Las haciendas de los jesuítas en el Nuevo Reino de Granada

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AGRADECIMIENTOS A la Univeraükd de Chile, por una b eca otorgada en 1967 y 1968. Al prof8$or Rolando M ella/e, qulen gentilmence #e

prenó a dirigir uce rrabajo. A WB pro/e#OTes Alvaro ] ara y 'Eduardo Miranda, cuyo• cursos y 8eminarios orientaron. la

inveuisación. A me

Mary Karera

ComW J esuitas. Los tomos pertinentes a la Nueva Granada ne> están foliados. Se cita el número del Documento de acuerdo a un índice elaborado previamente y que publicará el Centro de Investí· ,aciones de Historia Americana de la Universidad de Chile. AHNB. Temp. Archivo Histórico Nacional de Bogotá, fondo de Temporalidadcs. ACC. Archivo Central del Cauca. ABA. Archivo Histórico de Antioquia. BHA. Boletín de Historia y Antigüedades. Otras abreviaturas se refieren a citaciones y por lo tanto se remite a la obra consultada.

INTRODUCCION l. A partir de agosto de 1767 la compañía de J esús quedaba exting uida en los territorios del lmperio español. Loa hechos son bien conocidos. En cuanto a su interpretación, estos hechos serán siempre un objeto de controversia. El instituto religioso ha despertado siempre adhesiones y repulsas cuyos motivos toe registran en una gama indefinida de intereses. Aun del lado " ilustrado" se conocen defensas ta.n fervorosas como la consagrada por Juan y Ulloa en IIUS noticias IICCretas 1 o juicios favorables de enciclopcdistns franceses sobre las misio· nes en el Paraguay.

La discusión tiene implicaciones politieas y reJjgiosas. La ideología liberal decimonónica debatía el asunto iden.tilicán· dose en cierto g rado con la decisión borbónica en tanto que las reacciones hiBpanizantcs (los "conservadorea") encontra· ban que esta política había s ido desastrosa. Para éstos, con un poco de nostalgia por el antiguo o rden, el proceder de la corona había sido por lo m enos inconsecuente al echa.r por tierra uno de sus pilares. Los primeros se contentaban con mantener sin mayores modificaciones el punto de vista de la Duetraeión respecto a las cuC3tiones eclesiásticas. Aún hoy es posible encontrar este tipo de afinidades ideológicas. Por eso resulta dificil pretender objetividad frente a l asunto, o al m enos alegar unn ausencia absoluta de moti· vos interesados para achacar falta de objetividad a los juicioa del siglo XIX. Si la discusión de retoma solne las misma• 1 JORGE JUAN y ANTONIO DE ULLOA, Notú:üu aecreu.. de Amúica. 81. AirO>& 19SS. ED e l Capitulo 111 proponen confiar el

euidodo de loe boapitalce • la Compañia d e Jeeú!, baaadoa priD~ palntcnte en au probidad finAnciera. El capilalo V conatituye UDa verdadera apoloala en la que loe jeaaitaa r esallan exento• de todoa loe malee que lo1 autorce acbaCJin a lae 6rdes>ce relipoaaa.

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loa j uicios tenderán a poralizaree en la misma forma. Parece ser una fatalidad de este tipo d e diecuaionea.

Pero al margen do una discusió n ideológ ica t odavia queda otro ti po do hechos . Hechos mal conocidos hasta ahora. Hechos económicos. Poeecn, e videntemc.n t e, la virtualidad de situar la discusión en otro terreno. Al menos ahora puede reconocerse que la a ctivid a d econ ó mica do la Compaftla de Josúe no ee diferenciaba radicalmente, a no ser por su c fec. tividad, de la a ctividad económicct general de la época. Y que la ceeación r e pentina d e e814 actividad debió tener algunas consecuencia•~

