Grandes Regiones De La Tierra

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Vivimos en un mundo fragmentado en numerosos espacios regionales profundamente diferenciados entre sí y extremadamente desiguales, según sus niveles de bienestar y desarrollo socioeconómico. Con la riqueza conceptual que tiene la geografía y con los procesos de globalización planetaria en la que estamos inmersos, la geografía regional del mundo presenta una gran relevancia e interés. A través de ella se analizan las interrelaciones de los elementos físicos y humanos existentes en un espacio regional concreto. En cada uno de los grandes conjuntos regionales que se estudian en este manual se resaltan los aspectos explicativos de la organización del territorio, la localización y distribución de los fenómenos geográficos y el análisis de las interrelaciones. Todo ello en función del diferente nivel de desarrollo, el tipo de estructuras económicas y sociales, la herencia histórico–cultural o el desigual valor de los condicionantes ecológicos. Este libro, Grandes regiones de la Tierra. Naturaleza y sociedades, aborda el estudio de siete grandes espacios geográficos: Europa, Eurasia postsoviética, Norteamérica, Japón y Australia, Asía meridional y oriental, África y América Latina. Su análisis persigue proporcionar una visión global de nuestro mundo, lo suficientemente completa y explicativa, que permita un conocimiento de la realidad actual y una mejor comprensión de sus principales problemas.

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Grandes regiones de la Tierra Naturaleza y sociedades

Blanca Azcárate Luxán, M.ª Victoria Azcárate Luxán y José Sánchez Sánchez, profesores de Análisis Geográfico Regional del Departamento de Geografía de la UNED, poseen una amplia experiencia en la enseñanza de esta disciplina.

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Grandes regiones de la Tierra. Naturaleza y sociedades

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Editorial

Blanca Azcárate Luxán M.ª Victoria Azcárate Luxán José Sánchez Sánchez

colección Grado 6701201GR01A01

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Grandes regiones de la Tierra Naturaleza y sociedades

BLANCA AZCÁRATE LUXÁN M.ª VICTORIA AZCÁRATE LUXÁN JOSÉ SÁNCHEZ SÁNCHEZ

UNIVERSIDAD NACIONAL DE EDUCACIÓN A DISTANCIA

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GRANDES REGIONES DE LA TIERRA. NATURALEZA Y SOCIEDADES

Esta obra es una actualización del libro: Geografía regional del mundo. Desarrollo, subdesarrollo y países emergentes, publicado en la editorial UNED como manual básico de la asignatura Geografía de los Grandes Espacios Mundiales. Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autorización escrita de los titulares del Copyright, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, y la distribución de ejemplares de ella mediante alquiler o préstamos públicos.

© Universidad Nacional de Educación a Distancia Madrid 2016

www.uned.es/publicaciones

© Blanca Azcárate Luxán, M.ª Victoria Azcárate Luxán y José Sánchez Sánchez

Ilustración de cubierta: La Tierra desde el espacio. Instituto Geográfico Nacional.

ISBN electrónico: 978-84-362-7116-4

Edición digital: septiembre de 2016

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ÍNDICE Introducción La Geografía regional en un mundo globalizado

Capítulo 1 Europa. De la diversidad a la integración económica y política: La Unión Europea Introducción. Una cultura común en una Europa diversa 1. Un medio natural favorable y variado 1.1. Un relieve contrastado sobre una superficie reducida 1.1.1. El proceso geológico 1.1.2. Las grandes unidades de relieve y características morfoestructurales 1.1.2.1. Las cordilleras del noroeste de Europa 1.1.2.2. El complejo herciniano 1.1.2.3. La Gran Llanura Europea 1.1.2.4. Las cordilleras alpinas 1.2. Un clima moderado 1.2.1. Características generales 1.2.2. Los grandes dominios bioclimáticos 1.2.2.1. Europa atlántica 1.2.2.2. Europa central y oriental 1.2.2.3. Europa mediterránea 1.2.2.4. Macizos montañosos 2. La diversidad de pueblos y culturas. Una Europa heterogénea 2.1. La situación demográfica: una población en declive, concentrada y envejecida

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2.1.1.  Los europeos: la décima parte de la población mundial. Evolución y dinámica demográfica 2.1.2. La intensidad y variedad de los movimientos migratorios 2.1.3. La desigual distribución de la población: densidades demográficas 2.1.4.  Nuevos retos de la sociedad europea: el envejecimiento de la población y la recuperación del empleo 2.2. Pueblos y culturas 2.2.1. Diversidad étnica y lingüística 2.2.2. Diversidad religiosa 2.3. Una larga historia: el mapa político cambiante 2.3.1. Los imperios en Europa 2.3.2. La emergencia de los Estados-nación 2.3.3. Los cambios en el mapa político de Europa en el siglo XX 3. El gran proyecto de la Unión Europea. La integración económica y política 3.1. El nacimiento de la idea de unificación europea y los primeros acuerdos 3.2.  Los comienzos de la integración económica y el nacimiento de la Comunidad Europea 3.3. De las Comunidades Europeas a la Unión Europea. Las primeras cuatro ampliaciones 3.3.1. La Europa de los Nueve 3.3.2. La apertura hacia el Mediterráneo: la Europa de los Diez y de los Doce 3.3.3. La cuarta ampliación. El fortalecimiento y la ampliación de la Unión Europea en el cambio de siglo 3.4. El gran reto de las últimas ampliaciones hacia Europa Centro-Oriental 3.4.1. La apertura de la UE a la Europa menos desarrollada 3.2.2. La quinta ampliación (2004): la adhesión de los primeros PECOs 3.4.3.  La sexta séptima ampliación (2007 y 2013): hacia la Europa Balcánica o del Sureste 4. Una densa urbanización. Metrópolis y ciudades 4.1. El proceso de urbanización. Diferencias regionales 4.2. Tipos de redes urbanas en Europa 5. La Unión Europea, gran potencia económica 5.1.  Evolución de las diferentes fuentes de energía. Dependencia y vulnerabilidad energética europea 5.2. Desigual distribución de las regiones industriales 5.2.1. El declive de las tradicionales regiones industriales 5.2.2. El mantenimiento de la excesiva concentración espacial 5.3. Los problemas de la producción agraria 5.3.1. La diversidad de la agricultura europea

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5.3.2. Hacia una mayor especialización regional de la producción agraria Conclusión: Hacia la unificación política de Europa, un proceso lleno de dificultades

Capítulo 2 Rusia y los Estados postsoviéticos. Potencial económico, contrastes regionales y reorganización del espacio euroasiático Introducción. La difícil reorganización del espacio ex soviético 1. El mosaico de nacionalidades y los Estados actuales 1.1. La formación del imperio ruso sobre un mosaico de pueblos 1.2. El centralismo del Estado soviético, la eclosión de los nacionalismos y los Estados actuales 2. Desigual ocupación del territorio. Ciudades y densidades demográficas 2.1. El proceso de ocupación del territorio y las migraciones interiores 2.2. El proceso de urbanización y el crecimiento de las ciudades 2.3. Fuertes diferencias en las densidades humanas 3. Variedad y contrastes del medio natural 3.1. Inmensidad del territorio y uniformidad de las unidades morfoestructurales 3.1.1. Las llanuras 3.1.2. Elevaciones del zócalo cristalino 3.1.3. La orla de montañas periféricas 3.2. El dominio de la continentalidad. Factores y elementos del clima 3.2.1. Factores geográficos y atmosféricos 3.2.2. Elementos del clima: temperaturas y precipitaciones 3.2.3. Predominio del clima continental 3.3. Continentalidad y medios bioclimáticos 4. Regiones agrarias y grandes producciones 4.1. Difíciles condiciones de la actividad agraria: recursos forestales y agrícolas 4.2. Producciones masivas, pero insuficientes 4.3. Tipos de regiones agrarias 5. Abundancia de recursos naturales y formación de las grandes industrias 5.1. Gran riqueza y variedad de minerales 5.2. El potencial energético más importante del mundo 5.2.1. El carbón 5.2.2. Los hidrocarburos 5.2.3. La electricidad 5.3. La formación de las grandes industrias 5.3.1. Prioridad de la industria básica

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5.3.2. Situación desigual de la industria de transformación 6. Rusia, la gran potencia emergente regional 6.1.  De la Comunidad de Estados Independientes (CEI), controvertida y poco relevante, a la Unión Económica Euroasiática (UEE) 6.2. Rusia europea y Rusia asiática: conjuntos regionales 6.2.1. El centro económico de Rusia 6.2.2. Otras regiones industriales europeas bien integradas 6.2.3. Regiones periféricas de la Rusia asiática 7. Peculiaridades de los otros Estados 7.1. Bielorrusia, Ucrania y Moldavia, los vecinos occidentales 7.2.  Los Estados transcaucásicos (Georgia, Armenia y Azerbaiyán): gran complejidad física y social 7.3.  Los Estados de Asia Central (Kazajistán, Turkmenistán, Uzbekistán, Kirguistán y Tayikistán): entre la pobreza y la abundancia de hidrocarburos 7.3.1. Estados de predominio agrario y mayoría musulmana 7.3.2. Kazajistán, un nuevo país emergente en Asia Central Conclusión: Hacia una Eurasia postsoviética liderada por Rusia

Capítulo 3 Norteamérica. Primera potencia económica mundial: Estados Unidos Introducción 1. Las condiciones naturales, base del desarrollo económico 1.1. Las grandes unidades de relieve 1.1.1. El Escudo canadiense 1.1.2. Los Apalaches 1.1.3. Las Llanuras 1.1.3.1. Las Llanuras litorales del Atlántico y del Golfo de México 1.1.3.2. Las Llanuras interiores 1.1.4. Las cordilleras occidentales 1.2. Diversidad climática 1.2.1. Factores climáticos 1.2.1.1. Factores geográficos 1.2.1.2. Factores atmosféricos 1.2.2. Grandes áreas bioclimáticas 1.2.2.1. Área del Pacífico 1.2.2.2. Área atlántica 2. El proceso de colonización

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3. Usos del suelo agrario 3.1. Las grandes regiones agrarias 3.2. Transformaciones agrarias 4. Factores de localización industrial y grandes regiones industriales 4.1. Factores del desarrollo industrial 4.1.1. Riqueza en materias primas y fuentes de energía 4.1.2. Otros factores 4.2. Factores de localización industrial 4.3. Principales regiones industriales 4.3.1. El Noreste o cinturón manufacturero 4.3.2. Los Estados del Sur 4.3.3. El área costera del Pacífico 5. Crecimiento y distribución geográfica de la población 5.1. Dinámica demográfica 5.2. Movilidad de la población: transformaciones en la distribución espacial 6. Proceso de urbanización y red de ciudades 6.1. Proceso de urbanización 6.2. Grandes áreas metropolitanas 6.2.1. Áreas metropolitanas y red urbana 6.2.2. Las grandes metrópolis 6.3. Estructura interna de las ciudades Conclusión: EE UU, gran potencia hegemónica a nivel mundial

Capítulo 4 Japón y Australia. Dos modelos de organización del espacio en el Pacífico Introducción 1. Japón. Alta densidad demográfica e intensa concentración de la ocupación humana 1.1.  El archipiélago japonés, un medio natural desfavorable y un reducido sector agropecuario 1.1.1. Las limitaciones del medio natural japonés 1.1.1.1. Montañas y llanuras 1.1.1.2. Las limitaciones climáticas 1.1.1.3. Importantes riesgos naturales 1.1.2. Reducida importancia de la actividad agraria 1.1.2.1. Explotaciones agrarias y sistemas de cultivo

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1.1.2.2. Principales producciones agrarias 1.1.2.3. Ganadería y pesca 1.2. Recursos naturales escasos, pero intenso desarrollo industrial 1.2.1. La escasez de recursos naturales 1.2.2. Un sector industrial muy desarrollado 1.2.2.1. El proceso de industrialización en Japón 1.2.2.2. Principales ramas industriales 1.2.2.3. Regiones y centros industriales 1.3.  Una vieja civilización, gran concentración demográfica e intenso desarrollo urbano 1.3.1. Un país de vieja civilización 1.3.2. Altas densidades de población 1.3.3. Fuerte concentración urbana. La megalópolis japonesa 2. Australia. Baja densidad de población y distribución periférica de la ocupación humana 2.1.  La colonización británica y la configuración del modelo económico y territorial 2.2. Condicionantes climáticos y localización de las actividades agropecuarias 2.2.1. Latitudes subtropicales y predominio de la aridez 2.2.1.1. Dinámica atmosférica 2.2.1.2. Distribución de precipitaciones y temperaturas 2.2.1.3. Tipos de clima en Australia 2.2.1.4. Limitaciones de los recursos superficiales: suelo agrícola, agua y bosque 2.2.2. La producción agropecuaria y su localización 2.2.2.1. Importancia y localización de la ganadería en Australia 2.2.2.2. Importancia y localización de los cultivos 2.3. Desarrollo y localización de las actividades industriales 2.3.1. La gran riqueza del subsuelo australiano 2.3.1.1. Relieve y unidades morfoestructurales 2.3.1.2. Recursos minerales inmensos 2.3.1.3. Posibilidades energéticas 2.3.2. La formación de un gran sector industrial 2.4. Distribución periférica de la población y peculiaridades de la red urbana 2.4.1. Crecimiento de la población e importancia de la inmigración 2.4.2. Baja densidad con una distribución muy desigual y periférica 2.4.3. El sistema urbano australiano 2.4.3.1. El proceso de concentración urbana 2.4.3.2. La red urbana en Australia y ciudades principales Conclusión: Problemas y retos ante el futuro

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Capítulo 5 Asia Meridional y Oriental. Un gran espacio en desarrollo y con países emergentes Introducción 1. Unidades de relieve y dominios climáticos 1.1. Un complejo relieve de montañas, fragmentos de zócalo y llanuras 1.1.1. Las montañas alpinas 1.1.2. Los fragmentos de zócalo 1.1.3. Las grandes llanuras aluviales y cuencas sedimentarias 1.2. El predominio de los climas áridos y monzónicos 1.2.1. El dominio desértico 1.2.2. El imperio del monzón y la irregular distribución de las lluvias 1.2.3. Otros dominios climáticos 2. Tradición y modernidad en un espacio rural en plena transformación 2.1.  Las dificultades del mundo rural en el espacio árido de Asia Suroccidental. Medios de vida tradicionales y principales producciones agrarias 2.2.  Las agriculturas tradicionales y los sistemas agrícolas modernos en el Subcontinente Indio y el Sureste Asiático. Las principales producciones 2.3.  La difícil modernización del espacio rural en China: el desafío de alimentar al 22% de la población mundial con el 7% de las tierras cultivadas 2.3.1. Los condicionantes naturales: regiones agrícolas y cultivos principales 2.3.2. Ganadería y piscicultura en China 3. Vacíos demográficos, grandes concentraciones humanas y explosión del crecimiento urbano . 3.1. Evolución de la población y estructura demográfica 3.2. Altas densidades y vacíos demográficos. Factores de la desigual distribución de la población 3.3. La explosión del crecimiento urbano en Asia Meridional y Oriental 3.3.1. El desarrollo urbano tradicional 3.3.2. La explosión urbana reciente 3.3.3. La estructura urbana 4. La riqueza de petróleo en Oriente Medio y los grandes productores 4.1. Excelentes condiciones naturales y control de la producción 4.2. Principales áreas y países productores de petróleo y gas natural 5. Procesos industriales y países emergentes en el Subcontinente Indio y el Sureste Asiático 5.1. Materias primas y fuentes de energía. Recursos naturales limitados 5.2. Los procesos industriales y la formación de las grandes industrias

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5.3. La Unión India: una gran potencia industrial emergente en el Tercer Mundo 5.4. Singapur y los «pequeños dragones», nuevas economías emergentes en el Sureste Asiático 6. China, la gran potencia emergente, en plena transformación 6.1. Industrialización reciente y fuertes contrastes espaciales 6.1.1. El proceso de industrialización en China 6.1.2. Riqueza de materias primas y de fuentes de energía 6.1.3.  Localización de las grandes regiones y centros industriales: un acusado desequilibrio espacial 6.1.3.1. El noreste y la costa septentrional hasta Shanghai 6.1.3.2. La China meridional 6.1.3.3. La China occidental 6.2. La apertura de China al exterior y su fuerte presencia internacional Conclusión: Asia Meridional y Oriental, un espacio en desarrollo, con fuertes desigualdades sociales y territoriales

Capítulo 6 África. Contrastes naturales y sociales Introducción 1. El gran peso del medio natural 1.1. La formación del relieve 1.2. Las grandes unidades de relieve 1.2.1. Cuencas y mesetas 1.2.2. El Rift Valley 1.2.3. Las cordilleras: El Atlas y los Drakensberg 1.3. Dinámica atmosférica 1.4. Grandes regiones bioclimáticas 1.4.1. Dominio ecuatorial 1.4.2. Un extenso dominio tropical de doble estación 1.4.3. Dominio desértico 1.4.4. Dominio subtropical en los bordes del continente 2. La influencia de la colonización en la fragmentación política 3. Fuerte crecimiento de la población, densidades contrastadas y proceso de urbanización 3.1. Crecimiento de la población 3.1.1. Evolución de la población 3.1.2. Factores del crecimiento natural de la población 3.1.3. Crecimiento de la población y pobreza

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3.2. Movimientos espaciales de la población 3.3. Disparidades en la distribución y densidad de la población 3.3.1. Un continente débilmente poblado 3.3.2. El contraste de las densidades: regiones de altas densidades y factores que las explican 3.4. Proceso de urbanización 3.4.1. Factores de localización y tipos de ciudades 3.4.2. Estructura interna de la ciudad 4. La agricultura africana: Entre la subsistencia y la exportación 4.1. Usos del suelo agrario y principales cultivos 4.2. Sistemas agrarios 4.2.1. Sistema de cultivo itinerante. Agricultura tradicional de subsistencia 4.2.2. Agricultura de plantación, símbolo de la dependencia extranjera 5. Materias primas minerales y fuentes de energía. Una riqueza desigualmente distribuida 5.1. Principales materias primas y fuentes de energía 5.2. Distribución espacial 6. Débil desarrollo del sector industrial 6.1. Principales rasgos de la industria 6.2. Localización industrial 6.2.1. Áreas y centros industriales de las zonas costeras 6.2.2. Áreas y centros industriales en el interior Conclusión: África, el continente con menor nivel de desarrollo

Capítulo 7 América Latina. Diversidad natural, humana y económica Introducción 1. Un medio natural contrastado 1.1. Grandes unidades morfoestructurales 1.1.1. México, América Central y El Caribe 1.1.2. América del Sur 1.1.2.1. Los Escudos 1.1.2.2. Las Cuencas sedimentarias 1.1.2.3. La cordillera de los Andes 1.2.  Distribución de las temperaturas y las precipitaciones: los grandes dominios bioclimáticos 1.2.1. Un extenso dominio tropical húmedo 1.2.2. Dominio templado

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1.2.3. Dominio árido 2. Población y desequilibrios sociales 2.1. Una población en crecimiento 2.2. Dinámica y estructura demográfica 2.3. Una irregular distribución de la población 3. Expansión urbana y aumento de la marginalidad 3.1.  Proceso de urbanización desde la época colonial hasta 1930. De las factorías comerciales a la construcción planificada de ciudades 3.2.  Urbanización tras la Segunda Guerra Mundial: la consolidación de la macrocefalia 3.3. Estructura interna de la ciudad 4. La agricultura latinoamericana: Modernización y pobreza rural 4.1. La agricultura precolombina 4.2.  La explotación de la tierra en la época colonial: encomiendas, estancias y plantaciones 4.3. El proceso de acumulación de las tierras agrícolas 4.4. Sistemas agrarios: coexistencia de pequeñas y grandes propiedades 5. Débil desarrollo industrial y acusada concentración 5.1. Riqueza en materias primas y fuentes de energía 5.1.1. La gran producción de minerales 5.1.2. Las fuentes de energía 5.2. El proceso de industrialización 5.3. Desigual desarrollo industrial 5.3.1. Principales áreas y centros industriales 5.3.1.1. El sureste de Brasil 5.3.1.2. Las áreas industriales de México 5.3.1.3. Otras áreas y centros industriales de América Latina Conclusión: América Latina, esfuerzos por el desarrollo y permanencia de las desigualdades

Bibliografía 1. Bibliografía general 2. Bibliografía específica por capítulos

Enlaces web de interés

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ÍNDICE DE FIGURAS

Capítulo 1 Europa. De la diversidad a la integración económica y política: La Unión Europea Figura 1.1. Las regiones orogénicas de Europa, Figura 1.2. Principales centros de acción atmosférica en Europa, Figura 1.3. Densidad de población y principales ciudades de Europa, Figura 1.4. Evolución de la estructura por edad y sexo de la población europea (1950, 2010 y 2050), Figura 1.5. La diversidad religiosa, Figura 1.6. La Europa de las naciones: nuevas fronteras de Europa (1919-1923), Figura 1.7. Mapa político de Europa en el año 2016, Figura 1.8. Formación y desintegración de Yugoslavia, Figura 1.9. Diferentes tipos de redes urbanas europeas, Figura 1.10. Recientes proyectos de gasoductos hacia la Unión Europea, Figura 1.11. Principales regiones y centros industriales en Europa, Figura 1.12. Principales áreas de producción triguera en Europa,

Capítulo 2 Rusia y los Estados postsoviéticos. Potencial económico, contrastesregionales y reorganización del espacio euroasiático Figura 2.1. Localización esquemática de los pueblos en el espacio de la antigua URSS, Figura 2.2. Estados surgidos de la antigua Unión Soviética, Figura 2.3. Relieve y unidades geomorfológicas en el territorio ex soviético, Figura 2.4. El frío en el territorio ex soviético, Figura 2.5. Distribución de las precipitaciones en el territorio ex soviético,

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Figura 2.6. Regiones de Siberia Occidental y Meridional, Figura 2.7. Nuevos complejos productivos a lo largo del ferrocarril BAM, Figura 2.8. Ucrania, Figura 2.9. Los Estados islámicos de Asia Central, Figura 2.10. Kazajistán,

Capítulo 3 Norteamerica. Primera potencia económica mundial: Estados Unidos Figura 3.1. Grandes unidades de relieve y principales corrientes marinas, Figura 3.2. Acción de las masas de aire, Figura 3.3. Grandes regiones climáticas, Figura 3.4. Expansión territorial en Estados Unidos y Canadá, Figura 3.5. Expansión de la red de ferrocarriles 1850-2000, Figura 3.6. Esquema del sistema americano de división de la tierra, Figura 3.7. Localización de los principales cinturones agrícolas, Figura 3.8. Evolución de la localización industrial en Estados Unidos, Figura 3.9. Principales regiones industriales en Norteamérica, Figura 3.10. Distribución de las áreas metropolitanas,

Capítulo 4 Japón y Australia. Dos modelos de organización del espacio en el Pacífico Figura 4.1. Principales unidades morfológicas del relieve japonés, Figura 4.2. Principales centros de acción atmosférica que afectan al archipiélago japonés, Figura 4.3. Distribución de las precipitaciones en verano y en invierno, Figura 4.4. Corte esquemático que muestra la relación entre las placas tectónicas, Figura 4.5. Grandes regiones y centros industriales en Japón, Figura 4.6. Densidad de población y principales ciudades en Japón, Figura 4.7. Presiones, vientos y precipitaciones. Situación de verano (enero), Figura 4.8. Presiones, vientos y precipitaciones. Situación de invierno (julio), Figura 4.9. Australia: usos del suelo agrario, Figura 4.10. Relieve de Australia, Figura 4.11. Densidades de población y principales ciudades de Australia,

Capítulo 5 Asia Meridional y Oriental. Un gran espacio en desarrollo y con países emergentes Figura 5.1. Grandes unidades morfoestructurales del relieve de China,

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Índice de Figuras

Figura 5.2. El monzón de invierno y de verano. Posición de la CIT, Figura 5.3. Distribución de las precipitaciones en China, Figura 5.4. Evolución del crecimiento natural de la población en China, Figura 5.5. Evolución de las pirámides de edades de la India, Figura 5.6. Evolución de las pirámides de edades de China, Figura 5.7. Distribución de la población en China, Figura 5.8. Croquis de estructura urbana, Figura 5.9. Regiones y centros industriales en la India,

Capítulo 6 África. Contrastes naturales y sociales Figura 6.1. Grandes unidades de relieve del continente africano, Figura 6.2. Distribución de las precipitaciones en el continente africano a lo largo del año, Figura 6.3. Circulación atmosférica y centros de acción sobre el continente africano, Figura 6.4. Grandes dominios climáticos en África, Figura 6.5. Características de los grandes dominios climáticos, Figura 6.6. Principales tipos de suelos, Figura 6.7. Principales formaciones vegetales, Figura 6.8. Reparto de África (1913), Figura 6.9. Densidad de población y ciudades millonarias, Figura 6.10. Principales regiones agrarias en África, Figura 6.11. Materias primas y principales regiones industriales,

Capítulo 7 América Latina. Diversidad natural, humana y económica Figura 7.1. Principales unidades morfoestructurales de América Latina, Figura 7.2. Grandes dominios climáticos, Figura 7.3. Climodiagramas de los diferentes climas de América Latina, Figura 7.4. Grandes áreas de vegetación natural, Figura 7.5. Densidad de población y ciudades millonarias, Figura 7.6. Principales regiones agrarias, Figura 7.7. Principales regiones industriales,

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ÍNDICE DE CUADROS

Capítulo 1 Europa. De la diversidad a la integración económica y política: La Unión Europea Cuadro 1.1. Evolución de la población europea, Cuadro 1.2. Evolución de la dinámica natural de la población en Europa, Cuadro 1.3. Los diez países más poblados de la Unión Europea, Cuadro 1.4. Evolución de la población mayor de 65 años respecto a la población total en una selección de países (%),

Capítulo 2 Rusia y los Estados postsoviéticos. Potencial económico, contrastes regionales y reorganización del espacio euroasiático Cuadro 2.1. Las nacionalidades del Imperio Ruso (1897), Cuadro 2.2. Repúblicas federativas de la URSS, hoy Estados independientes, Cuadro 2.3. Evolución de la población de algunas ciudades del espacio ex soviético (miles de habitantes), Cuadro 2.4. La continentalidad en el territorio ex soviético (temperaturas en °C), Cuadro 2.5. Evolución de la producción industrial y agraria (índice 1940=100),

Capítulo 3 Norteamerica. Primera potencia económica mundial: Estados Unidos Cuadro 3.1. Principales variables demográficas (2015), Cuadro 3.2. Evolución de la población 1700/2015 (millones de habitantes), Cuadro 3.3. Grandes ciudades y aglomeraciones urbanas,

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Capítulo 4 Japón y Australia. Dos modelos de organización del espacio en el Pacífico Cuadro 4.1. Principales usos del suelo comparados (% sobre el total), Cuadro 4.2. Ciudades millonarias en Japón (2015), Cuadro 4.3. Distribución estacional de las precipitaciones, Cuadro 4.4. Utilización del suelo en Australia, Cuadro 4.5. El potencial ganadero de Australia, Cuadro 4.6. El potencial minero de Australia, Cuadro 4.7. La población de las ciudades australianas,

Capítulo 5 Asia Meridional y Oriental. Un gran espacio en desarrollo y con países emergentes Cuadro 5.1. Indicadores demográficos de Asia Meridional y Oriental (2014), Cuadro 5.2. Evolución del sector industrial en la economía y el empleo en China, Cuadro 5.3. Balance energético de China (2014),

Capítulo 6 África. Contrastes naturales y sociales Cuadro 6.1. Población por grandes regiones (2015) y población proyectada (2025, 2050) (millones), Cuadro 6.2. Países con la tasa global de fecundidad más baja del mundo (2015), Cuadro 6.3. Natalidad, mortalidad y crecimiento natural por grandes regiones (2015), Cuadro 6.4. Los quince países con menor esperanza de vida del mundo (2015), Cuadro 6.5. Grandes ciudades y aglomeraciones en África,

Capítulo 7 América Latina. Diversidad natural, humana y económica Cuadro 7.1. Principales características demográficas en América Latina y El Caribe (2015), Cuadro 7.2. Ciudades y grandes aglomeraciones urbanas,

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INTRODUCCIÓN

La Geografía regional en un mundo globalizado

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GRANDES REGIONES DE LA TIERRA Vivimos en un mundo fragmentado en numerosos espacios regionales profundamente diferenciados entre sí, según condiciones medioambientales, disponibilidad de recursos, densidad de población, etc., y extremadamente desiguales, según niveles de bienestar y de desarrollo socioeconómico. Múltiples indicadores estadísticos lo ponen de manifiesto año tras año. Todavía sigue vigente la contraposición de un Norte, donde, a grandes rasgos, se sitúan los países más desarrollados, y un Sur ocupado por los países con menor nivel de desarrollo y mayores índices de pobreza. En este mundo fragmentado desde luego que hay regularidades; en él se están produciendo también procesos económicos, tecnológicos, culturales y sociales convergentes que tienden a unificar todo el planeta bajo un único sistema-mundo. Sin embargo, la globalización comercial, financiera y cultural no elimina la existencia de espacios regionales diferenciados. Estos procesos están homogeneizando prácticas comerciales, hábitos culturales, gustos y formas de relacionarse, pero la globalización acentúa las relaciones de dependencia, a la vez que profundiza las diferencias y las desigualdades entre las regiones de la Tierra. La raíz de los contrastes y las disparidades entre las regiones del planeta no está sólo en la posesión de mayor o menor cantidad de recursos naturales. Se relaciona, sobre todo, con acontecimientos históricos, con el nivel cultural y de desarrollo técnico de la sociedad, con el grado de eficacia en la gestión de la economía y de los asuntos sociales, con la naturaleza de las relaciones espaciales internas, con el grado de control de las relaciones comerciales, etc. En definitiva, la diferencia fundamental entre unas y otras regiones radica en su mayor o menor capacidad intrínseca para generar crecimiento económico y desarrollo en todos los ámbitos de la economía y de la sociedad, así como para distribuir mejor la riqueza y aumentar el bienestar de toda la población.

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Este hecho marca la diferencia entre las grandes regiones de la Tierra y entre los Estados que forman parte de ellas. De manera simplificada se distinguen, por un lado, las regiones desarrolladas, con países hace tiempo industrializados y un nivel relativamente alto de bienestar, cuyo crecimiento económico se basa en las actividades del sector terciario y en las inversiones en nuevas tecnologías; por otro, las regiones del mundo en vías de desarrollo —subdesarrolladas o del Tercer Mundo—, con menor nivel de industrialización, un sector terciario poco evolucionado, sin capacidad de innovación tecnológica y con bajos niveles de bienestar. En el interior de estas últimas, algunos de los países, aprovechando las ventajas de la globalización, han impulsado, desde hace unas décadas, un acelerado proceso de industrialización que les ha proporcionado un fuerte crecimiento económico, en términos de PIB; se les denomina países emergentes. Tienen un fuerte potencial económico y han llegado a situarse entre las mayores economías del siglo XXI, pero siguen teniendo numerosos rasgos de las sociedades menos desarrolladas y son muy vulnerables a los vaivenes de la economía globalizada. La Geografía se ha consolidado como ciencia de relaciones que estudia los elementos, las formas y los factores de organización del espacio terrestre. Y la Geografía Regional, como una de sus principales ramas, estudia las interrelaciones de los elementos físicos y humanos existentes en un espacio regional concreto, independientemente de su tamaño y del criterio de delimitación, mostrándose como una disciplina interpretativa, donde las unidades espaciales estudiadas —las regiones o espacios geográficos, sean grandes o pequeños— son concebidas como complejos de hechos y de relaciones, cuyos contenidos están seleccionados y ordenados en relación a un eje explicativo. Así, con la riqueza conceptual que tiene la Geografía y con los procesos de globalización planetaria en la que estamos inmersos, la Geografía Regional del Mundo presenta una gran relevancia e interés, adoptando un enfoque económico-político y teniendo también en consideración el nivel de desarrollo, el tipo de estructuras económicas y sociales, la herencia histórico-cultural y el desigual valor de los condicionantes ecológicos. De esta manera, la Geografía Regional del Mundo, sin duda alguna, responde plenamente al creciente interés de la sociedad por el mundo en el que vive. Conjugando simultáneamente los conceptos de unidad y diferenciación, los grandes espacios regionales se individualizan por sus peculiaridades. En las sociedades desarrolladas los recursos demográficos y económicos se combinan con la coherencia cultural; el poder político se asienta sobre un sistema democrático y un Estado de derecho, y el desarrollo reposa en la capacidad de las poblaciones para movilizar investigación, tecnología, capitales y mercados, con el fin de aumentar la producción de bienes y servicios y mejorar el nivel de bienestar de toda la población. Lo contrario ocurre en los espacios y sociedades menos desarrolladas o en vías de desarrollo: o faltan recursos o no hay capacidad de acumular capitales, ni de invertir en su propio

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Introducción

desarrollo. Con frecuencia, la escasa coherencia interna de la sociedad, una mediocre o inadecuada formación cultural y unos rígidos sistemas de organización social y política, generan incapacidad o ineficacia ante el desarrollo. El crecimiento económico depende totalmente de la tecnología y de los capitales llegados del exterior. Estados, en muchos casos nacidos tras la descolonización de los años cincuenta y sesenta del siglo XX, que han sido todavía incapaces de eliminar las rivalidades entre los numerosos grupos étnicos y religiosos y que dan lugar a una sociedad fragmentada; o se sostienen apoyados en grupos económica y militarmente fuertes que acaparan la mayor parte de la riqueza del país. Este libro, Grandes regiones de la Tierra, aborda el análisis de siete grandes espacios geográficos: Europa, Eurasia postsoviética, Norteamérica, Japón y Australia, Asia Meridional y Oriental, África y América Latina. El estudio de cada uno de ellos consiste en una síntesis regional, necesariamente breve y muy selectiva, que tiene en cuenta los componentes principales, tanto naturales como sociales, e intenta poner de relieve sus interrelaciones para comprender mejor cada conjunto regional. Junto a los diferentes elementos de la estructura económica, se destacan los aspectos históricos que ayudan a comprender mejor la actual organización espacial; el componente natural y los condicionantes ecológicos, que constituyen elementos de estructuración del espacio regional y que pueden comportarse como obstáculos o como posibilidades; los componentes demográficos, sociales y culturales, decisivos para comprender las peculiaridades de cada espacio regional; y el componente político, que ejerce una gran capacidad organizadora o «desorganizadora» de las estructuras económicas, sociales y territoriales. El análisis de los siete conjuntos regionales que se abordan en esta obra, que incluye una actualización de los temas del manual Geografía regional del mundo. Desarrollo, subdesarrollo y países emergentes, publicado en esta misma editorial, persigue proporcionar una visión global de nuestro mundo, lo suficientemente completa y explicativa, que permita un conocimiento de la realidad actual y una mejor comprensión de sus principales problemas.

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CAPÍTULO

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Europa. De la diversidad a la integración económica y política: La Unión Europea Introducción. Una cultura común en una Europa diversa. 1. Un medio natural favorable y variado. 2. La diversidad de pueblos y culturas. Una Europa heterogénea. 3. El gran proyecto de la Unión Europea. La integración económica y política. 4. Una densa urbanización. Metrópolis y ciudades. 5. La Unión Europea, gran potencia económica. Conclusión: Hacia la unificación política de Europa, un proceso lleno de dificultades.

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INTRODUCCIÓN. UNA CULTURA COMÚN EN UNA EUROPA DIVERSA Desde la época de los griegos se viene llamando Europa a un territorio de límites imprecisos que todos consideran un continente, cuando no es más que una península situada en el extremo occidental de Eurasia. Hoy, carece de unidad política y está habitada por un gran número de pueblos con culturas, lenguas y religiones diferentes. La variedad de paisajes naturales ha dado lugar a paisajes culturales contrastados. Así pues, la diversi­dad es una de las características más relevantes de este «continente» euro­peo que ocupa unos 10,5 millones de km2 (7% de las tierras emergidas), de los cuales casi el 40% pertenece a Estados de Europa oriental que surgieron tras la desintegración de la Unión Soviética en 1989 y que serán objeto de estudio en el capítulo siguiente. Por encima de las diferencias nacionales, sustentadas en la existencia de numerosos pueblos y culturas, todos los europeos se sienten partícipes de una misma cultura europea, cuyos pilares arrancan del «milagro» grie­go, del Imperio Romano y del Cristianismo, fraguada a lo largo de la historia, a pesar de los enfrentamientos permanentes que han existido entre los pueblos y Estados europeos. En respuesta a esta creciente conciencia europea ha surgido la Unión Europea, una institución que parece haber encauzado definitivamente estas aspiraciones de integración. Nació como Comunidad Económica Europea con una serie de medidas encaminadas a suprimir barreras adua­neras y fomentar los intercambios comerciales, pero, desde el principio, su objetivo último ha sido la unificación política. Varias ampliaciones sucesivas han con­vertido la Comunidad Europea de seis miembros en veintiocho y, desde 1993, con la entrada en vigor del Tratado de Maastricht, la Comunidad pasó a llamarse Unión Europea. Los vínculos políticos, económicos y jurídicos se han estrechado, ha progresado la política exterior común y se han superado todos los obstáculos para im­plantar en el 2002 una

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moneda única que ha supuesto la desaparición de la mayor parte de las monedas nacionales, hecho impensable hace solo unos pocos años. Además, la Unión Europea ha suprimido las fronteras interiores, creando un espacio de libre circulación, y, desde el Tratado de Lisboa (2007), cuenta con una Constitución. Aún falta mucho camino por recorrer, pero el proceso de integración se encuentra ya muy avanzado. La UE está hoy (2016) formada por un conjunto de veintiocho Estados y a ella pertenece la mayor parte de los pueblos, de las culturas y de los ciudadanos europeos.

1. UN MEDIO NATURAL FAVORABLE Y VARIADO 1.1.  Un relieve contrastado sobre una superficie reducida 1.1.1.  El proceso geológico La disposición actual del relieve europeo es el resultado de al menos cuatro grandes ciclos orogénicos, que nos permite diferenciar una Europa septentrional, antigua y rígida, frente a una Europa meridional joven y con una importante sismicidad (Figura 1.1). Los terrenos más antiguos de Europa (escudos) se localizan en las regio­nes septentrionales y son de origen precámbrico. Se diferencian principalmente dos unidades: el escudo fenoescandinavo y el escudo ucraniano. El escudo fenoescandinavo, llamado también báltico o ruso-báltico, aflora en gran parte de Suecia y Finlandia, y probablemente es el mismo que yace bajo la cobertera de la llanura germano-polaca y la plataforma rusa, rota esta última en el afloramiento de Ucrania. Posteriormente, en relación con el ciclo orogénico caledoniano, los sedi­mentos depositados en un amplio geosinclinal situado al oeste del escudo báltico, fueron intensamente plegados tal vez como consecuencia de la uni­ficación en un sólo continente (Amerbáltico) de los escudos báltico y nor­atlántico (Canadá). Se formó entonces un orógeno que se extendía en for­ma de arco, en sentido NE-SW, desde el sector occidental de la Península Escandinava hasta Escocia (antigua Caledonia). La configuración de una nueva orla de orógenos en torno a este núcleo primitivo se debe al ciclo orogénico herciniano (nombre tomado de las mon­tañas del Harz) y a la presunta reunificación de todas las tierras emergidas en un nuevo supercontinente: Pangea II. Durante el Mesozoico decreció la actividad orogénica y Europa fue inva­dida por el mar: la mayor parte de las tierras se vieron sometidas a impor­tantes movimientos eustáticos (tanto regresivos como transgresivos). Las áreas de sedimentación marina más profundas se fueron acumulando en un gran geosinclinal situado al sur del continente, que fue intensamente

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defor­mado durante el ciclo orogénico alpino (en el Cenozoico) y que, en general, conmocionó a todas las estructuras preexistentes. Este amplio geosinclinal, que no es sino el extremo occidental del gran mar de Tethys, fue comprimido como consecuencia de la deriva hacia el norte del bloque africano y su encuentro con la placa euroasiática. A conse­cuencia de esta compresión se originó el sistema alpino-himalayo que, con­siderado en su conjunto, se extiende desde Gibraltar en el Oeste hasta el Himalaya e Insulindia en el Este. En el Pleistoceno, el clima se recrudeció y Europa fue invadida por los hielos, cubriendo Escandinavia, casi la totalidad de las Islas Británicas, el sector septentrional de la gran llanu­ra europea y todas las cordilleras de gran altitud, particularmente los Alpes, donde la impronta glaciar fue muy intensa, llegando su impacto hasta el sur de la Península Ibérica, en Sierra Nevada.

Figura 1.1. Las regiones orogénicas de Europa.

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1.1.2.  Las grandes unidades de relieve y características morfoestructurales De acuerdo con estos grandes ciclos orogénicos se pueden establecer cuatro grandes unidades estructurales.

1.1.2.1.  Las cordilleras del noroeste de Europa Estas cordilleras son fragmentos de la diagonal caledoniana, de direc­ción suroeste-noreste. Las rocas almacenadas en un geosinclinal emergie­ron, en la primera mitad del Paleozoico, por compresión entre los escudos canadiense y fenoescandinavo. Los edificios montañosos resultantes fueron posteriormente reducidos a una penillanura, que sería dislocada y fractura­da por movimientos orogénicos posteriores, que elevaron fragmentos de la penillanura dando origen a las montañas del norte de Irlanda, los Highlands escoceses y la cordillera escandinava, mientras que el sector medio de esta alineación quedó sumergido bajo las aguas del Atlántico Norte. El aspecto morfológico de estas cordilleras ha sido profundamente mo­dificado por la erosión glaciar, que talló aristas en las cumbres y dilató los valles fluviales, formando los numerosos fiordos de la costa noruega. A ello se suma, debido a su posición meridiana, el acusado impacto de los vientos atlánticos que descargan en ella su humedad.

1.1.2.2.  El complejo herciniano Corresponde al antiguo arco herciniano derruido y erosionado, que hoy día forma un conjunto de bajas mesetas y montañas medias que no son sino afloramientos del zócalo herciniano, separadas por gran número de cuen­cas sedimentarias. En este zócalo elevado se diferencian netamente los macizos de las zonas internas, afectadas por los movimientos alpinos y por ello casi totalmente metamorfizadas y granitizadas, que fueron violentamente fracturadas y bas­culadas (Macizo Galaico y sectores centrales del Mazico Ibérico, Macizo Central francés, Macizo Armoricano, los Vosgos, La Selva Negra alemana, el Cuadrilátero de Bohemia...), frente a aquellos otros macizos pertenecientes a la zona externa, situada al norte de la anterior y por tanto más lejana a la convulsión alpi­ na, de características más sedimentarias y que fue suavemen­te reelevada mostrándo­nos hoy un aspecto apalachense (Macizo de Cornua­lles, Las Ardenas, Macizo EsquistosoRena­no, el Harz, etc.). Entre ellos se encuentran numerosas cuencas sedimentarias, mesozoi­cas y cenozoicas, entre las que cabe citar las cuencas de Londres, París, Aquitania, Duero o Tajo.

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1.1.2.3.  La Gran Llanura Europea Presenta una forma triangular que progresivamente se estrecha hacia el oeste, cubriendo gran parte de la antigua Unión Soviética europea, Polonia, Alemania septentrional y sur de Suecia. Coincide en gran parte con el zócalo precámbrico del escudo báltico que desde la era Primaria apenas ha sufrido ninguna perturbación. Esta evolución tendente a la horizontalidad explica fácilmente la morfo­logía de sus terrenos, donde la erosión fluvial ha diferenciado toda una serie de relieves tabulares. En el sector septentrional el casquete glaciar modeló el relieve, especialmente mediante la aportación de morrenas y el depósito de nuevos materiales. De gran importancia respecto a la ocupación del te­rritorio ha sido el aprovechamiento de los antiguos frentes glaciares o urs­tromtäler para la densa red de canales que atraviesa la región. El sector meridional de la llanura, desde la costa norte de Bretaña hasta Ucrania, fue cubierto, durante los periodos interglaciares, por finas partículas de morre­na que fueron distribuidas por el viento. Estos sedimentos, conocidos con el nombre de loess, han originado unas tierras, ricas en materia orgánica, que desde tiempos remotos han sido explotadas agrícolamente, aglomerando en torno a ellas una gran densidad de población, frente al mayor vacío demo­gráfico del Norte.

1.1.2.4.  Las cordilleras alpinas Resultantes de la compresión entre los escudos africano y euroasiático, y consiguiente levantamiento del amplio geosinclinal de Tethys, presentan dos ramas principales. Una rama meridional, de estilo jurásico y estructura sencilla, que engloba el Atlas medio africano, Sicilia, los Alpes meridionales, los Apeninos, los Alpes dináricos (de ahí el nombre que también se otorga a esta rama de «Dinárides»), el Pindo, Creta y el Taurus, prolongándose en Asia con el Himalaya. La otra rama, más septentrional, es la propiamente alpina, formada por las cordilleras Béticas, el Pirineo, las principales cordi­lleras de los Alpes, los Cárpatos, los Alpes de Transilvania, los Balcanes, Crimea y el Cáucaso, prolongándose en Asia por el Pamir septentrional y el Tien-Shan. La erosión diferencial ha actuado profundamente sobre estas montañas, dejando en resalte las zonas más duras. Así, las cumbres más elevadas sue­len coincidir con los ejes axiales de las cordilleras, donde afloran las rocas cristalinas fracturadas del zócalo. Las zonas sedimentarias, por el contra­rio, han sido mucho más atacadas por la erosión. El modelado glaciar ha acabado de dar su forma definitiva a estas mon­tañas, excavando valles en artesa, circos glaciares y aristas. El glaciarismo actual, aunque acantonado en las

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partes más elevadas, continúa este papel, mientras que la erosión fluvial es la encargada de seguir desmantelando los relieves inferiores. Sirviendo generalmente de antepaís a las grandes cordilleras alpinas, las cuencas sedimentarias, originadas a raíz de dichos plegamientos, presentan una topografía suavemente ondulada, fruto de la reciente erosión fluvial (Guadalquivir, Ebro, Po, Panonia, etc.).

1.2.  Un clima moderado 1.2.1.  Características generales Por su situación latitudinal entre los 35° y 60° lat. N, Europa queda in­mersa en la zona de climas templados. Sin embargo, la existencia de unas costas muy recortadas, la disposición y estructura de las formas de relieve, la diversidad de exposiciones frente a los vientos cargados de humedad, son factores que implican una enorme variedad y contraste dentro de la general moderación que caracteriza al clima europeo. Uno de los factores que más participa en esta acción moderadora es la presencia del océano Atlántico, cuya influencia se adentra profundamente en el continente gracias a su recortado perfil costero y a las abiertas y am­plias llanuras septentrionales. A esta acción reguladora atlántica contribuye en gran manera la corriente cálida de la Deriva Noratlántica, prolongación septentrional del Gulf-Stream americano, que dulcifica las temperaturas de la costa septentrional europea. A ello se añade el papel regulador que ejerce el mar Mediterráneo sobre las costas de la Europa meridional. Europa se halla inmersa dentro de la circulación zonal del flujo del Oes­te, cuya penetración en el continente se ve favorecida por la orientación Oeste-Este de las grandes líneas de relieve que no ofrecen graves obstáculos. Estos vientos de componente Oeste, los westerlies, no tan regulares como los alisios, son constantes en las capas altas de la atmósfera, sin embargo, en superficie, si bien predominan, se ven restringidos por la imbricación de tierras y mares, la disposición del relieve y, fundamentalmente, por la alter­nancia estacional de los campos de presión. Así, dentro de la zona de circulación del Oeste, Europa se encuentra afectada por la presencia de unos centros dinámicos permanentes: la Depre­sión de Islandia y el Anticiclón de las Azores que, sometidos al balanceo estacional, son responsables de gran parte de los contrastes climáticos que existen sobre el territorio occidental europeo. A estos centros dinámicos, esencialmente oceánicos, se añaden los centros térmicos euroasiáticos (el anticiclón térmico invernal y las depresiones estivales de superficie) que regulan fundamentalmente el régimen termopluviométrico de la Europa Oriental. Si bien, unos y otros, afectan esporádicamente a todo el conjunto: a menudo, las perturbaciones asociadas al Frente Polar llegan hasta la

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Figura 1.2. Principales centros de acción atmosférica en Europa.

Ru­sia europea, mientras que otras, el anticiclón oriental deja sentir su influjo hasta las proximidades de la costa atlántica (Figura 1.2). En invierno, el carácter peninsular de Europa, lo recortado de sus costas y su amplia apertura a las influencias marítimas, favorecen la existencia de un clima mucho menos frío que en las regiones orientales de Estados Uni­dos, aunque mucho más inestable. La depresión de Islandia, que se identifi­ca en realidad con las perturbaciones del Frente Polar, alcanza en esta esta­ción su máximo descenso latitudinal. Las borrascas asociadas a di­cho frente, reforzado en altura por el Jet Stream, barren la Europa atlántica originando abundantes lluvias. Al mismo tiempo, las altas presiones térmi­cas instaladas en el interior del continente a causa del rápido enfriamiento de la superficie terrestre, impiden el paso a estas familias de borrascas, creando un tiempo estable, frío y seco en la Europa Oriental. Tan sólo el área mediterránea, afectada entonces por el Anticiclón de las Azores, goza de un tiempo suave y soleado. En verano, siguiendo el movimiento aparente del Sol hacia latitudes más altas, todo el conjunto se desplaza en esta dirección. Así, las perturbaciones del Frente Polar tan sólo afectan de un modo regular a Islandia, Escandina­via y sector septentrional de las Islas Británicas. Por el contrario, el Antici­clón de la Azores, que forma parte del cinturón de altas presiones subtropi­cales, invade gran parte de Europa originando un tiempo suave y soleado. En el centro-este de Europa, y debido al recalentamiento del continente, se produce un centro de baja presión térmica que atrae a los vientos húmedos atlánticos.

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Es el régimen de circulación del Oeste el responsable del tiempo húme­do y revuelto que a menudo invade a Europa occidental: son días inesta­bles y cambiantes, con claros y nubes según desfilan los frentes cálidos y fríos de las perturbaciones asociadas al Frente Polar. La variación de la circulación zonal es un aspecto de vital importancia: el debilitamiento del flujo del Oeste cede lugar a veces a una circulación en sentido meridiano, responsable de las olas de frío o de calor. Por último, vinculado al despla­zamiento latitudinal del cinturón de altas presiones subtropicales, Europa se ve afectada por un tiempo más estable, de cielos despejados y prolonga­da sequía. La configuración del relieve, entre otros factores, repercute directamen­te en el régimen y distribución de las temperaturas y precipitaciones del continente europeo. La existencia de amplias llanuras en la costa occidental y un relieve de escasa altitud en el centro de Europa, permite que la influencia de las borrascas atlánticas penetre en el interior y alcance los Urales, lo que se traduce en una suavización de las temperaturas y en un aumento de las pre­ cipitaciones asociadas a dichas borrascas. La diferente disposición y orien­tación de las cadenas montañosas tienen también gran incidencia en la dis­tribución de las precipitaciones, siendo más lluviosas las vertientes expuestas al norte y oeste, que las que miran al sur y este. En cuanto al régimen térmi­co, la deriva noratlántica, corriente marina cálida, incide positivamente en las suaves temperaturas que goza la costa atlántica europea, frente a otras regiones del globo situadas a la misma latitud.

1.2.2.  Los grandes dominios bioclimáticos Dentro del gran flujo del Oeste en el que se haya inmersa Europa, se pueden distinguir algunas situaciones constantes que se repiten con la sufi­ciente frecuencia como para poder definir un determinado tipo de clima en un área geográfica concisa. Sin olvidar la disposición zonal de gran parte de las montañas europeas que acentúa los contrastes climáticos de norte a sur y los atenúa de oeste a este. En consecuencia, se puede deducir la exis­tencia de tres grandes áreas bioclimáticas en Europa: atlántica, continental y mediterránea.

1.2.2.1.  Europa atlántica A la Europa atlántica le corresponde un clima templado oceánico de fa­chada occidental en latitudes medias, que se extiende desde el oeste de Es­candinavia hasta el noroeste de la Península Ibérica. Caracterizan a este clima unas temperaturas suaves y regulares durante todo el año, con una amplitud térmica moderada (inferior a 15 °C), una humedad constante, con un máximo en invierno y en otoño cuando las perturbaciones son más nu­merosas, y una escasa insolación. En estas áreas, sometidas a los grandes vientos templados del Oeste y

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afectadas de manera constante por las borras­cas del Frente Polar, se generan continuos cambios de tiempo a lo largo de las estaciones. A partir de estos rasgos climáticos que caracterizan fundamentalmente a la franja costera atlántica, factores geográficos como la distinta disposi­ción de las vertientes a los vientos húmedos y a la exposición del sol, o la presencia de accidentes montañosos, a los que se suma la disminución de las precipitaciones de oeste a este y el aumento térmico inherente al des­ censo de latitud, implican la existencia de una serie de matices regionales e incluso locales. A estas condiciones climáticas corresponde como formación vegetal «cli­max» el bosque caducifolio (hayas, robles, castaños, fresnos…). Se trata de una formación muy degrada­da por la larga ocupación humana, por lo que en numerosas ocasiones ha dado lu­gar a la landa y a la pradera. La configuración horizontal de la mayor parte de la Europa atlántica, así como su régimen pluviométrico, permiten la existencia de unos ríos que se caracterizan por la regularidad de su caudal (si bien con un máximo inver­nal y un mínimo estival debido fundamentalmente a la intensa evaporación) y una escasa velocidad, factores ambos que colaboran en su navegabilidad, frente a los ríos de los sectores montañosos, que facilitan el aprovechamien­to hidroeléctrico.

1.2.2.2.  Europa central y oriental Hacia el interior paulatinamente se van degradando los rasgos climáti­cos oceánicos, dando paso a una mayor oscilación térmica (hasta 40 °C) y a unas precipitaciones que caen fundamentalmente en verano, debido al área de bajas presiones térmica que en esta estación ocupa la Europa central y oriental, dominio ya de un clima templado continental. Tras un invierno seco, frío y soleado, como consecuencia de las altas presiones que se instalan sobre el continente interrumpiendo en los niveles bajos la circulación de los vientos del Oeste, el calentamiento estival posibi­lita la llegada de las borrascas atlánticas y de procesos termoconvectivos, alcanzándose el máximo pluviométrico en esta estación. La progresiva de­gradación del clima continental hacia el interior de la llanura europea trae consigo la aparición de variedades de transición, donde el efecto de la con­tinentalización gradualmente se deja sentir en los regímenes termopluvio­métricos (continental tipo centroeuropeo, tipo ruso, tipo danubiano o con­tinental semiárido). De igual manera, hacia latitudes más bajas se acentúan los rasgos de transición hacia el dominio mediterráneo, con el mediterráneo de tendencia continental. En relación con el aumento de las temperaturas de norte a sur y la dis­minución de las precipitaciones de oeste a este, las formaciones vegetales europeas se suceden en bandas dispuestas según los paralelos: la tundra (al norte del dominio continental), la taiga, el bosque mixto y la estepa.

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Los ríos de la Europa continental presentan un máximo en primavera, a causa de la fusión de los hielos, y dos mínimos: uno en verano, en relación con la pérdida del efecto de las lluvias por la fuerte evaporación, y otro en invierno, debido a la retención nival. No obstante, muchos de los ríos de la Europa central y oriental se encuentran en una banda de transición entre un dominio climático y otro, por lo que ofrecen comportamientos complejos, variables entre la cabecera y el curso bajo. Al igual que los ríos oceáni­cos, son también ríos de llanura que suponen excelentes vías de comunica­ción, si bien permanecen helados durante el invierno, mientras que en verano son navegables.

1.2.2.3.  Europa mediterránea En el sector meridional de la Europa, protegido de los flujos septentrio­nales por el cinturón alpino y bañado por un mar cálido, domina un clima subtropical de fachada occidental o mediterráneo, caracterizado por un ré­gimen térmico poco contrastado y una acusada sequía estival. Ocupa una amplia franja entre los 30° y 45° lat. N, que se extiende desde Portugal hasta el mar Negro, y constituye una zona de transición entre las regiones templa­das propiamente dichas y los desiertos cálidos. En verano, con la ascensión en latitud del Anticiclón de las Azores que impide la entrada de los vientos húmedos del oeste, predomina un tiempo seco y soleado, con altas temperaturas y una fuerte evaporación que provo­can una gran aridez. Al finalizar el verano y comenzar a descender en lati­tud el cinturón de altas presiones subtropicales, la Europa mediterránea se ve afectada por el paso de las perturbaciones del Oeste que provocan lluvias, a menudo de tipo torrencial, durante el invierno y sobre todo durante los equinoccios, momento que coincide con el desplazamiento hacia el norte (otoño) y hacia el sur (primavera) del Jet Stream. Con frecuencia, caen tam­bién precipitaciones debidas a circulaciones meridianas anormales, como es el caso de las «gotas frías». La originalidad de poseer un verano seco y un invierno húmedo ha dado lugar a una vegetación muy característica de árboles y arbustos esclerófilos siempre verdes, llamado bosque esclerófilo, que al igual que los demás bos­ques del resto de Europa, hoy día se encuentra muy degradado. Se trata de un bosque perennifolio, adaptado a la aridez estival y compuesto funda­mentalmente por encinas, en suelos calcáreos, y alcornoques sobre suelos silíceos, a los que se suman algunas coníferas, fruto de la repoblación de los pisos montanos. La degradación del bosque mediterráneo ha dado paso a diversas forma­ciones arbustivas. Sobre suelos calcáreos o margosos (tipo rendzina) se ex­tiende la garriga, formación discontinua y abierta, compuesta por coscoja, retama, etc. y diferentes plantas aromáticas. En terrenos silíceos (tipo ranker) se desarrolla el maquis, formación mucho más densa que la garriga y compuesta por brezo, romero, jara, etc.

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De todos los medios bioclimáticos europeos, el más rico en diversidad y matices es el mediterráneo. Frente a la monotonía de los paisajes atlánticos y continentales, el dominio bioclimático mediterráneo se enriquece con nu­merosas gamas de transición debidas a la continentalidad (centro-sur de Francia, valle del Po, franja interior de los Balcanes), a la altitud y la conti­nentalidad (Meseta española), a la topografía (cuencas interiores griegas, valles balcánicos y cuencas litorales del mediterráneo andaluz) e incluso a las tendencias áridas manifiestamente subtropicales (sureste español). Debido a la irregular distribución de las precipitaciones, que entraña bruscas crecidas y acusados estiajes, y a la abundancia de fuertes pendien­tes, la navegabilidad de los ríos mediterráneos es escasa. No obstante, desde tiempos remotos su caudal se ha utilizado para fines agrícolas y, más tarde, para la producción hidroeléctrica.

1.2.2.4.  Macizos montañosos Asimismo, la existencia de macizos montañosos origina una gran diver­sidad de escalonamientos bioclimáticos, en función de la latitud, alejamien­to del océano y diferencias de orientación y exposición de sus vertientes (montañas escandinavas, Pirineos, Alpes, Cárpatos, Cáucaso, etc.). El des­censo de la temperatura de 1 °C por cada 180 metros influye también en el escalonamiento de las formaciones vegetales, donde a los bosques de cadu­cifolias suceden las coníferas, prados y, finalmente, musgos y líquenes.

2. LA DIVERSIDAD DE PUEBLOS Y CULTURAS. UNA EUROPA HETEROGÉNEA Sobre estos medios ecológicos, en su mayor parte favorables, ha surgido una gran diversidad de paisajes culturales de origen antrópico, fiel reflejo de la rica y compleja historia de la ocupación humana del territorio europeo. Hoy, el «viejo continente» es un mosaico de pueblos y culturas, resultado de la adaptación del hombre al medio natural que se ha ido transformando por la acción milenaria de cada pueblo en su ámbito regional.

2.1. La situación demográfica: una población en declive, concentrada y envejecida 2.1.1. Los europeos: la décima parte de la población mundial. Evolución y dinámica demográfica Excluyendo la población de los Estados de Europa Oriental surgidos de la antigua Unión Soviética (Bielorrusia, Ucrania, Moldavia y Rusia Europea), la población europea asciende en

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el año 2015 a 542 millones de habitantes (742 millones si incluimos los Estados postsoviéticos de Europa oriental), de los cuales 510 millones pertenecen a la Unión Europea. Sin embargo, a pesar de seguir siendo una de las áreas más densamente pobladas del planeta, su participación en el conjunto mundial es cada vez menor. Así, si en 1950 la población europea suponía un 21% de la humanidad, según la trayectoria seguida hasta hoy en día se espera que, en el año 2020, tan sólo represente valores inferiores al 8%. La mayoría de las fuentes estadísticas estiman que la población europea descenderá a los 630 millones en el año 2050, fundamentalmente a causa de la gran disminución del volumen demográfico en la Europa oriental y del descenso también, aunque mucho menor, de los habitantes de la Europa meridional. Por el contrario, Europa occidental mantendrá su posición y la Europa septentrional seguirá creciendo lentamente. Cuadro 1.1. Evolución de la población europea Fecha (años)

Millones

% Mundial

Siglo I d. C.

 33

16

 600

 18

 6

1340

 70

16

1500

 80

16

1650

100

18

1850

270

23

1900

400

25

1950

550

21

1970

620

16

2000

700

12

2008

736

11

2015

742

10

Fuente: Elaboración propia con diversas fuentes. Para 2015, Population Reference Bureau.

Un largo pasado histórico ha convertido a Europa en uno de los grandes polos demográficos del planeta. Esta población crece muy lentamente hasta el siglo XVII, a partir del cual aumenta vertiginosamente: si Europa tenía una población estimada en torno a 80 millones en el año 1500, ya en el año 1800 superaba la cifra de los 200 millones de europeos y, tan solo dos siglos después, rebasó los 700 millones de habitantes.

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La explosión demográfica del siglo XIX fue consecuencia del precoz proceso de transición demográfica que afectó a Europa desde mediados del siglo anterior, paralelo a las transformaciones económicas generadas por la expansión de la Revolución Industrial, agrícola y sanitaria, convirtió a Europa en la primera región del mundo en comenzar el proceso de transición demográfica. El elevado aumento de la población permitió la emigración de cerca de 60 millones de europeos hacia los nuevos imperios coloniales y la conquista de nuevos territorios. A pesar del impacto demográfico que supuso la Primera Guerra Mundial y los efectos devastadores de la epidemia de gripe de los años 1918-1919, este crecimiento se mantuvo hasta los años treinta del siglo pasado. A partir de entonces, ya en algunos países se empiezan a notar los primeros síntomas de un cierto declive demográfico, como queda reflejado en los índices de fecundidad, que comienzan a situarse por debajo del reemplazo generacional en varios países de la Europa septentrional (Suecia, Noruega) y occidental (Reino Unido, Francia, Alemania). Tras un periodo de retroceso de la población a consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, y otro de crecimiento en los años posteriores a la guerra (baby boom), a partir de los años setenta, se produjo un cambio de orientación en la evolución demográfica: el crecimiento natural de la población entra en un periodo de ralentización, aunque todavía con una evolución de signo positivo, que se mantendrá hasta la década de los noventa del pasado siglo, cuando la generalización de un índice de fecundidad a la baja comienza a afectar a la gran mayoría de los países europeos. La evolución del crecimiento natural de la población europea es el resultado de los factores vegetativos durante un largo proceso en el tiempo. Una mejora en la alimentación, higiene, sanidad y en las condiciones laborales llevó consigo una drástica disminución de la mortalidad y, por consiguiente, un significativo aumento de la esperanza de vida. Junto al descenso generalizado de las tasas de mortalidad, la disminución del índice de natalidad es otro de los elementos significativos de la evolución de la dinámica natural europea. Si en 1960 la natalidad alcanzaba tasas en torno a los 18 nacimientos por cada mil habitantes, en la actualidad, los valores medios han descendido hasta un 11‰. El proceso de aceleración del crecimiento demográfico en Europa a lo largo del siglo XIX y la posterior desaceleración de una forma progresiva desde la segunda mitad del siglo XX fue formulado en la llamada teoría de la transición demográfica. Este proceso, refleja el paso de una población desde un régimen demográfico «antiguo», con un lento e irregular crecimiento debido a la elevada natalidad y mortalidad, a otro «moderno» en el que ambas tasas presentan débiles valores y el crecimiento es también lento aunque regular. Europa occidental fue la primera región del mundo en comenzar el proceso de transición demográfica, en relación con el avance de medidas sanitarias y socioeconómicas que potenciaron un precoz descenso de las tasas de mortalidad y un aumento de la esperanza de vida.

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Cuadro 1.2. Evolución de la dinámica natural de la población en Europa Tasa de natalidad (‰)

Tasa de mortalidad (‰)

Crecimiento natural (%)

1950-1955

21,5

10,8

10,7

1965-1970

16,8

 9,8

7,0

1980-1985

14,4

10,8

3,6

1995-2000

10,2

11,6

–1,4

2005-2010

10,5

11,4

–0,9

2015

11,0

11,0

0

Fuente: Population Reference Bureau

En la actualidad, ya bien entrado el siglo XXI, podemos constatar que se encuentra en una etapa «postransicional», en la que las tasas de natalidad y mortalidad no sólo se igualan, sino que se invierten, dando lugar a unas tasas de crecimiento natural negativas. Este crecimiento natural negativo es uno de los rasgos más significativos de la actual dinámica demográfica europea.

2.1.2.  La intensidad y variedad de los movimientos migratorios Uno de los hechos que mejor definen los movimientos migratorios europeos del siglo XIX y primer tercio del siglo XX es la emigración de millones de trabajadores hacia los países del Nuevo Mundo (Estados Unidos, Canadá, Argentina) y Australia. Apoyado por un fuerte crecimiento demográfico, se estima que salieron en estos flujos transoceánicos cerca de 60 millones de europeos. Esta migración intercontinental alcanza su máximo en vísperas de la Primera Guerra Mundial, progresivamente pierde efectivos en la década de los años 1920 y se frenó definitivamente con la puesta en marcha en EE UU de duras restricciones a la inmigración («Quota Acts»), tras la Gran Depresión de 1929. Desde mediados del siglo XX, el sistema migratorio intraeuropeo evoluciona profundamente, ganando intensidad y complejidad. En el transcurso de los dos decenios (1950-1970) que siguieron a la Segunda Guerra Mundial se pueden diferenciar tres grandes espacios migratorios en Europa: un espacio aislacionista que afectó principalmente a los países de la Europa del Este, que se encontraban bajo la órbita del imperio soviético; un espacio de emigración centrado principalmente en la Europa mediterránea; y un espacio de inmigración centrado en la Europa septentrional y occidental, que recoge la oleada de inmigrantes no sólo

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procedentes del sur europeo, sino también asiáticos y africanos, como es el caso, durante la década de los sesenta, de la elevada inmigración turca en Alemania, argelina en Francia y de las ex colonias británicas en el Reino Unido. A partir de los años ochenta, el panorama cambió radicalmente. Los países emisores meridionales comienzan a convertirse en receptores de la inmigración extranjera y los países receptores adoptan medidas restrictivas a la inmigración a causa, entre otros factores, del aumento de su población activa debido a la entrada en el mercado laboral de la población procedente del baby bomm y de la paulatina incorporación de la mujer al trabajo. Así, de un continente de emigración hasta mediados del siglo XX, Europa se ha ido transformando progresivamente en un continente de inmigración. Sin embargo, a pesar de este neto predominio de la inmigración frente a la emigración en buena parte de los países europeos, el sistema migratorio europeo se caracteriza por su complejidad. Casi todas las naciones cumplen simultáneamente las tres funciones de inmigración, emigración y de tránsito.

2.1.3.  La desigual distribución de la población: densidades demográficas Con una superficie de algo más de 10 millones de kilómetros cuadrados —el segundo continente más pequeño— y 742 millones de habitantes en el año 2015, Europa tiene una densidad media de 32 hab./km2 (la UE, 116 hab./km2), cifra bastante más elevada que la mayoría de los continentes (América anglosajona 16 hab./km2, América Latina 30 hab./km2 o África 37 hab./km2), pero mucho menor que la del continente asiático (136 hab./km2), donde se concentran las mayores densidades del planeta. En el transcurso de los siglos, el mapa de densidades ha variado sensiblemente. Durante la Antigüedad clásica, la Europa mediterránea concentraba el mayor peso demográfico, en el marco de unas sociedades ampliamente dominadas por los recursos agrícolas. A partir de la Baja Edad Media, este peso demográfico mediterráneo se va desplazando paulatinamente hacia el norte, en virtud del auge de las actividades comerciales de las ciudades relacionadas con la Liga Hanseática, que dieron lugar a una importante ruta comercial desde el Báltico hasta el canal de la Mancha. Las transformaciones económicas ligadas a la Revolución Industrial del siglo XIX y el consiguiente proceso de urbanización, reforzaron este proceso de desplazamiento del eje demográfico hacia el norte del continente. La desigual distribución actual de la población refleja, en primer lugar, la influencia del medio natural, sobre todo para imponer limitaciones al aumento de las densidades. Así, las regiones menos pobladas son las nórdicas, de climas fríos (Escocia, Noruega, Suecia, Finlandia, norte de Rusia); las montañosas, por las dificultades que impone el relieve (cordilleras de la Península Ibérica, Alpes, Apeninos, Alpes Dináricos, Cárpatos, Balcanes) y las regiones con

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Fuente: Azcárate, M. V., Sánchez, J. (2013) Geografía de Europa, fig. III.5. Ed. UNED. Madrid.

problemas de aridez, situadas en su mayor parte en el sur y en el este de Europa: meseta castellana, sureste español, Córcega, Cerdeña y cuencas interiores de Italia, Grecia y la península Balcánica. Por el contrario, desde hace milenios el hombre se ha concentrado en las grandes cuencas sedimentarias, en las llanuras y en el curso de los grandes ríos.

Figura 1.3. Densidad de población y principales ciudades de Europa.

En segundo lugar, los factores que determinan las densidades medias y altas son también de carácter económico: regiones de agricultura intensiva, como las llanuras mediterráneas o los valles fluviales; de importante actividad industrial, como los Midland ingleses, el eje del Rin, los puertos atlánticos, la Silesia alemana y polaca, Bohemia, valle del Po, etc.; de importante actividad turística, como la costa mediterránea; de concentración de servicios, como ocurre en las regiones metropolitanas. En líneas generales, el mapa de densidades dibuja una amplia banda que va perdiendo intensidad desde el centro y sur de Inglaterra, Países Bajos, centro de Alemania, la Silesia

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polaca, Bohemia y valle del Danubio hasta las llanuras húngaras y ucranianas. Muchos autores identifican dos arcos que convergen en Inglaterra: un arco de altas densidades, a veces superiores a 300 hab./km2, que se extiende desde la cuenca de Londres al valle del Po a través del eje del Rin y conforma la llamada «dorsal» europea. Y un segundo arco, de menor intensidad demográfica, que desde Inglaterra llegaría, a través de Alemania oriental y sur de Polonia hasta la región de Kiev. Cuadro 1.3. Los diez países más poblados de la Unión Europea Países

Millones de habitantes

Densidad (hab./km2

Alemania

81,1

229

Francia

64,3

115

Reino Unido

65,1

260

Italia

62,5

202

España

46,4

 91

Polonia

38,5

122

Rumanía

18,9

 90

Países Bajos

16,9

403

Grecia

11,2

 83

Bélgica

11,0

365

Fuente: Population Reference Bureau, 2015.

Resulta evidente que lo esencial de la distribución se relaciona con la fuerte concentración de las actividades industriales y comerciales, mientras que los vacíos demográficos corresponden a los sectores agrícolas y montañosos, que no formaron parte del proceso que se puso en marcha con la Revolución Industrial. A grandes rasgos, se pueden identificar una serie de polos demográficos, cada vez en menor dependencia frente a los recursos naturales y mayor respecto a los medios de comunicación y transporte: a) Las áreas industriales, ya sean aquellas áreas tradicionales ligadas a la explotación de los recursos naturales (pasillo hullero franco-belga, Sarre, Ruhr, Midlands) o de reciente industrialización (Piamonte-Lombardía, Rin-Main, Ródano-Alpes, etc.), donde la conjunción de factores favorece la concentración demográfica: Gran Londres, región de París, Randstad holandés, etc. b) Las áreas portuarias, donde comercio y transporte se aúnan: Génova, Marsella, Bremen, Hamburgo, Rotterdam.

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c) Las regiones en torno a las grandes metrópolis, debido fundamentalmente al gran desarrollo de las actividades terciarias que experimentan, acusan una fuerte densificación periférica a raíz de fenómenos como la periurbanización o la rururbanización, como es el caso de Lisboa, Madrid, Roma, Milán. d) Las áreas turísticas de las costas mediterráneas que concentran gran población para atender a la demanda de servicios turísticos. En contraposición a estos grandes focos demográficos, existen extensas regiones, fundamen­talmente periféricas, débilmente pobladas. El frío hace que las regiones del extremo norte —Escandinavia y Laponia finlandesa— se encuentren semivacías (menos de 5 hab./km2), mientras que el éxodo rural y las actuales escasas posibilidades económicas, que provocan importantes flujos de emigración, explican las bajísimas densidades (menos de 20 hab./km2) de las regiones agrícolas interiores, de las áreas de montaña y de las grandes llanuras de Europa centro-oriental.

2.1.4. Nuevos retos de la sociedad europea: el envejecimiento de la población y el desafío de la recuperación del empleo La población mundial envejece: el número de personas mayores de 65 años aumenta sin cesar, mientras que la población joven disminuye. Si hoy en día (2015) el 8% de la población del mundo tiene más de 65 años y el 26% es menor de 15 años, según estimaciones de Naciones Unidas para el año 2050, se espera que la base de la pirámide de edad de la población mundial disminuya ligeramente, mientras que la población mayor de 65 años se triplique. Por primera vez en la historia, las personas de edad avanzada en el mundo superarán a los jóvenes. Cuadro 1.4. Evolución de la población mayor de 65 años respecto a la población total en una selección de países (%) Países

1980

2015

2040

Alemania

15,7

21

31,1

España

10,8

18

27,7

Francia

14,0

18

25,3

Hungría

13,5

17

25,0

Italia

13,1

21

30,8

Irlanda

10,7

12

19,4

Reino Unido

14,9

17

22,4

Fuente: Eurostat (para 1980 y 2040); Population Reference Bureau (para 2015).

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Este fenómeno del envejecimiento afecta en mayor medida a los países más desarrollados. En los países de la Unión Europea, donde e inició el proceso de transición demográfica, el envejecimiento de su población es un hecho generalizado que no deja de aumentar: si en 1980 la proporción de personas mayores de 65 años era el 12,8% de la población total, esta cifra ascendió al 19% en el año 2015 y se espera que para el año 2040, el 25,7% de la población europea sea mayor de 65 años. En la actualidad, la Unión Europea, con una tasa media del 19% de población mayor de 65 años, es después de Japón (26%) la región del mundo con mayor proporción de población envejecida; frente al 4% de población mayor de 65 años del continente africano, al 5% de la India, el 8% de América Latina y Asia, el 7% de Brasil o el 10% de China. La entrada, a comienzos de este siglo, de la generación del baby boom (personas nacidas entre los años 1945-1954) en el grupo de edad mayor de 60 años, ha acelerado todavía más el envejecimiento.

Figura 1.4. Evolución de la estructura por edad y sexo de la población europea (1950, 2010 y 2050).

El índice de dependencia de la población anciana respecto a la población activa evidencia la grave carga que supone para la economía de un país. Si en 1950 había 12 personas en edad activa por cada persona mayor de 65 años en el mundo, en el año 2015 esta tasa disminuyó a 8 y se espera que para 2050 descienda a 5, afectando sobre todo a los países más desarrollados, como son los de Europa Occidental. Se calcula que en el año 2050 tanto Alemania como Italia tendrán 2 adultos en edad de trabajar por cada persona mayor de 65 años (Japón tendrá sólo 1 persona). El envejecimiento supondrá un gran impacto en el ámbito económico de las países; no solo por la existencia de menos trabajadores para contribuir al crecimiento económico, sino también porque supone menor consumo por

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parte de este sector más envejecido debido a su menor poder adquisitivo, así como un mayor gasto del Estado, al tratarse de un segmento de la población con necesidades socia­les más costosas. En comparación con la pirámide de la población mundial, que todavía muestra una estructura joven y equilibrada, la representación gráfica de la población europea refleja una figura cada vez más estrecha en la base y más ancha en los tramos superiores, lo que nos refleja el progresivo aumento del segmento de población mayor de 65 años. Quizás el término «pirámide de edad» ya no sería tan apropiado en estas regiones. En líneas generales, la población activa europea se caracteriza por una tasa de actividad inferior al resto de los países más desarrollados, unos trabajadores de edades más avanzadas y una creciente participación de la mano de obra femenina y extranjera. Así mismo, respecto a la evolución sectorial del empleo, el trasvase de mano de obra de los dos primeros sectores productivos de la economía hacia el sector terciario, que aporta una mayor cuota de producción y empleo; es lo que se conoce con el nombre de terciarización de la economía. La Unión Europea, con más del 73% de su población activa empleada en el sector terciario, bien refleja este fenómeno distintivo de las sociedades postindustriales, si bien en los países de Europa occidental este proceso está más avanzado que en los de Europa centro-oriental. En la actualidad, uno de los problemas más acuciantes de la sociedad europea es el desafío de la recuperación del empleo. La UE-28 tiene una tasa media de paro del 9,3% (2015). Entre los Estados miembros, los índices más bajos corresponden a Alemania (4,8%) seguido de Austria (5,3%); en el otro extremo, Grecia (24,6%) y España (21,6%) son los países que encabezan la tasa de desempleo de la Unión Europea. En este mismo año, Estados Unidos tiene una tasa de paro del 4,9% y Japón del 3,1%. La gravedad del problema del paro se agudiza no sólo por los altos índices que está alcanzando, sino también porque una gran parte del desempleo está relacionado con problemas estructurales de las economías (y no solo coyunturales), que son más difíciles de resolver. En la actualidad, el desempleo afecta a todas las edades y clases sociales, y en su mayoría es de larga duración, lo que acarrea dramáticas consecuencias a los ciudadanos y hogares que lo padecen.

2.2.  Pueblos y culturas Entre los aspectos importantes de la diversidad europea, hay que desta­car los relacionados con las etnias, las lenguas y las religiones. Son hechos fundamentales para poder comprender los conflictos políticos y sociales que existieron en el pasado y que en el presente todavía afectan a diversas regiones europeas.

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2.2.1.  Diversidad étnica y lingüística La diversidad étnica está íntimamente relacionada con la lingüística. La población europea se ha ido formando a base de numerosas migraciones que, procedentes en su mayor parte de Asia, y en oleadas sucesivas, han aportado grupos étnicos y culturas diferentes. Las primeras migraciones fueron de pueblos indoeuropeos, griegos y latinos; llegaron a partir del 2000 a. C. y se instalaron cerca del Mediterrá­neo. En el oeste se instalaron también los celtas que, después, fueron des­plazados por los germanos en los siglos V y VI d. C. Celtas (tam­bién iberos en la Península Ibérica), latinos y germanos constituyeron la base de la pobla­ ción de Europa occidental al principio de la Edad Media. Después, llegaron los eslavos que se instalaron en la parte oriental de Europa; los musulmanes (árabes y africanos) vinieron en el siglo VIII a la Península Ibérica; los nor­mandos, procedentes de Escandinavia, llegaron en los siglos IX y X a las costas atlánticas y mediterráneas; los húngaros, procedentes de Asia, se asentaron en el siglo X en el corazón de Europa (Transilvania y llanura de Panonia); y los turcos, que venían de Asia Menor, ocuparon la Península Balcánica a partir del siglo XV. A esta variedad de grupos étnicos que fueron ocupando y organizando el territorio europeo, formando Estados más o menos consolidados, se ha uni­do en las últimas décadas un gran número de inmigrantes de origen y cul­tura diversa, que constituyen ya importantes minorías étnicas en muchos países europeos: entre ellos destacan los turcos y griegos en Alemania, in­dios y pakistaníes en el Reino Unido, norteafricanos en Francia y España, latinoamericanos en España y Portugal, kurdos e irakíes en Italia y Suecia, subsaharianos en España, Francia e Italia, alba­neses en Grecia e Italia, etc. El mosaico de pueblos que integra la población europea explica el gran número de idiomas que se hablan en el continente. Los pueblos que han conseguido formar Estado han impuesto su lengua en los territorios ocupados. No obstante, existen otras lenguas habladas por grupos minoritarios en el interior de algunos Estados como el gaélico, bretón, ga­llego, euskera o catalán. La importancia de las lenguas radica en que cons­tituyen una medida de fuerza política y cultural, ya que su expansión o re­troceso está íntimamente relacionado con el poder político de quienes la hablan. En total, en Europa se hablan unas cincuenta lenguas, de las cuales unas cuarenta pertenecen al grupo o familia indoeuropea. Las principales son las eslavas (ruso, ucraniano, bielorruso, polaco, búlgaro, checo y serbocroata), las germánicas (alemán, inglés, holandés, sueco y noruego) y las latinas (francés, italiano, castellano, portugués, catalán y rumano). Son también indoeuropeas las lenguas bálticas (lituano y letón), las célticas (gaélico y bretón), el griego, el albanés y el romaní, el idioma de los gitanos. Entre las no indoeuropeas, están las finougrias (húngaro, finés y estonio), de la familia urálica; el turco, de la familia altaica, y el euskera, al que algunos consideran preindoeuropeo.

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El mayor número de hablantes corresponde a las lenguas eslavas, con unos 270 millones de personas, seguidas de las latinas, con 220 millones, y las germánicas, con 200 millones. Las más habladas son el ruso, el alemán, el francés, el italiano, el inglés, el castellano, el ucraniano y el polaco.

2.2.2.  Diversidad religiosa El cristianismo, que forjó la unidad cultural de Europa en la Edad Me­dia, es hoy la religión predominante. Se halla dividida en tres corrientes: la católica, difundida en el oeste, la protestante en el noroeste y la ortodoxa en el este. Las otras dos religiones que se practican en Europa, judía y musul­mana, son minoritarias y presentan una localización más disper­sa (Figura 1.5). Esta división, origen de graves y prolongados enfrentamientos entre Estados en tiempos pasados, es todavía un motivo que agrava algunos conflictos actua­les, como el del Ulster, entre católicos y protestantes, y el de Bosnia-Herze­govina, entre católicos, orto­ doxos y musulmanes. La religión ha constituido un factor decisivo en la estructuración políti­ca de Europa. El cristianismo mantuvo un enfrentamiento permanente con el islam, que desde el siglo VIII avanzaba sobre Europa desde el norte de África y, en el siglo XV desde Asia Menor. Durante siglos, la religión ha sido una de las fuerzas principales que unas veces funcionaban como factor de unificación y cohesión política y otras, como factor de disgregación. El con­cepto mismo de Europa se refería en la Edad Media a los territorios de fe cristiana; y uno de los elementos fundamentales de la cultura europea es su tradición cristiana. La iglesia, unas veces ha sido vehículo de moderniza­ción; otras, se ha comportado como una fuerza destructiva con todo lo que no fuera su propio dogma. Antes de la llegada del cristianismo, el politeísmo dominaba en toda Eu­ropa, pero sucumbió ante la llegada de esta religión monoteísta que, en el siglo IV, fue declarada religión oficial del Imperio Romano. La distinta evo­lución experimentada por la parte oriental y la parte occidental tras la caída del Imperio dio lugar a la separación entre la Iglesia católica romana de Occidente y la Iglesia ortodoxa de Oriente. El primer gran cisma se produjo el año 484 y el cisma definitivo, en el 1054. Cada una de las ramas se difundió por territorios diferentes: la Iglesia católica romana llegó a las Islas Británicas en el siglo VI, a Europa Central en el siglo IX y a Europa del Norte en el siglo XIV. La Iglesia ortodoxa se di­fundió por las regiones orientales: serbios y búlgaros se convirtieron en el siglo IX, y los rusos, ucranios y rumanos lo hicieron sobre el año 1000. Al cisma de Oriente, que separó Europa Oriental de Europa Occidental, siguió en el si­glo XVI el cisma protestante, que separó la Europa del Norte de la Europa del Sur, católica romana. La reforma, iniciada por Lutero, tuvo como resultado la creación de nuevas iglesias:

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luterana, presente en Escandi­navia, Alemania y Suiza; la anglicana del Reino Unido y la anabaptista y cal­vinista, con representantes en regiones de Europa del Norte y Europa CentroOriental. En conjunto, entre todos los cristianos, que superan el 83% de los europeos, son católicos el 63%, protestantes el 26% y ortodoxos el 9%.

Figura 1.5. La diversidad religiosa.

Existen otras religiones minoritarias en Europa. En la Europa Bal­cánica, sometida durante 500 años al dominio turco, quedan algunas regio­nes con mayoría musulmana: Albania, Kosovo y sectores de Bosnia, de Bul­garia y de Chipre. En Europa Occidental el Islam también es practicado por los millones de inmigrantes musulmanes. En total, se calcu­la que el 3,5% de la población europea es de religión musulmana. Es igualmente religión minoritaria el judaísmo, practicado por impor­tantes minorías por muchos países europeos, sobre todo de Europa Central y Oriental. Tras la Segunda Guerra

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Mundial, la población judía europea se ha reducido considerablemente, calculándose que en el año 2000 sólo que­daban 1,5 millones de practicantes.

2.3.  Una larga historia: el mapa político cambiante Dividida en numerosos Estados, cuyas fronteras han sido modificadas repetidas veces, Europa constituye en 2016 un mosaico de 44 países inde­pendientes, a los que hay que añadir otros tres que tienen parte de su territorio en suelo europeo (Rusia, Kazajistán y Turquía). Si excluimos a Rusia, todos son de tamaño modesto a escala mun­dial. Desde el Imperio Romano, se han sucedido varios intentos de reunifi­cación política del continente, pero la fuerte rivalidad entre los pueblos los han hecho fracasar y ha impuesto finalmente la fragmentación política. En la mayoría de los casos, los Estados europeos coinciden con el terri­torio ocupado por un pueblo con lengua y cultura propias. La historia polí­tica de Europa narra básicamente los esfuerzos de los distintos pueblos lle­gados al continente por dominar una porción del territorio y fundar un Estado. Hasta la Edad Moderna, los Estados nacían, se expandían, retroce­dían y desaparecían con relativa facilidad. Fue a principios del siglo XVI, con el establecimiento de las monarquías autoritarias, cuando se formaron los primeros grandes Estados modernos, resultado de uniones pactadas o anexiones forzadas de los viejos reinos y principados medievales en torno a monarcas que ejercían una fuerte autori­dad. España, Portugal, Francia e Inglaterra se consolidaron como Estados en esta época, aunque han sufrido algunas modificaciones de sus fronteras en épocas posteriores.

2.3.1.  Los imperios en Europa Diversos intentos de unificación de pueblos y territorios europeos termi­naron fracasando, ya que la fuerza de la diversidad terminaba por triunfar sobre la fuerza de la unificación. Así ocurrió con la fragmentación del Impe­rio Romano y el nacimiento de los Estados germánicos del principio de la Edad Media. Lo mismo sucedió con el Imperio de Carlomagno, con el Sacro Imperio Romano Germánico o con el Imperio de los Habsburgo, continuado en el Imperio Austro-húngaro. La fuerza disgregadora de los pueblos volvió a triunfar con la caída del imperio ruso-soviético, con la división de Checos­lovaquia y la fragmentación de Yugoslavia. Así pues, se puede afirmar que en Europa los Estados se corresponden en su mayoría con los pueblos y nacio­nalidades; y que su delimitación se ha establecido teniendo como criterio básico el ámbito territorial de cada pueblo o nacionalidad. Por ello, en un territorio, que

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equivale a los dos tercios de EE UU, hay actualmente 47 Esta­dos independientes; y 50 si incluimos a los tres Estados caucásicos (Georgia, Arme­nia y Azerbaiyán), que en muchas ocasiones se consideran europeos. La caída del Imperio Romano dejó trazadas las grandes líneas de la divi­sión política europea: Europa romanizada del sur y el oeste y la Europa no romanizada del norte y noreste. El asentamiento de los grupos germanos y eslavos en distintos territorios europeos durante los siglos V, VI y VII supuso la primera base de la formación de algunos grandes Estados europeos: an­glos y sajones, visigodos, francos, ostrogodos, alamanes, polacos, búlgaros, etc. La división religiosa que se produjo entre la parte oriental y occidental del Imperio Romano significó la profunda fractura cultural cuya línea ha separado desde entonces a pueblos vecinos: serbios y croatas, rumanos y húngaros, rusos y polacos, ucranios del este y del oeste. En estos primeros siglos de existencia la consolidación de los Estados resultaba muy difícil. Uno de los episodios de expansión de un Estado fue el de Carlomagno, rey de los francos, que consi­guió a principios del siglo IX un imperio que se extendía desde los Pirineos y el Mar del Norte hasta Bohemia y el centro de Italia. Poco después de su muerte, la división de este gran imperio en el Tratado de Verdún (843) representó un nuevo paso en la configuración del mapa polí­tico de Europa: la Francia Occidentalis terminó convirtiéndose en el moder­no Estado francés; la Francia Orientalis pasó a ser el Sacro Imperio Romano Germánico de la Baja Edad Media —y posteriormente Alemania—, y la Francia Media o Lotaringia pronto se fragmentó en unidades políticas menores, desde los Países Bajos, regiones del Rin (Alsacia y Lorena) y pasos de los Alpes (Suiza) hasta el valle del Po (Saboya y Milanesado); algunas de estas regiones han terminado siendo Estados en tiempos posteriores, como Ho­landa, Bélgica, Luxemburgo y Suiza. Esta franja central, tierra intermedia y fragmentada entre los dos grandes Estados de Francia y Alemania, se ha convertido con el tiempo en el principal eje de actividad de Europa, siendo hoy el corazón económico de la Unión Europea. En el transcurso de los siglos X y XI, en la marca oriental del Sacro Impe­rio se destacaron dos núcleos políticos fuertes, el del noreste, con capital en Berlín, terminó convirtiéndose en el Reino de Prusia, que más tarde —en el siglo XIX— fue el impulsor de la unidad de Alemania; y el oriental, con capital en Viena, que acabó apropiándose del título imperial, formando el Imperio Austriaco o de los Habsburgo, separado de la Alemania unificada. La familia de los Habsburgo llegó a establecer su dominio en gran parte de Europa da­nubiana, en los Países Bajos, norte de Italia y hasta en la España de Carlos I. Este imperio, que agrupaba a germanos, húngaros y eslavos, carecía de homogeneidad étnica y del substrato de cultura latina. Sin embargo, disponía de un elemento de cohesión, el catolicismo, y la lengua germánica se impuso como lengua de comunicación para todos los habitantes. Otro imperio, el otomano, estableció su dominio en la península de los Balcanes a partir del siglo XIV. Conquistó la mayor parte del Imperio Bizantino (Constantinopla cayó en el año

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1453), avanzó hacia el norte, dominando a los serbios y húngaros, y llegaron a sitiar la misma Viena, capital del Imperio de los Habsburgo. Muchos cristianos abandonaron el territorio ocupado, mien­tras que otros se convirtieron al islam, como los albaneses y un gran número de bosnios, que hoy son de habla serbocroata pero de religión musulmana. Para defender la frontera los Habsburgo instalaron a refugiados serbios, que eran ortodoxos, en medio de una población croata, mayoritariamente católica (actualmente minoría serbia ortodoxa de la región croata de Knin). A su vez, los otomanos reclutaban soldados entre la población serbia local, de tal manera que, con el tiempo, se han formado minorías serbias orto­doxas en el interior de una Bosnia musulmana. Todo esto explica el laberíntico mosaico étnico y cultural de la Península Balcánica, sobre todo en las proximidades de la frontera entre los dos impe­rios. Además, a diferencia del Imperio de los Habsburgo, el otomano no se preocupó de mejorar las infraestructuras de transporte para fomentar las actividades económicas y los intercambios comerciales; esto explica que el territorio haya permanecido mucho más pobre que los territorios del Impe­rio de los Habsburgo y que el aislamiento de los distintos grupos étnicos y religiosos se haya mantenido hasta el siglo XX.

2.3.2.  La emergencia de los Estados-nación Al finalizar la Edad Media, Europa era un complejo mosaico de impe­rios, reinos, ducados, obispados y ciudades libres, pero sólo una minoría de la población tenía un sentimiento de identificación con estas entidades po­líticas. Se llegó así al siglo XVIII con un mapa político bastante contrastado. Europa Occidental, incluyendo las Islas Britá­nicas y la Península Escandinava, estaba organizada en Estados relativamente ex­tensos: Francia, España, Portugal, Inglaterra, Dinamarca, Suecia, Holanda y Suiza; en el centro del continente, multitud de pequeñas entidades políticas ocupaban el territorio de Alemania e Italia; y en Europa Oriental la gran cantidad de pueblos con idioma y cultura diferentes estaban agrupa­dos en cuatro grandes Estados: el reino de Prusia, extendido hacia Polonia, el Imperio ruso, que se extendía hasta parte de Polonia y Lituania, el Imperio de los Habsburgo, que absorbía el reino de Hungría, incluyendo Eslovaquia, Tran­silvania y Croacia, y el Imperio Otomano, que integraba a los territorios bal­cánicos. Durante el siglo XVIII surgió un nuevo sistema de valores que exigían cambios en las estructuras sociales y políticas. Se rechazaba el derecho divino de los gobernantes, a la vez que se abría paso un creciente sentimiento de perte­nencia a una ciudadanía, que provocó el rápido desarrollo de las identi­dades nacionales, basadas en una lengua y cultura comunes. Las consecuencias de este fuerte desarrollo de la identidad nacional fue­ron muy importantes para el mapa político de Europa. En la segunda mitad del siglo XIX, mientras las pequeñas

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unidades territoriales se unían para formar los Estados de Alemania e Italia (1871), los pueblos sometidos al poder de los imperios en Europa Oriental iniciaron las guerras de independencia: griegos en 1830; húngaros en 1863; polacos, checos, eslovacos, rumanos, croatas, serbios y búlgaros en 1878. Así pues, a principios del siglo XX, Europa centro-occidental presentaba un mapa político casi totalmente consolidado. Por el contrario, Europa cen­tro-oriental aparecía dividida en unas entidades políticas que iban a sufrir cambios importantes y sucesivos en tres momentos distintos del siglo XX.

2.3.3.  Los cambios en el mapa político de Europa en el siglo XX Los tres cambios del mapa político europeo en el siglo XX se han produ­cido al final de la Primera Guerra Mundial (1918-1921), al final de la Segun­da Guerra Mundial (1945) y tras la de­ saparición de la Unión Soviética y la pérdida de su influencia en Europa del Este (1989-1990). La derrota de los imperios plurinacionales en la Primera Guerra Mun­dial trajo consigo su desaparición, y, con ella, el nacimiento de numerosos Estados y el trazado de nuevas fronteras, teniendo en cuenta la existencia de las nacionalidades. Las guerras balcánicas, preludio de la Primera Guerra Mundial, dieron lugar a la creación en 1912 del Estado-nación de Albania, independizándose del Imperio Otomano. Al final de la Primera Guerra Mun­dial, los extensos territorios de los cuatro Imperios se fragmentaron. De Rusia surgen Finlandia, Estonia, Letonia y Lituania. Polonia se re­compone con territorios de Rusia, Prusia y Austria. Hungría se separa de Austria, a la vez que nace Checoslovaquia, uniéndose checos y eslovacos. Nace también Yugoslavia, que aglutina a los eslavos del sur, a pesar de las fuertes rivalidades existentes, sobre todo entre serbios, croatas y macedo­nios. Rumanía creció al incorporar Transilvania (de Hungría), Bucovina (de Austria) y Besarabia (de Rusia); Italia incorporó algunos territorios austría­cos del sur de los Alpes y la Península de Istria, y Alemania perdió, además de los territorios cedidos a Polonia, Lituania y Dinamarca, las regiones de Alsacia y Lorena, que fueron devueltas a Francia tras perderlas en 1871. Las tensiones nacionalistas, esta vez alemanas, volvieron a ser el germen de la Segunda Guerra Mundial. Hubo una fugaz remodelación de las fronte­ras en los años previos a la guerra, cuando Alemania se unió con Austria, se anexionó Chequia e invadió Polonia, mientras que Hungría ocupó parte de Eslovaquia y Transilvania, y la Unión Soviética hacía lo mismo con los Esta­dos Bálticos, Finlandia y una parte de Rumanía. La derrota de Alemania y sus aliados deshizo el gran conglomerado del III Reich y de sus aliados, anu­lando las anexiones producidas en los años precedentes a la guerra y duran­te la misma, excepto las anexiones efectuadas por la Unión Soviética.

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Fuente: Azcárate, M. V., Sánchez, J. (2013) Geografía de Europa, fig. II.5. Ed. UNED. Madrid.

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Figura 1.6. La Europa de las naciones: nuevas fronteras de Europa (1919-1923).

Así pues, Polonia, en compensación a los territorios cedidos a la URSS, recibió parte de Prusia Oriental; Checoslovaquia recuperó la región de los Sudetes, expulsando a los alemanes residentes; Eslovaquia volvió a estar uni­da a Chequia; Hungría cedió Transilvania a Rumanía, e Italia devolvió a Yu­goslavia gran parte de la Península de Istria. La división de Alemania en cua­tro zonas de ocupación (URSS, EE UU, Reino Unido y Francia) dio paso a dos Estados independientes, la República Federal de Alemania o Alemania Occi­dental y la República

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Democrática Alemana o Alemania del Este. Austria fue separada de Alemania, pero no recobró su independencia hasta 1955. El fuerte autoritarismo del sistema socialista de partido único (modelo soviético) impuesto por la URSS en los países del Este, la guerra fría y la confrontación de los dos bloques (socialista-capitalista, Pacto de Varsovia-OTAN), y una rígida y a veces impermeable frontera («telón de acero», muro de Berlín), anularon en los Países del Este cualquier movimiento de los na­cionalismos que se han mantenido callados durante cuarenta años.

Figura 1.7. Mapa político de Europa en el año 2016.

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La distensión entre los dos bloques, los signos de agotamiento del siste­ma económico de tipo soviético y el inicio de unas tímidas reformas en el sistema político de la URSS dieron lugar a la reactivación de la actividad nacionalista —primero, en las repúblicas Soviéticas; después, en los países del Este—, cuya inmensa presión fue uno de los factores decisivos de la des­integración del Imperio Soviético (ver capítulo 2), de la terrible guerra de Yugoslavia y de la última —por el momento— recomposición del mapa político de Europa, que ha afectado una vez más y de manera notable a la parte central y oriental del continente (Figura 1.7). Las quince repúblicas soviéticas se convirtieron en Estados independien­tes; pero, mientras que Bielorrusia, Ucrania y Moldavia se integraron en la Comunidad de Estados

Figura 1.8. Formación y desintegración de Yugoslavia.

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Independientes (CEI), liderada por el gigante ruso, Estonia, Letonia y Lituania prefirieron unirse más estrechamente a los paí­ses nórdicos y solicitar su ingreso en la Unión Europea. En todos ellos existen minorías naciona­listas, sobre todo rusas, que han generado algunas tensiones con las nuevas mayorías go­bernantes. La desaparición del control soviético sobre Europa Central y Suroriental tuvo igualmente consecuencias importantes sobre el mapa político de Europa. Alemania Oriental o Democrática dejó de existir al unirse con Alemania Federal en 1990. El nacionalismo eslovaco provocó la ruptura de Checoslo­vaquia que se dividió de forma pacífica en dos Estados independientes: Che­quia y Eslovaquia. En Yugoslavia el enfrentamiento entre los distintos grupos étnicos y reli­giosos desembocó desgraciadamente en una cruel guerra que ha terminado con la fragmentación de la antigua federación creada tras la Primera Guerra Mundial y la aparición en su lugar —hasta 2007— de seis nuevos Estados (Figura 1.8): Eslo­venia, Croacia, Bosnia-Herzegovina, Macedonia, Serbia y Montenegro, a los que en 2008 se unió Kosovo, cuya independencia todavía no está del todo consolidada; Servia la considera provincia autónoma; pero EE UU y parte de la Unión Europea han reconocido ya su independencia. Así pues, en total, y teniendo en cuenta también a Ko­sovo, Europa tiene desde el año 2008 trece Estados más que en 1990.

3.  EL GRAN PROYECTO DE LA UNIÓN EUROPEA. LA INTEGRACIÓN ECONÓMICA Y POLÍTICA Entre todas las divisiones regionales que admite la diversidad del «viejo continente», la dominante desde la Segunda Guerra Mundial fue la confron­tación entre la Europa Occidental, capitalista, y la Europa Oriental o del Este, socialista. Esta división hunde sus raíces en las grandes fracturas his­tóricas del continente, y todavía a principios de siglo XXI sigue siendo la más significativa. La Europa Occidental se identificó durante los últimos cuarenta y cinco años que transcurrieron entre la Segunda Guerra Mundial y la desaparición de la Unión Soviética con la Europa de economía capitalista. Los Estados son viejas entidades territoriales que llevan funcionando, en su mayoría, de forma independiente desde el final de la Edad Media. Aquí se encuentran las regiones más desarrolladas y ricas del continente europeo. Con la división rígida de Europa producida después de la Segunda Gue­rra Mundial, se inició en esta parte occidental, y precisamente por los países más avanzados económicamente, un proceso de unificación que tenía como objetivos principales evitar conflictos como el que acababa de finalizar, de­fenderse de posibles agresiones exteriores y armonizar las políticas econó­micas, fomentando a la vez los intercambios.

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3.1.  El nacimiento de la idea de unificación europea y los primeros acuerdos La idea, el proyecto y, más tarde, la realidad de la «unidad europea» es algo que ha ido tomando cuerpo lentamente, con presupuestos ideológicos muy diferentes a las numerosas tentativas imperiales que se sucedieron a lo largo de la historia. Fueron las dos Guerras Mundiales de la primera mitad del siglo XX las que dieron el empuje definitivo a la idea de la Europa Unida, cuyos promotores tenían el convencimiento de que cualquier proyecto de unificación política debía ir precedido por el desarrollo de un proyecto económico. La mayoría de los autores señala a Covdenhove-Kalergi como uno de los primeros padres de la unidad europea. Su pensamiento, expresado en un manifiesto de 1923, podría quedar resu­mido en la idea de «Paneuropa», que impulsaba un movimiento en favor de la unión de todos los pueblos europeos. Sin embargo, el principal problema con el que tropezó fue con la rivalidad franco-alemana, que tenía su punto negro en las regiones de Alsacia y Lorena. En 1929, el ministro francés de Asuntos Exteriores, Arístides Briand, presenta a la Sociedad de Naciones el proyecto de una «Unión Federal Pa­neuropea», acogida favorablemente por 27 Estados europeos y que en prin­cipio sería una especie de «mercado común» entre los Estados miembros, para más tarde conseguir la unión política. Sin embargo, la crisis de los años 30 y la oposición de los gobiernos de Italia, Alemania y Gran Bretaña, hicieron fracasar el proyecto. Es a raíz de la Segunda Guerra Mundial cuando de nuevo renace, y esta vez con más empuje, la idea de la unidad europea. Finalizada la Guerra, Europa se encontraba en ruinas y dividida por la Conferencia de Yalta: la parte oriental cayó bajo la influencia de la Unión Soviética, mientras que la zona occidental entró en la órbita de Estados Unidos. Y ante esta situación, cada vez se hacía más urgente la necesidad de una verdadera unión. Desde entonces, y hasta 1957, se van a suceder una serie de propuestas, acuerdos y actuaciones que están en la base del proyecto definitivo y cuyos «hitos» más importantes son los siguientes: a) Del 16 al 19 de septiembre de 1946, Winston Churchill, apelando a la reconciliación franco-alemana, propone en Zürich la creación de «los Es­tados Unidos de Europa»; a partir de entonces van a ir surgiendo numero­sas organizaciones, como el Movimiento Liberal por la Europa Unida, el Movimiento Socialista por los Estados Unidos de Europa, etc.; inten­tos voluntariosos, pero poco efectivos, de conseguir la unión de los pueblos europeos que acaban de salir de la guerra. b) Por el Tratado de Bruselas se crea el 17 de marzo de 1948 la Unión Occidental, firmado por Bélgica, Francia, Gran Bretaña, Holanda y Luxem­burgo, a los que más tarde se unirán Alemania e Italia, formando la Unión de la Europa Occidental (UEO).

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c) Debido al estado de ruina económica de la mayor parte de los países europeos y al agotamiento de sus reservas monetarias, el 5 de junio de 1947 Marshall, secretario de Estado americano, ofrece ayuda financiera para levantar su economía, con la condición de que «se asocien para elaborar en común un programa de relanzamiento económico». Así, el 16 de abril de 1948 se crea en París la Organización Europea de Cooperación Económica (OECE). d) Del 7 al 10 de mayo de 1948, delegados del Movimiento Europeo reunidos en el Congreso de la Haya, reclaman la constitución de una Asam­blea Europea, y enseguida, surge un enfrentamiento entre la tesis franco-­belga, partidaria de una Europa federal, y la tesis británica, contraria a di­cho proyecto, que le suponía una pérdida de sus privilegios dentro de la Commonwealth. Tras varios meses de difíciles negociaciones, el 5 de mayo de 1949 la Conferencia de Londres adopta los Estatutos del Consejo de Europa, que a pesar de tener en teoría unas amplias competencias, en la práctica su papel se limitó a la defensa de los valo­res espirituales y morales, contribuyendo a la vez al fortalecimiento del «espíritu europeo». e) El 4 de abril de 1949 se firma el Tratado del Atlántico Norte (OTAN), que implica a Estados Unidos y Canadá en la defensa de Europa, y es la base de la Comunidad Europea de Defensa (CED), creada tres años más tarde (1952).

3.2. Los comienzos de la integración económica y el nacimiento de la Comunidad Europea Hasta aquí todo se había limitado a organizaciones intergubernamenta­les de cooperación, sin embargo, se seguía anhelando una verdadera Comu­nidad dotada de poderes propios. Fue entonces cuando R. Schuman, el entonces ministro francés de Asuntos Exteriores, en su histórica Declaración del 9 de mayo de 1950 propone la creación de una organización que tuviera bajo una única autoridad la producción de carbón y acero de Francia y Alemania y que estuviese abierta a otros países europeos. Esta propuesta es acogida favorablemente por los Seis, Francia, Italia, República Federal Alemana y los países del Benelux, Bélgica, Holanda y Luxemburgo, y rechaza­da por Gran Bretaña. Así nace el 18 de abril de 1951 (Tratado de París) la Comunidad del Carbón y del Acero (CECA), que entra en vigor el 25 de julio de 1952. Tiene por misión, según queda esta­ blecido en su artículo segundo, la expansión económica, el desarrollo del empleo y el aumento del nivel de vida de los Estados miembros. Tras el fracaso del proyecto de la Comunidad Europea de Defensa (CED) y la creación de la Unión Europea Occidental (UEO), encargada de la segu­ridad de Europa y control de los armamentos, la necesidad de una política común europea es cada vez mayor. A partir de mayo

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de 1955, el Consejo de Ministros de los Seis relanza la idea de la unidad comunitaria; encargando a un Comité intergubernamental, presidido por Spaak, la elaboración de un informe sobre las posibilidades de una unión económica general. Con base a este informe, en junio de 1956, se inician las negociaciones entre los seis Estados de la CECA, que culminan con la firma, en 1957, de los Tratados de Roma, por los que se constituyen la Comunidad Económica Europea (CEE) o Mercado Común y la Comunidad Europea de la Energía Atómica (EURATOM). Ambos tratados, junto con el de la CECA, forman la carta magna de la Europa Comunitaria y entre sus objetivos figura tanto alcanzar la expansión económica como lograr la unión política. A pesar de una difícil y compleja coyuntura política, en esta etapa de la Europa de los Seis se to­maron importantes medidas de alcance comunitario: —— Creación del FEOGA (Fondo Europeo de Orientación y de Garantía Agraria) el 14 de enero de 1962, y adopción de las primeras medidas de la PAC (Política Agraria Común). La falta de un acuerdo en su fi­nanciación lleva a una importante crisis en el seno de la Comunidad a mediados de los años sesenta y, en el futuro, continuará siendo fuente de continuos enfrentamientos. —— El 20 de julio de 1963 se firma la convención de Yaoundé, acuerdo de asociación entre la CEE y 17 Estados africanos, junto con Madagas­car. Este tipo de acuerdo con los países del Tercer Mundo proliferará en las décadas siguientes. —— En junio de 1968 se consolida definitivamente la Unión Aduanera y entra en vigor la Tarifa Aduanera Común (TAC). La conferencia de la Haya (diciembre de 1969) supuso un nuevo avance en la andadura comunitaria. Sus acuerdos afectaron a aspectos tan impor­tantes como la Unión Económica y Monetaria (Informe Werner), la Unión Política (Informe Davignon), la cooperación tecnológica, las necesidades presupuestarias y futuras ampliaciones de la Comunidad. En este marco, se reabrieron las negociaciones de cara a la adhesión del Reino Unido, Irlan­da, Dinamarca y Noruega. El 22 de enero de 1972 se firmó en Bruselas el Tratado de Adhesión de los cuatro Estados, pero Noruega no lo ratificó.

