Cuando No Quieren Dormir

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v e r t ic a le s

CUANDO NO QUIEREN DORMIR

Ideas para educar el sueño infantil

El sueño es u n a m ezcla perfecta, al m enos en ocasiones, de biología y conducta, y una p arte de esa m ezcla es p recisam ente el problem a de m ontones de adultos cansados: la conducta del n iño d u ran te la noche y su cansancio (el del adulto) d u ran te el día. El sueño contin ú a siendo u n g ran desconocido p ara los profesionales... y para m uchos niños que deciden h u ir de él y nos confirm an que el sueño no es ú n icam ente la ausencia de vigilia ni una desconexión cerebral; al contrario, tiene o puede llegar a ten er (y provocar) u n a m ayor actividad de todo el organism o del n iño y lo relacionado con él.

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Barcelona, Bogotá, Buenos Aires, Caracas, Guatemala, Lima, México, Panamá, Quito, San José, San Juan, San Salvador, Santiago

Presentación

11 sueño es una mezcla perfecta, al menos en ocasiones, de biología y conducta, aunque sigue siendo un gran desconocido para los profesionales... y para muchos niños que deciden no caer en sus brazos. El sueño no es únicamente la ausencia de vigilia ni una desconexión cerebral, sino que, por el contrario, puede originar una actividad frenética en todo el organismo del niño y en el de las personas que viven a su alrededor. Al menos para algunos niños y padres privilegiados, el sueño ejerce una función reparadora, aunque los íntimos mecanismos que emplea para conseguirlo son todavía hoy motivo de impor­ tantes esfuerzos por parte de los investigadores. Durante los primeros años de vida, la principal fuente de aprendizaje del niño es el contacto con los adultos. Lo aprenden todo de nosotros..., excepto un 20 % de los niños de 2 años y el 14 % de los niños de 3 años que desconocen lo hermoso y dulce que es dormir toda una noche. Las alteraciones del sueño pueden hacer que nuestro hijo se vuelva irritable y agitado, y que nosotros guardemos la paciencia en el armario ante tanto estropicio nocturno. Se ha estimado que los padres, durante el primer año de vida de su hijo, pueden llegar a perder ¡entre 400 y 700 horas de sueño! ¡Una locura! Éste es un libro para padres sufridores e insomnes, pero tam ­ bién para todos aquellos que quieran ser padres felices y dormi­ lones. Es un intento para fam iliarizar a quien esté interesado en el mundo del sueño de la primera infancia y sus problemas, para que así, de acuerdo con los pediatras y los especialistas en sueño, comprendan las principales dificultades del buen dormir y pue­ dan prevenirlas o reconducirlas basándose en los conocimientos científicos actuales. Si tras la lectura y consulta de esta obra hemos sido capaces de aportarle algunas ideas para mejorar el sueño de sus hijos, y el suyo propio, nuestros esfuerzos habrán valido la pena.

Sumario

LOS SECRETOS DEL SUEÑO IN FAN TIL

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1 La biología del s u e ñ o .................................................................. ? Bebés seguros y confiados ....................................................... L La actitud frente al sueño ....................................................... 4. El sueño antes de n a c e r............................................................ 5. El sueño en los tres primeros años ...................................

12 22 32 36 40

LOS PROBLEMAS DEL SUEÑO INFANTIL ...

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1. Importancia de los problemas del sueño ...................... 54 2. Qué pasa con los problemas del sueño in fa n til........................................................................... 58 3. Las dificultades para d o rm ir.................................................. 66 4. La excesiva somnolencia diurna .......................................... 86 5. Conductas extrañas durante el sueño ............................. 94 6. Posturas y movimientos raros durante el sueño 104

LA INTERVENCIÓN ANTE LOS PROBLEMAS DEL SU EÑ O ...................... 116 1. 2. 3. 4.

Vamos a modificar la conducta............................................. La extinción g ra d u a l.................................................................... La restricción de su e ñ o .............................................................. El despertar p reco z.......................................................................

118 122 134 138

LA PREVENCIÓN DE LOS PROBLEMAS DEL S U E Ñ O ............................... 142 1. 2. 3. 4.

La La La La

prevención prevención prevención prevención

en el recién n acid o .................................... en el primer semestre ............................. al año de edad ............................................ a los 2 años de edad ................................

144 150 158 162

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LO S SECRETOS DEL SUEÑO INFANTIL

Los secretos del sueño infantil

A

1. La biología del sueño 2. Bebés seguros y confiados 3. La actitud frente al sueño 4. El sueño antes de nacer 5. El sueño en los tres primeros años Desde siempre, el ser humano se ha preguntado qué es el sueño y por qué dormimos. Poco a poco, con el tiempo, hemos encontrado algunas respuestas a estas preguntas. Así, hoy sabemos que el buen dormir de los niños es el resul­ tado de la combinación de tres elementos, y que sobre los dos últimos la intervención de los padres puede ser decisiva. Estos elementos son los siguientes: 1. Las leyes biológicas que regulan el sueño de los seres humanos. Aquí, evidentemente, los padres tenemos muy poco que decir. 2. La estrecha relación que establecen los niños con la per­ sona o personas que les cuidan desde los primeros meses de vida, es decir, el apego.

3. Nuestra actitud frente al sueño y al niño. En este primer capítulo efectuaremos un breve repaso a cada uno de estos componentes para conocer mejor las causas y las medidas correctoras de los diferen­ tes problemas del sueño en esta etapa de la vida. A continuación, nos adentraremos en el sueño del niño antes de nacer y en la evolución del sueño durante los primeros años de vida.

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L O S S E C R E T O S D E L S U E Ñ O IN FA N T IL

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1. LA BIOLOGIA EL DESCUBRIMIENTO DE UNOS PEDIATRAS RUSOS En 1926, dos pediatras rusos observaron que los niños no dor­ mían plácidamente durante toda la noche. Estos científicos advirtie­ ron que durante el descanso, y en repetidas ocasiones, el pecho de los niños se movía rápidamente, el pulso se hacía irregular y algunos músculos sufrían pequeñas contracciones. Estos episodios ocurrían cada hora y media de sueño y duraban entre diez y quince minutos. Al principio pensaron que estos cambios se debían al hambre o a una enfermedad (debemos situarnos en la Rusia de principios del siglo xx); sin embargo, más tarde, repararon en que cuanto más sanos y bien alimentados estaban los niños, más veces ocurrían tales sucesos y más Intensos eran esos episodios. Los científicos rusos con­ cluyeron su estudio afirmando que «el sueño normal no es un esta­ do de quietud». Desgraciadamente, las dificultades económicas por las que atra­ vesaba el estado soviético de aquella época impidieron la difusión de estos trabajos pioneros. El resto del mundo siguió creyendo que el sueño era una situación pasiva, un estado de inactividad ocasionado por una reducción general de los estímulos. Se creía que ese "no hacer nada" se debía a una falta de activida'd del cerebro.

del sueno EL CEREBRO NUNCA DUERME Hoy en día sabemos que dormir no es sólo la ausencia de vigilia (o acción de estar despierto) y que tanto nuestro cerebro como el resto del cuerpo están al menos tan activos durante el sueño como durante la vigilia. En la década de 1950, Eugene Aserinsky, un joven estudiante que trabajaba con el profesor Nathaniel Kleitman, un reconocido especialista en el estudio del sueño, observó que los ojos se movían muy rápidamente bajo los párpados cerrados en algunos momentos precisos durante el sueño. Los mecanismos responsables del sueño están localizados en el cerebro. Para que el cerebro "produzca" sueño necesita dos ingre­ dientes: la falta de estímulos excitantes externos y la activación de los meca­ nismos internos de inducción al sueño. Cuando se combinan ambas circunstancias aparece la conducta corporal de sueño (quietud relativa, disminución de respuesta a estímulos, ojos cerrados...), acompañada por unos cambios internos en nuestro organismo. Y es cuando nos dormimos.

Los S E C R E T O S

D E L S U E Ñ O IN FA N T IL

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LAS DOS LEYES DEL SUEÑO Los cambios internos que se producen en nuestro cuerpo duran­ te el sueño responden a las denominadas leyes fundamentales del sueño. Afortunadamente, el sueño tiene sólo dos leyes; sí, sólo dos, pero a pesar de ello las olvidamos en demasiadas ocasiones. Estas leyes son los ciclos del sueño y los criterios del sueño que explica­ mos a continuación. ► L o s cic lo s d el su e ñ o . El camino que recorremos cada noche al dormir no se parece en nada a una autopista llana y tranquila, sino que se asemeja más bien a una pista de montaña, que baja y sube por valles y riscos. Todas las noches hacemos esa travesía. Los niños, al igual que los adultos, realizan paradas en algunos de estos valles o puertos y, en ocasiones, debemos ayudarles a subir de nuevo al autobús de la línea del sueño para reemprender el camino. Cada vez que bajamos a un valle y escalamos un puerto comple­ tamos lo que los expertos llaman un ciclo del sueño. Cada noche rea­ lizamos entre siete y nueve ciclos del sueño, según sea nuestra edad. ► L o s c rite rio s d el s u e ñ o . La segunda ley del sueño hace hinca­ pié en la importancia de un sueño profundo. La cantidad de sueño de una noche depende de las horas que durmamos y de la profun­ didad con que lo hagamos. La cantidad total de sueño seiá, pues, él producto de la duración por su profundidad.

LA NECESIDAD DE DORMIR Las leyes del sueño nos enseñan que: ► Es muy im portante evitar la fragm entación del sueño. ►Tanto la duración como la continuidad del sueño influyen en su valor de recuperación. ► La falta de sueño afecta al estado de ánim o y a la capacidad de concentración. ► Un buen dormir mejora las defensas de nuestro organismo.

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UN VIAJE EN EL AUTOBÚS DEL SUEÑO Podemos escenificar el viaje nocturno que realiza un niño cada noche mientras duerme más o menos de la siguiente manera: ► La e s p e ra . El niño se monta en el autobús (o lo subimos no­ sotros, es decir, lo metemos en la cama) y el vehículo se pone en marcha. Tarda un poco en iniciar su viaje, pues debe calentar moto­ res y esperar a que los pasajeros se acomoden en su asiento. Esta espera dura una media hora. Es lo que se llama latenda de sueño o tiempo que el niño tarda en dormirse. ► In ic io d e l v ia je y d e s c e n s o al v a lle . Se inicia el viaje, y ¡el primer valle es el más profundo de todos! Es un valle hondo y oscu­ ro, al que no llega el menor sonido del mundo exterior. El pasajero se adentra en un sueño profundo. Cada vez está más relajado. Al cabo de un rato, incluso podríamos cambiarlo de autobús y ¡no se despertaría! Presenta algún movimiento de acomodo, pero respira tranquila y regularmente (sueño no REM). En ocasiones, a este pasajero dormido se le presentan mons­ truos, que le asustan y le hacen gritar (con los ojos cerrados o abier-

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los, pero sin ver). Algún pasajero intenta incluso salir corriendo del autobús (es el período de los terrores nocturnos y de los episodios de sonambulismo). Por fortuna, gracias a la profundidad del valle, los monstruos quedan atrapados en él, y el pasajero no suele recor­ dar este sobresalto a la mañana siguiente. A medida que desciende por este valle, nuestro pasajero está rada vez más inmóvil. Esta fase de sueño se divide, a su vez, en cua­ tro estadios: los dos primeros coinciden con el inicio del sueño y corresponden a un sueño superficial, mientras que los dos últimos son de sueño profundo. Durante los primeros 50-70 minutos (dependiendo de la edad), el niño se sumerge en el sueño más profundo de toda la noche. Este sueño inicial (y todo el sueño que se realiza en los valles) le sirve al niño para recuperarse físicamente. ►S u b id a a u n p u e rto . Poco a poco, el autobús inicia la subida al primer puerto de montaña de la noche. Al llegar a la cima, el pasa­ jero mueve rápidamente los ojos bajo los párpados, como si explo­ rara el paisaje que le rodea (sueño REM). A veces, casi se despierta. Es una cima pequeña y pronto se inicia un suave descenso. Ésta es una parte del sueño muy importante para el cerebro y el aprendizaje. Durante este período, el niño fija en la memoria todo lo que aprendió durante el día.