Desde el primero de marzo de 1 767 eo con ocieron las ins· truccion"" preciaDa de lo que deberian ejecutar loe comisionados para el extrañamiento y ocupación de los bien es y hacien· das de loe jesuitas 2 • A estas 4nstruccioncs '"' añadieron otras un poco m óa tarde, conaogradae a las Ind ias y a las islas Filipinos, para proveer a cerca d e los t e rritorios de misi o nes. Eatoa in strucciones bu~~enban el contro l inmediato de lo administración de loa bienes y el cuidado de las personas de loe jcsuilRa. El o bj etivo parece ' haberse logrodo más o m enos cabalmente, según Jo hobilidad de los fu.n cionarioa que ejecutaron las instrucciones. De esta a ctividad adminis trativa quedaron loa inventarios y avalúos de loa bienes, l evanlRdos a partir d e a gosto de 1767, "n los que ae ineluyo ron info rmaciones Gtilea re8pecto a s u mane j o por parte de loa regulares.

Este materia.! solo ae conoce fragmentariamente. Una parte de él se conserva, casi por azar, en el A rch ivo Nacional de Chile y el r eato anda disperso en numerosos arehivos l ocales, cuando no perdido de una m11nera d efinitiva. Existen otras fuente. relativas a loa bienes de In Compoi'Ho concentradas en archivos europeos de dific il acc eso " 2

lrutrucci6,. del condo de Azoada de 19 de marao d o 1767.

S PriaclpahllonlO ol Archivo Romano de la Compa&la do Jeo6o (AR$1), ol Arcbi•o do la provic!ncla da Toledo e n Madrid (AI'T) y, naturalmente. el Archivo C c aeral do J.ndJae (ACI). Uua de.crlpcf6u de lao faen1ea cm ;\fAGNUS MORNER. The polúlcol and Bconomlc ..fcdt~úh>• o/ llae ] e...U. in lla• La Plal4 R e•lon. S&okholm. 1953. ( Ac..ba do aparecer u-a d. eq>aóola).

Para el presente trabajo ha podido cons ultarse el iondo d e Jesuitas conservado en el ANCH, gracias a las indicaciones del profesor Rolando M ellafe, el Archivo Histórico Naciooal de Bogotá (AHNB) y d e una manera casi fugitiva, el Archivo Históric o de Antioquia (AfiA) y el Archi vo Central del Cau· ca (ACC). Por eso vale la pena subrayar las deficiencias documentales que podrian s ubsanarse con el estudio del Archivo de la a n tigua provincia de Quit o en .e l Colegio de San Gabriel en Quito (·APQuit.), del Archivo Histórico de Tunja ( AHT) y acaso archivos históricos locales como el d e Pamplona. La limitación de las fuentes que pud ie ron consultarse indica las limitaciones de este trabajo. La administración española procedió a inventariar la totalidad de los bienes de la Compañía a partir de agosto de 1767. En una segunda etapa se avaluaron estos bienes y se introdujeron indicaciones cuantitativ.as bastante precisas. Creadas las juntas provinciales y munic ipales de temporalidades para entender de las ventas ele los bienes ocupados, a partir de marzo de 1769, se elaboraron casi siempre "Estados,., que facilitaban, de una simple ojeada, el conocimiento de In calidad y de la cuantia de estos bienes. En tanto que para las provincias de México

y el Pc•·ú se conservó intacta la mayoría de estos "Estados", los que elaboró para la Nueva Granada el fiscal de la Au· diencia y defensor de Temporalii:lades Antonio Moreno y Eseandón no se ha.llaron entre los fondos consultados. De otro lado, tampoco se conoce la totalidad d e los inventarios y sólo parcialmente los avalúos. Se tropieza pues, por el momento, con deficiencias documentales que dific ultan una reconstrucción puramente cuantitativa de los bienes que poseía la Contpañía de Jesús en territorios del virreinato de la Nueva Granada . La cuantía total de estos bienes sólo puede inferirse d e una manera aproximada. Es seguro, sin embargo, que el valor total de las ha· ciendas apenas representaba una fracción d.,l valor calculado para las mismas en el virreinato del Perú •, de 5. 729. 790 2.

