A study of nasality, denasality and articulatory defects 847914629X, 8479147091

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A study of nasality, denasality and articulatory defects
 847914629X, 8479147091

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AÑo

:"

CRISTIANO -y-

AÑO CRISTIANO

v Mayo

COORDINADORI'S

Lamberto de Echeverría (t) Bernardino Llorca (t) José Luis Repetto Betes

BIBLIOTECA DE AUTORES CRISTIANOS MADRID. 2004

IlustracIón de portada' Jumo final (detalle), Fra AngelJco. Guardas: ElJumo universal (detalle), GlOvanm cIJ Paolo. Dlseño: BAC

© BlblJoreca de Autores Cnstlanos Don Ramón de la Cruz, 57, Madnd 2004 Depóslto legal: M. 51.998-2002 ISBN: 84-7914-629-X (Obra completa) ISBN: 84-7914-709-1 (Tomo V) Impreso en España. Prmted m Spam.

ÍNDICE GENERAL

COLABORADORhS . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

IX

PRf. Judá lloró al profeta de sus llantos; pero el coloso tampoco estaba ya. MIGUEL MELENDRES Bibliografia (~eremías», en Blblta de Montserrat, vol.14 (1951). A ,jeremze Les LamentatlOns Le Itvre de Baruch (La samte Blble, Pans 1951) JI \r--, e ,jerémle. Sa polttlque, sa théologle (París 1913) RI( ( IOTII, J , I1ltvro di Geremla (rurín 192') ~(IIUW,R, 1 et al., Hlstona bíbltca, I (Barcelona 1945). Veanse otros Comentanos del Anttguo Testamento o H¡stonas blbltcas

Alre,¡, D. R.,

GIIIN,

VARONES APOSTÓLlCOS (SAN TORCUATO y LOS OBISPO 1 TESIFONIE) SEGUNDO} INDALECIO} CECIUO} HESIQUIO y EUFRASIO)

(s. 1)

La Iglesia española celebra el día de hoy la conmemoración de los llamados Varones Apostólicos} que son aquellos siete discípulos de los apóstoles San Pedro y San Pablo que, conforme a una tradición antigua española, fueron enviados a España por sus maestros Pedro y Pablo para que predicaran el Evangelio en la Península. La tradición nos ha transmitido sus nombres de Torcuato, Segundo, Indalecio, Tesifonte, Eufrasio, Cecilio y HesiqUlo.

Junto, pues, con la otra tramclón sobre la premcaclón de Santiago, y con el hecho rustóncamente bien probado de la estancla de San Pablo en España, la actiV1dad apostóhca de los Varones Apostóhcos constituye la base del ongen apostóhco de la Iglesla española. Por eso ha s1do, ya desde antiguo, tan grande la devoc1ón que España ha profesado a los Varones Apostóhcos, y particularmente las poblaclones que, conforme a la rnlSma tramclón, habían evangehzado cada uno de ellos, se han mstingmdo de un modo espec1al en esta veneraclón. Así sucede, por ejemplo, en ACCl, hoy Guadtx, donde se supone premcó Torcuato; en I1íbens, o E1V1ra, evangehzada por Cecilio, y sobre todo en Abula, que algunos ldentificaron con Avlla, donde tanto se venera a San Segundo. No es éste el lugar para dtscutir, en pnmer térrnlno, la verdad de la rnlsma tradtclón sobre la veruda a España de los Varones Apostóhcos. Baste decir que los rustonadores modernos extranjeros, los padres Férotin y Savlo, la cahfican de tradtclón antigua y sóhda. En segundo lugar, pasamos por alto la dlSCUSlón sobre cuáles son las poblaclOnes modernas que corresponden a las antiguas, donde refiere la tradtc1ón que predtcaron chos Varones Apostóhcos. Concretamente, a qué poblaCión se refieren Um, donde debló predtcar IndaleclO; Vergt, sede tradtClonal de Teslfonte; Carcesa, cnstiaruzada por HeslqUlo. Entre todas ellas, como se sabe, la más dtscutida es Abula, donde predtcó Segundo. Aquí conV1ene notar, ante todo, los datos que nos comuruca la rnlsma tradtclón, pues, aunque no presenten sóhdas garantías de segundad rustórlca, mdtcan, c1ertamente, la estima que se ha hecho slempre en España del ongen apostóhco de sus 191eslas. Tal vez ésta es, en el fondo, la razón última de por qué es tan profunda en los españoles la adheslón a la cátedra de Roma y el afecto personal hac1a el Romano Pontífice. De hecho, desde tiempo mmemonal, España ha prodamado y defendtdo con el mayor empeño el ongen apostóhco de su fe catóhca, lo cual debe ser para los españoles de nuestros días un argumento poderoso para no desmerecer en lo más mírumo de la tradtclonal adheslón de España a la Iglesla catóhca romana y al Romano Pontífice.

m-

Así, pues, conforme a esta tradición, los Príncipes de los Apóstoles, Pedro y Pablo, escogieron a siete entre sus discípulos, bien probados en la fe, cuyos nombres hemos indicado, los consagraron obispos y los enviaron a España con la misión de evangelizar la importante provincia romana llamada en aquel tiempo Hispania. Dirigiéronse, pues, ellos a la Bética, que era una de las regiones más romanizadas, y, habiendo llegado a la importante ciudad de Aca (hoy Guadix), se detuvieron antes de entrar en ella. Encontrábase ésta a la sazón en plenos festejos, dedicados a Júpiter y Mercurio, por lo cual, al enterarse de las intenciones de los huéspedes, salieron algunos gentiles en ademán amenazador. Ante esta actitud de los naturales los Varones Apostólicos retrocedieron y atravesaron el río. Los perseguidores pretendieron darles alcance; mas, al intentar atravesar el río, se hundió el puente y todos ellos perecieron. Ante la noticia de lo ocurrido los habitantes de Aca se llenaron de estupor, por lo cual salió en nombre de todos la matrona Luparia, la cual se puso en contacto con los misioneros, construyóse una iglesia y la población abrazó el cristianismo. Iniciada de esta manera su actividad apostólica, aquellos misioneros, conforme a la misma tradición, se repartieron por diversas poblaciones, siendo de este modo la base de la mayor parte de las iglesias españolas. No se olvide que, conforme a la tradición de la predicación de Santiago en la Península, éste estuvo muy poco tiempo en España y obtuvo pocas conversiones, y la estancia cierta de San Pablo tuvo una actividad muy reducida. Así, pues, según las tradiciones primitivas, los que en realidad evangelizaron a la Hispania y los verdaderos padres del cristianismo español fueron los Varones Apostólicos. De esta tradición hablan, en primer lugar, los Calendarios mozárabes, cuya reciente publicación por los padres Férotin y Savio proyecta abundante luz sobre la Iglesia primitiva de la Península Ibérica. Ahora bien, sabemos que las noticias incluidas en esta clase de calendarios se fueron introduciendo poco a poco. Por otra parte, según se ha probado, su primera redacción data del siglo v. ¿Cuándo, pues, fue introducida esta noticia en dichos calendarios? ¿Pertenece al núcleo primitivo? La unanimidad de

los siete calendarios nos permite concluir que la noticia data del siglo V o del VI. Especial importancia en este punto adquiere la literatura hagiográfica del tiempo. También en ella se habla de los Siete Varones Apostólicos, como puede comprobarse en el Martirologio histórico, de Lyón; en diversas vidas compendiadas, a manera de Flos Sanctorum, yen la misa, el oficio divino y un himno de la liturgia mozárabe. Sobre la suerte final de los Siete Varones Apostólicos la misma tradición es muy escasa de noticias. Es muy común la creencia de que todos ellos murieron mártires. Así lo expresan algunos Calendarios. En cambio, la literatura mozárabe los llama simplemente Doctores de la fe. La principal lección que debemos aprender de la festividad de los Varones Apostólicos es la estima extraordinaria que el pueblo español ha hecho siempre del origen apostólico de su fe católica. La tradición referente a los mismos queda consignada por escrito ya desde el siglo V o VI, y, ciertamente, desde entonces esta convicción llega a constituir una de las bases fundamentales en el ulterior desarrollo del cristianismo en España. Hubo posteriormente una corriente dentro de la Península que ponderaba en exceso la idea de que se tardó bastante en introducir plenamente el cristianismo en España. Así parece expresarlo, en el siglo VII, San Valerio, monje del Bierzo y padre de monjes, quien en una exhortación a los fieles les llega a decir que solamente a fines del siglo IV comenzó a resplandecer el cristianismo en España. Frente a esa idea, repetida en algún otro documento y excesivamente ponderada por algunos escritores de nuestros días, diremos que, a mediados del siglo III, la Iglesia española da muestras de intensa vitalidad, y, según los testimonios de San Ireneo y de Tertuliano, ya a fines del siglo Il el cristianismo estaba plenamente arraigado en España. Podemos, pues, con buen fundamento suponer que esto se debía al hecho de la estancia de San Pablo en la Península, quien había dejado, como en tantas otras ciudades, una Iglesia bien fundada, y tal vez también a la obra evangelizadora de los Siete Varones Apostólicos. BERNARDINO LLORCA, SI

