Colección de artículos publicados

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Spanish Pages [110] Year 1887

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COLECCION DE

ARTICULOS PUBLICADOS POR

Luis Carranza MEDICO

,

I75Eill.~, ) [~.

ACLIMATAOION DE

CLIMA. 8ENOU R AYMONDI.

L.~ UAZA BLANCA EN ALGUNOS

II. LA COSTA DEL PERU Y L AS SI NGUT,AnIDADES DE SU

PAISES DE LA ZONA TORRIDA.

lII . OCEL PERU D POR EL

I V. EL APURIMAC, EL ENI Y EL TAMBO, SEGUN

LAS EXPLORACIONES DEL SENOR SAMANES.

V.

1!JN :ll ONU~!ENTO ARQUEOLOGICO EN T ARMA.

VI.

APUNTES SOBRB LA RAiA

1.i MA IM:FRENTA DEL " COM:ERCIO."

3.ª

OUADRA DE AYACUOHO N. 0

1887

--

44.

'

Biblioteca Nadol\ol deI Perá CoiecctóI\. quechc.ra-a'}Il\.O.I'a

PAu1mr 1057

ACLIMATACION DE LA RAZA BLANCA :EN ALGUNOS PAISES DE LA ZONA TORRIDA

De los monumentos que han levantado las grandes revoluciones de la Tierra, exceptuando la cadena asiática del Himailaya, no ha.y ·ninguno que por su magnitud revele de una manera más imponente las formidables fuerzas expansivas de nuestro planeta, que este vasto y prodigioso agrupamiento de montañas que sin interrupcion se extienden desde el Estrecho de l\fagallanes hasta las soledades de Alaska, dando al Oontinente Americano una fisono,mía completamente distinta de la del mundo antiguo.-Allá los desier.tos y las estepas están apenas interrumpido,s por las barreras del Himalaya, del Altai, del Kouan-Lnng y por las pequeñas cadenas del Atlas y Jos montes abisínicos, perdidos en un espacio tal, que el nivel del antiguo continente subiría muy poco por el aplanamiento de esas masas. En América el terreno que1>rado de una p®rcion considerable de st1 suelo, solo ha dejado espacio para las pampas de Buenos Ayres, las sabanas del Orinoco, las del Missouri y el Mackensie, separadas por grandes regiones de ondulosa superficie; y si el promedio del nivel del Asia es superior en 66 m . al de la América, se-

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gun Humbolt, los desiertos inmenso-s del A.frica hacen bajar la attura de los tres continentes reunidos del hemisferio boreal, acas-0 en un guarismo mayor que éste; lo cual dá al continente americano una elevacion superior á la de'l antiguo ll~undo.-A este predominio relativo de las montañas sobre las llanuras, ha,y que· añadfr la diferencia de los contornos de los dos continentes: á los mares interiores y al litoral sinuoso del antiguo, se oponen en el nuestro, como contraste, dos inmensos océanos y el uniform0 delineamiento de sus- costas . Gran parte de esas diferencias, han provenido sin dnda de Ia dir·e ccion regular segun la cual obraron las· fuerzas· stir bterráneas al levantar los A ndes 1 dando á la América meridional ese perfil recto de sus costas occidentales; asi como su desig ual intensidad ha causado aquel trastorno asomb roso de los climas en e'l interior, di stribuyendo taB irregularmente las llanuras y las mo'ntafi.as; prepa·· raudo la naturaleza de esta manera para las sociedades humanas, comarcas que habiari de facilitar su prog reso y regiones que debían oponQr al hombre obstáculos· inm ens-os para el libre desarrollo de la civilizacion. ¡Qué conjunto de ventajas naturales en efecto, el que ofrecen la Re-pública Argentina, Ohile y Venezuela á la corriente de inmigracion earopea, al fá cil cambio y á la cómoda exportacion de sus productos· aun á los mercados mas remotos del mundo!-La primera, con una inmensa y fértil llanura, regada por rios navegables como el Plata;: con un clima templado y análogo á los mejores de la Europa; con un litoral bañ ado por el Atlántico, que acorta las distancias c€ln las costas mas civilizadas d.el globo; hacen de esa regfon una de las mejores del Universo para la prosperidad de cualquier sociedad hum ana . Chile, con un clima igual al de la República A rgentina; con un litoral aún mas extenso, y con un terreno sino llano, al menos muy poco quebrado; ofrece casi las mismas ventajas que aquel .Estado para la inmigracion y para ei comercio .· Una naturaleza mucho mas rica, extensísima costa, rio s tambien navegables, vastas llanuras y mayor proximidad á .Europa; hacen de la tierra de Venezuela una de· las comarcas mejor prepara·das para el establecimiento de un gran pueblo. Pero al lado de esas regiones tan felizmente dispuestas por la naturaleza para el progreso humano, cuántas hay que presentan grandísimos obstáculos á la civilizacion,-Así, Bolivia, el Perú, el