4. V. PABLO MACERA, lrutrucc ione• p~los libros y la manera como so llevaban es frec uente en los inventario:~ que se hicieron con ocasión del extrañamie nto. Entre los übros mús usuales en la •·egión de Quito fig urnn los que se referían a los conciertos de indios, a los "socorros" que se les proporcionaba, a los salados que debla pagárselce, u los descuentos p o r ganado perdido, etc . En el invent ario del obraje de Zaruqui, e n las nustones de Maynas , por ejemplo, aparece un libro llevado por el maestro dc.l o braj e ". . . que se compone de rayas de indios do dicho obraje". L os te jedores figuraban en un libro aparte . En Can cugua, también en Maynua, ee llevaba ". . • un cuadernito en fojas s iete, las c inco escritas de rayas d e hiladores, cardadores y bergeudorC3". Las jornadas de los a r tesanos, que los coleg ios ocupaban paro s us haciendas, tambiim se consignaban a.-ecen cuentas de " •.• caa·pinteros, maestros de capilla, barbero y zapatero, todas liquidadas por el P. Pa·ocurador". La hacienda de Catarnayo, del Colegio de Loja, llevaba una cuenta especial al oficial pailero. S e llevabun libros con cuentas especiales como las hierras de ganado, las deudas menudas y las obvenciones d e los curas de pueblos cercanos que servían como capellanes en 108 haciendas cuando éstas no teaúan uno de la Compañia. S 4

AltamJrauo en MACERA, ob. d r. p. 58 No. 7. ln#TIU:Clara el sustento de sus sirvientes y coocertaclos, teniendo particular inteligencia para pagarles a 7 No. 2-ll p. 215, No. 240 p . 214, No. 244 p. 216 y No. 245 p. 217. 8 E~te ea uno de los precepto& ~náe f-recu P.ntes con que se tropieza en lo a I.nnruceionea. V. l1t$t. No. 10 p . 41-42. No. 17 p. 4 5--46, No. 208 »· 193. En el mismo oentido, MACERA. p. Sl·S2. 9 ~CADO, op. cil. 1 p. 196.

éstos sus salari os por no ser cargoso a los proc uradores y librados de este trabajo". Es posible que esta "inte:igencia" consistiera en extender su propia austeridad a s us trabajado~·es.

Según las instrucciones, tanto el rector como el p r ocurador d ebían estar i nformados permane nteme nte sobre el estado de las h aci endas. E sta información era n ecesaria puesto que d el colegio provenían aquellos elementos que debían renovarse periód icame nte (ropa de los esclavos, herramientas), suplementos (semillas, animales de labor, etc.) y dinero. El cole· gio, finalmente, orientaba hacia el mercado los productos d e las haciendas 1° Todas estas relaciones se traducían en el sistem a de contabilidad al que se agregaban, en fonna de instrucciones, las o b servaciones de visitadores, rect ores y procuradot·es. Como el colegio mismo llevaba una con ta bilidad g e neral, anualmente ee procedía a cotejar los asientos. Este control exigía la p r esencia d e los admin ístradores en l os Colegi os y se apr ovechaba la ocasión de los ejerc icios e spil"ituales 11• Los Instrucciones m exicanas recomendaban que se liicieran i n mediatame nte despu és de la confesión del administrador.

lO lnat. No. 187 p. 179, No. 46 p. 70, .No. 4 9 p . 72. No. 74 p . 91. No. lOO p. 111, No. lOS p. US, No. 234 p . 209. MACERA, ob. eit. P • 6CHil. 11 lnot. No. 16 p. 45. MACERA, lbid. p. 60 - vi.oita de Allamirano, 1702.

