Procesos de gramaticalización en la historia del español 9783954871988

Compilación de artículos que trata la gramaticalización, lexicalización y tradiciones discursivas en la evolución del es

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Spanish; Castilian Pages 408 Year 2014

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Procesos de gramaticalización en la historia del español
 9783954871988

Table of contents :
ÍNDICE
PRESENTACIÓN
BIBLIOGRAFÍA PROGRAMES SOBRE GRAMATICALIZACIÓN Y LEXICALIZACIÓN
I. GRAMATICALIZACIÓN, LEXICALIZACIÓN Y TRADICIONES DISCURSIVAS
DEL LÉXICOA LA GRAMÁTICA. SOBRE SI HAY O NO EXCLAMATIVAS INDIRECTAS TOTALES EN ESPAÑOL
REMARKS ON THE TYPOLOGY OF ADPOSITIONS
SOBRE LA “ EXPANSIÓN SEMÁNTICA” DE LA PREPOSICIÓNEN/EM PARA EXPRESAR DIRECCIONALIDAD, CON UNA MIRADA HACIA LA PREPOSICIÓN “PASSE-PARTOUT” CRIOLLA NA
HABLANDO DE, SOBRE Y ACERCA DE LA GRAMATICALIZACIÓN Y LA LEXICALIZACIÓN: PANORAMA DIACRÓNICO DE LAS RELACIONES ENTRE PREPOSICIONES Y LOCUCIONES PREPOSITIVAS DENTRO DEL CAMPO SEMÁNTICO DE TEMA/ASUNTO
CUESTIONES METODOLÓGICAS EN EL ESTUDIO DE LAS PERÍFRASIS VERBALES: INTERRELACIONES ENTRE SINTAXIS, SEMÁNTICA Y PRAGMÁTICA
PROCESOS DE LEXICALIZACIÓN/ GRAMATICALIZACIÓN EN LA FORMACIÓN E HISTORIA DE USÍA EN ESPAÑOL
II. LA CREACIÓN DE GRAMÁTICA, LÉXICO Y TEXTOS. INTERRELACIONES
EL CONTINUUM GRAMÁTICA-DISCURSO: CONSTRUCCIONES ILATIVAS ENTRE 1684 Y 1746 EN RELATOS HISTÓRICOS
QUIA, CA, QUÉ VA. ELIPSIS Y GRAMATICALIZACIÓN DE ELEMENTOS INTERJECTIVOS DE NEGACIÓN
ENTRE GRAMATICALIZACIÓN, ESTRUCTURA INFORMATIVA Y TRADICIONES DISCURSIVAS: ALGO MÁS SOBRE NADA
THE INTERPLAY OF OBJECT CLITIC DOUBLING AND THE GRAMMATICALIZATION OF ADDRESS FORMS IN THE GENRE OF COLLECTIONS OF LETTERS IN SPANISH ( PELIGER, 1599; PÁEZ, 1630; SOBRINO, 1720)
LANGUAGE-EXTERNAL INFLUENCES ON GRAMMATICALIZATION. A TYPOLOGICAL PERSPECTIVE
RESÚMENES/ABSTRACTS
LOS AUTORES

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J o s é L u i s Gi ró n Al co n ch el Dan i el M . S áez R i v era (ed s . )

Pr oc e sos de gr a ma tic a liz a c ión e n la histor ia de l e spa ñol

L INGÜÍS T IC A

IB ER OAM ER IC ANA Vo l . 5 5

DIRECTORES: MARIO BARRA JOVER, Université Paris VIII IGNACIO BOSQUE MUÑOZ, Universidad Complutense de Madrid ANTONIO BRIZ GÓMEZ, Universitat de València GUIOMAR CIAPUSCIO, Universidad de Buenos Aires CONCEPCIÓN COMPANY COMPANY, Universidad Nacional Autónoma de México STEVEN DWORKIN, University of Michigan ROLF EBERENZ, Université de Lausanne MARÍA TERESA FUENTES MORÁN, Universidad de Salamanca DANIEL JACOB, Universität Freiburg JOHANNES KABATEK, Eberhard-Karls-Universität Tübingen EMMA MARTINELL, Universitat de Barcelona JOSÉ G. MORENO DE ALBA, Universidad Nacional Autónoma de México RALPH PENNY, University of London REINHOLD WERNER, Universität Augsburg

J o s é L uis Gir ón Alconchel D a n i e l M. S áez River a ( eds.)

Procesos de gramaticalización en la historia del español

Iberoamericana



Ve r v u e r t



2014

Reservados todos los derechos © Iberoamericana, 2014 Amor de Dios, 1 – E-28014 Madrid Tel.: +34 91 429 35 22 Fax: +34 91 429 53 97 [email protected] www.ibero-americana.net © Vervuert, 2014 Elisabethenstr. 3-9 – D-60594 Frankfurt am Main Tel.: +49 69 597 46 17 Fax: +49 69 597 87 43 [email protected] www.ibero-americana.net ISBN 978-84-8489-758-3 (Iberoamericana) ISBN 978-3-95487-799-2 (Vervuert) Depósito Legal: M-205-2014 Diseño de la cubierta: Carlos Zamora Impreso en España Este libro está impreso íntegramente en papel ecológico blanqueado sin cloro

ÍNDICE

José Luis Girón Alconchel PRESENTACIÓN ..............................................................................................

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Daniel M. Sáez Rivera Bibliografía Programes sobre gramaticalización y lexicalización .............

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I. GRAMATICALIZACIÓN, LEXICALIZACIÓN Y TRADICIONES DISCURSIVAS José Luis Girón Alconchel Del léxico a la gramática. Sobre si hay o no exclamativas indirectas totales en español ....................................................................................................

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Esa Itkonen Remarks on the Typology of Adpositions ...................................................

59

Angela Bartens Sobre la “expansión semántica” de la preposición en/em para expresar direccionalidad, con una mirada hacia la preposición “passe-partout” criolla na ............................................................................................................

63

Anton Granvik Hablando de, sobre y acerca de la gramaticalización y la lexicalización: panorama diacrónico de las relaciones entre preposiciones y locuciones prepositivas dentro del campo semántico de TEMA/ASUNTO ........................

77

Patricia Fernández Martín Cuestiones metodológicas en el estudio de las perífrasis verbales: interrelaciones entre sintaxis, semántica y pragmática ..........................................

119

Daniel M. Sáez Rivera Procesos de lexicalización/gramaticalización en la formación e historia de usía en español ............................................................................................

159

II. LA CREACIÓN DE GRAMÁTICA, LÉXICO Y TEXTOS. INTERRELACIONES José Luis Girón Alconchel El continuum gramática-discurso: construcciones ilativas entre 1684 y 1746 en relatos históricos ............................................................................

189

Francisco Javier Herrero Ruiz de Loizaga Quia, ca, qué va. Elipsis y gramaticalización de elementos interjectivos de negación ..................................................................................................

233

Álvaro S. Octavio de Toledo y Huerta Entre gramaticalización, estructura informativa y tradiciones discursivas: algo más sobre nada ....................................................................................

263

Daniel M. Sáez Rivera The Interplay of Object Clitic Doubling and the Grammaticalization of Address Forms in the Genre of Collections of Letters in Spanish (Peliger, 1599; Páez, 1630; Sobrino, 1720) ...............................................................

321

Daniela Schon Language-external Influences on Grammaticalization. A Typological Perspective ..................................................................................................

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RESÚMENES/ABSTRACTS ...............................................................................

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LOS AUTORES ................................................................................................

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P R E S E N TA C I Ó N JOSÉ LUIS GIRÓN ALCONCHEL Universidad Complutense de Madrid

Los trabajos que se publican en este libro fueron expuestos previamente en forma de comunicaciones, y discutidos por los asistentes, en sendos Seminarios Internacionales, organizados por el Grupo de Investigación Programes (Procesos de gramaticalización en la historia del español). El primer Seminario –“Lexicalización, Gramaticalización y Tradiciones Discursivas”– tuvo lugar en la Universidad de Helsinki los días 13 y 14 de octubre de 2011; el segundo –“La creación de gramática, léxico y textos. Interrelaciones” (“Correlations in the creation of grammar, lexical items, and texts”)–, en la de Tubinga el 14 y 15 de junio de 2012. El equipo de Programes está formado por investigadores de la Universidad Complutense, de las de Helsinki y Turku, en Finlandia, y de la de Tubinga, en Alemania. Su principal objetivo ha sido, y es, aplicar a la historia del español –y, concretamente, a las transiciones del español medieval al clásico y del español clásico al moderno– las ideas y métodos surgidos de la nueva consideración de la gramaticalización que emerge en el panorama de la lingüística a partir de los últimos años de la década de los 70 del siglo pasado. Programes no habría sido posible, ni lo sería, sin la financiación aportada por el Gobierno de España en las sucesivas convocatorias de su Plan Nacional I + D. En efecto, hasta la fecha se han desarrollado tres proyectos y estamos en el inicio del cuarto. Programes 1 (“Procesos de gramaticalización en la historia del español”, referencia BFF2001-1340) desbrozó el campo de la historia del español donde era más urgente aplicar la gramaticalización e hizo un primer inventario de procesos de gramaticalización que reclamaban investigación de nuevo cuño. Programes 2 (“Procesos de gramaticalización en la historia del español (II): formación de variedades (tipología, periodización, criollización)”, referencia HUM2004-03610) se propuso completar el conocimiento de dos grandes bloques de fenómenos en cuya estructura y evolución son determinantes los procesos de gramaticalización: a) la configuración morfosintáctica del sistema verbal

* La publicación de este libro se encuadra en el Proyecto de referencia FFI2008-02828, financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación (MCINN).

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español y b) los mecanismos de cohesión argumental y discursiva y, al mismo tiempo, relacionar los procesos de gramaticalización con la génesis y la evolución del español como variedad y de las variedades del español, desde el triple punto de vista de la tipología, la diversificación dialectal y los contactos con otras lenguas. Y, como consecuencia de todo ello, intentó conectar teóricamente la teoría de la gramaticalización con los procesos de formación y consolidación de las variedades del español, teniendo en cuenta de modo especial la periodización de la historia del idioma y el proceso histórico de su codificación gramatical o “gramatización” (Auroux 1994). En fin, Programes 3 (“Procesos de gramaticalización en la historia del español (III): gramaticalización, lexicalización y tradiciones discursivas”, referencia FFI2008-02828) ha ido paulatinamente enfocando zonas más extensas y complejas de la evolución del español. Así, ha puesto en relación la teoría de la gramaticalización con el modelo de tradiciones discursivas, tanto desde un punto de vista teórico como a través de un conjunto de estudios sobre fenómenos morfosintácticos concretos: a) la “poligramaticalización” (Heine 1992) del demostrativo como artículo y afijo flexivo de concordancia sintáctica en los relativos compuestos y como pronombre de tercera persona; b) la gramaticalización de los pronombres personales átonos como morfemas objetivos de concordancia sintáctica del verbo en las construcciones de doblado de clítico de los objetos directo e indirecto; c) la gramaticalización de las formas de tratamiento y su entrada en el lexicón como pronombres personales (usted, usía, vuecencia); d) la gramaticalización de los tiempos compuestos, de las perífrasis verbales y de las construcciones existenciales de haber; e) la gramaticalización de preposiciones y particularmente de la preposición de; f) los procesos de gramaticalización en la formación de criollos; g) la gramaticalización de las relaciones interoracionales y supraoracionales y la creación de marcadores del discurso en el marco de la evolución de la cohesión textual. Asimismo, se ha propuesto realizar estudios sobre la configuración sintáctica del español entre 1650-1815, basados en variadas tradiciones discursivas, con especial atención a las clases de textos que surgen o se transforman decisivamente en este periodo (el ensayo político-social y científico-técnico, el discurso historiográfico, la novela neosentimental e histórica, las descripciones geográficas y de viajes, las memorias y autobiografías, etc.), a fin de poder calibrar el modo en que intervienen en el ritmo de propagación y en la aceptación o rechazo de los procesos de gramaticalización. Mediante estas tareas los investigadores de Programes 3 pretenden contribuir a la elaboración de una sintaxis histórica del español, como lo demuestra fehacientemente la participación de algunos de ellos en los volúmenes publicados o de pronta publicación de la Sintaxis histórica del español, dirigida por Concepción Company.

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Al mismo tiempo que se desarrollaban las investigaciones reseñadas, los integrantes de Programes, con algunos colaboradores formados ex profeso en las técnicas de digitalización y etiquetado de textos, han ido elaborando un corpus de textos de interés lingüístico para la evolución de los procesos estudiados, centrado en tradiciones discursivas concretas (manuales de redacción de cartas y cartas concretas, gramáticas y crónicas de sucesos, ensayos científico-técnicos, relatos históricos, descripciones geográficas y de viajes, etc.) pertenecientes al periodo que media entre el español clásico y el moderno. Digitalizadas muchas de nuestras fuentes primarias y puestas al servicio de la comunidad investigadora en nuestra página web , expuesto el resultado de nuestras investigaciones en una gran nómina de congresos internacionales y publicado en forma de artículos de revistas, capítulos de libros y libros, hemos considerado pertinente difundir, en el presente volumen, los resultados de aquellos dos Seminarios Internacionales que mencionábamos. En la primera parte se recogen trabajos que tienen como denominador común las relaciones de gramaticalización, lexicalización y tradiciones discursivas, que era el objetivo primordial del proyecto Programes 3 y fue el tema del Seminario de Helsinki. En la segunda parte recopilamos las ponencias del Seminario de Tubinga, bajo el designio de las interrelaciones de la gramaticalización y la lexicalización (la creación de gramática y de léxico a partir del discurso), por un lado, y la textualización, por otro. Creación de gramática, léxico y textos no son procesos idénticos ni homogéneos, pero creemos que son procesos entre los que se puede descubrir una estrecha interrelación. De hecho, estos tres tipos de creación lingüística –aunque en el caso de la textualización el uso de la lengua interactúa, a su vez, con otros factores: retóricos, históricos, sociales, ideológicos, etc.– son el principal objetivo que ha de investigar el proyecto Programes 4 (“Procesos de gramaticalización en la historia del español (IV): gramaticalización y textualización”, referencia FFI2012-31427), en la actualidad en su fase de inicio. Como se podrá observar fácilmente en la lectura de los trabajos aquí reunidos, la originalidad y la singularidad de cada tema y de cada investigador se amoldan, sin forzamiento ni estridencia, al cuadro trazado por las líneas maestras de los sucesivos proyectos Programes: gramaticalización, tipología, formación de variedades, relaciones de gramaticalización y lexicalización y tradiciones discursivas, gramaticalización y textualización, con focalización especial de la periodización de la historia del español y, de un modo destacado, de las transiciones del español medieval al clásico y del clásico al moderno. Por ello cuando pretendemos mostrar una síntesis de estos trabajos, nos asiste, de manera fácil y coherente, una clasificación elemental: problemas generales

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y específicos de gramaticalización y lexicalización en la historia del español, con fugaces consideraciones tipológicas y románicas; gramaticalización y enfoque variacional; gramaticalización y tradiciones discursivas; gramaticalización y textualización. Unos temas que coinciden, en un grado muy alto, con los principales objetivos de los sucesivos proyectos Programes (1, 2 y 3) y que incluso, en la indagación de gramaticalización y textualización, anticipan los de Programes 4, que se nos acaba de conceder. Al presentar la aportación de este libro al tema general de la gramaticalización en la historia del español, conviene ponernos de acuerdo en el concepto mismo de gramaticalización. Partimos de la definición de Traugott (2001), muy oportunamente recordada aquí por Octavio de Toledo: gramaticalización es, en primer lugar, el cambio por el que un lexema se convierte en morfema (trabado o libre: desinencia, preposición, conjunción, adverbio o interjección, precisamos); en segundo lugar, gramaticalización es el cambio por el que un morfema o palabra gramatical, o una construcción sintáctica, en determinados contextos, asume nuevas funciones gramaticales. Subrayamos y hacemos nuestro el comentario de Octavio de Toledo: “nuevas funciones gramaticales” es una expresión más apropiada que “funciones más gramaticales”, que se ha usado también en la definición de gramaticalización. Esta segunda parte de la definición (palabra gramatical o construcción > palabra gramatical o construcción con una nueva función gramatical) designa lo que se ha llamado “gramaticalización secundaria”, a diferencia de la gramaticalización concernida en la primera parte de la definición (lexema > morfema). En los trabajos reunidos en este libro se analiza una serie de gramaticalizaciones “secundarias”, con la consecuente lexicalización –en el sentido de entrada en el lexicón– del nuevo morfema o construcción gramaticalizada (Girón Alconchel 2008). Así, Octavio de Toledo examina –a lo largo de la historia del español, pero con especial énfasis entre mediados del siglo XV y mediados del XIX– la gramaticalización de nada, término de polaridad negativa (nada non cumples) > negador en posición preverbal (nada cumples): una forma gramatical, nada, desarrolla “nuevas funciones gramaticales”. Del mismo modo, se enfocan con nueva luz, o se estudian por primera vez, determinadas locuciones o colocaciones léxicas empleadas con una función gramatical. Fernández se ocupa de perífrasis verbales en el español clásico (siglos XVI y XVII): verbo conjugado + verbo en forma no personal > verbo. Sáez Rivera analiza el cambio forma de tratamiento > pronombre personal: vuestra señoría > usía, con la pertinente observación de que en “el marco de la gramaticalización” se produce la interacción sociopragmática y el cambio fónico: al tiempo que vuestra señoría se aplica cada vez a estratos socioculturales menos altos (rey > grandes nobles > nobles menores > burgueses

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y funcionarios), de acuerdo con la tendencia moderna de los tratamientos a rebajar la dimensión del “poder” y elevar la de la “solidaridad”, se va produciendo el acortamiento fonético: vuestra señoría > vuessa señoría… > usía. En su segunda colaboración este mismo autor acota las interrelaciones de pronominalización de las formas de tratamiento y doblado de clítico en un corpus de manuales de cartas de 1599, 1630 y 1720, destacando que el aumento de la frecuencia del doblado de clítico coincide con la transformación de la antigua fórmula de tratamiento en pronombre. En realidad, como luego veremos, pone en relación dos procesos de gramaticalización: 1) pronombre personal > morfema objetivo del verbo (doblado de clítico); 2) fórmula de tratamiento > pronombre. Bartens propone que el origen de la preposición na de los criollos de base portuguesa, española e inglesa, es la gramaticalización y lexicalización de la locución de las dos preposiciones em + a; le asiste el hecho de que es frecuente en los criollos la formación de locuciones a base de preposiciones; también, en la historia de las lenguas románicas, como evidencian el fr. dès y el cast. ant. des (< lat. DE + EX) y el español desde (< cast. ant. des + de). Granvik examina el proceso de adverbio o sintagma preposicional con función de adjunto > locución prepositiva; en concreto, explica la gramaticalización y lexicalización de las locuciones prepositivas acerca de, en torno a/de y con respecto a, que, junto a las preposiciones de y sobre, integran el paradigma de tema/asunto; el cambio de cerca > (a)cerca de se consolida en el siglo XV; el de respecto > con respecto a, en el siglo XVI; y el de torno > en torno a/de, en el XVIII. Girón Alconchel, en su segundo trabajo, analiza, en un corpus de textos históricos de 1648, 1725 y 1742, las gramaticalizaciones y lexicalizaciones de 1) preposición + pronombre relativo > conjunción ilativa (conque) y 2) sintagma preposicional adjunto de manera, o complemento del nombre > locución discontinua consecutiva de manera o de intensidad-manera > locución ilativa: de manera que, de suerte que, etc., con la correspondiente polisemia y, a veces, ambigüedad (locuciones que pueden interpretarse como consecutivas o ilativas), debidas a la no terminación del proceso de gramaticalización y, por ello, a la persistencia de las características morfosintácticas de la locución original en la emergente y a la estratificación paradigmática (layering) a que da lugar la construcción que se obtiene de la gramaticalización. Herrero estudia el proceso de perífrasis verbal en oración interrogativa retórica con entonación exclamativa > interjección o locución interjectiva: quiá, ca y qué va en español moderno (a partir del siglo XVIII); la gramaticalización y lexicalización de quiá y ca se inicia en el siglo XVIII, cuando la interrogativa retórica, con entonación exclamativa, de qué ha de + infinitivo se usa para rechazar o negar lo anteriormente aseverado o preguntado. A partir del segundo tercio del siglo XIX se documenta la elipsis y la creación de las interjecciones quiá, ca; el auge del cambio se sitúa entre 1850 y 1950. El proceso similar de qué va a + infinitivo >

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qué va se documenta desde finales del siglo XIX y aparecen casi simultáneamente la perífrasis con valor de negación o rechazo y la locución interjectiva, quizá por influencia de quiá y ca, que se van perdiendo, primero en América y luego en España. En su primer trabajo Girón Alconchel se ocupa de un posible cambio en marcha: imperativo > interjección: mira, fíjate; observa la Nueva gramática de la Academia que estos imperativos “se asemejan a las interjecciones”, pero lo que hay en ellos puede ser una gramaticalización y una lexicalización no concluidas, lo que permite que dispongan todavía de la capacidad verbal de regir exclamativas indirectas, no solo parciales sino también totales. Hay un tipo de gramaticalización que apenas se ha aplicado a la sintaxis histórica del español, casi exclusivamente atenta a la gramaticalización de los nexos; es la gramaticalización de las relaciones interoracionales o, mejor, la consideración de las relaciones interoracionales como una “cadena de gramaticalización”: coordinación > interordinación > subordinación. Esta gramaticalización la emplea Girón Alconchel para explicar, respectivamente, las interrogativas y exclamativas indirectas dependientes de imperativos y de otras expresiones de petición de información o de atención, de un lado, y, de otro, las consecutivas e ilativas. La interordinación describe adecuadamente las interrogativas indirectas, totales y parciales, de {dime/cuéntame} si lo has hecho / {dime/cuéntame} quién ha venido, lo mismo que las exclamativas indirectas, totales y parciales, de {mira/fíjate/ya ves} si ha llovido / {mira/fíjate/ya ves} quién ha venido, esquema este que admite la exclamativa total por no ser una subordinación prototípica, a diferencia de lo que sucede en las exclamativas indirectas que son subordinadas prototípicas: es un crimen cómo la trata / *es un crimen si la trata bien o mal. Por otra parte, la interordinación –en tanto que subordinación menos prototípica– explica la confluencia en un mismo espacio de las construcciones consecutivas e ilativas, confluencia potenciada por aquella persistencia del significado consecutivo en el ilativo en los nexos productos de una gramaticalización no terminada. Asimismo, la cadena de gramaticalización de las relaciones interoracionales se puede extender a las relaciones supraoracionales; así se puede explicar más fácilmente la transición que se observa, en las construcciones ilativas, entre sintaxis de la oración y del discurso, entre conjunción y conector discursivo; en suma, entre relación interoracional y supraoracional. Y, por último, esta cadena de gramaticalización se puede extender por el otro extremo –por donde limitan las relaciones interoracionales y las intraoracionales o funciones sintácticas de la oración simple–, como dejan ver las oraciones de infinitivo. Además del análisis pormenorizado –y, en gran medida, nuevo– de estos procesos de gramaticalización, otras gramaticalizaciones bien conocidas –la del pronombre personal sujeto como morfema de número y persona del verbo francés, la del demostrativo latino como artículo en las lenguas románicas, la del sustan-

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tivo pas como adverbio de negación en francés– son presentadas como pruebas de la influencia de determinadas constelaciones sociohistóricas en los diferentes canales que una misma cadena de gramaticalización puede seguir en las variedades europeas de unas lenguas (español, francés, portugués), por un lado, y en sus coloniales y criollos, por otro, en una perspectiva romanística y variacional verdaderamente enriquecedora (Schon). Como se ha podido observar en lo que llevamos de esta presentación –y como se observará mejor en la lectura de los capítulos que componen esta obra–, la mayor parte de los cambios analizados en este libro se sitúa cronológicamente en el español clásico (Fernández Marín) o en el tránsito del español clásico al moderno (Granvik, Octavio de Toledo, Sáez, Herrero, Girón Alconchel), pero no faltan cambios que tienen el punto de innovación, o una fase relevante de su adopción y difusión, en los siglos XIV y XV, en la transición del español medieval al clásico (Granvik, Octavio de Toledo). Esas dos transiciones cronológicas han sido y son especiales objetos de atención de la investigación de Programes. En otro orden de cosas, cabe señalar los puntos de discusión teórica y de crítica de la gramaticalización que los trabajos aquí reunidos encierran, junto con la sólida base empírica en la que la mayoría de ellos sustenta esa argumentación. Desde una perspectiva tipológica se presentan las relaciones de la gramaticalización de preposiciones y casos (Itkonen). Se pondera el carácter unidireccional de la gramaticalización (Sáez Rivera), al tiempo que se subraya la compatibilidad e interactuación de gramaticalización y lexicalización –en el sentido ya apuntado de que toda gramaticalización se origina en una colocación léxica y da lugar a una nueva pieza que se lexicaliza, o sea, que entra en el lexicón–, con el descarte explícito –aunque quizá no asumido explícitamente por todos los autores– de que la lexicalización sea lo contrario de la gramaticalización (Sáez Rivera, Girón Alconchel, Herrero, Bartens, Granvik, pero también Schon). Otro aspecto de interés teórico es la interrelación de más de un proceso de gramaticalización, que se presenta o se sugiere en varios de los capítulos de este libro. Como decíamos, Sáez Rivera analiza la interrelación del doblado de clítico y la gramaticalización de formas de tratamiento como pronombres. La forma de tratamiento se lexicaliza y gramaticaliza como pronombre personal. El doblado es prueba de que la forma de tratamiento se está convirtiendo en pronombre personal, ya que este se dobla obligatoriamente mediante clítico desde principios del siglo XVII. Esta observación es interesante, porque, aunque sea implícitamente, pone el énfasis en la existencia de dos procesos de gramaticalización: el de pronombre personal clítico > morfema objetivo del verbo y el de forma de tratamiento > pronombre. Además, del trabajo de Sáez Rivera, en este punto, se desprende una quizá mucho más interesante observación: cómo el avance de un proceso de gramaticalización –el de pronombre > morfema objetivo– puede medir

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el de otro –el de forma de tratamiento > pronombre–, o sea, puede ser un indicador del mayor grado de gramaticalización del primero. En la creación de las interjecciones quia y ca, por un lado, y la locución interjectiva qué va, por otro, se descubre una interrelación de sustitución: qué va (< qué va a + infinitivo) compite con quia, ca (< qué ha de + infinitivo) desde finales del siglo XIX y tiende a reemplazarlas en el XX (Herrero). Recuerda este proceso al de los futuros cantaré y voy a cantar: el mismo morfema creado a partir de dos construcciones formalmente distintas (cf. Heine 1992). Y tanto más lo recuerda cuanto que el valor de futuro es determinante en la creación de estas interjecciones, como observa el propio Herrero: haber de + infinitivo es sustituido por tener que + infinitivo, pero esta segunda perífrasis solo hereda los valores de obligación y necesidad de la primera, no los de irrelevancia de la pregunta o aseveración precedentes, de donde se llega al valor de negación; estos valores parecen asociados a la idea de futuro, que es la propia de la perífrasis ir a + infinitivo, que sustituye a haber de + infinitivo en ese uso. Por eso la perífrasis ir a + infinitivo es la que experimenta el mismo proceso de elipsis y de gramaticalización y lexicalización en la creación de qué va, sustituta de quia y ca. Por otro lado, ir a + infinitivo no se usa para expresar extrañeza ante lo irrelevante o negación hasta finales del siglo XIX. Qué va (< Qué va [a ser, pasar, etc.]), interjección de negación y rechazo, tendría que haber sido posterior a ese uso de la perífrasis, pero es prácticamente simultánea –o sea, que la lexicalización y gramaticalización se desarrolla muy rápidamente–, quizá por el influjo de quia y ca, ante los cuales qué va es más motivado formalmente. La gramaticalización –pero también la lexicalización, proceso con bastantes propiedades en común– se manifiesta en la fijación formal de va, sin variación posible. En fin, resulta evidente, y no hay necesidad de más comentario, la interrelación de los nexos consecutivos discontinuos de manera o de intensidad-manera y los nexos ilativos del tipo de manera que, de modo que, etc., que proceden de ellos, de una parte, y, de otra, las relaciones de interordinación de las construcciones consecutivas e ilativas (Girón Alconchel). Como sabemos, de acuerdo con Lehmann (2002), la gramaticalización es creación de gramática a partir del discurso, de lengua (langue) a partir del habla (parole). Entonces otra cuestión de gran interés teórico, que no desatienden estos trabajos, es cómo la gramaticalización reestructura o crea paradigmas gramaticales. La gramaticalización y lexicalización de usía –paralelas a la de usted– reestructuró en su día el paradigma de los pronombres personales (Sáez Rivera). La gramaticalización de nada como “palabra-n” apunta a la integración del paradigma de esas palabras: nunca, nadie, ninguno, -a, un campo de investigación que califica Octavio de Toledo como tarea pendiente de estudio. Desde otra perspectiva, la gramaticalización y lexicalización de interjecciones como quia, ca y qué va reestructuran también el paradigma de la negación y de los términos de pola-

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ridad negativa y abren el camino a nuevas formas de negación y rechazo, como el reciente uso caribeño de qué va para rechazar la pregunta parcial, no su contenido, similar al de ¡quita, quita! (Herrero). La gramaticalización y lexicalización de las locuciones acerca de, con respecto a y en torno a/de integran, junto con las preposiciones de y sobre, el paradigma de tema/asunto del español, estructurado en tres tipos de marcadores: 1) las preposiciones de y sobre; 2) las locuciones acerca de y en torno a/de; y 3) la locución con respecto a. Cada tipo tiene su contexto de uso: 1) y 2) se emplean con verbos y sustantivos; 3) funciona como marcador discursivo (Granvik). Por último, la gramaticalización y lexicalización de mira, fíjate, etc., junto con el carácter interordinado –y no subordinado– de la relación interoracional que rigen, reestructura el paradigma de las oraciones subordinadas sustantivas exclamativas e interrogativas, porque, al lado de mira, fíjate, ya ves, etc. hay que colocar dime, explícame, ya me dirás, quiero saber, etc.; los primeros rigen exclamativas parciales y totales; los segundos, interrogativas, también parciales y totales, con lo que hay que concluir que en ambos tipos de predicados regentes se da ese eslabón intermedio de gramaticalización que los acerca a la función de una interjección, la cual sirve bien para pedir atención ante el evento que se quiere cuantificar exclamativamente, bien para pedir información sobre la cláusula que sigue, o sea, para hacer o reproducir una pregunta. En consecuencia, hay un paradigma de las subordinadas sustantivas interrogativas y exclamativas con tres miembros: las interrogativas y exclamativas propias, las interrogativas y exclamativas impropias o modales y las interrogativas y exclamativas propias del discurso, es decir, las dependientes de una expresión de petición de información (dime, etc.) o de atención (fíjate, etc.). Pero no todo cambio es gramaticalización ni la gramaticalización sirve para explicar todo lo que sucede en la historia de una lengua. Bartens observa que el uso de la preposición portuguesa em y de la española en para expresar ‘movimiento hacia un lugar’ y otros valores, además del básico de ‘ubicación en un lugar’, es un “arcaísmo iberorrománico”, y no un caso de gramaticalización ni de “expansión semántica”. Según Octavio de Toledo, la gramaticalización tampoco explica todo lo que cambia en el proceso de nada no sé > no sé nada ~ nada sé: no explica por qué la anteposición de nada –y de otras “palabras-n”: nunca, nadie, ninguno– sobrevive a la caída de la abundante focalización medieval, e incluso se incrementa en el español clásico, ni por qué tal anteposición fue tan escasa en la lengua medieval, tan generosa en acoger y fomentar las construcciones focalizadas; tampoco explica por qué se pierde la “concordancia negativa” –la relación sintáctica del término de polaridad negativa con el negador– en nada sé, pero no en no sé nada. Como vamos a ver, la respuesta a estas cuestiones las encuentra Octavio de Toledo en el análisis de las tradiciones discursivas. En suma, en la gramaticalización de nada como negador antepuesto al verbo se

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cuestionan dos aspectos vinculados muy estrechamente al paradigma más ortodoxo de gramaticalización: el aumento de frecuencia y la reducción del alcance estructural, uno de los parámetros de Lehmann. La tesis de que la gramaticalización produce aumento de la frecuencia del nuevo morfema o de la construcción innovadora resulta negada, porque, desde aproximadamente 1850 a nuestros días, la frecuencia de la construcción innovadora nada sé baja muchísimo, hasta casi desaparecer, mientras que no sé nada se hace general. También parece que quedaría negada la reducción del alcance estructural de la forma o construcción creada por gramaticalización, ya que nada, al pasar del alcance del núcleo del predicado (nada no sé, no sé nada) al de la oración (nada sé), vería aumentado –y no reducido– su alcance estructural. Con esta sugerencia Octavio de Toledo compromete fuertemente lo que parece un hecho aceptado por casi todo el mundo: la unidireccionalidad de los procesos de gramaticalización (Heine 2003: 577). En otro orden de cosas, no parece que sea una crítica muy firme a la gramaticalización decir que ésta no explica la adopción –o extensión– del cambio, para lo cual –es verdad– se prefiere acudir a las tradiciones discursivas, como hizo Koch en el caso de usted y el mismo Octavio de Toledo en el de nada. Quizá la gramaticalización no explique la adopción del cambio, pero no cabe duda de que lo que explica es la innovación del cambio: la creación de gramática a partir del discurso. En este sentido, no hay contradicción ni incompatibilidad entre la gramaticalización y las tradiciones discursivas: son, más bien, métodos complementarios. La gramaticalización –cuyo primer origen, cognitivo y social, es la necesidad humana de tener éxito mediante la comunicación lingüística– está estrechamente vinculada a la creación de variedades: gramaticalización y variación lingüística son, pues, dimensiones solidarias, como se ve en algunos de los trabajos que componen este libro. Herrero pone en relación las interjecciones quia, ca, por un lado, y qué va, por otro, con la variación dialectal, y no solo cronológica: quia, ca, en descenso, son más frecuentes en España que en América en los siglos XIX y XX; en cambio, qué va es más frecuente en América en esa época, pero hoy se extiende por todo el español: el Corpus de referencia del español actual (CREA) de la Real Academia Española no da ejemplos procedentes de Bolivia, Ecuador y El Salvador, tal vez porque hay muy pocos textos fichados de estos países. Quia y ca son hoy vulgares y rurales; qué va, de uso general. Sin embargo, la gramaticalización continúa y se apuntan nuevos usos de qué va, que siguen esta que podríamos llamar “vereda” de gramaticalización: rechazo epistémico (uso general) > negación de propuesta de acción > fórmula de rechazo de la misma pregunta, no de su contenido. Y estos nuevos usos son todavía dialectales, caribeños para más concreción, como decíamos antes. Pero el enfoque variacionista –en el más amplio sentido del término: variación diatópica, diastrática y diafásica;

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variación de lenguas románicas (francés, español y portugués)– sobresale en el trabajo de Schon y en su tipología de factores externos que dificultan o promueven la gramaticalización. Basándose en los tipos de colonización de España, Portugal y Francia, presentados por los historiadores, Schon establece una tipología sociohistórica en la que se desarrollan las variedades coloniales del español, portugués y francés en contraste con las variedades europeas de esas lenguas. Así, establece cuatro parámetros: el uso de la variedad como lengua vernácula frente a su uso solo en la distancia comunicativa, la fuerte presencia de la norma frente a su presencia relajada, el contacto de lenguas frente al no contacto y la continuidad del uso de una lengua frente a su reemplazo por otra. Estas constelaciones sociohistóricas promueven, o frenan, o invierten, los procesos de gramaticalización en las variedades no europeas del francés, español y portugués. Una de las conclusiones –no por más conocida menos sólida– del trabajo de Schon es que el tiempo no es el principal factor del cambio lingüístico. El trabajo de Bartens sobre la preposición na pone el énfasis –como ya se ha señalado– en los criollos de base portuguesa, española e inglesa. Octavio de Toledo y Sáez destacan la variación diafásica, encuadrada en la diacrónica, para concluir –lo mismo que hace Schon– que las tradiciones discursivas son tan determinantes en el cambio lingüístico como la cronología, a veces, incluso más. Las tradiciones discursivas están dentro del enfoque variacionista general, ya que la adopción y difusión del cambio por gramaticalización se produce por su penetración en nuevas tradiciones discursivas desde la inmediatez a la distancia comunicativas (Schon). Varios trabajos (Sáez Rivera, Octavio de Toledo, Girón Alconchel) han explicado la determinación de la tradición discursiva en el desarrollo de concretos cambios por gramaticalización. Sáez Rivera analiza la tradición discursiva de las cartas en los manuales para la redacción de las mismas y encuentra que la relación de la gramaticalización y lexicalización de las formas de tratamiento y del doblado de clítico con esta tradición discursiva y, dentro de ella, con el continuum inmediatez-distancia comunicativas, es significativa, una vez más: en Peliger (1599) hay un alto porcentaje de doblado, coincidente con el uso casi sistemático del posesivo vuessa –manifestación de la erosión fonética inherente al proceso de gramaticalización– y con la escasa presencia de la retórica y la fuerte presencia de la inmediatez comunicativa en sus cartas; en Páez (1630) la frecuencia del doblado es casi como la de Peliger, una treintena de años antes, pero sus fórmulas son más variadas y sus cartas más retóricas y de mayor distancia comunicativa, lo que quiere decir que el doblado ha crecido en el tiempo; en Sobrino (1720) el doblado se ha gramaticalizado plenamente y extendido con las formas de tratamiento, en unas cartas de una retórica más intensa y más moderna y concebidas con una mayor distancia comunicativa.

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La respuesta a las cuestiones que plantea la creación y casi desaparición de nada, palabra negativa antepuesta al verbo –en ejemplos como nada sé–, respuesta que no proporciona la gramaticalización, la encuentra Octavio de Toledo en el análisis –muy detallado y cuantitativamente muy satisfactorio– de las tradiciones discursivas. Las escasas ocurrencias medievales de anteposición de nada –del tipo nada non fincó por pagar– se concentran en fueros leoneses y en documentos de compraventa, que dejan ver la influencia de la fuente latina; después, a partir de mediados del siglo XV, las clases textuales de mayor prestigio intelectual –relacionadas naturalmente con el latín y la escrituralidad– extienden la anteposición hasta mediados del siglo XIX y la retienen después; en cambio, hasta esa misma fecha, la frenan –y precipitan luego su final– las clases textuales con presencia de la oralidad, como la novela, el teatro en prosa, las cartas, etc. Según Octavio de Toledo, nada antepuesto está marcado variacionalmente por el ámbito escritural y –convertido en una marca de la distancia comunicativa– se difunde a través de las tradiciones discursivas. Este es el punto clave de su investigación, que abre las puertas al esclarecimiento de los otros dos que apunta: la gramaticalización y la focalización de nada dijo. Desde esta perspectiva queda resaltado el concepto de “constelaciones discursivas” o conjunto de textos con presencia variable de la inmediatez-distancia. Las conclusiones que se pueden extraer ponen de manifiesto –como ya sabíamos desde trabajos como el de P. Koch sobre usted– que las explicaciones por tradiciones discursivas y por gramaticalización se complementan: esta explica la innovación del cambio; aquellas, la adopción y difusión del mismo. Ahora sabemos también que hay que matizar y calibrar la afirmación de que el grado de gramaticalización de una construcción conlleva automáticamente el incremento de su frecuencia de uso. Por su parte, Girón Alconchel advierte una variable presencia de las marcas de la distancia y la inmediatez en los textos históricos de finales del siglo XVII y primera mitad del XVIII, que conduce a la distinta difusión de las conjunciones y locuciones conjuntivas ilativas gramaticalizadas y lexicalizadas y de las construcciones ilativas conformadas ya sea como relaciones interoracionales o supraoracionales. Finalmente, la relación de gramaticalización y tradiciones discursivas se puede observar desde otra atalaya: la textualización o creación de texto. La gramaticalización –como observó Traugott (2003: 626)– conduce ineludiblemente a un concepto nuevo y más amplio de gramática, que incluye, junto a los componentes tradicionales –fonología, morfosintaxis, semántica–, la pragmática, ya se entienda esta como componente entre la sintaxis y la semántica, o como perspectiva de los componentes tradicionales. Los procesos de gramaticalización y lexicalización incluyen, pues, una dimensión pragmática o discursiva desde la que se construyen los textos, o sea, una dimensión textualizadora. Algunos de los trabajos aquí reu-

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nidos apuntan directa o indirectamente hacia esa dimensión. Fernández subraya el valor pragmático de las perífrasis verbales y observa su relación con la producción textual. Sáez Rivera pone en relación la “degradación pragmática” de los tratamientos que terminan gramaticalizándose y lexicalizándose como pronombres –usía, usted– con algunas notas típicas de la gramaticalización, como el reordenamiento semántico y la erosión fonética. Octavio de Toledo relaciona la gramaticalización de nada como palabra negativa con la estructura informativa y el tipo de foco: según este autor, en nada dijo no hay foco contrastivo o informativo; tampoco está claro qué tipo de foco hay; quizá un foco de polaridad; tal vez un foco de cuantificación. En fin, Girón Alconchel ha atendido al papel de las construcciones ilativas en la textualización de los relatos históricos entre 1684 y 1742. Las ilativas como interordinadas de la enunciación poseen una dimensión discursiva (presencia del decir, actividad pragmática) y una función textual: cerrar párrafos y partes del texto con una impronta argumentativa. Ciertos cambios en las ilativas, con proyección textualizadora, parecen relacionados con el tipo de texto y con la cronología: la polisemia de nexos –con valor consecutivo e ilativo– y el predominio de un período ilativo compuesto por un gran número de cláusulas en sus dos miembros son variables que permanecen en los textos históricos de entre 1684 y 1725; sin embargo, desde el inédito Epítome de 1742 –un resumen del reinado de Felipe V– se percibe la ausencia de polisemia en los nexos y una simplificación de los dos miembros del período ilativo, reducidos, cuando mucho, a períodos bimembres; por otra parte, el aumento de adverbios ilativos en 1742 conlleva un aumento de la argumentación y provoca que las fronteras entre conjunciones y locuciones conjuntivas ilativas, de un lado, y conectores consecutivos, de otro, se hagan más borrosas, justamente como sucede con las relaciones interoracionales y supraoracionales de esa misma índole. Por último –pero no por eso lo menos importante–, este libro es vario y uno. La variedad procede de los temas y de los autores y de su particular postura ante los problemas encerrados por los términos gramaticalización, lexicalización y tradiciones discursivas. La unidad viene precisamente del significado de estos términos. También del designio de aplicarlos a la historia de la lengua española y, de un modo especial, a la transición del español clásico al moderno. También de la irrenunciable base empírica de los planteamientos teóricos que aquí se han podido seguir o desarrollar.

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BIBLIOGRAFÍA PROGRAMES SOBRE G R A M AT I C A L I Z A C I Ó N Y L E X I C A L I Z A C I Ó N DANIEL M. SÁEZ RIVERA Universidad Complutense de Madrid

Se presenta a continuación la bibliografía de trabajo del grupo Programes compilada por Sáez Rivera con aportaciones de todos los miembros (en especial de Octavio de Toledo); queremos también agradecer las referencias proporcionadas por Javier Rodríguez Molina. En esta compilación bibliográfica se recogen estudios clásicos, básicos y críticos sobre las(s) teoría(s) de gramaticalización y lexicalización, así como diversas aplicaciones a las lenguas románicas, en especial al castellano (aunque también existen referencias por ejemplo sobre el catalán). Dado que el campo de estudios sobre gramaticalización y lexicalización no deja de crecer en cantidad y calidad de trabajos, esta recopilación carece de ánimo de exhaustividad, pero sirve para iniciarse en el campo y para obtener una idea de la evolución de los estudios de gramaticalización desde Meillet (1912) hasta aproximadamente 2012. Un indicio de la boga de este tipo de estudios es la cantidad de investigaciones y referencias a la gramaticalización y sus límites que se pueden encontrar en las Actas del IX Congreso Internacional de Historia de la Lengua Española editadas por Emilio Montero Cartelle (Meubook: Santiago de Compostela, 2012), a las cuales remitimos al lector. Pasamos sin más preámbulos a la lista bibliográfica: ABRAHAM, W. (1993): “Einleitung zum Thema dieses Bandes. Grammatikalisierung und Reanalyse: einander ausschließende oder ergänzende Begriffe?”, Folia Linguistica Historica 13:1, pp. 7-26. BATLLORI, M./HERNANZ, M.ª Ll./PICALLO, C./ROCA, Fr. (eds.) (2005): Grammaticalization and Parametric Variation, Oxford: Oxford University Press. BERG, A./DIEWALD, G. (eds.) (2008): Constructions and Language Change, Berlin: Mouton de Gruyter. BISANG, W./HIMMELMANN, N. P./WIEMER, B. (eds.) (2004): What Makes Grammaticalization? A Look from its Fringes and its Components, Berlin/New York: Mouton de Gruyter. BLASCO MATEO, E. (2002): “La lexicalización y las colocaciones”, LEA: Lingüística Española Actual 24:1, pp. 35-62. — (2006): “Acerca de la lexicalización de las secuencias en las que interviene so en el siglo XV”, J. J. Bustos Tovar/J. L. Girón Alconchel (eds.), Actas del VI Congreso

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I. GRAMATICALIZACIÓN, LEXICALIZACIÓN Y TRADICIONES DISCURSIVAS

DEL LÉXICO A LA GRAMÁTICA. S O B R E S I H A Y O N O E X C L A M AT I VA S I N D I R E C TA S T O TA L E S E N E S PA Ñ O L * JOSÉ LUIS GIRÓN ALCONCHEL Universidad Complutense de Madrid

1. Introducción En 1984 I. Bosque (1984a y 1984b) observó, refiriéndose exclusivamente a ejemplos como los de (1a), que la subordinada exclamativa en español no podía ser total, sino únicamente parcial. Sin embargo, en Girón Alconchel (1988b) ya señalamos que la subordinada exclamativa podía ser total, cuando la cláusula con si dependía de imperativos o de la segunda persona de presente o de futuro de verbos de percepción y de entendimiento o conjetura, como mira, fíjate, figúrate, calcula, etc., y verás, ya verás, ves, ya ves. Después S. Iglesias (2000) ha retomado el asunto y corroborado el carácter de exclamativas totales de estas subordinadas exclamativas, que tienen una relación en su origen con interrogativas retóricas. Ahora la Nueva gramática de la lengua española (RAE 2009) hace suya la doctrina de que las exclamativas subordinadas son todas parciales. No obstante, de las dependientes de fíjate o mira, afirma que “se ha puesto en tela de juicio que estas oraciones sean propiamente subordinadas” y añade que en ellas los imperativos mira y fíjate “poseen puntos en común con las interjecciones” (RAE 2009: §§ 43.7u y 32.5k): (1) a. Es extraño cómo la trata / *Es extraño si la trata bien o mal (Bosque 1984ab). Llama la atención cómo vive / *Llama la atención si es rico (RAE 2009: §§ 43.7v y 43.7w). b. Mira, señora, si una pobre vieja como yo, si se hallara dichosa en dar la vida a quien tales gracias tiene [Celestina, 4.167-168]. Mira si es feria alegre y dispendiosa un Auto de Fe [Sanchís, Retablo, apud RAE 2009: § 43.7u]. Mirá si sacábamos para las diez [Habla de Buenos Aires, II, 104].

* La realización de este trabajo se encuadra en el Proyecto de referencia FFI200802828/FILO, financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación (MCINN).

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Figúrate tú, si la conclusión puede ser más natural, ni más ingeniosa [CN/Sí, 85]. Pues fíjate si he conocido gente, mucha [Habla de Madrid, 273]. El fútbol y la radio siempre se han apoyado mutuamente. Las primeras transmisiones datan de 1927, fíjense si hace tiempo [As, 27/8/2011]. c. E fijo, pugna en fazer bien e guarda-te de fazer mal, ca el bien amata el mal. Ca mintió quien dixo, que non se amata el mal, si non con el mal. Ca si verdat dize, enciende un fuego con otro, e verás si lo podrás amatar. Mas en todo, el mal non lo amata si non el bien, assí como amata el agua al fuego [Anónimo, Bocados de oro, a. 1250, CORDE]. –… Pero ya te acuerdas, Andrés, que yo juré que si no te pagaba, que había de ir a buscarle y que le había de hallar, aunque se escondiese en el vientre de la ballena. –Así es la verdad –dijo Andrés–, pero no aprovechó nada. –Ahora verás si aprovecha –dijo don Quijote. Y diciendo esto se levantó muy apriesa… [Quijote I, 31.318]. Ya ves tú la religiosa de Guadalajara si es mujer de juicio [CN/Sí, 172-173]. Repara cómo se miran / los dos, verás si yo miento [Ramón de la Cruz, Las segadoras. Zarzuela, 1768, España, CORDE]. –¡Sí, matar a los muertos! –replicó el Tigre–; acuérdate de Alpuyeca. –¡Pues ya verás si sé matar también a los vivos! –replicó el Zarco, lívido de cólera [Ignacio Manuel Altamirano, El Zarco: episodio de la vida mexicana en 1861-63, c 1886-88, México, CORDE]. –¿Y por qué no se puede? –Porque no. Si no, quédate ahí; ya verás si te pesca mi amo [Pío Baroja, Zalacaín el aventurero, 1909, España, CORDE]. d. Ahora compare usted nuestros autores adocenados del día con los antiguos, y dígame si no valen más Calderón, Solís, Rojas, Moreto, cuando deliran que estotros cuando quieren hablar en razón [CN/Sí, 115].

Este trabajo tiene tres objetivos. El primero es evaluar la capacidad de los conceptos de gramaticalización y lexicalización, así como sus mutuas relaciones (cf. Girón Alconchel 2008), para explicar algunas características de las subordinadas interrogativas y de las subordinadas exclamativas españolas. El segundo, revisar la tesis de que no hay, en absoluto, subordinadas exclamativas totales; creemos que la interpretación propuesta por Bosque y la RAE (2009) para los ejemplos de (1a) es la correcta y que, en efecto, las subordinadas exclamativas de esa clase no pueden ser sino parciales, pero creemos también que hay otras clases de subordinadas exclamativas que sí pueden ser totales. El tercer objetivo es, justamente, presentar una clasificación coherente de la subordinada interrogativa y la subordinada exclamativa, dentro de la cual sea más fácil explicar las irregularidades de estas cláusulas.

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El método adecuado para conseguir estos objetivos es la teoría de la gramaticalización. Decía el texto académico que oraciones como las de (1b) no parecen “propiamente subordinadas” y que los imperativos fíjate, y mira –supongo que también se podría referir a los presentes y futuros (ya) ves, (ya) verás– “poseen puntos en común con las interjecciones”. Podemos interpretar estas apreciaciones desde la teoría de la gramaticalización. Aplicada a las relaciones interoracionales, la cadena de gramaticalización coordinación > interordinación > subordinación explica los solapamientos de los tres eslabones, de modo que puede haber subordinadas que estén más cerca de las interordinadas y, por tanto, que sean discutibles desde el punto de vista de la subordinación prototípica (Hopper/Traugott 2003: 175-211). Creo que esto es lo que pasa en los ejemplos de (1bcd), pero no en los de (1a). En segundo lugar, si fíjate y mira –y también ya ves, ya verás– tienen “puntos en común con las interjecciones”, es que no lo son, aunque funcionen de un modo parecido. Es decir, que están camino de lexicalizarse como interjecciones, pero todavía no lo han hecho del todo. La teoría de la gramaticalización es pintiparada para explicar estos fenómenos; por otra parte, estos datos de fíjate y mira son especialmente pertinentes para ilustrar las relaciones complejas de gramaticalización y lexicalización.

2. Las clases de subordinadas interrogativas y subordinadas exclamativas Las subordinadas interrogativas y las subordinadas exclamativas son dos tipos de subordinadas sustantivas fuertemente condicionadas por el predicado regente. Ya es un lugar común diferenciar la subordinada interrogativa propia de la impropia o modal por su dependencia o no de un predicado performativo de ‘pregunta’. (2) a. Y me pregunto si hace un año tomé la decisión correcta [Tabla, 42]. b. Yo les digo cómo fue todo [Suerte, 84]. no sé qué haces tú aquí [Suerte, 61].

La subordinada interrogativa propia (2a) hace o reproduce una pregunta, según el empleo performativo o descriptivo del verbo preguntar, o sinónimos, o equivalentes contextuales, como decir y pensar, verbos de un significado tan amplio que son capaces de regir cláusulas sustantivas relacionadas con oraciones de modalidad asertiva, interrogativa, imperativa o exclamativa. La subordinada interrogativa modal (2b) depende de predicados que no son performativos de ‘pregunta’: predicados de comunicación, de entendimiento y percepción, de sentimientos y otros de más difícil clasificación. En consecuen-

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cia, la subordinada interrogativa modal no hace ni reproduce preguntas, sino aserciones modalizadas desde el punto de vista del enunciado mediante la introducción de una determinada VARIABLE (sea de persona, cosa, lugar, etc.), de forma que el predicado principal indica que se elige (o bien que no se ha elegido) el valor que le corresponde. La variable puede ser incluso de polaridad (sí/no), como en las interrogativas indirectas totales (RAE 2009: § 43.7c).

Por su parte, las subordinadas exclamativas dependen de predicados factivos de emoción y de percepción, pero también de comunicación y de pensamiento. Por eso –como ya propusimos en 1988 (Girón Alconchel 1988b: 409, n. 20)– pueden ser asimismo subordinadas exclamativas propias e impropias o modales: (3) a. asmó cómmo casaría sus fijos et sus fijas, et cómmo yría aguardada por la calle con yernos et con nueras et cómmo dizían por ella cómmo fuera de buena ventura en llegar a tan grant riqueza [Lucanor, 85-86]. díxele mi embaxada, cómo penavas tanto por una palabra de su boca salida [Celestina, 6.182]. Dijo que qué bonito era Madrid [apud Suñer 1999: 2164, n. 12]. b. Mi madre cuenta todavía algunas niñadas de aquel tiempo: si dije este despropósito o la otra gracia, si tiré piedras, si embadurné el vaquero, el papa, caca y las demás sencilleces que refieren todas las madres de sus hijos [Vida, 70]. Y tampoco sirve alegar que si fue inesperado, que si parece mentira, que si patatín, que si patatán [Pardo Bazán, Insolación, 12, apud Alcina y Blecua, 1126]. c. yo me spanto cómo te acuerdas [Celestina, 7. 198]. Es extraño cómo la trata [Bosque 1984ab]. Llama la atención cómo vive (NGRAE §§ 43.7v y 43.7w). Él ya sabe quién es [Suerte, 59]. Juan contestó cándidamente lo poco que sabía de su vida de orfandad y de miseria, y cómo había sido salvado del muladar por una perra y recogido por la viejecita1 [Bandidos, 1.162].

La subordinada exclamativa propia (3ab) reproduce una exclamación y, en consecuencia, es una cláusula dependiente de un predicado regente de comunicación o de pensamiento, semánticamente capaz de admitir un complemento oracional relacionado con la modalidad exclamativa. Así, en el primer ejemplo de (3a) vemos que asmar introduce una subordinada interrogativa propia (“asmó

1 El valor exclamativo de esta subordinada exclamativa modal queda reforzado por el de la relativa exclamativa “lo poco que”.

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cómmo casaría sus fijos et sus fijas”), a la que siguen tres subordinadas exclamativas propias y la tercera está introducida a su vez por el verbo “dizían” de la segunda. La subordinada exclamativa propia puede ser parcial (3a) y total (3b). La RAE (2009: § 43.7v) admite que “las oraciones exclamativas directas pueden ser parciales (¡Qué cosas dices!) y también totales (¡Este hombre está loco!)”, y aún admite que una oración como ¡Si lo sabré yo! es una exclamativa directa total. Pues bien, si una oración exclamativa directa parcial, como ¡Qué bonito es Madrid!, se puede transformar en una exclamativa indirecta propia parcial del tipo Dijo que qué bonito era Madrid (3a), ¿qué argumentos puede haber para negar que unas exclamativas directas con si, como ¡Si dijiste este despropósito!, ¡Si dijiste aquella gracia!, ¡Si tiraste piedras!, ¡Si fue inesperado!, ¡Si parece mentira!, etc., al convertirse en discurso indirecto, funcionen como subordinadas exclamativas propias totales en la oraciones de (3b)? La subordinada exclamativa modal (3c) depende de los predicados específicos factivos de emoción, y de otros de comunicación y pensamiento y percepción, y hace o reproduce, no un enunciado de modalidad exclamativa, sino una aserción modalizada apreciativamente mediante el carácter factivo del predicado y la cuantificación en un grado extremo de un argumento o adjunto de la cláusula. Como se ve, todos los ejemplos de (3c) son subordinadas exclamativas parciales, y no se encuentran totales entre las subordinadas exclamativas modales o impropias. Por eso pensamos que las subordinadas exclamativas pueden ser propias e impropias o modales, como ya propusimos, y que solo las subordinadas exclamativas impropias o modales son “defectivas”, en el sentido de ser únicamente parciales, de acuerdo con la descripción de Bosque y la RAE (2009). Pero las subordinadas exclamativas propias pueden ser parciales y totales. Como subordinadas sustantivas, las subordinadas interrogativas y las subordinadas exclamativas se integran en la cadena de gramaticalización de las relaciones interoracionales. Hay subordinadas interrogativas y subordinadas exclamativas que son subordinadas sustantivas prototípicas, porque presentan una integración semántica plena en el predicado regente y una dependencia sintáctica del mismo también plena. Así, la mayoría de los ejemplos de (2-3). Sin embargo, en el continuum categorial que son las relaciones interoracionales, se observan casos, como los que repetimos en (4), en los que la subordinada exclamativa no es complemento directo del verbo regente, sino aposición de un sustantivo que es el verdadero complemento directo: (4) díxele mi embaxada, cómo penavas tanto por una palabra de su boca salida [Celestina, 6.182].

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Mi madre cuenta todavía algunas niñadas de aquel tiempo: si dije este despropósito o la otra gracia, si tiré piedras, si embadurné el vaquero, el papa, caca y las demás sencilleces que refieren todas las madres de sus hijos [Vida, 70].

En estos casos la subordinación sustantiva es menos prototípica y se aproxima a las relaciones de interordinación: la cláusula está menos integrada semánticamente en el predicado regente y exhibe una dependencia sintáctica menor, lo que, por ejemplo, permite la aparición de una entonación relativamente autónoma con respecto a la entonación de la oración principal. Aún es mayor la deriva hacia la interordinación en subordinadas interrogativas como las de (5a): (5) a. Dime qué opinas tú, César [Tabla, 84]. Dime si te gusta [apud RAE 2009: § 43.7d]. b. No sé si te gusta.

A la construcción de (5a) la denominamos en 1988 “interrogativa indirecta en el plano sintagmático” (Girón Alconchel 1988a); hoy proponemos llamarla “subordinada interrogativa propia del discurso”: en ella la subordinada interrogativa no depende de un predicado de ‘pregunta’, sino de una petición de información en el discurso. Con las oraciones de (5a) no se hacen aserciones modalizadas, sino preguntas. Como explica la Nueva gramática de la Academia, Dime si te gusta es una construcción con la que se solicita al oyente que responda si le gusta o no, a diferencia de lo que se hace con una oración como No sé si te gusta (5b), con la que no se le pide respuesta ninguna (RAE 2009: § 43.7d). Es decir, Dime si te gusta es una subordinada interrogativa propia del discurso y No sé si te gusta es una subordinada interrogativa modal. Las diferencias semánticas son las que acabamos de describir: hacer una pregunta (5a) frente a hacer una aserción modalizada; pero hay también diferencias morfosintácticas, que se explican mejor desde la teoría de la gramaticalización: la subordinación en (5a) está más próxima a la interordinación, de hecho puede haber una pausa entre dime y la cláusula; en cambio, la subordinación en (5b) es prototípica; por otra parte, el imperativo dime –o explícame, cuéntame, etc.– puede estar próximo a funcionar como una interjección, con la función de llamar la atención al solicitar la información, lo cual sucede cuando se antepone a una oración interrogativa directa: (6) Dime, ¿qué opinas tú de César? Dime, ¿te gusta?

En (6) ha comenzado un proceso de gramaticalización de dime que podría terminar en la lexicalización de una nueva interjección.

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Pues bien, una construcción discursiva de petición (mira, fíjate, figúrate, ya verás) sirve también para introducir la subordinada exclamativa de (1bcd), a la que podemos denominar subordinada exclamativa propia del discurso. Iglesias (2000: 535) afirmaba que los predicados en imperativo que regían estas exclamativas subordinadas eran de percepción o de conjetura; pero puede aparecer asimismo, aunque muy raramente, un verbo de comunicación, como decir (1d). Los ejemplos de (1bcd) son de subordinada exclamativa propia del discurso total, pero la subordinada exclamativa propia del discurso puede ser también parcial. La parcial es más frecuente y más antigua que la total y a veces puede reducirse a una frase nominal sin verbo (7b): (7) a. Oyd que uos digo, yfantes de Carrion [Cid, 3596]. ¡Calcule usted cómo me habría hecho la cabeza! [Bandidos, 1.133]. fíjate qué reacción tuvo fulanito [Habla de Madrid, 138]. ¡Fíjate tú dónde nos quedamos! [Habla de Madrid, 430]. Ahora, fíjese qué tragedia es para nuestro país la imagen de nuestra literatura, cualquier cosa [Habla de Buenos Aires, II, 530]. b. Ved qué maravilla: un galápago entre dos ánades que lo lievan en el aire [Calila, 165]. Mire usted qué bonita [CN/Sí, 176]. mira qué bien [Habla de Madrid, 325]. fíjate qué casualidad [Habla de Madrid, 442].

Sin ninguna duda, la propiedad más llamativa de esta construcción es su capacidad para introducir exclamativas totales. Es posible que ello se deba a la índole conjetural de una pregunta retórica que se halla en el origen de estas aserciones fuertes con las que el hablante marca el más alto grado de la predicación, cuando el evento lo permite, o el más alto grado de la polaridad afirmativa, si el evento no es graduable (Iglesias 2000). La vinculación con una pregunta retórica en el origen de la exclamación parece darse, no solo con la subordinada exclamativa propia del discurso total, sino también con la parcial, como hemos podido apreciar en algunos ejemplos de la lengua hablada, en los que el mismo hablante se contesta la pregunta original. Repetimos ahora esos ejemplos: (8) Ahora, fíjese qué tragedia es para nuestro país la imagen de nuestra literatura, cualquier cosa [Habla de Buenos Aires, II, 530]. Pues fíjate si he conocido gente, mucha [Habla de Madrid, 273].

Lo que parece innegable es el carácter exclamativo de estas construcciones, las cuales cuestionan, una vez más, la generalización de que la exclamativa subordinada no pueda ser total. No lo puede ser la subordinada exclamativa modal o

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impropia, como ya quedó claro, pero no es el caso de la subordinada exclamativa propia, como vimos, ni de la subordinada exclamativa propia del discurso, como vemos ahora (cf. Girón Alconchel 1988b: 409, n. 20 y 1991a: 147). Por eso, el verbo en torno al cual se articula la construcción de petición está en imperativo sistemáticamente: es una llamada al interlocutor pidiendo su atención. En esto se diferencia la subordinada exclamativa propia del discurso de fíjense si hace tiempo (1b) de la subordinada interrogativa propia del discurso de Dime si te gusta (5a); en la primera, la construcción de petición pide atención a lo que se dice o se va a decir mediante la subordinada exclamativa, mientras que, en la segunda, pide respuesta a lo que se pregunta a través de la subordinada interrogativa. El paralelismo funcional y formal de la subordinada interrogativa propia del discurso es completo. Con las subordinadas exclamativas propias del discurso de (1bcd) y (7ab) se hacen exclamaciones, no aserciones modalizadas por cuantificación de un argumento o adjunto o de la polaridad. Desde el punto de vista morfosintáctico ofrecen un estado de relación interoracional intermedio ente la subordinación y la interordinación. Y el imperativo que sirve para llamar la atención puede estar en proceso de gramaticalización y posterior lexicalización como interjección.

3. Consideraciones finales Las subordinadas interrogativas y las subordinadas exclamativas españolas son subordinadas sustantivas, pero no son construcciones sintácticas homogéneas. En algunas de ellas la cláusula depende de una expresión de petición: un verbo de percepción o de conjetura –y en alguna ocasión de lengua– en imperativo o en segunda persona del presente o del futuro de indicativo. Ese predicado presenta síntomas de gramaticalización y lexicalización, de modo que funciona como una interjección. Al mismo tiempo, la relación de la cláusula con dicho predicado se relaja, se hace menos dependiente sintácticamente y menos integrada semánticamente, acercándose a la interordinación. En la sintaxis de las subordinadas interrogativas y de las subordinadas exclamativas se percibe un movimiento desde el léxico a la gramática y desde la subordinación a la interordinación que la teoría de la gramaticalización puede explicar de un modo más adecuado, coherente y exhaustivo que una gramática que no contemple un componente pragmático o una perspectiva pragmática de la morfología y la sintaxis clásicas. Lo que no significa renunciar a hacer gramática formal. Hemos visto el estrecho paralelismo de subordinadas interrogativas y subordinadas exclamativas. Ambas son propias e impropias o modales. Pero dentro de cada una de las dos

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subdivisiones del paradigma de las subordinadas sustantivas interrogativas y exclamativas se constata la misma división entre subordinadas prototípicas (las subordinadas interrogativas y subordinadas exclamativas, propias y modales) y subordinadas relajadas que se mueven hacia la interordinación: estas son las subordinadas interrogativas propias del discurso y las subordinadas exclamativas propias del discurso. Pese a estas simetrías sistemáticas, la irregularidad paradigmática –que incluye el carácter defectivo de algunas construcciones– es inevitable, porque la lengua se está haciendo mientras funciona y funciona porque se está rehaciendo continuamente, y por ello los sistemas lingüísticos son dinámicos y conservan huellas de su hacerse histórico. Una de estas irregularidades es que las subordinadas exclamativas modales o impropias solo pueden ser parciales, no totales y, además, llevan el verbo en indicativo, no en infinitivo ni en subjuntivo. Pero esta regla no afecta a las otras exclamativas subordinadas: a las exclamativas propias y a las exclamativas propias del discurso. Paralelamente, hay un grupo de subordinadas interrogativas modales o impropias en las que se observa una defectividad parecida. Son las dependientes de predicados del tipo no haber, no tener, no hallar: (9) Ya no había qué hacer allí [Regenta, 2.505]. y concibió tal encono y tal odio, que no hallaba como desquitarse [Bandidos, 2.711]. El deseo del balón es estar en el aire pero no tienes por qué cumplírselo [Suerte, 62].

Cierto que se discute si estas oraciones son o no interrogativas; pero es indiscutible que remontan a esquemas latinos con interrogativos, no con relativos, y en los que el predicado regente habere adoptaba el significado de scire, o sea de un verbo de entendimiento, similar a los de las subordinadas interrogativas impropias o modales; y cierto que se comportan como las subordinadas interrogativas a la hora de elidir el predicado de la cláusula. Pues bien, estas subordinadas interrogativas modales son también defectivas: no admiten las totales ni el verbo de la cláusula en indicativo, sino en infinitivo o en subjuntivo. De este modo llegamos al final y podemos decir que hemos alcanzado los tres objetivos propuestos en §1. La gramaticalización, entendida como creación de gramática a partir del discurso, explica que la subordinación sustantiva no es homogénea en las interrogativas y exclamativas subordinadas; hay esquemas que se identifican con la subordinación prototípica y otros que se alejan del prototipo; estos últimos son aquellos en los que la subordinada depende de predicados en imperativo o en otras construcciones que piden una respuesta (dime, quiero saber) o son una llamada de atención (fíjate, mira, ya {ves/verás}…). Por otro

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lado, cuando el producto de la gramaticalización es una pieza léxica, esta termina entrando en el lexicón, esto es, lexicalizándose. De modo que no solo no hay ninguna contradicción entre gramaticalización y lexicalización, sino que toda gramaticalización –que empieza en una colocación, o sea, en una lexicalización débil– termina en una lexicalización fuerte (Girón Alconchel 2008). Así, construcciones como fíjate, mira o ya verás pueden haber iniciado un proceso de gramaticalización que concluirá en la creación de una nueva interjección y, lógicamente, en su lexicalización. Lo cual permite entender que las subordinadas exclamativas introducidas por estas construcciones, en vías de gramaticalización y lexicalización hacia la función de interjección, puedan ser interrogativas y exclamativas parciales y totales. La gramaticalización –y la consecuente lexicalización– muestran su capacidad explicativa y obtienen una evaluación muy positiva en la prueba empírica de las interrogativas y exclamativas subordinadas españolas. También se alcanza el segundo objetivo: solo una clase de exclamativas subordinadas son exclusivamente parciales: las impropias o modales. Pero no las exclamativas propias, que dependen de un verbo de comunicación o de entendimiento que reproduce, en discurso indirecto o discurso indirecto libre, la exclamación parcial o total. Tampoco las exclamativas propias del discurso, las cuales dependen de una expresión de llamada de atención –realizada por un predicado en trance de gramaticalización y lexicalización hacia la función de interjección–, ofrecen una situación de subordinación menos prototípica, más volcada hacia la interordinación, y realizan interrogaciones o exclamaciones que pueden ser parciales o totales. Por último, podemos presentar una clasificación coherente de las interrogativas y exclamativas subordinadas (SSII y SSEE), las cuales pueden ser propias (SIP, SEP) o modales, o impropias (SIM, SEM); además, pueden ser interrogativas propias del discurso (SIPD) o exclamativas propias del discurso (SEPD). En las subordinadas interrogativas y exclamativas modales hallamos una defectividad paradigmática: las exclamativa modales (SEM) solo pueden ser parciales; de entre las interrogativas modales (SIM) son siempre únicamente parciales las introducidas por no tener, no haber, no encontrar, no hallar… En fin, la clasificación de las subordinadas interrogativas y exclamativas españolas, con su defectividad paradigmática, puede observarse en la siguiente tabla.

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TABLA 1 Oraciones subordinadas sustantivas interrogativas y exclamativas SSII

SIP

SIP

Preguntó (que) quién era, si había venido

SEP

Dijo, exclamó (que) qué bonito era Madrid, si era tan fácil que daba vergüenza

SIM

No sabía quién era, si había venido No tiene por qué ir, quién le ayude, dónde descansar, *si va o no

SEM

Es lamentable cómo la trata, *si la trata bien o mal

SIPD

Dime quién era, si había venido Quiero saber quién era, si había venido

SEPD

{Fíjate/mira/ya verás…} cómo la trata, si la trata bien que le ha comprado un deportivo

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REMARKS ON THE TYPOLOGY OF ADPOSITIONS ESA ITKONEN University of Turku (Finland)

1. What is the nature of the case vs. adposition distinction? In less-than-fully synthetic languages, adpositions are in general assumed to express ‘case relations’ like GEN(ITIVE), DAT(IVE), BEN(E-/MALEFACTIVE), INS(TRUMENTAL), COM(ITATIVE), as well as the standard spatial relations LOC(ATIVE), ALL(ATIVE), ABL(ATIVE). By contrast, such meanings as ‘between’ or ‘regardless of’, for instance, are no longer thought of as ‘case relations’, regardless of how they happen to be expressed. It goes without saying that the ‘affix vs. adposition’ distinction is bound to be arbitrary to some extent (cf. Creissels 2009: 610–611), just like the ‘adposition vs. lexical item’ distinction. 2. DeLancey (1997: 53): “It is by now clear that adpositions derive from exactly two sources: [A] serial verb constructions (or some functional equivalent) and [B] relation nouns constructions.” These two options will now be illustrated with examples from Yoruba, namely in addition to the two ‘adpositions proper’ of Yoruba, i.e. ní (‘in’, ‘at’) and sí (‘to’) (cf. Rowlands 1969): A) = serial verb i) ‘give’ > DAT/BEN: ó fún mi ní owó (> lówó) = (s)he gave me money → ó rà á fún mi = (s)he bought it to me ii) ‘take’/‘put’ > INS: ó fi òbe sí ilè (> sílè) = (s)he put the knife onto the ground → ó fi òbe gé eja = (s)he cut the fish with a knife iii) ‘meet’ > COM: ó bá mi ní oko (> lóko) = (s)he met me at the farm → ó bá mi lo = (s)he went with me ~ ó bá mi rà aso = (s)he bought cloths from me ~ ó bá mi sòrò = (s)he spoke to me. Notice, in particular, the following continuum of grammaticalization of fún (with increasing ‘semantic bleaching’): ... > ó gbé e wá fún mi ([s]he brought it [= ‘lift it come’] to me) > ó so fún mi pé ... ([s]he said to me that ...) > ó fún mi lówó fún ìyá mi ([s]he gave me money for my mother) > owó wà fún mi (there is money for me) > aso wà fún títà (there are clothes for selling) > ó sá fún mi ([s]he ran away from me).

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B) = relation noun inú = ‘belly’ > ‘inside’, orí = ‘head’ > ‘on (top of)’, ara = ‘body’ > ‘on (the surface of)’; N1 N2-GEN = N1 ∅ N2: nínu ilé = ‘in the belly of the house’ > ‘in(side) the house’; similarly: sínú ilé = ‘into the house’, lóri/sóri àpóti = ‘on/onto the box’, lára/ara ògiri = ‘on the wall’. As summarized by Heine/Reh (1985: 101): “Most, if not all, African languages use the [metaphorical] transfer strategy to express prepositional concepts by means of genitive constructions.” 3. On the face of it, however, DeLancey’s characterization seems too narrow. What about such prepositional constructions as Vu son âge, il a réussi assez bien or Considering his age, he has succeeded rather well? Or consider the ABL of Modern Tamil, e.g. maratt-ile-runtu where the original syntactic construction is still transparent: ‘tree-place-having.been’ (e.g. ‘He fell from a tree’ < ‘He fell having been in a tree’). But perhaps the notion of “functional equivalent of serial verb construction” should be understood in a sense wide enough to subsume these cases as well? 4. It is quite normal that languages are claimed to have only one adposition or no adpositions at all. But are these claims literally true? And if they are, what are the alternative (= functionally equivalent) means of expression? Let us single out two languages, i.e. Wari’, an Amazonian language (cf. Everett/Kern 1997), and Diyari, an Australian language (cf. Austin 1980). 5. Wari’ has only one genuine preposition, which inflects in person, number, and (in the third person) gender. The two most important (= Subject – Object) arguments of the finite verb are expressed by a bipartite postverbal clitic, and the third argument is expressed by the preposition: mao ina-in nahwarak = go I-it jungle = I went into the jungle to’ ina-on tarama’ = hit I-him man = I hit the man mi’ ina-on kon hwam tarama’ = give I-him PREP.M fish man = I gave the fish to the man kerek pe ina-on tarama’ pain nahwarak = see be I-him man PREP.N jungle = I saw the man in the jungle

More specific spatial relations are expressed by (directional verbs and) bodypart words in GEN constructions, which conform to the B-option in Yoruba: mao na-in chirim = go (s)he-it house = (s)he went to the house korom mao na-in chirim = enter go (s)he-it house = (s)he went into the house korom mao na-in tekipa-in chirim = enter (s)he-it throat-its house = (s)he went inside the house

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pe na-in kima-in chirim = be (s)he-it chest-its house = (s)he is in front of the house pe na-in wara-in chirim = be (s)he-it back-its house = (s)he is behind the house

In the last three examples the clitic (tekipa-/kima-/wara)-in is the genitive marker (= 3SG.N) of chirim, while the homophonous OBJ clitic (na)-in agrees with the body-part word tekima/kima/wara(-in). 6. “Most Australian languages do not have adpositions” (Dixon 2002: 131). Thus, Austin’s (1980) grammar of Diyari, for instance, contains no section devoted to adpositions. But is this claim true? In Diyari “uninflected adjectives” (Austin 1980: 106-112) or “modifying nouns” (Dixon 2002: 149) function as adverbs that specify the general meaning of the LOC case (e.g. miri = ‘top’ and thati = ‘middle’). But they can also be interpreted as incipient forms of adpositions: (1) Nhawu miri karri-yi pirta-nhi He above climb-PRES tree-LOC He climbs up in the tree (2) Nhawu karri-yi [pirta miri]-nhi (3) Nhawu karri-yi pirta miri.

In (1) miri is an adverb, in (2) it is an (adjectival) modifier of pirta, and in (3), connected with the absolutive form pirta-∅, it functions as a prima facie postposition. The same construction occurs e.g. in the sentence Pu_a-∅ thati thudu∅ rdadayi = (X) hut-ABS middle fire-ABS make-PRES = (X) makes fire in the middle of the hut. — Spatial relations like ‘into’ and ‘around’ are expressed by combining LOC with auxiliary directional verbs ‘enter’ and ‘circumvent’ (cf. Wari’). Meanings like ‘located in N’, ‘(associated) with N’, and ‘without N’ are expressed by constructions N-x and N + X, where -x is a derivational affix and X is an adjective. 7. All these examples can also be found in Itkonen (2005). An analogy is established in Itkonen (2011) between the five-case noun morphology of Diyari and that of Proto-Uralic (as reconstructed by Korhonen 1996).

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S O B R E L A “ E X PA N S I Ó N S E M Á N T I C A ” DE LA PREPOSICIÓN EN/EM PA R A E X P R E S A R D I R E C C I O N A L I D A D , CON UNA MIRADA HACIA LA PREPOSICIÓN “ PA S S E - PA RT O U T ” C R I O L L A N A * ANGELA BARTENS Universidad de Turku

1. Introducción En este trabajo examinamos los usos “atípicos” de la preposición española en y portuguesa em en distintas variedades no europeas del español y del portugués para expresar no solo ‘ubicación en un lugar’, sino también otros significados –ante todo, ‘movimiento hacia un lugar’–, usos que, hasta ahora, no han sido examinados en su conjunto. Ese hecho resulta algo sorprendente ya que dichos usos están documentados en distintas variedades no europeas del español y del portugués, a saber, el español ecuatoguineano, el español andino, el español en contacto con otras lenguas amerindias, el portugués brasileño y el portugués angoleño. Por otro lado, los investigadores que trabajan sobre una variedad iberorrománica determinada no suelen conocer la literatura sobre las demás. En el caso de los usos que en este trabajo nos ocupan, los investigadores, casi sin excepción, han atribuido la “expansión semántica” de la preposición en/em al contacto con otras lenguas (el quechua, el guaraní, el kimbundu, etc.). Reconociendo, indiscutiblemente, la influencia convergente de las lenguas con las que el español y el portugués están en contacto, –hasta ahora las práctica y exclusivamente responsables de este fenómeno–, concluimos con que se trata esencialmente de un arcaísmo iberorrománico, no de “expansión semántica” ni de “gramaticalización”. Extendemos el análisis a un caso paralelo en que pretendemos que exista la posibilidad de que haya habido gramaticalización y, al mismo tiempo, lexicalización, además de la difusión y convergencia lingüísticas: la enigmática preposición “passe-partout” na que ocurre en criollos lexificados por el portugués y el

* La realización de este trabajo se encuadra en el Proyecto de referencia FFI200802828/FILO, financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación (MCINN).

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español, pero también por el inglés. A diferencia de las explicaciones anteriores –difusión de la amalgama na del portugués em + a mediante el pidgin afroportugués o la preposición na del igbo–, sugerimos que también se puede tratar de la gramaticalización y lexicalización de la secuencia de las preposiciones en/em + a como resultado del debilitamiento de las sílabas átonas y la tendencia a la gramaticalización y lexicalización de preposiciones compuestas en los criollos y otras lenguas.

2. Las variedades del español y del portugués en contacto con otras lenguas En este epígrafe examinamos el uso de la preposición española en y portuguesa em en distintas variedades no europeas del español y el portugués. Hemos optado por tratar el español ecuatoguineano (EG) y el portugués angoleño (PA) juntos por el hecho de que comparten un adstrato muy parecido (en ambos casos se trata de lenguas bantúes), así como circunstancias sociohistóricas comparables. Luego pasamos al portugués brasileño (PB) porque, aunque el contacto lingüístico haya tenido lugar sobre todo durante la época colonial, su formación es esencialmente resultado del contacto lingüístico –y el hecho de que entre las lenguas de contacto las mismas lenguas bantúes de la Angola actual hayan jugado un papel muy importante, aunque no exclusivo– y de mecanismos de aprendizaje de L2. Luego pasaremos al español andino (EA) y al español en contacto con otras lenguas, ante todo el guaraní.

2.1. EL ESPAÑOL ECUATOGUINEANO Y EL PORTUGUÉS ANGOLEÑO Las lenguas autóctonas principales de Guinea Ecuatorial son dos lenguas bantúes de la rama noroccidental: el fang –con las variantes fang-ntumu y fangokah– y el bubi. Además, se hablan lenguas “playeras”, como el benga, el bujeba, el combe y el bureka, y dos criollos, el fá d’ambú lexificado por el portugués y el pichi lexificado por el inglés1. Aparte de unas lenguas khoisan habladas por minorías étnico-lingüísticas, todas las lenguas autóctonas de Angola son lenguas bantúes de la rama central. Las más importantes son el kimbundu y el umbundu. El kimbundu –con aproximadamente tres millones de hablantes– ha estado en contacto con el portugués

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Además del español, también el francés y el portugués son lenguas oficiales.

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desde el inicio de la colonización en el siglo XVI. La independencia –ocurrida en el año 1975– ha acelerado la difusión del portugués y su contacto con otras lenguas. El umbundu tiene aproximadamente cuatro millones de hablantes. Otras lenguas bantúes con un número bastante elevado de hablantes en Angola son el kikongo, el chokwe, el ngangela, el kwanyama, el luvale, el mbwela, el ndonga, el nyaneka, el nyemba y el yaka. En ambos casos, la colonización efectiva de todo el territorio de los países actuales ocurrió a finales del siglo XIX e inicios del XX. Aparte del contacto lingüístico, los mecanismos del aprendizaje de L2 han jugado un papel primordial en la formación de las variedades nacionales. Tanto el EG como el PA emplean en/em no solo para ‘expresar ubicación en un lugar’, sino también el ‘movimiento hacia y desde un lugar’; véanse los ejemplos (1)-(2) y (3)-(4), respectivamente: (1) Voy en Ebebiyín (Casado-Fresnillo 1995: 290). ‘Voy a Ebebiyín’. (2) Pienso salir en casa (Casado-Fresnillo 1995: 290). ‘Pienso salir de casa’. (3) Que viajou em Lucapa (Inverno 2011: xxx). ‘Que viajó a Lucapa’. (4) São aquelas crianças que vêm pela primeira vez na escola (Inverno 2011: cxi). ‘Son aquellos niños que vienen por primera vez a la escuela’.

En el PA se ha documentado, además, el significado de ‘movimiento por un lugar’: (5) ‘A outra pessoa... tinha fugido na janelinha de trás’ (Vieira 1977: 29 citado por Endruschat et al. 1994: 107). ‘La otra persona... había escapado por la ventanilla de atrás’.

Sin embargo, aquellos casos parecen ser muy raros y hasta se puede tratar de un hápax, en el peor de los casos inventado: aunque el escritor Luandino Vieira se haya empeñado en reproducir el lenguaje de los muceques de Luanda, tenemos que recordar que se trata de una obra literaria. Nuestros informantes ecuatoguineanos –entrevistados en 2006 en Malabo– indicaron que el sentido ‘por (un lugar)’ no les parecía aceptable en su variedad. Sea como fuere, los tres casos locativos de las lenguas bantúes, indicados mediante prefijos –por ejemplo, kimbundu bu-, ku- y mu- (Mingas 2000: 75; Endruschat et al. 1994: 109)–, expresan tanto ‘ubicación’ como ‘movimiento hacia, desde’ y, potencialmente, ‘por un lugar’. Más específicamente, Chatelain (1888-89: 87) y Maia (1964: 108-109) aclaran que las tres preposiciones locativas –en su terminología– implican matices ligeramente diferentes, pero que todas

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expresan los tres significados anteriormente citados. Chatelain (1888-89) describe la variedad del kimbundu de Luanda en que las “preposiciones” son –o eran– mu, bu y ku2, mientras Maia (1964) trata la variedad de Omumbuim en que las formas correspondientes son mo, po y ko. En lo que se refiere a po, Maia (1964: 108) también apunta el significado ‘por’ que podría explicar el empleo de em en el ejemplo (5). Las formas correspondientes (Valente utiliza el término “clasificadores nominales”) del umbundu son mu-, po-/pa- y ku-/ko- (Valente 1964: 103-110). Según Valente (1964: 333-334), ko también figura entre las preposiciones del umbundu con el significado ‘a, hacia, hasta’ y participa en la formación de preposiciones complejas como k’onhima ‘detrás’, cf. onyima ‘espalda’ (Fodor 1983: 225) que apunta hacia el significado ‘ubicación en un lugar’ de ko. Por ende, consideramos que las lenguas de adstrato han contribuido al mantenimiento del sentido ‘movimiento hacia un lugar’, así como a la adopción del sentido ‘movimiento desde un lugar’ y, posiblemente, al de ‘movimiento por un lugar’ (véase el epígrafe 4).

2.2. EL PORTUGUÉS BRASILEÑO Una de las tantas divergencias entre el portugués europeo (PE) y el PB está constituida por la selección de la preposición con verbos de movimiento: el PE emplea a mientras que el PB emplea em no solo para expresar ubicación, sino también ‘movimiento hacia un lugar’, ante todo en el lenguaje hablado. Las gramáticas prescriptivas insisten en el uso de a, pero en la práctica el PB estándar prefiere para en la mayoría de los contextos y admite em, por ejemplo, cuando el movimiento llega a una meta o si el verbo correspondiente implica finalidad (véanse Neves 1999: 671, 674; Pedrão 2002: 53, 76, 78; Lessa 1966: 78). (6) Como chegar em Blumenau (COBEP 2007). ‘Cómo llegar a Blumenau’. (7) Mais de um sujeito correu na salvação do pescoço-pelado (Neves 1999:674). ‘Más de una persona corrió para salvar al cuello-rapado’.

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Es decir, las mismas formas indicadas por Endruschat et al. (1994) y Mingas (2000). Riquelme (1990: 19) y Granda Gutiérrez (1991: 264) también hablan de preposiciones (y no prefijos, marcadores de caso, etc.). El primero nos informa de que el fang utiliza la preposición ô tanto en la expresión del lugar como en la expresión del movimiento hacia él, mientras el segundo nota la importante semejanza fonética de los prefijos de permanencia y direccionalidad i-, e- “de las lenguas bantúes manejadas en Guinea Ecuatorial” con la preposición española en que habría contribuido a su elección en vez de, por ejemplo, a.

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De todas formas resulta útil recordar que el uso de a con verbos de movimiento constituye una innovación introducida en Brasil por las élites portuguesas que inmigraron al país que había adquirido su independencia durante la primera mitad del siglo XIX (1822), mientras el empleo de em constituye un arcaísmo, obviamente desde el punto de vista portugués (cf. Noll 1999: 179, 181; Pedrão 2002: 89). Eso implica que no hace falta recurrir a la hipótesis de una fase de criollización en Brasil como hace Holm (1992: 61) para explicar el uso de em. La influencia de las lenguas bantúes, ante todo del kimbundu, habrá sido, sin embargo, convergente en el mantenimiento de em para indicar el movimiento hacia un lugar. 2.3. EL ESPAÑOL ANDINO Y EL ESPAÑOL EN CONTACTO CON OTRAS LENGUAS AMERINDIAS

Usos direccionales de la preposición en –‘movimiento hacia un sitio’– se han registrado para el EA (Kany 1945[1994]: 425; Lee 1997:88), el español de Santiago del Estero, Argentina –que también ha sido sometido a la influencia del quechua (Granda Gutiérrez 1997)–, aquel del nordeste argentino, en general, así como del Paraguay (cf., p. ej., Lipski 1994: 174; Palacios Alcaine 2006: 183). Investigadores como Lee (1997: 88) y Abadía de Quant (1996: 220) consideran que se trata de calcos del quechua y del guaraní, respectivamente, mientras Granda Gutiérrez (1997) hace referencia a Keniston (1937), quien documenta la función ‘movimiento hacia un lugar’ en el español medieval y del siglo XVI. Por consiguiente, parece indicado citar nuevamente la convergencia como mecanismo responsable para la existencia de las construcciones siguientes, provenientes del EA y el español paraguayo, respectivamente: (8) Llegué en una panadería (Lee 1997: 88). ‘Llegué a una panadería’. (9) Voy en Asunción (Palacios Alcaine 2006:183). ‘Voy a Asunción’.

2.4. CONCLUSIONES ACERCA DE LOS USOS NO ESTÁNDARES DE EN/EM EN LAS VARIEDADES DEL ESPAÑOL Y DEL PORTUGUÉS EN CONTACTO CON OTRAS LENGUAS

En los epígrafes anteriores hemos examinado los usos no estándares de en/em en las variedades del español y del portugués en contacto con otras lenguas: el EG, el EA y el español en contacto con otras lenguas amerindias –ante todo el guaraní–, así como el PA y el PB.

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Hemos visto que tanto el EG como el PA emplean en/em no solo para expresar ‘ubicación en un lugar’, sino también ‘movimiento hacia y desde un lugar’. En el PA se ha documentado, además, el significado ‘movimiento por un lugar’. Conforme a lo señalado anteriormente, consideramos que los significados ‘movimiento desde un lugar’ y ‘movimiento por un lugar’ –suponiendo que este último exista– son resultado de la influencia de las lenguas de adstrato en el EG y PA, mientras el significado ‘movimiento hacia un lugar’ es un arcaísmo que puede haber sido reforzado por la misma influencia. Este arcaísmo se ha conservado también en el EA, el español en contacto con otras lenguas amerindias y el PB.

3. Las lenguas criollas Extendemos el análisis al caso de la preposición “passe-partout” na, ampliamente documentada en la literatura criollista (cf., Holm 1988: 90 y McWhorter 2005: 77). Esta ocurre en la mayoría de los criollos lexificados por el portugués, y también en muchos criollos lexificados por el inglés del área atlántica y los criollos filipinos lexificados por el español. La preposición na es homófona con la contracción de la preposición portuguesa em con el artículo femenino definido a. Su uso en variedades de contacto no iberorrománicas llevó a investigadores como Whinnom (1956: 28) y Naro (1978) a proponer que su difusión fuese resultado del uso del portugués náutico como lengua franca durante los primeros siglos de la expansión colonial de las naciones europeas3. Seguidamente McWhorter (2000: 142) incluyó na en su lista de estructuras lingüísticas que apoyaran su planteamiento del escenario de Coromantine como lugar en que se hubiese cristalizado el proto-criollo inglés de la región atlántica en que los hablantes del igbo hubieran jugado un papel decisivo. El origen de na en el igbo había sido propuesto por primera vez por Taylor (1971). Los investigadores citados han optado por modelos explicativos difusionistas (cf. Bartens 1996 y 2005) que se centran en un origen único4. La difusión de na puede haber sido facilitada por el hecho de que esta se adhiere a la estructura silábica universalmente favorecida –y también por las lenguas criollas– CV. Un problema para resolver sería, sin embargo, la cuestión de por qué la contracción habría ocurrido entre la preposición portuguesa em y el artículo definido femenino a, mientras los sustantivos y adjetivos de las lenguas románicas se han conservado en los criollos lexificados por los mismos en sus formas masculinas, con algunas excepciones contadas. Veamos primero algunos ejemplos del uso de na. 3 4

También se ha hablado de un pidgin afroportugués; véase 3.5. Investigadores como Whinnom empleaban el término “monogénesis”.

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3.1. EL PAPIAMENTU En papiamentu, criollo lexificado tanto por el español como el portugués, na expresa ‘ubicación’, ‘movimiento hacia un lugar’ y, además, se emplea para indicar complementos de objeto y metas abstractas: (10) Na Bagdad, e gobierno interino a ordena un LOC Bagdad ART.DEF gobierno interino PFV ordenar ART.INDF rtoke [toke] de keda den e Siudat Sadr… (Último 2004: 28). toque de queda dentro ART.DEF Ciudad Sadr ‘En Bagdad, el Gobierno interino ha ordenado un toque de queda dentro de la Ciudad Sadr…’5 (11) Venezolanonan inskribí por pasar na Venezolano-PL inscrito poder pasar LOC konsulado pa vota djadumingo. (Último 2004: 4). consulado COMP votar día-domingo ‘Los venezolanos inscritos pueden venir al consulado para votar el domingo’. (12) Mi ta enamorá na mi outo. (Kouwenberg y Ramos-Michel 2007: 329). 1SG.SUJ PROG enamorado LOC 1SG.POS auto ‘Estoy enamorado de mi coche’.

El último tipo de uso se podría conceptualizar como un movimiento mental de dirigir sus sentimientos hacia un objeto o una meta (cf. Kövecses 2002: 56, 30).

3.2. EL CHABACANO En el chabacano o criollo hispanofilipino de Zamboanga na expresa ‘ubicación’ y ‘movimiento’, tanto ‘hacia’ como ‘desde un lugar’: (13) Está na kasa (Lipski y Santoro 2007: 395). estar LOC casa ‘Está en casa’. (14) Ya andá na pwéblo? (Lipski y Santoro 2007: 396). PAS andar LOC pueblo ‘¿Has ido al mercado?’.

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AC = acusativo, ART = artículo, COMP = complementizador, DEF = definido, DEM = demostrativo, INDF = indefinido, LOC = locativo, NEG = negación, PAS = pasado, PFV = perfectivo, PL = plural, POS = posesivo, PROG = progresivo, SG = singular, SUJ = sujeto.

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(15) Ya káy yo na pwénte (Forman 1972: 196). PAS caer 1SG.SUJ LOC puente ‘Caí del puente’.

Entre los criollos de la bahía de Manila, el caviteño solo manifiesta la función ‘movimiento hacia un lugar’, aparte de la de ‘ubicación’, pero el ternateño, generalmente juzgado como la variante más antigua del chabacano, tiene, además, la función de ‘separación y movimiento desde un lugar’ (cf. Sippola 2011: 220221). Lipski (1986: 8) afirma que na tiene una variante sa en los criollos de la bahía de Manila. El hecho de que el tagalo tenga una preposición polifuncional sa y otra, locativa, nasa (cf. Schuchardt 1883: 139; Schachter y Otanes 1972: 125), sugiere que el mantenimiento del chabacano na tras el traslado y la relexificación hipotéticos de una variedad originalmente de base portuguesa de las Molucas a la bahía de Manila durante la primera mitad del siglo XVII (cf. Whinnom 1956)6 habría sido reforzado por la existencia de las preposiciones tagalas. Decimos “reforzado” porque no es seguro que sa constituya una variante de na en los criollos de la bahía de Manila: es más probable que sa sea utilizada por personas cuya lengua dominante es el tagalo como un cambio de código insertado en el discurso criollo (Eeva Sippola, comunicación personal).

3.3. EL CRIOLLO PORTUGUÉS DE DIU En el criollo portugués de Diu hallamos n´ con las funciones ‘ubicación’ y ‘movimiento hacia un lugar’: (16) Aki aki, nə es igrej (Cardoso 2009: 126). aquí aquí LOC DEM iglesia ‘Aquí mismo, en esta iglesia’. (17) Dəpəy atər-o pεd nə ag (Cardoso 2009: 187). después tirar-PAS piedra LOC agua ‘Después tiró piedras al agua’.

El gujarati, la lengua de adstrato más importante del criollo de Diu, emplea el clítico locativo -e con frases nominales y con adjetivos en construcciones atributivas (Cardona 1965: 142-143; Cardona y Suthar 2003: 670-671, 677-678). Los adverbios locativos enclíticos se construyen mediante -ni y un número reducido de sustantivos, por ejemplo, -ni baju ‘al lado de’ (cf. baju ‘lado’), -ni t´r´ph ‘en

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Escenario contestado, por ejemplo, por Lipski (1986; 1994).

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la dirección de’ (cf. t´r´ph ‘dirección’; Cardona 1965: 148). La semejanza formal de los clíticos -e y -ni puede haber contribuido a la consolidación de n´ como marcador locativo del criollo de Diu. Nótese, sin embargo, que no expresan ‘movimiento hacia un lugar’ como n´.

3.4. EL PAPIA KRISTANG En papia kristang, criollo portugés de Malaca, na nuevamente expresa tanto ‘ubicación’ como ‘movimiento hacia un lugar’: (18) Eli ta drumí na kambra (Baxter 1988:163). 3SG.SUJ PROG dormir LOC cuarto ‘Está durmiendo en su cuarto’. (19) Bunyán ja toma lebá ku eli na matu (Baxter 1988: 217). hada PFV coger levar AC 3SG.SUJ LOC selva ‘Una hada lo llevó a la selva’. El malayo, la lengua de adstrato principal del papia kristang, emplea preposiciones distintas para las funciones ‘ubicación’, ‘movimiento hacia un lugar’ y ‘movimiento desde un lugar’: di, ke y dari, respectivamente (Adam y Butler 1948: 57; Lewis 1968: 78). Por ende, el malayo no se puede citar como lengua que haya influido en la consolidación de los usos del papia kristang na. Por otro lado, es de reconocimiento general que otros criollos lexificados por el portugués hayan tenido un impacto muy importante en la formación del papia kristang y puedan haber reforzado la configuración que hallamos en el papia kristang actual en lo que se refiere a la preposición na (cf. Baxter 1988: 4-6).

