redundancia, ya que se produce en el R e n a c i m i e n t e con la construcción de un poder centralizado en un príncip~- e n la mayor parte de los casos con el título de rey-, al que se subordinan los barones feudales. Es que al integrarse los Estados nacionales hay una especie de pacto -a veces explícito, a veces implícito-, por el cual el principal señor feudal, o sea el rey, se beneficia con el apoyo que en dinero, tropas y municiones le dan los señores feudales menores al acercarse a las cortes y éstos a su vez se benefician con recompensas tales como títulos honoríficos de mayor prestigio del que detentaban y protección tanto diplomática como militar para el caso de que se produzcan conflictos con príncipes extranjeros y se necesite el auxilio de un ejército de envergadura como el que mantenían los Borbones de Francia y los Tudor de Inglaterra. Por otra parte, el tamaño reducido de los mini Estados feudales permitía ejercer un gobiemo eficaz por la inmediatez con que se ejercía sobre un número tambiénreducido y controlable de súbditos, relación personalizada que, obviamente, no podía lograr el rey, alejado geográfica y físicamente de esos súbditos. Claro está que el señor feudal no era un delegado del rey nominal del temtorio, ya que los barones ejercían per se un poder originario, autocrático e inmediato. Dice Stephenson 6 que "el feudalismo en los Estados pequeños como era el caso de los ducados franceses de Nonnandía, Borgoña y Aquitania no era incompatible con un gobiemo eficaz, tal como ocurría con Estados más grandes como el Imperio Carolingio". Esto se debía -tal como sustentamos más arriba- al vasallaje, o sea al vínculo de sujeción personal con que se articulaba toda la estructura feudal. La historia antigua -agregaconsiste en que señor y vasallo estaban reunidos por un lazo de recíproca buena fe. Por eso el Estado feudal, cuyo gobierno dependía en buena medida de la relación personal de vasallaje, tenía que ser forzosamente reducido. Los hombres libres del vasallaje a los barones feudales, vivían predominantemente en las ciudades como artesanos, aprendices, maestros de oficio, comerciantes, en fin como burgueses rentistas y propietarios. Dentro de las ciudades vivían todos aquellos que habían conseguido liberarse de las cargas señoriales, y lo hacían como súbditos directos del rey o príncipe reinante, del que también eran súbditos los barones feudales que gobernaban fuera de las ciudades.

STEPHENSON. R..El Feudali.rmo Medievcrl. 196 1. p6g. 127.

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Por tan elemental razón política, en la Carta Magna otorgada por el rey Juan sin Tierra en la llanura de Runnymede en 1215 , se reconocen derechos a los nobles y a esos hombres libres, pero no a los súbditos pobres, a los campesinos arrendatarios. Para el rey los vasallos de sus vasallos no existían políticamente hablando. No podían elegir ni ser elegidos. Tan sólo debían limitarse a obedecer. La relación se daba así en esta etapa de formación de los Estados nacionales, como una doble relación de mando y obediencia entre el rey y los barones y hombres libres y entre los barones y los vasallos de éstos. Cada uno en su territorio ejercía poder, pero el del rey era doble ya que tenía vasallos de primera: los nobles y hombres libres, y de segunda: los campesinos del reino. Refiriéndose a la Nación jurídicamente organizada en la etapa posfeudal, en los años de formación del Estado nacional, nos dice Althusius: "El Estado es en la cúspide una comunidad política que incluye a comunidades más simples como las familias, y a las corporaciones y a sociedades más complejas como las comunas y las ciudades", y remata sintetizando el espíritu corporativo predominante en su época: "Así se llega a una concepción contractual, orgánica de la soberanía. Se pasa por gradaciones de las sociedades más simples a la sociedad estatal 7". De alguna manera Althusius se anticipa a las doctrinas corporativistas del siglo xx, considerando al Estado como una federacibn de grupos ligados por un contrato del que surge la soberanía. A su vez, Bodin afirma el carácter unitario e indivisible de esta soberanía. Así si para Althusius, su contemporáneo, reside en un pacto de los componentes orgánicos que constituyen el Estado, para Bodin el gobierno del Estado o el Estado, ya que en esa época no se distinguía bien unodel otro, es una monarquía unitaria. De allí que tanto para Bodin como para Althusius la soberanía reposa en la persona del p~íncipe,que en todo momento prevalece sobre el Estado. En fin, Bossuet resume esta tendencia, que también sigue Fenelon, diciendo en su Politique Tirée des Propres Paroles de la Escriture Sainte que "todo el Estado se halla en el príncipe, apotegma que alguien -nunca se sabrá quien- resume y coloca en los labios de Luis XIV, al decir ~ ' É t ac'est t moi, definición que si bien no expresó, sin embargo se sabe que una y otra vez pensó y dijo con otras palabras Le Roi Soleil".