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Por eso los niños poseen más cantidad de este tipo de sueño que los adultos, dado que están aprendiendo a hablar, andar, controlar sus esfínteres..., tareas que han requerido siglos de evolución, pero que ellos dominarán en unos pocos años. Esta fase es también nece­ saria para el pensamiento creativo. ► D e s c e n s o a o tro v a lle . El autobús prosigue su ruta y des­ ciende de nuevo hacia otro valle. El mapa de carreteras nocturnas indica que hasta el último tercio del viaje nos esperan cuatro o cinco valles más, poco profundos y separados por sus correspon­ dientes cimas.

A estos valles intermedios sí les llega la luz y el ruido procedente del exterior, de manera que lo que al principio de la noche no des­ pertaba a nuestro pasajero, ahora sí puede hacerlo. Pero todo tiene sus inconvenientes y ventajas, ya que si bien en valles poco profun­ dos no viven monstruos ni fantasmas, el pasajero puede ahora des­ pertarse con mayor facilidad. ► Y o tra vez, u n a s u b id a . El autobús vuelve a subir. Esta vez la cima es menos escarpada. El pasajero quiere abarcar todo el paisaje con su mirada y grabarlo en su memoria. A veces, el panorama que tiene a su alrededor le recuerda situaciones pasadas y las revive chi­ llando de emoción o de miedo. Es el momento de las pesadillas, esos episodios que se relacionan con lo que el niño ha vivido y que recor­ dará al día siguiente. ► Fin d e l v ia je . Al final de la noche, el autobús desciende a otro valle profundo, aunque más pequeño que el del inicio del viaje. Y, ya por fin, de nuevo asciende para llegar a su destino: la vigilia descan­ sada e interesante.

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FASES Y CICLOS, REM Y NO REM ►El sueño se divide en dos fases. Una con m ovimientos rápidos de los ojos (REM o Rapid Eyes M ovem ents) y otra sin ellos (no REM o NREM). ►Cada vez que pasamos de una fase a otra completamos un ciclo del sueño. Cada noche cumplimos entre 5 y 7 ciclos del sueño. ►El sueño más profundo se produce al principio y al final de la noche. ►Al pasar de un ciclo a otro casi nos despertamos.

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EL SUEÑO DE CADA UNO Cada niño debe dormir las horas que necesite, ni más ni me­ nos. El problema es que, en muchas ocasiones, las horas que el niño necesita no coinciden con las horas que nosotros creemos o deseamos que duerma. Hay que tener en cuenta que si le obliga­ mos a dormir más horas de las necesarias disminuiremos la profun­ didad de su sueño. Las necesidades y las características del sueño de los niños son enormemente variables, si bien se ha clasificado a los niños en cua­ tro tipos, según sean muy o poco dormilones nocturnos o de siestas: ►Grandes dormilones de siestas. Necesitan siestas de unos 90 minu­ tos para encontrarse bien. ► Pequeños dormilones de siestas. Con 10 minutos de siesta tienen suficiente. ► Grandes dormilones nocturnos. Necesitan dormir muchas horas por la noche.

► Pequeños dormilones nocturnos. Duermen el mínimo de horas requeridas para su edad.

¿PROBLEMAS CON EL SUEÑO O TRASTORNOS DEL SUEÑO? A menudo, existen problemas del sueño en lugar de verdaderos trastornos o enfermedades del sueño. La distinción entre problema y trastorno del sueño es muy importante, ya que los problemas del sueño no pueden considerarse enfermedades, mientras que, por el contrario, los trastornos del sueño son alteraciones, más o menos serias, que deben ser estudiadas y tratadas por el pediatra y un espe­ cialista del sueño. Los problemas del sueño infantil suelen estar relacionados con el bienestar del niño o con el de la familia. Un ejemplo podría ser el lac­ tante madrugador que todos los días, sábados y domingos incluidos, toca diana a las seis y media de la mañana, después de haber dor­ mido once horas seguidas. Este bebé plantea un problema con el sueño, pero no puede decirse que tenga un problema de sueño. Para los padres sí que parece un problema, pero no así para el niño... al menos en una pri­ mera consideración.

PERSONAL E INTRANSFERIBLE Cada ser humano, desde la más corta edad, posee un ciclo del sueño propio y característico. De la misma manera que tenem os unas huellas dactilares específicas, cada uno de nosotros duerme de un modo distinto.

Lo que para una familia puede resultar un problema no tiene por qué serlo para otra; este niño madrugador al que aludíamos no constituiría problema alguno en una familia que prefiriera levantar­ se pronto para disfrutar de las mañanas del domingo, pero sí sería un estorbo en otra que prefiriera trasnochar los sábados y dormir hasta tarde las mañanas del domingo. Un trastorno del sueño, por el contrario, es una alteración real de una función fisiológica. Un ejemplo sería un niño con unas vegeta­ ciones tan grandes que le ocasionaran paradas respiratorias (apneas) durante la noche.

UN RELOJ EN UNA RELOJERÍA Todo esto parece muy complicado, pero la naturaleza es condes­ cendiente y no nos deja solos ante el peligro.El sueño no va por libre en el niño, sino que estásometido a la implacable vigilancia del dueño indiscutible de la vida moderna: el reloj. En realidad, nuestro organismo es en cierto modo una gran relo­ jería, con muchos relojes biológicos internos que funcionan sincroni­ zados, pero que tienen ajustadas sus alarmas en horarios distintos con el fin de regular cada una de las actividades orgánicas básicas. Es muy importante saber que todos estos relojes están interrelacionados y que sus ciclos se hallan influenciados por el ambiente (como la presencia o ausencia de luz, etc.). Uno de los relojes biológicos mejor conocidos es el que regula el ciclo vigilia-sueño, que se completa aproximadamente cada veinti­ cuatro horas. En el niño se pone en marcha entre el cuarto y el sexto mes de vida, por lo que un niño de esa edad debería discernir entre el sueño y la vigilia.

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2. BEBES SEGUROS Y CONFIADOS ¿QUE ES EL APEGO? Durante los primeros años de vida, y en función de los cuidados que recibe, el niño establece un vínculo afectivo o acoplamiento emocional con su madre o con la persona que lo cuida la mayor parte del tiempo. Este apego se revela de forma dramática cuando el niño es separado de ella. Esta inclinación natural constituye la base de la afinidad humana y es una tendencia ancestral del ser humano a estar vinculado y unido a otros. El apego es muy importante para el desarrollo de los patrones de sueño y vigilia, así como para la maduración integral del niño, su futura competencia social y su afectividad. Todo ello, en buena parte, es consecuencia del tipo de cuidado que recibe el pequeño en sus primeros años de vida.

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EL APEGO DA SEGURIDAD

La relación que un niño establece con una persona determinada no puede ser sustituida por otra. No obstante, el pequeño puede mantener varios vínculos que le brinden asimismo seguridad y autoconfianza. Así, por ejemplo, el apego que un niño de 1 año pueda estable­ cer con la abuela no tiene por qué implicar que ésta esté sustituyen­ do a la madre, aunque esta última se vea obligada a pasar menos tiempo al lado de su hijo. Lo importante es la seguridad en la rela­ ción y no, únicamente, la cantidad de tiempo. No todas las relaciones que establece el niño sirven para desarro­ llar este sentimiento de apego, sino únicamente aqué­ llas que le brindan sensación de seguridad y confian­ za, a la vez que le facilitan el enganche al ambiente social y familiar. Una buena relación temprana del niño con las per­ sonas que le rodean contri­ buye a mejorar la calidad de sus relaciones poste­ riores, su autonomía y su carácter. Las relaciones del pequeño durante los primeros tres o cuatro años determinan en gran medida su com­ portamiento y deben tenerse en cuenta en la manifestación de conductas inadecuadas.

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DESARROLLO DEL APEGO La relación de apego entre el niño y su madre (o cuidador princi­ pal) se realiza en varias fases, en función de la edad del pequeño y su proceso de maduración. ►P rim e ra f a s e (del nacimiento a 2-3 meses). Simplemente no hay apego. Nuestro hijo responde a casi todos los estímulos sociales y no a una persona en particular. A los 2 meses de edad, muchos niños sonríen ante cualquier estímulo, sin importarles de quién proceda. Solemos decir que «se ríen con cualquiera». ► S e g u n d a fa s e (de 2-3 meses a 7 meses). Aquí, el pequeño empieza ya a seleccionar sus preferencias por una determinada per­ sona o grupo de personas. El mismo niño a esta edad sólo sonríe a quien conoce y se muestra serio ante los desconocidos. A los 4 meses el niño da su primer paso de autonomía: controla su sonrisa y nos provoca para que le hagamos arrumacos. ►Tercera fa s e (de 7 meses a 3 años). La situación cambia y ahora es él (y no sólo nosotros) quien busca y se acerca activamente. Ya estamos o deberíamos estar apegados. De los 18 a los 24 meses el niño pasa por una fase delicada. Es lo que los expertos denominan crisis de acercamiento. El niño, que hasta ahora era independiente, se vuelve pegajoso. «¿Por qué no me lo puedo quitar de encima ahora y antes sí?», se pregunta la madre. Para un niño de entre 20-26 meses la separación puede set realmente difícil, porque posiblemente piensa que «si no te veo es

que no existes». Por esta razón, en esta fase pueden aparecer proble­ mas con el sueño. ► E n tre lo s 3-4 a ñ o s. A esta edad, las reacciones ante la separación toman una forma muy distinta, pues piensa que «aunque no te vea, sé que existes». El niño ya sabe que es diferente a otras personas y que su cuidador preferido aparecerá luego, aunque ahora no lo vea.