Bibliografia

Btbltotheca sanetorum, t.XII, cols.944-962. GARUA VILLADA, Z., Htstona eclestásftca de España, 1 (Madnd 1929) 147s. Martyrologtum romanum, o.c, 189-190. SAVIO, F., SI, La realtá del vtaggto dt S. Paolo nella Spagna (Roma 1914) 28s V¡VES, J., >>. De repente, en el alma del Padre se luzo de día: «Con que yo lleve a los demás a DlOS, él tendrá ffilsencordla de ffiÍ». El padre RublO era un prerucador menos que medlocre. Lo decía él ffilsmo, desde la llaneza de su huml1de slncendad: «Yo no se cómo VIene tanta gente a oírme, porque yo no rugo nada, y frecuentemente subo al pulplto Sin saber lo que voy a declf»

Pero añadía que tampoco tenía necesldad de ser buen orador, porque con tal de que la gente entendlese lo que él decía,

eso le bastaba. «Sin saber», se pasó media vida predicando, y obtenía indefectiblemente con sus sermones un fruto espiritual asombroso. La novena del Sagrado Corazón se hizo célebre en Madrid. ¿Cuál era su secreto? Antes de subir al púlpito, le veían arrodillarse largo rato ante el Sagrario. Los afectos de su corazón abrasado saltaban al auditorio como centellas, y hacía a sus oyentes estremecerse de fervor, diciendo unánimes: Ecclesza (2001) n )()48, p 30-31 "Catertna Clttadtnl, fondatnce delle Suore Orsohne dI Soma;ca» L'Osservalore Ro mano (29-4-2001) 12 IST1TUTO SUORfo OR~OJ 11'./ DI S ~1'. GlROLAMO I"J SOMA ,< A, Calenna Ctttadml beata (Bergamo 2002) LlINARDOl'., P , Per 1ddlO eper la scuola. BlOgrafia dz Catmna ezfladzm (Cumo 1975) L'Osservalore Romano (ed en español) (27-4-2001) 8, (4-5-2001) 5-6

C)

BIOGRAFlAS BREVES

SAN GODEARDO ObISpO

ct 1038)

Godeardo o Gotardo nacló en Relchersdorf, en la d.tócesls de Passau, el año 960. H1ZO sus pnmeros esturuos en la escuela capltular del Cabl1do de San MaunClO en Nlederaltalch. Luego completó su formaclón en la cuna arzoblspal de Salzburgo y en la escuela catedrahcla de Passau. Declrudo a segutr la vocaclón ecleslástlca mgresó en el Cabl1do de San Maunclo, y no llevaba en él mucho tlempo cuando fue elegtdo preboste. Pero Ennque II de BaVlera declruó convertlr el dlcho cablldo en un monasteno beneructlno, y Godeardo declruó entonces quedarse y hacerse monje, profesando en 990. Tres años más tarde era ordenado sacerdote. Muy poco después se le nombraba pnor y se le ponía al frente de la escuela monacal, a la que ruo un gran lmpulso. Ello motlvó que en 996 se le ellgtera abad del monastcno. Como abad marufestó senos deseos de reforma y de canunar en la línea de Cluny, lo cual smtoruzaba blen con los deseos del emperador San Ennque II que le confió la reforma suceSlva de vanos monastenos, cosa que se logró por la paclencla y fortaleza con que el santo supo afrontar el encargo Hablendo vacado la sede de Hl1deshelm por la muerte de San Bernardo, el emperador San Ennque moVló los hl10s para que fuera elegtdo Godeardo como nuevo OblSpO y lo fue efectlvamente el 30 de noVlembre de 1022. Su programa pastoral fue muy claro' había que acercar la rellgtón al pueblo para que constltuyera el alma nusma de la vlda soclal. Por ello se empeñó en la construcClón de muchas 19leSiaS, procuró un clero culto y derucado a su nurusteno, reformando para ello el cabl1do catedral, y ruo ejemplo de cómo hay que prerucar con sus prerucaclones llenas de conterudo bíbllco. Se ocupó tamblén de los pobres y eruficó un hospltal para los enfermos que fuera, además, asl10 para los pobres, cwdando que fueran pobres verdaderos y no meros holgazanes. Uegado el caso, defenruó con energía los derechos de la Iglesla contra todo abuso. Munó santamente el 5 de mayo de 1038. Fue canoruzado por el papa Inocenclo II

el 29 de octubre de 1131. Su culto e mvocaclón se luzo muy popular.

SAN AVERTINO Diacono

Ct 1189)

Era canórugo regular agustmo en el convento de los gtlberttnos de Ltncoln, Inglaterra. Urudo por fuertes vínculos de afecto y colaboraclón con Santo Tomás Becket, lo acompañó a FranCIa cuando el santo hubo de dejar Inglaterra por sus dtferenclas con Ennque n. Vuelto el santo a Inglaterra y asesmado, Averttno permanecIó en Francla y decldtó entonces entregarse a la VIda eremíttca. Se dtng1ó a Tours y pasó dtecmueve años como errnttaño en un lugar llamado Venttacum, en francés Ven: Ecc/esta (1989) n.2424, p 34-36.

JUAN PABLO 1I, : AAS 82 (1990) 652-655. La Reltgtón (Caracas, martes 29-5-2001). LANGI OIS, Y., L'expénence de Dteu avec Catbenne de Samt-Augustm (Boucherville 1999). «María Catalma de San Agustín (Catalina de Longprey) (t 1668»>, en J. A. MARTI NI? PUCH~ (dlr.), Nuevo año mstIano. Mayo (Madrid 2001) 135. Martyrologtum romanum, a.c., 261, n.14 *; 731. MERLAUD, A., L'épopée jantastIque d'une ¡eune Normande, Catbenne de Longpré (parís 1981) L 'Osservatore Romano (24 y 25-4-1989). RAGUI NI AU, P., SJ, La VlC de la Mere Catbenne de Samt-Augustin, reltgteuse de la mtséncorde, de Québec en la Nouve//e-France (parís 1671; relmp. 1977). SACRA CONGREGATIODJ CAUSIS SANCTORUM, OfficlUm hlstorlcum, Quebecen. BeatIficatIoms et canomzatIoms servae Det Manae Catbannae a Sancto Augustmo (m saec. Catbannae Symon de LongpreyJmomalu proftssae sorortlm bospttalanum a mtsencordta O. S. AugustIm (t 1668J. POSttIo super mtroductIone causae et vtrlutIbus ex offictO concmnata (Roma 1974).

BEATA ULRICA NISCH VIrgen

(t

1913)

El18 de septiembre del año 1882 nació en Oberdorf-Mittelbiberach (Württemberg) una niña, hija de Ulrico Nisch y Clotilde Dettenrieder, una pareja de jóvenes enamorados que aún no se habían esposado y matrimoniaron en 1883. Recibió las aguas sacramentales al día siguiente, imponiéndole el nombre de Francisca. Sus pobres padres tuvieron catorce hijos, sobreviviendo sólo cinco. Los tiempos realmente eran malos para los campesinos pues el progresivo avance de la industria parecía arrasarlo todo, aumentando la masa rural que partía hacia las grandes ciudades, buscando mejor rendimiento a su trabajo pero encontrando las señaladas injusticias sociales y abandono cultural. El abnegado esfuerzo paterno trabajando a diario de sol a sol la pequeña hacienda familiar no se veía recompensado, ni podía hacer frente con regularidad al pago de los préstamos adqUlridos. Alquiló el horno comunal pero debía buscarse la leña para mantenerlo encendido, adquiriendo, además, la harina a crédito. Desde su nacimiento estuvo en casa de su tía Gertrudis, pero regresó al hogar familiar a los seis años, ingresando en la escuela elemental de Unterstadion. Profundamente creyentes, sus progenitores le inculcaron un gran reconocimiento a la Pro-

videncia, confiando siempre en Dios. No tenía motivos para ser alegre, era poco comunicativa, pero tenía una mirada , en J. A. MARTINI-7 PuCHfo. (dtr.), Nuevo año msttano. Abn/ (Madnd 2001) 462. Martyr%gmm romanum, o.c., 285, n.12 *; 725.