V ADQUISICIONES ' No ha sido posible reconst.ruir paso a paeo las adquisiciones d u lo Compañía en el virreinato d e la Nueva Granada. La información en este sentido so encuentra muy dieperea y es d u doso q ue p u eda disponerse de la totalidad en arclüvoe american os. La obra del padre P acheco, quien tuvo acceeo al Arch ivo Romano de la Compaiiía. recoge una b uena cantidad de datos a cerca de estas adquisiciones en el cuno del siglo XVII. No es posible determinar hasta qué punto estos datos b oyan agotado la in f ormación del Archlvo Romano. L os comienzos d e los colegios fueron más bien dificilee. En las primera s décadas del siglo XVII se c onstituyeron los colegios de Santa Fe, Cartagena y Tunja, pero en una s ituación p recaria. H acia fines del siglo, cuando se trotó de la constitució n de una nueva provincia , la provincia primitiva, cuya cabeza estaba en Qui to , tuvo que auxiüa r a la d e Santa Fe con 50.000 pesos. Era evidente que las h aciend as más ricas, es d ecir, las más antiguas, estaban ubicadas en territorios d e la Audiencia de Q u ito. Si bien algunos colegios tuvieron un generoso b ienhechor desd e el p r imer momento, muchos t uvieron que comenzar por asegurar la b¡mevolencia de la totalid.a d de los vecinos. En tre los bienhechores que se conocen ee contaron encomen· deros como L orenzo de Rojas, que recibía el tributo de 148 in dios en Firavitoba y donó al noviciado d e Tunja una de las haciendas más ricas d el reino, según las Cartas Anuas 1 • l V. 'Encomiendas, cncome udcroe e indfgenae tributarlos d ol Nnovo Reino do Granadií e n l a p r imera mllad d el •· XVII' en Anu~ río Colombltut6. de H iúoria •oclal y d e la Cuüt Tcm· poraüdades eran suyas .. .,.n 18. Pero a pesar de que la Compañía debió verse envuelta en mucbo11 más litigios de es te géJ•ero, en e11to no se düerenciabo d e otros propietarios. Al menos no es verosimil que la Compañía se haya sentido inclinada por soluciones d e hecho, antes bien, por razones de prestigio so obligaba a pedir y n aceptar la intervención de lto justic ia s iempre c¡uc ec presentaba algún contralicmpo. Aunque este .mismo prestigio pudiera jugar a menudo un papel en el únimo de sus contradictores. Mercado 10 narra, por ejemplo, que habiéndose suscitado una dis· cusión sobro los linderos do la h acienda de Gibraltar en Mérida ee había Uegado a un nrrcg!o. ". . . Y viendo después el medidor do las tierras la verdad del hermano, dijo a la.. parte contraria: '-no ee canso vuestra merced que estos padres re-¿an mucho y Dios les ayuda'.". Un rasgo que si podría ser único en la Compañía radicaba en su capacidad financiera, que no ee debía solamente al hecho de poder dis poner de capitales liquidoil El valor inicial 16 Jhid ~ T. XII ff. 434).526. T. VD ff. 362-441. T. IX ft. 68!>-706. Tambl6o Tlerrao do Cund. T. XL. lf. 464-483. Sobro ChiJ>AS • COLEGIO DE LAT ACUNGA

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.Procnra ,Jo t•rov. l• • \'Ond_h ú Fu, Zunsba. caC"Iu Or los indios de servic io concer tados cuyo número se conoce. L a Calera, del Colegio noviciado de Lo tacunga, tenía 124 indios de servicio. Esto hacienda poscia un obraje, lo que explic a el número elevado de concertados. Lo mismo ocu· rria co n Celtas, q ue te n i a 81 indios, distribuidos en cuatro "tareaa" para te jer p a ñ os y ocho para tej e r jergas, y el obra. je de l o hac ienda de Tiopan>ba con 140 indio!!. Tontapi, una hac ienda de t r apiche, t enia 80 indios concertados. Catopila· haló, que producía lanas y t e n ia algunas siembras, 148.