3.3. De las Comunidades Europeas a la Unión Europea. Las primeras cuatro ampliaciones 3.3.1.  La Europa de los Nueve Con la adhesión de los nuevos Estados, la Europa de los Nueve se reafir­ma como una gran potencia mundial. Desde sus inicios hasta 1973 la Comu­nidad se caracterizó por un crecimiento económico rápido y con cier­ta convergencia de las políticas económicas de sus

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Estados miembros. A partir de esta fecha, la crisis económica mundial afecta también a la Europa comunitaria, cuya respuesta no será la misma en todos sus países miem­bros. Comienza así una etapa que muchos autores han venido a llamar «eta­pa divergente», que hace peligrar la unidad europea. En esta fase destacan las medidas adoptadas en relación con el medio ambiente, la política energética común, la política común para la investiga­ción y desarrollo tecnológico, la política regional, creación del Sistema Mo­netario Europeo (SME), acuerdos con los países del Tercer Mundo, etc. Asi­mismo, la nueva ampliación requería un perfeccionamiento de sus instituciones, recayendo toda la atención en la Asamblea y en el Consejo. Permanece abierto el interés en las ampliaciones, según los Tratados iniciales; así, el 28 de mayo de 1979 se firma el acta de adhesión de Grecia, que entrará en vigor el 1 de enero de 1981.

3.3.2.  La apertura hacia el Mediterráneo: la Europa de los Doce A raíz de los nuevos problemas socioeconómicos existentes en Europa tras la nueva situación económica mundial, los países miembros de la Eu­ropa de los Diez —tras la adhesión de Grecia— son conscientes de la necesi­dad de una integración cada vez mayor, dando lugar a lo que muchos autores han venido a llamar «la Europa de la 2.ª generación». La tercera ampliación que dio lugar a la Europa de los Doce —con la in­corporación de España y Portugal en 1986— atravesó momentos delicados en el curso de sus negociaciones. Surgieron problemas de tipo institucional y financiero; sin embargo, los problemas de índole socio-económica siguie­ron siendo los mayores; estos problemas afectaban tanto al sector agrario (productos agrícolas, como el aceite de oliva, vino, frutas y legumbres; sub-sector ganadero y pesquero), como al industrial (sector siderúrgico, textil o naval). Por último, la libre circulación de personas fue uno de los temas que más preocupó durante las negociaciones. Los objetivos y los medios de acción de la Comunidad de los Doce fueron precisados por el Acta Única Europea (AUE), un nuevo tratado que entró en vigor el 1 de julio de 1987 y que debía conducir, desde entonces hasta 1992, a la creación de una «Europa sin fronteras», en la que las personas, las mer­cancías y los capitales pudieran circular libremente. Fueron también objeti­vos primordiales el fortalecimiento de la cohesión económica y social de la Comunidad y el desarrollo de políticas comunes. Sin embargo, el mercado único sólo va a ser plena realidad cuando se haya instaurado la Unión Eco­nómica y Monetaria y la Unión Política, de manera que, a partir de entonces, ambos se convirtieron en los principales objetivos del proceso de integración europea. En este sentido, otra etapa más en el proceso de integración comunitaria estuvo representada por el Tratado de la Unión Europea (TUE), firmado el 7 de febrero de 1992 en la ciu-

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dad holandesa de Maastricht (Tratado de Ma­astrich) y en vigor desde el 1 de noviembre de 1993, que no hizo sino reafir­mar y determinar las medidas para lograr, a finales de siglo, la Unión Políti­ca y la Unión Económica y Monetaria (UEM), imprescindibles para la realización de un verdadero mercado único. El término de Unión Europea, introducido en el Tratado de Maastricht, quiere abarcar no solo el ámbito económico y comercial de las anteriores denominaciones (Mercado Común, Comunidad Económica Europea), sino que a partir de ahora se extiende también al ámbito político, social y cultu­ral. A raíz de dicho Tratado, la Unión Europea está formada por los llamados tres «pilares», dotados con normas y procedimientos diferentes: —— I pilar: formado por las tres Comunidades Europeas: CE, CECA (Co­munidad Europea del Carbón y del Acero) y EURATOM (Comunidad Europea de la Energía Atómica). —— II pilar: Política Exterior y de Seguridad Común (PESC). —— III pilar: Cooperación en materia de Seguridad Interior y Política Judicial.

3.3.3. La cuarta ampliación. El fortalecimiento y la ampliación de la Unión Eu­ropea en el cambio de siglo El 1 de enero de 1995 la incorporación de tres nuevos países a la Unión Europea (Austria, Finlandia y Suecia) supuso un nuevo paso en el proceso de integración europea, así como su apertura hacia el corazón de la Europa central y de la Europa septentrional. Una cláusula de revisión fijada en el Tratado de Maastricht condujo a los Estados miembros a negociar un nuevo Tratado, firmado en Amsterdam el 2 de octubre de 1997 (en vigor desde el 1 de mayo de 1999) que, aunque mantenía la estructura de los tres «pilares», modificaba y reforzaba las políticas y los medios de la UE, en particular en los ámbitos del segundo y tercer pilar (de la cooperación judicial, libre cir­culación de personas, de la política exterior y de la salud pública). De las nuevas orientaciones de la Europa de los Quince fijadas en 1999 ninguna fue tan crucial como el paquete de reformas de la Agenda 2000, que era una estrategia detallada de la Comisión para reforzar y ampliar la Unión a principios del siglo XXI. Su objetivo era fortalecer el crecimiento, la com­petitividad y el empleo, modernizar políticas clave y extender las fronteras de la Unión mediante una ampliación hacia el Este, que con el tiempo po­dría llegar a Ucrania, Bielorrusia y Moldavia. La Agenda 2000 planteaba tres grandes retos para la Unión: —— Fortalecer la Unión, mediante más reformas institucionales; desarro­llar las políticas internas para el crecimiento, el empleo y el nivel de vida; mantener la cohesión económica y social a través de fondos es­tructurales más efectivos y actualizar el modelo agrícola europeo me­diante más reformas en la política agrícola común.

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—— La ampliación hacia el Este, el gran reto que daría lugar en 2004 a la Europa de los 25 en 2007 a la Europa de los 27 y en 2013 a la Europa de los 28. —— El nuevo marco financiero para 2000-2006 que iba a proporcionar una cobertura coherente, dentro de unos límites presupuestarios ra­zonables, para el desarrollo y la reforma de las políticas de la Comu­nidad y el impacto que supondría la incorporación de nuevos miem­bros. En este avanzado proceso de integración comunitaria que no hace sino reforzar el papel de la Unión Europea como una de las tres grandes poten­cias económicas del planeta, la consecución de la Unión Económica y Mo­netaria se convirtió en un elemento clave. El nacimiento de la Moneda Úni­ca europea es el resultado de una larga evolución que culminó con la designación del euro, en sustitución del ecu, en el Consejo de Madrid de 1995, y que empezó a funcionar el 1 de enero de 1999 en 11 países de la UE (excepto Suecia, Dinamarca, Reino Unido y Grecia). El 1 de enero de 2002 dicha moneda sustituyó a las distintas monedas nacionales, cerrándose un proceso que no tiene precedente en nuestra historia desde el Imperio Roma­no, ni equivalente en el resto del mundo.

3.4.  El gran reto de las últimas ampliaciones hacia Europa Centro-Oriental 3.4.1.  La apertura de la UE a la Europa menos desarrollada Tras el enorme esfuerzo realizado por los países de Europa Occidental para llevar a cabo la creación y consolidación de Unión Europea y su com­plejo sistema institucional, los órganos directivos se encontraron en los años noventa ante un nuevo reto, tan importante como inesperado: la ampliación de la UE hacia los países de Europa Central y Oriental; es decir, la in­ corpo­ración de lo que hasta 1990 había sido la Europa socialista o también llama­da Europa del Este. Estaba integrada por dieciséis Estados cuya superficie y población eran equivalentes al 37% y al 34% de UE-15. El gran reto para la Unión Europea consistía no solo en el gran número de Estados y de la extensión que suponía sino también, y sobre todo, en que esta nueva ampliación abría las puertas a la parte de Europa menos desarrollada. Todos los indicadores socioeconómicos reflejaban a finales de los noventa las fuertes diferencias respecto a la media de la Unión Europea. En cuanto a la renta per cápita, ningún país de la Europa Centro-Oriental llegaba al nivel de los países comunitarios (España en el año 1999 alcanzó 17.840 dólares por habitante). Sólo Eslovenia se aproximaba a la media con 16.050 dólares. Chequia, Hungría y Eslovaquia pasaban de 10.000 dólares por habitante (PPA); los demás se situaban muy lejos, siendo los más bajos los niveles de renta de Rumanía, Bulgaria, Macedonia y Albania en los que ni siquiera llegaba a los 6.000 dólares por habitante. Con relación al nivel de renta per cápita de la UE,

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sólo Eslovenia, Chequia y Hungría pasaban del 50% de la media comunitaria, mientras que los demás países apenas llegaban a la tercera o cuarta parte de este nivel medio. A pesar del notable retraso en su desarrollo, todos estos países mos­traban un fuerte sentimiento europeo. Más aún por haber sufrido profundamente las grandes convulsiones políticas que se habían producido en Europa a lo largo del siglo XX: dos guerras mundiales, la revolución socialista, la revo­lución postsocialista, el cambio varias veces repetido de fronteras, el estalli­do nacionalista y la guerra en los territorios de la antigua Yugoslavia. Sin olvidar el atraso histórico acumulado en el pasado, debido sobre todo a la inestabilidad política derivada de su posición intermedia entre los tres im­perios (alemán, ruso y otomano) y a la lejanía de los centros impulsores del desarrollo industrial en el siglo XIX, en su situación actual han influido so­bre todo las trágicas circunstancias ocurridas en el siglo XX. Además de los problemas derivados de los cambios de fronteras y de los conflictos interét­nicos, estos países han tenido que sufrir dos revoluciones políticas y econó­micas profundas: la implantación del socialismo en los años siguientes a la Segunda Guerra Mundial, y el desplome de este sistema en los años 1989-1991. En los dos momentos se produjo un cambio radical en las es­tructuras políticas y económicas. Nada más desintegrarse el bloque el Este en 1989, todos los Estados expresaron su firme deseo de inte­grarse en la UE. El proceso de adhesión de algunos de ellos se inició muy pronto y se desarrolló de forma muy rápida. Ya en 1993 la UE se plantea la estrategia de preadhesión de los PECOs (Países de Europa Centro Oriental) y en 1994 se presentan las primeras candidaturas (Hungría y Polonia). Las negocia­ciones formales se inician en marzo de 1998 y, en diciembre del 2000, el Consejo Europeo de Niza da luz verde a la ampliación hacia el este.

3.4.2.  La quinta ampliación (2004): la adhesión de los primeros PECOs Los países que presentaban mejores condiciones socioeconómicas fue­ron los siete Estados que, junto con Chipre y Malta (pequeños Estados insu­lares), pasaron a ser nuevos miembros de la UE en la quinta ampliación, la de 2004. Formaban dos conjuntos de Estados, con ciertas peculiaridades: por un lado, Estonia, Letonia y Lituania (Países Bálticos); por otro, Polonia, Chequia, Eslovaquia y Hungría, que formaban el Grupo de Visegrád, con­vertido después en Acuerdo de Europa Central para el Libre Comercio (CEFTA), al que pronto se unió Eslovenia, el único Estado balcánico que formó parte de esta quinta ampliación. En el momento de la adhesión todos cumplían los requisitos que la UE les había impuesto para la integración: Estado de derecho, pluralismo político, democracia, respeto a los derechos humanos y a las minorías, capacidad de competir en el Mercado Único y aceptación del acervo comunitario. La incorporación de estos nuevos miembros, quizás demasiado precipitada por el afán de ayudarles en su difícil proceso de transición a la economía de mercado y al sistema democrático, provocó una fuerte crisis del sistema comunitario que acababa

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de adoptar la moneda única y planteaba el proyecto de una Constitución europea. Sin embargo, con la ampliación crecieron los intercambios intracomunitarios, aparecieron nuevas posibilidades de inversión para las empresas de la UE y se pudo contar con abundante mano de obra industrial, a la vez cualificada y barata. El centro de gravedad comunitario se desplazaba así hacia el Este, reforzándose la posición central de Alemania. La evolución de estos países en las últimas décadas ha sido muy positiva. Los tres países bálticos habían sido las Repúblicas Soviéticas de mayor nivel de desarrollo, privilegiadas en cuanto a las inversiones recibidas y con una industria diversificada de tipo urbano (Vilna) y portuario (Ta­llin y Riga). Tras su independencia se integraron en el Consejo Báltico, para estrechar sus relaciones con los veci­nos del norte; y, mientras aumentan las relaciones comerciales con los nuevos socios de UE, se reducen las que mantienen con Rusia, a pesar de que esta gran potencia sigue siendo un buen socio comercial y de ella reciben la energía que necesitan. Los países del Grupo de Visegrád formaron parte del CAME o COMECON (Mercado Común de los Países Socialistas), que impulsó la división internacional de la producción, fomentando la industria metalúrgica en la República Checa y en la Silesia y los puertos polacos, mientras que estimuló la producción agraria, la industria agroalimentaria y los transformados de aluminio en Hungría, y la industria del acero en Eslovaquia. Gran parte de estas industrias se han cerrado por su escasa productividad y la pérdida de sus mercados tradicio­nales. Pero las buenas condiciones iniciales, una tradición cultural centroeu­ropea, con gran influencia germánica, la decidida posición de sus gobiernos y la llegada de los fondos comunitarios, facilitaron el proceso de integra­ción y de convergencia.

3.4.3. La sexta y séptima ampliación (2007 y 2013): hacia la Europa Balcánica o del Sureste Los países de Europa del Sureste o Balcánica se encontraban en bastante peor situación, con la excepción de Eslovenia. Con la sexta ampliación, en 2007 y después de superar muchas dudas e innumerables reparos de algunos países de la UE, se incorporaron Rumanía y Bulgaria, los países más extensos y más poblados de esta Europa del Sureste. Aunque no presentaban tantos problemas como sus vecinos ex yugoslavos, se encontraban entre los países más atrasados del conjunto desde el punto de vista económico y social, y en cuanto a su articulación regional, con un mundo rural cerrado y anclado en el pasado. Después del 2000, con la perspectiva de poder integrarse en la Unión Europea, los dos países tuvieron que hacer grandes esfuerzos para cumplir las exigencias que imponía la UE, sobre todo en el avance de la democracia, en la lucha contra la delincuencia y la corrupción y en la gestión adminis­trativa. Hoy, ya integrados, siguen mostrando los indicadores de desarrollo más atrasados de toda la Unión Europea.

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El Estado rumano está formado por tres grandes regiones históricas (Transilvania, Valaquia y Moldavia), mal integradas entre sí; el peso del sector agrario es todavía excesivo en el país y falta cohesión social, ya que cuenta con importantes minorías entre las que destacan los magiares (7%) y los gitanos (3%). Bulgaria, todavía más pobre y atrasado, en 1999 tenía una renta per cápita que no llegaba ni a la cuarta parte de la media comunitaria (sólo el 22%), y la tasa de paro, de las más altas, llegaba al 12,5%. El resto de la Europa Balcánica presenta problemas más graves. No hay que olvidar que es la parte de Europa con mayor complejidad étnico-cultu­ral y de mayor concentración de conflictos a lo largo de la historia; política­mente inestable y de fronteras cambiantes, está habitada por un mosaico de pueblos que acumulan enfrentamientos y enemistades seculares. Entre todos, solo Eslovenia destacaba en los años noventa como país más estable y modernizado. Por ello, fue el único en incorporarse a la Unión Europea en su quinta ampliación y hoy ya ha logrado un alto grado de convergencia respecto a los indicadores de la Unión. Por último, y desde julio de 2013, Croacia es el miembro número 28 de la Unión Europea, incorporada tras un referéndum aprobado con escasa participación (44%) y poco entusiasmo (67% de «síes», equivalente al 30% del censo electoral), coincidiendo con un momento de alto euroescepticismo, sobre todo manifestado por los ciudadanos de países de Europa CentroOriental, donde la crisis económica está siendo especialmente dura. El resto de los países de los Balcanes occidentales presentan índices de desarrollo muy bajos, con múltiples problemas económicos y sociales, así como déficits democráticos y en la lucha contra la corrupción. Macedonia, Montenegro, Serbia y Albania son candidatos formales a la adhesión, pero parecen estar todavía lejos de su posible ingreso en la UE; más aún, al haberse genera­lizado la idea de que las últimas ampliaciones han sido demasiado pre­ cipitadas. La Unión Europea ha dado un frenazo a las futuras ampliaciones y entra así en una fase de mayor profundización, a la vez que se reflexiona sobre los límites posibles o convenientes de una Unión Europea que tiene que ser eficiente tanto en sus políticas interiores, como en su papel de gran potencia política en este mundo globalizado. Los problemas planteados por el escaso avance en la unión fiscal y bancaria y por las crisis económica (desde 2008) y de los refugiados (desde 2015) están haciendo pasar a la UE uno de los peores momentos desde su nacimiento.

4. UNA DENSA URBANIZACIÓN. METRÓPOLIS Y CIUDADES 4.1.  El proceso de urbanización. Diferencias regionales La Unión Europea es uno de los conjuntos regionales más densamente poblados del planeta. A ello ha contribuido el proceso de urbanización que en Europa ha tenido un largo pasado histórico. En el tercer milenio antes de nuestra era, ya existía un tipo de ciudad

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portuaria relacionada con las rutas comerciales de los antiguos pueblos ribereños del Mediterráneo; proceso que comenzó en su sector oriental y se expandió más tarde al resto: cretenses, fenicios, griegos. Ya en el siglo VIII a. C., las polis griegas albergaban un gran número de habitantes con el ágora y la acrópolis como espacios diferencia­dos, pero fue con la romanización cuando se fundaron numerosas ciudades en todo el Imperio y se estructuró una verdadera red urbana jerarquizada. Tras el periodo altomedieval, en el que la Europa feudal atravesó un pe­riodo de decadencia urbana —en contraposición al mundo islámico y bizan­tino—, fue a partir del siglo XII cuando la vida urbana resurge gracias al de­sarrollo comercial, la concentración del poder político y las necesidades defensivas. Esta ciudad medieval, rodeada de murallas que la aislaban de su entorno, era un verdadero enclave donde la sociedad y una dinámica econo­mía contrastaban vivamente con el resto del territorio. A partir del siglo XVI se observa una paulatina basculación del eje de gra­vedad del sur de Europa hacia el norte. Este fenómeno quedó totalmente consolidado con el desarrollo del comercio a escala intercontinental y la formación de los imperios colonialistas, que potenciaron un rápido creci­miento de numerosas capitales (Lisboa, Amsterdam, Londres, Bruselas) y puertos marítimos (Rotterdam, Glasgow, Marsella, Barcelona). Al mismo tiempo, la creación de los grandes Estados centralistas impulsó el auge de sus capitales, que se convierten en centro del poder político y económico de la nación (París, Madrid, Berlín, Viena, Budapest). Simultáneamente, el ba­rroco incorpora nuevos elementos a la morfología de la ciudad, dotándola de grandes avenidas y palacios. A su vez, las necesidades de las nuevas orga­nizaciones administrativas van potenciando el desarrollo de las capitales de las diferentes circunscripciones, con lo que las redes urbanas se van densi­ficando. A finales del siglo XIX el panorama urbano europeo sufrió una profunda transformación a raíz de la Revolución Industrial. Las primeras ciudades industriales crecieron en aquellas regiones dotadas de materias primas que la industria siderúrgica demandaba (Inglaterra, cuenca del Ruhr, Alsacia-Lorena, litoral cantábrico español), en los centros cuya industria textil era pujante (Manchester, Leeds, Barcelona) o en los puertos siderúrgicos (Bil­bao, Liverpool, Hamburgo). A mediados del siglo XX, este modelo de urba­nización estrechamen­te ligado a la expansión de la industria y sostenido por un fuerte éxodo rural, se difunde por toda Europa occidental. En la actualidad, con una tasa de urbanización del 73% en el año 2015, Europa es una de las regiones más urbanizada del planeta. Como rasgo peculiar frente a otros grandes espacios mundiales, Europa es un continente de pequeñas y medianas ciudades, donde las aglomeraciones de más de 200.000 habitan­tes concentran el 40% de la población total, frente, por ejemplo, al 65% en el caso de Estados Unidos. París y Londres, las mayores ciudades europeas, distan mucho de ocupar los primeros puestos en el ranking mundial.

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No obstante, aunque el crecimiento de las grandes ciudades en las últi­mas décadas haya sido mayor en la Europa central y oriental que en la Europa occidental, en la actualidad, todavía tan sólo un 25% de la pobla­ción centro-oriental vive en ciudades mayores de 100.000 habitantes; el control del crecimiento de las grandes ciudades durante el régimen comu­nista, así como un éxodo rural más tardío, explican, entre otros factores, este proceso. En líneas generales, podemos diferenciar en Europa tres grandes espacios urbanos: a) En primer lugar, cabe destacar la fuerte concentración urbana que se extiende en el cuadrilátero Liverpool-Havre-Basilea-Hamburgo, a la que mu­chos autores denominan la megalópolis europea, aunque tanto desde un punto de vista funcional, como estructural, difiere bastante de la norteamericana. Esta enorme aglomeración se estructura en dos regiones fundamentales: una continental, que gira en torno al eje renano hasta el Randstadt, y el pasillo franco-belga hasta el Ruhr; y otra marítima, en torno a los principales puertos industriales del mar del Norte. Así mismo, en el marco de la organización del espacio urbano europeo, desde Londres se dibuja una diagonal hasta Milán, fiel reflejo del pasado histórico, cuyo centro económico basculó desde Venecia en el siglo XVI hasta Amberes y Amsterdam en el siglo XVII y Londres a prin­cipios del siglo XVIII. b) Las capitales nacionales. c) El área del Mediterráneo, con una distribución espacial urbana dis­continua, en función de un medio físico no tan favorable a la ocupación humana como las amplias llanu­ras centrales. Ciudades portuarias, centros económicos o turísticos salpican este espa­cio meridional comunitario, que con el tiempo va adquiriendo cada vez mayor peso.

4.2.  Tipos de redes urbanas en Europa Una característica importante del sistema urbano europeo es la existen­cia de una densa red urbana, donde las ciudades de pequeño y sobre todo de tamaño medio tienen un peso muy importante, herencia del pasado histó­rico. Existen diferentes modelos de redes urbanas en Europa; sintetizando podemos distinguir (Figura 1.9): a) El modelo parisino, en el que una gran metrópoli polariza un exten­so espacio regional poco urbanizado. En este modelo destacan las dos gran­des metrópolis europeas por excelencia, Londres y París, donde la acumulación de sedes centrales financieras, económicas, políticas y culturales las convierte en las dos grandes metrópo­lis europeas. En general, se caracteriza por el mayor peso de la capital, lo mismo que ocurre en la mayoría de los países de la Europa central y oriental, cuyos regímenes comunistas favorecieron este centralismo.

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Figura 1.9. Diferentes tipos de redes urbanas europeas.

b) El modelo renano, presenta una red densa y equilibrada en la que no existe ninguna ciudad dominante. El ejemplo más claro es el de Alemania, que cuenta con ocho ciudades con una población superior a los dos millones de habitantes. Este modelo se localiza preferentemente en la zona más urba­nizada de Europa: Randstadt, Renania, Flandes, Italia del Norte, Midlands.

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c) Entre ambos modelos existen espacios con redes urbanas menos de­finidas, en algunos países claramente bicéfalas, como es el caso de España (Madrid-Barcelona) o Italia (Roma-Milán), o redes urbanas laxas e irregula­res, localizadas preferentemente en regiones periféricas (modelo periférico) como el Mezzogiorno, Andalucía, Castilla o Escocia. En cuanto a la funcionalidad de las ciudades europeas, existen numero­sas clasificaciones. La mayoría de las grandes metrópolis son multifuncio­nales; sin embargo, hay otras muchas ciudades cuyas funciones se encuen­tran muy especializadas: así, podemos hablar de ciudades industriales, mineras, portuarias, turísticas, culturales, universitarias, financieras, nue­vas, etc. La desindustrialización de los centros urbanos de la Europa comunita­ria es un fenómeno que ya comenzó en algunas ciudades desde finales de los años sesenta; se explica no sólo por el crecimiento de las actividades tercia­rias en detrimento del sector industrial, sino también por las obsoletas ins­talaciones industriales y las necesidades obvias de renovación urbana. Igualmente, desde hace décadas se observa un fuerte crecimiento de las co­ronas periurbanas de las grandes aglomeraciones, de manera que la zona de contacto entre el campo y la ciudad es cada vez más laxa. Este fenómeno de redistribución periférica de la población y de las actividades económicas, que comenzó ya antes de la Segunda Guerra Mundial en el Gran Londres, en la actualidad afecta a la mayoría de las grandes metrópolis de Europa occidental, cuyo centro sigue perdiendo paulatinamente población en favor de la periferia.

5. LA UNIÓN EUROPEA, GRAN POTENCIA ECONÓMICA 5.1. Evolución de las diferentes fuentes de energía. Dependencia y vulnerabilidad energética europea La infatigable extracción de las materias primas ante una demanda en imparable aumento ha motivado un sensible agotamiento de los recursos naturales en todo el mundo, situación que también padece el continente europeo. Estas materias primas, a nivel mundial, se encuentran muy desigualmente repartidas, de manera que tan sólo 20 países concentran más del 80% de la producción. Así, frente a las grandes regiones productoras (África, América Latina, Asia meridional, Rusia asiática), las grandes regiones desarrolladas del hemisferio boreal son netamente importadoras (Japón, Europa occidental, Estados Unidos). El paulatino incremento de las necesidades de minerales y la acuciante necesidad de agilizar la transición de las energías fósiles a las renovables son retos todavía por conseguir en el marco de un desarrollo sostenible. La producción de energía primaria en la Unión Europea manifiesta desde hace años un paulatino descenso debido, en parte, al agotamiento de los suministros de materias primas y a la relativa rentabilidad que ofrece la explotación de unos recursos limitados. En el año 2015 la

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producción de energía primaria alcanzó los 760 millones de tep, el nivel más bajo desde 1981. Por sectores, las principales fuentes de energía de la UE en su conjunto son la energía nuclear, con el 28,7% de la producción total, particularmente elevada en Francia, los combustibles sólidos con el 19%, algo menos el gas natural con el 16,7% y el petróleo con el 9%. Las ener­gías renovables continúan con su particular ascenso alcanzando ya el 24,3% de la producción total. La acumulación ininterrumpida de sedimentos vegetales en agua pantanosas y poco profundas durante el periodo Carbonífero y la posterior presión de depósitos sedimentarios mesozoicos y cenozoicos posibilitó la formación del carbón. Esta fuente de energía fósil se manifiesta en un alargado surco hullero que desde Gran Bretaña recorre Europa hacia el Este, siguiendo el contacto entre la Llanura y los macizos hercinianos Estos yacimientos carboníferos fueron el motor de la Revolución Industrial europea y formaron auténticos «países negros». Destacan por su relevancia las grandes cuencas carboníferas de la Europa noroccidental como las de Gran Bretaña (Yorkshire, Lowlands, Midlands, Gales), Francia (Alsacia, Lorena), Bélgica (Charleroi-Namur-Lieja), Alemania (cuencas del Ruhr —en explotación desde el siglo XIII— Sarre, Sajonia), la Bohemia checa o la Alta Silesia polaca, durante muchos años primer productor europeo de carbón. La Europa oriental y meridional cuenta con yacimientos carboníferos en España —cuenca hullera asturiana—, Eslovenia, Hungría, Rumanía o Bulgaria. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, aquellos países que poseían reservas carboníferas primaron su explotación como principal fuente de energía. Ello condujo a un espectacular aumento de la producción que pasó de 140 millones de t en 1946 a 234 en 1960. La nacionalización de los yacimientos y su modernización impulsaron, entre otros factores, este fuerte crecimiento de la producción. En el Reino Unido se alcanzó el nivel máximo de producción en el año 1957 (225 millones de t), cifra no obstante, por debajo de la conseguida en 1913, cuando se obtuvo el record: 287 millones de t. La creación de la CECA en 1951 (Comunidad Europea del Carbón y del Acero) estimuló la producción carbonífera europea y puso fin a las rivalidades franco-alemanas, que tenían su punto clave en las regiones de Alsacia y Lorena. Supuso una primera etapa hacia la construcción de una Europa comunitaria, al suprimir, entre otros compromisos, los derechos de aduana aplicados al carbón, acero y hierro entre los países firmantes. Sin embargo, a principios de la década de los sesenta la producción carbonífera comienza a disminuir rápidamente. Son varias las causas que explican este fuerte descenso: el elevado coste de la producción europea debido, entre otros factores, al agotamiento de los filones de más fácil explotación, la competencia en clara desventaja ante las importaciones de los carbones americanos, cuyo precio resultaba inferior, o las ventajas ambientales del petróleo al mismo tiempo que gozaba por entonces de buenos mercados y precios ventajosos. Por todo ello, resulta obvio que, en un marco económico liberal, se abandonara el consumo de

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un producto que resultaba caro y difícil de obtener, y fuera sustituido por el petróleo, abundante y más asequible. El petróleo es también otra fuente de energía fósil asociada a los sedimentos de la Llanura septentrional europea. Según una teoría de las más aceptadas, el origen de este hidrocarburo, llamado así por su composición mayoritaria de hidrógeno y carbono, es de tipo orgánico y sedimentario. A lo largo de millones de años, numerosos organismos de origen vegetal y animal se fueron acumulando en el fondo de depresiones invadidas por el mar. Enterrados por finas capas de sedimentos (limos y arcillas) formaban un fango estancado donde las altas temperaturas y presiones descompusieron la materia orgánica, transformándola en petróleo y gas. En líneas generales se estima que el petróleo se produce a lo largo de millones de años en profundidades en torno a los 5 km y a una temperatura de 150 ºC. Si las profundidades y las temperaturas son mayores, tendrá lugar la conversión del petróleo en gas. Al tratarse de un compuesto líquido y gaseoso, el hidrocarburo tiene una enorme movilidad y no suele encontrarse en el lugar en el que se generó, sino que «migra» hacia otras regiones filtrándose a través de rocas porosas y, o bien sale a la superficie, donde en contacto con el aire se disipan los hidrocarburos más volátiles y el petróleo en sí desaparece, o bien, al contacto con una roca impermeable, ésta no permite su paso y el hidrocarburo queda atrapado, dando lugar a los llamados yacimientos. La producción de petróleo comunitario se ha desarrollado bastante tar­díamente. Hasta 1974 se limitaba a pequeños yacimientos puntuales en Ale­mania, Francia e Italia, que distaban mucho de asegurar el consumo nece­sario. A raíz de la primera crisis, y con la explotación de los yacimientos británicos y noruegos del Mar del Norte, la producción aumentó considerablemente, suponiendo un enorme impacto para la economía de los países productores, al mismo tiem­po que potenció el desarrollo de muchas regiones litorales, como es el caso de Escocia, que se vió así compensada por el declive de su sector carbonífe­ro. Paralelamente, muchas ciudades experimentaron un gran crecimiento: Aberdeen y Teesport (Reino Unido), Heide y Emden (Alemania) o Gronin­guen (Holanda). En la actualidad, la UE tan sólo posee el 1,8% de las reservas mundiales de petróleo, y la producción comunitaria únicamente representa el 4% del total mundial. Noruega y el Reino Unido son los principales productores europeos de petróleo. No obstante, debido a su insuficiente producción, Europa debe recurrir a la importación del 88% del petróleo que consume. La necesidad de importar grandes cantidades de petróleo en bruto im­pulsó la creación de una importante industria de refinado. Desde los gran­des puertos de entrada (Rotterdam, estuario del Támesis, Havre, Marse­lla, etc.), una densa red de oleoductos transporta, bien el producto en bruto que será transformado en refinerías del interior —cada vez más numerosas—, bien el producto ya refinado en instalaciones portuarias; respecto a estas últi­mas, Rotterdam, con cinco grandes refinerías, se convierte en el primer cen­tro de refinado europeo.

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Si la localización de los yacimientos petrolíferos se encuentra muy con­centrada en unos determinados países, las fuentes de gas natural están me­jor repartidas por todo el ámbito comunitario. Al descubrimiento de los yacimientos de gas en la llanura del Po y Lacq, anteriores a 1960, sucede la puesta en explotación de las importantes reservas de Groninguen (norte de Holanda) y mar del Norte. En la actualidad, con unas reservas evaluadas superiores a las del petróleo (1% del total mundial en el año 2015), es Ho­landa el principal productor, seguido del Reino Unido, Italia y Alemania.

Fuente: Azcárate, M. V., Sánchez, J. (2013) Geografía de Europa, fig. IV.7. Ed. UNED. Madrid.

Para reducir la excesiva dependencia del gas ruso está en marcha el proyecto del gasoducto europeo Nabuco; creado por Austria, Bulgaria, Hungría, Turquía y Rumanía, transportará el gas desde la región del Caspio hasta Austria a través de Turquía, sin pasar por territorio ruso. En contrapartida, la empresa estatal rusa Gazprom puso en marcha los proyectos de construcción de dos gasoductos entre Rusia y Europa poccidental: el llamado Corredor del Norte (North Stream), a través del mar Báltico directamente hasta Alemania, evitando el paso por Bielorrusia, o el Corredor del Sur (South Stream), desde el Cáucaso hasta Bulgaria, a través del mar Negro, evitando el paso por Ucrania (Figura 1.10).

Figura 1.10. Recientes proyectos de gasoductos hacia la Unión Europea.

Frente al paulatino descenso de la electricidad térmica clásica y el estancamiento de la producción hidroeléctrica, es la energía nuclear la que alcanza un progresivo volumen de participación, si bien, no se han cumplido las esperanzas previstas a causa de la amplia

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contestación social que ha llevado a muchos gobiernos a frenar, e incluso suspender, muchos programas nucleares. En el momento actual, ante los problemas generados por los vaivenes en los precios del petróleo y las dificultades que plantea el cambio climático, los gobiernos europeos se están replan­teando la postura a tener ante la energía nuclear, única fuente por ahora capaz de responder a la actual demanda. Por ello el Reino Unido, Francia y Finlandia ya han decidido reemprender la construcción de nuevas cen­trales nucleares y es probable que tomen la misma decisión otros países, como Alemania, Italia y España. La diversificación de las fuentes de energía y la alternativa del uso de energías renovables (hidroeléctrica, eólica, solar, biomasa, geotérmica) supone una opción óptima para contrarrestar el empleo abusivo de los recursos fósiles (petróleo, gas natural, carbón), cuyas reservas se encuentran en descenso y son altamente contaminantes. Fue en la década de los noventa cuando la Europa comunitaria tomó las primeras medidas para la promoción de la energía renovable (hidráulica, eólica, solar, biomasa). Ante la creciente dependencia energética de Rusia y las elevadas emi­siones de CO2 que generan el uso del carbón, gas y petróleo, la energía nuclear y las renovables tienden a ocupar un lugar más destacado. Así, si en 1996 este tipo de energías proporcionaban el 5,3% del total de la demanda, en la actualidad, la participación de las energías renovables en el total de la producción energética supone un 24,3% en el año 2015 y las previsiones se cifran en alcanzar más de un 50% en el año 2040. Frente a una producción energética en descenso, el consumo de energía en la Unión Europea asciende a 1.572 millones de tep en el año 2015, lo que equivale a una tasa de dependencia energética del 53%. El fomento de políticas de ahorro energético, así como el desa­rrollo de nuevas fuentes de energía dentro de la Comunidad, son factores decisivos a la hora de paliar la tradicional dependencia exterior que sitúa a la UE en una vulnerable situación al estar supeditada a las graves oscilacio­nes de los precios mundiales, ligadas a las inestabilidades políticas que pa­decen las principales regiones productoras (Golfo Pérsico, Norte de África, CEI, Iberoamérica). El grado de dependencia energética (cuota de las importaciones netas de energía en el total del consumo) ha variado en los últimos cincuenta años. En 1973 se situaba en el 60%; bajó hasta el 41,5% en 1985 y volvió a aumen­tar hasta el 50% en 2000, 56,2% en 2005 y el 70% en 2007, tras la incorpora­ción de los Países del Este. En la actualidad (2015), la tasa media comunitaria de dependencia energética se sitúa en el 53,2%. Entre los países europeos más consumidores de energía, los menos dependientes de las importaciones energéticas son el Reino Unido (importa el 46,4% de su consumo) y Francia (47,9%), frente a lo que ocurre en Alemania (62,7%), España (70,5%) e Italia (76,9%). Recordemos, por ejemplo, que Japón tiene en el año 2015 un grado de dependencia del 89%, mientras que en Estados Uni­dos es del 32%.

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5.2.  Desigual distribución de las regiones industriales

Fuente: Azcárate, M. V., Sánchez, J. (2013) Geografía de Europa, fig. IV.4. Ed. UNED. Madrid.

La reestructuración de las antiguas regiones industriales, junto al naci­miento de nuevos núcleos, es un hecho de innegables repercusiones en la vida socioeconómica de la UE y en la ordenación de su territorio. Así, si en un primer momento, la localización de las materias primas y fuentes de energía fueron un factor determinante de la ubicación de las principales áreas industriales, en la actualidad, la diversificación industrial ha permiti­do una localización menos dependiente, si bien, la concentración industrial —ejes de comunicación, grandes aglomeraciones urbanas, industrias litora­les— sigue siendo un fenómeno espacial de indudable magnitud (Figura 1.11).

Figura 1.11. Principales regiones y centros industriales en Europa.

5.2.1.  El declive de las tradicionales regiones industriales La progresiva recuperación de la viabilidad a largo plazo de los grandes centros siderúrgicos (países negros), textiles (Manchester, Flandes, Cataluña,etc.) y de construcción naval

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(estuario del Clyde y Severn, en el Reino Unido; S.Nazaire y Seyne en Francia, etc.), mediante la solución de sus problemas estructurales, es un reto que la Europa comunitaria todavía no ha resuelto plenamente. Estas viejas regiones industriales, que han visto perder su importancia económica al disminuir las actividades sobre las que descansaban, han pa­sado a engrosar la lista de las regiones problemáticas de la UE, cuya dificul­tad se manifiesta en una crítica situación social: clausura de fábricas, tasa de actividad en torno al 40%, paro superior a la media comunitaria, un saldo migratorio negativo, etc.; en definitiva, se ven inmersas en una economía regional poco dinámica y sin incentivos. Desde 1960 estas regiones se bene­ficiaron de numerosas ayudas comunitarias en el marco de su reconversión, a través de los fondos financiados por el FEDER (Fondo Europeo de Desarrollo Regional) y el FSE (Fondo Social Europeo). El caso más típico está representado por los antiguos «países negros», que desde el inicio de la revolución industrial fueron la punta de lanza de la industrialización europea (Yorkshire, Lancashire, Midlans, Bélgica, Luxemburgo, Sarre, cuenca del Ruhr, La Lorena, Asturias, Ría de Bilbao, Cuenca de Bohemia, Silesia) y que hoy padecen graves problemas de rees­tructuración. La política de reconversión llevada a cabo por la Comunidad, no ha teni­do los mismos resultados en todas estas regiones; así, frente al marcado hundimiento de la siderurgia en la Lorena o en parte de los «países negros» del Reino Unido, norte de la República Checa o España, la región del Ruhr ha resistido mejor a la crisis. Factores como el contar con buenos yacimien­tos carboníferos, su situación estratégica en el corazón de Europa junto al gran eje del Rin, la existencia de un precoz desarrollo tecnológico adquirido durante la Guerra —al que se sumó su fuerte participación en el proceso de reconstrucción de la Europa destrozada—, o la posesión de industrias más diversificadas desde un principio, han influido notablemente en su pronta recuperación; no obstante, la región padece también serias dificultades, como son, entre otras, la caída del empleo industrial, la saturación del eje renano o la diferente respuesta de adaptación que los distintos subsectores han planteado frente a la nueva estrategia industrial.

5.2.2.  El mantenimiento de la excesiva concentración espacial Aunque la instalación de industrias de transformación —básicamente de los productos llegados de las colonias— cerca de los puertos de entrada es un fenómeno antiguo, a partir de la segunda mitad del siglo XX la industrializa­ción del litoral ha conocido un amplio desarrollo. Así, junto a las numerosas refinerías de petróleo e instalaciones petro­químicas ubicadas junto al mar —Rotterdam, en Holanda; Amberes, en Bél­gica; Basse-Seine, Nantes, en Francia; Hamburgo, en Alemania; Milford Ha­ven (Gales), Shell Haven, en el Reino Unido, etc.—, la fabricación de acero tendió a concentrarse en los grandes puertos de desembarque de la

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materia prima (mineral de hierro, coke), que cada vez provenía en mayor porcentaje del extranjero: Port-Talbot y Tees Side en el Reino Unido, Dunkerque en Francia, Ijmuiden en Holanda, etc. La crisis de la siderurgia y de los astille­ros (los países asiáticos acaparan cerca de las tres cuartas partes del mercado mundial de la construcción naval), ha afectado a estas fachadas marítimas, tanto medi­terráneas como atlánticas. No obstante, si bien algunas de estas industrias litorales (refinerías, pe­troquímicas, siderúrgicas) han visto hoy día frenada su expansión, otras muchas se mantienen junto a los puertos, aprovechando las ventajas de aprovisionamiento y de exportación que éstos ofrecen. Las grandes regiones metropolitanas han sido desde el siglo XIX importan­tes centros industriales. Factores como la abundante oferta de mano de obra, un cercano mercado de consumo o la proximidad a los poderes de decisión económicos y financieros, han favorecido esta situación. La fuerte polarización de las dinámicas productivas en las regiones urbanas, sobre todo en las grandes metrópolis, acentúa los desequilibrios regionales. Ex­cepto en Alemania, este fenómeno es particularmente intenso en casi toda la UE (Londres, Île-deFrance, Madrid, Lisboa, Randstad-Holland, Buda­pest, Bucarest, Cracovia, Praga, etc.). Por lo general, se trata de una industria muy diversificada, aunque con predominio de los sectores de transformación —alimentarias, mecánicas, electrónicas—, que cuenta con unos medios técnicos modernos y una pro­ductividad y salarios elevados en relación al resto del territorio. Sin embar­go, la excesiva concentración de estas áreas ha obligado a los gobiernos a frenar este desarrollo en aras de una política basada en una mayor descen­tralización de las actividades industriales sobre el territorio. A raíz del aumento del intercambio comercial, tanto a nivel intercomu­nitario como con el exterior, y a causa del progresivo abaratamiento de los costos de transporte en largas distancias, los principales ejes de comunica­ción que cruzan el espacio europeo han propiciado la localización de nume­rosas instalaciones industriales en ellos. Por último, la política de industrialización en las zonas rurales si bien es una realidad en algunas regiones, se trata todavía de hechos puntuales sin que por el momento constituyan un tejido industrial homogéneo. No obs­tante, las ventajas que ofrecen estos medios rurales, a excepción de las re­giones montañosas, no son nada desdeñables (terrenos libres, suficiente mano de obra, etc.), por lo que el medio rural se presenta como una buena al­ternativa para lograr una mejor distribución del espacio industrial europeo, que desde la década de los sesenta ha tendido a una fuerte concentración, creando con ello graves problemas de congestión y deterioro del medio am­biente. Al mismo tiempo contribuiría a paliar los graves desequilibrios re­gionales que la Comunidad padece, donde la concentración de capitales, recursos, manos de obra, etc. ha sido paulatinamente reforzada desde un principio, en detrimento de otras regiones menos favorecidas y que buscan un desarrollo más acorde con la situación económica mundial.

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En definitiva, dentro del espacio comunitario existen unas naciones mucho más industrializadas que otras, si bien no con un nivel de desarrollo homogéneo, sino con grandes desequilibrios regionales internos. Desde una óptica general, destaca Alemania como la nación más industrializada de la Unión —produce cerca del 30% del conjunto de la industria comunita­ria—, seguida del Reino Unido, Benelux, norte y centro de Francia y norte de Italia. En las últimas décadas, merece destacar el mayor desarrollo industrial de las regiones del Mediterráneo occidental, englobadas en el llamado «arco latino» (Andalucía, Comunidad Valenciana, Cataluña, Baleares, Languedoc-Rosellón, Provenza-Alpes-Costa Azul, Liguria, Toscana, Umbría, Córcega y Cerdeña). Estas regiones, llamadas por la Comisión Europea el «sunbelt de Europa», se caracterizan por un tipo de industria geográficamente difusa, muy diversificada sectorialmente, aunque prevalecen las industrias de alta tecnología y actividades de ocio y turismo, y en el que predominan las em­presas de pequeño y mediano tamaño. Desde los años noventa, hemos asis­tido a la deslocalización de industrias hacia los Países del Este, con una in­tensificación de los traslados de empresas y fábricas desde la incorporación de estos países a la UE.

5.3.  Los problemas de la producción agraria 5.3.1.  La diversidad de la agricultura europea La Europa comunitaria presenta unas condiciones muy favorables para el desarrollo agrícola: su morfología es predominantemente llana, en la que alternan cuencas sedimentarias, colinas, montañas y llanuras aluviales; asimismo, por su latitud (37°- 60° lat. N) y cercanía a un mar cálido y a un océano atemperado por la corriente cálida de la Deriva Noratlántica, queda inscrita en un marco templado con débiles amplitudes térmicas y suficien­tes precipitaciones. Este medio físico favorable pero muy contrastado, ha fomentado unos paisajes agrarios extremadamente variados donde las diferencias son inmensas, no sólo en lo que se refiere a las condiciones na­turales de producción, como la topografía, el clima o el suelo, sino también en cuanto al tamaño de las explotaciones, su grado de especialización, los métodos de producción o la edad y nivel de formación de los agricultores. Esta enorme variedad ha permitido la existencia de distintas orientacio­nes productivas que, a grandes rasgos, se traducen en una clara oposición entre una Europa meridional mediterránea, cálida y seca, donde predomina la producción agrícola, frente a una Europa noroccidental, atlántica, donde la vocación ganadera es dominante, y una tercera Europa Centro-Oriental, semicontinental y de carácter mixto. Sin olvidar que, en cualquier caso, precisamente uno de los rasgos más distintivos de dicha heterogeneidad radica en la profunda

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imbricación de unos sistemas agrarios con otros, dan­do lugar a importantes contrastes no solo a nivel nacional, sino también regional e incluso local. Aunque la producción agraria sólo representa el 1,7% del PIB de la UE en 2015 y la parte de la mano de obra agraria en el empleo total es de un 5,0%, el sector agrario ha ocupado tradicionalmente un lugar clave en la política económica de la Comunidad, al convertirse desde su inicio en una pieza fundamental de la política económica europea. Las líneas fundamen­tales de la Política Agrícola Común (PAC) fueron establecidas inmediata­mente después de la entrada en vigor del Tratado de la CEE, en la conferen­cia sobre agricultura de Stresa (Italia), en julio de 1958.

5.3.2.  Hacia una mayor especialización regional de la producción agraria La UE es una de las grandes potencias agropecuarias del planeta: en la actualidad (2015) es el tercer productor del mundo de cereales (por detrás de China y Estados Unidos), el primer productor de remolacha azucarera, ocupa el segundo lugar en la cabaña porcina, después de China. Produce casi la mitad del vino en el mundo (Francia es el primer productor mundial de vino, seguido de Italia y España), el 15% de trigo del mundo, el 80% del aceite de oliva (con España, Italia y Grecia a la cabeza), el 30% del queso, el 17% de la leche, etc. El fuerte incremento de los excedentes fue uno de los problemas más graves con que se enfrentó la PAC que, con el fin de estabilizar la oferta a unos niveles más rentables, impuso una serie de medidas como las cuotas lecheras, la aplicación de mecanismos regulado­res para los grandes cultivos o el abandono obligatorio de una parte de la superficie agraria. La producción agraria comunitaria se encuentra preferentemente orien­tada hacia la producción animal, que representa algo más de la mitad de la producción final, y a la que se dedica una parte nada desdeñable de la producción vegetal. La producción animal es par­ ticularmente importante en toda la Europa del NW —funda­mentalmente ganadería vacu­na de orientación lechera—, frente al mayor peso de la producción vegetal en la Europa mediterránea. En la Europa septentrional y occidental predominan las explotaciones ganaderas intensivas de orientación lechera, en la costa, mientras que en el interior, grandes áreas cerealis­tas conviven con sistemas mixtos agrícola-­ganaderos y pequeñas comarcas vitícolas. La activi­dad agraria de estas re­giones de la Comunidad se caracteriza por una neta preponderancia de la producción animal sobre la vegetal, un mayor grado de mecanización, un menor número de efectivos agrarios, pero más jóvenes y mejor cualificados, una práctica habitual del cooperativismo entre los agricultores; una alta capitalizacion, un nivel de renta elevado y en muchos casos equiparable al resto de los sectores; una mayor integración de la actividad agraria con la industria, etc.

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Frente a ella, en la Europa mediterránea, los tradicionales cultivos de secano (trigo, vid, olivo) contrastan con una agricultura de regadío, mucho más dinámica, aunque muy vulnerable a las fluctuaciones del mercado. La agricultura del sur y del este de la UE se caracteriza, por el contrario, por un mayor porcentaje de producción vegetal sobre la animal, un mayor número de mano de obra agraria, más envejecida y menos formada, un neto desequi­librio en el tamaño de sus explotaciones (pervivencia de la dualidad minifun­dio-latifundio); en definitiva, una agricultura menos desarrollada y competi­tiva, salvo regiones puntuales mucho más dinámicas y en expansión. La entrada de numerosos países de la Europa central y oriental en el mercado occidental, a raíz de las últimas ampliaciones de la UE, supuso una profunda transformación de los sistemas productivos de estos países. En la mayoría de ellos se estableció un claro predominio de la producción vegetal sobre la animal, en función, por una parte, de la mayor facilidad que las nuevas explotaciones individuales tenían para la agricultura (cereales y oleaginosas necesitan menos mano de obra y menos capital invertido) y, por otra, en función del propio medio natural, más apto para el aprovechamien­to agrícola que ganadero.

Fuente: Azcárate, M. V., Sánchez, J. (2013). Geografía de Europa, fig. IV.2. Ed. Uned. Madrid.

A pesar de la evidente heterogeneidad del paisaje agrario comunitario, que contrasta vivamente con las monótonas superficies agrí­colas de Estados Unidos o de la ex Unión Soviética, dentro de un marco general de la división del trabajo, y del espectacular desarrollo de los medios de transporte, en la actualidad, se tiende cada vez más a una mayor especia­lización regional. En síntesis, se pueden distinguir varios tipos regionales de agricultura.

Figura 1.12. Principales áreas de producción triguera en Europa.

Las grandes regiones cerealistas se extienden fundamentalmente por las fértiles llanuras y mesetas del norte de la Comunidad: el sudeste británico (East Anglia), cuenca de París, Bélgica, Holanda, península de Jutlandia, Baja Sajonia, llanuras de Polonia, llanura panóni­ca, Valaquia y Moldavia ruma­nas, algunas áreas de la Llanura del Po y Meseta española. Sin

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embargo, si bien en muchas de estas regiones del interior de la Unión Europea, la dedica­ción a un cereal determinado sigue siendo predominante, hoy en día se obser­va un paulatino aumento de los sistemas mixtos (agricultura-ganadería). El cultivo de cereales (trigo, maíz, cebada) con frecuencia se asocia a plantas industriales y forrajeras: la remolacha azucarera en las zonas más frías y lluviosas del norte (desde la cuenca de París hasta Polonia), y el gira­sol en las áreas más secas y soleadas del sur (desde la desembocadura del Danubio hasta España). Las regiones ganaderas, esencialmente de ganadería bovina, se encuen­tran altamente monoespecializadas y contribuyen de manera sustancial al desarrollo económico de muchas regiones del norte de la Comunidad. En las ricas praderas naturales de la Europa atlántica (oeste de Gran Bretaña, Irlanda, Dinamarca, Alemania, Holanda, Normandía, norte de España y al­gunas áreas de las montañas de los Alpes, Cárpatos y Pirineos, si bien estas últimas con un sistema más tradicional), se cría una ganadería bovina in­tensiva, orientada a la producción de leche y derivados. Esta fuerte especialización ganadera de las regiones oceánicas, con ele­vados rendimientos, dio lugar en las últimas décadas a cuantiosos exceden­tes de productos lácteos, constituyendo uno de los principales problemas con que se enfrentó la PAC. Las medidas adoptadas para reducirlos han lleva­do al abandono de numerosas explotaciones ganaderas, originando un déficit de leche y el consiguiente aumento de su precio. El ganado porcino es particularmente numeroso en muchas regiones Alemania, España (primer y segundo productor comunitario en 2015, respectivamente), Holanda, Polonia, y Dinamarca, que destaca por la calidad de su producción. En los mediocres pastos de las colinas mediterráneas (Macizo Central francés, Pirineos occidentales, sur y centro de España, Córcega, Cerdeña, Apeninos, Grecia, Cárpatos) y del Reino Unido, se practica una ganadería extensiva de ovinos con unos rendimientos, por lo general, sumamente ba­jos. Las regiones mixtas de policultivo y policultivo-ganadería se encuentran muy extendidas por todo el espacio comunitario, en función de la diversi­dad natural y de una economía tradicional de subsistencia que poseían una gran parte de las pequeñas explotaciones familiares. En el área mediterránea, estas regiones de policultivo se orientan funda­mentalmente hacia la producción vegetal: trilogía tradicional mediterránea (trigo, vid, olivo) o la «coltura promiscua» de la península italiana (cereales, legumbres, vid, olivo), mientras que en la Europa atlántica la orientación suele ser mixta: agrícola-ganadera (Bretaña, Renania, «mixed-farming» bri­tánico o regiones meridionales de Suecia y Finlandia, donde predomina la orientación hacia la ganadería lechera).

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Por último, existen en la UE regiones altamente especializadas en las que, de forma intensiva, se cultivan determinados productos. Una eficaz utilización de las condiciones naturales y de la coyuntura del mercado, han potenciado la existencia de estos espacios dinámicos y en expansión, cuyos altos costos en infraestructuras se ven compensados por unos eleva­dos rendimientos por ha, y sus producciones totalmente orientadas al mercado. En este sentido, cabe mencionar el cultivo de frutas y legumbres de las llamadas «huertas» mediterráneas; el cultivo en invernadero de la costa oceánica; el cultivo de arrozales de la Llanura del Po, Valencia, delta del Ebro, la Camarga, Ribatejo, Alentejo, Tracia, Macedonia, etc.; la agricultura periurbana; el cultivo de flores de los «polders» holandeses y del área situa­da entre San Remo y Bordiguera, una de las mayores superficies de flores del mundo; el cultivo bajo plástico de las llanuras mediterráneas; o la agri­cultura tropical del sureste español y Canarias. Asimismo, otras muchas regiones se encuentran especializadas en la producción de vino o aceite de oliva, este último muy concentrada en las penínsulas mediterráneas (España es el primer productor mundial de aceite de oliva). Las regiones especializadas en viñedos de calidad están más dis­persas por todo el espacio comunitario, si bien con especial preponderancia en el sur: vinos del Rin, del Mosela, Valais, Burdeos, Champagne, Bourgog­ne, Rioja, Oporto, Tokaj, etc. Paralelamente a este creciente proceso de intensificación y especializa­ción de la agricultura, la interpenetración del sector agrario con el resto de los sectores económicos ha ido en constante aumento. Así, cada vez es menor la parte de la producción que se consume directamente en su estado original, aumentando sin cesar el número de productos que pasa por la in­dustria agroalimentaria, la cual en varios países europeos constituye hoy en día el primer sector industrial. Rodeada por mares ricos en abundantes recursos pesqueros, debido al elevado nivel de plancton que hay en ellos y a la confluencia de aguas cáli­das y frías (las costas occidentales de Europa se encuentran bañadas por mares fríos por su latitud y proximidad al Océano Glaciar Ártico, pero atem­perados por la corriente del Golfo), la Unión Europea disfruta de importan­ tes zonas de pesca: Mar del Norte, Báltico, Cantábrico, áreas de Gran Sol y Pequeño Sol, Mediterráneo. En la actualidad, la UE es una de las primeras potencias pesqueras del mundo y el primer mercado de productos pesqueros transformados y de productos procedentes de la acuicultura. El mercado comunitario cada vez depende más de las importaciones pesqueras de terceros países, cuyo volu­men no cesa de aumentar. Fundamentalmente, la flota pesquera comunitaria de altura faena en el Atlántico nororiental (el 75% de las capturas), aunque hoy en día, a causa de las zonas económicas ampliadas

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de otros países, la tendencia a faenar en los cálidos mares de las costas africanas atlánticas, del océano Índico y del Pa­cífico, es cada vez mayor.

CONCLUSIÓN: HACIA LA UNIFICACIÓN POLÍTICA DE EUROPA, UN PROCESO LLENO DE DIFICULTADES Europa es una de las regiones más desarrolladas de la Tierra. Los contrastes medioambientales, la diversidad de pueblos y culturas y la fragmentación política son algunas de sus principales características. A pesar de su limitada extensión física (no deja de ser una península del gran continente euroasiático), Europa tiene una dimensión cultural, económica y geopolítica excepcional. La gran diversidad de pueblos, con tradiciones, lenguas y religiones diferentes, no obsta para que los europeos, sean del norte o del sur, del este o del oeste, tengan un fuerte sentimiento de pertenecer a una misma cultura, cuyas raíces se hunden en la antigüedad grecorromana y en el cristianismo. Para superar una situación de continuo enfrentamiento entre los numerosos Estados a lo largo de su turbulenta historia y para no perder el protagonismo que siempre ha tenido en el ámbito político, económico y cultural internacional, Europa sigue inmersa en el desarrollo de un proyecto político muy ambicioso y complejo, en el que ya han participado 28 Estados: la Unión Europea. Una institución que intenta ser capaz de integrar y armonizar la diversidad, garantizar la paz y el bienestar de los ciudadanos y fortalecer la capacidad de influencia política y económica en este mundo globalizado cada vez más competitivo. La Unión Europea ha creado unas estructuras que facilitan la coordinación de las políticas económicas y sociales con el fin de reducir los desequilibrios regionales que todavía existen entre un espacio central de gran potencial económico y altamente desarrollado, y unas regiones periféricas del sur y del este, con graves retrasos estructurales y un menor nivel de desarrollo socioeconómico. Las dificultades que se presentan no son pocas ni pequeñas. Entre otras, la crisis económica y el alto nivel de desempleo, sobre todo entre los jóvenes, la crisis de los refugiados que sobrepasó todas las previsiones, cuando en el 2015 entraron más de un millón de de personas procedentes de Siria, Irak, Pakistán y otros países de Asia y de África, provocando graves disensiones entre los Estado miembros; y la creciente fuerza de los partidos euroescépticos o manifiestamente antieuropeos, que bloquean cualquier avance hacia una mayor y más eficaz unidad política y financiera, y amenazan la propia existencia de la Unión Europea. A estas enormes dificultades se ha sumado un nuevo e inesperado acontecimiento que ha provocado una gran perturbación en el seno de la UE. El Reino Unido convocó un

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referéndum sobre su permanencia o salida de la Comunidad y el resultado de la consulta, realizada el 23 de junio de 2016, fue favorable al brexit, es decir, el Reino Unido ha decidido abandonar la Unión Europea. Con este sorprendente resultado se abre un periodo de máxima incertidumbre que obligará a las instituciones comunitarias y a los 27 Estados miembros a replantearse los objetivos para los que se creó la Comunidad Europea y que han impulsado hasta ahora este ambicioso y esperanzador proyecto.

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CAPÍTULO

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Rusia y los Estados postsoviéticos. Potencial económico, contrastes regionales y reorganización del espacio euroasiático Introducción. La difícil reorganización del espacio ex-soviético. 1. El mosaico de nacionalidades y los Estados actuales. 2. Desigual ocupación del territorio. Ciudades y densidades demográficas. 3. Variedad y contrastes del medio natural. 4. Regiones agrarias y grandes producciones. 5. Abundancia de recursos naturales y formación de las grandes industrias. 6. Rusia, la gran potencia emergente regional. 7. Peculiaridades de los otros Estados. Conclusión: Hacia una Eurasia postsoviética liderada por Rusia.

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INTRODUCCIÓN. LA DIFÍCIL REORGANIZACIÓN DEL ESPACIO EX SOVIÉTICO La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), nacida de la Revolución socialista de 1917, ocupaba un inmenso territorio poblado por más de cien nacionalidades, un imperio multinacional formado tras varios siglos de conquistas y expansión del imperio ruso. La URSS fue una primera potencia demográfica (casi 300 millones de habitantes), económica y militar. Sin embargo, cuan­do nadie lo esperaba, se desintegró sin resistencia y con tal rapidez que a todos sorprendió. Tras setenta años de socialismo, el gran gi­gante euroasiático se descompuso, dando paso a un conjunto de quince Estados indepen­dientes. Excepto los tres Estados bálticos, todos se unieron en una nueva forma de asociación (la Comunidad de Estados Independientes o CEI); una unión bastante laxa, liderada por Rusia, que no ha conseguido su principal objetivo de mantener la integración de todos sus miembros, ni ha encontrado las claves para garantizar su estabilidad política y su desarrollo económico. Después de 25 años de independencia, la situación actual permite dife­renciar varios conjuntos geográficos, Europa Oriental, Cáucaso y Asia Central, junto a la Federación Rusa, el Es­tado más extenso del mundo, un gigante demográfico y económico. En torno a esta gran potencia emergente regional, y bajo su tutela, se intentan recomponer las rela­ciones políticas, econó­micas y militares de los nuevos Estados en los que es indiscutible la permanencia de innu­me­rables hechos económicos y culturales heredados del pasado común so­ cialista, así como la existencia en muchos de ellos de grandes intereses económicos y geoestratégicos actuales. Aunque ya en años anteriores hubo conflictos con Rusia en Georgia y Ucrania, ha sido la crisis de Ucrania de 2013-2014 la que ha dejado definitivamente dañada la organización CEI y la posibilidad de una mayor integración entre todos los Estados que conforman el espacio

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de Eurasia postsoviética. Rusia ha perdido definitivamente como socio a Ucrania, a la que consideraba aliada inseparable, a la vez que entre los demás países de la CEI, ha crecido el malestar y la desconfianza hacia Rusia, tras la anexión de Crimea y el apoyo armado a los separatistas prorrusos de Ucrania. También las relaciones con la UE se han deteriorado y, como consecuencia, Rusia ha impulsado una alianza más estrecha con los Estados más fieles de la deteriorada CEI, la Unión Económica Euroasiática (UEE), cuya andadura se inició con Rusia, Bielorrusia y Kazajistán en enero de 2015. Rusia presiona para que se incorporen también a ella otros países de la CEI (ya lo han hecho Armenia y Kirguistán), cuyas economías dependen en gran medida de la gran potencia regional. La aproximación a la Unión Europea y a otras organizaciones occidentales de Ucrania, Moldavia y Georgia, a pesar de sus grandes deseos, no se vislumbra nada fácil por la firme oposición de Rusia, dispuesta a apoyar a los movimientos independentistas prorrusos de esos países, como ya lo hacen en Georgia y Ucrania.

1. EL MOSAICO DE NACIONALIDADES Y LOS ESTADOS ACTUALES 1.1.  La formación del imperio ruso sobre un mosaico de pueblos La URSS, el gran Estado que conocíamos antes de su desintegración en 1991, era el resultado de un largo proceso de expansión iniciado por los rusos desde el Gran Ducado de Moscú, al final del siglo XV, y terminado con las anexiones realizadas al finalizar la Segunda Guerra Mundial. En su expansión con­seguirán la salida al mar y alcanzarán las barreras montañosas donde fijar sus fronteras naturales. En su progresión en todas direcciones el imperio ruso —y después soviéti­co— va dominando a numerosos pueblos anexionados o sometidos. La rusificación se realiza con la llegada de trabajadores inmigrantes, soldados, comerciantes y emplea­dos de la administración que implantan el ruso por todas partes. A prin­cipios del siglo XX, la Rusia zarista ni tiene unidad étnica, ni unidad lin­güística, ni unidad religiosa, pero constituía un imperio militar formado por una gran diversidad de pueblos e integrado por más de cien millones de habitantes. Dentro de esta gran diversidad se destacaban los eslavos, con 84 millones de personas en 1897 (78% del total) que constituían el grupo más numeroso y dominante, conquistadores y protagonistas de la creación y organización del Estado (Cuadro 2.1). Con una lengua de la familia indoeuropea se distinguen tres nacionalidades, con dialecto propio: los rusos blancos o bielorrusos, los pe­queños rusos o ucranianos y los grandes rusos, o rusos, que representaban casi la mitad del total de la población. Los no eslavos agrupaban casi a la cuarta parte de la población. La mayoría presenta una localización periférica (Figura 2.1). Entre los bálticos, de lengua indoeuropea, como los eslavos, están los letones, de religión protestante y los lituanos, de religión católica; los estones son de lengua fino-ugria y protestantes. A su vez, los moldavos son rumanos y ortodoxos.

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Cuadro 2.1. Las nacionalidades del Imperio Ruso (1897) Nacionalidades

Miles

%

Total Miles

Total %

Eslavos Rusos Ucranios Bielorrusos

55.600 22.800  5.800

51,5 21,1  5,4

84,2

78,0

Moldavos

1.120

 1,0

 1,1

 1,0

Bálticos Estonios Letones Lituanos

1.000 1.430 1.660

 0,9  1,3  1,5

 4,1

 3,8

Caucásicos Georgianos Armenios Azeríes

1.310 1.170 1.470

 1,2  1,1  1,4

 4,0

 3,7

Asiáticos Kazajos Kirguises Turkmenos Uzbecos Tayicos

4.280 630 2.790 850

 3,9  0,6  2,6  0,8

 8,5

 7,9

Tártaros

2.230

 2,1

 2,2

 2,1

Judíos

3.770

 3,5

 3,8

 3,5

100,00

107,9

100,00

}

Total RUSIA

107,910

Otro grupo lo formaban los pueblos del Cáucaso, muy variados y extre­madamente mezclados en su montaña-refugio, en los confines euroasiáti­cos. Son poblaciones indoiranianas establecidas allí desde el primer milenio antes de Cristo y que han sufrido invasiones y masacres desde la Antigüe­dad: georgianos, armenios supervivientes de los turcos y azeríes o azerbai­yanos, albaneses sometidos por los tártaros en Azerbaiyán. Un tercer grupo lo constituían las poblaciones que habitaban Asia Central, lugar de paso de grandes invasiones (tártaros, mongoles) y punto de partida de las bandas nómadas (Tamerlán) que arrinconaron a los rusos en el bosque. A la complejidad étnica y lingüística de las poblaciones del Cáucaso, se aña­de la religiosa (islamismo) en el conjunto de pueblos turco-mongoles (tur­cos de raza blanca, mongoles de raza amarilla y mezclas intermedias). Refugiados en la montaña, los tayicos, pequeñas comunidades indoeuro­peas emparentadas con sus vecinos iraníes, han podido sobrevivir a las invasiones mongoles. Los demás son grupos asiáticos que, llegados en las sucesivas invasiones, han formado núcleos nacionales de

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etnia diferente: al norte, los montañeses kirguises y los pastores de estepas kazajos; en los valles del Syr Daria superior y la Fergana, al pie de las altas montañas de Tian-Shan, los uzbecos, agricultores sedentarios de los oasis; en las arenas del Sur, en los límites de Irán y Turquía, los turnemos o turcomanos de Turkmenistán. A estos grandes grupos hay que añadir otros más pequeños: por un lado, los pueblos de las regiones septentrionales, de lengua finougria, dispersos por el norte de la taiga y por la tundra, desde Carelia hasta el extremo nores­te de Siberia, como los carelios, ostiacos, lapones, samoyedos y chukchis; por otro, algunos pueblos pastores de las estepas que penetraron y se instalaron en la taiga, como los buriatos, tunguses y yakutos.

Figura 2.1. Localización esquemática de los pueblos en el espacio de la antigua URSS.

1.2. El centralismo del Estado soviético, la eclosión de los nacionalismos y los Estados actuales Así, pues, en la segunda década del siglo XX, el imperio zarista agrupaba a unos 150 millones de habitantes, que pertenecían a unas 120 nacionalida­des distintas. Con la Revolución

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socialista de 1917 y el Tratado de la Unión en 1922, se crearon las bases organizativas del nue­vo Estado soviético, cuya geografía política estuvo desde entonces inspirada en la compleja estructura étnica de la población. La organización federal estaba integrada por cuatro niveles, siendo los dos princi­pales las Repúblicas Socialistas Soviéticas Federativas (RSSF), con las quince nacionalidades más importantes, que estaban dotadas de Constitución, dispo­nían de órganos propios de poder, de legislación y de administración de justi­cia, e incluso tenían derecho a la secesión, y las Repúblicas Socialistas Soviéti­cas Autónomas, veinte en total, también dotadas de Constitución, aunque pertenecían a una RSSF. A pesar de la estructura federal y de los principios teóricos de fraterni­dad e igualdad entre los diferentes pueblos, la URSS no dejaba de ser una construcción rusa sobre la base de un mosaico étnico. Unidas por la lengua rusa (lengua científica y técnica) y por el partido comunista, las nacionali­dades siempre estuvieron sometidas a la voluntad y a la orientación política de Moscú. Los rusos constituían el grupo más numeroso; estaban presentes en todo el territorio y eran mayoritarios donde se tomaban las decisiones importantes, es decir, en las ciudades y en las regiones industriales. La columna vertebral de este nuevo Estado fue el partido comunista (PCUS) que, desde 1917, tuvo en sus manos la totalidad de los poderes de decisión en el terreno político, económico, social, cultural y científico. El derrumbe del sistema político socialista arrastró también al partido, su eje central. Con él, desaparecía la más potente fuerza aglutinadora de todos los territo­rios y de todos los pueblos que integraban el abigarrado y complejo Estado de la Unión Soviética. Con su desaparición se puso de manifiesto, en toda su crudeza, la fuerza disgregadora de los nacionalismos. A principios de los noventa se com­probó que los viejos resentimientos étnicos y las rivalidades mutuas permanecían casi intactos. El debilitamiento del poder central favoreció el estallido de las tensiones nacionalistas que acentuaron el caos económico, provocaron el hundimiento del Estado soviético y desembocaron en la independencia de las quince Repúblicas Federativas, en las que dominaba una de las principales nacionalidades (Figura 2.2 y Cuadro 2.2). Pero no todos los problemas étnicos quedaron resueltos con la indepen­dencia. Más bien ocurrió lo contrario: con la desaparición de la URSS en 1991, se multiplicaron e intensificaron los conflictos, sumiendo a algunos de los nuevos Estados en una profunda crisis econó­mica. La mayoría de estos conflictos, hoy subyacentes, están relacionados con el trazado de las fronteras. Entre ellos, destaca el conflicto del Alto Karabaj, enclave con mayoría armenia en la república de Azerbaiyán; otros han afectado a Georgia (el de Osetia del Sur y el de Abjasia, cuyas independencias fueron reconocidas por Rusia en 2009); a Moldavia, donde las minorías rusa y ucraniana se resistieron a que la república se uniese a Rumanía, como deseaba la mayoría rumana, amenazando con la independencia de Transdniéster; a Tayikistán, donde las dife­rencias étnicas y religiosas se han mezclado con los problemas económicos, dando origen

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a una guerrilla islamista que estuvo actuando en la región del sur, cerca de la frontera con Afganistán. El caso más grave fue el de Chechenia que derivó en una auténtica y cruel guerra contra los sepa­ratistas, relacionados con las redes del islamismo radical. Cuadro 2.2. Repúblicas federativas de la URSS, hoy Estados independientes Repúblicas

km2

Habitantes (miles) Densidad (2015) (2000) (2015) Hab./km2

Capital

Habitantes (miles) 1989*

2014**

Bálticas (no integradas en la CEI, hoy miembros de la UE )

Estonia Letonia Lituania Europa Oriental Rusia Bielorrusia Ucrania Moldavia Cáucaso Georgia Armenia Azerbaiyán Asia Central Kazajistán Uzbekiststán Turkmenistán Kirguistán Tayikistán Com. Est. Independ./ Eurasia ex soviética

45.215 64.500 65.200

1.500 2.630 3.760

1.280 2.031 3.000

 29  31  45

Tallin Riga Vilna

499 839 573

411 643 529

17.075.400 146.900 142.100 207.600 10.200 9.260 603.700 50.500 42.874 33.850 4.400 3.437

  8  46  74 102

Moscú Minsk Kiev Chisinau

8.769 1.612 2.595 665

12.108 1.930 2.890 675

1.243

1.118

1.199 1.150

1.069 1.200

276 2.079 402 626 604

855 2.352 683 923 775

69.700

5.000

4.305

 62

29.800 86.600

3.500 7.700

2.989 9.613

101 110

Tiflis (Tbilisi) Ereván Bakú

2.724.900 447.400 488.100 199.900 143.100

16.210 24.300 4.500 4.700 6.200

16.770 29.710 5.373 5.708 8.610

  6  69  11  29  60

Astaná Taskent Asjabad Biskek Dusambé

284.110 280.749

13

22.110.050

Fuente: El Estado del Mundo, 2002; Images Économiques du Monde, 2016 y Calendario Atlante de Agostini, 2016. * Censo. ** Población calculada.

Otros conflictos étnicos tuvieron su origen en la grave situa­ción socioeconómica y la aparición del paro y pobreza extrema que desataron una fuerte ola de xenofobia. Aunque unos 8 millones de rusos, de los 25 millones que vivían en otras repúblicas, han regresado a Rusia, todavía su presencia en esas otras repúblicas sigue siendo importante

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para Rusia, ya que estas minorías se concentran en determinadas regiones, como ocurre en Ucrania, Kazajistán o Moldavia, son partidarias de la integración, y Rusia puede utilizarlas como factor de presión. Un ejemplo es la situación que ha estallado en Ucrania en 2015, donde la mayoría prorrusa que vive en el sureste del país inició un enfrentamiento militar contra Kiev, con el apoyo encubierto de Rusia que, a su vez, ocupó y se anexionó la península de Crimea.

Figura 2.2. Estados surgidos de la antigua Unión Soviética.

2.  DESIGUAL OCUPACIÓN DEL TERRITORIO. CIUDADES Y DENSIDADES DEMOGRÁFICAS 2.1.  El proceso de ocupación del territorio y las migraciones interiores Desde finales del siglo XVIII el dinamismo demográfico de Rusia fue alto, llegando a los 150 millones de habitantes en 1900. En el siglo XX crecieron más las repúblicas meridionales, caucásicas y de Asia Central, por sus mayores índices de fecundidad. Así, la población casi se duplicó, pasando a 284 en el año 2000. En 2015, la población del conjunto de Eurasia ex soviética ha descendido a 280 millones, un retroceso centrado en los países de Europa oriental (pérdidas de 15 millones), que es consecuencia de la grave crisis económica que han

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sufrido, de sus tasas negativas de crecimiento natural y de la importante corriente emigratoria que han registrado. De forma paralela a la evolución demográfica y, en parte, como conse­cuencia de una alta fecundidad tradicional de los eslavos —especialmente de los rusos—, zares y gobiernos soviéticos llevaron a cabo, en siglos pasados, un proceso de ocupa­ción del territorio lento pero continuo y con algunas aceleraciones momen­táneas. Ya en el siglo XVIII la prospección minera y la roturación de la estepa hicieron afluir a Siberia colonos libres y deportados políticos. La coloniza­ción de la estepa siberiana se aceleró tras la abolición de la esclavitud (1861) y la aparición del ferrocarril; la construcción del Transiberiano, terminado en 1905, arrastró migraciones masivas que traspasaron los Urales. El paula­tino poblamiento de Siberia Meridional y el Extremo Oriente, consideradas áreas de destierro del imperio ruso, fue impulsado decididamente por el poder soviético que adoptó diversas políticas para incentivar en estas tierras la inmigración que se ha nutrido fundamentalmente de rusos. El descubrimiento de grandes riquezas minerales y de fuentes de energía en la parte asiática deshabitada y la decisión estatal —por motivos estratégi­cos— de potenciar allí la producción industrial no dejaban otra opción posi­ble que el traslado voluntario o forzado de cientos de miles de personas a los lugares donde se pretendía crear la nueva actividad. Así, surgieron las zonas industriales de los Urales, Asia Central y Siberia. Desde 1932, mientras per­manecía estacionaria la población en Ucrania y Países Bálticos, creció con­siderablemente en las estepas asiáticas y en las áreas industriales nuevas. La colonización de «tierras vírgenes» en las estepas de Kazajistán en los años cincuenta motivó la «migración organizada» (obligatoria) de unas 700.000 personas y una cantidad aún mayor de «voluntarios» a base de importantes incentivos. De la misma manera, pudieron despegar y desarrollarse los com­ plejos industriales de Kuzbass, Irkutsk y los del Extremo Oriente. De manera simultánea a los movimientos migratorios de larga distan­cia, se desarrolló en la URSS el proceso de urbanización, que se extendió desde los territorios europeos, donde se ha producido un fuerte éxodo ru­ral y se ha construido una red urbana relativamente densa, a los asiáticos, donde la creación de ciudades nuevas fue uno de los pilares de la política colonizadora soviética.

2.2.  El proceso de urbanización y el crecimiento de las ciudades En los territorios ex soviéticos el proceso de urbanización ha sido tardío con relación a la evolución experimentada por los otros países desarrollados. En 1939 la población urbana solo representaba el 33%, cuando en Francia, por ejemplo, llegaba al 56% y en España era del 46%. Solo en 1962 la población urbana logró sobrepasar a la rural, para llegar en 2015 al 65%, porcentaje todavía bajo en comparación con otros países desarrollados.

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Sin embargo, este desarrollo urbano ha sido rápido desde la revolución de 1917. Así, en 1939 uno de cada tres soviéticos era ciudadano; y en 1990 dos de cada tres. En 1926 se registraron 25 mill. de ciudadanos. Este número pasó a 100 mill. en 1960 y a 185 mill. en 2015. El crecimiento urbano espectacular ha repercutido también en el tamaño de las ciudades: si en 1926 solo 3 ciudades pasaban de medio millón de habitantes (las tres ligadas a la sucesiva capitalidad de Rusia (Kiev, Mos­cú y San Petersburgo), en 1970 eran 33 y en 2015 llegaron a 59, de las cuales 24 son millonarias. Así como en la Rusia zarista el nacimiento de ciudades estaba ligado a la función defensiva (Kremlim = fortaleza, Moscú), de mercado (Novgorod), de puerto y gran comercio (Odessa) y a la función administrativa (San Peters­burgo), en la época soviética el proceso de urbanización estuvo totalmente determinado por la función industrial y absolutamente dirigido por decisio­nes políticas. La ciudad, evidentemente, ejerce funciones de administración y redistribución; pero, ante todo, son centros industriales y su crecimiento está impulsado en la medida en que políticamente se decide la creación de empresas industriales. Además, el Estado soviético concebía el desarrollo de la sociedad socialista ligado al desarrollo de las clases urbanas. Cuadro 2.3. Evolución de la población de algunas ciudades del espacio ex soviético (miles de habitantes) 1926

1939

1976

1991

2002

2009

2014

Moscú

2.070

4.130

7.560

8.769

10.126

10.495

12.104

San Petersburgo (ex Leningrado)

1.730

3.400

4.370

4.456

4.116

4.524

5.132

Kiev

510

850

2.010

2.635

2.630

2.304

2.889

Almatý (Almá–Atá)

 45



  623*

1.156

1.130

1.351

1.552

Astaná







276

320

399

855

Novosibirsk

120

400

1.200

1.436

1.425

1.381

1.548

NovoKuznezt

  4

166

530

601

550

560

550

Angarsk





204

268

247

242

230

Fuen­te: Anuarios Estadísticos. Para 2009 y 2014, World Gazetteer y Calendario Atlante de Agostini (población calculada). *1966

Así pues, la red urbana, compleja en las regiones europeas y en los Ura­les, pero más elemental en Transcaucasia, Asia Central y Siberia, está domi­nada por dos grandes me­tró­polis: Moscú, con 12,1 millones de habitantes (15 mill. en su área metropolitana) y

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San Petersburgo, con 5,1 millones. De todas formas, en los últimos años, la fragmentación del es­pacio político ha afectado también a la red de urbana, que está en proceso de reorganización dentro de los espacios nacionales, donde la capital política está fortaleciendo su función centralizadora regional. En el proceso de urbanización desarrollado en la época soviética merece destacarse la creación de verdaderas ciudades-hongos, nacidas de la expan­sión hacia el este y la colonización de Siberia y el Extremo Oriente, a lo largo del Transiberiano y junto a los nuevos yacimientos mineros: Magnito­gorsk, Novo-Kuznezt, Bratsk, Angarsk, Komsomolsk, etc. Entre 1926 y 1966 se crearon en la URSS más de 800 ciudades, pobladas por gente joven (komsomolsk = pionero) y con altas tasas de fecundidad. A lo largo de las últimas décadas de régimen soviético, se practicó un claro apoyo al crecimiento de las grandes ciudades. En la parte europea estaban relacionadas con el desarrollo industrial y agrícola: rosario de ciu­dades del Volga (Gorki –actual Nijni-Novgorod–, Kazán, Perm, Kuibychev, Volgogrado) y las ciudades de Ucrania (Kiev, Jarkov, Donetz, Dniepropetro­ vsk, Odessa y Rostov). En los Urales se trataba de ciudades industriales (Ufa, Sverdlovsk actual Ekaterinburgo, Cheliabinsk, Oms); y lo mismo ocu­rría en Siberia (Novosibirsk, Krasnoiarsk, Irkutsk, Brats, etc.). También se fomentó el crecimiento en las ciudades de promoción polí­tica y administra­­tiva, como las capitales de las repúblicas: Minsk, Tbilisi, Ereván, Taskent, Alma-Ata (actual Almaty), etc., donde se potenció la diversificación de indus­trias y el desa­ rrollo del terciario. A pesar del estancamiento que se registra en algunas ciudades especia­lizadas (carboníferas y metalúrgicas de los Urales, Donbass y Kuzbass; estaciones del Transiberiano, las textiles en torno a Ivanovo), la atracción de las ciudades sigue siendo general. Moscú fue todo un sím­bolo de la URSS, como ahora lo es de Rusia; también lo fue con respecto a la urbanización: fue el centro que dirigió prácticamente todo en el inmenso Estado soviético, desde que en 1918 se trasladó a ella la capitalidad del nue­vo Estado altamente centralizado. De 2 mill. de habitantes en 1926, la aglo­meración pasó a 6 mill. en 1959 y a más de 12 mill. en 2015 (8,4% de la población de Rusia). En ella se ha acumulado el enorme poder de la función política y administrativa; prime­ro, como centro de organización de las tierras rusas; después de 1917, como capital de toda la Unión Soviética, y, después de la Segunda Guerra Mun­dial, como capital del mundo socialista. Poderosa y gigantesca, y punto central de la inmensa red radial de transportes que la convierte en un gigantesco centro industrial y de intercambios, Moscú conoce los múltiples problemas que afec­tan a las grandes metrópolis del mundo y trata de dominarlos en el marco de un plan de ordenación del «Gran Moscú», que incluye una orla periférica de una docena de ciudades de más de 100.000 hab., hacia donde se canali­za el crecimiento de la aglomeración. Su área metropolitana agrupa en 2015 a más de 15 mill. de habitantes.

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2.3.  Fuertes diferencias en las densidades humanas La densidad media de los territorios ex soviéticos es de 13 hab./km2, aunque existe una gran diferencia entre la parte europea con 40 hab./km2 y la parte asiática con 5 hab./km2. Estas densidades cobran sentido si se ponen de manifiesto las diferencias a escala regional. El mapa de las densidades refleja, en primer lugar, la importancia demográfica de los tres focos de poblamiento histórico: —— El área de poblamiento eslavo entre el Báltico, el Volga y el mar Ne­gro; aprovecha las mejores tierras agrícolas y la cristalización de la red urbana, tras las fases de desa­rrollo industrial; aparecen extensas áreas de densidades superiores a 50 y hasta 100 hab./km2 (Ucrania meridional, Moldavia, Región Central, San Petersburgo, región del Volga), muy altas en relación al conjunto, pero más bien bajas en comparación con las de Europa Occidental. Centros urbanos e indus­triales, grandes ríos y los litorales son los factores de concentración de la población. —— El Cáucaso, con los tres grupos principales (georgianos, armenios y azeríes, 17 mill., en total) instalados en las cuencas y valles interiores, una cuarta parte de la superficie de las tres repúblicas. —— Asia Central, donde viven unos 65 mill. de personas en los oasis, valles montañeses y llanuras aluviales de regadío, cuyas densidades supe­ran también los 100 hab./km2. Más allá de los Urales, las áreas de alta densidad cada vez aparecen más aisladas. El poblamiento se reduce a los ejes de penetra­ción, a los valles fluviales de los grandes ríos y a los centros mineros y zonas de explotación de hidrocarburos. Así, de los Urales a Kuzbass, las densida­des medias se ordenan según el eje trazado por el Transiberiano; en la fran­ja de Siberia meridional, se han colonizado nuevas tierras y se han puesto en explotación recursos del subsuelo, dando origen a centros urbanos e in­dustriales. Más allá del lago Baikal, sólo aparecen relativamente poblados los valles del Amur y del Usuri, en la costa del Pacífico, y algunos núcleos aislados, centros de explotación minera junto al ferrocarril BAM (BaikalAmur-Magistral), recientemente construido. Los demás territorios son inmensos vacíos (Gran Norte, Extremo Orien­te, áreas desérticas y montañosas), recorridos por cazadores y pastores nó­madas, pertenecientes en su mayoría a viejas poblaciones, donde las activi­dades extractivas han dado origen, de manera puntual, a algunos centros mineros. De una manera general, los sectores poblados aparecen en el extenso terri­torio de la CEI como islas de un archipiélago, a menudo muy alejadas unas de otras. En su configuración han intervenido cuatro grupos de factores:

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—— históricos, en relación con las civilizaciones históricas de base rural que aprovecharon las mejores tierras o buscaron refugio; así, las áreas de viejo poblamiento ofrecen una ocupación más densa y con­tinua; —— humanos, como el proceso de urbanización que está en la base de la formación de altas densidades; —— económicos, que en el caso de la Unión Soviética han estado íntima­mente unidos a los factores políticos, como el trazado de nuevos fe­rrocarriles en la parte asiática, las colonizaciones de tierras vírgenes y la creación de nuevas regiones industriales (Urales, Kuznest, Kara­ganda, Baikal, Amur); —— y naturales, porque elementos como el frío, la aridez y el suelo infértil son factores de gran capacidad repulsiva que explican los grandes vacíos en el mapa de las densidades en los territorios de la CEI, fren­te a las áreas de altas densidades que siempre llevan implícito algún factor natural favorable.

3. VARIEDAD Y CONTRASTES DEL MEDIO NATURAL 3.1.  Inmensidad del territorio y uniformidad de las unidades morfoestructurales El gran conjunto eurasiático de los Estados postsoviéticos ocupa una superficie de 22 mill. de km2. Su territorio cubre casi la mitad del continente europeo y 1/3 del asiático. Hay 9.000 km desde la frontera polaca hasta el Pacífico y de 4.000 a 5.000 km desde el Ártico a la frontera meridional. Pero este inmenso territorio incluye un número relativamente pequeño de unidades geológicas y morfológicas (Figura 2.3). A la sensación de monotonía, que contrasta con la variedad paisajística de la Europa Occi­dental y Mediterránea, hay que añadir el aislamiento que impone por el sur y por el este el gran cinturón de montañas periféricas.

3.1.1.  Las llanuras Las llanuras ocupan las dos terceras partes del territorio. Se pueden dis­tinguir tres grandes unidades: —— La Gran Llanura rusa o Plataforma rusa, desde los Cárpatos a los Ura­les, es una vieja plataforma de rocas cristalinas, recubierta por sedi­mentos y, en su mayor parte, bascu­lada hacia el sur. Las mayores elevaciones se dan en los altos de Val­dai (374 m, divisoria de aguas) y en las mesetas del Volga (396 m). La región de Donetz es un sector de plegamientos hercinianos arrasados y fracturados que se parece a la estructura de Europa Central.

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—— La llanura de Siberia Occidental, al igual que la rusa, es una superficie de colmatación de origen complejo, con una espesa capa de sedimen­tos de los mares secundarios y aluviones terciarios y cuaternarios; sin embargo, a diferencia de la llanura rusa, los sedimentos glaciares no ocupan más que una pequeña extensión. La lla­ nura siberiana corres­ponde a la cuenca del Obi y sus afluentes; su extrema hori­ zontalidad (en 2.000 km no se superan los 200 m de altitud) dificulta el drenaje y provoca grandes inundaciones en la primavera y principios del ve­rano, cuando se produce el deshielo. —— Al sur de los altos de Kazajistán, en Asia Central, se extiende la depre­sión aralo-caspiana, que en otros tiempos fue recorrida por los nóma­das y conquistadores turco-mongoles. Es una amplia cubeta rellena­da de sedimentos; los sectores arenosos modelados por la erosión eólica, con dunas fijas o móviles (barjanes), se alternan con áreas de areniscas duras, rocosas y con costras salinas. El largo e intenso pro­ ceso de desecación ha convertido en mares residuales al Aral y al Caspio que ocupan los sectores más deprimidos.

Figura 2.3. Relieve y unidades geomorfológicas en el territorio ex soviético.

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3.1.2.  Elevaciones del zócalo cristalino La elevación del zócalo cristalino en los Urales y en el umbral de Kaza­jistán marca la separación entre estas tres llanuras. Además, el zócalo se halla levantado en las mesetas de Siberia Central. —— Los Urales son un viejo macizo de rocas antiguas, de plegamiento herciniano, alargado de norte a sur sobre 2.500 km y con una elevación máxima de 1.885 m en el Norodnaia. El viejo macizo fue reducido a penillanura durante el se­cundario y con los movimientos alpinos se rejuveneció. La erosión posterior modeló un relieve apalachiense, con cimas paralelas de ca­lizas resistentes flanqueadas por macizos cristalinos altamente meta­lizados. Sus amplios pasos a menos de 500 m y el fuerte empuje de la gran colonización rusa y soviética en Asia han reducido la vieja fron­tera europea a un valor histórico y puramente simbólico. —— El umbral de Kazajistán es una meseta de rocas hercinianas que une los Urales meridionales con el sistema herciniano de Altai. —— Al este del Yenisey se extienden las mesetas de Siberia Oriental, viejo y fracturado es­ cudo siberiano que aflora en el macizo de Anabar. Constituyen inhós­pitas plataformas que están situadas a diferente nivel (500-800 m), separadas por escarpes de falla y recubiertas con una espesa capa de sedimentos. En el sur, abruptas sierras primarias destacan su com­plejo relieve entre cubetas interiores y estrechas y profundas fosas. El lago Baikal, que ocupa una de estas fosas, tiene un fondo de 1.300 m bajo el nivel del mar, mientras que las orillas se hallan a 455 m sobre dicho nivel.

3.1.3.  La orla de montañas periféricas El conjunto de cordilleras periféricas ocupa un 30% del territorio ex soviético. Además de su notable extensión, este cinturón montañoso ejerce un papel nada despreciable como frontera, refugio de pueblos y abastecimien­to de agua. Bordeando las llanuras y mesetas, las montañas periféricas forman una orla semicircular, más o menos discontinua, a modo de gran anfi­teatro, que va desde el mar Negro hasta el estrecho de Bering. El sistema alpino aparece ligeramente en los Cárpatos de Ucra­nia, aflora en Crimea y adquiere un gran desarrollo en las altas cadenas del Cáucaso, Asia Central y Extremo Oriente. El Cáucaso tiene una extensión y elevación mayor que los Alpes. Está formado por una cadena principal o Gran Cáu­caso, al norte (Elbruz, 5.633 m), y otras secundarias, junto con macizos volcánicos, al sur (Pequeño Cáucaso y macizo armenio), que encierran de­presiones interiores, como la de Georgia al oeste y la de Azerbaiyán al este.

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En las altas cadenas de Asia Central destacan Indu Kush, Pamir, Tian Shan y Altai. Fueron originadas por el levantamiento del sistema alpino-himalayo y se elevan de 3.000 a 7.000 m a lo largo de la frontera china, prolongando el «techo del mundo» himalayo. Las fallas forman corredores y pasos que han facilitado las grandes migraciones, como la Puerta de Dzungaria. Más allá del lago Baikal, las montañas se fragmentan encerrando altas mesetas y en el noreste siberiano las cadenas se disponen en amplios arcos (Verjoyanks, Cherski y guirnaldas costeras de Sijote Alín, Kolima, Sajalín y Kamchatka), de sedimentos plegados cada vez más jóvenes cuanto más hacia el este, y con cumbres volcánicas. En torno al mar de Ojotsk, las costas son elevadas y bastante inestables, con seísmos frecuentes y vulcanismo activo en Kamchatka (4.850 m), península que forma parte del cinturón de fuego del Pacífico.

3.2.  El dominio de la continentalidad. Factores y elementos del clima Tres grandes hechos hay que destacar en el estudio de los rasgos climáticos de este inmenso territorio euro-asiático: la amplitud de las oscilaciones térmicas, el frío que domina todo el país en invierno y, en general, las escasas precipitaciones.

3.2.1.  Factores geográficos y atmosféricos La continentalidad, es decir, la gran diferencia entre las temperaturas mínimas y las máximas, es la característica más destacada del clima del territorio ex-soviético, debido a su situación alejada de las influencias atlánticas y al peculiar com­portamiento térmico de la masa continental, muy diferente al de la masa oceánica. Esta continentalidad se ve fortalecida por otros factores geográficos, como son la enorme extensión de la superficie continental de Asia, capaz de producir el fuerte enfriamiento de la masa de aire en invierno y su gran calentamiento en verano, la apertura total del país a las influencias polares y el aislamiento que impone el vigoro­so cinturón de montañas del sur y del este. Dos situaciones atmosféricas dominan ampliamente a lo largo del año. En invierno, un potente anticiclón térmico de aire polar se instala en el centro de Asia con una masa de aire fría y seca; dada su alta latitud (dos tercios del territorio se encuentran al norte del paralelo 60º Lat. N., el mismo que Estocolmo y Oslo), en la mayor parte de este espacio el invierno es largo y riguroso (150 días de hela­das en Moscú) y poco lluvioso. La masa de aire polar emite vientos fríos y secos y las temperaturas descienden hasta cifras increíbles en Siberia Oriental (Verjoyanks, –69,8 °C). Las depresiones atlánticas apenas rozan el norte (Frente Polar) o el sur (Frente Mediterráneo), con lluvias esporádicas y escasas. En verano el aire frío se retira y la situación se invierte. El calentamiento de la masa continental provoca la formación de una depresión térmica de aire cálido, cuya ascensión verti-

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cal desencadena la formación de tormentas con lluvias irregulares y violentas. Si en invierno el anticiclón siberiano im­pide la penetración de las borrascas atlánticas, en verano la depresión favo­rece la circulación más fluida de los vientos del Oeste que aportan cierta humedad, lo que da lugar al aumento de la pluviosidad de origen tormento­so. También en verano la influencia del anticiclón de las Azores se deja sen­tir en la costa de la península de Crimea, mientras que en la región costera del sureste siberiano la llegada de masas húmedas desde el Pacífico provoca abundantes precipitaciones estivales. La transición al invierno (otoño) apenas dura unas cuantas semanas y lo mismo ocurre con la transición al verano (primavera), esta vez más apara­tosa, porque el deshielo (rasputitsa), iniciado con la primavera, provoca enor­mes trastornos circulatorios, debido a las inundaciones y barrizales que ha­cen impracticables los campos y caminos durante algunas semanas.

3.2.2.  Elementos del clima: temperaturas y precipitaciones Frío y aridez son las consecuencias directas y más relevantes de la conti­nentalidad; ésta hace que las temperaturas sean anormalmente cálidas en verano y anormalmente frías en invierno. El calor del verano aumenta de norte (4–10 °C) a sur (30 °C), mientras que la oscilación térmica y el frío invernal lo hacen de oeste a este (Cuadro 2.4), llegando Siberia Oriental al máximo de la «hipercontinentalidad». Esto trae consigo graves problemas, ya que, mientras en verano la evapotranspiración es muy fuerte en las regio­nes meridionales y hace inhabitables más de 4 millones de km2, en el largo invierno el frío domina todo el territorio y paraliza buena parte de las actividades. Cuadro 2.4. La continentalidad en el territorio ex soviético (temperaturas en ºC) Kiev

Moscú

Ekaterinburgo (ex Sverdolvsk)

Mes más cálido

21

18

18

19

17

16

Mes más frío

–6

–11

–15

–19

–21

–47

Amplitud térmica Media Extrema

27 50

29 79

33

38

38

 63 104

Temp. media anual

7,4

4,4

1,5

0

–2

–15,5

Novo-Sibirsk Irkutsk Verjoyanks

En Moscú la temperatura media bajo cero permanece durante cinco meses y en Siberia, siete u ocho meses. La nieve cubre las tres cuartas partes del terri­torio, los ríos se congelan y el suelo helado (merzlota) se extiende por el Gran Norte y toda Siberia. Un tercio de los terri-

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torios ex soviéticos registran una temperatura media inferior a –30 ºC y sufre seis meses de hielo ininterrumpido; el frío hace inhabitable siete u ocho millones de km2 (Figura 2.4). Además, constituye un enorme obstáculo para la agricultura, la orga­nización del territorio y la vida de relaciones. En total, el exceso de calor o el exceso de frío producidos por la continentalidad inutiliza más de la mitad del territorio.

Figura 2.4. El frío en el territorio ex soviético.

La continentalidad y los factores que la provocan son también responsa­bles de que, en general, las precipitaciones sean débiles y caigan sobre todo en verano. Además, éstas sufren una gran irregularidad interanual: el 90% del territorio de la CEI recibe anualmente menos de 600 mm de preci­pitación, lo que determina que en una gran parte del espacio agrícola sean insuficientes y que las sequías periódicas o la simple alteración de su ade­cuada distribución anual provoquen catástrofes en las cosechas de las regiones afectadas. La influencia marítima es escasa. El Océano Glaciar Ártico está helado de 8 a 11 meses y aporta muy poca humedad. Al este, el Pacífico, recorrido por la corriente fría de Oya Sivo, envía nubes y nieblas, pero no lluvias; sólo el mar de Ja­pón, afectado en verano por una masa de aire cálido y húmedo aporta llu­vias al valle del Amur, pero sin llegar a penetrar demasiado en el interior debido al obstáculo de las alineaciones montañosas. Al oeste, el Atlántico se halla muy alejado; los frentes invernales son detenidos y desviados muy al norte

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por el potente anticiclón térmico siberiano; sólo en el noroeste, los territorios próximos al mar Báltico y Bielorrusia se ven relativamente afec­tados por ellos. Las precipitaciones son, pues, escasas y predominantes en verano, cuan­do las bajas presiones continentales permiten la penetración de masas de aire tropical húmedo y el calor intenso hace la atmósfera inestable, favore­ciendo las corrientes de aire convectivas y provocando tormentas de verano, con lluvias irregulares y violentas (Figura 2.5).

Figura 2.5. Distribución de las precipitaciones en el territorio ex soviético.

El mapa de precipitaciones refleja fielmente las situaciones que acabamos de comentar: disminuyen de oeste a este y desde una franja central hacia el norte y hacia el sur; destaca el mayor volumen en las regiones próximas al Báltico y Europa Central y al mar de Japón. Además, las isoyetas dibujan los perfiles de las alineaciones montañosas, donde el efecto de barrera favorece el aumento de las precipitaciones: Urales, Cáucaso, montañas de Asia Central y Siberia Oriental. Por el contrario, el menor volumen corresponde a dos ex­tensas áreas afectadas por factores diferentes: el Gran Norte, debido a la esta­bilidad atmosférica que genera el frío polar; y la vasta depresión aralo-caspia­na que, por sus temperaturas más elevadas, lejanía del mar, aislamiento y falta de relieves en el interior, corresponde a la degradación árida del clima continental (Astracán, en la orilla del Caspio, 160 mm de precipitación).

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3.2.3.  Predominio del clima continental De acuerdo con las características de los principales elementos climáticos y de sus factores, podemos establecer un esquema relativamente sencillo de las regiones climáticas en los territorios de la antigua Unión Soviética. El dominante es el clima continental, presente en casi todo el territorio, con algunas variantes: El continental tipo medio se da en los territorios europeos, con valores de referencia de Moscú: preci­pitaciones superiores a 400 mm, suficientes todo el año, temperatu­ra media anual superior a 4 °C y oscilación térmica inferior a 30 °C. El continental tipo centroeuropeo, en la franja más cercana al mar Báltico (norte de Bielorrusia, región de Kaliningrado y países bálticos), es más fresco y húmedo y está afectado por las influencias atlánticas que moderan el frío invernal y la continentalidad. Al este de los Urales se impone la variedad hipercontinental: se extreman las temperaturas, sobre todo en el mes más frío, y aumenta la oscilación térmica que pasa de 30 °C y puede superar los 50 °C en las mesetas de Siberia nororiental; la temperatura media anual raramente supera los cero grados y las precipitaciones suelen ser inferiores a 400 mm, acusándose la se­quía de los meses invernales, dominados por el anticiclón. Dos ejemplos son la estación de Verjoyansk y la de Irkutsk. Por último, la variedades de continental semiárido y árido aparecen en la periferia y en el centro de la depresión aralo-caspiana, con inviernos poco fríos y veranos calu­rosos (media superior a 30 °C y máximas medias de 45 °C) y lluvias anuales inferiores a 250 mm; ejemplo, la estación de Kazalinsk. Junto a este inmenso territorio euroasiático con clima continental, aparecen algunas áreas periféricas y de menor extensión con otros tipos de clima, como los polares, ártico y subártico, en la franja septentrional y archipiélagos situados dentro del Círculo Polar, con temperaturas frías ex­tremas (ningún mes llega a los 10 °C) y precipitaciones escasas; una pequeña área de clima mediterráneo, al sur de Crimea, en Yalta, con más de 2 °C de media en enero; Georgia, con clima subtropical húmedo, a la vez cálido (más de 5 °C de media en enero), al abrigo de los vientos polares, y llu­vioso, con precipitaciones abundantes (2.000 mm) repartidas por todo el año; las regiones costeras del Extremo Oriente, con clima continental, fres­co y húmedo, similar al clima manchú: el invierno, bajo la influencia del anticiclón si­ beriano, es frío y seco; el verano, bajo la influencia de vientos oceá­nicos húmedos, es lluvioso (más de 600 mm anuales; en las monta­ñas, más de 1.000 mm) y el mes más cálido alcanza los 20 °C. Un ejemplo, la estación de Vladivostok. Las regiones montañosas introducen los factores altitud y orientación, que aumentan las precipitaciones a barlovento y las reducen a sotavento, a la vez que suavizan las temperaturas de verano y la oscilación térmica.

3.3.  Continentalidad y medios bioclimáticos Las condiciones climáticas notablemente homogéneas se ven reflejadas en la disposi­ción zonal de la vegetación: se extienden de oeste a este y se dife­rencian de norte a sur, en

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estrecha relación con el aumento de las tempe­raturas y la disminución de las precipitaciones. Así, se suceden distintos medios bioclimáticos. a) En las tierras más septentrionales y coincidiendo con el clima polar, se desarrolla la tundra. En este reino del frío el suelo y subsuelo se hallan permanentemente helados hasta una profundidad de 200-300 m; en verano, sólo se deshielan unos 4-6 m durante uno o dos meses. Es la mer­zlota, equivalente al permafrost alaskiano o canadiense. Más de la mitad del Asia rusa tiene el suelo he­lado los doce meses del año. La vegetación de tundra es pobre y discontinua y se compone básicamente de musgos, líquenes, hongos y plantas herbáceas. Al sur, abe­dules y sauces enanos, de tipo arbustivo, llegan a formar pequeños bosque­cillos salpicados por la tundra que, gradualmente, va dejando paso a la for­mación plenamente arbórea. b) La taiga es el gran bosque de coníferas siberiano y, junto con el bos­que mixto, forma la enorme masa forestal que cubre el 45% de su territorio. Corresponde al clima continental que, a pesar de las extremadamente bajas temperaturas invernales, dispone de un verano con temperaturas superiores a 10 °C y precipitaciones modera­das. En la taiga oriental, el mayor rigor del invierno limita la variedad de árboles, siendo los más típicos el alerce y el abeto rojo; en la taiga occiden­tal, al alerce, abeto común y abeto rojo se unen el pino y el cedro. c) Hacia el oeste, con el aumento de las influencias de las depresiones atlánticas (mayor precipitación —más de 600 mm— y menor rigor invernal), van apareciendo árboles de hojas caducas, hasta dar paso al bos­que mixto, con abundancia de frondosas, como los álamos, sauces y fresnos. Otro sector de bosque mixto aparece en el Extre­mo Oriente, donde la influencia de los vientos húmedos del Pacífico suavi­zan las temperaturas y aumentan las precipitaciones. d) Al sur de Kiev, Oremburg y Omsk, el bosque no puede crecer y deja paso a la estepa (formaciones vegetales sin árboles), a través de una zona de transición, la estepa arbolada. Las influencias atlánticas escasamente se hacen sentir y la aridez, al igual que la temperaturas de verano, aumentan de norte a sur. Así, se suceden la estepa negra o de suelos negros (chernozion), la más característica y famosa; es la extensión más grande y continua de tierras negras del mundo, de una gran fertilidad; ocupa el 12% de estos territorios y es su mayor dominio agrícola. La vegetación original de gramíneas altas es sustituida por gramíneas bajas y especies xerófilas en la estepa gris, como la de Kazajistán, pasando gra­dualmente a la estepa blanca, con formaciones semiáridas en las proximida­des del Caspio y en Turkmenistán, con precipitaciones anuales inferio­res a 200 mm y temperaturas de verano superiores a 30 °C. La mayor parte de esta vasta zona árida es semidesértica, con vegetación

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xerófila disconti­nua de inviernos fríos y población concentrada en oasis y valles irrigados. Fácilmente se pasa a pequeñas áreas de verdadero desierto con formas sa­hariana pedregosas (hamadas) y de arena (ergs). e) Sólo las montañas altas y medias escapan a esta zonalidad funda­mental, debido a su disposición perpendicular a las zonas de vegetación (Urales) o por su situación periférica (Cáucaso y cadenas de Asia Central y Extremo Oriente). La variación de la temperatura y de las precipitaciones en sentido vertical da lugar a un escalonamiento en altura de los suelos y de la vegetación, apareciendo también grandes contrastes entre sus vertientes, sin olvidar la existencia de cuencas y valles intramontanos, donde las carac­terísticas ecológicas suelen ser muy peculiares.

4. REGIONES AGRARIAS Y GRANDES PRODUCCIONES 4.1.  Difíciles condiciones de la actividad agraria: recursos forestales y agrícolas Las condiciones del medio físico son verdaderamente ambivalentes: a la vez, suponen graves inconvenientes y grandes ventajas. Lo que se ve claramente en el caso de la agricultura. La enorme extensión de este espacio euroasiático permite disponer de unos 8 millones de km2 de bosque, la mayor parte en territorio ruso; éste es el país con mayor super­ficie forestal (1/3 de las tierras forestales del planeta) y es el primer produc­tor de madera de resinosas, aunque no de pasta de papel. Rusia y el conjunto de los Estados de su entorno disponen igualmente de unos 2,3 millones de km2 de tierras cultivadas, de las que más de 300.000 km2 (el 13%) corresponden a los fertilísimos suelos negros, cuya extensión es la mayor en toda la Tierra. Sin embargo, las desventa­jas de algunas condiciones naturales, especialmente las climáticas, provocan un balance ciertamente negativo para la agricultura. Efectivamente, existen graves inconvenientes en el clima y la edafología que afectan directamente a esta actividad; las buenas cosechas alternan sistemáticamente con las malas. La superficie agrícola útil (SAU) sólo equivale a 1/4 de la superficie total (unos 600 mill. de ha); y, de hecho, sólo el 10% de todo el territorio está realmente cultivado. Sin embargo, esta extensión equivale a cuatro veces la Península Ibérica. Desde 1950 la super­ficie cultivada ha aumentado en más de un 50%, gracias al regadío, al dre­naje y bonificación de tierras y, sobre todo, a las roturaciones de las estepas de Siberia Occidental y Kazajistán, donde Jruschov puso en cultivo en los años cincuenta 40 mill. de ha, aunque con un éxito parcial. Posteriormente, entre 1965 y 1985 se duplicó la superficie de regadío; actualmente asciende a unos 20 mill. de ha; (10% de la superficie cultivada) y produce el 28% del valor de la producción; se localiza en Asia Central (43%), en los valles del Cáucaso y en áreas meridionales de Ucrania y cuenca del Volga.

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Otro motivo del retraso de la agricultura se refiere a la clara insuficiencia de los medios técnicos, a pesar de que se realizaron grandes esfuerzos desde los años sesenta. La agricultura soviética financió la industrialización del país, pero la industria no prestó suficiente colaboración para cubrir las necesidades ni en mecanización ni en fertilizan­tes. Al finalizar los años ochenta, la URSS contaba con un tractor por cada 90 ha cultivadas, frente a 1/40 en EE UU; un tercio de las tierras no recibían abonos o recibían menos de los necesarios (80 kg/ha, cuando en Europa occidental se utilizaban unos 170 kg/ha) y, sobre todo, era extremadamente defi­ciente el sistema de almacenamiento y de distribución: sólo un 40% de las explota­ ciones tenían almacén que raramente utilizaban para guardar la cosecha, con lo que se perdía en el campo 1/5 de la producción. La mala gestión era responsable de las pérdidas del 20% de toda la producción agrícola, la misma cantidad que la URSS se veía obligada a importar cada año. Todos estos problemas, reconocidos al comienzo de los años noventa, no sólo no han sido resueltos en los últimos años por los nuevos Estados inde­pendientes por la falta de capitales para invertir, sino que se agravaron notablemente, tras la privatización de las tierras, por la desorganización del sistema productivo y por el caos que se adueñó de la gestión de la agricultura, desde la recogida a la manipulación, pasando por el almacena­miento y el transporte.