C)

BIOGRAFÍAS BREVES

SAN SIMEÓN ESTIUTA EL]OVEN Presbítero y anacoreta (t 592) Como su mismo nombre indica (stílos en griego: «co1umna»), este santo vivió en 10 alto de una columna a 10 largo de cuarenta y cinco años, dedicado --dice el Martirologio-- a la conversación con Cristo y los ángeles. Había nacido hacia el año 520 en Antioquía. Le habían precedido en este régimen de vida que adoptó a los 20 años SanSimeón Estilita el Mayor, San Daniel y otros, y a todos ellos la hagiografía oriental atribuye numerosos y sorprendentes milagros. Desde que se sube a la columna y se toma absolutamente en serio su vida de total dedicación a la plegaria y la penitencia, empieza a tener crédito entre los fieles, y esto lleva a que trece años más tarde el obispo 10 ordene sacerdote, subténdose a una escalera para poder imponerle las manos. Verdaderas multitu-

des acudían a los ples de la columna para consultarle y oírle y empezaron a atnbUlrle ml1agros, entre otros el de poder leer las conclenClas. Y no faltaron qUlenes se declmeron a ser sus mscípulos y segwdores. Hurnl1de, cantativo, extraormnanamente austero, pues sólo comía frutas y verduras, su vlda era un eJemplo de santidad, blen que no faltaba qUlen cnticaba esta forma de ascetismo como extravagante. Se le han atnbUldo algunos escntos. Munó el 24 de mayo del año 592.

BEATO FEUPE DE PIACENZA Presbttero (t 1306) Apenas se sabe otra cosa de este beato SlllO que fue placentino, pese a algunas afirmaclOnes de que era mantuano, y que fue sacerdote en la Orden de Ernutaños de San Agustín, y que tuvo en vlda y después de muerto fama de santo y que se le atnbuyeron mversos rnl1agros, que meran ple al culto que se le prestó desde el prlllClplO y que por ser lmnterrumpldo fue confirmado por el papa Clemente XIII el 27 de agosto de 1766. Su muerte se sltúa en Placenza el 24 de mayo de 1306.

SANTOS AGUSTÍN YI KWANG-HON, AGUEDA KlM A-GI, DAM1AN NAM MYONG HYOG, MAGDAlENA KlM OBI, BARBARA HAN A-GI, ANA PAK A-GI, AGUEDA YI SOSA, LUCÍA PAK HUI-SUN y PEDRO KWON TU-GIN Marttres (t 1839) El 24 de mayo de 1839 fue decapltado en Seúl, Corea, fuera de la llamada Puerta del Oeste un nutrldo grupo de fieles seglares que se negaban firmemente a abandonar la fe cnstiana que habían reclbldo con gozo en su corazón. Nl la prlSlón m las amenazas de muerte fueron sufiClentes para que abandonaran la fe. SostuV1eron el combate con valor y entereza y pusleron a Jesús el Señor por enClffia de todas las cosas, lllcluyendo la propla V1da. Éstos son sus datos:

AGUSTIN YI KWANG HON, naCldo en 1787 en Kwang¡u, proVlnCIa de Kyonggt, en el seno de una anstocrática farntha, de la que vanos rruembros se conV1rtieron al cnstiarusmo y fueron mártires en la persecucIón de 1801. Al tiempo de su martino era un hombre casado, cuya esposa, Santa Bárbara Kwon Hm, tambIén padecería martino, como aSIrrusmo su hiJa Santa Águeda Yl. Persona lntellgente y hábil, en su Juventud había vacilado en su conducta. Y no se corngtó del todo cuando se casó. Pero unos años más tarde conOCIó el cnstiarusmo, cuya doctnna acerca de un DlOS úruco, personal y omrusclente, le cambIó la mente y le hizo entrar en un mundo espmtual illstinto. CambIó su modo de vIda y se Slntió llamado a la fe como un nuevo Agustín, decIillendo él y su esposa convertirse al cnstiarusmo. Se deillcó a una vIda de pIedad y de ayuda a los demás, y abordaron Juntos el camblO de fortuna que se produjo en sus V1das pues vIrueron a la pobreza. Juntos hicIeron lo posIble por atraer a otras personas a la fe. En su casa durante la persecucIón se tenían reuruones de fieles y en ellas para consuelo común se leían con fervor las Sagradas Escnturas. Era un celoso cateqmsta. Arrestado en abril de 1839, confesó la fe, se negó a abandonarla y fue torturado y condenado a muerte. ÁGUEDA KIM A-GI era catecúmena al tiempo de su arresto y pnsIón, cuando tenía 52 años, pues había nacIdo en Seúl el año 1787 y era de estado V1uda. NacIda en una farntha de la que naille era cnstiano, contrajo matrlffioruo Igualmente con un confucIano. Pero una hermana suya se hizo catóhca y le habló con entusIasmo de su nueva fe, dejándola ImpreslOnada. Ella habló del tema con su mando, que no le hizo caso. Ella tuvo a continuacIón mucha illficultad en aprender la doctnna cnstiana, pues no se le quedaba nmguna de las lecclOnes de cateCIsmo, no obstante lo cual repetía con mucho fervor: Jesús, María. Una vez arrestada, los compañeros de arresto lnSIstieron en exphcarle los mIstenos de la fe y así ella fue bautizada en la cárcel con gran alegría suya, pasando del bautismo al martino. DAMIAN NAM MYONG HYOG, llamado tambIén Mun-hoa, naCIó en Munan, Seúl, el año 1802. Llevó una Juventud alegre y descmdada moralmente. Pero un día presencIó el martirIo de vanos cnstianos y quedó VIvamente ImpresIonado de la manse-

dumbre y alegría con que los condenados abordaban la muerte. Entonces decIcltó mformarse sobre el cnstiarusmo y cambIó de V1da, estucltando la rehgtón con gran mterés. Una vez bautizado fue un decIcltdo apóstol seglar, y se le nombró cateqUlsta Junto con San Agustín YI Kwang-hon. Casado con la futura mártir Santa María YI Yon-hUl, tuV1eron un hIJo. Junto con ella SlrVIÓ lealmente a la IglesIa. Había albergado en su casa al ObISpO San Lorenzo Imbert, que admlO1stró en ella los sacramentos a muchos cnstianos; cuando llegó la pohcía, halló los ornamentos del ObISpO Y metió en pnslón a Danuán y otros cnstianos. Su mUjer y él fueron torturados para que apostataran pero ellos perseveraron en la fe. Se ordenó entonces la tortura de los 01ños, pero tampoco apostataron ellos. Danuán fue fmalmente condenado a muerte por ser cnstiano. Munó dando gracIas a DlOS por la gracIa del martino. MAGDALENA KIM OBI, de 45 años de edad, pues había naCldo en Seúl en 1774, era al tiempo de su martino V1uda y venía sIendo aSIdua colaboradora de los nuslOneros. Había llegado a la fe en la mfanCla y maduró como cnstiana fervorosa que deseaba servIr de todo corazón al Señor. HubIera quendo consagrar su V1rgt01dad al Señor pero sus padres, que no eran catóhcos, mslstieron mucho en que contrajera matnmo01o y ella pensó prudente hacerlo, pero enlazando con una familia catóhca. Estuvo casada muy pocos años: percltó a su mando y a sus hIJos. Se hIzo cargo de su madre, a la que soportó con mucha pacIencIa, y se puso a trabajar para sostener la economía doméstica. Muerta su madre, se ofrecIó a la IglesIa para un mayor apostolado y se le encomendó hacerlo entre sus vecmos, logrando converSIones en su entorno y bautizando en pehgro de muerte a algunos de ellos. Uegada la persecucIón fue arrestada en septiembre de 1836 y llevada a la cárcel. Confesó con valentía la fe y fue condenada a muerte. BARBARA HAN A-GI, de 47 años de edad, pues había nacIdo en Kwang-ch'on, Seúl, el año 1792, desempeñaba en la nuslón el puesto de cateqUlsta y de enfermera. HIJa de madre catóhca, había aprencltdo de ella la rehgtón y la practicó en su adolescencIa, pero se enfnó rehgtosamente cuando se casó con un pagano, hasta que su madre y otros catóhcos la a01maron a volver a