APEGO NO ES DEPENDENCIA

Apego y dependencia son dos conceptos distin­ tos, aunque a veces se usan erróneam ente como sinónimos. Para el psicólogo evolutivo John Bowbly: «La dependencia, referida a una situación de indefensión, se presenta en esta­ do máximo en el momento del nacimiento y mengua hasta la m adurez. Por su parte, el apego está ausente al nacer y no resulta evidente hasta que el niño cumple 6 meses de edad».

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Pero ¿por qué confían en la persona apegada?; pues, sencilla­ mente, porque cuando el niño realiza una acción, los padres respon­ den siempre de la misma manera, aunque estén entretenidos viendo su programa de televisión preferido o aburridos sin nada que hacer. En esta situación los padres exhiben cuatro habilidades perfec­ tamente coordinadas. Estas habilidades son la sensibilidad hacia el propio hijo, la contigüidad o inmediatez entre la conducta del niño y la reacción paterna, el contacto físico breve y frecuente de los padres con su hijo y la cooperación entre los padres y el niño. Quie­ nes posean estas destrezas ofrecen respuestas adecuadas y co­ herentes en forma, intensidad y duración ante una misma acción

del pequeño. Los niños seguros constituyen el 66 % del total de la población infantil. ¡Parece increíble que sean tantos!, ¿verdad? Estos niños no suelen tener problemas con el sueño y, en caso de tenerlos, se solu­ cionan con facilidad.

TRES TIPOS DE NIÑOS Ya sabemos qué es el apego y cómo se construye durante los pri­ meros meses y años de vida de nuestro hijo. Pero ni todos los niños son iguales ni todos los padres se relacionan de igual manera con sus hijos. Según la forma de ser de unos y otros y de las relaciones que se establezcan entre sí, el apego puede desarrollarse de distintas maneras y dar lugar a tres tipos distintos de niños: el niño seguro, el niño inseguro y el niño resistente. Vamos a analizar en qué consis­ ten estas diferencias.

EL NIÑO SEGURO: «MAMÁ, SÉ QUE VENDRÁS Y ADIVINO LO QUE HARÁS» Se considera la situación ideal, en la que el niño y su cuidador se conocen bien y confían en sus mutuos comportamientos. Estos niños se estresan poco por la separación y, además, en el reencuentro con su cuidador, reciben con alegría y sonrisas a la per­ sona a la que se sienten apegados. Son niños que confían de mane­ ra perdurable en la credibilidad de sus padres, lo cual alimenta su propia e incipiente autoconfianza y autoestima.

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EL NIÑO INSEGURO: «NO ME MIRAS, NO ME DEJAS HACER NADA... ¡NO TE HAGO CASO!» Estos niños inseguros y evitadores actúan de una manera descon­ certante en ausencia de la persona a la que están apegados. Cuando esta persona desaparece, la extrañan poco y apenas se enfadan o llo­ ran. Pero ¡ay, cuando regresa!, entonces, la sorpresa para el cuidador es mayúscula, pues estos niños, sencillamente, les hacen caso omiso e incluso ni los miran. Es como si los castigasen con su ignorancia y su desdén por haberlos abandonado. En general, estos niños suelen recibir escasas respuestas o mani­ festaciones muy frías a sus demandas. También es muy parco el con­ tacto físico que disfrutan, consistente en muy pocas caricias y besos. Suelen tener unos cuidadores bastante secos y poco hábiles para percibir sus demandas y, por si fuera poco, muy exigentes en la edu­ cación de su prole. Son padres intrusivos, controladores y activos. Ante esta avalancha de intromisiones, el niño prefiere que le dejen en paz y aprende a reducir sus necesidades de apego.

APEGO PAPAL En el desarrollo del apego, los padres también tenemos algo que decir. El apego variará en función de diversas circunstancias paternas: ►¿Tenemos sensibilidad o habilidad para percibir con precisión las señales de nuestro hijo y responder a las mismas correcta y rápidam ente? ►¿Respondemos con frecuencia a las señales del niño o las pasamos por alto en muchas ocasiones? ►¿Acariciamos y besamos con frecuencia a nuestro hijo o más bien somos algo secos con él? ¿Cómo es la calidad y la cantidad de ese contacto físico? ►¿Dejamos decidir a nuestro hijo o somos tan exigentes y controladores que llegamos a impedir el desarrollo de su autonom ía? .

No hay duda: ¡una educación intrusiva origina un apego insegu­ ro! Los niños inseguros y evitadores representan el 20 % del total de la población infantil. En estos niños, el tratamiento del insomnio debido a malos hábitos suele ser complicado, pues el pequeño está acostumbrado a una educación rígida que le coarta su autonomía. Y, a estas edades, hay que recordar que el sueño es el paradigma de la autonomía infantil.

EL NIÑO RESISTENTE: «SOY QUIEN MANDA EN CASA, DEBES OBEDECERME ¡AHORA!» Los niños resistentes e inseguros son la otra cara de la moneda. Seguro que los habréis visto en la puerta de alguna guardería. Es prácticamente imposible separarlos de sus cuidadores, y cuando se consigue, no se sabe quién llora más, si el niño o el cuidador. Se trata de niños que difícilmente consienten sepa­ rarse de la madre, que se estresan mucho con su ausencia, y en el reencuentro, los llantos y los hipos persisten durante mucho tiempo. Con estos peque­ ños ocurre lo contrario que en el caso anterior. Ante su petición más simple, y a veces incluso antes de que ésta se produzca, la respuesta del cuidador es rápida, desproporcionada y casi asfixiante... ■ j, «¿Cómo voy a estar solo en mi cuarto con una montaña de juguetes si durante el día no me has enseñado a estar solo ni cinco segundos seguidos? ¡Mamá, por favor, sé consecuente y duerme conmigo!», esto es lo que deben pensar y así lo manifiestan algunos de estos niños. Los niños resistentes e inseguros suponen el 14 % de la población infan­ til. Son niños con escasa tendencia a explorar el ambiente por sí mismos. Presentan con frecuencia problemas con el sueño, de tratamiento com­ plicado, que en muchas ocasio­ nes requiere el concurso de un experto.

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Pero no sólo los niños responden a estos cambios del estado de ánimo, también los padres lo hacemos según el modelo de "parenling específico", desarrollado por los psicólogos Philip Costanzo y I rik Woody, que viene a decir que los padres adaptan su papel edu­ cativo a las características del niño. Estos autores manifestaban que los padres, a veces, pretenden solucionar todos los problemas de su hijo, de manera que sin quererlo frenan el desarrollo del autocontrol infantil al ocultar el conflicto que quieren evitar, por ejemplo, impi­ diendo que el niño se duerma solo.

SUEÑO Y TEMPERAMENTO Desde su nacimiento los niños muestran sus preferencias por las cosas que ven, oyen o saborean, y responden a ellas según su tem­ peramento. De todas las características innatas de un niño, algunas compli­ can más que otras la enseñanza y mantenimiento de un buen hábi­ to de sueño. Así, será mucho más difícil enseñar los hábitos de sueño a un niño activo, demandante y tozudo, de ritmos irregulares, que ape­ nas responde a los estímulos y se adapta mal a los cambios que a un niño con características contrarias. En los niños complicados, sin embargo, el tipo de apego que se establece cobra una gran impor­ tancia. Es algo así como una balanza buscando su equilibrio: cuan­ tas más características difíciles reúna un niño, más necesita un apego firme y seguro y unos límites educativos más claros y precisos.

DE TAL HIJO, TAL PADRE Los niños de todas las edades responden a los cambios de esta­ do de ánimo de las personas con las que se relacionan. Una situa­ ción paterna de estrés, por ejemplo, puede originar a su vez una reacción infantil de estrés, que a menudo se manifiesta como un problema del sueño.

DOS CONSIGNAS IMPAGABLES

►Si nuestro h ijo tie n e pro blem as de sueño, ¡calm a! En los momentos de intran­ quilidad, es cuando más conviene pensar que somos capaces de superar una situación deli­ cada. Si nos sentimos inseguros y temerosos de dejar a nuestro bebé solo en su habitación, el niño lo notará y puede que le embargue la sensación de que algo malo le puede pasar. ►Los padres no so m o s cu lpab les de to do s los pro blem as de n u estro s hijos. ¡Qué va! Incluso, a veces, somos quienes más los padece­ mos. Junto a una posible inexperiencia, o más bien producto de la misma, en ocasiones, los padres nos sentimos responsables de todos los problemas de nuestros hijos, pues parece que hayamos sido incapaces de prevenirlos y evitarlos... Estos pensamientos sólo añaden más inseguridad y nos impiden actuar adecuadamente.

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3. LA ACTITUD FRENTE AL SUEÑO

NERVIOS, CULPAS E INSEGURIDADES Sin duda, cada vez llegan más personas a la situación de padres sin haber tenido antes contacto con un bebé. Cuando uno decide comprarse un automóvil o una lavadora, en la tienda suelen darle un grueso libro de instrucciones; sin embargo, salimos de la Maternidad con un niño bajo el brazo, una palmadita en la espalda y un «ya te las arreglarás como puedas», acompaña­ do a veces de la sonrisa benevolente de una enfermera experta. No tenemos ni ¡dea de qué hacer con ese recién nacido que come, duer­ me (a veces) y elimina periódicamente ciertas sustancias por distin­ tos conductos. Este "no tener ni idea" nos aporta una sensación de inseguridad, pero salimos adelante improvisando toda dase de apaños, ayuda­ dos en ocasiones por abuelas solícitas o por amigos tan inexpertos como nosotros en despertares a plena noche o en extrañas conduc­ tas nocturnas.

LOS PADRES FORMAN UN FRENTE COMÚN Para cerrar este círculo maldito de noches complicadas y días aún más duros, un niño que tiene problemas con el sueño puede ocasio­ nar cambios importantes en la vida familiar.

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L O S S EC R ETO S DEL SUEÑO INFANTIL

Dos de los más usuales son los siguientes: ► En ocasiones, los problemas del sueño infantil no hacen más que añadir fuego a otros conflictos presentes en la pareja; pero también, a veces, afrontar en común los problemas del sueño de un hijo lima asperezas y favorece la unión de la misma. ► Por otro lado, muchas parejas que se llevan bien, no se ponen de acuerdo en el modo de tratar los problemas nocturnos. Estas conductas dispares envían mensajes diferentes al niño, que anda confundido, sin saber a ciencia cierta qué es lo que se espera de él.

DORMIR Sí..., PERO SEGUROS Una de las condiciones que más favorecen el buen dormir de un niño, y también el de sus padres, es la sensación de seguridad, pero, ¡atención!, tanto la suya como la que ve reflejada en la cara de sus esforzados progenitores. Esta sensación de seguridad debería ser una autovía de dos carri­ les, paralelos y en el mismo sentido, que conducen al buen dormir: ► Un carril de seguridad para el niño, que debe sentir y saber que, ocurra lo que ocurra, va a obtener la respuesta adecuada por parte de sus cuidadores. ► Otro carril de seguridad para los padres, que en cada momento están convencidos de saber cómo actuar en beneficio de su hijo. No debe olvidarse que la actitud, la calma o el grado de nervio­ sismo, así como el tono de voz de los padres frente al sueño de ese bebé que se mueve y que no quiere descansar según marca el reloj y la "ley del buen vecino", ejercen una gran influencia en la calidad misma del sueño infantil.