Las hac ie ndas del Colegio d e Latacongn d ependían entera· mente c:le In mano de obro indigena y entre todos t enían 828 indios con c iertos. Por eata rozón el corregidor ordenó e n 1767 o l os mayordomos de las hac iendas que tuvie ran "es pecialisi· mo c uidado" en la con servación de los indios y que dieran c uento pro ntamente s i algún vecino intentaba atraer a alguno de e llos para su p ropio ser\licio , " ... que en este caso se apti curá el castigo corresponclie ote '" 27• Has ta qué punto d ependlon las haciendas d e la Compañía e n Quito de la mano de obra indígena (excepto, c loro e stá, las que poseían esclavos), lo muestra la confrontac ·i ón del in· ventario q u e se practicó en 1767, para la hac ie nda l'ilula, del Colegio d e Ambato, con uno anterior, que ha.b ío hec ho el P. 1\fanosalvos el 14 de n oviembre de 1 766. En e l primero fa!. tabo n 54 c uad ras de c aña y e l hacendero, P. Rivadeneir a, ex· plicó q ue se habí an perdido " •.. cosa d e 40 cuadras de socas y resocas, a causa d e la pes t e general en que murieron 103 indios, por cuya falta n o pudo beneficiarlos ... " 28 • 28 Jbid. T . 237, f. 26 v. Scsúu laa cifras d e F. Sllvcotro, e l porcentaj e do población indlgc.n a Oril d c J 76~2'7'c en Lat-n eu.ol!l:u. (correA:Irni c.nto). Un porcentujc parceido e n Otava.l o. d e 72.4 % , aunque en edo asiento, en donde la Compuñía t.eoia varia& )Jne lcndae 1 hab(a población escl ava, l o qu& no o c:.u rria aa Latacun«a.

En el Colegio de Loja la situación parece haber sido crítica por la n:úsma época y acaso por la misma r azón. En la hacienda -ele Tingo y Alamala, e l corr al de Alamala, con 412 reses, p e rmanecía sin peón porque Valentín Chinvo s e había fugado y no habí a p odido r e p onerse. En la misma hacienda, e l corral del Higo, con 1 03 cabezas, t a m poco tenia peón y el cor r al de Guayab a l, con 164 cabezas, estaba al c uidado d e un ntulato esclavo. Por eso el a lcalde de Loja d ecla raba que era muy dificil la conservación d e l as hacien das, " . .. por falta de indios q ue quieran servi r en d ic h as haciend as y de hombres fie les que las administren . .. .,, 29 • Esta misma eircuns,.. tancia afectaba la producción que te nia que d estinarse casi íntegra u . . . al socorro de sirvi entes y herramientas~' . Las haciendas más r icas d e l a Compañia, sin embargo, n o d ep endi'an de la mano d e o b r a ind.ígella, u n poco aleat oria , como acaba de verse. Acaso se haya tenido en cuenta esta razón o --como lo indica l'\1orn er para las posesiones p araguayas-- el t r abajo ind íge.o a no -..rmonizara con la actitud de Jos jesui tas en matel"ias indig enas. P orque estaban de por m edio p r ohibici ones expresas que afectaban las exp lotaCÍO· n es de pla ntación, una d e las act ividades más i mportant es d e alg un os colegios.

E SCLAVOS • P ORCENTAJES DE VALOR CON RESPECTO AL T OTAL DE L O S ACTrYOS OE C A O A HACIEN D A • .Bacien.Ju

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Ibid. T. 2 36 . D oc. R.

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2.2

2. Una de l a s :mayores inversiones de la Compañía consistía en esclavos negros. Dentro del contexto general do la econom ía esclavista de plantación la actitud de los jesuitas :merece ser analizada, pues en muchos aspect os es algo e x cepcional. Sobre el manejo de Jos esclavos se contemplaban disposiciones casi unánÍDles en las Instrucciones m e xicanas y en las visitas practicadas en el P e rú. El c ontenido d e las instrucci ones sobre esta :materia :muestra la ambigüedad que se observa en tod a la empresa jesuítica , la m ezcla indisce rnible de mot ivos r eligios os y d e racion alidad económica. L a recomendación m ás constante en cuanto al t ratamient o de los rr 1/2 2 .268 a 2 rr 1/% 500a2rr

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Conuco do JaU'n Vlt'•~ n do Oolor c• S. E•tunlalao El A.ret~al S. Atuonlo S. JGvler R(o