l. Teorías sobre el origen del Estado Y bien, tenemos así ubicado el comienzo de la era de los Estados nacionales en la Europa renacentista del siglo X v I y hemos visto cuáles fueron las causas eficientes que hicieron posible este fenómeno político, que se continúa desarrollando bajo distintas circunstancias, protagonistas y finalidades en este umbral del tercer milenio.

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A lo largo de estos quinientos años la estructura del poder de los grandes Estados nacionales europeos se ha ido transformando por hechos del hombre, del príncipe y porque no, también de la naturaleza. Nacidos por la concentración del poder en las cortes reinantes y afirmados por la empresa común de conquistar y colonizar nuevas tierras, estos mega Estados tan diferentes a los micro Estados de las ciudades épicas del Peloponeso, han buscado desde un principio justificar el poder de sus gobernantes y en especial el origen del Estado mediante diversas y por cierto contradictorias doctrinas. Ciñéndonos a las más significativas y duraderas, debemos anotar en primer lugar a la del origen divino, que explicó la posesión del poder durante casi dos mil años en el mundo occidental y en segundo lugar a la contractiialista, que es la más razonable y exitosa desde mediados del siglo xv1 Dice Germán Bidart Campos 8 al respecto: "es fácil comprender que el problema de la justificación es el que hace valer la razón de que el Estado exista en abstracto, y el origen histórico es el que se refiere, en el orden de la fenomenología, al comienzo del Estado en abstracto". Es así que las teorías religiosas sobre la justificación del Estado, son las que procuran fundamentarlo en un ser superior al hombre, aludiendo al origen divino del poder como causa eficiente. Esta interpretación celestial es -según Faustino Legón- el planteo más profundo que se hizo durante siglos de la base justificatoria del Estado y del poder dentro del Estado. Tratando de justificar al Estado y por qiié el príncipe manda, propone esta antiquísima doctrina que Dios elige a la persona o a la estirpe de gobernantes de un Estado y les confiere la investidura del poder en forma sobrenatural, preternatural o providencial, o sea al margen de 10s medios normales del orden natural de las cosas. Esta tesis del derecho divino de los reyes se incrustó en el protestantismo, que en el siglo xvi defendía a los príncipes de Europa Central y en el cristianismo en general, explicando a nobles y plebeyos porqué debía ser absoluto el poder de reyes tales como Enrique VI11 de Inglaterra o Felipe 11de España en ese siglo. Este principio seguía vigente en 1641 cuando Carlos 1 de Inglaterra subrayó con su dramática salida de este mundo las limitaciones de la voluntad real, en el contexto de una sociedad política en la que los "Comunes" pugnaban por establecer un gobierno parlamentario en medio de ásperos debates en Westminster, y cruce de balas de cañ6n y espadas en los campos de batalla, donde también se debatía si el poder era cosa de Dios o de los hombres. Cuando Oliverio Cromwell y los líderes puritanos del Parlamento juzgaron y colocaron en el cadalso la cabeza de Carlos Estuardo, rey de Inglaterra por la gracia de Dios, no pretendieron decir ni hacer algo que negara al Dios en que creían, al Cristo que unos y otros invocaban. Sin embargo, tenían muy claro que el rey debía gobernar para el pueblo y que ese pueblo, por cuya voluntad se sentaban en las bancas del palacio de Westminster, tenía un derecho tan sagrado BIDARTCAMPOS, Gerrnán, op. cit., pág. 220.

