Comunicación Política e Diplomática en la Baja Edad Media
 9791036538438

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Comunicación política y diplomacia en la Baja Edad Media Néstor Vigil Montes (dir.)

DOI: 10.4000/books.cidehus.6784 Editor: Publicações do Cidehus Lugar de edición: Évora Año de edición: 2019 Publicación en OpenEdition Books: 9 julio 2019 Colección: Biblioteca - Estudos & Colóquios ISBN electrónico: 9791036538438

http://books.openedition.org   Referencia electrónica VIGIL MONTES, Néstor (dir.). Comunicación política y diplomacia en la Baja Edad Media. Nueva edición [en línea]. Évora: Publicações do Cidehus, 2019 (generado el 17 octobre 2019). Disponible en Internet: . ISBN: 9791036538438. DOI: 10.4000/books.cidehus. 6784.

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A modo de introducción: nuevos caminos de la historiografía sobre la diplomacia medieval Néstor Vigil Montes

Una de las temáticas que en los últimos años ha resurgido en la historiografía política medieval ha sido el estudio de la diplomacia, una renovación alejada de los paradigmas tradicionales de la historia de las relaciones internacionales, cuya primera consecuencia ha sido el abandono del propio término «relaciones internacionales», con el fin de poder ajustarse a las corrientes de historia política que señalan la existencia de un universo político de mayor riqueza. Los historiadores actuales de la diplomacia medieval no se inspiran en los clásicos trabajos de Leopold Von Ranke, sino en la renovación metodológica de mediados del siglo XX que supusieron las obras de Donald Queller1, Pierre Chaplais2, o Garrett Mattingly3. Estos autores propusieron por vez primera que el epicentro del análisis de la diplomacia medieval no se situaba en un determinado contexto político o en un acontecimiento, sino que se dedicaron a analizar el funcionamiento en sí mismo de los resortes de la diplomacia, abordando cuestiones como el personal, los medios, o los procedimientos. Recientemente por los profesores Stephane Péquignot y Jean Marie Moeglin publicaron un manual de diplomacia medieval4, cuya división no es cronológica sino funcional, con la siguiente estructura de capítulos: los actores de la diplomacia, el marco de los intercambios (transporte, lenguas, documentos, archivos), las relaciones interpersonales de los soberanos, el proceso de celebración de las embajadas, la formalización del tratado, las redes de captación de información, el arbitraje, o la discusión sobre la posible existencia o no de un derecho internacional. Estos temas tratados en el manual parten de una viva discusión de los especialistas en congresos como el coloquio Negociar en la Edad Media / Négocier au Moyen Âge que fue organizado por el Consejo Superior de Investigaciones de España en Barcelona el año



CIDEHUS - UÉ QUELLER, 1967 2 CHAPLAIS, 2003 3 MATTINGLY, 1955 4 MOEGLIN et al., 2017 1

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__________________________________________________________________ 20045, el congreso La correspondance entre souverains, princes et cités-États. Approches croisées entre l’Orient musulman, l’Occident latin et Byzance (XIIIe-XVIe siècle) que fue organizado por el École Pratique des Hautes Études en París el año 20086, o las jornadas Déplacements de frontières et annexions dans l'Occident médiéval (XIIe-XVe siècle) celebradas en la Université de Paris Est Marne la Vallée en 20127. También en los seminarios Le négociateur face à ses interlocuteurs. L’entretien diplomatique de la fin du Moyen Age à la Première Guerre mondiale8 y La littérature relative aux ambassadeurs9 que fueron llevados a cabo entre París y Roma entre los años 2006 y 2011. Tampoco podemos dejar de señalar la influencia de una serie de monografías como la obra de Francesco Senatore sobre el papel de la correspondencia en la diplomacia de los Sforza que fue el pistoletazo de salida de la investigación sobre los carteggi o fondos de correspondencia de los archivos italianos10, la publicación de la tesis de Stéphane Péquignot en la que explotó los enormes fondos del Archivo de la Corona de Aragón para trazar una imagen con un enfoque renovador sobre el funcionamiento de la diplomacia de Jaume II de Aragón11, y la monografía de Isabella Lazzarini en la que aplica el enfoque renovador a la diplomacia de las formaciones políticas italianas entre 1350 y 152012. El presente trabajo de conjunto parte de la discusión del congreso Comunicação política e diplomacia organizado en 2016 por el Centro de Investigação História Sociedades Culturas (CIDEHUS) de la Universidade de Évora con el apoyo de la Fundação Calouste Gulbenkian. En el encuentro en el que se reunieron especialistas y jóvenes investigadores tanto del ámbito portugués como del conjunto de Europa, se organizó en torno a tres temáticas fundamentales para la comprensión del fenómeno de la diplomacia medieval: el empleo de diversas fuentes históricas, los ámbitos de actuación de la diplomacia, y la implicación de los distintos ámbitos sociales. El resultado es una obra de gran interés en la que se profundiza en los aspectos clave de la mencionada renovación historiográfica, pero al mismo tiempo se abordan cuestiones poco abordadas hasta entonces. Dentro de las cuestiones clave del actual discurso historiográfico es la de redimensionar nuestro conocimiento de la diplomacia medieval hacia ese complejo universo político medieval. Uno de los ámbitos geográficos con 5

FERRER I MALLOL et al., 2005 AIGLE et al., 2013 7 PÉQUIGNOT et al., 2016 8 ANDRETTA et al., 2010 9 ANDRETTA et al., 2015 10 SENATORE, 1998 11 PÉQUIGNOT, 2009 12 LAZZARINI, 2015 6

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__________________________________________________________________ mayor diversidad política es el de la Italia medieval, un verdadero laboratorio para la historia del poder, por ello contamos con el trabajo sobre una especialista en la materia como es Isabella Lazzarini. Otro ámbito en el que se producía una enorme actividad diplomática era el municipal, puesto que las ciudades como auténticos señoríos comunales actuaron con independencia en momentos de debilidad de sus soberanos, un fenómeno habitual en las minorías regias castellanas como demuestra María Josefa Sanz en su análisis de los documentos de esa diplomacia municipal. Igualmente las relaciones entre diferentes instituciones de la cristiandad generaron un intenso movimiento de representación así como demuestra Francisco Cañas en el análisis de la trayectoria de un procurador del entonces arzobispo de Toledo Gil de Albornoz en la corte pontificia de Aviñón. El protagonismo de los eclesiásticos en diplomacia medieval, es una de las problemáticas más atendidas en la actualidad, heredera de los estudios de historia política sobre el papel de los eclesiásticos primero en la génesis del estado moderno, y actualmente en la construcción de las monarquías medievales. En este campo contamos con el trabajo de Óscar Villarroel sobre el papel de los eclesiásticos en la dirección de las embajadas castellanas y con el estudio de Francisco Marcilla sobre el protagonismo del clero ibérico en el contexto diplomático en la Guerra de los Cien Años. Por otra parte, otro sector social interesante y en ocasiones contrapuesto a la presencia eclesiástica, es el de los letrados o jurisconsultos laicos que Diogo Faria realiza para el caso portugués. Un ejemplo de asunto novedoso es el estudio del papel de las minorías étnicas en el desarrollo de la diplomacia medieval tratado en el trabajo de Filomena Barros sobre el papel de la minoría musulmana portuguesa en la relaciones entre el soberano luso y los emires norteafricanos. Otro aspecto inadvertido anteriormente es la función de secretarios que cumplían los notarios de las relaciones luso-castellanas, el cual se vislumbra en el trabajo de Ricardo Seabra. Asimismo, no contamos con abundantes análisis del papel del espionaje en la diplomacia, de ahí que la contribución de Duarte Babo para el ámbito portugués sea de enorme interés. También resulta novedosa la utilización de los libros de viajes para el estudio de la diplomacia como la aplicada por Douglas Lima para el conocimiento del ceremonial regio en la diplomacia medieval. Finalmente, también resulta novedoso mi análisis de la diplomática del documento de la diplomacia medieval, aspecto que será el tema central del próximo congreso de la Comisión Internacional de Diplomacia que llevará por título “Les sources des relations “internationales”, entre les centres politiques de l’europe et de la Méditerranée (800-1600): lettres, actes, traités”.

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__________________________________________________________________ Con todo ello, esta obra ofrece once trabajos que aportarán nuevas perspectivas a una temática fundamental en el conocimiento de las dimensiones del poder en el periodo medieval. Quisiera agradecer a todos los autores que han realizado sus contribuciones en este libro y también a aquellos que han participado en el congreso, pero finalmente no han podido escribir para esta obra. También sería injusto olvidar a aquellas personas que han tenido la paciencia de revisar los artículos y enviar los correspondientes informes anónimos, los cuales han mejorado la calidad de los trabajos enviados originalmente por los autores. Asimismo, me gustaría destacar que esto no sería posible sin el apoyo del Centro de Investigação História Sociedades Culturas (CIDEHUS) de la Universidade de Évora, y más concretamente, sin la colaboración en la organización del evento y en la publicación de esta obra de Hermínia Vilar, Fernanda Olival, Madalena Freire, Carla Malheiro y Francisco Brito. Finalmente, cabe reiterar el apoyo otorgado por la Fundação Calouste Gulbenkian que en su momento valoró positivamente la candidatura al concurso de apoyo a congresos en los dominios de lengua y cultura portuguesas de 2016, lo que supuso una importante inyección económica a este proyecto.

AIGLE, Denise; PÉQUIGNOT, Stéphane (2013) – La correspondance entre souverains, princes et cités-États: approches croisées entre l'Orient musulman, l'Occident latin et Byzance; (XIIIe - début XVIe siècles). Turnhout: Brepols ANDRETTA, Stefano; PÉQUIGNOT, Stéphane; WAQUET, Jean-Claude (2010) – Paroles de négociateurs. L'entretien dans la pratique diplomatique de la fin du Moyen Âge à la fin du XIXe siècle. Roma: École Française de Rome. ANDRETTA, Stefano; PÉQUIGNOT, Stéphane; WAQUET, Jean-Claude (2015) – De l’ambassadeur. Les écrits relatifs à l’ambassadeur et à l’art de négocier du Moyen Âge au début du XIXe siècle. Roma: École Française de Rome. CHAPLAIS, Pierre (2003) – English diplomatic practice in the Middle Ages. Londres: Hambledon and London. FERRER I MALLOL, María Teresa, MOEGLIN, Jean Marie; PÉQUIGNOT, Stéphane (2005) – Negociar en la Edad Media/Négocier au Moyen Âge. Actas del coloquio celebrado en Barcelona los dias 12, 13 y 14 Octubre del 2004. Barcelona: Consejo Superior de Investigación Científica. LAZZARINI, Isabella (2015) – Communication and conflicto: Italian diplomacy in the Early Renaissance, 1350-1520. Oxford: Oxford University Press. MATTINGLY, Garret (1955) – Renaissance Diplomacy. Londres: Jonathan Cape.

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__________________________________________________________________ MOEGLIN, Jean Marie; PÉQUIGNOT, Stéphane (2017) – Diplomatie et «relations internationales» au Moyen Age (IXe-XVe siècle). Paris: Presses Universitaires de France. PÉQUIGNOT, Stéphane (2009) – Au nom du roi. Pratique diplomatique et pouvoir durant le règne de Jacques II d’Aragon (1291-1327). Madrid: Casa de Velázquez. PÉQUIGNOT, Stéphane; SAVY, Pierre (2016) – Annexer?: les déplacements de frontières à la fin du Moyen Âge. Rennes: Presses Universitaires de Rennes. QUELLER, Donald E. (1967) – The office of ambassador in the Middle Ages. Princeton: Princeton University Press. SENATORE, Francesco (1998) – «Uno mundo de carta». Forme e strutture della diplomacia sforzesca. Nápoles: Collana.

A minoria muçulmana do reino português e os contactos diplomáticos com o dār alislām Maria Filomena Lopes de Barros

Resumo: Os muçulmanos do reino português são pontualmente convocados pelo monarca para exercer funções diplomáticas no reino de Granada. Ligados à comuna de Lisboa, com que o rei mantém relações privilegiadas e homens da sua confiança, estes muçulmanos serão convocados por Afonso V, para uma missão junto ao sultão mameluco Īnāl. O monarca, embora de forma indireta, pretende intervir sobre Jerusalém, na proteção dos cristãos dessa cidade. A utilização destes muçulmanos nas relações com o dār al-islām remete para a relevância de um equilíbrio político no Mediterrâneo que passa também pelo fenómeno sociológico das minorias étnico-religiosas. Palavras-chave: minoria muçulmana, comuna de Lisboa, Granada, mamelucos, Jerusalém

Resumen: Los musulmanes del Reino de Portugal son puntualmente convocados por el monarca para ejercer funciones diplomáticas en el Reino de Granada. Esto se debe a que son hombres de confianza regia ligados a la comuna de Lisboa, con la que el rey mantiene relaciones privilegiadas. Por consiguiente, Alfonso V de Portugal los convocó para una misión ante el sultán mameluco Īnāl con la intención de intervenir de forma indirecta sobre Jerusalén para la protección de los cristianos de esa ciudad. La utilización de estos musulmanes es un fenómeno sociológico de las minorías étnico-religiosas, que se debe a la importancia que tenían las relaciones con dār al-islām en el equilibrio político del Mediterráneo. 

CIDEHUS. Universidade de Évora, mfbarr[email protected] - Este trabalho foi finaciado com fundos nacionais atraves da Fundação para a Ciência e a Tecnología e os Fundos de Desenvolvimento Regional da União Europeia (FEDER) atraves do Programa Operacional de Competitividade e Internacionalização (POCI) e PT2020, no projecto UID / HIS project / 00057 - POCI-01-0145-FEDER-007702 / This work is funded by national funds through the Foundation for Science and Technology and the European Regional Development Fund (FEDER) through the Competitiveness and Internationalization Operational Program (POCI) and PT2020, under the UID / HIS project / 00057 - POCI-01-0145-FEDER-007702

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Palavras claves: minoría musulmana, Comuna de Lisboa, Granada, Mamelucos, Jerusalén

Abstract: The Muslims of the Portuguese kingdom are occasionally summoned by the monarch to perform diplomatic duties in the kingdom of Granada. Associated to the commune of Lisbon, with which the king maintains privileged relations, and men of his confidence, these Muslims will be summoned by Afonso V, for a mission with the Mamluk Sultan Īnāl. The monarch, although indirectly, intends to intervene on Jerusalem, in the protection of its Christians. The use of these Muslims in relations with dār al-islām denotes the relevance of the political equilibrium in the Mediterranean that also passes through the sociological phenomenon of ethnic-religious minorities. Keywords: muslim minority, commune of Lisbon, Granada, Mamelukes, Jerusalem

O conceito de diplomacia, neste texto, infere da definição ampla de Péquignot, remetendo para as atividades de representação e de negociação políticas efetuadas em nome de um poder junto a outros poderes estrangeiros1. Neste sentido, e sobretudo para a temática aqui analisada, não se entrará num campo teórico, discutível e discutido a nível historiográfico, sobre a maior ou menor especialização das designadas embaixadas, ou sobre a sua tipologia em função da sua funcionalidade ou objetivos2. De resto, a problemática da minoria muçulmana, enquanto agente do monarca face aos poderes islâmicos, não permitiria essa abordagem, pois apenas surge na documentação de forma esparsa, lacunar, fragmentada, e, por vezes, mesmo, a nível conjetural. Apesar disso, a pertinência deste objeto de análise não deixa de impor-se, pela própria realidade sociológica das minorias no Mediterrâneo. Como o refere Pahlitzsch, para a zona oriental, a relação entre os variados grupos étnicos e confessionais «que se moviam naturalmente entre culturas, criava uma certa unidade do espaço para lá das fronteiras estabelecidas», tornando-os naturais mediadores entre as diferentes configurações políticas3. A mesma realidade se prolonga no Mediterrâneo ocidental, constituindo os

1 PÉQUIGNOT, 2009, 2. 2 Veja-se, por exemplo, a proposta de BECEIRO PITA, 1997, e a sua aplicação à realidade diplomática do reinado D. João I, em Santos, 2005. 3 PAHLITZSCH, 2005, 47.

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elementos minoritários uma privilegiada via de contatos diplomáticos entre os distintos poderes em presença. 1. Para o mundo árabe-islâmico, sobretudo os cristãos, mas também os judeus, representam uma faceta funcional e, como tal, atuante ao longo do período medieval (e para lá dele) nas relações diplomáticas com os seus congéneres latino ou grecocristãos4. Entre os séculos XII e XIV, os agentes enviados pelos soberanos norteafricanos ao mundo cristão, pese à utilização pontual de alguns muçulmanos, são preferencialmente também eles cristãos, atuando quer como portadores de mensagens dos sultões, quer como efetivos negociadores políticos5. Uma primeira categoria, principalmente centrada nas relações com a Península Ibérica, estrutura-se em volta dos mercenários, abrangendo, uma segunda, os mercadores, catalano-aragoneses ou italianos, mais presentes no domínio ḥafsida de Tunes do que em Tlemcen ou no território merínida. Finalmente, também os judeus constam destes emissários6, numa tendência que, de resto, se estende igualmente aos domínios latinos. De facto, ao longo da Idade Média esses agentes diplomáticos são referenciados até, pelo menos, ao primeiro quartel do séc. XIV7. Casos existem em que a mediação é feita por um único indivíduo como representante, junto dos poderes islâmicos, tanto de Aragão, como de Castela. Entre 1293 e 1295, Samuel alfaquin, conduziu várias embaixadas, em nome de uma ou outra coroa, ao emir merínida Ibn Ya’qūb e ao emir Muḥammad II de Granada8. De resto, como se refere na tipologia proposta por Roser Salicrú y Lluc para a coroa aragonesa, as minorias étnico religiosas confluem na diplomacia com o dār al-islām, juntamente com os oficiais régios de fronteira e os mercadores cristãos estabelecidos nesses territórios ou com relações comerciais com eles9. Contudo, uma significativa mutação se regista, a partir da centúria trecentista: em detrimento dos judeus, serão os muçulmanos que adquirem protagonismo como emissários. Efetivamente, se a minoria judaica representa, em qualquer caso, uma natural apetência de mediação cultural, a progressiva construção de uma mentalidade antissemita, refletindo-se nas perseguições do séc. XIV - nomeadamente em 1391, em Castela 4 Para o Al-Andalus, refiram-se, por exemplo, os casos do bispo Hishām b. Hudhāyl e do médico judeu Ḥasdāī b. Shabrūṭ, sob ‘Abd al-Raḥmān III – cf., entre outra bibliografía: SIGNES CODOÑER, 2004. Nas relações entre o Egipto fatimida e Bizâncio, mencione-se o historiador árabe- cristão, Yaḥyā b. Sa‘īd, enviado pelo califa al-Ẓāhir, em 1032, para negociar a paz com o imperador Romanos III - BEIHAMMER, 2012, 366-367. 5 VALERIAN, 2008, 888. 6 VALERIAN, 2008, 889-894. 7 Cf. Para Aragão: TOV-ASSIS,1997; VERNET GINÉS, 1952. 8 ECHEVARRIA, 2013, 80. 9 SALICRÚ Y LLUC, 2008, 472-473; SALICRÚ Y LLUC, 2015, 428-433.

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e Aragão, com a consequente emigração ou conversão das suas elites dirigentes – aparta-a definitivamente do seu papel diplomático nos reinos cristãos10. As relações diplomáticas, embora exclusivamente dirigidas ao reino de Granada, serão progressivamente protagonizadas pelas grandes famílias da elite muçulmana da Coroa de Aragão, fundamentalmente valencianas (em que avultam nomes como os de Bellvís, Xupió o Ripoll) até ao seu ocaso, coincidente com o assalto à mouraria de Valência, em 145511. Um exemplo de longevidade nestas missões, é o do alcaide-mor, Ali de Bellvís, nomeado como embaixador a Granada por João I, em 1392 e, posteriormente, por Afonso, o Magnânimo, em 1417 e 1432. No último caso, foi acompanhado por outro muçulmano valenciano, o mercador Galip Ripoll, para tratar de assuntos designados como alguns fets arduus e molt secrets12. Paralelamente, a mesma personagem atuou como intérprete (turgimão) em, pelo menos, mais duas embaixadas ao domínio nasrida (ambas para ratificar tratados) respetivamente em 1405 e 1419 - na primeira, acompanhou o baile geral do reino de Valência, Nicolau Pujades e, no segundo, Berenguer Mercader, filho do então baile geral, Joan Mercader13. Como o refere Roser Salicrú y Lluc, o que pretendiam as autoridades cristãs com o envio de muçulmanos como representantes diplomáticos a terras islâmicas, ia para além do seu domínio da língua árabe. Traduzia-se, também, na questão de proximidade cultural com o interlocutor, assim como nos respetivos contactos familiares e clientelares, procurando-se, assim, despertar a empatia e, consequentemente, maximizar os resultados da respetiva missão14. Esta análise aplica-se, de resto, à maioria desses mediadores culturais15 e, simultaneamente, agentes diplomáticos, quer do mundo islâmico, quer do latino-cristão. As redes de judeus, muçulmanos16, mercenários cristãos, comerciantes17 ou, ainda, de oficiais de fronteira, não apenas garantem um apoio dos seus correligionários, familiares ou das suas relações, em geral, ao longo da incumbência que

10 SALICRÚ Y LLUC, 2008, 473; ECHEVARRIA, 2013, 82 11 SALICRÚ Y LLUC, 2008, 479. 12 SALICRÚ Y LLUC, 2008, 481-482. 13 SALICRÚ Y LLUC, 2008, 487. Em Castela parece não se verificar uma realidade similar na atividade diplomática com Granada. De resto, os mediadores culturais situam-se noutros limites societais, que não os da minoria muçulmana do reino, nomeadamente antigos cativos, membros da guarda mourisca do rei muçulmanos entretanto convertidos ao cristianismo – ou, ainda, membros de linhagens castelhanas ou oficiais régios de fronteira - Cf. ECHEVARRÍA, 2013. 14 SALICRÚ Y LLUC, 2015: 435 15 Cf. ECHEVARRÍA, 2013.; SALICRÚ Y LLUC, 2007. 16 Veja-se, por exemplo, o caso de Iucef Xupió, cujos serviços do filho, Ahmed, morador em Túnis, foram requeridos por Fernando I de Aragão - SALICRÚ Y LLUC, 2008, 491. 17 Sobre alguns exemplos das redes de comerciantes-embaixadores de Aragão no Egito, ver COULON, 2015, 517-518.

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lhes foi cometida, como perseguem um pretendido efeito psicológico junto dos poderes com que negoceiam. Trata-se, pois, de utilizar a própria sociedade de fronteira do Mediterrâneo (no seu sentido cultural mais amplo) na negociação política entre os diferentes poderes dessa mesma sociedade. Alguns aspetos terão, contudo, que se relativizar nesta análise, relativamente à minoria muçulmana. Um primeiro, que a sua atuação como representantes da coroa de Aragão não encontra eco no reino de Castela, nem nos contactos com o Oriente. Com efeito, nas relações diplomáticas aragonesas com o sultanato mameluco, vitais para a questão comercial, são utilizados apenas cristãos, homens da corte, nobres, oficiais régios ou comerciantes de longo trato, como, neste último caso, o fazem também as cidades italianas. E se, em 1290, um judeu, David b. Hasday, médico, conselheiro e secretário do monarca acompanha uma representação diplomática aragonesa ao Cairo, nenhum muçulmano de Aragão se regista nestas deslocações18. Como foi referido, de resto, essas ações diplomáticas dos agentes muçulmanos de Valência limitavam-se apenas ao reino de Granada, com o qual a mediação cultural e linguística era síncrona, mas sem monopolizar o conjunto das ações diplomáticas nesse domínio. Um segundo aspeto, remete para a figura destes agentes diplomáticos. Homens de confiança do rei, com o qual se estabeleceu um «tácito consenso mútuo e um conveniente intercâmbio de interesses e favores, serviam lealmente a Coroa, que os recompensava com um tratamento privilegiado»19. A escolha destes muçulmanos que privilegia Valência, justifica-se também, pela importância económica da cidade e das suas elites. Assim, se os Bellvís estão ligados à administração régia, já o caso dos Xupió e dos Ripoll, remete, como a de outros representantes diplomáticos, para as atividades mercantis20. 2. Esta excecionalidade valenciana não se projeta nos demais reinos ibéricos. Não obstante, no reino português algumas referências pontuais remetem, igualmente, para a questão da representação diplomática de muçulmanos face aos poderes islâmicos. A Gran Crónica de Alfonso XI menciona o caso menos dúbio desta atividade: o envio, pelo rei português Afonso IV, do seu azemilero mayor, Mestre Ali, ao sultão merínida, «a rogar que le acorriese a ayudar a defender su rreyno, e que si lo fiziese que por tienpos de su vida gelo ternía en grado». Não obstante, o sultão recusaria a proposta, alegando um

18 COULON, 2015, 512-513. 19 SALICRÚ Y LLUC, 2008, 494 20 SALICRÚ Y LLUC, 2008, 490-494.

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período de tréguas com Afonso XI de Castela21. Segundo a fonte, o episódio ter-se-ia verificado depois da derrota do almirante Manuel Pessanha, ocorrida em 21 de julho de 1337 na costa algarvia, que levaria mesmo à sua captura pelos castelhanos22. Esta periodização é consentânea com os parcos dados da documentação portuguesa sobre esta personagem. Assim, a 17 de dezembro do mesmo ano, Afonso IV faz doação a Mestre Ali, seu estribeiro, de uma granja em Muge (termo de Santarém), que fora do Mosteiro de Alcobaça e incorporava casa, vinha, olival e um lagar, para aí criar suas éguas, potros e gado; a 26 do mesmo mês, era outorgada a essa propriedade, por pedido do seu detentor, a isenção do serviço de aposentadoria23. A coincidência do nome, a designação de estribeiro, e a própria cronologia dos privilégios, que se explicariam pelo desempenho da referida missão diplomática, induzem à identificação deste indivíduo com o mestre Ali enviado do monarca ao Norte de África. As demais referências são incertas, podendo ser conotadas com esta personagem ou com um seu homónimo, físico do rei, no mesmo período considerado24. Apenas em finais do séc. XIV se mencionará um outro serviço ao rei por parte de um muçulmano, sem, no entanto, se especificar a sua natureza. Em 1391, D. João I que comprara seis mouros e os colocara sob guarda das autoridades da comuna muçulmana de Lisboa, ordena que os mesmos fossem entregues a Mafamede de Avis, seu servidor. Quatro deles seria para os conduzir a Terra de Mouros e aí os comutar por outros tantos cristãos cativos; os dois restantes, Mafomade Alfaie e Azmede, ambos de Granada, «pera levar a El Rey de Graada em serviço»25. Esta última referência, embora lacunar, parece apontar para uma missão diplomática ao reino granadino, num período marcado, uma vez mais, por guerra com Castela. A importância que é dada aos muçulmanos cativos desse reino, nomeando-os, ao contrário dos demais, e a enigmática alusão ao serviço do sultão de Granada, parece comportar um significado diplomático, que passaria pela oferta dos dois homens como preâmbulo de um acordo similar ao que se propunha com Mestre Ali, o de uma aliança contra Castela. Embora nada mais se possa adiantar sobre esta missão, alguns elementos, contudo, parecem situar a figura desse emissário, membro da elite comunal de Lisboa, no contexto

21 GRAN CRÓNICA DE ALFONSO XI, 1997, II, 191. Esta informação não é consignada no artigo de LALANDA, 1989, sobre a política externa de D. Afonso IV. 22 GRAN CRÓNICA DE ALFONSO XI, 1977, II: 191; Cf. MARTINS, 2005, 62-63. Este autor, contudo, referencia o pedido de auxílio aos merínidas como anterior ao deflagrar do conflito (MARTINS, 2005, 3031). 23 MARQUES; RODRIGUES, eds., 1992, docs. 87-88, 166-167. 24 Sobre estes elementos ver BARROS, 2007b, 325-326. 25 BARROS, 2007b, 326.

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da administração régia (justificando, de resto, a designação de servidor do monarca). O seu nome surge também num outro documento, não datado, em que D. João I encomenda a vários muçulmanos da mesma cidade um levantamento do direito sucessório islâmico ou, dito de outra forma, parte desses direitos que o monarca tinha direito de herdar - tarefa cometida a mestre Bucar, ao capelão Apfeme ou Brafome, a Faras e, justamente a Mafamede de Avis26. A ligação com o rei e a Corte parece perpetuar-se dentro da mesma família. De facto, a partir de 1414 é referenciado um Mafamede de Avis, o Moço, provavelmente filho do anterior, personagem, ou personagens com o mesmo nome, amplamente documentadas até 1476. Os privilégios que lhe são concedidos pelo monarca na primeira data, sendo posteriormente confirmados em 1454, incidem na isenção total de serviços e tributos à comuna, ao concelho e ao rei, justificando-se «porquanto o nos [o rei] avemos em nossa guarda e encomenda e sob nosso defemdimento a ell e todas suas coussas»27. Em 1451, são-lhe outorgados todos os bens de Brafome de Santarém que, acusado num processo de falsificação de privilégios, fugira para Castela. Propriedades que, de resto, serão cedidas, ainda no mesmo ano, ao infante D. Henrique, em troca de um empréstimo monetário. Entretanto, deve ter caído em desgraça, pois em maio de 1452 é-lhe perdoado o degredo, em Arronches, pelo facto de ter enviado um homem a combater na batalha de Alfarrobeira28. A sua recuperação na confiança do soberano deve ter sido marcada pela confirmação dos privilégios, em 1454, verificando-se, a partir daí, um percurso administrativo ascendente. Assim, desempenha pelo menos por três vezes o cargo de alcaide da comuna de Lisboa: em1457, por um período de dois anos, em 1459, por um ano, e em 1462, por três. Pelo menos na segunda data, sê-lo-á por nomeação régia (e não por eleição do comum), fundamentando o rei esta opção por pedido dos «vereadores procurador e homens boons da dicta comuna e outros mouros dos milhores della»29. Em setembro de1466, é nomeado coudel, numa justaposição curiosa deste cargo com Çaide, que fora nomeado em fevereiro de 1465, e Caçome de Santolai, que o será também em maio de 1466, todos por um período trienal. Como quer que seja, o desempenho parece ter sido conjunto, já que, em maio de 1476, a nomeação recai sobre um cristão, Manuel

26 BARROS, 2007a, 399. 27 BARROS, 2007a, 697. 28 BARROS, 1998, 45-46. 29 BARROS, 2007a, 359-360.

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Pestana, cavaleiro da casa do rei, porquanto, refere o documento «os mouros que o dicto oficio de nos tinham acabarom de servir o tempo da sua carta»30. O percurso dos homónimos Mafamede de Avis (o Velho e o Moço, pelo menos) parece, pois, contemplar, como se verifica com os valencianos Bellvís, uma especial ligação à administração régia, embora numa escala menos significativa, dada a ausência de um alcaide-mor dos muçulmanos em Portugal, ao contrário do que se verifica na Coroa de Aragão. 3. Os serviços ao monarca em território islâmico constituem-se numa referência continuada no que à minoria muçulmana se refere, sobretudo no âmbito da expansão do séc. XV. Não obstante, o conceito revela-se amplo e, em alguns casos, mesmo, com um sentido inescrutável31. A documentação não menciona nenhuma posterior missão diplomática destes agentes, com uma única exceção que, apenas recai, com algumas reservas, nesse conceito. Um manuscrito, preservado na Biblioteca Nacional de França (BNF, Ms. 4440), conserva um treslado de uma carta, dirigida pelos muçulmanos de Lisboa ao sultão mameluco Īnāl (857/1453-865/1461), datada de rabi’ II 658 – abril de 1454. Inserida numa recolha de documentos, geralmente designada pelo termo munša’āt (recolhas de inšā’, de redação), estas cópias, reunidas pelos próprios secretários mamelucos, ou por eles selecionadas em arquivos, têm como objetivo servir de modelo para os propósitos da chancelaria32. O manuscrito de Paris, composto de 210 fólios, é provavelmente, obra de um secretário em atividade até ao início do reino do sultão Qāytbāy (872/1468901/1496)33. A segunda parte34 contém um conjunto de missivas que constituem um testemunho das relações diplomáticas entre o estado mameluco e os demais poderes islâmicos, nos reinados de Ǧaqmaq (842/1438-857/1453), Īnāl (857/1453-865/1461) e Ḫušqadam (865/1461-872/1467). Os otomanos (13 cartas, 4 recebidas e 9 expedidas) e os timuridas (10 cartas, 4 recebidas e 6 expedidas), destacam-se nesta relação epistolar, que passa, contudo, por uma variedade de poderes, nomeadamente o principado dos Qarā 30 BARROS, 2007a, 415-416. Algumas outras referências documentais contemplam esta(s) personagem(ns): em 1464, mencionando-o como sogro do oleiro Bonombre (BARROS, 2007a, 471) e, em 1471, figurando como testemunha de um contrato de casamento de muçulmanos de Lisboa (BARROS, 2014A, 561). 31 Veja-se, por exemplo, o caso de Jufez, muçulmano de Lisboa, a quem D. Afonso V outorga licença para viver em Terra de Mouros, voltando livremente ao Reino quando lhe aprouver, «porquanto esperamos que aja de tornar a nossos Regnos com alguumas cousas de noso serviço e per esta para sempre lhe seguramos sua pessoa mercadorias e cousas que consigo trouxer e leuar» (1469-05-20) – Arquivo Nacional da Torre do Tombo (doravante ANTT), Chancelaria de Afonso V, livro 31, fl. 43. Para outros elementos ver BARROS, 2007a: 438-439. 32 BAUDEN, 2007, 3 33 BAUDEN, 2007, 6. 34 Para a descrição do manuscrito ver BAUDEN, 2007, 5-6.

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Qoyunlu, os hafṣidas de Tunes, os Qaramānidas de Konya, o emirado ayyūbida de Ḥiṣn Kayfā (vassalo dos mamelucos), o sultanato rasūlida du Yémen ou o reino nasrida de Granada – este último reduzido a duas missivas com pedido de ajuda militar, nunca concretizado35. Entre estes treslados, insere-se, significativamente, o da referida missiva dos muçulmanos de Lisboa (fls. 58 v.- 60)36, a única que, de facto, não se relaciona com a diplomacia entre poderes políticos islâmicos37. Indiretamente - porque a perceção do anónimo secretário, responsável por esta compilação, não é de facto, essa, razão pela qual a inseriu nessa coletânea, numa motivação que atenta, igualmente, no que seria considerado como uma expressão escrita modelar deste tipo de missivas. A missão desses muçulmanos, conforme é declarado no documento, emana do soberano português, Afonso V. Assim, depois das extensas fórmulas rituais de saudação ao Sultão Īnāl e da identificação dos seus remetentes, os seus escravos/servos ġurabā’, muçulmanos moradores em Lisboa e nos seus arredores, estes explicitam a razão da carta. O rei de Portugal recebera queixas do clero de Jerusalém pela destruição dos lugares de peregrinação e da proibição de reconstruir ou restaurar as suas igrejas, muitas das quais tinham sido mesmo transformadas em mesquitas. Solicitavam, por isso, ao monarca que retaliasse sobre os muçulmanos do seu reino, destruindo-lhes os seus lugares de culto e impedindo-os de praticar a sua religião. Estes muçulmanos tinham sido, então, coagidos pelo rei a escrever ao Sultão no sentido de encontrar uma solução para o problema, rogando-lhe que, embora sem conceder novos privilégios aos cristãos, lhes permitisse, contudo, reconstruir as suas igrejas. Para o efeito, enviavam dois homens, eruditos no Corão e de nobre ascendência, os faqīh/s Abū al-‘Abbās b. Aḥmad b. Muḥammad alRu‘aynī e Abū ‘Abd Allāh Muḥammad b. Aḥmad al-Wandājī38, os emissários desta carta. O escatocolo da missiva conclui com a data, rabi’ II 658 (abril de 1454)39. Todo o discurso da missiva corresponde a um necessário alinhamento com o dār alIslām. As fórmulas de saudação e de bendição do sultão, ocupam a primeira parte, e a mais extensa, sendo apodado, entre outros epítetos laudatórios, de califa de Deus na terra40. Segue-se a identificação destes muçulmanos, os seus pobres escravos/servos

35 BAUDEN, 2007, 7-9 36 Parcialmente traduzido por COLIN, 1935-1940, 201-203. 37 Cf. quadros finais de BAUDEN, 2007, 15-25. 38 Colin interpreta como al-Wandāḥī – COLIN 1935-1940, 203. 39 BNF, Ms. 4440, fls. 58 v.- 60. 40 BNF, Ms. 4440, fl. 58 v.

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ġurabā’41, que seguem a religião de Muḥammad, precisando-se, depois, serem os servos da cidade de Lisboa e seus arredores, que vivem entre os infiéis e adoradores de ídolos42. Apenas no caso dos emissários destes muçulmanos, cuja valorização logicamente se propugna, se sai deste registo retórico de depreciação e de absoluta sujeição face ao Sultão – escravos/servos, porque numa situação anormal, de submissão em terras cristãs; ġurabā’ (sing. ġarīb), enquanto autoidentificação destes mudéjares face aos seus congéneres do mundo islâmico43. O vocábulo escravo/servo repete-se, uma vez mais, na parte final da missiva, quando se resume o teor da petição. Esta auto e hétero identificação possivelmente remete para uma consciente ausência dos termos rasūl (enviado) e qāṣid (emissário), que designam os portadores das cartas nos demais exemplos recolhidos neste manuscrito44. A estes, contrapõem-se tão somente os dois faqīh/s, sem outro designativo, que representam esses muçulmanos, numa perceção do carácter semioficial desta missão. O vocabulário, de resto, informa, noutros aspetos, do necessário alinhamento com os discursos retóricos do mundo islâmico. A hiperbólica plêiade de louvores e bendições ao sultão mameluco contrasta com o caráter despectivo das expressões que caracterizam os cristãos - assim na locução « que Deus os desampare »45, como no muito utilizado termo « lixo / refugo » que caracteriza os padres e monges de Jerusalém46 – repetido três vezes na carta – ou a própria honra do rei de Portugal e dos seus predecessores47. Nesta exposição, os escravos/servos e ġurabā’ justificam a sua situação, enquanto minoria estabelecida no mundo cristão. De facto, este contexto de permanência constituía uma temática amplamente abordada pelas autoridades islâmicas. A obrigação legal de emigrar é, contudo, em função das fontes que sobreviveram, a que parece dominar nesta época entre os jurisconsultos (sobretudo os malikitas), como o comprova, de resto a célebre fatwà de al-Wanšarīsī, emitida em 149148. Conscientes desta limitação, os muçulmanos de Lisboa alegam, em sua defesa, que, numa primeira fase, a conquista cristã do território implicara a expulsão dos muçulmanos e a proibição da prática religiosa assim como a chamada às orações, contrariamente ao que os poderes islâmicos haviam feito com os cristãos. Não obstante, a situação mudara, posteriormente, pelo que eles 41 BNF, Ms. 4440, fl. 59.

42 BNF, Ms. 4440, fl. 59. 43 Ver, sobre esta problemática: BARROS, 2015a, 28-31. 44 BAUDEN, 2007, 11. 45 BNF, Ms. 4440, fl. 59. 46 BNF, Ms. 4440, fl. 59. 47 BNF, Ms. 4440, fl. 59 v. 48 Ver: MILLER, 2008, Capítulo 1, especialmente pp. 27-28.

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ficaram no território, como amparo para os muçulmanos cativos e os pobres, e para os perseguidos, a quem ofereciam asilo49. E, embora muitos pretendessem sair do reino, não o podiam, contudo, fazer. Esta argumentação é retomada na fase final da missiva, especificando-se que a proteção concedida aos cristãos se devia ao califa ‘Umar b. AlHattāb e que, se bem que não se pudesse negar a misericórdia em que viviam em território cristão dele sairiam, se tal lhes fosse possível, apesar de, entretanto, terem libertado e auxiliado muitos prisioneiros muçulmanos50. Nesta exposição é, necessariamente, enfatizada a sua pertença ao dār al-islām, nas múltiplas referências e correspondentes louvores ao Profeta Muḥammad, e na expressão que justifica o auxílio do Sultão, pois, já que compartem a mesma religião e formam um mesmo corpo, este necessariamente sofrerá se um dos seus membros se encontrar doente. Enviam, pois, « dois eruditos do Sagrado Corão » e descendentes de famílias ilustres, os referidos faqīh/s Abū al-‘Abbās b. Aḥmad b. Muḥammad al-Ru‘aynī e Abū ‘Abd Allāh Muḥammad b. Aḥmad al-Wandājī, que levarão a carta com o pedido dos remetentes51. No seu conjunto, este discurso de alinhamento destes membros da minoria muçulmana do reino português (mais especificamente de Lisboa), com o poder mameluco do Cairo, revela-se consentâneo com os objetivos propugnados. Saliente-se, tanto o domínio das fórmulas protocolares – possivelmente devidas a um escrivão mameluco, se não mesmo o que copia este documento – como também o conhecimento do direito islâmico, que se justifica tanto na argumentação do que é ser muçulmano sob domínio cristão (respondendo, implicitamente, às fatwà/s que condenam esta situação), como à referência ao vulgarmente designado Pacto de ‘Umar, que iniciaria a ḍimma, ou seja o estatuto legal de proteção das minorias confessionais monoteístas. Neste sentido, de resto, a caracterização dos dois faqīh/s enfatiza a perceção que se pretende transmitir, a de uma minoria muçulmana que, não obstante, integra de direito, a ‘umma, a comunidade islâmica global. Por isso os seus representantes são faqīh/s (juristas), mas compartem, também, duas características fundamentais: uma ascendência ilustre, definidora da própria elite islâmica (ḥāṣṣa) e o domínio do conhecimento do Livro Sagrado. De facto, a perceção sobre a legitimada dos faqīh/s peninsulares divide, também (como a obrigação de emigrar, com que está intimamente conectada), os jurisconsultos do mundo islâmico, gerando-se uma ambivalência entre os rigoristas (que a não aceitam) e

49 BNF, Ms. 4440, fl. 59 v. 50 BNF, Ms. 4440, fls. 59 v- 60 51 BNF, Ms. 4440, fl. 59 v.

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os pragmáticos (que a matizam)52. Não obstante, uma rede de faqīh/s estende-se por toda a Península Ibérica, remetendo para o estudo e aplicação do direito islâmico nas comunidades ibéricas que, de Aragão se prolonga para o reino português53. O reforço retórico das proficiências dos dois emissários de Lisboa, responde, igualmente, a este provável obstáculo de reconhecimento das minorias muçulmanas pelos seus congéneres islâmicos54. 4. O contexto da missiva remete, em primeiro lugar, para a efetiva transformação sociológica da cidade de Jerusalém, no período considerado, com as consequentes implicações para o clero cristão. O Sultão Ǧaqmaq (842/1438-857/1453) publica, mesmo, um decreto que ordena a inspeção dos mosteiros cristãos, a demolição de construções recentes e a apreensão do túmulo de David, no qual inclusivamente, se exumaram os ossos dos monges aí enterrados55. A medida insere-se num paradigma de mudança, testemunhado por vários incidentes entre a maioria muçulmana da cidade e as suas minorias judias e cristãs. Em causa, estava a estrita interpretação do direito islâmico, que impedia novas construções ou reparações nos espaços confessionais das minorias, postura instigada por Šams al-Dīn (806/1403-873/1469), juiz hanbalita de grande prestígio, conhecido pelo domínio da língua árabe e do direito islâmico e por um pietismo militante56. A ele se deve, por exemplo, em 1452 a iniciativa de invadir a Igreja da Ressurreição, onde desmontou, com a população que o acompanhava, uma grade recentemente instalada, tendo levado a madeira, em triunfo para a Mesquita de al-Aqsā, ao som dos gritos de Allāh akbar e Lā illāh illà Llāh57. O que estava em causa não era o estatuto das minorias (ḍimma) propriamente dito, mas a reinterpretação desse mesmo estatuto, numa leitura que não apenas veiculava a interdição de construir novas igrejas e sinagogas, como também visava impedir a reparação das já existentes58 - pese a que os sultões mamelucos, nomeadamente Ǧaqmaq, tenham de facto autorizado várias reparações e reconstruções de edifícios cristãos 59. No entanto, a ação do hanbalita Šams al-Dīn, respaldado pelo apoio popular, insere-se na

52 MILLER, 2008, 29. 53 Para Aragão ver a análise geral de Miller, 2008; para Portugal, BARROS, 2015, 23-27. 54 Sobre a identificação de um destes emissários, Abū al-‘Abbās b. Aḥmad b. Muḥammad al-Ru‘aynī, ver BARROS, 2015, 30-33. 55 LITTLE, 1999, 89. 56 LITTLE, 1999, 73. 57 LITTLE, 1999, 75. Mais tarde será também ele o responsável pela demolição da cúpula de uma igreja nas proximidades da Basílica da Ressurreição, destruída por um terramoto em novembro de 1458 (LITTLE, 1999, 74) 58 Cf. sobre o direito dos ḍimmī : FRIEDMANN, 2012 59 LITTLE, 1999, 75.

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nova sociologia de Jerusalém, como uma cidade de militância islâmica, em que o pietismo se reflete numa vivência dependente de fundações pias e dos respetivos salários60. Estrutura-se, assim, uma outra islamização da cidade, como, de resto, do seu hinterland61 que remete para uma estrita interpretação das escolas jurídicas sunitas, gerando, consequentemente, continuados conflitos com judeus e cristãos, em todo o período mameluco62. Os muçulmanos de Lisboa respondem, pois, num contexto de plausibilidade, à ação política motivado pelas queixas do clero católico de Jerusalém aos poderes cristãos ocidentais, nomeadamente a Afonso V. A custódia franciscana da Terra Santa63 e a construção, na década de 1330, do Mosteiro franciscano do Monte Sião, pretensamente sobre o túmulo de David - devido aos esforços diplomáticos dos reis de Aragão e de Nápoles64 - legitimam uma intervenção continuada, a nível diplomático, sobre essa cidade. De resto, Afonso V mantém uma relação privilegiada com os franciscanos: no ano da sua morte, retira-se, justamente para o mosteiro franciscano de Varatojo, por ele fundado, no qual teria a intenção de se retirar65. Outro registo remete para a situação interna do reino, na relação do monarca com os seus mouros, nomeadamente os da cidade de Lisboa. O discurso da missiva, de total alinhamento com o dār al-Islām (que conduz mesmo a uma frase de depreciação do monarca português e da respetiva ascendência) não se articula com a realidade política do reino. Com efeito, não será por mero acaso que os dois enviados nesta missão sejam, justamente, faqīh/s desse centro urbano. É, exatamente, a partir dos legistas de Lisboa e do consequente foro dessa cidade que se constituirá o paradigma institucional aplicado, a partir do reinado de D. João I, às demais comunidades muçulmanas do reino, numa uniformização, favorável aos interesses monárquicos, baseada no direito islâmico66. É, de resto, também dessa comuna que, como foi referido, advêm algumas das personagens de confiança do monarca. Para mais, algumas inexatidões pautam o discurso retórica da missiva, como o argumento da impossibilidade de emigração dos muçulmanos de Portugal. Como nos demais reinos ibéricos, a mobilidade de judeus e muçulmanos será

60 GOITEN, 2007, 239 61 LUZ, 2002. 62 LITTLE, 1999. 63 Em 1291, o sultão mameluco outorga aos franciscanos a custódia da Igreja do Monte Sião, da Capela da Virgem no Santo Sepulcro, do túmulo de Maria e da caverna da Nativitidade, em Belém em troca de 32.000 ducats – LITTLE 1999, 87. 64 LIMOR, 2007, 223-227. 65 AUBIN, 2006, 223. 66 BARROS, 2015b, 25-27.

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controlada, a partir do séc. XIV, subordinando-se a sua saída do reino a uma correlativa licença régia. As ameaças do rei, de proibir a religião islâmica e de destruição das suas mesquitas, deve, pois, corresponder também ao mesmo registo, puramente retórico, para despertar a empatia e facilitar um resultado objetivo desta missão. De facto, nada na política de D. Afonso V parece apontar neste sentido, tanto mais quanto, em setembro do mesmo ano de 1454 o rei confirma as isenções tributárias de quatro tapeteiros muçulmanos da cidade67 e, em dezembro do mesmo ano, outorga um privilégio à comuna olissiponense68. Como quer que seja, e embora os muçulmanos enfatizem, na missiva, o facto de terem sido obrigados a escrever ao sultão mameluco pelo rei português, trata-se de uma iniciativa senão explicitamente diplomática, pelo menos para-diplomática que envolve negociação política de um poder junto a outro, estrangeiro. De resto, o protocolo da corte mameluca preconizava uma audiência privada com o sultão – no caso em que estes enviados fossem, efetivamente, por ele recebidos – em que os emissários transmitiriam a mensagem oral (mušāfaha) que deveriam confiar ao soberano, em nome dos seus senhores69. Aspeto que possivelmente estaria nos planos de Afonso V, transpondo as ameaças de um discurso escrito, para uma relação de um caráter mais amplo (nomeadamente comercial), inscrita apenas na oralidade. Embora se trate de uma mera hipótese, o facto é que nenhum estudo foi ainda consagrado às relações entre Portugal e os mamelucos. Apenas se regista uma referência neste sentido, que recua a 29 de janeiro de 1293, quando o sultão al-Ašraf Kalīl assina um tratado de paz e de aliança com os representantes dos monarcas de Aragão, Castela e Portugal70.

Não obstante, as condições e resultados desta missão são-nos desconhecidas. Noutra perspetiva, esta incumbência poderá ter iniciado e/ou prolongado um diálogo continuado que remete para a centralidade das minorias, de um e de outro lado do Mediterrâneo. De facto, logo no ano seguinte ao desta missiva, veio a Portugal o guardião do Mosteiro do Monte Sião, a quem D. Afonso V agraciou com uma esmola71. De resto, os contactos diplomáticos dos mamelucos com os poderes cristãos peninsulares intensificam-se com a progressiva conquista do reino de Granada e, posteriormente, com a chegada

67 Caçome Lobo, Caçome Láparo, Azmede Láparo e Azmede Galebo – ANTT, Chancelaria de D. Afonso V, Livro 15, fl. 97. 68 ANTT, Chancelaria de D. Afonso V, Livro 10, fl. 119 v. 69 BAUDEN, 2007, 12. 70 MARTÍNEZ MONTALVO, 1962, 375, nota 95. 71 AUBIN, 2006, 228, nota 28

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dos portugueses ao Oceano Índico, utilizando, sempre, como emissários representantes franciscanos da Terra Santa72. A mudança de paradigma sociológico da própria Península Ibérica, com a tomada definitiva de Granada e a posterior conversão forçada de judeus e muçulmanos, impele a uma contínua negociação centrada no periclitante equilíbrio do estatuto de minorias. Aspeto que Damião de Góis consigna na sua Crónica de D. Manuel, ao narrar as condições da expulsão/conversão forçada em Portugal. Ao mencionar a apreensão dos filhos dos judeus que saíssem do reino, alega que o mesmo se não verificou com os muçulmanos, por estes «ocuparem a maior parte da Ásia e da África e boa da Europa», podendo haver vingança «sobre os Cristãos que habitavam na terra de outros mouros (...) E esta foi a causa por que os deixavam sair do Reino, com seus filhos, e aos judeus não»73. Equilíbrio que, em última instância, pode, de facto, justificar de per se, a missão dos muçulmanos de Lisboa, como, posteriormente, a dos franciscanos da Terra Santa, obrigando, os diferentes poderes, ao envolvimento ativo desses elementos minoritários nas mediações diplomáticas estruturantes das suas próprias condições de vida. Em qualquer caso, em nome das minorias.

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72 Ver, para os Reis Católicos, Arié, 1962 e para o reinado de D. Manuel I de Portugal, Soyer, 2014 e Barros, 2015b. 73 GÓIS, 1926, 60.

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Ordoño Rodríguez de Villaquirán: Un procurador de la curia de Gil de Albornoz en la corte pontificia de Aviñón (1338-†1348) Francisco de Paula Cañas Gálvez

Resumen: En este estudio se aborda la figura y la trayectoria vital y curial de Ordoño Rodríguez de Villaquirán, uno de los servidores y diplomáticos más relevantes de la corte de Gil de Albornoz durante su etapa como arzobispo de Toledo. De sólida formación académica y evidentes dotes políticas, Rodríguez de Villaquirán constituye, sin duda, un ejemplo culminante en el largo proceso de formación y consolidación institucional de los cuerpos jurídicos, de procuradores y diplomáticos al servicio de los Primados de Toledo durante el periodo bajomedieval, todo ello en el contexto de una etapa particularmente compleja en el ámbito eclesial por el traslado de la curia pontificia a Aviñón, en lo político por el inicio de la Guerra de los Cien Años y en lo vital por la enorme incidencia de la Peste Negra, de la que nuestro protagonista fue una de sus víctimas. Palavras claves: Gil de Albornoz, arzobispado de Toledo, Castilla, Aviñón, servidores cortesanos, diplomacia

Abstract: This study deals with the figure and the life and curial trajectory of Ordoño Rodríguez de Villaquirán, one of the most important servants and diplomats of the court of Gil de Albornoz during his time as archbishop of Toledo. With a solid academic background and obvious political skills, Rodríguez de Villaquirán is undoubtedly a culminating example in the long process of formation and institutional consolidation of the legal corpus, prosecutors and diplomats at the service of the Primates of Toledo during the late medieval period, all this in the context of a particularly complex stage in the ecclesial field due to the transfer of the pontifical curia to Avignon, politically



Universidad Complutense de Madrid, [email protected] - Este trabajo forma parte del proyecto HAR2016-76174-P “Expresiones de la cultura política peninsular en las relaciones de conflicto (Corona de Castilla, 1230-1504)”, del programa estatal de Fomento de la Investigación Científica y Técnica de Excelencia, Ministerio de Economía y competitividad.

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for the start of the Hundred Years' War and vital for the enormous incidence of the Black Death, of which our protagonist was one of his victims. Keywords: Gil de Albornoz, archbishops of Toledo, Castilla, Avignon, court servers, diplomacy

La sabiduría del señor está representada en los mensajeros sabios, que hablan bien, que aconsejan bien, que saben hacer acuerdos; y la nobleza de señor está representada en los mensajeros que gastan honradamente sus fondos, que van bien vestidos, llevan un séquito bien dispuesto y preparado, y cuando los mensajeros y sus acompañantes no tienen avaricia ni ningún otro vicio. Todas estas cosas y muchas otras son necesarias a los mensajeros de un príncipe noble, a fin de que la embajada sea agradable al príncipe y a su corte, a quienes se han transmitido los mensajeros1.

Introducción Después de leer las líneas precedentes cabría preguntarse si cuando en 1338 Gil de Albornoz fue nombrado arzobispo de Toledo y comenzó a formar el grupo de oficiales, familiares, letrados, consejeros y, sobre todo, procuradores y diplomáticos que habrían de servirle en la curia primada, tuvo en cuenta los consejos que sobre estas cuestiones había dejado escritos Ramón Llull en su Félix o libro de Maravillas2. Así parece evidenciarlo el caso de Ordoño Rodríguez de Villaquirán, objeto del presente trabajo, servidor con una trayectoria envidiable como procurador de Albornoz en Aviñón y con un perfil profesional y humano ajustado en líneas generales a lo que el autor mallorquín determinó como propio de un buen diplomático. Todo parece encajar. Sabemos que Llull conocía muy bien el mundo cortesano después de haber servido al infante Jaime de Aragón, futuro Jaime II de Mallorca, primero como paje y más tarde en calidad de senescal y mayordomo mayor de su Casa, cargos, sobre todo el segundo, cuyo desempeño le convirtieron en una referencia en cuestiones áulicas aragonesas con las que el joven Gil de Albornoz bien pudo familiarizarse desde muy pronto por la ascendencia aragonesa de su madre 3, la estrecha relación de su padre con la corte de Alfonso XI y, sobre todo, durante su

1 LLULL, 2016, Cap. XLI, 188-189. 2 Escrito entre 1287-1289, durante su primera estancia en París. LLULL, 2016, XLIV. 3 Teresa de Luna, del poderoso linaje de los Luna aragoneses. SÁEZ, TRENCHS, BAÑARES, 1979, 13. MOXÓ Y MONTOLIU, 1990.

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etapa de estudiante bajo la supervisión de perito Egidio en la corte de su tío materno Jimeno de Luna en los años en que este fue obispo de Zaragoza (1296-1317)4 y, posiblemente en los primeros meses del pontificado zaragozano de Pedro López de Luna, sobrino de don Jimeno5. Su posterior estancia en Montpellier6, donde alcanzó el grado de doctor en cánones, su regreso a Castilla, coincidente con la llegada a la mitra toledana de su gran mentor, el mencionado Jimeno de Luna (1328-1338), y su incorporación al consejo de Alfonso XI, con la consiguiente toma directa de contacto con los ámbitos cortesanos más elitistas y la evidencia del papel relevante que muchos letrados y oficiales comenzaban a tener en la toma de decisiones de la Corona, terminaron por hacer de Albornoz un eclesiástico con una clara consciencia del relevante papel político que suponía la creación de un espacio áulico sólido y eficaz en el ejercicio del poder. Aunque significativo, el caso de Albornoz no fue, sin embargo, un ejemplo aislado durante la primera mitad el siglo XIV. Aquel impulso curial coincidía con un momento de desarrollo en el proceso evolutivo de los ámbitos curiales regios, nobiliarios y episcopales que por entonces se estaba consolidando en tierras peninsulares y en el resto de Europa occidental. Por aquellas mismas fechas, por ejemplo, el obispo abulense Sancho Blázquez Dávila (1312-1355), había conseguido articular todo un aparato curial de gran eficacia operativa que le resultó indispensable en su labor de gobierno de su diócesis y rentas particulares y, muy principalmente, en su papel político en la corte real castellana7, mientras que los prelados aragoneses de aquel periodo procedían con idénticas directrices áulicas, principalmente en lo concerniente al modelo de gestión burocrático-administrativa8, todo ello siguiendo el modelo de la corte pontifical de Aviñón, por entonces verdadero referente de la vida curial en el ámbito clerical9.

4 SÁEZ, TRENCHS, BAÑARES, 1979, 18-221. RIVERA RECIO, 1969, 81-83. 5 SÁEZ, TRENCHS, BAÑARES, 1979, 18. 6 Se ha apuntado la posibilidad de haber realizado sus estudios en Tolosa, Valence o París. Sáez, Trenchs y Bañares consideran que esta etapa de formación la pasó en Montpellier. SÁEZ, TRENCHS, BAÑARES, 1979, 20. 7 CAÑAS GÁLVEZ, 2015, 133-157. 8 CÁRCEL ORTÍ, 1991,1992, 1993, 1998, 1999, 2000-2002, 2005, 2007, 2011 y PUEYO COLOMINA, 1989, 1991, 2003. 9 CHRISTOPHE, 1853. FAVIER, 2006. Para los aspectos áulicos de la corte de Aviñón véase GUILLEMAIN, 1962.

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La Casa y Corte que Gil de Albornoz logró configurar durante su pontificado toledano10 supuso un punto culminante en el largo proceso de formación de los espacios áulicos de la sede primada tras la restauración de la diócesis en 1086, la posterior separación en el siglo XII de las mesas capitular y arzobispal, con el consiguiente desarrollo del aparato curial de la Casa y Corte del Primado y su consolidación en tiempos de Rodrigo Jiménez de Rada (1204-1247), siendo, a su vez, el punto de arranque de un nuevo proceso de maduración de estos mismos ámbitos que concluiría a finales del siglo XV, durante los pontificados de Pedro González de Mendoza (1482-1495) y, muy principalmente, Francisco Jiménez de Cisneros (14951517) en el marco de un nuevo periodo de transformaciones y evoluciones curiales en concordancia con las nuevas necesidades políticas, administrativas y representativas de los primados toledanos renacentistas11. Centrándonos ya en el ámbito de los procuradores y diplomáticos, hay que señalar que las fuentes legislativas medievales castellanas equiparan en funciones y perfiles personales a un importante grupo de servidores que tenían como objetivo principal representar al rey, el arzobispo o algún noble ante otras personas o instituciones de poder. Las Partidas alfonsíes nos hablan de mandaderos, personeros y en menor medida procuradores cuando hacen referencia a estos servidores. De los primeros, por ejemplo, se asegura que eran aquellos que «… envía el rey á algunos homes á quien non puede decir su nombre por palabra ó non puede o non quiere enviárgelo decir por carta…»12, mientras que el mandadero era quien «… recabda o face algunos pleitos o cosas agenas por mandado del dueño dellas» y «…tiene este nombre porque representa la persona de otro…»13.

10 En el momento de su salida de Castilla en 1350, en la Casa de Gil de Albornoz se documentan cerca de 50 oficiales, servidores y familiares repartidos entre los siguientes cargos y dignidades: varios camareros, capellán y diferentes clérigos, casero, comensales, consanguíneos, familiares y dilectos, correos y emisarios, donceles, físico, juez de la corte arzobispal, escribanos y notarios de la corte arzobispal, distintos letrados y jurisperitos, procuradores en la corte pontificia y un vicario. Una estructura similar en su estructura institucional, aunque menor en el número de sus efectivos y oficios, a la que por entonces ofrecía la corte pontificia de Clemente VI, integrada por «Advocati, auditores, bullator, camerarius, capellani papales y capellanus commensalis, aliotus lucii, colectores, cursores, domicellus, familiares ecclesiastici, familiares laici, magister ostiarii, marescallus curiae, marescallus gentis armigerae ecclesiae, notarii, físico, poenitentiarii, escriptores, secretarii, servientes armorum y thesaurarii». DÉPREZ, MOLLAT, 1960, 17-18. Con respecto a la corte de Clemente V, véase GUILLEMAIN, 1951. Una visión completa de la corte de los papas en Aviñón en GUILLEMAIN, 1962. También Offices, 1995. 11 CAÑAS GÁLVEZ, 2018. 12 Siete Partidas de Alfonso X de Castilla, Partida II, Título IX, Ley 21.

13 Siete Partidas de Alfonso X de Castilla, Partida III, Título V, Ley 1.

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En ambos casos se trataba, según afirman las Partidas, de oficios « muy grandes e mucho honrados » cuyo acceso y desempeño quedaron bien regulados en el siglo XIII. Se exigía que los candidatos fueran «… de buen lugar, leales, entendidos, usar de buen lenguaje y reservados, porque si no hablasen bien, no sabrían explicar lo que les mandasen». No deberían «… codiciar cosa alguna (ni pedirla) hasta que hayan vuelto de donde su señor les envió, pues de este han de recibir la recompensa de sus trabajos», además de ser mayor de 25 años y, en el caso de los oficiales reales, haber sido con anterioridad adelantado, juez o escribano mayor, quedando excluidos de su ejercicio los locos, desmemoriados, mudos, sordos, los imputados en alguna causa «mientras durase su acusación», las mujeres, personas mayores, enfermos y los religiosos, matizándose en este último caso, «sino en cosas pertenecientes a su orden y aun entonces debe hacerlo con consentimiento de su superior»14. Las Partidas aconsejaban que ni el rey, infante heredero, ricos-hombres, señores de caballeros, maestres de las órdenes militares, grandes comendadores y, lo que más nos interesa ahora, obispos y arzobispos, litigasen «por sí» y sugerían que fueran los personeros quienes se encargaran de tales labores15. En lo referente a los procuradores Domínguez Sánchez asevera que este término deriva de la palabra latina procurator (curator pro) que etimológicamente significa el que cuida los intereses de otro. Este autor habla de dos tipos de procuradores in romana curia: por un lado, los procuratores ad negotia, enviados a la corte papal para tratar asuntos diversos y trabajar en la cancillería pontificia para obtener determinados documentos, este sería el caso de Ordoño Rodríguez de Villaquirán, aunque sus gestiones, como veremos más adelante, ante la cámara apostólica le incluirían también el grupo de los procuradores ad promittendum y ad solvendum16; por el otro, los procuratores ad iudicia, encargados de los asuntos judiciales ante la Audiencia papal con la intención de lograr las pertinentes cartas de sentencia17. Berthe, sin embargo, amplía notablemente la tipología de los procuradores franceses durante la estancia de los pontífices en Aviñón con una extensa variedad de tipos que fueron respondiendo a necesidades concretas de cada momento: ad impretandum y ad contradicendum (en la cancillería y audiencia pontificia), ad agendum (en La Rota), ad promittendum y ad solvendum (en la cámara apostólica),

14 Siete Partidas de Alfonso X de Castilla, Partida III, Título V, Leyes 5 y 8. 15 Siete Partidas de Alfonso X de Castilla, Partida III, Título V, Ley 11. 16 BERTHE, 2014, 133-138. 17 DOMÍNGUEZ SÁNCHEZ, 2007, 27, 28.

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ad causas (corte de justicia), ad visitandum, ad obligandum, ad resignandum, ad offerendum, ad supplicandum y ad petendum pallium18. Va a ser en ese contexto de desarrollo extraordinario de la diplomacia y del papel creciente de los letrados que la ejercieron en el marco de la monarquía pontificia aviñonense y el inicio de la Guerra de los Cien Años en el que debemos encuadrar la trayectoria de Ordoño Rodríguez de Villaquirán, Clericus et familiaris et procurator de Gil de Albornoz, ejemplo culminante del procurador in romana curia19, una figura institucional perfilada ya durante la celebración del III Concilio de Letrán en 1215 20, que alcanzaría su esplendor, como acabamos de señalar, en los contextos políticos y religiosos de mediados del siglo XIV. 1. Algunos apuntes sobre los primeros procuradores al servicio de los prelados toledanos (1229-1350) En el caso toledano los procuradores arzobispales hacen su aparición21, o al menos la documentación conservada así lo viene a confirmar, durante el pontificado de Rodrigo Jiménez de Rada (1209-1247), un periodo coincidente en sus años iniciales con la celebración del mencionado III Concilio de Letrán. Como tales figuraron Bartolomeus de Arguedis (1229) y Bernardo (1241) ante Gregorio IX, y Vivianus (1242) y Petrus Gaietanus (1246) ante Inocencio IV22. Los perfiles de estos primeros procuradores arzobispales fueron evolucionando desde los dos modelos iniciales antes mencionados hacia otros más adecuados a las circunstancias religiosas, económicas y políticas de cada momento. Así, las crecientes necesidades de dinero de los prelados toledanos dieron lugar a la aparición ya desde el siglo XIII de un grupo de procuradores especializados en la negociación de diferentes operaciones financieras ante mercaderes y banqueros23. En abril de 1274 sabemos que Pedro Jiménez actuaba como procurador del arzobispo Sancho de Aragón y cerraba un pleito sobre un préstamo de 270 marcas hecho al primado por los mercaderes florentinos de la Sociedad Ammannati24. Unos años más tarde, otro procurador llamado Raymondo de Bordellis, mercader de Montpellier, fue el responsable de la 18 BERTHE, 2014, 77-154. 19 Sobre los procuradores hispanos y franceses en Roma y Aviñón durante los siglos XIII y XIV remitimos a los trabajos, con abundante bibliografía complementaria, de GUILLEMAIN, 1962, DOMÍNGUEZ SÁNCHEZ, 2007, BERTHE, 2011, 2014. 20 DOMÍNGUEZ SÁNCHEZ, 2007, 27. 21 Un listado de estos procuradores hasta finales del pontificado de Albornoz en 5. Apéndice. 22 DOMÍNGUEZ SÁNCHEZ, 2007, 218, 220, 221. 23 BERTHE, 2014, 133. 24 Archivo de la Catedral de Toledo (en adelante ACT), A.7. C.1.11.