4.2.  Producciones masivas, pero insuficientes A pesar de todas estas deficiencias apuntadas, el conjunto del espacio ex-soviético, de­bido a la inmensidad del territorio, dispone de una gran potencialidad agríco­la y proporciona una relativa variedad de producciones. En esta agricultura dominan los cereales, aunque las frecuentes malas cosechas obli­gan a realizar importaciones. A la vez, faltan forrajes, pro­ductos ganaderos y productos frescos, siendo por ello importante el déficit de la balanza agrícola. a) Los cereales ocupan más del 50% de las tierras agrícolas, siendo el trigo, con el 40% de la superficie y la producción, el más importante (entre el 12 y 15% de la cosecha mundial). Junto al trigo de invierno de las regiones europeas con un rendimiento de 30 Q/ha, está el trigo de primavera de las regio­nes pioneras de Kazajistán con 12 Q/ha. El centeno (40% de la producción mundial) y la avena retroceden, mientras la cebada, en notable progresión, es la primera producción mundial (20%). Por el contrario, se produce poco maíz, que se concentra en las regiones meridionales (Moldavia, Ucrania, Bajo Volga y repúblicas del Cáucaso) y en el Extremo Oriente; la producción de arroz en el sur es también pequeña. b) Destacan también los cultivos industriales. La producción de algodón fue la primera del mundo (2,5 mill. de t a me­diados de los ochenta). En los años noventa, la producción descendió notablemente hasta 1,6 mill. de t, pero actualmente ha aumentado

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hasta los 4 mill. de t, obtenidas en gran parte en Uzbekistán y Turkmenistán. Igualmente merecen destacarse las producciones de cáñamo, lino y girasol que es la principal oleaginosa y se cultiva en Moldavia, sur de Ucrania y regiones del Volga. En remolacha azucarera es segundo productor mundial; se cultiva en tierras de chernozion, pero su rendimiento es bajo, la mitad del de Alemania. c) La producción de frutas, legumbres y forrajes sufre graves retrasos: las legumbres proceden de los huertos situados cerca de las ciudades, las frutas de las regiones meridionales, muy alejadas y mal comunicadas con los centros de consumo; los productos son caros y el sector muy deficitario, por lo que es necesario importarlos de los países mediterráneos y de Turquía. La vid se cultiva en las regiones meridionales de Crimea y Georgia y en los últimos años ha aumentado la producción de vino. Igual ocurre con los fo­rrajes, cuyo aumento está en relación con el impulso dado en los últimos años a la ganadería. d) La ganadería sufrió gravemente los efectos negativos de la colectivización y de las dos Guerras Mundiales, pero se fue recuperando lentamente; en 1987 la Unión Soviética era el primer productor mundial de leche (20% del total) y segundo de carne (12% del total mundial). En los últimos años, los Estados actuales han perdido capacidad productiva, agudizándo­se los problemas que derivan de tres causas: insuficiencia de cultivos forra­jeros, por lo que la ganadería tiene que depender de la producción cerealis­ ta; retraso en la producción de piensos compuestos, y escasa atención prestada a la selección de especies. Esto hace que los rendimientos sean muy mediocres.

4.3.  Tipos de regiones agrarias Las regiones agrarias de los territorios de Eurasia ex soviética son poco variadas; traducen, a la vez, la adaptación de los cultivos a los condicionantes geográ­ficos y a las diferentes etapas de la colonización agrícola: 1. Del mar Báltico a los Urales encontramos una región de policultivo, con cereales (centeno y avena más que trigo) en áreas de un bosque amplia­mente roturado, con pueblos de casas de madera (isba); asociados al cereal se cultivan el lino y la patata; en las últimas décadas se ha asistido a un pro­ceso de intensificación de la ganadería porcina y bovina. 2. Sobre las tierras negras de Moldavia, Ucrania y Rusia meridional hasta Kubán dominan los extensos campos cerealistas, con sus grandes pueblos de casas de arcilla, rodeados de girasol y frutales. En Ucrania la agricultura es intensiva con altos rendimientos, con asociaciones complejas (trigo, remolacha azucarera, forrajes, maíz,

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girasol) y ganadería porcina, ovina y, sobre todo, vacuna para carne. El este de Ucrania y la región del bajo Don periódicamente son castigadas por la sequía y los vientos ardientes del verano que destruyen parte de las cosechas. 3. Las estepas cerealistas se prolongan por el sur de los Urales hasta las estribaciones de Altai, con unas condiciones climáticas menos favorables y una población menos densa y más diseminada. Es la región, por excelen­cia, de la agricultura extensiva de base cerealista, centeno al norte, trigo al sur, con ganadería ovina y bovina; en las tierras vírgenes, no hace mucho roturadas, el monocultivo cerealista de bajos rendimientos adquiere el as­pecto de una agricultura a la americana. 4. En el sur de la parte europea, en una estrecha franja desde Moldavia a Azerbaiyán, el clima permite los cultivos mediterráneos, en va­lles abrigados y áreas de regadío: hortalizas, frutales, viñedos, agrios; tam­bién algunos cultivos subtropicales, como el té (Georgia), el algodón y el arroz. 5. En Kazajistán y Asia Central se oponen dos tipos de agricultura: la de secano, con ganadería ovina muy extensiva (3/5 de la cabaña total ), y la de regadío, al pie de las montañas y en los grandes valles densa­mente poblados; agricultura intensiva de oasis, en extensas áreas de rega­dío, que produce la mayor parte del algodón, del arroz, de las frutas y de los forrajes. 6. El resto del territorio (fundamentalmente de Rusia) tiene un escaso valor agrícola, en relación a las condiciones físicas y al poblamiento: islotes de ganadería (renos) en el Gran Norte y policultivo en los claros del bosque; el Extremo Oriente, más favorecido por el clima, presenta el gran inconveniente de la falta de mano de obra.

5. ABUNDANCIA   DE RECURSOS NATURALES Y FORMACIÓN DE LAS GRANDES INDUSTRIAS 5.1.  Gran riqueza y variedad de minerales La vasta extensión del escudo ruso-siberiano, fuertemente mineralizado, y la presencia del sistema herciniano en Ucrania, Urales y Siberia surorien­tal, explican la abundancia de minerales repartidos por todo el territorio, cuya prospección todavía no está acabada; abundancia que responde ampliamente a las necesidades de una industria moderna, tanto siderúrgica como química. En la mayoría de las producciones, incluidas las de los metales preciosos, el conjunto de los nuevos Estados constituye una gran po­tencia en minerales, sobre todo Rusia, Kazajistán y Ucrania. a) Materias primas siderúrgicas: las reservas de hierro son las segundas más gran­des del mundo (20%), detrás de las de Australia. La producción se extrae de los yacimientos

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tradicionales que muestran ya signos de agota­miento (Krivoi-Rog en Ucrania y Magnitogorsk en los Urales) y de los más recientes de Kazajistán, Siberia (Angara) y Kursk (Rusia-Ucrania). Entre estos dos Estados y Kazajistán producen más de 200 mill. de t (el 7% del total mundial en 2014). b) Entre los metales anexos a la siderurgia (aleaciones y recubrimien­tos) destaca el manganeso, con 1/3 de las reservas mundiales y una produc­ción (la 1.ª) equivalente al 30% de la mundial, obtenida en Nikopol (Ucra­nia), Kazajistán y Georgia. También con importantes reservas figuran el cromo (2.º productor), titanio y vanadio. En plomo, zinc y cobre Rusia y Kazajistán apare­cen entre los diez primeros productores. Más modestas son las reservas de níquel (Rusia, 2.º productor), en los yacimientos de Norilsk y Norte de Siberia, y de estaño. c) Una de las pocas reservas pequeñas es la de la bauxita que se encuen­tra en los Urales y en Sibe­ria Central (Yenisey), y que parece insuficiente para cubrir las necesidades. Rusia y Kazajistán figuran entre los diez primeros productores. d) No ocurre esto con los metales raros y preciosos: en platino, Rusia ha sido primer productor del mundo y hoy es el 2.º (Urales y Norilsk); en oro se sitúa en el 3.º lugar, con los yacimientos de Siberia Central y Extremo Oriente, en los valles del Kolima, Lena y Yenisey; también se produce en Uzbekistán, Kaza­jistán y Kirguistán. En plata, entre Kazajistán y Rusia obtienen la 4ª pro­ducción. En el conjunto de Estados que ocupan lo que fue el territorio de la URSS se destacan tres áreas especialmente ricas en minerales: los Urales, Kazajistán-Siberia Meridional y Extremo Oriente ruso. La localización excéntrica de los grandes yacimientos metálicos ha sido una de las razones principales de la política de descentralización indus­trial que llevó a cabo el Estado soviético.

5.2.  El potencial energético más importante del mundo Junto con los minerales, la abundancia y riqueza de las fuentes de ener­gía es uno de los fundamentos del nacimiento de la industria en la Rusia zarista y de su desarrollo en el período soviético y postsoviético. El potencial energético que posee Rusia es su mejor baza para recuperar parte del poder económi­co perdido tras la desintegración de la Unión Soviética y para aumentar su influencia política internacional. Actualmente, Rusia se ha convertido en el primer exportador mundial de gas natural y en el segundo de petróleo. Cuenta con más del 20% de las reservas mundiales de carbón, con el 10% de las reservas de petróleo, el 20% de las de gas natural, el 20% de las de uranio y el

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5% del potencial hidro­eléctrico. El grave y complejo problema al que hay que hacer frente es el hecho de encontrarse a 2.000 o 3.000 km de distancia, en regiones con clima hostil y vacías de hombres. Los territorios europeos consumen el 80% y producen sólo el 20%; y en cuanto a reservas, la desproporción es todavía mayor. Una tonelada de petróleo recorre por térmi­no medio 1.000 km entre el lugar de producción y el de consumo y una tonelada de carbón, 700 km; la energía hidroeléctrica, que tendría que recorrer también enormes distancias, apenas puede explotarse en las regiones asiáticas. El coste del transporte anula las ventajas del bajo precio de extracción y la insuficiencia de los medios de transporte provoca grandes trastornos a la industria por el retraso y la inse­guridad del aprovisionamiento.

5.2.1.  El carbón Desde la Segunda Guerra Mundial su producción se ha triplicado, aun­que hoy apenas representa una cuarta parte de la producción energética. La mayor producción se obtiene en las cuencas de Donbass (Ucrania), casi paralizadas desde que surgió el conflicto armado en los territorios pro-rusos, Kuzbass (Rusia), cerca de Altai, hoy la mayor reserva, y Karaganda, en las estepas de Kazajistán. Entre los tres países obtienen 526 mill. de t de hulla (2014), producción que ocupa el tercer puesto después de China y EE UU; y los 100 mill. de t de lignito es la segunda producción mundial, después de Alemania. Rusia cuenta también con enormes reservas de hulla sin explotar o en el co­mienzo de su explotación, en el Lena y Tunguska, en Yakutia del Sur (con equipamiento japonés) y en el Amur Central. Igual ocurre con el lignito: es abundante en los Urales y Kazajistán y se encuentra en muy buenas condiciones geológicas en la cuenca de Vilini (afluente del Lena, por la izquierda), en Siberia Central, y en el yacimiento de Kansk-Atchinsk, donde se encierra el 30% de todas las reservas de lignito de los territorios ex soviéticos.

5.2.2.  Los hidrocarburos Desde finales de los años cincuenta el carbón pierde el carácter priorita­rio para las inversiones que se desplazan hacia la prospección y producción de hidrocarburos, de tal manera que ya en 1987 la producción de petróleo y gas equivalía a las 2/3 partes de la energía producida en la URSS. En relación con la producción mundial, la URSS ocupó el primer puesto desde 1974 en petróleo y desde 1983 en producción y expor­tación de gas. La gran extensión de las formaciones sedimentarias permite a los actuales Esta­dos disponer de más del 10% de las reservas mundiales de hidro­carburos (10% del petróleo y 32% del gas). Las reservas de petróleo se reparten entre yaci­mientos de cuatro generaciones:

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a) Al primer grupo pertenecen la zona petrolífera originaria del Cáuca­so (Bakú), en Azerbaiyán, explotada desde 1873; en 1940 proporcionaba las 2/3 partes de todo el petróleo soviético y hoy sólo aporta el 3%. b) Más recientes y con mayores reservas son los yacimientos rusos si­tuados entre los ríos Ural y Volga, llamado Segundo Bakú (Ufa-Kuibichev-Perm). Iniciada en 1930, su producción se impulsó en la Segunda Guerra Mundial. c) Después de los años sesenta se han puesto en explotación los yaci­mientos situados más allá de los Urales, donde las reservas parecen cuantio­s as. Al norte de Siberia Occidental (Tercer Bakú), la cubeta transversal del Obi (Surgut, Tiumen), en Rusia, es una de las más ricas del mundo. d) En Kazajistán, en Tengiz y la península de Mangyslak (al este del Caspio) existen también grandes reservas (Cuarto Bakú), cuya explotación se inició en 1963. Las reservas han aumentado con el descubrimiento de un gran yacimiento en el interior de este mar (Kashagán). Respecto al gas natural, Rusia se convirtió en los años noventa, no sólo en primer productor (2.º en 2014), sino también en primer consu­midor y primer exportador. Los yacimientos europeos, en vías de agota­miento, se hallan al norte del Cáucaso, en el Volga Medio y en Ucrania. Las mayores reservas se encuentran en los yacimientos de Asia que, como en el caso del petróleo y del carbón, son los de mayor porvenir: Asia Central, con 1/4 de la producción en Turkmenistán y Uzbekistán; Siberia Occidental, con el 60% de la producción en Tiumen, Berezovo y Orengoi (primer yacimiento mundial); y Siberia Central y Oriental, con grandes reservas en la cuenca de Vilini.

5.2.3.  La electricidad Desde principios del régimen socialista, se prestó especial atención a la electrificación, ya que fue considerada como símbolo de la moderni­zación. Cada diez años la producción se ha ido doblando y hoy el conjun­to de países que ocupan el espacio ex-soviético es el 3.º productor mundial, después de China y EE UU. La mayor parte proviene de las centrales térmicas (86%), por resultar más barata su producción. La hi­droelectricidad sólo representa el 4% de la electricidad producida, a pe­sar del enorme potencial que posee; lo esencial de las reservas (47%) se halla en el cinturón de montañas periféricas, muy alejadas de los cen­tros de consumo. Por el contrario, la energía nuclear, iniciada con la primera central en 1954, se vio impulsada en los años setenta y ochenta. En 1987 existían en funcionamiento 56 centrales, casi todas en la URSS europea, en las regiones más deficitarias de energía. Después del accidente de Chernobil (Ucrania, 1986), el plan de construcción se paralizó, a la vez que se acudía a la

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tecnología de las potencias occidentales. Hoy, en 2015, sólo aporta el 11% de la electricidad total y el 3% de la producción energética total. Rusia cuenta con 32 centrales operativas y 10 en construcción; Ucrania, con 15 operativas y 2 en construcción. Así, pues, la abundancia y variedad de fuentes de energía y de minerales ha permitido mantener durante décadas el fuerte ritmo de crecimiento in­dustrial de la antigua Unión Soviética. Hoy, es Rusia el país mejor provisto en fuentes de energía y su envidiable autonomía es, a pesar del problema de la distancia y de los transportes, la base más sólida para asegurar su futuro como potencia económica.

5.3.  La formación de las grandes industrias Desde un principio (años treinta del siglo XX), por razones teóricas (ideológicas) y prácticas (retraso de la industria), el régimen comunista se planteó como objetivo fundamental convertir a la Unión Soviética en potencia industrial. Por ello, hizo de la industria básica el sector fundamental de la economía y prioritario para las inver­siones y organizó la producción en grandes empresas estatales (combinados, uniones industriales, complejos territoriales de producción). Si en 1913 el Imperio Ruso era la 5.ª potencia industrial (4% de la producción mun­dial y sólo 12% de la americana), al final de los ochenta, la URSS ya era la 2.ª potencia industrial y su producción equivalía al 20% de la mundial y al 80% de la americana. Desde 1940 el crecimiento ha sido especialmente fuerte, sobre todo el de la industria pesada que se ha beneficiado de las inversiones con absoluta prioridad: entre 1938 y 1955 recibió el 40% de las inversiones tota­les. Los resultados en la carrera armamentista y espacial marcaron la medi­da de sus posibilidades científicas y técnicas. Sin embargo, no se logró un desarrollo equilibrado de la economía y se crearon fuertes desniveles entre la industria y la agricultura, y entre la industria pesada y las de bienes de consumo, como se aprecia en los datos del Cuadro 2.5. Cuadro 2.5. Evolución de la producción industrial y agraria (índice 1940=100) Producción

1940

1960

1980

1987

2000

Volumen total

100

520

2.100

2.800

1.400

Industria pesada

100

660

2.900

3.800

1.800

Industria ligera

100

320

1.100

1.400

1.200

Agricultura

100

160

 200

290

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Fuente: Para 1940-1987, Gautier/Reynaud, 1989, p.150; para 2000, elaboración propia con datos de diversas fuentes.

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5.3.1.  Prioridad de la industria básica Desde el primer momento, se concedió prioridad a las industrias básicas, es decir, las industrias pesadas (metalurgia básica, quí­mica y construcción) y la metalurgia de transformación o bienes de equipo, porque fueron consideradas por los planificadores como los pilares econó­micos de un país y los más necesarios para construir la potencia militar. a) La metalurgia básica no cesó de crecer desde los primeros planes quinquenales. Dada la gran riqueza en materias primas y carbón, la producción de acero de la URSS fue aumentando hasta convertirse en la primera siderurgia del mundo, superando la producción de EE UU desde 1974 hasta su desaparición. Después, la producción ha descendido, y de 122 mill. de t, en 2007 ha pasado a algo más de 100 mill. en 2014, el 7% del total mundial y tercer productor, después de China y Japón. Gigantescas factorías funcionan en los centros tradicionales de Ucrania (Krivoi-Rog, Donbass y puertos del mar de Azov) y de los Urales (Magnitogorsk). De una generación posterior son los grandes centros asiáticos de Kuzbass y Karaganda (Kazajistán). Son también recientes las siderurgias de Rusia Central (Moscú y Leningrado). Desde los años noventa, la producción de acero de estos países ha retrocedido, siendo especialmente grave la repercusión de la crisis de Ucrania, agudizándose el problema del notable retraso tecnológico que ya sufría la URSS, del gran despilfarro energético y del déficit en aceros especiales para la industria de transformación moderna. b) Considerable progreso se ha logrado igualmente en la industria de meta­les no ferrosos. En aluminio Rusia es la segunda producción mundial (7% del total); las fábricas más antiguas se construyeron en la parte europea: Volgogrado (junto al Volga) y Zaporojé (en el Dniéper); las más modernas se instalaron junto a las presas de Asia Central y Siberia: Krasnoiarsk, Irkutsk y Brats; y también en Armenia. La fabricación de aluminio se ha convertido en la mejor forma de sacar prove­cho a los enormes recursos hidroeléctricos. Destaca igualmente la fabricación de otros metales, como el cobre (6% del total mundial), plomo (5%) y zinc (7%). c) La industria química básica acusa cierto retraso en su expansión, por la poca atención que se le prestó en la época estaliniana. Fue a raíz del aumento de la producción de hidrocarburos (años 60), cuando la industria química pasó a ser considerada prioritaria y la petroquímica experimentó un crecimiento espectacular, debido a la inversión masiva del Estado y de algunos países occidentales. Más recientes son los progresos en la química orgánica, con la ayuda de tecnología y equipos importados de occidente. Los retrasos continúan en la fabricación de plásticos, en materiales sintéti­cos, como el caucho y las fibras textiles (un tercio de la producción japone­sa), y en abonos, insecticidas, detergentes, etc.

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5.3.2.  Situación desigual de la industria de transformación En cuanto a las industrias de transformación, en su conjunto, han acumulado retrasos muy notables, ya que su crecimiento ha resultado tres veces inferior al de la industria básica. Sin embargo, pueden diferenciarse dos grupos de producciones, cuya tra­yectoria ha sido muy diferente. a) Los bienes de equipo en general fueron muy potenciados y su produc­ción fue privilegiada en la asignación de inversiones y mano de obra: metalurgia de transformación; maquinas-herramientas, sobre todo equipamiento industrial y ma­quinaria agrícola (tractores, cosechadoras) y material de transporte, como construcción naval, material fe­rroviario e industria aeronáu­tica (la segunda del mundo). La carrera espacial ha dado una especial prioridad y dinamismo a la industria aeroespacial que durante mucho tiempo ha sido un sector puntero. Lo mismo se puede decir de la producción armamentista, pilar fundamental de la industrialización soviética. b) No han experimentado similar desarrollo las industrias de bienes de consumo que, más bien, fueron sacrificadas y relegadas durante muchos años, con inversiones cinco veces inferiores a las dedicadas a los bienes de equipo. Este hecho generó una escasez permanente de la oferta, reflejo de una economía de «penuria» impuesta por la planificación central. Sólo a principios de los años ochenta del siglo pasado adquirieron el rango de prioritarias, cuando se empezó a tener en cuenta las exigencias de la demanda y la elevación del nivel de vida se convirtió en preocupación oficial. Las principales son las de cuero, plásticos, alimentaria (que no consigue cubrir las cre­cientes exigencias de la demanda), las textiles y la industria de electrodomésticos, importante para los artículos más corrientes (Leningrado, Moscú, Kiev y Minks), pero con gran retraso en electrónica. c) La industria del automóvil igualmente ha estado mucho tiempo sacrificada, al ser considerada un bien de consumo de lujo. Fue en los años setenta, cuando se le dio un notable impulso, pasando a ser en 1990 la 6.ª producción mundial de automóviles (Lada) y la 3.ª de vehículos industriales. En 2015, Rusia ocupa un modesto 10.º puesto en automóviles y el 19.º en vehículos industriales. Los tres centros más importantes son los antiguos de Moscú y Nijni-Novgorod (ex Gorki) y el más reciente de Togliattigad (complejo del Volga-Kama).

6. RUSIA, LA GRAN POTENCIA EMERGENTE REGIONAL 6.1. De la Comunidad de Estados Independientes (CEI), controvertida y poco relevante, a la Unión Económica Euroasiática (UEE) En el momento de declararse independientes, el 20 de diciembre de 1991, once de las quince Repúblicas de la Unión Soviética constituyeron la Comuni­dad de Estados Independientes

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(CEI) que fue ratificada oficialmente en Minks el 30 de diciembre. Era la nueva estructura política que sustituía a la desapa­recida URSS para gestionar el espacio ex soviético. Más tarde, en 1994, Georgia se adhirió a esta comunidad que, desde entonces y hasta 2008, estuvo integrada por doce Estados. Sólo los Países Bálticos rechazaron categóricamente, desde el principio, su incorpora­ción a la misma, impulsados por su fuerte vocación europea-occidental. Entre los acuerdos establecidos, destacan el Tratado de Seguridad Colectiva, que ha intenta­do crear una estructura militar similar a la OTAN y la Carta de la CEI que entre los objetivos básicos fija la cooperación en los dominios político, económico, ecológico, humanitario y cultural. Rusia, que destacaba clara­mente entre todos los nuevos Estados por su alto índice de autosuficiencia y su enorme potencial económico, ha queri­do, desde el principio, conservar y liderar el espacio económico común, como instrumento para mantener el control político y militar de los nuevos Estados independientes. Esta obsesión de Rusia por ejercer como gran potencia, imponiendo su autoridad y control sobre los demás países, ha chocado con los numerosos conflictos interétnicos y los fuertes deseos de los nuevos Estados de encontrar una identidad nacional y su autonomía política, y Rusia no ha sido capaz de imponer su lide­razgo sin recurrir a la fuerza, sea con el arma del petróleo y el gas, sea incluso con la fuerza militar. A pesar de que entre todos los Estados se había creado un altísimo nivel de interre­lación a causa de la planificación centralizada, en la que el Estado soviético daba prioridad a criterios políticos, Rusia no pudo evitar que, en el seno de la CEI, junto a la corriente integradora, impul­sada por el eje Bielorrusia-Rusia-Kazajistán, surgiese muy pronto la desintegradora, liderada por Ucrania y Georgia, a la que se unieron Azerbaiyán y Moldavia (GUAM, 1997), que nunca quisieron ver a la CEI más que como una fórmula transitoria para llevar a cabo la separación sin traumas. Para contrarrestar la asociación de los Estados más beligerantes en GUAM, Rusia puso en marcha en el 2000 la Comunidad Económica Euroasiática, contando con los Estados más afines, Bielorrusia, Kazajistán, Armenia, Kirguistán y Tayikistán. Añadiendo más complejidad a este escenario de alianzas, la Unión Europea, en el desarrollo de su Política de Vecindad, puso en marcha en mayo de 2009 la Asociación Oriental que integraba a seis países, tres de Europa oriental (Bielorrusia, Ucrania y Moldavia) y los tres caucásicos (Georgia, Armenia y Azerbaiyán). Su objetivo era impulsar la cooperación en el comercio, la economía, las infraestructuras y la política. Los conflictos con Rusia se agravaron en algunos Estados hasta tal punto que tanto Georgia, en 2010, como Ucrania, en 2015, han abandonado la asociación; y Turkmenistán, a su vez, ha perdido interés, de tal modo que, desde hace años, solo asiste a las reuniones en calidad de observador. Estos problemas han puesto de manifiesto la incapacidad de las estructuras organizativas de la CEI para articular una verdadera unión, con po­líticas comunes de cooperación económica y territorial. En este contexto, la CEI pierde cada vez más su atractivo inicial, al ser incapaz de afrontar y resolver los problemas reales que preocupan a todos los Estados miembros.

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La organización sigue activa, con cumbres a las que no siempre asisten todos los jefes de Estado y en la prensa internacional pasan casi desapercibidas. Se mantiene como zona de libre cambio (sin barreras arancelarias), competente en asuntos de minorías, derechos humanos y temas militares. Para reactivarla, Rusia intenta convencer a los miembros más reticentes de que su ayuda militar es indispensable para defender las fronteras de Asia Central; y en la cumbre de Kazajistán (octubre de 2015) se estableció como objetivo prioritario la lucha contra el terrorismo, creando una agrupación de fuerzas de frontera, con lo que se asegura la presencia de militares rusos en la mayor parte de las fronteras de la CEI. Indudablemente, con 17 millones de km2 y 142 millones de habitantes en 2015, Rusia es, en el gran espacio de Eurasia ex soviética, la gran potencia emergente, heredera de la extinta URSS en los organismos internacionales; su importancia en el concierto mundial es indiscutible, así como en el conjunto de todo el espacio ex soviético, ya que proporciona el 75% del PIB, el 64% de la producción industrial, el 83% del petróleo y el 87% del gas. En su territorio se sitúan cinco de las seis grandes regiones industriales de la ex URSS, cuenta con dos metrópolis mundiales (Moscú y San Peters­burgo) y dispone de un gran poderío militar, reforzado con la posesión de armas nucleares. A todo esto se une el hecho de que unos 20 millones de rusos viven en las antiguas repúblicas soviéticas y que puede utilizar su po­tencial energético como arma política. Después de la caída de la URSS, Rusia sufrió una profunda crisis econó­mica que afectó a todo su sistema productivo. Pero en la primera década su economía se recuperó gracias a la abundancia de mate­rias primas y fuentes de energía. Esta recuperación tuvo como consecuencia dos fenómenos sociales: el primero, un aumento espectacular de las desigualdades sociales (el 21% de la población posee las 4/5 partes de la riqueza nacional); el segundo, la formación de una clase media que representa ya el 20% de la población. Esto supuso el au­ mento de la capacidad de consumo, lo que permitió afrontar la reestructura­ción de todas las industrias de consumo y la llegada de capitales extranjeros, interesados por este creciente mercado de consumo. Entre las debilidades destaca la fuerte crisis demográfica (crecimiento natural negativo y saldo migratorio positivo) que hizo perder a Rusia en la primera década de este siglo más de cinco millones de personas; hoy la demografía está estabilizada, pero la crisis no está ni mucho menos superada, ya que en 2014 el crecimiento natural sigue siendo nulo. Otras debilidades afectan al sistema económico, como son las infraestructuras envejecidas y el excesivo peso del sector de materias primas y energía. Hoy, la economía rusa depende de los hidrocarburos que representan el 20-25% del PIB y el 55% de las exportaciones. Segundo productor mundial de petróleo y de gas, tiene unas reservas de gas probadas equivalentes al 18% de las mundiales, casi iguales a las de Irán, que son las primeras. Está tam­bién reestructurando la industria del carbón, segundas reservas mundiales. Sin embargo, las sanciones económicas impuestas por los países occidentales, a raíz del conflicto con Ucrania, y el fuerte descenso del precio del petróleo en los últimos años han provocado en 2015 una grave recesión de la economía.

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El potencial energético, la recuperación de la economía y las buenas relaciones con la Unión Europea permitieron a Rusia desde 1997 ir recuperando su protagonismo en la esfera internacional, llegando a ser el octavo miembro del G8, al que dejó de pertenecer a raíz del conflicto con Ucrania, el deterioro de las relaciones con la UE y las sanciones impuestas por los Estados occidentales. Ante la imposibilidad, ya asumida, de mantener íntegra la CEI, de consolidar sus estructuras políticas y económicas y de convertirla en una réplica de la Unión Europea, y ante el clima de aislamiento internacional que sufre, Rusia ha decidido impulsar la puesta en marcha de la Unión Económica Euroasiática (UEE), que inició su andadura el 1 de enero de 2015. A esta organización pertenecen, en marzo de 2016, Rusia, Bielorrusia, Kazajistán, Armenia y Kirguistán. Es de esperar que pronto se incorpore Tayikistán; Azerbaiyán y Uzbekistán han declinado firmar, aunque dan señales de acercamiento a Rusia, mientras que Ucrania, Moldavia, Georgia y Turkmenistán han rechazado directamente la invitación a incorporarse. La UEE trata de favorecer la libre circulación de mercancías, servicios, capitales y trabajadores, cooperar en proyectos de desarrollo global y llevar a cabo políticas comunes en agricultura, comercio, energía e infraestructuras de transporte. En definitiva, Rusia no deja de proponer fórmulas con el fin de seguir liderando y controlando la mayor parte posible del espacio de Eurasia postsoviética. A la vez, y en la medida en que se deterioran las relaciones con Occidente, Rusia intensifica las relaciones con China e Irán, con el fin de dar estabilidad a la región y de incrementar la colaboración en políticas energéticas y en la construcción de infraestructuras de comunicación. Así, la puesta en marcha de la UEE ha obligado a China a contar con Rusia en el proyecto de acondicionar la vieja «ruta de la seda» con nuevas infraestructuras de transporte, con el fin de crear un gran corredor eurasiático que acerque China a Europa por vía terrestre.

6.2.  Rusia europea y Rusia asiática: conjuntos regionales En la organización regional de Rusia podemos distinguir varios conjun­tos territoriales: el gran centro económico, en el corazón de la Rusia europea, las regiones de industrialización más reciente, también europeas y bien integradas con la región central, y las regiones periféricas de la Rusia asiá­tica.

6.2.1.  El centro económico de Rusia El gran centro económico de Rusia está formado por dos regiones mo­trices y sus entornos rurales: a) La región de Moscú se halla delimitada por el cuadrilátero Smolensk-Kostroma-NijniNovgorod (ex Gorki)-Briansk; es el corazón de lo que se denomina «región industrial

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central». En ella se con­centran las áreas más evolucionadas, desciende la proporción de población industrial, aumentan notablemente los activos agrupados en «ciencia y actividades científicas auxiliares»; también se ha desarrollado la agricultura intensiva, con frutas y verduras en invernaderos y ganadería moderna en explotaciones especializadas para cubrir la demanda de la población urbana. En un radio de 400 km en torno a Moscú existen unas 30 ciudades con más de 100.000 habitantes y tres superan el medio millón. b) La región de San Petersburgo (ex Leningrado) está integrada con la franja de los países bálticos, Kaliningrado y el norte de Bielorrusia. San Pe­tersburgo es el gran puerto hacia el Atlántico, símbolo tradicional de las relaciones de Rusia con Occidente. En su área metropolitana (5,1 millones de habitantes en 2015) la industria se ha impulsado a partir de la explotación del Gran Norte y de la taiga y aprovecha el gran potencial hidroeléctrico de la región. Registró fuertes tasas de crecimiento urbano entre los años sesenta y ochen­ta, pero a partir de 1995 la población se ha estabilizado, acusando en cierta medida la crisis demo­gráfica que sufre la mayor parte de los territorios exsoviéticos. La ciudad tenía 4,4 millones de habitantes en 1991 y se mantiene en 4,5 millones en 2015. c) Las viejas regiones rurales (Viejo Norte y Viejo Sur agrícolas) son re­giones periféricas que se están transformando bajo la influencia de los cen­tros industriales motrices. Los esfuerzos se centran en la mejora de la agri­cultura y del medio rural, con inversiones en infraestructuras y formación profesional. La franja rural del norte evoluciona hacia su conver­sión en espacio de ocio para los habitantes urbanos de las regiones indus­ triales; la del sur, se está beneficiando de un nuevo impulso industrializador en algunos centros urbanos.

6.2.2.  Otras regiones industriales europeas bien integradas Al este de la Rusia europea se sitúan otras dos regiones industriales, bien integradas con el centro principal: la región del Volga y la de los Urales. a) La región del Volga, colonizada por alemanes en el siglo XVIII, seguía siendo en los años veinte casi exclusivamente rural. Fue a finales de los años treinta, cuando se inició su transformación que en tres décadas la convirtió en una de las principales regiones industriales de la URSS. El Volga constituye un eje dinámico, a lo largo del cual se suceden ciudades y núcleos industriales; cuatro aglomeraciones son millonarias: Kazán, Kuybichev, Saratov y Volgo­grado. Es como el frente industrial de la Rusia europea. El acondiciona­miento del río ha convertido al Volga en un eje económico de primer orden, con regadíos en el valle y energía hidroeléctrica que alimenta a las ciudades y al frente industrial.

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Productora de trigo, maíz y girasol, la estepa se ha convertido en las úl­timas décadas en un gran «bocage», con largas hileras de árboles para redu­cir la acción destructiva del viento y la fuerte erosión provocada por las tormentas. b) La región de los Urales ya no constituye frontera alguna con Asia; es una región de industrias pesadas en el corazón de Rusia. Las viejas instalaciones del siglo XVIII fueron destruidas durante la Guerra Civil y fue en los años treinta cuando se construyeron grandes industrias de todas las ramas básicas. Durante años la mitad de las inversiones de la URSS se diri­gió a esta región y entre 1926 y 1940 llegaron tres millones de personas. Hoy los Urales son la principal región minera de Rusia y gran productora de acero. El declive de las acti­vidades mineras y de las industrias pesadas ha afectado a todas las ciudades, entre las que destacan Perm, Cheliabinsk, Ufa, Magnitogorsk y Ekaterimbur­go (Sverdlovsk) con 1,4 millones de habitantes en 2015 y sede de numerosos estable­cimientos de enseñanza superior y centro de investigaciones atómicas.

6.2.3.  Regiones periféricas de la Rusia asiática En Asia, Rusia se prolonga por Siberia (13 millones de km2) donde las condi­ciones de vida son duras, más agravadas cuanto mayor sea la continentali­dad y cuanto más alejado se esté de la arteria vital del Transiberiano. La abundancia de materias primas y de fuentes de energía son ya bien conocidas en la parte occidental, pero poco conocidas y mal evaluadas en el Gran Norte y Extremo Oriente. Es un territorio habitado mayoritariamente por rusos y los autóctonos sólo representan el 10% de toda la población; las densidades medias son ínfimas (5 hab./km2 al oeste, 1 hab./km2 al este; Kuznetsk, con 30 hab./km2 es una isla en medio de un desierto humano). El poblamiento se ha hecho a base de ciudades-hongo, sin personalidad y siguiendo un modelo prefabricado, frío y monótono. En las regiones pione­ras se sufre la inadaptación y el problema de la inestabilidad de las pobla­ciones se ve agravado últimamente por el saldo migratorio negativo. Los islotes de actividad se alinean a lo largo del Transiberiano, franja ensan­chada por el sur, con el ferrocarril Yubsib, y por el norte con el Sevsib y el BAM. Los principales centros económicos consolidados son Kuznetsk y Novosibirsk; los nuevos polos, en fase de consolidación, están constituidos por las cuencas del Obi y del An­gara-Baikal; y los nuevos polos en gestación se hallan situados a lo largo del BAM y en la cuenca del Amur. En este extenso territorio siberiano se pueden individualizar varios conjuntos (Figura 2.6): a) La región de Kuznetsk o Kuzbass, con desarrollo autónomo desde que se disolvió el combinado Urales-Kuznetsk, y basado en el carbón abundante y de fácil extracción

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(100 millones de t.). La energía del Obi y sus afluentes todavía está poco aprovechada. El valor de la producción siderúrgica ha sido ya superado por el de la industria mecánica y sobre todo química, que elabora cada vez más materias plásticas y fibras sintéticas. Aunque en pe­queña proporción, las industrias de consumo también están presentes en ciudades como Novokuznets, Kemerovo, Oms y sobre todo Novosibirsk (1,6 millones de habitantes en 2015) que, con una importante función terciaria, ha sido la base de partida para la conquista de Siberia.

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Figura 2.6. Regiones de Siberia Occidental y Meridional.

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b) Los espacios pioneros: unos agrícolas, como las tierras vírgenes de la estepa, prolongada en Kazajistán, dedicadas a la producción extensiva de cerea­les, y otros extractivos e industriales. Siberia Central y Extremo Oriente, cada vez más, han ido teniendo un mayor peso específico en el conjunto del país, por sus recursos energéticos y mineros colosales, aunque la colonización de estos territorios es difícil y costosa. Con frecuencia la actividad se limita a la extracción de materias primas para su envío a las regio­ nes europeas consumidoras, como el petróleo del Tercer Bakú (región del Obi, Tiumen, Surgut), el gas natural del Gran Norte y los metales no ferrosos de No­rilsk.

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Figura 2.7. Nuevos complejos productivos a lo largo del ferrocarril BAM.

Otras ve­ces, los recursos son revalorizados mediante una primera elaboración al pie de la mina, como el aluminio y la pasta de papel, con el fin de aprovechar la elec­tricidad del Yenisey-Angara, en la región de Baikal; y algunos centros industria­les han conseguido un desarrollo notable, como Krasnoiarst, Irkutsk y, más re­cientemente, Bratsk y Chita, donde se ha montado la metalurgia del aluminio, la industria química y de material eléctrico, de equipamiento minero y nuclear. A pesar de la llegada de hombres y de capitales procedentes de las

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regio­nes europeas y de Japón, existe una gran dificultad en fijar de manera defi­nitiva a la población. Es el mayor obstáculo para el desarrollo de estos cen­tros de actividad y de los nuevos que se quieren crear a lo largo de la línea ferroviaria BAM (Figura 2.7). Y desde finales del siglo XX, China está comprando o arrendando tierras y realizando grandes inversiones en minería a lo largo de la zona fronteriza, debido a la enorme necesidad de suelo agrícola y de materias primas que tiene el gigante asiático. En Extremo Oriente se han realizado grandes esfuerzos para ocupar la franja marítima, de un gran valor estratégico. Con unos 5 millones de habi­tantes, se ha desarrollado la agricultura y la ganadería para las necesidades de la población; se explota el carbón, el hierro, el oro, el petróleo y el gas (Sajalín se ha convertido en los últimos años en uno de los centros de pro­ducción más prometedores); se ha instalado la siderurgia en Komsomolsk, industria de bienes de equipo en Jabarost, industria de pesca en otros pun­tos del litoral, donde destaca Vladivostok, fundada el 1869; el gran puerto pesquero y comercial ruso del Pacífico tiene 603.000 habitantes en el año 2015, 30.000 menos que en 1995.

7. PECULIARIDADES DE LOS OTROS ESTADOS En torno a Rusia, se sitúan otros once Estados independientes, que antes fueron Repúblicas Federativas de la Unión Soviética. Presentan características muy diferentes no sólo por su extensión superficial y peso demográfico sino también y, sobre todo, por sus recursos y potencial económico, problemas de desarrollo y relaciones con Rusia. Se pueden agrupar en tres conjuntos regionales: en el extremo occidental, al oeste de Rusia, Bielorrusia, Ucrania y Moldavia; en el Cáucaso, Georgia, Armenia y Azerbaiyán; y en Asia Central, Kazajistán, Turkmenistán, Uzbekistán, Kirguistán y Tayikistán.

7.1.  Bielorrusia, Ucrania y Moldavia, los vecinos occidentales Estrechamente unidos a la historia de Rusia y partícipes del desarrollo de la URSS europea, los dos Estados eslavos, Bielorrusia y Ucrania, es­tán dotados de unas economías diversificadas y de un territorio bien orga­nizado, con la presencia de tres aglomeraciones millona­ rias. Las infraestructuras de transporte, de comercio y de servicios son comparables a las de Rusia europea. Bielorrusia tiene 9,3 millones de habitantes y Ucrania 42,9; en total, 52,2 millones, que equivalen a una quinta parte de la población del espacio ex-soviético; desde el 2000, Bielorrusia ha perdido un millón de habitantes y Ucrania, siete millones y medio. Mientras que Bielorrusia tiene población muy homogénea, con sólo 12% de rusos, en Ucrania etnia y religión enfrentan el oeste, ucraniano y católico, con el este, rusificado y ortodoxo; entre la población de Ucrania hay, además de eslavos, otras nacionalidades, como polacos,

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moldavos, rumanos, tártaros, etc. Frente a la voluntad integradora de Bielorrusia, Moldavia y, sobre todo Ucrania, han sido más reacios a una nueva asociación con Rusia; concretamente Ucrania, tras años de tensiones y conflictos permanentes, ha terminado por abandonar en 2015 la CEI y declarar a Rusia su principal enemigo. La economía de Bielorrusia reposa sobre tres pilares: el tránsito de petróleo y gas rusos (20% del gas ruso a Europa) y la gran capacidad de refinado, la metalurgia y la industria química, especialmente de fertilizantes. Fabrica también ca­miones y piezas de automóviles y ha desarrollado la tecnología punta (orde­nadores y material informático). La capital Minks experimentó un fuer­te crecimiento entre los años sesenta y noventa (medio millón de habitantes en 1958 y 2 millones en 1990, pero después ha descendido a 1,9 millones en 2015. Vive esencialmente de las buenas relaciones que mantiene con Rusia, de cuyo mercado es un proveedor privilegiado. Esta fuerte asociación con Rusia ha llevado a Bielorrusia a formalizar en el año 2000 una unión confederal que su­pone, además de la unión aduanera, la creación de un parlamento común con el fin de armonizar la legislación de ambos países. El proyecto es ambicioso, pero lento; toda­vía en 2015 no se han dado pasos significativos para llevarlo a la práctica. Sin embargo, sí se ha unido a Rusia para lanzar la UEE, con el fin de fortalecer y consolidar la cooperación económica en el espacio ex soviético, bajo la tutela de Rusia, de la que depende en sus exportaciones, importaciones y créditos. Ucrania es un país con grandes posibilidades económicas, más extenso que España y con similar volumen de población. Por la excepcional calidad de sus tierras la agri­cultura es uno de los pilares de la economía: 35 millones de hectáreas; casi el 60% de la super­ficie total del país se halla cultivada. No sólo es un gran productor de trigo (10.º productor mundial); también lo es de maíz (5.º productor mundial), de remolacha azucarera (6.º productor mundial) y de girasol. Los rendimientos son muy altos en las tierras negras; la agroindustria ha desarrollado la elaboración de azúcar, cuero, aceite, conservas de carne, etc. (Figura 2.8). No obstante, a raíz de la crisis política y de la guerra civil de 2014, estas producciones se han reducido notablemente. Ucrania es también un gran país industrial, con unos recursos naturales importantes, aunque hoy en declive: carbón (10.º productor mundial en 2008 y 14.º en 2014), hierro, cuya producción cayó de 166 mill de t en 1990 a 81 en 2000 y a 61 en 2014, y manganeso. El conjunto Donetsk-Dniéper, corazón industrial del imperio ruso antes de 1917, es hoy un «país negro» hipertro­fiado y, desde la crisis, semiparalizado. La industria del acero (8.º productor mundial en 2008 y 10.º en 2014) representa el 25% de la producción industrial ucraniana y el 40% del valor de las exportaciones. Se distinguen dos núcleos industriales importantes: al este, con Donetsk, ciudad del acero, y Lugansk, con material ferro­viario; ambas en crisis profunda por la guerra iniciada en 2014. Al oeste, sobre la energía hidroeléctrica del Dniéper, ha surgido Za­poroje, gran centro

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de producción de ferroaleaciones y aluminio, y Dniepro­pétrovsk, ciudad de siderurgia, con aceros especiales, y de construcciones mecánicas. En la ribera del mar Negro se desarrolló una importante actividad turística, que se ha ido reduciendo a raíz de los enfrentamientos con Rusia que, en marzo del 2014, se ha anexionado la península de Crimea, centro principal de esta zona turística, a la vez que lugar donde se ubica el puerto de Sebastopol, de gran importancia geoestratégica por constituir una base fundamental de la armada rusa.

Figura 2.8. Ucrania.

Un gran número de ciudades entre 100.000 y 1.000.000 de habitantes se distribuye por todo el territorio, pero ninguna domina verdaderamente el territorio nacional. La principal es Kiev que, adelantándo­se a Jarkov, funciona con extraordinaria potencia, creando nuevas indus­trias y laboratorios, atrayendo a la población y desarrollando las actividades terciarias.

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Tercera aglomeración urbana del espacio ex-soviético, la capital de Ucrania perdió población después de la independencia (1959, 1,1 millones de habitantes; 2,6 en 1989 y 2,3 millones en 2000), reflejando de este modo la crisis económica que sufrió todo el espacio ex soviético; posteriormente, la ciudad ha crecido (2,9 millones en 2014), debido a su dinamismo y, en parte, a la llegada de numerosas personas de los territorios orientales. El fuerte nacionalismo ucraniano de la mitad occidental del país ha tensado la relación con Rusia, acercándose a la OTAN y a la Unión Europea y derogando la autonomía de los territorios del Este, poblados mayoritariamente por rusos. El resultado hasta hoy (2016) es la insumisión armada de las repúblicas autodeclaradas independientes de Donetsk y Lugansk (una de las dos grandes regiones industriales de Ucrania, que aporta el 16% del PIB y el 26% del valor de las exportaciones) y la pérdida de la península de Crimea (principal área turística), ocupada militarmente por Rusia, como represalia por la actitud beligerante de Ucrania, y anexionada tras un referéndum que la convirtió en una provincia rusa. En 2015, Ucrania firmó el acuerdo de asociación con la Unión Europea, por lo que Rusia ha suprimido desde enero de 2016 el régimen de libre cambio entre ambos países, lo que afecta muy negativamente a las importantísimas relaciones industriales y comerciales y, por lo tanto, a toda la economía ucraniana. Moldavia, al igual que las tres repúblicas bálticas (Estonia, Letonia y Lituania), fue anexionada en la última expan­sión que la Unión Soviética hizo hacia el oeste, en 1940; desde entonces, la población au­tóctona rumana ha mantenido un fuerte sentimiento antirruso. El desarrollo industrial impulsado por la planificación central fue acompañado de una importante inmigración de población rusa, que se instaló en las ciudades y en los centros industriales, por lo que hoy existe una importante minoría rusa en la región oriental, al este del río Dniéster o Transdniéster. Moldavia se integró en la estructura de la CEI, obligada por su depen­dencia del mercado ruso para sus productos agropecuarios (frutas, verduras y vino) y por el proble­ma surgido con su actual minoría rusa. De los 3,4 millones de habitantes (4,4 millones en 2000), el 65% son de origen, lengua y cultura rumana. Ello explica que con la independencia Moldavia intentara llevar a cabo su unión con Rumania, deseo que se ha intensificado con la entrada de ese país en la UE. Sin embargo, a ello se opone la república secesionista del Transdniéster, con capital en Tiraspol, que amenaza con la independencia o con su integración con Rusia, similar a lo que ha ocurrido en Ucrania con la región de Donetsk y la península de Crimea. En el 2007, convertida en vecina de la UE al formalizar Rumania su ingreso en la Comunidad, Moldavia recibió la con­dición de nación más favorecida; y desde 2009, su pertenencia a la Asociación Oriental le ha dado la oportunidad de fortalecer la cooperación con la UE y con Rumania, tratando de reducir la excesiva dependencia econó­mica y energética de Rusia. Lo que no ha impedido que en estos años haya continuado el descenso de la población. Lo

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mismo que ocurre con Ucrania, Moldavia —tierra de frontera— se muestra fuertemente dividida entre los que tienden al acercamiento a la Unión Europea y los que prefieren asociarse con Rusia —su principal mercado— e integrarse en la Unión Económica Euroasiática.

7.2. Los Estados transcaucásicos (Georgia, Armenia y Azerbaiyán): gran complejidad física y social Las repúblicas del Cáucaso, junto con las de Asia Central, constituyen el gran Sur de la antigua Unión Soviética y del actual espacio postsoviético. Son Estados con pro­blemas sociales y territoriales de difícil solución: pueblos no eslavos con viejas rivalidades, territorios conquistados por Rusia, economías pobres, diferencias religiosas, conflictos étnicos; son países cálidos, con graves problemas de aridez. Los diferentes pueblos, incorporados tardíamente y por la fuerza al imperio ruso, mantienen su idioma propio y su cultura tradicional musulmana, hoy revitalizada. Su alta natalidad determina el fuerte crecimiento natural que, a su vez, agrava el proble­ma de la pobreza y de la crisis económica. En esta periferia meridional la indus­tria apenas se ha desarrollado, continuando el predominio agrícola y exportan­do productos poco elaborados, con lo que la dependencia respecto a los otros Estados postsoviéticos, fundamentalmente de Rusia, es muy fuerte. Especialmente complicada es la región del Cáucaso. No sólo la complejidad del relieve montañoso dificulta su organización territorial; también la existencia de más de 30 grupos étnicos, entre los 17 mill. de habitantes que pueblan esta montaña-refugio, determina las dificultades para lograr una convivencia pacífica. Región de contacto entre Europa y Asia, la lucha por la superviven­cia entre etnias, lenguas y religiones ha creado odios profundos, muy difíci­les de superar. Siempre ha sido un avispero y, desde que Rusia los conquis­tó, no han dejado de ser un rompecabezas hasta ahora no resuelto. Georgia fue una de las repúblicas privilegiadas de la antigua Unión So­viética. Con un clima subtropical húmedo, disfruta de una economía di­versificada. Pero la crisis profunda tras la independencia y la guerra civil en 2007 (en la que participó también Rusia) han hecho que, con el 1,7% de la población del espacio ex-soviético, el PIB se haya reducido del 1,7% del total de la URSS en 1987 al 0,7% del PIB global de los actuales Estados independientes; igualmente su población ha descendido de 5,5 millones de habitantes en 1995 a 4,3 millones en 2015, de los que el 70% georgianos. El relieve montañoso permite diferenciar las regiones altas, con predominio de ganado ovino, y los valles occidentales y llanuras litorales, con un policultivo rico e intensivo. Georgia obtiene una gran producción de té y de agrios, además de otros frutales, tabaco y uva. Destaca por su especial riqueza agrícola la fachada del mar Negro, la vieja Cólqui­da de los griegos. En años pasados, esta costa tuvo un importante desarro­llo turístico que la guerra civil y la actual inseguridad en la zona lo han arruinado.

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Con la independencia surgió un nacionalismo radical que la ha tenido en permanente enfrentamiento con Rusia que, a su vez, apoya a las dos repúblicas secesionista de Osetia del Sur, deseosa de unirse a la rusa Osetia del Norte, y Abjasia, rica región junto al mar Negro, poblada por georgianos musulmanes, que se ha declarado independiente. Desde 2005, ha aumentado su deseo de escapar a la influencia rusa con la estrategia de aproximarse a Occidente. Las tensiones se han agudizado hasta el extremo de declararse una guerra en verano de 2008. Georgia ha abandonado la CEI al mismo tiempo que ha solicitado su ingreso en la OTAN; a su vez, Rusia ha contestado reconociendo la independencia de Abjasia y de Osetia del Sur, y apoyándolas militarmente. En 2014, Georgia firmó un acuerdo de asociación con la UE, manteniendo el objetivo principal de integrarse cuanto antes en las estructuras políticas, económicas y militares euroatlánticas. Armenia, con 29.000 km2, es la más pequeña de las tres repúblicas trans­caucásicas. Está situada en la parte más agreste de la cordillera, se halla poblada en 2015 por 3 millones de habitantes, después de perder medio millón entre 2000 y 2010, y alcanza una densidad media de 102 hab./km2. En rea­lidad, la Armenia actual es sólo la parte oriental de la Gran Armenia histó­rica, cuya parte occidental pertenece a Irán y Turquía. Los armenios son un pueblo antiquísimo, cuya lengua se halla próxima a los orígenes de la indoeuropea, y de religión cristiana primitiva, que ni es de rito cató­lico ni ortodoxo. Confinada en este espacio montañés, Armenia es un territorio pobre, dedicado a la ganadería ovina y con algunos valles abrigados donde se cul­tiva la vid, frutales y hortalizas. El carácter montañoso ha favorecido la construcción de centrales hidroeléctricas que alimentan industrias químicas y de aluminio y permiten al país exportar electricidad. Debido a la tensa rivalidad y enfrentamiento con su vecina Azerbai­yán (por el conflicto no resuelto del Alto Karabaj), que le podría imponer un bloqueo total, Armenia es una firme defensora de la integración de las repúblicas ex­soviéticas y, por eso, se ha integrado en la UEE. Mantiene estrechas relaciones con Rusia, cuyas inversiones han permitido reactivar el sector minero (cobre, oro y diamantes) y la industria del aluminio. También se está desarrollando el turismo, basado en su rico patrimonio histórico y en algunas estaciones de montaña. Uno de los principales objetivos actuales es romper su aislamiento, abriendo un corredor norte-sur (Rusia-Georgia-Armenia-Irán, cuyo primer paso es la construcción ya iniciada de una potente línea de transporte eléctrico. Azerbaiyán ocupa una depresión abierta hacia el mar Caspio y con altos índices de aridez. Ha basado su desarrollo en el petróleo y en el regadío. Explotado desde 1873, el yacimiento petrolífero de Bakú era, en 1900, el primero del mundo y, hasta los años cuarenta, proporcionaba el 75% del petróleo soviético. Hoy, el área de explotación avanza bajo el mar Caspio con las técnicas más modernas que pueden extraer petróleo de capas más profundas; la producción aumentó notablemente desde 15 millones en 2002 a 50 millones de t en 2010;

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pero, desde entonces, la producción está estabilizada. Se calcula que Azerbaiyán posee el 0,5% de las reservas mundiales de petróleo y gas. Al contrario de lo que ocurre en la mayoría de los Estados ex soviéticos, en Azerbaiyán aumenta la población; de los 9,6 millones de habitantes, el 80% son azeríes, turcófonos y musulmanes chiítas; mantienen bue­nas relaciones con Irán, donde viven otros 5 millones de azeríes, y se siente atraída por los Estados de Asia Central, debido a la común cultura islámi­ ca. Mantiene igualmente buenas relaciones con Rusia con el propósito de mejorar su situación económica. Su pertenencia a la CEI le permite disfrutar del acuerdo de libre cambio y del acceso fácil al mercado ruso. Ha rechazado la firma del acuerdo de asociación con la UE, con el objetivo de no contrariar a Rusia; pero todavía en 2016 no se ha decidido a integrarse en la UEE y prefiere mantenerse abierto a otras influencias. El aumento de las exportaciones de petróleo sirvió para reactivar la indus­tria, principalmente las ramas relacionadas con el petróleo, cuya producción ha crecido entre el 10% y el 15% respecto a la década de los noventa. Sin embargo, la caída brutal del precio del petróleo ha impulsado la idea de disminuir la excesiva dependencia del petróleo (95% del valor de las exportaciones, 50% del PIB y 70% de los ingresos fiscales) y potenciar otros sectores de la economía como la producción agrícola y el turismo.

7.3. Los Estados de Asia Central (Kazajistán, Turkmenistán, Uzbekistán, Kirguistán y Tayikistán): entre la pobreza y la abundancia de hidrocarburos 7.3.1.  Estados de predominio agrario y mayoría musulmana En el Asia Central soviética, la desintegración de la URSS dio origen a cinco nuevos Estados: Kazajistán, Kirguistán. Uzbekistán, Turkmenistán y Tayikistán. Con sus 4 millones de km2, presenta serios problemas de integración en una economía y sociedad modernas. A la lejanía respecto al centro económico regional —a unos 3.000 km de Moscú— se une la fuerte especificidad natural y humana. Al sur de las estepas kazajas se extiende un amplio conjunto territorial árido, anexo a las altas montañas meridionales. Valles, cuencas y oasis constituyen los medios de vida privilegiados. Aquí, junto a los cursos de agua, florecieron viejas civilizaciones sedenta­rias que llegaron a su esplendor en los siglos XII-XIV (Samarcanda, Bujara). Hoy, desde el punto de vista humano, los Estados de Asia Central se caracte­rizan también por la importancia del Islam y una demografía especialmente dinámica. Con densidades medias de 17 hab./km2, en las zo­nas regadas se alcanzan de 100 a 200 hab./km2; a pesar de las altas tasas de natalidad, exis­te poca emigración y la población se acumula en las zonas ru­rales donde se ha pasado de 11 millones de habitantes en 1979 a 25 en el 2000 y 35 en 2015. Hubo una importante

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inmigración rusa y eslava que se instaló en las ciudades; en Kazajistán llegó al 40%; en los otros cuatro países, los eslavos representaron entre el 10% y el 25%. Desde los años noventa tiene lugar una corriente de retornos que ha reducido sensiblemente este porcentaje. El hundimiento del poder central soviético y la pérdida de credibilidad de los partidos comunistas locales permitieron resurgir la fuerza del Islam, único nexo de unión y signo de identidad nacional. La mayoría se identifica con la comunidad de creyentes, aunque en el mundo rural sigue vigente la fragmentación étnica o tribal, perviviendo sociedades fragmentadas y difíciles de recomponer. En el conjunto del Asia Central la actividad agraria es la dominante (entre 30 y 35% de la población activa): ganadería ovina extensiva en las montañas del Sur y en las estepas secas; cultivos delicados de frutales y hor­talizas en los regadíos tradicionales; los grandes proyectos socialistas se polarizaron en la ampliación de regadíos y en la producción masiva de algodón, que sólo parcial­mente ha transformando la estructura económica de la región. La crisis económica que siguió a la desintegración de la URSS agudizó las desigualdades sociales que se mezclaron con las divisiones étnicas y religiosas, dando lugar a sociedades especialmente complejas. Frente a Kazajistán y Turkmenistán, ricas en gas y petróleo, que han mejorado su situación económica, Uzbekis­tán, Kirguistán y Tayikistán destacan por ser los Estados más pobres y con menos posibilidades de todo el espacio ex-soviético. También Uzbekistán dispone de algunos yacimientos de petróleo y gas (Figura 2.9), pero, con la excepción del norte de Kazajistán, la industria en estos países sigue siendo muy escasa. Junto al petróleo, Uzbekistán basa su economía en el algodón y sobre todo en el oro, que representa el 50% del valor de las exportaciones. Kirguistán y Tayikistán son las economías más pobres de Asia Central ex soviética. Las dos dependen en gran parte de las remesas enviadas por los emigrantes temporeros desplazados a Rusia (en torno a un millón de trabajadores), que en Tayikistán suponen el 40% de la población activa y sus remesas, el 40% del PIB. En Kirguistán también es importante la producción de energía hidroeléctrica y la exportación de algunos minerales, como el oro que representa el 40% del valor de las exportaciones. La situación de pobreza, la dependencia económica respecto a Rusia y el temor a la expansión islamista procedente de Siria, Irak y Afganistán les hacen mantener buenas relaciones con Rusia, principal apoyo económico y militar. Por su parte, Turkmenistán es el de mayor autonomía respecto a Rusia, debido a su riqueza en petróleo (4.º país por sus reservas de gas, 9,3% de las mundiales). Para reducir todavía más su dependencia de Rusia ha acordado, junto con Azerbaiyán y Turquía la construcción de un gasoducto para llevar el gas a Europa sin pasar por Rusia; también ha proyectado un segundo gasoducto para llevar el gas a Asia meridional a través de Afganistán, Pakistán e India, a pesar de las dificultades que le suponen tener que atravesar territorio controlado por los talibanes y por el autodenominado Estado Islámico.

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Figura 2.9. Los Estados islámicos de Asia Central.

Todos se unieron a la CEI desde el primer momento y ninguno ha roto los lazos con Rusia; en la actualidad, los están fortalecien­do con su integración, hasta ahora de Kazajistán y Kirguistán, en la Unión Económica Euroasiática (quizás pronto también Tayikistán). Pero ello no impide que la región de Asia Central ex soviética se abra a nue­vas influencias, como Europa, EE UU y, sobre todo, China e Irán, cuyos hombres de negocio realizan ya importantes inversiones. Uzbekistán no contempla integrarse en la UEE, aunque sigue perteneciendo a la CEI que le permite beneficiarse de la zona de libre cambio y aumentar las exportaciones al mercado ruso.

7.3.2.  Kazajistán, un nuevo país emergente en Asia Central Kazajistán es el más rico y el más industrializado de todos los Estados de Asia Central. Tiene 2,7 millones de km2 y 17,4 millones de habitantes. Represen­ta el 12% de la extensión del espacio ex soviético y el 5,6% de la población; aporta el 3% de la producción industrial y el 6% de la producción agrícola. De 1950 al 2000 aumentó el número de habitantes en 10 millones, debido a la fuerte natalidad de los kazajos y a la inmigración rusa y ucraniana. Después de perder 1,5 millones de habitantes entre 1990 y 2010, fundamentalmente por la emigración de los eslavos, en los últimos cinco años Kazajistán ha vuelto a incrementar su población.

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Los eslavos residen en el norte de la república: en la región de coloniza­ción de «tierras vírgenes» llevada a cabo por Jruschov a partir de 1954. Aquí fueron roturadas entre 1954 y 1964 unos 30 millones de hectáreas, que su­ponen la producción del 15-20% de la cosecha anual de trigo de todo el territorio ex soviético (Figura 2.10). La industria se ha desarrollado sobre todo en Karaganda, gran centro metalúrgico, donde se construyó el principal combinado de cobre de toda la antigua URSS; otros centros industriales son Kustanai, Almaty y la nueva capital Astaná. Hoy, el norte de Kazajistán es la región económica más importante de Asia Central. Este Estado se ha con­vertido también en una región estratégica para Rusia, con la gran base aeroespacial de Baïkonur, al oeste de Yeskasgán, y el centro de ensayos nu­cleares de Semipalatinsk, el principal de la ex Unión Soviética.

Figura 2.10. Kazajistán.

Desde su independencia ha imperado el pragmatismo económico que se antepone al nacionalismo (50% de no kazajos). Un nacionalismo radical kazajo podría traer como consecuencia la fragmentación territorial de la república, con la secesión del norte modernizado y fundamentalmente ruso. Para fortalecer la cohe­sión de ambos territorios, en 1997 se trasladó la capitalidad desde Alma-Ata (Almaty), situada en los valles superpoblados del sur (1,5 millones de habitantes), a Astaná (ex Akmala/ antigua Tselinogrado, fundada en 1824), situada en la estepa del norte, en el centro de la región de tierras vírgenes y que ha pasado

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de 276.000 habitantes en 1990 a 855.300 en el año 2015. Y este pragmatismo explica la favorable actitud de Kazajistán, desde su independencia, respecto a la asociación de los Estados ex soviéticos en la CEI; hoy, su excelente relación con Rusia le ha llevado a estrechar fuertemente sus lazos económicos y geopolíticos con su integración en la UEE; pero Kazajistán no renuncia a otras alianzas y quiere estar abierto a las posibilidades que le ofrecen EE UU, la UE y especialmente China con quien ha reforzado la cooperación de manera notable. La economía kazaja dispone de abundantes minerales, pero, principalmente, reposa en los hidrocarburos que apor­tan el 56% del PIB. Con los nuevos yacimientos descubiertos en el mar Caspio (Kashagán), Kazajistán se ha convertido en uno de los grandes pro­ductores y exportadores de crudo del mundo. Las reservas del mar Caspio se calculan el doble de las existentes en el mar del Norte. Igualmente se pre­vé el aumento de la producción de oro y de uranio (1.º productor mundial). Por todo ello, y por la estabilidad política que impera, Kazajistán es hoy un país que crece a buen ritmo, atrayendo las inversiones extranjeras, que se dirigen sobre todo a Astaná, Almaty y a las proximidades del Caspio.

CONCLUSIÓN: HACIA UNA EURASIA POSTSOVIÉTICA LIDERADA POR RUSIA Con el hundimiento del sistema socialista, el Estado multinacional so­viético se fragmentó, rompiendo así el espacio político unitario donde el imperio ruso, primero, y la Unión Soviética, después, habían ido construyen­do un sistema productivo con fuertes interrelaciones entre los distintos territorios, muy interdependien­tes desde el punto de vista económico y territorial. La imposibilidad real de romper, a raíz de la independencia de las repúblicas, todos los vínculos que las unían entre sí y especialmente el anhelo de Rusia de seguir liderando a los nuevos Estados, explica la rapidez con que se creó la CEI, una asociación peculiar de doce Estados independientes con escasos com­promisos comunes. La falta de acuerdos multilaterales en materia de co­mercio y de política económica y la resistencia de algunos Estados, como Ucrania y Georgia, a someterse a la tutela de Rusia, impidieron el avance en la reestructu­ración del nuevo espacio geopolítico, que, además, presentaba fuertes contrastes regionales y desigualdades económicas y sociales. No cabe duda de que Rusia, por su poderío económico y militar, es la gran potencia regional; y parece lógico que cualquier unión entre estos nuevos Estados se construya en torno a ella. Más aun cuando, superadas las dificultades que atravesó en los años noventa, la nueva Rusia ha recuperado gran parte del protagonismo internacional que antes tuvo la URSS. Las numerosas rivalidades y recelos en el seno de la CEI han hecho muy difícil la reorganización de todo el espacio ex soviético, demasiado fragmentado y todavía con demasiados

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conflictos latentes. Y hoy, tras la crisis ucraniana, esta recomposición es ya prácticamente imposible. No obstante, para contrarrestar la aproximación de algunos Estados de su entorno a Occidente y a la UE, Rusia ha impulsado la creación de una nueva asociación, la Unión Económica Euroasiática, con el fin de profundizar las relaciones políticas, culturales, económicas y militares entre los Estados de Eurasia postsoviética, cuyas economías, sin lugar a dudas, siguen dependiendo estrechamente de la gran potencia regional. Y, de esta forma, intenta conservar y proteger su ámbito de influencia, cada vez más restringido.

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CAPÍTULO

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Norteamérica. Primera potencia económica mundial: Estados Unidos Introducción. 1. Las condiciones naturales, base del desarrollo económico. 2. El proceso de colonización. 3. Usos del suelo agrario. 4. Factores de localización industrial y grandes regiones industriales. 5. Crecimiento y distribución geográfica de la población. 6. Proceso de urbanización y red de ciudades. Conclusión: Estados Unidos, gran potencia hegemónica a nivel mundial.

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INTRODUCCIÓN El territorio de América del Norte anglosajona está constituido por dos grandes países: Estados Unidos de América y Canadá. Territorio que ocupa una extensión de casi 20 millones de km2 (Canadá: 9.970.610; Estados Unidos: 9.629.090), casi el doble que Europa. Ambas naciones forman un gran conjunto económico en el que, a pesar de sus diferencias, existe una gran homogeneidad económica, social, política, histórica y cultural. El área septentrional se localiza entre los 55º y 165º de longitud W, desde la costa de Terranova al estrecho de Bering. Esta gran distancia entre ambos puntos en torno a los 110º lleva consigo la existencia de varias zonas con distinto huso horario (en el área canadiense la distancia entre la costa oeste, Prince Rupert, y la costa oriental, Halifax, es de 6.000 km; en territorio estadounidense la distancia entre una costa y otra, Nueva York y Los Ángeles, es de 4.800 km). Significativa es también la situación latitudinal: localizada entre los 83º de lat. N, en el archipiélago ártico canadiense, y los 24º de lat. N, en los Cayos de Florida, posee una distancia de casi 60º entre el área polar y el borde subtropical. Su posición hegemónica a nivel mundial se produjo debido no sólo a una desintegración de las potencias europeas, sino también a una situación geográfica favorable, a su gran tamaño y a una importante riqueza en recursos naturales. Así pues, la localización, variedad climática, buenas condiciones edafológicas y riqueza en recursos del subsuelo, así como el gran tamaño de la superficie de esta región, son las condiciones naturales que han permitido que alcance actualmente el rango de primera potencia económica mundial.

1. LAS CONDICIONES NATURALES, BASE DEL DESARROLLO ECONÓMICO Una división orográfica sencilla y unas áreas bioclimáticas de amplia superficie determinan el paisaje natural de Norteamérica.

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1.1.  Las grandes unidades de relieve La disposición meridiana del relieve tiene grandes influencias tanto en el conjunto de las condiciones naturales, como en el aprovechamiento agrícola y en las identidades de los paisajes culturales de las diferentes unidades espaciales. Desde el punto de vista geológico y morfológico se pueden distinguir cuatro grandes unidades (Figura 3.1).

1.1.1.  El Escudo canadiense Situado en la zona nororiental del continente americano es el núcleo geológico más antiguo del continente. Se trata de un zócalo precámbrico formado por rocas cristalinas y metamórficas paleozoicas, plegadas entre el devónico y el pérmico y, con posterioridad, fuertemente erosionado. En la morfología actual destaca un relieve de penillanura, que ocupa gran parte de los territorios del noreste. Sobre la penillanura afloran bloques graníticos que facilitan la formación de grandes cuencas lacustres localizadas sobre todo en el área occidental y meridional del escudo, mientras que en la zona nororiental se registra un levantamiento de la plataforma con alturas superiores a 1.500 m. La línea de costa está, al igual que en Noruega, formada por multitud de fiordos. Es rico en recursos como el oro, plata, plomo, uranio, zinc, cobre y yacimientos de hierro superficiales, lo que favorece su extracción, en el área de los Grandes Lagos y en la zona de Quebec y Ontario; y níquel sobre todo en el área canadiense. Desde el punto de vista agrario esta zona norte es improductiva y, en cierto modo, aún hoy día un área de colonización, con una débil ocupación humana. Las grandes reservas del subsuelo y la riqueza en madera, así como la importancia que cobra la energía hidráulica, son los principales factores que han contribuido al gran desarrollo de la industria maderera y del papel.

1.1.2.  Los Apalaches Único conjunto montañoso de formación paleozoica de Norteamérica, afectado y levantado por la orogenia caledoniana y herciniana, fallado y rejuvenecido por sucesivos plegamientos posteriores, está formado por rocas cristalinas y metamórficas al este y sedimentarias al oeste. Situado entre los 50º y 32º de latitud norte, con una orientación noreste/ suroeste, se extiende desde Terranova en Canadá hasta Alabama en los Estados Unidos. Morfológicamente, este relieve denominado apalachiense, presenta una orografía de formas redondeadas y alturas moderadas, debido a la acción erosiva de los agentes atmosféricos y de las glaciaciones en la zona norte. Con una longitud de aproximadamente 2.600 km, una amplitud media de 300 km y con altitudes que oscilan entre los 450 y los 2.050 m, su cima más alta es el monte Mitchel (2.037 m). Otros puntos culminantes son el monte Washington en las Montañas Blancas (1.917 m), y el Clingmans Dome en las montañas del Great Smoky (2.024 m).

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Fuente: Adaptado de Clawson, D. L.: World Regional Geography. A Development Approach. Prentice Hall, 2001, p. 92 y elaboración propia.

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Figura 3.1. Grandes unidades de relieve y principales corrientes marinas.

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Tanto por su configuración como por los diferentes procesos geológicos, esta cadena montañosa del área oriental norteamericana no presenta un carácter homogéneo. Así, en líneas generales se puede subdividir en dos grandes zonas, separadas por las montañas de Nueva Inglaterra (montes Verdes), los montes Adirondacks y el río Hudson: a) Al norte se extiende una meseta que desciende hacia el mar, con una serie de montañas aisladas de relieves suaves y redondeados. b) Al sur la zona más característica y extensa está ocupada por una serie de cadenas paralelas. Dentro de esta zona se pueden distinguir de este a oeste dos sectores: En el sector oriental, los llamados antiguos o viejos Apalaches compuestos por el Piedemonte y las Montañas Azules (Blue Ridge) donde se registran las mayores elevaciones (monte Mitchel 2.037 m); en el sector occidental los denominados Apalaches jóvenes, caracterizados por montañas bajas de estructura sedimentaria y separadas por profundos valles fluviales. Entre las riquezas mineras de los Apalaches destacan el cobre, zinc, plomo, bauxita, hierro e importantes cuencas hulleras.

1.1.3.  Las Llanuras Componen un triángulo que se extiende desde la llanura atlántica y el Golfo de México y asciende, en una banda que limita con el Escudo y las cordilleras occidentales, hasta el océano Glacial Ártico. Drenadas al noroeste por el Mackenzie, al noreste por el río San Lorenzo y al sur por el Mississippi, área aluvial que con sus afluentes Ohio, Missouri, Arkansas y Rojo, riega las llanuras y actúa como importante vía de comunicación y de penetración. De formaciones sedimentarias, contiene grandes reservas de petróleo y gas. Dentro de su variedad tipológica podemos hacer una distinción entre las llanuras litorales y las llanuras interiores, que ocupan casi la cuarta parte del territorio norteamericano. Mención aparte merecen las llanuras litorales árticas, formadas por rocas cristalinas arrasadas por los glaciares pleistocénicos y que actualmente se encuentran cubiertas de hielo la mayor parte del año.

1.1.3.1.  Las Llanuras litorales del Atlántico y del Golfo de México La llanura litoral del Atlántico, situada entre los Apalaches y el Atlántico, se extiende a lo largo del litoral desde el Cabo Cod (Boston) hasta el Golfo de México, donde se ensancha y entra en contacto con las Grandes Llanuras interiores. La llanura atlántica es una franja for-

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mada por sedimentos terciarios y cuaternarios y que está seccionada transversalmente por multitud de ríos. La llanura del Golfo de México que se extiende desde el río Missouri hasta la costa del Golfo de México y que continúa hasta el istmo de Tehuantepec, es la continuación hacia occidente de la llanura del Atlántico. Constituye una zona muy apta para el asentamien­to humano tanto por su clima favorable, como por su situación costera que facilita el desarrollo comercial.

1.1.3.2.  Las Llanuras interiores Las Llanuras interiores destacan por la inmensidad y la monotonía. Conforman una serie de mesetas escalonadas que se elevan hacia el oeste y que en el piedemonte de las Rocosas alcanzan una altitud de 1.600 m. Tienen como base las rocas cristalinas del Escudo canadiense (zócalo precámbrico) sobre las cuales se depositaron sedimentos que van desde el Primario hasta el Cuaternario. La uniformidad y horizontalidad de las llanuras interiores sólo se ve alterada por la aparición de las denominadas tierras altas del interior: la meseta de Orzak, al oeste del Mississippi, entre Missouri y Arkansas; al sur de ésta, las montañas de Ouachita con una altitud que no sobrepasa los 800 m y con una forma y estructura similar a la de los Apalaches. Región rica en cereales y ganadería, destacan los yacimientos de hidrocarburos a lo lar­go de una banda que se extiende desde las provincias de Alberta y Saskatchewan (Canadá) hasta el Golfo de México, pasando por los estados de Wyoming, Illinois, Colorado, Kansas, Nuevo México, Oklahoma, Texas y Louisiana, estos últimos principales productores norteamericanos. También hay yacimientos de carbón desde el piedemonte de las Rocosas hasta los Apalaches.

1.1.4.  Las cordilleras occidentales El principal desarrollo tuvo lugar durante los grandes movimientos orogénicos del Cenozoico. Los fuertes plegamientos fueron acompañados de movimientos verticales que se tradujeron en hundimientos, levantamientos y enormes fracturas. Poseen una longitud, altitud y amplitud muy superior a los Apalaches: —— Una longitud desde Alaska a México de 8.000 km. —— Predominan las altas montañas de más de 4.000 m. Los montes McKinley en Alaska alcanzan los 6.187 m de altitud.

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—— A su entrada en el espacio de Estados Unidos se bifurcan en dos grandes ramas que se ensanchan y transcurren paralelas, encerrando en su interior una gran depresión. De este a oeste, podemos distinguir: a) A  l este, las Montañas Rocosas, montañas jóvenes y con fuerte vulcanismo que limitan con las llanuras centrales y forman una importante barrera, cuyo punto culminante es el monte Elbert/Alberta, en el estado de Colorado, con 4.399 m de altitud. b) La región intramontana, formada por acumulación de sedimentos, es una región de altas mesetas y depresiones. Entre las mesetas destacan las húmedas de Columbia y de Fraser, en el norte, constituidas por grandes acumulaciones de lavas; y la meseta sedimentaria del Colorado, en el sur, atravesada por el río Colorado y formando el Gran Cañón del mismo nombre. En cuanto a las depresiones se pueden destacar, en el centro, la Gran Cuenca, depresión que fue ocupada por glaciares que dieron lugar a la aparición de lagos hoy día prácticamente secos (Gran Lago Salado), mientras que en el área meridional, el Valle de la Muerte y el Valle Imperial se encuentran a 85 y 83 metros respectivamente, por debajo del nivel del mar. c) Al oeste, la cordillera costera del Pacífico, de fines del Terciario y principios del Cuaternario; en ella prosigue la actividad tectónica reflejada en los terremotos y en su actividad volcánica.

1.2.  Diversidad climática La disposición meridiana del relieve limita las influencias oceánicas, tanto atlánti­cas como pacíficas, y facilita la división climática en grandes zonas. Así, los sistemas montañosos occidentales evitan la entrada de masas de aire húmedas hacia el interior del continente, con lo que las influencias oceánicas del Pacífico se ven reducidas a una estre­cha franja. El mismo fenómeno ocurre, aunque en menor medida, en la costa atlántica, con los Apalaches. Sin embargo, la amplia abertura de las grandes llanuras centrales del territorio norteamericano permite el desplazamiento de masas de aire polar, frías y secas, procedentes del norte y que descienden hacia el sur en invierno; y de las masas de aire tropical, cálidas y húmedas, procedentes del sur, y que ascienden hacia el norte en verano. Predomina el clima continental con veranos cálidos e inviernos fríos, aunque se pueden distinguir una gran variedad de dominios, desde los muy fríos y secos de las zonas árticas hasta los muy cálidos y lluviosos del área del Golfo de México.

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1.2.1.  Factores climáticos 1.2.1.1.  Factores geográficos La gran variedad climática está determinada por diferentes factores geográficos como son: a) La latitud, con un recorrido de más de 55º (entre los 25º del sur de Florida y los 70º del norte canadiense). b) La gran extensión de la superficie (más de 19 millones de km2) y una longitud que alcanza cerca de los 5.000 km de este a oeste, que modifica los efectos de la latitud. c) La disposición meridiana del relieve, que favorece el paso de las masas de aire procedentes del norte y del sur, y su elevada altitud que evita la entrada de masas de aire oceánico, sobre todo en la costa pacífica, que refuerzan la continentalidad del interior. d) Las corrientes marinas juegan un papel también importante, aunque su influencia es algo más débil. Se puede diferenciar el comportamiento de las dos fachadas oceánicas: —— El océano Pacífico está bañado por la corriente cálida de Alaska al norte y la corriente fría de California al sur. Ambas corrientes derivadas de la corriente del Pacífico Norte (corriente constituida por la unión de las corrientes Kuro-Shivo y Oyashio que se desplaza de W a E entre los 40 y 50º de lat. N) y que al llegar a las costas americanas se bifurca en dos: hacia el norte, la corriente cálida de Alaska que suaviza el clima del litoral; la corriente fría de California (15-23 ºC) bordea hacia el sur las costas de California y se desvía hacia el oeste. —— El litoral septentrional del océano Atlántico está afectado por la corriente fría del Labrador (de 0 a 6 ºC) que desciende desde la bahía de Baffin (Groenlandia) y llega hasta las costas de Terranova, Nueva Escocia y Nueva Inglaterra. Al contactar con la corriente cálida del Golfo (Gulf Stream) origina la aparición de nieblas y brumas y las características de un clima con un carácter más continental. En el área más meridional, hasta sobrepasar el paralelo 30, la costa recibe la influencia de la corriente cálida del Golfo y provoca un clima subtropical húmedo en el litoral del Golfo de México.

1.2.1.2.  Factores atmosféricos Especialmente significativos son los factores atmosféricos, es decir, las masas de aire y los centros de acción atmosférica. El clima norteamericano está determinado por la existencia e interacción de dos tipos de masas de aire muy dispares, el polar y el tropical (Figura 3.2):

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Fuente: A. Strahler. Geografía Física, Barcelona (1975), pág. 223.

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Figura 3.2. Acción de las masas de aire.

a) Las masas de aire polar, que pueden ser continentales o marítimas y que se originan en la zona de latitud subártica: —— Una masa de aire polar continental (Pc) estable, fría y seca, que tiene su origen en el norte de Canadá y que desciende durante el invierno por el amplio espacio abierto de las grandes llanuras centrales, aportando heladas al Canadá central y una gran parte de la cuenca del Mississippi.

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—— Dos masas de aire polar marítimo (Pm) frías y húmedas: • Una,   que tiene su origen sobre el Pacífico norte y el estrecho de Bering. Afecta sobre todo a la costa del Pacífico, produciendo fuertes precipitaciones en invierno en las cordilleras costeras. • Otra,   que se origina en el Atlántico norte y afecta en algunas ocasiones a la zona noreste originando frío y precipitaciones. b) Las masas de aire tropical, que pueden ser también de tipo continental o marítimo: —— Una masa de aire tropical continental (Tc), de aire seco y cálido, se origina en verano al noreste de México y provoca olas de calor en la región. —— Tres masas de aire tropical marítimo (Tm) cálidas y húmedas: • Una,   que procede del Golfo de México, asciende hasta el área de los Grandes Lagos y produce un tiempo cálido húmedo e inestable. En verano produce en el área oriental un tiempo cálido y con frecuentes tormentas. • La   masa de aire tropical marítimo, con su origen en las Bahamas en el océano Atlántico, produce los mismos efectos atmosféricos que la masa de aire tropical del Golfo de México. • Y,   por último, otra que tiene su origen en el océano Pacífico, en el centro de altas presiones situado al suroeste de California, afecta en invierno al litoral meridional del estado de California. El movimiento de las masas de aire varía a lo largo del año, y dominan en distintas áreas del territorio. Así, desde Canadá central hasta el área litoral del Golfo de México y desde las Rocosas a los Apalaches, se extiende una gran área caracterizada por el clima continental y afectada alternativamente por las masas de aire que discurren sobre ella. En invierno la masa de aire polar continental, fría y seca, penetra hasta el litoral del Golfo de México, mientras que en verano la masa de aire tropical marítimo, cálida y húmeda, procedentes del Golfo, penetran hasta la zona meridional de la bahía de Hudson.

1.2.2.  Grandes áreas bioclimáticas Las temperaturas están determinadas por la latitud, y la orientación meridiana del relieve va a organizar su distribución. Existen, sin embargo, una variedad de climas locales y regionales según las repercusiones del relieve y de la localización en el centro o en las fachadas litorales. Las precipitaciones reflejan la oposición entre el Este húmedo y el Oeste árido, situán-

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dose la frontera climática de aridez hacia el meridiano 98º, que divide al país en una mitad oriental húmeda y una mitad occidental seca, que será de una significativa importancia para la agricultura. Podemos distinguir a grandes rasgos varias áreas bioclimáticas (Figura 3.3).

1.2.2.1.  Área del Pacífico Las corrientes marinas cálidas dan lugar a un clima suave, cuyas modificaciones están marcadas por la latitud. En la zona costera se registra una fuerte precipitación debido a que el relieve impide que penetren los vientos marítimos húmedos hacia el interior, precipitaciones que van disminuyendo hacia el sur, a medida que se aproxima a la zona tropical. La corriente cálida de Alaska al norte de los 40º de latitud y la corriente fría de California, al sur de ésta, moderan las temperaturas y atenúan las diferencias térmicas que resultan de la distinta latitud, pero, sin embargo siguen persistiendo los marcados contrastes climáticos entre estas dos áreas, al norte y al sur de la bahía de San Francisco. Así, se puede distinguir: el clima oceánico, mediterráneo, desértico y subdesértico y el clima de montaña. En la franja occidental de las cordilleras costeras occidentales predomina el clima oceánico templado húmedo de las fachadas occidentales de los continentes, y en latitudes por encima del paralelo 40º N las precipitaciones alcanzan los 2.000 mm/año. Clima caracterizado por la escasa amplitud térmica, de inviernos suaves y veranos frescos, y abundantes precipitaciones provocadas por la acción de las masas de aire oceánico. La vegetación natural predominante es el bosque templado oceánico, de coníferas gigantes (abeto Douglas de la Columbia Británica), Picea sitchensis, Sequoia (litoral septentrional de California), Tsuga heterophylla y un abundante sotobosque. Propio de la costa de California es el clima mediterráneo con inviernos suaves (temperaturas superiores a los 5 ºC) y veranos muy secos y calurosos (+20 ºC). Las precipitaciones se registran durante la estación fría. Posee una vegetación caracterizada por el chaparral mediterráneo, el bosque claro de encinas y el maquis (matorral mediterráneo) y bosques de pinos. El clima desértico y subdesértico de degradación continental, se localiza al sur de California y en algunas áreas de los estados de Arizona, Nevada y Nuevo México. Caracterizado por la gran amplitud térmica entre el día y la noche y las escasas precipitaciones, domina la vegetación xerófila adaptada a la escasez de agua. En las cordilleras occidentales, con un clima de montaña, se observan contrastes climáticos determinados por la altitud, con una disminución de las temperaturas y un aumento de las precipitaciones a mayores altitudes y más acusado en las vertientes occidentales, por su mayor exposición a los vientos procedentes del océano. Ocupadas por extensas áreas de bosque, se desarrolla con la altura una variada vegetación, pudiéndose observar un claro escalonamiento bioclimático. Así, hasta los 1.500/1.750 metros se caracteriza por una vegetación de

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plantas herbáceas. Hasta los 1.900/2.200 metros se extiende una zona de transición con robles (Quercus gambelli). Siguen las formaciones boscosas de altitud hasta los 2.300/2.700 m, con coníferas como el pino Douglas. Hasta los 2.850/3.100 metros predomina la vegetación de coníferas alpinas. A mayor altitud nos encontramos ya con la zona ártica-alpina sin árboles.

Fuente: Azcárate, B.; Azcárate, M. V. y Sánchez, J.: Atlas Histórico y Geográfico Universitario (2007). UNED, p. 362.

Las mesetas intramontanas registran, en líneas generales, un clima de fuerte oscilación térmica y débiles precipitaciones, ya que están al abrigo de las lluvias y fuera de la influencia de los vientos del oeste. La media anual de precipitaciones no alcanza los 200 mm anuales y está por debajo de 100 mm en los desiertos del suroeste. Se trata, pues, de una región árida donde se encuentran desiertos y semidesiertos al este de Sierra Nevada, mientras que al norte domina la estepa subdesértica, como la de la Gran Cuenca o la del Gran Valle de California.

Figura 3.3. Grandes regiones climáticas.

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1.2.2.2.  Área atlántica Desde Alaska, atravesando Canadá hasta Terranova y la península del Labrador y en latitudes de 50 ºC a 65 ºC, domina el clima subártico o de taiga, continental frío. La temperatura del mes más cálido es superior a +15 ºC; el mes más frío –20 ºC; las precipitaciones caen principalmente en la estación cálida. Las temperaturas más suaves y las escasas precipitaciones permiten la aparición en Canadá de extensas áreas de bosque boreal de coníferas (Picea, Pinus, Abies, Larix), así como abedules y otras especies de hojas caducas, como álamos y alisos. En el área de los Grandes Lagos, en la frontera entre Canadá y Estados Unidos, predomina el bosque mixto (arces, abedules, hayas, fresnos y pinos), robles y nogales. En la región noreste de Estados Unidos predomina el clima continental húmedo de veranos cálidos, la temperatura del mes más cálido es superior a 20 ºC, la del mes más frío, inferior a 0 ºC. Las precipitaciones son abundantes aunque disminuyen de la costa al interior y se producen principalmente en la estación cálida. Así, hacia el interior del continente aumentan los rasgos de continentalidad que se caracteriza por su gran amplitud térmica y los cambios bruscos de temperatura. Esta región está ocupada por bosques de frondosas y coníferas; en el área medioatlántica y centrooriental la formación vegetal dominante es el bosque caducifolio (roble, haya, castaño, arce, tiemblo, fresnos, olmos, etc.). En el sur, atravesado por la corriente del Golfo y afectado por la masa de aire tropical marítimo, predomina el clima subtropical húmedo de las costas orientales de los continentes (tipo chino o cantonés) cálido y húmedo todo el año por la proximidad del Golfo de México. Con temperaturas de 26 ºC en el mes más cálido y entre los 4 ºC y 13 ºC en los meses de invierno, las precipitaciones son abundantes y se reparten regularmente a lo largo del año. Son característicos los bosques mixtos subtropicales de pinos y robles y las praderas de altas hierbas, que se transforman en estepas hacia el norte de la llanura del Mississippi donde las precipitaciones son menos frecuentes. En el extremo meridional de Florida, domina el clima tropical, con inviernos suaves y veranos calurosos y húmedos, la vegetación dominante es el manglar tropical. La zona norte del Escudo, en latitudes superiores a los 60 ºC, donde tienen su centro las masas de aire polar continental, está dominada por el clima ártico de inviernos largos y rigurosos. La temperatura media del mes más cálido es inferior a los 10 ºC (–10 ºC, –15 ºC en enero), las precipitaciones son escasas y en forma de nieve y el suelo permanece helado la mayor parte del año. Es la región de los Barren grounds o tierras estériles, con una cubierta vegetal de tundra, formada por musgos, líquenes y plantas enanas, con grandes superficies de lagos, pantanos y turberas. La vegetación típica de la Gran Llanura interior es de bosques en las regiones más húmedas del este y en las montañas, y de pradera en las zonas llanas y menos húmedas. La aridez

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aumenta hacia el oeste y en la zona suroeste, donde las precipitaciones son muy escasas, las estepas xerófilas ocupan amplias extensiones.

2. EL PROCESO DE COLONIZACIÓN La época colonial sienta las bases para entender el proceso actual de desarrollo espacial. La exploración y colonización se llevó a cabo fundamentalmente por ingleses, franceses y españoles, que casi paralelamente instalaron sus enclaves en el continente americano: En 1607, los ingleses se asientan en Jamestown (Fort James) en la costa de Virginia; en 1608, los franceses fundan Quebec en el río San Lorenzo y en 1609, los españoles fundan Santa Fe en Río Grande. La colonización española se estableció predominantemente en todo el suroeste de los Estados Unidos: actual Nuevo México, costa del Golfo, costa de California y Florida. Los objetivos perseguidos en su asentamiento fueron tanto la búsqueda de metales preciosos, que ya habían encontrado en grandes cantidades en América del sur y central, como la fundación de enclaves militares y de misiones. Esta colonización se refleja en la toponimia de muchos de los actuales estados, ciudades, pueblos y accidentes geográficos. Los ingleses se asentaron en la costa media atlántica, en los llamados estados de Nueva Inglaterra, y se encontraron con un paisaje natural muy similar a su país de origen, con extensas áreas de bosques, un clima de fríos inviernos y unos suelos pobres. Todo ello permitió la formación de una economía rural y unas formas de asentamiento de clara influencia europea: cultivo de cereales, economía maderera, ganado bovino y pesca para el autoabastecimiento, en parcelas con un tamaño que oscilaba entre las 4 y 20 hectáreas, mientras que en el litoral meridional, con un clima más húmedo y cálido y buenos suelos, se ofrecen las condiciones para el cultivo de productos que Inglaterra no tenía y, orientados al mercado exterior, como el tabaco y el algodón. Así se desarrolla el «Viejo Sur» como un espacio colonial de materias primas, donde la forma predominante de posesión de la tierra eran las grandes plantaciones. Desde el principio se observaron diferencias y contraposiciones entre las colonias inglesas del norte y del sur. Diferencias sociales: campesinos, comerciantes y artesanos del norte, frente a aristócratas y poseedores de esclavos de las plantaciones del sur. Diferencias religiosas: mientras que puritanos, presbiterianos y cuáqueros se asentaron en el norte, los pertenecientes a la iglesia católica o anglicana emigraron hacia las colonias del sur. Los franceses ocuparon fundamentalmente dos puntos: uno en la costa de Nueva Brunswick, Nueva Escocia y la isla del Príncipe Eduardo; y el otro en el río San Lorenzo y se extendieron hasta el Mississippi y su desembocadura.

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Fuente: Boal, F. W.; S. A. Royle (eds.) Nort America A Geographical Mosaic (1999). Oxford University Press, p. 6

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Figura 3.4. Expansión territorial en Estados Unidos y Canadá.

El Tratado de Paz de París, firmado el 10 de febrero de 1763, tras la Guerra de los Siete Años, pone fin a la presencia de los franceses y Canadá y el área situada al este del Mississippi, excepto Nueva Orleans, se lo anexiona Inglaterra. España cedió Florida y el territorio al este y sureste del Mississippi y recibió Louisiana. El 4 de julio de 1776 el Congreso de Philadelphia declara la independencia de las trece colonias inglesas de la costa este de Norteamérica (Connecticut, Delaware, Georgia, Maryland, Massachusetts, New Hampshire, New Jersey,

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New York, North Carolina, Pennsylvania, Rhode Island, South Carolina y Virginia), rechazan la hegemonía de Gran Bretaña y se declara la Guerra de Independencia que termina el 3 de septiembre de 1783 con la firma del Tratado de Versalles, en el que se reconoce la independencia de las trece colonias, Estados Unidos de América, se establece su frontera al oeste hasta el Mississippi, y al noroeste hasta los Grandes Lagos y el San Lorenzo. Tras la proclamación de la Independencia se concede a las colonias una Constitución republicana y democrática. En 1787 se dicta la primera Constitución escrita. En 1789 bajo la presidencia de George Washington entra en funcionamiento el primer gobierno federal. El avance de la colonización europea hacia el oeste de los Apalaches fue muy rápido, motivado por el deseo de poseer tierras, mientras que las tribus indias, hasta entonces instaladas en esos territorios, fueron diezmadas o relegadas a reservas. El movimiento pionero y la gran corriente inmigratoria procedente de todo el mundo hace posible una expansión en un ancho frente hacia el oeste, que en el transcurso de un siglo transforma el paisaje natural en un activo paisaje cultural. Así, en 100 años el continente estuvo colonizado desde los Apalaches hasta la costa del Pacífico (Figura 3.4). La Guerra de Secesión (1861/65) fortaleció a los estados del norte, cuya industria se vio acelerada durante la contienda. Se comienza la construcción del ferrocarril transcontinental mediante cesiones de terreno y el fomento de subvenciones. Por otro lado, la Homestead Act (Acta de las Casas y Tierras Adyacentes) de 1862 facilita la posesión de la tierra a los colonos, expropiando a las tribus indias que residían en las Llanuras, y se registra una nueva oleada de inmigrantes. Los factores que favorecieron la rápida colonización del territorio occidental ameri­ cano se basan en la construcción del ferrocarril transcontinental que permitió el transpor­te de mercancías (Figura 3.5), y en la implantación de un peculiar sistema de división de la tierra basada en una medición muy simple del suelo, que tiene importantes repercusiones en el paisaje agrario actual: el Rectangular Land Survey System. Las nuevas tierras colonizadas se dividían en cuadras de seis millas de lado, lo que equivale a 9,6 km, las denominadas townships, para ser repartidas entre los nuevos colonos, con la única condición de establecerse y cultivar las tierras colonizadas por un periodo superior a cinco años. Este peculiar sistema de división de la tierra ha marcado el paisaje de Estados Unidos, entre los Apalaches y las Montañas Rocosas, que se refleja actualmente en un paisaje de campos cuadrados, sin árboles, con casas aisladas junto a la carretera y los pueblos concentrados generalmente junto al ferrocarril y en los cruces de carreteras (Figura 3.6). Por último, no hay que olvidar la gran oleada de inmigración europea que hizo posible es­ta rápida colonización del medio y lejano oeste. (Se calcula que desde la formación de las colonias hasta 1921 emigraron del norte y oeste de Europa más de cincuenta millones de personas).

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Fuente: Hofmeister, B (1998): Nordamerika. Fischer Länderkunde, p. 280.

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Fuente: Hartig, P. (ed.): Amerikakunde. Frankfurt, Diesterweg, 1966, p. 87.

Figura 3.5. Expansión de la red de ferrocarriles 1850-2000.

Figura 3.6. Esquema del sistema americano de división de la tierra.

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3. USOS DEL SUELO AGRARIO La agricultura norteamericana está caracterizada por su alto rendimiento. Con excepción de algunos cultivos tropicales, el consumo interior puede ser cubierto con su producción propia y una gran parte se dirige hacia la exportación. El tamaño medio de las explotaciones oscila entre 160 a 190 ha, siendo la dimensión media de las explotaciones de 175 ha. Varía de forma importante entre los distintos estados: mientras en el noreste el tamaño medio oscila entre 50 y 70 ha (Connecticut, 47 ha; Nueva York, 80 ha), en el oeste, la regla general son las grandes propiedades (Arizona, 1.760 ha; Montana, 700 ha). Las explotaciones con más de 800 ha (3,7% del total), poseen el 50% de la superficie agraria total, mientras que las menores de 100 ha (70% del total), representan sólo el 14% de la superficie cultivada. Este hecho refleja la estructura dualista del sector agrícola: Por un lado, existe un gran número de pequeños propietarios que representa un pequeño porcentaje en la producción agraria y, por otro lado, un pequeño número de grandes propietarios que controla la gran mayoría de la producción y de los ingresos que produce el sector agropecuario. El alto rendimiento alcanzado en el sector agrario se puede explicar por la conjunción de varios factores como son: la utilización de mejores semillas (por ejemplo, maíz híbrido), una mayor utilización de abonos, el uso masivo de medidas de protección del suelo y del agua, el incremento del grado de mecanización, así como la introducción de nuevas formas de organización y producción, como es el caso del regadío artificial.

3.1.  Las grandes regiones agrarias Las condiciones ecológicas y los imperativos económicos son los factores fundamentales para explicar la formación de zonas agrarias homogéneas, denominadas cinturones agrícolas (Belt). Este concepto simplificado de cinturón se presenta con el objetivo de realizar una clasificación global del espacio agrario norteamericano, pero hay que tener en cuenta que realmente nunca han existido unas zonas agrarias homogéneas en el sentido de un exclusivo monocultivo, pues junto al producto que daba nombre al cinturón correspondiente aparecían otra serie de cultivos de gran importancia. Así, dependiendo de las condiciones climáticas y edafológicas y de su situación con respecto a los centros de consumo, se han formado grandes paisajes agrarios con cierto grado de homogeneidad (Figura 3.7).



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  Cinturón lechero (Dairy belt). Abarca los estados de Nueva Inglaterra y la costa del Atlántico desde Canadá hasta Potomac. Con buenas condiciones para el cultivo de avena, maíz, calabaza, patatas y forraje, que forman la base de la alimentación del ganado,

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orientado a la producción lechera, es característica la gran concentración de población en las aglomeraciones del noreste que actúan como importantes focos consumidores. Según datos proporcionados por el Departamento de Agricultura de los EE UU (USDA) desde comienzos del presente siglo, se registra un constante proceso de concentración de las explotaciones lecheras. En el 2014 desaparecieron 1.634 explotaciones lecheras y en los 10 últimos años se han cerrado el 32% de las granjas. Aunque el número de explotaciones y de vacas lecheras se ha visto reducido, el volumen de producción se ha mantenido. Por otro lado, debido al incremento de la utilización del maíz para la producción de biocombustibles, se detecta un importante incremento en el precio de este producto, lo que está repercutiendo en el coste de la alimentación del ganado.

② C inturón hortofrutícola en el periurbano de la megalópolis (Mid Atlantic Coast Truck Belt). Alrededor de la Megalópolis del noreste, en las regiones periurbanas, se cultivan productos hortofrutícolas para el exclusivo abastecimiento de la aglomeración urbana, que se realiza por medio de camiones (trucks).

③ C inturón del maíz y soja (Corn-Soy Belt). Localizado al Sur y Suroeste del cinturón le­ chero, comprende los estados de Iowa, Illinois, Indiana y, en parte también, Ohio y Missouri. Estos cinco estados están a la cabeza en la producción de maíz y soja, que se introdujeron con fuerza tras la Segunda Guerra Mundial, impulsado por su alta producción por hectárea, así como por sus múltiples posibilidades de aprovechamiento. También abarca parte de los estados de Wisconsin, las dos Dakotas, Minnesota, Nebraska y Kansas. El maíz es utilizado, sobre todo, como alimento para el ganado vacuno y porcino, hasta tal punto que llegó a denominarse a este cinturón el Cinturón de maíz-soja-ganado vacuno y porcino de engorde. También se utiliza para la obtención de aceites y sucedáneos de azúcar y algunas variedades se destinan al consumo humano. Debido al incremento en la demanda de biocombustibles, que en Estados Unidos se basa en gran parte la elaboración de etanol a partir del maíz, se ha convertido en el mayor productor mundial de maiz convencional y transgénico. La soja se utiliza, básicamente, para la alimentación animal y la superficie destinada a su cultivo se está reduciendo en los últimos años. Otros cultivos, aunque de mucha menor importancia, son: tomates en Indiana, que ocupa el segundo lugar en la producción nacional tras California; avena en Iowa e Illinois; trigo en Ohio, y patatas y verduras en los cinco estados.

④ C inturón de granjas mixtas (Mixed/General Farming). De transición entre el cinturón del maíz/soja y el del algodón, en este área (Virginia, Kentucky, Tennessee, Carolina del Norte, Missouri y sur de Indianápolis) predomina el cultivo de cereales (maíz y trigo de invierno), tabaco y patatas junto a la explotación de ganadería vacuna para consumo de carne y leche.

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Fuente: Adaptado de Rowntree, L.; Lewis, M.; Price, M.; Wiyckoff, W: «Diversity Amid Globalization. World Regions, Environment, Development», Prentice Hall, 2000, p. 107.

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Figura 3.7. Localización de los principales cinturones agrícolas.

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  Antiguo cinturón del algodón (Old Cotton Belt). Es el cinturón cuya denominación menos se ajusta a la realidad. Comprende parte de los llamados estados del Viejo Sur: las dos Carolinas, Georgia, Alabama, Mississippi, Arkansas, Louisiana y algunas áreas limítrofes. Su máxima expansión la alcanza entre 1926 y 1930 con una superficie aproximada de 17 mi­llones de hectáreas. Desde entonces, la reducción de la superficie ha sido constante. Se practican otros cultivos, como tabaco, soja, cacahuetes, arroz, sorgo, sin olvidar la explotación del bosque, con una importante industria maderera (papel y celulosa). Por otro lado, cada vez cobra más importancia la ganadería vacuna y sobre todo proliferan las granjas avícolas, en gran medida para consumo de los centros urbanos cercanos.



 Cinturón de cultivos subtropicales (Subtropical Crops Belt). En Florida y la costa del sureste (áreas costeras de Louisiana y Texas), de clima subtropical, se cultiva el arroz, remolacha azucarera, así como frutas tropicales y cítricos (naranjas, tomates, aguacates, etc.).



  Cinturón triguero: trigo de verano al norte, trigo de invierno al sur (Wheat Belt). Denominado el «American Granary» proporciona más de la mitad de la producción de trigo. Se trata de una banda que se corresponde con la Gran Llanura. Incluye parte de los estados de las dos Dakotas, Nebraska, Kansas, Oklahoma, Texas y Montana. En Canadá, donde representa un gran peso en la producción agraria, comprende las provincias meridionales de Manitoba, Saskatchewan y Alberta. Fuera de esta zona, hay otras áreas trigueras importantes al noroeste, en Columbia y en el estado de Washington. Tras China e India, Estados Unidos ocupa el tercer lugar a escala mundial en la producción de trigo, seguida de Ruisa y Canadá. Las explotaciones son de gran tamaño, oscilando entre las 120 ha en Oklahoma, las 300 ha en las dos Dakotas y las 700 ha en Montana, y cerca del 40% se destina a la exportación. La extensión de la superficie de regadío, con cultivos como la alfalfa, judías, remolacha azucarera, en Texas algodón y cítricos, ha cambiado la estructura de la producción de estos estados en los últimos años. Por otro lado, al igual que el cinturón del algodón, este cinturón triguero ha sido tan fragmentado y transformado que ya no representa una unidad homogénea, como quiere indicar su nombre, reduciéndose paulatinamente la superficie agrícola dedicada a su cultivo.



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  Región ganadera. Cinturón de pastos y regadíos (Grazing and Irrigated Crops Belt). Es un gran espacio desde el piedemonte oriental de las Montañas Rocosas hasta la cordillera del Pacífico. Las condiciones morfológicas y climáticas (con un volumen de precipitaciones menor de 450 mm) no son idóneas para la agricultura. Predomina la ganadería extensiva vacuna y ovina en ranchos, donde se practica la transhumancia para acudir a los pastos localizados a diferente altitud. Junto a los ranchos con su extensa superficie de pastos, destacan los cultivos de regadío en las cuencas intramontanas del oeste, donde se cultivan cítricos, algodón, alfalfa, frutales, hortalizas y cacahuetes.

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Agricultura mediterránea (Irrigated Fruit and Truck Farming). Con un verano seco y cálido y un invierno frío y húmedo predomina el cultivo intensivo por medio de los rega­díos sobre todo de frutas, cítricos, verduras y algodón. En el gran valle californiano destacan los cultivos mediterráneos como olivos, higos, naranjas, pomelos y viñedos. En los últimos años, la producción se ha visto estancada por los elevados costes que supone la ampliación de la producción y han aumentado las importaciones de productos hortofrutícolas.

⑩ Cultivo de árboles frutales, trigo y ganadería vacuna (Pacific Dairy and Fruit Farming). Localizado, sobre todo, en el valle de Willamette (Oregón) con un clima templado, destaca el cultivo de frutales (manzanas) y cereales (trigo), los productos lecheros y la explotación de los bosques.

3.2.  Transformaciones agrarias Las transformaciones agrarias acaecidas en las últimas décadas han sido muy profundas desde el punto de vista de la producción y hay una cada vez mayor diversificación de cultivos. Políticas agrarias como la limitación de determinados cultivos, medidas de protección en áreas con mayor peligro de erosión, dificultades de venta de algunos productos en el mercado, avances técnicos como la selección de semillas y la introducción del regadío han llevado consigo una gran diversificación en las áreas de monocultivo. Desde comienzos del siglo pasado, el espacio agrario norteamericano ha sufrido una serie de transformaciones importantes. En Estados Unidos esta transformación se puede analizar en varias fases: 1. En   una primera fase, hasta 1930, se registró un aumento considerable de la superficie agrícola debido a las nuevas adjudicaciones de tierra (entre 1900 y 1932 se adjudicaron 24 millones de hectáreas de nuevas tierras). Se trata fundamentalmente de explotaciones familiares (family-size-farm), cuya producción agraria va dirigida al autoabastecimiento. 2.  Con la primera revolución agraria comienza una mecanización en el campo y se produce paulatinamente una transformación de las tradicionales family-size-farm, a las llamadas tractor-size-farm (De 1920 a 1965 el número de tractores en las explotaciones estadounidenses pasó de 300.000 a 4,8 millones, que es cuando alcanza el punto más álgido). Posteriormente, cobran importancia las comercial-farm, altamente mecanizadas y de clara orientación al mercado. Estos cambios afectan también al sector ganadero. Así, se registra una notable intensificación y concentración de las cabañas ganaderas, muy significativa en el caso de las granjas avícolas, altamente automatizadas.