la práctica religiosa. En 1822 ella perdió trágicamente a su marido y a sus hijos y volvió a la casa de su madre. Desde entonces colaboró fervorosamente con la Iglesia. Arrestada con la mártir anterior, soportó la cárcel y los malos tratos, se sostuvo en la confesión de la fe y fue condenada a muerte. ANA PAK A-GI, mujer de 46 años al tiempo de su martirio, pues había nacido en Kangch'on, Seúl, en 1783, dio una espléndida confesión de fe arrancándose de su familia por amor de Cristo. Nacida en una familia católica en un pueblecito de la ribera del río Han, mostró poca memoria a la hora de aprenderse el catecismo, pero ella misma decía que si su memoria era poca, su amor a Cristo era mucho. A los 18 años se casó con un católico y tuvo con él dos hijos y tres hijas, a los que procuró educar en el camino del Señor. Era una familia modesta y tranquila que vivía feliz en medio de sus cortos haberes. Ella era muy devota de las llagas del Señor. Cuando comenzaron en la primavera de 1836 los arrestos de católicos ella habló a sus hijos de la gracia del martirio. Poco después ella, con su marido y su hijo mayor, eran arrestados. Su marido y su hijo, ante las torturas, apostataron, pero ella, pese a que las torturas le fueron redobladas, perseveró en la fe. Su marido y su hijo venían cada día a la prisión a pedirle que apostatara ella también y salvara su vida en bien de la familia, y le ponían al corriente del dolor de todos los otros miembros de la familia al pensar que iban a perderla. Ella, llena de angustia ante estas tentaciones que se le presentaban, no quería, sin embargo, apartarse de Cristo y tuvo valor no solamente de rechazar la apostasía sino de pedirles a su marido y a su hijo que se volvieran ellos atrás de su apostasía. En vista de su fortaleza acudieron amigos de la familia a la cárcel e insistieron ante ella poniéndole toda clase de argumentos y llamándola «corazón de piedra» al negarse a decir una sola palabra que podía devolverla a su hogar. A estas tentaciones venidas de fuera se unía la debilidad de su cuerpo sumamente debilitado por las torturas. El juez le insistió en que siguiera el ejemplo de su marido pero ella le anunció que moría con gusto por Cristo. Y fue condenada a muerte. ÁGUEDA YI SOSA había nacido en Ich'on, provincia de Kyonggi, el año 1784 y era de estado viuda al tiempo de su mar-

tirio. Su padre era pagano y su madre había sido catecúmena sin llegar a bautizarse y no cuidaron la educación religiosa de Águeda, que era una joven de finos modales y afectuosa. A los diecisiete años fue dada en matrimonio a un joven pagano, con el que no tuvo hijos. La casa de sus suegros en la que se integró no practicaba religión. A los tres años de casada murió su marido, quedando ella en una triste situación, y a poco murió también su padre. Ella decidió volver a su casa paterna, pues tenía allí el aliciente de un hermano de corta edad, nacido después de su matrimonio. Comprobó que su madre había logrado que su padre recibiera el bautismo antes de morir. Las circunstancias económicas dejadas por su padre eran penosas y Águeda optó por trabajar para aportar algo a la economía doméstica. Se decidió por estudiar el catolicismo y buscar en la fe cristiana llenar el vacío espiritual que ella sentía. Por fin ella y su hermano se bautizaron, tomando los nombres de Águeda y Pedro respectivamente. No se sabe la fecha del bautismo, que seguramente les fue administrado por un catequista al no haber sacerdotes. Tampoco se sabe cuándo se mudaron de su pueblo a Hayang, pero quizás fuera por asegurarle a Pedro una mejor formación cristiana. Ambos pudieron por fin recibir la comunión cuando un sacerdote chino vino a Corea en 1834. Pero en febrero de 1835 ambos hermanos fueron arrestados. Su interrogatorio estuvo acompañado de torturas porque querían sacarles los nombres de los católicos. La tortura fue horrible y Águeda animó cuanto pudo a su joven hermano. Días más tarde volvió a ser torturada y se dice que su cuerpo quedó como una masa sanguinolenta. Ella repetía: No traicionaré a la Iglesia. Pasaron a la prisión de la corte, en Seúl. Tuvo lugar un juicio en varias sesiones y ambos hermanos fueron condenados a muerte. Al no ser confirmada enseguida la sentencia, se les dejó en la prisión. Pedro murió en ella, y su martirio se conmemora el 25 de noviembre, y Águeda fue martirizada por decapitación tal día como hoy del año 1839. LUCÍA PAK HUI-SUN nació en Seúl el año 1801 en el seno de una familia rica, en la que recibió una esmerada educación, dominando las lenguas y literaturas coreana y china. Era hermana de Santa María Pak K'un-agi. Joven hermosa e inteligente, fue

recIbIda en el palacIo real para estar al serV1ClO de la rema. El rey se enamoró de ella, pero ella no accemó a su soltcltud, lo que causó adrruraclón en su entorno. No le sattsfacía la vIda en palaClO y buscaba algo que llenara su vIda cuando vmo a oír hablar del catoltclsmo y se mteresó por esta reltgtón. Tenía ella poco más de trelnta años. Declmó alegar una enfermedad para poder dejar su puesto en la corte y así lo obtuvo. Su padre, muy enerrugo del cnsttarusmo, le mJo que SI se hacía cnsttana no podría V1Vlr en su casa, y entonces ella buscó alOjamIento en casa de un panente, donde VIV1Ó con mucha modestta y sencillez, atrayendo a aquella casa a la fe cnsttana. Vmo entonces a V1Vlr con ellos su hermana mayor María, que tambIén se ruzo cnsttana. Cuando V1eron que las autondades se fijaban en ellos a causa de su reltgtón, venmeron la casa y se fueron a V1Vlr con la futura márttr Agueda Ch'on Kyong-hyop. Pero la poltcía los arrestó el 15 de abnl de 1839 y fueron llevados a la cárcel. Se le mmcó que era tmproplo de una Joven de palacIo ser cnsttana pero ella se reafirmó en su fe y se la torturó sm rrusencorma. Llevada a JUlCIO, se la volV1ó a torturar, hacléndosele numerosas hendas, rompléndosele una pIerna, etc. Ella permanecIó firme. Sus contestacIones a los Jueces fueron tan sabIas y firmes que los deJó sm saber repltcarle. Entonces fue condenada a muerte. Se preparó al marttno arumando y consolando a los demás católtcos presos y aun a los no católtcos, sIendo un ángel de paz en memo del dolor. Cuando la fueron a sacar para ser decapItada mJo: «Andemos el cammo del marttno para obtener Juntos la glona». Su hermana sería marttnzada unos meses más tarde (3 de septtembre). PEDRO KWON TU-GIN había naCldo en la proV1nCla de Kyonggt en 1805 en el seno de una farrulta anstocráttca que profesaba la reltgtón católtca. Permó a su padre en la mfancla y a su madre en la adolescenCIa, pero no antes de que ella le hubIera mfunmdo su entusIasmo y fervor por la reltgtón cnsttana. Años más tarde contrajo matrlmoruo y puso un negoClo del que V1vía con honesttdad y modestla, sIendo amable con todo el mundo y observando con mucho cUldado la ley de DIOS. Pero el 16 de enero de 1839 Pedro, su esposa y su cuñado fueron arrestados. Pedro permanecIó firme, pero su esposa y cuñado ante las torturas

apostataron. Pedro les escnb1ó desde la pns1ón lnVitándolos a volver a la fe. Se le acusó de hacer cruc1fijos y plntar sagradas lmágenes. Ante su firmeza fue tremendamente torturado Sln que su perseveranc1a se V1fi1era abaJo, tanto que en una ocaS1ón llegaron a pensar que lo habían matado. Condenado a muerte, marchó al SUphC10 lleno de fehc1dad y ánlmo. Todos estos ilustres confesores de la fe fueron canoruzados por el papa Juan Pablo II en Seúl el 6 de mayo de 1984.