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tramitación de varios préstamos concedidos al arzobispo Gonzalo Díaz Palomeque entre los años 1301 y 130525. En otros casos se encargaron de la obtención de determinados documentos de carácter contable. En 1300, por ejemplo, consta que el procurador Sancho Domínguez consiguió una copia notarial de la carta de pago firmada por Los Clarentini, mercaderes de Pistoya, al arzobispo Gonzalo Díaz Palomeque de 2.995 libras tornesas como primera paga de la deuda contraída por el prelado con los dichos mercaderes, a cuenta de las 1.605 marcas entregadas26. Como apuntábamos más arriba, la creciente actividad diplomática del periodo ocasionó la aparición a partir del siglo XIII, y muy especialmente durante el XIV, de diferentes modelos de procuradores expertos en cuestiones políticas. Así, sabemos que en febrero de 1293 un grupo de procuradores fue enviado por el arzobispo Gonzalo García Gudiel al arzobispo de Santiago para que le fueran leídas dos cartas por las que se lanzaba excomunión y entredicho contra el prelado gallego por haber ido con cruz alzada por Segovia y Palencia27. En esta misma línea de actuación se debe incluir el nombramiento en febrero de 1316 de Fernando Gutiérrez, obispo de Córdoba, y Diego González, arcediano de Calatrava, como procuradores del arzobispo Gutierre Gómez y el cabildo primado para que en su nombre, y junto a los demás representantes de la iglesia castellana, compareciesen en la en la congregación convocada en Medina del Campo28. Dentro de esta amplia diversificación sobresale el llamado procurador general en la tierra de moros que en 1322 servía al arzobispo Juan de Aragón en los asuntos referentes al control político-militar fronterizo en el Adelantamiento de Cazorla, cuya jurisdicción pertenecía a los primados toledanos desde el siglo XIII29. En el ejercicio de este cargo, en febrero de 1322 Domingo Alonso donaba una dehesa por orden del primado a la villa de La Iruela30. Las procedencias geográficas de los procuradores fueron también variadas. Aunque la mayoría de los procuradores documentados al servicio de los primados toledanos constan como castellanos, no faltan tampoco los extranjeros, algunos de

25 ACT, Z.11.B.3.15; O.8.G.1.95; O.1.K.1.19; y Z.11.B.3.4. 26 El valor de la marca fue de 4 libras y 3 sueldos torneses pequeños. ACT, A.7.H.1.22. 27 1293, febrero, 26. Fuentes del Duero. ACT, X.8. C.1.4. Finalmente, el acto de lectura fue impedido violentamente por el prelado compostelano y sus criados. 28 1316, febrero 12, Toledo. ACT, O.3.C.1.93. 29 GARCÍA GUZMÁN, 1985 y 2006. 30 1322, febrero, 5. Cazorla. ACT, Libro de Obra y Fábrica 915, f. 124r-v. GARCÍA GUZMÁN, 1991, 18-19, doc. 34.

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ellos, incluso, al servicio de varios señores. Este podría ser el caso del italiano Blasius de Agnani, italiano, que prestó sus servicios como procurador del arzobispo Gonzalo García Gudiel ante Martín IV en 128131 y del clericus, también transalpino, Andrea de Setia que sirvió a los arzobispos Gonzalo García Gudiel y Gonzalo Díaz Palomeque ante la corte romana durante los pontificados de Nicolás III y Bonifacio VIII (1280-1302) y también al servicio de Pedro III de Aragón (1280), el obispo de Gerona (1282) y el cardenal Albona ante Bonifacio VIII (1298)32. Petrus Berengarii, por su parte, fue procurador al arzobispo toledano Sancho de Castilla y a la vez del monasterio de Poblet y el rey de Aragón ante el papa Alejandro IV (1258)33. Unos años más tarde, en julio de 1307, Martín Rodríguez de Valladolid actuaba como procurador del arzobispo Gonzalo Díaz Palomeque y la infanta Isabel de Castilla en la causa que ambos mantenían ante el papa34. Esta amplia variedad de procuradores parece atenuarse durante el pontificado de Gil de Albornoz, una carencia achacable, quizá, a las carencias documentales o al papel omnipresente de Ordoño Rodríguez de Villaquirán en este ámbito que, sin duda, eclipsó la labor, aparentemente más discreta, de los otros procuradores de don Gil: Juan González (1339), Juan Martínez (1340), Juan Pérez del Calvo (1344-†1345) y Velasco Alfonso (1350). 2. Rodríguez de Villaquirán y Gil de Albornoz 2.1. Formación universitaria y llegada a la corte arzobispal (ca. 1330-1339) Los primeros datos biográficos que tenemos de nuestro protagonista datan de sus años como estudiante de Derecho en Salamanca, muy probablemente a principios o mediados de la década de 1330 donde estudiaba leyes. Sabemos que por aquellas fechas se vio envuelto en un turbio asunto que a punto estuvo de obstaculizar seriamente su trayectoria eclesial y curial. Al parecer en un enfrentamiento con otro estudiante llamado Juan ambos llegaron a desenvainar sus espadas perdiendo este último los dedos medio y anular de la mano izquierda, mientras que un tal Pedro, que participó en la reyerta ayudando a Ordoño, sufrió la amputación del dedo meñique35.

31 DOMÍNGUEZ SÁNCHEZ, 2007, 231. 32 DOMÍNGUEZ SÁNCHEZ, 2007, 230, 234. 33 DOMÍNGUEZ SÁNCHEZ, 2007, 225, 230, 231, 234. 34 1307, julio 16, Alcalá de Henares. ACT, A.7.G.2.34. 35 «… quod ipse olim existens in studio Salamantin. et quidam socius eius Joannes nomine, operante humani generis inimico, devenerunt ad rixam, et evaginatis gladiis hinc et inde, dictus Ordonius dictum J. invasit, in qua invasione dictus J. duos manus sinistrae, videlicet medium et medicum, et nichilominus quidam alius Petrus nomine qui dicto O. in dicta rixa juvabat, auricularem occasionaliter digitos

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Consciente de las consecuencias que este grave suceso podría tener en su carrera, Ordoño lo ocultó. Así, en mayo de 1338 Benedicto XII, «super his dispensatione aliqua non obstenta, alias tamen rite», concedió a Ordoño, que por entonces ya figuraba como jurista y canónigo de Zamora, una canonjía con plenitud de derechos, prestameras y porciones prestimoniales en la iglesia de Sevilla, todo ello con un valor anual de 40 libras tornesas36 a las que habría que añadir, según asegura la posterior absolución dispensada del incidente estudiantil por Clemente VI en 1343, otras 25 más y otro canonicato con disfrute de prebenda y prestimonios en Palencia y posteriormente en Toledo y por último un beneficio simple en Peñalver, también la diócesis de Toledo37. Es muy probable que Albornoz hubiera conocido las capacidades de gestión, negociadoras y de domino del Derecho de Ordoño en 1338 o quizá antes, ello podría explicar la generosa concesión pontifica de mayo de aquel año, coincidente con la tercera visita de Albornoz a la corte de Aviñón y su ascenso a la mitra toledana38. Sea como fuere, las primeras evidencias documentales que confirman la vinculación de nuestro biografiado en la curia arzobispal datan, como seguidamente veremos, de los primeros meses de 1339. 2.2. Entre Toledo y Aviñón: gestión económica, acumulación de oficios curiales y visitas “ad limina” (1339-†1348) Aquel año de 1339 Rodríguez de Villaquirán visitó tres veces Aviñón por orden de Gil de Albornoz para resolver cuestiones administrativas y eclesiales tocantes al gobierno de la mitra toledana. Dada esta frecuencia de viajes y la distancia existente entre Toledo-Alcalá de Henares y Aviñón, unos 1.000 kilómetros siguiendo la ruta

_____________________________________________________________ amiserunt ». 1343, febrero, 17. Aviñón. Archivo Secreto Vaticano (en adelante ASV), Registra Supplicationum, 3, f. 43. Publicado por BELTRÁN DE HEREDIA, 1972, 349-350, doc. 42. 36 La concesión le fue también notificada al abad de Cervatos, en la diócesis de Burgos, al arcediano de Talavera, en la de Toledo, y a Martín González, canónigo de Segovia. 1338, mayo, 27. Aviñón. ASV, Registra Avenionensia, 85, fol. 264r-264v. ASV, Registra Vaticana, 126, fol. 104r-104v, ep. 204. Publicado por VIDAL, 1904, II, 46, doc. 5633. BEOLCHINI et al. (2011), 66, doc. 60. 37 «… et de his tacito, canonicatum ecclesiae Zamoren. sub expect. praeb. et praestimoniorum valor. annui quadraginta librarum Turonensium parvorum, secundum taxationem decimae auctoritate litterarum domini Benedicti praedec. vestri, quarum auctoritate, praedicta et praestimonia valoris quindecim librarum in dicta Zamoren. eccl. extitit assecutus, et alias viginti quinque libras expectat; et subsequenter de canon. sub expect. praeb. et praestimoniorum canonici in eccl. Palentin. et deinde de certis canonicatu et praeb. vacantibus in eccle. Palentin. et deinde de certis canonicatu et praeb. vacantibus in eccl. Toletan. auctoritate diversarum litterarum vestrarum sibi obtinuit provideri, et quoddam simplex benef. de Peñalver Toletan. dio. extitit assecutus. Toletan. dio. extitit assecutus». 1343, febrero, 17. Aviñón. ASV, Registra Supplicationum, 3, f. 43. BELTRÁN DE HEREDIA, 1972, 349-350, doc. 42. 38 TRENCHS ODENA, 1972, 270-271. BEOLCHINI et al. (2011), 66, doc. 60.

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aragonesa-catalana sugerida por Trenchs, con la gran cantidad de tiempo que se empleaba en cubrirlos y la obtención del correspondiente salvoconductos que debía conceder el rey de Aragón cuando atravesaban sus tierras39, cabría preguntarse si en realidad Ordoño permaneció todo aquel año en la curia pontificia recibiendo órdenes de don Gil a través de una correspondencia de la que tenemos noticias. Sea como fuere, en febrero de ese año queda documentada su primer servicio como procurador ad promittendum y ad solvendum del prelado ante la cámara apostólica. Como tal entregó, junto a otro procurador menos relevante del arzobispo llamado Juan González, el primer plazo de 4.000 florines (2.000 de ellos destinados a la cámara apostólica y los 2.000 restantes para el colegio cardenalicio, aunque no queda constancia de esta última asignación) del pago del servicio común que don Gil había prometido abonar en dos entregas40. Sus capacidades negociadoras y de gestión en cuestiones económicas, siempre delicadas, quedaron ratificadas en junio de 1339 al obtener una prórroga en el plazo del pago de la segunda mitad del ya mencionado servicio común del arzobispado de Toledo que expiraba a mediados de septiembre, aportando como razón que su señor el arzobispo debía abonar a finales de noviembre 3.000 florines correspondientes a la composición hecha con la cámara sobre los bienes muebles del arzobispo Jimeno en Toledo, cantidad, esta última, que finalmente hizo efectiva junto al también procurador en Aviñón Juan Martínez el 30 de noviembre de aquel año en el marco del tercer viaje a la corte pontificia del primado toledano41. En similares ocupaciones se le vuelve a documentar a Ordoño en mayo de 1340, fecha en la que ya aparecía como “discretum virum magister”42, información que nos sugiere la posibilidad del ejercicio de la actividad docente, quizá en la propia universidad salmantina donde se formó. Pagó entonces en nombre del arzobispo el segundo plazo del servicio común, comisión en la que le acompañó el mencionado Juan Martínez, ambos “clerocorum et familiarium” del primado43, y en septiembre de

39 Es conocido el salvoconducto que para el segundo viaje de Albornoz le extendió Alfonso IV de Aragón en diciembre de 1334. El séquito de don Gil estaba integrado en ese momento por un total de seis cabalgaduras. TRENCHS, 1972, 270. 40 1339, febrero, 1. Aviñón. ASV, Introitus et Exitus, 18, f. 10v. Ese mismo día, el camarlengo papal, Gasberto, entregaba a Ordoño Rodríguez y Juan González carta de pago de los 2.000 florines para la cámara pontificia. TRENCHS ODENA, 1972, 272, 281-282, docs. 6-7. 41 TRENCHS ODENA, 282, docs. 9-10. 42 1340, mayo, 19. Aviñón. ASV, Obligationes et Solutiones, f. 136v. DOMINGÚEZ SÁNCHEZ, 2007, 283, doc. 11. 43 1340, mayo, 20. Aviñón. ASV, Introitus et Exitus, 125, f. 13r. DOMÍNGUEZ SÁNCHEZ, 2007, 283 (doc. 12.). Ese mismo día, Gasbert, camarlengo papal, entregaba la correspondiente carta de pago de

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1344 en el acto de entrega a la cámara apostólica de la mitad de la cantidad de 1.800 florines de oro percibida en la visita pastoral a su diócesis44. Junto a estas labores de carácter administrativo ante la cámara apostólica, Rodríguez de Villaquirán realizó también en calidad de procurador de don Gil un total de 5 visitas “ad limina” a la curia pontificia: 28 de junio de 1339; 19 de mayo de 1340; 23 de junio de 1341; 26 de marzo de 1342; y 5 de octubre de 134445. La de 1343 la realizó el propio Albornoz, acompañado de Ordoño. No se sabe quién realizó la visita en 1345 ni quién fue la persona que presentó el rótulo de súplicas fechado el 20 de diciembre de aquel año, aunque Trenchs apunta a que fuera el propio Ordoño el responsable de todo ello46. Las visitas ad limina las debía verificar anualmente el arzobispo de forma personal o, como fue este caso, por mediación de un procurador47. Se trataba de una práctica eclesial obligatoria48 de importancia cuya realización estaba protagonizada por tres actos relevantes: visita a los sepulcros de los apóstoles Pedro y Pablo (en el caso de realizarse en Roma), visita al pontífice y, por último, presentación de una Relación sobre el estado de la diócesis49. En el caso de los arzobispos toledanos la primera de estas visitas realizada por un procurador data de tiempos del pontificado de Jimeno de Luna (1328-1338), fechas en las que parece que aún tenían carácter bienal50. Sabemos que en marzo de 1331, febrero de 1333 y febrero de 1335 esas visitas en nombre del arzobispo fueron realizadas por su procurador Raimundo de Polo, canónigo de Tarazona51.

_____________________________________________________________ dicha cantidad. ASV, Obligationes et Solutiones, 18, f. 91r. DOMÍNGUEZ SÁNCHEZ, 2007, 283, doc. 13. 44 1344, septiembre, 17. Aviñón. ASV, Obligationes et Solutiones, 19, f. 159r. TRENCHS ODENA, 2007, 284-285, doc. 17. En 1306 los arzobispos de Toledo obtuvieron del papa Clemente V permiso para que estas visitas pudieran realizarse a través de procuradores. 1306, junio, 20. Poitiers. ACT, A.7.H.2.3.a. 45 TRENCHS ODENA, 1972, 282-285, docs. 8, 11, 14, 15, 18. 46 TRENCHS ODENA, 1972, 276. 47 TRENCHS ODENA, 1972, 282, doc. 8. 48 Para evitar su incumplimiento y otros abusos, en 1257 Alejandro IV revocó todo privilegio concedido a arzobispos, obispos, abades y otros prelados que les eximía de la realización de tal visita a la sede apostólica. Bula «Importuna multorum instantia». 1257, agosto, 3. Viterbo. Archivo de la Catedral de Burgos (en adelante ACB), V-17, f. 526. 49 FERNÁNDEZ COLLADO, 2015, 13. 50 ACT, A.8.C.1.5.a. 51 Los testimonios de ambas visitas fueron firmados por Gasberto, camarlengo de Juan II, obispo de Arlés. Se aseguraba también que no se había entregado cantidad alguna a la cámara apostólica. 1331, marzo 8, Aviñón. ACT, A.8.C.1.5.a. 1333, febrero, 24. Aviñón. ACT, A.8.C.1.5.b. y 1335, febrero, 23. Aviñón. ACT, V.12.Z.1.41.

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La visita de 1343 fue particularmente relevante en la trayectoria de nuestro biografiado. Coincidía con un momento culminante de su andadura áulica. Sabemos que era cantor de Salamanca52 y desde 1340 fue familiar de Gil de Albornoz53, una dignidad que evidenciaba el afecto personal que sentía por él el prelado, una predilección que más tarde se haría extensible al rey Alfonso XI de Castilla quien en 1342 le incluía entre sus dilectos54. En 1343 era nombrado capellán-comensal del primado y un año más tarde obtenía una canonjía en Toledo55. Ese mismo año, Ordoño formó parte del séquito arzobispal encabezado por el prelado que materializaba así su cuarta visita a la corte papal56, enviado en esta ocasión por Alfonso XI de Castilla con la intención de solicitar personalmente al papa ayudar militar y un nuevo préstamo que aliviara la situación económica por la que atravesaba el monarca. Según Trenchs, la comitiva, en la que también viajaba el hermano de don Gil, Álvaro, partió de Castilla a finales de 1342 llegando a su destino a mediados de enero de 1343. La entrevista con Clemente VI, por entonces en Lyon, no se pudo verificar hasta febrero, momento en el que Albornoz presentó súplicas a favor de varios de sus familiares y Ordoño Rodríguez hizo lo propio el 17 de febrero57, fecha en la que el propio pontífice, ya en Aviñón le concedió la mencionada absolución del incidente que protagonizó en Salamanca durante su etapa estudiantil58. Después de verificar la vista ad limina, la comitiva arzobispal con Ordoño Rodríguez marchó hacia París, donde ya se había firmado un acuerdo entre los reyes de Castilla y Francia. Allí permanecieron hasta finales de junio. Desconocemos el papel concreto de Ordoño en todos estos asuntos de carácter diplomático, pero es muy probable que la súplica que el 26 de junio de ese año Albornoz solicitando al papa un beneficio para Ordoño en realidad fuera un premio a los servicios prestados durante aquella importante visita a Clemente VI y al rey de Francia59.

52 Tras el fallecimiento de Ordoño en octubre de 1348, Inocencio VI concedió esta dignidad a Juan Martínez de la Sierra, familiar de Albornoz, previa permuta por otra cantoría en Braga. 1351, agosto, 13. Villeneuve-Iès-Aviñón. ASV, Registra Vaticana, 244, ff. 220r-221r.). Diplomatario, 1976, 402-404 (doc. 431). 53 ASV, Obligationes et Solutiones, 18, f. 91r. TRENCHS ODENA 1972, 283, (doc. 13). Según Covarrubias, el familiar era “El allegado de la casa o pan y aguado”. COVARRUBIAS, 1677, II, 4v. 54 ASV, Registra Supplicationum, 1, f. 98r. TRENCHS ODENA, 1980, 16, 19. 55 ASV, Obligationes et Solutiones, 19, f. 159r. TRENCHS ODENA, 1972, 284-285, doc. 17. 56 Los viajes anteriores tuvieron lugar en 1330; 1334-1335 y 1337-1338. TRENCHS, 267-271. 57 ASV, Registra Supplicationum, 4, f. 22r. TRENCHS ODENA, 1972, 274. 58 ASV, Registra Supplicationum, 3, f. 43. BELTRÁN DE HEREDIA, 1972, 349-350, doc. 42. 59 ASV, Registra Supplicationum, 4, f. 55v. TRENCHS ODENA, 1972, 275.

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Don Gil y su séquito todavía permanecieron algunas semanas más en Francia antes de regresar a Castilla. No nos constan los lugares visitados, pero sí sabemos que en julio en Felipe VI les concedió un salvoconducto para que pudieran viajar libremente por todo el país60. Los años finales de Ordoño fueron de gran actividad institucional. No se documentan las visitas ad limina de 1346 a 1349, pero es muy probable que fuera él, de nuevo, quieran las realizara. Sí consta, en cambio, su participación en la entrega al papa por orden del arzobispo de 4 caballos y una mula61, y que en septiembre de 1347 Albornoz presentó por mediación de Rodríguez de Villaquirán una súplica en favor de su sobrino Pedro Álvarez sobre la que volvería a insistir en noviembre de aquel mismo año62. En mayo de 1348, poco antes de su muerte, volvió a hacer entrega de un presente al pontífice, posiblemente caballos otra vez63 y presentó nuevas súplicas por las que se solicitaba conceder a cuatro raciones perpetuas a «personas idóneas»64. Por entonces se mencionaba a Rodríguez de Villaquirán como canónigo de Toledo y nuncio del primado65. Nuestro procurador falleció en el ejercicio de sus funciones de procurador. La muerte, a causa de la Peste Negra, le sorprendió el 4 de octubre de 1348 cerca de la Seu d´Urgell, a la vuelta a Castilla de aquel viaje a Aviñón66. El 8 de octubre el arzobispo solicitaba al papa reserva y concesión de los beneficios de su fiel servidor, petición que fue finalmente aceptada por el pontífice en 135067. La visita “ad limina” de este último año había sido realizada en julio por Velasco Alfonso, archidiaconi de Alcaraz, in ecclesia tholetana68, familiar del primado y sucesor de Ordoño en la mencionada cantoría de la catedral de Salamanca69.

60 1343, julio, 12. Villers-ou-Loge. ACB, V-45, f. 412. 61 1345, diciembre, 26 y 1346, febrero, 4, 1346, abril, 15 y 1346, 22-29, julio, 1346. Aviñón. DÉPREZ, MOLLAT, 1960, 120, doc. 944. TRENCHS ODENA, 1972, 285, docs. 19-21. En abril de 1346 Alfonso XI había obsequiado también al pontífice con la entrega de 12 caballos. MOLLAT, 1960, 120, doc. 943. 62 1349, septiembre, 9 y 1347, noviembre, 30. ASV, Registra Supplicationum, 16, f. 60v. TRENCHS, 1972, 277. 63 1348, mayo, 29. Aviñón. ASV, Registra Vaticana, 142, f. 14v. y Registra Vaticana, 214, f. 82r. TRENCHS, 1972, 278. 64 1348, mayo, 26. Aviñón. ASV, Registra Supplicationum, 17, f. 40v. TRENCHS, 1972, 278. 65 DÉPREZ, MOLLAT, 1960, 272, doc.1660. 66 «propter perciulum epidemia in viam apud civitatem Urgellensis». TRENCHS, 1972, 278. J. TRENCHS, 1980, 176-177, docs. 100, 106. 67 1350, octubre, 15. Aviñón. ASV, Registra Vaticana, 203, f. 162 r-v y Reg. 162r-v y 172r-v. TRENCHS ODENA, 1972, 278. 68 1350, julio, 6. Aviñón. TRENCHS ODENA, 1972, 286, doc. 22. 69 Diplomatario, 1976, 402-404 (doc. 431).

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3. Conclusiones Aunque documentado en el arzobispado de Toledo desde el pontificado de Rodrigo Jiménez de Rada, el oficio de procurador ante la corte pontificia no alcanzaría su máximo desarrollo institucional y operativo hasta mediados del siglo XIV, coincidiendo con el traslado de la sede pontifical a Aviñón y, en el caso toledano, con el periodo en el que Gil de Albornoz fue arzobispo primado de España. Entre el extenso elenco de servidores que trabajaron en la corte arzobispal durante aquellos años sobresale Ordoño Rodríguez de Villaquirán, procurador In Romana Curia, letrado, clérigo, familiar, capellán y comensal de Albornoz, además de dilecto de Alfonso XI de Castilla, un personaje cuya valía profesional le convertían en un servidor particularmente resolutivo y cuyo perfil institucional y relevancia como cabeza de los servidores albornocianos anuncia ya protagonismos curiales posteriores, tanto en el ámbito eclesiástico como en el regio o el nobiliar, que culminarían en el siglo XV con la implantación de las estructuras áulicas que anunciaban el Estado Moderno de la mano de los grandes hombres de corte que sirvieron a Alfonso Carrillo, Pedro González de Mendoza y Francisco Jiménez de Cisneros. Los datos biográficos conservados de Rodríguez de Villaquirán confirman todo lo dicho. Su conocimiento del Derecho, de las relaciones diplomáticas al máximo nivel, bien argumentadas a lo largo de este trabajo en sus varios encuentros con el papa y también con el rey de Francia, le convirtieron en una pieza de gran valor en el proceso de formación de los espacios curiales arzobispales toledanos y muy especialmente en la ascendente trayectoria eclesial que llevaría a su señor, Gil de Albornoz, a ser nombrado cardenal de la Iglesia en 1350.

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4. Apéndice - Procuradores de los arzobispos de Toledo (1229-1348)

Rodrigo Jiménez de Rada (1209-1247) Procurador de la catedral de Toledo in romana curia

Bartolomeus de Arguedis

1229

Procuradores arzobispales in romana curia

Bernardo

1241

Vivianus

1243

Petrus Gaietanus

1246

Iacobus

1254

Fernandus Ovetensis

1257

Petrus Berengarii

1258

Procurador ante los mercaderes florentinos de la Sociedad Ammannati

Pedro Jiménez

1274

Procurador in romana curia

Dominicus

1267

Jofré de Loaysa

1293

Nuño Díaz

1293

Maestre Esteban Alonso

1293

Fernán Guillén

1293

Sancho de Castilla (1251-1261) Procuradores in romana curia

Sancho de Aragón (1266-1275)

Gonzalo García Gudiel (1280-1299) Procuradores Santiago

ante

el

arzobispo

de

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Procuradores in romana curia

Pedro Díaz

12821317

Juan Martínez

1282

Maestro Gonzalo Alonso

1280

Andreas de Setia

12801302

Blasius de Agnani

1281

Sinibaldus de Labro

12851291

Maestro Miguel

1287

Martín Martínez

1287

Andreas de Setia

12801302

Iustus Petri

1300

Didacus Ferdinandi

1301

Procuradores ante los mercaderes de Sancho Domínguez Pistoya

1300

Gonzalo Díaz Palomeque (1299-1310)

Procuradores in romana curia

Procurador en Montpellier

Raymondo de Bordellis

13011305

Esteban Martín

1302

Andrés Pérez

13051306

Guillermo Dorna

1302

Munio García

1306

Procurador del arzobispo y la infanta Martín Rodríguez de Valladolid isabel de castilla ante el papa

1307

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Gutierre Gómez (1310-1319) Procuradores del arzobispo y el cabildo Fernando Gutiérrez para su representación en medina del campo

1316

Diego González

1316

Pedro Díaz

12821317

Procurador

Martín García de Ocón

¿?

Procuradores en el castillo de Alcolea

El abad de Santa Coloma de Sigüenza

1321

El arcipreste de Alcalá

1321

Domingo Alonso

1322

Procurador

Juan de Aragón (1319-1328)

Procurador general en la tierra de la frontera Jimeno de Luna (1328-1338)

Personero del arzobispo ante el rey sobre Arnaldo Cevid el señorío de Illescas

1329

Personero del arzobispo en el pleito con la Álvaro Ruiz clerecía y concejo de Madrid

1330

Gil de Albornoz (1338-1350) Procuradores in romana curia

Ordoño Villaquirán

Rodríguez

de 1339†1348

Juan González

1339

Juan Martínez

1340

Juan Pérez del Calvo

1344†1345

Velasco Alfonso

1350

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El clero en el contexto diplomático de la Guerra de los Cien Años: una mirada desde las crónicas oficiales al período ibérico (1366-1388) Francisco José Díaz Marcilla

Resumen: El objetivo principal de este trabajo es el de presentar varios resultados del proyecto postdoctoral que estoy llevando a cabo sobre la narrativa historiográfica oficial como fuente para conocer mejor el papel que los eclesiásticos han tenido en el contexto de la Guerra de los Cien Años. Con una atención especial para las crónicas portuguesas y castellanas, se tratará de esbozar un análisis de los datos en torno a tres niveles de lectura: 1. los protagonistas religiosos de los pasajes cronísticos que hablan de relaciones diplomáticas; 2. la visión que se transmite de la Iglesia en cuanto grupo de acción en terreno diplomático; 3. la religiosidad asociada al hecho diplomático tal como reflejada en las crónicas. Elementos inherentes a este análisis serán, obviamente, la repercusión que los autores de las crónicas han tenido sobre sus propias obras (intencionalidad y dependencias), así como las diferencias de discurso entre autores de un mismo – o distinto – origen. Palavras claves: cisma, crónicas medievales, diplomacia, Iglesia, religiosidad

Abstract: The principal aim of this paper is to present some results of my postdoctoral project on historiographical narrative as historical source, for an in-depth knowledge of ecclesiastics’ role during the Hundred Years War. Special attention will be paid to Portuguese and Castillian chronicles, outlining an analysis of all the data in three levels of lecture: 1. the religious protagonists of diplomatic relationships narrated by chronicles; 2. the vision of the Church as a social group in diplomatic affairs; 3. the religiosity associated to diplomatic episodes as shown by chronicles. Inherent elements to this analysis will be, of course, the impact of the chroniclers in their own work (purposes and reliances), as well as the differences between stories of authors from the same or different countries. Keywords: schism, medieval chronicles, diplomacy, Church, religiosity 

IEM, Universidade Nova de Lisboa, [email protected]

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Introducción El objetivo principal de este trabajo es el análisis de la manera en que presentan y utilizan las crónicas oficiales – aquellas redactadas bajo el patrocinio, directo o indirecto, de la Corona – al clero en los episodios diplomáticos que jalonan el período ibérico de la Guerra de los Cien Años, además de indagar sobre otros aspectos de la narrativa historiográfica como la religiosidad o el discurso. Cronológicamente, dado que el magno conflicto bélico abarca un período de tiempo excesivamente largo para su análisis completo en un estudio como este, se ha optado por centrarlo en el lapso de tiempo donde es más evidente la participación de los reinos ibéricos, por desarrollarse la acción en suelo peninsular. Por ese motivo, el análisis se extenderá desde 1366, momento de inicio de la guerra civil castellana entre el rey Pedro I y su hermanastro Enrique II, hasta 1388, fecha en que se firma el tratado de Bayona entre Inglaterra y Castilla, y que significa la instauración de las reinas Lancaster – Catalina y Filipa, respectivamente – en los reinos de Castilla y Portugal1. El trabajo pretende sustentarse en el análisis comparativo de las crónicas de los dos autores más importantes para cada uno de los reinos estudiados, por lo que diremos a continuación algunas palabras sobre cada uno de ellos, para contextualizarlos mejor. Por la parte castellana encontramos a Pedro López de Ayala (1332-1407), no solo cronista oficial de los reinados de Pedro I (1350-1369), Enrique II (1369-1379), Juan I (13791390) y parte del reinado de Enrique III (1390-1406), sino también noble y miembro activo de la corte, en cuanto desempeñó el relevante cargo de Canciller de Castilla a lo largo precisamente de todos esos reinados, hasta su muerte. Fue además un destacado escritor de poesía y prosa, siendo muy conocidas sus obras Rimado de Palacio y Libro de la caza de las aves. Lo interesante de su perfil como cronista es que vivió prácticamente todos los episodios históricos a los que nos vamos a referir – incluso llegó a estar preso por los portugueses tras la derrota en Aljubarrota en 1385 –, por lo que representa un testimonio de primera mano. Por lo tanto, tanto sus comentarios como sus silencios cobran especial relevancia2. Por el lado portugués, el cronista que va a servir de guía es Fernão Lopes (1390c.1459), que ocupó el cargo de Guarda-mor de la Torre do Tombo (los archivos reales) 1

No siendo el objetivo de este artículo el comentar todos los estudios que se han hecho sobre el período, que son muchos y muy completos, referiré solamente estas obras como imprescindibles para abordar los distintos temas: 1. Sobre la Guerra de los Cien Años en la Península Ibérica: CAETANO, 1985; RUSELL, 2000; OLIVERA, 2005; 2. Sobre el Cisma: BAPTISTA, 1956; SUÁREZ, 1960. 2 Para conocer mejor la vida y la obra de este cronista, son recomendables las siguientes lecturas: AMRÁN, 2009; ESTOW, 2006; GARCÍA, 1982.

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desde, según parece, 1418, siendo posteriormente nombrado cronista oficial ya durante el reinado de Afonso V (1438-1481), hasta 1454, año en que es sustituido en ambos cargos por Gomes Eanes de Zurara. Su obra cronística cubrirá los reinados de Pedro I (13571367), Fernando I (1367-1383) y la primera parte del reinado de João I (1385-1433). A diferencia de Ayala, Lopes no vivió los hechos que narra, ni fue noble ni participó en la vida activa de la corte regia, lo que también será importante para comprobar cómo narra unos episodios históricos y cómo silencia otros3. 1. Los episodios diplomáticos y sus protagonistas eclesiásticos El análisis de los datos se va a realizar por episodios diplomáticos, con especial énfasis en los protagonistas eclesiásticos, destacando las semejanzas y diferencias entre narraciones, así como otros aspectos que puedan ilustrar la percepción tanto diacrónica (en la distancia en que fueron escritas las crónicas respecto a lo ocurrido), como sincrónica (en la acción de los individuos en el momento en que se produjeron los hechos). Así pues, el primer episodio diplomático de nuestro estudio ocurre, como ya anunciado, cuando estalla el conflicto entre los hermanastros Pedro I y Enrique II en 1366. Se trata del encuentro entre dos legaciones diplomáticas en donde estaban, por el lado portugués, João Gomes de Chaves, obispo de Évora (1355-1368), y Álvaro Gonçalves Pereira, prior de la Orden del Hospital (1341-1379)4, a quienes Pedro I de Portugal encomienda la misión muy diplomática de darle largas a la legación castellana, donde estaba, entre otros, Juan García, obispo de Badajoz (1354-1373), tras la petición de alianza de Enrique II de Castilla. Poco después, el rey portugués enviará al obispo de Évora a disculparse con Pedro I de Castilla y el Príncipe de Gales por no poder garantizar el apoyo en la guerra contra Enrique II5. Esto, según narra el cronista portugués Fernão Lopes, provocó el enojo del rey castellano. De estas misiones, el resto de crónicas guardan silencio. En ese mientras tanto, está en Castilla, parte en misión diplomática, parte por verdadero apoyo a Enrique II, el arzobispo de Zaragoza, Lope Fernández de Luna (13511380), quien sería consejero de guerra del rey aragonés. En un doble salto diplomático, según el cronista castellano Pero López de Ayala, cuando estaba en misión en 1367 por cuenta de Pere IV de Aragón (1336-1387), acompañando a la infanta Leonor para su boda 3

Sobre su vida y obra remitimos a: AMADO, 2007; MAGALHÃES, 1998. COSTA, 2015. Sirva para el resto del artículo la aclaración de que siempre que haya estudios sobre los personajes mencionados, se indicarán como en este caso. 5 LOPES, 2007,184-189. 4

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con el heredero Juan, asistió a la celebración del pacto entre Enrique II y Carlos II de Navarra (1349-1387), donde también estuvo otro prelado, Gómez Manrique (arzobispo de Toledo entre 1362 y 1375), en la que «ficieron y sus juras sobre el cuerpo de Dios, é pleytos e omenages». Se recalca además que el aragonés «era un Perlado que amaba al Rey Don Enrique». De hecho, fue involucrado en las tratativas para ocuparse del castillo de la Guardia (que Lopes rebautiza como Buradom), como garantía del acuerdo. No cabe duda de su decidido apoyo al matrimonio Enrique II/ Juana Manuel en cuanto lo vemos llevarse rápidamente a la reina y a los infantes a Zaragoza tras la derrota de Nájera, junto al arzobispo de Toledo, y, posteriormente, declarándose decididamente a favor del paso por Aragón de Enrique II en su intento por volver a Castilla ya en 13696. Tras la derrota de Nájera, reaparece un viejo conocido de las misiones diplomáticas de tiempos anteriores, por así decirlo, “pacifistas” de la Santa Sede, el cardenal-legado Guy de Boulogne (1342-1373)7. Varias crónicas recuerdan que ya había intervenido antes en la Península Ibérica, cuando los conflictos motivados por el rechazo de Pedro I de Castilla a Blanca de Borbón en 1350; o la paz que consiguió en 1362 (eso sí, tras varios esfuerzos) entre Castilla y Aragón, llegándose a reunir dos veces con cada rey8. Sin embargo, si cuando se habla de los episodios anteriores, siempre aparece asociado a la Santa Sede, Lopes se salta esta vinculación y lo presenta asociado a Charles V de Francia (1364-1380), estando en la firma de Aigues-Mortes que supuso el reflote en la maltrecha trayectoria del nuevo rey Enrique II, sin reino por entonces. Este episodio también lo refleja Ayala, aunque la vinculación entre prelado y rey de Francia queda circunscrita a mencionar que eran familiares, no que su presencia obedeciera a la voluntad de la corona gala9. Valga un inciso de valor diplomático, que mencionan los cronistas castellano y luso10. En estos momentos en que Enrique II debe huir a Aragón y, no encontrando apoyos allí, debe proseguir hasta Francia, le habría acompañado desde un reino para el otro Pedro de Luna – futuro papa en Aviñón (1394-1423)11 –, hasta Orthez, en el Condado de Foix. Quizá estos comentarios sobre Benedictus XIII buscasen que el lector lo asociara precisamente al reino francés, bien como algo positivo (caso del cronista castellano), bien como algo negativo (caso del cronista portugués). 6

PERE IV DE ARAGÓN, 1850, 384; AYALA, 1779, 410, 428-429, 434-436; LOPES, 2004, 16, 50 y 58. JUGIE, 1987. 8 CINTRA, 1990, 524-525 y 528; LOPES, 2007, 90 y 105-109; AYALA, 1779, 253-254; PERE IV DE ARAGÓN, 1850, 349. 9 LOPES, 2004, 57; AYALA, 1779, 508-509. 10 AYALA, 1779, 462; LOPES, 2004, 49-50. 11 SESMA, 1994. 7

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Después, al poco de morir Pedro I de Castilla a manos de su hermano, Fernando I de Portugal decide reclamar por derecho el trono castellano. Mientras tanto, envía una misión diplomática, donde participa Martim Gil, obispo de Évora (1368-1382), junto al almirante de Portugal con cartas de queja por lo sucedido en Castilla, tanto al papa como al rey de Inglaterra12. Poco después ataca a Enrique II. El papa Urbanus V (1362-1370) se pone rápidamente en movimiento y envía legados para intentar evitar la guerra. Resulta llamativo contrastar esta celeridad de la Santa Sede con la lentitud de los tres años anteriores, cuando la guerra de los hermanastros arrastraba a la guerra no sólo a los afines de cada bando en Castilla, sino también a tropas de Francia, Inglaterra, Bretaña, Aragón y Navarra. Quien envía el papa Urbanus V entre 1369 y 1370 para alcanzar la misión diplomática entre Castilla y Portugal, en primera instancia, son dos legados: Beltramus, obispo de Commercia (o sea, Comminges, al sur de Francia, 1352-1374) y Agapitus de Columpna o Colonna, obispo de Brixa (o sea Brescia, al norte de Italia, 1369-1371). Este último es denominado por Ayala ya como obispo de Lisboa, si bien no es nombrado para ese cargo hasta 1371. Llegan a Sevilla poco antes de la rendición de Carmona – todavía en manos del petrista Martín López de Córdoba – y hablan con Enrique II, que se disponía a entrar en Portugal. Ayala añade que también intentaron que el petrista atrincherado en Carmona se pusiese al servicio de Enrique II, sin éxito. Consiguieron una reunión entre los procuradores de ambos reinos, que tuvo lugar en Alcoutim, y en la que estuvo presente sólo Agapitus, quien acabó poniendo su firma como testigo en el acuerdo de matrimonio entre Fernando I y la hija de Enrique II, Leonor, que significó la paz. Dicho acuerdo fue firmado en Sevilla, según Lopes en marzo de 137113. Cabe añadir que solamente Lopes hace mención a la presencia en Portugal de un embajador del rey aragonés en 1371, el fraile dominico Guillem, al cual se le habría encomendado la custodia de los castillos portugueses que quedan como garantía de los acuerdos. Añade que fue maestre en Teología14. Sin embargo, la paz definitiva no llegará entonces, ya que la noticia del casamiento entre Fernando I y Leonor Teles, sumado a otros incumplimientos del acuerdo anterior y el establecimiento de tratados con Inglaterra, reabrieron la disputa. En efecto, en 1372, Vasco Domingues, chantre de la catedral de Braga, es enviado como embajador de

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LOPES, 2004, 89 LOPES, 2004, 179; AYALA, 1780, 17-18. 14 LOPES, 2004, 11. 13

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Fernando I, junto con otros, para llevar los tratados a firmar por el duque de Lancaster, lo que tuvo lugar en los palacios de Londres15. Precisamente este hecho nos va a servir para darle la razón cronológica al texto de Lopes sobre el de Ayala. Sería en torno a 1371-72 cuando Enrique II envía la comitiva formada por el entonces obispo de Orense (1370-1375), Juan García Manrique, y Juan González de Bazán para recibir el homenaje de Fernando I, tras la firma de las paces (que Ayala colocaría erróneamente en 1373, y sin citar al obispo). En esa ceremonia estuvo también, por la parte portuguesa, el obispo de Oporto, Afonso Pires de Soveral (13591372)16. Y muy poco después, el rey castellano volverá a mandar a Manrique a Portugal para preguntarle a Fernando I los motivos por los que estaba tratando con el duque de Lancaster, en vez de respetar las paces ya firmadas. Es curioso que Lopes informa de estos hechos, pero creyéndolos erróneos, quizá porque Ayala, su fuente, los pospone17. Otra interpretación posible es que efectivamente Ayala lleve razón y que este hecho diplomático haya que ubicarlo en 1373, correspondiéndose con la segunda paz, aunque el dato de las preguntas sobre los acuerdos con el duque de Lancaster no tendría mucho sentido en ese caso. Para alcanzar esa paz, en esta ocasión será llamado el mencionado Guy de Boulogne. Ayala especifica que era el legado de Gregorius XI (1371-1378), es decir, plenamente agente de la Santa Sede. Queda claro por su actuación que este prelado conocía ya los modos de actuar de unos y otros – recordemos su presencia continuada en tierras hispánicas –, de tal manera que el legado preguntó al entrar en Castilla si iba él para el rey o si el rey iría a su encuentro. Enrique II lo manda a Guadalajara, donde estaba la reina, mientras él seguía la entrada en Portugal. Así pues, el cardenal «entendió que el Rey Don Enrique avia voluntad de facer grand guerra al Rey de Portugal, e por eso le enviava destorvar su ida para él». Así que se consultó con los suyos y, «pues el Papa le avia enviado por poner paz e bien entre los Reyes de Castilla e de Portugal, que le complia trabajar», y se fue hasta Portugal, decidiendo que primero visitaría a Fernando I para evitar que pelease con el rey castellano. Lopes insinúa que Fernando I se mostró favorable a la paz solo tras constatar que la ayuda inglesa no iba a llegar. Sin embargo, a pesar de su buena predisposición, Enrique II llegó a Lisboa en 1373 causando destrozos. Según Ayala, el prelado fue de Santarém hasta Lisboa y, encontrando dispuesto al rey castellano para la paz, volvió a Santarém. Desde allí, movió los hilos de la diplomacia 15

LOPES, 2004, 242. SARAIVA, 2002. 17 LOPES, 2004, 207 y 237; AYALA, 1780, 43-45. 16

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mandando al obispo de Coímbra, Pedro Tenorio (1371-1377, siendo posteriormente arzobispo de Toledo)18, a Lisboa para que le transmitiera al rey castellano los puntos del tratado de paz. Tal como lo presenta Ayala, el mérito, otra vez, fue de este cardenallegado. Lopes le sigue, aunque indicando la actitud sibilina de Fernando I19. Además, este personaje es protagonista de una de las escenas más teatrales de un acto de diplomacia en la firma de esa paz. Nos cuentan Ayala y Lopes, cómo ordenó que se dispusieran tres barcas en el río Tajo, una para Enrique II, otra para Fernando I y otra para sí mismo. Y así, en medio del río, no se especifica en cuál de las naves, «fablaron en uno, e ficieron sus juras e sus amistades»20. Por parte de Fernando I, Lopes dice que se envía una comitiva de embajadores, entre los que se cuenta a Afonso Domingues de Linhares, obispo de Guarda (1367-1384), con procuración para firmar los acuerdos con Castilla, que tienen lugar el 19 de marzo de 137321. A Guy de Boulogne lo volvemos a encontrar otra vez resolviendo conflictos en la frontera navarra, también ese año. Es Carlos II quien apela a su presencia para resolver el problema de Logroño y Vitoria, que seguían devotas al rey navarro y que Enrique II le reclamaba con amenazas de guerra. Y vuelve a conseguir la paz, esta vez entre ambos reinos con un casamiento entre el heredero de Navarra, Carlos, y la única hija legítima de Enrique II, Leonor22. Como se ha dicho antes, cabe comentar que todos los cronistas coinciden en señalar que este cardenal-legado tenía vínculos familiares con la casa real francesa, incluso, insinuándose misiones en nombre del rey de Francia. Sin embargo, la imagen que se destila es la de un gran diplomático, que evitó o atajó al menos cuatro guerras. Sin duda, se le puede echar en falta durante el conflicto entre Enrique II y Pedro I, pero se le reconocen todos los méritos de la paz en todos los otros casos. Siguiendo con el hilo cronológico, en 1374, vuelve a aparecer Lope Fernández de Luna, el arzobispo de Zaragoza, quien es nombrado por Pere IV como embajador en Castilla a la hora de resolver el casamiento entre el heredero al trono castellano el infante Juan y su hija Leonor, si bien no se especifica nada más que su nombre en la comitiva, y que se reunieron con el infante, no con el rey. Sí estuvo en la boda conjunta que se celebró en mayo de 1375 en Soria entre el infante Juan con Leonor de Aragón y de 18

SÁNCHEZ-PALENCIA, 1988. AYALA, 1780, 39-40, 43 y 44-45; LOPES, 2004, 340. 20 AYALA, 1780, 45; LOPES, 2004, 289-291. 21 LOPES, 2004, 284. Sobre el obispo de Guarda: FARELO, 2013. 22 LOPES, 2004, 297; AYALA, 1780, 46-47. 19

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Leonor de Castilla con el heredero navarro Carlos. Curiosamente, es al único prelado al que se menciona en esa boda. De todo esto, sólo informa Ayala23. Alfonso de Barrasa o Barasaque, obispo de Salamanca (1361-1382), es el representante de Castilla junto a otros en 1375 en la embajada que pretendió acudir a la firma de la paz entre Francia e Inglaterra. No por culpa suya (la comitiva se entretuvo dos meses al detener en la mar a un francés y querer regresar a Castilla para tramitar el rescate), la misión diplomática se perdió las conversaciones de Brujas. El prelado no parece proferir objeción alguna en ningún momento. Pero cabe comentar que Lopes menciona a este prelado como miembro del consejo real de Enrique II ya en 1373 y que fue uno de los que desaconsejó fomentar la posible excomunión de Fernando I por no cumplir los tratados, cosa que Ayala no menciona24. Por otro lado, no se trata de una embajada propiamente dicha, pero Ayala narra cómo, en 1377 al no ser elegido arzobispo de Toledo, Juan García Manrique fue hasta el papa Gregorius XI con nobles castellanos para pedir que no se nombrase a Pedro Tenorio, aunque sin éxito. El aspecto llamativo de esta “embajada” es que el cronista castellano se centra exclusivamente en las vicisitudes que tuvo uno de los acompañantes, Juan Ramírez de Arellano, que encima era noble navarro, aunque siendo hombre de Enrique II, y se olvida del prelado25. De ese mismo año, pero un poco antes, es la embajada de Pedro Tenorio, aun obispo de Coímbra, que fue enviado a Castilla para que Enrique II firmase y jurase los acuerdos del matrimonio entre la heredera Beatriz y el infante Fadrique de Castilla26. Y también de 1377 es la embajada navarra de Sancho García de Echagüe, prior de la Colegiata de Santa María de Roncesvalles (1347-1376), a la corte de Enrique II. Fue junto a Ramiro Sánchez de Arellano, para evitar la guerra. De él dice Ayala «que era ome honrado e bueno»27. Y así, llegamos a uno de los episodios clave de este período en 1378: el Cisma. Ayala menciona la llegada de los embajadores de la Santa Sede, un francés y un italiano, sin nombrarlos, que habrían llegado a la Península para informar de la elección de Urbanus VI (1378-1389) especialmente al rey castellano que «es uno de los mayores Reyes e príncipes de Christianos». Comenta que la elección fue «todos en concordia». Entre las misiones, que el nuevo papa anuncia como prioritarias, menciona que tenía en mente 23

AYALA, 1780, 72-73 y 76. CINTRA, 1990, 535; LOPES, 2004, 294; AYALA, 1780, 78. 25 AYALA, 1780, 80-81. 26 LOPES, 2004, 340. 27 AYALA, 1780, 102; LOPES, 2004, 401. 24

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«trabajar quanto pudiese por poner paz entre los Reyes e Príncipes Christianos, aunque por su cuerpo lo oviese de trabajar andando en ello»28. Pues bien, si el final del capítulo sugeriría que al rey le pareció todo bien y que estaba contento y sin objeciones, en el capítulo siguiente, se habla de los rumores que llegaban sobre lo realmente acontecido, lo que provocó la dilatación en la declaración de obediencia. Al poco, llegaron emisarios de Francia informando más detalladamente. Destaca la descripción del poderoso gesto visual que se narra, donde los tres cardenales enviados por Clemens VII (1378-1394) al llegar a Francia «juraron sobre el cuerpo de Dios consagrado en el altar», aseverando que la primera elección fue por coacción y, por tanto, no válida. A pesar de todo ello, Enrique II optará por enviar emisarios a Aviñón y a otros lugares, para que se informasen de boca de otros cardenales sobre lo ocurrido, y así saber qué hacer, manteniendo la neutralidad mientras tanto. La muerte del rey castellano muy poco después propició el envío de embajadores por parte del rey de Francia para reforzar las alianzas y amistades con el nuevo rey, Juan I, y para tratar el asunto del Cisma. Por eso, «otros Perlados e Doctores que eran ende venidos fincaron con el Rey sobre fecho de la cisma de la Iglesia, fasta que el rey oviese declarado su entención»29. Por el frente peninsular, vuelve a aparecer en escena Juan García Manrique, en 1379, por entonces obispo de Sigüenza. Se le encomienda la comprometida misión diplomática de ir a Portugal para tratar la boda entre la infanta heredera al trono portugués, Beatriz, y el infante heredero del trono castellano, Enrique. Por parte portuguesa, en la comitiva diplomática que va a Castilla a seguir tratando ese acuerdo matrimonial, Lopes y Ayala nos comunican que estaban, como clérigos, el ya mencionado obispo de Guarda, Afonso Domingues, y el deán de Coímbra, Rui Lourenço. Si bien Ayala coloca este hecho en septiembre de 1380, es probable que sea Lopes el que lleve otra vez la razón cronológica de los hechos al anticiparlo30. Otro hecho diplomático de esta época, donde hay clérigos implicados, es cuando Juan I recibió como «mensageros» del rey de Armenia, León V (1374-1393), que había sido preso por el Sultán de Babilonia (el sultán mameluco de Egipto), a un caballero y a un obispo que era fraile franciscano, con el fin de que lo ayudasen los reyes cristianos. Al final, consiguieron liberarle al ir conjuntamente embajadores de Castilla y Aragón (los

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AYALA, 1780, 94-95. AYALA, 1780, 94-100. 30 AYALA, 1780, 132; LOPES, 2004, 405-408. 29

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primeros con joyas, pieles y presentes). A la vuelta, el rey de Armenia fue a hablar con Clemens VII en Aviñón, para después pasar a Castilla31. Respecto al cisma, en 1380 las operaciones diplomáticas a favor de uno u otro papa empezaron pronto a ser incesantes. Es de este modo que vuelve a la escena diplomática otra vez Pedro de Luna, esta vez como legado pontificio de Clemens VII en la Península. Por Ayala sabemos que su primera parada fue en Castilla, enviado para explicar a Juan I los motivos de la elección de Clemens VII. También en 1380 tenemos la presencia del legado de Urbanus VI, el no especificado obispo de Faenza, quien vino a explicar a Juan I los motivos para la elección del papa de Roma. Ambos legados asisten a la magna reunión de prelados y doctores convocada por Juan I en Medina del Campo en 1381. Un tercer prelado, el obispo de Amiens, también llega a Castilla, como embajador de Charles VI de Francia (1380-1422), para transmitir la realidad de los hechos acaecidos en Roma, que invalidarían la elección de Urbanus VI y harían buena la de Clemens VII. Juan I respondió a este trasiego de prelados, como su padre, optando por la neutralidad, primero, y enviando sus propios emisarios in situ, para que dieran cuenta de cómo se había desarrollado los acontecimientos. Esta tarea recayó en el obispo de Zamora, no mencionado por nombre y de difícil identificación32. En 1381 tenemos la venida a Portugal de Juan Gutiérrez, obispo de Acres/ Aquis (es decir, Dax, en Guyana, entre 1380 y 1393), quien nos dicen los cronistas analizados que acompañó a la comitiva del duque de York, Edmund of Langley, y su mujer Isabel de Castilla, que preveía el casamiento entre el hijo de ambos y la heredera portuguesa Beatriz, así como una expedición militar contra Castilla. A él se debería el cambio de Fernando I de la neutralidad a la obediencia a Urbanus VI, con una escena muy solemne narrada por Lopes donde varios prelados, «ajuramentados sobre uma ostia sagrada na sé cathedral», ante el pueblo y los invitados ingleses, se declararon a favor de Urbanus VI. Se cierra con la celebración, oficiada por el obispo de Dax y un indeterminado obispo de Lisboa33, del casamiento en la catedral de Lisboa de los jóvenes herederos34. Nos trasladamos ahora al verano de 1382. Con las tropas portuguesas y la ayuda de Edmund of Langley en un lado, y enfrente las tropas castellanas, en el campo del Caia, el río que divide Portugal y Castilla a la altura de Badajoz, pasan los días y las ganas de

31

AYALA, 1780, 135. AYALA, 1780, 136-137 y 148. 33 El titular de la sede es, por entonces, Martinho, pero de obediencia a Clemens VII. Parece estar en Aviñón cuando suceden los hechos narrados, siendo hasta el momento imposible identificar correctamente al personaje mencionado por la crónica lopesina. COSTA, 1982, 329. 34 LOPES, 2004, 459-461. 32

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guerra se van diluyendo. Serán los embajadores de uno y otro bando los que operarán el milagro de la paz. Ayala, como suele hacer en varias ocasiones, no da nombres y dice simplemente que fueron «algunos que querían paz». El Compendio de las Crónicas de Castilla informa que fue Pedro de Luna, el legado de Clemens VII, uno de los artífices de la paz. Mientras, Froissart dice que fueron dos caballeros (Mestre de Castreyme y Pretie de Modesque) con los obispos de Lisboa y Burgos (o sea, Martinho y Gonzalo de Mena, respectivamente), quienes gestionaron las conversaciones35. A raíz de esta extraña expedición inglesa, y tras los acuerdos con Castilla, entra en escena de la mano de Fernão Lopes, el legado del papa aviñonés en Hispania, el ya mencionado Pedro de Luna. Es enviado a Portugal para pedir la vuelta a la obediencia clementina. Con motivo de su visita, Fernando I convocó un consejo de letrados y prelados que decidieron esa vuelta en el mismo 138236. El legado acompañó a los enviados portugueses, Martinho, obispo de Lisboa (1380-1383, que moriría asesinado en los tumultos tras la muerte del rey portugués), y João Gonçalves hasta Aviñón37. Poco después, en 1383, volvemos a tener en acción a Juan García Manrique, otra vez para concertar una boda, que en este caso será la definitiva: la infanta heredera Beatriz de Portugal con el mismísimo Juan I de Castilla. Lopes informa que, para la ocasión, fue investido del cargo de «actor e curador» del infante Fernando, para deshacer el acuerdo matrimonial precedente. Ayala añade que tenía plenos poderes para firmar los tratados. Estuvo además presente en los aposentos reales de Fernando I cuando se publicaron las condiciones del matrimonio entre el rey castellano y la infanta Beatriz, tomando juramento sobre el Cuerpo de Dios a Fernando I y a los grandes del reino. Los personajes religiosos que Lopes dispone en la escena son Pedro de Luna (legado), Martinho (obispo de Lisboa), João Tenório (obispo de Coímbra y posterior arzobispo de Toledo), Afonso Domingues (obispo de Guarda), Fernán Pérez Calvillo (deán de Tarazona) y Gonzalo Rodríguez (arcediano de Toro entre 1360 y 1390, y famoso poeta de la corte de Juan I). Muchos de ellos estuvieron también presentes en el acto oficial de la boda entre la infanta heredera Beatriz y Juan I en Badajoz. El legado clementino oficiaría la ceremonia de esta manera: «tomou pelas mãos el-Rei e a infante» antes de comenzar el matrimonio. Este prelado acompañó a la reina Leonor Teles a su vuelta a Elvas, tras la última cena que tuvo con Juan I38. 35

AYALA, 1780, 157-158 y nota. Dicha vuelta a la obediencia clementina, en realidad, nunca ocurrió, como reconocería el propio legado, siendo ya papa con el nombre de Benedictus XIII. BAPTISTA, 1956, 163. 37 LOPES, 2004, 543. 38 AYALA, 1780, 162 y 166-167; LOPES, 2004, 553, 556-557, 567-569 y 575-577. 36

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Se supone que muy poco después, los recién casados Juan I y Beatriz enviaron al arcediano de Cea, sin nombre, como emisario para que tomasen voz por la heredera «muitos alcaides dos logares de Portugal». Es Lopes el único que lo menciona39. Cuando tienen lugar los alborotos de Lisboa de finales de 1383, con la aparición en la escena política de João, maestre de la Orden de Avis y futuro rey, y la huida de la reina Leonor Teles a Santarém, el que invita encarecidamente a Juan I a entrar en Portugal es el obispo de Guarda, Afonso Domingues. Sobre él, si bien no estaba en misión diplomática, sino en misión administrativa – era el canciller de la nueva reina de Castilla y Portugal, Beatriz –, bien es cierto que su acción propició, según Lopes, el quebrantamiento de los pactos firmados y, de alguna manera, aparecería como culpable de todo lo que sucedió después40. Cabe comentar también que, en estos tumultuosos años, vemos hasta cinco actuaciones similares donde los poderes urbanos encomiendan a cinco clérigos una misión peliaguda, que no es diplomática pero sí que requería de una amplia dosis de diplomacia. Me refiero a los siguientes casos: Lourenço, guardián del Monasterio de São Francisco en Estremoz, elegido como representante para mediar con el alcaide del castillo, João Mendes, que tenía voz por la reina Leonor; Vasco Patinho, también fraile franciscano, que llevó el mensaje del pueblo de Oporto al asediante arzobispo de Santiago, para pelear; Martim Gil, abad del monasterio de São Salvador de Paço de Sousa, para el caso también de Oporto, ya en 1385, cuando fue enviado por el pueblo para contactar con el conde Gonçalo Teles y convencerlo para unirse al Mestre de Avis; Gonçalo de Ponte, fraile franciscano, que realizó labores de correo entre las tropas del Mestre y los de la villa durante el cerco de Guimarães; y el anónimo abad de la iglesia de São Salvador para el caso de Ponte de Lima, si bien sirviendo como mensajero del alcaide de la villa, que la tenía por Beatriz y Juan I. En estos ejemplos, aunque se habla de “el pueblo”, queda claro que son los hombres buenos de las ciudades los que piden a los clérigos que intercedan por ellos41. Según narra Lopes, al poco de ser elegido rey João I, fue enviada una comitiva a Roma, entre cuyos miembros estaba João, obispo de Évora (1384-1404), cuya misión era también la de pedir la dispensa por ser el nuevo rey maestre de una orden militar y, por

39

LOPES, 2004, 601. LOPES, 1990, 113; AYALA, 1780, 179-180. 41 Siguiendo el orden de los ejemplos: LOPES, 1990, 87, 235, 239-241; LOPES, 1983, 33-34 y 35. 40

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tanto, estar sujeto a votos canónicos. Sin embargo, tuvieron una serie de impedimentos por el camino que retrasaron la entrega de la dispensa42. Para el verano de 1385, Lopes nos cuenta que un embajador de Carlos II de Navarra, de incógnito, ofreció a João I un pacto contra Castilla; y que el nuevo rey portugués habría enviado a un confesor suyo, pero que al final no se decidió nada43. Más adelante, en el verano de 1386, con John of Lancaster en tierras gallegas, los cronistas de ambos reinos nos informan de una comitiva castellana que va a Orense a reunirse con el duque, tras el envío de un «heraute» reclamando el reino y amenazando con una guerra de poder a poder. Son dos los religiosos de este episodio, siendo el primero, por la parte castellana, Juan Serrano, el prior de Guadalupe y que llegaría a obispo de Segovia (1388-1389) y de Sigüenza (1389-1402)44. Formó parte de la embajada que presentó las alegaciones de Juan I de Castilla ante el duque de Lancaster, defendiendo su legitimidad y, por consiguiente, la falta de derechos del pretendiente inglés. El cronista luso comenta que le transmitió al duque la propuesta del rey castellano de realizar un juicio que aclarara quién tenía razón, si bien añadiendo que no creía que fuese cierto. El cronista castellano detalla el contenido de los discursos de cada uno de los tres embajadores: el discurso del prior habla de los derechos legítimos que tiene Juan I, y que, si hace falta discutir la cuestión, el rey se encomienda a Dios y a Santiago; Diego López de Medrano, caballero, le dice al duque que si quiere dirimir las cosas, que se enfrenten el rey contra el duque, o diez contra diez o ciento contra ciento, pero que se eviten muertes de cristianos y que, por tanto, de poder a poder (o sea, batalla como Aljubarrota) no; y el último, el doctor Alvar Martínez de Villareal, es el que enumera una retahíla de razones jurídicas para convencer de que la legitimidad de Juan I es mayor que la de John y su mujer Constanza, hija de Pedro I. Cabe sugerir que los argumentos jurídicos para demostrar la legitimidad de Juan I sobre Constanza adolecen de poca consistencia, pues sería un caso bastante irónico de defensa de la legitimidad por vía femenina sobre la masculina (de Fernando de la Cerda a su hijo, pero después a su hija, y de esta a otra hija, y de ahí vuelta a Juan I). Por lo tanto, más parecería que la misión real de la comitiva fue el mensaje que le transmitió el prior al duque, personalmente y en privado (recordemos que las «fablas» eran públicas): acordar una boda entre el heredero al trono castellano, Enrique, con la heredera de los supuestos derechos al trono, Catalina de Lancaster, lo cual «plogo» al 42

LOPES, 1983, 260 y 269-274. LOPES, 1983, 50. 44 COUSSEMACKER, 2004. 43

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duque, según Ayala. Recordemos que el cronista luso, tras indicar este mismo relato – obviamente sin mencionar a su fuente – niega la veracidad del mismo. El otro clérigo protagonista, por la parte inglesa, es el obispo de Dax, Juan, «natural de Castella». La respuesta a los tres emisarios las da él únicamente. Al prior le responde que el duque y su mujer han sufrido numerosos agravios y que Juan I les debe resarcir, y pone a Dios como juez de todo ello; al caballero, le dice que más derecho tiene el duque, que es descendiente legítimo de Fernando III por vía de Leonor de Castilla su hija; y al doctor, le desmonta su argumentación negando los derechos de Fernando de la Cerda y, por tanto, los de Juan I45. A finales de ese año, tenemos a otro prelado, el arzobispo de Braga (1374-1397), Lourenço Vicente, en misión diplomática como procurador de João I, para ir al monasterio de Celanova, donde se acordó la boda de João I con Filipa de Lancaster. En 1387, aparece junto al obispo de Dax, Juan Gutiérrez, que ejerce de emisario del duque de Lancaster, con la importante tarea de celebrar la boda entre João I y la hija del duque, Filipa. Ambos formaron parte de la comitiva que llevó a Filipa de Lancaster a Oporto, donde tuvo lugar la ceremonia46. A lo largo de ese año fueron enviados el obispo de Évora, João, de nuevo, y el prior de la Alcazaba de Santarém, João Afonso Esteves da Azambuja, quien llegaría a ser arzobispo de Lisboa y cardenal, a Roma, con la tarea de repetir la petición de bula de dispensa para João I, esta vez con más éxito47. Como último episodio del período estudiado, nos trasladamos a Bayona, Inglaterra, donde John of Lancaster y su mujer acuden tras el periplo gallego. Será allí, en septiembre de 1387, adonde acuden varios mensajeros del rey castellano, entre los cuales está Fernando de Illescas, franciscano y confesor del rey, y el no mencionado por nombre obispo de Osma (1379-1410), Pedro Fernández de Frías, quienes también estarán en la sucesiva comitiva de 1388 a Bayona, con la que se cierra la etapa “ibérica” de la Guerra de los Cien Años, o, si se prefiere, la etapa “europea” del conflicto peninsular48. Hasta aquí, el repaso general a los episodios diplomáticos, con presencia de eclesiásticos, narrados por las crónicas, con sus semejanzas y sus diferencias cronológicas o de relato.

45

AYALA, 1780, 253-259; LOPES, 1983, 202-210. LOPES, 1983, 220-221 y 223-224. 47 LOPES, 1983, 271. Sobre el futuro arzobispo: GRAF, 2011. 48 LOPES, 1983, 266; AYALA, 1780, 271 y 285. 46

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2. Las funciones del clero en la narración de los episodios diplomáticos En cuanto a este tipo de episodios, se puede hacer una división clara entre la función desempeñada por los clérigos dependientes de la Santa sede y los que son clérigos, por así decirlo, “autóctonos”. En el relato cronístico, hasta el momento del Cisma, el papa y la Santa Sede funcionan como elemento pacificador. Se les apela porque hay peligro de una guerra entre cristianos, o bien porque una de las partes en conflicto pide el envío de nuncios que gestionen la paz. Así ocurre en varias ocasiones en los momentos anteriores al período estudiado, cuando están por producirse – o se han producido ya – conflictos entre Portugal y Castilla (1337, o cada momento del comienzo de las dos primeras “guerras fernandinas” en 1369 y 1372), entre Castilla y Aragón (las mencionadas misiones de Guy de Boulogne en los años 60 del siglo XIV) o entre Castilla y Navarra (en 1373). En concomitancia con lo anterior, en otras ocasiones, el papa aparece como garante de la justicia entre los reyes, y se le llama en causa porque se considera que se ha producido un agravio. Así ocurre, por ejemplo, en el caso de la carta que Fernando I de Portugal le escribe a Urbanus V, denunciando y quejándose de la muerte de Pedro I de Castilla a manos de su hermanastro y nuevo rey Enrique II en 136949. Por la parte castellana, tenemos la apelación a Gregorius XI en 1371 para que enviara a alguien para dirimir la cuestión de las villas castellanas que habían pasado al servicio de Carlos II de Navarra, tras el inicio de las hostilidades de Enrique II contra su hermano dos años antes, siendo que el papa las tomó «en manera de secrestación», bajo su supervisión50. Sin embargo, tras la ruptura de la obediencia en la cristiandad, ese rol de pacificador del papado se esfuma, como demuestra el hecho de que los conflictos sucesivos carecerán de la figura del legado pontificio del mismo modo que antes. Desde entonces, prelados como Pedro de Luna, Juan Gutiérrez o el obispo de Faenza, actuando en nombre de cada uno de los dos papas, no solo no fomentan la paz, sino que, con el recrudecimiento de las posturas, no dudarán en pedir a los reyes la guerra contra el enemigo, al que se pasa a calificar de “cismático”. Es el fin de la Santa Sede como garante de la paz, rol que solo retomará – y no siempre – en los relatos cronísticos ya referidos a acontecimientos posteriores al cierre del Cisma, después de 1417. Respecto a los clérigos locales, principalmente prelados, de cada uno de los reinos, ejercen básicamente una única función en la narración de los episodios diplomáticos de las crónicas, bien clara y definida: la representación de la Corona, como embajadores y/o 49 50

LOPES, 2004, 89. AYALA, 1780, 27.