-3Ecuador y la Nueva Granada, con valles profundos, con bosques cerrados por altisimas montañas y climas inho spitalarios, precisamente en sus comarcas mas ricas.; con torrentes impetuosos y cimas inaccesibles, que hacen lento y algunas veces imposible el trasporte de mercaderfas y de .t oda comunicacion; con arenales sem ejantes á. los del Sahara, (;) bien.. costas secas y áridas, bañadas por el mas vasto y desierto de los mares; alejan á esas comarcas d·e los grandes c~mtros de tán representados por cien.to .diez millones., es decir, por mas de las \1.os terceras partes de lapoblacion total del Indost:1ll. Ningun ejemplo mas concluyente que éste para probar la prodig'iosa elasticidad del organisrno humano para adaptarse :aun á 1as condiciones físicas mas opuestas á su organismo; y la aptitud de aclimatacion que tan restringida supone Boudin en la famfüa blanca, se ostenta en la India con un poder casi ilimitado al frente no solo del cólera, que es un formidable .o bstáculo para el establecimiento de cualquier poblacion extranjera en esas regiones del Asia, sino tambien de las fiebres bilios&S, y de esa multitud de afecciones gastro-inte.stinales tan comunes en los climas cálidos, como funestas para los europeo,s. Los ingl.e ses necesitarán sin duda muchos siglos para poder aclim·a tarse en aquella colonia; pero la poblacion blanca .aborígene que arn. han encontrado, les manifiesta que, .al menos, n.o .e s inéom· patible es.e clima con la e:x:istencia de su raza. Octi.1 br.e 1:9 de 187 L

IV FIEBRE AMARILLA. Si climas ardientes en los cuales ha vivido siempre! Este asunto es de grandisima importancia para la inmigraciou europea á esta parte de la zona tórrida; y aunque no tenemos datos sobrados pa.ra llegar á conclusiones precisas, llamamos sin em~ bargo la atencion de n:uestr'Os lectores sobre este punto. Si la inmunidad, es decir, el poder del organismo para sustraerse á ciertas influencias patológicas, no fuese respecto á la fiebre ama• rilla, sino el resultado de uú primer ataque vencido, ó una cualidad. orgánica inherente á la raza africana, los europeos no podrían evi· tar los peligros de un mal tan grave, sino sometiéndose á los efectos mismos de tau terrible enfermedad: como sucedía en un tiempo· con la viruela, que era necesario inocularse su virus, precisamente· para adquirir su inmunidad. Semej.ante espectativa serfa una caus.a bastante poderosa para oponerse á una inmigraciou europea considerable á estos países;. pero felizmente las observaciones que hasta aquí se han hecho, de los estragos que el vómito produce entre los· habitantes extranjeros de las Antillas y de esta parte de América, parecen probar claramente que la acciou prolongada de los climas cálidos sobre el organislI'o puede, hasta cierto punto, suplir á la inmunidad adquirida despues del primer ataque de ese mal. En efe0to: no cabe la menor duda que en las epidemias de fiebre amarilla, sus estragos, entre los habitantes europeos, aumenta proporcionalmente á la baja temperatura; del país de donde han venido; y si se hace abstraccion de las razas, y solo nos fijamos en la correlacion que hay entre la energía de los efectos del miasma ::i,ma,r illo y la disminucion del calor de las l'eg ioues de donde proceden los individuos sometidos á su influenci a, se puetle estable-

-25cer rtna progresion creciente de su intensidad segun la elevacion de laJ latitud ó sea, segun el mayor grado de frio. Así pues, suponiendo que partiesen al mismo tiempo emigraciones de Jos diverses países de Europa y de las más cálidas regiones del Africa, para encontrarse en el golfo de Méjico, los estragos causados por el vómito negro llegarían á su máximum en el g rupo neerlandes, serían algo menores en el aleman , disminuirían aún más entre los franceses, y los españoles sufrirían m enos que éstos; se notaría mayor resistencia á la invasion de ese mal entre lo s emigrados del Africa ::;etentrional; y en fin, los del centro, serían casi refractarios al miasma amaril1o. Tal es al ménos el r es ultado de las observaciones generales que se han hecho ; lo cual manifiesta que el clima en donde nace el hombre tiene una intluencia poderosa en la mayor ó menor aptitµd patológica de su organismo para contraer aquella enfermedad. Pero hay mas todavía . Los emigrantes clainos á la costa del Perú, haJl sufrido muy poc0 con la ep1demia del vómito negro de estos últimos años; y esa inmunidad relativa solo puede atribuirse á los efectos del clima cálido de las prov incias meridionales del Imperio Ohino, de dondie proceden casi todos los coolies que aquí existen, porque n0 puede explicarse por la razon de un primer envenenamiento venci do , pues todos saben que la fiebre icteroide es completamente extraña á esas regiones del Asia. Así mismo tenemos t ambien otro ejemplo muy notable. Es sabido que los indios del Perú tienen tanta predisposicion como los eurnpeos para contraer la fiebre amarilla. En l a última epidemia, _ es decir en la del año de 1868, el vómito causó en ellos enormes estragos, y todo indio estuvo aquí tan expuesto á contraer la fiebre uomo cualquier escoúés recien llegado. Pero muy cerca de Lima hay una pot>lacion algo numerosa de indios que descienden de familias establecidas en el valle de Pachacam aic desde los tiempos mas remotos del Imperio, y est á n por consiguiente aclimatados, circunstancia que impidió que la fiebre amarilla produjese ent·r e ellos los desastrosos efectos que en los demás de su raza, llegados os de pro]í>ieda~l pública entre lo s r>·ad r es de ]os naeidos, segun 'las indicaciemes del censo, ve>lvien·