25 de mayo A)

MARTIROLOGIO

1 En la abadía de Wearmouth-Jarrow (Inglaterra), San Beda el Venerable (t 735), presbítero y doctor de la IglesIa, de la Orden de San Beruto **. 2. En Salemo (Camparua), San Gregono VII (t 1085), papa, de la Orden de San Beruto **. 3. En FlorencIa (foscana), Santa María Magdalena de PazZI (t 1607), vtrgen, carmehta calzada **. 4 En Atel1a, hoy Sant'Arplno (Campama), San Camón (s. III-IV), ObISpO y mártIr. 5. En M1lán (L1guna), la conmemoraCIón de San Dloruslo (t 361), obISpo y mártir 6 En FlorenCIa (foscana), San Zenoblo (s. IV-V), ObISpO. 7 En el monasterIO de Mantenay, Junto a Troyes (Galla), San León (s. VII), abad. 8. En Inglaterra, San Aldhelmo (t 709), abad de Malmesbury y ObISpO de Sherbome *. 9 En el monasteno de Peñalba, Junto a Astorga, San GenadlO (t 936), obISpo de Astorga *. 10. En Monte Santo, del Plceno (Italla), el tránsIto del Beato Geno (t 1299), sohtano *. 11. En Faenza (Flarrurua), Beato Santiago Fehpe Bertoru (t 1483), presbítero, de la Orden de los SIervos de María *. 12. En Tonkín, San Pedro Doan Van Van (t 1857), mártir *. 13. En París (FrancIa), Santa Magdalena Sofía Barat (t 1865), vIrgen, fundadora de la SocIedad del Sagrado Corazón ** 14. En Munyonyo (Uganda), San Dloruslo Ssebuggwawo (t 1886), mártlr*.

15

En Catadan (GuadalaJara, MeXlco), Santos Cnstobal Magallanes (t 1927), presblteros y mart1res * 16 En el campo de concentraclOn de Javas (Moldavla), Beato NICOlas CehelskYl (t 1951), presbltero y martlr

y Agustln Sanchez Caloca

B)

BIOGRAFIAS EXTENSAS

SAN BEDA EL VENERABLE Presbltero y doctor de la IglesIa

(t 735)

La Edad Mema guarda numerosas sorpresas a todo el que desea correr la aventura de adentrarse por sus mt1mldades. Slglo oscuro y rwdo de armas. Señores feudales con sus mesnadas guerreras. Castillos defensores con puentes levamzos y celadas astutas por las encruClJadas de los carnlnos. Invaslón de los bárbaros, en una palabra, que ha preparado este precano estado de cosas y ha hqwdado una cultura decadente y cansada. Brilla ahora mucho más el eJerclclo de las armas que el conocer la cultura cláslca. Y entre los nobles llega a ser un tlmbre de glona el ser analfabeto' «El señor no firma porque es noble», terrnlnan algunos documentos del tlempo. Pero la clenCla no ha desapareCldo. Se ha refugiado en los monastenos La Iglesla, por los monjes sobre todo, es la gran y úruca educadora de los pueblos. Cléngo y letrado son ahora palabras smórumas. Para penetrar, pues, blen la Edad Mema es preCISO conocer tambIén la Vida apretada y fecunda de los monasterlOS. Entrar en ella con el árumo punficado y sereno, dócll y ablerto a toda sugerencla. Descalzarse, preVIamente, de toda premsposlclón a lo comphcado y vertlgmoso, a las veloCldades supersorucas y a las carreras contra reloJ. Para sorprender mejor a aquellos hombres, enjambres de DlOS elaborando, en sus celdas, la mlel dulcíslffia de las ClenClas del espíntu para el blen de las almas. Uno de estos hombres fue Beda el Venerable, nacldo en Inglaterra el año 673 Flgura cumbre que llummó con su luz todo su slglo. No solo Inglaterra, smo toda la cnstlandad. No poseemos muchos datos sobre la vlda de San Beda. Con tod?, no slempre se tlene la fehz Clrcunstancla de esta ocaslón. El

mismo dejó una nota, escueta y sencilla, de su Vida al final de su Hlstona eclesIástica de Inglaterra} libro de gran aliento, objetIvo y exacto, que le da derecho a ostentar el título de «padre de la histona de Inglaterra». «Yo, Beda, siervo de Cnsto y sacerdote del monasteno de San Pedro y San Pablo de Wearmouth, nací en el pueblo de dicho monastena, y a los siete años mis padres me pusieron baJo la dirección del abad Beruto, pnmero, y, después, de Ceolfndo. Desde entonces toda mi V1da illscurnó dentro del claustro y puse todo mi afán en la meilltaclón de las Sagradas Escnturas. Y entre la observanCIa de la illsclphna regular y el cotlillano oficio de cantar en el coro, sIempre me fue dulce el aprender, o enseñar, o escnblr. Flli ordenado illácono a los illecmueve años y sacerdote a los treInta, de manos del obispo Juan. Desde mi sacerdocIo hasta ahora, en que cuento CIncuenta y nueve años, me he ocupado en redactar para mI uso y de mIs hermanos algunas notas sobre la Sagrada Escntura, sacadas de los Santos Padres o según su espíntu e InterpretacIón».

Como se ve, nada es más simple que su vida. Observar la regla y cantar el oficio divlllo. Todas sus delicias las ponía en aprender, enseñar y escribir. Todo su afán, medltar las Sagradas E~cnturas y comentarlas para utllidad propia y de todos sus hermanos. Es decir, la regla de oro benedictina: Ora et labora. Oración y trabajo. La oraCIón apoyando al trabajo, el trabajo nutriendo y nutriéndose de la oración. Sin estorbarse, sino al contrano, apoyándose mutuamente. «Ni el rezo estorba al trabajo ni el trabajo estorba al rezo». Así resolvía San Beda, en perfecto maridaje, la conocida discusión sobre la prioridad de la oración o el trabajo en la vida cristIana. San Juan de la Cruz recordaría más tarde, con notable insistencia, el lugar preemlllente, la Importancia báSIca y fontal de la oración. Como valor en sí y con vistas al apostolado exterior. «Ojalá que los hombres devorados por la actlV1dad, que pIensan remover el mundo por meillo de sus preillcacl0nes y otras obras extenores, reflexlOnaran un mstanre. Comprenderían SIn illficultad cuánto más útiles a la IglesIa y agradables al Señor serían -SIn hablar del buen ejemplo que darían a su alrededor- SI consagraran la mItad de su tiempo a la oraCIón. En estas conillclones, y con una sola obra, harían un b1en mayor y con menor esfuerzo que el logrado por mues de otros actos a los que entregan su eXls-

tencla La oraClOn les merecena esta gracla [ 1Sm ella todo se re duce a puro rUldo [ 1Se hace poco mas que nada, a menudo abso lutamente nada, e mcluso mal»

Pero tampoco hay que descUldar el trabajo y caer en el angehsmo No se ha de olvldar que somos hombres y que, como tales, compuestos de cuerpo y alma, hemos de salvarnos Nl despreclar las reahdades terrenas, que nosotros hemos de transformar, y de las que hemos de serVlrnos para saltar hasta DlOS. «eVale la pena desperdlclar tanto tlempo en las cosas de la vlda de aqUl abaJo- Vale la pena, vale la pena Hubo un tlempo en que yo rrusmo me preguntaba ePara que luchar por la vlda de esta tle rra- eQue me lmporta este mundo- Soy un eXll1ado del Clelo y Slento premura por volver a rru patna Pero, con el nempo, he comprendldo, y he camblado de pensar Nadle puede entrar en el Clelo Sl antenormente no ha vencldo en la nena, y nadle puede vencer aqUl sl no lucha contra el mundo con lmpetu, con paclenCla y sm descanso El hombre no posee otro trampol1n que la nena Sl qUlere lanzarse al clelo Sl deponemos las armas estamos perdldos, aqUl abaJO, en la nerra, y alla arnba, en el clelO»

éQué V1da es, entonces, más perfecta, la acnva o la contemplanva;l Santo Tomas dtce que la rruxta, la que parnclpa de las dos He aquí un gran lema: «Ofrecer a los demás el fruto de nuestra contemplaclOn» Tan blen sabía urur San Beda, con tanto equilibno, estos dos polos de su vlda, trabajo y oraclón, que es dtfíctl comprender, nota un autor annguo, cómo pudo sobresahr tanto en ambos. «Sl conslderas sus estudlos y numerosos escntos parece que nada dedlco a la oraClon Sl conslderas su Unlon con D¡os parece que no le quedo nempo para sus estudlos»

El secreto está seguramente en aquellos remansos de paz y trabajo que eran los monastenos, y en saber renunClar a dtstracClOnes que desV1an del [m ))