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La mecanización no afectó a todas las áreas por igual, alcanzando los mayores grados de mecanización las regiones con baja densidad de población y de grandes extensiones dedicadas al cultivo de cereales y forrajes, como las del noreste de California, Nevada y Utah, entre otras. Debido a la paralela necesidad de inversión de capital que lleva consigo la compra de maquinaria agrícola y a la progresiva especialización de muchas explotaciones, lo que supone que la maquinaria sólo se utilice en unos días muy concretos del año, muchas de las explotaciones recurren a un sistema típico del campo norteamericano: el alquiler de maquinaria a grandes empresas especializadas que, con un grupo de cosechadoras recorren los campos de trigo y pueden cosechar en un día más de 100 hectáreas. 3. Paralelamente   a la expansión de la mecanización y ligada a la segunda revolución agraria, se registra la introducción de nuevos abonos, semillas y técnicas de regadío, que se traduce en un considerable aumento de la productividad. Comienza a reducirse el número de explotaciones (de 1920 a 1960 se incrementa el porcentaje de explotaciones mayores de 100 hectáreas pasando de representar el 11% al 22%; en las provincias de la pradera de Canadá se duplica el tamaño medio de las explotaciones entre 1931 y 1961). 4.  Una nueva forma de organización de las explotaciones agrarias tiene lugar en la denominada tercera revolución agraria. Entra en juego el cultivo mediante contrato: el granjero es integrado en una gran empresa agrícola, que aporta las semillas, sienta las directrices para el cultivo y organiza la salida del producto, mientras que el trabajador aporta la tierra y su trabajo. Esta nueva forma de organización y producción, que abarca no sólo a la agricultura, sino también a los sectores económicos ligados a ella, como es el caso de las empresas de alquiler de maquinaria, las industrias de transformación y los servicios de organización de ventas al mercado, constituyen la denominada Agribusiness. De notable importancia es la extensión de las Corporaciones o Compañías, modelo muy difundido desde 1960 en el sector agrario. Se trata sobre todo de empresas de alimentación que, con la compra de grandes extensiones agrícolas, consiguen un alto grado de autarquía en el abastecimiento de materias primas y que se dedican al procesamiento de los productos primarios. Una forma especial de las grandes explotaciones de las que en Europa no hay paralelo es el rancho, entendido como una gran explotación de pradera cuyo fin primordial es la producción de carne. Están localizados sobre todo en el piedemonte oriental de las Montañas Rocosas y en las cuencas intramontanas. En la actualidad, el sector agrario tiene un elevado nivel de tecnificación y especiali­ zación, posee una gran capacidad de autoabastecimiento, constituye la base de un gran complejo de grandes empresas agrarias, y es característica su gran capacidad comercial y

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exportadora. Estas peculiaridades necesitan una política agraria que aplique las medidas oportunas que controlen la desestabilización de precios y el nivel de rentas del sector, que surgen por la sobreproducción agraria. En sucesivas leyes agrarias se han adoptado diferentes medidas como el establecimiento de políticas de precios para ayudar a la estabilización del sector, otorgando pagos compensatorios cuando los precios de mercado disminuyan y ayudas pa­ra la gestión de los productos excedentes y reducir la superficie cultivada, protección de rentas de los agricultores, financiación de programas de conservación (medioambientales), o la implantación de fondos para desastres, entre otras. La última Ley Agraria de 2014 (Agricultural Act of 2014, conocida como Farm Bill 2014) estará en vigor hasta 2018. Por último, no hay que olvidar el importante papel que juegan los bosques en ambos países angloamericanos. Así, la enorme superficie boscosa es la base de una producción forestal volcada en la producción maderera, orientada a la construcción y a la industria de papel.

4.  FACTORES DE LOCALIZACIÓN INDUSTRIAL Y GRANDES REGIONES INDUSTRIALES La industria es un importante sector de la economía americana. Supone el 32% y el 21% del producto interior bruto de Canadá y Estados Unidos, respectivamente. El rápido desarrollo industrial y el auge económico norteamericano se explican por la conjunción de varios factores fundamentales.

4.1.  Factores del desarrollo industrial 4.1.1.  Riqueza en materias primas y fuentes de energía La minería es muy variada debido a la diversidad de las condiciones geológicas del extenso territorio. Es una de las primeras regiones productoras de cobre (Utah, Arizona), hierro (muy significativas las minas a cielo abierto cerca del Lago Superior), plomo, zinc, plata, oro, manganeso, mercurio, wolframio, uranio y molibdeno. Posee también fosfatos (Tampa, Florida), sales potásicas y azufre (Nuevo México y Texas), y minas de sal en el área del noreste (Nueva York, Ohio y Michigan) y en el noroeste (Utah). Según datos aportados por la Agencia de Información de la Energía, se detectó una regresión en las extracciones de petróleo y gas a finales del siglo pasado, debido a la disminución de los índices de productividad de los yacimientos y la mayor profundidad de los pozos, que dificultaba y encarecía la extracción, lo que suponía una situación de desventaja frente al crudo producido en el Golfo pérsico, América Latina y el mar del Norte. Su extracción, que se realizó en un principio en la región del noreste, se desplazó hacia otras regiones, como Texas,

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Oklahoma y Louisiana; así como Alaska, California y las Montañas Rocosas. Actualmente, se extrae petróleo y gas de esquisto (shale oil) en yacimientos no convencionales (obtenido mediante el método del fracking o fracturación hidráulica), sobre todo en Estados Unidos, aunque se está extendiendo en algunas regiones de Europa y en países como México y Argentina, provocando fuertes reacciones por su negativo impacto medioambiental. Con esta técnica se ha multiplicado la producción de petróleo. En 1973 la producción de gas natural ascendía a 640.000 millones de m3, mientras que a mediados de los ochenta se redujo a sólo 450.000 millones. La recuperación registrada en los años siguientes supuso que al finalizar el siglo pasado, la producción se incrementara hasta los 550.000 millones de m3 y ha seguido aumentado hasta volver a superar en 2014 las cifras de 1973 (681.400 m3 anuales) actualmente convirtiéndose en el primer productor mundial de hidrocarburos (petróleo y gas natural). Las mayores reservas se localizan en Alaska, aunque debido a la dificultad de extracción y al transporte que encarecen los costes, el 75% de la producción procede de los estados de Texas, Louisiana, Alabama y Oklahoma y el 25% restante de Nuevo México, Kansas, California y Alaska. A pesar del incremento en la producción registrado desde finales del siglo XX, es importante la competencia con el gas importado de Canadá, Venezuela y México, realizada a través de una densa red de oleoductos y gasoductos que permiten el abastecimiento de energía a las regiones más alejadas. La producción de carbón registró un incremento hasta la década de los ochenta. Es a partir de entonces cuando comienza a detectarse un freno en la producción. La mayoría de los yacimientos son explotados a cielo abierto y la producción es destinada fundamentalmente a las centrales térmicas. Posee unas reservas que suponen una tercera parte del total mundial. Es importante la producción de hulla, la segunda después de China, sobre todo en los yacimientos de la región de los Apalaches (Kentucky, Virginia Occidental y Pennsylvania) con el 50% de la producción y en los Estados de la región central (Illinois e Indiana) con el 10%. Sin embargo, se registra un estancamiento de ambas regiones a favor del área de las Montañas Rocosas, de donde se obtiene el 40% de la producción total de hulla y donde se encuentran las mayores reservas. El declive en la explotación de los yacimientos carboníferos se explica por un conjunto de factores que dificultan su desarrollo, como son: el alto nivel de contaminación que se produce durante el proceso de extracción del mineral y durante el proceso de quemado en las centrales térmicas; el elevado coste que supone minimizar los altos niveles de contaminación exigidos por las normativas medioambientales (leyes de Clean Air) que, en muchos casos, obligan a la instalación de tecnología que permita reducir las emisiones y que encarece los costes de extracción y explotación; la dependencia de las grandes compañías petrolíferas (Exxon, Conoco, Gulf) y de las compañías eléctricas, que llegan a controlar más de la mitad de la producción y el encarecimiento del precio del ferrocarril, medio de transporte de materia prima desde las minas hasta las centrales y que repercutirá en el precio final del combustible.

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Otras fuentes de energía significativas son la energía hidroeléctrica, primera en el mundo en valores absolutos, y cuya producción procede de los ríos Columbia y Colorado y, en menor medida, del Mississippi y el área de los Grandes Lagos; la energía nuclear, que tuvo su mayor auge entre 1970 y 1980, instalándose más de 100 centrales con una potencia superior a los 105 Gigawatios. Tras el accidente de la central de Harrisburg (1979), se registró una moratoria nuclear, que frenó la expansión registrada hasta entonces. Actualmente se contabilizan 104 centrales nucleares, que se localizan en el área meridional del Atlántico, los Grandes Lagos y la región nororiental. Canadá es la primera productora mundial de uranio, mientras que en Estados Unidos la producción de uranio sufrió un retroceso significativo y se importa la mayor parte del combustible.

4.1.2.  Otros factores Otros muchos factores han influido de forma decisiva en el rápido desarrollo de la industria norteamericana. Entre ellos cabe citar la diversificación industrial con la existencia de gran variedad de industrias: de productos alimenticios, químicas, metalúrgicas, textiles, cinematográficas, etc.; con la enorme producción de acero aparecen multitud de industrias mecánicas: automóviles, aviones, electrodomésticos, material ferroviario; además es la primera productora de sintéticos (industria química): caucho, fibras textiles (rayón, nylon, etc.). El fuerte grado de automatización de las industrias, instalándose ya en 1913 la producción en serie, mucho antes que en otros países industrializados. La temprana concentración empresarial, en un principio en la industria petrolífera y la producción de acero. Esta concentración empresarial y financiera dio lugar a la formación de trust y de empresas multinacionales. La concentración de la producción es visible claramente en la industria del automóvil, donde tres compañías (General Motors, Ford y Chrysler) controlan la producción del 90% de los automóviles. La existencia de una extensa red de transportes, elemento básico en una economía altamente industrializada. Todos estos factores se unen a los considerados típicos del comportamiento económico norteamericano, como son la alta movilidad de la población, la fuerte competencia de la economía de libre mercado, la disposición al riesgo de las empresas privadas y la alta inversión en investigación y tecnología, notable en los sectores de informática, biotecnología y tecnología genética.

4.2.  Factores de localización industrial Los primeros enclaves industriales se instalaron en los estados de Nueva Inglaterra. Se trataba de pequeñas industrias siderúrgicas basadas en el carbón, industrias de construc-

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Fuente: Fundamente. Geographische Grundbuch für die Sekundarstufe (1999). Klett, Stuttgart, 1999, p. 412.

ción naval e industria textil. Tras la Guerra de Secesión (1861/1865) se crearon las bases de una organización espacial y económica centrada en la preponderancia de los estados vencedores del Norte, donde se asentó el cinturón industrial, que a principios de siglo XX absorbía ya más de las 3/4 partes de la industria estadounidense. La explotación de los ya­ cimientos de hierro y carbón en el oeste de Pensylvania a mediados del siglo XIX, permitió el desarrollo de una industria pesada cuyo centro principal fue el área de Pittsburgh, con importantes yacimientos.

Figura 3.8. Evolución de la localización industrial en Estados Unidos.

Hasta la Primera Guerra Mundial hay tres regiones económicas bien diferenciadas: el noreste industrializado, el oeste medio agrícola y el sureste atrasado y sin indus­tria. Desde mediados del siglo XX se instalarán áreas industriales en el litoral del Golfo de

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Méxi­co, apoyadas en la industria petroquímica, y en el oeste se desarrollará la industria aeronáutica y espacial. Surgen nuevas áreas dinámicas, cuyos representativos ejemplos son: el Silicon Valley, el triángulo de oro de Carolina del Norte o el complejo microelectrónico de Austin (Texas). Comienza a hablarse de un Frost Belt o Rust Belt (cinturón de la escarcha o del óxido) para referirse al cinturón manufacturero, frente a un renaciente Sun Belt (cinturón del sol), donde las empresas comienzan a asentar sus sedes por ser áreas con un mayor dinamismo. Sin embargo, desde finales del pasado siglo el área denominada como cinturón del sol (Sun Belt) ha registrado un estancamiento económico, mientras que la región del noreste sigue manteniendo la mayoría de las sedes sociales de las grandes empresas y se mantiene como principal núcleo financiero y de decisiones a escala mundial (Figura 3.8).

4.3.  Principales regiones industriales Aunque la industria está ampliamente distribuida por todo el territorio de América del Norte, se pueden destacar tres grandes regiones industriales: El noreste, la región industrial del sur y el área del Pacífico (Hofmeister, 1988) (Figura 3.9).

4.3.1.  El Noreste o cinturón manufacturero El cinturón manufacturero (manufacturing Belt) se extiende desde los Grandes Lagos hasta la Megalópolis. Comprende los estados meridionales de Nueva Inglaterra: Massachusetts, Connecticut y Rhode Island; los estados del Atlántico medio: Nueva York, Nueva Jersey, Delaware, Maryland y Pennsylvania; y los estados del medio oeste: Ohio, Indiana, Illinois, Michigan y Wisconsin. Cinturón heredado del siglo XIX, posee una estructura industrial muy diversificada, des­ tacando la producción de maquinaria y electrónica, entre otras. Asimismo, dentro de esta región, los centros industriales no están distribuidos por igual. Factores históricos, la obtención de materias primas (carbón, petróleo, hierro, agua) y otros factores de localización como la existencia de mano de obra abundante, la cercanía a los mercados o una adecuada infraestructura, llevaron consigo la formación de importantes enclaves: —— L­ a Megalópolis. Comprende el espacio densamente urbanizado entre Boston, al Norte, y Philadelphia, al Sur, y constituye el núcleo del cinturón manufacturero con múltiples tipos de industrias y servicios. En este reducido espacio que representa el 2% de la superficie estadounidense, vive aproximadamente el 20% de la población. Los factores que han favorecido este desarrollo han sido, entre otros, su situación

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en la ruta de los barcos que salen hacia Europa y la existencia de centros de investigación de primer rango. —— El área de Pittsburgh-Cleveland. Es una de las áreas más importantes de industria pesada, base de la industria siderúrgica y del acero, aunque hoy día se ha diversificado con la expansión de la industria automovilística, de maquinaria, química y nuclear. —— El área metropolitana de Detroit y alrededores. Situada al oeste del cinturón manufacturero es el núcleo de la industria del automóvil (Ford, General Motors, Chrysler).

Fuente: Adaptado de Clawson, D. L.: World Regional Geography. A Development Approach. Prentice Hall, 2001, p. 129 y elaboración propia.

—— La región de Calumet. Se localiza en la orilla del lago Michigan, al sur de Chicago, con las ciudades industriales de Gary, Hammond y Milwaukee. Destaca la industria electrónica, textil y de alimentación.

Figura 3.9. Principales regiones industriales en Norteamérica.

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—— La región de Mohawk, en el estado de Nueva York, conforma una importante vía de comunicación entre la costa atlántica y la región de los Grandes Lagos. Entre los principales núcleos y tipos de industrias destaca la industria electrónica, construcción de locomotoras, turborreactores y centros de investigación nuclear, maquinaria aeronáutica e industria fotográfica.

4.3.2.  Los Estados del Sur Puntales básicos para la implantación de las primeras industrias en el Sur fueron el algodón, el tabaco y las reservas madereras. Su tardía industrialización se debe más a condiciones socioeconómicas y a su fuerte orientación agrícola que a las condiciones naturales. Esta región detecta un gran auge a partir de la Segunda Guerra Mundial, apoyado en factores como la abundancia de materias primas y de mano de obra no cualificada con un menor nivel de salarios, la reactivación de la industria tradicional (industria textil, taba­co, química, etc.) y en la apuesta por la instalación de nuevos enclaves basados en fuertes inversiones de capital e instalación de industrias de alto nivel como la industria de armamento y de tecnología espacial, formando un triángulo económico que tiene sus ángulos en Houston (Texas), Huntsville (Alabama) y Cabo Cañaveral (Florida). El desarrollo del Sur estuvo fomentado por inversiones gubernamentales y la aplicación de ayudas a la investigación y desarrollo (I+D). Se crean parques industriales, grandes áreas instaladas bajo la tutela comunal o estatal y con buenas infraestructuras. Un ejemplo de esta política es el parque industrial del estado de Carolina del Norte, que construyó en los años sesenta el Triángulo de la Investigación (Research Triangle Park), uno de los mayores centros de investigación donde están ubicadas las universidades de Raleigh, Durham y Chapel Hill y hoy es uno de los centros de investigación más grandes del mundo, muy importantes en biotecnología y alta tecnología. Allí se ubican empresas que, aunque producen fuera del parque, quieren instalar sus centros de investigación cerca de las universidades. Otros factores a tener en cuenta y que actuaron posteriormente son: el interés de diferentes comunidades por su desarrollo industrial, traducido en una política de reducción de impuestos, así como la disposición de espacio para la instalación de las industrias. En definitiva, el apoyo estatal al desarrollo fue decisivo en estos estados sureños mediante la aplicación de medidas proteccionistas. Dentro de esta región podemos destacar: —— El piedemonte donde se instaló la industria textil de Nueva Inglaterra. Una banda entre la costa y el relieve de los Apalaches, y que de norte a sur comprende las ciudades de Lynchburg, Winston-Salem, Greensboro, Charlotte, Greenville y Anderson,

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con industrias textiles, de tabaco, curtidos y derivados del petróleo. La fabricación de telas sintéticas, que necesita grandes cantidades de agua y energía así como la cercanía a productores de ácidos y otros productos químicos, encuentra aquí un lugar idóneo. —— Área de Tennessee. A lo largo de la zona meridional del gran valle de los Apalaches, recorrido sobre todo por el río Tennessee y sus afluentes. Aquí se encuentran las ciudades de Bessemer, Birmingham y Gadsden en Alabama, Roma en Georgia, Chattanooga y Knoxville en Tennessee. Birmingham es importante por la industria del acero y la única área de industria pesada del sur, con importantes yacimientos de hierro y carbón. Bessemer y Gadsden destacan en la producción siderúrgica y maquinaria agrícola. No hay que olvidar la industria de investigación nuclear y espacial desarrollada en Huntsville. —— El bajo Mississippi y el área de la costa del Golfo. La cercanía a fuentes energéti­cas como el petróleo y el gas, la buena infraestructura de comunicaciones a través del río Mississippi, el ferrocarril y una amplia red de gasoductos y oleoductos, han hecho de este área una de las zonas de mayor importancia en el asentamiento de industrias petroquímicas y refinerías. Destaca la industria química entre Baton Rouge y Nueva Orleans en el bajo Mississippi, que conforma el área industrial principal del estado de Louisiana. Antes de la Segunda Guerra Mundial, solo Nueva Orleans y Baton Rouge eran centros industriales de importancia, mientras que el territorio entre estas dos ciudades era predominantemente agrícola con producción de algodón en el sur y remolacha azucarera en el delta. Hoy, ciudades pequeñas, como Gonzales y La Place, Plaquemine y Donaldsonville, son importantes centros industriales.

4.3.3.  El área costera del Pacífico En el área costera del Pacífico se han formado dos concentraciones industriales de importancia: 1. Una,   en el estado de California, con las ciudades de Los Ángeles, San Diego y San Francisco. El desarrollo industrial en el estado de California se refleja en la formación de una de las mayores concentraciones industriales del continente, basada en un principio en la industria aeronáutica y la industria cinematográfica, y que registró un gran auge con la explotación de petróleo en las primeras décadas del siglo XX. Son importantes en esta región los enclaves de I+D (Investigación y Desarrollo) de San FranciscoPalo Alto en la industria electrónica; Los Ángeles, en la industria aérea y espacial; y San Diego, en la industria farmacéutica.

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Una serie de factores explican el crecimiento de la región meridional californiana: —— Su situación en la costa pacífica implicó una industria orientada hacia la defensa. —— La instalación al noroeste del condado de Santa Clara en Palo Alto de la Universidad de Stanford, que llevó consigo la orientación hacia las actividades de investigación. —— La alta cuota de inmigración. Las ramas industriales de la electrónica tienen necesidad tanto de mano de obra no cualificada para las cadenas de montaje y los trabajos de pruebas, como de aquella población dedicada a la investigación. De este modo, desde la segunda mitad del siglo XX, el valle de Santa Clara (Silicon Valley) pasó de ser una región predominantemente agraria a ser una de las regiones más urbanizadas y altamente industrializadas. 2. Otra,   en el área de la desembocadura del Columbia, y la zona meridional de la Columbia Británica. La zona noroeste de Estados Unidos forma una concentración industrial y urbana de menor dimensión que el área meridional de California. Abarca una serie de grandes ciudades como Seattle y Tacoma en el estado de Washington, Portland en Oregón, y el gran Vancouver en la Columbia Británica. Posee abundante energía hidráulica y destaca la industria del aluminio. Como principales usuarios del aluminio se instalan las industrias aeronáuticas (Seattle: llamada la Jet city). Otras industrias están ligadas a las materias primas de la economía agraria, forestal y minera (cobre, plomo, zinc, plata, uranio y fosfato) de su área limítrofe de influencia, así como a las actividades pesqueras. También hay industrias de la madera en Vancouver, Seattle y Tacoma; fábricas de papel y celulosa en la Columbia Británica, de conservas de frutas y verduras procedentes de las tierras agrícolas de los valles de Willamette (Oregón) y Yakima (Washington), conservas de pescado (salmón), leche condensada y mantequilla. Existen también otros enclaves industriales de notable importancia localizados en el interior del subcontinente: es el caso del área metropolitana de Kansas (industrias alimentarias y ensamblaje de automóviles); el área de Minneapolis-St. Paul (maquinaria e industria de alimentación); Dallas-Ft. Worth (alimentación); Denver-Pueblo (química, hierro y acero); Phoenix (electrónica); Salt Lake City (electrónica).

5. CRECIMIENTO Y DISTRIBUCIÓN GEOGRÁFICA DE LA POBLACIÓN Es característica la baja densidad de población y la desigual distribución en ambos países, sobre todo en Canadá que posee grandes zonas despobladas en los territorios del norte y una acusada concentración en la zona meridional a lo largo de la frontera con los Estados Unidos. En el año 2015, el crecimiento anual de la población está por debajo de la media mundial (1,18%) en ambos países (Canadá, 1%; Estados Unidos, 0,77%).

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5.1.  Dinámica demográfica Hay que tener en cuenta no sólo el comportamiento de la natalidad y la mortalidad, sino también los movimientos migratorios, ya que la inmigración ha actuado como importante motor del crecimiento demográfico, al tiempo que explica la actual estructura demográfica y su variada composición étnica y social (Cuadro 3.1). El descenso de la natalidad comienza a detectarse ya en la segunda mitad del siglo XIX. Así, si en la primera mitad del siglo XIX se registraban unas tasas de natalidad del 55‰, a comienzos del siglo XX desciende al 30‰, tasa que se mantiene hasta los años treinta. Debido a la crisis de 1929 y a la Gran Depresión, la natalidad sufre una drástica reducción alcanzando en 1936, la ta­sa del 18‰. Al mismo tiempo, la fecundidad se redujo de 3,6 hijos por mujer en 1900 a 2,1 en 1936. Cuadro 3.1. Principales variables demográficas (2015) Canadá

Estados Unidos

Norteamérica

Población (millones)

35,5

325,2

360,6

Población proyectada en 2050

48,4

395,3

444

4

33

16

Nacimientos (por cada 1.000 hab.)

11

13

12

Muertes (por cada 1.000 hab.)

 7,4

 8,2

8

Tasa de crecimiento anual (%)

1

   0,77

0,88

Tasa global de fecundidad (%)

 1,6

  1,9

1,8

Esperanza de vida (años)

81,5

 78,5

Densidad de población

80

Fuente: Population Reference Bureau y elaboración propia.

Tras la Segunda Guerra Mundial se registró un incremento de las tasas de natalidad, consecuencia del auge económico y la reducción de la edad del matrimonio. A partir de entonces comienza un gradual descenso de la natalidad y actualmente se registra una cifra de 11‰ y 13‰, en Canadá y Estados Unidos respectivamente. La evolución de las tasas de natalidad en ambos países es típica de áreas desarrolladas, cuyo descenso discurre paralelo al desarrollo económico y al aumento del nivel de vida. Estos cambios en la dinámica de la población no se producen en la sociedad de forma homogénea, registrándose importantes variaciones según el nivel en la educación o el grupo social y étnico al que pertenecen, entre otros factores. Así, por ejemplo, la tasa de natalidad en los grupos llamados «minoritarios» (negros e hispanos) es mayor que en la población blanca. Asimismo, también en este aspecto existe un contraste

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este/oeste, contabilizando unos valores por debajo de la media nacional en los Estados del noreste y en la Llanura central, frente a los Estados del oeste y del sur, que superan la media. A comienzos del siglo XX, las tasas de mortalidad rondaban el 18‰, en 1930 se redujeron al 11‰ y alcanzaron el 9,5‰ en 1957. Actualmente representan menos del 9‰ (7,4‰ en Canadá y 8,2‰ en Estados Unidos). El retroceso de las tasas de mortalidad va acompañado de un incremento de la esperanza de vida, que actualmente es de 78,5 años para Estados Unidos y de 81,5 para Canadá. Este aumento ha sido posible, entre otros factores, gracias a una mayor calidad de vida y a los adelantos registrados en la medicina preventiva. Cuadro 3.2. Evolución de la población 1700/2015 (millones de habitantes) Canadá

Estados Unidos

Norteamérica

1790



  3,929



1820-1821



  9,638



1830-1831



 12,866



1840-1841



 17,069



1850-1851

 2,436

 23,192

 25,628

1860-1861

 3,230

 31,443

 34,673

1870-1871

 3,689

 39,818

 43,507

1880-1881

 4,323

 50,156

 54,479

1890-1891

 4,833

 62,948

 67,781

1900-1901

 5,371

 75,995

 81,366

1910-1911

 7,207

 91,972

 99,179

1920-1921

 8,788

105,711

114,499

1930-1931

10,337

122,775

133,112

1940-1941

11,507

131,669

143,176

1950-1951

14,009

150,697

164,706

1960-1961

18,238

179,323

197,561

1970-1971

21,568

203,302

224,870

1980-1981

24,343

226,546

250,889

1990-1991

27,297

249,398

276,695

2000-2001

30,757

283,230

313,987

2007-2010

32,968

303,985

336,953

2015

35,492

325,128

360,620

Fuente: Census Bureau, Population Reference Bureau, Statistics Canada.

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Este comportamiento a escala global, también esconde diferencias según sexos: la es­ peranza de vida es mayor en las mujeres (Estados Unidos: mujeres, 81; hombres, 76. Cana­dá: mujeres, 84 frente a los 79 años de media en los hombres); la actividad profesional: mortalidad menor a mayor nivel profesional; el origen étnico: mayor mortalidad y menor esperanza de vida en la población negra que en la blanca; y en su distribución espacial: mayores tasas de mortalidad en los Estados del noreste y en la Llanura central y menor en los Estados del oeste. La evolución de la población desde finales del XVIII ha sufrido una serie de inflexiones (Cuadro 3.2). El gran crecimiento demográfico de la población norteamericana durante el siglo XIX se explica por la gran afluencia de población inmigrante procedente de Europa. Al comenzar el siglo XX, el ritmo de crecimiento no fue tan acelerado, y aunque se registra un aumento considerable de la población hasta 1914, debido a un saldo migratorio positivo durante todo el siglo XIX y un alto crecimiento natural, se detecta un descenso continuado de la natalidad y una caída brusca de la mortalidad. A mediados del siglo XX se registra un incremento demográfico debido al importante aumento de la natalidad (fenómeno del babyboom), un descenso constante y continuo de la mortalidad, sobre todo infantil, unido a una apertura de las leyes de inmigración. A diferencia de lo que ocurrió en Europa, la inmigración en Norteamérica ha jugado un papel de rejuvenecimiento de la población muy importante, lo que se refleja en la composición por edades de la población. Una pirámide por edades característica de los países desarrollados, con una base cada vez más estrecha y un aumento de la cúspide. Sin embargo, no se trata de una población envejecida: en el 2015, la población menor de 15 años representa en Canadá el 16% y en Estados Unidos el 19%, mientras que la mayor de 65 años representa el 15% y el 14%, respectivamente.

5.2.  Movilidad de la población: transformaciones en la distribución espacial Es notable la desigual distribución de la población: una contraposición entre el este más densamente poblado y el oeste, que registra menores densidades de población. Una contraposición entre el centro escasamente poblado y las zonas costeras, incluyendo el área de los Grandes Lagos, donde se concentran las grandes regiones urbanas. Las mayores densidades de población se concentran, pues, en las regiones más industrializadas y urbanizadas de los estados del noreste, con densidades que superan los 100 hab./km2, y en la región del sureste. Por el contrario, hacia el oeste, traspasado el Mississippi y con el aumento de la aridez, se registra un brusco descenso en la densidad de población, llegando a registrar una media de 3 hab./km2 en el área de la Gran Llanura y está prácticamente despoblado en las regiones desérticas de Nevada y California, exceptuando la franja litoral del

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Pacífico. Por estados, la desigual distribución es también patente, contrastando, por ejemplo, los menos de 2 hab./km2 registrados en Wyoming con los más de 400 del estado Nueva Jersey. Hasta comienzos del siglo XIX, más del 90% de la población se asentaba en los estados orientales. Posteriormente las regiones occidentales y meridionales (estados de California, Nevada, Arizona y Florida) registraron un importante dinamismo demográfico y, por primera vez en la historia de Estados Unidos, según el censo de 1980, los estados del noreste sufrieron un frenazo en su crecimiento demográfico (0,5%), mientras que el sur y el oeste crecieron de una manera significativa en un 21,4% y un 23,9% respectivamente. Esta desigual distribución de la población está determinada por la conjunción de factores geográficos (clima, relieve), históricos (colonización) y socioeconómicos (dinámica demográfica, inmigración, grado de desarrollo urbano e industrial, etc.). Por otro lado, hay que señalar la importancia de los movimientos espaciales de población, que en buena parte, explican la actual distribución espacial de la población norteamericana. Entre otros cabe citar: a) Los movimientos de población hacia el oeste. b) Un trasvase desde los años veinte, en su mayor parte de población negra, de los condados rurales del sur hacia las grandes ciudades del norte. c) Un movimiento a partir de 1968 de norte a sur, motivado por el desarrollo industrial de las regiones meridionales, y también en busca de mejores condiciones climáticas y una mayor calidad de vida. d) Un éxodo del campo a la ciudad, con los consiguientes problemas en las aglomeraciones urbanas, que tuvo lugar a raíz de la mecanización de la agricultura y la mejora en las infraestructuras de las comunicaciones y el transporte. Paralelamente, los mayores niveles de renta de los centros urbanos y el desarrollo industrial de los estados del noreste y oeste actuaron como factores de atracción de esta población rural. e) Un movimiento de población del centro de la ciudad a la periferia, con el consiguiente proceso de suburbanización desde comienzos del XX que se generalizó a partir de 1940. f) Un crecimiento de la población no metropolitana.

6. PROCESO DE URBANIZACIÓN Y RED DE CIUDADES Según el censo de 1870, sólo el 27,5% de la población era urbana y el 72,5% rural. Actualmente, según datos del World Population Data Sheet, y entendiendo por ciudad según normas internacionales los asentamientos con una población superior a 20.000 habitan­tes, Estados Unidos posee el 81% de población urbana y Canadá el 80% (2015). No debemos olvidar, sin embargo, que hay muchos asentamientos que no alcanzan esta cifra, pero que

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poseen funciones urbanas y que si los tuviéramos en cuenta la proporción de población urbana en Estados Unidos y Canadá sobrepasaría el 90%.

6.1.  Proceso de urbanización El gran crecimiento urbano de Norteamérica está condicionado por el desarrollo económico y la industrialización. Se pueden señalar dos principales características: en primer lugar, el ritmo de crecimiento ha sido muy rápido, explicado por la baja tasa inicial de urbanización y por el gran contingente de inmigrantes que acuden en busca de empleo en una sociedad cada vez más industrializada; en segundo lugar, el crecimiento urbano va unido a la formación de la región metropolitana, consecuencia de la concentración económica en determinadas zonas. Hasta comienzos del siglo XIX los Apalaches sirvieron de barrera a la ocupación humana. Fue el comienzo de la industrialización junto a la gran corriente migratoria hacia las ciudades. Desde 1820, la que dio un fuerte empuje al proceso urbanizador, aunque pocos asentamientos alcanzan antes de 1850 el rango de gran ciudad. Es una primera fase en la que las ciudades eran simples puntos de enlace con Europa, por lo que se situaban en los fondos de las bahías o los estuarios (desde Boston a Nueva Orleans). Con la creación de vías de comunicación por canales y posteriormente con el ferrocarril, comienza una segunda fase en el desarrollo urbano en el que el dinamismo está estimulado por una gran demanda interior acorde con un país en crecimiento. De Buffalo a Minneapolis, las grandes metrópolis del medio oeste, pertenecen a esta segunda generación de ciudades, caracterizadas por estar localizadas junto a estaciones de ferrocarril o canales y donde la inexistencia de medios de transporte comunales produjo que los barrios obreros se instalaran cerca de los lugares de trabajo, lo que se refleja en un tipo de ciudad compacta y que crece a gran rapidez y sin la infraestructura adecuada para albergar a una fuerte oleada de inmigrantes en busca de empleo. La introducción del automóvil y del trabajo en cadena, en la época de entreguerras, demanda la construcción de nuevas fábricas, que se instalan en la periferia y que son accesibles con el transporte comunitario, mientras que en el centro de la ciudad crecen variados servicios de ocio y comercio. Desde entonces, el crecimiento de población (saldo migratorio más crecimiento natural), la fuerte industrialización y el consiguiente éxodo del campo a la ciudad han llevado consigo un continuo crecimiento de las ciudades. A finales de los años cuarenta las ciudades americanas están caracterizadas por un fuerte crecimiento urbano. El progresivo abandono del centro de las ciudades por la clase social alta, que es ocupado por nuevas capas de población menos adineradas, tuvo como consecuencia un desarrollo espectacular de la periferia motivado por una corriente emigratoria, y favorecido por la gran difusión del automóvil y la rapidez de los transportes, que permite a la mayoría de los

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habitantes residir lejos del centro. En 1960 la proporción de población que vivía en el centro de las ciudades y en la periferia era similar. Desde entonces las diferencias a favor de la periferia son constantes y en la actualidad, y de una manera general, se puede decir que en las ciudades con más de un millón de habitantes hay más población en la periferia que en el centro urbano. Así, en la década 1970/1980, por primera vez en la historia se detecta un crecimiento más lento de la población de las grandes aglomeraciones (10,2%) frente al total de la población (11,4%). Esta nueva tendencia de crecimiento de las ciudades más pequeñas y no metropolitanas frente al estancamiento y disminución del desarrollo de las grandes ciudades fue designado por Berry con el término de contraurbanización o desurbanización (counterurbanization), presente tanto en Estados Unidos como en Canadá. Cuadro 3.3. Grandes ciudades y aglomeraciones urbanas Ciudad

Aglomeración urbana

New York

8.491.079

20.092.883

Los Ángeles

3.928.864

13.262.220

Chicago

2.722.389

 9.554.598

Dallas

1.281.047

 6.954.330

Houston

2.239.558

 6.490.180

Toronto

2.615.060

 6.055.700

Philadelphia

1.560.297

 6.051.170

Washington

 658.893

 6.033.737

Miami

 430.332

 5.929.819

Atlanta

 456.002

 5.614.323

Boston

 655.884

 4.732.161

San Francisco

 852.469

 4.594.060

Phoenix

 319.504

 4.489.109

Fuente: Calendario Atlante de Agostini 2016.

Una reducción en las tasas de natalidad tras la explosión de sus índices en la posguerra, el aumento del deseo de una vida rural que se traduce en una emigración de la gran ciudad hacia ciudades más pequeñas, la movilidad de población jubilada, o la disminución en las inversiones públicas por el recorte financiero tras la recesión económica de principios de los setenta, son factores que pueden explicar este fenómeno. La aplicación de nuevas tecnologías, tanto en

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el acceso a un confort doméstico como en la posibilidad de una descentralización de las empresas favorece, por otro lado, esta tendencia. Para la misma década 1970/80 se llega al crecimiento cero en los núcleos urbanos, en los que se están llevando a cabo en las últimas décadas proyectos de revitalización y recuperación. Igualmente, a patir de los años ochenta mientras que el anillo metropolitano crece más lentamente el área no metropolitana lo hace a mucha mayor rapidez. Esta expansión urbana lleva consigo la formación de grandes megalópolis.

6.2.  Grandes áreas metropolitanas 6.2.1.  Áreas metropolitanas y red urbana El rápido proceso de urbanización se observa no sólo en el crecimiento de la población urbana, sino que es sobre todo visible en el aumento de la superficie de la mayoría de las grandes ciudades norteamericanas. Se forman grandes aglomeraciones urbanas y «bandas» de ciudades (denominadas strip cities o semi-continuous cities). El crecimiento urbano está estrechamente vinculado a las nuevas formas de transporte y comunicación y ha dado lu­-gar a la formación de las megalópolis, concepto que surge a partir de la Segunda Guerra Mundial (término generalizado por Gottmann en 1961 aplicado en un principio a la región del noreste y posteriormente aplicado a las áreas urbanas de similares características), para definir la banda continua de áreas metropolitanas con una alta densidad de población (Figura 3.10).



  más importante, la Atlantic Seaboard Megalópolis, está localizada en el noreste de La la costa atlántica y discurre a lo largo de 1.000 km, desde el sur de Maine a Virginia, la llamada Bos-Wash (de Boston a Washington), y que incluye a cinco grandes áreas metropolitanas: Boston, Nueva York, Philadelphia, Baltimore y Washington, con más de 30 millones de habitantes. Es el centro económico, financiero, político y cultural. Se pueden diferenciar otras cinco grandes áreas urbanizadas (Areas of primary growth):

② L a región de los Grandes Lagos (Lower Great Lakes), denominada Chi-Pitts (de Chicago a Pittsburgh), y que incluye las áreas metropolitanas de Milwaukee, Chicago, Detroit, Cleveland y Pittsburgh, con más de 25 millones de habitantes.

③ ④ ⑤ ⑥

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El área de Florida, con las ciudades de Jacksonville, Orlando, Tampa y Miami. Entre ambas, el Piedemonte, que se extiende desde Raleigh-Durham hasta Atlanta.   la región del Pacífico, el área de California, conjunto formado por las ciudades de En San Diego, Los Ángeles y San Francisco reúne una población que supera los 20 millones de habitantes.   último, el área canadiense (Main Street) que concentra las mayores aglomeraciones Por urbanas de Canadá.

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Fuente: Adaptado de H. J. de Blij; P. O. Müller, p. 169 y de Bethemont, J.; Breuil, J. M., Les États Unis: une géographie Thématique. Masson. Paris, 1991, p. 101.

Norteamérica. Primera potencia económica mundial: Estados Unidos

Figura 3.10. Distribución de las áreas metropolitanas.

A escala nacional no existe una red y una jerarquía metropolitana. La relación que mantienen las grandes ciudades en lo que respecta a movimiento de personas, de capital y de información y la desigualdad de estos intercambios permite distinguir múltiples rangos jerárquicos, pero sin que sea posible realizar una referencia a la primacía de una ciudad. Así, la importancia de cada metrópoli puede estar determinada a partir de múltiples criterios. Por tanto, la noción de red y jerarquía urbana no debe ser entendida igual en un pequeño país, donde predomina un gran centro de decisión, como en un país de grandes dimensiones y con una estructura federal.

6.2.2.  Las grandes metrópolis Según Bethemont y Breuil (1991), se puede realizar una clasificación jerárquica de las metrópolis estadounidenses, distinguiendo cuatro categorías:

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a) Las grandes metrópolis calificadas de new supercities. Es el caso de Nueva York, Los Ángeles y Chicago. Mientras que Los Ángeles goza de un gran dinamismo demográfico, Nueva York y Chicago destacan por su supremacía en el mundo financiero. Caracterizadas, no tanto por su tamaño, como por la complejidad de sus múltiples funciones así como por su integración en los movimientos y estructuras internacionales. b) Las grandes metrópolis en sentido estricto. Atlanta, Boston, Dallas, Detroit, Houston, Miami, Philadelphia, Pittsburgh, San Francisco, Saint Louis, metrópolis de primer orden y con una enorme concentración de población, poseen muchas de las funciones de las new supercities, aunque a menor escala. La mayoría de ellas están caracterizadas por una función primordial. Es el caso de la función política en Washington, la industria del automóvil en Detroit, el petróleo en Dallas, la industria aeroespacial en Houston o las actividades en el sector turístico y financiero en Miami. c) Las metrópolis de segundo rango. Ciudades como Baltimore, Cincinnati, Cleveland, Denver, Minneapolis-Saint Paul, Phoenix y Seattle. Estas metrópolis poseen, por lo general, un contingente de población menos elevado, una menor proporción de empresas y una tendencia hacia la especialización. d) Las metrópolis regionales o de tercer rango. Dentro de este grupo se incluyen las ciudades de Buffalo, Charlotte, Columbus, Kansas, Memphis, Milwaukee, Nueva Orleans, Oklahoma, San Antonio, Salt Lake, San Diego y Tampa. Con una población que sobrepasa, en la mayoría de los casos, el millón de habitantes, destacan por ejercer funciones rectoras a escala regional. Ninguna clasificación refleja claramente una realidad, y esta ofrece el inconveniente de reagrupar por rango a ciudades con dinamismo diferente como Los Ángeles y Chicago; Miami y Pittsburgh; Cleveland y Phoenix; Buffalo y San Antonio. Pero junto a los problemas de desigual dinamismo y el proceso de transformación funcional que están registrando algunas metrópolis, existen elementos comunes a todas ellas como es el notable crecimiento espacial, la complejidad de funciones o su estructura interna.

6.3.  Estructura interna de las ciudades Desde la época de posguerra, el proceso de urbanización en Estados Unidos se caracterizó por el notable incremento de la concentración metropolitana y la difusión espacial de la población y de las actividades. Proceso de expansión que provocó la aparición de nuevas áreas con unas peculiaridades que han tenido importantes repercusiones en las características sociales de la población. En la ciudad americana se pueden distinguir áreas muy diferenciadas dispuestas en anillos concéntricos: un centro comercial y financiero, el Central Bussinnes District (CBD); los vie-

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jos barrios residenciales abandonados y ocupados por población compuesta de emigrantes rurales y de los estratos sociales de bajo nivel de renta o por minorías étnicas desfavoreci­das desde una perspectiva económica, política e ideológica; y una periferia, de carácter predominantemente residencial, que ocupa una superficie cada vez mayor, favorecido por la mejora del transporte. El proceso de urbanización se muestra no sólo en el crecimiento de la población urbana sino que se hace visible sobre todo en la enorme expansión territorial de la periferia de la mayoría de las grandes ciudades americanas. La reciente ola de suburbanización está en estrecha relación con la transformación de los nuevos parques industriales por cada vez mayores instalaciones de parques de oficinas y la formación de la llamada urban villages. Las causas que explican la aparición de esta periferia son variadas y una sola no podría explicar el fenómeno. Así, entre otros factores, podemos citar: la mejora del transporte y la comunicación; el deseo de una vivienda unifamiliar, deseo muy extendido en la sociedad americana; todo ello unido a una alta movilidad geográfica y social, característica de la población americana. Esta periferia urbanizada absorbe no sólo a la población inmigrante de las zonas rurales sino también a la población del centro de la ciudad, ésta perteneciente a una clase media y alta. A ella le siguen los comercios, que hasta entonces estaban concentrados en el centro de las ciudades (el primero, Northland, fue construido en 1952/53 en las afueras de Detroit, veinte años más tarde el centro de Detroit era un desierto comercial), y el desarrollo de los centros comerciales, que suelen localizarse junto a grandes aparcamientos y múltiples servicios y actividades diversas. Las industrias y grandes superficies empresariales fueron las siguientes funciones que se trasladan hacia la periferia. Estas áreas industriales se sitúan, por regla general, cerca de los centros comerciales, formándose en esta periferia unos nuevos centros multifuncionales. Por último, son las empresas del sector terciario las que se trasladan. Aunque aún siguen construyéndose en los centros urbanos torres de oficinas, la ciudad va desarrollándose paulatinamente hacia la periferia. Esta evolución se puede observar en casi todas las grandes ciudades de Norteamérica. La suburbanización del sector terciario está en relación directa con el desarrollo de las modernas telecomunicaciones, que permiten instalar filiales en lugares donde el precio del suelo es más bajo. Por otro lado, muchos de estos centros periféricos tienen una importancia suprarregional como centros administrativos. Todo ello da como resultado una irregular y múltiple estructura de mosaico en la periferia de la ciudad americana, que también afecta al interior de la ciudad. Es decir, desde el punto de vista social permanecen diferencias espaciales por etnias, estatus social y estilo de vida como formas de segregación espacial. Los habitantes tienden a concentrarse en esta sociedad heterogénea según afinidades étnico-culturales o de estatus económico, formando un mosai-

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co de áreas residenciales con características demográficas diferentes unas de otras (neighborhoods). Las clases menos favorecidas, y sobre todo las minorías, permanecen en el interior de la ciudad. Los edificios abandonados por las clases medias emigradas se parcelan y alquilan. Los barrios limítrofes con la city se convierten en barrios marginales (slums), caracterizados por unos edificios en decadencia, un crecimiento de la proporción de estratos de población pobre y de minorías étnicas, una infraestructura cada vez menor sobre todo en el sector de los servicios y una reducción drástica de la calidad medioambiental de los antiguos núcleos urbanos.

CONCLUSIÓN: EE UU, GRAN POTENCIA HEGEMÓNICA A NIVEL MUNDIAL Estados Unidos es actualmente la primera potencia económica dentro del sistema mundial y su influencia en los ámbitos económico, político y cultural en muchos países es considerable. Las grandes empresas norteamericanas, a través de sus filiales, están distribuidas en infinidad de enclaves y gestionan una gran parte de las riquezas del planeta, controlando casi un tercio de la actividad económica mundial. Pero además del control económico, su poderío militar es considerable y es patente la influencia social y política en numerosos países. Caracterizado por su gran riqueza en recursos, una elevada tasa de productividad agraria y un gran desarrollo industrial y urbano, en el territorio norteamericano se han mezclado distintos grupos de población que han constituido un característico mosaico cultural. Las sociedades de ambos países están profundamente entrelazadas, pero presentan diferenciadas características culturales: en Canadá persiste la realidad de su carácter bicultural; en Estados Unidos, la existencia de una gran diversidad étnica y la pobreza de una parte importante de la población, constituyen el núcleo central de sus problemas sociales. Los datos globales esconden diferentes comportamientos regionales. Una de las regiones más dinámicas es la región nororiental, que constituye la región más antigua y donde se concentran los enclaves industriales más tradicionales y el desarrollo de las nuevas tecnologías. La industria se encuentra muy concentrada, conformando el denominado cinturón manufacturero, y se localizan grandes aglomeraciones urbanas. Otras regiones que registran un variado dinamismo son la región del Suroeste y la costa occidental, así como las tierras agrícolas del interior donde la agricultura se convierte en el factor predominante del paisaje. El elevado lugar que ocupa Norteamérica en la producción industrial ha llevado consigo problemas que aún no están solucionados, como son los costes ambientales derivados de la intensiva explotación de los recursos. Los contrastes en una sociedad desarrollada y de gran potencial económico es, también, una realidad: la pobreza de las minorías étnicas, la desigualdad regional y la existente dentro de las ciudades. Una serie de dificultades a las que se enfrenta una sociedad altamente desarrollada y cuyas perspectivas futuras no están exentas de debate.

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CAPÍTULO

4

Japón y Australia. Dos modelos de organización del espacio en el Pacífico Introducción. 1. Japón. Alta densidad demográfica e intensa concentración de la ocupación humana. 2. Australia. Baja densidad de población y distribución periférica de la ocupación humana. Conclusión: Problemas y retos ante el futuro.

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INTRODUCCIÓN Estudiamos en este tema dos países situados en el frente pacífico que, debido a sus condi­ cionantes naturales y a su peculiar historia, muestran hoy una muy diferente organización del territorio. Los rasgos tan diferenciados de su relieve, morfología y clima, fácilmente podrían definirlos como territorios contrapuestos: frente a Japón, un archipiélago de sólo 377.962 km2, similar a la extensión de las Islas Británicas, montañoso, húmedo y lleno de verdor, vemos a Australia, un miniconti­nente de 7,7 mill. de km2, de superficies horizontales y predominio de la aridez. Japón es, además, un archipiélago densamente poblado (337 hab./km2) y un país con muy antigua civilización, cuya destacada posición en el contexto económico internacio­ nal es fruto de una larga y complicada historia; mientras que Australia es un pequeño conti­ nente semivacío (3 hab./km2) que, todavía en el siglo XIX, fun­cionaba con una economía de tipo colonial y que no se con­figura como Estado hasta principios del siglo XX. Japón, a pesar de las grandes limitaciones en recursos naturales, ha logrado una supre­ macía industrial, financiera y tecnológica, cuyo impac­to se hace sentir en todo el planeta; hoy ocupa uno de los primeros puestos en la escena económica internacional. Pocos países del mundo se encuentran tan vulnerables y mal dotados como el archipiélago japonés. Es un territorio inhóspito, constantemente amenazado por catástrofes naturales y con tan sólo un 12,4% de suelo cultivable por lo que se ve obligado a recurrir a la im­portación: es el mayor importador de cereales del mundo y la soja, un ali­mento básico en la dieta japonesa, es im­ portada en más de un 70%. La falta de materias primas y fuentes de energía es otro de los factores que le hacen ser uno de los más vulnerables entre los países industrializados; es primer importador mundial de carbón y segundo de petróleo y gas natural. Si a ello añadimos su tardía incorporación al proceso de la revolución industrial, y el duro golpe que sufrió su economía con la Segunda Guerra Mundial, resulta lógico que el tér­mino

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«milagro» se emplee con frecuencia, dada la dificultad en entender el rápido y alto desarrollo económico que la nación ha alcanzado desde entonces. Por su parte, Australia, cuando se constituye como Estado a principios del siglo XX, aparece ya como país desarro­llado, con gran nivel de vida, con costumbres y cultura europea y alto índice de urbanización. Tras la Segunda Guerra Mundial, tanto Australia como Japón inician una fase de gran expansión económica, y ambos países experimentan cambios muy significativos en sus siste­ mas productivos. Los dos consiguen un importante creci­miento del sector industrial, pero la diferencia es grande en cuanto a las bases de este desarrollo: Japón invierte en investigación y nuevas tecnologías, busca materias primas y fuentes de energía en el exterior y consigue ganar mercados en el mundo entero para sus productos industriales. Australia lo hace reci­ biendo inversiones de Estados Unidos y Japón, con el apoyo del Estado e incrementando notablemente la producción y exportación de materias primas minerales y fuentes de ener­ gía, convirtiendo su sector minero en el principal sector productivo del país; sin embargo, hoy su sistema económico y el desarrollo de su economía se hallan fuertemente ligados a las inversiones extranjeras y supeditados a la presión de las firmas transnacionales.

1. JAPÓN.   ALTA DENSIDAD E INTENSA CONCENTRACIÓN DE LA OCUPACIÓN HUMANA 1.1. El archipiélago japonés, un medio natural desfavorable y un reducido sector agropecuario El archipiélago japonés, situado entre los 30° y 45° lat. Norte, abarca una superficie de 377.962 km2 repartida en varios miles de islas, de las que cua­tro ocupan el 98% de la exten­ sión total: Hokkaido, Honshu, Kuyshu y Shikoku. Con 4.000 km de longitud y una dirección NE/SW forma parte de uno de los arcos del cinturón circumpacífico que jalonan la fachada oriental asiática y que emergió por subducción de la placa tectónica del Pacífico bajo la placa continental euroasiática.

1.1.1.  Las limitaciones del medio natural japonés 1.1.1.1.  Montañas y llanuras La erosión ha ido modificando constantemente las formas de relieve, dando lugar a dife­ rentes tipos de paisajes morfológicos (zonas montañosas, llanuras, costas, etc.) que implican un desigual aprovechamiento socioeconó­mico y por tanto un acusado desequilibrio espacial. Más de las tres cuartas partes del territorio japonés está ocupado por zonas montañosas, que

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Japón y Australia. Dos modelos de organización del espacio en el Pacífico

Fuente: Azcárate, B.; Azcárate, M. V. y Sánchez, J. (2006): Atlas Histórico y Geográfico Universitario. UNED, Madrid, mapa IX.22, p. 330.

con pendientes superiores a los 15º y soportando una violenta erosión debida a las fuertes precipitaciones y a los materiales deleznables que las componen (flysch, cenizas volcánicas), siempre estuvieron débilmente habitadas y utilizadas. Por el contrario, a pesar de no cubrir más del 16% del país, tra­dicionalmente se concentraron en las llanuras la población y las activida­des económicas (Figura 4.1).

Figura 4.1. Principales unidades morfológicas del relieve japonés.

Estas llanuras, la mayoría de tan sólo unas dece­nas de km2 y abiertas al mar (son escasas las llanuras interiores), están formadas por materiales de acumulación arrancados a las mon­ tañas colin­dantes, cuya naturaleza varía sensiblemente desde la periferia al centro. Las ceni­ zas volcánicas se unen con los aluviones formando limos de gran valor agrícola. Los aluviones

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antiguos (diluvium) se disponen escalonada­mente en forma de terrazas y por lo general son poco fértiles, de ahí la importancia de los cultivos de secano en Japón, que se instalan en ellas. Por el contrario, los aluviones más recientes, y por ello más fértiles, se en­cuentran en las zonas más bajas y en ellos se practica desde tiempos remo­tos la ricicultura. Desde el punto de vista de la ocupación del territorio, las bahías han ju­gado un papel fundamental en la vida socioeconómica del Japón. En la ac­tualidad se encuentran profunda­ mente transformadas por la acción del hombre que, por medio de polders —antes agrícolas, hoy día industriales— mantiene una constante lucha por ganar terreno al mar.

1.1.1.2.  Las limitaciones climáticas

Fuente: Azcárate, M. V. (2001). Japón: un original modelo de desarrollo económico occidental en el Extremo Oriente asiático. Figura 10. Ed. UNED. Madrid.

El archipiélago japonés posee una cierta peculiaridad climática dentro del mundo tem­ plado y fuertes contrastes regionales, debido no sólo a su configuración montañosa, que ofrece unas vertientes expuestas a las influen­cias del gran continente euroasiático frente a otras que limitan con el mayor océano del planeta, sino también, a causa de su apertura tanto hacia los vientos polares septentrio­nales como a las influencias tropicales meridionales, a su alargamiento en longitud, así como a su propio carácter insular.

Figura 4.2. Principales centros de acción atmosférica que afectan al archipiélago japonés.

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Japón y Australia. Dos modelos de organización del espacio en el Pacífico

Podemos destacar como rasgos distintivos del clima japonés, una fuerte amplitud térmi­ ca, a pesar de su insularidad, que se ma­nifiesta en unos inviernos rigurosamente fríos y unos veranos excepcional­mente cálidos para su latitud, y un elevado volumen anual de precipitacio­ nes (Figuras 4.2 y 4.3). En general, se puede oponer la costa occidental, que recibe lluvias de invierno en rela­ ción con los vientos del NW, frente a la costa del Pacífico que experimenta dos máximos pluviométricos: uno en primavera —baiu— relacionado con el monzón del SW, más prolon­ gado y al que se pue­de considerar realmente como la verdadera estación de lluvias (también se conoce a este período con el nombre de «lluvias de las ciruelas», llamado así porque coin­ cide con el comienzo de la maduración de estos frutos); y otro en septiembre —shurin— pro­ vocado por el paso de los tifones tropicales, y por ello, con precipitaciones abundantes pero concentradas en menos días.

Fuente: Azcárate, M. V. (2001). Japón: un original modelo de desarrollo económico occidental en el Extremo Oriente asiático. Figura 13. Ed. UNED. Madrid.

La isla de Hokkaido recibe un máximo pluviométrico a finales de verano y principios de otoño, relacionado con el paso de las perturbaciones del Frente Polar. En invierno las precipi­ taciones están relacionadas con los vientos del Oeste, afectando sobre todo al sector occiden­ tal. La combinación de todos estos factores y elementos dan lugar a impor­tantes contrastes regionales. A la mitad septentrional del país, de carácter inhóspito y tardía colonización, se opone un sector meridional, de caracte­rísticas monzónicas donde tradicionalmente se desa­ rrollaron las activida­des agrícolas y se asentó la población.

Figura 4.3. Distribución de las precipitaciones en verano y en invierno.

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El régimen hidrográfico, la distribución de las formaciones vegetales y los diferentes tipos de suelos, son fiel reflejo tanto de la diversidad climática como de la complejidad del relieve. A consecuencia de ambos factores (llu­vias repartidas en dos máximos en la costa pacífica e invernales en la costa occidental; relieve joven y accidentado en la mayor parte del territorio), los ríos japoneses son cortos e irregulares: el río Tone, el más largo de Honshu, tiene tan sólo una longitud de 322 km, y el Ishikan, en Hokkaido, alcanza poco más de 400 km. Tienen acusadas pendientes que no facilitan la nave­gación, algunos permiten la flotación, de gran importancia para la explota­ción forestal; no obstante, son ampliamente aprovechados para la hidro­electricidad y el regadío. En cuanto a las formaciones vegetales, el bosque es la formación vegetal predominante: el bosque japonés cubre el 68,6% del suelo, frente al 37,1% en España o el 33,3% en Estados Unidos, alcanzando uno de los mayores porcentajes del globo, junto con Finlandia y Canadá, y encontrándose íntimamente ligado a la vida tradicional del país. Se trata de un bosque sensiblemente más rico en especies que el europeo, ya que las glaciaciones cuaternarias no destruyeron aquí, al contrario de lo que ocurrió en el viejo continente, gran parte de las es­ pecies cálidas, de manera que hoy en día su número casi duplica al europeo. El bambú es otro elemento característico del paisaje vegetal japonés, cuya variedad es enorme: frente a bambúes que alcanzan más de una veintena de metros, existen también densas formaciones de bambúes enanos (más de un centenar por metro cuadrado) cuya altu­ ra no sobrepasa 1 metro (los sasa).

1.1.1.3.  Importantes riesgos naturales La violencia de la naturaleza en el archipiélago japonés queda reflejada en la multitud de volcanes, terremotos, corrimientos de tierras, tifones, etc. que afectan a su territorio y que agudizan su peligrosidad al incidir en las áreas más densamente pobladas. Entre los principales riegos de origen geológico que afectan al Japón, destacan los terre­ motos y las erupciones volcánicas, sin olvidar aquellos otros, como los frecuentes corrimien­ tos de tierras, los continuos hundi­mientos de terrenos que afectan sobre todo a las grandes ciudades o la exis­tencia de grandes pendientes en la mayor parte de las regiones. Aunque menos violentos e imprevistos que los primeros, estos últimos son fiel refle­jo de la perma­ nente batalla que el hombre debe mantener frente a este me­dio hostil. Japón es un arco insular montañoso que forma parte del «cinturón de fuego» que bordea la fachada oriental del continente asiático. Su situación en un área de confluencia entre dos placas tectónicas determina una gran inestabilidad orogénica, que se traduce en un intenso vulcanismo y elevada sismicidad (Figura 4.4).

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Fuente: Azcárate, M. V. (2001). Japón: un original modelo de desarrollo económico occidental en el Extremo Oriente asiático. Figura 2. Ed. UNED. Madrid.

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Figura 4.4. Corte esquemático que muestra la relación entre las placas tectónicas.

Los volcanes son un elemento característico del paisaje morfológico ja­ponés. Se encuen­ tran localizados sobre todo en torno a los tres nudos de intersección de los arcos (Hokkaido, Chubu —Fosa Magna— y Kyushu), así como a lo largo de las dos alineaciones montañosas de la zona interna sep­tentrional. En su gran mayoría son volcanes de tipo explosivo (vulcania­ no o pelea­no). Otra forma volcánica muy desarrollada en el archipiélago japonés son las calderas. Se trata de amplias depresiones (con un diámetro entre 10 y 20 km), a menudo en forma circular. En su mayoría han sido ocupa­das por lagos (Lago Toya —volcán Usu—, Shiketsu —volcán Tarumai—, Kut­charo y Mashu en Hokkaido; Towada en Honshu septentrional, etc.). Otras han sido invadi­ das por el mar, como es el caso de la bahía de Ka­goshima, en Kyushu, o la bahía del Volcán, en Hokkaido. Incluso, a veces, la caldera se puede encontrar tapizada por aluviones, como la del Mte. Aso, en Kyushu, convertida hoy en día en una fértil llanura densamente poblada. Japón es uno de los países del mundo más afectado por los terremotos. Los sismógrafos registran unos 5000 terremotos al año, lo cual es una prue­ba evidente de la actual falta de consolidación del archipiélago japonés. Al ser mucho más difíciles de predecir que las erup­ ciones volcánicas, suponen uno de los riesgos naturales más devastadores. Generalmente, los principales terremotos se localizan en la zona externa del archipiélago, a lo largo de la costa del Pacífico, hasta Kuyshu. El más terrible de los terremotos del pasado

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siglo ocurrió en 1923 y su epicentro se situó en la bahía de Sagami; el terremoto y el incendio que éste provocó destruyeron la mayor parte de Yokohama y casi la mitad de la ciudad de Tokyo, pereciendo más de 100.000 personas. Cuando los epicentros se sitúan en el fondo del mar, provocan enormes olas de hasta 30 m de altura que arrasan las zonas costeras. Estas olas gi­gantescas y destructivas son conocidas con el nombre de tsunamis, término japonés que significa «ola en puertos», especialmente frecuentes y peligro­sos en el NE de Honshu (costa de Sanriku), como el ocurrido en el año 2011 en Tohoku. Aunque las condiciones climáticas resultan más favorables a la ocupa­ción y explotación del territorio, éstas también ofrecen numerosos obstácu­los para el desarrollo de la vida dia­ ria. Inundaciones, sequías, avalanchas de nieve, olas de frío, tifones, vientos huracanados, etc., son algunos de los principales riesgos de origen climático o meteorológico que afectan al archi­piélago japonés. Los tifones son depresiones tropicales muy acusadas —la presión puede descender a 800 milibares— y su diámetro oscila entre 600 y 1000 km. Van acompañados de fortísimos vien­ tos, con velocidades superiores a los 150 km/h, que arrasan todo lo que encuentran a su paso y provocan gigantescas olas en las zonas costeras. Más devastadoras aún son las lluvias que los acompañan, que dan lugar a fuertes aguaceros de gran intensidad horaria: por ej. en 1957, cerca de Nagasaki, cayeron 584 mm en cuatro horas: el do­ble de la lluvia que recibe Murcia en un año. En definitiva, conocer la existencia de este medio inhóspito, violento y hostil a la ocupa­ ción humana —vulcanismo, actividades sísmicas, tifones, etc.— resulta condición indispen­ sable para entender tanto la idiosincrasia del pueblo japonés como su desigual ocupación del espacio y la desequili­brada distribución de las actividades económicas sobre el territorio.

1.1.2.  Reducida importancia de la actividad agraria 1.1.2.1.  Explotaciones agrarias y sistemas de cultivo Uno de los factores más decisivos en el reducido sector agropecuario de Japón es su es­ casa proporción de superficie cultivada (12,4% del territo­rio) que, a pesar de los intentos de colonización de nuevas tierras (coloniza­ción interior en el período Tokugawa, colonización de Hokkaido en la época Meijí), de hecho permanece bastante estable. En la actualidad, Japón lleva a cabo una política de reducción de la superficie cultivada, que intenta compensar con la práctica de una agricultura cada vez más intensiva. Japón es uno de los pocos países del mundo en los que la tasa de cober­tura agraria ha disminuido en las últimas décadas, por ello, se ve impulsado a recurrir a fuertes importacio­ nes, sobre todo orientadas al subsector ganadero. Japón es actualmente uno de los grandes importa­dores mundiales de productos agrarios, así como de madera y pasta de papel.

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Cuadro 4.1. Principales usos del suelo comparados (% sobre el total) Tipos de usos

Japón

Australia

España

EE UU

China

Tierras cultivadas

12,4

  6,2

34,0

17,3

13,0

Prados y pastos



 46,6

 20,0

 27,4

 41,8

Superficies forestales

 68,6

 19,2

 37,1

 33,3

 22,6

Improductivo

 19,0

 28,0

  8,9

 22,0

 22,6

TOTAL

100,0

100,0

100,0

100,0

100,0

Fuente: Calendario Atlante Agostini, 2016.

En cuanto al tamaño de las explotaciones agrarias, el predominio es casi absoluto de las pequeñas explotaciones, a menudo subdivididas en pequeñísimas parcelas, que contras­ta vivamente con otros países desarrollados. El mayor número de explotaciones menores de 0,5 ha se en­cuentra en el Japón subtropical, desde la llanura de Kanto hasta Kyushu, donde se practica una agricultura de tipo intensivo. La diversidad climática del archipiélago entraña matiza­ciones según las regiones: mientras que en el Japón septentrional —Tohoku y la isla de Hokkaido— predominan las explotaciones de gran tamaño orienta­das hacia una cabaña vacuna en aumento, con una producción de maíz, fo­rrajes y algunos frutales, sobre todo manzanos, el Japón meridional permane­ce aferrado a microexplotaciones, cuyo cultivo bási­ co sigue siendo el arroz. La población agraria japonesa es una población sumamente envejecida, en la que más de la mitad es mayor de 65 años. Las cooperativas agrícolas, estructuradas en los tres niveles administrativos (nacional, prefectura y local), son instituciones muy importantes en la vida agrícola del país; las llamadas Nokyo, a la que pertenecen la mayoría de los agricultores, son muy activas y poderosas y luchan por el proteccionismo agrícola; incluso tienen su propio banco, el Norinchukin. Estas cooperativas, a diferencia de las estadounidenses o europeas, están involucrados en todo los ámbitos relacionados con el sector, desde, seguros de vida, bancos, venta de productos, materiales agrícolas, servicios relacionados, etc. En la actualidad, debido a factores como el elevado consumo de abonos, uso frecuen­te de plaguicidas, adecuada integración de la producción agríco­la con la industrial, etc., los niveles medios de producción si bien no son tan altos, sobre todo si se les compara con los de Estados Unidos o algunos paí­ses de Europa Occidental, se encuentran entre los más elevados del mundo asiático. Por otra parte, paulatinamente se han ido modificando los paisajes rurales, advirtiéndose una integración cada vez más acusada del mundo rural con el industrial y urbano. Proceso que de nuevo en nada se asemeja al resto de los paí­ses de su entorno.

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Se pueden distinguir dos sistemas de cultivo, opuestos y a la vez comple­mentarios: las tierras de regadío —ta— y las tierras de secano —hataké—. Los campos regados (ta) forman el paisaje rural más antiguo del Japón, ocupan más del 50% del suelo agrícola y su cultivo tradicional fue el arroz. La ricicultura en Japón, al contrario de lo que ocurre en la mayor parte de los grandes exportadores asiáticos de arroz, donde sus campos tan sólo re­ciben el agua de las precipitaciones, es una ricicultura regada (ta), a causa fundamentalmente de la irregularidad pluviométrica y la escasez estival. Hoy día, a pesar de seguir siendo el cultivo predominante, cubriendo 1,6 millones de ha y alcanzando un alto valor de la producción agrícola, estos arrozales están en lento retroceso. A pesar de ello, to­ davía más de la mitad de los agricultores siguen siendo productores de arroz, la inmensa mayoría de ellos a tiempo parcial y con el más alto promedio de edad entre los activos agra­ rios: más del 66 años. Los campos de secano (hataké) generalmente se extienden sobre los alu­viones antiguos de las llanuras (menos fértiles que los recientes, ocupados por los arrozales) y fundamental­ mente sobre terrazas. Esta agricultura de secano suele dar una cosecha de cereal en invierno, que alterna con otra de legumbres o tubérculos en verano.

1.1.2.2.  Principales producciones agrarias Los arrozales son el elemento esencial del paisaje agrario. La ricicultura fue introducida en Japón durante la época Yayoi (siglo III a. C.) y se localizó en un principio en las llanuras li­ torales de Honshu meri­dional. La utilización del arroz como un impuesto durante siglos, po­ tenció su cultivo incluso en regiones donde el clima no era tan favorable. El arroz se cultiva prácticamente en todo el país, pero con mayor inten­sidad en el centro de Honshu (Atlas Histórico y Geográfico Universitario, UNED, mapa IX.25). Este producto ocupa todavía casi la mitad del suelo cultivado, si bien se observa un lento pero paulatino descenso. No obstante, aun­que retroceda la extensión superficial dedicada a este cultivo, la productivi­ dad aumenta debido a unas mejores condiciones técnicas: mecanización, empleo de insecti­ cidas, abonos químicos, etc. Se trata de una alta producti­vidad sobre todo si se la compara con el resto de los países asiáticos. Una bebida muy popular en Japón es el sake, que es un «vino» de arroz, con una graduación alcohólica en torno a los 15°. A pesar del cambio experimentado en los hábitos alimenticios, el arroz sigue siendo bási­ co en la dieta. En la actualidad es un cultivo sumamente protegido por el Gobierno, ya que a pesar del menor costo que supondría la importación de arroz extran­jero, ésta se encuentra prohibida y se garantiza a los agricultores unos pre­cios elevados. La quinta parte del presu­ puesto del Ministerio de Agricultura está destinada a subvencionar la ricicultura.

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Los principales cereales que se cultivan en Japón, además del arroz, son el trigo y la ce­ bada; en menor proporción, la avena, el centeno y el maíz. Prefe­rentemente se cultivan en el norte (Hokkaido y Tohoku). Hoy en día la exten­sión superficial dedicada a los cereales está en retroceso, siendo totalmente necesario recurrir a la importación. Lo mismo ocurre con la soja, una oleaginosa muy utilizada en la alimenta­ción, pero cuya producción no representa nada más que el 5% del consumo. Legumbres, frutas y hortalizas, fundamentalmente estas dos últimas, han experimenta­ do un fuerte crecimiento en las últimas décadas en rela­ción con el cambio en los hábitos alimenticios de la población. Su cultivo, sobre todo bajo invernaderos, se ha extendido prác­ ticamente por todo el país, a causa de su fuerte demanda. Incluso la falta de suelo ha poten­ ciado el desarrollo de un cultivo hidropónico. Es decir, las plantas crecen sin tie­rra, en bande­ jas superpuestas que contienen un caldo nutritivo. De esta manera se consiguen enormes cosechas durante todo el año. Entre los árboles frutales, los agrios se encuentran en plena expansión, sobre todo el mandarino, que representa más del 80% de la producción total de cítricos y su cultivo se ex­ tiende desde Tokyo hasta el sur de Kyushu. El man­zano y peral en el norte y melocotonero en la llanura de Kanto, son otros frutales representativos. En el Japón subtropical, se practican los dos cultivos tradicionales de la civilización japo­ nesa: el té y la morera. Las plantaciones de té, importado de China en el siglo IX, se encuen­ tran localizadas en las colinas y suaves pendien­tes del centro y sur del Japón: la región de Shizuoka, en la bahía de Suruga, es una de las principales áreas productoras. Por lo general da hasta cuatro cosechas anuales y forma parte del policultivo familiar: el té es la bebida nacional japonesa. La morera también fue introducida desde China, hacia el siglo III. Se locali­za en las zonas centrales del interior, fundamentalmente en Tôsan. Fueron precisamente las exportaciones de seda y té, a partir de la época Meijí, uno de los factores que permitieron financiar la indus­ trialización del país. No obstante, a partir de los años 40 del pasado siglo, la competencia de la seda artifi­cial provocó un drástico descenso del cultivo de la morera.

1.1.2.3.  Ganadería y pesca Tras el tradicional limitado papel de la ganadería en la historia económi­ca japonesa, de­ bido fundamentalmente a la escasez de pastos, en la actuali­dad conoce un desarrollo progresivo. El incremento de la demanda de pro­ductos ganaderos —leche, carne, mante­ quilla, queso— en relación con las últimas transformaciones producidas en la dieta alimen­ taria, tradicional­mente basada en arroz y pescado, se ha traducido en un aumento del sector

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ganadero, aunque todavía dista bastante de alcanzar los niveles de consumo del resto de los países desarrollados. La ganadería vacuna de orientación lechera está compuesta fundamen­talmente por ejemplares de la raza Holstein, y se localiza sobre todo en grandes explotaciones situadas en Tohoku y la isla de Hokkaido, donde se alcanzan altos rendimientos. La cabaña vacuna desti­ nada a carne se asienta tradicionalmente en la región de Kobe y Kyushu. Se trata de una ga­ nadería estabulada, alimentada en su mayor parte con pienso importado y a la que se prac­ tican una avanza­da tecnología (merece citar los célebres masajes para la obtención de una carne más tierna). Todo ello da como resultado una carne muy apreciada, pero extremada­ mente cara. Japón es hoy (2015) el primer importador mundial de carne. Desde tiempos antiguos, la escasez de suelo cultivable ha empujado a Japón a utilizar al máximo las riquezas del mar: con 30.000 km de litoral es un país eminentemente marino. Tradicionalmente, la pesca ha supuesto una importante actividad de la economía japonesa y ha completado la dieta proteínica de un país donde la pobreza de la cabaña ganadera limi­ taba el consumo de carne. Actualmente (2014), y tras un progresivo declive desde la década de los noventa, por su volumen anual de pesca de capturas en alta mar, Japón ocupa el sexto puesto mundial, por detrás de China, Indonesia, India, Estados Unidos y Perú. La pesca marítima representa el mayor porcentaje de la producción pesquera, tanto en valor en volumen como en valor. En cuanto a la acuicultura, Japón ocupa el noveno puesto en el ranking mundial. A pesar del alto volumen de la producción pesquera, el país necesita recurrir a la importación para satis­ facer la elevada demanda interna, siendo hoy en día (2015) el segundo importador de pesca­ do y marisco del mundo, por detrás de Estados Unidos. Japón sigue siendo uno de los ma­yores consumidores del planeta: el consumo de pesca­do por habitante en Ja­pón es de 56,7 kg al año, frente a 23,1 en la UE o 21,9 kg en Estados Unidos; Islandia es el mayor consumidor de pescado del planeta con un volumen de 91,5 kg al año por persona. El consumo medio de pescado per cápita a nivel mundial ronda los 20 kg/año. La tradicional expansión y auge de la pesca japonesa se explica por unas condiciones naturales muy favorables. Japón es un archipiélago de gran exten­sión latitudinal cuyas costas están bañadas por corrientes marinas de diferen­te temperatura —la corriente cálida de Kuroshivo y la corriente fría de Oyashi­vo—, y cada una con especies piscícolas diferenciadas. La confluencia de ambas corrientes a la altura de Tokyo favorece la formación de plancton. A ello se añade la existencia de una amplia plataforma continental que se extiende en torno a Hokkaido y Kuyshu. Asimismo, la presencia de fosas marinas en la costa Pacífica favorece la mezcla de aguas y la diversificación de especies. Por todo ello, en esta región se encuentran algunos de los caladeros más ricos y variados del planeta.

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Hasta comienzos del presente siglo Japón explotaba mayoritariamente las aguas costeras próximas, con métodos artesanales. A partir de entonces se inicia la motorización de la flota costera y comienza el desarrollo de la pesca de gran altura hacia los mares fríos: mar de Ojostk y Pacífico-Norte —en búsqueda del bacalao, cangrejo, arenque y salmón—, y hacia la Antárti­da, desde 1935 —a la captura de ballenas—. Paralelamente, comienzan a ins­talarse las primeras empresas frigoríficas (1923) y con ello, la cadena del frío, indispensable en toda actividad pesquera, inicia su andadura. Agrupaciones ecologistas han venido denunciando en los últimos años la grave amenaza que para la supervivencia de las ballenas supone la contami­nación de los ecosistemas mari­ nos, la propagación de algas tóxicas, la mor­talidad indiscriminada que se registra en las re­ des de arrastre, el aumento de la radiación ultravioleta que se filtra a través del agujero de la capa de ozono sobre la Antártida, etc. Estas fuertes presiones ecologistas, ejercidas a nivel internacional, han logrado que descienda drásticamente el número de ballenas capturadas en el Océano Antártico por los balleneros japoneses. Así, si en 1970 llegaron a capturar 17.000 cetáceos, la cifra descendió a 2.000 a principios de los noventa y, en la actualidad, las captu­ ras que no rebasan los 1.000 ejemplares. Mención aparte merecen los cultivos litorales. La acuicultura, de gran tradi­ción en Japón, juega un papel cada vez mayor en el abastecimiento de las gran­des aglomeraciones. En las últimas décadas, el desarrollo de la acuicultura se ha acelerado en gran manera, a raíz de las dificultades crecientes que pesan sobre la pesca de altura, hasta tal punto que en la actuali­ dad, Japón es pionero en esta técnica, tanto por su volumen como por la variedad de es­ pecies que produce. Estos criaderos litorales se dedican fundamentalmente a las ostras —os­tras perlíferas desde 1914— y cría de mejillones, de los que en un 90% se preparan en la bahía de Matsushimo, cercana a Sendai, de ahí, una gran parte se exporta y el resto pasa a los criaderos de la región de Hiroshima y Nagoya. El cultivo de algas sigue predominando en la bahía de Tokio, cuya aparición se remonta al siglo XVIII; el alga comestible más cultivada es el nori (Porphyra tenera), de alto valor proteico.

1.2.  Recursos naturales escasos, pero intenso desarrollo industrial Japón es un país extremadamente pobre en recursos minerales y energé­ticos, teniendo que recurrir a la importación para abastecer la creciente demanda interna. La necesidad de asegurar la estabilidad de las importacio­nes es uno de los factores más originales del desa­ rrollo económico japonés y uno de los principales problemas que desde un principio tuvo que afrontar la nación. La rápida industrialización implicó una fuerte dependencia exte­rior que en la actualidad las diferentes políticas gubernamentales tratan de paliar: subvenciones a la producción nacional, inversiones en los países pro­ductores, apoyo a la construcción na­ val para abaratar los costos de transporte, políticas de ahorro energético, etc.

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1.2.1.  La escasez de recursos naturales Posee mucha variedad de minerales metálicos, pero todos ellos en calidad y cantidad totalmente insuficientes para las necesidades de su in­dustrialización. La región minera más importante de la nación es la de To­hoku, el resto apenas cuenta con yacimientos de alguna consideración. Además del mineral de hierro, muy abundante en Tohoku, son también importantes el cadmio (tercer productor mundial), el zinc, el cobre y el plomo. Cuando Japón comenzó su industrialización, la demanda de estos minerales creció rápidamente: el cobre era necesario para el alambrado eléctrico, el plomo para las baterías eléctricas y el zinc para las planchas de acero. Entre ellos, el cobre es el mineral más abundante, se encuentra sobre todo en la región de Tohoku (Osarizawa, Kosaka, Kamaishi), Hitachi y en la isla de Shikoku (Besshi). En la actualidad, la producción sólo cubre el 6% de las necesidades nacionales, por lo que el país se ve obligado a recurrir a la importación. El carbón es la fuente de energía menos escasa del Japón, si bien última­mente su produc­ ción está en continuo descenso (31 millones de t en 1930, 52 millones en 1960, 18 millones en 1980, 1,3 millones en 2006 y 0,7 millones de t en el año 2014). Son varios los factores que han influido en esta evolución. Su calidad es mediocre, data del terciario (eoceno) y no del primario (carbonífero), como la mayoría de los yacimientos europeos; casi en las 3/4 partes de las reservas carboníferas predomina el carbón bituminoso, frente a un 4% de antracita y el resto —en torno a un 20%— de carbón de coque. La antigüedad y la reducida dimen­sión de las explotaciones dificultan su extracción; a ello se añade la existen­cia de unas vetas poco espesas, inclinadas y falladas. Al mismo tiempo, la localización de los yacimientos es muy distante res­pecto a los cen­ tros industriales del país. La necesidad de carbón de coque para la industria, cuya produc­ ción na­cional es insuficiente, hace difícil reducir la importación, siendo EE UU y Australia sus principales proveedores. Hoy en día, es el primer im­portador del mundo, con casi el 30% del total mundial. En la estructura del consumo energético cada vez alcanzan mayor im­portancia los hidro­ carburos; sin embargo, la producción nacional de petró­leo es totalmente insuficiente —ape­ nas cubre el 1% del consumo del país—. Los principales yacimientos se encuentran localizados en la costa norocci­dental de Honshu (Niigata, Akita, Yamagata) y Hokkaido. En la actualidad, Japón es el tercer país importador de petróleo del mundo, por detrás de China y Estados Unidos (2015). La mayoría de estas importaciones provienen de los países de Oriente Medio. Japón es el cuarto país del mundo por su capacidad de refinado. Las grandes refinerías, y junto a ellas los grandes complejos de la industria petroquímica, de nuevo se asientan en las regiones más pobla­das del litoral meridional, junto a los puertos de entrada del petróleo y

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cerca de los centros de consumo, acentuando una vez más los graves problemas de desequili­ brio regional que afectan al territorio japonés. A ello se debe añadir el enorme deterioro que, desde el punto de vista de la conservación del medio ambiente, genera este tipo de energía. La hidroelectricidad ha sido tradicionalmente una de las principales fuentes de energía; la escasez de hidrocarburos nacionales y la insuficiente producción car­bonífera fueron facto­ res que impulsaron su expansión, al mismo tiempo que contaba con unas condiciones natu­ rales bastante favorables: país montaño­so, con fuertes pendientes y pluviosidad abundante. Sin embargo, hoy día juega un papel cada vez menos importante. Por el contrario, la energía térmica conoce un mayor desarrollo, al igual que ocurre en el resto de los países industrializados. Si en un principio estas grandes centrales estuvieron ali­ mentadas por carbón, en la actualidad es el fuel su principal combustible. Así, su concentra­ ción en la costa meridional se explica por la proximidad a las vías de importación pe­trolera y a la creciente demanda industrial: regiones de Kansai (centrales de Himeji y Amagasaki), Kanto (Chiba, Goi) y Nagoya. De nuevo, la distribu­ción de las fuentes de energía sobre el terri­ torio se suma a los demás factores que acentúan la concentración de las actividades econó­ micas y con ello el incremento de los desequilibrios regionales. La crisis del petróleo y el consiguiente aumento de los precios, puso de manifiesto la ne­ cesidad de estimular el desarrollo de otras fuentes de ener­gía sustitutivas. Así, ante un inten­ to generalizado por parte del gobierno de reducir la energía derivada del petróleo, y tras salvar el obstáculo de la opi­nión pública, el porcentaje que la energía nuclear alcanzaba en la estructura del consumo energético, se incrementaba sin cesar. El accidente de la central nuclear de Fukushima, provocado por el terremoto y tsunami el 11 de marzo del año 2011, asestó un duro golpe a la energía nuclear que en aquellos momen­ tos aportaba una cuarta parte de la electricidad de Japón. A raíz del desastre, el país se vio obligado a incrementar las importaciones de otras fuentes de energía, como el gas natural, petróleo y carbón. Tras el parón absoluto que motivó el cierre de todas las centrales nuclea­ res, en el año 2015 Japón vuelve de nuevo a apostar por este tipo de energía con la apertura de la central de Sendai (a 1.000 km al suroeste de Tokio). El objetivo es que la energía nuclear genere el 22% de la electricidad en el horizonte del año 2030. Dado el grave problema de abastecimiento que suponen para el país las fuentes de ener­ gía fósiles (carbón, petróleo) y el carácter conflictivo que presenta la energía nuclear, el go­ bierno se ve impulsado a favorecer el desarrollo de las llamadas «energías renovables», basa­ das en los recursos naturales y no tan expuestas al riesgo de agotamiento. Entre estas energías, llamadas también «energías limpias», destacan la energía solar, eólica y geotérmica. Japón es, pues, la potencia industrial más fuertemente dependiente de los re­cursos energéticos importados, lo cual, visto el gran desarrollo económico conseguido, no deja de

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ser un fenómeno altamente paradójico, factor que de nuevo le otorga un grado de originali­ dad entre los países industrializados. El Estado trata de paliar mediante la puesta en vigor de diferentes polí­ticas energéticas esta extremada limitación de los recursos que lleva implí­cita graves inconvenientes: los pre­ cios de producción aumentan al incre­mentarse los costos de transporte de las materias pri­ mas, al mismo tiempo que las importaciones padecen una peligrosa vulnerabilidad ante las fluc­tuaciones internacionales. En la actualidad, el país mantiene el objetivo de una menor dependencia del exterior, tanto buscando fuentes alternativas pro­pias, como por el desarro­ llo de una política de ahorro energético.

1.2.2.  Un sector industrial muy desarrollado Con un 25,8% de población activa dedicada al sector secundario en el año 2015 y una participación del 26,2% en la formación del PIB, la industria ha sido y es uno de los pilares clave de la economía japonesa.

1.2.2.1.  El proceso de industrialización en Japón Antes del advenimiento Meijí existía una industria artesanal basada en la seda, porcela­ na, objetos de madera y bambú, etc., que se encontraba localizada básicamente en torno a las principales ciudades del Japón meridional: Edo, capital del shogunato, y Osaka «ciudad de los comerciantes»; también conoció un importante desarrollo en las regiones de Hokuriku y Tohoku, donde el crudo invierno no permitía las faenas agrícolas y, por tanto, la mano de obra era abun­dante. La incipiente metalurgia del hierro se concentraba por aquel entonces en las regiones montañosas de Tohoku y Chugoku. La política aislacionista de la época Tokugawa (1615-1868) en cierto sentido impulsó esta industria artesa­nal, que abastecía la demanda de los principales núcleos de población, a la par que al nutrido comercio que ya existía entre las distintas regiones del país. Tras un largo proceso de industrialización, lo que en realidad imprimió un carácter origi­ nal a la política industrial del Japón es el hecho de haber acelerado el proceso de reconver­ sión de los sectores en declive y su rápido despliegue hacia las nuevas tecnologías, como la informática, telecomunicaciones, microelectrónica, nuevos mate­riales y biotecnología. Todos ellos tienen una doble ventaja; por una parte, aumentan la productividad y el valor añadido de los productos de la indus­tria tradicional, y, por otra, se extienden al sector terciario donde los servi­cios han supuesto un mercado fundamental para las nuevas tecnologías, a causa del rápido desarrollo que en los últimos años están adquiriendo las industrias de comunicación y de tratamiento de la información.

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Una fuerte relación investigación/empresa generó una produc­ción altamente cualificada, donde made in Japan es sinónimo de calidad frente a otros productos que invaden el merca­ do, sobre todo procedentes de los Nuevos Países Industrializados (NPI). En este sentido, las empresas japonesas no cesan de buscar nuevos mercados con una estrategia basada en una imagen de calidad de sus productos (tecnología y diseño) y una extensa variedad de los mis­ mos que satisface a una demanda cada vez más diversificada. Una de las peculiaridades más sobresalientes de la organización in­dustrial japonesa es la dualidad de su estructura empresarial. Junto a grandes empresas industriales, herederas di­ rectas de los antiguos zaibat­su, e integradas totalmente en el comercio mundial, coexisten un gran número de pequeñas y medianas empresas, muy dispersas y orientadas hacia el consu­ mo interior. No obstante, ambos elementos de la estructura industrial se hallan fuertemente articulados, tanto vertical como horizon­talmente, lo que permite que el desarrollo de la acti­ vidad económica se desenvuelva en un marco fuertemente integrado y con una gran capaci­ dad de adaptación a las necesidades del mercado. De esta manera, es mí­nima la distancia que existe entre la concepción de un producto y su in­troducción en el mercado, al contrario de lo que ocurre en la mayor parte de los países industrializados. Los grandes grupos industriales de la actualidad son consecuencia de la recomposición, a partir de 1950, de los antiguos zaibatsu desmantelados por el SCAP (Supreme Commander for Allied Powers) en 1945. La necesi­dad de contar con un punto de apoyo en Extremo Oriente, a raíz de la evo­lución política del momento, obliga a Estados Unidos a potenciar una fuer­te base industrial en Japón. Rápidamente se derogan las medidas restrictivas al desarro­ llo económico y se autoriza la creación de oligopolios para racio­nalizar la producción; así, a partir de 1952, de nuevo se permiten las fusio­nes y se reorganizan los grandes monopolios —denominados keiretsu—, pero con rasgos netamente diferenciados de los antiguos zaibatsu. Ya no se trata de grupos financieros constituidos en torno a una familia, sino verdaderas sociedades anónimas. La unión de grandes grupos empresariales con los bancos comerciales dio origen a las más poderosas sociedades que actualmente dominan la eco­nomía japonesa: Toyota, Nissan Hitachi, Toshiba, NEC, Mitsubhisi. Estos grandes grupos poseen numerosas filiales en el ex­ tranjero, se en­cuentran respaldadas por el Estado a través del MITI, que les permite ejer­cer una estrategia mundial y coherente con los distintos grupos, y partici­pan en la mayor parte de los sectores de la actividad económica japonesa. Frente a los grandes grupos industriales, las pequeñas y medianas empresas tienen una impor­tancia muy destacada y siguen dominando el panorama empresarial japonés: repre­ sentan el 97,2% de las empresas industriales, emplean a más del 80% de la mano de obra y su número aumenta cons­tantemente. Este aumento cuantitativo afecta particularmente a las em­presas más reducidas, en su mayoría familiares: así, el 66% de las empresas japonesas

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posee entre uno y cuatro trabajadores. Según aumenta el núme­ro de trabajadores proporcio­ nalmente disminuye el número de empresas, de manera que aquéllas que emplean más de 100 trabajadores tan sólo suponen el 2,5% del total. Estas pequeñas y medianas empresas emplean un mayor volumen de mano de obra que los grandes grupos, pero por el contrario, realizan un número de negocios sensiblemente inferior. La efi­cacia y la alta productividad de las grandes empresas no pueden ser más evidente. Así pues, en esta estructura típicamente dualista de la industria japone­sa, las empresas de reducido tamaño juegan un papel mucho más destacado que en el resto de los países desarrollados; sería un grave error considerar a los elementos de producción tan sólo bajo la fórmula de sociedades gigan­tes, implicadas internacionalmente. Estas pequeñas empresas, muy vinculadas todavía al mundo rural, se pueden agrupar en dos tipos completamente diferentes: —— Por un lado, parte de ellas se dedican a una industria artesanal tradi­cional: cerámi­ ca, objetos de bambú, orfebrería del cobre, confeccio­nes textiles tradicionales —yukatas, kimonos—, artículos de papel, etc. —— Junto a ellas, un gran número de pequeñas empresas se encuentran fuertemente integradas en la estructura industrial moderna por me­dio de la subcontratación, en una fase mucho más avanzada que en el resto de las regiones más desarrolladas, lo que de nuevo supone un rasgo original de la industria japonesa. En la actualidad, el porcenta­je de estas empresas subcontratadas es mucho mayor que el dedicado a ac­tividades artesanales tradicionales, diferencia que constantemente se va amplian­ do, en detrimento de estas últimas. Fundamentalmente fabrican piezas con destino a la industria manufacturera —en espe­cial, textil, industria del automóvil y maqui­ naria fotográfica—. El espectacular desarrollo de la industria japonesa debe mucho a la exis­tencia de estas pequeñas empresas, las cuales han sabido aprovechar una mano de obra muy abundante y barata. Sin embargo, en la actualidad, los trabajadores ocupados en ellas, que representan al 80% de la población ac­tiva del sector, viven bajo unas condiciones laborales sensiblemente inferio­res a aquellos que trabajan en las grandes empresas, que gozan de mayores ventajas salariales. De nuevo, la dualidad tan característica de la economía japonesa, se produce tam­ bién en el mercado de trabajo, existiendo unas diferencias laborales mucho más marcadas que las observadas en el resto de las regiones más desarrolladas. Los cambios experimentados en el comercio exterior, con la entrada en la OMC (Or­ga­­ z ación Mundial del Comercio) de China y algunos países del Sudeste Asiático, implica­­ni­ ron que los negocios realizados dentro de un mismo keiretsu ya no fueran tan frecuentes como antes y las pymes fueron perdiendo la ventaja de la ex­clusividad en la venta de sus

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productos. No obstante, hoy en día la existencia de muchas pymes que operan a nivel mundial en campos como el desarrollo aeroespacial, la medicina o la electrónica, ubicadas en regiones no metropolitanas, están captando un flujo cada vez mayor de inversiones directas extranjeras.

1.2.2.2.  Principales ramas industriales En líneas generales, la industria japonesa se caracteriza por un alto de­sarrollo alcanza­do en la mayor parte de los sectores, una alta productividad y un elevado nivel tecnológico. En contrapartida, también son rasgos comu­nes, su fuerte dependencia del exterior en ma­ terias primas y energía, así como su desigual distribución sobre el territorio, concentrándo­se funda­mentalmente en el litoral meridional (Atlas Histórico y Geográfico Universi­tario, UNED, mapa IX.26). Si tradicionalmente alcanzó un gran desarrollo la industria textil, segui­da más tarde por la siderurgia y la construcción naval, en la actualidad, esa primacía se ha ido decantando en favor de aquellos sectores, como la elec­trónica, automóvil, materiales de precisión, biotecno­ logía, etc. que consu­men menos energía y que gozan de una amplia demanda internacional. La industria textil es la de mayor tradición en Japón, donde hasta la dé­cada de los cua­ renta sus productos constituían las mayores partidas de exporta­ción, debido fundamental­ mente a los grandes capitales que desde un prin­cipio se invirtieron en ella y que propiciaron una rápida mecanización, a lo que se sumaba una importante oferta de mano de obra. Desde entonces su estructura ha variado sensiblemente. La hegemonía alcanzada por la seda (cuencas del centro de Honshu) y el algodón (oeste y sur del país) ha cedido lugar a las fibras sintéticas, al mismo tiempo que se observa un cierto aumento en el subsector de la lana, a pesar de su total dependencia del exterior —primer importador mundial de lana—. Este es quizá uno de los escasos sectores que escapa a la generalizada concentración geográ­ fica de la industria, ofreciendo una gran dispersión por todo el territorio, si bien siguen man­ teniendo su importancia los cen­tros tradicionales instalados en torno a Osaka —puerto de entrada del algo­dón—, Nagoya —puerto de entrada de la lana— y costa del mar del Japón (Fukui, Yoyama, Niigata). La siderurgia comienza en Japón a finales del siglo XIX (1874) con la puesta en marcha de los altos hornos de Kamaishi. La participación bélica japone­sa contra China y Rusia, así como los dos grandes conflictos mundiales, favorecieron su desarrollo. En la década de los ochenta, el sector se vio afectado negativamente tanto por la disminución de la demanda internacio­ nal, como por la fuerte compe­titividad de otros países. Al mismo tiempo, es uno de los secto­ res más con­sumidores de energía, lo que, a pesar de los logros obtenidos en la política de

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ahorro energético, supone todavía costes elevados y, por tanto, pérdida de competitividad. No obstante, todavía hoy día es el segundo productor mundial de acero, por detrás de China, con unos valores del 9,1% de la producción mundial (2014). En estrecha relación con la siderurgia, la construcción naval es un sec­tor de antigua tradi­ ción en Japón, que alcanza su máximo esplendor a par­tir de 1955. La guerra de Corea y, más tarde, el bloqueo del canal de Suez (1956-57) influyeron positivamente en un aumento de la demanda, canali­zada en la construcción de grandes buques petroleros, donde pronto consi­ gue la supremacía mundial. El constante aumento de los intercambios oceánicos, la concen­ tración empresarial, una mano de obra altamente cualificada, una elevada infraes­tructura técnica, así como un fuerte respaldo financiero son factores favo­rables que explican el cre­ cimiento y la hegemonía japonesa en la construc­ción naval. Sin embargo, la disminución de la demanda a raíz de la crisis del petróleo —y por tanto del comercio internacional—, la reapertura del canal de Suez, los problemas de seguridad marítima y la fuerte competitivi­ dad exte­rior (sobre todo por parte de Corea del Sur) han incidido negativamente en este subsector, demasiado especializado en la construcción de grandes bu­ques, que en la actuali­ dad se ve obligado a reorientar su producción. No obstante, mantiene uno de los primeros puestos mundiales. La industria del automóvil representa un buen ejemplo de aquellos sec­tores industriales de moderna expansión, prácticamente inexistente en los años 60, ocupó el primer lugar del mundo, con 11,6 millones de automóviles fabricados en 2008. En la actualidad, con una producción de 8,7 millones de unidades en el año 2015, ocupa el segundo lugar en el ran­ king mundial, por detrás de China. Este sector, que emplea al 8% de la población activa, constituye cerca de una cuarta parte de las exporta­ciones, lo que le convierte en el primer exportador mundial de automóviles, tan sólo superado por Alemania. Asimismo, el sector abastece casi en su totalidad la demanda interna, hecho sin precedentes en cualquier otro país industrializado. Punta de lanza del actual sistema industrial japonés y uno de los subsec­tores de más re­ ciente desarrollo, la electrónica ha conocido un espectacular crecimiento desde los años 70, impulsada tanto por la demanda interior como exterior. Es uno de los subsectores que ha experimentado mayor transformación en los últimos años: si en un principio, la producción se basaba en productos de electrónica de consumo —aparatos de TV, transisto­res, calculado­ ras, relojes digitales—, paulatinamente ha ido ganando importancia la producción de orde­ nadores, la robótica y las telecomunicaciones, que si­túan a Japón en uno de los lugares más destacados del mundo, tanto en in­vestigación como en producción. La industria química, que representa el 21% de la producción industrial japonesa, ha co­ nocido también una rápida expansión en los últimos años, lo que sitúa a Japón en el segun­ do puesto mundial, por detrás de EE UU, en el año 2015. En la actualidad, abastece a gran

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parte de la industria manufacturera, en espe­cial la electrónica y el automóvil, lo que le con­ vierte en un sector clave de la industria japonesa.

1.2.2.3.  Regiones y centros industriales

Fuente: Azcárate, B.; Azcárate, M. V. y Sánchez, J. (2006): Atlas Histórico y Geográfico Universitario. UNED, Madrid, mapa IX.26, p. 334.

Respecto a la localización industrial, desde sus comienzos, la industria japonesa se insta­ ló en las llanuras arroceras —donde tradicionalmente se concentraba la población y por ello ofrecía un mercado de consumo al mismo tiempo que mano de obra abun­dante— y junto a los puertos marítimos —dada la tradicional dependencia energética, reduciendo así los gas­ tos de transporte—.

Figura 4.5. Grandes regiones y centros industriales en Japón.

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Esta situación no ha hecho sino agravarse con el paso del tiempo. En la actualidad, la industria japonesa se concentra en cuatro grandes regiones que giran cada una de ellas en torno a una gran ciudad y se encuentran lo­calizadas en la franja costera que se extiende desde Tokio hasta Nagasaki: —— Keihin: bahía de Tokio y gran parte de la llanura de Kanto. Es la pri­mera región in­ dustrial del país y del mundo, con casi el 50% de la produc­ción nacional. La diversi­ ficación industrial que hoy en día ha alcan­zado esta región es completa: siderurgia (Chiba, Kawasaki), cons­trucción naval, petroquímica, industria automovilística, ali­ mentaria, aeronáutica, etc. —— Chukyo: bahía de Nagoya. La industria automovilística es la principal actividad de la región. Asimismo, la industria textil es otro sector im­portante. —— Hanshin: bahía de Osaka-Kobe y gran parte de la llanura hasta Kyoto. Es la segunda región industrial del país. En esta región las industrias también son múltiples y di­ versificadas. —— Kitakyushu: norte de la isla de Kyushu. Esta región basó su hegemo­nía en la indus­ tria pesada; la crisis del sector siderúrgico ha propicia­do la decadencia lenta pero continua de la región, frente a la fuerte expansión que experimentan las tres regio­ nes anteriores. La conjunción de ambos factores, económico y demográfico, ha traído consigo graves problemas de urbanismo y contaminación del medio am­biente, que las diferentes políticas correctoras de los desequilibrios regiona­les tratan de paliar, con el fin de lograr una distribu­ ción más armónica de los hombres y sus actividades sobre el territorio. Sin embargo, la fuer­ te atracción que por el momento ejerce la gran concentración económica y social del sector meridional del archipiélago, dificulta en gran manera el desarrollo industrial en otras zonas alejadas de este centro neurálgico, por lo que hasta hoy día, a pesar de logros evi­dentes —Hokkaido, NE de Honshu, NW de Shikoku—, persiste el grave desequilibrio.

1.3. Una vieja civilización, gran concentración demográfica e intenso desarrollo urbano Con una población de 127 millones de hab. (2015) Japón es el décimo país más pobla­do del mundo. Poco más de 100.000 km2 (27% del territorio) se encuentran efectivamen­te ocupados y utilizados, en donde se llegan a alcanzar densidades que superan los 5.000 hab./ km2, de ma­nera que a la hostilidad del medio natural, viene a sumarse el proble­ ma de una superpoblación desequilibrada espacialmente.

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1.3.1.  Un país de vieja civilización Parece ser que los primeros pobladores del archipiélago fueron los aí­nos, que proceden­ tes del continente se establecieron, no se sabe con certeza cuando exactamente, en Hokkaido y Tohoku. A principios del primer mile­nio a. de C., en época de la cultura Jômon, se calcu­la que alrededor de 250.000 personas habitaban ya en Kanto y Tohoku. Le sucede, hacia el siglo III a. C., la cultura Yayoi, de origen mongoloide, que desde el continente se asienta en Kansai e introduce simultáneamente la metalurgia y la ricicultu­ra. La práctica de la ricicultu­ ra inundada lleva consigo el asentamiento pre­ferente de la población en las llanuras húme­ das del Japón subtropical, en detrimento de las montañas. La aparición de un Estado, y por tanto de una organización social más compleja, se ve acompañada por un incremento demográfico que continúa hasta la época de Nara (710-794), nombre de la entonces capital del Impe­rio. En este período se calculan entre 5,5 y 6 millones los habitantes que poblaban el archipiélago. Del siglo VIII al XII, debido quizás a las continuas lu­chas que los nuevos inmigrantes mantienen con los aínos, que arrinconados en el antiguo Yeso (Hokkaido) prácticamente desaparecen —en la actualidad existen unos 15.000—, Japón conoce un estancamiento en su crecimiento demográfico. A finales de la Edad Media cambia el ritmo de su evolución, con una tendencia al alza que se acelerará a partir de los siglos XV y XVI, alcan­zando al finalizar este último siglo, una cifra en torno a los 17 millones de hab. De ellos, uno de cada tres habitantes, ya vivía en el Kansai. Durante el primer siglo de la época Shogunal Tokugawa (1615-1868) el crecimiento demo­ gráfico sigue siendo muy alto (31,3 millones de hab. en el censo de 1721), concentrándose la gran mayoría de la población en Kansai y Kanto. A partir del siglo XVIII y durante la primera mitad del siglo XIX, la pobla­ción japonesa conoce un nuevo período de estancamiento, que no finalizará hasta el advenimiento Meijí. La introducción de prácticas abortivas e infan­ ticidas, no ajenas al sentimiento de vivir en un reducido país ya demasiado poblado, reflejan cierto malthusianismo imperante en este período. A pesar de todo ello, antes de la Restauración Meijí, el archipiélago ya soportaba altas densidades de población, que alcanza­ ba una media de más de 100 hab./km2.

1.3.2.  Altas densidades de población La población de Japón se encuentra muy desigualmente repartida en el espacio. Tradicionalmente, la población se ha concentrado más en el Sur que en el Norte, y más en las llanuras que en las montañas, de manera que las llanuras de la costa meridional del Pacífico, favorecidas por una agricul­tura basada en la ricicultura, han sido desde tiempos remotos las regiones polarizadoras de la vida socioeconómica del país.

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De un modo general, se puede dividir al país en dos grandes regiones demográficas ne­ tamente contrastadas: —— La costa del Pacífico, desde la bahía de Tokio hasta la de Nagoya, las orillas del Mar Interior y el norte de Kyushu, forman la región más densamente poblada del archi­ piélago. En las regiones de Kanto, Chubu, y Kinki vive más del 60% de la po­blación total del país, y es en estas mismas regiones, a las que se pue­de añadir alguna pre­ fectura de la isla de Kyushu, donde precisamen­te la población sigue creciendo. —— Por el contrario, el norte del país, la costa del Mar del Japón y el sur de las islas de Kyushu y Shikoku, se encuentran débilmente pobla­dos. En estas regiones el creci­ miento de la población alcanza unos valores mucho menores que en las regiones precedentes.

1.3.3.  Fuerte concentración urbana. La megalópolis japonesa Uno de los rasgos demográficos que más caracterizan a Japón es la im­portancia del fenó­ meno urbano, que alcanza una tasa de nuevo muy lejana respecto a las de su entorno asiáti­ co, y semejante a las del mundo occiden­tal. Un éxodo rural acelerado, particularmente acu­ sado desde mediados de siglo, y el progresivo desarrollo industrial, fueron los principales motores que propulsaron este espectacular crecimiento de la población urbana. Japón cuenta con una larga tradición urbana; exceptuando las antiguas ciudades de Nara y Kyoto —con un trazado cuadrangular de influencia chi­na— y de Osaka —gran ciudad co­ mercial anterior a la época shogunal—, una gran mayoría de ciudades japonesas tuvieron su origen en el período feudal de los Tokugawa, al establecerse artesanos y comerciantes en torno al casti­llo feudal: son las ciudades-castillo —joka-machi—, con una estructura inter­na bastante diferenciada en barrios. Numerosos núcleos urbanos actuales tuvieron su origen en estas ciudades-castillo: Edo (Tokio), Hiroshima, Na­goya. Otro gran número de ciudades creció alrededor de un templo o san­tuario; o bien a lo largo de las antiguas rutas del Japón feudal; o también aquellas otras ciudades-mercado surgidas junto a un puerto marítimo (Na­gasaki), o en el interior. Junto a ellas habría que mencionar una serie de ciudades nuevas nacidas de un planeamiento gubernamental (Sapporo, Ki­takyushu), o aquellas otras que crecieron junto a un puerto moderno (Yoko­hama, Kobe). Un acelerado proceso de crecimiento urbano a partir de la segunda mitad del presente siglo propulsó la aglomeración de la población en enormes conurbaciones: —— Keihin: Tokio, Kawasaki, Yokohama. —— Chukyo: Nagoya. —— Hanshin: Osaka, Kobe, Kyoto. —— Kitakyushu-Fukuoka.

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MAR DE OJOTSK 45º

RUSIA Número de habitantes (2005)

Sapporo Hokkaido

Más de 4 millones Chʼongjin

COREA DEL NORTE

De 3 a 4 millones

Hamhung

De 2 a 3 millones

Hungnam

Pyongyang

40º

De 1 a 2 millones

Nampʼo

De 500.000 a 1 millón Megalópolis de Tokaido Sendai

Seúl Inchʼon Suwon

COREA

Niigata

MAR DE JAPÓN

Taejon

Urawa

Nagoya

Okayama

Pusan a re Co

Tokio

Kyoto

Kobe

Hamamatsu

Kitakyushu

MAR DE LA CHINA

Sakai Shikoku

ORIENTAL

Sagamihara

Osaka

Habitantes / Km2

Kumamoto

Más de 500 De 200 a 500

- Kyushu

100

200

© UNED

35º

Chiba Yokohama

tre

ch

o

de

Hiroshima

Funabashi

Kawasaki

Higashiosaka

Fukuoka

0

Honshu

Hachioji

Ulsan

Chongju

Kwangju

OCÉANO PACÍFICO

DEL SUR Taegu

Es

Fuente: Azcárate, B.; Azcárate, M. V. y Sánchez, J. (2006): Atlas Histórico y Geográfico Universitario. UNED, Madrid, mapa IX.27, p. 335.

CHINA

De 25 a 200

MAR DE FILIPINAS

De 0 a 25

Kagoshima

300 Km

Tokio 130º

135º

140º

Capital de Estado 30º

Figura 4.6. Densidad de población y principales ciudades en Japón.

Localizadas a lo largo del eje Tokyo-Fukuoka forman la Megalópolis japonesa, la aglome­ ración urbana de mayores di­mensiones existente hoy en el mundo: se extiende a lo largo de 1.200 km y concentra a tres cuartas partes de la población total del país. Desde comienzos del período Edo (siglo XVII), el principal eje de circulación entre Tokyo y Kyoto es conocido con el nombre de Tokaido, por lo que hoy en día, las tres grandes conur­ baciones que se encuentran a lo largo de este eje (Keihin: Tokio-Kawasaki-Yokohama; Keianshin: Osaka-Kobe-Kyoto, y Chukyo: Nagoya), forman la llamada Megalópolis de Tokaido que, unidas a la conur­bación de Kitakyushu-Fukuoka a través del litoral Pacífico y del Mar

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Inte­rior, dan lugar a la gran Megalópolis japonesa, anteriormente citada. A partir de los años sesenta, el tradicional peso demográfico de la región de Tokaido se vio reforzado por el rápi­ do proceso de industrialización y equipamiento, que ya desde un principio afectó de manera casi exclusiva a esta región en detrimento del resto del país. En líneas generales, se puede afirmar que uno de cada dos japoneses vive en una de es­ tas grandes conurbaciones de la costa Pacífica. La concentración de la población en grandes áreas ur­banas es un fenómeno muy significativo de la historia demográfica del ar­chipiélago: ya en 1970 existían en Japón 15 ciudades con más de 500.000 hab. que albergaban a 25 mi­ llones de hab., lo que suponía que el 24,5% de la población total del Japón ya vivía entonces en grandes ciudades. Con el paso del tiempo, esta desequilibrada distribución de la pobla­ ción en el espa­cio no ha hecho sino reforzarse. La Megalópolis japonesa, más poblada aún que la Megalópolis estado­unidense, y con un peso socioeconómico también mayor sobre el resto de la nación, donde se instalan la mayor parte de los centros industriales y gran­des empresas del país, y que se beneficia de una den­ sa red de transportes, sin duda representa en la actualidad uno de los rasgos más sobresa­ lientes de la geografía humana japonesa. Cuadro 4.2. Ciudades millonarias en Japón (2015) Ciudades

Miles de habitantes

Ciudades

Miles de habitantes

Tokio

9.102

Fukuoka

1.486

Yokohama

3.722

Kawasaki

1.445

Osaka

2.670

Kyoto

1.419

Nagoya

2.260

Saitama

1.270

Sapporo

1.936

Hiroshima

1.188

Kobe

1.550

Sendai

1.053

Fuente: Japan Statistical Yearbook 2016.