3.5. DISCUSIÓN DEL CRIOLLO NA Hemos repasado el uso de na y variantes en cuatro criollos lexificados por el español y/o el portugués. En dos casos, el chabacano y el criollo portugués de Diu, las lenguas de adstrato contienen elementos que parecen haber consolidado el uso del criollo na y, en el caso del ternateño y el zamboangueño, la extensión de su uso a la función ‘movimiento desde un lugar’. No hay evidencia de que lo mismo haya ocurrido en el papiamentu o el papia kristang, aunque esta última lengua ha sido fuertemente influida por los criollos portugueses de la India (cf. Bartens 2005). La coexistencia de las funciones ‘ubicación’ y ‘movimiento hacia un lugar’, presentes en todos los criollos estudiados, tiene sus raíces en las len-

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guas iberorrománicas y, en última instancia, el latín vulgar. Ahora bien, queda por resolver la cuestión de la forma: ¿por qué na y no en/em o no? Hemos argumentado que na corresponde a la estructura silábica CV preferida por los criollos y también en el caso del igbo na podemos suponer un efecto de convergencia. Mientras McWhorter (2000: 142) considera que los hablantes del igbo han contribuido de manera sustancial a la formación de un proto-criollo inglés, tal influencia no se ha planteado para el pidgin afroportugués que, a diferencia del proto-criollo inglés, apenas ha sido citado en relatos de viaje y otros documentos (Bartens 1996: 66), pero que también ha dejado sus huellas en el léxico de las lenguas de la costa de África (cf., p. ej., Pasch 1997). Quisiéramos añadir otra consideración al debate sobre los orígenes de na. La gramaticalización y lexicalización de locuciones prepositivas es un proceso conocido de diversas lenguas, por ejemplo, el español y el italiano (cf. Bartens y Granvik 2009) y el criollo jamaiquino lexificado por el inglés (Patrick 2007: 148). Con verbos de movimiento, tratándose del movimiento hacia un lugar, a se ha establecido como la forma normativa en el español y portugués estándar (véase el subepígrafe 2.2. para excepciones en el PB). ¿No sería entonces posible que na represente al menos en parte –o, mejor dicho, en el sentido de los fenómenos de convergencia que venimos citando a lo largo del trabajo–, no solo la amalgama em + a (artículo definido femenino del portugués), sino también la gramaticalización y lexicalización de dos preposiciones, en/em + a? Vista la escasez e incluso la escasa fiabilidad de algunos fragmentos tempranos redactados en lenguas criollas, (pensamos, por ejemplo, en el Orientalischer Lustgärtner, de Georg Meister, del año; apud Schuchardt 1890: 14-15), esta posibilidad queda, por ahora, como meramente especulativa. Cabe incluso afirmar que el origen de na en la amalgama em + a está claramente favorecido por el hecho de que su uso excluye la ocurrencia del artículo. La única excepción de la que tenemos conocimiento proviene del criollo portugués de Ceilán de finales del siglo XIX: (20) [...] aquelhora allá naõ tem astanto pobreza DEM-hora DEM.LOC NEG tener tanto pobreza ne o terra (Dalgado 1900: 113). LOC ART.DEF tierra ‘En este momento no hay tanta pobreza en el país’.

Este ejemplo está extraído de un diálogo ficticio publicado en la revista O Bruffador en octubre de 1892 (Dalgado 1900: 112). Coincidimos con el análisis de Smith (1979: 187-188, 197-198 y comunicación personal) que muestra que ne formaba parte de un registro prácticamente construido por los misioneros duran-

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te las primeras décadas del siglo XIX, mientras que el caso locativo actual, terminando en -ntu (del port. junto) y calcado sobre el tamil y sinhala, dataría –como tantísimas otras construcciones– de la misma época. Pero, como acabamos de sugerir, es posible que se trate de una convergencia múltiple en que na –con todas sus influencias convergentes– habría sido reforzada por la preposición a en el sentido de gramaticalización y lexicalización.

4. Conclusiones Conforme a lo señalado en la introducción, hemos estudiado usos “atípicos” de la preposición española en y portuguesa em en distintas variedades no europeas del español y del portugués. Hemos concluido que los adstratos respectivos pueden haber reforzado un arcaísmo iberorrománico, el significado ‘movimiento hacia un lugar’ de la preposición en/em. Sin embargo, no se trata de expansión semántica ni de gramaticalización, sino posiblemente de convergencia. Los adstratos habrán sido los responsables de la adopción de los significados ‘movimiento desde un lugar’ y, en caso de que exista, ‘movimiento por un lugar’. Luego hemos pasado a tratar un caso paralelo, la preposición criolla na, donde consideramos que también se trata de la convergencia y de la difusión de distintas influencias: el léxico iberorrománico, el pidgin afroportugués, las lenguas de adstrato como el gujarati y el tagalo, y, posiblemente, incluso del igbo, obviamente en grados distintos, según las condiciones del contacto lingüístico local. Además, sugerimos que existe la posibilidad de que se haya producido la gramaticalización y lexicalización de dos preposiciones, en/em + a, o quizás na + a, en na. Reconocemos que dicha hipótesis, al menos por ahora, queda planteada de forma especulativa ante la falta de una documentación que nos pudiera permitir ser más concluyentes.

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HABLANDO DE, SOBRE Y ACERCA DE LA G R A M AT I C A L I Z A C I Ó N Y L A L E X I C A L I Z A C I Ó N : PA N O R A M A D I A C R Ó N I C O D E L A S R E L A C I O N E S ENTRE PREPOSICIONES Y LOCUCIONES P R E P O S I T I VA S D E N T R O D E L C A M P O SEMÁNTICO DE TEMA/ASUNTO1 ANTON GRANVIK Hanken School of Economics, Helsinki

1. Introducción Parece incuestionable la necesidad de los seres humanos de anclar lo que piensan y comunican en un marco específico que funciona como un ámbito conceptual de referencia, tanto para los varios participantes en una conversación como para una persona en soliloquio o que reflexiona sobre sus pensamientos internos. Pasando a una terminología más lingüística, esto equivale a decir que la lengua precisa de este tipo de marco de referencia, lo cual puede revelarse en varios niveles: el conceptual, el discursivo-textual y el mental. Para referirnos a esta noción usamos el término de TEMA/ASUNTO, el cual, evidentemente, puede entenderse en varios sentidos dependiendo del contexto. Para la necesidades específicas de este trabajo, centrado como está en la investigación de una serie de expresiones prepositivas, esta noción puede caracterizarse como el significado que expresan las preposiciones de y sobre en una frase como hablar de/sobre política. En el español actual, la preposición de TEMA/ASUNTO por defecto probablemente sea sobre, pero, especialmente en los textos antiguos, la preposición de es muy frecuente también. Es más, la preposición de funciona como régimen de un gran número de verbos, junto a los cua1

En la elaboración de la versión escrita de esta investigación nos hemos beneficiado de los comentarios de los asistentes al Seminario Internacional Gramaticalización, Lexicalización y Tradiciones Discursivas que se organizó en la Universidad de Helsinki, Finlandia, los días 13 y 14 de octubre de 2011. Cabe mencionar, asimismo, que nuestra investigación sobre los procesos de gramaticalización en torno a las locuciones prepositivas se inserta en el Proyecto de investigación Programes 3 (“Procesos de gramaticalización en la historia del español (III)”), dirigido por el prof. Dr. José Luis Girón Alconchel, el cual hizo posible la organización del Seminario que origina el presente trabajo.

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les aparece expresando una relación de TEMA/ASUNTO, como en los ejemplos (1) y (2): (1) ¿De qué estás hablando, tío? (2) Este libro trata de la Guerra Civil.

Sin embargo, con verbos como hablar, contar, discutir, murmurar y tratar, lo que es regido no es tanto la preposición de como “un complemento que indica el ‘tema’ o ‘asunto’ de ese enunciado” (Cano Aguilar 1999: 1831). Aparte de de y sobre, existe una serie de locuciones prepositivas, como acerca de, en torno a/de, con respecto a, con significados muy afines. Como veremos más adelante, con el paso del tiempo estas expresiones han ido entrando en el paradigma de los marcadores de TEMA/ASUNTO del español, de modo que, en la actualidad, existe un amplio repertorio de expresiones que pueden usarse para hacer referencia a la noción semántica de TEMA/ASUNTO en sentido amplio2. Mientras que de y sobre aparecen típicamente en combinación con verbos, las locuciones prepositivas acerca de y en torno a ocurren más frecuentemente en combinación con sustantivos, donde la dependencia sintáctica es menos evidente, como indica el ejemplo (3): (3) Llevan a concluir que la reflexión –privada y pública– en torno a la intimidad personal y a sus aspiraciones sexuales es un antídoto excelente (España: ABC, CE, XX).

Sobre esta base, pues, nos planteamos tres objetivos principales: 1) presentar un panorama de los procesos formativos del paradigma de marcadores de TEMA/ASUNTO; 2) dar cuenta de las diferencias existentes entre las distintas expresiones de TEMA/ASUNTO; 3) relacionar los procesos de gramaticalización y lexicalización en la formación de algunas de estas expresiones. Como señalamos en el punto 1), en un principio, lo que nos interesa es la idea de y las varias formas que tiene de expresarse en español. En este sentido, se trata de una investigación de base onomasiológica, pues el centro de TEMA/ASUNTO

2 Otras expresiones que entran dentro del mismo campo léxico son en cuanto a, en relación a/con, en lo tocante a, en lo referente a, etc. (cf. Pons 2001-2002, 2005, 2006).

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atención es el valor semántico y su realización lingüística. Es decir, lo que nos interesa es, esencialmente, investigar las relaciones de sinonimia existentes entre los diferentes marcadores de TEMA/ASUNTO. Este interés se revela en el punto 2), donde nos proponemos dar cuenta de los factores que motivan el uso de una u otra expresión mediante un análisis de sus diferentes contextos de usos. Este interés por identificar las diferencias entre un grupo de expresiones parcialmente sinónimas significa que, en el caso ideal, nos acercamos a lo que Geeraerts (2002) denomina onomasiología pragmática. Esta orientación del estudio semántico se define como consistente en incorporar al análisis las estructuras existentes y los mecanismos virtuales del cambio lingüístico, pues en palabras de Geeraerts (2002: 39), “choosing an expression can in fact take the form of selecting an option that is already there, or of creating a new alternative on the basis of one of the mechanisms”. En términos de las expresiones de TEMA/ASUNTO, se trataría de dar cuenta de los factores que llevan a la introducción de las locuciones complejas en el inventario léxico del español a partir de los siglos XV ((a)cerca de), XVI (con respecto a) y XVIII (en torno a), donde entran en competencia con las preposiciones de y sobre, que dominan en los primeros siglos. Es evidente que no se trata propiamente de la sustitución de unas expresiones por otras, ya que todas las expresiones conviven en la actualidad. Sin embargo, parece lógico suponer que cada expresión posee su contexto de uso “preferido”, de manera que lo que nos incumbe es intentar dar cuenta del porqué de estas preferencias léxicas. La onomasiología pragmática se preocupa, adicionalmente, por llamar atención sobre el hecho de que en los estadios iniciales de la variación léxica, cada expresión se caracteriza por traer al contexto de uso sus propias connotaciones semánticas, lo que supone un valor semántico adicional a la mera denotación. Así, constata Geeraerts (2002: 39) que “it is only through the incorporation of non-referential meaning that we can hope to get a clearer view of the way in which lexical innovations spread through a linguistic community”. Finalmente, como revela el punto 3) arriba, analizaremos la aparición y establecimiento de las expresiones complejas (acerca de, en torno a/de y con respecto a/de) en términos de procesos de gramaticalización y lexicalización, respectivamente. En el apartado siguiente (apartado 2) profundizaremos en ambos procesos, deteniéndonos en la interrelación entre ellos en el caso concreto de las locuciones prepositivas. Establecidos así los objetivos concretos de la investigación, cabe preguntarse cómo investigar este tipo de cuestiones. Es decir, ¿de qué manera es posible acceder a datos que revelen cómo los hablantes del español prefieren expresar el valor de TEMA/ASUNTO? Esta pregunta se hace especialmente relevante al tratarse de un análisis diacrónico, donde son inaccesibles las intuiciones de los hablantes de épocas anteriores. Además, cuando el material disponible lo constituyen textos

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escritos, los corpus no permiten realizar búsquedas de significados, pues los corpus existentes no incluyen realmente anotación semántica. Así, la única alternativa que queda es analizar los textos incluidos en ellos, tomando como punto de partida las expresiones que se usan para expresar el significado que interesa investigar. Esto, sin embargo –para enlazar estos argumentos con la discusión sobre las distintas formas de hacer investigación semántica–, significa tomar un acercamiento esencialmente semasiológico aun cuando el objetivo es onomasiológico. Tal inversión de acercamiento viene, pues, impuesta por las características tanto de los datos lingüísticos históricos como de la configuración de los corpus. Para realizar la investigación hemos recurrido al Corpus del español (CE), de Mark Davies (2002-), del cual hemos extraído 200 ejemplos por siglo de las expresiones sobre, acerca de, en torno a/de y (con) respecto a/de. El CE es uno de los dos grandes corpus históricos de la lengua española libremente disponibles en Internet, y, aunque en principio incluye un número más reducido de textos que el CORDE (Corpus diacrónico del español, de la Real Academia Española), tiene la ventaja de ofrecer una interfaz más manejable que el CORDE; además, permite hacer concordancias automáticas y la extracción de un gran número de ejemplos arbitrariamente escogidos por siglo, lo cual, en el caso de una investigación centrada en expresiones de uso muy frecuente, supone una necesidad de suma importancia. Así, partiendo de un total de 200 ejemplos de cada expresión y siglo (siempre que para los siglos en cuestión existan 200 casos), el número total de ejemplos analizados asciende a 65453. Sobre la base de la concordancia automática, los ejemplos han sido clasificados y anotados según el valor semántico de la relación (tema, lugar, aproximación, relación, etc.), la dependencia sintáctica del SP (CV, CN, SAdv independiente) y siguiendo factores como el campo semántico de los verbos y sustantivos regentes. Cabe recordar que al basarse el estudio en ejemplos de una serie de expresiones distintas, no todos los casos que arrojan las búsquedas en el corpus corresponden a los contextos de TEMA/ASUNTO que nos interesan. Así, además de identificar hasta qué medida las expresiones en cuestión se usan efectivamente para expresar el valor de TEMA/ASUNTO, habrá que dar cuenta tanto de los otros valores que presentan como de la relación que existe entre los distintos valores. En un nivel general, los datos del corpus demuestran que las expresiones analizadas se usan en contextos sintácticos parcialmente diferentes, de modo que el 3

Los números exactos son los siguientes: sobre, 1600 ejemplos; cerca de, 1498; acerca de, 1197; en torno a, 278; en torno de, 477; con respecto a, 469, y respecto de, 1025. Con respecto a la preposición de, nos basaremos en los datos de Granvik (2012), que nos servirán de punto de referencia. Véase la tabla 1 del subapartado 3.1, abajo.

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valor de TEMA/ASUNTO puede depender de un verbo (hablar sobre política) o de un sustantivo (reflexión acerca del problema) o aparecer como un sintagma adverbial independiente (Respecto de la traducción Latina, no sólo no hallo discrepancia substancial, pero ni inferioridad… Feijoo, Cartas eruditas). Cabe tener en cuenta asimismo que en la actualidad existen ciertas “restricciones” sobre el uso, como el hecho de que expresiones como acerca de y con respecto a tienen connotaciones de “lengua escrita”, si bien se usan casi únicamente con el valor de TEMA/ASUNTO. Las expresiones en torno a y sobre, en cambio, mantienen varios usos locativos al lado del de TEMA/ASUNTO, con lo cual será interesante ver de qué manera se va introduciendo el uso temático que nos interesa.

2. Bases teóricas En este capítulo introduciremos brevemente dos aspectos teóricos centrales para el análisis de los ejemplos. En primer lugar, nos detendremos en la caracterización de la noción semántica de TEMA/ASUNTO que constituye el centro de interés del estudio. En segundo lugar, haremos un repaso sumario de los aspectos más importantes de los procesos de gramaticalización y lexicalización, pues constituyen dos conceptos teóricos fundamentales para entender la evolución de las expresiones complejas de las locuciones prepositivas acerca de, en torno a/de y (con) respecto a/de y su introducción en el paradigma de los marcadores de TEMA/ASUNTO.

2.1. DEFINICIÓN DE TEMA/ASUNTO En un trabajo anterior (Granvik 2012), caracterizamos la noción de TEMA/ASUNTO en relación con una serie de usos de la preposición de en los siguientes términos: el valor semántico de tema/asunto […] puede parafrasearse como ‘el tema, asunto o tópico de que algo, en especial un discurso verbal, trata’. Puede ilustrarse con un ejemplo como el siguiente: Libro del Cavallero de Dios (Zifar). Prototípicamente, pues, se trata del tema, o asunto, de un discurso verbal, pero no son raros los casos de extensión metafórica al plano de las ideas y las capacidades mentales. Así, por ejemplo, consideramos representantes de tema/asunto casos como tener una idea, pensamientos, opinión de algo (Granvik 2012: 186).

Para la presente investigación, partiremos de una caracterización prototípica de la noción de TEMA/ASUNTO. En su realización más prototípica, pues, se entiende como el ámbito conceptual con respecto al cual se dice o piensa algo, es decir,

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contextos verbales como hablar de política (ejemplos (1) y (2)). Sin embargo, la noción prototípica puede extenderse a ser el tema al cual se refiere todo el enunciado. Esta caracterización implica, pues, que entendemos que TEMA/ASUNTO, en sentido amplio, incluye asimismo la noción discursiva del tema, que Zubizarreta (1999: 4218) define como “aquello de lo cual trata la oración” 4. Es ilustrativa de la concepción amplia de la noción de TEMA/ASUNTO que manejamos la caracterización que ofrece Pons (2001-2002: 74) de la locución en cuanto a: Se dan también con en cuanto usos […] que podríamos llamar delimitativos, donde en cuanto demarca en alguna medida el ámbito de significado del constituyente, restringiendo y acotando el espacio de acción de un término mediante la recuperación dentro de su extensión ontológica del aspecto que resulta pertinente para la enunciación que sigue5.

Cabe destacar asimismo las siguientes formulaciones de Elvira (1986: 109), que registra usos de “quanto de limitación […], para indicar los límites a que se restringe una afirmación”, y de Santos Río (2003: 302), quien describe en cuanto como una locución que “introduce una categoría para delimitar que lo que se afirma, niega o pregunta se circunscribe a la consideración del objeto”. Notamos cómo en estas caracterizaciones se mencionan explícitamente las acciones que describen verbos de comunicación como decir y preguntar, que consideramos el contexto típico del valor de TEMA/ASUNTO. Este parentesco nos parece significativo, ya que es evidente que la noción de TEMA/ASUNTO no es idéntica en todos los contextos de uso de los distintos marcadores de TEMA/ASUNTO que analizaremos, sino que dependiendo del contexto sintáctico y del marcador específico, unos matices semánticos se hacen sentir más que otros. De hecho, basándonos en la caracterización del cambio onomasiológico de Geeraerts (2002), sugerimos como hipótesis de trabajo que el cambio que podemos identificar en este ámbito semántico consiste justamente en la introducción de nuevos términos (las locuciones prepositivas (a)cerca de, en torno a/de y (con) respecto a/de) en contextos donde las preposiciones de y sobre resultan poco específicas y/o demasiado vagas para los fines comunicativos. Para ilustrar el prototipo de TEMA/ASUNTO, en la figura 1 reproducimos la esquematización de Granvik (2012: 343), en la que se representa una situación

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Esta dualidad de la noción de TEMA/ASUNTO que defendemos está presente ya en la definición de Halliday (1967: 212): “The theme is what is being talked about, the point of departure for the clause as a message”. 5 El énfasis es nuestro.

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comunicativa con dos niveles. En un primer nivel aparece el mensaje comunicado (marcado por la X entre comillas), es decir, lo que se dice; y, en el segundo nivel, aparece el tema, el asunto o el ámbito conceptual al que concierne lo dicho, o, más ampliamente, el enunciado. Entre los comunicantes y el mensaje la relación es directa, en el sentido de que lo pronuncian físicamente en el acto de habla; en cambio, la relación del hablante con el TEMA/ASUNTO es indirecta, ya que solo se establece mental o conceptualmente. FIGURA 1 Representación esquemática de la noción de TEMA/ASUNTO (cf. Granvik 2012: 343)

Finalmente, antes de pasar al siguiente apartado teórico, cabe comentar brevemente que el término de TEMA/ASUNTO dista de ser una elección evidente. Es bien sabido que tema tiene, al menos, dos usos establecidos en la tradición lingüística. Nos referimos a la oposición entre tema y rema, característica de la gramática funcional de Halliday y los trabajos de análisis del discurso, aunque iniciada ya anteriormente por la escuela de Praga (cf. Halliday/Matthiessen 2004: 64; Zubizarreta 1999: 4217), por un lado, y al tema como uno de los papeles semánticos de la estructura verbal, donde contrasta con otros papeles como agente, paciente, etc., por otro (cf. Rodríguez Ramalle 2005: 67)6. En la tradición española, la noción que nos interesa aparece bajo denominaciones distintas: en su gramática del Cantar de Mío Cid, Menéndez Pidal (1954) 6 Véase Langacker (1991: 287-288) para una discusión de su concepción particular de los papeles y relaciones temáticos, respectivamente.

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utiliza ‘materia, asunto’, términos que adoptan también Cano Aguilar (1977-78, 1984, 1999) y Morera (1988). La noción de ‘materia’ está presente también en los análisis de Borba (1965) y López (1970). Sin embargo, Sancho Cremades (1994: 261) usa únicamente tema en su análisis de la de catalana como régimen preposicional de verbos como parlar, pensar, informarse. Asimismo, en sus trabajos Cano Aguilar (1977-78, 1984, 1999) menciona en algunas ocasiones también el término de “tema”, si bien siempre en combinación con los demás: “la idea de […] ‘tema, asunto, materia’ de esa actividad: ‘hablar de/en algo’ (1984: 213). También Brea (1985) usa el término de “tema” al tratar el uso de de para “indicar el tema sobre el que se habla o escribe” y De Bruyne (1999) denomina “Tema o asunto” a un subapartado de su apartado dedicado a la preposición sobre. Como creemos que ha quedado demostrado, el valor que denominamos TEMA/ASUNTO constituye un valor recurrente en los estudios sobre las preposiciones de y sobre del español; para referirse a él, sin embargo, no existe un solo término. Ante las posibilidades existentes, es decir, elegir entre asunto, materia o tema, que son los términos más frecuentemente usados, hemos optado por la denominación conjunta de TEMA/ASUNTO por varios motivos. En primer lugar, tanto tema como asunto nos parecen términos altamente descriptivos del valor al que pretendemos hacer referencia. En segundo lugar, aunque ni el término de tema ni el de asunto nos parecen suficientes por sí solos –asunto parece un término demasiado aislado y escueto, mientras que tema, evidentemente, tiene la desventaja de ser ambiguo– a nuestro entender, la combinación de ambos términos hace que el conjunto quede perfectamente desambiguado. Además, mantener el término de tema permite relacionar esta noción con otros significados relacionados, como ‘tema/objeto’ y ‘tema/finalidad’ (cf. Granvik 2012), donde especialmente el significado ‘tema/paciente’ cobra relevancia. Así, aunque dista de ser una denominación perfecta, consideramos que TEMA/ASUNTO logra ser, al menos, un término claro y descriptivo del valor semántico que nos interesa investigar, a la vez que permite establecer relaciones con otras nociones semánticas emparentadas.

2.2. LA RELACIÓN ENTRE LEXICALIZACIÓN Y GRAMATICALIZACIÓN EN EL CONTEXTO DE LAS LOCUCIONES PREPOSITIVAS

A continuación comentaremos brevemente la relación entre gramaticalización y lexicalización desde el punto de vista de las expresiones concretas que constituyen el centro de interés del presente estudio. Nuestro punto de partida para el análisis es la definición clásica de la gramaticalización de Lehmann (1985: 303), según la cual la gramaticalización, en su aspecto diacrónico, “is a process which turns lexemes into grammatical formatives and makes grammatical formatives

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still more grammatical”. La lexicalización, por su parte, la definen Brinton/Traugott (2005: 32) como “the process by which new items that are considered ‘lexical’ […] come into being”. Desde la perspectiva de las locuciones prepositivas, es interesante el siguiente comentario de Brinton/Traugott (2005: 44): “historically, compounds and derivations are most obviously cases of lexicalization because they involve processes of fusion which serve to erase or efface boundaries between independent morphemes and give rise to unified lexemes over time”, puesto que subraya el papel central de los compuestos en la creación de nuevos elementos léxicos. Si bien en el caso de una locución como en torno a los elementos constitutivos se mantienen separados por convención ortográfica, en casos como encima de la fijación ha ido más lejos, hasta constituirse encima definitivamente como unidad léxica propia7. Ahora bien, la introducción de nuevos elementos en lo que venimos llamando el paradigma de los marcadores de TEMA/ASUNTO no supone únicamente la lexicalización de las locuciones en cuestión, sino que, como hace notar Girón Alconchel (2008: 34), hay que tener en cuenta que “lexicalización y gramaticalización surgen y se desarrollan en estrecha cooperación: una gramaticalización requiere siempre una lexicalización previa y tiene como resultado una segunda lexicalización más estable que la primera”. También Lehmann (2002: 1) insiste en que “grammaticalization presupposes lexicalization”, lo cual equivale a decir que la gramaticalización no es posible sin lexicalización. Sin embargo, no dice lo inverso, es decir, que la lexicalización tenga siempre que depender de gramaticalización. Sobre esta base, cabe comentar con algo más de detalle lo que puede estar ocurriendo con los constituyentes de un conjunto que se lexicaliza. Así pues, en la formación de las locuciones prepositivas del español, se trata, en un plano general, de varios procesos de gramaticalización y lexicalización, donde podemos considerar que la gramaticalización es el motor del cambio, mientras que la lexicalización supone la fijación del resultado del cambio8. En el caso de en torno a/de, podemos imaginar, por un lado, cómo el sustantivo torno adquiere un nuevo uso figurado a partir del significado original de ‘giro, vuelta’ (cf. DRAE, s.v. torno) al combinarse con la preposición en dando

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Pese a que la ortografía oficial del español separa los tres elementos de la locución en torno a/de, no lo hacen todos los hispanohablantes, muchos de los cuales tienden a juntar los dos primeros, entorno, lo cual indica que esta secuencia se considera hasta cierto punto lexicalizada. 8 Evidentemente, esta caracterización es una simplificación, ya que la fijación no implica que el proceso haya terminado, sino que en realidad se trata de un proceso dinámico continuo de fases concurrentes de innovación y fijación.

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lugar a la expresión adverbial (hipotética, en este punto) en torno con el significado de ‘alrededor’9. En este primer paso formativo, podemos suponer que tanto la preposición en como el sustantivo torno se gramaticalizan, transformándose en elementos léxicos menos independientes que antes, pues para expresar el nuevo significado están mutuamente necesitados el uno del otro. La expresión en torno, por su parte, en la medida en que se establece como unidad léxica, puede considerarse más o menos lexicalizada como un nuevo adverbio del vocabulario español. Más adelante –seguimos con nuestra improvisada explicación ad hoc–, en torno se verá completada por otra preposición, de o a, junto con la cual adquiere una nueva función, la de una preposición. En este caso, el elemento que se gramaticaliza es la preposición final, a o de, que se convierte en lo que Bartens/Granvik (2012) denominan un “preposicionalizador”, mientras que el adverbio en torno mantiene su significado. Sin embargo, en la medida en que consideremos que en torno a/de constituye una locución prepositiva, habremos presenciado otra lexicalización, es decir, la entrada en el lexicón español de la preposición compuesta en torno a/de. Además, la locución prepositiva puede extender su uso a contextos donde expresa valores impensables para su adverbio homólogo, por ejemplo, el de TEMA/ASUNTO. Evidentemente, en la medida en que este uso se va fijando podemos hablar de otra lexicalización. Como hemos venido diciendo, el proceso de evolución de en torno a/de que acabamos de presentar carece, de momento, de datos empíricos que lo fundamenten. Sin embargo, como hipótesis de trabajo, esta nítida descripción constituye un buen punto de comparación para el análisis de los datos. Como sabemos, el valor de TEMA/ASUNTO es una noción abstracta y, al mismo tiempo, claramente dependiente de un contexto sintáctico y semántico adecuado. Por lo tanto, en el apartado siguiente intentaremos señalar, siempre y cuando nos lo permitan los datos, hasta qué punto es posible identificar las distintas fases en que teóricamente puede dividirse la evolución de las locuciones prepositivas en cuestión. Para ello, nos serán de ayuda también los datos correspondientes a las preposiciones sencillas, de y sobre, que no experimentan cambios formales algunos ni modificaciones semánticas tan sustanciales en relación con el valor de TEMA/ASUNTO.

3. Realización del estudio En este capítulo presentaremos los resultados del análisis de corpus, empezando por un panorama general de todas las expresiones de TEMA/ASUNTO (apar-

9

Pero, véanse los ejemplos (48) y (49) que presentamos abajo en el subapartado 3.2.3.

HABLANDO DE, SOBRE Y ACERCA DE LA GRAMATICALIZACIÓN

87

tado 3.1) y continuando con los detalles de cada una de las expresiones analizadas (apartado 3.2).

3.1. PANORAMA DIACRÓNICO GENERAL DE LOS MARCADORES DE TEMA/ASUNTO El corpus analizado está constituido por 200 ejemplos de cada expresión de TEMA/ASUNTO por siglo, extraídos del Corpus del Español10. Sin embargo, no ha sido posible encontrar 200 ejemplos de cada expresión y cada siglo, por lo cual, en la práctica, el número total de ejemplos analizados se reduce a un poco más de 6.500. En la tabla 1 se presentan las frecuencias relativas de los usos con el significado de TEMA/ASUNTO de las ocho expresiones que hemos analizado. Hay que dejar constancia de que en el presente trabajo hemos decidido no detenernos específicamente en el uso de la preposición de, cuya presentación detallada se encuentra en Granvik (2012), sino que nos limitamos a dar cuenta de las especificidades de las otras expresiones temáticas. En los casos en que parezca oportuno contrastar los datos de de con los datos del presente análisis, introduciremos comentarios al respecto. Como revelan los datos de la tabla 1, las expresiones presentan distribuciones cronológicas muy propias, lo cual, sin embargo, no impide que los datos sean reveladores de varias tendencias llamativas. Con respecto a la preposición de, notamos una frecuencia relativamente constante del valor de TEMA/ASUNTO a lo largo de los siglos. En cambio, los datos de sobre, la otra preposición típicamente temática en la lengua actual, presentan un claro aumento del valor de

10

Somos conscientes de las limitaciones que implica seguir ciegamente una clasificación cronológica que divide el espacio temporal en unidades discretas como los siglos, pues es poco probable que los cambios lingüísticos sigan tal división. Sin embargo, al haber optado por trabajar con el CE, esta es la única opción que se nos ofrece. También somos conscientes de las limitaciones que presentan los datos contenidos en el CE comparados con un corpus como el CORDE (cf. Rojo 2010). Sin embargo, como ha señalado Octavio de Toledo (2012), muchos de los documentos incluidos en el CORDE correspondientes a los siglos medievales distan de ser perfectas representaciones de la lengua de la época, pues presentan grandes diferencias cronológicas entre su supuesta fecha de publicación/creación y la fecha de la edición incluida en el corpus. Así pues, la conclusión es que todo análisis de corpus debe tomarse como representativo antes que nada de los textos que incluye y, solo en menor medida y dependiendo de los casos, será generalizable a épocas determinadas (cf. Barra Jover 2007), que sugiere el uso de corpus idiolectales para, al menos, tener una visión clara de la representatividad exacta del corpus analizado: con acceso a “la production d’un locuteur donné […] nous pouvons supposer que cette production est le résultat d’une grammaire intériorisée cohérente.” (2007: 111).

88

ANTON GRANVIK

TABLA 1 Usos temáticos de las expresiones investigadas11 XIII

XIV

XV

XVI

XVII

XVIII

XIX

XX

N

8%

12%

16%

9%

13%

15%

12%

12%

16370

26%

23%

20%

23%

25%

54%

22%

40%

1600

cerca de

0%

6%

8%

14%

6%

9%

1%

0%

1498

acerca de

0%

29%

17%

88%

93%

100%

100%

100%

1197

en torno a

0%

0%

0%

0%

0%

0%

2%

34%

278

en torno de

0%

0%

0%

1%

0%

4%

2%

47%

477

con respecto a

0%

0%

0%

100%

10%

26%

53%

45%

469

respecto de

0%

33%

9%

26%

24%

30%

47%

68%

1025

de sobre

6545

TEMA/ASUNTO

a partir del siglo XVIII, un descenso intermedio durante el siglo XIX, y otra subida de su frecuencia en los datos del siglo XX. En el caso de (a)cerca de se observa que la variante prefijada adquiere un uso mayoritariamente temático a partir del siglo XVI, y desde el siglo XVIII presenta únicamente el valor de TEMA/ASUNTO. En cambio, cerca de se usa siempre mayoritariamente con otro valor que el temático, si bien este valor no le es desconocido. En torno a/de, por su parte, aparecen relativamente tarde en los datos del CE y el valor de TEMA/ASUNTO nunca llega a ser mayoritario, si bien en el siglo XX es un valor frecuente de esta expresión. Finalmente, (con) respecto a/de presentan frecuencias muy variables del valor de TEMA/ASUNTO, sin que sea posible constatar mucho más que parece ser una expresión que siempre presenta este valor, aunque nunca de manera exclusiva. Dicho esto, es hora de pasar al análisis detenido de las distintas expresiones de TEMA/ASUNTO.

11 Los datos correspondientes a la preposición de proceden de Granvik (2012), motivo por el cual el número de ejemplos es tan elevado. Cabe observar asimismo que solo encontramos 200 ejemplos por siglo de la preposición sobre, mientras que todas las demás expresiones aparecen con una frecuencia tan reducida en muchos o algunos siglos que la suma total de los ejemplos no alcanza los 1600. Los números de la última columna a la derecha hacen referencia al número total de ejemplos analizados, no al número de casos de TEMA/ASUNTO.

HABLANDO DE, SOBRE Y ACERCA DE LA GRAMATICALIZACIÓN

89

3.2. ANÁLISIS PORMENORIZADO DE LOS DISTINTOS MARCADORES DE TEMA/ASUNTO 3.2.1. Sobre La preposición sobre es la única de las expresiones analizadas de la que ha sido posible identificar 200 ejemplos de cada siglo. Como indica la tabla 1, el valor de TEMA/ASUNTO forma parte de los significados de sobre desde el siglo XIII, es decir, este es un valor establecido en el romance castellano, lo cual es natural teniendo en cuenta que sus orígenes se remontan al latín SUPER, que se podía usar “para indicar aquello de que se trata (= ‘sobre, con respecto a’)” (Bassols de Climent 1967, I: 261). Al lado de TEMA/ASUNTO aparecen, asimismo, varios otros significados, como revelan los ejemplos (4) a (11). Igual que TEMA/ASUNTO, también los demás valores semánticos están presentes desde el siglo XIII hasta la actualidad. Locativo (el 33% de los usos de sobre) (4) algun rey de al derredor de si. el faze subir gentes darmas sobre castillos sobre los dichos elephantes para combatir sus enemigos y assi lo ay en todos los Reys (Libro de las maravillas del..., CE, XIV). Locativo abstracto (15%) (5) El crepúsculo comenzaba a extender sus ligeras alas de vapor sobre las pintorescas orillas del Segre, cuando, después de una fatigosa jornada, llegamos (Leyendas, CE, XIX). Abstracto (10%) (6) sólo la persona del vendedor es la que queda obligada a entregársela transfiriendo el dominio sobre ella, mientras esté bajo su poder (Tratado sobre los préstamos..., CE, XVI). (7) débito y créditos, que por una parte podría acaecer la mayor parte del año sobre los naturales, y por otra se ofendieran sus provincias y naciones (Discurso político al rey Fe..., CE, XVI). Prefijo (4%) (8) sobre faz & es dela colera quemada negra mas espesa & aquestas andando corronpen la sobre faz del mjenbro & es con ardor grande (Cirugía mayor, CE, XV). (9) monja qu es de santa crus por çierta contia de maravedis que por conpra delo sobre dicho por ante nos los dichos escriuanos publicos le avja dado e pagado (Electronic texts and Concor..., CE, XV). Preferencia (9%) (10) que tú dices que tengo, que la estimas sobre el sol y la encareces sobre el oro, ¿qué sé yo si de cerca te parecerá sombra (La gitanilla, CE, XVI). (11) La alopecia o calvicie se debe sobre todo a causas hereditarias. Ciertas formas de calvicie pueden, sin embargo, deberse… (Enc: Pelo, 19-AC, CE, XX).

90

ANTON GRANVIK

Como indicamos en el subapartado anterior, se observa un marcado aumento del valor de TEMA/ASUNTO a partir del siglo XVIII, cuando en más de la mitad de los ejemplos de sobre se usa con este valor. Hemos aquí algunos ejemplos llamativos de este uso: Tema/asunto (29%) (12) E sy aquestos pueden ser amigos quasi concordes bien me plaze que muchas cosas diximos sobre los dichos de Galieno en fin del quarto tractado de morbo (Lilio de medicina, CE, XV). (13) para que todo vaya con prudencia, y sin tocar en extremos violentos. Discurso sobre la educación popular de los artesanos (Discurso sobre la educación..., CE, XVIII). (14) unos, dos corazones, otros uno sólo; aunque sobre la unidad, u duplicación de esta entraña, haremos abajo particular reflexión (Cartas eruditas y curiosas, CE, XVIII).

Como revelan estos tres ejemplos, con el valor de TEMA/ASUNTO, sobre se usa típicamente como complemento verbal o nominal. Así, en (12) sobre se combina con el verbo decir, donde introduce el tercer actante. En (13) y (14), en cambio, el término regente son los sustantivos discurso y reflexión, respectivamente, que aun siendo nombres se conforman perfectamente al prototipo de TEMA/ASUNTO. TABLA 2 Frecuencias relativas de los distintos contextos de uso de sobre con el valor de TEMA/ASUNTO TEMA/ASUNTO

XIII

XIV

XV

XVI

XVII

XVIII

XIX

XX

Promedio

8%

17%

18%

9%

15%

10%

5%

3%

10%

CN

44%

41%

36%

34%

38%

54%

55%

70%

46%

CV

46%

41%

46%

57%

48%

35%

41%

28%

43%

CA

2%

0%

0%

0%

0%

1%

0%

0%

0,4%

N

52

46

39

44

48

108

44

80

461

Indep.

En la tabla 2 se presenta la distribución cronológica de los distintos contextos de uso de sobre con el valor de TEMA/ASUNTO. Como revelan los datos, conforme avanzamos en el tiempo, este valor se hace más frecuente en la función de complemento nominal, mientras que como complemento verbal y como SP indepen-

HABLANDO DE, SOBRE Y ACERCA DE LA GRAMATICALIZACIÓN

91

diente (ejemplo (15)) se hace menos frecuente. En los primeros siglos, los casos de complementos del nombre son muy heterogéneos, en el sentido de que los sustantivos núcleo expresan ideas ajenas al contexto comunicativo prototípico. Esto se refleja también en relaciones de dependencias poco precisas, lo cual se puede observar en los ejemplos (16) a (20): (15) lxix. si muchos fueren emplazados que omezillo pecharan vno o mas. // Sobre la ley que comiença. si aquel. que es enel titulo delos omezillos (Leyes del estilo, CE, XIV). (16) Mas agora contaremos de los fechos que amos estos principes fizieron daqui adelant sobre que ouieron guerra & lidiaron muchas uezes. ellos e los otros cibdadanos de Roma (Estoria de España I, CE, XIII). (17) dixiere: escriuan lo apartadamente sobre el. E si son clerigos o legos aquellos sobre quien tañe la pesquisa: deuen apartar sobre si algunos clerigos (Leyes del estilo, CE, XIV). (18) nin la den / Saluo sy las sentençias jnterlocutorias fueren dadas sobre defension perentoria & sobre algun articulo que faga juyzio en el pleito prinçipal (Ordenanzas reales, CE, XV). (19) ¡Oh ciudad triste y miserable de Babilonia!, quién tomase ahora llanto sobre ti, y te llorase otra vez con aquellas piadosas lágrimas del Salvador diciendo (Libro de la oración y medit..., CE, XVI). (20) Y uvo en el palacio una gran rebuelta sobre esta razón, mas Primaleón, que era ido a caça, que en cosa (Primaleón, CE, XVI).

Así, si bien en los ejemplos (16) a (20) existe un sustantivo que funciona como núcleo semántico de la relación de TEMA/ASUNTO (guerra, pesquisa, sentençias, llanto y rebuelta, respectivamente), no parece nada claro que este sustantivo sea realmente el término regente del SP encabezado por sobre, sino que la función sintáctica del SP es bastante libre dentro de la oración. La mayor variedad de los complementos nominales se muestra asimismo en un nivel más detallado, donde encontramos que, entre un total de 227 ejemplos, aparecen 141 sustantivos distintos que funcionan como regente de sobre (en el sentido laxo de los ejemplos (16) a (20), arriba). En cambio, entre los 186 ejemplos de complementos verbales se registran 94 diferentes verbos. Además, los verbos decir y escribir aparecen 30 y 17 veces cada uno, mientras que en el contexto nominal la distribución es mucho más equilibrada: ningún sustantivo aparece más de ocho veces en la construcción temática. Aparte de decir y escribir los verbos más frecuentes son discurrir (con 6 ejemplos), hablar (6), consultar (4) y platicar (4), que todos son verbos de comunicación. Con cuatro ejemplos registramos también los verbos reflexionar, verbo de pensamiento, y tratar, verbo que hemos caracterizado como expresando una relación de TEMA/ASUNTO

92

ANTON GRANVIK

general12. Entre los sustantivos destacan reflexión (8 ejemplos), juicio (6) y duda (5), como nombres de pensamiento/actividad mental, frente a conferencia (7), carta (6) y discurso (6) de comunicación, además de pleito (6 ejemplos) e información (5), que caracterizamos como “otros” y “general”, respectivamente13. TABLA 3 Frecuencias relativas de los distintos tipos de términos regentes de las relaciones de TEMA/ASUNTO con sobre Complementos nominales

XIII

XIV

XV

XVI

XVII

XVIII

XIX

XX

Promedio

Comunicación

35%

32%

50%

20%

22%

53%

38%

57%

44%

Pensamiento

22%

5%

7%

13%

22%

17%

25%

14%

16%

0%

0%

0%

0%

6%

5%

4%

5%

4%

43%

63%

43%

67%

50%

24%

33%

23%

36%

23

19

14

15

18

58

24

56

227

Complementos verbales

XIII

XIV

XV

XVI

XVII

XVIII

XIX

XX

Promedio

Comunicación

71%

68%

94%

48%

65%

71%

83%

64%

70%

Pensamiento

13%

11%

0%

12%

4%

16%

11%

27%

12%

0%

0%

0%

4%

9%

0%

6%

5%

3%

17%

21%

6%

36%

22%

13%

0%

5%

15%

24

19

18

25

23

38

18

22

186

General Otros N

General Otros N

Los datos que se recogen en la tabla 3 revelan la mayor preferencia por los verbos de comunicación en comparación con los complementos nominales, donde hay casi tanto casos variables (clasificados como “otros”) como de comunicación. En la tabla 3 se revela también con bastante claridad cómo se hacen más frecuentes los casos de TEMA/ASUNTO en el contexto nominal, donde los

12

Como “generales” contamos sustantivos como información, cuestión y dato, mientras que la categoría de “otros” engloba sustantivos como pleito, derecho, aspecto, entre otros. 13 El verbo “general” por excelencia es tratar, mientras que la categoría “otros” incluye casos como llorar, porfiar, pecar, etc.

HABLANDO DE, SOBRE Y ACERCA DE LA GRAMATICALIZACIÓN

93

números correspondientes a los siglos XVIII, XIX y XX alcanzan más de la mitad de los 227 ejemplos (138 en total, lo que supone un 61 por ciento), mientras que en el contexto verbal la cifra correspondiente es de 78 sobre 186 ejemplos (un 42 por ciento). Con esto terminamos el subapartado dedicado a la preposición sobre. Como hemos podido ver, constituye un caso típico de la expresión de TEMA/ASUNTO en todas las épocas analizadas. Además, hemos podido observar una paulatina especialización en el uso de sobre para expresar este valor: de ser una preposición de uso muy general, con valores locativos, de preferencia y aproximación, así como varios otros valores abstractos, se va restringiendo cada vez más al contexto nominal, donde expresa TEMA/ASUNTO en combinación con nombres de comunicación, pero también con nombres de significado menos específicamente comunicativo.

3.2.2. Acerca de/cerca de El que una expresión como cerca de pueda usarse en castellano para referirse al TEMA/ASUNTO de que se habla no debe sorprendernos, ya que se trata de una continuación del uso latino de circa con este tipo de valor, como señala Bassols de Climent (1967, I: 242-243). Además, desde la perspectiva del significado original de esta expresión, ‘alrededor de’, el valor de TEMA/ASUNTO nos ofrece una documentación muy antigua de que la noción semántica de TEMA/ASUNTO puede conceptualizarse en términos de un ‘movimiento que gira en torno a lo que constituye el centro de atención/interés’ (cf. Granvik 2011). Esta “metáfora de la revolución” se encuentra en muchas lenguas indoeuropeas; caben mencionar la preposición om de las lenguas escandinavas, así como el alemán um y el ruso o/ob. Todas estas preposiciones presentan originalmente el significado espacial de ‘alrededor de’, si bien en la actualidad se usan principalmente para expresar TEMA/ASUNTO. Asimismo, en inglés about y around conllevan matices revolucionarios parecidos, igual que, evidentemente, en torno a/de en el español actual. Sin embargo, TEMA/ASUNTO no constituye un valor típico de las expresiones (a)cerca de en el español medieval, sino que este valor solo hace su entrada paulatinamente en la lengua, como revelan las cifras de la tabla 4. Además, cerca de en español ha perdido la idea original de ‘alrededor de’ a favor de un valor general de cercanía, ‘al lado de’. Vistas conjuntamente, podemos constatar que tanto acerca de como cerca de presentan varios valores abstractos al lado del locativo concreto, al menos sobre la base del predominio numérico de estos valores en el corpus analizado. Desde el inicio del periodo analizado, se encuentran ejemplos de ambas locuciones con valores derivados de la idea locativa como ‘aproximación’ y, a partir del siglo

94

ANTON GRANVIK

TABLA 4 Frecuencias relativas de los distintos valores de acerca de y cerca de acerca de

XIII

XIV

XV

XVI

XVII

XVIII

XIX

Locativo

78%

57%

79%

13%

8%

1%

0%

0%

16%

Aproximación

22%

14%

4%

0%

0%

0%

1%

0%

2%

Tema/asunto

0%

29%

17%

88%

93%

100%

100%

100%

82%

N

54

7

135

200

200

200

200

200

1196

cerca de

XIII

XIV

XV

XVI

XVII

XVIII

XIX

XX

Promedio

Locativo

90%

87%

85%

68%

81%

67%

72%

66%

76%

Aproximación

10%

8%

8%

19%

13%

25%

28%

34%

19%

Tema/asunto

0%

6%

8%

14%

6%

9%

1%

0%

5%

N

200

89

200

200

200

XIV,

200

200

XX

200

Promedio

1489

‘tema/asunto’. Pero hay algunas diferencias. Los valores abstractos de acerca de son algo más frecuentes en los textos más antiguos y esta expresión también pierde el valor de aproximación relativamente temprano, en el s. XV, mientras que su uso con valor locativo pervive hasta el XVIII. Cerca de, por su parte, mantiene el valor locativo hasta la actualidad y la idea abstracta de aproximación paulatinamente se hace más frecuente hasta llegar a una tercera parte de los ejemplos en la lengua actual. En cambio, aunque también presenta el valor de TEMA/ASUNTO, este nunca llega a ser frecuente y desaparece al llegar al siglo XIX. Desde la perspectiva diacrónica, lo interesante de este par de locuciones que parecen formal y semánticamente unidas por un cordón umbilical es que en español se desarrolla una oposición tanto en el nivel de la forma como en el del significado, de modo que en la actualidad existen dos expresiones distintas que se usan para expresar dos significados distintos. Esta repartición del trabajo se confirma perfectamente en los datos analizados, pues, como revelan las cifras correspondientes al siglo XX en la tabla 4, cerca de se usa para expresar el valor locativo y de aproximación, mientras que acerca de está reservada para el de TEMA/ASUNTO. Ahora bien, al intentar indagar sobre el origen de la diferenciación, los datos extraídos del CE revelan una situación muy distinta de la perfecta repartición del trabajo que observamos para el siglo XX. Después de unos siglos de usos prácticamente sinónimos, hay un momento de ruptura en el paso del siglo XV al XVI, donde

HABLANDO DE, SOBRE Y ACERCA DE LA GRAMATICALIZACIÓN

95

se registra un cambio radical en el uso de acerca de. Aunque la diferencia entre el siglo XV y el XVI con respecto a cerca de es mucho menor, podemos observar que aquí también las cifras del siglo XVI se corresponden más con las de los siglos XVIII, XIX y XX que con el siglo XVII o los siglos medievales. Ello se refiere tanto al valor locativo como al valor de aproximación; además, el siglo XVI es el siglo donde cerca de presenta su mayor índice de uso con valor de TEMA/ASUNTO. Ahora bien, para tener una visión más completa de cuál era la situación al llegar al siglo XVI, cabe observar brevemente los distintos usos de los tres siglos medievales. En el siglo XIII, tanto cerca de como acerca de aparecen con los dos valores principales que hemos denominado ‘locativo’ y ‘aproximación’. Como indican los ejemplos (21) a (26), son pocas las diferencias, ya sean sintácticas o semánticas, entre una y otra expresión: el valor locativo aparece en ambos casos con el verbo estar (ejemplos (21) y (22)) y el de aproximación tanto con numerales (ejemplos (23) y (25)) como con adjetivos, sano y acabadas, respectivamente (ejemplos (24) y (26)). Locativo (21) Ramas es vna cibdad que esta en vn llano acerca de otra cibdad que ha nombre lide: (Gran conquista de Ultramar, CE, XIII). (22) a andar enderredor dela hueste: & subio en vn otero muy alto que estaua cerca de aquel lugar do ouieran la batalla (Gran conquista de Ultramar, CE, XIII). Aproximación (23) cibdad assentada al pie de vna gran montaña que dura contra oriente en luengo bien acerca de quarenta leguas: & a quarenta & seys leguas lo que mas: (Gran conquista de Ultramar, CE, XIII). (24) la disposicion delos miembros spirituales. / Onde si la cara semejare a sano o acerca de sano buena señales es asi lo entiendo seyendo y algund consumimiento que deue y (Prognostica; Las pronósticas, CE, XV). (25) Et sera la longura de la noche otrossi en aquel logar; cerca de quatro meses assi commo fue el dia. (Cánones de Albateni, CE, XIII). (26) ca dela yantar que se faze despues de ora de tercia fasta la media noche son cerca de acabadas las dos digistiones: y es la tres digistion delos miembros: (Sevillana medicina, CE, XIV).

Es interesante notar que en el siglo XV aparecen varios casos en los que acerca de equivale a ‘entre’, ejemplos (27) y (28), un uso que hemos incluido entre los casos locativos14. De hecho, a partir del siglo XV, este uso aparece en una propor-

14

Este significado posiblemente sea un reflejo castellano del apud latino, en concordancia con el estilo latinizante de la prosa de este siglo. Agradezco a Álvaro Octavio de Toledo por este comentario.

96

ANTON GRANVIK

ción cada vez mayor de los casos analizados como locativos: 5/107 en el siglo XV, 6/25 en el siglo XVI y 12/15 en el siglo XVII, después de lo cual los usos locativos de acerca de desaparecen. Es dudoso el ejemplo (29), pero no nos parece imposible que cerca de en este caso exprese un valor semejante a ‘entre’. Al menos la presencia en este ejemplo de dos personas indica que tal interpretación es posible. (27) El Inca Viracocha quedó con tanta reputación acerca de sus parientes y vasallos, así por el sueño como por la victoria (Comentarios reales, CE, XVI). (28) Que si Homero con estas armas alcanzó tal gloria y mereció tan noble lugar acerca de todos, ninguno, si no es el que se confiare de semejantes fuerzas (Libro de la erudición poética, CE, XVII). (29) de aquestas dos donzellas delas quales la vna conuiene asaber circe mouida en amor que cerca de mi & della se apodero fizo sus encantaciones & sus misturas por manera que (Historia troyana, CE, XIV).

Parece tratarse, pues, de una extensión semántica que, no obstante, acabará por perderse juntamente con los demás usos locativos de acerca de. Sin embargo, al analizar ejemplos como el (27), y el (29), así como los ejemplos (30) y (31), abajo, no parece descabellado pensar que este valor adicional de ‘entre’ habría funcionado como un tipo de puente entre los usos locativos y los de TEMA/ASUNTO. En (30), por ejemplo, la interpretación de acerca de parece vacilar entre ‘con respecto de’ todos o ‘entre’ todos; algo parecido ocurre con los dos casos de acerca de en (31), donde consideramos posible tanto una interpretación locativa como una de TEMA/ASUNTO. (30) El qual nombre ala sazon de agora tienen acerca de todos por memoria de tan gloriosa reyna ecuba (Historia troyana, CE, XIV). (31) no consentia a cerca de si cosa que se fiziesse floxa: ni padecia que acerca de los contrarios fuesse cosa segura: assi que muchas vezes acometio & corrio alos (Guerra de Jugurtha, CE, XV).

Es un hecho que varios de los ejemplos tempranos que clasificamos como casos de TEMA/ASUNTO no presentan una relación de dependencia sintáctica muy clara, con lo cual su interpretación definitiva muchas veces es difícil de establecer. Esto puede observarse en los siguientes ejemplos, que datan de los siglos XIV, XV y XVI, y en los que la posibilidad de una interpretación locativa siempre existe, aun cuando no la consideramos la más natural. Así, en (32), se trata de una expresión de TEMA/ASUNTO en sentido amplio, donde acerca de delimita el campo al que se refiere el poderio. El ejemplo (33), procedente de la misma obra, es más evidente, pues aquí encontramos una serie de sustantivos, diligencia, estudio y discreción, que se combinan con naturalidad con un complemento

HABLANDO DE, SOBRE Y ACERCA DE LA GRAMATICALIZACIÓN

97

de TEMA/ASUNTO. En comparación, los dos casos de cerca de que incluimos presentan una relación relativamente tenue de dependencia sintáctica de los verbos establecer en (34) y sospechar en (35), si bien en el (34) se incluye otro uso de cerca de, esta vez en relación con el sustantivo benjgnidad cerca de nos, donde el valor de TEMA/ASUNTO es relativamente típico. Los ejemplos del siglo XV son más evidentes, pues aparecen relaciones de dependencia sintáctica relativamente clara, el verbo saber y el sustantivo posición en los ejemplos (36) y (37) con acerca de, si bien el ejemplo (38), con cerca de, constituye un caso llamativo del uso independiente, uso que se asemeja a la función tematizadora que investiga Pons (2001-2002, 2005, 2006). Siglo XIV (32) & pues otra cosa ser no puede mas por fuerça que no de grado rescibire tus ruegos como acerca de mi non sea poderio ninguno de poder contrastar ni contrariar a tu voluntad (Historia troyana, CE, XIV). (33) toda la hueste delos troyanos queriendo se aver con grand diligencia & estudio & discrecion acerca de su gouernamiento (Historia troyana, CE, XIV). (34) su pariente salud & ala gente delos judios nuestros amjgos & aguardantes las cosas que cerca de nos establesçimos delas fazer bien por la benjgnjdad que cerca de nos han (Biblia romanceada judio cri..., CE, XIV). (35) Considerante el alto saçerdote que quiça el rrey non sospechase alguna malicia delos iudios cerca de heliodoro ser consumada ofreçio por salud del uaron hostia salutal (Biblia romanceada judio cri..., CE, XIV). Siglo XV (36) porque el su çentro es más lexos de tierra. Andén de Venus e Mercurio Acerca de lo cual devedes saber que cada uno de éstos tiene en la su sobrefaz dos ecéntricos iguales en su grandez (Tratado de astrología, CE, XV). (37) .iiij. en fin del qual despues de aver reprouado la po sicion de Hermes acerca de las ymagines dize: mas no es de negar de to do en todo (Cura de la piedra, CE, XV). (38) Otrosi cerca de los regidores de Ecija que alli murieron, mi merced es que fabledes con con los regidores e justicia de essa ciudad, que elijan a los fijos de los tales si los dexaron (Abreviación del Halconero, CE, XV). Siglo XVI (39) y de un abismo de secretos que acerca de esta generación y parentesco divino en las sagradas letras se encierra, he dicho lo poco que alcanza mi pequeñez (De los nombres de Cristo, CE, XVI). (40) se respondieron en coloquio un discurso que ellos cerca de la muerte avían hecho, porque tenían buenos entendimientos y avían estudiado (La comadre, CE, XVI).

Finalmente, llama la atención el ejemplo (39), pues incluye dos relaciones de lo cual nos ofrece una pista sobre los posibles motivos de introdu-

TEMA/ASUNTO,

98

ANTON GRANVIK

cir nuevas expresiones al lado de las ya existentes. En este ejemplo tenemos, pues, por un lado, el verbo decir cuyo tema topicalizado se especifica mediante la preposición de, que aparece al inicio de la frase; por otro lado, tenemos el sustantivo secreto que se encierra en las letras sagradas y cuyo tema esta generación y parentesco divino es introducido por acerca de. Así, en este ejemplo es fácil ver que la necesidad de marcar la relación de TEMA/ASUNTO entre secreto y esta generación… lleva a la elección de un marcador temático explícito como acerca de. El ejemplo (40), por su parte, no incluye esta doble aparición de la relación de TEMA/ASUNTO, pero el hecho de que el elemento que necesita un complemento de TEMA/ASUNTO, el predicado compuesto hacer un discurso, sea complejo, y, por así decirlo, constituya un verbo de comunicación menos típico, parece favorecer la aparición del marcador acerca de ante una opción más sencilla como de o sobre15. Con respecto a las semejanzas y diferencias entre los usos temáticos de cerca de y acerca de, cabe notar que en el siglo XIV son tan numerosos los casos de cerca de con este valor como los de acerca de, aunque las frecuencias indiquen lo contario (cf. la tabla 4). Sin embargo, para el XV acerca de ya ha asumido el liderazgo en cuestión de número de usos. Como se indica en la tabla 4, TEMA/ASUNTO se convierte en el valor principal de acerca de a partir del siglo XVI, cuando se nota un auge muy pronunciado, y, a partir del siglo XVIII, es prácticamente el único significado que presenta la forma prefijada. En el plano de la combinatoria sintáctica de ambas expresiones en las relaciones de TEMA/ASUNTO, se nota que la distribución de cerca de temática es relativamente uniforme entre los usos independientes, adnominales y adverbales, con cifras que rodean el 30 por ciento en la tabla 5. Sin embargo, en el caso de cerca de, sus usos temáticos son tan escasos que no tiene sentido entrar a comentar la variación presente en los datos. Con respecto a acerca de llama la atención el que el uso como marcador de TEMA/ASUNTO independiente se reduzca significativamente a partir del siglo XVIII. En comparación con cerca de, acerca de se construye preferentemente como complemento de un sustantivo o de un verbo. Es más, es posible notar una clara diferenciación entre los complementos nominales y verbales. Así, acerca de demuestra una preferencia con verbos de comunicación, que constituyen más del 72 por ciento de los núcleos verbales –los más frecuentes son decir, hablar, escribir y preguntar–. En el contexto nominal la prefe-

15 Este es un aspecto que merecería un estudio más profundizado del que ha sido posible realizar dentro de los márgenes de este trabajo, es decir, sería interesante averiguar si existe alguna relación entre las características formales del predicado (complejo y atípico vs. sencillo y típico) y la elección del marcador de TEMA/ASUNTO, donde también existen opciones simples y compuestas.

99

HABLANDO DE, SOBRE Y ACERCA DE LA GRAMATICALIZACIÓN

TABLA 5 Distribución relativa de los usos temáticos de acerca de y cerca de por contexto sintáctico acerca de

XIII

XIV

XV

XVI

XVII

XVIII

Independiente

0%

20%

23%

16%

22%

CN

0%

40%

23%

22%

CV

0%

20%

55%

CA

0%

20%

N

0

cerca de

XIX

XX

Promedio

9%

8%

7%

12%

42%

53%

49%

54%

44%

60%

36%

36%

42%

39%

42%

0%

2%

1%

3%

2%

1%

2%

5

22

166

185

199

199

200

976

XIII

XIV

XV

XVI

XVII

XVIII

XIX

XX

Promedio

Independiente

0%

20%

44%

25%

42%

47%

0%

0%

35%

CN

0%

60%

13%

46%

50%

18%

0%*

0%

34%

CV

0%

20%

44%

29%

8%

35%

0%*

0%

29%

CA

0%

0%

0%

0%

0%

0%

100%

0%

1%

N

0

5

16

28

12

17

1

0

79

rencia por el contexto comunicativo no es tan pronunciada, sino que frente a un 46 por ciento de sustantivos de comunicación, encontramos asimismo un 30 por ciento de sustantivos de pensamiento (los más frecuentes de los cuales son idea y opinión). En este sentido, el uso de acerca de se asemeja mucho a la distribución que presenta el uso temático de sobre (cf. la tabla 3 del subapartado 3.2.1, arriba). Para terminar, podemos constatar, en primer lugar, que, si bien el valor de TEMA/ASUNTO está presente en el latín CIRCA, no aparece en los datos del CE correspondientes al siglo XIII. Incluso los ejemplos del XIV son escasos, pero en el siglo XV los ejemplos se cuentan ya por decenas y en el XVI hay casi una explosión, al menos en el caso de acerca de. Desde ese momento, el valor de TEMA/ASUNTO es el predominante. En este sentido, el proceso de extensión del valor de TEMA/ASUNTO, en principio, debería ser diacrónicamente rastreable. Sin embargo, esta es una historia que elude nuestra mirada de investigador. En los ejemplos analizados no parece haber nada que nos revele por qué se experimenta un incremento tal de acerca de, por un lado, y de sus usos temáticos, por otro. Los datos solo nos indican que su uso aumenta, no el porqué, y, al menos de momento, los datos que tenemos de otros elementos (de, sobre) no nos sirven de apoyo.

100

ANTON GRANVIK

En segundo lugar, con respecto a la aglutinación de la preposición a a la forma cerca de, los datos del CE no ofrecen indicios de por qué habría habido necesidad de reforzar esta forma. Es verdad que la mayor parte de los ejemplos medievales de acerca de son locativos, y en muchos casos la locución aparece en combinación con verbos de movimiento (llegar, venir) o con verbos télicos (asentarse) que se combinan naturalmente con una preposición de destino como a. Sin embargo, los verbos de movimiento o télicos no constituyen la mayoría, de modo que no ofrecen una solución a esta cuestión. Tampoco un análisis de los usos adverbiales de acerca y cerca del CE, respectivamente, revela diferencias semánticas significativas. Así pues, con los ejemplos que hemos analizado, es posible que simplemente no hayamos dado con el patrón16. Además, con lo bien establecidas que están las locuciones cerca de y acerca de desde el siglo XIII, parece difícil postular que su evolución deba verse como procesos de gramaticalización y lexicalización. Parece tratarse más bien de una paulatina diferenciación y especialización de dos expresiones originalmente casi sinónimas, de manera que la forma más corta, cerca de, se limita a expresar valores locativos y de aproximación, mientras que acerca de se especializa para expresar TEMA/ASUNTO. Solo en este último caso quizá pueda hablarse de una relexicalización, en el sentido de que acerca de, a partir del siglo XVI, tras adquirir un nuevo significado y perder los originales, entra a formar parte de los marcadores de TEMA/ASUNTO. Pero debido a que su uso se limita a la función de preposición regida (semánticamente) por determinados verbos y sustantivos, no cabe hablar de un cambio de su categoría gramatical.

3.2.3. En torno a/de Igual que el CIRCA latino, en torno a/de es una locución originalmente espacial con el significado de ‘alrededor de’, cuyo elemento central, torno, procede del TORNUS latino con el significado ‘giro, vuelta’ (DRAE, s.v. torno). Sin embargo, dado que en torno a/de conserva su valor locativo de ‘alrededor de’, la metáfora de la revolución sigue viva en un grado más elevado que en el caso de acerca de, donde esta idea está enterrada desde hace milenios. Lo que quizá pueda sugerirse es que la aparición de en torno a/de para expresar TEMA/ASUNTO supone la

16 Evidentemente, siempre sería posible aludir a la explicación formal, constatando que a se añadiría para que la locución correspondiera mejor al patrón formal de las locuciones prepositivas, es decir, prep. + adv. + prep., pero este difícilmente pudo ser más que un factor coadyuvante –véanse los comentarios de Pons (2001-2002: 86) con respecto a la adición de en a la locución en cuanto a–.

HABLANDO DE, SOBRE Y ACERCA DE LA GRAMATICALIZACIÓN

101

reintroducción de esta metáfora en el repertorio de las expresiones temáticas del español. En el corpus analizado, en torno a y en torno de tienen una presencia claramente diferente. Los primeros ejemplos de en torno de datan del siglo XIV, si bien hay que esperar hasta el XVIII para encontrar casos de TEMA/ASUNTO. En torno a, por su parte, hace su primera aparición en el siglo XVI y hay que esperar hasta los textos del siglo XIX para encontrar ejemplos de usos abstractos, entre ellos el valor de TEMA/ASUNTO. Como es natural, el valor predominante en los primeros siglos es el locativo (ejemplos (41) y (42)), pero a partir del siglo XV en el caso de en torno de, más tarde en el caso de en torno a, aparecen usos abstractos que revelan extensiones semánticas, como puede observarse en los ejemplos (43) a (47). Locativo (41) Suele estar prohibido en muchas partes que una legua en torno a la ciudad o pueblo no se pegue fuego a arcabuz (Summa de tratos y contratos, CE, XVI). (42) A mí parece, dijo la proveída Razón, que nos sentemos en torno de la fuente y que nuestros escuderos y servidores salgan por la floresta (Peregrinación de la vida de..., CE, XVI). Locativo abstracto (43) el espíritu de censura levantado y puesto de puntillas contra ella, sin hallar en torno de sí ninguna fuerza que la sostenga, ninguna ilusión que la apoye? (Correspondencia, CE, XVIII). (44) dura aún la broma y el buen humor, en torno a los sangrientos despojos, media semana (Esbozos y rasguños, CE, XIX). Abstracto (45) don alfonso corrio viseo que era de los moros en portogal / E andando en torno de vn dia con gran sol desarmado fue ferido de vna saeta en las espaldas (Atalaya de las Crónicas, CE, XV). (46) la gloria que por un momento se había reunido en torno a su nombre (Campaña en el Ejército Grande, CE, XIX). (47) después del 70 d.c., es prácticamente seguro que debió ser redactado en torno a ese año (Enc: Evangelio según san Ma..., CE, XX).

En la tabla 6 se presentan los datos numéricos más importantes de la distribución diacrónica de estas dos locuciones. Como revelan tanto los datos de la tabla 6 como los ejemplos presentados, los ejemplos de en torno a son muy escasos hasta el siglo XX y hasta el siglo XIX la expresión presenta casi exclusivamente usos locativos. En torno de, en cambio, presenta usos abstractos desde el siglo XIV, si bien es solo en el XV cuando se empieza a usar esta locución con alguna frecuencia. En el siglo XV aparece asimismo un uso de en torno de que revela un estadio intermedio de fijación de la locución en torno de. Como indican los ejemplos

102

ANTON GRANVIK

TABLA 6 Distribución relativa de los diferentes significados de en torno a y en torno de en torno a

XIII

XIV

XV

XVI

XVII

XVIII

XIX

XX

Promedio

Locativo

0%

0%

0%

93%

100%

100%

58%

25%

38%

Locativo abstracto

0%

0%

0%

0%

0%

0%

21%

8%

10%

Abstracto

0%

0%

0%

7%

0%

0%

19%

33%

28%

Tema/asunto

0%

0%

0%

0%

0%

0%

2%

34%

25%

0

0

0

14

6

6

52

200

278

en torno de

XIII

XIV

XV

XVI

XVII

XVIII

XIX

XX

Promedio

Locativo

0%

33%

58%

89%

86%

72%

72%

24%

70%

Locativo abstracto

0%

33%

5%

3%

5%

20%

19%

15%

13%

Abstracto

0%

33%

11%

3%

0%

4%

8%

15%

7%

Tema/asunto

0%

0%

0%

0%

0%

4%

2%

47%

7%

Pseudoagente

0%

0%

26%

4%

10%

0%

0%

0%

3%

0

3

19

122

21

50

200

62

477

N

N

(48) y (49), clasificados como ‘pseudoagente’, se trata de una construcción pasiva, donde en torno de parece funcionar como introductor del complemento agente, piedras y pelo. En realidad, en estos ejemplos probablemente no deba hablarse de una locución en torno de, sino que se trata más bien de que la preposición de introduce el complemento agente, mientras que en torno funciona como adverbio locativo, indicando que el árbol está cercado de piedras. La idea de estar rodeado y encerrado por algo aparece con toda claridad en (49), donde a la imagen de cubierta en torno de crecido pelo, se añade aun la caracterización que a modo de corona la ceñía. (48) endonde tener solian la corte a parte de mano yzquierda / vn arbol cercado en torno de piedras: donde los ministros delos judios / y pedro con ellos estauan (Peregrinatio in Terram Sanc..., CE, XV). (49) y de la piel lustrosa, de la gruesa cerviz y torva frente cubierta en torno de crecido pelo (que a modo de corona la ceñía), (La Muracinda, CE, XVI).

HABLANDO DE, SOBRE Y ACERCA DE LA GRAMATICALIZACIÓN

103

Como hemos constatado antes, y como revelan los datos de la tabla 6, los usos temáticos de en torno de/a hacen su aparición muy tarde, en los siglos XVIII y XIX, respectivamente. Sin embargo, cuando aparecen, se trata, en la mayor parte de los casos, de ejemplos claramente temáticos, como indican los ejemplos (50) a (53)17: Tema/asunto (50) dicen que en las naciones turbulentas pasiones se levantan en torno a vuestra gloria (Poesías, CE, XIX). (51) lo principal del libro es la reflexión en torno a la relación sida - homosexualidad (España: ABC, CE, XX). (52) Sería yo mala amiga si no le advirtiese lealmente lo que ni usted ni ella pueden advertir; lo que nunca advierten hasta el momento irremediable aquellos a quienes les importa; lo que no han advertido tampoco de ellos Pura y su novio, aunque como usted sabe lo comenta en torno de ambos todo el barco... (Del frío al fuego, CE, XIX). (53) Pregunta. –¿Podrías ampliar un poquito la propuesta que hay en torno de la comisión de estatutos, respecto a incluir un nuevo capítulo en donde va a haber obligaciones para todo aquel gobernador, presidente municipal, regidor, emanado de Acción Nacional y candidatos de este partido, para que cumplan con una serie de obligaciones entre las que destacan llevar a la práctica la plataforma que los impulsó y los llevó al triunfo y guardar una relación estrecha con el partido? (Entrevista (PAN), CE, XX).

Con respecto a los usos temáticos, cabe observar que, de manera semejante a lo que ocurría con acerca de, una vez que el valor de TEMA/ASUNTO aparece, se generaliza con gran rapidez. Así, en el siglo XX encontramos que un 34 por ciento de los casos analizados de en torno a presentan el valor de TEMA/ASUNTO, mientras que la cifra correspondiente a en torno de es aún más elevada, llegando a un 47 por ciento. Es más, aunque el valor de TEMA/ASUNTO no llegue a ser el más frecuente de en torno a en el siglo XX, el 75 por ciento de los usos pueden clasificarse como abstractos. Ello puede compararse con un 40 por ciento en el siglo XIX y un porcentaje minúsculo en los siglos anteriores. La situación de en

17

Se encuentra también algún que otro ejemplo ambiguo entre una interpretación locativa o de TEMA/ASUNTO, como es el caso de “unos espesos y altos álamos que lo estorbaban, pero podían oír lo que en torno de ella se hablaba” (Diana enamorada, CE, XVI) y “quedábase pensativo y preocupado, sin prestar apenas atención a lo que en torno de él se hablaba.” (Pequeñeces, CE, XIX). En ambos casos parece más probable que se trate de un uso locativo, si bien un hablante de la actualidad fácilmente se inclinaría a interpretarlo como de TEMA/ASUNTO.

104

ANTON GRANVIK

torno de es muy parecida, si bien en su caso el vuelco hacia los usos predominantemente abstractos no es tan pronunciado. Además, cabe observar que en números totales, el uso de en torno de se reduce claramente en el siglo XX, cuando solo identificamos 62 casos, frente a 344 casos en el XIX. Tanto en torno a como en torno de prefieren usarse como marcadores de TEMA/ASUNTO en combinación con sustantivos (véanse los ejemplos (51) y (53)). Debido al número reducido de ejemplos temáticos18, no hemos considerado necesario presentar los datos detallados de la combinatoria sintáctica en forma de una tabla, sino que nos limitaremos a constatar que el 75 por ciento de los casos de en torno a (51 sobre 69 casos) y un 65 por ciento de los casos de en torno de dependen, en menor o mayor grado, de un sustantivo. Más del 20 y el 25 por ciento, respectivamente, de los ejemplos restantes dependen de verbos, con lo cual se observa que en torno a/de constituye un marcador de TEMA/ASUNTO de uso típicamente regido, en un grado aún mayor que el caso de acerca de. Con respecto a los datos del siglo XX, notamos asimismo que el 51 por ciento (35/68) de los ejemplos temáticos de en torno a proceden de fuentes americanas, mientras que hasta un 79 por ciento (23/29) de los ejemplos temáticos de en torno de corresponden al español de América. Con respecto a en torno de llama asimismo la atención el hecho de que casi el 50% de los ejemplos de en torno de correspondientes al siglo XX sean de TEMA/ASUNTO, un valor que no se señala en el DRAE (s.v. torno), que únicamente recoge este valor para la variante con a. Aparte de los casos evidentes de TEMA/ASUNTO que acabamos de presentar (ejemplos (50) a (53)), aparecen, especialmente en el siglo XIX, algunos ejemplos llamativos donde el valor de TEMA/ASUNTO se asoma en contextos ambiguos: (54) menos fatal por eso, la gloria que por un momento se había reunido en torno a su nombre. (Campaña en el Ejército Grande, CE, XIX). (55) honesta y honradísima..., no era una coqueta esta mujer divina en torno a la cual un marido como el suyo habría afirmado los respetos (A todo honor, CE, XIX). (56) No, no veían en torno de sí ese respeto, esa admiración que nosotros ahora les ofrecemos (Cartas a un escéptico en ma..., CE, XIX).

En el ejemplo (54), se observa una relación abstracta entre una gloria que se ha reunido en torno a su nombre, una relación locativa de origen, pero tan figurada que el paso a la interpretación de TEMA/ASUNTO se da con facilidad. En los ejemplos (55) y (56), por su parte, encontramos el sustantivo respeto, también

18

En total, hemos identificado 69 casos de en torno a y 34 de en torno de con valor de

TEMA/ASUNTO.

HABLANDO DE, SOBRE Y ACERCA DE LA GRAMATICALIZACIÓN

105

abstracto, que hace pensar que en torno a y en torno de indican más bien el campo nocional abstracto de TEMA/ASUNTO que la localidad en torno a la cual se sitúa el respeto19. Estos dos ejemplos son importantes también por presentar como complemento de en torno a/de una persona, presente en la cual y sí, respectivamente. Las personas constituyen complementos muy particulares, por la cantidad de conceptualizaciones que permiten; es decir, es fácil conceptualizar una persona como el centro de atención de un tema de conversación, pero también es fácil concebir que una persona funcione como entidad física rodeada por una cosa. Y entre estos extremos caben muchas interpretaciones intermedias, como las que encontramos en los ejemplos (55) y (56)20. A modo de cerrar este subapartado, cabe volver a destacar que el uso de en torno a/de como marcador de TEMA/ASUNTO es tardío en ambos casos, pues los primeros ejemplos solo aparecen en los siglos XIX y XVIII, respectivamente. Observamos asimismo que, al llegar al siglo XX y la actualidad, es la forma en torno a la que se hace más frecuente, aunque diacrónicamente sea la variante menos frecuente. En cambio, en torno de se hace menos habitual, pero es mucho más frecuente en los siglos anteriores. En cuanto a la cuestión de las dos variantes, posiblemente a consecuencia de haber limitado las búsquedas en el corpus a las secuencias fijadas de en torno a y en torno de, no hemos encontrado indicios de por qué aparece una u otra preposición final, pues los ejemplos simplemente no revelan una diferencia de significado palpable. Sin embargo, parece razonable suponer que la aparición más temprana de la variante con de esté relacionada con el uso general de la preposición de para la complementación nominal, un proceso que culmina en el siglo XVI (cf. Girón Alconchel 2004: 879; Bogard/Company 1989: 270). En este sentido, la aparición de la de final podría verse como un caso de la generalización de de en el papel de “preposicionalizador” de las locuciones adverbiales (cf. Bartens/ Granvik 2012). La variante con a, por su parte, correspondería a una pauta mucho menos frecuente en las locuciones prepositivas, algunas de las cuales se lexicalizan con la preposición final a21. 19 Estos ejemplos son más llamativos todavía si tenemos en cuenta la existencia de con respecto a/respecto de, dos marcadores de TEMA/ASUNTO que se construyen explícitamente en torno a la noción de respeto/respecto, como veremos en el subapartado siguiente. 20 Estos ejemplos ambiguos nos recuerdan los casos de acerca de que comentamos en el subapartado 3.2.2 (ejemplos (30) y (31)) y que también presentan complementos de persona que permiten interpretarse bien como lugar (locativo), bien como ámbito conceptual (TEMA/ASUNTO). 21 Véase Cifuentes Honrubia (2003: 212-218) para una lista relativamente extensa de locuciones prepositivas, donde la mayor parte de las expresiones incluidas (422 sobre 618) tienen como elemento final la preposición de, seguida, de lejos, por la preposición a (141/618).

106

ANTON GRANVIK

No podemos cerrar este apartado sin comentar los siguientes ejemplos, pues constituyen dos casos preciosos de cómo la metáfora de revolución actúa en la expresión de TEMA/ASUNTO: (57) Cual de solitaria torre en torno están revolando fieras aves de rapiña, cuando el sol baja al ocaso, así en torno de don Pedro vuelan pensamientos varios, cuyas sombras ofuscaban de su semblante los rasgos (Romances históricos, CE, XIX). (58) Washington Delgado y Carlos Eduardo Zavaleta, el 19 el tema central girará en torno a la música con Edgar Valcárcel, Manuel Cuadros Barr y Armando Sánchez Málaga. (Perú: Caretas:1425, CE, XX).

En (57) observamos cómo los pensamientos circulan por el aire, en torno de la persona que los fabrica, mediante el uso figurativo del verbo volar. En (58) encontramos el verbo girar para introducir el tema de un debate, otra expresión figurada muy llamativa. Así pues, desde la perspectiva de la metáfora de la revolución, el motivo de la expansión de las expresiones en torno a/de en español es evidente, ya que así se llena una laguna existente desde que (a)cerca de perdió la noción latina de ‘alrededor de’.

3.2.4. Con respecto a/respecto de Las locuciones con respecto a y respecto de presentan, en principio, dos valores distintos22. Tenemos, por un lado, los casos de TEMA/ASUNTO en sentido más o menos estricto, (ejemplos (59) a (62)) y, por otro, un valor general de ‘relación’, que puede observarse en los ejemplos (63) y (64) y que consideramos una extensión del de TEMA/ASUNTO. Aparte de estos dos valores, en los siglos XV y XVI se identifican asimismo muchos casos de respecto de, precedido de otra preposición, generalmente por, donde el complemento de la locución corresponde a un objeto directo, como revelan los ejemplos (65) y (66).

22

Hay que destacar que en las búsquedas realizadas nos hemos limitado a las expresiones exactas, sin incluir modificaciones ortográficas, lo cual implica que no hemos considerado realmente la diferenciación entre la forma culta respecto y la forma popular respeto, algo que seguramente influye en algún nivel en los resultados que presentamos; sin embargo, no parece que el valor de TEMA/ASUNTO, que es el que más nos interesa, se vea muy influenciado por esta elección, sino que son más bien los otros valores los que son menos frecuentes al limitarse la búsqueda a la variante ortográfica culta.

HABLANDO DE, SOBRE Y ACERCA DE LA GRAMATICALIZACIÓN

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Tema/asunto (59) Con respecto a la envidia que algunos de mis compatriotas me tienen, pienso que no se trata de un rasgo característico de nuestro pueblo, sino de un vicio común a toda la humanidad. (Epistolario. Selección, CE, XVI). (60) Todo lo dicho con respecto a la propiedad de los particulares debe entenderse con las de las corporaciones (Elementos de economía polít..., CE, XVII). (61) observaciones de crítica profunda con respecto a su obra. (El que vendrá, CE, XIX). (62) Recopilación, donde se manda lo mismo respecto de virreyes, gobernadores y otros cualesquiera ministros de justicia y oficiales de la Real Hacienda (Política indiana. Libro ter..., CE, XVI). Relación (63) No porque estas plagas sean sólo pasajeras con respecto a la población, dejan de ser horrorosas y de las más aflictivas para los hombres (Elementos de economía polít..., CE, XVII). (64) llegado a tal coyuntura, perecieran todos los de dentro, que eran muy pocos respecto de la multitud de bárbaros que acometieron; y consta haber sido esto de mayor (Crónica del Reino de Chile, CE, XVI). Objeto (genitivo objetivo) (65) quier por la honra: & veneracion de su diuino marido: quier por respecto de sus fijos reyes: o por la grande: & special virtud dela misma (De las mujeres ilustres en..., CE, XV). (66) sujetar la tierra por Su Majestad tan fácilmente, poniéndoles por nombre Islas Filipinas por respecto de su nombre. (Itinerario, CE, XVI).

En la tabla 7 se presentan las frecuencias relativas de los distintos usos de con respecto a/respecto de. Como puede observarse, hay una diferencia notable tanto en el número total de ejemplos analizados como en el momento de aparición de las dos locuciones. La aparición más tardía de con respecto a se explica fácilmente por el hecho de que constituye una variante más compleja. De hecho, muchos de los ejemplos de respecto de incluyen, como revelan los ejemplos (65) y (66), una preposición antepuesta a respecto de, mientras que en el caso de con respecto a la secuencia trimembre está fijada. Especialmente en los casos clasificados como objeto la presencia de una preposición antepuesta, típicamente por, es recurrente. En la tabla 7 se observa cómo el valor de TEMA/ASUNTO paulatinamente se va haciendo más frecuente, alcanzando la mitad de los usos de ambas expresiones para el siglo XIX. Por otro lado, consideramos notable también que el valor que hemos denominado “relación” se mantenga presente a lo largo de los siglos, lo cual indica que es un valor al menos tan importante para las dos locuciones que investigamos como el de TEMA/ASUNTO. Por otra parte, esta convivencia es una consecuencia muy natural del hecho de que se trata de dos valores semánticos estrechamente relacionados, donde el uno empieza donde el otro termina.

108

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TABLA 7 Distribución relativa de los diferentes significados de con respecto a y respecto de con respecto a

XIII

XIV

XV

XVI

XVII

XVIII

XIX

XX

Promedio

TEMA/ASUNTO

0%

0%

0%

100%

10%

26%

53%

45%

45%

Relación

0%

0%

0%

0%

90%

74%

48%

56%

55%

0

0

0

1

10

58

200

200

469

respecto de

XIII

XIV

XV

XVI

XVII

XVIII

XIX

XX

Promedio

Objeto

0%

0%

47%

13%

2%

1%

1%

0%

5%

TEMA/ASUNTO

0%

33%

9%

26%

24%

30%

47%

68%

57%

Relación

0%

67%

44%

61%

74%

70%

53%

32%

38%

0

3

45

200

180

197

200

200

1025

N

N

En un plano comparativo, podemos considerar que aunque con respecto a es más tardío y menos frecuente diacrónicamente, es también más claramente temático, lo cual quizá esté relacionado con su mayor grado de fijación formal. En contraste con respecto de, no encontramos casos de con respecto a que no sean clasificables o como de TEMA/ASUNTO o como de relación, lo cual equivale a decir que esta expresión, una vez formalmente fijada, se especializa como marcador de relación general y de TEMA/ASUNTO. Respecto de, por su parte, es siempre más frecuente que con respecto a, y también más variable. Ello es una consecuencia natural del hecho de que carece de preposición inicial. Por eso, en los siglos XIV y XV, especialmente, antes de que se estabilice la forma sin preposición inicial a partir del siglo XVI, abundan locuciones tripartitas del tipo al respecto de, en respecto de, por respecto de, etc. que presentan significados variables, entre ellos, el de objeto (ejemplos (65) y (66)). Además, en el siglo XVII, aparecen seis casos de respecto de sin preposición inicial que no corresponden a los tipos principales (TEMA/ASUNTO, relación, objeto), como puede observarse en los ejemplos (67) y (68). En el primero, respecto de tiene valor concesivo: ‘pese a, a pesar de’ sus canas; y en (68) encontramos una relación final, donde expresa un valor semejante al de para ante los infinitivos exhortarla y advertirla23. En nuestra opinión estas dos extensiones 23

En este contexto es interesante notar que, según el DCECH (s.v. espectáculo), la secuencia respeto de en la EM podía aparecer con el valor ‘a causa de’, otro indicio de la gran plasticidad semántica del sustantivo respe(c)to.

HABLANDO DE, SOBRE Y ACERCA DE LA GRAMATICALIZACIÓN

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semánticas se relacionan con el uso objetivo de la preposición de en combinación con nombres deverbales24, algo que es relativamente patente en el ejemplo (68), donde el complemento encabezado por de indica el objetivo del respecto, que aquí debe entenderse como ‘asunto’, ‘ocasión’, ‘motivo’. (67) Huyóse, pues, a Atenas, donde el rey Egeo, padre de Teseo, la dio acogida, y aficionado de ella, pues respecto de sus canas aún era Medea hermosa, la recibió por mujer (Historias y leyendas, CE, XVII). (68) don Fernando, ordenando primero con el hermano que mudase la habitación a la ciudad respecto de exhortarla y advertirla lo bien que le estaba el recato. (Los hermanos amantes, CE, XVII).

Con respecto a la combinatoria sintáctica, los datos del corpus demuestran que con respecto a y respecto de son más propensos a usarse como marcadores de TEMA/ASUNTO independientes que las expresiones analizadas anteriormente. Como revelan los datos de la tabla 8, si bien tanto con respecto a como respecto de se usan más frecuentemente como complementos de sustantivos, el uso independiente ocupa el segundo lugar. Sin embargo, aquí puede observarse también una diferenciación entre ambas expresiones, pues los usos independientes de con respecto a siguen una curva ascendente, mientras que la curva correspondiente a respecto de va en dirección contraria. Para terminar, cabe recordar que tanto con respecto a como con respecto de presentan dos usos estrechamente relacionados, es decir, expresan, por un lado, una relación general y, por otro, una relación de TEMA/ASUNTO, la cual se diferencia de la relación general por el hecho de estar más específicamente relacionada con el contexto comunicativo. Es decir, según nuestra caracterización prototípica, la noción de TEMA/ASUNTO consiste esencialmente en una relación de dependencia entre verbos y sustantivos de comunicación y de pensamiento y el tema al que conciernen. En este sentido, pues, los casos de relación general identificados en este subapartado suponen el punto final del ámbito semántico de TEMA/ASUNTO, entendido en un sentido amplio. De este ámbito se extienden algunas de las relaciones en las que participan las expresiones con respecto, especificando, más bien, una relación general, es decir, un valor temático que se sitúa en el nivel oracional, y no en el nivel sintagmático propio de nuestra definición. Por otro lado, cabe constatar, una vez más, que los ejemplos analizados no ofrecen ninguna clave definitiva para determinar el porqué de la aparición de las preposiciones de apoyo (a, con y de, respectivamente), si bien, evidentemente, es posible explicar su aparición; así, de aparece típicamente para introducir el 24

Véase Granvik (2012: 203-212) para un desarrollo más detallado de estas ideas.

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TABLA 8 Distribución relativa de los usos temáticos de con respecto a y respecto de por contexto sintáctico con respecto a

XIII

XIV

XV

XVI

XVII

Independiente

0%

0%

0%

100%

CN

0%

0%

0%

CV

0%

0%

CA

0%

N

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XIX

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34%

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0%

0%

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0%

0%

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33%

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17%

20%

0%

0%

0%

0%

0%

1%

3%

2%

0

0

0

1

1

15

104

89

210

respecto de

XIII

XIV

XV

XVI

XVII

XVIII

XIX

XX

Promedio

Independiente

0%

0%

25%

58%

39%

37%

27%

20%

31%

CN

0%

100%

0%

12%

18%

34%

43%

51%

37%

CV

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0%

75%

25%

36%

29%

30%

29%

30%

CA

0%

0%

0%

6%

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0%

0%

0%

2%

N

0

1

4

52

44

59

93

136

389

complemento del sustantivo respecto, sea argumental (objeto directo) o no, mientras que a, más tardío, supone una alternativa, semánticamente más transparente tal vez, para indicar el objeto de respecto – especialmente cuando se trata de un objeto de persona–, cuando este ya viene introducido por con, situación en la cual se entiende que ‘se debe tratar con respeto a alguien’. Sin embargo, como hemos constatado antes, las explicaciones de este tipo quedan en el nivel de las hipótesis, sin ejemplos que nos permitan documentar tal evolución. Igual que en los subapartados anteriores, los datos simplemente presentan un estado de las cosas demasiado avanzado, un estadio demasiado evolucionado y acabado, como para que sea posible determinar con seguridad cuál ha sido el motor de cada modificación formal y semántica. Lo que nos aventuramos a decir, en cambio, es que el sustantivo respecto/ respeto, en la evolución de las expresiones en cuestión, parece haber sufrido una serie de modificaciones que permiten sugerir que se trate de un proceso de gramaticalización. El resultado de esta gramaticalización es la lexicalización no de una, sino de dos locuciones que presentan un valor semántico de TEMA/ASUNTO o de relación general, claramente más gramatical que el significado básico

HABLANDO DE, SOBRE Y ACERCA DE LA GRAMATICALIZACIÓN

111

de ‘respeto, consideración, miramiento’ (cf. DCECH, s.v. espectáculo). Sin embargo, la lexicalización de estas locuciones es otra historia, pues ambas permiten modificación sintáctica, es decir, la posibilidad de intercambiarse a y de como elemento final (con respecto a/de, respecto a/de, en la lengua actual). Así, resulta oportuno cerrar este apartado con los ejemplos (70) a (72), que datan de la época medieval, y que revelan justamente cómo es el significado extendido y atenuado de respecto lo que permite la interpretación temática y de relación general: Tema/asunto (69) al santo omne desesperar la vida deste mundo mucho es considerar: al respecto de la vida que sienpre ha de durar désta non aver fiuzia, (Libro rimado de Palacio, CE, XIV). (70) Es tierra muy alta, y toda campiña o rasa y de muy buenos aires, y no se a visto tanto frío como allí, aunque no es de contar por frío, mas díxolo al respecto de las otras tierras (Textos y documentos complet..., CE, XV). Relación (71) La primera es ygualdad en general que es fallada enla especia del ome a respecto de quantas alimanias ay enel mundo. (Sevillana medicina, CE, XIV).

4. Consideraciones finales Al inicio de este trabajo, nos planteamos tres objetivos centrales para guiar la investigación, cuyos resultados más significativos intentaremos resumir en lo que se sigue. Sin embargo, como es natural en los trabajos científicos y como hemos podido ver en las páginas anteriores, en el camino han ido surgiendo una cantidad de ideas y preguntas adicionales, que también trataremos de comentar y conectar con los resultados más específicos. Con respecto al primer objetivo, que era presentar un panorama de los procesos formativos del paradigma de marcadores de TEMA/ASUNTO, podemos constatar que hemos podido observar la aparición y el establecimiento de tres locuciones prepositivas nuevas para la expresión de este valor semántico. Como marcadores de TEMA/ASUNTO, las tres expresiones han hecho su entrada en la lengua sucesivamente en momentos distintos, siendo las formas creadas en torno a cerca las primeras en aparecer. Los primeros ejemplos de este nuevo uso de cerca de datan del siglo XIV y para el siglo XVI TEMA/ASUNTO ya constituye el valor principal de acerca de. La segunda en aparecer es respecto de, que hace su entrada entre los siglos XV y XVI, mientras que su pareja, con respecto a, tardará varios siglos más en establecerse con este valor. En el siglo XIX tanto con respecto a como respecto de se han establecido con la forma y el uso que tienen en la

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actualidad. Finalmente, las expresiones en torno de/a empiezan a presentar usos temáticos en los siglos XVIII y XIX, respectivamente. Sin embargo, el “panorama de los procesos formativos” no llega mucho más allá de esta caracterización general, pues en el nivel detallado de las pequeñas modificaciones y adiciones, los datos analizados no permiten presentar una historia completa de la evolución de estas expresiones. Es posible verlas aparecer y establecerse en los textos, tras un periodo de uso variable, pero solo en muy raras ocasiones la variación es tal como para darnos pistas específicas sobre los factores realmente importantes. Es decir, hemos podido aislar algunos casos llamativos de la variación semántica del sustantivo respecto, lo cual posiblemente sea uno de los hechos que posibilita su paso de un nombre léxico pleno al formante gramatical que es en las locuciones respecto de y con respecto a. De la misma manera, hemos observado algunos contextos ambiguos del uso de en torno de, donde es posible intuir cómo la idea concreta de ‘alrededor’ puede dar paso a la noción abstracta de ‘que trata de’ (TEMA/ASUNTO). Pero brillan por su ausencia los indicios de por qué se aglutinaron a los sustantivos núcleos las preposiciones que hoy en día se incluyen entre sus elementos constitutivos. El segundo objetivo, dar cuenta de las diferencias existentes entre las expresiones de TEMA/ASUNTO, nos ha llevado a explorar los contextos de uso de las diferentes expresiones. Este análisis nos revela esencialmente dos cosas. Por un lado, revela que podemos hablar, en un plano general, de tres tipos de marcadores de TEMA/ASUNTO, tal y como entendemos esta noción. Por otro, que podemos apreciar una especialización de las expresiones analizadas, en el sentido de que tienden a preferir unos contextos de uso determinados. En primer lugar, tenemos las preposiciones de y sobre, que funcionan como expresiones temáticas típicas de los contextos regidos, es decir, como complementos de verbos y sustantivos. En la función de complemento del nombre, sobre prefiere combinarse con sustantivos de comunicación, donde funciona como el marcador de TEMA/ASUNTO por excelencia en la lengua actual. De, en cambio, es el complementador nominal por excelencia, lo cual se refleja en que su capacidad de expresar TEMA/ASUNTO tiene una importancia secundaria en relación con sobre. En segundo lugar, tenemos las locuciones acerca de y en torno a/de que también se especializan para expresar TEMA/ASUNTO en combinación con sustantivos y verbos. En este sentido, podríamos considerarlos formas marcadas de estos dos contextos, donde funcionan como alternativas llamativas en las situaciones donde se necesita una expresión de TEMA/ASUNTO explícita por razones de desambiguación, de claridad comunicativa o de estilo. Sin embargo, en el caso de en torno a/de la preferencia por el contexto nominal alcanza el 70 por ciento, mientras que en el caso de acerca de el balance está más equilibrado con un 50 por ciento de usos nominales frente a un 40 por ciento de usos verba-

HABLANDO DE, SOBRE Y ACERCA DE LA GRAMATICALIZACIÓN

113

les. En tercer lugar, tenemos las locuciones con respecto de y respecto de, que constituyen un caso aparte, pues forman parte claramente del ámbito del tema discursivo. Es decir, casi una tercera parte de los usos de con respecto a constituyen casos de TEMA/ASUNTO independiente, con lo cual se alejan del prototipo de TEMA/ASUNTO y se acercan a expresiones discursivas como en cuanto a. Por otro lado, como hemos tenido ocasión de mencionar en las líneas justamente anteriores, aunque las expresiones analizadas tienen su contexto de uso preferido, lo curioso es que todas parecen favorecer la función de complemento nominal. Es decir, no importa cuál de las siete expresiones escojamos, cada una de ellas presenta una frecuencia de uso mayor como complemento de un sustantivo que como complemento de un verbo o como marcador de TEMA/ASUNTO independiente. Por ejemplo, aunque acabamos de destacar con respecto a como la expresión que más se usa como marcador no regido, también esta presenta una frecuencia de uso de casi el 50 por ciento como complemento nominal en los datos del siglo XX. Esto hace preguntarse cuáles son los marcadores de TEMA/ASUNTO típicos de los verbos de comunicación. La respuesta que ofrecen nuestros datos es que acerca de y sobre son las expresiones que presentan las frecuencias más elevadas, pero ninguna de las dos alcanza un promedio por encima del 40 por ciento para los siglos XVIII a XX. La conclusión que podemos sacar de todo esto es que la noción de TEMA/ASUNTO, tal y como nos la representan las expresiones temáticas analizadas, resulta ser un marco conceptual sorprendentemente homogéneo, donde una expresión tras otra parece correr la misma suerte: acabar prefiriendo expresar una relación de TEMA/ASUNTO que depende de un sustantivo de comunicación, como debate, o de pensamiento, como opinión. El que una u otra expresión desarrolle usos secundarios o terceros donde se combinan con otro tipo de elementos parece ser una parte menos importante de su historia. Como decíamos al terminar los comentarios acerca del primer objetivo –y con esto volvemos al comentario de los objetivos principales de la investigación– no hemos podido identificar claramente las fases formativas necesarias para poder determinar que la formación de las expresiones analizadas corresponda nítidamente a procesos de gramaticalización y/o lexicalización. Y este era el tercer objetivo, es decir, relacionar estos dos procesos en la formación de locuciones prepositivas como acerca de, en torno a y con respecto a. ¿Qué podemos decir al respecto tras el análisis de algunos miles de ejemplos, que no pueda decirse mirando simplemente las tres expresiones que acabamos de listar y reflexionando sobre su posible formación? Un hecho destacable es que parece necesario adoptar varias perspectivas para indagar sobre la historia de estas expresiones. Así, desde la perspectiva de las locuciones enteras, parece claro que el único caso que se acerca a un caso de gramaticalización es con respecto a, donde la

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locución prepositiva llega a presentar usos propios de un marcador discursivo. Consideramos, pues, que hay una diferencia notable en el grado de correspondencia a la noción de TEMA/ASUNTO tal y como nosotros la hemos definido, entre los usos regidos y los usos independientes de con respecto a. En los usos regidos el valor temático es más específico y determinado que el tema discursivo (cf. Zubizarreta 1999; Pons 2001-2002, 2005), pues está más ligada al contexto de comunicación y pensamiento. Para el tema discursivo no importa el contexto semántico en que aparece, sino que lo importante es que haya un contexto lingüístico, lo cual está entre lo más general que puede postularse25. Con las demás expresiones (sobre, acerca de o en torno a/de), en cambio, no parece posible constatar que hayan pasado por un proceso de gramaticalización en cuanto locuciones. Estas simplemente existen o se van formando, y desarrollan nuevos significados que siempre corresponden a su uso como preposiciones. En cambio, desde la perspectiva interna, ya comentamos el hecho de que el sustantivo núcleo que más claramente evoluciona hacia un significado gramatical es respecto. Y en el apartado del análisis pudimos incluso destacar algunos ejemplos llamativos de cómo respecto con el sentido de ‘relación’ se separa de respeto. También hay una generalización semántica en el paso de ‘alrededor de’ a ‘tema/asunto’ en el caso de en torno de, y de ‘posición contigua’ a ‘tema/asunto’ en acerca de, pero la verdad es que los datos nos ofrecen indicios tan tenues que no permiten trazar esta evolución como una gramaticalización. Lo mismo es verdad con respecto a la gramaticalización de las preposiciones a y de para la función de “preposicionalizadores” (cf. Bartens/Granvik 2012), es decir, es una idea atractiva pero que necesita más documentación para poder confirmarse empíricamente de manera sólida. Para terminar, quisiéramos destacar que si bien el estudio se ha realizado siguiendo una perspectiva semasiológica relativamente tradicional, centrada como está en el uso de siete expresiones concretas, desde una perspectiva onomasiológica hemos podido presenciar un auge considerable de nuevo vocabulario relativo al campo semántico de TEMA/ASUNTO. Merece la pena volver a mencionar asimismo que la aparición de en torno a/de para expresar TEMA / ASUNTO supone la reintroducción definitiva de la metáfora de la revolución en el repertorio de las expresiones temáticas del español, pues desde que acerca de perdió el valor de ‘alrededor de’ que tenía en latín, el español no contó con una expresión revolucionaria para expresar este valor hasta la aparición de en torno a/de.