Vale. \'; finalmente, la referenCla al panegínco en honor del mártir San VIcente, de gran deVOCIón en la reahdad rustónca rehg¡osa del momento. PronunCIado por San Justo, en Valencia, al parecer en las prlffi1CIaS del SIglo sexto, con ocaSIón de la solemmdad del glonoso mártir, víctima de la funa persecutona Impulsada por DlOcleclano y MaX1ffi1ano en el pnmer año del SIglo cuarto. PosIblemente sIendo aún el preillcador sólo illácono. Una Joya hterana, méillta hasta 1821 VlO por vez pnmera la luz en las págmas del conoCldo V¡,ye /¡terano a las ¡g/estas de España, de Jalffie Villanueva, favoreCIdo con la labonosldad lnvestigadora del padre Jalffie Pasqual, del Monasteno de las Avellanas, qUlen había descubIerto el texto en un leCClOnano de Roda y en dos brevIanos de Cardona, dando a conocer, en 1796, el vahoso hallazgo al cabildo catedrahclO de Urge!' TambIén unos recortes: «¡Oh muerte glonosa que conduce a una Vida tan elevada' ¡Oh Vida ViVificante ante la cual uno tlene a menos la presente' Nos ha beIS mostrado, Señor, como Viven en Vos aquellos que, ID muertos, pueden moo! [ ] He aqUl como trtunfan los que, por haberos confesado, han sufndo la muerte [ ] ¡Oh alma illchosa que no pudo ser venCIda por unos sufnlllientos tan grandes de su cuerpo y, en el momento de moo! el cuerpo, desperto vlctonosa delante de su Creador' [ ] Pero no le fue per Illitldo al enellligo señorear sobre su cuerpo, como habna quendo Pues lo arroJo como allmento a las fieras y a las aves y estas no lo devoraron Se transformo la naturaleza feroz de los ammales ¡OJa la cambIara tamblen la de los hombres malvados' El lobo, con la cabeza baja, se marcho en ayunas, el cuervo permaneclO con la garganta seca [ ] cQmen no creera que ha de reSUCItar glonoso el que ha sIdo re vestldo de tanto honor y respeto;> [ ] Que por sus mentos, en Cler-

ro modo, renazca y se beneficie la Iglesia que lo engendró por los sacramentos y cuyas VIrtudes la adornan. Por Nuestro Señor Jesucnsto. Amén».

Realmente, saboreando los escritos de San Justo de Urgel resulta inevitable el parangón, teológico y literario, con los preciosos textos de los antiguos Padres de la Iglesia. JACINTO PERAlRE FERRER Bibliografia BARAUT, C - CASTLLLS, J - MARQUES, B. - MOLINE, E., EplSCopologl de I'Esglésla d'U'lell, segles VI-XXI (La Seu d'Urgell 2002). GARDA VILLOSLADA, R. (ed.), Hlstona de la IgleSIa en España, 1 (Madnd 1980). MARQuFs, B., «Sant Just, blsbe d'Urgelb>: Esglésla d'U'lell (1997) marzo. SARRIES, E., SantJust d'U'lell Su obray su VIda Oerusalén 1985) (Tesina de hcencJatu• ra inédita). VILLANU¡'VA,]., Vlo/e llterano a las cgleslas de España, X (Valencia 1821).

BEATO L4NFRANCO DE CANIERBURY Abad y obiSpo

ct 1089)

No se tienen muchas noticias de los primeros años de la vida de Lanfranco. Probablemente nació hacia el año 1005 en Pavía. Su padre Hambaldo era miembro del Consejo senatorial de aquella población y su madre se llamaba Rosa. Recibió una cuidada educación, y enseguida demostró excelentes cualidades para la literatura y la dialéctica. Al morir su padre muy pronto, se vio obligado a sucederle en sus deberes para con la familia y tuvo que dedicarse al Derecho y a la magistratura. Hacia 1032 nos lo encontramos en su ciudad natal explicando ya el Código de Justiniano y recopilando una suma de sentencias legales de aquella época. Pasó a Francia en 1035 acompañando a un grupo de estudiantes procedentes de la nobleza de su ciudad. Esta inmigración fue causada posiblemente por las disputas políticas ciudadanas, que, frecuentes en la época, obligaban a exiliarse a quienes perdían. Lanfranco se estableció en Avranches y allí, para ganarse la vida, abrió una escuela que no parece que tuviera mucho éxito. Por lo mismo marchó a Rouen intentando tener mejor suerte.

Nada hasta aquel momento hacía presagiar un camblO rachcal en la vIda de Lanfranco. Su destierro le había separado de su familta y de su carrera. Su poca suerte en Avranches, donde su espeClalidad, la dialéctlca, era poco apreciada por los normandos, se unió a un accIdente ocurrido en su camino a Rouen, en el que quedaron trastocados todos sus planes. Miles Crespin, su bIógrafo, nos lo cuenta: «Quenendo un día dJr1gtrse a Rouen, hIZO el cammo durante la noche atravesando los bosques de Ouche. Su mala suerte le rozo toparse con un grupo de salteadores de cammos que le robaron todo lo que poseía. Después, atándole las manos a la espalda y cubnendo su rostro con el capuchón de su manto le dejaron abandonado en un alepdo punto de la espesura. No sabIendo qué hacer ante tanta desventura comenzó a lamentarse de su destino. Pero el sllenclO de la noche obró en él un espaclO de mterlOnzaClón que rozo nacer el deseo de comenzar a cantar salmos. Pero no supo hacerlo pues apenas los conocía. Entonces, dmgtendo su mente a DlOs, le cl1Jo: "Señor DlOS, yo he empleado tanto tiempo en mstrillrme, yo he gastado tanto mI cuerpo y mI alma en los estucl10s que no he terudo tiempo para saber hacer un poco de oraCIón. Líbrame de este pehgro y con tu ayuda enmendaré ffilS errores y actuaré de tal modo que aprenderé a serv1tte". Con las pnmeras luces de la mañana, oyó el paso de otros vIajeros y comenzó a gntar con todas sus fuerzas para hacerse oír. Acucl1eron en su ayuda para desatarle y ponerle en ruta mIentras él les contaba lo suceilldo. Lanfranco plilló a sus salvadores que le Inillcaran el más pobre y sencillo monasteno de la regtón; así lo roc1eron, millcándole el cammo de Bec».

Bec había SIdo fundado por HerlUln apenas hacía dos años, en 1042. Lanfranco ingresó en el monasterio y durante tres o cuatro años sólo se aplicó a conocer y V1VIr llltensamente la vida monástica. FIel a su promesa hecha a Dios en el momento de su apuro, aprenchó el salterto y de dedicó con entusIasmo al culto chv1no, a la oración en el stlencio y a la contemplación más fervorosa. Pero Bec en aquellos primeros tiempos de su vida comunitaria no era sino un modesto y pobre monasterio y su comunidad la formaban un grupo de desharrapados y rústicos monjes que por su ignorancia y tosquedad intelectual y moral htcIeron sufrir mucho al profesor de Avranches. Es más, algunos empezaron a tenerle celos y antipatía porque comenzaron a sospechar que tarde o temprano un hombre de tales cualidades

y con tan buen espíntu monástlco les lba a ser lmpuesto como supenor. Lanfranco preViendo dlficultades pensó que lo mejor era marchar de allí y buscar un lugar solttano para hacerse errnltaño; el abad de Bec lntuyó sus preocupaclOnes y trlstezas, y temlendo perder un monje de tan lnestlmables cualtdades le nombró pnor del monasteno y además le pldló que abnese una escuela en el monasteno donde poder eJercltar su saber y sus aptltudes como profesor. Se conoce poco acerca de los pnmeros años de la Escuela de Bec. En efecto, la abadía era poco conoclda, estaba mal sltuada y no tenía exceS1VOS atractlvos en su entorno. Sln embargo, la escuela y su maestro se dleron a conocer a causa de una dlsputa teológica a la que Lanfranco prestó atenclón aSlstlendo a algunos concilios y sínodos convocados por el papa León IX. En efecto, en el concilio de Relms el papa se encontraba presldlendo el concilio que estaba exarnlnando el asunto de Berenguer o Berengano de Tours, acerca de la presenCla real de Cnsto en la Eucanstía. La lnteltgencla de Lanfranco y su dlaléctlca atrajo de tal modo al papa que qUlso que le acompañase a Itaha para aSlstir a los concmos de Roma y luego de Vercelli en los que se condenó deflnltlvamente a Berengano; éste, en el ardor de la polérnlca, había llegado a declarar que su contrlncante Lanfranco tenía las rnlsmas ldeas que él, por lo que el pnor de Bec, para defenderse de tal acusaclón, tuvo que emplearse a fondo y clanficar sus posturas teolÓgicas; con ese fln escnbló un Ltbellus de sacramento corpons et sangutnzs Chnstt contra Berenganum o «Tratado sobre el Cuerpo y la Sangre de Cnsto», en el que expuso con toda firmeza y clandad la fe tradlclonal de la Iglesla, al ffilsmo tlempo que, Sln buscarlo, se daba a conocer como persona de talento y categoría en el campo de la expos1Clón teologica. En el campo de la dlplomacla, Lanfranco tuvo tamblén su momento rustónco en el caso del duque de Normandía, GUlllermo el ConqUlstador. El duque se había casado con Mat1lde, una panente suya con la que, según las normas canómcas, no podía casarse por grado de consangulnldad. El papa Nlcolás II lo excomulgó. Lanfranco como abogado y profesor de derecho ~e atreViÓ a hablar y ponerse de parte del papa. Guillermo, lrn-