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procuradores, defendiendo sus intereses y actuando como agentes de la misma. En otras palabras, van perdiendo, en cierta medida, su vertiente eclesiástica y ganando en su vertiente política. Esta función brilla especialmente cuando se narran episodios, como el de las conversaciones entre John of Lancaster y Juan I en Galicia, donde el protagonismo lo tienen los clérigos Juan Serrano (prior de Guadalupe) y Juan Gutiérrez (obispo de Dax) porque son, a ojos de los cronistas, expertos en materia de Derecho y clérigos, por lo que sus discursos están revestidos de una mayor veracidad. O, como en el caso sintomático de João das Regras, principal valedor de la causa de João, maestre de Avis, en las Cortes de Coímbra de 1385, con un profundo uso de sus aportaciones legales y de jurisprudencia en la crónica de Fernão Lopes. De él sabemos por otro tipo de documentación que era clérigo en esa época, pero esto es un hecho totalmente ocultado en la crónica. Interesa más destacar su contribución y su renombre en la historia, que no su condición de eclesiástico. Incluso cuando las crónicas detallan las ceremonias – con la descripción de ropajes, actos y ritos – protagonizadas por eclesiásticos, se hace siempre en el contexto del servicio a la Corona, aportando el aspecto sacramental a una determinada boda o pacto que se selle. Es más, suele ocurrir en determinados autores – como Ayala o la Crònica de Pere el Cerimoniós – que los pocos clérigos que aparecen, lo hacen únicamente siendo mencionados por el cargo que ocupan, obviándose el nombre, señal inequívoca de que, para el cronista, lo importante es que haya “un” eclesiástico, que le dé un valor extra de apoyo de la Iglesia al episodio que se narre, siendo irrelevante el nombre del mismo. Como inciso, para que se comprenda mejor lo que las crónicas consideran como mejor uso de los clérigos, no me resisto a comentar una carta de 1368 reproducida por Ayala, en la que el famoso Ibn al-Jatib escribe a Pedro I, con recomendaciones y consejos sobre cómo gestionar el reino. Hay un pasaje sumamente interesante para nuestro estudio, que se refiere a cómo hacer disminuir el posible interés que las «compañas estrangeras» puedan tener por aprovecharse del reino. El andalusí conmina al rey a que demuestre lo mal que lo está pasando el reino, y que para ello «debedes enviargelo facer saber todo esto con los grandes Perlados de vuestro Regno, de quien avran mas verguenza, e creeran mejor sus dichos»51. Está claro que Ayala considera muy conveniente la inclusión de esta carta – y de este pasaje – en su crónica, como sabio consejo para los reyes de Castilla.

51

AYALA, 1779, 484-493.

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Para finalizar el apartado, cabe hacer una pequeña reflexión sobre las órdenes militares. Conscientemente, he optado por no especificar el papel que maestres y priores jugaron en los episodios diplomáticos, pero no porque no fuera relevante – baste pensar en la importantísima misión que tuvo el maestre de la Orden de Santiago de Portugal, Fernando Afonso de Albuquerque, en la obtención del tratado de Windsor de 138652 – sino porque el papel militar trasciende ya a la connotación religiosa. Las órdenes pasan a convertirse en un elemento puramente político en las crónicas, en consonancia con lo que ocurre históricamente, hasta el punto de que casi todas las órdenes militares pasarán a ser gobernadas, con el tiempo, directamente por el poder real53. Es más, probablemente sea en el período 1369-1396 cuando se acelera este proceso. En cada nuevo episodio bélico, las órdenes militares van pasando cada vez más a transformarse en tropas regulares al servicio de los monarcas. Pierden pues su autonomía, especialmente si se analizan las veces que son los reyes los que controlan la elección de los maestres, pasando en ocasiones por encima de votaciones previas en el seno de cada orden54. Puede servir como ejemplo ilustrativo de esta nueva concepción de la institución la frase que profiere João I – o que Lopes hace proferir al rey – al referirse a las órdenes militares: «o Mestrado de Christus, e o de Santiago, e de Aviz e o Priol do Hospital, que são assim como quatro columnas que sustêm a honra de meu reino»55. En la línea de lo comentado anteriormente, al contrario de lo que ocurre con los clérigos y órdenes sacerdotales, los miembros de las órdenes militares suelen estar nombrados con nombre y apellidos, incluyéndose largas listas de participantes de ellos en el relato de eventos bélicos como batallas o escaramuzas. No obstante, su función no está prácticamente nunca asociada a la Iglesia institucional. 3. Los lugares y la religiosidad en los episodios diplomáticos Se le pueden incorporar a lo analizado en el apartado anterior dos factores, presentes en las crónicas oficiales, que no dejan de ser otra manera de utilizar a la Iglesia, en cuanto institución, como complemento de la acción narrada en favor de la Corona.

52

LOPES, 1983, 193-199. Véase para el tratado: MORENO, 1988. Empezando por la propia Orden de Avis, cuyo maestre será el hijo natural de Pedro I, elegido con 7 años. Una aproximación sobre las órdenes militares en Portugal, en FRANCO-MOURÃO-COSTA, 2010. Para Castilla, TORRES-RUIZ, 2016. 54 Cabe recordar la imposición de Pedro Álvares Pereira como prior de la Orden del Hospital de San Juan por Fernando I, COSTA, 1999-2000, 194-198, o los cambios realizados por Juan I, poniendo al frente de la Orden de Calatrava a ese mismo personaje y, tras su muerte en Aljubarrota, desplazando a Gonzalo Núñez de Guzmán de Alcántara a Calatrava, CASADO, 2012. 55 LOPES, 1983, 402. 53

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Con respecto al primero de los factores, cabe señalar la dimensión material que la Iglesia cobra en el relato cronístico. Iglesias y monasterios se convierten en el espacio donde se desarrollan los principales acontecimientos diplomáticos, lo que proporciona sacralidad al evento. Un primer ejemplo de este uso de los edificios religiosos, en los que se desarrolla algún acto de relevancia, ocurrió en 1367. En esa fecha, Pedro I de Castilla jura en público, en la iglesia catedral de Santa María de Burgos, ante el Príncipe de Gales, que le daría todo lo que le prometió, en un claro intento por reforzar su juramento con un entorno propicio56. En efecto, los lugares sacros suelen también ser referenciados entre los primeros sitios que visita una legación diplomática, como ocurrió en la ya mencionada llegada a Lisboa en 1381 del duque de York, Edmund of Langley, y su mujer, yendo en primer término, nada más pisar suelo portugués, a la catedral para honrar la tumba de São Vicente y después al monasterio de Santo Domingos57. Otro aspecto sobre esta cuestión, que debe ser evidenciado, se refiere al hecho de que en numerosas ocasiones las crónicas hacen referencia a los centros religiosos – principalmente, monasterios – en donde los monarcas, los infantes o los nobles hacen parada durante un viaje, se establecen durante un tiempo o, incluso, durante un asedio. Es lo que definen las fuentes como «pousar» o «posar». Si bien el cariz de religiosidad no está tan claro en este caso, porque, en realidad, tampoco se suele especificar si en tal o cual centro religioso el personaje del que se habla hace algo digno de mención, no es descartable que, para el cronista – y por lo tanto, para su público –, esta información sea particularmente relevante y esté ligada con un posterior “recuerdo” del evento, ya que esta aclaración casi no se hace con palacios o casas. Los ejemplos son numerosos en todas las crónicas de todos los reinos, lo que refuerza la importancia de estos datos. Por otro lado, en cuanto al segundo de los factores, me interesa también comentar el aspecto de la religiosidad inmaterial presente en el hecho diplomático, pues es quizá uno de los aspectos menos estudiados, ya que conlleva un esfuerzo interpretativo mayor de las crónicas, y, por tanto, aumenta el margen de error, al adentrarse el investigador en el terreno de la antropología histórica. En la religiosidad confluyen, por un lado, el reflejo de la realidad cotidiana de los cronistas, que simplemente es plasmada a lo largo del relato, pero, por otro lado, la intencionalidad del cronista, que utiliza la intensidad emocional de un determinado 56 57

LOPES, 2004, 43. LOPES, 2004, 455-456.

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elemento connotado de religiosidad para recalcar o refutar alguna acción o idea. Es decir, es al mismo tiempo un componente narrativo inconsciente y consciente, encontrándose la dificultad en el discernir correctamente cuándo se trata de uno o del otro. Por ejemplificar este argumento, en el momento en que el autor de una crónica alude a que Dios «emcommendara paz e amor entre os homens e extremadamente emtre os reis mais que outros nemhums, por seus reinos serem guardados de perigos»58, podría considerarse que se pretende justificar la firma de una paz – en este caso, entre Portugal y Castilla en 1367 – por ser la voluntad de la divinidad, por lo que la narración apela conscientemente a la correcta actuación de los monarcas. Algo similar ocurre cuando un momento álgido de la narración se complementa con un acto religioso, que sanciona y refuerza el pacto o tratado del que se esté hablando. Normalmente, como manera de corroborar la sacralidad de un acto, aunque no se mencionen clérigos presentes, se suele hacer alusión al Cuerpo de Dios, símbolo por excelencia de la comunión cristiana, y, por tanto, con una fuerte carga visual que el lector entiende como medio de corroborar sacramentalmente lo que se está narrando. El Corpus Christi es usado para jurar sobre él un pacto o tratado, o para sancionar una unión matrimonial, como demuestran los ejemplos que he ido comentando a lo largo del primer epígrafe. En cambio, por religiosidad implícita, cabe señalar momentos como cuando las crónicas refieren a veces los funerales de monarcas extranjeros, convirtiendo las exequias en otro momento de diplomacia y refuerzo de alianzas. Por ejemplo, Ayala recuerda la ceremonia del funeral en honor de Charles V de Francia en 1380, estando presentes los embajadores franceses en Medina del Campo, «que eran venidos a él sobre fecho de la cisma que era en la Iglesia de Dios»59. El momento subrayado por el cronista castellano es la embajada por el cisma, pues las exequias por el rey fallecido están implícitas desde el punto de vista de la lógica de la religiosidad cotidiana. En ese juego entre lo consciente y lo inconsciente, está fuera de duda que todo lo que sucede se debe a la voluntad divina. En consecuencia, suceda algo positivo o negativo, tenía que suceder así. En relación con esto, donde actúa la intencionalidad del cronista, es a la hora de explicarle al público lector la causa de lo sucedido, utilizando, ahora sí conscientemente, la narración para construir el discurso oficial. Por norma general, cuando acontece algún suceso negativo para el bando de los que apoya el cronista, la causa suele atribuirse a los pecados del pueblo o de alguno de los 58 59

LOPES, 2004, 13. Un pensamiento similar también en 284. AYALA, 1780, 134.

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protagonistas. Paralelamente, cuando sucede algo bueno, la causa se le atribuye en primera o en última instancia a la monarquía (lato sensu, incluyendo reinas e infantes). De este modo, los cronistas utilizan conscientemente este tipo de recurso para validar el curso de la historia con el sello de lo divino. Cabe añadir que este providencialismo es mucho más evidente en las crónicas portuguesas, probablemente por la necesidad de cimentar la nueva legitimidad del nuevo rey. Curiosamente, este proceso conlleva la desaparición de los actores – incluidos los clérigos – como sujetos autónomos. Según el razonamiento que se desprende de las crónicas, todo lo que ocurre en la historia, sucede porque la divinidad así lo quiere. Luego la divinidad quiere que los reyes cumplan determinadas misiones, ganen o pierdan determinadas batallas y hagan determinadas acciones; y para que todo ello ocurra, los clérigos actúan según los designios de Dios. Consecuentemente, el foco deja de estar, por lo tanto, en la Iglesia como actor, pasando a la Corona, como verdadera fautora de los designios divinos. Esta reflexión serviría para explicar el uso que se les da a los clérigos en las crónicas, por una parte, mientras que, por otra, aclararía el porqué de la reiterada omisión de los nombres de los clérigos, pues, desde este punto de vista, interesa evidenciar casi únicamente el rol que ocupan, no cómo se llaman. 4. Los cronistas: narrativa historiográfica, lealtades e Iglesia El último aspecto que voy a tratar es, como no podía ser de otra manera, el de los autores y su relación con la Iglesia. Los cronistas, en cuanto filtradores de los datos y constructores de realidades, también dejan una huella importante en las visiones y narraciones de los hechos. Es necesario, por lo tanto, para poder tener un cuadro completo de la situación, aludir a la visión de la Iglesia y de los eclesiásticos que tienen los cronistas con relación al hecho diplomático. Ciertamente la intencionalidad de los cronistas viene marcada por su dependencia política. Lo que escribieron fue una encomienda, por lo que está claro que su discurso refleja la voluntad del poder político que encargó la obra. Aun así, puede resultar esclarecedor este esfuerzo historiográfico. Como sucederá a menudo con cada episodio diplomático, la parquedad en la información de algunas crónicas se debe principalmente al interés propagandístico que tenga, no a su interés histórico. Así, desde esta óptica, el Cisma es crucial en todos los relatos para establecer los bandos y justificar las posiciones de los respectivos reyes. Las fuentes de Ayala y Lopes

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son básicamente las mismas: los escritos conservados en archivos eclesiásticos o regios, que recogen los testimonios de los diferentes cardenales, presentes y no presentes en las elecciones de Urbanus VI en Roma y, meses después, de Clemens VII en Fondi. Como era de esperar, si las fuentes son las mismas, las interpretaciones y los énfasis, no. En Ayala se observa un cierto espíritu “acrítico”, narrando los acontecimientos sin adelantar nada y sin emitir juicios de valor. Especifica, como vimos, que Urbanus VI fue elegido por «todos en concordia», y enumera las intenciones del nuevo papa, tan loables como poner orden y buena regla en la vida de prelados y clérigos, o, algo muy requerido por los clérigos ibéricos, su intención de dar los beneficios y las dignidades a los naturales de cada reino, y no a otros. En el capítulo siguiente, en cambio, alude a los rumores sobre las dudas en la elección, confirmados por la llegada de emisarios de Francia informando de lo que realmente sucedió. Para dar mayor veracidad, se refleja el poderoso gesto visual que hicieron los tres cardenales enviados por Clemens VII al llegar a Francia: «juraron sobre el cuerpo de Dios consagrado en el altar» que la primera elección fue por coacción y, por tanto, no válida. Lo que sí quiere subrayar en todo momento el cronista es la prudencia del rey, con capítulos específicamente aludiendo a su «respuesta» dilatoria a los enviados del papa de Roma y de Francia60. Esta visión del monarca prudente ante el problema del Cisma se repite para Juan I de Castilla, especificando que se reunió entre 1380 y 1381 con los embajadores de ambos papas. Después de escuchar a unos y a otros, Juan I decidió mandar venir a todos los prelados y letrados del reino para ver qué se decidía, «ca el fecho era peligroso e muy dubdoso, e non se podía tan aina declarar»61. De hecho, puede considerarse que el propio cronista era consciente de la gravedad del cisma, por un lado, y del claro componente político, por otro. Se entiende, de esta manera, su afirmación de que la culpa la tenía el «enemigo del humanal linage», terminando con estas palabras: «e otros muchos ovo a quienes ploguiera quel Rey non declarara por ninguna partida de los electos; ca si los Reyes todos así lo ficieran, non durara tanto la cisma», opinión que copiaría el cronista portugués62. Decantarse por uno u otro papa, a ojos de Ayala, solo servía para entorpecer una solución rápida. Quizá este sea el motivo de incorporar una carta supuestamente escrita por el monarca castellano, pero de la que no se ha encontrado copia en ningún sitio y que resulta tan poética como para pensar en una licencia del cronista. Se trata de una serie de reflexiones 60

AYALA, 1780, 95-100. AYALA, 1780, 136-137. 62 AYALA, 1780, 150. 61

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acerca de la luz y las tinieblas, de los dos maridos para la esposa (Iglesia) y de los daños que esto provoca, preguntándose dónde queda la fe. Después pasa a narrar los acontecimientos de las elecciones de ambos papas – con menos detalles que la versión portuguesa –, las medidas prudentes que tomó el monarca castellano, la convocatoria de la reunión de Medina del Campo de 1381 y el anuncio de la obediencia a Clemens VII63. De todas formas, el uso de la correspondencia epistolar entre monarcas y papas, por parte de los cronistas, servirá de refuerzo a la narración, especialmente en lo que atañe a las alianzas y acuerdos, si tenemos en cuenta la interconexión entre el Cisma y la denominada Guerra de los Cien Años. Por ejemplo, Ayala expone abiertamente el apoyo del papa de Aviñón al monarca castellano tras la derrota de Aljubarrota, con ejemplos bíblicos e históricos para consolarlo, y termina declarando que Dios quita para dar mayor gloria después, por lo que no debe desesperarse64. En una línea totalmente neutra – siendo uno de los motivos para hablar tan poco en el presente trabajo de esta crónica – el autor de la Crònica de Pere el Cerimoniós, que habla en primera persona como si fuese Pere IV de Aragón, hace una referencia de un único párrafo al tema del Cisma, concluyendo con una contundente decisión: no reconocer a ninguno de los dos papas, calificando de «villania y maldad» la situación, llegando a prohibir la promulgación de bulas de uno u otro papa en el territorio de la Corona de Aragón65. No era, por tanto, el objetivo del cronista utilizar el Cisma en su discurso. Con un enfoque totalmente opuesto al de Ayala, el cronista luso basa su discurso precisamente en la certeza de que Urbanus VI es el verdadero papa, insistiendo continuamente en la situación de cismático de Clemens VII y de todo aquel que le obedeciese, en clara referencia al rey castellano. Utiliza, además, activamente el efectismo visual para destacar determinados momentos en este sentido, como la ceremonia de proclamación de la obediencia a Urbanus VI, con varios prelados, «ajuramentados sobre uma ostia sagrada na sé cathedral», ante el pueblo y los invitados ingleses (Edmund of Langley y su esposa) en 1381. Añade expresamente que el duque de York le traía a Fernando I una misiva para que se decantara a favor del papa romano para poder declararle la guerra a Juan I de Castilla por cismático66. En efecto, Lopes no tiene ningún tapujo a la hora de calificar a Clemens VII más adelante como «antipapa»67.

63

AYALA, 1780, 142-150. AYALA, 1780, 146-147. 65 PERE IV DE ARAGÓN, 1850, 392. 66 LOPES, 2004, 459. 67 LOPES, 1983, 172. 64

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Igualmente, cuando se produce uno de los episodios diplomáticos más sonados, el tratado de Windsor entre Portugal e Inglaterra en 1386, Lopes reproduce, de todo el texto – conservado en su totalidad en otra fuente –, solo algunas partes, entre ellas la que especifica que la firma se hizo «em inteira unidade e perfeita obediência da Santa Madre Igreja de Roma»68. Si se compara este pasaje con uno similar de Ayala, con motivo de la firma del tratado de Bayona en 1388 entre John of Lancaster y Juan I, que detalla una de las cláusulas por la que ambos se comprometían a «asosegar el fecho de la unión de la Iglesia de Dios» y ayudar a terminar el Cisma, quedan en evidencia las diferentes intencionalidades de cada autor69. Pero, donde más evidente se constata la posición de Lopes, a la hora de defender a la Corona portuguesa en su total y plena legitimidad, es en el caso de la boda entre el nuevo rey João I y la hija del duque de Lancaster, Filipa, en 1387. Recordemos que el nuevo rey, elegido en las Cortes de Coímbra de 1385, debe enviar a Roma mensajeros que pidan la dispensa para poder casarse, pues es maestre de una orden militar y, por tanto, sometido a los votos canónicos de pobreza, castidad y obediencia. Es por ese motivo que el obispo de Évora, João, en primera instancia con un doctor el año de la elección, y, un tiempo más tarde, con otro clérigo (João Afonso Esteves da Azambuja) viajaron a la Ciudad Eterna. La dispensa no llegará hasta 1389, siendo la lectura pública de la misma solamente en 1391. Era necesario explicar cómo se pudo producir la boda si no hubo bula oficial hasta más tarde. Y es así como Fernão Lopes utilizará una triple táctica narrativa70: 

Omitiendo las fechas a lo largo de la narración, pues, a diferencia de otros momentos en que siempre especifica el año, en los pasajes concernientes a los viajes de los prelados, solo lo dice en 1385, quedando en la duda si el segundo viaje fue en 1386 o 138771; además, ubica en el hilo narrativo la publicación oficial de la bula de dispensa en 1390, aunque ocurre en 1391.



Enumerando todos y cada uno de los problemas que tuvieron las diferentes embajadas:

confusiones,

enemistades,

secuestros,

robos,

rescates,

desplazamientos por media Europa, la muerte del papa Urbanus VI y la elección de Bonifacius IX.

68

LOPES, 1983, 198; RYMER, 1740, 3/3-4, 200-203. AYALA, 1780, 273. 70 LOPES, 1983, 194 y 269-271. 71 AYALA, 1780, 269-270, informa que la primera embajada del obispo de Évora habría sido en 1387, y que el casamiento sin dispensa provocó malestar en el duque de Lancaster. No tiene por qué ser cierto totalmente lo que se dice, pero resulta más coherente con lo que se intenta explicar de la dilatación en el tiempo. 69

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Apelando a cuestiones legales que justificarían que la apertura del proceso de dispensa por Urbanus VI en 1385 sería ya válido para permitir un casamiento, aunque el documento definitivo llegara cinco años después, pues, según informa el cronista, el derecho canónico establecía un tiempo para formalizar mediante bula los reconocimientos firmados por los papas, pero que la muerte de un papa no significaba la paralización del proceso o la invalidez de lo aprobado.

Volviendo al tema principal, y para ilustrar más claramente la afirmación de que el episodio diplomático solo es narrado si puede tener rédito propagandístico, hay un ejemplo clave. Ni Ayala, ni Lopes hacen referencia alguna a las embajadas ordenadas por Richard II – en última instancia, con el beneplácito de su tío, el duque de Lancaster – en abril de 1383 «pro bono pacis»72. Se trata de cuatro cartas, cuyos destinatarios son Juan I de Castilla, Pere IV de Aragón, Carlos II de Navarra y Jean de Armagnac, y entre cuyos mensajeros está, para todas las misiones diplomáticas, Juan Gutiérrez, el obispo de Dax, tan mencionado por los cronistas en otras ocasiones. No es posible saber a ciencia cierta los motivos para omitir estas misiones, o incluso saber si realmente se produjeron, aunque, de la misma manera que está probado el uso de documentación de este tipo para explicar otros pasajes, se supone que los cronistas tuvieron acceso a estas cartas, pero decidieron no hacer mención de ellas. Para terminar, al hilo de lo que se acaba de comentar, es significativo que Ayala es excesivamente parco en información, a pesar de ser él mismo protagonista en varias de esas misiones diplomáticas, lo que ha llamado la atención de los investigadores sobre el tema73. 5. Conclusiones A tenor de lo visto en las páginas anteriores, cabe proponer una serie de consideraciones finales sobre el papel que el clero ha desempeñado en la narración de los episodios diplomáticos durante el período ibérico de la Guerra de los Cien Años. Una primera sería constatar que la personalidad de la mayoría de los religiosos, que participan en episodios diplomáticos, está supeditada al cargo que ocupan, siendo manera habitual de aparecer en los relatos solamente con la mención al puesto que desempeñan – especialmente en el cronista castellano Ayala –, apareciendo el nombre, cuando esto ocurre, en una única ocasión, bien la primera vez que son mencionados, bien posteriormente. 72 73

RYMER, 1740, 3/3-4, 150-152. MITRE, 2005, 221-223.

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Sin embargo, la religiosidad es uno de los puntales del discurso historiográfico de todos los autores, pues sirve para recalcar momentos especialmente significativos de los episodios diplomáticos. La descripción del ceremonial sirve para recalcar la relevancia del evento en sí, mayoritariamente vinculado con episodios diplomáticos de cariz pacificador. En ellos, el jurar sobre la hostia consagrada equivale a la firma de un tratado. La pomposidad varía desde la simple mención a la presencia de un eclesiástico hasta la ceremonia que rodeó una firma de la paz, como el ejemplo ya visto en las barcas en medio del Tajo. El tercer aspecto reside en el uso político que hace Fernão Lopes de la cuestión religiosa, mucho más atenuado en Ayala, e inexistente en el resto. Vemos cómo el cronista luso enfatiza el binomio cismático-católico en torno a los seguidores de Juan I y Clemens VII y los seguidores de João I (verdadero rey) y Urbanus VI (verdadero papa). El marco del cisma se convierte en la mejor herramienta narrativa de cara a afianzar la validez y la justificación de la entronización del nuevo rey, instaurando una nueva legitimidad bajo el auspicio de tener a la verdad divina de su lado. En efecto, en el contexto del Cisma, otra conclusión constatable es la utilización de las misiones diplomáticas con clérigos para demostrar la primacía en el contexto internacional. En una doble vertiente, si son las legaciones pontificias las que acuden a un reino, no se comentan el resto de viajes de la embajada, sino que se mencionan desde la óptica de la exclusividad, dando a entender que los papas tienen interés únicamente en hablar con un rey en cuestión. Del mismo modo, si son embajadas ordenadas por un rey – especialmente en los confusos años entre 1378 y 1381, a la hora de dirimir cuál era el verdadero papa – las crónicas atribuyen la exclusividad de la iniciativa para resolver la cuestión del cisma al rey del que hable la crónica. Aunque más que una conclusión, es una reflexión, no conviene nunca olvidar la posibilidad de que las divergencias, y sobre todo las omisiones, los errores y las equivocaciones en la narración se deban a que los textos que manejamos no son al cien por ciento de la autoría de los cronistas. Son productos de entornos historiográficos que han seguido las directrices de los que gobernaban, siendo posible, incluso, que hayan sido modificados a lo largo de tiempo. Las crónicas están al servicio de la Corona, no del rigor histórico, cosa que no siempre ha sido tenido en cuenta por los historiadores. En definitiva, los prelados y clérigos son elementos circunstanciales de la narrativa historiográfica. Interesan especialmente por su valor simbólico, y notablemente menos, por su contribución real. Los cronistas son filtradores de los datos y constructores de realidades, cuya intencionalidad viene marcada por su dependencia política. Lo que

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escribieron fue una encomienda, por lo que está claro que su discurso refleja la voluntad del poder político que encargó la obra. AMADO, Teresa (2007) – O passado e o presente: ler Fernão Lopes. Lisboa: Presença. AMRÁN, Rica (coord.) (2009) – Autour de Pedro López de Ayala. París-Côté-femmes: Indigo-Université de Picardie Jules Vernes. AYALA, Pero López de (1779) – Crónica del rey Don Pedro. Madrid: Imp. D. Antonio de Sancha. AYALA, Pero López de (1780) – Crónicas de los reyes Don Enrique II, D. Juan I y D. Enrique III. Madrid: Imp. D. Antonio de Sancha. BAPTISTA, Júlio César (1956) – « Portugal e o Cisma de Ocidente ». Lusitania Sacra. Lisboa. Vol. 1, pp. 65-203. CAETANO, Marcelo (1985) – A crise nacional de 1383-1385: subsídios para o seu estudo. Lisboa: Verbo. CASADO, Blas (2012) – « Gonzalo Núñez de Guzmán, maestre de Alcántara y de Calatrava, al servicio de la corona de Castilla y León ». Espacio, tiempo y forma. Serie III, Historia medieval. Madrid. Vol. 25, pp. 147-172. CINTRA, Luís Filipe (1990) – Crónica geral de Espanha de 1344. Lisboa: Academia Portuguesa da História. COSTA, António (1982) – Monumenta Portugaliae Vaticana. Vol. III-1: A Península Ibérica e o cisma de Ocidente. Repercussão do cisma na nacionalidade portuguesa do século XIV e XV. Braga-Porto: Editorial Franciscana. COSTA, Paula (2015) – « Álvaro Gonçalves Pereira: um homem entre a oração e a construção patrimonial como estratégia de consolidação familiar ». População e Sociedade. Porto. Vol. 23, pp. 45-71. COSTA, Paula (1999-2000) – A Ordem Militar do Hospital em Portugal: dos finais da Idade Média à modernidade. Porto: Fundação Eng. António de Almeida. COUSSEMACKER, Sophie (2004) – « Juan Serrano, un évêque assassiné ». En La imagen del obispo hispano en la Edad Media. Pamplona: EUNSA, pp. 185-250. ESTOW, Clara (2006) – La legitimación de lo ilegítimo: López de Ayala y la historiografía medieval. Madrid: Ediciones del Orto. FARELO, Mário (2013) – « O percurso eclesiástico e político de Afonso Domingues de Linhares, bispo da Guarda (1364-1394) e de Segóvia (1394-1397) ». Estudios Segovianos. Segovia. Vol. 55, nº 112, pp. 277-323.

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A participação de letrados laicos nas embaixadas portuguesas do final da Idade Média (1385-1495) Diogo Faria

Resumo: No final da Idade Média, de acordo com prescrições teóricas da época e com a historiografia, eram muito diversos os critérios em que se baseava a seleção dos indivíduos que desempenhavam missões diplomáticas. Neste trabalho, analisa-se a participação de letrados laicos nas embaixadas enviadas pelos reis de Portugal entre 1385 e 1495, procurando-se dar conta da sua importância face ao conjunto dos diplomatas e identificar as características pessoais, intelectuais e políticas que este grupo de homens reunia e que justificava a sua nomeação para uma tarefa tão importante como a representação do seu monarca no estrangeiro. Palavras-chave: diplomacia, embaixadas, embaixadores, letrados laicos, Portugal, Idade Média

Resumen: De acuerdo con las prescripciones teóricas de la historiografía para la Baja Edad Media, existía una enorme diversidad en los criterios en los que se basaba la selección de los individuos que desempeñaban las misiones diplomáticas. En este trabajo, se analiza la participación de los letrados laicos en las embajadas enviadas por los monarcas de Portugal entre 1385 y 1495, con el objeto de realzar su importancia dentro del conjunto de los diplomáticos y de identificar sus características personales, intelectuales y políticas, que este grupo de hombres reunía y que justificaban su nombramientos para una tarea tan importante como la representación de su monarca en el extranjero. Palavras claves: diplomacia, embajadas, embajadores, letrados laicos, Portugal, Edad Media



CEPESE, Universidade do Porto. [email protected]

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Abstract: At the end of the Middle Ages, according to the theoretical prescriptions of the time and the historiography, the criteria in which relied the selection of the individuals that carried out diplomatic missions was very diversified. In this work, it is analyzed the participation of scholars in the embassies sent by the kings of Portugal between 1385 and 1495. We try to evaluate their importance in the whole of the Portuguese diplomats and to identify the personal, intellectual and political characteristics that justified their appointment to a task as important as the representation of the monarchs abroad. Keywords: diplomacy, embassies, ambassadors, lay scholars, Portugal, Middle Ages

Pouco depois de subir ao trono, D. João II enviou uma embaixada aos Reis Católicos, com o objetivo de ratificar a paz de 1479 com Castela. Compunham essa missão Luís Gonçalves Malafaia e dois desembargadores cuja identidade desconhecemos. De acordo com os Ditos Portugueses Dignos de Memória, a receção de Fernando o Católico aos diplomatas portugueses não foi a mais cordial, e Luís Gonçalves Malafaia, descontente com a atitude do monarca, tê-lo-á desafiado para a guerra. Reagiu com uma pergunta o aragonês que também era rei de Castela: «Não tinha el-rei meu primo em seu reino outra pessoa de homem senão vós com quem me mandar esse desafio e embaixada?». E respondeu Malafaia: Senhor, el-rei meu senhor tem muitos homens em seu reino mui vistosos, oradores e eloquentes; e uns manda a el-rei de França e outros a el-rei de Inglaterra e outros a outras partes, para que lhe parecem suficientes; e a mim mandou-me a vós, porque lhe pareceu que eu bastava1.

É possível que as coisas não se tenham passado bem assim, mas esta anedota é pelo menos um testemunho não muito desfasado cronologicamente de alguns aspetos da diplomacia tardo-medieval que são abordados neste trabalho. Por um lado, este episódio coloca em evidência a importância da escolha dos embaixadores e a sua potencial influência no sucesso ou insucesso das missões. Por outro, dá-nos conta de alguns dos critérios que poderiam estar na base dessa seleção: os dotes oratórios, a eloquência e a capacidade para dar nas vistas e impressionar. Por fim, ainda que não devamos dar muito crédito ao caso concreto, a referência à escolha dos diplomatas em função do destino da

1

SARAIVA, [s.d.], 213-214.

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embaixada talvez possa ser vista como uma alusão indireta a um dos potenciais tipos de especialização dos embaixadores medievais: a especialização geográfica. Neste trabalho procura-se refletir sobre alguns destes aspetos, com foco nos indivíduos letrados laicos que exerceram funções diplomáticas entre os reinados de D. João I e de D. João II, ou seja, de 1385 a 1495. Impõem-se alguns esclarecimentos sobre o grupo que será analisado e sobre os fundamentos empíricos deste estudo. 1. O perfil dos embaixadores é analisado tendo em conta uma categorização que distingue nobres, clérigos e letrados laicos. É uma opção que se, por um lado, acarreta problemas, por outro, parece suficientemente operativa e ligada à realidade da cronologia em causa para poder ser adotada. Entre as desvantagens desta escolha salienta-se o facto de se estar perante uma divisão que tem uma certa dose de artificialidade, na medida em que não se trata de três estatutos jurídicos, sociais e culturais claramente distintos. Na realidade, há até uma mistura idealmente evitável entre duas ordens sociais (nobreza e clero) e uma categoria cultural (letrados), que acaba por implicar uma evidente porosidade entre os diferentes grupos: os nobres e os clérigos eram frequentemente letrados, se entendermos como letrado “alguém versado em letras e em literatura, e, por extensão, possuidor de uma vasta cultura”2. Na prática, porém, esta divisão é operativa quando o objeto de análise é a diplomacia portuguesa do final da Idade Média. Em linha gerais, a proximidade ao monarca, a confiança régia, o prestígio social e as competências técnicas (sobretudo conhecimentos jurídicos e de línguas) parecem ser os fatores determinantes da escolha dos protagonistas de cada missão diplomática. Isso implicou o recrutamento de embaixadores, sobretudo, entre os círculos mais próximos de cada soberano, com destaque para as esferas muitas vezes cruzadas do Conselho Real, do topo da administração central, do alto clero e da nobreza de corte. Uma análise do perfil dos diplomatas em função da tipologia e do destino de cada missão, como a que é parcialmente ensaiada neste estudo, permite distinguir claramente certos níveis de especialização, que, em traços gerais, determinam as escolhas: de membros da família real ou da alta nobreza para missões com um maior caráter de representação e de outros nobres para missões com menor alcance político; de elementos da administração com formação jurídica para embaixadas com propósitos negociais relevantes (como alianças matrimoniais e acordos de paz); de prelados para a atuação junto do papado. Ainda que este quadro não seja 2

NORTE, 2013, 79.

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absolutamente estanque e que seja possível identificar diversos matizes, pesando o perfil social dos diplomatas, os seus laços com a coroa e as funções que desempenham na administração do reino ou na estrutura da Igreja, parece legítimo e operativo distinguir os nobres dos clérigos e dos juristas laicos do desembargo. De resto, com diferenças pontuais, tem sido essa a opção de diversos autores em estudos quer sobre a administração central, quer sobre a diplomacia3. 2. Na linha das análises de Isabel Beceiro Pita4, serão tratados como letrados laicos não apenas os indivíduos detentores de graus académicos na área das Leis, mas também outros oficiais régios cuja atuação incide sobre o domínio da escrita, como os secretários e os escrivães. 3. Ainda não existem na historiografia portuguesa estudos suficientes que permitam traçar com um grau razoável de segurança a paisagem das embaixadas enviadas pelos reis de Portugal na cronologia que aqui se aborda5. Para o reinado de D. João I, baseei-me fundamentalmente nos dados da tese de doutoramento de Alice Santos sobre os diplomatas desse monarca6. Em relação aos reinados de D. Duarte, D. Afonso V e D. João II, apesar de terem sido recentemente defendidas duas teses sobre o perfil dos diplomatas em segmentos deste período7, optei por utilizar as informações que, desde 2014, venho reunindo e tratando no âmbito de uma investigação global sobre a diplomacia portuguesa entre 1433 e 1495. Nesse sentido, a maior parte dos dados aqui apresentados relativos a esse período resultam da análise das fontes que tive oportunidade de consultar e sistematizar até este momento, e que incluem o essencial da cronística portuguesa, castelhana, aragonesa e francesa, assim como as principais coletâneas documentais com as mesmas origens, para além das inglesas e das relativas a relações com o papado e de documentação inédita depositada em diversos arquivos e bibliotecas nacionais e estrangeiros8. Por ser um documento que me suscita bastantes dúvidas que 3

Esta lista está longe de ser exaustiva: BECEIRO PITA, 1997A; BECEIRO PITA, 1997B; CAÑAS GÁLVEZ, 2010; HOMEM, 1990; LAZZARINI, 2015; MONTEIRO, CARDIM, 2005; PÉQUIGNOT, 2009; MOEGLIN, PÉQUIGNOT, 2009; 4 BECEIRO PITA, 1997A; BECEIRO PITA, 1997B; BECEIRO PITA, 2007; BECEIRO PITA, 2009. 5 Um balanço da historiografia sobre a diplomacia portuguesa medieval, atualizado até 2010, está disponível em BRANCO et al., 2011. 6 SANTOS, 2015. 7 LIMA, 2016; MARINHO, 2017. 8 Foram explorados fundos de arquivos e bibliotecas como: Arquivo Nacional da Torre do Tombo, Biblioteca Nacional de Portugal, Arquivo Distrital de Braga, Arquivo Distrital de Évora (doravante ADE), Arquivo Municipal de Cascais, Arquivo Municipal de Lisboa, Arquivo Municipal do Porto, Biblioteca da Ajuda, Biblioteca Pública de Évora (doravante BPE) e Biblioteca Pública Municipal do Porto (doravante BPMP); Biblioteca Nacional de España, Archivo de la Corona de Aragón, Sección Nobleza del Archivo Historico

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ainda não tive oportunidade de esclarecer, não utilizei a lista de missões dos reinados de D. João I a D. Afonso V publicada por Jorge Faro9. Todos os dados apresentados têm um caráter provisório. 1. Considerações teóricas sobre o perfil dos embaixadores do final da Idade Média Antes analisar a participação de letrados laicos na diplomacia portuguesa tardomedieval, importa conhecer em linhas gerais as considerações teóricas desse período sobre o perfil dos embaixadores. Esse tema foi objeto de alguns textos sobre diplomatas e a arte de negociar produzidos a partir do século XV10, sendo talvez o mais conhecido o Ambaxiator Brevilogus, do francês Bernard du Rosier11. Em geral, as qualidades que se esperava que um diplomata possuísse eram a fidelidade, a honestidade, a sensatez, a prudência e a eloquência. Para além disso, eram valorizados o perfil social e as competências práticas, nomeadamente no que toca ao domínio de línguas estrangeiras e aos dotes retóricos12. Tanto quanto se sabe, a primeira obra dedicada a estes assuntos redigida por um português foi publicada em Hamburgo, apenas em meados do século XVII. Trata-se da Instrução política de legados, de António da Silva e Sousa13. Isso não significa que em Portugal, ainda na Idade Média, não tenham sido escritas considerações sobre o perfil dos diplomatas. Proponho uma análise sumária de três exemplos. Uma primeira, muito simples e subtil, encontra-se numa carta de D. Duarte ao abade de Florença D. Gomes, de 23 de março de 1437, uma altura em que este clérigo atuava como agente do rei de Portugal junto do papa Eugénio IV. O monarca refere que o mandatava confiando na sua «bondade e discrepçom»14. É uma fórmula que encontramos frequentemente em cartas de provimento de ofício e que corresponde, por assim dizer, ao standard das qualidades apreciadas num procurador ou funcionário régio.

________________________________________________________________ Nacional – Toledo, Real Academia de la Historia, Biblioteca del Monasterio de El Escorial, Biblioteca y Archivo de Francisco Zabalburu, Archivo Ducal de Alba, Archivo de la Ciudad de Barcelona; Bibliothèque National de France, Archives Nationales, Archives Départamentales du Nord – Lille; British Library. 9

FARO, 1965, pp. 74-82. As circunstâncias da produção do documento que está na origem desta lista não são conhecidas, sendo difícil, portanto, avaliar a fiabilidade dos seus dados que, em geral, são bastante incompletos em relação a cada embaixada. Até ser possível obter mais esclarecimentos, optei por tomar como seguras apenas as informações que são confirmadas por outras fontes. 10 Uma obra recente foi dedicada a esses textos: ANDRETTA et al. (dir.), 2015. 11 Publicado em GRABAR, 1906, 1-28. 12 BECEIRO PITA, 2009, 196-199; BÉLY, 1998, 18-20; LAZZARINI, 2015, 123-130; MOEGLIN, PÉQUIGNOT, 2017, 360-374; PÉQUIGNOT, 2012, 547; QUELLER, 1967, 150-155. 13 HOMEM, 2014, 35. 14 DINIS, 1960-1974, vol. VI, doc. 16, 34.

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Mais significativas em relação à diplomacia são as considerações de Damião de Góis, na Crónica do Príncipe D. João, a propósito da nomeação de Rui de Sousa para uma embaixada enviada a Castela, em 1474. Diz o cronista que «porque ho representar desta embaixada requeria muita prudencia e constancia d'animo, sem medo, nem spanto de theatros, nem coroas reais, [o rei] ellegeo pera isso Rui de Sousa, pessoa que alem de sua antiga nobreza, era muim sagaz, e bom cortesão»15. Esta passagem documenta desde logo uma característica importante da diplomacia tardo-medieval e renascentista: os

caracteres diferentes que podiam assumir as missões diplomáticas, distinguindo-se as que eram essencialmente de aparato das que tinham uma natureza negocial mais vincada. No quadro deste trabalho, o que mais importa é salientar que a seleção dos diplomatas era feita em função dessa natureza geral e dos objetivos específicos

de

cada

embaixada.

Neste

caso

concreto,

valorizavam-se

características da personalidade do nomeado como a prudência, a calma, o equilíbrio psicológico, a coragem e a sagacidade. Noutros planos, eram ainda salientados o perfil social – a «antiga nobreza» – e a habilidade para se mover nos meios cortesãos. O último exemplo é ainda mais claro quanto a alguns destes aspetos. Em 1433, o rei D. Duarte, acabado de subir ao trono, pede pareceres a alguns dos seus conselheiros sobre questões relacionadas com a política peninsular. Um dos documentos preservados no Livro dos Conselhos desse monarca é o parecer do conde de Ourém, seu sobrinho, que propunha o envio de uma embaixada a Castela sobre a guerra contra Granada e se debruçava sobre quem deveriam ser os embaixadores, fundamentando a sua posição: «parece me que vossa senhoria deve emviar as mayores pesoas que nunqua a ele enviastes e eu dirya que erom boas meus padre e meu irmão e o bispo do porto pera propoer, porquanto he embaixada que he de serviço de deus e parece homem bem ousado e razoadamente letrado». O conde de Ourém avança três argumentos para o envio de uma embaixada com estes peso e dimensão: 1) «por ser mais noteficado a todo o mundo»; 2) «porque sabendo o dicto Rey de Castella e seu conselho esta cousa e aver asy destes notificada averiam empacho de negar cousa tam justa»; 3) «porque geralmente as grandes pesoas se bem entendydas são arecadão mais asynha as grandes cousas que as outras pesoas somenos»16. Uma vez mais, fica evidente a importância atribuída ao perfil social dos diplomatas, sendo que neste caso ela é devidamente justificada e associada a uma 15 16

GÓIS, 1977, 106. DUARTE I DE PORTUGAL, 1982, 69-73.

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dimensão prática: considerava-se que uma embaixada constituída por elementos da mais alta nobreza, para além de poder lograr uma maior visibilidade internacional, poderia ser mais eficaz no cumprimento dos seus objetivos, pelo impacto que causaria junto de quem a iria receber. Mas isso não era suficiente, e por isso o conde de Ourém sugeria também a nomeação do bispo do Porto, não só porque a missão tinha como propósito o serviço de Deus, mas também porque ele era «razoadamente letrado». Nestes três testemunhos sobre o perfil dos embaixadores medievais, esta é a única referência a competências intelectuais no domínio da literacia. Não me parece que esta escassez signifique desprezo ou pouca importância atribuída a estes atributos. Antes pelo contrário, talvez só espelhe a naturalidade com que eram encarados: seriam um pressuposto básico. De outra forma, não se compreenderia o peso que os letrados assumiram nas embaixadas do século XV. 2. O peso dos letrados laicos nas missões diplomáticas

Seria importante começar com números. É fundamental apurar, com tanto rigor quanto possível, quantas embaixadas foram enviadas por reis de Portugal durante este período, quantas dessas integraram letrados, quantas integraram só letrados e em quantas eles eram acompanhados por elementos de perfil diferente, etc. A paisagem documental portuguesa, contudo, está longe de integrar as fontes que, por exemplo, permitiram a Anne-Brigitte Spitzbarth analisar mais de 1400 embaixadas enviadas durante o governo de Filipe o Bom da Borgonha e tratar o perfil dos 621 indivíduos que foram embaixadores durante essas quase cinco décadas17. Os dados disponíveis para Portugal são muito desiguais – resultam do cruzamento de um conjunto de documentos muito dispersos e de tipologia e muito distinta – e, sobretudo, não são nem seriais, nem exaustivos. Como já se referiu, é por isso que os números que aqui se apresenta são necessariamente provisórios e o seu tratamento estatístico deve ser encarado com alguma prudência.

17

SPITZBARTH, 2013.

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Gráfico 1 – Perfil social dos embaixadores dos reis de Portugal (1385-1495)

Gráfico 2 – Peso relativo de cada tipo de perfil social entre os embaixadores (13851495)

Nestes dois gráficos encontram-se representadas, por um lado, a distribuição dos embaixadores consoante o seu perfil social em cada um dos reinados analisados e, por outro, a evolução do peso relativo de cada um desses perfis ao longo deste período de pouco mais de um século. Em linhas gerais, verifica-se que: 1. Excetuando o curto reinado de D. Duarte, com circunstâncias diplomáticas muito específicas a que se fará menção mais à frente, era entre a nobreza que a maioria

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dos embaixadores era recrutada. O peso relativo deste segmento da sociedade na diplomacia manteve-se estável ao longo deste século: os nobres correspondiam a cerca de 50% dos embaixadores tanto no reinado de D. João I como nos de D. Afonso V e D. João II. 2. Em relação aos eclesiásticos, é possível notar uma tendência para um ligeiro decréscimo do seu peso: correspondiam a 27% dos diplomatas no tempo de D. João I, 23% no de D. Afonso V e 19% no de D. João II. Este valor dispara apenas no reinado de D. Duarte, quando 43% dos embaixadores eram clérigos. A explicação é simples: o principal acontecimento diplomático deste período foi o concílio de Basileia, para o qual o Eloquente enviou uma embaixada anormalmente grande, vistosa e teologicamente sólida, e que para além dos bispos do Porto e de Viseu incluía três outros clérigos18. Tendo em conta que o universo de missões e de diplomatas deste curto reinado é bastante limitado (apenas sete embaixadas enviadas identificadas), essa circunstância reflete-se de forma muito notória nestes valores relativos. 3. Por fim, o que mais interessa no âmbito deste estudo, os letrados laicos. Correspondiam a 15% dos embaixadores no tempo de D. João I, subiram para 21% no reinado do seu filho, aumentaram para 27% no governo de D. Afonso V e recuaram para 19% quando o monarca era D. João II. Apesar das oscilações, o seu peso tende a aumentar ao longo deste período, praticamente na mesma medida em que o dos clérigos vai decrescendo. Como se demonstrará, a diminuição da importância dos letrados no reinado do Príncipe Perfeito, indiciada pelo decréscimo de oito pontos percentuais face ao governo anterior, é uma ilusão estatística que uma análise qualitativa facilmente anula. Este é, face aos dados disponíveis, o quadro geral do perfil dos diplomatas portugueses no final da Idade Média. Mas é um cenário potencialmente enganador, que quando olhado de mais perto revela nuances que alteram a perceção das suas linhas de força. Foque-se a situação dos letrados laicos. Primeira impressão: quantitativamente, o peso dos letrados na diplomacia portuguesa tardo-medieval nunca foi grande19. No tempo de D. João I, era mesmo muito escasso – 18

MARQUES, 2003-2004. Uma aproximação à diplomacia de D. Manuel I através de uma lista de uma parte das embaixadas enviadas durante o seu reinado indicia que o panorama não seria muito diferente na transição do século XV para o 19

XVI: os nobres continuariam a destacar-se, representando 39% dos diplomatas, enquanto os clérigos e os letrados empatavam com 22% cada (não tendo sido possível identificar ou enquadrar em qualquer destas três categorias 17% dos indivíduos). FARIA, 2016, 119-120.

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15%. Nos reinados seguintes, já era mais significativo, mas sempre longe de maioritário – grosso modo, eram letrados entre um quinto a quarto dos embaixadores. São dados factuais, mas que não encerram em si grandes conclusões. Gráfico 3 – Número de missões por embaixador letrado (1385-1495)

Se se procurar saber em quantas embaixadas participaram cada um dos embaixadores letrados, verifica-se que cerca de 59% esteve presente em duas ou mais missões, e 48% em três ou mais. Ou seja, a maior parte destes homens não desempenhou funções diplomáticas pontualmente. Era antes um conjunto de indivíduos a que os monarcas recorriam sistematicamente

para os representarem no estrangeiro, porventura

reconhecendo as suas competências e valorizando a experiência que, entretanto, iam adquirindo. Eventualmente, poder-se-á até falar em especialização. Quadro 1 – Peso dos letrados nas embaixadas e nos embaixadores (1385-1495) Embaixadas Embaixadores

D. João I D. Duarte D. Afonso V D. João II

52 7 63 39

52 14 44 36

Embaixadores letrados

8 (15.3%) 3 (21.4%) 12 (27.3%) 7 (19.4%)

Embaixadas com embaixadores letrados 23 (44.2%) 3 (42.9%) 24 (38.1%) 17 (43.6%)

Uma das consequências que advém deste facto é que o peso real dos letrados laicos na diplomacia é superior à importância desse grupo face ao total de diplomatas. Analisando

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o quadro 1, verifica-se, por exemplo, que no tempo de D. João I os letrados correspondiam a apenas 15,4% dos embaixadores, mas estiveram presentes em 44,2% das embaixadas. A situação é semelhante nos restantes reinados, ainda que a desproporção não seja tão evidente. Em termos gerais, constata-se que normalmente os letrados equivaliam a cerca de um quinto a um quarto dos diplomatas, mas estavam sempre presentes em mais de um terço, e por vezes em quase metade, das missões promovidas pelos monarcas. É esta a primeira nuance do quadro geral traçado mais atrás: na realidade, o peso dos letrados nas embaixadas do final da Idade Média é significativamente superior ao que o seu número, à primeira vista, parece indiciar. Ainda é possível apertar mais a malha desta análise, e procurar apreender uma dimensão mais qualitativa do que quantitativa da importância destes homens nas relações externas. As embaixadas não eram todas iguais, visto que não tinham todas a mesma relevância. Negociar um tratado de paz em Castela ou discutir as pescarias nas águas da Guiné não eram a mesma coisa. Optou-se, por isso, por analisar o papel desempenhado por letrados num conjunto de missões que se considera poderem ser consideradas de maior preponderância política e simbólica: negociações de tréguas, de tratados de paz e de aliança, celebração de acordos matrimoniais e participação em concílios da Igreja. Quadro 2 – Letrados laicos nas embaixadas com maior alcance político e simbólico (1385-1495) Embaixadas com maior Embaixadas com maior alcance alcance político e político e simbólico com letrados simbólico laicos D. João I D. Duarte D. Afonso V D. João II

18 1 10 7

14 (77.7%) 1 (100%) 8 (80%) 4 (57.1%)

Os dados estão sistematizados no quadro 2. É notório, porque sempre maioritário, o peso deste tipo de embaixadores nestas missões. No reinado de D. João I, fértil em missões políticas delicadas enviadas sobretudo a Castela, mas também a Aragão, Borgonha e Inglaterra, os letrados eram protagonistas de praticamente 80% destes negócios. No tempo de D. Duarte, a embaixada enviada ao Concílio de Basileia incluía dois dos mais notáveis doutores do reino – Diogo Afonso Mangancha e Vasco Fernandes de Lucena20. Governando Afonso V, só duas destas missões mais relevantes não são encabeçadas por letrados laicos: em 1459, um eventual consórcio entre a infanta 20

MARQUES, 2003/2004.

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D. Catarina e o príncipe Carlos de Aragão foi tratado por Gabriel Lourenço21, um clérigo aragonês instalado em Portugal havia algumas décadas, e que já tinha experiência na intermediação de contactos entre as duas coroas22; em 1468, a negociação de um possível casamento entre o monarca português e Isabel, a futura rainha Católica, esteve a cargo de D. Jorge da Costa23, arcebispo de Lisboa e figura proeminente da igreja nacional24. Já no tempo de D. João II, houve três missões deste nível que não integraram letrados laicos: duas foram conduzidas por Rui de Sousa, um nobre que foi um dos principais diplomatas deste tempo, e resultaram numa sondagem sobre o matrimónio do príncipe D. Afonso com a infanta castelhana Isabel, em 148825, cuja efetivação viria a estar a cargo de uma outra comitiva em que os letrados estavam representados26, e na celebração de um acordo com o reino de Fez, em 148927; a outra foi protagonizada por Diogo Fernandes Correia, que foi feitor na Flandres e estava, por isso, habituado a contactos com o Império, tendo representado o Príncipe Perfeito, em 1494, na assinatura de um tratado de aliança militar com Maximiliano I28. Efetuando um primeiro balanço, salientaria que: 1. Os letrados laicos eram uma minoria entre os embaixadores portugueses do século XV. Apesar de o seu peso ter aumentado entre os reinados de D. João I e de D. João II, estes diplomatas nunca estiveram perto de ser tantos como os nobres e nunca se destacaram claramente face aos clérigos. 2. Ainda assim, os letrados laicos eram homens a quem os monarcas recorriam sistematicamente para protagonizarem missões diplomáticas. Quase metade deles encabeçou, pelo menos, três embaixadas. Para além das suas competências, parece que a experiência diplomática que iam adquirindo era valorizada. 21

DINIS, 1960-1974, vol. XIII, docs. 124-127, 196-204, docs. 154-155, 250-252, doc. 167, 270-271; LEÃO, 1975, cap. XXXI, 875; QUERALT Y NUET, 1887, liv. I, cap. VII, 417; ZURITA, 2003, vol. VII, liv. XVI, cap. LIV, LX. 22 Tinha integrado uma embaixada enviada por D. Duarte a Aragão em 1433. DINIS, 1960-1974, vol. IV, docs. 105-107, 302-309. 23 CASTILLO, 1994, cap. 127, 318; CHAVES, 1984, 223; LEÃO, 1975, cap. XXXVII, 896-897; PALENCIA, 1973, década II, liv. I, cap. VII, 269-271; PULGAR, 2008, vol. I, cap. V, 23-25; VALERA, 1941, cap. XLIV, 149-150; ZURITA, 2003, vol. VII, liv. XVIII, cap. XX. 24 MENDONÇA, 1991. 25 SARAIVA, [s.d.], 201-202. 26 Tratou-se da embaixada enviada a Castela em 1490, em que participaram o nobre Fernão da Silveira, o letrado Dr. João Teixeira e o secretário Rui de Pina. ADE, Fundo da Câmara, liv. 71, fl. 55; PINA, 1977, cap. XXXIX, 961; cap. XLIV, 966-973; PULGAR, 2008, vol. II, cap. CCLVII, 437-439; SUÁREZ FERNÁNDEZ, 1968, vol. III, doc. 37, 189; TORRE, SUÁREZ FERNÁNDEZ, 1958, vol. II, docs. 416-417, 364-365; TORRE, 1955, 341-342; ZURITA, vol. VIII, liv. XX, cap. LXXXIV. 27 ADE, Fundo da Câmara, liv. 72, fls. 32-33; PINA, 1977, cap. XXXVIII, 960; RESENDE, 1991, cap. LXXXII, p. 126. 28 MENDONÇA, 1994, 113-118.

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3. Se se tiver apenas em conta as missões de maior alcance político, a presença dos letrados laicos já é claramente maioritária, sendo notório que os monarcas reconheciam quer a necessidade de recorrer a indivíduos com um certo tipo de formação para desenvolver e fechar este tipo de negócios, quer a capacidade de um grupo restrito – porque numericamente não muito expressivo – de servidores para assumir essas tarefas. 4. Os traços gerais da evolução do perfil dos diplomatas portugueses estão globalmente alinhados com tendências que são observáveis em diversas potências do século XV e que, em certa medida, até já são discerníveis nas relações externas promovidas pelo Império Romano, num tempo em que a formação intelectual e a experiência diplomática eram fatores que pesavam na escolha dos representantes imperiais29. Em Castela, também se assiste a um aumento gradual da importância nos negócios com outros Estados dos letrados laicos ligados à administração central, em detrimento dos clérigos, num quadro que ganha forma no reinado de Juan II e se aperfeiçoa até ao tempo dos Reis Católicos30. Na realidade muito particular da Península Itálica, a tendência para as embaixadas incluírem cada vez mais, ao longo deste período, estadias prolongadas no estrangeiro resultou na progressiva substituição dos nobres de perfil elevado e dos bispos por profissionais da chancelaria à frente destas missões31. Na Borgonha de Filipe o Bom, apesar de, como em Portugal, se assistir a um predomínio dos nobres pertencentes à casa do duque entre os embaixadores, a verdade é que uma diplomacia que exigia cada vez mais conhecimentos técnicos em Direito esteve na origem da nomeação de cerca de 30% de embaixadores com diplomas universitários32. Para além disso, tanto neste ducado como no da Saboia, a escolha de um grupo restrito de indivíduos para a participação num conjunto alargado de missões é um sinal de especialização que também é possível identificar na realidade portuguesa33. No fundo, o caso da monarquia de Avis confirma o quadro geral traçado numa obra de síntese muito recente: «Partout en Europe cependant, l’appartenance à des conseils royaux et princiers en voie d’institutionnalisation constitue désormais un mode d’accès privilégié aux tâches diplomatiques»34.

29

MATHISEN, 2012, 227-234. BECEIRO PITA, 1997a; CAÑAS GÁLVEZ, 2010, 692-694; 31 LAZZARINI, 2015, 126. 32 Spitzbarth, 2010. 33 Borchgrave, 1998, 79; Pibiri, 2010; Pibiri, 2011, 87-89; Spitzbarth, 2010. 34 Moeglin, Péquignot, 2017, 390-391. 30

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3. Perfil dos letrados laicos que protagonizaram missões diplomáticas

Conhecido o peso destes 27 homens na diplomacia portuguesa tardo-medieval, importa saber quem eles eram, qual era a sua formação, que funções desempenhavam ao serviço da coroa e qual era a sua proximidade em relação aos monarcas. No fundo, impõe-se procurar saber em que meios é que os reis os iam recrutar para o desempenho destas missões ad hoc e porquê. Quadro 3 – Perfil académico dos embaixadores letrados laicos (1385-1495) Nível académico Escolar Bacharel Licenciado Doutor Desconhecido / sem formação académica

Número de embaixadores 1 (3.7%) 1 (3.7%) 3 (11.1%) 18 (66.7%) 4 (14.8%)

No que toca à formação, o cenário não é surpreendente. Quase todos estes indivíduos efetuaram estudos superiores, tendo dois terços obtido o grau de doutor, mais em Direito Civil do que Canónico. Os quatro únicos que não são identificados através do recurso a qualquer referência académica, mas que são inequivocamente letrados, são Álvaro Lopes de Chaves, Estêvão Vaz, Rui Galvão e Rui de Pina, que foram escrivães ou secretários de D. Afonso V e de D. João II. O campo de recrutamento destes homens também não é difícil de identificar: a administração central do reino. Se descontarmos os quatro secretários mencionados, todos estes letrados foram membros do Desembargo régio ou integraram as instâncias burocráticas da casa dos príncipes. Apenas se poderá apontar uma exceção: Fernão Gonçalves Beleágua, doutor em Direito Canónico pela Universidade de Bolonha e embaixador de D. João I em diversas ocasiões. Não se conhece qualquer participação sua na burocracia régia, mas a proximidade à coroa é evidente: pertenceu ao Conselho do monarca de Boa Memória e foram-lhe atribuídas responsabilidades governativas durante a expedição a Ceuta35. Em relação ao conjunto dos restantes, pode-se ainda especificar que a maioria teve grandes responsabilidades na administração régia. Em 22 indivíduos, 15 foram Vice-Chanceleres ou Chanceleres-Mores ou estiveram à frente dos tribunais superiores da Casa do Cível e da Casa da Suplicação36. 35

SANTOS, 2015, 268-271. O perfil biográfico destes letrados é traçado em diversos estudos sobre a administração central do reino ou a diplomacia portuguesa do final da Idade Média que recorreram ao método prosopográfico: FREITAS, 1996; FREITAS, 2001; HOMEM, 1990; LIMA, 2016; MARINHO, 2017; MOTA, 1989; SANTOS, 2015. 36

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Tendo estes dados em conta, é possível avançar uma explicação verosímil sobre para o provimento destes homens para o exercício de funções tão relevantes ao serviço dos reis de Portugal. Destacam-se quatro aspetos: 1. A formação académica na área do Direito seria de uma utilidade evidente para a negociação e, sobretudo, concretização de acordos, fossem de paz, aliança militar ou matrimonial. 2. A formação superior dava também garantias no que toca ao domínio de línguas estrangeiras, nomeadamente do latim, o idioma privilegiado dos contactos internacionais neste tempo37. 3. Acresce o facto de muitos destes homens terem estudado em universidades estrangeiras, especialmente em Itália, o que, para além de lhes possibilitar uma maior desenvoltura linguística, ter-lhes-á também granjeado um certo savoir faire em relação às viagens, à circulação no estrangeiro e ao contacto com pessoas das mais variadas origens. 4. A integração nas mais altas esferas da administração central implicava pelo menos uma certa proximidade em relação aos monarcas, se não mesmo uma relação de confiança pessoal e política, um fator seguramente essencial no processo de provimento de embaixadores para missões relevantes. Parece-me provável que os letrados laicos só não fossem nomeados mais vezes para este tipo de funções porque, por não serem muitos, a sua presença no reino era também essencial para o bom funcionamento das instituições. Em suma, trata-se de um conjunto de homens cultos, habilitados para a negociação, conceção e redação de acordos internacionais, falantes de línguas estrangeiras, habituados a viajar e próximos dos monarcas. É este perfil que ressalta da análise de três casos concretos de grandes embaixadores letrados laicos da Idade Média portuguesa. Martim do Sem era bisneto e filho de chanceleres e embaixadores de D. Afonso IV, D. Fernando e D. João I. Doutorou-se em Leis na Universidade de Pavia, em 1398, e pouco depois começou a servir o primeiro monarca de Avis em missões diplomáticas. Deslocou-se pelo menos duas vezes a Inglaterra: em 1400-1401, para dar conta da celebração de tréguas com Castela; e em 1404-1405, para negociar o casamento D. Beatriz, filha natural do monarca, com o conde de Arundel. Muito mais numerosas foram as embaixadas que protagonizou no reino vizinho: para além de diversas tréguas, negociou o tratado Ayllón de 1411, assim com as suas sucessivas ratificações. Foi, 37

As línguas dos contactos internacionais na Idade Média foram objeto de diversos estudos de caso em Couto, PÉQUIGNOT, 2017.

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portanto, um dos principais agentes do longo e intermitente processo de estabelecimento da paz entre Portugal e Castela no princípio da segunda dinastia. Conselheiro de D. João I, combateu ao seu lado na conquista de Ceuta e foi um dos homens em quem o monarca confiou quando estabeleceu a casa de D. Duarte, tendo sido seu Governador, Tesoureiro-mor e Chanceler-mor38. O segundo exemplo suscita uma grande interrogação. Trata-se de Vasco Fernandes de Lucena, e a dúvida é: houve um ou dois Vascos Fernandes de Lucena? Esta questão já foi levantada por Jacques Paviot, que não conseguiu avançar com uma resposta definitiva39. O que faz pensar que é extremamente provável que tenham existido dois é não só a longevidade da carreira que lhe é atribuída, mas algumas das suas vicissitudes. Em 1433 estava ao serviço de D. Duarte, representou-o mais tarde no Concílio de Basileia, e há testemunhos do seu percurso até ao princípio da década de 50. Depois, só volta a aparecer em 1479, na administração da casa do príncipe D. João, vindo a ser nomeado por este, já rei, Desembargador da Casa do Cível em 1482. Em 1487, foi provido como guarda-mor da Torre do Tombo e cronista-mor do reino. Desempenhou esse cargo, pelo menos, até 1497, e ainda era vivo em 150140. Se se tratar de um só indivíduo, serviu os monarcas durante cerca de 65 anos. Não é impossível, mas estaria longe de ser normal41. Para além disso, parece estranho, por um lado, que não haja rasto da personagem durante um intervalo de quase 30 anos, e, por outro, que um servidor importante de D. Duarte estivesse quase 50 anos depois da morte deste monarca a ser nomeado Desembargador dos Agravos da Casa do Cível, que não é propriamente um ofício de responsabilidade excecional para um letrado muito prestigiado em suposto fim de carreira. Não tendo nesta altura elementos para confirmar se o indivíduo que todos razoavelmente conhecemos como Vasco Fernandes de Lucena era, na realidade, uma ou duas pessoas, fica a questão em aberto42. Tenha sido um ou tenham sido dois, a este nome ficaram associados

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GOMES, 1995, 137-138; SANTOS, 2015, 410-420. PAVIOT, 2000. 40 MORENO, 1973, 842-849; Mota, 1989, vol. II, 166-169. 41 Armando Luís de Carvalho Homem, estudando o Desembargo Régio entre 1320 e 1433, num total 240 indivíduos identificados, apenas detetou oito carreiras superiores a 30 anos (3,33% do total), e nenhuma delas se prolongou por mais de quatro décadas. Homem, 1990, p. 479. Na transição do século XV para o XVI, já seriam mais comuns as carreiras longas. Num estudo sobre a Chancelaria de D. Manuel I, foram identificados 10 percursos burocráticos superiores a 30 anos entre 39 oficiais (25,6% do total), tendo três deles superado os 40 anos de serviço e um atingido os 57. FARIA, 2013, pp. 127-128. 42 De qualquer forma, por me parecer a hipótese mais provável e mais verosímil, em todos os exercícios estatísticos utilizados neste trabalho foi considerada a existência de dois Doutores Vasco Fernandes de Lucena: um que serviu D. Duarte e D. Afonso V entre a década de 30 e o princípio dos anos 50 e outro que serviu D. João II. 39

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importantes feitos diplomáticos: representou D. Duarte no Concílio de Basileia43; para além disso, deslocou-se a Castela em 143844 e a Roma em 145045 e em 148546, onde os seus dotes de oratória terão causado excecional impressão. Por fim, o exemplo mais significativo: João Fernandes da Silveira, considerado por Humberto Baquero Moreno «o maior diplomata português do século XV»47. Filho de um Desembargador e Chanceler-mor de D. João I, Fernão Afonso da Silveira, já era doutor em Leis em 1443, e desenvolveu um notável percurso no Desembargo régio: foi Desembargador, Corregedor da Corte, Vice-Chanceler, Chanceler-mor e Regedor da Casa da Suplicação. Desempenhou ainda importantes cargos na casa do príncipe D. João, de quem viria a ser Escrivão da Puridade48. Mas foi porventura como embaixador que mais se distinguiu: para além de outras missões que provavelmente nos escapam, em 1450, foi responsável pela negociação do casamento da infanta D. Leonor com o imperador Frederico III49, a que assistiu no ano seguinte50; em 1454, negociou o matrimónio da infanta D. Joana com Enrique IV de Castela51, que selou em 145552; entre 1456 e 1460, representou D. Afonso V em Roma, onde deu voz à política cruzadística do Africano53; durante esse período, também se apresentou perante a República de Veneza54; em 1463, acompanhou no reino vizinho as vistas de Fuenterrabia55; em 1465, na sequência das vistas da Guarda, tratou em Castela do casamento de D. Afonso V com Isabel, irmã de Enrique IV56; em 1474, coube-lhe receber D. Joana como mulher do rei de Portugal57;

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MARQUES, 2003/2004. DINIS, 1960-1974, vol. VI, doc. 72, 223-226; PINA, 1977, cap. XLI, 569-570. 45 DINIS, 1960-1974, vol. X, doc. 233, 207-208. 46 CHAVES, 1984, 274; PINA, 1977, cap. XX, 934-935; RESENDE, 1991, cap. LVIII, 90-91. 47 MORENO, 1995, p. 150. 48 Os principais dados biográficos desta figura são sintetizados em CAETANO, 2011. 49 BPE, Manizola, cód, 177, fls. 30-33v; DINIS, 1960-1974, vol. X, doc. 123, 182-183, doc. 211, 278-279, doc. 247, 330-343; LEÃO, 1975, cap. XXIII, 856; PINA, 1977, cap. CXXXI, 759-761; REGO, 1960-1977, vol. VI, doc. 4130, 773-774. 50 BPE, Manizola, cód. 177, fls. 33-33v; ALMEIDA, 1935; LEÃO, 1975, cap. XXIII, 856-858; PINA, 1977, cap. CXXXII-CXXXIII, pp. 761-764; SOUSA, 1946-1954, vol. I, liv. III, 385-389. 51 BPE, Manizola, cód. 177, fls. 29v-30. 52 LEÃO, 1975, cap. XLVII, 337. 53 BPE, Manizola, cód. 177, fls. 24-29v, 39-46v; BPMP, ms. 838, fls. 324v-326, 326v-327, 328-328v; DINIS, 1960-1974, vol. XIII, doc. 14, 19-21, doc. 30, 43-44, doc. 55, 90-92, vol. XIV, doc. 73, 199-204. 54 BPE, Manizola, cód. 177, fls. 24-29v; DINIS, 1960-1974, vol. XII, doc. 109, 202-204. 55 DINIS, 1960-1974, vol. XIV, doc. 98, 247-248; PINA, 1977, cap. CLI, 800-802. 56 BPE, Manizola, cód. 177, fls. 33v-36v; BPMP, ms. 838, 335-337, 337v-346; TORRE et al., 1958, vol. I, doc. 10, 43-57. 57 BPMP, ms. 838, fl. 349. 44

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negociou, em 1479, o tratado das Alcáçovas-Toledo58, e nos anos seguintes deslocou-se pelo menos mais duas vezes a Castela para tratar de aspetos relativos à sua concretização e à operacionalização das Terçarias de Moura59. Este percurso excecional permitiu-lhe alcançar algo extraordinário: por volta de 1468, casou com a filha e herdeira do senhor de Alvito; em 1475, tornar-se-ia o primeiro barão português. Foi, ao que tudo indica, o primeiro indivíduo de origem popular a atingir a titulação nobiliárquica em Portugal, graças a um itinerário político em que a diplomacia desempenhou um papel fundamental60. 4. Conclusão Num sentido mais lato, os embaixadores tratados neste trabalho não eram os únicos diplomatas letrados a representar os reis de Portugal. Abordou-se sobretudo os letrados laicos, que eram detentores de graus académicos e/ou serviram os monarcas em ofícios relacionados com o domínio da escrita. Mas vários outros, nobres e clérigos, mas especialmente estes últimos, partilhavam, pelo menos em parte, características e competências apontadas ao grupo que foi analisado. Exemplo disso é um dos embaixadores que D. João II enviou ao papa em 1494: Diogo de Sousa, que estudou nas universidades de Lisboa, Salamanca e Paris, e que foi cónego de Évora, deão da capela do Príncipe Perfeito, bispo do Porto e arcebispo de Braga61. A participação dos letrados laicos na diplomacia não se esgotava no exercício da função de embaixador. Essa é apenas a face mais visível. Mas em todas ou quase todas as missões, ainda que encabeçadas por nobres ou clérigos, estariam presentes letrados a trabalhar como secretários ou escrivães. A natureza do labor diplomático, assente em grande medida na escrita, assim o exigia. Os testemunhos da sua atividade não são abundantes, mas existem. Três exemplos: na embaixada que D. Duarte enviou a Basileia, seguia alguém suficientemente letrado para elaborar um registo quase diário da missão62; o aristocrata Lopo de Almeida, que integrou a missão que acompanhou o casamento da

58

LEÃO, 1975, cap. LXV, 995-997; PINA, 1977, cap. CCVI, 867-870; PULGAR, 2008, vol. I, cap. CIV, 366-368, caps. CX-CXI, 381-404; SÍCULO, 1943, 82-88; TORRE et al,, 1958, vol. I, docs. 144-146, 215222; 59 BPMP, ms. 838, fls. 359v-360, 361v-362, 362-362v, 363-363v; PINA, 1977, cap. VIII, 905-909; RESENDE, 1991, cap. XXXV, 43-47; TORRE et al., 1958, vol. II, docs. 303-304, 203-211, docs. 307-308, 217-239. 60 Isso é, de resto, referido na carta régia em que lhe é outorgado o título de barão, a 27 de abril de 1475: «nos teer feitos muitos e estremados serviços assy em continos eixercicios da amanistraçam […] como em muitas enbaixadas em que o mandamos per desvairadas partes do mundo». FREIRE, 1996, vol. III, 230-231. 61 PINA, 1977, cap. LXV, 1015-1016; RESENDE, 1991, CLXIIII, 240; TORRE, 1951-1966, vol. IV, doc. 108 de 1494, 460-461. 62 SOUSA, 1946-1954, vol. V, parte II, 237-306.