SUEÑO Y CASTIGO Nunca en la vida deberíamos permitir que el pequeño asociara el sueño con un castigo. Son numerosas las ocasiones que aprovechan

los adultos para pregonar lo contrario y utilizar el argumento del sueño como una sanción o un alejamiento del niño del mundo de los adultos. ¡Eso es injusto! Evitemos, pues, la tentación de enviarlo a la cama por algo malo que ha hecho o cuando esté en lo más interesante del juego o en plena I icllcula de dibujos animados. Sólo así evitaremos que asocie cama con iei liazo, castigo y soledad en lugar de descanso, sueño y placer. El sueño, al igual que el comer, no debería ser considerado nunca un objeto de castigo, sino todo lo contrario, es decir, una situación placentera que nosotros, como buenos padres permitimos y favore(omos a nuestros hijos desde su nacimiento.

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ACTITUDES QUE FAVORECEN UN BUEN DORMIR ►Transm itir segu ridad y co nfian za. Todo lo que acontece es previsible para el niño y sus padres. ►T ransm itir tran q u ilid ad . El dormir es una situación natural de la esencia humana y como tal debe tomarse. Es cierto que en ocasiones el sueño puede ser una situación problemática, ¿quién no ha tenido una mala racha de sueño?; pero, como norma, tras la torm enta, las aguas siempre se remansan. ►T ransm itir un único m en saje por pareja. Ponerse de acuerdo antes de actuar. ►El su eñ o es un prem io, no un castigo. La cama y el dorm itorio del niño son lugares de buenos recuerdos, no de reprimendas.

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Cuando no quieren dormir

LO S SEC R ETO S DEL SUEÑO INFANTIL

4. EL SUEÑO ANTES OE NACER EL SUEÑO ES MOVIMIENTO Para nuestra sorpresa, cuando el niño nace ya ha recibido algu­ nas clases prácticas sobre el sueño. El feto tiene períodos de sueño y períodos de vigilia, y al menos uno de los relojes biológicos empie­ za a funcionar en el útero materno. El feto se mueve mientras duerme, y por los cambios en su manera de moverse sabemos cuándo está durmiendo. ► M o v im ie n to s d e lo s b ra zo s. El feto mueve los brazos cuan­ do duerme. Estos movimientos se mantienen bastante constantes durante el sueño entre el séptimo y el noveno mes de embarazo. Están presentes aproximadamente en el 15 % del tiempo total de sueño. ► M o v im ie n to s d e la s p ie rn a s. Los fetos más inmaduros mue­ ven más las piernas durante el sueño. Estos movimientos disminuyen a medida que se acerca el día del nacimiento. Por término medio, se dan durante el 20 % del tiempo de sueño. ► M o v im ie n to s d e la c a ra . Hacia el final del embarazo, aumen­ tan los movimientos en el rostro del feto. Son comunes durante más de la mitad del tiempo en que el feto está durmiendo. En un feto de 28 semanas (6 meses y medio), ya se distinguen variaciones en sus ondas cerebrales que parecen unos ciclos vigiliasueño tempranos. A partir de las 30 semanas de gestación (7 me­ ses), se observan períodos de relativa calma, aunque en general se

percibe un estado de movimiento continuo, que disminuye desde el estado de vigilia hasta el de sueño más profundo. Unos estadios de sueño prolongados e ininterrumpidos sin movimientos corporales o cambios de posición pueden ser un signo de alarm a.

LOS TRES ESTADIOS DEL SUEÑO FETAL

► Sueñ o activo. Hay muchos movimientos. Se puede identificar por la presencia de movimientos oculares, corporales y respiratorios irregulares. " ?v ► Sueñ o tran q u ilo o in activo. Se dan menos movi­ m ientos. Aparece de manera significativa en la sema­ na 36 de gestación. A partir de entonces, aum enta progresivamente su proporción. ► Sueñ o in d eterm in ad o . Período caracterizado por la combinación de las particularidades de los dos estadios anteriores.

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Los

s e c r e t o s d e l s u e ñ o in f a n t il ______________________________________________

DORMIMOS COMO NACEMOS La diferenciación clara de las dos fases de sueño se hace eviden­ te después de la semana 32 de gestación. Al principio, los ciclos del sueño son cortos, con pasos de sueño activo-lndeterminado-inactlvo cada 41 minutos (semanas 31 a 34 de gestación) o cada 70 minutos (semana 36 de embarazo). En los adul­ tos el ciclo es de 90 minutos. El establecimiento de un buen ritmo vigilia-sueño durante el pri­ mer año de vida del bebé está influenciado por el estado de madu­ ración en el momento del parto. Así, este ritmo es menos estable durante el primer año de vida en el niño prematuro si lo compara­

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____________________________________________________ Cuando no quieren dormir

mos con el de un niño nacido a término. Sin embargo, es más esta­ ble en un niño pretérmino que haya permanecido en una unidad para prematuros donde se respetan los ritmos vigilia-sueño oscure( lendo la unidad por la noche y disminuyendo el ruido y el manejo del prematuro, que en otro pretérmino que haya permanecido en unidades con luz constante.

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Cuando no quieren dormir

L O S SEC R ETO S DEL SUEÑO INFANTIL

5. EL SUEÑO EN

LOS TRES p rim e ro s a ñ o s

EL SUENO DEL RECIEN NACIDO A LOS 3 MESES Las primeras 4-6 semanas de vida de nuestro hijo son muy importantes. Es un tiempo muy útil para que los padres aprendamos a conocer sus ritmos; ver cómo funcionan sus relojes biológicos; ave­ riguar si es matutino, vespertino o de siestas largas; si es de tempe­ ramento apacible..., en definitiva, estas semanas iniciales nos dan las primeras indicaciones de cómo es nuestro bebé. El recién nacido duerme un total de 16 a 17 horas diarias. Duran­ te esas horas de sueño se siguen identificando los mismos estadios de sueño que en el feto, eso es, el sueño activo (que más tarde se convertirá en el sueño REM), el sueño tranquilo (conocido posterior­ mente como sueño no REM) y el sueño Indeterminado (estadio que mezcla características tanto del sueño activo como del tranquilo).

SUEÑO Y ALIMENTACIÓN, DOS RITMOS Uno de los mayores condicionantes del patrón de sueño Infantil es su ritmo de alimentación. La alimentación del bebé determina en

cierta forma que los períodos de sueño se sucedan aproximadamen­ te cada tres horas. Por eso, su patrón de sueño se dice que sigue un ritmo ultradiano, es decir, aquél cuyo período de repetición es infe­ rior a 20 horas.

DECÁLOGO A LOS 3 MESES Los datos más relevantes relacionados con el sueño en estos pri­ meros tres meses de vida del bebé son los siguientes: ► M ás REM . El recién nacido tiene más fase REM, aquélla en que los ojos se mueven rápidamente bajo los párpados cerrados.

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L O S SEC R ETO S DEL SUEÑO INFANTIL

El porcentaje de fase REM alcanza hasta el 40 % del sueño total. Esto se debe a que el bebé está aprendiendo un montón de cosas nuevas del mundo que le rodea. Un alto porcentaje de sueño REM parece favorecer la estimulación y la maduración del cerebro. ►C e s á re a a c tiv a . Los niños nacidos por cesárea permanecen más tiempo en sueño activo que los nacidos por vía vaginal. ►D e s p e rta re s c re c ie n te s . Los recién nacidos se despiertan apro­ ximadamente cada 3-4 horas y permanecen despiertos 1-2 horas. Este período de vigilia diurna aumenta lentamente hasta las 3-4 horas a las 16 semanas de vida.

Cuando no quieren dormir

►Patrón diurno. Al

finalizar estos tres pri­ meros meses de vida, los patrones diurnos de sueño están relativa­ mente bien establecidos. A la quinta semana de vida el 66 % de los bebés ya duerme sus siestas diur­ nas aproximadamente a la misma hora todos los días; .i la duodécima semana, lo hace el 98 % de los bebés.

►S u e ñ o s d e 4 h o ra s. A las 3 semanas de vida, la duración media del período de sueño más largo viene a ser de algo menos de cua­ tro horas. ► L a te n c ia d e 30 m in u to s. El tiempo medio que tarda un niño de 2 meses en dormirse, tiempo conocido como latencia de sueño, es aproximadamente una media hora. ► In te rru p c io n e s fre c u e n te s . Durante los dos primeros meses de vida, el sueño es muy interrumpido y los breves despertares son muy frecuentes. ► Lu z y o scu rid a d . Hacia las 6 semanas de vida, los patrones de sueño empiezan a establecer su relación con el ciclo luz-oscuridad. El bebé comienza a dormir más por la noche. ► S u e ñ o c o n tin u a d o . Al llegar a los 3 meses de edad, aproxima­ damente el 70 % de los niños muestra un período de cinco horas continuadas de sueño nocturno. ►A n tia d o rm e c im ie n to s o c ia l. A partir de los 3 meses de edad se observa cierta dificultad en el adormecimiento del bebé, deter­ minado quizá por su deseo de relacionarse más con el entorno que le rodea.

CÓLICO DEL LACTANTE, ¿ENEMIGO DEL SUEÑO?

Aunque parezca m entira, el cólico del lactante tiene poca influencia en el sueño. A los 2 meses de edad, los niños con cólico presentan los mismos despertares nocturnos que los niños sin cólico. Lo que ocasiona el cólico es ansiedad y determ inadas conductas en los padres que favorecen posteriores problemas de apego.

Cuando no quieren dormir

L O S S EC R ETO S DEL SUEÑO INFANTIL

EL SUEÑO ENTRE LOS 3 Y LOS 6 MESES Las características más importantes del sueño infantil a estas eda­ des son las siguientes: ►S u e ñ o R EM . La cantidad de sueño REM se va reduciendo y es del 30 % del sueño total a los 6 meses. ► R itm o m u ltim o d a l. A partir de los 4 meses de edad, el bebé se relaciona más con su entorno y va sincronizando sus ritmos inte­ riores a los ritmos exteriores de la comida, el baño, los paseos... Desarrolla un ritmo multimodal del sueño, caracterizado por una siesta por la mañana, otra por la tarde y un largo sueño nocturno, que se consolida. ►V ig ilia en la cu n a . Aproximadamente el 6 % del tiempo que el bebé permanece en la cuna lo pasa en vigilia. Por eso, es absoluta­ mente normal que un niño a esta edad permanezca despierto unos 6 de cada 100 minutos que está en la cuna y no por ello tiene pro­ blemas del sueño. ►C a m a p ro p ia. En este momento, y antes de la etapa de la angus­ tia de separación, que aparece hacia los 7-8 meses, el niño ya debe­ ría dormir en su propia habitación o tener al menos su cuna separa­ da de la cama de sus padres. A partir de aproximadamente los 4 meses ya no precisa ser alimentado por la noche.