tado, le mandó que salIera de Normandía. Pero Lanfranco, ru corto ru perezoso, con audacIa evangélIca se atreVlÓ a ponerse en presencIa del duque y no sólo logró calmar su enfado smo que obtuvo del duque poderes para ser su representante ante la autondad eclesIásnca en aquel espmoso asunto. No hay que olVIdar que el papa NIcolás II había recIbIdo lecClones de Lanfranco. En 1059 marchó a Roma y poco después pudo regresar a Normandía con la dlspensa canóruca para Guillermo, aunque con la condlclón de que a sus expensas construyese dos monastenas, uno para hombres y otro para mUJeres. Las IglesIas de ambos monastenos, San Esteban (hombres) y Tnrudad (damas), SubSIsten bellamente hasta el día de hoy en sus granillosos edlficIos romárucos en la clUdad de Caen. El éXito de la empresa gesnonada por Lanfranco fue el fundamento de la buena suerte tanto para el Pnor como para e1mslgmficante monasterlO de Bec. Se presentaron muchos y numerosos alumnos deseosos de aprender, y aunque la mstruccIón era gratuIta, los padres de los alumnos, en su mayoría de la nobleza ancas terrateruentes, comenzaron a ser espléndIdos en regalos y donaclOnes al monasterIO con las cuales pudIeron levantarse nuevos edIficIoS para atender a las tambIén numerosas vocaClOnes que engrosaban rápIdamente la comurudad. La bnllante reputacIón de Lanfranco se extendló por toda Europa y le atrajo estudlantes de todas partes, hasta de las más lejanas, como Roma, que venían a sentarse en los bancos de la Escuela de Bec. Entre sus dlscípulos encontramos a San Anselmo, a Yves de Chartres, o al futuro cardenal GUltmondo, a Teodonco de Paderborn, etc. Ciertamente nada semejante se había VIsto desde la desapancIón de las escuelas de los maestros gnegas y lannos. En 1065 el duque GUlllermo nombró a Lanfranco abad de San Esteban de Caen, monasterIo reCIén levantado en cumplImIento del mandato papal, en el que el nuevo abad volVló a abrIr una Escuela. Pero en 1070, al coronarse Guillermo como rey de Inglaterra, llamó a Lanfranco, que contaba ya con 67 años de edad, para sentarlo en la sede prImacIal de Canterbury como arzobIspO.

La corona de Guillermo no estaba segura; los anglosajones no rruraban con buenos OJos a los normandos mtrusos. El nuevo rey, por tanto, tenía que poner en puestos claves a sus fieles, que, eV1dentemente, eran normandos. Entre esos puestos claves estaban los OblSpOS, ya que el clero tendía a azuzar al pueblo contra los mvasores. Esta reahdad, comprenslble en la mera política, acarreaba muchos smsabores en el campo pastoral a los OblSpOS normandos reclén nombrados. Lanfranco, senamente afectado, escnbló al papa Alejandro n, su antiguo dtscípulo, presentando la renunCla, que no le fue aceptada. Olvldados algunos datos rustóncos y por C1fcunstanclas de la evoluclón rustónca, Inglaterra contaba en esta época con dos metropolttanos ecleslásticos de caSl 19ual preponderancla, Canterbury y York. Y sólo después de largas conversaCl0nes con Tomás, arzoblspO de York, y graclas al apoyo del rey, el concilio de Wmchester en 1072 fiJó la sede pnmaclal de toda Inglaterra en Canterbury. Esta uruficaclón tamblén tuvo Clertos efectos clvlles para Lanfranco pues el arzoblspO pnmado vmo a ser, de este modo, ellugarteruente del rey, ya que fue costumbre de Guillermo, en sus múltiples vlaJes al continente, que el Pnmado de Canterbury lo reemplazase al frente del goblerno de la naclón. En el campo de las tareas pastorales no era trabajo fácll la reforma del clero en el slg10 XI, empezando por los más cercanos a la casa del OblSpO ya los capítulos catedral. Éstos se componían, por aquel tiempo, especlalmente en Inglaterra, de una comurudad de monjes con tendenClas seculanzantes. Lanfranca, aun preV1endo el dtsgusto de los mgleses, ruzo verur de Bec y Caen a un grupo de monjes observantes que reemplazasen a los mgleses. Él rrusmo orgaruzó su casa como un monastena que él presldía como abad y arzoblspO. En cuanto al resto del clero parroqmal y popular no se atrevló a una sena reforma, especlalmente en lo referente al celtbato. Entre el pueblo, muchos pobres sacerdotes, no slempre blen mstrmdos y preparados, V1vían mantalmente con sus concubmas. Lanfranco comenzó la reforma por las nuevas hornadas de dtáconos y sacerdotes, a los que, mejor preparados, les fue extgtendo antes de la ordenaclón un voto o propóslto expreso de guardar la castidad

y el celibato eclesiástico. Esta conducta entre moderada y poco estricta no fue del agrado del estricto Gregario VII, que le criticó y reprendió en alguna carta. Los historiadores están de acuerdo en que, aunque en este punto Lanfranco pecó de excesiva comprensión, el cambio deseado, y la instrucción de los nuevos clérigos, permitió que, en no mucho tiempo, la mayor parte del clero aceptase y cumpliese lo establecido por la iglesia en materia de celibato. El rey Guillermo murió el 9 de septiembre de 1087. Según su última voluntad, Lanfranco coronó como su sucesor a Guillermo II el Pelirrojo, el hijo segundo, al que los ingleses tenían en mucho aprecio. Pero en realidad el nuevo rey defraudó a todos, pues, cruel y tirano, comenzó por cargar sobre sus súbditos nuevos impuestos y gravámenes tributarios. Lanfranco, a sus 84 años, se presentó ante el rey para exhortarle con delicadeza y afecto a enmendar tales disposiciones, pero el rey lo tomó a mal y no quiso hacerle caso. Tuvo que volver a su sede con un gran disgusto que, unido a una grave disentería que padecía, le llevaría al sepulcro dos años más tarde, el 28 de mayo de 1089. Su cuerpo fue enterrado en la capilla de San Martín de la catedral de Canterbury que él había hecho reconstruir. Lanfranco no ha sido nunca oficialmente beatificado, pero en Inglaterra se le dio siempre el título de «Beato» y el Martirologio antiguo y moderno lo incluyen como tal en sus respectivas y oficiales ediciones. Mayor culto recibió en Caen, donde era costumbre imponer a los niños su nombre en el bautismo, y sobre todo en Venecia, donde parte de sus reliquias llegaron tras el cisma anglicano. Lanfranco fue sobre todo un buen profesor y un experto maestro. Fue también un hombre de acción como abad y sobre todo como arzobispo, cargos en los que puso de relieve sus dotes y cualidades como organizador. Sus escritos no son numerosos y no aportan mucho en el campo de la teología; en realidad sólo se le conoce por uno de sus tratados, escrito más en propia defensa que por otra cosa, y como ya se ha dicho, en él sólo expuso el sentir tradicional de la Iglesia acerca de la Eucaristía, sin más añadiduras. Tiene otros escritos comentando a San Pablo y a Casiano y una serie de notas y cartas. La mayor

parte de estos escntos están en relaclOn con las mstrucClOnes y conferencias que dmgía a sus monjes. Se han perdldo, al parecer, otros escntos suyos, como una Htstona eclestasftca, Vtda de Gmllermo el Conqutstador y un Comentano sobre los salmos. Lanfranco, hombre de elevadas ffilras, smgular energía y de vanadísima capacidad en el campo de la enseñanza, fue ejemplo de Juristas, rehglOsos y sobre todo en saber exponer como maestro y profesor la doctnna de la Iglesia. Su mfluJo como hombre de Estado y sobre todo como orgaruzador eclesiástico es poco conocido y merecería que se estudlase mas a fondo su obra reformadora y los beneficlOs que con ello aportó a la IgleSia de Inglaterra y para la postendad en las reformas monásticas postenores. LUIS

M. PEREZ SUARFZ, OSB

Blbhografia CHAll'i'ilN, L, mB, Vle des laznts et des blenheureux ,V Mal (pans 1947) 557 561 (TORDlM, G D, en Biblzotheca sanctorum, t VII, cols 1101 1106 BAlDOT,]