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como el del rey de hacerse oír y respetar. En última instancia al colocar su cabeza en el cepo sin saberlo, tal vez sin quererlo, vinieron a darle la razón a Hobbes, que en esos años -1 648 a 1651- elaboraba en su gabinete de trabajo la razonable teoría de que el rey debía gobernar como consecuencia de un pacto de sus súbditos, no por la herencia de su estirpe, supuestamente engendrada para tal labor por voluntad de Dios. La gloriosa Revolución de 1688, instauraría a los primeros reyes convocados por el Parlamento -no por Dios- para reinar sobre los ingleses. Para gobernarlos, pero no tanto ni tan mezquinamente como sus antecesores. Es así que Mana 11 y Guillermo 111, príncipe protestante de la casa de Orange y su sucesora la reina Ana última Estuardo en el trono inglés, cogobernarían con el Parlamento hasta que una nueva dinastía, iniciada por Jorge de Hannover en 1715, aceptaría también reinar convocada por el Parlamento y en pocos años se conformaría con que el Parlamento ocupara todo el poder, limitándose a jugar el papel pasivo que le habían asignado quinientos años de lucha entre los commons y los reyes, epopeya histórica clausurada por la asunción del primer ministro sir Robert Walpole en 1721. Esta asunción del poder por voluntad del pueblo y no por la voluntad divina, se repite en las colonias inglesas de América del Norte en 177611787, y en Francia, con miles de cabezas rodando por los cadalsos de otro tipo de gobierno más despótico -y más cruel aún- que el de los reyes, tal como fue el de los revolucionarios de 1789. Y por cierto seguirá repitiéndose a través de gobiernos electos por voluntad de la gente, que no por ángeles y arcángeles. Así los teóricos del poder divino irán desapareciendo poco a poco, hasta desvanecerse por completo al entrar en escena pensadores tan descreídos y ateos como Rousseau, Voltaire o Diderot. En ese mutis por el foro, uno de los últimos filósofos que intentó explicar la inexplicable tesis de que el poder de los reyes deriva de Dios fue Stalh, quien aseveraba que el Estado no aparece por un acto de reflexión, sino mediante la providencia divina. Esto suponía que: 1) la monarquía era una institución divina; 2) el derecho hereditario de sangre era irrevocable; 3) los reyes sólo eran responsables ante Dios; y en fin 4) la obediencia y la no resistencia eran consecuencia de este origen sobrenatural. Con la cabeza de Luis XVI levantada por el verdugo ante una multitud harapienta e histérica de parisinos, quedó zanjada definitivamente esta controversia al cerrar el siglo XVIII. Otras veces se justificó el origen del orden estatal, pero no por mandato directo de Dios a un príncipe sino, tal como afirmaba Demóstenes en el Digesto, porque había que obedecer a la ley por ser obra y don de Dios. Al respecto sentencia también Sócrates, copiado a la letra por Platón en el Critón: "Hay que obedecer la ley y por tanto cumplir la sentencia, aunque los jueces me hayan condenado injustamente a muerte, ya que así lo manda Dios". Según esta versión, entonces, es la ley divina, el derecho ordenado por Dios, el origen del Estado.

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2. La sociedad pactada según Hobbes, Locke y Rousseau