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infanta D. Leonor com o imperador Frederico III, deu evidentes provas do seu domínio das letras nas célebres Cartas de Itália, que remeteu a D. Afonso V63; o depois cronista Rui de Pina secretariou quatro embaixadas nos primeiros anos do reinado de D. João II 64 – mais tarde seria ele próprio embaixador65. Por fim, assinalo a distância entre as prescrições teóricas sobre o provimento de embaixadores e os critérios que, na prática, presidiam à sua seleção. Salientou-se que alguns textos da época, referindo-se a esta matéria, assinalavam a importância de os diplomatas serem bondosos, discretos, prudentes, eloquentes, de ânimo constante e com capacidade para impressionar quem os recebe, sendo valorizada a «antiga nobreza». Todos esses aspetos serão válidos, mas estão longe de explicar tudo. Os casos dos letrados laicos analisados neste trabalho permitem concluir que na escolha destes homens também eram tidos em conta: a) a sua proximidade pessoal e política aos monarcas; b) o seu grau de literacia; c) as suas competências práticas nos domínios do Direito, das línguas estrangeiras e da circulação pelo estrangeiro; d) a sua experiência prévia em missões do mesmo género. A maior parte dos letrados que serviram D. João I, D. Duarte, D. Afonso V e D. João II cumpria a maioria destes requisitos. Numa altura em que a diplomacia estava ainda longe de se afirmar como palco de carreiras autónomas e profissionais, este grupo restrito de servidores régios ia-se assumindo progressivamente como um conjunto de especialistas na arte da negociação. ALMEIDA, Lopo de (1935) – Cartas de Itália. Lisboa: Junta de Educação Nacional, Centro de Estudos Filológicos. ANDRETTA, Stefano; PÉQUIGNOT, Stéphane; WAQUET, Jean-Claude (dir.) (2015) – Les écrits relatifs à l’ambassadeur et à l’art de négocier du Moyen Âge au début du XIXe siècle. Roma: Publications de l’École Française de Rome. BÉLY, Lucien (1998) – «L’invention de la diplomatie». En L’invention de la diplomatie. Moyen Âge – Temps modernes. Paris: PUF. pp. 11-23. 63

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Multilayered networks: the political geography of Italian diplomacy in the early Renaissance (1350-1520 ca.) Isabella Lazzarini

Abstract: As recent research has convincingly argued, late medieval and early Renaissance Italian diplomacy was a flexible political activity in which a full range of dynamics until now mostly considered separately – negotiation, information-gathering, representation, and communication – interacted in a process intimately linked to political and cultural transformations of power and authority. A map of diplomacy centred on the Italian peninsula between 1350 and 1520 results in a very complex picture of political protagonists and diplomatic features. International and infra-national, formal and informal political actors as well as territorial and non-territorial powers contributed to a geography of diplomacy which was both multilayered and multifaceted, everything but rigid. Finally, no straight or rigid boundaries separated what historians later defined as ‘diplomacy’ or ‘politics’, or ‘international’ or ‘internal’ politics. This paper aims at offering a survey of these different protagonists and their dynamics, and how the building of a cluster of diplomatic and political alliances and networks slowly produced both a hierarchy of polities and powers, and a grammar for their interactions. Keywords: Italy, Europe, Mediterranean, diplomacy, correspondences, Renaissance

Resumen: Como ha sostenido de manera convincente la investigación reciente, la diplomacia italiana de la Baja Edad Media y del temprano Renacimiento fue una actividad política flexible en la que una amplia gama de dinámicas que hasta ahora se consideraban por separado – negociación, recopilación de información, representación y comunicación – interactuaban en un proceso íntimamente vinculado a las transformaciones políticas y culturales del poder y la autoridad. Un mapa de la diplomacia centrado en la península italiana entre 1350 y 1520 da como resultado un cuadro muy complejo de protagonistas políticos y características diplomáticas. Los actores políticos internacionales y nacionales, 

University of Molise. [email protected]

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formales e informales, así como los poderes territoriales y no territoriales, contribuyeron a una geografía de la diplomacia que era a la vez estratificada y polifacética, todo menos rígida. Finalmente, no existen límites inflexibles que separen lo que los historiadores definieron posteriormente como "diplomacia" o "política", o política "internacional" o "interna". Este trabajo tiene como objetivo ofrecer un análisis de los diferentes protagonistas y sus dinámicas, y estudiar cómo la construcción de un grupo de alianzas y redes diplomáticas y políticas produjo lentamente una jerarquía de políticas y poderes, y una gramática para sus interacciones. Palavras

claves:

Italia,

Europa,

Mediterráneo,

diplomacia,

correspondencia,

Renacimiento

Since the nineteenth century, Renaissance Italy has been on the front line of diplomatic research, mainly providing excellent case-studies for the theory associating the beginnings of permanent diplomacy and the emergence of resident ambassadors with the process of state-building1. More than a century later, however, the most recent research is moving away from diplomacy as an institutional tool of power, and is increasingly looking at it as a social and cultural practice that enabled both Europeans and nonEuropeans to engage with each other in formal and informal, state and non-state contexts, through the elaboration of common languages, shared practices of communication, and political cultures2. In this sense, I will here consider diplomacy as a flexible political activity in which a full range of dynamics until now mostly considered separately— negotiation, information-gathering, representation, and communication—interacted in a process intimately linked to political and cultural transformations of power and authority. Gathering all the facets of this process under the banner of a hypothetical and teleological building of a ‘modern state’ is no longer necessary, and can be misleading3. The emergence of diplomacy in Italy as a flexible political activity is grounded on some important features of the Italian peninsular system, which it is well to introduce at the outset. The first is the political framework. The Italian peninsula in the late Middle Ages and early modern age provided a distinctive political environment, in presenting a wide assortment of political entities that varied greatly in size, form, and power. In a long

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VON REUMONT, 1857; DE MAULDE LA CLAVIERE, 1892 ; SCHAUBE, 1889. FEBVRE, 1954; SENATORE, 1994; PEQUIGNOT, 2012; LAZZARINI, 2012; MOEGLIN, PEQUIGNOT, 2017. 3 LAZZARINI, 2015: this paper relies on the content of my book, to which I refer for more details and a full bibliography (see in particular pp. 1-5, 11-30, and 106-112). 2

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Quattrocento that stretches roughly from 1350 to 1520, what we call ‘Italy’ was composed of a mosaic of polities and powers resulting from the slow concentration and definition of the much more fragmented landscape of the aftermath of the Hohenstaufen era. In the north were a number of territorial states of different size and power, born from the strongest among the communal cities, together with a few lay and ecclesiastical feudal principalities. In the centre lay the Papal States, and in the south were the two kingdoms of Sicily and Naples, temporarily unified under the personal rule of Alfonso of Aragon between 1442 and 1458. Minor lords, republics, and communities completed the picture. While the political independence and agency of all these powers was actually very broad, they were formally limited, as they were still subject to the more or less effective sovereign authority of the Empire (in the centre–north of the peninsula) and the Papacy (in the centre–south). This mosaic of territories and powers featured an even wider array of institutional and constitutional experiments. The more formal states included republics (large and small, with or without a maritime empire: Florence, Lucca, Siena, Genoa, Venice); principalities centred on episcopal and communal cities (such as the duchies of Milan and Ferrara and the marquisate of Mantua), and others based on feudal or ecclesiastical lordships (such as the duchy of Savoy, the marquisate of Monferrato, or the prince-bishops of Trent and Aquileia); together with the very peculiar papal monarchy, and the southern kingdoms. Politics was not only a matter for polities with a legally defined authority, however, but also for all those powers, communities, and individuals that controlled a fraction of political agency and gave expression to a political culture. The peninsular political system was therefore not reduced simply to duchies, kingdoms, republics; that is, to the formal framework of authority and power: it was the result of all the different political forces mutually interacting in complex patterns of conflict and negotiation. This constellation of polities and powers was, finally, closely connected by dynastic links and economic and political interests to a broader European and Mediterranean scenario4. Therefore, a map of diplomacy centred on the Italian peninsula between 1350 and 1520 results in a very complex picture of political protagonists and diplomatic features. International and infra-national, formal and informal political actors as well as territorial and non-territorial powers contributed to a geography of diplomacy which was both multilayered and multifaceted, everything but rigid. Finally, no straight or rigid boundaries separated what historians later defined as ‘diplomacy’ or ‘politics’, or ‘international’ or ‘internal’ politics. All these political actors and negotiation levels in fact 4

LAZZARINI, 2003; THE ITALIAN RENAISSANCE STATE, 2012; SOMAINI, 2013.

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intertwined and overlapped: the final picture needs to be explored step by step, but should be imagined as a whole. My paper will deal with all these political actors and negotiation levels intertwining and overlapping in a long Quattrocento that stretches roughly from 1350 to 1520 by taking into account firstly the timescale of the changing diplomatic interactions, and secondly their many protagonists. 1. Timescale Time-scale is highly significant in the processes of definition of political identities and of drawing geopolitical boundaries. It is worth identifying at this point the key moments and events in the historical process of the determination of the nature and boundaries of the Italian sub-system within the European and extra-European system of powers. This long and complex process of openings and closings, and of multilayered and conflicting interactions, had many phases and two major turning-points (the years around 1400, and the 1490s) which stand out for the increased density, acceleration, and diffusion of patterns and models of diplomatic change. The papal move to Avignon (between 1309 and 1376, and then again during the Schism, between 1378 and 1403) imposed a new context and possibly new practices on negotiations with the curia for Italian signori and communes, and redefined both the international and the Italian profile of the Church, clearly polarizing the two5. Meanwhile, the drive towards territorial expansion started to become systematic in the final years of the fourteenth century, to culminate in the first decades of the fifteenth century by involving almost every major Italian political actor. On the other hand, the Conciliar era (Constance 1414–18, and Basle 1431–8) saw the development of a ‘nation’-based network of high-level diplomatic interactions and political representation, and the opening of a season of Italian-based international councils and diets (Ferrara–Florence, 1435/8–9, Mantua 1459–60)6. As a side-effect of such a redefining of the European and extra-European network of contacts, the Italian principalities broadened their dynastic strategies to include Western and Eastern European dynasties, their rulers at the same time gradually becoming imperial princes themselves7. Within the framework of the Italian League (1455), and its renewals, and partially as a consequence of the Ottoman conquest of Constantinople in 1453, the second half of the 5

ZUTSHI, 2000; PARTNER, 1972; CAROCCI, 2012. STORIA DELLA CHIESA XIV/1, 1967; BLACK, A., 1998; MILLET, 2009; FIRENZE E IL CONCILIO DEL 1439, 1994; PICOTTI, 1996. 7 LAZZARINI, 2011; SOMAINI, 2007. 6

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fifteenth century saw at first a move towards a more deliberate and determined closure against ‘external’ pressures and influences. These agreements concretely monitored external contacts and discouraged alliances, and, more theoretically, elaborated and diffused an innovative idea of ‘Italy’ as a political whole, distinct in culture, political attitudes, and social customs from both the ‘Oltramontani’ (i.e. the Europeans) and the ‘Barbarians’ (i.e. the Muslims)8. The process was two-sided: ‘political boundaries began to settle and become less permeable’9. This evolution was not painless: the system was troubled by many small conflicts and many traumas, the diplomatic arena became more selective, and authority concentrated within fewer hands. The broadened external political scenery, and the extremely dense tissue of internal and external Italian dynamics, imposed towards the end of the century an almost sudden – and involuntary – reopening of Italy: and under unpropitious conditions10. In 1495 Ludovico Sforza was fully aware of the novelty—and the potential danger for the Italian states—of such a change: the French armies had conquered the Kingdom of Naples with unprecedented ease, and he desperately tried to restore the old way by proposing— unsuccessfully—to Venice the formation of a ‘new league among Italian princes only’ 11. Europe was focusing once again on Italy, and a transitional and highly experimental period painfully opened the way to profound constitutional and political change. As Malipiero disconsolately stated, ‘we did not want to believe in the French descent, and now they are here, and we do not know what to do’12. 2. Identities Among the protagonists of ‘Italian’ diplomacy, a core group will include the Italian powers and polities, then open to the Christian West and finally comprise the Mediterranean, the Near East and the Levant. However, we need to emphasize the inadequacy of easy political etiquettes as ‘France’ or ‘Empire’ or, of course, ‘Italy’. None of these identifications was plainly correct, as none of these identities was unambiguous: contemporaries adopted different criteria in including or excluding states and dominions from particular circles or networks, and this has implications for what can be considered

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Lorenzo de’ Medici to Giovanni Lanfredini, Florence, 6 June 1489, edited in LETTERE DI LORENZO DE MEDICI, VOL. XV, MARZO-AGOSTO 1489, 2010, 1943; SORANZO, 1924 ; MARGAROLI, 1992; FUBINI, 1994. 9 WATTS, 2009: 287. 10 LES GUERRES D’ITALIE. HISTOIRE, 2002; LES GUERRES D’ITALIE. DES BATAILLES, 2003; THE ITALIAN WARS, 2012. 11 QUOTED IN CATALANO, 1956: 478. 12 ANNALI VENETI, 1843-4: 328-9 ; THE FRENCH DESCENT, 1995.

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‘Italian’. From the perspective of London or Bruges, fifteenth century Sicily and Naples belonged to the Iberian and Aragonese cluster of kingdoms and counties13. From France, Savoy looked for quite a long time like a principality whose official language was French and whose princes intermarried with the French royal family14. Venice and Genoa were Mediterranean and maritime empires as well as – if not even more than – Italian powers. Venice was never part of the Western Empire, while the Genoese recurrent tendency towards foreign protection – Milanese or French, Angevin or Aragonese – makes it difficult to classify the Ligurian city regularly as both independent and ‘Italian’15. Ecclesiastical principalities like Trent or Brixen thought of themselves as imperial lands, and some of the Piedmontese cities under intermittent Franco-Angevin rule were closer to Provence than to Lombardy.16 And finally, was the Papacy an Italian power?17 On the other hand, as we will see, even non-Italian and non-European counterparts were not easily labelled as French or German, Ottomans or Arabs. The map of diplomacy was by far a different one from what it would become, and much less familiar. 3. Italy In the mid-fifteenth century awareness of being part of different geopolitical networks was widespread: the peninsular diplomatic game knowingly involved many actors, now worth taking into account one by one. Statesmen in the mid-fifteenth century were expected to be experienced in the ‘cose de Italia’: Francesco Sforza was ‘very prudent, and wise, and expert in the things (cose) of Italy’, and in 1451 Simone da Spoleto, the Milanese ambassador in Florence, reputed the Venetians wiser than King Alfonso the Magnanimous of Aragon because ‘they have a better understanding of the matters (pratiche) of Italy’18. ‘Italia’ was then a political space: classical culture provided Biondo Flavio with a strong framework for ordering historical change when he composed his deeply innovative Italia illustrata (1453), and the awareness of belonging to a common space – possibly more recognizable by comparison with others than by its nature – in the fifteenth century was growing among the Italian political elites, statesmen, ambassadors, princes, and prelates19. It did not conceal, however, its inner multiplicity: when the time came for concrete negotiation, 13

PLÖGER, 2005; MARINESCU, 1959. CASTELNUOVO, 1994. 15 STORIA DI VENEZIA, III, 1997; SHAW, 2012. 16 BELLABARBA, 2012; GLI ANGIO, 2006. 17 PRODI, 1982; CAROCCI, 2012; CHITTOLINI, 2012. 18 Antonio da Trezzo to Francesco Sforza, Ferrara, 29 Apr. 1453, quoted in MARGAROLI, 1989: 533. 19 ILARDI, 1956; TENENTI, 1987; MARGAROLI, 1989; FUBINI, 2003. 14

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Italy broke down into its basic components, and Fiorentini, Venitiani, Sienesi, el marchese de Mantoa or Sforza strongly re-emerged and polarized the political discourse20. From the second half of the fourteenth century almost every autonomous polity – from the formally recognised ones (such as Milan or Florence, or the kingdoms of Sicily citra et ultra Pharum) to lords, alpine communities, and smaller cities – expressed at some stage a diplomatic agency formally defined and clearly recognizable. The flexibility imposed by the slow process of channelling intra-peninsular relationships towards a multilayered system of treaties, and partial and general leagues, through almost continuous negotiations, opened up to a great number of actors a variable and potentially endless diplomatic arena21. The intensity, regularity, and duration of the diplomatic assignments of the ambassadors sent by all these polities were different, and the extent of their mandate—as well as their actual influence—varied greatly case by case22. From the end of the fourteenth century, however, they all increasingly, and more and more regularly, gathered at least at the central points of the system, which, apart from the seats of the papal curia and the Conciliar cities, came to include Venice, the Neapolitan court, and Milan. Florence was less regularly frequented, and other courts or cities – such as Mantua, Ferrara, Monferrato, or Siena – normally hosted some ambassadors or representatives of other powers for shorter periods or specific reasons, or on their way to somewhere else. No linear and unambiguous pattern, though, is to be expected until at least the very end of the fifteenth century; moreover, special minor events increased the occasional centrality of minor cities. The last two decades of the fifteenth century saw a partial changing of the scenery. The tougher rules of competition and the disciplining process triggered by some authoritative centres at the expense of others transformed the hierarchies of negotiation, reducing the protagonists in the diplomatic dialogue to a closed circle of major powers mostly gathered in certain key capital cities (Rome and Venice were pre-eminent, followed by Milan and intermittently by Naples and Florence)23. 4. Europe A complementary aspect of such a process was the opening of the Italian diplomatic arena to the rest of Europe. From the 1480s contacts and interferences between Europe 20

DEI, 1985, quoted in FERENTE, 2013: 10-11. MATTINGLY, 1955; GRUBB, 1991; ISAACS, 1994; 22 MATTINGLY, 1937; QUELLER, 1967; FUBINI, 2000 ; LAZZARINI, 2015: 31-48. 23 LAZZARINI, 2011; SHAW, 2007a; FLETCHER, 2015. 21

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and Italy deepened and became regular and reciprocal. Nevertheless, the intermittent contacts and influences between the European powers and Italy were of course much older, and in some cases more substantial. At least one of the Italian polities, the Kingdom of Sicily, had had close links with foreign dynasties since its very beginning, in 1130. In particular, from 1266 the Angevin princes and the Aragonese kings and their multilayered relations with the southern Kingdom of Sicily in its two separate branches represent a highly significant example of the difficulty of establishing rigid boundaries between and identities for supposedly distinct systems of diplomatic interactions on the basis of later political maps. Moreover, both the Angevins of Naples and the Sicilian Aragonese kings were cadet branches of their respective royal dynasties, with whom they maintained either acceptable or difficult relations, according to circumstances24. They were rulers suspended between different systems of powers, cultures, and languages: with their relatives the kings of France, or count-kings of Aragon, Valencia, and Barcelona, they maintained diplomatic relationships interwined with dynastic ties, and added to formal diplomatic embassies a more than usually dense network of family- and client- related contacts. This context sometimes generated unconventional situations: the great Mediterranean isles of Sicily, Sardinia, and Corsica, even if for longer or shorter periods ruled by the same dynasty as Naples, almost disappeared from the Italian diplomatic map25. With the exception of the Aragonese- and Angevin-ruled southern kingdoms, the most privileged targets for formal embassies were both the Franco-Angevin and the imperial regions, even though different phases, channels, and degrees of intensity regulated these multiple interactions on both sides. The counts, then dukes, of Savoy swung – often dangerously – with both the kings and the princes of France, thanks partly to their dynastic relations26. The dukes of Burgundy and the cities of the Low Countries – halfway between France and the Empire – were firstly crucial economic partners for the mercantile and financial Italian elites, and became increasingly important as potential political allies in the second half of the fifteenth century, during the reign of Charles the Bold27. A whole communication would be necessary to address the extremely complex relationships between Genoa, the kings of France, and the princes of Anjou: the city’s habit of intermittently submitting itself to the Valois–Anjou represented a standard feature of the Italian political scene, at least from 1311 to 1528, even though it alternated 24

TITONE 2012; SENATORE, 2012; SCHENA, 2012. ABULAFIA, 1997; L’ÉTAT ANGEVIN, 1998. 26 PIBIRI, 2011. 27 LA COUR DE BOURGOGNE, 2013. 25

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with periods in which the Genoese elites monopolized the government, or the city submitted to other foreign rulers28. On the other hand, the Guelph–Angevin connection was intermittently centred on certain key points (Asti, Genoa, Ferrara, Florence), catalysed in the fourteenth and early decades of the fifteenth century by Naples, and linked to the condottieri bracceschi and their powerful mercenary army. During the long Quattrocento it spanned the peninsula and generated a flux of diplomatic agents and a network of open and secret contacts, at the same time confronting the increasingly powerful and settled alliance between the Sforza dukes, the Medici regime, and the Aragonese kings of Naples29. Florence, finally, was consistently part of this Guelph– Angevin connection from the second half of the thirteenth century; but Anjou did not automatically mean France, and economic and financial interests, like all the links between the Florentine companies and the kingdom of France, did not automatically trigger political alliances, even though they had to be carefully taken into account in every move30. The signori of the Po plain maintained not always peaceful relationships with the Empire, or rather with the emperors and/or the candidates to the imperial crown. In the fourteenth century they needed an investiture as imperial vicars to strengthen their grasp over their cities: in 1395 Gian Galeazzo Visconti even succeeded in becoming an imperial prince thanks to a controversial ducal investiture regarding Milan31. This first concession of a princely title, followed by similar investitures in favour of the Gonzaga (marquises of Mantua in 1433) and the Este (dukes of Modena and Reggio in 1461), modified the institutional identity of the Italian lords, and multiplied the ‘German’ princes by admitting new ‘Italian’ members to the imperial diets32. The northern lords were not the only ones to look to the Empire for legitimacy. Both Florence and Venice asked for and obtained an unusual title as collective imperial vicars at the beginning of the fifteenth century, in concert with the crucial annexations of Pisa and Padua. Moreover, Venice had intensive dealings with the Empire along its eastern border at the end of both the fourteenth and the fifteenth centuries33. The imperial court was therefore one of the most regular destinations for formal ambassadors and informal agents. Furthermore, despite the undeniable loss of incisiveness and focus of imperial activity in Italy if compared to the thirteenth and first

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SHAW, 2012. GUELFI E GHIBELLINI, 2005; FERENTE, 2013; MARGOLIS, 2016. 30 DE VINCENTIIS, 2001; NEGOTIATIONS DIPLOMATIQUES, 1859. 31 BLACK, J., 2010. 32 FAVRAU-LILIE, 2000; SOMAINI, 2007; GILLI, 2010. 33 RUBINSTEIN, 1957; VARANINI, 1997; FUBINI, 2009b [2003]. 29

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half of the fourteenth centuries, the recurrent imperial descents into Italy (1354, 1431–3, 1452, 1495) interfered in the peninsular dynamics by legitimating – or avoiding legitimating – parties and rulers34. The imperial ‘commonwealth’, however, was not composed only by the emperors and their itinerant court. The cities and villages of the Swiss confederation were engaging more and more with the Italian powers, mostly, but not exclusively, with the duchy of Milan35. The German princely dynasties in turn – the likes of the dukes and counts of Wittelsbach, Brandenburg, and Tyrol – increasingly looked to Italian princes as suitable husbands and wives for their heirs. The resulting marriage alliances in some cases had a deep influence on the political enhancement of the Italian princes, at the same time offering the opportunity of cross-cultural interactions36. Until the very end of the fifteenth century England, the kingdoms of Castile, Portugal, and Navarre, and Eastern Europe were more occasional interlocutors with Italy. Contacts were irregular and exploratory, and apart from some episodes, for example the admission of princes to some prestigious chivalric order such as the Garter or the Toison d’or, or some specific reasons, such as a marriage alliance (like the wedding between Edmund of Langley and Violante Visconti, or the more consistent link with Angevin Hungary), economic affairs (the king of Portugal was allowed to claim 20.000 ducats on Florence’s crediti del Monte in 1409)37, or the trade in horses, regular formal diplomatic relationships developed only from the end of the fifteenth century and the Italian wars. In such a pioneering context, the distinction between formal and informal diplomacy proves even more useless than usual: many tried and tested contacts were established through a variety of channels, such as the merchant circuits or dynastic alliances, who in case of need could provide information and contacts, or prepare more formal approaches38. Dynastic alliances, always a crucial element in diplomatic interactions, were particularly effective in opening new diplomatic and political frontiers: Beatrice, daughter of Ferrante of Aragon, king of Naples, married in 1476 Matthias Corvinus, king of Hungary, and one of the dynastic consequences of the marriage was the appointment of her nephew Ippolito d’Este (the eight-year-old son of her sister Eleonora, duchess of Ferrara) to the bishopric of Esztergom in 148639. As for the Iberian peninsula, the Spanish monarchs—that is, Ferdinand and Isabella of Aragon and Castile—were predictably the first to enter

34

PIRCHAN, 1930; MAXIMILIAN I., 2011. JUCKER, 2004. 36 FICHTER, 1976 ; ANTENHOFER, 2007; NOLTE, 2005; LUTTER, 1998. 37 BEHRENS, 1934; TANZINI, 2014: 780. 38 LAZZARINI, 2014a. 39 GUERRA, 2012. 35

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diplomatic interactions with the major Italian powers, thanks to their dynastic links with the Aragonese dynasty in Naples, and to their interest in the kingdom40. It should be clear now that ‘Italian’ and ‘European’ governments and powers interwined in the late Middle Ages in many variable ways. Towards the end of the fifteenth century though, something was changing. On the one hand, once-intermittent contacts became more and more regular, and a common space for communication and negotiation was open. In 1462 Louis XI was annoyed by the Milanese ambassador’s pretension to follow him everywhere, and never really considered the hypothetical opportunity of sending a French ambassador to live day by day next to Francesco Sforza. Thirty years later Maximilian of Habsburg wanted to gather at his court the ambassadors of every important power in Europe41. It was not only a matter of practices: the second profound change was in political concepts and tools, and involved the ‘new’ awareness of a collective and shared Italian identity, mirrored of course by the development of equally ‘new’ French or Spanish ones. Despite its undeniably instrumental nature and its still partially cultural background, this identity was increasingly preventing the survival of a flexible and variable sense of belonging to more than one linguistic, cultural, even political community, and was therefore hardening distinctions, rules, and formality in diplomatic interactions. 5. The Papacy In such a complicated framework, the Church deserves separate attention. Both as a universal spiritual institution and a political power increasingly focused on a concrete territorial base, directly and indirectly nourished by, and linked to, immense patrimonial wealth scattered all over the whole Christian West, the Church was in fact – at least until 1517 – a very peculiar diplomatic actor42. On the one hand, the popes maintained relationships of varying frequency with almost every ruler in the West, in order to guide, counsel, and observe the spiritual behaviour andoften the political attitudes of princes and countries, to direct and protect the local clergy and their patrimonies, to secure the Church’s rights and prerogatives, to promote social and cultural patterns of Christian discipline, and to foster supposedly universal Christian enterprises like the crusades. On the other hand, since the Gregorian reform all these duties and prerogatives were conceived as being linked to the sphere of ‘government’ rather than to ‘diplomacy’. The concept of the universal power of the Church over Christendom as a whole is far from our 40

EL REINO DE NAPOLES, 2004. SENATORE, 1994: 74 ; FOSCARI, 1884: 747 (Francesco Foscari to the Doge, Innsbruck, 4 July 1496). 42 BLACK, A., 1998. 41

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interest here: however, it helps in understanding the apparently paradoxical coexistence of precocity and lateness in papal ‘diplomatic’ practices, and it throws some light on the role of the Papacy as a diplomatic actor within both the Italian peninsula and the wider Christian West43. From the eleventh century onwards, legati, iudices delegati, and then nuntii of different kinds (oratores, commissarii, collectores) developed diplomatic functions of some sort, variously mastering the prerogatives and the proctorial mandate to deal with lay rulers in order to solve conflicts and problems mostly involving ecclesiastical patrimonies, institutions, and persons. The border between politics and administration, and between matters of general interest and local situations, was of course very indefinite44. On the other hand, the practice of petitioning ‘concerned both the government of secular and ecclesiastical institutions and diplomatic relations between rulers who petitioned each other in order to carry out their foreign affairs’45. Legates and nuntii played a dual role in most of the contacts and interactions seen above, crossing effortlessly – from within a theoretically universal system of power – the already hypothetical boundaries between ‘Italian’ and ‘European’, and ‘internal’ and ‘external’ circuits of negotiation46. 6. The Mediterranean and the Levant. The Mediterranean, the Near East, and the Levant constituted the final major diplomatic arena for the Italian powers. The flexibility and experimental nature that characterized contacts with the more remote European countries multiplied in the multifaceted interaction with a Mediterranean and Levantine world that encompassed both the Latin and Byzantine commonwealths and the Muslim East and South (Maghreb and North Africa, the Mamluk sultanate of Egypt and Syria, the Mongol dominion of Persia, the Ottoman princes of Anatolia)47. Between the East and West, a small and fluctuating constellation of cosmopolitan and scattered Latin outposts on the Mediterranean coasts and islands played a crucial role in mediating, translating, and fostering contacts and dialogue48. It was not an easy context: diplomatic relations with Muslim countries carried implicit theoretical and spiritual problems, and were biased by distance, conflict, and cultural and linguistic gaps; the Latin East and the Byzantine 43

CARAVALE, 1994; BLET, 1982. QUELLER, 1960; SCHMUTZ, 1972; PERRIN, 1967; BARBICHE, 2009; JAMME, forthcoming. 45 BOMBI, 2012: 597 46 See references and examples in LAZZARINI, 2015: 23-24, 42-43, 133-135. 47 EDBURY, 2000; ZACHARADIOU, 1998; ISLAM, 1999 : Irwin (Mamluks), Brett (Maghreb), Abulafia (Granada). 48 LAZZARINI, 2013, also for the bibliographical references. 44

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commonwealth were in turn only partially and intermittently welcoming and ready to acknowledge a cultural promixity, or to engage in alliances and treaties49. In this difficult world, the map of contacts, exchanges, and interactions was particularly complicated. Pisa, Genoa, and Venice had established since at least the eleventh century regular relations with countries and rulers, both Muslim and Byzantine: contacts, treaties, and agreements, however, were mostly implemented by means of men and institutions obeying mercantile and economic logics that only partially coincided with political strategies50. Republican cities relied on such networks well into the early modern age: however, more formal diplomatic missions increased towards the end of our period, mostly supported by – but sometimes conflicting with – the consular networks51. The southern Kingdom of Sicily, and its late medieval heirs of Sicily citra and ultra farum, had a huge maritime exposure and—consequently—a much more ancient and wellestablished Mediterranean vocation. The result was a long and complex history of contacts, relationships, conflicts, and agreements with the Levantine powers. The southern kingdoms – with their Byzantine, Arab, Norman, and Crusader antecedents and roots, and with their Angevin and Aragonese endings – clearly represent an exceptional case of almost uninterrupted and structural contacts52. The northern principalities, on the contrary, came last in such a world, and had an original gap to fill by comparison with both the mercantile cities and the South. Even though in the high Middle Ages they had occasionally interacted with the Byzantine, Latin, Muslim East in many ways – dynastic, military, intellectual, political – they did not create a real network of exchanges with the Mediterranean and the Levant, nor develop some sort of policy towards those regions until the first decades of the fifteenth century, and they started to implement proper – although intermittent – diplomatic interactions only in the second half of the Quattrocento, when the fall of Constantinople into the hands of Mehmed the Conqueror altered dramatically the whole eastern theatre and imposed a brutal redefinition of the balance of power in the Mediterranean53. Despite cultural distance, linguistic difference, and open conflict, therefore, in the fourteenth and fifteenth centuries contacts with the Near East became increasingly dense and frequent. The trauma of the fall of Constantinople, and the following brutal advance of the Ottomans both by land and by

49

SETTON, 1976-85; WEBER, 2014; LUTTER, 1998. ASHTOR, 1983; CAVACIOCCHI (ed), 2006. 51 TRACY, 2007; LAZZARINI, 2014b. 52 IL MEZZOGIORNO, 1999; ABULAFIA, 1999; DEL TREPPO, 1978 e 1996. 53 ORIGONE, 1996; HABERSTUMPF, 1995; GALLINA, 1985; ORTALLI, 1983; LAZZARINI, 2013; WEBER, 2014. 50

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sea during the reign of Mehmed the Conqueror (1453–81) forced the Italian rulers to deal with interlocutors who represented primarily a hard and uncompromising military and political power rather than a familiar commercial partner54. Such a change had an interesting dual effect: on the one hand, it prompted the stipulation of treaties and truces negotiated by means of formal embassies; on the other, it rapidly inserted the new masters of what used to be the Byzantine Empire into the political game as played between the peninsular powers. While Galeazzo Maria, duke of Milan, secretly sent in 1471 the Genoese Oliviero Calco, disguised as a merchant, to explore the opportunity of a secret league with Mehmed the Conqueror against Venice and Naples, Pope Paul II was openly negotiating a league against the Ottomans with a Muslim ruler, Hasan Beg Bahador Khan, called Uzun Hasan, sultan of Persia, and the leader of the Turkmen Aq-Qoyunlu (1453–78). At the end of the fifteenth century, and during the reign of the less aggressive Bayazet II, another step towards the open integration of the dreaded Ottomans into a shared political framework was taken: Marquis Francesco Gonzaga was proud to show to all the Italian powers that he maintained a regular and formal exchange of letters, ambassadors, and presents with the sultan, and ordered his chancellors to copy Bayazet’s letters in the same lavish register in which his submission to Louis XII of France was transcribed55. 7. Boundaries: other actors To conclude our map of diplomatic actors, a further step is needed: from the second half of the fourteenth to the end of the fifteenth century the Italian diplomatic arena was mostly open not only to formal governments and regimes, but also to every actor – individual, faction, community – more or less grounded on a territorial dominion, and more or less juridically autonomous, that was able to mobilize some power and to express some political agency. By talking of ‘other actors’ I will encompass two levels of potential interaction by crossing two ostensible boundaries, the internal/external and the formal/informal56. This point is crucial: both negotiations between a centre (a prince, a government, a court, a chancery) and a local interlocutor (subject cities, rural communities and lords), and between rulers and less formally defined or not entirely autonomous powers (condottieri, cities or lords submitted to another ruler, merchant nations, great prelates) were mainly managed as diplomatic interactions. Moreover, they were defined by practices in many ways similar to what the classic studies of diplomacy 54

L’EUROPA DOPO LA CADUTA DI COSTANTINOPOLI, 2008. LAZZARINI, 2014b; MESERVE, 2008; WEBER, 2014; LUTTER, 1998. 56 SENATORE, 2018a; SENATORE, 2018b; LAZZARINI, 2018. 55

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would have defined as ‘diplomatic’. All these people, in fact, would be ‘unexpected’ in a traditional survey of medieval diplomacy. Roughly from 1350 to 1450, the resulting and sometimes overlapping networks flexibly included most of the formal and informal polities in and around the peninsula while admitting almost anybody who could impose himself on a wider audience within the diplomatic arena. Territorial hegemony, political legitimacy, economic expansions and crises, individual cases, and universal enterprises were discussed within negotiated frameworks that could be inclusive or exclusive according to the political nature of the issues on the table, but not necessarily to the political identity of the protagonists involved in the negotiation57. A few examples will throw some light on such interactions. Subject cities like Capua maintained with the Aragonese kings a channel of ‘uninterrupted negotiation’ that, when it came to crucial issues like wars, royal successions, general parliaments, or fiscal reforms, adopted a fully diplomatic grammar: the representatives of the city were carefully elected in the general council, were provided with credentials and instructions, and had to deliver, on their return, a final verbal report that was transcribed in a register preserved in the urban chancellery58. Similarly, Bologna, which enjoyed a partial autonomy as a community mediate subiecta but was formally subject to the Holy See, hosted foreign ambassadors—like the Milanese Gerardo Cerruti in the 1470s—who dealt directly with the city councils in taking significant decisions about the whole region of the Romagna and its cluster of troublesome semi-independent lordships, in between the territorial influences of Milan, Venice, and Florence59. Even smaller cities like Volterra could choose the path of negotiating with the dominant city60. Major and minor lords, individually or as a part of some factional alliance, maintained some autonomy and could act independently and sustain a fully operative diplomatic network. The great feudal lords—the Roman and Neapolitan barons, like the various branches of the great Orsini kinship, or Gian Giacomo Trivulzio and the gentiluomini di Lombardia—were just the tip of the iceberg, but the lists of recommandati et adherentes that accompanied the clauses of the general leagues—starting from the Peace of Sarzana in 1353—make manifest the complexity of the actual composition of what we tend to simplify as an Italian political system made up of a few big polities and some minor powers61. According to Camillo Porzio, in 1485 the Neapolitan barons who rose up against Ferrante were fighting to 57

LAZZARINI, 2015: 104-122. COVINI ET al. 2015 (Senatore, ‘L’ambasciatore’); PEQUIGNOT, 2010. 59 DURANTI, 2009; DURANTI (ed), 2007. 60 FUBINI, 1994: 137. 61 FUBINI, 1994 [1993]; SHAW, 2007b; ABULAFIA, 2009; ARCANGELI, 2003. 58

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obtain from the king the concession of ‘keeping men of arms for the defence of their states…safeguarding their fortresses by their own troops…and without asking the king’s permission, being hired and going to war under any prince’. In a word, they claimed to act as almost independent lords62. When, in 1432 and again in 1447, the formally Milanese vassal and actual lord of the subject mountain city of Sondrio, Antonio Beccaria, opened up the strategic Valtellina valley to the Venetian army, the exchange of letters that preceded his choice was conceived as an act of diplomatic autonomous agency, and Beccaria was apparently ‘betraying’ his superior lord, the duke of Milan, for the sake of his Guelph factional identity63. Lords, cities, and communities were not the only ones who gave voice to their political agency by means of a certain amount of diplomatic activity: great captains and condottieri (sometimes minor lords themselves) acted in the same way. A military company ‘non era una città, né un castello o un villaggio rurale, ma una comunità itinerante e quasi aterritoriale’, and gave to its captain both strength and diplomatic initiative. Not only were great captains like Micheletto Attendolo, Francesco Sforza, or Jacopo Piccinino able to play a very sophisticated game between the governments keen to hire them, thanks in part to their having a proper chancery and some reliable diplomatic agents, but they regularly dealt with formal ambassadors sent to them by princes and republics64. High prelates – particularly cardinal-princes – also often behaved as autonomous diplomatic agents, not only acting as diplomats on behalf of the Church as legates or nuntii, or of their country and their family, but pursuing political strategies for themselves65. 8. Conclusive remarks According to Mattingly – or, maybe better, to the vulgarising of Mattingly’s book – during the Renaissance permanent and reciprocal embassies increasingly controlled by the centralised power of kings and princes gave birth to a ‘modern’ way of disciplining political interactions according to a newly defined and universally accepted jus gentium, thus counteracting the overlapping powers and multiple loyalties so characteristic of the middle ages. Such diplomacy, theorized by the likes of Gentili and Grotius between the 1590s and the 1620s, and put into practice for the first time in Münster and Osnabruck in 1648, became the trademark of a horizontal system of ‘modern’ states characterised by sovereignty, centralised power, and bounded territories. Its latest heir would be the 20 th 62

PORZIO, 1964 : 64; STORTI, 2007. DELLA MISERICORDIA, 2005; GENTILE, 2005. 64 FERENTE, 2005 : 7; DEL TREPPO, 1973; COVINI, 2005. 65 PELLEGRINI, 2002. 63

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century liberal and democratic nation state, who would spread in the post-colonial world after WWII. In fact, in the past decades, at different pace, and from various angles, both medievalists and early modernists have revised such a model by questioning both the idea of ‘modernity’, and the grand narrative of the birth of modern diplomacy as a facet of the building of the sovereign modern state. In my paper today I have focused on one of the pivotal aspects of such a revision, that is the multiplicity of the protagonists of diplomacy in that very late medieval Italy that provided 19th and early 20th century scholars with their ideal case-study. Italian diplomacy in the long Quattrocento was a matter for many peninsular polities (that is, formally defined political entities) and powers (that is, less legitime and formal actors); its development was increasingly connected to the influence of many other European and Mediterranean political systems, and finally a clearcut divide between internal politics and external diplomacy was nowhere to be seen. In such a complex and multilayered context, the building of a cluster of diplomatic and political alliances and networks slowly produced both a hierarchy of polities and powers, and a grammar for their interactions. At the same time, this process not only defined which problems could be sorted out by negotiation but also who could have access to the negotiating arena. As a result, diplomacy slowly proved to be an allconsuming political activity which involved in many ways and at many levels a mosaic of powers and polities, each of them on the way to defining its identity and defending its autonomy both inside and outside its real or metaphorical walls. ABULAFIA David (1997) – The Western Mediterranean Kingdoms, 1200-1500. London: Longman. ABULAFIA David (1999) – «The kingdom of Sicily under the Hohenstaufen and Angevins », En The New Cambridge Medieval History, V. c. 1198-c.1300. Cambridge: Cambridge University Press, pp. 498-522. ABULAFIA David (2009) – «Signorial Power in Aragonese Southern Italy». En Sociability and its Discontents. Civil Society, Social Capital, and their Alternatives in Late Medieval and Early Modern Europe. Turnhout: Brepols, pp. 173-192. Annali veneti dall’anno 1457 al 1500 del senatore Domenico Malipiero ordinati e abbreviati dal senatore Francesco Longo, (1843-4) – ed. Francesco Longo, Agostino Sagredo, Archivio Storico Italiano, vol. 7, pp. 5-720.

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Regal ceremonies and diplomatic practices Contributions from the travel narratives from the 15th century Douglas Mota Xavier de Lima

Abstract: One of the main expressions of regal power development in the late Middle Ages are the royal ceremonies, instrument of political communication of monarchies and example of the relationship between power and ceremonial. The renewal of the political history and new trends in studies on diplomacy have explored the importance of ceremonials for the regal power and the understanding of diplomatic practices of the period. Taking the Portuguese case as an example, there are several travel narratives related to weddings and embassies that contribute to the identification of practices of reception and diplomatic negotiation, as well as to the problematization of courtiers aspects that characterize diplomacy and ambassadors of the period. In addition, we seek to demonstrate that narrative comparison allows to highlight both the new contours of spectacle that royalty ceremonies were gaining throughout the 15th century, as the regal power concern with foreign policy propaganda. Keywords: regal cerimonies, diplomacy, Portugal, Middle Ages, travel narratives

Resumen: Una de las principales expresiones del desarrollo del poder regio a finales de la Edad Media son las ceremonias reales, el instrumento de comunicación política de las monarquías y el ejemplo de la relación entre el poder y el ceremonial. La renovación de la historia política y las nuevas tendencias en los estudios sobre diplomacia han explorado la importancia de los ceremoniales para el poder real y para la comprensión de las prácticas diplomáticas de la época. Tomando como ejemplo el caso portugués, existen varios 

Universidade Federal do Oeste do Pará – Brasil, [email protected] - This set of problems has been previously discussed in our doctoral thesis and currently constitutes one of the bases of the research "Portuguese diplomacy: instrument of assertion of regal power (1385-1494)”, registered at Universidade Federal do Oeste do Pará, and the line of research "Travel and Diplomacy" of the research group "Travel and Travellers in the Middle Ages" (2016-2018), of the Universidade Federal Fluminense, under the coordination of Prof. Dr. Vânia Leite Fróes.

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relatos de viajes relacionados con bodas y embajadas que contribuyen a la identificación de prácticas de recepción y negociación diplomática, así como al cuestionamiento de aspectos cortesanos que caracterizan la diplomacia y los embajadores del período. Además, mediante el análisis comparativo de los libros de relatos pretendemos resaltar tanto los nuevos contornos del espectáculo que las ceremonias de la realeza fueron alcanzando a lo largo del siglo XV, como la preocupación del poder real por la propaganda en política exterior. Palavras claves: ceremonias regias, diplomacia, Portugal, Edad Media, relatos de viajes

Introduction Changes in the field of History and the Human Sciences over the second half of the 20th century brought a number of themes for this large area, opening to the historian a series of new dimensions of social life and incorporating new problems and new approaches. The renewal of political history, sharp process since the 60’s and 70’s of the last century, expresses well the different course experienced in the Humanities, because the field promoted both a revisitation of traditional themes, like the State and Diplomacy, as incorporated thematics so far distant to historian craft, such as the ceremonies, the beliefs, the gestures and rituals. These new looks on diplomacy have as one of its primary axis to analyze diplomacy as a space for political communication. Such guidance is made present, in particular, in German historiography, with studies that advanced in the theories of communication applications and cultural anthropology for the understanding of the politische Kommunikation, term that combines mechanisms of medieval diplomacy understood from the notions of «communication conditions» related to the documents and to the organization of the chancelleries; «communication carriers» referring to the messengers and ambassadors; and «rules of political communication», corresponding to trade and diplomatic negotiations1. In those terms, the sending of «embassies of ceremony»2, the reception of diplomatic missions, the regal weddings and celebrations of truce and peace are examples that express the growing relationship between diplomacy and ceremonial in the late Middle Ages, an aspect already present, for example, in the study of Donald Queller 3. This

1 PÉQUIGNOT, 2009. 2 LABARGE, 1992. 3 QUELLER, 1967.

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relationship allows us to consider, on the one hand, that the development of diplomatic practices and the profile of the ambassadors of the low Middle Ages were directly associated with the courtesan culture and to mutations related to the «cerimonializing trend» of the period monarchies4; and, on the other hand, note that the ceremonies of diplomacy constituted a singular form of communication between the courts, manifesting the growing importance of information and the politicization of information in the late Middle Ages5. In relation to the Portuguese case, the studies on diplomacy have privileged the period from the late Middle Ages, giving emphasis to the Kingdom’s diplomatic relations and, more recently, developed surveys about the ambassadors, while involving a wide variety of documentation, mainly composed by letters, chronicles, treaties and normative sources6. Having as delimitation the Avis dynasty period, started with the rise of D. João I to the Portuguese throne in 1385, it’s noted that over the next several decades there has been a significant process of legitimation and royal affirmation, for which the matrimonial policy and the signing of external treaties contributed, resulting in the expansion of diplomatic relations of the Kingdom. This process was accompanied by the growth of the Portuguese presence on the routes and in the main commercial squares in Christendom, by conquests in North Africa and the overseas expansion, aspects that characterize the 15th century period as the century of the external projection of Portugal. In this scenario, there are a number of Portuguese travel narratives that traveled through 15th century Christianity in diplomatic missions and, mainly, there are narratives of foreigners who were in Portugal, both exerting diplomatic functions (wedding negotiations, correspondence delivery, among others), as acting in the position of Knights, pilgrims and merchants, or simple travelers, activities that also contributed in the diplomacy of the period7.

4 NIETO SORIA, 1993. 5 VIVO, 2007; LAZZARINI, 2015. 6 BRANCO; FARELO, 2011. 7 Among the works about the 15th century, are mentioned: Voyage de Jean Van Eyck, Diário da viagem do Conde de Ourém, Le livre des faits du bon chevalier Jacques de Lalaing, Cartas de Itália, Viaje a España de Goerge Von Ehingen (Itinerarium, das ist: Historische Berchreibung weylund Herrn Georgen von Ehingen raisene nach der Ritterschafft vor 150), Diário de viagem do embaixador alemão Nicolau Lanckman de Valckenstein, Viaje del boémio León de Rosmital, Crónica de uma viagem à Costa da Mina no ano de 1480, Viaje de Nicolas de Popielovo por España y Portugal, Viaje por España y Portugal en los años 1494 y 1495. On these travel narratives, see: MARQUES, 1988.

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1. Travel narratives Travel narratives constitute an important documentation to understand the medieval diplomacy, however, before advancing in notes on the works concerning Portugal, we should make some considerations on the changes in the genre. As Sofía Carrizo Rueda (2002) shows us, the symbolic dimension of travel has resulted in analytical difficulties of texts and made scholars address such works with at least two designations: travel literature (literatura de viajes) and travel narratives (relato de viajes). For the author, in summary, it can be said that «la literatura de viajes tiene como referente la ficción, mientras que el relato de viajes propiamente dicho, si bien recurre esporádicamente a procesos de ficcionalización, presenta sobre todo un fuerte componente informativo y documental»8. The distinction, even if slippery and presents limitations against the concrete texts, usually more complex than the ratings, allows the investigator to vary in the methods of analysis applied to travel narratives as distinct as the Odyssey, Don Quixote, Marco Polo’s Book of Wonders, or Embajada a Tamorlán. Carrizo Rueda still reminds us that in addition to promoting a profusion of descriptions, the travelogue, in giving centrality to description, weakens all the expectation with the outcome of events: The travel account separates itself from the travel literature, in my judgment, at this inflection point in which it approaches to extrextual expectations while the second advances to possible unlaces that will happen in the same text. Definitively, because while it arises purely from the «creation of a textual imaginary world» the gender that occupies us cannot renounce any of its two faces: relations with the real world that it claimed to have traveled – both in a series of informative aspects as in this deeper level that are the expectations or questions of the addresses – and the constitution of all this material through a series of resources taken from the scope of literaturidad. The consideration of both gives place to an interpretative circle that needs to go permanently from one to another. 9

8 This distinction can also be observed in the article of Luis Albuquerque-García, when the author summarizes that «Los ‘relatos de viajes’ responden a mi entender a tres rasgos fundamentales que se complementan con algunos más que luego veremos: (1) son relatos factuales, en los que (2) la modalidad descriptiva se impone a la narrativa y (3) en cuyo balance entre lo objetivo y lo subjetivo tienden a decantarse del lado del primero, más en consonancia, en principio, con su caráter testimonial». ALBURQUERQUEGARCÍA, 2011, 16. 9 «El relato de viajes se aparta de la literatura de viajes, a mi juicio, en ese punto de inflexión donde aquél se encamina hacia expectativas extratextuales mientras la segunda la avanza hacia posibles desenlaces que acontecerán en el mismo texto. En definitiva, porque mientras ésta surge puramente de la “creación de un mundo imaginario textual”, el género que nos ocupa no puede renunciar a ninguna de sus dos caras: relaciones con el mundo real que se afirma haber recorrido – tanto en una serie de aspectos informativos como en ese nivel más profundo que son las expectativas o interrogantes de los destinatarios – y la

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In this sense, by the informational characteristics that structure the travel narratives, the genre shows itself of great contribution to the study of diplomacy by the end of the Middle Ages, period that extends, for example, the number of journals and other embassies reports. The genre allows also to discuss the roads and means of transport used by committees, compositions of embassies, the trips pacing and diplomatic dealings, trading strategies, gift exchanges, receptions and accommodation offered to ambassadors, the places of the Kingdom and the Court where the negotiations occurred, parties and other celebrations related to diplomacy, circulation and collection of information and, in the limit, the way the foreign space was described by travellers. In the case of reports that we will be dealing with, it is worth to add that they allow us to identify the changes that have occurred in Portugal during the 15th century period, both in terms of royal ceremonies and of the instruments of the royal power, as in its own commercial and social dynamics of the Kingdom. With that said, we analyse a few considerations of foreigners travel reports that were in Portugal during the 15th century. 2. Foreign travelers in Portugal (15th Century) Of anonymous author, the narrative Voyage de Jean van Eyck refers to the Burgundy embassy sent by the Duke of Burgundy, Philip the Good, in 1428, to negotiate the marriage between the said Duke and D. Isabel, daughter of the Kings of Portugal, D. João I and Philippa of Lancaster. The ambassadors left Flanders on October 19th and landed in Cascais on December 16th. During this period, the King of Portugal was in Estremoz for the wedding parties of D. Leonor of Aragon with infante D. Duarte, where he received the king of arms Flandres, sent by the ambassadors. The delegation was received by Lords and notable people on January 12th, at Avis, where a great and joyful reception took place. The next day they met King D. João I, being received in the Royal Chamber, where they made the proper reverence and presented the letters of the Duke. The text indicates that the embassy was presented in Latin and answered in the same language. The negotiations continued and the ambassadors were informed about D. Isabel with great diligence and in several places, listening to people of different conditions, supporters and contrary to the King of Portugal. They produced a painting of the Princess, by Jean Van Eyck (Figure 1), and a written ballot recounting the development of negotiations, material that was sent to Burgundy in February 12th. While awaiting the Duke’s answer, the embassy’s activities were stalled, and some ambassadors toured the

_________________________________________________________________ constitución de todo ese material a través de una serie de recursos tomados del ámbito de la literaturidad. La consideración de ambas da lugar a un círculo interpretativo que necesita ir permanentemente de una a la otra».

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Iberian Peninsula, visiting Santiago de Compostela, in Galicia, and the Kings of Castile and Granada. Figure 1 - Copy of the portrait of the Infanta Isabel of Portugal made by Jean Van Eyck

Retrato da infanta D. Isabel de Portugal PT/TT/CF/201 Imagem cedida pelo ANTT

The Portuguese attempts to promote marriage go back to the first years of the 1420, period of the first widowhood of Philip the Good. The negotiations advanced, however, were again interrupted with the celebration of the marriage between the Duke and Bonne of Artois (1424). The passing of the late in the following year reopened negotiations, however, the Duchy of Burgundy seemed more inclined to the alliance with Aragon through marriage between Philip and D. Leonor, future wife of Portuguese infante D. Duarte. This competitor marital project did not come to occur, but the extension of the negotiations for the marriage of D. Isabel and the displacement of part of the ambassadors to the other Iberian kingdoms can be signs that the diplomatic entourage could have alternative plans for the marriage and different goals to the diplomatic mission. Nevertheless, in the first weeks of June, with the return of those sent to Burgundy, the negotiations were reestablished in Sintra, where they held a big party in the Palace and were finalized the terms of the marriage, which was settled in front of the notary on July 23rd 1429, in Lisbon. After the wedding by words, in Lisbon urbe, the narrative mentions a series of parties, especially the jousts and banquets, which were attended by the ambassadors.

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Le livre des faits du bon Chevalier messire Jacques de Lalaing, speaks of the life of the Burgundian knight Jacques de Lalaing, highlighting the trip undertaken through different parts of Christianity, particularly the Iberian Peninsula. Begun in 1446, the trip brings the Knight to the Kingdom of Portugal, where he carries out diplomatic functions. According to the narrative, entering the village of Sabugal, Lalaing was received by a squire of the King accompanied by noble men with thirty horses and accommodated in a hosting prepared for him. The reception was marred by the abundance of gifts (wines, meats, spices, etc.) and by the presence of musicians who cheered the traveler. The offset continued for Estremoz and Montemor-o-Novo, where the Knight was also received with festivities, by nobles and the King's envoys. Reaching the city of Évora, where was D. Afonso and the Regent D. Pedro, the delegation was received by a large number of Lords and accommodated in a richly ornate hosting. After mass, Jacques de Lalaing was accompanied by the delegation to the Palace, where the character made the proper reverence and was directed to the Royal Chamber in order to present the letters of the Duke Philip of Burgundy. The Diário de viagem do embaixador alemão Nicolau Lanckman of Valckenstein talks about the travel of the ambassadors of the Empire to the outcome of the negotiations of the marriage of D. Leonor in the decade of 1450. The narrative highlights the presence of the characters in Portugal, as well as the festivities held in celebration of the marriage. The text goes on to describe the ceremonies that occurred in Italy, involving the Empress, Frederick III and Eneas Silvio Piccolomini, future Pope Pius II. After a long voyage marked by misfortune faced along the way, the ambassadors went on by the monasteries of Batalha and Alcobaça, being greeted by envoys of the King of Portugal and driven to a nearby castle off Lisbon. About the unfold of the embassy says the Diário: The other day, by order of the Lord King of Portugal, came by horse, most revered Bishops, Prelates, Earls, Barons, Knights and christian nobles; later, Saracens with large entourage, organized according to policies, and the town’s Chamber with many people came to their encounter receiving the ambassadors with full honors, and led them to Lisbon, to the Castle situated in a high hill, to the direct presence his Highness the King of Portugal, and immediately made the presentations.

The procedures followed and the report highlights the ornaments of the Portuguese Court, ending with the information that the King sent the ambassadors to the Palace intended for them in the city to rest. The negotiations continued with the participation of the Royal Council and, in another Palace, described as «prepared magnificently», the

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Ambassadors met with D. Leonor, D. Catarina and D. Joana, daughters of the late King D. Duarte. Still in the presence of the maidens, the envoys attended dances at the Royal Palace, where they had hearings before the key figures of the Kingdom. The next day, the marriage was concluded in the presence of the Kings of Portugal and members of the Court. Going further in the narrative, it is observed that a number of palatial parties and public festivities took place after the conclusion of the marriage, one of these draws attention, the celebrations of October 14th. On this day the Empress, accompanied by the ambassadors and a courtier procession, was led from the Castle into town to watch the representations and performances organized «with great care everywhere»10. The show started at the castle door with the representation of the Holy Roman Empire, with the procedure of election of the Emperor and with the appointment of Frederick by the Bishop of Cologne. On the opposite side of the castle was staged the Pope, with Cardinals, crowning the King of the Romans and his wife. In front of S. Vicente church, the procession was received by the Archbishop, with its canons and other clerics, which acclaimed and blessed the Empress. The delegation went to the Cathedral, where the people were gathered, «nearly twenty thousand people of both sexes» according to the description. In this place doctors exalted the figure of the Emperor and his wife, in addition to narrate the great Portuguese feats fighting in defense of the Christian faith and against the infidels. Here I heard narrated the permanence of Christian faith in the Kingdom of Portugal: how the Kings of Portugal exposed to death, against the barbarians and Africans, as teaches the experience of the great and extended dominium of Ceuta in Africa; how Dom Fernando, uncle of the espoused Lady, the Empress, surrendered to death for his country and his people's liberation in Africa. At the mention of his death the whole crowd started to cry, and from the people rose a big and high clamor to God, for the soul of King Dom Fernando, martyred and killed in Africa. I strongly believe that he is one of the saved. Could never tell this story without tears.

The preaching which was attended by the ambassadors speaks of divine aid to the Portuguese monarchs, reaffirms the obedience to Rome at a time still shrouded in schismatic dissensions, exalts the African campaigns by the House of Avis and cites the martyrdom of infante D. Fernando. In relation to the martyrdom, the celebration of the marriage of D. Leonor is the second official ceremony related to the infante, the King's 10 Free translation from the original portuguese edition: «com muito esmero um pouco por todo o lado».

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uncle, captive after the disaster of Tangier (1437) and dead in 1443. In this way, the excerpt present in the Diário is expression of the first steps of the monarchical cult to the Infante Santo in Portugal. From D. Fernando’s death there was a deliberate move to take advantage of the tragic image of this death in favor of Regal power, expressed in donations from D. Pedro (1444), at that time Regent of the realm, and in donations from the Duchess of Burgundy (1445), also sister of the deceased, examples of the first movement to promote the cult to the infante D. Fernando. However, it was during the period of King D. Afonso V, the African, that occurred the first public demonstrations of cult to the Infante Santo and popular devotion. First, the insides of infante were delivered to the King on June 1st 1451, in the city of Santarém, and the ceremony of transfer of the viscera to the monastery of Batalha occurred eight days later, having this ceremony marked the beginning of the cult to the infante at Batalha. The second prominent ceremony for this cult occurred in 1472, when the bones of D. Fernando were rescued and later moved to the monastery of Batalha. The Royalty ordered that heralds ran through the city streets of Lisbon inviting the people to a great procession compared to the Corpus Christi11. Relating the narrative of the ambassadors to the data on the development of the cult to the infante D. Fernando, it is observed that the delegation visited the monastery of Batalha on the 25th of July, day of S. James, just over a month after the transfer of the viscera and the beginning of the cult to the infante on the site. Adding this factor to the excerpt from the preaching in Lisbon, in October public parties, it’s noticable the mobilization of the monarchy of Avis in favor of promoting the cult to the infante before the foreign visitors and to build a memory of martyrdom of D. Fernando related to the providential, messianic and holy crusade story of the Portuguese Kingdom. The case in question allows to consider two aspects: the use of the monastery of Batalha as foreign travellers visit point and the Royal ceremonies as serving of the history of the Kingdom outside of Portugal. The Diário does not clarify who led the ambassadors to the monastery, stating only that when crossing the border between Galicia and Portugal the travelers arrived in Valencia, where they found a mate with servants and horses. Anyway, having occurred or not direction of the Crown for the entourage to pass through Batalha, fact is that the ambassadors passed through there and have left record that in the monastery was the grave of the «serene and always victorious Lord King D. Duarte and D. Leonor, Queen of Portugal, and of all the Kings and Queens of Portugal and the Algarve», and possibly had the first contact with the newly established account of the 11 AMARAL, 2008.

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martyrdom of the Infante Santo, narrative that they would hear months later at the festivities in Lisbon and that would cause the emotion described in the Diário. Calls to attention that a few years later, in 1457, during the voyage of Swabian Knight, George of Ehingen, the monastery of Batalha reappears in a foreign narrative. The work Viaje a España de Goerge Von Ehingen (Itinerarium, das ist: Historische Berchreibung weylund Herrn Georgen von Ehingen raisene nach der Ritterschafft vor 150) has autobiographical imprint and speaks of the journey of George of Ehingen12 that toured different courts of Christendom and the Holy Land, having participated in the wars by King Afonso V in North Africa. The traveler went to meet the King in the city of Lisbon andstayed in an accommodation prepared by the monarch. Being summoned to Court, George of Ehingen was conducted by Lords and other nobles, and found the palace richly ornated. The narrative indicates that the reception was in Portuguese, a language that the traveler didn't know, having been necessary an interpreter so that the King could talk to the foreigner. In another moment of narrative, George of Ehingen indicates that: Nos hicieron recorrer todo el reino, visitando bellas ciudades, castillos y monasterios, y especialmente uno de estos ultimos superior á cuantos habia visto. Es de la Orden de Santo Domingo y fué fundado por un Rey de Portugal, siendo denominado monasterio de la batalha, por que muchos años antes un Rey de Portugal combatió, en el paraje que ocupa, contra los castellanos.

Differently from the report in Diário, the autobiographical text by George of Ehingen allows to observe a deliberate action of Afonso's Court in order to take the foreign traveler to the monastery of Batalha and, consequently, promote the dynasty’s memory in stone, memory associated with the victory in Aljubarrota (1385) and the Divine Providence. The traveller indicates that he couldn't understand what was being said in the Court, however, the visit to the monastery and to other cities of the Kingdom was also a way to tell the Knight on the history of Portugal and, after the departure of George of Ehingen with letters from D. Afonso V to Empress D. Leonor, propagate this story in different courts of Christianity13. In the following decade the brother of Queen of Bohemia toured different parts of the West between 1465 and 1467, on a journey that lasted 15 months. The text Viaje del

12 Viaje de Georgen von Ehingen, 1879 13 It is interesting to note that Jerónimo Münzer, in the decade of 1490, when describing the city of Ceuta, indicates that George of Ehingen was one of the Germans who helped in the defense of the city, which, possibly, is an indication of the circulation of information about Ehingen’s journey.