EL SUEÑO DE LOS 6 A LOS 12 MESES Al crecer, el bebé pasa de ser exclusivamente receptor de cuida­ dos a ser un compañero social que interactúa con el ambiente que le rodea a través de su capacidad de imitación, la sonrisa voluntaria, la posibilidad de manipular objetos... Su capacidad mental le permite darse cuenta de que las perso­ nas y los objetos continúan existiendo aunque él no los vea. A esta edad su comportamiento es mucho más predecible y comprensible.

Precisamente, ese comportamiento realza la importancia tanto del sueño como hábito y ritual que se establece en el período ante­ rior al sueño (o ritual del presueño) como inductor al propio sueño. Por supuesto, recalcaremos estos conceptos más adelante, al tratar de los problemas del insomnio infantil. Sus períodos de alimentación también se reducen, por lo que dis­ minuye la dependencia del sueño con respecto a la alimentación. Así, puede que el niño no quiera dormir después de las comidas si se le presenta algún estímulo que le interese. El período que transcurre entre los 9 y los 12 meses de vida marca el inicio de la independencia del niño. Las características del sueño a estas edades son las siguientes: ► L a te n c ia d el su e ñ o . Ahora, el tiempo medio que tarda el niño en dormirse es de 15 minutos. ► S u e ñ o s y s ie s ta s . A los 6 meses, los bebés duermen aproxi­ madamente 12 horas diarias. Su período más largo de sueño es de unas cinco horas por la noche. Suelen tener dos períodos de siesta durante el día.

DÓNDE DUERMEN LOS NIÑOS

En numerosos estudios realizados sobre muestras representativas de distintos lugares, se observó que alrededor del 48,6 % de los niños mayores de 6 meses dormían en la misma habitación que sus padres y el 3,6 % , en la misma cama. A los 18 meses, dormían en la misma habitación paterna el 22,2 % , y a los 2 años, el 14 % de los niños.

L O S S EC R ETO S DEL SUEÑO INFANTIL

Cuando no quieren dormir

► O b je to tra n s ic io n a l. Es la edad del objeto transicional, que tiene un valor simbólico de sustituto materno sedante. Podemos, por ejemplo, regalarle un objeto que le sea especialmente querido y que le aporte seguridad y compañía durante la noche.

► C o n s o lid a c ió n n o c tu rn a . El sueño está consolidado y funda­ mentalmente duermen por la noche. Muchos niños dejan de hacer su siesta matinal hacia el año de vida. ►A y u d a y p ro b le m a s. A partir de los 6 meses, si el pequeño pre­ cisa ayuda por sus despertares nocturnos, está indicando que posi­ blemente tiene problemas con el sueño. ► L la n to d e re cla m o . En este grupo de edades se observa una reaparición del llanto nocturno, incluso en niños que siempre han dormido bien. El pequeño tiene un despertar normal después de un sueño ligero, se encuentra solo y es consciente de que sus padres están en otro lugar. Su llanto es su reclamo de presencia.

► C o n d u c ta s n u e v a s. Hacia los 9 meses pueden aparecer nuevos comportamientos en el sueño de los niños, tales como mover la cabeza insistentemen­ te de un lado a otro para dormirse. ► S u e ñ o m a d u ro . A partir de los 8-10 meses, la organización y los ciclos del sueño co­ mienzan a ser muy pareci­ dos a los del adulto.

L O S S EC R ETO S DEL SUEÑO INFANTIL

EL SUEÑO DE 1 A 3 AÑOS En contraste con los rápidos cambios que se producen durante el primer año de vida, en este período las transformaciones y vicisi­ tudes son más graduales. Entre los cambios más importantes ahora destacan los siguientes:

Cuando no quieren dormir

►S u e ñ o y s ie s ta s . Durante los 2-3 primeros años, el sueño diur­ no continúa con siestas diurnas cortas y entre los 3-5 años de edad se consolida en un único período nocturno. La cuarta parte de los niños de 2 años disfrutan de dos siestas diarias, el 66 % de una única siesta y el 8 % tienen siestas de manera irregular.

► R itm o b im o d a l. Hacia el año y medio de edad, se retira la sies­ ta matinal y pasan a un ritmo bimodal con una siesta al mediodía.

► D u ra ció n e s ta b le . Entre los 2 y los 5 años las cantidades de sueño permanecen estables (11 horas) con un 10 % de niños dur­ miendo más de 12 horas y un 10 % durmiendo menos de 9,5 horas.

► S u e ñ o to ta l. Al año de edad, el sueño total es de 14-15 horas. El sueño nocturno, de 10 a 12 horas.

►C ic lo s d e s u e ñ o . A los 2-3 años de edad, los niños tienen unos ciclos de sueño de aproximadamente 60 minutos.

► S u e ñ o n o ctu rn o . El porcentaje de niños que duermen cinco horas seguidas durante la noche se incrementa y es del 90 % a los 12 meses.

► S u e ñ o REM /no REM . La distribución del sueño REM/no REM también varía. Así, el sueño REM desciende progresivamente desde el 30 % del tiempo total de sueño al nivel normal de adulto de 2025 % . Estos cambios están estrechamente relacionados con el incre­ mento de los períodos de vigilia diurna.

► C o n s o lid a c ió n d el s u e ñ o . A partir de los 2 años el sueño em­ pieza a consolidarse en un largo período nocturno de aproximada­ mente 10 horas.

La disminución del período REM es continua hasta los 6 años, cuando desaparece la siesta diurna.

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DURANTE LOS PRIMEROS AÑOS

► D e c liv e a n u a l. En general, se produce un declive del tiempo total de sueño de 20 minutos por año. En resumen, a lo largo de estos tres primeros años de vida, se van consolidando las características del sueño propias de cada niño.

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► D e s p e rta re s . Hacia los 2 años de edad el 20 % de los niños se despierta, cifra que se reduce al 14 % a los 3 años.

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L O S S EC R ETO S DEL SUEÑO INFANTIL

TIEMPOS MEDIOS DE SUEÑO

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LOS PROBLEMAS DEL SUENO INFANTIL

Cuando no quieren dormir

Los problema > el sueño infantil 1. La im portancia de los prob lem as 2. Q ué pasa con los p rob lem as del

del sueño

sueño in fa n til

3. Las d ificu lta d e s para d o rm ir 4. La excesiva so m no lencia diu rn a 5. Conductas e xtrañ as d u ra n te el sueño

6 . Posturas y m o vim iento s raros d u ra n te el sueño

Nos introducimos ahora de lleno en el mundo del mal dormir infantil. Además de lidiar con las escasas ganas de meterse en la cama o de dormir las horas suficientes de algu­ nos niños, muchos padres tienen que encararse con una amplia variedad de conductas noctur­ nas extrañas. Se trata de conductas que debe­ mos conocer para saber las medidas que convie­ ne adoptar para atajarlas. ¡Saber es poder! Y, en los problemas del sueño infantil, saber a qué ate­ nerse en cada caso es ya, realmente, saber mucho. Iniciamos, pues, un capítulo amplio, que hemos dividido en va­ rias partes para facilitar su lectura y comprensión. Aquí y allá, se ofre­ cen numerosos casos vividos en la consulta diaria de nuestra Unidad del Sueño. Creemos que este contacto directo con la realidad es el mejor sistema para hacerse una ¡dea clara y cercana de cómo es la vida cotidiana de las familias con niños afectados por , problemas del sueño. También sopesaremos las \ / amplias posibilidades de actuación que tenemos en muchos casos los padres, los médicos y los especia­ listas del sueño para solventar estos problemas.

Cuando no quieren dormir

L O S PRO BLEM AS DEL SUEÑO INFANTIL

rA > r ' i

1. IMPORTA PROBLEMAS DEL SUENO PROBLEMA O NO PROBLEMA

¿Son realmente tantos los niños que tienen problemas con el sueño? ¿Es necesario dedicar tanta atención a un tema tan concreto? Es usual que las personas que tienen poco contacto con niños pequeños asocien la infancia con el buen dormir. ¡Nada más lejos de la realidad! Los pro­ blemas del sueño infantil son frecuentes y muy importantes. Una de cada cuatro personas presenta un problema con el sueño a lo largo de su vida. La población infantil no es una excepción. Ade­ más, los niños con problemas del sueño durante sus primeros seis meses tienen el triple de probabilidades de seguir presentando alte­ raciones del sueño a los 5 años y el doble a los 10 años.

NIÑOS CON DESPERTARES NOCTURNOS Pero «¿cuántos niños de estas edades se despiertan más de tres veces por semana?». Ésta fue la pregunta que nos planteamos en nuestro trabajo diario y que trasladamos a muchas familias. Cuando estudiamos los resultados (véase la tabla Porcentaje de niños con des­ pertares), observamos un pico máximo en el octavo mes, que nos mantuvo bastante intrigados hasta que lo relacionamos con el apego. Y, de los niños que se despiertan, ¿cuántas veces lo hacen cada noche? Porque está claro que no es lo mismo que interrumpa el

sueño una vez cada noche a que lo haga en media docena de oca­ siones. Con los datos obtenidos observamos que la inmensa mayo­ ría de los niños que se despiertan lo hacen entre una y tres veces cada noche, aunque un número pequeño, pero nada despreciable, lo hace hasta seis veces cada noche.

ESAS RARAS CONDUCTAS NOCTURNAS Los problemas del sueño no consisten sólo en dificultades para dormirse o en despertares nocturnos; también pueden aparecer conductas raras durante la noche. En ocasiones, el niño puede efectuar estas RITMO Y EDAD conductas y se­ Más de la mitad de los niños de 9 meses guir durmiendo, realiza movimientos rítmicos durante el mientras que en sueño. Estos movimientos son menos fre ­ otros casos las rea­ cuentes a medida que el niño crece. liza en el momento Así, a los 18 meses, los efectúa una de conciliar el sueño tercera parte de los bebés y sólo una cuarta parte hacia los 24 meses o se despierta cuan­ de edad. do las ejecuta.

L O S PRO BLEM AS DEL SUEÑO INFANTIL

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Cuando no quieren dormir

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► M ovim ientos rítm icos. El 58 % de los niños de 9 meses rea­

liza movimientos rítmicos al dormirse, tales como golpearse, girar sobre sí mismos... Sobre el 4 % de esos pequeños se golpea la cabe­ za al dormirse o en diferentes momentos del sueño. Son niños que, a menudo, ya desde los 6 meses, hacían movimientos monótonos de giro con la cabeza.

► Fantasm as profundos. Otro tipo de conductas raras están

relacionadas con los fantasmas del primer valle o ciclo más profun­ do del sueño. Se incluyen aquí los terrores nocturnos y el sonambu­ lismo. Los terrores nocturnos son muy característicos de niños que se despiertan aterrados y no reconocen a sus padres cuando acuden a ampararlos; se presentan en el 3 % de niños a partir de los 18 meses. Por su parte, el sonambulismo es propio de niños que deam­ bulan dormidos sin reconocer a nadie; aparece en un 4 % de los niños de 3 años. Los ciclos del final de la noche también tienen sus conductas raras, como las pesadillas que experimentan entre un 10-50 % de los niños de 3 años.