BEATA MARGARITA POLE VIUda y martlr

ct 1541)

«Creo en la Iglesta, que es una. Esto, que marufestamos en la profesión de fe, tiene su fundamento úlftmo en Cmto, en el cual la Iglesta no está dtvtdtda (1 Cor 1,11-13)>>, afirma el papa Juan Pablo II en su carta apostóhca Novo mtllenmo meunte, 48, escnta al conclUlr el Gran Jubileo del año 2000 y comenzar un nuevo ffilleruo. Y continúa afirmando: «Como Cuerpo suyo [de Cnsto], en la urudad obteruda por los dones del Esplrltu, ~a Iglesia] es tnruv1S1ble La reahdad de la ruviSion se produce en el amblto de la lustona, en las relaciones entre los luJos de la Iglesia, como consecuenCia de la fragilidad humana para acoger el don que fluye continuamente del Cristo Cabeza en el Cuerpo rnlstlco»

En este ámbito rustónco de «fragilidad humana», en el que se produjo la dlVlsión de la Iglesia con el llamado Cisma anghcano, se situa la vida de la Beata Marganta Poleo O mejor, su eX1S-

tenCla se mscnbe entre la de aquellos que, por «acoger el don que fluye contllluamente de Cnsto», cabeza de la úruca e mmVIslble IglesIa, ofreCleron su vIda, hasta entregarla en martina, para eVItar que la fractura rustónca desfigurara en el tiempo el rostro de la úruca esposa del Señor. Marganta, «la última Plantagenet», naCIó el 14 de agosto de 1473 en Castle Farley, cerca de Barth, en Wl1tsrure, y pertenecía a la VIeja Casa Real mglesa. Era ruja de Jorge Plantagenet, duque de Clarence -hermano de los reyes Eduardo IV y Rtcardo III de Inglaterra-, y de Isabel Neville, ruja mayor del conde Edmundo de Watwlck, qUlen en 1499, baJO Ennque VII, pagó con su VIda ser el último representante mascuhno de la línea de York. Permó la madre cuando contaba tres años de edad y aún no había cumphdo cmco cuando falleCIó tambIén el padre, por lo que debIÓ ser educada Junto a los rujas de su tío el rey Eduardo IV, en el palaclO de Shene. En 1491, a los 18 años, el entonces rey Ennque VII la prometió en matnmoruo a Su Richard Pole, cuya madre, Emth Sto John, era memo hermana de la madre del rey, Margaret Beaufort, y él hombre de confianza suyo hasta el punto de haberle encargado el cUldado de su pnmogéruto, Arturo. Se celebró la boda el 22 de septiembre de 1494. Pero Marganta quedó VIuda muy pronto, en 1505, con no demaSIados recursos econórrucos y con cmco rujas pequeños que cUldar: Ennque, futuro Lord Montague; Godofredo; Arturo; Regmaldo, naCIdo en 1500, que llegó a ser cardenal en 1536, legado pOntifiCIO en 1553 y finalmente arzobIspO de Canterbury (1555-1558), y Úrsula, que se casaría con Ennque, Lord Stafford. Al subIr al trono el Joven rey Ennque VIII, que consIderaba a su tía Marganta Pole la mUjer más santa de Inglaterra, le restableCIó la posesIón de todos los derechos de la farrulla, que le habían SIdo confiscados en 1499 a causa de la condena a muerte de su hermano Eduardo y, revocando los derechos del prínCIpe Arturo, el falleCIdo hermano mayor del rey, la ruzo condesa de Sahsbury el 14 de octubre de 1513, dándole posesIón de los antiguos dorruruos de esta casa. Fue tambIén dama de la corte de la rema Catahna de Aragón, ruja de los Reyes Catohcos, que, ca-

sada pnmero con el prínc1pe Arturo y V1uda de éste, había contraído matnmoruo con el hermano del prematuramente fallec1do prínc1pe, el rey Ennque VIII. Entonces los rujas de los reyes no solían crecer Junto a sus padres, empleados en el gob1erno y en los asuntos cortesanos; se les dotaba de una casa con buenos tutores y personas de serV1ClO que cwdaban adecuadamente de ellos. Como prueba de afecto, en 1516 Ennque VIII y su esposa Cataltna de Aragón confiaron a Marganta Pole la educac1ón de su ruja la pnncesa María -futura rema María Tudor-, de qwen fue madnna de bautismo y de confirmac1ón, y a qwen ella cwdó como S1 fuera su prop1a ruja. La condesa de Saltsbury Marganta Pole, fue honrada con un lugar muy destacado en su casa, y era frecuente que la rema Cataltna de Aragón se comurucase con su ruja María a través de ella. En las pnmeras décadas del s1g10 XVI, la Igles1a estaba V1v1endo en toda Europa, y espec1almente en Alemarua, una S1tuac1ón muy crítica. PreC1samente entre 1513 y 1518, el Joven doctor en teología y profesor de la Uruvers1dad de W1ttemberg, Martín Lutero, que había s1do ordenado sacerdote en 1507 y pertenecía a la Orden de San Agustín, se estaba planteando en sus clases la autondad úruca de la Sagrada Escntura, el tema de la JuStifiCaC1ón y la cuestión de las mdulgenc1as, concretadas en 95 tes1s, que dto a conocer para ser dtscutidas en amb1entes acadérrucos. Aunque esto no tuvo lugar, su dtfus1ón por gran parte de Europa llegó tamb1én a Inglaterra, s1endo env1adas en 1518 a Tomás Moro por su arrugo Erasmo de Rotterdam, creando defensores y adversanos. Estaban en Juego, en realtdad, la autondad del Papa, la eficac1a de los sacramentos y la naturaleza de las mdulgenc1as, que dtV1dían a los cnstianos tanto en el aspecto doctnnal como en las tmpltcac10nes políticas que estos temas conllevaban. Clanficadas las op1ruones y posturas, en torno a 1530 la s1tuac1ón era muy tensa entre protestantes y católtcos, y el emperador Carlos V de Alemarua -rey Carlos I de España- estaba hac1endo todo lo pos1ble para eV1tar un verdadero c1sma o dtV1s1ón dentro de la Igles1a. En realtdad se había 1do desltzando el centro de gravedad de los problemas de fe a los de la estructura y formas de la Igles1a, adqwnendo clara vers1ón

política lo que había empezado como una cuestIón doctrinal para ser tratada en las aulas. La poca formación teológica del pueblo favoreció también que las decisiones de sus dirigentes políticos o religiosos fueran colectivamente asumidas. Para defenderse del emperador católico que actuaba a favor del Papa, los prínCIpes protestantes constituyeron en 1531 la llamada «Liga de Esmalcalda», que no sólo unía a los alemanes rebeldes a Carlos V, sino que contaba con el apoyo de Francia, Dinamarca e Inglaterra, no siempre en buenas relaciones con la sede romana. Concretamente, ya desde el siglo XIV se habían suscitado algunas tensiones entre el Parlamento inglés y la autoridad del Papa, abriendo cauces de opinión hacia una Iglesia nacional, desvinculada de Roma. No obstante, a pesar del sentimiento antirromano existente, la separación de Inglaterra se debió más bien a una acción personal del rey Enrique VIII, que ejercía un dominio casi absoluto sobre sus súbditos. Enrique VIII, que ostentó la corona de Inglaterra entre 1509 y 1547, al ser hijo segundo de Enrique VII había sido educado para la carrera eclesiástica, reservando la sucesión real para el príncipe Arturo, su hermano mayor. Pero la muerte prematura de éste había elevado al trono a Enrique, Siendo aún muy joven de edad. Dada su preparación religiosa, pronto dictó algunas disposiciones para mejorar la formación teológica del clero y, decididamente opuesto a los seguidores de Martín Lutero, se colocó alIado del emperador Carlos V, sobrino de su esposa Catalina de Aragón, incitándole a que rompiese con el reformador. Incluso escribió la Assertio Septem Sacramentorum, obra en la que se oponía a la negación de los sacramentos hecha por los protestantes, y la dedicó al Papa «como signo de su fe y su amistad». En este libro afirmaba sin equívocos que >. Y la presenc1a de ese EspírItu en nosotros, continúa el gran apóstol, nos 1mpulsa a afirmar que: «Somos rujas de DIOS, y S1 somos ruJas, tambIén herederos, herederos de DlOS y coherederos con Cnsto». ¡Somos rujas de DlOS, somos coherederos con Cnstol La SantísIma TnnIdad no es una verdad lejana, es una reahdad en la que (