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noble boemio León de Rosmital de Blatna, por España y Portugal, hecho del del año 1465 à 1467 reports that after going through different places of the Kingdom, Leon de Rosmital met with D. Afonso V in Braga, which « received the Lord and his entire entourage honorably. Because he had brought letters to the King from this same King's blood sister [D. Leonor], wife of the Emperor, written by her own hand ». The role of messenger exercised by the Baron amplified the reception due to such an illustrious traveller, such as years before had happened to George of Ehingen. The King offered different gifts to Leon de Rosmital, but what most caught the traveler´s eye were the black people who abounded in the Portuguese Court. Journals of Roger Machado. Embassy to Spain and Portugal, is a narrative written by Ambassador Roger Machado and speaks of the Embassy sent in 1488 to the Catholic Kings in order to negotiate the marriage of the heir to the English throne with Catarina, daughter of Fernando and Isabel. After negotiations in Spain, the entourage arrived in Portugal in early April 1489, staying inicially in Elvas. From this location, Richmond, king of arms, sent an envoy with a letter to the Portuguese King in order to inform him that the ambassadors had come to the Kingdom. The diary indicates that the entourage stayed in town for four days, having received loads of wine, oat, fruits, meat, fish and other things sent by the Lords of the city. On April 13th the ambassadors participated in celebrations and left Elvas, being escorted by the Royal household Knights sent by the monarch, who was in Beja. The entourage headed to Vila Viçosa where they met with another Knight sent by the King, with instructions that the ambassadors remained in town during the Holy Week, suggestion questioned by the foreigners requesting to travel to the proximity of a days travel from the Royal Court. The request has been granted and the ambassadors continued journey to reach a grand festival prepared for them. El día veintiuno de abril los embajadores dejaron dicha villa de Portel y se fueron a comer a la villa llamada Vivigueira, que está a dos leguas de Portel. Y allí se encontraba la casa real. En Portel se había preparado un gran festival para los embajadores, bailes de hombres y mujeres a la moda del país, corridas de toros y combates cuerpo a cuerpo –, toda la diversión y el solaz posible se organizó en su honor. Es verdad que a una legua de esa villa llamada Vivigueira, donde estaba la corte real, el gran canciller de Portugal llegó bien atendido por varios nobles y personas de alto linaje, como caballeros, doctores y procuradores, abogados, escudeiros y otras personas de condición hasta el número de cien.

On April 22nd the ambassadors gave their missives to the King, which « los llevó apart y conversó un poco con ellos ». The report even states that during the

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next few days were held several parties, banquets and tournaments, having the ambassadors participated in the celebrations and remained in contact with the monarch who, on May 23rd, said goodbye to the party by giving them a series of gifts. The six narratives cited speak either of diplomatic missions or noble travelers carriyng letters from foreign courts to the King of Portugal, that is, of travellers who somehow acted directly in diplomatic relations and in political communication between the courts of the 15th century. The reports demonstrate that the reception of these foreign entourages occurred in varied ways, in general, time consuming, and involved stops and celebration by different parts of the Kingdom. This aspect expressed that at the end of the medieval period the monarchy remained itinerant, feature that took the diplomatic entourages along the Kingdom to meet with the King, which, on the one hand, it could harm negotiations and, on the other, could facilitate the collection of informations on the foreign Kingdom. The roaming issue brings out another face of the exercise of diplomatic negotiations from the period. If ambassadors crossed different roads and, at times, were housed in monasteries, castles and towns before being received by the Royal Court, the documentation indicates that the city was the quintessential space of diplomatic activity. The chronicles and travel narratives indicate the importance that the urban space had for diplomacy. Place of information and rumor circulation, the Portuguese cities cited in the reports were also characterized for being the stage of diplomatic ceremonies. In that sense, the sharp development of diplomacy throughout the 15th century had direct implications on relationships woven in urban space and in the very experience and understanding of those spaces. Ambassadors were greeted at the gates of the cities, parades crossed the streets, processions with the presence of illustrious foreigners drove to monasteries and to the Cathedral, jousts took place in the squares, performances took place in the vicinity of the Castle ... the city lived a particular time, the time of the party, the time of the show, the time of diplomacy. In the specific case of embassies, it’s observed the importance of ceremonial protocols at a time when the rules of communication were increasingly

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standardized. In the texts of Van Eyck and Roger Machado, for example, the officers of arms, specifically the kings of arms, move ahead from the embassy informing the authorities in each city the arrival of the entourage and organizing the reception and hosting. Respect to that protocol favored the structuring of the reception ceremonial, expressed by an entourage formed by members of the city's elite, the Royal household, noble servers, doctors, clergymen, among others, sent by the King and by local authorities. The reception of ambassadors and noble travelers follows, in this way, the ceremonial practices of the court, both included in this courtier universe, space by excellence for the development of the ambassador’s profile of the late Middle Ages. Meat, wine, spices, songs, dances, among other elements were part of a celebration that aimed to assert the prestige of the receiver and strengthen ties between this and the one who sent the diplomatic mission. The inumerous parties indicated in the reports exercised the role of communicative events of values and beliefs, even mobilizing news and projects that would be celebrated, in this case, by the Royal power, that made them coincide, many times, with periods, places and central acts of that communicability, such as the fair, the festivities, the Royal celebrations, etc14. Another striking case of this courtier environment was the closeness between the knighthood activities, as the jousts and the tournaments, and diplomatic negotiation undertaken by the ambassadors15, in addition to the banquets to which diplomatic envoys often participated. On this last point, it is observed that during the reception of the entourage or during the negotiations and celebrations that, sometimes, diplomatic dealings took place, travelers attended «State meals», sharing the King's table, that was a place of representation of political power, through which were shown social hierarchies16.

14 COELHO, 2011. 15 NADOT, 2012. 16 SÁ, 2011; MIRANDA; SOUSA, 2011.

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Figure 2 - Banquet de Noces. Representation of a wedding banquet with the presence of illustrious guests in the upper right corner of the image

Source: Histoire d’Olivier de Castille et d’Artus d’Algarbe. Paris, Bibliothèque nationale de France, Départament des manuscrits, Français 12574 fol.181v. - gálica.bnf.fr

The Diário de viagem do embaixador Nicolau Lanckman de Valckenstein brings many references to banquets, of which stands out the last of the entourage in Portugal. The report states that the King gave a great party at a palace erected for the occasion. The environment was ornamented with tapestries of different colours and fabrics, with figures of different characters and stories. At the first table, facing many and large serving pieces and magnificent silver objects and bowls, arranged and placed Regaly in its place, and watched over by guards of Knights, sat the following people: first, and in the upper position, the married Dona Leonor; secondly, at the same table, the Lord King of Portugal, older brother of the betrothed Lady; thirdly, on the other side, in front, sat Dona Catarina, sister of the betrothed Lady, and, to her side, fourthly, Infante D. Fernando, younger brother of the betrothed Lady; (...) in sixth and seventh place, sat the ambassadors of the Lord Emperor. All these people had simple water at the table during the feast, except D. Fernando and the ambassadors, who drank well spirited wine.

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The excerpt shows that diplomatic activity demanded knowledge of courtiers codes and the growing etiquettes and ways that imposed gradually in court space and, especially, to the King's table. It is added that at the end of the passage, the report informs the ambassadors drank «well spirited»17 wine, which could represent a moral issue to the characters. In general, wine appears in the texts as part of common food diet, however, it was recommended the mixture with water in order to avoid intoxication and excesses that it could generate18. These moral restrictions directly affect the performance of diplomatic functions, because the ambassadors should have a moral conduct beyond reproach. Specifically in the Portuguese case, the advisor profile established by the title of the Ordenações Afonsinas, from which one can deduce the profile of ambassadors, involves elements such as memory, good understanding, good speech, being polite and smooth with words, among others aspects that are directly about morality. The moral standard in Ordenações approaches the content of Avis moralistic prose, indicating that such men should be meek, doers of justice, lovers of honor and good, avoiding the carnal delights as games and drunkenness, and noisy and rough speeches. In this way, the constitution of counselor and ambassador profile at the Avis Court is directly associated with the pattern that has developed from the courtesan culture, palatial, and moral religious models, being in the Portuguese case directed by the own Avis monarchs19. Specifically on the negotiation dynamics, the narratives allow to note that after the first contact, the committees were received at the Palace and, in some cases, were accompanied by the Chancellor. In institutional terms, the travel narratives indicate that the Royal Council was constantly consulted in matters of diplomacy, indicating the importance of this sphere of power in the management of external issues, either as advisory space, or as ambassadors locus of choice. Nevertheless, it was the Royal Chamber the privileged space of diplomatic negotiation. In some cases, the reports indicate that the embassy presentation and negotiation took place in the Chamber in the presence of members of the Royal family and the Council, however, it is also possible to realize, just as in the texts of Jacques de 17 «vino bene limphato» in the Latin text. 18 MIRANDA; SOUSA, 2011. 19 LIMA, 2016.

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Lalaing and Roger Machado, even more private meetings. Both practices, alongside references to espionage and secret embassies present in 15th century chronicles, express, in a way, the growing politics of secret and information control attempts in the period, restricting, on the edge, to the Council and Royal family members the diplomatic affairs. There are other elements in the narratives about negotiation dynamics that deserve special attention. Van Eick’s narrative indicates that the negotiation happened in Latin. Three decades after George of Ehingen informs that the Court spoke in Portuguese, a language he didn't understand. Similarly, in the 30’s, the King D. Duarte left recorded «Ditado per latym e lingoajem d’el rey pera outros prinçipes e senhores» in Latin20. In the 70´s, the Livro Vermelho of D. Afonso V brings extended rules, but only in Portuguese. Can those elements represent a retreat from Latin in Avis Court or the assertion of a national language? Maybe possible answers are in other documents that escape the present reflection, in any case, it is noted in the narratives the presence of interpreters in courtier space, men, sometimes cited unnamed, which exerted very significant role for diplomatic relations and to the conduct of court ceremonials. Furthermore, from the narrative about the voyage of Jacques de Lalaing, it is noted a magnification in details about the reception, on the banquets and gifts received, over the festivities and, especially, about the hosting of the characters, aspects that show the development of ceremonial practices of the Portuguese Court and the structuring of a new ceremonial standard. 3. Cerimonial and Diplomacia in Portugal In order to consider this aspect in more detail, are mentioned the studies of Ana Isabel Buescu21. When analysing royal marriages in the first half of the 16th century, the author indicates the existence of a « similar ceremonial pattern, with festivities at the palace and in the context of the Court, but also as an important dimension of public party ». Such elements that mark the « ceremonial standard » of the 16th century can be found in development throughout the 15th century.

20 DUARTE, 1982. 21 BUESCU, 2010.

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The first marriage of the Avis dynasty was of King D. João I and Philippa of Lancaster, in 1387. According to Fernão Lopes22, the parties and jousts lasted fifteen days between preparations and the celebration of marriage. The streets of Oporto were adorned with herbs, the nobles practiced military activities in jousts and tournaments, banquets were organized and the party also counted on «joguos e damças per todallas partes e praças». The marriage of D. Duarte with D. Leonor of Aragon, in 1428, was also space of festivities. Hunts, jousts, bull runs, dancing and singing were present at the ceremony. However, the marriage occurred under the displeasure of the Prince, who had programed the festivities for Évora and, due to the outbreak of plague that affected the town, had to transfer the celebrations to Coimbra. The marriage of D. Isabel, narrated by Van Eyck, is the matrimony that generated more spending between the reigns of D. João I and D. Afonso V. The celebrations lasted three days. On 26 September 1429, the banquet was held by the Tagus River, where there were assembled four big tables. In the following days the jousts took place at Rua Nova de Lisboa. Finally, there was a great procession which accompanied D. Isabel to the Cathedral. Fourteen ships and about 2000 people headed next to the future Duchess of Burgundy. These famous marriages contributed to the promotion of the external image of the Royal House of Avis and the development of monarchic ceremonial in Portugal. If D. João’s I marriage gave signs of the care that the new dynasty would have with celebrations, the marriage of D. Isabel demonstrates the complexity acquired for celebration in the 30’s. Nevertheless, Van Eyck’s narrative also demonstrates some weaknesses present in the period, for example, the delay in receiving the embassy, which was not received in Cascais and had to find the King, being received almost a month after the arrival in the Kingdom, and the lack of adequate space for the banquet, which was quickly built on the banks of the Tagus River. Such aspects contrast with Jacques de Lalaing and Nicholas of Valckenstein narratives about the embassies, indicating that from the years 1440, still during the Regency, the monarchic ceremonial gained new outlines, these would be organized during the reign of D. Afonso V and started to aggregate signifficantly the overseas elements. The scenography of power present in the description of the Diário constitutes a significant change in the ceremonial during the reign of D. Afonso V. Scenarios were set up throughout the city, creating a secular procession that recounted, exalted and, not least, experienced the history of the Empire and Christianity, associating to this the laudable 22 LOPES, 1983.

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Portuguese feats. Thus, the new feats put the wedding celebrations of D. Leonor closer to those ceremonies conducted in the reigns of D. Manuel and D. João III, under the direction of Gil Vicente, than of the celebration of the marriage of D. Isabel in 1430. Other evidence make it possible to consider D. Afonso’s V reign as a period of the monarchy’s ceremonial systematization and, specifically, of those related to diplomacy. Rita Costa Gomes23 proposes that the measures taken by the early Kings of Avis constitute a process of «global redesign of Royal ceremonies», movement that would have produced the missing compilation of Portuguese ceremonies. Gomes indicates that during the 15th century the Avis Court saved two normative texts. The first, a compilation of English usage, manifests its influence in the Portuguese Chapel since the 30’s, having the Codex remained in the Royal Library until the reign of D. Manuel. The second, a collection of internal ordinances and general standards, is the Livro Vermelho, which was used in the Court until the 16th century. According to the author, the document is «the most important description, though with gaps, of Portuguese uses of the end of the Middle Ages». In the records of Livro Vermelho, document 4 is the most quoted. Dated from January 1471, under the title «Dytados em lynguoajem d'ElRey Dom Affonso o Quynto nosso Senhor pera Rex e Primcipes e Senhores e todas as outras pessoas estrangeiras de fora de seus Reinnos...», systematizes the forms that should be used in diplomatic contacts with foreign Princes and monarchs, in addition to the representatives of these and of the great lords of the Kingdom itself. There is still a document, which organizes the seat of ambassadors in the Royal Chapel, and in other ceremonies. Under the title of « Detriminaçao do Coselho d'ElRey acerqua da maneira que se aja de ter com os Embaixadores dos Rex e Principes estramjeiros, que a Sua Corte vierem, asy acerqua do asentamento em Sua Capela como das outras cerimonias », the text indicates the solemnity of the daily lives of embassies within the scope of the Court, in addition to inform about the distinctions of status. Differently from the Aula and the Chamber, the Chapel was the Court’s ecclesiastical body par excellence, where the rites of Christian worship took place24. In it took place daily mass, to which the monarchs watched from the interior of a mobile structure especially assembled in the Chapel. This remained closed most of the time, however the Livro Vermelho indicates that the King could show himself in its interior to the ambassadors and members of the Court. The seats layout was not facing the altar, but to

23 GOMES, 1995. 24 GOMES, 1995.

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the Royal curtain, which expresses a hierarchical organization of the cult. By the characteristics and functions of the space, members of the clergy are highlighted in the document, the seat and the hierarchical precedence being detailed in relation to the others present. After this exposure, the text arranges the ambassadors layout in case of simultaneous missions: E em caso que a Corte do dito Senhor venham jumtamente Embaixadores de dous ou tres Rex, ou Principes, ou de mays, e asy vaaõ a sua Capela pera averem d'estar em seu asentamento, far-se-ha a deferemça de huuns aos outros no asemtar, que se faz nos ditados que se a cada huum poem, segundo o ditado que o dito Senhor a cada huu Rey, ou Principe poõe, asy precedera o seu Embaixador, ou será precedido d'outro.

The ambassadors layout in the Chapel follows the structure established in document 4 of Livro Vermelho, which demonstrates the importance of the list to the systematization of diplomatic formalities, serving as guidance for the late. To these elements, its added document 26, titled «Detriminaçam e Regimento d’El-Rey, da maneira que se daquy em diante aja de ter acerqua dos mantimentos ordenados e corregimentos que se ham de dar aos Embaixadores, e pessoas que ele por seu serviço mandar fora de seus Reinos... ». In addition to the elements expressed in the title, the document makes a distinction between missions in the Iberian Peninsula, which demanded fewer resources, and missions outside of Iberian space, in addition to define the diplomatic envoys as embaixadores: E esta maneira detrimina o dito Senhor, e manda que se daquy em diante tenha com todolos Embaixadores, e pessoas que elle mandar com embaixadas, e recados seus fora de seus Reinnos; e posto que vaa Doutor, e Cavaleiro, ou outro Senhor mayor, que elle dito Doutor ambos juntamente, como ele dito Doutor tambem levar nome de Embaixador...

It is considered that these documents are evidence that in the 1470 decade, the Portuguese monarchy took another step in order to systematize diplomatic ceremonies, especially the sending and the reception of embassies. With more and more foreigners circulating through the Kingdom’s cities owing to the development of navigations and an increasing diplomatic network, Afonso V decided to invest in the systematization of the Portuguese ceremonial, aware that this was an important political tool. This process steps back to the previous decades, with the Kingdom’s heraldic reorganization, the writing of the Livro dos Arautos in 1416, the elaboration of a list of rules for Royal documents to be dispatched abroad present in the Livro dos Conselhos de El-Rey D. Duarte, the rules of procedure for the officers of arms in 1476, resulting in the own compilation of the Court’s documents and uses that constitutes Livro Vermelho.

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It is worth to consider other aspects present in travelogues and related to 15th century diplomacy. Van Eyck’s narrative in the 1420´s, makes references to men representing the Indies, dreamlike medieval society’s skyline. Jacques de Lalaing, on the other hand, when visiting the Kingdom of Portugal in the 1440’s makes a remark to the fact of having won spices as a gift. In the 1450’s, the ambassadors of the Empire were able to watch the parade of an elephant that demonstrated the power of the King called the African. Baron of Rosmital, in the 1460’s, was surprised by the black people he saw in the Kingdom and, as a gift, even won a monkey. There was only a few years that the slave trade, which would mark the future Portuguese Empire, had given its first steps, and descriptions of travellers demonstrate the transformation experienced by the Kingdom of Portugal. Diogo Ramada Curto25 argues that marriages and other festivity occasions were particularly intense moments for communication of the Court with the outside world and for the identification of national habits. Diário brings a number of other passages in which it is noticeable the Kingdom’s elation and concern for the promotion of Portugal’s history. Upon reaching the city of Lisbon, for example, the ambassadors describe the history of the site saying that "this city was built by Ulysses, in honor of his wife, who had the name of Bana; and the name is composed of Bana and Ulysses, which makes Ulixbana", a passage that underlines the antiquity and Greek roots of Lisbon, subject that, in the following century, became famous in the penalty of Damião de Góis. The reports of the weddings of D. Isabel and D. Leonor reinforce the view that diplomatic ceremonies were unique moments for the promotion of the image of the monarchy, of the Kingdom and also of the city that hosted the celebrations. In these cases, the ambassadors registered verbatim the grandeur of the celebrations and practices conducted on Lusitanian lands, allowing that impression to circulate through other regions of Christianity extolling the Portuguese Kingdom. The Royal ceremonies and, specifically, the ceremonies related to diplomacy, demonstrate, other mechanisms by which the monarchy structured, restructured and made known the history of the Kingdom, especially out of Portugal. There is still another reference of the Diário directly linked to the relationship between diplomacy and the memory and exaltation of the Kingdom. On 19 February 1452, D. Leonor and her entourage headed to the city of Siena to meet Frederick III. The princess was received on the 24th, on door Camollia, "with a big parade, solemnity and honor”, and to celebrate the meeting was erected a stone statue so it would "stay perpetual memory of this moment". The narrative indicates that the meeting was proceeded with 25 CURTO, 1997.

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festivities and, later, the couple went to Rome in order to complete the marriage and coronation by Pope Nicholas V. However it is on the sculpture of Siena that lays our attention. It is possible, as indicated by the chronicler Rui de Pina, that the commission of the statue has been made by Portuguese Ambassador João Fernandes da Silveira, anyway, there is the intention to register it for posterity by Collona del Portogallo and the repercussions of the construction. Figure 3 - Fresco of the Libreria Piccolomini, cathedral of Siena.

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Figure 4 – Colonna del Portogallo, Siena

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One of the Italian artists described by Giorgio Vasari, Bernardino di Betti, known as Pinturicchio (c.1454-1513), recorded the event at Libreria Piccolomini of Siena Cathedral. The painting started to be made in the year 1502 and ended in 1508. The famous fresco by Pinturicchio (Figure 3) about the meeting highlights

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in the foreground the Emperor, Princess Leonor and the Bishop of Siena, Eneas Silvio Piccolomini, future Pope Pius II; in addition to, in the background, signal the marble column present in the description of the Diário and the Chronica de El-Rey D. Affonso V. It is possible to note that the production of the sculpture and, later, of the fresco, was crossed by the various interests of the mainly involved in the ceremony, the Emperor Frederick III, the princess Leonor and, consequently, the King of Portugal, and even the Bishop of Siena, Eneas Piccolomini. Registered in text, in ink and marble, the event remains carved in the life of the Italian city (Figure 4) and can serve as an indication that the 15th century concern in perpetuating the memories of Portuguese accomplishments through diplomacy was successful. 4. Other narratives, other questions Before concluding, it is worth mentioning that there are other travel narratives of foreigners who were in Portugal in the 15th century and that, even without acting directly as ambassadors or messengers, also offer traces that contribute to this reflection. The Crónica de uma viagem à costa da Mina no ano de 1480 is one of these examples and speaks of a French merchant that between 1479 and 1480 toured the West coast of Africa. In addition the stay in Spain and Portugal, the traveler passed through the Canary Islands, Cabo Verde, Sierra Leone, among other points of Africa, which extends the particularities of the narrative. Eustache de La Fosse was arrested overseas in possession of African spices and, upon arriving in the Kingdom, was imprisoned in Setúbal. The text states that during questioning the justice officials insisted on knowing whether the merchant had received orders to bring with him the seeds of Paradise (pepper). A second text is Viaje de Nicolas de Popielovo por España y Portugal, speaks of the journey of the noble of Breslau through different parts of Christianity, highlighting his passing through the Iberian Peninsula (1484-1485), both in visit to Santiago de Compostela, as stopping in the realms. Nicolas de Popielovo (Nicolas de Popplau) arrived at Setúbal accompanied by two companions, hosting himself at the address of a shoemaker. According to the report, one of the traveller’s servers spoke Spanish and was sent to the Palace to search for the King's Cook, of Flemish origin, that according to Lisbon traders could arrange audiences with the King. The contact did not result in the expected audience for the traveler, even if Popielovo states in the narrative that he carried letters from the Emperor. The sequence of the narrative recounts the hardships faced by the foreigner, as the arrest of one of his companions and the difficulties of understanding

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the Portuguese language. After going to the Court looking for monarch, Popielovo managed to be received in the Royal Chamber, had his audience with D. João II and the liberation of his server. From the end of the 15th century, there is still the Viaje por España y Portugal en los años 1494 y 1495, that speaks of Austrian Jerónimo Münzer’s travel, that leaving Nuremberg toured Christianity accompanied by friends who knew foreign languages. The traveler was in the Iberian Peninsula for five months and the text highlights the visit to Granada, then recently conquered by the Catholic Kings. During his stay in Portugal, was with D. João II in Évora, where he dazzled with the camels who were at Court, was received at the King's table and had audiences with the monarch. The text does not inform the subjects dealt with, but, whereas, in 1493, possibly at the request of Emperor Maximilian, Münzer sent letter to D. João II with the proposal to seek a path to Cathay by navigating West, and that the previous excerpt of the narrative states that the King was «extremo afable y amigo de enterarse de todo por sí mismo; al que llega a él para hablarse de empresas bélicas, de navegación o de otras de interés, le escucha atentamente...», it is possible to consider that the navigations were on the agenda at the meetings. It is added that in the descriptions about the Kingdom of Portugal, it is also noted the reference to exotic animals from Africa and the slaves that multiply in Lisbon. The cited examples demonstrate the disparities experienced by travelers abroad, situations, sometimes of risk that, generally speaking, the slow crystallization of the Ambassador's status limited. Both Popielovo as Münzer indicate to have contacted members of the Court to ensure the audience with the monarch, however, while the first faced several difficulties and had to press for a meeting with D. João II, the second was quickly received, had several audiences and even received safe travel permits and escorts during his stay in Portugal. The three cases reveal sides of a same question, the information importance at the end of the medieval period. Travellers of the period, whether with commercial or «scientific» interests, were potentially informants at a time when authorities increasingly sought to collect and control information. 5. Conclusions By what was exposed, we believe that a complex ceremonial practice presents itself in the diplomatic activities of late medieval period. Receptions, parades, dances, gifts, tournaments, jousts, bullfights, processions, stagings. It was still noticeable the concern with the preparation of richly ornate hostings to receive the foreign entourages, care that, together with the other elements of the ceremonial, favored the laudatory tone of these

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illustrious travellers narratives, texts that resonated the honor and power of the Kingdom and the King on other courts of Christianity. These narratives are examples that such sources allow the investigator to identify a series of elements related to the Court and to diplomacy of the late Middle Ages, which, sometimes, do not appear in more traditional documents, such as treaties, proxies and letters of belief. On the other hand, the reports allow to identify the growing ceremonial role at Court and, by comparison, the structuring of the monarchic ceremonial of Portuguese royalty. Nearing conclusion, what can we see through the eyes of 15th century travelers? Ambassadors were greeted at cities gates, parades crossed the streets, processions with the presence of illustrious foreigners drove to monasteries and to the Cathedral, jousts were waged in squares and Town Halls, bullfights and banquets entertained the Court and the people, stagings happened in the Castle vicinitys, travelers attended dances and heard about overseas travels... aspects present in the narratives and that involved, especially, the urban space. So, we can say that the Kingdom and, specifically, the city space lived a particular time, the time of party, the time of the show, which was also the time of diplomacy, which has not gone unnoticed of travelers reports. The excerpts and the examples selected sought to emphasize that during the 15th century the Kingdom of Portugal experienced significant changes and we see in the texts that over the festivities the propagandistic project of the House of Avis was made present, be it with the affirmation of the monastery of Batalha in traveller’s routes or with the promotion of the cult to the Infante Santo. In addition, it was noticed how aspects, exotic in general, linked to overseas widened in royalist celebrations, favoring Regal power in a period of the Portuguese maritime Empire formation.

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Relaciones protocolarias entre concejos castellanos De las cartas de hermandad a las misivas Maria Josefa Sanz Fuentes Resumen: Dentro de las relaciones protocolarias en la corona castellano-leonesa adquieren una notable importancia las mantenidas entre diferentes concejos durante las difíciles minorías de sus reyes, o en caso de posibles problemas sucesorios. Ante las diversas situaciones que se producen con el frecuente cambio de tutores de los monarcas y la continua amenaza de una frontera sur muy inestable, por los ataques procedentes de AlAndalus, los gobiernos concejiles buscan la estabilidad estableciendo entre ellos unas normas de convivencia regladas y una relación epistolar estable. Diversos ejemplos documentales de las mismas son la base de nuestra aportación. Palavras claves: corona castellano-leonesa, concejos, relaciones protocolarias, cartas de hermandad, misivas

Abstract: Among the diplomatic relations in the Kingdom of Castile-Leon, those maintained between different town governments during the difficult minorities of their kings and the succession conflicts, reach a remarkable importance. Given the various situations that occur with frequent change of regents of monarchs and the continuing threat of southern unstable border, attacks from Al-Andalus, the concejiles governments seek stability including establishing rules of coexistence regulated and a stable epistolary relationship. Various documentary examples of them are the basis of our contribution. Keywords: castilian-Leonese crown, town governments, diplomatic relations, letters of brotherhood, missives

Cuando se habla, como ocurre en el título del Encuentro Internacional que nos reúne, de Comunicación política y diplomacia, todo parece querer llevarnos al plano de las relaciones entre diferentes coronas. Para el final de la Edad Media la mayoría de las monarquías europeas han consolidado sus fronteras. En la propia Península Ibérica



Departamento de Historia. Universidad de Oviedo. [email protected]

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tanto Portugal como Aragón, una vez aseguradas las suyas, comienzan a volcarse en aventuras que las llevan hacia el domino de territorios situados en sus mares fronterizos, el océano Atlántico y el mar Mediterráneo respectivamente. Pero, situada entre ambos, la corona castellano-leonesa todavía tiene un frente abierto dentro del propio territorio peninsular, el flanco sur frontero con Al-Andalus, mientras que sus relaciones con los reinos vecinos se presentan en numerosas ocasiones conflictivas. En los momentos en los que la monarquía flaqueaba, asediada por conflictos internos, fueron los concejos de realengo los que decidieron tomar el liderazgo de la situación y poner orden en los territorios vecinos, para evitar un doble peligro: el primero y fundamental, ser desvinculados de la corona pasando a enriquecer los ya por entonces muy potentes señoríos laicos y eclesiásticos, y el segundo, más directamente relacionado con su ubicación geográfica, asegurar la colaboración en la defensa de la Frontera, evitando intentos de ataque oportunista desde el sur. Para ello, los concejos concibieron y llevaron a cabo la creación de solidaridades concejiles, denominadas hermandades, que desarrollarán su actividad de forma puntual, siempre que la situación lo requería, actividad que se vio plasmada, para mayor seguridad, en documentos que garantizaban el cumplimiento riguroso de los establecido. En este sentido, el documento primigenio y básico es la «carta de hermandad». Su estructura diplomática1 es muy sencilla, similar a cualquier contrato establecido entre partes ante un notario público. Su carácter de documento solemne y de especial atención hace que en los primeros momentos el documento se inicie por una invocación verbal, más o menos extensa, según la categoría del concejo u concejos que la constituyan. Luego, como es propio de los documentos notariales, se introduce el resto del tenor documental mediante una notificación general, la explicitación del o de los intitulantes de la carta de hermandad, ya que puede ser un solo concejo o más de uno los que en un momento determinado, tras fijar su propia hermandad aumenten el número de sus miembros, y asimismo la dirección, que recoge el o los destinatarios del documento. El grueso del mismo va a estar dedicado a establecer las condiciones bajo las que se recibe al nuevo concejo hermanado, comunicándole sus derechos y sus obligaciones. La validación se realizaba en un primer momento mediante el sello del concejo iniciador de la hermandad. Sobre ambos casos, ofrecemos dos ejemplos concretos. El primero coincide con el periodo crítico sufrido por la monarquía castellano-leonesa durante los últimos años del reinado de Alfonso X, al sublevarse su hijo, el infante don 1 SANZ FUENTES, 1978, 403-430.

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Sancho, futuro Sancho IV, contra el orden legal de sucesión al reino, que haría recaer la corona sobre el infante don Fernando, nieto del monarca, hijo del infante don Fernando de la Cerda, muerto en plena juventud2. Son nueve concejos asturianos, encabezados por el de la villa de Avilés3, quienes se reúnen «a servicio e a mandamiento de noso sennor el rey e a pro e a onrra de nos todos». Siempre en todas las hermandades se hace constar la fidelidad al rey, no se escrituran hermandades contra el monarca, pues ello daría inmediatamente a ser juzgados los concejos como traidores al monarca, con las consiguientes repercusiones4. En el segundo caso, y ya en Andalucía5, se trata de una ampliación de hermandad en un territorio muy comprometido en aquellos momentos, los de la minoría de Fernando IV, como son los concejos de las ciudades de la cuenca del Guadalquivir. A través de él podemos conocer cómo a una hermandad previa establecida entre las dos grandes capitales ribereñas del mismo, como son Sevilla y Córdoba6, se va a unir la que en aquellos momentos era el puesto avanzado en la frontera con el reino de Granada, la por entonces villa de Écija. Su redacción es más amplia y compleja, propia de los usos escriturarios de concejos de tal importancia. Es muy significativo el hecho de que, como se desprende del anuncio de validación, Córdoba y Sevilla tengan ya su sello de hermandad. Una vez establecida la hermandad, las siguientes reuniones generan un nuevo tipo documental. Se trata en este caso de las «actas» de junta de hermandad. En ella, tras la acostumbrada invocación y notificación, sigue la intitulación, constituida por todos los miembros que en aquel momento la conforman pasando a explicitarse los acuerdos de forma secuencial, indicando si se toman a petición bien de alguno de los miembros o de parte ajena que desea adherirse a la misma, bien «motu proprio» de la propia hermandad. El ejemplo que aportamos7 es el de una reunión de la gran hermandad constituida por concejos del alto y bajo Guadalquivir, desde Jaén hasta Niebla y Jerez de la Frontera, durante la minoría de Alfonso XI. Estos documentos, junto a los de ampliación de hermandad, como anteriormente hemos visto, son los que pasan a ser

2 3 4 5 6 7

Para el caso de Asturias, RUIZ DE LA PEÑA SOLAR, 1977, 6. SANZ FUENTES, CALLEJA PUERTA y ÁLVAREZ CASTRILLÓN, 2011, 86-88 Ésta y otras cartas de hermandad asturianas en BENITO RUANO, 1971. SANZ FUENTES, 1978, 403-430. SANZ FUENTES, 1978, 11-16 y 2016, 62-67. SANZ FUENTES, 1978, 419-424; 2016, 84-89.

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validados ya con el sello propio de la misma8, al haberse superado el que sea tan solo uno el concejo que recibe y que valida. El segundo tipo documental que nos aporta información sobre las relaciones entre distintos concejos son las misivas. No se trata, ni mucho menos, de un documento específicamente concejil, sino que lo vemos utilizado en todas las cancillerías europeas de la Edad Media, hundiendo sus raíces en la documentación de época imperial romana 9. Suelen ser documentos breves, por no decir muy breves, que se emplean para todo tipo de relaciones, tanto de mera información, como de intercambio de pareceres. De redacción muy escueta, llama en ellas la atención el hecho de que tanto en el saludo inicial como en el final la fórmula se amplía con una serie de expresiones protocolarias encaminadas a obtener el favor de la persona física o jurídica a quien va dirigida. Iniciadas por la invocación monogramática, en forma de cruz, la fórmula con la que se abre la redacción puede variar. Lógicamente nos parecería que debería ser la intitulación, pero, precisamente por cuestiones de protocolo, en los casos de que la persona o entidad a quien se dirija sea bien porque así lo establece el derecho o porque así lo percibe quien emite el documento, de calidad superior al mismo, pasaría la dirección a preceder a la intitulación. El cuerpo del texto lo suele conformar un amplio expositivo, por medio del cual se razona y justifica la petición o súplica que constituye el dispositivo. Se cierra el texto con el saludo final, dando paso al escatocolo, constituido por la datación, expresada por lo general de forma muy breve, y la validación mediante la suscripción de algunos de los miembros del gobierno concejil, por su escribano, y por el sello, en este caso de cera en aposición adherente bajo placa y que sirve como cierre del documento, ya que las misivas son siempre cartas de confianza que han de llegar a manos del destinatario sin haber sido abiertas ni leídas por otra persona alguna. Ello hace que dirección e intitulación se expliciten también al dorso del documento, en el denominado «sobre escrito», que permitirá conocer el destinatario y el remitente sin tener acceso al documento completo. Ejemplos representativos de esta correspondencia pueden resultar la misiva enviada al concejo de Écija por don Lorenzo Suárez de Figueroa, maestre de Santiago10, en la que

8 De todos los utilizados el mejor descrito es el sello de la Hermandad de Castilla, USON FINKENZELLER, 1990, 215-217. 9 En el mes de noviembre de 2012 se celebró en Madrid, en la Casa de Velázquez, un coloquio bajo el título La lettre diplomatique (1): Origines et développements épistolaires de l’acte. Mi contribución al mismo versó sobre «La epístola romana y su supervivencia en la cancillería castellana en la segunda mitad del s. XV», está en estos momentos en vía de publicación, corregidas ya segundas pruebas. 10 SANZ FUENTES, 2016, 540-541.

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da cuenta de los sucesos que están ocurriendo en la frontera con Portugal y que implican a una villa tan lejana geográficamente, porque se vio afectada de una manera especial al ser el maestre natural de Écija y ser una pieza fundamental en las relaciones con la corona, al ser hombre de la máxima confianza del monarca. Gracias a su intervención recuperó pocos años después Écija el título de ciudad. Lo es asimismo la recibida por el concejo astigitano procedente del vecino concejo de la ciudad de Córdoba11. Aunque éste podría parecernos de mayor relevancia, vemos cómo en el documento el destinatario, Écija, precede al otorgante, y tiene su razón de ser en el hecho ya anteriormente comentado de que esta última está ejerciendo ya en estos momentos y hasta el final de la reconquista el papel de cabeza de frontera, y acaba de informar a la vecina ciudad de un peligro inminente de ataque ante el que así podrá tener dispuestas sus defensas. Los otros dos casos pudieran parecernos de menor entidad, pero se trata de las relaciones con un concejo de señorío, Palma del Río, que controla el acceso al río Genil, ya que se halla ubicado en la confluencia de éste con el Guadalquivir; y hemos de tener en cuenta que el Genil, sus riberas y su navegabilidad, suponían una de las mayores riquezas del concejo astigitano. Por eso Écija mantiene un trato continuo a con la familia Bocanegra, de ascendencia italiana pero que habían alcanzado una gran notoriedad en la Corte, dentro de la contaduría y de la marina real; y lo hace sobre cosas en apariencia nimias, como es el acceso de los ganados de cada una de las villas a los pastos de la otra12, pero como bien dice una de las cartas aportadas, ese pacto ha logrado eliminar la «devisión e discordia que es entre esa villa e ésta». La paz entre vecinos siempre ha sido asunto de gran interés en zonas de conflicto externo. Y estos cuatro ejemplos se recogen en tan solo dos años, 1398 y 1399. Pero la mayoría de las misivas que hemos analizado entre la documentación medieval de Écija llevan en sus textos auténticas lecciones de relación protocolaria siendo un espacio de la Diplomática aún no muy explorado. Valgan, pues, estas breves notas como inicio de más profundos estudios sobre estas relaciones interconcejiles y su plasmación en los respectivos documentos.

11 SANZ FUENTES, 2016, 568-569. 12 SANZ FUENTES, 2016, 535-536 y 605-606.

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ÁLVAREZ

CASTRILLÓN, José Antonio (2011) – Colección diplomática del concejo de Avilés en la Edad Media (1155-1498). Oviedo: Universidad de Oviedo USON FINKENZELLER, María Cristina (1990) – «El documento de hermandad de los concejos castellanos de 27 de mayo de 1282, del Archivo Municipal de Nájera: estudio crítico». En Actas del Primer Coloquio de Sigilografía. Madrid, 2 al 4 de abril de 1987. Madrid: Dirección de los Archivos Estatales, pp. 193-231.

Portuguese Notaries in late Medieval Iberian Diplomacy Ricardo Seabra

Abstract: What role did the notaries play in diplomacy during the Middle Ages? Naturally, the legal contracts that report the diplomatic activity between states have to be registered properly, thus the importance of writing to diplomacy is unquestionable. In this paper we will focus on the period between the 14th and the 15th centuries in the Iberian Peninsula, paying special attention to the relationships between the Kingdom of Portugal and that of Castile. By analysing different types of sources produced by notaries, we aim to present a brief analysis of the participation of these agents and of their activities in the diplomatic history of Medieval Iberia, looking at their activities in regard to their crafts, courses and careers, as well as to lay down a common profile for these agents. Keywords: notary, diplomacy, Middle Ages, Portugal

Resumen: ¿Cuál es el papel que desempeñaron los notarios en la diplomacia durante la Edad Media? Naturalmente, los contratos legales que informan la actividad diplomática entre los estados debían registrarse correctamente, por lo que la importancia de escribir para la diplomacia es incuestionable. En este artículo nos centraremos en la Península Ibérica en el período comprendido entre los siglos XIV y XV, prestando especial atención a las relaciones entre los reinos de Portugal y de Castilla. A través del analisis de los diferentes tipos de fuentes producidas por los notarios, pretendemos realizar un breve análisis de la participación de estos agentes y de sus actividades en la historia diplomática de la Península Ibérica en la Edad Media. Asimismo, prestaremos especial atención a sus misiones y su trayectoria, con el objeto de establecer un perfil común para estos agentes de la diplomacia. Palavras claves: notariado, diplomacia, Edad Media, Portugal



CITCEM, Universidade do Porto, [email protected]

Comunicación política y diplomacia en la Baja Edad Media Néstor Vigil Montes (coord.) ______________________________________________________________________________

Introduction “A wise old man taught me that diplomacy is the velvet glove that cloaks the fist of power”1. This statement by Robin Hobb shows how much forethought and subtlety are necessary in the relations between states. However, one must not mistake “Diplomacy” with “Diplomatic Negotiations” or “Diplomatic Relations”, since the perspective of the historian may be biased by the imprecise use of terms within the Theory of International Relations, both in what concerns the concept of external diplomacy, frequently mistaken with that of international politics, and in the almost indiscriminate use of the term “diplomacy” to refer to different things. Diplomacy is a product of the relations between organized human groups that negotiate with each other and, thanks to their own sovereign and independent character, can nominate, to that extent, emissaries who are protected by this recognized inviolability. Yet, the History of Diplomacy is conceived as the study of the tools and persons by whom the political relationship between States has been prosecuted over time. Therefore, it is not only as the content of a History that reports the occurrences of the inter-state relationships, but also to the instrument that the States supply for their treatment, processes that are used, the means and the evolution of that function through time. This is due to the multi-functionality of its denomination, since the concept of diplomacy also includes the establishment of relations among states (international politics) and the instrument or the path of that relation (diplomatic function), that contain the practices2 and the persons. Both for the negotiation with other kingdoms and for the reception of foreign emissaries, the Kings of Portugal usually designated specific and specialized agents, calling upon individuals that were available at different times for the Court or by other means of the political society. They could choose foreground figures from the lay aristocracy or high ecclesiastical dignitaries, such as bishops or masters of military orders. Their choice fell on several personalities, from the «privados» (private officials) of the Council, the bureaucrats from the Royal Dispatch, the judges of the audiences, or officers from their house3. Among them we find plenipotentiaries, commissioners, envoys, residents, agents, deputies, legatii, nuncii, internuncii messengers, couriers, heralds, ministers and ambassadors. But what about notaries? 1

HOBB, 2014, 1066. OCHOA BRUN, 1990, 17-29. 3 HOMEM, 1988, 223-24. 2

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1. Starting point The general scheme of the diplomatic relations of the Kingdom of Portugal during the 14th and 15th centuries gradually became more complex as the country projected itself outside the Peninsula. The diplomatic relations of Portugal with other kingdoms beyond the Pyrenees had existed for long time but, during the second half of the 14th century, they became more and more intense and long-lasting. There were several factors that contributed to this, mainly in what concerns the external commerce and the overseas expansion, but there were also others of political, military and religious nature, such as the Hundred Years War and the Great Schism. This article will focus specifically on the period between the 14th and 15th centuries in the Iberian Peninsula, with a special focus on the relationships between the Kingdoms of Portugal and Castile. For this, we used edited primary sources, namely the documental compilations Monumenta Henricina (Vols. 1, 2, 3, 4 e 6)4, Gavetas da Torre do Tombo5, Documentos referentes a las relaciones con Portugal durante el reinado de los Reyes Católicos (2 Vols)6, and also in Relaciones entre Portugal e Castilla en la época del infante don Enrique (1393-1460)7. Through these documental collections, we accessed several legal contracts, among which we were able to find diverse documents that were written by notaries, such as procurations, truces, peace treaties, alliances, ratifications, confirmations, marriage contracts, public forms, oaths, commitments, among others. The approach to the study of Diplomacy in the Middle Ages has a long tradition and it has been presented from several perspectives. Since the 19th century up until now, the studies that focus on this subject have been presented from various angles. In the last few years, the works of Stéphane Péquignot8 and Isabella Lazzarini9 have given a major contribution to the development of the study of diplomatic activity from different angles. The main points of view on the historiographical production concerning the history of international relations of Medieval Portugal have been thoroughly and exhaustively raised by Maria João Branco and Mário Farelo10. However, we must also refer to the existence of the compilations, publications and systematizations of sources which are fundamental to the study of Diplomacy and that were carried out by the 2nd Viscount of Santarém, who 4

Monumenta Henricina, 1960; Monumenta Henricina, 1960b; Monumenta Henricina, 1961; Monumenta Henricina, 1962; Monumenta Henricina, 1964. 5 As gavetas da Torre do Tombo, 1960-77. 6 SUÁREZ FERNÁNDEZ, 1958-1962. 7 SUÁREZ FERNÁNDEZ, 1960. 8 PÉQUIGNOT, 2017. 9 LAZZARINI, 2015. 10 FARELO, 2011, 231-259

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made the first survey on the diplomatic and political relations of Portugal until the 19th century11, and by Frederico Francisco de La Figaniere, who systematized the Portuguese documents that were at the British Museum12. Several partial studies made during the 20th century have shed some light on the theme of Medieval Diplomacy13, but it was not until the 1980s that we began to notice a new phase of renewed scientific interest and output due to the work of several authors. Although this article will not give an in-depth analysis of all the existing bibliography about the history of foreign relations of the Kingdom of Portugal, we highlight some contributions that provide a better understanding of the international policy of Portugal at the turn of the 15th century. Humberto Baquero Moreno wrote not only the biographies of some relevant diplomats from the Fifteeth Century, but also made some important reflections on Portuguese politics in the Iberian space14. Luís Adão da Fonseca has presented us with several new perspectives on the external policy of medieval Portugal, mainly concerning Northern Europe, Castille, Granada and North Africa15. Isabel Beceiro Pita has centered her work essentially on the analysis of the profile of the diplomats and the literate men from the Portuguese and the Castilian Kingdoms, focusing on the criteria used for their appointments, mentioning the reasons for the absences and the presence of some individuals in embassies, and pointing out tendencies of specialization16. From several works by Manuela Mendonça, we highlight a biographical study in which the author presents the life and political career of a diplomatic protagonist during the reigns D. Afonso V, D. João II and D. Manuel, as well as another one dedicated to the Portuguese diplomats sent to the African coast where she explains the conditions for the appointment of these men regarding the specific objectives of each embassy17.

11

SANTAREM, 1842-1854. LA FIGANIÉRE, 1853. 13 On varied topics, see GONÇALVES, 1939, 278-83; SAMARAN, 1938, 13-26.; RUSSELL, 1940, 20-30.; DINIS, 1955, 42-115; PINTO, 1956, 792; FARO et al., 1961, 249-270.; COSTA, 1963,. 123-160.; NUNES, 1963; MARQUES, 1963, 59-78; RAU, 1973; RAU, 1986, 66-80. 14 Some of the works of this author MORENO, 1972, 163-66; MORENO, 1979-80; MORENO, 1984a, 6-7; MORENO, 1984b 193-204; MORENO, 1986, 69-101; MORENO, 1988 213-19; MORENO, 1990 93-103; MORENO, 1994, 12-14; MORENO, 1995, 135-50; MORENO, 1999, 93-103; 2006, 179-92; MORENO et al., 2006. 15 FONSECA,1986; 1988, 383-93; 2003, 53-61; 2009a, 45-60; e 2009b, 57-74. 16 BECEIRO PITA, 1994, 441-55; 1996, 149-186; 1997, 1735-1744.; 1999, 79-104.; e 2009, 193-228. 17 MENDONÇA, Manuela 1991a, 1991b, 1994 e 1995, 341-353. 12

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In regards to the last 20 years18, we point out the contributions given by Maria João Branco19, Mário Farelo20 and, more recently, Tiago Viúla de Faria21, who have devoted themselves, continuously, to enriching the different perspectives regarding this area. The more recent biographies of Portuguese kings22 and queens23 also offer a glimpse of the political strategies of political and diplomatic alliances and ruptures from different points of view. Jorge Borges de Macedo (1988) gives us a general panorama on the History of Diplomacy in Portugal. However, it must be noted that the works that provide a global vision of the Portuguese diplomatic action during the Medieval Period are scarce. With this in mind, the aim of this article is not to produce a social study of the notaries or an exhaustive listing, but merely to share the different perspectives based on some examples of the participation of these “agents of the written word” in Medieval Diplomacy. We found the various studies on royal chancelleries and royal bureaucrats24 extremely useful since they enable us to compare their participation with the performance of officials from the central administration. The analysis of the links between Portugal and Castille through their bureaucrats during this period was further analysed by Francisco Paula Cañas Galvez. His 2012 study allows us to see the close relations between the top Castilian bureaucrats and the central authority, namely through the service in the royal bureaucracy of D. Juan II of Castile. The existing connexions in this duality between the two Kingdoms were explanatory in what concerns the role of the notary as a public officer with responsibilities in

diplomatic missions. 2. Troubled times The world was not just the Iberian Peninsula, nor indeed just Europe. The African continent was gradually becaming known and, as far as Asia is concerned, there was already the notion of the existence of different cultures, religions and politics, very 18

On varied topics, see FERNANDES, 2000-2001, 211-224; GOMES, 2000-2001, 103-110.; OLIVEIRA, 2002, 38-63.; LIMA et al., 2003, 335-346.; RAMOS, 2005, 191-200. RAMOS, 2015, 23-36.; LACERDA, 2008; REDONDO GARCÍA, 2005, 165-184.; LOWE, 2007, 101-129; GARRIDO, 2007; GOMES, 2009, 235-248.; PARISOTO, 2011; CAETANO, 2011; MARINHO, 2015, 83-96; MARINHO, 2017; MARINHO et al., 2015; FARIA, 2018, 695-721. 19 BRANCO, 2007, 79-100. 20 FARELO, 2010, 723–763, and 2016, 291 - 309. 21 FARIA, 2009, 209-227; MIRANDA et al., 2010,109-127; 2011, 257-268; 2012, 211-224; 2013 2015-2016, 327-342. 22 GOMES, 2005, COELHO, 2005, DUARTE, 2005, GOMES,2005, FONSECA, 2005. 23 CAMPOS, 2008; SILVA, 2012,; RODRIGUES, 2012. 24 ALMEIDA, 1996, BORLIDO, 1996, BRITO, 2001, CAPAS, 2001; CARVALHO, 2001; DURÃO, 2002; HOMEM, 1990,; HOMEM et al., 1991, 403-423.; FERREIRA, 2001, FREITAS, 1996; FREITAS, 1999; HENRIQUES, 2001; MONTEIRO, 1997; MONTEIRO et al., 1989.

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distinct from those of European everyday life. Yet, as this paper is centred in a specific chronology and space of the Medieval Period, it is necessary to know the problems that afflicted these societies. During the 14th and the 15th centuries, Europe was traversing a time of great crisis: hunger, wars and epidemics, such as the Hundred Years War and the Black Plague, unfolded throughout the continent. This scenario was compounded by the upheaval of the Great Schism and westward expansion of the Turks. The population decrease, not just in rural areas but also urban zones as well, had a direct, yet not continuous, effect on the productivity and the economy of Europe. Natural resources were scarce and the agricultural productivity was low. However, some regions and towns managed to achieve some development, especially those that were connected to port cities. Thus, economic growth and urban development was indeed a reality by the middle of the 15th century25. During this period, the relations among Iberian Kingdoms are marked by constant quarrels, challenging for Iberian hegemony and the annexation of neighbouring kingdoms. The extreme importance of the domination of the seas will exacerbate even more this conflict. It was during the 15th century that the conflicts between Portugal and Castille intensified26. The confrontations of 1336-39 upset the balance of power/status quo in in the Iberian Peninsula and the struggle for Iberian hegemony began to reach new heights from 1356 onwards. This persisted for several decades, with different phases of intensity and attenuation and, from 1360’s, both England and France intervened militarily in the Iberian space. Thus, the rupture of the peace and tolerance period, as well as the hegemonic Castillian attempts, induced a change in the paradigm. The growing enmity between both kingdoms became more acute and they gradually started to confront each other, or made exhaustive attempts to constraint each other by means of alliances with various other kingdoms. The assassination of D. Pedro I of Castile had several repercussions for Portuguese politics. D. Fernando, King of Portugal (1367-83), pretender to the Castilian throne, presented himself as a legitimate candidate to the throne, leading the two Kingdoms to a climate of complete warmongering. In order to pay for the costs of weapons and soldiers, the Portuguese King implemented a more oppressive tax policy and devaluated the currency several times. This, in turn, caused a sharp rise in prices and galloping inflation. The change of currency, the decision to set fixed prices and control the internal 25

MORENO et al., 2006, 12-33. Regarding the relations between Portugal and Castille prior to this period Vd. As relações de fronteira no século de Alcanices. Actas das IV Jornadas Luso-Espanholas de História Medieval, 1998. 26

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circulation of the merchandises did not bear fruit in the short and medium term. By then, numerous uprisings started taking place in the towns and villages around the Kingdom, such as Santarém, Lisbon, Abrantes, Tomar and Leiria, from 1371 to 1372, and, in 1383 to 1384, in Portel, Tomar, Sousel, Vila Viçosa, Valença, Guimarães and Montemor-oVelho27. Between 1367-79, the failure of the successive Portuguese attacks (both by land and sea), as well as the superior military power of Castile, weakened the internal and external politics of Portugal, setting a climate of tension that led Portugal to a civil war and a change in dynasty. After the signing of the Treaty of Salvaterra de Magos, Portuguese external politics were redefined and it was stipulated that, if D. Fernando died without a male heir, his daughter D. Beatriz and her husband, D. Juan I of Castile, should be acclaimed Regents of Portugal. The throne would then be inherited by one of their sons. When D. Fernando died on the 22th of October 1383, the tensions between the pro and anti Castile political factions were felt. The evolution of the crisis of 1383-85 and the several proposals and strategies that were developed to solve this express the distinct multiple political, economical and social positions of the forces present, some opposing each other, others supporting28. The climate of constant confrontation, war, mutual invasions and reciprocal destruction between the two Kingdoms became more accentuated and continued more or less continuously until the first quarter of the of following century. The diplomatic policy of Portugal that in the context of the Hundred Years War sought to strengthen its ties with the Kingdom of England contributed to this climate and made contingents of English mercenaries regard the Portuguese as allies29. The Portuguese victories at Trancoso, Atoleiros and, mainly, Aljubarrota set the rise of D. João, Master of Avis, to power and his subsequent acclamation as King. Still, the war continued: there was another Portuguese victory at Valverde de Mérida, followed by the successive invasions of Ciudad Rodrigo and Cória. The duration of the conflict and its tremendous consequences reinforce the importance and the strategic need to strengthen the Portuguese alliance with England, be it in political, military or economical terms. The Treaty of Windsor (1386) not only established the friendship and cooperation between these two Kingdoms, with the commitment of mutual assistance against any enemy to either throne, but also facilitated the flow of free commerce between them. Besides the military, political, commercial and 27

GOMES, 2005, 25 and 107 COELHO, 2005, 32-59. 29 MONTEIRO, 1999, 80-81. 28

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economic interests, the Avis dynasty was recognised and this allowed Portugal to set its priorities for its future reorganization, consolidation and viabilization. As part of the treaty, King D. João I married Philippa of Lancaster, daughter of John of Gaunt. The confirmation of D. João I as king was due to these military victories and diplomatic successes among foreign states, which permitted the negotiation of a truce with Castile in 1388, for a period of six months. Afterwards, the Portuguese attacked Tui. The Treaty of Monção, in the following year, conceeded a three-year truce, as well as the restitution of the villages and towns that had been conquered either by Portugal or Castile, binding also England, France and Scotland30. The circumstances resulting from the royal nonage of D. Enrique III of Castile led to a new treaty in May 1393; it established a 15-year truce, that was subsequently broken three years later. By 1398, the Portuguese had taken Badajoz, Salvatierra de Miño and Tui and attacked Cáceres and Valença de Alcântara, while the Castilians burnt Viseu, took Penamacor and Miranda and invaded Alentejo. The reconciliation was utterly difficult since there were strong divergences that set them apart. Several emissaries travelled from and to neighbouring kingdoms and the negotiations were not at all easy. The numerous demands and the delay in the negotiations weakened the successive attempts to an understandment. Notwithstanding, the Treaty of Segovia in 1402 determined a 10-year peace and the mutual restitution of the towns, villages and fortresses once more. In 1411, a new peace treaty was proposed, that was to be ratified in 1419 when D. Juan II of Castile became of age. However, new divergences led to a new treaty in 1423, that was only definitively ratified in 1431 in Medina del Campo31. The events of 1431 ushered in a new period of peace and stability in the Kingdom of Portugal. The creation of the Modern State made headway through important legislation such as Lei Mental (1434) 32, the Ordenações of D. Duarte (1436), and Afonsinas (1446), the Cortes (55 between 1385 and 1495) as well as the development of a body of central bureaucrats. From the quarrels with Castille and the courts in Coimbra in 1385, Portugal had at last emerged as a stable political entity, reinforced by customs and laws that were interpreted in the light of a changing society by lawmakers who were part of the Central Administration. This permitted focusing on different priorities concerning the future

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SOUSA, 2015, 162-77. For a better understanding of the entire process of negotiation vd. ÁLVAREZ PALENZUELA, 2009, 4790. Concerning Castillian external relations in the same period vd. GONZÁLEZ SÁNCHEZ, 2013, 133-204. 32 Generally, the Lei Mental (Mental Law), regulated the transmission and sucession of the Crown’s assets only to be inherited by the eldest son, and forbade its inheritance to the rest of the heirs. 31

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reorganization, consolidation and viabilization of the kingdom. Among them was the expansionist movement. The conquest of Ceuta and the development of the exploitation of the coast of west Africa were followed by a maritime expansion that led to the discovery of a route to the island of Madeira whose settlement, as well as the trading at Arguim, drove to the institution of a new area of influence. Consequently, this ended up enabling the constitution of a form of Atlantic support different from the one cantered at the North Sea (MACEDO, 1988, 80). However, the disaster at Tanger, the difficulty to safeguard Ceuta33, and the death of King Duarte (1433-38) put the kingdom in a delicate position. The minority of his son, the future D. Afonso V, started a serious discussion about who should govern the kingdom until he became of age which, in turn, led to a severe and violent conflict among the partisans of the Queen Mother D. Leonor, and those of the uncle of the king, Infante D. Pedro, Duke of Coimbra. From the Cortes of Torres Novas, in November of 1438, came a solution: co-regency. During the greater part of the following year, the political power was in fact shared between them, but soon this arrangement fell apart. After the Cortes of Lisbon in 1439, D. Pedro was acclaimed as the sole regent of Portugal. Outside of Portugal, D. Pedro had to take into account the possibility of an attack by the Infantes of Aragon in the Castilian Civil War: during this period, he sent aid to both D. Juan II, king of Castile, and to Álvaro de Luna, his political ally, several times. Pedro governed over Portugal and its elites during a decade marked by upheaval, as much as by court struggles amongst the different aristocratic factions. The burdens brought about the costs of D. Pedro’s military spending generated much dissatisfaction. This, combined with an unpopular foreign affairs policy, significantly contributed to diminish his prestige as a regent; he soon found himself in an irreversible political situation at the Cortes of Lisbon in 144634. That same year, when D. Afonso V was 14 years old, there was a change in the politics of the kingdom that made D. Afonso V directly oppose the Duke of Coimbra and plunged Portugal into yet another civil war. This all came to an abrupt end with the death of D. Pedro at the Battle of Alfarrobeira in 1449. During the reign of D. Afonso V (1438-81), the relations between the Iberian Kingdoms continued to undergo periods of serious military confrontation, not only by land, but also by sea. In 1454, an agreement with D. Juan II of Castile on the rights of navigation along the coast of Guinea was reached, but the attacks to the Atlantic islands

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DUARTE, 2015, 232-36 FARIA, 2015-16, 336-41

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persisted, as there was a robust incursion aiming at the conquest of the Moroccan cities. The mutual attempts to occupy the neighbouring thrones also continued. The continuous meddling of the Portuguese monarch in Castilian politics, namely during the succession crisis of D. Enrique IV, the attempt to marry Isabella la Catolica, and later his marriage with the Infanta D. Joana, are some examples of his intentions to conquer the kingdom of Castile, which were permanently hampered at Toro35. A peace treaty was signed in 1479 as the Treaty of Alcáçovas-Toledo, which assigned the ownership of Guinea, Madeira, Azores, and Cape Verde to Portugal, as well as the conquest of the kingdom of Fez. Spain was granted ownership of the Canary Islands and the conquest of the kingdom of Granada. This treaty not only established an agreement between the two monarchies in what concerns the succession on the throne but also tried to solve the conflicts in the Atlantic. In the same line, D. João II (1481-95) and the Catholic Monarchs arranged for the marriage of their children, Prince D. Afonso and D. Isabel of Castile, that was celebrated in Evora in 1490 and undone the following year because of the death of prince D. Afonso. After Columbus’ voyage to the Americas (1492), more negotiations about maritime hegemony took place: for Portugal, the treaty was meant to curb Spanish influence in the Atlantic, restricting it to Canaries. The result of these tough negotiations was formalised as the Treaty of Tordesillas in 1494: it split the then-known world into zones of Portuguese and Castilian influence. Portugal had a scarce and rarefied population, ill-distributed from north to south, subdued and weakened by famine and epidemics. Still, it managed to have an agricultural output that was able to supply some products for exportation and guarantee its participation in the international commerce of Northern Europe and the Mediterranean. Fishing and salt extraction were two important economic activities for coastal towns, as was cattle raising and the grain cultivation for inner towns. The Kingdom was marked by a climate of crisis which was contrasted by the exploitation of the African coast and the conquests in Morocco. This was the Kingdom of Portugal in Late Middle Ages. 3. The notaries in medieval diplomacy The competences and functions of the medieval Portuguese notary public have been established by the legal framework concerning their activity, which one can gaze at the Regimentos of 1305, 1340 and 1379, later codified in legislative compilations, such as the Ordenações Afonsinas. The terms established by law were that the notary public should

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MORENO et al., 2006, 184-224

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be a literate laic man with the minimum age of 25 years old, and knowledge of the Latin language. Usually the group of men that constituted the notary public belonged to the middle urban classes, and the increasing wealth accumulated by them enabled them to ascend to the lower nobility36. The creation, articulation and conformation of medieval notary public were subjected to Popes, Bishops, Parsons, Abbots, Kings, Lords and Councils. That is to say, to every person and/or institution with capacity to name these professionals of writing that enforce the “social confidence”, or the fides publica37. As authors of official documents, the capacity of giving firm probative value to the acts gives their testimony a great degree of veracity. This authority is clearly patent at the documentation that was analysed for this article. The value of evidence and the realibility of the documents is completely assured not only by the signatures of the monarchs but also by the subscription of the writers of the various documents who were invested by full auctoritas for the purpose of the act, which could only be conceeded by the entities that possessed the potestas, the Crowns of the respective kingdoms. Two public documents, regarding the forfeiture by D. Juan I and D. Constance, King and Queen of Castile, to D. João I, King of Portugal, of all their claims to the Portuguese throne, have survived. Dated from the 26th of March of 1387, one of them is written in Castilian, and the other in Portuguese; both are in vernacular. The former is written by Lope Fernandez, Scribe and Notary Public by warrant and grant of the King and Queen of Castile and, with the authority of the King of Portugal “porquanto el dicho lugar era suyo”38, and it is subscribed by Fernão Domingues, Scribe of the Chamber of the King of Portugal, as well as his general notary in all the king’s domains and royal court. The latter document is written by the aforementioned Fernão Domingues and it is subscribed by Lope Fernandez, but this one by permission and authority of the King of Portugal39. Therefore, we note that it was absolutely necessary the explanation of the royal permission to draw up the public instrument, since just so had the notary the capacity to endow the document with firm proof value, in a judicial district that belonged to another kingdom. His field of action was, exceptionally, enlarged. Permission, power and authority – granted by charter, as explicitly referred by Álvaro Gonçalves da Maia, Scribe of the Chamber of the King of Portugal and Public Notary at 36

There are several studies that draw a general definition of the Portuguese medieval notary public. Among them BARROS, 1959, 363-484; PEREIRA, 1989, 615-690, COELHO, 1996, 173-211, and NOGUEIRA, 2008. 37 La Auctoritas del Notario en la sociedad Medieval: Nominación y práticas, 2015, 7 38 Arquivo Nacional da Torre do Tombo (hencefoward ANTT), Gaveta 17, maço 6, document 7. 39 ANTT, Gaveta 18, maço 3, document 26.

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his court and all his kingdoms, at the making of the Peace Treaty and Perpetual Alliance between Portugal and Castile, on the 31st of October of 1411. In this document this notary specifies por Iiçençia, poder e abtorídat que me fue dada e otorgada, por alvará deI dicho senor rey de Castilla, pera en la ssu corte dar fee e testimonios de verdat en este trapto de paz e en Ias cosas que a el pertenesçen, en uno con eI dicho Sancho Romero, escrivano deI dicho ssenor rrey de Castílla, e con los testigos desuso escpritos, fuy presente quando los dichos senores rreyna e jnfante otorgaron esta carta de paz e todas Ias cosas en ella contenjdas et cada vna dellas e fizieron eI dicho juramento, ponjendo sus manos derechas en vna cruz e vn libro dauangellios, ssegunt e por la manera que suso es contenjdo e declarado40

Among the several clauses of this extensive treaty between the King of Castile (who was not yet of age and represented by his guardians, the Queen Mother D. Catarina and the Infant D. Fernando) and D. João I of Portugal, the king of Castile committed himself to uphold this treaty until he was 14 years and 2 months old, and 30 days after being requested by the Portuguese king, when he would have to ratify the treaty within 3 months after the date it had been requested, and he would return to the Portuguese the goods that had been taken by Castile, at the beginning of the war, or their fair value, and both kings would appoint two homens bons and two notaries who would have to examine the above mentioned refunds within one month. That exam had its own and specific protocol that is cited in the document: [que os notários] vengan ante nos e en nuestra presençía fagan juramento ssobre la cruz e los santos euangellios, corporalmente con sus manos tanjidos, que bien, fiel, lealmente e verdadeiramente, veran los dichos bienes, yndo personaImente a los lugares do los dichos bíenes estiujeren e los estimaran quanto hoje dia valen o quanto valian agora ha çínco anos, qual la parte mas quisiere, commo dicho es, ssegund Dios e sus conçiençías, so el dicho juramento, aujendo enformaçíon de los omnes buenos de la comarca do fueren los dichos bienes; et eso mesmo los dichos notarios juraran que escreujran bien, fiel, leal e verdaderamente, presentes los dichos estimadores, las estimaçiones en que fueren estimados los dichos bienes; la qual estimaçion faran desde el dia que fueren rrequeridos

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ANTT, Gaveta 18, maço 11, document 4. Edited in Monumenta Henricina, 1960b, 7-32. «(…) by permission, power and autority that was given and bestowed to me by charter from the king of Castille, to give faith and testimony of truth in his court regarding this peace treaty together with Sancho Romero, scribe of King of Castille, and with the witnesses above mentioned, I was present when the queen and infante bestowed this letter of peace and all things content in it and made the oath placing their right hands upon a cross and a book of gospels, according to the manner that is here declared (…)» [Author’s translation]

Comunicación política y diplomacia en la Baja Edad Media Néstor Vigil Montes (coord.) ______________________________________________________________________________ por la parte o por au procurador fasta ocho meses primeros sseguientes, ai mas tardar, o antes, ssy antes buenamente pudieren, so el dicho juramento que fizieren 41.