►A lteracio n es de la respiración. Las alteraciones de la respi­

ración durante el sueño son relativamente frecuentes y tienen mucha importancia. Son usuales los ronquidos y los ruidos al respi­ rar así como olvidarse de respirar durante unos segundos. Sobre el 8 % de los niños ronca de forma habitual y el 20 % lo hace de vez

en cuando. El número de niños que ronca disminuye con la edad. Aproximadamente el 2 % de los niños dejan de respirar unos segun­ dos mientras duermen. Cuando la respiración cesa durante 10 segundos o más se está ante un trastorno conocido como apnea del sueño. La máxima incidencia de apnea se da entre los 2 y los 5 años.

P O R CEN TA JE DE NIÑO S CO N D ESPERTA R ES Edad (meses)

Niños con despertares (%)

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50,7

8

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L O S PRO BLEM AS DEL SUEÑO INFANTIL

Cuando no quieren dormir

q ni IF PASA CON LOS p ro b le m a s d e l sueño infantil I

■ —

El sueño debe considerarse un componente importante de un estilo de vida saludable, como la alimentación o el ejercicio, tanto para los niños como para los padres.

Una disminución, incluso modesta, de la cantidad de sueño sufri­ da durante unos días seguidos, aumenta de manera considerable la somnolencia diurna y disminuye la vigilancia de padres e hijos.

¿QUÉ SUCEDE A LOS PADRES SI SU HIJO NO DUERME? Al finalizar la primera entrevista en nuestra consulta de la Unidad del Sueño siempre preguntamos a los padres: «¿Qué ocurriría si su hijo volviera a dormir sin problemas toda la noche?». La respuesta suele variar desde una mirada fría preguntándose si estamos hablan­ do en serio o queremos tomarles el pelo, una sonrisa como dicien­ do que a pesar de nuestro empeño eso no ocurrirá nunca o, en la minoría de las veces, una sonrisa franca imaginando cuán hermosa volvería a ser la vida. En realidad, lo que ocurre es que cuando un niño tiene proble­ mas con el sueño esto repercute tanto en él como en su familia. Todos se inquietan y todos lo pasan muy mal. La situación que se produce es parecida a un círculo vicioso.

EL SUENO QUE SE PIERDE, ¿DONDE VA?

La falta de sueño afecta la actividad del cerebro, sea por la causa que sea, de manera que se altera la memoria, el lenguaje y el proce­ so de solución de problemas; por eso, no es conveniente tomar nin­ guna decisión importante en plena batalla nocturna con nuestro hijo, agotados y con el ánimo hecho trizas. La pérdida de sueño es acumulativa, de tal forma que aunque sólo perdamos una hora de sueño al día, después de muchos días, nuestra carencia de sueño puede ser importante. Es tremendo, pero durante el primer año de vida de un bebé, se calcula que los padres pierden entre 400 y 700 horas de sueño.

¿QUIÉN NECESITA DORMIR MÁS?

Un adulto puede ir falto de sueño al verse obligado a pasarse algunas noches en vela para atender a un hijo con problemas del sueño. Uno mismo puede determ inar si nece­ sita dormir más cuando... ► Precisa cada vez una alarm a de despertador más potente. ►Si algún día su hijo no le despierta y se queda dormido mucho más tiem po. ►Cada vez toma más café, té o refrescos de cola. ► Necesita cada vez más las siestas y éstas son más largas. ►Si conduce una hora y ya se encuentra somnoliento y agotado. ►Se duerm e viendo la televisión (¡éste puede ser el síntom a menos alarm ante!). ► Le dicen que le encuentran más irritable.

Cuando no quieren dormir

L O S PRO BLEM AS DEL SUEÑO INFANTIL

CARA Y CRUZ DE LO!

OBLEMAS DEL SUEÑO INFANTIL

Consecuencias negativas

Consecuencias positivas

Pérdida de horas de sueño.

O portunidad de conocer a nuestro hijo.

Irritabilidad.

O b jetivo común de la pareja.

Desavenencias de pareja.

Aprendizaje de técnicas educativas.

Baja autoestim a com o educadores.

Aum ento de la autoestima al solucionarlo.

Por eso, no es extraño que algunos estudios hayan encontrado más casos de depresión entre los padres de niños con dificultades del sueño. También se ha comprobado el decaimiento de la eficacia del sistema inmunitario en las personas que pierden tres o más horas de sueño al día de manera continuada. Así que más vale pedir ayuda cuando vea­ mos que la situación tiende a escapársenos de las manos.

NIÑO DESPIERTOS Y PADRES SABIOS Sin embargo, no todo es malo cuando nuestro hijo tiene proble­ mas del sueño. Aunque no lo crea, los problemas con el sueño nos pueden enseñar muchos aspectos nuevos de nuestro hijo y de nos­ otros mismos (véase, arriba, la tabla Cara y cruz de los problemas del ■,ueño infantil). Al analizar y tratar los problemas del sueño del niño, los padres tunemos la oportunidad de aprender a conocer mejor a nuestro hijo y a plantearnos muchas cuestiones relacionadas con su educación y bienestar. También solemos poner a prueba nuestra capacidad para afron­ tar y solucionar problemas, además de nuestras dotes infinitas de paciencia y cariño.

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Cuando no quieren dormir

L O S PROBLEM AS DEL SUEÑO INFANTIL

CÓMO SOBRELLEVA EL NIÑO SUS PROBLEMAS DE SUEÑO

Si a un niño que duerme bien se le reduce el tiempo de sueño, su capacidad de atención y su nivel de aprendizaje se alteran. La falta de sueño o el mal dormir afectan a las tres actividades más importantes del cerebro infantil en desarrollo, es decir, la función cognitiva o del conocimiento; la función motora, tanto la fina para manipular jugue­ tes delicados como la grosera, al andar o saltar; y el estado de ánimo o humor. De las tres, el humor es el que se ve más perjudicado, segui­ do del rendimiento cognitivo o capacidad de aprender, que descien­ de a medida que se Incrementa la complejidad de la tarea. Por lo general, ante la falta de sueño se incrementa la irritabili­ dad y la impulsividad, y desciende la atención y el autocontrol. El pequeño requiere dosis mayores de esfuerzo y motivación para rea­ lizar una misma tarea. La inquietud y la irritabilidad del niño hace que los padres estén más tiempo encima de su hijo, llamándole continuamente la aten­ ción por su mal comportamiento, hecho que conlleva una pérdida de su autonomía. El pequeño, en respuesta a tal pérdida, se mues­ tra más oposicionista, más terco y va más a lo suyo. Tolera mal que le lleven la contraria y no salirse con la suya. No se conforma con nada y llega a provocar situaciones límites (tales como "a ver quién puede m ás"...), alterando de esta manera el entorno familiar.

BUSCANDO EXPLICACIONES La relación entre los problemas del sueño y las alteraciones de la conducta se pueden explicar por varios caminos, entre ellos: ► Quizás un niño de temperamento difícil desarrolle problemas del sueño como resultado de ese mismo temperamento.

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L O S PROBLEM AS DEL SUEÑO INFANTIL

►Como duerme mal, esto le ocasiona nerviosismo, impaciencia y un manejo difícil. ► Este patrón de relación incompatible para los padres puede agra­ var los problemas de conducta y las dificultades con el sueño. Los niños que presentan problemas respiratorios durante el sue­ ño (apnea del sueño) manifiestan también secuelas con alteracio­ nes del rendimiento intelectual, acompañados de otros problemas de conducta. La falta de un sueño reparador afecta igualmente a la salud física del niño. Cada vez los médicos somos más conscientes de la impor­ tancia que tiene el sueño en la defensa de las infecciones. Un mal sue­ ño o un sueño escaso continuado disminuye la capacidad de defensa del organismo. Hacia los 2-3 años, la inmensa mayoría de los niños están en sus primeros andares escolares y ya se sabe que el inicio del parvulario implica un montón de infecciones. Para crecer, los niños necesitan que el organismo produzca la lla­ mada hormona del crecimiento, una sustancia que científicos japo­ neses demostraron en 1960 que se segregaba fundamentalmente durante el sueño profundo. Por eso, cuando los pequeños que su­ fren apnea del sueño son tratados médicamente su sueño mejora, y al mismo tiempo, aumentan significativamente de talla y peso.

Cuando no quieren dormir

COMO ALTERA LA FALTA DE SUEÑO LA VIDA COTIDIANA

Algunos niños con falta de sueño pueden mostrar desaten­ ción, inquietud e impulsividad. DESATENCIÓN ►Al estar descuidados, cometen errores. ► No m antienen la atención en tareas y actividades de juego. ► No prestan atención a los detalles. ► Están como ausentes. INQUIETUD ► No paran quietos, se mueven en exceso. ► Resulta imposible que permanezcan sentados. ►Corren o saltan más de lo normal. ► Parece imposible que jueguen tranquilam ente. IMPULSIVIDAD ► No tienen paciencia («Lo quiero aquí y ahora»), ► Interrum pen o se inmiscuyen en las actividades de otros. ► No siguen las normas. Se les debe advertir repetidam ente. ►Tienen estallidos de cólera. ►Sus rabietas son más fuertes.

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MALES DE LOS NINOS QUE DUERMEN MAL

►Afectación inicial del estado de ánimo. ►Aum ento de la intranquilidad, la irritabilidad y la impulsividad. ► Pérdida del disfrute mutuo, del niño con los padres y de los padres con el niño. ► Propensión a las infecciones. ►Afectación probable en la secreción de la hormona del crecimiento.

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3. LAS DIFICULTADES para DORMIR LOS PASEOS CON CLARA EN BRAZOS «El nacimiento de Clara fue una inmensa alegría para nosotros. Era un bebé muy deseado. Leimos todos los libros que cayeron en nuestras manos y nos informamos lo mejor posible para ser unos padres bien documentados. Las primeras semanas fueron muy felices para los tres. Cada reclamo de Clara era una delicia y nos esforzába­ mos en solucionar rápidamente sus pequeñas demandas. Pero todo empezó a cambiar, las solicitudes de Clara eran cada vez más inten­ sas y frecuentes, hasta que llegó un momento en que lloraba todo el día. Sólo se calmaba cuando la levantábamos en brazos o cuando comía. Cada noche, paseábamos a Clara por el pasillo hasta que se dormía, pero berreaba al punto que la depositábamos en su cuna. Creo que lo intentamos todo, pero nada dio resultado. Mi mujer deci­ dió dejar su trabajo y ahora se pasa las veinticuatro horas con la niña. A veces discutimos por este motivo. Nos preguntamos qué hemos hecho mal y hasta cuándo durará esta situación.»