25 En este punto cabe recordar asimismo la noción conceptual más básica de la relación temática de Langacker (1991: 287-288).

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Por otro lado, han aparecido una cantidad de interrogantes adicionales sobre varios aspectos de la historia de estos elementos que no hemos podido abordar aquí. Pensamos, por ejemplo, que cada una de las locuciones analizadas merecería un estudio aparte –empezando por un riguroso análisis cuantitativo de todos los posibles factores que afectan su aparición en los contextos más importantes–, lo cual tal vez permitiría revelar algunas diferencias más profundas en su repartición del trabajo que comparten como marcadores de TEMA/ASUNTO. Por otro lado, un análisis que partiera de los verbos y sustantivos núcleos tal vez podría revelar otra faceta de las expresiones preferidas de estos contextos típicos. Y, evidentemente, analizar los usos independientes y sus características específicas también ayudaría a acercar las dos nociones de tema que hemos intentado familiarizar la una con la otra en este trabajo. En fin, aunque aún queda mucho por hacer en este campo relativamente poco estudiado, no estaríamos planteándonos estudios futuros si no hubiesen salido a la luz nuevos datos intrigantes que reclaman explicaciones e indagaciones más profundas.

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CUESTIONES METODOLÓGICAS EN EL ESTUDIO DE LAS PERÍFRASIS VERBALES: I N T E R R E L A C I O N E S E N T R E S I N TA X I S , SEMÁNTICA Y PRAGMÁTICA* PATRICIA FERNÁNDEZ MARTÍN1 Universidad Complutense de Madrid

0. Introducción Las relaciones entre la semántica y la gramática han apasionado a los lingüistas, al menos, desde el siglo XIX. Por lo general, los expertos entienden que la lengua, adquirida en sociedad, consta analíticamente del léxico, esencial para comprender el mundo al poder nominarlo, y la morfosintaxis, útil para establecer relaciones simbólicas más allá de lo estrictamente referencial. Asimismo, aquél sería aprendido de memoria a modo de lexicón dada la arbitrariedad existente entre significante y significado, mientras que ésta estaría configurada por reglas que permitirían la unión coherente de los componentes del diccionario (Piera/Varela 1999; Moreno Cabrera 2003; Hurford/Heasley 1997; Lyons 1997). Dentro de este contexto de inquietudes es donde debe situarse uno de los dos objetivos de este texto, que trata de definir el concepto de perífrasis verbal situado en un continuum cuyos extremos están constituidos por la gramática y el léxico. Para ello, comenzaremos trayendo a colación las cuestiones metodológicas más relevantes acerca de estas construcciones morfosintácticas: la definición de su concepto, la manera de aprehenderlo empíricamente y la delimitación real aplicable al análisis lingüístico de un corpus del siglo XVII, formado por las Car-

* La primera parte de este texto es fruto de una comunicación realizada en el Seminario Internacional Gramaticalización, lexicalización y tradiciones discursivas, que tuvo lugar en la Universidad de Helsinki (Finlandia) los días 13 y 14 de octubre de 2011. La segunda parte se presentó en el Coloquio Internacional La creación de gramática, léxico y textos. Interrelaciones, en la Universidad de Tubinga (Alemania), entre el 13 y el 15 de junio de 2012. Todo ello, es decir, tanto la organización de sendos congresos como la redacción de los respectivos textos, se enmarca dentro del Proyecto Programes 3, referencia FFI2008-02828/FILO, financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación (España). 1 Agradezco la revisión del borrador del texto a Francisco Javier Herrero Ruiz de Loizaga. La responsabilidad sobre la versión final, sin embargo, es absolutamente mía.

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tas, de Félix Lope de Vega, y el Buscón, de Francisco de Quevedo. De la mano de este corpus textual reflexionaremos, además, sobre los principales problemas metodológicos que surgen al tener que seleccionar un corpus como muestra teóricamente representativa del estado de lengua que pretendemos estudiar. El segundo gran objetivo de este trabajo parte de la morfosintaxis y la semántica y llega a abarcar la pragmática. Consiste en comprobar empíricamente hasta qué punto la situación comunicativa en la que se produce un discurso influye sobre la semántica de sus perífrasis verbales. Esto es lo que trataremos de hacer en la segunda parte del trabajo, en la que, tras una descripción y clasificación semántica de nueve perífrasis, se procederá a su análisis cuantitativo en el corpus, conformado por textos áureos aparentemente muy diferentes, como son las Cartas de la conquista de Orán (1509-1510), Menosprecio de corte y alabanza de aldea (1539), de Antonio de Guevara, y los pasos de El deleitoso (1567), de Lope de Rueda, previamente definidos siguiendo ciertas pautas de la lingüística del texto que hemos adaptado a nuestros propósitos. La pregunta que nos interesa responder aquí es: ¿existe una verdadera relación entre las esferas semánticocognitivas de las perífrasis verbales elegidas y el tipo de género discursivo en el que aparecen?

1. Cuestiones metodológicas 1.1. EL CONCEPTO DE PERÍFRASIS VERBAL Definir el concepto de perífrasis verbal no resulta una tarea sencilla. En función de la tradición investigadora a la que pertenezca el estudioso, tenderá a centrarse en factores más cercanos a la sintaxis (Gómez Torrego 1988, 1999; Iglesias Bango 1988; Fernández de Castro 1999; Roca Pons 1958), a la semántica (Morera 1991) o a ambos (Dietrich 1983; Veyrat Rigat 1993; Yllera 1999), tratando siempre de justificar las múltiples excepciones que existen a muchos de los aspectos que suelen proponerse como característicos de estas construcciones. Para mostrar algunos de los problemas que esta categoría analítica supone, vamos a partir de la definición de Gómez Torrego (1999: 3325), según la cual una perífrasis verbal sería “la unión de dos o más verbos que constituyen un solo ‘núcleo’ del predicado”, entendiendo por tal que ambos han de estar jerárquicamente al mismo nivel, de forma que ninguno de los dos complemente al otro. El primero aporta los rasgos eminentemente morfológicos de número, tiempo y persona, mientras el segundo, en forma no personal (participio, infinitivo o gerundio), añade a la construcción el significado eminentemente léxico. La coaparición de ambos verbos dota a la estructura de significado aspectual o tempo-

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ral, dado que el matiz semántico de la perífrasis verbal en conjunto, en muchas ocasiones, supera al de la suma de sus partes (Veyrat Rigat 1993). El principal problema que vamos a encontrarnos es la manera de aprehender empíricamente esa unión de dos verbos. Dado el carácter dudoso de los criterios semánticos (Yllera 1999: 3396; Veyrat Rigat 1997: 38), vamos a centrarnos en algunas pruebas principalmente morfosintácticas, divisibles en tres grupos: a) las que afectan al auxiliar de la construcción; b) las que afectan a su auxiliado y c) las que se aplican a ambos. El primer grupo comprende una serie de pruebas sintácticas, de las que podemos destacar dos. La primera es la denominada “renuncia a valencias objetivas” del auxiliar, según la cual este rechaza su relación con otros complementos, de tal manera que si en una oración aparece un complemento que pudiera interpretarse como único del verbo conjugado, estaríamos ante una construcción no perifrástica (Vino a llorar hasta aquí, arrimada a su madre […]) o incluso agramatical (*La decisión volvió al lugar a ser comunicada de otra forma) (Fernández de Castro 1999: 29). En la época estudiada –aunque también en el español actual–, existen numerosísimos ejemplos en los que el verbo principal aparece con complementos propios, entre los que se encuentra la forma no personal que debería hacer las veces de co-núcleo y cuya función, en realidad, resulta compleja de determinar, lo que indica que probablemente no será una construcción perifrástica (Veyrat Rigat 1997: 41): (1) Quedáronse en la cama, digo envueltos en una manta, la cual era la que llaman ruana, donde se espulgan todos (Buscón, p. 244). (2) Encajamos duques y condes en las conversaciones, unos por amigos, otros por deudos; y advertimos que los tales señores, o estén muertos o muy lejos (Buscón, p. 215). (3) Todo esto me tenía revolviendo pareceres, y casi determinado a dejar la monja, aunque perdiese mi sustento. Y determinéme el día de San Juan Evangelista, porque acabé de conocer lo que son las monjas (Buscón, p. 297). (4) Y no es V.m. el primero a quien sucede, pues llegando un amigo de Camoes a leerle un soneto y preguntado qué le parecía, dijo que no le entendía, y habiéndoselo explicado muy despacio, respondió Camoes que aquello entendió él que quería decir, mas que no lo decía el soneto (Cartas, p. 163). (5) Lindo día tuvieron ayer Reina y Príncipes en el Parque, que verdaderamente es un paraíso; fueron todas estas señoras damas en borricos y anduvieron en ellos dando carreras por las de aquellos cuadros; díjome Candil que caían; sí harían, por que las subiesen (Cartas, p. 119).

Así, en los ejemplos (1), (3), (4) y (5), la forma no personal se encuentra demasiado alejada sintagmáticamente como para poder pertenecer al núcleo verbal y

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formar fácilmente una perífrasis. Además, el adjunto que en cada caso complementa al verbo principal, parece, efectivamente, llenar la valencia necesaria de complementos verbales, por lo que difícilmente puede entonces dicha forma no personal fusionarse con el auxiliar para formar un todo conjunto, que ya está así semánticamente delimitado y no necesita más para realizarse por completo. El complemento circunstancial de lugar en la cama (1), el de modo revolviendo pareceres y coordinado con casi determinado en (3), el sujeto un amigo de Camoes (4) y nuevamente un complemento de lugar en ellos (5) impiden al auxiliado exigir sus propios complementos y, asimismo, permiten una interpretación del auxiliar como verbo pleno, lo que radicalmente aleja a la estructura de una posible concepción perifrástica: se impide, por tanto, que los verbos auxiliados formen núcleo con los auxiliares y, sin embargo, conformen sendos complementos circunstanciales (envueltos en una manta en (1); determinado a dejar la monja en (3); a leerle un soneto en (4) y dando carreras por las de aquellos cuadros en (5)). En el caso de (2), el problema viene de la mano de la coordinación disyuntiva existente entre el participio y el sintagma adverbial muy lejos, bajo mandato del mismo verbo estar. Si bien parece claro que se trata de una perífrasis resultativa al unirse con el participio muerto, el hecho de que este pueda coordinarse con un sintagma adverbial implica un posible acercamiento funcional del auxiliado al adverbio, lo que a su vez supone un alejamiento del verbo estar como auxiliar y un acercamiento a su significado local y, por tanto, pleno. No obstante los problemas de la naturaleza participial (Fernández Martín 2012b), nos decantamos por considerar este ejemplo perifrástico debido al acercamiento sintagmático entre el verbo estar y su participio y al claro significado resultativo en ese caso (y en ningún caso de lugar). Como consecuencia, ¿cabe interpretar que un ejemplo como (6) sí es perifrástico y un ejemplo como (7) no lo es, dada la aparición del complemento circunstancial de lugar por el camino, que impide una completa fusión con el gerundio, a pesar de que se trata del mismo verbo auxiliar y de la misma forma no personal? ¿Hay algún modo de aclarar la diferencia que vaya más allá de la semántica o, al menos, que comprenda rasgos sintácticos más aferrables que la simple metaforización, producto de la gramaticalización, del verbo auxiliar? ¿Tendría sentido trabajar con un concepto perifrástico gradual? Y, en caso afirmativo, ¿dónde se encontrarían los límites entre los distintos grupos que se estableciesen (cf. apartado 2.1)? (6) Bien tendrá que obedecer en sí mismo, cuando le suceda; a mí, con todos los fieros y braveza destos días, me va sucediendo algo de lo que V. E. me pronostica, mas para eso es el ánimo, la obligación al oficio y la prudencia de la edad con la vergüenza de las canas (Cartas, p. 191).

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(7) Yo me iba entreteniendo por el camino, considerando en estas cosas, cuando, pasado Torote, encontré con un hombre en un macho de albarda […] (Buscón, pp. 168-169).

La otra prueba que queríamos mencionar dentro de los criterios sintácticos que afectan al verbo conjugado es la permutabilidad del clítico: si es posible colocarlo libremente antes del auxiliar o después del auxiliado, nos encontramos ante una construcción perifrástica, como puede verse en Se le puede caer la sopa y Puede caérsele la sopa, donde el significado es exactamente el mismo –los clíticos aluden a idéntico referente– a diferencia de lo que ocurre cuando la construcción no lo es, en cuyo caso, aunque gramaticales, son construcciones semántica y sintácticamente diferentes (Se lo oí decir a Juan vs. Oí decírselo a Juan)2. La poca fiabilidad de esta prueba para el español actual (Fernández de Castro 1999: 30; Gómez Torrego 1999: § 51.1.2.7; Yllera 1999: 3399), puede permitirnos reflexionar sobre los problemas añadidos a la hora de aplicarla al español clásico, donde el orden de los clíticos era algo más flexible que en el español de hoy (Girón Alconchel 2005b: 878). Al fin y al cabo, la escasa eficacia de esta prueba para la sintaxis del español actual puede deberse, parcialmente, a esa fluctuación clítica del español áureo, cuando el pronombre podía aparecer antes (8, 12, 14) o después del auxiliar (9, 11) y después del auxiliado (10, 13), independientemente de que se tratara claramente de una construcción perifrástica o no, por lo que difícilmente puede servirnos para delimitar el concepto de perífrasis verbal en el siglo XVII: (8) Bien tendrá que obedecer en sí mismo, cuando le suceda; a mí, con todos los fieros y braveza destos días, me va sucediendo algo de lo que V. E. me pronostica, mas para eso es el ánimo, la obligación al oficio y la prudencia de la edad con la vergüenza de las canas (Cartas, p. 191). (9) […] y, como él no podía soltar las calzas, húbele yo de subir (Buscón, p. 208). (10) […] suplico a V. E. no crea de mí que por menos rigor dejara de serville; para prueba desta verdad lo será el mandarme cosas que no escedan de mi propósito, que la misma sangre de mis venas es corto encarecimiento (Cartas, p. 130). (11) Al fin, me puse donde pude; y podíanse ir a ver, por cosas raras, las diferentes posturas de los amantes (Buscón, p. 292).

2 La primera oración, en principio, permite tan sólo la interpretación ‘oí que Juan decía algo’, mientras que en la segunda caben dos interpretaciones. Por un lado, puede significar ‘oí que Juan decía algo a alguien’, en cuyo caso se y a Juan son correferenciales. Por otro lado, puede también implicar ‘oí que alguien decía algo a Juan’, donde se y a Juan refieren a personas diferentes. Se ve, pues, claramente la diferencia con respecto a las perífrasis verbales que nos ocupan.

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(12) Haga V. E., señor, por venir a verlo, que creo que las cosas de acá se van haciendo bien, y dígame V. E. qué pasó a aquella gran persona visitando a mi señora la Duquesa, pues allá lo habrán escrito (Cartas, p. 85). (13) El Prado siente el septiembre; las ferias comienzan a lamentarse de las tercianas; las Vírgenes se frecuentan, dándose cirios; hácense novenas […] (Cartas, p. 96). (14) Ellos se venían desgañifando, y dijéronme: –«¿Va por aquí un hombre, hermano?». –«Ahí delante, que aquí me pisó, loado sea el Señor» (Buscón, pp. 156-157).

En los tres primeros ejemplos, puede apreciarse que el clítico, complemento directo del verbo subir y servir, e indirecto de suceder, y por tanto, seleccionado por estos, aparece antepuesto al auxiliar, primero (8); pospuesto, después (9) y colocado tras el auxiliado, finalmente (10). En el siguiente par, el clítico, marca de pasiva refleja, se encuentra tanto pospuesto al verbo conjugado (11) como antepuesto (12), pero nunca lo hemos encontrado después del verbo principal, como ocurre en el ejemplo (13), donde el clítico está después de lamentar, con el cual forma claramente un verbo reflexivo, del mismo modo que desgañifar lo forma con el se antepuesto al auxiliar en (14). ¿Se puede deducir de estos ejemplos, pues, que el orden del clítico resulta determinante para definir el concepto de perífrasis verbal? Como vemos, puede utilizarse para comprender su funcionamiento y compararlo con otras categorías analíticas relacionadas, pero no creemos que sirva empíricamente para esbozar con mayor precisión nuestro concepto, entre otros motivos, porque la posición del clítico está relacionada con motivos suprasegmentales, semánticos y pragmáticos que atraviesan todo el sistema lingüístico (Girón Alconchel 2005b) y, por tanto, no son característicos exclusivamente de las perífrasis verbales. Dentro del segundo grupo de pruebas, aquellas que afectan a la forma no personal, cabría esperar que, de funcionar realmente como verbo y, por tanto, compartir la capacidad de ser núcleo con el morfológicamente principal, el verbo auxiliado debería rechazar la conmutación por un sustantivo, si es un infinitivo (15, 16); por el adverbio interrogativo cómo si es un gerundio (17, 18); o por cualquier adjetivo si es un participio (19, 20), en cuyo caso sería plenamente una perífrasis verbal (Gómez Torrego 1988: 16-17; 1999: § 51.1.2.1; Yllera 1999: 3397-3399; Veyrat Rigat 1997: 40-41). (15) (16) (17) (18) (19) (20)

Pensé en arreglar el jardín à Pensé en el arreglo del jardín. Debo arreglar el jardín à *Debo el arreglo del jardín. Los soldados vienen cantando por la carretera. –¿Cómo vienen? –Cantando. Esto viene siendo como te dije. -*¿Cómo viene? –*Siendo como te dije. Tu hijo anda enamorado à Tu hijo anda nervioso, triste. Te tengo dicho que te calles à *Te tengo nervioso, triste.

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Desde una perspectiva sincrónica, esta prueba resulta perfectamente compatible con la capacidad lingüística del investigador, dado que su lengua es, evidentemente, actual. Pero, ¿qué ocurre si tratamos de realizar la misma conmutación con un ejemplo del español áureo? Tomemos como ejemplo una de las perífrasis de participio, las más complejas de distinguir de sus correspondientes estructuras univerbales (las predicativas), debido, precisamente, a la doble naturaleza participial, verbal y adjetival a la vez (Fernández Martín 2012b): dependiendo del contexto lingüístico (naturaleza del auxiliar), esta forma no personal se acerca en determinadas ocasiones más funcionalmente al adjetivo (2, 19, 22) o al verbo (3, 20). La oración (21), evidentemente no perifrástica al no existir participio alguno, parece estar compuesta por un verbo de movimiento y un adjetivo complementado por el adverbio tan, lo que permite extrapolar la conclusión de que, en principio, ir + participio no puede ser perifrástico, debido a que es posible, en el plano paradigmático, la conmutación de un posible participio por el adjetivo verdaderos. El ejemplo (22), entonces, sería una simple estructura predicativa, en la que cubiertos formaría núcleo del sintagma adjetival complemento predicativo del verbo iban, independientemente de que su significado pueda implicar resultado (semejante al denotado por estaban cubiertos) y, a la vez, un metafórico movimiento enfatizado por el sujeto los caminos (los cuales, en realidad, ni van a ninguna parte, ni, de hacerlo, lo hacen de forma ‘cubierta’). Sin embargo, en nuestra opinión, este segundo caso se acerca enormemente a una perífrasis con significado resultativo, semejante a la formada con estar + participio, aunque con un matiz de movimiento en el espacio ausente en estar. (21) Esto es decir a V. E. que me saque deste fraile con mandar allá que los copie algún devotísimo escribano; yo no sé qué tan verdaderos van, pero sé que el original era mío (Cartas, p. 100). (22) Ya refresca en Madrid, señor excelentísimo, con que amaina la furia de nadar las mujeres en el cuitado Manzanares; cubiertos iban los caminos de borricos y jamugas; los sotos estaban de cantimploras y empanadas; el arroyo, de calientes ninfas revolcándose en más arena que aguas (Cartas, p. 90).

Asimismo, en (23) podemos comprobar que el participio funciona como un adjetivo al ser determinado por el comparativo de igualdad tan… como y, sin embargo, semánticamente no deja de formar un núcleo con fue y, por tanto, conformar una estructura pasiva atestiguada sintácticamente por el doble complemento agentivo introducido por de. En contraste, el ejemplo del Buscón (24), complementado de semejante manera por tan… que, no resulta perifrástico en absoluto, porque en ese caso, aunque maldito cumple morfológicamente con los rasgos participiales, el verbo ser hace las veces de cópula y no de formante de construcciones pasivas (Fernández Martín 2012b).

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(23) Demás que tan castigado fue de los que hablaban como de los que oían, que entendiendo los unos que decían una cosa, los segundos entendiesen otra […] (Cartas, p. 158). (24) Había confesado éste, y era tan maldito, que traíamos todos con carlancas, como mastines, las traseras […] (Buscón, p. 242).

Otra prueba que nos ayuda a comprender los problemas existentes en este tipo de estructuras es la coordinación de elementos funcionalmente similares con las formas no personales, de manera que si se coordina la forma auxiliada con una palabra de semejante categoría (infinitivo con sustantivo; participio con adjetivo y gerundio con adverbio o adjetivo que funcione como tal), no se trata entonces de una perífrasis. Así, es fácilmente comparable la oración *Debe descansar y mucho sueño, que funciona como perífrasis, con Necesita descansar y mucho sueño, que no lo es (Fernández de Castro 1999: 37-38; Gómez Torrego 1988: 180; Yllera 1999: § 52.2.1.7). En los siguientes ejemplos áureos podemos comprobar cómo se combinan dos elementos con jerarquía funcional idéntica: el mismo verbo como presuntamente auxiliar en el primer caso (andar bien vestido y andar limpio), y dos verbos distintos con el mismo auxiliado, en el segundo (26). Así, en (25), andar bien vestido, cuya construcción se acerca más a la predicativa que a la perifrástica, parece relacionarse directamente con andar limpio, donde no cabe ninguna perífrasis dada la evidente naturaleza adjetival del complemento del verbo andar, mientras que en (26) se puede interpretar que, dada la coordinación, los significados de poder y de saber en esa oración deberán ser muy semejantes. Este hecho, de ser cierto, puede establecer una pista muy interesante para comprender semánticamente el verbo poder y relacionarlo, aquí, más con la esfera semántico-cognitiva de la capacitación que la de la posibilidad, aunque también implica, claro está, que el verbo saber estaría igualmente más cercano a su significado de capacidad que al etimológico de ‘tener inteligencia’ (Gómez Torrego 1988: 98; 1999: § 51.3.1.6; Yllera 1980: 135 ss). (25) Proseguí diciendo que «por estorbar los grandes hurtos, mandamos que no se pasen coplas de Aragón a Castilla, ni de Italia a España, so pena de andar bien vestido el poeta que tal hiciese y, si reincidiese, de andar limpio una hora» (Buscón, p. 186). (26) […] que yo, señor, aunque hombre humilde, tengo alma tan grande que puedo y sé querer a V. E. desatinadamente, y si no, a la prueba, que aquí está la sangre (Cartas, p. 91).

Por lo que respecta a las pruebas que han de afectar a auxiliar y auxiliado, cabe destacar la pasivización, posible sólo sobre el verbo principal en las cons-

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trucciones perifrásticas. Dicha transformación, viable únicamente en las perífrasis de gerundio (El pirata está izando el pendón à El pendón está siendo izado por el pirata, y no *El pendón es estado izando por el pirata) e infinitivo (Juan suele patear a Pedro à Pedro suele ser pateado por Juan, pero no *Pedro es solido patear/pateado por Juan), implica una pérdida de capacidad de selección de argumentos por parte del verbo auxiliar, prueba de su desemantización (Veyrat Rigat 1997: 41; Gómez Torrego 1999: § 51.1.2.5). A nosotros nos sirve para reflexionar, una vez más, sobre el problema de aplicar conceptos del análisis sincrónico a un estado de lengua previo al actual. ¿Tiene algún sentido que escojamos una oración como (27) y la transformemos en oraciones como (28) o (29), que muestran claramente que se trata de una perífrasis verbal? (27) Muy bien hiciste en quebrarle la cabeza, que estas cosas, aunque sean verdad, no se han de decir (Buscón, p. 108). (28) Muy bien hiciste en quebrarle la cabeza, que estas cosas, aunque sean verdad, no han de ser dichas. (29) *Muy bien hiciste en quebrarle la cabeza, que estas cosas, aunque sean verdad, no son habidas de decir.

¿Resulta realmente efectivo que apliquemos las reglas de la lengua actual a un estado de lengua anterior que puede perfectamente funcionar de manera diferente en este fenómeno sintáctico? Al hacerlo, ¿no estamos dando por hecho que nuestra competencia lingüística es similar a la de un hablante nativo del español clásico? ¿No implica esto suponer que nuestra sintaxis es semejante a la suya y, por tanto, que lo agramatical hoy es también lo agramatical ayer –algo no del todo cierto, como bien es sabido–? Y, dado que nuestra única manera de conocer ese estado de lengua es a través de los textos que se nos ha legado, ¿cómo podemos saber si una construcción del siglo XVIII admite, por ejemplo, una estructura pasiva si las probabilidades de encontrarnos esa misma construcción en una voz diferente son bastante bajas?3 ¿El hecho de que apareciera de pronto un ejemplo en algún sitio cambiaría la regla general? 3

Si, por ejemplo, introducimos en el CORDE el participio habidas en textos del siglo de los 22 casos que aparecen, 7 son construcciones pasivas en las que el verbo tiene pleno significado de posesión (‘estaba la casa de aves, en donde el rey tenía todos cuantos géneros y diversidad había de aves y animales, sierpes y culebras traídas de diversas partes de esta Nueva España y las que no podían ser habidas’, 1640, Historia de la nación chichimeca). Por otro lado, en el Corpus del español de Mark Davies, hemos encontrado algún caso de construcción pasiva (un 3% aproximadamente) (‘considera la injusta empresa que a tu brazo espera y largos siglos ha de ser llorada’, 1594, Poesía, de Juan de Arguijo), pero indica que no XVII,

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No tenemos una clara respuesta a estas preguntas. O, por mejor decir, creemos que la respuesta más adecuada para ellas consiste en apartarlas durante el estudio lingüístico de los textos antiguos. Tenerlas siempre en mente es necesario para no caer en errores metodológicos de base, pero no tratar de minimizarlas durante el proceso implica trabarse en enredaderas que impiden al final ver el bosque que se tiene delante y evita el progreso científico. Esto es lo que tratamos de hacer en la segunda parte de este texto: superar todas estas reflexiones para seguir avanzando (cf. apartado 2).

1.2. LA RELEVANCIA DEL CORPUS Conocida de sobra es la importancia de la elección del corpus en la metodología filológica. El filólogo ha de delimitar la cantidad (y la calidad) de los textos que pretende estudiar porque en ellos va a encontrarse la clave de parte de las conclusiones de su estudio del fenómeno lingüístico, puesto que son dichos textos los que le proporcionan la llave de la cerradura de la puerta a la lengua que pretende analizar. Pero no hemos de olvidar que, incluso aunque emplee corpus electrónicos aparentemente más relevantes cuantitativamente que los tradicionales, los textos seleccionados siempre serán una mínima parte de la muestra real de lengua que interese al experto, no siempre lo suficientemente representativos de la lengua real (Osterreicher 2005; Fernández Martín 2012a: cap. IV). Así, el lingüista puede recurrir, por un lado, a determinadas obras completas per se (por ejemplo, una novela, un texto dramático, su poesía completa), que le den una idea íntegra del idiolecto de determinado autor, con el consiguiente inconveniente de estar delimitando el estudio al estilo y el lenguaje del escritor, uno entre tantos posibles. De este modo, cabe preguntarse por las razones que pueden estar detrás del hecho de que no haya ningún ejemplo con empezar a + infinitivo en las Cartas, de Lope de Vega, mientras que tan sólo sea uno el ejemplo con comenzar a + infinitivo (13), frente a los 37 de la primera y los 46 de la segunda en el Buscón. Asimismo, el que aparezca en esta obra de Quevedo con el mismo auxiliado, en el mismo tiempo verbal, persona y número puede interpretarse como una simple cuestión de estilo individual, en el uso de dos verbos con una clara sinonimia léxica.

se encuentra ningún caso al introducir los datos de búsqueda para textos del siglo XVII, con todas las formas de ser y el participio de haber, por lo que podemos deducir, con mucha cautela, que construcciones perifrásticas como la de (29) serían también agramaticales en la época.

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(30) Yo comencé a decir que me había visto tan ocupado con negocios de Su Majestad y cuentas de mi mayorazgo, que había temido el no poder cumplir; y que así las apercibía a merienda de repente (Buscón, p. 262). (31) Yo que me vi así, y rodeado de niños que se habían llegado, y delante de mi señora, empecé a decir: –¡Oh, hi de puta! ¡No fuérades vos valenzuela! […] (Buscón, p. 267).

Por otro lado, el investigador puede hacerse igualmente con recopilaciones de textos que hayan sido elaboradas con distintos objetivos, sean filológicos, paleográficos, históricos o didácticos (Fernández Martín 2012c). La ventaja de estos tipos de textos se encuentra en la visión general que ofrecen, sea desde una perspectiva diacrónica o sincrónica, mientras que entre sus principales inconvenientes se encuentra, claro está, la necesaria mezcla, en pro de la síntesis, de textos que quizá no sean todo lo comparables que se desearía. A este respecto, ¿cómo se puede saber si dos o más textos son realmente comparables? ¿Resulta posible extrapolar la idea de que el estudio de cualquier texto comparado con otro es metodológicamente aceptable? ¿Qué criterios debemos defender para poder tener la certeza de que los textos elegidos, además de representativos, tienen una mínima relación entre sí? Y, en caso contrario, ¿cómo podemos hacernos conscientes de las diferencias que los caracterizan? (Osterreicher 2005). Reflexionemos sobre esto a partir de los textos cuyos ejemplos venimos empleando: el Buscón (¿1605?/1626) de Quevedo y las Cartas (1604-1633) de Lope de Vega. En principio, ambos corpus textuales fueron escritos aproximadamente en las mismas fechas, por lo que desde la perspectiva sincrónica tienen perfecta relación. Además, ambos personajes pertenecieron a la corte imperial, tuvieron contacto mutuo e incluso llegaron a llevarse bien (Pedraza Jiménez 2009: 48-49). Pero nada de esto supone que se trate de textos que se puedan relacionar fácilmente: el Buscón es una novela picaresca, tan realista, satírica e irónica como se desee, pero atravesada por una espina dorsal de ficción que la aleja con creces de la realidad social filtrada por Lope de Vega que aparece en sus epístolas. Por otro lado, las intenciones también difieren. Francisco de Quevedo aparentemente trata de parodiar la sociedad de la época de la mano de un pícaro con el que se ríe de prácticamente todas las clases sociales, aunque en realidad lo que quizá consiga sea burlarse de la intención paródica del mismo género literario que acaba de surgir, la novela picaresca (Rodríguez Mansilla 2004-2005). Lope de Vega, por su parte, trata de contar sus desventuras, informar al duque de Sessa –principal receptor de sus textos– de las últimas novedades en la villa, consolarle con sus sucesivas desdichas y, en definitiva, caerle en gracia para lograr el mecenazgo que tanto desea (Marín 1985).

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Igualmente, los interlocutores son distintos. El texto quevedesco parecería dirigido a la nobleza –su misma clase social– como señal de tranquilidad por lo que pudiera venir, dado el –a ojos del autor– inamovible statu quo, aunque también podría estar pensando en un lector burgués al que le avisara de lo absurdo de la idea de la renovación de clases sin pasar por la limpieza de sangre. Además, dada la naturaleza ficticia del relato, no se puede nunca descartar que en la concepción del Buscón cupiera un lector anónimo disuelto en la masa social, a diferencia de lo que ocurriría en el caso de Lope de Vega, quien conocía perfectamente al lector de sus textos y en base a cuya posible reacción habría de componerlos, lo que le coloca en una clara situación de inferioridad dada la relación de poder que se establece sobre él (Marín 1985). ¿Saber todo esto sobre la producción de los textos cuyas perífrasis verbales analizamos sirve realmente para algo? En otras palabras, ¿influye de alguna manera en nuestro estudio de la sintaxis histórica conocer algunos datos sobre el contexto de producción de nuestro corpus? Creemos que la respuesta a estas preguntas debe ser afirmativa. Contar con ciertos datos sobre la situación de producción de cada uno de los discursos que componen el corpus resulta tremendamente útil no sólo para conocer con mayor profundidad a los protagonistas de la historia, aquellos que nos legan sus textos, a veces de forma completamente arbitraria e incluso sin desearlo, sino también para poder acotar el límite del propio concepto del texto, con la interesante intención de separar unos de otros y tratar, así, de aprehender sus atribuciones esenciales con rigor, determinando con la mayor exactitud posible cómo se diferencian entre sí. Es decir, lo que pretendemos con esto no es más que sugerir una serie de características que, partiendo del mismo texto, nos ayuden a delimitar los distintos géneros y nos permitan, al hacerlo, medir el grado de comparabilidad de los discursos con los que trabajamos. De este modo, si el lingüista analiza un fenómeno determinado en dos textos muy diferentes y desea comparar sus resultados, tiene todo el derecho metodológico a hacerlo, siempre y cuando sea consciente de las diferencias que existen entre esos textos. Creemos, pues, que una manera de hacerlo consiste en describir minuciosamente el contexto de producción en que se da el texto. Para ello habría que atender a diversas características de cada uno de los textos (intencionalidad, aceptabilidad, informatividad, situacionalidad, etc.) y a algunas otras que consideramos fundamentales de los productores del discurso (profesión, edad, sociedad, lengua, género o sexo) (Beaugrande/Dressler 1997; Fernández Martín 2012a). Como veremos a continuación (cf. apartado 2.2), tratar de describir el contexto en que se produce un texto implica una serie de inconvenientes entre los que se encuentra el riesgo de huir de la lingüística y acabar cayendo en la sociología, la antropología o la historia, aunque bien se puede pensar que, si se hace de

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manera razonable, esta perspectiva interdisciplinar no tiene por qué no enriquecer los conocimientos del filólogo. Al fin y al cabo, los límites de las disciplinas actuales son cada vez más difusos y resulta, precisamente por ello, cada vez más complejo decidir con total claridad cuándo alguien se está dedicando a uno o a otro saber. De hecho, será parte de ese contexto lo que nos ayude a explicar los problemas que cualquier editor de textos antiguos va a tener a la hora de seleccionar su obra base y que, como consecuencia, repercutirán sobre el estudio filológico. Así, por ejemplo, sabiendo que Quevedo nunca se proclamó autor del Buscón por miedo a la Inquisición y que pudo haber distintas redacciones de la obra (Ynduráin 1992, 2006), puede entenderse la diferencia existente entre estos dos párrafos, extraídos de sendas ediciones: (32) ¿Pensará V. Md. que siempre estuvimos en paz? Pues ¿quién ignora que dos amigos, como sean codiciosos, si están juntos, se han de procurar engañar el uno al otro? «Ésta ha de ser ruin conmigo, pues lo es con su amo», decía yo entre mí; ella debía de decir lo mismo porque chocamos de embuste el uno con el otro, y por poco se descubriera la hilaza. Quedamos enemigos como gatos y gatos, que en despensa es peor que gatos y perros4. (33) ¿Pensará v. m. que siempre estuvimos en paz? Pues ¿quién ignora que dos amigos, como sean codiciosos, si están juntos, se han de procurar engañar el uno al otro? Sucedió que el ama criaba gallinas en el corral; yo tenía gana de comerla una. Tenía doce o trece pollos grandecitos, y un día, estando dándoles de comer, comenzó a decir: –«¡Pío, pío!»; y esto muchas veces. Yo que oí el modo de llamar, comencé a dar voces, y dije: –«¡Oh, cuerpo de Dios, ama, no hubiéredes muerto un hombre o hurtado moneda al rey, cosa que yo pudiera callar, y no haber hecho lo que habéis hecho, que es imposible dejarlo de decir! ¡Malaventurado de mí y de vos! […]5.

Aparte de los evidentes contrastes de contenido, fruto de las distintas ediciones en las que se ha basado cada estudioso, hay una diferencia crucial para lo que consideramos aquí nuestro principal interés: mientras en (32) hay tan sólo tres

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Edición digital a partir del manuscrito de la obra depositado en el Museo Lázaro Galdiano de Madrid y cotejada con las ediciones críticas de E. Cros (Madrid: Taurus, 1988), P. Jauralde (Madrid: Castalia, 1990), C. C. García Valdés (Madrid: Bruño, 1991), I. Arellano (Madrid: Espasa Calpe, 1993) y F. Cabo Aseguinolaza (Barcelona: Crítica, 1993). Extraído de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes el 24 de agosto de 2012. Web: . 5 Extraído de la edición de Domingo Ynduráin, con la que se ha trabajado en el resto del presente texto.

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perífrasis verbales, en (33) hay seis y, además, de diferente morfología (infinitivo, como se han de procurar, y gerundio, como estando dándoles de comer) y significado (modal, como pudiera callar, y aspectual, como comencé a dar voces). Este hecho implica no sólo una pregunta que subyace a todos los manuales de filología en su sentido de edición de textos (Pérez Priego 2011), sino también a los expertos en el lenguaje de estos mismos discursos antiguos: ¿Cuál es “la edición buena”? ¿Cuál es el libro que el autor realmente quiso redactar? ¿Estudiar otras versiones descarta automáticamente los resultados de la que se considera original? ¿Qué ocurre si no se sabe nunca cuál es el texto principal: hemos de dejar de investigar por ello? Evidentemente, desde una perspectiva lingüística stricto sensu, todos los textos son manifestaciones de la lengua de la época, pero desde la perspectiva sociopragmática que tratamos de mantener aquí cabe, al menos, cuestionarse el valor de cada producto textual en tanto generado en una época concreta, por un autor concreto con una serie de finalidades concretas. Finalmente, queda señalar alguna idea sobre el análisis cuantitativo, directamente relacionada con esta serie de cuestiones. Parece evidente que siempre resulta necesario contrastar cualquier hipótesis con datos cuantitativos, de modo que se pueda comprobar estadísticamente la importancia sobre el papel del fenómeno lingüístico estudiado. Sin embargo, este hecho conlleva un par de consecuencias sobre las que conviene reflexionar. En primer lugar, la misma definición del objeto de estudio no siempre está clara, como hemos demostrado en el caso de las perífrasis verbales (cf. apartado 1.1). De hecho, lo que suele ocurrir es que hay un núcleo de características sobre el fenómeno que interesa sobre el que nadie discute, de forma que los verdaderamente problemáticos son los elementos periféricos que forman parte del exterior de ese núcleo prototípico (Salzmann 2007: 54; Campbell 2000: 97-99; Velasco Maíllo 2003: 432-433; Croft/Cruse 2008: 111; Bustos Guadaño 2004: 164). Así, si bien creemos que la inmensa mayoría de lingüistas estaría de acuerdo en que (6, 8, 9, 10, 11, 12, 13, 27, 30, 31) son perífrasis verbales con meridiana claridad, no podemos decir lo mismo de los ejemplos (2, 4, 5, 7, 14, 22, 23, 24, 25), donde habría numerosos expertos que apostarían por su carácter perifrástico y otros tantos por su carácter disjunto, por los problemas ya esbozados anteriormente sobre el mismo concepto de perífrasis verbal (v. apartado 1.1). Esto nos lleva a otro tipo de problemas relacionados con la misma naturaleza gradual de nuestro concepto –y no sólo con él, por supuesto–: si hablamos de que se trata de una cuestión de grado de, por ejemplo, gramaticalización del verbo auxiliar; o si defendemos que estamos ante un continuum entre la perífrasis y la locución o entre el significado modal y el temporal, entonces, ¿cómo podemos contabilizar rigurosamente si una construcción pertenece a uno o a otro

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grupo? ¿Por qué un criterio (naturaleza del verbo auxiliado, agentividad del sujeto, existencia de preposición) va a tener más valor que otros? ¿Tiene sentido crear grupos en estas condiciones? Y, más importante, ¿tiene entonces verdadero valor estadístico el análisis cuantitativo que se realiza sobre grupos hechos de esta forma? Quizá ni siquiera el análisis del corpus electrónico lo tenga, dado el hecho de que ha sido seleccionado –como cualquier otro corpus– por personas que, como el investigador, han seguido unos criterios que pueden o no coincidir con los de éste, por no hablar de posibles errores por omisión, adición, modificación o repetición, como en cualquier otro trabajo humano. De este modo, ¿cómo se pueden establecer de forma fehaciente los límites entre los distintos grupos, sin caer en el error de mezclar elementos distintos en grupos idénticos o separar individuos similares y ponerlos en grupos diferentes? Es evidente que tenemos que realizar clasificaciones para poder comprender el fenómeno lingüístico que nos ocupa, y es evidente también que, precisamente por ello, siempre habrá ejemplos que no nos encajen en ninguno de los grupos establecidos. Pero no debemos, entonces, olvidar que lo único que estamos haciendo, en el fondo, es crear puzles con piezas limitadas para tratar de conocer con mayor profundidad una parte de la lengua que por avatares de la historia ha llegado hasta nosotros en un formato legible. En cualquiera de los casos, el corpus se vuelve un elemento fundamental en los estudios de corte lingüístico. Por un lado, porque hay que marcar el campo que se pretende analizar dadas las obvias limitaciones personales y de recursos con que cada investigador cuenta. Y por otro lado, porque un corpus, a pesar de todas las cuestiones que permita plantear, resulta vital para defender hipótesis basándose en hechos empíricos, evitando así el riesgo de caer en la tentación de ignorar adrede ejemplos existentes o crear ejemplos nuevos (como esas frases de laboratorio de las gramáticas simbólicas) según convenga al interés del lingüista.

2. Perífrasis, textos y contextos Una vez vistos los problemas precedentes, hemos de continuar para conseguir superarlos o, al menos, para tratar de seguir construyendo la disciplina en base a posibles respuestas que den lugar a nuevas preguntas que a su vez planteen respuestas que quizá solucionen las primeras, trabajando así de una forma heurística que contribuya a reconstruir los cimientos sobre una crítica sólida y con sentido. Por este motivo, en este segundo apartado proponemos una serie de conceptos y métodos que, si bien no solucionarán, evidentemente, todas las cuestiones planteadas, sí podrán darnos pistas acerca de la vía de investigación que seguiremos para posicionarnos posteriormente.

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De este modo, superamos el problema del concepto de perífrasis verbal no sólo al crear una definición propia sobre la defendida por Gómez Torrego (1999: 3325) de “la unión de dos o más verbos que constituyen un solo ‘núcleo’ del predicado” (cf. supra), sino también al trabajar directamente en el análisis de nueve perífrasis verbales de infinitivo (probablemente, las más fáciles de delimitar) que tanto este autor como otros (Yllera 1980; Veyrat Rigat 1993; Fernández de Castro 1999; Dietrich 1983) consideran como tales prácticamente sin dudarlo (cf. apartado 2.1). Igualmente, sugeriremos una manera de delimitar el concepto de género textual desde una perspectiva pragmática que tenga en cuenta diversos factores del productor discursivo, dadas las enormes limitaciones que se tienen para conocer los del verdadero receptor de los textos, no siempre tenido en mente por aquél. Lo haremos empleando no ya el corpus de la primera parte, sino que elegiremos, conscientes de las diferencias entre sí, tres textos radicalmente distintos aunque todos coetáneos, definiendo sendos contextos de producción (cf. apartado 2.2): las Cartas de la conquista de Orán (1509-1510), Menosprecio de corte y alabanza de aldea (1539), de Antonio de Guevara, y los pasos de El deleitoso (1567), de Lope de Rueda. En la tercera sección nos limitaremos a comprobar cuantitativamente si existe algún tipo de relación estadística entre el tipo de texto manejado y la esfera semántico-cognitiva de las perífrasis estudiadas, habiendo ya demostrado la diferencia empírica que recorre los textos analizados y la presuntamente aceptable clasificación perifrástica (cf. apartado 2.3).

2.1. NUEVE PERÍFRASIS DE INFINITIVO Tomando como premisa que el principal rasgo definitorio del concepto de perífrasis verbal es el de una construcción biverbal (con preposición o no) que funciona en la sintaxis y la semántica como un único núcleo que es el que le otorga un significado aspectual o temporal (Veyrat Rigat 1997: 37), nos detendremos en esta sección en el estudio de nueve perífrasis de infinitivo clasificadas en tres esferas semántico-cognitivas que, en principio, están formadas por la relación de significado establecida entre ellas. La primera esfera comprende perífrasis etiquetadas como “espaciotemporales”, debido a la interesante convivencia durante siglos de significados espaciales (34, 35, 36) y temporales (36, 37, 38) bajo el mismo verbo auxiliar (cf. figura 1). El origen de esta metaforización se encuentra en la sustitución del complemento de lugar por el infinitivo, pasando así de una interpretación espacial a una temporal. Aunque el verbo de movimiento comenzara apareciendo con infiniti-

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vos de significado final, el origen de las perífrasis de este tipo se encuentra, creemos, en la temporización del espacio, dado que la construcción final evoluciona de forma paralela a nuestra estructura (Melis 2006: § 10.4). Nos hemos centrado en ir a + infinitivo, llegar a + infinitivo y volver/tornar a + infinitivo. FIGURA 1 Perífrasis espacio-temporales

Volver/tornar a + infinitivo Ir a + infinitivo

Llegar a + infinitivo

Simplificando mucho, puede defenderse que la evolución de la perífrasis ir a + infinitivo es la siguiente (Yllera 1980: 171): en el siglo XIII, ir (a) + infinitivo indicaba la disposición para la acción y la acción próxima (36); en el siglo XIV, expresa la acción inminente, por lo general frustrada (38); y ya bien entrado el siglo XV, formará el futuro próximo (37). Como se ve, en nuestro corpus del siglo XVI conviven los tres significados. Supongamos, pues, que se puede trazar un continuum entre el significado puramente espacial y el puramente temporal de la construcción ir a + infinitivo. Dentro del primero, el significado espacial puede aparecer tanto en ejemplos en los que no hay una marca morfosintáctica clara (por ejemplo, un complemento de dirección propio del verbo auxiliar que, en este caso, sería principal), como ocurre en (34), donde el sujeto agente controla su propio movimiento, como en ejemplos donde el significado espacial viene marcado por un sintagma preposicional de clara función de complemento circunstancial de lugar, como en (35), donde el segundo verbo a visitar un enfermo, y sucesivos, forma parte de una posible subordinada con significado final en la que, igual que en el caso anterior, el sujeto agente controla también la acción del movimiento:

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(34) Conosçen la dispusiçión para asentar más seguro el real; tentarán el de los enemigos; yrán a buscar y traer lengua dellos, que es muy neçesaria (Orán, p. 39). (35) Ya que vuelve al aldea, dice a sus vecinos que fue a la ciudad a visitar un enfermo, o a rogar por un preso, o a hacer ver un pleito, o a poner en prescio un potro, o a sacar seda y paño, o a cobrar el tercio de su sueldo […] (Menosprecio, p. 168).

En el centro de ese continuo estarían los ejemplos en los que el significado podría ser calificado de espacio-temporal, por contener, por un lado, un matiz de direccionalidad, y por otro lado, un significado de futuro próximo o inmediato. Así, en (36), podemos ver cómo el contexto sintáctico en que se encuentra la estructura no voy sino a hacer unas novenas admite una interpretación de futuro próximo facilitada esencialmente por el presente del verbo ir, y a la vez, el contexto permite entender que la esposa realiza efectivamente un desplazamiento (por esos ¿dónde vas?, ¿bolverás tan presto? de su marido). (36) BÁRBARA: ¡Ah, don traidor! ¡Mirad qué memoria tiene de mí, que topa su muger en la calle y no la conosce! MARTÍN: Calla, no llores, que me quiebras el coraçón; que yo te conosceré, muger, aunque no quieras, de aquí adelante. Pero dime: ¿dónde vas?, ¿bolverás tan presto? BÁRBARA: Sí, bolveré, que no voy sino a hacer unas novenas a una santa con quien yo tengo grandíssima devoción (Pasos, p. 145).

Por último, el significado plenamente temporal viene de la mano del que señala un hipotético futuro próximo, con el verbo ya plenamente gramaticalizado (37), debido a la absoluta metaforización del espacio y al carácter colectivo (y, por ello, inanimado) del sujeto la república, y aparece también cuando se considera la acción inminente, aunque frustrada (38), por la existencia del imperfecto conativo: (37) Déjenle a un mancebo en la corte acostarse a la una […] que en lo demás no se le da un maravedí porque el reino se revuelva ni se vaya a perder la república (Menosprecio, p. 199). (38) LUQUITAS: Que no dizes bien, sino que yo quede desculpado y señor sin quexa. ALAMEDA: Assí iva yo a dezir, sino como quemava tanto aquella pimienta de los pasteles, háseme turbiado la luenga (Pasos, p. 101).

La perífrasis llegar a + infinitivo, existente ya desde el siglo XIII con significado perifrástico, fusiona la visión espacial de ‘alcanzar un lugar con esfuerzo’

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con el de ‘lograr’, ‘alcanzar una situación, un estado’ y, por tanto, culminar el proceso (Yllera 1980: 192; Gómez Torrego 1988: 125; 1999: 3384-3385). Sin embargo, en nuestro corpus no hemos encontrado ningún ejemplo con este verbo auxiliar, ni formando una construcción disjunta ni formándola disjunta. Lo más parecido que hemos hallado es un único caso de una construcción claramente perifrástica con el verbo alcanzar (39)6, en la que se reinterpreta la acción denotada por el infinitivo como una meta espacial metafóricamente convertida en un objetivo difícil de conseguir: (39) El pobre hidalgo que en el aldea alcanza a tener un sayo de paño recio, un capuz cerrado, un sombrero bueno, unos guantes […] tan hinchado va él a la iglesia con aquellas ropas como irá un señor aforrado de martas (Menosprecio, p. 167).

El significado de la tercera perífrasis de esta esfera semántico-cognitiva, tornar a + infinitivo, cuyo valor perifrástico surge sobre todo a partir del siglo XIV (Yllera 1980: 198), puede explicarse igualmente recurriendo a un continuo entre el espacio (de cuyo significado no hemos encontrado ningún ejemplo en estos textos), el espacio-tiempo (40) y el tiempo (41), basado en la metaforización temporal que se hace de la imagen del camino (Garachana 2011). En (40), el ejemplo permite una interpretación temporal referida por el contexto, que implica la realización de la misma acción por segunda vez (ir a Roma), según la cual a Roma sería el CD de ver. Si se entendiera a Roma como complemento circunstancial de tornó y no como complemento directo de ver, cabría entonces una interpretación espacial, pero habría que explicar el vacío argumental del verbo ver, por lo que nos inclinamos por la interpretación puramente temporal. (40) Tan de corazón se retrajo Scipión a su aldea, que en once años que allí moró, jamás entró en Capua ni tornó a ver a Roma (Menosprecio, p. 260).

6 En realidad, resulta extraña la ausencia de ejemplos con llegar a + infinitivo en nuestro corpus, quizá excesivamente reducido. Si empleamos el Corpus del Español como referencia, introducimos mediante el sistema de comparación [llegar] y [alcanzar], y le pedimos que busque sólo colocaciones con infinitivo de hasta cuatro tokens a la derecha, los resultados apuntan a que el verbo llegar (al menos, los 100 posibles que ofrece el sistema en una primera búsqueda) aparece con muchos más verbos que alcanzar (16), y de forma también mucho más frecuente (hay unas diez veces más de ejemplos de llegar que de alcanzar). En el siglo XVII, el verbo llegar sigue empleándose con numerosos verbos (se alcanzan también los 100 ofrecidos por el sistema de búsqueda) y alcanzar abarca 22 verbos distintos, aunque la diferencia proporcional disminuye con respecto a la época anterior (llegar triplica a alcanzar).

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El ejemplo (41) muestra lo que consideramos una interpretación claramente temporal de esta perífrasis, con sentido de reiteración. (41) LICENCIADO: ¡Oh, señor Joan Gómez, abráceme! ¿Y diole alguna cosa que me truxesse mi madre? CAMINANTE: Sí, señor. LICENCIADO: Tórneme a abraçar, señor Joan Gómez (Pasos, p. 199).

A efectos cuantitativos (cf. apartado 2.3), de esta esfera semántico-cognitiva sólo tendremos en cuenta el segundo y el tercer grupo, es decir, el conformado por casos que sean claramente perifrásticos por ofrecer un verbo con significado plenamente temporal, o aquellos otros en los que se observe una ambigüedad espacio-temporal, debido a que consideramos perifrásticos claros los primeros y perifrásticos, aunque dudosos, los segundos. En la segunda esfera semántico-cognitiva (cf. figura 2) formada por perífrasis verbales arbitrariamente denominadas “puntuales” por hacer alusión a puntos temporales de la acción, se encuentran empezar/comenzar {a/de} + infinitivo, acabar de + infinitivo y dejar/cesar/parar de + infinitivo.

FIGURA 2 Perífrasis puntuales

Empezar/comenzar a + infinitivo

Acabar de + infinitivo

Dejar/cesar/parar de + infinitivo

Las perífrasis empezar/comenzar a + infinitivo expresan un modo de acción incoativo, centrándose así en el principio de una acción (Gómez Torrego 1988: 116; 1999: 3373; Yllera 1980: 178).

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Su origen léxico se encuentra en el verbo compeçar, claro cruce de començar y empeçar (Yllera 1980: 183), frecuente durante el siglo XIII, aunque sustituido muy temprano por començar. El ejemplo (42) podría estar utilizando lo que ya se sabía anacronismo en boca de un rústico para crear el chiste, como puede ser esperable por las intenciones de los pasos lopescos (cf. apartado 2.2): (42) ALAMEDA: ¿No quiere V.M. que me ría? ¡Ha, ha! SALZEDO: Pues, señor, cuando haya acabado, merced recebiré que me avise. ALAMEDA: Ya, ya compiezo de acabar. ¡Ha, ha! SALZEDO: ¿Havéis acabado, señor? ALAMEDA: Ya puede vuestra merced hablar. SALZEDO: ¡Oh, bendito sea Dios! ALAMEDA: Espere, espere, que me ha quedado un poco. ¡Ha, ha! (Pasos, p. 103).

De la misma manera, el que aparezca con la preposición de, poco frecuente ya a finales de la Edad Media (Yllera 1980: 183-185), puede ser también una marca de arcaísmo empleado conscientemente para provocar la chanza en el público espectador del siglo XVI (43) o un claro arcaísmo formal típico de textos cultos, como puede verse en el único caso encontrado de comenzar de en las Cartas de Orán (44): (43) SALZEDO: ¿Qué conciertos son estos? Acabad, contádmelo vos. ALAMEDA: Ya lo empieço de contar. SALZEDO: Pues acaba ya. ALAMEDA: Vuessa merced ha de saber… ¿Cómo empieça, Luquillas? LUQUITAS: Lo de las cebollas. (Pasos, p. 110). (44) Iten, que al tiempo de començar de salir, salió un fiero puerco, que ovo quien dixo: ‘¡A él, a él, que Mahoma es!’ (Orán, p. 51).

El ejemplo más claro del significado incoativo aparece a continuación: (45) E los moros, a la misma ora que començaron los nuestros a desenbarcar, tomaron la syerra del paso y el agua […] (Orán, p. 50).

En la lengua antigua, la estructura acabar de + infinitivo indica la acción concluida. Raras veces implica una acción pasada reciente como en la actualidad (Yllera 1980: 176; Gómez Torrego 1988: 125; 1999: 3378). De hecho, en nuestro corpus, de los cuatro posibles significados, como son el terminativo, cercano a dejar de + infinitivo; el que focaliza la última fase de la acción, en cuyo caso

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no siempre se trata de una construcción perifrástica (Olbertz 1991); el culminativo, semejante a llegar a + infinitivo; y el que refiere al pasado inmediato, como en el español actual (Gómez Torrego 1988: 125; 1999: 3378-3381), tan sólo aparece con tres. En primer lugar, tenemos el significado que refiere a la interrupción de la acción, semejante al de la perífrasis dejar de + infinitivo (cf. infra), en cuyo caso se da un subtipo de negación de la realización de la acción según la cual se relaciona el predicado señalado por el infinitivo (siempre de tipo estático, mental o momentáneo habitual) con las esperanzas y previsiones del interlocutor (Olbertz 1991), como ocurre en (46). (46) Mas, ¡ay de mí!, que no quedó otra cosa en mí sino el traidor del corazón que nunca acaba de desear cosas vanas y la maldita de la lengua que nunca cesa de decir palabras livianas (Menosprecio, p. 268).

En segundo lugar, acabar de + infinitivo puede focalizar la última fase de la acción (47). En este caso, para que se considere perífrasis, el significado del verbo auxiliado debe ser atélico y el tiempo verbal del verbo acabar, imperfectivo (Olbertz 1991: 30; Veyrat Rigat 1994: 240). De este modo, como en el ejemplo que nos ocupa el aspecto léxico del verbo curar no es puntual (aunque el aspecto gramatical del auxiliar sí sea imperfectivo), cabe la interpretación fásica y, por tanto, la construcción no es perifrástica (aunque en la última Gramática de la RAE se indique algo diferente, cf. RAE 2009: 2163-2165). (47) LUCIO: Agora, pues yo tengo ciertas vesitas, id en buen hora, y acudíos por acá mañana, que con un buen regimiento que yo’s ordenare, basta para que se acabe de curar (Pasos, p. 142).

Un tercer significado de esta perífrasis, muy relacionado con el primero, es el que, frecuente también en oraciones negativas, se acerca a llegar a + infinitivo (cf. supra), con un matiz de ansiedad, impaciencia o desazón. Así, en el siguiente fragmento se observa la angustia por comprobar que las acciones télicas de entender y contentar al traidor del corazón no se culminan nunca: (48) Al cuerpo luego le conoscemos la condición y aun la composiçión, mas al traidor del corazón nunca le acabamos de entender, y mucho menos de contentar, porque a cada paso nos fatiga que le demos una cosa y dende a dos días está ya enhastiado della (Menosprecio, p. 147).

En nuestro corpus no hemos encontrado ningún ejemplo en que acabar de + infinitivo refiera a un pasado inmediato como ocurre en la actualidad en casos

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como Acabo de hacer los deberes, así que me voy a jugar (Gómez Torrego 1988: 125; 1999: 3378-3381). Este hecho tan sólo confirma una de las limitaciones en la selección del corpus, no siempre quizá tan representativo como sería deseable (cf. apartado 1.2), pero también permite deducir que el uso perifrástico de esta construcción con significado de pasado inmediato surgió, probablemente, en época posclásica. Las perífrasis dejar/cesar/parar de + infinitivo son las únicas perífrasis continuativas que se emplean a partir del siglo XV, por lo general dentro de un contexto de negación (Yllera 1980: 195 ss), de forma que resulta ser la única construcción perifrástica cuya afirmación implica la no realización de la acción expresada por el verbo en forma no personal y, a la inversa, cuya negación supone la afirmación de la acción denotada por el infinitivo (Gómez Torrego 1988: 125; 1999: 3381-3382): en el ejemplo (49), jamás çesan de ser significa, en realidad, ‘son’, mientras que en (50), No dejaremos de decir equivale a ‘diremos’: (49) E tanbién porqu’el rey que haze la guerra en casa ajena, tiene sosiego e paz en la suya. Y España, más que otra gente, la quiere; de la qual se escribe que, como en la guerra son bolliçiosos, as? en la paz jamás çesan de ser escandalosos (Orán, p. 45). (50) No dejaremos de decir que hay unos cortesanos tan obstinados […] (Menosprecio, p. 237-238).

De esta segunda esfera, han sido contabilizados todos los casos de empezar/ comenzar + infinitivo y de dejar/cesar de + infinitivo, mientras que con acabar de + infinitivo tan sólo se han tenido en cuenta aquellos que hemos considerado perifrásticos. La tercera esfera semántico-cognitiva abarca las perífrasis verbales que hemos denominado “obligativas” (cf. figura 3), dado que este es su significado principal en el contexto estudiado, es decir, se han excluido de este análisis aquellas construcciones que, tomando la forma de una perífrasis modal, puedan tener significado aspectual o temporal, como puede ocurrir con la perífrasis propiamente dicha en (51) o con el futuro analítico de (52): (51) LUQUITAS: ¡Anda, anda, hermano Alameda!

ALAMEDA: ¡Que ya voy! LUQUITAS: ¡Qu’en viendo una taverna te has de quedar aislado! ALAMEDA: Si me haze del ojo el ramo, ¿quieres tú que use con él de mala crianza? (Pasos, p. 92). (52) Y bolviendo a mi suplicaçión, sy se buscan, fallarse han de pie y de cavallo, aunque rotos, buenos almogávares para roçamontes. E de gana yrán, pues van a guerra, que ay más tardança que peligro (Orán, p. 46).

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FIGURA 3 Perífrasis obligativas

Haber de + infinitivo

Necesidad Tener {que/de/a} + infinitivo

Deber (de) + infinitivo

Concretamente, hemos limitado el estudio a tres: haber de + infinitivo, deber (de) + infinitivo y tener {que/a/de} + infinitivo. La perífrasis haber de + infinitivo, cuyo origen no se puede comprender sin relacionarlo con otras cadenas de gramaticalización del verbo HABEO latino (Girón Alconchel 2005a; Fernández Martín 2008), tendría varios significados y formas a lo largo de la Edad Media, tal y como intentamos sintetizar a continuación (Yllera 1980: 92 ss): En primer lugar, la construcción aver + infinitivo habría tenido el significado de necesidad hasta el siglo XV, cuando habría empezado a expresar el futuro o el condicional en contextos pospuestos (52). En segundo lugar, aver a + infinitivo habría pasado de expresar la finalidad o el propósito a denotar obligación. Finalmente, la variante con la preposición de, aver de + infinitivo, habría tenido su origen en la estructura aver + sustantivo + de + infinitivo (53) (Yllera 1980: 92-97). (53) Vergüenza he de decirlo, mas no lo dejaré de decir y es, que muchos hijos de buenos que andan en la corte, con poca vergüenza y menos crianza se van a entrar a comer […] (Menosprecio, p. 206).

De este modo, nos encontramos con una perífrasis que expresa obligación en prácticamente todas sus facetas, desde la impuesta de forma externa por las reglas sociales (54), hasta la obligación moral interiorizada (55) o una conve-

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niencia atenuada (segundo ejemplo de 56), pasando de ahí a la disconformidad con lo establecido (primer ejemplo de 56). (54) Porque éstos, comoquier que los moros son astutos en la guerra y diligentes en ella, los que han sydo en los guerrear, los conosçen bien y saben armalles: conosçen a qué tiempo y en qué lugar se ha de poner la guarda; dó conviene el escucha […] (Orán, p. 39). (55) El hombre prudente y cuerdo, si piensa una hora en lo que ha de decir, ha de pensar diez en lo que ha de hacer (Menosprecio, pp. 142-143). (56) SALZEDO: Que te creo sin falta. ALAMEDA: ¿Pues no m’havía de creer, siendo nieto de pastelero? SALZEDO: ¿Qué hay? Acabemos. ALAMEDA: Hable quedo. SALZEDO: ¿Qué aguardas? ALAMEDA: Más quedo. SALZEDO: Di lo que has de dezir. ALAMEDA: ¿Hay quien nos escuche? SALZEDO: ¿No te havemos dicho que no? (Pasos, p. 121).

Por lo que respecta a deber (de) + infinitivo, cuya distinción académica (Gómez Torrego 1999: 3348 ss; RAE 2009: § 28.6k) es claramente artificial (Fernández de Castro 1999: 172-184; Yllera 1980: 140), hunde sus raíces en la construcción latina DEBERE + infinitivo, que indicaba una suposición o creencia, y posteriormente, posibilidad y probabilidad. Un ejemplo de lo primero tenemos en (57), donde además de comprobarse la sinonimia léxica de ambas perífrasis, puede observarse cómo se emplean como resultado de una conjetura a la que se llega tras un hecho percibido por el hablante, lo que le da también un matiz de probabilidad. En (58), sin embargo, podemos comprobar que su significado se acerca más al de una obligación moral interiorizada, mientras en (59) la obligación se entiende como impuesta por las circunstancias externas, semejante en ambos casos a algunos de los usos de haber de + infinitivo (cf. supra), con cuya evolución diacrónica mantiene ciertas semejanzas (Martínez Díaz 2010). (57) CEVADÓN: Tome, señor. BREÇANO: “Señor hermano…” CEVADÓN: ¿Dize ay “señor hermano”? BREÇANO: Sí que dize “señor hermano”. CEVADÓN: Deve ser hermano del que recibió los dineros. BREÇANO: Ansí deve de ser. “Las libras de açafrán…” […] (Pasos, p. 173). (58) Como los vicios se apegan al hombre poco a poco, así los debe de ir desechando de sí poco a poco […] (Menosprecio, p. 152).

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(59) […] nos paresçió que devíamos, quanto pudiésemos, estorvar el fuego que se esperava seguir de lo venidero y apagarlo luego en este su prinçipio (Orán, p. 58).

Por último, dejando de lado las ambigüedades estructurales de la perífrasis tener {que/de} + infinitivo (60)7, cabe mencionar la estrecha relación semántica de este verbo auxiliar con haber, especialmente en el último tercio del siglo XIII, cuando haber de era la perífrasis dominante. Si bien hemos visto cómo el proceso con aver comenzaba con aver + infinitivo, seguía con aver a + infinitivo y terminaba con aver de + infinitivo (cf. supra), ahora vemos cómo con tener se da a la inversa: en el siglo XIII surgirá tener de + infinitivo (con el significado de conveniencia o necesidad atenuada) y se mantendrá como tal hasta el siglo XV; durante el XIV aparecerá de forma aislada tener a, en competencia con la de en ese momento decadente aver a + infinitivo; y finalmente hallaremos tener + infinitivo, que surge en el siglo XV, en usos parecidos a los de aver + infinitivo (Yllera 1980: 111)8. En cualquier caso, tener que no aparece como perífrasis hasta el siglo XIV, aunque es poco frecuente en los dos siglos posteriores. Semánticamente, no se aleja demasiado de los valores de haber de + infinitivo, entre los que podemos destacar la necesidad irremediable y, en cierto modo, autoimpuesta (61) y la obligación impuesta por los avatares de la vida (62). (60) ¡Oh cuán bienaventurado es aquel a quien cupo en suerte de tener qué comer en el aldea! […] (Menosprecio, p. 161). (61) MARTÍN: ¿Novenas? ¿Y qué son novenas, muger? BÁRBARA: ¿No lo entendéis? Novenas s’entiende que tengo d’estar yo allá encerrada nueve días. MARTÍN: ¿Sin venir a casa, álima mía? BÁRBARA: Pues…, sin venir a casa (Pasos, p. 145). (62) Los hombres superbos y mal sufridos muchas cosas hacen en solo un día las cuales tienen después que llorar toda su vida (Menosprecio, p. 146).

7 Este ejemplo, origen de la perífrasis, no es perifrástico tal y como está interpretado (qué es un pronombre interrogativo, CD de tener). Sin embargo, si no atendemos a esta lectura, se podría pensar que, dadas las intenciones de fray Antonio de Guevara (cf. apartado 2.2), podría entenderse como bienaventurado aquél que no tiene más remedio que vivir en la aldea, lo que haría el ejemplo claramente perifrástico dado el matiz obligativo de la estructura. 8 Recuérdese que, tras la constante desemantización del verbo auxiliar HABERE, que fue perdiendo su idea de posesión para ir adquiriendo un sentido gramatical que diera a la lengua latina el verdadero significado de estado alcanzado del que carecía, haber se deja de emplear como transitivo de posesión, sustituido plenamente por tener, hacia 1550 (Girón Alconchel 2005b: 873; Roca Pons 1958: 103).

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2.2. TRES CONTEXTOS SOCIOCOGNITIVOS Como decíamos anteriormente (cf. apartado 1.2), si pretendemos defender la adecuación de un determinado corpus para nuestros intereses, hemos de pensar en alguna forma empírica que nos permita abarcar los distintos aspectos que lo caracterizan como perteneciente a un género discursivo concreto. En nuestra opinión, la mejor manera de hacerlo es recurrir a una delimitación lo más concisa posible de los respectivos contextos en los que se producen los discursos. Esto es lo que pretendemos hacer a continuación, empleando los tres textos que sirven de base al estudio de las perífrasis verbales de la sección anterior: las Cartas de la conquista de Orán (1509-1510), Menosprecio de corte y alabanza de aldea (1539), de Antonio de Guevara, y los pasos de El deleitoso (1567), de Lope de Rueda. Para comenzar, podemos dividir analíticamente el contexto en dos partes fundamentales: los textos producidos, por un lado, y los productores discursivos, por otro9. Con respecto a los textos o discursos, quisiéramos destacar dos elementos: la cohesión y la coherencia (Lyons 1997: 297). El primero de ellos hace referencia a la manera en que se emplean diversas herramientas lingüísticas para conectar dentro de una misma secuencia los distintos elementos que conforman la superficie textual (Beaugrande/Dressler 1997: 89-134). Estos elementos resultan, por tanto, interdependientes si se da una mutua relación (concordancia sintáctica, por ejemplo) o determinados, si las reglas gramaticales operan sobre un término y no sobre otro (para que exige subjuntivo, pero el subjuntivo no exige necesariamente un para que) (Lázaro Carreter 1968). La coherencia, por su parte, relaciona en el nivel semántico los objetos que la cohesión une en el morfosintáctico, permitiendo que la información ofrecida en

9 En realidad, el interlocutor forma parte del contexto de la misma manera que el productor, pero desde una perspectiva metodológica caben dos problemas. Por un lado, al tratarse de discursos escritos, la brecha temporal existente entre la producción (momento de creación) y la interpretación (momento de la lectura), no implica, en ningún caso, que el texto esté descontextualizado sino, sencillamente, que la interpretación no se hace de manera simultánea como sucede en la conversación oral, por lo que caben múltiples ambigüedades, malentendidos, sobreinterpretaciones, etc., que en una interacción no escrita pueden solucionarse sobre la marcha. Por otro lado, resulta complejo definir las características de los lectores reales del texto, dada su expansión y heterogeneidad, a diferencia de lo que puede conocerse del autor (Nystrand 1986; Van Dijk 2009, 2011). Por estos motivos, hemos decidido delimitar el contexto a las características que unan ambos, texto y productor, siempre dentro de una senda de seguridad que nos sea útil para comprender los rasgos de cada género textual y, como consecuencia, las perífrasis que contienen los textos.

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cierto texto esté lo suficientemente coligada como para resultar pertinente (Lyons 1997: 291; Beaugrande/Dressler 1997: 135-168). Ejemplifiquemos esto con nuestros textos. Lo que da coherencia a los discursos lopescos, representantes burgueses, es la configuración de los personajes, sus sentires, sus intereses, sus objetivos, todos ellos bobos o rústicos y objetivos de la guasa de un público eminentemente urbano, mientras que la cohesión se encuentra, como en tantas otras obras de ficción, en la manera de hilar cronológicamente la acción (Canavaggio 1994: 214; González Ollé/Tusón 1999: 27-31). Las Cartas de Orán, como representantes textuales del estamento de la nobleza (de Fernando del Pulgar al Cardenal Cisneros; del Cardenal Cisneros al doctor de Villalpando, su vicario general; del maestro Cazalla al doctor de Villalpando; de Fernando el Católico al Cardenal Cisneros sobre la conquista de Trípoli y del maestre de Rodas al rey), construyen su coherencia en torno al mismo concepto de ser “de relación”, es decir, de contar como objetivo transmitir información sobre actividades bélicas cuyos receptores han encargado conocer, mientras que la cohesión se forja alrededor de la evidente cronología extralingüística (Hernández González 1997: 12). La cohesión de la prosa didáctica de fray Antonio de Guevara parece encontrarse en la oratoria clásica que dota al discurso de una característica dialógica que invita al lector a reflexionar sobre ejemplos basados en la más diversa experiencia: al fin y al cabo, fray Antonio era un predicador que pretendía convencer a su interlocutor de que sin duda llevaba la razón. Dentro de este marco estilístico la coherencia radica en los contenidos de esa oratoria, en el carácter modélico que se quiere dar a la vida aldeana frente a la viciada de la corte, en la que no cabe la reflexión, la contemplación divina ni, por ende, la paz espiritual (Rallo 1987: 57 ss; Redondo 1994: 72-73). Por otra parte, consideramos suficientes para conocer el contexto recurrir a cinco factores centrados en los interlocutores y no necesariamente en el texto, como son: intencionalidad, aceptabilidad, informatividad, situacionalidad, intertextualidad (Beaugrande/Dressler 1997: 169-282). La intencionalidad puede definirse como ‘el motivo que ocasiona, por parte del productor, la realización del discurso’ (Beaugrande/Dressler 1997: 170-189). Si resulta francamente complejo adivinar qué intenciones tienen los hablantes cuando actúan lingüísticamente y el investigador puede por tanto interactuar con ellos para averiguarlo, ¿cómo no va a resultar complejo saber las intenciones que se ocultan tras unos textos cuando la única herramienta accesible para llegar a conocerlas son, precisamente, esos textos? Como sucedía anteriormente en los textos de Lope de Vega y Quevedo, cuyas intencionalidades eran claramente distintas (cf. apartado 1.2), nuestros tres textos cuentan con intenciones también muy diferentes. Lope de Rueda pretendía

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entretener y divertir a un espectador burgués y popular al que conocía muy bien (él mismo había trabajado en un modesto oficio manual, batihoja, antes de dedicarse a la farándula) (González Ollé 1999: 13; Canavaggio 1994: 214, 217). En el caso de las cartas de relación, las intenciones en principio estarían relacionadas con la supeditación de los enviados reales a los deseos de la corona o sus acólitos de saber cómo marcha la conquista del norte de África y el éxito político que ello implica (Hernández González 1997: 34), mientras que en el Menosprecio se encontrarían más bien con el objetivo didáctico y moralizante del autor, representante, por su biografía, del estamento religioso por ser obispo de Mondoñedo y escribir sus textos como tal dirigidos a una minoría intelectual selecta y eminentemente cortesana que fuera capaz de comprenderlos (Rallo 1987: 29-53; Redondo 1994: 64 ss) Algo semejante sucede con la aceptabilidad, centrada en el receptor, que se convierte así en el encargado de evaluar la relevancia del texto según sus propios criterios, entre los que podemos encontrar si se trata de información nueva, información conocida, si se adecua a sus intereses, si el texto está cohesionado, si existe la necesaria coherencia intratextual, etc. (Beaugrande/Dressler 1997: 189-199). Muy relacionada con ella se encuentra otra característica del contexto centrada en los interlocutores, como es la informatividad (Beaugrande/Dressler 1997: 201224), la cual implica las consecuencias de la lectura del texto, en tanto en cuanto el interlocutor lo interprete, por lo que la informatividad aparece en el momento en que el texto es evaluado como inesperado o predecible por el receptor. Aunque resulta metodológicamente complejo conocer con exactitud la aceptabilidad e informatividad que un texto áureo pudo tener en su época o en otras posteriores, sí es posible establecer criterios empíricos para poder analizar estas cualidades, entre los que estarían la cantidad de ediciones, traducciones y continuaciones apócrifas de la obra o la lectura de otros textos en los que se hable de ella (cf. infra, intertextualidad), aunque los resultados no sean en estos casos más que deducciones o inferencias a partir de unos datos que, como bien es sabido, siempre son interpretables. Así, en el caso de los pasos de Lope de Rueda, el éxito popular puede medirse no sólo por la cantidad de gente que asistía a la representación de sus obras, hecho del que dan buena cuenta los contemporáneos de Lope de Rueda, sino también por las sucesivas reediciones que de ellas se hizo a partir de la preparada por Timoneda en 1567 (González Ollé 1999: 14 ss). Igualmente, la aceptabilidad e informatividad de las Cartas de Orán se puede deducir de la interacción resultante en el carácter dialógico del mismo género epistolar, apoyado no sólo por las buenas noticias que venían del norte de África, sino también por la propaganda política que se realizaba con ellas, fruto principalmente del deseo de la coro-

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na, que intentaba imprimir y reeditar los textos cuantas veces fueran necesarias para conseguir el éxito propagandístico (Hernández González 1997: 16, 34). El texto didáctico de Guevara, finalmente, contó con numerosos lectores a los que les fascinó su estilo retórico y sus ideas críticas, aunque evidentemente también contó con numerosos detractores a cuyas opiniones tuvo que hacer frente todavía en vida (Redondo 1994: 72-73). La situacionalidad, por su parte, hace referencia a la pertinencia de un texto dentro de una situación comunicativa concreta (Beaugrande/Dressler 1997: 225248). Este concepto alude a la manera en que los participantes en la interacción son capaces de captar el significado de las proferencias del otro si y sólo si atienden a la vez a cualquier aspecto del contexto de situación en que en ese momento se encuentren (Bustos Guadaño 2004: 100). En nuestro caso, el éxito de los pasos lopescos, precedentes indiscutibles de lo que posteriormente se considerará el teatro nacional, habrían triunfado debido, precisamente, a las intuiciones que el mismo Lope de Rueda tendría con respecto a los gustos populares. Su éxito es una prueba, como decimos, de lo adecuado de la situacionalidad del texto (González Ollé 1999: 12-14; Canavaggio 1994: 218). Igualmente adecuadas eran las Cartas de Orán, que se ajustaban con bastante exactitud a lo que los respectivos interlocutores esperaban de ellas (Hernández González 1997), a diferencia de lo que probablemente ocurría con la prosa didáctica de fray Antonio de Guevara, dirigida especialmente a la baja nobleza para que volviera a ocupar las tierras agrícolas de sus antepasados huyendo de la corrupción de la corte y equilibrando el éxodo rural que estaba dejando las aldeas prácticamente vacías (Redondo 1994: 68). Por último, la intertextualidad implica el conocimiento de otros textos relacionados con el texto que nos interesa para poder comprenderlo (Beaugrande y Dressler 1997: 249-283). En este caso, se trata no sólo de aprehender el texto desde la perspectiva de su creación (ha sido elaborado siguiendo las pautas encontradas en otros textos anteriores semejantes, que pueden ser considerados de su mismo género y, por tanto, insertos en determinada tradición), sino también desde la visión de la interpretación que de ese texto se hace (basada en el conocimiento de otros textos que facilitan el acceso del lector a su significado). Por ejemplo, los Pasos, de Lope de Rueda, cuyas perífrasis hemos analizado, beben de una línea costumbrista que era conocida por él probablemente gracias a Juan del Enzina y otros autores anteriores, y se encontraba inserta esencialmente en la misma experiencia cotidiana de las clases populares, que eran los principales espectadores de sus obras, con las cuales se sentían plenamente identificados (González Ollé 1999: 31-33; Heugas 1995: 90). Las Cartas de relación de la conquista de Orán, por su parte, han sido influidas por la tradición epistolar y, simultáneamente, por las crónicas medievales y

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ciertos tratados militares, dada la minuciosidad de algunas de las descripciones y narraciones de los hechos bélicos que en ellas se relatan (Hernández González 1997). En contraste, la prosa didáctica de fray Antonio de Guevara, aunque se nutra de los temas del humanismo (Piccolomini, Petrarca, Ulrich von Hutten) y de la filosofía cristiana (fundamentalmante franciscana), toma a los antiguos grecolatinos (Séneca, Boecio, Luciano, Virgilio, Horacio) como pilares no sólo de su estilo lingüístico (el de la más pura oratoria ciceroniana), sino también como magnos acreedores de un tiempo pasado que él considera mejor (Redondo 1994: 68-70). De este modo, obtenemos una doble relación de atribuciones discursivas: mientras la intencionalidad sale del productor textual y la aceptabilidad dota al receptor de la capacidad de (mal/bien)interpretar esa intencionalidad, la informatividad, la situacionalidad y la intertextualidad surgen de la relación existente entre el discurso, el autor y el lector, en una interacción que, por ser escrita, no deja de ser intercomunicativa, es decir, no cesa de tratarse de una comunicación bidireccional, en la que el interlocutor tiene tanto que aportar sobre el significado textual como en una conversación oral (Van Dijk 2009, 2011; Nystrand 1986), aunque en cada género discursivo estudiado esa comunicación se produzca de una manera –creemos– bastante diferente. Para terminar esta sección, mostramos una tabla que pretende sintetizar las principales ideas:

Texto

Interlocutores

Cartas de Orán (1509)

Menosprecio de corte (1539)

Pasos (1567)

Coherencia

“de relación”

Contenidos morales

Personajes

Cohesión

Cronología

Oratoria

Acción

Intencionalidad Aceptabilidad Informatividad Situacionalidad Intertextualidad

Narración de hechos bélicos Por encargo Respuestas Noble-noble

Didáctica Público minoritario, intelectual Clero-noble

Entretener Público burgués, urbano Burgués-pueblo

2.3. INTERRELACIONES: EL ANÁLISIS CUANTITATIVO Habiendo analizado los significados de las perífrasis seleccionadas y establecido una clasificación en grupos que, en principio, hace justicia a esos significados, y tras haber estudiado, igualmente, los contextos de producción de los textos selec-

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cionados, aparentemente bastante diferentes, ha llegado el momento de relacionar las primeras con los segundos. Partimos, así, de la hipótesis de que lo esperable sería encontrar una mayor cantidad de perífrasis obligativas en el Menosprecio de corte y alabanza de aldea, debido esencialmente a que la principal intención de fray Antonio de Guevara es didáctica y claramente moralizante (cf. supra), lo que se traduce con facilidad en un constante empleo de verbos que impliquen órdenes basadas en una moralidad objetivada socialmente, apelando así a las supuestas obligaciones que se tienen de comportarse “como Dios manda”. De igual forma, dada la necesidad de describir con minuciosidad los acontecimientos bélicos de la conquista de Orán, lo más lógico sería encontrar un extenso número de perífrasis puntuales, cuyo objetivo sería enfatizar momentos concretos de la invasión, haciendo especial hincapié en el principio, la interrupción o el final de la acción que se pretende describir. Y, de forma complementaria, las perífrasis de la esfera semántico-cognitiva espacio-temporal deberían ser más frecuentes en los pasos lopescos, debido esencialmente a la constante expresión de intencionalidades inmediatas o en un futuro próximo (ir a + infinitivo) o de las acciones repetidas (tornar a + infinitivo). No obstante, estos dos segundos grupos podrían ser claramente intercambiables, debido a la necesidad que puede tener una ficción dramática de dirigir la atención a puntos concretos de la acción denotada por el verbo (perífrasis puntuales) o a la obligación de los textos epistolares de detenerse en intencionalidades del enemigo, procesos proyectados para el futuro inmediato o acciones repetidas con el objetivo de conseguir el éxito bélico (perífrasis espacio-temporales). Demos paso, pues, al análisis cuantitativo. Mostremos, antes de nada, las cantidades absolutas de perífrasis por esfera y por obra:

Cartas de Orán Menosprecio de corte y alabanza de aldea Pasos

Espacio-temporales

Puntuales

Obligativas

3

7

16

19

26

115

5

7

55

Lo primero que se aprecia en estos datos es que, aparentemente, las más numerosas siempre son las perífrasis obligativas, independientemente del tipo textual. Confirmémoslo con los datos relativos, extraídos sobre la cantidad apro-

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ximada de palabras de cada uno de los discursos (5.200 para las Cartas de Orán; 33.000 para el Menosprecio de corte y 16.500 para los Pasos lopescos):

Espacio-temporales

Puntuales

Obligativas

Cartas de Orán

0,06%

0,13%

0,3%

Menosprecio de corte y alabanza de aldea

0,057%

0,078%

0,35%

Pasos

0,03%

0,042%

0,33%

Aunque habría que constatar estos datos con unos extraídos de forma semejante en un corpus mayor, lo primero que llama la atención, en general, es lo poco frecuente que son las perífrasis verbales en los textos analizados, debido a que ninguna de ellas cuenta ni siquiera con un 0,5%. A pesar de ello, merece la pena acercarse a los datos un poco más. Suponiendo que no haya habido ningún error de cálculo ni en la operación matemática en sí, ni en la concepción de las relaciones estadísticas, resulta tremendamente fascinante, por un lado, que las perífrasis aquí denominadas obligativas sean las más frecuentes en cada uno de los discursos, confirmando así las sospechas iniciales sobre los datos en cantidades absolutas; y, por otro lado, resulta interesante mencionar las diferencias porcentuales entre las perífrasis de las tres esferas semántico-cognitivas: la diferencia en la esfera obligativa entre el 0,3% de las Cartas de Orán y el 0,35% del Menosprecio de corte es de 0,05, mientras que en la esfera espacio-temporal la diferencia entre el 0,06% de las Cartas y el 0,03% de los Pasos es de 0,03, es decir, justamente el doble. En las puntuales, por su parte, el 0,042% de los Pasos es tres veces menor que el 0,13% de las Cartas, lo que, dentro de estas cantidades, no deja de ser sorprendente. En la práctica, hay al menos dos implicaciones de estos datos que deseamos resaltar. Por una parte, el hecho de que en las Cartas de Orán las puntuales doblen a las espacio-temporales puede indicar una necesidad de detallar al máximo las distintas acciones verbales que se relatan, lo que puede encontrarse también en el Menosprecio y los Pasos, pero no con tanta diferencia porcentual. Por otra parte, el que las espacio-temporales sean, al final, las menos numerosas en los tres textos, más allá de semejanzas interdiscursivas, puede suponer un desinterés general por situar espacio-temporalmente las acciones (frente a la necesidad de constatar su principio, interrupción o final propia de las puntuales) o puede conllevar una explicación de tipo lingüístico, según la cual estas construcciones se empleaban en numerosas ocasiones sin temporizar el espacio.

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Por contra, las posibles causas de estos datos pueden resumirse en dos. Por un lado, pueden deberse a un evidente error metodológico, bien en la elección del corpus (¿demasiado breve?, ¿más parecido de lo sospechado?), bien en la clasificación semántica de las perífrasis verbales (¿grupos demasiado dispares?, ¿inadecuada selección de los individuos de cada esfera?). Por otro lado, sin embargo, puede deberse a cuestiones sociopragmáticas perfectamente aplicables al estudio de los textos clásicos, ya que no todos los elementos sintácticos de la lengua son influidos de igual manera por el contexto en que se produce el discurso en el cual se insertan. De este modo, las perífrasis verbales no serían relevantes desde una perspectiva pragmática de la misma manera en que lo son los pronombres personales, las fórmulas de tratamiento o los adverbios temporales, por lo que sería completamente indiferente la cantidad de perífrasis de un tipo o de otro que se encontraran en los diversos textos, siempre y cuando estuviéramos en un nivel macrodiscursivo (Van Dijk 2009: 169 ss). Asimismo, continuar el estudio de las perífrasis verbales desde esta perspectiva puede abrir una nueva vía de interpretación de unos universales textuales no necesariamente apriorísticos, sino consecuencia de ciertas características de la convivencia entre humanos que sí podrían ser, si no universales, al menos ampliamente difundidas por las distintas sociedades en el tiempo y el espacio. Esto implicaría la existencia de una realidad extralingüística común a prácticamente todos los grupos sociales, inexistente sin las inevitables relaciones de poder entre los individuos (no hay sociedad sin algún tipo de desigualdad), que dotarían a algunos de la autoridad suficiente para obligar a otros a hacer lo que ellos considerasen oportuno, de forma que se acabase plasmando en el nivel discursivo un elemento social, extralingüístico, que conformara gran parte de las reglas de los textos, independientemente de las lenguas en que estos se compusieran (Kerbo 2004; Coseriu 2007). Desde esta perspectiva es desde la que, creemos, puede tener sentido seguir comparando grupos de perífrasis verbales (o de cualquier otra estructura morfosintáctica con tan interesantes cambios semánticos) con tipos de géneros discursivos.

3. Conclusiones Existen numerosos problemas a la hora de definir conceptos pertenecientes a la disciplina lingüística que se encuentran entre la gramática y el léxico, como es el caso de las perífrasis verbales. Estos problemas se acentúan, además, cuando se trata de trabajar en dos estados de lengua diferentes, como suelen ser el de la actualidad, puesto que es la lengua dominada por el investigador, y el de la época que le interesa, en nuestro

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caso, el siglo de oro. La necesidad de comparar un corpus existente de textos con las oraciones de laboratorio ofrecidas, mayoritariamente, desde la lingüística sincrónica, crea no pocos problemas de aplicabilidad y utilidad que sólo se resuelven en una hábil conjugación de ambos conocimientos, a los que siempre cabe añadir los de otros muchos expertos que han trabajado en temas semejantes. Para llegar, así, a un concepto de perífrasis verbal que sea válido tanto en el estado de lengua actual como en el de los siglos XVI y XVII, es necesario contar con una perspectiva gradual que sea lo más mensurable posible, lo que no siempre es sencillo dada, precisamente, esa naturaleza gradual. Nosotros nos atrevemos a ofrecer una doble gradualidad para tratar las perífrasis verbales. Por un lado, nuestra categoría se encuentra sincrónicamente entre el tiempo verbal, elemento de la gramática, y la locución verbal, aspecto del léxico, hecho que provoca que unas estructuras sean “más perifrásticas” que otras. Si pudiéramos dibujar esta idea de forma sencilla, una construcción sería más perifrástica que otra cuanto más se acercara al centro del continuum sugerido:

Tiempo verbal P e r í f r a s i s

Locución verbal v e r b a l

Por otro lado, esta doble naturaleza perifrástica obliga a la existencia de gradualidad en las muestras reales de ejemplos, formando una extensa red de producciones posibles que, individualmente, se acercan en mayor o menor medida al concepto propuesto. De este modo, podría explicarse por qué casos como los vistos anteriormente se acercan más al concepto de perífrasis en el uso (2, 6, 8, 9, 10, 11, 12, 13, 22, 23, 26, 27, 30, 31, 32, 33, 37, 38, 39, 41-46, 48-51, 54-59, 61, 62), que otros que, por la posible ambigüedad léxica del auxiliar (7, 14, 34), por la función no verbal del auxiliado (5, 24, 25), por la distancia sintagmática entre los verbos (3, 4), por el significado común de la estructura (35, 36, 40, 47) o por otras razones (1, 52, 53, 60), se alejan de él. Simultáneamente, la perspectiva diacrónica añade otro foco de luz sobre este hecho, de forma que a lo largo de los siglos, las construcciones que nos ocupan van modificando su función no sólo desde una perspectiva léxico-semántica que, en casos muy concretos, provienen de los ejemplos producidos, sino también desde una perspectiva morfosintáctica, consecuencia directa de la conversión del uso concreto en abstracción general. En otras palabras, históricamente nuestras construcciones pueden dejar de ser perífrasis verbales para convertirse en: locu-

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ciones, si tienden a acercarse al extremo léxico de la lengua (echar de ver); tiempos verbales simples, si tienden a acercarse al extremo gramatical (comer he > comeré) o compuestos, si no llegan a cumplir con la fase final del proceso; o marcadores discursivos, si se acaban empleando fundamentalmente en el extremo textual (es a saber > a saber), inexistente, a nuestro juicio, en la perspectiva sincrónica, porque dejan de ser perífrasis verbales para pasar a ser locuciones, tiempos o marcadores discursivos, respectivamente.

Marcador discursivo Tiempo verbal P e r í f r a s i s

Locución verbal v e r b a l

Por otra parte, una vez superados los problemas metodológicos de nuestro objeto de estudio, hemos de continuar analizándolo para poder avanzar, de alguna manera, en el desarrollo de la disciplina. Esto es lo que hemos tratado de hacer en la segunda parte del capítulo, al relacionar el uso de tres grupos de perífrasis verbales, consideradas desde su semántica general y evolutiva, con tres géneros discursivos diferentes, con la intención de determinar si de verdad existe algún tipo de vínculo entre la estructura morfosintáctica de la lengua y el tipo de texto en que se inserta. Los resultados aducidos pueden hacer pensar, por supuesto, en una serie de problemas metodológicos entre los que se encontraría: una inadecuada selección del corpus, demasiado breve o demasiado parecido entre sí, en realidad; una inadecuada clasificación de las perífrasis, que podrían haber sido clasificadas en grupos sin relación ninguna; o una inadecuada selección de los rasgos definitorios de los géneros textuales, escogidos quizá de una forma que implica factores demasiado alejados de lo estrictamente lingüístico. En contraste, el estudio del corpus propuesto puede suponer la inexistencia de una relación entre el tipo de texto y las construcciones elegidas, pero también puede conllevar que dichas estructuras no se encuentren entre las destacadas para medir la interrelación entre la sociedad y el discurso o, por el contrario, demuestren que existen universales textuales más allá de épocas, sociedades y lenguas. El debate, pues, continúa abierto.

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PROCESOS DE LEXICALIZACIÓN/ G R A M AT I C A L I Z A C I Ó N E N L A F O R M A C I Ó N E H I S T O R I A D E U S Í A E N E S PA Ñ O L * DANIEL M. SÁEZ RIVERA Universidad Complutense de Madrid

1. Introducción Dentro de la formación de pronombres de tratamientos a partir de fórmulas de tratamiento, ha sido la derivación de usted a partir de vuestra merced la que más atención se ha llevado. Tras los trabajos clásicos de Pla Cárceles (1923a, 1923b) y las críticas coetáneas de Navarro Tomás (1923) sobre ciertos aspectos fónicos de la evolución de las formas, recientemente se ha vuelto a plantear la historia de vuestra merced > usted, como un caso de lexicalización (Brinton/Traugott 2005: 50), gramaticalización (De Jonge 2005; Sáez Rivera 2006; Koch 2008; De Jonge/ Nieuwenhuijsen 2009; Hammermüller 2010: 522) o un proceso más complejo de primero lexicalización y después gramaticalización (Sáez Rivera 2008: 64, n. 276, 1314), según reflexiones recientes acerca de la interacción de gramaticalización y lexicalización (Wischer 2000; Lehmann 2002; Himmelman 2004; Rostila 2004; Girón Alconchel 2008) o de las similitudes y diferencias entre lexicalización y otros procesos de cambio lingüístico como la misma gramaticalización (Moreno Cabrera 1998; Brinton/Traugott 2005; Elvira 2009, o los casos observados en Octavio de Toledo 2003), así como de la conexión de tales fenómenos con otros hechos lingüísticos como colocaciones y lexicalización (Blasco 2002) o la gramática de construcciones (Nørgård-Sorensen et al. 2011).