Frente a las teorías de origen divino se levantan otras más creíbles y razonables sobre el origen del poder y del Estado, tal como es el caso de las teorías contractualistas, que al explicar cómo se conformaron las estructuras de poder de los Estados nacionales, formularon versiones muy consistentes y Ibgicas, aunque no siempre acertadas sobre los comienzos de las sociedades políticas pactadas. La idea del contrato es la expresión máxima del voluntarismo. Considera que los hombres crean el Estado libre y espontáneamente y que su única justificación radica en el pacto político y social que le da nacimiento. El Estado resulta asíconstmido y no dado. En tal sentido desde la época de los sofistas griegos hasta la aparición del Contrato Social de Rousseau se ha venido explicando al Estado como un producto del libre acuerdo de voluntades, un pacto entre los cohabitantes de la sociedad política. Tal como vimos que proponía Althusius sobre la forma en que se asociaban los hombres en los años finales del medioevo, y como propondrán luego Hobbes, Locke y Rousseau, entre otros, el fenómeno político del origen del Estado explicado como un pacto, resulta tan racional como lógico. a ) La versión de Hobbes Uno de los primeros formuladores de esta teoría fue Thomas Hobbes autor de el Leviathan, que es ante todo y sobre todo un ensayo sobre la filosofía del poder y el origen del Estado. El Estado para Hobbes es la suma de los derechos individuales, ya que el individuo sólo abandona sus derechos al Estado perdería su razón de ser si la segupara ser protegido. "El Estado -afirmaridad no fuese garantizada, si la obediencia no fuese respetada". Ubica en la idea del pacto el origen del Estado, pero no para engendrar una democracia como propondrá luego Rousseau, sino para crear una monarquía absoluta, que emerja del pacto concertado entre los súbditos que le ceden al soberano sus derechos para que los proteja y les asegure el bienestar que merecen. El contrato es así un instrumento de seguridad que nace del temor, de un man i p u l e ~generalizado y egoísta para preservar la especie social y para asegurar la conservación de la paz colectiva 9. Así, la mejor forma de erigir un poder común que proteja a los súbditos, se da cuando éstos se lo confieran a un hombre que luego les impondrá su voluntad. Y así asevera "unidos en una persona que se llama en latín civitas, se engendra el Leviathan. Y en él consiste la esencia del Estado y el poder, que es una persona que actúa como una gran multitud merced al contrato natural de todos. Y esta persona es el soberano, a quien rodean sus súbditos".

BIDARTCAMPOS. Gerrnán. op. cir.. pág. 227.

El Estado así construido será una sociedad política con una forma de gobierno monárquica, pero que en lugar J e tener como base un legado divino, inconmensurable para la mente de los humanos, se funda en un contrato de voluntades, que aceptan subordinarse a un príncipe que manda para que obedezcan, estén seguros y no sufran. El pacto de Hobbes es obviamente una ficción como lo será el de Rousseau un siglo más tarde. Está en el campo del deber ser y no del ser. Pero no nos olvidemos que toda la teoría del origen divino del poder también es una ficción, un "deber ser". "El príncipe asegura la vida, conserva el bienestar individual y social", explica con su pluma de ganso Thomas Hobbes en las cuartillas de papel cada vez más ennegrecidas por sus notas y contranotas. "Y acambio de esta protección los súbditos ceden sus derechos y prestan acatamiento al príncipe reinante". b ) La versión de Locke

John Locke (1632-1704) cree que "el contrato es el único medio por el cual uno se desprende de su libertad natural y se sujeta a los vínculos de la sociedad civil. Éste consiste en concertar un pacto mediante el cual unos se ponen de acuerdo con otros para unirse en comunidad con miras a una vida confortable y segura". En su Segundo Ensayo sobre el Gobierno Civil, este médico metido a politólogo, que en su vida pública fue un liberal convencido y vivió largos años en el exilio, afirma que "El poder político es el que todos los hombres poseen en el Estado de naturaleza, al que deciden renunciar y poner en manos de la sociedad, confiándoselo a los gobernantes que esa sociedad ha establecido para que los rijan". Este poder, afirma, tiene su origen en un pacto o acuerdo de aquellos hombres (en general propietarios) que forman la comunidad. Esto debe hacerse mediante el consentimiento de todos y cada uno de los caballeros integrantes de la sociedad civil y rematando su teoría agrega "las sociedades políticas no pueden fundamentarse en nada que no sea el consentimiento del pueblo". Estos desarrollos teóricos de los politólogos ingleses que pensaban y escribían en la segunda mitad del siglo XVII traducían en lenguaje político ideas de su época y la experiencia realizada algunos afíos antes por los colonizadores de Virginia, Maryland y Pensilvania, colonias que a partir de 1606 formaron gobiernos por acuerdo contractual, que con pocas variantes se mantuvieron hasta los años de la guerra de la independencia norteamericana. Pero el pacto más famoso, que preanuncia las teorías contractualistas y racionalist~isconsignadas, fue firmado por medio centenar de puritanos en la cabina del \,clero "Mayflower" anclado en la bahía de Cod, actual Estado de Massachusetts, el 2 1 de noviembre de 1621. Basados en una idea de acuerdo social que se observaba en los convenios adoptados en Inglaterra por las iglesias protestantes. el pacto del "Mayflower"