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Para una sola hacienda, la de Llanogrande, del Colegio de Popayán, se posee n datos más completos 8 • Esta hacienda babia aido adquirida en 1651. En 1735 poseía de 14 a 15.000 res.,., 50 bueyes, 500 caballos, 2.500 yeguas, 80 mulas, 21 muletos y 88 esclavos. En 1746 consta que tenía 12.401 reses, 1901 yeguas, 281 caballos y 103 mulas. A pesar de la importancia del hato, la cuantía de los negoc ios de un trapiche que poseía era mucho mayor: para ese año se contaban en la hacienda 108 esclavos. El radio de los negocios de la hacienda era bastante extenso. En 1728 se sacaron para Quito 1.533 novillos (por valor de 6.132 ps.). En esta ocasión se pagaron 789 ps. en jornales y manutención d e los vaqueros y 420 ps. en fletes de mulas par a conducir el ganado hasta Quito. También se enviaban rec uas a Popayán y se proporcionaba ganado a la hacienda de Japío. Me~:ced

a las con stancias de visitas practicadas d esde 1730 y que aparecen en los libros d e gastos de la hacienda. ha podido reconstruirse a grandes rasgos una curva del productG líquido de la hacienda en 20 años. Las ganancias brutas fluctuaban entre 6.000 y 12.000 ps. anuales y lo ganancia líqu ida equivalía (en promedio) a un 72% de catas cifras. Este in· greso neto tan elevado, que se explica solo en virtud de la autarquía del s istema, permitía un aporte muy grande de la hacienda a las finanzas del Colegio. Entre julio de 1749 y octubre de 1743, por ejemplo, se enviaron 20.455 p s. en din ero y e n géneros . El producto bruto había sido d e 40.200 ps. en ese lapso. P.arte de la producción de las haciendas se d estinaba efectivamente al consumo interno d e los colegi os. Una parte representaba también pagos en especie. Según la decla~ación rendida por uno de los rnayordomos, P edro Jácome, de las haciendas de Gualcanga y Sabañag -de la residencia de Ambat- de estas dos haciendas se remitieron a la residen · cia en nueve m eses (noviembre de 1766 a agosto de 1 767) 150 cabezas de ovejas. En los nueve meses gastó 56 e n su propio consumo, a cuenta de su s a lario, 245 se dieron a los 3

ACC. oía. 41-39.

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medioa de ambas haciendas y a los de Guaalán co~o " soco~ros", 41 al cura del pueblo de Hilapo, encargado de cobrar los tributos a los indios, 6 para pagar alquileres de bueyes en beneficio de la hacienda y algnnas otras para el pago de servicios m enores. Una parte considerable d el ganado se destinaba a la alimentación de los e&clavos: de las 12.000 cabezas de ganado vacuno que poseían las haciendas del Colegio Máximo de Quito, se sacaban 500 para el consumo de los esclavos de los trapiches. 2. El giro normal de los negocios de la empresa jesuítica -tal como se ha definido este conceptono era, evidentem ente, el come1·cio. Sin embargo las procuradul"ias d e los colegios disponían siempre de un volumen eventual d e m ercancías. El azúcar, el ganado, la vid o los cereales debían d esembocar forzosamen te en un mercado. Por otro lado, el p r oducto de algunos o braj es que la Compañia expl otaba en sus haciendas, en territorios de la Audiencia de Quito. Finallllente, las me.rcancías con que abastecía las hac iendas 4 , el colegio mismo o que servian como punto de contacto con las

misiones.. De la venta de product os procedentes de haciendas se p osee una pequeñ a muestra del Colegio de Antioquia (v. p. 10 y ss.) . En ella es evidente la va.riedad de los productos aunque su volumen debía cubril- apenas un 1·adio de operaciones comerciales muy reducido. El comercio de productos como la caña, el ganado o los paños alcanzaba esferas mucho más amplias r.. ¿ Cómo se anudaban estas relacion~s con comerciantes o

compradores, r esiden tes a veces en otra ciudad? La eitua· ción estratégica d e los Colegios de la Compañia eervia a este 4 Normalmente debían acr provistas d e hie rro , bronce, cobre. eUJoe de monttlr~ cte. Alguna& bacic ndoa ten.inn frugua y carpintería.