A la cabeza de esta Megalópolis se encuentra Tokio, la capital, situada al sur de la llanura de Kanto, en el fondo de una larga bahía de su mismo nombre. La región de Kanto está formada por ocho prefec­turas, de las cuales, la de Tokio, y las colindantes de Saitama al N., Kana­gawa al S., y Chiba al E., componen la Región Metropolitana del Gran To­kio que, con 39 millones de habitantes en 2015, alberga el 30% de la población total del país y la convierte en la aglome­ración urbana más grande del mundo. No obstante, al igual que en el resto de los países occidentales, el proceso de urbanización japonés atraviesa un período de transi­

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ción: se observa un éxodo de habitantes de las grandes ciudades hacia sus áreas periurbanas, de manera que si las ciudades van perdiendo paulatinamente población, sus áreas metropo­ litanas aumentan incesantemente. Hasta hoy en día, han sido diversas las políticas de descentralización que se han llevado a cabo con el fin de lograr un desarrollo más armonioso a nivel nacional. Los dos objetivos constantes de estas políticas a lo largo de las últimas décadas han sido la descentralización de las actividades indus­triales, unidas desde sus comienzos al fenómeno urbano, y la limita­ ción de las construcciones en las principales zonas metropolitanas. Sin embargo, en la prác­ tica estas previsiones no se han cumplido, y población y recursos se han seguido concentran­ do en esta franja costera meridional de la isla de Honshu. Geografía e historia contribuyen a explicar el actual desequilibrio regio­nal que afecta a todo el territorio japonés. Tradicionalmente han sido las llanuras aluviales arroceras lugar de asentamiento de la población y por ello, cuna de la civilización nipona. La industrialización vino a reforzar esta situación, de manera que en la actualidad, la llamada Megalópolis japo­ nesa aparece como una de las ma­yores y más espectaculares concentraciones del planeta, tanto desde un punto de vista demográfico como económico. Alrededor de esta línea ima­ ginaria que se extiende de Tokio a Fukuoka, vive más de las tres cuartas partes de la pobla­ ción ja­ponesa y se genera cerca del 80% de la producción manufacturera nacional; asimismo, a ella se adaptaron la infraestructura ferroviaria y de transportes y en ella se concentran las funciones políticas y administrativas de la na­ción. Debido a la disposición de las líneas de relieve, el trazado de la red de transportes es periférico; el interior, muy montañoso, se en­ cuentra peor co­municado. Este desequilibrio no afecta sólo al centro/perife­ria, sino que tam­ bién la costa del Mar del Japón tiene un equipamiento mucho menor que la costa del Pacífico y del Mar Interior, donde tradicionalmente se con­centró la población y la producción. En definitiva, la fuerte atracción de la capital nipona y el progresivo abandono de las re­ giones más excéntricas se presentan hoy en día como uno de los rasgos más característicos de la geografía humana y económica del Japón contemporáneo.

2. AUSTRALIA.   BAJA DENSIDAD DE POBLACIÓN Y DISTRIBUCIÓN PERIFÉRICA DE LA OCUPACIÓN HUMANA 2.1. La colonización británica y la configuración del modelo económico y territorial Cuando los holandeses, instalados en Insulindia, iniciaron el reconocimiento de las costas australianas, la primera impresión general fue poco favorable y no se detuvieron a explorar el interior. Para que esta exploración se llevara a cabo, hubo que esperar a que el capitán

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Cook, entre 1768 a 1770, comprobase el aislamiento del pequeño continente y tomase pose­ sión de él en 1770, en nombre del rey de Inglate­rra. Una circunstancia externa vino a marcar el principio de la colonización efectiva. La inde­ pendencia de Estados Unidos obligó a Inglaterra a buscar nuevos emplazamientos para pre­ sidios, donde instalar a los delincuentes, lejos de su territorio. El primer convoy de convictos, «the first fleet», se ins­taló en Port Jackson (Sydney) en 1788 y, a continuación, se fundó la co­ lonia de Nueva Gales del Sur, administrada por una autoridad militar. Algo más tarde se esta­ blecieron también penales en Hobart (Tasmania), Brisbane, Melbourne y Perth. Australia era un continente casi deshabitado. Los aborígenes eran pue­blos nómadas y vivían dispersos en el interior, en áreas de caza o recolec­ción. Los ingleses no tuvieron ningún problema para instalarse en enclaves costeros. La colonización británica se llevó a cabo a partir de las co­lonias penitenciarias del sureste y suroeste. Se trataba de ir creando polos de ocupación, a la vez que se exploraba el interior para evaluar posibilidades. A mediados del siglo XIX casi todo el inmenso interior (salvo los más difíciles desiertos) estaba reco­nocido. Por iniciativa de sociedades mercantiles se fueron creando las colo­nias que se denominaron estados: Nueva Gales del Sur, Tasmania, Australia Occidental, Australia Meridional, Victoria y Queensland. En aquellos años, la lana australiana vino a dar un fuerte impulso a la indus­tria textil de Inglaterra. De 1821 1840 las exportaciones australianas pasaron de 100.000 kg a 4,5 mill. de kg (50 veces más). A las pequeñas granjas familiares de los primeros colonos, destinadas al autoabastecimiento, se añadieron las vastas explotaciones ganaderas mejor adaptadas a la naturaleza australiana y orientadas a la exportación de la lana. El flujo de inmigrantes, iniciado a finales del siglo XVIII, se hizo cada vez más intenso se­ gún avanzaba el siglo XIX; se les entregaban lotes de tierra a precios mínimos. Durante una gran parte del siglo XIX, en Australia se su­cedieron las rivalidades entre los settlers (agriculto­ res) y los squatters (ga­naderos). Estos enfrentamientos reflejaban la oposición de dos tipos de poblamiento y de sociedades rurales diferentes: los settlers representaban la expansión «le­ gal» sobre las costas húmedas, realizada de forma ordena­da por pequeños granjeros, apoya­ dos por las autoridades que controlaban el proceso de ocupación; los squartters llevaban a cabo una colonización desordenada y hasta «salvaje», apropiándose de forma ilegal de in­ mensos ranchos dedicados a la ganadería extensiva de corderos y a la producción lanera. La segunda mitad del siglo XIX está marcada por la fiebre del oro (gold rush). Nueva Gales del Sur y Victoria recibieron una nueva oleada de in­migrantes y Australia triplica su pobla­ ción. En un primer momento, se trataba de una población flotante; pero pronto, al pasar la fiebre del oro, se fue haciendo sedentaria, con la ayuda de las autoridades coloniales que proporcionaron tierras a estos nuevos co­lonos. La «sedentarización» de los buscadores de oro favoreció el desarrollo de la agricultura y la ganadería ovina y bovina en la parte occidental

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de la cordillera. La actividad agrícola inicia una diversificación, con la nueva orien­tación ha­ cia el trigo y otros cereales en las llanuras y el comienzo de la pro­ducción de caña de azúcar en algunos sectores tropicales. La continua expansión agrícola de Australia esta­ba dominada por el monopolio del transporte colonial. Sin embargo, la mayoría de los inmigrantes se fueron instalando en las ciudades, ya que éstas ofrecían mejores posibilidades de trabajo en un sec­tor de servicios que crecía por la actividad exportadora. Quedaba así paten­te, desde el primer momento, la preponderancia de la población urbana, casi toda de origen británico. El final del siglo XIX fue un período lleno de vitalidad tanto en la vida económica como política, a pesar de los altibajos en la exportación y de las periódicas depresiones. Fueron años de expansión continua de los transpor­tes continentales; entre 1870 y 1890 se tendieron en Australia 16.000 km de vía férrea y, como consecuencia, la superficie triguera pasó de 135.000 ha en 1890 a 800.000 ha en 1910. Llegó igualmente el telégrafo. En 1869 se abrió el canal de Suez que acortó en 8.000 km la distancia a Europa; a ello se unió el progreso de los transportes marítimos (el tiempo de viaje se redujo a la mitad) y la técnica de refrigera­ción. El resultado fue el incremento de las exportaciones de trigo y carne que, desde entonces, formaron junto con la lana, los prin­cipales capítulos de las exportaciones de Australia. Se hace una reforma agraria, frenando los abusos de los squatters y repartiendo lotes de tierra a los recién llegados. A la vez, se inicia una tímida industrialización. El modelo territorial respondía así, ya desde el principio, al esquema de asentamientos periféricos, regidos por núcleos urbanos autó­nomos y desconectados entre sí. La coloniza­ ción desde fuera y la instala­ción de un sistema productivo para el exterior explican la locali­ zación peri­férica y la importancia de los asentamientos urbanos. La penetración hacia el in­ terior resultó muy difícil, y hasta imposible, por las ad­versas condiciones naturales. Ello explica que la población se concentrase en la costa y en la estrecha franja del Este interior, territorios que constituyeron, de he­cho, la Australia contemporánea. Cada núcleo urbano era un punto de ex­portación que tenía relación directa con la metrópoli; su área de influencia era el hínterland de su puerto; cada uno de estos territorios tenía autogo­bierno y parlamento; entre sus capitales no existía interrelación comercial alguna y la gran distancia que las separaba hacía muy difícil su articulación; sus acciones eran descoordinadas y la co­ nexión ferroviaria se hizo con an­chos de vía diferente en cada estado: los cinco transbordos necesarios para ir de Sydney a Perth eran el símbolo de la desconexión entre estados y ciu­ dades. Así pues, la constitución de Australia como nuevo Estado era, más que deseo indepen­ dentista, cuestión de eficacia organi­z ativa, una necesidad política y económica. Y así fue como en 1901 los siete territorios australianos llegaron a un acuerdo para unirse entre sí, creando la Federación de Estados de Australia (Com­monwealth of Australia), con una pobla­ ción cercana a cuatro millones de habitantes.

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La participación en la Primera Guerra Mundial al lado de Inglaterra su­pone la entrada de Australia en la escena política mundial. Con la prosperidad económica de los años veinte se reanuda la inmigración, con un alto porcentaje de los no británicos. La Segunda Guerra Mundial confirma su creciente importancia en el ámbito internacional. No sólo se alinea jun­ to a los norteamericanos en la ofensiva de MacArthur en el Pacífico, sino que participa en la fabricación de armamento y en la provisión de víveres. Es un gran momento de impulso económico y, sobre todo, de desarro­llo industrial. En los años de la postguerra la influencia de EE UU se extendió rápidamente. El miedo a la proximidad de las grandes concentraciones humanas del sureste asiático y la situación es­ tratégica de Aus­tralia en el Pacífico Occidental, le hizo aliarse estrechamente con la nueva gran potencia. El distanciamiento paulatino de Inglaterra, iniciado a principios de siglo, impli­ có un movimiento hacia una mayor integra­ción nacional, a la vez que aceleró el proceso de industrialización. Pero en la génesis del nuevo Estado de Australia tuvieron un gran peso las condiciones naturales; y no sólo la enorme distancia a la metrópoli y el ais­lamiento que influían en sus relaciones políticas; también las características de su medio físico que, en definitiva, eran entonces, y han seguido siendo después, la base fundamental de su sistema productivo.

2.2.  Condicionantes climáticos y localización de las actividades agropecuarias 2.2.1.  Latitudes subtropicales y predominio de la aridez 2.2.1.1.  Dinámica atmosférica En la caracterización geográfica de Australia la latitud constituye un factor determinante por las consecuencias climáticas de ella de­rivadas. La localización mayorita­riamente subtro­ pical de Australia explica la excepcional amplitud superfi­cial de los climas áridos, que cubren casi el 50% del minicontinente. El Trópico de Capricornio atraviesa Australia de oeste a este, dividiendo al continente casi por su mitad. Es el dominio de las altas presiones subtro­picales, cuyas células se desplazan latitudinalmente, siguiendo el balanceo estacional de los cen­tros de acción atmosféricos del planeta. En verano (enero), las células antici­clónicas se sitúan al sur del continente, mientras la convergencia intertropical (CIT) asciende en latitud, desplazándose al sur del Ecuador hasta penetrar en el sector septentrional de Australia, que se ve invadido por una gran masa de aire cálido y húmedo, dando lugar a fuertes precipitaciones (Figura 4.7). Con esta situación en la mitad meridional reina el buen tiempo, puesto que las borrascas del frente polar transitan al sur de las altas presiones y, por lo tanto, apenas rozan el conti­

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nente, aunque sí afectan a la isla de Tasmania. En el norte, penetran los alisios del norte y noreste, provo­cando las lluvias tropicales de verano, con intensidad de tipo monzónico cuan­ do las bajas presiones son profundas o el relieve costero favorece las precipitaciones. En el centro de Australia, dominan los alisios del sureste que rara vez provocan lluvias, salvo en el sector costero y vertiente oriental de la Cordillera Divisoria. Tasmania recibe lluvias modera­ das derivadas de las borrascas que acompañan al frente polar.

Figura 4.7. Presiones, vientos y precipitaciones. Situación de verano (enero).

En invierno (julio), las células anticiclónicas descienden en latitud, aproximándose a la franja ecuatorial y provocando un desplaza­miento hacia el norte de la convergencia intertro­ pical (CIT) que en esta estación del año se sitúa muy al norte del Ecuador, dando lugar a las fuertes lluvias monzónicas de verano en Asia Meridional. En la mitad septentrional de Australia se establece una masa de aire cálido y seco que marca la estación seca invernal, característica de los climas tropicales. Por el contrario, en el sur queda una franja libre de altas presiones que es recorrida por las sucesivas borrascas del frente polar; es la estación lluviosa invernal del clima mediterráneo (Figura 4.8). En el centro de Australia domi­na la aridez, esta vez atenuada por las esporádicas lluvias procedentes del sur. La franja costera oriental, tanto en el sector norte como en el sur, conti­ núa recibiendo lluvias provocadas por los alisios que, al tocar el borde del continente y el arco montañoso, ascienden en altura, dando lugar a importantes precipitaciones. A su vez,

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Tasmania recibe la influencia de las numerosas borrascas generadas en el frente polar que provocan lluvias muy abundantes entre los meses de mayo y septiembre.

Figura 4.8. Presiones, vientos y precipitaciones. Situación de invierno (julio).

2.2.1.2.  Distribución de precipitaciones y temperaturas Así pues, el juego de las presiones, la direc­ción de los vientos y las características de las masas de aire explican la desigual distribución de las precipitaciones de Australia. En el mapa se dibujan franjas de intensidad creciente a partir del gran sector árido central (menos de 250 mm al año) y con máxima pluviosidad en los sectores periféri­cos costeros, especialmente del Norte, del Este y Sureste, con más de 1.000 mm anuales. La ausencia de grandes altitudes en el interior australiano es un factor que ayuda a expli­ car la amplitud de la zona árida centro-occidental. Alrede­dor del 50% del continente recibe menos de 300 mm de lluvia anual, y la irregularidad interanual crece a medida que el volu­ men anual de lluvias disminuye. Puede ser que las cantidades anuales sean parecidas en algu­ nas de estas franjas de precipitación, pero la dinámica atmosférica que rige en cada parte de Australia —con el desplazamiento estacional de los centros de ac­ción— hace que la distri­ bución mensual y estacional de las lluvias sea dife­rente, según se trate del Norte, del Este o del Sur (Cuadro 4.3). Podemos ver que, frente a una mayor regularidad estacional de las preci­ pitaciones en Hobart y Sydney, encontramos un ligero predominio del verano-otoño en Brisbane y Alice Spring, y una contraposición entre Darwin, con el 63,3% de las precipitaciones en verano (0,7% en invierno), y Perth que registra un 56% en invierno y sólo un 4% en verano.

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Cuadro 4.3. Distribucción estacional de las precipitaciones Totales estacionales (mm) Estación metereológica

Precipitación anual (mm)

Primavera

Verano

Otoño

Invierno

mm

%

mm

%

mm

%

mm

%

1.540

183

11,9

975

63,3

371

24,1

 11

 0,7

274

 53

19,3

122

44,5

 66

24,1

 33

12,4

Brisbane

1.440

208

18,2

442

38,7

312

27,3

180

15,8

Sydney

1.200

216

17,9

272

22,5

400

33,1

320

26,5

Perth

 880

165

18,7

 36

 4,1

190

21,5

492

55,7

Hobart

 600

173

28,5

137

22,5

140

23,0

158

26,0

Darwin Alice Spring

En cuanto a las temperaturas, la mayor parte de Australia presenta un clima continental cálido, con medias anuales superiores a 18 °C y fuerte os­cilación térmica. Sólo en el extremo sureste y en Tasmania las temperaturas son más frescas y la oscila­ción moderada, como co­ rresponde a un clima oceánico templado.

2.2.1.3.  Tipos de clima en Australia En Australia se pueden dis­tinguir un conjunto bien definido de dominios climáticos, deli­ mitados por amplias franjas de transición: 1. Clima tropical de matiz monzónico, que afecta al extremo sep­tentrional, desde la tierra de Kimberley hasta la península del Cabo York, al norte de Queensland. Se caracteri­­za por altas temperaturas todo el año y abundantes precipitaciones, superiores a 1.500 mm anuales, con alternan­cia de estación muy lluviosa en verano y seca en invierno. Darwin es una estación típica, con 27 °C de temperatura media anual y 1.540 mm de preci­pitaciones. Sin embargo, en ciertos sectores del borde montañoso del no­reste las precipitaciones pueden sobrepasar los 3.000 mm anuales, con una notable influencia de los tifones que llegan a estas tierras. 2. Hacia el interior se extiende una franja de clima tropical subárido, en la que las preci­ pitaciones de verano disminuyen paulatinamente de 800 a 250 mm, límite estadístico del desierto, mientras paralelamente aumenta la irregularidad y los contrastes térmi­ cos, como se puede apreciar en la estación de Broome.

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3. El interior está ocupado por una amplia extensión de desierto subtro­pical, dominado permanentemente por una masa de aire cálido y seco; la menor continentalidad hace que el desierto australiano no sea tan riguroso como el Sahara; aunque sumamente irregulares, se registran algu­nas precipitaciones. Las áreas de menos de 100 mm son escasas, pero la irregularidad interanual puede provocar sequías absolutas de más de cinco años. 4. En el borde meridional del desierto, una franja subárida mar­ca la transición al clima mediterráneo. Las precipitaciones aumentan pau­latinamente; a diferencia de la fran­ ja subárida septentrional, en ésta el régi­men de lluvias es invernal. Las temperaturas medias disminuyen y el descenso se aprecia sobre todo en las invernales. Un ejemplo de este clima se da en Eucla. 5. En latitudes todavía subtropicales, el clima mediterráneo, pro­pio del borde occidental de los continentes, afecta al sector de Perth y de Adelaida; lo caracterizan temperatu­ ras suaves de invierno y cálidas de verano; pero lo más significativo es la alternancia de una estación lluviosa de invierno y otra estación seca en verano, con un total mo­ derado de precipitaciones. Perth es un ejemplo representativo, con un total de 880 mm de precipitaciones y cuatro meses de sequía estival. 6. En el sector central de la franja oriental, aparece un clima cálido con lluvias todo el año y máximo en verano, como el registrado en Brisbane. Se trata del clima litoral de alisio, por la importancia de estos vientos en la ge­neración de las fuertes lluvias. Hacia el sur, presenta rasgos característicos del clima chino, con menor volumen de precipi­ taciones y temperatu­ras menos altas, especialmente en invierno. La escasa penetra­ ción de este tipo de clima hacia el interior se debe a la existencia de la barrera montaño­sa que provoca la fuerte reducción de las lluvias y la rápida continentaliza­ ción a partir de su vertiente occidental. 7. Por último, el extremo sureste del continente, con una prolongación hacia el norte por el sector montañoso de los Alpes Australianos, registra características climáticas de tipo oceánico, con temperaturas moderadas (12-15 °C), excepto en los sectores de ma­ yor altitud, escasa oscilación tér­mica y lluvias abundantes y bien repartidas. No en vano éste fue el sector de los primeros asentamientos ingleses y, hoy, el más intensa­ mente ocupado. Melbourne y Hobart son estaciones representativas.

2.2.1.4.  Limitaciones de los recursos superficiales: suelo agrícola, agua y bosque Las características climáticas señaladas influyen de manera muy directa sobre los recur­ sos superficiales de Australia, que se ven fuertemente limitados por la escasez de precipita­ ciones en la mayor parte de la isla-continente.

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a) Reducida extensión de suelo agrícola: En un país de 7,7 millones de km2, la superficie dedicada anualmente a los cultivos está en torno a 45 millones de hectáreas, casi el 6% del total; lo que hace pensar que el suelo agrícola en Australia es un recurso muy escaso. Ello es debido fundamentalmente a la aridez que limita la calidad de los suelos y obstaculiza el de­sarrollo normal de los cultivos. Sólo las franjas oriental y meridional, las escasas llanuras costeras, las vertien­ tes montañosas y las cuencas interiores ofrecen suelos aptos para la agricultura que, unidos a las suficientes preci­pitaciones, pueden soportar cultivos tropicales, templados o mediterráneos. La cuenca del Murray-Darling todavía se adapta bien al cultivo del trigo, pero otros cultivos más intensivos requieren el aporte de agua por medio del re­ gadío. Más al oeste sólo pueden existir tierras de pastoreo extensivo de ovejas y corde­ ros por la escasez e irregulari­dad de las precipitaciones; en total, unos 380 millones de ha, casi el 50% del territorio, pero con una gran parte de forma intermitente. Así pues, se puede calcular que Australia dedica a la actividad agrícola y ganadera, de forma permanente, un 20% de su territorio y de forma intermitente, un 30%; el 20% es terreno forestal, y el resto (un 30%), es un inmenso desierto de más de dos millones de kilómetros cuadrados (cuatro veces España) que fun­ciona como una especie de zona muerta. Pero, además, las tierras del creciente fértil del SE dan señales de una gran fragilidad, ya que necesi­tan medidas de protección antierosiva y antidegradante el 60% de los suelos cultivados en zona no árida, el 90% de los situados en zona árida y la mitad de los suelos utilizados por la ganadería en zona árida. b) El problema del agua: A la escasez de precipitaciones y a la mediocridad de los suelos agrícolas hay que aña­ dir la inexistencia de cursos superficiales de agua en la mayor parte del continente. Más de dos terceras partes del territorio no tienen es­correntía hacia el mar. El único río importante australiano es el Murray que, con su afluente el Darling, drenan la cuenca sedimentaria del mismo nombre. En su cabecera recibe las abundantes preci­ pitaciones que caen en los Alpes Australianos, pero su caudal va disminuyendo a lo largo de su recorrido por las llanuras. El problema del agua es, pues, determinante para la ampliación de las tierras cultiva­ das y la intensificación de los rendimientos; y su escasez es el gran factor limitativo para la penetración del poblamiento y el desarrollo urba­no hacia el interior. Se ha generalizado e intensificado la explotación de las aguas subterráneas en las cuen­cas sedimentarias interiores, con tendencia a un descenso peligroso de sus nive­ les. Entre todas las medidas adoptadas para paliar el problema del agua, la más impor­tante fue la terminación en 1975 de un viejo proyecto ideado a principios del

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siglo XX e iniciado después de la Segunda Guerra Mundial, el Snowy Mountains Schema. Un complejo de 17 presas y varios túneles per­miten almacenar un gran volumen de agua en las cuencas de tres ríos (Snowy, Murray y Murrumbidge), bien alimentados por la nieve que cae en sus cabeceras durante cuatro o cinco meses del invierno, y trasva­ sar agua del lado oriental al occidental de la cordillera. A la vez que se ha logrado la ampliación de los regadíos en las llanuras interiores de Victoria y Nueva Gales del Sur, se ha conseguido tam­bién una importante producción de energía hidroeléctrica. c) Escasez de bosques y predominio de la estepa: La escasez de bosques en Australia se debe a la pequeña extensión de terri­torios llu­ viosos, en un continente donde sólo el 6% recibe más de 1.000 mm de lluvias al año. Esta circunstancia, los incendios devastadores y las talas abusi­vas han reducido el bos­ que australiano a una superficie inferior al 5% del país, con muy escaso valor económi­ co. Entre las especies arbóreas domina el euca­lipto, un árbol endémico que resiste a la sequía y a los incendios, con más de 600 variantes repartidas por toda la isla-continen­ te. Intercaladas entre los eucaliptos, sobre todo hacia el interior semiárido, aparecen también varios tipos de acacias, que son comunes a otras regiones secas tropicales. Con la reducción progresiva de las lluvias al oeste del arco montañoso oriental, se pasa gradualmente a la sabana arbolada, con llu­vias entre 500 y 700 mm, semixerófi­ la y con predominio de eucaliptos adap­tados al almacenamiento de agua («árbol botella», «árbol candelabro») y acacias erizadas de espinas. Después, aparece la sabana propiamente dicha (bush), más seca, con menos árboles y dominada por las altas hierbas. A continuación, la estepa (siem­pre hacia el interior desértico), con rasgos cla­ ramente xerófilos, está formada por matorral (scrub), algunos eucaliptos enanos y aca­ cias achaparradas y espinosas; es la más extensa formación vegetal y ocupa más de un tercio del continente. Por último, en el corazón árido, el desierto, no excesivamente riguroso, con frecuencia recubierto por un tapiz ralo con algunas plantas bien adapta­ das a la aridez. Sólo la vegetación es casi inexistente en ciertas áreas pedregosas (ha­ madas) y en los campos de dunas de los desiertos de Arena, Gibson, Vic­toria y Simpson, donde el viento dificulta su supervivencia.

2.2.2.  La producción agropecuaria y su localización Australia, a lo largo del siglo XIX, se convierte en un gran productor de lana y de trigo. Sustentado en gran medida en la exportación de estos mis­mos artículos, su sistema produc­ tivo da origen a varios ti­pos de paisajes agrarios que se extienden monótonamente por in­ mensos territorios.

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Cuadro 4.4. Utilización del suelo en Australia Tipos y suelos

Millones de ha

% del total

Tierras aradas y cultivos arbóreos

 48

  6,2

Prados y pastos permanentes

358

 46,6

Superficies forestales

148

 19,2

Sin cultivar e improductivo

215

 28,0

TOTAL

769

100,0

Fuente: Calendario Atlante Agostini, 2016.

La misma exigencia de producir para mercados mundiales ha obligado a desarrollar un sector agropecuario competitivo que, jun­to al carácter extensivo de cultivos y ganadería, ha incluido una intensa mecanización que explica el bajo porcentaje de la población activa agraria. El sector agropecuario australiano da ocupación al 3,5% de la población activa, pero genera el 20% de las exportaciones (72% en 1962). De ahí la consi­derable importancia que tiene este sector, mucho mayor que en los demás países desarrollados. Su prosperidad eco­ nómica y sus permanentes fluctuaciones de­penden, en gran parte, de los precios de los pro­ ductos agrícolas y ganaderos en los mercados internacionales.

2.2.2.1.  Importancia y localización de la ganadería en Australia Apenas el 6% de la superficie australiana está dedicada a los cultivos agríco­las, fuerte­ mente limitados por los condicionantes climáticos y la escasez de agua; pero las impor­ tantes inversiones de capital han dado lugar a una agricultura moderna, con escasa nece­ sidad de mano de obra. Sin embargo, las grandes extensiones dominadas por el clima tropical y subtropical se­miárido, con inmensas superficies de pastos en las sabanas y es­ tepas, propi­ciaron, desde la época de la colonización, la existencia de una ganadería ovi­na y bovina que ha constituido desde entonces un pilar fundamental de la economía australiana (Figura 4.9). Así pues, la producción de lana fue desde principios del siglo XIX un es­tímulo decisivo para su crecimiento económico, para la inmigración y para la ocupación de inmensas áreas del país con grandes rebaños de merinos. Los altibajos económicos de su historia se corres­ ponden con las fluctuacio­nes de los precios de la lana. Australia posee la segunda cabaña ovina mundial (después de China), una décima parte del total; actualmente se sitúa entre 80 y 110 millones de cabezas, frente a los 10 millo­nes

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existentes en los años veinte; y está sometida a fuertes variaciones motivadas por la mayor o menor precipitación anual, con grave incidencia de las sequías. Australia es el primer produc­ tor (20% del total) y primer exportador mundial de lana (50% del total), que vende principal­ mente a China, Japón y Rusia. Extensos territorios de la zona semiárida, en el centro-sur de Australia, están ocupados por esta ganadería, en enormes rebaños, pertenecientes a explota­ ciones de varios miles de hectáreas, que pacen en grandes parcelas cercadas con alambre de espino para aprovechar mejor los escasos pastos existentes. El esfuerzo llevado a cabo desde los años sesenta en diversificar la pro­ducción rural se ha realizado sobre todo en la ganadería. El ganado ovino se destina hoy también al engorde y cada año se sacrifican unos 20 millones de cabezas con vistas a la producción de carne y de pieles. Igualmente se ha desarrollado la ganadería bovina para carne, en régimen estabulado inten­sivo; se localiza en las montañas, en la periferia de las ciudades y en los litorales más húmedos del sureste y noreste y se practica generalmente en explotaciones más pequeñas, más capitalizadas y muy mecanizadas. Cuadro 4.5. El potencial ganadero de Australia Cabaña y producción

1985

2007

2014

Ganado ovino (mill. de cab.)

159

101

76

Ganado bovino (mill. de cab.)

23

29

29

Lana (miles de toneladas)

516

508

360

Carne (millones de toneladas)

2,8

3,8

4,5

Leche (millones de toneladas)

6,0

10,6

9,5

Mantequilla (miles de toneladas)

124

149

118

Queso (miles de toneladas)

177

369

338

Fuente: Anuario Atlante Agostini, 1989, 2008 y 2016.

La ganadería vacuna extensiva, después de su expansión entre 1963 y 1974 (19 y 31 millo­ nes de cabezas respectivamente), impulsada por capital norteamericano, hoy se halla estabi­ lizada (26-30 millones de cabezas) debido a la dificultad de exportar a mercados cada día más proteccionistas. La gana­dería porcina, menos importante, ha experimentado igualmente un creci­miento desde 1960. La localización de la ganadería depende sobre todo de la cantidad total y de la distribu­ ción estacional de las precipitaciones. Se distinguen tres áreas principales: —— En las tierras con suficientes precipitaciones del sureste se da a la vez ganadería ovina y bovina para leche; ésta predomina en las llanuras regadas de la cuenca del

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Murray y en las llanuras costeras, mientras que los ovinos dominan en las colinas y mesetas más po­bres. Por todas partes, la ganadería coexiste con el cultivo de cerea­ les (trigo, cebada, maíz) en un sistema de agricultura mixta. En muchas ocasiones, los ganaderos de ovino son también productores de trigo que, para reducir riesgos, tanto ecológicos como de mercado, y aumentar la productividad, practican una ganadería ovina intensiva para carne.

Fuente: Azcárate, B.; Azcárate, M. V. y Sánchez, J. (2006): Atlas Histórico y Geográfico Universitario. UNED, Madrid; mapa IX.81, p. 391.

—— En las grandes llanuras y mesetas del norte (Queensland interior y Territorio del Norte) se localiza la ganadería bovina para carne. Estas regiones reciben lluvias su­ periores a 400 mm, pero están sometidas a la amenaza permanente de que la esta­ ción seca se alargue más de lo normal.

Figura 4.9. Australia: usos del suelo agrario.

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—— La regiones con precipitaciones escasas, entre 200 y 500 mm, son las tierras recorri­ das por los grandes rebaños de merinos. Las explotaciones son de tamaño mediano en las regiones con mayores precipitaciones y próximas a las ciudades y principales carreteras; por el con­trario, la ganadería extensiva de bovinos y ovinos de las regiones semiáridas se basa en enormes explotaciones del tipo «ran­ cho» (de 5.000 a 10.000 ca­bezas, y hasta 100.000), en tierras arrendadas al Estado y divididas en gran­des parcelas que los rebaños van recorriendo de forma sucesiva para apro­vechar mejor los pastos. A los tres tipos de ganadería mencionados puede añadirse un cuarto. Se trata de la gana­ dería lechera intensiva, que se ha desarrollado en la proxi­midad de las ciudades. Son explo­ taciones medianas o pequeñas, especiali­zadas, muy tecnificadas y de altos rendimientos, que cubren la creciente demanda de leche del mercado urbano.

2.2.2.2.  Importancia y localización de los cultivos El trigo empieza a adquirir importan­cia en la segunda mitad del siglo XIX y pronto Australia llega a convertirse en uno de los grandes productores, ampliando la superficie cul­ tivada por las tierras del interior. Dada la escasa población y el bajo consumo de trigo, la mayor parte de la pro­ducción se destina a la exportación. Australia está entre los cuatro primeros expor­tadores de trigo (a menudo, el 1.°). Su cultivo, extensivo (10-15 Qm/ha) y muy mecanizado, ocupa la mitad de las tierras agrícolas; en al­gunas áreas el rendimiento se inten­ sifica con la aportación del regadío. La superficie ocupada varía, según las incidencias clima­ tológicas, entre 10 y 15 millones de ha y su producción entre 20 y 25 millones de t. El «cinturón» triguero se divide en dos sectores: el más importante se localiza en el cre­ ciente situado en el sureste del país, entre la cordillera Aus­traliana y las tierras más áridas del interior donde su cultivo se hace impo­sible; el segundo, menos extenso, aparece en el suroes­ te, en las mesetas de la región de Perth. Una densa red ferroviaria garantiza la salida por los puertos de Brisbane, Newcastle, Sydney, Melbourne y Port Pirie. En los cultivos también se ha producido una cierta diversifica­ción, intentando aprovechar lo mejor posible las posibilidades de la diversi­dad ecológica australiana. Así pues, junto al trigo se cultivan otros cereales (cebada, avena, maíz), con una superficie de más de cinco millones de hectá­reas, localizadas en el mismo cinturón del este interior y del suroeste austra­liano. También se cultiva arroz en los regadíos de la cuenca del Murray. Además de esta gran zona de agricultura cerealista, se pueden distinguir otros dos secto­ res de agricultura intensiva y de una producción más variada:

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—— Uno, al sureste, con forrajes (un millón de ha), frutales de clima templa­do y hasta viñedo (60.000 ha) en la región de Melbourne y Adelaida. —— Otro, al noreste, en las llanuras litorales de Queensland y norte de Nueva Gales del Sur, con cultivos tropicales, como caña de azúcar, principal cultivo tropical de Australia (unas 400.000 ha en 2015), en ex­plotaciones medianas totalmente mecani­ zadas; frutos tropicales (ananás y bananas), cítricos (naranjas y mandarinas) y cierta exten­sión de algodón (200.000 ha) que, a pesar de las subvenciones estata­les, no logra ampliar la superficie cultivada ni cubrir las necesidades de la industria textil australiana. —— A estas dos áreas de agricultura intensiva hay que añadir la agricultu­ra periurbana, practicada en las proximidades de las grandes ciuda­des, en la que se produce de forma intensiva frutas y verduras, además de los forrajes que son la base de la ga­ nadería lechera intensiva.

2.3.  Desarrollo y localización de las actividades industriales La economía australiana está en gran parte basada en su excepcional riqueza en recur­ sos minerales que, a su vez, está rela­cionada con la existencia de un extenso zócalo cristalino en todo el continente, y de plegamientos hercinianos en el arco montañoso oriental. A su vez los hidrocarburos aparecen en las grandes cuencas sedimentarias del interior y en sectores costeros de la plataforma continental.

2.3.1.  La gran riqueza del subsuelo australiano 2.3.1.1.  Relieve y unidades morfoestructurales Australia es un minicontinente que se separó de África hace 160 millones de años y de la Antártica hace 55 millones de años. Un largo proceso de erosión ha acabado con las elevacio­ nes monta­ñosas precámbicas, reduciéndolas en la actualidad a un escudo de rocas an­tiguas peniplanizado, con amplias depresiones rellenadas con sedimentos recientes. En el borde oriental hubo importantes plegamientos al final del Primario, que fueron igualmente arrasa­ dos, aunque en este caso se rejuvenecieron en el Terciario. Entre las mesetas occidentales y las «altas tierras» orien­tales, las «bajas tierras» del interior han constituido una zona de acumu­lación de sedimentos marinos y continentales desde el Secundario. El resultado final de esta evolución es un continente extremadamente monótono y despro­ visto de grandes contraste en su relieve (Figura 4.10). La altitud media apenas sobrepasa los

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200 m, la más baja de todos los continentes, y sólo el 7% de Australia está situado por encima de los 650 m, con una cota máxima de 2.228 m en el monte Kosciusko, en las Snowy Mountains. Los tres grandes conjuntos morfoestructurales que, a grandes rasgos, forman tres bandas de dirección norte-sur, son los siguientes: 1.   Las mesetas occidentales. Viejo zócalo precámbrico, rígido y estabili­zado, presenta una superficie ondulada entre 200 y 600 m. Su inmensa su­perficie aparece recubierta por laterita o costras de arenisca, sobre todo en el norte. Grandes fracturas limitan blo­ ques le­vantados (altiplanos), como Kimberley, Isa, Pilbara o Darling, y hundidos (cuen­ cas), como las de Eucla, Carnavon o Perth. El centro y oeste es dominio del gran desier­ to australiano (Victoria, Amadeus, Gibson, Gran Desierto de Arena, etc.), donde alternan las hamadas pedregosas y los campos de dunas, fruto de la erosión eólica. Hacia el este, el escudo se hunde bajo los depósitos sedimentarios y las dunas pene­ tran hacia las llanuras centrales, en el Desierto de Simpson. 2. Las llanuras centrales, con una altitud media de 160 m, en las que se puede diferenciar: a) La Gran Cuenca Artesiana, formada por calizas cretácicas y recorri­da por sinuosos ríos de escaso caudal que desembocan en el lago Eyre, el punto más bajo del con­ tinente, con 14 m bajo el nivel del mar. En su interior se acumulan grandes can­ tidades de aguas infiltradas, debido a la existencia de capas permea­bles de gran espesor que cubren toda la depresión. b) La   Cuenca de Murray-Darling, ocupada por dunas fósiles y lechos fluviales abando­ nados, y de una gran horizontalidad, por donde discurre el río Mu­rray que consi­ gue llegar al mar, apro­vechando la existencia de una línea de falla. 3.   La cordillera Oriental o Gran Cordillera Divisoria (Great Dividing Range) es un conjunto complejo y arqueado de colinas y mesetas, extendido a lo largo de 3.000 km de norte a sur y próximo al litoral oriental. Es el único sector australiano afectado por cierta inestabilidad geológica; desde el Terciario, estas «tierras altas» orientales se han ido levantando hasta constituir mesetas de hasta 2.000 m. Al oeste descienden en escalo­ nes sucesivos hacia las bajas tierras del interior. Por el contrario, en la vertiente orien­ tal su caída hacia el mar es brusca y los ríos que descienden al océano han formado valles encajados y algunas llanuras litorales. Al sur de la cordillera el relieve es más abrupto, debido a las numerosas y profundas gargantas y a la presencia en las cimas de algunas formas glaciares. En Victoria, la alineación toma dirección E-O y, en los Alpes Australianos, las Snowy Mountains alcanzan las mayores altitudes, superiores a 2.000 m, siendo el único sector del continente con nieves invernales. La erosión fluvial ha contribuido también a la formación de amplios estuarios, donde se han estableci­ do los puertos y han surgido las ciudades.

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Fuente: Azcárate, B.; Azcárate, M. V. y Sánchez, J. (2006): Atlas Histórico y Geográfico Universitario. UNED, Madrid; mapa IX.78, p. 388.

La isla de Tasmania, unida a Australia por la plataforma continental, es la prolonga­ ción de estos plegamientos, con similares características morfoestructurales. El zócalo precámbrico aflora en la parte occidental, la meseta central llega a los 1.200 m y los altiplanos se hallan recortados en el suroeste por profundos valles de origen glaciar.

Figura 4.10. Relieve de Australia.

2.3.1.2.  Recursos minerales inmensos Australia es uno de los países mineros más ricos del mundo y hoy su economía, que gira en torno a la minería, depende de la fluctuación del precio de las materias primas, especial­

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mente del hierro, su principal exportación. En catorce minerales im­portantes figura entre los cuatro primeros productores del mundo (Cuadro 4.6). Cuadro 4.6. El potencial minero de Australia Lugar que ocupa Australia entre los grandes productores y porcentaje sobre el total mundial 1.º Bauxita (35%) Titanio (25%)

2.º Hierro (20,5%) Manganeso (19,0%) Plomo (15,0%) Zinc (12%) Oro (10,0%)

3.º Uranio (9%) Platino (3,7%)

4.º Níquel (9,0%) Plata (7,6%) Hulla y lignito (6,2%) Cobre (6,0%) Diamantes (10%)

Fuente: Images Économiques du Monde, 2016 y Anuario Atlante Agostini, 2016.

En la historia de la minería australiana se distinguen tres etapas, con tres significativas fechas iniciales: 1850, 1880 y 1960. —— En 1850 se inició el rush del oro que terminó con una decepción, después de un breve período de brillantez. Hoy, con 270 t, Australia es el segundo o tercer produc­ tor mundial. Prácticamente todo se obtiene en el estado de Australia Occidental (Coolgarde, Kalgoolie, Willuna) y en el Territo­rio del Norte (Tennant Creek). —— El año 1880 marca el inicio de la puesta en servicio de las minas de plata, plomo y zinc de Broken Hill, en el umbral cristalino que separa las dos grandes cuencas sedi­ mentarias, al noreste de Adelaida y oeste de Nueva Gales del Sur. Además de Broken Hill, Mont Isa (oeste de Queensland) es otro gran centro de extracción de plata (4.° productor mundial), zinc y plomo (2.° productor). Otros metales no ferrosos que Australia produce en cantidad son el cobre, la mayor parte en Mont Isa, uno de los yacimientos más ricos del mundo, estaño y tungsteno en Mont Garnet, al N de Townsville (Queensland). —— La tercera fecha relevante en esta historia minera australiana es 1960. Los años cin­ cuenta fueron un período de fuertes inversiones en la prospección de minerales. El esfuerzo dio como resultado el aumen­to considerable de los minerales ya mencio­ nados y, además, la apari­ción de otras tres grandes riquezas: a) Hierro,   de un alto contenido metálico y una de las grandes re­servas del mundo. Australia es el segundo produc­tor mundial de hiero y, debido a su escaso consu­ mo interno, es el primer exportador mundial. b) Bauxita,   primer productor mundial con el 35% del to­tal en 2014, Australia es también primer exportador.

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c)  Níquel, cuya producción oscila entre el tercer o cuarto productor mundial. Australia es, pues, uno de los grandes abastecedores de materias primas del mundo y ésta es una de las claves para entender su situación económica actual.

2.3.1.3.  Posibilidades energéticas Los plegamientos hercinianos son el origen de las importantes cuencas carboníferas de la cordillera oriental: Nueva Gales del Sur (norte y sur de Sydney); Queensland, diversos yaci­ mientos a lo largo de la costa, al norte de Brisbane, y Victoria. En su mayor parte son explo­ taciones a cielo abierto y la productividad es cinco veces superior a la europea. Australia ha pasado en pocos años a situarse entre los grandes productores de hulla y lignito (4.° mun­ dial), es ya el primer exportador mundial (35%); actualmente el carbón constituye uno de los primeros capítulos de sus expor­taciones. Hasta los años sesenta Australia parecía estar desprovista de hidrocarbu­ros. A partir de entonces se descubrió que las márgenes del continente y algunas cuencas sedimentarias inte­ riores contenían cierta cantidad de petró­leo y reservas importantes de gas. Hoy la produc­ ción de petróleo cubre ya las dos terce­ras partes de las necesidades del país y se espera poder cubrirlas totalmente. Igualmente prometedoras son las expectativas en cuanto al gas natural. Los yacimientos más importantes son, entre otros, los de Mereennie (al su­roeste de Alice Spring, en pleno centro del continente), así como los de Gid­geapa y Moomba, en Australia Occidental, y los Gippsland y la plataforma continental, en el estrecho de Bass. Las prospec­ ciones en la costa del Pilvara (Australia Occidental) hacen pensar en unas reservas se­mejantes a las existentes en el mar del Norte. Las reservas de uranio son cuantiosas. Su interés ha aumentado desde los años cincuenta y, con el 10-15% de la producción total, es, según los años, segundo o tercer productor mun­ dial. El valor de su exportación supera ya al de la lana y el trigo.

2.3.2.  La formación de un gran sector industrial Ya al final del siglo XIX, hubo en Australia una primera fase de incipiente industrialización. La elaboración de productos alimentarios, la confección y los materiales de construcción se beneficiaron de la larga distancia de In­glaterra y del fuerte crecimiento demográfico y urba­ no. Sin embargo, a principios del siglo XX, Australia seguía comprando en el exterior casi todos los productos manufacturados que necesitaba. Así llegó a la Primera Guerra Mun­dial como país exclusivamente productor de materias primas. Las dos guerras mundiales, en las que Australia participó junto a Inglaterra, fueron dos momentos de impulso industrial,

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debido a la dificultad de proveerse de ciertos productos manufacturados y a la necesidad de colaborar en la fabri­cación de armamentos y medios de transportes. Al terminar la Segunda Guerra Mundial, este impulso se mantuvo, haciendo frente a im­ portantes limitaciones, como la escasez de mano de obra, solucionada con el impulso a la política de inmi­gración, la estrechez del mercado interior y la lejanía de los mercados exte­ riores que ha dificultado el incremento de las exportaciones industriales. Pero Australia con­ tó con importantes factores positivos que favorecieron el rápido crecimiento de su industria: abundancia de materias primas minerales, que facilitó la instalación de toda la gama de in­ dustrias básicas; el apoyo total del Estado, que impuso un fuerte proteccionismo, y la llegada masiva de capitales extranjeros, sobre todo de EE UU y Japón, que permitieron el crecimiento espectacular de las construcciones mecánicas y de la industria petroquímica. El resultado fue la formación de un potente sector industrial que en 2015 ocupa el 22% de la población activa y aporta el 28% del PNB y el 30% de las exportaciones, el triple que en los años treinta. Este sector industrial está formado por un cierto número de indus­ trias de base y de bienes de equipo y un grupo muy numeroso de industrias ligeras orienta­ das al consumo. Entre las industrias de base destacan la siderurgia que no ha pasado de tener un tamaño mediano, con fábricas en Sydney, Newcastle, Whyalla (cerca de Adelaida) y Port Kembla, la más importante, al sur de Sydney. Llama la atención el contraste entre esta pequeña siderur­ gia y la gran exportación de mineral de hierro y carbón, sobre todo a Japón. Debido a la ri­ queza ya antigua de minerales no ferrosos, Australia ha generado una potente industria de tratamiento de cobre en Port Kem­bla, Mont Isa y Queenstown (Tasmania), plomo en Port Pirie, Mont Isa y Cockle Creek, y zinc en Cockle Creek y en Risdon (Tasmania). De más reciente creación y más rápido crecimiento es la metalurgia del aluminio, gracias a los grandes yaci­ mientos de bauxita. También el cemento ha conseguido una importante producción ante la necesidad originada por el crecimiento urbano. Un segundo grupo de industrias importantes está formado por las de transformación y de equipo: máquinas-herramientas, material de transporte, material agrícola, aparatos eléctricos, etc. Entre ellas destacan las construcciones navales, la industria automovilística y la química. La industria automovilística, impulsada por grandes inver­siones extranjeras, ha sido la gran industria australiana que llegó a agrupar el 12% de la mano de obra. Han estado presen­ tes todas las grandes firmas mundia­les, atraídas por el importante mercado interior, y una buena parte de la producción se des­tinaba a la exportación. Tras el rápido crecimiento inicial (llegó a pro­ducir 500.000 vehículos en los años sesenta), en los años ochenta perdió parte de su vitalidad y la producción descendió a unos 300.000 vehículos anuales entre 2005 y 2010. Desde entonces, debido al alto coste de la mano de obra australiana, sufre una profunda

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crisis (184.000 vehículos en 2014) que ha llevado al anuncio del cierre, en 2016 y 2017, de las fábricas de Ford y Toyota, dos de los principales fabricantes en Australia. Las industrias se localizan en Melbourne, Adelaida, Sydney y Geelong. En este grupo se incluyen también casi todas las grandes industrias quí­micas, cada vez más variadas: ácidos, abonos fertilizantes para su agricultura, productos farmacéuticos, el refinado del petróleo y las industrias petroquímicas, en gran expansión desde los años cincuen­ta. De aquí deriva también la química de los plásticos, textiles sinté­ticos, caucho y resinas sintéticas. Por último, un tercer grupo lo constituyen las industrias ligeras y de consumo, impulsa­ das por la au­tarquía impuesta por la Guerra y con fuertes barreras aduane­ras. Se basan en el tratamiento de productos agrícolas y en la atracción de un mercado de consumo ya notable. Son importantes la textil y la del cuero y calzado, hoy sometidas a la fuerte competencia del Sureste asiático. Destacan igualmente las industrias ali­mentarias como azucareras, conservas de carne, legumbres, frutas, pescado y destilerías. La localización está determinada por los factores básicos: vinculación al mercado de con­ sumo que, a la vez, ofrece la mano de obra, y la atracción de los puertos, con su doble fun­ ción de exportar e importar materias primas. En algunas ocasiones —en el caso de la meta­ lurgia de metales no ferrosos— la exis­tencia del yacimiento ha sido el factor de localización decisivo (Mont Isa). Así pues, la industria australiana es fundamentalmente urbana y periféri­ca. El 75% de la producción se localiza en Nueva Gales del Sur, Victoria y Queensland; los dos primeros esta­ dos ejercen una verdadera hegemonía en todas las ramas, han atraído la mayor parte del capital extranjero y detentan casi el monopolio de las industrias punta de tecnología avanza­ da (industria de equipo, maquinaria, química, etc.). Las regiones de Sydney y Melbourne concentran el 60% de todos los empleos industriales de Australia; les siguen Brisbane, Adelaida y Perth. En Australia Meridional sobresale la meta­ lurgia; en Queensland y Australia Occidental, el sector alimentario, el papel y algunos minera­ les; en Tasma­nia, debido al equipamiento hidroeléctrico, la industria papelera, aluminio y zinc; y en el Territorio del Norte, la concentración de minerales, como uranio, hierro y bauxita.

2.4.  Distribución periférica de la población y peculiaridades de la red urbana Tres características merecen destacarse de la población australiana: la importancia de la inmigración en su crecimiento y el progresivo aumento de la diversidad étnica, la baja densi­ dad con una distribución muy desigual y periférica y el alto índice de población urbana.

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2.4.1.  Crecimiento de la población e importancia de la inmigración Desde los primeros asentamientos de los europeos, la población de Aus­tralia se ha ido incrementando a un ritmo muy notable, a una media de 2% anual. En este constante creci­ miento la afluencia de inmigrantes ha represen­tado una parte decisiva que en determinados periodos ha igualado, o inclu­so superado, el crecimiento natural. En 2015, de los 24 millones de habitantes el 25% había nacido fuera del país, siendo así una de las poblaciones inmigran­ tes más importantes del mundo. Las primeras grandes oleadas de inmigrantes llegaron a Australia a lo largo del siglo XIX; primero, cuando Inglaterra fomenta el «sueño colonial»; después, cuando la fiebre del oro atrajo a más de medio millón de personas. Australia pasó de 10.000 habitantes de 1800 a 400.000 en 1850 y a 3,7 millones en 1900. Con la Inmigration Restriction Act (1901) el gobierno australiano impuso un fuerte control de la inmigración, dificultando la entrada de inmigran­ tes de color. El nacionalismo creciente exigía una «Australia para los blancos» y los influyentes sindicatos se oponían a la llegada de asiá­ticos por el miedo a la caída de los salarios y a que pusiesen en peligro la estabilidad laboral. Al finalizar la Primera Guerra Mundial, con la expansión económica, Australia reaviva la demanda de inmigrantes, entre los que abundan, además de los británicos, los procedentes de los países escandinavos, Alemania, Holanda, Grecia e Italia. A partir de 1929, con la crisis económi­ca y la elevada tasa de paro (30%), se impone de nuevo una restricción que durará hasta mediados de los años cuarenta. La de­manda de gran cantidad de mano de obra, debi­ do al fuerte crecimiento económico iniciado al final de la Segunda Guerra Mundial, dio lugar a una nueva ola inmigratoria, más importante que las anteriores. En los años cincuenta y sesenta, anualmente entran en Australia unas 120.000 perso­nas, lo que supone la mitad del crecimiento demográfico. En algunas áreas metropolitanas la inmigración aporta hasta el 70% del crecimiento total. Además de las anteriores nacionalidades, entre los inmigrantes llegan desplazados de la Guerra, refugiados políticos de los países del Este y un número cada vez mayor de inmigrantes de origen mediterráneo, incluidos los turcos. La inmigración se reduce en los años setenta y ochenta, pero al final de esta década de nuevo recobra un nuevo impulso, superando los 100.000 inmigrantes anuales. Desde enton­ ces, aunque la selección sigue siendo muy severa, y no ha desaparecido el recelo al inmigran­ te de color, se ha facilitado la entrada a refugiados políticos, sobre todo del SE asiático, y se acogen con gusto a asiáticos dispuestos a invertir, lo que ha facilitado la llegada de numero­ sos personas procedentes de Hong Kong, poco antes y después del traspaso de la colonia británica a la República Popular China en 1993. Además de su aportación al crecimiento demográfico de Australia, la inmigración ha dado lugar a una mayor diversificación étnica. Australia permanece todavía ligada a su

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carác­ter anglosajón. Desde el principio, la homogeneidad étnica proporcionó una gran esta­ bilidad social, política y hasta moral. Sólo con la apertura de la inmigración de las últimas décadas, el concepto de plurinaciona­lismo se ha abierto paso y hoy, con el abandono de la política de asimilación, se habla ya de sociedad pluricultural, en la que están representados diversos grupos étnicos. La Australia blanca, absolutamente mayoritaria, está compuesta por grupos de origen europeo. A la homogeneidad del grupo británico (87% en 1891), ha sucedido una cierta diver­ sidad originada sobre todo a partir de la Segunda Guerra Mundial que ha reducido al grupo británico al 74% del total. Junto a ellos, destacan los alemanes y los procedentes de Europa del Sur y del Este, que son los que han aportado mayor diversidad. Suponían el 7% en 1891 y en la actuali­dad representan ya el 20% de la población. Los asiáticos han sido un grupo tradicionalmente rechazado por los australia­nos, muy preocupados por la posible invasión amarilla; por ello, la Inmigration Restriction Act (1901) restringió fuertemente su entrada. Presionada por las naciones asiáticas y africanas, Australia dio paso en 1972 a una política de inmigración menos racista, y permitió la entra­da a los asiáticos, especialmente a los refugiados políticos. Así han llega­do chinos, hindúes, vietnami­ tas, camboyanos, laosianos y hasta libane­ses, con un alto porcentaje de profesiones liberales. En Queensland hay también japoneses dedicados al tráfico marítimo y pescadores de perlas en el estrecho de Torres; en el interior, sirios y afganos son conductores de camellos. Desde los años ochenta el número de asiáticos se ha multiplicado rápi­damente, pasado de unos 160.000 en 1975 a unos 900.000 (5%) en 2015, gran parte de los cuales han llegado desde Hong Kong por el temor suscita­do por el reciente traspaso de la colonia a China. Los aborígenes, pobladores de Australia desde hace más de 30.000 años y sometidos du­ rante décadas a una política de asimilación, defienden hoy el derecho a la diferencia, y se han organizado en la lucha para reivindicar sus derechos. Este grupo sufre un gran retraso en el nivel de vida, en su educación, formación profesional, atención sanitaria, en el mundo la­ boral... Se calcula que en 2015 son alrededor de 500.000 (2,5%). En los últimos treinta años su situación general ha cambiado bastante; desde 1967 se les reconoce la ciudadanía y se les ha concedido el derecho al voto. Con la reciente entrega de extensas superficies en el interior del Territorio del Norte y Aus­tralia Meridional se ha dado paso a una política de autodetermina­ ción y autogobierno.

2.4.2.  Baja densidad con una distribución muy desigual y periférica A pesar de este crecimiento demográfico, notable y mantenido durante dos siglos, las den­ sidades medias siguen siendo muy bajas: los 3 hab./km2 en 2015 dan a Australia la imagen de un continente vacío; en el 5% de la superficie terrestre vive el 0,3% de la población mun­dial.

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Pero esta densidad media del país apenas tiene significación, ya que los contrastes entre regio­ nes son muy fuertes: por un lado, las 3/4 del territorio no pasan de 0,5 hab./km2, o sea dos ki­ lómetros cuadrados para cada habitante; hay grandes extensiones con una persona por cada 5, 10 y hasta 15 km2; por otro, está Victoria que con 26 hab./ km2 es el estado más poblado. Le siguen Nueva Gales del Sur, con 9, y Tasmania con 8; Queensland, con el aumento de la pobla­ ción de las últimas décadas, ha llegado a 3 hab./ km2; y los demás no llegan a 2. En Victoria y Nueva Gales del Sur, con el 13,3% del territorio australiano, vive el 57% de la población total. Casi toda la población se concentra en los bordes del continente, coinci­diendo con la Australia húmeda y con la zona de concentración de actividad económica. De los 24 millones de habitantes sólo algo más de dos viven a más de 200 km de la costa. El área de mayor den­ sidad coincide con el creciente fértil del SE, que tiende a ensancharse hacia el interior con ayuda de la tecnología agronómica. En la delimitación del ecúmene australiano tiene especial significación, más que la canti­ dad total de precipitaciones, la relación precipitación/eva­potranspiración. La frontera natural de la expansión agrícola puede estable­cerse en el límite de los cinco meses consecutivos de humedad real mínima; es la línea de seguridad. Más allá de los cinco meses y hasta el límite de los nueve meses constituye la zona de ampliación de débil ocupación humana y sometida al riesgo de las sequías. La segunda razón de esta distribución poblacional se halla en el modelo territorial de localización de las actividades. La escasez de lluvia, el calor y las mon­tañas pueden imponer fuertes limitaciones al asentamiento humano; así, la ganadería extensiva asentada en los márgenes del ecúmene no ha facilitado la formación de mayores densidades demográfi­cas. Pero el carácter netamente periférico que hoy tiene la distribución de la pobla­ción en Australia se halla sobre todo en estrecha rela­ción con el establecimiento inicial y la consolida­ ción posterior de una economía colonial volcada hacia el exterior y con el proceso de creci­ miento económico y urbano desarrollado en el último siglo. Estos dos factores, junto al ca­ rácter poco acogedor del interior, han sido los que han revalo­rizado los espacios periféricos y, especialmente, algunos emplazamientos costeros y portuarios.

2.4.3.  El sistema urbano australiano 2.4.3.1.  El proceso de concentración urbana Australia es una sociedad urbana; un país de ciu­dades. El sistema de poblamiento origi­ nario fueron las ciudades instaladas en la costa, a partir de las cuales, con el apoyo estatal, se colonizó el interior; pero el pobla­miento rural nunca ha llegado a tener la relevancia que en el resto del mundo. A pesar de la importancia que tiene el sector agrario, el espacio rural

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está poco poblado, con ranchos, caseríos o granjas dispersas, y la población rural sólo repre­ senta el 10%. Así pues, desde el principio de la colonización ha predominado el poblamiento urbano que, en el transcurso del siglo XX, no ha dejado de incrementarse. En 1900 uno de cada tres aus­tralianos era ciudadano; la población urbana pasó al 70% en 1950 y al 90% en 2015. Las continuas oleadas de inmigrantes, que en su mayoría se asentaban en las ciudades, iban aumentando año tras año el tamaño de los núcleos urba­nos y el índice de concentración de la población en las ciudades, como lo muestran los datos del Cuadro 4.7. Las siete ca­pitales de estado, más la capital federal, agrupan en 2015 a 14,1 millones de habitantes que repre­ sentan el 61% de la población total. Y en las cinco ciudades millonarias vivía el 53% del total en 1986 y el 58% en 2015. Cuadro 4.7. La población de las ciudades australianas % de la población respecto a la población total del estado

Población (miles) 1900

1971

2014

% crecim. (1971-2014)

1901

1971

2014

Sydney

481

2.808

4.500

 60

37

61

60

Melbourne

496

2.503

4.000

 60

40

71

68

Brisbane

113

868

2.000

130

24

47

42

66

703

1.700

141

33

68

66

Adelaida

162

843

1.200

 42

39

72

71

Canberra



146

351

140



99

91

Hobart

 34

151

212

 44

20

38

41

Darwin



 33

124

275



45

51

Perth

Fuente: Maher (1984) y Calendario Atlante Agostini. Para 2014, World Gazetteer. Elaboración propia.

2.4.3.2.  La red urbana en Australia y ciudades principales Es pues evidente la gran importancia que el fenómeno urbano tiene en Australia, con la particularidad de que presenta un alto grado de macrocefalia, más propio de países en desa­ rrollo que de socie­dades desarrolladas; aquí está en relación con el peculiar modelo de pobla­miento, impulsado por las intensas relaciones económicas con el exterior y determina­ do por un inte­rior continental inhóspito.

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Fuente: Azcárate, B.; Azcárate, M. V. y Sánchez, J. (2006): Atlas Histórico y Geográfico Universitario. UNED, Madrid; mapa IX.83, p. 393.

La red urbana se caracteriza por disponer de un pri­mer nivel básico, formado por un gran número de pequeños centros comer­ciales, junto a otro nivel superior de muy pocas grandes ciudades, capitales de Estado, dejando un nivel intermedio sin apenas ciudades de ta­maño medio. Las pequeñas ciudades son centros de servicios en áreas rura­les o mineras; a veces, son terminales de la red ferroviaria o de carreteras, como Alice Springs. Estas pequeñas ciudades son centros administrativos y comerciales que proveen de todo lo necesario a las granjas diseminadas que pueblan los alrededores. Son también frecuentes las villas mineras, como Broken Hill o Monte Isa. Los mejores ejemplos de estas pequeñas ciudades son las ciu­ dades del azúcar: Mackay, Bundaberg, Cairns o Townsville. Estas dos últimas surgieron como

Figura 4.11. Densidades de población y principales ciudades de Australia.

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puerto azucarero y se han convertido después en centros industriales y comerciales, que han ampliado su área de influen­cia por las tierras interiores gracias a las vías ferroviarias que pe­ netran en el interior agrícola y ganadero (Figura 4.11). Las ciudades medianas son escasas y muchas de ellas gravitan en la ór­bita de alguna de las grandes metrópolis, por ejemplo, Geelong (puerto agrí­cola y centro industrial), en el área de Melbourne; Wollongong, en el área metropolitana de Sydney. Mayor individualidad pre­ senta Newcastle, origi­nariamente ciudad del carbón, que se ha convertido en centro comer­ cial y gran núcleo de industrias de transformación. Pero el papel fundamental en la organización del territorio de Australia lo han ejercido y lo siguen ejerciendo las ciudades-puerto, capitales de Estado, a las que se encomendaron las funciones administrativas de colonias separadas. El crecimiento y el tamaño de cada una de ellas han dependido, en principio, de la extensión y de las posibilidades de su «hinterland» o área de influencia, que ha ido ampliándose gracias a la modernización de la red de transpor­ tes. Desde su origen, las ciudades se han comportado como rivales y competidoras, y apenas han desarrollado las relaciones mutuas, a lo que tampoco han ayudado las grandes distancias que las separan. Surgió así una organización básica del territorio australiano como yuxtapo­ sición de una serie de subsistemas espaciales, cada uno de los cuales gravita en torno a un nodo central identificado con la capital estatal. La continua tendencia a la concentración, reforzada con la localización de las actividades industriales y terciarias, y alimentada por las diversas oleadas de inmigrantes, ha consolidado el predominio absoluto del centro principal, sin que los intentos por descentralizar funciones e impulsar el crecimiento de ciudades medianas, desarrollados desde los años sesenta, ha­ yan tenido resultados significativos. Así, la diferencia en tamaño entre la primera y la segun­ da ciudad de algunos estados continúa siendo enorme: Sydney es 15 veces mayor que Blacktown, la segunda ciudad de Nueva Ga­les del Sur; Melbourne es 23 veces mayor que Geelong en Victoria, Perth, 9 veces mayor que Sterling en Australia Occidental, y Adelaida es 50 ve­ces mayor que Whyalla, en Australia Meridional. Sydney y Melbourne, asociadas a Brisbane y Adelaida, ejercen una clara primacía en el extenso sureste australiano. Fuera de esta región, el único centro urbano de importan­cia es Perth que domina todo el sector del su­roeste. En el interior no existe ningún centro urbano de importancia; sólo un gran número de pequeñas agrociudades situadas junto a las vías de cir­culación. En definitiva, las ciudades con mayor significación en la red urbana austra­liana son las siete capitales de estado y Canberra, la capital federal. Sólo Sydney y Melbourne aparecen como las dos grandes metrópolis de dimensión nacio­nal e internacional. Las demás capitales no irradian su influen­cia más allá de las fronteras de sus respectivos Estados.

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CONCLUSIÓN: PROBLEMAS Y RETOS ANTE EL FUTURO Pocos países del mundo se encuentran tan vulnerables y mal dotados como el archipié­ lago japonés. No deja de resultar paradójico que este país haya alcanzado un grado de desa­ rrollo tan espectacular partiendo de unos condicionamientos negativos tan acusados. Debido a su supremacía industrial, financiera y tecnológica, cuyo impacto se hace sentir en todo el planeta, Japón ocupa actualmente uno de los primeros puestos en la escena económica in­ ternacional, a pesar del relativo estancamiento de su economía en las últimas décadas. Su imperio industrial, o más exactamente, el dinamismo de sus especializaciones industriales (electrónica, informática, automóvil) no cesa de crecer y perfeccionarse. Sin embargo, son muchos los efectos negativos de esta acelerada expansión económica todavía sin resolver. La excesiva concentración de la población y de las actividades en deter­ minadas áreas del archipiélago ha creado fuertes desequilibrios regionales; es innegable que el gran crecimiento logrado por Japón sigue sin afectar por igual a todas las regiones y a to­ das las categorías sociales. Al mismo tiempo, el impresionante desarrollo económico desde la Segunda Guerra Mundial ha provocado un grave deterioro del medio ambiente, manifestado en la ocupación del 40% del litoral con instalaciones portuarias, complejos petrolíferos, side­ rúrgicos, químicos, centrales nucleares y la fuerte contaminación de las aguas marinas y de las aglomeraciones urbanas, lo que ha llegado a situar a Japón en el país más contaminado del mundo. Además, el imparable y espectacular crecimiento económico de sus vecinos asiáticos (China, India y los «dragones» del SE) y su creciente participación en la economía mundial suponen un importante reto para Japón, al que debe hacer frente para mantener su supre­ macía no solo en la región sino también en la esfera internacional. Australia, por su parte, ha mantenido hasta hace poco el esquema de intercambios pro­ pio de la época colonial. Aún siendo un país desarrollado, el crecimiento de su economía se halla fuertemente ligado a las inversiones extran­jeras y supeditado a la presión de las firmas transnacionales, más cuando la pequeñez del mercado interior agrava la dependencia res­ pecto a los mercados exteriores. La evolución de la economía mundial en las últimas décadas indica que Australia debe afrontar el futuro potenciando las relaciones con los países asiáti­ cos. El final del libre acceso al mercado del Reino Unido, las restriccio­nes de la Unión Europea en cuanto a importaciones de productos agropecuarios y el proteccionismo de Estados Unidos obligan a Australia a intensificar los intercambios con los países potencialmente fuer­ tes del sureste asiático y Asia oriental. Australia podría convertirse en uno de los mayores exportadores de productos agrícolas; a la vez que constituye una in­mensa reserva de minerales. Pero los tiempos actuales no son propicios para los expor­tadores de materias primas. Tampoco el clima económico internacio­

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nal de las últimas dos décadas ha sido especialmente favorable para el sector industrial del sureste australiano. Con la finalidad de superar estas dificultades se están concentrando to­ dos los esfuer­zos en un número limitado de ramas que puedan benefi­ciarse de las ventajas naturales comparativas: industrias agroalimentarias, las deriva­das del aluminio, aceros espe­ ciales, microelectróni­ca, biotecnología, bienes de equipo de minas y agricultura e ingeniería genética. Igual­mente se piensa en el desarrollo del terciario, sobre todo del turismo, que tie­ ne grandes posibilidades. El concepto de Estado de Bienestar (Welfare State) empieza a ser cuestionado y surgen problemas de identidad, originados por la doble pertenencia, europea y asiática. Lo más difícil para los australianos de origen europeo es considerarse gente de Asia. Pero es muy probable que, para desprenderse de su tradicional status semicolonial y lograr una renovada prosperi­ dad, tengan que asumir esta realidad, terminando por integrarse en un futuro, más bien próximo que remoto, en el conjunto de economías del Este asiático, con todas las consecuen­ cias que ello conlleva. La intensificación de las relaciones con Japón, las nuevas relaciones económicas y comerciales con el emergente gigante chino y la participación activa en el pro­ ceso de integración y desarrollo de los países del Pacífico Sur (Foro de las Islas del Pacífico, con un nuevo «Plan del Pacífico») son signos evidentes de esta nueva etapa en la vida de Australia.

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CAPÍTULO

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Asia Meridional y Oriental. Un gran espacio en desarrollo y con países emergentes Introducción. 1. Unidades de relieve y dominios climáticos. 2. Tradición y modernidad en un espacio rural en plena transformación. 3. Vacíos   demográficos, grandes concentraciones humanas y explosión del crecimiento urbano. 4. La riqueza de petróleo en Oriente Medio y los grandes productores. 5. Procesos industriales y países emergentes en el Subcontinente Indio y el Sureste Asiático. 6. China, la gran potencia emergente, en plena transformación. Conclusión: Asia Meridional y Oriental, un espacio en desarrollo con fuertes desigualdades sociales y territoriales.

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INTRODUCCIÓN Con la denominación de Asia Meridional y Oriental nos referimos al extenso territorio que cubre la mitad del continente asiático, al sur del espacio ex soviético, desde la ribera del Mediterráneo hasta la costa del Pacífico. Es un espacio geográfico de extrema complejidad física y humana, no sólo por su enorme extensión superficial (unos 25 millones de km2) y el enorme volumen de población (3.600 millones de personas, más de la mitad de la población mundial), sino también por los grandes contrastes demográficos, culturales y económicos que encierra. La necesidad de tratarlo en un único capítulo, debido a las exigencias del currículum, no va a impedir que en muchos de los aspectos estudiados el análisis se haga teniendo en cuenta los tres conjuntos geográficos bien diferenciados que lo conforman: Próximo y Medio Oriente (o Asia Suroccidental), Subcontinete Indio y Sureste Asiático (o Asia Meridional) y el espacio chino, cuyos aspectos fundamentales aparecen cartografiados en los mapas IX.28-IX.47 del Atlas Histórico y Geográfico Universitario de la UNED. El Próximo y Medio Oriente es un extenso y complejo conjunto geográfico que constituye un espacio de paso, encrucijada entre Europa, Asia y África, en el que la aridez es un importante factor que condiciona los modos de vida y la ordenación del territorio. La religión islámica y la lengua árabe son los elementos culturales que le confieren cierta unidad. Pero la abundancia de recursos energéticos en muchos de los países lo convierten en uno de los espacios políticos más sensibles del planeta. El Subcontinente Indio y el Sureste Asiático constituyen un gran espacio socioeconómico en el que se pueden diferenciar dos subconjuntos geográficos con características diferentes. Todo este espacio es un mundo hinduizado, cuyos rasgos perduran en la base de sus viejas civilizaciones, a pesar de la complejidad étnica y de la influencia posterior de otras religiones. Tanto en el Subcontinente Indio como en el Sureste Asiático reina la civilización común del

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arroz, expresión de un mundo rural dominado por el clima tropical monzónico. Además, la presencia de los colonialismos occidentales, con un periodo postcolonial lleno de conflictos y tensiones, han dejado en esta parte de Asia una huella imborrable que todavía perdura en los 14 Estados actuales. Las condiciones climáticas especiales han hecho del Subcontinente Indio y del Sureste Asiático un área privilegiada por su habitabilidad, en comparación con otros espacios tropicales, y han permitido la acumulación de altas densidades demográficas gracias a los sistemas de organización social, política y técnica a lo largo de dos milenios de historia. Paradójicamente, la región que ha logrado la más extensa unidad de civilización, la védica, es a la vez la de mayor complejidad étnica, lingüística y religiosa de la Tierra. Las fuerzas económicas del mundo actual, con las nuevas formas de producción capitalista, inciden de manera especial en el Sureste Asiático por tener una mayor tradición de apertura económica y cultural. El tercero de los conjuntos estudiados en este tema es China, un inmenso espacio esencialmente montañoso, con una enorme diversidad de medios naturales, donde viven actualmente muy cerca de 1.400 millones de personas (la quinta parte de la población mundial), que lo convierten en el primer país del mundo según el número de habitantes. Aunque todavía cuenta con un alto porcentaje de población agraria y rural y su renta per cápita sigue siendo baja (cinco veces inferior a la de España), el espectacular crecimiento de los últimos años ha convertido a China en la segunda potencia económica del planeta, por delante de Japón y Alemania y sólo superada por Estados Unidos. Pero este hecho no se ha visto acompañado de un aumento homogéneo del nivel de desarrollo y persisten fuertes desequilibrios tanto sociales como regionales.

1. UNIDADES DE RELIEVE Y DOMINIOS CLIMÁTICOS 1.1.  Un complejo relieve de montañas, fragmentos de zócalo y llanuras En líneas generales, el relieve de Asia Meridional y Oriental se resuelve en tres grandes dominios morfológicos claramente diferenciados: las grandes cordilleras montañosas surgidas en la orogenia alpina, a lo largo del Terciario; los fragmentos de zócalo, recubiertos de grandes mesetas y plataformas, donde la horizontalidad es el rasgo predominante, y las grandes llanuras aluviales y cuencas sedimentarias.

1.1.1.  Las montañas alpinas Con una estructura joven, fragmentada y muy inestable, las grandes cordilleras montañosas de esta gran región, forman parte del sistema alpino-himalayo, que con una dirección predominante W-E, se extiende desde Gibraltar en el oeste, hasta el Himalaya e Insulindia.

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La primera de estas cordilleras son los montes Taurus, al sur de la península de Anatolia, que forman parte del sistema montañoso alpino de los Dinárides. Se trata de un imponente conjunto de bloques y pliegues calcáreos que dibujan dos arcos tangentes: el Taurus occidental y el Taurus oriental. Al norte de la península de Anatolia, bordeando el mar Negro, se levantan los montes Pónticos. Son unos macizos que presentan una dirección predominante oeste-este, a menudo interrumpida por fallas transversales de dirección norte-sur, acentuadas por la erosión fluvial, que en su sector oriental están formados por materiales cristalinos, con alturas que llegan a los 3.000 m y modelados por la erosión glaciar. Hacia el este, en la parte oriental de Anatolia, las estribaciones de los montes Pónticos y de los Taurus se unen dando lugar al nudo de Armenia, región de relieve complejo y de elevada sismicidad y vulcanismo. En esta complicada región, convergen también las montañas que encierran la altiplanicie iraní: los Zagros y los montes Elburz. Se trata de un imponente conjunto de montañas y mesetas basálticas, cuya altura más importante corresponde al pico de Ararat (5.165 m), de origen volcánico. Esta compleja región de montañas y altiplanos, surcada por profundos valles fluviales, a menudo encierran también depresiones ocupadas por lagos salados, como el lago Van, de 3.400 km2, el mayor de Turquía. En estas altas tierras de Armenia, de abundantes precipitaciones, nacen los ríos Tigris y Éufrates. Hacia el sur, las elevadas montañas del Kurdistán se abren ya paso hacia las llanuras mesopotámicas, mientras que hacia el norte, la cordillera del Cáucaso se extiende en el istmo entre el mar Negro y el mar Caspio, a lo largo de más de 1.300 km. La meseta de Irán es una región eminentemente árida, con una altura entre los 800 y 1.500 m, formada por pequeños desiertos pedregosos y arenosos (dasht) y elevadas cubetas sedimentarias ocupadas a menudo en su parte central por lagos que, al desaparecer a causa de la rápida evaporación del agua procedente de las escasas lluvias, dejan extensas capas salinas (kavir). Está flanqueada por dos arcos montañosos alpinos —Zagros y Elburz— que, hacia el este, se aproximan hasta coincidir en la meseta de Pamir. Al norte, la gran cordillera de Elburz, cuya cima más elevada es el Demavend (5.604 m), en el nordeste de Teherán, se prolonga hacia el este en las montañas cristalinas del Khorasan, que marcan ya la frontera con el Turquestán ruso. Los Zagros, con una longitud de 1.800 km, bordean el sur de la meseta iraní, y la separa de las costas del golfo Pérsico y del golfo de Omán. La estructura geológica de esta región asiática ha favorecido la existencia en los piedemontes de los Zagros de una de las mayores riquezas petrolíferas del planeta. Según avanzamos hacia el este se encuentra el Himalaya, resultado de un largo proceso de formación en el que la placa de la India se desplazaba hacia el norte, chocaba contra la placa tibetana (euroasiática) y en un fenómeno de subducción se deslizaba bajo ella. El Himalaya forma una gran barrera entre la India y la gran mole del Tíbet, en China, difícil de flanquear; por ello constituye una frontera humana y climática con algunos pasos al oeste, como Afganistán y Cachemira.

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Con una longitud de casi 2.800 km y una anchura entre 200 y 350 km, unas cuarenta cimas superan los 7.500 m y catorce pasan de 8.000 m; entre ellas figura el Everest, el techo del mundo, con 8.846 m. Su estructura es de gran complejidad: abundan los mantos de corrimiento que en general convergen hacia el sur; los puntos culminantes coinciden con fragmentos de granito, esquistos y gneis. Desde el punto de vista geoestructural y fisiográfico se pueden diferenciar, de norte a sur, cuatro unidades, separadas por estrechos y largos valles longitudinales y, a veces, cortadas por profundas gargantas: el Transhimalaya, el Gran Himalaya, el Himalaya medio y el Prehimalaya. En el Sureste Asiático las montañas plegadas son una continuidad de las cadenas del Himalaya y constituyen una orla periférica de orogénesis muy reciente. Este reborde montañoso de la extensa zona de zócalo se compone de dos arcos, uno externo que no es volcánico, al borde de las fosas meridionales, y otro interno más reciente y volcánico. Situadas junto a las fosas del Índico y del Pacífico, estas guirnaldas forman el borde mal consolidado del continente asiático.

1.1.2.  Los fragmentos de zócalo El segundo elemento morfoestructural de Asia Meridional y Oriental son los fragmentos de zócalo, de origen precámbrico. Formados por rocas metamórficas antiguas (granitos, gneis, cuarcitas, etc.), las viejas penillanuras constituyen los elementos rígidos y relativamente estables (desde hace unos 600 millones de años) de la estructura geológica de esta gran región. Con frecuencia los fragmentos de zócalos se hallan recubiertos con capas sedimentarias de arenisca recientes o mantos de rocas volcánicas (basaltos). Bajo los empujes de la orogénesis reciente, los zócalos rígidos han sufrido una gran fracturación, produciéndose hundimientos (fosas tectónicas) de unos bloques y levantamientos (horst) de otros, creando macizos de vertientes escarpadas. Las fases de climas semiáridos han desarrollado extensos glacis de erosión. Siguiendo de nuevo una orientación W-E, la meseta de Anatolia presenta un relieve escalonado que va ganando altura desde la costa del mar Egeo hasta la región de Frigia, donde alcanza los 2.500 m. El zócalo se extiende también por toda la península arábiga y se caracteriza por un relieve básicamente de plataforma, basculada hacia el noreste. Esta plataforma arábiga está formada por el zócalo precámbrico que aflora en su sector occidental, mientras que hacia el este, queda recubierto por una cobertera sedimentaria de areniscas impermeables y rocas calizas, fruto de las sucesivas transgresiones marinas acaecidas durante el Mesozoico. El interior de la península prácticamente está formado por una gran meseta que desciende escalonadamente desde el mar Rojo hacia el este. En esta región se extienden los dos grandes desiertos de Arabia: el Gran Nefud, al norte, y el Rub al Khali, al sur, considerado como el desierto más árido del mundo.

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En el área de la India aparecen dos fragmentos del viejo continente de Gondwana: el Decán y Ceilán, que fueron separados en el Mioceno. El zócalo del Decán muestra un perfil muy irregular, con una meseta entre los 500 y 1.000 m, muy dislocada y bordeada por llanuras litorales. Las transgresiones marinas formaron desde el Jurásico unas capas de rocas sedimentarias, como las areniscas y calizas pliocénicas, y las efusiones volcánicas de la era terciaria formaron una profunda capa de rocas basálticas o traps (2.000 m de espesor en la región de Bombay), tan extensa como la Península Ibérica, que ha dado origen a los excelentes suelos regur. La meseta se halla basculada hacia el este, por lo que los principales ríos vierten al golfo de Bengala. En gran parte constituye una penillanura con varios niveles de erosión, con amplios glacis y montes islas. La gran fracturación ha dado lugar al levantamiento de algunos horst, como los montes Vindhya, al noreste, los Ghates (escaleras) Occidentales, Ghates Orientales y los Nilguiri al sur, con más de 2.500 m, de altitud. Los mismos rasgos geológicos y morfológicos caracterizan al fragmento de zócalo que forma la mayor parte de la isla de Ceilán, donde la meseta de granito y gneis se eleva hasta 2.500 m en el sur de la isla. En Indochina el zócalo es el principal elemento morfoestructural; aflora en la meseta Sham (Birmania oriental) y en la cordillera Annamítica, verdadero eje del relieve indochino, donde destacan los macizos de Laos-Tonkín. Los duros materiales cristalinos dan al conjunto de la cordillera un aspecto compacto, con acusada disimetría entre las vertientes: mientras que al oeste se desciende en mesetas escalonadas, por el este la caída hacia el mar es abrupta. Al sur de Indochina, el zócalo se hunde a unos 55 m bajo el nivel del mar, formando la más extensa plataforma continental con casi dos millones de km2, la plataforma de la Sonda, cuya periferia emerge por encima de las aguas. Así, el zócalo aparece en la península de Malaca, en la parte occidental de Borneo, recubierto por una capa de areniscas pliocénicas; en Sumatra constituye el esqueleto de los montes Barisán, cuya depresión central se interpreta como un rift valley; y en Java, donde el zócalo apenas aflora, ya que está oculto bajo capas sedimentarias recientes y aparatos volcánicos, cuya alineación es la prolongación de la existente en Sumatra. Los batolitos de granito, además de constituir las principales montañas, son muy ricos en casiterita (estaño), en tungsteno y otros recursos metálicos. En China, destaca la región del Xinjiang o Turquestán chino, formada por grandes bloques del zócalo primitivo que, al producirse el levantamiento del conjunto tibetano en la orogenia alpina, y debido a su escasa plasticidad, se fragmentó en diversos bloques a diferentes alturas. Así, la alineación montañosa de los Tien Shan, en su sector central, separa dos grandes depresiones de suelo pedregoso: la depresión de Tarim, al sur, sobre la que se extiende el desierto de Takla-Makan, y la depresión de Dzungaria, al norte, flanqueada esta última en su sector septentrional por los montes Altai, que la separan de Mongolia y el territorio de la antigua Unión Soviética. Estas depresiones se continúan hacia el este por los desiertos de

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Gobi y Ordós, hasta enlazar con el macizo manchú de los Gran Khingan. En la Dzungaria se halla la famosa Puerta Dzúngara, estrecho desfiladero que ha sido una ruta histórica de caravanas que así salvaban las enormes alineaciones montañosas del Asia Central.

Fuente: Azcárate, B.; Azcárate, M. V. y Sánchez, J. (2006): Atlas Histórico y Geográfico Universitario. UNED, Madrid; mapa IX.28, p. 336.

Separada de la depresión de Dzungaria por los montes Altai, la meseta de Mongolia Interior, con una altura media de 2.000 m, es una penillanura levantada en la orogenia alpina; la erosión fluvial, y sobre todo eólica debido a la escasa vegetación, han modelado su morfología actual, caracterizada por una enorme monotonía. La meseta está articulada en dos niveles, uno de mayor altitud, y otro más bajo que corresponde al desierto de Gobi.

Figura 5.1. Grandes unidades morfoestructurales del relieve de China.

Entre los montes Qin Ling y las tierras altas de Mongolia, se extienden las mesetas de loess; ocupan una superficie de unos 300.000 km2 y tienen una altitud media entre 1.000 y 1.500 m. Una intensa erosión fluvial y eólica ha modelado profundamente el paisaje, dando

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lugar a una accidentada topografía: mesetas, cuencas, abruptas pendientes, etc., dificultan las comunicaciones y hacen de esta región una de las más significativas y características de toda China (Figura 5.1), actuando como una fortaleza natural contra las invasiones procedentes del norte, desde que los han ocupasen la región en la Edad del Bronce. Las mesetas de Yunnan y Guizhou, en el sector meridional de la China oriental, forman una región natural fuertemente individualizada. Estas mesetas están formadas por rocas cristalinas, fundamentalmente paleozoicas, y recubiertas de rocas calcáreas mesozoicas. Más tarde, movimientos verticales dislocaron la superficie y fragmentaron el bloque en dovelas a diferentes alturas. El centro de la meseta de Yunnan presenta una altiplanicie de unos 2.000 m de altitud media, con profundos valles encajados en gargantas, que descienden hacia la meseta de Guizhou, de menor altitud. El espesor de la roca calcárea alcanza a veces los 1.500 m y tiene una intensa circulación subterránea, lo que ha dado lugar a un paisaje kárstico que confiere a esta región una enorme singularidad. Es célebre el karst de pitones que ha for­ mado el «bosque de piedra» de Lu’nan, en Yunnan, centro de turismo internacional, al igual que Guilin en Guizhou. Al este de las mesetas de Yunnan y Guizhou se extiende una inmensa región de colinas, cuya superficie alcanza los 750.000 km2 que la convierte en la región de colinas más extensa del mundo. Con una altitud media de 600 m, estas tierras forman parte del zócalo precámbrico y paleozoico, convertido en penillanura y recubierto de materiales. Movimientos orogénicos posteriores levantaron y fallaron el conjunto, que ha sufrido una intensa erosión fluvial. Todo ello ha dado lugar a una compleja morfología, donde montañas bajas y colinas se disponen de una manera caótica y desordenada, dificultando las comunicaciones y propiciando el aislamiento de sus habitantes. Estas alineaciones montañosas generalmente llegan hasta el mar, por lo que las costas de esta región son muy recortadas, con profusión de islas e islotes y numerosos puertos naturales.

1.1.3.  Las grandes llanuras aluviales y cuencas sedimentarias El tercer tipo de unidad morfoestructural lo constituyen las llanuras, unas formadas en áreas de subsidencia y otras originadas por la acumulación actual en las costas (llanuras litorales y deltas). Todas ellas tienen una importancia excepcional por su significación en la geografía humana. En ellas vive la mayor parte de la población de Asia Meridional y Oriental; son las grandes áreas de actividad y en ellas se localizan las grandes ciudades. La gran cuenca sedimentaria mesopotámica está formada por los ríos Tigris y Éufrates, que discurren suavemente desde las montañas de Armenia hacia el golfo Pérsico. A unos 180 km de la desembocadura, ambos ríos se unen dando lugar al Shatt al-Arab, que sale al mar formando un amplio delta. Esta inmensa llanura aluvial, que forma parte del llamada Creciente

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Fértil, es una región de escasa altitud que, a medida que se acerca a la zona costera, experimenta periódicas inundaciones que dan lugar a terrenos lacustres y pantanosos en los espacios más bajos. La escasa altitud de toda la región queda patente al constatar que, por ejemplo, la ciudad de Bagdad, situada a casi 500 km de la costa, se encuentra tan sólo a 40 m sobre el nivel del mar. La fertilidad de Mesopotamia propició la milenaria ocupación de estos territorios relacionada con el temprano desarrollo de la agricultura, con los asentamientos humanos permanentes y las ciudades donde surgieron las primeras civilizaciones. En el Subcontinente Indio y en el Sureste Asiático, las cuencas y llanuras más importantes son, respectivamente, la llanura indogangética con los deltas del Ganges y el Brahmaputra, la estrecha llanura litoral de la costa de Malabar, recorrida por cortos ríos debido a la proximidad de los Ghates occidentales, y la amplia llanura litoral y los deltas de la costa de Coromandel, formados por la acumulación de sedimentos arrastrados por los ríos Mahanadi, Godavari, Krisna y Cauvery, cuyas extensas cuencas se deben al basculamiento general de la meseta del Decán hacia el este. En la península de Indochina las llanuras periféricas, separadas por las mesetas y cadenas montañosas interiores, han facilitado la formación de unidades políticas diferentes, a la vez que han dificultado una organización del espacio más unitaria. El mejor ejemplo de llanura en zona de subsidencia es la indogangética. La llanura indogangética es el corazón del mundo indio, donde se gestó la civilización hindú. Corresponde a la zona de hundimiento (subducción) de la placa índica bajo la placa tibetana (euroasiática). Es la mayor fosa tectónica del mundo, rellenada por varios miles de metros de sedimentos de origen himalayo, entre los que los aluviones actuales no suponen más que una delgada capa superficial. La horizontalidad es casi absoluta, pues a 1.500 km de su desembocadura el Ganges discurre a menos de 30 m sobre el nivel de mar. El interfluvio más alto es el que separa la cuenca del Ganges y la del Indo, con solo 270 m. El Indo al oeste, con una cabecera de 5 ríos (Punjab), se aleja de la montaña y se va empobreciendo conforme atraviesa la región árida de Pakistán. El Ganges corre hacia el este, paralelo a la montaña, y recibe numerosos afluentes que aumentan su caudal; en la depresión de Bengala se une al Brahmaputra, formando una inmensa marisma fertilísima de 14.000 km2, uno de los más extensos deltas del mundo con 400 km de costa. La fundición de la nieve del Himalaya y las lluvias de verano producen en el Ganges y en el Indo crecidas devastadoras que, a la vez, se convierten en el principal factor de organización de un mundo rural dominado por el arrozal inundado. Los deltas constituyen grandes acumulaciones de sedimentos en antiguos golfos poco profundos, que se han formado debido a la proximidad de relieves importantes y la potencia erosiva de los climas tropicales. Como en la costa oriental del Subcontinente Indio, en la península de Indochina todos los ríos han formado su propio delta. El más representativo es el de Tonkín (16.000 km2), que forma la Región del Delta del río Rojo (Vietnam).

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En China, la cuenca del Hoang Ho, el río Amarillo, es la región tradicional de la China septentrional, conocida también como la China Amarilla. Hacia el este, a consecuencia de la enorme cantidad de aluviones transportados desde las mesetas de loess, el Hoang Ho ha formado en su curso bajo una inmensa llanura conocida con el nombre de Gran Llanura del Norte, la mayor llanura de China con una extensión de 350.000 km2; está formada por aluviones cuaternarios de una gran fertilidad. Hoy en día es la gran región triguera del país, con una enorme densidad demográfica. El trabajo multisecular de los hombres con la construcción de diques, presas, canales de desviación, etc. para regular su curso y el de sus afluentes, ha conseguido fijar sus cauces y paliar la amenaza de graves inundaciones. El sector central de la China oriental pertenece a la cuenca media e inferior del Yangtsé Kiang. Entre las llanuras y mesetas del norte, y las colinas del sur, el Yangtsé Kiang o río Azul recorre China central de oeste a este. Es el río más largo de China (5.000 km) y en su cuenca viven más de 600 millones de habitantes. Nace en las altas tierras del Tíbet, y a través de los Alpes de Sichuan llega a la Cuenca Roja, la más occidental de las principales regiones agrarias de China donde viven más de 150 millones de personas. La cuenca media está salpicada de numerosos lagos, que revisten una enorme importancia como reguladores de su caudal. En su desembocadura, el Yangtsé crea un amplísimo delta formado por la colmatación de un amplio golfo en el que terminaba la cuenca del río. Situada prácticamente al nivel del mar y sometida a las fluctuaciones del Yangtsé, esta región tiene un carácter anfibio. Desde hace milenios, ha sido profundamente modificada por el hombre con obras de canalización y drenaje; en la actualidad, es una región ricícola por excelencia y soporta una de las mayores densidades demográficas de China.

1.2.  El predominio de los climas áridos y monzónicos La región de Asia Meridional y Oriental, situada entre los 10º de latitud S, en el extremo meridional de Indonesia, y los 50º de latitud N, en el sector septentrional de Manchuria, y atravesada por la línea del Ecuador y el Trópico de Cáncer, se encuentra a caballo entre las zonas cálidas y templadas del planeta. La situación de una gran parte de este territorio bajo el dominio de las altas presiones subtropicales explica la enorme extensión que adquieren los climas de desiertos cálidos que desde el Sáhara se prolongan por la península arábiga y el golfo Pérsico hasta el Sind, en el Pakistán meridional. Asimismo, todo el territorio del Subcontinente Indio y el Sureste Asiático se halla sometido a la circulación de los monzones, cuyo mecanismo regulador no es más que una anomalía de la circulación atmosférica; esta anomalía permite que la mayor parte de la población del Sureste asiático habite en las mismas latitudes de los desiertos de Arabia y del Sahara. El valle

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del Indo marca la separación entre los desiertos afroasiáticos vacíos y el Asia de las lluvias con fuertes densidades humanas.

1.2.1.  El dominio desértico Se extiende por la mayor parte del Próximo y Medio Oriente asiático: ésta es el área por excelencia de los climas de los desiertos zonales cálidos, vinculados a la estabilidad de las altas presiones subtropicales. Afecta a una amplia franja que se extiende desde la península arábiga hasta el valle del Indo y se caracteriza por unas fuertes oscilaciones térmicas diarias, una acusada sequía (fundamentalmente durante los meses de verano) y unas temperaturas muy elevadas, tanto absolutas como medias. Estas amplias regiones desérticas, donde las temperaturas sobrepasan los 40 ºC y el aire es muy seco, no presentan condiciones favorables para la vida vegetal, por lo que se caracterizan tanto por la discontinuidad y escasa densidad de su cobertera vegetal, como por su total ausencia en otros casos. El desierto de Rub al Khali, en Arabia Saudí, con una extensión de 647.500 km2 es considerado como la temida «tierra vacía», la región de las «grandes arenas» donde las condiciones bioclimáticas llegan a ser insoportables. En estas regiones desérticas, tan sólo los oasis proporcionan agua suficiente para mantener a pequeñas comunidades agrícolas. Asimismo, la escasez de lluvias, la fuerte evaporación y unos suelos arenosos muy permeables imposibilitan la existencia de unos cursos de agua regulares. Las aguas discurren por cauces esporádicos, en función de la breve estación lluviosa, y sin salida al mar; estos cauces, llamados wadis, salvo en los breves periodos de lluvia, el resto del año permanecen completamente secos. El semidesierto de Rajastán (Ahmedabad) y el desierto de Thar (Carachi) con menos de 250 mm, constituyen la extremidad oriental de los desiertos subtropicales afroasiáticos. En los altiplanos del interior, estas características se degradan dando paso a un clima desértico de invierno frío. Es la extrema aridez la que permite incluir a estas elevadas mesetas en los climas desérticos, ya que por sus temperaturas estacionales tan contrastadas se acercan más a los climas continentales. Este clima desértico de degradación continental se extiende sobre el Xinjiang y la Mongolia Interior, en el norte y noroeste de China. Los inviernos son largos y muy rigurosos y los veranos extremadamente cálidos, debido a la fuerte continentalidad que padece la región. Aquí se localiza la depresión de Turfán, cuyo clima es el más extremado de China, soportando una amplitud térmica de 49 ºC y unas precipitaciones muy escasas, que oscilan entre 50 y 100 mm de media anual, y muy irregulares.

1.2.2.  El imperio del monzón y la irregular distribución de las lluvias Al norte de las latitudes ecuatoriales y hasta las latitudes templadas, todo el territorio del Subcontinente Indio, el Sureste asiático continental hasta la cuenca del Yangtsé-Kiang y el

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Sureste asiático insular, se hallan sometidos a la circulación de los monzones, cuyo mecanismo regulador, como ya hemos indicado, no es más que una anomalía de la circulación atmosférica. Esta anomalía tiene relación con la presencia de la enorme barrera del Himalaya que interfiere en el desplazamiento latitudinal de la corriente del Jet; y la originalidad se debe a los vientos del suroeste al noreste, que llegan cargados de humedad; el monzón (en árabe «mausim» significa estación) se refiere a este viento que trae las lluvias estivales.

Figura 5.2. El monzón de invierno y de verano. Posición de la CIT.

En invierno, con el desplazamiento hacia el sur de todo el sistema de circulación atmosférica, el Jet Stream se fragmenta en dos ramas; una de ellas pasa al sur del Himalaya y en el norte de la India se forma un cinturón de altas presiones que envía vientos hacia el Ecuador e impide las precipitaciones en la mayor parte del Subcontinente Indio. La península de Indochina queda bajo los efectos del anticiclón térmico del centro de Asia, recibiendo los vientos fríos y secos que éste emite. Las temperaturas son más frescas al norte que al sur y oscilan entre 15-20 ºC por el día y 10-15 ºC por la noche. En marzo los días se alargan, pero ambos anticiclones se mantienen, provocando un calor asfixiante (hasta 40-45 ºC) y sin lluvias (Figura 5.2). En mayo todo se va preparando para el cambio que se produce en junio con el recalentamiento de la meseta del Tíbet. La rama meridional del Jet Stream pasa al norte del Himalaya, invirtiendo el campo de presiones de la troposfera media. Con la instalación de las bajas presiones en el norte de la India, desde Punjab a Bengala, se produce una fuerte advección

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de aire que obliga a la Zona de Convergencia Intertropical (CIT) y a la masa de aire húmedo ecuatorial a ascender bruscamente hasta latitudes muy superiores a las normales, obligando igualmente a los alisios del sur a girar bruscamente en una trayectoria hacia la CIT, convirtiéndose así en vientos del suroeste hacia el noreste. Esta «explosión» del monzón, que «caprichosamente» puede adelantarse a primeros de junio o retrasarse hasta julio, suele causar grandes catástrofes con las fuertes inundaciones o la prolongada sequía y la destrucción de las cosechas; es el momento culminante del ciclo meteorológico anual; de él depende la mayor parte de la vida agrícola del Asia monzónica. En la India el monzón llega desde el oeste hacia el interior del Decán, atravesando los Ghates Occidentales, y en la península de Indochina desde el S-SO hacia el interior, descargando a barlovento de las cadenas montañosas grandes cantidades de precipitaciones (lluvias orográficas). En la vertiente oriental de los Ghates Occidentales y a sotavento de las cadenas del Sureste Asiático se produce el efecto föehn, con descenso importante de precipitaciones. Después de atravesar el Decán, dejando fuertes precipitaciones en las montañas del noreste, los vientos confluyen en el golfo de Bengala, provocando enormes precipitaciones en la región de Bengala-Assam donde, por efecto del relieve, alcanzan un volumen superior a 10.000 mm (14.000 mm en Cherrapungi, polo lluvioso de la Tierra). Ante el obstáculo de las cadenas montañosas, los vientos giran hacia el oeste y recorren el valle del Ganges, dando lugar a grandes precipitaciones, sobre todo en las laderas medias de los Siwalik, que van disminuyendo gradualmente conforme avanzan hacia el noroeste. La vuelta a la situación de invierno se produce lentamente a partir de octubre. La rama meridional del Jet Stream desciende al sur del Himalaya y los anticiclones se restablecen tanto en el noroeste de la India como en el centro y sur de China. Pero en el golfo de Bengala y en el mar de China meridional siguen actuando depresiones móviles, a veces tan fuertes como ciclones, que producen las lluvias de otoño-invierno de la costa oriental del Decán y de Vietnam (Figura 5.2). Así, pues, nos encontramos en la mayor parte del subcontinente indostánico y del Asia del sureste con un clima tropical de dos estaciones: una seca en invierno que debe su origen a la célula de altas presiones situadas en el noroeste y relacionada con el descenso de una rama del Jet Stream al sur del Himalaya, y otra lluviosa de verano, provocada por el ascenso del Jet al norte del Himalaya, la instalación de bajas presiones en el valle del Ganges y la llegada de vientos cálidos cargados de humedad. La concentración de las lluvias es muy acusada, siendo norma general que una cuarta parte de los días de precipitación generen la mitad de las lluvias anuales. La China central y meridional goza de un clima tropical y subtropical. Cabría hacer una distinción entre el clima propiamente «chino», que se extiende sobre la cuenca del Yangtsé, y el clima tropical, de rasgos netamente monzónicos, en el sureste. El clima «chino» comprende las tierras de la cuenca media y baja del Yangtsé, desde Sichuan hasta su desembocadura. Supone

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un dominio climático intermedio entre el tropical monzónico del Sur y el templado continental del norte. Este clima «chino» subtropical, o de las costas orientales de los continentes, se caracteriza por un invierno relativamente suave y unos veranos muy calurosos, con medias de 30 ºC. Las precipitaciones caen fundamentalmente en la época estival y son de carácter monzónico.

1.2.3.  Otros dominios climáticos

Figura 5.3. Distribución de las precipitaciones en China.

Si bien el predominio de los climas desértico y monzónico es evidente en este gran espacio geográfico, existen otros tres tipos de clima que también son significativos. Uno es el clima mediterráneo que domina la costa de Turquía, Siria, Líbano e Israel donde se registra un verano muy caluroso y seco debido a la influencia de las altas presiones subtropicales que en esta estación se encuentran desplazadas hacia el norte. El invierno es suave y lluvioso a causa de la penetración de los vientos del Oeste.

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El segundo es el clima ecuatorial que afecta sólo a la franja situada a uno y otro lado del ecuador: península de Malaca, islas de Sumatra, Java, Borneo y Célebes. Registran temperaturas medias por encima de los 24 ºC y la oscilación térmica es inferior a 3 ºC (Singapur: 26 ºC y 1,8 ºC, respectivamente); las precipitaciones son abundantes (más de 1.000 mm) y están repartidas durante todo el año, con diferencias locales acusadas que están relacionadas con la presencia de relieves y con la posición a barlovento o sotavento. Finalmente, el clima de alta montaña que domina en las principales cadenas montañosas de la región (Taurus, Pontos, Zagros, Elburz, Himalaya, meseta del Tíbet-Qinghai, etc.). Además de propiciar temperaturas medias más bajas, provoca mayor volumen de precipitaciones (en gran parte de nieve) que, de acuerdo con la trayectoria de los vientos monzónicos, en China van disminuyendo desde el sector oriental hacia el occidental (Figura 5.3); el relieve, además de generar el escalonamiento térmico, provoca fuertes contrastes en el volumen de precipitaciones entre la vertiente de barlovento (más lluviosa) y la de sotavento (menos lluviosa); los climas templados fríos se localizan entre los 2.500 y 5.000 m de altitud y las nieves perpetuas a partir de los 5.000 m.

2.  TRADICIÓN Y MODERNIDAD EN UN ESPACIO RURAL EN PLENA TRANSFORMACIÓN Hasta hace pocos años, sociedades y economías de Asia Meridional y Oriental eran casi exclusivamente rurales: en los años cincuenta más del 80% de la población vivía del sector agrario, y en la actualidad, todavía emplea a una gran parte de la población activa en la mayoría de los países. En las últimas tres décadas el desarrollo económico ha sido notable en algunas regiones, sin embargo, la trascendencia social del sector agrario sigue siendo mucho mayor que su peso económico. Son varios los rasgos comunes que caracterizan al sector agrario de esta amplia región del globo. Se trata de un sector muy poco productivo y con unas estructuras agrarias desequilibradas. El subsector predominante es la agricultura, ya que ni la ganadería ni la pesca han tenido ni tienen un peso significativo. En muchos países la agricultura tradicional convive con una agricultura moderna de plantación, enfocada al mercado exterior. Asimismo, casi todos los países promulgaron leyes de reforma agraria, que conocieron un grado muy diverso de aplicación. A pesar de estos rasgos comunes, que se pueden aplicar a todo el conjunto, la enorme diversidad del medio natural y la influencia de un pasado histórico particular, implican grandes diferencias regionales, que aconsejan dividir este espacio en tres subconjuntos regionales, netamente diferenciados. Si en Asia Suroccidental la aridez y la pervivencia de un modo de vida tradicional fuertemente islamizado son factores distintivos en la situación del espacio

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rural, en Asia Suroriental el monzón y la herencia de un largo pasado colonial, al igual que en China, su enorme diversidad natural y la influencia de la etapa socialista, han dejado también una singular impronta en el devenir del mundo rural.

2.1. Las dificultades del mundo rural en el espacio árido de Asia Suroccidental. Medios de vida tradicionales y principales producciones agrarias La mayor parte del territorio del Próximo y Medio Oriente se encuentra ubicado en la franja de desiertos cálidos del Hemisferio Norte, lo que supone una serie de condicionamientos negativos para su desarrollo agrícola. Desde hace milenios, el pastoreo nómada ha sido la principal forma de utilización del territorio y la actividad agraria tradicional por excelencia. El nomadismo ha dominado estos espacios desérticos y esteparios, donde el continuo ir y venir de las caravanas ha supuesto un elemento esencial de la economía y del paisaje de estas regiones. La península arábiga constituye la tierra del nomadismo en su más pura esencia. Los beduinos (del árabe bedawi, habitante del desierto), son pastores nómadas que han vivido de la cría de ganado, del transporte y del pillaje (razzias). Tienen una sólida organización patriarcal cuya célula principal es la tribu, organizada bajo el mando de un jefe cheikh o sayid. Las grandes decisiones, como las expediciones guerreras o la ruta de sus desplazamientos, se tomaban por el consejo de la tribu, compuesto por los jefes de familia. Mantienen un código estricto del honor y las rivalidades y enfrentamientos entre los distintos clanes se resuelven a veces de forma sangrienta. En la sociedad beduina el animal es su mayor riqueza y fuente de producción. Camellos, ovejas y cabras predominan en los espacios desérticos o de montaña, respectivamente. La capacidad del camello en soportar las sofocantes temperaturas, permanecer sin beber más de dos semanas y su frugalidad, hacen de este animal el idóneo en la inmensidad de los desiertos. Durante siglos, los beduinos han vivido ajenos a toda evolución. Este gran desierto arábigo, dividido por numerosos valles y sembrado de oasis, ha sido permanente escenario del tráfico caravanero; ciudades como La Meca, Medina o Ryad, así como diversos oasis, eran lugares de descanso y de intercambio comercial de estas caravanas nómadas. En Turquía existen todavía numerosos pueblos nómadas a lo largo de la cadena del Taurus. Se trata de pastores que conducen sus rebaños de ovejas y cabras desde los pastos de invierno de los piedemontes hasta los pastizales de verano de las cimas. Este nomadismo pastoril de montaña ocupa todavía un lugar importante en la organización social de Irak, Irán y Afganistán, donde las migraciones estacionales entre los pastos de verano y los de invierno forman, aún hoy día, parte esencial del mundo rural. En la actualidad, la ganadería sigue ocupando un lugar destacado en la economía de este conjunto regional. No sólo es la actividad principal para los pastores nómadas y trashumantes,

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sino que también numerosos agricultores sedentarios mantienen una actividad agropecuaria de subsistencia. Aunque el número de camellos ha disminuido ostensiblemente a causa de la política de sedentarización de las tribus nómadas y de la fuerte competencia del camión, aunque todavía quedan grandes rebaños en las zonas desérticas de Irán, Afganistán y de la península arábiga. La ganadería ovina y caprina es sin duda la más representada y la que mejor se adapta a estos medios áridos y pobres, sobre todo en Irán, Turquía y Afganistán. La piel del cordero de la raza karakul, conocida también con el nombre de Astrakán o «borrego persa», sigue siendo una importante materia prima para la confección de abrigos de pieles y tapices. En Irak y el Levante mediterráneo, la ganadería ovina y caprina también se encuentra muy extendida. En general, en toda la región se trata de una ganadería extensiva, con unos rendimientos muy bajos, pero que secularmente ha sustentado una peculiar y tradicional industria de alfombras. La ganadería bovina se encuentra mejor adaptada a las zonas más húmedas de Irán y Turquía. La agricultura, a su vez, se halla muy limitada por la extremada escasez e irregularidad de las precipitaciones, además de la mala calidad de los suelos y la creciente erosión que padecen. La irrigación se hace, pues, indispensable en la mayor parte de la región (sobre todo en las tierras con menos de 250 mm de precipitaciones anuales). Las principales áreas agrícolas se localizan tradicionalmente en los valles fluviales y en los oasis. Desde hace milenios, estas poblaciones han practicado diversos sistemas de regadío con el fin de aumentar las exiguas tierras agrícolas, bien aprovechando el caudal de los ríos mediante presas y diques que canalizan el agua, bien mediante la construcción de galerías subterráneas que transportan el agua a grandes distancias (qanats), o bien mediante la construcción de norias que elevan el agua de los ríos o la perforación de pozos para captar las aguas subterráneas. Los cereales representan el cultivo más importante, tanto en extensión como en producción, ocupando casi el 50% de la superficie cultivada. Ya en el octavo milenio a. C. se cultivaban el trigo y la cebada en el llamado Creciente Fértil. En la actualidad el trigo sigue siendo el cereal más difundido, ocupando casi el 70% de los terrenos cerealistas. La cebada es el segundo cereal en importancia, tanto por la superficie cultivada como por su producción. En la mayoría de los casos se trata todavía de una agricultura tradicional, con largos periodos de barbecho y que, salvo Turquía (undécimo país productor mundial de trigo en el año 2015) y algunas otras regiones muy puntuales, ofrece unos escasos rendimientos. Los bajos rendimientos de la agricultura tradicional cerealista de secano se atribuyen no sólo al débil empleo de abonos sino también a la práctica excesiva del barbecho, tanto desde un punto de vista espacial (en torno al 40% de la tierra cultivada) como temporal (a veces 4 de cada 5 años), aunque cada vez se encuentra más generalizado el sistema de año y vez. Olivo, vid, higuera y diversos árboles frutales ocupan colinas y laderas montañosas del Levante mediterráneo, donde los agrios, fundamentalmente en Turquía e Israel, suponen

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importantes productos de exportación. Mención aparte merece el cultivo de la avellana en Turquía, entre Ordu y Trabzon, que aporta el 70% del mercado mundial de este producto, en su mayoría destinado a la exportación. En los oasis de los grandes desiertos y en Mesopotamia, la palmera datilera es el cultivo más característico. En Irak meridional, en el Shatt al-Arab se recogen elevadas producciones de dátiles destinados al mercado nacional y, sobre todo, internacional. Entre los cultivos comerciales e industriales, en su mayoría a expensas del regadío, destacan la remolacha azucarera, tabaco, té y algodón. Té y tabaco se cultivan en las laderas montañosas de Irán e Irak y en las costas turcas del mar Egeo y mar Negro. El café, cultivo esencial en las regiones tropicales del Yemen en los siglos XVI-XVIII, acabó siendo sustituido por el arbusto del «khat» o «qat» (Cardya abissina), planta poco exigente cuyas hojas producen leves efectos alucinógenos al ser masticadas, que en la actualidad asegura por si sólo el 4% del PIB del Yemen. El algodón, materia prima para numerosas industrias textiles locales, se cultiva principalmente en Turquía (costas del mar Egeo), Israel, Siria, Irak e Irán. En Afganistán, su cultivo fue el principal motor de desarrollo económico a mediados del siglo pasado, pero hoy en día, su cultivo ha descendido drásticamente. En los últimos años el mundo rural está experimentando profundas transformaciones. La extensión y difusión del regadío es, cada vez más, uno de los principales objetivos de la política agraria de la mayoría de los países de la región. Los antiguos sistemas tradicionales de regadío como las norias, los shadouf o los qanats, entre otros, paulatinamente han sido sustituidos por bombas de motor, cuya utilización alcanza cada vez mayor difusión. En aquellas regiones donde sus características topográficas, hidrográficas y pluviométricas lo permiten, la construcción de embalses ha posibilitado que la superficie regada cubra cada vez áreas más amplias. En este contexto, la construcción de la presa de Ilisu, en Turquía, proporciona regadío a grandes extensiones de terreno de la región de Anatolia sudoriental desde el año 2010. Merecen destacar la costosas obras de infraestructura que Arabia Saudí está llevando a cabo para potenciar el sector y obtener sistemas de regadío cada vez más perfeccionados. La difusión y extensión de las superficies regadas en áreas desérticas, ha sido posible mediante un sistema de «pivotes de aspersión», que extraen el agua de las capas freáticas del subsuelo. La llanura de Hasa, los alrededores de Ryad, el gran Nefud y el Rub al Khali son las regiones favorecidas por este tipo de regadío. Otro ejemplo de moderno desarrollo agrícola que utiliza técnicas muy sofisticadas se encuentra en los Emiratos Árabes Unidos. En este país, gracias a las cuantiosas rentas petrolíferas y sin excesiva preocupación por obtener unos elevados rendimientos, se desarrolla una importante agricultura periurbana hidropónica de frutas y legumbres: las plantas crecen sobre un soporte sintético alimentado por una solución acuosa que contiene los elementos nutritivos necesarios.