* Este trabajo fue posible gracias al proyecto de investigación del Ministerio de Ciencia e Innovación titulado “Procesos de gramaticalización en la historia del español (III)”, FFI02828/FILO, dirigido por el Dr. D. José Luis Girón Alconchel. Versiones previas se presentaron de forma oral en el XXVI Congreso Internacional de Lingüística y Filología Románicas (Valencia, 6-11 de septiembre de 2010), con una comunicación de título homónimo a este artículo, y en el Seminario Internacional Lexicalización, Gramaticalización y Tradiciones Discursivas (Programes 3, Universidad de Helsinki, 13-14 de octubre de 2011), como un apartado de la ponencia “El continuum léxico-gramática en las formas de tratamiento del español”. Aprovecho para agradecer sus comentarios al público asistente a ambos encuentros científicos, y en particular a Rafael Cano, Elena Méndez y Javier Herrero por sus valiosas sugerencias.

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Sin embargo, ya RAE (1973: 342) y Corominas/Pascual (1980: s. v. vos) indican que vuecelencia, vuecencia, ucencia por vuestra excelencia, así como vusiría, usiría y usía por vuestra señoría presentan contracciones o reducciones análogas a las de vuestra merced, finalmente tras diversas vacilaciones usted. Todo ello nos lleva a plantear en este trabajo el estudio de la formación e historia de usía en términos similares a los de usted, como un proceso en el que interactúan de diferente manera la lexicalización y la gramaticalización, ambos procesos de rutinización lingüística (Haiman 1994). Acerca de vuecencia, ya Lapesa (2000[1970]: 320) indicaba la evolución vuestra excelencia > vuessa excelencia > vuecelencia > vuecencia, acerca de la cual se puede consultar otro trabajo nuestro (Sáez Rivera 2013).

2. Fuentes y metodología Hemos visto necesario utilizar diversas fuentes (y por tanto distintos puntos de vista) para obtener una imagen lo más completa posible de la evolución de vuestra señoría > usía, las siguientes: 1) CORDE: localización de formas y extracción de datos cuantitativos de frecuencia (a veces también cualitativos). 2) Corpus teatral del siglo XVIII y del siglo XIX ya empleado para el estudio de vos en particular, con algunas notas sobre otros tratamientos, como ya usía (Sáez Rivera 2012a), y de vos y otras formas de tratamiento (Sáez Rivera 2012a): extracción manual de datos cualitativos desde Zamora a Moratín en el siglo XVIII, y de Grimaldi a Valera en el XIX. 3) Disposiciones legales sobre el uso de las formas de tratamiento: el tomo III de la Novísima recopilación de las leyes de España (1805) y el Boletín Oficial del Estado. 4) Datos metalingüísticos: Nuevo tesoro lexicográfico de la lengua española (RAE 2001a), DRAE (2001b), NGRAE (2009), calas en gramáticas y métodos para la enseñanza del castellano (obras de Francisco Sobrino y Josef Balbuena y Perez en el siglo XVIII), estudios de pragmática histórica, informantes.

3. Resultados Primero trazaremos la evolución de vuestra señoría en usía, tanto desde un punto de vista formal (primariamente fónico-gráfico) como pragmático, sin hacer espe-

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cial alusión al marco teórico de la lexicalización-gramaticalización. Luego, mostraremos cómo podemos analizar la formación e historia de usía en cuanto a proceso en el que interaccionan lexicalización y gramaticalización.

3.1. EVOLUCIÓN FORMAL Y PRAGMÁTICA Con ayuda de CORDE (v. resultados en los cuadros 1 y 2 en apéndice), propongo la siguiente reconstrucción de la evolución formal de vuestra señoría > usía, que presento con el aspecto de un cuadro sinóptico (Fig. 1), inspirado en su formato en el de Pla Cárceles (1923a: 280) –véase fig. 2–, al que han propuesto matizaciones De Jonge y Nieuwenhuijsen 2009: 1651, y previamente De Jonge 2005) en la fig. 3: FIGURA 1 Cuadro sinóptico vuestra señoría > usía (elaboración propia) vuestra señoría vuesa señoría = vuessa señoría vue señoría vueseñoría vuseñoría vusiñoría

useñoría

vusiría

*usiñoría

vusía

usiría usía

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FIGURA 2 Cuadro sinóptico vuestra merced > usted (Pla 1923a) vuestra merçed vuessa merçed vuesarçed

vuesançed

voarçed = vuarçed = vuerçed

vuesansted

voaçed = vuaçed = vueçed

vosasted = vuesasted

vuçed

vuasted = vuested

uçed

vusted usted

FIGURA 3 Cuadro sinóptico vuestra merced > usted (De Jonge/Nieuwenhuijsen 2009: 1651) vuestra merced

vuesa merced vuested vuesanced

vuesarced

usancé(d)

voarced

vusted

usted voacé(d) ucé(d)

Podemos matizar un poco más la cronología de aparición de las distintas formas de vuestra señoría > usía con ayuda de los cuadros 1 y 2 en el apéndice, que recogen los datos cuantitativos de las búsquedas realizadas en CORDE. Al igual que usted, usía procede también de una fórmula de posesivo + sustantivo abstracto como vuestra señoría, empleada en primer lugar en la Edad Media para la realeza, que luego se fue acotando a altos nobles y altos cargos políticos o

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eclesiásticos, como cardenales, arzobispos, obispos, presidentes de Consejo (Ly 1981: 62, 64; Líbano 1991: 115; Eberenz 2000: 105)1. Lope de Vega utilizaba el tratamiento de señoría para dar color local italiano (pues allí el tratamiento vostra signoria = vuestra señoría no tenía las mismas restricciones que en España)2 y cuando aparecen altos personajes de la época en los diálogos, sobre todo jefes militares, pero también los Comendadores (Ly 1979: 557; Ly 1981: 70). Aunque no se documentan en el corpus de la Academia ejemplos de vuestra señoría como vocativo hasta el siglo XV (según Eberenz 2000: 105-106, entonces vuestra señoría era fórmula típica del estilo epistolar), ya Líbano Zumalacárregui (1991: 115) encontró un par de veces el “compuesto vuestra señoría” en un documento de 1335 del arcediano de Cuéllar al obispo de Segovia: 1

Líbano (1991: 115) añade que vuestra señoría se emplearía para dirigirse a familiares y amigos, pero los ejemplos que aduce son erróneos o dudosos, debido a las siguientes razones: 1) emplea la vieja edición de la BAE del Epistolario español preparada por Eugenio de Ochoa, no muy fiable filológicamente (aunque también se aprovecha en CORDE); 2) el ejemplo “Leído he con atención, y más de una vez, las dos cartas de vuestra señoría” no es de una carta que tenga como título “Carta 1.ª de J. de Ávila para una señora sin título”, sino “CARTA PRIMERA. Para una señora de título, casada, que sentia varios espiritus de amor, temor, rigor y blandura”, de hecho, según nota, la “Excma Sr. duquesa de Arcos” [negritas mías] (Ochoa 1945: 390); 3) el otro ejemplo al respecto que se aduce (“esa es la carta de que hablamos estotra noche, que vuestra señoría desea tanto ver para aquella persona”) pertenece ciertamente a una carta de Antonio Pérez a un amigo, pero no es el número CXXVII (de la segunda serie de cartas), sino el número CXXCVIII (Ochoa 1945: 541); además, este tratamiento de vuestra señoría con amigos (en otras cartas a amistades Antonio Pérez emplea Vm.) parece estar mediado por la categoría social del corresponsal, de modo que la mera amistad no parece aún óbice para apearse del tratamiento adecuado. 2 Tradicionalmente, esto es, desde Croce (1895: 28, 43-52) se ha considerado que era de influencia española en Italia el empleo de la forma vostra signoria, así como la sustitución del tratamiento deferente en segunda persona del plural en voi por el de femenino de tercera persona del singular en Ella > lei (Coffen 2002: 120). De este modo, los gramáticos y retóricos italianos del XVI criticaban muchísimo este supuesto españolismo en el sistema de cortesía lingüístico, de especial fortuna en los territorios españoles de Nápoles, donde la forma Signoria tuvo su mejor acogida (Croce 1895: 49). En general, los italianos acusaron mucho a los españoles del abuso de los títulos y las fórmulas de cortesías, que tan pronto fueron imitadas, además de que en Italia se producía un abuso característico de la forma Signoria, de uso mucho más restringido en España (Croce 1895: 51-52). Sin embargo, esta visión se contradice con datos más recientes, que indican que fue precisamente en Italia donde empezó a divulgarse entre la élite el empleo de tratamiento con vostra + abstracción deferencial, y de hecho ya hay manifestaciones en el siglo XIV en Italia (y por tanto antes de la conquista española) de la fórmula vostra signoria (Coffen 2002: 66; Tuten 2008: 2190). No obstante, ambas informaciones son conciliables: sobre un sustrato previo de uso, y el molde común del latín (cf. Koch 2008), resulta lógico que la presencia de la lengua española en Italia fuera un acicate para el desarrollo de las tendencias propias de la lengua italiana (Coffen 2002: 116-117).

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(1) señor no podía yo merescer tanta clemencia e humanidad como buestra señoría cerca de mi e de mis negocios siempre usó (Ubieto, Cuéllar, doc. 88 (1335)) (apud Líbano 1991: 115).

Según Ly (1981: 64), sin llegar a “democratizarse” tanto como vuestra merced-usted (al menos en el siglo XVII, maticemos, pues en el siglo XVIII el panorama parece distinto), vuestra señoría ofrecía cierta resistencia al desgaste fonético, incluso de vuestra en vuessa, lo que no impide la documentación de formas como vusiría o vusía en Quevedo (Ly 1981: 64), o useñoría, usiría y usía en el Diccionario de Autoridades (RAE 2001a: s. v. usía). Por tanto, al igual que ocurrió con usted (cf. figs. 2 y 3) se generaron diversas formas desgastadas en competencia (cf. fig. 1), de entre las que triunfaría usía, de gran o especial fortuna en el siglo XVIII. Debido al frecuente uso de la fórmula, con el debido desgaste fónico, ya en el siglo XVI documentamos algún ejemplo aislado de vuestra señoría > vues(s)a señoría, aunque es en el siglo XVII cuando tiene más calado esta primera forma reducida3, que se sigue documentando posteriormente. Pese a que, siguiendo la lógica de la evolución fonética, -str- debería dar en principio la asimilación de la oclusiva a la sibilante en una consonante sorda -ss-, apenas encontramos en CORDE vuessa(s) señoría(s) y en cambio mucho más vuesa(s) señoría(s). El siguiente paso es la haplología de la sílaba sa, por disimilación con se-, que da como fruto fugaz vue señoría (apenas 2 ejemplos en el siglo XVII), cuyos dos componentes se funden pronto gráficamente en una sola forma vueseñoría, que incluso documentamos previamente a vue señoría en el siglo XVI y que es muchísimo más frecuente en el siglo XVII (68 ejemplos), de hecho la única forma reducida que casi iguala en frecuencia a la triunfadora usía (77 ejemplos ya en el mismo XVII). En vueseñoría se produce una clara pérdida de composicionalidad semántica y morfosintáctica: la relación con vuestra se difumina y a partir de aquí todas las formas ya harán flexión de número externa, en el margen derecho de la forma, como en vueseñorías, en lugar de los previos vuestras señorías, vues(s)as señorías, con flexión interna en las dos formas del compuesto (ver Cuadro 2 en el apéndice). Todo ello produce que entre vueseñoría y usía proliferen una serie de formas de evolución divergente y al final convergente que apenas sobrepasan el siglo

3 Podemos considerar que el desgaste de vuestra en vues(s)a, aunque sea primariamente fónico, también lo es morfosintáctico y semántico, pues se desdibuja la relación paradigmática con la clase de los posesivos. No obstante, también se podría argumentar que la atracción paradigmática se podría haber producido con respecto al pronombre personal vos, cuya -s se copiaría en la -s- de vuesa, según una entendible nivelación analógica (sobre la analogía, cf. Elvira 1998).

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XVII, las siguientes: vuseñoría, vusiñoría, useñoría, vusiría, vusía y usiría, todas documentadas en plural, menos *vusirías. Según CORDE, sólo tienen pervivencia residual, incluso hasta el XIX, vueseñoría, useñoría y usiría4. Estas formas no parecen deducirse linealmente unas de otras, sino que se produjo un proceso un poco más complejo. De este modo, mientras que el paso de vueseñoría a vuseñoría es sencillo, con una monoptongación similar a la de vuasted > vuested > vusted, a partir de vuseñoría se generan dos ramas evolutivas (aunque a la postre convergen en las mismas formas). Una rama, la más sencilla, que hemos situado a la derecha en nuestro esquema, produce vuseñoría > useñoría, con aféresis de v-, similar a la de vuçed > uçed o vusted > usted. Este useñoría podría parecer un callejón sin salida, pero si postulamos un *usiñoría (no documentado de momento, aunque muy posible), con metafonía de e en i por asimilación con la vocal tónica í, podemos llegar a usiría, por síncopa de -ño-. La forma usiría también se alcanza por la otra rama, la de la izquierda: de vuseñoría se deriva vusiñoría, por metafonía-asimilación con la í tónica, como la que hemos postulado para *usiñoría > usiría (tipo de cambio que diferencia la evolución de vuestra señoría en usía de la de vuestra merced en usted). A partir de vusiñoría se produce por haplología de -ño- la forma vusiría, que de nuevo se bifurca en dos evoluciones posibles: usiría por aféresis de v-, o vusía por síncopa de -ir-. Por último, usía parece derivarse por aféresis de v- a partir de vusía (forma también documentada en el siglo XVII coetáneamente a usía), pero igualmente es posible –desde un punto de vista fonético– su obtención por síncopa de -ir- desde usiría, aunque esta forma no la encontremos en el siglo XVII (lo cual no quiere decir que no fuera posible su existencia en estado latente). En este punto hay que considerar la hipótesis de Ly (1981: 15) de si era más cortés el empleo de la forma completa (vuestra señoría/su señoría) o el de las formas desgastadas en su significante, manifestación de la devaluación semántica y pragmática de la forma5.

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Nuestro pequeño corpus de teatro del siglo XVIII (cf. Sáez Rivera 2012a) también registra ambas formas: useñoría y usiría en No Hay Deuda Que no se Pague y Convidado de Piedra (1713), de Antonio Zamora, y usiría en los Sainetes, de Ramón de la Cruz. En cambio, en el conjunto de textos teatrales decimonónicos estudiados en Sáez Rivera (2012b) solo aparece documentado usía, mientras que CORDE para el mismo siglo documenta otras formas desgastadas de vuestra señoría (vueseñoría, useñoría y usiría), que aparecen por arcaísmo, y no como restos de antiguas pugnas entre formas, conforme ocurriría aún en el XVIII. 5 Creo que merece la pena reproducir la cita completa de Ly (1981: 15): “il était plus poli d’user de la formule dans son intégrité (Vuestra Excelencia ou Vuestra Señoría) que d’employer une formule lésée dans son physisme (Vuecelencia ou Vueseñoría et, bien entendu, tous les avatars de Vuesa Merced), l’allégement sémiologique n’étant que le signe d’une dévaluation sémantique”.

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Para ello, primero debemos explicar con más detalle el valor de Señoría como forma de tratamiento. Así pues, aunque siempre se produce un desfase entre práctica y ley (Ly 1981: 65), lo más sencillo es partir de la abundante legislación que regulaba los tratamientos en una serie de pragmáticas, reales órdenes, reales decretos y diversas disposiciones legales que, para el Antiguo Régimen, se recogen en la Nueva recopilación de las leyes de España, mandada compilar por Felipe II, quien puso en vigencia en 1567 este cuerpo legislativo que compendiaba gran parte de las leyes anteriores (Fuero Real, Ordenamiento de Alcalá, el de Montalvo, las Leyes de Toro, etc.). Esta Nueva recopilación, conocida simplemente como la Recopilación, se iría reeditando y ampliando posteriormente durante los siglos XVI, XVII y XVIII hasta desembocar a comienzos del siglo XIX en la Novísima Recopilación de las Leyes de España, ordenada compilar por Carlos IV y promulgada en 1805, con vigencia de la mayor parte del texto durante el mismo siglo XIX. Pragmáticas y Recopilación eran bien conocidas y, aunque sin citarlas directamente, se hacen eco de sus disposiciones tanto los gramáticos españoles como los extranjeros del español. Entre los gramáticos-lexicógrafos extranjeros, un ejemplo destacado es el de Oudin y sus plagiadores-continuadores. Así, César Oudin incluyó en la nomenclatura al final de la edición de sus Diálogos muy apazibles en español y francés (1622) un compendio sobre los tratamientos debidos en español, copiados y traducidos al italiano por Franciosini en sus Dialoghi piacevoli de 1626 y aislados por Francisco Sobrino en un apartado destacado de sus Diálogos nuevos en español y francés (1708), acicate para el Secretario español (1720) del mismo autor, que ponía en práctica tales tratamientos en un manual epistolar español-francés. Dentro de España, ya Covarrubias (1611) indica que señoría se da a las personas nobles con título, como condes y marqueses, explicación similar a la que dan Franciosini (1620), Sobrino (1705) y Stevens (1706) en sus diccionarios, según se recoge en el NTLLE (RAE 2001: s. v. señoría). En el mismo Diccionario de Autoridades se cita con absoluta precisión el libro IV, título I, ley 16 de la Recopilación que regula el empleo de tratamientos (RAE 2001: s. v. excelencia), exactamente la misma referencia que hace Josef Balbuena Pérez en su Arte nuevo de enseñar niños, y vasallos a leer, escrivir, y contar las Reglas de Gramatica, y Orthografia Castellana, precisas para escrivir correctamente; y formulario de Cartas con los correspondientes tratamientos (1791: 56). Pese a la difusión de la Nueva recopilación, nosotros nos fijaremos con más detalle en el “TITULO XII. De los tratamientos de palabra y por escrito”, tomo III de la Novísima recopilación (NR 1805-1829: 175-182), como bisagra legislativa entre la Edad Moderna y la Contemporánea. Allí se recogen las primeras disposiciones sobre Señoría: Felipe III, en pragmática de 5 de enero de 1611,

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prescribe Señoría Ilustrísima como tratamiento a Cardenales, al Presidente del Consejo de Castilla y al del de Aragón, al Inquisidor General y al Arzobispo de Toledo (elevado a Excelencia por Felipe V en 1721), y el de Señoría a Arzobispos, Obispos, Grandes, Embajadores (NR 1805-1829: 175-176). Una lista más completa ofrece el epígrafe 14: (2) D. Felipe IV. en dicha pragm. de [7 de Agosto de] 1636; D. Felipe III. en las de 2 de Julio de 1600, 5 de Enero y 12 de Abril de 611; y D. Felipe IV. en la de 636. 14 Permitimos, se pueda llamar Señoría á los Marqueses, Condes, Comendadores mayores de las Ordenes de Santiago, Calatrava y Alcántara, y á los Claveros de las dichas tres Ordenes; y al Gobernador del Arzobispado de Toledo, y á los Presidentes de los nuestros Consejos y Chancillerías; y á los Priores y Baylíos de la Orden de San Juan, y à los Priores de Uclés y San Marcos de Leon de la Orden de Santiago durante el tiempo de sus oficios; y á los Príncipes, Duques, Marqueses y Condes extrangeros; y à los Visoreyes y Generales de Exércitos y Galeras, y Armada del mar Océano, ú otra qualquier Armada (y no de esquadras, flotas ni galeones), y á los del Tuson, Maesses de Campo, Generales ó Gobernadores de Exércitos, y á los Vizcondes, y á las Ciudades cabezas de Reyno, y á las otras, y villas que tienen voto en Córtes, y á los Cabildos y Iglesias metropolitanas, donde hubiere costumbre de llamársela, y á las hijas de los Grandes se les pueda llamar y escribir Señoría (NR 1805-1829: 176).

En los epígrafes 15-17, en pragmáticas de Felipe III y Felipe IV, se amplía el tratamiento de Señoría a Gobernadores de los Consejos de Castilla y de Aragón y a los Gobernadores y Presidentes del resto de Consejos, así como a mujeres emparentadas con Grandes y Caballeros de Títulos (básicamente mujeres, hijas y nueras, las dos últimas con algunas restricciones). En el siglo XVIII y principios del XIX, ocurre un fenómeno interesante, que ya hemos visto esbozado por Felipe V con respecto al arzobispo de Toledo: tanto Carlos III como Carlos IV van a elevar cargos de Señoría a Excelencia, a la vez que amplían y precisan el tratamiento de Señoría (esta última tendencia ya presente en los Austrias) (NR 1805-1829: 177-182). Así, Carlos III concreta el tratamiento de Señoría para los Oidores de Chancillerías y Audiencias, y prescribe en la correspondencia de oficio el empleo de Excmo. Señor con los Secretarios de Estado, Del Despacho Universal de Estado, Gracia y Justicia, Guerra, Indias, Marina y Hacienda; con los Capitanes Generales del Ejército y con los Tenientes Generales, así como concede el título de Excelencia a los Capitanes Generales del Ejército y Armada, Tenientes Generales, a los Virreyes en funciones o retirados, a los Embajadores extranjeros o nacionales en función o retirados. Por su parte, Carlos IV prescribe el empleo de Señoría para el Tribunal del Consulado

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de Bilbao; los Mariscales de Campo, Coroneles, Intendentes y Comisarios Ordenadores del Ejército; los Auditores de Guerra, los Alcaldes del Crimen de las Chancillerías, y lo confirma para los Oficiales de las Secretarías de Estado y del Despacho, al igual que eleva con el tratamiento de Excelencia a los Virreyes interinos. Aunque se dice legislar sobre los tratamientos en la escritura y en el habla, no se consigna ninguna forma desgastada, ni si se debe emplear vuestra señoría o su señoría. Que no se diga nada de formas como vueseñoría, useñoría o usía no tiene por qué ser tanto indicio de su condena como otorgamiento de carta blanca para su uso. Habrá que ver cómo son los testimonios documentados para decidir: Como prueba de su tesis de que el desgaste fónico y el pragmático iban de la mano, Nadine Ly (1981: 334) aduce un pasaje de El perro del hortelano de Lope de Vega, en el que el criado Tristán emplea vusiñorías con el marqués Ricardo y el conde Federico, que conspiran contra su amo Teodoro. Pero también emplea el mismo Ricardo vusiñoría para requebrar a la condesa Diana, la protagonista de la obra, y vuseñoría-vuestra señoría lo emplean criados para dirigirse a sus amos nobles, mas también los nobles titulados entre sí. En estas y otras obras de Lope, el empleo de la forma completa o una forma desgastada parece no deberse más que a la conveniencia del metro y la rima, sin que haya una diferencia pragmática, ni de asociación a estratos sociales. Es cierto que, empero, las formas reducidas abundan en el empleo burlesco, carnavalesco o degradado de los entremeses del siglo XVIII, con aparición en boca de personajes bajos, y para dirigirse a otros personajes a los que no es posible que se le deba el tratamiento tan alto de señoría, como en este entremés, en el que un capitán se dirige a un matador de toros como vusiría: (3) CAPITÁN. Dos balazos me han dado en los talones. / BABILÉS. Otras dos tengo yo de sabañones. / CAPITÁN. Más honra suele darse a los soldados / cuando son como yo; / y estos enfados me pagará algún día / pues se burla de mí vusiría (Quirós, Aventuras de don Fruela, 1656, apud CORDE).

Ahora bien, la burla o la gracia creo que está no tanto en el empleo de una forma desgastada (forzada por otro lado por metro y rima) sino en el empleo erróneo del tratamiento o de tratamientos inapropiados del tipo de vuestra reverencia o vuestra infantería, procedimiento habitual en la literatura de la época para caracterizar a los bobos rústicos (Ly 1981: 294), y una de las “prevaricaciones idiomáticas” de Sancho Panza (Alonso 1948).

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A partir de aquí, negrita añadida por mí en los ejemplos.

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También es posible detectar un uso carnavalesco, de burlón disfraz, cuando los personajes juegan a tener una categoría social que no poseen, pero de hecho el mismo juego “de señorear” funcionaría con la fórmula completa: (4) Acabóse la fiesta y cenaron, y por ser tarde para el intento de don Gedeón, se despidió de su dama diciendo que se iba a su posada. Y ella muy llorosa le dijo: –No sé qué es, que siento ahora más que otras veces que se vaya vusía. Gedeón la consoló, diciendo: –De aquí a mañana breve es el plazo. Estando en esto, llegó la vieja y, con la rodilla en tierra, dijo: –Ya tiene usía recado en el tocador. Ella divertida de verse señorear, dio un abrazo a su amante, y se fueron, ella a su cama, y él a lo que dirá el siguiente capítulo (Quirós, Aventuras de don Fruela, 1656, apud CORDE).

Por tanto, no creo que en el siglo XVII la degradación fonética implique degradación pragmática. Prueba de ello es que Sobrino (1708: 328) a comienzos del XVIII ya dé como totalmente equivalentes Vuestra Señoría con Usía o Useñoría: (5) Parlant à un homme tître, auquel on ne donne pas le tître d’Excellence, on dira, Señor, & dans la suite du discours, Usìa. Useñoria, ou Vuestra Señoria. Parlant à la femme, on dira Señora, & dans la suite du discours, tout de même qu’à l’homme. En écrivant, on mettra à la marge, Señor mio, & on commencera la lettre en continuant la même ligne; dans la narration de la lettre on dira, Usìa, Useñoria, ou Vuestra Señoria, à la fin de la lettre on mettra, B. l. m. de V. S. Su mas rendido servidor, ou Su mayor servidor (Sobrino 1708: 328).

En todo el siglo XVIII la forma usía tuvo una gran fortuna, de lejos la forma más frecuente con respecto a todas las demás, completas o reducidas (ver cuadros 1-3). ¿A qué se puede deber este triunfo de usía? En primer lugar, hay que considerar que en el Antiguo Régimen, y especialmente en la Edad Moderna, el anhelo de ascensión social se centraba en el deseo de elevación a la categoría de noble o a la obtención de un cargo y oficio público o religioso (la mayoría de las veces correlativo con la nobleza), según Domínguez Ortiz y Alvar Ezquerra (2005: 165-183). Muchos títulos arrancan de la Edad Media, frente a otros (y muchos cargos) que son recompensas reales contemporáneas por servicios prestados, o también resultan fruto de venta por parte del Rey, como recuerdan estos mismos autores, venalidad que sólo cesa a mediados del siglo XVIII. Entre tanto, el número de nobles con título, a los que por tanto se debía Señoría, no hizo sino aumentar con un momento

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de inflexión especial en el paso del XVII al XVIII, por la gran cantidad de ventas de títulos en el reinado de Carlos II y por la Guerra de Sucesión, en la que tanto Felipe V como el archiduque Carlos recompensaron largamente las adhesiones a su bando, que incluso acabaron siendo reconocidas en el Tratado de Viena (1725) a los perdedores exiliados en Austria, que por ello pudieron volver, contribuyendo con ello al aumento de títulos nobiliarios en el XVIII (cf. Sáez Rivera 2006: 2908). Los anhelos de ascensión social por medio de adquisición de la nobleza son de hecho un leit-motiv del siglo XVIII, especialmente reflejado en el teatro (Andioc 1987: 183-258): mientras que ya algunas obras del XVII reflejan casos de ascenso social, como El villano en su rincón, de Lope de Vega, o La villana de la Sagra, de Tirso de Molina, el número de personajes que ascienden o intentan hacerlo por medios más o menos lícitos o mágicos aumenta exponencialmente en el teatro popular dieciochesco, sobre todo en la comedia de magia; en cambio, el teatro ilustrado trata de satirizar o paralizar tales pruritos de ascenso social por parte de la clase baja. Un ejemplo paradigmático es el presentado en Los menestrales (1784), obra del ilustrado Cándido María Trigueros, en la que un menestral, Don Justo, desea casar a su hija con un supuesto barón, un tal Rafa, que al final no es sino un humilde y pícaro zapatero de Granada. El deseo de ascender socialmente por la adquisición matrimonial de la categoría de noble se plasma en el anhelo del mismo tratamiento de usía, como confiesa la esposa del menestral, Florentina (6). E igualmente la Tía Mónica en la obra de Fernández de Moratín El barón (1803), obra estrenada ya en el XIX, pero derivada de una zarzuela previa anterior, quiere casar a su sobrina con un falso barón, en gran parte para poder recibir tratamientos de alto copete, tanto doña, como excelencia antes que un deformado ñoría (derivado de señoría) que ya se ve como insuficiente y ordinario, conforme le echa en cara su hermano Don Pedro (7): (6) FLORENTINA / No te lo niego, / que yo, Justo, también me lo imagino: / piensa encontrar un yerno con usía (Trigueros 1997[1784]: 95). (7) DON PEDRO […] Mira, tú rabias / por hacer gran papelón; / […] Te comes de envidia / cuando ves que a las hidalgas / las llaman doñas, te lleva / Dios cuando las ves sentadas / en la iglesia junto al banco / de la justicia, y por darlas / que merecer, por vengarte / de la humillación pasada, / eres tú capaz no solo / de entregar esa muchacha / a un hombre indigno, sino / de ponerte a la garganta / un dogal. / TÍA MÓNICA / ¿Yo? / DON PEDRO Tú… ¿Qué ideas / tienes tan descabelladas / de grandeza? ¿No es verdad / que ya a tus solas aguardas / el feliz momento en que / oigas que todos te llaman / excelencia, que ñoría es cosa bien ordinaria? (Fernández de Moratín 2003[1803]: 133-134).

Todo ello explica el aumento de empleo de vuestra señoría y con ello su desgaste fónico extremo en usía. Tan frecuente es el empleo de usía que parece dis-

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putarle el lugar al mismo usted, y se emplea incluso como sustantivo no vocativo, así en Los usías y las payas (Lapesa 2000[1970]: 320), el famoso sainete de Ramón de la Cruz (autor muy gustoso del empleo de usía, que utiliza abrumadoramente en su obra): aquí usía sirve para designar, incluso burlonamente, a los que reciben ese tratamiento o quieren recibirlo, a veces sin tener el título o cargo debido, unido a la presunción y a la ostentación económica. Al emplearse como sustantivo, usía se pluraliza con mayor facilidad, así como se construye con todo tipo de determinantes y es modificado por gran diversidad de adjetivos. Como ya he mostrado en Sáez Rivera (2012a), la clase baja (el pueblo) simplemente emplea usía para dirigirse al que es superior (así en la relación criado-amo) o parece superior, tenga título conocido o se comporte como si lo tuviera. Uno de los primeros ejemplos, el primero que de hecho registra CORDE, aparece en el Fray Gerundio de Campazas (1758), del padre Isla, en un pasaje del libro IV, capítulo octavo (8): Antón Zotes, confundido ante el porte de un caballerete afrancesado sin título claro o reconocido más que el de monsieur, le trata de un desmedido usía (que no parece molestarle a don Carlos, el caballerete), mientras que después el magistral le dirige un más ajustado usted en respuesta al mismo tratamiento de usted que el caballerete depara; fijémonos además que Antón Zotes, otro ejemplo de bobo rústico, emplea un incorrecto su usía, cruce de usía y su señoría (ya más frecuente que vuestra señoría): (8) El bonazo del tío Antón, que jamás había oído hablar aquella jerigonza, como entendió cosa de cámara y retrete, ¿qué pensó? Que a aquel pobre caballero se le ofrecía alguna urgencia natural de las que dan pocas treguas, y quería desembarazarse de ella antes de ver al magistral. Y así, con grandísimo candor, le condujo a un cuarto estrecho y obscuro, cuya puerta falsa daba a la alcoba donde dormía su primo, y le dijo en voz sumisa: –Entre ahí su usía y a manderecha hallará lo que tiene de menester; porque ahí está la cámara de mi primo el canónigo. Avergonzóse un poco don Carlos; pero, como era mozo despejado, volvió luego en sí y dijo al tío Antón: –Bien se conoce que el huésped es un grueso burgués y un miserable paisano. Por ahora no he menester estos utensilios. Lo que digo es que me conduzga al cuarto o a la sala del señor magistral. –¡Ah! Eso es otra cosa –respondió el bonísimo de Antón–. Si su usía se hubiera espricado ansina desde luego, ya le hubiera entrado en ella sin arrudeos (Isla, Fray Gerundio de Campazas, 1758, apud CORDE).

Encontramos otros ejemplos de usía en nuestro pequeño corpus teatral, con diferentes relaciones sociales, sin mediación de títulos nobiliarios: el criado con el amo (9), por clases bajas para dirigirse a las altas (10), así como entre personajes de copete, aunque sin título (11):

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(9) CRIADO 1.º / Como dijo / Camacho que no se cierre / porque ya venía usía… / DON JUAN / Si otra vez os acontece, / con ahorcaros de una reja / haré yo que se remedie (Zamora, No hay deuda que no se pague, 1713, p. 151). (10) CALDERÓN. […] ¿oyes, no sabes / que me han traído de Francia / un vestido muy bonito? / IBARRO. No señor; yo iré mañana / a tomar medida y verlo. / CALDERÓN. Mejor será que no vayas, que quiero yo ir a tomar / las medidas a tu casa. / IBARRO. Siempre que usía gustare. / CALDERÓN. Adiós; ah, se me olvidaba. / ¿Está aquí tu mujer? / IBARRO. Ésta / es. ¿Por qué no te levantas / y hablas a su señoría? / PAULA. Ya voy. / IBARRO. / Señor, perdonadla, / que es muy corta. (Cruz, Sainetes, 1765-1779, p. 120). (11) JOAQUINA. Me alegro de ver a usía. / EUSEBIO. ¿Es ésta vuestra parienta? / IBARRO. Sí, señor. / PAULA. Por muchos años. / IBARRO. Señora, usía que los vea. ¿Dónde gusta de sentarse / usía? / PAULA. Donde esté cerca / y haya dos asientos juntos (Cruz, Sainetes, 1765-1779, p. 145).

Por tanto, en este siglo XVIII sí podemos observar una cierta degradación sociopragmática de usía. Pero ¿qué ocurre en el siglo siguiente, el siglo XIX? Por los ejemplos observados, parece producirse menos abuso de usía, lo cual no impide que los casos registrados en CORDE de usía sean aún mucho mayores: ello se debe a que la masa documental es mucho mayor y al gusto por los géneros históricos (sobre todo la novela histórica), así como por un estilo algo arcaizante, todo típico de la época, de modo que también sube la frecuencia de vuestra señoría, vuesa señoría o vueseñoría. Si Cruz era el paladín de usía en el XVIII, en el XIX lo será Galdós, que lo emplea mucho en sus Episodios nacionales y en otras novelas, sobre todo históricas, aunque –al igual que hacen otros autores del momento– siempre para designar a personas con cargos: alta nobleza, altos grados militares, políticos, etc. En el siglo XIX destaca el testimonio de Ramón Joaquín Domínguez, que en su Diccionario Nacional (2.ª ed., 1853, apud RAE 2001a: s. v. señoría, usía) indica la extensión de (su) señoría = V. S. a los diputados y cargos militares (a lo que podemos añadir jueces), su equivalencia con usía e incluso su mismo empleo vulgar-burlesco (descrito por primera vez en la lexicografía del español); destaca que en usía distingue entre un uso como pronombre y otro como sustantivo: (12) Señoria, s. f. Tratamiento que se da á las personas constituidas en cierta dignidad, á quienes compete por reglamento ó disposicion superior; v. g. Á los intendentes, diputados á cortes, brigadieres de ejército etc. Es sinónimo correlativo de usía; y lo mismo es decir: si su señoría quiere, que si se dijera: si V. S. quiere etc. Antiguamente significaba algo mas, y hoy tambien, cuando precede á la palabra Ilustrísima, en cuyo caso es tratamiento de obispos, de altos magistrados, caballeros de ciertas órdenes y notabilidades jerárquicas en diferentes grados de la escala social. // La persona á quien se da el tratamiento de usía. // vulg. irón. V. USÍA.

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(13) Usia, pron. vocativo que se usa en lugar de vuestra señoría. // s. m. Persona que tiene este tratamiento, y entre el vulgo, toda persona de consideracion ó demasiado presumida y así se dice: un usía; las usías.

En el siglo XX usía como sustantivo desarrolla una acepción más, aún de gran fortuna a finales del XX y principios del XXI (si consultamos CREA): usía como ‘el presidente de una corrida de toros’, según su primer registro lexicográfico (Diccionario manual de la RAE, 1985, apud RAE 2001a: s. v. usía), muy posterior a su primera documentación en CORDE, que data de 1910: (14) Al tomar la primera vara [el toro] Cigarrero, se quebró la mano izquierda, y con ella colgando, y remetió á los piqueros ocho veces, con gran codicia, sin retardar ni volver la cara, mientras el público hortaba al presidente para que el doliente animal fuese retirado al corral. No accedió á la petición del respetable el usía (Antonio Navarro, La peña, Alicante, 1910, apud CORDE).

Paralelamente, del usía sustantivo se deriva en el siglo XX la locución verbal tener usía, en primer lugar con el sentido “Tener derecho al tratamiento de usía”, pero también como “tener [algo o alguien] usía”, con sentido humorístico, ‘Ser de respeto’ (Seco et al. 1999, s. v. usía), con el ejemplo que vemos en (15); a esta definición añaden Seco et al. (2004, s.v. tener usía) la aclaración “G[ene]ralm[ente] ponderando la calidad o la dificultad”, con lo que se entiende mejor el uso de esta locución, que ilustran los mismos autores de nuevo con (15), pero también con (16): (15) Se comían unas judías a la bretona que quitaban el hipo por lo sabrosas. El vino también tenía usía (Antonio Díaz-Cañabate, Paseíllo por el planeta de los toros, 1970, p. 122 apud Seco et al. 1999, s. v. usía/apud CORDE). (16) La corrida traía hule, cualquiera que fuese el lado por donde se mirara. La corrida de novillos tenía usía (Joaquín Vidal, El País, 16-05-2000, apud Seco et al. 2004, s. v. tener usía).

El surgimiento de esta locución verbal es relacionable con el posible uso humorístico de usía como referido a persona, también según Seco et al. (1999, s. v. usía): “Vuestra señoría. Empleado como tratamiento de respeto para determinadas perss. Tb (humoríst) referido a cosas”, con un ejemplo que incluye la colocación tratar de usía (análoga con tratar de tú, de vos, de usted): (17) Prefieren solazarse con los productos de su región: patatas, judías rojas, … chorizos, que hasta la gente menos respetuosa debería tratar de usía” (Luis Antonio de Vega, Viaje por la cocina española, p. 34, apud Seco et al. 1999, s. v. usía).

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Menos vivo es el empleo de usía como tratamiento en el siglo XX, que va decreciendo en uso desde comienzos de siglo, casi reducido al lenguaje jurídicoadministrativo-militar, e incluso ahí en peligro, pues parece preferirse la forma nominal de (su) señoría7. Así, para el siglo XX Pedroviejo (2009) indica, según diferentes normas legales y manuales de urbanidad, el tratamiento de señoría para los Jueces (ya en el XIX), Coroneles, y Capitanes de navío, Caballeros en la Placa de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo, Jueces Militares, Generales, Jefes de escuadra, Consejeros, Comisarios, Tenientes de Alcalde, Directores Generales de la Administración Pública, Delegados de Hacienda, títulos de Castilla y sus primogénitos. A partir de la reinstauración de la democracia en España, después de la muerte de Franco, se produce un curioso fenómeno: pese a las disposiciones oficiales que proscriben el uso de fórmulas de tratamiento personal en la Administración Pública (por ejemplo en 1986), aún pervive su uso en numerosos documentos (MAP 1990: 143). El último ejemplo de esta tensión la podemos observar en el mismo siglo XXI entre la completa lista de tratamientos que aún consigna Martínez de Sousa (2009: 690-693) y el Código de Buen Gobierno promovido por el primer gobierno de Rodríguez Zapatero, por el que se reducen drásticamente los tratamientos: (18) El tratamiento oficial de carácter protocolario de los miembros del Gobierno y de los altos cargos será el de señor/señora, seguido de la denominación del cargo, empleo o rango correspondiente (BOE 56, 7/3/2005, p. 7955).

3.2. FORMACIÓN E HISTORIA DE USÍA COMO FRUTO DE LEXICALIZACIÓN + GRAMATICALIZACIÓN

En la evolución de vuestra señoría a usía hemos observado una serie de procesos de metonimia (de la señoría o dominio de algo a la persona que la posee en la

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Según Martínez de Sousa (2009: 693), se debe aún señoría a barón y al alcalde de municipio no capital de provincia, y señoría, usía al capitán de navío, coronel y juez militar. La última revisión en línea del DRAE (2001b: s. v. señoría, art. enmendado), indica señoría como el “[t]ratamiento que se da a quienes corresponde por su dignidad, como jueces o parlamentarios”. Y, según RAE (2009: 1257), usía se debe además a jueces en Chile. Aparte, según fuentes propias, aún en España sigue vigente el empleo oral de vuecencia y usía en el lenguaje militar: “depende con quien hables se utiliza usted para cualquier superior a ti, usía para coronel y vuecencia para generales” (informante dentro del Ejército español, negrita mía), lo que coincide para usía con la aclaración en Moliner (2007, s. v. usía): “Fórmula de tratamiento muy respetuosa aplicada a determinadas personas. Particularmente, a los militares con grado de coronel: ‘A la orden de usía’”.

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formación de vuestra señoría como fórmula de tratamiento, y luego del mismo tratamiento para designar a la persona con la que se utiliza [el usía]), un cambio gradual de una forma a otra, con numerosos estadios intermedios, un proceso de fusión (unión de formas, que traslada el plural al margen derecho de la forma) con coalescencia o desgaste fónico y una progresiva falta de motivación semántica (del empleo de vuestra señoría > usía con señores titulados a personas con meros cargos o incluso sin ellos). Según Brinton y Traugott (2005), todos estos procesos pueden ser indicio de lexicalización o de gramaticalización, pero ¿cuál es la respuesta para vuestra señoría > usía?, ¿este proceso indica un caso de lexicalización o de gramaticalización? Dado el paralelismo chocante (“frappant”) entre la evolución de vuestra señoría y la de vuestra merced (Ly 1981: 63) creo que será una buena pauta aplicar a vuestra señoría > usía el modelo de explicación de vuestra merced > usted, ya empleado antes, como un caso de gramaticalización (Sáez Rivera 2006: 29012903) o, mejor, de lexicalización en los inicios del proceso y posteriormente de gramaticalización (Sáez Rivera 2008: 64, n. 276), según las propuestas de frecuente interacción de ambos tipos de procesos, observada por Lehmann (2002: 15) o Rostila (2004). No obstante, también veremos que la evolución final de usía es un poco distinta a la de usted.

3.2.1. Lexicalización1: vuestra señoría En el siglo XIV, siguiendo una pauta recurrente en español8 para la formación de fórmulas de tratamiento (posesivo deferente vuestra + sustantivo abstracto en 8

E incluso productiva o semiproductiva, según los parámetros de Brinton y Traugott (2005: 94), o con productividad parcial (Goldberg 1995: 120-140). De hecho, no sería descabellado considerar que nos encontramos ante una colocación frecuente (cf. Blasco 2002) que haya servido como molde para una construcción conforme las entiende Goldberg (1995: 1), esto es, una estructura sintáctica que posee sentido por sí misma en tanto en cuanto se aparea forma y significado, en el caso de los verbos en el estudio de Goldberg (“constructions– form-meaning correspondences that exist independently of particular verbs”). En cambio, en nuestro caso se trataría de la construcción de POSESIVO DEFERENTE + SUSTANTIVO ABSTRACTO ALUSIVO AL RECEPTOR como forma de tratamiento formal reconocible fácilmente por el hablante y el oyente. Ahora bien, no se trataría de una construcción universal, sino idiomática, en el sentido de propia de un idioma, según la matización de la gramática de construcciones aplicada a la gramaticalización que hacen NørgårdSorensen et al. (2011: 71). O mejor aún, si consideramos el molde subyacente del latín que señala Koch (2008) para vuestra merced, fácilmente extrapolable a otras fórmulas de tratamiento, en realidad se trataría de una construcción que se difunde en forma de tradición discursiva al menos a nivel románico (cf. Coffen 2002) e incluso lo desborda (así con ejemplos en inglés como Your Lordship), en forma de tradición discursiva de ámbito occidental.

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femenino, del tipo merced, alteza, majestad, pero también prevaricaciones como infantería) se produce la lexicalización de vuestra señoría, según la definición de Lehmann (2002: 14), pues es una forma de acceso holístico (se recuerda como una unidad en el inventario léxico) y en cierta manera opaca (pues no se deduce automáticamente de señoría las personas a las que se puede aplicar, que se van clasificando poco a poco) e incluso irregular (en su atrición en vuesa señoría). También casa con la definición de Brinton y Traugott (2005: 96) de la lexicalización como ‘el cambio por el que en ciertos contextos lingüísticos los hablantes utilizan una construcción sintáctica o formación de palabras como una nueva forma llena con propiedades formales y semánticas que no son derivables de forma completa y predecible a partir de sus constituyentes; a lo largo del tiempo puede haber mayor pérdida de composicionalidad interna y la pieza puede pasar a ser más léxica’. Así, vuestra señoría es un construcción sintáctica que se inventaría como un todo fijo, con pérdida de libertad de combinación sintáctica (no permite la inserción de elementos intermedios, y el único adjetivo con el que se combina es ilustrísima –si es que no consideramos que vuestra señoría ilustrísima es otra pieza distinta–). Esta reducción de composicionalidad se manifiesta en el desgaste de vuestra en vues(s)a. La forma posee características especiales no deducibles totalmente de su composición como fórmula de tratamiento que va progresivamente ampliando (pero también concretando) las personas con las que es debida. Ahora bien, se mantiene cierta composicionalidad (recordemos que la lexicalización es siempre una cuestión de grado) manifiesta en la flexión interna de plural (vuestras señorías), la escritura en forma de dos palabras gráficas, y el hecho de que a partir del siglo XVI el posesivo de segunda persona del plural se convierta en su (que originalmente designaba a la persona de la que se hablaba, no con la que se hablaba), paralelo a la propia fortuna de vuestra merced > usted y del empleo de la 3.ª persona del singular con valor deferente en sustitución de la segunda persona del plural (RAE 1973: 341: 12; Lapesa 2000[1970]: 320-321), y que podemos observar cuantitativamente si comparamos los cuadros 1-2 con el 3: conforme desciende el uso de vuestra(s) señoría(s) a partir del siglo XVII aumenta paralelamente el de su(s) señoría(s). La sustitución diacrónica de vuestra > su, de un posesivo deferente por otro, se añade como prueba de que nos encontramos ante una construcción (Goldberg 1995: 1) de POSESIVO DEFERENTE + SUSTANTIVO ABSTRACTO ALUSIVO AL RECEPTOR que indica por sí misma el hecho de que es una fórmula de tratamiento, lo que explica también que las prevaricaciones de tratamientos sean fácilmente reconocibles como tratamientos, aunque marrados y por ello risibles o hilarantes.

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3.2.2. Gramaticalización: vuestra/vues(s)a señoría > usía1 Ahora bien, el siguiente paso es ya una gramaticalización (producida entre los siglos XVI y XVIII), similar a la de vuestra merced > usted: vuestra señoría, que pasa como honorífico de un inventario abierto (léxico) como fórmula de tratamiento9 a un inventario cerrado (gramatical) como pronombre de tratamiento usía. Según procesos habituales en la gramaticalización (Lehmann 1995; Hopper y Traugott 2003), se produce un desgaste fónico o atrición avasallador (al igual que ocurría con usted), pues pasamos de 6 sílabas en dos palabras gráficas (vuestra señoría) a meramente 3 sílabas en una sola palabra gráfica, producto extremo de fusión, condensación y coalescencia en usía. Al igual que ocurrió con usted, se produjo un proceso de estratificación o de convivencia de formas (sobre todo en el siglo XVII), desde vuestra señoría, vuesa señoría a vueseñoría, vuseñoría, useñoría, usiría, vusía…, de entre las cuales triunfa usía en el siglo XVIII por un proceso de fijación o especialización. También podemos considerar que se produce paradigmatización en la clase de los pronombres, facilitada por su citada reducción fónica (que ayuda a su memorización y manejo como unidad gramatical con un significado meramente referencial de deíxis social), de ahí que tenga un plural normal en -s (usías) y que incluso podamos observar cierta analogía de usía con usted que hubiera podido influir en idéntico comienzo en u-. Ahora bien, también hay diversas opiniones que señalan que usía ha evolucionado menos que usted (RAE 1973: 342-343; Ly 1981: 15, n. 12), lo que implicaría que es una forma menos gramaticalizada (recordemos que, al igual que la lexicalización, la gramaticalización es una cuestión de grado, que permite también pensar las categorías gramaticales como compartimentos no estancos, sino graduales, con diferentes manifestaciones de prototipicidad, cf. por ej. Taylor 1995; Company 1997). Así, usía aún se puede combinar con el adjetivo formulario ilustrísima, mientras que usted no admite más adjetivo que los propios de los pronombres personales (solo y mismo). También la estratificación es más amplia: usía todavía convive con vuestra señoría (como arcaísmo) y con su señoría, así como con el vocativo ¡señoría!, lo que permite asociar todas las formas entre sí, mientras que, al ya no emplearse vuestra merced-su merced de forma general (su merced es un arcaísmo dialectal típico de Santo Domingo y otras zonas, cf. RAE 2009: 1257), se ha perdido la conexión entre vuestra merced y usted, de modo que tampoco se emplea merced como vocativo. Asimismo, la instrucción pragmática para el empleo de usted (basada principalmente en la diferencia de edad y

9 Ver Fontanella de Weinberg (1999: 1419) para una lista bastante completa: Va. Excelencia, Su excelencia, Va. Señoría, Su Reverencia…

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de status social, cf. Coffen 2002: 256) es mucho más amplia y vaga que la de señoría-usía, limitada ya a algunos pocos cargos, y en uso recesivo. Una muestra de la mayor gramaticalización de usted frente a la de usía10 es que el DRAE (2001b: s. v. usted, usía) aún considera usía como sustantivo común en cuanto al género, y en cambio usted como pronombre personal.

3.2.3. Lexicalización2: usía1 > (el) usía2 Este es un proceso por el que no pasa usted, pero sí usía: debido a la fortuna de usía pronombre se genera en el siglo XVIII un empleo de usía como sustantivo, perfectamente detectado y discernido por Ramón Joaquín Domínguez (ver ejemplo 11). El mecanismo semántico de generación es el mismo que en la lexicalización1: la metonimia (de hecho, pace Brinton y Traugott 2005: 106, coincido con Moreno Cabrera 1998 en que la metonimia es un recurso propio de la lexicalización, o más propio de la lexicalización que de la gramaticalización, más dada a la metáfora): ‘el tratamiento en lugar de la persona a la que se le debe’. El mecanismo sintáctico es un poco distinto: la conversión de pronombre en sustantivo aprovechando el uso metalingüístico por el que toda categoría se puede citar en forma de sustantivo (“el tú”, “el desde”, etc.). Usía como sustantivo común en cuanto al género, aparte de construirse en plural (algo que comparte con el pronombre usía), se combina libremente con artículos definidos e indefinidos, adjetivos sin restricción, demostrativos, posesivos, numerales, cuantificadores, complementos del nombre, etc., todo fácilmente documentable en CORDE: “el usía forastero”, “la usía remilgada”, “usías babosos”, “este usía”, “aquella usía”, “cuatro usías”, “muchos usías”, “otras usías de medio pelo”.

3.2.4. Polisemia: (el) usía2 > (el) usía3 El siguiente paso ya nada tiene que ver con la lexicalización-gramaticalización: a principios del XX el sustantivo usía, por restricción de significado, desarrolla la acepción de ‘el presidente de una corrida de toros’.

10

El fenómeno ya se señala en el Esbozo (RAE 1973: 343), donde se indica que usted/ustedes está “mucho más lexicalizado que vuecencia y usía”. No obstante, según los parámetros establecidos en este trabajo, se debería haber escrito “gramaticalizado”, en lugar de “lexicalizado”.

PROCESOS DE LEXICALIZACIÓN/GRAMATICALIZACIÓN

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3.2.5. Lexicalización3: usía2 > tener usía Del sustantivo usía2 se produce la lexicalización de la locución verbal tener usía: del significado composicional de ‘tener el tratamiento de usía’ (que no se observa en CORDE hasta el siglo XX, en el ejemplo 19 de Baroja) al no composicional por metonimia ‘ser de respeto’ (ya que las personas que poseen un tratamiento elevado en principio deberían infundir respeto, el respeto equivale a poseer tratamiento así que si se indica que un objeto tiene tratamiento se indica ‘ser de respeto’), que recoge Seco et al. (1999, 2004, s. v. usía) y CORDE de forma muy tardía, en el año 1970, de cuando data el ejemplo (15), con sujeto inanimado. Aun sin haberse lexicalizado, también es posible una implicatura pragmática similar con tratar de usía, colocación con el mismo molde de tratar de tú, de vos, de usted... Así, en el ejemplo (20), localizado en CREA, de una novela de ambiente ciclista, tratar de usía se entiende aquí por ‘mostrar consideración’, con la particularidad similar a la de tener usía de que uno de los argumentos que es típicamente humano (aquí el complemento directo “a ciertos puertos” que he marcado con subrayado, en tener usía el sujeto) posee la referencia [-humano], que es la que desata la implicatura adecuada: (19) Para las categorías, los oficinistas suelen ser muy respetuosos. Yo recuerdo de chico haber oído a la mujer de un empleado de una capital de provincia decir muy en serio: –Mi marido tiene usía. Los aldeanos, en cambio, no sienten la idea de la clase ni de las diferencias sociales. Para ellos no hay más superioridad que la del dinero (Pío Baroja, Desde la última vuelta del camino. Memorias, 1944-1949, apud CORDE). (20) La voz de Radio-Tour vuelve a rugir. Sé por qué. Acaban de aflojárseme las piernas. Suponía que de un momento a otro habría que afrontarlo. Ya los tienes ahí, chaval. Las fieras. Ha pasado la moto junto a ti, mostrándote la pizarra. ¿Eres capaz de leer lo que pone? Debes de serlo. Sí, es cierto. Sencillamente se lee: “41”. Es suficiente. No han tenido tiempo más que para garabatear ese guarismo. Dos cifras y dos palitos. Te lo dije antes con el pensamiento: llegó el momento más importante de tu vida. Ahora es mejor que no recuerdes a Guillermo ni su consejo de que a ciertos puertos había que tratarlos de usía, pero sin mitificarlos en exceso (Javier García Sánchez, El Alpe d’Huez, Barcelona: Plaza y Janés, 1995, apud CREA).

4. Conclusiones Toda esta secuencia de procesos se puede ver más claramente en el siguiente esquema:

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DANIEL M. SÁEZ RIVERA

FIGURA 3 Lexicalización + gramaticalización de vuestra señoría > usía s. XIV

s. XVII

s. XVIII

s. XX

vuestra señoría (lexicalización1)

(su) señoría

vuestra señoría > usía1 (gramaticalización)

usía1 > (el) usía2 (lexicalización2)

(el) usía2 > (el) usía3 (polisemia)

(el) usía2 > tener usía4 (lexicalización3)

Me gustaría subrayar que mi estudio confirma que lexicalización y gramaticalización no tienen por qué ser procesos opuestos, sino que tienen mucho en común como procesos de rutinización lingüística y muchas veces interaccionan en los procesos de cambio lingüístico. Aunque pudiera parecer lo contrario, también se confirma la hipótesis de la unidireccionalidad de la gramaticalización como un cambio del léxico a la gramática, ya que el empleo de usía como sustantivo no significa una reversión de la gramaticalización (o desgramaticalización) sino un camino divergente abierto por un proceso de lexicalización, el cual recurre en un nuevo proceso de lexicalización como elemento formante de una locución verbal. Por tanto, lexicalización y gramaticalización no son opuestas sino ortogonales, o poliédricas, con combinaciones e interacciones particulares en cada caso. Hemos podido observar una vez más en el marco de la gramaticalización la interacción de la pragmática con el cambio fónico, sintáctico o semántico, con la originalidad de que hemos relacionado gramaticalización con cortesía lingüística, algo apenas practicado en la actualidad más allá de nuestros trabajos (Sáez Rivera 2006, 2008, 2012a, 2012b, 2013). Asimismo, desde el punto de vista de estudios sobre cortesía lingüística, se confirma la hipótesis de Brown y Gilman (1960: 264) acerca de la tendencia de desarrollo de las sociedades occidentales como sociedades abiertas, con un pro-

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gresivo rebajamiento del eje del poder en favor del eje de la solidaridad, unido a la movilidad social y a una ideología igualitaria en expansión.

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185

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APÉNDICE Frecuencias absolutas de las formas documentadas en CORDE CUADRO 1 Vuestra señoría > usía (singular) forma/SIGLO

XV

XVI

XVII

XVIII

XIX

XX

TOTAL

vuestra señoría

267

809

208

32

64

26

1406

vuesa señoría

0

9

25

0

21

3

57

vuessa señoría

0

1

0

0

0

0

1

vue señoría

0

0

2

0

0

0

2

vueseñoría

0

1

68

22

27

1

119

vuseñoría

0

0

15

0

0

0

15

useñoría

0

0

2

2

2

0

6

vusiñoría

0

0

2

0

0

0

2

vusiría

0

0

4

0

0

0

4

vusía

0

0

17

0

0

0

17

usiría

0

0

0

1

3

0

4

usía

0

0

77

182

375

114

746

186

DANIEL M. SÁEZ RIVERA

CUADRO 2 Vuestras señorías > usías (plural) forma/SIGLO

XV

XVI

XVII

XVIII

XIX

XX

TOTAL

vuestras señorías

4

58

39

8

10

6

125

vuesas señorías

0

0

28

0

0

0

28

vuessas señorías

0

0

1

0

0

0

1

vue señorías

0

0

0

0

0

0

0

vueseñorías

0

0

3

7

0

0

10

vuseñorías

0

0

1

0

0

0

1

useñorías

0

0

0

1

0

0

1

vusiñorías

0

0

2

0

0

0

2

vusirías

0

0

0

0

0

0

0

vusías

0

0

1

0

0

0

1

usirías

0

0

0

0

1

1

2

usías

0

0

0

71

26

1

98

CUADRO 3 Su señoría (singular), sus señorías (plural) forma/SIGLO

XV

XVI

XVII

XVIII

XIX

XX

TOTAL

su señoría

139

482

559

115

303

126

1724

4

29

11

4

29

10

87

sus señorías

II. LA CREACIÓN DE GRAMÁTICA, LÉXICO Y TEXTOS. INTERRELACIONES

EL CONTINUUM GRAMÁTICA-DISCURSO: C O N S T R U C C I O N E S I L AT I VA S E N T R E 1 6 8 4 Y 1 7 4 6 E N R E L AT O S H I S T Ó R I C O S * JOSÉ LUIS GIRÓN ALCONCHEL Universidad Complutense de Madrid

1. Introducción Los estudios sobre las oraciones subordinadas consecutivas e ilativas han distinguido tres tipos de construcciones que, desde una perspectiva formalista, se consideran distintos, aunque tengan en común el significado de ‘consecuencia’: las oraciones subordinadas consecutivas, introducidas por nexos discontinuos del tipo tal… que, tanto… que, de (tal) manera… que, etc.; las oraciones ilativas –subordinadas para unos, coordinadas para otros, interordinadas, en el fondo– introducidas por conjunciones o locuciones ilativas, como conque, luego, de ahí que, de manera que, de suerte que, etc.; y, por último, las oraciones yuxtapuestas con adverbios o locuciones adverbiales de significado ilativo –con función de conectores discursivos– como en consecuencia, por tanto, así, por consiguiente, etc. La Nueva gramática académica (RAE 2009: §§ 46.11 y 46.12) coloca las “subordinadas ilativas” entre las causales explicativas y la coordinación; precisa que no son como las subordinadas consecutivas ni como las yuxtapuestas con conectores; y destaca su dimensión enunciativa: la “subordinada” puede adoptar cualquier modalidad de la enunciación y puede ser subordinada de la enunciación o del enunciado. Esta doctrina plantea algunos problemas, que se hallan en la misma descripción de la RAE (2009) y que enumeramos brevemente: 1) La conjunción ilativa puede relacionar períodos de gran complejidad semántica y sintáctica, con lo que la construcción ilativa se sitúa entre la gramática de la oración y la del discurso. 2) Algunas locuciones son polisémicas: ilativas (así que, de manera que) o consecutivas (así... que, de manera… que).

* La realización de este trabajo se encuadra en el Proyecto de referencia FFI200802828/FILO, financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación (MCINN).

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3) Hay conjunciones y locuciones ilativas tónicas: así, de {suerte, manera, modo, forma} que, así (es) que, de {ahí/aquí} que…, cuando las conjunciones prototípicas son átonas. 4) Hay locuciones ilativas que pueden ir después de y: y de {ahí/aquí} que, cuando las conjunciones prototípicas no admiten este uso: *y pero, *y conque… 5) Hay conjunciones que pueden ser también adverbios de sentido ilativo: así, pues, así pues. 6) Algunas conjunciones (conque, luego, pues…) son también conectores supraoracionales y pueden introducir turnos discursivos, como las coordinantes (y, o, pero). 7) Hay adverbios y locuciones adverbiales que pueden ser también conectores: por tanto, por eso, de este modo… Creemos que las posibles soluciones a estos problemas –o, al menos, los planteamientos adecuados– se encuentran en un enfoque funcional y onomasiológico, que vaya de la función “conexión” a las diversas formas de manifestar la conexión (y no al revés) y que esté fundado en la teoría de la gramaticalización (Cano 2003: 301). La gramaticalización debe ser entendida en el sentido clásico de “creación de gramática” a partir del discurso –en el sentido saussureano de parole, de habla– (Lehmann 2002), pero también en el sentido de “creatividad gramatical”, que implica usar la gramática ya existente de un modo nuevo, lo que, en última instancia, nos conduce al cambio y a la creación de nueva gramática (Heine/Kuteva 2007: 15-16). Este amplio concepto nos lleva a enfocar, desde la gramaticalización, no solo la creación de conjunciones y locuciones conjuntivas ilativas, sino también las relaciones interoracionales y aun supraoracionales. Desde los trabajos más clásicos a los más recientes (Narbona 1978; Bartol 1986; Manzano Rovira 2011) se ha acudido a la gramaticalización y a la lexicalización para explicar la formación de algunas conjunciones ilativas a partir de los nexos discontinuos de las consecutivas (así… que > así que; de tal manera… que > de manera que, etc.), o a partir del sintagma relativo de antecedente oracional con que > conque (Girón Alconchel 2004). También se ha explicado por gramaticalización la creación de conectores consecutivos. Al aplicar la gramaticalización a la formación de conjunciones y conectores, se deja ver el parentesco no solo semántico y funcional, sino también formal, de los tres esquemas sintácticos que distinguen las gramáticas formales: consecutivas, ilativas y yuxtaposición con conectores. Pero no se superan ciertas dificultades, como las que se presentan cuando enfrentamos consecutivas e ilativas, dos estructuras sintácticas que difícilmente encajan en el mismo molde, sencillamente, porque las consecu-

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tivas están más acerca de las comparativas y de las relativas que de las ilativas, lo mismo que estas se arriman más a las causales externas e incluso a las coordinadas que a las consecutivas. Esta especie de contradicción puede resolverse si contemplamos la cadena de gramaticalización de las relaciones interoracionales (coordinación, interordinación y subordinación) y la posibilidad de extenderla a las relaciones supraoracionales. Esto es lo que pretendemos hacer en este estudio. En concreto, nuestro propósito es explicar –desde la teoría de la gramaticalización (TG)– la forma, el funcionamiento discursivo y la evolución de las oraciones ilativas y de los adverbios de sentido ilativo en tres textos de historia de entre 1684 y 1746: el texto completo del anónimo –y no estudiado desde el punto de vista lingüístico– Epítome de la vida y costumbres, muerte y entierro del católico monarca d[o]n F[elip]e Quinto (1746) y sendos fragmentos iniciales, de extensión equivalente a la de ese texto, de los Comentarios de la guerra de España e historia de su rey Phelipe V (1725), de Vicente Bacallar, y de la Historia de la conquista de México (1684), de Antonio de Solís. Las ilativas no se han estudiado en este período1, el cual, sin embargo, es importante por ser el período de transición del español clásico al comienzo del español moderno y por los cambios en las configuraciones de la oración compuesta que van a dar lugar a una nueva textualización con respecto a la sintaxis oracional y discursiva del siglo XVII (Girón Alconchel 2003). Este trabajo se compone de la presente introducción (§1), a la que seguirá un epígrafe dedicado al análisis del período ilativo (§2); otro (§3), a lo adverbios de sentido ilativo; y un último (§4), a las conclusiones.

2. Oraciones ilativas entre 1684 y 1746 En la descripción de los períodos ilativos nos fijaremos en tres aspectos: 1) gramaticalización de las conjunciones y locuciones conjuntivas y de la relación interoracional de las dos cláusulas del período; 2) la “dimensión discursiva” del período ilativo; y 3) su función en la organización textual.

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Sí hemos estudiado las consecutivas en este período (Girón Alconchel 2011) y también hemos expuesto una visión general de lo que cambia y lo que no cambia en algunas estructuras sintácticas del mismo (Girón Alconchel 2012a).

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2.1. GRAMATICALIZACIÓN DE LOS NEXOS Y DE LAS RELACIONES INTERORACIONALES En nuestro corpus principal –integrado por el Epítome y los fragmentos de extensión equivalente de los Comentarios de Bacallar y de la Historia de Solís– se encuentran las siguientes conjunciones y locuciones ilativas: conque2 (4 casos) en Solís, de género que (1 caso) en Bacallar; y en el Epítome, dos locuciones de intensidad-manera, con una ocurrencia cada una: de tal suerte que y de tal conformidad que, y tres de manera: de suerte que (4 casos), de manera que (2 casos) y de modo que (1 caso). De esta escueta lista se desprende un par de observaciones previas. En primer lugar, el Epítome se diferencia de Bacallar y Solís por el mayor número de locuciones ilativas y la mayor complejidad de las mismas, pues, junto a las inequívocamente ilativas, se documentan otras polisémicas, susceptibles de interpretarse como ilativas o como consecutivas, lo que remite a la gramaticalización, no solo de los nexos, sino también de las relaciones interoracionales. En segundo lugar, por los nexos ilativos el Epítome se parece más a la situación descrita por las gramáticas actuales del español que los fragmentos de Bacallar y de Solís: todas las locuciones del Epítome –menos de tal conformidad que– siguen en uso, mientras que ese de género que de 1725 ha desaparecido y el conque de 1684 se ve hoy muy restringido. No cabe duda de que ha habido una cierta evolución de los nexos ilativos entre 1684 y 1746.

2.1.1. Cadena de gramaticalización de las conjunciones y locuciones conjuntivas Todas estas conjunciones y locuciones conjuntivas ilativas se han originado en procesos de gramaticalización en los que un sintagma preposicional, nominal o pronominal relativo –un adjunto o un complemento del nombre–, se ha transformado en una conjunción capaz de funcionar también como conector. Los complementos y adjuntos cuyo núcleo es un lexema de ‘modo’ o ‘manera’ –así, forma, manera, modo y, en otro tiempo, suerte3, conformidad– son construcciones idóneas para gramaticalizarse y lexicalizarse como conectores “pertenecientes a familias diferentes”: de forma que es conector consecutivo, mientras que de todas formas lo es contraargumentativo; así pues es consecutivo, pero aun así,

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Escrita siempre “con que”, en la edición que hemos utilizado y en la consultada. Según el DRAE (en línea): “9. f. Género o especie de algo. Feria de toda suerte de ganados. 10. f. Manera o modo de hacer algo”. 3

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concesivo; de tal modo es consecutivo, de igual modo, aditivo (Montolío 2001: 105, n. 25). De modo que no puede resultar rara la cadena de gramaticalización en la que un sustantivo que signifique ‘modo’ o ‘manera’ termine transformándose en un nexo discontinuo consecutivo y luego en una locución ilativa o en un marcador discursivo conector consecutivo. Podemos añadir que el sintagma relativo con que, sobre todo, con antecedente oracional, incluye en su significado la noción de ‘modo’ o ‘manera’ proporcionada por la preposición con, razón por la que sus elementos constituyentes se gramaticalizan y dan lugar a la lexicalización de la conjunción ilativa conque. Así pues, en nuestro corpus principal observamos la presencia de una cadena de gramaticalización (sustantivo o pronombre relativo de modo o manera > conjunción); esta cadena de gramaticalización –que es una categoría prototípica– se realiza en tres canales de gramaticalización distintos. Recordemos que los canales de gramaticalización son las construcciones concretas en las que se plasman las cadenas de gramaticalización4: 1) sintagma preposicional relativo con que, con función de adjunto > conjunción ilativa conque; 2) sintagma preposicional nominal con funciones de adjunto o complemento del nombre > nexo consecutivo discontinuo de intensidad-manera (de tal suerte/conformidad… que) > nexo ilativo continuo (de tal suerte/conformidad que; y 3) sintagma preposicional nominal con funciones de adjunto o complemento del nombre > nexo consecutivo discontinuo de manera (de género/suerte/manera/modo… que) > nexo ilativo continuo (de género/suerte/manera/modo que). Como hemos dicho, la conjunción conque solo aparece en el texto de Solís: (1) a. Produjo este imperio dividido la misma división en los súbditos; con que andaba parcial la obediencia y desunido el poder, obrando esta diferencia de impulsos en la república lo que obrarían en la nave dos timones, que aun en tiempo de bonanza formarían de su propio movimiento la tempestad. Conociéronse muy presto los efectos de esta mala constitución, destemplándose enteramente los humores mal corregidos de que abundaba la república. Mandó el cardenal… (Solís 29b-30a). b. El infante don Fernando, su hermano, se hallaba, aunque de menos años, no sin alguna madurez, desabrido de que el rey don Fernando, su abuelo, no le dejase en su último testamento nombrado por principal gobernador de estos reinos, como lo estuvo en el antecedente que se otorgó en Burgos; y aunque se

4 Una cadena de gramaticalización es el proceso interno de transformación de un signo fuente (un sustantivo de modo) en un morfema (una conjunción o locución conjuntiva); un canal de gramaticalización es el proceso externo del signo que se gramaticaliza según la específica construcción lingüística en la que se halla (cf. Heine/Claudi/Hünnemeyer 1991: 221222; Heine 1992 y 2003; Girón Alconchel, 2012b).

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esforzaba a contenerse dentro de su propia obligación, ponderaba muchas veces y oía ponderar lo mismo a los que le asistían, que el no nombrarle pudiera pasar por disfavor hecho a su poca edad, pero que el excluirle después de nombrado, era otro género de inconfidencia que tocaba en ofensa de su persona y dignidad: con que se vino a declarar por mal satisfecho del nuevo gobierno; siendo sumamente peligroso para descontento, porque andaban los ánimos inquietos, y por su afabilidad, y ser nacido y criado en Castilla, tenía de su parte la inclinación del pueblo, que, dado el caso de la turbación, como se recelaba, le había de seguir, sirviéndose para sus violencias del movimiento natural. Sobrevino a este embarazo otro de no menor cuerpo en la estimación del cardenal… (Solís 29a). c. Replicaban otros de no menor atrevimiento, porque caminaban a la exclusión de entrambos, que el nombramiento de Adriano padecía el mismo defecto; porque el príncipe don Carlos, aunque estaba asistido de la prerrogativa de heredero del reino, sólo podía viviendo la reina doña Juana, su madre, usar de la facultad de gobernador, de la misma suerte que la tuvo su abuelo: con que dejaban a los dos príncipes incapaces de poder comunicar a sus magistrados aquella suprema potestad que falta en el gobernador, por ser inseparable de la persona del rey. Pero reconociendo los dos gobernadores que estas disputas se iban encendiendo […] trataron de unirse… (Solís 29b). d. Detuviéronse poco en esta isla, porque los habitadores de ella andaban amedrentados; con que no rendían considerable fruto los rescates; y así pasaron a otra que estaba poco apartada de la tierra firme, y en tal disposición, que entre ella y la costa se halló paraje capaz y abrigado para la seguridad de las naves. Llamáronla isla de San Juan… (Solís, 37b-38a).

Conque se gramaticaliza y lexicaliza en la segunda mitad del siglo XVII a partir del sintagma relativo con que, con antecedente oracional o nominal. Lógicamente los contextos en los que resulta ambiguo, como (1a), son los que propician la inferencia metonímica de los hablantes y disparan el proceso de gramaticalización. Así, en (1a) se puede interpretar que el antecedente del relativo que es el sustantivo “división” (‘produjo… la misma división…, con la que o con la cual…’); pero también puede interpretarse que el antecedente es toda la oración anterior y asignar al relativo que el género neutro (equivalente a ‘con lo que’ o ‘con lo cual’). De estos contextos ambiguos surge la inferencia metonímica del oyente, que origina el valor ilativo del antiguo sintagma relativo y su gramaticalización como conjunción ilativa. Un ejemplo como (1a) sugiere que el proceso de gramaticalización se había puesto en marcha no hacía mucho, si bien los otros tres casos (1bcd) ya no muestran antecedente ambiguo; si buscamos un antecedente al relativo que, este solo

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puede ser toda la secuencia textual inmediatamente anterior. Por esta época, para construir una oración de relativo explicativa con antecedente oracional, los hablantes contaban ya con los inequívocos relativos compuestos: el consolidado lo cual y el cada vez más extendido lo que. Por tanto, es muy probable que el con que de los ejemplos (1bcd) sea ya la conjunción ilativa conque, lexicalizada como resultado de la gramaticalización de la preposición con y el relativo que en esa construcción específica del adjunto de modo, aunque todavía el editor o el autor Solís la escriban separando sus elementos. En los cuatro ejemplos de (1) hay una pausa larga precediendo a con que, señalada por el punto y coma o los dos puntos. Este dato gráfico, que refleja la prosodia y entonación de la enunciación oral, significa que la conjunción ilativa funciona como un marcador discursivo, un conector, y, en consecuencia, que no es tanto una conjunción subordinante, sino coordinante. En efecto, las conjunciones ilativas, como las copulativas o las adversativas, pueden introducir unidades del texto superiores a la oración, en el doble sentido de que pueden extenderse “más allá” de la oración, pero también –y sobre todo– situarse jerárquicamente “más arriba” de la oración (Garrido, en prensa), pues ya no sólo expresarían los valores gramaticales típicos de la relación interoracional –la dependencia sintáctica y la integración semántica–, sino también los valores pragmáticos de la organización textual: las instrucciones de procesamiento de la “estructura informativa del discurso” (Portolés 2010). La Nueva gramática, que había relacionado las subordinadas ilativas con las causales y finales para marcar la diferencia con las consecutivas, más afines a las comparativas, se ve forzada a reconocer que las ilativas son siempre “externas al núcleo predicativo”, por lo que no pueden anteponerse a la principal ni focalizarse, a diferencia de causales y finales (RAE 2009: § 46.11i). Ello se observa perfectamente en (1d): el que los “rescates”5 no rindan lo esperable solo es consecuencia de que los indios de la isla estaban asustados, no de que los conquistadores se detuvieron poco en esa isla; o sea, la oración ilativa expresa la consecuencia únicamente de la causal de la enunciación, y no de la oración principal –el núcleo del predicado– ni del conjunto de la oración compuesta que precede a conque. Nada tiene de extraño que conque no aparezca nada más que en el fragmento de Solís; sabemos que es una conjunción que muy pronto se especializó –en la oralidad o en la escritura de la oralidad– introduciendo oraciones interrogativas o imperativas que, con frecuencia, amenazaban fuertemente la imagen del interlo-

5 ‘Acción y efecto de rescatar’, en la segunda acepción de DRAE (en línea: 30/05/2012): “tr. Cambiar o trocar oro u otros objetos preciosos por mercancías ordinarias”.

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cutor (Girón Alconchel 2004: 181-182). Por eso también, muy pronto, va desapareciendo de la tradición discursiva de la prosa histórica. En el CORDE se registran 552 casos de conque –escrito como una sola palabra– entre 1600 y 1742; de ellos el porcentaje mayor corresponde a la prosa de sociedad (23%, 127 casos), luego a la prosa científica (22.46%, 124 casos), la prosa didáctica (19.38%, 107 casos), la prosa jurídica (12.50%, 69 casos), hasta llegar a la prosa histórica (8.15%, 45 casos). Por debajo de esta tradición discursiva solo está la prosa narrativa y distintos géneros de verso. Las locuciones de intensidad-manera, en nuestro corpus principal, solo aparecen en el Epítome; son de tal conformidad que y de tal suerte que, con una sola ocurrencia cada una, y ambas son polisémicas: (2) a. // Por estos frequentes socorros se ha sostenido el explendor de la Monarchia haviendose visto en este Reynado muchas opulentas Armadas en Mar, y tierra: De manera q[u]e la tropa española en tierra es tan lucida, y tan experta en el arte de la Guerra, q[u]e no tiene q[u]e ceder â ning[u]na Nacion: Los Mares se han visto poblados de leños Españoles, de tal conformidad q[u]e no teniendo n[uest]ra Nacion mas practica q[u]e la carrera de Yndias, aora tanto el occeano, como el Mediterraneo se alegran de tener tan nobles, y valientes havitadores. // (Ep 21v). b. // Fue amigo de la paz, aunq[u]e posehia un espiritu belicoso â q[uie]n exercieron desde luego q[u]e empezo â reynar las turbaciones de España p[o]r la pretension de la Corona: Las guerras fueron casi continuas dentro, y fuera de España, lo q[ua]l ocasionò excessivos menoscavos â la Monarq[ui]a, y con singularidad en la perdida de hombres como ultimam[en]te aconteciò los dias antes de la muerte en la batalla de Plasencia en Ytalia: Los gastos innumerables del dinero no se considera por perdida tan sensible p[o]r q[u]e las Yndias continuam[en]te han embiado multiplicados millones de oro, y plata en especie efectiva de tal suerte q[u]e sin ponderacion se computa haver venido en este Reynado tanto, como desde el descubrimiento de las Yndias. // [21vº]. Por estos frequentes socorros… (Ep 21r-21v).

La polisemia de (2a) consiste en que son posibles la interpretación ilativa (‘los mares se han visto poblados de barcos españoles, así que… ahora tanto el océano como el Mediterráneo se alegran…’) y la consecutiva (‘los mares se han visto poblados de barcos españoles de tal forma (de tal calidad y cantidad) que ahora…’). Es decir, de tal conformidad que puede analizarse como un complemento del sintagma “barcos españoles”, introductor de una cuantificación nominal, o bien como una locución ilativa, introductora de una cláusula que complementa, no a un sintagma nominal, ni siquiera “internamente” al núcleo del predicado de la oración precedente; es más, tampoco es ya una cláusula complemento, sino una cláusula o una oración que se interrelaciona, de un modo “exter-

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no” al núcleo del predicado, con el conjunto de la oración, o incluso del grupo de oraciones, o hasta de unidades textuales más extensas que la oración y los grupos oracionales. En la interpretación ilativa hemos de aceptar que la locución ilativa de tal conformidad que se ha creado a partir de la gramaticalización y posterior lexicalización del nexo discontinuo consecutivo de tal conformidad… que. La historia de las oraciones consecutivas (cf. Narbona 1978; Bartol 1986) proporciona múltiples testimonios de estas gramaticalizaciones y subsiguientes lexicalizaciones. En el caso que nos ocupa, tampoco es extraño que, al no haber terminado los procesos de gramaticalización y lexicalización, el original valor consecutivo desinente y el nuevo valor ilativo emergente se solapen en de tal conformidad que. Narbona (1978: 276) pensaba que el cuantificador tal frenaba la gramaticalización en los textos medievales; y también la Nueva gramática académica –sin hablar de gramaticalización, ni explícita ni implícitamente– observa que no hay un límite preciso entre la locución ilativa de (tal) manera que y la consecutiva de forma tal que y que “las confluencias entre la construcción consecutiva y la ilativa” hay que atribuirlas al “valor demostrativo que puede adquirir el determinante tal” (RAE 2009: §§ 46.12fg). Por tanto, la cadena de gramaticalización complemento o adjunto de ‘modo’ o ‘manera’ > nexo discontinuo consecutivo de intensidad-manera > nexo continuo ilativo explica la polisemia de la locución de tal conformidad que. Por último, nótese que en (2a) la pausa entre el primer miembro del período ilativo y el segundo –o, si analizamos la secuencia como una consecutiva, entre la oración principal y la cláusula– está señalada en el manuscrito por una coma: una pausa menor, que favorece el análisis de la locución de tal conformidad que como una conjunción de la relación interoracional y no como un conector de la relación supraoracional. La locución de tal conformidad que no se encuentra nada más que en el Epítome. No aparece ni en los fragmentos ni en los textos completos de los Comentarios de Bacallar y la Historia de Solís. Debió de quedar en desuso por la época del Epítome, precisamente, porque en el CORDE solo se hallan los cinco casos de (3), en sendos textos jurídico, político y de viajes, entre 1695 y 1746. Es, pues, una locución exclusiva de ese período de transición en el que la lengua ya no es clásica, pero todavía no es moderna: (3) a. Señala empero la congrua y honesta sustentacion de los Clerigos a quienes se han de conferir dichos Beneficios; de tal conformidad que no sea limitado el numero de dichos Beneficios; sino que creziendo los frutos se aumente en la misma Yglesia el numero de Ministros determinando él lo que se ha de guardar en la creacion de dichos Beneficios, y en la provision de ellos quando se

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b.

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hallaren vacos. (Baltasar de Tobar, Compendio bulario índico, 1695 [Ordenamientos y códigos legales], CORDE). El cargo de este Tribunal es de recibir y liquidar las cuentas de los corregidores y aprobarlas o adicionarlas, según lo requiere su estado, y, juntamente, las de los oficiales reales. Aquéllas se reconocen de tal conformidad que será raro el que en su examen se haya encontrado jamás tropiezo, con ser tantos los corregidores que han ido al Perú y han corrido con la cobranza de los tributos (motivo por el que deben presentarse allí estas cuentas), pero hay muchas tan postergadas que suelen pasarse diez, doce y más años después de presentadas… (Jorge Juan, Noticias secretas de América, 1747 [Política y gobierno], CORDE). Por la de su mayor altura [por la causa de…] o elevación sobre la superficie del mar se igualan los climas, de tal conformidad que, en uno que está bajo el Ecuador, se hace igual su temperamento al de otro que está apartado de él 40, 50, 60 o más grados, de donde procede aquella admirable particularidad… (Jorge Juan, Noticias secretas de América, 1747 [Política y gobierno], CORDE). atracamos a tierra para que nos trageran agua, leña y fuego, y lo cumplieron luego, y nos desatracamos dando fondo con el resón, zercandonos las canoas de tal conformidad que para el fin de cozinar no podiamos casi, todo esto con gran algazara unos y otros por cambiar sus buxerias… (Máximo Rodríguez, Relación diaria que hizo el intérprete Máximo Rodríguez de la ysla de Amat, alias Otagiti, el año de..., 1774-1776 [Turismo y viajes], CORDE). y me regalaron mas de una arrova de jureles, que es pescado que mas abunda en este puerto sin salir afuera del arrezife, pues en tres vezes que tendieron la red, que es mui grande, sacaron mas de diez y seis arrovas de jureles, de tal conformidad que no podian entre diez ninguno cargar el bolso. (Máximo Rodríguez, Relación diaria que hizo el intérprete Máximo Rodríguez de la ysla de Amat, alias Otagiti, el año de ..., 1774-1776 [Turismo y viajes], CORDE).

Como se ve, de tal conformidad que puede funcionar como ilativa inequívoca (3ae), como consecutiva de intensidad-manera inequívoca (3bd) y también como polisémica, ilativa o consecutiva de intensidad-manera (3c). La pausa puede ser larga, marcada por el punto y coma (3a), o breve, señalada por la coma o sin signo de puntuación alguno. La pausa larga puede indicar que la locución funciona como un conector (3a), aunque no es necesaria para ello; la cláusula consecutiva se suele acompañar de una pausa breve o de la ausencia de pausa. La otra locución polisémica del corpus es de tal suerte que (2b), que también puede interpretarse de dos maneras: ‘han enviado oro y plata, así que se calcula que ha venido… tanto…como’, o también ‘han enviado oro y plata de tal suerte –en una cantidad tan grande– que se calcula que ha venido… tanto… como…’

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Se solapan, pues, el valor ilativo y el consecutivo de intensidad-manera. La polisemia se debe al mismo motivo ya visto en de tal conformidad que: gramaticalización no concluida en la cadena estructura de cuantificación nominal (o nexo discontinuo consecutivo) > locución ilativa continua; tal vez por eso Santos Río (2003) dice que de tal suerte que es una “semilocución”. Por lo demás, en (2b) la ausencia de signo de puntuación delante de la locución reflejaría una pausa muy breve y un empleo de conjunción más que de conector. De tal suerte que es una locución desconocida en los fragmentos de Bacallar y Solís. Sin embargo, en el texto completo de los Comentarios de Bacallar se encuentra –con el verbo de su cláusula en indicativo– como nexo discontinuo consecutivo de intensidad-manera (4abc), incluso con interposición de un adjunto entre de tal suerte y que (4a), y, con frecuencia mucho menor, como nexo polisémico, consecutivo o ilativo (4d): (4) a. Por lo mismo su número creció de tal suerte en Moscow, que durante el corto espacio de once días, el barón de Osterman, el príncipe Trubetzkoy, con el Knées Czerraski, llegaron a persuadir a más de cuatrocientos caballeros -de que la mayor parte poseían empleos militares o civiles- de solicitar se anulase la capitulación firmada por Su Majestad Czarina (Bacallar)6. b. Esta impensada acción se encendió de tal suerte, que considerando el conde de Montemar que cuando se vuelve la espalda a los moros cobran mayor brío, se vio obligado a sostener la pelea, a cuyo fin dio orden para que todo el ejército se pusiera en movimiento (Bacallar). c. Dióse igualmente la orden de que el cañonazo de la retreta sirviese de generala, y que una hora después levantase la tropa el campo y se pusiese en marcha; pero la desidia o la ignorancia del mayor general, a quien toca dar las providencias para que se ejecute, las retardó de tal suerte, que la testa del ejército no pudo ponerse en marcha hasta media hora antes de día (Bacallar). d. Este grave mal, acompañado de la poca o ninguna disciplina de las tropas napolitanas, se comunicó de un ejército a otro, de tal suerte que los soldados, en desprecio de los severos castigos, talaban los campos, saqueando cuanto encontraban… (Bacallar).

También, alguna vez, de tal suerte que en los Comentarios se construye con el verbo en subjuntivo y valor final:

6 Las citas del fragmento inicial de Bacallar, de extensión similar a la del Epítome, las hacemos por las ediciones mencionadas; sin embargo, las citas del texto completo las hacemos por la edición digital de la Biblioteca Virtual Cervantes , razón por la que no ponemos página.

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(5) … y si se halla algo en contrario de los tratados de que Su Majestad es garante, hará sus instancias del modo más eficaz, para que todo quede reglado según los tratados, de tal suerte que Sus Majestades Católicas queden satisfechas (Bacallar).

Este uso final de (5) está asociado a las cláusulas consecutivas, no a las ilativas, pues estas se construyen con indicativo, salvo las introducidas por de ahí que y de aquí que, que van seguidas de subjuntivo (RAE 2009: § 46.12f). Ya Narbona había descrito las “finales-consecutivas” en su corpus medieval y había afirmado que “La expresión de la consecuencia y de la finalidad llegan en ocasiones a confundirse” (Narbona 1978: 154). Del mismo modo Bartol (1986: 72) observó que las cláusulas con nexo continuo de manera y verbo en subjuntivo son mayoritariamente consecutivas en los textos alfonsíes y muy raramente ilativas. La Nueva gramática de la Academia parece hacerse eco de estos datos y observa que algunas locuciones admiten subjuntivo “usadas en sentido final”, no ilativo. El valor final es compatible con la interpretación consecutiva, incluso en las “estructuras de cuantificación nominal” con el determinante tal: Escríbelo de (tal) manera que todo el mundo lo entienda (RAE 2009: § 46.12f). Todo ello parece indicar que la “estructura de cuantificación nominal”, o nexo discontinuo consecutivo de intensidad-manera, se gramaticaliza, primero, como locución conjuntiva final y, más tarde, como locución conjuntiva ilativa. Además de la locución de tal suerte que, se hallan en los Comentarios de Bacallar de tal modo que y de tal forma que, siempre consecutivas7, no polisémicas, y desconocidas por el Epítome. No se registra de tal suerte que en el texto completo de la Historia de Solís. Y si se le pregunta al CORDE por de tal suerte que entre 1684 y 1746, nos da 54 7

Ejemplos de de tal modo que en el texto completo de Bacallar: [dos navíos de guerra] “cañonearon y bombardearon nuestras tropas, de tal modo, que cruzaban sus fuegos con los del muelle viejo, sin contar los morteros, que duraron todo el día”; “la proximidad de los moscovitas a la Polonia alteró los ánimos de tal modo, que muchos palatinos, separándose de sus colegas, se retiraron del campo de elección a la otra parte de la Vístula”; “Para este efecto había dispuesto su ejército de tal modo que formaba un medio círculo que por una parte encerraba el de los sitiadores”. Nótese que el nexo, incluso continuo, como en el último ejemplo, sigue siendo de intensidad-manera. Ejemplo de de tal forma que, con interposición de un argumento constituido por un sintagma preposicional complejo (“contra el duque de Montemar”): “conoció bien, digo, el ministro que su odio al general había sido la causa total del mal éxito de esta campaña, y temeroso de que informado Su Majestad de las causas y de la inocencia del duque provocase contra sí mismo la justicia del Monarca y ser la víctima de sus enredos, supo indisponer este príncipe de tal forma contra el duque de Montemar, que éste no tuvo más arbitrio que recogerse en sí mismo, obedecer la orden entretanto se proporcionaba ocasiones de publicar la integridad de sus intenciones, desaciertos y desbarros de su enemigo, como en efecto lo ejecutó”.

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casos en 22 documentos, siendo los años de 1684 y 1724 los que presentan una frecuencia mayor: el 5.26% en ambos, lo que corresponde a 2 ejemplos en cada uno de ellos. Lo significativo es que no hay casos después de 1724. Por otra parte, en la prosa religiosa es donde más se emplea la locución y, en segundo lugar, en la prosa histórica, la tradición discursiva de nuestro corpus, en la que se consignan 14 casos, lo que significa un 25.92%. El examen de los datos del CORDE indica que de tal suerte que no pasa de 1726. Cuando más se usó fue en 1687; cuando menos, en 1724. Nuestro Epítome de 1746 se mostraría arcaizante en el único ejemplo que contiene. No extraña que hoy solo tenga un empleo muy restringido en la literatura. La misma cadena de gramaticalización se realiza en el canal adjunto o complemento de manera > nexo consecutivo discontinuo de manera > nexo continuo ilativo. Bacallar (1725) es el único que emplea la locución de género que, en la que el sustantivo género –‘clase o tipo a que pertenecen personas o cosas’, según el DRAE– se puede relacionar fácilmente con los significados de ‘modo’ o ‘manera’ y, metonímicamente, con el de ‘consecuencia’. En el fragmento de Bacallar encontramos un solo caso de de género que ilativo (6a), pero en la totalidad de los Comentarios es muy frecuente este nexo continuo ilativo (6bcdefg); siempre va precedido de pausa breve y su función es siempre de conjunción: (6) a. Juntóse mayor número de ellos bajo la mano del señor de Poal de género que estaba tan ocupada la infantería del Rey, que era imposible adelantar el sitio. Por eso acudió el Rey a su abuelo pidiéndole tropas y aun naves… (Bacallar 30). b. Desamparados los términos de Castilla, los ocuparon los portugueses que presidiaban a Castel-David y Marvan; así tenían el ejército del Rey sin comunicación con su país, de que nació carecer de las necesarias asistencias y provisiones, de género que faltaba el pan (Bacallar). c. estaban para ser segunda vez repulsados, pero el príncipe Luis de Baden acudió con la infantería alemana y holandesa y los puso en el centro de la línea que acometía y la extendió, empleando todo el ejército por toda la longitud de las trincheras enemigas, de género que las ceñía; con esto peleaban todos, y fue preciso que los defensores se distrajesen por todo el espacio fortificado… (Bacallar). d. Los ingleses hicieron lo propio de su segunda línea, y dieron más vigor a su izquierda, de género que, alargándolas un poco, casi todas peleaban, porque las que más habían padecido no podían retroceder (Bacallar). e. Hicieron los sitiados una mina debajo del alojamiento de sus enemigos, que la ignoraron hasta que la llama los avisó del peligro; volaron gran multitud de cuerpos de míseros ingleses por el aire, y se llenó de horror todo aquel sitio, de género que pidió Malburgh una tregua para enterrar los cadáveres, y se le concedió por cuatro horas. Tenían felicidad en hacer las minas los del castillo,

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porque volaron muchas, con ruina de los sitiadores, de género que las trincheras que mandaba el general Lothum retrocedieron cuarenta pasos; pero ni aun todo esto bastaba, si no hubiese determinado Malburgh el contraminar, de que resultó el haber tenido los minadores varios encuentros en las entrañas de la tierra, como si las quisiese la ira de los hombres penetrar (Bacallar). f. Cierto es que se adelantó su autoridad de género que creían los españoles que tenían la mayor parte en el gobierno los jesuitas, y se atribuyó al confesor la resolución de enviar tropas a África (Bacallar). g. Vesel ocupó a Vangulsio y estrechó tanto a Girona que ya se padecía en la ciudad hambre cada día mayor, de género que se comía carne de caballo (Bacallar).

Asimismo, en el texto de los Comentarios se documenta el eslabón previo de esta cadena de gramaticalización, o sea, el nexo discontinuo consecutivo de género… que con el verbo en indicativo (7abcd) e intercalación de diversos constituyentes, incluida una oración de relativo con que (7e). Esta colocación de los constituyentes oracionales pone de relieve la original función de adjunto del sintagma de género –perceptible en todos los ejemplos de (7) y especialmente en (7e)– y corrobora la explicación que aquí proponemos a partir de la cadena de gramaticalización adjunto de modo > locución consecutiva > locución ilativa: (7) a. Esto acrecentó de género las quejas y los lamentos, que mudó semblante con la infelicidad de tantos la corte (Bacallar). b. La señora de Maintenon, que no tenía poca parte en el gobierno y había sido en su juventud dama del Rey, no se atrevía a proponerle cosa tan opuesta a su gloria y al gusto del Delfín; pero le había ganado de género la voluntad la duquesa de Borgoña, que alguna vez propuso al Rey, si no desistir del empeño, buscar forma para no proseguirle con aire (Bacallar). c. No podrán borrar los siglos, ni la real estirpe de los Borbones que reinan en España olvidar la fidelidad de los castellanos, que, desarmados y sin ejército que los sostuviese, repugnaron de género otra dominación, que confirmaron al Rey, en el Trono, pues si se hubieran declarado por los austríacos, como lo hicieron los reinos de Aragón, se subvertiría, sin duda, el Imperio (Bacallar). d. Sin perder tiempo fortificaron los franceses el recobrado castillo, y ya no padecía más la ciudad porque de parte alguna la podía el Duque batir. De género estaban soberbios con tan heroica defensa los franceses, que por mayor desprecio de los enemigos dormían sobre la muralla los soldados, y no se cerraba, ni aun por la noche, la puerta de Marsella (Bacallar). e. Pero, prevenido este caso, había puesto el gobernador de la plaza cuarenta piezas sobre la puerta que llaman de Morillón, que miraba a la otra, y de género batía a los enemigos que con gran número de hachuelas intentaban romper la puerta, que no pudiendo resistir la furia de la bala menuda, se arrodi-

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llaron, porque el terreno los cubría un poco, pero no tanto que no quedase expuesta la cabeza (Bacallar).

También se documenta en el texto completo de Bacallar el nexo discontinuo consecutivo con subjuntivo y valor final (8ab), aunque solo hallamos dos casos; incluso hemos encontrado un caso de nexo polisémico (8c), consecutivo (‘acometieron de tal manera que…’) o ilativo (‘acometieron, así que…’), lo que prueba que el proceso de gramaticalización estaba en pleno desarrollo y lejos de su culminación hacia 1725: (8) a. Había ya pasado a empeño el sitio, y el conde de Muret mandó minar el castillo con poco o ningún efecto, porque no podía llegar en lo rigoroso del invierno a abrir el monte, de género que cayesen las fortificaciones más necesarias (Bacallar). b. y mandó a la caballería bajo la mano de don Baltasar de Moscoso, marqués de Navamorcuende, que pusiese el círculo disponiendo las partidas de los caballos, de género que no pudiesen entrar socorros a la plaza (Bacallar). c. Dos veces se separaron las tropas volviendo cada cual a su lugar: pero, avergonzadas las del rey Felipe de no entrar a la parte de la gloria, acometieron de género que, después de bien sangrienta disputa, huyó, herido, el marqués de las Minas, y fue el residuo del ejército y todo el ala derecha vencida (Bacallar).