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restableció los principios básicos del gobierno democrático, aunque de su texto no surge la idea de la separación de los poderes. Los padres peregrinos del "Mayflower" eran hombres que querían para ellos y sus familias una comunidad política en donde no fueran perseguidos o molestados por sus ideas religiosas. Dicen así los hombres del "Mayflower", cuya réplica está en estos momentos anclada en el mismo amarre que tenía en aquella época en el puerto de Plymouth: "Nos reunimos enun cuerpo civil y político para nuestro mejor orden y conservación ... y en virtud de tal asociación, prevemos que se promulguen, establezcan y ejecuten todas las leyes, ordenanzas, decretos y constituciones ... que oportunamente se estimen como más satisfactorias y convenientes para el bienestar general de la colonia" 10. c ) La versión de Rousseau

Recogiendo estas experiencias e ideas, Juan Jacobo Rousseau (17121778) es la cumbre de esta teorética. Para él, el hombre sale del estado de naturaleza y pacta con sus semejantes para establecer una forma de asociación que defienda y proteja a la persona y a los bienes. La cláusuIa fundamental del contrato que propone es la enajenación de cada asociado respecto de sus derechos, que cede a toda la comunidad. Es así que cada individuo cederá a la comunidad sus derechos naturales para que se establezca una organización política con voluntad propia y distinta de los miembros que la integran. Cada uno de esos asociados mancomuna su persona y todo su poder bajo la dirección suprema de la voluntad general y ésta los recibe como partes indivisibles del todo. O sea, la voluntad general -y en esencia el Estado- es una persona de existencia ideal distinta de cada uno de los que han convenido formarla. El gobierno, a su vez, está fuera de esta voluntad general y de ella depende como delegado para administrar y ejecutar las leyes que de ella emanan.

3. Otras versiones sobre el Estado En otras versiones que se han dado del Estado, olvidando que se trata de una sociedad política global conformada por los elementos que esbozamos en nuestra definición (supra, Cap. 1) varios autores han confundido al todo con alguna de sus partes. O sea a la sociedad global con alguno de sus elementos. En tal sentido me parece oportuno resaltar la definición emitida por el eminente positivista vienés Hans Kelsen, quien afirmaba que todo Estado es Estado de Derecho, porque el Estado no es sino el mismo orden jurídico y no una instituci6n situada detrás de él. 'O

BRADFORD,William, "History of Plymouth plantation", Historical Soc. Collections. 4"serie,

111, 198911990.

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Dejando por un momento esta versión del Estado, de la que vamos a ocupamos in extenso para cerrar el capítulo, vale la pena destacar a varios autores que lo confunden con la población vinculada por lazos de sangre, cultura, religión e incluso ideales comunes, o sea con la Nación. En esta línea de pensamiento Carré de Malberg no duda en afirmar que "lo que personifica al Estado es la Nación misma, estatalmente organizada". Pero Mouchud define aún más enfáticamente esta relación Estado-Nación al decir que "la Nación no tiene ninguna existencia jurídica distinta al Estado", y continúa afirmando que "es imposible concebir a laNación como un sujeto distinto al Estado". En fin, Le Fur nos lega su clásica definición, que resume a las anteriores: "El Estado es la Nación jurídicamente organizada". Por su parte, confundiendo Estado y gobierno, como es habitual que ocurra en boca de periodistas, políticos y del público en general, Jacques Maritain (L'Homme et l'État, Paris, 1953) dice a su vez que: "El Estado es el órgano habilitado para emplear el poder y la coerción. Integrado por expertos del orden y el bienestar público, funciona como un instrumento respecto del cuerpo político. La sociedad política es el todo, el Estado es la parte dominante y especializada". Es indudable que en esta definición de Maritain hay una confusión terminológica por cuanto lo que para Maritain es la sociedad política, para nosotros es el Estado y lo que él denomina Estado es, sin duda alguna, el gobierno, o sea la estructura de poder ocupada por una clase dirigente de funcionarios políticos. Es decir que el Estado como sociedad política, como Nación jundicamente organizada, no lo será sin un poder estructurado con una administración controlada si es una democracia, o no si es un Estado totalitario. Con la simple lectura de estas definiciones se podría decir que en todo Estado, en tanto sociedad política y jurídicamente organizada, hay una estructura de poder desde donde se manda y una infraestructura social en la cual se obedece en la relación positiva que como ya veremos al tratar el poder, se da entre esos dos polos del entretejido social que ocupan el que tiene poder y el que no lo tiene.