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2.2. Las agriculturas tradicionales y los sistemas agrícolas modernos en el Subcontiente Indio y en el Sureste Asiático. Las principales producciones Aunque el peso de la agricultura (la ganadería apenas tiene relevancia) es notable en todos los países de Asia meridional, no en todos tiene la misma trascendencia económica; no solo por el papel que juega en la alimentación de la población y en las exportaciones, sino también por la mayor o menor diversificación de las producciones. Así, por ejemplo, la India, con medios ecológicos bastante diferenciados, se caracteriza por una gran variedad de cultivos que se complementan tanto desde el punto de vista alimenticio como en el de las exportaciones: arroz, trigo y mijo; algodón, yute y cacahuete; caña de azúcar, té, aceite de palma, tabaco... Frente a esta gran diversificación de la India contrasta Bangladés, con arroz para alimentación y yute para la exportación (80% de las exportaciones); Sri Lanka, con arroz y té (70% de las exportaciones); Pakistán, trigo y algodón (70% de las exportaciones); Malasia y Tailandia, con arroz y caucho. En todo este amplio espacio geográfico dominan los sistemas agrarios tradicionales a los que, en el siglo XX, se han unido las plantaciones modernas y se han aplicado algunas reformas agrarias poco significativas. Entre los sistemas agrarios tradicionales figuran los dos más arcaicos (agricultura de rozas y ganadería extensiva del Decán), la agricultura de secano extensiva y el cultivo del arroz en regadío, más o menos intensivo. La agricultura itinerante de rozas es una agricultura marginal y muy extensiva, solo posible en regiones tropicales húmedas donde el bosque puede regenerarse con facili­dad. Recibe diferentes nombres que hacen alusión a los grandes árboles que quedan des­pués de cortar y quemar un sector del bosque: «taungya» en Birmania, «rai» en las mesetas vietnamitas, «tamrai» en Tailandia, «ladang» en los territorios malayos, «Cainge» en Filipi­nas. Sobre las cenizas se planta el arroz seco que se cultiva durante dos años consecutivos, abandonándose después durante un periodo de quince o veinte años. Actualmente la presión demográfica obliga a reducir el barbecho a menos de diez años, en los que da tiempo a reproducirse el bosque secundario. Este sistema está presente en las montañas y mesetas húmedas del Decán, el Himalaya oriental, interior de Birmania, cordillera Annamítica, tanto en su vertiente oriental (Vietnam, Laos) como en la occidental (Tailan­dia, Camboya) y bosques de los archipiélagos malayos (Sumatra, Célebes, Borneo, Nueva Guinea, Filipinas, etc.). Practicado por minorías étnicas bien adaptadas al medio, hoy es un sistema en retroceso que en algunos países como la India e Indonesia (Java) está ya prohibido. Sin embargo, el verdadero peligro para el bosque no son estos agricultores de rozas sino los cultivadores de coca, agricultura itinerante que destruye toda la cubierta vegetal, abandonando al cabo de unos años el suelo agotado y sin árboles, donde la erosión puede hacer estragos.

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La ganadería extensiva del Decán es, como la agricultura de rozas, un tipo de vida arcaico, reliquia de estadios culturales atrasados, que están en fuerte retroceso desde hace varias décadas por la falta de un medio natural apropiado: bóvidos de Mysore, ganaderos de bueyes de los montes Vindhya y de búfalos a 2.000 m en los Nilguiri. Mayor desarrollo ha alcanzado la ganadería ovina en los territorios subdesérticos de Pakistán, donde también es famosa la cría de caballos. La producción de leche solo tiene cierta importancia en la India y Pakistán, descuidándose en los demás países del Subcontinente Indio y del Sureste Asiático, mientras que la ganadería porcina, eliminada en los países de cultura islámica, solo se practica entre los budistas de influencia china en Indochina y, en explotaciones comerciales, solo ha progresado en Tailandia. La agricultura sedentaria de secano está determinada por la escasez de lluvias que imposibilita la intensificación, obliga a la práctica del barbecho y genera escasos rendimientos. Es la agricultura del arroz seco, mijo, sorgo, maíz, mandioca, ñame y leguminosas de las regiones mesetarias e interfluviales tanto del Decán como del Sureste Asiático peninsular. En las últimas décadas ha experimentado una expansión debido al fuerte crecimiento demográfico que ha impulsado las roturaciones en el bosque; al ir ocupando tierras cada vez más marginales, la productividad del suelo disminuye. Estos nuevos colonos, procedentes de tierras bajas y que desconocen las exigencias ecológicas de estos medios, son los que provocan los incendios, la erosión y la destrucción de los suelos. El arrozal en regadío multiplica por tres el valor de la tierra, crea condiciones excelentes para la conservación de los suelos y para el mantenimiento de una agricultura intensiva a lo largo de los siglos y permite la formación de las altas densidades. En torno al arrozal se ha forjado la civilización rural de toda Asia Meridional y Oriental, desde las costas occidentales de la India hasta las llanuras de Java y las laderas abancaladas de la isla de Luzón, en Filipinas. Aparece como monocultivo en los deltas de los grandes ríos, mientras que forma parte del policultivo en los valles y llanuras interiores, donde la tierra no siempre se puede regar durante todo el año. Las parcelas deben tener bordes elevados para retener el agua y, si es posible, con la posibilidad de regular el nivel de la capa. El regadío tradicional puede ser por inundación, con la llegada de las lluvias, y por control de agua a través de presas. A estos sistemas se han unido más recientemente los pozos y las nuevas infraestructuras apoyadas en grandes embalses modernos. Junto a estos sistemas agrarios tradicionales, a lo largo del siglo XX, un nuevo sistema agrícola, las plantaciones tropicales, se ha extendido por toda Asia Meridional, ocupando grandes extensiones que han sido arrebatadas al bosque. Su aparición tiene origen colonial. Los europeos encontraron aquí territorios ecológicamente adecuados, climas tropicales o ecuatoriales, y relativamente próximos a la ruta marítima que desde las Molucas llegaba a Oriente Medio: India, área de Calcuta; en el Sureste Asiático, a ambos lados del estrecho de

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Malaca; sur del Decán e isla de Ceilán. La existencia de bosques húmedos vacíos de población facilitó la expansión de las plantaciones, sin necesidad de sustraer tierras a la agricultura de subsistencia, y la disponibilidad de áreas de montaña permitió la diversificación de la producción según la altura. Se pudieron, así, formar grandes haciendas sin entrar en conflicto con la sociedad tradicional. La plantación es un sistema de producción moderno, orientado al mercado exterior y basado en un consumo intensivo de capital: productos fitosanitarios, agroquímicos, procedimientos técnicos y mecánicos; y que, además, emplea mucha mano de obra especializada y exige una excelente organización para poder aprovechar las oportunidades del mercado internacional. Es, en definitiva, un auténtico monocultivo de exportación al que se aplican los métodos científicos de la agricultura moderna. Por ello se ha considerado a las plantaciones como un enclave extranjero dentro de las economías surasiáticas. En este variado espacio geográfico, las favorables condiciones naturales permiten grandes producciones agrícolas. En primer lugar, el arroz, que está presente en toda Asia Meridional y en algunos países ocupa más del 50% de la superficie agrícola útil, como en Indonesia, Tailandia, Filipinas y Vietnam. Aquí se sitúan varios de los grandes productores mundiales de arroz: India (1/4 parte de la superficie agrícola útil y 150 millones de t en el 2014), Indonesia (70 millones de t), Vietnam, Bangladés, Tailandia), y los primeros exportadores: Tailandia, India, Malasia y Vietnam. También destacan otros cereales, como el trigo en suelos fértiles, implantado por la tradición de los invasores arios y bien adaptado a los inviernos del norte de la India (15% de la superficie agrícola y 2.º productor mundial con más de 90 millones de t en el año 2015) y Pakistán (1/3 de la superficie cultivada y 8.º productor mundial); y el mijo en suelos más pobres y con precipitaciones escasas. Entre los cultivos industriales figuran grandes producciones como el algodón en los regadíos de Pakistán y en los fértiles suelos volcánicos de Rajastán en la India; el yute en la India y Bangladés (primeros productores mundiales), y el cacahuete en la India (península del Decán). Entre los cultivos de plantación sobresalen el té, con tres de los cinco grandes productores mundiales (India, Sri Lanka y Vietnam), caña de azúcar (India, Tailandia y Pakistán), caucho natural en Tailandia, Indonesia, Vietnam, India y Malasia (80% de la producción mundial) y frutas tropicales (banana, ananás y agrios) en la India, Tailandia, Malasia, etc. En este mundo rural tan densamente poblado y étnicamente tan complejo, las condiciones de vida de la población campesina son extremadamente duras. La desigual distribución de la tierra y las injustas relaciones sociales entre propietarios de las explotaciones y trabajadores agrícolas dieron origen en algunos países, y en momentos de orientación política socialista, a reformas agrarias que modificaron en cierta manera las estructuras de propiedad y las relaciones de dependencia entre propietarios y arrendatarios. En otros, se han acometi­do mejoras técnicas y científicas para incrementar el rendimiento de los cultivos, como es el

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caso de la «revolución verde» que tuvo como resultado, en los años setenta y ochenta, el fuerte aumento de los rendimientos en los cultivos alimenticios y especial-mente en los cereales. Por un lado, se introdujeron nuevas semillas «milagrosas» (arroz filipino, trigo mejicano con un 30-80% más de rendimiento), se emplearon masivamente abonos y productos agroquímicos y se impulsó la electrificación y mecanización del campo. Por otro lado, se ampliaron las superficies regadas, construyendo grandes obras de infraestructura. Todas estas políticas de intensificación de la agricultura tradicional han hecho aumentar notablemente la producción de cereales en estos países de Asia Meridional.

2.3. La difícil modernización del espacio rural en China: el desafío de alimentar al 22% de la población mundial con el 7% de las tierras cultivadas 2.3.1.  Los condicionantes naturales: regiones agrícolas y cultivos principales Durante milenios China ha sido un país eminentemente rural, en el que una alimentación tradicionalmente cerealista ha propiciado la concentración de la población en los escasos espacios fértiles que disponía (llanuras costeras, valles y cuencas de la China oriental). Es una agricultura tradicional intensiva (verdadera obra de jardinería), con neta orientación hacia las producciones vegetales y muy intensiva por la alternancia de cultivos, el abonado meticuloso y sobre todo por el empleo de una numerosísima mano de obra. La inmensidad y extrema variedad del espacio natural chino implican la existencia de un verdadero mosaico de regiones agrarias. Macizos montañosos, mesetas, vastas regiones de colinas, profundas depresiones interiores e inmensas llanuras aluviales componen lo esencial del relieve. Además, las condiciones climáticas distan mucho de ser homogéneas, variando desde los climas monzónicos de las regiones surorientales a las nieves perpetuas del Himalaya, o desde los climas templados y húmedos de las llanuras de la China nororiental a las regiones áridas y frías del noroeste. Por otra parte, si en el sector oriental predomina la etnia han, de tradición netamente agrícola y sedentaria, las regiones occidentales están ocupadas por las minorías nacionales, pueblos nómadas y ganaderos. Así pues, el territorio chino se caracteriza por una fuerte oposición entre el este y el oeste. La China oriental, más húmeda y compuesta por una serie de llanuras en el norte y noreste y grandes regiones de colinas en el sur, posee las mejores condiciones naturales para el desarrollo agrario, por lo que también se la conoce como la «China agrícola»; aquí los sistemas de cultivo intensivos han permitido fuertes densidades de población. Por el contrario, las condiciones naturales que dominan en la China occidental son mucho más adversas; la aridez y los suelos mediocres dificultan las faenas agrícolas, que se concentran, al igual que la población, en pequeños enclaves puntuales.

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Los cereales son los que constituyen la base principal de los sistemas de cultivo de la China agrícola oriental: en el norte, un sistema de cultivo que recoge tres cosechas en dos años, basado en el trigo, maíz y gaoliang (un tipo de sorgo); en el centro, en la cuenca del Yangtsé, donde se interpenetran ambos dominios, existe una doble cosecha anual de trigo en invierno y arroz en verano, y en el sur, se recoge una doble e incluso triple cosecha anual de arroz. Desde hace milenios, el arroz comenzó a cultivarse en las tierras meridionales de la Gran Llanura del Norte y desde allí se fue extendiendo a toda la cuenca del Yangtsé y tierras bajas del Xikiang, donde pronto llegó a ser el cultivo dominante. En la actualidad sigue manteniendo carácter prioritario en estas regiones. Durante siglos la isoyeta de 900 mm ha separado claramente a la China del arroz, al sur del Yangtsé Kiang, de las regiones trigueras del norte. Hoy en día, la utilización de mejores semillas, la extensión del regadío y otras mejoras, han supuesto la difusión de ambos cultivos más allá de sus límites tradicionales, con lo que la antigua oposición entre la China del arroz y la China del trigo ya no es tan precisa. El mijo fue desde el año 3.000 a. C. el cultivo tradicional de la China del Norte. Es un cultivo de verano que se acomoda a suelos mediocres y está bien adaptado a los calores y lluvias estivales de la China septentrional. Su escaso valor nutritivo y sus débiles rendimientos son la causa de que su cultivo se reduzca hoy en día a las regiones más pobres. El gaoliang es un tipo de sorgo propio de China. Es otro gran cultivo tradicional de las regiones del Norte, que alterna con el trigo de invierno. China es el primer productor mundial de trigo con el 18% de la cosecha mundial en 2014, seguido de la India (12%) y Estados Unidos (8%). Entre las plantas oleaginosas destaca la colza y sobre todo la soja. El cultivo de la soja destaca por la extensión de la superficie cultivada y su importancia económica. La producción se concentra fundamentalmente en las llanuras de Manchuria, desde donde penetró en la Gran Llanura. Este cultivo fue introducido por los soviéticos, pero fueron los japoneses, que lo necesitaban para suplir la falta de proteínas (la soja contiene un 44% de proteínas) en su alimentación, quienes impulsaron su desarrollo. Es el cuarto productor mundial de soja, con una producción de 15 millones de t en el año 2014 y, a la vez, primer importador mundial, debido a su importante industria transformadora. Desde hace siglos, el campesino ha cultivado tres plantas arbustivas que han llegado a formar parte de su bagaje cultural: el algodón, el té y la morera. El cultivo del algodón ocupa fundamentalmente las llanuras del Hoang Ho y norte del Yangtsé Kiang y suele sufrir importantes oscilaciones, tanto en la superficie sembrada como en la producción. También se cultivan otras plantas textiles, como el lino en los frentes pioneros septentrionales (Mongolia, Heilongjiang), y el sisal en las tierras tropicales de Hainan. El té, que es la bebida nacional, cubre numerosas terrazas y colinas de la China meridional. Con más de dos millones de toneladas anuales de té en el año 2015, China es la primera productora del mundo. A partir de su introducción en Europa por los holandeses en el año 1610, China se convirtió

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en el primer exportador mundial de este producto. El desarrollo de grandes plantaciones de té en la India, durante la colonización británica, supuso la pérdida de este lugar tan preeminente en el comercio mundial.

2.3.2.  Ganadería y piscicultura en China Si un rasgo importante que caracteriza a la agricultura china de los últimos años es la diversificación de su producción vegetal, el aumento de la producción animal y su paulatina integración en la agricultura, es todavía más espectacular. Tradicionalmente la población china ha sido eminentemente vegetariana. Por ello se llegaba incluso a considerar a la ganadería como competidora en el consumo de unos cereales que eran demandados por la densa población. Si a ello añadimos la poca extensión que tienen los prados y pastos en todo el territorio, no es de extrañar que el sector ganadero no fuera significativo. En la actualidad, la mayor producción de carne se sigue obteniendo en la China agrícola oriental, a pesar de encontrarse en la China occidental las mayores regiones pastorales del país (Mongolia, Xinjiang, Qinghai, Tíbet tan solo aseguran el 4% de la producción nacional de carne). La cabaña porcina y la avicultura siguen siendo los dos subsectores ganaderos más extendidos por todo el territorio, estando presentes en casi todas las explotaciones. Dada su alimentación omnívora, ambas especies, cerdos y aves, esencialmente patos, se adaptan muy bien a la vida agrícola china, cuyos recursos han sido siempre escasos, y constituyen un elemento esencial del paisaje agrario. Hoy en día, la ganadería porcina y la avicultura continúan asegurando más del 80% y 10%, respectivamente, de la producción total de carne. Sin embargo, los rendimientos todavía no son elevados: China cuenta con más de la mitad de la cabaña porcina mundial (casi 500 millones de cabezas en el año 2015, seguida muy de lejos por Estados Unidos), pero la producción de carne de cerdo apenas llega al 30%. La ganadería bovina nunca ha estado integrada en la agricultura china; pero los actuales cambios en la dieta alimenticia, que tiende a un mayor aporte de proteínas, ha hecho que haya experimentado un desarrollo considerable, aunque todavía la oferta de carne y leche sigua siendo muy limitada. La piscicultura, perfectamente adaptada al medio anfibio de la ricicultura, desde hace siglos, utiliza los canales de irrigación, los estanques y los arrozales para la cría de peces, cuya producción ha aumentado espectacularmente en los últimos años, alcanzando el primer puesto en el ranking mundial. La actividad pesquera en alta mar también sigue un imparable aumento, alcanzando de nuevo el primer puesto. Lo mismo ocurre con la acuicultura, que se encuentra muy desarrollada en la China meridional, particularmente en el curso medio e inferior del Yangtsé y en la provincia de Guangdong.

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3. VACÍOS   DEMOGRÁFICOS, GRANDES CONCENTRACIONES HUMANAS Y EXPLOSIÓN DEL CRECIMIENTO URBANO 3.1.  Evolución de la población y estructura demográfica Limitada por las difíciles condiciones naturales, entre desiertos subtropicales y continentales y densos bosques tropicales, la población tuvo que instalarse en los valles fluviales, donde los sistemas de regadío desarrollados a lo largo de milenios propiciaron una agricultura intensiva capaz de soportar altas densidades humanas. Fue, pues, en estos valles irrigados (Tigris, Éufratres, Indo, Ganges, Yantse Kiang, Hoang Ho) donde surgieron las primeras civilizaciones de la humanidad, ligadas a la práctica de la agricultura sedentaria. Con el tiempo, el desarrollo de nuevas y más eficientes técnicas agrícolas en los valles fértiles, dio lugar a la formación de grandes concentraciones demográficas. Por el contrario, las tierras áridas se han manifestado hostiles al asentamiento humano y hoy aparecen como vacíos demográficos, ocupados, como ya se ha visto, por modos de vida nómadas y pastoriles o por agriculturas extensivas de subsistencia. Desde las montañas y desiertos de Asia del Suroeste hasta las tierras áridas de la China interior, pasando por las montañas y zonas áridas de la India y los bosques del Sureste Asiático. Tradicionalmente, las sociedades de Asia Meridional y Oriental, a pesar de contar con elevados índices de fecundidad, tenían un moderado crecimiento de su población a causa de unas tasas de mortalidad enormemente elevadas. El crecimiento era muy inestable, ya que se sucedían periodos de fuerte crecimiento y periodos de decrecimiento provocado por guerras, epidemias o hambre. Las tasas de mortalidad general, como ha ocurrido en el resto de los países del Tercer Mundo, han disminuido drásticamente, desde mediados del siglo XX hasta alcanzar niveles inferiores al 10‰ prácticamente en todos los Estados, salvo casos excepcionales, como Afganistán e Irak. No obstante, todavía persisten elevadas tasas de mortalidad infantil, que sobrepasan el 20 por mil en la mayor parte de los países y superan el 50 por mil en los menos desarrollados, como son Yemen, Irak, Pakistán, India, Bangladés, Nepal, Myanmar, Camboya, Laos y Timor Oriental. Por el contrario, el mantenimiento de unas altas tasas de natalidad sigue siendo hoy en día una característica bastante común tanto en los países islámicos del Próximo y Medio Oriente como en los del Subcontinente Indio y Sureste Asiático, con unos valores superiores al 20‰l en casi todos ellos, e incluso superando el 30‰ en Yemen, Irak, Afganistán y Timor Oriental. Aunque todavía el índice de fecundidad está en torno los 3 hijos por mujer (Arabia Saudí, Pakistán, Laos, etc.), hoy día se observa un significativo descenso desde el año 2000, motivado por el retraso de la edad del matrimonio, la lenta incorporación de la mujer al trabajo y la progresiva utilización de medidas anticonceptivas modernas. Además, el mayor des-

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censo se corresponde con países en los que más ha aumentado el nivel de escolarización, como en el Sureste Asiático; mientras que el descenso es más lento en aquellos otros donde el porcentaje de población joven es aún muy elevado, como en muchos países musulmanes de Asia Suroccidental, donde los menores de 15 años suponen más del 30% de la población total. En conjunto de Asia Meridional y Oriental el ritmo de crecimiento demográfico ha descendido muy significativamente en los últimos quince años, pero sigue siendo alto, superior al 1,8% anual en gran parte de los países del sur de Asia, valores algo inferiores a los de África, donde la natalidad sigue siendo más elevada. No obstante, los efectos de la modernización no han afectado por igual a todos los países y la dinámica demográfica, signo del nivel de desarrollo, marca diferencias entre unos países y otros (Cuadro 5.1). En el Próximo y Medio Oriente islámico se ha producido, respecto al proceso de transición demográfica, un importante avance en los últimos diez años. Apenas hay países con tasas de natalidad superiores al 30 por mil y el descenso de la tasa de fecundidad es muy apreciable en países como Arabia Saudí, Yemen, Irán y Afganistán. Muchos de estos países ya han entrado en la segunda fase del proceso de transición demográfica. Son aquellos en los que si bien la mortalidad ha experimentado un fuerte descenso, la natalidad mantiene todavía valores muy elevados, por lo que el crecimiento natural sigue siendo alto, con valores superiores al 2% anual. Es el caso algunos de los países islámicos como Yemen, Siria, Irak, Afganistán y Jordania. Otros ya han llegado al final de la segunda fase de este proceso. La mortalidad es baja y la natalidad ya ha iniciado un evidente descenso, por lo que el crecimiento natural se sitúa por debajo del 1,5% anual, como en Turquía, Irán, Tailandia, Myanmar, Vietnam, Indonesia o Malasia. Mención aparte merece el Estado de Israel, con un comportamiento demográfico similar a los países occidentales, aunque más natalista. No debemos olvidar que en este caso los valores medios enmascaran una realidad nada homogénea, ya que la dinámica demográfica de las poblaciones árabes y judías difieren totalmente. En Palestina, por ejemplo, el crecimiento natural en 2014 es de 2,7%, la tasa de natalidad del 31‰ y la de fecundidad de 4,1 hijos por mujer. En el Subcontinente Indio y el Sureste Asiático, no fue hasta los años treinta cuando se entra plenamente en la primera fase de la transición demográfica que se prolongará hasta los años ochenta. El crecimiento anual medio en los años sesenta fue de entre dos y tres por 100, comparable al de América Latina y África. La India, con 2,1% de crecimiento anual, aumentó su población en 300 millones entre 1950 y 1980. Es el periodo de máximo crecimiento, la «explosión» demográfica correspondiente a la fase central del modelo de transición demográfica. Entre 1960 y 1980 la población se dobló en casi todos los países; la única excepción fue Camboya que sufrió una regresión debido al «autogenocidio» de los Khemeres o jemeres rojos de Pol Tot, entre 1975 y 1978, y a la permanente situación de guerra, emigración y hambre de 1970 a 1980: en 1962 Camboya tenía 5,5 millones de habitantes y en 1982 solo registraba 6,2 millones en lugar de los 10 millones previstos.

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Cuadro 5.1. Indicadores demográficos de Asia Meridional y Oriental (2014) Países Turquía

Población T. Crecim. Densidad Millones Natural (hab./km2) de hab. (%)

T. Fecundidad N.º hijos/mujer

T. Natalidad (‰)

2000*

2014

76,7

 99

1,1

16

2,7

2,1

7,9

371

1,6

21

2,9

3,0

Siria

22,3

119

2,1

24

4,0

3,0

Arabia S.

29,9

 14

1,8

22

6,0

2,9

Kuwait

3,6

205

1,7

18

2,9

2,4

Yemen

25,5

 49

2,8

36

7,2

4,4

Irak

35,7

 80

2,6

31

5,2

4,1

Irán

79,4

 47

1,4

19

3,2

1,8

Afganistán

32,0

 48

2,7

35

6,9

5,1

Próx. y Medio Oriente

 349,6

50

2,0

25

4,5

3,2

Unión India

1.282,4

394

1,5

22

3,3

2,4

Pakistán

188,2

244

2,0

28

5,5

3,8

Bangladés

160,4

1.101

1,5

20

3,8

2,2

1.661,0

386

1,7

23

4,2

2,8

Tailandia

67,4

129

0,4

12

2,1

1,8

Myanmar

54,2

 79

0,9

17

3,3

2,0

7,0

 29

2,0

26

5,3

3,2

Camboya

15,7

 82

1,8

24

5,3

2,5

Vietnam

93,4

273

1,0

17

2,5

2,1

 255,7

132

1,4

20

2,6

2,6

Malasia

30,6

 91

1,3

17

3,3

2,1

Filipinas

 101,8

334

1,8

24

3,6

3,0

Singapur

5,6

8.034

0,5

 9

1,6

1,2

632,6

141

1,2

19

3,3

2,3

1.401,6

143

0,5

12

1,8

1,6

46,4

92

0,1

 9

1,2

1,3

Israel

Subcont. Indio

Laos

Indonesia

Sureste Asiático China España

Fuente: Images Économiques du Monde, 2016. *Para el índice de fecundidad de 2000, El Estado del Mundo, 2003.

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Fue en estos años de fuerte crecimiento en la mayoría de los países, cuando se pusieron en marcha las políticas demográficas que muchos de ellos las adoptaron como parte integrante de las políticas económicas. No se limitaron a la difusión de los anticonceptivos; en la India se aplicó también la esterilización que en 1970 llegó a afectar a 3,1 millones de hombres y en 1976 se impuso de forma obligatoria en algunos estados indios a partir del tercer hijo. Igualmente se aplicaron políticas de reducción de natalidad de forma generalizada en Vietnam, en el contexto del desarrollo socialista que propugnaba la incorporación de la mujer al trabajo, y en Sri Lanka, cuya evolución social en este aspecto era la más avanzada de Asia meridional. Fruto de estas políticas y de la evolución natural de las tasas de mortalidad y de natalidad es la situación demográfica actual de los países del Subcontinente Indio y el Sureste Asiático, que se corresponde, en su conjunto, con una fase bastante avanzada de la transición demográfica. Se pueden distinguir tres grupos de países: uno, con el proceso de transición muy avanzado (Singapur, Myanmar, Sri Lanka, Tailandia y Vietnam); otro que se sitúa en una fase intermedia (Indonesia, Malasia, India y Bangladés), y un tercero, compuesto por el resto de países, que registra un cierto retraso en este proceso. El caso de China es absolutamente excepcional. Los casi 1.400 millones de habitantes de la China actual (2015) representan más de la quinta parte de la población del planeta. Es­ te enorme peso en el contexto demográfico mundial no es algo nuevo. Desde el principio de nuestra era ya es el país más poblado de la tierra e incluso ya en la primera mitad del siglo XIX, su población llegó a suponer un tercio de toda la humanidad. El primer censo ofi­cial, realizado en 1953, registró 582 millones de habitantes y en la década de los ochenta se llegó al millar. Altas tasas de natalidad, en torno al 38-40‰, a lo largo de la historia, a pesar de mantener también unos elevados índices de mortalidad, del 25-30‰,, hicieron posible tan espectacular crecimiento. La evolución de la dinámica demográfica en la segunda mitad del siglo XX es muy significativa (Figura 5.4). La subida al poder de los socialistas no supuso en un principio cambios radicales en la política demográfica, experimentándose continuas oscilaciones hasta finales de los sesenta. A partir de entonces, se radicaliza la política demográfica antinatalista con el fin de lograr el equilibrio adecuado entre población y recursos. Tras dos campañas para controlar la natalidad, con un éxito muy relativo, la planificación familiar adquiere mayor difusión a partir de 1970, con una tercera campaña, que propugnaba retrasar la edad para contraer matrimonio y fomentaba el tener solamente uno o dos hijos. Sin embargo, la campaña no logra los resultados previstos, sobre todo en las áreas rurales, por lo que la política antinatalista se radicaliza aún más. Ello desemboca en la cuarta campaña, conocida con el nombre de «política del hijo único», puesta en marcha en 1979 y que contaba con importantes incentivos económicos para toda aquella pareja que la mantuviera.

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Figura 5.4. Evolución del crecimiento natural de la población en China.

Actualmente, la utilización de técnicas contraceptivas se encuentra muy extendida por todo el país. Así, si a principios de los años cincuenta el índice de fecundidad estaba en 5-6 hijos por mujer, quince años después había descendido a 2,6 por mujer, por lo que verdaderamente se puede hablar de un acelerado proceso de transición demográfica. Hoy en día (2015), con unas tasas de natalidad del 12,2‰ y una mortalidad del 7,2‰, China tiene una tasa de crecimiento que gira en torno al 0,5% anual, cifra muy baja si la comparamos con la mayoría de los países menos desarrollados, que superan ampliamente el 1,5% anual. A pesar de todas las mediadas adoptadas, la población china ha aumentado en 550 millones de personas entre 1949 y 1990; y 246 de 1990 a 2014. Es probable que, con la posibilidad de tener dos hijos, medida adoptada en 2015, la población china pueda aumentar en los próximos años a un ritmo mayor. La mayoría de los países todavía son sociedades jóvenes en las que más del 30% de la población tiene menos de 15 años, con el problema que supone la «explosión» de la fuerza de trabajo y las necesidades en educación tanto en los niveles primario (70-90% de niños escolarizados) como en el secundario. Sin embargo las diferencias son muy fuertes entre la estructura por edades de países como EAU, Tailandia y Singapur, con menos de 20% de menores de 15 años y una transición demográfica acabada, y la de Jordania, Siria, Afganistán, Irak, Yemen, Pakistán, Laos, Nepal, Camboya y Timor Oriental, situados todavía en las fases centrales de la transición y con porcentajes de población menor de 15 años por encima del 30%. Irán, Turquía, India, Indonesia, Malasia, Myanmar y Vietnam representan situaciones intermedias. La evolución de la pirámide de edades de la India (Figura 5.5) es un ejemplo del proceso de cambio demográfico en el sur de Asia.

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Figura 5.5. Evolución de las pirámides de edades de la India.

También en la estructura de la población por grupos de edad China, es una excepción debido a su particular transición demográfica. A pesar de que todavía presenta una estructura joven, ya se observa una clara tendencia al envejecimiento de la población, que resulta preocupante porque el volumen de personas afectadas supera los 100 millones (Figura 5.6). La pirámide de edad de los años cincuenta se caracterizaba por una amplia base, reflejo de una fuerte natalidad, y un pronunciado estrechamiento hacia la cúspide a partir de los 40 años, lo que indica una débil esperanza de vida, propia de los países del Tercer Mundo. Por el contrario, la pirámide actual presenta un tipo complejo, a caballo entre una población joven y una población envejecida, lo que implica una estructura por edades en curso de evolución. Por encima de los 15 años, la forma de la pirámide refleja un país de crecimiento rápido, en donde tan sólo se observan dos discontinuidades: las guerras de 1930 y 1940 (japonesa y civil) y los «años negros» de 1958-61. La base ya se encuentra en franco retroceso debido a la caída de la natalidad, fundamentalmente a partir de 1970. Los 437 millones de personas mayores de 60 años calculadas para el año 2050 reflejan el progresivo envejecimiento de la población china, que es uno de los más graves problemas que el país tiene planteados debido, entre otras razones, a la carencia de un sistema de pensiones adecuado.

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Figura 5.6. Evolución de las pirámides de edades de China.

3.2. Altas densidades y vacíos demográficos. Factores de la desigual distribución de la población Así pues, sobre una superficie de 25 millones de km2 viven 4.045 millones de personas, lo que significa una densidad media de 162 hab./km2. Si la comparamos con otras regiones del mundo, se trata de una densidad media relativamente alta, aunque en realidad la población está fuertemente concentrada en determinadas áreas frente a inmensos espacios totalmente deshabitados. En el Próximo y Medio Oriente, la densidad media es de 50 hab./km2. El mundo turco-iraní (Turquía, Irán, Afganistán) es la región más poblada de este espacio, con 188 millones de personas, seguida a bastante distancia por los países que integran el Creciente Fértil (Irak, Siria, Líbano, Jordania, Israel y los territorios de Gaza y Cisjordania) con 84 millones de personas, y la península arábiga, que alberga a 85 millones de habitantes. Sin embargo, si analizamos la densidad media de estos tres grandes conjuntos, es la región del Creciente Fértil la más densamente poblada seguida del mundo turco-iraní, correspondiendo la menor densidad a la península arábiga.

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Esta desequilibrada y selectiva distribución de la población se encuentra, entre otros factores, estrechamente vinculada a las disponibilidades hídricas. Así, este medio extraordinariamente árido, propio de un clima tropical seco, ha provocado la concentración de la población en oasis, valles fluviales, llanuras litorales y valles intramontanos, dejando vacíos los territorios ocupados por el desierto. Frente a este Asia Suroccidental, débilmente poblada, el Subcontinente Indio, el Sureste Asiático y China concentran en 2015 un volumen de población verdaderamente extraordinario: 1.661 millones en el Subcontinente Indio, 632 millones en el Sureste Asiático, y 1.400 en China. Junto a China, el mayor gigante demográfico del planeta, aparecen en este espacio regional otros gigantes como India, con 1.282 millones de habitantes, Indonesia con 256, Pakistán con 188, Bangladés con 160 millones, Filipinas con 102 y Vietnam con cerca de 100 millones. En cuanto a las densidades, frente al Subcontinente Indio que forma parte del Asia de altas densidades generalizadas (386 hab./km2 de media), concentrando el 22,6% de la población mundial en el 3% de la superficie terrestre, el Sureste Asiático es un espacio de densidades medias (141 hab./km2), concentrando el 8,6% de la población mundial en el 3% de la superficie terrestre. Pero, tanto en la península indochina como en los archipiélagos, los contrastes en las densidades son mucho más fuertes, y no faltan áreas de altísimas densidades (más de 500 hab./km2), de extensiones más reducidas y rodeadas de auténticos vacíos. Los contrastes vienen determinados por las características topográficas del territorio, el volumen de las precipitaciones y su distribución anual, la naturaleza y la fertilidad de los suelos, las técnicas de regadío y el desarrollo industrial y urbano. —— Los vacíos demográficos se corresponden con las altas montañas, como las alineaciones del Himalaya cuyo factor repulsivo es el frío; los desiertos del noroeste de la península Indostánica (Thar) con menos de 5 hab./km2 y poblamiento muy disperso; las altas mesetas y montañas cubiertas de bosque húmedo tropical, donde solo se practica la agricultura itinerante de rozas: montañas de Assam y del noroeste de la península del Decán, montañas en el interior de Birmania, Tailandia y Malasia; Sumatra occidental, Timor Occidental, interior de Borneo, Irian Jaya (Oeste de Nueva Guinea), con 10 hab./km2; y las zonas ecuatoriales con menos de dos meses secos: península de Malaca, Mindanao, islas periféricas de Indonesia, etc., llanuras hasta hace poco cubiertas de bosque y cuyo poblamiento es muy reciente. —— Las más altas densidades, las regiones con mayores concentraciones humanas, están íntimamente relacionadas con tres tipos de factores: condiciones ecológicas favorables a la rizicultura, estructuras evolucionadas de organización política y actividades económicas modernas. Por ello, las altas densidades aparecen en las regiones llanas y litorales del Subcontinente Indio, de Indochina y de algunas islas del mundo malayo. Aquí se alcanzan las densidades

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rurales más altas del mundo (más de 1.000 hab./km2): Bengala, Camboya, Tonkín y Java. El mapa de altas densidades, superiores a 500 hab./km2, se corresponde estrechamente con el de las regiones donde el arrozal inundado es el sistema agrícola dominante. Destacan la llanura indogangética, desde Punjab a Bengala Occidental, las regiones llanas de Guyarat, Bihar, Uttar Pradesh y Kerala, donde se concentra un tercio de la población de la India; Bengala Oriental, en el gran delta del Ganges-Brahmaputra, donde vive la mayor parte de la población de Bangladés; la llanura del Punjab pakistaní y la desembocadura del Indo, con la guirnalda de áreas húmedas de los regadíos del desierto de Thar, la llanura de la costa de Malabar, la llanura litoral y deltaica de la costa de Coromandel y de Ceilán. Asimismo, el rosario de llanuras costeras en la península indochina: unas de ocupación más antigua, como Tonquín y centro de Vietnam, costa oriental de la península de Malaca, costa de Arakán en Birmania, y otras de ocupación más reciente (siglo XIX y XX), como los deltas del Irawadi y Salwen en Birmania, Chaopraya en Tailandia y delta del Mekong en Vietnam meridional y Camboya oriental. En los archipiélagos, las altas densidades se concentran en algunas islas, como Java y Flores (700 hab./km2), en Indonesia, y Luzón (200 hab./km2), en Filipinas, y en algunas llanuras litorales de reciente colonización, como el sur de Sumatra, sur y oeste de Mindanao y costas de Borneo. La existencia de medios favorables es indispensable para explicar estas altísimas densidades; pero no se hubiera podido mantener el aumento multisecular de las altas densidades sin la presencia de estructuras políticas fuertes que asegurasen el control de territorio y fuesen capaces de realizar grandes obras de infraestructura. Por ello, en el Sureste Asiático la distribución de altas y bajas densidades tiene bastante que ver con las áreas etnolingüísticas, que revelan sistemas sociales y políticos muy diferenciados. Otros factores de densificación demográfica son la explotación minera en la jungla de Malasia e Indonesia, el avance de la industrialización en Bengala Occidental, en el noroeste del Decán, en Singapur y en las costas del estrecho de Malaca, y el proceso de urbanización que en las últimas décadas se ha acelerado por todas partes y genera densidades superiores a 2.000 hab./km2, como la región de Calcuta, Bombay, Madrás, Nueva Delhi, Estrecho de Malaca, Isla de Java, etc. En el caso de China, la densidad media es de 145 hab./km2 en el año 2015, pero también aquí verdaderos hormigueros humanos contrastan con regiones prácticamente deshabitadas. Así, las ocho provincias cuya densidad es superior a los 400 hab./km2 concentran al 60% de la población total, sobre poco menos de la quinta parte del territorio, y por el contrario, las cuatro provincias con una densidad inferior a los 20 hab./km2 no llegan a albergar al 4% de la población, sobre casi la mitad de la superficie del país. Se opone, así, una China oriental, densamente poblada, y una China occidental, muy débilmente poblada (Figura 5.7). Esquemáticamente se pueden distinguir tres grandes regiones según su mayor o menor

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Fuente: Azcárate, B.; Azcárate, M. V. y Sánchez, J. (2006): Atlas Histórico y Geográfico Universitario. UNED, Madrid; mapa IX.33, p. 341.

Asia Meridional y Oriental. Un gran espacio en desarrollo y con países emergentes

Figura 5.7. Distribución de la población en China.

densidad demográfica. Las dos primeras pertenecen a la China oriental, donde vive el 90% de la población sobre el 40% del territorio. La tercera región es el dominio de la China «vacía». En primer lugar, los llamados «hormigueros humanos» que alcanzan las densidades más elevadas y reúnen más del 60% de la población total de China. Las principales áreas de este poblamiento extremadamente denso son: —— La Cuenca Roja de Sichuan, rodeada por un cinturón montañoso muy poco poblado, es la primera región de China por su volumen demográfico. —— La gran llanura de la China del Norte. Los fértiles suelos de loess han permitido desde tiempos históricos el asentamiento de una densa población. En esta región se incluye también la península de Shandong, cuyas fuertes densidades no son habituales en un país donde generalmente las zonas de colinas suelen estar muy poco

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pobladas. También podríamos incluir la llanura manchú, sobre todo el área que ocupa la provincia de Liaoning, que se diferencia del resto por su reciente poblamiento. —— La cuenca media y baja del Yangtsé. El delta y la región de los lagos del curso medio del río son focos de denso poblamiento. El resto de la China oriental presenta un poblamiento de tipo intermedio entre las enormes concentraciones humanas anteriormente citadas y la China deshabitada. La distribución de la población presenta fuertes contrastes, según las condiciones naturales y la distribución de la superficie cultivada. Las áreas fuertemente pobladas son puntuales y dispersas, entre ellas merecen destacar: los deltas del SE, de Zhejiang a Guangdong, como el delta del río de las Perlas; los valles de las mesetas de loess de Wei (Shaanxi) y Fen (Shanxi), muy poblados desde tiempos remotos, y las pequeñas depresiones kársticas de las provincias de Yunnan-Guizhou-Guangxi. La China deshabitada es la China exterior o China occidental, y también la China de las minorías étnicas. Se extiende sobre un enorme espacio que abarca las alturas que rodean la llanura manchú, Mongolia, el Xinjiang, el Tíbet-Qinghai y gran parte de la meseta del Yunnan. Es decir, más del 60% del espacio chino, pero sólo el 10% de la población. En esta China árida y montañosa existen inmensos espacios prácticamente vacíos, sobre todo al oeste (menos de 1 hab./km2). La población se concentra en pequeños enclaves, como los oasis de Gansu o del pie de las montañas de Xinjiang, los valles meridionales de Mongolia, los valles del sector sudoriental del Tíbet, etc.

3.3.  La explosión del crecimiento urbano en Asia Meridional y Oriental 3.3.1.  El desarrollo urbano tradicional En Asia Suroccidental la aparición de las primeras ciudades tuvo lugar al sur de Meso­po­ tamia en el IV milenio a. C. Estas ciudades fueron el resultado final del aumento de los rendimientos agrícolas que, a su vez, potenció un aumento de la población. Unos 3.000 años a. C. ya existían en el sur de Mesopotamia más de una decena de ciudades sumerias, con varios miles de habitantes cada una. Se trataba de ciudades-Estado cuya unidad consistía en un sólo centro urbano y sus alrededores; cada ciudad dominaba un amplio territorio que explotaba económicamente a partir de la agricultura y la ganadería. En torno al año 2.500 a. C., se calcula que un 80% de la población vivía en núcleos urbanos. Y este proceso se desarrolló en el primer milenio a. C. a lo largo de todo el Creciente Fértil, desde la Baja Mesopotamia hasta Siria y Palestina, surgiendo ciudades a lo largo de las rutas caravaneras dedicadas a la actividad comercial. La conquista árabe, difusora del Islam, se acompañó de una intensa urbanización de manera que, hacia el año 1000 de nuestra era, el mundo árabe era el espacio más urbanizado

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del planeta. Los árabes construyeron numerosas ciudades a lo largo de sus rutas comerciales, en las que comerciantes y artesanos gozaban de un elevado prestigio. La medina es el centro histórico de la ciudad árabe. El espacio central gira en torno a la mezquita y hacia ella convergen las calles principales; es el elemento unificador de la ciudad árabe. Junto a ella se situaban los baños públicos, de los que tan sólo Bagdad contaba con más de dos mil. A raíz de las invasiones mongolas y turcas este florecimiento decayó. La impronta de la potencias coloniales, ya en el siglo XIX, supuso la oposición del modelo tradicional de ciudad islámica frente al modelo occidental. El periodo colonial inicia un proceso de urbanización que va a conocer su mayor dinamismo a partir de la década de los cincuenta; así, si a principios de siglo había nueve ciudades de más de 100.000 hab., en los años cincuenta ya eran veinticinco. A partir de entonces, el crecimiento urbano se dispara. En el Subcontinente Indio y el Sureste Asiático, el desarrollo urbano se inició más tardíamente y está relacionado con las altas densidades alcanzadas en grandes extensiones de las llanuras arroceras que dieron lugar a la aparición de centros comerciales que funcionaban como centros de servicios a la población rural. En el Subcontinente Indio la trama originaria, fortalecida por la presencia de un importante artesanado, de la que formaban parte algunas capitales principescas y centros religiosos (Lahore, Amritsar, Bhopal, Benarés, Madurai, Hyderabad indio), se vio modificada con el desarrollo de los centros administrativos, centros mineros y establecimientos costeros de la etapa colonial. Surgieron así nuevas ciudades que destacaron sobre la trama originaria y se convirtieron en los polos principales de la actual jerarquía urbana: Calcuta, Bombay, Nueva Delhi, Karachi, Madrás, Dacca, Colombo, Jamshedpur, Nagpur, etc. La independencia no hizo más que fortalecer estos centros principales convertidos en capitales de los nuevos estados o en el caso de Calcuta, Bombay y Madrás, en centros de intercambio y base de las comunicaciones. La política de desarrollo de los años cincuen­ta y sesenta hicieron además de estas ciudades los grandes centros industriales del Subcon­ti­nente Indio, en muchos casos (Calcuta, Bombay y Madrás) cabeceras de importantes re­giones industriales. En el Sureste Asiático las regiones de altas densidades humanas de las llanuras arroceras solo dieron origen a ciudades de poder, residencia de los príncipes y monarcas que, además, ejercían la función comercial, artesanal y de fortaleza. Pero estas ciudades desaparecían, o se hundían, cuando una nueva dinastía trasladaba su residencia a otro lugar. Por ello la mayoría de las grandes ciudades del Sureste Asiático fueron fundadas por los europeos, como centros mineros o de plantaciones, o como puertos de exportación-importación. Sólo algunas, como la citada Bangkok en Tailandia, Hanoi y Hué en Vietnam y Jogyakarta y Surakarta en Java, son de fundación anterior.

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La falta de tradición urbana explica también que, en un primer momento, las ciudades creciesen con población no indígena, concretamente con europeos y chinos que llegaron para atender a los intereses europeos y terminaron por dominar el sector comercial e industrial. La mayoría de los europeos abandonaron las ciudades tras la independencia de estos países, pero los chinos siguen representando un alto porcentaje de población residente en las grandes ciudades: es el caso de Bangkok, Kuala Lumpur, Phom Penh, Ho Chi Minh, Yakarta y sobre todo Singapur, donde el 77% de su población es china. Entre las ciudades fundadas por los europeos, las más antiguas son Manila (1571) y Batavia (1619), convertida después en Yakarta. Rangún (1852) y Saigón (1859), hoy Ho Chi Ming, se convirtieron en ciudades coloniales, absorbiendo a antiguos centros dinásticos, y Singapur surge a finales del siglo XIX en una isla despoblada como centro portuario y comercial. En China el desarrollo urbano también se inició hace milenios. Pero, al contrario de lo que ocurrió en Mesopotamia y en el mundo mediterráneo europeo, las ciudades nunca fueron la base de la organización política. Con un emplazamiento de llanura, fueron creadas para la explotación de su espacio rural. Su trazado era rígidamente organizado en una retícula geométrica, como correspondía a la cosmogonía china, en la que la forma de la Tierra es cuadrada, e invariablemente estaba rodeada por altas murallas. Podemos señalar el hecho significativo de que una misma palabra cheng sirve para designar igualmente muralla que ciudad. En ellas, el yamen, residencia del mandarín, y el templo, eran los monumentos principales. Este esquema se encuentra plasmado en Pekín con una majestuosidad mayor que en ninguna otra ciudad. Por otra parte, no se levantó ninguna gran ciudad en el borde del mar, sino que su emplazamiento fue generalmente en el interior, ya que el imperio chino fue siempre continental. A raíz de la penetración extranjera, a finales del siglo XIX, la situación cambió radicalmente y se crearon tres grandes ejes urbanos: los puertos costeros, dedicados al comercio de exportación, como Cantón, Shanghai, Amoy, Hongkong, etc.; los ejes fluviales, principalmente el Yangtsé, en cuyas orillas surgieron ciudades comerciales y mineras, como Nankín, Wuhan, etc.; y las ciudades manchúes, creadas bajo el imperio japonés, como Ashan, Fushun, Benxi o Changchum, capital del estado manchú.

3.3.2.  La explosión urbana reciente El acelerado crecimiento urbano del Próximo y Medio Oriente asiático a partir de la segunda mitad del siglo XX, con una tasa media de urbanización cercana al 80%, sitúa a este conjunto en uno de los espacios más urbanizados del Tercer Mundo, por delante del resto de Asia y África, aunque a bastante distancia todavía de América Latina. Los contrastes van desde Yemen y Afganistán que registran menos del 30% a los países petroleros del Golfo que superan el 90% (Kuwait, Bahrein, Qatar), al igual que Israel (91% en 2014).

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En un principio, fueron las grandes capitales de los Estados las que atrajeron a un mayor número de población y crecieron desmesuradamente. Hoy en día, con el mayor crecimiento de las ciudades medianas y pequeñas, la macrocefalia tiende a atenuarse, aunque todavía domina en la mayor parte de los países: Damasco, Amman, Estambul, Teherán o Bagdad, son capitales que siguen concentrando elevados volúmenes de población; por ejemplo, en Beirut vive el 35% de la población total del Líbano. Turquía es el país que cuenta con el mayor número de ciudades millonarias y con el sistema urbano más equilibrado del conjunto, donde la cúspide de la pirámide urbana está ocupada por dos ciudades que se reparten las funciones de capitalidad: Estambul y Ankara. En comparación con el Próximo y Medio Oriente, y con la media mundial (54%), la tasa de urbanización del Subcontinente Indio y del Sureste Asiático en 2015 es todavía bastante baja: 30% en el Subcontinente Indio, 40% en el Sureste Asiático, mientras que China, que en 2008 tenía el 45%, en 2015 ha pasado al 54%. Aunque existan numerosas ciudades millonarias, algunas de ellas entre las más grandes del mundo, con un crecimiento anual muy fuerte, todavía es en términos relativos una de las regiones menos urbanizadas del mundo. Sin embargo, dado el volumen de población que vive en las ciudades y el ritmo de crecimiento que hoy registran, la explosión urbana es uno de los grandes problemas que presentan estos países. Así, por ejemplo, en la India la población urbana crece al 2,5% anual, en Pakistán, Camboya e Indonesia al 2,8%, Tailandia, Vietnam y China al 3%, Bangladés al 3,5% y Laos al 5%. Hoy, entre las 20 mayores ciudades del mundo figuran cinco del Subcontinente Indio (Bombay, Nueva Delhi, Dacca, Calcuta y Karachi), dos del Sureste Asiático (Yakarta y Manila) y tres de China (Shangai, Pekín y Tianjin). En la India destaca como más urbanizada la región de Nueva Delhi y del Punjab (Amritsar, Ludhiana, etc.), junto con el Punjab pakistaní (Lahore, Islamabad-Rawalpindi). Gran número de ciudades aparece también en la región del noreste, donde Calcuta destaca como el primer puerto (40% de las exportaciones y 25% de las importaciones) y centro industrial de la India, y también como capital mundial de la miseria. Otras ciudades se sitúan en la región industrial del valle de Damodar, como Jamsedpur, Durgapur, Asansol, etc. En el sur de la península, además de Madrás, destacan Coimbatore, Mysore y sobre todo Bangalore, donde se están instalando las nuevas industrias con capital extranjero y experimentan una gran expansión. Bangalore se ha convertido en centro de las multinacionales de la informática y de numerosas empresas indias de alta tecnología, siendo ya el centro de un Silicon Valley, cuya población ha pasado de 1,7 millones de hab. en 1970 a 2,9 millones en 1991 y a 8,5 millones en el 2015. En el Sureste Asiático todas las grandes ciudades tienen un emplazamiento costero que ha sido el principal factor de la localización industrial. Las funciones portuaria, industrial,

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de capitalidad política y de centro de servicios son las que han dado origen a las grandes aglomeraciones, cuyo crecimiento se ha disparado en las últimas dos décadas: Yakarta, Manila, Bangkok, Ho Chi Minh y Rangún. Junto a ellas algunas otras ciudades de origen mi­ nero o con función industrial han alcanzado un volumen de población mucho más mo­des­to: Medan y Padang en Sumatra, Bandung y Surabaya en Java, Hanoi y Haiphon en Vietnam, Cebú y Davao en Filipinas. Aparecen también algunos casos de macrocefalia, como en Camboya, donde la capital del país, Pnonh Penh (1,5 millones de hab. en 2015), absorbe más del 60% de la población urbana total, sin que aparezca ninguna otra ciudad que llegue a los 200.000. En Myanmar, Rangún (hoy Yangoon) llega al 31%, pero comparte la función rectora con Mandalay, capital de la región septentrional. Malasia tiene además de Kuala Lumpur, las ciudades de Ipop, George Town (Penang) y Johore Bahru. En general, las ciudades funcionan como entes autónomos en sus áreas de influencia y en raros casos existe una verdadera integración y jerarquización de la red urbana. Solo Singapur está tejiendo, con sus intereses financieros en el Sureste Asiático, una incipiente red de relaciones entre los grandes centros urbanos. China, aunque en conjunto sigue siendo un país débilmente urbanizado, en valores absolutos, cuenta con la mayor población urbana del mundo: casi 750 millones de personas viven en ciudades; y su crecimiento actual es espectacular, pues de 2000 a 2015 la población urbana se ha incrementado en casi 350 millones de personas. Desde la instauración del gobierno socialista, el proceso de urbanización ha pasado por tres fases: a) Un fuerte aumento en la década de los cincuenta, con un desmesurado éxodo rural (primera etapa de industrialización) y una enorme explosión urbana, evidente influencia soviética: monumentalismo, uniformidad sistemática, rigidez absoluta. Hoteles y Palacios de Cultura de la mayoría de las grandes ciudades datan de esta época soviética; la fuerte concentración espacial de la industria en determinados centros urbanos fomentó un crecimiento urbano muy desequilibrado. b) Estancamiento durante los años sesenta y setenta. c) Y de nuevo, a partir de los ochenta, fuerte crecimiento, debido a la reforma económica, la apertura a las inversiones extranjeras y al turismo internacional; este crecimiento se ha acelerado a partir del 2000, debido a la liberalización de la economía y a un fuerte incremento del éxodo rural. Hoy la amenaza de un éxodo rural masivo hacia las grandes ciudades es una de las principales preocupaciones de la política urbana que ha puesto en marcha un programa de grandes nuevas áreas urbanas, fundamentalmente en torno Shanghai, Guangzhou y Pekín, donde se prevé la construcción de once ciudades satélites. China cuenta en 2014 con más de

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50 ciudades millonarias, de las cuales cuatro pasan de los diez millones de habitantes: Shenzhen, Guangzhou, Pekín, con 11,7 mill. y Shanghai con 20 millones en su aglomeración urbana. El mayor nivel de urbanización aparece en el Noreste, donde el crecimiento urbano comenzó antes de 1949 bajo el impulso de los japoneses, en las regiones costeras, donde mayor ha sido el crecimiento industrial, y en los grandes ejes fluviales, fundamentalmente el bucle y la cuenca baja del Hoang Ho y, sobre todo, el Yangtsé.

3.3.3.  La estructura urbana En la formación de la trama urbana actual de las ciudades de Asia Meridional y Orien­tal han intervenido la herencia de las ciudades tradicionales, la colonización europea, la industrialización posterior a la independencia y la reciente apertura de estos países a la eco­ nomía mundial. En el Próximo y Medio Oriente la herencia histórica está especialmente presente en la ciudad árabe que se caracteriza por una construcción que tiende más al desarrollo horizontal que al vertical y donde sólo los minaretes de las mezquitas destacan como únicos elementos que se elevan sobre la ciudad. Estas ciudades se presentan como un conjunto arracimado de casas bajas cuyos muros exteriores están cegados para preservar la intimidad de sus moradores, y están ubicadas en estrechas y sinuosas callejuelas para protegerse del sol. Estas ciudades muestran una clara oposición entre los espacios públicos y privados y se encuentran profundamente segregadas en barrios homogéneos, ya sea de origen etnolingüístico (barrios pakistaníes, hindúes, judíos, etc.) o según las distintas actividades profesionales. La ciudad vive, fundamentalmente, del comercio y del artesanado, que continúan concentrados en el zoco (árabe) o bazar (persa), la zona comercial por excelencia; y los espacios religiosos siguen acaparando un lugar preeminente. Aunque el resto de la ciudad se moderniza y expande su perímetro, el carácter islámico de estas ciudades les sigue proporcionando una indudable originalidad. Con la colonización se implanta una nueva urbanización en damero y surgen barrios europeos en las ciudades antiguas. A su vez, en el Subcontinente Indio y el Sureste Asiático, la estructura urbana de las ciudades presenta un esquema bastante común. Se relaciona con el carácter de ciudades portuarias y coloniales, que han pasado las mismas etapas de desarrollo urbano y puede encontrarse desde las ciudades costeras de la India hasta las de Filipinas. La estructura interna de estas ciudades suele organizarse en torno a un núcleo antiguo y monumental, al que se yuxtaponen barrios de estilo occidental con funciones administrativas y comerciales, derivadas del periodo colonial. Otros barrios acogen a la población de rentas altas y bajas, marcándose diferencias también por motivos étnicos y religiosos. La

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ciudad penetra casi imperceptiblemente en el campo, por medio de arrabales y chabo­las, fundiéndose con aldeas rurales para dar lugar a heterogéneas conurbaciones de gran extensión superficial. Todo ello en torno a un puerto que fue el origen de la ciudad y que hoy constituye su elemento fundamental, junto al cual se ha desarrollado la actividad industrial (Figura 5.8).

Figura 5.8. Croquis de estructura urbana.

En su última fase el crecimiento urbano ha sido muy rápido y ha dado lugar a nuevos barrios residenciales construidos en entornos de muy baja calidad medioambiental, a nuevas áreas industriales localizadas en la periferia, junto al ferrocarril o junto al río, y, en ocasiones, a un nuevo puerto construido a las afueras de la ciudad para descongestionar el viejo puerto. Pero también, en la franja periférica, y junto a las vías de acceso a la ciudad, han surgido extensos barrios irregulares de chabolas, de habitat espontáneo y viviendas autoconstruidas. En China, la estructura urbana de la ciudad tradicional, rígidamente configurada en una retícula geométrica, refleja el carácter estático de los procesos económicos y sociales de la China antigua. La presencia occidental, a partir de la segunda mitad del siglo XIX, modifica profundamente la estructura de muchas ciudades; y quedó marcada por el emplazamiento de empresas extranjeras en barrios separados del resto de la ciudad existente; estas empresas

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extranjeras fueron también la base de la creación de nuevas ciudades, que se alinearon fundamentalmente a partir de los tres ejes anteriormente citados. Como ocurre en todo el mundo subdesarrollado, la llegada masiva de emigrantes rurales desencadenó una urbanización marginal y descontrolada en la mayor parte de las grandes ciudades de Asia Meridional. El desorden y la anarquía urbanística reinan en torno a las grandes ciudades, cuyos espacios periurbanos se extienden sobre varios kilómetros y en ellos vive más de la mitad de sus ciudadanos. Así, Teherán se despliega sobre 80 km de noroeste a sureste, y Estambul ocupa un área cercana a los 40 km. Cabe destacar este tipo de barrios de autoconstrucción en Turquía, donde se les conoce con el nombre de gecekondu, que quiere decir en sentido literal «construidos durante la noche». En los Estados petrolíferos, la población de las ciudades es cada vez menos musulmana y menos integrada (debido a la intensa inmigración extranjera de pakistaníes, indonesios, filipinos, surcoreanos, tailandeses, etc.), y las ciudades presentan una estructura urbana claramente dualista, en la que amplios y elegantes barrios de corte occidental —a Kuwait se la denomina «Los Ángeles árabe»— ocultan la pervivencia de una población autóctona, que sigue manteniendo unos rasgos patriarcales profundamente tradicionales. Este fenómeno de expansión incontrolada está igualmente presente en las ciudades del Subcontinente Indio y del Sureste Asiático. Este es, por ejemplo, el caso de Yakarta, Bangkok, Manila, Calcuta o Bombay. Desde 1950 la población urbana se ha multiplicado por siete y en las ciudades millonarias, donde en 1950 vivían 30 millones de personas hoy viven ya más de 200 millones. La mayor parte se hacina en esos barrios miserables e insalubres que se extienden a lo largo de muchos kilómetros en los bordes de las grandes ciudades. El deseo de escapar de la miseria rural les lleva a una nueva miseria urbana. En Yakarta el 80% de las viviendas son inadecuadas para vivir. Grandes focos de inmigración, las ciudades son un reflejo del conglomerado étnico del país, donde conviven sin mezclarse los chinos con los malayos, tailandeses, camboyanos o vietnamitas. En la India las castas dan origen a fuertes contrastes y divisiones en el interior de las ciudades. En China, los barrios marginales durante mucho tiempo han tenido muy poca importancia, debido a que el crecimiento urbano se produce según un planteamiento previo estatal. Otra singularidad de la ciudad china es que los complejos residenciales se edifican muy cerca (no más de 2 km) de los emplazamientos mineros o industriales, con lo que los movimientos pendulares quedan anulados. Las viviendas suelen ser propiedad del Estado, quien las entrega a las fábricas y éstas las alquilan a sus trabajadores por un alquiler que no supera en ningún caso el 10% del salario mensual. Estos complejos residenciales están formados por edificios de 2 a 4 plantas, con abundantes espacios libres. Normalmente sólo se construye el 30% del espacio, el resto debe quedar para equipamientos comerciales y culturales, cuya construcción es paralela en el tiempo a la de las viviendas, con lo que desde un principio estos conjuntos forman una unidad cerrada.

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4. LA   RIQUEZA DE PETRÓLEO EN ORIENTE MEDIO Y LAS GRANDES ÁREAS PETROLÍFERAS Los países de Asia Suroccidental extraen cada año entre 1.000 y 1.300 millones de t de petróleo, es decir, casi la tercera parte de la producción mundial. Sus reservas conocidas se estiman en 800 millones de barriles (el 50% de las mundiales), de las cuales un tercio corresponde a Arabia Saudí (primer productor del planeta y primer país en reservas probadas) y el resto a los otros cuatro grandes productores del Golfo (Irán, Irak, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos). A raíz de recientes descubrimientos efectuados en Irak y Arabia Saudí, se prevé que en este siglo XXI los países del Golfo llegarán a disponer del 85% de las reservas mundiales. Igualmente, la región posee en la actualidad casi la mitad de las reservas mundiales de gas natural. A la abundancia de reservas se une también la facilidad de extracción (los pozos suelen ser muy poco profundos, de manera que el coste de producción por barril se encuentra entre los más bajos del mundo) y la flexibilidad de su producción, lo que permite ser aumentada o disminuida en un breve periodo de tiempo, e influir muy directamente en el ritmo del mercado mundial.

4.1.  Excelentes condiciones naturales y control de la producción La historia geológica de esta región del globo explica la existencia de estos importantísimos recursos en hidrocarburos, que suponen la base de su riqueza y el principal factor de transformación social y económica del conjunto. Actualmente se encuentra ampliamente demostrado que el petróleo se originó a partir de la materia orgánica acumulada en los sedimentos del fondo del mar de las regiones de depresiones. En estas cuencas irían cayendo gran número de organismos planctónicos que vivían en las aguas superficiales y colindantes de las propia cuenca marina. A esta acumulación de organismos marinos se añadiría también materia orgánica (humus y organismos muertos) arrastrada por los ríos hacia el mar. Estos restos orgánicos quedarían enterrados en mares poco profundos y cubiertos por finas capas de sedimentos (arenas y arcillas). En este fango estancado, se desarrollaron bacterias anaerobias que descompusieron la materia orgánica, transformándola en sustancias grasas y parafina. Estas fermentaciones bacterianas darían lugar al llamado «sapropel», materia orgánica ya descompuesta, de color muy oscuro y de olor pestilente, que al quedar enterrada y bajo la acción de ciertas condiciones de temperatura y de presión se transformaría en hidrocarburos. No obstante, para la formación de un yacimiento petrolífero se requiere no sólo que se origine el hidrocarburo, sino que también, dada su enorme movilidad, que existan unas condiciones adecuadas para su almacenamiento. La suma de estas características favorables

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(litología y estructura) es la que ha dado lugar a la formación de los mayores yacimientos petrolíferos del mundo. Tradicionalmente, la explotación del petróleo en Oriente Medio se ha basado en el sistema de «concesiones», es decir, derechos que las grandes compañías occidentales, a partir de 1930, obtuvieron de los soberanos locales, sobre determinadas áreas de su territorio, para la prospección y futura explotación de yacimientos de hidrocarburos. Hasta la Segunda Guerra Mundial, Gran Bretaña era la que controlaba la mayor parte de la producción de petróleo de la región, que por aquéllos años se concentraba especialmente en Irak e Irán. Después de la Guerra, la supremacía inglesa va perdiendo lugar en favor de la participación americana, europea y japonesa. El ambiente de movimientos anticolonialistas, frente al paulatino resurgimiento del nacionalismo árabe, incita a los países productores a reivindicar unos beneficios, cada día mayores en virtud de la espectacular progresión de la actividad petrolera. Así, durante los años cincuenta, los contratos de concesión se renegociaron de manera que a partir de entonces se redujo la duración de la concesión a 20-25 años; el territorio de un mismo Estado se podía parcelar en varias zonas concedidas a compañías diferentes; se dictó una cláusula en la que se daba prioridad al empleo local y a la industrialización del país; y se dividieron los beneficios al fifty-fifty, canon introducido por Arabia Saudí en 1950 y adoptado por el resto de los países desde 1952 (excepto Irán). La progresiva participación de los países productores en este sector implicó la creación de compañías nacionales, con las que obligatoriamente debían contactar las compañías extranjeras, hasta el punto que durante los años setenta, numerosos contratos de concesión fueron sustituidos por contratos de asociación, gracias a los cuales los beneficios derivados de la explotación petrolera comenzaron a recaer sobre el conjunto de las economías productoras. La OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo) se creó en la conferencia de Bagdad en 1960 y está integrada por Arabia Saudí, EAU, Irán, Irak, Kuwait y Qatar, países todos ellos pertenecientes al área del Golfo; junto a ellos están también Libia, Gabón y Nigeria, Indonesia y Venezuela. En 1968 se fundó la OPAEP (Organización de Países Árabes Exportadores de Petróleo) por Arabia Saudí, Kuwait y Libia, a los que más tarde se sumaron Bahrein, EAU, Irak, Qatar, Siria, Egipto y Túnez. Con la creación de la OPEP y más tarde de la OPAEP, los países productores fueron mejorando sensiblemente su participación hasta el punto que, por ejemplo, en el año 1973, ellos mismos, por primera vez en la historia, fijaron el precio del petróleo. A lo largo de toda la década se mantuvo el aumento del precio del barril, llegando a multiplicarse por doce en el lapso de 1973-1981. Las rentas de los países productores tuvieron por ello un espectacu­lar aumento durante la década de los setenta, multiplicándose por 50 e incluso por 100 en

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muchos países: en Arabia Saudí, por ejemplo, las rentas petroleras ascendieron en este periodo de 1.200 a 110.000 millones de dólares. A partir de entonces, la evolución de la producción petrolera de los países del Golfo ha corrido en paralelo a la evolución de las relaciones entre los países productores y los países importadores. Las disponibilidades financieras de esta región no sólo son hoy en día elevadísimas, sino que se espera sigan creciendo debido a las inmensas reservas que poseen (61,9% de las mundiales) y al aumento de la demanda por parte de otros conjuntos regionales del globo, como China o el Sureste Asiático. En la actualidad, debido al escaso consumo energético de los países productores, casi la totalidad de la producción de hidrocarburos, en su mayoría en bruto, se destina a la exportación. A pesar de la evolución de la política energética de los países fuertemente industrializados en busca de energías alternativas, estos siguen siendo los principales destinatarios de la producción petrolera del Golfo (Estados Unidos, Unión Europea, Japón), a los que se suman las crecientes exportaciones a China y países emergentes asiáticos: en el año 2003, el 46% del petróleo consumido en China provenía del Oriente Medio y se espera que alcance el 79% en el año 2020.

4.2.  Principales áreas y países productores de petróleo y gas natural La producción de petróleo en el Próximo y Medio Oriente asiático se encuentra netamente concentrada en torno al Golfo (Pérsico para unos, Arábigo para otros); tan sólo una pequeña área escapa a esta fuerte concentración, localizada entre el sureste de Turquía y nordeste de Siria e Irak, pero de mucha menor capacidad. Arabia Saudí es el segundo productor mundial de petróleo bruto (con el 13% del total mundial, por detrás de Rusia, en el año 2014) y guarda asimismo el 16% de las reservas mundiales. El zócalo que subyace bajo la península arábiga, que es un fragmento de la antigua plataforma continental de Gondwana, ha actuado de amortiguador frente a los empujes tectónicos, de manera que los estratos suprayacentes apenas sufrieron deformaciones, dando lugar a anticlinales de amplio radio de curvatura, especialmente favorables para el almacenamiento de petróleo. En la actualidad, Arabia Saudí posee el mayor campo petrolífero continental del planeta, situado en Ghawar; se extiende sobre unos 200 km de norte a sur y entre 25 y 30 km de este a oeste y sus reservas son superiores a todas las de Estados Unidos. Más hacia el norte se encuentran otros yacimientos, como los de Abqaiq, Damman, Qatif y Berri. Posee también el yacimiento submarino más grande del mundo, Safaniya, descubierto en 1951. La mayor parte de la producción es exportada por el puerto de Ras Tanura, donde confluyen la mayoría de los oleoductos del país y donde se encuentra también la mayor refinería

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del planeta. Asimismo, el país controla la compañía petrolera más grande del globo, la Aramco, que asegura el 97% de la producción nacional y que en el año 2005 puso en marcha un ambicioso programa con el fin de aumentar la producción y duplicar el número de pozos de sondeo para reemplazar los yacimientos más obsoletos. Los principales campos petrolíferos de Kuwait se encuentran sobre una roca-almacén de areniscas cretácicas, de unos 300 metros de espesor —en Arabia Saudí algunos campos tan sólo alcanzaban los 70 metros— y a una escasa profundidad, factores que han propiciado unos costes de explotación excepcionalmente bajos. El petróleo kuwaití se descubrió en 1938, pero su explotación y posterior exportación no comenzó hasta después de la Segunda Guerra Mundial. En la actualidad (2016), este pequeño país desértico de 17.820 km2, situado entre Irak y Arabia Saudí, posee el 8,2% de las reservas mundiales de petróleo y una de las rentas per cápita más elevadas del planeta. La proximidad de los terrenos a la costa y el declive del terreno han favorecido un desplazamiento por gravedad del petróleo, sin necesidad de bombeo, desde los centros de producción (Burgan, el principal, Mutaiba, Umm Gadar, etc.) hasta los puertos exportadores, donde se sitúan las grandes refinerías y complejos petroquímicos (Mina al Ahmadi, Mina Abbullah, Mina Saud). Irán es el país en el que se descubrió el primer yacimiento productivo de Oriente Medio (1908: Masjid-i-Suleiman). Los yacimientos petrolíferos más importantes, explotados por la Sociedad Nacional Iraní del Petróleo (SNIP), se encuentran en el suroeste del país, en la región del Khuzistán, al pie de los Zagros. Vastos anticlinales de calizas oligomiocenas, encierran grandes bolsas de petróleo, entre las mayores del mundo, y presentan unas condiciones de extracción extremadamente fáciles: la instalación de pozos en los flancos de los anticlinales permite una sencilla y poco costosa extracción. Todos los campos petrolíferos se encuentran conectados a través de una densa red de oleoductos con las principales refinerías y puertos exportadores. Desde 1970 el puerto de Abadán ha ido cediendo su primacía a la inmensa terminal de la isla de Kharg, construida en alta mar para facilitar las maniobras de los grandes buques petroleros. Actualmente (2015), Irán es el séptimo país del mundo en producción de petróleo y el tercero en gas natural, con unas reservas del 10% y 17%, respectivamente. Tras el levantamiento de las sanciones internacionales en enero de 2016 y la posibilidad de volver a poder vender hidrocarburos en el mercado mundial, se espera que Irán incremente notablemente el volumen de su producción. Irak es un antiguo país petrolero cuyo primer yacimiento descubierto se remonta al año 1927, en la región de Kirkuk. Los principales campos petrolíferos irakíes también se localizan al piedemonte de los Zagros, sobre amplias estructuras de anticlinales y sinclinales, cuya roca-almacén está constituida por calizas terciarias. La producción del campo de Kirkuk, situado sobre un anticlinal que alcanza los 90 km de longitud, se exportaba hacia los puertos

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mediterráneos de Banias y Trípoli a través de una larga red de oleoductos que recorría el desierto sirio; en 1976, a raíz de una serie de desavenencias surgidas entre ambos países —Irak y Siria— este tráfico quedó interrumpido. El descubrimiento de nuevos yacimientos en la Baja Mesopotamia, ya en las proximidades del Golfo, sobre areniscas cretácicas, al igual que en gran parte de Kuwait y Arabia Saudí, ha dado un nuevo impulso a este sector, que desde 1975 se encuentra en su totalidad en manos de compañías nacionales. Estas dos grandes zonas petrolíferas del país (Kirkuk al norte y Rumaila al sur), que distan entre sí más de 700 km, se encuentran comunicadas por un gran oleoducto, conocido con el nombre de «oleoducto estratégico» (Kirkuk-Haditha-Rumaila), que hacia el norte se dirige a través de 1.100 km hacia la terminal turca de Dörtyol y hacia el sur asegura su salida al Golfo gracias a la terminal de Khor-el-Amya (la terminal de Fao fue destruida por Irán en el último conflicto bélico entre ambos países). Asimismo, este oleoducto enlaza también con la Petroline saudí, lo cual permite que la producción llegue hasta el puerto de Yanbu, en el Mar Rojo. A raíz de los conflictos bélicos de los últimos años, varios oleoductos han sido parcialmente destruidos y otros cerrados; y algunos yacimientos han caído en manos del denominado Estado Islámico, lo que explica que, a pesar de tener unas reservas del 8,8% del total mundial, Irak solo producía en 2008 el 2,5% del petróleo mundial; sin embargo, en 2014 la producción ha aumentado a 160 mill. de t., que representan el 3,8% del total mundial. La existencia de numerosos yacimientos en el resto de los pequeños países del Golfo (Bahrein, Qatar, EAU, Omán y Yemen) convierte en la actualidad a la península arábiga en una de las mayores regiones productoras mundiales de hidrocarburos. Entre ellos destacan los Emiratos Árabes Unidos, con una producción de petróleo que supone el 4% del mundo y unas reservas estimadas en el 6% del total mundial en el año 2016. A la abundancia de reservas se añade la facilidad de su extracción. En esta región existen tanto yacimientos terrestres (on-shore), no muy alejados de la costa, como yacimientos marinos (off-shore) que, al estar situados en un mar tranquilo, con una débil profundidad y bastante cercanos al litoral, facilitan enormemente su explotación. Todos los países petroleros poseen también gas asociado a estos yacimientos (gas de petróleo) y otros, además, poseen yacimientos de gas exclusivos (gas natural). Irán, Qatar, Arabia Saudí y EAU son, por este orden, los principales productores de gas natural en el Oriente Medio. La producción de todo el conjunto regional supone el 15% del total mundial en el año 2014. La región posee, además, el 40% de las reservas mundiales. Irán, por sí sola, ocupa el segundo puesto mundial en cuanto a reservas probadas, después de Rusia. Una densa red de gasoductos atraviesa el país y la puesta en marcha en 1975 del IGAT (Iran Gas Trunkline) permite exportar un elevado volumen de este recurso hacia la antigua Unión Soviética, que a su vez exporta su propio gas hacia Europa occidental. Qatar,

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tercer país del mundo por sus reservas probadas, cuenta con el mayor yacimiento submarino de gas natural del mundo, situado al norte de la península (North Field), y otros yacimientos continentales en Khuff y El Ghataa el Ghazzi; ya a finales de los noventa exportaba cerca de 4 millones de toneladas de gas líquido hacia Japón. En los últimos años se observa un cambio sustancial en la estructura del consumo de energía a nivel mundial: el consumo de gas representa el 21% del consumo de energía primaria en el mundo y su empleo aumenta paulatinamente, a pesar de los graves problemas técnicos y costosas obras de infraestructura que crea su transporte (necesidad de compresión para su traslado en gasoductos, alta peligrosidad, etc.).

5. PROCESOS   INDUSTRIALES Y PAISES EMERGENTES EN EL SUBCONTINENTE INDIO Y EL SURESTE ASIÁTICO 5.1.  Materias primas y fuentes de energía. Recursos naturales limitados Quizá sea por la deficiente prospección geológica realizada hasta hoy, pero lo cierto es que en todo Subcontinente Indio y el Sureste Asiático solo destacan las producciones de hierro, bauxita y, la más significativa, estaño, que representa el 26% del total mundial. La India, que posee una de las grandes reservas de hierro, produce 150 millones de t en 2014 (4.º productor mundial), además de mica (75% de la producción mundial), magnesita, manganeso y bauxita (19 millones de t y 4.º productor mundial). Tanto de manganeso (8.º productor mundial y 2.ª reserva) como de plomo, zinc y cobre obtiene producciones que destina al consumo propio, dedicando una pequeña parte a la exportación. En el Sureste Asiático, entre otras producciones menores, destaca el cobre en Indonesia (6.ª producción en 2014 y 7.ª reserva), además de la bauxita en Malasia (reservas en Borneo) e Indonesia. Pero es el estaño la única producción significativa. Malasia ha sido durante años el primer productor mundial y uno de los grandes exportadores, aunque hoy el primer puesto lo ocupa Indonesia, siendo también importante la producción de Tailandia. Entre las fuentes de energía destaca, en primer lugar, el carbón, que se encuentra principalmente en algunos yacimientos de la meseta del Decán, sobre todo en la cuenca de Damodar (Estados de Bihar, Bengala y Orissa). La India produce el 8% del total mundial (3.º productor), siendo la base de su industria siderúrgica. Otros yacimientos menos importantes se sitúan entre Hiderabad y el bajo Godavari. También se extrae carbón en Indonesia y en la cuenca de Tonkín, norte de Vietnam, que posibilitó la creación de la industria siderúrgica de Hanoi. Las reservas probadas de petróleo se calculan en el 1,5% del total mundial y las de gas en el 4%. La principal producción de petróleo es la de Indonesia donde ha sido decisivo para su desarrollo reciente. El pequeño Brunei (en Borneo) basa su economía en el petróleo y tiene

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abundantes reservas de gas; allí se ha construido una de las mayores plantas de gas licuado del mundo. También en Borneo, en las provincias de Sarawak y Sabak hay yacimientos de petróleo y gas, que son para Malasia importante capítulo de exportación. En Myanmar, los yacimientos del centro del país y de la plataforma continental le han hecho exportador de petróleo y gas desde 1977. Con importantes reservas en el valle del Ganges, la India solo explota los yacimientos de petróleo y gas de Assam. Las reservas en el golfo de Bengala podrían convertir también a Bangladés en productor de petróleo y gas; lo mismo que Tailandia, cuyas reservas de petróleo y gas pueden proporcionar el autoabastecimiento en un próximo futuro. Entre los cuatro principales productores de gas natural en Asia Meridional, Indonesia, Malasia, India y Bangladés, extraen en conjunto el 7% de la producción mundial.

5.2.  Los procesos industriales y la formación de las grandes industrias El desigual reparto de los escasos recursos naturales y las diversas situaciones de colonialismo, por las que han pasado todos los países del Subcontinente Indio y del Sureste Asiático, explican los fuertes contrastes que existen en el proceso de industrialización de los últimos cincuenta años. La mayoría de los países se está industrializando, aunque el modelo y el ritmo difieren de unos a otros. En la base de estos procesos se halla la mano de obra barata, la llegada de capitales extranjeros, sobre todo a determinados países que han ofrecido facilidades, y el dinamismo de los empresarios locales estimulados por el liberalismo económico. El proceso de modernización de la economía está vivo en todos estos países, pero frente a algunos que han avanzado extraordinariamente (Indonesia, Malasia, India y Singapur), todavía quedan otros en los que apenas se ha iniciado (Bangladés, Myanmar, Camboya y los Estados himalayos). En el conjunto de Asia Meridional, el sector industrial representa casi la tercera parte del PIB; en la India representa el 28%, en Singapur, el 35% y en algunos, como Tailandia, Indonesia, Malasia y Vietnam pasa del 40%. Dentro del Tercer Mundo, y sin incluir a los cuatro «dragones» (Corea del Sur, Hong Kong, Taiwan y Singapur), por ser casos especiales, entre los primeros países por el volumen de producción industrial figuran cuatro de Asia Meridional. En todos los países coexisten las industrias tradicionales y las modernas; las manufacturas siguen un sector minoritario, excepto en Singapur. Las industrias tradicionales están relacionadas con el artesanado que existe en todas partes, aunque el Subcontinente Indio siempre fue más floreciente en esta actividad que el Sureste Asiático. Sobre todo en la India, donde el enorme volumen de población y la estructura de castas favorecían la profesionalización de la artesanía y la transmisión hereditaria de las técnicas de trabajo. Los colonizadores impusieron severas restricciones a la exportación

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de estos productos artesanales, impidiendo así el posible desarrollo hacia una industria moderna, tanto en la India como en Indochina francesa y en Filipinas. En el Sureste Asiático la artesanía se organizaba en patronatos controlados por la burguesía china, presente en todas las ciudades grandes y medianas de la región. Su gran desarrollo y su actual pervivencia obedece al hecho que en numerosos países es una actividad protegida, por ser una gran fuente de empleo, mantener salarios bajos, ser compatible con la estacionalidad del trabajo agrícola, responder al gusto tradicional y, en muchos casos, adoptar ya técnicas modernas de elaboración. Sin embargo, el problema reside en que los artesanos se han convertido en asalariados de los comerciantes, que son los que proporcionan la materia prima y comercializan la producción; incluso pueden ser los dueños de los equipos de trabajo. Además, el trabajo artesanal se halla cada vez más en peligro ante la fábrica, que produce de forma más competitiva todo tipo de productos. El desarrollo de la industria moderna en los países de Asia Meridional se ha llevado a cabo a lo largo de un proceso en el que se pueden diferenciar tres fases: sustitución de importaciones, revalorización de materias primas locales para la exportación y sustitución de exportaciones. La primera consiste en sustituir la importación de productos consumidos en el país por la fabricación local de los mismos mediante la importación de materias primas, favoreciéndose con políticas aduaneras y fiscales. Casi todos los países del Subcontinente Indio y del Sureste Asiático han adoptado y han pasado por esta fase de industrialización. En la segunda fase, la industrialización se basa en elaborar productos casi terminados o terminados a partir de materias primas locales, agrícolas, forestales y mineras; con ello se pretende revalorizar los recursos naturales, consiguiendo una parte del valor añadido mayor que si se exportasen en bruto. También a esta fase han llegado casi todos los países de Asia Meridional, pero las industrias de este tipo son más importantes en aquellos países mejor dotados de recursos naturales, como son la India, Indonesia y Malasia. La tercera fase, a la que solo han llegado Singapur y, en menor medida, países emergentes, como Malasia, Tailandia, India, Indonesia y Filipinas, consiste en modificar la estructura de las exportaciones, creando industrias manufactureras con el objetivo de exportar al exterior, reduciendo así el valor relativo de las exportaciones de materias primas. Este tipo de industrialización solo se puede realizar mediante acuerdos con firmas transnacionales que realizan las inversiones y crean las industrias manufactureras, a cambio de grandes beneficios basados en bajos salarios y grandes exenciones fiscales. Como consecuencia de estos procesos, algunos países están formando una base industrial importante, más o menos sólida, pero diversificada. Mientras que unos (Bangladés, Laos, Camboya) siguen en la fase de sustitución de importaciones, otros no han podido llegar todavía al estadio de la sustitución de exportaciones (Pakistán, Sri Lanka, Birmania, Vietnam, Filipinas) y algunos otros están accediendo a él (los llamados «pequeños dragones»: Malasia,

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Tailandia, Indonesia; quizá también Filipinas y Vietnam); esta última fase solo está consolidada en Singapur, lo mismo que en los otros tres «dragones». De las industrias modernas las más extendidas son, primero, las que se dedican a la elaboración de productos agrarios de producción nacional: textiles, conservas y aceites, cigarrillos, caucho, muebles y cuero, azúcar, etc. Algunas producciones están en manos de empresas multinacionales, como Nestlé o Coca-Cola, y muchos capitales proceden de Holanda, Japón y Oriente Medio. Y, en segundo lugar, las industrias transformadoras de productos minerales que son las de mayor tamaño, con instalaciones de más de 1.000 obreros: refinerías de estaño y de petróleo en Malasia e Indonesia; acero en India, Tailandia y Vietnam; y la gran industria química de cemento en India, Pakistán, Tailandia y Filipinas y de fertilizantes en India y Tailandia. Sin embargo, en los últimos años las manufacturas están alcanzando un notable desarrollo, sobre todo en la India, Tailandia, Malasia e Indonesia. Son industrias de alto valor añadido, que incluyen una gama cada vez más amplia de artículos acabados, desde automóviles y aviones hasta aparatos eléctricos y electrónicos, electrodomésticos, radios, televisores, ordenadores, material de precisión, juguetería, química, textil y farmacéutica; la llamada «industria de componentes», que supone la fabricación parcial de las piezas y el montaje final de los artículos, importando las piezas no fabricadas en el país de montaje. Donde más han proliferado estas industrias de los años sesenta ha sido en los países donde se han creado las zonas francas (EPZ o Export Processing Zones), especialmente en Singapur, Tailandia, Malasia e Indonesia. La mayoría son industrias basadas en el consumo intensivo de mano de obra. Así, pues, la industrialización en Asia Meridional es un proceso complejo y muy activo, cuya evolución y características marcan grandes diferencias entre unos países y otros. Así, la industrialización de un gran Estado como la India tiene poco que ver con la de Singapur; y la de los «pequeños dragones» del Sureste Asiático difiere igualmente del tipo de industrias de Pakistán, Bangladés o los Estados himalayos. Por su desarrollo industrial, podemos establecer una gama muy variada de países: en un extremo se situaría un «dragón», Singapur, y un Estado-Continente, la India; en el otro, están los países olvidados de la industria: los Estados himalayos, Bangladés, Sri Lanka, Myanmar, Laos y Camboya; entre unos y otros aparecen los llamados «pequeños dragones», es decir, Indonesia, Malasia y Tailandia, y los aspirantes a «pequeños dragones»: Filipinas y Vietnam.

5.3. La Unión India: una gran potencia industrial emergente en el Tercer Mundo La India, hoy, por el volumen de su producción industrial, es uno de los cuatro gran­des del Tercer Mundo, junto con China, Brasil y México. Se debe a la existencia de recursos

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naturales, a la tradición artesanal, al volumen de su mercado interno y, sobre todo, a la política industrial impulsada desde la independencia, que ha contribuido a formar un sector industrial de cierta envergadura y bastante diferenciado que en 2015 ocupa el 25% de la población activa y representa el 26% del PIB. A la explotación de materias primas realizada en tiempos de la colonización inglesa, siguió a partir de los años cincuenta la fase de sustitución de importaciones, buscando la creación de un sector industrial autónomo basado en el desarrollo del mercado interior y en la asociación de capital del Estado, inversiones extranjeras y capital privado indio. A partir del segundo plan quinquenal, iniciado en 1956, la India centró sus esfuerzos en los recursos energéticos (carbón y petróleo), la industria básica (siderurgia y aluminio) y los medios de transporte. La escasez de capitales propios dio motivo a la petición de ayuda exterior que llegó tanto de países occidentales (Alemania y Reino Unido) como de la antigua Unión Soviética, país que, además de los créditos concedidos, construyó una siderurgia en Madhya Pradesh, colaboró en la explotación del petróleo y contribuyó a la formación de técnicos. A partir de 1985, la India abandonó el sistema de planificación parcial que había creado un potente sector público, y dio un giro hacia el sistema neoliberal que ha supuesto el fin del nacionalismo económico, la privatización de muchas empresas, una mayor apertura al capital extranjero y el paso a la fase de sustitución de exportaciones, impulsando la exportación de productos manufacturados que representa el 54% del valor total de las exportaciones. Para importar tecnología informática ha creado empresas mixtas con firmas internacionales y se da el caso de que capitales indios se han invertido ya en países del Sureste Asiático y de África. Actualmente, se está desarrollando un ambicioso programa de modernización basado en las nuevas tecnologías y en la biotecnología, dedicando el 1% del PIB a Investigación y Desarrollo (I+D). En el importante sector industrial de la India figuran, por un lado, las industrias tradicionales, pequeñas en su mayoría pero que proporcionan el 80% de los empleos industriales y, por otro, las industrias modernas. Entre las primeras, cabe citar a la industria textil, la única gran industria a escala mundial; sobre todo, yute en Calcuta y otros centros de Bengala Occidental, utilizando materia prima importada de Bangladés, y algodón, en la región de Bombay. Igualmente destaca la industria alimentaria, basada en producciones agrarias, como son las conservas, harinas, té, tabaco o aceites. Entre las industrias nuevas figuran, en primer lugar, las de base: cemento, aluminio, cuyo crecimiento espectacular está relacionado con el aumento de producción de bauxita y de energía hidroeléctrica; y, sobre todo, la siderurgia. La primera fábrica de acero la fundó en 1906 el grupo indio Tata en Jamshedpur, cerca de la cuenca hullera de Damodar y no lejos del hierro de Noamundi, al norte, y del manganeso y hierro de Jada, al Sur. Otras tres siderurgias fueron creadas entre 1956 y 1970 por el Estado con ayuda del capital británico (Durgapur),

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alemán (Raurkela) y soviético (Bhilaï en Madhya Pradesh). Posteriormente ha surgido alguna otra siderurgia al sur (Andhra Pradesh y Madrás), de tecnología más moderna y productos de mayor calidad que las anteriores. La India se ha convertido así en un país siderúrgico de tipo medio, que dobló la producción de acero entre 2000 y 2008, alcanzando en 2014 los 86 millones de t y siendo 4.º productor mundial (España 14 millones y 16.º productor). El grupo indio Mittal es el mayor grupo siderúrgico del mundo, con 70 millones de t de acero, producido en catorce países. En segundo lugar, también ha experimentado un gran crecimiento la metalurgia de transformación y las industrias mecánicas: locomotoras en Jamshedpur y Varanasi; vagones y bicicletas en Madrás, automóviles en Bombay, Calcuta y Bangalore (2,3 millones de vehículos y 10.º productor mundial en 2008, y 3,9 millones de vehículos y 6.º productor mundial en 2014); astilleros en Bombay y Calcuta (13.º productor mundial). Igualmente, la industria química, poco desarrollada en los años setenta, ha recibido un notable impulso en los años posteriores: fertilizantes, con producciones masivas a partir de la «revolución verde»; ácido sulfúrico, sosa, neumáticos, refinerías de petróleo y productos farmacéuticos (90% de los medicamentos consumidos). Por último, desde 1985 el Estado está potenciando la industria punta como la informática, la electrónica, las telecomunicaciones y las biotecnologías. El crecimiento industrial es lento, ya que la India sigue confiando más en su mercado interno que en las exportaciones. Desde 1994, se han acelerado las reformas económicas y los inversores extranjeros están cogiendo confianza en un país socialmente complejo, pero que tiene ya una clase media de 300 millones de personas, que crece a un ritmo del 20% anual. Con el desarrollo reciente de la industria india se han configurado tres grandes regiones industriales, a las que se unen otros muchos centros repartidos por todo el país, con mayor densidad en el valle del Ganges (Figura 5.9). Dos de ellas tienen un origen más antiguo, la de Bombay y la del noreste o Bihar-Orissa; la tercera es de formación más reciente, BangaloreMadrás, en los estados de Andhra Pradesh, Mysore y Kerala, al sur del Decán. En los centros antiguos tiene especial interés el puerto como factor de localización industrial (Bombay y Calcuta), mientras que en los más recientes la existencia de materias primas, energía y masas de población, junto con mano de obra especializada, son los factores de localización determinantes. Entre las tres regiones citadas proporcionan el 90% del empleo industrial de la India. En el noreste, estados de Bengala Occidental, Bihar y Orissa, la región industrial tiene su centro en Calcuta y se extiende por su extenso traspaís. En Calcuta, cuya función portuaria principal ha sido suplantada por la industrial, destacan dos tipos de industrias: la textil, con materia prima local (yute y algodón), y las industrias de consumo, aprovechando el gran mercado y la abundante mano de obra: industrias mecánicas (motores y automóviles), químicas (ácido sulfúrico, sosa, colorante, papel, etc.) y alimentarias (conservas, harinas, etc.). Al oeste

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de Calcuta se ha formado un gran cuadrilátero industrial que engloba las dos grandes cuencas huyeras de Damodar e Hirakud, y donde se han desarrollado las ciudades industriales de Durgapur y Asansol, al norte, y Hirakud y Jamshedpur, al sur. Destaca especialmente esta última ciudad, el centro siderúrgico más antiguo que ha atraído a industrias mecánicas, químicas y de cemento.

Figura 5.9. Regiones y centros industriales en la India.

En la región de Bombay (estados de Gujarat y Maharasta) tiene especial desarrollo la industria textil basada en el algodón de Gujarat y presente también en ciudades del interior como Poona, Baroda y Ahmedabad; en esta región se fabrican las tres cuartas partes de los tejidos de la India; han cobrado igualmente importancia la industria mecánica (astilleros, automóviles, máquinas útiles, etc.), la petroquímica y las químicas (fertilizantes, ácido sulfúrico y fibras artificiales) y la farmacéutica. La región del sur del Decán ha basado su crecimiento en la abundante producción de energía hidroeléctrica y ha desarrollado industrias textiles, químicas, de aluminio y mecánicas (máquinas útiles, automóviles, vagones y bicicletas) y se ha especializado en aeronáutica y electrónica. Junto a Madrás con industrias más tradicionales agroalimentarias, textil y mecánica, destaca Bangalore, especializada en industria electrónica y aeroespacial en los años

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sesenta y setenta y que hoy es la ciudad india más beneficiada en esta fase actual de reformas, atrayendo a grandes multinacionales y convirtiéndose en un gran centro internacional de la industria informática. La región de Bangalore cuenta con más ingenieros informáticos que el Silicon Valley. Además de estas tres grandes regiones citadas, cabe citar los numerosos centros urbanos del Valle del Ganges con industrias ligeras tradicionales y modernas, donde destacan las ciudades de Kampur, Luknow, Allahabad, Delhi y Amritsar, esta última centro de una nueva región industrial en formación en el Punjab. Más recientemente en los años noventa, se han creado algunos enclaves portuarios con intención de desarrollar las industrias de exportación, básicamente de artículos de precisión eléctricos y electrónicos. La gran transformación que actualmente experimenta la India no se basa en el sector industrial, como ocurre en China, sino en el dinamismo de los servicios (54% del PIB), destacando especialmente los sectores informático y bancario; se multiplican los centros de investigación y todas las grandes empresas mundiales se sienten atraídas por la cantidad y calidad de la mano de obra, bien formada y barata. En 2015 la industria informática es uno de los motores de la economía india. Pero tendrá que hacer frente a la dependencia energética, a la excesiva burocratización y corrupción, a las deficientes infraestructuras de transporte, al gran problema de la pobreza y a la enorme necesidad de empleos demandados por los emigrantes rurales y por los 10 millones de jóvenes que cada año llegan al mercado laboral.

5.4. Singapur y los «pequeños dragones», nuevas economías emergentes en el Sureste Asiático En otros países del Asia Meridional la industrialización ha seguido modelos diferentes: mientras que Pakistán ha mantenido una evolución parecida a la de la India, con planificación parcial y economía mixta, Vietnam impulsó un sector industrial con el modelo soviético, Singapur, Tailandia, Malasia y Filipinas siguieron desde el principio el modelo liberal, firmemente dirigido por los gobiernos, e Indonesia, tras un periodo de fuerte dirigismo estatal hasta los años setenta, ha desarrollado desde entonces su industria, dando juego a la iniciativa privada y abriendo el país a la inversión extranjera, siguiendo el mismo ritmo que Malasia y Tailandia. A partir de principios de los noventa, casi todos se están beneficiando de la globalización de la economía y de las nuevas técnicas de producción industrial que han facilitado la llegada desde el exterior de recursos financieros, sobre todo a los países donde la política industrial ha estimulado la entrada de grandes inversiones, ofreciendo amplias facilidades y ventajas a las firmas transnacionales. Tales son los casos de Singapur y los «pequeños dragones» que adoptaron un modelo de desarrollo industrial muy diferente al de la India, debido a las diferentes características y emplazamiento de estos países.

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Singapur es uno de los cuatro dragones o tigres asiáticos (los otros tres son Corea del Sur, Hong Kong, ya integrado en China, y Taiwán) que han desarrollado su economía y su industria siguiendo el modelo japonés, de donde llegaban los impulsos y las inversiones principales. Como Estado es un caso excepcional en el conjunto geográfico de Asia Meridional, ya que se trata de una pequeña isla que un comerciante inglés compró en 1819 a un sultán Malayo. Su situación geográfica especialmente favorable en el estrecho de Malaca pronto la convirtió en un puerto destacado en las rutas transoceánicas, sobre todo después de la apertura del Canal de Suez. A mediados del siglo XIX, Singapur funcionaba como un gran almacén y puerto franco, donde se instalaron numerosos comerciantes chinos que hacían de intermediarios entre las áreas de producción agrícola, forestal y mineral y los países occidentales. Se construyó un gran puerto moderno para grandes barcos y, en 1930, el 50% de sus exportaciones eran caucho natural, con EE UU como primer cliente. Además, contaba con varias sociedades bancarias, compañías de navegación, grandes productores de caucho y sociedades comerciales que compraron minas y plantaciones en Malasia. Con la descolonización, Singapur formó parte de Malasia, de la que se independizó en 1965, pasando a ser en los años setenta una gran base de operaciones comerciales y financieras de EE UU. El fuerte aflujo de población (sobre todo de chinos que hoy representan el 77% del total) dio origen a las industrias de consumo que se unieron a las industrias de acondicionamiento y embalaje y a los talleres de reparación de barcos. En 1961 se inicia un programa de industrialización para acoger industrias consumidoras de mano de obra, como la textil y la agroalimentaria, e impulsar la industria petrolera, con refinerías y sus productos, a la vez que se producía una intensa actividad bancaria. En 1966 se decide pasar de la industrialización por sustitución de importaciones a la industrialización para la exportación, y es en 1979 cuando se lanza a la fase decisiva en la que se pasa de la industrialización intensiva en trabajo a la de alta tecnología como mecánica de precisión, robótica e informática. Sostenido por inversiones extranjeras, el sector secundario ha adquirido en Singapur un peso decisivo, siendo durante décadas el motor del desarrollo económico y el que ha proporcionado el alto nivel de renta per cápita; la industria ocupaba en 2008 el 30% de la población activa y proporcionaba el 36% de PIB y el 86% del valor de las exportaciones. En este desarrollo industrial el Estado ha tenido un gran papel, sobre todo en la construcción de infraestructuras, como en la de la gran zona industrial portuaria de Jurong, en el suroeste de la isla. Singapur es el segundo puerto mundial en tráfico de contenedores, después de Hong Kong. Hoy el gran puerto necesita espacio y se está impulsando un polígo­no malayo en el extremo meridional de la península de Malaca (Johore Bahru), derivando hacia él parte de las inversiones que se dirigen a Singapur. Con estos proyectos se trata de deslocalizar las industrias de Singapur, llevándolas a un área próxima, donde se puede

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aprovechar a la vez la mano de obra barata de Malasia e Indonesia y las ventajas de Singapur en comunicaciones y servicios. A partir de 1986, Singapur puso especial énfasis en las actividades terciarias; pretende mundializar las redes bancarias y financieras locales, jugar un papel de intermediario para las multinacionales que quieren introducirse en el mundo chino y pasar de recibir inversiones extranjeras a ser inversor en otros países, como ya ha empezado a hacer sobre todo en Malasia, Tailandia y Vietnam, donde Singapur ha sustituido a la antigua Unión Soviética desde 1992 como primer socio comercial; y en los últimos años, está aumentando también las inversiones en China. La actual competencia china en las manufacturas, por el bajo nivel de los salarios, está haciendo que Singapur se centre en las industrias de mayor valor añadido, como los productos electrónicos, la biotecnología, con productos farmacéuticos, y la ingeniería marítima (primer productor de plataformas petrolíferas). A la vez, ha puesto en marcha un ambicioso plan de desarrollo de las Tecnologías de la Información, con el fin de aumentar el nivel de competitividad en las actividades industriales y terciarias. Se ha dado también un fuerte impulso a las actividades de ocio y turismo (10 millones de visitantes), con el objetivo de convertir a Singapur en el primer polo de turismo regional. Todo ello explica que el sector terciario se haya convertido hoy en el primer pilar de la economía, representando el 76% del PIB de Singapur y dando ocupación al 86% de su población activa, mientras que el sector industrial, centrado en las ramas de mayor valor añadido, ha descendido al 24% del PIB y al 14% de la población activa. A Singapur han seguido en este proceso de industrialización Malasia, Tailandia e Indonesia. Fue al final de los años sesenta cuando se inicia el proceso y se acelera el crecimiento económico que alcanza el 7% anual en los años setenta y el 10% al final de los ochenta. Factores favorables han sido la estabilidad política, la abundancia de mano de obra barata y en su mayoría escolarizada (escaso porcentaje de analfabetos), la existencia de una minoría china muy dinámica y preparada para recibir las inversiones de Japón y de los cuatro dragones, la creación de zonas francas y la liberalización de la economía. Tras la industria agroalimentaria (ananás, tomate, langostinos), de transformación de los productos mineros locales: el estaño en Tailandia, Malasia e Indonesia; el petróleo en Indonesia y Malasia, con refinerías y derivados; bauxita en Indonesia con producción de aluminio; caucho en Malasia e Indonesia, aparecieron otros sectores como el textil, el calzado, los artículos de deporte, etc., y, a continuación, las ramas tecnológicas más avanzadas, como el montaje de automóviles, circuitos electrónicos y eléctricos, aparatos electrodomésticos, relojes, juguetes, etc. La mayor parte de estas industrias se localizan en las Export Processing Zones (EPZ) o puertos francos que importan materias primas y componentes para su procesado y montaje

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y aprovechan las grandes facilidades aduaneras y la exención de impuestos. La mayoría de las industrias son intensivas en trabajo y sus productos se destinan a la exportación. Son centros importantes Bangkok en Tailandia, Garang y Johore Baru en Malasia y Batam en Indonesia. Mucha menor relevancia tiene el sector industrial en los demás países del Subcontinente Indio y del Sureste Asiático, pero es posible que Vietnam y Filipinas sigan en la actualidad la senda de los «pequeños dragones», ya que su sector industrial crece de manera significativa, englobando ya el 15% de la población activa y aportando más del 35% del PIB.

6. CHINA, LA GRAN POTENCIA EMERGENTE, EN PLENA TRANSFORMACIÓN 6.1.  Industrialización reciente y fuertes contrastes espaciales El lugar que ocupa el sector secundario en la economía es mucho más elevado que en el resto de los países en vías de desarrollo, sin embargo, a pesar de un fuerte crecimiento industrial, donde los productos manufacturados suponen las cuatro quintas partes de las exportaciones, su gran retraso tecnológico es todavía un rasgo clave de este sector. Si por el volumen de la producción total China ocupa un lugar destacado a escala mundial y sus productos inundan los mercados, la producción industrial por habitante es todavía baja. A pesar de los innegables logros conseguidos y del espectacular crecimiento de su producción, por el momento la industrialización aún no es suficiente para transformar la sociedad china y asegurar un verdadero desarrollo a toda la nación.

Cuadro 5.2. Evolución del sector industrial en la economía y el empleo en China Años

1952

1960

1981

2005

2014

PIB (%)

23,1

33,0

46,0

47,5

44,0

Empleo (%)

 7,0

 8,4

15,2

22,0

27,0

6.1.1.  El proceso de industrialización en China La industria existente en China antes de 1949 era muy escasa. Los productos industriales se limitaban a bienes de consumo indispensables: textiles, alimentación, utillaje agrario, etc. La entrada de las potencias extranjeras a mediados del siglo XIX implicó el desarrollo de un tipo de industria muy puntual y sin ninguna vinculación con el resto del país, donde seguía predominando la monotonía de una economía rural, agraria y artesanal, estancada. Estas potencias extranjeras implantaron una serie de industrias, de estructura claramente colonial,

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en los puertos costeros de la franja oriental, de manera que en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, la industria china se encontraba enormemente retrasada, muy concentrada geográficamente y, en su mayoría, dominada por capital extranjero. Solamente en Manchuria, los japoneses crearon un entramado industrial integrado, que incidió positivamente en el mayor desarrollo económico de la región. La guerra contra Japón, y después la guerra civil, motivaron la desintegración de es­tas áreas industriales puntuales y la escasa capacidad industrial se redujo aún más. El triunfo del co­munismo fue acompañado de la adopción de medidas dirigidas a sentar las bases del desarrollo industrial y reconstruir la economía del país, lo que supuso un cambio radical y profundo. La ayuda soviética, tanto financiera como técnica, sin ser considerable como ocurrió con el Plan Marshall en Europa, y más aún teniendo en cuenta el volumen de población y las enormes necesidades del país, fue un factor decisivo para la reconstrucción y desarrollo industrial posterior. Si hasta 1979 la industrialización siguió fielmente el modelo soviético, a partir de entonces se realizan numerosas reformas en las que se suceden fases de un crecimiento industrial acelerado y otras en las que la producción se ralentiza. El volumen y la tasa de crecimiento de la producción industrial son enormes; además, desde los primeros años del siglo XXI, China está mejorando considerablemente la calidad de su producción industrial con el fin de elevar su competitividad internacional. Para ello pone especial énfasis en la reconstrucción de las industrias tradicionales y el desarrollo de las industrias emergentes, fomentando especialmente la innovación tecnológica, meta prioritaria del XI Plan Quinquenal (2006-2010). Ello implica una paulatina transformación del peso relativo de ambos sectores, aunque todavía se mantiene un cierto desequilibrio en favor de la industria pesada.