El Epítome (1746) ofrece las locuciones ilativas de suerte que, de manera que y de modo que. De suerte que es ilativa; su gramaticalización como nexo continuo parece concluida, o, mejor, a punto de concluir, porque no se puede descartar –ni quiera en nuestros días– un empleo consecutivo de intensidad-manera. De hecho –según observa la Nueva gramática– es una locución tónica, no átona, como suelen ser las conjunciones prototípicas; el carácter tónico podría indicar que aún le queda por recorrer algún eslabón en la cadena de gramaticalización. De suerte que puede asumir funciones de conector supraoracional, principalmente cuando se coloca tras una pausa larga, indicada en la escritura manuscrita del Epítome por el punto y coma o los dos puntos, como en (9bcd), aunque, naturalmente, también puede ir tras pausa breve, que ni siquiera se marca en la escritura (9a): (9) a. Esta pieza se dispuso, y ordenò seg[u]n etiqueta de suerte q[u]e se mirava colgada de una rica tapiceria de Metales: en la textera se puso una Tarima q[u]e tenia de ancho una vara, y de largo todo lo q[u]e es la misma testera de la pieza: s[ob]re la tarima estaba una Cama… (Ep 12v-13r). b. // Antecede la vida â la muerte y p[o]r tanto en la narrativa tiene el prim[e]r lug[a]r el modo de vivir y sus accidentes: de suerte q[u]e hallandose este Monarcha en la v[ill]a de M[adri]d y Palacio de Buen retiro con toda la fami-

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lia r[ea]l, le asaltò en el dia 8 de Julio una indisposicion q[u]e le ocasionò alg[u]na evacuacion de vientre, pero este accidente no fue tan maligno, que no se corrigiesse en el mismo dia, de modo q[u]e p[o]r la noche ya se sintiò alegre y estubo placentero, y aunq[u]e el regimen no era el mas regular [3rº] en las horas, ya p[o]r la costumbre no se hacia en ello novedad, y se savia q[u]e la cena era â las 9 horas de la mañana con las ventanas cerradas; q[u]e â las 5 se iba â la Cama; y q[u]e â las doce tomaba una substancia. Regularm[en]te a la una hora desp[ue]s del medio dia se vestia, â las 3 horas oia Misa en la pieza immediata. Concluido el santo sacrificio de la Misa admitia en la Conversacion en la q[ua]l era mas frequente el Embajador de Francia, como tamb[ie]n el Conde de Montijo Maiordomo actual de la R[ei]na y el Marq[ues] de s[a]n Isi[dr]o Sumiller de Corps del Rey. // (Ep 2v-3r). c. con esto ya empezò â moverse la gente, y concurriendo maior numero de Guardias, y Alabarderos llegaron â tomar las armas unos contra otros; de suerte q[u]e si tan pronto no acuden el Duq[u]e de Medinaceli Capitan de Alabarderos, y el Duq[u]e de Atri Sarg[ent]o maior de Guardias se mataran unos â otros, y se hubiera visto una gran desdicha. Llegó la noticia de el Alboroto al Rey… (Ep 15r). d. Estubo personalm[en]te en los mas de los R[ey]nos de su basta Monarq[ui]a dentro, y fuera de España, oia con grado â sus vasallos en Audiencias publicas, y privadas, h[as]ta q[u]e en los ultimos t[iem]pos, y en alg[un]os años h[as]ta su muerte, la opaca influencia de un grande de España le persuadiò q[u]e la Aud[ienci]a publica era mucho cansancio [20vº] y q[u]e no estaba obligado â el; s[ob]re lo qual cargaron la consideracion otros Aulicos, p[ar]a q[u]e nadie le hablara; h[as]ta multiplicar las centinelas, y las or[de]n[e]s en las puertas, mudar las llabes, y llebar las cosas â un govierno absoluto: De suerte q[u]e p[ar]a lograr Aud[ienci]a, ô entregar un memorial era menester empeño superior: su R[ea]l animo s[iemp]re fue recto, y amante de la x[ustici]a y de sus vasallos, pero p[o]r q[u]e alg[un]os ser absolutos en el mando, y p[o]r no darle pena, no le decian el estado infeliz de los R[ei]nos, â lo que se añadia suspenderse el antiguo estilo de juntar Cortes p[ar]a tratar del bien comun, y el Cons[ej]o de estado â q[uie]n pertenece declarar la guerra, ajustar la paz, y tratar casam[ien]tos solo se mantubo en el n[omb]re de alg[un]os sujetos, haviendose visto varias veces alteracion en la [21rº] moneda subiendola de valor, y haciendose de nuevo: como tamb[ie]n reduciendo las varias casas de España, q[u]e la fabricabavan [sic] â una sola puesta en M[adri]d. // (Ep 20r-21r).

De suerte que ilativo no se halla en los fragmentos de Bacallar y Solís, pero sí en sus textos completos. En los Comentarios del primero hay un caso (10a) y en la Historia del segundo, cuatro (10bcde): (10) a. … cuando hay una convocación general para tomar las armas, todos los nobles salen a caballo con sus criados, y en poquísimo tiempo suelen formar

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b.

c.

d.

e.

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ejércitos de veinte mil, treinta mil y hasta cincuenta mil caballos, de manera que cargan al enemigo y se retiran del mismo modo, al símil de los moros; de suerte que no es fácil conseguir en su país una total destrucción en ellos (Bacallar). Fue la causa de su detención, que aquella noche, navegando la armada sobre unos baxos que están entre el Puerto de la Trinidad y el Cabo de San Antón, poco distantes de la Isla de Pinos, tocó en ellos La Capitana, como navío de mayor porte, y quedó encallada en la arena de suerte que estuvo a pique de zozobrar: accidente de gran cuidado, en que se empezó a descubrir y acreditar el espíritu y la actividad de Cortés (Solís, I, 12)8. Y como quiera que fuese, no se puede negar que andaba su providencia tan adelantada y tan sobre lo posible de los sucesos que tenía prevenido este lance de suerte, que ni los tlascaltecas del ejército, ni la república de Tlascala, ni su mismo padre hicieron queja de su muerte (Solís, V, 19). Y en lo demás que han dicho de vuestro proceder, hallo también, según la observación que han hecho de vuestras costumbres mis embajadores y confidentes, que sois benignos y religiosos, que os enojáis con razón, que sufrís con alegría los trabajos, y que no falta entre vuestras virtudes la liberalidad, que se acompaña pocas veces con la codicia. De suerte que unos y otros debemos olvidar las noticias pasadas, y agradecer a nuestros ojos el desengaño de nuestra imaginación; con cuyo presupuesto quiero que sepáis antes de hablarme, que no se ignora entre nosotros, ni necesitamos de vuestra persuasión, para creer que el príncipe grande a quien obedecéis, es descendiente de nuestro antiguo Quezalcoal, señor de las siete cuevas de los Navatlacas, y rey legítimo de aquellas siete naciones que dieron principio al imperio mejicano…. Acabó Motezuma su oración, previniendo el oído con entereza y majestad… (Solís, III, 11). Congojábanle también los nuevos rumores que se iban encendiendo entre los suyos por haberse recibido mal que se hiciese tributario de otro príncipe, mirando aquella desautoridad suya como nuevo gravamen que bajaría con el tiempo a los hombros de sus vasallos. De suerte que se hallaba combatido por una parte de la política, y por otra de la religión; y fue mucho que se determinase a dar esta permisión a Cortés, por ser observantísimo con sus dioses, y no menos supersticioso con el ídolo de su conversación (Solís, IV, 4).

En realidad, de suerte que todavía a finales del siglo XVII –y quizá después– podía ser polisémico, e incluso ambiguo; en nuestro corpus principal no encon8

Lo mismo que en el caso de Bacallar, el fragmento inicial de Solís lo citamos por la edición impresa mencionada; la obra completa, por la edición digitalizada de dicha edición en la Biblioteca Virtual Cervantes .

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tramos este uso, pero sí en el texto completo de la Historia de Solís; hallamos un solo caso (11), en el que se interpone entre de suerte y que un argumento oracional y la oración encabezada por que podría considerarse ilativa –de hecho encabeza un largo período, algo que suele ser normal en las ilativas–, o consecutiva, o incluso relativa explicativa, dado que Motezuma podría interpretarse como antecedente del inmediato que: (11) Entretanto llegaron a Méjico los primeros avisos de que estaban los españoles en Zempoala, admitidos por aquel cacique, hombre a su parecer de fidelidad sospechosa, y de vecinos poco seguros; cuya noticia irritó de suerte a Motezuma, que propuso juntar sus fuerzas y salir personalmente a castigar este delito de los zempoales, y poner debajo del yugo a las demás naciones de la serranía; prendiendo vivos a los españoles destinados ya en su imaginación para un solemne sacrificio de sus dioses (Solís, II, 10).

Entre 1684 y 1740 el CORDE recoge 656 casos de de suerte que en 92 documentos. La tradición discursiva en la que más se usa es la prosa histórica, precisamente. La locución aumenta de 1684 (5.05%) a 1724 (14.52%) y baja después en 1740 (6.73%). Esta curva no se refleja exactamente en nuestros textos, pero por los datos del CORDE y del Corpus del español (CE) podemos decir que, por los años del Epítome, de suerte que empezaba un declive que va a llegar a la situación de nuestros días, en los que solo tiene un escaso empleo literario9. En efecto, ambos corpus coinciden en que la locución se documenta por primera vez en el siglo XV10; conoce un espectacular incremento en los siglos XVI y XVII: pasa de 33 casos en el siglo XV a 2226 en el XVI y a 4173 en el XVII, según el CORDE; y según el CE, de 13 casos en el siglo XV a 1511 en el XVI y a 1038 en el XVII; y desciende a un ritmo muy fuerte en el XVIII: según el CE, de 1038 casos en el siglo XVII se pasa a 419 en el XVIII. Por tanto, podríamos pensar que el uso de de suerte que en el Epítome apunta a un estilo más bien arcaizante. De manera que aparece dos veces en el Epítome (12ab), tras pausa breve (12a) o larga (12b):

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De suerte que fue muy usado en el español clásico, pero hoy está restringido a la lengua escrita y se asocia a “los registros idiomáticos más elevados en el español europeo, no tanto en el americano” (RAE 2009: § 46.12b). En efecto, no aparece en el corpus que forma Santiago (2000) a partir del CREA. 10 Antes del siglo XV no parece que se escribiera. De hecho los sustantivos que se usan en el castellano medieval en los nexos consecutivos de manera son manera y guisa (Narbona 1978) y “esporádicamente” forma (Bartol 1986: 65).

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(12) a. A mas de las Providencias p[ar]a el publico se hacian otras precisas [11rº] p[ar]a lo interior de Palacio, y p[o]r tanto el Rey d[o]n Fern[an]do (q[u]e assi lo nombraremos en lo sig[uien]te) desde luego las tomò, de manera q[u]e en el mismo dia 10 mando que el duq[u]e de la Mirandula continuase en la Maiordomia maior el Marq[ue]s de s[a]n Isi[dr]o en la Sumilleria de Corps, y el Duq[u]e de santisteban en el encargo de Cavallerizo maior, y tamb[ie]n mandò q[u]e el Duq[u]e de sesa prosiguiera en el empleo de Cavallerizo m[ayo]r de la señora R[ei]na viuda. Con esto ya cada qual respectivam[en]te cuidò de lo perteneciente â su Cargo, y no hubo mutacion en lo interior politico doméstico, y economico de Palacio. // (Ep., 10v-11r). b. // Por estos frequentes socorros se ha sostenido el explendor de la Monarchia haviendose visto en este Reynado muchas opulentas Armadas en Mar, y tierra: De manera q[u]e la tropa española en tierra es tan lucida, y tan experta en el arte de la Guerra, q[u]e no tiene q[u]e ceder â ning[u]na Nacion: Los Mares se han visto poblados de leños Españoles, de tal conformidad q[u]e no teniendo n[uest]ra Nacion mas practica q[u]e la carrera de Yndias, aora tanto el occeano, como el Mediterraneo se alegran de tener tan nobles, y valientes havitadores. // (Ep 21v).

No figura ninguna vez en los fragmentos iniciales de Bacallar y Solís; en cambio, en el texto completo de la Historia de este hay tres casos, aunque claramente consecutivos de modo o manera (13abc), incluso el primero de ellos (13a) con intercalación de un adjunto entre los elementos del nexo discontinuo, y otros dos, también consecutivos, pero con el verbo de la cláusula en subjuntivo y valor final (13de); y tan solo hay un ejemplo (13f) más ambiguo, interpretable como consecutivo o ilativo; la presencia de un adjunto de modo (“anudado sin desayre sobre los hombros”) podría favorecer la lectura ilativa, pero sin completa seguridad: (13) a. … los persuadía y animaba para que subiesen por las gradas del templo a derribar los ídolos; pero ellos se contristaron de manera con esta proposición, que sólo respondían con el llanto y el gemido, hasta que arrojándose en tierra, dijeron a grandes voces que primero se dejarían hacer pedazos, que poner las manos en sus dioses (Solís, II, 12). b. Dicho esto arrojó sobre la mesa el título de Diego Velázquez, besó el bastón, y dejándole entregado a los alcaldes, se retiró a su barraca. No debía de llevar inquieto el ánimo con la incertidumbre del suceso, porque tenía dispuestas las cosas de manera, que aventuró poco en esta resolución; pero no carece de alabanza la hidalguía del reparo, y el arte con que apartó de sí la debilidad o menos decencia de su autoridad (Solís, II, 7). c. Seguían el paso de las andas cuatro personajes de gran suposición, que le llevaban debajo de un palio hecho de plumas verdes entretejidas y dispuestas de manera que formaban tela, con algunos adornos de argentería (Solís, III, 10).

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d. Mudaron semblante las cosas con esta novedad: mitigóse la ira de Motezuma: cesaron las prevenciones de la guerra; y se volvió a tentar el camino del fuego, procurando desviar el intento de Cortés con nueva embajada y regalo: a cuyo temperamento se inclinó con facilidad, porque en medio de su irritación y soberbia no podía olvidar las señales del cielo, y las respuestas de sus ídolos, que miraba como agüeros de su jornada, o por lo menos le obligaban a la dilación del rompimiento, procurando entenderse con su temor, de manera que los hombres le tuviesen por prudencia, y los dioses por obsequio (Solís, II, 10). e. Quisiera proseguir, pero se dio por vencida su constancia, y dijo lo demás el llanto, llevándose tras sí las cláusulas de la voz, y la resistencia de los ojos. Siguióle con menos reserva la Emperatriz: y Hernán Cortés necesitó de negarse a las instancias de su piedad, para no enternecerse. Pero dejando algún tiempo al desahogo de ambos Príncipes, respondió a Guatimozin: Que no era su prisionero, ni había caído en semejante indignidad su grandeza, sino prisionero de un Príncipe tan poderoso, que no tenia superior en todo el orbe de la tierra; y tan benigno, que de su real clemencia podía esperar no solamente la libertad que había perdido, sino el Imperio de sus mayores, mejorado con el título de su amistad: que por el tiempo que tardase la noticia de sus órdenes, sería respetado y servido entre los Españoles de manera que no le hiciese falta la obediencia de sus Mejicanos. Y quiso pasar a consolarle con algunos ejemplos de coronas infelices; pero estaba muy tierno el dolor para sufrir los remedios, y temió la empresa de reducirle sin mortificarle: porque no se hicieron los consuelos para Reyes desposeídos; ni era fácil buscar la conformidad en el ánimo, cuando faltaba Dios en el entendimiento (Solís, V, 25). f. Era de buena presencia: su edad hasta cuarenta años […]: su traje un manto de sutilísimo algodón, anudado sin desaire sobre los hombros, de manera que cubría la mayor parte del cuerpo, dejando arrastrar la falda (Solís, III, 10).

En consecuencia, en el texto de finales del siglo XVII todavía era poco frecuente la locución ilativa de manera que. En 1725 el texto completo de los Comentarios de Bacallar documenta también el de manera que consecutivo con el verbo de la cláusula en subjuntivo y valor final (14abc): (14) a. Para preparar, pues, los ánimos contra las máximas de política que observaban los ministros de Inglaterra, era conveniente hacerles perder la confianza que tenían puesta en la Francia, disponiendo ésta de manera que no tomase resolución alguna en hacer causa común por la empresa de este sitio, hasta estar rendida dicha plaza, para cuyo tiempo se prometían los parciales del pretendiente que todo sucedería a medida de su deseo (Bacallar). b. Intentaron los infieles este nuevo ataque persuadidos a que la muerte del gobernador hubiese disminuido el ánimo de la guarnición de manera que no se atreviese a oponerse a su esfuerzo; mas quedaron aturdidos… (Bacallar).

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c. Retirados los imperiales al Tirol, tuvieron los generales español y francés un gran Consejo de guerra con el rey de Cerdeña, en que fue resuelto que en el ínterin llegase la artillería para formar el sitio de Mantua, hiciesen los españoles el de la Mirándula y quedase estrechamente bloqueada la ciudad de Mantua, acampando los tres ejércitos aliados de manera que no pudiese entrar ni salir nadie. En conformidad de esta resolución, el conde de Maceda… (Bacallar).

Pero ahora observamos, asimismo, el de manera que, locución conjuntiva ilativa tras pausa breve (15abc) o conector tras pausa larga (15def), con el verbo de la cláusula u oración que encabeza en indicativo: (15) a. Pasando de este punto a otros, los comisarios ingleses hacían los mayores esfuerzos para conseguir sus pretensiones; mas éstas siempre rebatidas por los españoles, hicieron ver el abuso e irregularidad con que los súbditos de la Gran Bretaña proceden en su comercio en las Indias, de manera que los comisarios ingleses desesperaron de poder obtener cosa alguna favorable a su intento (Bacallar). b. … cuando hay una convocación general para tomar las armas, todos los nobles salen a caballo con sus criados, y en poquísimo tiempo suelen formar ejércitos de veinte mil, treinta mil y hasta cincuenta mil caballos, de manera que cargan al enemigo y se retiran del mismo modo, al símil de los moros; de suerte que no es fácil conseguir en su país una total destrucción en ellos (Bacallar). c. Aunque el intendente Sartini, a cuyo cargo corría el abastecer las tropas, hubiese recibido las órdenes más positivas del Ministerio para su avío, fueron tan económicas que no se atrevió a buscar los víveres por cualquier precio que los hallase, de manera que con los motivos referidos, las reiteradas órdenes de la corte, que venían precipitadas de Versalles, y la noticia cierta de que los ingleses se disponían a pasar al Mediterráneo en conserva de catorce navíos de guerra franceses, mandados por el señor de Court; don José Navarro salió de la rada de Barcelona el día 13 de enero con bastante inquietud, porque le faltaban masteleros de respeto, velas, áncoras y otras muchas cosas, no teniendo tampoco la suficiente pipería (Bacallar). d. y desde el antecedente mes se había puesto embargo a todas las embarcaciones extranjeras, que se encontraron en los puertos de la Monarquía; de manera que, reunidas con las de esta Corona, pasaban de seiscientas (Bacallar). e. Tuvo éste varias conferencias sobre el asunto con el embajador de Francia, conde de Rottembourg, cuyos influjos no alimentaban poco las favorables esperanzas que se habían concebido en la corte de España; de manera que con las proposiciones y ventajas que ofrecía el cardenal de Fleury, no le fue difícil al purpurado el inclinar a esta Corona a tomar venganza de los ultrajes que creía haber padecido, haciendo causa en los que la Francia pretendía igual-

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mente recibir con las disposiciones y declaraciones del César para excluir del trono de Polonia al suegro de Su Majestad Cristianísima (Bacallar). f. El día siguiente a esta determinación llegó un expreso de la corte con carta de don José del Campillo, en que se mandaba al duque que sin dilación atacase y batiese al enemigo, expresión que hizo reír a los unos y murmurar a los otros. El atacar a los enemigos era cosa fácil, pero batirlos, ¿quién podía asegurarlo? Sin embargo, se controvertió este punto con cuidado, y después de varias alteraciones, los más de los oficiales generales juzgaron que emprender con fuerzas inferiores dos accidentes tan contingentes como era el de forzar el paso de un río fortificado y después de logrado dar la batalla, era caso de madura reflexión, porque si uno de los dos se malograba, el ejército se perdía infaliblemente y no contribuiría menos el país a aniquilarle que los enemigos, a que se seguía también la pérdida del reino de Nápoles, que ya amenazaba el inglés con sus escuadras. De manera que no sólo los generales no hallaron conveniente obedecer la orden, sino que propusieron de hacer una representación al Rey, manifestando las razones por qué no se daba cumplimiento a la orden, y se encargó a los tenientes generales duque de Atrisco y conde de Mahoni la escribiesen (Bacallar).

Ente 1592 y 1745 el CORDE atestigua 224 casos de de manera que en 61 documentos. Cuando más se usa es en 1705, aunque en nuestro corpus principal solo lo hemos hallado en 1746. En todo este período la prosa histórica es la tradición discursiva en la que es más frecuente. Por último, la locución ilativa de modo que está condicionada por la introducción tardomedieval del cultismo modo; se usa poco todavía en el siglo XVI (Herrero 2003: 71, n. 21), en la novela picaresca (Manzano Rovira 2011: 93 y ss.) y en nuestros textos de historia de la primera mitad del XVIII. En cambio –según Santiago (2000a: 116)–, conoce un aumento espectacular en la lengua del siglo XX, más en los textos orales –con 178 casos– que en los escritos de ciencia y tecnología, con 56 ocurrencias. En el Epítome solo aparece un caso, en el que de modo que sigue a una pausa breve: (16) // Antecede la vida â la muerte y p[o]r tanto en la narrativa tiene el prim[e]r lug[a]r el modo de vivir y sus accidentes: de suerte q[u]e hallandose este Monarcha en la v[ill]a de M[adri]d y Palacio de Buen retiro con toda la familia r[ea]l, le asaltò en el dia 8 de Julio una indisposicion q[u]e le ocasionò alg[u]na evacuacion de vientre, pero este accidente no fue tan maligno, que no se corrigiesse en el mismo dia, de modo q[u]e p[o]r la noche ya se sintiò alegre y estubo placentero, y aunq[u]e el regimen no era el mas regular [3rº] en las horas, ya p[o]r la costumbre no se hacia en ello novedad, y se savia q[u]e la cena era â las 9 horas de la mañana con las ventanas cerradas; q[u]e â las 5 se iba â la Cama; y q[u]e â las doce tomaba una substancia. Regularm[en]te a la una hora desp[ue]s del medio dia se vestia, â

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las 3 horas oia Misa en la pieza immediata. Concluido el santo sacrificio de la Misa admitia en la Conversacion en la q[ua]l era mas frequente el Embajador de Francia, como tamb[ie]n el Conde de Montijo Maiordomo actual de la R[ei]na y el Marq[ues] de s[a]n Isi[dr]o Sumiller de Corps del Rey. // (Ep 2v-3r).

No hay más ejemplos en los fragmentos de Solís y Bacallar; tampoco en el texto completo de este –que, sin embargo, como vimos, emplea la locución consecutiva de intensidad-manera de tal modo que–; en cambio, en el texto completo de la Historia de Solís hallamos –además de un caso de de modo que consecutivo con el verbo de la cláusula en subjuntivo y valor final (17a)– otros tres de la misma locución con valor ilativo, siguiendo a pausa breve (17bc) o larga (17d): (17) a. Procuró este Religioso introducirlos poco a poco en el conocimiento de la verdad, explicando como docto y como prudente los puntos principales de la Religión Cristiana de modo que pudiese abrazarlos la voluntad sin fatiga del entendimiento: porque nunca es bien dar con toda la luz en los ojos a los que habitan en la obscuridad (Solís, III, 3). b. Apartóse Hernán Cortés con el Cacique y con los principales de su séquito, y les hizo un razonamiento con la voz de su intérprete, dándoles a entender: Como era vasallo y ministro de un poderoso Monarca, y que su intento era hacerlos felices, poniéndolos en la obediencia de su Príncipe: reducidos a la verdadera Religión, y destruir los errores de su idolatría. Esforzó estas dos proposiciones con su natural elocuencia y con su autoridad, de modo que los Indios quedaron persuadidos, o por lo menos inclinados a la razón (Solís, I, 20). c. No dejaban de conocer que se afectaba con sobrado fervor la razón de Diego Velázquez; pero no se atrevían a resolver negocio tan grave contra el parecer de un Ministro tan graduado; ni tenían por conveniente desconfiar a Cortés, cuando estaba tan arrestado, y en la verdad se le debía un descubrimiento tanto mayor que los pasados. Cuyas dudas y contradicciones fueron retardando la resolución de modo que volvió el Emperador de su jornada, y llegaron segundos Comisarios de Cortés, primero que se tomase acuerdo en sus pretensiones (Solís, III, 1). d. Pedro de Morón recibió algunas heridas ligeras, y le hicieron prisionero; pero fue socorrido brevemente de otros caballos, que con muerte de algunos Indios consiguieron su libertad, y le retiraron al ejército: siendo este accidente poco favorable al intento que se llevaba; porque se dio tiempo al enemigo para que se volviese a cerrar y componer por aquella parte: de modo que los españoles fatigados ya de la batalla, que duró por espacio de una hora, empezaron a dudar el suceso (Solís, II, 17).

Interrogado el CORDE por de modo que entre 1684 y 1746, únicamente entrega datos de entre 1729 (46 casos, el 6.51%) y 1745 (78 casos, el 11.04%), lo cual

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coincide con lo que sugiere nuestro corpus principal, que solo documenta la locución en 1746. La tradición discursiva en la que más se emplea de modo que es la prosa didáctica (con 516 casos, lo que significa el 69.72%); le sigue –aunque a casi 60 puntos porcentuales de distancia– la prosa histórica (76 casos, el 10.27%), lo que acaso pueda explicar la escasa frecuencia de esta locución en nuestros textos. En fin, a pesar de que las conjunciones suelen ser átonas –caso de conque–, todas las locuciones conjuntivas que hemos analizado en nuestro corpus son tónicas –una observación que no ha escapado a la Nueva gramática–, lo que, desde el punto de vista de la gramaticalización, implica que el proceso no ha concluido del todo y que, por ello, el grado de polisemia puede ser notable, no solo porque el significado de una determinada locución pueda ser ilativo o consecutivo, o ambiguo, sino porque, en los usos en los que es claramente ilativo, este significado se ofrece muy variable. De hecho, el mismo texto académico apunta que las locuciones ilativas suelen presentar la información oracional que encabezan “como conclusión, corolario o recapitulación de algún razonamiento previo” (RAE 2009: § 46.12h). Para concluir este apartado, será bien que retengamos que nuestros textos muestran dos locuciones no recogidas por los paradigmas de las gramáticas actuales –sirva de representantes de todas ellas la Nueva gramática (RAE 2009: § 46.12b)–; son de tal conformidad que y de género que. Nuestros textos ofrecen también las conjunciones y locuciones conque, de (tal) suerte que, de tal forma que, de manera que y de modo que, registradas en las listas modernas; pero no usan luego, así que, de ahí que, de aquí que. No se puede decir que no haya habido cambios en las oraciones ilativas. La prosa histórica de la transición del español clásico al moderno deja ver el final de unas locuciones, el desarrollo de otras que han llegado a nuestros días con mayor o menor vitalidad y la situación de nonatas de otras o, al menos, de no difundidas en la prosa histórica. La mayoría de las conjunciones y locuciones ilativas codificadas en las gramáticas modernas se han formado por gramaticalización; de ello dan buena cuenta nuestros textos. Todos los nexos ilativos documentados en ellos se han creado por la gramaticalización de un sintagma preposicional cuyo núcleo es el pronombre relativo que o un sustantivo de significado modal y por la lexicalización concomitante del resultado de esa gramaticalización.

2.1.2. La cadena de gramaticalización de las relaciones interoracionales y su extensión a las relaciones supraoracionales En el análisis de las oraciones consecutivas e ilativas los estudios gramaticales, sincrónicos e históricos, han utilizado los conceptos de gramaticalización y lexi-

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calización únicamente para explicar el origen y formación de las conjunciones y locuciones conjuntivas ilativas, sin atender para nada la cadena de gramaticalización de las relaciones interoracionales. Esta limitación teórica deja sin explicar algunos hechos problemáticos: así, la discutida clasificación de las oraciones consecutivas e ilativas dentro del paradigma de la oración compuesta; en segundo lugar, la polisemia de algunas locuciones conjuntivas de intensidad-manera y de manera (de tal suerte que, de tal conformidad que, de tal forma que, de manera que, de modo que, etc.), que funcionan en unos contextos como nexos discontinuos consecutivos, en otros –en los que el verbo que les sigue está en subjuntivo– como locuciones consecutivo-finales, y en otros, como nexos continuos ilativos; e incluso, en otros contextos, como nexos ambiguos, con la posibilidad de interpretación consecutiva o ilativa; y, en tercer lugar, queda asimismo sin explicación la posibilidad de que algunas locuciones ilativas funcionen, al mismo tiempo, como conectores discursivos, una posibilidad que poseen las conjunciones coordinantes y algunas subordinantes, como que (Martín Zorraquino 2010), y que apunta al carácter gradual y variable de la frontera entre relaciones interoracionales (o sea, oración compuesta) y relaciones supraoracionales (o unidades del texto “más allá” y “más arriba” de la oración). Creemos que si –además de la cadena de gramaticalización adjunto de modo > locución discontinua consecutiva > locución continua ilativa, aplicada en § 2.1.1– consideramos una segunda cadena de gramaticalización –la de las relaciones interoracionales: coordinación > interordinación > subordinación– e intentamos extenderla a las relaciones supraoracionales, se pueden explicar más coherentemente estos hechos. En efecto, estas relaciones integran una cadena de gramaticalización (cf. Lehmann 1988; Hopper y Traugott 2003: 175-211; Heine 1992); el eslabón más a la derecha es siempre el de significado más abstracto y el de morfosintaxis menos variable. Así, la interordinación ofrece un significado más abstracto que la coordinación, pero menos abstracto que la subordinación; la interordinación ofrece estructuras menos variables morfosintácticamente que la coordinación, pero más variables que la subordinación. Semántica y morfosintaxis se concretan en la integración semántica y en la dependencia sintáctica. Las oraciones relacionadas en la coordinación están mínimamente integradas desde un punto de vista semántico y son mínimamente dependientes desde una perspectiva sintáctica. Son núcleos que mantienen su independencia. En cambio, en la subordinación se produce una relación de dependencia de una cláusula con respecto a su oración principal: la integración semántica de la cláusula en la principal y su dependencia sintáctica son máximas; la cláusula es el margen del núcleo, que es el predicado regente. La subordinación –como dice Lehmann– es un concepto prototípico (Lehmann 1988:

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182). En la interordinación la relación es de interdependencia: no hay una oración a la que se subordina una cláusula, sino dos cláusulas interdependientes que integran un período; la interdependencia sintáctica de ambas cláusulas es variable y recorre un camino de ida y vuelta, de modo que no se puede hablar de núcleo y margen, de predicado regente y predicado regido; la integración semántica es asimismo variable y hacia ella se deslizan las dos cláusulas del período. Las cadenas de gramaticalización se caracterizan también por una dimensión cronológica, de modo que el miembro más a la derecha es también el más nuevo; según esta dimensión, la coordinación sería el modo más antiguo de relación interoracional, seguido de la interordinación y de la subordinación. Pero la historia de las lenguas ofrece demasiadas evidencias de que coordinación, interordinación y subordinación coexisten en los textos desde las épocas más antiguas, por lo que parece razonable aceptar que la dimensión cronológica se torna imperceptible en la cadena de gramaticalización de las relaciones interoracionales y es sustituida por una dimensión retórica. Es la tradición discursiva –y no la cronología– el factor que determina la mayor o menor relevancia, o el equilibrio, de coordinación, interordinación y subordinación. Esta cadena de gramaticalización resuelve los problemas de clasificación de la oración compuesta en español, al situar en la interordinación algunos esquemas con difícil ajuste entre las subordinadas (ilativas, “adverbiales impropias”, relativas explicativas, comparativas, consecutivas) e incluso en la coordinación (adversativas) y, sobre todo, al establecer la gradualidad entre los tres eslabones de la cadena: coordinación, interordinación, subordinación. El continuum de estos eslabones –es decir, la ausencia de soluciones de continuidad entre ellos– explica el que un determinado esquema –sin ir más lejos, el período ilativo– pueda funcionar en la interordinación, en la coordinación… y aun en la relación supraoracional. También explica que una misma relación de interordinación se pueda transformar fácilmente en otra, si entre ellas hay algún vínculo común, como puede ser la conjunción: es lo que pasa con algunas cláusulas precedidas de pero, que pueden ser adversativas o concesivas y, también sin ir más lejos, con las consecutivas que también pueden ser ilativas gracias a la polisemia de nexos como de tal conformidad que, de modo que, etc. Y ese continuum da cuenta igualmente de las transiciones entre la interordinación y la subordinación (por ejemplo, el que algunas interordinadas finales o causales puedan ser analizadas como subordinadas sustantivas) e incluso entre la subordinación y la relación, no ya interoracional, sino intraoracional (subordinadas sustantivas de infinitivo que son argumentos plenamente nominalizados de la relación intraoracional). Es verdad que, dentro de las relaciones supraoracionales, entre la conexión textual (señalada por los marcadores conectores) y la estructura de la informa-

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ción (indicada por los otros marcadores del discurso), hay un salto cualitativo, que empieza en los mismos conectores. Las conjunciones subordinantes, interordinantes y coordinantes segmentan el discurso horizontalmente; también lo hacen los conectores, por eso hay conjunciones que pueden funcionar como tales, segmentando unidades que van “más allá” de la oración; pero los conectores –como marcadores que son–, al mismo tiempo que segmentan unidades del discurso “más allá” de la oración, ofrecen instrucciones de procesamiento “más arriba” de la oración, en otro escenario distinto de la estructuración del discurso; por eso un conector puede preceder a un segmento supraoracional, interoracional o intraoracional (un argumento, un complemento nominal…). Esto es, el conector funciona en el escenario de la segmentación del discurso (en la relación interoracional y, “más allá”, en la relación supraoracional) y en el nuevo escenario de la estructura informativa del discurso (“más arriba” de la oración, por eso también puede ir “más acá” de la oración). Los restantes marcadores del discurso –de control de contacto, operadores discursivos, reformuladores, estructuradores de la información (Portolés 1998: 146)– funcionan en el escenario de la estructura informativa –“más arriba” de la oración–, lo que los capacita para dar instrucciones de procesamiento a cualquier segmento discursivo, intraoracional, interoracional o supraoracional. En la Tabla 1 (página siguiente) se sintetizan las ideas expuestas sobre la cadena de gramaticalización de las relaciones supraoracionales, interoracionales e intraoracionales. Así que la polisemia de locuciones de intensidad-manera –como de tal suerte que, de tal conformidad que– y de manera –de manera/modo/forma que– se explica, no solo porque el proceso de gramaticalización del nexo (nexo discontinuo consecutivo > nexo continuo ilativo) no ha terminado, sino también –y principalmente– porque en la relación de interordinación coinciden los esquemas consecutivo e ilativo, si bien el primero en la zona más cercana a la subordinación, donde se encuentran también las comparativas, y el segundo en la zona de confluencia de la interordinación con la coordinación y con la conexión supraoracional. Y esta situación de gradualidad y de variación concomitante no tiene fecha de caducidad, porque la cadena de gramaticalización de las relaciones, no ya interoracionales, sino supraoracionales →← interoracionales →← intraoracionales no posee dimensión cronológica, sino retórica: la variabilidad de los esquemas depende de las tradiciones discursivas, no de la época histórica, y el deslizamiento de izquierda a derecha y de derecha a izquierda (que es lo que hemos querido simbolizar con las flechas coincidentes: →←) es constante.

Conexión textual

Adición, Contraargumentación, Causalidad, Temporalidad

No Dependencia, No Integración

Estructura de la información

Marcadores de control de contacto, Operadores discursivos, Reformuladores, Estructuradores de la información

No Dependencia, No Integración

Relaciones supraoracionales

No Dependencia, No Integración

Copulativas, Disyuntivas

Coordinación

Interdependencia, Más/Menos Integración

Adversativas, Ilativas, Causales, Finales, Concesivas, Condicionales, Consecutivas, Comparativas, Adjetivas explicativas

Interordinación

Relaciones interoracionales

Dependencia, Integración

Adverbiales de lugar, tiempo y modo, Adjetivas especificativas, Sustantivas de verbo conjugado

Subordinación

Dependencia, Integración

Sustantivas de infinitivo

Conexión argumental

Relaciones intraoracionales

TABLA 1 El continuum de relaciones supraoracionales, interoracionales e intraoracionales y la clasificación de la oración compuesta

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2.2. LA DIMENSIÓN DISCURSIVA DEL PERÍODO ILATIVO Con la expresión “dimensión discursiva” de la sintaxis oracional y textual nos referimos a la vinculación semántica y sintáctica de las relaciones interoracionales y supraoracionales con la actividad enunciativa del hablante. Como ha señalado Cano (2010: 155), el discurso es actividad enunciativa que pone en escena a unos actores que interactúan como locutores e interlocutores, presentes en la situación comunicativa o evocados o mencionados en ella, y las consecuencias de esta actividad enunciativa se manifiestan en el texto, principalmente en las relaciones interoracionales y supraoracionales. Estas manifestaciones son, según Cano, las subordinadas de la enunciación y del enunciado, las “funciones enunciativas (narrar, describir, aseverar, preguntar, suponer, etc.) de los tipos de subordinadas” y la polifonía textual y el discurso referido. La distinción de subordinadas de la enunciación y del enunciado es aplicable, lógicamente, a las interordinadas y, en concreto, a las ilativas; de hecho, solo se ha aplicado a las llamadas “subordinadas impropias”, que son las interordinadas: causales, finales, condicionales, concesivas; también vale para las consecutivas (Girón Alconchel 2011) y para las ilativas (RAE 2009: § 46.11j). Con el concepto de interordinadas de la enunciación se relaciona fácilmente, como vamos a ver, el de “premisa implícita”, que la Nueva gramática académica considera propio de las ilativas y de las causales explicativas. Por otro lado, la presencia de polifonía textual –y, principalmente, de discurso referido o citas explícitas– en los períodos ilativos es un hecho puntual, aunque frecuente; al ser enunciación mencionada, forma parte de lo que Benveniste (1977) denominó “aparato formal de la enunciación” y se vincula estrechamente a la modalización del texto y a las manifestaciones de la enunciación en el enunciado, de el decir en lo dicho (Ducrot 1986), lugar en el que lo tendremos en cuenta cuando aparezca. De acuerdo con ello, podemos decir que la dimensión discursiva de las oraciones ilativas viene dada, principalmente, por tres factores: la modalidad oracional de la cláusula que expresa la consecuencia, la determinación de la “premisa implícita” y el hecho de que la ilativa sea de la enunciación o del enunciado. Analizaremos estos factores únicamente en los 14 casos del corpus principal: (1abcd) en el fragmento de Solís; (6a) en el de Bacallar; y (2ab), (9abcd), (12ab) y (16) en el Epítome. Una de las distinciones más importantes de las oraciones interordinadas con respecto a las subordinadas es que aquellas pueden presentar una modalidad de la enunciación o modalidad oracional distinta de la de la oración con la que establecen relación de interdependencia. En la subordinación la cláusula subordinada adopta necesariamente la modalidad oracional de la oración principal. En el período ilativo la oración o el grupo oracional que sigue a la conjunción o locución conjuntiva puede presentar una modalidad de la enunciación distinta de la

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de la oración o grupo oracional primero del período; así, frente a la modalidad aseverativa de las primeras oraciones de los períodos ilativos de (18), la segunda oración es interrogativa en (18a) e imperativa en (18b): (18) a. No me ha llegado la convocatoria, así que ¿a qué hora es la reunión? (apud RAE 2009: § 46.11j). b. Aún es por la mañana temprano, tengo los jardines del Generalife para mí, estoy solo con los pájaros y los surtidores, las torres rojas, el verde de los árboles que llega hasta el borde de la ciudad allí debajo. La copla tiene razón, ser ciego en Granada debe de ser el peor de todos los castigos, así que dale al ciego una limosna: Dale limosna, mujer, / que no hay en la vida nada / como la pena de ser / ciego en Granada11.

Pues bien, en los 14 casos de nuestro corpus principal la modalidad oracional es la aseverativa. Por tanto, estamos ante enunciaciones de consecuencias o deducciones que son declaraciones del locutor; el papel comunicativo que este adopta no obliga a su interlocutor nada más que a decir “enterado”. Una objetividad –al menos, aparente– impregna la elocución a lo largo de todo el período, como, por otra parte, cabe esperar de un discurso de historia. Según la Nueva gramática de la RAE, las oraciones ilativas se relacionan con las causales explicativas por la “premisa implícita” (RAE 2009: §§ 46.11de y 46.11i), un concepto que encaja sin dificultad –como anunciábamos y en seguida vamos a ver– en la dimensión discursiva de estos esquema sintácticos: (19) a. Las calles estaban vacías, pues hacía un frío espantoso. b. Hacía un frío espantoso, de modo que las calles estaban vacías.

En el período causal de (19a) hay una premisa implícita: “cuando hace frío es normal que las calles estén vacías”, la misma que subyace en la construcción ilativa de (19b). Ambas oraciones son de significado muy parecido o casi idéntico. No obstante –añade la RAE– la principal diferencia semántica consiste en que las ilativas comunican una “deducción expresa” y las causales explicativas, “una justificación”, es decir, la causal y la ilativa ofrecen una “perspectiva discursiva” diferente. Por tanto, la premisa implícita no funciona exactamente lo mismo en las causales y en las ilativas. A ello podríamos añadir –a partir del escrutinio de nuestro corpus– que la premisa implícita, al menos en las ilativas, puede ser un asunto de muy variada complejidad cognitiva y, en consecuencia, harto subjetivo.

11

Cees Nooteboom, El desvío a Santiago, Madrid: Siruela, 1992, p. 305.

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Así, en el fragmento de la Historia de Solís, mientras que en (1a) la premisa implícita podría formularse fácilmente y con un alto grado de objetividad con la proposición ‘si hay división en la autoridad gobernante y en los gobernados, es muy verosímil que haya desorden y anarquía’, no es tan seguro que pueda hacerse lo mismo en otros casos. En (1b) la premisa implícita parece que podría ser: ‘si a un heredero al trono lo desheredan, se enfada; y de todo eso puede resultar una revuelta’. Pero, como vemos, son consecuencias muy complejas cuya ilación pide un acto enunciativo implícito. Estaríamos entonces ante una ilativa de la enunciación. Esto es, el locutor implícitamente enuncia –sugiere– que se da la serie de causas-consecuencias siguientes: el descontento y las incitaciones a la rebelión causan oposición al nuevo gobierno y el conjunto de todo esto origina peligro de rebelión. En realidad, en este ejemplo de (1b) la relación de causa à consecuencia se establece entre dos clases de discursos reproducidos: por una parte (la causa), el discurso meramente narrado del testamento nuevo del abuelo (“no le dejase en su último testamento nombrado por principal gobernador de estos reinos, como lo estuvo en el antecedente que se otorgó en Burgos”) y el discurso indirecto mimético de las interpretaciones ofensivas de ese testamento, convertidas en communis opinio (“ponderaba muchas veces y oía ponderar lo mismo a los que le asistían, que el no nombrarle pudiera pasar por disfavor hecho a su poca edad, pero que el excluirle después de nombrado, era otro género de inconfidencia que tocaba en ofensa de su persona y dignidad”); por otro lado (la consecuencia), el discurso narrado de su descontento (“se vino a declarar por mal satisfecho del nuevo gobierno”): la consecuencia es una enunciación mencionada, lo que corrobora que la actividad enunciativa, latente y patente, en este segmento textual es muy alta y que la “premisa implícita” es muy variable y muy dependiente de la subjetividad del locutor y de la actividad modalizadora con la que lleva a cabo sus arreglos textuales. La “premisa implícita” parece más bien un aspecto de la enunciación: un hecho del decir, más que de lo dicho. En (1c) la premisa implícita es una cuestión de derecho sucesorio, unos textos, de los que se pueden sacar conclusiones distintas y aun encontradas. Más que en (1b), en (1c) estamos ante un caso claro de que no siempre hay una sola premisa implícita. Por ello cabe separar aún más las ilativas de las causales explicativas y llegar a la consideración de que casi todas las ilativas son de la enunciación. En (1d) podríamos aceptar que la premisa implícita es ‘si el indio está temeroso, no es productivo’. Pero no es una premisa, sino una de las varias deducciones o conjeturas posibles, las cuales remiten a un verbo de enunciación o de juicio, implícito en el texto y en el discurso que lo produce. Una ilativa de la enunciación.

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La premisa implícita se puede formular también con una lógica muy general en el único ejemplo del fragmento de Bacallar (6a): ‘si el enemigo es muy numeroso, nuestra infantería no puede avanzar’. Sin embargo, como veremos luego, esta ilativa contiene una interordinada consecutiva y un predicado nominal modalizador (“era imposible”), que ponderan la deducción discursiva y tiñen de subjetividad lo que podría entenderse como una premisa de lógica universal. En el Epítome puede haber asimismo premisas implícitas claramente perceptibles en el mero enunciado en los casos (12a) y (16): ‘cuando el rey toma decisiones oficiales (“providencias”), da órdenes’ y ‘si una persona se cura en el día, por la noche está bueno’, respectivamente. Sin embargo, en (2a) es más difícil encontrar una premisa implícita. Ateniéndonos rigurosamente a lo que se dice en el texto, tendría que ser algo así como ‘si los mares están llenos de barcos españoles, el Océano y el Mediterráneo se alegran, aunque los barcos españoles solo son expertos en el Océano’. Se trata de un sofisma y de una hipérbole. Y en (2b) la posible premisa implícita –‘si las Indias han estado mandando continuamente oro y plata, estos metales han llegado en igual cantidad que siempre’– es también un sofisma en toda regla, porque del hecho de que las Indias mandaran mucho oro y plata durante el reinado de Felipe V no se deduce necesariamente que la cantidad total recibida en ese período sea igual a la que había llegado en el período que va desde el principio de la conquista de América al comienzo del reinado del primer Borbón. También parecen sofismas las premisas implícitas de (9a) y (12b). En todo caso, más que de premisas implícitas hay que hablar de deducciones que se eligen entre varias posibles y que, por tanto, son explicadas mediante un verbo enunciativo explícito (12a), a veces con el concurso de otros procedimientos que manifiestan también la enunciación, como el período hipotético (9c) –las condicionales son interordinadas de la enunciación– o la acumulación de recursos tendentes a marcar la continuación de las sucesivas secuencias discursivas, sobre todo, cuando el período ilativo sigue a una coordinada copulativa con un adverbio ilativo (9b). En (9d) se percibe aún mejor este sentido continuativo, que difumina la lógica de la premisa implícita y pone el foco en la actividad enunciativa del locutor, creadora de relaciones nuevas: en (9d) hay un período ilativo que desemboca en una continuación de causas-efectos que podríamos resumir así: el consejo de que no son obligatorias las audiencias y el gobierno absoluto de “los áulicos” causa la dificultad de comunicarse con el rey (expresada por la locución ilativa de suerte que); esto tiene como consecuencia que “los áulicos” le aconsejan al rey el poder absoluto y no le informan (expresado por un período ilativo yuxtapuesto); esto otro ocasiona la suspensión de las Cortes y el Consejo (expresado por una relativa explicativa de antecedente oracional –“a lo que”– con valor continuativo o ilativo); y todo esto, por último, es el origen de una mala política monetaria (expresado por un gerundio ilativo).

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La dificultad de encontrar la premisa implícita puede querer decir que lo que se nos aparece como la consecuencia involucrada en dicha premisa es más bien una deducción, una conjetura, mejor, una creación del decir entendido como actividad enunciativa. El período ilativo se ofrece al locutor como un instrumento primordial de su actividad enunciativa: una herramienta privilegiada para modalizar su discurso, “más allá” y “más arriba” de la oración gramatical. De este modo llegamos al tercer factor de la dimensión discursiva de las ilativas y, de acuerdo con lo que acabamos de decir sobre la premisa implícita, nada tiene de extraño que la mayoría de las ilativas (11 casos de 14) sean de la enunciación. Así, en el fragmento de Solís. En (1a) los verbos en condicional, que formulan hipótesis y conjeturas, indican que lo dicho depende de un verbo de juicio implícito en el decir y que la ilativa es de la enunciación; en (1b) la ilativa es de la enunciación por la concatenación de consecuencias, que exige un verbo implícito de juicio, y porque las situaciones de causa y consecuencia son discursos reproducidos, enunciaciones mencionadas o narradas, y no presupuestos lógicos; en (1c), porque la causa es discutible; y en (1d), porque la consecuencia es una deducción o conjetura, de entre varias posibles. Ya en el siglo XVIII, en el Epítome, los sofismas que hemos desenmascarados en (2a), (2b), (9a) y (12b) requieren un verbo enunciativo implícito, lo mismo que las consecuencias o deducciones de (9bcd). Solo hallamos 3 casos (de 14) en los que la consecuencia o deducción parece perceptible desde lo dicho, sin necesidad de recurrir a la actividad del decir implícito, o sea, tres casos de ilativas del enunciado: el ejemplo de Bacallar (6a) y otros dos del Epítome: (16) y (12a) y aun en este la consecuencia es una serie de órdenes reproducidas en discurso indirecto, una enunciación mencionada. Desde un punto de vista diacrónico, no es aventurado decir que la dimensión discursiva de los períodos ilativos apenas ha experimentado cambio considerable entre 1684 y 1746. Más que cambios hay que pensar en situaciones de variación sincrónica determinadas por los géneros y los contextos.

2.3. LA FUNCIÓN DEL PERÍODO ILATIVO EN LA ORGANIZACIÓN TEXTUAL Examinemos ahora la función del período ilativo en la organización textual, en la textualización. Esta función parece determinada, también, por tres factores: la estructura sintáctica de los dos miembros del período ilativo (la causa y la consecuencia), el contexto del período ilativo, o sea, el lugar donde se halla dicho período dentro de la unidad textual correspondiente –que en estos textos históricos identificaremos con el párrafo– y, por último, el tipo de texto al que pertenece la mencionada unidad textual.

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En el fragmento de la Historia de Solís solo en (1a) la causa es una oración simple y solo en (1c) la consecuencia se reduce a una oración mínimamente compleja con dos oraciones de infinitivo. Lo más frecuente es que la causa y la consecuencia sean períodos de gran complejidad sintáctica y semántica las más de las veces, productos de la abundante y variada coordinación y subordinación. No son raros los períodos causales en la expresión de la causa (así en 1c y 1d), como tampoco lo son en la consecuencia los que refuerzan justamente la misma idea de consecuencia: gerundios ilativos (en 1a y 1b), y en (1d) el conector ilativo así junto a la subordinada consecutiva de intensidad en una progresión en la que la consecuencia es causa de otra consecuencia. La RAE (2009) ubicaba las ilativas junto con las subordinadas causales y finales, pero admitía que muchas veces la conjunción ilativa funcionaba en un nivel superior, como una herramienta de la gramática del discurso. Es lo que vemos en el texto de Solís. Dentro del párrafo ¿dónde se ubica el casi siempre complejo período ilativo? Únicamente en (1d) está situado al comienzo del párrafo; en los otros tres casos está al final. Y en los cuatro casos son visibles las indicaciones lingüísticas que delimitan el párrafo (además del punto y aparte): en (1a) la anáfora (“esta mala constitución”), el léxico y sintaxis de conclusión (“efectos”, el gerundio ilativo: “destemplándose enteramente los humores”), y el cambio de tema (“Mandó el cardenal”); en (1b) la anáfora que señala un cambio de tema dentro de la narración general de las dificultades (”este embarazo”, “otro”); en (1c) el hecho de comenzar con el conector contraargumentativo pero; y en (1d), otra vez la anáfora (“esta isla”). Junto con la posibilidad de una interpretación ambigua del antecedente –oracional o nominal– del sintagma relativo con que, el final de párrafo o de capítulo es el contexto adecuado para que dicho sintagma sea reanalizado como conjunción consecutiva. Los textos de Solís confirman este hecho, ya antes observado en otras obras de finales del siglo XVII, como los dramas de Calderón o los ensayos reunidos en El hombre práctico por Gutiérrez de los Ríos (Girón Alconchel 2004). Finalmente, los textos donde se encuentran los párrafos en los que se ubican los períodos ilativos son básicamente textos narrativos, como no podía ser de otra manera siendo relatos de historia. Pero, como los textos no son puros desde el punto de vista de los géneros y las tradiciones discursivas, en los cuatro casos de la Historia de Solís se percibe un componente argumentativo que viene dado principalmente por la insistente expresión de las consecuencias a cargo de los períodos ilativos, pero también de los gerundios del mismo sentido y la abundante subordinación, o interordinación, consecutiva, causal, concesiva y adversativa. Si pasamos ahora a los dos textos del siglo XVIII, observamos que la función desempeñada por los períodos ilativos en la organización textual conserva parecidos

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con la ya descrita para las ilativas con conque de Solís, pero también ofrece cambios. Los tres textos se parecen en que la relación ilativa se suele dar entre períodos, casi siempre, de gran complejidad sintáctica y semántica, debido a la abundante coordinación, interordinación y subordinación; se parecen también en que el período que sigue a la locución ilativa contiene, frecuentemente, una cláusula consecutiva (6a, 2a, 12b), o una relativa de valor consecutivo (9b), o gerundios ilativos. En cambio, los textos del siglo XVIII se diferencian del de Solís en que las relaciones interoracionales dentro de cada período se han simplificado; se ha abandonado el gusto por la creación de oraciones de muchas cláusulas ordenadas circularmente y se tiende a crear oraciones de una o dos cláusulas. Incluso, excepcionalmente la causa (6a) o la consecuencia (9a) se expresan por medio de una oración simple. No ha variado la tendencia a situar el período ilativo al final del párrafo; es muy raro que esté al principio (9b). En el Epítome es más frecuente que el párrafo coincida con un período ilativo (12a) o con una sucesión de ellos (12b, 2a), incluso con un período ilativo continuado por una sucesión de otras oraciones y cláusulas formalmente no ilativas, pero de ese valor (9d). Por último, tampoco hay variación en la tipología textual; la secuencia textual que acoge el párrafo y el período ilativo es narrativo-argumentativa, o narrativodescriptivo-argumentativa, o narrativo-expositivo-argumentativa. Una cosa es segura: el período ilativo es siempre un firme pilar del componente argumentativo.

3. Adverbios de sentido ilativo entre 1684 y 1746 Distinguimos adverbios ilativos de conjunciones por la posición, la tonicidad y la capacidad de los primeros de combinarse con la conjunción y. Las conjunciones necesariamente van en posición inicial; los adverbios, en posición inicial, medial o final; las conjunciones suelen ser átonas –aunque ya vimos que no siempre– y los adverbios tónicos; las conjunciones ilativas no pueden ir precedidas de y (*y así pues, *y conque, *y de manera que), pero sí los adverbios (y así, y consecuentemente, y por consiguiente, y por tanto). No obstante, este criterio formal falla: hay adverbios que se especializan en la posición inicial; y hay conjunciones tónicas, incluso las hay que pueden ir precedida de y (y de ahí que, y así que); y, sobre todo, hay adverbios que pierden su significado predicativo y adquieren otro discursivo por el que suministran “instrucciones de procesamiento” de las secuencias textuales donde se hallan (Portolés 2010: 315). Es decir, hay adverbios que funcionan como marcadores del discurso conectores, lo mismo que las conjunciones y locuciones ilativas; es más, desde el significado ilativo o continuativo pueden pasar a adquirir otro de marcador estructurador de la información, caso de pues (Iglesias 2000).

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Por eso, como observó R. Cano (2003), hay que enfocar la cuestión de los conectores desde la “conectividad” o función conectiva, no desde las formas de la conexión. Ese punto de vista nos lleva de nuevo a la gramaticalización (ahora de los adverbios ilativos como conectores, de una parte, y de las relaciones interoracionales y supraoracionales, de la otra). La gramaticalización nos obliga a dejar fuera de los adverbios de sentido ilativo a los sintagmas de este modo y por eso (este solo se halla en Bacallar). No están gramaticalizados; pueden ofrecer una variación morfosintáctica alta y su significado es básicamente predicativo (cf. Martín Zorraquino 2010). Así las cosas, encontramos estos adverbios ilativos: pues en Solís (1 caso); así, en Solís (2 casos), en Bacallar (4 casos) y en el Epítome (3 casos); y, por último, únicamente en el Epítome, por tanto (4 casos) y en su consecuencia (1 caso). El adverbio tónico pues se diferencia de los otros porque ocupa una posición intermedia; en cambio, así, por tanto y en su consecuencia aparecen detrás de la conjunción coordinante y: TABLA 2 Adverbios de sentido ilativo Solís

Bacallar

Epítome

pues

1





(y) así

2

4

3

(y) por tanto





4

(y) en su consecuencia





1

Adverbio

(20) … Y el no haberse hallado [el oro], según lo refieren, sino en los adoratorios de aquellos indios, es circunstancia que da a entender que le estimaban como exquisito, pues le aplicaban solamente al culto de sus dioses y a los instrumentos de su adoración. Viendo, pues, Diego Velázquez tan bien acreditado con todos el nombre de Yucatán, empezó a entrar en pensamientos de mayor jerarquía, como quien se hallaba embarazado con reconocer por superioridad en aquel gobierno al almirante Diego Colón… (Solís, 33a-33b).

En (20) pues está intercalado en un enunciado que mantiene relación de yuxtaposición con el inmediatamente anterior. Estamos ante aquella otra construcción que –además de las consecutivas e ilativas– expresaba consecuencia: las “oraciones yuxtapuestas mediante conectores discursivos” (Pavón Lucero 2012: 57).

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Conocemos bien el proceso de gramaticalización por el que el adverbio temporal latino PO˘ ST se transformó en pues, adverbio ilativo si tónico, o conjunción causal si átona. El adverbio ilativo pues funciona como un conector discursivo en la relación de yuxtaposición, como en (20), desde los orígenes del idioma12. Sin embargo, se sabe mucho menos acerca del significado de esas yuxtaposiciones en las que participan marcadores discursivos, ya sean conectores, estructuradores de la información, o de otra clase. Según R. Cano, “Entre los segmentos textuales unidos por estos conectores –él se refiere solo a los marcadores conectores– no hay vinculación sintáctica clasificable como ‘coordinación’ o ‘subordinación’, pero tampoco se trata de una mera ‘yuxtaposición’ oracional sin más” (Cano 2001: 181). Si no es una “mera ‘yuxtaposición’ oracional sin más”, ¿ante qué estamos? Hemos adelantado la respuesta a esta cuestión en el § 2.1.2 (y en la Tabla 1); ahora la completaremos. Estamos ante una “yuxtaposición supraoracional”. El quid de la cuestión reside en explicar el contenido de la relación supraoracional y su posible vinculación a la relación interoracional. La cadena de gramaticalización de las relaciones interoracionales se continúa, como vimos, en las relaciones supraoracionales. Las relaciones supraoracionales serían siempre yuxtaposiciones, en unos casos con conectores, en otros con otro tipo de marcadores –estructuradores de la información, reformuladores, operadores discursivos, marcadores de control de contacto (Portolés 1998: 146)–, o con otros procedimientos expresos –por ejemplo, anáforas–, o asindéticos. ¿Cuál será, entonces, el contenido de esta yuxtaposición, que –como decía Cano– no se puede identificar con la coordinación ni la subordinación? Por una parte, los marcadores discursivos conectores –aditivos, consecutivos, contraargumentativos– significan una clara continuación de las relaciones interoracionales: desde el punto de vista del carácter secuencial de la sintaxis, no hay solución de continuidad entre coordinación copulativa y conectores aditivos, coordinación o interordinación adversativa y conectores contraargumentativos e interordinación o coordinación ilativa y conectores consecutivos. Pero los conectores –en tanto que marcadores del discurso– proporcionan, al mismo tiempo que esas “instrucciones de procesamiento”, secuenciales y compartidas con las relaciones interoracionales, otras específicas que se refieren a dos factores básicos que determinan la “estructura informativa del discurso”: a) lo que se quiere comunicar; y b) “los estados mentales” que el hablante prevé en sus interlocutores: si conocen o no lo que se les va a comunicar, si se han formado una idea equivocada, etc. (Portolés 2010: 283-84). Por tanto, el contenido de las relaciones suprao12

También sabemos que este adverbio ilativo o continuativo se gramaticaliza a partir del siglo XIV como un marcador discursivo estructurador de la información (Iglesias 2000; Manzano Rovira 2011: 409-15) y funciona asimismo en oraciones o períodos yuxtapuestos.

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racionales, por una parte, continúa las instrucciones de procesamiento proporcionadas también por las relaciones interoracionales (la interordinación y la coordinación, principalmente) en el escenario de la segmentación horizontal del discurso; por otra, supone la introducción de un escenario nuevo: el de las instrucciones de procesamiento de la estructura informativa del discurso. Hay un continuum de relaciones interoracionales y supraoracionales instalado en el escenario de la secuencia sintáctica, escenario delimitado por la dependencia sintáctica y la integración semántica, dimensiones que, son, al mismo tiempo, instrucciones de procesamiento del discurso. Es el escenario secuencial de la agregación y la integración. Pero en ese continuum aparece un nuevo escenario, no secuencial, sino de jerarquía estructural, donde figuran otras instrucciones de procesamiento tendentes a acomodar la organización discursiva al tema del discurso y a los conocimientos de los interlocutores. Creo que por esto se puede extender la cadena de gramaticalización de las relaciones interoracionales a las relaciones supraoracionales. Esa extensión nos proporciona el contenido de la yuxtaposición con conectores y otros marcadores del discurso. Asimismo, en las relaciones supraoracionales debemos diferenciar la gramaticalización de estas relaciones y la gramaticalización de los nexos, que, en este caso, son los marcadores discursivos13. De modo que pues ya no es –desde el punto de vista de la función discursiva de la conexión– un adverbio en el texto de Solís, sino un conector consecutivo, resultado, eso sí, de la gramaticalización y consiguiente lexicalización del adverbio pues. Y, como tal conector consecutivo, marca una relación de yuxtaposición supraoracional que significa unas instrucciones de procesamiento relativas a la dependencia sintáctica y la integración semántica de unidades “más allá” de la oración, en el escenario horizontal de la segmentación, pero también unas instrucciones de procesamiento concernientes a la organización de lo que el hablante quiere comunicar y a los conocimientos de sus interlocutores, en el escenario vertical de la estructuración del discurso. En cambio, los otros adverbios ilativos de nuestro corpus se hallan en oraciones coordinadas copulativas (y así, y por tanto, y en su consecuencia) y, por ello, no están plenamente gramaticalizados como conectores:

13

Así lo ha visto Silvia Iglesias (2000), a propósito del cambio del pues continuativo al pues estructurador de la información, un cambio por gramaticalización que se detecta en los textos desde el siglo XIV. Esa transformación –escribe Iglesias– implica menor dependencia sintáctica y menor integración semántica de los enunciados puestos en relación –esto es, continuación de los parámetros de la relación interoracional–, pero, al mismo tiempo–, y “en correlación con ello”, pues pasa a marcar “la estructura jerárquica del discurso, más allá de la mera relación entre dos enunciados” (Iglesias 2000: 239).

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(21) No pareció conveniente seguir esta victoria por el poco fruto que se podía esperar de gente fugitiva y escarmentada; y así levantaron las áncoras y prosiguieron su viaje… (Solís 38b). (22) También tenía Barcelona sus chicos navíos, y tres de guerra para convoyar los víveres que suministraba Italia, principalmente Génova, que se había hecho el refugio de los rebeldes; y así en alguna noche oscura no dejaban de entrar falucas y barcos chatos, que llaman laudes, cargados de comestibles (Bacallar 29-30). (23) Se iban ordenando todas las cosas y assi en el día 10 de Julio baxò or[de]n al Cons[ej]o de Castilla p[ar]a los lutos, y q[u]e fuesen en la misma forma q[u]e se practicò en la muerte del Monarcha D[o]n Luis 1º (Ep 11v). (24) No havia novedad alg[u]na en el dia de s[a]n Cirilo q[u]e se cuenta â 9 del mismo mes de Julio y p[o]r tanto seg[u]n costumbre el Monarca d[o]n Ph[elip]e cenò mui bien â las 9 horas de la mañana (Ep 6r). (25) En todo se observava la formalidad, y en su conseq[uenci]a alli mismo el Marq[ue]s de los Llanos don Gabriel de la Olmeda del Cons[ej]o y Cam[a]ra de Castilla y como Camarista mas moderno proveiò auto en la forma ordin[ari]a p[ar]a q[u]e se reciviera Ynformacion de ser aq[ue]l el testam[en]to del difunto Monarca (Ep 8v).

A propósito de y así cabe preguntarse si estamos ante un adverbio ilativo precedido de y –esta es la postura más formalista de Santos Río– o ante una locución con función de conector, y así, como apuntan otros (Herrero 2003a: 63; Manzano Rovira 2011: 365-370). Asimismo procede inquirir por qué los que creen que y así es un conector no consideran también conector a y por tanto (cf. Herrero 2003b), así como y en (su) consecuencia. Creo que lo hacen porque el grado de gramaticalización de por tanto y en (su) consecuencia es mayor que el de así, menos gramaticalizado como conector consecutivo (Portolés 1998: 140), a pesar de que su proceso de gramaticalización empezó mucho antes. En nuestros textos y así se ofrece sin valor anafórico ni modal (21, 22), pero también con restos de ese valor (23). Y, desde luego, hoy se puede seguir usando como adverbio adjunto del predicado. Lo cual nos induce a analizar la secuencia y así como Santos Río: conjunción copulativa seguida de adverbio ilativo. No pasa lo mismo con por tanto, ya conector en el Epítome y convertido hoy en un conector prototípico. Sin embargo, el hecho de ir siempre precedido de y parece sugerir que los procesos de gramaticalización del propio conector y de la relación supraoracional de la conexión consecutiva no han concluido todavía hacia 1746. Finalmente, en su consecuencia es hoy un conector exclusivo de textos jurídicos y anuncia o marca la consecuencia, al mismo tiempo que señala la causa (“su”) de esa consecuencia (Santos Río 2003). Parece que desde mediados del siglo XVIII ha ido restringiendo su uso: sería interesante hacer su historia.

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4. Conclusiones El análisis de las oraciones ilativas ha focalizado tres aspectos: 1) gramaticalización de conjunciones y de las relaciones interoracionales; 2) dimensión discursiva del período ilativo (modalidad de la enunciación, premisa implícita e ilativa de la enunciación o del enunciado); y 3) función del período ilativo en el texto (estructura sintáctica de los dos miembros del período ilativo, colocación del período ilativo en el párrafo y tipo de texto donde se halla el período ilativo). La única conjunción ilativa que emplea Solís es conque, con una pausa larga entre causa y consecuencia, y gramaticalizada y lexicalizada por completo. Esta conjunción ha desaparecido de los dos textos del siglo XVIII. En estos se documentan las locuciones de intensidad-manera, de tal suerte que y de tal conformidad que, las cuales no han terminado su proceso de gramaticalización y por ello pueden ser polisémicas y funcionar en una interordinación consecutiva o ilativa. En Bacallar y en el Epítome nos encontramos con las locuciones de género que, de suerte que, de manera que y de modo que, casi completamente gramaticalizadas y lexicalizadas como nexos ilativos. Que aún sean tónicas permitiría, en algún contexto muy marcado, recuperar el valor desinente de locuciones consecutivas de manera, uso que todavía hoy es posible. En general, se advierte que la pausa previa a la conjunción o locución ilativa se va haciendo más breve en el paso del siglo XVII al XVIII, lo que coincide con la reducción de la complejidad sintáctica y semántica de las dos cláusulas constitutivas del período ilativo. Todo ello confirma que, en la cadena de gramaticalización de las relaciones interoracionales, las ilativas se comportan como interordinadas arrimándose al margen que limita con las coordinadas y con los marcadores discursivos conectores. También ocupan una posición marginal en la interordinación las consecutivas, pero en el otro margen, más próximo a la subordinación. El ser interordinadas las consecutivas y las ilativas permite completar la explicación de las situaciones de polisemia, que tradicionalmente se han atribuido, en exclusiva, a la menor gramaticalización de ciertos nexos, sobre todo, los de intensidadmanera. El análisis de la dimensión discursiva ofrece una gran estabilidad de la construcción ilativa a lo largo de todo el período. La cláusula que expresa la consecuencia es siempre de modalidad aseverativa. En la mayoría de los casos (11 de 14) las ilativas son de la enunciación; la explicación por la “premisa implícita” debe contar con que tal premisa, la mayoría de las veces, no es perceptible directamente desde la lógica, sino que resulta creada por el decir enunciativo. De hecho, algunas “premisas implícitas” son verdaderos sofismas, particularmente en el Epítome de 1746.

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La función de la ilativa en la textualización experimenta algunos cambios. Ante todo, en la estructura sintáctica de la “causa” y la “consecuencia”. Se pasa de una situación, en 1684, en la que estos miembros del período ilativo presentan una abundante coordinación y subordinación, a otra, en la primera mitad del siglo XVIII, en la que se tiende a que tanto la causa como la consecuencia sean períodos oracionales bimembres. No cambia la tendencia a que el período ilativo cierre el párrafo, una preferencia que casi se hace regla en la primera mitad del XVIII. Y en el Epítome no es infrecuente que el párrafo mismo coincida con el período ilativo. Tampoco cambia la marca argumentativa que el período ilativo confiere a las secuencias textuales narrativas y –sobre todo, en el siglo XVIII– también descriptivas o explicativo-expositivas. Que en él se concentren otras expresiones de la consecuencia (consecutivas, gerundios ilativos, enunciados con conectores consecutivos, oraciones ilativas asindéticas, etc.) corrobora su naturaleza argumentativa. Por eso es mucho más frecuente en el Epítome, un texto reivindicador del rey Felipe V, y en la Historia de Solís, que en Bacallar, cuyo relato pretende ser más objetivo. No hay muchos adverbios o locuciones adverbiales de sentido ilativo. En Solís encontramos pues como conector plenamente gramaticalizado, que ilustra el significado de la yuxtaposición supraoracional y su continuidad gradual con respecto al de la relación interoracional. Así figura en los tres textos, pero todavía como adverbio ilativo precedido de la conjunción y. Y hay que esperar al Epítome de 1746 para ver la presencia de por tanto y en su consecuencia, aunque quizá todavía no plenamente gramaticalizados y lexicalizados como conectores, pues se hallan también precedidos de y. Bibliografía CORPUS Solís (1684) = SOLÍS, A. de (1968): Historia de la conquista de México, prólogo de E. O’Gorman y notas de J. Valero Silva, México: Porrúa, pp. 25-40. Bacallar (1725) = BACALLAR, V. (1725): Comentarios de la guerra de España e historia de su rey Phelipe V. El Animoso, desde el principio de su reynado hasta la Paz General del año de 1725, Génova: Mathéo Garvizza, II, pp. 27-49. Epítome (1746) = Epítome de la vida y costumbres, muerte y entierro del católico monarca d[o]n F[elip]e / Quinto / Estado de los negocios de la monarquía en su reinado / Y a la entrada del rey n[uestr]o s[eño]r d[o]n Fern[and]o el Sexto (q[u]e Dios g[uar]de). [¿1746?]. 4.º– 23 fols., Madrid BN, ms. 10.818/3014. 14 He tenido delante una fotocopia de este manuscrito, así como la versión digitalizada del mismo hecha por D.ª Isabel Santos Bueno, sobre una trascripción manuscrita de D. Álvaro S.

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Q U I A , C A , Q U É VA . E L I P S I S Y G R A M AT I C A L I Z A C I Ó N D E E L E M E N T O S INTERJECTIVOS DE NEGACIÓN1 FRANCISCO JAVIER HERRERO RUIZ DE LOIZAGA Universidad Complutense de Madrid

1. Introducción Existen en español tres expresiones, qué va, quia y ca, utilizadas para indicar, de modo enérgico y expresivo, negación. Los diccionarios del español actual recogen, con distintas definiciones, estas tres expresiones. El DEA explica acertadamente la expresión qué va (s.v. ir) diciendo que “Se usa como negación enfática, frec. como respuesta. // MGaite Visillos 23: –Tendrá catorce años. –Qué va. Ya ha cumplido dieciséis”. El DUE (s.v. ir) califica de informal esta expresión, la define como “Expresión de respuesta negativa, muy viva: ‘¿Te gustaría irte allí? –¡Qué va…!’” y la pone en relación con ca (=> Ca). El DRAE no explica su uso, pero la iguala explícitamente con quia: “loc. interj. quia” [negrita en el original]. Vemos, pues, a través de las descripciones de estos tres diccionarios, el valor básico de negación expresiva, el carácter coloquial y la equivalencia o cuasi equivalencia entre estos tres elementos, equivalencia señalada también en algunas gramáticas, como la de Emilio Alarcos (1994: 244), que afirma que las interjecciones ca y quia alternan con la fórmula abreviada ¡qué va! y señalan “negación o incredulidad ante lo expuesto anteriormente”. También los repertorios de partículas discursivas recogen estas expresiones. Así, Luis Santos Río (2003) recoge las tres, ca, quia, qué va, catalogadas como palabras reactivas de rechazo enfático, en tanto que Catalina Fuentes (2009) sólo recoge ¡Qué va!, a la que considera operador modal. La ausencia de ca o quia podría ser debida a que sean consideradas como interjecciones –también ¡qué va! es una locución interjectiva, formada por dos palabras reconocibles– y, como esta autora señala en el prólogo, no aparecen en su Diccionario de conectores y operadores del español las unidades que son interjecciones (2009: 171-18)2; 1

Este trabajo se enmarca dentro del proyecto de investigación FFI2008-02828, Procesos de gramaticalización en la historia del español (III): gramaticalización, lexicalización y tradiciones discursivas, financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación (MCINN). 2 En principio, estas se incluirían en otra publicación que prepara la profesora Alcaide.

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también podría deberse a su menor intensidad de empleo, que puede hacer que lleguen a considerarse formas en desuso. Respecto al origen de estas construcciones, parece claro que la expresión ¡qué va! procede de la construcción de carácter reactivo del tipo ¡qué va a + infinitivo! con que se rechaza algo dicho por otro interlocutor: “–Este chico tiene mucha suerte. –¡Qué va a tener suerte! Siempre le sale todo mal”, con elipsis de toda la secuencia a + infinitivo + los complementos del infinitivo, si los hay. En un primer momento, debió surgir en contextos reactivos en que los elementos que se eliden son evidentes y fácilmente recuperables por haber sido enunciados por el primer interlocutor: “–Este chico tiene mucha suerte. –¡Qué va (a tener suerte)!”, posteriormente, la frecuencia de su empleo en estos contextos llevará a que qué va se interprete como expresión de rechazo, que puede ir ganando nuevos contextos. Quia y ca se crean mediante un proceso semejante al que acabamos de ver para ¡qué va!, partiendo de una perífrasis distinta, pero funcionalmente equivalente: que ha de + infinitivo. Corominas (DCECH, I, s.v. ¡ca!) ya propuso acertadamente esta procedencia al señalar que son “reducción de la frase ¡qué ha de ser!”, y acudió explícitamente al paralelismo con la locución ¡qué va!, “rigurosamente sinónima de ¡ca!”, y que es evidente fruto de una elipsis. Como el propio Corominas recuerda, esta etimología ya había sido sugerida por Moll. La etimología propuesta por Corominas-Moll es recogida por la Academia, tanto en el DRAE (s. v. quia), como en la Nueva gramática de la lengua española (2009: § 32.5t, p. 2502); y también la reproducen el diccionario Clave (Maldonado 1997: s. v. quia), Alarcos (1994: 244) y el DUE (Moliner 2007, s. v. quia) al dar la etimología de quia; sin embargo, en ca propone como etimología, aunque no segura (va entre interrogaciones) “¿elipsis de que ha de…?”. Esta propuesta, que viene a coincidir con la que Moll hizo para el catalán3, creemos que es correcta, pues en realidad la elipsis se produce sobre la estructura ¿que ha de + infinitivo?, y el infinitivo concreto (y en su caso los complementos del infinitivo) variaría en cada caso, por muy frecuente que fuera –y sin duda lo fue– la secuencia ¿qué ha de ser? El siguiente ejemplo de Mesonero Romanos, en que se usa la forma fonéticamente alterada quia todavía como parte integrante de la perífrasis, creemos que no deja dudas respecto al origen señalado: (1) Abate el otro, qué bigotes tiene y qué uniforme tan majo y tan… Apostaría que es aquel comendante que antañazo pasó por el puebro en busca de las ficciones…

3

Tras señalar la posibilidad de que proceda del latín quia, añade: “Però també és molt possible que la interjecció ¡ca! sia resultat de la contracció de què ha, com es veu per l’ús freqüent d’exclamacions com “què ha d’esser tan gran!” (pronunciat ká dəsə´ taŋ grán!), usades per expressar negació o disconformitat” (Alcover y Moll 2005 s.v. ca interj., acepción 4).

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–¡Quiá e ser, si aquél corría como un gamo, y a estotro no se le ven las piernas! (Mesonero Romanos, Escenas de 1838 [Escenas matritenses (segunda serie 1836-1842)], apud CORDE).

2. La perífrasis haber de + infinitivo. Adquisición de nuevos valores Si aceptamos que las interjecciones de rechazo o negación ca y quia proceden de un proceso de elipsis a partir de determinados empleos de la perífrasis haber de + infinitivo, lo primero que hemos de ver es cuándo comienza esta perífrasis a adquirir esos valores. En principio, haber de + infinitivo es una perífrasis de obligación o necesidad, que implica proyección hacia el futuro4. Con frecuencia, se utiliza en construcciones interrogativas retóricas, que implican una determinada respuesta, de sentido negativo si la construcción es afirmativa, y afirmativa en el caso contrario5. La interrogación retórica puede ser una pregunta total, o ir introducida por un pronombre o adverbio interrogativo, caso que correspondería a las estructuras que ahora estudiamos. Interrogativas retóricas introducidas por un pronombre o adverbio interrogativo han existido probablemente desde los orígenes de la lengua. Formadas por una oración en la que interviene la perífrasis haber de + infinitivo se documentan al menos desde el siglo XV, según los datos que arroja la consulta en el CORDE. (2) a. –Cuando mi fijo era bivo, ayuné e lloré porque si por ventura ploguiera el Señor de le dar salud; mas agora que es muerto, ¿para qué he de ayunar e haver enojo? Pues que ya non lo puedo tornar a mí, yo iré a él, mas él jamás non tornará a mí (Ejemplos muy notables, c. 1515, apud CORDE). b. –¡Ay, Sancta María, valme! –dixo ella–, ¿cómo ha de passar esto? Si él es tanto nuestro pariente, ¿por qué ha de encubrirse assí? (Primaleón, 1512, apud CORDE). c. “Señor, el muy noble y magnífico rrey de Inglaterra es el rrey que me hizo cavallero. ¿Qué dezys a esto?” El enperador y todos dyxeron que ¿qué ha de rresponder ny dezyr de tan esforçado sabyo y liberal rrey? (La corónica de Adramón, c. 1492, apud CORDE).

Aunque el hecho de que no se recojan con anterioridad puede tener que ver con preferencias de la lengua escrita y la propia selección realizada por el corpus académico, parece claro que hay un notable incremento en su empleo en la segunda mitad del XV y el XVI. 4 5

Ese valor de futuro se mantiene a veces en textos medievales y clásicos. Sobre características de la pregunta retórica, cf. Igualada (1994).

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A partir de este tipo de interrogativas retóricas se han creado unidades fraseológicas como ¿Qué le hemos de hacer?, utilizada para mostrar resignación, que documenta el CORDE a partir del XVIII, y es sustituida en el español moderno por ¿qué le vamos a hacer? (con la variante ¿qué se le va a hacer?) que recoge desde el XIX (1883 en Galdós)6: (3) a. ¡Qué le hemos de hacer, paciencia! (Cañizares, El anillo de Giges, 1740, España, apud CORDE). b. No llores tanto. Ten paciencia. ¿Qué le vamos a hacer? (Galdós, El doctor Centeno, 1883, España, apud CORDE).

Naturalmente, cuando comenzamos a documentar estas construcciones, con la misma estructura, y en función del contexto y la intencionalidad de la pregunta, podemos hallarnos tanto ante una interrogativa retórica, como una interrogativa propiamente dicha, ya pregunte por algo a un interlocutor, ya sea de carácter deliberativo, en que el hablante se pregunta a sí mismo sobre su actuación inmediata: (4) a. FLO. – Señor, espera. ALB. – ¿Qué he de esperar, loca, infamia y vituperio de mi casa? (Lope de Vega, El maestro de danzar, 1594, apud CORDE). b. BREÇANO –¿Qué’s lo que dize? –CEVADÓN –Qu’él los pagará, aunque se pea. * SAMADEL– ¿Qué he de pagar? CEVADÓN– Los dineros que me quesistes hurtar. (Lope de Rueda, Pasos, 1545-1565, apud CORDE). c. ¡Ay, hombre ciego! / Dexóte Dios de su mano. / El sabe que te adoré, / que estuve loca por ti; / mas, si celos no sofrí, / ¿cómo infamias sofriré? / ¿Qué he de hacer? Yo soy perdida (Guillén de Castro, Los mal casados de Valencia, 1594-1604, apud CORDE).

En el caso de las interrogativas retóricas, estas aparecen con frecuencia en determinados entornos: como apódosis de un período condicional con si, seguidas de una causal de la enunciación con que, o seguidas de una construcción exceptiva, generalmente introducida por sino (también salvo u otras partículas exceptivas).

6

Con anterioridad se usa qué + haber de hacer en contextos que muestran claramente impotencia y resignación ante una situación: “–Señor valiente, ¿esto hace? –¿Qué he de hacer? Que si no fuera por la honra de esta moza…” (Quiñones de Benavente, Entremés de las nueces, en Colección de entremeses (1911: 816)), donde el contexto muestra claramente que la intención del personaje que habla es indicar que no puede hacer otra cosa. Después se fijará la frase hecha para la expresión de la resignación con verbo en primera persona del plural y referencia a una oración, fragmento de texto anterior o situación a través del dativo le.

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(5) a. si ahora que está San Pablo en el Cielo le dijesen si deseaba estar con Cristo, respondería: “¿Qué he de desear, si ya le gozo?” (Malón de Chaide, La conversión de la Magdalena, 1588, apud CORDE). b. FILENO.– Padre ¿No habláis? BELARDO.– ¿Qué he de habrar, que me parece que sueño? (Lope de Vega, Ursón y Valentín, 1588-1595, apud CORDE). c. commo dezía el santo abad Aymón, “¿qué ha de fazer el christiano sinon dar a Dios graçias de todo lo que le enbía?” (Traducción del Libro de las donas de Francesc Eiximenis, a. 1448, apud CORDE).

En este último caso, el elemento que aparece tras sino marca una excepción al valor de ‘nada’ implícito en la pregunta retórica, y es lo que se mantiene como elemento válido y realzado. Este tipo de construcciones, utilizadas en un contexto dialógico, se utilizan como respuesta a una pregunta de un interlocutor. La pregunta se retoma por el segundo hablante incorporada en la estructura ¿qué (u otro pronombre o adverbio interrogativo) + haber de + infinitivo + sino? adquiriendo un valor pragmático de presentación de la pregunta realizada por el primer interlocutor como absurda, irrelevante y de respuesta evidente, respuesta proporcionada a través del elemento que sigue a sino. (6) MENDO: ¿Qué es esto? SANCHO: ¿Qué ha de ser, sino que rabio? (Lope de Vega, Los Benavides, 1598-1602, apud CORDE).

Quizá a partir de aquí se llega al empleo de la construcción con pronombre o adverbio interrogativo en la estructura mencionada, que presenta como absurda o irrelevante la pregunta anterior, y va seguida directamente del elemento que proporciona la respuesta, ya no precedido de una partícula exceptiva7. En estos casos, la entonación a veces puede hacerse exclamativa: (7) –¡Lázaro! ¡Mira, mira, qué persecución ha venido aquesta noche por nuestro pan! Yo híceme muy maravillado, preguntándole qué sería. –¡Qué ha de ser! –dijo él–. Ratones, que no dejan cosa a vida. (Lazarillo de Tormes, a. 1554, apud CORDE). 7

Rafael Lapesa (2000: 882-883) llama la atención también sobre estos valores de haber de señalando que “Desde muy pronto haber de tomó otros valores, por ejemplo para indicar que algo ocurre contra la voluntad o el gusto del hablante, o para indicar que la acción expresada en la perífrasis sorprende, irrita o molesta al hablante o que una pregunta le parece fuera de lugar […] ‘¿qué es aquesto? ¿qué ha de ser? / un hombre y una mujer’ (Tirso, Burlador de Sevilla), uso perfectamente vivo hoy”. Sin embargo, si a Rafael Lapesa, nacido en 1908, este uso le parecía aún “perfectamente vivo”, en la actualidad resultaría bastante afectado frente al ahora habitual ¿qué va a ser?

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En el caso de que la construcción con interrogativa retórica no vaya seguida de un elemento exceptivo, el valor de ‘nada’ implícito como respuesta sigue siendo válido: (8) Una bestia cargada y gimiendo, ¿qué ha de comer ni qué sabor ha de tomar de ello? (San Juan Bautista de la Concepción (Juan García López), Memoria de los orígenes en la descalcez trinitaria, c. 1607, apud CORDE).

Evidentemente, la interrogativa retórica en un caso como este implica ‘no ha de comer nada ni ha de tomar ningún sabor de ello’, valor muy próximo al de la mera negación de la oración: ‘no ha de comer ni ha de tomar sabor de ello’. Posiblemente a partir de esta equivalencia de significado, la construcción con interrogativa retórica llega a entenderse en algunos contextos como forma enfática de negar el contenido que transmite8. Pasa así a construirse como forma expresiva de negación, pero es este un empleo que documentamos bastante tardíamente. Los primeros ejemplos claros de este valor que hallo en el CORDE son de la segunda mitad del siglo XVIII, en el diálogo. En un caso lo vemos seguido explícitamente de negación con no. En este uso, la construcción pasa a tener preferentemente entonación exclamativa: (9) a. GRANAD. ¿Con qué apoyo suficiente, / hermana demente y frágil, / te adelantas á imponer / calumnias al almanaque? / MARIANA. ¿Qué ha de ser caluña? Dime, / majadera, ¿no escuchaste / coplas al lado derecho, / y al lado zurdo cantares? (Ramón de la Cruz, La junta de los payos, 1761, apud CORDE). b. Apenas había vuelto/ la esquina, cuando ya estaban / templando los instrumentos/ para bailar./ D.ª MARTA. ¿Y lo sabe? / D.ª IGNAC. ¿Qué ha de saber? No por cierto (Ramón de la Cruz, La visita del duelo, 1768, apud CORDE). c. De los caballos voy al coche y del coche a los caballos, siempre temiendo que la bruja de la mesonera hiciese alguna de las suyas, pues según oí decir, también hay brujas aquí en Inglaterra como en España. Qué ha de haber, bobo, le dijo entonces Hardyl; eso queda para las consejas (Pedro Montengón, Eusebio, 1786, apud CORDE).

Hay que destacar que, en el siglo XVIII, al tiempo que disminuye notablemente el uso de la perífrasis haber de + infinitivo, que va cediendo terreno frente a

8 Un valor semejante adquieren las interrogativas retóricas con el adverbio cómo: cómo + haber en presente o imperfecto. De este tipo de interrogativas en las que sigue a cómo el adverbio de negación no: ¿cómo no + haber? en presente o en imperfecto, que al negar la negación afirman, procede, con elipsis y gramaticalización, la secuencia cómo no, fórmula de afirmación enfática y marcador de evidencia (cf. Herrero (en prensa)).

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perífrasis competidoras, aumenta el empleo de las construcciones en que se utiliza esta perífrasis en interrogativas retóricas –como puede verse en el cuadro 1–, casi siempre con el valor estereotipado de poner de relieve que una pregunta o comentario anterior es irrelevante por obvio, y en menor medida con el nuevo valor –o que al menos comenzamos a documentar ahora– de negación o rechazo de algo anteriormente afirmado o preguntado. CUADRO 1 Ocurrencias y frecuencia de aparición de Qué ha de + infinitivo en construcciones interrogativas y exclamativas en los siglos XVI-XX en el CORDE9

Nº total de palabras

Secuencias Ha/ha de (Ocurrencias por millón)

Secuencia Qué ha de (Ocurrencias por millón)

Porcentaje de Qué ha de respecto al total de Ha/ha de

XVI

50 620 561

26.919 (537,78 p. mill.)

36 (0,71 p. mill.)

0,13%

XVII

36 386 678

25.244 (693,77 p. mill.)

74 (2,03 p. mill.)

0,29%

XVIII

14 490 011

5.596 (386,20 p. mill.)

32 (2,21 p. mill.)

0,57%

1801-1850

11 818 660

4.144 (350,63 p. mill.)

47 (3,97 p. mill.)

1,13%

1851-1900

32 414 625

9.897 (305,52 p. mill.)

100 (3,08 p. mill.)

1,01%

1901-1925

16 061 485

3.886 (241,95 p. mill.)

38 (2,36 p. mill.)

0,98%

1926-1950

20 859 367

5.074 (243,25 p. mill.)

24 (1,15 p. mill.)

0,47%

1951-1975

27 747 146

4.552 (164,05 p. mill.)

9 (0,32 p. mill.)

0,19%

9 Recogemos los datos de aparición de la secuencia Qué ha de, escrita con mayúsculas, en el CORDE. Comenzamos en el siglo XVI, que es cuando empieza a tener una frecuencia algo apreciable, y llegamos hasta 1975, límite cronológico del CORDE, y momento en que tiene lugar un debilitamiento muy notable de la perífrasis haber de + infinitivo, que va quedando como construcción residual, especialmente en la lengua hablada. Recogemos sólo los datos

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3. Creación de las interjecciones quia y ca, como forma de negación enfática En el siglo XIX, siguen siendo frecuentes en los documentos fichados por el CORDE los ejemplos en que la construcción qué + haber de + infinitivo se utiliza para presentar una pregunta como absurda por obvia, introduciéndose la explicación clarificadora tanto con sino como directamente, y, con una frecuencia mucho menor, sigue también utilizándose para mostrar rechazo. Los usos de haber de + infinitivo son, por tanto, básicamente continuadores de los que ya veíamos en el XVIII. (10) a. Se llegó á mí D. Salvador Manzanares, ministro que había sido, y aún no dejado de serlo, de la Gobernacion, y preguntándome qué había: “¿Qué ha de haber (le respondí, señalando al mar y al barco que al Rey llevaba), sino eso que ahí estamos viendo?” (Alcalá Galiano, Memorias, 1847-1849, apud CORDE). b. Esta era muy altiva para sufrir el orgullo de su hija mucho tiempo, y así, enfadada de él, la dejó, diciéndole de paso mil boberas, y se entró a la habitación de Matilde, quien, viéndola tan colérica, le preguntó la causa, y ella dijo: –¿Qué ha de ser? Esa maldita muchacha tan malcriada como soberbia. (Fernández de Lizardi, La Quijotita y su prima, México, c. 1818, apud CORDE). c. Y diga vd. mi amo: ¿que ha hecho el gobierno con el hermano Santa Cruz? – ¿Qué ha de hacer, Tirabeque? Lo que con todos los que hacen algun descubrimiento artístico interesante (Modesto Lafuente, Viajes de fray Gerundio por Francia, Bélgica, Holanda y orillas del Rhin, 1848, apud CORDE). d. ¡Dios mío! ¡Dios mío! ¿Muerto? ¿Le han traído muerto? –¿Qué ha de haber muerto? No Señora… pero (Navarro Villoslada, Doña Blanca de Navarra, 1846, apud CORDE). e. ¡Ella lo ama! murmuró Amauri.

correspondientes a la tercera persona y presente de indicativo –en cualquier caso la forma más frecuente– que son suficientemente indicativos para establecer una comparación del crecimiento o decrecimiento de la construcción en los distintos períodos. Examinamos solo los datos de Qué ha de, con mayúsculas, que introducen oraciones interrogativas, en su mayor parte, y en menor medida exclamativas, a partir del momento en que determinados valores (indicación de lo absurdo de una pregunta u observación anterior y sobre todo negación o rechazo) se consolidan. La mayor parte de estas construcciones son retóricas, y corresponden preferentemente a los dos valores antes señalados. Indicamos el número total de apariciones de la perífrasis haber de + infinitivo (sumamos los datos de Ha de y ha de, con mayúscula y minúscula inicial) y de Qué ha de, el número de usos por millón de palabras, y el tanto por ciento de empleo de Qué ha de respecto al total de Ha/ ha de.

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–¡Qué ha de amarle! respondió con tono de convicción el escudero. La pobrecilla obedece a su padre, y nada más (Gómez de Avellaneda10, La baronesa de Joux, 1844, apud CORDE).

En esta época se llega a un máximo de utilización de la fórmula ¿Qué ha de…? en preguntas retóricas, la mayoría correspondientes a los usos estereotipados a los que antes nos referimos, como puede verse en la tabla anterior, que crece en uso total en la lengua de la época más de un 50% en la primera mitad del XIX frente a su porcentaje de empleo en el XVIII, y casi duplica el empleo que se daba en el XVII; y que, en cuanto a la frecuencia dentro del número total de ejemplos de empleo de la perífrasis construida en la forma ha de crece hasta superar el 1%, duplicando el empleo del XVIII y casi cuadruplicando el del XVII. Es en este momento de máximo empleo de las construcciones retóricas del tipo ¿Qué ha de…? cuando se produce la elipsis, en los contextos en que esta indica negación o rechazo enérgico de lo anteriormente afirmado o preguntado, que lleva a la aparición de las formas quia y ca. El CORDE no recoge ejemplos de ellas hasta el segundo cuarto del XIX. Su formación pudo haber sido algo anterior, pero debido al carácter claramente coloquial de estas formas que sólo tienen cabida en textos escritos que reproducen intercambios conversacionales de carácter coloquial y tono informal, pueden no ser recogidas inmediatamente. En cualquier caso, los primeros ejemplos son coetáneos del de Mesonero Romanos (1) en que quia aún aparece como forma fonéticamente alterada dentro de la perífrasis que dio origen a estas interjecciones. (11) a. JUAN.–. […] plántome en el arroyo, y póngome a gritar como un desesperado:… “¡Socorro, socorro, amigos!… que prenden a mi amo… Berton Burkenstaf… ¡a ellos, a ellos!” EDUARDO.– ¡Imprudente! JUAN.–. ¡Ca! No, señor; había yo visto un grupo de trabajadores y artesanos que iban a su trabajo… me oyen, y acuden a mi voz (Larra, Traducción de El arte de conspirar, de Scribe, 1834, apud CORDE). b. MANUELA (Animándose un poco.) / ¿Conque no te has muerto? / BALBINO ¡Quia! / Tu primo ¡firme que firme! (Bretón de los Herreros, Dios los cría y ellos se juntan, 1841, apud CORDE). c. LUCÍA ¿De veras? / ¡Miste que tiene goteras / la casa! / MANOLO ¡Se ataparán! / LUCÍA ¡Quia! ¡Si eso no puede ser! (Azcona, El sacristán de San Lorenzo: zarzuela en tres cuadros, 1847, apud CORDE).

10

El CORDE etiqueta como “Cuba” la obra de esta autora. Pero, aunque efectivamente cubana de nacimiento, Gertrudis Gómez de Avellaneda residió en Cuba entre 1814 y 1836. Después, tras una breve estancia en Burdeos, se establece en España hasta su muerte en 1873.

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Algo después incluye el diccionario académico la entrada quiá, en la edición de 1869, con una definición muy semejante a la que sigue manteniendo: “interj. fam. que denota incredulidad ó negacion”, y en la edición siguiente, de 1884, introduce la interjección ¡ca! para cuya definición remite a quia. Sorprende por ello un ejemplo tan temprano como el que señala Corominas para ca (DCECH, I, s.v. ¡ca!) en Quiñones de Benavente, procedente de la Colección de entremeses […] desde finales del siglo XVI a mediados del XVIII editados por Cotarelo y Mori en 1911 (p. 817a). Y sorprende más si tenemos en cuenta que, hasta la segunda mitad del siglo XVIII, el CORDE no recoge el empleo de qué + presente de indicativo de haber + de con valor de negación o rechazo. Acudiendo a la página del texto de Quiñones de Benavente mencionada por Corominas, que corresponde al Entremés de las nueces, vemos efectivamente la aparición de una forma ca, que en principio podría entenderse como una interjección de negación enérgica: (12) VARRETA. ¿No es mejor matallos?/ JARRETE. ¡Ca, ca! Déjese regir por

mí. Sin embargo, en la misma edición de Cotarelo aparece otro caso de Cá (p. 788, correspondiente al Entremés y baile del invierno y del verano, de Quiñones de Benavente), que en la fe de erratas aparece corregido como ¡Ea! Cotarelo (1911: 815, n.1) indica que el Entremés de las nueces se contiene en los Entremeses nuevos (Alcalá, 1643) y en el Laurel de entremeses (Zaragoza, 1660). Hemos cotejado el pasaje en cuestión con las dos ediciones citadas11, y con un manuscrito del XVII conservado en la Biblioteca Nacional, con los siguientes resultados: en la edición de Alcalá, en el pasaje citado, lo que aparentemente se lee es Fa (sin la repetición de la exclamación que muestra la edición de Cotarelo), con F mayúscula, pero la lectura no resulta incompatible con Ea, exclamación frecuente en la época y que utiliza en diversas ocasiones Quiñones de Benavente, borrado el trazo inferior horizontal de la E y la parte final del central. De hecho, tampoco coincide plenamente con la forma que presenta la F mayúscula en esta edición, pues falta el pequeño trazo vertical que cierra al final el trazo horizontal inferior de esta letra. De ninguna manera es posible leer Ca. En el Laurel de Apolo (Zaragoza, 1660) se lee claramente “Ea, ea”. La consulta del manuscrito del Entremés de las nueces, c. 1649, a cuyo facsímil se puede acceder en línea () ofrece en este pasaje 11

Entremeses nuevos de diversos autores, Alcalá de Henares, Fra[n]cisco Ropero, 1643. PR Real Biblioteca, Sign. IX/5054; Laurel de entremeses varios: Repartido en diez y nueve entremeses nuevos. Escogidos de los mejores ingenios de España, Zaragoza: Juan de Ibar, 1660.