5 En Villa d e lb:.rra, por e jemplo, ae inve ntarió un libro de rcOlieionee do azúc:are!J • Qujto y d o Teeibos de eu producto. E n las bod egll~J del Cole gío d e Guayaquil ee e n c o ntra ron 22 f a-rdos de paño. prooedeoteo d el obraje del Colesio de Son Luio, en Quito (S. lJ. d e l o neo) y de&tinadoe a sallr fuera d e l t e rritorio d e la Aud-l enci".

objeto de una manera eemejante a las filiales de una gran empresa. Por eso era posible encontrar en la procuraduria de un colegio asuntos relativos a otro, generalmente pagaréa o instrumentos en que constaba u.na obligación del comer· ciante que residía en la ciudad del colegio que ee había en· cargado del cobro. A veces las distanc ias eran comiderables. En Cuenca, por ejemplo, se encontraron en el momento de la expulsión dos obligaciones, una del difunto D. José Errana y Barrena, por la cantidad de 1.205 pe. a favor del Colegio Máximo de Lima, y la otra de Juan Bautista Regalado, de 100 ps., a favor del Colegio d e lo. Compañío. en Cartagcna 8 • Un Colegio podía tambié n d istribuir loe productos d e otro. Así, e n la procuraduría del Colegio d e Cuenca se encontró también una cuenta fo rmada entre e l procu rador de este Co· lcgio y el de Ambato, en la que figuraban cargos y deeca.rgos de pañoa vendidos en Ambato por d comerciante Juan Carplo. Pero por lo general las relaciones con come.rciantes aol.í an ser much o más inmediatas. Cada colegio poseía ~aai eiemprc en el cuerpo do saa mismo recinto, muy cerca de la plaza mayor- una cantidad de tiendos que arrendaba a comerciant ea, a Jos cuales podía confiarse la venta de l os productoa d e las haciendas. En C u en ca el Colegio poseía treinta de estas tiendas " . . . que ocupan por arrendamiento mercaderes y oficiales, y los dos de ollas des tinadas a l servicio del Colegio, la una para vender el carbón d e las haciendae., y la otra para loa frutos de cUas". El m.ismo esquema ee repetía para loa restantes colegios 6b. Como se ha visto, loe productos podían eervir a&im.ismo, dentro del marco generalizado d e una economia natural, o 6 ANCH. Jea. T. 246. Doe. 36. 6b Por eoncepto de llbl'anzmJ., vet•lu de Gaú ca.r, deudos de ten... d e roa y d e eomercJa.ntc•. P•l&ad~raa e n dinero ')' e n eepec:ie , eJ Co-legio Máxlmo de Quito polilcÍII W1 activo superior a 16.675 ¡u•. (ol doeumento eetá i:Dcomple ao) . Alsunoa d o la• partid. . mayorca: 16 de ene.ro, 1761 . Dr. D. Antonio dca la Sal•, por eom¡;ra d o aaua.rdicnte d e c abo . . ... .......... . . ... . .... . 503/1 2 de junio de 1762. Dr . .D. Lula de Androde, con plode aeia meses ........................................ . 4SC.. 8 do febrero, 1764. D. Juun de Salio, vcclou de Cblmbo - e l plaliO c umpli6 el 8 de febr e r o, 1765 .•. .. ...... ... 1.120

casi, para efectuar pagos de la más dive1·ea índole: aalarios, préstamos de bueyes, diezmos, etc. A sí, para la hacienda d e Cotopilahaló, del C olegio de Latacunga, se obtuvo un trato con el diezm ero del pueblo de Ta6icuchl: se le pagarían 500 p s. por el diezmo de dos años en b ayetas blancas, a d os reales cada una 7 • y algu nas combinaciones sorprenden tes: en Cuenca se enconh·aron cuatro paños azules de la t ierra que el Colegio había colocado en las tiendas de los comerciantes Est eban Sojos, N icolás Cobos y Marcos Vezqnez par a su venta. Como esta no se verificara, el t·ecto-r o rdenó entregarJos a l Corregidor de Azoguez para que los utilizara en sus urepartimientos, y con su produc to se pagara los tributos