6.1.2.  Riqueza de materias primas y de fuentes de energía Si el proceso de industrialización en China partió de unos niveles muy bajos y con unas condiciones especialmente negativas, como fueron la falta de infraestructuras y la escasez de capitales y mano de obra cualificada, sí contaron, por el contrario, con una abundante riqueza en materias primas y un considerable potencial energético. La presencia de minerales tanto ferrosos como no ferrosos situan al país en los primeros lugares mundiales ya sea por la producción o por las reservas. Mercurio, antimonio, molibdeno, tungsteno, estaño, oro, grafito, plomo, cobre, bauxita… son algunos exponentes de la enorme variedad que convierte a China en una gran potencia minera. Ocupa el primer puesto mundial en la producción de hierro, antimonio, mercurio, magnesio, manganeso, plomo, zinc, aluminio, cobalto y tungsteno. La abundancia de mineral de hierro pasó de ser prácticamente desconocida a suponer un factor importante en el proceso de industrialización del país. China pasó de producir 800

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mi­­llones de t en 2007 al 1.500 mill, en 2014, lo que la sitúa en el primer país del mundo con el 47% de la producción mundial y sus reservas, tanto seguras como probables, son enormes. La localización de los yacimientos de hierro se encuentra muy dispersa por la mayor parte de las provincias, si bien los principales yacimientos están en las provincias de Jaingxi y de Henan. En cuanto al carbón, sus reservas probadas aseguran un consumo para diez siglos y su volumen es comparable al existente en Estados Unidos o en Rusia. Desde 1949, la necesidad de este producto para abastecer el desarrollo industrial motivó el control del sector por parte del gobierno, en detrimento de las potencias extranjeras. El Estado otorga una atención prioritaria al carbón como fuente de energía primaria y se subvencionan numerosos trabajos geológicos que dan como resultado no sólo la explotación de nuevos yacimientos, sino también el descubrimiento de enormes reservas que permiten situar a China en uno de los primeros lugares del mundo por su riqueza carbonífera. La estructura geológica de la China del Norte ha propiciado la existencia de numerosos yacimientos carboníferos en esta región: casi la mitad de la producción nacional se concentra en las cinco provincias del Norte (Shaanxi, Shanxi, Hebei, Henan y Mongolia Interior). Destaca la cuenca carbonífera de Datong (norte de Shanxi), con unas condiciones de extracción verdaderamente excepcionales y una extensión de 60.000 km2, lo que la convierte en la mayor cuenca hullera del Asia oriental y una de las mayores del planeta. En la actualidad, la hulla es la principal fuente de energía de China y el país es el primer productor mundial, muy por delante de Estados Unidos (Cuadro 5.3). Cuadro 5.3. Balance energético de China (2014)

Carbón y lignito Petróleo Energía hidráulica Electricidad

Producción

Rango mundial

% Mundial

3.874 millones t

1

47,4

211 millones t

4

4,1

1.064 TWh

1

27,4

4.768,0 millones de Kwh

1

21,0

Fuente: Images Économiques du Monde, 2016 y Anuario Atlante de Agostini, 2016.

La explotación de los yacimientos petrolíferos y la estimación de las reservas se llevó a cabo más tardíamente que el carbón. El aumento de la producción y el descubrimiento de nuevas reservas no permiten atender en su totalidad la creciente demanda interior, a pesar de ser en 2014 el cuarto mayor productor de petróleo del planeta. Su rápido crecimiento económico ha generado una fuerte demanda que le ha convertido en el tercer importador mundial de crudo (por detrás de EE UU y la UE), con 373 millones de toneladas que equivalen

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al 13,4% de todas las importaciones mundiales. Debido a la incertidumbre política que reina en los países del Oriente Medio, China busca nuevos proveedores en el continente africano, de donde importa materias primas, pero sobre todo petróleo, que le abastece en más de un 25% de sus necesidades. Los principales yacimientos y reservas petrolíferas se encuentran bastante concentradas en el noroeste y norte del país. Destaca el enorme yacimiento de Daqing, en el noroeste de Heilongjiang, en Manchuria, en explotación desde 1960 y que aporta la mitad de la producción nacional, seguido de los yacimientos de Shengli, en Shandong, y de Liaohe, en Liaoning. Los tres yacimientos producen las dos terceras partes de la producción total del país. En cuanto a la prospección off shore son importantes los yacimientos del golfo de Bohai, a lo largo de la costa de Jiangsu, en el estuario del río de las Perlas, cerca de Hong-Kong, y en el golfo de Tonkin. En la actualidad, se intenta reducir el uso de una tecnología obsoleta que implica unos costes elevados y un consumo despilfarrador. Los yacimientos de gas natural no son tan abundantes, destacando, entre otros, los de la provincia de Sichuan. Ya está en funcionamiento un gasoducto de más de 4.200 km de longitud, que desde la cuenca de Tarim, en el noroeste, llega hasta Shanghai y las provincias meridionales, con el objetivo de suministrar a las regiones orientales de una energía menos contaminante que el carbón y reducir la dependencia del país en este recurso. El caudal, la fuerte pendiente y el encajamiento de la red fluvial china son factores positivos que implican un potencial hidroeléctrico considerable, pero que todavía dista mucho de estar plenamente explotado. En Manchuria, los japoneses construyeron grandes presas que pronto hicieron de esta región la primera en producción de electricidad. La ayuda soviética permitió, más tarde, la construcción de enormes centrales hidroeléctricas en las principales cuencas hidrográficas, fundamentalmente en el Hoang Ho y Yangtsé Kiang. Ambos ríos han sido objeto de intensos trabajos de ingeniería, no sólo para el aprovechamiento energético, sino también para regular su caudal, controlar las crecidas, mejorar la navegación, y sobre todo, aumentar las zonas regadas. Hoy en día, China es el segundo productor de electricidad del mundo. Cabe destacar la colosal obra de la Presa de las Tres Gargantas, en el tramo medio del Yangtsé Kiang (el río más largo de China y el tercero del mundo) el mayor proyecto de ingeniería china desde la construcción de la Gran Muralla y el mayor complejo hidráulico del planeta. El gigantesco embalse que ha generado la presa se extiende a lo largo de 683 km, cubre 1.045 km2 y almacena 39.300 millones de m3 de agua: un millón de personas han sido desplazadas y cientos de ciudades y pequeñas aldeas anegadas. El dique de contención tiene 183 m de altura, una longitud de 2,3 km y cuenta con 26 turbinas de 700.000 kw. A pesar de la indudable riqueza energética del país, la localización de este inmenso potencial energético en las regiones septentrionales y occidentales, muy lejanas respecto a las

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regiones activas y dinámicas orientales, y por tanto, las mayores consumidoras, evidencia una vez más las insuficientes infraestructuras energéticas y redes de transportes, que se convierten en uno de los principales frenos del desarrollo económico de la nación.

6.1.3. Localización de las grandes regiones y centros industriales: un acusado desequilibrio espacial Así pues, la localización actual de la industria china sigue todavía muy condicionada por la situación anterior a 1949, de manera que continúa manteniéndose el desequilibrio espacial entre los antiguos centros industriales y el resto del país. Desde un principio, los primeros Planes Quinquenales tuvieron como objetivo la industrialización del interior y del oeste del territorio, con el fin de paliar el desequilibrio geográfico de la industria a favor de la China oriental; sin embargo, estas acciones se llevaron a cabo sin una verdadera política de ordenación del territorio y la realidad no respondió a lo proyectado. Durante los primeros años de la industrialización ésta se concentraba en una serie de enclaves puntuales: Manchuria, Shanghai, Tangshan-Tianjin, el Shandong, la conurbación de Wuhan, la región de Cantón y Sichuan. En la actualidad, según el nivel de industrialización se pueden diferenciar tres grandes conjuntos regionales.

6.1.3.1.  El noreste y la costa oriental septentrional hasta Shanghai Agrupa a las regiones más industrializadas. Desde la ciudad de Harbin, en la provincia manchú de Heilongjiang, existe un gran corredor industrial que a través de la provincia de Hebei, las municipalidades de Pekín y Tianjin y las provincias de Shandong y Jiangsu, llega hasta el sur de Shanghai. Esta región asegura el 70% de la producción industrial china y aquí se encuentran la mayor parte de las grandes ciudades industriales. —— La región de Manchuria ya era la más próspera de China antes de 1949. La abundancia de recursos minerales, la diversidad y su facilidad de extracción explican la temprana industrialización de estas tierras. En la actualidad sigue siendo la región más industrializada del país y cuenta con un verdadero sistema industrial. Predomina la industria pesada: construcción mecánica, metalurgia, industrias extractivas, etc. —— El triángulo metropolitano de Pekín-Tianjin-Tangshan es otro espacio fuertemente industrializado. La existencia de yacimientos de carbón y hierro explican la creación de una importante siderurgia en Tangshan desde el siglo XIX. En Tianjin, la industria textil algodonera estuvo muy desarrollada en el siglo anterior y en la actualidad

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posee una industria muy diversificada, donde si bien el sector textil sigue siendo importante, la metalurgia y la industria química están muy extendidas. Pekín, la capital, ha experimentado grandes cambios desde 1949. En la actualidad posee una industria muy diversificada, aunque el sector de tecnología punta tiene especial relevancia. —— Hoy en día se puede considerar que las provincias de Jiangsu y Zhejiang forman, con la muncipiladidad de Shanghai, en torno a la cual giran, un espacio fuertemente industrializado. Shanghai es un área hiperindustrializada donde, además de la industria ligera diversificada, se ha instalado una gran industria pesada (metalurgia y química), a pesar de carecer la región de materias primas y energía. Las regiones vecinas de Jiangsu y Zhejiang están registrando un crecimiento económico de los más elevados de China a base de una fuerte presencia de industrias textiles, eléctricas y electrónicas, y una mayoría de empresas privadas.

6.1.3.2.  La China meridional Todavía se encuentra poco industrializada. La población activa dedicada al sector primario en esta región aún tiene la mayor importancia, sobre todo en el Suroeste. Las provincias más industrializadas son Sichuan, Fujian y Guangdong. —— La provincia de Sichuan tradicionalmente se ha caracterizado por su enorme peso demográfico, es la provincia más poblada de China, y económico, ligado fundamentalmente a su prosperidad agrícola. Hasta la década de los setenta no comenzó su verdadera industrialización, instalada en sus tres cuartas partes en una quincena de ciudades, a cuya cabeza se encuentra Chongqing, con una industria muy diversificada. La capital, Chengdu, y otros núcleos del valle de Yangtsé Kiang conforman lo esencial de la industria de esta provincia, cuya productividad industrial es inferior a la media nacional, ya de por sí bastante baja. —— La provincia de Fujian, tradicionalmente una provincia de economía rural y encerrada en sí misma por la dificultad de las comunicaciones, experimentó a partir de los ochenta una espectacular transformación gracias a las relaciones comerciales con Taiwan, en su mayor parte de manera indirecta a través de Hong-Kong. La industrialización es eminentemente urbana y las ciudades costeras son las más beneficiadas de este proceso, sobre todo Fuzhou y Xiamen. Se trata de una industria muy diversificada, con un predominio de pequeñas y medianas empresas dedicadas fundamentalmente a la industria ligera: papel, alimenticias, electrónica, etc. —— La provincia de Guangdong registró un fuerte crecimiento económico a partir de los años ochenta del siglo XX. En cierta manera puede ser considerada como una

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periferia integrada de Hong-Kong, por lo que predomina una industria de pequeñas empresas, con una fuerte utilización de mano de obra y netamente orientada a la exportación y donde las inversiones extranjeras son muy numerosas. El área de mayor crecimiento económico de la provincia está en el delta del Río de las Perlas, cuyo mayor núcleo urbano es Cantón.

6.1.3.3.  La China occidental Es un gran vacío industrial. La proporción de activos dedicados al sector secundario es muy inferior a la media nacional. Las empresas estatales, relacionadas fundamentalmente con la industria pesada, obtienen la mayor parte de la producción industrial. En esta región la industria se refugia en verdaderos enclaves puntuales como: —— Batou, en la estepa de Mongolia, fue un verdadero centro pionero siderúrgico creado durante el Primer Plan Quinquenal gracias al descubrimiento de hierro en Baiyunobo, en la meseta de Mongolia. —— Lanzhou, antiguo núcleo caravanero, posee una importante industria química ligada al petróleo que se extrae de las zonas próximas. —— Urumchi, en Xinjiang, también antiguo centro de caravanas, hoy posee una industria diversificada para atender las demandas locales. Todos ellos, si bien son importantes centros industriales, el nivel de partida era tan bajo que apenas repercuten en el resto de la provincia, que sigue careciendo de un desarrollo económico integrado.

6.2.  La apertura de China al exterior y su fuerte presencia internacional Históricamente, China ha mantenido un desarrollo económico autárquico, que se acentuó en el siglo XIX y gran parte del XX. La abundancia y diversidad de recursos naturales y, por otra parte, la escasa densidad de las infraestructuras de transportes y comunicaciones, que dificultaban enormemente la integración económica del país, son factores que explicaban la reducida dimensión del sector exterior. Desde sus orígenes, la República Popular de China siguió una política de introversión económica, llamada también política de desarrollo hacia adentro, que se acentuó a lo lar­go de la década de los sesenta y especialmente a principios de los setenta, durante la Revolución Cultural. El inicio de la llamada política de puertas abiertas, por Deng Xiaoping en 1979,

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supuso un corte radical en la trayectoria de la vida social y económica de China. La puesta en marcha de medidas liberalizadoras influyó decisivamente tanto en el volumen y estructura de los intercambios comerciales, como en el decidido apoyo a las inversiones extranjeras. La evolución de las tasas de crecimiento anual de las exportaciones e importaciones en las últimas décadas han registrado un espectacular desarrollo hasta el punto que pronto se convertirá en la segunda potencia comercial del mundo. Miembro relevante de la organización Mundial del Comercio (OMC) desde el año 2001, su excedente comercial se triplicó en el año 2005; en la actualidad, la crisis que afecta al comercio mundial desde el año 2009 también se ha dejado sentir en el gigante asiático. En cuanto a la estructura del comercio exterior, si en un principio, los productos energéticos suponían la mayor parte de las ventas al exterior, poco a poco los productos manufacturados han ido adquiriendo mayor importancia en las exportaciones, principalmente los productos de la industria ligera, entre los que los textiles y confección, sector de larga tradición en el país, representan la mayor parte del conjunto de las exportaciones, así como los productos eléctricos y electrónicos de menor calidad. La entrada de productos manufacturados chinos en los mercados occidentales ha causado un verdadero impacto en los países receptores. La crisis que hoy en día atraviesa el sector textil europeo es un claro exponente; a los textiles seguirá el calzado, bicicletas, automóviles, etc., por lo que los miembros de la Unión Europea se ven abocados a elaborar una estrategia que proteja la industria comunitaria. Fundamentalmente, China importa materias primas de sus países vecinos asiáticos y especialmente de África, continente que proporciona actualmente el 30% de las importaciones chinas, con una clara tendencia al alza (los intercambios se han multiplicado por diez entre 2000 y 2012). La presencia china en África es cada vez mayor mediante préstamos, inversiones y ayuda al desarrollo a cambio de materias primas y petróleo: Angola es su primer socio comercial y su principal proveedor de petróleo, con unas importaciones de más de medio millón de barriles diarios. Se estima que en el 2020 China tendrá un comercio con África similar al que tiene con la Unión Europea o Estados Unidos. La política de apertura iniciada a finales de los años setenta supuso un decidido apoyo a las inversiones extranjeras en el país. La puesta en marcha de una política específica de incentivos y privilegios para atraer las inversiones extranjeras se concretó en la creación de una serie de espacios abiertos, todos ellos costeros: son las ZEE (Zonas Económicas Especiales), ZEO (Zonas Económicas Abiertas) o las «ciudades abiertas», donde se crearon polos de crecimiento, netamente vinculados al exterior, que paulatinamente incrementan su grado de desarrollo respecto al resto del país y acentúan el tradicional desequilibrio espacial del territorio. Estos privilegiados espacios están situados, principalmente, en el norte —en torno al golfo de Bohai—, en el delta del Yangtsé, en el delta del río de las Perlas y al sur de la provincia de Fujian.

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Las reformas aperturistas llevadas a cabo desde 1979 han repercutido también en el progresivo aumento del turismo en la República China, hasta el punto de convertirse en una nueva fuente de riqueza y un elemento clave para el desarrollo de determinadas regiones. Aunque la inmensa mayoría de las entradas estaban integradas por chinos de otros lugares del mundo, la cifra de extranjeros aumentó considerablemente, pasando de 200.000 en 1978 a más de 6 millones a finales del siglo XX. Actualmente es el primer país de Asia en cuanto a entrada de turistas y cuarto del mundo, con casi 58 millones de turistas en el año 2015; y, con una tendencia al alza, pugna por arrebatar a España el tercer puesto mundial. Estos turistas provienen en su mayor parte de los países industrializados capitalistas; se trata en general de un turismo todavía caro, como lo demuestra la escasez de turistas menores de 20 años y se suelen organizar en tours previamente concertados. Pekín y la Gran Muralla es el centro turístico por excelencia y desde allí el turismo se diversifica hacia las estepas mongolas del norte; hacia Suzhou, la «Venecia china» y Shanghai, en el sureste; hacia Xinjiang a través de la ruta de la seda, en el oeste; o hacia Yunnan, Guangxi, Sichuan y el valle del Yangtsé, en el sur. China también es ya un gran emisor de turistas al resto del mundo. Según estimaciones de la Organización Mundial del Turismo (OMT), si en el año 2003 salieron del país 20 millones de turistas chinos, esta cifra ha sobrepasado los 100 millones en el año 2015.

CONCLUSIÓN: ASIA MERIDIONAL Y ORIENTAL, UN ESPACIO EN DESARROLLO CON FUERTES DESIGUALDADES SOCIALES Y TERRITORIALES A pesar de los innegables progresos alcanzados, ninguno de los espacios regionales comprendidos en Asia Meridional y Oriental pertenecen al tipo de espacios que denominamos desarrollados, si por desarrollo entendemos madurez económica, capacidad para generar y controlar el propio crecimiento económico y unos niveles de bienestar relativamente altos y generalizados en la mayor parte de la población. En el caso de Oriente Medio las fabulosas rentas generadas por la exportación del petróleo han modificado profundamente la sociedad y el espacio de esta región. El petróleo ha sido el principal motor de desarrollo económico de estos países, basado en la explotación y tratamiento de los hidrocarburos. Los grandes países petroleros se han enriquecido considerablemente, pero este enriquecimiento no ha llegado a los demás, por lo que el petróleo es hoy el factor más importante de diferenciación económica entre los Estados. Los beneficios derivados del petróleo, aunque significativos, todavía no han repercuti­do en un aumento generalizado del nivel de vida de toda la sociedad. Aunque los adelan­tos tanto en materia de educación como en sanidad han sido grandes, todavía existe un gran sector de la población que permanece anclado en sociedades casi medievales, de mane­ra que los desequilibrios no sólo son importantes si comparamos países productores y no

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productores, sino que en el interior de los Estados, las desigualdades sociales son aún mayores, destacándose una minoría privilegiada, en torno a la cual gira un poderoso entramado socioeconómico. En un escenario de graves tensiones Irán, Turquía y Arabia Saudí empiezan a perfilarse como Estados emergentes y rivales. Igualmente ningún país del Subcontinente Indio y del Sureste Asiático forma parte plenamente del mundo desarrollado. Puede que Singapur, un punto en el inmenso espacio de Asia Suroriental, haya traspasado la línea divisoria, atendiendo a los niveles de los indica­dores que generalmente se usan. Pero ni en características del territorio, ni en historia, ni en población su caso es extrapolable al resto de los países del Subcontinente Indio y del Sureste Asiático. Es de destacar que algunos de los países situados en esta parte de Asia se hayan convertido en el transcurso de las últimas dos décadas en economías «semiindustrializadas», transformando notablemente sus estructuras productivas. Tal es el caso de la India, Tailandia, Malasia, Indonesia y Filipinas. El aumento del comercio exterior los ha convertido en centros de fuerte atracción de los capitales extranjeros. A la vez, se está formando una clase media alta relativamente numerosa (10-15% de la población) que aumenta su nivel de consumo y es motivo de atención de las grandes firmas transnacionales que ven un buen mercado en un futuro inminente: en el Subcontinente Indio se calculan unos 350 millones de personas de esta clase media; en el Sureste Asiático más de 80 millones. Con el Índice de Desarrollo Humano (IDH), en el que se integran la renta per cápita, la escolarización y la esperanza de vida, podemos delimitar los tres grupos de países que coinciden con las diferentes situaciones ante el desarrollo que se dan en Asia Meridional. Sólo Singapur y Brunei se encuentran en situación semejante a países desarrollados como España. En los demás las situaciones reflejan carencias muy notables, con grandes bolsas de pobreza que afectan entre la tercera parte y la mitad de la población. Los índices de renta per cápita encierran desigualdades sociales muy fuertes, incluso en los llamados países «emergentes», donde el crecimiento económico solo afecta a una minoría, quedando amplios sectores de la población al margen de sus beneficios. En India, por ejemplo, 300 millones de personas viven con menos de un dólar al día y más de 600 millones, con menos de dos dólares al día; y en Indonesia, primera economía del Sureste Asiático, los que viven con menos de dos dólares al día equivalen a la mitad de la población, más de 100 millones de personas. Así mismo, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) distingue las siguientes situaciones ante el desarrollo: a) Mal situados en cuanto a producción de riquezas: Timor Oriental, Bangladés, Nepal, Bután, Laos, Camboya y Myanmar se hallan entre los «países menos desarrollados». b) Mejor situados pero con grandes problemas de pobreza e inestabilidad se encuentran la India, Pakistán, Sri Lanka, Tailandia, Malasia, Filipinas, Vietnam e Indonesia. c) Por último Singapur y Brunei aparecen en el límite del mundo desarrollado.

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En el caso de China, la gran amenaza para su gran apuesta de desarrollo actual es la amplitud de las desigualdades en el desarrollo económico de las regiones. China es el país emergente por excelencia. Su fuerte y continuado crecimiento económico en las últimas tres décadas lo ha convertido en la segunda economía mundial, sólo superada por EE UU. Sin embargo, las desigualdades sociales, que se están generando con el crecimiento actual, y los fuertes desequilibrios regionales, en gran parte heredados del pasado, nos proporciona una imagen muy diferente del gigante asiático. Si analizamos un indicador clave como es el PIB/ hab., observamos que entre Guizhou, la provincia más pobre, y Shanghai, la municipalidad más rica, la proporción es de 1 a 13. Todas las provincias que tienen una mayor renta per cápita son costeras y todas ellas se mantienen en los primeros puestos desde hace más de cuarenta años. Siguiendo criterios tanto sociales como económicos, resulta extremadamente clara la contraposición entre una China costera, dinámica y abierta al exterior, una China interior, pobre y agrícola, y una China occidental, árida y subdesarrollada. La China costera, plenamente inmersa en el circuito de la economía mundial, es símbolo de desarrollo y prosperidad. Aquí vive el 40% de la población y se produce más del 50% del valor total de las producciones agrarias e industriales, generando el 85% del valor de las exportaciones nacionales. La intensa actividad industrial y exportadora de la China costera se apoya en el desarrollo de modernas infraestructuras portuarias, como Shanghai, primer puerto de China y tercero del mundo, sólo detrás de Singapur y Hong Kong. La China interior agrupa a 9 provincias (Shanxi, Shaanxi, Henan, Anhui, Hubei, Jiangxi, Hunan, Guizhou y Sichuan) y la municipalidad autónoma de Chongqing. Región intermedia entre las regiones más desarrolladas del este y las menos desarrolladas del oeste, es la China agrícola por excelencia (cuencas fluviales del Hoang Ho, o río Amarillo y del Yangtsé), con el 75% de la población trabaja en el sector agrícola, pero con una productividad muy baja: la China interior tan sólo aporta el 38% del valor neto de la producción agrícola nacional a pesar de contar con el 45% de la superficie cultivada y el 49% de la población activa agraria nacional. La China exterior, cuna de las minorías nacionales, agrupa a tres provincias (Yunnan, Qinghai y Gansu) y cinco regiones autónomas (Guangxi, Tíbet, Xinjiang, Ningxia y Mongolia Interior). Se trata de un inmenso espacio donde la aridez, el retraso económico y la pobreza son sus principales características. Sin embargo, su subsuelo posee una inmensa riqueza. Numerosas zonas pioneras agrícolas y establecimientos mineros y de industria pesada salpican todo el territorio, pero éstos no dejan de ser enclaves puntuales. Y toda la región sigue con un gran retraso económico y social respecto a las regiones de la China oriental.

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CAPÍTULO

6

África. Contrastes naturales y sociales Introducción. 1. El gran peso del medio natural. 2. La influencia de la colonización en la fragmentación política. 3.  Fuerte crecimiento de la población, densidades contrastadas y proceso de urbanización. 4. La agricultura africana: Entre la subsistencia y la exportación. 5. Materias primas minerales y fuentes de energía. Una riqueza desigualmente distribuida. 6. Débil desarrollo del sector industrial. Conclusión: África, el continente con menor nivel de desarrollo.

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INTRODUCCIÓN Con una extensión de 30,3 millones de km2, el continente africano está situado entre los 37º 51’ latitud N en Cabo Blanco (Túnez) y los 34º 50’ latitud S en cabo Agujas (República Sudafricana), a través aproximadamente de 8.000 km. De este a oeste se extiende a lo largo de más de 7.000 km, desde los 51º 50’ longitud E, en cabo Guardafuí (Somalia) a los 17º 32’ longitud W en Cabo Verde (Senegal). África ofrece un aspecto macizo y compacto con una elevada altitud media (675 m). Sus costas son poco recortadas, con escasos entrantes y salientes, donde la escasez de puertos naturales ha hecho difícil el acceso hacia el interior. Determinado por la disposición latitudinal a ambos lados del Ecuador, presenta una gran variedad de paisajes con una cla­ra disposición zonal. Aunque intervienen igualmente otros factores como el relieve, el suelo y la acción humana, la influencia de las precipitaciones es determinante en la configura­ción del paisaje vegetal y de las diferentes áreas climáticas, que han jugado un importan­te papel en la historia africana impidiendo o facilitando, según las regiones, los movimientos de población. África ha sido un continente colonizado tardíamente. Durante el siglo XIX, debido al desarrollo industrial de los países europeos y ante la necesidad de éstos por determinadas materias primas como los cultivos tropicales (aceites vegetales, especias, plátanos, azúcar, cacao, etc.) y minerales (cobre, manganeso, hierro, etc.), comenzó un periodo de colonización que ha dejado sus huellas en la configuración actual del territorio. Es patente el débil desarrollo de muchas regiones: según la Organización de las Naciones Unidas, entre los Estados menos desarrollados del mundo se encuentran una gran cantidad de países africanos como es el caso de Níger, República Centroafricana, Eritrea, Chad, Burundi, Burkina Faso, Guinea, Sierra Leona, Mozambique, Mali, Guinea-Bissau, Liberia, República

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Democrática del Congo, Gambia, Etiopía, Malawi o Costa de Márfil, que ocupan los últimos puestos, según el Índice de Desarrollo Humano.

1. EL GRAN PESO DEL MEDIO NATURAL 1.1.  La formación del relieve África está constituida, en su mayor parte, por un gran zócalo de origen precámbrico, de rocas cristalinas rígidas que en muchas ocasiones afloran a la superficie. Este zócalo ha sido erosionado desde la era Primaria y recubierto por areniscas, calizas y otras rocas sedimentarias de origen marino y continental. A finales del Secundario y en el Terciario se producen los principales plegamientos y fracturas que actúan sobre el zócalo y su cobertera sedimentaria. De este modo, por efecto de ondulación de la plataforma africana, se han configurado las principales formas de la actual morfología del relieve de amplias cubetas y mesetas. La cadena del Atlas, al noroeste del continente, forma parte del plegamiento alpino que afectó a la placa euroasiática y se eleva a más de 4.000 metros en su parte occidental (Figura 6.1). El área oriental del continente es la que va a conocer las mayores elevaciones, con la aparición de amplias fracturas que se extienden desde el mar Rojo hasta Zambeze y que dan lugar a unas fosas tectónicas a lo largo de miles de kilómetros, los denominados Rifts occidental y oriental. Ciertas partes del zócalo se hunden y son ocupadas por lagos, mientras que otras se elevan dando lugar a la aparición de altas montañas y volcanes, que son los puntos de mayor altitud de África oriental (Kilimanjaro, 5.895 m; Kenya, 5.199 m) y occidental (montes Camerún, 4.070 m). Madagascar ofrece casos comparables y las mesetas cristalinas del interior se ven dominadas por volcanes que sobrepasan los 2.500 m (Ankaratra, 2.643 m; Tsaratanàna, 2.876 m). La era Cuaternaria ha estado marcada por variaciones climáticas importantes. Es a lo largo de los periodos húmedos cuando se forman los mantos de corrimiento freáticos saharianos, mientras que los grandes conjuntos de dunas del Sahara y Kalahari son modelados durante los periodos secos.

1.2.  Las grandes unidades de relieve En África se ha de distinguir, en primer lugar, entre las Tierras Altas y las Tierras Bajas. Esta diferenciación del continente en tierras altas y bajas tendrá grandes repercusiones en la regionalización bioclimática, en el proceso de asentamiento de la población y en la utili­ zación del suelo: —— Las Tierras Altas abarcan África oriental y meridional, con una altitud media de 1.200 m. El zócalo ha sido dislocado y el relieve, más compartimentado, está caracterizado por la aparición de cuencas, mesetas, fosas, altos macizos y volcanes.

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Fuente: Azcárate, B.; Azcárate, M. V. y Sánchez, J. (2006) : Atlas Histórico y Geográfico Universitario. UNED.

—— El área de Tierras Bajas, con una altitud media de 300 m, se localiza en la región central y occidental del continente. Su parte septentrional se encuentra limitada por la cadena montañosa del Atlas.

Figura 6.1. Grandes unidades de relieve del continente africano.

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1.2.1.  Cuencas y mesetas Es característica la alternancia de cuencas y mesetas originadas por la acción de la tectónica sobre el zócalo. Las cuencas o cubetas se hallan situadas entre las mesetas y son antiguas áreas que fueron cubiertas por el mar o por lagos ya desaparecidos: en la región de las Tierras Bajas, destacan las cuencas del Zaire, Chad, Sudán y Níger. En la región suroriental del continente se localizan las cuencas de Kalahari y el lago Victoria (Unjambesi-Uganda). Se trata de amplias formaciones de materiales sedimentarios procedentes de las mesetas con una altitud media entre 300 y 900 m, y son, en gran parte, áreas pantanosas y de poco aprovechamiento. Las mesetas y macizos están formadas por rocas cristalinas o sedimentos areniscos, reflejo del plegamiento del zócalo, originando un paisaje de elevaciones escalonadas de norte a sureste y desde el mar Rojo hasta la región del Cabo, entre los 600 y los 2.600 m, delimitadas por bruscos escarpes. Destacan los macizos de Ahaggar y de Agra, Tibesti, la meseta de Etiopía y la meseta oriental africana.

1.2.2.  El Rift Valley Cuando el zócalo se ve afectado por grandes fuerzas tectónicas se fractura y aparecen las fosas tectónicas. Esta tectónica de fractura afecta a la morfología actual del relieve oriental del continente y también, aunque en menor medida, a la denominada línea del Camerún (fosa del Camerún-Tibesti), desde el Golfo de Guinea hasta el Sahara. La más representativa, el Rift Valley o «Gran Grieta», en el África oriental, presenta un entramado de fosas que re­ corre la mitad oriental del continente a lo largo de más de 7.000 km (5.000 de ellos en África), en dirección norte-sur desde el mar Rojo hasta el valle del Zambeze, al sureste de África y con una amplitud que oscila desde los 30 km a los más de 100 km en Kenia. La fractura paulatina de la corteza terrestre en esta región dio lugar a la formación de un paisaje de bloques levantados y hundidos, unidos por grandes escarpes. La formación de lagos, en general poco profundos, es un fenómeno ligado a los movimientos de la corteza terrestre en esta zona oriental del Rift Valley. Se observan lagos localizados a lo largo de la línea de fallas, como los lagos Tanganika (680 km de longitud y 50 km de ancho), Malawi, Kivu, Alberto (Mobuto), Kariva, Rodolfo/Turkana, Natron, Manyara; en los cráteres volcánicos, como los de Tana (Etiopía) y Magadi (Kenia); o bien en el fondo de las grandes depresiones surgidas entre las ramas occidental y oriental del Rift Valley, como el lago Victoria (69.490 km2 y 82 m de profundidad). Esta tectónica de fractura va también acompañada de fenómenos volcánicos que han dado lugar a las mayores elevaciones del continente situadas en los volcanes de Elgon (4.321 m), Kenya (5.199 m), o Kilimanjaro (5.898 m) y han formado las altas mesetas basálticas de Etiopía (4.620 m) y de Lesotho en África del Sur.

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Esta gran grieta parece ser el comienzo de la formación de una dorsal oceánica semejante a la que ha separado la península Arábiga y ha originado la aparición del mar Rojo durante la era Terciaria.

1.2.3.  Las cordilleras: El Atlas y los Drakensberg En los extremos septentrional y meridional del continente se encuentran dos cadenas montañosas: El Atlas y los Drakensberg. Al norte, la cadena del Atlas, la única elevación formada en el plegamiento alpino. Surge, a finales de la era Terciaria, por la colisión de la placa africana con la placa eurasiática y se extiende a lo largo de 2.300 km; su altura más elevada se encuentra en el monte Toubkal a 4.165 m. Se pueden diferenciar dos secciones: la occidental, que atraviesa Marruecos y está integrada, de norte a sur, en el Atlas medio, Alto Atlas y Anti Atlas; y la oriental que recorre Argelia y Túnez y, se subdivide, de norte a sur, en el Pequeño Atlas y el Gran Atlas o Atlas sahariano, separados entre sí por una meseta elevada con pequeños lagos, los llamados chotts. En el extremo meridional del continente, los Drakensberg se elevan a más de 3.000 metros, de forma escalonada, desde la costa del Natal hasta Lesotho, a lo largo de 1.100 km. En la cordillera herciniana del Cabo se encuentran los depósitos carboníferos más importantes del continente.

1.3.  Dinámica atmosférica El cambio de las estaciones en el territorio africano está determinado por el volumen de precipitaciones a lo largo del año (estación seca/húmeda), más que por las variaciones de temperatura invierno/verano, como ocurre en Europa (Figura 6.2). —— En julio/agosto la CIT adquiere una posición muy septentrional (18º lat. N). Las masas de aire marítimas del Atlántico sur se dirigen hacia el oeste y centro del continente y las precipitaciones son mayores en la región sudanesa, mientras que en la franja tropical del sur del Ecuador el tiempo es seco. —— Con el cambio de situación de la circulación atmosférica, la CIT se traslada hacia el sur. A finales de septiembre/principios de octubre se instala sobre el Ecuador, de tal manera que es en esta época cuando la zona ecuatorial (entre los 5º N y 5º S) registra los máximos pluviométricos. De este modo, mientras que en las áreas de sabana del norte llega la época seca, en el área de África meridional comienza la época de lluvias. —— Con la localización de la CIT en una posición más meridional, el África del hemisferio sur registra en noviembre/enero la época de máximas precipitaciones, mientras que en el área al norte del Ecuador se registra la época de mayor sequedad del año.

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Fuente: Azcárate, B.; Azcárate, M. V. y Sánchez, J. (2006) : Atlas Histórico y Geográfico Universitario. UNED.

—— Con el nuevo cambio de posición de la CIT hacia el norte, el área ecuatorial vuelve a alcanzar una segunda época de máximo de lluvias en los meses de marzo/abril, mientras que al sur de África termina la época de lluvias.

Figura 6.2. Distribución de las pricipitaciones en el continente africano a lo largo del año.

Se observa una gama de climas que van desde los climas ecuatoriales, caracterizados por las abundantes precipitaciones, hasta los climas desérticos, pasando por una serie de climas tropicales donde es patente la alternancia de una estación seca y otra húmeda de mayor o menor duración y por la acción de los vientos alisios, a medida que nos alejamos de la línea del Ecuador. La distribución climática de forma simétrica a ambos lados del Ecuador solamente

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se ve modificada por la estructura del relieve y la existencia de altas mesetas y macizos. Estas características a escala global adquieren unas modificaciones en los bordes costeros: —— En África occidental, y por efecto de las corrientes marinas frías al norte y sur del Ecuador, la de Canarias en la costa noroccidental (Marruecos) y la de Benguela en la costa suroccidental (Namibia), se reducen las temperaturas y se registra un aumento de la aridez: en las costas meridionales las precipitaciones son escasas y se forman regiones áridas (desierto tropical costero de Namib).

Fuente: Azcárate, B.; Azcárate, M. V. y Sánchez, J. (2002) : Geografía de los grandes espacios mundiales. Anexo cartográfico. UNED, Madrid; mapa XI.5, p. 186.

—— En las costas de África oriental, sin embargo, y debido a la acción de la corriente cálida de Mozambique, las temperaturas aumentan, lo que ha permitido la introducción de determinados cultivos a latitudes más bajas (por ejemplo, caña de azúcar en la costa de Mozambique y de Natal, en la República de Sudáfrica). Al mismo tiempo, los vientos alisios del sureste que proceden del océano se pueden cargar de humedad y aportan lluvias en el litoral índico del hemisferio sur. Las lluvias son más regulares y abundantes y, exceptuando alguna región del noreste, no se encuentran zonas áridas.

Figura 6.3. Circulación atmosférica y centros de acción sobre el continente africano.

1.4.  Grandes regiones bioclimáticas La localización de los climas en el continente africano presenta una clara disposición latitudinal a ambos lados del Ecuador. El relieve predominantemente llano y sin grandes elevaciones va a facilitar la disposición zonal de los climas y la vegetación. Mientras que los

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Fuente: Azcárate, B.; Azcárate, M. V. y Sánchez, J. (2006): Atlas Histórico y Geográfico Universitario. UNED.

valores de las temperaturas permanecen elevados, en líneas generales, por la situación en áreas de baja latitud (la temperatura media anual es superior a los 20 ºC en toda la zona intertropical) y las amplitudes térmicas anuales y diurnas no son elevadas más que en el desierto, son el volumen y la distribución anual de las precipitaciones los criterios que van a determinar las principales variaciones climáticas (Figuras 6.4 y 6.5).

Figura 6.4. Grandes dominios climáticos en África.

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Figura 6.5. Características de los grandes dominios climáticos.

Más del 75% de su superficie se encuentra en la zona intertropical y únicamente sus dos extremos, norte y sur, están dentro del dominio templado, por lo que se le puede conside­rar claramente un continente cálido y caracterizado por la aridez. La estructura maciza, la inexistencia de grandes entradas del mar y las depresiones del interior flanqueadas por grandes elevaciones que las separan de la influencia marítima, acentúan el carácter cálido del continente. Al sur del Ecuador, los regímenes árido y semiárido están limitados al suroeste

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(Namib y Kalahari), mientras que la costa del océano Índico, al sureste, tiene un clima muy húmedo. Las temperaturas medias anuales son más bajas que en el hemisferio norte. Estas diferencias se deben a la forma más estrecha del continente en el área meridional, con lo que la influencia marítima es mayor. El relieve relativamente elevado contribuye igualmente a la reducción de las temperaturas.

Figura 6.6. Principales tipos de suelos.

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A cada dominio climático corresponde un tipo de vegetación, adaptado a unas determinadas características físicas y atmosféricas, como la morfología del relieve y el comportamiento climático. No hay que olvidar, sin embargo, que la acción humana ha transformado los paisajes y que, en muchos casos, ha llevado consigo la deforestación y desertificación. Junto a los tipos de suelos de disposición zonal (ferralíticos, ferruginosos, desérticos/subdesérticos y pardo/arcillosos) (Figura 6.6), hay una serie de suelos azonales (litosoles y regosoles) cuya formación no se debe exclusivamente a los elementos climáticos, como temperatura y precipitaciones, sino que están condicionados al tipo de relieve y la época de formación: —— Es el caso de los suelos negros y gris oscuro, suelos localizados sobre jóvenes cenizas volcánicas en el África tropical y que son de alto valor para la agricultura. —— Los suelos aluviales en las costas inundadas y vegas fluviales, ricos en nutrientes por su constante inundación. —— Los vertisuelos, suelos con gran contenido de arcillas, son característicos de las depresiones y cuencas de las sabanas o en la alta meseta etíope y pobres en humus. Son buenos para el cultivo de cereales como el tef (Etiopía), maíz y arroz, así como para el algodón y caña de azúcar, aunque difíciles de trabajar. —— Por último, los suelos podsólicos tropicales. Suelos arenosos y pobres, característicos de las dunas costeras o de las arenas del interior. La pobreza de nutrientes y la poca capacidad de absorción de este tipo de suelos sólo es útil para superficie de pastos o bosques. La sabana seca y espinosa se encuentra sobre un sustrato arenoso, como en las arenas de Kalahari del sur y centro de África o en las superficies arenosas del Sahel, con arenales de textura gruesa. Nos detendremos, a continuación, en las características de los grandes dominios climáticos del continente.

1.4.1.  Dominio ecuatorial Se extiende a una y otra parte de la línea del Ecuador, sobre la cubeta central del Congo, Gabón, Camerún, las áreas más elevadas del África oriental y las regiones costeras del golfo de Guinea. Está caracterizado por unas temperaturas elevadas y constantes (medias de 25 ºC), una escasa oscilación térmica anual (inferior a los 3 ºC), y una constante humedad relativa. Las precipitaciones son muy elevadas (media entre 1.500 y 2.000 mm), reparti­das durante más de diez meses, en algunas zonas (áreas costeras del golfo de Guinea y litoral occidental) superan los 2.400 mm. Aunque las precipitaciones son altas durante todo el año, hay dos estaciones con máximo pluviométrico: marzo-abril y septiembre-octubre.

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Debido a las fuertes precipitaciones durante todo el año, los ríos son caudalosos y regulares (por ejemplo, el río Congo), pero con poca capacidad de erosión al transportar sobre todo materiales finos.

Fuente: Azcárate, B.; Azcárate, M. V. y Sánchez, J. (2006): Atlas Histórico y Geográfico Universitario. UNED; mapa IX.72, p. 381.

La vegetación característica es el bosque denso siempre verde, el denominado rain forest (selva ecuatorial). Se localiza en las costas del golfo de Guinea y la cuenca del Zaire; también aparecen algunas áreas de menor extensión en el litoral oriental de Madagascar. Dentro del bosque ecuatorial, formado por multitud de pisos de árboles de especies muy variadas, se puede diferenciar entre los bosques primarios y los bosques secundarios.

Figura 6.7. Principales formaciones vegetales.

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Denominamos bosques de formación primaria, aquellos que nunca se han visto afectados por las roturaciones, y bosques secundarios, aquellos que están constituidos por árboles de menor tamaño y de especies distintas y menos variadas. Los primeros, de formación primitiva, están caracterizados por la gran variedad de especies y su gran tamaño (superior a los 40 m) y los segundos, más abiertos y de menor altitud, más fáciles de penetrar por la existencia de un sotobosque de menor altura y que han sufrido en mayor medida los efectos de la roturación, por lo que es patente la reducción de su superficie. La alteración ferralítica (acumulación de hierro y aluminio) da como resultado suelos muy pro­­fundos (10 a 50 m) y en las áreas más húmedas, con precipitaciones superiores a los 1.500 mm, son característicos los suelos ferralíticos de color rojo-ocre, por su riqueza en óxido de hierro y aluminio, y de gran dureza, por la incrustación de hematites. Debido a la existencia de altas temperaturas y la constante humedad, los suelos están caracterizados por una gran descomposición química y física. Por otro lado, el continuo lavado o lixiviación destruye la materia orgánica por lo que son pobres en sales minerales (calcio, potasio, magnesio). En los deltas, lagunas y bajas zonas costeras, el bosque denso se presenta bajo la forma de manglares, bosques pantanosos compuestos por árboles, los mangles o mangrobes (Rhizophora), de 10 a 15 metros de altura, de raíces aéreas y que se extienden a lo largo de la costa, en una banda que puede variar en anchura desde unos metros a varios kilómetros.

1.4.2.  Un extenso dominio tropical de doble estación Al alejarnos del Ecuador aumenta la oscilación térmica anual y es característica la existencia de dos estaciones secas que separan otras dos estaciones con máximos lluviosos (transición del ecuatorial al tropical), hasta alcanzar, paulatinamente, un clima caracterizado por la existencia de una marcada alternancia entre una estación seca y una estación lluviosa. Se distinguen los siguientes tipos de climas: a) Tropical húmedo (subecuatorial). Este tipo de clima se desarrolla a lo largo del golfo de Guinea, desde Sierra Leona hasta el norte de Angola bordeando la región de clima ecuatorial. Las temperaturas son similares al dominio ecuatorial, aunque la amplitud térmica anual es algo mayor, oscilando entre los 3 ºC y los 10 ºC. Se caracteriza por unas precipitaciones medias anuales entre 1.200 y 1.600 mm, que caen entre seis y nueve meses y disminuyen según nos vamos alejando del Ecuador. Es el área del cinturón de sabanas arboladas con bosques en galería. b) Tropical seco o sudanés. Este dominio abarca gran parte de la costa sudoriental del continente, regiones del Sudán, mesetas orientales y del sur de la cuenca del Zaire y las mesetas de Madagascar. Dentro de este dominio, cabe resaltar las costas orientales

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más húmedas, afectadas por la acción de los vientos alisios y donde el efecto de las altas presiones subtropicales es menor. c) Tropical árido/semiárido o saheliense (también denominado, senegalés según De Martonne). Forma una banda de transición hacia el clima desértico. Acercándonos a los trópicos aumenta la oscilación térmica anual, las precipitaciones son cada vez más escasas (menos de 500 mm) y aumenta la duración de la estación seca (seis/nueve meses). Las temperaturas son más elevadas que en las regiones húmedas y alcanzan los 40 ºC al final de la estación seca. La vegetación característica del dominio tropical es la sabana, formación herbácea de gran altura (2/3 m); posee grupos de árboles dispersos que en los bordes de los ríos forman los denominados bosques galería. Existen variadas formas de sabanas, según la densidad de la vegetación arbórea: — Sabana arbolada. Donde la época de lluvias oscila entre 7 y 9 meses (clima tropical húmedo), está caracterizada por la existencia de extensiones de hierbas altas bulbosas y con rizomas, y acacias en forma de sombrilla hasta cinco metros. — Sabana herbácea. Con la reducción del número de meses húmedos entre cinco y siete y unas precipitaciones medias menores de 1.000 mm aparece la sabana seca, compuesta de verdes matorrales. Es típica la existencia de árboles diseminados caducifolios, que alcanzan una altura media de 10-12 m, el más característico es el baobab. — Sabana espinosa (sabana semiárida). Al aproximarnos al desierto, en áreas con una larga estación seca (de ocho a diez meses) y unas precipitaciones medias entre 250 y 500 mm, las hierbas forman un tapiz discontinuo y la vegetación de tipo xerófilo se limita a formaciones de zarzales o matorrales de espinas diseminados (es característico el esparto que se desarrolla en suelos secos pero no muy arenosos), algunos árboles (acacias) y pastos temporales (el denominado acheb). Cuanto más pronunciada es la estación seca, más destacan las formaciones vegetales con gran resis­ tencia a la aridez: plantas con espinas, hojas con mayores capacidades de retención de agua y fuertes cortezas. Es el dominio de los pastores seminómadas del Sahel. Son característicos los suelos ferruginosos de alto contenido en óxidos de hierro. El agua caída durante la estación de lluvias se filtra en el subsuelo, mientras que durante la estación seca (superior a cinco meses) el agua que sube a la superficie se evapora, y al resecarse el suelo, se forma una costra por concentración de las sales ferruginosas surgidas por la descomposición de las rocas: son las llamadas costras o corazas lateríticas, formaciones compactas de horizontes arcillo-ferruginosos o arcillo-aluminosos, características de los suelos tropicales expuestos a una marcada estación seca.

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Como estas costras no dejan traspasar las raíces de las plantas, dan lugar a regiones estériles y de escaso aprovechamiento agrario y forestal. En la franja semiárida del dominio tropical, en el borde del desierto (Sahel), los suelos son delgados y pobres en humus (suelos pardos de estepa). Debido a las grandes variaciones de temperatura, la roca es fragmentada rápidamente. d) De montaña. Las montañas y macizos montañosos con alturas superiores a los 1.200 m, localizados en su mayoría en la región oriental del continente, pertenecen a los climas tropicales de altura (tierra templada, tierra fría, tierra helada). La altitud modifica los rasgos característicos marcados por la latitud y la diferente orientación de las vertientes en la que están localizados. Así, con la altitud disminuyen las temperaturas y aumentan las precipitaciones, que en ocasiones aparecen en forma de nieve. Las formaciones vegetales se desarrollan escalonadamente en altura: el bosque denso ecuatorial deja paso al bosque mixto de montaña compuesto por especies tropicales, frondosas y coníferas. De los 3.500 a los 4.000 m, piso subalpino, es el dominio de la landa de altos brezos y ericáceas arbustivas; el piso alpino comienza a los 4.000 m y se caracteriza por una pradera clara; por encima de los 5.000 m, no es posible ningún tipo de vegetación.

1.4.3.  Dominio desértico El clima desértico y subdesértico se extiende en torno a los dos trópicos, en ambos hemisferios (boreal y austral) en función de la constante presencia de las altas presiones subtropicales. Al sur del Ecuador, el desierto ocupa una superficie mucho más reducida y se extiende por la región de Namib y la meseta de Kalahari, limitado, al este, por las altas tierras de África oriental que actúan de barrera a los vientos marítimos. En el hemisferio norte el desierto del Sahara se desarrolla en una gran extensión, desde la costa atlántica hasta Somalia. Sus principales carácterísticas son la ausencia o escasez de precipitaciones, siempre inferiores a 250 mm; la fuerte oscilación térmica anual y diurna producida por el calentamiento del suelo a lo largo del día y el enfriamiento por radiación a lo largo de la noche; las diferencias de temperatura entre el día y la noche pueden llegar a alcanzar los 50 ºC, mientras que la amplitud térmica anual supera los 25 ºC. Por otro lado, la existencia de fuertes vientos produce una fuerte erosión por lo que aparecen amplias superficies de abrasión (regs), extensiones sin vegetación y caracterizadas por la fragmentación de las rocas debido a las fuertes amplitudes térmicas, que da como resultado un paisaje de guijarros; y de superficies que registran un modelado característico por la acción del viento (ergs), formando un paisaje de dunas. En general, la vegetación es escasa y queda reducida a plantas espinosas a excepción de los enclaves de palmeras que se pueden encontrar en los oasis.

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Debido a la aridez, los suelos están poco evolucionados, mientras que adquieren grandes extensiones las costras superficiales formadas por concentraciones de yeso, cal y sal, que llegan a alcanzar varios metros de espesor. Son característicos los suelos salinos originados por la salida al exterior de las sales del interior de la superficie.

1.4.4.  Dominio subtropical en los bordes del continente a) Subtropical estepario. En el borde externo de los desiertos aumenta el volumen de precipitaciones, debido a la influencia de los respectivos frentes polares, por lo que la vegetación es de carácter estepario, semiárido de tendencia mediterránea. b) Subtropical de veranos lluviosos del área oriental (tipo chino). En el área sureste del continente existe una banda, caracterizada por una constante humedad y un máximo pluviométrico en verano. Con seis/siete meses lluviosos, y con precipitaciones entre 500 y 1.000 mm durante el verano, contrastan con meses de invierno menos húmedos y fríos, en los que son frecuentes las heladas. Es característica la vegetación de sabana de altitud y sin arbolado tan característica de las altas mesetas sudafricanas de Transvaal, Natal y Orange. c) Subtropical de veranos secos (mediterráneo). Se encuentra localizado en los extremos septentrional y meridional del continente, a partir del paralelo 30º. La oscilación latitudinal de las masas de aire y los centros de acción atmosféricos dan lugar a unos veranos cálidos y secos, dominados por masas de aire cálido y los anticiclones subtropicales, y a unos inviernos fríos y húmedos, dominados por el paso frecuente de las borrascas asociadas al Frente Polar. La amplitud térmica es superior a 10 ºC y las precipitaciones superan los 500 mm. En el área occidental la oscilación térmica es más suave y la humedad más constante. Las diferencias de temperatura se acentúan hacia el interior (mesetas de Argelia) donde se marca el carácter continental y donde el hielo y la caída de nieve son frecuentes. En el Magreb, la media térmica anual es de 18 ºC en las llanuras, y sólo de 14 ºC en las montañas del Atlas. En la región del Cabo, las elevaciones montañosas impiden su influencia en el interior, por lo que el clima mediterráneo de variedad oceánica se limita a una estrecha banda litoral meridional donde no llega la influencia de la corriente fría de Benguela. La vegetación característica del clima mediterráneo es la esclerófila mediterránea, adaptada a la alternancia de un invierno frío y húmedo y un verano cálido y seco: árboles de hoja perenne, encinas, pinos, cedros, el pino carrasco, alcornoques, etc. En algunas zonas, su degradación ha dado lugar a la aparición de matorrales (lentisco y acebuche) y de praderas de gramíneas (denominada veld en África del Sur). El bosque,

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degradado también por las actividades humanas, ha dejado paso en extensas regiones, a una vegetación de arbustos y de maleza: la garriga y el maquis. En las regiones subtropicales de veranos secos del área mediterránea y del Cabo son típicos los suelos denominados terra rossa (suelos pardo/arcillosos), de color rojo debido al alto contenido de óxidos de hierro. Por su capacidad de acumulación y absorción de agua son muy aptos para la agricultura.

2. LA   INFLUENCIA DE LA COLONIZACIÓN EN LA FRAGMENTACIÓN POLÍTICA La historia del continente africano se puede subdividir en tres etapas (Wiese, 1997). a) La época de precolonización. Las civilizaciones más antiguas surgen en el área central del valle del Nilo (Kush, Nubia, Axum), con una avanzada organización social, política y religiosa. En la Alta Edad Media, existía una franja de imperios africanos en el oeste de Sudán que formaban una unidad cultural, debido a los contactos comerciales que se establecieron entre el este y el oeste (comercio transsahariano), así como por su situación geográfica entre las culturas mediterráneas más desarrolladas del norte, y los países del Golfo de Guinea ricos en materias primas, al sur. En el medio y alto Níger se localizaban los antiguos reinos de Ghana, Mali y Songhai y los de Kanem, Oyo y Hausa, entre otros, de origen posterior. En el área central y meridional del continente el pueblo bantú funda varios núcleos: Congo, en la desembocadura del río Congo en el noroeste de Angola, Kuba, Luba, Lunda y Monomotapa. b) La época de la colonización por parte de los países europeos. La colonización de África es una parte de la historia del comercio. Hasta el siglo XIX el continente africano era prácticamente desconocido para el resto del mundo, y solamente se crearon enclaves costeros que servían como punto de apoyo en el camino de los europeos hacia Oriente. En el sur del continente, en la región del Cabo, se instalaron los holandeses en un territorio que posteriormente (1804) fue ocupado por los ingleses. En 1786 se constituye en Londres la Asociación Internacional Africana, con el objetivo de fomentar las exploraciones en el continente. Desde los centros costeros las grandes compañías comerciales europeas traficaban con materias primas y esclavos (de manera legal hasta 1820, e ilegal hasta 1870), mientras que el interior del continente permaneció ignorado, con excepción de algunos enclaves misioneros o aisladas expediciones.

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Durante el siglo XIX los crecientes intereses tanto económicos como políticos de las potencias europeas impulsaron la progresiva colonización del interior del continente africano. A mediados del XIX, Francia controlaba parte del área central y occidental de África, los ingleses, Gambia y Sierra Leona en la Costa de Oro, y los portugueses, Angola y Mozambique. No es hasta la segunda mitad del XIX cuando se penetra hacia el interior africano. En la Conferencia de Berlín (1884/5), convocada por Bismarck, se reglamentan y fijan las esferas de influencia colonial y se reparte el continente entre los estados europeos que habían conquistado territorios para su explotación minera, agrícola y comercial. Se acordó el derecho a la ocupación hacia el interior por parte de aquellas poten­cias que ya poseían un sector de la costa. El continente africano quedó así dividido como si hubiese sido realizado con escuadra y cartabón, tomando como referencia las líneas de los paralelos y meridianos y sin tener en cuenta las peculiaridades étnicas y culturales de la población indígena de cada región. Ello, unido a un sistema de explotación colonial basado en el rendimiento económico, provocó una destrucción paulatina de los sistemas de vida tradicionales. Todo el territorio africano, excepto Liberia (fundación estatal con esclavos africanos de América) y Etiopía, quedó bajo la colonización europea, que perduraría hasta pasada la primera mitad del siglo XX, salvo Egipto y la Unión Sudanesa, que proclamarían su independencia antes de la Segunda Guerra Mundial. Así, a comienzos del siglo XX el continente estaba repartido entre las distintas potencias de la forma siguiente: — Inglaterra controlaba Gambia, Sierra Leona, Costa de Oro (actual Ghana) y Nigeria en África occidental, así como un largo pasillo desde Egipto hasta la Unión Sudafricana (que se formó después de haber eliminado a la población bantú y haber ganado la guerra que mantuvo contra los boers), pasando por Somalia británica, Uganda, Kenia, Nyasalandia, Rhodesia y los protectorados de Bechuanalandia, Basutolandia (actual Lesotho) y Swazilandia. — Portugal dominaba Angola y Mozambique. También las Islas de Cabo Verde, Guinea, Islas del Príncipe y de Santo Tomé y Cabinda. — A España pertenecían Río Muni y la isla de Fernando Poo, la actual Guinea española, parte de Marruecos y el Sahara occidental. — Alemania controlaba Togo, Camerún, África del suroeste y África oriental alemana. En 1919, por el Tratado de Versalles, las colonias alemanas pasaron a estar bajo mandato de la Sociedad de Naciones. — Francia ocupó el territorio desde Senegal hasta el Chad y cuenca del Zaire, que organizó en dos federaciones: El África Occidental Francesa (AOF) y el África

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Ecuatorial Francesa (AEF). La costa francesa de los somalíes, las islas Comores, Túnez y Madagascar. — Bélgica ocupó el estado independiente del Congo creado en 1885, que pasó a ser Congo belga en 1908.

Fuente: Azcárate, B.; Azcárate, M. V. y Sánchez, J. (2002) : Geografía de los grandes espacios mundiales. Anexo cartográfico. UNED, Madrid; mapa XI.12, p. 193.

— Italia controlaba Eritrea, Somalia y Etiopía (desde 1934 a 1942).

Figura 6.8. Reparto de África (1913).

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Este proceso de colonización favoreció el crecimiento de las regiones mejor comunicadas y más ricas, donde se instaló la Administración central, mientras que el resto del territorio permaneció relegado, y comenzó un progresivo movimiento espacial de la población hacia las ciudades más desarrolladas y con mayores perspectivas, mientras que en las áreas rurales apenas se realizaron transformaciones agrarias y estructurales. c) La   época de postcolonización, en la que comenzó la independencia de los distintos países africanos. Al finalizar la Primera Guerra Mundial solo existían dos Estados independientes: Liberia (formado en 1897) y Etiopía, que lo sería hasta 1934. Sin embargo, la descolonización e independencia política de las distintas regiones de África, que se desarrolló desde la Segunda Guerra Mundial hasta 1975, cuando se independizan los territorios portugueses de Angola y Mozambique, no llevó consigo una independencia económica, lo que ha dificultado el desarrollo y aumentado las desigualdades. La estabilidad política es un factor fundamental para lograr alcanzar un mayor grado de desarrollo y una independencia económica. Sin embargo, la inestabilidad de los regímenes políticos es frecuente, debido no sólo a la falta de tradición democrática sino motivado también por la constitución de Estados en los que no se han tenido en cuenta los determinantes sociales, históricos o culturales que conforman el espacio, con lo que han surgido importantes enfrentamientos étnicos como el de los hutu y los tutsi, en el Congo, Ruanda y Burundi, o el de musulmanes/islámicos y animistas, en Nigeria y Sudán. Por otro lado, las importantes reservas en riquezas minerales han seguido siendo explotadas por compañías multinacionales con el fin de abastecer a las grandes potencias económicas, por lo que a pesar de la independencia política surge una nueva forma de colonialismo económico y político. Se han constituido uniones estatales de ámbito regional y continental para afrontar y solventar las dificultades económicas mediante la formulación de políticas globales, como es el caso de la Organization for African Unity (OAU), creada en 1963 en Addis Abeba para reforzar la unidad política. Pero, debido a los enfrentamientos internos, no han logrado alcanzar los objetivos de unificación. Otras organizaciones regionales y de carácter económico merecen destacarse: la Economic Community of West African States (ECOWAS), constituida por Mauritania, Mali, Níger, Nigeria, Benin, Togo, Ghana, Burkina Faso, Costa de Marfil, Liberia, Guinea, Sierra Leona, Guinea-Bissau, Gambia y Senegal; la Southern African Development Community (SADC), de la que son miembros integrantes: Angola, Zambia, Tanzania, Malawi, Mozambique, Zimbawe, Namibia, Botswana, República Sudafricana, Lesotho y Swazilandia; la Economic Community of Central African States (CEEAC), de la que forman parte los países de África central: Chad, República Centroafricana, Camerún, Gabón, Guinea Ecuatorial, República Democrática del Congo, Ruanda y Burundi; La Unión Economique et monétaire Ouest-Africaine

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(UEMOA), compuesta por Níger, Mali, Burkina Faso, Benin, Togo, Costa de Marfil, Gambia y Senegal; la Unión Árabe del Magreb (UAM) constituida por Libia, Algeria, Túnez, Mauritania y Marruecos; o la Preferential Trade Area for Eastern and Southern African States (PTA), que desde 1994 pasó a denominarse Common Market for Eastern and Southern Africa (COMESA), de la que forman parte todos los países del África oriental y meridional, excepto la República Sudafricana y Botswana.

3. FUERTE   CRECIMIENTO DE LA POBLACIÓN, DENSIDADES CONTRASTADAS Y PROCESO DE URBANIZACIÓN 3.1.  Crecimiento de la población 3.1.1.  Evolución de la población Conocer los datos demográficos de siglos pasados en el territorio africano es difícil. Según estimaciones, que varían de unos autores a otros, entre mediados del siglo XVII (100 millones de habitantes) y finales del XIX (120 millones), se observa un largo periodo en el que se registra un estancamiento en el crecimiento de la población. A partir de entonces el crecimiento demográfico se acelera: se calcula que en 1900, la población africana alcanzaba la cifra de 140 millones de habitantes, en 1950 casi alcanzaba los 200 millones y en 1965 sobrepasaba los 300. Actualmente (2015) sobrepasa los 1.100 millones de habitantes, que están desigualmente repartidos: solo en cinco países (Nigeria, Egipto, Etiopía, República Sudafricana y la República Democrática del Congo) se concentra más del 40% de la población del continente (470,9 millones) (Cuadro 6.1). Cuadro 6.1. Población por grandes regiones (2015) y población proyectada (2025, 2050) (millones) Población (2015)

Población proyectada (2050)

MUNDO

7.238

9.683

ÁFRICA

1.136

2.428

África Subsahariana

 920

2.081

África Septentrional

 217

 347

África Occidental

 339

 784

África Oriental

 378

 851

África Central

 142

 372

África del Sur

  61

  75

Fuente: Population Reference Bureau.

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El crecimiento anual de la población en África en el periodo 2010-2015 alcanzó unos va­lo­ res medios del 2,46%, más del doble de la media mundial (1,15%). Las proyecciones realizadas por la ONU que estiman para el año 2050 un número de población superior a los dos mil millones de habitantes en el continente africano, llevará consigo una colonización de los bosques ecuatoriales y de las sabanas, con la consiguiente deforestación y un considerable aumento de la población urbana. El crecimiento de la población esconde importantes diferencias en su comportamiento entre las diferentes regiones: aunque la mayoría de la población africana es rural, son las áreas urbanas las que registran un mayor crecimiento. La tasa de crecimiento urbano en la región de África oriental, que alcanza casi el 4%, es de las más altas del mundo. Son áreas en las que se concentra gran proporción de población joven y donde las condiciones sanitarias son mejores.

3.1.2.  Factores del crecimiento natural de la población Para explicar el crecimiento natural de la población hay que tener en cuenta la evolución de los factores que determinan su comportamiento. Cuadro 6.2. Países con la tasa global de fecundidad más baja del mundo (2015) País

1970

2015

Níger

7,4

7,6

Sudán del Sur

6,9

7,0

Somalia

7,2

6,6

Chad

6,5

6,6

República Democrática del Congo

6,2

6,6

República Centroafricana

6,0

6,2

Angola

7,3

6,2

Malí

6,9

6,1

Burundi

7,3

6,1

Zambia

7,4

6,0

Fuente: Population Reference Bureau.

Avanzado el siglo XXI las tasas de fecundidad siguen siendo bastante más elevadas que la media mundial (4,7 frente al 2,5 de media mundial en 2015). Este comportamiento dentro del

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territorio africano varía de una región a otra, como resultado de la planificación familiar y las transformaciones culturales y sociales. De este modo, un mayor nivel de educación lleva consigo una reducción de los niveles de fecundidad. Los diez países con la tasa de fecundiad más alta del mundo son todos africanos (Cuadro 6.2). El índice bruto de natalidad registra igualmente valores muy por encima de la media mundial (36‰ frente al 20‰ de media mundial). Hay muchas regiones donde siguen registrándose índices muy superiores, debido a diversos factores sociales, políticos, culturales, religiosos, que hacen difícil la introducción de nuevas formas de comportamiento (Cuadro 6.3). La tasa de mortalidad en África registra también los niveles más altos del mundo: 10‰ frente al 8‰ de media mundial. Por otro lado, la alta mortalidad infantil, con valores superiores a la media mundial (62‰, frente al 38‰) y muy por encima de los valores de América del Norte (5‰ ) o de América Latina (18‰). Cuadro 6.3. Natalidad, mortalidad y crecimiento natural por grandes regiones (2015) Nacimientos por 1.000 hab.

Muertes por 1.000 hab.

Tasa de crecimiento natural (%)

MUNDO

20

 8

1,2

ÁFRICA

36

10

2,5

África Subsahariana

37

11

2,6

África Septentrional

28

 7

2,2

África Occidental

39

12

2,7

África Oriental

36

9

2,7

África Central

45

15

3,0

África Meridional

21

11

1,0

Fuente: Population Reference Bureau.

Las regiones del África subsahariana son las que poseen unos mayores índices de mortalidad infantil (67‰) y dentro de éstas existe una gama de variaciones regionales y sociales muy diferenciadas: afectan, sobre todo, a las áreas rurales y en las ciudades a los grupos sociales más desfavorecidos, motivado por unas malas e insuficientes condiciones sanitarias, de alimentación e higiene. El comportamiento de la natalidad y mortalidad, es decir el comportamiento natural de la población, se refleja en la esperanza de vida al nacer que, para el conjunto africano es de

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59 años, la más baja del mundo. Así, de los quince países con menor esperanza de vida del planeta, todos están situados en el continente africano (cuadro 6.4). Los Estados del África Subsahariana y África Central son los que poseen los menores valores (57 años), mientras que los Estados septentrionales registran valores más altos (69 años). A menor escala, las diferencias también en este caso son muy claras entre el área rural y urbana. Son las ciudades las que registran una mayor esperanza de vida, superior a los 60 años, debido a la existencia de unas mejores condiciones de acceso a los servicios sanitarios al agua potable, mientras que en el área rural se reduce drásticamente y apenas alcanza los 40 años. Cuadro 6.4. Los quince países con menor esperanza de vida del mundo (2015) Esperanza de vida al nacer Malí

55

Guinea-Bissau

54

Burundi

54

Guinea Ecuatorial

53

Nigeria

52

Angola

52

Chad

51

Costa de Marfil

51

Mozambique

50

Rapública Centroafricana

50

República Democrática del Congo

50

Lesotho

49

Swazilandia

49

Botswana

47

Sierra Leona

46

Fuente: Population Reference Bureau.

Otro claro reflejo del comportamiento natural de la población y su evolución se registra en la composición de la estructura por edades. Una pirámide demográfica caracterizada por una población joven, efecto de la fase de explosión de población, dentro del proceso de transformación demográfica en el que se encuentra. El grupo de población menor de 15 años representa el 41% del total de la población africana (mundo: 26%), porcentaje que en algunas

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regiones puede alcanzar hasta el 46% (África Central), mientras que el África Septentrional y Meridional son las regiones que registran los porcentajes más bajos (32%) y 30%, respectivamente. La población mayor de 65 años, representa apenas el 4% de la población total africana (mundo: 8%).

3.1.3.  Crecimiento de la población y pobreza El aumento de la esperanza de vida (de 48 años en el periodo 1975/80 a 59 en 2015), y una alta tasa de natalidad (36‰) en un marco geográfico caracterizado por la pobreza, el paro y el subempleo unido a una todavía deficiente sanidad, insuficiente alimentación y vivienda, son aspectos que señalan la importancia de las políticas de desarrollo que han de tenerse en cuenta para el progreso del continente. El crecimiento de la población absorbe y supera al crecimiento económico, lo que lleva a plantear la cuestión de hacia qué dirección deben dirigirse las políticas demográficas y de desarrollo. Con el alto índice de crecimiento natural la población se duplicará a mediados de siglo. Al no registrarse un crecimiento económico paralelo, los ingresos irán dirigidos al mantenimiento de la creciente población, no restando apenas nada para el desarrollo económico. De hecho se ha observado un aumento general de la pobreza (avanzado el siglo XXI, todavía más del 50% de la población de los países situados en África al sur del Sahara viven por debajo del umbral de la pobreza, y los más afectados son los habitantes de las áreas rurales). La lucha contra la pobreza mediante la formación, la educación y la mejora de la situación de la mujer cumple también la importante función de restringir los movimientos migratorios hacia aquellos países de África con mejor situación económica, o hacia el exterior del continente. Las ayudas al desarrollo deberían contribuir a limitar los movimientos migratorios y utilizar sus herramientas para luchar contra la pobreza, proteger el medio ambiente y facilitar la formación de la población africana. Los objetivos de desarrollo sostenible (ODS), presentados en noviembre de 2015, per­ siguen alcanzar aquellos objetivos de desarrollo del Milenio (ODM) que no se lograron, a través de la implantación de medidas que permitan combatir las desigualdades y reducir la pobreza y el hambre en el mundo.

3.2.  Movimientos espaciales de la población Los movimientos de población en África, tanto inter- como intracontinentales, así co­mo inter- e intrarregionales, han sido una constante, hayan sido determinados por causas

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políticas y militares (guerras civiles en Etiopía, Ruanda, en el sur de Sudán, Angola, Mozambique, etc.); provocados por desastres ecológicos que obligan a la población a emigrar para poder sobrevivir; o por razones laborales. Sin olvidar, el movimiento continuado de población desde las áreas rurales a las áreas urbanas, reflejado en el crecimiento espectacular de estas últimas y con repercusión negativa en las áreas rurales de partida, por tratarse fundamentalmente de una emigración, sobre todo de jóvenes. Un caso especial dentro de los movimientos espaciales de la población, es el caso del nomadismo: los Fulbé o Peul del área del Sahel-Sudán (finales de los ochenta: 440.000 en Mauritania) o los Tuaregs del área del Sahel-Sahara (560.000 en Mali). Se han visto influenciados en su forma de vida por los cambios producidos tras la independencia colonial, y actualmente se habla de la existencia de un medio nomadismo. El proceso de desertificación limita su espacio vital, lo que ha llevado consigo enfrentamientos. En África del sur la forma de vida nómada ha retrocedido desde comienzos del XX, hasta los reductos de Himba en el noroeste de Namibia. Entre los factores que han actuado en la desaparición del nomadismo se encuentra la expansión de granjas de la población blanca, así como la introducción de ranchos, alrededor de Botswana. Los movimientos de población dentro de África hacia el norte y oeste, debidos a desastres ecológicos (sequías, inundaciones), a la recesión económica y a las inestabilidades producidas en el proceso de democratización son, muchas de las veces, etapas en el largo recorrido hacia Europa.

3.3.  Disparidades en la distribución y densidad de la población La contraposición entre regiones vacías y regiones superpobladas junto a una baja densidad de población (37 hab./km2) es una característica de este continente.

3.3.1.  Un continente débilmente poblado Para explicar la débil ocupación del continente se deben tener en cuenta varios factores de índole natural e histórico: a) En primer lugar, los determinantes del medio natural: una gran parte de la superficie corresponde a las regiones del dominio ecuatorial, de clima cálido, lluvioso y de suelos pobres; otra gran parte corresponde a las regiones de clima desértico con unas características de aridez por la escasez de agua, que hacen imposible el asentamiento humano.

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b) La existencia de enfermedades endémicas (malaria, tifus, fiebre amarilla, etc.) que diezmaron la población en las regiones tropicales. c) El gran volumen de tráfico de esclavos que desde hace siglos (desde el siglo VII) ha tenido lugar, a través del Sahara y los puertos orientales, con destino al mundo islámico y a la que posteriormente (desde comienzos del XVI) se añade también hacia América desde los puertos occidentales. Este continuo sangrado demográfico es un factor que hay que tener también en cuenta para explicar el estancamiento económico y demográfico del continente y que ha dejado importantes vacíos demográficos. d) La pervivencia de sistemas económicos tradicionales, con un escaso rendimiento e incapaces de sustentar una población en crecimiento.

3.3.2. El contraste de las densidades: regiones de altas densidades y factores que las explican Con una densidad de población por debajo de la media mundial (39 hab./km2 frente a los 49,5 de media mundial), lo primero que se observa es su desigual distribución. Nos encontramos con grandes vacíos demográficos o una muy baja densidad de población en las regiones más áridas de los grandes desiertos (Sahara, Namib, Kalahari con menos de 1 hab./km2) y en las regiones ocupadas por los bosques ecuatoriales, en las montañas del sector oriental y en la costa suroccidental, con densidades inferiores a 3 hab./km2. Frente a estos grandes espacios caracterizados por una baja densidad demográfica, las regiones que poseen mayores densidades de población, exceptuando las grandes ciudades, están localizadas: —— En el litoral mediterráneo y del golfo de Guinea, mesetas orientales y litorales meridionales y en el área suroriental del continente. Los cinco países más numerosos, Nigeria, Etiopía, Egipto, República Democrática del Congo y República de Sudáfrica concentran, como ya hemos visto, más del 40% de la población. —— En las áreas subtropicales de lluvias invernales (la costa de clima mediterráneo) de los extremos septentrional y meridional del continente, con cultivos de regadío orientados a la exportación y con ciudades portuarias con una industria y urbanización en expansión: • En   el norte, el área litoral del Magreb entre Casablanca / Rabat y el golfo de Túnez y su hinterland. • En   el sur, en el área occidental de Ciudad del Cabo. En esta zona del continen­te africano podemos diferenciar entre aquellas áreas con alta densidad de po­ blación en las áreas mineras e industrializadas que comenzaron en la época

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colonial, como el cinturón del cobre (Copperbelt) de Zambia y el antiguo Zaire o la región sudafricana de Witwatersrand, con la explotación de las minas de oro; y aquellas áreas rurales densamente pobladas de la costa de Mozambique y del área suroriental de la República Sudafricana, condicionada por la política de apartheid que conllevaba unos rígidos controles de movilidad e instauró áreas de asentamiento que dieron lugar a concentraciones de población, las denomi­ nadas homelands. —— El valle bajo y delta del Nilo, con una densidad superior a 600 hab./km2, donde las instalaciones de regadío permitieron aumentar esta densidad. —— Otra franja de alta densidad de población se extiende en la zona de Sahel-Sudán entre Bamako (Mali) hasta el Chad, pasando por la meseta de Mossi (Burkina Faso) y la región de Kano (Nigeria del norte). Región que ya en época precolonial estableció una relación comercial (Imperio Mossi en Burkina Faso o el imperio Haussa en el norte de Nigeria). La estructura espacial de estas sociedades feudales se refleja actualmente en una alta densidad de población rural y urbana. —— El litoral del golfo de Guinea, entre Ghana y Camerún. El cultivo, durante la época colonial, de cacao, café y caucho así como la orientación de las corrientes de comercio a ciudades como Accra, Lomé, Lagos o Douala explican el crecimiento de población en esta zona litoral de África occidental. —— En el área septentrional y meridional de los bosques de la región ecuatorial se registra un área de alta densidad de población rural, que coincide con la extensión de los antiguos imperios africanos; sobre todo, en los valles de los grandes ríos, como el Senegal y el Níger, en las regiones de sabana. —— Las altas tierras de África oriental y central y de Etiopía: • Las   altas tierras centroafricanas, en la franja oriental de la cuenca del Congo, con las ciudades de Ruanda y Burundi. Las altas densidades de población en África central coinciden, en algunos casos, con las áreas de los antiguos imperios. • En   África oriental, al norte del lago Victoria y algunas áreas en las tierras altas de Kenia. En ambos casos, las altas densidades responden a las favorables condiciones ecológicas que han facilitado la colonización y la orientación de los cultivos hacia la exportación. • Las   altas tierras de Etiopía han sido un espacio densamente poblado desde la antigüedad, donde la introducción del arado para el cultivo de cereales se introdujo ya desde épocas remotas. Hoy día, con técnicas arcaicas, no tiene capacidad para alimentar a la creciente población, por lo que la presión demográfica es notable.

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Fuente: Azcárate, B.; Azcárate, M. V. y Sánchez, J. (2006): Atlas Histórico y Geográfico Universitario. UNED; mapa IX.76, p. 385.

—— En las costas orientales, con mejores condiciones físicas y un comercio tradicio­nal con Oriente, se encuentran concentraciones con densidades superiores a 50 hab./km2 (Mombasa, Dar-es-Salaam).

Figura 6.9. Densidad de población y ciudades millonarias.

Las causas que explican la desigual densidad y distribución de la población y la existencia de grandes vacíos demográficos y áreas de concentración de población son, pues, de índo­le físico-natural, histórico y socioeconómico. Las características bioclimáticas influyen en la distribución de la población pero no la determinan, ya que actúan otros factores que

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pueden modificar esta distribución, como son el nivel de desarrollo económico o el grado de organización política de la sociedad, que posibilitan la mejor utilización del potencial ecológico de la región. Una sociedad con alto desarrollo en la organización social y política llevará consigo una mejora en las técnicas de producción agrícola y en el sistema de usos del suelo, lo que permitirá unas mejores condiciones para el asentamiento humano. Así, por ejemplo, mientras que las zonas donde se practican cultivos itinerantes, asociado a campos sin cultivar, permiten una densidad de población entre 1 y 5 hab./km2, la rotación de cultivos permite soportar densidades entre 30 y 50 hab./km2, y el cultivo permanente incluso densidades entre 70 y 100 hab./km2. Por otro lado, el sistema de plantación instaurado en la época colonial ha llevado consigo un importante trasvase de población de unas regiones a otras. Esta colonización fue posible por la continua roturación del bosque en la estación seca mediante la aplicación del sistema de rozas. En el África tropical existe una estrecha relación entre densidad y altitud: en un tramo que oscila entre los 1.000/1.200 m y los 2.000/2.200 m se registran las mayores densidades de población, motivado por el hecho de que en estas altitudes hay menos posibilidades de contraer enfermedades como la malaria y la enfermedad del sueño (las condiciones naturales permiten una menor expansión de la mosca tsétsé), en comparación con regiones situadas a menor altitud. Paralelamente, las infecciones que afectan al ganado (Trypanosomiase o Nagana) también son menores en estas altitudes, lo que hace posible el desarrollo de la práctica ganadera. Los distintos tipos de suelos también juegan un importante papel para explicar esta distribución, tanto en el ámbito regional, como local. Así, los suelos arenosos de las mesetas de la región occidental de la República Democrática del Congo poseen una muy baja densidad de población, mientras las áreas con suelos de marga (arcillosos) sobre sedimentos mesozoicos registran mayores densidades. En el área central de la cuenca del Congo existen amplias áreas en las que no es posible el asentamiento de la población, por ser una región pantanosa e inundada, donde no se ha sabido implantar las técnicas adecuadas para su aprovechamiento, mientras que regiones de similares características en el sudeste asiático pertenecen, sin embargo, a regiones donde se han instalado grandes arrozales con muy altas densidades de población. Regiones con suelos sobre cenizas volcánicas (oeste de Camerún) poseen densidades superiores a los 100 hab./km2.

3.4.  Proceso de urbanización África es el continente menos urbanizado del mundo (40%), aunque actualmente el ritmo de crecimiento de la población urbana alcanza casi el 4% anual.

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Cuadro 6.5. Grandes ciudades y aglomeraciones en África Estado

Ciudad

Aglomeración urbana

El Cairo

Egipto

6.758.581

11.893.000

Lagos

Nigeria



11.223.000

Kinshasa

R.D. del Congo

8.754.000



Al-Khurjtum/Khartoum

Sudán

1.410.858

 4.632.310

Johannesburg

Sudáfrica

957.441

 4.434.827

Abidjan

Costa de Márfil

4.395.243



Dar es Salaam

Tanzania

4.364.541



Casablanca

Marruecos

3.359.818

 4.270.750

Alejandría

Egipto

4.084.672



Ciudad del Cabo

Sudáfrica

Argel

Argelia

Durban

Sudáfrica

Kano

Nigeria



 3.375.000

Nairobi

Kenya

3.250.000



Addis Abeba

Etiopía

3.194.999



Ekurhuleni/Germiston

Sudáfrica

Dakar

433.688

 3.740.026

1.790.700

 3.700.000

595.061

 3.442.361

255.863

 3.178.470

Senegal

1.056.000

 3.035.000

Ibadan

Nigeria



 2.949.000

Tshwane/Pretoria

Sudáfrica

Al-Jizah/Giza

Egipto

2.891.275



Luanda

Angola

2.760.000



Túnez

Túnez

638.845

 2.721.000

Abuja

Nigeria



 2.238.752

Trípoli

Libia

1.095.000

 2.189.000

Douala

Camerún

2.125.000



Accra

Ghana

2.070.463



741.651

 2.921.488

Fuente: Calendario Atlante Agostini 2016.

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La principal característica del proceso de urbanización, que comenzó en los años cincuenta, es la importante concentración de la población en las grandes ciudades que actúan como grandes focos de atracción, al ofrecer la posibilidad de acceso a mayores niveles de bienestar. Por otro lado, el éxodo rural se incrementa debido a la disminución de la productividad agrícola y de la oferta de empleo en el sector, así como a unas deficientes infraestructuras. Es patente la inexistencia de una red urbana integrada y una cada vez mayor marcada macrocefalia, características del mundo subdesarrollado. La gran ciudad anula a las otras ciudades por su crecimiento y por las funciones económicas y administrativas. En 1950, dos ciudades superaban la cifra de 1 millón de habitantes, en 1960 eran tres, en la década de los noventa seis aglomeraciones urbanas sobrepasaba los 2,5 millones (El Cairo, Lagos, Kinshasa, Casablanca, Alejandría y Abidján). En 2015, ya se contabilizan más de 15 ciudades que superan esta cifra (Cuadro 6.5). Existen acusados contrastes regionales en la tasa de urbanización: —— En la región de África septentrional y meridional se registran los mayores valores (entre el 50 y 60%). En algunos países supera el 60% (Gabón, 86%; Argelia, 73%; Túnez, 66%; Libia, 78%, o Botswana y Sudáfrica con 62% de población urbana). —— En la mayoría de los países costeros occidentales de África central, debido a la orientación hacia el exterior desde la época colonial, se registra un fuerte desarrollo de las zonas costeras y de las ciudades allí instaladas, como es el caso de Senegal (Dakar), 47%; Costa de Márfil (Abidján), 53%; Ghana (Accra), 51%; Nigeria (Lagos), 50%; Camerún (Douala), 52%. —— La región del Sahel y una franja que se extiende en la región oriental del continente, desde Etiopía a Mozambique, son los dos espacios del continente africano que detectan las tasas más bajas de población urbana, donde una alta proporción de población está ligada al medio rural. Países como Burkina Faso (27%), Níger (22%), Burundi (10%), Etiopía (17%), Kenya (24%), Malawi (16%), Rwanda (17%), Uganda (18%) o Chad (22%) no alcanzan el 30% de población urbana.

3.4.1.  Factores de localización y tipos de ciudades Según su origen y época de formación, podemos diferenciar entre las ciudades históricas, coloniales y postcoloniales: a) Ciudades históricas. El norte del continente africano, está caracterizado por la ciu­dad islámica: Fez (Marruecos) fue fundada en el año 789 d. C.; Kairuán (Túnez) en el

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671 d. C. Otras ciudades tienen su origen en su situación como lugares estratégicos o tuvieron una función central de los núcleos tribales: Kampala (Uganda), Kumasi (Ghana), Addis Abeba (Etiopía), Tananarive (actual Antananarivo, capital de Madagascar). En el área del Sahel-Sudán, los antiguos imperios de Ghana, Songhai y Kanem (desde el si­glo IX d. C.) fundaron ciudades comerciales en las que se intercambiaban productos como el oro y marfil con productos procedentes del norte de África y de Europa. Enclaves como Timbuktu (Tombuctú), Djenné y Gao, en Mali, son ciudades surgidas entonces. La ciudad islámica, aunque pervive en muchas de sus formas, ha variado notablemente desde el siglo XIX. Así, junto a la vieja ciudad han surgido nuevos barrios a semejanza de la ciudad europea. Esta transformación ha sido acompañada de un gran crecimiento de la población urbana b) Ciudades coloniales. Durante la época colonial, desde finales del XIX hasta la independencia en la década de los sesenta del siglo XX, se fundaron ciudades en las que todavía hoy se aprecia el fuerte dualismo entre zonas europeas y africanas. c) Ciudades postcoloniales. La época postcolonial está caracterizada por el crecimiento de las antiguas ciudades creadas durante el colonialismo y por el surgimiento de nuevos centros urbanos. Se trata de ciudades mineras como Arlit en Níger; Sishen o Phalaborwa en la República Sudafricana; nuevas ciudades industriales, como Jinja en Uganda; o desarrollo de nuevas ciudades como Lilongwe, la nueva capital de Malawi, Yamusukro en Costa de Marfil o Abuja en Nigeria. Así pues, un gran número de ciudades surgen movidas por la función comercial desde las primeras fundaciones. Ciudades que crecen por su localización en las vías de comunicación: es el caso de las grandes ciudades que se localizan alrededor de los puertos marítimos como, por ejemplo, Casablanca (Marruecos), Dakar (Senegal), Luanda (Angola), Maputo/Lourenço Marqués (Mozambique) y Dar-es-Salaam (Tanzania); o de ciudades más pequeñas, como Saldanha en la República Sudafricana, San Pedro en Costa de Marfil, Tema en Ghana o Buchanan en Liberia. Otras se desarrollan en torno a puertos interiores, fluviales o lacustres como Bamako (Mali) y Niamey (Níger) en la cuenca del Níger; Brazzaville y Kinshasa/ Léopoldville en la cuenca del Congo; Bangui (República Centroafricana) localizada en la ribera del Ubangi, o El Cairo, en el delta del Nilo. El comercio también ha impulsado el crecimiento de ciudades situadas en cruces de caminos como Kano (Nigeria), Lusaka (República Democrática del Congo) o Salisbury (Zimbabwe). Por otro lado, la explotación de yacimientos mineros determinó el nacimiento de ciudades en la región del Copperbelt o del Transvaal y Orange, como Kitwe y Mufulira (Zambia). Auténticas ciudades industriales son escasas: Newcastle (República Sudafricana), Jinja (Uganda), Edéa (Camerún). Caracterizadas por la existencia de grandes enclaves industriales y una importante actividad comercial, son significativos polos de atracción de la población.

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Las ciudades pueden ser monofuncionales: administrativa, comercial, de nudo de comunicaciones, minera e industrial, o bien multifuncionales, como es el caso de las grandes metrópolis, localizadas en su mayoría en la costa. Es el caso de Dakar (Senegal), Abidján (Costa de Marfil), Nairobi (Kenya), Casablanca (Marruecos), Túnez o El Cairo en el norte de África.

3.4.2.  Estructura interna de la ciudad La mayoría de las ciudades subsaharianas surgen durante el periodo de la coloniza­ción, y es después de la Segunda Guerra Mundial cuando experimentan un espectacular crecimiento, mayor en África meridional y occidental, mientras que la región oriental se presenta como una de las regiones menos urbanizadas. Su desarrollo se efectúa a partir de las relaciones comerciales, junto a la costa o alrededor de enclaves mineros e industriales. Son características la casi total ausencia de una auténtica red urbana y una clara tenden­cia hacia la macrocefalia. En el núcleo de la ciudad se localizan los edificios administrativos y comerciales de la época colonial y los grandes rascacielos de viviendas de época posterior. En las grandes avenidas se sitúa un sector informal de venta de productos diversos y la oferta de múltiples servicios. En los límites de este núcleo se encuentra el mercado «formal», tiendas de variada y diversa oferta. El área residencial, situada en esta zona y formada en la época colonial, presenta hoy un mayor hacinamiento de población y está más degradada. En las avenidas más representativas se localiza, la mayoría de las veces, un sector de viviendas de mayor calidad, que acogen población de más alto poder adquisitivo. También las zonas mejor situadas desde el punto de vista bioclimático son, por lo general, zonas residenciales de la clase alta. En los lugares más desfavorecidos surgen asentamientos ilegales que crecen de manera espontánea, construidos de la noche a la mañana con maderas y materiales de desecho y que contrastan con las buenas construcciones de las villas de la clase alta, o los altos edificios de viviendas sociales de la clase media. Estos barrios degradados, que crecen junto a las viejas áreas industriales y alejados de las zonas habitadas por la clase social alta, se extienden en bandas cada vez más amplias, en cuyo interior se dividen, de forma paulatina, por etnias y lugar de procedencia y, dentro de los grupos étnicos, por diferentes grupos sociales. Hay que distinguir dos procesos diferentes en la movilidad interna. Primero, la inmigración de población hacia los barrios con una elevada densidad de población cerca del centro urbano, donde encuentran acogida frecuentemente en casas de familiares. Posteriormente, se registra un movimiento hacia la periferia, bien sea a los barrios de viviendas sociales o bien a un nuevo barrio de formación espontánea en el borde de la ciudad, donde las condiciones son mejores que en los «slums» que se han creado en el centro antiguo de la época colonial.

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La antigua ciudad islámica está caracterizada por la medina, centro donde se concentran las mezquitas y madrazas, centro religioso y político de la ciudad, y alrededor del cual se distribuyen los zocos o barrios comerciales, formando un entramado de calles angostas de edificios construidos en adobe. El modelo de ciudad islámica se encuentra actualmente transformado por el modelo de ciudad industrial, con la desaparición de las antiguas medinas y con la aparición paralela de barrios marginales y degradados que surgen clandestinamente, de los que las bidonvilles de El Cairo son un ejemplo evidente, y que contrastan fuertemente con los barrios modernos de las clases medias y altas.

4. LA   AGRICULTURA AFRICANA: ENTRE LA SUBSISTENCIA Y LA EXPORTACIÓN El continente africano posee, como hemos visto, una gama de bioclimas muy diversos: regiones desérticas (áridas y semiáridas), regiones mediterráneas, regiones tropicales húmedas y secas, amplias regiones de sabana que presentan diferentes pasiajes y cultivos. Es un continente con una baja densidad de población y en el que se registra un gran desfase entre crecimiento demográfico y crecimiento productivo. Sin embargo, a pesar del gran aumento demográfico y las dificultades de explotación agraria en muchas áreas, la existencia de hambrunas se debe no tanto a la capacidad intrínseca que posee el continente, capaz de alimentar a esta población en crecimiento, como a factores como la existencia de contiendas civiles o la desestructuración de las sociedades tradicionales que se ha registrado desde hace décadas. Unas condiciones ecológicas desfavorables, como son la pobreza del suelo, la iregularidas de las precipitaciones y unas condiciones sociales y económicas como son la falta de infraestructura o las múltiples contiendas y la falta de un utillaje adecuado, no favorecen el desarrollo agrario. Además, los productos destinados a la exportación, como el café, cacao, caucho, palma, algodón, cacahuete, no proporcionan las divisas suficientes que permiten adquirir los productos que se requieren para poder alimentar a la poblacion. Se detectan desde hace décadas intentos de innovación del sector agrario con el fin de poder garantizar la alimentación de la población. Sin embargo, siguen siendo características de la agricultura africana el bajo grado de inversión y mecanización, introducidas casi exclusivamente en las plantaciones, en las áreas de regadío o en aquellas zonas agrícolas de mayores dimensiones y orientadas al mercado externo; y una escasa productividad, aunque genera aproximadamente un tercio del PIB y emplea a más del 50% de la población activa. La agricultura en África registra el rendimiento más bajo de todas las regiones menos desarrolladas del planeta. El bajo rendimiento, tanto en producción por hectárea como en producción por habitante, se explica por la conjunción de factores físicos, como la distribución e irregularidad de las precipitaciones y las fuertes sequías, así como por factores sociales y económicos.

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La modernización de la agricultura es complicada debido a la situación crítica de la población rural. Sólo es abordable si se concentran las acciones conjuntamente, aunando esfuerzos desde diversos puntos de vista: político, financiero, social, tecnológico y de infraestructuras. Las prioridades de la población rural se centran en satisfacer un conjunto de necesidades como es el acceso al agua potable, mejora de la sanidad y la educación o la mejora de infraestructura viaria, antes que en medidas agrícolas para proteger el suelo.

4.1.  Usos del suelo agrario y principales cultivos Teniendo en cuenta los usos del suelo agrario, la distribución refleja una división zonal muy similar a las áreas bioclimáticas o a las de altitud. En cuanto a la actividad agraria, se pueden distinguir (Figura 6.10): a) Área mediterránea. En el borde septentrional y meridional del continente es característico el cultivo de de cereales, olivos, verduras, frutas y vid. Al norte del continente, la vida agrícola estuvo hasta el XIX limitada a las zonas montañosas, mientras que las zonas bajas estaban ocupadas por la población nómada y seminómada. Con el retroceso progresivo del nomadismo, las llanuras costeras se han convertido en el dominio privilegiado de los cereales (trigo y sorgo) y de las leguminosas (guisantes, judías y lentejas). b) Cordillera   del Atlas. Las áreas de montaña, ocupadas por el bosque mediterráneo, son utilizadas fundamentalmente como pradera para la explotación de ganadería extensiva y la producción de madera destinada a su uso como energía primaria. c) El Sahara. Las regiones áridas próximas al desierto se dedican a la ganadería trashumante. En los oasis del Sahara, donde la explotación de las aguas subterráneas permiten el regadío, el principal cultivo es la palmera datilera y los cereales (trigo y sorgo). d) Zona   del Sahel. Zona de contacto entre medios nómadas y campesinos. Es una zona de alto riesgo ecológico, con importantes determinantes físicos negativos como las largas sequías. Predomina la agricultura extensiva itinerante (mijo, sorgo) asociada a cultivos comerciales (algodón, cacahuete) y se practica el nomadismo en grandes extensiones de superficie de bovinos, camélidos, caprinos y ovinos en un desplazamiento pendular norte-sur. El aumento de cabezas de ganado, determinado por el mayor número de familias campesinas y el paralelo aumento en la demanda de carne en las ciudades, y unos programas de abastecimiento de agua, unido a una continua tala de árboles para conseguir madera como energía primaria, han llevado consigo un incremento de la desertificación. Junto a los campos de cultivo en época de lluvias, se encuentran áreas de regadío en torno al río Senegal, en el Níger o en el centro de Sudán, con una agricultura más intensiva.

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Fuente: Azcárate, B.; Azcárate, M. V. y Sánchez, J. (2006): Atlas Histórico y Geográfico Universitario. UNED.

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Figura 6.10. Principales regiones agrarias en África.

En el área meridional del Sahel, condicionada por la dependencia de la exportación, se practica una agricultura extensiva. En esta zona se detecta una explosión de población y un problema de abastecimiento que obliga a la población a emigrar hacia el sur

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o a los centros costeros de la zona ecuatorial. Los cultivos comerciales dominantes son el algodón, el cacahuete y el cacao. En las sabanas, con una estación seca y una única estación de lluvias, el cultivo predominante es el cereal, como el mijo, sorgo y maíz, completada con ganadería en las regiones más secas. e) Área   de lluvias ecuatoriales del golfo de Guinea. Es en estas regiones costeras occidentales donde los problemas de abastecimiento de productos agrícolas son menores. Junto al maíz, ñame, mandioca, plátanos y arroz, cultivos de consumo interno, el algodón, cacao, café, palmera aceitera y caucho son productos de exportación importantes. Por otro lado, en las áreas costeras de las regiones de clima tropical húmedo se registra un auge importante de los cultivos de plantación: cacao, café, aceite de palma, hevea y piña. f) La   disposición de los espacios agrarios al sur del Ecuador no se realiza según una zonifi­cación paralela como en el norte y occidente. La contraposición entre el sector occidental seco y el oriental húmedo, con el espacio interior semiárido está determinada por su situación en la zona seca del hemisferio sur, con la corriente fría y seca de Benguela en la parte occidental y la corriente cálida y húmeda de Mozambique en la zona oriental del continente, que condiciona los asentamientos y la utilización del suelo. g) Las   montañas y las mesetas volcánicas poseen condiciones favorables para la agricultura, debido a la existencia de suelos con gran riqueza mineral. Además, su clima menos cálido evita la extensión del paludismo y de la enfermedad del sueño y permite la práctica de la ganadería y de un policultivo intensivo para abastecer a una mayor densidad de población. La utilización de los bosques es importante como abastecimiento energético. Entre los productos de los bosques tropicales destaca la palmera aceitera, en las áreas costeras occidentales, la nuez de cola, en Sierra Leona y Nigeria o el copal, del que se utiliza la resina. La explotación del bosque juega un papel importante en Gabón, Congo, Nigeria, Ghana y Costa de Marfil, Camerún y Guinea Ecuatorial.

4.2.  Sistemas agrarios Existen, pues, una serie de cultivos tradicionales: mandioca (regiones forestales), mijo (sabana), trigo (África del norte) arroz (Madagascar). La colonización y la globalización de la economía de mercado han hecho que los productos para la exportación cobren cada vez mayor importancia, por lo que se registra un aumento en la producción de cultivos comerciales: cacao, café, palmera oleaginosa, hevea, algodón, cacahuete, remolacha azucarera. Paralelamente es de destacar la coexistencia de sistemas agrarios heterogéneos.

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4.2.1.  Sistema de cultivo itinerante. Agricultura tradicional de subsistencia El sistema de cultivo itinerante (denominado tavy, en Madagascar; lugan en África occidental) domina en amplias superficies de la sabana húmeda y de los bosques tropicales. Este sistema agrario extensivo es una de las formas más antiguas de los usos del suelo y del que todavía dependen millones de personas. Caracterizado por la propiedad colectiva del suelo, las técnicas de cultivo de este sistema se basan en la roturación de la vegetación primaria (o autóctona) al comienzo de la época seca, que se quema por el sistema de rozas al final de la época seca con el objetivo de fertilizar el suelo. Se siembra durante tres o cuatro años. El tipo de rotaciones varía, aunque predominan normalmente los cereales y las leguminosas (mijo y maíz). También es típico el cultivo mixto, así como el cultivo por pisos en una misma área de cultivo. Después de varias cosechas se agota la fertilidad del suelo y el cultivo se traslada a otra superficie preparada también mediante el sistema de rozas, a veces incluso se trasladan asentamientos enteros. Se abandona el terreno y se deja en barbecho, donde se formará una vegetación secundaria, hasta que se recupere la fertilidad del suelo. Mientras que el tiempo que se cultiva en el sistema de agricultura itinerante es de 1 a 3 años, el tiempo de barbecho que necesita el terreno para recuperar la fertilidad puede variar entre 6 y 15 años. Este sistema tradicional únicamente se puede practicar en áreas con baja densidad de población. Sin embargo, el aumento de población ha propiciado que actualmente no se practique exclusivamente como economía de subsistencia, sino que en múltiples ocasiones se intercalan cultivos comerciales como el café, cacao, tabaco, caucho y algodón que se venden en el mercado regional, aunque la mayor parte se dirigirá posteriormente a la exportación. Por otro lado, las diferentes épocas de cosecha de los diversos cultivos permiten una oferta de alimentación más regular y un mayor movimiento en el mercado de los cultivos comerciales. A pesar de que es indiscutible la necesidad de ingresos complementarios para la población que vive de este sistema, el aumento la producción de cultivos con una clara orientación hacia el mercado lleva consigo una sobrecarga del espacio natural. Este sistema de utilización del suelo sólo se puede considerar óptimo si el tiempo de barbecho permite una regeneración de la fertilidad del suelo. Si el tiempo de regeneración se queda por debajo del límite, los daños ecológicos serán irreparables, pues aumentará el empobrecimiento de minerales del suelo, los índices de erosión y las dificultades de abastecimiento de agua. Existen también otros sistemas de agricultura tradicional más intensivos y sedentarios, y la mayoría de las veces asociados a la ganadería, capaces de soportar mayores densidades de población en suelos pobres. Aunque la producción no es muy alta, debido a las técnicas rudimentarias utilizadas, puede asegurar la subsistencia a un grupo numeroso de población.

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En los valles de los grandes ríos, como el del Nilo, el sistema de regadío permite la introducción de cultivos intensivos, mientras que el sistema tradicional de año y vez, es característico de los secanos del área mediterránea, donde se cultiva trigo y se practica un policultivo de regadío. En las regiones de bosque la actividad agrícola tradicional se dedica sobre todo a las plantas de tubérculos como el ñame, la mandioca o patatas, así como al maíz, plátanos y palmeras. Las comunidades ganaderas se extienden en grandes extensiones de terreno de las regiones áridas y semiáridas y se dedican fundamentalmente a la ganadería ovina y de camellos. Se trata de comunidades nómadas (beduinos) que están en continuo retroceso.

4.2.2.  Agricultura de plantación, símbolo de la dependencia extranjera Las plantaciones son grandes explotaciones agrícolas de las áreas tropicales o subtropicales, en las que las altas producciones (té, café, cacao, plátanos, caucho, sisal, palma, algodón, caña de azúcar) están orientadas al mercado mundial. En muchas ocasiones, plantación es sinónimo de monocultivo. En África, la plantación es un sistema heredado de tiempos de la colonización, que se instauró para abastecer a los mercados europeos. Desde los años sesenta se detectan importantes transformaciones en las plantaciones del continente africano, como son: el incremento del número de dirigentes africanos en la gestión de las plantaciones, el aumento de la participación de capital nacional, la diversificación de cultivos, etc. Actualmente constituye una gran superficie donde se conjuga la actividad agrícola-industrial, se practica un monocultivo orientado a la exportación con una introducción elevada de maquinaria y mano de obra. Por regla general, la explotación ha sido expropiada y explotada por el Estado o por empresas privadas. Las características del sistema de plantación son: la especialización de un solo cultivo, la alta inversión de capital, una red de transportes interna, asentamientos para la mano de obra así como instalaciones para la transformación de los productos. La plantación tiene una serie de desventajas, como es la dependencia extrema de la evolución de los precios del mercado, el alto riesgo por posibles daños o desastres ecológicos, la necesidad de una alta inversión y la necesidad de un tiempo considerable hasta que se logra la primera cosecha (caucho, siete años). Aunque hay plantaciones tanto en el área tropical como en la subtropical, la mayoría se localizan fundamentalmente en la zona de África tropical: desde los países del golfo de Guinea hasta África oriental. En las plantaciones de las tierras bajas tropicales se cultiva caucho, aceite de palma, cacao, y café, mientras que en las tierras altas tropicales se cultiva fundamentalmente té y café. En las plantaciones del área subtropical se cultivan, sobre todo, caña de azúcar y frutales.

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5. MATERIAS   PRIMAS MINERALES Y FUENTES DE ENERGÍA. UNA RIQUEZA DESIGUALMENTE DISTRIBUIDA 5.1.  Principales materias primas y fuentes de energía La existencia de riquezas mineras en el continente africano fue uno de los factores que impulsaron la colonización durante la segunda mitad del siglo XIX. Surgen, de este modo, ciudades mineras en áreas deshabitadas y líneas de ferrocarril que unen los centros mineros con el puerto más cercano, para dar salida al exterior a las materias primas y actualmente es el sector minero el que ofrece por medio de las exportaciones mayores ingresos al continente. Ocupa los primeros puestos del mundo en la producción de oro (República de Sudáfrica) y de diamantes (Botswana, República Democrática del Congo), también posee platino, níquel, cobre, cromo, zinc, plomo, estaño, hierro, bauxita, fosfatos, manganeso y cobalto. En la zona del Sahara, fosfatos, petróleo y gas natural. El continente africano posee también un gran potencial energético: petróleo y gas así como hidroeléctrica e importantes yacimientos de uranio. Es rica también en recursos de energía renovable como es el caso de la energía eólica, solar, geotérmica y maremotriz o el biogas. Estos recursos están desigualmente distribuidos por el continente y no están completamente explotados, por lo que, a pesar del gran potencial energético, una gran parte de la población utiliza aún la madera como principal fuente de energía. Las principales áreas mineras se localizan en el área de Tierras Altas (Witwatersrand, Zimbabwe central, o Copperbelt), donde emerge el zócalo precámbrico antiguo a la superficie, de tal modo que los yacimientos contenidos en sus rocas son fácilmente visibles, mientras que en el África de Tierras Bajas, sedimentos mesozoicos y cenozoicos cubren el zócalo. Ligado a los levantamientos de los antiguos macizos (por ejemplo, los montes Nimba en Liberia) se encuentran yacimientos de hierro, mientras que los yacimientos de bauxita y fosfatos están ligados a sedimentos más recientes.

5.2.  Distribución espacial Hay que destacar la desigual distribución y su diferente sistema de explotación. Exceptuando el caso del petróleo, la principal región minera se extiende desde el centro de la República Democrática del Congo (antiguo Zaire) a El Cabo, donde se concentran las mayores riquezas mineras y constituye la primera zona mundial productora de oro, diamantes, cobalto, platino, cromo y cobre. El subsuelo de muchos países del norte y oeste del continente contiene numerosos minerales (hierro, bauxita, uranio y fosfatos). Existen yacimientos de diamantes (República Democrática del Congo, Botswana y Namibia), oro, platino, cromo, titanio, vanadio, cobre (República Sudafricana, Zambia y República Democrática del Congo, son

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los mayores productores del mundo), plomo, zinc, hierro, bauxita, fosfatos, petróleo (Angola y Gabón), cobalto (República Democrática del Congo). Los yacimientos se explotan en enclaves aislados o se forman áreas mineras. Las principales áreas mineras están compuestas por varios núcleos; con grandes concentraciones de población y con mejores infraestructuras, servicios e industrias de transformación de los productos. Importantes áreas mineras son las de Witwatersrand, en la República Sudafricana, que se extiende, a lo largo de 120 km, desde la ciudad de Springs hasta Randfontain; la de Copperbelt, en Zambia; o la región de Shaba, en la República Democrática del Congo, que se extiende a lo largo de 300 km y donde se localizan yacimientos de cobre, cobalto y zinc, junto a los cuales, y facilitado por la explotación de energía hidráulica, se ha establecido una industria química e industrias de alimentación y de con­fección para abastecer a la población concentrada en el área. La situación interior tanto de Copperbelt como de Shaba, con una distancia de 2.000 km hasta los puertos de exportación de Matadi (República Democrática del Congo), Lobito (Angola) y Dar-es-Salaam (Tanzania), y 3.000 km hasta Port Elizabeth (República de Sudáfrica), desde donde se exporta la mayoría del cobre, unido a la dependencia de estas áreas a la infraestructura viaria precaria de los países vecinos, dificultan su desarrollo. Estados que dependen de un solo producto como Zambia (cobre), Botswana (diamantes) o los países petrolíferos, están condicionados a las fluctuaciones económicas mundiales. Por otro lado, la inestabilidad política, las contiendas militares o la insuficiente infraestructura, unido al auge económico de Asia y el desarrollo de los antiguos países del Este, están provocando que el sector minero no reciba la transferencia de capital y tecnología que necesita para su mantenimiento y desarrollo. Desde mediados del siglo XX, África se ha convertido en exportador de fuentes de energía, como petróleo, gas natural, uranio. Países como Libia, Argelia, Nigeria, Gabón y Angola son grandes exportadores de petróleo. Namibia, Níger, República Sudafricana y Gabón, de uranio. Al igual que en el caso de las materias primas, la distribución de las fuentes de energía es muy desigual, con importantes recursos energéticos en el norte y oeste, como petróleo y gas; y de carbón en el área meridional del continente, mientras que un gran número de países poseen muy poco o nada, como es el caso del área del Sahel y del cuerno de África (Etiopía, Somalia, Eritrea), donde la fuente energética principal se basa, fundamentalmente, en la madera. El continente africano a finales de 2015 representaba el 10,3% de la producción mundial de petróleo. Posee también importantes recursos minerales: depósitos de bauxita, oro, platino, diamantes y metales no ferrosos como el cromo, manganeso y el cobalto. En lo que respecta a la localización de los recursos energéticos, la producción de petróleo se concentra en cinco países: Nigeria, Angola, Argelia (que además es el primer productor africano de gas natural), Egipto y Libia.

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África posee, aproximadamente, un tercio de la producción mundial de uranio. Los mayores yacimientos de uranio se encuentran en Níger y Namibia, que ocupan el cuarto y quinto lugar mundial. A finales del XX se registró una disminución de la producción, motivado por la conjunción de varios factores: abundancia en el mercado mundial, reducción de precios en la antigua Unión Soviética, estancamiento de la producción de energía y el problema de seguridad nuclear que frenó las nuevas construcciones de centrales nucleares. Los principales yacimientos de carbón están localizados en la República de Sudáfrica, Botswana y Zimbabwe. Su producción se dirige no sólo hacia la exportación, sino que se utiliza también para sus centrales térmicas para la generación de electricidad. De fácil extracción, permite la introducción de grandes maquinarias. Pero la principal fuente de energía para el consumo de la mayoría de los Estados del continente africano es la madera. En países como Burkina Faso o Chad en el Sahel, o Tanzania y Ruanda en el sector oriental africano, la madera supone el 90% del consumo energético. Incluso en un país como Nigeria, rico en posibilidades energéticas, la madera y la querosina son los principales productos energéticos utilizados. En cuanto al uso de las energías renovables, la utilización de la energía solar es muy limitada. Los precios de los productos son todavía muy altos y el cuidado de las baterías suponen un problema. En las ciudades, y dependiendo de los precios y por consiguiente del nivel económico y social de la población, se utiliza una energía mixta: madera, carbón vegetal, gas, querosina o electricidad. Respecto a la energía hidroeléctrica sólo hay pequeñas centrales de abastecimiento en el norte, aunque son numerosos los cursos de agua que permiten la construcción de centrales hidroeléctricas. Entre las principales presas destacan Assuan en el Nilo (Egipto); Owen Falls en la cabecera del Nilo (Uganda); Akosomba en el Volta (Ghana); Kariba en el Zambeze (Zambia-Zimbawue). Sus grandes reservas de petróleo, gas y minerales puede dar una oportunidad al continente para lograr impulsar al crecimiento económico, y con ello lograr una disminución de la pobreza y la desigualdad.