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solo una palabra que puede interpretarse como ca (no se repite la interjección como en la edición de Cotarelo), pero lo cierto es que, aunque aparentemente puede leerse de esta manera, la letra inicial, semejante a una c, presenta una vuelta en el trazo de la parte superior que forma una pequeña cabeza, que en este manuscrito no se halla en ninguna c y sí se usa en cambio en el trazado de una e, incluso mayúscula. Por tanto, del mismo modo que en otro pasaje de Quiñones de Benavente corregido en la edición de Cotarelo, hemos de leer aquí también ea. Posiblemente, el hecho de que en la época en que realiza Cotarelo su edición se esté utilizando con cierta intensidad la interjección de negación ca, en este caso compatible en su significado con el contexto en que aparece, facilitaría la mala interpretación. Podemos aceptar, por tanto, que la formación de estas interjecciones de negación o rechazo se dio en la primera mitad del siglo XIX. En cualquier caso, no conocemos ejemplos anteriores seguros. Lo que sí vemos desde que empiezan a documentarse es que aparecen ya con la forma fonéticamente alterada con el cierre de e en yod (quia) o reducida (ca), no se documenta la forma qué ha con valor de negación o rechazo, de hecho ya vimos que la alteración formal se da cuando qué ha aún era parte integrante de la construcción que incluye la perífrasis, y por otra parte, aunque su origen esté en una elipsis del resto de la oración en construcciones que en principio presentan el verbo en tercera persona, una vez se hace equivalente a un signo de negación puede aplicarse también en otros contextos, incluso en aquellos en que no podría parafrasearse por una construcción completa del tipo qué ha de + infinitivo, pues la tercera persona del singular no daría un resultado aceptable, como sucede en los ejemplos reproducidos en (11). De hecho, al no ser reconocibles en las interjecciones creadas como consecuencia de la inicial elipsis el elemento interrogativo o exclamativo más la forma verbal auxiliar, se produce una total lexicalización de la interjección, acompañada de una gramaticalización al adquirir estas secuencias fónicas un nuevo papel gramatical12. Prueba de que no es fácilmente reconocible el origen de estas nuevas interjecciones de negación es que la Real Academia, en el diccionario de 188413 propuso como etimología de quia el latin quia˘ne (conj. ‘¿acaso porque?’), aunque sólo la mantuvo en la de 1899, y desaparece en las ediciones posteriores.

12

Partimos en el comienzo del proceso de una colocación, que da lugar a una gramaticalización, como señala para otros casos semejantes Girón (2008: 378), aunque no se refiera específicamente a casos en los que se ha producido un proceso de elipsis, y finalmente lexicalización. 13 Las distintas ediciones del diccionario académico anteriores a la 22.ª las he consultado a través del recurso en línea de la Real Academia Española Nuevo tesoro lexicográfico de la lengua española (NTLLE): .

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El período de mayor intensidad de empleo de las interjecciones quia y ca corresponde a la segunda mitad del XIX14 y primer cuarto del XX, ateniéndonos a los datos del CORDE, como podemos apreciar en el siguiente cuadro15: CUADRO 2 Ocurrencias y frecuencia de aparición de las interjecciones quia y ca en los siglos XIX y XX en el CORDE Nº total de palabras

Quia

Ca

Total

1801-1850

18 080 680

18

20

38 (2,1 p. mill.)

1851-1900

32 414 625

162

56

218 (6,72 p. mill.)

1901-1925

16 061 485

106

19

125 (7,78 p. mill.)

1926-1950

20 859 367

26

35

61 (2, 92 p. mill.)

1951-1975

27 747 146

27

40

67 (2,41 p. mill.)

Si comparamos con la intensidad de usos de la perífrasis qué ha de con valor de negación o rechazo, vemos que la creación de las interjecciones ha coincidido con la fase de mayor uso de las perífrasis con los valores mencionados, pero una vez creadas, aumentan su empleo precisamente en el período en que las perífrasis comienzan a disminuir, para ir decayendo después, sobre todo a partir del segundo cuarto del siglo XX. Por otra parte, mientras la perífrasis haber de se mantiene como elemento propio del registro culto, las interjecciones quia y ca son eminentemente populares y coloquiales. Tanto el DRAE como el DEA etiquetan a quia y ca como interjecciones coloquiales. El DUE no da una marca

14 Puede influir en la frecuencia con que recoge el CORDE estas interjecciones en la segunda mitad del XIX el tipo de textos fichados: son frecuentes en el diálogo que reproducen los escritores realistas de este período. Pero con todo, creemos que son una buena aproximación a las frecuencias de empleo de la época: en textos que reproducen la conversación de finales del XX o del XXI ya no aparecen con esa intensidad. 15 Computamos las ocurrencias de quia y ca que recoge el CORDE, sumando aquellas en que la inicial es mayúscula y aquellas en que es minúscula. También sumamos los casos de grafía Quiá/quiá, con tilde, más frecuentes que quia, y las de Cá/cá. Las ocurrencias que ofrece el CORDE de la secuencia gráfica ca, y sobre todo quia, son mucho mayores que las cifras que ofrecemos, pero ello es debido a que en muchos casos no se trata de la interjección de negación o rechazo. La mayor parte de las ocurrencias de quia corresponden a la conjunción latina. Muchos casos de ca son repetición de la sílaba inicial de una palabra, o forma acortada vulgar de casa o cada.

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explícita de registro en la entrada ca, pero señala en la definición de quia “interj. pop. e inf.”.

4. Creación de la locución interjectiva qué va La perífrasis obligativa haber de + infinitivo existe desde los orígenes del castellano; pero junto a ella, y debido a la competencia de haber con tener en los usos predicativos de estos verbos, se creó también la perífrasis tener de, existente desde mediados del siglo XIII, según Yllera (1980: 111-115), y cuyo uso va creciendo a lo largo de los siguientes siglos. Desde la segunda mitad del siglo XIV (Yllera 1980: 117) se encuentra también la perífrasis tener que + infinitivo, cuyos empleos serán aún poco frecuentes en los siglos XV y XVI (Yllera 1980: 117; Keniston 1937: 467): (13) Respondióme que auía acordado bien, mas que no tenía que acordalle lo que auía hecho por ella (San Pedro, Cárcel de amor, apud Yllera 1980: 117).

Con el desuso de haber como verbo predicativo, nos encontraremos también una progresiva disminución de los usos de la perífrasis haber de + infinitivo y sustitución por tener que + infinitivo. Aunque ese proceso es más tardío que la sustitución de haber por tener en los usos predicativos, y aún no completamente concluido, es claro que, al menos desde el siglo XX, tener que es la perífrasis que se impone en la lengua hablada, aunque haber de + infinitivo sigue teniendo bastante arraigo en la lengua escrita. Ya Gili Gaya (81961: 112) observaba que la perífrasis haber de + infinitivo “se siente como más literaria”, y Gómez Torrego (1988: 77) y Fernández de Castro (1999: 191) señalan que hoy en día se trata de una variante culta reducida al registro escrito o al ámbito lingüístico más formal16. Dejando al margen los posibles matices diferenciales en los usos de haber de y tener que en la expresión de la obligación y la necesidad17, que quedan más 16 Sin embargo, su fuerte arraigo en la lengua escrita hace que, si observamos los datos del CORDE, aunque se ve una constante disminución de los empleos de haber de y crecimiento de los de tener que, todavía en los años 1951-75 el empleo de haber de siga siendo superior en la lengua escrita. El CORDE recupera en este período 4406 ocurrencias en 337 documentos de la secuencia ha de y 2745 en 331 documentos de tiene que, lo que indudablemente es debido al peso del registro escrito. Ya en los textos del CREA sí predomina claramente la secuencia tiene que, pero aún la aparición de ha de es mucho más elevada de lo que corresponde al uso oral: 10 107 ocurrencias den 3385 documentos de ha de y 19 009 ocurrencias de tiene que en 8869 documentos. 17 A ellos se ha referido Gómez Torrego (1988: 78) y más extensamente Fernández de Castro (1999: 191-194).

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allá del objeto de este trabajo, podemos señalar que hay algunos valores de la perífrasis con haber de que no fueron absorbidos por tener que, y que corresponden precisamente a la expresión de lo irrelevante de una pregunta o aseveración por evidente –frecuentemente seguido de la respuesta obvia–, y al valor de negación o rechazo de lo anteriormente expuesto. Estos valores, evidentemente alejados de la idea de obligación o necesidad, y que haber de + infinitivo (construido con el auxiliar en presente o imperfecto) mantuvo con fuerza durante más tiempo, comenzarán también, a medida que la perífrasis va debilitando su uso, a sufrir competencia, pero ésta vendrá de otra perífrasis: ir a + infinitivo, que, aunque se había utilizado desde antiguo, al menos desde el siglo XV, con valor de futuro próximo (Yllera 1980: 171), comienza a crecer de un modo importante para la expresión del futuro en el siglo XIX y sobre todo en el XX18, y cuando comienza a ser más frecuente compite también con haber de + infinitivo en aquellos contextos en que esta funcionaba claramente como perífrasis de futuro, o predominaba el valor de futuro sobre el de obligación. En el siguiente cuadro, podemos ver una comparación de la evolución de la frecuencia aproximada de empleo (básicamente en la lengua escrita) de las perífrasis haber de + infinitivo e ir a + infinitivo, basándonos en las ocurrencias de dichas perífrasis en tercera persona del singular del presente de indicativo en el CORDE. Comparamos también la frecuencia de aparición de una interrogativa o exclamativa directa encabezada por Qué ha de y Quá va a19 a lo largo de los siglos XIX y XX. En ambos casos ofrecemos el porcentaje de utilización de cada perífrasis en relación a la suma de ambas (Cuadro 2). Puede verse un progresivo aumento de la frecuencia de empleo de va a frente a ha de, lento en el siglo XIX y más acusado en el siglo XX, aunque sólo en el tercer cuarto la primera perífrasis llega a ser más frecuente que la segunda en la documentación escrita recogida en el CORDE. Igualmente hay un crecimiento sostenido de la interrogativa (y en menor medida exclamativa) directa introducida por Qué va a… frente a Qué ha de…, pero en este caso mucho más rápido: desde el segundo cuarto del siglo XX es claramente mayoritaria, y en el tercer

18 Según Chantal Melis (2006: 926-943), ir a + infinitivo empieza a competir con el futuro analítico en la zona de los futuros inminentes en el XIX, y a principios del XX se extiende su uso para la expresión de hechos futuros que no están a punto de realizarse. 19 La inmensa mayoría corresponden a la estructura Qué va a + infinitivo; no obstante algunos casos pueden corresponder a otras estructuras, como sucede en el ejemplo siguiente: “Ya me carga su modestia. / ¿Qué va a que tomo una bestia / y doy la vuelta a Belchite?” (Bretón de los Herreros, El pelo de la dehesa, 1840, apud CORDE), donde ¿Qué va a…? toma el significado de ‘apostar’. No obstante son muy pocos casos, y apenas afectan a la globalidad de la estadística.

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CUADRO 3 Ocurrencias y frecuencia relativa de aparición de las perífrasis haber de e ir a + infinitivo (en tercera persona sing. pres. ind.) y de interrogativas encabezadas por qué ha de y qué va a en los siglos XIX y XX en el CORDE Secuencias Ha/ha de

Secuencias Va/va a

Secuencia Qué ha de

Secuencia Qué va a

1801-1850

4144 (80,81%)

984 (19,19%)

47 (83,16%)

9 (16,07%)

1851-1900

9897 (79,80%)

2502 (20,20%)

100 (69,93%)

43 (30,07%)

1901-1925

3886 (69,44%)

1710 (30,56%)

38 (52,78%)

34 (47,22%)

1926-1950

5074 (50, 61%)

4951 (49,39%)

24 (20%)

96 (80%)

1951-1975

4552 (41, 11%)

6520 (58,89%)

9 (7,44%)

112 (92,56%)

cuarto el empleo de la pregunta o exclamación directa con Qué ha de… es residual. Muy probablemente esto está relacionado con la falta de viveza de la perífrasis haber de + infinitivo en el coloquio20, que es donde con mayor frecuencia aparecerá la interrogativa o exclamativa directa. Sin embargo, la perífrasis ir a + infinitivo (en presente o imperfecto) tarda en comenzar a utilizarse con los valores de expresión de extrañeza ante lo irrelevante de una pregunta o aseveración (seguido normalmente de la respuesta obvia), y de negación o rechazo. El CORDE sólo recoge estos usos (en 3ª persona del singular del presente de indicativo), en los que documenta un ejemplo del primer empleo y tres del segundo, en la última década del XIX. Manifestando sorpresa ante la pregunta y dando la respuesta que se presenta como obvia vemos: (14) Isidra ¿Qué ocurre? Toñuela ¡Qué va a ocurrir, señora! Que han puesto en la calle, por una quincena, a la mitá * de las obreras de la fábrica, y nos ha tocao la china a nosotras. (Dicenta, Juan José, 1895, España, apud CORDE).

Señalando negación enérgica de la pregunta efectuada recoge dos ejemplos de Pardo Bazán y un ejemplo del costarricense Magón:

20

La perífrasis haber de mantiene un uso más intenso en el castellano hablado en Cataluña, debido a la influencia del catalán (cf. Martínez 2002), lo que también se manifiesta en los textos de los escritores procedentes de esta zona.

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(15) a. Y él, forastero no es, porque… no; ¡si quedó en volver de cuando en cuando a ver cómo le sienta el método prescrito! No; ¡qué va a ser forastero! (Pardo Bazán, La piedra angular, 1891, apud CORDE). b. –¿Qué le parece ésta?, decía el dependiente dando un golpazo con la pieza sobre el improvisado mostrador. –Es media jetona; ¿y estiñe? –¡Qué va a desteñir!; ¡si es más firme que el Gobierno! (Magón (Manuel González Zeledón), ¡Al Baratillo! [La propia y otros cuentos], 1896, Costa Rica, apud CORDE).

Y a partir de ahí, se sigue registrando ininterrumpidamente desde el primer cuarto del XX. Obviamente, la aparición de la locución interjectiva qué va para expresar negación o rechazo, ha de ser posterior a la adquisición del valor de negación o rechazo por parte de la perífrasis en construcciones exclamativas encabezadas por qué. Sin embargo, lo cierto es que, en este caso, la aparición de la interjección qué va, procedente por elipsis de la exclamación qué va a + infinitivo, es prácticamente simultánea de la adquisición del nuevo valor. Posiblemente influye en ello la existencia previa de las interjecciones, formalmente semejantes, quia, ca, frente a las que qué va puede sentirse más motivada, por ser reconocibles sus elementos integrantes. El primer testimonio que recoge el CORDE es de 1895. La gramaticalización de la locución se ve claramente por la fijación formal, sin posibilidad de variación en persona, número y tiempo del verbo que se integra en ella: (16) a. –¿Te burlas de nosotros? –¡Qué va! Estoy convencido de que para la guerra hace falta gente de todas clases (Eduardo López Bago, El separatista, 1895, apud CORDE). b. –¿No se les enterraba? –¡Qué va! Se les tiraba al mar (Valle-Inclán, Tirano Banderas, 1927, España, apud CORDE).

En el primer caso, de haberse utilizado una oración completa con la perífrasis ir a + infinitivo expresando negación hubiera presentado el verbo en primera persona: ¡qué voy a burlarme! En el segundo caso, de haberse utilizado la perífrasis hubiera llevado el verbo en imperfecto: ¡qué se les iba a enterrar! Tal vez sea casual que uno de los primeros testimonios de la perífrasis en la forma qué va a + infinitivo indicando negación enérgica que recoge el CORDE sea del área caribeña (Costa Rica) y, de hecho, los que recoge ya en el primer cuarto del siglo XX son tanto españoles (Baroja, Arniches) como hispanoamericanos (Florencio Sánchez, uruguayo), pero parece haber, en estos primeros momentos iniciales del uso de qué va como interjección de negación o rechazo, un empleo más inten-

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so de ella en América, y especialmente en el Caribe, que en la península. Así, López Bago, de quien procede el primer ejemplo que recoge el CORDE, es un autor español que escribe su novela El separatista sobre un tema cubano y en La Habana, donde residió algunos años. Resulta interesante la observación que hace sobre el empleo de ¡qué va! en Cuba en esta misma novela, y que parece indicar un mayor empleo de esta locución interjectiva allí que en España. En nota a su propio pasaje: “Figúrate, en una miseria tan grande y supo salir avante, hijo. Apurarse, ¡qué va!” (Eduardo López Bago, El separatista, 1985/1977, p. 131), comenta respecto a ¡qué va!: “Exclamación usual en Cuba, que significa negación enérgica de una hipótesis expresada primero como posible, negada luego como absurda”21. En cualquier caso, en el primer cuarto del siglo XX el CORDE ficha unos pocos ejemplos tanto hispanoamericanos (cuatro de la obra Tierra del sol amada, 1918, del venezolano José Rafael Pocaterra, incluyendo contextos en que va tras la propia negación no, a la que refuerza) como españoles (un ejemplo de Los cuernos de Don Friolera, 1921, de Valle Inclán), y ya en el segundo cuarto aumenta bastante la aparición de ejemplos de qué va expresando negación o rechazo procedentes tanto de España como de distintas zonas de Hispanoamérica. Entre los textos de este periodo que ficha el CORDE, muestra un uso especialmente intenso de esta locución interjectiva la obra del malagueño Salvador González Anaya La oración de la tarde (1929). (17) a. Ella se empeñaba que la acompañara a la procesión. –¿A la procesión? –Sí, niño, a la procesión. ¿Qué te extraña? ¿Te da vergüenza que te vean tus amigos? –¡No, qué va! Es que me parece algo tan extraño verme yo en una procesión… (Pocaterra, Tierra del sol amada, 1918, Venezuela, apud CORDE). b. –[…] Para discutir el mañana tienes que ganar el presente. –Le gané ya; porque eres mía. –¡Qué va, Rodrigo! No soy tuya, ni estoy aquí sino escuchándote. (González Anaya, La oración de la tarde, 1929, España, apud CORDE).

21

No queda del todo claro si considera esta exclamación con valor de negación enérgica característica del español cubano frente al peninsular, o si se refiere sólo al uso concreto que aquí comenta, y no, por ejemplo, como negación de una pregunta anterior. En cualquier caso, el uso descrito es hoy en día también normal en España y no necesitaría comentario.

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5. Competencia entre quia/ca y qué va La locución interjectiva de negación y rechazo qué va comienza a utilizarse a finales del siglo XIX, algo más de medio siglo después de la aparición de ca y quia, según la documentación a la que podemos acceder. Lógicamente, en los últimos decenios del XIX y primeros del XX, quia y ca son interjecciones de negación más frecuentes que qué va, pero el uso de qué va, paralelamente al crecimiento del uso de la perífrasis ir a + infinitivo en general y en los usos de negación o rechazo en particular, va creciendo rápidamente y pronto llegará a convertirse en forma expresiva de la negación mucho más frecuente que las anteriores. En el siguiente cuadro podemos comparar la evolución de la frecuencia de empleo de quia/ca frente a qué va22 en los documentos recogidos en el CORDE desde finales del XIX al tercer cuarto del XX. Señalamos las ocurrencias de quia/ca frente a qué va, el porcentaje de cada uno respecto al total de la suma de estas formas, y las ocurrencias por millón de palabras. CUADRO 4 Frecuencia relativa de empleo de ca/quia frente a qué va y ocurrencias por millón de palabras 1850-1975 en el CORDE Nº total de palabras

Quia/Ca

Qué va

1851-1900

32 414 625

218 (99,09%) 6,72 p. mill.

2 (0,91%) 0,06 p. mill.

1901-1925

16 061 485

125 (96,15%) 7,78 p. mill.

5 (3,85%) 0,31 p. mill.

1926-1950

20 859 367

61 (53,04%) 2,92 p. mill.

54 (46,96%) 2,59 p. mill.

1951-1975

27 747 146

67 (34,36%) 2,41 p. mill.

128 (65,64%) 4,6 p. mill.

22 Como en casos anteriores, realizamos las búsquedas en el CORDE tanto con mayúsculas como con minúsculas y sumamos las ocurrencias. Los datos correspondientes a Los cuentos famosos de Pepe Monagas de Guerra Navarro, que llevan la fechación 1941-1961 los recupera el CORDE tanto en el período 1926-1950 como en 1951-1975. Aparecen en ellos cuatro ejemplos de qué va como locución interjectiva de negación, que hemos contabilizado en ambos períodos, al no poder decidir a cuál de ellos adscribirlo.

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Observamos el aumento rápido de los usos de qué va frente al progresivo descenso de los usos de quia/ca. En el segundo cuarto del siglo XX se igualan los porcentajes de empleo, y en el tercer cuarto, el empleo de la locución interjectiva qué va es ya claramente predominante frente a ca y quia, pero no llega a alcanzar la frecuencia conjunta de ambos (en palabras por millón) en su momento de mayor intensidad de empleo (segunda mitad del siglo XIX y primer cuarto del XX). También es en este período, a partir de la edición de 1970, cuando el diccionario académico comienza a registrar, bajo la entrada ir, la interjección ¡qué va! remitiendo para su definición a quia. La diferencia que encontramos entre la rápida inclusión de quia en el repertorio académico, unos tres decenios después de las primeras documentaciones que hemos hallado en el CORDE, y la de ¡qué va!, tres cuartos de siglo después del primer registro, probablemente es debida a que en el caso anterior se crea un lexema nuevo fácilmente identificable frente a otras palabras, mientras que la locución qué va, aun gramaticalizada, no da lugar a una forma léxica nueva. El empleo de qué va sigue creciendo en el último cuarto del siglo XX y primeros años del XXI. En los documentos fichados en el CREA entre 1976 y 2004 hallamos 74223 ocurrencias de qué va como locución interjectiva de negación o rechazo, y sólo 51 casos de quia/ca. Aunque la intensidad de empleo de qué va en ocurrencias por millón de palabras no parece haber crecido mucho respecto al último cuarto del siglo XX24, es claro que, respecto al uso de quia/ca sí aumenta enormemente su proporción: frente a un uso de poco más del doble frente a quia/ ca en el período 1951-1975, en el período 1976-2004 se dispara a una frecuencia casi 15 veces superior.

23

Hemos incluido 13 casos en que Que va aparece transcrito sin tilde. Sólo hemos examinado los casos sin tilde en que Que está escrito con inicial mayúscula, pues la secuencia que va en el CREA recupera más de 11.000 ocurrencias. En cualquier caso, no serán muchas las ocurrencias de qué va de rechazo que presenten esa grafía, pues aparece prioritariamente en contextos reactivos en que se inicia la respuesta de un interlocutor. 24 En la “Nómina de autores y obras”, el corpus académico informaba en mayo de 2012, cuando hicimos este recuento, de que recogía en el período 1975-2008 un número total de 154 212 661 palabras “en todos los medios en CREA”, lo que supondría una frecuencia de 4,81 ocurrencias por millón. No obstante, no queda claro si se recogen las palabras correspondientes a la totalidad de los textos fichados, pues también da el siguiente mensaje: “Los datos correspondientes a la nómina de la parte oral del CREA se incorporarán en breve”. No sabemos si se refiere sólo a los datos referentes a los criterios de clasificación, o también al cómputo de palabras. Hay una pequeña diferencia respecto a lo que la propia Academia indica en la “Nueva versión del CREA” (), donde señala que el CREA consta ahora de 154 279 050 formas, diferencia que no es de todas formas significativa.

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En el momento en que comienza a utilizarse, la locución interjectiva qué va compite obviamente con quia/ca, hecho que a veces se manifiesta en la utilización de ambos recursos en un mismo autor. Así, por ejemplo, el venezolano Pocaterra, uno de los primeros autores en que el CORDE recoge la construcción qué va (el segundo tras Eduardo López Bago), utiliza también en una ocasión quia: (18) –Pues ponle entonces “serpiente” –dijo uno. –¿A quién, a don Octavio? –preguntó Pinillos. – Quiá, hombre, qué a don Octavio, al endescasílabo (Pocaterra, Tierra del sol amada, 1918, Venezuela, apud CORDE).

Aunque hay también muchos autores que muestran muy claramente preferencia por unos u otros elementos interjectivos de negación. Por ejemplo, Baroja, en los textos fichados en el CORDE, utiliza con frecuencia ca (15 ocurrencias, no aparece quia), y no utiliza nunca qué va. Por el contrario, Valle-Inclán utiliza qué va (9 ocurrencias) y no emplea quia/ca. En Arniches se documenta 4 veces ca y 7 quia, y no utiliza qué va. En estos casos, la utilización de un elemento interjectivo u otro puede estar en relación también con la perífrasis completa utilizada para negar o rechazar algo anteriormente dicho; pero no siempre sucede así. El único caso de utilización con este valor de la perífrasis en Arniches presenta la forma ¡Qué ha de…!, en Valle Inclán el CORDE no registra la perífrasis ¡qué ha de…! y sí ¡qué va a!, utilizado no para el rechazo, sino para mostrar una pregunta como absurda; sin embargo en Baroja hay un predominio de la perífrasis del tipo ¡que va a…! para el rechazo (3 ocurrencias) frente a ¡qué ha de…! (una ocurrencia), lo que nos muestra cómo estas interjecciones perdurarán en el coloquio cuando la perífrasis de la que proceden comienza a debilitarse. Respecto a las áreas geográficas en que se utilizan las interjecciones quia/ca y la locución interjectiva qué va, podemos señalar que, en un primer momento, desde mediados del XIX a principios del XX, el CORDE recoge ejemplos de ca/ quiá tanto de España como de diversas áreas de Hispanoamérica: Argentina, Uruguay, Chile, Perú, Venezuela, México y Cuba25; pero, aun teniendo en cuenta que el volumen de documentación referente a España es mayor que el de los paí-

25 Hay algún ejemplo cubano de mediados del XIX, pero los dos de la transición del XIX al que etiqueta como “Cuba” el CORDE no es claro si representan la modalidad cubana o la peninsular. Uno de ellos (quia) procede de la novela El negro que tenía el alma blanca de Alberto Insúa, nacido en La Habana, pero que pasó con su familia a España a los 13 años, donde permaneció la mayor parte de su vida. El otro (ca) procede de A fuego lento, de Emilio Bobadilla, establecido desde 1887 en Madrid, donde residió muchos años.

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ses hispanoamericanos, hay claramente un mayor empleo en textos españoles. Por otra parte, el comentario anteriormente aducido de López Bago parece corroborar que el uso hispanoamericano de qué va fue desde el comienzo más intenso que en la península. En la misma línea está la observación de Kany (1970: 475): “La interjección ¡ca! (o ¡quia!), con la cual se expresa incredulidad y negación, rarísimamente se oye en Hispanoamérica, siendo reemplazada por otras locuciones exclamativas, algunas de ellas locales. Así se oye ¡qué va! (general en la mayor parte de los países, familiar en España)”. Pero incluso en España, las interjecciones ca y quia van disminuyendo su frecuencia de empleo desde los años 50 del pasado siglo, hecho ya señalado por Beinhauer (1978:89): “ca (quia) está cayendo en desuso. En su lugar se emplean expresiones como ¡que te crees tú eso!, ¡qué va! y otras”. Por su parte, Asensio (1998: 211, n. 18) piensa que su empleo va quedando reducido al habla rural26. En el último cuarto del XX y principios del XXI, como hemos visto, el empleo de quia/ca es ya muy reducido, y aunque es mucho más intenso en España que en Hispanoamérica (en el CREA hay un equilibrio entre el volumen de textos españoles e hispanoamericanos y sólo 5 de los 53 ejemplos de quia/ca que arroja son hispanoamericanos, de los que dos no parecen tener valor de negación y uno de ellos resulta dudoso en cuanto a su adscripción27), también en España es un uso ya residual28. De hecho,

26 En apoyo de esta sugerencia podemos ver cómo algunos repertorios que recogen el habla dialectal de determinadas zonas incluyen las interjecciones ca, quia. Así, por ejemplo, las recoge en la transición de los setenta a los ochenta Calero (1981: 120 y 189) en el habla de la serranía de Cuenca: “me iré mañana. –Ca”, “¿Lloverá mañana?, quia, no tie pinta”. El propio Calero comenta que “el presente capítulo de lexicología general registra, además de todas las voces que tienen un claro matiz dialectal, aquellas otras que pueden considerarse como pertenecientes al dominio general del idioma en el plano rural”. 27 El CREA registra ca en un texto oral venezolano, sin fechar, en un hombre de 65 años profesor de música, y otras tres veces en el cubano Miguel Barnet (La Habana, 1940); pero en dos ocasiones su valor de negación no es claro, parece más bien una llamada de atención: “Mi abuelo me regañaba como si fuera yo un mozo. Ya no conocía el campo y me portaba como una cabra en piso de cemento. / –¡Ca, la siembra contimás se pise mejor! Manuel, no te hagas el señorito” (Miguel Barnet, Gallego, 1981, apud CREA), “Pero he sido de todo un poco y nada al final. Ese fue mi destino, ¡ca! Ahora veo a mis hijas y me digo: “Caramba, Manuel, es que tú naciste con un siglo de tardanza”“ (Miguel Barnet, Gallego, 1981, apud CREA). También recoge el CREA la exclamación ¡quia! en Hotel Madrid, 1988, de José Andrés Rojo, etiquetado como “Bolivia”. Pero este autor, nieto del general republicano Vicente Rojo, aunque nacido en La Paz, se trasladó en 1971, con 13 años, junto con su familia a Madrid. 28 Hallo ca y quia en la lectura de un texto de aparición reciente, El enredo de la bolsa y la vida (Barcelona: Seix Barral, 2012) de Eduardo Mendoza: “–¿Ha pasado algo interesante? / –Ca. Como en la mañana (p. 58), “–No haga caso de mi humilde marido –dijo la interesada sumándose a la conversación–. Exagera por amor y también por gran codicia. / –¡Kia! –repli-

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en la actualidad son interjecciones que la mayoría de los jóvenes no emplean, y que muchos ni siquiera conocen. Y Santos Río (2003: 554b) comenta respecto a quia: “Es de uso popular y muy raro”. Hoy en día el uso de la locución interjectiva ¡qué va! se extiende por todo el mundo hispánico. El CREA la documenta abundantemente tanto en España como en toda la América hispanohablante, desde el cono sur hasta los hablantes de español de Estados Unidos. Los pocos países para los que el CREA no presenta ocurrencias de esta expresión (Bolivia, Ecuador y El Salvador) son países de los que hay un escaso volumen de textos fichados en el corpus académico.

6. Usos de quia, ca y qué va Los usos de estos tres elementos son coincidentes, y se han mantenido básicamente invariables desde su aparición. Como señalamos al comienzo de este trabajo, se utilizan para la negación enfática. Con frecuencia aparecen tras la negación no, inmediatamente detrás de ella, o tras un vocativo: “No, quia / No, ca / No, que va”; “No, hombre, quia” / No, hombre, ca / No, hombre, que va”, y también repetida la interjección de negación tras un vocativo: “Quia, hombre, quia / Ca, hombre, ca / Qué va, hombre, qué va”. Es posible, pero poco corriente, el orden inverso: quia/ca/qué va, no, que presenta una gradación de intensidad decreciente: (19) a. –¿Tocas tú la mandolina? –¡Ca, no! Hiciéronmela comprar su excelencia y su increíble baratura (Trigo, Jarrapellejos, 1914, España, apud CORDE). b. Pero ya habéis, ya ya habéis mojado el bollo en el café o Qué va, no, todavía no (A todo Madrid, Madrid, 10/10/91, Onda Madrid C, apud CREA).

A veces se ha incluido alguna de estas interjecciones, junto con otros elementos, en los repertorios de formas expresivas de negación. Por ejemplo, Corpas

có él–. Lo de hoy no ha sido nada” (p. 69). Llama la atención que una gran parte de los ejemplos que recoge el CREA del uso de ca como exclamación proceden de autores de origen catalán: el propio Eduardo Mendoza (2 veces en La verdad sobre el caso Savolta, 1975), Carlos Fisas y José Eduard, a quienes podríamos añadir al valenciano José Sanchis Sinisterra, entre los que suman 5 de los 10 ejemplos que recoge el CREA (y de los otros 5, uno es un empleo metalingüístico en Amando de Miguel, y dos de Barnet, mencionados en la nota anterior, aunque son usos exclamativos, no parecen casos de negación). Quizá esto esté en relación con una utilización más intensa de esta forma de negación, que también existe en catalán, en el español hablado en zonas de habla catalana.

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(1997: 195-196) agrupa entre las que denomina “formulas de recusación” de ninguna manera, no [te] creas, de ningún modo, ¡que no!, qué va, nada de…, nada de eso, ni hablar [del peluquín], etc. Sin embargo, no todas estas fórmulas expresivas de negación tienen los mismos usos, ni pueden utilizarse en los mismos contextos. Luis Santos Río (2003: 545a) proporciona una buena descripción de los usos de qué va, que resulta válida también para quia y ca. Señala este autor que qué va es una locución adverbial negativa enfática, aunque más que adverbial, puesto que no funciona como complemento circunstancial dentro de una oración, habría que hablar de locución interjectiva. Tampoco nos parece claro que deban entenderse estos elementos interjectivos, ni siquiera qué va, como operadores modales de negación (Fuentes 2009: 302b), pues, si nos atenemos a la interpretación de Fuentes (2009: 13), los operadores “son unidades que se sitúan dentro del enunciado, aunque no tienen función sintáctica con respecto al verbo de la oración”29. Sin embargo qué va, tanto en su empleo dialógico como monológico, constituye por sí mismo enunciado, no se sitúa dentro de otro, aunque ciertamente orienta la interpretación del enunciado precedente. Indica Santos Río (2003: 545a) que qué va puede funcionar como respuesta a una pregunta “–¿Lo conseguiste? –(Quia/ca/) qué va”, o como réplica a un comentario o aseveración anterior. “Creo que tú tienes cualidades de político. –(Quia/ca/) qué va”, representando “algo más que la mera negación, […] introduce, además […] la idea de alejamiento del objetivo o hecho” (Santos 2003: 545a). Puede funcionar también como autorreacción, reforzando un aserto negativo previo: “Él no se rebajaba a eso. Qué va (/ca/quia)”. Podemos añadir que, lo mismo que cuando funciona como elemento reactivo, también puede seguir a una pregunta que hace retóricamente a otro interlocutor o a sí mismo el emisor: (20) ¿Pero usted cree que se acobardó, ni que anduvo con ungüentos ni parches? ¡Quiá! Seguía en el alcázar como si tal cosa (Pérez Galdós, Trafalgar, 1872, apud CORDE).

Señala también Santos Río que “Frente a no, de ningún modo, en modo alguno, por los cojones30 o para nada, carece de capacidad para actuar como elemento subjúntico (En modo alguno (/*Qué va) le sienta bien)”; lo que en definitiva es consecuencia de que no se trata de una locución adverbial, no puede funcionar como un complemento circunstancial dentro de otra oración indicando negación,

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Sobre la relación entre las interjecciones y los marcadores del discurso, cf. Cueto/López Bobo (2003: 77-82). 30 Sobre los valores de la construcción, de usos semejantes, por las narices, y otras unidades fraseológicas en que se integra narices, cf. González/Olza (2011).

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qué va es una locución interjectiva y quia y ca son interjecciones, que por tanto no pueden desempeñar función alguna en otra oración, sino constituir por sí mismas enunciados, como hemos visto en los ejemplos precedentes. Sí pueden aparecer, como señala Santos Río, “como prooración en una cláusula completiva […] –Dice que qué va”, lo que obedece a que en estilo indirecto puede reproducirse cualquier enunciado, incluyendo un enunciado interjectivo, como sucede aquí. Igualmente podrían aparecer otras interjecciones de muy diversa índole: “–Dice que ojalá / caramba”. Otra construcción sintáctica en la que aparecen con frecuencia quia, ca y qué va es tras la conjunción de coordinación adversativa, pero, mostrando –de un modo semejante a como lo haría no, pero con mayor énfasis– que lo que se ha dicho previamente queda invalidado o resulta ineficaz: (21) a. Al pronto sospechó la señora de Jáuregui si serían falsos los billetes… pero ¡quiá! si eran más legítimos que el sol (Galdós, Fortunata y Jacinta, 188587, apud CORDE). b. Pude haberme casado con un tío tuyo. Pero ¡ca! Yo he sido una mujer de faldas en el aire, he ido flechada a la tajada de melón, a la fiesta, a la torta de azúcar (García Lorca, Yerma, 1934, apud CORDE). c. Le pedí que me hablara, pero ella muda. Si por lo menos me hubiera dicho: “Vuelve, Manuel, yo te espero”, a lo mejor hubiera hecho alguna plata y vuelto, pero, qué va, no le pude sacar nada (Miguel Barnet, Gallego, 1981, Cuba, apud CREA).

Es esta también un tipo de construcción que permite la inclusión de interjecciones que tienen valor de enunciado: (22) a. Estamos preparando un viaje a la playa para la semana que viene. No sé si este chico podrá venir, pero ojalá (El Mundo, 03/03/1996, España, apud CREA). b. Pasarían a algunas cuadras de la casa de ella, pero ¡caramba! ahora tenía que seguir hasta Lima (Alan García, El mundo de Maquiavelo, 1994, Perú, apud CREA). c. Las pobres muchachas del país ganaban bastante en aquella labor: pero ¡bah!, murmuró Tropiezo riéndose: no ganaban sólo dinero… Ganaban á veces otras cosas… (Emilia Pardo Bazán, El cisne de Vilamorta, 1885, apud CORDE).

Un hecho especialmente interesante que destaca Santos Río es que qué va –y esto también es aplicable a quia y ca– “es locución de rechazo epistémico. Se rechazan contenidos, asertos, implicaciones […], no propuestas de acción (–Échale una mano. –De ningún modo (/*Qué va). –Quítate de ahí. –No me da la gana (/*Qué va))”. Frente a este comportamiento, otras expresiones de negación

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enfática se emplean fundamentalmente para negar propuestas de acción, como puede ser el caso de ni hablar31, como indica la definición que de esta locución da el DRAE: “expr. U. para rechazar o negar una propuesta”, aunque a veces puede negar una propuesta epistémica; pero incluso en esos casos presenta un matiz muy distinto al de qué va. Si observamos los diferentes contextos ejemplificados que ofrece Pérez Salazar (2009: 62-63) para el uso de ni hablar, podemos ver que en muy pocos podría cambiarse por qué va (quia, ca). Incluso en uno de los que recoge, procedente del CREA, en que ambos aparecen yuxtapuestos, aportan distintos matices. Qué va indica la negación de la propuesta, expresada esta vez a través de una pregunta, dando a entender que queda lejos de la intención del emisor; ni hablar muestra a continuación un rechazo rotundo que intensifica la inicial negación. Hay una mayor implicación del hablante en la utilización de la segunda forma de negación. De ahí que el orden normal sea este y no el inverso, que supondría la presentación de los elementos de negación en orden decreciente de intensidad. Los distintos contextos de uso y valores que aportan las diferentes fórmulas de negación enfática están, indudablemente, relacionados con el origen de cada una de estas construcciones: (23) Y y luego pues pues eso, que te dije: “Yo, ni hablar, ¿Filosofía y Letras?, ¡qué va, ni hablar!” (Oral, España, apud CREA).

No obstante, dentro de la fluctuación que pueden experimentar los límites en los que se mueven los elementos interjectivos que estudiamos dentro del campo de la negación, a veces los encontramos en entornos que no son prototípicos, y que incluso resultan sorprendentes o llamativos, al menos desde la percepción de un hablante peninsular actual. Así, vemos unos pocos casos en los que qué va puede suponer negación o rechazo no de contenidos, sino de propuestas de acción, como vemos en los siguientes ejemplos: el primero de ellos es una propuesta32; el segundo, una orden expresada a través de un subjuntivo yusivo. Son 31

Luis Santos Río (2003: 404b) dice que esta locución sirve para el rechazo enfático tanto de propuestas epistémicas como programáticas, pero evidentemente su uso fundamental es el segundo. Un estudio diacrónico de la formación de ni hablar y sus contextos de uso puede verse en Pérez Salazar (2009). No podemos entrar en este trabajo en la tarea –de indudable interés– de distinguir los contextos de uso de las distintas fórmulas de negación. Nos limitaremos a una somera contraposición con los usos de ni hablar. Para una caracterización de numerosas formas de negación, cf. Asensio (1998). 32 En la misma línea de rechazo de una propuesta, parece estar el corrido del mexicano Fernando Maldonado, Qué va, que repite en varias ocasiones “¿Que te deje yo? ¡Qué va!”, aunque la pregunta también podría interpretarse como mera evaluación de una posibilidad, en cuyo caso el uso de qué va sería el normal de rechazo epistémico.

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contextos realmente más apropiados para una fórmula de negación del tipo ni hablar: (24) a. –Diga usté a cómo la paga, respondió don Pioquinto. –Se la pago a cinco pesos. –¡Qué va! El bagre está muy descaso y no sacamos ni el valor de la trasnochada (Buitrago, Pescadores del Magdalena, 1938, Colombia, apud CORDE). b. Provisto cada uno de su linterna llegaron al río, e iluminaron el agua trémula con el hervir de las babillas que estaban de paseo por allí, gracias a la creciente de una quebrada que las había arrastrado del pantanero. Al recibir el golpe de la luz, les fulgieron los ojos cual cristales amarillos. – Encandilicenlas para que no soben, prorrumpió Aurelio. –Qué va, respondió Victorio. Primero nos encandilizan a nosotros (Buitrago, Pescadores del Magdalena, 1938, Colombia, apud CORDE).

Más alejado aún de los usos prototípicos de qué va encontramos un par de ejemplos en el CREA en que qué va no supone la negación de la pregunta anterior. En ambos casos además, al ser preguntas parciales y no totales, tal negación no tendría sentido. Lo que se produce es el rechazo de la pregunta en sí: el segundo interlocutor se niega a responder a la pregunta realizada, implicando con ello un rechazo a la actitud misma del primero. En este empleo se aproxima a algunos valores de la fórmula de rechazo ¡quita!: (25) a. Conch’e Piña saludó sanjuanilmente: –Ay mi madre, ¡cómo se menea el mundo y no se cae! ¿Para dónde va la niña con tan bello mozo? –Qué va, Conch’e Piña –le respondió la mozuela pintorreteada–, estás muy viejo pa’ la gracia, lo que debes hacer es llevarme gente para el negocio y comerás de golilla (Herrera Luque, En la casa del pez que escupe el agua, 1985, Venezuela, apud CREA). b. –¿Quién es? ¿Quién es? –preguntó Conch’e Piña intrigado. –¡Qué va oh! –exclamó en una contorsión Papagayo–, tú eres muy lengua larga y además yo soy como el doctor Rosca, que guardo el secreto profesional cuando me conviene (Herrera Luque, En la casa del pez que escupe el agua, 1985, Venezuela, apud CREA).

Ambas desviaciones las documentamos en el área caribeña, y son indudablemente ajenas al empleo peninsular. Quizá, aunque haría falta una documentación más exhaustiva para poder comprobarlo, esta locución interjectiva de negación presenta algunos valores que son propios de esta zona, que parece haber sido una de las primeras en las que esta fórmula alcanzó un amplio arraigo. En ambos casos,

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el uso de qué va muestra una extensión a nuevos entornos que rompen los límites que originalmente tenía, como consecuencia de los contextos que dieron lugar a su surgimiento. Como señala Company (2003: 26), la forma innovadora pasa de contextos “altamente favorables para ese nuevo valor […] a otros que le son cada vez menos favorables”, pero al no darse esta ampliación de contextos simultáneamente en todas las áreas, esto puede dar lugar a diferencias diatópicas en su empleo.

7. Conclusiones Las interjecciones quia y ca, con valor de negación enfática de una pregunta o aserto anterior, surgen como consecuencia de un proceso de elipsis a partir de la perífrasis haber de + infinitivo utilizado en preguntas originalmente retóricas, que llegan a alcanzar el valor de rechazo y negación de lo anteriormente expuesto o preguntado y a utilizarse en esos contextos con entonación exclamativa. La omisión del resto de la oración, y el mantenimiento de la secuencia formada por el interrogativo qué + el auxiliar en tercera persona del singular del presente de indicativo, fonéticamente deformados ya como integrantes de la propia perífrasis, y mantenidos en esa forma fonéticamente erosionada al producirse la elipsis, lleva al surgimiento de las interjecciones quia, ca, que absorben el valor de negación de la perífrasis originaria y que inmediatamente se gramaticalizan y lexicalizan como elementos de negación, aptos para funcionar en contextos de rechazo epistémico. Estas interjecciones de negación se documentan a partir del segundo tercio del siglo XIX en el CORDE, y, aunque la aparición en la lengua hablada pudo ser anterior, probablemente no se daría mucho antes, pues la construcción de la que proceden no alcanza el valor de negación o rechazo hasta el siglo XVIII. Su periodo de mayor auge se da en la segunda mitad del siglo XIX y primera mitad del XX. Desde finales del XIX estas interjecciones comienzan a tener la competencia, con el mismo valor y en los mismos contextos de uso, de la locución interjectiva qué va, formada por un proceso de elipsis paralelo al que dio lugar a la formación de ca y quia, a partir de la construcción ¡qué va a + infinitivo!, que empieza a documentarse indicando rechazo también a finales del XIX. La aparición casi inmediata de la locución interjectiva qué va, una vez que se documenta la perífrasis con ir a en la construcción qué + presente o imperfecto de indicativo de ir + a + infinitivo indicando negación o rechazo de algo anterior, se debe probablemente a la existencia previa de las interjecciones ca, quia, con las que presenta incluso una cierta proximidad formal. A diferencia de las interjecciones anteriores, los elementos de la secuencia qué va, aunque gramaticalizados, sí se muestran claramente reconocibles, no se produce la univerbación, debido a que, al comenzar la segunda palabra integrante de la locución por consonante, no se da

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la fusión en un diptongo de las dos vocales en contacto como sucede en qué ha > quia, con cierre de la palatal, o la elisión de una de las vocales33. Aunque el predominio de ca/quia frente a qué va se mantiene en la primera mitad del XX en la península –en Hispanoamérica su decadencia es anterior–, a partir de la segunda decae y va siendo sustituida por qué va, claramente mayoritaria. Muchos hablantes jóvenes desconocen de hecho las interjecciones ca, quia. Las formas ca, quia, creadas en un momento en que la perífrasis con haber de + infinitivo es aún relativamente frecuente, especialmente en algunas construcciones y con determinados valores, y que en principio encontramos tanto en el habla rural como urbana de carácter informal y coloquial, irá estando cada vez más marcada como forma vulgar –de hecho su propia erosión fonética muestra un tratamiento claramente vulgar–, y, mientras la perífrasis haber de + infinitivo ha salido prácticamente del registro oral para mantenerse como forma culta en el registro escrito, los últimos reductos de ca y quia se hallan precisamente en el habla rural. En cuanto a qué va, forma enfática de negación o rechazo epistémico, cuyo uso vemos crecer rápidamente a lo largo del siglo XX, es en la actualidad normal y frecuente en todas las áreas hispanohablantes, y sus empleos, que continúan básicamente los de ca y quia, son en general coincidentes en todas ellas. No obstante, podemos ver alguna vez diferencias frente al uso más general, y desde luego frente al uso peninsular, en determinados empleos hispanoamericanos en los que se rebasa el empleo de elemento de rechazo epistémico, para pasar a funcionar como negación de propuestas de acción, e incluso como fórmula de rechazo de la misma pregunta, no negación de su contenido. Son usos sobre los que haría falta un estudio más exhaustivo, basado en una mayor recopilación de datos, pero que en cualquier caso nos muestran posibles vías evolutivas de elementos gramaticalizados en determinados contextos, con adquisición de nuevos contextos de aparición, que podrían llevar a la fijación de algunas diferencias diatópicas en su empleo.

33 No obstante, quizá un indicio de su gramaticalización sea la existencia, junto a la pronunciación /ké ∫á/, con los dos acentos de intensidad marcados, de otra más relajada en que se pierde el acento del primer elemento: /ke∫á/, que es lo que tal vez intenta reflejar la grafía que vá, que encontramos en el siguiente ejemplo: “¿No me diga? Todas estas atrocidades las cometen empujados por la crisis y la inflación. ¡No, que vá, eso de robar es más viejo que la sarna!” (Hayen, Por la calle de los anhelos, 1993, México, apud CREA).

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E N T R E G R A M AT I C A L I Z A C I Ó N , E S T R U C T U R A I N F O R M AT I VA Y T R A D I C I O N E S D I S C U R S I VA S : ALGO MÁS SOBRE NADA* ÁLVARO S. OCTAVIO DE TOLEDO Y HUERTA Ludwig Maximilians Universität München

pues todo lo que niega constituye FRANCISCO BRINES

1. Una asimetría sincrónica El español actual, como es sabido, posee dos construcciones para la negación con elementos como los indefinidos nada, nadie, ninguno y ningún + SN. En la más frecuente, el indefinido aparece tras el verbo finito y requiere de la presencia preverbal del negador no (1); en la segunda, mucho menos usual, el indefinido se antepone al verbo y no tolera la concurrencia del negador (2). La coexistencia de estas construcciones doblemente divergentes (en el orden de constituyentes y en la presencia de no) recibe el nombre de alternancia negativa (NGLE: §48.1o, 3636). La relación sintáctica que establecen negador e indefinido en oraciones como (1a) se conoce hoy generalmente como concordancia negativa (NGLE: § 48.3d, 3646). (1) a. No sé nada b. * Sé nada (2) a. Nada sé b. * Nada no sé

El fenómeno de la concordancia negativa (CN) ha hecho correr ríos de tinta en las dos últimas décadas. El negador puede inducir o activar una forma específica de un cuantificador bajo su ámbito (nada en vez de algo en 1a: cf. Bos-

* Este trabajo se ha realizado merced a la financiación del proyecto español FFI02828/ FILO y el alemán SFB833 (C3). El subtítulo se inspira en el notable trabajo de Castillo (1998), a quien dedico este mío con todo afecto como recuerdo de nuestra coincidencia en la Universidad de Tubinga.

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que/Gutiérrez-Rexach 2009: 641-642), forma que no se daría en ese entorno sin la presencia de dicho negador (véase 1b) y que recibe por ello el nombre de término de polaridad negativa (en adelante, TPN; cf. González Rodríguez 2009: 69-76). La CN se da cuando esos TPN muestran por sí mismos ciertos comportamientos negativos (por ejemplo, pueden usarse de forma autónoma en respuestas negativas: –¿Qué sabes? –Nada; o se oponen paradigmáticamente a otros cuantificadores que expresan la existencia1), esto es, son palabras negativas o “palabras-n” (por la inicial de muchas de ellas en las lenguas europeas: cf. Laka 1993), de modo que el efecto resultante es el de una secuencia discontinua de expresiones negativas (no… nada) que manifiestan, no obstante, una negación simple2. La CN está atestiguada en numerosas variedades lingüísticas, del japonés al griego –clásico y moderno– pasando por el húngaro, el afrikáans, el árabe del Levante o el inglés subestándar (there ain’t nothing like a song), pero ha sido descrita sobre todo en la familia indoeuropea, donde está muy generalizada entre las lenguas eslavas y románicas3. Precisamente estas dos ramas ofrecen un interesante contraste que parece dividir las lenguas con CN en (al menos) dos grupos: mientras la CN del polaco, por ejemplo, no hace distingos entre la posición preverbal 1 Tal oposición puede ser cualitativa o de términos contrarios (nada ~ todo) o bien cualitativa y cuantitativa, entre términos contradictorios (nada ~ algo). Para estas distinciones y su expresión léxica en las lenguas, cf. Horn (20012). 2 “Languages that use n-words express what is known as negative concord: a sequence of seemingly negative expressions gets a single negation reading” (De Swart 2006: 203). El término de concordancia negativa es preferible para este fenómeno al tradicional de doble negación, pues este se suele reservar hoy (y así lo haremos también aquí) para las variedades en que la secuencia de dos elementos negativos se interpreta como negación de la negación, equiparable a una afirmación: es el caso de los estándares de lenguas germánicas como el inglés o el alemán, y también, claro está, del latín clásico. La doble negación, por lo demás, puede convivir con la concordancia negativa en una misma lengua: cf. en este sentido De Swart (2010: 209-243) o Puskás (2012). La concordancia negativa es a su vez, en fin, parte de un fenómeno más amplio que Horn (2010a) ha denominado hipernegación. 3 Cf. por ejemplo Weiß (2002), Watanabe (2004) o Giannakidou (2006), que contrastan los datos del bávaro, el japonés y el griego moderno (respectivamente) con los de otras variedades bien descritas y ofrecen, al tiempo, hipótesis de conjunto sobre la CN. Para el húngaro, cf. por ejemplo Surányi (2006); para el árabe levantino, cf. Hoyt (2010); para el inglés no estándar, cf. Horn (2010a); y para el afrikáans, cf. ahora Biberauer/Zeijlstra (en prensa), con importantes observaciones en los cuatro casos sobre la aparente heterogeneidad del fenómeno y su manifestación idiosincrásica en las diferentes lenguas. Cf. además las útiles visiones de conjunto en De Swart (2010: 117-207) o Penka/Zeijlstra (2010). Para el caso de las lenguas eslavas, cf. por ejemplo el trabajo de B¬aszczak (2001) sobre el polaco o el de BoÓkovic´ (2009) sobre el serbocroata. Para una vision general del fenómeno en las lenguas romances sigue siendo esencial Zanuttini (1997). Otros trabajos de interés pueden rastrearse en la amplia bibliografía recogida por Horn (2010b).

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y la posverbal del indefinido negativo, combinándolo en ambos casos con el negador oracional nie (3, equivalente a 2)4, el español y otras variedades romances (como los estándares del portugués europeo y el italiano) proscriben la concordancia explícita preverbal (cf. 2b)5. La CN sistemática de lenguas como el polaco recibe el nombre de estricta; en lenguas como el español actual, en cambio, la CN es “no estricta” y depende de la posición del cuantificador respecto del verbo, es decir, está en función de la alternancia negativa6. (3) Niczego nie wiem Nada.GEN NEG saber.PRES:1SG

Dada esta situación, el problema que ha recibido mayor atención (particularmente entre los lingüistas formales) ha sido el de cómo caracterizar sintáctica y semánticamente de forma homogénea los cuantificadores antepuestos de (2a) y

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El ejemplo polaco lleva el indefinido en genitivo, como suele ocurrir en esa lengua cuando interviene la negación, pero es posible igualmente la forma actual del acusativo, nic. Por otra parte, los factores que regulan la aparición preverbal o posverbal del cuantificador no son los mismos en las dos lenguas: la posposición no es usual en polaco, a menos que el indefinido reciba modificación: “Na tym s´wiecie nie znam nic bardziej tajemniczego od wody” (traducción de Emil Cioran, Cuadernos, fragmento 1557: ‘En este mundo no conozco nada más misterioso que el agua’). 5 Otras variedades la admiten, pero no es obligatoria, como ocurre en catalán (cf. Espinal 2000). La situación de la CN en francés es bastante compleja, tanto por el grado de variación geográfica y social como por las complicaciones descriptivas que introduce el desarrollo de la negación con pas: puede verse un buen estado de la cuestión en Corblin/Déprez/De Swart/Tovena (2004), y cf. para los aspectos históricos y dialectales, entre otras aportaciones relativamente recientes, Muller (1991; 2004), Catalani (2001), Déprez (2003), Larrivée (2010), Martineau (2009; 2011) y las reflexiones de Barra (2004). El rumano tiene hoy CN estricta (cf. Isac 2004; Falaus 2007; Iorda˘chioaia 2010), aunque en algunos de los primeros textos (traducciones del eslavón, principalmente) se pueden encontrar cuantificadores negativos antepuestos al verbo sin copresencia del negador (cf. Camus 1988: 22; Falaus 2007: 8182); puesto que esta evolución histórica coincide, como veremos, con la de las lenguas eslavas, es posible pensar en un influjo eslávico sobre los datos antiguos, la evolución posterior o ambos. 6 En el español en contacto con el guaraní se encuentran, al parecer, casos de CN con el indefinido negativo prepuesto, lo mismo que en judeoespañol o en alguna variedad dialectal del este de Navarra (Camus 2006: 1199-1200), y secuencias como Con este alcalde nada no tiene sentido (Franco/Landa 2006: 35) son posibles en el País Vasco por interferencia del éuscaro. Hago aquí abstracción de estos casos, ajenos a los diversos estándares hispánicos, pero no carece de interés que fenómenos similares se encuentren en variedades subestándar del portugués (el de Brasil, particularmente) y el italiano (sobre todo del noreste): cf. Camus (1988: 16-17, 19-21).

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los pospuestos de (1a) en las lenguas con CN no estricta, pues en el caso de (1a) parecen comportarse como TPN, mientras en el de (2a) parecen tener fuerza negativa de por sí. Como señala Herburger (2001: 290-291), caben cuatro tipos de respuesta a este dilema: a) nada es un TPN en los dos casos, y en la construcción en que se antepone al verbo interviene, en realidad, una negación tácita que lo legitima; b) nada es un cuantificador inherentemente negativo en los dos casos, y el no obligatorio de (1a) es quizá una marca negativa adicional, una especie de señalizador de ámbito asociado a una determinada posición sintáctica (aquella precisamente en que aparece el nada preverbal); c) nada es una palabra ambigua, que se comporta como TPN en (1a) y como elemento inherentemente negativo en (2a); o d), nada no es en sí ninguna de estas dos cosas, sino un elemento de contenido no especificado que se actualiza de un modo u otro según el contexto. Las cuatro posturas se han defendido, con precisiones y elaboraciones en que no nos detendremos, a lo largo de los últimos años, y el debate no parece aún definitivamente cerrado7. No han atraído un interés comparable, en cambio, las causas mismas de la alternancia negativa, y particularmente de la anteposición. La respuesta “que se suele considerar mejor encaminada es la que sugiere que la anteposición […] está relacionada con la estructura informativa de la oración” (Bosque/GutiérrezRexach 2009: 645). Descartada la posibilidad de que un cuantificador negativo pueda funcionar como tópico en una oración como (2a)8, se ha subrayado su

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“The lexical semantics assigned to negative indefinites is dependent on our views on negative polarity and negative concord” (De Swart 2010: 10). Un cuantificador como nada es, por ejemplo, siempre un TPN para Laka (1993), siempre una palabra intrínsecamente negativa para Espinal (2000; 2007), resulta ambigua entre una y otra cosa para Herburger (2001) y no está definida (o se encuentra subespecificada) en cuanto a la negación en opinión de Martins (2000). Para el español, cf. además Bosque (1980; 1994), Suñer (1995), Aranovich (1996), Alonso-Ovalle/Guerzoni (2004), Tubau (2008). En perspectiva románica, son proponentes señeros de diferentes posturas Zanuttini (1997), Haegeman (2000), Martins (2000), De Swart/Sag (2002) o Isac (2004). Para un panorama general actualizado sobre este debate, cf. ahora Penka (2011: 19-46), quien por lo demás defiende que estos cuantificadores son siempre existenciales y concuerdan con un operador negativo tácito o expreso; abiertamente en contra de esta idea se muestra, desde una perspectiva histórica, Larrivée (2011: 14-15). 8 “[A]n N-word, and a bare indefinite in general, cannot be a Topic” (Isac 2004: 136). Los cuantificadores negativos no pueden dislocarse a la izquierda (Ese partido lo retransmitieron ayer vs. *Nada lo retransmitieron ayer; cf. por ejemplo Endriss 2009), pero tampoco parecen funcionar como tópicos internos preverbales: como hace notar Leonetti (en prensa), un ejemplo como Ningún niño extranjero estudia aquí difícilmente puede interpretarse como categórico (para la distinción tético/categórico, cf. sobre todo en este contexto Kuroda 1972, Sasse 1987, Ladusaw 2000), si bien no ha faltado quien, como Tovena (1996), ha defendido justamente dicha interpretación frente a la supuestamente tética del esquema con el indefinido pos-

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posible papel de foco. De hecho, la NGLE (§48.3j, 3648) señala que esta construcción “ha sido llamada en ocasiones variante focalizada porque muestra características típicas de los procesos de focalización”, como la tendencia a presentar el sujeto tras el verbo (cf. en el mismo sentido Bosque/Gutiérrez-Rexach 2009: 645)9. Más difícil se hace, al parecer, precisar el cometido de esa focalización, esto es, definir cuál es el tipo de foco que afecta a nada en la construcción de (2)10. No puede ser un foco informativo, cuya posición propia en español es la

puesto (cf. también Giannakidou 1999: 132, n.14: “We can envision […] the preverbal vs. postverbal placement of n-words in Spanish and Italian being related to categorical and thetic negation respectively”). Tales divergencias son posiblemente resultado del hecho, señalado ya por Kiss (1998a: 685-686), de que las oraciones cuyos sujetos son sintagmas cuantificados no tienen fácil encaje dentro de la distinción tético-categórico (cf. también Ladusaw 2000: 240). Sea ello como fuere, no parece que la idea de un tópico interno (o una estructura categórica) pueda ser aplicable a una oración con un objeto antepuesto como nada en (2). 9 Se da esta inversión obligatoriamente con el foco identificativo prepuesto al verbo (PATATAS ha comido Juan) y con la anteposición de buen número de elementos (¡Bueno es mi suegro!; Algo tendrá tu hermana para estar así de triste; etc.), pero es necesario advertir que, si bien la presencia de un sujeto preverbal se haría bastante extraña en algunos de los casos en que se antepone igualmente un cuantificador como nada (?? Él a nada tiene derecho), en otros casos no parece en absoluto imposible: así lo declara la propia NGLE (§48.3m, 3649), que trae el ejemplo literario Pero yo nada comprendo; quizá podría pensarse que el sujeto está aquí dislocado a la izquierda, pero ello parece descartable en otros entornos: Hay quien piensa que las instituciones están amenazadas por la ola de violencia, pero las instituciones nada tienen que temer de las provocaciones de unos pocos vándalos. 10 Conviene advertir aquí que en la noción de foco, tal y como se maneja en la lingüística actual, han confluido diversas perspectivas no siempre fácilmente conciliables (para una vision crítica, cf. ahora Matic´/Wedgwood 2012). Como señalan Gundel/Fretheim (2006), existe, por un lado, una visión relacional del foco, que lo presenta como una unidad informativa que se asocia a otra complementaria en su oración: foco/tópico, por ejemplo (cf. ErteschikShir 2007 para una propuesta de estructuración informativa basada solo en estas dos nociones), o foco/trasfondo (cf. Dufter/Jacob 2009 para un estado de la cuestión centrado en las lenguas románicas), u otras que, en mayor o menor medida, remiten a la conocida preocupación de los lingüistas praguenses por la articulación informativa y su correspondencia con la distribución de información nueva y dada (para la nueva Escuela de Praga, cf. por ejemplo Sgall 2003, Haji…ová/Sgall 2004, Haji…ová 2007; para la historia de la escuela clásica, cf. Vachek 2002); por otro lado, el foco puede verse en forma referencial, esto es, bajo un prisma paradigmático y no sintagmático, como una operación de selección dentro de un conjunto de alternativas disponibles. La noción de foco informativo está en relación con el primero de estos enfoques, mientras el foco identificativo o de interpretación exhaustiva (para esta distinción, cf. Kiss 1998b) se ajusta a la segunda perspectiva; no extraña, pues, la heterogeneidad de los procedimientos con que las lenguas codifican uno y otro, y las diferencias en cuanto a las posiciones en que aparecen (periferia oracional frente a posiciones inmediatas al verbo, por ejemplo: cf. Drubig 2003). La concepción referencial del foco ha encontrado fácil acomodo dentro de la

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posverbal11, y tampoco un foco identificativo, pues carece, entre otras cosas, del realce tonal característico de este cuando se antepone (cf. Zubizarreta 1999). Es necesario, pues, rebuscar en el cajón de sastre de los “focos antepuestos que no aportan información marcada respecto de los pospuestos y que no reciben realce acentual” (NGLE: §40.4c, 2986), es decir, entre los “focos débiles” (cf. la nota

semántica formal o de tipo lógico-veritativo, pues se deja traducir fácilmente en términos de cuantificación (cf. por ejemplo Partee 1992). Surge, así, una concepción operacional del foco (y la focalización): para el caso que nos ocupa, ya Bosque (1980: 29) suscribe la idea de que la anteposición del indefinido (mediante “tematización”: ibid., 34) desencadena una interpretación de cuantificación universal, frente a la existencial propia del indefinido pospuesto, si bien negar la existencia y asertar universalmente la inexistencia son, como señala Giannakidou (2000: 508), opciones equivalentes en términos veritativos, de forma que, en palabras de Sánchez López (1999: 2570, n. 8), “es difícil percibir la diferencia semántica”, y no parece que deba buscarse aquí la causa de la anteposición. En una línea semejante, Isac (2004) desarrolla la idea de que los indefinidos negativos antepuestos reciben justamente su capacidad cuantificativa del hecho de estar situados en una posición focal, y Surányi relaciona la focalización de un indefinido negativo con la activación de implicaturas escalares (2006: 306: “It has been proposed that NPIs / n-words are interpreted as the conventionalized extreme element of a scale for which the given property is most likely to hold […]. In focus, then, the bottom element is identified as the element for which the property does not hold, and by implicature, the property also fails to hold for all elements higher on the scale (in the case of senki ‘nobody’, it fails to hold for all sets of persons)”). Finalmente, la mención del foco (o su especificador) como posición sintáctica en la estructura oracional se ha hecho común entre los lingüistas formales a partir del desarrollo de los estudios sobre la llamada periferia izquierda (cf. el muy influyente trabajo de Rizzi 1997), lo que ha llevado a una visión meramente configuracional del foco que invita a adscribir a tal posición cualquier elemento preverbal que no sea un sujeto ni esté dislocado, como los sintagmas anáforicos que remiten a un discurso previo (Eso mismo creo yo), distintas formas de sintagmas cuantificados (Poco trabajas; Algo sabrás; Mucha ropa traes), diversos complementos locativos, temporales o instrumentales (Aquí me tienes; Pronto llegas; Con estas manitas me he hecho mi casa), ciertos adjetivos y adverbios (Buenos estamos; Bien lo sabes tú), etc. Esta última, naturalmente, es una noción “débil” (por cuanto más permeable) del foco, y los ejemplos recién mencionados, pues, pueden concebirse como “focos débiles”. El tratamiento del foco y la focalización que contiene la NGLE (§40, 29852990) es una muestra acabada de la conflación de las distintas perspectivas –relacional, referencial, operacional, configuracional– desde las que se ha definido la noción de foco. Que todas compartan, posiblemente, la idea básica de que el foco indica la presencia de alternativas relevantes para la interpretación (cf. la definición de consenso de Krifka 2008) no significa sin embargo que no sea conveniente, e incluso necesario, discriminarlas cuidadosamente entre sí. 11 Además, el foco informativo suele concebirse característicamente como respuesta a una interrogativa parcial implícita. Como ya observó –con otros ejemplos– Bosque (1980: 31), a una pregunta del tipo ¿Qué sabes? no responde adecuadamente la estructura # Nada sé, sino, precisamente, No sé nada.

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10). Pero se hace igualmente difícil dar aquí con un paralelo satisfactorio: la anteposición de otros sintagmas cuantificados parece guardar relación con el tipo de cuantificación intensiva que se realiza en las exclamativas (cf. Octavio de Toledo/Sánchez 2009)12 o requiere de condiciones de reproducción ecoica (–No he hecho nada. –Algo habrás hecho)13; la de los sintagmas que contienen anáforas (De eso (mismo) quería yo hablarte; Con estas (mismas) manos lo estrangularía) parecen incidir sobre la especial adecuación contextual del referente, al modo de adverbios de foco como precisamente o exactamente14, y anteposiciones como las de Ni una galleta me has dejado o Tres cosas hay en la vida: salud, dinero y amor dejan traslucir valores equivalentes a los que introducen operadores focales como ni siquiera o solo. Ninguna de estas características se aprecia, sin embargo, en la anteposición de los indefinidos negativos. El magro consuelo de que el foco, en este caso, sirviera simplemente para marcar una estructura téti-

12 Cf. también Quer (2002). Compárense, por ejemplo, Tengo bastante trabajo y Bastante trabajo tengo, donde solo el segundo ejemplo fuerza la lectura en que el grado indicado por bastante se considera especialmente alto (véase la posibilidad de continuar el primer ejemplo, pero no el segundo, con una secuencia como … aunque tampoco demasiado). El efecto de esta clase de foco sobre la interpretación extrema del grado se comprueba también en la anteposición de sintagmas adjetivales o adverbiales (Tarde te acuerdas; Mal está la cosa; Más te valdría callar) y está claramente emparentado con la posibilidad de interpretar irónicamente el enunciado (Bonito panorama me has pintado): cf. la gramaticalización como cuantificador de menudo (¡Menudo problema!) precisamente a través de estos contextos (Sancho Cremades 2002). 13 Leonetti/Escandell (2009) asignan a estas construcciones un foco sobre el conjunto de la oración que incide en su polaridad (verum focus). Leonetti/Escandell (en prensa) extienden este análisis a las anteposiciones de tipo irónico, pues la ironía supone igualmente un uso ecoico desde el punto de vista pragmático. La idea de un foco total (all-sentence focus) sobre la polaridad (positiva) de la oración me parece defendible, como sugieren estos autores, para todos los ejemplos de la nota 12, que comparten también con la exclamación la imposibilidad de ser negados (*¡Qué listo no es mi niño!; cf. NGLE: §40.4l, 2989), lo mismo que para otros ejemplos de anteposición de un constituyente que se retoma del discurso inmediato (¿No querías sopa? Pues sopa te pongo; o, con vinculación metonímica: ¿No querías sopa? Pues (todo) un tazón te vas a tomar). Lamentablemente, la polaridad de una oración como (2a) es, evidententemente, la contraria, y tampoco se aprecian en la anteposición de estos indefinidos negativos ni una particular incidencia intensiva ni la necesidad de condiciones ecoicas, por lo que no resulta obvia la extensión del análisis que practican estos autores a oraciones como Nada sé (cf. también, con mayor detalle en lo que respecta a los indefinidos antepuestos, Leonetti 2010). 14 Quizá sea este también el caso de algunas de las anteposiciones locativas (Aquí (mismo) es), si bien en otros casos (En la mesa te he dejado la cartera) es posible que la anteposición guarde más bien relación con la voluntad de marcar el carácter tético del enunciado (los locativos, al fin y al cabo, se asocian típicamente a entornos presentativos).

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ca tampoco carece, como, hemos visto, de dificultades (cf. la nota 8). Y, por otra parte, las palabras-n en función de sujeto (Ya nada tiene interés) plantean una dificultad especial, claro está, ya que “no es evidente que sean posiciones de foco” (NGLE: §48.3j, 3648) las que ocupan. Por mucho que se afirme, pues, que “es clara la pertinencia de los factores informativos en la alternancia negativa” (NGLE: 48.3k, 3649), la naturaleza exacta de tales factores parece por el momento lejos de resultar evidente, y produce cierta insatisfacción no solo el vago carácter “puramente enfático” (Zubizarreta 1999: 4241) que se invoca para la anteposición de (2a)15, sino la falta de parangón claro entre los procesos que se suponen afines. Es fuerza, pues, concluir, como hace la NGLE (§48.3m, 3650), que “[e]ste aspecto de la sintaxis de las oraciones negativas no ha recibido todavía un análisis que haga compatibles las posiciones sintácticas de los indefinidos con la interpretación informativa que corresponde a cada uno”. Otra característica que distingue la anteposición de los indefinidos negativos de la gran mayoría de las construcciones focales descritas es que aquella, al parecer, “es más frecuente en la lengua escrita que en la oral cuando el indefinido ejerce la función de complemento directo, indirecto o de régimen, como en Nada dijo; A nadie pidió ayuda; De nada me quejo” (NGLE: §48.3k, 3648-3649). En efecto, es patente, al menos intuitivamente, el contraste de registro entre los ejemplos introspectivos de (4), que ilustran esta construcción en diversos estudios, y casos de focalización como A ti te lo iba yo a contar, Bastantes problemas tengo ya, Eso mismo pienso yo o A la cara te lo digo, que llevan impreso el marchamo inconfundible de la oralidad. A este contraste, poco considerado hasta la fecha, dedicaremos aquí una especial atención. Baste ahora observar, para concluir esta rápida revisión sincrónica de la alternancia negativa, que aun siendo propia del ámbito escritural, la anteposición de nada en estos ejemplos resulta, con todo, algo menos forzadamente distante que la del otro par de indefinidos negativos que pueden tener referencia inanimada, ninguno/ningún + SN, que en los ejemplos de (5) se sitúa al borde de lo tolerable en un discurso natural. También sobre esta diferencia de aceptabilidad, en principio inesperada, volveremos más adelante. (4) Nada tengo que añadir (cit. en Leonetti/Escandell 2009: 156). Nada quiero de ti (cit. en Laka/Quer 2011: 230). De nada carece don Agapito (cit. en Bosque 1980: 35).

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De “emphatic status” y “emphatic flavor” hablan Leonetti/Escandell (2009: 196), y Camus (2006: 1203) considera que la anteposición “responde […] al deseo de enfatizar […] y se interpreta siempre como marcada”. A cada paso, pues, se topa con la asignación a esta estructura de un énfasis cuya naturaleza, sin embargo, no se define con mayor precisión.

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(5) (?) Ninguna de esas historias antiguas conozco [cf. Nada sé]. (?) Me colmaba de regalos, pero ninguno me fue posible aceptar [cf. Nada me es posible hacer].

2. Un dilema diacrónico Quizá el principal cambio que afecta a las palabras-n con capacidad argumental en la historia del español es el tránsito de una situación de CN estricta como la del polaco (6, ver 3) a la actual, en que la CN depende, como hemos visto, de la posición del cuantificador (para este proceso, cf. sobre todo Camus 2006)16. En el castellano anterior al siglo XV, la configuración de (6) puede tenerse por general17. El cambio se produce, de manera aparentemente muy brusca, entre 1440 y 1460 (Camus 1986), con supervivencia posterior escasa de la CN preverbal hasta los albores del Quinientos (ver de nuevo 6). (6) Prometes mucho, nada no cumples (Celestina, XXI, 341).

Este proceso se interpreta generalmente como síntoma de un cambio en el estatuto gramatical del cuantificador. Palabras como nada o nadie son claramente, en los primeros siglos medievales, TPN que necesitan de la copresencia del

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Son de interés también algunos de los datos presentados en Rueda (1997) y García Cornejo (2009), además de en el trabajo clásico de Llorens (1929). Nos referimos aquí solo a las palabras-n que pueden ser argumentos porque la historia del adverbio nunca es distinta: al parecer, desde muy temprano pudo aparecer prepuesto sin acompañarse del negador. Puesto que adverbios semejantes de nuevo cuño como jamás y tampoco muestran, en cambio, CN preverbal hasta el siglo XV, este comportamiento de nunca posiblemente se relacione con el hecho de que es la única palabra-n que el castellano hereda del latín (Camus 2006: 11891190). 17 Las excepciones descritas por Camus (1986) sobre un amplio corpus y por García Cornejo (2009) a partir de los datos del CORDE (que conviene cribar en función de la fecha de los testimonios conservados para cada texto) se localizan en fórmulas documentales (“mando que […] esta carta sea bientenida & ningun homne sea osado de venir contra ella”, DLE, 51, 4950 [1230], cit. en Camus 1986: 113), fueros (“Que ninguno por pendra depues de sant Martin responda”, Fuero de Zorita de los Canes [ms. de los ss. XIII-XIV]; “que […] lexo la rayz e que nadi gela demandó”, Fuero de Plasencia [ms. de los ss. XIII-XIV]; ambos en García Cornejo 2009: 364-365) y una traducción neotestamentaria (“digo uos que ningunos daquellos que fueron llamados gostaran la mi cena” [dico autem vobis quod nemo virorum illorum qui vocati sunt gustabit cenam meam]; cit. en García Cornejo 2009: 364). Resulta evidente en todos ellos la posibilidad de un influjo de los moldes y textos de base latinos, que naturalmente no presentaban CN.

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negador para aparecer. Desde mediados del siglo XV, se emancipan del negador en posición preverbal, lo que implica, al menos, el desarrollo de la capacidad de “absorber” los rasgos negativos típicamente asociados a no18. Un cambio de este tipo se corresponde, sin la menor duda, con una de las modificaciones que se han

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Tratamos aquí de describir el proceso en los términos más neutrales posibles con respecto al debate descrito más arriba en torno al estatuto concreto de estos indefinidos: así, no es imprescindible postular un cambio de categoría o una escisión léxica, sino solo un cambio de función, es decir, de comportamiento sintáctico. Es posible que al final del proceso estas piezas sigan siendo TPN, pero quizá de una clase distinta, con rasgos más “fuertes”, como ha defendido Martins (2000) y parece suscribir Camus (2006), o incluso tan solo con la capacidad (antes ausente) de incorporar los rasgos típicos del negador: “el borrado de la negación es análogo a un proceso morfológico de incorporación” (para esta idea y la noción de “absorción” recién mencionada, cf. Bosque/Gutiérrez Rexach 2009: 644). No veo, con todo, cómo describir el proceso entero partiendo de la idea de que una palabra como nada siempre fue intrínsecamente negativa, idea que se contradiría con su etimología de indefinido genérico ([res] nata ‘cosa creada’, con referencia en principio animada o inanimada: cf. Spitzer 1933; se conserva aún res nat en el catalán balear: cf. TLL, IX-1: 111, s. v. nascor). Existe, claramente, un primer paso (muy usual en las lenguas: cf. Hoeksema 2009: 22) por el que, al caer frecuentemente bajo el ámbito de la negación, este indefinido se gramaticaliza como palabra-n. Cierto es que ese primer episodio evolutivo pertenece a la prehistoria del español, mientras que consta en francés antiguo, donde rien(s) aún puede emplearse en entornos no negativos (“Si li requiert et conjure de la rien que il aime plus el monde qu’il li die verité”; Lancelot, II, 9, 73a), lo mismo que nat ‘alguno, cualquiera’ en bearnés (Spitzer 1933: 292). Distinta es la historia del italiano niente o el francés noient/nient/neent/neant, que son desde su origen morfológicamente negativos (< *NE GENTE o *NE ENTE, difícilmente *NE INDE; cf. Scheel 1982: 291-292, Espósito 1999, Iliescu 2011), lo que posiblemente ayuda a explicar por qué néant muestra desde el inicio un comportamiento resueltamente negador (Larrivée/Ingham 2012); por qué niente aparece con frecuencia solo (esto es, sin el negador) cuando se antepone al verbo (cf. Zanuttini 2010: 574; Garzonio/Poletto 2012; para un panorama general de los TPN medievales, Stark 2006: 190-224); por qué ambas formas se utilizan, a diferencia de nada, para la negación de constituyente (“pour nous et nient pour autrui” [‘por nós y no por otro’], cit. en Völker 2003: 115; “Ceste poesté unt li clerc, e nient li lai”, cit. en Ménard 19944: 259; cf. en italiano niente lavoro, niente soldi); o por qué diversas variedades del norte de Italia han gramaticalizado las formas nien, nia, etc. como negadores (posverbales) de pleno derecho (cf. Garzonio/Poletto 2010), al modo de las lenguas germánicas occidentales, en que formas como el inglés not o el alemán nicht también poseen morfología negativa (para el caso del alto alemán, donde otras palabras-n semejantes también siguieron este proceso, prescindiendo de la CN entre el periodo antiguo y el medio, cf. Jäger 2008, Bayer 2009, Breitbarth 2009). Como el castellano temprano se comportan, en cambio, el portugués y el catalán medievales (cf. Martins 2000 y Pérez Saldanya 2004, respectivamente), que también parten de res nata (para otras variedades –occitano, sardo, romanche, siciliano–, cf. la útil síntesis de Camus 1988). Con razón proponen Hansen/Visconti (2012) que el origen de la palabra-n incide decisivamente en la forma y el ritmo de su gramaticalización ulterior.

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273

descrito comúnmente bajo el marbete de gramaticalización. Recordemos la útil definición de Traugott (2001: 1), para quien la gramaticalización es (7)19: (7) the change whereby lexical items and constructions come in certain linguistic contexts to serve grammatical functions or grammatical items develop new grammatical functions.

Claramente, el cambio que aquí nos interesa puede inscribirse en el segundo miembro de esta definición, por cuanto supone el tránsito de una función gramatical a otra distinta, transformación que se conoce con el nombre de gramaticalización secundaria (frente a la primaria, definida en el primer miembro de 7)20. En concreto, la serie de cambios que afecta a estos TPN, transformándolos en expresiones (más) autónomas de la negación, se ha asociado generalmente al llamado “ciclo de Jespersen”, considerado un caso prototípico de gramaticalización continuada21. Sin embargo, aun dejando a un lado los problemas que este esque-

19

Como he señalado en otro lugar (Octavio de Toledo 2002: 63), esta definición en términos de “nuevas funciones gramaticales” me parece muy preferible a otra, más tradicional, que invoca funciones “más gramaticales” (more grammatical): no es sencillo, claro está, determinar qué es más y menos gramatical en una lengua, sobre todo cuando los elementos de partida ya tienen función gramatical. Cf. también Hopper/Traugott (20032:1), donde conviven ambas definiciones. 20 Hasta donde sé, el concepto fue introducido por Givón (1991), evocado posteriomente por Rissanen (1997: 4, 9-10) y consagrado por Traugott (2002). Existe en los últimos tiempos un debate intenso sobre si la gramaticalización secundaria presenta las mismas características de la primaria (con respecto, por ejemplo, al papel de la subjetivización o a la aplicabilidad de los famosos parámetros de Lehmann 20022): cf. Traugott (2010), Kranich (2010), Norde (2012), Breban (2012). Ya Detges (2003: 226-228) aplica la noción de gramaticalización secundaria al ciclo de la negación en francés. Cf. también Lehmann (20022: 49), quien habla de “gramaticalización ulterior” (further grammaticalization) para describir el cambio de palabra-n a negador: “If negative pronouns are further grammaticalized, they commonly become negators”. 21 “[T]he Jespersen cycle is a normal instance of grammaticalization” (van der Auwera 2010: 76); “One of the best-known instances of grammaticalization is ‘Jespersen’s cycle’ ” (Geurts 2000: 781); “Jespersen’s cycle counts as a classical instance of grammaticalization” (Kiparski/Condoravdi 2006: 178). El “ciclo de Jespersen” data, en su formulación original, de hace cerca de un siglo, y ha sido desde entonces –y, especialmente, en los últimos años– revisado, añadido y enmendado desde diversos puntos de vista: van der Auwera (2009) nos ahorra aquí un estado de la cuestión (el suyo es excelente) y un sinfín de referencias bibliográficas. Este ciclo se menciona y analiza explícitamente en numerosos trabajos sobre la CN y los indefinidos negativos actuales (por ejemplo Ladusaw 1993, Herburger 2001: 323-328, De Swart/Sag 2002: 386-390, Surányi 2006: 310, etc.), y en los estudios históricos sobre la negación es casi unánime la idea de que “the development of clausal negation and quantificational

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ÁLVARO S. OCTAVIO DE TOLEDO Y HUERTA

ma explicativo presenta desde un punto de vista teórico y también empírico22, lo cierto es que el “ciclo de Jespersen” realiza ciertas predicciones acerca de la emergencia y la posterior supresión del fenómeno de la CN, pero tiene poco que decir, en cambio, a propósito de la alternancia negativa, pues se diseñó para dar cuenta de la aparición de negadores como el francés pas (a partir de una expresión minimizadora) o el inglés not (a partir de un indefinido morfológicamente negativo), que se gramaticalizan como tales a la derecha del verbo. Por qué lenguas románicas como el español, el italiano, el catalán o el portugués europeo han aplicado el proceso precisamente a las formas negativas antepuestas es algo que, en principio, requiere de una explicación adicional en el marco de la gramaticalización23. En cualquier caso, y puesto que el desarrollo de la construcción con anteposición y sin CN (esto es, la aparición de la asimetría actual) es la prueba más firme del cambio de estatuto gramatical de las palabras-n del español, pudiera esperarse el cumplimiento de la predicción general acerca del incremento de frecuencia de las construcciones gramaticalizadas: en efecto, no son pocos los autores que

negation are interconnected” (van der Auwera 2009: 36; cf. también la aplicación de esta idea en van der Auwera/Neuckermans 2004). 22 La existencia de un gran ciclo de la negación ha sido también –cómo no– negada: entre las críticas recientes destacan sobre todo las de Jäger (2010) y Larrivée (2010; 2011), quienes defienden que las fases intermedias del proceso (principalmente el cambio TPN > palabra-n) son reversibles y, por lo tanto, reclaman la falta de unidireccionalidad del fenómeno. Por otro lado, un sistema con CN no estricta puede dar lugar a otro con CN estricta, como ha ocurrido, al parecer, en las lenguas eslavas, que evolucionan, aparentemente, en sentido inverso a las románicas, pues los textos antiguos revelan casos sin CN (compárense los datos con el ejemplo 3): (i) Ni…esoñe ot∏veÓtavaaÓe (antiguo búlgaro; cit. en Do…ekal 2010a: 32). ∏ Nada responder.PERF.3PL ‘Nada respondieron’; para el checo, cf. también Do…ekal (2010b). (ii) Nykth moze gego gymyenya˛ bracz (antiguo polaco; cit. en B¬aszczak 2001: 153). Nadie.NOM puede su.3SG.Masc patrimonio.AC tomar.INF ‘Nadie puede tomar sus bienes [de él]’ 23 Tanto más cuanto que las palabras-n de (2) o (4) no parecen estar perdiendo alcance (en el sentido de Lehmann 20022: 128-131), sino más bien ganándolo. Cierto es que se ha señalado que el alcance quizá no sea un criterio útil para la gramaticalización (cf., entre otros, Tabor/Traugott 1998), o al menos para la gramaticalización secundaria (cf. la discusión de este asunto en Norde 2012), e incluso hay quien afirma que la gramaticalización puede asociarse preferentemente con el incremento de alcance: “Given that primary grammaticalization may involve structural scope expansion (but not narrowing), it comes as no surprise that when secondary grammaticalization occurs, grammatical markers tend to increase their scope” (Nicolle 2012: 380).

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275

insisten en que cuanto mayor es el grado de gramaticalización de un elemento en una construcción dada, mayor será la frecuencia de esa construcción24. Así, cabría esperar que, a partir de mediados del siglo XV, la frecuencia de la construcción de (2) o (4) hubiera aumentado rápida y considerablemente. Y es justamente esto lo que ocurre, como veremos: cuestión distinta es si ese incremento debe imputarse al efecto de la gramaticalización secundaria de nada. Se ha buscado igualmente la razón de la anteposición de las palabras-n del español en el papel desempeñado por las estrategias de focalización a lo largo de la historia. Existe consenso en torno a la idea de que la lengua medieval autorizaba con frecuencia significativamente mayor que la actual la anteposición de “focos débiles” (8)25. Con toda probabilidad, esta flexibilidad guarda relación con un mayor empleo del tipo de foco que afecta al conjunto de la oración, quizá para marcarla en términos de polaridad (en la línea de Leonetti/Escandell 2009); o en virtud de una distinción luego debilitada entre predicados téticos y categóricos (en una línea afín a la de Neumann-Holzschuh 1997); o para fomentar desde la posición inicial determinados efectos cohesivos y de progresión temática (cf. Elvira 1994; Suárez Fernández 2007); o, simplemente, como estructura por defecto frente a aquellas que presentan un foco claro sobre un constituyente (cf. Mackenzie 2010). La anteposición de palabras-n pudiera constituir un resto sintáctico (quizá con reinterpretación posterior: cf. Poole 2009; 2011)26 de esta clase de estrategias.

24 “Grammaticalization is the diachronic process whereby existing constructions with particular lexical items gain frequency and become new constructions, following cross-linguistic evolutionary paths” (Schwenter/Torres 2010: 15). Cf. sobre todo Bybee/Hopper (2000), Bybee (2003; 2007; 2011), Haspelmath (2004), Pustet (2005), Torres (2009). Para el caso del “ciclo de la negación”, cf. por ejemplo Detges (2003: 227): al gramaticalizarse, “la fréquence de la construction en question croît”. No dispongo aquí de espacio para discutir los problemas de la relación entre gramaticalización y frecuencia: baste decir que, a mi juicio, los estudios de gramaticalización ganarían mucho si abordaran de forma más sistemática la cuestión de la difusión lingüística. Como señala Moore, “research has focused more on the directionality of grammaticalization than on the ways that grammaticalized forms spread through the genres of a language” (Moore 2007: 117); cf. también la atinada crítica de Oesterreicher (2006: 146). 25 Cf. sobre todo Batllori/Hernanz (2008, 2012, en prensa) y Mackenzie (2010). Para la anteposición de constituyentes que se relacionan con un sintagma mayor, cf. para las formas no personales Fischer (2006), Rodríguez Molina (2010: 1231-1604) o Batllori (2011), y para los cuantificadores, Camus (2008), quien finalmente se decanta por un análisis sin adelantamiento, en la línea de Octavio de Toledo/Sánchez (2009). Para una visión general de los factores informativos que determinan el orden de palabras en español medieval, cf., entre otros, Elvira (1994; 1997), Neumann-Holzschuh (1997), Bossong (2006), Suárez Fernández (2007), Fernández-Ordóñez (2009), Sitaridou (2011). 26 “N-words which have been fronted to an immediately preverbal position in the early Medieval period are part of a strategy for explicitly indicating that no argument of the VP is in

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ÁLVARO S. OCTAVIO DE TOLEDO Y HUERTA

(8) Libre só yo de la sangre e de la muerte desta mujer (Alfonso X, General Estoria 4; cit. en Fernández-Ordóñez 2009: 12). Esto fiz el por aguardar se dotras yentes (Alfonso X, General Estoria 4; cit. en Sitaridou 2011: 178). de guisa que miedo auien & uerguença de catar le (Alfonso X, General Estoria 1; cit. en Mackenzie 2010: 387). entendido he yo todo lo que dicho avedes (Sumas de historia troyana; cit. en Rodríguez Molina 2010: 1233). De Ebrón enbio Jacob so fijo Josep a Sychem (Fazienda de Ultramar; cit. en Batllori/Hernanz (2012).

Sin embargo, suponer que este tipo de adelantamiento de constituyentes fue un procedimiento general y habitual de la gramática medieval, y que como tal pudo afectar también a elementos como nada en las construcciones de (2) y (4), resuelve para este periodo, si se quiere, las objeciones planteadas en el apartado sincrónico (§1), pero plantea otras dudas específicamente diacrónicas de no menor calado, sobre todo a la luz de los datos cuantitativos que expondremos de inmediato (§3): ¿por qué el adelantamiento de nada y otras palabras-n en sintagmas con función “oblicua” no solo sobrevivió particularmente bien al declive de las estrategias de focalización medievales, sino que incluso creció notablemente en el Siglo de Oro?; ¿cómo es posible que, sin embargo, tal adelantamiento fuera muy escaso en la Edad Media, cuando la anteposición al verbo de otros constituyentes, en cambio, campaba por sus fueros?; y ¿de qué modo se conectan, bajo esta hipótesis, el auge de la construcción con un cuantificador negativo antepuesto y la pérdida de la CN precisamente en ese entorno, fenómenos entre los que parece existir no solo coincidencia cronológica, sino una evidente proporcionalidad directa? Mediante un estudio cuantitativo exhaustivo de la anteposición de nada al verbo, trataremos de buscar posibles respuestas a estas preguntas en lo restante de este trabajo.

3. Un estudio cuantitativo y de difusión: la anteposición de nada Las próximas páginas ofrecen una descripción detallada de la difusión de la construcción con nada antepuesto al verbo (tipo Nada sé) frente a la alternativa

focus. During the Golden Age period, however, this strategy is lost and n-words, as they become negative concord items, now acquire a mildly emphatic interpretation when fronted to an immediately preverbal position” (Poole 2009: 47). De nuevo, la naturaleza de esa interpretación “suavemente enfática” queda, no obstante, sin mayor aclaración.

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con ese mismo elemento pospuesto (tipo No sé nada). Si hemos decidido centrarnos exclusivamente en el cuantificador nada es principalmente porque su naturaleza inanimada hace que el sintagma en que participa ejerza con frecuencia funciones distintas a la de sujeto, de modo que nada participa en más ejemplos claros de anteposición no canónica que ningún otro indefinido negativo y es, por ello, el elemento más indicado para comprobar el alcance de las hipótesis descritas en los apartados anteriores. Hemos extraído y considerado individualmente todos los ejemplos de la forma nada (unos 107 000) incluidos en los textos en prosa del Corpus diacrónico del español (CORDE) de la RAE, seleccionando a continuación solo aquellos en los que las dos construcciones son posibles y se oponen como par mínimo27: a estos casos (54 108, aproximadamente la mitad) se refieren los cómputos que figuran a continuación.

27 Hemos descartado, pues, además de los casos de modificación dentro del SN (Un tema nada interesante; La nada penosa obligación de atenderte), los casos claros de empleo sustantivo de nada (“ca de nada naciemos”; Alfonso X, General estoria 3, ca. 1280) y los de elipsis o respuesta parcial (Nada más hermoso que un atardecer junto al mar; –¿Qué quieres? –Nada), todos aquellos en que nada está activado por un elemento negativo distinto de no (Nadie sabe nada; Se fue sin decirme nada; etc.), aquellos en que figura en entornos no negativos (Mejor vete, antes que te echen en cara nada [nada = algo, cualquier cosa]), aquellos en que se inserta en una oración de infinitivo (cf. Es mejor no hacer nada frente a *Es mejor nada hacer) o en ciertas relativas (Dice que hizo todo eso, de nada de lo cual tengo constancia), los que presentan un nada sujeto de determinados predicados o construcciones para los que no parece existir alternativa “discontinua” (Nada es lo que era; Nada indica que estemos en lo cierto; Nada hacía que su cólera menguase; Nada consuela menos que un consejo importuno; etc.) y los que se coordinan con otro cuantificador antepuesto (generalmente, poco: Poco o nada le dieron). Además, para otros periodos históricos importa descartar los casos de posposición dentro de una subordinada completiva asindética (Parece no hacen nada), pues la alternativa con anteposición nunca se documenta (*Parece nada hacen). Es también evidente el rechazo de la anteposición cuando la oración incluye un elemento interrogativo o exclamativo, un marcador explícito de polaridad positiva, un modalizador con alcance oracional (pero interno a la oración) como quizás o cualquier otro elemento semejante que ocupe la posición que, presumiblemente, llenaría nada en caso de anteponerse: “¿Cómo no dice nada?” (Vicente de la Fuente, Historia eclesiástica de España, 1855-1875; cf. *¿Cómo nada dice?); “Eso sí que no le gustó nada” (Bryce Echenique, Un mundo para Julius, 1970; cf. *Eso sí que nada le gustó); “Quizás no sea nada” (Benito Pérez Galdós, La familia de León Roch, 1878; cf. *Quizás nada sea); a la inversa, no computamos tampoco los contados ejemplos en que el sintagma con nada aparece a la manera de los focos disociados (mediante que): “Pero nada bien que les sentó” (Tomás Carrasquilla, Frutos de mi tierra, 1896). Aunque en muchos casos la posposición de nada con función no argumental (No me gusta nada [nada = en absoluto ≠ ninguna cosa]) se hace claramente más natural que la anteposición (y, así, Nada de carne hay en la nevera se antoja muy marcada frente a No hay nada de carne en la nevera, y Nada me gusta se interpreta más fácilmente con un nada sujeto que con un nada adverbial), esta última está lo

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ÁLVARO S. OCTAVIO DE TOLEDO Y HUERTA

La Tabla I muestra los datos globales de anteposición y posposición y su relación proporcional a lo largo de la historia. El Gráfico I representa esta relación (curva con trazo continuo) y añade dos series de datos (para su detalle, cf. el Apéndice I) que permiten medir la difusión textual de la forma: el porcentaje de textos en cada periodo que no contienen ni un solo caso de anteposición (curva de trazo discontinuo largo, marcadamente descendente) y el porcentaje de textos en los que la anteposición supera a la posposición, es decir, representa más de un 50% del total de casos en un texto dado (curva de trazo discontinuo corto, que sigue la tendencia de la curva de frecuencias globales). La primera constatación interesante es que la anteposición es escasísima antes del siglo XV y se dispara en frecuencias y difusión textual desde la segunda mitad del XVI, para alcanzar cotas muy altas en el setecientos y los inicios del ochocientos. Ello avala la idea de que la frecuencia de la anteposición se conecta con la pérdida global de la CN en ese entorno, mientras que plantea un problema para la hipótesis que ve en el adelantamiento de nada un reflejo de la sintaxis medieval de los focos, pues el éxito del tipo Nada sé es claramente posterior a la Edad Media. Sin embargo, ninguna de las hipótesis planteadas hasta ahora da cuenta del llamativo descenso de frecuencias y de presencia textual de la anteposición desde mediados del XIX hasta nuestros días. Una explicación cabal al conjunto de estos hechos solo puede encontrarse, en nuestra opinión, descendiendo al detalle de los (conjuntos de) textos que en cada tiempo han servido de vehículo preferente para la expresión de la solución globalmente minoritaria, esto es, de la anteposición. Es esta precisamente la tarea que proponemos al paciente lector en los párrafos que siguen.

suficientemente documentada en el corpus como para que resulte razonable tener en cuenta todos los casos de una y otra configuración: “nada la ayudé” (Francisco López de Úbeda, La pícara Justina, 1605); “Este humo nada ennegrece la plata” (Luis Proust, Anales del Real Laboratorio de Química de Segovia 1, 1791); “Nada gozaba del honor de encontrarme allí” (Pío Baroja, Las inquietudes de Shanti Andía, 1911), etc. En la prosa del siglo XX algunos textos muestran repetidamente ejemplos de las construcciones no es nada/no pasa nada (a veces conjugadas en otros tiempos verbales) que se han lexicalizado como expresiones de indiferencia o destinadas a infundir ánimo o tranquilidad; en tales textos contamos todos los ejemplos de una de estas expresiones como un caso solo, para evitar la excesiva distorsión de los datos; no tenemos en cuenta, en cambio, los casos de la secuencia fraseologizada no es por nada u otras para las que no se documenta en ningún tiempo una alternativa con anteposición. Con carácter general, descartamos igualmente los datos de las obras en verso, manejados con frecuencia indiscriminadamente junto a los de la prosa en los trabajos sobre el orden de palabras en español antiguo, a pesar de las evidentes condiciones particulares que a este respecto presentan las composiciones métricas. En las citas del CORDE mencionamos sistemáticamente el autor (si lo hay), el título de la obra o colección y el año que le asigna el corpus (para los problemas de datación en el CORDE, cf. Lucía Megías 2008).