On the 27th of January of 1402, Infant D. Fernando of Castile sent a letter directly to Álvaro Gonçalves da Maia. The Castillian monarch made it known that all existing truces were void, and that he would not grant audience to Portuguese ambassadors anymore, since it came to his knowledge that the king of Portugal had conspired against him, his lord and brother42. In this context, this scribe appears as an envoy of the Portuguese king, and this specific case shows his active participation in the diplomatic action between the two Kingdoms, in which his responsibility might even go beyond that of writing and producing documents. Hence, Álvaro Gonçalves da Maia is a name that is closely linked to the Avis dynasty. Scribe of the Chamber of D. João I approximately since the beginning the latter’s reign, this position would soon be compounded by his appointment as Public Notary in 1411, of which this first reference appears exactly in the Treaty of Aylon in which he actively participates. He will return to Castile with João Gomes da Silva and Dr. Martim do Sem, in the embassy concerning the war declaration to Granada, and again in October 141543, when he already had been nominated to the post of Vedor da Casa de El-Rei and had benefit from some donations and enfitheusis contracts from the Crown, all in the region of Porto44. In 1423, he ascended to Vedor da Fazenda (Exchequer), a post whose competences are stipulated at the Ordenações Afonsinas45, and that stands out as an office of responsibility in the royal administration, being responsible for the Royal Dispatch in matters concerning the taxation and management of the monarch patrimony, such as Properties of the Crown, royal expenses and revenues, taxation and tax officers. It is precisely at the beginning of this century that the post of 41

ANTT, Gaveta 18, maço 11, document 4 Edited in Monumenta Henricina, 1960b, 15. «[the notaries] come before us and in our presence make an oath upon the cross and the holy gospels, bodily with their hands, that well, faithfully, loyally and truthfully, will see the assets, and go personally to the places of those assets will estimate how much today they are worth and what they have been for the last few years, whichever part they most want, as according to God and their conscienses, under oath, inform the omnes buenos of its worth, the notaries swore that they will write well, faithfully, loyally and truthfully in the presence of the estimadores the estimatives in which those are estimated; which they shall estimate from the day they are demanded by the parts or by the procurator for the first eight consecutive months, at the latest, or sooner as well as they may » [Autor’s translation]. 42 Gabinete de História da Cámara do Porto, Vereações, livro 2, fl 47v. Edited in Monumenta Henricina, 1960, 277. 43 ANTT, Gaveta 18, maço 11, document 4. Edited in Monumenta Henricina, 1960b, 7-32. 44 HOMEM, 1990, 33-34 45 «Ordenações Afonsinas» is a legislative compilation enacted during the reign of king Afonso V of Portugal. The code consisited in five books, which regulated administrative, judicial, civil and penal aspects of the Portuguese kingdom.

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Vedor da Fazenda (Exchequer) is not only one of the highest in the Royal Administration but also it was held by entities of undeniable outstanding positions in "the political society" of that time. The importance of the role Álvaro Gonçalves da Maia was made all the more obvious by the fact that he was knighted the very same year which was an indication of high social status, mainly in the Late Medieval Period. By then, we can understand that «knighthood» became a kind of relational mechanism between the monarch and the different strata that composed the socio-political organic of the land, understood as a theoretic construction around the knighthood emanated by the royal court, that was used as an instrument of political domination. The process of elitization of the «knighthood», without forgetting the relevance of the functional side of this socialpolitical «institution», marks an honorific aspect that boosts its conversion in the code that characterizes aristocracy46. The treaty of 1411 was confirmed47 and ratified48 by D. Juan II of Castile on the 30th of April of 1423. Both acts were written by the same notaries, Martín Gonzalez, Scribe of the Chamber of the Castilian king and his notary at the court and all his Kingdoms, and Martim Vasques, scribe of the Portuguese king and his public notary at his court and all his domains. Francisco de Paula Cañas Galvez identifies Martín Gonzalez as one of the most important officers of the Royal Chancelary of Juan II of Castile and one that the monarch greatly trusted49. Martín Gonzales was not only able to hold the post of Scribe of the Royal Chamber, but also as Scribe of the Privileges and Public Notary. The climate at the court is very relevant, since the complexity and professionalization of the royal bureaucratic organisms lead monarchs to surrounding become more and more relevant. This was in line with the increasing importance of themselves by capable and qualified members, whose role at the court would these crafts at the courtier environment. Within the court, the nomination to an office is a status ascension in itself, as it implies closer proximity to the central power, not only of its service but also to the benefits of the generosity of the Crown that is mirrored through donations, honours and privileges50. It is from these literate men that an important part of the universe of these agents of writing will emerge in consonance with the monarchs increasing need to provide the administration of the kingdom with capable people with the knowledge that a more complex structure demanded. Their preponderance will become completely visible

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AGUIAR, 2015, 23-32 ANTT, Gaveta 18, maço 11, document 14. pp.608-36. 48 ANTT, Gaveta 18, maço 11, document 4. Edited in Monumenta Henricina, 1961, 58-69. 49 CAÑAS GÁLVEZ, 2010, 708. 50 CAETANO, 2011, 43-56. 47

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throughout the century, especially when the policy of awarding study grants is considered: it shows the awareness of the importance to provide the Royal Dispatch with a better intelectual preparation to face the new challenges he would come to face, as well as the necessity to prepare individuals that were able to represent the country before other kingdoms. Indeed, as was the case with many other peace treaties and perpetual alliances, the 1423 peace accord did not last long. On the 27th of January of 1432, D. João I made a capitulation of peace with Castile before Dr Diego González. This was to be negotiated by his ambassadors, Pedro Gonçalves from his council, Luís Gonçalves from the council of the Infante, and Rui Fernandes, from the Royal Dispatch. This document was written by Rui Galvão, secretary of the king and public notary by royal authority, and Fernando González de Orihuela, scribe of the chamber of the king of Castile51. About the biographical aspects of Rui Galvão52, we note the factual reference of his presence at the Royal Chamber, the privacy he had with the King and the trust that was placed on him at several and intense diplomatic missions in the neighboring kingdom. In a memorial dated 1st of September of 1437, he addressed D. Gomes, abbot of the monastery of Saint Mary of Florence, stressing: Direis à sua santidade como o dicto rei meu senhor seu mui obediente filho de idade de 11 anos me criou sempre em sua câmara, dormindo em ela, servindo depois que em taI idade fui, continuadamente em meu ofício, cometendo-me ele e fiando de mim seus segredos e outros coisas que pertenciam a seu povo, enviando-me, por vezes, fora de seus reinos, em suas embaixadas, com outros e em meu cabo assim como fui no tratamento e firmamento das pazes perpetuas que ora novamente foram firmadas entre o dicto rei, meu senhor, e el rei de Castela seendo todo escprito e firmado per minha mão, como seu secretário53.

Thus, his experience not only as a Scribe but also as a political agent in the King’s closer circle endowed him with objective knowledge of the Crown’s interests and with a 51

Archivo General de Simancas (hencefoward AGS), Patronato Real, Legajo 29-21; ANTT, Livro das Demarcações e Pazes, fl 124. Edited in Monumenta Henricina, 1962, 60-89, and also edited in SUÁREZ FERNÁNDEZ, 1960, 183. 52 Some aspects concerning his life (MORENO, 1979-80, 814-17). Concerning is professional value in diplomatic relations and/or negotiations between Portugal and Castille, CAÑAS GALVEZ, 2009, 709-10. 53 Biblioteca Medicea Laurenziana, Fondo Ashburnham, codex 1792, t. 1, p. 259. Edited in Monumenta Henricina, 1964, 205-206. «You shall inform his Holiness how my lord and king and his most obedient son has raised me since the age of 11 at his chamber, sleeping in it, serving him continuosly devoting myself entirely and trusting me with his secrets and other matters that belonged to the people, sending me, sometimes, outside the kingdom, in his embassies with several others for the treatment and firmament of the perpetual peaces with the king of Castille, all written by my own hand as his secretary» [Autor’s translation].

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pragmatic approach that surely added value for any complex negotiation, either at a political or judicial level. In fact, the dynamic bureaucracy, efficiency and proximity of the Scribes of the Royal Chamber to the monarch himself transformed this office into one of the fastest and safest routes to reach very high social positions. His outstanding role at the royal administration made Rui Galvão a very important figure at the Royal Dispatch, with him being knighted after the battle of Alfarrobeira. His family will serve at the royal administration: his sons, João Rodrigues Galvão, will be bishop of Coimbra, escrivão da puridade and count of Arganil and Santa Comba, and Duarte Galvão will become a fidalgo (nobleman) of the royal house and will serve the king as his secretary and diplomat. Between November and December of that year, the diplomatic documentation intensifies: the ratification of the peace treaty with Castile of 1431, for the second time, by D. João I, on the 7th of November, in Almeirim54; the confirmation of that very ratification, on the following day, in Abrantes, by the Infants D. Duarte e D. Henrique55; the confirmation by Infant D. Pedro on the 13th of that month, in Segura56; and two days later, in Castelo Branco, the same Infant empowers Pedro Gonçalves, a member of the council of the king of Portugal, to support the king of Castile on the rebellion of Alconchel57. Approximately one month later, on the 10th of December, in Nisa, Infante D. Pedro confirms the homage and the promises made in Salamanca, by the ambassadors Pedro Gonçalves e Rui Fernandes, of not supporting the rebels in Alconchel58. A week later, still in Nisa, he asserts to Fernán Lopez de Burgos, (Notary and Ambassador of the King of Castile) the homage and the promises regarding the handover of that castle59. That same day, in Sardoal, Infant D. Duarte confirms to the same ambassador the signed agreements, after D. Juan II of Castile had renounced his claims to the above-mentioned castle60, and one week later, D. João I de Portugal confirms the agreements according to his first-born son and heir, in Alcochete61. All these documents were written exclusively by Martim Gil, Scribe of the Chamber and Notary Public of the King of Portugal, and by Diego Fernandéz de Castro, Scribe of 54

AGS, Patronato Real, Legajo 49, fl. 23. Edited in SUÁREZ FERNÁNDEZ, 1960, 207-209, and also edited in Monumenta Henricina, 1962,167-170 55 AGS, Patronato Real, Legajo 49, fl. 23. Edited in SUÁREZ FERNÁNDEZ, 1960, 210-213, and also edited in Monumenta Henricina, 1962,170-174 56 Idem 57 AGS, Patronato Real, Legajo 7, fl. 107. Edited in SUÁREZ FERNÁNDEZ, 1960, 213-220 58 Idem 59 AGS, Patronato Real, Legajo 49, fl. 18. Edited in SUÁREZ FERNÁNDEZ, 1960, 220-230, and also edited in Monumenta Henricina, 1962, 176-178. 60 AGS, Patronato Real, Legajo 49, fl. 62. Edited in SUÁREZ FERNÁNDEZ, 1960, 230. 61 AGS, Patronato Real, Legajo 7, fl. 108. Edited in SUÁREZ FERNÁNDEZ, 1960, 230-237.

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the Chamber also and Notary Public of the King of Castile. The fact that the same notaries followed a specific process in a consistent and systematic way is not at all uncommon. Thus, it appears that it is not only the responsibility of writing a document, but also the profound knowledge of the discussed matters and the positions of the involved parts during crucial moments of their respective monarch’s reigns that led to that these agents of writing being appointed as royal emissaries during situations of international political conflict. Therefore, it is not a mere coincidence that the appointment of these scribes of the royal chamber to such a delicate diplomatic mission, as was the case during the two last months of 1432. Regarding Diego Fernandéz de Castro, Francisco de Paula Canas Galvez (2012, 90) refers that his solvency and experience in the management of bureaucratic business and his knowledge of law must have been considerable in the autumn of 1432, bearing in mind that, since at least August 1411, he had served D. Juan II as a escribano de la Audiencia. In turn, Martim Gil performed at the service of the royal bureaucracy as a Scribe of his Chamber and General Public Notary62, and from 1434, as Scribe of the Court63. The importance and complexity of all these negotiations were to a great degree performed by notaries, which is understandable taking into account the judicial knowledge that they had, which made them ideal partners for the performance of missions of diplomatic and political nature. In fact, since the 14th century there is a process of substantial bureaucratization and departmentalization of the charges and functions with specific competences regarding writing, which reinforced the role of the notary as a public officer even more, with significant power either at the external and internal planes. The King’s Chamber is not only a place for the domestic group and its dependents, but also where the ones who are close to the Crown are the expression of royal authority and the practice of public power, fitting too into another important space, the court, where the counsellors and the royal advisory council meet64. Therefore, we start to note a common profile for these men: servants of the Royal Chamber, with high intellectual preparation regarding the profound understanding of the public bureaucratic apparatus and diplomatic sensibility. The 14th century was a period of clear modernization of the Portuguese government apparatus, that had started to be implemented from the end of the 14th century onwards and was intensified along the first half of the 15th century, when government matters 62

Chancelarias portuguesas, 1999, 724, 810, 845, 1024, 1035, 1127, 1165, 1217, 1311. Chancelarias portuguesas, 2002, 168, 180, 264, 312, 371, 372, 393, 417, 423, 577, 585, 604. 64 GOMES, 1996, 409-27. 63

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progressively become more complex, thus demanding more and more the presence of “specialists” in the everyday management of the kingdom65. The planning of public administration demanded a more extensive bureaucracy from several points of view. The Crown recruited lawmen according to rigorous criteria and demanded for specialized training, of whom was required absolute loyalty. From the Central Administration sprang the ambassadors who would go on to serve their king abroad, routinely and actively conducting international negotiations with foreign powers. This was regarded as the safest and most reliable way to greater social and economic ascension, inclusively to nobility66. Among them, there were some “well-known ambassadors”, as Rui Galvão e Afonso Garcês. Afonso Garcês had a long and prolific career at the royal administration. Scribe of the Royal Chamber from 1454, he also went with king D. Afonso V to Ceuta in 1458. He took part in consecutive embassies to Castile with Dr. Diogo da Fonseca, count of Atouguia and, in 1463, to Castile and France with Lopo de Almeida and Dr. Pedro Fernandes67. He was promoted to secretary, with permission to attend the Royal Council68. He was present at the conflict in Toro in 1476, and in September 1479 he, alongside Benito Rodríguez de Castro (Scribe of the Chamber and Notary of the King of Castile), was responsible for writing the agreement between the ambassadors of the two Kingdoms and, in order to insure the necessary background for peace69, the acceptance by Infanta D. Beatriz de Portugal70 of the agreement on the capitulations agreed between Isabel la Catolica, and D. Afonso V of Portugal71, of the restitution to Beatriz Pacheco, countess of Medell, Alonso de Monroy and Alonso Portocarrero72, and other restitutions of several fortresses. On the 6th of March of 1480, the same notaries participated not only at the peace treaty between D. Fernando of Aragon and D. Afonso73, but also on the capitulation accorded between them concerning the marriage of D. Afonso, son of Prince D. João, with Infanta Isabel of Castile74.

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Concerning the training of diplomats in late medieval Castille vd. VILLAROEL GONZALEZ, 2018, 117146. 66 GOMES, 2005, 109. 67 FARO, 1965, 81. 68 CARVALHO, 2001, 141-42. 69 ANTT, Gaveta 18, maço 8, document 16. Edited in SUÁREZ FERNÁNDEZ, 1958, 356-360. 70 Idem 71 AGS, Patronato Real, Legajo 49, fl. 50. Edited in SUÁREZ FERNÁNDEZ, 1958, 361-364. 72 AGS, Patronato Real, Legajo 49, fl. 48. Edited in SUÁREZ FERNÁNDEZ, 1958, 364-371. 73 ANTT, Gaveta 18, maço 8 document 16. 74 ANTT, Gaveta 18, maço 11 document 2.

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Afterwards, Afonso Garcês was knighted and received donations and privileges from the Crown. In 1481 he served as a scribe at the Fazenda of Lisbon. The ennoblement of these officers becomes an inexorable reality during the 15th century, facilitated by the intensification of practice of differentiating by means of knighthood those who distinguish themselves at the service of the king. The rise of this notable group of bureaucrats to knighthood seems to be due to the performance of royal bureaucratic offices. During this period, there was an intensification of the diplomatic relations of the Kingdom of Portugal, not only with the Iberian Kingdoms but also with the Holy See, England, Burgundy, the Holy Roman German Empire, France and Brittany. These contacts facilatated the establishment and growth of international commercial networks, which were in the interest of the wealthy southern European and Franco-Italian Mediterranean cities. That is to say, not only was it essential to have good political and juridical knowledge but also to master other languages as Castilian, French (Gallic court, duchy of Burgundy, House of Lancaster), and mainly Latin as the lingua franca. Being a connoisseur of Greek and Latin and an enthusiast of the study of the sacred and profane history, Rui de Pina, Scribe and Public Notary of the king, will later become chronicler during the kingdom of D. João II of Portugal (1481-95), who trusted him several diplomatic missions. In 1482, he was sent to Castile twice, one as secretary of the ambassador Baron of Alvito, and another to complain about the Treaty of the Terçarias de Moura that set the guarantees for peace between the two kingdoms. He was charged to nullify that same treaty the following year, being accompanied by Friar António, the king’s confessor. In 1485, he participated (as secretary) in an embassy that the king sent to Rome to greet the new Pope, Innocent VIII, with the Ambassadors D. Fernando de Noronha (the king’s counsellor) and Dr. Vasco Fernandes de Lucena (the main chronicler of the kingdom at the time). He is the author of the minute of commitment of Infanta D. Isabel of Castile and D. Manuel of Portugal to Infanta D. Beatriz of Portugal, as it had been agreed at the peace capitulations between the two kingdoms75, of the acceptance of the Portuguese Infant, acting as third part if the named judges didn’t agree to deduce the differences between Portugal and Castile76, of the testimony of the commitment of D. Manuel of Portugal to Pedro de Aranda, bishop of Calahorra, representing the queen of Castile, so 75

ANTT, Corpo Cronologico, parte 2, maço 1, document 36. Edited in SUÁREZ FERNÁNDEZ, 1962, 145152. 76 ANTT, Corpo Cronologico, parte 2, maço 1, document 37. Edited in SUÁREZ FERNÁNDEZ, 1962, 385, 152-154.

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that, according to the capitulation terms, the above mentioned peace would be in force for a year77, of the version of that same testimony in Portuguese language78. He is also the autor of the response of the bishop of Calahorra to the requisition of ambassador Duarte Furtado on the compliance with stipulation at that commitment act79, of the ratification and approval made by the Catholic Monarchs of the commitment and nomination of the judges to discuss questions regarding the capitulations with Portugal80. He is also responsible for writing the approval by Prince Afonso of Portugal of the marriage that had been celebrated on his behalf by Fernão Silveira with the Infanta Isabel of Castile81, and the approval and oath bestowed by the above mentioned prince and by king João II of Portugal of the capitulation for that very marriage82. These last two instruments were written in Évora, one in April and the other in June of 1490. In 1493, he was chosen to discuss the questions surrounding the expedition of Christopher Columbus with the Catholic Monarchs. Described as a man of the court, a palatine and political person, he was the author of the Testament of D. João II and, after the coronation of D. Manuel I (1495-1521), all the privileges he had received from D. João II were kept. He also received even more new privileges, such as the Main Chronicler of the Kingdom, guarda-mor of the Tower of Tombo and the Royal Library. Notaries and culture go hand in hand. No doubt, it is not surprising that these agents of writing, beyond wide political and juridical knowledge, had received a significant education and intellectual preparation. Therefore, they were men of culture. But is it possible to observe this cultural side? The public instrument is essentially a practical text where all determinations of the contract between the parts, however specific they might be, are fixed in writing. But, although notarial documents do not allow much room for their material author demonstrate his eloquence, it has its own style which sometimes allows us to make those deductions. For instance, in the protocol of the document for the ratification of the Peace Treaty of Aylon, signed by D. Juan II of Castile, Martin Gonzalez (scribe of his chamber and his public notary), and Martim Vasques (scribe of the chamber of the king of Portugal) decided to demonstrate and stress the fundamental need of a pacific and harmonious climate between the two kingdoms, as said and declared 77

ANTT, Corpo Cronologico, parte 1, maço 1, document 31. Edited in SUÁREZ FERNÁNDEZ, 1962, 385, 244-247. 78 ANTT, Corpo Cronologico, parte 1, maço 1, document 32. Edited in SUÁREZ FERNÁNDEZ, 1962, 247248 . 79 ANTT, Corpo Cronologico, parte 1, maço 1, document 33. Edited in SUÁREZ FERNÁNDEZ, 1962, 248253. 80 AGS,Patronato Real, Legajo 50, fl.8. Edited in SUÁREZ FERNÁNDEZ, 1962, 268-273. 81 AGS, Patronato Real, Legajo 50, fl.26. Edited in SUÁREZ FERNÁNDEZ, 1962, 382-384. 82 AGS, Patronato Real ,Legajo 50, fl.24 . Edited in SUÁREZ FERNÁNDEZ, 1962, 385.

Comunicación política y diplomacia en la Baja Edad Media Néstor Vigil Montes (coord.) ______________________________________________________________________________ a sagrada escpritura e os filosofos e sabios antiguos ensinaram e a esperiençia, que é maestra demostrativa de todas las cosas, lo demuestra, la paz e la concordía es virtud prinçipal e madre de todas las virtudes; ca, ssegund diz SantAgostin, esta serena e amansa las voluntades e coraçones de los omnes e pone amorios entre los coraçones dellos, tuelle e quita os engafios, rrefrena las batallas e pelejas e abaixa e apremia los soberujos, ama los homjldes e justíçieros, concorda los enemígo e aduersarios e discordes; esta non sabe enloqueçer, non ssabe vanagloríar, onrra a justiçia e castiga e corrige los malos. Quien una vez la rresçibio e teve debe-la ssaber guardar e teer; e, quien la perdio debe-la buscar e fazer mucho por la cobrar; ca, quien non fuere fallado en ella desechado de Dios Padre e desheredado do Filho e fecho es ageno deI Espritu Santo. Finalmente, esta es fin e acabamento de todas la guerras e díscordías e males e fundamiento de todos los bienes83.

The reference to Saint Agustin’s City of God is followed by this addition of the above mentioned notaries Et tanto es el bien de la paz, ssegunt el mesmo diz en el libro de la Cidade de Deos que, avn en todas las cosas terrenas e mortales, non ay cosa que mas graçíosamente se' suela ovyr njn ay cosa que mas deseadamente se suela cudiçiar. Et, finalmente, non ay cosa que mejor que ella se possa falhar; esta predico e enseão nuestro Saluador Jhesu Christo en el mundo e deixou a sus diçipulos, por lo qual todos los omnes, espeçial e sinaladamente los rreys e prinçipes e grandes ssenhores la deuen amar, teer, buscar e manter e guardar; porquanto a elIos pertenesçe de rreger e governar e mantener ssus rregnos e ssenhorios e tierras e súbditos en paz e en justiçia e sosiego84.

Finishing with the famous quote by Cassiodoro «grant gloria es al prinçipe manter en paz e sosiego e justiçia da ssua terra».

83

«the Holy Scriptures and the philosophers and the ancient sages taught that experience demonstrates that peace and concord are the principal virtues and mother of all virtues; according to SantAgostin, tames the wills and hearts of men and puts love among their hearts, removes the deceptions, calms battles and fights and lowers and pushes the ensigns, loves the humble and the justs, brings together enemies and adversaries does not know how to craze, does not know how to boast, honors justice and punishes and corrects the evil. Whoever, once and for all, has received it must know to have it and keep it, those who do not respect it must be rejected by God and disinherited by the Son and the Holy Spirit. Finally, this is the end of all wars and disputes and evils and foundation of all goods» [Author’s translation]. 84 «And so much is the good of peace, according to the book City of God that, in all earthly and mortal things, not a thing that more graciously is to be heard nor is more desirable. This is the preaching and teaching of our Saviour Jhesus Christ in the world and left to his disciples, whereby all men, especially the great kings and princes and lords have given must love, have, seek and uphold and to keep; inasmuch as they shall belong to the government and to maintain and uphold their kingdoms and lordships and lands and subjects in peace and justice and ease» [Author’s translation].

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4. Conclusion While presenting a brief analysis of the participation of the notaries and of their activity in the Iberian diplomacy between the 14th and 15th centuries, we have been able to understand the role of the notary at the diplomatic world discussed in this article, although a systematic, quantitative and global approach on this subject is very much needed. Despite the existence of just a few and sporadic references in the documentation of their presence, it is believed that notaries, as envoys to various diplomatic missions, also hold an important position in the negotiations between the Kingdoms. We point out some examples of notaries with “careers” in diplomacy, not only accompanying emissaries and ambassadors, but also directly taking part in the correspondence between different agents. These diplomatic agents also served as emissaries, through their presence at specific processes, either for short periods of time (or, indeed, longer ones) and they occupy important places as they are closer to the central power, a position that was not extraneous to their social and cultural standing. Nonetheless, the Monarchs appointed men of their trust to posts in the royal administration, and one can find an increasing level of professionalization and qualification in the holders of the palace bureaucratic positions that are parallel to the progressive evolution of the enlargement and departmentalization of different areas of govern. Those with university education and with a superior technical level and high professional qualifications are increasingly requested because of the greater demands of palace bureaucracy. These circumstances led to the practice of distinguishing these agents at the royal service for their performance of bureaucratic functions by means of knighthood. This process of status promotion may be considered, regarding the public offices, as a reward at the end of their career, together with donations and privileges awarded by the king, and one can find examples not only of their personal properties and possessions but also some in which their families remain in the circle of the royal administration and the court. Therefore, we think they undoubtedly were administrative and bureaucratic elite whose professional worth and juridical knowledge were fully demonstrated. Without devaluating the role of dialogue and argumentation, that are fundamental to the diplomatic activity, the importance of writing is unquestionable: negotiations, alliances, commercial treaties, political collaboration plans, petitions for peace and assistance – all this activity must be dully registered, in writing. These contracts are used as instruments of political, economical and diplomatic communication, and their formality is influenced by notaries and their services at the royal chancelleries, adapted to various situations of conflict, war, harmony or peace. These public instruments (along

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with other forms of diplomatic records such as missives, epistles, among others) connect people, and in this particular case, kingdoms, safeguarding their memory for all eternity. AGUIAR, Miguel (2015) – «Fazer cavaleiros: As cerimónias de investiduras cavaleiresca no Portugal Medieval (séculos XII-XV)». Cuadernos de Estudios Gallegos. nº 62/128, pp.13-46. ALMEIDA, Ana Paula Godinho de (1996) – A chancelaria régia e os seus oficiais em 1462. Porto: FLUP. Tese de mestrado. ÁLVAREZ PALENZUELA, Vicente Ángel (2009) – « El restabelecimento de la paz entre Castilla y Portugal ». En Ibéria: Quatrocentos/Quinhentos. Duas Décadas de Cátedra. Homenagem a Luís Adão da Fonseca (1984-2006), pp. 47-90 As gavetas da Torre do Tombo (1960-1977) – Lisboa: Centro de Estudos Históricos. 12 vols. As relações de fronteira no século de Alcañices. Actas das IV Jornadas Luso-Espanholas de História Medieval (1998) – Porto : Universidade do Porto. 2 vols. BARROS, Henrique da Gama (1959) – História da Administração Publica em Portugal nos séculos XII a XV. 2ª edição. Lisboa: Sá da Costa. Tomo VIII. BECEIRO PITA, Isabel (1994) – «La tendencia a la especialización de funciones en los agentes diplomáticos entre Portugal y Aragón (1412-1465). El Poder Real en la Corona de Aragón ». En XV Congreso de Historia de la Corona de Aragón. Vol. 2. Zaragoza: Gobierno de Aragón, pp. 441-455. BECEIRO PITA, Isabel (1996) – « Las negociaciones entre Castilla y Portugal en 1399». Revista da Faculdade de Letras. História, 2º série, nº 13, pp. 149-186. BECEIRO PITA, Isabel (1997) – « La consolidación del personal diplomático entre Castilla y Portugal (1392-1455) ». En III Jornadas Hispano-portuguesas de Historia Medieval. La Península Ibérica en la Era de los Descubrimientos (1391-1492). Sevilla: Consejería de Cultura. Junta de Andalucía. Vol 2, pp. 1735-1744. BECEIRO PITA, Isabel (1999) – « La importancia de la cultura en las relaciones peninsulares (siglo XV) ». Anuario de Estudios Medievales, nº 29, pp. 79-104. BECEIRO PITA, Isabel (2009) – « Embajadas, viajes y relaciones culturales en el mundo ibérico (1370-1460) ». En Actas XIX Semana de Estudios Medievales. Viajar en la Edad Media. Logroño: Instituto de Estudios Riojanos, pp. 193-228. BORLIDO, Armando Paulo Carvalho (1996) – A chancelaria régia e os seus oficiais em 1463. Porto : FLUP. Tese de mestrado.

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Diplomacia e espionagem na baixa Idade Média portuguesa Duarte Maria Monteiro de Babo Marinho

Resumo: A projeção externa de Portugal, à semelhança de outros reinos, encontra os seus jogos diplomáticos alicerçados numa complexa e eficaz rede de espionagem. Esta era uma prática vista como positiva por beneficiar a diplomacia, pois proporcionava aos embaixadores tirarem um proveito máximo da sua atividade. Essa eficaz rede, com métodos próprios, dava mostras da sua grande utilidade, uma vez que o rei tinha acesso a informações que caracterizam as realidades de um determinado espaço político, podendo assim organizar, de forma mais adequada, uma missão diplomática. Palavras-chave: espionagem, diplomacia, embaixada, Idade Média, Portugal

Resumen: La proyección exterior de Portugal, al igual que la de otros reinos, encuentra sus juegos diplomáticos enraizados a una red de espionaje compleja y eficaz. Esta era una práctica considerada positiva por beneficiar la diplomacia, pues proporcionaba a los embajadores el poder sacar un máximo provecho de su actividad. Esta red eficaz, con sus propios métodos, daba muestras de su gran utilidad, ya que el rey conseguía acceso a informaciones que caracterizaban las realidades de un determinado espacio político, pudiendo así organizar de forma más adecuada una misión diplomática. Palavras claves: espionaje, diplomacia, embajada, Edad Media, Portugal

Abstract: The external projection of Portugal, similar to other kingdoms, finds its diplomatic games rooted in a complex and highly effective espionage network. This was a well-regarded and encouraged practice due to the benefits it brought to the ambassadors, who took full advantage of their activity. This successful network, completed with its own methods, consecutively proved its great usefulness. This way, the king had early access to 

Faculdade de Letras da Universidade do Porto/ CEPESE/ CIJVS, [email protected]

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information regarding the latest realities of the political sphere, thus, he was able to plan his diplomatic mission and strategy accordingly. Keywords: espionage, diplomacy, embassy, Middle Ages, Portugal

1. Introdução e metodologia Apesar do recente interesse que a espionagem medieval tem suscitado na historiografia internacional1, as abordagens existentes limitam o tema essencialmente a obras de divulgação; sendo que alguns desses trabalhos abordam a questão anacronicamente: importam conceitos da atualidade para a Idade Média2. Em Portugal a realidade não é muito diferente. Na verdade, o tema espionagem medieval no panorama historiográfico não tem despertado grande atenção aos académicos3. São poucos os trabalhos que abordam esta temática4 e as referências existentes limitam-se, essencialmente, a considerações em capítulos de obras de História Militar ou em artigos científicos dispersos sobre o tema5. A ausência de estudos desta natureza para a Idade Média é compreensível: deparamonos com uma menor riqueza documental e com uma atividade envolta em grande secretismo. De facto, havia um grande cuidado em ocultar as informações epistolares (por intermédio de cifras), de forma a evitar que caíssem em mãos inimigas6. D. Duarte, Alfonso O Magnânimo, Fernando O Católico e Carlos III de Navarra, foram algumas das personalidades daquele tempo que usaram textos cifrados na sua correspondência7. A ausência de fontes documentais não é apenas um problema da realidade portuguesa: o mesmo se verifica para a generalidade dos reinos d’aquém e além Pirenéus8. Sendo assim, o investigador que se dedique ao estudo da espionagem do Portugal medieval (como foi, v.g., o caso de Vítor Manuel Pinto9) terá nos relatos cronísticos descrições de

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Entre outros vd. GONZÁLEZ SÁNCHEZ, 2015. PÉQUIGNOT, 2017, 645-670. Veja-se também a bibliografia especializada acerca da espionagem que este autor publicou na terceira parte desta obra, cf. as páginas 1050-1055. 2 PÉQUIGNOT, 2017, 646. 3 Inúmeros trabalhos acerca da História de Portugal são omissos em relação a este assunto. De entre eles destacam-se SERRÃO, 1985. MARQUES et al., 1997-1998. MATTOSO, 1997. 4 PINTO, 2015. 5 REGO, 1942, 131-250. CORTÉS CORTÉS, 1989. BARROS, 1990, 101-132. MONTEIRO, 1998. SANTOS, 1998. BARROCA, 2003, 86-87. DUARTE, 2003, 397-398. MONTEIRO, 2003, 119-121. ENCARNAÇÃO, 2006. DUARTE, 2015, 50-53 e 80-97. 6 PÉQUIGNOT, 2017, 648. 7 DUARTE, 1982. PÉQUIGNOT, 2017, 648 e1054-1055. 8 GONZÁLEZ SÁNCHEZ, 2015, 137. 9 PINTO, 2015.

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grande valor, o que os torna numa das principais fontes de consulta10. Além da cronística, existem outras tipologias documentais que podem interessar aos investigadores e que proporcionam importantes pistas acerca das atividades de espionagem. Podemos, assim, encontrar referências em textos de reflexão política, correspondência, relatos de viagem11 e em cartas de instrução endereçadas a embaixadores/diplomatas12, entre outras tipologias de documentação avulsa. Contudo, apesar de termos à nossa disposição uma considerável variedade de tipologias documentais, só nos será possível compreender uma parte mínima do fenómeno espionagem medieval13. Acresce referir que, na maior parte dos casos, será mesmo impossível detetar o nome da maioria dos agentes secretos, porque o mesmo encontra-se omisso, o que é compreensível dado o caráter sigiloso da atividade. Todavia, comparando a espionagem medieval portuguesa com a da época Moderna notámos uma diferença acentuada no que concerne à documentação, tanto a nível qualitativo como quantitativo, principalmente para os séculos XVI14 e XVII15. Esta realidade não é apenas veiculada por nós: na recente publicação Les Relations Diplomatiques au Moyen Âge é feita a mesma referência, chegando a ler-se que existe um contraste notório entre os trabalhos dedicados à Idade Média e os que incidem na Época Moderna e Contemporânea16. Tendo em consideração o exposto, entende-se que os estudos referentes à diplomacia não dediquem maior espaço à questão da espionagem, apesar de «il est indissociable de l’art de la guerre, de la diplomatie, de la police et du commerece»17, o que a torna um tema de investigação muito complexo e com enfoques diversificados, que não poderíamos de forma alguma aprofundar neste artigo. Saliente-se, contudo, o nosso propósito: centrar, dar achegas e inserir a espionagem no contexto da guerra e da política externa do Portugal tardo-medieval; época cujo dinamismo político é intenso e gerador de grandes particularidades à escala ibérica e além-ibérica. A projeção externa de Portugal, à semelhança de outras unidades políticas do seu tempo, apoiava-se nos seus jogos diplomáticos, alicerçados também numa rede de

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FERNANDA NUSSBAUM, 2012, 71. PÉQUIGNOT, 2017, 647. PÉQUIGNOT, 2017, 647. Em relação ao caso português veja-se o exemplo de ALMEIDA, 1935. DIAS, 2003. 12 Biblioteca Pública de Évora (doravante BPE), Fundo Manizola, Códice 177, fls. 24-29v. 13 González Sánchez, 2015, 137. 14 REGO, 1942, 131-250. 15 CORTÉS CORTÉS, 1989. 16 PÉQUIGNOT, 2017, 646. 17 DENÉCÉ, et al., 2011, 9 e 163. 11

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espionagem complexa e eficaz. Se em Castela se dizia que «los hilos que se entretejíanen las sombras del poder eram fundamentales para el funcionamento del gobierno, por eso no sorprende que los códigos jurídicos autooricen el espionaje»18; o mesmo se passaria com a Coroa de Aragão, com a França, com Inglaterra e com a Itália19. Este último âmbito geográfico destaca-se devido aos seus antagonismos internos, o que criava as condições ideais para a prática da espionagem (sem que nenhuma autoridade política tivesse o monopólio dessa atividade, devido às dissensões internas). Todavia, temos que destacar que a sua organização variava de local para local, dependendo nuns casos das autoridades regionais e noutros do poder central20. Apesar de a espionagem na Idade Média ser fortemente condenada, tanto a nível moral como jurídico (tratava-se de um crime de lesa-majestade, cuja punição era a morte), observamos que esta atividade funcionava segundo objetivos muito precisos para o monarca, sendo incentivada pela política da época e largamente praticada e difundida em inúmeras regiões21. Era, tal como na atualidade, um útil complemento à Diplomacia, o que explica o vasto leque de valiosos dados colocados à disposição dos embaixadores, nomeadamente referentes à política interna dos locais de destino. Posto isto, era possível que os diplomatas, baseados em informações prévias, preparassem melhor a sua argumentação e antecipassem a contra-argumentação dos seus congéneres22. 2. Espionagem e espiões ao serviço da Diplomacia Apesar de não existir um retrato-tipo do espião medieval, esta figura emerge com claro destaque naquele período. Trata-se de indivíduos que podiam ser provenientes de variados estratos sociais, sendo que alguns deles exerciam importantes cargos palatinos23. Seja como for, colocando à margem os estratos sociais dos espiões, as autoridades esforçavam-se por mantê-los no anonimato, para melhor se adaptarem às circunstâncias das missões que lhes eram confiadas24. Era indispensável que os espiões medievais adotassem e se adaptassem a uma identidade social que lhes permitisse circular encobertos, dissimulando assim os seus 18

FERNANDA NUSSBAUM, 2012, 66. GONZÁLEZ SÁNCHEZ, 2015, 137. DENECE et al., 2011, 164. 20 PÉQUIGNOT, 2017, 653-657. 21 PÉQUIGNOT, 2017, 650-653. Acerca da captura e punição de espiões veja-se as considerações de GONZALEZ SANCHEZ, 2015, 182-184. 22 POWERS, 1988, 152. SYLVAIN, 1988, 590-592. 23 MOURE, 1978, 1642-1643. MONTEIRO, 1998, 242. Relativamente à função dos espiões nas Cortes Ocidentais veja-se o estudo de LOPES (2005, 46-47) que, entre outros casos, foca a embaixada enviada por Enrique III de Castela a Tamerlão. Esta missão tinha um duplo propósito: averiguar as possibilidades de uma aliança futura com esse soberano e espia-lo principalmente ao nível das suas capacidades militares. 24 PÉQUIGNOT, 2017, 652-653. 19

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atributos25. Portanto, era frequente os poderes políticos da Idade Média usarem como espiões embaixadores ou outros agentes diplomáticos; naturais de um reino; agentes duplos; comerciantes; viajantes; oficiais de armas; e clérigos. Observando algumas das atividades acima indicadas, pode-se considerar que o aspeto de um espião era muito relevante, nomeadamente o seu vestuário, pois ele refletia uma condição social ou política de um individuo em concreto (v.g. clérigos e oficiais de armas)26. Desta forma, atribuir determinado hábito a determinada pessoa era um método usual na espionagem daquele tempo; por isso não estranhamos que os agentes encarregados de espiar diretamente as realidades estrangeiras se dissimulassem, frequentemente de clérigos, mercadores ou diplomatas, por forma a adquirirem as imunidades inerentes a essas classes sociais27. 2.1. Os diplomatas e as embaixadas A embaixada medieval era um mecanismo muito útil para a prática de atividades relacionadas com a espionagem. Habitualmente ao abrigo desse tipo de missões refugiava-se uma atividade de espionagem, cujo único objetivo era observar e recolher informações sem que os espias fossem descobertos28. Devido a isso, os embaixadores eram objeto das maiores preocupações por parte das Cortes que visitavam. O exemplo de Bizâncio e de Veneza ilustra bem essa preocupação. As autoridades dessas unidades políticas restringiram ao máximo o contacto dos diplomatas com as populações locais, de forma a limitar a recolha de informações que, posteriormente enviariam para as suas Cortes de origem29. Na verdade, era normal que os reis pedissem aos seus embaixadores o envio regular de reportes detalhados sobre vários aspetos, tais como a situação política dos locais onde se encontravam. Na História da Diplomacia portuguesa existem algumas situações que ilustram bem esse tipo de estratégias. De facto, nas vésperas da Batalha de Aljubarrota (1385), foi enviada uma embaixada encabeçada pelo escudeiro Gonçalo Anes Peixoto, com a suposta finalidade de prestar declarações de protesto e desafio a Juan I. Contudo, a verdadeira intenção era, como refere Fernão Lopes, que «esguardarsse bem que gentes eram [na] hordenança [de Juan I]». Por sua vez, o rei de Castela retribuiu nos mesmos moldes, enviando ao arraial português uma embaixada solene liderada por Pêro López de Ayala e por Diogo

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PÉQUIGNOT, 2017, 649-650. MARINHO, 2018. 27 PÉQUIGNOT, 2017, 659-660. 28 GONZÁLEZ SÁNCHEZ, 2015, 168 e 175. PÉQUIGNOT, 2017, 654. 29 PÉQUIGNOT, 2017, 651. 26

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Fernandes (irmão de Nuno Álvares Pereira). Eles tinham como finalidade espiar e inteirarem-se da situação das forças do Mestre de Avis, com o intuito de transmitirem essas informações aos castelhanos. Anos mais tarde (1398), e ainda no contexto da guerra com Castela, João Correia (cavaleiro da Ordem de Santiago) é enviado àquele reino como embaixador ao Mestre dos Espatários; todavia, o verdadeiro propósito da missão foi encobrir actos de espionagem30. Aos exemplos apresentados pode-se juntar outros factos importantes e merecedores da nossa atenção, tendo em consideração os objetivos definidos para este texto. Um desses factos é a conquista militar de Ceuta, cujo mérito muito se deve, em parte, à atuação da Diplomacia como veículo de espionagem. Em 1412 D. João I enviou uma embaixada matrimonial à Sicília, liderada pelo prior do Hospital e pelo capitão-mor Afonso Furtado, com a finalidade de oferecer a mão do infante D. Pedro à rainha viúva. Porém, a realidade era outra. O verdadeiro objetivo da missão era que os navios portugueses atracassem no porto de Ceuta, tanto na viagem de ida como na de regresso, para que os embaixadores observassem a cidade com o máximo de detalhe possível. Mas, como se tratava de uma missão de espionagem, foi-lhes pedido que memorizassem essas informações31, que se revelaram extremamente úteis passados três anos. Em abril de 1456 João Fernandes da Silveira32 foi enviado como embaixador à Santa Sé e a outras unidades políticas italianas. Essa missão teve como objetivo preparar a participação portuguesa na Cruzada que se estava a organizar contra os turcos. Uma carta de instrução inédita entregue por D. Afonso V a este diplomata permite-nos compreender, um pouco melhor, o verdadeiro alcance dessa deslocação ao território italiano. Na verdade, a missão foi muito além dos objetivos normais de uma embaixada, pois comportava uma vertente de espionagem: «Escrever-nos-eis logo todas as novas de laa por estes que comvosqo forem e por outros, emformamdo-nos de todo asy dos amigos como dos imigos»33. Assim sendo, ao lermos esse documento observamos que foi solicitado a João Fernandes que se certificasse se o Papa estava, ou não, a preparar uma armada e qual 30

LOPES, 1983, vol. 1, cap. 33. MONTEIRO, 1998, 243. MARINHO, 2013, 68. ZURARA, 1992, cap. 16. 32 João Fernandes da Silveira (ativo entre 1443-1483). Doutor em Leis e 1º barão do Alvito. Era filho do doutor Fernão Afonso da Silveira, chanceler-mor e embaixador de D. João I. Casou em primeiras núpcias com Violante Pereira e em segundas núpcias com Mécia de Sousa Lobo, neta materna de D. Lopo Dias de Sousa, 7º mestre da Ordem de Cristo (1373-1417). Entre 1443 e 1484 exerceu vários ofícios régios: vicechanceler, chanceler da Casa do Cível, conselheiro régio, regedor da Casa da Suplicação e escrivão da Puridade. Paralelamente a esses ofícios representou Portugal em inúmeras missões diplomáticas à Coroa de Aragão, Castela, Santa Sé e Siena (Cf. MARINHO, 2017, vol. 2, 75-82). 33 PÉQUIGNOT, 2017, 651. MARINHO, 2017, vol. 2, 218, doc. 1. 31

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seria a sua dimensão material e humana. O mesmo foi pedido em relação a outros Estados, tais como Veneza, Sacro Império, Hungria e Polónia. No caso dos venezianos, além de D. Afonso V solicitar informes acerca das dimensões materiais e humanas da armada, também queria esclarecimentos em relação a outros assuntos: se essa frota se juntaria à do Santo Padre ou se atuaria de forma isolada; como seriam efetuados os pagamentos e quais os valores em jogo. Quanto às restantes entidades políticas, o monarca português queria esclarecimentos a respeito da atuação dos corpos de exército: como e quando foram mobilizados, de que armamentos dispunham, para onde convergiam e qual seria a estratégia militar a pôr em prática. Informações semelhantes também foram pedidas em relação às forças armadas turcas: qual a sua atual disposição no terreno e as estratégias de combate que poderiam estar a ser conjeturadas, bem como o financiamento em curso; isto é, «se tem algũas ilhas suas povoadas de algũa jemte sua, ou tributarias e quais, e se pagua soldo e quejamdo e se amdão cristãos co[m] elle e quamtos»34. O tipo de situação que descrevemos repetia-se inúmeras vezes, como podemos verificar através de um episódio que ocorreu 57 anos mais tarde. Com efeito, um Gaspar Pereira enviou uma carta, a 12 de janeiro de 1513, a noticiar a D. Manuel I que o embaixador do rei Preste João se tratava, na verdade, de um espião mouro, que muito certamente tinha como intenção colher dados relativos à presença portuguesa em Goa 35. O mal-estar e a forte concorrência que esta presença significava para os muçulmanos naquela região pôde, muito bem, ter despoletado essa missão. Esse mal-estar depreendese claramente ao analisarmos a correspondência trocada entre D. Manuel I e o Vice-rei da Índia, D. Afonso de Albuquerque. Nestas missivas são relatadas informações com base em atividades de espionagem sobre Dgedah e Suez, Meçua, do Preste João e Dalaca, do Mar Roxo, entre outras36. 2.2. Os nativos Os espiões designados como internos ou nativos são uma categoria de homens que pertence ao território visado, mas que servem o oponente. Trata-se de homens que conhecem as terras e os costumes das regiões a serem espiadas, o que se tornava num requisito de primeira ordem. Destes indivíduos era esperado o domínio das línguas, mas também um excelente conhecimento da topografia local37. 34

MARINHO, 2017, vol. 2, 218-219, doc. 1. Arquivo Nacional da Torre do Tombo (doravante ANTT) Corpo Cronológico, parte 1, maço 12, nº 57. 36 ALBUQUERQUE, 2010, 136-153. 37 MONTEIRO, 1998, 263, n. 154. GONZALEZ SANCHEZ, 2015, 163. PÉQUIGNOT, 2017, 651. 35

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No que diz respeito à realidade do Portugal medieval, esses nativos eram designados de línguas. Trata-se de um termo amplamente difundido na cronística medieval portuguesa, nomeadamente nas crónicas de D. Duarte de Meneses e de D. Pedro de Meneses. Esses indivíduos, ao serem nativos, detinham, obviamente, um bom conhecimento do terreno e dos dialetos da região para onde eram enviados38. À luz desses conhecimentos destacavam-se como peças fundamentais no xadrez político-militar e diplomático de Portugal no século XV, em especial no norte de África. Neste grupo ainda podemos incluir os exilados políticos que dariam informações vitais sobre a Corte adversária39. Além desses homens também é importante referir os cativos, devido às informações importantes que deles se podia obter. Gomes Eanes de Zurara expõe-nos um desses exemplos: relata o caso de um mouro aprisionado por D. Pedro de Meneses, de quem se obteve informações valiosas sobre a povoação de Tânger, sob a promessa de ser libertado40. 2.3. Os agentes duplos Um agente duplo tratava-se (e trata-se) de um espião cujo principal objetivo era infiltrar-se numa Corte-alvo e ganhar a confiança de homens-chave. Dessa forma poderia recolher informações verdadeiras para, posteriormente, as transmitir ao seu senhor. Em outras circunstâncias a sua atuação também podia ter em agenda alguns planos de calúnia ou de desinformação, cujo intuito seria intoxicar os membros da Corte-alvo. Muitas vezes estes indivíduos também eram responsáveis por desmascararem outros agentes-duplos. Geralmente esses homens atuavam ao nível da Corte, como dissemos, por se tratar de um lugar de intrigas e ambições e, por tal, um dos melhores locais para se proceder a este tipo de espionagem41. Outras atuações podem comprovar que a Corte portuguesa além de dar imensa importância à atuação de agentes duplos, também era alvo de intrigas do género. A atuação de Alfonso de Cartagena é um desses exemplos42. Este homem foi enviado para a Corte de Avis pelo rei de Castela (c. 1425), com a finalidade de obter o máximo de informações possíveis. De forma a executar o mais eficazmente as suas obrigações, travou amizade com a família real portuguesa, nomeadamente com D. João I e com os ínclitos infantes, com os quais, ao longo de 10 anos, cimentou laços em comum. Dessa

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ZURARA, 1978, cap. 68. A este respeito veja-se também PINTO, 2015. PÉQUIGNOT, 2017, 656. 40 ZURARA, 1997, cap. 43. 41 BEGOUM, 1994. GONZÁLEZ SÁNCHEZ, 2015, 168-169, 172-173 e 181. 42 FERNÁNDEZ GALLARDO, 2002. 39

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forma Cartagena pôde obter inúmeras informações, posteriormente remetidas para o seu soberano sob a forma de missivas43, salvaguardando por todos os meios o sigilo das mensagens. Essa missão, ao que parece, foi bem-sucedida. Na verdade, poderá ter sido com base nos relatórios de Cartagena que Portugal perdeu, em definitivo, a luta pela posse das Canárias44. Esse facto viria a ser confirmado por Eugénio IV, através da Bula Romani Pontificis (6 de novembro de 1436)45. Durante a crise da regência, entre finais da década de 1430 e inícios da de 1440 a rainha viúva D. Leonor e o Regente D. Pedro utilizavam a espionagem como forma de controlo mútuo; sendo o caso de D. Pedro o mais interessante. Este infante, de acordo com os dados colhidos na Crónica de D. Afonso V, terá colocado duas donzelas a espiar a rainha-viúva, sendo uma filha de Pedro Gonçalves de Malafaia e de Isabel Gomes da Silva, e a outra de João Vaz de Almada46. Este caso chama-nos a atenção para uma questão importante: na área da espionagem qual seria o papel das mulheres na Corte? Em 1448, Martim Mendes de Berredo47 fazia jogo duplo, conspirando e agindo contra o infante D. Pedro à medida que era visita de sua casa, para posteriormente lançar sucessivas calúnias relativamente ao infante junto de D. Afonso V48. Não se pode dizer que tenha sido propriamente um espião que prejudicasse o reino em detrimento de outro, embora notoriamente fosse um agente duplo ao serviço do rei e do duque de Bragança. (O duque de Bragança e os seus filhos tinham o hábito de fazer uso de espiões para, com base neles, negociar as suas estratégias políticas e militares49). Rui Galvão50 é outro caso associado a esta tipologia. Segundo Judite de Freitas, em agosto de 1453, este homem foi enviado por D. Afonso V a Castela, tendo como objetivo negociar o casamento de sua irmã, D. Joana, com o futuro Enrique IV. Nesse mesmo ano 43

MOURE, 1978,1642-1643. MOURE, 1996, 4114. CORTESÃO, 1997, 6 e 19. 45 DINIS [Ed.],1960-1974, vol. 2, doc. 143. 46 PINA, 1901, caps. 23, 25 e 27 (D. Leonor); caps. 43, 96 e 104 (D. Pedro). MARINHO, 2017, vol. 2, cf. ficha prosopográfica 44 (Pedro G. Malafaia). 47 Martim Mendes de Berredo (ativo entre 1442-1458). Rico-homem e fidalgo da Casa Real. Era filho de Gonçalo Pereira de Riba de Vizela, senhor de Cabeiras de Basto. Casou com Mécia de Albuquerque, filha de Fernão Pereira, conselheiro régio e 3º senhor de Santa Maria. Entre os anos de 1447-1458 foi fronteiro do castelo de Leiria e embaixador régio, sendo enviado sucessivamente à Santa Sé, Génova e Coroa de Aragão (cf. MARINHO, 2017, vol. 2, 136-139). 48 MORENO, 1973, 735. 49 PINA, 1901, caps. 13, 89, 102. 50 Rui Galvão (ativo entre 1426-1458). Cavaleiro da Casa Real. Era filho de um clérigo de missa, João Fernandes Galvão, e sobrinho-neto do rico-homem Nuno Martins da Silveira. Casou com Branca Gonçalves, filha de Pedro Gonçalves, cónego da Sé de Lisboa e prior de São Miguel de Sintra. Entre os anos de 14261458 foi nomeado para conselheiro régio, escrivão da Câmara Real, secretário régio e escrivão da Puridade de D. Afonso V. Além desses ofícios integrou oito embaixadas a Castela, entre as décadas de 1430 e 1450 (Cf. MARINHO, 2017, vol. 2, 173-177). 44

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viria a ascender ao mais alto grau da administração régia castelhana, figurando como secretário de Juan II de Castela. Esse ofício garantiu-lhe a inserção na vida política daquele reino, bem como o acesso a informações privilegiadas. Cerca de dois anos após essa nomeação, i.e., em 1455, regressou a Portugal, onde voltaria a ocupar as suas anteriores funções. Posto isto, Judite de Freitas defende a tese de que Rui Galvão exerceu funções de agente duplo na Corte castelhana, tendo por base a sua ampla experiência diplomática ao mais alto nível, além de ter um perfil muito similar ao dos espiões: destemido e audaz51. Por fim, data de 26 de fevereiro de 1456 um outro episódio que pode, certamente, ser conotado com a atividade de um agente duplo. Trata-se de um judeu, socialmente relevante, que terá tido acesso a informações estratégicas e confidenciais e que, posteriormente, as transmitiu ao alcaide dos mouros de Safim. O teor da sua missiva informava que uma caravela portuguesa iria à referida localidade para proceder a uma missão de espionagem e reconhecimento para, mais tarde, se efetuar uma ocupação militar52. 2.4. Os comerciantes De facto, os comerciantes ao exercerem uma atividade que lhe proporcionava uma grande itinerância tinham a possibilidade de estabelecer amplas redes de contactos. Assim, com base nessas redes de contactos, estavam a par das realidades económicas, sociais e até mesmo militares dos locais por onde passavam53. A comprovar a importância desses homens, temos o pedido que, em 1456, D. Afonso V fez ao seu embaixador João Fernandes da Silveira: durante a sua missão em Itália deveria falar com os mercadores dessa região, entre outras «pessoas seguras que achardes» de forma a obter informações dos investimentos e transações financeiras da Coroa em Bruges, na Flandres, Roma, França e Veneza54. Por esta razão, muitos espiões faziam-se passar por mercadores para assim elencar o máximo de informações, levantando o mínimo de suspeitas. É por estes motivos que ao longo dos séculos XIV e XV esses homens eram encarados com suspeita por parte dos poderes políticos, como é o caso do Império55. De acordo com documentação publicada nos Monumenta Henricina, datada de junhonovembro de 1341 temos conhecimento que a cidade italiana de Génova tinha os seus 51

FREITAS, et al., 2013,113-114. DINIS, [Ed.],1960-1974, vol. 12, doc. 126. AZEVEDO, 1915-1934, vol. 2, doc. 310. 53 RIBEIRO, 1931,88. MIRANDA, 2012,180-209. 54 MARINHO, 2017, vol. 2, 221, doc. 1. 55 PÉQUIGNOT, 2017, 651. 52

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espiões em Portugal. As cartas de mercadores florentinos, estabelecidos em Sevilha, transmitem-nos nótulas relativas à partida da armada portuguesa de Lisboa com destino às Canárias, descrita por um Giovanni Boccaccio. Na mesma compilação documental detetámos que, em 1414 (5 de dezembro), um mercador castelhano chegou a Portugal, certamente com a incumbência de proceder ao levantamento de informações relativas à armada que partiria para Ceuta56. Do mesmo modo, agiram os genoveses que se encontravam em Lisboa57, bem como o espião aragonês, Rui Díaz de Vega, em 141558 ou, até mesmo, os ingleses. Estes últimos, não raras vezes, procuravam informar-se do estado das colheitas e, para o efeito, percorriam as zonas de plantações com a ajuda de nativos. Faziam, assim, a previsão das necessidades em perspetiva, comunicando esses dados ao seu reino para que na devida altura enviassem carregamentos inferiores às necessidades portuguesas. Dessa forma venderiam as suas mercadorias a preços elevados, visto que a procura seria superior à oferta59. No caso vertente, a Inglaterra (ou outra unidade política) poderia sair beneficiada num qualquer acordo diplomático que visasse questões económicas, tirando partido das fragilidades do inimigo. Para a segunda metade de Quatrocentos pode-se referir, pelo menos, mais duas ocorrências da prática de espionagem associada a comerciantes. Em 1456 o rei D. Afonso V envia uma embarcação à costa de Safim, com o intuito de conquistá-la futuramente (da qual já se falou)60; e entre 1486-1487 Pêro da Covilhã, disfarçado de comerciante de cavalos, foi a Castela espiar em nome de D. João II61. 2.5. Viajantes Quanto a nótulas sobre viajantes temos algumas referências que, a par das do Cardeal Alpedrinha62, podem ser olhadas sob o ponto de vista de uma análise minuciosa dos locais por onde passaram. Veja-se, a título de exemplo, o relato que é feito sobre Milão 56

DINIS, [Ed.],1960-1974, vol. 1, doc. 88; vol. 2, doc. 45. ZURARA, 1992, cap. 31. 58 DINIS, [Ed.],1960-1974, vol. 2, doc. 71. Sobre este agente veja-se BAEZA HERRAZTI, 1994, 33-52. 59 MARQUES, 1994, 372. 60 BOUCHARB, 1994, 199. 61 FICALHO, 1988, 48. 62 D. Jorge da Costa, Cardeal Alpedrinha (ativo entre 1442-1508). Clérigo de origem humilde. Era filho de Martim Vaz, caseiro de uma quinta chamada Costa (Alpedrinha, c. Fundão). Este homem progrediu rapidamente na hierarquia eclesiástica, após realizar os seus estudos no Colégio de Santo Elói, mas também devido ao patrocínio régio. Entre os anos de 1445-1505 foi sucessivamente nomeado para as dignidades de padre, bispo de Évora, arcebispo de Lisboa e Braga e cardeal; dignidades que lhe garantiram um lugar no Conselho Régio. Entre os anos de 1462 e 1472 incorporou algumas embaixadas a Castela e Inglaterra. A partir de 1492, dada a sua permanência na Santa Sé, D. João II nomeou-o como o principal representante dos interesses de Portugal junto do Santo Padre (Cf. MARINHO, 2017, vol. 2, 84-88). 57

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no Diário do 4º conde de Ourém63. D. Afonso diz-nos que é «muy grande e muy rica e abastada de todalas cousas como outras cidades, salvo de pescados»64. Esta referência poderia, muito certamente, ser tida como importante do ponto de vista da recolha de dados de índole económica, como aquelas que eram feitas pelos ingleses em solo português. Contudo, ao lermos o relato podemos aceder, além de a uma viagem no tempo, a uma perspetiva descritiva de certos pontos da cidade. Ficamos a saber, a título de exemplo, que o castelo do duque era muito robusto e dentro tinha uma cerca, vigiada por mais de 40 homens, que só se podiam ausentar do local mediante prévia autorização do seu capitão. Pode-se ter também uma noção das dimensões de outras cidades, como a de Pisa que está «assentada em hum valle e sua cerca he muy grande, mas diziam que mayor era a de Lixboa»65. Vemos assim a importância deste tipo de relatos na eventual, ou hipotética, preparação de ações futuras, à qual se pode juntar também as cartas de Itália que Lopo de Almeida66 enviou ao rei D. Afonso V no ano de 1452. Este fiel do monarca acompanhou a comitiva da infanta D. Leonor até Itália, onde esta se iria casar com o Imperador. Durante esta jornada, o próprio diz-nos que «De Roma escrevi a vossa Alteza todo o que passou na vinda de vossa Irmãa, até partir de Roma»67. Por exemplo, na primeira carta, presente no tomo I das Provas da História Genealógica da Casa Real Portugueza, vemos que a determinado momento Lopo de Almeida faz referência a que Segundo a disposiçaõ desta terra [Siena] a meu fraco entender, se aqui viesse hum Emperador rijo, toma-la hia toda sem nenhuma detença, mormente que com a cativeza da gente della naõ soem andar na guerra, se nam por haver proveito sem vontade de pelejar 68.

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D. Afonso (ativo entre 1422-1460). 4º conde de Ourém e 1º marquês de Valença. Filho de D. Afonso, 1º duque de Bragança e neto paterno de D. João I, foi um dos grandes do Reino. Ao longo da sua vida desempenhou alguns cargos de relevo, tais como o de conselheiro régio e alcaide de inúmeros castelos. Entre as décadas de 1430 e 1440 chefiou algumas embaixadas à Santa Sé e à Coroa de Aragão (Cf. MARINHO, 2017 vol. 2,13-22). 64 AIDA, 2013, 46. 65 AIDA, 2013, 37 (cit.) e 47. 66 Lopo de Almeida (ativo entre [1433]-1486). Cavaleiro da Casa Real, conselheiro régio e 1º conde de Abrantes. Este homem de cultura letrada era filho de Diogo Fernandes de Almeida, rico-homem, senhor do Sardoal e vedor da Fazenda dos reis D. João I, D. Duarte e D. Afonso V. Casou com Beatriz da Silva, filha do diplomata Pedro Gonçalves de Malafaia. Ao longo da sua carreira desempenhou inúmeros ofícios régios, quer militares quer burocráticos. A nível militar foi coudel e alcaide de vários castelos. A nível burocrático foi vedor da Fazenda, mordomo-mor, chanceler-mor e escrivão da Puridade. Além destes ofícios participou, entre 1451 e [1472], em sete embaixadas: Siena, Santa Sé, Império, Marrocos, Castela e França (Cf. MARINHO, 2017, vol. 2, 104-114). 67 SOUSA, 1946-1955, vol. 1, 378 (prova 54). 68 SOUSA, 1946-1955, vol. 1, 372.

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Apesar de estes episódios não se identificarem diretamente com práticas de espionagem, constituem bons exemplos da importância que teria o conhecimento de informações variadas, incluindo descrições sobre certos locais, para a eventual organização de campanhas. Um exemplo conhecido da associação da espionagem à realização de viagens encontra-se na figura do já referido Pêro da Covilhã. Este escudeiro de D. João II reunia as melhores condições para, sem levantar suspeitas, desempenhar este tipo de tarefas. Tratava-se de um homem de baixa condição social (por nascimento), que ao longo da sua vida teve várias estadias na Barbaria e em diversas cortes europeias, o que lhe proporcionou o conhecimento de idiomas como o árabe, castelhano e francês. Além dessas mais-valias, era um grande conhecedor da política internacional da sua época, na qual ele andara obscuramente comprometido. Por tais motivos, em uma das inúmeras missões de espionagem em que se viu envolvido, o monarca «mãdou [Pero da Covilhã] andar em Castella porque sabia bem falar castelhano, pera saber quaeserã os fidalgos que se deitavã la»69. Esta missão surge na sequência das perseguições movidas por D. João II a vários nobres de alta condição, devido aos actos de conspiração. Algumas dessas personalidades conseguiram refugiar-se em Castela, ou noutros reinos, como é o caso do Conde de Penamacor que se exilou em Inglaterra. 2.6. Os oficiais de armas

Os oficiais de armas (assunto que debatemos recentemente70), devido ao cargo que desempenhavam, tinham a sua atividade regida por códigos de honra e fidelidade. Em face disso, dificilmente seriam encarados como potenciais espiões. Mas a realidade era outra. Na verdade, os oficiais de armas escudavam-se na imunidade diplomática para desempenharem autênticas missões de espionagem: observavam e tomavam nota de acontecimentos, dos pontos-chave dos locais por onde passavam, e guardavam memórias que relatavam aos senhores a quem prestavam fidelidade. Contudo, de acordo com os códigos medievais, ao espiar reino alheio incorriam num claro aproveitamento da sua condição, violando,

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FICALHO, 1988, 47. MARINHO, 2018.

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assim, o juramento de honra e fidelidade ao qual estavam submetidos, como salienta João Gouveia Monteiro, com base no Livro dos Arautos71. 2.7. Os clérigos

Os clérigos são outro grupo social que também podia exercer este tipo de função com alguma facilidade e discrição. Por pertencerem a um grupo que, segundo Armindo de Sousa, era transnacional, tornavam-se fundamentais para certas missões de espionagem, tal como os comerciantes72. No século XV, um desses clérigos apto a desempenhar um papel mais ativo no que respeita a missões espionagem é o já referido Cardeal Alpedrinha. D. Jorge da Costa (o Alpedrinha), no ano de 1480 escreve uma carta ao príncipe D. João (futuro rei, 2º de seu nome), onde, entre outros aspetos, evidencia a vida política da Itália de finais do século XV. Entre inúmeros problemas, alerta para os perigos de uma investida turcaotomana73. De facto, a possibilidade de um confronto militar era real, principalmente devido à queda de Constantinopla, em 1453. Tal como Luís Adão da Fonseca refere, na biografia de D. João II, o emprego destes indivíduos era fundamental, sendo mais uma peça num complexo xadrez daquilo que seria o sistema de informações do futuro monarca74. Porém, devido a muitos clérigos, ou indivíduos disfarçados de clérigos, atuarem como espiões (de forma a beneficiarem das imunidades associadas à sua condição), este grupo, ao longo do século XV, passou a ser encarado com potencialmente suspeito por várias unidades políticas do Ocidente, das quais se destaca a França e Inglaterra75. 3. As redes de espionagem

Ao contrário da diplomacia, a espionagem não se tratava de uma prática esporádica. Era uma atividade com um certo grau de profissionalismo e empregue com grande frequência por várias unidades políticas medievais76.