6. DÉBIL DESARROLLO DEL SECTOR INDUSTRIAL 6.1.  Principales rasgos de la industria África registra un índice de industrialización muy bajo, aún si lo comparamos con otras regiones del hemisferio Sur, como es el caso del Sureste Asiático o de América Latina. La escasa industrialización explica la proliferación de actividades artesanales y la aparición del sector informal en las ciudades africanas, que acentúan los desequilibrios regionales internos. Una serie de indicadores muestran el bajo grado de industrialización:

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—— La participación en la producción industrial mundial y en las exportaciones de productos industriales es muy baja. —— También son patentes las diferencias regionales en la participación de la industria en el PIB. En la gran mayoría de los países africanos la participación del sector industrial en el PIB es inferior al 20%. Sin embargo países como Argelia, Angola o Gabón registran valores superiores (47,6%, 57,8% y 64% respectivamente). —— El indicador del consumo de energía per capita refleja, igualmente, las diferencias: los mayores consumidores son los países del norte y sur de África, seguido por otro grupo de países mineros como Botswana, Zimbabwe y Zambia y los países con un mayor grado de industrialización como Angola y Gabón; mientras que los países con menor nivel de consumo energético son los países interiores del Sahel-Sudán y la mitad oriental desde Etiopía a Tanzania, regiones predominantemente agrícolas. Teniendo en cuenta el consumo de energía por habitante del conjunto africano, en el África subsahariana se observan unos grandes desequilibrios en el grado de industrialización: • Existen,   en primer lugar, un grupo de países con un bajo nivel de industrialización: zona del Sudán-Sahel, África central y oriental. Se trata de áreas en las que predomina la mediana y pequeña empresa de industria de la alimentación, textil y de bienes de consumo, para un mercado caracterizado por la baja densidad de población y agravado por las malas condiciones de la infraestructura del transporte. • En   un segundo grupo de países con un nivel medio, se encuentran Senegal, Costa de Marfil, República Democrática del Congo, Kenya y Zimbabwe. Se trata de países productores de materias primas (mineras o agrícolas) donde se ha desarrollado una industria de importancia en torno a las explotaciones (industria química, metalúrgica, etc.). Dentro del grupo de países con un alto grado de industrialización al sur del Sahara destaca la República de Sudáfrica, donde se ha desarrollado una industria muy diversificada: industria siderúrgica química, industria del petróleo, industria del automóvil, de maquinaria, de armamento, textil, alimentación y papel. Desde la época de descolonización e independencia se intentó reavivar en el continente el proceso de industrialización como elemento fundamental para el desarrollo, aunque el efecto conseguido no ha sido el esperado. El futuro en este sentido es bastante pesimis­ta. Quizás la solución sea la instalación de pequeñas y medianas empresas, como aconsejan las comunidades internacionales de empresarios, que estén dirigidas por nativos, en lugar de grandes industrias, con el fin de poder abastecer el mercado interior, ya que la competen­cia exterior es cada vez más fuerte y la globalización actual hace cada vez más difícil es­ta competencia.

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Fuente: Azcárate, B.; Azcárate, M. V. y Sánchez, J. (2002) : Geografía de los grandes espacios mundiales. Anexo cartográfico. UNED, Madrid; mapa XI.18, p. 200.

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Figura 6.11. Materias primas y principales regiones industriales.

Factores que explican el escaso desarrollo industrial son las desfavorables condiciones en el marco político y económico, la estrechez de los mercados nacionales, la falta de inversiones de capital e infraestructura, la insuficiente y desequilibrada red de transporte y comunicaciones, y la falta de trabajadores especializados debido a la emigración de la fuerza de trabajo cualificado, lo que hace cada vez más difícil la competencia con el creciente Sureste Asiático. De este modo, el proceso de globalización, desde la década de los ochenta, provoca

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que en el aspecto de las inversiones de capital por parte de las empresas multinacionales se esté planteando una cada vez mayor competencia entre los países menos desarrollados. Por otro lado, la existencia de multinacionales provoca que la fuerte dependencia industrial del exterior se extienda al plano político.

6.2.  Localización industrial En la distribución de las industrias podemos observar dos tipos de asentamientos industriales, por un lado los localizados en las ciudades portuarias de las áreas costeras, y en segundo lugar, aquellas industrias ligadas a los centros energéticos y mineros del interior.

6.2.1.  Áreas y centros industriales de las zonas costeras En las áreas costeras, en torno a los grandes puertos que, la mayoría de las veces, son también capitales de Estado, se encuentran áreas industrializadas con valores por encima de la media africana en cuanto al número de ocupados en este sector, valor de la producción y tamaño de la industria. Se trata de áreas industriales que se han formado en las ciudades portuarias, desde Argel a Casablanca, Dakar, Abidján, Lagos, de Ciudad del Cabo a Maputo y Dar-es-Salaam. Fundamentalmente hay que tener en cuenta el factor histórico; es decir, la función de estas ciudades en época colonial como áreas exportadores de materias primas. Aquí, sobre la base de los productos agrarios, se va formando lentamente una industria de transformación de estos productos. En este aspecto se dio un importante paso hacia la sustitución de la importación por productos ya transformados; es el caso de la industria de alimentación, que permitió una mayor concentración de población, y que motiva el desarrollo, entre otras, de la industria de la piel, textil y de confección. Desde los años setenta, se asiste a una segunda fase de la industrialización en estos centros portuarios, con el objetivo de reducir la dependencia de la exportación de materias primas y equilibrar paralelamente la balanza de pagos mediante la exportación de productos manufacturados. Así, se desarrolla una industria conservera orientada a la exportación y sobre la base de las pequeñas industrias textiles se instalan grandes compañías para la producción en serie. Aunque aquí también esté patente la competencia con los países asiáticos.

6.2.2.  Áreas y centros industriales en el interior En el interior se encuentran otro tipo de instalaciones industriales en torno a centros mineros, como en Zambia, junto a centros energéticos (hidroeléctrica de Jinja/Uganda), o en capitales de Estado:

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—— Centros industriales ligados a los yacimientos mineros, como el cobre en el sur y centro de África, o el oro en el sur de África o incluso yacimientos más peque­ños como el de manganeso en Gabón, que dan lugar a la formación de ciudades mineras. Son núcleos donde, alrededor de los yacimientos, se han instalado industrias para abastecer a la creciente población urbana e industrias ligadas a estos yacimientos, alejados de la costa, con lo que surgen industrias variadas como la industria metalúrgica, la química, la de alimentación, textil y de muebles, así como refinerías e industrias químicas adyacentes. Actualmente, estos centros industriales interiores forman las aglomeraciones industriales más importantes en países como Zambia y la República de Sudáfrica. —— Centros industriales que surgen junto a centrales hidroeléctricas. Ejemplos son Jinja (Uganda) y Edea (Camerún). Aquélla se ha convertido en la segunda ciudad más importante de Uganda con 60.000 habitantes y el centro industrial del país. Un importante factor de localización es la existencia de infraestructuras de transportes, como, por ejemplo, la línea del ferrocarril Mombasa/Kampala, con puerto en el lago Victoria. —— Capitales de Estado, como Nairobi, Kinshasa o Uagadugu. El principal factor de localización es el volumen de la población que supera, en casi todas, el millón de habitantes. Son centros financieros y administrativos y los tipos de industrias son variados: alimentación, textil, bienes de consumo, química, maderera. Actualmente se está llevando a cabo en múltiples Estados africanos una política de descentralización de la industria mediante el fomento de centros secundarios, con el fin de evitar la emigración masiva hacia las grandes metrópolis, y al mismo tiempo activar el crecimiento en las áreas interiores. Sin embargo, todos los esfuerzos realizados hasta ahora en esta línea no están logrando los objetivos propuestos y los desequilibrios regionales en lo que respecta a la localización industrial siguen siendo notables.

CONCLUSIÓN: ÁFRICA, EL CONTINENTE CON MENOR NIVEL DE DESARROLLO Es patente la fuerte dependencia de las condiciones del medio natural, tanto positivas (riqueza del subsuelo, potencial energético, etc.) como negativas (aridez, erosión del suelo, desertificación, salinidad, etc.), presentes de manera diversa en las regiones del continente africano. Esta relación directa entre las características del medio natural, el potencial ecológico y el grado de desarrollo regional en los distintos países africanos ha sido destacada en multitud de estudios. No hay que olvidar, sin embargo, que el medio natural ha sido modificado y transformado por la intervención humana en variadas ocasiones. De este modo, se ha destruido la vegetación natural para la explotación de campos de cultivos y de pastos con el

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empleo de técnicas como el sistema de rozas, lo que ha dado lugar a una fuerte erosión del suelo y, en algunos casos, la total desertificación, como en el Sahel. En la actual organización del espacio, destaca la escasa densidad de la red de transportes. El trazado dendrítico de las vías de transporte es una clara herencia del pasado colonial. Las carreteras y líneas ferroviarias se trazaron para asegurar la comunicación de las áreas agrícolas y mineras más ricas con los puertos de salida, mientras que, en algunas regiones, hay ausencia total de vías de comunicación con los países vecinos, por lo que en muchas ocasiones es más fácil comunicarse con otros continentes que entre ellos mismos. Esta deficiente infraestructura viaria es un factor importante del subdesarrollo, crítico sobre todo en los estados interiores, como la zona de Sahel-Sudán y en la zona central, lo que contribuye a que se acentúen las disparidades regionales y a que el desarrollo económico siga concentrándose, cada vez en mayor medida, en pocos puntos. África es el continente con más pobreza del planeta y esta pobreza sigue acrecentándose a pesar de su gran riqueza en recursos naturales. El número de personas que vive en pobreza extrema afecta sobre todo a los países del África subsahariana que, según datos del Banco Mundial, representa la mitad de los pobres del mundo. También es significativo el resultado del estudio que las Naciones Unidas realiza para medir el nivel de desarrollo de los países del mundo, teniendo en cuenta indicadores como el de la esperanza de vida, ingresos, salud y educación, entre otros. Según los últimos estudios realizados en 2014, los 17 países con menor nivel de desarrollo humano están todos localizados en el continente africano: Níger, República Centroafricana, Eritrea, Chad, Burundi, Burkina-Faso, Guinea, Sierra Leona, Mozambique, Malí, Guinea-Bissau, Liberia, República Democrática del Congo, Gambia, Etiopía, Malawi y Costa de Marfil. A escala global existe en África una falta de integración económica y espacial de las distintas regiones y una fuerte dependencia del exterior. A escala regional, las perspectivas de desarrollo de las diferentes regiones, son diversas. Nos encontramos con los países que componen el África septentrional (Argelia, Egipto, Libia, Marruecos, Sahara occidental, Sudán del Norte y Túnez), región caracterizada por una tasa de crecimiento de población moderada y con niveles de industrialización y urbanización por encima de los valores medios africanos. La región occidental de África, se extiende desde el área meridional del Sahara (15º latitud Norte) desde la desembocadura del Senegal a la orilla septentrional del lago Chad, hasta el Atlántico, en la costa de Guinea (5º latitud Norte). Al este está limitada por los montes de Camerún (la antigua línea divisoria entre el África occidental francesa (AOF) y el África ecuatorial francesa (AEF). Comprende los 16 Estados que componen la ECOWAS (Economic Community of West African States). Un gran espectro de países: desde Nigeria, el país más poblado y que forma parte de la OPEC (Organisation of Petroleum Exporting Countries); países con una economía basada en la agricultura como Costa de Marfil o Senegal; países pobres en

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recursos como Burkina Faso o Níger, Liberia o Sierra Leona. Grandes dificultades de desarrollo tienen los países interiores del área de Sahel-Sudán y los pequeños Estados del litoral, como Gambia, Guinea Bissau, Togo o Benin. Los principales problemas de esta región occidental son: la elevada deuda externa, la dependencia del capital extranjero, el alto crecimiento de la población o la pérdida de mano de obra cualificada y el incremento de los movimientos de población del norte al sur de la región, por la desertificación paulatina de las áreas septentrionales. La región central, que abarca los países de Angola, Camerún, Chad, Gabón, Guinea Ecuatorial, República Democrática del Congo, República Centroafricana, Santo Tomé y Príncipe). Localizada entre los 11º latitud Norte y los 14º latitud Sur a ambos lados del Ecuador, se extiende desde la costa atlántica y las elevaciones centrales al este. Posee un fuerte potencial hidroeléctrico y es rica en minerales, en los bordes de las elevaciones del Escudo (cobre, cobalto, diamantes) y posee abundantes yacimientos de petróleo y gas, en las cuencas sedimentarias. El 80% de la población vive por debajo del límite de la pobreza y las perspectivas no son buenas, a pesar de su enorme potencial; de este modo las guerras civiles latentes, la degradación de los recursos naturales y el éxodo masivo de la población, son indicadores de la situación crítica en que se encuentra esta región. La región oriental, formada por Burundi, Comores, Djibouti, Eritrea, Etiopía, Kenya, Madagascar, Malawi, Mauricio, Mozambique, Reunión, Rwanda, Seychelles, Somalia, Tanzania Uganda, Zambia y Zimbabwe, posee buenas condiciones desde el punto de vista ecológico. En las altas tierras tropicales y en el área húmeda, existe una red de transportes heredada de la época colonial y una base industrial conseguida por la minoría hindú. Sin embargo, el desarrollo de los países que conforman esta región ha sido muy desigual. En la región meridional, cuyo concepto engloba el llamado Greater South África, los estados de la República de Sudáfrica, Botswana, Lesotho, Swazilandia y Namibia. Esta gran región se extiende desde El Cabo de Buena Esperanza en el sur y la costa atlántica al oeste, hasta el Océano Índico al este. Namibia y Botswana, aunque ocupan grandes superficies, tienen una densidad de población muy baja y políticamente no tienen peso. Lo mismo ocurre con los pequeños Lesotho y Swazilandia, Estados interiores en el área oriental de la República de Sudáfrica. Tomando como referencia los indicadores de desarrollo humano y el PIB por habitante, la República sudafricana es el país más desarrollado del continente africano. Sin embargo, adolece aún de grandes desigualdades internas entre los diferentes grupos de población y de importantes disparidades regionales. La República sudafricana no pertenece al grupo de los denominados BRICs (Brasil, Rusia, India y China) y su influencia se centra sobre todo en África. Por otro lado, aunque representa más del 25% del PIB africano y juega un papel muy importante en el desarrollo del continente, siendo la principal potencia económica y militar del África subsahariana, adolece aún de

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grandes desigualdades internas entre los diferentes grupos de población y de importantes disparidades regionales y no se puede considerar que posea el liderazgo único en el continente, que es compartido por Nigeria, país con importante potencial demográfico y económico. El mercado sudafricano alcanza a casi todo el continente, donde en especial los países vecinos en forma de inversiones internacionales y la importación de un estilo de vida apuestan por Sudáfrica. Es importante el impulso que realiza por la integración regional a través de organismos multilaterales como la UA (Unión africana) y la New Partnership for Africa's Development (NEPAD), asi como el importante papel que ha jugado en la resolución de conflictos, mediante la negociación y la mediación entre los países de la región, asumiendo en muchos casos el rol de portavoz internacional de África. En el marco de las relaciones Sur-Sur, fundó junto con India y Brasil el denominado foro de diálogo IBSA, con el objetivo de integrar mejor los intereses económicos sur-sur. Aunque la economía sudafricana en los últimos años ha vuelto a adquirir un importante ritmo de crecimiento, ha perdido su posición respecto a las economías emergentes del continente asiático, cuyo crecimiento es mucho mayor.

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CAPÍTULO

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América Latina. Diversidad natural, humana y económica Introducción. 1. Un medio natural contrastado. 2. Población y desequilibrios sociales. 3. Expansión   urbana y aumento de la marginalidad. 4. La agricultura latinoamericana: Modernización y pobreza rural. 5. Débil desarrollo industrial y acusada concentración. Conclusión: América Latina, esfuerzos por el desarrollo y permanencia de las desigualdades.

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INTRODUCCIÓN El espacio latinoamericano se extiende, a lo largo de más de 9.000 km, desde los 32° latitud Norte en Río Grande, que actúa de frontera entre México y Estados Unidos, a los 56° latitud Sur, en la Patagonia, próximo al círculo austral. Engloba a los países de América Central, incluido México, y América del Sur. Ocupa una superficie de 21.070.000 km2 y, aunque predomina el clima cálido, tiene una gran diversidad regional desde el punto de vista natural y bioclimático: desde las cordilleras andinas, hasta los desiertos costeros, pasando por las regiones, tropicales de sabana, con una amplia variedad de hábitats naturales (selvas densas tropicales, bosques caducifolios, sabanas, manglares...). Posee una población de más de 600 millones de habitantes y se prevé que en el 2050 supere los 800 millones. La distribución de la población es desigual: si las primeras civilizaciones precolombinas estaban localizadas en las mesetas andinas, durante la colonización se fundaron ciudades hacia donde se dirigían las riquezas, al tiempo que se explotaron las minas de metales preciosos de los Andes (Potosí) y se formaron grandes latifundios y plantaciones para la explotación de determinados cultivos tropicales como la caña de azúcar, café, algodón o cacao, y que actuaron de foco de atracción de la población. Actualmente, las mayores densidades se localizan, sobre todo, en los márgenes costeros del continente, donde se encuentran las grandes concentraciones urbanas. Si una historia análoga y una organización similar de los asentamientos, han dotado al territorio de una unidad cultural evidente, los intentos de unificación e integración económica han obtenido hasta ahora escasos resultados. La fragmentación a nivel político y regional es notable. A partir de la segunda mitad del XX surgen diversas organizaciones y alianzas económicas, para lograr la integración regional y fomentar el mercado interno. Es el caso, entre otros, del Mercado Común Centroamericano (MCCA), el Pacto Andino (PA), el Mercado

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Común y Comunidad del Caribe (CARICOM), la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI) o el Mercado Común del Sur (Mercosur), activo desde 1991.

1. UN MEDIO NATURAL CONTRASTADO 1.1.  Grandes unidades morfoestructurales Las principales formas de relieve son reflejo de las distintas fuerzas que han actuado en las diversas épocas geológicas. De norte a sur, de México al Cono Sur pasando a través de América Central y del Caribe, podemos distinguir en el territorio latinoamericano los siguientes rasgos morfoestructurales (Figura 7.1).

1.1.1.  México, América Central y El Caribe La región central y septentrional de México está caracterizada por la existencia de una gran meseta, la Meseta Central Mexicana, flanqueada por dos cadenas montañosas: la Sierra Madre Occidental y la Sierra Madre Oriental. Este relieve es una prolongación de las cadenas montañosas norteamericanas, que se extienden desde Canadá hasta el istmo de Tehuantepec. Unas amplias llanuras litorales, más abiertas en la zona del Caribe que en la del Pacífico, bordean esta región. La Sierra Madre Occidental, de origen terciario, se extiende a lo largo de la costa pacífica, entre la Meseta Central y la llanura litoral del noroeste, con una escasa amplitud que apenas supera los 400 km, una longitud de más de 2.000 km y una altitud media de 2.250 m. Está compuesta por rocas cristalinas plegadas sucesivamente y ha sido afectada por movimientos orogénicos que provocaron la aparición de fracturas y fallas. La región se encuentra cubierta, en una gran parte, por materiales volcánicos y presenta un carácter más abrupto, escarpado y macizo que la región oriental. La Sierra Madre Oriental es la prolongación de las Montañas Rocosas norteamericanas. Está constituida por rocas calizas y predominan los terrenos sedimentarios del Jurásico y Cretácico. Con una altitud media de 2.200 m y una longitud de 1.350 km, presenta grandes escarpes en la vertiente que accede al Golfo de México, mientras que en el sector occidental se desarrollan una serie de bloques o terrazas. Ambas cadenas montañosas, Sierra Madre Occidental y Oriental, discurren paralelas a la línea de la costa y se unen en la región meridional de México donde se reduce su altura (240 m), para separarse al traspasar el istmo de Tehuantepec en dos bandas: una de ellas de gran actividad volcánica atraviesa Centroamérica y se conecta con la cordillera de los Andes;

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Fuente: Azcárate, B.; Azcárate, M. V. y Sánchez, J. (2006): Atlas Histórico y Geográfico Universitario. UNED.

y otra desaparece bajo el mar y vuelve a aparecer en el arco antillano (en la isla de Caimán, en el sudeste de Cuba, en Puerto Rico e Islas Vírgenes).

Figura 7.1. Principales unidades morfoestructurales de América Latina.

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La Meseta Central mexicana (o altiplano mexicano) está formada por sedimentos eólicos y volcánicos. Con una inclinación suroeste-noreste posee una altura media de 1.000 m y su sector más ancho no supera los 500 km. El área septentrional de la Meseta es menos elevada y se encuentra compartimentada por montañas y sierras de origen volcánico, que discurren de forma paralela y perpendicular. Desde los 22º N se extiende el área central de la Meseta, compuesta de sedimentos volcánicos y con una altitud que supera los 2.000 m. En el sur, la Meseta limita con la cordillera Neovolcánica, eje volcánico transversal de disposición este-oeste, y donde se localizan las mayores elevaciones del país: el Popocatépetl (5.450 m), el Pico de Orizaba (5.700 m), la Malinche (4.400 m), el Iztaccíhuat (5.300 m) y el Nevado de Toluca (4.600 m). La Depresión de Balsas separa la cordillera Neovolcánica de la Sierra Madre del Sur, zona tectónicamente activa, que se extiende desde Jalisco y Colima hasta Chiapas. Con alturas que superan los 2.500 m de altitud, constituye el sistema montañoso más reciente de México En cuanto a los tipos de suelos de la región mexicana, el sector septentrional presenta suelos pardos y castaños, característicos de las áreas desérticas, mientras que el sector meridional presenta unos suelos lateríticos y porosos que se extienden a lo largo de la costa del Pacífico. Al norte de Yucatán son característicos los suelos rojos (terra rossa) y amarillos, típicos de las áreas de clima subtropical. El relieve de la región de América Central, región eminentemente volcánica, está caracterizado por la existencia de una serie de mesetas y montañas con clara orientación oeste-este. Debido a las características topográficas y climáticas diversas, la región de América Central presenta unos suelos lateríticos en el área continental, mientras que en el sector más meridional son característicos los suelos volcánicos. Desde el cabo de San Antonio (Cuba) hasta la isla de Aruba (golfo de Venezuela), se extiende el denominado Arco antillano, caracterizado por la inestabilidad tectónica y la gran actividad volcánica. Está dividido en tres unidades: las Antillas Mayores (Cuba, Jamaica, La Española —República Dominicana y Haití— y Puerto Rico), ordenadas de este a oeste; en el área oriental del arco y ordenadas de norte a sur, desde Puerto Rico hasta el litoral venezolano, las Antillas Menores o Pequeñas Antillas, compuestas por una serie de pequeñas islas (Islas Vírgenes, Anguilla, San Cristobal y Nevís, Antigua y Barbuda, Montserrat, Guadalupe, Dominica, Martinica, Santa Lucía, etc.); y las Antillas Venezolanas y Holandesas, desde Trinidad hasta Aruba.

1.1.2.  América del Sur De este a oeste, se diferencian tres grandes unidades morfoestructurales: Los Escudos, las cuencas sedimentarias y la cordillera de los Andes.

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1.1.2.1.  Los Escudos En las regiones orientales podemos distinguir una serie de mesetas y montañas erosionadas, constituidas por rocas metamórficas precámbricas cristalinas y sedimentos paleozoicos: el Escudo brasileño y el Escudo de las Guayanas, separados entre sí por la Gran Cuenca del Amazonas. Al sur se encuentra la Meseta de Patagonia. El Escudo brasileño es un macizo de forma triangular, de amplia superficie y donde se localiza la actividad humana y económica de Brasil. Está constituido por viejas rocas del precámbrico arrasadas, cristalinas y metamórficas, que afloran a la superficie en algunos sectores, y recubiertas por capas sedimentarias, entre las que destacan las calizas y areniscas. Con una altura media de 1.300 m, presenta elevaciones montañosas en la zo­na oriental que actuaron de barrera de penetración durante la colonización portuguesa, y desciende hasta los 400 m en las inmediaciones del río Amazonas. Este reborde montaño­so de la zona oriental se aleja de la costa hasta distancias que alcanzan los 250 km en el área septentrional. Sin embargo, en su sector meridional se encuentra próximo al mar, y es en este sector, de composición cristalina, donde por efecto de la descomposición quími­ca favorecida por las características del clima cálido y húmedo, se forman los denominados «panes de azúcar». En el interior, la erosión ha modelado el relieve que presenta la forma de una penillanura recubierta de sedimentos paleozoicos, donde afloran las rocas cristalinas y donde destacan abruptas laderas. Esta forma de relieve tabular, con una altitud media inferior a 1.000 m, recibe el nombre de «chapadas». Más hacia el sureste, las intrusiones basálticas resistentes a la erosión han dado lugar a la formación de un relieve de cornisas y cuestas, que en las sierras de Botucatu y Geral alcanzan su máximo exponente. Los suelos, en general, son pobres y en ellos se asienta una población dispersa que practica la cría de ganado extensiva. En el sector meridional del macizo brasileño, los suelos son más ricos al ser atravesado por cuencas fluviales, y sobre el que se extienden las grandes plantaciones de cultivo del café. Posee abundantes riquezas minerales: oro, bauxita y diamantes. El descubrimiento de yacimientos de metales preciosos a finales del siglo XVII en Minas Gerais, aceleró el proceso de poblamiento de esta región. El Escudo de las Guayanas, de menores dimensiones que el anterior, se localiza al norte de la cuenca del Amazonas que actúa de separación con el Escudo brasileño. Tanto en su origen como en su morfología posee similares características: se trata de una formación antigua de base precámbrica y constituida por rocas cristalinas, granitos y gneis recubiertos de arcillas rojas lateríticas, de areniscas y finas capas de pizarra. Fue afectado por la orogenia andina y, por efecto de la erosión, se ha transformado en una planicie. Con una clara basculación hacia el este (900 m al oeste y 180 m en la parte orien­tal), presenta un relieve tabular, con laderas abruptas y escarpadas, sobre todo en el sector

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central y meridional, donde se encuentran las mayores altitudes: monte Roraima (2.809 m), Auyán Tepui (2.953 m), Marahuaca (2.579 m); y al igual que el anterior, las riquezas mineras más importantes son oro, bauxita y diamantes. La Meseta de Patagonia está constituida por una sucesión de mesetas despobladas, con alturas que oscilan entre los 200 y los 1.300 m en el piedemonte andino; ofrece, de este a oeste, una forma escalonada, más elevada en el sector occidental. Afectado por levantamientos y fracturas, presenta una superficie irregular y accidentada, con la presencia de planicies, cuencas y valles profundos como el Negro, el Chubut, el Deseado y el Chico. Actualmente se encuentra cubierto por rocas volcánicas (basaltos).

1.1.2.2.  Las Cuencas sedimentarias Las Cuencas sedimentarias son grandes extensiones localizadas entre los macizos orientales y las cordilleras andinas occidentales. Sobre una base precámbrica están colmatadas por sedimentos Terciarios y Cuaternarios y constituyen las cuencas de grandes ríos. Entre las llanuras interiores, se pueden citar de norte a sur: los llanos del Orinoco, la llanura del Amazonas y las llanuras del Chaco y la Pampa, por donde discurren los ríos del sistema del Plata (Paraná y Paraguay). Al norte, los Llanos del Orinoco localizados entre los Andes septentrionales y el Escudo de las Guayanas. De relieve plano, se inclinan levemente desde la cordillera andina y del Caribe hacia el río y delta del Orinoco. La sección occidental presenta un relieve tabular de grandes valles fluviales y forma un paisaje de terrazas, mientras que el sector septentrional desciende suavemente hacia el mar. El río Orinoco nace en el cerro Carlos Delgado Chalbaud (Venezuela), con una longitud de 2.400 km discurre por Colombia y Venezuela en su mayor parte a través de una topografía llana, pero con numerosos saltos y rápidos que dificulta su navegación, y desemboca en el océano Atlántico. Los yacimientos de petróleo junto a la explotación de hierro y bauxita y el aprovechamiento hidroeléctrico de sus saltos de agua han permitido un aumento de los índices de ocupación en sus márgenes. La Llanura del Amazonas es una inmensa cubeta de 7 millones de km2, que se extiende entre el océano Atlántico y los Andes a lo largo de más de 3.200 km, a través de los estados de Brasil, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia. Se encuentra limitada por el Escudo de las Guayanas, los Andes y el Escudo brasileño. Los vientos alisios procedentes del océano Atlántico, cálidos y húmedos, penetran hacia el interior, mientras que, sin embargo, los vientos húmedos procedentes del Pacífico no pueden ejercer su influencia por la actuación de barrera que ejerce la cordillera andina. Los suelos característicos de esta región tropical son los latosoles o ferralíticos, amarillos y rojos por su alta concentración de hidróxidos de hierro.

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El río Amazonas, por su superficie (7.050.000 km2), su longitud (6.280 kilómetros) y su enorme caudal (100.000 m3/seg, que en la desembocadura puede llegar a los 200.000) conforma la mayor cuenca hidrográfica del mundo. Nace en la laguna de Lauricocha (Perú), donde se le conoce como Marañón (marañones se llamaba a los proscritos españoles que vivían en la maraña de la selva), a 4.500 m de altitud y desciende lentamente hasta su desembocadura donde se subdivide en varios brazos. La Llanura de la Pampa, de gran riqueza agrícola y ganadera, forma, junto a la región del Chaco, una sola unidad estructural. Con una extensión de más de 600.000 km2, se puede distinguir entre la pampa ondulada, la pampa deprimida, la pampa interserrana y la pampa occidental. Está caracterizada por unos suelos arcillosos y arenosos y un clima templado, con una clara variación en la intensidad de lluvias de este a oeste. Desde mediados del siglo XIX esta región posee una elevada densidad de población y conforma una importante área productiva. Este crecimiento se debió a la conjunción de varios factores: el fácil acceso al Atlántico por el estuario del río de la Plata, la construcción de líneas ferroviarias, una gran corriente migratoria procedente de Europa, y la explotación de grandes superficies de tierra orientada hacia la producción de carne destinada, fundamentalmente, al mercado externo. El sistema del río de la Plata posee una superficie de 3.140.000 km2 y recorre los territorios de Argentina, Brasil, Bolivia, Paraguay y Uruguay, desde el altiplano boliviano-peruano hasta el océano Atlántico y desde la Chapada dos Parecis, en Brasil, hasta el Atlántico, a lo largo de 4.700 kilómetros. Ciudades como Buenos Aires se localizan en sus bordes y a partir de mediados del XIX se registra un importante proceso de ocupación humana en los márgenes de los ríos de la cuenca (Paraná, Paraguay y Uruguay) que concentra a un gran número de ciudades como Montevideo, Rosario, Santa Fe, Corrientes, Resistencia, Posadas, Asunción y Encarnación, entre otras.

1.1.2.3.  La cordillera de los Andes El área occidental de América del Sur está ocupada por la cordillera de los Andes que, con una altitud media superior a los 3.500 m (punto más alto el Aconcagua con 6.980 metros), se extiende, a lo largo de más de 7.000 km, por el litoral pacífico desde el mar Caribe hasta el cabo de Hornos, desde los 4/5º latitud norte hasta los 40º en el hemisferio sur, constituyendo la cadena montañosa más larga del mundo. Posee una anchura media de 300 km, aunque con grandes desigualdades: en los sectores septentrional y meridional su amplitud no supera los 100 km y en el sector central sobrepasa los 800 km (amplitud máxima: 850 km en Bolivia y mínima en Chile: 40 km). Los Andes, surgidos en la era Terciaria, forman parte del cinturón circumpacífico, con estrechas llanuras litorales al oeste, mientras que en su parte oriental descienden, en forma-

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ciones de terrazas y mesetas, hacia las cuencas aluviales más bajas. Poseen grandes riquezas mineras: oro (Colombia, Venezuela, Perú y Ecuador), cobre (Andes occidentales peruanos), estaño y bismuto (Bolivia), platino (cordillera occidental colombiana), vanadio (Perú). En la región de los Andes encontramos desde suelos lateríticos hasta esteparios y de montaña, dependiendo de la altitud, latitud y características climáticas. No constituye una cordillera homogénea y, según la influencia de factores como la altitud, amplitud y efecto de las corrientes marinas, se distribuyen los distintos tipos de climas y hábitats naturales que conforman el territorio andino. Así, el sector de la vertiente oriental es más húmedo y continuo, mientras que la vertiente occidental es más variada y presenta una diversidad en función de la latitud. La influencia de las corrientes marinas se refleja en un clima más húmedo en el área litoral septentrional, más seco a medida que se desciende en latitud y volviendo a ser húmedo en el área austral.

1.2. Distribución de las temperaturas y las precipitaciones: los grandes dominios bioclimáticos Es, sobre todo, la gran extensión latitudinal y la disposición y altitud del relieve los factores que explican la existencia de una gama de climas que van desde el ecuatorial, cálido y húmedo de la Amazonia hasta el árido, cálido y seco, del desierto de Atacama (Figura 7.2). Así, la latitud determina diferentes zonas climáticas. Situada más de las tres cuartas partes de su territorio en latitudes tropicales, en América Latina predomina el clima cálido. Las temperaturas medias anuales generalmente elevadas (+20 ºC), abundantes precipitaciones, y una pequeña oscilación anual de temperaturas (diferencia entre el mes más cálido y más frío) en torno a 1 ºC, explican que el cambio de estaciones sea apenas imperceptible en este dominio. Fuera de las latitudes tropicales, al sur de Paraguay y norte de México, aumentan las oscilaciones anuales de temperatura y se presentan los climas templados. América Latina se encuentra afectada por diferentes corrientes marinas: las corrientes marinas cálidas, del Ecuador al polo, calientan la superficie del agua de los océanos, mientras que las frías, del polo al Ecuador, las enfrían. En la costa atlántica dominan las corrientes ecuatoriales cálidas hasta los 38º de latitud (corriente de Brasil, las Guyanas y el Caribe), y únicamente el sector más meridional del litoral argentino recibe la influencia de la corriente fría de Falkland. Sin embargo, en el océano Pacífico la corriente fría de Humboldt domina una gran parte del litoral chileno peruano, desde los 38º de latitud sur hasta Cabo Blanco (4º de latitud sur), mientras que al norte, la corriente fría de California actúa sobre el litoral de la Península de baja California, en el área septentrional de México. Entre ambas se sitúa la corriente cálida ecuatorial, que solo ejerce su influencia hasta los 15º de latitud sur. Así, la diferente acción de las corrientes, predominantemente frías en el Pacífico y cálidas en el Atlántico, explica que, a similar latitud, se den situaciones muy diversas en ambos litorales.

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Fuente: Azcárate, B.; Azcárate, M. V. y Sánchez, J. (2006): Atlas Histórico y Geográfico Universitario. UNED.

Podemos distinguir los siguientes dominios bioclimáticos (Figuras 7.2 y 7.3).

Figura 7.2. Grandes dominios climáticos.

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Figura 7.3. Climodiagramas de los diferentes climas de América Latina.

1.2.1.  Un extenso dominio tropical húmedo El área tropical ocupa gran parte de América Latina. El régimen térmico tropical está caracterizado por elevadas temperaturas medias y una escasa amplitud térmica anual. Las variaciones térmicas están determinadas por factores como la mayor o menor cercanía al litoral o la altitud, mientras que la distribución de las precipitaciones es la que marca una cierta estacionalidad. a) El dominio ecuatorial, cálido y húmedo, está caracterizado por unas altas y constantes temperaturas (superiores a 25 ºC), que no varían más de 2 ºC, y un volumen de precipitaciones muy elevado y regular (+ 2.500 mm anuales). Se extiende a ambos lados del Ecuador, ocupando la Amazonia, la costa pacífica de Colombia y Ecuador,

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una franja en el litoral sudoriental de Brasil, así como una gran parte de la región de América Central y las islas caribeñas. Áreas donde se acusa la influencia húmeda procedente de la acción de los vientos alisios. La vegetación característica es la selva densa, bosque pluvial siempre verde constituido por una formación compacta de árboles de hoja perenne, arbustos, epífitas y lianas, estructurados en estratos que pueden rebasar los 30 metros de altura.

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Trópico de Cáncer 20º

MAR CARIBE

L. Maracaibo co rino R. O

Ecuador

as

azon



20º

Sabana arbolada Sabana herbácea Sabana espinosa Desiertos y semidesiertos Estepa subdesértica

á

OCÉANO ATLÁNTICO

R. Chu b

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Vegetación mediterránea ““““““““““ ““““““““““ ““““““““““

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Bosque denso siempre verde

R.

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Uru gu

...... ......

Trópico de Capricornio

Pa

R. Paragua

y

R. Am

R.

Fuente: Azcárate, B.; Azcárate, M. V. y Sánchez, J. (2006): Atlas Histórico y Geográfico Universitario. UNED; mapa IX.62, p. 371.

MAR DE LOS SARGAZOS

Golfo de México

40º

Pradera subtropical Bosque templado oceánico Alineaciones montañosas 0

Manglares

120º

100º

80º

60º

40º

500

20º

1.000

© UNED

1.500 Km



Figura 7.4. Grandes áreas de vegetación natural.

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b)  Al norte y sur del área ecuatorial se pasa progresivamente al dominio del clima tropical con estación seca (de sabana o sudanés). Con dos estaciones, una lluviosa y otra seca, está caracterizado por unas elevadas temperaturas, pero con unas diferencias en el volumen de precipitaciones que dan lugar a áreas con estación seca más marcada. Las precipitaciones disminuyen y su concentración en una estación lo diferencian del clima ecuatorial. Se localiza en el litoral del Pacífico de México, América Central y una franja costera en Ecuador; el Caribe; la planicie atlántica de Colombia, Venezuela y la región central y occidental de Brasil. Al disminuir la humedad, y por debajo del umbral de los 2.000 mm anuales de precipitación, el bosque denso va degradándose y se desarrolla una vegetación caracterizada por las formaciones vegetales mixtas, compuestas de árboles y gramíneas: las sabanas. Cuando la estación seca es más marcada y larga, la formación vegetal se degrada en estepa. En la Llanura del Amazonas, las inundaciones periódicas dan lugar a la formación de una peculiar vegetación, los bosques de igapos y la varzea (vegetación que permanece sumergida en la época de lluvias). Los bosques de tierra firme se consolidan en terrenos de arenas y arcillas localizados a un nivel superior al nivel de las aguas de los ríos. Debido a la existencia de lagunas litorales y a los grandes sistemas fluviales en el territorio de América Latina, se desarrollan extensas áreas de manglares, vegetación tropical constituida por arbustos adaptados al agua salina y de gran importancia para mantener el equilibrio ecológico de las áreas costeras y que proporciona los nutrientes necesarios para el desarrollo de especies animales y vegetales. Aunque menos representativos que en el continente africano, ocupan grandes extensiones (cerca de seis millones de hectáreas) en países como Brasil, México, Panamá, Colombia, Cuba y Venezuela.

1.2.2.  Dominio templado Los climas templados ocupan en América Latina un espacio mucho más reducido al sur del trópico de Capricornio. Se distinguen: a) Un clima subtropical húmedo, templado y lluvioso, en el área meridional de Brasil (Estados de São Paulo, Paraná, Santa Catarina, Río Grande del Sur), Uruguay y región de las pampas en Argentina. Es el área de la pampa húmeda, paisaje desprovisto de árboles donde se desarrolla una vegetación de pradera subtropical, que se ralea hacia el interior a medida que aumenta la aridez. La región presenta una gran actividad agrícola y ganadera. b)  El área central de Chile está dominada por el clima mediterráneo, caracterizado por temperaturas moderadas y escasas precipitaciones, y donde domina la vegetación

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mediterránea de matorral bajo y maquis. En el valle central se cultiva la vid y frutales y constituye la región más desarrollada social y económica del país. c)  En el área meridional del litoral del Pacífico, desde el río Biobío hasta la Patagonia, se extiende el clima oceánico templado, con precipitaciones anuales superiores a los 2.000 mm y una densa vegetación forestal (bosque de araucarias), que constituye una importante reserva maderera.

1.2.3.  Dominio árido Localizado a lo largo de una banda denominada diagonal semiárida que se extiende desde la costa de Perú y Chile hasta la Patagonia, domina un clima árido y subárido que atraviesa la mitad occidental de Bolivia y el centro y noroeste de Argentina. Pasa de un desierto templado continental (desierto de Patagonia) a un desierto cálido subtropical interior (Gran Chaco) hasta un desierto cálido costero (desierto de Atacama), donde alcanza su mayor intensidad. Esta diagonal semiárida, de más de 3.700 km de longitud, está caracterizada por el monte xerófilo o una escasa vegetación de tipo estepario. En las mesetas septentrionales de México domina un clima árido, con oscilaciones térmicas anuales superiores a los 10 ºC y escasas precipitaciones, que en algunas ocasiones no sobrepasan los 100 mm anuales. La vegetación característica son los cactus y yucas. En esta región, los ríos procedentes de la Sierra Madre Occidental y que discurren hacia el océano Pacífico han permitido la introducción del regadío y la expansión de una importante agricultura comercial. En el área seca nororiental de Brasil, en el espacio situado entre el litoral húmedo del sureste y la Amazonia, se acentúan las condiciones de aridez y se desarrolla una formación vegetal de especies xerófitas, denominada la «caatinga». Otras áreas climáticas áridas se localizan en el litoral septentrional de Venezuela y en el área costera de Ecuador y Chile.

2. POBLACIÓN Y DESEQUILIBRIOS SOCIALES En América Latina son característicos los desequilibrios entre las sociedades arcaicas y las más desarrolladas o de desarrollo intermedio; entre una pequeña proporción de población que sigue aumentando su nivel de vida y una gran mayoría que sigue reducién­dolo; entre zonas urbanas y rurales; en el interior de las ciudades, entre distritos ricos y marginales; a escala regional, entre zonas económicamente más desarrolladas y regiones de extrema pobreza.

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2.1.  Una población en crecimiento A lo largo del proceso de conquista y colonización se establecieron nuevos asentamientos humanos en un territorio caracterizado por una densidad de población escasa y con una gran riqueza en recursos naturales, mineros y agrícolas. La reducción de la población indígena registrada durante el siglo XVI fue de tal magnitud que se la ha catalogado de «catástrofe demográfica»: durante la etapa del descubrimiento se calculaba una población de 35/45 millones de personas (según Sapper, 1924), que a comienzos del siglo XVII se había reducido a 10/15 millones a causa de las epidemias (Tenochtitlán fue afectada a comienzos del XVI por una epidemia de viruela que redujo su población en un 50%), las guerras, el hambre y las catástrofes naturales. No será hasta comienzos del XVIII cuando comience a registrarse una recuperación de los efectivos demográficos. Durante el siglo XIX, época de la independencia, se detecta un gran crecimiento demográfico, duplicando su población en 50 años: de 34 millones de habitantes en 1850 a una población aproximada de 75 millones al finalizar el siglo. Incremento debido a factores como los altos índices de natalidad y una elevada corriente inmigratoria procedente de Europa. Ambos factores muy propicios en una época caracterizada por la explotación masiva de los recursos impulsada por la integración latinoamericana en el mercado mundial. Aunque paulatinamente se van reduciendo las cuotas de inmigración, el elevado crecimiento vegetativo se refleja en un aumento de la población, y se vuelve a duplicar el número de habitantes durante la primera mitad del siglo XX, alcanzando la cifra de 165 millones en 1950. Pero el ritmo de crecimiento a partir de entonces es aún más considerable. Así de 1950 al 2000 la población aumentó en 315 millones, de 165 a los 515 registrados en el año 2000. Actualmente (2015) se contabilizan ya 618 millones y, según las proyecciones demográficas se espera que el crecimiento continúe durante el siglo XXI, aunque a un ritmo más desacelerado. Así, según el comportamiento en el crecimiento natural, se puede distinguir, en primer lugar, una etapa pretransicional, hasta el siglo XVIII, caracterizada por unas tasas de crecimiento anual del 0,06%, debido a una alta tasa de mortalidad y natalidad en torno al 40 por mil, y una esperanza de vida de 25 años. A comienzos del siglo XX, se inicia un paulatino aumento del ritmo de crecimiento demográfico (1920: 1,8%; 1940: 2,2%). A partir de la Segunda Guerra Mundial y hasta la década de los ochenta, se registra una aceleración en el ritmo de crecimiento de la población (1950/60, 3,2%); y una gran explosión de la población, debido a las mejores condiciones en el nivel de vida y los adelantos registrados en medicina, que lleva consigo una reducción notable de la mortalidad. Hasta los años sesenta la natalidad se mantiene elevada y se alcanzan unas tasas de crecimiento anual de cerca del 3%. Con la reducción de la natalidad, la tasa media de crecimiento disminuye significativamente hasta la actualidad (1960/70 2,8%; 1970/80: 2,6%; 1980/85: 2,5%; 1985/90: 1,9%; 1990/95: 1,7%; 1995/2000: 1,6%; 2005/2010: 1,3%; 2010/2015: 1,2%).

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El proceso de transición demográfica ha tenido lugar de una forma mucho más rápida y tardía que la ocurrida en Europa. Un retroceso de más de un siglo en el comienzo del proceso de transición y una duración de veinte años en un proceso que en el continente europeo se realizó en casi cien años. Por otro lado, mientras que en Europa la transición fue acompañada de un progreso económico y social, en América Latina el avance de la medicina es el principal factor que lo explica. Si en la década de los sesenta la mayoría de los países se encontraban aún en los inicios del proceso, actualmente la mayoría de los países se encuentran en plena transición o ya han alcanzado una etapa avanzada de la misma.

2.2.  Dinámica y estructura demográfica Característica común de la mayoría de los países latinoamericanos es la disminución progresiva de la mortalidad, sobre todo de la población infantil, una todavía alta fecundidad y un aumento de la esperanza de vida (Cuadro 7.1). Cuadro 7.1. Principales características demográficas en América Latina y El Caribe (2015) El Caribe

América del Sur

TOTAL América Latina y El Caribe

165

43

410

618

21

18

17

18

6

8

6

6

Tasa de crecimiento natural (%)

1,5

1,1

1,1

1,2

Tasa de Mortalidad infantil (‰)

16

33

18

18

Tasa de fecundidad (n.º hijos por mujer)

2,4

2,3

2,1

2,2

Esperanza de vida

74

73

75

75

Población (millones) Nacimientos por 1.000 hab. Muertes por 1.000 hab.

América Central

Fuente: Population Reference Bureau.

Factores que explican la reducción de la mortalidad son, entre otros, los importantes avances de la medicina y la mejora en las condiciones de vida, lo que significa una mejor atención sanitaria y un mayor acceso a la educación. Otros aspectos, que han acompañado a esta reducción son el aumento del grado de urbanización y la disminución de la fecundidad. El descenso de la fecundidad comienza de una manera notable a mediados de la dé­cada de los sesenta. Proceso que se registra de manera diferente según los países y con comporta-

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mientos también dispares según los grupos sociales. En 1950 el número de hijos por mujer estaba situado en torno a 5,9. En 2015 esta cifra se ha reducido a 2,2. Sin olvidar que estas cifras globales esconden las importantes diferencias que existen en el comportamiento de los distintos países, aunque todos registran índices inferiores a 4. Las previsiones para el 2025 es que continuará el descenso hasta los 2 hijos por mujer. Los factores sociales, económicos y culturales, como son el nivel cultural, el acceso de la mujer al mercado laboral o el proceso de urbanización, juegan un importante papel. A comienzos del siglo XX la esperanza de vida oscilaba entre los 30 y 40 años, exceptuando el caso de Uruguay, que sobrepasaba los 50; en el periodo 1950/55 alcanzaba los 52; a finales de siglo (periodo 1995/2000), la esperanza de vida al nacer era de 69,2. Actualmente (2015) la esperanza de vida ha aumentado considerablemente, registrándose una media de 75 años. Estos valores están muy por encima de los valores alcanzados en las regiones menos desarrolladas y similares a los registrados en los países desarrollados (Mundo: 71; Países más desarrollados: 79; Países de bajo desarrollo: 61). Sin embargo, esconden importantes diferencias en los valores regionales, como es el caso de Haití o Bolivia, con una esperanza de vida de 63 y 67 años respectivamente, frente a los países como Cuba, Argentina o Chile, con 78, 77 y 79 años respectivamente, en el 2015. En 1950 la población menor de 15 años alcanzaba valores en torno al 40 o 50% en la mayoría de los países. Actualmente ha descendio al 27% y se prevé que a mediados del siglo no sobrepasará el 20%. Por otro lado, la población mayor de 65 años que representa sólo el 7%, en el 2050 podría alcanzar a más del 20% de la población, lo que se refleja en unas pirámides de población de base cada vez más estrecha. Los principales factores que determinan el proceso de envejecimiento de la población latinoamericana son la disminución de la tasa de natalidad y el incremento de la esperanza de vida. Según los estudios realizados por la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), se espera que el ritmo en el proceso de envejecimiento de la población de América Latina se incremente en los próximos años.

2.3.  Una irregular distribución de la población En la distribución de la población por grandes regiones se observa una mayor concentración demográfica en el litoral y en los valles más húmedos del interior. a) En México, la población se concentra en la Meseta central, donde se localizan los mayores centros industriales y de servicios, con ciudades como México, Guadalajara o Puebla; en el litoral pacífico (Acapulco), o en el litoral atlántico del Golfo de México y el Caribe (Veracruz, Mérida, Cancún), dinamizadas por el turismo o la explotación petrolífera. b) En América del Sur destaca la concentración urbana y litoral de la población. En el territorio andino la población se concentra en el altiplano andino, en el caso de

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Bolivia, el país menos urbanizado y donde persiste una mayoritaria población rural; mientras que en Ecuador y Perú se registra un descenso en altitud de los asentamientos y un aumento de la población en las áreas urbanas o en los enclaves más dinámicos de la costa, fomentados por la explotación agraria y petrolífera o dinamizados por la actividad turística. La población de los países septentrionales (Venezuela, Guyana, Guayana y Surinam) se concentran en las áreas costeras, al igual que en Uruguay y Brasil, donde a pesar de los esfuerzos por la colonización del interior, sigue registrando las mayores densidades en el área meridional del litoral atlántico. En Argentina la población se concentra en el litoral y la Pampa, y se registran muy bajas densidades en la Patagonia y el Chaco. Igualmente, en Paraguay, la región del Chaco se presenta muy poco poblada, concentrándose la población en el sector oriental y suroriental del país. Por último, en Chile se observa una concentración en el sector central, debido fundamentalmente a las condiciones climáticas del sector meridional, con temperaturas muy frías, y el sector septentrional, caracterizado por su extrema aridez. Con diferencias según los distintos espacios, actualmente la distribución de la población en territorio latinoamericano viene determinada, en mayor o menor medida, por condicionantes naturales, culturales e históricos: —— Las características morfológicas del subcontinente (grandes sistemas montañosos que poseen las mayores altitudes del planeta, la existencia de grandes desiertos, la gran selva amazónica, etc.) dificultaron, en muchas ocasiones, la comunicación con el interior del continente. —— La estructura y distribución de la población en época precolonial. En muchos casos, la ocupación del territorio durante la colonización se realizó a partir de aquellas superficies ocupadas por sociedades precolombinas (aztecas, mayas, incas), bien organizadas y adelantadas, localizadas en América central y la zona andina, donde se implantaron nuevas formas de ocupación territorial. —— Las distintas formas de colonización determinan la configuración de los asentamientos. Así, los primeros asentamientos que formaron enclaves comerciales no potenciaron la concentración demográfica; mientras que las explotaciones mineras y agrícolas que requerían gran cantidad de mano de obra estable, dieron origen a una masiva concentración de población. —— Las grandes corrientes migratorias desde finales del XV hasta el siglo XVII. Coloni­ zadores que se establecieron mayoritariamente en aquellas zonas donde existían sociedades precolombinas organizadas y donde se aseguraba mano de obra campesina, para la explotación agrícola o minera. Un buen ejemplo es la ciudad de México, fundada sobre la ciudad antigua de Tenochtitlán. También se colonizaron

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GRANDES REGIONES DE LA TIERRA

las costas, donde se instalaron los puertos para la exportación de productos (Veracruz, Cartagena, Bahía, Río de Janeiro, Valparaíso, Callao, Acapulco), mientras que el interior recibió menor volumen de inmigrantes. No hay que olvidar, sin embargo, y dentro de las diferencias nacionales, una característica común: la división en mosaicos, es decir, en pequeños espacios densamente poblados, donde se concentra la mayor parte de la población, frente a grandes espacios vacíos con una gran dispersión y con bajas densidades de población. Es patente, pues, el gran desequilibrio demográfico interno en todos los países del subcontinente. Los pequeños espacios densamente poblados que alcanzan, exceptuando las ciudades, densidades de población superiores a los 100 hab./km2, se encuentran situados en áreas favorecidas y donde se practica una utilización intensiva agrícola del suelo. Se trata de estrechas bandas a lo largo de valles en las zonas montañosas, de pequeños núcleos en las áreas de regadío de las zonas secas, como en el norte de México o al oeste de Perú o de bandas más anchas en la zona costera, a lo largo de la costa oriental del continente. Estas zonas de concentración de población ocupan grandes espacios solamente a grandes altitudes y en las cuencas de las zonas montañosas, en México, países andinos y América central; aisladamente también en las zonas montañosas con predominio de población compuesta de pequeños campesinos, como en Haití, Costa Rica y Colombia. Las ciudades se localizan la mayoría de las veces en estas zonas agrícolas densamente pobladas, con lo que la presión de población aumenta considerablemente. Frente a estas zonas de concentración de población existen áreas mucho más extensas con un gran vacío demográfico, con pocas unidades de asentamiento, y densidades de población entre 1 y 10 hab./km2. En estas áreas el aprovechamiento económico es de poca importancia, y está caracterizado por una agricultura extensiva en las áreas de grandes explotaciones y, en otras ocasiones, por una economía de subsistencia del pequeño campesinado, que practica una utilización intensiva del suelo en pequeños núcleos diseminados. Característica de estos grandes espacios vacíos es la insuficiente red de comunicaciones, por lo que aumenta la dificultad de abastecimiento y se imposibilita el contacto con los espacios económicamente activos, lo que conlleva, en definitiva, un creciente aumento del desequilibrio regional. Ahora bien, la distribución de la población presenta diferencias importantes si la examinamos a una escala más pequeña: diferencias por países en cuanto a la densidad de población. En general, se observa un marcado contraste desde la época colonial, entre las zonas costeras densamente pobladas frente al interior. Sin embargo, en los países andinos tradicionalmente las zonas con más alta densidad de población no se encontraban en la costa, sino en los largos valles y en zonas más elevadas, y desde estas áreas existe una posterior y constante corriente migratoria hacia la costa. Así, en el gran espacio que representa el interior tropical, las densidades que se registran son inferiores a 1 hab./km2, mientras que en las

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Fuente: Azcárate, B.; Azcárate, M. V. y Sánchez, J. (2006): Atlas Histórico y Geográfico Universitario. UNED; mapa IX.66, p. 375.

América Latina. Diversidad natural, humana y económica

Figura 7.5. Densidad de población y ciudades millonarias.

regiones de América central así como en las cuencas de las cordilleras andinas localizadas entre Colombia y Bolivia, las densidades pueden superar hasta los 300 hab./km2.

3. EXPANSIÓN URBANA Y AUMENTO DE LA MARGINALIDAD El gran aumento de la población latinoamericana ha ido acompañado, de igual manera, de un crecimiento de la población urbana, que ha adquirido grandes dimensiones: en 1930

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la población urbana representaba el 17% del total, en 1950 el 41% de la población residía en áreas urbanas, en 1970 se eleva hasta el 57,4%, 72,1% en 1990, y en el año 2015 el 78% de la población latinoamericana reside en aglomeraciones urbanas. Si en un primer momento, el crecimiento se explica por la importancia de los movimientos migratorios internos procedentes de las áreas rurales, a partir de la década de los sesenta el ritmo de crecimiento interno de la propia población urbana es el principal motor de este aumento.

3.1. Proceso de urbanización desde la época colonial hasta 1930. De las factorías comerciales a la construcción planificada de ciudades Los primeros asentamientos de población que se establecieron en las Antillas, al comienzo de la colonización, tienen un carácter de factorías comerciales, a través de las cuales se exportaban los productos, sobre todo metales preciosos, a Europa. En un primer momento no se instalaron asentamientos agrícolas, pues de la metrópoli se importaba lo necesario para subsistir y sólo de forma complementaria se cultivaban determinados productos agrarios. Paulatinamente fueron distribuyéndose predios para fomentar la colonización y se dictaron medidas que favorecían la adjudicación de tierra para su uso agrícola, importando ganado y semillas de la metrópolis. Durante la época colonial se crearon las bases de la actual morfología urbana. Asentamientos urbanos en muchos casos fortificados y adecuados a la forma de vida hispana, con la intención de concentrar a los colonizadores españoles y evitar su dispersión por el área rural. La localización de las ciudades se basa en las actividades económicas llevadas a cabo por los colonizadores: —— En la América andina y en las tierras altas de América Central se crean ciudades en el interior, donde se encontraban los yacimientos minerales. —— En las zonas tropicales surgen importantes enclaves de plantación. —— En el litoral, se crean asentamientos como lugar de salida de los productos y de comunicación con el exterior. Así, a lo largo del siglo XVI comienza la construcción planificada de ciudades siguiendo el modelo urbano que se había llevado a cabo durante la Edad Media, en la Península Ibérica. A partir de entonces, las ciudades se construyen según un trazado denominado ajedrezado, en el que una red de calles paralelas se entrecruzan en ángulo recto, y los edificios se levantan en los cuadriláteros. En 1573, se dictan las disposiciones legales recogidas en las ordenanzas de Felipe II, que se ampliaron en el código colonial de 1680 y donde se fijan y detallan las normas para el trazado de las nuevas ciudades: «plazas, calles y solares debían ser trazados en línea recta, para lo cual había que comenzar con la delimitación de la plaza principal o plaza mayor, y a partir de allí construir la red de calles».

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Durante el siglo XVIII se fundan nuevas ciudades impulsadas por la introducción de nuevos cultivos, como el tabaco, el lino o el café, o por el desarrollo de actividades pesqueras y ganaderas y condicionan el crecimiento periférico, que facilitaba la exportación de los productos hacia la metrópolis o la instalación de ciudades en áreas mineras o agropecuarias. A lo largo del siglo XIX, época de la independencia, los nuevos países se constituyeron alrededor de un importante núcleo urbano (Argentina/Buenos Aires, Chile/Santiago, Venezuela/ Caracas). El trazado radial de las redes de transporte conecta las metrópolis nacionales con las áreas de producción y amplias extensiones quedan aisladas y generan los actuales desequilibrios regionales. Por otro lado, el gran crecimiento de las capitales nacionales (Buenos Aires pasa de 187.346 habitantes en 1869 a 1.576.597 en 1914) y la ausencia de jerarquías urbanas regionales, acentúa el fenómeno de la macrocefalia, mientras que se consolida el modelo de distribución espacial heredado de la época colonial.

3.2. Urbanización tras la Segunda Guerra Mundial: la consolidación de la macrocefalia Hasta la década de los cuarenta la población latinoamericana era mayoritariamente rural. Es el incipiente proceso de industrialización y el desarrollo del sector terciario el que impulsará definitivamente el proceso de urbanización durante la segunda mitad del XX. El crecimiento de las ciudades es tan grande que se acentúa enormemente el desequilibrio entre las grandes ciudades y los espacios casi vacíos del resto. El gran incremento de población urbana registrado a partir de la década de los cuarenta, coincide con la época del modelo económico denominado «crecimiento hacia dentro», que llevó consigo una fuerte industrialización y una gran redistribución de la población y tuvo importantes repercusiones en la transformación de los paisajes culturales del territorio latinoamericano. El desarrollo de las ciudades registrado tras la Segunda Guerra Mundial está acompañado, por lo tanto, de un desarrollo de la industria basado en el modelo de sustitución de importaciones, un impulso en el crecimiento del mercado interior y un auge en el movimiento migratorio de las áreas rurales hacia las regiones urbanas, donde se concentran las producciones industriales y de servicios. De forma paralela, el espectacular crecimiento urbano se realiza de manera desigual y se reflejan grandes contrastes internos desde el punto de vista social y económico. Así, el crecimiento de población urbana es patente desde la segunda mitad del siglo XX: 1950: 41,6%, 1975: 61,3, 1990: 71,5%, 1996: 73,7, 2000: 75,3%, 2015: 78%, porcentaje muy similar al registrado en los países más desarrollados (77%), y muy superior al registrado en el continente africano o asiático (40% y 46% respectivamente). Aunque hay que señalar que los similares índices de urbanización con los países más desarrollados no significa que se hayan

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experimentado las mismas transformaciones sociales y económicas características del desarrollo, ya que la pobreza urbana se ha incrementado de manera considerable y lejos de disminuir se mantiene y aumenta en las grandes ciudades. Pero no todo el continente latinoamericano se comporta de una manera homogénea, sino que se observan distintos comportamientos que reflejan el desigual desarrollo de las diferentes regiones. a) El Caribe es la región que registra los niveles medios de urbanización más bajos (66%). Aunque es de destacar su diversidad: países como Puerto Rico o Cuba con muy alto porcentaje de población urbana (99% y 77%) frente a países como Trinidad y Tobago o Haití, con el 14% y 53% respectivamente. b) Junto con Venezuela (89%), los países del Cono Sur son los que presentan las tasas de urbanización más altas de Latinoamérica, como es el caso de Uruguay (94%), Argentina (92%) y Chile (87%). Entre los diversos países hay importantes diferencias que reflejan la desigual evolución histórica, así como en el interior de ellos hay grandes contrastes entre áreas urbanizadas y rurales. Es el caso, por ejemplo, de Brasil, con el 85% de población urbana, caracte­rizado por la gran concentración económica y demográfica en el sureste (metrópolis de São Paulo, Río de Janeiro y Belo Horizonte), frente a un área vacía: la región del noreste y la Amazonia. En México (78%), la población se concentra en la altiplanicie, en la ciudad de México, frente a una despoblada zona del litoral caribeño. En Colombia (76%), la población se concentra en las ciudades de Bogotá-Medellín-Cali frente a las regiones del este y sureste y las tierras de la costa pacífica; en Chile (87%) hay una fuerte concentración de­ mográfica en Santiago-Valparaíso-Viña del Mar, frente a una ocupación muy puntual en el norte y sur del país. Especialmente significativo en el proceso de urbanización es el aumento del tamaño de las ciudades y la metropolización. Si en 1930 ninguna ciudad latinoamericana superaba el millón de habitantes, en 1950 ya se contabilizaban seis, y actualmente son ya 48, de las cuales 17 superan los dos millones y seis los 5 millones (Cuadro 7.2). Se registra paralelamente un crecimiento desmesurado de la población de la metrópolis que suele coincidir con la capital del Estado, que se traduce en una macrocefalia con una centralización de las decisiones políticas, económicas y culturales. Como indicador que señala este fenómeno se puede tomar la proporción que representa la principal ciudad en el sistema urbano de un país, que supera en muchos casos el 30%, como es el caso, por ejemplo de Buenos Aires. Se detecta una leve disminución o estancamiento de la población en las grandes ciu­ dades, debido a la reducción de los movimientos migratorios y la disminución registra­da paralelamente en las tasas de crecimiento natural. Por otro lado, las transformaciones

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en la agricultura han motivado la posibilidad de creación de empleos temporales en el campo, lo que ha llevado consigo, en algunos casos, la migración no sólo a las grandes ciudades sino a los centros urbanos intermedios más cercanos. Las medidas descentralizadoras, que se implantan desde los años setenta y se intensifican en la década de los ochenta, tienen el objetivo de reducir el proceso de metropolización, fomentando el desarrollo de ciudades intermedias, mediante la creación de infraestructuras y de polos de desarro­llo económicos que faciliten el asentamiento de la población y permitan reducir las dispa­ ridades regionales. Cuadro 7.2. Ciudades y grandes aglomeraciones urbanas Ciudad

Aglomeración urbana

Ciudad de México

México

 8.874.724

21.178.959

Sao Paulo

Brasil

11.895.893

20.935.204

Buenos Aires

Argentina

 3.049.229

13.752.000

Río de Janeiro

Brasil

 6.453.682

12.116.616

Lima

Perú

 8.850.000

10.685.466

Bogotá

Colombia

 7.760.451

 9.155.126

Santiago

Chile

 6.045.404

 7.228.581

Belo Horizonte

Brasil

 2.491.109

 5.767.414

Porto Alegre

Brasil

 1.472.482

 4.161.237

Brasilia

Brasil

 2.852.372

 4.118.154

Fuente: Calendario Atlante Agostini 2016.

En aquellos países que poseen unas redes urbanas más jerarquizadas, como es el caso de Brasil y México se observa una primacía compartida por varios núcleos urbanos. En el caso de Brasil se observa una triple primacía urbana: Brasilia, donde se concentra el poder administrativo y político, Río de Janeiro y São Paulo, que actúan como cabeceras económicas. Existen también núcleos metropolitanos impulsados por las actividades industriales, como es el caso de Recife, Salvador, Belo Horizonte y Porto Alegre, así como los centros metropolitanos de Belem, Fortaleza y Curitiba, que aumentaron notablemente su población desde la década de los cuarenta y sobre todo a partir de la década de los setenta. Destaca en el territorio brasileño la fundación de nuevas ciudades y complejos urbanos industriales en la Amazonia. Para el desarrollo de esta región es importante señalar el Programa Grande Carajás, cuyo principal objetivo es impulsar el desarrollo industrial, o los programas madereros de la Zona Franca de Manaus o del eje Carajás-São Luis-Marabá, entre otros.

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México se caracteriza por una triple primacía urbana, México, Guadalajara y Monterrey, y un notable dinamismo demográfico de las ciudades medias. Destaca el crecimiento del área metropolitana de la ciudad de México (abarca las 16 delegaciones político-administrativas del Distrito Federal y 17 municipios conurbados del estado de México), con una población de más de 20 millones en la actualidad. Este enorme crecimiento transformó el entorno urbano del área central del país y alcanzó al valle de Topluca-Lerma, se extendió hacia PueblaTxacala y el valle de Cuernavaca. El segundo núcleo de importancia dentro de la prima­cía urbana es Guadalajara, constituida por los municipios de Guadalajara, Zapopán y Tlaquepaque. Su desarrollo ha estado basado en el importante papel como nudo de transporte y núcleo comercial de la región occidental del territorio mexicano. Por último, el espacio de Monterrey, que se ha convertido en una de las principales regiones industriales y que registra un dinámico desarrollo demográfico. Además de estas tres primacías urbanas, destaca en México la consolidación de una red de ciudades medianas, de magnitudes que oscilan entre los 100.000 y 1 millón de habitantes, por lo que el número de ciudades medianas aumentó considerablemente durante la segunda mitad del siglo XX: en 1950 se contabilizaban siete, en 1970 la cifra ascendía ya a 36, en el año 2016 había más de cien ciudades intermedias de entre 100.000 y 1.000.000 de habitantes. Ejercen una función de equilibrio territorial y destacan, entre otras, ciudades como Hermosillo, Mérida, Durango, Zacatecas, Cuernavaca, Tonalá, Acapulco, Oaxaca o Villahermosa.

3.3.  Estructura interna de la ciudad La ciudad latinoamericana actual, sobre todo las pequeñas y medianas, siguen muy impregnadas de la herencia colonial tanto en su estructura como en la división socioespacial. Podemos resaltar las siguientes características de las ciudades coloniales (Mertins, 2006): —— Una regular forma en damero con lados de más de 100 metros (las denominadas cuadras o manzanas). —— Los bloques cuadrados en el centro de las ciudades coloniales se dividieron en so­ lares del mismo tamaño. —— El centro de la ciudad lo constituye la plaza mayor, un cuadrado libre de edifica­ ciones. —— A los cuatro lados de la plaza se construyeron los edificios oficiales más representativos, como la catedral, el ayuntamiento, etc., y, junto a ellos, las viviendas de las familias más acomodadas. —— Al aumentar la distancia del centro disminuye el tamaño y la calidad de las ca­sas, y con ello el estatus social. De este modo, la ciudad española colonial desde

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el punto de vista socioespacial sigue el mismo modelo que las ciudades preindustriales, registrándose un empobrecimiento social del centro a la periferia. —— Las actividades comerciales e industriales se concentran al borde de los mercados. —— Más alejados, se encuentran los asentamientos de los indígenas y en parte también de los esclavos, es decir de las clases sociales más bajas, espacios que la mayoría de las veces estaban separados de la ciudad por unos territorios sin cultivar. Desde la década de los treinta se registra una degradación y deterioro de los centros históricos, debido al paulatino abandono de los residentes, de extracción social alta y media, hacia la periferia de las ciudades y, posteriormente, hacia áreas más alejadas. Hasta principios de los cincuenta comienzan a instalarse centros de negocios y oficinas en los centros de las ciudades, mientras que se generaliza la subdivisión de las antiguas casas señoriales en habitaciones donde residen familias enteras, situadas alrededor de un patio central donde se concentran los servicios higiénicos de uso común. A estos asentamientos se les denomina callejones (Perú), vecindades (México y Venezuela) o conventillos (Chile y Argentina). Esto se refleja en la conformación de un paisaje urbano discontinuo y un desplazamiento paulatino de la población hacia la periferia que va acompañado de un incremento de la superficie urbana. El aumento incontrolado de las ciudades ha degradado paulatinamente el actual espacio urbano y las condiciones de vida de la población que allí reside. Uno de los aspectos más significativos de la transformación del espacio urbano es la aparición de los nuevos barrios marginales que crecen sin control y aparecen de forma espontánea. Estos barrios acogen una población en extrema pobreza y están constituidos por un tipo de hábitat subintegrado, que reciben diversas denominaciones: favelas (Brasil), callampas (Chile), ciudades perdidas (México), villas miseria (Argentina), barriadas, pueblos jóvenes (Perú), cantegriles, viviendas brujas, entre otras. Se trata, por regla general, de viviendas construidas espontáneamente sobre terrenos yermos que han transformado la periferia de las grandes ciudades de América Latina, donde se concentra una gran parte de la población, y que han registrado un notable ritmo de crecimiento. Así, de manera general, podemos distinguir tres formas de asentamiento periférico en las metrópolis de América Latina, que de manera desigual explican el crecimiento espacial de la población en las grandes ciudades: a) Los barrios de clase social alta, que la mayoría de las veces se localiza en un único sector. El proceso de suburbanización se lleva a cabo por la emigración de la clase social elevada desde el centro de la metrópoli. Tiene lugar desde los años veinte y se acrecienta en la década de los treinta y cuarenta. El motivo del abandono es, en unos casos, el aumento del deterioro medioambiental y el alto valor del suelo para edificios de oficinas y comercios. En otros, es la posibilidad de poseer modernas viviendas en barrios con mejor infraestructura.

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b) Los barrios formados por viviendas sociales y de bajo coste, que surgieron sobre todo en la década de los setenta. Este sector de viviendas sociales forma barrios de altos bloques de viviendas, debido al bajo precio del suelo. c) Los barrios ilegales y marginales que predominan por toda la periferia de las grandes ciudades desde la década de los sesenta y que se incrementó desde la crisis económica de los ochenta.

4. LA   AGRICULTURA LATINOAMERICANA: MODERNIZACIÓN Y POBREZA RURAL Según datos del Banco Mundial, en 2015 el sector agrario representaba en el conjunto del espacio latinoamericano el 12% del PIB. Si se incluyen las industrias procesadoras de alimentos, la proporción promedio del PIB procedente del sector agrario se eleva al 21%. Ahora bien, en el medio agrícola existen grandes disparidades regionales que no se ven reflejadas en las estadísticas sobre el ingreso medio de la agricultura. Estas disparidades vienen determinadas por factores como el medio natural, la antigüedad e historia del poblamiento y la colonización, así como la orientación de la producción hacia el exterior. Unas determinadas condiciones sociales, heredadas del periodo de la colonización, y la existencia de una clara dualidad entre una economía de exportación y una economía tradicional de subsistencia han conformado un paisaje agrario donde conviven estructuras agrarias fuertemente contrastadas, y donde la introducción de verdaderas reformas agrarias resulta, en la mayoría de las ocasiones, muy compleja.

4.1.  La agricultura precolombina Durante la época precolombina, los espacios de la geografía latinoamericana en los que se concentraban núcleos urbanos con altas densidades de población, estaban constituidos por sistemas políticos, económicos y sociales que conformaban la comunidad y donde se trabajaba la tierra por generaciones familiares y se desarrollaba una agricultura intensiva (calpulli en la civilización azteca; ayllu en la civilización andina). El maíz era la base principal de la alimentación, como lo era entonces el trigo en Europa, hasta tal punto que se ha denominado las «civilizaciones del maíz» al conjunto de pueblos aztecas, mayas, chibchas e incas. Civilizaciones cuyo cultivo básico era el maíz y que, aunque utilizando diferentes sistemas, practicaban la agricultura como base de su economía. La civilización maya practicaba el sistema denominado «milpa», un sistema de rotación por el cual se podían recoger varias cosechas de maíz, con lo que no sólo servían para autoabastecerse,

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sino que también se podía utilizar para el intercambio comercial con otras comunidades. La utilización del sistema de rozas (tala o quema de la vegetación para el cultivo) fue dejando tierras áridas por los desmontes, tierras que necesitaban varios años para recuperarse después de ser utilizadas. El crecimiento urbano produjo la necesidad de nuevas y más amplias roturaciones para la instalación de nuevas milpas lo que llevó consigo lo que se ha denominado «colapso agrícola» y que contribuyó sobremanera al ocaso de la civilización maya. La civilización azteca utilizó también el sistema de rozas para el cultivo de maíz, y el regadío (chinampas), con la introducción de grandes obras de ingeniería hidráulica, que facilitó la plantación de variados cultivos (judías, tomates, pimientos, calabaza, ñame, batatas, etc.). Un sistema muy común consistía en la construcción de superficies delimitadas por acumulación de troncos y vegetación y colmatadas de tierra. En el imperio inca se practicaban sistemas variados de regadío y cultivo de terrazas en las laderas de las vertientes montañosas y el cultivo a distintas alturas (maíz hasta 3.000 metros de altitud, patatas hasta los 5.000 m). Sistemas hidráulicos de canales que trasladaban el agua a las áreas de cultivo, realizados mediante un sistema comunitario. Por otro lado, la labor comunitaria que se desarrolló sobre la base de la mita (trabajo obligatorio que la comunidad debía realizar para el Estado) hizo posible la construcción de muros y mejoras para la canalización de las aguas.

4.2. La explotación de la tierra en la época colonial: encomiendas, estancias y plantaciones El dominio colonial transformó este esquema de explotación de la tierra. En un primer momento, con la entrada de los colonizadores, comenzó un trasvase regional de cultivos: la patata llega a México desde Perú, cultivo que posteriormente solucionaría hambrunas en Europa; el algodón, desde los Andes al Río de la Plata; el cacao, desde Nueva España a Venezuela. En el siglo XVI, con el sistema de encomienda, comienza a entrar en escena el agricultor europeo. Los territorios conquistados pasaron a formar parte de la Corona: son las llamadas tierras de realengo. Por lo tanto, la propiedad del suelo solamente podía ser adquirida por concesión real. Por medio de la encomienda, procedente de la Edad Media castellana, pero que en América adquirió caracteres propios, el rey otorgaba al encomendero las tierras descubiertas y el derecho a recibir el tributo o trabajo que el encomendado debía pagar a la Corona, pero no la concesión de las tierras de la comunidad indígena sobre las que éste habitaba, que seguía perteneciendo al rey, a la propia comunidad o a otro encomendero. Este sistema de encomiendas supuso el primer paso hacia la formación de grandes propiedades y la puesta en marcha de la agricultura colonial. La implantación de una agricultura extensiva, la producción

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masiva orientada al mercado exterior y la utilización mayoritaria de mano de obra indígena, supuso una gran transformación en la estructura social y en los paisajes naturales. El término estancia se utilizaba entonces para designar el lugar donde vivía el propietario. Desde estas primeras concesiones se inicia, pues, un proceso de acumulación de tierras en manos de los más ricos. Con la promulgación real que fijaba que no se cedían más tierras de labranza y pastoreo como merced real y gratuitamente, sino que había que venderlas en pública subasta y darlas al mejor postor, la Corona hacía frente a las crisis financieras con la entrada de ingresos; pero, al mismo tiempo, la tierra de asentamiento comenzó a ser utilizada como mercancía y objeto de especulación. Como muchos de los territorios habían sido ocupados sin la posesión de títulos legales, bajo el reinado de Felipe II se adoptaron las denominadas «composiciones de tierra», que obligaban a demostrar el derecho de propiedad sobre los predios ocupados o, en caso contrario, la obligatoriedad de satisfacer la compra según precios fijados por la Hacienda Real. Este método supuso una clara desventaja para los pequeños campesinos y para las comunidades indígenas ya que sólo los más ricos pudieron acceder a su compra y consolidó definitivamente la gran propiedad. Ya en el siglo XVII la aparición y crecimiento de centros urbanos (como México, Cuzco, Quito, Lima, La Paz, Maracaibo, Santa Fe de Bogotá, Caracas) y mineros (como Potosí, que llegó a alcanzar los 150.000 habitantes), Ouro, Antioquia, Tolima (Nueva Granada), Zacatecas y Guanajuato (Nueva España), demandan cada vez mayores volúmenes de productos alimentarios, lo que impulsó el crecimiento de las áreas agrícolas. Surge la hacienda, donde se combina la agricultura y la ganadería, para poder cubrir las necesidades de estos focos consumidores. Mientras tanto, continuaba el derecho al usufructo de mano de obra indígena, que estaba concedido por el sistema de encomienda y, a pesar de algún intento de revisión para frenar su abuso, no fue abolido definitivamente hasta 1720, bajo el reinado de Felipe V, aunque en algunas zonas continuó bajo diversas formas (naborías en las Antillas y Nueva España; yanacona en Perú) hasta finales del XVIII. La economía de plantación alcanza su mayor desarrollo con la explotación comercial del azúcar. Se trata de una gran empresa que requiere altas inversiones y está volcada hacia el exterior. Su función difiere de la hacienda que, como ya hemos visto, registra su mayor expansión en América Latina por el aumento de la demanda de los centros urbanos y los centros mineros y que posee una orientación hacia el mercado local con métodos de agricultura tradicional, sin necesidad de grandes inversiones y con una función de abastecimiento, al poseer pequeñas parcelas destinadas a la producción de cultivos para el consumo interno. No hay que olvidar, sin embargo, que el término hacienda se ha seguido utilizando para empresas dedicadas al cultivo del café o del cacao, muy semejantes a las plantaciones azucareras. Con la introducción del sistema de plantación —primero de la caña de azúcar, más tarde del algodón y del cacao—, que alcanza su mayor desarrollo al final de la época colonial,

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se intensifican las exportaciones agrícolas que demandaba la creciente población europea. Al mismo tiempo, por esa clara orientación hacia la exportación, no se tienen en cuenta las necesidades del consumo interior ni el desarrollo de las manufacturas locales, lo que da lugar a la formación de unas condiciones de dependencia externa que se verán agravadas posteriormente.

4.3.  El proceso de acumulación de las tierras agrícolas El nacimiento de la gran propiedad agrícola, puede considerarse como consecuencia de la conquista y colonización. En la concesión de mercedes de tierra que se facilitaba a los conquistadores se limitaba la recepción de tantas peonías y caballerías de tierras para cultivo y explotación ganadera, como pudieran explotar. Sin embargo, la formación de latifundios, tanto civiles como eclesiásticos, fue un hecho evidente. Esta acumulación de tierras en manos de las familias más ricas y poderosas se explica por la conjunción de varios factores: a) Las concedidas mercedes de tierra fueron en muchas ocasiones vendidas a terceros, a pesar de su prohibición. Ventas que aumentaban la especulación del suelo y daba lugar a la acumulación de tierras por los más ricos. b) Las composiciones de tierra que, a través de la posibilidad de compra daban legitimidad a la propiedad que se había adquirido de forma ilegal, acentuaron el desarrollo y la consolidación del latifundio. c) Las estancias que en un primer momento solamente significaban el derecho a la utilización de los pastos, derivaron en una propiedad privada y total de la tierra. Este hecho da lugar, entonces, al característico latifundio latinoamericano: la hacienda, que tiene su máximo desarrollo en el siglo XVIII. En regiones como Chile o el Río de la Plata, sin embargo, la denominación «estancia» pasó a referirse a la propia hacienda y no a una simple medida de superficie (estancia = 780 ha). d) Con la implantación del mayorazgo, por el que se creaba el derecho de herencia de la tierra al hijo mayor, el latifundio se mantuvo indivisible. Durante el siglo XVIII, para paliar la concentración de la propiedad de la tierra y su esca­sa productividad, se realizaron los primeros intentos de reforma agraria. Pero estos intentos de redistribución del suelo para un mejor rendimiento, llevados a cabo por el Anti­guo Régimen, fueron rechazados tras un conjunto de dificultades, y es admitido el derecho a la propiedad de la tierra. Las transformaciones políticas que tienen lugar durante el siglo XIX dan como resultado un incremento de la concentración de la propiedad de la tierra. La independencia de los

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Fuente: Azcárate, B.; Azcárate, M. V. y Sánchez, J. (2006): Atlas Histórico y Geográfico Universitario. UNED; mapa IX.63, p. 372.

países latinoamericanos a lo largo del siglo marcó el final del sistema económico colonial. Comienza una etapa de libre comercio que termina de consolidar la gran propiedad de signo capitalista y los sistemas de tenencia de la tierra por parte del campesino, asociados a la gran propiedad y acogiéndose a los procesos llevados a cabo por la desamortización. Las reformas liberales y el capital procedente del extranjero, que se invertía fundamentalmente en la creación de infraestructuras en las redes ferroviarias y portuarias y en la adquisición de nuevas tierras, dan como resultado un incremento de la especialización agraria en productos destinados al mercado exterior, facilitado por las nuevas infraestructuras.

Figura 7.6. Principales regiones agrarias.

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Durante las primeras décadas del siglo XX se registra un crecimiento de la gran propiedad procedente de áreas de bosque o de tierras comunales, mientras que en las regiones tropicales el cultivo de caña de azúcar impulsa el incremento de las grandes plantaciones. Es el caso de Puerto Rico, Cuba o el área húmeda del sector nororiental de Brasil. Este proceso va acompañado de una fuerte entrada de capital extranjero, que favorece la concentración de la propiedad mediante la compra de las empresas nacionales existentes, mientras que los campesinos asociados a las anteriores grandes propiedades (moradores o foreiros) son reconvertidos en asalariados de las fábricas de las plantaciones. Es el caso de las plantaciones de café de la región de São Paulo, donde se practica una agricultura de exportación de carácter extensivo. En los países del Plata, sobre todo Argentina y Uruguay, se crean grandes estancias ganaderas, hecho facilitado por la instalación de nuevas líneas férreas. En definitiva, un largo proceso de concentración de la propiedad a lo largo de casi cinco siglos, y un fortalecimiento de las desigualdades sociales que se ha incrementado y consolidado a lo largo del tiempo. Estas desigualdades se reflejan en los niveles registrados de concentración de la riqueza y del poder político en un pequeño número de propietarios.

4.4.  Sistemas agrarios: coexistencia de pequeñas y grandes propiedades La estructura agraria latinoamericana está caracterizada por la contraposición entre la pequeña y la gran explotación, diferenciadas no sólo por el tamaño de la superficie sino también por el modo de propiedad de la tierra y el sistema de cultivo. A primera vista se observa que cerca del 50% de las tierras está en manos del 2% de terratenientes, mientras que sólo el 3% de la superficie cultivada es controlada por el 70% de los campesinos. Tierras donde destacan los cultivos de café, azúcar, algodón, cacao, plátanos, tabaco, soja, y las grandes explotaciones ganaderas de carácter extensivo. Podemos distinguir dos sistemas de propiedad de la tierra: los minifundios, pequeñas explotaciones familiares; y las grandes propiedades, latifundios, plantaciones y haciendas. Las pequeñas explotaciones familiares se explican por la conjunción de diversos factores como son la disgregación de las comunidades indígenas y la puesta en práctica de reformas agrarias o de planes de colonización. Por otro lado, existe una variada forma de propiedad de la tierra que va desde la unidad familiar independiente, hasta el usufructo de una parte de una comunidad o la aparcería, ya que en muchos casos resulta insuficiente para mantener las necesidades familiares. En Guatemala, Ecuador, Perú, Haití, Jamaica o Salvador más de las 3/4 partes de las familias rurales poseen explotaciones familiares. Estas pequeñas explotaciones están caracterizadas por la puesta en práctica de sistemas tradicionales (agricultura de rotación) y un policultivo de autoconsumo. Cumplen un papel

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esencial y complementario a la gran explotación de cultivos industriales orientados hacia la exportación. El sistema agrícola varía en función del medio natural y de la estructura social. Se caracterizan por la producción de una amplia variedad de cultivos e incluso la práctica de varios cultivos en un mismo terreno para asegurar el abastecimiento frente a posibles peligros (sequía, vientos, etc.) y reducir al mínimo posible el riesgo de crisis económica. Sus productos están orientados a abastecer el mercado interior, tanto de cereales como de frutas y legumbres (trigo, maíz, patatas, fríjoles, arroz, etc.). En las áreas montañosas es usual la existencia de parcelas pequeñas, separadas entre sí y a distintas altitudes donde se cultivan patatas, maíz, fríjoles, batatas, yuca y caña de azúcar. En numerosas ocasiones, los miembros de las familias de campesinos de las peque­ñas explotaciones se ven obligados a trabajar en las haciendas cercanas o a emigrar temporalmente para realizar trabajos eventuales. Por otro lado, la subdivisión de la tierra a través de generaciones, motivada por las sucesivas herencias, lleva consigo una reducción del tamaño de la superficie de las ya de por sí pequeñas parcelas, lo que acelera el pro­ceso migratorio. Las grandes explotaciones están caracterizadas por su orientación hacia la exportación, por su dedicación a cultivos especializados, la utilización de métodos modernos de producción, la aplicación de nuevas y modernas técnicas de explotación, escasa mano de obra, y cuya propiedad está en manos, en la mayoría de los casos, de grandes empresas y de sociedades extranjeras. Estas grandes explotaciones comerciales se caracterizan también por la implantación de un monocultivo orientado hacia la exportación: café (Colombia, Brasil), bananas (Ecuador, Colombia), azúcar (Cuba, Barbados), ganadería lanar y vacuna (Argentina, Uruguay). En las estancias, características de la región del Plata, se practica de forma extensiva la ganadería y el cultivo de cereales con orientación hacia el mercado exterior e interior. Mientras que la entrada de nuevos productos agrícolas en las grandes explotaciones (aguacate, tomates, fresas, soja) refleja los cambios producidos en la demanda y en los precios del mercado mundial, así como la mano de obra más barata y las mejores condiciones naturales respecto a muchos de los países más desarrollados. En las áreas tropicales es notable, también, el incremento de las grandes explotaciones dedicadas a la producción de carne en espacios ganados al bosque, donde se detecta una intensa y continua deforestación. En algunos países, el Estado se ha hecho propietario de las grandes haciendas: es el caso, por ejemplo, de las plantaciones de caña de azúcar de Cuba o las de algodón y azúcar de Perú. Las transformaciones registradas en la tenencia de la tierra, las mejoras tecnológicas, el aumento de la mecanización, la instalación de zonas de regadío, la utilización de fertilizantes, abonos y pesticidas, la introducción de nuevas especies y la instalación de encla­ves agroindustriales para la transformación de los productos, han aumentado la producción

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agrícola, pero no han repercutido, en muchos casos, en el crecimiento económico de las áreas productoras, ni en el aumento del nivel de vida de la población rural, lo que acelera el movimiento campesino hacia las grandes áreas urbanas.

5. DÉBIL DESARROLLO INDUSTRIAL Y ACUSADA CONCENTRACIÓN 5.1.  Riqueza en materias primas y fuentes de energía 5.1.1.  La gran producción de minerales Rica en minerales como el hierro, zinc, bauxita, cobre, plomo, los yacimientos mine­ros en América Latina se encuentran desigualmente repartidos. Esta distribución desigual indica la diferente importancia en la economía de la industria minera según las diversas regiones, siendo Chile el más importante país minero, seguido de Perú, Brasil, México, Venezuela y Bolivia. Los mayores yacimientos de cobre son de tipo pórfido, es decir, yacimientos donde el cobre se encuentra muy diseminado, oxidado en la superficie y en forma de sulfuros en las capas más profundas, y están localizados en las vertientes occidentales de la cordillera andina (Chile, Perú) y en el noroeste mexicano; los yacimientos de hierro se encuentran más distribuidos por el continente (Brasil, Venezuela, México, Perú); la bauxita (mineral del que se obtiene aluminio) (islas del Caribe, Venezuela, Guayanas, Brasil); estaño (Bolivia y Brasil); zinc, plomo y plata (México, Perú). Chile es el mayor productor mundial de cobre, que representa más del 30% de la producción mundial (31,2% en el año 2015). Posee el yacimiento abierto de mayor producción a nivel mundial: Escondida, y el mayor en tamaño: Chuqimata, ambos en la region de Antofagasta. Ocupa los primeros puestos mundiales en producción de molibdeno (subproducto del cobre) y de plata. Otras producciones minerales destacadas son el oro, plomo, zinc, hierro y manganeso. Perú ocupa el primer puesto de producción mundial de plomo, el segundo en producción de plata, el tercero en la producción de hierro y el quinto puesto en la producción mineral de cobre, zinc y oro, con la mina de oro más grande de América Latina (Yanachocha). La principal región minera de Perú es Cerro de Pasco, donde ya se ubicaban las minas de plata hasta el XIX y donde se registra la mayor producción nacional de plata, zinc y plomo. En Bolivia los principales productos mineros son el zinc, estaño, antimonio, oro y plata que significan en su conjunto más del 90% del valor de su producción. La región minera de Oruro-Potosí es la más grande e importante. México destaca en la producción de oro, plata, cobre, plomo, zinc. Otros productos importantes por su volumen de producción son el molibdeno, cadmio, bismuto, mercurio,

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grafito, antimonio, azufre y manganeso. Representativas son las regiones de Sonora, Zacatecas, San Luis de Potosí, Guanajuato y Chihuahua. Brasil posee una gran diversidad de productos mineros. A nivel mundial es el primer productor de niobio y ocupa el segundo puesto en la producción de mineral de hierro (16,6% de las reservas de la producción total mundial). Tras la Segunda Guerra Mundial se potenciaron los yacimientos mineros localizados en Minas Gerais, en el área meridional y oriental de Belo Horizonte, en el denominado «cuadrilátero del hierro», y se realizó la construcción de la vía férrea hasta la costa, con el fin de poder exportar el mineral. Destaca en la producción mundial de bauxita, manganeso, wolframio, cobre, diamantes y oro. Venezuela destaca en la producción de hierro, bauxita, carbón, oro, níquel, fosfatos y calizas. El centro minero más importante de Venezuela está localizado en la cuenca del Orinoco. Son representativos los yacimientos de hierro (minas de Cerro Bolívar y El Pao), descubiertas en la década de los cuarenta y de donde Ciudad Guayana creció a sus expensas. En el año 2013 se crea la Corporación Venezolana de Minería, a través de la cual se gestiona desde entonces la explotación de los yacimientos.

5.1.2.  Las fuentes de energía En lo que respecta a fuentes de energía, América Latina es rica en yacimientos de petróleo y gas natural y posee un enorme potencial hidroeléctrico. Los recursos energéticos se encuentran muy desigualmente distribuidos por el territorio, registrándose una concentración en determinadas áreas, mientras que otras se encuentran totalmente desabastecidas. La industria petrolífera juega un importante papel por su relevancia en el abastecimiento de energía del continente y por su significado en las relaciones comerciales con el exterior. Los principales países productores de petróleo son Venezuela, que promovió la creación de la OPEP en 1960, y México, que posee también grandes industrias petrolíferas. En Venezuela la producción de crudo, sobre todo de crudos pesados, experimentó un espectacular crecimiento a lo largo del siglo XX. Las principales cuencas petrolíferas están localizadas en: la Cuenca Oriental y Faja petrolífera del Orinoco, con una extensión de 153.000 km2. Destacan los pozos de Anzoátegui, Monagas, Guárico, Sucre y Delta Amacuro y la cuenca de MaracaiboFalcón; la cuenca Barinas-Apure, la cuenca de Margarita (0,03%) y la cuenca Tuy-Caraco, cubierta en su mayor parte por el mar Caribe. En México, la explotación de los yacimientos de petróleo se remonta a 1869. Experimentó un gran desarrollo en la producción durante las dos primeras décadas del siglo XX. Sobresalen los yacimientos localizados en el Golfo de México (campo de Panuco-Ebano) y en la región de Tuxpan. En la década de los veinte, por efecto de la crisis mundial de 1929,

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la entrada en el mercado petrolífero de Venezuela y el incremento de los impuestos a todas las exportaciones de crudo, entre otros factores, contribuyeron a la existencia de una época de declive en la industria petrolífera. En 1938 se nacionaliza la industria del petróleo y se añade un boicot internacional, por lo que el volumen de exportaciones se reduce drásticamente. Pero, el descubrimiento de nuevos pozos petrolíferos y el aumento de la demanda del exterior, experimentada durante la Segunda Guerra Mundial, dio como resultado un incremento de la producción y actualmente ocupa el sexto lugar en el ranking mundial. Actualmente, las principales regiones productoras son: Marina noreste que representa el 70% de la producción nacional y concentrada en los campos de Ek-Balam, Ku-Maloob-Zap y Cantarell, y la región Marina suroeste. Además de México y Venezuela, otros países de América Latina producen también cantidades significativas. En Argentina, los yacimientos se encuentran muy distribuidos por el territorio pero alejados del gran centro de consumo de Buenos Aires (Patagonia, Mendoza, Neuquén, Salta), aunque la producción no alcanza a cubrir la demanda interna. En Brasil se localizan en la región de Paraná, en Amazonia, en las llanuras sedimentarias del litoral atlántico y en la plataforma marina (Río Grande do Sul, costa de Río Grande do Norte y costa de Campos/Río de Janeiro); Ecuador, miembro de la OPEP, produce más de lo que consume en pozos en una banda de norte a sur desde Colombia a Auca. Perú posee antiguos yacimien­tos petrolíferos (Talara), yacimientos marinos en la plataforma continental y en la región nororiental (selva peruana). En Bolivia es de destacar la producción de gas natural (Tila, La Vertiente y Santa Rosa) desde la década de los setenta. El carbón tiene menor relevancia en el conjunto de América Latina. En Colombia se lo­ calizan las mayores reservas y sus yacimientos están distribuidos por la región andina (cuenca del Cauca); en Brasil (Santa Catalina y Río Grande do Sul); y en México en el área nororiental (Coahuila). Desde la década de los setenta, el consumo de hidroelectricidad ha experimentado un gran crecimiento y actualmente una buena parte de la demanda de energía comercial estaba cubierta por la energía hidroeléctrica. Las buenas condiciones para la instalación de centrales hidroeléctricas se explican por la conjunción de varios factores entre los que se pueden destacar el tamaño, el gran caudal de los ríos que recorren el continente, la elevada altitud de sus nacimientos y las bruscas caídas debido a las variaciones de altitud en su recorrido. El lento avance en su ejecución se explica por las altas inversiones necesarias para la construcción de presas y la localización de muchos emplazamientos alejados de los núcleos de consumo (como por ejemplo, los Andes orientales), lo que significa una pérdida importante de energía al aumentar la distancia con el centro de consumo. Brasil ocupa el tercer lugar del mundo tras China y Canadá, y es el país que produce mayor energía hidroeléctrica de América Latina, seguido de Venezuela y Colombia. Más del 20%

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del consumo total de energía comercial en Brasil, está suministrada por las centrales hidroeléctricas, situadas, en su mayoría en la cuenca del Amazonas y Paraná (central de Itaipú) y en los ríos que descienden de forma abrupta en las cordilleras litorales de la región oriental y próximos a los centros de consumo. Dentro de las energías renovables, la biomasa (leña, carbón vegetal y restos de cosechas) ocupa un lugar destacado en el consumo energético de América Latina. La madera juega un importante papel en la producción de energía en algunos países latinoamericanos, como Haití, Paraguay o Guatemala. Brasil, donde se encuentran las mayores reservas de made­ra, utiliza este combustible no sólo para usos domésticos sino también para pequeños procesos industriales. También en Brasil es interesante destacar el denominado programa proalcohol. Proyecto de destilación de alcohol/etanol de un derivado de la caña de azúcar para su utilización como combustible comercial (gasohol para los automóviles). Se siguen realizando investigaciones en ese campo con otros cultivos, como la mandioca. También, y dentro de otro programa (programa proóleo), se realizan adelantos con cultivos como el aceite de soja, girasol, cacahuete y aceite de palma, con el fin de buscar un combustible que pueda reemplazar al gasoil y, de esta manera, poder incrementar la autosuficiencia energética y reducir la dependencia externa de determinados productos energéticos.

5.2.  El proceso de industrialización En la época colonial no hay apenas industria debido a que los países colonizadores eran los que suministraban los productos manufacturados y las colonias eran, sobre todo, abastecedoras de materias primas a la metrópolis. Durante la época de la independencia se siguieron desarrollando, durante un amplio periodo, aquellos sectores y productos de clara orientación hacia el mercado externo. Productos tales como el café en Brasil, que desarrolló una pequeña industria asociada, o los nitratos en Chile. Al comienzo del siglo XX y debido a la reducción de las importaciones de productos manufacturados provocado por la Primera Guerra Mundial, se fomentó la actividad industrial interna. Así, desde finales del XIX comienza un lento proceso de industrialización caracterizado por la excesiva concentración espacial en un pequeño número de países y, dentro de ellos, localizado en las áreas urbanas más importantes (es el caso de Buenos Aires, Ciudad de México y Sao Paulo). En la primera mitad del siglo XX se registra una expansión económica, en el marco de la coyuntura internacional (Primera Guerra Mundial y crisis del 29). Se diversifica la industria y se impulsa el desarrollo industrial con el aumento de las inversiones extranjeras y el apoyo por parte de la política nacional.

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Tras la crisis del 29, América Latina vio reducido el volumen de sus exportaciones y no tuvo capacidad de absorber los gastos que producían las importaciones de los productos manufacturados. Comienza una época de proteccionismo con la implantación de aranceles y medidas de control del comercio exterior y una etapa de incipiente desarrollo industrial: la industrialización para la sustitución de importaciones. Esta política de industrialización tuvo mejores resultados en los países de mayores dimensiones (Brasil, Argentina, México), aunque, en general, no obtuvo los logros esperados y dio como resultado una industria de elevados costes y precios por la inexistencia de economías a gran escala y un mercado de pequeñas dimensiones. Para paliar este problema se comenzaron a crear programas de integración económica como la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC), el Mercado Común Centroamericano (CACM), o el Pacto Andino (PA). Los distintos programas tuvieron resultados desiguales y no lograron el éxito deseado debido, la mayoría de las veces, a problemas de organización y a la aparición de tensiones internas. El crecimiento industrial durante esta época fue importante (1950/78 media mundial de crecimiento, 5,9%; América Latina, 6,5%). Posteriormente se asiste a un cambio en la política de industrialización y se observa una transformación de una modalidad de industrialización basada en la sustitución de importaciones, que se ha mostrado incapaz de hacer competitivas sus manufacturas, hacia una promoción de exportaciones. Los primeros años de la década de los ochenta fueron años de recesión, con un aumento del paro y la pobreza. Los años noventa fue una época de ajustes y de reformas liberalizadoras, pero paralelamente se registró un incremento de las desigualdades regionales que se consolida a raíz de la concentración industrial y demográfica, un incremento paralelo de la pobreza en las áreas rurales y desempleo en las áreas urbanas. Unido, todo ello, a una fuerte dependencia tecnológica y financiera de los países más desarrollados, que se tradujo en el incremento constante de la deuda externa. La crisis económica mundial que se registra a comienzos del presente siglo la afectó de lleno, que llevó consigo una desindustrialización, reflejada en la reducción del porcentaje del empleo industrial y en la participación del sector industrial al PIB con un paralelo aumento de la participacion del sector servicios.

5.3.  Desigual desarrollo industrial El proceso de industrialización en el continente latinoamericano va estrechamente unido al proceso de urbanización y ha contribuido notablemente al gran crecimiento del sector terciario. Esto se explica porque en la mayoría de los países latinoamericanos las industrias se han concentrado espacialmente en una ciudad, que suele coincidir con la capital de la nación. En estas aglomeraciones, se generaron grandes ofertas de empleo en el sector terciario que necesitaba la industria, tales como publicidad, servicios sanitarios y financieros, de formación, jurídicos, etc.

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Fuente: Azcárate, B.; Azcárate, M. V. y Sánchez, J. (2002) : Geografía de los grandes espacios mundiales. Anexo cartográfico. UNED, Madrid; mapa XII.12, p. 213.

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Figura 7.7. Principales regiones industriales.

Esta tendencia a la concentración industrial en las grandes ciudades ha impulsado el fenómeno de la macrocefalia y se puede considerar el principal factor de localización industrial. Esta localización en las grandes concentraciones urbanas ofrecía una serie de ventajas y

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beneficios, como son la existencia de mejores y variados servicios e infraestructuras y la cercanía al mercado de consumo y a los poderes de decisión. En la capital se podía tener un contacto estrecho con el sector financiero y con los órganos de gobierno que planificaban la política de industrialización. Es una etapa en que la producción industrial tenía una clara orientación al mercado nacional, y en la capital se encontraba el mayor mercado de consumo interno, al residir un gran volumen de población. Por otro lado, la organización en grandes compañías, donde la sede central suele estar ubicada en la ciudad más importante, refuerza esta localización. La ciudad se presentaba como el centro de sistema de transportes y la inexistencia de una densa red dificultaba la localización fuera de estas áreas. Tanto las vías férreas, realizadas durante el siglo XIX, como las grandes carreteras, pasan por las grandes ciudades. Por ello, la comunicación y la posibilidad de acceso de la capital a otras áreas de mercado podían realizarse sin dificultad. Se desarrollan las industrias de alimentación, y las de transformación, que necesitan materias primas de diferentes áreas del país para su proceso, y aquellas que necesitan materias primas importadas.

5.3.1.  Principales áreas y centros industriales El proceso de industrialización, sin embargo, no ha afectado de igual manera a todos los países de América Latina. Sobresalen como potencias industriales Brasil y México, seguidas por Argentina y, a mayor distancia Colombia, Venezuela, Chile, Uruguay y Perú. El resto (Bolivia, Paraguay y países de América Central) todavía se encuentra en un proceso de incipiente industrialización. Sin embargo, destacan una serie de cinturones industriales donde se concentra la mayor parte de la actividad industrial.

5.3.1.1.  El sureste de Brasil País tradicionalmente productor de materias primas agrícolas y minerales destinadas al comercio exterior, Brasil comienza, a partir de la década de los treinta, a producir bienes manufacturados destinados al comercio interior. Pero el mercado interior se quedó pequeño, no sólo por el número de habitantes, sino también, y sobre todo, por su escasa capacidad de compra de productos industriales y la expansión ha tenido que realizarse en función del mercado mundial. Entre las industrias tradicionales se han desarrollado las textiles, especialmente la del algodón, y la industria de alimentación (azúcar, alcohol). Destacan las industrias pesadas

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(siderurgia), la industria del automóvil, metalúrgicas, mecánicas y la industria de alto nivel tecnológico, vinculada a la petroquímica. La siderurgia se inició con la acería de Volta Redonda, en el estado de Río de Janeiro, cuya localización se hizo en función de las buenas condiciones infraestructurales y del fácil acceso a las materias primas: hierro de Minas Gerais y carbón de la región de Portoalegre (Estado de Río Grande do Sul); y la siderurgia de Belo Horizonte (Minas Gerais). La industria del automóvil, una de las más dinámicas, se concentra en torno a São Paulo, depende en gran medida de sociedades extranjeras (Ford, General Motors, Fiat y Volkswagen) y ha favorecido el desarrollo de otras industrias auxiliares, como las del caucho para neumáticos, también controladas por sociedades multinacionales. Destaca el cinturón industrial del sureste del país (estados de São Paulo y Paraná), donde se encuentran los centros industriales de Curitiba, São Paulo, Santos, Volta Redonda y Río de Janeiro, donde se concentran una gran diversidad de industrias: de alimentación, textiles, siderurgias, de aluminio, mecánica, de automóviles, construcciones aeronáuticas, químicas; y el complejo industrial de Belo Horizonte y su entorno en Minas Gerais. Otros centros destacables son Salvador, Recife, Fortaleza, Belém en el litoral nororiental y Brasilia y Manaus en el interior. Las reservas de espacio y de recursos son muy considerables, mientras que las inversiones realizadas en infraestructuras han favorecido el dinamismo industrial de la región. Sin embargo, en todo el proceso de industrialización se ha recurrido a fuertes inversiones de capital extranjero, especialmente estimulado por el régimen militar (1964-1984) y que basaba su eficacia en el mantenimiento de los bajos salarios y el control de los sindicatos, mientras que las ramas menos rentables tuvieron que ser asumidas por el Estado. Las principales inversiones tecnológicas y centros de investigación y negocio, siguen hoy día concentrándose en las regiones del sudeste y del sur, aunque existe desde hace unas décadas una política de descentralización de la industria, localizándose nuevos emplazamientos en la región del nordeste.

5.3.1.2.  Las áreas industriales de México El área central y nororiental de México (área del Distrito Federal de México y Monterrey). México presentaba una fuerte concentración de las actividades industriales, característica de los países que registran una tardía industrialización, aunque se han llevado a cabo políticas de descentralización, con la mejora en la infraestructura de comunicaciones y la reconversión industrial. Así, más del 50% de la producción industrial se concentraba en la ciudad de México y el Distrito Federal, posteriormente se ha extendido hacia los centros industriales de Guadalajara, León, Puebla, Cuernavaca y Orizaba, con una gran diversidad de industrias (alimentación, textil, factorías petroquímicas, de neumáticos, de fibras sintéticas, metalúrgicas y de mecánica de precisión). Frente a esta tradicional localización de la industria, surgieron los

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denominados polos de desarrollo alternativos, con la utilización de tecnología más avanzada: en el noreste del país, alrededor de Monterrey, con los yacimientos de gas y carbón más importantes del país, destaca la industria siderúrgica, mecánica, química, electrónica y textil. En el área septentrional, en la frontera con Estados Unidos (Ciudad Juárez, Nogales, Mexicali, Tijuana), surgen, a finales de los años sesenta, plantas industriales de propiedad estadounidense, las denominadas maquiladoras, facilitado por la introducción de especiales medidas arancelarias (programa de industrialización fronteriza) a la importación de productos para su posterior reexportación. En ellas se realizan varias etapas del proceso de producción con la utilización de mano de obra barata, mientras que la gestión y comercialización se lleva a cabo en Estados Unidos, aprovechando la proximidad geográfica que reduce los costes de transporte. Sectores como el textil y la electrónica son representativos en estas áreas.

5.3.1.3.  Otras áreas y centros industriales de América Latina a) La cuenca del Plata (Buenos Aires/Montevideo). En Argentina se observa una gran concentración industrial en la cuenca del Plata con los centros de Buenos Aires, Rosario, La Plata y Santa Fe, donde se localizan las grandes aglomeraciones urbanas (industria ligera, química, textil, de automóviles), y se extiende hasta la región meridional de Uruguay. Otros centros industriales de importancia se localizan en el interior (Córdoba, Mendoza, Bahía Blanca). b) La región central de Chile (Santiago-Valparaíso). La industria en Chile tuvo un im­ portante auge a partir de los años treinta, que se frenó a partir de la década de los setenta con el desarrollo de otros sectores económicos como la agricultura especializada y la minería. Los principales sectores industriales son la metalurgia del acero, la industria textil, ramas de alimentación y forestales, fundiciones de hierro, química y construcción, así como las industrias ligadas al sector primario, como la elaboración maderera y azucarera. Se concentra en el área en torno a Santiago-Valparaíso, y está caracterizada por la fuerte inversión financiera y tecnológica extranjera. Otros centros industriales destacados se localizan en Concepción y Antofagasta. c) El eje Callao-Lima. En Perú se registra una concentración geográfica de la industria en el litoral y sobre todo en el complejo portuario Lima-Callao, donde se desarrolla una industria ligada a las refinerías de petróleo, químicas, metalúrgicas, eléctricas, y las ramas tradicionales (textil, alimentación o producción artesanal). d) Las concentraciones de Colombia (Bogotá, Medellín y Barranquilla). En Colombia, con importantes yacimientos de petróleo y gas natural, los complejos industriales coinciden con las grandes aglomeraciones urbanas: eje Medellín-Cali; Bogotá-Paz del Río;

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y Barranquilla, en el litoral Atlántico. Destacan las industrias de metalurgia del aluminio, química, alimentación. Como en gran parte de los países de América Latina, a partir de la década de los ochenta, Colombia aplica políticas neoliberales que orientan los recursos hacia los sectores de exportación y la estructura financiera, frenando en parte l