EL BIBERÓN DE ARTURO «Arturo fue la guinda a nuestras vidas. Era nuestro segundo hijo y una delicia de niño. Los primeros meses fueron muy placenteros. No podíamos quejarnos, pues era un bebé buenísimo. Las cosas empezaron a complicarse a partir de los siete meses. Teníamos esta­ blecida una rutina antes de acostarlo que habíamos aprendido de nuestra hija mayor, que fue un poco guerrera. Después del baño, venía la canción, me sentaba con él en brazos en el sofá, le daba el biberón y se caía dormido, sin llegar a terminárselo. Poco a poco todo se ha ¡do complicando y ahora Arturo reclama un biberón cada vez con más premura. Prácticamente no toma nada, sólo le da un par de succiones y se duerme. Además, cada día come peor.»

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Desde un tiempo a esta parte, a partir del tercer viaje nocturno, duer­ me en nuestra cama, aunque no se muestra satisfecho del todo hasta que obliga a su padre a levantarse y a irse a dormir a otro cuarto.»

SUEÑO Y APRENDIZAJE VAN DE LA MANO Necesitamos entender los mecanismos que producen los malos hábitos del sueño si lo que pretendemos es corregirlos. Cuando nuestro hijo duerme bien, ese buen dormir es un poten­ te refuerzo positivo, o lo que es lo mismo, actúa como un "lo haces bien, sigue así", tanto para los padres como para los niños; y, de esa manera, el sueño sigue mejorando. En el momento en que las cosas no funcionan bien y, por ejem­ plo, el niño llora, los padres queremos subsanarlo enseguida para evitarle sufrimientos o una interrupción del sueño y acudimos pres­ tos a su lado. Acabamos de entrar en lo que se llama la trampa del comportamiento.

JUAN EXIGE COMPAÑÍA «Cuando era un bebé, Juan dormía como un angelito. Aprendió a caminar al año y se pasaba el día explorando todos los rincones de la casa. Cuando cumplió un año y medio lo trasladamos de su cuna a una cama "porque ya era mayor". Y aquí empezó nuestro calvario. Al cuarto de hora de acostarlo, nuestro hijo aparecía en el salón y no consentía en volver solo a su habitación. Al principio, se dormía en el sofá del comedor; pero, con el tiempo, no nos permitía seguir cenan­ do y exigía que nos sentáramos a su lado hasta que se dormía. Un día Juan enfermó y nos pasamos todo el tiempo al lado de su camita con­ tándole cuentos. Desde entonces ya no se duerme solo y debemos contarle uno, dos o cuarenta cuentos hasta que se cae dormido. Pero a las dos horas vuelve a aparecer en el salón o en nuestra habitación.

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LA CONDUCTA Y SUS TRAMPAS Imaginemos que un niño con un temperamento propenso a pre sentar dificultades con el sueño nace en una familia en la que unos padres sobreprotectores actúan cada vez de una forma diferente Cada demanda del niño es rápidamente satisfecha para evitarle sin­ sabores. Pero actuando de este modo, el pequeño recibe unas ense­ ñanzas incorrectas para aprender a dormirse, o lo que es lo mismo, unas señales inapropiadas para iniciar el sueño. Así no aprenderá nunca a dormirse solo.

El niño cumple su papel llorando y callando al recibir la ayuda. Entonces, los padres abandonan la habitación, con lo cual el peque­ ño, que todavía no aprendió a dormirse solo, vuelve a gritar. Acaba­ mos de cerrar el círculo vicioso de una trampa conductual.

HÁBITOS CON ELEMENTOS Para aprender a hacer cualquier cosa de manera automá­ tica y rutinaria, es decir, para aprender un hábito, solemos utilizar unos elementos externos que asociamos a esa acción y que están presentes durante todo el tiempo que dura la ejecución de esa conducta.

Lo ideal es que estos elementos externos sean autóno­ mos y no precisen de nuestra intervención. Éste no será el caso, por ejemplo, si utilizamos un dispositivo musical al que haya que darle cuerda o una luz, que deberá estar encendida toda la noche, e inclu­ so un chupete, ya que cada vez que lo suelte o se le caigaserá pre­ ciso que se lo coloquemos de nuevo en la boca para evitar loslloros.

SU MAJESTAD, EL CHUPETE

Con respecto al sueño, el chupete es un buen elem ento tranquilizador y como tal puede usarse cuando sea preciso. Otra cuestión es si debemos perm itir que el niño se duerma con el chupete en la boca, pues corremos el riesgo de que cada vez que se le caiga precise nuestra ayuda para volver a colocárselo. Una buena solución a este dilem a es usar el chupete única y exclusi­ vam ente como calm ante o inductor del sueño, retirándoselo antes de que se duerma.

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EL SUEÑO COMO SEPARACIÓN El hecho de dormir implica separación y esta separación puede tener significados bien diferentes para padres e hijos. Una buena separación significa que los padres tienen confianza en sí mismos y conocen la necesidad del niño de autocalmarse y dormirse por sí mismo. El reencuentro al día siguien­ te confirma esta confianza mutua. Al ser un acto predecible y ruti­ nario, da seguridad y es satisfactorio para ambos. Por el contrario, una mala separación, a la que el niño responde ansiosamente, puede ocasionar una presión emocional en los padres y provocarles miedo o reparo ante nuevas separaciones. Así, el distanciamiento del niño de la madre es un proceso gradual que debe­ ría ocurrir tanto durante el día como durante la noche.

CLARA, ARTURO Y JUAN, DE NUEVO Los relatos de los casos de Clara, Artu­ ro y Juan nos ayudarán a comprender cómo se produce el proceso de separa( ión y qué elementos externos del hábi­ to del sueño utilizan para dormirse. En el caso de Clara, por ejemplo, los padres utilizan dos elementos externos que ella asocia al hecho de dormirse, y que con todo derecho, exige a media noche, como son estar en brazos y los paseos por el pasillo. Arturo, que era un niño con tendencia innata a dormir bien, ha asociado la succión del biberón con dormirse, y por ello lo reclama cada vez que se des­ pierta. Por su parte, Juan ha aprendido que dormirse era un acto que debía realizarse en compañía de sus padres, y no consigue conciliar el sueño sin su presencia.

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FIJANDO LÍMITES En ocasiones, en nuestra consul­ ta de la Unidad del Sueño, hemos visto a niños con problemas del sueño en brazos de unos padres desesperados que se pronuncian en contra de la imposición de barreras rígidas en la educación de sus pequeños y que abogan por una libertad total para sus hijos. Y no les falta la razón, ya que la libertad es un gran regalo para el aprendi­ zaje infantil. Sin embargo, es muy complica­ do para un niño sin límites educativos cla­ ros ni rutina en el aprendizaje de hábitos establecer una conducta autónoma con respecto al sueño y la alimentación. En la consulta también nos encontra­ mos con padres que han decidido dilatar la hora de acostar a su hijo hasta que no está totalmente rendido. Por supuesto que es una posibilidad, pero en muchas ocasiones, se ven obligados a trasno­ char, y como es sabido, el cansancio no favorece un buen sueño. El caso contrario también es a menudo motivo de consulta. Son aquellos padres que han instituido una hora fija para acostar a su hijo, y pase lo que pase, sea el día que sea, no permiten ninguna excepción a esa norma. Es cierto que esta política favorece unos ritmos de sueño regulares (¡y tan regulares!), pero cercena la libertad del niño e impone una férrea disciplina siete días a la semana todas las semanas del año.

LÍMITES FLEXIBLES En el mantenimiento de un hábito, la rutina es importante, pero no pasa nada porque un sábado, un día de cumpleaños o en Nochevieja hagamos una excepción. Los niños perciben que se trata de una situación especial y como tal se la toman, ya que ven que los acostamos más tarde, en un lugar posiblemente distinto al habitual e incluso con fenómenos de transición diferentes. En tal caso, lo realmente decisivo es lo que hagamos al día si­ guiente. Las rutinas se deben recuperar automáticamente. No debe­ mos permitirle un gran desbarajuste horario, levantándolo mucho más tarde de lo habitual. Aproximadamente una hora de recupera­ ción sería lo más aceptable. Quizás el niño esté un poco irritable durante el día por haber dormido un poco menos, pero todo tiene su precio en la vida.

TRASPASO DE COMPETENCIAS Uno de los procesos más esenciales que tienen lugar durante el desarrollo del niño es la transición de la figura paterna y su papel desde el exterior al mundo interior del pequeño. Esta transición se ve facilitada, en muchos casos, por dos ele­ mentos, gracias a los cuales los padres transfieren a su hijo la pro­ piedad de calmarse a sí mismo. Estos elementos son el objeto transicional y el fenómeno transicional. Se trata de conceptos teóricos muy importantes y con muchas apli­ caciones prácticas. Veamos, en primer lugar, el fenómeno transicional.

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EL SUEÑO TIENE UN RITUAL PREVIO El fenómeno transicional actúa disminuyendo la activación del niño y preparándolo para dormir. Es lo que en muchas ocasiones llamamos el ritual del presueño. Consiste en realizar siempre las mismas acciones, con la misma actitud y en un horario parecido cuando se acuesta al niño; por ejemplo, usamos un tono de voz relajante, las mismas o parecidas canciones, la misma habitación..., todo ello nos sirve para inducir una sensación de tranquilidad y relajación a nuestro hijo. Pero, ¡atención!, es primordial remarcar que nuestra obligación como padres no es dormir a nuestro hijo, sino facilitar que sea él solo quien concilie el sueño. Para lograrlo, movemos cielo y tierra para ponérselo todo en bandeja y, así, media hora antes, le damos un baño calentito, lo tranquilizamos con palabras suaves, le cantamos tranquilamente, le ofrecemos un vaso de leche, y una vez relajado, le regalamos su cuna o su cama depositándolo en ella despierto para que, con nuestra ayuda, tenga la agradable oportunidad de apren­ der a dormirse él solo. No existe un fenómeno transicional o ritual del presueño mejor que otro; lo importante es que exista alguno. En caso contrario, en ciertas ocasiones en que no se halla presente un buen fenómeno transicional, a menudo es el propio niño quien se encarga de orga­ nizar el suyo. Uno de los más utilizados es el movimiento rítmico. No obstan­ te, si este movimiento rítmico persiste en el tiempo o es de tal inten­ sidad que interfiere en la calidad del sueño, puede convertirse en un serlo problema. Al que, por supuesto, hay que hacer frente.

¿TODOS LOS NIÑOS DEBEN ACOSTARSE A LA MISMA HORA?

¿Todos los niños tienen que comer exactam ente la misma cantidad de cereales o beber el mismo volumen de leche? La respuesta es obvia, ¿verdad? Cada niño duerme unas horas diferentes (al igual que los adultos), y lo que nos resulta más interesante en estos momentos es que cada niño muestra una tendencia a dor­ mirse a una hora determ inada. Lo ideal es averiguar (por pura observación) a qué hora nuestro pequeño se muestra más somnoliento para proceder a acostarlo más o menos a esa hora bendita. En el caso de ser una hora excesivam ente tem prana o tardía, podemos ir ajustándola con intervenciones de unos 15 minutos por arriba o por abajo cada cierto período de tiempo.

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nales está íntimamente reía donada con la habilidad del niño de permanecer solo y mantener la confianza en su seguridad sin la necesidad de depender estrechamente de un adulto. De esta manera, le estamos preparando desde pequeño a ser una persona autónoma para cuando sea mayor.