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MONTEIRO, 1998, 243-246, n. 172. MONTEIRO, 2002, 177. SOUSA, 1993, 423-440. DUARTE, 1989, 554. 73 MORENO, 1984,17. 74 FONSECA, 2005, 163. 75 PÉQUIGNOT, 2017, 651. 76 PÉQUIGNOT, 2017, 657. 72

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Como se sabe, as informações coletadas no estrangeiro, por parte de emissários pertencentes, ou não, à comitiva de uma embaixada eram imprescindíveis para atualizar os diplomatas. Dessa forma, garantia-se que os embaixadores tomavam decisões assertivas, face à agenda e às manobras dos seus interlocutores77. Em outras circunstâncias as informações coletadas no estrangeiro também eram fundamentais. Graças a essas informações era possível redigir e formalizar cartas de instrução bastante detalhadas e precisas78. A carta de instrução que D. Afonso V entregou a Álvaro Lopes de Chaves79, seu secretário régio, é ilustrativa desta realidade80. Nesse documento lê-se que a missão dirigida aos mestres das ordens militares de Santiago e de Alcântara (em Castela), foi planeada com base nas informações que Cide de Sousa81 transmitiu à Corte portuguesa, entre 1468146982. Essas redes, em finais do século XIV, davam mostras de grande organização e especialização: os agentes procediam a um trabalho de recolha, triagem e sistematização de dados83. Posto isto, não é de estranhar a existência de uma rede de espionagem ao serviço da monarquia portuguesa, posta à prova em diversas situações. À semelhança de Inglaterra e França que durante a Guerra dos Cem Anos se espiaram mutuamente, tanto a nível militar como diplomático84, Portugal e Castela iriam ter a mesma atitude durante os vários conflitos nos quais se

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MARINHO, 2017, vol. 2, 220-221, doc. 1. PÉQUIGNOT, 2017, 665. 79 Álvaro Lopes de Chaves (ativo entre 1462-1508). Fidalgo da Casa Real com cultura letrada e cavaleiro da Ordem de Santiago, pela qual foi comendador da Choupeira. Está documentado como secretário régio (14621495) e notário geral do reino (1481). Efetuou uma missão diplomática a Castela, algures entre setembro e dezembro de 1468, cuja preparação contou com informações transmitidas por Cide de Sousa (Cf. MARINHO, 2017, vol. 2, 35-36). 80 BPE, Fundo Manizola, Códice 177, fls. 36v-37v. 81 Cide de Sousa (ativo entre [1433]-1469). Fidalgo da Casa Real. Era filho bastardo de Gonçalo Anes de Sousa Chichorro, 3º senhor de Mortágua, e primo de Rui de Sousa, um dos diplomatas responsáveis pela conclusão do Tratado de Tordesilhas (1494). Serviu na Casa da rainha D. Leonor, tanto em Portugal como em Castela ([1433]-1445), e na dos reis de Aragão (1445-[1452]). Foi capitão dos navios de D. Afonso V (14531454), vedor e conselheiro da rainha D. Joana de Castela (1456-[1468]). Entre 1445 e 1454 realizou viagens a Nápoles, à Guiné e a Ceuta. Novamente em Portugal (após a morte do príncipe castelhano D. Alfonso, a 5 de junho de 1468), realizou duas embaixadas a Castela, no segundo trimestre de 1468, e ajudou a preparar a de Álvaro Lopes de Chaves (Cf. CUNHA et al., no prelo). 82 MARINHO, 2017, vol. 2, 47; e 227-228, doc. 4. 83 SANTOS, 1998, 261. 84 PÉQUIGNOT, 2017, 655. 78

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opuseram. São disso exemplo as atividades da espionagem portuguesa durante as Guerras Fernandinas, às quais Fernão Lopes faz algumas referências 85. No que respeita a D. João I, o referido cronista e Gomes Eanes de Zurara também nos indicam algumas ocorrências. D. João, ainda na qualidade de Mestre de Avis, já tinha inúmeros espiões em Castela, mantendo-se, desta forma, sempre informado de todas as ocorrências naquela Corte; e anos mais tarde o mesmo se verifica quer para a Corte aragonesa (1413) como para o norte de África, ao mandar «lançar inculcas pella terra antre os Mouros»86. Dessa forma, mantinha-se informado de todas as movimentações inimigas, bem como das decisões diplomáticas que pudessem ser tomadas em prejuízo de Portugal. O monarca seguia, assim, os preceitos da estratégia militar de Vegécio 87, bem conhecido entre os medievais, e que muito bem podiam ser aplicados ao campo diplomático. Isto é, em vez de se espiar os arraiais dos inimigos, espiava-se as suas Cortes, o que proporcionava resultados positivos. No mesmo período o recém-eleito rei de Aragão também iria fazer uso da sua rede de espionagem contra dois importantes alvos: Portugal e o condado de Urgel. Quanto a Portugal, a missão de Rui Díaz de Vega veio apurar informações acerca da armada que a Corte de Avis preparava, pois temia que fosse para prestar auxílio militar a Jaime de Urgel (desconhecia-se que o destino era Ceuta)88. Relativamente ao conde de Urgel, Fernando I tinha uma rede de espiões que controlava ao pormenor os passos do conde, pois temia-se que este desencadeasse uma rebelião: «por los muchos espías que tenia en todo o lugar, y por ser nuevo em estos reinos, andaba muy receloso». Graças a esta eficaz e ampla rede de espionagem Fernando I pôde eliminar a oposição interna e externa e consolidar-se no trono89. Um outro exemplo, datado de 21 de julho de 1428, refere mais um caso de espionagem: o monarca castelhano, aproveitando a saída de D. Leonor de Medina, 85

LOPES, 2004, cap. 40. MARTINS, 1997, 39, n. 143. LOPES, 1983, vol. 1, cap. 63. A 8 de Junho deste ano temos notícia de um português detido em Valência. Esse homem foi acusado de ter na sua posse carta de teor prejudicial para os interesses da Coroa de Aragão (DINIS, [Ed.],1960-1974, vol. 2, docs. 17-18). Veja-se ainda ZURARA, 2006, cap. 6. 87 VEGÉCIO, 2006, liv. 3, cap. 26. 88 DUARTE, 2015, 80-87. 89 Cit. por GONZÁLEZ SÁNCHEZ, 2015, 168 (cit.) e 184. 86

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tomando caminho por São Félix dos Galegos, a 21 de julho de 1428, enviou um observador a Portugal90, para assim colher, certamente, uma série de relatos que pudesse vir a usar em seu benefício. Nos finais do século XV, o Portugal de D. João II, envolto, não só em perseguições à sua nobreza exilada no estrangeiro, mas também em projetos ultramarinos, é prova viva disso. Não seria possível a construção do projeto imperial joanino sem a existência de um sistema de espionagem de grande envergadura, garantido por agentes especializados e, obviamente da confiança régia91. (Tratava-se de homens que sabiam manter o sigilo e dissimular a sua nacionalidade caso fosse necessário). Esta também era uma realidade bem presente no reinado seguinte, como comprovam alguns exemplos bem documentados92. Assim sendo, o Príncipe Perfeito podia ser colocado ao nível dos soberanos mais informados do mundo de então, à semelhança do que se havia passado na Antiga Roma com Júlio César, que «été le premier à recourir systématiquement au renseignementet à la diplomatie secrète»93; ou, por exemplo, como os seus contemporâneos Luís XI de França que tinha informadores em todo o Ocidente; ou de Francesco Sforza, duque de Milão94. Depreendemos, desta forma, a existência de toda uma estrutura hierárquica que era, sem margem de dúvida, a peça determinante de uma complexa engrenagem, que se mostrava eficaz. Um relato da Crónica de D. Pedro de Meneses assim o demonstra relativamente à espionagem sobre os mouros. Com base em informações muitíssimo precisas das movimentações inimigas, podia-se proceder a uma defesa eficaz da praça de Ceuta95. Desse sistema de espionagem valeu-se, em 1438, D. Sancho, irmão do Capitão-mor de Ceuta, que ia ser enviado aos mouros para negociar a libertação do Infante Santo; contudo, os agentes secretos

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CARRILLO DE HUETE, 1946, cap. 9. THOMAZ, 1994, 149-167. SANTOS, 1998, 261. FONSECA, 2005, 163. 92 ANTT, Corpo Cronológico, parte 2, maço 18, nº 25, maço 27, nº 23, maço 27, nº 69 e maço 62, nº 191. PINA, 1950, cap. 34. 93 DENÉCÉ et al., 2011, 12. 94 SENATORE, 1998. PÉQUIGNOT, 2017, 655. 95 ZURARA, 1997, cap. 34. 91

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apuraram que os muçulmanos tinham planos para o raptar, pelo que a missão acabou por ser abortada96. Por outro lado, os relatos extraídos dos estudos de João Gouveia Monteiro, João Marinho dos Santos e Vítor Manuel Pinto, confrontados com a cronística, são igualmente reveladores. Sabe-se que o concelho de Lisboa, como outros do reino, pagava determinadas quantias fixas àqueles que serviam permanentemente na rede de espionagem, e que, dessa forma, forneciam informações estratégicas. Tomemos como exemplo certos pagamentos por parte deste concelho a espias, em 1386, ainda que esses valores em concreto sejam desconhecidos97 e menos reveladores se comparados com os referidos anteriormente para a centúria de Seiscentos. Uma das figuras dessa eficaz máquina que era a espionagem é o procurador do concelho. Tinha como responsabilidade os pagamentos aos enculcas, Como refere Fernão Lopes, cada um destes homens era individualmente muito bem recompensado. O cronista indica que o rei deu a um «huum muy boom cauallo e outras cousas». Todavia, tais benesses só eram conferidas «sse mester fezessem, e outras taaes cousas, sse mester fezessem davisamentos»98. Com efeito, Silvestre Esteves, um desses homens que ocupou o cargo, era responsável pelo pagamento dos espiões que seguiram na hoste lisboeta, aquando do cerco a Chaves. Servia, como se deduz, como ponto de ligação entre os agentes secretos e o monarca, ou entre este e um destacado membro palatino, próximo a D. João I99. 4. Conclusão

Tendo em conta tanto os textos cronísticos como a documentação avulsa que compulsamos para este estudo, sobre o contributo da espionagem para a atividade diplomática do Portugal do século XV, foi possível chamar a atenção para algumas situações que, até este momento, não têm tido grande acolhimento na produção historiográfica.

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ZURARA, 1997, cap. 34. MONTEIRO, 1998, 244. SANTOS, 1998, 262. 98 LOPES, 1983, vol. 1, caps. 60 e 66. 99 ARNAUT, 1947, 169. 97

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Os casos analisados permitem-nos verificar que os serviços de informações, nos seus vários tipos, se revelam de uma importância capital para a ação de qualquer entidade política. Esta mesma realidade teve lugar no Portugal do século XV, período no qual a espionagem é encarada como um veículo fundamental para a salvaguarda dos interesses da Coroa, ou daqueles que à volta dela gravitam, como é o caso do Duque de Bragança e os seus filhos. Desta forma, garantia-se, na medida dos possíveis, a capacidade de neutralizar qualquer tipo de ameaça que estivesse patente ou de diminuir os prejuízos que a mesma representasse. Como vimos, a capacidade de adequação de toda a estrutura da espionagem era a base do sucesso das missões secretas. Note-se que os espiões se encontravam num habitat repleto de ameaças. A descoberta da sua atividade podia ter como consequência penas corporais ou a condenação à morte. No caso de serem indivíduos nativos ao serviço de outrem, os denunciados podiam ser condenados apenas à perda dos seus bens. Contudo, o risco de ser espião, em caso de sucesso, era largamente compensado pelos monarcas ou pelo indivíduo interessado nas informações recolhidas. Estes pagavam com favores as múltiplas e proveitosas informações militares, políticas ou económicas que podiam obter e usar em seu proveito. De umas e de outras se foram dando exemplos ao longo do trabalho e que poderão ser fundamentais para interpretar de forma mais abrangente as atividades diplomáticas levadas a cabo por Portugal no final da Idade Média. ALBUQUERQUE, Afonso de (2010) — Cartas para el-rei D. Manuel I. Seleção, prefácio e notas de António Baião. Lisboa: Sá da Costa Editora. ALMEIDA, Lopo de Almeida (1935) — Cartas de Itália. Ed. Rodrigues Lapa. Lisboa: Imprensa Nacional/Casa da Moeda. ARNAUT, Salvador Dias (1947) — A Batalha de Trancoso. Coimbra: FLUC/Instituto Histórico Dr. António de Vasconcelos. AZEVEDO, Pedro [Dir.] (1915-1934) — Documentos das chancelarias reais anteriores a 1531 relativos a Marrocos. Lisboa: Academia das Sciências de Lisboa. Vol. 2.

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Diplomacia y diplomática: un análisis de las fuentes documentales de la diplomacia bajomedieval Néstor Vigil Montes

Resumen: Diplomacia y diplomática son dos términos muy similares que, en ocasiones, incluso pueden llevar a confusión. Ambos tratan sobre dos disciplinas que están relacionadas entre sí, puesto que el documento ha sido uno de los instrumentos vertebradores de la diplomacia. Ante la existencia de pocos estudios sobre la cuestión, pretendemos analizar, desde una perspectiva diplomática, el documento para la diplomacia monárquica bajomedieval. Para ello, abordaremos cuestiones como la génesis documental, las tipologías de la documentación o la gestión archivística. De esta forma, pretendemos valorar el papel del documento en la elaboración de la diplomacia bajomedieval. Palavras-clave: diplomacia medieval, diplomática medieval, diplomática del documento para la diplomacia

Abstract: Diplomacy and diplomatics are two very similar words which sometimes even tend to confuse each other. Both deal with two disciplines that are related to each other, since the document has been one of the most important instruments of diplomacy. Given the existence of few studies on the subject, we intend to analyze, from a diplomatic perspective, the document for royal late medieval diplomacy. For that purpose, we will deal with issues such as documentary genesis, typologies of documentation or archival management. In this way, we intend to enhance the role of the document in the development of late medieval diplomacy. Keywords: medieval diplomacy, medieval diplomatics, diplomacy document diplomatics



CIDEHUS, Universidade de Évora, [email protected]

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Introducción El hecho de que los vocablos diplomacia y diplomática compartan etimología los hace ser similares en las lenguas en que estos términos derivan del latín. De este modo, tenemos diplomacy y diplomatics en inglés, diplomatie y diplomatique en francés, o diplomatie y diplomatik en alemán. Incluso existen versiones del diccionario de la Real Academia Española en las que se introduce la acepción correspondiente a diplomática en el vocablo diplomacia. Según la versión más actualizada de este diccionario, la diplomacia es tanto «la rama de la política que se ocupa del estudio de las relaciones internacionales» como «el conjunto de los procedimientos que regulan las relaciones entre los Estados». Ambas acepciones no son del todo exactas para la época bajomedieval, dado que términos como relaciones internacionales o estado describen realidades que pertenecen a períodos históricos posteriores y, por tanto, son anacrónicos. Por ello, para adaptarlo a nuestro objeto de estudio, conviene hablar del término relaciones internacionales entre comillas, tal como se ha hecho en el último manual publicado sobre diplomacia medieval1. Asimismo, conviene reemplazar el término estado por los conceptos formaciones políticas o sistemas políticos, como sugieren las últimas publicaciones de especialistas en historia política bajomedieval, para superar el paradigma de la génesis del estado moderno y mostrar un universo político de mayor riqueza2. Por otra parte, el término diplomática, además de referirse en femenino a algo relativo a la diplomacia, como sustantivo remite al «estudio científico de los diplomas y otros documentos, tanto en sus caracteres internos como externos, principalmente para establecer su autenticidad o falsedad». Sin embargo, entre la diplomacia y la diplomática existe una estrecha relación, puesto que es imposible concebir la celebración de acuerdos diplomáticos sin el documento que deje constancia por escrito de lo acordado. Como bien señaló Stéphane Péquignot, «de igual manera que los intercambios de gestos y de palabras, los desplazamientos y los encuentros de personas, la diplomacia es, en el occidente de los siglos XIII a XV, una obra de papel y pergamino»3.

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MOEGLIN et al., 2017. WATTS, 2016. 3 PÉQUIGNOT, 2009, 23. 2

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A pesar de tratarse de dos términos casi idénticos que remiten a realidades imbricadas entre sí, la relación entre diplomacia y diplomática no ha sido un sujeto preferente de estudio ni para los historiadores de la diplomacia medieval ni para los diplomatistas. La historiografía tradicional, cuyo objeto de estudio predilecto era la historia política y, más concretamente, la historia de las relaciones internacionales, ha tenido un enorme interés por los documentos emanados de esas relaciones diplomáticas, aunque siempre han sido tratados como una mera fuente que avala la existencia de un determinado evento. Una de las primeras colecciones de ediciones diplomáticas de documentos es la Foedera, conventiones, literae, et cujuscunque generis acta publica, inter reges angliae, et alios quosvis imperatores, reges, pontifices, principes, vel communitates, ab ineunte saeculo duodecimo ad nostra usque tempore, comúnmente conocida como la Foedera de Thomas Rymer. Es una colección de 16 volúmenes que compila todos los documentos generados por la diplomacia inglesa desde el comienzo del reinado de Enrique I de Inglaterra (11001135). Fue originalmente publicada entre 1704 y 1713, lo que supone una coincidencia cronológica con el conflicto en el que Inglaterra desempeñó un importante papel: la Guerra de Sucesión Española4. Podríamos ofrecer una enorme lista de colecciones con ediciones de documentos generados por la diplomacia medieval, pero, como no es el objeto de análisis específico de este trabajo, valga con ejemplificar el fenómeno de aparición de estas obras con un caso concreto, el de las relaciones diplomáticas del reino de Castilla en época bajomedieval. Para este contexto específico disponemos de obras como Étude sur l'alliance de la France et de la Castille au XIVe et au XVe siècle5, Relaciones entre Portugal y Castilla en época del infante Enrique6, los diversos tomos de Documentos referentes a las relaciones con Portugal durante el reinado de los Reyes Católicos 7 y de Documentos sobre relaciones internacionales de los Reyes Católicos8, Corpus documental del Tratado de Tordesillas9, o el reciente Compendio de cartas, tratados y noticias de paces y treguas entre Granada, Castilla y Aragón en los siglos XIII al XV10. Esto significa que, para esta cronología, resulta enormemente complicado encontrarse con un documento diplomático sobre las relaciones diplomáticas de Castilla que esté todavía inédito.

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RYMER, 1704-1713. DAUMET, 1898 6 SUÁREZ FERNÁNDEZ, 1960. 7 SUÁREZ FERNÁNDEZ et al., 1958-1963. 8 SUÁREZ FERNÁNDEZ et al., 1951-1966. 9 RUIZ ASENCIO, 1995. 10 MELO CARRASCO, 2016. 5

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Los primeros investigadores que se detuvieron en la importancia del documento diplomático en las relaciones diplomáticas medievales fueron dos historiadores, Pierre Chaplais y Donald Queller. Ambos se caracterizaron por darle un enfoque renovador a la historia de la diplomacia en la Edad Media, cosa que supuso que olvidaran el análisis de contextos concretos y se detuvieran en cuestiones referentes a la práctica de la diplomacia. El pionero en diseccionar, utilizando métodos de la diplomática, un tratado internacional fue Pierre Chaplais, en un estudio sobre el Tratado de París de 1259, por el que Enrique III de Inglaterra rindió homenaje a Luis IX de Francia para cerrar un conflicto abierto entre los dos reinos. En su análisis, discierne los diferentes pasos de la constitución del tratado: la utilización de poderes para iniciar el proceso de negociación, la celebración de un convenio entre las diferentes representaciones y la necesaria ratificación para que tenga vigencia11. Posteriormente, en su obra más célebre, The English Diplomatic Practice in the Middle Ages, dedicó un espacio al análisis de las fuentes documentales para la diplomacia medieval12. Donald Queller, por su parte, utilizó el oficio de embajador como objeto de estudio, que había sido hasta entonces una cuestión postergada en la historiografía; para ello, analizó la documentación que reflejaba esa actividad. En el quinto capítulo de su The Office of Ambassador in the Middle Ages, estableció diferencias entre tipologías documentales próximas, como las credenciales y procuraciones; analizó casos paradigmáticos como las relazioni venetiani, unos memorandos completos del desempeño de la labor diplomática, y ensalzó la aparición de documentos en blanco sellados con los que los embajadores pudieron consignar sus acuerdos en nombre de su monarca, los cuales nos hablan de la existencia de una enorme autonomía de las delegaciones en los primeros compases de la diplomacia13. Los historiadores se habían percatado de la existencia de enormes fondos de correspondencia cuyo objeto era el desempeño de la labor diplomática, pero Francesco Senatore fue el primero en analizar este tipo de epístolas. En su estudio sobre la diplomacia de los Sforza milaneses en el siglo XV, remarcó que la correspondencia durante esa cronología acabó por desbancar al documento diplomático como principal instrumento para articular la diplomacia14. Este trabajo fue el punto de partida de una

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CHAPLAIS, 1952 CHAPLAIS, 2003. 13 QUELLER, 1967. 14 SENATORE, 1998. 12

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serie de estudios procedentes de historiadores italianos sobre el papel de la correspondencia en diplomacia15. La primera monografía sobre la diplomacia en el contexto específico de un reinado en la que se trató el protagonismo del documento escrito fue la obra de Stéphane Péquignot sobre la diplomacia del rey Jaime II de Aragón16. El autor realizó un balance de la investigación sobre la documentación generada por la diplomacia en el que denunció el abandono de esa documentación por parte de la diplomática. Además, señaló que no cuenta con volumen alguno en la prestigiosa colección Typologie des Sources du Moyen Age Occidental, publicada por Brepols17, y, al mismo tiempo, faltan algunas entradas importantes sobre esta documentación en una obra de referencia como es el Vocabulaire International de la Diplomatique, de la Comisión Internacional de Diplomática18. Ambas cuestiones podrían solucionarse, puesto que todavía se siguen publicando volúmenes de la colección de Brepols, y, cada día más voces, ven necesaria una nueva edición del vocabulario de diplomática que albergue todas las novedades de la investigación en los últimos veinte años. Péquignot también analizó la situación particular de la Cancillería de la Corona de Aragón para la diplomacia de Jaime II, y llegó a la conclusión de que se caracteriza por la adaptación de sus propios usos tradicionales a las demandas de la nueva situación internacional. Esto significó reconocer la existencia de un estándar universal que podía ser interpretado, hasta cierta medida, por cada una de las entidades escriturarias que adoptaban una sensibilidad especial por la documentación para la diplomacia. Otra cuestión en la que nadie había reparado con anterioridad es la utilización de las lenguas en la documentación de la negociación diplomática. Péquignot señaló que, frente a la universalidad del latín, aparecieron otras lenguas francas como el francés, en el caso de la diplomacia franco-inglesa; el catalán, en la diplomacia mediterránea, o el binomio portugués-castellano, en la diplomacia ibérica. Además, remarcó que la elección de un determinado idioma podía depender de la utilización de una u otra tipología documental. Por primera vez, en 2015 apareció el primer trabajo desde el prisma exclusivo de la diplomática y promovido desde la principal institución académica de esta disciplina, L’École des Chartes, bajo la dirección de Olivier Poncet19. Con la premisa de la necesidad de abordar esta documentación desde el utillaje de la ciencia diplomática, se procuró analizar el recorrido a largo plazo del documento más paradigmático de la

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LAZZARINI, 1999; SENATORE et al., 2015. PÉQUIGNOT, 2009, 23-96. 17 GENICOT et al., 1972-2017. 18 CÁRCEL ORTÍ, 1997. 19 PONCET, 2015. 16

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diplomacia, el tratado. El capítulo del tratado en la Edad Media fue escrito por Olivier Guyotjeannin, quien dio cuenta de que el tratado medieval fue un documento que integraba los diferentes documentos de apoyo a la diplomacia, moldeable a las necesidades coyunturales, pero que, al mismo tiempo, fue progresivamente más convergente entre las diferentes cancillerías20. Recientemente, ha aparecido un nuevo manual que lleva por título Diplomatie et «relations internationales» au Moyen Âge (IXe-XVe siècles), en el que el documento ocupa un espacio importante al ser considerado como uno de los medios que articula la diplomacia medieval. En esta obra se ponen en relación fenómenos bajomedievales, como la revolución documental, la revolución archivística y el crecimiento de la epístola, con el desarrollo de la diplomacia medieval21. La diplomática todavía tiene que resolver cuestiones acerca del documento de la diplomacia bajomedieval para comprender su verdadera importancia, tales como: ¿Hasta qué punto existe un patrón común moldeable por las diferentes entidades de expedición documental? ¿Existe una evolución en el modus operandi de los diversos órganos de expedición documental? ¿Cuáles fueron las tipologías documentales utilizadas para dar respuesta a las necesidades de la diplomacia? ¿Cómo fue custodiada esa documentación y posteriormente cómo fue reutilizada para afrontar nuevos procesos de negociación diplomática? A continuación, trataremos de dar respuesta a estas preguntas para un contexto particular, como es la diplomacia entre los diferentes reinos del occidente bajomedieval (obviaremos otros escenarios como el papado, los estados señoriales o los municipios). Por cuestiones prácticas, nuestro estudio se centrará en las diplomacias castellana y portuguesa, y partiremos del estado actual de los conocimientos y de la documentación disponible para, así, plantear la apertura de posibles horizontes a una ulterior investigación. 1. Génesis del documento para la diplomacia medieval En los últimos trabajos con sensibilidad hacia el documento diplomático hemos observado una preocupación acerca de cuestiones como su evolución a lo largo del periodo bajomedieval y la posible existencia de un modelo común moldeable a las necesidades de cada cancillería22. Ambas cuestiones tienen una especial relación, puesto que la diplomacia, en el período histórico comprendido entre los siglos XIII y XV, se

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GUYOTJEANNIN, 2015. MOEGLIN et al., 2017. 22 SENATORE, 1998; PÉQUIGNOT, 2009; GUYOTJEANNIN, 2015. 21

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encontraba en un proceso de enormes cambios y mutaciones debido a su crecimiento cualitativo y cuantitativo. La primera cuestión que debemos tener en cuenta sobre el documento para la diplomacia bajomedieval es la inexistencia de un modelo exactamente común para los diferentes órganos de expedición documental del occidente bajomedieval. Aunque sí se puede hablar de un estándar internacional23 hacia el que se encaminaban progresivamente las diversas cancillerías24, lo cierto es que cada una de estas entidades de expedición documental respondió de manera diferente y mutable a unas demandas que, si bien eran comunes, se encontraban también en un proceso de progresivos cambios encaminados a una mayor complejidad. A riesgo de generalizar, podemos señalar que en el comienzo de la etapa bajomedieval existía una diplomacia de menores dimensiones, que era más fácilmente controlable directamente por los órganos de gobierno de la monarquía. La expedición documental de la documentación para la diplomacia estaba copada por las incipientes reorganizadas cancillerías regias. Cabe recordar que la Cancillería francesa se organizó en el reinado de Felipe I (1060-1108)25; la castellana, en el reinado de Alfonso VII (1126-1157)26; la portuguesa, en el reinado de Alfonso I (1139-1185)27, y la aragonesa, en el reinado de Jaime I (1208-1276)28. Esto significaba que, en principio, las embajadas no disponían de una cierta autonomía para alcanzar acuerdos por escrito, ya que precisaban de la expedición documental por parte de la Cancillería. La forma de resolver esta cuestión fue la concesión a los embajadores de documentos en blanco con el sello real, lo que les permitía rellenar el contenido de acuerdo a las negociaciones y dotarlo de validez como si se tratase de un documento de cancillería. Estos documentos podían no ser utilizados y, en ese caso, eran devueltos a la Cancillería para ser destruidos, pero, en ocasiones excepcionales, se conservan pruebas de su existencia a lo largo de la etapa bajomedieval29. Los documentos en blanco eran un enorme riesgo para los soberanos, dado que permitían a sus representantes poder alcanzar cualquier acuerdo sin una aquiescencia directa. Esta cuestión se solventó con la introducción del notariado público en la negociación diplomática, cosa que permitió plasmar los acuerdos por escrito sin 23

PÉQUIGNOT, 2009. GUYOTJEANNIN, 2015. 25 BAUTIER, 1991, 28. 26 MILLARES CARLO, 1926, 234. 27 COELHO et al, 1991, 133. 28 CARCEL ORTI et al, 1991, 273. 29 QUELLER, 1967, 130-137. 24

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comprometer a los monarcas con la utilización de su sello. De esta forma, cada una de las embajadas llevaba entre sus miembros a un notario que generalmente tenía el rango de secretario de embajada, y que era el encargado de suscribir el acuerdo alcanzado. Los acuerdos diplomáticos expedidos a través de esta fórmula eran redactados por el notario de la embajada anfitriona, que empleaba su lengua. Sin embargo, en su validación también aparece la suscripción del notario de la embajada visitante, que también empleaba su idioma y actuaba en virtud de una autorización del monarca anfitrión, puesto que carecía de autoridad allende los territorios del soberano, cuya fe pública delegaba en él. El acuerdo diplomático entre embajadas no tenía rango de tratado entre soberanos hasta que ambos otorgaran su ratificación y la entregasen al otro dirigente. Algunos de estos secretarios de embajada eran personalidades de primera fila en la burocracia regia. Es el caso de dos notarios de origen judeoconverso que trabajaron para la monarquía castellana: Fernán Díaz de Toledo y Fernán Álvarez de Toledo. El primero de ellos, también conocido como “el relator” por ocupar ese cargo en el Consejo Real, fue el notario encargado de redactar el Tratado de Medina del Campo de 143130, los desposorios entre Juan II de Castilla e Isabel de Portugal en 144731, y las protestas de 1452 y 1454 del mencionado monarca castellano por las campañas de Enrique el Navegante en las Islas Canarias32. Este personaje tenía una posición destacada en la corte regia, por su excelente formación en derecho, que le llevó a alcanzar el título de doctor en leyes, a redactar tratados jurídicos como las Notas del Relator (un formulario notarial en el que no aparece ningún modelo para la documentación generada en diplomacia33) y a ejercer cargos como el de oidor, relator, refrendario, notario mayor de los privilegios rodados y secretario del monarca34. Fernán Álvarez de Toledo fue un notario con intensa actividad en la celebración del Tratado de Alcáçovas-Toledo en 1479-148035, en todos los actos derivados de su cumplimiento en los siguientes cuatro años36 y en la negociación del célebre Tratado de Tordesillas de 1494. Consiguió ascender, dentro de la corte de los Reyes Católicos, hasta

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Archivo General de Simancas (en adelante AGS), Patronato Real, legajo 7, documento 107.; Arquivo Nacional da Torre do Tombo (en adelante ANTT), Leitura Nova, livro 61 (livro das pazes), 142r.-165r. 31 AGS, Patronato Real, legajo 49, documento 29. 32 Biblioteca Nacional de España (en adelante BNE), Manuscritos reservados, Manuscrito 21, 48r.-50v. 33 OSTOS SALCEDO, 2015. 34 SANZ FUENTES, 1990, 187-199. 35 AGS, Patronato Real, legajo 49, documentos 43 (ANTT, Gavetas, gaveta XVIII, maço 11 documento 2), 44, 48, 49, 50, 53 (ANTT, Gavetas, gaveta XVII, maço 6 documento 16), 54, 56, 57, 60, 66, 71. 36 AGS, Patronato Real, legajo 49, documento 75 y 101, y legajo 50, docs. 4, 5, 6, 14; ANTT, Corpo Cronologico, parte 2, maço 1, documento 36.

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llegar a ser escribano mayor de privilegios y confirmaciones y contador mayor de cuentas; e incluso logró, para su primogénito, el título de Conde de Cedillo en 149637. Para el Reino de Portugal, el personaje más destacado fue Rui de Pina, quien actuó en las negociaciones posteriores al Tratado de Alcáçovas-Toledo de 1479-148038 y en la negociación del Tratado de Tordesillas de 1494. También es conocido por ser el cronista mayor de reino, pues elaboró las crónicas de varios monarcas portugueses, entre ellas la del contemporáneo Juan II, y por ser guarda-mor de la Torre do Tombo y de la Biblioteca Regia desde 149739. Otro notario portugués relevante fue Rui Galvão, que tuvo una destacada presencia en las embajadas portuguesas, actuando en el Tratado de Medina del Campo de 143140 y en las negociaciones entre el príncipe Enrique de Castilla y Alfonso V de Portugal41, que desembocaron en el matrimonio del príncipe con Juana de Portugal en 145342. Además, también llegó a trabajar en la corte de Juan II de Castilla desde 1453, con el nombre castellanizado de Ruy Galván, como secretario del monarca y como miembro del Consejo Real, pudiendo desempeñar una especie de papel de embajador permanente43. Y es que parece que, en este caso, el ejercicio de la tarea escrituraria podía ser una capacitación práctica para, después, poder actuar como negociador solemne44. De estos cuatro casos, podemos extraer la conclusión de que la actividad de notarios en las embajadas era reservada a personajes de primera fila que trabajaban como secretarios reales y, al mismo tiempo, podían alcanzar una cierta especialización en estos menesteres. Pero son casos excepcionales en una larga lista de nombres de notarios con menor rango y apariciones más esporádicas; lo que sí es cierto es que la tendencia a dejar estos asuntos en pocas manos, ilustres y especializadas, fue aumentando progresivamente con el tiempo. 2. Tipología de la documentación para la diplomacia bajomedieval A lo largo de los siglos bajomedievales, los órganos de expedición documental tuvieron que responder a unas demandas más cuantiosas y complejas procedentes de la diplomacia; para ello, se fueron diversificando las tipologías de la documentación de 37

RÁBADE OBRADO, 1993, 77. AGS, Patronato Real, legajo 50, documentos 8, 14, 24, 26; ANTT, Corpo Cronologico, parte 1, maço 1, documento 31, parte 2, maço 1, documentos 32, 33, 36, 37. 39 ANTT, Chancelaria de D. Manuel I, livro 29, 25r. 40 AGS, Patronato Real, legajo 49, documentos 21 y 53; ANTT, Leitura Nova, livro 61 (livro das pazes), 142r.-165r. 41 Archivo Histórico Nacional (AHN), Sección Nobleza, Osuna, legajo 3909, documento 22. 42 Archivo Histórico Nacional (en adelante AHN), Sección Nobleza, Osuna, legajo 3909, documento 25. 43 CAÑAS GÁLVEZ, 2010, 709-710. 44 BECEIRO PITA, 1999, 91-92. 38

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la diplomacia45. De este modo, podemos discernir entre credenciales, poderes, instrucciones, entregas de documentación, salvoconductos, correspondencia, acuerdos diplomáticos, informes, ratificaciones de los acuerdos diplomáticos, juramentos, contratos matrimoniales, entregas de rehenes y protestos. Estas tipologías se pueden clasificar según diferentes matices: la existencia de valor jurídico, el momento de emisión en el proceso de negociación diplomática o el destinatario del documento. Dentro de los documentos para la diplomacia medieval, debemos distinguir entre aquellos con un valor legal y aquellos que no lo tienen. Aunque parezca un mero matiz que el documento contenga las formalidades necesarias para ser un documento jurídico, tales como seguir un formulario especifico o contener los instrumentos de validación requeridos, tiene su importancia en la comunicación dentro de un proceso de negociación. Por una parte, tenemos los documentos legales, como los poderes, los salvoconductos, los acuerdos diplomáticos y las ratificaciones, que son aquellos que articulaban jurídicamente todos los actos de la negociación y debían ser presentados abiertamente. Por otro lado, tenemos los documentos sin validación legal, como las instrucciones, la correspondencia o los memoriales, que articulaban diferentes momentos de la negociación diplomática y, en los casos en que fuera conveniente, podían no ser revelados a la otra parte, para no mostrar información importante que pusiera en riesgo los intereses de una delegación. Asimismo, cabe recordar que, dentro de los documentos con valor legal, están aquellos que tienen un valor a perpetuidad o a largo plazo, como las ratificaciones de los tratados, y aquellos con un valor circunstancial a la propia negociación, como pueden ser las credenciales, los salvoconductos y los acuerdos diplomáticos. La duración del valor legal resulta interesante a nivel archivístico, dado que la mayor parte de los documentos conservados son aquellos con un valor jurídico a largo plazo. Esto conlleva que principalmente se guarden las ratificaciones, mientras que solamente tenemos constancia de los otros productos legales de la negociación a través de las inserciones de estos en los documentos finales de ratificación. Esto mismo sucede con la correspondencia, raramente conservada en los archivos, a excepción de los enormes fondos de correspondencia o carteggi de los archivos italianos46 o de los fondos de correspondencia regia conservados en el Archivo de la Corona de Aragón47. Respecto al momento de emisión de la documentación en el proceso de negociación diplomática, podemos distinguir entre aquellos documentos que son otorgados en la preparación de la embajada, los que lo son en la propia negociación diplomática y, 45 46

MOEGLIN et al, 2017, 145.

BERTELLI, 2008. 47 LÓPEZ RODRÍGUEZ, 2014.

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finalmente, los que son otorgados con posterioridad al acuerdo diplomático. Los documentos de preparación de la embajada son aquellos emitidos por las cancillerías de cada reino para dotar a los embajadores de los instrumentos necesarios para el devenir de las negociaciones. Comprenden desde las credenciales, que aseguran legalmente ante la otra embajada que esas personas son representantes, hasta los salvoconductos, que son expedidos por la Cancillería del reino en cuyo territorio se desarrollan las negociaciones, con el fin de que los embajadores del otro reino no tengan problemas para atravesarlo. En el desarrollo de las negociaciones, los representantes de los diferentes monarcas tienen como objetivo consignar un documento que ponga por escrito el acuerdo alcanzado. Asimismo, en los pasos previos, pueden mantener una comunicación escrita mediante correspondencia con los soberanos a los que representan para modificar algunas de las directrices acordadas en la preparación de la embajada. Finalmente, el acuerdo diplomático entre las dos embajadas tiene que generar una serie de documentos para que tenga validez; el más importante de ellos es la ratificación de los monarcas al acuerdo alcanzado, puesto que es la única forma de dotar de plena validez jurídica a lo negociado. Además, existe toda una serie de documentos emitidos a consecuencia de lo pactado, como las entregas de rehenes, los contratos matrimoniales o las tomas de juramento, e incluso tenemos un documento para denunciar el incumplimiento de lo acordado, el protesto. El último de los factores a tener en cuenta para una eventual clasificación de las tipologías de la documentación para la diplomacia bajomedieval es el destinatario de los documentos. Por un lado, tenemos los documentos cuyo destinatario es el propio embajador, y tienen como finalidad articular la relación entre el gobernante y su representante en las negociaciones. Por ello, se generan casi siempre con anterioridad a alcanzar el acuerdo diplomático, aunque cabe la posibilidad de la existencia de embajadas para gestionar los pasos posteriores, como la ratificación u otros actos derivados del acuerdo alcanzado. Por otro lado, están los documentos cuyo destinatario son los monarcas, y que son aquellos que garantizan los acuerdos alcanzados. Estos pueden ser a título conjunto cuando los dos monarcas son destinatarios en igual medida, como en los acuerdos diplomáticos pactados por los embajadores, u otorgados por parte de un monarca a otro monarca, como las ratificaciones o la correspondencia directa. En último lugar, tenemos documentos, como las capitulaciones matrimoniales, en los que los destinatarios pueden ser terceras personas afines a las casas reales o a las familias nobles más importantes del reino.

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A continuación, vamos a analizar las diferentes tipologías documentales utilizadas para gestionar la diplomacia bajomedieval. Cabe destacar que, mientras algunas de ellas son frecuentes en los archivos y han sido estudiadas (como las instrucciones48, los acuerdos diplomáticos49 o la correspondencia50), otras son más infrecuentes y, por tanto, menos conocidas. Las credenciales son documentos que se dan a un embajador para que un soberano extranjero lo admita y lo reconozca como tal, es decir, son el instrumento jurídico por el que el monarca delega en una o varias personas la representación de sus intereses ante los representantes de otro monarca en un proceso de negociación diplomática, lo cual los convierte en sus embajadores. Asimismo, este documento permite delimitar legalmente la actuación de estos embajadores a ciertas cuestiones con un determinado margen de acción, para, así, garantizar que siguen las directrices de los monarcas. Las credenciales adquieren el formulario propio de los documentos de procuración o poder, ya que es el adecuado para garantizar la representación de una persona. Las instrucciones y los memoriales son dos tipos de documentos privados utilizados para limitar el margen de acción a los representantes y sugerirles cuál debía ser su actuación en las negociaciones. Al tratarse de documentos privados, contaban con la ventaja de no tener que ser mostrados ante la otra delegación, pero las limitaciones no tenían fuerza legal más allá de la confianza mostrada por el monarca ante sus embajadores. También es posible que un monarca dictase instrucciones a un embajador de otro monarca para enviarle un determinado mensaje o respuesta, aunque, en este caso, el tono era lógicamente menos imperativo, se agradecía constantemente la labor al enviado, como aconteció en las instrucciones enviadas por Juan II de Portugal a Gutierre de Cárdenas, embajador castellano51. Los documentos de entrega son los justificantes que garantizaban la ulterior devolución de aquellos tratados y documentos extraídos por los embajadores de los archivos regios, para portarlos a la negociación y hacer valer ciertos derechos de su monarca. Los salvoconductos son documentos expedidos por una autoridad con el objeto de garantizar al destinatario poder transitar sin riesgo por los territorios donde su soberanía es reconocida. En la diplomacia bajomedieval eran otorgados por el monarca, soberano en el territorio donde se celebraban las negociaciones, a los representantes del otro rey 48

PÉQUIGNOT, 2008. PONCET, 2015. 50 SENATORE et al., 2015; LAZZARINNI, 1999; VILLANUEVA MORTE, 2015. 51 ANTT, Gavetas, gaveta 2, maço 10, documento 23. 49

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que se encontraban en un territorio bajo otra soberanía. A pesar de que el derecho consuetudinario garantizaba la inmunidad de las misiones, en los casos más delicados, como el establecimiento de una tregua en pleno proceso bélico, la delegación visitante podía reforzar sus garantías a través de este documento. Los acuerdos diplomáticos son los documentos de avenencia que recogen los compromisos alcanzados por las dos embajadas que representan a cada uno de los monarcas implicados en un proceso de negociación. Se trata de documentos narrativos y densos, generalmente escritos en cuadernillos de papel de varios folios, en los que se detallan cada uno de los aspectos negociados. Para esta tipología observamos ciertos cambios en la época bajomedieval para el caso luso-castellano52, ya que, en un principio, se tendía hacía un acuerdo realizado por los dos monarcas en el que se utilizaba el sello de ambos soberanos. Esto significaba que los embajadores actuaban con una gran discrecionalidad, al poder efectuar documentos en el nombre de su monarca y con el sello regio, lo que se hacía a través de documentos en blanco con el sello regio que portaba la embajada visitante53. Posteriormente, fue ganando progresivamente espacio una avenencia realizada entre las dos embajadas en virtud de los poderes obtenidos en la credencial, cuyo contenido era copiado, y era validada con el signo notarial de los dos secretarios de embajada. El resultado era un documento que no generaba un compromiso directo a los monarcas, puesto que debía ser ratificado por ambos antes de que tuviese fuerza legal. En algunos casos, la actividad de los embajadores podía consignarse en un documento interno que recibe el nombre de informe. La ratificación es el instrumento por el que cada uno de los dos monarcas da su aquiescencia a un acuerdo escrito alcanzado por las dos embajadas que participaban en una negociación diplomática, lo cual garantiza que aceptan todos los puntos acordados por sus diplomáticos. Esto supone que, para cada proceso de negociación diplomática, existía al menos un documento generado por cada una de las partes implicadas y que era conservado en los archivos de la otra parte. Las ratificaciones son, en sí mismas, documentos breves en los que los monarcas se limitan a aceptar lo acordado por los embajadores. Pueden tener, aun así, un gran tamaño al incorporar el texto del acuerdo generado por los diplomáticos, y, a su vez, puede albergar el contenido de las credenciales otorgadas a los embajadores para poder alcanzar ese acuerdo. Como las ratificaciones se convierten en el eslabón final de la negociación diplomática, son documentos que gozaban de una buena conservación en los archivos regios, y, al mismo

52 53

VIGIL MONTES, 2017, 157-163. QUELLER, 1967, 130-137.

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tiempo, al disponer de todo el contenido de la negociación, son buenos testimonios de todo el proceso de acuerdo. En algunos casos, en los que, por la debilidad de un monarca, era preciso reforzar lo negociado con la aquiescencia de más personalidades del reino, podía exigirse la ratificación de los herederos de la corona (en la misma ratificación del monarca o en un nuevo documento), o el juramento por escrito de los miembros más destacados de la sociedad, como la nobleza, el alto clero o los representantes de las ciudades. Además de la ratificación, el propio acuerdo podía traer aparejado la ejecución de otros compromisos que generaban actividad documental, tales como la concertación de un matrimonio o la entrega de rehenes. Cuando no se cumplía lo estipulado en los acuerdos, los monarcas podían utilizar un documento de protesta para oficializar su malestar ante el otro soberano. La correspondencia es el eje articulador de la diplomacia bajomedieval o «la verdadera infraestructura de la diplomacia medieval», como señaló Francesco Senatore54. Esto se debe a que es la forma más económica y rápida de poner en contacto dos reinos; las epístolas no solamente se utilizan para preparar y agilizar las negociaciones de las embajadas, sino que también son empleadas en la diplomacia cotidiana, en lo que Isabella Lazzarini denominó como la «edad de la comunicación multiplicada»55. En el caso italiano, la disponibilidad de fuentes nos permite señalar la existencia de decenas de millares de despachos y de numerosos carteggi (fondos de correspondencia) en sus archivos56, convirtiéndose en el ejemplo más paradigmático de la verdadera importancia de la correspondencia en la diplomacia bajomedieval. Las epístolas son documentos sin valor jurídico en los que los responsables de elaborar y ejecutar la diplomacia, identificados a través de la rúbrica personal del autor de la carta, podían intercambiar información de diferente índole: comunicación directa entre monarcas o entre otros responsables de la diplomacia, notificación de eventos o de posiciones, acuerdos de encuentro para la celebración de embajadas, comunicación interna entre los soberanos y sus representantes. Las epístolas de los monarcas solían ser ejecutadas por su cancillería, mientras que las realizadas por los miembros de las embajadas, generalmente profesionales del documento, frecuentemente eran autógrafas. En ambos casos eran ejecutadas en papel, el soporte más económico, y empleando una cursiva usual, una letra sin solemnidades y que ajusta la rapidez a la facilidad de lectura57. 54

MOEGLIN et al., 2017, 133. LAZZARINI, 2007, 284. 56 MOEGLIN et al., 2017, 134. 57 SANZ FUENTES, 2010, 107-126. 55

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No podemos hablar de la existencia de un formulario fijo para la correspondencia, como puede acontecer para los documentos con valor jurídico, pero, generalmente, se ajustan a los modelos de las epístolas ejemplares de la summae dictaminis58. En estos formularios se sigue un esquema similar al de los documentos jurídicos: identificación del destinatario; expositivo para referirse, en el caso de que la hubiera, a una petición previa del destinatario; dispositivo de comunicación; contenido de la misiva; petición de respuestas; expresión de buenos deseos; data tópica y cronológica, y suscripción del autor. La información contenida en estas epístolas es de carácter meramente práctico; son un instrumento para gestionar asuntos de importancia capital, como eran todos aquellos referentes a la diplomacia. No obstante, el carácter personal de este tipo de documentación hace que, en ocasiones, podamos observar la perspectiva de los protagonistas en las tareas diplomáticas. Finalmente, detectamos una diferencia entre las epístolas dirigidas a soberanos y las restantes; en las primeras, el lenguaje utilizado es pomposo y lleno de fórmulas de respeto. Tabla 1 - Tipologías documentales utilizadas en la diplomacia bajomedieval

Preparación de la embajada Desarrollo de la representación Confirmación de lo acordado en la misión diplomática

Documentos con valor jurídico

Documentos sin validar

Poder - Credencial Salvoconducto Entrega de documentos

Instrucciones Memorial Correspondencia

Acuerdo (capitulación)

Instrucciones Correspondencia

Ratificación Juramento Entrega de ratificación Contrato matrimonial Entrega de rehenes Protesto

Informe Correspondencia

3. Custodia y utilización de la documentación para la diplomacia bajomedieval La documentación para la diplomacia monárquica tenía una gran importancia jurídica para hacer valer derechos y legitimidades en las futuras negociaciones; por ello fue conservada con gran cuidado en los archivos regios. La documentación conservada en un 58

MOEGLIN et al., 2017, 137.

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determinado archivo regio podía ser la recibida por parte de las otras monarquías con las que se habían alcanzado determinados acuerdos, o la procedente de la gestión interna de las negociaciones entre los monarcas y sus embajadores. Por esta lógica, el Tratado de Tordesillas custodiado en el Arquivo Nacional da Torre do Tombo de Lisboa es la versión en castellano ratificada por los Reyes Católicos59, mientras que el custodiado en el Archivo de Indias de Sevilla es la versión en portugués ratificada por Juan II de Portugal60. Los documentos podían ser entregados a los embajadores para su empleo en pleno proceso de negociaciones, fenómeno que conocemos a través de los documentos de entrega, que garantizaban la correcta devolución de los documentos extraídos de los archivos regios. En 1480 fray Hernando de Talavera otorgó uno para justificar la entrega, por parte de Fernán Álvarez de Toledo (secretario de la reina Isabel I de Castilla), de un total de 9 documentos para la negociación de la cuestión de Juana la Beltraneja en las paces de Alcáçovas-Toledo con Portugal61. En 1483 el licenciado de Illescas otorgó uno para justificar la entrega, otra vez de manos de Fernán Álvarez de Toledo, de 18 documentos para la negociación de la cuestión de los castellanos que estuvieron del lado del monarca luso en las mismas paces62. En la actualidad, podemos encontrar la mayor parte de esta documentación en los archivos herederos de esos archivos regios. Por ello, la documentación conservada por los castellanos se encuentra en el Archivo General de Simancas; la custodiada por los aragoneses, en el Archivo de la Corona de Aragón; la preservada por los navarros, en el Archivo General del Reino de Navarra; la atesorada por los portugueses, en el Arquivo Nacional da Torre do Tombo; la albergada por los franceses, en los Archives Nationales de France, y la resguardada por los ingleses, en The National Archives of United Kingdom. En esos archivos, generalmente, la documentación sobre diplomacia ocupa un hueco en los fondos misceláneos que albergan la documentación más importante de las monarquías; de esta forma, en el caso del Archivo General de Simancas, se encuentra principalmente en el Fondo Patronato Real, y en el Arquivo Nacional da Torre do Tombo se encuentran en el Fondo Gavetas. No todos los archivos regios fueron organizados en época bajomedieval. Es el caso del Archivo General de Simancas, cuya fundación se remonta a 1540. Por tanto, para el caso castellano, no se conserva gran parte de los registros medievales y de la documentación 59

ANTT, Gavetas, gaveta 17, maço 2, documento 24. Archivo General de Indias, Patronato, n. 6, r. 1. 61 AGS, Patronato Real, legajo 49, documento 75. 62 AGS, Patronato Real, legajo 49, documento 61. 60

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recibida por otras cancillerías, salvo los excepcionales legajos con los documentos de las relaciones luso-castellanas, que forman parte del Fondo Patronato Regio. La consecuencia de todo ello es que, para reconstruir las relaciones diplomáticas del reino castellano en la etapa medieval, debemos recurrir a otros archivos y a otras fuentes, como la cronística. En los fondos de los archivos de otros reinos, podremos encontrar, en sus registros regios, la información de los acuerdos otorgados a favor de Castilla por esas cancillerías extranjeras; y también, en la documentación recibida, encontraremos testimonios de las concesiones realizadas por los castellanos a su favor. Igualmente, resultan interesantes los fondos de diversos agentes del reino que hayan podido interactuar en los procesos de negociación diplomática, como los de los municipios, las instituciones eclesiásticas y la nobleza63. El nivel de conservación de los documentos referentes a la diplomacia bajomedieval también depende de la perdurabilidad de cada una de las tipologías. Mientras existen algunas de un longevo valor jurídico, como los acuerdos diplomáticos y las ratificaciones, que se conservan en gran cantidad, hay otras tipologías sin valor jurídico y, por tanto, sin obligatoriedad de ser conservadas. Un buen ejemplo es la correspondencia, sobre la que, salvo en ocasiones excepcionales, apenas tenemos constancia del volumen real. También existen tipologías jurídicas cuya validez era limitada, como los poderes, de los que tenemos constancia a través de su inserción en los acuerdos y en las ratificaciones. Existen documentos de gran singularidad que, por su enorme valor, tuvieron una larga vida documental durante la que se generaron un conjunto de copias, característica que los convierte en ejemplo paradigmático de una larga tradición documental. Para la ratificación otorgada por Ricardo II de Inglaterra en 1387 del Tratado de paz, amizade e confederação entre D. João I de Portugal e Ricardo II de Inglaterra, más conocido como el Tratado de Windsor de 1386, disponemos, en el Arquivo da Torre do Tombo, del original y de hasta cuatro copias que responden a necesidades diferentes. El original se encuentra custodiado en el Fondo Gavetas64, mientras que una de las copias, la que se hizo en papel con la traducción al portugués en un momento cercano a la expedición del original, está conservada en el Fondo Corpo Cronológico del mismo archivo luso65. El contenido del tratado fue insertado íntegramente en la ratificación de ese acuerdo otorgada por Enrique IV de Inglaterra en 1404, que se encuentra disponible también en el

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VILLARROEL GONZÁLEZ, 2015.

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ANTT, Gavetas da Torre do Tombo, gaveta XVIII, maço 3, documento 25.

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ANTT, Corpo Cronológico, parte 1, maço 1, documento 10, 1r.-7v.

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Fondo Gavetas66. Esta ratificación de Enrique IV de Inglaterra, a su vez, fue copiada, incluyendo el contenido del tratado original, en dos cartularios: el Traslado das cartas sobre a aliança e amizade entre Portugal e Inglaterra, confeccionado en la primera década del siglo XV y conservado en el Fondo Gavetas67, y el Livro de demarcações entre estes reinos e os de Castela e de contratos de pazes, redactado a finales de la misma centuria y custodiado en el Fondo Leitura Nova68. Otro ejemplo es la ratificación de Juan II de Castilla al Tratado de Medina del Campo con el Reino de Portugal de 1431. A pesar de que no conservamos el original, que debería estar en el Fondo Gavetas del Arquivo Nacional da Torre do Tombo, su contenido está inserto en el Tratado de Toledo de 1480 entre castellanos y portugueses, cuyo original sí se conserva en el mencionado fondo del archivo portugués69. Por otra parte, en el Fondo Patronato Regio del Archivo General de Simancas, conservamos su contenido a través de una inserción en el Tratado de Alcáçovas de 147970, y también en una confirmación de Isabel I de Castilla a esas paces en 147971. Asimismo, el Tratado de Medina del Campo fue copiado en el cartulario Livro de demarcações entre estes reinos e os de Castela e de contratos de pazes, confeccionado a finales del siglo XV y conservado en el Fondo Leitura Nova del Arquivo Nacional da Torre do Tombo72. Por tanto, la historiografía ha conocido el contenido de este documento de vital importancia no a través del original, sino de las copias realizadas posteriormente. Dada la importancia de la documentación generada en la diplomacia para alegar derechos en futuras negociaciones, las cancillerías creyeron conveniente elaborar cartularios en los que se recopilaban copias de estos documentos. No tenemos muchas noticias sobre la existencia de estos cartularios para la diplomacia bajomedieval. Por una parte, existen tres volúmenes generados por la administración de Felipe IV de Francia (1285-1314): el cartulario diplomático de Felipe el Hermoso, con documentos sobre las relaciones con Inglaterra, Alemania y Henao (1290-1302); el segundo cartulario diplomático, con documentos sobre las relaciones con Lyon, Inglaterra, Escocia y Flandes (1261-1309), y el cartulario o registrum tenue, con documentos sobre las relaciones con

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ANTT, Gavetas da Torre do Tombo, gaveta XVII, maço 2, documento 7.

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ANTT, Gavetas da Torre do Tombo, gaveta XVIII, maço 7, documento 28, 16r.-26v.

68

ANTT, Leitura Nova, livro 61 (livro das pazes), 101v.-107v.

69

ANTT, Gavetas da Torre do Tombo, gaveta XVII, maço 6, documento 16, 3v.-12v.

70

AGS, Patronato Real, legajo 49, documento 53, 317v.-323r.

71

AGS, Patronato Real, legajo 49, documento 44, 193v.-200v.

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ANTT, Leitura Nova, livro 61 (livro das pazes), 142r.-165r.

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Inglaterra, Aragón y Foix (1242-1314)73. Por otra parte, se conservan dos cartularios diplomáticos generados por el Reino de Portugal en el siglo XV: el Traslado das cartas sobre a aliança e amizade entre Portugal e Inglaterra (1406?)74 y el Livro de demarcações entre estes reinos e os de Castela e de contratos de pazes (1480-1494?)75. A pesar de que su función principal era meramente archivística, los cartularios para la diplomacia conservaban la memoria de una actividad vital para la supervivencia de los reinos; por ello, tenían cierta solemnidad. En el caso portugués, se trata de códices con ciertos detalles de solemnidad, como un sencillo pautado de la caja de texto, el empleo de grandes márgenes o el recurso a pequeñas llamadas al final del cuadernillo destinadas a facilitar un correcto proceso de encuadernación. Asimismo, los escribanos que los redactaron utilizaron una escritura pausada y libraria, como es la littera textualis o gótica textual76, y emplearon iniciales decoradas de mayor módulo y cuidado. A pesar de la lenta ejecución de la mencionada escritura, los copistas añadieron abreviaturas para intentar reproducir el texto original de los documentos, lo que se conoce como exactitud textual77, e incluso cometieron algunos errores de omisión de texto que fueron corregidos como escrituras superpuestas o en los márgenes laterales. Estos volúmenes no tenían una estructura fija y se adaptaban a las necesidades concretas de cada cancillería. Como podemos observar en los títulos de los cartularios conservados, existe una cierta especialización territorial y también funcional, algo que se puede observar con mayor claridad en el caso portugués, en el cual tenemos un cartulario destinado a proteger la alianza con los ingleses y otro cartulario destinado a mantener la paz y fijar fronteras con el rival castellano. 4. Conclusiones La documentación es uno de los instrumentos fundamentales para el desarrollo de la diplomacia en la etapa bajomedieval. Es inconcebible que se pudiera gestionar el creciente número de contactos entre los reinos del Occidente Cristiano sin la utilización del pergamino para justificar los acuerdos y del papel para una comunicación ágil y barata. A pesar de ello, tenemos escasos estudios del funcionamiento de la documentación en la diplomacia bajomedieval. Desde que, a mediados del siglo XX, pioneros como Donald Queller o Pierre Chaplais, en su enfoque renovador de la historiografía política, estudiaran los documentos, solamente hemos tenido nuevas 73

STEIN, 1907, 197-198. ANTT Gavetas, gaveta XVIII, maço 7, documento 28. Estudiado en VIGIL MONTES, 2019. 75 ANTT, Leitura Nova, livro 61 (livro das pazes). Estudiado en VIGIL MONTES, 2015. 76 DEROLEZ, 2003. ÁLVAREZ MÁRQUEZ, 1985. 74

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MORELLE, 1993.

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aportaciones por parte de Francesco Senatore, Isabella Lazzarini o Stephane Péquignot. Toda esta nomina pertenece a historiadores sensibilizados con la documentación, puesto que el primer trabajo realizado por especialistas en diplomática, la ciencia a priori encargada del estudio de esos documentos, fue una obra colectiva coordinada por Olivier Poncet en 2015. La documentación para la diplomacia se caracteriza por una enorme diversidad dentro de un patrón común moldeable por las diferentes entidades de expedición documental. Sin embargo, progresivamente, los diferentes órganos de expedición documental fueron empleando las mismas tipologías y los mismos formularios, para cuestiones comunes al conjunto de los reinos del Occidente Medieval. A parte de la convergencia de modelos, otra evolución del modus operandi de la expedición documental para la diplomacia fue el empleo del notariado para garantizar la fe pública de los acuerdos alcanzados entre embajadas, sin la necesidad de recursos arriesgados como la entrega de documentos en blanco con el sello real para que pudieran rellenarlos, como si de la Cancillería se tratara. Las demandas escriturarias de la diplomacia bajomedieval fueron satisfechas a través de una variada tipología que incluía documentos de valor jurídico, pero también mediante otra serie de documentos que, sin ese respaldo legal, articulaban la comunicación en los procesos de negociación, como la correspondencia, las instrucciones, los memoriales y los informes. La documentación se ajustó al proceso de negociación diplomática y, por ello, podemos diferenciar entre documentos para la preparación de la embajada (como poderes, salvoconductos o instrucciones), para el desarrollo de la embajada (como los acuerdos diplomáticos) o para la confirmación de lo acordado (como las ratificaciones). Los acuerdos y las ratificaciones, documentos para la diplomacia que tuvieron un enorme valor para desarrollar futuras misiones diplomáticas, dado que eran la garantía de derechos y legitimidades, fueron custodiados con celo en los archivos regios y fueron empleados para elaborar la diplomacia. Lo podemos comprobar en documentos de entrega de documentación a embajadores, o en la elaboración de múltiples copias, algunas de ellas en cartularios para la diplomacia. Sin embargo, existen documentos con escaso valor jurídico, como la correspondencia, de la que solamente disponemos excepcionalmente, a pesar de ser la tipología más frecuente, como lo atestigua la enorme multitud de epístolas conservadas en determinados contextos. En definitiva, dos términos como diplomacia y diplomática, que pueden generan confusión entre sí, tienen una relación que va más allá de la etimológica, y el estudio de los documentos para la diplomacia desde una perspectiva diplomática es necesario para comprender el funcionamiento y la evolución de la diplomacia bajomedieval. Además,

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puede aportar cuestiones esenciales para una comprensión más amplia de la actividad de las cancillerías regias o del notariado. ÁLVAREZ MÁRQUEZ, María del Carmen (1985) – «Escritura latina en la Plena y Baja Edad Media, la llamada gótica libraria en España». Historia, Instituciones, Documentos 12, pp. 377-410. BAUTIER, Robert-Henri (1991) – «Typologie diplomatique des actes royaux français (XIIIe-XVe siècles)». En Diplomatique royale du Moyen Âge (XIIIe-XIVe siècles). Oporto: Faculdade de Letras da Universidade do Porto. pp. 25-66. BECEIRA PITA, Isabel (1999) – «La importancia de la cultura en las relaciones peninsulares (siglo XV)». Anuario de Estudios Medievales, 29, pp. 79-104. BERTELLI, Sergio (2008) – «Carteggi diplomatici». Bulletino dell’Istituto Storico Italiano per il Medio Evo. Vol. 110/2, pp. 1-25. CAÑAS GÁLVEZ, Francisco de Paula (2010) – «La diplomacia castellana durante el reinado de Juan II: La participación de los letrados de la Cancillería Real en las embajadas regias». Anuario de Estudios Medievales, nº 40/2, pp. 691-722. CÁRCEL ORTÍ, María Milagros [et al.] (1991) – «Corona de Aragón. Documentación real. Tipología (s. XIII-XIV)». En Diplomatique royale du Moyen Âge (XIIIe-XIVe siècles). Oporto: Faculdade de Letras da Universidade do Porto. pp. 273-297. CÁRCEL ORTÍ, María Milagros (1997) – Vocabulaire International de la Diplomatique. Valencia: Universitat de València. COELHO, Maria Helena da Cruz [et al.] (1991) – «Diplomatique royale portugaise: Alphonse IV (1325-1357)». En Diplomatique royale du Moyen Âge (XIIIe-XIVe siècles). Oporto: Faculdade de Letras da Universidade do Porto. pp. 133-161. CHAPLAIS, Pierre (1952) – «The making of the treaty of Paris (1295) and the royal style». The English Historical Review. Vol. 67, pp. 235-253. CHAPLAIS, Pierre (2003) – English diplomatic practice in the Middle Ages. Londres: Hambledon and London. DAUMET, George (1898) – Étude sur l'alliance de la France et de la Castille au XIVe et au XVe siècle. París: Librairie Emile Bouillon. DEROLEZ, Albert (2003) – The palaeography of gothic manuscript books from the twelfth to the early sixteenth century. Cambridge: Cambridge University Press. GENICOT, Léopold [et al.] (1972-2017) – Typologie des sources du Moyen Age occidental (89 vols.). Turhout: Brepols.

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Comunicar y negociar por el rey: los eclesiásticos al frente de embajadas en la diplomacia castellana (siglos XIII al XV) Óscar Villarroel González

Resumen: Los eclesiásticos formaron parte de las embajadas y la diplomacia a lo largo de todo el periodo medieval y su papel ha sido analizado en diversas ocasiones y desde diversos puntos de vista. Para profundizar en el conocimiento de su papel se pretende aquí analizar el papel que pudieron tener al frente de las misiones diplomáticas. Se analiza que podemos entender como tal, asi como las diversas ocasiones en que desmpeñaron tal papel, intentando comprender analíticamente su peso e importancia en el tiempo y en diversos espacios geográficos. Palavras claves: diplomacia, eclesiásticos, embajadores, Castilla

Abstract: The ecclesiastics was among the Middle Ages former of the diplomacy and embassies, and his role has been analyzed on several occasions. Seeking to improve our knowledge of his role, it’s intended here to analyze the tasks that they could have at the head of the dipomatic missions. We analize what we can undestand as «head of embassy», as well as the various occasions in which they played such role, trying to undestand analytically their weight and importance in time and in various destinations of Castilian diplomacy. Keywords: diplomacy, ambassador, ecclesiastics, Castile

Introducción Hoy día es sobradamente conocida la participación de los eclesiásticos en la diplomacia medieval de una forma muy activa en ocasiones. El porqué de esa presencia, incluso, también es casi un lugar común desde hace muchos años (formación cultural, dominio del latín…). Se ha hablado de la falta de profesionalización lo que llevó a la



Universidad Complutense de Madrid, [email protected]

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participación de la nobleza y los prelados1. Y ciertamente la historiografía ha mostrado en múltiples ocasiones a prelados y eclesiásticos participando en misiones diplomáticas2, algo que, en el fondo, es casi tan antiguo como la llegada del cristianismo3. Sin embargo, es mucho lo que aún nos queda por conocer de esa presencia eclesiástica en las relaciones entre los diversos reinos bajomedievales en las múltiples funciones que desempeñaron a lo largo del tiempo. Dentro de ellas, la investigación ha ido mostrando cómo desempeñaron funciones muy diversas dentro de esas gestiones, desde la participación como embajadores hasta su presencia como simples mensajeros o portadores de nuevas instrucciones, pasando por la importante figura de los secretarios de embajada y otros aspectos de índole burocrático. Resta, la mayor parte de las veces (al menos para el caso castellano) un análisis pormenorizado de esos diversos papeles que desempeñaron, así como las razones para ello (al igual que ocurre con los embajadores laicos). Algo que se ha dado también como una verdad asentada y firme, cuando se ha hablado de la composición prototípica de las embajadas medievales, es que los eclesiásticos, junto a los nobles y los letrados, eran los componentes básicos de esas misiones4. Esa visión de la embajada con una composición triple (noble, eclesiástico, letrado) ha formado parte de la historiografía del periodo desde que Nys generalizase una apreciación de Montague sobre la Francia de Enrique II5. Esto, que fue apreciado por varios historiadores para el caso castellano6, así como para el caso francés7, puede ser puesto hoy día en duda al no ser más que una generalización que no siempre es aplicable y que, desde luego, no funcionaba entonces como una norma ineludible, por mucho que algunos tratadistas del periodo ya lo indicasen8. Díaz Martín indicó en su momento la existencia de ciertas diferencias, además y para el caso castellano, dentro de la composición de las embajadas según se tratase de una misión dentro o fuera de la península9. Una revisión de las noticias que tenemos de misiones diplomáticas nos muestra cómo la composición de las misiones era muy variable10, sin embargo faltan análisis específicos y cuantitativos 1

STRAYER, 1981, 116-117. La bibliografía es extensísima, solo como visión general para el caso castellano: DÍAZ MARTÍN, 1987; NIETO SORIA, 1988, 48-58; DÍAZ MARTÍN, 1988; NIETO SORIA, 1993, 290-309; VILLARROEL GONZÁLEZ, 2010b; VILLARROEL GONZALEZ, 2013. 3 MOEGLIN et al., 2017, 393. 4 DÍAZ MARTÍN, 1987, 138; BECEIRO PITA, 1995, 441-445. 5 NYS, 1894, 322; MOUNTAGUE, 1868, 139-140. 6 DÍAZ MARTÍN, 1988, 69. En concreto desde el reinado de Enrique III. 7 AUTRAND, 1999, 27-45. 8 VILLARROEL GONZÁLEZ (en prensa), 6. 9 DÍAZ MARTÍN, 1987, 126. Este tema será tratado de forma monográfica en un próximo seminario internacional que se desarrollará en Madrid en noviembre del 2018. 10 MOEGLIN et al., 2017, 378-380. 2

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que nos indiquen la composición de las misiones de una forma fiable. Análisis que deberían discriminar periodos y ámbitos geográfico-políticos, que nos permitiesen una comprensión más amplia del funcionamiento de la diplomacia medieval en general y de la castellana en particular. Este trabajo de revisión y análisis (cuantitativo y cualitativo) excedería con mucho el espacio y el tiempo dado a este capítulo (aunque es un trabajo en curso) y lo que aquí se pretende. Sin embargo, sí pretendemos profundizar un poco y hacer un aporte en los trabajos en esa línea, analizando una figura en concreto de los embajadores. Aquí atenderemos principalmente a los eclesiásticos que participaron o que son presentados como cabeza de la misión diplomática en la (o en las) que participaron. Cuando dirigieron, organizaron, negociaron y (en caso de llevar poderes) acordaron con otras legaciones. De esta forma pretendemos iniciar un camino que permita, posteriormente abordar varias facetas del trabajo de esos eclesiásticos diplomáticos: su capacidad de trabajo y negociación, su capacidad de organización de la misión, su capacidad de comunicación (tanto con los otros negociadores como con su monarca). Entenderíamos comunicación en un sentido puramente lingüístico, pero adecuado al marco diplomático: qué transmitían, cómo lo transmitían, en qué situación y cuándo, así como cuando no hacerlo. Lo mismo ocurría en su relación para con su soberano: qué, cómo y cuándo transmitir y cuándo dejar de hacerlo, lo que ocurría solo en caso de largas embajadas. No dejaba de ser un claro ejercicio de la cultura política en todas sus facetas, con lo que también nos permitiría abordar cómo se desarrollaba esta, aunque sea solo de una forma aproximativa. Si bien un análisis de este tipo se plantea imposible aquí, sí intentaremos, al menos, una aproximación cuantitativa a tal realidad: la realidad de la presencia de embajadores eclesiásticos al frente de las misiones diplomáticas. De esta forma, a lo largo del presente capítulo abordaremos cuándo hubo esa presencia de eclesiásticos al frente de las embajadas (teniendo en cuenta cuál es nuestra fuente al respecto). Habrá que atender a los diversos ámbitos, épocas y poderes ante los que estos diplomáticos pertenecientes también al clero desarrollaron sus cometidos. ¿Hubo ámbitos concretos en los que actuaron con ese rol? ¿Cuáles fueron los resultados? Todo ello en un rastreo inicial entre los siglos XIII y XV, aunque dentro de este dejaremos fuera el reinado de los Reyes Católicos.