Las versiones del Estado que hemos reseñado hasta ahora son las suministradas por los politólogos, y están obviamente limitadas al ámbito científico. Sin embargo, la crisis del Estado de Derecho liberal en el siglo xx, determinó la ruptura del orden establecido y la toma del poder por parte de revolucionarios de distintas ideologías. Es entonces conveniente e interesante contraponer a la opinión de los autores de la Ciencia Política, la de los revolucionarios que desde la derecha o desde la izquierda han conmovido al mundo en estos difíciles años del siglo que está alcanzando su fin.

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Para Karl Marx, el Estado es una mera categoría histórica, en el sentido de que es una organización política que tiene por objetivo asegurar, mediante la violencia armada, el sometimiento de la mayoría trabajadora a una minoría de poseedores de los medios de producción. Resulta así necesario en una sociedad de clases e innecesario en una sociedad sin clases. En sus palabras "El Estado es un instrumento de dominación clasista y la ley la expresión de su voluntad. No del pueblo como imaginaba Montesquieu, sino exclusivamente de la clase dominante. De allí que el papel asignado al Estado por e s i clase 'opresora', ha sido el de utilizar la violencia y la coerción para proteger los intereses y privilegios de su clase gobernante" 11. Completando su pensamiento, Marx sostiene que ninguna clase abandona voluntariamente su posición dominante y por esa causa la clase obrera debe apoderarse del poder estatal, suprimir la burguesía y establecer una dictadura del proletariado durante un período más o menos largo de transición al comunismo. Durante ese período -imaginabase logrará suprimir tanto las clases sociales como el Estado. Esta teoría del período de transición fue perfeccionada por Lenin en los días de la revolución de octubre de 1917, partiendo de la premisa de que el proletariado sólo necesita de un Estado que está desapareciendo y no puede dejar de desaparecer. Lenin también pensaba que el momento exacto de su inevitable desaparición no podía ser definido por tratarse de un proceso algo prolongado. Será, concluía, un Estado de transición y no un Estado en el sentido clásico. Sin embargo, la realidad histórica nos mostró que en lugar de ir desapareciendo, de irse desvaneciendo, se fortaleció cada vez más engendrando una nueva clase en el poder, que luego de establecer la dictadura del Partido Comunista no sólo oprimía dentro del territorio de la ex Unión Soviética, sino que con la ayuda del ejército de ocupación soviético y la KGB, lo hacía también en el territorio de otros países de Europa Oriental. En fin, el universo comunista desapareció en forma brusca entre los escombros del Muro de Berlín a partir de noviembre de 1989 y hoy por hoy es una pieza de arqueología política que estudian los historiadores como verdaderos antropólogos de un mundo en extinción, del que todavía quedan vestigios en China, Laos, Vietnam, Corea del Norte y Cuba. Cabe agregar al respecto que, después de la caída de los regímenes comunistas en la ex Unión Soviética y los demás países de Europa Oriental, ex partidos comunistas, en general denominados "Izquierda Unida" o "Socialista Popular", han ganado algunas elecciones nacionales como en el caso de Polonia, Bulgana e incluso conforman una primera minoría en la República Federativa de Rusia. Pero esta sobrevivencia de la estructura partidaria y la continuidad de muchos ex aparatchik, no ha significado el retorno del régimen comunista. Se trata sólo de partidos marxistas que operan en el contexto de una nueva sociedad po" PEI.LETLASTRA. A.. El Ex~ncloyIn Re