que d ebían los indios de las haciendas 8 •

Es posible que se h ayan dado transacciones propiamente comerciales a través de inter puesta persona. O que el colegio hiciera v enir d e España gén eros d estinados a su con sumo o a la venta en territorios de misiones . E n la h acienda de Ca· ribabare, por ejemplo, se invent ariaron géneros de Barcelona ( angaripola ), erca d e L eón , de Ruán, piezas d e Bretaña, encaje del P ui, al lado de mantas del Socorro, lienzos dE Vélez y Morcote, frazadas de Tunja e hilo de la tierra 9 • 3. En la h ase de esta amplia participación en el m ercado colonial, fuera en el marco r estringido de los abastos a las áreas o pob!ac·i one8

m _á s

cercanas,

fuera e n proyecciones

m ucho m ás audaces, est á el hecho m ismo de l a diversidad 18 de m ayo~ 1763. D. Joa qu ín Imagero ac obliga n paaar en L ima, a loe tres n1cee3 de su [email protected]:oda .. ..... .... . . . . 13 de noviem b re. 1765. Jutl.n Carvajal , d el tie-mpo en que ftae t en der-o de la cas1' . ... ... .... .. .. • .. ....... . .... . . 1 d e m ayo, 1767. S uj etos que d ebian aJ anterior d e l producto de ozúearee y t·aapadur a e . ...... ... .... .. .. .... .

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913 501/ 2

El Colcsio de Lata cunga poAei.a. por est e mbmoe concepto. u n a ctivo d e 4 .129/6 p o.

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ANCB . ]e$. T. 231, Doc. l .

8 E eta i o etituclón d el t-e p nrtlmionto, por l a c ual l oa eol'regic!oree podian e jereer Ull comercio arbJtrario con l o a indios t ri but.o.doa y hacerles con eQm ir cualquier articulo, aun s i no Jo n a ceeitoban, ~st.á descrita con loe col ores m As n egr-os en l ne Noticia• Secretas, d e Juan y Ulloa. 9 ABNB. Temp. T. V, ff. 678 u.

de combinacion es e n que se e j er cía la emp.re&n jesuítica en cuanto a la explotación de s us tierras. En cierto modo exis tía un acondicionam iento previo de posibilidades, particulannente en cuanto al acceso a los mer· cados, que la Compañía podía aprovechar al máximo. En otras ocasiones ella pudo tomar la iniciati va para procu r ar este acceso, g r acios a la si~ación fronteriza de las misiones. D entro del sistema colonial la importa n ci a de lo provincia de Tunja, p or ejemplo, d ebía ser excepcional. Poseía el elemen to p1·imordial de esta econ omía: mono de obra y e u dispon ibilidad medion te el sistema do encomiendas. La comer · cialización de s us productos, particularmente harinaa, depen· dío, sin embargo, d e una sola v ía, el camino de H o nda. Esto colocaba a la provincia ente ra en desventaja frent e a los productores de Santa Fe. P o r esta razón se ideó el camino del Cararc, que venía a favorecer i gualmente a la provi.ncía cíe Vélez. Se llegó a forma r una compa ñía d e empresarios que mcdinn to capitulac iones se comprometieron a abrir el camino y se lea con cedió el privilegio de loa abastos de Cor· tagena, con l o cual so pensaba mitigar un p oco loa prctcxtoe al contrabando q u e 11e practicnb a, valiéndose do l oa "asient os" otorgados para procurarse h arinas ex.tranjeru. E l proyecto no tuvo suerte y ee d ieron quiebras entre los capit ulan· t es que no podinn encontrar arrieros pa r o la conducción, debido a lo mortifero d el clima •. Los jesuitas, p or una vez, pudieron intentar el acceso de las harinas d e s us propias h aciendas (Tuta, Paipa y Fi.ravitoba) al Orinoco. Con m otivo de la expedición organizada en 1756 para arreglar cuestio nes de límites con el Imperio d e P ortugal , el cor onel Eugenio do Alvarado 1 0 contra tó con el procurador del colegio y noviciado de Tunja, P . Matías de Liñán , el aprovisiona miento de harinas. Las harinas se conduj eron h asta el río Meta, por un precio estipulado de Pen~micn