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1. ¿Presidencia de embajada? Son muchas las ocasiones en las que aparecen eclesiásticos embajadores a lo largo del periodo mencionado. Lo difícil es saber cuándo actuaban en una posición preeminente dentro de la misión. Es cierto que en algunas ocasiones se les ha situado como tal, especialmente en muchas misiones bajomedievales. La historiografía nos lo ha presentado como tal, y se ha hablado directamente de presidentes de embajada11. De esta forma habría habido eclesiásticos que habrían desempeñado tales funciones: dirigiendo y encabezando misiones diplomáticas. Pero, ¿qué datos tenemos? Realmente muy pocos. En contadas ocasiones tenemos constancia de algún nombramiento específico como cabeza de embajada, o, al menos, en pocas ocasiones la historiografía los ha mencionado así. Ocurre, por ejemplo, en el caso de Alfonso Carrillo de Albornoz en la embajada al Concilio de Basilea en 1433, al que Suárez Fernández llama «presidente»12. Lo mismo ocurre años después con Gonzalo de Santa María en 1436, que, según Álvarez Palenzuela, es nombrado «presidente» de la legación castellana13. O, en esa misma misión diplomática, con Álvaro Núñez de Isorna14. Como veremos esta titulación deberá ser revisada. Con lo cual, ¿por qué se les ha considerado y/o debemos considerarles cabeza de la misión diplomática en la que participan? Ciertamente a veces es difícil discernir por qué se ha hecho en el pasado, pues historiadores de distintos periodos son los que han llevado a cabo esa asignación. En muchas ocasiones se debe a una cuestión de preeminencia de facto, es decir, que realmente desarrollaron una actividad en la misión que les presenta, al menos en la documentación, como los actores principales de la misión. Así, por ejemplo, en el Concilio de Basilea Álvarez Palenzuela indicaba que Alfonso de Cartagena y Álvaro Núñez de Isorna eran las grandes figuras de la embajada15, lo que es aceptado de forma casi unánime a la luz de la documentación, que nos muestra a ambos eclesiásticos como los más activos embajadores en diversas cuestiones, algún autor, previamente, incluso había asignado al segundo de ellos el título de presidente16. Esto, hasta ahora, ha sido aceptado por la bibliografía, que incluso ha repetido el título de presidente17. ¿Qué razones se han utilizado para tal asignación? Realmente hasta ahora no se ha indicado las razones para ello. Simplemente, en ocasiones, algún autor situaba a uno u 11

DÍAZ MARTÍN, 1988, 72. SUÁREZ FERNÁNDEZ, 1960, 112. 13 ÁLVAREZ PALENZUELA, 1992, 299. 14 SUÁREZ FERNÁNDEZ, 1963, 14. 15 ÁLVAREZ PALENZUELA, 1992, 54. 16 SUÁREZ FERNÁNDEZ, 1963, 14. 17 Por ejemplo, yo mismo: VILLARROEL GONZÁLEZ, 2010a, 164. 12

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otro personaje como cabeza de la legación, llamándole presidente, incluso18. Podemos atenernos a dos razones principales para tal asignación: la posición en la que les mencionan las fuentes, así como su papel en la política de Castilla en los momentos de su misión. En otros casos se podría estimar también la cuestión para la que se les enviaba a negociar. La posición en la que son mencionados por las fuentes parece, en general, que es lo que nos permite identificar a un personaje determinado, y en nuestro caso a los eclesiásticos, como la cabeza de la legación. ¿Es este motivo y base suficiente para tal asignación (aunque no se les mencione como presidentes)? Sin duda hay razones plausibles para aceptarlo. En primer lugar que, por razón de su jerarquía, sean mencionados en primer lugar. Es decir, que una cuestión de preminencia hiciese que la fuente les mencionase antes, con lo cual eso no indicaría que fuesen presidentes. Sin embargo, a contrario sensu, esa misma razón les situaría, de forma lógica, como cabeza de la legación, al garantizar una posición preminente ante cualquier duda por la precedencia, algo que, ciertamente, llevó a abundantes conflictos tanto en el ámbito eclesiástico como en el diplomático19. Esto, sin embargo, podría llevar en nuestro análisis a aparentes contradicciones. Es el caso de la embajada en Basilea. En ella es Álvaro de Isorna el que es mencionado primero en las fuentes20. Este personaje era obispo lo que, por una cuestión de preminencia podría explicar que fuese indicado en tal posición. Pese a ello, teóricamente, fue nombrado meses después Gonzalo de Santa María21. ¿Quiere eso decir que no había presidente antes o que no podemos considerar como tal a Isorna? Sin embargo vemos que tal asignación de cargo no tiene un reflejo documental claro: en ningún caso se menciona ningún tipo de preminencia sobre el resto de los embajadores ya nombrados22. Simplemente se le nombra «ambaxiatorem, oratorem, nuntium et procuratorem». El papel que los diversos personajes podían desempeñar en la política interna castellana es otro hecho a tener en cuenta. Básicamente vendría a significar que el hecho de desempeñar roles de importancia en la política interior podía ser un elemento a tener en cuenta en el momento de ser nombrados embajadores. Es evidente que esto podría tener especial peso en las fuentes cronísticas (es decir, en cómo se les menciona en ellas), 18

Yo mismo, en trabajos anteriores, he llegado a hacerlo. Véase, por ejemplo, VILLARROEL GONZÁLEZ, 2017a, 276. 19 DELIVRE, 2010, para un punto de vista eclesiástico; VILLARROEL GONZÁLEZ, 2016, para un punto de vista diplomático y castellano. 20 VILLARROEL GONZÁLEZ, 2010a, 276. 21 ÁLVAREZ PALENZUELA, 1992, 299. 22 Archivo General de Simancas (en adelante AGS), Estado-Francia, K1711, 443r-444v.

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pero también en la documentación regia. Más aún si hubiesen desempeñado previamente labores junto al rey, y máxime si aparecen mencionados como privados del rey. Parece obvio que en este caso es una visión historiográfica, puesto que no deja de haber un juicio subjetivo. Un ejemplo de este tipo de cuestiones lo encontramos en Gómez García, abad de Valladolid que fue embajador en Francia en 128623. Es mencionado en segundo lugar, sin embargo la crónica dice que era «más privado». Esto ha hecho, sin duda, que en ocasiones se le mencione a la cabeza de la legación o como principal negociador en la misma24. Algo parecido ocurre con Martín, obispo de Calahorra, embajador en 1286 también en Francia y luego presente en otras legaciones, que también ha sido presentado en ocasiones como cabeza de la legación (o al menos es mencionado primero25). Y sin embargo, las fuentes mencionan siempre primero a Martín frente a Gómez García. ¿Qué razones se aducen para tomar a una persona u otra? En la mayor parte de las ocasiones no se dice, y es difícil de estimarlo: la mayor jerarquía parece primar en la mayor parte de las ocasiones, o la mayor privanza con el monarca. Lo ideal sería un análisis detenido de las fuentes y, si existen, de las negociaciones. En el caso que se ponía como ejemplo ¿por qué unos historiadores situaban a Gómez García y otros al obispo Martín? Posiblemente al obispo Martín porque las fuentes le mencionan primero, y al segundo por el papel desempeñado de forma inesperada por el citado abad de Valladolid (si bien en ocasiones se ha leído mal la crónica y se ha dado por hecho que firmó algún tipo de acuerdo26). En cuanto al peso que pudiese tener su papel en la política interior, no cabe duda de que sin duda es un factor a tener en cuenta. La mayor cercanía al rey estaba, sin duda, en la base de cualquier tipo de cometido que un servidor regio desempeñase. Y dado el peso que tenía la diplomacia (en la que se facultaba a alguien para negociar y acordar en nombre propio) es indudable que la confianza debía ser muy estrecha. En ocasiones, efectivamente, podemos encontrar el reflejo de ese peso interior en la diplomacia, y no es extraño encontrar eclesiásticos que, siendo mencionados como privados, actuaron en labores diplomáticas de importancia, como se ha podido comprobar en el ejemplo analizado. En otras ocasiones, es la cuestión a negociar la que se ha planteado como la razón para que apareciese al frente de la legación una persona u otra. Así, por ejemplo, para los 23

Crónica del rey don Sancho el Bravo, 72-73. GAIBROIS, 1922, I, 89; NIETO SORIA, 1988, 51. 25 DÍAZ MARTÍN, 1987, 139. 26 DÍAZ MARTÍN, 1987, 139. 24

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siglos XIII y XIV se ha visto una especial presencia de prelados en la negociación con el papado27, lo que habría continuado con el Cisma de Occidente28, mientras que los nobles habrían tenido una mayor presencia en las negociaciones peninsulares29. En resumen, es difícil realmente saber cuándo los eclesiásticos encabezaban una misión, al menos al hilo de la historiografía. ¿Se pueden aceptar como presidentes de embajada a los diversos eclesiásticos que se mencionan? Sí, pero con mucha cautela. Es necesario revisar todos los casos por medio de la documentación para discernir cuándo pueden, efectivamente, ejercer como tal, teniendo en cuenta para ello tanto la jerarquía y la precedencia, como la confianza regia, como la cuestión a negociar. A falta de ese análisis solo el orden puede ser tomado como referencia. Tal análisis es largo y complicado por la variedad de las fuentes y por el estado incipiente de la investigación (unido a la aparición constante de nueva documentación con datos sobre embajadas y embajadores). Por ello, el análisis que se presenta no deja de estar teñido de una cierta capa de incertidumbre y provisionalidad, dado que aún encontraremos nuevas misiones que incluir y nuevos embajadores que analizar que, sin lugar a dudas, modificarán los resultados que aquí se alcanzan. 2. Los eclesiásticos dirigiendo embajadas ¿Cuántos eclesiásticos actuaron al frente de embajadas (con o sin nombramiento)? Sin lugar a dudas la pregunta es, a día de hoy, de difícil respuesta. Al menos si pretendemos una respuesta firme, dado que ni siquiera conocemos el total de embajadas que hubo ni, posiblemente, todas las personas que formaron parte de ellas. Para el presente trabajo se ha realizado un rastreo inicial, teniendo en cuenta que es muy posible que haya embajadas no localizadas todavía o, incluso, que se hayan escapado. En total se han detectado un total de 245 embajadores distintos desde 1255 a 1470, en un total de 122 misiones30. De esos 245 embajadores solo 99 eran clérigos, 60 eran nobles, 67 oficiales laicos (es decir un total de 127 laicos) y de 19 no conocemos su condición. Como vemos, pues, la presencia eclesiástica no es especialmente alta. Sí está por encima de los otros dos grupos «típicos» de la composición de embajadas, sin embargo, está claramente por debajo de los laicos.

27

NIETO SORIA, 1988, 48. NIETO SORIA, 1993, 291-304. 29 DÍAZ MARTÍN, 1987, 138. 30 Véase la tabla anexo. 28

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Gráfico 1 - Adscripción de los embajadores

Esto nos arroja un total del 40% de los embajadores de adscripción eclesiástica, cifra nada desdeñable, pero que queda por debajo del 52% de laicos. Esto podría variar si nos atenemos al objetivo de la misión, donde nos encontramos bastantes variaciones. Así, por ejemplo, a Aragón se dirigieron un total de 32 embajadores en los que 14 eran clérigos y 16 nobles, cifras bastante igualadas, mientras que en el caso francés hay más diferencia: 38 eclesiásticos frente a 47 laicos (a lo que hay que sumar seis embajadores de los que desconocemos la adscripción); o en el caso inglés donde 3 eran clérigos frente a 9 laicos; o el portugués, el más acentuado de todos, donde los laicos son 27 frente a solo nueve eclesiásticos. Esta tónica, sin embargo, se invierte (lo que entra dentro de lo que la lógica nos marca), en el caso del papado, donde encontramos a 18 eclesiásticos frente a 14 laicos. De modo que, como podemos ver hay notables diferencias. Pero, ¿cómo afecta esto si nos atenemos solo a aquellos que aparecen encabezando las misiones? Ciertamente nos encontramos eclesiásticos dirigiendo misiones a lo largo de todo el periodo. Ya en los datos encontrados para el siglo XIII nos aparecen y proviene de épocas anteriores31. En este aspecto puede ser relevante atender al número total en comparación con el número de embajadores pertenecientes al estamento eclesiástico en su conjunto, para ver si tenían un mayor peso en comparación, todo ello atendiendo también a la evolución cronológica. Además, será importante atender a los distintos destinos, para ver 31

MOEGLIN et al., 2017, 378-380.

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si había también diferencias en cuanto a su presencia en la dirección de misiones diplomáticas dependiendo del destino que estas tuviesen. Tras ello será fundamental analizar cuáles fueron sus poderes y qué papel desempeñaron, con lo que entraremos en un análisis más cualitativo que cuantitativo. En esta primera faceta, la cuantitativa, nos encontramos, en total, con 121 misiones, es decir el mismo número de diplomáticos al frente de ellas. En este caso hay un total de 46% de clérigos, frente a un 49 % de laicos y un 5% de los que no conocemos la adscripción. Gráfico 2 - Adscripción de la cabeza de la misión

Como vemos en este caso se reducen las diferencias. Es decir, si ponemos en comparación el número de embajadores laicos con el de eclesiásticos, frente a la adscripción de los que dirigían las misiones vemos que el peso de los primeros se reducía frente a los segundos. De nuevo, obviamente, hay diferencias si nos atenemos a los destinos y las misiones que tenían asignados. Así, en Aragón nos encontramos ocho misiones encabezadas por eclesiásticos frente a siete por laicos. En Francia 23 eclesiásticos frente a 17 laicos, lo cual no deja de sorprender si tenemos en cuenta que había más embajadores laicos que eclesiásticos. En Inglaterra se invierte: hay tres clérigos frente a seis laicos, lo que corresponde mejor con la composición de las embajadas a ese reino. Para las misiones dirigidas al papado vemos que hay diez cabezas de misión eclesiásticos frente a nueve laicos: aquí nos encontramos lo contrario al caso inglés, la importancia comparativa de los laicos en la dirección de las 251

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misiones se invierte. Y Portugal, por último, supone un predominio absoluto de los laicos, con 14 misiones dirigidas por ellos frente a cuatro eclesiásticos. El caso navarro, dados los pocos casos documentados no es especialmente ilustrativo, pues presenta una igualdad completa, pero también con los no adscritos. Si esto lo presentamos en tantos por ciento puede ser mucho más ilustrativo: Tabla 1 - eclesiásticos dirigiendo misiones según ámbitos Ámbito Aragón Francia Inglaterra Papado Portugal Navarra

Eclesiástico

Laico

No adscritos

53 54 30 50 21 33

47 40 60 45 74 33

6 10 5 5 33

Si nos fijamos en la evolución cronológica, sin embargo, vemos que en el siglo XIII el predominio eclesiástico es absoluto (15 misiones frente a 2), y que en el siglo XIV la cuestión se invierte (aunque con un dominio menor de los laicos: 45 frente a 26), para volver a invertirse en el siglo XV (15 frente a 13). Si bien podemos aceptar esta tónica general (mayor presencia de laicos formados en el siglo XIV que en el XIII explicarían esa inversión, y el peso de los conflictos eclesiásticos en el XV llevarían a la nueva inversión), hay que tener en cuenta que los datos del siglo XIII son incompletos (solo se atiende a la segunda mitad), y que los del XV también lo son (tanto porque solo se ha alcanzado 1470 y porque el rastreo documental en ese periodo es aún incipiente).

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Gráfico 3 - Evolución cronológica

A nivel general podríamos indicar que el número de eclesiásticos dirigiendo misiones se reduce notablemente desde el siglo XIII, aunque el XV parece suponer un repunte. Las razones plausibles en el caso castellano para este cambio lo podemos encontrar en la propia situación interna del reino castellano en el siglo XIV (con cuestiones de índole interna que o le hacen buscar contactos con otros reinos (el déficit de legitimidad de Fernando IV, la guerra civil castellana), o su participación en conflictos políticos externos (la Guerra de los Cien Años), mientras que el activo papel del reino en la cuestión del Cisma y el conciliarismo sin duda influye en los datos del siglo XV: no en vano las grandes misiones dirigidas a los Concilios (Constanza, Siena, Basilea), siempre fueron dirigidas por eclesiásticos32. De cualquier forma, como decimos, los datos podemos considerarlos solo estadísticos y posiblemente modificables en el futuro. 3. Los poderes recibidos y las misiones encomendadas Un punto muy importante que debe ser tenido en cuenta a la hora de atender las misiones que recibían los embajadores está en la razón para su misión. Es decir, qué debían negociar allí donde eran enviados. Esto en muchas ocasiones resulta difícil de conocer, al menos en toda su exactitud, pues en raras ocasiones se nos conservan las instrucciones dadas a los embajadores. Sí es fácil conocer su misión desde un punto de 32

Véase al respecto: VILLARROEL GONZÁLEZ, 2010a, 54-89, 187-200; así como VILLARROEL GONZÁLEZ, 2007, 134-143.

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vista general, pues eso las crónicas suelen ofrecerlo siempre. Un mayor avance en la investigación y en el conocimiento de cada una de las misiones, sin embargo, podría aportar (como conocemos para algunas embajadas concretas33) una mayor profundidad en cuanto a las temáticas tratadas. A grandes rasgos y de forma general, podemos apreciar cómo hay una notable presencia de eclesiásticos negociando matrimonios34. Esto ocurre en diversas ocasiones a lo largo de todo el periodo y hay una primacía de eclesiásticos en todos los siglos. La primera noticia la tenemos con Sancho de Castilla, arzobispo de Toledo y hermano de Alfonso X, quien en 1255 acudió a Francia a negociar el matrimonio de Berenguela de Castilla con el hijo de Luis IX35. Diez años después nos encontramos a Juan Martínez, electo de Cádiz, acudiendo a Francia también para negociar el matrimonio entre el infante Fernando y Blanca de Francia36. Con el éxito de esta misión se llevó a cabo otra para realizar el matrimonio, misión que dirigió el arcediano de Niebla Fernando García en 126937. Aún hubo otra misión en el siglo XIII, la dirigida por Nuño, obispo de Palencia, para negociar diversos matrimonios en Francia en 1294 (dentro de la política de Sancho IV de atracción francesa)38. En el siglo XIV son dos las misiones de este tipo encabezadas por eclesiásticos: la de Rodrigo Alonso, abad de San Miguel, para tratar con el papa cuestiones relativas al matrimonio del infante Pedro en 134439. Y en 1351 fue enviado a Francia Juan Sánchez de las Roelas, electo de Segovia, para tratar el matrimonio del rey Pedro40. El último eclesiástico en este tipo de misión fue Luis González de Atienza, deán de Córdoba, que fue enviado ya en el siglo XV a Francia para negociar el matrimonio del duque de Guyena con la hija del rey Enrique IV, Juana41. En comparación, solo hubo dos laicos negociando matrimonios y ambos fueron en el siglo XIV: Juan Hurtado de Mendoza, que fue enviado a Londres para para negociar el matrimonio inglés del infante y heredero Pedro en 134542. Y el segundo fue Gómez 33

Es el caso de la doble misión del arzobispo de Toledo en Inglaterra y Francia. Si las crónicas atienden solo a la misión francesa sin duda las fuentes extranjeras que nos ofrecen su presencia en Inglaterra suponen la presencia de un punto de vista distinto: no solo el matrimonio sino los acuerdos en un ámbito inestable como era el mar Cantábrico y el Canal de la Mancha. 34 Sobre la política matrimonial y la diplomacia medieval: MOEGLIN et al., 2017, 330-340. 35 Archives Nationales Paris (en adelante ANP), J599, 4. DAUMET, 1912, 5-6. 36 ANP, J599, 5. DAUMET, 1912, 11. 37 ANP, J599, 8-2. DAUMET, 1912, 15. 38 ANP, J601, 26. DAUMET, 1912, 120, edita el texto en anexo 23. 39 SERRANO PINEDA, 1915, 23. 40 LÓPEZ DE AYALA, 1875, 418. Poderes en ANP, J603, 51. 41 DAUMET, 1898, 114. 42 DAUMET, 1912, 16. Consta también en RYMER, IV, 1740, 186.

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Fernández de Soria, enviado en 1358 a negociar diversos tratados a Portugal por Pedro I43. Sin embargo, en el momento de tratar alianzas políticas con otros reinos nos encontramos una preponderancia de laicos, aunque hay una cierta presencia también de eclesiásticos. No parece haber ninguna razón obvia para ello, y tal vez debamos buscar en la confianza regia la razón para su nombramiento. Aquí nos encontramos a un único embajador que repite misión, sin duda por su notable experiencia: Pedro López de Ayala. Efectivamente, el futuro canciller llevó a cabo dos misiones con el objetivo de afianzar la alianza francesa: en 1380 a Francia y al mismo destino el año siguiente44. Además, tuvieron misiones con ese objetivo también otros cinco laicos. El primero de ellos, Rodrigo Pérez, en 1305 en el conflictivo contexto del inicio del reinado de Fernando IV45. El polifacético Fernán Sánchez de Valladolid46 también llevó a cabo una misión diplomático con el objetivo de conseguir la alianza francesa, en concreto en 1336 47. A Inglaterra fue enviado, durante el reino de Pedro I y dentro de su política de cambio de alianza, Diego Sánchez de Terrazas en 136248 (aunque podría ser que el noble Martín López de Córdoba estuviese también presente y, por diginidad, dirigiese él la misión49). Por último, Juan Manuel fue enviado en 1454 de nuevo a Francia con el objetivo de confirmar la alianza francesa al subir al trono Enrique IV50. Entre los eclesiásticos con este tipo de misiones hay cinco misiones, todas ellas a Francia: Nuño, obispo de Palencia, enviado a Francia en 129451; Juan Sánchez de las Roelas, obispo electo de Segovia, en 135152; Lope de Mendoza, obispo de Mondoñedo, en 139453; Juan Carrillo, arcediano de Cuenca, en 143454; y Fortún Velázquez de Cuéllar, por entonces deán de Segovia, en 145655.

43

LÓPEZ DE AYALA, 1875, 21. DAUMET, 1898, 44 y 46 respectivamente. 45 ANP, J601, 39, 40 y 40bis. DAUMET, 1898, 132, publica los textos en anexo 26. 46 Sobre este personaje: PUYOL Y ALONSO, 1920; DÍAZ MARTÍN, 1987b, 349-364; BENÍTEZ GUERRERO, 2015, 37-51. 47 ANP, J6011, 22. DAUMET, 1898, 4; PUYOL Y ALONSO, 1920, 18; Crónica del rey don Alfonso décimo, 1876, 285. 48 RYMER, 1740, III-2, 60-61. 49 RUSSELL, 1955, 38; el autor inglés, sin embargo, saca la noticia de un cronicón de la Orden de Calatrava del siglo XVII. 50 DAUMET, 1898, 94; PALENCIA, 1999, vol. 1, 101. 51 ANP, J601, 26. DAUMET, 1912, 120, publica el documento en anexo 23. 52 ANP, J603, 51; LÓPEZ DE AYALA, 1876, 418. 53 ANP, J604, 73; DAUMET, 1898, 64, publica el documento en anexo 49. 54 ANP, J604, 80; DAUMET, 1898, 85, publica el documento en anexo 61. 55 DAUMET, 1898, 97. 44

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Distinto a la búsqueda de alianza podemos entender la búsqueda de la paz o de la tregua. La participación de los eclesiásticos en la negociación de la paz ya ha sido atendida anteriormente56. Sabemos que, para el caso castellano, los eclesiásticos fueron unos de los principales negociadores de la paz, especialmente los prelados y que tenían una estrecha cercanía al poder regio. La condición episcopal no dejaba de tener cierto peso por la relevancia simbólica que podían llegar a presentar, especialmente en entornos ceremoniales57. Si, entre los negociadores en general, había una notable presencia de prelados, la lógica nos debería llevar a encontrar algo semejante en cuanto a quiénes dirigieron esas misiones. Y, efectivamente, esto se cumple en un número muy importante de casos. Así, si hay siete misiones dirigidas por eclesiásticos frente a tres por laicos, vemos que todos los que dirigieron esas embajadas de entre los clérigos, menos uno, fueron prelados. En 1278 Frédulo, obispo de Oviedo, fue enviado ante el papa en una misión que buscaba conseguir su mediación para llegar a la paz con Francia58. Apenas ocho años después nos encontramos otras dos: Martín, obispo de Calahorra (en la misión compartida ya vista con el abad de Valladolid, pero en la que, como se ha dicho él tiene mayor dignidad) era enviado a París para negociar la paz59. Esta misión llevaría a las vistas de Bayona, donde el arzobispo toledano Gonzalo aparece el primero entre los componentes de los negociadores60. El siglo XIV arroja otras tres misiones, empezando por Gutierre Gómez, obispo de Palencia, que dirigió la misión para firmar la paz de Almazán con Aragón en 137561. Las dos siguientes rompen esta tónica, sin embargo, apareciendo como cabeza de la negociación Fernando de Illescas, confesor del rey Juan I, y único en repetir en misiones de este tipo. Sin duda en su caso el hecho de ser confesor del rey tuvo un peso fundamental en su nombramiento, pese a no ser prelado, como el conjunto de los negociadores que hemos visto. Así, en 1387 acudió a Bayona a negociar con Juan de Gante62, y dos años después acudió a Portugal para negociar las treguas de Monçao con João I63. Años después, en 1407, su hermano Juan de Illescas64, por entonces

56

VILLARROEL GONZÁLEZ, 2013, 309-341. VILLARROEL GONZÁLEZ, 2013, 339-341. 58 DAUMET, 1920, 57. 59 Crónica del rey don Sancho el Bravo, 1876, 72. 60 Crónica del rey don Sancho el Bravo, 1876, 74. 61 DÍAZ MARTÍN, 1988, 68. 62 RUSSELL, 1955, 501; DÍAZ MARTÍN, 1988, 73. 63 DÍAZ MARTÍN, 1988, 74. 64 BELTRÁN DE HEREDIA, 1970, I, 186. 57

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obispo de Sigüenza, llevaría a cabo una misión semejante, negociando las treguas con Portugal ya durante la minoría de edad65. En comparación solo hubo cinco laicos, todos en el siglo XIV, negociando con Navarra (Martín Fernández en 133566 y el infante Juan en 1379 en la paz de Briones67), Portugal (Martín Fernández de Portocarrero en 133568 y Pedro López de Ayala en 1392 en las treguas de Sabugal69), y participando en los acuerdos de Leulingham (Álvaro Martínez en 138970). Es decir, en conclusión, podemos decir que los eclesiásticos aparecen al frente de una amplia variedad de misiones, sin que parezca que haya alguna razón especial para su predominio, cuando existe, sobre los laicos (dado que incluso nos encontramos laicos encabezando misiones ante el papado). Evidentemente, tampoco hay razones de peso para que ocurriese lo contrario. Eso hace que el servicio regio parezca ser la única razón de peso para su elección. En esta norma general cabría alguna excepción, como se ha comentado en la cuestión de los matrimonios. 4. Los eclesiásticos como cabeza de embajada ¿resultados? Sin lugar a dudas un punto a tener en cuenta, si cabe la comparación entre el ejercicio de la diplomacia entre eclesiásticos y laicos, es el mayor o menor éxito en el curso de su misión. ¿Su dignidad podía ser importante en tal cuestión? A día de hoy no podría darse una respuesta firme. De cualquier forma puede decirse que en el fondo todo depende del tipo de misión. Habría que diferenciar en este sentido un doble nivel: por un lado el éxito político y por otro el éxito diplomático. En el primer sentido habría que ver hasta qué punto se consiguieron os objetivos de la misión, es decir, el cumplimiento de la intención regia. Con ello, se podría ver su capacidad de colaborar en la política de la monarquía. En el segundo sentido nos permitiría analizar hasta qué punto eran capaces de desarrollar con éxito una misión de índole diplomática, especialmente en el manejo y organización de la misión. Este, tal vez, nos lleva a valorar su actividad más como diplomáticos que como políticos: si coordinaron bien toda la embajada, su capacidad de negociación… Sin duda este último aspecto es el más difícil de valorar. Solo podemos acometerlo en los casos en los que conservamos fuentes que van más allá de los acuerdos y de las cartas 65

AGS, Patronato Real, legajo. 49, nº 8-24; GALÍNDEZ DE CARVAJAL, 1876, 278; DÍAZ MARTÍN, 1988, 80. 66 Crónica del rey don Alfonso décimo, 1876, 271. 67 DÍAZ MARTÍN, 1988, 69. 68 Crónica del rey don Alfonso décimo, 1876, 271. 69 DÍAZ MARTÍN, 1988, 76. 70 SUÁREZ FERNÁNDEZ, 1977, 305-306; DÍAZ MARTÍN, 1988, 73.

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credenciales. No es habitual conservar documentación que nos permita observar cómo se negoció, o cómo se desarrolló una embajada, pero sí hay casos en los que, de forma excepcional, se nos han conservado. Esto ocurre en varias ocasiones a lo largo del siglo XV. Es lo que, en alguna ocasión anterior, he dado en llamar «misiones ejemplares»71. Estas tienen tal condición en un triple sentido: por su éxito político, por el éxito diplomático (que las convierte en un ejemplo a seguir), y porque conservamos documentación de ellas de una forma especial. Dentro de este tipo de misiones se han comentado anteriormente las del Concilio de Siena72, las negociaciones de Ágreda de 1431 a 143473, y la embajada ante el Concilio de Basilea (1434-1439)74. Todas ellas fueron dirigidas por eclesiásticos: Juan Martínez Contreras, arzobispo de Toledo, en el caso de las misiones en Siena y Ágreda; y Alonso de Cartagena para el caso basiliense. Todas ellas han sido analizadas profusamente y no entraremos de nuevo en ellas. Cabe destacar, sin embargo, que aún queda por analizar el funcionamiento interno de las embajadas con más profundidad. La documentación conservada sin duda nos permite en algún caso realizar tal análisis75. Cabe plantearse, eso sí, si no ocurría lo mismo en el pasado. Solo la aparición de documentación específica podrá responder a tal cuestión. 5. Conclusiones De esta forma, y llegados al final del trabajo, cabe plantearse si se ha llegado a responder a alguna de las cuestiones planteadas. Ciertamente el resultado podría resultar un tanto decepcionante. Desde luego se ha constatado una amplia presencia de eclesiásticos en la diplomacia: lo cual no resulta, ni mucho menos, nada novedoso. Del mismo modo, se ha constatado la presencia de numerosos eclesiásticos dirigiendo misiones diplomáticas: lo cual tampoco es nada nuevo. No cabe duda que parece haberse descubierto el Mediterráneo. Sí es cierto que se puede afirmar que algunas cuestiones que hasta el momento se habían dado por sentadas no responden a la realidad. Así, no hay ámbitos con especial presencia de eclesiásticos. Ni siquiera donde suponen una mayoría ésta es realmente significativa, pues rara vez supera el 50%. Sí hay algunos ámbitos geográficos en los que hay un pequeño predominio frente a los laicos: Francia, Aragón y, en menor medida, el 71

VILLARROEL GONZÁLEZ, (en prensa 2). VILLARROEL GONZÁLEZ, (en prensa 2); VILLARROEL GONZÁLEZ, 2007. 73 VILLARROEL GONZÁLEZ, (en prensa 2); VILLARROEL GONZÁLEZ, 2017b. 74 VILLARROEL GONZÁLEZ, (en prensa 2); FERNÁNDEZ GALLARDO, 2002, 133-160 y 158-208; ÁLVAREZ PALENZUELA, 1992, 55-70 y 81-95. 75 Buen ejemplo es el tan mencionado caso del ANP, K1711, trabajo que realizo en estos momentos. 72

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papado. Pero incluso en estos casos nos encontramos con una importante alternancia entre ambos grupos. Sí es cierto también que podemos encontrar importantes cambios según avanzan los tiempos desde el siglo XIII al XV. En el siglo XIII se ha constatado una aparente mayoría eclesiástica, algo solo mediatizado por los pocos datos aún conocidos. Esta situación cambiaría drásticamente en los siglos siguientes. En el siglo XIV la presencia de eclesiásticos desempeñando esas labores al servicio de la monarquía fue muy reducido, siendo una notable minoría que apenas superaba el 30%. El siglo XV supuso una pequeña matización de lo ocurrido en el pasado, lo que ya se ha indicado que puede deberse al gran peso que las cuestiones eclesiásticas tuvieron en la diplomacia del final del medievo; pero incluso así no superó el 50%. A la hora de atender el papel más o menos significativo de los eclesiásticos en esas misiones, sin embargo, no cabe sino concluir que queda mucho por hacer. En este sentido se hace necesario un análisis misión por misión, y eso es algo que, en muchos de los casos, está por hacer. Lo conocemos para algunos casos del siglo XV, que se han comentado. En esos sí parecen tener un papel especialmente relevante: son misiones de especial importancia por diversas causas. Se podría decir que algunas de esas misiones colaboran realmente en la construcción de la diplomacia regia, en sus formas y en sus usos76. Sin embargo nos resta un conocimiento más exhaustivo de los siglos XIII y XIV para saber si esto es realmente una novedad o si continuaba tónicas pasadas. Con ello, cerramos este capítulo con más preguntas que respuestas, puesto que aún hemos de profundizar mucho más en la diplomacia castellana para poder llegar a conclusiones firmes en este sentido, y que nos permitan realmente responder a la cuestión de si los eclesiásticos tuvieron un peso fundamental o no en la diplomacia castellana del final de la Edad Media.

76

VILLARROEL GONZÁLEZ, (en prensa 2).

259

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6. Anexo - tabla de embajadores, año y misión Sancho

Clérigo

García Martínez Toledo Sancho

Noble

Arzobispo electo de Toledo Caballero

1255

Inglaterra

PARÍS,1880, V, 509

1255

Inglaterra

PARÍS,1880, V, 509

1255

Francia

5-6.

1255

Francia

DAUMET, 1912, ANP, J599, nº 4 DAUMET, 1912, ANP, J599, nº 4 DAUMET, 1912, ANP, J599, nº 4

5-6.

de Clérigo

Viviano

Clérigo

Arzobispo electo de Toledo Arcediano de Toledo

García Martínez de Toledo Rodrigo Fernández de Cardeña García Pérez

Noble

Caballero

1255

Francia

Noble

Caballero

1255

Francia

DAUMET, 1912, ANP, J599, nº 4

Clérigo

1256

Imperio

Juan Martínez Enrique el Toscano Fernando García García Jofré

Clérigo

1266

Francia

1266

Francia

Clérigo

Arcediano de Marruecos Obispo electo de Cádiz, franciscano Portero mayor de la corte imperial Arcediano de Niebla

1269

Francia

Noble

Caballero

1269

Francia

Pedro Cabezón Gutierre Garcés Juan Arias

Oficial

Notario

1270

Francia

Clérigo

Arcediano de Treviño

1277

Aragón

1277

Aragón

Infante Manuel Fernán Pérez

Noble

1278

Aragón

Clérigo

Hermano del Alfonso Deán de Sevilla

1278

Aragón

Frédulo (según Eubel) Pelayo Pérez

Clérigo

Obispo de Oviedo

1278

Roma

DAUMET, 1912, 10. ANP, J600 nº 18 DAUMET, 1912, 11 Y SS. ANP, J599, nº 5 DAUMET, 1912, 11 Y SS. ANP, J599, nº 5 DAUMET, 1912, 15. ANP, J599, nº 8-2. DAUMET, 1912, 15. ANP, J599, nº 8-2. DAUMET, 1912, 16. ANP, J500, nº 10-1 ZURITA, 2003, Libro IV, cap. III, 4 ZURITA, 2003, Libro IV, cap. III, 4 ZURITA, 2003, Libro IV, cap. VI, 8 ZURITA, 2003, Libro IV, cap. VI, 8 DAUMET, 1912, 57

Clérigo

Arcediago de Astorga

1280

Belo Arculis

Oficial

Portero de la cámara del rey

1280

Aix en Provence Aix en Provence

de

Oficial

rey

DAUMET,1912, 66 DAUMET,1912, 66

260

5-6. 5-6.

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Pedro Regio Frédulo

de

Oficial

Protonotario

1280

Clérigo

Obispo de Oviedo

1281

Aix en Provence Roma

(según Eubel) Clérigo Clérigo

Obispo de Cádiz Obispo de Calahorra

1282 1286

Francia Francia

Gómez García Toledo Gonzalo

Clérigo

Abad de Valladolid y notario mayor de León

1286

Francia

Clérigo

Arzobispo de Toledo

1286

Francia

Alonso

Clérigo

Obispo de Burgos

1286

Francia

Martín

Clérigo

Obispo de Calahorra

1286

Francia

Gómez García de Toledo Lope Díaz de Haro Martín

Clérigo

Abad de Valladolid e notario mayor de Léon

1286

Francia

1287

Aragón

1288

Francia

Rodrigo Velázquez Gonzalo

Clérigo

1288

Francia

Clérigo

Obispo de Astorga e notario mayor del reino de León Canónigo de Santiago y Lugo Arzobispo de Toledo

1292

Francia

Juan Fernández Nuño

Clérigo

Chantre de Palencia

1294

Francia

Clérigo

Obispo de Palencia

1294

Francia

Nicolás

Oficial

1294

Francia

Pascasio Martínez Rodrigo

Oficial

Consejero y médico del rey Juez de la corte

1294

Francia

1305

Francia

de

Noble Clérigo

Noble de

del

rey

don

DAUMET, 1912, 79-80 Crónica del rey don Alfonso décimo, 1876, 72 Crónica del rey don Alfonso décimo, 1876, 72. Crónica del rey don Alfonso décimo, 1876, 74. Crónica del rey don Alfonso décimo, 1876, 74. Crónica del rey don Alfonso décimo, 1876, 74. Crónica del rey don Alfonso décimo, 1876, 74. Crónica del rey don Alfonso décimo, 1876, 78. DAUMET, 1912, 98 y ss.; ANP, J 600, nº 20 DAUMET, 1912, 98 y ss.; ANP, J 600, nº 20 Crónica del rey don Alfonso décimo, 1876, p. 86 DAUMET, 1912, 113; ANP, J915, nº 6 DAUMET, 1912, 120; ANP, J915, nº 26 DAUMET, 1912, 120; ANP, J915, nº 26 DAUMET, 1912, 120; ANP, J915, nº 26 DAUMET, 1912, 132; ANP, J601, nº 39, 40 y

Atienza Nicolás

Crónica

Alfonso décimo, 1876, 60.

Suero Martín

Pérez

DAUMET,1912, 66

40bis Oficial

Médico del rey

1305

Francia

DAUMET, 1912, 132; ANP, J601, nº 39, 40 y 40bis

261

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Gonzalo de Hinojosa Martín Fernández de Portocarrero Gil de Albornoz Fernán Sánchez Fernán Sánchez Alfonso Martínez Hugo de Alcana Fernán Rodríguez de Villalobos Diego Ramírez de Guzmán Juan Hurtado de Mendoza Alfonso Fernández Coronel Albar García de Ibles

Clérigo

Obispo de Burgos

1317

Francia

Oficial

Mayordomo mayor del infante Pedro

1335

Navarra

Clérigo

1335

Navarra

1335

Navarra

1336

Francia

Noble

Arcediano de Calatrava Notario mayor de Castilla Caballero, notario mayor de Castilla Caballero

1336

Francia

Noble

Caballero

1336

Francia

Noble

Caballero

1337

Portugal

Clérigo

Luego obispo de León

1340

Internacional

Oficial

Gil

de

Oficial Oficial

DAUMET, 1912, 135; ANP, J601, nº 29 Crónica de don Alfonso el onceno, 1876, 271 Crónica de don Alfonso el onceno, 1876, 271 Crónica de don Alfonso el onceno, 1876, 271 DAUMET, 1898, 4; ANP, J601, nº 33 DAUMET, 1898, 4; ANP, J601, nº 33 DAUMET, 1898, 4; ANP, J601, nº 33 Crónica de don Alfonso el onceno, 1876, 292 Crónica de don Alfonso el onceno, 1876, 286

Noble

1340

Crónica de don Alfonso el onceno, 1876, 286. Crónica de don Alfonso el onceno, 1876, 352

Noble

1342

Papado

Juez de la casa del rey

1342

Papado

Clérigo

Arzobispo de Toledo

1342

Francia

Alfonso Ortiz Calderón

Clérigo

Prior de san Juan

1342

Papado

Gómez

Oficial

Jurista

1342

Portugal

SERRANO, 1915, 13; Crónica de don Alfonso el onceno, 1876, 347 MOXO, 1975, 285

Oficial

Canciller

1342

Portugal

MOXO, 1975, 285

SERRANO, 1915, 5; Archivo Secreto Vaticano (en adelante ASV), Registra Supplicationum, 1-1, 108r. SERRANO, 1915, 11-12

Albornoz

Fernández de Soria Juan Estébanez de Castellanos

262

Comunicación política y diplomacia en la Baja Edad Media Néstor Vigil Montes (coord.) ____________________________________________________________________________

García Fernández de Boneso Rodrigo Alonso de Logroño Gonzalo

Noble

Caballero

1344

Papado

SERRANO, 1915, 21

Clérigo

Abad de san Miguel de Alfaro

1344

Papado

SERRANO, 1915, 23

Clérigo

Obispo de Sigüenza

1345

Francia

Ferrán Sánchez de Valladolid Juan Hurtado de Mendoza Gil de Albornoz Alfonso Fernández Coronel Fernán Sánchez Juan Martínez de Madrid Juan Sánchez de las Roelas

Oficial

1345

Francia

DAUMET, 1898, ANP, J602, nº 41 DAUMET, 1898, ANP, J602, nº 41

Alvar García de Albornoz

Noble

Gómez Fernández de Soria Samuel Levi

Oficial

Oficial

Tesorero del rey

García Gutiérrez Tello Martín López de Córdoba Diego Sánchez de Terrazas Álvaro Sánchez de Cuéllar

Oficial

Juez de Sevilla

Noble

Caballero

1345

Clérigo

Arzobispo de Toledo

1346

Noble

Inglaterra Francia

1346 Francia

Oficial

1346

12; 12;

RYMER, 1739, II-4, 186 y ss. DAUMET, 1898, 15; ANP, J602, nº 45 DAUMET, 1898, 15; ANP, J602, nº 45

Francia

DAUMET, 1898, ANP, J602, nº 45

Inglaterra

MOXO, 1975, 286.

15;

Oficial 1347 Clérigo

Obispo Segovia

electo

de

Crónica de el onceno, J603, 51 Crónica de el onceno, J603, 51

don Alfonso 418; ANP,

1351

Francia

1351

Francia

1358

Portugal

LOPES, 1895, CAP. 15, 60l

1358

Portugal

LOPES, 1895, CAP. 15, 60

1358

Portugal

LOPES, 1895, CAP. 15, 60

1362

Inglaterra

RUSSELL, 1955, 38

Noble

Maestre de Alcántara, luego Caballero

1362

Inglaterra

RYMER, 1740, III-2, 6061

Oficial

Bachiller en decretos

1362

Inglaterra

RYMER, 1740, III-2,6061

Noble

Gobernador de Sevilla

don Alfonso 418; ANP,

263

Comunicación política y diplomacia en la Baja Edad Media Néstor Vigil Montes (coord.) ____________________________________________________________________________

Sancho

Clérigo

Obispo de Oviedo

Navarra 1364

Ruy Bernal

Juan

Lope Fernández Gaytán Juan Gutiérrez Álvaro García de Albornoz Domingo de Arroyuelo Juan Juan Fernández León de

Clérigo ? Clérigo

Navarra 1364 Obispo de Sigüenza

Clérigo

Deán de Segovia

Noble

Mayordomo del rey Enrique II

Clérigo

Obispo de Burgos

Clérigo

Obispo de Badajoz, canciller mayor Camarero del infante Juan Almirante (maiorem

Oficial Noble

Bocanegra

capitaneum maris)

Alfonso Pérez de Guzmán Alvar García de Albornoz Domingo de Arroyuelo Diego López Pacheco Juan García Manrique Alfonso

Noble

Juan Ramírez de Arellano

Noble

1368

Aragón

1368

Aragón

1369

Inglaterra

MASIÀ, 1994, 336 1370

Aragón

1370

Aragón

1371

Francia

1371

Francia

1371

Francia

Señor de Gibraleón

Noble Clérigo

Obispo de Burgos

Noble

Noble portugués

Clérigo

Obispo de Sigüenza

Clérigo

Obispo de Salamanca

ARRANZ, 1993, 31; Archivo General de Navarra (AGN), Comptos, caj. 25, nº 49 ARRANZ, 1993, 31; AGN, Comptos, caj. 25, nº 49 GUTIÉRREZ, 1951, 255; Archivo Municipal de Murcia (en adelante AMM), Cartularios Reales, 795, 7r. GUTIÉRREZ, 1951, 255; AMM, Cartularios Reales, 795, 7r RUSSELL, 1955, 144

1371

Portugal

1371

Aragón

1371

Aragón

1372

Portugal

1372

Portugal

1373

Aragón

1373

Aragón

MASIÀ, 1994, 336 DÍAZ MARTÍN, 1988, 67 DÍAZ MARTÍN, 1988, 67 DÍAZ MARTÍN, 1988, 67 DÍAZ MARTÍN, 1988, 67 DÍAZ 67 DÍAZ 67 DÍAZ 67 DÍAZ 67 DÍAZ 67 DÍAZ 67

MARTÍN, 1988, MARTÍN, 1988, MARTÍN, 1988, MARTÍN, 1988, MARTÍN, 1988, MARTÍN, 1988,

264

Comunicación política y diplomacia en la Baja Edad Media Néstor Vigil Montes (coord.) ____________________________________________________________________________

Pedro Fernández de Velasco Juan Ramírez de Arellano Fernán Sánchez Tovar Alfonso

Oficial

Camarero mayor del rey

Noble

Caballero

Noble

Almirante

Clérigo

1374

Francia

1374

Francia

1374

Portugal

Obispo de Salamanca 1374

Juan Ramírez de Arellano

Noble

Pedro Fernández de Velasco Alfonso Barrosa Gutierre Gómez

Oficial

Juan de Trastámara

Noble

Gutierre

Clérigo

Martín

Juana

Pedro González de Velasco Pedro González de Mendoza Fernán Pérez de Andrade

Camarero mayor del rey

Clérigo

Obispo de Salamanca

Clérigo

Obispo de Palencia

Clérigo

Noble

Oficial

Oficial

Noble

Aragón

LÓPEZ DE AYALA, 1991, 477 DÍAZ MARTÍN, 1988, 67 GARCÍA ISAAC, 2015, 136; Archivo de la Corona de Aragón (en adelante ACA), CR, reg. 1543, f. 123r. GARCÍA ISAAC, 2015, 136; ACA, Cancillería Regia, reg. 1543, f. 123r. LÓPEZ DE AYALA, 1991, 487

Aragón

1375

Internaci onal

1375

Internaci onal

1375

Aragón

1375

Aragón

1375

Aragón

1375

Aragón

1375

Aragón

1375

Aragón

LÓPEZ DE AYALA, 1991, 487 GARCÍA ISAAC, 2015, 136; ACA, Cancillería Regia, reg. 1543, f. 123r. GARCÍA ISAAC, 2015, 136; ACA, Cancillería Regia, reg. 1543, f. 123r GARCÍA ISAAC, 2015, 136; ACA, Cancillería Regia, reg. 1543, f. 123r GARCÍA ISAAC, 2015, 136; ACA, Cancillería Regia, reg. 1543, f. 123r GARCÍA ISAAC, 2015, 136; ACA, Cancillería Regia, reg. 1543, f. 123r DÍAZ MARTÍN, 1988, 68

1375

Aragón

DÍAZ MARTÍN, 1988, 68

1376

Portugal

Obispo de Palencia

Obispo de Plasencia

Reina de Castilla

Alférez mayor

Noble

AYALA,

1374

Infante de Castilla

Camarero mayor del rey

LÓPEZ DE 1991, 477

DÍAZ MARTÍN, 1988, 67 265

Comunicación política y diplomacia en la Baja Edad Media Néstor Vigil Montes (coord.) ____________________________________________________________________________

Ruy Bernal

Clérigo

Arcediano Cuenca?

Pedro Fernández Juan Ramírez de Arellano Pedro López de Ayala Pedro López de Ayala Ruy Bernal

Clérigo

Arcediano de Treviño

Pedro Fernández de Treviño Álvaro Martínez Nicolás de Viedma Juan de Trastámara Pedro López de Ayala Juan Alfonso de Algana Ruy Bernal

Noble Noble Noble Oficial

1376

Papado

1376

Papado

1376

Papado

1376

Aragón

1378

Francia

1378

Francia

1378 Clérigo obispo Noble

Luego obispo de 1378 Cuenca ? Obispo de Cuenca 1378 Infante de Castilla

Noble Oficial

Doctor en leyes

Oficial

Pedro López

Oficial

Ruy Bernal

Oficial

Fernando de Illescas Íñigo Ortiz de Stúñiga Diego López

Clérigo

Doctor

Confesor del rey

Noble Noble

de Stúñiga Pedro Fernández Pedro López de Ayala

Clérigo

Arcediano de Treviño

Noble

Alférez del rey

Juan Alfonso de Algana

Clérigo

Deán de Burgos, doctor en leyes

Francia Papado Papado

1379

Navarra

1380

Francia

1380

Francia

1380

Francia

1380

Francia

1380

Papado

1380

Papado

1380

Portugal

1380

Aragón

1380

Aragón

1381

Francia

1381

Francia

DÍAZ 68 DÍAZ 68 DÍAZ 68 DÍAZ 69 DÍAZ 69 DÍAZ 69 DÍAZ 69

MARTÍN, 1988, MARTÍN, 1988, MARTÍN, 1988, MARTÍN, 1988, MARTÍN, 1988, MARTÍN, 1988, MARTÍN, 1988,

SERRA ESTELLÉS, 2010, 45 SERRA ESTELLÉS, 2010, 47 DÍAZ MARTÍN, 1988, 69 DAUMET, 1898, 44 DAUMET, 1898, 44 DÍAZ 69 DÍAZ 72 DÍAZ 73 DÍAZ 73 DÍAZ 74 DÍAZ

MARTÍN, 1988, MARTÍN, 1988, MARTÍN, 1988, MARTÍN, 1988, MARTÍN, 1988, MARTÍN, 1988,

74 DÍAZ MARTÍN, 1988, 74 DAUMET, 1898, 46; ANP, J603, nº 62bis DAUMET, 1898, ANP, J603, nº 62bis

266

46;

Comunicación política y diplomacia en la Baja Edad Media Néstor Vigil Montes (coord.) ____________________________________________________________________________

Ruy Bernal

Oficial

Pedro López

Oficial

Doctor

Pascasio García Álvaro

Clérigo

Deán de Orense

Clérigo

Obispo de Zamora

Juan García Manrique Juan García Manrique Alfonso López de Tejada Pedro López de Ayala

Clérigo

Arzobispo Compostela Arzobispo Compostela

Juan Alfonso de Algana

Oficial

Ruy Bernal

Oficial

Pedro López

Clérigo

de de

1381

Francia

1381

Francia

1381

Aragón

1381

Aragón

1382

Portugal

1382

Portugal

Noble 1383

Portugal

Noble

Oficial

Francia

1384

Francia

1384

Francia

1384

Francia

1384

Portugal

1384

Papado

1386

Lancaster

1387

Francia

1387

Lancaster

1387

Lancaster

1387

Lancaster

Doctor

Doctor

Pedro Fernández de Velasco Tello González Juan Serrano

Clérigo

Prior de Guadalupe

Pedro López

Clérigo

Arcediano de Alcaraz

Fernando de Illescas

Clérigo

Confesor del rey

Pedro Sánchez del Castillo Alvar Martínez de Villarreal

Oficial

Oficial

1384

Doctor

DÍAZ 69 DÍAZ 72 DÍAZ 74 DÍAZ 74 DÍAZ 74 DÍAZ 74 DÍAZ 74

MARTÍN, 1988, MARTÍN, 1988, MARTÍN, 1988, MARTÍN, 1988, MARTÍN, 1988, MARTÍN, 1988, MARTÍN, 1988,

SUÁREZ FERNÁNDEZ, 1959, 55; RYMER, 1738, VII, 439-441 SUÁREZ FERNÁNDEZ, 1959, 55; RYMER, 1738, VII, 439-441 SUÁREZ FERNÁNDEZ, 1959, 55; RYMER, 1738, VII, 439-441 SUÁREZ FERNÁNDEZ, 1959, 55; RYMER, 1738, VII, 439-441 DÍAZ MARTÍN, 1988, 74 BEOLCHINI, 2011, 110111 LÓPEZ DE AYALA, 1991, 618 DAUMET, 1898, 50; ANP, J603, 63. PALMER, 1988, 15; ASV, Registra Avinionensia, 251, 358r PALMER, 1988, 15; ASV, Registra Avinionensia, 251, 358r PALMER, 1988, 15; ASV, Registra Avinionensia, 251, 358r 267

Comunicación política y diplomacia en la Baja Edad Media Néstor Vigil Montes (coord.) ____________________________________________________________________________

Pedro López de Ayala Pedro Fernández de Frías Fernando de Illescas Álvaro Martínez

Noble

Pedro López

Clérigo

Clérigo

Enviado a Bayona ante Juan de Gante Obispo de Osma

Clérigo

Confesor del rey

Oficial

Oidor de la Audiencia

Álvaro Martínez

Oficial

Pedro López

Clérigo

Fernando de Illescas

Clérigo

Pedro Sánchez Castillo

Oficial

Doctor y arcediano de Toledo

Doctor y arcediano de Toledo

Lancaster

1389

Lancaster

1389

Lancaster

1389

Lancaster

1389

Lancaster

1389

Internaci onal

1389

Internaci onal

1389

Portugal

1389

Portugal

1389

Portugal

1391

Francia

1391

Francia

1391

Francia

1392

Portugal

1392

Portugal

1392

Portugal

1394

Francia

Oidor

Confesor del rey

del

Alfonso Sánchez

Oficial

Alfonso de Egea Diego Fernández Ruy Bernal

Clérigo

Obispo de Zamora

Noble

Mariscal

Oficial

Oidor de la Audiencia real

Pedro López de Ayala Antón Sánchez Juan Serrano

Noble

Lope Mendoza

Clérigo

de

1389

Oficial

Doctor

Clérigo

Antiguo prior de Guadalupe Obispo de Mondoñedo

LÓPEZ DE 1991, 645 LÓPEZ DE 1991, 645

AYALA, AYALA,

LÓPEZ DE AYALA, 1991, 645 SUÁREZ FERNÁNDEZ, 1971, I, 205-206; DÍAZ MARTÍN, 1988, 73 SUÁREZ FERNÁNDEZ, 1971, I, 205-206; DÍAZ MARTÍN, 1988, 73 SUÁREZ FERNÁNDEZ, 1971, I, 205-206; DÍAZ MARTÍN, 1988, 73 SUÁREZ FERNÁNDEZ, 1971, I, 205-206; DÍAZ MARTÍN, 1988, 73 SUÁREZ FERNÁNDEZ, 1971, I, 307; AGS, Patronato Real, leg. 47, doc. 1 SUÁREZ FERNÁNDEZ, 1971, I, 307; AGS, Patronato Real, leg. 47, doc. 1 SUÁREZ FERNÁNDEZ, 1971, I, 307; AGS, Patronato Real, leg. 47, doc. 1 DAUMET, 1898, 60; ANP, J603, Nº 69 DAUMET, 1898, 60; ANP, J603, Nº 69 DAUMET, 1898, 60; ANP, J603, Nº 69 DÍAZ MARTÍN, 1988, 76 DÍAZ MARTÍN, 1988, 76 DÍAZ MARTÍN, 1988, 76 DAUMET, 1898, 64; ANP, J604, 73 268

Comunicación política y diplomacia en la Baja Edad Media Néstor Vigil Montes (coord.) ____________________________________________________________________________

Fernando de Illescas Alfonso Rodríguez Pedro López de Ayala Domingo Fernández Vicente Arias de Balboa Antón Sánchez Pedro Martínez Álvaro de Isorna García González de Herrera Antón Sánchez Garcí González de Herrera Pedro Sánchez Pedro López de Ayala

Clérigo

Lope Mendoza

Clérigo

de

Oficial

Fraile, confesor Juan I Doctor en leyes

de

Noble Clérigo

Tesorero de Oviedo

Clérigo

Arcediano de Toledo

Oficial

Doctor

Clérigo

Obispo de Cuenca

Noble

Mariscal

Clérigo

Doctor

Noble

Mariscal

1394

Francia

1394

Francia

1395

Francia

1395

Francia

1395

Francia

1395

Portugal

1395

Portugal

1395

Francia

1396

Portugal

1396

Portugal

1396

Portugal

1396

Portugal

1396

Francia

1396

Francia

1396

Francia

1396

Francia

1397

Inglaterra

1397

papado

Noble

Fernando de Illescas

Oficial

Alfonso Rodríguez

Oficial

Obispo de Mondoñedo

Confesor del rey

Doctor

¿?

Alfonso Rodríguez

Oficial

Doctor

DAUMET, 1898, 64; ANP, J604, 73 DAUMET, 1898, 64; ANP, J604, 73 DAUMET, 1898, 63; ANP, J994, 6 DAUMET, 1898, 63; ANP, J994, 6 DAUMET, 1898, 63; ANP, J994, 6 DÍAZ MARTÍN, 1988, 77 DÍAZ MARTÍN, 1988, 77 DÍAZ MARTÍN, 1988, 78 BECEIRO PITA, 1997, 1737 DÍAZ MARTÍN, 1988, 77 DÍAZ MARTÍN, 1988, 77 DÍAZ MARTÍN, 1988, 77 SUÁREZ FERNÁNDEZ, 1960, 31; DAUMET, 1898, 64 SUÁREZ FERNÁNDEZ, 1960, 31; DAUMET, 1898, 64 SUÁREZ FERNÁNDEZ, 1960, 31; DAUMET, 1898, 64 SUÁREZ FERNÁNDEZ, 1960, 31; DAUMET, 1898, 64 SUÁREZ FERNÁNDEZ, 1960, 34; RYMER, 1738, VII, 848-849 DÍAZ MARTÍN, 1988, 77; BELTRÁN DE HEREDIA, 1970, I, 154

269

Comunicación política y diplomacia en la Baja Edad Media Néstor Vigil Montes (coord.) ____________________________________________________________________________

Fernando

Lorenzo Suárez Figueroa

Oficial

Noble

Maestro, secretario de Pedro Tenorio

Ruy López Dávalos Pedro

Noble

Maestre de Santiago

Clérigo

Obispo de Palencia

Diego Fernández Fernán Pérez de Ayala

Noble

Mariscal

Alfonso Aguilar

Clérigo

Alfonso Rodríguez de Salamanca Alfonso de Argüello Enrique Payo de Soto Hernán Sánchez

papado

1399

Portugal

1399

Portugal

1399

Portugal

1399

Portugal

1401

Francia

1401

Francia

1401

papado

1401

papado

1401

Tamerlán

1401

Tamerlán

Maestre de Santiago

de

de

1398

Noble

Fraile, su confesor

Doctor

Clérigo

de

DÍAZ MARTÍN, 1988, 77; BELTRÁN DE HEREDIA, 1970, I, 154 BECEIRO PITA, 1997, 1737; SUÁREZ FERNÁNDEZ, 1960B, 114-115 DÍAZ MARTÍN, 1988, 77 DÍAZ MARTÍN, 1988, 77 DÍAZ MARTÍN, 1988, 77 DAUMET, 1898, 66; AGS, Estado-Francia, 1482, B1 DAUMET, 1898, 66; AGS, Estado-Francia, 1482, B1 DÍAZ MARTÍN, 1988, 78 DÍAZ MARTÍN, 1988, 78 GONZÁLEZ DE CLAVIJO, 1999, 25 GONZÁLEZ DE CLAVIJO, 1999, 25

Palazuelos Ruy López Dávalos

Noble

Pedro Fernández

Oficial

Gonzalo

Oficial

Condestable Castilla

Moro

de 1402

Portugal

1402

Inglaterra

1403

Inglaterra

BECEIRO PITA, 1997, 1737; SUÁREZ FERNÁNDEZ, 1960B, 159-164 DÍAZ MARTÍN, 1988, 76; GOÑI GAZTAMBIDE, 1963, 197 DÍAZ MARTÍN, 1988, 76; AGS, Estado-Castilla, leg. 1-1, f. 54

Pedro Fernández

Oficial

Contador 1403

papado

DÍAZ MARTÍN, 1988, 77;SUÁREZ FERNÁNDEZ, 1960, 49 270

Comunicación política y diplomacia en la Baja Edad Media Néstor Vigil Montes (coord.) ____________________________________________________________________________

Pedro Yáñez

Oficial

Ruy González de Clavijo Alonso Páez de Santa María Gómez de Salazar

Noble

Juan Alfonso de Madrid Gonzalo Moro Juan Alfonso de Madrid Alfonso de Egea Alfonso de Argüello Fernán Pérez de Ayala Alfonso de Alcocer Alfonso de Alcocer Alfonso de Stúñiga Alfonso Rodríguez Juan

Clérigo

Pedro Villegas Pedro Sánchez del Castillo Pedro Venegas Juan Rodríguez de Villalón

Doctor y secretario del Consejo

1403

papado

1403

Tamerlán

1403

Tamerlán

1403

Tamerlán

1404

papado

1404

papado

1405

papado

1405

papado

1405

papado

1405

papado

1405

papado

1406

papado

1406

papado

1406

papado

1407

Portugal

1407

Portugal

1407

Portugal

1407

Portugal

1407

papado

Clérigo

Noble

Clérigo

Arzobispo de Sevilla

Clérigo

Obispo de León

Noble Clérigo

Confesor del rey

Clérigo

Confesor del rey

Noble Oficial

Jurista

Clérigo

Obispo de Sigüenza

Oficial

Noble Clérigo

Doctor

Alcalde mayor Córdoba Prior de Medina

de

DÍAZ MARTÍN, 1988, 77; SUÁREZ FERNÁNDEZ, 1960, 49 DÍAZ MARTÍN, 1988, 78; GONZÁLEZ DE CLAVIJO, 1999, 31 DÍAZ MARTÍN, 1988, 78; GONZÁLEZ DE CLAVIJO, 1999, 31 DÍAZ MARTÍN, 1988, 78; GONZÁLEZ DE CLAVIJO, 1999, 31 DÍAZ MARTÍN, 1988, 77 AGS, Estado-Castilla, 11, f. 54 DÍAZ MARTÍN, 1988, 77 DÍAZ MARTÍN, 1988, 78 AGS, Estado Castilla, 11, f. 53 DÍAZ MARTÍN, 1988, 78 DÍAZ MARTÍN, 1988, 78 DÍAZ MARTÍN, 1988, 78 DÍAZ MARTÍN, 1988, 78 DÍAZ MARTÍN, 1988, 78 DÍAZ MARTÍN, 1988, 80; BELTRÁN DE HEREDIA, 1970, I, 186 DÍAZ MARTÍN, 1988, 80 DÍAZ MARTÍN, 1988, 80 DÍAZ MARTÍN, 1988, 80 SUÁREZ FERNÁNDEZ, 1960, 278

271

Comunicación política y diplomacia en la Baja Edad Media Néstor Vigil Montes (coord.) ____________________________________________________________________________

Fernando García Pedro Fernández Diego López

Clérigo Clérigo

Bachiller y capellán de la reina Arcediano del Alcor

Clérigo

Arcediano de Deza

Fernán Gutiérrez de Vega Juan González de Acevedo Fernando Martínez Dávalos Gonzalo Moro Sancho de Rojas Diego López de Stúñiga Pedro Sánchez del Castillo Diego de Anaya

Oficial

Repostero mayor del infante Fernando

Alonso Pimentel

Noble

de

Oficial

1407

papado

1407

papado

1409

Aragón

SUÁREZ FERNÁNDEZ, 1960, 278 SUÁREZ FERNÁNDEZ, 1960, 281 VILLARROEL GONZÁLEZ, 2011, 133 DÍAZ MARTÍN, 1988, 81

Aragón

DÍAZ MARTÍN, 1988, 81

1409

papado

BELTRÁN DE HEREDIA, 1970, I, 258

1410

Inglaterra

1410

Aragón

1410

Aragón

1409 Clérigo

Oficial

Doctor en leyes

Clérigo

Obispo de Palencia

Noble

Justicia mayor

Oficial

Doctor, consejero

Clérigo

oidor, 1410

Clérigo

Arcediano de Cuenca

Álvaro Isorna

Clérigo

Obispo de Zamora

1420

Francia

1421

Francia

Arzobispo de Toledo

Clérigo

MARTÍN, 1988, MARTÍN, 1988, MARTÍN, 1988, MARTÍN, 1988,

DAUMET, 1898, 75; Crónica del rey don Juan el segundo, 382 DAUMET, 1898, 75; Crónica del rey don Juan el segundo, 382.

Concilio

Arzobispo de Toledo

Obispo de Plasencia

DÍAZ 80 DÍAZ 81 DÍAZ 81 DÍAZ 81

MILLER, 1984, 404 1423

Clérigo

Aragón

Arzobispo de Sevilla

Clérigo

Gonzalo de Santa María

papado

Doctor

Juan Martínez Contreras Juan Martínez Contreras Juan Carrillo de

1407

1431

Aragón

1434

Francia

1434

Concilio

1436

Concilio

VILLARROEL GONZÁLEZ, 2002, 6870 DAUMET, 1898, 85; ANP J604, nº 80 VILLARROEL GONZÁLEZ, 2010a, 188200 SUÁREZ FERNÁNDEZ, 1960, 356

272

Comunicación política y diplomacia en la Baja Edad Media Néstor Vigil Montes (coord.) ____________________________________________________________________________

Diego Valera

de

Alfonso de Brigianos Íñigo Arceo

Clérigo

Noble

Caballero de Álvaro de Luna

1444

Francia

1444

Francia

1444

Francia

1454

Francia

1454

Francia

1454

Francia

1456

Francia

1456

Francia

1456

Francia

1457

Francia

1457

Francia

de

Juan Manuel Fortun Velázquez de Cuellar Alonso de Paz Fortún Velázquez de Cuéllar Juan Manuel Alfonso Álvarez Juan Manuel Alfonso Álvarez Luis González de Atienza Íñigo de Arceo Alonso de Palenzuela Luis González de Atienza

Oficial Clérigo

Guarda mayor del rey Deán de Segovia, protonotario apostólico

Oficial

Doctor en leyes

Clérigo

Consejero del rey

Oficial Oficial

Consejero del rey Consejero del rey

Oficial

Doctor

Clérigo

Protonotario apostólico

Clérigo Clérigo

Obispo de Ciudad Rodrigo Protonotario regio

DAUMET, 1898, 86-87; Crónica del rey don Juan el segundo, 618-619 DAUMET, 1898, 87; Crónica del rey don Juan el segundo, 618-619 DAUMET, 1898, 87; Biblioteca Nacional de Francia, ms.lat. 5056, ff. 138-139 DAUMET, 1898, 94 DAUMET, 1898, 94

DAUMET, 1898, 90 DAUMET, 1898, 97

DAUMET, 1898, 97 DAUMET, 1898, 97. DAUMET, 1898, 97 DAUMET, 1898, 97 DAUMET, 1898, 109

1466

Francia

1466

Francia

1467

Inglaterra

1470

Francia

DAUMET, 1898, 109 DAUMET, 1898, 109 DAUMET, 1898, 109

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