DIFICULTADES PARA CONCILIAR EL SUEÑO

A TU LADO ME SIENTO SEGURO El objeto transicional es cualquier objeto que el niño adopta como compañero nocturno y que le transmite seguridad. Hay múl­ tiples ejemplos, desde el oso de peluche a la sábana pasando por una prenda de vestir o cualquier otra cosa. Cuando el niño crezca ya no necesitará ese elemento que estima tan seguro y él mismo lo desechará. El objeto transicional, al igual que el fenómeno transicional, calma al niño cuando éste más lo necesita, especialmente durante el momento de la transición al sueño (de ahí esas denominaciones). La destreza para autocalmarse con tales objetos y fenómenos transicio-

Existen múltiples causas por las que un niño tiene problemas para dormirse o I durante su sueño. Algunas hacen referencia a situaciones pasadas; otras, en cambio, están presentes en el momento actual. Algu­ nos factores se pueden cam­ biar y otros posiblemente son inamovibles. Pero antes de empezar a trabajar con estos factores es importan­ te tener muy claro que: ► El p ro b le m a no e s cu lp a d e n a d ie . Ni los padres ni el resto de la familia ni el propio niño son culpables de nada. ► Los p r o b le m a s co n el su e ñ o so n un p ro ce so d in á m ic o . Esto significa que el mismo problema del sueño va creando situacio­ nes anómalas a su alrededor que pueden complicar aún más la situa­ ción inicial.

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El primer paso es intentar averiguar por qué se ha producido la situación que sufrimos cada noche desde hace algún tiempo. Para ello nos ayudaremos de una serie de preguntas que nosotros mismos podemos plantearnos y responder en un papel. Un ejemplo de esas preguntas podría ser el siguiente, si bien cada batería de preguntas debería adaptarse a cada situación particular: ► ¿ C u á l e s la ru tin a a la h o ra d e a c o s ta r lo ? ¿Se le acuesta siempre a la misma hora? ¿Dónde duerme? ¿Se duerme en cualquier sitio? ¿Cuánto tiempo transcurre desde la última toma de alimento? ¿Cuánto tarda en dormirse?

¿Se duerme en contacto con alguien o algo (biberón, chupete, televisión o radio...)? ► ¿ C u á l e s la ru tin a a la h o ra d e d o rm ir la s ie s t a ? ¿Duerme la siesta en contacto con alguien? ¿Cuándo y durante cuánto tiempo duerme la siesta? ¿Dónde hace la siesta? ►¿ S e d e s p ie rta to d a s la s n o c h e s? ¿Cuándo se despierta por primera vez (antes de la media hora, a la hora, a la hora y media...)?

¿Cóm o se despierta?: ¿llora?, ¿está alegre?, ¿se muestra des­ concertado? ¿Qué hacemos cuando se despierta?: ¿le damos de comer?, ¿lo mecemos?... Con las respuestas que obtengamos a estas simples preguntas, estaremos en condiciones de intentar situar nuestro caso particular en el cuadro (véase la tabla Dificultades para dormirse), con el fin de hallar algunas orientaciones iniciales sobre el problema que nos preocupa.

Las circunstancias antes de dormir hacen referencia al fenómeno transicional y a los elementos externos relacionados con el hábito de dormir. Los factores de relación se refieren al tipo de apego presente.

PREGUNTAS SENCILLAS Y VALORACIÓN DE RESPUESTAS

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niños que los reclamaban. Durante las primeras semanas de escolaridad, y casi todas las noches, la pequeña se despertaba hacia las 5 o 6 de la madrugada gritando y protestando con una queja: «Pablo me pega». Sus pa dres acudían raudos, y ella nada más verlos, se zambullía en sus brazos, gimoteaba un momen­ to y dejaba de llorar. A la mañana siguiente, Amparo recordaba que se había despertado, y cuando los padres se lo preguntaban, volvía a insistir en que Pablo le pegaba. El problema se so­ lucionó al hablar con la educadora del par­ vulario, quien confir­ mó que el tal Pablo era un niño muy agresivo y que pare­ cía haberla tomado con Amparo. Tras tomar algunas me­ didas para evitar las bravucona­ das del crío, los sueños de la niña vol­ vieron a ser apacibles.

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TRES CASOS IGUALES, PERO DISTINTOS Los casos de Arancha, Pedro y Amparo (presentados en la pági­ na anterior) son ejemplos extraídos de la consulta diaria de niños que sufren una parasomnia. Las dos primeras situaciones tienen casi el mismo significado y origen, mientras que la ter­ cera posee un significado y un origen diferentes. Así, Arancha y Pedro su­ fren una parasomnia del pri­ mer ciclo del sueño (el valle más profundo). Arancha pade­ ce episodios de sonambulismo mientras que Pedro sufre crisis de terrores nocturnos. Amparo, por su parte, tiene una para­ somnia de los últimos ciclos del sueño, las pesadillas. Veremos estos problemas, con más detalle, en las páginas siguientes. En pri­ mer lugar, a continuación hablare­ mos del sonambulismo.

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SONAMBULISMO SIN CONTROL Durante un episodio de sonambulismo, el cuerpo del niño se muestra muy activo, pero carece de un adecuado control cerebral. De manera que puede efectuar maniobras automáticas previamente aprendidas, aunque de una forma descontrolada; por ejemplo, pue­ de hacer pipí en el pasillo, abrir la puerta de la casa y deambular por la escalera de la finca, etc.

El niño sonámbulo mira sin ver. En ocasiones incluso puede hablar, aunque sus palabras no se entienden. Además, esa persona no reconoce a nadie. Cuanto más se le importuna intentando que se calme, más excitado se muestra.

ACCIDENTES DOMÉSTICOS El niño sonámbulo puede llegar a ser muy agresivo contra sí mismo y contra las personas que pretenden ayudarlo. La agresión se da especialmente durante el Intento de despertarlo o de devolverlo a la cama. Por eso, si pensáis que el pequeño está sufriendo un epi­ sodio de sonambulismo no lo despertéis. ¡No lo hagáis por el bien de vuestro hijo y por el vuestro propio! Si lo despertárais, favorece­ ríais que los episodios se repitieran con más frecuencia, además de arriesgaros a recibir un mordisco o una patada. En tal caso, también es inútil reprender al niño por ello, ya que al no existir control cere­ bral durante el episodio sonámbulo, no existe memoria del suceso. Es decir, que al día siguiente, el pequeño se despierta absolutamen­ te despistado y sin recordar nada. Precisamente, esa falta de control cerebral contribuye a incremen­ tar el riesgo de accidentes domésticos, pues el niño sonámbulo puede intentar salir por la ventana o a través de ella e incluso aban­ donar la casa y deambular por la calle, tal como sucedió recientemen­ te con una de nuestras pacientes de 3 años de edad, que fue halla­ da en plena noche por los vecinos de la urbanización donde vivía.

LA FAMILIA SONÁMBULA El sonambulismo es probablemente la parasomnia más frecuente en la infancia. Presenta una prevalencia del 15 % en eda­ des comprendidas entre los 3 y los 15 años. Se trata de un trastorno familiar, de mane­

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ra que alguno de los progenitores también ha tenido episodios sonámbulos en algún momento. Sí uno de los padres padece sonambulismo lo heredará el 45 % de la descendencia y el 60 % si lo sufren los dos. El episodio suele acontecer en la primera parte de la noche. Tiene una duración variable, entre cinco y vein te minutos. Cabe decir que es muy raro que en una misma noche se produzca más de un episodio. El comportamiento del niño sonámbulo puede ser muy simple (sentarse en la cama) o muy complejo y persistente (deambular por la habitación caminando con los ojos abiertos, la mirada fija y las pupilas dilatadas, sorteando los objetos que encuentra en su cami­ no o tropezando con algunos de ellos e hiriéndose con más o me­ nos seriedad).

DORMIR, TAL VEZ CHILLAR, DEAMBULAR O INCLUSO SOÑAR

Las parasomnias son fenóm enos que alteran el sueño nocturno. Las más usuales suelen presentarse cuando el durm iente pasa de una fase de sueño profunda a otra más superficial durante el prim er ciclo del sueño nocturno. En general, cada parasomnia o fenóm eno nocturno se suele relacionar con una fase o momento determ inado del sueño. El sonambulismo, los terrores nocturnos y las pesadillas se cuentan entre las parasomnias más conocidas.

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TERROR EN LA NOCHE Los terrores nocturnos o terrores del sueño son menos frecuen­ tes que el sonambulismo, aunque a veces se asocian con él. Suelen darse entre el 1 y el 5 % de los niños en edad escolar. Los episodios nocturnos suelen ser siempre parecidos y se mani­ fiestan en el primer ciclo de sueño. El niño, que duerme apacible­ mente, se agita de manera brusca, se sienta en la cama, grita aterro­ rizado, se muestra desorientado y no reconoce a las personas que le rodean. Si se despierta, está muy confuso y es incapaz de explicar lo que le sucede. Estos episodios se acompañan de enrojecimiento facial, frecuen­ cia cardíaca y respiratoria agitadas, sudoración profusa y pupilas dila­ tadas. Una vez superada la crisis, el niño se duerme tranquilamente. A la mañana siguiente no recuerda nada de lo que ha sucedido. Los terrores nocturnos en el niño pueden aparecer de forma espontánea o ser provocados por diversos estímulos, como ruidos, cambio forzado de postura en la cama, privación de sueño, etc. En ocasiones, si son muy frecuentes o complicados, resulta nece­ sario descartar la presencia de alguna enfermedad del sistema ner­ vioso central, como la epilepsia.

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¿QUÉ ES LA EXTINCIÓN? La extinción de que vamos a hablar aquí no tiene nada que ver con sofocar un incendio, aunque a veces nuestra paciencia pueda incendiarse al decidir nuestro hijo mantenernos en vela toda la noche. En primer lugar, recordemos un concepto importante del tema anterior, cuando decíamos que «todos los seres humanos repetimos las conductas que nos son recompensadas». Entonces, de acuerdo con la lógica, es casi seguro que si ignoramos de manera sistemáti-

ca y continua la conducta ¡ndeseada de nuestro hijo -para que así no obtenga un refuerzo positivo-, se producirá la desaparición o extinción de esa conducta en cuestión. ¡Sí, la inadvertencia perseverante de una conducta contribuye poderosament e a su desaparición! Pero no olvidemos que ignorar una conducta es sólo la mitad del juego que vamos a realizar para corregirla. La otra mitad, tanto o más importante, es premiar o reforzar positiva­ mente cada pequeño avance que se produzca en la dirección de nuestro objetivo. Pero para que sea efectivo, este premio o refuerzo positivo debe ser inmediato a la acción que consideremos acertada. Veremos todo esto con mucho más detalle retomando aquellos ejemplos extraídos de la práctica diaria que presentamos en el capí tulo anterior.

CLARA, LA NINA DE LOS PASEOS EN BRAZOS Recordemos el caso de Clara, aquella niña de padres solícitos,