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TABLA I Anteposición frente a posposición de nada en la historia del español Periodo

Anteposición/ Posposición

Anteposición sobre el total de casos (en cifra y en %)

1100-1400

141/1667

141/1808 (8%)

1401-1500

169/1243

169/1412 (12%)

1501-1550

244/2048

244/2292 (11%)

1551-1600

525/2602

525/3127 (17%)

1601-1650

1094/1988

1094/3080 (35,5%)

1651-1700

317/391

317/708 (45%)

1701-1750

985/279

985/1264 (78%) sin Feijoo: 373/631 (59%)28

1751-1800

1355/425

1355/1780 (76%)

1801-1850

3167/1279

3167/4446 (71%)

1851-1900

6554/6055

6554/12609 (52%)

1901-1945

4280/5689

4280/9969 (43%)

1946-1975

3481/8132

3481/11613 (30%)

De acuerdo con los datos del CORDE, pues, la anteposición de nada al verbo es fenómeno bien escaso en los primeros siglos medievales. Pero, además de su baja frecuencia frente a la posposición (apenas un 8%), llama la atención la aparente restricción a ciertas clases textuales: de los 141 casos localizados, la gran mayoría (116/141, el 82%) pertenecen a dos tipos de textos jurídicos, los fueros (19 casos) y, sobre todo, los documentos de compraventa, en particular los expedidos a lo largo del siglo XIII por entidades religiosas del dominio leonés (las catedrales de León y Salamanca, los monasterios de Carrizo y Trianos), en las que figura una y otra vez la fórmula nada non fincó/rema-

28

Una gran cantidad de ejemplos de este periodo proviene de la prosa de este autor. Para evitar la posible distorsión de los datos que este hecho pueda suponer, ofrecemos también el porcentaje que resulta si no se tienen en cuenta sus obras.

280

ÁLVARO S. OCTAVIO DE TOLEDO Y HUERTA

GRÁFICO I Anteposición de nada (en % por periodo) y difusión textual de la anteposición

neció/remaso (o, en presente, finca/remanece) por pagar29. De los restantes 24 casos, 10 se encuentran en romanceamientos del Nuevo Testamento y dos más en otra traducción, la de la Historia de Jerusalén de Jacobo de Vitriaco (texto

29

Así hasta 31 veces en los documentos de la catedral de León, 23 en los diocesanos de Salamanca, 39 en los de Carrizo y 3 en los de Trianos, en cada caso frente a un solo ejemplo del esquema con nada pospuesto al verbo (non fincó/remaneció [etc.] nada por pagar). Más al este aparece un solo ejemplo de anteposición con esta fórmula en la documentación del monasterio de El Moral, mientras que los Documentos del Reino de Castilla pidalinos, en su mayoría de particulares, traen varios ejemplos con nada pospuesto, pero ninguno de anteposición. Estos datos apuntan, pues, a una tradición escritural predominantemente eclesiástica y occidental, con la anteposición sin duda calcada de un modelo latino preexistente que se documenta sin dificultad en los siglos X-XI desde Navarra hasta el actual Portugal: “tu emptor dedisti et ego accepi, et nihil apud te remansit” (Colección de privilegios, franquezas, exenciones y fueros … de la Corona de Castilla, VI, Madrid, D. M. de Burgos, 1833, nº 206 [Hórcanos, 942]); “et apud uos nihil remansit in debito” (Portugaliae Monumenta Historica. Diplomata et Chartae, V.1.3, Lisboa, Academia Scientiarum, 1870, nº 626 [Villa-Cova, 1084]); también aparece, como era de esperar, en textos análogos portugueses: “do preço ne˜ da reuora nada nõ ficou por dar” (“Venta de propiedades en Guimarae˜ s” [1329], Monasterio de Vilarinho, 3, 34, 7-8, apud CIPM). En los fueros que la presentan (13 de los 32 presentes en el corpus), la anteposición es siempre muy minoritaria: solo el Fuero de Plasencia trae más de un caso (en concreto, siete, o sea, más de un tercio de todos los recogidos en esta clase textual), mientras que otros repiten un mismo esquema (así, “Et si por auentura […] nada non ganar” del de Usagre es “E si por auentura […] nada no ganare” en el de Alcaraz y “E si por auentura […] nada non ganarán” en el de Teruel y en la carta de población de Albarracín); por supuesto, cabe sospechar igualmente la influencia de los fueros latinos sobre estas anteposiciones romances. En cambio, la anteposición es extraña durante este periodo a los documentos privados, a las actas de cor-

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por lo demás copiado solo a mediados del siglo XV 30), corroborando así la estrecha relación existente en un principio entre la anteposición de nada y la presencia de un modelo latino subyacente. El manejo de las fuentes clásicas o neolatinas y la identificación de sus patrones sintácticos con los registros más elaborados de la distancia comunicativa31 posiblemente expliquen también la presencia esporádica del fenómeno en la historiografía alfonsí (8 casos, frente a 380 de posposición)32 y en las Sumas de historia troyana (2 casos)33.

tes, ayuntamientos o concilios, a los documentos judiciales, las relaciones e informes, las ordenanzas y despachos reales y nobiliarios, los códigos legales o las normas individuales y, en fin, a los tratados jurídicos: un solo ejemplo del Setenario alfonsí (“Dios, a qui nada non sse puede encobrir”) reproduce el cui nihil est absconditum que, predicado de Dios o de Cristo, es frecuente desde antiguo en las oraciones y tendrá, en su versión castellana con anteposición de nada, una larga tradición propia. Nótese que los entornos textuales en que se antepone nada son –con excepción de la alta historiografía: cf. la nota siguiente– exactamente los mismos que prescinden ocasionalmente de la CN, generalizada en los demás textos castellanos medievales: fórmulas de documentos notariales, textos forales y traducciones bíblicas (cf. la nota 17). Se confirma, así, el influjo lingüístico del subtexto latino sobre estos hechos sintácticos. 30 Ello explica probablemente por qué ese texto, de manera singular en este periodo más temprano, no presenta casos de nada pospuesto. La indistinción entre fecha de composición del texto y fecha de copia de los testimonios principales que sustentan la edición que se reproduce electrónicamente es una de las mayores lacras del CORDE. Tal indistinción, que pone a la par datos auténticamente tempranos con otros quizá modernizados en copias muy posteriores, lastra seriamente el estudio histórico, particularmente el basado en textos medievales (cf. sobre todo Fernández-Ordóñez 2006). Con todo, la línea de progresión de los datos que presentamos es tan abrumadora que no se ve sino muy ligeramente empañada por esta clase de problemas, que iremos apuntando individualmente en su lugar. 31 Para los conceptos de variación concepcional y distancia/inmediatez comunicativas, cf. ahora, en su última versión disponible, Koch/Oesterreicher (20112). Para su aplicación a los textos medievales castellanos y su relación con los procesos de cambio lingüístico, cf. sobre todo Kabatek (2005a; 2012) y Pons (2006). 32 Algún caso procede de la quinta parte de la General Estoria, copiada en el siglo XV, pero la mayor parte se localiza en testimonios copiados entre finales del siglo XIII y mediados del XIV, y, sobre todo, en el códice regio de la cuarta parte, con tres ejemplos como el siguiente, de la sección dedicada a la historia de Alejandro (cf. Saquero 2010): “pues que de lo suyo nada non les tomavan” (AlfX, GE4, DarIda, 19, 61). A pesar de su número muy reducido (en términos absolutos y, sobre todo, relativos a la posposición), la presencia de la anteposición en las obras históricas alfonsíes se contrapone a su ausencia en las científicas y jurídicas (salvo el caso comentado en la nota 29), lo que sugiere una gradación en el uso de este esquema en función del grado de elaboración intensiva procurado en cada grupo de escritos (para la noción de elaboración intensiva, que se refiere al desarrollo de mecanismos específicos para la expresión de la lengua de la distancia comunicativa y que procede de Kloss 1952 [19782] y Kloss 1967, cf. también Koch/Oesterreicher 2001; Haarmann 2004; Kabatek 2005b; López

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Es en el siglo XV –y, sobre todo, en su segunda mitad– cuando la anteposición comienza a avanzar significativamente en determinados espacios textuales. Aumentan tanto su frecuencia global (del 8% al 12%) como, sobre todo, la proporción de textos que muestran al menos un caso (del 23% para la primera Edad Media al 36% en el cuatrocientos). Ausentes los fueros y extinguidas las citadas fórmulas notariales, resulta ahora enteramente ajena de la lengua jurídica, pero recibe buena acogida en la prosa de ficción, y particularmente en sus manifestaciones más altamente elaboradas, la caballeresca34 y, desde mediados de siglo, la sentimental35, que representan, juntas, el 57% de los casos de anteposición y Serena 2006; Koch 2008: 80, y las referencias allí citadas; Weber 2010). Otras crónicas de los siglos XIII y XIV, por contra, no ofrecen muestras de anteposición. Todos estos ejemplos, naturalmente, muestran CN: en un interesante comentario, Sánchez-Prieto (2007) sugiere que la uniformidad de la CN en los textos medievales puede guardar relación con el influjo de la lectura en alta voz sobre el proceso de copia, lo mismo que “la proyección de elementos gramaticales, como el sujeto y el objeto”; la CN facilitaría el procesamiento de un texto leído en voz alta: “seguramente no nos equivocamos al afirmar que la lectura anticipa los rasgos de la copia, y que son las tendencias que se dan en ésta las que luego se plasman en el papel” (Sánchez-Prieto 2007: 202). 33 Los dos casos que restan para completar el total de 24 se encuentran en la Estoria de Merlín, datada en el CORDE entre 1313 y 1469, pero recogida en el corpus a través de un impreso del siglo XV. En cualquier caso, las obras caballerescas, que asimilan generalmente los patrones propios de la lengua más elaborada, constituyen también, desde las primeras manifestaciones del género, un entorno textual favorable a la aparición de casos de anteposición, como comprobaremos inmediatamente. 34 Así ocurre en el Lanzarote del Lago (con seis casos frente a 67 de posposición; se conserva en ms. del siglo XVI) y en las narraciones breves, también por lo general traducidas del francés, tan en boga a finales del siglo XV (Enrique fi de Oliva, Artús d’Algarbe, Melosina), pasando por el Baladro de Merlín, La demanda del sancto Grial y, sobre todo, el Amadís, culminación de la tradición medieval y piedra sillar de las novelas de caballerías del Quinientos en la que la anteposición alcanza, con hasta 40 casos, un nada despreciable 27% frente a la posposición. En total, las obras caballerescas suman por sí solas 86 de los 169 ejemplos cuatrocentistas de anteposición (51%) y dan cuenta de 9 de los 43 textos (21%) que contienen este fenómeno junto a la posposición. Aunque la anteposición es en todas ellas claramente minoritaria –con proporciones frente a la posposición que oscilan entre el 2% (3/131) de la Demanda y el citado 27% (40/147) del Amadís–, se trata también de un rasgo caracterizador de notable constancia dentro del género, pues solo se echa en falta en algunas de las narraciones más breves, todas con menos de 10 ejemplos de posposición. 35 De la prosificación de la Teseida boccacciana a las novelas de Diego de San Pedro y Juan de Flores, en estas narraciones, por lo común muy breves, figuran 11 casos de anteposición (un 6,5% de los del periodo), distribuidos de forma que cada una de las seis obras que afloran en el corpus contiene al menos un caso. Aún más llamativa es la proporción pareja con los casos de posposición, 10 en total: en el Triunfo de amor, de Flores, la anteposición domina (5 casos frente a 3), y en el Arnalte y Lucenda es solución única, con tres casos, frente a lo que

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cerca de un tercio (14/46) de los textos que la contienen; con ellas, y con la influencia enorme que ejercerán en el primer Quinientos sus grandes exponentes preclásicos (el Amadís, el Arnalte), la anteposición se transforma definitivamente en marca escritural propia de las tradiciones de la distancia comunicativa. Por lo demás, continúa notablemente apegada a la traducción desde el latín –un 20% (34/169) de los casos y de los textos (10/46)36–, y casi únicamente en los autores que calcaron de forma más extremada la sintaxis de los clásicos durante el “acmé” (Pons 2006) de la imitación latinizante, como Villena37 o Fernando de la Torre, sobrepasan los casos de anteposición (tres en aquel, dos en este) a los de posposición (dos y ninguno, respectivamente) antes de 149038. A partir de esa ocurre en la Cárcel de amor (1 caso de anteposición y 5 de posposición), compuesta ya sobre un modelo retórico distinto, menos explícitamente alatinado (cf. Corfis 1985: 6). 36 Se trata ahora sobre todo de traducciones humanísticas de los clásicos (Cicerón, Ovidio, Séneca, Salustio) y de tratados neolatinos (Bartolomé Ánglico, Gordonio), pero cabe incluir en este grupo los ejemplos romances en diccionarios bilingües, como el Universal vocabulario de Palencia, que se elaboran en contacto inmediato con la lengua modelo. Además, es de sospechar la influencia de modelos concionatorios latinos tanto en los sermones de S. Vicente Ferrer (2 casos de anteposición frente a 22 de posposición) como en el Corbacho (4 casos de anteposición y 30 de posposición, frente a los 25 de posposición por ninguno antepuesto de la Atalaya de las corónicas; para la técnica de escritura del Corbacho, cf. Bustos 2002); resulta igualmente atendible en obras de doctrina religiosa como la Admiración operum dey de Teresa de Cartagena (un caso de anteposición frente a otro de posposición), que inaugura una tradición profusamente cultivada en el Quinientos; y tampoco conviene descartarla –al menos en el sentido más amplio de la herencia de ciertos patrones sintácticos favoritos– en el caso de las colecciones de refranes, pues la glosa latina del Seniloquium informa de hasta qué punto estos se concebían entre los cultos a la luz de las clásicas sententiae: el único caso de anteposición en esa colección (“De quien nada non te deue, buenos son cinco dineros”) se repite en los Refranes de Santillana, en ambos textos frente a dos casos de posposición. 37 Ya Camus (1986:114) llama la atención sobre este caso del Tratado de consolación, de Villena: “Rex est qui nichil metuit (Rey es el que nada teme)”, y cree que “[l]a explicación a estas oraciones puede ser que Villena se dejó llevar por el texto latino […] que tenía delante y que tal y como era preceptivo en latín no llevaba adverbio de negación”. Coincidimos plenamente con esta hipótesis, y creemos que, generalizada al conjunto de los contemporáneos más cultos de Villena, puede ayudar a explicar otros dos hechos observados por Camus: la rapidísima difusión de la pérdida de la CN con el cuantificador prepuesto (esto es, en la posición que solía ocupar en latín) y la imposibilidad de asignar geográficamente el fenómeno (que “debió de producirse de modo simultáneo en regiones diferentes del dominio castellano”; ibid., 117), pues quizá no se trate de un cambio “de abajo arriba” originado en un área determinada, sino más bien de un cambio “de arriba abajo” compartido y difundido por un conjunto de eruditos humanistas de muy diversa procedencia. 38 “Casi únicamente” porque la anónima Crónica incompleta de los Reyes Católicos, que el CORDE data entre 1469 y 1476, ofrece seis casos de anteposición frente a solo uno de no… nada, proporción tanto más llamativa cuanto que la anteposición solo aflora tímidamente en la

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fecha –en torno a la cual se componen también el Amadís y las principales novelas sentimentales–, la anteposición pasa a salpicar, aunque en proporciones diversas y en cualquier caso poco elevadas, la práctica totalidad de los géneros en prosa, de los historiográficos y doctrinales a La Celestina (un caso, frente a 15 de no…nada) o las cartas de Fernando el Católico a sus oficiales (tres casos, junto a 19 de no…nada): la mitad de los textos cuatrocentistas con anteposición (23/46) se localizan en esa última década del siglo. Así, junto al latín cobran protagonismo, a juzgar por los textos que difunden la anteposición, otras lenguas románicas que proporcionan modelos de imitación vernáculos muy concretos. La anteposición de los cuantificadores equivalentes a nada no es, en efecto, tan infrecuente en el francés y toscano medievales como lo fue en castellano o portugués: aflora con frecuencia en la novela artúrica francesa (9, con solo algunos ejemplos del Lanzarote), cuyas versiones castellanas sin duda alimentaron la lengua caballeresca, lo mismo que menudea en el discurso latinizante de Boccaccio (10, con unos pocos ejemplos del Decamerón), autor muy leído y traducido en la España del siglo XV y que influyó poderosamente en el desarrollo autóctono de la ficción sentimental39. historiografía cuatrocentista: a un único ejemplo en algunas de las más elaboradas (la muy particular Crónica sarracina y las no menos singulares Bienandanzas e fortunas de Lope García de Salazar o, más tarde, la anónima de Enrique IV y la de los Reyes Católicos de Hernando del Pulgar) pueden contraponerse hasta 14 crónicas de la época que solo conocen el esquema no…nada. En total, la historiografía, pese a su considerable masa textual, solo da cuenta de un 6% (10/169) de las anteposiciones del siglo XV. 39 No todos los elementos negativos de estas lenguas tienen un comportamiento necesariamente idéntico: en francés antiguo, por ejemplo, nule rien(s) se antepone con mayor frecuencia que rien(s), y este a su vez con frecuencia mayor que noient y sus variantes; lo mismo parece ocurrir en el toscano más antiguo con neuna cosa y niente (Garzonio/Poletto 2012: 148: “before the year 1300 […] niente is very rarely found in preverbal position. […] [I]n the preverbal position the bare form niente is generally substituted by neuna cosa”), mientras en el de Boccaccio niente es ya frecuente antes del verbo, pero es rara la anteposición de sintagmas con nulla, salvo si dependen de un gerundio. También Garzonio/Poletto (2012: 151) llaman la atención sobre los efectos de imitación lingüística de modelos foráneos y reivindican la influencia de los textos artúricos franceses sobre un rasgo del toscano de hacia 1300-1350, la falta de CN en caso de posposición. Mientras estas variedades, en cualquier caso, muestran desde los primeros textos ejemplos de anteposición, el castellano, el portugués o el gallego coinciden en la aparición tardía de casos semejantes, y cuando estos afloran, lo hacen en textos muy determinados, claramente influidos por modelos textuales en otras lenguas: una novela artúrica para el caso más temprano que he podido recuperar en portugués (“pois que vós nada nom sabedes de sua linhagem”; Demanda do Santo Graal [ms. del s. XV], 235, 87c, apud CIPM), una traducción del francés para el más madrugador ejemplo gallego (“et ia nada nõ rreçeaua, ne˜ mal que lle podese vı˜njr”; Crónica troyana [1370-1373], 496, 725, apud TMILG) o un texto erudito muy latinizado para el primer caso del portugués en que falta la CN

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une eve parfonde et de marés si mol que nule riens n’i enterroit qui n’i peresist (Lancelot, V, 20, 80b). estoit a son ostel si dolens que riens nel pooit comforter (ibid., XIII, 4, 94c). car l’en ne doit mie son ami aidier de chose qui noient ne valt ne qui rien ne puet valoir (ibid., X, 7, 88c).

(10) con ciò sia cosa che tu niente facci al presente (Decameron, I, 1, 35). dal servigio di messer Guasparino si partì e in più parti andò in niente potendosi avanzare (ibid., II, 6, 111). risposi che niuna cosa tanto desiderava (ibid., II, 7, 111). acciò che Gianni nulla suspicar potesse di lei, di dormire fece sembiante (ibid., VII, 1, 563).

En la primera mitad del siglo XVI se prolonga la tendencia heredada de los últimos años del cuatrocientos: no se altera la frecuencia global de anteposición (11%) ni aumenta el número de textos donde esta supera a la posposición (4, un mero 3%)40, pero sí se incrementa su difusión textual (el 47% de los textos ofrece al menos un caso). Apenas presente en los textos jurídicos y administrativos (6/244 casos, un 2,5% de las anteposiciones del periodo), en los epistolarios personales o en la historiografía41, ausente por completo del teatro popular en prosa

con anteposición del cuantificador (“Per myngua da sperança errom em geeral quando da salvaçom das almas nada se nembrom”; Leal conselheiro [1437-1438], 38, 39v, apud CIPM). 40 Son los siguientes: el Veneris tribunal de Luis Escrivá (6 casos de anteposición, 3 de posposición), marcado por una sintaxis fuertemente latinizante; otra obra sentimental, los Procesos de cartas de amores de Juan de Segura (dos anteposiciones, una posposición); los Coloquios matrimoniales de Pedro de Luján (iguales cifras), deudores formalmente de los latinos de Erasmo y Vives, o más bien de sus traducciones, que asumen con frecuencia la anteposición del modelo latino (hay, por ejemplo, 8 casos frente a 14 de no… nada en las versiones de Erasmo por Alonso de Virués, y otros diálogos originales de asunto especulativo, como El Scholástico, de Villalón, o el Diálogo de la dignidad del hombre, de Pérez de Oliva, muestran frecuencias similares de anteposición –un caso en este, dos en aquel– y posposición, con dos casos en cada uno); y, por último y sobre todos, el Baldo, con solo 8 posposiciones y 40 anteposiciones heredadas sin duda del latín macarrónico del original; la influencia del Baldo sobre el Lazarillo quizá contribuya a explicar por qué en él domina igualmente (por 7 casos a 6) la anteposición (mientras que –dicho sea meramente de paso– esta no pertenece al usus scribendi de Juan de Valdés ni es característica del de su hermano Alfonso, quien la emplea una sola vez en el Mercurio y Carón, frente a 16 ejemplos de no…nada en ese diálogo y el de las Cosas acaecidas en Roma). 41 Hay 2 casos, frente a 108 de posposición, en las crónicas de Fernández de Oviedo y 6, frente a 127 posposiciones, en las de Las Casas (en sus tratados, en cambio, hay 5 casos de cada); alguna anteposición más (5, por 66 posposiciones) hay en la Crónica del emperador Carlos V de Alonso de Santa Cruz, pero ninguna en Toribio “Motolinía” o en las Cartas de

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(Lope de Rueda) y muy escasa en la ficción celestinesca y la literatura miscelánea42, sigue sostenida sobre todo por las novelas de caballerías (109/244 casos, el 45%)43, a las que se suma ya, aunque todavía a la zaga, la literatura religiosa44, relación de Cortés (por 14 y 11, respectivamente, de no…nada). Por 8 crónicas o relaciones extensas que presentan algún ejemplo de nada antepuesto, hay otras 9 en las que no se da este fenómeno, para un total de 20 anteposiciones (un mero 8% del total) frente a 450 ejemplos de no…nada, con lo que la relación anteposición-posposición para este grupo textual queda en un aplastante 96% a favor de la segunda, muy por encima de la media del periodo (89%). 42 Se da un solo caso por 52 de posposición en la Lozana andaluza, 3 por 40 en la Segunda Celestina, 3 por 34 en la Tercera Celestina de Gómez de Toledo (con dos de las anteposiciones en boca de un personaje vizcaíno), y solo algo más (7 por 20) en la Florinea. En cuanto a las misceláneas, 5 casos de anteposición se oponen a 53 de no… nada en las distintas obras de Antonio de Guevara, con un cierto incremento relativo (3 frente a 19) en la Silva de varia lección de Pedro Mejía. 43 Todos los libros de caballerías del periodo traen muestras de anteposición, si bien –y dejando a un lado el caso especial del Baldo (ver la nota 40)– cabe distinguir dos grupos: uno, con anteposición escasa, se ajusta más bien a la tónica medieval, y está integrado por la mayoría de las novelas más tempranas (así, la anteposición alcanza un índice del 5% frente a la posposición en el Tirante, un 3% en el Tristán de Leonís, un 4% en el Palmerín de Olivia, un 4,5% en el Primaleón); el segundo continúa la tendencia de promoción del fenómeno ya esbozada en el Amadís, desarrollada por el propio Rodríguez de Montalvo en las Sergas (6 casos por 13 de no… nada, o un 32% de anteposición) y recogida por el Lisuarte de Grecia de Feliciano de Silva (38% de anteposición, con 16 ejemplos de esta frente a 26 de no… nada: ver en la nota 42 la escasez de nada antepuesto en la Segunda Celestina de este mismo autor), el Polindo (36%) o el Belianís de Grecia de Jerónimo Fernández (35%). Como en el siglo XV, la literatura sentimental sigue favoreciendo claramente la anteposición: si bien, de nuevo, la reducida extensión de estas obras no les vale una participación global muy alta en el fenómeno (13/244 casos, un 5%, que sumados a los de los libros de caballerías dan cuenta, una vez más, de la mitad de los ejemplos y de 16/64 o un 25% de los textos con anteposición), el índice frente a la posposición en el conjunto de las cinco obras que atestigua el corpus para este periodo alcanza el 33% (13/39). 44 Constituyen, en efecto, el segundo grupo textual más nutrido de casos de anteposición, con 25 ejemplos (un 10% del conjunto) repartidos entre 10 obras (un 16% de las que muestran este fenómeno); no será necesario detenerse en exponer hasta qué punto son permeables estos textos al influjo del latín de la Biblia y de sus intérpretes; con todo, la anteposición sigue siendo claramente minoritaria en el principal autor del periodo, Francisco de Osuna (en los dos primeros y los dos últimos Abecedarios hay un total de 12 anteposiciones por 64 posposiciones, o sea un 16% de anteposición). También las colecciones de refranes (ver la nota 36) siguen aportando ejemplos (12 en tres colecciones, frente a 69 posposiciones). El fenómeno tiene escasa presencia, en cambio, en la prosa científica y técnica: solo 4 de los 23 textos de este grupo traen algún ejemplo, siempre en clara minoría frente a la posposición (2 anteposiciones por 45 casos de no… nada en la Agricultura de Gabriel Alonso de Herrera: 2 por 12 en una obra médica de Ruy Díaz de Isla) salvo cuando se trata de traducciones (la de la Mecánica de Aristóteles por Diego Hurtado de Mendoza trae 2 anteposiciones por 4 posposiciones) o, en

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que adquirirá un protagonismo indudable en la expansión del fenómeno durante la segunda mitad del siglo45.

general, de filosofía (la Suma de filosofía natural de Alonso de Fuentes, con 3 por 10 casos), disciplina entonces muy avecindada con la teología. 45 Entre 1551 y 1600, la anteposición alcanza una frecuencia del 17% frente a la posposición (lo que supone un nuevo incremento de en torno al 50% respecto del periodo anterior, tras el registrado entre los siglos XIII-XIV y el cuatrocientos), y tiene presencia en el 53% de los textos. A partir de este momento, pues, pasan a ser más significativos, por un lado, los textos en los que no aparece y, por otro, aquellos en los que supera a la posposición. Entre los primeros destacan nuevamente los juridícos (la anteposición está ausente en 10 de 11 conjuntos documentales), las cartas privadas (no hay anteposición en 9 de 10 conjuntos, incluyendo el monumental epistolario de Santa Teresa, con hasta 199 casos de posposición) y los textos técnicos (sobre náutica, equitación o milicia, anatomía o botánica, arquitectura o álgebra, cocina, etc.), frente a los de filosofía, poética o política, donde la anteposición es más abundante. Entre los segundos, 18 en total, 14 son obras religiosas, de las cuales 9 se deben a la pluma de quien sucedió a Osuna como escritor ascético de mayor éxito: Luis de Granada; esos nueve textos son, en realidad, todos los suyos que recoge el corpus, menos el Kempis (la obra más temprana y, quizá, la menos ambiciosa) y su epistolario (donde, claro está, lo noticiable es más bien que la anteposición esté presente, con 3 casos frente a 8 de no…nada); por sí solo, el dominico es responsable de una quinta parte (112/525) de los casos de anteposición de la segunda mitad del quinientos, y estos doblan en número, en sus escritos, a los casos de no…nada. El prestigio inmenso del granadino, citado ya como modelo de prosa en las gramáticas para extranjeros de los últimos años del siglo XVI (Ramajo Caño 2003), debió marcar a toda una generación de escritores religiosos, la postridentina de quienes comienzan a producir literatura ascética, hagiográfica o devocional hacia los años 80 (Malón de Chaide, Juan de los Ángeles, Alonso de Villegas), pues en todos ellos la anteposición supera a la posposición (en Villegas, incluso, el Fructus sanctorum de 1594 trae 44 anteposiciones por ningún caso de no…nada); los de la generación anterior, en cambio, se muestran más moderados: hay casos de anteposición en todas las obras doctrinales mayores de Juan de la Cruz, Luis de León y Teresa de Jesús, pero esta alcanza solo el 23% (34/146) frente a no…nada en el carmelita, el 17% (2/12) en el agustino y –como cabía esperar– apenas un 5% (8/170) en la santa de Ávila. Todos juntos, los autores religiosos (incluyendo entre ellos a los historiadores eclesiásticos) suman 328 anteposiciones, el 62,5% del total del periodo, y un tercio (36/106) de los textos con anteposición, dejando en un lugar secundario a las formas narrativas caballerescas y sentimentales (novela pastoril y bizantina), que reúnen 23 ejemplos en 9 textos; con todo, estas siguen formando el grupo más numeroso entre los de ficción que presentan anteposición (9/19), mientras el teatro en prosa o la cuentística prácticamente la desconocen (un solo caso frente a 22 de no…nada en Timoneda), al igual que obras misceláneas como la Floresta española o el Jardín de flores curiosas, que no presentan un solo ejemplo. Mención aparte merece la literatura picaresca: el precedente del Lazarillo (ver la n. 9) se deja sentir ya en el Lazarillo de los atunes (dos anteposiciones por otras dos posposiciones), pero sobre todo en el Guzmán de Alfarache (27 anteposiciones por 4 casos de no…nada en el de 1599, 28 por 12 en el de 1604), obra que con toda probabilidad recoge también, en lo que hace a nuestro fenómeno, el modelo lingüístico de la prosa devocional y hagiográfica de su tiempo. En la historiografía, en

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El primer gran salto adelante en la extensión del nada prepuesto se produce en los últimos años del siglo XVI46 y a lo largo de la primera mitad del seiscientos, en la que duplica su frecuencia global (del 17% al 35,5% frente a la posposición) y pasa a encontrarse en dos de cada tres textos (136/205, 66%), al tiempo que se dobla igualmente (del 9% en el periodo anterior al 19%) la proporción de aquellos en los que la anteposición supera a la posposición. De uso aún muy escaso en la prosa de Cervantes (5/177, 3%) y Lope (1/32, 3%), el fenómeno cunde entre los narradores que comienzan a producir después de 161547, si bien

fin, comienza a ser común que las obras aparezcan salpicadas de algún ejemplo de anteposición –especialmente en las crónicas debidas a frailes– sobre el fondo de una posposición aún muy dominante; sigue siendo perceptible, por lo demás, la diferencia entre la crónica personal y el cronicón con ínfulas de alta escuela: baste comparar, para México, las frecuencias anteposición-posposición en Bernal Díaz (1 por 34, 3%) y en Cervantes de Salazar (13 por 61, 17,5%). 46 Salvo el Lazarillo y las obras de Luis de Granada, todas las demás del tramo 1551-1600 en que la anteposición supera a la posposición son posteriores a 1585, al igual que casi la mitad (248/525, 47%) de todos los casos de anteposición del periodo y un 41,5% (44/106) de los textos que la contienen, frente a tan solo el 31% (29/93) de los que no la presentan. 47 El incremento es claro y progresivo, aunque con diferencias individuales: si la anteposición es aún bastante minoritaria en Castillo Solórzano (5/47, 11%), domina ya en cambio claramente en Salas Barbadillo (14/22, 64%) y Céspedes (6/7, 86%), siendo todos ellos autores de obras de entretenimiento de características similares y nacidos entre 1580 y 1585; de los nacidos entre 1590 y 1595 (activos desde ca. 1635), María de Zayas presenta todavía un uso moderado (9/43, 21%) frente a, por ejemplo, Andrés Sanz del Castillo (9/11, 81%). Frente a este grupo de escritores que comparten una prosa estilizadamente cortesana, la novela picaresca se desvía, ya popularizada como mera forma de entretenimiento, de la senda marcada por el Lazarillo y el Guzmán, ofreciendo proporciones relativamente bajas de anteposición que oscilan entre el 28% (9/32) de La pícara Justina (que presenta una fuerte elaboración estilística) y el 4,5% (1/22) del Buscón o incluso el 0% (0/14) del Estebanillo González, cifras estas últimas que se condicen mejor con las de las autobiografías y memorias soldadescas (0/30 en Jerónimo de Pasamonte, 0/16 en Alonso de Contreras) y que parecen apuntar en una misma dirección de alejamiento respecto de las marcas lingüísticas de distancia comunicativa en busca de un sermo humilis propio del pícaro. Solo el citado Estebanillo, el Quijote de Avellaneda (en la estela de su modelo) y El diablo cojuelo carecen, entre las obras de entretenimiento de esta época, de ejemplos de anteposición, mientras el polo contrario se alcanza en la novela alegórica de mediados de siglo (El león prodigioso de Gómez de Tejada, con 11 anteposiciones por ninguna posposición y, como veremos enseguida, El Criticón). Las diferencias de registro en torno al parámetro inmediatez/distancia que parecen regular el mayor o menor empleo de nada prepuesto pueden contrastarse igualmente, por ejemplo, en dos obras con una estructura común (el diálogo de varios personajes al hilo de una peregrinación por diversos lugares) y autores coetáneos (nacidos en 1571-1572): el Viaje entretenido de Rojas Villandrando (1/14, 7%) y El pasajero de Suárez de Figueroa (6/8, 75%); y es que la segunda tiene un tono erudito que la emparenta a distancia con el diálogo polémico renacentista (ver la nota 40), mientras

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continúa alejado de los documentos jurídicos y textos técnicos y fuertemente asociado, en cambio, con la literatura religiosa48. Aunque los datos del corpus para la segunda mitad del siglo son francamente escasos, permiten adivinar no obstante un incremento sostenido de las frecuencias de anteposición, difusión textual y textos con dominio de la anteposición (ver la Tabla I y el gráfico I). A la

la primera, en la que el marco dialogal sirve fundamentalmente de trasfondo para insertar cierta cantidad de loas, se encuentra más cercana del teatro en prosa o las misceláneas. 48 El paladín de la anteposición es ahora el reformador trinitario Juan Bautista de la Concepción, con 474 casos (frente a 180 de posposición, o sea el 72,5% de nada prepuesto) en 21 textos, que equivalen al 43% del total de anteposiciones y al 46% de los textos del periodo con dominio de la anteposición. Si se suma el resto de escritos religiosos (inclusive dos sobre el ideal cristiano de gobierno) se llega al 55% (607/1094) de los casos y al 67% (26/39) de los textos con predominio de la anteposición, cifras solo algo inferiores a las de la segunda mitad del XVI (62,5% y 78%, respectivamente); ningún texto religioso con más de un ejemplo de nada modificando al verbo carece de casos de anteposición. Entre las obras donde esta tiene más presencia siguen estando las de filosofía natural, moral y política (15/35 o 43% en la Política de Dios de Quevedo, por ejemplo) y las de poética o retórica (6/10 en el Cisne de Apolo de Luis Alfonso de Carvallo, 10/19 o 53% en la Censura de la elocuencia de Pérez de Ledesma), con un punto culminante en la producción de Gracián (7/7 en El discreto, 4/4 en El político, 12/13 en el Oráculo manual, 4/4 en la Agudeza). En cambio, la anteposición no es dominante en ningún texto técnico, con excepción de la Ortografía castellana de Mateo Alemán (3/3), y siguen siendo muchos los que no presentan un solo caso (0/10 en un Arte de los metales, 0/17 en dos manuales de cocina, 0/8 en la Artillería de Cristóbal Lechuga, y así hasta la mitad –17/33– de los textos de este grupo). Solo un ejemplo de anteposición compite con 14 de posposición en los diversos entremeses en prosa del momento, y 6 de 7 conjuntos de documentos legales no muestran un solo caso, aunque sí abunda (19/45, 42%) en el único tratado jurídico que registra el corpus, la Política indiana, de Solórzano Pereira. Abrazan decididamente la anteposición, por contra, las relaciones noticiosas, de las Noticias de Madrid de los años 20 (4/7) a las de Almansa y Mendoza (8/10), seguramente por adopción del registro elevado de las relaciones fúnebres, de festejos, etc. (en una de 1623 sobre la Fiesta que se hizo en Aranjuez…, por ejemplo, hay tres anteposiciones por ninguna posposición); los “avisos” periódicos al modo de Pellicer o, más adelante, Barrionuevo prefieren en cambio, de acuerdo con la tradición cronística, la posposición (3/16 o 19% y 7/79 o 9%, respectivamente). La brecha entre la historiografía culta y la crónica-relación tiende a agrandarse: frente al primer texto de este ámbito con claro dominio de la anteposición (33/38, o sea, el 87%, en la solemne Historia de Felipe II, de Cabrera de Córdoba), otros prescinden de ella por completo (así la Relación de un viaje por América, de fray Diego de Ocaña, con 0/28), aunque lo más usual, incluso entre historiadores de sólida formación, es contenerse en registros muy discretos (5/38 o 13% en las obras históricas de Garcilaso el Inca). Rara vez se deslizan anteposiciones en los epistolarios (nunca en el de Lope o el de Ana de Jesús, ambos con 0/12), y cuando lo hacen, quedan siempre en minoría (3/15 en el de Góngora, 9/22 en el de Felipe IV con María Jesús de Ágreda). El Vocabulario de refranes de Correas, en fin, prolonga una larga tradición con 18/96 anteposiciones en las propias paremias y 10/83 casos más en las explicaciones que las acompañan.

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cabeza de los cultivadores de nada prepuesto se sitúa Gracián, la gran figura del panorama literario de la época, lo que debió suponer el espaldarazo definitivo para el cultivo preferente de la anteposición en textos de muy varia índole y el asentamiento de un modelo firme de imitación para las generaciones inmediatas, modelo que se habría impuesto ya en las últimas dos décadas del seiscientos49. Solo cuatro textos en todo el siglo XVIII carecen de anteposición: un libro sobre juegos de manos (0/16)50, unas relaciones geográficas del arzobispado de México (1743; 0/5), un grupo de cartas de diversos curas bolivianos (1769-1771; 0/8) y dos testamentos, uno guatemalteco y colombiano el otro, de los últimos años del siglo (1798 y 1800; 0/4). Todos ellos pertenecen a aquellas tradiciones documentales y técnicas que con mayor vehemencia habían venido rechazando la anteposición. Su limitado ámbito de producción y recepción, su carácter efímero o de consumo inmediato y su presumiblemente escasa o nula preocupación por la elaboración intelectual o estilística de los contenidos informan de la marginalidad que adquiere la posposición exclusiva en el setecientos. El dominio de 49

En El Criticón aparecen 66 anteposiciones por 10 posposiciones (66/76, 87%), una proporción menos elevada que en otras obras gracianas (El comulgatorio, con 18/18, y las citadas en la nota 48), pero igualmente abrumadora. Aproximadamente en los mismos años de actividad de Gracián, la literatura entre moralizante y costumbrista de Remiro de Navarra, Zabaleta o Francisco Santos aún da prioridad a la posposición (la anteposición es en ellos de 5/18 o 28%, 21/64 o 33% y 4/26 o 15%, respectivamente). Las dos obras de Gracián aquí citadas reúnen casi los mismos casos de anteposición que toda la prosa historiográfica del momento, aunque resulta evidente la progresión en la frecuencia de anteposición dentro de ese grupo (85/176 o 48%, en la media del periodo e incluso levemente por encima), culminada para la historiografía culta en la obra de otro prosista de referencia para el siglo XVIII, Antonio de Solís (6/6 en la Conquista de México). En México y a finales de siglo, Sigüenza y Góngora transporta en sus tratados el dominio de la anteposición (34/43, 79%) a la naciente prosa científica y política de los novatores, como sin duda debía estar haciéndose también en la metropóli, a juzgar por los datos de anteposición (16/19, 84%) en El hombre práctico, de Gutiérrez de los Ríos (para este autor y su lengua, cf. Girón 2004). La prosa religiosa sigue, claro está, teniendo un protagonismo destacado y, a caballo entre el siglo XVII y el XVIII, un texto titulado El sabio instruido de la gracia presenta nada menos que 133/147 o un 90,5% de anteposición. En definitiva, hacia los últimos años del siglo XVII las diversas clases de textos (con excepción aún de los técnicos, los legales y los epistolarios) parecen tender a igualarse en la adopción de altos valores de anteposición. 50 Los Engaños a ojos vistas, de Pablo Minguet e Yrol (1733), autor también de un Arte de danzar a la francesa (1737). Nótese que nos referimos aquí a textos con más de un ejemplo de nada asociado al verbo: existen, además, unos pocos casos únicos de no… nada, cuya nómina apuntaría a los mismos grupos textuales. De 1650 a 1850, por otro lado, la anteposición domina abrumadoramente entre los casos únicos (28/36 o un 78%), a diferencia de lo que ocurre antes, entre 1500 y 1650 (26/85 o un 30,5%), y después, de 1850 a 1975 (20/38, 53%): ver el Apéndice I.

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la anteposición es casi absoluto en Feijoo, el autor de la historia del español que presenta mayor número de casos de nada prepuesto (580/600, 97%)51, lo mismo que en Mayans (43/47 en seis obras, 91%), Campomanes (23/24 en dos obras, 96%) y Sarmiento (17/17 en cuatro obras). Les seguirán, en la segunda mitad del siglo y los primeros años del XIX, Forner (19/21, 90,5%), Jovellanos (39/40, 97,5%), Meléndez Valdés (48/51, 94%) o Blanco White (11/11). Los principales filósofos, ensayistas, juristas y científicos ilustrados producen, pues, textos con evidente predominio de la anteposición52. En la prosa de ficción y miscelánea, Torres Villarroel (14/37, 38%) aún muestra un atípico apego por la posposición53, que se desvanece progresivamente en el Fray Gerundio de Isla (47/65, 72%) o en Cadalso (27/32, 84%) para desembocar en la casi sistemática anteposición de García Malo (72/78, 92%) y Montengón (124/135, 92%). Esta progresión, detectable también en la historiografía e incluso en los epistolarios54, está

51 Además, los preliminares no feijonianos al Teatro crítico contienen otros 32 casos de anteposición por tan solo 1 de no… nada, lo que indica hasta qué punto la anteposición era norma entre la intelectualidad de la época. 52 Entre las luminarias intelectuales del periodo, la única excepción notable al uso preferente de este rasgo se da en Luzán (13/30, 43%). A finales de siglo, Cavanilles (30/30) y Félix de Azara (83/95, 87%) confirman su adopción en la prosa científica, aunque su presencia es menor en el químico Proust (24/56, 43%). Nótese, con todo, que incluso estas “excepciones” se desenvuelven en porcentajes de anteposición superiores al 40%, que hubieran resultado llamativamente elevados apenas un siglo antes. La adopción de la anteposición entre los juristas, anticipada por los tratadistas legales de la segunda mitad del XVII (Solórzano Pereira, Baltasar de Tobar), se extiende a las cédulas y ordenanzas reales, a los oficios, consultas e informes administrativos y a los estatutos corporativos (22/28, 78,5%), que representan en el corpus los documentos legales tipo para el siglo XVIII; solo en las colecciones documentales americanas, donde continúan teniendo reflejo las tradiciones heredadas de siglos anteriores (contratos, testamentos, memoriales de agravios, procesos judiciales, relaciones geográficas, etc.), tiene la posposición mayor presencia. Dos conjuntos amplios de informes y cartas oficiales en torno a la ocupación inglesa de Manila (1762-1764; 99/105 anteposiciones, 94%) y la revuelta de Túpac Amaru (1780-1781; 17/18 anteposiciones, 94%) corroboran el éxito de nada prepuesto en el nuevo lenguaje administrativo. 53 En autores que producen en los mismos años que Torres, como Fulgencio Afán de Ribera o Antonio Muñoz (sean quienes fueren los que se ocultan bajo estos seudónimos), es claro el dominio de la anteposición (4/6 en la Virtud al uso del primero, 15/15 en las Aventuras del segundo), que puede considerarse caracterizadora, pues, de la prosa literaria del primer español moderno (cf. Octavio de Toledo, en prensa). 54 Las obras historiográficas pasan del 53% (48/91) de anteposición en la primera mitad del siglo al 77% (199/258) en la segunda (comp. por ejemplo los 28/60 casos de la Historia de la conquista del Itzá [1701] de Juan Villagutierre con los 70/74 de la Historia antigua de México [1780] de Clavijero; Bacallar, el historiador “oficial” de la guerra de Sucesión, presenta ya 100/107 casos o un 93,5% de anteposición en sus Comentarios [1725]). Las relaciones

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en consonancia con la proporción de textos en que la anteposición domina, que pasa de algo más de un tercio (39%) a más de dos tercios (70%) a lo largo del periodo. Un panorama semejante presenta la primera mitad del siglo XIX: solo tres breves obras de carácter técnico y unas memorias carecen de ejemplos de anteposición55, con lo que esta afecta, como en la segunda mitad del XVIII, al 97% de los textos; en el 76%, además, domina sobre la posposición. Tales índices de difusión textual son los más elevados de la historia del español; sin embargo, la frecuencia global de nada prepuesto comienza a descender levemente (de una media del 77% para el setecientos a un 71%), lo que indica una tendencia a equilibrar el número de anteposiciones y posposiciones dentro de cada obra: casos como el de las Cartas críticas del filósofo rancio de fray Francisco Alvarado (185/191, 97%), el de las Lecciones de derecho político y las memorias políticas de Antonio Alcalá Galiano (222/227, 98%), o el de la traducción por Collado del Telémaco de Fénelon (90/93, 97%) son clara minoría y se hacen raros fuera de la prosa administrativa (que ha abrazado enteramente el fenómeno: 35/37, 94,5%) de viajes de Jorge Juan y Antonio de Ulloa muestran aún índices muy bajos (15/72, 21%) si se contrastan con las de finales de siglo (67/110, 61%), que aun así permanecen por debajo de la media del periodo (en cambio, el escrito de Ulloa sobre La campaña de las Terceras está concebido como un pliego de descargo, lo que explica el predominio de nada prepuesto: 14/18, 78%); aún más por debajo, al igual que en el siglo anterior, están las memorias (1/33 o un mero 3% en las de Lantery). El cambio más significativo se da en los epistolarios: la anteposición alcanza el 61,5% (183/298) en el de Leandro Moratín, el 87% (62/71) en el de Campomanes con diversos sujetos, el 96% (22/23) en el de José Celestino Mutis, el 100% (29/29) en Mayans (Epistolario, vol. II) y el 95% (137/145) en su corresponsal, el historiador Burriel. Con todo, estos grupos siguen siendo los que ofrecen mayor resistencia a la generalización de nada antepuesto: por debajo del 50% de anteposiciones se sitúan 34 textos, de los cuales tres crónicas, tres relaciones, tres diarios y dos memorias, es decir, en torno a un tercio de dichos textos; les siguen –dejando a un lado las obras de Torres y de Luzán– los textos técnicos (6/34, 18%), las colecciones de documentos coloniales (4/34, 15%), los epistolarios y el teatro en prosa (dos de cada, 15%), mientras que solo una obra narrativa de ficción (la Cornelia Bororquia, de Luis Gutiérrez, con 6 anteposiciones por 7 posposiciones) y ninguna obra religiosa, jurídica o filosófica se encuentran en esta circunstancia. 55 He aquí los títulos, fechas y frecuencias de esos textos técnicos: Descripción geográfica de un nuevo camino de la gran cordillera (1805-1806; 0/2); El repostero famoso, amigo de los golosos (1822; 0/3); y Arte de aparejar y maniobras de los buques (1842; 0/8). Las memorias –más bien un esbozo o borrador autobiográfico, como sugiere el propio título– son las Desordenadas y mal digeridas apuntaciones (1828) de Juan Antonio Melón. En general, sin embargo, el dominio de la anteposición es ya intenso en ambos ámbitos textuales (74/97 o 76% en las otras 10 obras técnicas del periodo; para las memorias y autobiografías, ver el ejemplo recién citado de las de Alcalá Galiano o las 8 anteposiciones frente a una sola posposición de la Vida trágica de Santiago González Mateo).

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y de la lengua de los manifiestos y discursos de circunstancias56. En la literatura de entretenimiento, la anteposición es muy dominante en la novela histórica y –aunque con menor intensidad– en las escenas costumbristas, pero no tanto en otras formas de narrativa ficcional57, y el teatro en prosa sigue rechazándo-

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Así, incluso las Relaciones topográficas de Venezuela de 1815-1819 traen siete anteposiciones, pero ninguna posposición (para la tradición de las relaciones geográficas, ver la n. 52). De igual modo se comportan las llamadas memorias, informes críticos sobre las posibilidades de reforma de un ramo económico, comercial o social muy en boga desde finales del setecientos (27/30 en 11 textos, sin contar las de Jovellanos). En un periodo eminentemente politizado de la historia de España y sus (ex) colonias, abundan los tratados de derecho público y constitucional (108/135 en 4 textos), que consagran la anteposición como propia de un lenguaje político trasladado plenamente a los manifiestos y proclamas (13/16 en España, 19/23 en América, con Bolívar a la cabeza), pero no uniformemente al discurso de los líderes (221/277, un 80%, en Romero Alpuente, pero solo 79/116 o un 68% en Nicomedes Pastor Díaz), quienes participan también de la tendencia a moderar la anteposición observable en las obras polémicas (sátiras políticas, cartas abiertas, invectivas, etc.: 17/27 o 63% en Servando Teresa de Mier, 12/20 o 60% en Gallardo, 26/68 –tan solo un 38%– en Miñano) y en la naciente prensa diaria (11/20 o 55%, contando solo los artículos anónimos; 74/174 o 42,5% en los artículos de Larra). Claramente inclinadas por la anteposición, en fin, están las piezas solemnes y de circunstancias (oraciones fúnebres y laudatorias, discursos académicos y de inauguración, proemios, etc.: 18/19 en siete textos), prolongando con ello los usos dieciochescos. 57 Las primeras novelas históricas españolas se sitúan entre el 80% y el 90% de anteposición (40/43 en López Soler; 228/284 en Navarro Villoslada; 59/73 en El doncel, de Larra; 40/45 en El señor de Bembibre), con la notable excepción del Sancho Saldaña de Espronceda (59/120), el único narrador del periodo en quien el índice de nada prepuesto no es superior al 50%. Algunas muestras más tardías del género atemperan esta tendencia (27/41 o 66% en Las amarguras de un rey de Jover, 27/50 o 54% en La campana de Huesca de Cánovas; para la atenuación progresiva de las marcas lingüísticas de distancia comunicativa en la novela histórica, cf. Octavio de Toledo/Pons 2009), si bien otras la preservan hasta muy avanzado el siglo (35/43 o un 81% en El espadachín, de Antonio Barreras; 16/18 o un 89% en Murcia que se fue, la recreación historicista deliberadamente arcaizante de Javier Fuentes y Ponte). La prosa costumbrista se sitúa por encima de la media de anteposición del periodo (116/154 o 75% en las de Mesonero, 30/37 o un 81% en las de Estébanez Calderón), al igual que las biografías o vidas de hombres ilustres (81/108 o 75% en las de Quintana, 25/29 o un 86% en las de Nicomedes Pastor Díaz, 10/11 o 91% en las de Fernández de Navarrete). En cambio, las obras que preludian la narrativa del realismo muestran uniformemente porcentajes por debajo de esa media, de entre el 60% y el 70% (186/263 en Gómez de Avellaneda, 142/212 en Ayguals de Izco, 26/40 en Carolina Coronado, 104/171 en “Fernán Caballero”, 81/136 en Fernández de Lizardi, 31/54 en el Pedro Saputo de Foz). 58 La posposición domina tanto en el drama burgués (8/22 en El sí de las niñas) como en el romántico (4/12 en La conjuración de Venecia). El teatro de Larra (incluidas las traducciones del francés) contiene un mero 38,5% (68/176) de anteposición. También la narrativa breve de un autor avezado en la escritura teatral como Olavide ofrece apenas un 35% (21/60) de

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la58 tanto como la favorecen de nuevo los escritos sobre filosofía, literatura o lingüística y bellas artes59. La proporción de textos con anteposición apenas se altera en la segunda mitad del siglo XIX (96%), pero disminuyen drásticamente, en cambio, tanto la cantidad de obras donde domina (del 76% al 55%) como su preponderancia global sobre la posposición (del 71% al 52%). La anteposición, pues, sigue alcanzando a casi todos los textos, pero su impacto sobre muchos de ellos es considerablemente menor. La reducción es especialmente notable en la novela, donde los autores realistas moderan claramente el uso de nada antepuesto respecto de sus inmediatos precedentes. Esta retracción, al igual que ocurrió con el aumento en la prosa de ficción durante la primera mitad del siglo XVII, tiene algo de generacional: la Tabla II muestra las frecuencias observables en las novelas y cuentos de diversos autores españoles del tramo 1850-1900, ordenados por fecha de nacimiento; es constante el retroceso de la anteposición en los más jóvenes, hasta alcanzar índices realmente bajos hacia el final del periodo60. nada prepuesto. Los epistolarios, en cambio, siguen prefiriendo, como en el siglo anterior, la anteposición (72/92 o 78% en el de José Joaquín de Olmedo, por ejemplo). 59 En tres obras filosóficas hay 30 casos de anteposición por solo 4 de no…nada (30/34, 88%); en cinco obras sobre poética, gramática u ortografía se encuentran 58 anteposiciones por 6 posposiciones (58/64, 90%), y cifras semejantes asoman en los Orígenes del teatro español de Moratín (27/30) o las obras sobre historia de la poesía de Quintana (8/10); en los escritos de Ceán Bermúdez sobre pintura, la frecuencia de anteposición es del 85% (23/27); se desvía de esta tónica, sin embargo, la obra de Andrés Bello, con solo un 61% (36/59) de anteposición. 60 Muestran, en cambio, una tendencia notable a la retención del fenómeno los autores tardorrománticos, como Augusto Ferrán (9/10 en dos obras breves), Rosalía de Castro (72/97 o 74% en sus dos novelas) o Castelar (133/187 o 71% en otras dos novelas), si bien las frecuencias en las Narraciones y Leyendas de Bécquer (17/39 o 43,5%) se asemejan ya a las de los autores realistas de la década siguiente. La persistencia de altos índices de anteposición es mayor también entre los autores hispanoamericanos, posiblemente por la larga pervivencia de los usos escriturales del romanticismo literario: solo dos obras producidas en América (La gran aldea, del uruguayo Lucio Vicente López, y la Amalia, de José Mármol) atestiguan un porcentaje inferior al 40% (cf., en cambio, los autores españoles a partir de Galdós en la Tabla II), y en la mitad de los narradores de obras no históricas (7/14) que publican después de 1875 la anteposición es dominante, mientras en España solo supera a la posposición en algo menos de un tercio de ellos (5/17); la novela histórica muestra de nuevo proporciones especialmente elevadas (70% en Milla y Vidaurre; 70% en Vicente Fidel López; 77% en Nativa, de Acevedo Díaz; 92% en Gil Gómez, el insurgente, de Díaz Covarrubias), al igual que la sentimental de cuño romántico (84% en Ambarina, de la cubana Auber Noya; 87% en Juan León Mera), mientras el realismo costumbrista, el naturalismo o las novelas de corte político y autobiográfico suelen contenerse en cifras claramente inferiores (44% en las obras de Tomás Carrasquilla; 44% en Matto de Turner; 42,5% en Cambaceres; 41% en Ignacio Manuel Altamirano;

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TABLA II Descenso de los índices de anteposición en novelistas españoles del segundo ochocientos Autor

Año de nacimiento

Anteposiciones

Valera

1824

127

65

66%

Pereda

1833

203

139

59%

Alarcón

1833

66

62

Galdós

1843

1272

2700

32%

Pardo Bazán

1851

66

138

32%

Jacinto O. Picón

1852

39

100

28%

“Clarín”

1852

77

243

24%

Ortega Munilla

1856

6

29

21%

Ganivet

1865

28

120

19%

Posposiciones

% de anteposición

51,5%

Por lo demás, en los textos españoles de la segunda mitad del ochocientos se esboza una divisoria, llamada a perdurar hasta nuestros días, entre la prosa de creación (novela y cuento) y la erudita, científica y legal: la anteposición domina solo en un 39% (55/140) de los textos literarios, pero en un 73% (123/169) de los restantes. Entre estos últimos, muestran su tradicional resistencia al fenómeno algunas obras técnicas y las relaciones o relatos de viajes, que reúnen, junto con las memorias y autobiografías, la prensa y los epistolarios, la mayoría de los

34% en la Amalia de Mármol). Así, aunque la tendencia al descenso en los autores más jóvenes es igualmente observable, con ella interactúan, como en España, el género literario, la corriente artística e incluso, quizá, la orientación ideológica (podría no ser casual, por ejemplo, que el único narrador decimonónico español con predominio de la posposición nacido antes de 1820 sea precisamente Espronceda, mientras el único con predominio de la anteposición nacido después de 1850 es el P. Coloma). Además de la novela histórica, otra tradición narrativa parece favorecer también particularmente la posposición: las colecciones de cuentos tradicionales (15/17 o un 88% en los famosos Cuentos de Calleja; 16/18 o un 89% en los Cuentos del hogar de Teodoro Baró). Finalmente, incluso el teatro historicista o intensamente estilizado adopta ahora la anteposición (5/7 en Los amores de Alarcón de Chavero, 12/13 en Un drama nuevo de Tamayo y Baus), si bien la mayor parte de las obras (5/7, 71,5%) la rechaza enteramente.

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casos (21/36) en que la posposición es predominante61; de nuevo, existe especial apego por la anteposición en los discursos académicos y los manifiestos, la prosa jurídica o administrativa y los escritos sobre economía, filosofía, ciencia teórica, religión, literatura o artes62. 61

Los cómputos no tienen en cuenta los textos con un único caso de anteposición o las obras teatrales, y las (pocas) que muestran igual número de anteposiciones que de posposiciones no están asignadas a ninguno de los dos grupos de predominio. Carecen por completo de anteposición dos breves obras técnicas (tituladas Higiene de los fumadores y Los alfajores de Medina Sidonia) y unas memorias (las Páginas íntimas de Eusebio Blasco, con 23 casos de no… nada), todas posteriores a 1875; en otros ocho textos técnicos (sobre juegos, cocina, refranes, primera enseñanza, maquinaria industrial o fotografía) y en seis de los siete relatos de viajes (de la Excursión a los indios ranqueles, de Mansilla, a La Alpujarra, de Alarcón) domina –en general por escaso margen– la anteposición. Lo mismo ocurre en los Papeles de conciencia de Ángela de la Cruz (su autobiografía espiritual: 84/178, 47%) y en los epistolarios de Zorrilla (3/28, 11%) y Ganivet, si bien otros cuatro textos autobiográficos y epistolarios como el de Rosalía de Castro, el de Caro con Cuervo y Gómez Restrepo o el de Valera (154/275, 56%) con Menéndez Pelayo (33/50, 66%) muestran mayoría de nada prepuesto. Dos historiadores chilenos (Vicuña Mackenna en La campaña de Lima, con 18/38 o 47%, y sobre todo Barros Arana en la Historia general de Chile, con 14/81 o 17%) recuperan la posposición asociada a la tradición cronística, pero la anteposición se impone aplastantemente en la historiografía erudita, ya sea política (valga por ejemplo Pirala, con 143/147 o 97%), eclesiástica (165/179 o 92% en Vicente de la Fuente) o cultural (235/286, un 82%, en el Menéndez Pelayo de los Heterodoxos). Solo en las últimas dos décadas del siglo se abre tímidamente camino la anteposición en el ensayo, con el antirretoricista Campoamor (1/11 o 9% en tres opúsculos), Ganivet (8/27 o 29,5% en el Ideárium español, pero 7/8, un 87,5%, en la España filosófica contemporánea), “Clarín” (7/19 o 37% en dos obras) y el Ariel de Rodó (0/3, aunque 29/31 o 93,5% en los Motivos de Proteo), si bien la norma la marcan más bien Valera (105/150, 70%) o el ecuatoriano Montalvo (82/123, 67%). En la prensa especializada domina la anteposición (6/8 en El Campo, 10/10 en La España Cristiana), igual que en la mayoría de los artículos de autor, apegados a la tradición costumbrista (19/22 en José Somoza, 14/15 en Navarro Villoslada, 21/24 en Bécquer), pero la prensa diaria muestra mayor equilibrio (5/5) y el periodismo polémico de “Clarín” (4/20, 20%) surca la estela dejada por Larra. 62 La anteposición llega al 83% (50/60) en el conjunto de los discursos ante las Reales Academias y es del 67% (22/33) en la suma de todos los manifiestos políticos del periodo; la oratoria castelarina la hace también muy presente en el discurso político (23/35, 66%). En el campo del derecho, donde todos los textos –y especialmente los tratados– exhiben un claro dominio de nada prepuesto, este se extiende ahora a las grandes normas de la Restauración (9/10 en la Ley de enjuiciamiento civil, 35/46 o 76% en el Código civil). Entre los científicos, Ramón y Cajal alcanza el 75% (9/12) e incluso Echegaray, en su Ciencia popular, el 76,5% (49/64; cf. el 1/37 o 3% de su teatro en prosa), porcentajes con todo más discretos que los de una Teoría trascendental de las cantidades imaginarias (31/32, 97%) o un Compendio de anatomía descriptiva (19/21, 90,5%). Los escritos económicos de Figuerola llegan al 75% (15/20), dos manuales de táctica militar acumulan un 90% (81/90) y las cifras se disparan al 100% en el Bosquejo histórico-crítico de la poesía castellana de Cueto (30/30) o en España:

ENTRE GRAMATICALIZACIÓN, ESTRUCTURA INFORMATIVA Y TRADICIONES

297

A 1900 se llega, pues, con una tendencia regresiva de la anteposición que no hace sino confirmarse a lo largo del siglo XX: la cantidad de textos con anteposición baja al 90%; la proporción frente a la posposición cae rápidamente al 43% hasta 1945 y al 30% entre esa fecha y 1975; el porcentaje de textos donde la anteposición domina se desploma hasta menos de un tercio del total (31,5%) en los primeros cuarenta y cinco años y de nuevo, hasta quedar por debajo de un cuarto (23%), en los treinta siguientes. El fenómeno goza, por tanto, de una amplia difusión textual heredada de tres siglos de continua expansión, pero resulta claramente minoritario frente a la posposición por vez primera desde los inicios del seiscientos. A la cabeza de este veloz retroceso se sitúa nuevamente, como muestra la Tabla III, la prosa de ficción63, mientras el teatro, las obras autobiográficas y la correspondencia privada regresan a los índices casi nulos de sus monumentos y artes, su naturaleza e historia de José María Quadrado (54/54), por encima incluso de un Manual de oratoria sagrada (57/58) o de El cristiano instruido en su ley (56/69, 81%). Es notablemente baja, en comparación, la proporción de nada prepuesto en los escritos sociales de Concepción Arenal (202/400, 50,5%), en la mitad de cuyas obras (6/12) prevalece, de hecho, la posposición. 63 Hay una tendencia a promover la anteposición entre ciertos narradores modernistas, desde Martí (14/27 o 52% en dos obras) a Lugones (31/35, un 88,5%, en sus Cuentos fantásticos), pero no en otros (7/28 o 25% en los cuentos de José Asunción Silva, 12/34 o 35% en los de Rubén Darío, 11/57 o 19% en los de Horacio Quiroga); más clara es la preferencia por nada prepuesto en los novelistas españoles de la “Generación del 14”, como Miró (26/45 o 58%) o Pérez de Ayala (63/95 o 66%) y en algún autor a contracorriente, como Felipe Trigo (41/74 o 55%), quizá como parte de la reacción frente a noventayochistas tan proclives a la posposición como Ganivet (28/120, 19% de anteposición), Azorín (21/125, 17%) o Baroja (17/186 o 9% en sus novelas, 24/631 o 4% en sus memorias), e incluso los precursores Unamuno (44/144 o 30,5% en sus novelas, frente a 74/113 o 65,5% en sus ensayos) y Valle (con menor índice de anteposición en su obra narrativa –27/69 o un 39%– que en la teatral, con 36/76 o el 47%). La narrativa historicista y costumbrista mantiene la anteposición como rasgo de género (9/10 en La gloria de don Ramiro de Larreta, 38/40 en El regente Heredia de Briceño-Iragorry, todavía 21/31 o 68% en Los usurpadores de Ayala, 38/56 o 68% en El siglo de las luces de Carpentier, o 94/144 o 65% en Bomarzo; 23/31 o 74% en las Tradiciones argentinas de Obligado, 21/25 o un 84% en las Escenas cántabras de Hermilio Alcalde del Río, etc.). En las primeras décadas del siglo se aprecian aún frecuencias elevadas de nada prepuesto en algunos destacados narradores hispanoamericanos, tales José Eustasio Rivera (18/34 o 53% en La vorágine) o Rómulo Gallegos (51/95 o 54% entre Canaima y Doña Bárbara), pero la anteposición es ya inhabitual entre los autores del boom de los sesenta (46/154 o 30% en Carlos Fuentes, 25/100 en García Márquez, 38/227 o 17% en Cortázar, 49/310 o 16% en Donoso, 13/112 o 12% en Cabrera Infante, 20/367 o 5,5% en Vargas Llosa…); en la segunda mitad del siglo, y al margen de las narraciones históricas, la anteposición solo domina ya claramente en Borges (36/44, 82%), y algo menos en Cunqueiro (7/12, 58%) o en alguna obra de Benet (Un viaje de invierno, con 23/39 o 59%, pero 8/49 o tan solo el 16% en Volverás a Región): la nómina habla por sí sola.

II B

II A

IB

IA

61% (96/157) 68% (63/93)

Discursos académicos

64% (307/480)

Filología, bellas artes

Filosofía, psicología, antropología, teoría política y económica

55% (588/1066)

Prosa ensayística

96% (44/46)

66% (118/178)

Ciencias exactas y naturales, medicina

Estudios jurídicos

46% (74/162)

Epistolarios

78% (196/252)

42% (10/24)

Relaciones de viajes

Estudios históricos

39% (76/193)

40% (1821/2754)

28% (147/373)

% anteposición a1945

Memorias, autobiografías

Narrativa

Teatro

Clase textual

58% (63/109)

52% (340/652)

70,5% (55/78)

50% (192/386)

44,5% (295/662)

44% (77/176)

39% (90/231)

24,5% (62/253)

16% (6/38)

13% (169/1310)

23,5% (1653/5391)

15,5% (149/819)

% anteposición p1945

79% (15/19)

50% (5/10)

100% (2/2)

70,5% (12/17)

83% (20/24)

71,5% (20/28)

87,5% (14/16)

33% (1/3)

0% (0/2)

25% (2/8)

23,5% (33/141)

18,5% (7/38)

antp. ≥50% a1945

TABLA III Anteposición y posposición por grupos de textos en el siglo XX

70% (14/20)

54% (13/24)

67% (4/6)

56% (14/25)

61% (17/28)

37,5% (3/8)

25% (3/12)

0% (0/4)

0% (0/1)

9% (1/11)

13,5% (16/117)

9% (4/45)

antp. ≥50% p1945

298 ÁLVARO S. OCTAVIO DE TOLEDO Y HUERTA

74% (20/27)

62,5% (299/478)

Religión, historia eclesiástica

Normas, documentos administrativos

40% (109/273)

30% (25/83)

Prensa periódica

Textos técnicos

% anteposición a1945

77% (10/13)

68% (314/463)

40% (31/78)

41% (143/346)

% anteposición p1945

100% (4/4)

63,5% (7/11)

51,5% (17/33)

50% (6/12)

antp. ≥50% a1945

100% (3/3)

70% (7/10)

54% (7/13)

36% (8/22)

antp. ≥50% p1945

Grupo I (Ia-Ib): Fuerte descenso de la anteposición (≈40-60%), porcentaje inicial 40%. Grupo IIb: Descenso leve (≈15%), porcentaje inicial >60%, y final >50%. Grupo III: Sin descenso apreciable: porcentajes inicial y final moderados (< ≈40%, IIIa) o altos (>60%, IIIb).

III B

III A

Clase textual

TABLA III (Cont.)

ENTRE GRAMATICALIZACIÓN, ESTRUCTURA INFORMATIVA Y TRADICIONES

299

300

ÁLVARO S. OCTAVIO DE TOLEDO Y HUERTA

antes de 1600; mayor resistencia muestra la prosa erudita (ensayo, filología, estudios históricos y artísticos), con un apreciable descenso a mediados de siglo64 en todas las disciplinas salvo las de filiación filosófica y política65; siguen siendo bastión irreductible del negador antepuesto, en cambio, la prosa administrativa y los textos religiosos. Con pequeñas salvedades, pues,66 la retracción de nada prepuesto en el último siglo y medio recorre el camino textual inverso al de su expansión entre mediados del siglo XVI y finales del siglo XVII: las tradiciones que, gozando de cierta continuidad, siempre se caracterizaron por frecuencias de anteposición bajas (el teatro en prosa, las memorias y relaciones, las cartas) participan menos del apogeo del fenómeno entre 1700 y 1850, y prescinden raudamente de él cuando entra en declive; aquellas otras que, caracterizadas por la distancia comunicativa propia del ejercicio especulativo asociado con las disciplinas de alto prestigio intelectual, siempre fueron terreno fértil para la anteposición exhiben un grado muy notable de retención del fenómeno incluso cuando este pierde peso aceleradamente; en un terreno intermedio se ha venido situando, a lo largo de la historia del español, la narrativa, con contrastes considerables entre los distintos géneros.

64 En medio siglo se pasa, por ejemplo, del 82% de anteposición (308/376) en Menéndez Pelayo al 58% (60/103) en Menéndez Pidal y al 31-32% en Salinas (16/51) y Dámaso Alonso (23/72), o del 70% de los ensayos de Valera y el 65,5% de Unamuno (ver las notas 30 y 32) al 46,5% (85/183) de Ortega o el 31% (10/32) de Bergamín. 65 Nos referimos, claro está, a la teoría del estado, política y económica, influida a su vez sin duda por la prosa de los estudios jurídicos, que, si experimenta un descenso importante, mantiene con todo índices muy considerables de nada prepuesto al término del periodo. El discurso parlamentario, que siempre mostró frecuencias más discretas, solo alcanza un 18% de anteposición (9/49) en Azaña; frente a él, el discurso académico retiene proporciones por encima del 50% hasta finales del siglo XX. La inhibición de la anteposición se acelera, en cambio, en las ciencias exactas y naturales, posiblemente por el efecto del tránsito (especialmente apreciable, por ejemplo, en la medicina) de un paradigma epistemológico más especulativo a otro más empírico, lo que explica que sus cifras tiendan a equilibrarse con las de los textos técnicos, que casi no presentan variación dentro de sus frecuencias acostumbradamente moderadas. Tampoco varía apenas, dentro de un término medio mantenido desde sus orígenes, el porcentaje de anteposición en la prensa diaria. 66 La más notable, quizá, se da con los documentos legales, que cambian sustancialmente de naturaleza, al menos a efectos de su representación en el corpus, a partir del siglo XVIII (ver la nota 52). Tampoco la historiografía metódica de nuestros días se deja parangonar fácilmente con las crónicas y relaciones del periodo áureo, y el discurso científico del último siglo es en buena medida, claro está, de nuevo cuño.

ENTRE GRAMATICALIZACIÓN, ESTRUCTURA INFORMATIVA Y TRADICIONES

301

4. Conclusión El análisis de la historia de la alternancia negativa con el cuantificador nada revela una curva de ascenso y posterior descenso de la anteposición que había pasado inadvertida hasta la fecha, y que sin duda muestra una fuerte incidencia de factores de tradicionalidad discursiva67. En concreto, parece evidente que la inmensa mayoría de los usos prepuestos anteriores a 1400 se deben al influjo directo de las fuentes latinas, en las que nihil generalmente se antepone al verbo, y que el auge del fenómeno a partir del cuatrocientos guarda relación tanto con la difusión del humanismo latinizante como con la adopción de moldes textuales procedentes de otras variedades románicas que presentaban anteposiciones desde fecha muy temprana. La transformación del tipo Nada sé en marca de escrituralidad (es decir, de una tradicionalidad asociada a la distancia comunicativa) se consuma en el siglo XVI al amor del romanceamiento de otros discursos de prestigio y registro elevado cuya vía de expresión había sido tradicionalmente el latín, como el diálogo polémico o la prosa ascética, y cala en la prosa de ficción en el XVII para universalizarse en el primer español moderno (ca. 1675-1825). Su mayor o menor presencia en un texto permite distinguir el grado de distancia comunicativa pretendida, como muestra a las claras el cotejo de obras de diversos géneros producidas por un mismo autor (ver el Apéndice II). Su auge es inseparable de la atención prestada a la gramática latina como patrón sobre el que modelar la de las lenguas vernáculas, pues el afán por advertir y evitar los peligros de la doble negación (11a) o de reprimir los excesos ultracorrectos (11b) es ya manifiesto en las primeras gramáticas y obras de reflexión acerca del idioma, es decir, en los primeros momentos de su gramatización (en el sentido de Auroux 1994), del mismo modo que pesa durante siglos en la conciencia de los escritores, así sea con propósito satírico (11c) o para denunciar la vacuidad de la analo-

67 Para la noción de tradición discursiva, cf. sobre todo Koch (1997; 2008), Oesterreicher (1997; 2007), Wilhelm (2001), Aschenberg (2003; ms. [2011]), Kabatek (2005a, 2007, 2011), López Serena (en prensa). A efectos del estudio histórico de la difusión de fenómenos sintácticos, es incluso de mayor interés el concepto de tradicionalidad (cf. el adjetivo alemán diskurstraditionell), que permite arracimar tanto porciones como grupos de textos de diversos géneros o tipos en torno al uso común y repetido de un procedimiento o estructura, como la anteposición de los indefinidos negativos. Frente a lo que en ocasiones se piensa, pues, ni la tradición discursiva coincide necesariamente con un género o tipo textual (aunque, naturalmente, también puede ser uno, o ser parte de uno, o englobar varios) ni el interés de la tradicionalidad discursiva para la lingüística es primordialmente tipológico, sino que reside en su capacidad para dar cuenta de la historicidad (en sentido coseriano: cf. Oesterreicher 2001; 2006) que surca y vincula la génesis y el desarrollo de las más diversas producciones textuales.

302

ÁLVARO S. OCTAVIO DE TOLEDO Y HUERTA

gía entre las dos lenguas (11d), que no es sino una forma indirecta de afirmar su vigencia68. (11) a. Nuestra lengua enesto peca mucho; poniendo dos negaciones por una, como si dixéssemos no quiero nada, dizes ala verdad que quieres algo (Nebrija, Gramática sobre la lengua castellana, IV, 7, 52r; ed. de Carmen Lozano, Barcelona: Real Academia Española, p. 135). b. Muchos ay que porque saben o an oído dezir que en lengua latina dos negaciones afirman, pensando que hazen lo mesmo en la castellana, huyendo dellas gastan algunas vezes el estilo; porque, si an de dezir: No diga ninguno: destágua no beveré, dizen: No diga alguno (Juan de Valdés, Diálogo de la lengua; ed. de Cristina Barbolani, Madrid: Castalia, p. 236). c. No quiero nada peca en lo de las negaciones, y debe decirse: quiero nada (Quevedo, Cuento de cuentos; ed. de Celsa Carmen García Valdés, Madrid: Castalia, p. 390). d. ¿Y aquello de que la lengua latina es una lengua muy filosófica, vaciedad tantas veces repetida? Una prueba de su filosofía era que dos negaciones afirman, como si al hallarse ellas en una frase se vieran obligadas a embestirse mutuamente, como perros en pelea, y a devorarse una a otra, y no pudieran más bien unirse amigablemente y así, juntas, negar las dos doble que una negara! Y el caso fué que, revolviendo yo en mi mente esta doctrina di en pensar que es incorrecto decir: “no hay nada” y equivalente a decir “hay algo” (Unamuno, Recuerdos de niñez y de mocedad, 1908). 68

De fines del siglo XVI a mediados del XIX, la anteposición se transforma, pues, en un recurso muy útil para, siguiendo el modelo latino, evitar la CN, pues la supresión del negador no con el cuantificador pospuesto es sumamente esporádica y, como era de esperar, coincide en el tiempo con el periodo de más intensa anteposición, esto es, el español clásico avanzado y el primer español moderno: “peor es ocuparse en lo impertinente que hacer nada” (Gracián, Oráculo manual, 33, 204). En esa misma época se localiza también algún ejemplo aislado que apunta hacia la gramaticalización de nada como negador preverbal semejante a no (cf. García Cornejo 2009: 374 [ejemplos k-m] y véanse las evoluciones galorrománicas e italorrománicas comentadas en la nota 18), desarrollo que en español nunca se ha consumado: “tan pobre que nada conozca en la casa que vive” (San Juan Bautista de la Concepción, Tratado de la humildad, 1609). Afloran entonces igualmente fenómenos sumamente inusuales a lo largo de la historia, como el doblado mediante clítico de un nada antepuesto (“y nada que sea humano lo reputo ageno de mi”; Juan de Gonzalo Nieto Ibarra, trad. de Juan Luis Vives, Tratado del socorro de los pobres, 1781) o cierta difusión de la secuencia nada otra cosa (“persuadiéndose que azia la parte del occidente nada otra cosa avía que las profundas aguas del occeano”; Juan de Villagutierre, Historia de la conquista de la provincia del Itzá, 1701), donde nada ejerce una función modificadora de sintagma, análoga a la de ningún + SN, que recuerda a la que al parecer se preservaba aún en el primer tercio del siglo XX en zonas del sur de los Estados Unidos dentro de la secuencia cosa nada (“no hizo cosa nada” ‘no hizo gran cosa’; cf. Rael 1934: 32).

ENTRE GRAMATICALIZACIÓN, ESTRUCTURA INFORMATIVA Y TRADICIONES

303

A su vez, el descenso progresivo, pero firme del fenómeno en el último siglo y medio debe ponerse en relación, sin duda, con la emancipación respecto del paradigma de imitación clásica que se abre paso a partir del Romanticismo. Hoy, la anteposición de nada resulta apropiada en textos escritos (más rara vez, orales) que se asocian marcadamente a la distancia comunicativa: el énfasis que los hablantes perciben –y los gramáticos describen– en ejemplos como los de (4) es, así, ante todo un énfasis concepcional (o, en otros términos, de registro). Que el cuantificador antepuesto ocupe una posición característicamente focal no significa que esté sistemáticamente focalizado o revele la presencia de un foco oracional (aunque ello no sea imposible, claro está, en algún caso). Por otro lado, la gramaticalización que parece revelar la pérdida de la CN preverbal podría ser, en último término, un espejismo, pues la asimetría actual podría tener en su raíz la mímesis del comportamiento de los indefinidos negativos antepuestos del latín (cf. la nota 37); pero no es necesario llegar tan lejos: suponiéndole al proceso de gramaticalización secundaria de las palabras-n la realidad que parece confirmar la evolución de numerosas lenguas, los datos aquí expuestos revelan no obstante la necesidad de precaverse contra generalizaciones ciegas que asocien automáticamente el grado de gramaticalización y la frecuencia de uso. El modelo de gramaticalización, centrado en la fase de innovación del cambio, necesita dotarse de otros modelos complementarios para explicar la adopción de las formas y construcciones dentro de una comunidad lingüística, y el paradigma de las tradiciones discursivas puede proporcionarle en ello ayuda inestimable. La gramática formal, que tan útiles instrumentos de análisis ha diseñado en las últimas décadas, vive generalmente de espaldas a la consideración de la variación diafásica y concepcional, lo que impide en ocasiones una valoración más depurada de algunos problemas de sintaxis. En el caso que nos ocupa, el establecimiento del estatuto variacional de nada a través del estudio cuantitativo de la tradicionalidad discursiva que revela su difusión no solo añade detalles valiosos, pero prescindibles en un análisis gramatical, acerca del impacto textual o la “historia externa” de esta forma; la importancia de este acercamiento va mucho más allá, pues proporciona claves sin las que, a nuestro entender, no es posible dar cuenta satisfactoriamente ni de su comportamiento sincrónico ni de los avatares de su historia. Cabe aquí, naturalmente, una objeción razonable, que atañe a la posibilidad de extender las conclusiones extraídas a propósito de la observación de nada al resto de los indefinidos negativos del español. Tal cosa, claro está, solo es posible hasta cierto punto: puesto que nadie, por ejemplo, es animado, no llama la atención su frecuente aparición en posición preverbal como sujeto o experimentante, y su estatuto variacional es, por tanto, diferente al de nada. Tampoco parece extraña esa posición para un adjunto temporal como nunca. Lo que pretendemos aquí no es ofrecer una explicación general de la aparición ante el verbo de

304

ÁLVARO S. OCTAVIO DE TOLEDO Y HUERTA

las palabras-n, sino la que parece cuadrar mejor con aquellos sintagmas cuya posición preverbal se antoja particularmente marcada. Resulta evidente, por lo demás, que cada una de estas piezas tiene su propia historia: nunca puede prescindir de la CN desde los orígenes, quizá por ser el único elemento negativo heredado (ver la nota 16), y es posible que ninguno y ningún + SN con referente inanimado no se toleren bien delante del verbo (ver los ejemplos de 5) simplemente porque con estas piezas han sido menos eficaces las conexiones de tradicionalidad discursiva con el equivalente latino (aquí, nullus) que de manera evidente vinculaban, en cambio, a nada y nihil: si en el caso de estos últimos elementos basta con suplir un pronombre con referencia propia por el otro en cualquier contexto, con nullus la mayor o menor tradicionalidad no afecta solo a esta pieza, sino al nombre al que acompaña o al que refiere, de forma que Ninguna esperanza tengo (o Busco una esperanza, pero ninguna encuentro) pueden estar avalados tradicionalmente, pero Ninguna moneda suelta tengo (o Busco una moneda suelta, pero ninguna tengo) pueden no estarlo y hacerse, por ello, sumamente extraños para el receptor. Un estudio de todos los entornos en los que figura cada elemento en términos de tradiciones discursivas será el único que permita, seguramente, recuperar la concreta historicidad que los caracteriza individualmente y, con ello, acceder a una mejor comprensión de las particularidades de uso que los distinguen.

ENTRE GRAMATICALIZACIÓN, ESTRUCTURA INFORMATIVA Y TRADICIONES

305

5. Apéndices APÉNDICE I Distribución documental por periodos de la anteposición y posposición (una colección documental o epistolar se considera un único documento) Documentos

Sin anteposición

Anteposición > 50%

Casos únicos69

1100-1399

127

82 (64,5%)

4 (3%)

17 (1/16)

1400-1500

127

58 (46%)

6 (5%)

26 (3/23)

1501-1550

137

54 (39,5%)

4 (3%)

20 (1/19)

1551-1600

199

71 (36%)

18 (9%)

31 (9/22)

1601-1650

205

51 (25%)

39 (19%)

34 (16/18)

1651-1700

53

13 (24,5%)

15 (28%)

7 (5/2)

1701-1750

51

2 (4%)

20 (39%)

9 (5/4)

1751-1800

92

2 (2%)

64 (70%)

10 (9/1)

1801-1850

151

4 (2,5%)

115 (76%)

10 (9/1)

1851-1900

329

8 (2,5%)

180 (55%)

13 (7/6)

1901-1945

387

28 (7%)

122 (31,5%)

9 (3/6)

1946+

339

24 (7%)

79 (23%)

16 (10/6)

Periodo

69 Es decir, textos con un solo caso de nada, ya antepuesto (a la izquierda de la barra) o pospuesto (a la derecha).

306

ÁLVARO S. OCTAVIO DE TOLEDO Y HUERTA

APÉNDICE II Relación de autores con variación significativa de la frecuencia de anteposición en función del tipo de texto (siglo XVII-1936) Francisco de QUEVEDO Sto. Tomás de Villanueva Entremeses en prosa Buscón Obras festivas Sueños Política de Dios Lágrimas de Jeremías Hora de todos La cuna y la sepultura Obras políticas breves Chitón de las tarabillas España defendida Execración contra judíos Virtud militante Total

0 0 1 2 6 15 3 5 9 7 2 2 3 9 57

3 3 21 18 32 20 4 6 9 4 0 2 2 3 123

0% 0% 4,5% 10% 16% 43% 43% 45% 50% 64%

3 8 35 29 27 31 6 27 4 170

9 14 27 19 13 11 1 3 0 97

25% 36% 56,5% 60% 67,5% 74% 86% 90% 100% 64%

6 35 20 18 25 104

5 20 9 2 29 65

54,5% 64% 69% 80% 86% 61,5%

75% 32%

Leandro FERNÁNDEZ DE MORATÍN Comedia nueva Sí de las niñas Epistolario Viaje a Italia Trad. Hamlet Opúsculos sobre teatro Derrota de los pedantes Orígenes del teatro esp. Vida de Nicolás Moratín Total Nicomedes Pastor DÍAZ Discursos políticos Los problemas del socialismo Artículos y opúsculos políticos A la corte y a los partidos Vidas Total

ENTRE GRAMATICALIZACIÓN, ESTRUCTURA INFORMATIVA Y TRADICIONES

Mariano José de LARRA Teatro (incluye traducciones) Artículos El doncel de don E. el Doliente Trad. Lamennais, El dogma de los hombres libres Total

68 74 59

108 100 14

38,5% 42,5% 81%

17 218

3 225

85% 49%

0 3 14 29 21 10 77

7 9 13 7 3 1 40

0% 25% 52% 80,5% 87,5% 91% 66%

1 154 127 105 49 436

4 121 65 45 16 251

20% 56% 66% 70% 75% 63,5%

2 10 30 6 26 74

7 33 38 4 8 90

22% 23% 44% 60% 76,5% 45,1%

28 3 8 7 46

120 8 19 1 148

19% 27% 29,5% 87,5% 24%

Gustavo Adolfo BÉCQUER Un drama Narraciones Leyendas Hist. de los templos de España Artículos Desde mi celda Total Juan VALERA Teatro Epistolario Novelas Estudios históricos y políticos Discursos académicos Total Emilia PARDO BAZÁN La cocina española Los pazos de Ulloa La quimera La cuestión palpitante San Francisco de Asís Total Ángel GANIVET Pío Cid Cartas a Unamuno Ideárium español España filosófica Total

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Miguel de UNAMUNO Fedra Novelas Epistolario Ensayos Total

1 44 69 74 188

9 100 55 39 203

10% 30,5% 56% 65,5% 48%

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T H E I N T E R P L AY O F O B J E C T C L I T I C D O U B L I N G A N D T H E G R A M M AT I C A L I Z AT I O N O F A D D R E S S FORMS IN THE GENRE OF COLLECTIONS O F L E T T E R S I N S PA N I S H (PELIGER, 1599; PÁEZ, 1630; SOBRINO, 1720)* DANIEL M. SÁEZ RIVERA Universidad Complutense de Madrid

1. Introduction The discourse genre1 of letters has been identified by authors such as García Godoy (2008: 37-39), King (2010: 535-536), and, previously, Brown/Gilman (1960: 254) as an especially appropriate source for the historical study of address forms. For this reason, in the present work, I endeavor to study three examples from the discourse tradition of collections of letters used for the purpose of learning how to use proper address forms, language, and style in letters (see e. g. Egido 1995, Große 2006, Sáez Rivera 2008, and Medina Morales 2012 for this class of text). The collections chosen are Formulario y estilo curioso de escrivir

* This study is an English rendering of the paper “La interacción entre la duplicación clítica de objeto y la gramaticalización de las formas de tratamiento en la tradición discursiva de los manuales de cartas: Peliger (1599), Páez (1630), Sobrino (1720)”, presented at the Coloquio Internacional La creación de gramática, léxico y textos./International Colloquium Interrelaciones/Correlations in the creation of grammar, lexical items, and texts, which took place in the Eberhard Karls Universität Tübingen from the 13th to the 15th of May 2012. Both the Colloquium and this work were funded by the Spanish national funded Programes 3 project, reference FFI02828/FILO. I am thankful to the rich discussion held after my presentation, especially the ideas prompted by José Luis Girón Alconchel and the bibliography provided by Johannes Kabatek. I must also thank Oliver Shaw for his thorough checking and editing of the English wording of the text, and I am also thankful to Daniela Schon for her valuable comments to a first draft of the article. 1 I prefer to use the term genre as defined by e. g. John Swales (1990: 58) rather than the much broader concept discourse traditions (DT) employed in German variationist linguistics and in Spanish due to German influence (see for instance Koch 1997 and Kabatek 2005). Genres are actually a kind of discourse tradition according to this theory, but also address formulae (see Koch 2008), both as traditionally and historically transmitted. For a merging of both points of view upon genre (Swales’ theory and DT views), see Sáez Rivera (2008: 1156-1157).

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cartas missivas (Madrid: Pedro Madrigal, 1599) by Juan Vicente Peliger, Nuevo estilo y formulario de escrivir cartas misivas, y responder a ellas… (Cordoua: Salvador de Cea Tesa, 1630) by Juan Paez de Valenzuela y Castillejo, and the Spanish part of the Secretario español enseñando la manera de escribir cartas españolas, segun el estilo moderno, esplicadas en Francès…. (Bruselas: Francisco Foppens, 1720) by Francisco Sobrino. The title pages from the first editions studied appear in the annexes. Using the corpus-analysis program Wordsmith Tools, the computer transcriptions of these texts, originally produced for the Programes project, are analyzed in order to establish how address forms evolve in their form and addressee, in some cases from collocations and constructions to lexicalized items and even grammaticalized pronouns, and also how this evolution could interact with the expansion of object clitic doubling from personal pronouns to address forms and newly grammaticalized address pronouns in different degrees like vuestra merced > usted (Sáez Rivera 2003, 2006, 2008), but also vuestra señoría > usía (see this volume), and vuestra excelencia > vuecencia (Sáez Rivera, 2013). The correspondence between address forms and addressee displayed in the three collections studied here is also compared with the laws for the use of address forms enacted at the time by the Spanish monarchy.

2. The genre of collections of letters or secretarios In the Middle Ages, ancient rhetorical studies took the shape of ars dictaminis as a means of carrying out administrative practices, with their primary goal being to create wording models for letters and documents (Curtius 1955[1948]: 117). Models of letters, known as formulae and disseminated in special collections, were already in existence during the Merovingian and Carolingian times as an indispensable tool of the Royal and Ecclesiastical Chancellery, although it was not until the late 11th century that they were actually developed by the addition of prologues and precepts to the epistolary models (Curtius 1955[1948]). Nevertheless, the first great work of ars dictandi (treaties of ars dictaminis) is written in the 12th century, Adalbertus Samaritanus’ Praecepta dictaminum (between 1111 and 1115/1118), but actually the first prototypical epistolary manual was compiled by Huge of Bologne, Rationes dictandi prosaice (1119-1124) (Große 2006: 319). This kind of collection came to be known later as formularios (see Peliger 1599 and Páez 1630) or secretarios (see Sobrino 1720), which can be defined as ‘a collection of prescriptions and letter models with a practical and a didactic goal’ (“una colección de preceptos y modelos epistolares que tiene una finalidad práctica y didáctica”, Große 2006: 322). Nevertheless, the monolingual texts

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written in Spanish by Peliger and Páez on the one hand and the bilingual collection presented by Sobrino in the corpus studied here on the other fall into somewhat different discourse traditions. The formularios by Peliger and Páez could be seen as a particular and late evolution in the tradition of textbooks for clerks and scribes working normally as secretaries, i. e. writers of letters, which provide information not only about address forms, layout, and parts of epistles, along with text models, but also instructions on calligraphy and orthography, with the work by Antonio Torquemada Manual de escribientes (1550-1560?) being the best-known token and masterpiece of the genre2. The difference between these manuals and the formularios lies in the simplification of content to only the models for letters and, in some cases, introductory and supplementary instructions, above all on the complex use of address forms. Sobrino’s Secretario español is, in contrast, linked to the custom seen in textbooks for teaching modern foreign languages of including some examples of letters as possible recyclable models, a tradition which stems from Berlaimont’s Colloquia with a small dictionary, blueprints of grammar and also some samples of commercial letters3. The discourse genre consisting exclusively of letters (and not including dialogues) was first developed for Italian volgare around 1230; the French tradition is also longstanding: since the publication of the first collection in French in 1553, the number of tokens published over several centuries has reached almost a thousand (Große 2006: 321-322). One of the first examples of the kind in Spain is the Estilo y formulario de cartas familiares, segun el gouierno de prelados y Señores temporales (1582) by Jerónimo Paulo de Manzanares (Große 2006: 322). Sobrino’s Secretario marks the beginning of a genre with a strong development in the 18th and the 19th century both in bilingual format for learning Spanish and also in monolingual volumes geared toward Spanish speakers (see Medina Morales 2012 for the 18th century and Große 2006). Although the main characteristic of letters as a class of text (as outlined by Violi 1999) can be applied to each of the individual pieces composing each collection, we have to be cautious when analyzing these letters since they are not real tokens of the genre of letters, but rather pregramatized artifacts for teaching and learning Spanish4 and/or its address forms, which results in an increase of the formulaic and a decrease of naturality in style (Sáez Rivera 2008: 444).

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For a good account of this class of texts in the Spanish Golden Age, see Egido (1995). Regarding Berlaimont’s texts derivatives and for additional bibliography, see Bourland (1933), Sáez Rivera (2008: 196-203) and Pablo Núñez (2010: 91-198, 202-312). 4 The fact that language in grammars and alike is pregrammatized or “pre-grammaticalisé” is a finding of Besse (2001). 3

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2.1. PELIGER Juan Vicente Peliger is the author of Formulario y estilo curioso de escrivir cartas missivas, published in Madrid by Pedro Madrigal5. The original print is an octavo volume comprised of 114 numbered folios and 6 additional sheets, in roman and italic script6. This work gave way to other revised and expanded editions, published with some variations in the title, as can be seen in the digital catalogues of the Spanish National Library (“Biblioteca Nacional de España”, i. e. “BNE”), the Spanish Catalogue of Bibliographic Heritage, “Catálogo Colectivo del Patrimonio Bibliográfico” (CCPBE), and Palau’s bibliography (1959, 216523-216538, s. v. Peliger): 1. Primera parte del estilo y metodo de escriuir cartas missivas y responder como conviene a ellas... Valencia: Pedro Patricio Mey, 1600. 2. Segunda parte del estilo y metodo de escriuir cartas missiuas, y responder como conuiene a ellas... Valencia: Pedro Patricio Mey, 1601. 3. Primera, y segunda parte del estilo y methodo de escriuir cartas missiuas, y responder como conuiene a ellas..., conforme a la nueua pragmatica de España. Valencia: Pedro Patricio Mey, 1607, the starting point for further reprints by several printers in 1611, 1615, 1616 and 1619, 1624. 4. Formulario y estilo curioso de escrivir cartas misivas…, y la que deven tener qualesquier Prelados y Señores en las que escrivieren a todo genero de Personas. Brussels: R. Vulpius, 1602, reissued by the same printer as Estilo y metodo de escrivir cartas missivas… in 1607 and 1608. 5. Estilo y methodo de escribir cartas missivas y responder como conuiene a ellas, en qualquier genero de conceptos, negocios y coyunturas, conforme a la nueua pragmatica de España. Zaragoza: Carlos de Lauayen and Iuan de Larumbe, 1607, reprinted in 1608, 1615, 1617, 1631 and 1645 by different printers. In some title pages, starting off with the first edition, more information is furnished about our author, namely that he was born in Valencia; the presence of

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I used the copy from the Spanish National Library, “Biblioteca Nacional de España”, call number R-9196. This is also the source of the transcription and grammatical tagging made under the auspices of the Programes project by the student Fernando Sánchez Calvo in 2003, which was thoroughly checked by myself. The transcription can be accessed at . 6 A facsimile modern edition was released in Valencia by Librerías “París-Valencia” in 1993.

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many Church address forms in the Formulario could be attributed to the fact that the author probably performed ecclesiastical tasks.

2.2. PÁEZ In 1630, Juan Páez de Valenzuela y Castillejo published his Nuevo estilo y formulario de escrivir cartas misivas, y responder a ellas in Córdoba, Spain, in the house of Salvador de Cea Tesa, his customary printer7. The original print is a quarto volume composed of 16 initial sheets and 212 pages, both in roman print and italics. The book enjoyed longstanding success, with further editions issued by several printers in 1644, 1645, 1650, 1656, 1664, 1668, 1675, 1677, 1693, 1699, 1711, 1717 and 1728 (see BNE, CCPB catalogues, Palau 1959, 208600208609)8. Juan Páez (unlike Peliger) is not the author of just one work, since he also wrote the following pieces, released before the Nuevo estilo y formulario (see BNE, CCPB and Palau 1959, 208594-208597): 1. Relacion brebe de las fiestas, que en la ciudad de Cordoua se celebraron à la Beatificacion de ... santa Theresa de Iesus, fundadora de la reformacion de Descalços y Descalças Carmelitas: con la Justa literaria, que en ella vuo; y Sermon que predico ... Aluaro Piçaño de Palacios [Cordoba]: [s. n.] 1605, with reissue in 1615. 2. Vida del Siervo de Dios Francisco de Sancta Anna hermano Mayor de los hermitaños del Monte del Albayda. [Cordoba]: Salvador de Cea Tesa, 1621, with a reprint by the same author and printer in 1626. 3. Tratado de la invencion y aparecimiento de la Virgen Santissima de Nuestra Señora de Villa Viciosa. Cordoba: Salvador de Cea Tesa, 1622, with a late edition in [Cordoba] in 1715, printed by Estevan de Cabrera. 4. Relacion del reciuimiento, hospedaie, y fiestas q[ue] el Marques del Carpio... hizo al Rey D. Philippe IIII ... en su estado, y villas del Carpio, y Adamuz, y cacería de sus montes: lunes a los 19 del mes de febrero deste

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The employed copy comes from the Spanish National Library, where it is stored under the call number R-4151. This is also the source of the transcription and grammatical tagging carried out under the auspices of the Programes project by the student Isabel Santos Bueno in 2003, which was thoroughly checked by myself, and can be consulted at . 8 For the content of this work in its 1693 edition, and a comparison with the Secretario de Señores by Pérez del Barrio del Angulo, first published in 1621, see Große (2006: 326-330).

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presente año de 1624 / [el Licenc. Iuan Paez de Valençuela] [Cordoba]: Saluador de Cea Tosa, 1624. 5. Relacion del auto general de la fe que se celebrò en la ciudad de Cordoua, à dos dias del mes de diziembre deste presente año de mil y seyscientos y veinte y cinco. Por ... Damia[n] de Armenta y Valençuela... Iuan Ramirez de Contreras del Habito de Sanctiago. Y el D. Christoual de Mesa Crotes... Inquisidores Apostolicos de la mesma ciudad... [Cordoba]: Francisco Romero, 1625. In the title pages of some of his works, Juan Páez is introduced as being a graduate of the University (“licenciado”), and the title page of his Nuevo estilo y formulario de cartas published in 1630 (see annex) reveals that he was a priest (“Presbítero”) in Cordoba. As a member of the Church, he wrote about many pious matters and shows a deep knowledge of ecclesiastical address forms in his Nuevo estilo y formulario.

2.3. SOBRINO Secretario español enseñando la manera de escribir cartas españolas, segun el estilo moderno, esplicadas en Francès is an octavo volume written by Francisco Sobrino and published in 1720 in Brussels by Francisco or François Foppens, the trustworthy printer of the author9. This is an octavo volume comprised of 352 pages (the first two not numbered), printed in roman and italic script. This bilingual collection of letters in Spanish and French, each language presented on opposite pages, achieved some degree of success, with two reprints by Foppens in 1732 and 1747, and an anonymous counterfeit edition released in 1732 in Cologne by the heirs of Hermanno Demmen. This edition is actually identical to Secretario español by Sobrino, although Sánchez Pérez (1992: 191) and later Medina Morales (2012: 217) think it is a different and anonymous work10. Francisco Sobrino, a teacher of Spanish in Brussels and a former soldier in the Spanish Army, published some other works, which are all incremental copies11 of

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The copy analyzed in this study is the one located at the Biblioteca Nacional de España (BNE), i. e. the Spanish National Library, under the call number BN 2/28540. I myself fully transcribed the work in 2002 for better and easier analysis. 10 Cf. Sáez Rivera (2008: 1142-1443, 1508-1511) for a fully bibliographic description of these prints. 11 This means: copies of previous works by other authors but in which some new material has been added and improvements have been made (see Sáez Rivera 2009: 138-139 for more details).

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previous work by César Oudin, the secretary and interpreter of the French kings Henry IV and Louis XIII12: 1. Nouvelle grammaire espagnole (Bruselas: Foppens, 1697), with further editions in 1703, 1712, 1717, 1732, 1738, 1740, 1745, 1752, 1772, 1777, 1784, 1788, 1790, 1793, 1798, 1801, or chain of changes performed over a single text over the time which continues up to the year 1913. 2. Diccionario nuevo de las lenguas española y francesa (Bruselas: Foppens, 1705), with some other editions in the 18th century: 1721, 1734, 1744, 1751, 1760-61. 3. Diálogos nuevos en español y francés (Bruselas: Foppens, 1708)13, with new editions in 1724, 1737, 1738, 1747, 1754, 1776, 1778, and 1787. For our purposes the last section is quite remarkable due to its use of address forms (“Titulos Que se an de dar à cada genéro [sic] de personas, de boca ô por escrito segun su calidad y profession. Titres Qu’on doit donner à chaque sorte de personnes, de bouche ou par écrit, selon leur qualité & profession.”), which comprises the pages 325-331 in the 1708s edition and stems from a similar section in the thematic vocabulary or nomenclature published by César Oudin at the end of his own collection of Diálogos en español y francés, first realeased in 1622 (the 1675 edition is the precise source of Sobrino’s enlarged rendering, see Sáez Rivera ed. 2002). This section on the address forms used in letters can be taken as the prologue or the instructions for the models of letters in Secretario español, so we can consider both the sub-section in Diálogos and Secretario español as complementary works.

3. Goals and methodology As already stated in the introduction, letters are highly suitable for the study of address forms (Brown/Gilman 1960: 254; García Godoy 2008: 37-39; King 2010: 535-536). These kinds of collections are especially interesting because they portray a wide range of social classes of the time. In this work, I will explain the uses of address forms in the corpus and the degree to which they abide by (or flout) the laws for their use.. I will also show how these uses interact with the 12

Regarding César Oudin, see e. g. Zuili (2005), and for Sobrino and his work, see Sáez Rivera (2003, 2004, 2008, 2009), especially the synoptic stemma of his complete works in Sáez Rivera (2006: 2008: 455), also for additional bibliography. 13 Edited by Sáez Rivera (2002).

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object pronoun clitic doubling and the lexicalization and/or grammaticalization of address forms in Spanish (see Sáez Rivera 2003, 2006, 2008, this volume and 2013), considering the increase and near obligatorification of clitic doubling in address forms as a proof of greater grammaticalization, since personal pronouns always duplicate from the beginning of the 17th century on (Rini 1990, 1992: 129). The corpus analysis program WordSmith 5 was a helpful tool for finding, counting, and analyzing examples stemming from of the digital transcript of the three members of the corpus (Peliger 1599, Páez 1630, and Sobrino 1720); two instances (Peliger and Sáez) were also properly tagged with the following tags: (for “formas de tratamiento” or address forms), (for the “complemento directo” or direct object), (for the “complemento directo preposicional” or prepositional direct objet, as in Quiero a María), (for the “complemento indirecto”, i. e. indirect object) and (for tagging clitic doubling, i. e. “duplicación clítica”).

4. Address forms in the corpus A synoptic view of the address forms used in the corpus can be obtained by consulting the tables in annex 2. In these tables, firstly the degree of dignity possessed by the addressee is stated (in roman script as found in the source and in italics for some global explanations in English), afterwards the vocative form in the heading at the beginning of the letter is provided, then the so-called narrative or “narrativo” as established in Sobrino (1708), i. e. the address form that should be used in the body of the letter or narratio, and finally the farewell formulae14. In the case of Sobrino (table 3), the data obtained from Sobrino (1720) is highlighted in boldface, in contrast to the instructions given in Sobrino (1708), which are partly in French. Further comments are furnished in the following sub-sections.

4.1. PELIGER (1590) The law or pragmática (1590) for the regulation of address forms15 reveals itself to be barely developed and followed in Peliger’s Formulario y estilo curioso de escrivir cartas missivas. In the visual rendering of address formulae, the most frequent tendency is shown by mixed forms of the abbreviation V. (standing for 14

The parts of a letter or partitiones since the ars dictandi are five: salutatio, captatio benevolentiae, narratio, petitio and conclusio (Große 2006: 320). 15 Regarding this law or these laws, see section 4.5.

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vuessa, the frayed form of vuestra, as it is found in some other loci of the text) and an abstract noun as the key for the dignity (magestad, señoría, merced, and so forth). The use of this second person plural possessive vuessa in address formulae, linked to the old vos16, which is nonetheless employed in the text for addressing servants on one hand and by religious authorities on the other, contrasts with the appearance of the third person possessive su, sus in free syntax (outside the formulae), as these formulae where considered to trigger concordance in the third person. In contrast to later works in the corpus, Vuessa Excelencia is not present in the address form system, and tú is also not found in the Formulario; moreover, vocative and farewell forms are not supplied. Due to the scarcity of information regarding addressees in many letters, the distinction between V. Señoria / V. Señora Illustrissima and V. merced (V.m.) is often blurred. The importance given to Church and religious address forms, which were only partially regulated by royal laws in the case of Church formulae, and legally established in each religious order’s rules (Marcos Sánchez 2002: 247), may hint that the author belongs to the religious world. Besides clitic doubling that will be later analyzed, a highlight of this text in the corpus can be seen in examples like (1) and (2), a sample of the possessive doubling construction, consisting of su/sus and the address formulae with V. + abstract noun, a medieval phenomenon used here for address forms as seeds for further development and expansion of this construction in American Spanish, above all in Mexican and Andean Spanish (Company 2006: 47-53)17: (1) No he menester yo esperar cartas ni comendaciones para sus cosas de V. Merced (Peliger 1599: 11r). (2) suplico a V. Señoria se sirua de fauorecerlas como yo lo confio y lo he confiado siempre de su valor de V. Señoria (Peliger 1599: 72 r).

4.2. PÁEZ (1630) The address forms found in Nuevo estilo y formulario de escrivir cartas misivas, y responder a ellas match up roughly in terms of use with the official laws for courtesy. The importance of Church and religious address forms is understandable for a priest like Father Páez. Unlike Peliger’s work, address forms are mostly displayed in abbreviated forms of different and unstable kinds, and the abbreviation V. stands here for Vues16

The pronoun vos suffered a politeness degradation, which is actually the origin of the development of address formulae in Spanish (see Lapesa 2000: 322-324). 17 Boldface added from now on by myself in all examples.

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tra, instead of vuessa. A similarity between the two texts is the use in free syntax of third person possessive su, sus as referring to persons absent or addressed facing the fosilization of vuestra in address formulae compounded with V. + abstract noun. And the alignment of some address forms with addressees is, again, not always clear due to the poor information found in some headings. Some new data is also found, such as the bare use of third person singular in the verb without the company of additional pronouns or formulae, and the use of Vos by the King, who also uses the second person plural for addressing cities under the form vosotros.

4.3. SOBRINO (1708) + SOBRINO (1720) Sobrino’s Secretario español (1720) seems to also follow or match up roughly with the courtesy laws established by the monarchy, which are summed up in Sobrino (1708). The address forms attested both in Sobrino (1708) and Sobrino (1720) are mainly the same, but sometimes this is not the case: for instance, the prescribed address form for the Emperor in Sobrino (1708) is, nevertheless, not found in Sobrino (1720), another instance of the mismatch between prescribed use, described uses, and written uses in grammars and metalinguistic works (following the classification by Girón Alconchel 1996 of usos prescritos, usos descritos y usos escritos). The scarcity of abbreviations is paralleled by a contrast between written form and oral use (see below). In any case, the scantly used abbreviation V. stands for Vuestra, as in Páez (1630). As a common denominator between the three texts (Peliger 1599, Páez 1630 and Sobrino 1720), su, sus is used as a referential and vocative possessive in free syntax versus vuestra in courtesy formulae with the pattern V. + abstract noun. As an improvement in Sobrino (1720) regarding former samples of the genre, the alignment of address forms with addressees is clear-cut. In the matter of address pronouns, vos is seen to be used as an address form by the King and by high members of the Church (the latter switching from vos to tú in the same letter when a bishop addresses a cousin; the change of address is metaphorical: from the bishop employing vos as a member of the Church to a relative using tú)18. The more informal pronoun tú appears in this kind of collec-

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“PRrimo. Me huelgo que mi carta os aya tocado el coraçon, con este intento os la escrivì. Dezisme que aveìs dado de mano à vuestra amiga, que aveìs rasgado los billetes de amores, y despedido el Page que llevava los mensages, aveìs hecho bien, todo lo apruevo, y

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tions of letters for the first time, in a symmetrical use among female friends, which contrasts with male friends who address each other using Vuestra Merced.

4.4. ORALITY AND WRITING OF ADDRESS FORMS IN THE EARLY 18TH CENTURY The alignment of abbreviations with address forms in a full or frayed variant is one of the many problems in research on the history of the Spanish language. However, at the end of the 17th century and the beginning of the 18th century, the views of grammarians on teaching Spanish as a foreign language can be used to make the subject clearer (see Sáez Rivera 2006, 2008). For instance, regarding the case of v. m. or vm. and its alignment with vuestra merced or a worn out form like vusted, voacé, usted, and the like, some other works by Francisco Sobrino are valuable as clues to assigning the abridged form usted to the oral language and the abbreviation v. m. standing for vuestra merced (vs. ms. for vuestra mercedes in the plural) to written language, as can be seen in (3) and (4): (3) par abus ou affectation, les Espagnols usent quasi à l’endroit de tout le monde, de usted, sauf les titres qui se donnent aux personnes de plus grand qualité, comme Señoria, Excelencia, Alteza, Reverencia, & autres. (Sobrino, Francisco: Nouvelle grammaire espagnolle. Brussels: Foppens, 1697, p. 36) [my translation: due to abuse and affectation, Spaniards use usted almost anywhere, with the exception of titles given to certain people of the highest status, like Lordship, Excellence, Highness, Reverence, and others]. (4) Les Espagnols se servent du mot vsted, qui est le pronom de la personne à qui on parle; & vstedes, quand on parle à plusieurs. Mais en ecrivant ils mettent v.m. pour le singulier, qui veut dire vuéstra merced, votre grace; & au plurier vs. ms., qui vaut autant que vuéstras mercedes; mais en parlant ils disent toujours Vsted, & Vstedes. (Sobrino, Francisco: Nouvelle grammaire espagnolle. Brussels: Foppens,1697, pp. 60-61) [my translation: Spaniards make use of the word usted, which is the pronoun for addressing the person you are talking to, and ustedes, when you talk to many. But in writing they put v. m. for the singular, which means vuéstra merced, your grace, and for the plural vs. ms., which stands for vuéstras mercedes; but when talking they always say Vsted and Vstedes].

desseo vuestra enmienda, alabo la resolucion que aveìs tomado de salir de Madrid, para ir à vivir à vuestro Castillo y conversar con el Cura de la aldea, que es hombre docto. Si mudais de vida, os estimarè, si no, no harè caso de ti; como no dependes de nadie, puedes hazer lo que quisieres. Guardete Dios como puede. Sevilla à 8. de Mayo 1718. / Tu aficionado Primo. / Don Felipe de Meneses [boldface added by me]” (Sobrino 1720: 208).

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The relationship between orality and writing is actually quite complex, as we can see in (5), where the grammarian Guillaume Maunory, who traveled to Spain and experienced Spanish first hand, posits that usté and ustés19 are used while talking, but on reading a letter aloud to an audience the abbreviation V. Md shall be read as Vosa Merced, an approximative rendering of vuesa merced, which sounds close to the Portuguese equivalent: (5) Et il faut prendre garde en lisant une Lettre tout haut devant quelqu’un, de dire en tous les endroits où seront ces deux mêmes lettres V. Md. Vosa Merced, quoyqu’en parlant les uns aux autres, l’on dise Vste au singulier, & Vstes au pluriel (Maunory, [Guillaume de]: Grammaire et dictionnaire françois et espagnol. Paris: la Veuve Claude Barbin, 1701, pp. 15-16) [my translation: And you must be aware to say Vosa Merced / when reading a letter aloud in front of someone anytime these two letters V. Md appear, although when talking to each other Vste must be said in singular and Vstes in plural].

The preference for usted is, moreover, paralleled by the drop of the former formal pronoun vos, which, at the time, was restricted to use by the king, priests, and literature, as Vayrac, the chaplain for Phillip V, states in (6), a statement which perfectly fits our corpus, where vos was already used only by the king and church officials: (6) le Pronom vos est entierement banni de la conversation & des écritures parmi les Espagnols n’ayant que le Roy, les Prédicateurs en Chaire, les Auteurs dans leurs Ouvrages, qui puissent servir sans pecher contre la politesse. (Vayrac, l’Abbé [Jean de]: Nouvelle Grammaire Espagnole,… Seconde Edition, revue, corrigée, & augmentée de plus des deux tiers. Avec un Traité sous le Titre d’Hispanismes. Paris. Pierre Witte, 1714, p. 597) [my translation: the pronoun Vos is absolutely banned in conversation and writings among the Spaniards, as only the King, the Preachers from the pulpit, and Authors in their works can use it without committing sin against courtesy].

4.5. ADDRESS FORM LAWS The many different kinds of legal texts regulating the use of the complex and various address forms current in the Spanish Monarchy during the Golden Age20

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These forms which drop the final -d through apocope are nowadays regarded as colloquial or vulgar, though at the time they were not (see Sáez Rivera 2012). 20 The first act regarding address forms dates back to 1586 (see Martínez Millán 1999).

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and the 18th century were included in the Nueva recopilación de las leyes de España, commonly known as Recopilación or ‘Compilation’. This compilation of several laws was ordered by Phillip II and enacted in 1567, with enlarged new editions from the 16th until the beginning of the 19th century. The last edition is the Novísima recopilación de las leyes de España, a collection ordered by Charles IV and promulgated in 1805. I will use the section on address forms from this last edition, which is the most complete (“TITULO XII. De los tratamientos de palabra y por escrito”, volume III in Novísima recopilación = NR 1805-1829: 174-182), as a source to describe the main address forms which are suitable for different addressees, starting with the monarch and ending with some supplementary changes implemented during the 18th century.

4.5.1. Kings: Magestad As can be seen in (7), “Señor” (‘Sir’) must be used to address the king in the heading of a letter, and “Dios guarde la Católica Persona de V. M.”, where “V. M.” stands for “Vuestra Majestad”, in the farewell, i. e. ‘God save the Catholic Person of Your Majesty’; in the address should be just “Al Rey Nuestro Señor” (‘To the our Lord the King”) stated: (7) D. Felipe IV. en los capit. de reformac. de 20 de Febrero de 1623 cap. 15., y pragm. Publicada en 7 de Agosto de 636. I Como quiera que no era necesario, en lo que toca á nuestras Reales Personas, innovar en cosa alguna de lo que hasta aquí se ha acostumbrado, todavía para que los demas con mayor obligacion y cuidado guarden y cumplan lo que acerca de esto se dirá adelante; queremos y mandamos, que quando se escribiere, no se ponga en lo alto de la carta ó papel otro título alguno mas que, Señor, y en el remate de ella no se diga mas que, Dios guarde la Católica Persona de V. M.; y sin poner debaxo otra cortesía alguna, firme la persona que escribiere la tal carta ó papel, y en el sobrescrito tampoco se pueda poner ni ponga mas que, al Rey nuestro Señor. (NR 1805-1829: 174).

4.5.2. Princes and Princesses: Alteza According to (8), subsection 2, in“V. M.” (equal to “Vuestra Majestad”) “Majestad” should just turn into “Alteza” (‘Highness’) to address the prince, and “Rey” (‘King’) into “Príncipe” (‘prince’). It is clarified in (8), subsection 3, that the same courtesies granted to kings and princes should be given to queens and

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princesses. The sons and daughters of the Spanish king and his queen, the so called “infantes” for the masculine and “infantas” for the feminine also deserve special treatment, not only “Alteza” but “Serenísimo señor Infante” (‘Most Serene Sir Prince’) or “Señora Infante” (Lady Princess) plus the name (N. stands for ‘nequaquam’, i. e. ‘any one’): (8) 2 Que la misma forma se tenga y guarde con los Principes herederos y sucesores de estos nuestros Rey nos, mudando solamente lo de V. M. en Alteza, y lo de Rey en Príncipe, y al remate y fin de la carta se ponga, Dios guarde á V. A. 3 Que con las Reynas de estos nuestros Reynos se guarde y tenga la misma órden y estilo que con los Reyes; y con las Princesas la que está dicha se ha de tener con los Príncipes de ellos. El mismo por pragm. de 7 de Agosto. 4 Que á los Infantes é Infantas de estos Reynos solamente se les llame Alteza; y en lo alto se les escriba en las cartas y otros qualesquiera papeles; añadiendo el título de Serenísimo á la palabra Señor, y en el fin, Dios guarde á V. A., sin otra cortesía; poniendo en los sobrescritos, al Serenísimo Señor Infante N. y á la Serenísima Señora Infanta N.; y quando se dixere y escribiere absolutamente á su Alteza, se ha de atribuir á solo el Príncipe heredero y sucesor de estos nuestros Reynos. (NR 1805-1829: 175).

4.5.3. State or Administrative Positions For several positions in the State Administration, “V. S”, the abbreviated instance of “Vuestra Señoría” or simply “vmd.” (“vuestra merced”), can be chosen, supposedly depending upon the kind and nature of the position itself, as can be read in (9): (9) 9 Que en todos los otros Juzgados, así Realengos como qualesquier que sean, y de qualquier calidad y forma, ora se hable en particular ó en público, las peticiones, demandas y querellas se comiencen en renglon, y por el hecho de que se hubiere de tratar, sin poner en lo alto ni en otra parte título, palabra ni señal de cortesía alguna, y al cerrar y concluir se podrá decir: para lo qual el oficio de V. S. ó de vmd. imploro, segun fueren las personas y Jueces con quien hablare; y los Escribanos solamente dirán, por mandado de N, poniendo el nombre y sobrenombre solamente; y podrán poner tambien el nombre del oficio de la tal persona ó Juez, y la dignidad á grado de letras que tuviere, y no otro título alguno. (NR 1805-1829: 175).

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4.5.4. Señoría and Excelencia Señoría is an address form whose use is appropriate for many addressees: noblemen like marquises and counts, but also the main positions21 in the hierarchy of the military religious orders of St. Jacob, Calatrava, and Alcantara, i. e. “Comendadores” (‘commanders’) y “Claveros” (literally ‘key-keepers’), the archbishop of Toledo, the Presidents of Counsels and Chancilleries, priors and bailiffs from the Order of St. John and priors from the Uclés and St. Mark from Leon orders, foreign princes, dukes, marquises and counts, viceroys and generals of the Army and the marine, the members of the Toison Order, Field-Marshals, Generals and leaders of the Army, vicecounts, but also collective entities22 like main cities, chapters of cathedrals and metropolitan churches, and to the daughters of the highest noblemen: (10) D. Felipe IV. en dicha pragm. de [7 de Agosto de] 1636; D. Felipe III. en las de 2 de Julio de 1600, 5 de Enero y 12 de Abril de 611; y D. Felipe IV. en la de 636. 14 Permitimos, se pueda llamar Señoría á los Marqueses, Condes, Comendadores mayores de las Ordenes de Santiago, Calatrava y Alcántara, y á los Claveros de las dichas tres Ordenes; y al Gobernador del Arzobispado de Toledo, y á los Presidentes de los nuestros Consejos y Chancillerías; y á los Priores y Baylíos de la Orden de San Juan, y à los Priores de Uclés y San Marcos de Leon de la Orden de Santiago durante el tiempo de sus oficios; y á los Príncipes, Duques, Marqueses y Condes extrangeros; y à los Visoreyes y Generales de Exércitos y Galeras, y Armada del mar Océano, ú otra qualquier Armada (y no de esquadras, flotas ni galeones), y á los del Tuson, Maesses de Campo, Generales ó Gobernadores de Exércitos, y á los Vizcondes, y á las Ciudades cabezas de Reyno, y á las otras, y villas que tienen voto en Córtes, y á los Cabildos y Iglesias metropolitanas, donde hubiere costumbre de llamársela, y á las hijas de los Grandes se les pueda llamar y escribir Señoría. (NR 1805-1829: 176).

21 The English translation for the different positions in the Church, Religious Orders, the Government, the Administration and the Army of the time in Spain is only approximate, since there is not an exact historical equivalent in other countries and therefore in other languages. 22 The use of singular address forms for collective entities was repeated in the 19th century to address the congress or parliament as established in the first constitutions and political assemblies in Spanish: like the Courts of Cádiz that chose Majestad to address the whole parliament. Meanwhile in America the Constitution of Cundinamarca signaled Alteza Serenísima for the New Granade parliament, as well in Morelos’s Mexico, Majestad was also the chosen formula to address the whole assembly (cf. García Godoy 2001-2002: 11-12).

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The address form “Excelencia” (‘Excellence’) is restricted to a special kind of noblemen, the “Grandes” or ‘Great’, the highest grade of nobility in Spain, who had many privileges, such as the permission to wear their hat in the presence of the king (the rest of the people and noblemen had to bare their heads): (11) D. Felipe IV. por pragm. de 1636. […] 19 Y mandamos, que á ninguna persona, de qualquiera estado ó condicion que sea, no siendo de las expresadas en esta nuestra ley, se les pueda llamar ni llame Señoría por escrito ni por palabra, ni á título de Consejo, dignidad eclesiástica ni seglar, ni oficio, ni otro pretexto ni color alguno; ni Ilustrísima sino es á los que se manda ó permite llamar en esta nuestra ley; ni Excelencia á ninguno que no sea Grande. (NR 1805-1829: 176).

Moreover, the use of “Excelencia” was granted to the Archbishop of Toledo by Phillip V in the 18th century (see 12). The Archbishop of Toledo therefore obtained the rise from “Señoría” (his proper address form in previous acts) to this “Excelencia”. (12) D. Felipe V. por Real decreto en Balsain á 12 de Septiembre de 1721. 11 Item permitimos á todos, se dé al actual Arzobispo de Toledo por Primado de las Españas, como tambien á los que en adelante fueren, el tratamiento de Excelencia, por ser este el mayor que permitimos á la mas elevada esfera, y el mas distintivo en nuestros dominios. (NR 1805-1829: 175).

This is actually the first step of numerous elevations of address forms for many addressees in the 18th century and early 19th century. Thus, the Enlightenment king in Spain, Charles III, and his son Charles IV furthered the use of “Señoría” for royal judges (by Charles III), for the Court in Bilbao and the Fieldmarshals, Coronels, Intendants and Sheriffs in the Army, law officers in the Army, judges in tribunals and for the officials in the Secretary of State (by Charles IV) (NR 1805-1829: 177-182), as well as from “Señoría” to “Excelencia” for the Capitan General (Commander-in-Chief or Head General of the Army) and sub-Head Generals of the Army and the Marine, Viceroys in service or retired, Ambassadors (both national and foreign) in service or retired, and even “Excmo. Señor” in the heading of letters for the Secretaries or Ministers of the Government, Head and sub-Head generals of the Army (by Charles III), and for substitute Viceroys (Charles IV). These changes contributed to the increase and subsequent attrition of the formulae vuestra señoría into usía and vuestra excelencia into vuecencia (see Sáez Rivera 2013 and this volume).

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5. Lexicalization and grammaticalization of address forms The collocation or construction formed by the possessive Vuestra plus an abstract noun as a means of address is the starting point for the manifold lexicalization of address formulae at the end of the Middle Ages in Spain, vuestra merced, vuestra magestad, vuestra alteza, vuestra excelencia, vuestra señoría, etc., which were all first used for addressing the king. Later some became specialized for the monarch and his family and others for some given status and dignity (see Ly 1981 for their origin and use in the Spanish Golden Age). Several of them, once lexicalized, proceeded along a further evolutionary path through grammaticalization into address pronouns of different or deeper grammatical behavior similar to personal pronouns, especially vuestra merced, which, after some hesitations, developed into usted during the 17th century23 (Sáez Rivera 2003, 2006, 2008: 64, n. 276, 1314; De Jonge 2005; Koch 2008; De Jonge/Nieuwenhuijsen 2009), but also to a lesser degree vuestra señoría into usía (see Sáez Rivera this volume) and, even less so, vuestra excelencia into vuecencia (Sáez Rivera 2013). The attrition and available grammaticalization of other address formulae used for addressing members of the Church, like Vuestra Paternidad and Vuestra Reverencia remain unexplored beyond the finding of isolated examples like vuestra ternidad in Isla’s Fray Gerundio de Campazas (13-14), a hapax for the moment, possibly due to a burlesque alteration of address forms in the mouth of dumb laughable characters (like the infatuated preacher Fray Gerundio himself), similar to other examples found in the same work, like su usencia or su usía (see Sáez Rivera in this volume), or many others collected by Ly (1981), such as vuestra infantería. The inclusion of the article usencia as an abridged form from vuestra reverencia in the Spanish-German lexicography from the 19th century opens field to another unexplored evolution of address forms, to my record (15-16): (13) –Y lo de tolle grabatum tuum, ¿a qué lo trajo? –le preguntó el provincial. –¿A qué lo había de traer? –respondió fray Gerundio. Pues, ¿no se acuerda vuestra ternidad que lo traje a lo de circunstancias agravantes? ¿Hay cosa más parecida que agravantes y grabatum? Yo, a la verdad, no sé lo que significa grabatum; pero a mí me suena a cosa de agravante y lo mismo sonará a cualquiera auditorio que tenga buen oído. Y, como al auditorio le suene, no es menester

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The first cases of usted are dated from the second and third decades of the 17th century by Pla Cárceles (1923a: 273; 1923b: 403) and from the end of the second decade by De Jonge (2005): “La segunda, usted lo sabe [CORDE, Pedro Calderón de la Barca, La dama duende, 1629]”.

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más para que venga bien (José Francisco de Isla, Historia del famoso predicador Fray Gerundio de Campazas alias Zotes, 1758, apud CORDE). (14) –Poco a poco, padre nuestro –replicó fray Gerundio–, que vuestra paternidad padece en eso una enorme equivocación. El autor no es lo que vuestra ternidad piensa. No es por ahí un autorcillo como quiera. Es mucho hombre, es hombrón y ha hecho tanto ruido en España que pocos han hecho más, ni aun tanto. Vea vuestra paternidad la primera llana del libro: lea el título de la obra y los dictados del autor, y después me dirá vuestra paternidad si es rana (José Francisco de Isla, Historia del famoso predicador Fray Gerundio de Campazas alias Zotes, 1758, apud CORDE). (15) Usencia, f. Abkürzung von vuestra reverencia, Ewr. Ehrwürden [my translation: Usencia, femenine noun, Abbreviation from vuestra reverencia, your reverenced father] (Wagener, Juan Daniel, Diccionario de faltriquera, ó sea portátil Español-Aleman y Alemán-Español por Juan Daniel Wagener Doctor y Profesor. Tomo primero que contiene el Diccionario Español-Aleman aumentado con muchísimas voces importantísimas que no se encuentran en los otros Diccionarios hasta ahora publicados. Berlin. Voss. 1808, s. v. Usencia). (16) Usencia, f. Zusammenziehung von Vuestra Reverencia, Titel der Geistlichen. [my translation: Usencia, femenine noun, contraction from Vuestra Reverencia, title for the ecclesiastic] (Franceson, Charles Frédéric, Neues SpanischDeutsches und Deutsch-Spanisches Wörterbuch. Nach der neuesten, seit 1815 von der Spanischen Akademie sanctionirten Orthographie… Zweite, sehr vermehrte und verbesseerte Auflage. Leipzig: Friedrich Fleischer, [1850?, 1858?], s. v. usencia).

6. Object clitic doubling as grammaticalization, and the grammaticalization of address forms The progressive diffusion of object clitic doubling can be considered a grammaticalization process which follows a specific cline (as defined by Hopper/Traugott 2003: 7). This cline can be outlined as presented in Sáez Rivera (2003, 2008: 2627)24: personal pronoun [1st, 2nd > 3rd] > other pronouns > nominal preverbal indirect objects (IO) > nominal preverbal DO > nominal postverbal DO25 24 As the difference between topic and focus seems unclear for old written texts, I will follow the same practice used in Becerra Bascuñán (2006), by which I simply distinguish the position of complements before and after the verb in the sentence, that is, preverbal or postverbal, without additional considerations. 25 Conceived only to explain clitic doubling for the indirect object, Becerra Bascuñán (2006: 285) provides quite a similar scale: 1st person/2nd person > 3rd person: human > animate

THE INTERPLAY OF OBJECT CLITIC DOUBLING

339

This cline is actually an incarnation of the topicality hierarchy established by Givón (1976: 152): a. HUMAN > NON-HUMAN b. DEFINITE > INDEFINITE c. MORE INVOLVED PARTICIPANT > LESS INVOLVED PARTICIPANT • AGENT > DATIVE > ACCUSATIVE d. 1ST PERSON > 2ND PERSON > 3RD PERSON According to the grammaticalization patterns described by Lehmann (1995), the clitic doubling construction becomes increasingly obligatory, progressing from context to context, from the favored context of topical-like entities and positions like personal pronouns and preverbal complements to human, animate, and inanimate objects, shaping a new paradigm of conjoined clitic and prepositional phrase. Clitic doubling is nowadays obligatory for pronouns used in transitive and ditransitive predicates26 and for preverbal direct and indirect objects (the only exception being contrastive stressed topics like “A MARÍA quiero yo”) (Fernández Soriano 1999: 1246-1253; RAE 2009: 1248). Regarding nominal postverbal objects, clitic doubling is almost compulsory for indirect objects, more so in America than in Spain (García Miguel 1991, Company 2006), and in the case of direct objects, the construction is highly extended in colloquial speech and South American dialects, as even the Royal Academy has recorded (RAE 2009: 1248-1249). Clitic doubling was already obligatory for stressed pronouns functioning as direct or indirect objects, both in preverbal and postverbal contexts, in the 17th century by the time Don Quijote was written (Rini 1990, 1992: 129), and therefore the construction was already grammaticalized for personal pronouns then, so a marking reversal of the kind described by Andersen (2001) took place: the unstressed pronoun was before that time the pleonastic counterpart of the construction and afterward the stressed pronoun became the pleonastic feature. Under the process by which vuestra merced was turning into the address pronoun usted, the new usted pronoun was progressively integrating in the paradigm of personal pronouns (paradigmatization is another feature of grammaticalization, according to Lehmann 1995). As an instance of this pronoun syntactical

> inanimate. As indirect objects are usually human or animate and direct objects inanimate, the overlap or coincidence between both proposals (mine and Becerra Bascuñán’s) is clear. 26 A rather special case is found in the indirect objects expressing direction, a structure close or assimilated to argumental prepositional objects, in which stressed and unstressed pronouns alternate (e. g. Se me acercó vs. Se acercó a mí) (RAE 2009: 1245).

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behavior, clitic doubling of vuestra merced > usted increased at the end of the 17th century (Sáez Rivera 2003, 2008), also as a means to reinforce the frayed courtesy of the abridged form usted through tautology, a usual strategy of politeness (Brown/Levinson 1987: 220-221). Clitic doubling is almost compulsory today, but not completely (Fernández Soriano 1999: 1248; RAE 2009: 1245)27, and is again exploited as a politeness regulated tool in which mark has been inverted: as duplication is associated to manifested empathy (Becerra Bascuñán 2006: 287), which can be better understood as an index of communicative immediacy (as defined by Koch/Oesterreicher 2007), doubling of usted is linked to positive politeness, the desire to be recognized as a member of a group (as already happened in the fresh start of the construction) (see 17-18), but the absence of clitic doubling, typical of communicative distance contexts (Koch/Oesterreicher 2007 again), conveys another kind of politeness, negative politeness as the desire of recognized independence of the addressee (19-20). The behavior of clitic doubling nowadays can be observed in the following examples from the on-line synchronic corpus collected by the Spanish Royal Academy, CREA: (17a) –¿Qué? Yo lei digo Loco a ustedi, doctor, pero es un apodo, nomás (Diego Armando Maradona, Yo soy el Diego, 2000, apud CREA). (17b) Loi quiero a ustedi, ¡sí o sí! (idem). (18) –No iba a contratar a un detective -dijo, y agregó, irónica-: Para eso lei tengo a ustedi, ahora. Parece despejado, además de tenaz (España, Lorenzo Silva, El alquimista impaciente, 2000, apud CREA). (19) Saludo a usted con mi mayor consideración (ORAL, Argentina, Senado de la Nación, 1999, apud CREA). (20) Ruego a usted que hasta nuevo aviso haga efectivo a la Asociación de Ayuda en Carretera de Madrid, la cuota anual como socio colaborador, con cargo a mi cta (España, Propaganda impresa, 1998, apud CREA).

As we will be able to observe in the next section, address forms–even before their grammaticalization into pronouns–tend to trigger clitic doubling as topical entities, being grammatically nouns, noun phrases, or finally pronouns in the 3rd person, but referentially second persons.

27

The idiosyncratic syntactic behaviour of usted as a personal pronoun is also shown in the great frequency of its use as a subject pronoun in comparison with the other counterparts of the same category, something unusual for a pro-drop language like Spanish (see Sánchez López 1993).

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7. Clitic doubling and address forms in corpus The next table displays the uses of clitic doubling in Peliger (1599) and Páez (1630). Here a change can be observed from the not yet completed obligatorification of clitic doubling with personal pronouns at the end of the 16th century and their grammaticalization in the first decades of the 17th century, since personal pronouns always duplicate in Páez (1630). Topicality hierarchy is also at stake, for in Peliger (1599), 1st person pronouns are more frequent (77.7%) than 3rd person pronouns in singular (11.1%), so the former should also be grammaticalized first. Instances of duplication of address formulae with merced and señoría as indirect objects after the verb appear with a certain frequency, the next logical step after third person pronouns: 7.37% for V. merced and 6.45% for V. Señoría. Although a progression of the frequency and grammaticalization for personal pronouns can be observed from Peliger (1599) to Páez (1630), clitic doubling rates for address formulae in Páez are generally lower, possibly because there is another intervening factor triggering or restraining the use of the duplicated construction.

WORK

1st singular pronoun

3rd singular pronoun

Señoría postverbal DO

Señoría postverbal IO

Señoría preverbal DO

Merced postverbal DO

Merced postverbal DI

Peliger (1599)

7/9 (77.7%)

1/9 (11.11%)

1/44 (2.27%)

8/124 (6.45%)

0/5 (0%)

0/11 (0%)

3/41 (7.37%)

Páez (1630)

21/21 (100%)

4/4 (100%)

0/52 (0%)

4/146 (2.73%)

0/0 (0%)

0/30 (0%)

5/116 (4.13%)

Both works have in common the fact that clitic doubling is quite scarce for nominal direct objects and indirect objects, since only indirect objects with highly topical referents duplicate, as we can see in the tokens found in Peliger (1599) and Páez (1630): discourse topics like the subject of the letter in Peliger (see examples 21-22, where “anybody” N. or nequaquam is the topic28 of the text), or cultural or social topics like Dios ‘god’, merced (the pretended ‘mercy’ sought or expected in the letter by the addresser from the addressee, and the metonymical

28 In the sense of “what a speaker may be talking about in a given moment” (Silva-Corvalán 1984: 555).

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source for the formula vuestra merced) or the Monarchia itself which regulates the use of address forms and the award of mercy. (21) De un Grande, a otro, en comendacion de la persona por quien le escriue para que le ayude y valga en sus pretensiones. N Acudira a V. Señoria y a su fauor y amparo, por lo que pretende N. despues de tantos y tan largos seruicios como ha hecho, y porque estos y su persona merecen ser fauorecidos, suplico que lo sean de V. Señoria muy deueras, para que assi haga V. Señoria continuamente lo que le es tan proprio, y los que siruen bien, gozen de su trabajo como es justo: de mas de lo qual sera para mi merced muy grande la que le hiziere V. Señoria a N. Dios guarde, &c (Peliger 1599: fol. 15 v-16 r). (22) Sobre el mismo proposito. Vuessa Señoria por su carta me manda, que se tenga consideracion a la desgracia con que le sucedio el caso a N. para tratar de su justicia con el beneficio q[ue] ella diere lugar, lo qual se hara, y para que esto sea assi, tendre yo particular cuydado dello por seruir a V. S. como sabe q[ue] lo desseo y desseare toda la vida. Dios, &c (Peliger 1599: fol. 80 r). (23) [In the left margin: Gratulatoria.] CARTA DE VNA SEÑORA para la Reyna, sobre el nacimiento de vn hijo. Señora. MVchissimas gracias debe la Christiandad a Dios nuestro Señor, y yo le he dado infinitas, por tan singular beneficio, como nos ha hecho en el dichoso alumbramiento de V.Mag. dando a estos Reynos vn Principe tan desseado. Sucesso tan dichosso que nos promete otros semejantes. Dios guarde a V.Mag. con entera salud; que el Cielo de su hermosura siempre nos pronosticò, este Clarissimo Lucero. Gozele V.Mag. muchos años, en vida del Rey mi Señor, y dexe ver la dichosa sucession que le haze menester a esta Monarchia, y todos desseamos, &c. Besa los Reales de V. Mag. .N. (Páez 1630: 50) (24) [In the left margin: Satisfatoria] SATISFATORIA QVando faltan las fuerças y valor para la paga, suple el conocimiento; yo le tengo tan grande a la merced que me ha hecho .V.S. que solo puedo satis fazer confessando la deuda: y suplicando a nuestro Señor sea el premio de tan buenas obras, que para dezirlas, como las conozco y siento, me faltan las palabras quedando la obligacion que me durarà con la vida. Dios la de a.V.S. como desseo, &c (Páez 1630: 80). (25) [In the left margin: Consolatoria] OTRA CONSOLATORIA. LA falta del Señor.N. me dexa tan lastimado, y pesaroso, quanto se puede entender, de la aficionada voluntad que siempre le tuve. Quedame gra[n] confiança, de que goza de nuestro Señor por el buen fin, con que .V.S. me dize que

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acabò su vida, que es el consuelo que puede aver en este sentimiento de su muerte. Ofrescamos se le a Dios q[ue] lo dispone todo a su voluntad, y sabe lo que nos conviene, y pues .V.S. conoce la mia, no excuse el mandarme. Guarde Dios, &c (Páez 1630: 122).

In Sobrino (1720), clitic doubling is already obligatory and grammaticalized for pronouns, although their documentation is poor, just “a nosotros”29 as postverbal indirect and reflexive “a sí mismo”30 as a postverbal direct object31. Regarding address formulae, Vuestra Merced is the most duplicated form and its frequency in the clitic doubling construction is the highest of the corpus, both in relative and absolute terms, a phenomenon probably linked to the fact that its oral counterpart usted is already clearly grammaticalized by the time. Although Vuestra Señoría is not attested in the clitic doubling construction, some other formulae, like Vuestra Excelencia and Vuestra Magestad, appear in the construction with noticeable relative frequency32:

WORK

1st plural pronoun

3rd singular pronoun

Señoría postverbal IO

Merced postverbal IO

Excelencia postverbal IO

Magestad postverbal IO

Sobrino (1720)

1/1 (100%)

1/1 (100%)

0/25 (0%)

7/45 (15.5%)

1/22 (4.54%)

2/12 (16%)

In contrast with address forms, but in concordance with Peliger (1599) and Páez (1630), there are few cases of clitic doubling for nominal phrases as indi-

29

“El privilegio de la verdadera amistad es, que venguemos las injurias que dizen à nuestros amigos como las que nos dizen à nosotros, un amigo està obligado à defender à su amigo quando alguno le / (26) ofende” (Sobrino 1720: 140). 30 “Cmo Vuestra Excelencia a sobrepassado, en todos géneros de virtudes, la esperança que se tenìa de su juventud, tambien se puede dezir que se a sobrepassado à si mismo, en la generosa resolucion que a tomado, de exercitarse en las armas contra los Turcos, a favor de la religion Catòlica” (Sobrino 1720: 152). 31 Instances of personal pronouns as objects without clitic doubling can also be found in the text, but in non-prototypical cases, like directional indirect objects or argumental prepositional phrases (“Un amigo mio que se llama N.... quiere ser Procurador de essa ciudad, no tiene quien le apadrine, a acudido à mi para rogarme escriva à Vuestra Merced”, Sobrino 1720: 192) and coordinated objects (e. g. “Damos el parabien à Vuestra Magestad, y à ella de sus buen alumbramiento.”, Sobrino 1720: 50). Both cases which can still be construed without clitic doubling (RAE 2009: 1245-1246). 32 No case of clitic doubling was found for direct objects.

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rect objects in Sobrino (1720), just two tokens which can again be explained as being used to signal the topicality of the referent in the immediate context: (26) Plutarco cuenta en la vida de Demetrio, que una vez que los Athenienses le prestaron duzientos talentos de plata para dar un socorro à su exèrcito, se los diò a su amiga Lamia, esta acion irritò à los Athenienses [...] (Sobrino 1720: 202). (27) REverendo Padre. Tomo el atrevimiento de escribir à Vuestra Paternidad para pedirle me haga el gusto de informarse por que razon los Reyes Castilla se llaman Catòlicos, y quien fuè el primero que se hizo llamar de este nombre; Vuestra Paternidad hallarà fàcilmente, en alguno de los libros de su librerià, el origen de este titulo; y en caso que no le halle, pregunteselo al Obispo de Palencia (Sobrino 1720: 348).

8. Conclusions and discussion The fact that Peliger (1599) employs a great amount of clitic doubling for address formulae (in contrast with the absence of obligatorification for personal pronouns clitic doubling), the presence of possessive duplication and the frayed form vuessa can all be explained as connected to an author with less education than the others, or less controlled by Rhetorics (letters in this collection are mostly formulaic, they lack heading and farewell and they show to be less rhetorically skilled) and therefore showing a greater degree of communicative immediacy in his work, since duplication, attrition, and reiteration are known indexes of a low register. His work also reflects lesser influence or extension of the politeness laws, an influence which is maybe stronger in later editions of his work with an explicit mention of these legal acts being followed. The variety of address forms is poor, just V. m. (vuessa merced), V. M. (vuessa Magestad), and V. S. (vuessa Señoría), not yet V. Exc. (vuestra Excelencia). Páez (1630) shows the progression of clitic doubling for personal pronouns, which is already grammaticalized at the time (cf. Rini 1990, 1992: 129), clitic doubling reaches some frequency (above all V. S. y V. m.) and can also be used for signaling topical entities in the function of indirect objects (like in Peliger’s collection). Address forms are manifold and more various than in Peliger, V. Exc. is added to the pragmatic system and vos is allowed to be used by the King; all address forms are used according to the recommendations of courtesy laws, although they display more diverse forms (several abbreviations are available). The structure and themes of letters are also broader, reflecting a rhetorical pondering which stems out of the Christian humanism professed by the author. The fewer cases of clitic doubling with address forms and the rendering of V. as vues-

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tra are probably connected to a well-educated author who has chosen an elevated level of communicative distance for his collection. The clitic doubling of personal pronouns shows to be also grammaticalized in Sobrino (1720), and quite extended with address formulae. Even more than in Páez (1630), the letters show a whole array of different themes, and a humanistic or personal tinge, typical of the pre-Enlightenment, frequently appears. Like in Páez (1630), vos is attested, as is tú. This collection of letters as an instance of fairly strong communicative distance contrasts with the greater clitic doubling found in the dialogues published by Sobrino (1708), in which vm. is moreover an alternate to usted (see Sáez Rivera 2003, 2008: 439)33, the privileged form for the oral language. This corpus is of great importance and interest for the study and documentation of ecclesiastical address forms, barely regulated by general courtesy laws (but mainly by the monastic orders regulations, cf. Marcos Sánchez 2002: 247), and not easy to attest due to their use in the restrained sphere of ecclesiastical relations and administration. Very much work remains undone, like extending the analysis to other manuals or collections of letters, and comparing the data with contemporaneous letters of private and administrative origin in Spanish34. Spanish courtesy laws should also be collated with similar legal initiatives of the time outside Spain (and it should be observed whether these laws are actually followed in letters).

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Pace García Godoy (2012), for whom vm. stands for “vuesa merced”, which could be the case for letters and the legal documents which are the core of the corpus managed by this researcher, but not in some other genres like dialogues. 34 Nevertheless, the knowledge of the courtesy laws should have been quite extensive, as the multiple references in grammars and dictionaries show (see Sáez Rivera, this volume), and also, if we consider examples from letters by Spanish travelers to the West Indies already analyzed by King (2010: 545), who found samples of Vuestra Señoría being used to address a countess and Vuestra Reverencia for a friar, as established in the law.

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dar, y fin de las Cartas, y antes de la firma. Los sobre escritos, que se han de poner, conforme a los Estados, Calidades, y Officios, y a la Prematica del Reyno, Cordoba: Salvador de Cea Tesa. SOBRINO, F, (1708): Dialogos nuevos en español y frances…, Brussels: Francisco Foppens. — (1720): Secretario español enseñando la manera de escribir cartas españolas, segun el estilo moderno, esplicadas en Francès…, Brussels: Francisco Foppens.

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THE INTERPLAY OF OBJECT CLITIC DOUBLING

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350

DANIEL M. SÁEZ RIVERA

Annexes 1. TITLE PAGES 1.1. Peliger’s (1599) title page

THE INTERPLAY OF OBJECT CLITIC DOUBLING

1.2. Páez’s (1630) title page

351

352

DANIEL M. SÁEZ RIVERA

1.3. Sobrino’s (1720) title page

353

THE INTERPLAY OF OBJECT CLITIC DOUBLING

2. TABLES OF ADDRESS FORMS35 TABLE 1 Address forms in Peliger (1599) DIGNITY

VOCATIVE

NARRATIVE

Pope

V. Santidad / V. Beatitud

High Church position: Cardenal

V. Señoria Ilustrissima

Church position: Prelado (Obispo)

Usía ilustrissima/ Vuestra Señoria Ilustrissima

Church position: Mayor de un Convento, Provincial, persona nombrada para el gouierno de una casa

V. Paternidad

King

V. Magestad/ Majestad

Grande

V. Señoria

Embaxador

V.S.I./V. S. Ilustrissima

With title: Persona principal, principal Señor, Señor principal Conde/Condesa,

V. Señoria

High military positions: General de la Mar

V. Señoria Illustrissima

FAREWELL

35 Some explanations are given in italics in English; roman script is used for quotations from the original source. “>” means addressed by the one before “>” to that one after “>”.

354

DANIEL M. SÁEZ RIVERA

TABLE 1 (Cont.) DIGNITY

VOCATIVE

NARRATIVE

Militar positions: General

V. Señoria

High civilian positions: Gobernador, Presidente, Virrey, cargo

V. Señoria, vuessa Señoria (Virrey)

Civilian positions: Oydor, Iuez, miembro de un Consejo, cargo

V. merced

cortesano

V. merced

Without explicit titles

V. Señoria = Vuessa Señoria/ V. Señoria Illustrissima/ V. merced (V. m.)

Señor > criado

vos

Church: Prelado > provisor, cierta persona para exercicio de oficio

vos, vosotros

Church: Prelado > canónigos

vuessas mercedes

FAREWELL

355

THE INTERPLAY OF OBJECT CLITIC DOUBLING

TABLE 2 Address forms in Páez (1630) DIGNITY

VOCATIVE

NARRATIVE

FAREWELL

Papa

Ssmo. P./Bno.P. (por Rey)/.SSmo. y .Bno. P.

V. S. d. / V. Bd.

Humilde hijo de V. Sd. Que besa sus Santissimos pies EL REY/Beso los Santiss. pies de V. S.d.

High Church position: Cardenal

.ILLmo. y . Rmo.S.

V. S. I.

Aficionadissimo Servitor de V. S. I./ De V. S. I. aficionadiss. Capellan, y Servidor./ Reconocidiss. servitor de V. S. I. cuya mano beso./ Humildissimo servidor de V. S. I.

Inquisidor

V. S. I.

Church position: “Arzobispos, y Obispos electos, y promociones de otros”, “Arçobispos, Obispos, Abbades, y otros Prelados Eclesiasticos”

.V. S./V. S.

Position in religious order

V. P. Rma./V. P.

356

DANIEL M. SÁEZ RIVERA

TABLE 2 (Cont.) DIGNITY

VOCATIVE

NARRATIVE

FAREWELL

Rey

Amado hijo (Rey)/ S. C. R. M. [Su Católica Real Magestad]

V. Magestad/ V. M./V. Mag.

Humilde Vasallo de V. Magestad (no por Papa)/ Humilde Cappellan de V. Magestad/ EL REY (entre reyes)/N. N. N. N. (por Ciudad)

Reyna

Señora

V. Mag.

Besa los reales de V. Mag./Besa la Real mano de V. Mag./Beso la Real mano de V. Mag.

Princesa

Señora

Princesa

Beso los pies de V. Alteza

Embajador

V. Exc./V. Ex.

Señores, Grandes, Duques, Marqueses, Condes, Presidentes, y otros Titulos

V. Exc./Vuestra Exc./V. E./ V. S./.V. m.

High civil position: Virrey

Vuestra Exc./ V. Exc./V. Excel.

Civil positions: Oydor

V. merced

Oydor > Consejo

V. Alteza

Oficios y Cargos

V. S.

357

THE INTERPLAY OF OBJECT CLITIC DOUBLING

TABLE 2 (Cont.) DIGNITY

VOCATIVE

NARRATIVE

Without an explicit title

V. S./.V. S. (su Casa)/V. m. / v. m./V. M./ V. Exc. (additional information in lettter: grandeza de su Casa)

Virrey > agente que estâ en Roma

third person singular in verb

Señor > vasallo, vasallo principal, Corregidor de su Lugar, Corresponsal amigo, Abogado vasallo suyo

third person singular in verb

Rey > Duque primo, Marques Pariente (Embaxador en Roma), Grande

Dvque primo./ Marques pariente.

vos

Rey > Ciudad

verb in 2nd person plural, “os”, “vra”, “vuestros”

Presidente de Castilla > Ciudad

V. S.

Canonigo comissario > Cabildo

V. S.

Cabildo > Canonigo, Comissario

V. merced

FAREWELL

358

DANIEL M. SÁEZ RIVERA

TABLE 3 Address forms in Sobrino (1708/1720)36 DIGNITY

VOCATIVE

NARRATIVE

FAREWELL

Pape

Beatissimo Padre/ Santissimo Padre

Vuestra Santidad/ Vuestra Beatitud/ Vuestra Santidad/ Vuestra Beatitud

Vocative, Humilde hijo de + narrative

Cardinal

Eminentísimo Señor

Vuestra Eminencia/ Vuestra Eminencia

Vocative, De narrative su mas rendido servidor N.N.

Archeveque, Êveque

Ilustrissimo Señor

Usía ilustrissima/ Vuestra Señoria Ilustrissima/ Vuestra Señoria Ilustrìssima/ Ilustrissima

Vocative, De narrative su mas rendido servidor N.N.

Superior de un Convento

REverendo Padre

Vuestra Paternidad

Reverendo Padre Muy Servidor de Vuestra Paternidad

Frayle de San Gerónimo

REverendo Padre

Vuestra Paternidad

Muy aficionado servidor de Vuestra Paternidad

Empereur

Sacra Cesárea Magestad

Vuestra Cesarea Magestad

Vocative, N.N.

Roi, Reine

Sacra Magestad (parlant)/Señor(a) (ecrivant)

Vuestra Magestad/ Vuestra Magestad/V. M.

Sacra Magestad, N.N.

Grand Seigneur o Prince Souverain37

Vuestra Alteza/ Vuestra Alteza

Vuestra Magestad/ Vuestra Magestad/V. M.

Vocative, N.N.

36

Data from Sobrino (1720) id highlighted here in boldface. Additional information provided by Sobrino (1708) is rendered in footnotes. 37 For his wife, turn any gender into feminine.

359

THE INTERPLAY OF OBJECT CLITIC DOUBLING

TABLE 3 (Cont.) DIGNITY

VOCATIVE

NARRATIVE

FAREWELL

Seigneur38

Excelentíssimo Señor

Vuecelencia/ Vuestra Excelencia/ Vuestra Excelencia/V. E.

Vocative, El Duque, el Marqués, el Conde de N(Grand d’Espagne)/Voc, B.l.m. de V.E. su mayor servidor N.N.(homme de qualité)/ Voc, Criado de V.E. N.N. (homme du commun)

Homme titré

Señor(a) / Señor mío (beginning of the letters in the same line39)

Usía/Useñoria / Vuestra Señoria/ Vuestra Señoria

B.l.m. de V.S. Su mas rendido servidor/su mayor servidor. N.N.

Particulier (without titles)40

(Señor) Don + name + last name / Señor mio (beginning of the letter in the same line)

Vuestra Merced/ Usted, Señores

B.l.m. de V.M. Su mayor servidor N.N.

Rey > Arçobispo

2nd person plural in verb/“os” (= vos)

Yo el Rey

Rey > villa

2nd person plural in verb = vosotros

Yo el Rey

38

For women, as in previous footnote. For the highest noble dignities, letters shall begin in a new line: the layout or “mise en page” is also a main feature of protocol. 40 The grammatical gender should be feminine for women. 39

360

DANIEL M. SÁEZ RIVERA

TABLE 3 (Cont.) DIGNITY

VOCATIVE

NARRATIVE

FAREWELL

Del Autor a un amigo

Amigo

Vuestra Merced

Servidor y amigo de Vuestra Merced Don + name + last name/ Aficionado amigo de Vuestra Merced N...

Obispo > Hidalgo pariente

Primo

2nd person plural in verb, os, vuestra enmienda + te, ti

Tu aficionado Primo. Don + name + last name

Tio

Tio



Tu sobrina que bien te quiere. Doña + name + last name

Sobrina

Sobrina



Tu tio que bien te quiere. Don + name + last name

De una Dama a una amiga suya

Amiga



Tu amiga que bien te quiere Doña + name + last name

Hermanos

Hermano



Tu hermano que bien te quiere Nombre + last name

LANGUAGE-EXTERNAL INFLUENCES O N G R A M M AT I C A L I Z AT I O N . A TYPOLOGICAL PERSPECTIVE* DANIELA SCHON Universität Tübingen

1. Introduction Understanding language change has been and still is one of the main concerns of the studies of language. In this article, we will have a closer look at how languageexternal constellations, more precisely, socio-historical constellations in different societies, influence, i.e. promote, hinder or reverse, grammaticalization processes. This article focuses on varieties of the three Romance languages providing probably the widest range of socio-historical constellations within this language family due to their history in the eras of Colonialism and Imperialism: Spanish, French and Portuguese. Our aim of providing a typological overview based on developments in several dialects of these three languages and concerning a total of three grammaticalized elements does not permit work with original corpus data, but rather requires us to recur to linguistic studies published on the grammaticalization of these elements in the varieties concerned. This method obviously leads to a collection of heterogeneous material; however, it also allows us to rely on the statements experts on the relevant phenomenon in a particular variety have made, which, on the other hand, strengthens the reliability of the data. As the starting point of this article, a typological view of different developments in colonialism shall be presented and amended by a typological overview of post-colonial developments. The linguistic consequences of the language-external constellations referred to lead to a dynamic model of variety types. Evidence from European and non-European dialects of Spanish, French and Portuguese concerning two grammaticalization processes shall be presented: first, subject pronouns

* This article is a revised version of a paper presented at the Coloquio Internacional. La creación de gramática, léxico y textos. Interrelaciones/International Colloquium: Correlations in the creation of grammar, lexical items, and texts held in Tübingen in May 2012. I wish to thank Daniel Saéz Rivera and José Luis Girón Alconchel for their helpful comments and the provided bibliographical suggestions in the reviewing process and Sara Wallsworth for her proofreading.

362

DANIELA SCHON

and, second, the definite article. After presenting this broad empirical data and attempting to correlate it with language-external, socio-historical developments in the regions concerned, an attempt to explain the correlations established via language change developments in communicative immediacy and distance will be made. This will be illustrated and exemplified by the developments in word negation in different dialects of French and French-based creoles. In terms of a conclusion, we will not only provide a summary of the insights gained in this article but also have a look at alternative and additional explanations.

2. A typological view of socio-historical constellations and variety types Since we will mainly be taking into account data from non-European varieties of Romance languages which emerged in the regions concerned during and as a consequence of Colonialism and Imperialism, a closer look at different colonization processes is inevitable. Typologies of colonialism started to develop during the Age of Imperialism, i.e. in the 19th century (Osterhammel, personal communication). Modern historians, e.g. Osterhammel (1995), continue to work in this field and have provided typologies, obviously focusing not on the linguistic consequences of different types of colonialism but rather on political, economic and societal characteristics. We shall present (part of) Osterhammel’s typology, relevant for the diatopic varieties constituting our database, and simultaneously supplement this typology with a linguistic perspective, namely by taking into account the presence and use of the languages in different types of colonies. First, a chief distinction must be made in a typology of colonialism: the difference between settlement colonies and exploitation colonies. In the case of settlement colonies, permanent or at least very long-term migration from the motherland to the colony takes place, whereas, in the case of exploitation colonies, population movements are confined to a numerically small elite in charge of governing the colony and organizing the exploitation of natural resources. In terms of language, this generally implies the vernacular use of the official language of the motherland or a regional variety of this language in settlement colonies, while the official language of the motherland is mainly used as a vehicular language in exploitation colonies. In a second step, two different sub-types of settlement colonies can be distinguished: New England type settlement colonies and Caribbean type settlement colonies.1 New England type settlement colonies are characterized by a massive 1 These colony types are by no means restricted to the geographical areas mentioned in their denomination; instead, they must be regarded as prototypical examples.

LANGUAGE-EXTERNAL INFLUENCES ON GRAMMATICALIZATION

363

population movement from the motherland to the colony. Simultaneously, the native population of the area is strongly marginalized, displaced into other less densely populated, less fertile or less advantageous lands by force, and often exterminated. Caribbean type settlement colonies differ from New England type settlement colonies most strongly by the massive importation of African slaves as the main labor force in the plantation economy, and the consequences of this population shift in all domains. In total, we will have look at three of the different types of colonies proposed by Osterhammel (1995): exploitation colonies, New England type settlement colonies and Caribbean type settlement colonies. In terms of language, apart from the already presented difference concerning the vernacular use of the European language, further language-related distinctions between the three colony types can be made along the following continua: no contact - language contact; strong presence of the prescriptive norm absence of the prescriptive norm; and language continuity - language shift.2 Different colony types can be positioned at different points or stretches along a continuum. Language contact is most strongly present in Caribbean type settlement colonies due to the importation of African slaves, speaking various mutually unintelligible languages (perhaps partially alongside a European language-based pidgin acquired in the African ports of departure, a slave transshipment place or on the sea journey to the colony). In exploitation colonies, indigenous languages are generally maintained as vernacular languages by the indigenous population. In contact with the European elite and administrators, competence in European languages is necessary, as the colonizers generally do not acquire much competence in indigenous languages. Contact between the indigenous and the European population is quite restricted, thus, also restricting contact between their languages. Nevertheless, language contact does remain present in exploitation colonies. In New England type settlement colonies, dialect contact3 plays a much more important role than language contact. Settlers from different regions of the mother country speaking different regional varieties immigrate to one and the 2 These continua should by no means be understood as a closed list. Schon (2013) takes more sociolinguistic/socio-historical continua into account, e.g. the interaction of different population groups or models in language acquisition. For the purpose of this article, a more restricted selection of continua has been made. 3 The difference between languages and dialects is highly disputed in linguistics. Here, we shall not refer to Kloss’ (1967) concept of Ausbau- and Abstandsprache but rather to the degree of mutual comprehensibility of two varieties. Since we are working on language internal consequences or influences of language contact, it only seems consistent to also recur to an intelligibility-oriented approach in this distinction. The same criterion is also applied by Siegel (1985: 365) in his work on koineization.

364

DANIELA SCHON

same region of the colony where their dialects then come into contact with one another, thus leading to koineization.4 Along the continuum with the two poles language contact and no contact, dialect contact should be situated in an intermediate position. Potential mutual influences of different dialects are to be expected, but, due to the strong similarity, particularly concerning the morphosyntactic level, the probability of contact-induced morphosyntactic change of the same intensity as morphosyntactic change due to contact of mutually unintelligible languages is lower. The prescriptive norm as a guideline as to how language should be actualized is mainly transmitted via educational institutions. Nonetheless, upper social classes and written media should not be completely discarded as promoters of (or points of access to) the prescriptive norm of a language. Caribbean type settlement colonies, characterized by large slave-labor plantations, do not normally provide the slave population with any kind of educational facilities. Very limited presence of and even more limited access to white elites from the motherland as well as extremely high illiteracy rates lead to an almost complete absence of the prescriptive norm in Caribbean type settlement colonies. In exploitation colonies, only a very small proportion of the indigenous population enters into any form of contact with the white population and their language; this contrasts all other colony types in that the indigenous population forms a strong numerical majority. However, those who do learn the language of the colonizers usually acquire it in a formal educational setting. This implies access to the prescriptive norm, a strongly valorized variety of the language, at least in these conditions. In New England type settlement colonies, illiteracy rates are usually similar to those of the European motherland or even begin slightly lower due to the immigration of young, urban males, the population group most strongly favored in literacy. Educational facilities in the colony, on the other hand, are often below those of the motherland in number and accessibility, thus, slowly but surely leading to a reduction of the presence of the prescriptive norm in the colony compared to Europe. Also, the accessibility of written media varies from colonial power to colonial power, the Spaniards having implemented printing presses in important American colonial centers very early on, whereas French and Portuguese colonies tended to acquire printing presses only shortly before or after independence.5 Nevertheless, of the three colony types, New England type set-

4 This process also occurs in the other types of colonies within the European population. However, due to the numerical superiority of speakers of other languages in these colonies, dialect contact is rendered secondary compared to language contact. 5 Concerning Quebec, cf. Eccles (1983: 102), concerning Spanish America, cf. Klarén (2000: 73), concerning Brazil, cf. Elia (1992: 139f.).

LANGUAGE-EXTERNAL INFLUENCES ON GRAMMATICALIZATION

365

tlement colonies are characterized by the strongest presence of the prescriptive norm. The placement of the three colony types along the four continua described above reveals the following picture:

FIGURE 1 Exploitation colonies vs. settlement colonies no vernacular use

vernacular use

exploitation colonies

settlement colonies

FIGURE 2 Colony types no contact

norm present

language continuity

language contact

norm absent

language shift

New England type settlement colonies Caribbean type settlement colonies Exploitation colonies

Although Figure 2 may be thought to imply that exploitation colonies form an intermediate type between the two poles, New England type settlement colonies and Caribbean type settlement colonies, this first impression must be revised by Figure 1, which shows a primary distinction between exploitation colonies and settlement colonies based on the vernacular use of the European language. The importance and role of the vernacular use of a language for language change will be shown in Section 5.

366

DANIELA SCHON

This historical typology presents three insufficiencies when attributing it a role in the explanation of language internal features of modern day varieties of originally European languages spoken throughout the world: 1. Non-proto-typical forms of colonization are disregarded, those being intermediate types and a change in colony type during the history of the colonization of a region. 2. Post-colonial changes such as vernacularization, new language contact, language shift and the expansion of education leading to an increase in norm presence are ignored. 3. The emergence and evolution of non-colonial varieties of a language are excluded. We can, nonetheless, see that the four continua presented in this article do seem to remain pertinent in all three of these developments or constellations, which implies that, although the colonial typology presents certain shortcomings, the continua that have been derived from this typology should not be too FIGURE 3 Variety types

New England type → L1

Exploitation colony → L2

Caribbean type → creole

LANGUAGE-EXTERNAL INFLUENCES ON GRAMMATICALIZATION

367

readily discarded. Instead, we would like to suggest a new typology accounting for the dynamics of historical and linguistic change. The three colony types presented here can be seen as three prototypical constellations, generally producing three different types of varieties: L1-varieties in New England type settlement colonies, L2-varieties in exploitation colonies and creoles in Caribbean type settlement colonies. Shifts along one or more continua in the course of time or a non-prototypical situation with divergences within one or several continua compared to the neighboring prototypical constellation will generally also lead to a shift away from prototypicality within the new linguistic typology of variety types. This new typology must not be understood as a linguistic affirmation or categorization of a certain variety as a certain type of variety but rather as the affirmation that the typical historical (colonial and post-colonial) constellations in which a certain type of variety typically develops were present during the emergence and development of a certain variety. The varieties that will be taken into account in this article can be positioned as follows in this typology when focusing on the socio-historical constellations during their emergence and development: FIGURE 4 Typologization of varieties

368

DANIELA SCHON

In the following sections of this article, we will have a look at the grammaticalization of certain linguistic elements in these varieties and relate potential language change in this domain to the position of the varieties within the typology.

3. The grammaticalization of subject pronouns First, we will have a look at the degree of grammaticalization of subject pronouns measured by the mechanisms of Heine/Kuteva (2002): 1. 2. 3. 4.

Desemanticization Extension Decategorialization Erosion

Desemanticization implies the loss of semantic content. Expletive pronouns, for instance, have completely lost their semantic content and fulfill a mere syntactic function; that of occupying the subject position without referring to any agent. Therefore, the use or the increase of semantically null pronouns in a variety, but not in its mother variety, will be seen as evidence for a desemanticization process. The extension of the use of an element implies its use in more contexts, i.e. an increase in frequency, and is typically an indicator of increasing grammaticalization. Examples of decategorialization are, in the case of subject pronouns, cliticization or affixation. Erosion implies the loss of phonetic content. Due to the frequent use of an element in a phonetically shortened or simplified form can be used without endangering intelligibility. These four mechanisms are all indicators of grammaticalization and affect three different linguistic levels: the semantic level via desemanticization, the morphosyntactic level via decategorialization and the phonetic level via erosion, whereas extension is to be situated on a level superior to the element itself and regarding its contexts of use on a syntagmatic level. The combination of these four mechanisms provides us with a precise picture of the degree of grammaticalization of an element. Since the degree to which subject pronouns are grammaticalized strongly differs between French on the one hand and Spanish and Portuguese on the other, non-European varieties of these languages must not be compared directly, rather, their divergence from the European mother varieties must be compared. This then gives us a picture of the development(s) which has/have taken place since the exportation of the variety in comparison to possible development(s) having taken place within the European mother variety. Possible developments of gram-

LANGUAGE-EXTERNAL INFLUENCES ON GRAMMATICALIZATION

369

maticalization processes in non-European varieties compared to European varieties at the time of exportation are: 1. Grammaticalization of pre-existing forms similar to European varieties; 2. Stronger grammaticalization of pre-existing forms than in European varieties; 3. Degrammaticalization6 of pre-existing forms; and 4. Emergence of new grammaticalized and grammaticalizing forms. In the 16th and 17th century, the time of the first exportation of Romance varieties to colonies, the subject pronoun was already very strongly grammaticalized in French, whereas this was not the case in Spanish or Portuguese, a situation quite similar to the one we still find today in the European varieties of these languages. In 17th century European French, subject pronouns were strongly eroded, had already cliticized and showed strong affixation tendencies, subject-verb inversion was strongly restricted and expletive pronouns were largely obligatory. The differences to present-day European French subject pronouns are very minor: the use of expletive pronouns is now slightly more frequent and the use of inversion is further marginalized (Picoche/Marchello-Nizia 1994: 227-230). The subject pronouns in 16th century and present-day European Spanish and Portuguese are much less grammaticalized than those in European French; therefore, these pronouns show less signs of erosion, the absence of expletive pronouns7, no cliticization or affixation, but they do make use of free forms and show no major changes in the frequency of use. In this part of the article, we will take a look at the grammaticalization of subject pronouns in Quebec French, River Plate Spanish, Caribbean Spanish, USASpanish8, Brazilian Portuguese, Abidjanee French and Cape Verdean Creole. In Quebec French, expletive pronouns are omitted slightly more often than in European French9, while the frequency of use of referential subject pronouns is

6

Haspelmath (2004) uses the term antigrammaticalization to designate this process. Carrilho (2008: 6) shows that the apparently expletive pronouns used in Portuguese dialects are actually pragmatic markers. 8 In this article, we will not be considering the varieties spoken by the descendants of colonial Spanish settlers, but rather at the varieties spoken by 20th century Latin American immigrants and their descendants. Obviously though, the different varieties of Spanish spoken in the USA influence one another to a certain degree. 9 As asserted by Ploog (2001: 308-313) concerning Abidjanee French, the more frequent omission in Quebec French, is also not to be interpreted as a sign of weaker grammaticalization but rather as due to erosion reinforced by lack of semantic value. 7

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quite similar. Just as in European French, Quebec French subject pronouns are to be analyzed as morphological affixes and do not differ from their colloquial European French counterparts in this status. Phonetic erosion is slightly stronger in Quebec French than in European French (Auger 1994: 52-57, 68-69; Culbertson 2010: 87-124). All in all, subject pronouns seem to be grammaticalized to a very similar degree in both varieties. In Abidjanee French, subject pronouns and expletive subject pronouns are omitted more frequently than in European French. In both cases, this is a sign of (maximal) erosion and precisely not due to weaker grammaticalization (Ploog 2001: 308-313). The stronger grammaticalization of subject pronouns in Abidjanee French does not lead to affixation, as postulated by Lehmann (1985: 47-48), but rather to their omission via maximal erosion. Syllable-final -s erosion in River Plate Spanish also extends to subject pronouns. This general phonological tendency must not, however, be taken as an indicator of subject pronoun grammaticalization. Barrenechea/Alonso (1977), the only paper on subject pronouns in River Plate Spanish known to the author, do not mention deviances from European Spanish concerning the use of expletive pronouns, the frequency or contexts of use of non-expletive pronouns, phonetic or phonological content of subject pronouns or of their status as free linguistic forms. We can therefore assume that subject pronouns are grammaticalized to a very similar degree in both varieties. In Dominican Spanish, one variety of Caribbean Spanish, ello is used in a preverbal position where subject pronouns would also be used. Hinzelin/Kaiser (2007: 174-182) conclude that ello is used as a discourse marker and not as a subject pronoun in these contexts. Barme (2011: 357), on the other hand, suggests considering ello as a polyfunctional subject pronoun, sometimes used as a discourse marker and sometimes used as an expletive pronoun. Due to lack of further data, such as prosodic information, this debate cannot be resolved. Yet, the potential use of ello as an expletive pronoun is at best a relatively marginal phenomenon in one sub-dialect of Caribbean Spanish, and its significance concerning the grammaticalization of subject pronouns in Caribbean Spanish should therefore not be overrated. Furthermore, Kany (21951: 131) shows that this phenomenon is in fact an archaism found in several varieties of American Spanish.10 Non-expletive subject pronouns are used more frequently in Caribbean Spanish than in European Spanish or other dialects of American Spanish for that matter.11 10

Therefore, the archaic use of ello, even as a subject pronoun, should not be viewed as an indicator of grammaticalization. At best, the survival of ello as a subject pronoun in certain dialects could be linked to or promoted by the grammaticalization of subject pronouns. 11 New contexts of use are not made out though.

LANGUAGE-EXTERNAL INFLUENCES ON GRAMMATICALIZATION

371

However, they are far from being obligatory as in French. Most subject pronouns used in Caribbean Spanish are free forms. In contrast to European Spanish, Caribbean Spanish also presents the possibility of using non-inverted subject pronouns in interrogative sentences, which are clearly more strongly grammaticalized than other pronouns. Lipski (1977: 64) classifies these pronouns as clitic pronouns, whereas Ordóñez/Olarrea (2006: 73-77) call them “weak pronouns” (Ordóñez/Olarrea 2006: 73), an intermediate phase between free and clitic pronouns. These weak pronouns differ from clitic pronouns by the fact that they can take emphasis and be separated from the verb, e.g. by non-clitic negators. All in all, Caribbean Spanish subject pronouns are more strongly grammaticalized than peninsular Spanish subject pronouns. In the variety or most of the varieties of Spanish spoken in the USA, expletive subject pronouns are not used. English, as an important contact language with obligatory subject pronouns, influences the use of subject pronouns in USASpanish, this influence, however, appears much more strongly in the pragmatics of subject pronouns, than in their absolute frequency (Montrul 2004: 137-138). Nevertheless, the loss of pragmatic modality is to be seen as an indicator of stronger grammaticalization. According to Lipski (1996: 171), subject pronouns are generally free forms, yet, in some idiolects they appear to present certain cliticization tendencies, which once again are an indicator of further grammaticalization. Subject pronouns are not eroded though. These facts lead us to the conclusion that, subject pronouns in USA-Spanish seem to be slightly more grammaticalized than in European Spanish. Brazilian Portuguese shows attempts to avoid null-subject structures. But this has not (yet) led to the emergence of an expletive subject pronoun (Avelar 2009: 159). Subject pronouns are far more frequent in Brazilian Portuguese than in European Portuguese. Since the last two decades of the 20th century, their presence outnumbers their absence in spoken varieties (Lira 1996: 42), thus leading generative linguists to question the status of Brazilian Portuguese as a null-subject language. Brazilian Portuguese subject pronouns clearly present characteristics of free pronouns and of clitic pronouns, and should therefore be categorized as free subjects undergoing cliticization, especially cê < você (Kato 1999: 31). Several forms of the subject pronoun paradigm show strong erosion in Brazilian Portuguese (Nunes 1990: 2, cited by Kato 1999: 13-14). Subject pronouns are clearly more grammaticalized in Brazilian Portuguese than in European Portuguese. Expletive pronouns are inexistent in Cape Verdean Creole; non-expletive pronouns are, though frequently used, not obligatory (Baptista 2002: 255-259). Cape Verdean Creole has one paradigm of clitic subject pronouns (Baptista 2002: 46). Compared to European Portuguese, this whole paradigm shows very strong

372

DANIELA SCHON

erosion (Baptista 2002: 214). Subject pronouns are much more grammaticalized in Cape Verdean Creole than in European Portuguese. An overview of the grammaticalization of subject pronouns in the non-European varieties taken into consideration in this part of the article is presented in the following table: TABLE 1 Recapitulation table: grammaticalization of subject pronouns (*due to erosion, not weaker grammaticalization) River Plate Spanish

USASpanish

Quebec French

Caribbean Spanish

Brazilian Cape Abidjanee PortuVerdean French guese Creole

Desemanticization: Expletive subject pronouns

o

o

(–)*

o

o

–*

o

Extension: Frequency of overt subject pronouns

o

o

o

(+)

+

–*

++

Decategorialization: Loss of autonomy

o

(+)

o

+

++

o

++

Erosion: Loss of phonetic content

o

o

(+)

(+)

++

+

++

Change in grammaticalization

o

o/+

+

+

++

++

++

We can thus conclude that while USA-Spanish and River Plate Spanish show grammaticalization processes quite similar to those in European Spanish, namely no or only very little change since the 16th or 17th century, all the other varieties present unequivocal further grammaticalization of subject pronouns at a quicker pace than their European mother varieties. This language change seems to have accelerated more strongly in Brazilian Portuguese, Abidjanee French and Cape Verdian Creole than in Caribbean Spanish or Quebec French. A combination of the changes in the grammaticalization of subject pronouns with the typology of varieties leads us to the following picture, which supports the hypothesis of a correlation between variety type and the development of grammaticalization processes:

LANGUAGE-EXTERNAL INFLUENCES ON GRAMMATICALIZATION

373

FIGURE 5 Grammaticalization of subject pronouns according to variety type

4. The grammaticalization of the definite article Now we will have a look at the grammaticalization of the definite article in several varieties. Definite articles often arise from demonstratives via grammaticalization processes (Dryer 2005: 154). Greenberg (1978) presents a scale of their grammaticalization ranging from demonstratives (stage 0), which grammaticalize into definite articles (stage I), which then grammaticalize into specific articles (stage II), which then grammaticalize into noun or gender markers (stage III). Kabatek (2002) subdivided this scale by the inclusion of several sub-phases or steps making it suitable for a more detailed analysis.12 In order to compare the degree of grammaticalization of subject pronouns in different varieties, side effects or epiphenomena of grammaticalization must be taken into consideration. Concerning the definite article, however, we will focus

12 Further subdivision via more details in phases O and I by the inclusion of sub-steps, as brought forward by Himmelmann (1997), is possible but will not be undertaken in this article.

374

DANIELA SCHON

more directly on the actual grammaticalization process: the extension of contexts in which the element concerned, i.e. the definite article, is used. Due to detailed and extensive previous research on these contexts, such an approach is possible and reliable in this case. Further grammaticalization implies the extension of the contexts of use of the definite article and the subsequent elimination of contexts presenting the possibility of the use of a Ø article or a bare noun.13 As clearly presented in the following table slightly adapted and translated from Kabatek (2002: 75), the definite article is most strongly grammaticalized in current day European French and slightly more grammaticalized in current day European Spanish than in current day European Portuguese.14 We can clearly see that the contexts in which bare nouns can be used are much more restricted in French than in Spanish or Portuguese. FIGURE 6 Use of bare nouns as a grammaticalization scale for the definite article level according to Greenberg

possible contexts for bare nouns

French

Spanish

Portuguese

O

use with referents in the speaker’s origo







I

generic use







“aspectual singular”



(+)

+

focalized constructions



+

+

parti-generic use



+

+

coordinated nominals

+

+

+

“last vestiges” of type II

+

+

+

II

III

13 In bare noun contexts, it is important to clearly distinguish the obligatory use of a bare noun, i.e. a semantic or strong stylistic opposition between the use of the definite article and the Ø article, and the omission of the definite article. In the latter case, the use of the noun with or without an article does not lead to a change in semantic or stylistic value. 14 A look at historical grammars reveals that little has changed in the grammaticalization of the definite article in these European varieties from the 16th/17th century until today.

LANGUAGE-EXTERNAL INFLUENCES ON GRAMMATICALIZATION

375

In this article, we will provide information on how these (and further) contexts of bare noun usage and definite articles or demonstratives vary in several non-European varieties of French, Spanish and Portuguese as well as a Portuguese-based creole. Concerning the types of possible developments in the evolution of non-European varieties since their export in comparison to the European mother varieties, the same processes as in the development of the degree of grammaticalization of subject pronouns are generally possible: 1. Grammaticalization of pre-existing forms similar to European varieties. 2. Stronger grammaticalization of pre-existing forms than in European varieties. 3. Degrammaticalization of pre-existing forms. 4. Emergence of new grammaticalized and grammaticalizing forms. We will have a look at the following varieties: Quebec French, River Plate Spanish, Andean Spanish, Brazilian Portuguese, Abidjanee French, Cape Verdean Creole. In Quebec French, the degree to which the definite article is grammaticalized is very similar to that of European French. Barbeau (1970: 243-244) provides us with several contexts in which Canadian French in general uses the definite article, apparently in contrast to European French, though not explicitly stated, e.g. predicative constructions, negation and the second noun in coordinated constructions. However, a more detailed look at European French reveals that the use of the definite article in these contexts is subject to variation in European French, the use and the omission of the definite article both being attested (Schon, 2013: 384-388). Therefore, differences are more a question of frequency than of possibilities within the system of both varieties. In order to allow for these frequencies to potentially account for different degrees of grammaticalization, a corpus study with diastratically and diaphasically unbiased data from both varieties would have to be carried out. Nonetheless, we can assume that the degree of grammaticalization of the definite article is very similar in both varieties. We are not aware of any research on the use of the definite article in River Plate Spanish. Donni de Mirande (1968: 153) mentions two particularities concerning the use of the definite article in her work on Rosarian Spanish, a variety spoken about 300 kilometers northwest of Buenos Aires: the use of the definite article with person names in vulgar varieties and the use of the article in object and subject clauses. However, a closer look at these contexts reveals that they are not so different from at least some varieties of Peninsular Spanish (Álvarez Martínez 1986: 119). Since we lack information concerning the use of the definite article in River Plate Spanish, a generally well described variety of American

376

DANIELA SCHON

Spanish, and the deviances from Peninsular Spanish are minor and apparently restricted to the frequency and/or markedness of omission and use of the definite article in contexts not relevant for the degree of grammaticalization of the definite article in Rosarian Spanish, we can conclude that the definite article is grammaticalized to very similar degrees in Peninsular Spanish and River Plate Spanish. Brazilian Portuguese has conserved the European form of the definite article, but its use is different in several domains. Generative and functional approaches alike concur that the definite article need not be used in generic contexts in Brazilian Portuguese (whereas it is obligatory in European Portuguese).15 This is a clear indicator of a lower degree of grammaticalization on Kabatek’s (2002) grammaticalization scale. Yet, deviances are not restricted to generic contexts. Even in clearly demonstrative contexts, e.g. in contexts in which the referent is present in the speaker’s origo, the definite article can be omitted, although this occurs very rarely (Kabatek 2002: 72). Other studies also point in this direction: Various studies on rural Brazilian Portuguese, e.g. Veado (1982: 37), Ferreira (1985: 30) and Amaral (1976: 74), attest the use of bare [+specific] nouns. Though lacking context does not allow us to clearly confirm or reject the demonstrative use of a bare noun in these contexts, the examples must at least be interpreted as a clear step in this direction. Ionin/Montrul/Santos’s (2011: 976-977) data also show that anaphoric bare singulars are clearly more frequent in Brazilian Portuguese than in Spanish or English, though the difference is much weaker than concerning generic nouns. All this information together can be seen as evidence that the definite article in Brazilian Portuguese is, though strongly present, not strictly obligatory in Greenberg’s stage O, the use as a demonstrative. Since these contexts were already grammaticalized in Medieval Romance, these instances must be seen as Brazilian Portuguese innovations, probably evidence for a (not very advanced) process of degrammaticalization of the definite article in this variety.16 A comparison of Andean Spanish and Peninsular Spanish on Kabatek’s (2002: 75) grammaticalization scale reveals that at least in the variety of Andean Spanish spoken in Cochabamba, Bolivia, the definite article is not used with generic nouns (Pfänder 22010: 189).17 This constitutes an innovation of Cochabamban Spanish since, in the 16th century just as in present-day Peninsular Spanish, nouns with

15 Cf. e.g. most recently Pires de Oliveira/Silva/Bressane (2010) and Ionin/Montrul/Santos (2011). 16 For an alternative explanation focusing on the history of the co-presence of divergent varities and language acquisition, cf. Schon (2013: 393-395; 417-429). 17 Godenzzi (1995: 110-113) also asserts the use of bare nouns instead of nouns with a definite article in non-standard Andean Spanish spoken in Puno, Peru, i.e. in lower sociolects.

LANGUAGE-EXTERNAL INFLUENCES ON GRAMMATICALIZATION

377

generic reference take the definite article (Echenique Elizondo/Martínez Alcalde 2000: 174). But this innovation does not follow the ‘normal’ Romance grammaticalization path, but rather directly opposes this direction, therefore, forming another very probable candidate for a degrammaticalization process.18 In addition to this, Andean Spanish in general shows very strong variation concerning noun determination. This variation is pre-eminently social; upper class speakers with a high level of education use more definite articles than lower class speakers with little formal education (cf. Godenzzi 1995, 2004).Time will tell whether the stabilization of an endogenous norm in the Andean region or a possible future intensification of the pressure of the coastal norm in all social classes will lead to a homogenization of the use of the definite article in the distinct sociolects of Andean Spanish. At least concerning lower and middle sociolects of Andean Spanish, the use of the definite article is quite variable in a great number of contexts. Its general absence in generic contexts, however, can currently be seen as an indicator of a degrammaticalization process.19 Abidjanee French also presents very strong social (and stylistic) variation, which also affects the determination system. Several distinct sub-systems cooccur with the standard (European) system being restricted to the varieties spoken by upper class speakers. In lower sociolects, the form of the European French article is also used, but its contexts of use greatly differ from those of standard French. According to Boutin (2007: 170-176), in popular Ivoirian French, Ø articles are used with generic nouns and speakers are free to omit or use articles in all contexts in which definite articles are obligatory in European French. In colloquial Ivorian French, a slightly higher diaphasic variety than popular Ivorian French, generic nouns are not generally bare, but the article is often omitted. Due to strong variation of the use of the article in almost all contexts, the affirmation of a degrammaticalization process in this subsystem of Abidjanee French does not hit the nail on the head. This variation is rather an indicator of the great dynamics and instability of the current Abidjanee French determination system. Another subsystem of the Abidjanee French determination system, on the other hand, is clearly a product of grammaticalization: Hattiger (1983: 85-87) already asserted the occasional use of postnominal la with

18

The occasional use of the definite article in Andean Spanish in contexts in which a Ø article is used in Peninsular Spanish does not generally contradict a degrammaticalization since these contexts are possible but not essential last vestiges of the type II article in Kabatek’s terminology. Andean Spanish still presents last vestiges; hence, this context of Ø articles does not disappear and therefore further grammaticalization cannot be thought to be confirmed by these examples. 19 Cf. last footnote and Schon (2013: 395-401).

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the function of the definite article. In the corpus used by Knutsen/Ploog (2005), la can occur on its own in various functions, inter alia that of an NP marker, or in co-occurrence with the European French form of the definite article. In this subsystem, a new form has undergone or started to undergo a new grammaticalization process, which seems to remain in Greenberg’s phase O due to generic reference generally being expressed by bare nouns. The diversity of functions of la and the variation of its occurrence with or without the Standard French form can once again be interpreted as instances of the current dynamics within this variety and the rapid change it is undergoing and will probably also continue to undergo in the near future. In Cape Verdean Creole, the European Portuguese forms of the definite article have disappeared. Instead, a new form kel/kes has started to grammaticalize. Kel/kes is mainly used as a demonstrative, but can sometimes be used as a definite article (Baptista 2007: 63). This instance of layering is typical of grammaticalization and can be seen as evidence of the fact that kel/kes should probably be classified somewhere between stage O and I in Greenberg’s model. The following overview of grammaticalization developments in the nonEuropean varieties taken into consideration can be given: TABLE 2 Recapitulation table: changes in the grammaticalization of the definite article20 similar to European varieties Quebec French



River Plate Spanish



Abidjanee French



further grammaticalization

degrammaticalization

new forms

?

✓ ✓

Cape Verdian Creole Brazilian Portuguese



Andean Spanish



A look at possible correlations with variety types offers the following picture: 20

429).

For and alternative to the classification as degrammaticalization, cf. Schon (2013: 417-

LANGUAGE-EXTERNAL INFLUENCES ON GRAMMATICALIZATION

379

FIGURE 7 Grammaticalization of the definite article according to variety type

5. Language change in communicative immediacy and distance The concept of communicative immediacy and communicative distance was first introduced by Koch/Oesterreicher (1985). The basic idea of this concept is that communicative settings influence variation in all natural languages. Linguistic innovations tend to originate in communicative immediacy and then make their way into communicative distance (or remain restricted to communicative immediacy). This is due to several factors: 1. Greater expressivity in communicative immediacy makes speakers recur to innovations. 2. Lower norm pressure in communicative immediacy allows norm deviance to go unsanctioned much more frequently than in communicative distance. 3. Physical immediacy, deictic immediacy and context embeddedness minimize the risk of misunderstandings in communicative immediacy and generally allow their rapid discovery or disclosure and correction or resolution.

380

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By combining the continuum of communicative immediacy and communicative distance with the four socio-historical continua, we decided to take into consideration as a basis for the distinction of variety types in our new typology, we can observe the following picture. 1. The use of a language as a vernacular implies its use in communicative immediacy, whereas a language not used as a vernacular, but nevertheless used within a society, is (only) used in communicative distance. A language used as a vernacular can, but need not, necessarily be used in communicative distance. In the case of the languages of colonizers, these are, nonetheless, generally21 also used in communicative immediacy and in communicative distance. 2. The presence and pressure of the prescriptive norm is much stronger in communicative distance than in communicative immediacy, which thus hinders or at least makes the penetration of linguistic innovations and language change from communicative distance into communicative immediacy more difficult. 3. Language contact and dialect contact can be a source of innovation via calquing and the borrowing of forms from other languages or dialects. 4. Language shift and second language acquisition often lead to interferences from a speaker’s L1 in a speaker’s L2. These hypotheses allow us to predict that sociolinguistic constellations typical of the development of L1-varieties (many European varieties and most varieties spoken in New England type settlement colonies), promote moderate change as the language is generally used in communicative immediacy. Dialect contact is present, though usually stronger in New England type settlement colonies than in European regions, and language continuity impedes change caused or promoted by second language acquisition and interferences from other languages. The prescriptive norm is present to a certain extent, though usually more in the history of European varieties than in the history of New England type settlement colonies. These factors allow us to predict moderate language change in the conditions in which L1-varieties typically develop, probably somewhat stronger in the varieties of New England type settlement colonies than in European varieties. 21

An exception would be the case of posterior colonization by a different colonizing nation with a different official language which implements its official language in communicative distance. Due to the founder principle (cf. Mufwene 1996), the vernacular use of the language of the first colonizing nation is normally not lost at a later stage.

381

LANGUAGE-EXTERNAL INFLUENCES ON GRAMMATICALIZATION

L2-varieties, which typically develop in exploitation colonies, are generally not used in communicative immediacy and therefore lack a determinative factor promoting language change. The colonizer’s language is generally acquired in an educational setting with a strong presence of the prescriptive norm; this also hinders innovation and language change. Yet, language contact and second language acquisition are factors promoting innovations in these historical constellations. Though, this is not promoted as strongly as in cases of a true language shift due to the restricted use of the colonizer’s language, i.e. only in communicative distance, while indigenous languages remain generalized in communicative immediacy. The historical context in which creoles typically develop, those of Caribbean type settlement colonies, strongly promotes language change: The colonizer’s language rapidly generalizes its use in communicative immediacy. Language contact is very intense due to the vast quantity of different, generally African, L1s present. The mutual unintelligibility of these languages leads to rapid language shifts from African languages which lose their communicative value in the context of colonization. The prescriptive norm is almost completely absent. We clearly see that all four factors taken into account in this article on socio-historical influences on grammaticalization and probably also on other types of language change, are present in the circumstances in which creoles typically develop in Caribbean type settlement colonies. Thus, we can generally predict very strong language change in these varieties, which is in turn confirmed by a comparison of creoles with lexifiers and mutual unintelligibility. TABLE 3 Factors promoting language change according to variety type L1-varieties

L2-varieties

creoles

communicative immediacy

+



+

norm absence

(+)



+

language shift





+

contact

o

+

+

(+)



+

PROMOTION OF CHANGE

In the following section of this article, a look at French verb negation in several dialects of French and a French-based creoles will provide us with examples

382

DANIELA SCHON

of how language change has made its way from communicative immediacy to communicative distance (and presumably more rarely) from communicative distance to communicative immediacy in different variety types and it will be shown that change in French verb negation thereby exemplifies the hypotheses presented above.

6. French word negation We will now have a look at what happened to these three forms of negation in three non-European varieties and one French-based creole and try to explain these developments by considering the four factors presented earlier in this article and the use of language(s) in communicative immediacy and distance in the socio-historical contexts of the varieties concerned. First, however, we will have a look at the state of negation in 17th century European French. At the time of the exportation of this language to the New World19, three main variants of verb negation were competing with one another: 1. ne…: restricted to communicative distance and even there only used in very few contexts and with very few verbs (Ernst 1985: 84-85). 2. ne… pas: the form of negation required according to the prescriptive norm in most contexts and used as an unmarked form (Schmitt 1980: 27). 3. … pas: a form of negation which emerged in communicative immediacy and restricted to informal communication (Prüssmann-Zemper 1986: 91). Quebec French is a typical L1-variety which developed in a New England type settlement colony. In spoken medium Quebec French, … pas has become almost generalized, ne… pas being a very strong stylistic marker and therefore restricted to very few contexts, making up only 0.5% of all negations in Sankoff’s corpus (Sankoff/Vincent 1980: 299-302). In written-medium Quebec French, however, ne… pas is strongly dominant; … pas is generally restricted to very immediate communicative forms such as text messages or internet chat. The conservation of ne… pas in written medium Quebec French in contrast to spoken medium Quebec French must be seen as a clear tribute to the prescriptive

19

The colonization of Abidjan did not didn’t take place until the 19th century. At this time, … pas had already made its way further into communicative distance in European French (cf. Martineau 2009: 166). This is represented by the symbol C being moved slightly further into the sphere of communicative distance in the Abidjanee French parallelogram in Fig. 8.

LANGUAGE-EXTERNAL INFLUENCES ON GRAMMATICALIZATION

383

norm, present in Quebec French and inhibiting at least this instance of language change.20 Abidjan was part of the exploitation colony French West Africa at the beginning of the Imperial Age; but, concerning the linguistic situation, later on, soldiers used French as a vernacular and acquired it in contexts of intense language contact and with little norm presence. In the post-colonial era, migration has led to a vernacularization and nativization of French in Abidjan. In this situation, the factors considered in this article are quite similar to those present in Caribbean type settlement colonies, typical contexts for the development of creoles. Bourdonnec’s (1981: 39) study on the variety spoken by Abidjanee boys, male domestic workers, shows that … pas is used in verb negation. According to Ahua (2008: 145), this can be seen as a property of Ivorian French in general. No data on written medium Ivorian French could be found. Nevertheless, we can assume that written medium Ivorian French models continental French (especially in communicative distance) or spoken Ivorian French, depending on the speaker’s linguistic competence. According to Manessy (1984: 20), verb negation via ne… is strongly dominant in the varieties of French spoken in Senegal and Togo, typical L2-varieties, which developed in exploitation colonies. Negation by … pas is not at all mentioned by Manessy. We can therefore assume that ne… has extended its contexts of use linguistically and socially, having made its way into more immediate communicative settings and having lost its syntactic and syntagmatic restrictions. In strong communicative immediacy, mainly indigenous African languages are used rather than French, which is to be considered as a high language in a diglossic situation. Ne… has therefore not made its way into all contexts of communicative immediacy, many of these being reserved for African languages. Yet, it is extremely probable that, at least in the written medium and in formal spoken French, speakers whose linguistic competence allows them to align their use of French on the continental variety and recur to ne… pas more often than in the spoken medium. In current day Mauritian Creole, a creole which developed in a Caribbean type settlement colony, only pa ( interjección) y la correspondiente lexicalización, tampoco concluida, de su resultado permiten el solapamiento de los valores de verbo e interjección. Ello nos permite distinguir unas interrogativas y unas exclamativas subordinadas dependientes de una expresión de petición en el discurso, que funcionan como interrogativas y exclamativas subordinadas propias, y que pueden ser parciales y totales. Del mismo modo, hay exclamativas subordinadas dependientes de verbos de comunicación que son t